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ESTIBALIZ RUIZ DE AZUA Y MARTÍNEZ DE EZQUERECOCHA

PEDRO BERNARDO YILLARREAL DE BÉRRIZ (1669-1740) Semblanza de u n vasco precursor Con un estudio técnico de Ignacio González Tascón y un prólogo de José M.a de Areilza

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Don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz (Mondragón, 1669 - Lequeitio, 1740) pertenece a una familia de caballeros de hábito e hidalgos de sangre que encontraron siglos atrás su salida profesional en la Administración, en el servicio de la Iglesia, en la carrera de las Armas, emigrando a Indias o participando de una economía mercantil al frente de sus haciendas. El personaje que nos ocupa ejerció cargos en el gobierno municipal, dirigió y aumentó su hacienda (ferrerías, tierras, molinos y montes), fue un científico, ingeniero y comerciante, escribió un libro, en suma, fue un hombre de acción emprendedor y pragmático. Don Pedro Bernardo es uno de esos notables vascos que preparan el ambiente en el que germinará unas décadas después la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Estíbaliz Ruiz de Azúa y Martínez de Ezquerecocha es Profesora titular de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense así como Secretaria de la Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Ignacio González Tascón es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos e historiador de las técnicas.

Ilustración de contracubierta: esquema de plantación de árboles, según Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz.


D. PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ (1669-1740)


F U N D A C I O N J U A N E L O T U R R I A N O


ESTÍBALIZ RUIZ DE AZÚA Y MARTÍNEZ DE EZQUERECOCHA

D. PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ (1669-1740)

Semblanza de un vasco precursor Con un estudio sobre las ideas técnicas de P. B. Villareal de Bérriz, por Ignacio González Tascóny un prólogo de José María de Areilza

FUNDACION JUANELO TURRIANO EDÍTORIAL^CASTALIA


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FUNDACION J U A N E L O T U R R I A N O

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EDITORIAL CASTALIA

PRINTED IN SPAIN IMPRESO EN ESPAÑA DEPÓSITO LEGAL: M. 44219-1990 I.S.B.N.: 84-7039-585-8

UNIGRAF, S. A . MÓSTOLES

(MADRID)

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


ÍNDICE

P R Ó L O G O , por José María de Areilza

9

PRIMERA PARTE P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ, por Estíbaliz Ruiz de Azúa y Martínez de Ezquerecocha

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INTRODUCCIÓN

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CAPÍTULO I

LA F O R M A C I Ó N C U L T U R A L DE PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ 1. Genealogía de los Villarreal: una familia de hidalgos y caballeros. La singularidad de la nobleza vasca 2. El patrimonio paterno. Una herencia disputada 3. La formación académica de D. Pedro Bernardo 4. Estancia en la Corte: ingreso en la Orden de Santiago

23 35 42 47

CAPÍTULO I I

M A T R I M O N I O Y A S E N T A M I E N T O EN LA VILLA DE LEQUEITIO 1. El Lequeitio de principios del siglo XVIII 2. La familia Bengolea

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6

P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

3. Las capitulaciones matrimoniales. La fortuna de los Villarreal-Bengolea 4. Aspectos de la vida familiar en la Torre de Uriarte

67 85

CAPÍTULO I I I

LA F U N C I Ó N POLÍTICA DE D O N PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ 1. El marco institucional: ¿Hacia una aristocratización de los cargos públicos? 2. La gestión municipal en Mondragón y en Lequeitio 3. La participación en el Gobierno Universal del Señorío 4. La incidencia de la guerra en el Señorío 5. Las andanzas de don Pedro Bernardo a propósito de la «Matxinada»

99 103 120 130 134

CAPÍTULO I V

LA ACTIVIDAD E C O N Ó M I C A EN LA T O R R E DE URIARTE. LAS FERRERÍAS DE BENGOLEA 1. Antecedentes 2. El suministro de mineral. Los problemas de los ferrones en este tiempo 3. El abastecimiento de combustible 4. Las ferrerías de Bengolea 5. El rendimiento económico del patrimonio de los Villarreal a principios del siglo XIX

141 142 154 163 177

CAPÍTULO V

LOS SOPORTES MENTALES Y CULTURALES: ENTRE EL BARROCO Y LA ILUSTRACIÓN 1. Rasgos generales de la mentalidad de la época 183 2. El componente religioso de la mentalidad de la época 187 3. Los soportes materiales de la actividad intelectual en la Torre de Uriarte: el escritorio y la biblioteca 196 4. La aventura del libro: la impresión de «Máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y gobierno de los árboles y montes de Vizcaya» 205 5. Consideraciones finales: el legado cultural de don Pedro Bernardo 211 FUNDACIÓN JU ANELO TURRIANO


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P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

SEGUNDA PARTE C O N C E P T O S T É C N I C O S DE VILLARREAL DE BÉRRIZ, por Ignacio González Tascón I.

213

PRESAS Y AZUDES

215

II. MOLINOS HARINEROS

223

III. HERRERÍAS

228

IV. FUENTES DOCUMENTALES UTILIZADAS POR PEDRO NARDO V. GLOSARIO DE TÉRMINOS UTILIZADOS POR VILLARREAL

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ENGLISH SUMMARY

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RÉSUMÉ EN FRANÇAIS

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PRÓLOGO por José María de Areilza

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HACE DE ÉSTO, muchos años, pero mi recuerdo sigue vivo, debido, a la hondura de la sensación. Era un verano caluroso, en el que yo saboreaba la playa cantábrica, cuando me invitó un querido amigo, conocedor profundo de arqueologías y linajes de Vasconia, a visitar la casona de Uriarte-Bengolea que se levanta en la villa de Lequeitio, nó lejos de la prodigiosa nave gótica parroquial. Eran días de festejo local y sonaban al fondo, el pífano alegre y el tambor tozudo, de los «Antolines». La casona de don Pedro Villarreal de Bérriz es un conjunto bellísimo con fachada de doble arquería, una escalera de piedra, de acceso al recinto, y un gran escudo de cuatro cuarteles, de regusto italianizante. La casona es grande y acogedora. Contiene riquezas decorativas insólitas. Desde papeles decorativos en las paredes, chinos, del Seiscientos, hasta grandes salones que albergan sillerías francesas y profusión de muebles que parecen dispuestos a cobijar tertulias interminables, en torno a la chimenea. En las paredes cuelgan numerosos espejos que parecen contener, en su veladura de siglos, las imágenes perdidas del ayer. La dueña, en aquellos años, de la mansión, Pilar Manso de Zúñiga, conocía hasta el último detalle del edificio y de su historia y del íntimo y delicioso jardín formado por varias huertas yuxtapuestas, enlazadas con puentes y pasadizos, sobre las callejas de la Villa, envueltos en la frondosa compañía de los mirtos, laureles, higueras y magnolios. Yo recordé el texto de François Mauriac, en sus «Memorias interiores»: «Las mansiones viven y mueren. Las hay que nunca han vivido, por FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

mucha gente que las poblase. Las de la especie viva, no tienen nada que temer de la desaparición de los que las habitaron, porque su muerte las enriquece». Así sucede con esta casona, donde don Pedro Bernardo, leía, estudiaba, administraba su cuantiosa fortuna y ejercía los atributos de las jurisdicciones políticas, anejas a sus dominios rurales. Pero sobre todo, trataba de impulsar el salto hacia adelante; la modernización de la industria ferronera y molinera; las instalaciones de la energía hidráulica de los ríos; la construcción de las presas. Es decir, colmar la distancia que nos separaba todavía, de la Europa progresiva que ya se perfilaba en el horizonte cultural del Occidente, como un mundo entero de novedad y de progreso, lanzado hacia el futuro. Fue Villarreal, un precursor de las técnicas y de los sistemas que la Ilustración había de traer, arrolladoramente, a nuestro país en el siglo XVIII, con la puesta en marcha del movimiento de los «Amigos del País» que hubo de capitanear, señeramente, otro noble de Vasconia, don Javier María de Munibe, Conde de Peñaflorida. La Fundación Juanelo Turriano, ha tenido la feliz iniciativa de recordar la personalidad de este aristócrata vizcaíno con el volumen presente que contiene en primer lugar una puntual y exhaustiva biografía del interesado, debida a la pluma de la historiadora Estíbaliz Ruiz de Azúa y Martínez de Ezquerecocha. El trabajo que ha realizado, puede calificarse de ejemplar. Pues no se ha limitado a repertorizar los diversos trabajos del personaje, sino que, muy en la línea de los biógrafos modernos, ha querido describir el entorno humano, las actividades diversas, el trasfondo institucional del país vasco en aquella época, los aspectos muy dispares, de su poderosa fortuna y el marco institucional de sus actividades políticas, tanto en el ámbito de lo municipal, como en la actividad del Gobierno Universal del Señorío. Así, este libro, ha venido a ser —felizmente— una notable contribución a la historia de Vizcaya y al papel que jugaban en esos años, los miembros de la nobleza del país y sus funciones específicas en la orientación y en las incidencias de la vida pública de la región. Capítulo aparte, la profesora Ruiz de Azúa ha querido añadir un último capítulo a su trabajo con el título: «Los soportes mentales y culturales: entre el barroco y la ilustración». Es un breve y jugoso ensayo que forma un todo de gran interés. En esas páginas se traza un escenario global de la mentalidad predominante de esa cambiante época, desde el componente religioso y educativo, hasta el soporte material de la actividad intelectual de Villarreal, en su biblioteca y escritorio, de la torre de Lequeitio. Incluso se describe el

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PRÓLOGO

proceso de edición de su libro sobre máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y el gobierno de los árboles y montes de Vizcaya. Completa este volumen un excelente estudio realizado por don Ignacio González Tascón sobre los conceptos técnicos utilizados por Villarreal de Bérriz en sus diversas actividades: Presas, Azudes, Molinos y Herrerías. Así como las fuentes documentales que utilizó en sus trabajos, Villarreal. Un glosario de términos, de gran utilidad, pone fin a este volumen.

José María de Areilza

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PRIMERA PARTE

P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ por Estíbaliz Ruiz de Azúa y Martínez de Ezquerecocha


A mi sobrina Teresa Ruiz de Azúa Aspizua, que desde su nacimiento en 1990 alegra el horizonte familiar con una nueva esperanza.

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INTRODUCCION

DON PEDRO BERNARDO VLLLARREAL de Bérriz y Sáez de Andicano, caballero de la Orden de Santiago, nació en Mondragón (provincia de Guipúzcoa) siendo bautizado en la parroquial de Nuestra Señora de Uríbarri de aquella villa el 26 de mayo de 16691. Pertenecía a una familia de caballeros de hábito e hidalgos que, tanto por la rama de los Villarreal de Bérriz y Gamboa como por la de los Andicano y Zelaa, había prestado servicios al gobierno local vasco, al de la Monarquía y a la Iglesia, desde Alcaldías, Diputaciones, Consejos, Milicia, Cabildos, Misiones y Conventos. Pedro Bernardo heredaría la inclinación a la política de sus antepasados, ejerciendo de Alcalde en Mondragón y en Lequeitio, y de Regidor en el Señorío de Vizcaya en dos ocasiones. Su actividad, sin embargo, no se limitó a la función política, propia del estamento en el que estaba integrado. Fue por encima de todo un hombre de acción, impulsor de múltiples iniciativas y proyectos, resultado no tanto de un estudio académico cuanto de su saber empírico, que se esforzó en poner en práctica, en traducirlas en realidades concretas. Dirigió, al menos en el aspecto técnico, las ferrerías de su propiedad, se interesó por la repoblación forestal, tan necesaria para asegurar el suministro de leña para carbón y madera para la construcción, hizo finalmente de ingeniero y arquitecto, y reedificó algunos de sus inmuebles, construyó presas hidráulicas en distintos pueblos de Vizcaya y proyectó bóvedas para determinadas iglesias y ermitas del Señorío. Todo este dinamismo fue, como decimos, producto de sus afanes empresariales y pragmáticos orientados en primer lugar a la mejora de su hacienda, pero igualmente puestos a disposición de sus coetáneos cuando decidió dar a la imprenta en 1736,

1 Libro 1." de Bautizados (1558-1702), N.° A 1-1, fol. 83. Parroquia de Uríbarri. ARCHIVO DIOCESANO DE GUIPUZCOA (San Sebastián). Fueron padrinos del bautizo sus hermanastros don Matheo Nicolás y doña Ana María de Aranguren y Andicano, y ofició el cura de Uríbarri, don J u a n Antonio de Arangoitia.

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P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

cuatro años antes de su muerte, el fruto de su experiencia y aplicación en un libro titulado Máquinas hydráulicas de molinos, y herrerías, y govierno de los Arbolesy Montes de Vizcaya, libro que dedicó precisamente «a los amigos cavalleros, y Propietarios del Infanzonado del muy Noble, y muy Leal Señorío de Vizcaya, y muy Noble, y muy Leal Provincia de Guipuzcoa» 2 . De este personaje me voy a ocupar en el presente ensayo. El propósito del mismo no ha sido, sin embargo, limitarse a trazar una biografía, con muchos datos familiares y rica en anécdotas particulares. He intentado además, utilizando como referencia permanente la vida de Villarreal de Bérriz, presentar un panorama de los problemas políticos, económicos, sociales, culturales, que se agitan y tienen lugar en su tiempo histórico, esto es, entre 1669 y 1740. Fue una época rica en experiencias. En el gobierno de la Monarquía se asistió a un cambio de dinastía tras la muerte sin sucesión del último representante en España de la Casa de Austria, Carlos II. La introducción de los Borbones con Felipe V se produjo en el contexto de una guerra civil e internacional. El Señorío de Vizcaya, que apostó en la contienda por el bando vencedor, conoció, no obstante, las primeras agresiones a su régimen foral dictadas por el nuevo monarca. En lo económico, además de las oscilaciones comerciales, resultado de la coyuntura bélica, se padeció la pérdida de las pescaderías de Terranova y de mercado para el hierro vasco, fruto de su falta de competitividad. En lo cultural, algunos sectores de los estamentos privilegiados, abiertos a las corrientes que circulaban por Europa, se esforzaron por difundirlas entre sus coetáneos. Fueron los «novatores», especialmente importantes en Valencia, Sevilla, Madrid, Aragón y el País Vasco. En todas estas experiencias participó Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz. En este año de 1990, en el que se cumple el 250 aniversario de su muerte, queremos realzar con esta modesta contribución la memoria, nunca olvidada, de aquel vasco, paradigma de la nobleza vasca de aquella época, que dejó un fecundo legado de pasión por el saber empírico, afición de la discusión razonable, preocupación por la renovación, gusto por la música y la lectura, legado cuyos primeros herederos aprovecharían de manera espléndida y harían brillar en la órbita estatal en una de las realizaciones más preclaras de la nobleza vasca, del siglo XVIII: la constitución de la Real Sociedad de los Amigos del País, modelo para otras sociedades de esta naturaleza. Estanislao J . de Labayru, en su Historia general de Bizcaya3, llamaba la atención sobre la significación de Villarreal de Bérriz en una apretada reseña biográfica. Posteriormente, Fernando de la Quadra Salcedo le dedicó uno de sus artículos publicados en 1935 en la revista Información, órgano oficial 2 Pedro Bernardo Villa-Real de Bérriz: Máquinas hydráulicas de molinos, y herrerías, y govierno de los Arboles, y Montes de Vizcaya. Madrid. Oficina de Antonio Marín, 1736. H e utilizado la edición facsímile de 1973, prologada por José A. García-Diego, y publicada por la Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones de la R. Sociedad Bascongada de los Amigos del País y Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 3 Tomo VI, pág. 196.

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INTRODUCCIÓN

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por aquel entonces de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao, con sugerentes comentarios sobre su libro4. En la década siguiente aparecieron dos trabajos: el de José María de Areilza, en el que con notable agudeza consideraba a Pedro Bernardo uno de los «precursores» de nuestra cultura ilustrada 5 ; y el de Gonzalo Manso de Zúñiga, en el que se refería a su actividad cotidiana en dos artículos sucesivos que transcribían parte de una importante correspondencia sostenida con uno de los administradores de la Torre de Uriarte, residencia de los Villarreal-Bengolea en Lequeitio6. José Antonio García-Diego fue el primero en intentar una aproximación biográfica de Villarreal y en establecer, con la autoridad que le confiere su vasta formación, una valoración de la obra del personaje y de su trascendencia en el campo de la tecnología7. Más recientemente, Koldo Larrañaga y Joaquín del Valle de Lersundi, han aportado nuevos datos sobre su vida y actividad, extraídos del Archivo de la Torre de Uñarte 8 . Este libro, escrito por iniciativa de don José Antonio García-Diego, Presidente de la Fundación «Juanelo Turriano», y a sugerencia de don José María de Areilza, utiliza fuentes primarias procedentes fundamentalmente de los Archivos familiares en Lequeitio (Valle de Lersundi-Manso de Zúñiga) y en Nájera (Tejada-Manso de Zúñiga); Archivo de la Diputación Foral de Vizcaya; Archivos Parroquiales de Mondragón, Frúniz, Gámiz y Lequeitio; Archivo de Protocolos Notariales de Guipúzcoa, (Vizcaya-Bilbao) y de Madrid, Archivos Municipales de Mondragón y de Lequeitio, Archivos de las Universidades de Oñate y Salamanca. Se ha consultado igualmente una bibliografía seleccionada relativa a nuestro objeto de estudio, lo que ha permitido, además de rellenar algunas lagunas, establecer el marco de referencia adecuado en cada apartado.

4 «Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz», en Información, 29 abril de 1935. Todos los artículos de De la Q u a d r a publicados en esta revista desde diciembre de 1923 hasta su muerte en 1936 fueron recopilados en el libro titulado Economistas vascongados y artículos varios sobre problemas destacados de la Economía vizcaína. Bilbao. 1943. A nuestro personaje se refiere en las páginas 217 a 221. 5 José María de Areilza: «Los Precursores», El Español, año 1944. 6 Gonzalo Manso de Zúñiga: «Cartas de Bilbao», en Boletín de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, Año V. Cuadernos 1.° y 2.°. San Sebastián, 1949, pp. 15 a 45, y 175 a 215, respectivamente. 7 José Antonio García-Diego: «Don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz y sus presas de contrafuertes», Revista de Obras Públicas. Madrid. Agosto 1971. En 1973 hizo el prólogo (síntesis biográfica y valoración del personaje y su obra) a la edición facsímile de Máquinas Hidráulicas de Molinos y Herrerías..., ya citada. 8 Koldo Larragañaga: «Algunos papeles relativos a Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz», Estudios Vizcaínos, Año I I I , n.° 5, Enero-Junio, 1972; «Dos caballeros vascos en el mundo del Barroco. Los hermanos J u a n Bautista y Pedro Bernardo Villarreal», Boletín de la R.S.B.A.P., Año X X X . Cuadernos 3.° y 4.°. San Sebastián, 1974. Joaquín Valle de Lersundi: «Una familia de ferrones, los Beyngoolea, en el siglo XVII», Boletín de la R.S.B.A.P., Año X X X V , Cuadernos 3.° y 4.°. San Sebastián, 1979, del mismo autor, «Notas biográficas de Pedro Bernardo de Villarreal de Bérriz y de sus hermanos», Lekeitio, n.° 1, 1988. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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CAPITULO I

LA FORMACIÓN CULTURAL DE PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ

1. Genealogía de los Villarreal: una familia de hidalgos y Caballeros. La singularidad de la nobleza vasca LAS PRIMERAS NOTICIAS DOCUMENTADAS referentes a los antepasados de Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz (véase el cuadro adjunto) se remontan, por la línea paterna, al siglo XV. U n tal Joan de Areiceta, natural de la anteiglesia de Régil, en la provincia de Guipúzcoa, abandona el solar de origen «que es cassa ynfangona y de notorios hijosdalgo..., y tiene harmas particulares que son tres bandas hazules u negras en campo amarillo»,

para contraer matrimonio en el pueblo de Villarreal de Alava, en 1438, con María de Ulibarri, de casa «honrada y principal que tiene por harmas las de Olaso por ser de la parcialidad de Gamboa, que son un lobo en una red y un lebrel blanco enpinado y en medio un escudo con cinco panelas berdes en campo amarillo con su celada» 1 .

En Villarreal se establece la pareja tras su casamiento, y de esta localidad toman sus descendientes el apellido. La generación siguiente se traslada a Bilbao donde se avecindan y entroncan sus descendientes por matrimonio con familias principales del Señorío: los Eguía, de la anteiglesia de Galdácano; Ugarte, de la anteiglesia de 1 Notas genealógicas escritas por el Contador Antonio de Lezama, en el umbral del siglo xvn. El autor estuvo casado con una Villarreal. ARCHIVO DE LA TORRE DE URIARTE (Lequeitio) (en adelante A.T.U.), leg. 42, fase. 2, doc. 1. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

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LA FORMACIÓN CULTURAL

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Santo Tomás de Olavarrieta; Landaverde; Aperribay; Ibarra; Aguirre, de la anteiglesia de Jemein Echevarría, en Marquina; Bertendona... Labayru cita ya a un Pedro de Villarreal en el alarde de caballeros armados que se realizó en 1525, «uno de los más lúcidos y bien equipados que presenció la villa de Bilbao», vecino de la calle de San Nicolás, que portó porquera, una especie de ballesta que se usaba en la cacería del jabalí 2 . A partir de la segunda mitad de este siglo, tenemos conocimiento de la presencia de los Villarreal en el gobierno municipal de la villa bilbaína. Las ordenanzas relativas a las calidades que debían reunir los elegidos para ejercer los cargos en la Villa, eran muy estrictas, trasunto de la mentalidad de la época: tener 25 años de edad cumplidos, por encima de mil ducados de hacienda, «hijosdalgo, limpios de toda raza de moros, judíos, nuevamente convertidos y penitenciados por el Santo Oficio, asi de parte de padre como de madre, y vecinos y naturales de esta Villa y reinos, y estos ayan tenido en la villa la vecindad de diez años precisamente primero que sean sorteados. Y que no usen los unos y otros oficios mecánicos, ni traten en mantenimientos por menudo, ni lo agan vender ni sean obligados de abastecer qualquier j enero de ellos asi en esta villa como en otra parte ni lugar por remoto que sea, ni mesoneros, ni siseros, ni arrendatarios de propios y rentas, ni que deban censo ni otra deuda alguna a la villa...»3. Ejercieron cargos municipales en 1569 y 1574, un Pedro Villarreal como Regidor de Bilbao, y su hermano Sebastián, Regidor en 1574 y Alcalde de la Villa algo más tarde, en 1578. Son éstos los que fundan el vínculo de Albia con la casería de Gastañaraga, y la capilla de Santa Isabel en la Iglesia de los Santos Juanes. La familia se extiende con descendencias numerosas que buscan su salida profesional en la política y administración, o ingresan en la iglesia, o pasan a Indias, o atienden sus haciendas participando de una economía mercantil. Precisamente, el linaje4 que corresponde a Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, en la persona de Sebastián de Villarreal (nacido en Bilbao en 1602), después de ejercer como Regidor capitular de la Villa en 1621, abandona la Villa para establecerse en Frúniz, pequeña anteiglesia del Señorío, situada entre Guernica y Munguía, donde la familia poseía tierras y era copropietaria de herrerías y de molinos. Aquí, en la «Gasa-Palacio llamado de Alegría» nacerá su hijo Pedro en 1628. Conviene que nos detengamos un 2 Op. cit., tomo IV, pág. 141. Formaron el alarde unos 796 caballeros que portaron arcabuces, ballestas, alabardas, pertesanas, porqueras y espadas, entre otras armas. 3 Reproducida esta cláusula de la documentación de las Pruebas para el Hábito de Santiago de Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, donde también se da noticia del ejercicio municipal de su abuelo, don Sebastián, en 1621. A.T.U., leg. 42, fase. 5. 4 Caro Batoja («Linajes y bandos», en Vasconia. Madrid. 1957, pp. 22-23) definió las distintas categorías que conformaban la estructura social vasca en la Edad Media: parentela - « c o n j u n t o de personas que se hallan unidas por algún lazo de sangre, por lado de padre, de madre o por a l i a n z a » - , linajes - s u c e s i ó n de individuos a lo largo de los tiempos y de las generaciones, considerando en la sucesión una sola línea, la m a s c u l i n a - , comunidad de linajes -descendencias, por vía masculina, de distintas ramas de un determinado linaje. Por último, algunos linajes son dentro de la comunidad predominantes: los parientes mayores.


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ASCENDENCIA Y DESCENDENCIA DE PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BERRIZ (SIGLOS XV ai XVIII)

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Figura 2. —j Ascendencia y descendencia de P. Bernardo Villarreal de Bérriz.

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momento en este Pedro de Villarreal Areiceta y Gamboa, que será, andando el tiempo, el padre de nuestro biografiado. Fijemos algunos rasgos de su semblanza. Fue el mayor de una prole de nueve hermanos, cuatro varones y cinco mujeres, de los que cuatro, dos varones y dos mujeres, ingresaron en la Iglesia; el otro hermano varón murió sin dejar sucesión. Heredó el vínculo de Albia, en Bilbao, que había fundado su abuelo paterno, y el mayorazgo de la Casa de Alegría (en Frúniz, jurisdicción de la villa de Munguía), instituido por su padre. Probablemente heredaría también de los bienes no vinculados de su padre unas casas en el Arenal de Bilbao. En 1661, a petición de sus hermanos Luis y J u a n Mateo, clérigos, y de sus hermanas Sebastiana, casada con Antonio Gutiérrez, e Inés, mujer de Antonio de Mendiola, se vendieron de la herencia libre «tres pares de casas sitas en la calle de Belosticalle de la Villa (de Bilbao) que fueron del dho. don Sebastián de Villarreal y Areyceta y de la dha. D. a María Ximenez de Bertendona y sus autores para hacer pago a los dhos. acrehedores». También solicitaron en la misma fecha la venta de dos pares de casas en Frúniz, y de otras situadas en los Arenales de Bilbao, con el fin ya indicado de satisfacer las deudas existentes, «como para hacer partición del remanente entre todos los dhos. coherederos y la dha. D. a Josepha de Gamboa y Bérriz {la viuda) de lo que le tocase y pudiere pertenecerle» 5 . A la venta de estas últimas se opuso Pedro alegando que las tales casas le pertenecían a él exclusivamente ya que figuraron como dote en su contrato matrimonial, y como tal poseedor había cobrado las rentas que las mismas proporcionaron en 1661 y en los años precedentes. No obstante esta contradicción, las casas de los Arenales fueron rematadas el 11 de noviembre de 1661 en 1.500 ducados de vellón sobre un precio de tasación fijado en 1.200 ducados. El último postor fue el escribano de número de Bilbao, Miguel de Aguirre. Don Pedro de Villarreal y Gamboa protestó nuevamente y elevó una representación al corregidor don Luis del Baile y Pineda, indicando que «no se pueden vender estas casas que se las dotaron a él en matrimonio, y que, por otra parte, no se puede alegar que haya deudas a acreedores porque según él considera, ya están todos pagados con lo vendido hasta aquí». En consecuencia, pidió que se le respetara la posesión que venía haciendo sobre estas casas, estando dispuesto a defender sus derechos si fuera necesario ante el mismo Monarca 6 . O bien prosperó su queja y conservó las casas objeto de querella, o bien las adquirió abonando el remate alcanzado, lo cierto es que casas situadas en los Arenales de la Villa aparecen en su testamento y fueron a parar años más tarde a uno de sus hijos. 5 ARCHIVO HISTÓRICO DE LA DIPUTACIÓN DE VIZCAYA (en adelante, A . H . D . V . ) . Corregimiento,

leg. 1704, n.° 8: Diligencias derivadas de la petición hecha por los hijos y herederos de Sebastián de Villarreal Areyceta y Josefa de Gamboa y Bérriz, para que se efectúe el remate y venta de unas casas sitas en el Arenal de Bilbao. Se opone a la venta Pedro Villarreal y Gamboa. Escribano: Domingo de Landayda. Año 1661. El estado de conservación de este expediente es bastante malo, por lo que nos resulta imposible hacer referencia a la paginación. 6 Ibidem.


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De su madre, D. a Josefa de Gamboa y Bérriz, recibió en expectativa el mayorazgo de Marutegui, en Vergara 7 , y a través de ella le llegaría el vínculo de Gamboa y Bérriz, al morir sin sucesión directa en 1651 su titular, don Luis de Gamboa y Bérriz, Caballero de la Orden de Santiago, Señor de la Casa de Bérriz y Patrón de aquella anteiglesia y de la de Garay. Pedro de Villarreal y Gamboa casó en primeras nupcias en 1649 con una pariente lejana, doña Teresa de Lezama, natural de Bilbao, hija del Contador don Antonio de Lezama y de doña María López de Villarreal 8 . De este matrimonio tuvo dos hijos, Sebastián, que llegó a Caballero de la Orden de Calatrava, y que figuró como militar y Arcediano de Eguiarte, Dignidad de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona, sin hacer carrera en ninguna de las dos funciones, y Juan Antonio, que murió de pocos años. Al heredar en 1651 el señorío de Bérriz la familia se traslada a aquella localidad del Duranguesado, ocupando su Casa-Torre, soberbia edificación que databa, según Iturriza, del siglo XI, y tomando inmediata posesión de los bienes raíces que constituían el vínculo (cuya relación veremos en otro apartado). La titularidad de la propiedad de esta Casa-Torre implicaba, además de la calidad de Pariente Mayor, la mucho más estimable desde el punto de vista económico y social de Patrón de la Iglesia parroquial, merced real otorgada a los Bérriz como recompensa a los servicios que miembros de esta familia prestaron a la Corona durante la Reconquista. La condición de Patrón de la Iglesia de San Juan de Bérriz y de su aneja de Garay traía aparejado, en efecto, una serie de honores, precedencias, asiento, sepultura y tumba en el recinto eclesial, signos y manifestaciones de una preeminencia social para cuyo reconocimiento hubo, no obstante, que superar satisfactoriamente un litigio interpuesto por el Alcalde y los vecinos de la Anteiglesia en 16349. Suponía también, por la percepción del diezmo, un sustancial complemento a los ingresos de la Casa-Torre. No disfrutó, sin embargo, el matrimonio mucho tiempo de esta importante herencia. A los pocos meses de su traslado, fallecía en Bérriz a finales de 1651 doña Teresa, quedando viudo su marido hasta el año 1666 en que volvió a casar 10 con una también viuda, de Mondragón (provincia de Guipúzcoa), doña María Saez de Andicano y Zelaa, mujer de mucha valía a lo que parece, en cuyo hogar familiar se educaría el único hijo habido en este matrimonio, nuestro Pedro Bernardo. Importa, pues, por las razones apuntadas, conocer algo más detalladamente el medio social materno. Había nacido doña María en Mondragón en el seno de la familia forma7 Había sido fundado por don J u a n de Azcárate Marutegui, Oidor de contos en el Reino de Navarra y Contador en los Ejércitos Imperiales de Carlos V en Italia, y su mujer, doña María Martínez de Yrala, en el año 1541, ante el escribano J u a n de Eguino. 8 El contrato matrimonial fue otorgado en Bilbao, el 4 de diciembre de 1649, ante J u a n Bautista de Larrazaval. A este Antonio de Lezama se deben las Notas genealógicas..., que citamos en la nota 1. 9 Da noticia documentada de este conflicto Vicente Urquiza: Anteiglesia de Bérriz. Datos para una historia. Bilbao. 1983, pp. 7, 10 y 11. 10 Libro de Casados y Velados en Mondragón, de principios efe 1583y fin de 1676. Libro 18, fol. 347 y v.

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da por don Diego de Andicano y doña Isabel de Zelaa —emparentada ésta con don Melchor de Zelaa, colegial mayor de San Ildefonso, de Alcalá de Henares, y canónigo de la catedral de Toledo—, naturales y vecinos de la misma villa de Mondragón. Tuvo el matrimonio, concertado en 161811, tres hijos varones y varias hijas: D o n j u á n , Caballero de la Orden de Santiago, Colegial del Arzobispo de Salamanca, de donde salió para ocupar primero la Cátedra de «Vísperas» en la misma Universidad, y después una plaza de Fiscal en Valladolid. Posteriormente, en 1680, accede al Consejo de Castilla, en 1687 compra el señorío de Monterrón, en la provincia de Guadalajara, funda el mayorazgo del mismo nombre, y en 1689, dos años antes de su fallecimiento, alcanza el título de Conde de Monterrón. Casó dos veces, la primera con doña M. a Ignacia de Loyola, natural de Vergara, de la que tuvo tres hijos que fallecieron sin tomar estado ni dejar sucesión: Juan Antonio, Joaquín y Thomás, los dos mayores del hábito de Santiago, y el pequeño,'del de Alcántara —el primogénito, Juan Antonio, siguió, como el padre, la carrera administrativa, y murió siendo Alcalde de los hijosdalgo de la Chancillería de Valladolid 12 — . En segundas nupcias, enlazó con doña María Eugenia Muñoz y Valverde, natural de Ciudad Real, hija de un Caballero de Calatrava, hermana del Marqués de Belmiliana y viuda de un Alcalde de Casa y Corte. Con ella tuvo dos hijas: la mayor, Juana, condesa de Monterrón tras el fallecimiento de sus hermanastros, casó con don Francisco Nieto Botello, caballero de Salamanca; e Isabel, que contrajo matrimonio con don Martín Antonio de Vega, Marqués de Feria, Mayordomo de la Reina y Caballero de Santiago. Los otros dos hermanos varones de doña María fueron don Antonio, sacerdote beneficiado de Mondragón y Arcipreste; y «un Carmelita Descalzo, que murió con opinión de mucha virtud en las Batuecas». En cuanto a las hermanas, doña Mariana casó con don Baltasar de Otálora, Señor de la Casa de Otálora, de origen alavés, consejero de Castilla; y «otras tres o quatro {más que) fueron religiosas en el convento de San Agustín, en Mondragón» 13 . 11 El contrato matrimonial se hizo ante el escribano Santiago de Uruburu, en Mondragón. 12 H a b í a sido también colegial del Mayor del Arzobispo, en Salamanca, y opositor a una de sus becas en 1687. ARCHIVO DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (en adelante, A.U.S.), Colegio del Arzobispo, signatura 2.192, ff. 406 y ss. 13 Los entrecomillados y los datos sociales apuntados están sacados de unos apuntes genealógicos, preparados probablemente por don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz hacia 1729. A.T.U. leg. 42, fase. 2, doc. 14. . Sobre don J u a n de Andicano hay muchas referencias en el magnifico estudio de J a m n e Fayard, Los miembros del Cornejo de Castilla (1621-1746). Madrid. 1982. Así, por ejemplo, la noticia de que cuando se llevó a cabo la investigación económica para su ingreso en el Colegio Mayor del Arzobispo, de Salamanca, «un testigo declaró que el padre del pretendiente disfrutaba de una renta anual de 1.000 ducados,-pero que no podía ayudar a su hijo porque tenía muchos más hijos» (pág. 44). En otro lugar nos informa de lo que le costó a d o n j u á n de Andicano en 1687 la villa de Monterrón, con el despoblado de Villanueva, su jurisdicción, las alcabalas y la escribanía, todo por 60.000 reales ( = 2.040.000 maravedís) (pág. 325). A estos bienes, agrego

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Por lo que se refiere a doña María de Andicano, hay que anotar que estuvo casada en primeras nupcias con el capitán don Matheo de Aranguren, vecino al igual que ella de Mondragón. Sabemos que de este matrimonio nacieron cuatro hijos, dos varones, ambos del hábito de Santiago —don Andrés, estudiante de Gramática, que murió ahogado en la presa de Gaviria, en Vergara, y don Matheo Nicolás —una de cuyas hijas casaría con don Joseph Jacinto de Alava, vecino de Vitoria, y sería con el tiempo abuela de don Pedro Jacinto de Alava, socio de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y corresponsal asiduo de su fundador, el conde de Peñaflorida 14 —, y dos mujeres, doña Ana María, que enlazó con don Joseph de Manrique y Arana, Marqués de Villalegre, Caballero de la Orden de Santiago, Teniente de la Guardia Española, Paje de Felipe IV y embajador con Carlos II; y doña María Agustina, que falleció, como su hermano Andrés, poco después de la muerte del padre. En segundas nupcias casó doña María en 1666, como ya hemos indicado, con don Pedro de Villarreal y Gamboa, quien por entonces tenía además de una descendencia legítima a la que ya nos hemos referido tres hijos naturales 15 . un molino, graneros, varias casas de labranza, seis castañares con más de 400 castaños, comprado todo ello cerca de Mondragón por 2.419.758 maravedís, con lo que constituyó el mayorazgo de Monterrón. En total, había invertido en 1687 en la fundación del mayorazgo 4.459.758 maravedís, es decir, algo más del 15 por cien del cuerpo de su hacienda. Unos años antes, en 1680, había colocado sobre las sisas del vino de Madrid la cantidad de 5.100.000 maravedís —capital aportado en dote por su segunda mujer, en 1679—, inversión afortunada, ya que a su muerte en 1691, contaba con más de ocho millones de maravedís garantizados por las sisas de la capital del Reino (pp. 377 y 379). 14 La ilustración Vasca. Cartas de Xabier M." de Munibe, conde de Peñajlorida, a Pedro Jacinto de Alava. Edición, introducción, notas e índices por J . Ignacio Tellechea Idígoras. Vitoria. 1987, 807 pp. 15 En su testamento redactado en 1669 (otorgado en Mondragón; sorprendentemente no se conserva en el Archivo de Protocolos de Oñate), don Pedro nombra a sus hijos naturales Perico (sic) (tenido con J o a n a de Aguirre Beitia), que se encontraba «en casa»; llegaría a ser Beneficiado de Bérriz, después de haber estudiado en Madrid, Viena —adonde fue acompañando a su madrastra doña M a r í a - y Ciudad Trujillo, en Indias; J u a n Bauptista (de su unión con Beatriz de Fruniz Echevarría), «que se hallaba en Flandes»; y J o a n a (habida de Cathalina de Ugarte Bidea), «que estaba en la casería de Asurmendi». Resulta chocante hasta cierto punto la lectura de la partida bautismal del citado J u a n Bautista de Villarreal. Dice así (Libro de Bautizados, Parroquia de San Andrés de Gámiz, en Vizcaya, sigla 2, III, pág. 143 v): «En 24 de junio d¿ 1651, yo D. Pedro de Elorriaga bauticé a J u a n Bauptista de Villarreal y Gamboa, hijo legítimo de D. Pedro de Villarreal y Gamboa y Beatriz de Fruniz y Echebarría, solteros (...)». En esa fecha, si la documentación consultada es veraz, don Pedro se hallaba casado con doña Teresa de Lezama, por lo que todo parece indicar que se trataba en realidad de un hijo adulterino. Este origen, sin embargo, no empañó en absoluto una carrera que hizo brillante gracias a su indudable talento natural. Fue Caballero de la Orden de Santiago en 1681, Secretario del Duque de Medinaceli durante su estancia en Italia, ordenado de menores en 1705 en la regla de San Benito, empleado en la Corte, y desde 1716, y hasta su muerte en 1731, retirado en la Torre de Uriarte, en Lequeitio, dedicado a tareas intelectuales que compartió con su hermanastro Pedro .Bernardo. Gozó de autorización excepcional otorgada por la Inquisición para incorporar a la biblioteca de la Torre libros cuya difusión estaba expresamente prohibida. Nos referiremos en otro capítulo a esta cuestión.

