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■ MAR DEL PLATA■ DOMINGO 13 DE FEBRERO DE 2011

IDA Y VUELTA: cultura@lacapitalmdq.com.ar

LLEGO A LA ARGENTINA EL PRIMER TOMO DE UNA SAGA SOBRE LAS CRIATURAS DE LA NOCHE

Tiempo de vampiros Al mejor estilo Stephen King, ‘El pasaje’, de Justin Cronin, imagina que el Apocalipsis es provocado por experimentos militares con un virus que transforma a los humanos en monstruos. Drácula perdió el glamour, celebra la crítica.

devuélvala a Telluride’’. Unos pocos se animan a la cruzada. Sueños místicos los impulsan. Tropiezan cerca de Las Vegas con una ciudad vampira y con los rambos de la Fuerza Expedicionaria del Ejército de la República de Texas. El último tramo del libro vuelve a ser interesante. El final, naturalmente, es abierto.

POR GUILLERMO BELCORE

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omo si de una epidemia se tratase, la megalomanía infesta la cultura estadounidense. Las cadenas de comida chatarra compiten en pos del mayor combo de calorías (tres o cuatro hamburguesas por sándwich, ¡puaj!). La cafetería más ubicua de la Unión sirve en vasos enormes sus brebajes y ofrece golosinas descomunales a ciudadanos obesos que montan en camionetas gigantescas que consumen casi tanto combustible como un avión. El tamaño cuenta; todo debe ser colosal. Esa desagradable hinchazón se ha filtrado, al parecer, a la literatura. Casi mil cien páginas ocupa El pasaje (Editorial Umbriel), el primer volumen de la ambiciosa trilogía que planea el señor Justin Cronin (Nueva Inglaterra, 1962), profesor de inglés en la texana Rice University de Rice y escritor multipremiado. Cobró como adelanto por el manuscrito casi cuatro millones de dólares. Y nada menos que Ridley Scott compró los derechos cinematográficos por casi dos millones de dólares. América no se anda con chiquitas.

ALIENTO EPICO El mamotreto, no obstante sus tiempos muertos y sus melodramas, tiene un aliento épico que atrapa. Narra el Apocalipsis. Abarca mil años de historia. Reescribe un argumento que de tan usado casi se ha estropeado: en una remota selva (boliviana ahora) hay un virus que

Justin Cronin ubica su obra entre la ficción de calidad y la literatura popular.

puede aniquilar por completo la raza humana. El microorganismo devuelve al timo su completo funcionamiento, si el huésped es un adulto se convierte en un monstruo, en un vampiro para ser exactos. Porque, ya es hora de aclararlo, ésta es básicamente una novela de vampiros. La crítica estadounidense ha celebrado que las criaturas de la noche hayan perdido el glamour bobo de Crepúsculo. El señor Cronin mezcla en su exuberante caldero a Stephen King (quien bendijo el libro en vivo y en directo en Good Morning America) con La carretera, de Cormac McCarthy, y Soy Leyenda, de Richard Matheson. El libro va de más a menos. Las primeras trescientas ochenta páginas son impecables en su intensidad. La acción transcurre en un

futuro cercano, Estados Unidos está en guerra desde hace quince años con Irán y con el Islam en general. La oficina Armas secretas del Pentágono experimenta con el virus vampírico en una base secreta de Telluride (Colorado). Quiere desarrollar una cura para todos los males o bien crear asesinos indestructibles que asolarán Pakistán y Chechenia. Obviamente, todo se sale de control. Los doce monstruos originales (reos condenados a muerte usados como conejillos de indias) se las ingenian para escapar. Y muerden a todo lo que se cruza en su camino, se alimentan de sangre fresca. Brillan como los ángeles caídos, ‘‘son los más terrible y grandioso que ha creado Dios para devorar el mundo’’. Crean un ejército de millones de dragones. Es el fin de Estados Unidos y quizás

de todo el orbe civilizado, pues no queda del todo claro si la maldición cruza los océanos. Muere un planeta y nace otro. Una niña -Amy, la que habla con los animales- es la última esperanza. LA ERA ‘DV’ La segunda parte arranca en el año 92 ‘Después del Virus’. Estamos en California, en una colonia de sobrevivientes. Detrás de elevadas murallas y protegidos con luces implacables resisten el asalto de los asquerosos virales. Pero los generadores de energía se están muriendo. Un día llega a las montañas de San Jacinto una insólita caminante: ¡es Amy! Tiene extraordinarios poderes y un mensaje imperioso que emana un chip implantado en la base del cráneo: ‘‘Quién encuentre a la niña,

EL PUNTO MEDIO En un reportaje reciente, el señor Cronin ubica su escatología en el punto medio entre la literatura de supermercado y la ficción de calidad. ‘‘Es lo que a la gente le gusta leer’’, asevera. Si juzgamos la ambición y el recorrido, es obvio que merece una medalla. Como los torpes dioses gnósticos ha creado un universo alternativo. La trama se narra sin prisas; sin embargo, la expresión es pobre e incluso aburrida. Está muy bien el recurso de injertar cartas, artículos periodísticos y el diario de Sara (¡revisado en el año 1003 DV en una universidad de la República Indoaustraliana!). En contraste, los protagonistas resultan superficiales y las metáforas, vulgares. El libro está saturado con escenas tristes y escenas vertiginosas, donde los personajes corren por sus vidas. ‘‘¡Moove, moove, moove!’’, es el gastado ruido de fondos. Hay también un cromado religioso, mágico y espiritual que da brillo a la epopeya. En síntesis, El pasaje es un entretenimiento aceptable para todo aquél que guste de las imaginerías de los esbirros de Drácula, pero no nada agrega a la Alta Literatura, nada que el Rey King, valga la redundancia, no haya propuesto antes ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui (*)

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¿Qué error le molesta más advertir en un texto literario y cuál es el último que halló en el libro que está leyendo o que acaba de leer? -Las malas traducciones del inglés al castellano, por ejem-

plo. Acabo de leer una versión de “El viejo y el mar”, de Hemingway, traducida al castellano “neutro” imposible. Los signos de puntuación mal usados (coma, punto y coma o punto) también me molestan.

(*) Martín Jáuregui nació en Buenos Aires. Desde muy chico supo que su destino era viajar y conocer la tierra profunda. Es viajero, aventurero, periodista, excursionista, documentalista, vagabundo, reportero, pasajero, bon vivant, explorador, expedicionario, historiador, narrador, cocinero, padre de Juanita y de Joaquín, peregrino, “pseudocartógrafo” y mucho más, trabajó durante varios años en el programa Historias de la Argentina Secreta, como realizador de numerosos capítulos emitidos por Canal 7. El autor estará en Mar del Plata el jueves que viene para presentar su libro “Geografías argentinas”. Será a las 21, dentro del ciclo Verano Planeta que se realiza en el hotel de Paso y Alem. La entrada es libre y gratuita.


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Las olas, el viento y los que leen en la playa Por Martín Kobse

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a costumbre de ir a distintas playas me permitió realizar en el lapso de diez días observaciones varias sobre el curioso hábito de leer libros debajo de una sombrilla, a pleno rayo del sol o en la orilla del mar. De norte a sur, pude comprobar que basta con mirar atentamente para detectar a varios lectores concentrados en los más variados libros. Sin duda, el más leído, ya sea en Playa Grande, La Perla, Varese, Punta Mogotes o más al sur, es “Los padecientes”, la novela de Gabriel Rolón. Después detecté varias veces el Horóscopo Chino de Ludovica Squirru, distintos títulos de John Katzenbach, John Grisham y Florencia Bonelli. Si bien la mayoría de los lectores playeros son mujeres, no son pocos los hombres a los que nada les importa el reflejo del sol, la arena que vuela o los más variados e incesantes ruidos que conforman el folclore del verano junto al mar. Pero es cierto que el sexo masculino afronta la lectura con cierta vergüenza, como si leer no fuera cosa de hombres. En mi pesquisa por la costa marplatense -el método que elegí tenía como primer paso reconocer la tapa para precisar qué libro era-, me divertí un buen rato con las actitudes de un guardavidas de Punta Mogotes: ni bien descubrió mi interés por el libro que leía, cómodamente repantigado en su mangrullo, ocultó la tapa. Cuando al rato volví a pasar cerca, el guardavidas dobló el libro y continuó la lectura sin darme chance de saber qué diablos era tan vergonzante para ese muchacho. Me alejé pensando en títulos que pudieran hacer que leyera sin pausa, muy interesado, pero con extremo sigilo. Podía ser alguna edición ilustrada del Kama Sutra, el úl-

