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VĂ­ctor Quezada

VEINTE

l acallepassy061ediciones


Veinte © Víctor Quezada © La Calle Passy 061 Ediciones Primera Edición, 2004 Edición virtual revisada, 2010 http://lacallepassy061ediciones.blogspot.com Portada tomada de Banksy http://www.banksy.co.uk/


VEINTE


hasta que aquella eterna noche oscura / me cierre aquestos ojos que te vieron / dejรกndome con otros que te vean. Garcilaso de la Vega


veinte | victor quezada

El despertarle atareado y dormido de los sueños mañanas de los tres trémulos trágicos Y así veinteanía la ventana celeste de noche no oscura, de tiempo de tiempos lucífugos Desenredarle los trastos por vestidos tras cubrirle la impudicia antaño de madre y patio Y ya no habría lácteo desnudo mesón de noche ida, no habría gozoso regojo mendrugo batiente de niñez si fuera la muerte tempranísima de tempranía Pero fue, ya fue ida la huida de nombre pudiendo nombrarla de papas hasta atiborrarle el hambre o zanahorias y azúcar o reloj Tal vez de amor, amor suyo y de nadie escondida en la fuente violada de otras aguas de líneas o rostro Sí, rostro nombrarla pudiendo suyo, suyo y perdido en trescientas hojas trágicas de trébol

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En el ámbito del silencio es donde ortígome el corazón, la coraza a la que asisten el patibulario dantesco y los mofletudos sanchos de lo que fuera alguna vez volteado como lo occiso de trampa abierta sin oso Y solo recuerdo la madera marcada de un rojo tibio que moríase circundando el blanco que desechas de mi boca abierta y mis narices ateridas de fricción, aun cuando deseoso otorgase irrealidad al tiempo en un tento sanguíneo de rojo enmejillado, moratado después cuando obligásenos al mortuorio sonido de una dulce inexistencia, flauta ensordecedora y sombra En el ámbito del silencio pierdo la estela machacada de los astros terrenos en lo inverosímil

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Un estremecimiento acá en la baja luz de los silencios, la cadencia de deseos siempre inútiles y conducentes al remuerdo sosegado en las yemas ágiles y atolondradas más Pero un temblor profundo llegado del carcajeo creído en la lejanía de un sonido de puertas y pasos cerrados al dominio ido de las noches Y un caballo solo arrastrando delante el estupor del anciano por lo fementido que llevamos a cuestas en paseo eternamente perecible al desdén Y ahora Tan solo Triste domo arácnido el sosiego en la penumbra

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Más celeste y brillante cuadrado por el sol de las doce iluminado Saber que a espaldas viven su cielo ventanas, comprender esto seguro me hará dudar Más celeste y brillante, estoy seguro de mis ojos pared que se quedan allí recibiendo sol que trasnocha y haré trasmañanar yo, perdídome las yemas ayer siendo más que tres noches o cuatro mañanas desveladas Estropajo de los días de días sin luz, de los soles de cielo sin luz ¿Qué hacer de la noche esta sin noche celeste?

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Ahí van trescientos tesoros al continuo amor maldito de trementina Árbol de San Juan, madera de Garcilaso profanada pues caemos al mar gigante y no al cielo, pues no hay aquí sino carne y magdalena, no hay sino estupro o estatuilla silenciada en la carnecita santa, nada más que huesos o sangre o bolsas de ella en horda Si pienso no hay aquí celeste que valga no hay aquí madera de nada no hay sacrificios inútiles Aquí hay pedros que nieguen algún tomás que descrea, aquí hay reprimenda y represión, hay esposa y esposo que encuentran sosiego en las noches Ay noches oscuras que tanto mal me han hecho Ay San Juan que me engañas el vientre Ay San Juan que me mientes los humos Nos mantuvieron la boca cerrada nos ataron las lenguas el uno al otro, nos devanaron los mientes poco a poco cuando sosegados caímos olas que sinembargan, caímos fondos que abotagan Y tan felices Y tan feliz que me quedo riendo y tal histeria que voy sufriendo ¿Porqué no atrevo las pudicias? ¿Porqué pudicio el atrevimiento? Aquí vienen trescientos tesoros

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Entrado me encontré tirado grietas que decorasen tiempo este nicho Celeste no vi cerrada puerta y tres pasos dentro sí la pequeña luz incinerada a mi costado donde otras veces atada tú: ya desparramada en trozos pues no habrá un solo rezo que no encuentre cabello alguno por allí convicto entre las sábanas, o hecho pelusas aquellas que llevan desérticos vientos Y los ancianos oirás decir todo va regular viendo un sol tirano aquí dentro solo; ya que perezco el polvo cubriendo cuerpo y la madera antes leche funéreo ataúd Dirán todo regular si me espiasen pues me quedo ventana las mañanas viendo aún partir lo partido, si el estremecimiento ahogado ya vuelve como vuelve siempre a pesar de lo no existido Y no he entrado o salido pues muerto quedo los suelos grises en la espera No he entrado, sino que aquí siempre engañar tratando dormido al tiempo aunque agrietado ya cuadrado más celeste y brillante transite Todo para que no culparme deban si de veras entrara y tirado me viera