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El nuevo matrimonio 16 fijó su residencia en Mondragón, en cuyo gobierno municipal participó don Pedro como vecino notable —no parece, en cambio, que llegara a ocupar su alcaldía— culminando así una actividad política que había practicado antes en Vizcaya siendo regidor del Señorío por la parcialidad gamboína entre 1646 y 1648, y el primer síndico general de la Merindad de Durango, al constituirse este oficio en 165817. «Fue Cavallero de mucho talento y estimado por su honrrado proceder, aficionado a la agricultura y mucho a la caza assi maior como de volattería», leemos en las notas biográficas conservadas en el Archivo familiar de Lequeitio 18 . Pedro Bernardo, el único hijo habido en este matrimonio, nació, como ya quedó señalado, en Mondragón en 1669. A los pocos meses del nacimiento, fallecía el padre dejando una familia compleja, lo que no llamaba en exceso la atención en el universo mental y modos de comportamiento de la nobleza de aquella época, y una herencia cuyo destino ponía enteramente al arbitrio de su viuda. De ello trataremos enseguida. Volvamos ahora al texto con el que abríamos este ensayo, y resumamos lo dicho hasta aquí. Los Villarreal formaban una familia de hidalgos de sangre y Caballeros de hábito que, desde el primitivo solar guipuzcoano de Régil, se desparramó hacia el Señorío de Vizcaya (Bilbao, Frúniz, Bérriz), hacia el Sur (Valladolid, Salamanca, Madrid, Granada) y hacia Indias, unas veces por causa de enlaces matrimoniales, otras, por vocación religiosa, las más, por razones de empleos, cargos o tenencia de mayorazgos. Los privilegios que la hidalguía disfrutaba, aun siendo el escalón más bajo del estado nobiliario, hacía que muchos plebeyos intentaran incluso valiéndose de medios fraudulentos introducirse en la misma. Domínguez Ortiz ha expuesto las ventajas que suponía la condición nobiliaria en este tiempo: ante todo, la inmunidad tributaria, si bien disminuida durante el siglo XVII con el incremento de los impuestos indirectos y con otros medios que la Monarquía ideó para detraer dinero de la nobleza, y la inmunidad de toda prestación personal o real. Junto a los privilegios fiscales, los jurídicos no eran de menor importancia; estaban a salvo en general del tormento, de las penas afrentosas, de la cárcel por deudas, de los embargos de sus armas, vestidos, caballo, lecho y cama, y disponían de jueces especiales (alcaldes de hijosdalgo). Además, los cargos y empleos de la administración local, como los de la Monarquía, en la práctica les estaban reservados casi de modo monopolístico. 16 El contrato se firmó en Mondragón el 13 de enero de 1666 ante Antonio de Zelaa. ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE GUIPUZCOA (Oñate), 1-2404, ff. 7 a 11 v. Agradezco las facilidades dadas por doña Inmaculada González Gómez para mis consultas en el Archivo. 17 En 1616 se había pedido la creación de este oficio, propuesta que fue rechazada y posteriormente olvidada hasta 1658. El cargo estaba remunerado a razón de medio real por foguera. G. Monreal Cía: Las Instituciones Públicas del Señorío de Vizcaya (hasta el siglo XVIIl). Bilbao. 1974, pág. 282.

18 Documento citado en la nota 13.

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Con todo, como escribió Domínguez Ortiz, «el principal motor de la aspiración a la hidalguía era el honor, es decir, el deseo de consideración social, tan caro a nuestros progenitores, y por lo que estaban dispuestos a todos los sacrificios. Por eso, las tentativas de los monarcas de explotar el afán de nobleza vendiendo hidalguías tuvieron poco éxito; conquistar una ejecutoria con medios reprobables podía dar pábulo a las habladurías locales, que con el tiempo se olvidarían; pero comprar una hidalguía era dejar bien sentado para siempre que no se podía obtener de otra manera más gallarda, y el pueblo no era fácil que lo olvidara» 19 . ^ Si estos párrafos describen una realidad social subsistente en la población castellana, no nos sirven, en cambio, de referencia para la población vasca. En Vizcaya, Guipúzcoa y también en Álava, aunque en menor intensidad, la situación era completamente diferente porque en el caso de la primera la vizcainía originaria equivalía sin más requisitos a hidalguía. Cómo surgió en el Señorío la pretensión de una nobleza universal y en qué se fundamentaba, no son cuestiones que debamos atender en este momento. Retengamos, sin embargo, que sólo la probanza demostrada de ser naturales del País permitía a los mismos gozar de los privilegios de la hidalguía en todos los territorios de la Monarquía. De ahí, el celo pertinaz del Gobierno Universal del Señorío en preservar este estado de cosas impidiendo la entrada en Vizcaya a judíos, moriscos, gitanos, negros y gentes de mal vivir, o negando la vecindad, si bien no la residencia, a los que no fueran nobles. En las Juntas Generales del Señorío son constantes las menciones a este problema, generalmente al iniciarse cada dos años un nuevo gobierno. Por ejemplo, en la J u n t a General celebrada el 28 de junio de 1696 se trataron dos casos que confirman lo que venimos exponiendo en punto a la vecindad: ante la instancia de Domingo de Luxa solicitando la exención de la filiación «por ser notoria su vizcainía», la J u n t a acordó «no se le pida información de nobleza siendo del dho. Baile (sic) de Llodio de Padres y abuelos paterno y mostrando fe de Bautismos en su razón». El segundo caso se refería a los que pretendían la vecindad sin ser naturales de Vizcaya, y en esta ocasión acordaron reforzar los medios precautorios que se venían empleando para comprobar la calidad del pretendiente: «que se solicite zedula de Su Magd. y Bula de Su Santidad para que el Síndico o la persona que nombraren los señores del Gobierno tenga jurisdicción en la forma que la tienen los cavalleros informantes de las Ordenes Militares para aberiguar la calidad del pretendiente o pretendientes que se quisieren avecindar en el territorio de Su Señoría (Vizcaya)»20. 19 Antonio Domínguez Ortiz: Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen. Madrid. 1985 (3. a ed.), pp. 40 y 41. El problema del honor y régimen de estratificación social en el Antiguo Régimen están admirablemente analizados por J . A. Maravall en Poder, honor y élites en el siglo XVII. Madrid. 1984 (2. a ed.), especialmente, pp. l i a 145. 20 A . H . D . V . , / r a t a Generales (manuscritas). Libro de Decretos, n.° 20 (Años 1695 a 1701).

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Estas medidas se complementaban con las que se tomaron para prohibir la entrada en Vizcaya a gentes no deseadas, de las que se nombra en particular a «jitanos, jitanas, bagamundos, y gentes de mal bibir, negros, negras, mulatos y mulatas», o para expulsarlas si es que ya estuviesen residiendo en el Señorío 21 . Como resultado de esta diligente política, la mayoría de la población en Vizcaya era considerada noble desde el punto de vista jurídico. Lo mismo ocurría en Guipúzcoa y, en menor medida, en Álava. Ese era un rasgo democrático peculiar que presentaba la estructura social vasca en el Antiguo Régimen: que prácticamente todos los miembros de la comunidad eran iguales ante la ley. Nobleza, pues, generalizada, junto a un igualitarismo que se basaba, como dice el profesor Palacio Atard, «en no reconocer diferencias de calidad entre unos y otros, como hijos todos de Dios, trasladado a su expresión folklórica en los versos de la canción con que en el pasado siglo se saludaba a los señores de las Juntas: 'Danak Jainkoak egiñak gera, zuek eta bai gu gere" ("A todos Dios nos hizo iguales, a vosotros y también a nosotros")» 22 . Fernández de Pinedo insiste también en la necesidad de aplicar otros criterios distintos a los estamentales a la hora de analizar la estructura social vasca de aquel tiempo: «Es pues evidente que no nos sirven, desde el punto de vista social, los criterios estamentales y que es preciso recurrir a clasificaciones de tipo clasista. La diversidad de las fortunas no sólo establecía un modo de vida distinto, sino unos límites de acceso al poder político» 23 . En efecto, las distinciones sociales se marcaban por la riqueza del solar fundamentalmente en tierras, a las que en algunos casos acompañaban dos o tres ferrerías, varios molinos y un capital invertido en censos y juros. Los «notables», los «jauntxos», solían tener la calidad de Parientes mayores, si bien la significación de esta categoría social había decaído notablemente tras el término de las luchas de bandos 24 , muchos eran patronos de iglesias, cobraban el derecho de prebostada, y aspiraban a ejercer el poder local y a introducirse en las Órdenes Militares. Todas estas funciones revelaban la superioridad social de quienes las ejercían en el seno de la comunidad vasca, superioridad que se manifestaba aquí, como en todas partes, merced a una serie de signos externos: escudos, precedencia, vivienda en casas-torre, vestido, etc. Veamos, a modo de ejemplo, las preeminencias sociales reservadas a los propietarios de la Casa-Torre de Bérriz: 21 Ibídem. Regimiento General de 1 de agosto de 1696 y de 2 de agosto de 1700. 22 Vicente Palacio Atard: La España del siglo XIX, 1808-1898. (Introducción a la España contemporánea). Madrid. 1978, pág. 173 23 Emiliano Fernández de Pinedo: Crecimiento económico jy transformaciones sociales del país Vasco, 1100-1850. Madrid. 1974, pp. 354 y ss. 24 Sin embargo, los antiguos bandos de oñacinos y gamboínos se mantuvieron a la hora de elegir los cargos del Gobierno Universal, que se distribuían equitativamente entre ambas parcialidades. Para el problema de las guerras banderizas pueden consultarse las obras ya citadas de Caro Baroja y de Monreal Cía.


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«escaño o asiento en dicha Yglesia Parroquial de San Juan Ebangelista al lado del ebangelio en preeminente lugar con escudo de armas encima, preferencia en ofrendar, procesiones y todos los demás actos al Fiel regidor, y demás vecinos de dicha Anteyglesia de Berriz, y patena con que se da la paz con tafetan del color del día a los dueños de la referida Casa, tumba en el crucero con armas de dicha casa y silla para la señora; otra tumba, la primera de las de dha Yglesia, llamada la de los escuderos, y otra tumba, o sepulcro de piedra en el cementerio también con escudo de armas de la Gasa, y todas las demás preeminencias y honores que pertenecen a ella, y el dcho. a las baras de Alcaldes del fuero de las Merindades de Durango y Marquina, y prebostada de Elorrio» 25 .

Y estas diferencias sociales se reflejan claramente en la vida cotidiana. En la documentación municipal, notarial y parroquial, que hemos consultado, la distinta calidad queda remarcada por el tratamiento que acompaña o no a los nombres de las gentes que se citan. Hay otro aspecto al que resulta obligado referirse cuando se trata de la singularidad de la nobleza vasca: su «forzosa compatibilidad con el trabajo manual y el comercio», consecuencia de la hidalguía universal, como señala Domínguez Ortiz 26 . No se da ningún desdén ni perjuicio social ante el ejercicio de actividades económicas que pudieran incrementar unas rentas de por sí bastante exiguas dada la pobreza de su agricultura y el régimen de propiedad existente. La tierra, la ferrería y el comercio constituían la tríada ocupacional por excelencia, y particularmente las dos primeras en el caso de los notables. Gomo apunta Fernández de Pinedo, «no tiene nada de extraño que el centro de las atenciones de la R.S.B.A.P. (formada por la mayor parte de la nobleza de las tres provincias) fuese la tierra y la industria siderúrgica»27. La práctica del comercio, no obstante, constituía desde siempre el núcleo de la actividad económica de la Villa bilbaína. Mercaderes mayores y maestres de naos figuraban a la cabeza de su sociedad. Linajes comerciales como los Gómez de la Torre, Allende Salazar, Jarabeitia, Hormaza, Arechaga, Epalza, Barbachano, Landecho, Palacio, Salazar, Eguía, Ibarra, Gardoqui, Villabaso, Orueta, Guendica, Arana, Arriquibar, por sólo citar las firmas más representativas en el siglo. X V I I I , intentaron desde finales de la centuria anterior recuperar un comercio que todavía en los primeros lustros del siglo X V I I I estaba reducido al pasivo que le dejaban los extranjeros residentes en el Señorío. La estructura de este comercio bilbaíno comprendía productos del propio territorio (los principales, el hierro labrado y la manufactura de sus astilleros y tinglados y tenerías), y las remisiones de las Castillas (el opulento tráfico de lanas); a estos efectos destinados a la exportación se unían los artículos que desde los puertos extranjeros eran importados en la 25 Dotación de Ignacio José de Villarreal de Bérnz, con ocasión de su matrimonio en 1727. A.H.D.V. .Corregimiento. Leg. 971, n.° 3. 26 Domínguez Ortiz, op. cit., pág. 171. 27 Fernández de Pinedo, op. cit., pág. 360.

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Villa para ser reexpedidos en parte al resto de la Monarquía (productos coloniales, herramientas y sobre todo tejidos) 28 . Bilbao, no obstante su notable actividad e importancia demográfica, estaba deficientemente representada en la J u n t a General, órgano supremo del gobierno, lo que respondía a la histórica contradicción entre las Villas y la Tierra Llana respecto a su peso específico en el ordenamiento político del Señorío. Pero podría traducir también, en mi opinión, una cierta desestimación de la práctica mercantil ya que en el conjunto de Villas existente en el Señorío, la bilbaína resultaba la peor tratada con notable diferencia 29 .

2. El patrimonio paterno. Una herencia disputada El patrimonio que dejó don Pedro de Villarreal y Gamboa para ser repartido por su viuda entre sus hijos herederos, consistía fundamentalmente en bienes raíces pertenecientes a distintos vínculos y mayorazgos que, en virtud de su condición de primogénito, o, como en el caso del señorío y Patronato de Bérriz, a falta de sucesión directa, habían recaído en su persona. Contamos con una variada documentación de testamentos, contratos matrimoniales, inventarios «post mortem» y dotaciones, que nos proporcionan una información muy valiosa acerca de la fortuna de estos Villarreal. Pero lamentablemente no es suficiente para evaluar con exactitud el volumen de la misma por cuanto no aparecen valoraciones detalladas ni tan siquiera globales. En cualquier caso, sabemos cuál era la composición de estos mayorazgos familiares (lo que al menos nos permite un conocimiento cualitativo) e incluso en algunos casos las rentas totales. Lo que no es poco en este tipo de estudios referidos a los siglos X V I y X V I I 3 0 . Veamos, pues, a continuación qué bienes componían los mayorazgos y vínculos de don Pedro de Villarreal y Gamboa: a) Vínculo de Bérriz, anteiglesia de Bérriz, en el Señorío de Vizcaya: Casa-Torre con sus pertenecidos, regalías y preeminencias. La Casa-Torre formaba parte de un coto redondo que «de tiempo inmemorial goza de la libertad y esencion de todo jenero de repartimiento y visitas». Se incluían en 28 T. Guiard y Larrauri: Historia de la Noble Villa de Bilbao. 4 vols. Bilbao. 1908. Cito por la reedición de la Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao. 1971, t. I I I (1700-1800), pág. 536. Del mismo autor, Historia del Consulado y Casa de Contratación de Bilbao y del comercio de la Villa. 2 vols. Bilbao, 1914. 29 Monreal (op. cit., pp. 337-338) examinó la relación establecida entre la población de cada uno de los bloques territoriales, según el censo realizado en 1712, y su representación en la J u n t a . La Tierra Llana, con el 46 por cien de la fogueras, estaba representada en la J u n t a con el 72 por cien de los apoderados, en tanto que las Villas y Ciudad, con el 31 por cien de fogueras, disponía del 21 por cien de apoderados —Bilbao, que reunía el 10 por cien de las fogueras, sólo contaba con un apoderado—. 30 Janine Fayard, op. cit., pp. 321 y ss., alude también a las imprecisiones inevitables en las que se incurre a la hora de calcular el valor de los mayorazgos de los consejeros de Castilla.

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el coto tres caserías, dos molinos, una ferrería tiradera, tres heredades sueltas y montes que en 1694 proporcionaban «mil cargas de carbón de corte a corte», quedando mucho sitio para plantío. Un molino de Olabe. Un sel31 en la sierra de Oiz, que producía en 1694 mil cargas de carbón «sin que se halle plantado más que su décima parte». Parte considerable en otro sel de la misma sierra. Sitio de molino en Abadiano, en la ría de Arría, con una heredad grande, y un monte amojonado que daba cien cargas de carbón en cada corte. Parte de otro molino en la misma ría de Arría. Varas de Alcalde de fuero de las Merindades de Durango y Marquina, y Prebostada de la Villa de Elorrio, «de cuyas mercedes de inmemorial tiempo habían gozado por S. M. los dueños y señores de dicha casa de Bérriz» hasta 1634, en que hereda el señorío un menor de edad, y ya Caballero de la Orden de Santiago, don Luis de Gamboa, y ni éste ni su sucesor don Pedro de Villarreal solicitaron del Monarca la oportuna prórroga de las citadas mercedes. Patronato de la Iglesia de San Juan Evangelista, de Bérriz, y de su aneja de Garay, con sus diezmos, presentaciones de beneficios, sacristías, ermitas y demás emolumentos y preeminencias. Hacia 1690, el producto de los frutos decimales que reportaba este Patronato era de 27.389 reales de vellón 32 .

b) Mayorazgo de Villarreal, anteiglesias de Frúniz y Abando, en el Señorío de Vizcaya: Gasa-Palacio de Frúniz con sus pertenecidos. Un sitio de molino. La mitad de una ferrería tiradera. La cuarta parte de otra ferrería mayor. Algunos montes. Caserías de Albia, y otras, con montes, en Abando. Capilla en la Parroquial de los Santos Juanes, de la Villa de Bilbao.

31 En el libro de Villarreal de Bérriz se define así el sel: «Es un Monte en círculo perfecto, que sólo tiene un raojon en el centro, á que llaman Piedra Cenizal: ay muchos en Vizcaya, unos son llamados invernizos, y otros veraniegos: en la lengua Vascongada se llama invernizo Cortaosoa, y el veraniego Cortaerdia. Corta es lo mismo que en lengua Castellana Cortijo: á la Piedra Cenizal se llama en Vascuence Auts-arria, y en una, y otra lengua parece que significa Piedra de la Ceniza, sin duda porque nuestros primeros Padres hacían fuego en ella quando pacían sus Ganados, y sería ley, o costumbre, que en cierta distancia no se arrimase otro. El Sel invernizo tiene de semidiámetro, esto es, desde la Piedra Cenizal hasta qualquier parte de la circunferencia 126 estados, o brazas, y el veraniego 84 (...)», op. cit., pág. 123. Unas líneas antes, señala que el estado, o braza, equivale a 7 pies comunes, y el pie, a la tercera parte de la vara de Castilla, pp. 118 y 112, respectivamente. 32 Aunque no se indica, se trataría probablemente de producto bruto. Documentación sobre las Pruebas de D. Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz para el hábito de Santiago. A. T . U., leg. 42, fase. 5.

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c) Mayorazgo de Marutegui, en la villa de Vergara, provincia de Guipúzcoa: Gasas principales en la Plaza Vieja de la Villa de Vergara, con su huerta. Una casería. Muchas heredades y manzanales. Censos en Vergara que redituaban en 1694 unos 120 ducados al año. Dos juros (uno en Vitoria y otro en Sevilla), «muy antiguos y corrientes», de 50.000 maravedís de renta anual. Patronato de una capellanía de 50 ducados de renta al año 33 . Resumiendo, el patrimonio estaba constituido por casas solariegas, tierras, caserías, molinos, ferrerías, montes, censos y juros, el patronato de la Iglesia de Bérriz y de su aneja de Garay, y el de una capellanía en Vergara. Contaba además con otros bienes libres: algunas caserías en Frúniz, casas en el Arenal de Bilbao —lindantes con la Torre de don Diego Vitoria de Lecea, domicilio de los Villarreal antes de su marcha a Frúniz—, ganado, alhajas y otros bienes muebles. En expectativa, tras los trámites burocráticos pertinentes, las Varas de Alcalde del Fuero de las Merindades de Durango y de Marquina, y Prebostada de la villa de Elorrio 34 . Don Pedro Villarreal y Gamboa dispuso en su testamento 35 el reparto de la herencia según los criterios de su viuda, doña María Saez de Andicano. La distribución de bienes que hizo esta señora, apoyándose en las capitulaciones matrimoniales 36 , beneficiaba claramente a su propio hijo, don Pedro 33 Los entrecomillados pertenecen a las Capitulaciones matrimoniales de Don Pedro Bernardo Villarreal de Béniz. A.H.D.V., Corregimiento, leg. 971, n.° 3, pp. 27 y ss. 34 La tramitación y el fallo de las causas judiciales en el ámbito de la Merindad correspondía al Alcalde de Fuero, cargo que se adjudicaba por merced y a perpetuidad a personajes de relieve por méritos contraídos, o por su poder e influencia en la Corte. En 1612, el Señorío pidió la desaparición de la perpetuidad. Cfr. Monreal Cía, op. cit., pp. 161 y ss. No debió prosperar la solicitud porque en las capitulaciones matrimoniales de don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, realizadas en 1694, se contratan «las varas de Alcalde del fuero de las Merindades de Durango y Marquina y Prevostada de la villa de Elorrio...» 35 Otorgó testamento, como dijimos, en Mondragón, el 6 de diciembre de 1669, ante el escribano Antonio de Zelaa. Las referencias que tenemos del mismo proceden de un escrito inédito de Joaquín del Valle de Lersundi (Notas biográficas sobre Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz. Pamplona, 1978), que el autor puso amablemente a nuestra disposición. 36 Los bienes que don Pedro capituló «para nos y para nuestros hijos herederos y s u c e s o r e s que probinieren y se procrearen de este nuestro buen yntento» fueron los siguientes: «la casa, torre y palacio de Verriz, su patronazgo único de toda la dha Anteyglesia en lo de onor y emolumentos, sus asientos de sillas y tumbas de sepolturas en la parroquial de la dha anteyglesia sus casas agesorias y tributarias, ferrerías, molinos, todas sus tierras y eredades, castañales, montes, seles, leñeras y todos los demás sus pertenecidos que tiene y la tocan en termino redondo..., y con ellos es notoria y publica en el dho Señorío de Vizcaya con titulo y mrd. que de antiguo e ynmemorial tiempo a esta parte a tenido de las baras de ser alcalde del fuero por Su Magestad en las merindades de Durango y Marquina y con todo el ganado bacuno que tengo en las dhas casas agesorias en poder de sus ynquilinos y con las casas y caserías de Andecoa de medio y todos sus pertenecidos notorias con ellos en la anteyglesia de Frúniz del dho Señorío de Vizcaya

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Bernardo, a expensas del primogénito don Sebastián, nacido como sabemos del primer matrimonio 37 . En efecto, la parte más sustancial, el vínculo de Bérriz, lo adjudicó a don Pedro Bernardo. Cierto, en la constitución del vínculo no parece que se hubiera estipulado que pasara necesariamente al primogénito, y, de hecho, este vínculo lo hereda, como dijimos páginas atrás, don Pedro en 1651, por lo que sólo pudo incluirlo, como en efecto lo hizo, en 1666 en la relación de bienes que contrata y capitula para su segundo matrimonio. Por otra parte, las condiciones explícitamente establecidas en la sucesión del mayorazgo de Bérriz —que «aya de traher y trahiga las armas y escudo de la dicha Casa de Bérriz a mano derecha y aya de vivir y viva la maior parte de su vida en la casa de Verriz... profesando en echo y dicho la parcialidad Gamboyna..., que sean legítimos y sin raza de judio, moro o reconciliado...» 38 — las cumplía Pedro Bernardo que en su filiación dio prioridad al apellido Bérriz respecto al Andicano materno. Además de este vínculo y Patronato —respecto a éste, «Su Magestad hizo mrd. al dho Don Pedro de Villa real para que en vida, o en muerte, por contrato o ultima disposizión, pudiese nombrar entre sus Hijos, o la persona que le pareziese para que suzediese en dho patronato, o en defeto de no dejar echo nombramiento el dho Don Pedro, le pudiese azer la persona que su poder hubiese» 39 —, heredó Pedro Bernardo la mitad de dos caserías llamadas de Andecoa de medio y todos sus pertenecidos en la anteiglesia de Frúniz. Don Sebastián, en cambio, heredó el mayorazgo de Villareal, y, en expectativa, el de Marutegui, que disfrutaba en usufructo su abuela, doña Josefa Gamboa. En 1669, cuando muere su padre, se encontraba en Flandes, como Capitán de Infantería. Regresó inmediatamente a España, y, vistas las resoluciones testamentarias, «puso contradicción en la Real Camara de Castilla, en la Sala de Justicia, diciendo le tocava a el la Casa de Berriz con lo a ella acesorio y el Patronato». Respecto a los hijos naturales, no parece que d o n j u á n Bautista de Villay me obligo con mis bienes y rentas, presentes y futuros a que los con que me doto y señalo para dho matrimonio son mios propios y los aseguro y abono como cavallero principal; y aziendo como tal declarazión cierta en el caso y para que siempre conste la verdad, la hago y asiento, de que tengo por mis bienes ademas y ultra de los declarados y espresados en este ynstrumentó la casa y solar de Alegría con sus pertenecidos y la otaua parte de la ferreria mayor de Fruniz y la mitad y la duodécima parte de la otra mitad de la ferreria tiradera de Cornabiz sitos en la anteyglesia de Arrieta y la casa y casería de Gastañaza con todos sus pertenezidos notoria en la anteyglesia de Abando, pero estos bienes rayces de casas, caserías, ferrerias y molinos tengo contratados y capitulados en la escriptura de contrato que ubo para mi matrimonio con la dha Doña Teresa de Legama mi mujer difunta y que paso ante J u a n Bautista de Larazaval escriuano del numero de la villa de Viluao ...» ARCHIVO DE PROTOCOLOS DE GUIPUZCOA (Oñate) 1-2404, fol. 7 v. y 8. 37 Sorprende que Gonzalo Manso de Zúñiga presente en sus «Cartas de Bilbao» (op. cit. Cuaderno 1.°, pág. 21) a don Sebastián de Villarreal como el «segundón» de la familia. 38 Vicente Urquiza, op. cit., pág. 11. 39 "El párrafo citado pertenece a la escritura de concordia entre doña María Saez de Andicano y don Sebastián de Villarreal, fechada el día 12 de julio de 1674, en Madrid. Escribanía de D. L e o n a r d o M a r c o s Pacheco. ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE MADRID.

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rreal y Gamboa heredara bienes raíces. Al menos no figuran éstos en el inventario realizado en 1720, en cuya relación sólo se mencionan bienes muebles: un ajuar de lo más variado compuesto de joyas refinadas, vestidos elegantes, vajillas y cuberterías de plata, cuadros, libros e instrumentos para el estudio de la matemática y de la física, bienes que estaban depositados en la torre de Uriarte, donde residió los últimos años de su vida 40 , y otros en poder de sus sobrinos, en especial de Pedro José («Perú»), hijos de su hermanastro don Pedro Bernardo 41 . Por el contrario, el otro hijo natural, don Pedro, que convivió con doña María Saez de Andicano, a la que además acompañó en sus desplazamientos a Madrid y a Viena, obtuvo las casas del Arenal bilbaíno, que vendió en 167142. Este Pedro se hizo sacerdote en la Ciudad de Trujillo, y, a su regreso de Indias, fue nombrado Beneficiado de la Parroquial de Bérriz y de la de Zaldívar cuando aún no contaba 26 años de edad. Desconozco la dote, si es que la hubo, otorgada a su hija Juana. Pero volvamos al pleito interpuesto por don Sebastián de Villarreal, que obligó a doña María Saez de Andicano a dejar su Mondragón natal y a trasladarse a Madrid en el otoño de 1670, para defender los intereses de su hijo Pedro Bernardo. Profundo será el giro que la vida de doña María experimentará desde el preciso momento en el que se establece en la Corte. En efecto, no sólo dejará encarrilado el litigio hasta su solución definitiva en 1674, sino que encontrará empleo entre la servidumbre palatina como Azafata de la infanta Margarita, hija de Felipe IV, además de beneficios y adelantos para sus hijos. «Fue dha D a María Saez Señora de grande talento y espediente^ en todo genero de dependencias como lo manifestó en sus empleos; adelantó la Gasa de Villalegre de su hija y a su herm° Dn Juan de Andicano, Conde Monterrón, que murió siendo del Consejo Rl., y a no aver sido tan temprana la muerte de dha d. a María Saez se cree huviera adelantado muchas fortunas especialmte. si no huviera muerto de primer parto la Sra. Emperatriz Marguerita, y en caso qe. viviese tenia animo declarado de llevar a Viena a su hijo el dho Dn. Pedro Berndo. aguardando a qe. tubiese edad» 43 . 40 Falleció en Lequeitio el 31 de mayo de 1731. Libro de Finados de Santa María de Lequeitio, 17-2, f. 8v. 41 Inventario de bienes de don Juan Bautista Villarreal y Gamboa, realizado en Lequeitio el día 27 de septiembre de 1720. A.T.U. Leg. L X I V . Teniendo en cuenta su origen, no sorprende que J u a n Bautista no heredara de su padre. El Fuero de Vizcaya era terminante en este sentido: (Tít. 20, Ley X I , fol. 56 v.) «(...) Y si hijos legítimos, ni naturales no oviere; y oviere hijos, que haya habido el home casado de alguna muger, ó la muger casada de algún home en vida del marido legitimo, ó el marido en vida de la muger legitima, ó otros incapaces, que los tales hijos, ó hijas, engendrados en dañado ayuntamiento, no puedan suceder, ni heredar en vida, ni en muerte, en bienes algunos del Padre: Salvo, si fuere legitimado por su Alteza (...)». Fuero Nuevo de Vizcaya. Introd. de Adrián Celaya Ibarra. Durango. Ed. Leopoldo Zugaza. 1976. 42 Tomo el dato de la venta de Joaquín del Valle de Lersundi, Notas biográficas..., op. cit., pág. 7. A este escrito corresponde también la cita del pleito. 43 Están sacadas estas frases de los Apuntes genealógicos citados en la nota n.° 13. Recordemos que están escritos hacia 1729; así se explica que se refieran a d o n j u á n de Andicano como miembro del Consejo Real y conde de Monterrón, empleo y título que no llegó a conocer su hermana.

