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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 407 /// 4 DE NOVIEMBRE DE 2019 /// AÑO 9

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Verónica G. Arredondo. Foto de Alejandro Ortega Neri

Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984). Egresada del doctorado en Artes de la Universidad de Guanajuato, y Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autora de Ese cuerpo no soy, Je ne suis pas ce corps —traducción al francés de Élise Person— (RAZ Éditions 2018/UAZ, 2015; Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014); Verde fuego de espíritus (IMAC, 2014; Premio Dolores Castro de Poesía 2014); Damas errantes (próxima publicación en Policromía, 2019); Voracidad, grito y belleza animal (UAZ, 2014) ensayo-tesis de maestría, y de diversos libros de artista. Becaria del Fonca Jóvenes Creadores 2017-2018. Beneficiaria del PECDA Zacatecas en Creadores con Trayectoria 2019.


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LA GUALDRA NO. 407 /// 4 DE NOVIEMBRE DE 2019 /// AÑO 9

La Gualdra No. 407

Editorial

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l jueves 31 de octubre la Universidad Autónoma de Zacatecas realizó un homenaje al maestro José de Jesús Sampedro “a manera de merecido reconocimiento por su amplia y destacada trayectoria académica como docente universitario, así como por sus generosas aportaciones en la organización del emblemático y reconocido Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde”. La ceremonia se llevó a cabo en el foyer del Teatro Fernando Calderón ante la presencia de autoridades universitarias y de gobierno del estado de Zacatecas, de su familia y de sus muchos amigos. José de Jesús Sampedro -Sam-, feliz, agradeció la presencia de los ahí presentes y recordó al inicio de su discurso a dos personajes zacatecanos recién fallecidos: René Lara Ramos y Joel Luévano Guzmán, ambos universitarios también y amigos del homenajeado desde que eran todos muy jóvenes; a ellos les dedicó su discurso, que comenzó rememorando cuando ingresó a la preparatoria del Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas, cuando su padre lo llevó ese primer día de clases hasta la puerta de ese edificio “para asegurarse de que no me ocurriera nada extraordinario”, dijo. También hizo memoria de cómo era en aquel entonces Zacatecas “una Zacatecas casi bucólica, rutinaria de arriba abajo, reductible a unas cuantas calles que recorríamos en soledad, o que recorríamos en grupo”. Al finalizar su preparatoria, el ICAZ “transmutó, como en un acto de magia pública en la Universidad Autónoma de Zacatecas”; continuó narrando cómo en 1969 ingresó a la escuela de Economía y cómo fue que el Lic. Roberto Almanza “jefe del glorioso departamento de coordinación cultural” lo adoptó como su adjunto en aquel entonces; al poco tiempo de eso contribuyó a la fundación del taller literario José Revueltas y a la organización de los cafés literarios. Casi en la misma época fue invitado como profesor adjunto de la materia de Literatura Universal de la escuela preparatoria, de la que se convertiría en 1971 en profesor titular: “Fui un profesor instructor en instituciones universitarias diversas, lo que a distancia me parece como algún capítulo de alguna novela de ciencia ficción. Entre 1988 y 1989 dejé la docencia y me integré al primigenio departamento editorial de

la universidad, del cual me responsabilicé luego hasta jubilarme; pero mi vida en la universidad no radica sólo en la docencia ni en la burocracia. Desde comienzos de los años de 1970 fui en ella un promotor cultural, un promotor literario y un promotor de lo que ahora es el prestigioso Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde, para el que demando, entre paréntesis también, una larga historia futura, independientemente de quién esté y de quién no esté en este mundo. Aludo a todo esto sólo para ampararme en el propósito de expresar que mi vida es inexplicable al margen de la universidad; de expresar que la universidad me envolvió, me refinó -inclusive- solidaria, generosa, lúdica, lúcida, insoluble, indisoluble, irrepetible”. José de Jesús Sampedro concluyó su discurso con lo siguiente: “Recurro entonces al abracadabra de una de las palabras que hermanan a quien la oye y a quien la dice y que dice sencillamente: gracias. A mi hermana María Esther -la Polla, para los amigos- le hubiera agradado oírme decir la palabra ‘gracias’, decía que la decía yo ‘muy bonito’. Así que me permito entonces repetirla para que pueda oírla desde donde esté: gracias”. Al discurso de Sam le siguió un largo y emotivo aplauso por parte de los asistentes, un aplauso con el que también se le reconoció todo el trabajo que ha realizado en y por la Universidad Autónoma de Zacatecas, y por la difusión de la literatura y las artes en Zacatecas. Nosotros nos sumamos también al homenaje a nuestro querido amigo Sam; no es la primera vez que lo decimos, José de Jesús Sampedro es un referente en nuestro Estado que ha contribuido a la construcción de un nuevo orden cultural en Zacatecas desde hace 50 años. Medio siglo dedicado a esta honrosa actividad de promover las actividades culturales con éxito es algo que debe de reconocerse siempre. Sam cumplió años el 2 de noviembre, por eso y por todo lo anterior, muchas felicidades. En poco más de un mes se llevará a cabo el Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde, en el que seguramente seguiremos festejando con él, con amigos, con poesía. Que disfrute su lectura.