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Puedo sembrar lirios boca abajo, atardecerme los ojos de tardanza y esperar despacio la trinidad henchida de nosotros, aquel océano implotado en estómago que se juntase al mío creyéndome hembra seguido, cuando el cabello rubio reposara fricciones en mis hombros y confundiérase Viéramoslo amalgamado más tordo que alazán por el sol que practica ser bocado, servicio de reina tierra de reino mar océano implorado Puedo hacer reírte muerte amenazando tus plantas con plumas, puedo escupirte pistolas tal guanaco que huye impávido juntando los labios Así ser iluso no se perdona Así ser iluso se mastica por la mañana cuando el desayuno no existe más que en la vecindad próxima Ay si viera tierras lejanas venir cantando, ay de mis madres que se mueren mordiendo como canciones se pierden gargantas El gallo dejará de picotear la tercera vez cuando pedro reviva gusano y hable No tengo otra boca que esta dirá, no tengo otra boca que esta de tierra, no tengo sino lirios que cantar

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Veces me sentí trasteando por celeste monte ayudado en la caída risueña por materno féretro o capullo blanquecino: sutil frescor verdeado si lo pienso y no imagino, si no ensucio o enaltezco el amor suyo o de ella no existiendo, pero siempre allí presente en la memoria que no tuve y pedí silenciado en noches, amarilleando cada vez que creciera y fuera descontándome terneces Si no mancho y dejo vacías páginas -pues la dejé tirada a ella suelos cada vez más blancos llorando mi boca huida- allí debiera aún al menos en el recuerdo o quizás ahora humeando pues el sol vuelve sincero la paciencia del ruedo, estar sintiendo no traidora la madera, al final del camino, cuando el celeste trocara noche por sus pálidas ansias de antaño

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Alejado del sonido creo cayendo crestas craterizadas de las crines crecidas, me canso del silencio aquejándolo con monedas laureadas por estropearme la melancolía Y no consigo festinar la llamada riente una vez dicha la muerte soñando como dios en mi cama Cada vez que me miro las manos siento verdadero temor de dios Ya he dicho que las escondía de los días fríos, pero ahora me escondo todo el mundo en las palmas aterrorizado por encontrarme el rostro en algo más helado que lo en mis nudillos violáceo Vieron cómo me temblaba de temor las manos cómo me tiembla este escribirles Así suceden las desgracias pienso Así suceden, aunque conserve el rojo enmejillado del requiebro aunque me quede la debilidad que se estremece por escapárseme en la tos

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Bien sé escribir que hubo y habrá viento que pintara verde allí donde rodar La caída como a la madre escribir o recordar que esta luz fue como la primera vista cuando saltara muertes no queriendo El sol flamea fácil me ha sido otorgado Y el recuerdo silente volviendo Itaca un presente, lo mismo que el comienzo de esto, pues tengo dedos que cántanme ahogados en la sangre Pero no ver puedo a los pájaros que retozan abotagados los árboles, ya que tal vez me quedo en la sonrisa anciana solo, no pudiendo despegar el reflejo eterno del cuerpo descompuesto en la ventana, tirado Y si hablé de una luz, tengo que decir el histérico tormento del destierro carnal Sin duda lamenta saber que todo es tan simple como el fornicio temblor en primavera

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Terminado el sueño tenté líneas por conseguirme los ojos Así la cuadratura de las puertas donde la luz indicara su existencia arrastrado hasta el celeste, y ahuyentado conseguí en la refriega la sinuosidad del cuerpo, el oscuro tiempo poseído en la pared Bañadas las manos me vi y quise atarme, entrelazarlas para quitar el temblor aprendido del anciano, para morder fuerte la garganta y ahogar una a una las monedas que no dejan de caer Todo sin saber las barreras del concreto, sin haber aprendido la independencia de las sombras o conocer que la muerte va escondida en cada uno de mis pasos, revolviéndose y mostrándose conseguida la luz, llamando como un gran animal tranquilo a mi paciencia desvestir el soslayo Busqué tras la ceguera un poco de mi mismo, hilos con los que atar firme las manos, con los que poder ahogo simular tendido en las nostálgicas almohadas Pero me he visto perdido y desgraciado en la insolencia de los ojos, desesperado cuando las manos no atendieran escapando al desconsuelo, volviéndome al cuello cuando quisiera respirar, volviéndome a los dedos como sangre a punto de estallar en la pared, intentando la huida demasiado a tiempo –demasiado correcto como para poder volver

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Lo pensé perpetuo el tarareo del tres, y quise habiendo aunado bien hacer un uno restando hasta acabado en dos Perpetué pensamientos soberano contando los tres oros, y rey no más de bastos ya vastado en el silencio roto si caían mesa una a una las monedas quedé, corto de sonido ahora que sino yo mismo golpeé el dorado sol amarilleando el celeste que perdí Y halle o no el esplendor debo decir que solo uno aunque faltarme la cabeza o el siniestro brazo negar sería inútil estoy, pudiendo escribir tres trémulos trágicos todavía o los trescientos tristes tres oros que vengan triturando trampados trinos en el trágico tremor del tres Mas, ya para qué sirviera esto si solo el lloro sirve de principio verbal, y no habrá adjetivación ni sustantivo complemento Paraíso yoesco, paraíso tan parecido al de los terribles infantes

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veinte d vĂ­ctor quezada fue y

pensado

diagramado

en los talleres de la calle passy 061 ediciones, santiago de chile, durante diciembre

el de

mes

de 2010

e


l acallepassy061ediciones

Veinte de Víctor Quezada  

Veinte de Víctor Quezada Poesía, La Calle Passy 061 Ediciones, 2010

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