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^ Vayamos por partes. En primer lugar, el pleito que litigaron don Sebastián de Villarreal y doña María Saez de Andicano, en nombre de su hijo don Pedro Bernardo, en el Real Consejo de la Cámara de Castilla «sobre los bienes... y especialmte. sobre las legítimas y otros dros. que an pretendido tener a la hacienda que quedo por muerte del dho Dn. P° (Don Pedro de Villarreal) en la Jurisdizon. de la anteiglesia de Verriz y la Merindad de Durango». La defensa de don Pedro Bernardo se basó en que «dhas haciendas le tocan en todo y por todo sin parte ni concurso del dho don Sevastián, su hermano, por haverse dotado el dho don Pedro su Padre con ellas para el matrimonio qe. contrajo con la dha Sra. D a M a Saez y ser conforme a los fueros de dho. Señorío de Vizcaia el qe. los vienes que se lleban para en favor de un matrimonio aian de ser precipuos p a los hijos qe. de el quedaren sin qe. los de otro matrimonio puedan pretender parte en ellos y porqe. asi bien en conformidad de la ultima disposizon. con que murió el dho don P° fue mejorado el dho P° Bdo. en el tercio y quinto». Después de tres años largos de estar la causa en suspenso, las dos partes llegaron a un acuerdo de ajuste y cesión, que firmaron en la escribanía madrileña de don Leonardo Marcos Pacheco, el día 12 de julio de 1674. Don Sebastián de Villarreal traspasó a su hermanastro los derechos que pudiera tener sobre los bienes objeto de querella, esto es, «la torre de Verriz, tres caserías acezorias, molinos, errerias, castañales, robledales, montes, tierras de senbrar, prados y otros qualesquiera vienes asi muebles como raices, qe. quedaron en la dha jurisdizon. de Verriz, y en Abadiano un molino caido, en Andicona la parte de un molino, y todas las dms. posesiones qe. se aliasen en la dha merindad de Durango, y dhas. anteyglesias, como si aqui se espresasen». En consecuencia, se comprometió don Sebastián a apartarse de la posesión que había hecho de las citadas propiedades desde 1670, y a reconocer como único propietario de las mismas a don Pedro Bernardo. Como contrapartida, recibiría de su hermanastro una renta anual de 70 ducados de vellón desde el 1.° de agosto de 1674 hasta que «llegue a subzeder en los viens. de la Sra. D a Josepha de Gamboa y Berriz su agüela, v a de la villa de Bergara, en Guipuzcoa, o se acomode por la Iglesia con renta eclesiástica». Completó este arreglo la escritura de concordia y ajuste suscrita en la misma fecha y escribanía sobre el Patronato de la Anteiglesia de Bérriz y su aneja de Garay. El convenio contenía la renuncia de don Sebastián a «qualquier derecho y azion que tenga y pueda tener a la mrd de dho Patronato a favor del dho Don Pedro Berdo. de Villareal su Hermano, y desde luego, se desiste y aparta del dho Pleyto y de qualquier derecho y azion que tenga, y consiente el que se despache zedula-titulo y carta vizcayna a favor del dho Don Pedro Berdo. su hermano, y suppca. a Su Magd. y a los señores del Consejo de la Camara le den el dho despacho para que el dho Don P° Berdo. goze eí dho patronato de S J u ° de Verriz y su anejo de Garay con todos sus diezmos, rentas, pechos y derechos, y todo lo perteneziente al dho. patronato desde el dia de la muerte del dho. Don Pedro de Villarreal, su Padre». Comprendía además el arreglo y concordia la donación hecha por doña María a don

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Sebastián de dos mil ducados de vellón «de una vez, para que los aya y cobre de las rentas caydas del dho. Patronato y de las personas que las tubiesen perzebidas, con declarazion que si el dicho Don Sebastian ubiere cobrado alguna cantd. de dhas. rentas se le a de descontar lo que asi ubiese reziuido de los dichos dos mili ducados. Y en caso que no ubiese cobrado cantidad alguna, y que de las rentas caydas del dho. Patronazgo no ubiere de donde perziuir enteramente los dhos. dos mili ducados, la dha. Señora D a María le a de pagar con dinero de contado la renta hasta el cumplimiento de los dhos. dos mili ducados, luego que se liquidare el valor de los frutos caydos»44. En conclusión, don Sebastián recibía, por su renuncia a la hacienda de Bérriz y al Patronato de su Iglesia, una dotación por una sola vez de 2.000 ducados de vellón, y una renta anual de 70 ducados mientras siguiera en situación de «desacomodo», esto es, hasta que heredara el mayorazgo de Marutegui, o bien encontrara empleo digno en la Iglesia, lo que aseguraría cualquiera de estas dos cosas unos ingresos conforme a su calidad. Se zanjaba así una discordia fraternal que había enturbiado la infancia de don Pedro Bernardo al privarle de su madre en el hogar de Mondragón. En efecto, fue el pleito, como decíamos, lo que obligó a doña María a residir en Madrid. Pero una vez en la Corte, sus indudables buenas prendas y relaciones la introducen en Palacio como Azafata de la infanta doña Margarita, prometida desde 1663 a Leopoldo I, emperador de Alemania. Antes de partir para Viena, obtuvo doña María el 24 de septiembre de 1672 «merced de 400 ducados al año p a su hijo dho. Dn. Pedro Berndo. en gastos secretos del bolsillo de S.M. por toda su vida y obtuvo también merced de dos vidas mas del Patronato de Berriz»45. Dos mercedes nada desdeñables, si bien la primera sería de difícil cobranza dados los agobios financieros de la Real Hacienda, particularmente en las últimas décadas del siglo XVII y en las primeras del XVIII46. En 1672 salía, pues, de Madrid doña María Saez de Andicano con destino a Viena a cumplir su empleo palatino. Le acompañaban en el viaje su yerno, el marqués de Villalegre, y su hijastro natural, Pedro. Poco tiempo duró la estancia en la capital del imperio alemán. En 1673 fallecía la emperatriz Margarita de sobreparto después de haber dado a luz una niña. En esas circunstancias, la madre de Pedro Bernardo regresa a Madrid, «y la dieron posada en Palacio con ración y honores de Azafata». Consigue doña 4 4 ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE MADRID Cesión

y ajuste,

y escritura

de

Concordia

y ajuste entre don Sebastián de Villarreal y doña M." Saez de Andicano. Escribanía de D. Leonardo Marcos Pacheco, 12 de julio de 1674. 10 folios. 45 A.T.U. Apuntes genealógicos, ya citados. 46 E n septiembre de 1688, se le debían 48.877 reales. U n a certificación de 9 de octubre de 1723 de la Contaduría General de la Distribución de la Rl. Hacienda señala que se le deben a don Pedro Bernardo 100.990 maravedís correspondientes a los años 1721 y 1722. El 9 de febrero de 1730, ante el escribano real del número de Lequeitio, Nicolás de Zatica, don Pedro Bernardo dona esta merced a su hijo segundo, el entonces brigadier don Pedro José. A.T.U., leg. 19, fase. 2.

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María, como hemos visto, solucionar el pleito con don Sebastián en 1674, y despejar así la sombra que se cernía en torno a la herencia de su hijo. Si en'la educación del mismo apenas había tenido tiempo de intervenir, sí lo tuvo al menos para dejarle una hacienda consistente y unos ingresos adicionales derivados de las mercedes reales otorgadas en 1672. A los pocos meses «de resulta de las fatigas del viaje la dio una enfermedad de qe. murió el año de (1674 ó 1675». Pero «su ración de Azafata» en la Corte pasaría a su hija doña Ana María por orden real 47 .

3. La formación académica de don Pedro Bernardo Los primeros años de la existencia de don Pedro Bernardo transcurrieron en Mondragón, en el hogar de los Andicano, un palacete majestuoso construido a mediados del siglo XVII en piedra de sillería con balconaje de hierro forjado y grandes escudos familiares en la fachada, situado al norte de la villa. Mondragón era una población amurallada, en la que aún se conservan tres de las cinco puertas que daban acceso al recinto; se encuentra al S.O. de la provincia de Guipúzcoa, en la confluencia de los valles que forman los ríos Deba y Aramaio, y de antiguo le viene la tradición industrial puesto que sus ferrerías, en las que se elaboraba todo tipo de utillajes y armas, se consideraban en los siglos XVII y XVIII como unas de las más afamadas en el país vasco. La vida social se regía predominantemente con criterios religiosos. Las autoridades eclesiásticas de Mondragón habían aprobado un edicto en 1674 para regular la vida de la comunidad. Durante la noche estaban prohibidas las rondas de los vecinos con armas y teas encendidas, reflejo claro de la conmoción que el incendio de 1666 había producido en la villa. Igualmente estaba vedado el uso de la daga «ni otro ynstrumento que no sea tan largo y de la medida de la espada de ley permitida». Especial atención prestaron a las cuestiones de moralidad ordenando «que las personas q. lex a mente estubieren casados y moraren y moran en esta V a (Villa) y en su jurison. (jurisdicción), no teniendo ympedimiento lex° (legitimo) de no poder vivir juntos en una casa haziendo vida maridable como son obligados, lo agan dentro de ocho días q. se les da por perent 0 (perentorio) termino. Y los amancebados serán castigados». En tiempo de oficios divinos, de misas y vísperas, no se podían hacer «juegos, ni aun los tolerados..., conbersaciones ni banquetes en tabernas publicas, posadas, ni en otro qualquiera parte y casa particular de la Villa ni su jurisdicción». No quedaron tampoco fuera de la consideración de aquellos sacerdotes las cuestiones ecológicas: no se permitía echar cal en los ríos públicos, así como pescar «con ynstrumento alguno en tiempos proividos ni tampoco en los que no lo son con remanga, esparabel, red barredera ni con otro ynstrumento proivido por ley..., ni tampoco echen en los dhos 47 Corresponden estos últimos datos y entrecomillados a los Apuntes biográficos, ya citados.

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ríos otros j eneros de yerbas q. sean nocivas p a la pesca»; los caminos debían ser atendidos por los propios vecinos en razón del tamaño de su hacienda «para que no ynpidan ni enbarazen a los que pasan». Estaba también prohibida la mendicidad pública y la venta de ganado fuera de la jurisdicción de la Villa 48 . Aquí pasaría don Pedro Bernardo la infancia —y, terminados sus estudios, parte de su juventud—, al cuidado de familiares solícitos, en un ambiente cálido y todo lo feliz que podía ser dada la ausencia, ocurrida muy tempranamente, de los progenitores en el núcleo familiar y contando sólo con hermanastros que le llevaban muchos años de diferencia. Huérfano de padre, como ya hemos dicho, apenas pasado su primer año de vida, y carente de la presencia de su madre desde entonces, la educación de Pedro Bernardo fue encargada, tras su orfandad total en 1675, a su tío d o n j u á n de Andicano, nombrado tutor del pequeño, y a su hermanastro don Mateo Nicolás de Aranguren, quien se preocupó particularmente de los asuntos económicos. Como era usual en las familias de este estamento social, a los seis o siete años empezó una enseñanza formal impartida en su propia casa, y después en los centros docentes de la región. El inicio de la etapa escolar supuso sin duda la primera cisura de su experiencia vital separando la infancia de la adolescencia. Comenzó el aprendizaje en Mondragón, pero inmediatamente pasó al Colegio de la Compañía de Jesús, en Vergara, a escasa distancia del hogar familiar. El Colegio había sido fundado en 1593 gracias a la dotación de una genovesa, Magdalena Centurione, viuda de Agustín Espinóla, que dejó 1.800 ducados de renta anual «para que se instituyese e fundase un colegio Iglesia e casa de la dicha Compañía en una de las tres provincias del Vascuence, en la parte y lugar que a la dicha Compañía y religión le pareciese... para que en ella se celebrasen las horas y divinos oficios y se enseñase la doctrina cristiana y se leyesen las Ciencias de Artes y Teología y otras convenientes...»49. En Vergara cursó la Gramática, es decir, los estudios medios que, aunque carentes de sustantividad propia, facilitaban el acceso a las carreras universitarias. En este tipo de enseñanza descollaban los colegios de la Compañía de Jesús con un alumnado que, sin ser ni mucho menos excluyente, estaba constituido en buena medida por los hijos de las familias más poderosas del Reino. Frente a la rutina practicada en los otros centros, los jesuítas habían sabido no sólo renovar las materias de estudio sino también la didáctica de su conocimiento, reuniendo el fruto de sus experiencias en ese monumento pedagógico que fue su «Ratio Studiorum» 50 . Aspiraban a

48 Edicto de buen gobierno, aprobado por los Señores Curas de las parroquiales de la Villa de Mondragón y de las anteiglesias de Uribarri, Garaigaza, Guesalibar y Udala de su jurisdicción. Mondragón, 6 d e o c t u b r e d e 1674. ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGÓN leg. 2. Sección A. N e g . 1.

49 Tomo la cita de Jesús Arpal Poblador: «Notas sobre antiguos Centros Docentes en Vergara», en Los antiguos centros docentes españoles. San Sebastián. 1975, pp. 164 y ss. Probablemente, como sugiere Arpal, la elección de una provincia vasca como sede de su fundación se debiera a su conocimiento de Ignacio de Loyola o de algún otro jesuíta vasco que pasara por Italia. 50 Manuel Revuelta González: «Los Colegios de la Compañía de Jesús: Tres momentos de su evolución histórica», en Razóny Fe, n.° 1017 (abril, 1983), pp. 363 a 375, especialmente pp. 364 a 367.


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la formación integral y al desarrollo armónico de todas las facultades de sus alumnos ofreciéndoles una gama variada de asignaturas en las que se combinaban los saberes clásicos, las lenguas bíblicas, la teología y filosofía, con la matemática, física, historia, geografía y ciencias de la naturaleza, no estando ausentes en determinados centros la práctica de la esgrima y equitación. Completó el aprendizaje de los estudios secundarios en otro Colegio, probablemente también de la Compañía, en Pamplona, en el que hizo dos años de Filosofía. El plan de estudios seguido en Vergara y en Pamplona no diferiría mucho del que se aplicaba en los Reales Estudios del Colegio Imperial, institución educativa madrileña confiada por Felipe I V a los jesuitas en 1625, y cuya planificación era como sigue: A) Estudios Menores de la Gramática Latina I. Primera clase de incipientes para decorar el arte de declinar y conjugar. II. De mínimos para el conocimiento y uso de las partes de la oración. III. De menores para leer pretéritos y supinos y algunos principios de sintaxis, y empezar a componer en latín. IV. De medianos para leer más cumplidamente la sintaxis y componer congruentemente, y para leer los principios de la prosodia. V. De mayores para leer más cumplidamente la prosodia, componer versos, aprender estilo: y en esta clase se ha de aprender a leer, declinar y conjugar la lengua griega. B) Estudios Mayores I. Primera cátedra de erudición donde se ha de leer la parte que llaman de crítica para interpretar, enmendar y suplir lugares más dificultosos de los autores de todas facultades, y los ritos y costumbres antiguos, disponiéndolas por materias como de los anillos, de las coronas, de las bodas, etc. Al maestro desta clase ha de tocar el presidir las academias que se hicieren destas y de otras materias. II. De griego para leer e interpretar un día orador y otro poeta alternativamente. III. De hebreo para leer cada día una hora, media de gramática y otra media de la interpretación gramatical de algún libro de la Sagrada Escritura. IV. De caldeo y siríaco para leer ansimismo una hora cada día: media de la gramática destas lenguas y otra media de la interpretación gramatical de algún libro de la Sagrada Escritura o del paraphraste. . V. De historia cronológica para leer el cómputo de la Historia Universal del mundo y de las particulares de reinos y provincias, así divinas como profanas. FUNDACIÓN JU ANELO TURRIANO


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VI. De súmula y lógica para leer estas facultades. VII. De Filosofía natural para leer la física, los dos libros de la generación y corrupción, los tres de Goelo y el cuarto de meteoros. VIII. De metafísica para leer los tres de anima la metafísica y de anima separada. IX. De matemática, donde un maestro por la mañana leerá la esfera, astrología, astronomía, astrolabio, perspectiva y pronóstico. X. De matemática, donde otro maestro diferente leerá por la tarde la geografía, hidrografía y de relojes. XI. De ética para interpretar la de Aristóteles sin mezclar cuestiones de teología moral. XII. De políticas y económicas para interpretar asimismo las de Aristóteles ajustando la razón de estado con la conciencia, religión y fe católica. X I I I . Donde se interpreten Polibio y Vejecio de re militari y se lea la antigüedad y erudición que hay acerca de esta materia. XIV. Para leer de las partes y la historia de los animales, aves y plantas y de la naturaleza de las piedras y minerales. XV. De las sectas, opiniones y pareceres de los antiguos filósofos. XVI. De teología moral y casos de conciencia. 51 X V I I . De la Sagrada Escriptura para interpretalla a la letra . Terminada la formación de los estudios medios, Pedro Bernardo se trasladó a Salamanca para cursar Cánones, siguiendo así la tradición familiar de los Andicano. Tenía entonces quince años, ya que su ingreso en la Universidad se produjo el 22 de noviembre de 168452. La Universidad de Salamanca seguía ostentando el primer puesto por su prestigio, no obstante lo cual había decaído notablemente a lo largo del siglo X V I I , como todas las demás instituciones universitarias del Estado, en un movimiento generalizado de atonía y estancamiento en el que el descenso de la matrícula estudiantil constituía un elocuente indicador del fenómeno, si bien no el único. En el curso 1584-1585, en el tiempo de su máximo esplendor, se matricularon en la Universidad salmantina 6.778 estudiantes; en 1700, sólo 86553. Esta trayectoria no sorprende en absoluto, se ajusta plenamente a la propia historia 51 Antonio Aparisi Mocholi: La enseñanza m Madrid en el siglo XVIII. Madrid. 1978, pp. 13 a 15. La documentación relativa a esta organización de estudios concluye advirtiendo «que por todo son 23 cátedras por las cuales se han de poner otros tantos maestros y dos prefectos, uno de Estudios Menores y otro de Estudios Mayores, y un Maestro no ha de leer dos cátedras sino cada uno la suya». 52 A.U.S. Libro de grados y matrículas, curso 1684-85, signatura 389, f. 32v. 53 Antonio Domínguez Ortiz: El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. (Historia de España dirigida por M . Artola). Madrid. 1988, p. 376.

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nacional que vive desde 1640 una etapa de decadencia sostenida que se extiende hasta bien entrado el siglo XVIII54. ¿Cómo era la Salamanca que acogió a Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz? Una ciudad, como todas las del Reino, decadente, que sólo recordaba el grado de desarrollo alcanzado en la centuria anterior por el mantenimiento de una estructura gremial muy diversificada y unas instituciones universitarias que seguían estando a la cabeza de las del país. A principios del siglo XVII se registraban en la ciudad «30 impresores, 43 libreros, 28 escribanos, 30 procuradores, 12 maestros de niños, 38 roperos, 11 cereros, 12 boticarios, 7 bordadores, 12 pintores, 120 sastres, 34 cordoneros, 24 plateros, 12 mercaderes, 52 carpinteros, 50 canteros, 40 sombrereros, 39 herreros, 120 tenderos de comestibles, 100 hortelanos, 170 aguadores, y había 30 hornos de cocer pan; esto era al comenzar el siglo, pues á su conclusión fue general la decadencia» 55 . Aunque, en efecto, se hubiera reducido en los años 80 de ese siglo el número de los agremiados, la fuerte presencia que aún se daba de impresores, libreros, sastres, sombrereros, plateros, escribanos y procuradores, y de manera especial, estudiantes, era vestigio innegable de su grandeza pasada, signo de una actividad que a duras penas podía mantener la ciudad durante esta centuria dado el estado general de aletargamiento, consecuencia del hundimiento económico, social y político que se padece con los Austrias menores en todo el territorio nacional. A lo largo de todo el siglo, y especialmente en la década de los ochenta, Salamanca padece una grave crisis económica, resultado de una serie de cortas cosechas debidas a sequías, plagas, temporales y avenidas del Tormes padecidos en las huertas y campos salmantinos. La crónica de este tiempo se limita, en efecto, a la relación de dos tipos de sucesos: los que se relacionan con el problema económico indicado al que se quiere hacer frente mediante la celebración de rogativas y de manera más inmediata embargando el trigo de las rentas decimales «para atender a la subsistencia del pueblo», y, segundo, los alborotos, que no fueron pocos, ni menos dramáticos que los anteriores, ocasionados por la población estudiantil 56 . Como centro universitario, contaba Salamanca con su Universidad, 4 Colegios mayores, 19 menores y 4 de las Órdenes Militares. Pedro Bernardo residiría en uno de estos Colegios Mayores, probablemente en el denominado del Arzobispo, donde había estado su tío, don Juan de Andicano, en 1652. El Colegio había sido fundado en 1521 por el entonces arzobispo de Santiago, y después de Toledo, don Alonso de Fonseca y Acebedo. Diseñado para 22 colegiales de voto, 2 capellanes y 4 familiares, puesto bajo la advocación de Santiago Cebedeo, el Colegio se rigió en un principio por las constituciones del Mayor de Santa Cruz, de Valladolid, que fueron posteriormen54 Richard L. Kagan: «Las Universidades en Castilla, 1500-1700», en J o h n H. Elliott (ed.): Poder 'y Sociedad en la España de los Austrias. Barcelona. 1982, pp. 57-89. 55 M . Villar y Macías: Historia de Salamanca. Salamanca. 1887, 3 vols., tomo II, pp. 492-3. 56 Vid. M. Villar y Macias, op. cit., pág. 485.

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te modificadas a mediados del siglo XVI. El uniforme usado por sus estudiantes era un «manto escotado pardo y ancha beca de grana». Todas las procesiones de Semana Santa, de Pascua de Resurrección y de la Cruz de Mayo, pasaban por el Colegio, «entrando en su capilla y cruzaban después por delante de los bancos donde estaba sentada la comunidad» 57 . Sólo un año duró la estancia de Pedro Bernardo en Salamanca. La graduación de Bachiller en Cánones no requería en aquel tiempo una permanencia prolongada del estudiante en la Universidad. En unos seis meses se podía perfectamente alcanzar el título indicado. La formación y actividad universitaria se continuaba, no obstante, en años sucesivos dedicados a las lecturas, conferencias, actos de conclusiones, culminando la carrera con las substituciones a cátedras de propiedad y lecciones de oposición, tras la obtención de las graduaciones pertinentes. Todo lo cual facultaba al colegial para pretender con el tiempo, más corto si se contaba con influencias, un cargo importante en la administración de la Monarquía. No fue éste el caso de nuestro personaje. No tenía vocación de burócrata, y, en cambio, ardía en deseos de emanciparse para administrar directamente su hacienda. Renunció, pues, a completar su formación jurídica, dejó la Universidad y regresó al País Vasco. En 1687, a los 18 años de edad, logró la emancipación 58 , iniciando así una nueva etapa en su vida, en la que se integra decididamente en la vida social, económica y política de su tiempo, en Bérriz y en Mondragón. «Desde que me emancipé á los diez y ocho años de mi edad — confiesa el propio Pedro Bernardo— (en que emprendí el reedificio desde los cimientos de unas Herrerías) en quarenta y ocho años continuos apenas me han faltado Obras en mi hacienda, y la de mis hijos, siendo las mas en Herrerías, y Molinos...» 59 . No obstante, pasó también algunas temporadas en la Corte cultivando la vida de relación social. Aprovecharía precisamente su primera estancia en Madrid para gestionar la tramitación para cruzarse Caballero de Santiago.

4. Estancia en la Corte: ingreso en la Orden de Santiago Pedro Bernardo no era un desconocido en Madrid. Aparte el recuerdo dejado por su madre en Palacio, su tío D. J u a n de Andicano, conde Monte57 Ibídem, pp. 298 a 300. 58 El Fuero de Vizcaya establecía que la tutela de los menores duraba hasta la edad de los 25 años, pero «que hay algunos menores, que antes del dicho tiempo son suficientes, sagazes, é diligentes, y tales, que pueden gobernar á si, y á sus bienes. Por ende, dixeron: Que ordenaban, y establecían por Ley, que qualquier Home, ó Muger, que fuere de edad de diez y ocho años cumplidos, pueda parecer ante su Juez, y darle información de como es de la dicha edad, y de tal entendimiento, sagaz, y diligente, que bien puede por sí regir, y guardar, aliñar, y administrar á si, y á sus bienes, sin los tales Curadores; y el Juez havida información (constándole de la dicha edad, y suficiencia) le declare por tal, y le mande sacar del dicho poderío de los tales Curadores, y que dén, y entreguen los Curadores al tal menor, todos sus bienes, con sus frutos, y rentas». (Fuero Nuevo de Vizcaya, op. cit., tít. 22, Ley II, fol. 63 y v.) 59 Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, op. cit., prólogo sin paginar.

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rrón, pertenecía al Consejo de Castilla, y sus hermanos, D. José de Manrique, marqués de Villalegre, casado con doña Ana M. a de Aranguren y Andicano, formaban parte de la servidumbre palatina. Contó, pues, con buenos introductores en los salones de la nobleza cortesana. Su primer viaje a la capital del reino parece que lo hizo en 1689 con una finalidad muy concreta: convertirse en Caballero. Para ello era indispensable perfeccionar su formación social, pulir sus modales para acercarse al ideal cortesano, superando su natural «encogimiento Vizcayno» 60 , y solicitar el correspondiente ingreso en una orden de caballería. Para conseguir sus objetivos, Pedro Bernardo empieza por tomar «lection de Espada y de montar á C avallo en la Priora de Palacio»61. Asistiría a los espectáculos —en especial a las representaciones teatrales— que en la Corte ofrecían una variedad y frecuencia desconocidas en provincias, haría las pertinentes «visitas de cumplido» acompañando a sus familiares, cultivando una relación necesaria para promocionarse y significar algo en los medios sociales nobiliarios. Probablemente la casa que más visitara, si es que no residía en ella, sería la de d o n j u á n de Andicano. Estaba situada en la calle de la Ballesta, entre las grandes arterias de Fuencarral y San Bernardo, uno de los espacios preferidos por los madrileños de cierta fortuna 62 . Disponía de una «librería» (lo que nosotros hoy llamamos biblioteca), valorada en 1691 en 12.974 reales, con 564 títulos y 815 volúmenes, cuya distribución por materias era la siguiente: Derecho (civil y canónico), Jurisprudencia: 59 por cien Teología y Moral: 25 por cien Historia y Literatura: 16 por cien Aunque no fuera el caso de ésta, las librerías de algunos consejeros de Castilla figuraban entre las más importantes del siglo63. Pedro Bernardo pudo muy bien, por mediación de su tío, llegar a conocerlas y consultarlas. En cualquier caso, siempre demostró una profunda pasión por los libros, cuya adquisición encargó de manera periódica, no desaprovechando oportunidad alguna para hacerse con las novedades publicadas, o venales, en Italia, Flandes, Francia o Inglaterra. 60 En una carta que su primo, d o n j u á n Antonio de Andicano, le envía desde Salamanca el 3 de junio de 1688, hablando de otro primo (D. Bartolomé de Otálora), que ha salido para Madrid, se dice: «Va muy gustoso y ensayado en las ceremonias cortesanas que a procurado estudiar conmigo para poder entrar en los estrados con desaogo desmintiendo el encogimiento natural de Vizcayno». Y añade: «No obstante, le temo mucho en la práctica. Dios le de buen juicio logrando el mérito de su cuidado y aplicación». A.T.U., leg. 15, fase. 2, doc. 5. 61 A.T.U., Apuntes genealógico citados. Joaquín del Valle de Lersundi, Notas biográficas..., op. cit., pág. 14. 62 Según la información que proporciona J . Fayard, op. cit., acerca de los domicilios de los madrileños que poseían carruaje en 1684. En este sentido, indicaremos que, según la misma fuente, D. J u a n de Andicano había comprado en 1691 un carruaje que le costó 7.557 reales (sólo las • cuatro muías de que se componía valían 4.300 reales), (pp. 411 y 431 —nota 99—, respectivamente). 63 Ibídem, pág. 461. La referencia sobre la biblioteca de Andicano figura en la página 466.

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Pero el objeto principal de su estancia en Madrid era solicitar su ingreso en la Orden de Santiago. A ella pertenecían ya para esas fechas sus familiares Don Mateo Nicolás de Aranguren y Andicano, D o n j u á n de Andicano y sus hijos D. J u a n Antonio y D. Joaquín, y D. J u a n Bautista de Villarreal y Gamboa. Otros miembros de su familia tenían el hábito de Calatrava. En su Mondragón natal no eran pocos los vecinos que eran Caballeros, particularmente de la Orden de Santiago 64 . Por encima de las ventajas económicas adicionales derivadas de la posesión del hábito 6 5 , ingresar en una orden militar añadía un prestigio, un signo de distinción, nada desdeñables en un país, el vasco, en el que casi todos eran hidalgos. Durante el siglo X V I I se había registrado un crecimiento notable de las solicitudes al hábito de caballero. Para la población no vasca, ser caballero de hábito implicaba pertenecer a la hidalguía y pulir su lustre con la incorporación del nuevo título, cuyo valor radicaba en su tradición histórica. «Los "caballeros de hábito" - escribe L. P. Wright no constituían un rango especial en la jerarquía castellana, pero sí que poseían un carácter institucional distintivo en virtud de la tradición histórica que las Órdenes personificaban. Era este sentido de identidad y en particular la garantía de nobleza que ello implicaba lo que dio al hábito su lugar en el cursus honorum aristocrático. Sin embargo, sólo puede entenderse la intensidad de la solicitud de hábitos militares en términos de una sociedad que excluía de sus altos cargos no sólo a los de origen bajo sino también a los sospechosos por motivos raciales» 66 . La estructura formal de la Orden militar de Santiago estaba definida en un Reglamento que comprendía dos títulos (I: De las calidades que ha de tener el caballero; II: Del Interrogatorio e Informaciones) con 12 y 13 capítulos respectivamente —alguno de los cuales se había introducido en 1653 con el fin de devolver al proceso de información su antiguo rigor—. Las condiciones exigidas al aspirante de hábito eran las que siguen: I. «Que el que hubiere de tener el Hábito de nuestra Orden sea Hijodalgo de sangre, y su padre, y madre, abuelos, y abuelas, y no de privilegio. 64 En la «muestra de armas» de los caballeros hijosdalgo de la villa, realizada el 23 de septiembre de 1691 se presentaron 252, de los cuales cinco eran Caballeros de la Orden de Santiago. ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGON, L e g . 2, S e c c i ó n A , N e g . 1

65 El «caballerato» proporcionaba a d o n j u á n Antonio de Andicano en 1691, 400 ducados de renta. Carta del Conde de Monterrón a D. Andrés <k Ansótegui (Madrid, 31 de mayo de 1691). A.H.D.V. Sección Varios. Fondo Ansótegui. Primera Caja. Es un fondo documental de correspondencia a Ansótegui, caballero de Calatrava, gobernador de los Puertos y Aduanas de Cantabria, que recientemente ha adquirido la Diputación foral y que aún se encuentra sin catalogar. Gracias a la amabilidad del Director del Archivo de la Diputación, don Aingeru Zabala, y a la de doña Carmen Unceta, pude conocer y consultar esta valiosa correspondencia en la que aparecen muchas cartas escritas por don Pedro Bernardo. 66 «Las Ordenes Militares en la Sociedad española de los siglos XVI y XVII. La encarnación institucional de una tradición histórica», en J o h n H. Elliott (ed.): Podery sociedad..., op. cit.,pág. 33.

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II. Que los que hubieren de tener el Hábito de nuestra Orden sean legítimos, o naturales, y los que fueren bastardos, no le puedan tener. III. Que ninguno que tuviere raza de Judío, ni Moro, ni converso, en ningún grado, por remoto que sea, pueda tener el Hábito. IV. Que los condenados por el Santo Oñcio de la Inquisición, y sus descendientes, hasta el cuarto grado, no puedan tener el Hábito de la Orden. V. Que no se dé el Hábito a los que hubieren usado ellos, o sus padres, o abuelos, por sí, o por otros oficios mecánicos, o viles aquí declarados67. VI. Que se ponga en el Interrogatorio de las informaciones, si aquel cuya información se hace está infamado en caso grave, y feo. VII. Que no se dé el Hábito a persona alguna, hasta que haya siete años de edad cumplidos por lo menos. V I I I . Que no se dé el Hábito al que hubiere sido reptado (retado), sino se salvó del repto. IX. Que cuando a pedimento nuestro se dispensare con algún Caballero, se ponga en el título, y provisión el defecto sobre el que fuere dispensado. X. De cómo han de ser examinados los testigos en las informaciones de los Caballeros que pretenden el Hábito de Santiago. XI. Que los Capellanes hagan libro de los que recibieren el Hábito. XII. Que todos saquen el título, y fe como reciben el Hábito» 68 . Por lo que respecta al interrogatorio que se planteaba a los testigos —en el reinado de Carlos II se procuraba que fuese el mayor número posible—, las preguntas se referían a la calidad del pretendiente examinada a la luz de las condiciones señaladas anteriormente, a las que se añadía si el aspirante a 67 Por su interés para conocer la mentalidad de la época reproduzco el capítulo aprobado en Toledo en 1560, y ratificado en 1653, relativo a los oficios: «Establecemos, y mandamos, que no se pueda dar el Hábito a ninguno que haya sido mercader, o cambiador, o haya tenido oficio vil, o mecánico, o sea hijo, o nieto de los que han tenido lo uno, o lo otro, aunque pruebe ser Hijodalgo. Y declaramos, que mercader se entiende para este efecto, aquel que haya tenido tienda de cualquier género de mercancía que sea, residiendo en ella por su persona, o por sus ministros; y cambiadores, los que tienen banco público y tienen por trato dar dineros a cambio por sí, o por sus factores. Y oficios viles, y mecánicos, se entienden, platero, o pintor, que lo tenga por oficio, bordador, canteros, mesoneros, taberneros, escribanos, que no sean Secretarios del Rey, o de cualquier persona Real; procuradores públicos, o otros oficios semejantes a estos, o inferiores de ellos, como son sastres, y otros semejantes, que viven por el trabajo de sus manos. Y asimismo no se reciban al Hábito de la Orden mujeres que vivan con otras, ni sirvan a nadie, sino mujeres principales, y que sean hijas de hombres de calidad». Tomo la cita de Vicente de •Cadenas y Vicent: Caballeros de la Orden de Santiago. Siglo pág. 13. 68 Ibídem, pp. 11 a 24.

XVIII.

Madrid. 1977-9, 4 vols., vol. I,

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Caballero «sabe, y puede andar a caballo, y lo tiene, y cómo, y de qué manera lo saben» 69 . La información la realizaban «un Caballero y un Freyle de la Orden juntamente», que se desplazaban a los lugares de donde eran originarios el solicitante y sus ascedientes, y allí reunían y verificaban la documentación, que constituía las «pruebas» del interesado, expediente que posteriormente se remitía al Consejo de Órdenes, y, una vez visto en este Consejo, al Archivo de Uclés. Aceptada por el Monarca la solicitud del pretendiente, durante su noviciado, esto es, después de tomar el hábito y antes de los votos de profesión, el recién caballero debía servir por un período de seis meses en las galeras reales y residir durante cierto tiempo en el convento de Uclés con el fin de familiarizarse con la vida militar y religiosa, propias de la Orden de Caballería. No obstante, en la práctica el Monarca podía dispensar del cumplimiento de ambas obligaciones. Este fue el caso de don Pedro Bernardo, como veremos en seguida. Presentada la solicitud de ingreso, Carlos II concedió el hábito de la Orden de Santiago a don Pedro Bernardo por la cédula fechada en Madrid el día 30 de mayo de 1690. La información pertinente la llevaron a efecto los delegados D. Joseph de Barrutia y Cordova, caballero, y el Religioso D. Pedro de Barrutia y Salinas, quienes se desplazaron a Mondragón, Bérriz y Bilbao para hacer el interrogatorio, y comprobar durante los meses de julio y agosto de ese mismo año la veracidad de los testimonios presentados mediante las oportunas certificaciones de partidas de bautismo, de casamiento y testamentos otorgados por los ascendientes hasta el grado tercero y, en algún caso, hasta el cuarto. Se probó también la limpieza de la genealogía con otros actos positivos relativos a sus familiares más directos: el ejercicio de oficios municipales en la Villa de Bilbao, la pertenencia a las órdenes militares de Calatrava y Santiago, la calidad de colegial del Arzobispo, de Salamanca, actos todos ellos que implicaban nobleza y pureza de sangre. Por la real cédula firmada en Madrid, el día 13 de agosto de 1690, Carlos II accedía a que se le armara caballero «con los actos, zeremonias y las otras cossas que en tal casso se acostumbran». Mandaba el Monarca a don Pedro Bernardo «que dentro de quatro meses embie a mi Consejo de las Órdenes fee authentica de haverle recivido y en que dia con apercivimiento que hasta haverlo hecho no se le admitira a la profession expressa que en la dicha Orden deve hazer. Y que assi mismo —añadía— vaya a estar y residir en mis Galeras seis meses cumplidos navegando en ellas..., (y después) se vaya al Combento de Uclés, y este en el tiempo de su aprobación aprehendiendo la Regla de la dicha Orden...» 70 . Sin embargo, don Pedro Bernardo solicitó la dispensa de estas obligaciones, como dijimos líneas atrás, y el Monarca la concedió el 14 de abril de 1692, previo el pago de 150 ducados por librarse del servicio de las galeras, y 69 Tít. II, cap. 1.°, punto 7. Ibídem, pág. 18. 70 Pruebas para el hábito..., ya citadas.