timo trabajo de Alexandra Rampolla o, tal vez, Sex Code o El método, dos best sellers mundiales escritos con el exclusivo fin de instruir a los hombres sobre cómo conquistar mujeres. En manos de otros caballeros pude ver la biografía de Marcelo Bielsa escrita por Román Iutch, la trascripción de las entrevistas que Daniel Filmus hizo para televisión a presidentes sudamericanos, el más reciente de Felipe Pigna, alguna que otra edición de bolsillo de Marcos Aguinis y un par de los siempre leídos títulos de Eduardo Sacheri. Para entrar en diálogo con los lectores de playa, mi método consistió en varios pasos que debía cumplir a rajatabla: aproximarme con gesto distraído; sentarme como para descansar o en actitud de estar esperando a alguien; de a poco, dirigir la mirada, cada vez con menos disimulo, hacia la tapa del libro; cuando el lector notaba mi interés, esperaba el momento preciso y preguntaba “disculpe, ¿es bueno?”. De acuerdo a la locuacidad de mi interlocutor, obtenía algunas referencias sobre el texto en cuestión, Y ahí no más, sin perder tiempo, le agradecía y daba el siguiente paso. -Voy a comprarlo, me interesa. Lástima que yo no puedo leer en la playa. Me resulta imposible concentrarme. Mi confesión, como método, no falló nunca. ¡Ellos sí podían! Y tenían sus razones. Dijeron leer porque, si no, estar en la playa les resultaba aburrido; porque sólo tenían tiempo de hacerlo durante las vacaciones; y porque siempre lo habían hecho y tenían el hábito incorporado. Una señora muy simpática, profesora de historia, me confió que durante el invierno junta los libros que le interesan y, ya de vacaciones, sin horas de clase ni trabajos para corregir o lecciones

para preparar, los leía uno tras otro. La razón más sorprendente me la dio un señor muy educado que, después de contestarme a regañadientes que “todos los libros de Sacheri son excelentes”, dijo que leía para que nadie en la playa se le acercara con la intención de darle charla. Agregó que no le gustaba, “para nada”, hablar con desconocidos. Sin más opción, me disculpé y seguí mi camino... Ya repuesto de semejante desplante, consideré que no era justo excluir del grupo de lectores playeros a todos aquellos que dedican buen rato a diarios y revistas. Y, aunque es imposible determinarlo, a simple vista parecen ser más que los lectores de libros. Una de las inquietudes con las que inicié mi observación de lectores playeros consistía en confirmar lo que presumía sobre la edad de quienes dedican tiempo a un libro. Y no me equivoqué con mi presunción. De todas esas personas que vi con un libro en sus manos, ninguno tenía menos de cuarenta años. Sí, no pude encontrar ni a un joven, mujer o varón, que se entretuviera leyendo. Ya con mi propósito cumplido, caminando por tercera o cuarta vez por Punta Mogotes, decidí intentarlo una vez más. Sí, quería sacarme la curiosidad de por qué ese guardavidas no dejaba ver el libro que leía con tanto interés. Esta vez me aproximé, muy lentamente, sin darle la posibilidad de ocultarlo. Agazapado a un costado de su mangrullo, finalmente, logré descubrirlo. Casi sin levantar la vista, llegando a las páginas finales, el guardavidas leía con fruición un ejemplar inconfundible. Sobre fondo marrón, la foto del autor; en la parte superior, el título: “Algunos tienen noche, a otros se les hace tarde”. Por último, nombre y apellido. Sí, Jacobo Winograd ■

Se cierra el miércoles el ciclo de charlas de autores locales El próximo miércoles a las 19.30 concluirá el ciclo de presentaciones de autores locales en la biblioteca municipal y la charla de cierre estará a cargo de los escritores Mauricio Espil, Javier Chiabrando y Fabián Iriarte. La exitosa serie de charlas, que desde el mes de enero se desarrolló a sala llena cada miércoles, llegará a su fin con la presentación de tres autores de reconocida trayectoria en las letras locales. -Mauricio Espil como escritor ha publicado la novela “Full de ases” y dictado numerosos talleres literarios. Como editor, entre tantas publicaciones, cabe destacarse la la novela “Cuerpo a cuerpo”, de David Viñas. Hoy es subsecretario de cul-

tura de la Municipalidad. Fabián Iriarte es doctor en Humanidades (Universidad de Texas en Dallas, 1999) y enseña Literatura Comparada en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Recibió el Premio Alfonsina Storni de literatura (2004) y el segundo premio del Concurso Osvaldo Soriano de Poesía (2006). Sus poemas han aparecido en revistas nacionales y extranjeras: Hablar de Poesía, Diario de Poesía, Chiron Review, entre otras; la antología Poesía erótica argentina (2002) y en los blogs La infancia del procedimiento, Las afinidades electivas, Poetas al tuntún y Homoerótica. Publicó los siguientes libros de poesía: Guaridas de huir el mundo (2000), La intemperie sin fin (2001),

La mudanza (2010); y las plaquetas Con sutiles artimañas (2004) y Maldita equis (2009). Finalmente, Javier Chiabrando, ha sido editado en Argentina, México, España, Cuba y Venezuela. Autor de “Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto” y de “Querer Escribir, Poder Escribir”. En el año 1999 creó y dirigió la Film Commission u Oficina de Promoción Cinematográfica, que funcionó en el área de cultura de la Municipalidad de Mar del Plata. Dicta talleres literarios en ciudades de Argentina y en ferias de libros (Rosario 2009, La Habana 2006, 2007, Venezuela 2007). En 2011 se editará “Caza Mayor”, dentro de la colección Tinta Roja ■

Un poco de suerte siempre es necesario Por Sebastián Chilano sebastianchilano.blogspot.com

–¿Y ahora qué hacemos? –preguntó René Conforti. Dejaron el auto en un estacionamiento subterráneo y salieron a la calle. El calor era insoportable, por húmedo. La gente (la poca gente por la época del año) se movía molesta. –Los malditos que no pueden dejar la ciudad –dijo Márquez en general a todos los que pasaron a su lado. –¿Qué hacemos? –¿Qué se puede hacer un fin de semana en Capital?. Encontrar un hotel, después comer, todo el tiempo beber y todo el tiempo moverse de pozo en pozo, buscando lugares con aire acondicionado. René Conforti. No era eso lo que preguntaba. –Y a la noche vamos a buscar a La Tabla –agregó Márquez–. Pero te aviso, Conforti, que te prepares, porque el lugar de baile debe ser bien pero bien caro. Hicieron todo lo que tenían que hacer. Hotel, almuerzo, fueron al cine, cena y después de cenar Márquez averiguó dónde quedaba el club de La Tabla. Cuando llegaron, después de un paseo largo con un desquiciado taxista hincha de Racing que se emocionó hasta las lágrimas por los sucesos de la última derrota, dos enormes patovicas los detuvieron en la puerta del local. Márquez dijo que venían como representantes de la confederación de farmacéuticos del centro del país (durante el almuerzo lo había leído en el diario) y uno de los patovicas, luego de comprobar en su ipod que existía tal congreso, les dijo el precio de la entrada: una cifra de dos ceros, como lo esperaba René Conforti, pero el número delante de los ceros fue par y mayor de seis, y eso no lo esperaba. –Cada uno –agregó el otro patovica–. Y cuando salgan, no se olviden de dejarnos una propina. De tan intimidado, René Conforti estuvo a punto de dejarles la propina, pero Márquez lo hizo entrar. Caminaron por un pasillo en declive y encontraron unas cuantas mesas en círculo a un escenario. –Allá –dijo y señaló René Conforti. –Bajá la mano, que ya lo vi. Sentado y detrás de tres guardaespaldas iguales a los patovicas de la entrada, los dos vieron al ministro de economía, es decir, al Diablo. –¡Es un golpe de suerte! –dijo René Conforti. –Vení, sentémonos lejos, y bien ocultos –pidió Márquez. Se sentaron casi a la salida, lejos del baño, del escenario y del ministro de economía y toda su comitiva. A la hora, luego de tres shows cada cual más variado y aberrante, La Tabla, la telefonista del instituto, la ex secretaria del Diablo, apareció en escena. Y la noche fue toda suya. –Qué suerte tuvimos –volvió a decir René Conforti. Márquez sin dejar de mirar los movimientos de la bailarina, lo retó: –Escuchame una cosa, Conforti. ¿De qué suerte me estás hablando? Vos sos científico, te basás en métodos de ensayo-demostración, regís tus conductas por normas y protocolos, ¿y me venís a decir que es una suerte que hayan coincidido el Diablo y la telefonista? ¿Jefe y ex empleada? Esto no es suerte, no existe la suerte. Es un error, un evento que los débiles usan para justificar su torpeza o su falta de previsión. Que estén los dos juntos, acá y esta noche marca que los dos tienen mucho más que ver en la historia de lo que creíamos. No existe la suerte, Conforti, son hechos y consecuencias que no podemos explicar por el momento, pero que sin duda tienen racionalidad. Cuando la telefonista del instituto terminó de bailar, en vez de irse, bajó directamente entre el público y se sentó en la mesa del ministro de economía. Dos minutos más tarde uno de los guardaespaldas le trajo un tapado y ella se cubrió. Diez minutos después, ministro y bailarina (custodia incluida) dejaron el local. Márquez lo miró a René Conforti: –¿Todavía creés en las coincidencias? ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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¿Qué situación de su vida cotidiana encontró reflejada con sorpresiva exactitud en un libro, una película, una canción o cualquier otra obra de arte?