Directorio

Contenido

Harold Bloom y las rupturas del canon literario Por Rafael Calderón

La escritura desde el cuerpo: Verónica Arredondo Por Armando Salgado

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‘The Souvenir’ de Joanna Hogg Por Adolfo Núñez J. Aquí también llueve Por Edgar Khonde

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La izquierda en el cine mexicano del siglo XX Por Xavier Robles

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Una Instantánea con Sampedro Por Francisco Javier González Quiñones Centros comerciales Por Pilar Alba

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Harold Bloom y las rupturas del canon literario Literatura

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Por Rafael Calderón

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bviamente hay que decirlo: con “la aurora de otoño” se apaga la luz del crítico y teórico literario y prominente ensayista Harold Bloom. Hijo de inmigrantes rusos y polacos nació en Nueva York el 11 de julio de 1930 y murió el 14 de octubre de 2019 a los 89 años. Es autor de obras clásicas y quizás sea el biógrafo más prominente de Shakespeare. El canon occidental es resultado de la plenitud de su madurez, traducida a varios idiomas, incluyendo la lengua castellana; su obra representa una lectura aleccionadora, sigue siendo polémica, pero registra críticas a favor y en contra. Hay que reiterar que es el crítico más prestigioso de estos tiempos. Para despedirlo que mejor que invocar el célebre título del poema de Wallace Stevens que lo acompañó toda la vida y del que afirma: “lo recito por la noche para conciliar el sueño“, y “abrazando sus meditaciones, grandes y pequeñas”. Por su legado extraordinario cada lector puede elegir libremente una u otra de sus múltiples obras. Por lo mismo, hay que reconocer ejemplos de esa travesía crítica, muy diferentes entre una y otra, por títulos seductores y de originalidad única. Por un lado, están presentes títulos como Poesía y represión. De William Blake a Wallace Stevens, opuesto y brillante por la misma original es Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades, además, imposible de ignorar La escuela de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía estadounidense contemporánea que, más bien, es una edición y notas de la poeta mexicana Jeannette L. Clariond y esta obra es acompañada por quince textos de presentación a igual número de poetas estadounidenses de la autoría de Harold Bloom. En estas páginas se puede observar que, por lo mismo es una antología, en ella se puede descubrir esa red de ensayos y estudios extraordinarios donde despliega su muy particular estilo de la lectura de ciertos autores a partir de su opinión que registra poemas capitales de Stevens y de autores como James Merrill, John Ashbery, W. S. Merwin; una poeta encantadora como Anne Carson para reconocer su eros, ironía y lo sublime; en ese orden inequívoco la crítica literaria se registra como afortunada del autor estadounidense: por esta antología guía y visualiza para explorar la lectura rigurosa a la vez que iluminadora. Sin embargo del primer título se exalta y registra su defensa de la autonomía estética y constituye un ejemplo brillante y paradigmático de la crítica. Pero, sobre todo, es un complejo y sorprendente análisis de poetas como Whitman, Keats, Tennyson o Robert Browning; mientras que el dedicado a la literatura infantil por su impacto ante la misma lectura es una antología amplia y comprende un mundo natural y sobre natural de poemas y relatos y no se limitan la lectura para niños, sino que incluye sea leído por adultos. Andrés Ibáñez escribió en ABC y resulta vigente lo que dice, que: “lo que uno experimenta al recorrer esta antología es una sensación de amor y de maravilla, de asombro y de gratitud ante el arte de la literatura”. No podría tener palabras de descalificación ante

/// Harold Bloom. Foto Katherine Newbegin.

su muerte porque lo que de él he leído es para aprender y leer con voluntad, sentir y vivir la obra. Es parte de un descubrimiento permanente. En sus días Bloom fue descalificado o lo enjuiciaron y otros reconocieron en él al crítico iluminador. También es cierto: era polémico, un ensayista que persevera con rigurosa voluntad de la lectura. Lo que ha legado con su obra es una escuela literaria fabulosa y lo mejor es que permanecerá. Nada más por esto hay que leerlo como parte de una aventura literaria, reconocer su estilo aleccionador, para leer poesía y esa suerte de generaciones leídas y revisadas, o descubrir obras y autores claves, destacando poetas de lengua inglesa. Porque “pocos eruditos norteamericanos han atendido con igual profundidad, persistencia y alcance temas fundamentales de la moderna teoría de la crítica” como en sus días sentencia Frank Lentricchia en el Prefacio a Los vasos rotos. Por esa fuerza y claridad y ejemplo de una tradición cultural su revisión de la poesía y el papel de ésta en la historia por sus ensayos y estudios, creo, constituyen sus reflexiones un ejemplo tácito de su lucidez crítica. Harold Bloom no era un crítico de fácil lectura: ¡no! Era exigente en sus prólogos, ensayos y exigía ir más allá de la posición crítica, tan fuerte y poderosa, y decía que el poema cuando