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de 100 ducados por sustituir la estancia en el convento de Uclés por la asistencia a dos misas en el convento de San Agustín, de la villa de Mondragón, en donde por entonces residía nuestro caballero. Cumplidas estas formalidades, la profesión de don Pedro Bernardo Villarreal en esta Orden se realizó igualmente en Mondragón, y no en Uclés como mandaba el Reglamento 71 .

71 Ibidem.

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C A P Í T U L O II

MATRIMONIO Y ASENTAMIENTO EN LA VILLA DE LEQUEITIO

1. El Lequeitio ele principios del siglo XVIII DISPONEMOS DE DOS FUENTES EXCEPCIONALES para conocer la morfología urbana de esta villa vizcaína. La primera es una descripción anónima que se hizo en 1735, a la que en 1796 se le incorporaron unas Adiciones realizadas por J u a n Ramón de Iturriza y Zabala, y que Pedro Aguado Bleye prologó y transcribió en 19211. De unos años más tarde, hacia 1740, data la segunda fuente a la que nos referimos. Se trata también de una descripción que, en este caso, fue prologada y transcrita por Angel Rodríguez 2 . Seguiremos básicamente estas fuentes en este apartado. Lequeitio es un municipio situado en la comarca de Marquina, en una de las partes más accidentadas de la costa cantábrica, entre las laderas del monte Ontoyo y la desembocadura del río Lea. Tradicionalmente fue un núcleo pesquero, comerciante y ferrón, que gozó en el pasado de una significación que fue perdiendo de manera progresiva, y especialmente al iniciarse la industrialización en el siglo XIX. En las Juntas Generales del Señorío, ocupaba el quinto asiento y voto entre las Villas, inmediatamente después de Bermeo, Bilbao, Durango y la ciudad de Orduña. Como tantas otras entidades de población de aquella época, estaba rodeada por una muralla que se franqueaba por las puertas de Elixatzea, Atea, llamada también de Nuestra Señora de la Esperanza, Zumatzeta, Apalloa, Arranegui, llamada igualmente de Nuestra Señora del Buen Viaje, San Nicolás Tolentino y 1 La Villa de Lequeitio en el siglo XVIII. Descripción anónima. Prólogo y transcrición de Pedro Aguado Bleye. Bilbao. 1921. Las citas que se hagan, están sacadas de esta edición, que citaremos en lo sucesivo La villa de Lequeitio (1735). El manuscrito Descripcióny Antigüedades de la N. Villa de Lequeitio se conserva en su ARCHIVO MUNICIPAL Año 1735, Registro 40 N.° 1, fol. 357. 2 «Descripción sumaria de la villa de Lequeitio». Transcripción, prólogo y notas de Angel Rodríguez, en Estudios vizcaínos I, n.° 2 Bilbao, 1970. Citaremos en adelante «Descripción sumaria...» (1740).

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Santísima Trinidad 3 . Su emplazamiento montuoso determinó un trazado urbanístico irregular, con calles quebradas que acogían a unas 300 casas, «de ellas ochenta y más de buena fábrica, y de éstas veinte y cinco y más sobresalientes»4. Los lugares más significativos eran la Plaza Mayor en la que destacaba la Casa Consistorial, construida entre 1706 y 1721, con fachada «de piedra labrada con quatro arcos; tiene quatro ventanas grandes rasgadas y un balcón de fierro de 54 pies de largo, labrado con primor, pues todos los balaustres son de doble ojeado». Cerca de la Plaza se erguía la grandiosa Iglesia Parroquial consagrada a Santa María de la Asunción, con dieciocho beneficiados («diez de entera ración...; quatro, de media, y los otros quatro, de quarta»), matriz respecto de las de Ispáster, Amoroto, Guizaburuaga, Mendej a y Bedarona, de fábrica «más rica y sumptuosa, por de fuera toda de piedra labrada caliza, y por dentro lo mesmo, fuera de los pillastrones, arcos y lazos de bóvedas, que son de arenisca, es de tres naves con muy buenas bóvedas; la principal es mucho más alta que las otras dos; tiene de alto noventa pies; desde el prebisterio al altar maior está de piedra jaspe pulimentada, con rejadura de fierro, dorados los ojeados y botones; todo el pisso de dichas tres naves se entabló el año 1731, que antes era de losas, y, por la continuación de los entierros, estaban con grande desnivelación». Su retablo mayor es de obra gótica filigranada, «es de la mesma calidad y mejor que el de la Santa Iglesia Patriarchal de la Ciudad de Sevilla, y como el celebrado de la Cappilla Real de los Señores Reyes Cathólicos en Granada», aunque con el tiempo «se ha deslucido mucho y se le han caído algunas piezas de lo filigranado y tiene gran necesidad de limpiar y componerle». Lugar de encuentro por excelencia era «la plazuela, mentidero o Guzurmendia», arriba de la Plaza Mayor, situada cerca de la plazuela llamada Gamarrecoplazia, donde se vendía fruta. En el barrio de Arranegui, «está el cai o el paradero de las chalupas y naviochuelos, y la Lonja de San Pedro, donde se vende el pescado». El puerto era en 1735 «malo, asi por naturaleza, como por los pocos medios que ha habido para abonarle..., en mareas vivas podrá haber agua para navio con carga de 60 toneladas; en las muertas, apenas para de 20». Subiendo por la calle de Atea, a la derecha, «hay un recuesto para el barrio llamado antes Uñarte, agora de las Monjas». En este barrio, a la falda superior de Lumencha, está situada la Torre de los Bengolea (Torre de Uñarte) —a la que nos referiremos por separado—, lugar de residencia permanente de Pedro Bernardo desde su matrimonio, junto al convento de las Dominicas, que es «antiquíssimo, pues hay tradición fué beatorio en vida del Fundador y Patriarcha de su esclarecida religión Santo Domingo, y Convento quando San Vicente Ferrer andaba en missiones. Este Santo predicó en la iglesia de este Convento, como también en la Parroquial». Había también en la Villa un Colegio de la Compañía de Jesús, que había sido fundado 3 Francisco de Ocamica y Goitisolo: La Villa de Lequeitio. Bilbao. 1965, pág. 36. 4 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pág. 5.

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hacía pocos años, en 1688, por el Capitán don José de Mendiola y su mujer doña María Pérez de Bengolea, tíos de doña Mariana Rosa 5 . Residían por entonces en el Colegio cinco padres jesuítas que regentaban una escuela de primeras letras e impartían estudios de Gramática. En ese año de 1735 estaban construyendo su Iglesia gracias a las aportaciones generosas de algunos vecinos y a la de algún indiano. Completaban las edificaciones religiosas seis ermitas radicadas en la jurisdicción de la villa. En el censo realizado en 1712 se registraron 234 fogueras en Lequeitio. En el conjunto de Villas del Señorío (21 en total, incluyendo la ciudad de Orduña), figuraba en este sentido en el cuarto lugar, sólo superada por Bilbao (1.300 fogueras), Durango (323), Bermeo (305) y Elorrio (270)6. Nada mejor que la descripción de 1735 para conocer algunos rasgos de la idiosincrasia de aquellas gentes lequeitianas y de las actividades que los ocupaban. «La manutención del pueblo, en lo general, consiste en la pesquería, viajes de ballenas, vacallao y viñedo, que estos años se ha aumentado mucho su fruto; hecho cálculo al quinquenio, producirá de 12 a 14 mil ducados al año, que regularmente es suficiente para el consumo, por no ser lugar de passo, y en él solamente entran los que tienen que hacer su negocio; el vino se llama chacolín. Sus habitantes son económicos y bien entendidos; algunos son mathemáticos y enseñan pilotage; hay al presente sobre 70 Pilotos que han estudiado en esta villa navegando con mucho crédito en las Armas Reales y navios de particulares. Son también dados al comercio, el que no se puede adelantar, porque no hay salida para Castilla de este puerto, sino solo de pescado fresco, por hallarse la villa de Bilbao mucho más cerca de ella, con buenos caminos y otras grandes conveniencias. Tratan algunos en fierro; llegarán a nueve mil quintales los que se labran en toda la ría, que desagua en este puerto. En ella hay siete ferrerías, en éstas 12 fraguas. Las mugeres son muy laboriosas, a

5 La fundación se firmó el 28 de diciembre de 1688. Lo dotaron con «las casas de su habitación y huerta, capitales de censos y socorridos: plata labrada, telas de oro y plata, y alajas de casa, importante todo 56.032 ducados y medio de vellón, y además con dos solares de Casas de precio de 300 ducados de la propia moneda; 6 cálices de plata con sus patenas; un Sto Christo de marfil con remates de plata; un Niño Jesús de bronce, con cruz de plata». El matrimonio fundador otorgó testamento conjunto el dia 1 de marzo de 1699 ante Domingo de Burgoa, e «instituieron por universal heredero al espresado Colegio, para que sirbiese de aumento a otra fundación. Los Regulares se apoderaron de esta herencia sin que precediese tasación». Fundación del Colegio de la Compañía de Jesús por el Capitán D. José de Mendiola y D." María Pérez de Bengolea en 28 de diciembre de 1688. ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO. A ñ o 1688. Registro 25, n.° 1. Folio 320.

Los entrecomillados que figuran en el texto principal están sacados de La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pp. respectivamente 9-10, 21-22, 23, 6, 7, 10-11 y 7, otra vez. 6 A.H.D.V.: Libro de Decretos de este M. N.y M. L. Señorío de Vizcaya. Libro n.° 22 (De 1710 a 1716), ff. 47 a 48 v. Sin embargo, en una derrama que se hizo en Lequeitio en el año 1686 resultaron 308 fogueras. Archivo Municipal de Lequeitio. Año 1686. Registro 10. N.° 62, f. 256 y ss. Se trata de una relación nominal, por barriadas, con la aportación de cada vecino. Martín Pérez de Veyngolea, residente en la cuarta barriada, contribuyó con 10 reales. Las contribuciones oscilaron entre 2 y 24 reales.

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éstas se debe cassi toda la cosecha que se coge de vino. Además de la marinería, hay muy buenos gremios de carpinterías, canteros, zapateros y otros oficios de calidad, que tanto como la marinería, que se halla minorada por falta de pesca y armadas en que muere mucha gente, se reputa la gente de tierra. Fuera de la ciudad de San Sevastian, es el mejor lugar y de gente más política que hay en toda la costa de la Provincia de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya, y aun en esta tierra dentro, fuera de Bilbao; Durango la puede competir; Bermeo lleva mucha ventaja en la pesquería por razón de su buen puerto, buenas y cercanas calas...»7

Se apuntan, pues, en el relato anterior las actividades económicas más importantes que empleaban a la población activa de la villa. Además de la variedad gremial señalada, marinería y navegación, ferrerías, algo de comercio y viñedo constituían los renglones básicos de la estructura ocupacional lequeitiana de la primera mitad del siglo X V I I I . Tendremos ocasión de referirnos con más detalle a alguna de estas actividades al analizar la gestión económica de la Torre de Uriarte. Por de pronto adelantemos que, al menos desde mediados del siglo X V I I , los Bengolea poseían unas ferrerías —mayor y menor— y unos molinos en la anteiglesia de Guizaburuaga, bienes que administró de 1654 a 1672 el maestro achicador Andrés de Barrenechea. Se calculaba que en las ferrerías se labraban más de mil quinientos quintales anuales, y en los molinos se trituraban unas treinta fanegas en cada uno 8 .

2. La familia Bengolea Los Bengolea descendían de Hernán Pérez de Yarza, propietario de la Torre de Uriarte, en Lequeitio, militar al servicio del emperador Maximiliano y gentilhombre de cámara del emperador Garlos I. Las generaciones siguientes continúan la vocación militar, que combinan con el ejercicio del comercio, el desempeño de cargos administrativos y la atención parcial a su propia hacienda. Son familias numerosas, cuyos miembros militares siguen con bastante frecuencia la carrera de Indias, de donde no todos regresan. U n tatarabuelo de Mariana Rosa, Martin Joan Pérez de Bengolea casó en segundas nupcias con María Vázquez de Bahamonde, una propietaria gallega de Santa María de Ortigueira, y sus descendientes fundaron el mayorazgo del Palacio de Cotón, en Negreira, que, con el tiempo, pasará a los descendientes de Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, a finales del siglo X V I I I . Fijémonos, no obstante, en los ascendientes más inmediatos de doña Mariana Rosa de Bengolea. (Ver cuadro adjunto). 7 La Villa de Lequeitio..., (1735) op. cit., pp. 16 y 17. 8 A.T.U. Leg. 32, fase. 2: Advertenáas por parte de D." Ursula de Beyngolea, viuda del capitan Miquel de Basterrechea...,y por parte del capitan D.Joseph de Beyngola, dueño de las ferrerías y molinos de Beyngolea..., contra Andrés de Basterrechea para que dé cuenta con pago como achicador que ha sido de la ferreria menor de Beyngolea y como arrendador de dcho. molino.

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A5CENDENCIA

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Figura 3. — Ascendencia de Mariana Rosa Bengolea. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Era nieta del capitán D. José Bengolea Ghurruca, que había nacido en Lequeitio el día 3 de noviembre de 16149. Primogénito de un matrimonio muy prolífico, el formado por el capitán D. Hernán Pérez de Beingoolea y D. a María de Churruca —hija ésta del doctor Joan Ibáñez de Churruca y de su segunda esposa doña María Ochoa de Olano y Bedia, señora de la casa solar de Urquiaga—, heredó las torres de Bengoleá, Uriarte y Yarza, así como tierras y caserías en Lequeitio, Guizaburuaga, Durango, La Puebla de Arganzón y Villanueva de Oca. Se hizo militar, ferrón y servidor palatino ejerciendo de cónsul de la Gasa Real de Contratación de la ciudad de Sevilla, en los años sesenta 10 . Sus hermanos, Juan y Silveiro, —otro, llamado, Pedro, murió en Sevilla de peste en 1649 probablemente esperando el embarque para América— se orientaron igualmente hacia la carrera de las armas y pasaron a Indias. Juan acabó por establecerse definitivamente en Lima donde casó en 1651 con doña María de Zavalay de la Massa, llegando a General de la Armada del Mar del Sur. Silverio, en cambio, después de una estancia de varios años en tierras americanas como Maestre de Campo a las órdenes de su hermano, regresó a la península, y a Lequeitio, trayendo consigo al menos uno —doña María Teresa— de los dos hijos naturales que había tenido de soltero en tierra americana «de una dama principal también libre y sin impedimento alguno para contraher matrimonio». Este Silverio casaría en Lequeitio con su sobrina Catalina Josefa, hija y heredera de José y de su mujer doña Mariana Iñarra Eguiguren, en 167411. El matrimonio tuvo dos hijos, Mariana Rosa, la futura esposa de Pedro Bernardo, nacida en 167512, y Pablo José, que falleció a los 16 años de edad. Fue deseo del matrimonio, siguiendo las indicaciones paternas, vincular la hacienda «por cuanto de la dibision de los vienes, resultan grandes incombenientes, asi porque las familias de lustre y nobleza se pierden por falta de memoria que se conserba con vienes permanentes, mostrando la esperiencia que los estados y casas principales aunque hayan sido grandes, siendo partibles se han perdido y consumido, quedando la memoria de los dueños sepul9 Muchos de los datos acerca de los Bengolea están tomados de Joaquín Valle de Lersundi: «Una familia de ferrones, los Beyngoolea, en el siglo XVII», op. cit., pp. 475 a 530. 10 E n el ARCHIVO FAMILIAR DE NAJERA (TEJADA-MANSO DE ZUÑIGA), e n a d e l a n t e A . T . M . - Z , s e

conserva documentación relativa al año 1668 perteneciente al Capitán D. José de Beingolea, cónsul. Este archivo se encuentra sin catalogar. 11 Las capitulaciones matrimoniales se contrataron ante José Ibáñez de Gallate, secretario de S.M. y del número de la villa de Lequeitio, el día 4 de noviembre de 1674. A. H. D. V., Corregimiento. Leg. 971, n." 1, fol. 30. Gracias a la documentación judicial —que traslada copia fehaciente de los originales— depositada en el Archivo de la Diputación Foral he podido conocer los instrumentos legales a los que se hace mención en el texto. Dado el parentesco que unía a los cónyuges, fue necesaria una dispensa que firmó el Provisor en virtud de la Bula Apostólica despachada en Roma el día 13 de agosto de ese año. A.T.U., leg. 42, fase. 5 (Este documento aparece sorprendentemente junto a los papeles relativos a las pruebas para el hábito de Santiago de don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz). 12 Fue bautizada en la Iglesia Parroquial de Santa María de Lequeitio el día 5 de agosto. Libro de Bautizados, signatura 26-01, f. 25 v.

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tada, y por el contrario siendo unidos y incorporados se conserba y perpetua como, porque del poseedor reciben sus hermanos pobres alimento sustentándose á su sombra, y siendo favorecidos en sus necesidades y admitidos entre personas, partes y lugares graves, asi en la profesión de la guerra, con lo cual vienen á ser mui estimados los unos y los otros, y porque por autoridad pública se introdugeron las instituciones de los maiorazgos...» 13 . En las capitulaciones matrimoniales de 1674 aparecía por primera vez escrita la voluntad de don José de Bengolea de vincular los bienes para perpetuar la memoria de la Casa solar. Unos años más tarde, en el testamento que conjuntamente otorgaron doña Catalina y don Silverio en 168214 se hizo «la misma demonstracion dando poder alternatibo al que sobreviviere con libre y general administración para vincular y fundar maiorazgo de nuestros vienes todos ó parte de ellos, como le pareciese al superviviente, con las clausulas, gravámenes, y condiciones que fuesen conducentes á su conserbación y succesion...». Ya fallecido don Silverio, sería su viuda doña Catalina la encargada de llevar la tramitación legal para la fundación del vínculo citado. Lo que hizo «en el nombre de Dios nuestro Señor todo poderoso y de la Virgen Santísima nuestra Señora, á cuio servicio se endereza todo bien», en la Casa y Torre de Uriarte, el día 26 de junio de 1684, ante don Clemente de Uriarte, Escribano Real y del número de la Villa de Lequeitio, y los testigos « d o n j u á n de Bengo-olea, Clérigo Presbítero Beneficiado de la Yglesia de la dicha villa (.Lequeitio) y sus anexas, el Bachiller don Francisco de Arriaga asi bien Presbítero, el Governador don Nicolás Ybañez de Zavala, cavallero de la orden de Calatraba, don Baltasar de Eguiguren y Ynarra, el Licenciado d o n j u á n Bautista de Ysasigana, Abogado de los Reales Consejos, los Capitanes don José de Mendiola y d o n j u á n de Yturraspe, todos vecinos de esta dicha villa y de la de Durango y Eybar». Los bienes de que se compuso este vínculo en el momento de su fundación fueron los siguientes: «Primeramente declaro por vienes propios mios y por cabeza de este Maiorazgo, una efigie y bulto del Señor San Miguel Arcángel de marfil con su peana dorada, labrado en la China de singular primor. Un retrato de Santa Rosa, de Santa María de los Reyes del Perú en lienzo. Una Cruz de madera de la cama en que murió la misma santa con estremos de plata y en medio una reliquia de un hueso suio y túnica. Dos copas cabanas de plata y pasta de a dos puertas de cuarta. Una Ymagen de Nuestra Señora de Aranzazu en caja de plata con su cristal, a un lado San José y al otro Santo Domingo. Una lamina de Ecce-Homo y otra de nuestro Padre Santo Domingo y Nues13 A.H.D.V., Corregimiento, leg. 971, n.° 1. La documentación judicial en la que va incluida, entre otros documentos, la fundación del vínculo de Bengolea, está fechada en 1825 (Autos en cumplimiento de Real Carta Executoria obtenida por el Sr. Conde de Hervías con D." M." Josefa de Villarreal de Be'rriz sobre Alimentos). Lo que explica la grafía (decimonónica) del texto citado. 14 La fecha del testamento es de 9 de julio de 1682, en Lequeitio, ante don Clemente de Uriarte.

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tra Señora que todos se hallan y están colocados en el oratorio de esta casa y torre de Uriarte. Una espada de plata sobredorada, un espadin de plata filigrana, y un aderezo de espada y daga de Sevilla y oja de Toledo con puños de plata tirada de que se solia serbir dicho mi marido. Una cadena de oro de la China con setenta y dos eslabones de filigrana de peso de veinte ocho onzas y un adarme. Dos azafates grandes de filigrana de plata con nuebe libras y nuebe onzas. Un cintillo de oro para sombrero de onza y seis adarmes. Otro cintillo de plata tirada con seis onzas para lo mismo. Bienes

inmuebles

La casa solar de Bengo-olea sita y notoria en la Anteyglesia de Guizaburuaga, Ynfansonado de este noble Señorío, con sus honores y preeminencias y dos ferrerias maior y menor y sus molinos de tres piedras labrantes y corrientes con su presa de piedra labrada y demás pertrechos necesarios con todos sus montes, heredades, y manzanales y tierras de pan llebar con tres sepulturas en la Parroquial de ella una en preeminente lugar á las demás en parte notoria, y dos asientos de varón asi mismo con preeminencia de ofrecer primero, y otra sepultura de la misma casa en la Yglesia maior de esta dicha villa frontero á la capilla de Nuestra Señora de la Antigua al lado de la de Zubieta ácia la parte del Altar de San Juan Bautista. Mas estas casas principales y Torre de Uriarte en que al presente havito y vivo en esta dicha villa con mis queridos hijos, que está junto al Combento de Monjas de nuestro Padre Santo Domingo con las armas plantadas de nuestra sangre y familia, que aunque en ella se han echo algunas obras y edificios constante nuestro matrimonio, su propiedad es mia sin dependencias de otro alguno, mediante dichas capitulaciones. Mas declaro, por propios mios, la casa y casería llamada Lexardi notoria en la misma Anteyglesia con sus montes y pertenecidos de manzanales y tierras de pan llebar, y su sepultura y asiento de varón. Asimismo otra casería de Lariz-beaxcoa en la misma Anteyglesia, y su asiento de varón con sus montes y términos de manzanales y tierras de pan llebar. Mas otra casa y casería llamada Ocabio sita en la Anteyglesia de Amoroto con su sepultura y asiento de varón, términos de montes, manzanales y tierras de pan traer. Mas otra casa y casería llamada de Batiz con sus pertenecidos de montes castañales y tierras de pan sembrar en la Anteyglesia de Ispaster y su sepultura en la Yglesia matriz de esta villa. Mas un solar llamado Yarza que se quemó y está extramuros de esta dicha villa en el arrabal de Atea, pegado á la muralla con su huerta, mui capaz con algunos frutales tocantes á dicho solar. Mas declaro, por vienes propios mios veinte y siete pedazos de viñas, tocantes á esta dicha Torre de Uriarte, y á dicha casa llamada de Yarza, algunas de ellas cercadas de paredes en términos y parages conocidos en dicha villa y su jurisdicción, y entre ellas junto al portal viejo un monte jaro y al pie de él algunos naranjos y limones.

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Mas una casa con su lonja y bodega en la calle de Arranegui de dicha villa, que cae sobre el mar y esta contigua a la Torre de Arranegui de Martin Perez de Licona. Mas otra casa con su entresuelo en la plazuela de Portupin con solar inmediato que sirve de huerta en que hay algunos plantíos de limones. Mas otros dos solares en dicha villa en las calles de Ygualdegui y Basaaldea. Mas otra casa con su aire, y un solar inmediato á ella en la calle de Pisueta, que confinan con las de Juan Martínez de Licona, y Ana de Zearreta su muger y herederos. Mas siete pedazos de mimbrales grandes y menores en diferentes puestos en jurisdicción de dicha villa. Mas tres pedazos de montes en la misma jurisdicción, uno ácia la parte de Ansoris y dos en Lumencha. Mas un monte robledal, y castañal que llaman Obariz, jurisdicción de dicha Anteyglesia de Yspaster, junto con otro monte robledal frontero á dicha casería de Batiz á que están agregados estos partidos por sus pertenecidos. Mas otro monte grande en el mismo término que es robledal y castañal agregado á dicha casería con otras tierras de montes y castañales que compró el señor mi Padre de diferentes personas. Mas otro monte robledal nuebo en Auria debajo de las heredades de Ormaegui de dicha Anteyglesia. Mas dos castañales en el término de Yrategui junto á la hermita de Santa María Magdalena debajo de las heredades de Curruchiaga en la misma jurisdicción de Yspaster. Mas ocho heredades de pan llebar y manzanales entre Batiz, Zeranga y Auria, á vista de esta villa en jurisdicción de Yspaster. Mas dos pedazos de manzanales en el puerto {probablemente se refiera a la puerta) de Eluzeta, jurisdicción de esta villa. Mas un monte bravo, para maderamen, en el término de Zuloeta jurisdicción de la Anteyglesia de Amoroto. Mas otro monte de robledal y castañal en frente de la casa de Gavioleta, jurisdicción de dicha Anteyglesia, pegado á los pasos de piedra que hay en el dho. Mas otro monte bravo de robles y castaños para tabla y maderamen en el término de Luzaar, jurisdicción de San Pedro de Mendeja. Mas un jaro nuebo cerrado de vallados nuebos en el término de Ylumbe, jurisdicción de dicha Anteyglesia, donde antiguamente solia ser manzanal, castañal, y robledal, que todo se unió con tres mil y mas plantíos de castaños, con todo lo demás que se hallare plantado. Mas una heredad de pan llebar y manzanal junto al hospital de Lea pegado al rio principal en jurisdicción de dicha Anteyglesia. Mas otra heredad de pan coger en el término de Garraspio en la misma jurisdicción de Mendeja, pegante á una viña grande de las veinte siete referidas. Mas una casa nueba con su huerta, en frente y dos solares á los dos lados de dicha casa en lo delantero de la Yglesia maior de dicha villa con seis viñas FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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pertenecientes á ella, heredades del Licenciado Martin Perez de Bengo-olea mi tio, Gura Beneficiado y vicario que fue de dicha villa, que el uno de ellos de acia la parte de la calle y camino fue comprado por dicho mi señor Padre. Mas dos pares de casas contiguas una á otra con su huerta en las espaldas que cae de la buelta de las casas de Martin de Ybieta, y Catalina de Meabe en Atea que la una compró mi señor Padre del Bachiller Don Martin de Escalante, que la fabricó de nuebo, y la otra con su huerta compró de Juan de Garro y su muger. Mas un solar que también se compró del Capitán Dn. Domingo Nieto, y D. a Ana María de Zosoaga su muger, en el camino de las casas referidas para venir á esta dicha Torre, arrimado á la muralla. Mas otro solar inmediato al referido, que es tocante á esta dicha Torre de Uriarte. Mas una fanega de trigo de tributo en cada un año que me deve la casa y casería de Aparicio de Leaegui de dicha Anteyglesia de Mendeja. M a s siete {en la documentación de 1694 aparecen, en cambio, cien) c e s t a s d e m a n z a n a

y tributo perpetuo en cada bienio que me debe la casa y casería de Abitara de la jurisdicción de Amorato, que todos estos vienes fueron dótales y capitales mios, dados y entregados por dicho mi señor Padre al tiempo de mi matrimonio. Mas declaro, por vienes tocantes á este dicho vinculo y Maiorazgo, las casas d e A n d i c o e c h e a - b e a x c o a y s u s p e r t e n e c i d o s y la mitad del molino llamado

Rota-

chua en la Anteyglesia de Murelaga que constante nuestro matrimonio han sido por nos comprados en venta judicial causada ante el Teniente general de este noble Señorío, por testimonio de Felipe Ortiz de Mendiola, por cantidad de cinco mil ducados de moneda de vellón, que se depositaron en Simón de Lariz-Barrenechea vecino de la Anteyglesia de Guizaburuaga; advertiendo que sobre esta hacienda pertenecieron á dicho señor Don José de Bengo-olea mi Padre y a mi en su representación, mil y ochocientos ducados de vellón con mas las costas, por el precio de ocho mil y trescientos robles que se obligaron á plantar los deudores en los montes y pertenecidos de dicha casa solar de Bengo-olea y por los daños estimados en el décimo séptimo lugar de la sentencia de graduación de acreedores que se dio en dicho pleito; para que esta cantidad se entienda menos en los vienes conquistados, para que en cualquier acontecimiento haia claridad, remitiéndome á dichos autos. Mas incorporo á este vinculo y Maiorazgo la casa y casería de Ocamica-beaxcoa y sus pertenecidos notorios en la misma Anteyglesia de Guizaburuaga, que en concurso de acreedores, y venta judicial, se compraron constante nuestro matrimonio, por mil y cuatrocientos ducados de moneda de vellón que dicho Maestre de Campo Don Silverio de Bengo-olea, mi marido, ofreció por ellos, de que otorgo carta de deposito en el Capitan Dn. José de Mendiola, y aprendió sus posesiones por testimonio de Felipe Ortiz de Mendiola, judicialmente; cuios títulos se hallan en mi poder. Pero advierto que también esta casa se compró con los mil ducados de vellón que dicho mi marido recivió de Dn. Agustin de Zavala y Ynarra, Arcediano de Guadalaxara, Canónigo y dignidad de Toledo por manda y legado que me hizo el señor Don Pedro de López de Ynarra y Ysasi mi tio Arcediano que fué antecedentemente de Guadalaxara, dignidad de dicha Santa Yglesia, Canonigo y obrero

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maior de ella, que consta de la carta de pago que otorgamos en esta dicha villa á veinte y ocho de julio del año de seiscientos y setenta y seis, ante José Ibáñez de Gallate supliendo la demás cantidad de nuestros propios vienes, de lo cual hago declaración para el efecto suso referido. Plata

sobredorada

Mas incorporo y consigno para este vinculo y Mayorazgo, un aguamanil con tres piezas de peso de siete marcos. Una porzelana labrada de tres piezas de peso de cinco marcos y cuatro onzas. Dos salbillas de una de echura con sus bernegales de peso de nueve marcos y tres onzas. Un vernegal de echura de oja de parra, de peso de tres marcos y cuatro onzas y media. Dos aguamaniles de una echura de peso de doce marcos y una onza. Dos palanganas aconchadas de una echura de peso de veinte marcos y seis onzas. Mas un tailler con diez y seis piezas que pesan treinta y ocho marcos y siete onzas. Que todas las piezas referidas pesan nobenta y siete marcos y una onza y son de plata sobredorada. Plata

labrada

Primeramente un tailler de once piezas, se incorpora también á este Mayorazgo de peso de diez y siete marcos y media onza. Mas dos frascos con sus bombas y tapas con diez y ocho marcos y tres onzas. Mas una fuente labrada de buril con doce marcos y cuatro onzas. Mas tres docenas de platillos con setenta y seis marcos y cuatro onzas. Mas tres cucharones, seis trinchantes, veinte y cuatro cucharas y veinte y cuatro tenedores de peso de doce marcos y seis onzas. Mas dos platones grandes con diez y seis marcos y cinco onzas. Dos dichos menores de peso de catorce marcos y seiz onzas. Dos dichos menores con trece marcos. Dos dichos menores quince marcos y siete onzas. Mas una pileta de agua vendita con dos marcos y cuatro onzas. Mas dos bacinicas con ocho marcos y media onza. Mas una chocolatera de cinco marcos y cinco onzas. Mas seis candeleras con diez y seis marcos. Mas una salvilla de vernegal aconchada con cuatro marcos y dos onzas. Mas un zaumador en forma de olla con su salvilla gravados con cuatro marcos y dos onzas. Mas un salero liso con su pimentero, tres marcos y cinco onzas. Mas un tintero, salvadera, sello y su caxa con once marcos y una onza. Yten doce escudillas con diez y ocho marcos.


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P. B. VILLARREAL DE BÉRRIZ

Mas un belon con cuatro mecheros en tres piezas tres marcos y una onza. Mas dos campanillas con cinco marcos y media. Mas un baúl labrado con diez marcos. Que todas las piezas suso insertas de plata blanca labrada pesan trescientos marcos. Ropa y

alajas

Mas incorporo y consigno para este Mayorazgo una cama de granadillo de Portugal bronceado con su colgadura de damasco carmesí de la China bordado de oro y seda con alamares azules, aforrada la colgadura en tafetan celeste de la China y rodapiés de lo mismo. —Un sitial de damasco carmesí. Mas otra cama pequeña de China embutida con conchas de perlas y dorada con su colgadura de raso de la China con alamares de galón de oro y rodapiés de lo mismo, aforrada toda en saia amarilla de la China y su sobrecama de lo mismo, y dos colchones de rasillo de la China y un biombo de México. Mas otra cama de granadillo de Portugal sobre dorado de bronce, con su colgadura de granilla con franxa de oro con su sobrecama y rodapiés y su sitial. Mas veinte y cuatro sillas de baqueta de Moscobia, ocho taburetes, cuatro baúles de baqueta con sus cerraduras sobre doradas. Tres contadores de palo de lináloe de Mechoacan. Cuatro bufetes de caoba. Mas siete cuadros de cuerpo entero de diferentes Ymagenes de devocion. Otro dicho menor de Nuestra Señora del Rosario. Otro menor de Nuestra Señora y Santo Domingo. Seis países. Un cuadro del retrato de dicho señor Don Pedro López de Ynarra Canonigo de Toledo y Arcediano de Guadalaxara, dos retratos del General Don Juan de Beingo-olea, y de D. a María de Zavala su esposa. Y cuatro cajas de zedro de Yndias que están en la sala principal de esta dicha casa y Torre de Uriarte, sirviendo de su adorno y compostura, las cuales alajas, preseas, y joias de oro y plata han de serbir perpetuamente para que los poseedores y succesores en dicho vinculo y Mayorazgo puedan pasar y pasen con la decencia y lustre que corresponde a su estado, calidad, y nobleza, procurando ellos adelantarlo mas en los futuros tiempos como se espera lo harán atendiendo a sus muchas obligaciones»15. H a s t a a q u í la prolija relación —reproducida íntegramente por su indudable interés— de los bienes con los que se f u n d ó el vínculo, y que en resum e n eran la T o r r e de Bengolea con sus pertenecidos (montes, heredades y manzanales y tierras de p a n llevar), con dos ferrerías, m a y o r y menor, y molinos; la T o r r e de Uriarte, 15 casas y caserías, la mayor p a r t e de ellas con sus pertenecidos; 8 solares, 27 fincas de viñas; 7, de mimbrales; 10 montes de robledales y castañales la mayoría, y 3 pedazos de monte; 12 heredades de sembrar y manzanales; la mitad de u n molino y los tributos anuales de u n a fanega de trigo y de cincuenta cestas de manzanas; bienes todos ellos situa15 Fundación del vínculo. A.H.D.V. Corregimiento. Leg. 971, n.° 1.