-Frente a tantas ideologías, pseudo-ideologías, tendencias que te quieren imponer y la mar en coche, todos los días repito como “plegaria laica” la letra de “El Necio”, de Silvio

Rodríguez. Me sorprende cómo el poeta refleja la lucha cotidiana de sostener las ideas y la pasión por sobre todo. Así lo siento.


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MIGUEL DE ASÚA, FILÓSOFO E HISTORIADOR

Argentina “tiene un lugar decoroso en la historia de la ciencia moderna” Lo asegura el médico y científico Miguel de Asúa, autor de varios libros, uno de ellos “Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en la Argentina”. En esta entrevista habla de los temas en los que investiga y de la misión de quien hace historia de la ciencia.

fía de la ciencia como el que ofrecía la Universidad de Notre Dame, hice la maestría y luego el doctorado trabajando sobre ciencia medieval, las relaciones entre filosofía de la naturaleza y medicina en la Edad Media. -¿En qué temas trabaja actualmente? -Ahora estoy concluyendo mi libro sobre la ciencia de las misiones jesuíticas, que en el fondo es ciencia del siglo XVIII y se relaciona con los orígenes de la Argentina, hace muchos años que vengo investigando y publicando sobre las misiones jesuíticas del Paraguay y el Río de la Plata. UNA GLORIA SILENCIOSA

Miguel de Asúa.

Por Alejandro Manrique

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nte cada comentario o pregunta se explaya ágilmente para abordar los temas, destacar detalles, fechas y nombres con una facilidad que causa fascinación, hasta asombro por su prodigiosa memoria. Cómo presentar a alguien tan culto, erudito en su especialidad, con quien se podrían pasar largas horas dialogando sin perder por un instante el interés por lo que expresa y el conocimiento que transmite en sus palabras. Sus antecedentes académicos y títulos de estudios son muy numerosos, por cierto, lo que quizás nos lleve a omitir involuntariamente alguno de ellos. Miguel de Asúa, de él se trata, es doctor en Medicina por la UBA, Licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina, Master en Historia y Filosofía de la Ciencia y Doctor en Historia por la Universidad de Notre Dame de los Estados Unidos. Investigador del Conicet, profesor de Historia de la Ciencia en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de San Martín y profesor de Filosofía en diversos cursos. Fue investigador visitante en las universidades de Harvard, Yale y Cambridge. Ha sido becario Guggenheim y recibió becas al exterior del Conicet, del British Council y de la Fundación Antorchas. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, ha publicado gran cantidad de artículos especializados sobre historia y filosofía de la ciencia, como así también compi-

laciones y libros. Durante años integró el comité editorial de la revista “Ciencia Hoy”, en la cual escribió varios artículos de divulgación, ensayos y notas. En el año 2010, de Asúa redondeó una magnífica producción literaria y publicó cuatro títulos: “La ciencia de Mayo”, “De cara a Darwin”, “Una gloria silenciosa” y “El deslumbramiento” (junto al biólogo Pablo Penchaszadeh, un relato sobre los viajes de Bonpland y Humbold en América), que apareció recientemente. “Quedé exhausto”, expresa en tono jocoso. Nacido en 1952 en el barrio de la Boca, durante su niñez se mudó a la localidad de Villa Sarmiento, Haedo, Partido de Morón, donde reside desde hace más de 50 años y en cuyo domicilio nos recibió gentilmente para esta charla. -¿Era médico y ya trabajaba en temas de filosofía? -Empecé a formarme con Gregorio Klimovsky, que era muy dogmático y Popperiano, lo genuino de su labor fue la lógica matemática. Cuando yo trabajaba con él, me recibí en pediatría e hice la residencia en el Hospital de Niños. Ya había hecho investigación en neuroembriología, pero seguí haciendo filosofía y cursaba la carrera. Con Klimovsky publicamos el librito “Corrientes epistemológicas contemporáneas”, basado en sus clases, nos dedicábamos a la lógica. -¿Cómo incursiona en la historia de la ciencia? -Me fui a trabajar a Harvard con beca externa del Conicet, cambié a Historia de la Ciencia, a la semana de llegar allí me percaté que debía empezar de nuevo. Busqué un programa que tuviera historia y filoso-

Es en “Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en la Argentina” (Libros del Zorzal, 316 páginas, 2010), con el auspicio de la Fundación Carolina de Argentina, que de Asúa se propone contar en un trabajo conciso la historia de la investigación en ciencias experimentales y las matemáticas en Argentina. Y lo hace con un estilo de comunicación clara del discurso, más orientado a la divulgación. Con muchas e inéditas ilustraciones del Archivo General de la Nación que nunca fueron publicadas, el enfoque se centra en una perspectiva integradora de la historia de la ciencia en nuestro país. Así, se concentra desde el aporte de los jesuitas que no fue valorado, pasa por el período de la Revolución de Mayo con la ciencia “al servicio de la Independencia” o “la primavera científica de 1820”, la ciencia de la consolidación institucional del país y llega hasta el siglo XX (década de 1960), destacando los logros científicos más preponderantes o la creación de las instituciones, los vínculos entre la ciencia y la política nacional, al igual que la recepción en nuestro país de las grandes corrientes del pensamiento y teorías fundamentales de la ciencia moderna. El libro cuenta con colaboraciones de destacados especialistas en historia de la ciencia, algunos del exterior, quienes se dedican a temas de Argentina, lo que enriquece la diversidad de opiniones sobre ciertas cuestiones. El texto está dividido en “episodios”, donde se narran los logros científicos más importantes alcanzados en nuestro territorio. En el medio de esos episodios se disponen capítulos titulados “ciencia e historia” que le dan contexto al discurso principal. Además, se presentan una gran canti-

dad de “boxes” con desarrollos de temas particulares, lo que permite al lector hurgar en determinados contenidos de especial interés. Los procesos de la ciencia y los avatares políticos están imbricados indisolublemente. Así, la ciencia argentina, muchas veces olvidada, ha logrado e n ciert a s instancias contribuir por más de dos siglos con investigaciones legítimas “por el honor del espíritu humano”, como expresa el autor. Esto nos ha llevado, según las palabras finales del epílogo, a “…habernos ganado un lugar decoroso en la gran corriente de la historia de la ciencia moderna. Es por eso, entre otras cosas, que podemos celebrar con dignidad este Bicentenario. Es por eso que podemos mirarnos a nosotros mismos en el límpido espejo de una gloria silenciosa”. - ¿Por qué excluyó la ingeniería, la medicina y la tecnología? -Son cosas separadas, tuvieron mucho que ver a fines del siglo XIX, fueron los caballos de tiro que arrastraron la historia de la ciencia en Argentina. Pero no se puede hacer un libro sobre todo, aunque lo hiciera más largo las seguiría excluyendo. Estoy satisfecho de haber puesto los esquemas, los jalones de la ciencia experimental y la matemática, una mirada larga con estilo de divulgación, de lo contrario la historia es muy pesada. -Tiene que ver con la manera de concebir el libro… -El formato del libro encarna un mensaje, que es justamente que no vale la pena, a mi entender, hacer un trabajo enciclopédico de la historia de la ciencia. Se deben hacer trabajos especializados, concentra-

dos en distintos temas. A nivel general hacer un marco que llegue al público, no puedo hacer algo específico para una docena de historiadores de la ciencia como hay aquí. El libro puede aparecer confuso en los apéndices, pero se puede leer en forma independiente en los boxes. No es una narración corrida y eso es a propósito, la narración corrida daría la impresión que se puede contar la historia de la ciencia como un cuento, y de eso yo tengo mis serias dudas. -¿Hasta qué punto cree que la historia de la ciencia puede hacer un aporte sustancial a conocer los sucesos científicos por parte del público? -Creo que siempre se consideró a la historia de la ciencia como una especie de vía privilegiada para la educación científica. En parte es cierto y en parte no, el enfoque que uno le da a la ciencia desde la historia no es el mismo que el que le dan los científicos. Para el científico lo importante es la ciencia actual. El historiador debe tener lo que se llama la “mirada larga”, un historiador no puede tomar como punto de referencia el presente, hay que mirar desde atrás, desde atrás para adelante, en el fondo son dos perspectivas que chocan ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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¿De qué lugar, personaje común o circunstancia en general que ofrece Mar del Plata se apropiaría para incorporarlo como pasaje central de alguna de sus

obras? -Seguramente en mi próximo libro algo va a ocurrir en la banquina de los pescadores. Algo con el puerto y un cardu-

men “raro”. Sin embargo, en mi libro “Geografías Argentinas” uno de los personajes es marplatense. Es un inicio.