de cierta poesía escribía, por difícil que fuera su lectura, pedía volver a la lectura una y otra vez hasta reconocer esos detalles; entonces, lanzaba las interrogantes de una satisfacción como resultado de esa capacidad crítica para guiar al lector y popularmente se dice, con un juicio brillante, pasaba a retirarse. Ya había sentenciado su propia lectura y el juicio crítico, más de las veces, una lectura brillante. Justamente ahí está su condición de puente e invitación a descubrir la poesía. El resultado de su propia interpretación fue, por lo mismo, una invitación a conocer su posición crítica. Revisando en una ocasión una antología de los ensayos literarios de Samuel Johnson encuentro que escribe: “Johnson me sigue pareciendo el mejor de todos los críticos literarios, perturbador y nada convencional, su obra crítica se lee como literatura sapiencial”. Estas palabras aplican igualmente para describir y reconocer su condición sapiencial. Su crítica literaria y ensayística constituye un ejemplo iluminador con esa suerte sostener a la poesía como límite de su diálogo y reconocer el canon de lo que leía que termina por ser emblema de su propio estilo. Es quien mejor marca la ruptura del canon una obra determinante. En ese orden, hay que entender que, para Harold Bloom, la poesía es la expresión permanente de sus lecturas.


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Poesía

La escritura desde el cuerpo: Verónica Arredondo

/// Fotografía de Alejandro Ortega Neri.

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Por Armando Salgado

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erónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984). Egresada del doctorado en Artes de la Universidad de Guanajuato, y Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autora de Ese cuerpo no soy, Je ne suis pas ce corps —traducción al francés de Élise Person— (RAZ Éditions 2018/UAZ, 2015; Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014); Verde fuego de espíritus (IMAC, 2014; Premio Dolores Castro de Poesía 2014); Damas errantes (próxima publicación en Policromía, 2019); Voracidad, grito y belleza animal (UAZ, 2014) ensayo-tesis de maestría, y de diversos libros de artista. Becaria del Fonca Jóvenes Creadores 2017-2018. Beneficiaria del PECDA Zacatecas en Creadores con Trayectoria 2019. La poesía de Verónica Arredondo cruza elementos relacionados a la condición humana y la femineidad, extrapola la violencia desde la belleza y revela de forma natural los imaginarios fantásticos y a la vez tan crudos que nos rodean. Armando Salgado: Tanto en Verde fuego de Espíritus (IMAC, 2014) y Ese cuerpo no soy (UAZ, 2015) hay un cruce de elementos que posicionan lo femenino como un torrente, y a la vez, un vacío frente a la violencia de género. ¿Qué distancias hay entre ambos poemarios y qué otros cruces existen?, ¿cómo sobrellevaste esta escritura dolorosa? Verónica G. Arredondo: Ambos son libros distintos, si bien se relacionan desde lo femenino o la escritura desde el cuerpo, Verde fuego comenzó como un ejercicio, a partir

de un verso del poeta chino Tu Fu y terminó relacionándose con las líneas de origen o trigramas de El libro de las mutaciones, I Ching; Ese cuerpo tenía la necesidad de denuncia, encontrando la belleza en medio de esa crueldad irreal en la que vivimos. Coinciden en la naturaleza como elemento central, siendo entorno o ambiente que determina el desarrollo del poema. Después de Ese cuerpo

quedé sin el menor ánimo de leer noticias, nota roja; hasta hoy prefiero no saberlas. AS: Estudiaste la maestría en Filosofía e Historia de las ideas en la Universidad Autónoma de Zacatecas: ante los escenarios actuales en México y los diversos conflictos que se extienden por el mundo: como escritora y mujer, ¿hacia dónde debemos ir?, ¿qué debemos hacer?, ¿qué otros cambios son necesarios? VGA: Es complejo. Pienso que un cambio profundo tendría que venir desde el tejido social, cultural, de valores, unión, respeto, armonía y mucho amor. AS: ¿Qué dificultades has tenido como poeta?, ¿qué podrías compartirle a quien apenas desea incursionar en la escritura de poemas?, ¿qué autoras han sido base en tu formación literaria? VGA: Antes de publicar tenía pánico escénico a hacerlo, ahora pienso en la falta de distribución de las editoriales, en los libros embodegados, etc. A quienes escriben sólo podría decirles que confíen y cultiven su trabajo con respeto y congruencia. Entre las autoras que me han marcado han sido: Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Marosa di Giorgio, María Auxiliadora, María Negroni, María Sabina, Maricela Guerrero, Sara Uribe, entre otras. AS: Tu libro Ese cuerpo no soy (UAZ, 2018), fue traducido al francés; ¿qué experiencia te dejó ser traducida a otro idioma?, ¿cuál es tu relación con la literatura francófona?, ¿en dónde se puede conseguir ambas versiones? VGA: Ha sido muy enriquecedor el trabajo en conjunto,