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dos en los términos de Lequeitio y anteiglesias próximas de Guizaburuaga, Ispaster, Amoroto, Mendeja y Murélaga. Además, 97 marcos y 1 onza de plata sobre dorada; 300 marcos de plata labrada, ropa, alhajas, mobiliario, cuadros e imágenes. Todos estos bienes procedían de la herencia de don José de Bengolea, y de los propios y gananciales que doña Catalina y don Silverio habían aportado durante su matrimonio. El vínculo se funda, como ha quedado señalado, para perpetuar la memoria de esta «casa noble y principal». En este sentido, se regula minuciosamente el orden de sucesión, prefiriendo el varón a la mujer y el mayor al menor en el mismo grado, llamando sucesivamente a todos los potenciales herederos de descendencia legítima, «con espresa calidad y condición de que ningún hijo natural de los llamados á este Mayorazgo..., pueda suceder ni suceda» 16 . También se establece como complemento toda una casuística encaminada a proteger el honor del vínculo. Así, la preferencia en la filiación del apellido Bengolea «que el poseedor y poseedores de este dicho vinculo y maiorazgo se haian de intitular y llamar del apellido de Bengo-olea, que es de solar conocido noble y principal, traiéndole en primer lugar junto con mis armas, aunque goce y posea otro mayorazgo de igual calidad y condicion...»;

incluso tratándose de una heredera, su marido debería adoptar el título de Bengolea antes que el apellido propio, «que si fuere hembra la sucesora en dicho Mayorazgo, su marido..., dege su propio apellido y tome primero el de Beingo-olea como tan ilustre y principal, y lo mismo las armas, reserbando para despues de esta intitulación primera el suio propio y las suias conforme esta expresado en los varones succesores»

Especial atención se prestó obviamente a la defensa de la pureza de sangre. En este sentido, quedaron prohibidos los matrimonios de los sucesores del mayorazgo con personas de ascendencia «sospechosa», «Yten es mi voluntad, que por ser dicha casa solar de Beingo-olea de la nobleza que es conocida y de toda puridad, para que ella se conserbe sin inficionarse ninguno de los asi llamados (a la sucesión), se pueda casar ni case antes ni después que succediere en dicho Mayorazgo con persona que descienda de judíos, moros nuebamente combertidos, ni penitenciados por el Santo Oficio de la Ynquisicion, sino que sea hijo ó hija-Dalgo, limpio de toda

16 Este orden viene encabezado en la escritura del vínculo por don Pablo José y sus hijos y descendientes legítimos; en segundo lugar, su hermana doña Mariana Rosa y sus hijos y descendientes legítimos. «Y en falta de ella y ellos, succeda el hijo natural que sobreviviere á dicha Doña Mariana Rosa y á su descendencia legitima, siendo el tal hijo de dicho don Pablo José, y lo mismo la descendencia del tal hijo natural en las circunstancias referidas, siendo legítima, y no de otra manera de calidad que queden esclusos los hijos y hijas naturales que nacieren de los otros llamados y que se llamaren á este dicho vinculo». (El subrayado es mío).


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raza, y eso se entienda también cuando acaeciere succeder embra para con el marido...» L a consideración social del vínculo se p e r p e t u a r á igualmente mediante unas cláusulas que subrayan las connotaciones cualitativas de los herederos («Católicos Christianos y obedientes á la Santa Yglesia R o m a n a , y leales vasallos á Su Magestad»), excluyendo de la sucesión a los que cometan delito, a los religiosos profesos y a los fatuos, mentecatos, locos y hermafroditas, «Yten que si lo que Dios Nuestro Señor no permita, alguno de los succesores cometiere delito o delitos por el cual según derecho incurre en perdimiento de sus vienes aunque sea de cualquiera calidad el tal delito eceptuado, ó no eceptuado, mi intención no es de que el tal succeda en este dicho mi Mayorazgo ni en sus frutos, ni rentas, porque desde luego le privo de ellos y le declaro por incapaz de tener y poseerlos, como si naturalmente fuese muerto antes que cometiese ó pensase cometer el tal, ó tales delitos...» «Yten que en dicho vinculo y Mayorazgo no pueda succeder ni succeda ningún Clérigo de orden sacro, monja, ni fraile que haia profesado, saibó los cavalleros de la orden militar de Santiago, Alcantara, Calatraba, ó otro semejante, que se pueda casar legítimamente». «Yten que en este dicho Mayorazgo tampoco pueda succeder ni succeda ningún fatuo, mentecato, loco, ni ermafrodita que tenga defecto de contraher matrimonio, salvo si después de haber succedido en él le sobreviene alguna enfermedad de las referidas le pueda gozar mientras vibiere, cumpliéndose por su curador o defensor con las obligaciones que se imponen á los otros succesores». Se ordena también de m a n e r a terminante los enterramientos de los sucesores en las sepulturas reservadas a los moradores de la C a s a - T o r r e de U ñ a r t e en la Iglesia de Santa M a r í a de Lequeitio, «delante del Altar de San J u a n Bautista, donde están sepultados mis señores progenitores; como también mi a m a d o Esposo, que de Dios haia, y á eso se obliguen al principio de la succesion, y no queriendo allanarse incurran en su perdimiento y pase (el vínculo) al siguiente en grado». Por último, a u n q u e no por eso menos significativas, aparecen en la escritura de fundación del vínculo unas condiciones de tipo material por las que se quiere preservar la totalidad de la riqueza vinculada y el b u e n estado de la misma: «Yten es mi voluntad, que todos los succesores de dicho vinculo haian de reparar y reparen de los edificios necesarios todos los bienes, de que es su composicion bien y suficientemente, porque sin ellos, es imposible que se puedan conserbar, no dejando el uno al otro aberias de consideración, porque mi deseo es, que cada uno con los frutos que gozare acuda á sus reparos y lo mismo á la plantación de arboles y substitución de viñas, encargando en eso sus conciencias». «Yten que ningún succesor pueda cortar ni corte por pie ningún árbol que no sea infructuoso, sino tan solamente aprovecharse de sus frutos y esquilmos,

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salvo si tubiere necesidad para redificar los vienes raices comprensos en este Mayorazgo, asi las casas, como ferrerias y molinos y sus pertrechos». «Yten que el que succediere en este dicho Mayorazgo, haia de ser (sic), y sea obligado á hacer imbentario de todos los vienes aqui contenidos, especificandolos por menor, particularmente los muebles de plata, joias y preseas, y alajas de casa, como también de las piezas del Oratorio que está en esta dicha Casa y Torre de Uñarte». «Yten es mi voluntad, que todos los dichos vienes suso expresados queden perpetuamente vinculados de calidad que sean inenagenables, indivisibles y imprescritibles [sic), que no se puedan ceder, renunciar, ni prescribir, aunque sea por tiempo inmemorial, ni menos vender, enagenar, trocar, cambiar, hipotecar ni azensuar en todo ni en parte, aunque sea por causa de dote, alimentos, ó otro cualquier suceso por urgente y necesario que sea pena de que lo contrario sea nulo y ninguno de ningún valor y efecto: y si alguno contra,viniere, quede escluso y sea privado y se transfiera en siguiente grado»17. Con ser importante lo vinculado, no se agotaba por ello la fortuna de doña Catalina Josefa. L a fundadora se reservaba «para disponer y distribuirlos entre mis hijos, según y de la forma que me pareciere conformándome con la disposición de dicho mi marido», el segundo vínculo y Mayorazgo de Ynarra 1 8 , que había recibido de su madre, aplazando hasta el fin de sus días la designación del que «legítimamente le tocare conforme á las calidades y condiciones de su fundación» 1 9 . Todo lo heredaría, sin embargo, doña Mariana Rosa al producirse la prematura muerte de su hermano don Pablo José.

3. Las capitulaciones matrimoniales. La fortuna de los Villarreal-Bengolea El día 3 de enero de 1694, como ya sabemos, se celebró el matrimonio religioso de Don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz y doña M a r i a n a Rosa de Bengolea Y n a r r a en la Iglesia de Santa María, de Lequeitio 20 . Él no 17 Todas las citas están sacadas de la escritura de fundación del Vínculo de Bengolea, trasladada a la documentación judicial del A.H.D.V., Corregimiento, Leg. 971, n.° 1, ya citada. 18 Ibidem. Había sido fundado por D o n j u á n López de Ynarra, bisabuelo de doña Catalina Josefa, el día 13 de enero de 1614 ante Cristóbal de Sugadi, secretario del número de la villa de Eibar. 19 Ibidem. 20 La transcripción de la partida de matrimonio dice: «En tres de henero de mil y seiscientos y noventa y quatro asistí en presencia de mí el infra escripto cura Dn. Luis de Villarreal al matrimonio que contrageron Dn. Pedro Bernardo de Villareal Gamboa y Verriz, Cavall 0 del habito de Santiago, hijo legítimo de Dn. Pedro de Villareal y Gamboa y de D. a María Saez de Andicano; y D. a Mariana Rossa de Veingoolea, hija legitima del Maestre de Campo Dn. Silverio de Veingoolea y de D a Catalina Josepha de Veingoolea y Ynarra, haviendo precedido las moniciones qe. manda el Sto. Concibo de Trento assí en esta parroquial como en la de la Villa de Mondragon y no pareciendo impedimto. alguno, siendo testigos el Dr. Dn. Nicolás de Zubia, el sr. Conde de Pineda, el Dr. Dn. J u a n de Loibe y otros muchos de que ago fe. Rezivieron las vendiciones de la iglesia en veinte y ocho del dho. mes de hen°. (Fdo.:) Br. (Bachiller) Christoval de Artaza. Libro de Casados de Santa María de Lequeitio, 10-1, f. 20 v.


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había cumplido aún los 25 años, era señor de Bérriz, caballero de la orden militar de Santiago, y había sido alcalde ordinario de la Villa de Mondragón; ella no llegaba a los 20 años y era una rica heredera. En la misma fecha se concertaron las capitulaciones ante el escribano lequeitiano Domingo de Goena, y la presencia de 26 testigos cuyos nombres interesa conocer por cuanto no pocos serán visitantes asiduos de la Torre de Uñarte. Son personajes —algunos familiares— de distinta calidad para la mentalidad del siglo, lo que queda perfectamente reflejado en la escritura de referencia con la anteposición del tratamiento de don e incorporación, en su caso, de otros títulos que ennoblecen al sujeto. La relación está encabezada por Don Luis de Pineda Matienzo y Villarreal, Caballero de la orden de Calatrava y conde de Pineda; al que siguen Don Mateo Nicolás de Aranguren y Andicano, Caballero de la orden de Santiago y Caballerizo de S. M.; Don Luis de Villarreal y Gamboa (uno de los tíos clérigos de Don Pedro Bernardo); Don Juan Antonio de Salinas y Zavala, Caballero de la orden de Calatrava; Don Juan Antonio de Araoz y Zaraa; Don Baltasar de Otalora; Don Pedro de Barrutia, de la orden de Santiago, y Comendador de Sancti-Espiritus de Salamanca (a quien ya conocemos como el Religioso informante en las pruebas para el hábito de Don Pedro Bernardo); Don Antonio de los Ríos, Comisario del Santo Oficio; Don Pedro de Villarreal y Gamboa (su hermanastro sacerdote); el Dr. Don Nicolás de Zubia; el Licenciado D o n j u á n del Puerto y Uribe; el Dr. D o n j u á n de Loibe, Comisario del Santo Oficio; el Bachiller Don Francisco de Arriaga Ormaegui; el Bachiller Don Pedro de Urrea; el Bachiller Don Cristóbal de Artaza; el Capitán Don José de Mendiola; Don Agustín Ybañez de la Rentería; el Capitán Don Juan de Yturraspe; Don Agustín de Basterrechea y Beingoolea; Andrés de Bulucua; Martín Pérez de Beingoolea; Jacobo de Gamarra; Martín de Urrea; Domingo de Burgoa; el Dr. Don José de Torrente, y Don Diego de Alzóla. Todos los citados eran vecinos de las villas de Mondragón, Durango y Lequeitio 21 . Las capitulaciones matrimoniales son, como se sabe, uno de los documentos más completos para conocer la fortuna de una familia en términos globales y cualitativos. Pero en las capitulaciones consultadas para este trabajo, en ninguna aparece la valoración de los bienes dótales. En el mejor de los casos, se menciona de manera explícita la cantidad otorgada como arras, o las rentas totales que el patrimonio produce. Esta carencia se subsana con una denominación muy detallada de los bienes, raíces y muebles, vinculados y libres, que componen las haciendas respectivas de los intervinientes en cada acto. Su conocimiento es lo que nos permite precisar el tamaño de su fortuna, por lo que me ha parecido conveniente y necesario en algunos mo21 A.H.D.V. Corregimiento. Leg. 971, n° 3. En este número, que lleva por título 4a Pieza. De los autos que se siguen en cumplimiento de Real Carta executoria obtenida por el Sr. Conde de Hervías contra D" María Josefa Villarreal de Bérriz, Marquesa de Narros, sobre Alimentos por inmediata succesion, (Año 1827), se incluyen las citadas capitulaciones (fs. 5 a 39 v.), así como la escritura de dotación de Ignacio José de Villarreal de Bérriz, con ocasión de su matrimonio en 1727.

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mentos transcribir literalmente alguna relación de bienes. Este es el caso que ahora nos ocupa, las dotaciones correspondientes a d o ñ a M a r i a n a Rosa de Bengolea y a don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, dotaciones que fueron m u y generosas, «por ser dichos casantes personas m u y principales y muchas y grandes sus obligaciones, y ser necesarios bienes temporales p a r a cumplir con ellas y sobrellebar las cargas del Santo Matrimonio según el lustre y esplendor de sus personas». D o ñ a M a r i a n a Rosa aportaba: — El mayorazgo de Bengolea con todos los bienes vinculados en 1684, de los que ya dimos exacta noticia, a los que se agregaban ahora por donación de su m a d r e , doña Catalina Josefa, los siguientes: «Primeramente, dos pares de casas que dha. señora D a Catalina Josefa tiene, goza y posée en la villa de Durango en la calle llamada Artecalle; una guerta (sic) en el término de Insaurrondo, y dos montes jarales en el término llamado Momoch, jurisdicción de dha. Villa; y mas trece pedazos de tierra de pan sembrar en La Puebla de Arganzon y Villanueba pertenecientes á dhas dos pares de casas de la referida villa de Durango; «Y mas la casa y casería y pertenecidos de Eguen, sita en dicha Anteyglesia de Yspaster» 22 . — A p o r t a b a además la m i t a d de las rentas que producía el segundo vínculo de Y n a r r a , que le d o n a b a su m a d r e con motivo de su matrimonio, y, en expectativa, como presunta heredera suya, el citado vínculo completo. Los bienes de que constaba este mayorazgo eran los siguientes: «Unas casas principales en el barrio de Aldaza en jurisdicción de dicha villa de Eibar que son cabeza de dicho mayorazgo intitulado segundo que fundó dicho señor Juan López de Ynarra, con su sepultura y asiento de varón en la Parroquial de dicha villa, con su casa accesoria. Yt., una huerta frontera á dicha casa principal con una heredad manzanal en el termino de Asua junto con otro manzanal en el termino de Sansaburu. Mas otro manzanal en el termino de Necola de Suso con el monte jaral con valladares en el termino de Olabarriaga. Mas otro monte robledal con algunos castaños en el termino de Solaondo junto con otro monte en el termino de Legarra. Mas un robledal en el termino de Abaunza con otro monte de robles y castaños en el termino de Satusibegui. Mas otro monte robledal en el barrio de Ayosaran con otro monte robledal en el mismo termino hacia la casa de Yrarragorri. Ytem, un castañal en el termino de Isastua, junto con otro monte robledal de cajigos y robles bravos en el termino de Estiaga, cerrado de vallados. Yt., mas el Patronato de dos obras pias que mandó fundar y fundó dicho señor Juan López de Ynarra, la una de Capellanía de misas; y la otra de dotes de doncellas. 22 Ibidem, fols. 15 v. y 16.


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Yt., mas ciento y veinte mil maravedís de renta al año, y dos cuentos 23 y cuatrocientos mil maravedís de su principal sobre las alcavalas Reales de la Ciudad de Sevilla, por pribilegio de S. M., crecido á razón de veinte mil el millar, su fecha de la primera situación en Valladolid á veinte y siete de abril de mil y seiscientos y cuatro, y del crecimeinto en Madrid á veinte y seis de febrero de seiscientos y cuatro. Mas otros ciento y doce mil y quinientos mrs. al año, y seis mil ducados de su principal sobre la renta de los diezmos de la mar que se cobran en la Ciudad de Vitoria y en el Puerto de ella que anda en renta con los diezmos de la mar de Castilla, por pribilegio de S. M. en Valladolid a doce de junio de mil y seiscientos y seis. Yt., otros ciento y cincuenta mil maravedís de renta al año, y ocho mil doscientos de principal sobre los bienes y hacienda del veinte y cuatro Miguel Martínez de Jauregui y D a Ysabel Hurtado su muger, vecinos de la dicha ciudad de Sevilla»24.

— Como bienes libres traía doña Mariana Rosa al matrimonio los que siguen: a)

Censos

«Un censo de quinientos ducados de capital de vellón que tiene de haber en la casa y pertenecidos de Basterra de dicha Anteyglesia de Amoroto. Yt., otro censo de trescientos y cincuenta ducados de principal de vellón contra las personas y bienes de Clemente de Uriarte y d a María Garcia de Zarandona su muger, vecinos de esta dha. villa de Lequeitio. Mas trescientos ducados de censo principal contra la casa y casería de Mugüira y dueños de ella, en la Anteyglesia de Nabarniz. Mas cien ducados en la casa y casería Iturreta-Jauregui y dueños de ella en la Anteyglesia de Xemein. Mas otro censo de trescientos y cincuenta ducados en la casa de Axpe y sus dueños en dicha Anteyglesia de Yspaster. Yt., cien ducados en la casa y dueños de Mendicoechea en Aulestia. Yt., cincuenta ducados en la de Beingoolea en Aulestia. Yt., trescientos ducados de censo principal en la casa y dueños de Esuneta en dicha Anteyglesia de Guizaburuaga. Mas ciento y cincuenta ducados asi bien de censo capital sobre la casa de Juan Perez de Olea en la Cofradía de Curruchiaga. Mas cuarenta ducados capital de censo sobre la casa de Juan de Erquiaga en dicha Anteyglesia de Amoroto.

23 El cuento, que se utilizaba en las grandes contabilidades, equivalía a un millón de maravedises. 24 Todos los entrecomillados están sacados de las Capitulaciones matrimoniales de D. Pedro Bernardo Vülarreal y D a Mariana Rosa Bengolea, ya citadas. Los bienes del vínculo segundo de Ynarra, fs. 18-19. La última partida anotada, los 8.200 ducados de principal y 150.000 maravedises de renta anual, declaraba, no obstante, doña Catalina Josefa «se perdieron en ocasion de haberlos redimido sus deudores en vellón», aunque estaba estipulada la redención en moneda de plata, por lo que desde el tiempo de su marido estaban en pleitos, (fs. 19v-20).

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Mas ochenta ducados asi bien de censo capital sobre la casa de Mulutegui en Aulestia. En total, suponía un capital de 2.320 ducados en once censos contra casas y caserías situadas en unas anteiglesias próximas a Lequeiüo. b)

Joyas:

«Un adrezo de diamantes, que se compone de joya de pecho, lazo y gargantillas y de dos sortijas de diamantes. Otro adrezo de filigrana de oro y rubíes, que se compone de joya para el pecho, lazo, mariposa, gargantilla y zarzillos. Otra joya de oro con una imagen de Nuestra Señora en medio guarnecida de esmeraldas y perlas con otras dos joyas mas guarnecidas asi bien de perlas y pedrería. Otra joya de filigrana de plata y una imagen de Nuestra Señora en medio con un relicario de cristal con el Santo Lignum-crucis en medio embutido en oro. Dos vueltas de cadena de oro de labor de besuguillo con mas otras tres cadenillas de oro. Una cruz de piedra colorada venturina de mucha estimación con sus cabos de oro de filigrana. Un rosario de filigrana de oro con sus pater-nostres de piedras preciosas. Otro rosario de rubíes guarnecido de cadena de oro con una medalla y paternostres de oro amedalladas. Otros dos rosarios de coyol con sus cruces de oro, esmaltes y perlas. Una cruz de cristal con sus estremos de filigrana de oro con mas otra cruz de palo embutida en caja de oro con tres pendientes y su crucifijo de oro todo esmaltado. Un pomo de cristal guarnecido de filigrana de oro. Un Baso de unicornio con su pie de plata y una piedra bezar guarnecida en filigrana de oro con otras varias curiosidades guarnecidas de oro y plata. Una cadenilla de oro con dos relicarios de lo mismo y otras muchas alhajas del género, que por su proligidad no se expresan por menor. c) Plata

sobredorada

«Un taller con diez piezas que pesa catorce marcos y una onza. Una porcelana de granillo que pesa tres marcos. Otra porcelana de otros tres marcos. Cuatro salbillas con sus bernegales correspondientes que todas pesan cinco marcos y cinco onzas. Un salero con su pimentero y dos pomitos compañeros de peso de dos marcos. Ocho tembladeras de siete marcos. Una porcelana y dos pomitos, y un frasquito de cuatro marcos y tres onzas. Todas las cuales dichas piezas sobredoradas pesan treinta y nueve marcos.


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72 d ) Plata

blanca

labrada

«Un taller con siete piezas que pesa diez y seis marcos y cuatro onzas. Dos azafates de una hechura que pesan quince marcos. Dos palanganas compañeras que pesan trece marcos y seis onzas. Cuatro platones grandes, veinte y seis marcos. Ocho platones menores, treinta y dos marcos y cinco onzas. Sesenta platillos ordinarios que pesan ciento y treinta marcos y cuatro onzas. Una salbilla y bernegal aconchadas, cinco marcos. Otra palangana aconchada labrada con seis marcos y dos onzas. Dos jarros lisos y una escupidera de diez marcos y cinco onzas. Otra salbilla y bernegal de peso de tres marcos y seis onzas. Un Belon y dos espabiladeras de seis marcos y una onza. Quince candeleros que pesan cincuenta marcos y cuatro onzas. Una fuente lisa que pesa diez marcos. Cincuenta cucharas y cincuenta tenedores que pesan diez y nueve marcos y cuatro onzas. Todas las cuales dichas piezas pesan trescientos y sesenta y cinco marcos que hacen tres mil onzas». d)

Otros

bienes

libres

«Cuatro camas de granadillo bronceadas y doradas con sus colgaduras de escarlatin colorado y pabellones de la China con sus sobrecamas y rodapiés correspondientes. Yt., un crédito de doscientos ducados por los cuales dijo tener la dicha señora (la donante, D a Catalina Josefa) de haber por via de empeño un tributo de dos fanegas de trigo en cada un año sobre la casa de Amiax de la Anteyglesia de Guizaburuaga. Mas mil ducados de pie principal en diferentes generas de ganados que la dicha señora D a Catalina Josefa tiene en sus propias caserías. Mas seis mil ducados de vellón poco más o menos que importara el libro de cuentas que su merced tiene con diferentes caseros y personas particulares. Mas el alhaje necesario para el servicio de casa de todo genero de ropa blanca, así de mesa como de camas, mesas de caoba, cajas de cedro, baúles, peltre y toda la demás cantidad correspondiente a seis mil ducados de vellón». H a s t a a q u í la relación pormenorizada de lo aportado por d o ñ a M a r i a n a Rosa de Bengolea a su matrimonio, gracias a la donación de su m a d r e , d o ñ a Catalina Josefa, quien se reservaba p a r a sí «la mitad de los usufructos y aprovechamientos por los largos días de su vida, ademas de los que especial y señaladamente lleva reservados p a r a si y p a r a disponer de ellos libremente á su voluntad en vida ó en m u e r t e sin contradicción alguna, y que con esta calidad y condición inviolable hacía é hizo dichas donaciones y dotaciones...» 2 5 . 25 Ibidem, fs. 21v a 25v.

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Por su parte, don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz contrataba para su matrimonio y para los hijos que de él nacieren los bienes que siguen: La Gasa y Torre de Bérriz con los bienes insertos en su término redondo, y los situados en la sierra de Oiz y Abadiano, pertenecientes a la citada Gasa, cuya relación hicimos en el capítulo primero. Las varas de Alcalde del Fuero de las Merindades de Durango y Marquina y Prebostada de la villa de Elorrio, «de cuyas mercedes de inmemorial tiempo habían gozado por S. M. los dueños y señores de dicha casa de Bérriz, hasta el señor Dn. Luis de Gamboa y Berriz, su visabuelo que falleció ahora sesenta años poco más ó menos, y por haberle sucedido su nieto el señor Dn. Luis de Gamboa y Berriz, Caballero del orden de Santiago menor de edad y haber muerto este antes de ser mayor de edad, y habiéndole sucedido dho. señor Dn. Pedro de Villarreal, Gamboa y Berriz, su padre y señor, y por haber sido pocos años dueño de dha. casa por haber muerto dejando á dicho señor Dn. Pedro Bernardo de catorce meses de edad, habia habido en ella en tan largos años continuas menoridades, por lo cual no se ha ocurrido á S. M. por la prorrogación de dhas. mercedes». El Patronato de la Iglesia de San Juan Evangelista de Bérriz y su aneja de Garay, «que le tiene por su vida y por otras dos mas por merced de S. M. con sus diezmos..., en virtud de cédula de S. M. (que Dios guarde) expedida en Madrid á primero de julio del año pasado de mil seiscientos y ochenta y siete». La mitad de dos caserías (llamadas de Andecoa de medio) con todos sus pertenecidos, en la Anteiglesia de Frúniz. Cuatrocientos ducados de renta anual librados en el bolsillo de gastos secretos de S. M.26 Se declaraba don Pedro Bernardo heredero de su hermano don Sebastián —«que al presente sigue el estado eclesiástico»27— y, en calidad de tal, capitulaba asimismo en expectativa los Mayorazgos de Marutegui y de Villarreal con relación expresa de los bienes que los conformaban. Importa, por último, destacar que en estas capitulaciones matrimoniales a propuesta de don Pedro Bernardo quedaron vinculados el mayorazgo de la casa solar de Bengolea y el de Bérriz con el Patronato de su Iglesia, «atendiendo á las conveniencias que resultarán á los poseedores sus hijos y descendientes de dho. matrimonio de andar juntos, unidos, é incorporados en un solo poseedor todos los dichos mayorazgos expresados...» 28 En concepto de arras, dado el lustre de la futura cónyuge, don Pedro Bernardo capitulaba «cuatro mil ducados de vellón para que los haya y 26 Enseguida, no obstante, la Real Hacienda redujo a la mitad la renta de estas mercedes. Los entrecomillados corresponden a los folios 27 a 30 de las capitulaciones matrimoniales citadas. 27 Ibidem, f. 30. No obstante, el 28 de mayo de 1968 se bautizaba en Santa M a r í a de Lequeitio a un hijo suyo, José Manuel M. a , que lo tuvo de M . a Josepha de Zavala, natural de Lequeitio. Libro de Bautizados ya citado. 28 Ibidem, f. 31 y 31v. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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tenga siempre además de dichos sus bienes dótales por precipuos y capitales suyos», declarando que los ducados ofrecidos «caben en la décima parte de sus bienes capitulados» 29 . Con esta referencia, podemos intentar una valoración tosca y aproximada de lo contratado por don Pedro Bernardo para su matrimonio: unos 40.000 ducados, lo que equivalía a 440.000 reales, ó a 15 millones de maravedises 30 . Probablemente esa valoración traduciría el esfuerzo de su propietario empeñado en la mejora de su hacienda desde 1687, cuando consigue la administración directa de sus bienes tras la emancipación. La primera inversión que hizo, nos lo dice él mismo en el prólogo de su libro, fue la reedificación «desde los cimientos de unas herrerías». Seguramente, ferrerías en Bérriz o en Mondragón, los dos lugares en los que residía habitualmente antes de casarse. En 1690, sabemos que está dirigiendo unas obras en la casa de Mondragón 31 . Reedificar, construir de nueva planta y comprar tierras para acrecentar el patrimonio serán, como veremos, actividades constantes en la trayectoria vital de nuestro personaje. Contamos con una documentación valiosa que nos permite seguir la evolución de la fortuna de los Villarreal-Bengolea en el primer tercio del siglo X V I I I . Se trata, en primer lugar, del inventario de bienes que se hizo del 3 al 16 de junio de 1707, tras la muerte de doña Mariana Rosa 32 . Era preceptivo que al disolverse el matrimonio por fallecimiento de uno de los cónyuges se hiciera inmediatamente por el superviviente un inventario de los bienes que quedaron 33 . El segundo documento que nos permite seguir el 29 Ibidem, f. 36-36v. 30 Domínguez Ortiz, El Antiguo Régimen..., op. cit., destina las páginas 9 y 10, como advertencia preliminar, al sistema monetario vigente en aquella época. La unidad monetaria de plata era el real, de los que circulaban medios reales, reales, reales de a dos, de a cuatro y de a ocho; este último, en las Indias se llamó peso. Las monedas fraccionarias eran de vellón, que en un principio se hacía con cobre y plata, pero desde el siglo XVII sólo con cobre. Su unidad era el maravedí; había moneda de dos maravedises (ochavo) y de cuatro (cuarto). U n real equivalía a 34 maravedises; un escudo (moneda patrón de oro, que en tiempos de Carlos V sustituyó al ducado, quedando éste como moneda de cuenta) equivalía a 340 maravedises, o a diez reales; un ducado, a 375 maravedises, o a unos 11 reales. Sugiere este autor, aunque con ciertas reservas debidas a los problemas monetarios del reinado de Felipe IV, el cambio de la moneda de este reinado a nuestro tiempo en estos términos: un ducado de vellón podía equivaler a unas 2.500 pesetas de 1987. Aplicando este criterio, los bienes dótales de don Pedro Bernardo capitulados en 1694 supondrían unos cien millones de pesetas. 31 Carta de Pedro Bernardo a su tío donjuán de Andicano, en Madrid. Fechada en Mondragón (Xre. 8 del 90), Pedro Bernardo pide la aprobación de su tío para el trazado que ha diseñado, con ayuda de «un Maestro grande montañés llamado Philipe del Castillo», de dos puertas al fondo del zaguán para la caballeriza y para la escalera de la casa. La carta incluye la planta y el alzado, dibujado por Pedro Bernardo, de las obras proyectadas. A.T.U., Leg. 15, fase. 2, doc. 4. 32 E n este documento se m a n d a hacer el citado inventario el día 28 de mayo de 1707 al haberse producido el fallecimiento de doña Mariana Rosa el día 10 de ese mismo mes y año. Sin embargo, en el Archivo Parroquial de Santa María de Lequátio (Libro de Finados, 26-1, f. 25) figura registrada su muerte justo un año más tarde, el día 10 de mayo de 1708. 33 A.T-M.Z. Es un documento, del que hay dos ejemplares (uno de ellos borrador bastante ilegible) en el citado Archivo, que ocupa 119 páginas.

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Figura 4. — Dibujos arquitectónicos originales de Pedro Bernardo. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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curso de la fortuna es la dotación de Ignacio José Villarreal de Bérriz, el primogénito y mayorazgo, para su matrimonio concertado en 172734. Hay, finalmente, una relación de los bienes muebles libres y de mayorazgo, hecha por don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz y su hijo D. Ignacio Villarreal de Bérriz y Bengolea, con ocasión del segundo matrimonio de este último celebrado en 173 1 35 El testamento y codicilo de don Pedro Bernardo hechos en 173136, en cambio, no añaden nada nuevo respecto al estado de los bienes inmuebles pertenecientes a la familia, aunque sí hacen mención a la herencia de su hermano d o n j u á n Bautista de Villarreal y Gamboa, incorporada al patrimonio. Se trata de una herencia que conocemos muy bien gracias al inventario que el citado d o n j u á n Bautista hizo en 1720 y actualizó en 1724: contabiliza, en total, 503 objetos cuya descripción hace de manera paciente y concienzuda, lo que sin duda es reflejo de una mentalidad preocupada por defender la propiedad incluso en su más modesta expresión; la significación económica de cada uno de estos bienes varía notablemente. Interesa adelantar, no obstante, la faceta intelectual del autor de este inventario que se deduce del elevado número de aparatos y materiales que aparecen para el estudio de la física, astronomía, matemática, arquitectura, geografía, etc., además de «quatro estantes de libros» (n.° 369 en el registro) y «otros quatro menores que sirven de pies a los primeros así mismo con libros cuio catalogo esta en uno de los estantes» (n.° 370)37. A esta cuestión destinamos más adelante un capítulo. ¿Qué modificaciones experimenta el patrimonio familiar desde la fecha del matrimonio en 1694? ¿Cómo se refleja en el mismo la gestión de don Pedro Bernardo? Pronto empezó a manifestarse la mentalidad empresarial de nuestro caballero que le empujaba a desprenderse de aquellos bienes que resultaban escasamente rentables y a adquirir otros más lucrativos en su lugar. En 1695 vendió, por ejemplo, 13 pedazos de tierra de pan sembrar que estaban vinculados. Su localización distante —en La Puebla de Arganzón y Villanueva— y la escasa renta que producían —tres fanegas y media de trigo al año— aconsejaron la venta que se hizo a Pedro Fernández de Gorostiza y a Cipriano de Corcuera, vecinos de La Puebla, por 2.100 reales. 34

v

A.H.D.V. Corregimiento. Leg. 971, n.° 3, fs. 40 a 54v. En realidad es un poder que don Pedro Bernardo otorga en Lequeitio el día 17 de octubre de 1727 —ante el escribano Antonio de Oriosolo— a D. Agustín de Aguirre, vecino de la villa de Azcoitia, D. Sebastián de Villarreal y Gamboa y D. Joaquín de Vicuña, residentes en la villa de Lequeitio y en la de Villarreal, para que lo representen en las capitulaciones de su hijo. El poder recoge obviamente relación expresa de la dotación de Ignacio José. 35 A.T-M.Z. Documento que consta de cinco páginas, fechado en Lequeitio ante el escribano Nicolás de Zatica el día 11 de noviembre de 1731. 36 El testamento se hace en Lequeitio el día 8 de septiembre de 1731 ante el escribano Nicolás de Zatica. El codicilo, unos días más tarde, el 18 de septiembre y ante el mismo escribano. Ambos documentos se conservan en A.T-M.Z., y ocupan respectivamente 11 y 5 páginas. 37 Lamentablemente ese catálogo no parece que se conserva. Tampoco se conserva la unidad de la biblioteca. Gracias a la amabilidad de los Manso de Zúñiga he podido reunir algunos de los títulos de la «librería» de los Villarreal. Más adelante nos referiremos a ello.

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El dinero así obtenido se invirtió junto a 3.400 reales más en la construcción de un nuevo molino «en aguas pasadas al fin del estolde con una piedra de moler asi bien corriente y labrante» en las ferrerías de Bengolea38. Igualmente vendió en 1696 a D. Juan Ibáñez de Zavala un solar también vinculado de la calle Basaaldea de Lequeitio, por 580 reales con los que compró un manzanal situado en medio de las heredades de la casa de Batiz, de su propiedad, que le costó 450 reales y que agregó al mayorazgo. Los 130 reales restantes los empleó en 1701 para comprar ocho posturas y dos terceras partes de tierra de manzano a un vecino de Guizaburuaga. Son dos ejemplos representativos de cómo la gestión de nuestro personaje incide positivamente en el proceso de acumulación de bienes para el mayorazgo. Veámoslo en su totalidad siguiendo el testimonio del propio Pedro Bernardo. Desde 1694 a 1707 confiesa haber realizado las siguientes mejoras en los bienes del mayorazgo: La reconstrucción desde los cimientos, por ruina, de la casa solar de Bengolea. Lo invertido hasta 1707 en esta obra ascendía a 2.000 ducados (= 22.000 reales de vellón), sin contar «los materiales que sacó de los pertenecidos de la dicha casa solar para dicho edificio, asi para tabla, como para postes, cabrios y demás que ha necesitado». Calculaba que otros 600 ducados (= 6.600 reales) se gastarán aún para «perfeccionarla según la traza». La construcción del molino en las ferrerías de Bengolea al que hemos hecho referencia líneas atrás. Se anota como mejora los 3.400 reales que hubo que poner para completar la suma de 500 ducados, coste de esta construcción. El arreglo de un camino y el cierre con paredes de piedra de las heredades de la Casa de Bengolea. Costó 2.600 reales. La reedificación tras un fuerte incendio de la casa de Lariz-Beascoa. Se invirtió en ello, «sin hacer cuenta de la madera de montes propios», 2.800 reales. El cierre de vallados en las heredades y parte de monte de la casa de Eguen, «que por tener solo setos y ser parage donde concurre mucho ganado padecían las heredades». Costó 60 ducados (= 660 reales). Hasta la fecha de 1707 había, pues, invertido en el mayorazgo de Bengolea 31.460 reales de vellón, sin incluir en esta tasación los materiales de su pertenencia empleados en las obras efectuadas. Para el mayorazgo de Bérriz consiguió, tras sentencia dictada el día 7 de enero de 1700, un tributo perpetuo de 64 maravedises al año contra la casa y casería de Ochaeta Arabe, situada en la anteiglesia de Garay. Por otra parte, en los trece años largos transcurridos entre la fecha del matrimonio y su disolución, adquirió por distintas vías varias propiedades de casas y tierras que unió al patrimonio en calidad de bienes libres. Figuran en el inventario de 1707 las siguientes:

38 Inventario de Bienes de don Pedro Bernardo..., cit. La escritura de venta se hizo el día 23 de octubre de 1695 por testimonio de J u a n Bautista de Abasolo, escribano de la Merindad de Durango.