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COMENTARIO SOBRE EL DOCUMENTAL “LOS CONVOYES DE LA VERGÜENZA”

Errores y mentiras un país ocupado. Sin embargo, los alemanes tenían unos 60.000 hombres para el control de los 40 millones de habitantes de Francia, y de los 410.000 agentes del sistema ferroviario unos 41.000 eran de la resistencia. No obstante, no llevaron a cabo acciones ni siquiera para proteger a los miembros de la resistencia llevados a los campos. Una sola vez fue detenido uno de estos trenes, pero no en Francia sino en Bélgica, por tres jóvenes. Con una linterna lograron hacer que el tren se detuviera, uno de ellos amenazó con un pequeño revólver al maquinista y el otro fue abriendo los vagones. Una séptima parte de los deportados consiguió salvarse. La mayoría tuvo miedo de salir. Nada así sucedió en Francia, ni siquiera para salvar a quienes eran de la resistencia. La policía francesa tuvo un papel muy activo, no en fustigar a las fuerzas de ocupación sino en hacer inteligencia sobre la colectividad judía para individualizar a quienes serían arrestados y para hacer los arrestos. La resistencia ferroviaria sí ayudo en este tramo, avisando a muchos que iban a ser arrestados, y sacando a otros, en muchos casos, escondidos en las locomotoras. Pero nunca se detuvo a ningún convoy.

Por Eduardo Balestena lapalabrainconclusa-literatura.blogspot.com

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urochannel acaba de estrenar Los Convoyes de la Vergüenza, de Raphaël Delpard (2010) un sólido documental sobre la responsabilidad de políticos y directivos del sistema ferroviario francés (la SNCF) en la deportación de judíos, gitanos, niños y miembros de la resistencia a los campos de exterminio del Este. Es un trabajo profundo que va sumergiéndonos, de manera abrumadora, en la cuestión de que la matanza sistemática de seres humanos no fue consumada simplemente en los campos de exterminio sino que tuvo etapas previas que la hicieron posible. Una vez sucedido el genocidio no sólo no hubo reconocimiento de esas culpas sino que fue construida una historia oficial acerca de esos hechos.

LOS COLABORACIONISTAS FRANCESES Unos 76.000 judíos fueron enviados en trenes franceses a los campos de concentración de Europa central. También lo fueron 38.000 miembros de la resistencia, 20.000 gitanos y 11.000 niños separados por la fuerza de sus padres, enviados a Auschwitz. Gracias a Pierre Laval y al gobierno de Vichy se les dio el mismo trato que a los prisioneros adultos, fueron separados violentamente de sus padres y en su mayor parte destinados a campos de exterminio y a experimentos médicos. El sistema ferroviario francés, además, colaboró en el transporte de los elementos sustraídos a las personas deportadas, y llevó a soldados alemanes a invadir zonas no ocupadas, en operaciones que redituaron económicamente para los estratos económicos más beneficiados por la guerra. Hubo un solo acto de rebelión: el maquinista Leon Bronchard se negó a conducir uno de esos trenes. Fue una actitud solitaria: resultó sancionado y, a la larga, debió dejar los ferrocarriles y unirse a la resistencia. Los directivos de la SNCF, encabezados por Pier Eugene Fournier, no sólo no se opusieron al envío de esos trenes sino que comenzaron a usar vagones de ganado para poder embarcar a un mayor número de deportados, unos mil por tren, y hasta 150 por vagón, sin agua, sin comida, sin asientos. Eran arrojados a los vagones donde permanecían durante horas. Enfermos y ancianos solían sufrir fracturas en los embarques. Ello se agravaba por la

LA SOLUCIÓN FINAL

falta de suspensión y el hacinamiento. Cada tren era rigurosamente organizado y guiado por franceses. Una minoría de alemanes los vigilaba. La directiva de la SNCF sirvió a las necesidades de la autoridad de ocupación de una manera cada vez más eficaz. Eran administradores y cumplían una misión logística, sin compasión por las víctimas, que no eran personas para ellos, y atentos sólo a avanzar en sus carreras cumpliendo con los requerimientos de la autoridad. Los trenes fueron programados y armados hasta 1944. El último salió horas antes de entrar las fuerzas de liberación. Como las vías estaban bombardeadas debió ser rearmado cuatro veces, pero aun así llego. No

hubo nadie que aprovechara esas circunstancias para liberar a los prisioneros, cuando ya era evidente la derrota alemana.

LAS VOCES El documental recurre a entrevistas: investigadores, activistas, ex miembros de la resistencia, al análisis de documentos y el material es presentado por una voz over, un narrador que enuncia la historia y une sus partes en un relato abierto a muchas implicancias.

LAS CIFRAS DE LA OCUPACIÓN Una de las cuestiones que surge es el argumento de justificación de que no era posible otra actitud en

Hasta 1942 no se conocía bien el destino de los deportados. Hacia esa época, cuando Alemania pasaba a la defensiva, comenzó a ser implementada la solución final. Un espía que llegó hasta los campos de Polonia, logró atravesar luego la Francia ocupada, pasar (con uniforme de soldado ucraniano) a Inglaterra y luego a Estados Unidos, donde tuvo una entrevista de dos horas con Roosevelt: tanto en Inglaterra como en Estados Unidos se supo del exterminio masivo de judíos, pero nada se hizo para detenerlo. Los comunistas franceses, que respondían a Stalin, aliado de los nazis hasta la invasión a Rusia, tampoco dirigieron acciones por parte de los obreros ferroviarios comunistas. Tampoco de Gaulle ordenó acciones a la resistencia para detener la matanza de judíos. Luego de la guerra se impuso una política de situar a Francia no como ocupada sino como vencedora. Ello significó borrar la diferencia entre resistencia y colaboracionismo. Los franceses sólo eran vencedores y se imponía poner entre paréntesis al régimen de Vichy y hacer como si no hubiera existido, lo que significaba olvidar los crímenes y a las víctimas. Es la ecuación paz social-olvido utilizada también en la España del posfranquismo.

Judíos, miembros de la resistencia; gitanos; niños; primero fueron dejados solos y luego olvidados.

LA POSGUERRA Pierre Eugene Fournier fue un próspero banquero luego de la guerra, hasta su muerte en 1972. Nunca fue juzgado ni dio explicaciones. Pero no sólo eso, hubo un relato oficial, el de la película La batalla del riel, un exitoso filme de propaganda destinado a demostrar precisamente todo lo que la resistencia no había hecho. Leon Brochard también fue olvidado por este discurso oficial, así como la investigación independiente de un particular que fotocopió 12.000 documentos de la SNCF que dan cuenta de este holocausto, que fue absolutamente ignorado por los historiadores. Hasta el discurso de Jaques Chirac de 1995 no hubo un solo gesto de arrepentimiento por estas víctimas. En su mayor parte eran de una colectividad inmigrante que venía del Este, una comunidad trabajadora y ensimismada que hablaba mal el francés y que no resultaba tan significativa para la economía del país. En la posguerra los comunistas consiguieron cargos en el directorio de la SNCF, quizás porque nunca la denunciaron públicamente ni llevaron a cabo ninguna acción contra ella.