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diálogo, consulta, intercambio cultural y amistad, desprendidos de la traducción de mis poemas tanto en francés como en inglés, he aprendido mucho de Élise Person y de Allison A. de Freese. Han sido encuentros demasiado afortunados. La edición del libro en francés está disponible en la página de RAZ Éditions o directamente conmigo, en español la edición está agotada. Tanto Verde fuego de espíritus como Ese cuerpo no soy pueden descargarse libremente en los blogs: Poesía Mexa y Periódico de las Señoras, respectivamente. Tengo particular interés por la literatura francófona quizá desde que comencé a investigar la obra de Lautréamont —sobre la cual concluiré pronto la tesis de doctorado—, me llevó a descubrir la multiplicidad de autores valiosísimos para la literatura universal.

que duerme el sueño del océano: es ciego, tiene la piel viscosa, su boca guarda hileras interminables de colmillos y, cuando bosteza, devora los astros. ¿Y a qué hora bosteza? Cuando se oculta el sol. No puede tragar fuego sin quemarse, por eso abre tan grande la boca y lo oscurece todo. Encerrado, el sol grita, pero nosotras sólo vemos las estrellas.

AS: ¿Cuál consideras que sería el futuro de la poesía mexicana?, ¿qué otros proyectos tienes?, ¿de qué irá tu poemario Damas errantes que publicará el IZC? VGA: Es incierto. Estoy trabajando con apoyo del Pecdaz (trayectoria) en un proyecto sobre teatro, danzas rituales (del Sol, tradición de los indios norteamericanos) y el imaginario (máscara y representación) en la obra de Rafael Coronel, es un libro de poesía. Damas errantes es sobre hechicería, sigo hablando de mujeres, ahora desde la concepción de la poesía desde sus orígenes primigenios: invocación, rito, magia, ¡mis primeras lecturas! Y es parte de un proyecto en colaboración con la gráfica.

Epitafio Dejan una a la vez, en cada visita. Descalza de pies, desraizada. Doncella con vestido de pétalos, multicolor. Sobre esta lápida una joven releva el cuerpo derruido de otra. Ignoran que, recién cortadas, el proceso será inminente, como hueco en un reloj de arena, acelerando el viaje al siempre otoño. Una más y otra, en cada visita.

AS: Cuéntanos las cosas que disfruta Verónica Arredondo: VGA: Ir al temazcal, leer, escribir, disfrutar a mi familia, comer chocolate, beber pulque, hacer lo que me hace ser feliz.

Caracola abierta mudar de nombre bajo la tierra llamarme desde otra piel al aire el cuerpo duele busca la lengua del eco que me arrastra a esta voz

Del libro Damas errantes Dos mujeres desnudas, en pleno vuelo, a mitad de la noche. La mayor dirige encorvando su espalda, conoce la turbulencia de estrellas y cómo esquivar telarañas galácticas. No hay avistamientos de lluvia, ni de objetos sin licencia de vuelo. Viajan sin destino aparente. Cielo despejado, de una chimenea proviene la humareda; el llanto de un recién nacido. Las provisiones se han agotado, el Sabbat se aproxima. Una lechuza observa el descenso. El aterrizaje será forzoso. La mujer más joven jala el cabello de la mayor para evitar la caída libre. En el bosque una mujer recoge su falda. Sus piernas endebles, de rama o de insecto hecho de rastrojo. Se desnuda. En cuclillas desata en su espalda: el sonido de un paraguas al abrirse: un par de alas. Vuela en busca de mantequilla que libar, distraídamente, en lecherías o la que recién preparan las hadas. Cuando anochece salta veloz la cerca, para beber la leche tibia de vaca, con sus orejas de olivo y su pata de liebre.

Del libro Este cuerpo no soy

Del libro Verde fuego de espíritus [Fragmento]

Sólo es un árbol un árbol gris [para quien lo ignora es un paisaje petrificado]

todo yace aquí fosilizado Atrapaba estrellas fugaces y piedras para lanzar al infinito Yo no quería venir a este matadero donde cuerpos navegan bajo tierra o boca abajo en el mar La playa es un paso en falso: al fondo una fila de rocas Dirán que fue suicidio Me arrebataron de la tierra sin ser mi tiempo Alguien vino hacia mí con la marea violenta penetrándome cada costa del cuerpo Alguien me dejó por pezones dos caracolas abiertas De este mar sangre de mi sangre vuela un pájaro esquelético a postrarse en el corazón de los míos Esperaré despierta con el rumor del aleteo en cada piedra Alguien: cuando los alacranes me suban por las piernas quizás encuentren tu torso mutilado en la arena