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La casa y casería de Arechandieta con sus pertenecidos, situada en la anteiglesia de Bérriz, heredada de su tío D. Luis de Villarreal y Gamboa, Beneficiado de Bérriz. La casa de Bérriz Aguirre con sus pertenecidos, contigua a la Gasa-Torre de Bérriz, comprada en 1698 —escritura de venta hecha el día 8 de octubre de 1698 ante el escribano de la Merindad de Durango Fernando de Ureta—. La casa y casería de Basterra, situada en la anteiglesia de Amoroto, con todos sus pertenecidos, comprada en 1694 —escritura de venta de 26 de septiembre de 1694 y carta de pago de 7 de mayo de 1695 — . El precio abonado fue de 14.113 reales «de que se dio satisfacción con el censo capital de 500 ducados y sus réditos que tenían sobre la misma casa, y con 100 ducados de capital sobre la casa de Iturreta Jauregui, y 140 ducados, menos un censo de 20 ducados debido por dicha casa a la fabrica de la Ygleisa parrochial de ella». Reedificación de la casa anterior, por estar totalmente arruinada. La obra costó 2.300 reales. Un pedazo de monte llamado Arrazicaondo, en la anteiglesia de Amoroto, comprado por 1.521 reales, el 19 de mayo de 1706. Una heredad en la anteiglesia de Guizaburuaga, comprada en 1704, además de unas tierras adquiridas en el mismo término de Francisco de Goicoechea Esuneta y su mujer por el censo que tenía contra ellos. Heredades y castañales adquiridos contra la casa y casería de Zarandona Goicoa, en la anteiglesia de Ispaster, por 6.959 reales. La casa llamada del Escabeche contigua a la Torre de Uriarte, adquirida en el concurso formado a los bienes de D. Ambrosio de Urquiza y D.a Angela de Otaolea, por 3.845 reales y 30 maravedises; y 12 estados de tierra en la huerta inmediata; y un solar también pegante a la torre, por 264 reales. Todas estas operaciones se hicieron en 1701 para ampliar el espacio de la torre construyéndose las paredes de la huerta. Lo invertido en total en la Torre de Uriarte durante el matrimonio había ascendido a «mil ducados y más de coste». Un solar «pegante a la muralla y confinante por un lado con solar de esta dicha casa», comprado en 1706 a las religiosas del convento de Santo Domingo. Una huerta y heredad contiguos en el pueblo de Aulestia, en la anteiglesia de Murélaga, y un castañal en tierra concejil, en el término de Artecheaga de la citada anteiglesia, adquirido todo ello por 1.609 reales, en el concurso de bienes formado a Aguirre Echea en 1707. También en el capítulo d t Jurosy Censos se inventariaron algunos realizados durante el matrimonio: Recuperó los derechos que la familia Bengolea (Vínculo segundo de Inarra) tenía sobre un juro sobre «la renta de las salinas de la Andalucía tierra dentro». Las diligencias pertinentes que don Pedro Bernardo se vio obligado a realizar le supusieron en 1705 un gasto de 7.457 reales. 200 ducados de censo capital y 6 de renta al año contra los bienes de Francisco de Garro y su mujer, vecinos de Lequeitio, en 1706. FUNDACIÓN JU ANELO TURRIANO


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182 ducados de principal y 60 reales de renta al año contra la casa de Urrutia de la anteiglesia de Amoroto, en 1706. 100 ducados de censo capital y 3 de renta al año contra Francisco de Goicolea y Eguin y Josefa de Barainca, su mujer, vecinos de Guizaburuaga, y su casa y casería de Eguin de Abajo, en 1706. 40 ducados de capital contra la casa de Mendiola Amiar, situada en Bedarona, en 1704. Finalmente, no fueron pocas las joyas y alhajas adquiridas durante el matrimonio; su tasación, no obstante, sólo en contados casos aparece en el inventario de 1707: Dos pendientes de resorte guarnecidos en oro con 36 diamantes, que hacían juego con un antiguo aderezo, tasados en 228 ducados de plata. Dos sortijas de oro con 9 diamantes cada una guarnecidas en plata, tasadas en 64 ducados. Otra sortija de oro esmaltada de negro con 9 diamantes. Una caja de oro esmaltado de blanco, rojo, verde y azul, grabada de figuras que pesa dos onzas y tres ochavas. Otra caja de oro de peso de una onza y siete ochavas con un florón encima de 60 diamantes guarnecidas en plata. Un espejito guarnecido de oro esmaltado. Un relicario con Nuestra Señora y la Magdalena en venturina guarnecido en filigrana de plata. Una cruz de filigrana de plata con la reliquia de San Felipe. Un «agnus» guarnecido de filigrana de plata. Una reliquia de Santa Teresa de Jesús y una firma suya guarnecido en acero. Una caja de oro con dos nacares en las tapas, de diferentes fabulas39. En resumen, la masa de bienes, sin contar las joyas y sin considerar asimismo el valor de los materiales propios usados en la construcción, adquiridos entre 1694 y 1707 importaron la cantidad de 82.161 reales, de los cuales 31.460 reales se invirtieron en el mayorazgo; 37.502 reales, en la compra o mejora de bienes libres y 13.199 reales en juros y censos. No podemos cerrar este apartado sin referirnos a las deudas que el matrimonio tiene contraídas según la declaración de bienes de 1707. «Lo primero seis misas ordinarias por varias personas, y una de capas y cetros por el Bachiller Martin Perez de Beyngoolea, que saca todos los años el Cabildo eclesiástico de esta Villa, y se le paga su estipendio». Jungo a esta primera deuda de naturaleza religiosa, venían especificadas seis más que sumaban 985 ducados de principal en censos debidos a distintas casas e instituciones eclesiásticas —varios de ellos pesaban sobre las casas adquiridas en este tiempo—. Como contrapartida, a todas luces insuficiente y sólo moralmente 39 Todos estos datos proceden del Inventario de bienes realizado en 1707, ya citado.

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satisfactorio por cuanto revela un rasgo de su talante comunitario, declaraba Pedro Bernardo que en su libro de cuentas «hay muchas partidas de haber en el contorno de esta dicha villa (Lequeitio) cuyos deudores son fallecidos los más y muchos no han dejado bienes, por cuyo motivo hay pocas esperanzas de su cobranza; y en el término del inventario no puede liquidar todas las dichas cuentas para saber lo que monta la suma de ellas, pero con la brevedad posible protesta hacer memoria separada y poner a continuación de este inventario, y para que en todo tiempo conste». Lamentablemente no hemos encontrado en los archivos familiares el libro de cuentas ni la memoria a los que se alude en la cita anterior 40 . En el período de 1707 a 1727 muestra nuestro caballero un mayor interés en diversificar su inversión. Ya no será sólo la adquisición de tierra lo que determine su actividad. Por el contrario, invierte también en la compra de montes, de caserías con sus ganados, construye nuevos inmuebles —casa, puerto y ferrería—, y dedica mucha más atención a la torre de Uriarte, lugar de residencia de la familia. De la dotación que en 172741 hace a su hijo primogénito para su matrimonio se infiere lo siguiente respecto a nuevas adquisiciones o mejoras introducidas en el mayorazgo: Una ferrería más en Bengolea. Siete caserías situadas en la anteiglesia de Guizaburuaga: las de Laxiar de arriba, Laxiar de abajo, Acuriola («para cuya compra se dio la casería de Ocamio perteneciente al mayorazgo de Beingoolea que á poca diferencia era de la mitad del valor de la dicha comprada de Acuriola»), Aguirre, Becua, Abaroa y Esuneta. Los montes de Olarriaga y Ubequiaga, dos seles y «otras porciones», situados también en la misma anteiglesia de Guizaburuaga. El monte robledal y castañal de Urgozuaga, en Ballestegui, cerca de la casa ' de Bengolea, «comprado por don Juan José de Andonegui, vecino de la villa de Marquina, y por dicho señor don Pedro Bernardo en tres mil ducados de vellón (= 33.000 reales) y le gozan á medias por indiviso». Ganado procedente de las caserías adquiridas en este período cuya tasación no podemos hacer por carecer de datos. No obstante, sabemos que en 1727 se dota a don Ignacio José con «dos mil y quinientos ducados (= 27.500 reales) de ganado que obra á poca diferencia enlas caserías contenidas en el vínculo, y en las otras nueve42 que van expresadas, las cuales se han de agregar de nuebo á dho. mayorazgo». Inversión realizada en la torre de Uriarte y sus huertas «en que parte es mejoramiento y parte agregación, y aumento con declaración que todo monta 40 Toda la información reseñada hasta aquí procede del Inventario de bienes ya citado. 41 Poder dado en la Villa de Lequeitio por don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz..., para la dotación matrimonial de su hijo don Ignacio José, documento ya citado. Todos los datos referentes al patrimonio en el período 1707 a 1727 están sacados, si no se indica otra cosa, de esta documentación. 42 Don Pedro Bernardo se refiere a nueve caserías porque incluye en ese número las de Arechandieta y de Bérriz Aguirre, que fueron adquirimos, como vimos, antes de 1707.

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cosa de sesenta mil reales de vellón». Recordemos que en 1707 había declarado unos gastos en la citada torre de unos 11.000 reales. Construcción de una casa en La Magdalena, en la jurisdicción de Lequeitio, «con arragua para recamainar venas, tejavanas para tener estas en seco, lonjas y canal, y puerto propio suyo abierto á su costa por donde entran los navios á cargar, y descargar, con su guerta (sic), plazuela y una heredad en el juncal43 de en frente». Todo esto le había costado según declaraba cincuenta mil reales de vellón. En la dotación se incluyen igualmente «ciento y veinte mil reales de vellón que á poca diferencia importan los materiales, y demás prevenciones que hay para el manejo de dichas ferrerías de Beingoolea». Resulta interesante conocer en detalle los cambios que don Pedro Bernardo piensa introducir en este período respecto a los bienes del mayorazgo Bérriz-Bengolea. Propone desvincular algunos objetos de plata y de oro por valor de 44.540 reales, más la hacienda de Durango (consistente en dos pares de casas, una huerta, una heredad, un jaro y unos viñedos), tasada en 19.800 reales. En consecuencia, asciende lo que intenta desvincular a 64.340 reales, y, en su lugar, proyecta agregar al vínculo 119.600 reales por los siguientes conceptos: La casa de Laxiar de abajo que costó 4.000 ducados (= 44.000 reales) y sus mejoras y plantíos, 6.000 reales . . . . 50.000 reales La casa de Laxiar de arriba 16.500 reales La casa de Aguirre 16.500 reales El castañal de Ocamica comprado en Lariz-Beaxa 1.500 reales Dos castañales cerca de Eguen 7 800 reales La huerta de casa (Torre Uriarte) con la primera compra y obras, y la agregada a los solares contra la muralla y sus obras...' 12.000 reales 6 3/4 fanegas de tributo 11.000 reales 300 ducados de censo 3.300 reales La suma de lo consignado en la relación precedente asciende 111.600 reales. A lo que se añadía «los plantíos hechos y que se hacen en Eguen que serán 6.000 robles y castaños» con una tasación de 8.000 reales44. En el documento de dotación matrimonial para el primogénito en 1727 insiste una vez más don Pedro Bernardo en desvincular unos cien mil reales 43 El Ayuntamiento de Lequeitio en la sesión celebrada el 9 de mayo de 1724- aprobaba la venta «pagando su justo valor» del juncal a don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, con la condición de que la obra que éste proyectaba «no peijudique al río; lo cual se entienda dejando camino por un lado para que puedan andar los carros». Acuerdos del Concejo de la N. Villa de Lequeitio, desde el año de 1684 asta (sic) el de 1744. Libro n.° 49. 44 A.T.U. Nota que aparece en el inventario de bienes de 1707, pero que indudablemente fue elaborada después de esa fecha y antes de 1727.


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de plata labrada, un juro de dos mil ducados (= 22.000 reales) y otros bienes muebles «por poco útiles» al mayorazgo, o inmuebles, con el fin de acumular para sí un capital de veintidós mil ducados (= 242.000 reales) para destinarlo a dotaciones para el resto de los hijos, «ó á lo que fuere su voluntad». Las adquisiciones e inversiones realizadas en este periodo compensaban sobradamente la cantidad que se proponía desvincular. Todo el patrimonio de los Bérriz-Bengolea producía en 1727 una renta anual de 3.500 ducados de vellón, es decir, 38.500 reales, «sin lo que pueda valer la inteligencia de las ferrerias, si las manejare el dueño por sí». Para hacernos una idea de lo que esta renta significaba, podemos tener presente los importes de las compras que se señalan en las relaciones precedentes. En otro orden de cosas, una onza de plata valía en los años 30 del siglo X V I I 20 reales de plata, es decir, algo menos de 38 reales de vellón45. Hablando de sueldos o rentas anuales, sin embargo, citemos algunos ejemplos: el médico de Lequeitio cobraba en ese tiempo al año 440 ducados de vellón (= 4.840 reales)46; el salario del encargado del servicio de correo en Lequeitio en 1700 era de 20 ducados anuales (= 220 reales)47. Las rentas anuales de otro insigne caballero vizcaíno coetáneo, don Domingo Martín de Gortázar y Güendica, de la orden militar de Galatrava, ascendían en 1737 a 30.182 reales48. Fuera de Vizcaya, el ayuda de cámara francés que asistía en Madrid a don Pedro José Villarreal de Bérriz, uno de los hijos de Pedro Bernardo, cobraba 11 doblones (= 1.012 reales de vellón) al año 49 . El contraste es, pues, bastante evidente, lo que permite sospechar la calidad de vida consubstancial a la Torre de Uriarte de la que algo diremos en el apartado que sigue. En la relación de bienes que don Pedro Bernardo y su hijo don Ignacio José presentan en 1731 para determinar las arras que este último otorgará a su segunda mujer, su prima la condesa de Monterrón, con ocasión del matrimonio concertado ese año, podemos apreciar la relevancia de los mismos por la tasación que de ellos se hace, y por la cuantía de las arras ofrecidas. Se trata de una relación exclusivamente de bienes muebles, vinculados y libres. Gomo las arras salían de los bienes libres, interesa conocer cuáles eran éstos: 45 A.T-M.Z.: Carta de pago otorgada en Salamanca por don Igmcio Joseph Villarreal de Berrizy Bengolea a favor de su suegro D. Francisco Nieto Bootello de las legítimas paterna y materna y otras cantidades con que dotó a su hija la condesa de Monterron para su matrimonio con el dicho don Ignacio Joseph Villarreal de Berriz. Fechado en Salamanca, 1 de julio de 1732, ante el escribano López de Sopuerta. 46 «Descripción sumaria...» (1740), op. cit., pág. 275. 47 En la sesión del Ayuntamiento General de 18 abril de 1700 se aprueba la subida de salario para el correo de 16 a 20 ducados al año. Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Lequeitio. 48 Manuel Basas Fernández: «Vida y fortuna de los Gortázar», caballeros ilustrados de Bilbao en el siglo XVIII», en Anuario de Historia económica y social, n.° 1, pág. 429. 49 A.T.U., Correspondencia. Carta de Pedro José a su padre, fechada en Madrid, el día 30 de junio de 1721. Dice, entre otras cosas: «(...) Arnaud no contentándose de los tres pesos que tenía cada mes dijo no podía servirnos a este precio, y dijo le avian buscado de cierta parte en que le ofrecían dar cinco pesos cada mes (...). Se á convenido en que se le den 11 doblones cada año, ofreciéndole añadir otro quando io me adelante mi poco; es lo regular el que se de en Madrid a estos ayudas de camara franceses un doblon cada mes. Don Joseph Idiaquez da al suio un doblon por mes, aunque no sabe afeitar».

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«Primeramente treinta y nueve marcos de plata sobredorada, y trescientos y setenta y cinco de blanca. Yten en dicho Oratorio quatro candeleros altos de plata. Yten quatro ñores de plata. Yten un bulto (sic) de San Sebastian de plata atado á un árbol de coral. Yten una tabla de plata con palabras de la Consagración. Otra de el Labatorio, y otra de el Evangelio de San Juan. Yten un cáliz, platillo con vinageras, campanilla y hostiario, todo de plata de muy singular y primorosa hechura. Yten otro platillo con vinageras, y campanilla, todo sobredorado. Yten dos misales enquadernados de terciopelo con cantoneras y chapas de plata de buena hechura. Yten ornamentos de tela, terciopelo y otros generas. Yten cien quadros grandes y pequeños con marcos dorados, y de negro, y oro, muchos de Jordan, otros de Salvator Rosa, Carocho, Chicho, Solimeno, Bruquel, Pablo de Mates, y otros authores celebres repartidos por las salas y quartos de casa. Yten muchas camas de seda, y lana de gran valor y estimación, que no se ponen por menor por evitar prolixidad. Yten diferentes Beneras de piedras preciosas. Yten cantidad de Dijes de plata, joyas, reliquias, y otras alajas de valor, que tampoco se ponen por menor...» remitiendo al inventario de 1707. «Y fuera de dicho Ynventario avia demás lo siguiente: Mil cuerpos de libros de Mapas, Historia, Mathematica, Política, Dicionarios históricos, casi todos enquadernados en pasta, colocados en estancias de ebano con redes de alambre. Yten un servicio de mesa de barro fino de la China. Yten otro de piedra negra de singular primor. Yten varias alajas de plata doradas de marfil, vasos, piezas abiertas de buril, todo de mucho primor de Alemania, Ytalia, Francia, y otras partes. Yten assi bien demás de dichas alajas avrà en los cortijos de las casas y caserías pertenecientes à dichos vínculos y mayorazgos tres mil ducados de ganado Bacuno, cabras y obexas libres de vinculo. Yten diez mili cargas de carbón, y siete mili quintales de vena quemada conducidas a las ferrerias de Bengolea para la labranza de fierro, que empezará con las primeras aguas, y se reducirán à metal para Junio primero venidero de mili setezientos y treinta y dos, y aunque su coste es poco mas de noventa mili reales beneficiado en las propias ferrerias importarán pagados oficiales ciento y cinquenta mili. Yten en los montes de la Casa solar de Bengolea, y caserías pertenecientes à dichos señores otorgantes ay mas de mili arboles grandes para fabricas de herrerías, casas y navios, que valen mas de dos mili pesos. Yten en dichos montes ay leña para mas de doce mil cargas de carbón para quando huviere escasez del genero, que aunque à dinero no valen sino veinte


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y quatro mili reales beneficiadas por ser encinales y jaras, que no pierden por dilatarse el corte, y son de mucho coste en reducirlas á carbón labrando fierro en las propias herrerías de Bengolea valen quatro mili pesos» Se señalaron como arras seis mil ducados de vellón, lo que venía a indicar que la masa de bienes libres declarados importaba aproximadamente unos sesenta mil ducados o, lo que era lo mismo, 660.000 reales de vellón. También se otorgaba en concepto de «alimentos de viudez» a la condesa de Monterrón, «en caso de sobrevivir al dho. sr. Dn. Ignacio de Villarreal su futuro esposo... quatrocientos ducados de vellón en cada año mientras estuviere en el habito viudal, y no tomase estado de segundo matrimonio, también de lo mejor parado de dithos bienes habidos, y por haber, para que los aya, reciba y cobre en la via y forma que mejor lugar aya por derecho»50. La novia aportaba además de la legítima materna, la paterna que consistió en 6.000 ducados de vellón «situados y pagados en lo que estubiere caido de las rentas de dho. estado de Monterron y demás mayorazgos a él agregados, y en los dhos. juros y efectos pertenecientes a su señoría hasta fin de diciembre del año proximo pasado de 1731, y en lo que importasen vestidos, ropa blanca, Joias y otras Alhaxas...» 51 50 A.T-M.Z.: Relación de bienes muebles libres y de mayorazgo hecha por don Pedro Bernardo de Villarreal de Bérriz...,y su hijo D. Ignacio..., ya citada. 51 A.T-M.Z.: Carta de pago otorgada en Salamanca por don Ignacio Joseph Villarreal de Bérriz..., de 1 de julio de 1731, ya citada. Por su interés para conocer algunos aspectos materiales de la vida noble de esta época transcribo de este documento la dotación en bienes muebles de la condesa de Monterrón y la tasación de los mismos en reales de vellón: U n a Joia de diamantes engastados en plata con su lazo del mismo genero con una Nra. Señora de Belen en medio, tasado todo en reales de vellón 1.050 U n a cruz de diamantes en oro 470 Unos perendengues de esmeraldas 240 Unas arrecadas de diamantes 900 U n clavo de diamantes 210 Dos sortijas de diamantes 470 U n cofre de filigrana de plata que pesó 53 onzas tasada a 20 reales de plata la onza 1.995 rs. 10 mrs. U n a azafate de lo mismo que pesó 10 onzas y dos de plata 722 U n brazalete de tumbaga y diamantes 1.080 U n relox de oro 750 9.605 reales que tubieron de coste el corte y su colgadura, echuras, encaxes finos de Olanda, True, Cambray, y otras cosas traidas de Madrid... 9.605 685 reales que tubieron de coste 45 varas de media Olanda á precio de 8 reales de plata la vara 685 Unas enaguas con encaxes ricos de Flandes 300 Lana para los colchones, cinta para ellos, quatro fundas de tafetan para las almoadas, otras de Olandilla, colonias para ellas, calzetas y ropa blanca ordinaria, echuras y portes 800 U n vestido de corte de tisú brocado de sirenas fondo blanco con su monillo guarnecido con encaxe de dro de Milán..., tiene todo el vestido veinte varas 7.335 U n a mantilla de tela encarnada con diferentes figuras de oro y plata toda guarnecida con encaxes de oro y plata de Milán de tercia de ancho 1.470

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Puesto que a partir de 1736 se agrega al patrimonio la herencia de don Sebastián de Villarreal y Lezama, el hermanastro «sángano» 52 de don Pedro Bernardo, conviene conocer la rentas que producían sus dos mayorazgos de Villarreal y de Marutegui. El estado que presentaban era de casi total abandono por lo que sólo rentaban 250 ducados (= 2.750 reales) al año hacia 1727. Así nos explicamos las constantes peticiones de dinero que don Sebastián implora de su hermano y sobrino 53 , las deudas que contrae con distintas personas, notables o labradores, varones, viudas e incluso monjas, en Bilbao, Elorrio, Bérriz, Garay 54 , las estancias prolongadas que pasa en Lequeitio o en Bérriz, o la artimaña que cultiva este caballero de Galatrava, militar frustrado y clérigo disidente, para vivir como invitado en los medios sociales bilbaínos.

4. Aspectos de la vida familiar en la Torre de Uñarte La residencia habitual de don Pedro Bernardo desde que contrae matrimonio fue la Torre denominada de Uñarte, por el lugar de su emplazamiento —aunque ya en este tiempo parece que el lugar se reconocía por «el de las Monjas» 55 —, en la villa de Lequeitio. Es una mansión construida en el siU n a Basquina (=basquiña) de tela verde con diferentes figuras de oro y plata con bastante falda guarnecida... con encaxes de plata de Milán de tercia de ancho 3.420 U n a docena y media de almoadas de estrado de terciopelo de carmesi de Ytalia, y vueltas de Damasco 2.025 U n tocador de concha y marfil 360 4 varas de Perciana y 4 de tafetan 232 52 Gonzalo Manso de Zúñiga en sus deliciosas «Cartas de Bilbao», op. cit., narra (Cuaderno 2 ° , pp. 185-6) la última «trastada» de don Sebastián hecha en el otoño de 1736, «y que no es una deuda más que se pueda pagar, ni una pendencia que quepa ocultar, sino que con motivo de frecuentar el trato de un matrimonio de aventureros, se ha emborrachado, ha testado, se ha casado y se ha muerto; todo en una noche». Este testamento, que no dejaba como se esperaba a don Ignacio Villarreal de Bérriz como heredero, fue impugnado por éste en Madrid, «y es tal la polvareda que allí organiza, que como consecuencia van seis abogados bilbaínos a la cárcel». El consiguiente pleito se falló a favor de los Villarreal. 53 Gonzalo Manso de Zúñiga en las «Cartas de Bilbao» citadas, presta alguna atención a los apuros económicos de don Sebastián (Cuaderno 2.° pág. 179). 54 E n la Carta de pago otorgada por el Capitán don Sebastián de Villarreal el día 27 de marzo de 1675 a favor de d o n j u á n de Andicano, como tutor de don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, por el recibo de una suma de dinero a cuenta de la cantidad concertada en el arreglo y concordia de 1674, aparece la relación de personas a las que debía don Sebastián en total 11.240 reales. (Figura entre otros «la Madre Ana Bautista de Arbayza, religiosa en el Monasterio de Verriz», a la que adeuda 132 reales de vellón). El documento ofrece el interés adicional de establecer las equivalencias pertinentes de las monedas en uso. Recogemos algunas que aparecen aquí y no se citaban en el apunte de Domínguez Ortiz citado en la nota 30 de este capítulo: U n doblón de a 2 escudos de oro = 92 reales de vellón U n real de a 8 en plata (peso) = 24 reales de vellón ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE MADRID. E s c r i b a n í a d e d o n L e o n a r d o M a r c o s P a -

checo. 55 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pág. 7. Al lado de la Torre de los Bengolea estaba el convento de las monjas dominicas.


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glo XVII, a la que sus sucesivos moradores embellecieron y perfeccionaron en las distintas etapas de su historia. Sin duda fue Pedro Bernardo uno de los que más empeño puso en ampliar y hacer más racional el espacio habitado. De su tiempo, en efecto, datan las reformas más importantes. Entre 1701 y 1706, como vimos, adquirió algunos terrenos y solares contiguos a la Torre con los que aumentó sensiblemente la superficie de la Gasa. Pero, considerando el capital invertido, fue en los veinte años transcurridos de 1707 y 1727 cuando se realizaron las más importantes obras que transformaron en cierta medida el aspecto de la Torre. Se levantó un piso en las fachadas de poniente y mediodía con el fin de alcanzar la misma altura que tenían la principal y septentrional. En la fachada trasera «hizo avanzar hacia la huerta las alas laterales y las enlazó por medio de un gran arco de medio punto (de 7,5 metros de luz), que abarca la planta baja y el primer piso. Sus contrafuertes llegan hasta el desván. Es de sillería caliza con las impostas remarcadas por una faja lisa. Sobre él hace correr una cornisa que sirve de base a un gran vano rectangular (de 6 metros por 3 metros). El intradós del arco proporciona una solana al cenador construido por Longa en el primer piso y el gran hueco de la segunda planta otra al comedor, edificado ahora sobre aquél» 56 . La fachada septentrional también fue ligeramente alterada en la época de Pedro Bernardo. Abrió un balcón, alineado con las ventanas de las plantas inferiores, y, para completar la simetría respecto a estas plantas, en lugar de un segundo balcón simuló una falsa ventana. A la Torre se accede a través de unas escalinatas que conducen directamente a un zaguán con una triple arcada de medio punto rebajado en el que se abre la puerta principal que lleva a la planta primera. En esta fachada principal, un escudo de armas nos recuerda los linajes de la Casa. La descripción que del mismo hace Ocamica dice así: «Escudo de blasón cuartelado, y en su 1 t i e n e un león rampante con estrella en jefe (parte alta), representando a la familia Bengolea; en su 2.°, tres fajas que llevan borduras de cadenas y señala a los Churrucas; en el 3.°, árbol con dos osos apoyándose en él mismo, indica a los Olaeta; y el 4.°, que es contracuartelado, tiene en 1.° y 4.°, águila explayada, y en 2.° y 3.°, cruz floreteada, representa el apellido Olano (Asubieta)»57. El interior de la Torre podemos colegirlo del inventario de bienes hecho en 1707. Una amplia sala de entrada en la que hay cinco arcas, tres de ciprés y dos de nogal, en las que se guardan bienes muebles del mayorazgo o libres, enseres de plata, alhajas y ropa. La sala está decorada con alguno de los cien cuadros de autores prestigiosos — Bruegel, Jordán, Carduccio, entre otros—, que la Torre tiene en total, según la declaración de 1731. El piso y artesona56 Jaione Velilla Iriondo: Evolución arquitectónica de «El Campillo» de Lequeitio. Memoria de Licenciatura (inédita) dirigida por la Dra. Ana de Begoña y Azcárraga, presentada en la Facultad de Geografía e Historia (Universidad del País Vasco), Vitoria, 1986, pp. 259-260. En la Torre de Uriarte mé facilitaron gentilmente su consulta. 57 Francisco de Ocamica, op. cit., pág. 88, nota 2.

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do son de madera, el primero de anchos tablones y el segundo de dibujos de rombos que forman una decoración sencilla, pero recia. Desde esta sala se accede a un vestíbulo que conduce a la cocina y otras dependencias auxiliares que miran hacia la huerta y el callejón. En la misma planta, y contigua a la sala de entrada, está el cenador construido por Longa y una escalera protegida con una impresionante balaustrada de madera —que Pedro Bernardo parece también modificó—, por la que se asciende a las plantas superiores. De Longa es asimismo el Oratorio que se encuentra en la planta segunda. Sobre la puerta del mismo la efigie en marfil del arcángel San Miguel, con su peana dorada, «labrado en la China, de singular primor», declarado como primer bien del mayorazgo y cabeza del mismo. En el Oratorio aparecen las piezas y objetos de carácter religioso que ya conocemos por las relaciones de los apartados precedentes. Distintos «aposentos grandes» y «salas» completan la estructura un tanto irregular de estas plantas, primera y segunda, como de la baja y el chapitel. Varios corredores orientados hacia la huerta, jardín y calle facilitan la comunicación entre las piezas de la casa. Referencia separada exige el comedor principal cuyas paredes decoró Pedro Bernardo con un soberbio papel con motivos chinos siguiendo el gusto por lo exótico de la época. La cubertería de plata inventariada —tres docenas de cucharas y tenedores—, como la vajilla y demás enseres culinarios que se citan nos permiten sospechar razonablemente la concurrencia en ocasiones de numerosos invitados a la mesa de los Villarreal. El mobiliario de la casa consiste en arcas —en el inventario de 1707 se anotan 27—, de distinta calidad, cedro de Indias, castaño, nogal y ciprés; baúles de Moscovia; contadores (especie de escritorios provistos de varias gavetas), de ébano; sillones de terciopelo «con flecos de plata, con sus caídas correspondientes y cabezadas de lo mismo con los broches grandes de plata», mesas, sitiales, sillas, taburetes, bufetes (fuelles), espejos grandes; camas —todas las que se citan reúnen características sofisticadas, por ejemplo, la que se halla en el aposento grande del cuarto segundo es «de granadillo de Portugal bronceado con su colgadura de damasco carmesí de la China, bordada de oro y seda con alamares azules, forrada la colgadura en tafetán celeste de la China y rodapiés de lo mismo»—. En la cocina, recocina y demás dependencias anejas hay un «servicio abundante y muy cumplido de todas las cosas necesarias de cobre, estaño, hierro y barro». En la lonja y en el aposento situados sobre las caballerizas se guardan cuatro arcas, tres tinajas para aceite, balanzas para pesar con una pesa de hierro de 84 libras, además de un troj para el grano. En un recinto especial de las caballerizas, un caballo «que al presente dijo tener en casa de un amigo» y tres cujas viejas. En las bodegas, por último, unos lagares, cinco cubas y cinco toneles «con sus arcos de hierro para envasar sidra y cocer vino»; y «nueve pipas, siete barricas y cuatro terceroles, todos para envasar vino»38. 58 Todos estos entrecomillados, como la información, proceden del Inventario de Bienes de 1707, ya citado.


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Este es el aspecto interior que presentaba esta gran casa. Conozcamos ahora quiénes la habitaron desde 1694 en adelante. Con don Pedro Bernardo y doña Mariana Rosa, vivieron en la Torre de modo permanente la madre doña Catalina Josefa hasta su fallecimiento no muchos años después, y doña M. a Teresa de Bengolea, hija natural de don Silverio, nacida en América, y por tanto hermana de padre de la citada Mariana Rosa. María Teresa fue un personaje nuclear en la unidad familiar desde el fallecimiento relativamente temprano de Mariana Rosa cuando contaba 32 años de edad. Tenía sus propias rentas procedentes de su hacienda vizcaína en chacolí, caserías y ganado, además de lo que le enviaba su madre, doña Petronila de Esquibel, desde Lima 59 . Sus intereses en tierra peruana contaron en los años 20 de este siglo XVIII con la firme protección de varios clérigos, entre ellos la del propio arzobispo de Lima, don Antonio de Soloaga60. Todo lo que tenía lo puso generosamente a disposición de los Villarreal, su fortuna cuando fue necesario y, lo que es más importante, su propia persona ya que permaneció soltera hasta su muerte en 174761. Don Pedro Bernardo en su testamento de 1731 manda a «doña M. a Teresa de Beingolea, mi hermana, mil ducados de vellón, aunque conozco que con mucho más, no queda agradecido su cuidado; porque en mas de veinte y tres años que a cuidado de la casa, ha (sic) criado mis hijos y de D. a Mariana Rosa de Beingolea, mi lexma. muger difunta, con el amor y cariño de suios propios; y ademas, de su hacienda de chacolin, rentas de caserías y ganado, se han consumido en casa cantidades de que manda sea puesto por asiento»62. Esta declaración testamentaria de don Pedro Bernardo resume de manera elocuente lo que significó doña M. a Teresa en el proyecto vital de la familia de Uriarte. Vivieron también en la Torre de Lequeitio los dos hermanos de don Pedro, don Sebastián y don Juan Bautista, el primero en temporadas espaciadas y el segundo de manera permanente desde 1716. De los dos hemos anotado ya algunos datos acerca de su talante personal y ocupaciones desempeñadas. Baste añadir que la presencia de d o n j u á n Bautista en la casa de los Villarreal fue muy positiva en el orden social cara a la salida profesio59 A.T.U., leg. 19, fase. 9: E n el legajo que recoge la Correspondenáa familiar hay un fajo de gran interés que reúne los copiadores de las cartas enviadas desde la Torre de Uriarte a la familia residente en Indias. Entre éstos, varias cartas de doña M . a Teresa a su madre doña Petronila de Esquibel. E n la fechada el 20 de febrero de 1721, doña Teresa cuenta a su madre el papel que le ha tocado desarrollar en Lequeitio; aludiendo a sus sobrinos, dice: «(...) y haviendoles faltado, como avisé, su madre, los he criado, y los quiero como a hijos, y ellos a mi como a Madre, pero nada de esto es bastante consuelo, quando hallándome tan distante no tengo el de las noticias de Um., (...)» 60 H a y en el legajo citado de Correspondenáa del A.T.U. bastantes referencias y algunos copiadores de cartas dirigidas al Arzobispo y a don Santiago de Bengoa. 61 Libro de Finados de Santa María, de Lequeitio, 17-2, f. 58v: Murió el 24 de marzo de 1747 habiendo recibido los Sacramentos. Testó ante J u a n Bautista de Gamarra, escribano de número de esta villa y vecino de ella. Su sobrino don Ignacio de Villarreal, conde de Monterrón, «corrió con las exequias de su alma en honra mayor». 62 Testamento ya citado en la nota 36.