UNIVERSALIDAD La amarga enseñanza que nos deja esta historia es que en realidad para los franceses los deportados no eran personas sino objetos. No importaba su sufrimiento, ni a los franceses (probablemente por el fuerte componente antisemita de una sociedad como la francesa.); americanos; ingleses o comunistas. La otra enseñanza es que en los núcleos de poder siguen estando en la misma clase de personas y que las historias se repiten. Genocidios como el de Ruanda o Camboya, que sucedieron ante la indiferencia de la comunidad internacional que sólo actuó tardíamente, nos dicen que estas cosas vuelven a pasar. “Los pueblos –dice el narradoraprenden de sus errores, no de sus mentiras”. Ello es cierto como lo es que tanto las personas como las sociedades tienden a hacer invisible aquello que temen, o aquello cuya existencia no les conviene reconocer, o simplemente aquello que es inconcebible, aunque ello signifique olvidar el dolor de los inocentes y justificar a los culpables. De la mentira no se aprende, es cierto, pero la mentira es siempre útil, más que los errores ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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¿Cuál es el mejor diálogo que recuerda entre dos personajes de ficción?

LOSADA REEDITÓ “LA OSCURIDAD ES OTRO SOL”

ya rapado y dispuesto a todo, repitiéndose una y mil veces “You are talking to me?” o “iu tokentu mi”

(fotografía de autor)

Olga Orozco, la poeta de imaginación frondosa y miedos de niña

Hotel de familia

Entre el diario personal y la prosa poética, este libro propone un viaje a tierras desconocidas, donde la infancia, los juegos y las trampas ocupan un lugar fundamental. Orozco, fallecida en 1999, lo publicó en 1967. Se vienen la obras completas.

L

a escritura de “La oscuridad es otro sol” de Olga Orozco, que acaba de ser reeditado por el sello Losada -la primera edición data de 1967- con ilustraciones del poeta Enrique Molina, se mueve entre el diario personal y la prosa poética, con un alto voltaje metafórico y una imaginación desbordante. Puertas que dan a parajes desconocidos, juegos convertidos en trampas, senderos vueltos laberintos y personajes enmascarados, pueblan los relatos de infancia de un libro central en la obra de la poeta. Cabe recordar que en su juventud Orozco -nacida en Toay, provincia de La Pampa en 1920 y fallecida en Buenos Aires en 1999- se desempeñó en varias editoriales como Fabril y Abril, y justamente fue en Losada donde cumpliría funciones de correctora de estilo. La autora iba a volver a este tipo de historias de infancia en 1995 con el libro “También la luz es un abismo”. De hecho, ambos títulos -”La oscuridad es otro sol” y “También la luz es un abismo”- son caras de una misma moneda: una lucha de contrarios, un espacio de mutaciones constantes y a cada paso de la niña, un asombro que es a la vez maravilla y espanto. Será precisamente en esos juegos de infancia donde se abisme Lía (alter ego de Orozco) extraviada en un territorio desconocido que emerge como un inmenso bosque de acechanzas apenas ella cierra sus párpados, como lo contaría en una de sus últimas entrevistas: “Era un juego que teníamos con mi hermana: viajar por las noches. A través de las lecturas, Julio Verne y relatos de piratas que habíamos leído; se apagaban las luces de la casa y la casa se ponía en movimiento, empezaba a andar y atravesábamos tempestades, pozos, témpanos de hielo que se nos venían encima”. En esa respuesta sucinta Orozco entrega con justeza la atmósfera fantasmal y fantástica de “La oscuridad es otro sol”; un campo minado por misterios sin resolver y una sucesión de juegos que llevan al desdoblamiento continuo en una transfiguración que alcanza a los personajes y aún a los seres inanimados:

Olga Orozco.

Son “muebles oscuros (que) miran con hambre desde las cerraduras” y “ovillos de lana que significan otra cosa, y que caen, rebotan y se deslizan astutamente silenciosos (…) y los cajones de la cómoda que tratan de respirar todavía por última vez”. El personaje que ha transpuesto una frontera debe hallar un talismán que pueda conjurar los hechizos; a su paso descifra señales ocultas, inscripciones encubiertas, pistas disimuladas de un código secreto en un juego peligroso siempre marcado por la aventura, el descubrimiento y el acontecer inesperado. De este modo, Lía será succionada por un torbellino, una oquedad sin fondo, un “embudo negro”, una oscuridad viva, tentacular: “Todo es un rapidísimo remolino que nos arrastra hacia el obstáculo tenso y espinoso que se acerca. Cierro los ojos. Me izan desde el cielo y me dejan caer con un ruido de tela que se rasga”. De pronto, Lía ha quedado encerrada en un universo de desmesura, un inframundo con jardines por descubrir; allí vive su extranjería, se hace otros en un extrañamiento constante de brújulas equivocadas y mutaciones de tiempo. Así, escribe: “He comenzado a `estar` en otra parte y esto no ocurre `ahora`”. Busca infructuosamente una puerta: “porque antes de salir de esta cáscara tendría que salir de este organismo mío en que estoy incrustada, al que me han cosido como adentro de una bolsa con costuras que no puedo encontrar, con puntadas que no tienen revés”. Orozco creó un universo paralelo, una atmósfera onírica en correspondencia con un lenguaje frondoso que hila con maestría la minucia de lo enmarañado: “Soy un habitante de la momia del mundo. Han embalsamado el aire y el paisaje que no veo”.

Entrevistada en sus últimos años, hablaría de una recurrencia de su literatura, los temores: “Creo que son resabios de mi infancia… mis miedos son a veces muy infantiles”. Y el horror es el detonante de los momentos más contundentes del libro. Escribe: “Más vale no pensar que estoy definitivamente suspendida en un abismo, entre el enemigo de mil patas y millares de antenas y el ángel salvador, convertido en ignorante larva”. Ficcional pero también autobiográfico, en las páginas del libro queda insinuada una sensibilidad especial que la autora reconocía sin alardes: la de presentir, adivinar, ver donde otros no ven: Sobre esa capacidad dirá en una entrevista: “Siempre tuve esa facultad: videncias, premoniciones…tuve relámpagos desde chica”. Al vértigo de este libro le corresponde un lenguaje que se desboca en párrafos sin puntuación, a ratos sumamente extensos, indicadores de la pericia de esta escritora, sin duda una de las grandes plumas de las letras argentinas que desde su libro inicial “Desde Lejos”, de 1946, mantuvo siempre un muy alto nivel. A ese libro le siguieron “Las muertes”, “Museo salvaje”, “Cantos a Berenice”, “La noche a la deriva” y “Con esta boca en este mundo”, entre otros, que le prodigaron galardones tan relevantes como el Premio Nacional de Poesía (1988) y una década después el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”. A la reedición de “La oscuridad es otro sol” se agrega la antología reciente de su poesía “El jardín imposible” a cargo de Ediciones en Danza y el anuncio de que el sello Adriana Hidalgo pondrá en las librerías su “Obra Completa” en el transcurso de este 2011 ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui -Aquella memorable escena de la película “Taxi Driver” donde Robert De Niro “dialoga” con su reflejo en el espejo,

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Si le permitieran ingresar en una ficción y ayudar a un personaje, ¿cuál sería y qué haría?

-Sería Yañes, el amigo y compañero de Sandokán.

Por Daniel Di Iorio

S

urgió de casualidad. Me fui dando cuenta de que en el hotel de mi familia, que mis abuelos maternos construyeron hace varias décadas en la zona de la ex Terminal, había algo de mí. Lo sentía como algo mío, como una parte de mi vida, tal vez porque crecí ahí y, de hecho sigo viviendo, o porque me veo reflejado en los valores del trabajo que ellos me inculcaron. Desde hace un año y medio empecé a sacar fotos al “hotelito”, como lo llamamos cariñosamente. Quiero mostrar cómo se mezcla todo, el trabajo y la familia, porque después de estar un rato adentro del hotel te das cuenta de que ahí pasan cosas. Y es también reflejar lo que pasa en la ciudad: mientras todos están de vacaciones, muchos tienen que trabajar.