Si te acercas y miras bien adentro entre sus comisuras fijamente Hay un teatro feérico Asistimos a una representación: Pequeños bailarines alados portan máscaras y zapatillas de ballet Danzan iluminados por una luz verde El escenario es este: ¿niñas son marionetas? ¿usan máscaras? ¿tienen los brazos emplumados? ¿llevan cuchillos por uñas? ¿miran con ojos engarzados? ¿chocan las manos? ¿llueven plumas? ¿negras? ¿blancas? ¿cortan sus hilos? ¿rojos? Hay un incendio

Mamá, ¿qué es eso a lo lejos en el mar? [Al aire el cuerpo duele] Frontera: desierto/mar Yo tampoco escogí venir a esta playa de cactáceas y luciérnagas voraces ni escogí andar descalza con la aridez rasgando mi rostro En este desierto de flor inmarcesible

Me he preguntado a menudo si era más fácil averiguar la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. Viejo océano...Tienes que decírmelo para que me alegre al saber que el infierno está tan cerca del hombre. Lautréamon

Mamá: ¿y el jardín? ¿y la niña cisne? ¿y las marionetas? ¿y tus flores azules? ¿y los pequeños danzarines? Mamá: ¿y los cuervos?

Mamá, ¿qué es eso a lo lejos en el mar? Hay un animal

Aquí hay un jardín petrificado

Poesía

** Mamá ¿y qué es lo que está a lo lejos, lo que se ve desde aquí? Es una isla de cruces. ¿Quién las lleva hasta allá? La marea y el viento las llevan en una barca, una por cada niña o cada mujer. ¿Cómo saben que ellas no volverán? Unas están muertas en vida. Otras, cuando la playa está picada, tropiezan y se ahogan. El mar las golpea contra el acantilado hasta destrozarlas. Y yo de cuales soy: ¿de las que tropezaron o de las que mueren en vida?


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‘The Souvenir’ de Joanna Hogg t Por Adolfo Núñez J.

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Cine

mbientada en la década de los 80’s, The Souvenir (2019) es un filme que busca narrar de manera semibiográfica la juventud de su directora, Joanna Hogg, durante sus años como estudiante de cine. Con claras influencias de cine de amor europeo, es una historia que gira en torno a un romance repleto de patologías codependientes que a su vez busca señalar la masculinidad tóxica dentro de las dinámicas en pareja, así como hacer una reflexión sobre la incondicionalidad en una relación. La directora explora los recovecos de su pasado para confeccionar un demoledor relato donde los temas primordiales son el primer amor, las adicciones, la decadencia y la fragilidad. En la cinta conocemos a Julie (Honor Swinton Byrne), una estudiante de cine de nuevo ingreso quien inicia una relación con Anthony (Tom Burke), un culto y elegante hombre al que conoce en una fiesta y que trabaja para el gobierno británico. Joven e inexperta, ella es deslumbrada e influenciada por la personalidad de Anthony, un individuo distinguido, conocedor y educado que la invita a museos y a restaurantes finos. Al pasar de los días y al avanzar en su romance, Julie descubrirá que el hombre del que está enamorada no sólo es conflictivo y arrogante, también esconde oscuros secretos en su vida privada. En temática y apariencia, el filme de Hogg encuentra claras similitudes con la obra magna de Paul Thomas Anderson, Phantom Thread (2017). Al igual que en

aquella cinta, aquí ambos personajes son definidos por una relación repleta de toxicidad y actitudes negativas, donde cada parte se encuentra a la merced psicológica de la otra. El punto de partida en esta relación

es la adolescencia tardía de su protagonista femenina, que es producto de la supuesta independencia que tiene al vivir apartada pero a costa de sus padres, adinerados y miembros de la clase alta británica.

En ese sentido y en un segundo plano, la directora hace una interesante reflexión sobre las ‘burbujas de clase’ dentro de la producción fílmica, que en su propuesta estética remite a cineastas como Sofía Coppola y sobre la incapacidad que tienen para realizar cine de una condición social ajena a la suya. En un inicio, Julie es cuestionada por sus profesores ya que busca filmar una película sobre los barrios obreros y la clase trabajadora, todo desde su situación privilegiada. En el hermetismo de sus relaciones interpersonales que comienzan con su madre (Tilda Swinton) y que continúan en su experiencia amorosa con Anthony, Julie se transforma y madura en su visión como cineasta. La película es compleja en su narrativa visual y montada como la memoria de una persona, sin orden lógico, con imágenes que conectan sentimientos y momentos más allá de la historia. La realizadora dota al filme de una estructura atípica e intimista para ahondar a profundidad en las emociones de su protagonista y así bordear un retrato repleto de empatía que es reforzado por las actuaciones de todos los miembros del elenco, y que dan como resultado a personajes fascinantes, complejos e imperfectos. Tomando como punto de reconciliación el arte y el cine mismo, la directora no se limita a narrar una simple historia de amor y sus tragedias; dentro de un relato lleno de significado y esencia, con The Souvenir la cineasta enfatiza en la manera en la que todas las experiencias significativas de una vida y que lleven a un deseo de madurez pueden influir también en el proceso creativo de un artista.