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nal del «segundón» —por su amistad con figuras de la nobleza empleada en cargos político-militares de relieve, como por ejemplo, el duque de Medinaceli, el Marqués de Castelfuerte, don José de Armendáriz—. Contribuyó asimismo a animar la tertulia científica de la Torre con su indudable talento y a enriquecer sus fondos bibliográficos y materiales didácticos aportando los que en número elevado eran de su propiedad. La correspondencia familiar que hemos podido consultar en el Archivo de Lequeitio nos permite conocer facetas del matrimonio que con frecuencia quedan ocultas en otro tipo de documentación. Pocas referencias, sin embargo, aparecen relativas a doña Mariana Rosa; se conservan las cartas que dirige a su marido a Madrid en 1693, cuando aún no se había realizado la boda —y de las que ya dimos noticia—, y las que le envía también a la Corte en el invierno de 1702-primavera de 1703, durante la que creo fue la última estancia prolongada de Pedro Bernardo en Madrid. Son cartas breves, que se escriben con una periodicidad semanal, en las que se vislumbra una mujer enamorada, atenta a las preocupaciones e intereses de su esposo y nostálgica de su regreso a Lequeitio. Su muerte anticipada explica la carencia de más referencias relativas a su persona. Más rica lógicamente es la información que se obtiene sobre don Pedro Bernardo, quien sostiene, por medio de escribientes63, una abundante relación epistolar con su familia —hijos y demás, porque no hay que olvidar su condición de Pariente mayor, que gustaba ejercer—, con sus amigos, con sus administradores 64 , con sus abastecedores de vena, con otros caballeros de Vizcaya y Guipúzcoa, interesados como él en el negocio de las ferrerías. Son indudablemente las cartas de índole familiar las que proporcionan los mejores datos sobre el talante humano de nuestro personaje. Sin que pretendamos agotar, ni mucho menos, el conocimiento de su carácter y personalidad —no podríamos, por otra parte, quién llega a penetrar de verdad en el corazón del hombre—, señalemos algunos rasgos de su semblanza en el círculo familiar. Fue un hombre amante de sus hijos, preocupado por su educación, seguridad y por su salida profesional, «(...) Viendo que se encendía la guerra por abril de 1719, hice venir de Tolosa (de Francia) a Ignacio y a su Perú de Vm. Vinieron en muchas marchas con las tropas francesas, y desde San Juan de Luz en chalupa al empezar el sitio de Fuenterrabía. Aprovecharon lindamente en Francia (estudios realizados en el colegio de los jesuítas), no haviendome pesado el haverlos embiado halla; el tiempo que se han detenido en casa han travajado con el thio (don

63 Pocas veces, salvo en sus años mozos, hemos visto escrita de su puño y letra una carta. Se limitaba a firmar, y a lo más a añadir alguna posdata. 64 Baste recordar las 731 cartas que Gonzalo Manso de Zúñiga comenta en sus citadas «Cartas de Bilbao» de la correspondencia con Pablo Francisco de Yrisarri, su administrador en Bilbao. Se conserva en el A.T.U. otro legajo impresionante con la correspondencia de Pedro Bernardo con D . J o s é Gutiérrez, que entendió de los asuntos de la Torre Uriarte en Bilbao antes de nombrarse a Yrisarri. E n el archivo familiar de Nájera también existen muchas cartas dirigidas a Pedro Bernardo desde Madrid escritas por su agente en la Corte Damián de Navas.

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Juan Bautista) en la fortificación y otras cosas de la Mathematica, y aunque el thio lo resintió porque se hallava bien con ellos, fueron a Madrid por setiembre. Están en casa de Lauro. Perú sentó luego plaza de cadete en los guardias de Ynfanteria en la Compañía del Theniente Coronel Armendariz a quien escrivio mi hermano (donjuán Bautista), le cuida y le atiende. A pocos dias que llego le cogió la biruela de que libro lindamente (...) Ignacio se inclinava también a servir algún tiempo al Rey, pero consideré que el noviciado es mui duro, y que para no proseguir, servia mui poco el ser soldado; se detendrá algún tiempo en Madrid (.,.)»65

Cuando se trata del matrimonio de su hija mayor, tomará parte muy activa en el mismo. Los matrimonios en aquel tiempo, y particularmente en este medio social, se acordaban, como se sabe, por los parientes más cercanos de los futuros esposos con ausencia total de los interesados hasta casi el momento de las velaciones, y eso si no se hacía por poderes. Primero se llevaba a cabo una discreta, pero exhaustiva, investigación sobre el alcance de la fortuna, costumbres y crédito medido en términos de honra, de la Casa con la que se intentaba emparentar. El objeto era «un casamiento entre iguales en calidad, sin que se murmure cosa en contrario» 66 . Superado este trance satisfactoriamente, se procedía a una primera entrevista con el candidato para cuya celebración valía cualquier excusa. Por fin, el pretendiente llegaba a la Casa de la novia y, después de una charla con sus familiares varones, a quienes probablemente conoce porque son los únicos que han intervenido en todo el proceso anterior, tiene ocasión de ver con sus propios ojos, de un modo fugaz eso sí, a quien se convertirá en su esposa. No suelen mediar más encuentros, salvo los que sirven para fijar las capitulaciones hechas por los familiares, hasta el momento de celebrarse el matrimonio. Hablando de la boda de la hija mayor de don Pedro Bernardo, hay una carta que no tiene desperdicio, en la que se narra la estrategia matrimonial seguida: «(...) Sepa Vm. que tendo ajustada Boda de mi hija Ana M. a con D. Yñigo Manso de Zuñiga (...). Yo supe que de su parte se hacian o pedían Informes secretos de mi Casa y discurriendo el fin a que se dirigían, me informe también de su persona, costumbres y Maiorazgos. Ambos parece quedamos satisfhos.; él vino a principios de Maio a esta Villa, y siendo algo pariente de mi sobrino D. Joseph Jazinto de Alava, me envió un recado me quería ver haviendo llegado a esta Villa, y hallándome indispuesto embie a Ignacio a la posada a combidarle con la Casa haciéndome desentendido de todo; él se escusó y vino al otro día, y despues de un rato de combersazion dijo que estimaría ver a las Madamoisellas (sic) por haverselo encargado assi las parientas de Vitoria, de parte de quienes tenia mucho que decir; entro a verlas y 65 A.T.U., Copiador de la carta de don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz a don Bruno de Zavala, gobernador de Montevideo, fechada en Lequeitio, el día 3 de abril de 1721. Legajo de correspondencia ya citado. Los textos que van entre paréntesis son míos. 66 La frase entrecomillada se repite mucho en la documentación de la época relativa a «Informaciones» de personas o casas.

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echa la vissita y paseadose con Ignacio por el lugar, marcho; a su buelta en los lugares de Guipuzcoa por indicios y medias palabras, se publico estava echo el cassamiento lo que tomó tanta fuerza que me vi precisado a declararme en secreto con algunos Parientes y Amigos diciendo lo que havia, y que si estubiera echo el tratado no podia yo tener motibo para callarlo. Passados algunos dias me hallé con carta de Dn. Gaspar Girón (cañado del citado don Iñigo) llena de cortesanías y urbanidades pidiéndome a Ana Mari para su hermano D. Yñigo. Yo respondí con la estimazion correspondiente combiniendo en el tratado. Don Yñigo es de un natural vellisimo, mucho mas asentado y juicioso que su hermano, de forma que todos se hacen lenguas de él, y lo muestra en lo que se va disponiendo para Contrato y Boda, procediendo con mucha cavalleria y modo; su edad 40 años, la complesion mui buena porque no à tenido vicio alguno; su Maiorazgo de la Cassa de Canillas, cabeza de la familia de los Mansos, consiste en el Señorío de las Villas de Canillas, Cañas y Santorcuato, muchas rentas de granos; 23.000 ducados de censos capitales, y otras cossas, que estoi asegurado passa de 2.000 ducados al año; las posesiones son en la cercanía de Santo Domingo de la Calzada (...). No se nos quede en el tintero la Dote que doi, es 8.000 ducados en dinero, y Alajas, 3 ó 4.000, como gustare Dn. Yñigo, de contado y el resto asegurada la subcesion, y demás un juro estimado en 2.000 ducados, que todo son 10.000 ducados» 67 .

En otras cartas, Pedro Bernardo se manifiesta como un hombre de inquietudes religiosas: lo que más le alegra cuando regresan sus hijos de Toulouse es comprobar «lo virtuosos que vinieron, lo que mantienen con grande consuelo mio»68; en otro párrafo se refiere a las prácticas religiosas y a las costumbres de Lequeitio, «los exercicios de San Ygnacio que verdaderamente es la maior cossa que en la Christiandad se ejecuta en mi opinion, no es mucha la continuación que ay en esta Villa, pero en ella avrà quatro años se estableció una Escuela de Christo 69 que prosigue a Dios grazias con grande fruto entrando en ella todos los sacerdotes, particulares, y muchos vezinos. Las danzas de tamboril ya sabes que ni grandes misioneros que han venido á este Pais han podido quitarlas, y ay quien discurra que la jubentud con la falta de esta diversión seria peor; lo que aqui se cuida es que despues de las Avemarias no haia danzas: lo de las Partijas (?) es mucho mas irremediable»70. Otros textos descubren a un hombre desprendido, atento a remediar las necesidades y problemas de sus conocidos, defensor de la honra y de la hacienda personales (a don Bruno de Zavala, que le comentaba no haber acumulado plata en el ejercicio de su cargo en Indias, le escribe: «consolé67 A.T.U. Leg. cit., copiador de la carta de don Pedro Bernardo a don Bruno de Zavala, fechada en Lequeitio el día 13 de julio de 1727. 68 A.T.U., legajo de correspondencia ya citado. Copiador de la carta de don Pedro Bernardo al Padre Francisco Joachin de Villarreal (Lequeitio, 3 abril 1721). 69 Nos referiremos en otro lugar a esta Escuela de Cristo lequeititana. Adelantemos que el primero que figura entre los vecinos en los documentos fundacionales es don Pedro Bernardo. 70 Ibidem.


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monos con que el maior caudal de los hombres de bien es la honrra, esta la tiene Vm. segura en quantos vienen de esse Pais», y más adelante remacha la idea, «que es mui cara la plata que se consigue faltando a Dios y al Rey» 71 ). En la correspondencia que sostiene con sus dos hijos mayores durante la estancia de éstos en Francia, y más tarde en Madrid, o la que se remite desde Barcelona, Gibraltar o Italia, a donde lleva la carrera militar al segundo hijo —se conservan las cartas que se reciben en Lequeitio porque en este caso no hay copiadores—, aparece un padre interesado por todo lo que les afecta, incluidos los más pequeños detalles. El reparto de regalos a los jesuitas franceses, la compra de un traje, la contratación de un criado, las visitas a realizar en la Corte, las peripecias sufridas durante los viajes y alojamientos en las posadas del recorrido, la distribución del tiempo en tareas y ocios, de todo se da cuenta a don Pedro Bernardo y se solicita su aprobación. «Yo estimo infinito —escribía el «segundón» desde Barcelona donde estaba su Compañía, en 1721 — los consejos que me da Vm., y espero con el favor de Dios no faltar a ellos, porque con esso se hace uno estimar y querer de todos» 72 . Don Pedro Bernardo y doña Mariana Rosa tuvieron nueve hijos, algunos muertos prematuramente. Sucesivamente fueron naciendo: María Josefa Ignacia Teresa (1694) 73 ; J u a n José Ignacio Javier (1695) 74 ; Francisca Javiera Maria (1697) 75 ; María Jacinta (1699) 76 ; Ignacio José Javier (1701) , Ana Maria Joaquina (1702) 78 ; Pedro José Cesario (1704)79; Catafina Teresa Rosa Manuela (1706) 80 y por último Francisco Javier Sebastian Maria (1707) 81 . En 1731, cuando se hace el testamento de don Pedro Bernardo, sobreviven, y por este orden se citan en el mismo, «el mayor Dn. Ignacio, que al presente se haya en la Villa y Corte de Madrid a casarse con su prima y mi sobrina, la condesa de Monterrón. Dn. Pedro, Segundo Teniente de las guardias Españolas; Dn. Francisco Javier, colegial mayor en el Viejo de San Bartolomé, Universidad de Salamanca; D. a Ana M. a Joaquina, casada con Dn. Yñigo Manso de Zuñiga, Señor de Cañas y Canillas y Santorquato, y D. a Catalina que está en casa sin tomar estado» 82 . Aparte 71 A.T.U. Copiador de la carta de don Pedro Bernardo a don Bruno de Zavala (Lequeitio, 3 abril 1721). El subrayado es mío. 72 A.T.U., leg. 16, fase. 6: Cartas a Pedro Bernardo Villarreal, 1716-1739, de su hijo Pedro José Barcelona, 10 de octubre de 1721. 73 Libro de Bautizados de Santa María, de Lequeitio, 26-1, f. 101 v. Fue bautizada el 15 de octubre Todos los hijos fueron bautizados en Lequeitio, salvo Ana María Joaquina, por lo que sólo anotaremos el folio en que aparece. La signatura obviamente es la misma. 74 Ibidem, f. 105 v. Se le bautizó el 9 de noviembre. 75 Ibidem, f. 110 v. Bautizada el 9 de noviembre. 76 Ibidem, f. 112 v. Bautizada el 17 de junio. 77 Ibidem, f. 118 v. Bautizado el 14 de marzo. 78 No figura en el libro de bautizados de Santa María de Lequeitio. Probablemente aparezca en el de Bérnz. El defectuoso estado de conservación del Libro de Bautizados de su Iglesia de San J u a n me impiden afirmarlo de manera concluyente. 79 Libro de Bautizados de Santa María de Lequeitio, cit., f. 126 v. Bautizado el 29 de febrero. 80 Ibidem, 131 v. Bautizada el 15 de enero. 81 Ibidem, f. 135 v. Bautizado el 4 de marzo. 82 Testamento ya citado, flf. Iv y 2.

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esta descendencia legítima, tuvo don Pedro Bernardo, como era bastante frecuente en aquel tiempo, lo hemos visto en su propia familia, al menos un hijo natural 83 . Se trata de Francisco Joaquín habido con Joachina de Ezenarro y Unda, desconozco el lugar y la fecha en que sucedió el evento, aunque probablemente fuera en Bérriz y antes de contraer matrimonio. Una breve reseña biográfica ayudará a conocer un poco mejor a los citados. —D. Ignacio José, mayorazgo por la muerte prematura de sus hermanos mayores. Estudió de 1716 a 1719 en el colegio de los jesuítas de Toulouse (Francia) Gramática, Humanidades, Retórica y un año de Filosofía. Pasó después, en diciembre de 1720, a Madrid a completar la formación social correspondiente a su condición, esto es, «ejercitarse en montar a caballo, tomar lección de espada», frecuentar los círculos nobiliarios y ganar progresivamente la «estima» de los que le tratan. En la primavera de 1722 regresa a Lequeitio para iniciarse en el cuidado de la hacienda. Casó dos veces y en ninguna logró sucesión. La primera, en 1727, con doña Josefa del Corral y Zarauz, que murió a los pocos años, en 1730, y la segunda, con su prima doña Teresa María Ana Nieto Bootello y Andicano, condesa de Monterrón, en mayo de 1732, en Salamanca 84 . Desde su primer matrimonio en 1727 dirige la hacienda 85 . Ejerció cargos en el municipio de Lequeitio, fue también apoderado en las Juntas Generales y resultó en más de una ocasión elegido Regidor del Gobierno Universal del Señorío. Al igual que el padre, destacó en el mecenazgo y a él se debe, entre otras obras, la reedificación de la ermita de Oibar, en la anteiglesia de Guizaburuaga 86 . En 1738 tomó posesión del mayorazgo de Eguiguren como pariente más cercano de don

83 Y digo al menos porque existe una carta que éste envía a doña M . a Teresa de Bengolea, a la Torre de Uriarte, en la que le pregunta vivamente «si se hicieron las paces con mi hermana Antoñica, y si no se han hecho mire Vm., que se gana mucho cielo con ser medianera para que se hagan las paces (...)». A.T.U. Carta de Francisco Joaquin de Villarreal (Santiago de Chile, 24 de diciembre de 1717). 84 Esta partida de matrimonio se conserva en el A.T-M.Z. En ella se alude a la previa bula pontificia que, dado el «tercer grado de consanguinidad» que unía a los futuros cónyuges, hubo necesidad de despachar. «El Iltmo. Señor Dn. Joseph Sancho Granado Obispo de dicha Ciudad y Obispado de Salamanca, estando en las Casas de habitación de el Señor Conde de Monterron, aviendo visto el despacho que queda referido y constandole no haver impedimento por lo que toca a dicha Señora Condesa de Monterron, desposó y casó por palabras de presente que expresaron el mutuo consentimiento é hizieron verdadero matrimonio, á los susodichos señores Dn. Ygnacio de Villarreal Verriz y Andicano... y D. a Theresa Nieto Botello Andicano...». 85 Pedro José, el segundo hijo varón, se dirige directamentea a su hermano para tratar de sus «asistencias», es decir, del dinero que hasta entonces le enviaba el padre para un mantenimiento «decente». 86 A.H.D.V., Corregimiento, Reg.° 13, n.° 17. Año 1752. Licencia concedida por D. Juan de Giieñes, vicario generaly provisor de la diócesis de Calahorray la Calzada, fechada en Logroño el día 7 diciembre 1752, dirigida al canónigo más antiguo de la Colegiata de Cenarruza, para que pudiera reconocery bendecir la ermita de Oibar, sita en la anteiglesia de Guizaburuaga, cuyo Patronato pertenecía al Cabildo de la Abadía, por haberse reedificado a costa de D. Ignacio Villarreal de Bérriz, vec." de Lequeitio. (23 folios en regular estado de conservación). Debo el conocimiento del dato a Xalba Aristondo.


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Francisco Ignacio de Eguiguren que falleció sin dejar sucesión legítima87. Murió en Lequeitio en enero de 176188 dejando como heredero de los vínculos y mayorazgos a su hermano Pedro José. —D. Pedro José estudió también de 1716 a 1719 en el colegio de Toulouse, donde acabó la Gramática, y en Madrid, con su hermano Ignacio, completando su educación. Gomo segundón, siguió la carrera de las Armas 89 . En 1720 sentó plaza de cadete en las Guardias de Infantería, en el Regimiento del Teniente Coronel, don José de Armendáriz, pero hasta octubre de 172190 no se integró a su Compañía establecida en Cataluña. Por la correspondencia que se conserva en el archivo familiar se pueden colegir sus sucesivos destinos militares: Barcelona (1721-1724)91, —en julio de 1724 se le nombra Alférez en el Regimiento de Guardias de Infantería Española 92 , en enero de 1729 asciende a Alférez de Granaderos 93 ; Campo de Gibraltar (1727)94, 87 Documentación relativa a este Mayorazgo se conserva en el A.T.-M.Z. 88 Libro de Finados de Santa María, de Lequeitio, 17-2, f. 101 v. De su partida se desprende que recibió los santos sacramentos, testó, pero no dejó manda, y corrió con sus sufragios en honra mayor el Brigadier D. Pedro Villarreal, su hermano. 89 Las salidas profesionales de los que no eran primogénitos en estos medios sociales, solían ser la Iglesia, la Administración o el servicio de las Armas. La familia Villarreal de Bérriz es un claro ejemplo de ello. En el caso que ahora nos ocupa, don Pedro Bernardo decide el ingreso de su hijo segundo en el Ejército. «Me alegro infinito —escribe Pedro José a su padre desde Toulouse, el 2 de marzo de 1719— haya hecho Vmd. empeño para mi en casso que tenga efecto el regimiento con que se quiere servir al Rey: esta noticia la tube el domingo por la mañana, que cumplí quinze años, de buelta de la communion; en quanto a lo que dice Vmd. supone tendre io inclination a la milicia no se engaña Vmd. y seria gran consuelo para mi se lograse lo que V m d me promete». A.T.U., leg. 16, fase. 6. 90 En la carta fechada el 4 de octubre de 1721, Pedro José cuenta a su padre los incidentes del viaje y su incorporación a la compañía. Por su interés social reproduzco algunos pasajes de la misma: «El martes por la mañana llegué a Dios gracias bueno aviendo logrado en el viaje buen tiempo aunque desde Zaragoza aqui hemos tenido un poco de calor lo que se remediaba con la madrugada; en las possadas hemos tenido alguna descomodidad de noche sin hallar camas, y tal qual que se hallaba llena de chinches y pulgas. (...) La tarde del mismo dia que llegue fuy a encontrar a su Cassa a mi Primer Theniente que se llama D. Francisco Mertems, un bellisimo mozo y mui virtuoso (...). Le entregue las dos cartas que traia, una de Armendáriz escrita de su puño y letra (cuya copia, en la se le recomienda en términos muy favorables, adjunta), otra de Zuloaga. (...) La misma mañana que llegue fuy a ver al Obispo quien me recivio con mucho cariño y se ofrecio en lo que me pudiese servir. H e estado también a ver a D. Christobal del Corral quien me dijo le pusiesse a la obediencia de Vm...» A.T.U., ibidem. 91 En la carta escrita en Barcelona, el día 11 de diciembre de 1723, le comenta a su padre: «(...) D. Joseph Sendejas, a quien conoce Ignacio, que vino ante ayer a esta Plaza desde Madrid, me a dicho avia mi Coronel dado a mi S a la duquesa de Medinaceli palabra de hacerme oficial en esta Promoción, pero no sera malo buelba mi tío (se refiere a don Juan Bautista Villarreal) a escrivir a S.E. y a D. Alfonso de Avellaneda, haciéndoles memoria para que se lo recuerden a mi Coronel (...)». Ibidem. 92 El impreso y manuscrito del nombramiento se conserva en el A.T.-M.Z. 93 Se conserva también este nombramiento en A.T-M.Z. 94 Es interesante por lo que respecta al equipamiento militar y estrategia seguida en Gibraltar la carta de 23 de mayo de 1727: «(...) Las novedades de aqui son de que no batimos ya la Plaza por falta de Artillería, pues de los 62 que avise se pusieron en Batería sólo quedan 6 de algún servicio, pues de los otros aunque se les a echado granos, estos a los primeros tiros an saltado, tienen muchas grietas, y las animas se les a torzido, algunos cañones pusieron para remediarlos

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—en octubre de 1730 se despacha su nombramiento como Segundo Teniente95; Madrid (1737), —en julio de 1737 se le nombra Primer Teniente de Guardias Españolas 96 ; Barcelona (1739); Italia (1743-1745)97 - e n agosto de 1745 asciende a Capitán de Fusileros98, y algo más tarde a Brigadier de los Reales Ejércitos. En 1762, a los 58 años de edad, casó por poderes con doña María Vicenta de Barrenechea y Castaños, natural y vecina de Bilbao, de 18 años. En setiembre de 1765 nacía en Lequeitio se primera y única hija, doña María Josefa Francisca Pabla Vicenta. Murió y fue inhumado en Lequeitio el dia 26 de enero de 177499. Dejó como heredera a su hija que, pasado el tiempo, casaría infelizmente con don Francisco Xabier de Eguía, marqués de Narros, sin llegar a tener descendencia, por lo que a su muerte en mayo de 1828 toda la herencia de los Villarreal-Bengolea pasaría a su sobrino, biznieto de don Pedro Bernardo, el conde de Hervías, don Domingo de Silos Salustiano Manso de Zúñiga, no sin antes superar unos pleitos interpuestos por los predilectos y protegidos de su tía 100 . —D. Francisco Javier hizo carrera en la Administración. Empezó los estudios en la Universidad de Oñate, en Guipúzcoa, para pasar en 1723 a la de Salamanca 101 . Entre 1725 y 1727 hace prácticas con el abogado de aquella ciudad el Licenciado don Francisco Fernández de Ardona. En 1727 fue elegido colegial en el Mayor de San Bartolomé de Salamanca de donde sale para ejercer cargos en la Administración. En junio de 1758 se le nombra Oidor de la Chancillería de Valladolid 102 . y a sucedido lo mismo; eran todos de la Fabrica de Sevilla, muy ermosos a la vista, pero muy mala la mezcla de metales. Con lo que ya no queda recurso alguno, pues, por la falta de cañones, el poco efecto de ellos (no aviendo quitado los fuegos a los enemigos, antes bien los an añadido), la cortedad del Exercito, lo adelantado de la estación (...) Es cierto se dijo venían mas Batallones pero ya creo que no vengan (...). (Nota al margen) «Aunque avisaba no venían los ocho Batallones de Cat a y dos mas de Cádiz y Ceuta, por extraordinario, se acava de saber vienen, con que no ay forma de entender esta contrariedad de novedades». Carta de Pedro José a su padre don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz• Campo de Gibraltar, 23 de mayo de 1727. A. T . U . Ibidem. 95 En el Archivo familiar de Nájera. 96 El certificado del mismo se conserva en A.T-M.Z. 97 Son varias las cartas escritas desde Italia por don Pedro José Villareal a su hermano el Padre Francisco Joaquín, de la Compañía de Jesús. La fechada en el Campo de Boquera (26 setiembre 1745) da noticia de los movimientos de las tropas españolas: «(...) Después de la rendición de Placencia i Parma, hemos construido Puente sobre el Po mas abajo de la unión del Tesino con dho rio, nos hemos apoderado por sorpresa de la ciudad i Castillo de Pavia, haciendo prisioneros bastantes, cogidos pertrechos, almagacenes de víveres i hospitales, i nos mantenemos en esta situación sin que los enemigos se muevan de su antiqua (...)». A.T.U., leg. 16, fase. 6. 98 El nombramiento se conserva en el A.T-M.Z. (Nájera). 99 Libro de Finados de Santa María de Lequeitio, 17-2, f. 146 v (tachado), numeración añadida 153. 100 E n A.H.D.V., Corregimiento, existe la documentación judicial, leg. 970, n.° 10, leg. 971, n.° 1, 2, 3 y 4, en la que se da noticia pormenorizada de toda esta cuestión. 101 En una carta de don Pedro Bernardo a D. Bruno de Zavala, de diciembre de 1723, se da noticia de la marcha de Francisco Javier a Salamanca «con la idea de que sea colegial si tubiere en las letras tanta habilidad como en charlar». A.T.U., Copiadores de las cartas a Indias, ya citado. 102 A.T.U. Grados de Francisco Villarreal, Colegial del Mayor San Bartolomé de Salamanca.


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—Respecto a las hijas, la primera sobreviviente, doña Ana M. a Joaquina casó, como sabemos, con don Iñigo Manso de Zúñiga, hermano del conde de Hervías a quien sucedió en el título. Tuvo varios hijos, el primogénito, primer nieto de don Pedro Bernardo, nació en abril de 1730. En cambio, de doña Catalina Teresa, la pequeña, apenas tengo referencias salvo que murió sin sucesión. No debió tomar estado. —Por último, más atención de la que le vamos a dedicar aquí se merece Francisco Joaquín, el hijo natural de don Pedro Bernardo, por su condición de ilustrado con una relevante aportación intelectual en las Indias y en la metrópoli. Era usual destinar en aquella época a los hijos naturales al servicio de la Iglesia, y así fue en este caso. En 1710 ingresó en el Colegio de Valladolid 103 y entra en religión 104 ; a principios de 1711 pasa a Villagarcía y en diciembre de ese año, desde la Isla de León, se embarca para Santiago de Chile105, donde «hace Conclusiones dedicadas a Nuestra Señora de Aránzazu en idioma bascuen103 En el A.T.U. se conserva un legajo de correspondencia del Padre Francisco Joaquín de Villarreal de la Cía. de Jesús a don Pedro Bernardo (24 cartas escritas entre 1710 y 1735) y a su hermano don Ignacio (5 cartas escritas de 1743 a 1744). En la que escribe desde Valladolid el día 14 de abril de 1710 comunica a su padre su deseo de ir a misiones y le pide autorización para ello. Pero diez días más tarde (carta del 23 abril), en cambio, no sé si acusando la opinión paterna, se muestra partidario de posponer su marcha a Indias: «(...) E n quanto a las misiones lo mas acertado sera dejarlo a un lado por ahora, pues acaso se hechara todo a perder y se dilatara la tan deseada empresa y tengo entendido que en el noviciado tendré libertad para poderlo considerar (...)». 104 Ibidem. En la carta de 30 de mayo de 1710 da noticia de su entrada en religión al tiempo que agradece la letra recibida de 1.000 reales, «(...) los tiempos están caros —confiesa—, que un pan de dos libras vale dos reales; y asi de todo lo demás: y lo que veo es que con 10 pesos ( = 240 reales) no tiene un estudiante cada mes para moldar dientes, y esto se ha de entender no saliendo de la ración que se reduce cada dia a media libra de carnero y otra de vaca.(...)» 105 Ibidem. E n la carta escrita en Santiago de Chile (12 de marzo 1713) da cuenta «de los viajes (que así los llamó por ser tres, uno peor que otro) que desde Cádiz a Santiago hemos hecho». Las etapas sucesivas fueron Cádiz-Buenos Aires; Buenos Aires-Mendoza —estuvieron «80 y tantos días sin entrar en poblado»— y finalmente Mendoza-Santiago de Chile. Y comenta después: «Lo que me admira es que se ponga a tan largos caminos y tantos trabajos (que son muchísimos) quien viene sin brazos y aiudas, solo a probar ventura, como si las piedras de aca fueran de plata y no hubiera sino venir y cargar, ignorando los innumerables que se acomodan como Dios save. (...) Doy a Vm. parte de mi feliz suerte en haber conseguido los votos en Religión (...)». E n esta carta, muy larga, alude a los inconvenientes que se derivan de su origen. Por su interés para una comprensión de las mentalidades de la época, transcribo estos párrafos: «(...) Puede ser que haga a Vm. —escribe a su padre— harmonía el ver que la que escribo a mi madre no lleve el nombre del lugar donde reside y que el P. Thomas de Gamboa en la suia la trate como esposa de V m . (No lo se de cierto, pero según las preguntas que me hizo S.R. de Vm. y de mi madre entendí que era para hacer a mi madre en la que escribe a Vm. los cumplimientos ordinarios de las cartas) es porque no sabe, ni conviene que alguno lo sepa mi ilegitimidad. Porque los hijos naturales siempre traemos el san Benito, y si no se esconde, aunque de parte de los que ven el dho San Benito no resultare al ensanbenitado desprecio alguno (como sucede en la religión donde no se mira tanto quien es cada uno en la sangre, quanto quien es en la virtud) (...). Mas yo no me puedo quexar de nada de lo dho. pues aunque algunos lo han sabido aqui solo han sido tres, y todas personas graves y religiosas, a quienes no se pudo esconder, porque haviendo oydo decir que los hijos naturales no pueden


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ce»; en 1721 es ordenado sacerdote y pasa a Concepción a enseñar Gramática. En 1734 está en Lima como Procurador General de la provincia de Chile. En el año 1743 escribe a su hermano don Ignacio desde Madrid y parece que se establece en la Corte porque en 1752 entrega al monarca Fernando VI un informe firmado por él en respuesta al proyecto real de reducir a pueblos a los indios chilenos y fomentar el desarrollo de su economía 106 . Convivían igualmente en la Torre de Uriarte las personas que formaban parte del servicio doméstico. Estos criados, es el término que se emplea sin distinción, realizaban diferentes funciones: acompañar a los miembros de la familia en sus desplazamientos, ayudas de cámara, escribientes o secretarios de don Pedro Bernardo, atención a las tareas propias de la mansión y de la hacienda dependiente de ella, salvo los operarios de las ferrerías que habitaban en la misma torre de Bengolea. Otra cuestión tiene que ser necesariamente tratada a la hora de bosquejar los aspectos materiales de la vida noble en la Torre de Uriarte. Me refiero al consumo. Dispongo de dos fuentes para determinar algo sobre este apartado: las «Cartas de Bilbao» y el Inventario de bienes de 1707. En la primera se da cuenta periódica de los artículos que se remiten a Lequeitio entre 1726 y 1750 desde la administración bilbaína de Yrisarri. El Inventario, como sabemos, nos informa con todo lujo de detalles de los bienes existentes en la mansión de la fecha de su realización. Su consulta es, pues, obligada si queremos obtener una información global acerca de lo que gastaba la familia en bienes imperecederos. Como en el apartado de las inversiones algo hemos dicho sobre este punto, me voy a limitar ahora a señalar los géneros perecederos que se consumen en Lequeitio —según las «Cartas»— y el vestuario que obraba en su poder en 1707. Considero que son dos indicadores válidos —más adelante nos referiremos a otros aspectos complementarios— para conocer la calidad de vida de los moradores de la Casa de Uriarte. Entre 1726 y 1750 se consumen en la Torre de Lequeitio —no podemos ofrecer datos exactos porque falta información relativa a algunos años y, por otra parte, no siempre se anotan las cantidades servidas— muchos quintales de bacalao que se suele traer de Virginia, de mejor calidad que el de Terranova, libras de cacao en número elevado, dulces que se traen de Nantes hasta que se descubre la bondad de los elaborados en Vitoria, canela, vinos de Canaria y rancios, y también de La Rioja cuyo consumo empieza entonces en la Torre como alternativa a los vinos franceses de Burdeos, quesos de ser reeividos sin dispensazion de N. P. General, di quenta de todo al que venia por Superior de nra. Misión, el qual pregunto si lo habia savido el P. Ignac° Alemán que fue el que me recivio y haviendole respondido que yo no sabia nada porque yo no trate de mi recivo en la Religión sino V m . y algunos Padres nros., me dijo que habia sido nulo el recivo (...)» 106 Informe hecho al Rey Nuestro Señor Don Fernando VI sobre contener y reduár a la debida obedienáa a los indios del Reyrw de Chile. Madrid, 22 de diciembre de 1752. También hizo unos acertados comentarios a la segunda edición de la obra de Gerónimo de Uztariz: Theoricaypractica de comercio y marina... Madrid. 1742. Acerca de este jesuíta vasco trato más extensamente en el libro que sobre los Vascos y América estoy preparando para la Fundación Mapire América-92.