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RELATOS BREVES E IMÁGENES DE FAMOSOS ARTISTAS

Canela propone “Cuentos y encuentros con 10 pintores argentinos”

(literatura juvenil, blogs y rarezas)

ENTREVISTA A ANDREA CREMER

Brujerías, lobos e historia, el vasto universo de “Sombra nocturna” Por Ana Yohai llavedetinta.blogspot.com

A

ndrea Cremer pasó su infancia soñando despierta entre los bosques y orillas de los lagos del norte de Wisconsin. Actualmente vive en Minnesota. Siempre le ha gustado escribir y nunca ha dejado de hacerlo, pero no fue hasta hace muy poco que se ha sumergido en la escritura profesional. “Mis primeros recuerdos de escribir son de montar obras en el comedor para nuestros padres. Mi hermano y yo usábamos títeres creados con bolsas de papel madera para actuar las historias. Creo haber tenido 8 años”, confiesa. Cuando no está escribiendo, Andrea es profesora de historia moderna en una universidad de St. Paul, Minnesota. Su primera novela, “Sombra Nocturna”, la primera de una serie de fantasía adulto-juvenil, se publicó en Estados Unidos en otoño de 2010 y se estima que llegará a nuestro país en el mes de mayo. “Siempre quise escribir, pero no creía que era un “trabajo serio” –comenta-, entonces fui a la escuela por un largo tiempo, adquirí un doctorado en historia, y ahora enseño en la facultad. Pero en el verano de 2008 tuve un accidente andando a caballo que me dejó en muletas por 12 semanas. Como no pude hacer otra cosa sino estar sentada, decidí empezar a escribir. Una vez que comencé no pude parar. Escribí dos novelas de práctica y después ‘Sombra Nocturna’. Desde el primer borrador hasta el final, me tomó cerca de nueve meses.” Un mundo de fantasía se abre paso a través de las páginas de su debut ‘Sombra Nocturna’, “Calla –la protagonista- fue la inspiración para la novela. Combiné su personaje fuerte e independiente con mi amor por la historia, lobos, e interés en brujería”, cuenta. El resultado parece ser no sólo una novela, si no un basto universo “Es la historia de Calla Tor, una chica de diecisiete años que también es un Guardián. Los Guardianes son metamorfos, (se convierten en lobos), que sirven como soldados para sus maestras: brujas poderosas llamadas Cuidadoras. Calla siempre supo que su vida ya estaba planificada, pero cuando rompe las leyes de sus maestras al salvar la vida de un mochilero humano, su vida se da vuelta. Va a tener

Andrea Cremer.

que decidir si confía en su destino o sigue a su corazón”. Nació así una nueva escritora que parece prometer mucho, pero el éxito repentino puede dejarte muy atónito. “Es avasallante –comenta-, me hace sentir humilde. He estado muy agradecida por la increíble respuesta, y nunca puedo agradecerles lo suficiente a los lectores por dejar entrar en sus vidas a Calla y su grupo”. -¿Cómo es un día típico en la vida de Andrea? -Depende de si estoy enseñando o descansando. Cuando estoy enseñando me enfoco en preparar la clase. Los días que no tengo clase intento mantenerme en ropa mugrienta, tomar mucho café y escribir todo lo posible. -¿Pudiste participar en algo del proceso de creación de las portadas de ‘Sombra Nocturna’ y su continuación ?¿Te gusta el resultado final? -¡Amo las portadas! Penguin fue maravilloso al consultarme respecto a ellas, pero nunca tuve ninguna queja. Creo que son hermosas y únicas. -¿Qué estás escribiendo actualmente? -En este momento, estoy escribiendo una cuarta novela en el universo de ‘Sombra Nocturna’. Es la historia de cómo comenzó la Guerra de las Brujas, y está enmarcada en la Europa del 1400. -Luego de que termines la saga, ¿qué podemos esperar de ti? ¿Continuarás escribiendo novelas adulto-juveniles? -¡Sí! Después del origen de la historia pienso escribir una nueva trilogía adulto-juvenil steampunk ■

Cada una de las obras pictóricas elegidas inspiró un cuento de más de veinte líneas que la autora trabaja con suspenso y diversión. En su nuevo libro “Cuentos y encuentros con 10 pintores argentinos”, la escritora de literatura infantil Canela se sumerge en un divertido juego de elegir al azar diez pinturas famosas de artistas argentinos, y sobre ellas inventa relatos que arrojan una mirada tierna e inesperada. Se trata de una aventura artística que va a contramano de lo que se espera, muchas veces son los relatos los que inspiran una imagen, pero en este caso es al revés: la autora toma por ejemplo la “Naturaleza muerta” de Cándido López y la transforma en un breve relato de no más de veinte líneas. “Estos cuadros y sus autores son

muy conocidos y famosos. Forman parte de la historia del arte argentino. Los podemos ver en museos, colecciones privadas y reproducidos en láminas, pantallas de computadoras y hasta en estampillas que viajan por el mundo. Pero aquí, en este libro, cada una de las obras ha inspirado un cuento”, enfatiza la autora. Se trata de grandes obras de Fortunato Lacámera, Antonio Berni, Alejandro Xul Solar, Gramajo Gutiérrez, Emilio Pettoruti, Juan Batlle Planas, Lidy Prati, Jorge de la Vega y Benito Quinquela Martín, pintores cuyas biografías acompañan el volumen.

A lo largo del libro (publicado por Edhasa) aparecen el sueño de un perro, el teatro y sus actores, un partido de fútbol, la fiesta de carnaval con los disfraces, un extraño viaje a la luna y muchas otras historias que reflejan emoción, diversión y suspenso. “Una puesta de sol, un barco esperando para ser reparado, un trompo o una pareja bailando pueden disparar la creatividad de un pintor. Conserva esas imágenes en la memoria, y un día, mientras acaricia los pinceles, esas visiones vuelven, la tela en blanco se va llenando de colores”, ensaya por explicación Canela, sobre las obras que encendieron su imaginación. Actual conductora del programa de tevé “Colectivo imaginario”, Canela nació en la ciudad italiana de Vicenza en 1942 aunque reside en Argentina desde pequeña, donde escribió numerosos libros para niños y se dedica al periodismo cultural. Recibió el premio White Ravens por “Marisa que borra” y también es autora de “La piedra de la paciencia”, “El abrazo del pulpo” y “El genio de la tinta negra” ■

VIVE EN MÉXICO, ES DESCENDIENTE DE LA NOBLEZA POLACA

La escritora Elena Poniatowska ganó el premio Biblioteca Breve La escritora mexicana Elena Poniatowska, de 78 años, fue distinguida con el premio Biblioteca Breve por la novela “Leonora”, un galardón que otorga en Barcelona la editorial Seix Barral. “En un escenario cosmopolita y con recursos verbales magistrales, Elena Poniatowska construye una figura femenina turbadora en la que se encarnan los sueños y las pesadillas del siglo XX”, destaca el jurado en su argumentación, que está formado por José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer y Rosa Montero, el catedrático de literatura y crítico literario Darío Villanueva y por la editora Elena Ramírez. “Leonora”, que se publicará el 22 de febrero, es una reconstrucción desde la ficción de la vida Leonora Carrington, una de las más importantes pintoras surrealistas y una mujer de espíritu rebelde que vivió una turbulenta historia de amor con el pintor Max Ernst. La pintora mexicana de origen británico coincidió en el París de las vanguardias con Joan Miró, André Breton, Pablo Picasso y Salvador Dalí. Poniatowska, nacida en París en 1932 como hija del heredero a la corona polaca, vivió en la capital francesa hasta los nueve años y al estallar la Segunda Guerra Mundial se trasladó con su familia a México. Se inició en el mundo de las letras como periodista y comenzó en los

Elena Poniatowska.

años ‘90 a ser distinguida por sus obras literarias. Entre muchos otros, en 2001 recibió el premio Alfaguara de novela por “La piel del cielo” y seis años más tarde se alzó con el Rómulo Gallegos por “El tren pasa primero”. El premio Biblioteca Breve el año pasado fue para el escritor argentino Guillermo Saccomanno por la novela “El oficinista”. Poniatowska nació en París en 1932 como princesa Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, hija del heredero de la corona polaca, Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski (descendiente directo del rey Estanislao II de Polonia) y de la mexicana María de los Dolores Amor Escandón.

Vivió en la capital francesa hasta los 9 años, hasta que la Segunda Guerra Mundial obligó a su madre a partir al sur de Francia junto con sus dos hijas, para luego establecerse en México mientras su padre luchaba con el Ejército francés y participaba en el desembarco de Normandía. Tras una formación inicial en lengua inglesa y castellana, en 1949 fue enviada a estudiar en un internado religioso de EE.UU. y al regresar a México en 1953 comenzó a trabajar en el periódico Excélsior, donde a través de una entrevista diaria retrató la realidad de su país en los años cincuenta. A partir de 1954, cuando publicó su primer libro, “Lilus Kikus”, Poniatowska alternó su trabajo periodístico con su creación de ficción. Un año después del nacimiento de su primer hijo, Emmanuel, en Roma, escribió la obra teatral “Melés y Teléo: apuntes para una comedia”. En 1959, su entrevista con el astrofísico mexicano Guillermo Haro sería determinante en su vida, ya que se casó nueve años después con él, el mismo año en que se produjo la masacre contra el movimiento estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas de México. Uno de sus libros más conocidos es “La noche de Tlatelolco: testimonios de historia oral”, con el que ganó el premio literario Xavier Villaurrutia, galardón que rechazó ■

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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¿Recuerda haber robado un libro alguna vez? ¿Cuál o cuáles?