Río de palabras

Aquí también llueve t Por Edgar Khonde

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lueve y lo único que se me ocurre es quedarme en casa y sopear pan de muerto con café, pero no me puedo quedar ni tengo café ni pan de muerto. Abro la alacena y no reconozco ninguno de los objetos que hay en ella, ni siquiera sé si son comestibles. Los percibo como cosas amorfas de tonalidades policromas, como si alguien hubiese estado jugando a verter la paleta de colores sobre esos esperpentos. El único ruido que hay en la casa es el de la lluvia de afuera que a veces amaina y a veces suena con furia. Si no me atrevo a abrir la puerta y salir es porque no quiero mojarme. No tengo otra ropa que ponerme, los armarios y cajones están vacíos. Los pocos muebles que hay en la casa son grises, alguien debió de haber estar tan hundido en la tristeza que incluso eligió el gris para pintar las paredes. Quizá estoy en el interior de una película en blanco y negro

y no me he dado cuenta; además eso no explicaría lo abigarrado de los cacharros de la despensa. Reflexiono: quizá estoy dentro

de un sueño, pero un sueño de otra persona. Porque por lo que recuerdo mis sueños son lúcidos y regularmente me es posible interac-

tuar a voluntad con las escenas. En este no, no sé absolutamente nada de lo que ocurre; incluso me he puesto a dudar acerca de la lluvia, sería mejor echar un vistazo a través de la ventana para verificar que efectivamente sean gotas y no un sonido que habita mi cabeza. Okey, son gotas y es lluvia, pero no sé qué más exista en el exterior, porque la lluvia no me deja ver más allá de ella misma. Eso o las cosas del exterior también son grises o sufren de abigarramiento. Menudo problema. Me siento. Me quedó así quizá minutos u horas. No sé si salgo de un trance y como si se iluminara el cuarto, mis ojos se despejan y las formas se definen, los colores colorean, veo que pasa frente a mí Sarah. Veo que regresa. Veo que se asoma por la ventana y la escucho decirse para sí: “aquí también llueve”. Miro mis manos, mi ropa, yo sigo gris o abigarrado. La llamo, pero no me responde, no me voltea ni a ver. Me levanto hacia donde está ella y la intento coger de la mano. Estoy entendiendo lo que pasa, y aunque es espeluznante, no me asusta. Casi suelto la risa, quizá una risa nerviosa. Intento mover una taza que ahora tiene un color rojo. La traspaso. Menudo problema. Regreso a sentarme y mientras la miro a ella reflexiono: soy un fantasma.


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La izquierda en el cine mexicano del siglo XX t Por Xavier Robles s difícil caracterizar a Luis Buñuel como un cineasta que mantuviera una preocupación por hacer un “cine de izquierda”. Nada más ajeno a él, que era un hombre apasionado por los “no discursos” de ningún tipo. Era anticlerical, sí, irrespetuoso, irreverente, surrealista y fársico cuando se le pegaba la gana. Y aunque nada de eso lo convierte en un cineasta de la izquierda, la izquierda lo reconoce como un realizador cuyo discurso, tanto por su contenido como por su forma, lo vuelven liberador y tremendamente crítico de los valores morales de la derecha y de la burguesía. Así que, a veces a pesar de él mismo, la obra de Buñuel se convierte también en un importante referente de la izquierda en el cine, mexicano o no. Buñuel tiene un gran cine a nivel internacional, pero destacaré aquí solamente algunas de sus películas realizadas en México. Su primer gran filme realizado en nuestro país es  Los olvidados  (1950), que narra la vida miserable de un barrio popular abrumado por la miseria, y de un grupo de jovencitos, casi niños, que se ven involucrados en distintas situaciones de violencia;  Susana, carne y demonio, del mismo año, es una interesante reflexión sobre la conductas conservadoras y aun enfermizas de la burguesía del campo, ante una joven que exhala sensualidad por todas las partes de su cuerpo, interpretado por una Rosita Quintana en la plenitud de su belleza (aquí aparece por primera vez un personaje que obsesionará a Buñuel en toda su obra, y es la del viejo moralista que sucumbe a sus demonios interiores por pasión. Es el mismo personaje de Tristana (1970) o de su última película Ese oscuro objeto del deseo (1977). Es tal vez una representación cruel del propio Buñuel, su alter ego, su crítica mordaz e irónica sobre sí mismo. El tema lo abordará con mucho sentido del humor en su libro autobiográfico “Mi último suspiro”). En Subida al cielo (1951), Buñuel escandalizará de nuevo a la burguesía conservadora y moralista de su época a través de Lilia Prado, que además de mostrar en el filme las piernas más bellas del cine mexicano de aquel entonces (junto con las de Ninón Sevilla), interpreta a una joven sensual, desparpajada, fresca y sumamente coqueta. En El Bruto (1952), Buñuel muestra a un carnicero que, al servicio de un avaro, reprime a los inquilinos de una vecindad y se apasiona por la amante de