-Sí. He robado “Las mil y una noches” en un evento donde a nadie le interesaba la literatura, y yo, adolescente punk,

me pareció un acto de justicia. También le robé la Biblia a mi tía Betty. Espero no se haya perdido el cielo por mi culpa.


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DIRIGIDA POR DEBRA GRANIK

La América profunda y compleja de “Lazos de sangre” se cuela en los Oscar Tiene cuatro nominaciones para los premios de la Academia: mejor película, mejor actriz, mejor actor secundario y mejor guión adaptado. Deudora del cine independiente, se alza como la gran película que retrata un drama en la región menos conocida de Estados Unidos.

L

a realizadora Debra Granik ha conseguido gracias a “Lazos de sangre” (“Winter’s Bone”) llenar este

año de dramatismo complejo esa cuota que el tío Oscar reserva para el cine independiente con una modesta odisea en un pueblo de la América profunda que recorre “las estructuras tradicionales del hombre desde la Grecia clásica”. Cuatro candidaturas a la estatuilla de Hollywood (mejor película, actriz, actor secundario y guión adaptado) han bendecido esta historia, premiada en el santuario independiente de Sundance pero que escapa a los cánones cómicos que acostumbraban a recibir el beneplácito de la Academia, como “Little Miss Sunshine” o “Juno”. En “Lazos de sangre”, protagonizada por Jennifer Lawrence y John Hawkes, hay poco espacio para el humor. “Los inviernos extremos hacen las historias más potentes, hacen centrarse de manera más aguda en la historia. Con el frío, muchas preguntas salen a relucir sobre cómo vamos a poder car-

¿Dónde está el tiempo para leerles a los niños? Por Estela Vega juegodepalabralee@yahoo.com.ar

“El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expanden el tiempo de vivir”. Daniel Pennac.

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urante las charlas que realizo para las mamás embarazadas suelen aparecer algunas preguntas como: ¿dónde, cuándo y cuánto tiempo debo leerle a mi hijo? La verdad es que no tengo todas las respuestas, pero puedo transmitir mis experiencias y algunas lecturas, que de alguna manera, pueden responder esas inquietudes. En primer lugar debemos recordar que Cerlac (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) redactó los Derechos Universales de los niños a escuchar cuentos. Ellos son: Todo niño o niña – sin distinción de raza, idioma o religión- goza plenamente del derecho a conocer fábulas, mitos y leyendas de la tradición oral de su país, de los países hermanos y del resto del mundo. El niño también tiene derecho a inventar y contar sus propios cuentos, así como a modificar los ya existentes creando y recreando sus propias versiones. Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentados en las rodillas de sus abuelos. Aquellos que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten cuentos. Todo niño tiene derecho a manifestar abiertamente su regocijo a aquel adulto que le lea cuentos que hagan vibrar su imaginación, permi-

tiéndole habilitar en el maravilloso mundo de la “realidad literaria”. Todo niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos cuentos, propios o no, con o sin reyes, lagartos y castillos, hadas y dragones, largos o cortos. Su único deber es que sean hermosos e interesantes. To d o n i ñ o t i e n e d e r e c h o a quedarse dormido mientras le leen un cuento. El niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento, y otro cuento y otro cuento. Y pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento. Todo niño – por último- tiene derecho a crecer acompañado de un: “Había una vez…”, palabras mágicas que abren las puertas de la imaginación hacia los sueños más hermosos de la niñez. Esta declaración responde en parte las preguntas, pero también me gustaría citar a Mempo Giardinelli que en su libro Volver a leer, da propuestas para ser una nación de lectores. Reflexiona: “la esencia de toda persona, desde su nacimiento, incluye el deseo de aprender, de conocer, de leer. Nadie nace con el deseo de no leer, de manera que si después las personas no leen es porque algo se hizo mal para que ellos perdieran aquel deseo innato”. Por tanto, creo que estos condimentos nos ayudarán a encontrar el tiempo para leer. El amor, la calidez, una voz tierna y envolvente serán la compañía adecuada en el crecimiento de nuestros hijos ■

gar con nuestra propia vida”, reflexiona esta cineasta estadounidense en una entrevista con Efe. “Winter’s Bone”, basada en una novela de Daniel Woodrell, es la historia de una adolescente de la meseta de Ozark (sur de Estados Unidos) que tendrá que encontrar a su padre, fugitivo de la justicia, para evitar que embarguen la casa donde vive con una madre anacoreta y dos hermanos pequeños, pero que, pese a todo, lleva con orgullo su apellido. Granik, con su mirada pausada pero contundente, va tejiendo un extraño sentido del honor en su protagonista. “La supervivencia es una manera de orgullo y ella siente el honor de una familia de supervivientes. En esta sociedad rige la autarquía: no necesitan ayuda del departamento federal, encuentran su manera de alimentarse. No necesitan que nadie proyecte sus casas, porque las hacen ellos mismos”, asegura. Y en ese hermetismo cruzado por los secretos a voces y las suspicacias, la cineasta teje su opresiva atmósfera de desconfianza. “Funciona como un western mezclado con una leyenda nórdica en la que la protagonista tiene que ponerse a prueba. Un atípica heroína que recorre conceptos como valor y lealtad”, resume. La directora reconoce que para ella la América profunda es “tan exótica como lo puede ser para un europeo”, pero se ha esforzado por evitar el cliché que, considera, han fomentado pelí-

Escena del filme “Lazos de sangre”. culas como “Deliverance”, de John Boorman, donde se veía “gente hiperviolenta viviendo en los bosques que casi no sabían ni hablar”. “En estos lugares existe mucha sabiduría sobre lo que necesitas y lo que no necesitas. Ser pobre de bolsillo no implica ser pobre de mente”, rubrica la cineasta, apoyada por el discurso emocionalmente complejo de su cine. Así, retrata a sus habitantes, conocidos popularmente como “hillbillies”, gente “que trabaja muy duro. No es fácil llevar la vida que llevan ellos, esperando a un venado porque si no no hay comida. Y no puedes llegar y decirles: ‘A ver, ahora enséñame tu vida cultural’”, asegura. “Lazos de sangre” alarma sobre una situación “muy preocupante: la pobreza generacional”: Toda una generación que fue olvidada por los programas de desarrollo del país y que, en cambio, sí vivieron el auge de las drogas, a las que siguen todavía enganchados. “Es realmente difícil rom-

■ Lecturas

per el ciclo de toda una generación”, asegura la directora. Una de las salidas que muestra la película para ese círculo vicioso no es menos esperanzadora: alistarse en el ejército, como intenta la protagonista. “Es escalofriante. Para todo un estrato social, el ejército ha sido una manera de conseguir empleo muy importante y durante muchos años ha sido un ejército en tiempo de paz, pero ahora, con una guerra larga, es casi como un sacrificio instantáneo, una manera de intercambiar tu vida por un dinero para tu familia”, se lamenta la directora. Pero Granik, pese a su capacidad para mover al espectador por situaciones escalofriantes sin caer en el mal gusto, reconoce que necesitó insuflar una morosa esperanza a su relato. “La necesito para creer en el hombre. Me encanta la literatura rusa y entiendo el racionalismo, pero siempre tengo que equilibrarlo con algún tipo de optimismo” ■

Fuente: Cámara de Libreros del Sudeste de la provincia de Buenos Aires.

Los libros más vendidos de la semana FICCION 1 LOS PADECIENTES 2 EL SUEÑO DEL CELTA 3 TÚ, QUE TE ESCONDES

Gabriel Rolón. Mario Vargas Llosa. Cristina Bajo.

Emecé. $72. Alfaguara. $85. Sudamericana. $57.

NO FICCION 1 VIVA LA DIFERENCIA 2 CUALQUIERA PUEDE COCINAR 3 BREVE HISTORIA DEL DEPORTE ARGENTINO

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RECOMENDADOS 1 LA VIDA POR EL FÚTBOL. MARCELO BIELSA, EL ÚLTIMO ROMÁNTICO Román Iucht. 2 LA CUESTIÓN CRIMINAL Gabriel Bombini. 3 CRISTINA Olga Wornat.

Fragmento de

Sudamericana. $69. Eudem. $60. Planeta. $81.

Bartleby, de Herman Melville (ediciones varias)

Fue, creo, al tercer día de su estancia conmigo, y antes de que surgiera la necesidad de revisar lo que él mismo había escrito, cuando, por tener mucha prisa en despachar cierto asuntillo que tenía entre manos, recurrí de pronto a Bartleby. Con las prisas, y esperando naturalmente respuesta inmediata, incliné la cabeza sobre el original que estaba en mi mesa y alargué con cierta premura la mano derecha con la copia, para que Bartleby pudiera tomarla en cuanto saliera de su escondrijo y se pusiese manos a la obra sin la menor demora. En esta postura me hallaba cuando lo llamé y le expliqué brevemente lo que quería que hiciera –a saber: revisar conmigo el papelito-. Imaginen mi pasmo, mi consternación más bien, cuando, sin moverse de su re-

tiro, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó: -Preferiría no hacerlo. Esperé sentado en completo silencio, rehaciéndome del asombro. Lo primero que se me ocurrió fue que mis oídos me habían engañado, o que Bartleby me había entendido mal. Repetí mi solicitud con la voz más clara que pude poner, y con la misma claridad me llegó la respuesta de antes. -“Preferiría no hacerlo”- repetí, levantándome de puro nervio y cruzando el cuarto de una zancada-. ¿Qué quiere decir? ¿Se ha vuelto loco? Quiero que me ayude a comparar esta hoja... ¡Tómela!- y se la tiré. -Preferiría no hacerlo- volvió a decir.

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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Un extraño hongo se esparce por su biblioteca y consume de manera irrefrenable los libros. Solo dispone de unos segundos para actuar y salvar a tres de ellos. Lo que usted hace para ganar tiempo es arrojar a la

voracidad del hongo a otros tres libros. ¿Cuáles serían los sacrificados y cuáles los salvados? -Complicado. Sin dudas que sacrificaría el libro de oro del Club Boca Junior, alguna novela rancia de supermercado y

la Guía Telefónica. Salvaría El Aleph, de Borges, Greats Expectation, de Charles Dickens… ¡y el mío!


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En espera Por Jorge Pittaluga

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taqué el acorde con dudas. Primero había pensado en ir iniciando la cadencia final, pero a mitad del movimiento me di cuenta de que al fondo de la sala uno de los jefes me hacía el típico gesto de “estiremos un poco más este asunto”. Entonces, ni medio segundo después de pulsar las teclas decidí reemplazar un par de notas y sumergirme sin demora en el sexto grado, mientras con un gesto de mi cabeza le indicaba al baterista que todo, todo, otra vez, recomenzaba. El gesto de fastidio que recibí por respuesta quedó oculto por la penumbra del lugar, por lo que nadie, excepto yo, notó nada extraño y todo siguió como antes, bah, como siempre. El trabajo prometía, por lo menos eso había creído en un comienzo. Armar el grupo no fue difícil, casi todos estábamos aburridos, eternamente aburridos, así que cualquier cosa que nos sacara de esa rutina era bienvenida. Casi ni hubo que ensayar; la gente iba y venía de un lado a otro y nadie prestaba real atención a la música que dominaba la escena. Todo era pasar, moverse, ir de un lado a otro, aunque realmente casi nadie (qué hubiéramos dado por estar fuera de la normalidad) lograba ascender al piso superior. Mientras el bajista comenzaba un solo, mitad jazz en serio, mitad “ya que nadie me está prestando atención voy a intentar unas cosas nuevas que probé en casa”, el baterista largó un palillo y con su mano libre escribió una nota breve para su mujer en la que avisaba que lo mejor era que no lo esperaran para cenar. Acto se-

guido, la dobló y se la entregó a un hombre flaco y serio que se había acercado a preguntar si alguien quería tomar algo. Todo esto sucedía mientras el bajista iba cambiando continuamente de nube, de tonalidad y de compás, absorto en una marea sonora que acompañaba con movimientos que lo asemejaban a un bailarín exótico, inquieto e impredecible. Luego de un par de minutos que parecieron horas, y resignados a que nuestro cantante ya no volvería (apa-

Baile de disfraz Por Raquel Guidi

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l anillo era volcánico. Despedía chispas rojas que me producían una rara embriaguez. A través de la máscara de pura fealdad, imaginaba la antítesis: un ser afable, varonil, selecto entre todos, que me eligió desde el fondo del salón. Bailamos toda la noche, yo, prendida de sus palabras seductoras, él, ciñendo mi cintura de odalisca y escudriñando mi rostro cubierto por un velo espeso. El amor danzaba con nosotros. A medianoche se develaría la incógnita. El quién es quien nos intrigaba. Risa y serpentinas acercaban aún más la magia en esa noche de disfraces. El momento de conocernos llegó. Quiso que le quitara la máscara. Lo hice, temblorosa y feliz. Lo miré. Me abracé a su cuello y me devolvió el abrazo. Más, todavía: me besó en la boca con una furia que yo desconocía. Me había enamorado del Diablo ■

rentemente ya había logrado ascender a un nivel más alto), decidimos mutar nuestra música hacia algo más veloz y animado, con el consecuente rechazo del público que, semidormido y deseoso de no ser molestado en su acostumbrado sopor, profirió un par de silbidos e insultos reprobatorios. Ok, pensé, y volviendo al tema anterior, empezamos otra vez. Al final de la velada (digo velada del mismo modo en el que podría decir noche, año, vida) nuestros rostros ya mostraban esa mezcla de hartaz-

2001, una odisea en el tiempo Por Mariano Shifman

Nos confundimos bajo las estrellas; deslumbra el brillo de la arena cósmica y creemos que el viaje conduce hacia la luz. A Dave, una chispa en el sumo caudal de lo que existe, lo abandonan Dios, Kubrick y la máquina. El espacio lo impulsa; confiamos en su viaje más allá de sí. Pero creer es un destino incierto, no el fatal puerto de llegada: el dios Stanley vela su secreto hasta la sexta escena de la creación. Dave, aislado piloto de la especie atraviesa el escozor de los mundos sólo para asumir su pobre carne final. Seamos o no seamos remota simiente recemos o no a las estrellas, estamos siempre en nosotros mismos; aquí, o aquí pero más tarde, en el fluir de nuestra humilde arena.

go, aburrimiento y sueño que a veces es imposible de disimular, pero el real problema era que demasiado bien sabíamos que estábamos atados de pies y manos. El contrato estipulaba claramente (ninguno de nosotros se había tomado la molestia de leerlo al detalle hasta que fue demasiado tarde, quizás confiados en un ascenso rápido) que debíamos seguir tocando mientras continuara entrando gente en la sala y hasta que nuestras deudas anteriores hayan sido saldadas totalmente. Y conociéndonos como nos

Arquitectura de mujer Por Lautaro Rivara

¿Para qué querríamos un edificio con tantas ventanas, si en toda la ciudad, no hay suficientes mujeres con los pechos desbordados y la mirada indolente como para adornarlas? ¿Para qué tantas puertas, si la menor procesión de pantorrillas desnudas podría eclipsar el brillo frío de esos picaportes? ¿Para qué tantas luces, si un solo pezón lumínico podría lamer hasta la sombra mas espesa? ¿Quién querría chimeneas con esas nalgas tibias y mullidas, quién querría paredes con ese vientre que ataja las inclemencias y hace olvidar por un segundo a los inclementes? Albañiles del mundo: ¿para qué construir casas habiendo tanta mujer tan cálida, acogedora, habitable?

Las 8 preguntas para Martín Jáuregui

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Se le concede la extraordinaria excepción de hacerle una única pregunta a uno de sus tantos escritores

conocíamos, eso prometía una larga carrera musical en estos pagos. Nunca más, murmuré mientras mis dedos volvían a hundirse en las teclas como si éstas fueran arena y yo un náufrago que había caído en la isla equivocada. Todos pasan, menos nosotros, concluí mientras mis ojos cansados descubrían y se posaban en una frase que alguien había garabateado alguna vez en la madera del maltratado piano. No es negocio ser músico en el purgatorio ■

predilectos. ¿Qué le preguntaría? -Le preguntaría a Borges “¿Cómo es?”. Creo que conozco

la respuesta.


cultura 13 de febrero de 2011  

cultura 13 de febrero de 2011

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