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/// Luis Buñuel en el set de grabación. Foto del Twitter @DircomGuama.

su patrón, un filme que retrata de manera excelente las diferencias entre la traición y la conciencia de clase. Reproduzco ahora un interesante comentario escrito por John Baxter, biógrafo de Buñuel: “Buñuel, como muchos pensadores de izquierda, sentía un especial afecto por los herederos de la clase trabajadora que se convierten en agentes de la burguesía; los guardabosques de La edad de oro (1930) y La joven (1960), el mayordomo de  El ángel exterminador (1962), el policía, el golpeador a sueldo. En cierto sentido, estos personajes traicionan sus orígenes de clase. En otro sentido, representan la pugna constante de intereses personales en cada miembro del proletariado. O de nuevo, pueden ser vistos como víctimas del «confusionismo» promovido por la cultura dominante”. La filmografía mexicana de Buñuel continúa con  Él  (1952), un retrato cruel de un hombre paranoico y trastornado por los celos, en plena descomposición emocional, conservador y religioso en extremo, aparentemente un fino caballero de conducta moralmente irreprochable. De nuevo la burguesía mexicana pegó un grito en el cielo. Sobre  La ilusión viaja en tranvía  (1953), una tragicomedia fársica y crítica del pueblo mexicano, el propio Buñuel comentó: “Ustedes saben que en los vehículos públicos en México es posible,

o lo era en aquella época, encontrar gente que lleva cajones de fruta, o guajolotes vivos, en fin: las cosas más increíbles, y por eso se me ocurrió que en el tranvía viajaran los obreros del Rastro con los cuartos de res, y las viejas beatas con la imagen de un santo”. En la propia película, una señora intenta pagar el boleto del tranvía y Mantequilla se niega a recibir el dinero; ella le confronta: “Eso es comunismo”. Segundos después, un par de individuos adinerados comentan: “Y pensar que éstos tomarán algún día el poder”. Ensayo de un crimen (1955)  es otro retrato cruel de la burguesía y de la justicia mexicanas. En esta película, Buñuel explora la conexión entre el erotismo y la muerte, a propósito de un personaje obsesionado por cometer un crimen perfecto, con propósitos estéticos más que criminales; sin embargo, los crímenes finalmente resultan verdaderos, debido a otras circunstancias. El filme está considerado uno de los mejores de la filmografía nacional. Nazarín (1958) es una de las películas más inquietantes de Buñuel, sobre un sacerdote que decide asumir los primitivos valores del cristianismo y convivir con prostitutas, trabajadores y miserables, en el México de principios del siglo XX. El sacerdote siempre que hace una buena obra, que termina devorada por los demonios humanos de una realidad que no

comprende. Una gran película, sin duda, y sin duda también comprometida con las clases marginadas. Después, Buñuel comenzaría a trabajar con Gustavo Alatriste como productor, y el resultado fueron películas como Viridiana (1961), a la que un artículo publicado en el periódico oficial de El Vaticano provocó su inmediata prohibición en España; El ángel exterminador (1962), otro relato cruel de la burguesía, filme basado en un libro cinematográfico de Luis Alcoriza y en la que el punto de partida fue, según palabras del mismo Buñuel, “una historia que se me había ocurrido hacia 1940, en Nueva York, en la que un grupo de invitados a una cena elegante se veía obligado a permanecer en la mansión, sin que hubiese una explicación lógica de por medio”,  y Simón del desierto  (1964), escrita por Julio Alejandro, obra incomprensible para muchos aun en nuestros días y que fue afectada por razones de presupuesto, ya que Buñuel tuvo que recortar muchas imágenes y escenas que tenía concebidas. 1 Sexta entrega de la serie de textos escritos y facilitados por el escritor de libros cinematográficos, Xavier Robles (Rojo amanecer, 1989; Los motivos de luz, 1986). Robles, siempre comprometido con los movimientos sociales de izquierda en México, nos comparte los ensayos que esperamos aporten reflexión sobre el cine. Nota de Carlos Belmonte Grey. Continúa en el siguiente número de La Gualdra.

Cine

[Sexta parte: El nacionalismo revolucionario de la década de los 40’s (Luis Buñuel)]1


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LA GUALDRA NO. 407 /// 4 DE NOVIEMBRE DE 2019

Una Instantánea con Sampedro

Río de palabras

Literatura

Los años sesenta parecen todavía un asunto vivo. Alejandro Toledo, Instantáneas de la Beatlemanía y otros apuntes sobre música y cultura. DosFilos 2017

t Por Francisco Javier González Quiñones

L

a voz de Xóchitl, una amable y guapa aeromoza, anunciando la proximidad del aterrizaje puso mi atención en la ventanilla del avión y entonces los sembradíos, desplegados entre bucólicos paisajes, se transformaron en hermosas alfombras de campestres colores. Plantadas en alineados surcos, entre rectangulares y transversales trazos, un poco al estilo del geómetra Manuel Felguérez, estas alfombras moteadas por figuras y sombras fraguadas por personas, caballos, vacas, árboles, matorrales y aditamentos de labranza, centelleaban entre fulgores de charcos y riachuelos. Cuando más absorto estaba, sumergido en la estética de ese apacible paisaje, unas colosales siluetas, aleteando sus tres largos brazos, irrumpieron mi ensimismamiento. La evocación al caballero de la triste figura fue inmediata. Ese guiño literario fue el preámbulo a los días por venir. Los primeros días en Zacatecas se diluyeron entre agradables visitas y pláticas familiares, espaciadas entre lecturas y relecturas de viejos libros. Aunque Susana, mi esposa, se quedó en Cuernavaca, de alguna forma la tuve presente al leer Flor de Fango, por su nombre en común con la heroína de esa novela. Fue precisamente Vargas Vila, junto con José Rubén Romero, quienes me hicieron desistir de la tentación de alimentar mi ego, alejándome de la lectura de Kalimán Christopher Lee y otros amigos. Los siguientes días se escurrieron entre agradables recorridos por mi ciudad. Al pasear cerca de la Alameda, en compañía de mi hermano Arturo, su hijo Dirarturo y mi fiel escudero Gael,

t

Por Pilar Alba

O

dio los centros comerciales sobre todo los domingos. Los aborrezco porque por sus pasillos deambulan cientos de gentes que parece que tienen algo que hacer pero que nada más no hacen nada. Entran a las tiendas, se quedan revisando tantas y tantas cosas que podrían comprarse. Se imaginan cómo cambiará su vida usando esa chamarra o portando

decidí pasar a saludar al buen José de Jesús Sampedro, quien con su característica sencillez me invitó a pasar a su oficina. Una enorme mesa ocupaba gran parte de la oficina y al fondo de la misma reposaba la maravillosa colección de elefantes referida con anterioridad por Jánea Estrada, en una entrevista que ella le realizó al poeta y editor zacatecano, con motivo del 40 aniversario de la revista Dosfilos. Sobre la mesa y alrededor de la misma, en varios

estantes empotrados en las paredes, estaban los indiscutibles protagonistas del escenario, los libros. Ahí, reluciente sobre la inmóvil mesa, el Anuario Literario 2019 esperaba el Año Nuevo para amamantarlo con sus deliciosos textos. Al notar mi ávida mirada sobre este Anuario, Sampedro, no obstante que unos momentos antes me había aclarado que Oscar Tagle, el editor de este almanaque, le había encomendado su entrega a una amiga en común, en un acto de gentileza me lo

ofreció. Aunque resistí un poco a tan deseado impreso, convencido del genuino y desinteresado ofrecimiento de José de Jesús, por supuesto, acepté el presente. Al tomar el Anuario, pude apreciar que a un lado del mismo estaba un ejemplar de La Digna Metáfora, ante mi cara de asombro Sampedro me comentó que ese ejemplar era el número uno de la nueva época y del enésimo esfuerzo de Víctor Roura por poner al alcance del público un suplemento cultural ajeno a intereses mezquinos y a cualquier dogmatismo cultural, un suplemento digno de lectores heterodoxos. Después de un vistazo a La Digna Metáfora, un texto sobre el poeta y cantante Leonard Cohen, escrito por Sampedro, dio la pauta para platicar un poco sobre María Baranda. Conforme transcurrió la plática, Sampedro fue acumulando sobre su mesa de trabajo un lote de publicaciones, que coronó con Instantáneas de la Beatlemanía y otros apuntes sobre música y cultura, un libro que con sus textos nos pasea por el mágico y misterioso camino de los fabulosos 60´s. Años matizados por la psicodelia, la literatura y la música que definió una época cuyas intermitentes reminiscencias “son todavía un asunto vivo”. Reminiscencias masivas como las provocadas recientemente por el 50 aniversario de la mítica fotografía, tomada el 8 de agosto de 1969, en la que los Beatles cruzan la famosa calle londinense de Abbey Road. O bien, evocaciones más intimistas de mi adolescencia, como el grato recuerdo de acompañar a Sergio Román a la tienda de don Samuel Zezati, en el Portal de Rosales, a comprar las últimas novedades musicales sembradas entre los surcos de vinilo.

Centros comerciales aquellos zapatos; se ilusionan con la idea de que las cosas transforman las situaciones y que las situaciones dejarán de ser las de antes: ya tendré el respeto de mis amigos, mis hijos estarán orgullosos, mi

esposa va a quererme más todavía. Y el pensamiento se convierte en una sonrisa que, ésa sí, se transforma en mueca cuando los ojos traen a la realidad los precios y el vacío en la cartera. Odio los centros

comerciales en los que la desolación trata de llenarse con comida chatarra. Los odio porque trabajo en uno de ellos, porque en él se consume mi vida más de ocho horas al día.

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La Gualdra 407  

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