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Flandes. Al anunciarse la boda de doña Ana María, el administrador Yrisarri envía a Lequeitio «18 botellas de Canaria y otras 18 de rancio, más 2 quesos de Flandes, 2 botijas de aceitunas y 2 arrobas de azúcar; para el novio, diversas telas y entre ellas 2 varas de un finísimo encaje a 4 pesos la vara» 10/ . Se piden relojes de Londres, escritorios de Bayona, sillas de Holanda o de Francia, cajones de libros de Holanda, Inglaterra o Italia, telas de Bruselas, Holanda y Francia. Respecto al vestido, se inventarían en 1707 para el uso de doña Mariana Rosa 16 sayas 108 , 3 ajustadores, 6 hongarinas, 4 mantos, 1 delantal, 2 justillos, 1 corpiño, 1 falla, 9 mantillas, 1 monterilla de plumas, 23 camisas de lienzo blanco, 9 camisas de beatilla, 11 pares de calzones, 3 peinadores, 4 pares de mangas de jubones, 9 pañuelos, 1 ceñidor, 3 jubones blancos, 11 sabanillas, 2 pares de guantes, 2 pares de puños, 6 pares de medias de seda —de las cuales dos eran de París y una de Toledo— 2 pares de ligas, 1 par de medias de seda colorada de Toledo, 3 enaguas y 5 pares de calcetas. Había además «ocho varas de tafetán doble negro de Italia, de cerca de vara y quarta de ancho» y otras cantidades de telas diversas. El ropero de don Pedro Bernardo se componía en 1707 de 28 camisas —bastantes de lienzo de Bretaña—, 8 jubones blancos, 11 pares de calcetas, 18 pares de escarpines, 13 pares de calzoncillos, 7 corbatas, 1 par de puños, 6 casacas, 10 chupas, 9 calzones, 1 par de guantes, 1 capote, 1 roquelon, 2 birretes, 2 cinturones, 2 ropas de cámara, 2 ceñidores, 2 vestidos de golilla con capa de paño — 1 de terciopelo—,13 pares de medias — de las cuales 5 de seda y 8 de lana— y 6 sombreros 109 . No me resisto a pasar por alto la composición de un traje que encarga don Pedro Bernardo en 1731 por un precio de 986 reales y 30 maravedises de plata: «6 y 1/4 varas de paño a 20 reales (= 375 reales); 13,5 varas de sarga a 20 reales, una onza de seda 9 reales, y media de lana 6 reales, más 7 docenas de botones grandes 28 reales y otras 7 docenas de botones menores 14 reales, más 3 varas de gorgoran negro 75 reales, más 2 varas de holandilla, más 4 de gamuzilla, más 1,5 de bayeta, y botones negros y 4 pares de hebillas». Llevaba como complemento un «sombrero de la misma tela con plumajes que se an hallado en cassa sinque cuesten nada». El traje, en cuestión, debió causar sensación en la Torre de Uriarte y enseguida encargó don Pedro Bernardo al sastre, siguiendo el mismo diseño que había hecho el francés Dantes —guía de la moda en aquella época—, otros dos más, uno para su hijo don Ignacio y el segundo para su nieto que apenas tenía un año 110 . 107 Gonzalo Manso de Zúñiga: «Cartas de Bilbao», op. eit., Cuaderno 1.°, pág. 26. 108 Veamos la descripción de la primera de las sayas que aparece en el inventario: «Una saya de tela fondo raso azul forrada de tafetan de lo mismo y guarnecida de encaje de oro y plata». 109 Veamos algunas descripciones relativas al vestuario de don Pedro Bernardo: «Una casaca de carro de oro color de perla guarnecida de galones de oro de Milán»; «una chupa de tela adamascada con flores de oro y flueco de lo mismo por el canto»; «Un calzón de terciopelo rojo con galones de oro». 110 Gonzalo de Zúñiga, op. cit., cuaderno 1.°, pág. 33. El precio que figura en el texto está tomado de la misma fuente.

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CAPÍTULO III

LA FUNCIÓN POLÍTICA DE DON PEDRO BERNARDO VILLARREAL DE BÉRRIZ

1. El marco institucional: ¿Hacia una aristocratización de los cargos públicos? EN E L T I E M P O D E don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz la nobleza había abandonado de modo ostensible la función militar sustituyéndola por una decidida inclinación a la política. Nobles y burgueses de formación jurídica, con frecuencia luego ennoblecidos, acapararon los puestos más relevantes de la Administración en sus distintos niveles. Por lo que se refiere al ámbito local, los oficios públicos habían recaído en los territorios del realengo castellano, por diversos procedimientos, en los miembros de la mediana nobleza. En este período, el municipio, si bien conoce una pérdida progresiva de su autonomía como consecuencia del proceso de centralización político-administrativa que culminará con la dinastía de los Borbones, constituye el más importante centro de decisiones para regular la vida de relación de la comunidad. Sus atribuciones en el orden político y social eran, en efecto, amplísimas. La administración de justicia en sus primeras instancias, la recaudación de impuestos a través de los encabezamientos concertados con la Hacienda real, el reclutamiento militar, el abastecimiento de los artículos de primera necesidad y la vigilancia en el mercado de los mismos, la reglamentación del trabajo y el intervencionismo en la vida económica, y la asistencia educativa y benéfico-sanitaria, componían el cuadro de sus obligaciones más calificadas. Para cubrir el coste de los servicios que prestaba, el municipio contaba con unos ingresos que procedían de sus bienes de Propios (tierras, molinos, casas, etc., que se arrendaban periódicamente). Cuando las rentas de propios eran insuficientes, se acudía a los recursos extraordinarios, bien bajo la forma de arbitrios (impuestos indirectos sobre el consumo, «concedidos siempre por el poder central con carácter extraordinario y temporal aunque se perpetúen»),

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bien realizando repartimientos vecinales o, en última instancia, enajenando una parte de sus bienes concejiles 1 . El proceso de centralización administrativa y de unificación de poderes alcanzó, como decíamos, su punto álgido en los comienzos del siglo XVIII con la llegada al trono de la nueva dinastía borbónica. Las paces de 1713 y 1714, que ponían término en Europa a la guerra de Sucesión al reconocer a Felipe V como nuevo titular de la corona española, significaron la pérdida de las posesiones españolas europeas y, en consecuencia, la posibilidad de diseñar «una política interior, pensada en función de los intereses propios del país» 2 . Por los «decretos de nueva planta» se extendió el sistema políticoadministrativo de Castilla a los territorios de la antigua Corona de Aragón (Valencia, en 1707; Aragón, en 1711; Mallorca, en 1715 y Cataluña, en 1716), que habían luchado durante la guerra a favor del pretendiente austríaco, logrando uniformar la estructura político-administrativa del Estado, excepción hecha de las Vascongadas y Navarra, que, por alinearse durante el conflicto junto al futuro vencedor, pudieron conservar su régimen foral. Lo cual no empece a que esta foralidad sufriera la amenaza constante del recorte de sus atribuciones como resultado de esa misma política real orientada a acentuar la centralización en perjuicio de las autonomías locales y regionales. El traslado momentáneo de las aduanas vascas a la costa decretado en 1717 constituye un claro ejemplo de lo que decimos 3 . Ciñéndonos ahora al estudio del marco institucional en el País Vasco, hay que señalar como su nota más peculiar en el conjunto de bloques que integran la Monarquía, la persistencia de los Fueros, que reservaban el ejercicio del poder a sus propias Juntas junto a la autoridad delegada del monarca, pero garantizando una importante autonomía frente al poder real mediante dos trascendentales disposiciones: la obligación real de jurar los Fueros como condición previa a su reconocimiento —en el caso del Señorío de Vizcaya como su señor—; y el pase foral o asentimiento formal de las autoridades locales a las providencias reales relativas a las provincias y señorío 4 . Sin embargo, la utilización del pase foral no significó en la práctica, salvo en algunas ocasiones, como el referente a las Aduanas, ningún enfren1 El gobierno municipal en el Antiguo Régimen h a sido tratado por Concepción de Castro La Revoluáón Liberal y los municipios españoles (1812-1868), Madrid, 1979, en una síntesis muy lograda presentada en el capítulo primero del libro citado. El entrecomillado pertenece a esta obra, pág. 31, así como parte de la información expuesta en este apartado. 2 Gonzalo Anes: El Antiguo Régimen: los Barbones, Madrid, 1975, pág. 295. 3 Más adelante nos referiremos a este problema que afectó también a don Pedro Bernardo al derivarse del mismo la «matxinada» ocurrida el año siguiente. 4 E n Vizcaya y en Guipúzcoa, la prerrogativa del pase foral viene recogida en sus correspondientes Fueros. En Navarra también se practicaba la misma facultad desde el siglo XVI (el derecho de sobrecarta). En cambio, en Álava fue la Real Cédula de 1703 la que introdujo el pase foral. Cír. Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa: Historia del País Vasco —De los orígenes a nuestros días—, San Sebastián, 1988, especialmente, pp. 67 a 96. No deja de ser sorprendente la concesión del pase foral a Álava y el intento de abolir uno de los privilegios forales vascos relativos al mercado libre catorce años más tarde.

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tamiento con el poder real cuya autoridad fue reconocida y acatada por los poderes locales y provinciales. Las actas de las Juntas Generales como las de los municipios que hemos consultado, constituyen una prueba incontestable de aquella realidad. El Fuero, en resumen, «concedía autonomía plena sobre la legislación administrativa local y provincial. Respecto a la legalidad emanada desde el poder central, las provincias vascas tenían una participación equívoca representada en la aquiescencia foral (...) El poder ejecutivo provincial residió en las diputaciones, pero los ayuntamientos contaban con un delegado del rey. Al mismo tiempo, el poder judicial estaba depositado en órganos delegados de la corona, si bien la norma jurídica era ajustada al derecho foral propio. Finalmente Castilla asumía las grandes decisiones de política interior y exterior, al reservarse la promulgación legal de las materias no contempladas en la foralidad» 5 . Así pues, del Fuero se inferían las instancias de poder en el territorio vasco: en la cúspide, las Juntas generales que representaban a las distintas entidades que conformaban su territorio, y nombraban los Gobiernos forales para los períodos de interregno; en la base, los órganos locales que ejercían el poder a este nivel6. La hegemonía de los notables rurales fue primordial en este marco foral, si bien los grupos de la burguesía progresivamente irán ocupando los puestos políticos de las más importantes villas y ciudades para desde aquí intentar, en las últimas décadas del siglo X V I I I , la adecuación del foralismo a sus propios intereses y necesidades. Por todos los organismos de poder citados pasó en distintos momentos de su vida don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz. Fue alcalde y juez ordinario, primero en la Villa de Mondragón, en la provincia de Guipúzcoa, en el año 1691; después, en la Villa de Lequeitio, en el Señorío de Vizcaya, en 1696, 1699 y 1703. Ofició de fiel regidor de la anteiglesia de Amorato en 1704 y 17147. Representó en las Juntas Generales y en las de Merindades del Señorío celebradas entre 1696 y 1722 a la Villa de Lequeitio, y a las anteiglesias de Guizaburuaga, Amorato y Mendeja, al menos en seis convocatorias, siendo sustituido en otras tres8. Ejerció el cargo de regi5 Ibidem, pág. 70. 6 Para el estudio de las Instituciones Públicas del Señorío de Vizcaya es de consulta obligada el libro de Monreal Cía ya citado. 7 Monreal Cía, op. cit., pág. 185 y ss., analiza este cargo existente en el gobierno de las anteiglesias del Señorío. Era de su particular incumbencia «la atención inmediata a los problemas públicos del municipio». 8 Los libros de Decretos de las Juntas Generales no recogen la documentación relativa a los años 1704 (desde setiembre) a diciembre de 1710 - e l Libro n.° 21 termina en 12 de setiembre de 1704; el n.° 22 empieza en diciembre de 1710—. Por otra parte, el libro correspondiente al bienio 1716-1718 «fue quemado en los desórdenes conocidos con el nombre de la Machinada», según consta en el inicio del libro n.° 23. Por la información que hemos podido reunir, don Pedro Bernardo Villareal de Bérriz fue procurador juntero en 1696 por la Villa de Lequeitio; en 1700, por la anteiglesia de Guizaburuaga; en 1704, por la anteiglesia de Amoroto; en 1715, en la J u n t a General de Merindades, por las anteiglesias de Amoroto y Mendeja; en mayo de 1719 (Junta General de Merindades), por la Merindad de Busturia y por la Villa de Lequeitio; en ese mismo año, en la J u n t a General de Merindades celebrada en agosto, por la Villa de Lequeitio. Fue sustituido en 1699 en la representación de Guizaburuaga y de Lequeitio; en 1714, en la de


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dor (por la parcialidad oñacina) en el Gobierno foral durante los bienios de 1700-1702 y 1714-1716, como lo había sido su padre en 1646-1648 (parcialidad gamboina), y su abuelo en 1630-1632 (parcialidad oñacina) 9 , y lo sería su hijo en 1726-1728 (parcialidad gamboina). Participó en numerosas comisiones de contenido variopinto (político, económico, social) a petición de los señores de las Juntas. Sufrió los sinsabores producidos por la algarada de 1718 en cuya solución tuvo una intervención muy directa. Finalmente, la Junta General de Merindades celebrada el día 29 de diciembre de 1722 le nombró Diputado en Corte junto a don Miguel Velez de Larrea para cumplimentar en Madrid lo exigido en el real decreto de 16 de diciembre de 1722 relativo al retorno de las aduanas vascas a sus antiguos parajes 10 . Casualmente, los dos nombrados para este empleo alegaron problemas de salud y renunciaron al mismo. En el caso de nuestro personaje, la excusa se fundamenta en una salud «tan quebrantada, que ni a muchas funciones publicas y dependencias propias y precisas de casa puedo acudir por falta de ella; porque a cualquiera aplicación de negocios o destemplanza del tiempo me cargan unos ahogos al pecho que tal vez me han hecho guardar un mes de cama; esto se servirá Vm. de poner en noticia de la Junta no para excusarme, porque el sacrificar mi salud y mi vida por la patria sería mi mayor gloria si me considerarse de algún provecho. Pero temo que la falta de salud no permita a mi grande deseo el emplearme como quisiera en el servicio del Señorío: en vista de lo cual dispondrá la Junta lo que pareciere mas conveniente; y porque no me hallo en disposición de ponerme en camino particularmente con este tiempo, envió con esta a mi hijo y yo quedo al servicio de Vm. ..» . La Junta dio «por lexitimamente excusado a dho. Dn. Pedro Bernardo para el ministerio honroso, y Diputado en Corte a que se le habia destinado por sus relevantes prendas: y acordaron y decretaron se le den las

Amorato y, por último, en la J u n t a General de Merindades celebrada en diciembre de 1722, en la de Guizaburuaga (Merindad de Busturia). En el libro Cincuenta Años de Juntas Generales de Vizcaya (1700-1750), Bilbao, 1935, se indica que Pedro Bernardo Villa Real fue Apoderado —sustituido por J u a n de Medieta— por Guizaburuaga en la J u n t a General de 3.VI.1710, y Apoderado —sustituido por Miguel de Iturraxpe— por Mendeja en la misma J u n t a . A partir del año 1724 deja ya de aparecer su nombre sustituido por el de su hijo primogénito don Ignacio José. 9 Darío de Areitio: El gobierno Universal del Señorío de Vizcaya. Cargos y personas que los desempeñaron. Juntas, Regimientos y Diputaciones. Bilbao, 1943, pág. 35. A don Pedro Bernardo se refiere en las páginas 70 («Villareal, Pedro Bernardo») y 77 («Villarreal y Vérriz, Bernardo de»), 10 A.H.D.V. Juntas Generales (manuscritas), libro 24, f. lOlv. El nombramiento fue comunicado «inmediatamente» al interesado llegando el mensajero a la Torre de U ñ a r t e «a las 4:30 horas de la mañana» (ibíd., f. 103) lo que pone de manifiesto el ritmo de vida de aquella época e indirectamente la preocupación por la medición del tiempo muy propia de la mentalidad barroca. 11 Ibídem, libro n.° 24, ffi 103 y 103v. La carta de don Pedro Bernardo fue leída en la J u n t a celebrada el día 31 de diciembre de 1722. Al margen de otros argumentos disuasorios, la naturaleza un tanto enfermiza del personaje se puede colegir de la correspondencia familiar donde son frecuentes las preguntas relativas a sus dolencias periódicas.

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correspondientes gracias a su caballerosa atención» 12 . Veamos a continuación algo más detalladamente los cometidos políticos desempeñados por nuestro caballero.

2. La gestión municipal en Mondragón y en Lequeitio Tanto Mondragón como Lequeitio eran Villas, la primera en la provincia de Guipúzcoa y la segunda en el Señorío de Vizcaya. El gobierno municipal de las villas distinguía dos órganos: el Concejo abierto o Ayuntamiento general y el Ayuntamiento particular. Periódicamente en las dos villas citadas se celebraron ayuntamientos generales «precedido las publicatas en los lugares de su jurisdicción según lo tienen de uso y costumbre y a son de campana tañida» en el caso de Mondragón; «despues de acavada la misa combentual..., a son de campana como lo tienen de uso y costumbre», en Lequeitio 13 . Estos congresos de vecinos, a semejanza de la cruz parada en el gobierno de las anteiglesias, se convocaban para discutir los asuntos de mayor interés en el seno de la comunidad: nombramiento y posesión de los cargos municipales, delegación de autoridad para comisiones explícitas 14 , prestación de servicios en dinero o en hombres, notificación y, en su caso, aprobación de los acuerdos del Señorío, determinación de almonedas 15 , salarios dependientes del municipio, suministro de abastos y precios de los mismos, contribución y recursos del municipio; eran éstos, entre otros de 12 Ibidem. 13 Las actas de estos ayuntamientos generales recogen las expresiones que van entrecomilladas en el texto. 14 Aunque, como en Mondragón, esa concesión de poderes se hacía con alguna reserva. En el Ayuntamiento general celebrado el día 30 de setiembre de 1691 se dio «poder cumplido el que de derecho se requiere y es necesario al dho. Martin de Umendia como a tal Síndico Procurador General para que en voz y en nombre del dho. Concejo pueda parecer y parezca enjuicio y fuera del en todo lo que se le ofreciere al dho. Concejo en razón de pleitos y otras cosas alegando y defendiendo su provecho, tomando consejos de letrados y o hombres ancianos, y seguir y proseguir qualesquier pleitos civiles y criminales que estubieren movidos por su antecesor o por otro o adelante se movieren asta su conclusión, salvo que en cosas de mucha importancia de noticia al dho. Sr. Alcalde y su Reximiento...» ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGÓN. Actas Municipales, Legajo 2, Sección A, Negociado 1. El subrayado de la cita es mío. 15 En el Ayuntamiento de Mondragón salieron a subasta en octubre de 1691, siendo alcalde don Pedro Bernardo, la provisión de cera para la Iglesia parroquial —la subasta empezó ofreciendo 400 reales de vellón y terminó en 271—; el arrendamiento de los bienes del hospital de San Lázaro (consistentes en varias heredades, una barrena y una casa con sus heredades) que finalmente fueron rematados en 254 reales de vellón al año para un período de cuatro años — 169 reales había sido la primera puja— las tierras; 24 ducados al año, la barrena —se había empezado por 15—, y 123 reales al año por un período también de cuatro, la casa por la que se ofertó en primer lugar 94; la tercera y última subasta celebrada en este mes se hizo para contratar al guarda de los montes de la villa a la que concurrieron nueve aspirantes; el empleo se ajustó en 186 reales de salario desde los 450 exigidos en un principio. Considero que son datos, que por encima de la anécdota circunstancial, ayudan a comprender la realidad social existente en aquel tiempo y de ahí mi interés en incluirlos.

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menor entidad, los temas ordinarios que requerían para su resolución la convocatoria a toda la comunidad de vecinos. Obviamente, la asistencia distaba mucho de llegar a esa totalidad, si bien oscilaba bastante de unas convocatorias a otras. En Lequeitio, por ejemplo, estuvieron presentes en el ayuntamiento general celebrado el día 13 de junio de 1694, además de los miembros del gobierno municipal, 46 vecinos (de los que sólo 8 llevan el tratamiento de «don»). Se había convocado para tratar los siguientes puntos: el estado del pleito que se sostenía con el Cabildo eclesiástico a propósito del patronato de la Iglesia parroquial, las ermitas y el hospital de la villa; la comunicación de una pragmática real acompañada de un despacho del Corregidor del Señorío «para que se observe y guarde», «sobre los trajes, bestidos y lutos que deben traer sus vasallos»; la continuación del pleito contra «la casa de Arrutain en razón de que no se ha de bender en ella vino, carne ni otros mantenimientos»; la limpieza de los caminos; finalmente, el último de los asuntos tratados en aquel concejo abierto fue mandar «hacer un conjuro con quatro sacerdotes que digan cada uno su misa en las quatro ermitas de la jurisdicción de esta villa, para que Nuestro Señor nos asista con buenos tiempos y nos libre de los malos truenos, gusano y otros enemigos malos...» 16 . En cambio, en el Ayuntamiento general convocado en la misma villa, el día 24 de enero de 1729, para tratar exclusivamente sobre los conflictos derivados de la existencia de dos varas de alcaldes, uno de la Villa y el otro de la Cofradía de Mareantes, estuvieron presentes 87 vecinos (de los que 8 llevan el tratamiento de «don») 17 . La estructura del Ayuntamiento particular era muy distinta en las dos villas citadas. En Mondragón, el gobierno municipal estaba formado por un alcalde, dos regidores, un síndico procurador de los caballeros hijosdalgo y dos diputados. Los cargos, como era usual en aquel tiempo en el orden concejil, eran anuales. La elección se realizaba el día de San Miguel (29 de setiembre) probablemente por el mismo Regimiento, y al día siguiente se convocaba un ayuntamiento general para despedir al Regimiento saliente y dar posesión al recién elegido a quien se le recordaba que «rexiran sus oficios fiel y legalmente según Dios manda y les dictare sus conciencias..., atenderán y cuydaran todas las cosas a cada uno de ellos tocantes y concernientes a sus oficios, y pagaran costas y daños que por solo negligencia y culpa de

16 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Acuerdos del Concejo de la N. Villa de Lequeitio..., op. cit

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libro

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17 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Decreto y Capitulaciones hechos en 24 enero 1729 entre la villa de Lequeitio y Cofradía de los Mareantes, en razón de elección, nombramiento y preferenáa de los Alcaldes, Justicia y Regimiento de dha. villa; derechos que pueden llevar por afueros de viberes y otros puntos Año 1129 Registro 14, n.° 19, ff. 144 y ss. En el Ayuntamiento estuvieron en total 97 personas (87 en calidad de vecinos, 9 del gobierno mumcipal y el secretario). Sólo firmaron el acta 43; el resto, no sabía hacerlo. U n indicador elocuente del grado de alfabetización existente en la población masculina lequeitiana de aquella época: el 55,7 por cien de los vecinos presentes (porque doy por supuesto que ninguno abandonara la reunión antes de su término) en el ayuntamiento general declaró no saber firmar.

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qualquier de ellos le binieren al dho. Concejo...» 18 . La elección para estos cargos públicos solía recaer, si tomamos como criterio orientador el tratamiento de «don», en vecinos de distinta calidad. Por las actas municipales que hemos consultado —correspondientes al último cuarto del siglo X V I I — podemos concluir que de modo exclusivo el cargo de alcalde lo ejerció un vecino «notable» (aparecen, entre otros, además de don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, su hermanastro don Mateo Nicolás de Aranguren y Andicano, que ocupó la Alcaldía varias veces en este período; don Sancho Antonio de Galarza, don Francisco de Barrutia, don José de Barrutia y Córdoba, don Antonio de Barrutia y Salinas, d o n j u á n Antonio de Barrutia y Córdoba —la presencia de los Barrutia es muy frecuente en los cuadros de autoridades de este tiempo, cuando no como alcaldes, aparecen como regidores o diputados—). El oficio de regidor fue ejercido de manera predominante por notables, pero aquí no es raro encontrar un nombre «sin don» en alguno de los dos puestos. El cargo de Síndico fue ocupado de modo exclusivo por personas no notables. En cuanto a los Diputados, cuando aparecen sus nombres especificados, suelen ser «gente principal», antiguos cargos o candidatos en firme a serlo, como fue el caso de don Pedro Bernardo, diputado en 1690. Mucho más compleja, y fuente potencial de conflictos, era la constitución interna del Ayuntamiento particular de Lequeitio. Merece la pena recordar brevemente el proceso histórico que desde la fundación de la villa había ido forjando la imagen del gobierno municipal que corresponde al tiempo de don Pedro Bernardo. La fundación de Lequeitio se debe a doña María Díaz de Haro, «llamada por excelencia la buena muger», sobrina y sucesora de don Diego López de Haro —el fundador de Bilbao—, que aforó aquel territorio en 1325, en una cadena de fundaciones que pretendía cubrir la costa vizcaína de villas marineras 19 . La fundadora donó a los pobladores del nuevo villazgo «de las dos tercias de diezmos de las Ante-Iglesias y Repúblicas de Ispaster, Guizaburuaga y Mendeja y sus exidos» 20 . Desde entonces, la villa tuvo dos varas de alcalde con igual jurisdicción, los cuales nombraban, al término de su mandato anual, a los sucesores en el cargo «por sí y juntamente con los del Regimiento» 21 . Lequeitio, gracias a una actividad económica floreciente, aumentó considerablemente desde la fecha de su fundación el número de su vecindario, pero este desarrollo se vio bruscamente interrumpido por calamidades de distinta índole que sufrió la villa a partir del comedio del siglo XV: varios incendios de los que se guardaba 18 ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGÓN: Acta del Ayuntamiento General celebrado el 30 de setiembre de 1691. E n este Ayuntamiento tomó posesión de su cargo de Alcalde don Pedro Bernardo. 19 Monreal Cía, op. cit., pág. 69. Obra fundamental para conocer en profundidad toda la problemática relativa a la fundación de los villazgos en los que nosotros no entramos. El entrecomillado que aparece en el texto está sacado, sin embargo, de la ya citada La Villa de Lequeitio..., de 1735, pág. 2. 20 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pág. 2. 21 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Decreto y Capitulaciones hechos en 24 enero 1729..., ya citado.

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triste memoria, especialmente del padecido en diciembre de 1442 «tan general, que casi se abrasó todo el lugar, y por evitar otra ygual (quema), se hizo una moralla alta y gruesa en medio del lugar, desde el portal de San Nicolás Tolentino hasta el portal de la Trinidad» 22 . Otro acontecimiento dramático que diezmó sensiblemente la población de la villa fue la peste de 1598. «Con estos ynfortunios se reduxo a menos de la tercia parte de que era antes de la peste» 23 . Para entonces, no obstante, la Cofradía del gremio de Mareantes de San Pedro —cuyas derrotas y comercios llegaban al Norte de Europa y América y países del Mediterráneo— había alcanzado una entidad notable que hizo patente en la chancillería de Valladolid a finales del siglo XV mediante una representación en la que se quejaba de que las varas de alcalde estuvieran en manos irremediablemente «de gente de tierra (...), (j>) que siendo ellos muchos mas en número, no tenían parte en los regimientos» 24 . Apunta claramente la cita anterior una característica que fue consustancial al desarrollo de la comunidad lequeitiana: su división en dos bloques, el de la gente de tierra, que agrupaba a los que vivían del producto de sus haciendas, rentas de mayorazgos o salarios derivados del trabajo personal en oficios de labradores, canteros, carpinteros, herreros, etc.; y el de los Mareantes, que reunía a los integrantes del gremio de marineros, pescadores y navegantes. Las disputas sostenidas entre ambos bandos a propósito de la elección del ayuntamiento conocieron una primera solución en la ordenanza de 1514 con asistencia del corregidor Diego Ruiz de Lugo: el arreglo consistió en una distribución equitativa de los cargos públicos entre las dos parcialidades. De manera que Lequeitio siguió teniendo dos alcaldes, dos regidores y dos síndicos, pero desde esa fecha uno de cada oficio era de gente de tierra y el otro, de mareantes. La forma de elección —a cargo del Regimiento saliente— se mantuvo hasta 1679-1683, fechas durante las cuales se fue perfilando el sistema que duró hasta 1729, y que consistió en hacer participar a todo el vecindario en esta cuestión. Se hacía un sorteo general entre los componentes de cada grupo del que salían cuatro electores, quienes ejecutaban la elección correspondiente a su bando el día de la Purificación de Nuestra Señora (2 de febrero) 25 . Pronto surgieron problemas de competencias y de 22 La Villa de Lequeitio..., (1735), pág. 4. Aquel incendio afectó a 300 casas. La construcción de la muralla se hizo en virtud del permiso concedido por don Fernando el Católico en Córdoba el 30 de julio de 1490, con la media blanca de sisa sobre los mantenimientos. Las informaciones precedentes se deben a las notas que Iturriza aportó a la Descripción..., y figuran en la misma página. 23 Ibídem, pág. 5. En la Concordia de 1729, se calculaba en unos 1.200 vecinos los existentes en Lequeitio antes de sufrir la peste. 24 Descripción sumaria..., (1740), op. cit., pág. 277. 25 El protocolo de la elección comprendía los siguientes actos que trasladamos literalmente de la Descripüón sumaria..., (op. cit., 1740, pp. 276-9): «La elección de los del gobierno y regimiento político y de justicia se hace de inmemorial tiempo acá en dos de febrero dia de la Purificación de Ntra. Sra.; á las nueve se saca misa del Espíritu Santo y despues de misa mayor á son de campana, se j u n t a el ayuntamiento y se hacen las elecciones de los sujetos del nuevo gobierno

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prelación entre el alcalde de tierra y el de mareantes, porque «aunque ambos alcaldes eran ordinarios, tenia mucha preferencia el de la villa y particular estimación»26, disputas que, a lo que parece, enturbiaron la convivencia de una manera alarmante hasta el punto de determinar la convocatoria de un ayuntamiento general con objeto de llegar a una solución concordada por las dos partes. Lo que se consiguió aparentemente el día 24 de enero de 172927 en los siguientes términos: — El cuadro de autoridades —dos alcaldes, dos regidores y un síndico procurador general— representaría en adelante a la villa como tal comunidad. «sin que la dha. cofradía y cofrades tengan hagion alguna como cofrades sino como vecinos de la villa en la elección de dhos. empleos de todos los capitulares: para que de esta suerte queden atajados todos los motivos peijudiciales a la maior quietud, unión, tranquilidad, y amor en un pueblo de vezinos tan honrrados, y de tan buena, y sana intención» — Los dos alcaldes serían ordinarios, iguales en facultades y competencias, si bien la preeminencia en los actos sociales correspondería al que saliere elegido en primer lugar, «solo el que primero saliere aia de tener la mano derecha, y el mejor asiento, como también la llave del Sagrario el Jueves Santo. Que en la Yga Parroquial (...); á la tarde concurren los regimientos viejos, y nuevamente electo á la procesión de Ntra. Sra. del Rosario que se hace de una y media á dos y la Santísima imagen llevan los dos regidores viejos y nuevos; acabada la procesión en forma con acompañamiento y tamboril ó tamboriles van los últimos los regimientos viejos y nuevos entrelazados con el capellan, que fuere de San Blas á la ermita de Santa Maria donde se cantan las vísperas; y acabadas en la misma manera van á la casa del concejo y despues se procura hacer en la plaza alguna fiesta: al dia siguiente como á las nueve desde la casa del concejo, ó su plazuela en la misma forma van á la dicha ermita donde se oye la misa cantada se pasa á la dicha casa consistorial, donde sobre una mesa, está puesto un santo Cristo, con el cual hace jurar el alcalde viejo de la villa á todos los electos y á continuación se entregan las varas (...), luego pasan á la Iglesia, y hecha una breve oración, entran los nuevos á la sacristía donde el Ilustre cabildo con manteos y bonetes les está esperando; lleva la oracion el alcalde y hecho el cumplido salen de la sacristía é Iglesia acompañados hasta el cementerio de los beneficiados Capitulares; (...) despedidos en el cementerio se van á la consistorial. A la tarde á las dos con la formalidad dicha pasan á la dicha ermita y oidas las vísperas cantadas, se van á la casilla de la Atalaya y de aqui vuelven á la consistorial; llaman á esto el paseo: El tomar posesion del lugar. Al otro dia el regimiento viejo entrega con inventario al nuevo, los papeles del archivo de la sacristía, y el un sindico al otro las cosas que son de su cargo». A destacar del ceremonial prolijamente descrito en la cita los numerosos actos de carácter religioso, así como, a pesar de las notables diferencias que separaban al Cabildo del Concejo por la cuestión del Patronato, de la Iglesia Parroquial, la visita de cortesía que tradicionalmente el nuevo ayuntamiento hacía a las autoridades eclesiásticas de la villa. 26 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pág. 20. 27 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO. Decreto y capitulaáones..., ya citado. El primer firmante del documento que figura inmediatamente después de los miembros del gobierno municipal es don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz; en los primeros lugares aparece igualmente su hijo, don Ignasio José.

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Matriz aia de ocupar el Alcalde primero el asiento de la parte del Evangelio con el Regidor primero y el Sindico Pror. General: Y el de la parte de la Epístola, el Alcalde segundo, Regidor, y los maiordomos y el secretario del aiuntamiento los asientos acostumbrados». — Los dos Alcaldes sin distinción harían de jueces ordinarios en todas las causas civiles y criminales, y practicarían las visitas de Navios y Barcos, y despacharían las licencias solicitadas para mar o tierra «tirando á medias los percanzes acostumbrados 28 , sin pretender mas, ni aumento de derechos por ningún título ni pretesto de gratificación». — Se distribuía el salario del Regimiento (5.100 maravedises) a razón de 1.500 maravedises para cada alcalde, y 700 para cada uno de los oficios restantes (dos regidores y el síndico). — El procedimiento electoral y la calidad y designación de electores quedaba minuciosamente estipulado. Sólo podían participar en el sorteo y aspirar a ser elegidos «los hidalgos conocidos y que no sean hijos y nietos de clérigos, y bastardos». Una vez reunidos en ayuntamiento general los que cumplían los requisitos anteriores, que no eran en absoluto excesivos en una tierra de «hidalguía universal», «(...) se baian echando en cantara dhos. papelitos blancos uno por cada vezino llamándolos por su lista el escribano del Aiuntamiento, y de tiempo en tiempo repartiendo prudencialmente conforme los vezinos que concurrieren, haga cruzes el señor Alcalde a quatro de dhos. papelitos, y asi estos como los demás, se han de meter doblados en cantara, y rebueltos mui bien en él, se llame a un muchacho de tierna hedad, y el escribano del Aiuntamiento por su orden, y por la referida lista de los vezinos y vaia el muchacho sacando un papelito de dho. cantara para cada uno, y se lo de a dho. señor Alcalde y aquellos a quienes salieren los papelitos de las cruzes sean electores». — Cada uno de los electores, previamente incomunicados, elegían «según Dios y sus conciencias, atendiendo a la maior utilidad y combenienzia general», dos nombres para cada uno de los cargos, los cuales se anotaban en papeletas distintas y depositaban en un cántaro particular para cada oficio. Se prohibía expresamente el nombramiento de personas unidas a los votantes por lazos de parentesco —«que dhos. electores, ni alguno de ellos, no aia de sortear á padre, hijo ni hermano propio, ni a primo hermano consangíneo»—. Después, un niño extraía dos papeletas por cántaro, y la que se sacaba en primer lugar designaría al primer alcalde, y así sucesivamente. -- Se prescribía también la concurrencia en el candidato electo de unas cualidades profesionales vagamente expuestas: «y todos los dhos sugetos han de ser hidoneos y capazes cada uno para su ministerio y empleo» 28 Se detalla más adelante en qué consisten estos «percances»: según la venta realizada de avellana, cebolla y sardina o arenque, se separaban unas pequeñas cantidades que se repartían los dos alcaldes.

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— Por lo que respecta a los diputados, se determinaba en 1729 que los alcaldes y regidores salientes y los del año anterior «queden nombrados por Jurados o diputados para que acudan a todas las zejas ó Aiuntamientos particulares que fueren combocados como personas informadas de las dependencias pendientes de la Villa». Para completar el número de diputados, estimado en doce, los cuatro restantes saldrían de sorteo. — Finalmente, una serie de cláusulas hacían referencia al ceremonial de la toma de posesión, que no se modificaba, y al período de tiempo —dos años— que había de transcurrir para que entrara en nuevo sorteo quien había ejercido un cargo municipal, si bien se añadía que lo anterior no afectaba a «los thenientes que no hubieren exercido el puesto de Alcalde, Regidor ó Sindico en la referida maior parte del año» 29 . Las disensiones en la comunidad lequeitiana no cesaron pese a todo. Y es que la concordia de 1729 no satisfizo en realidad plenamente a ninguno de los grupos, y particularmente agravió, así lo entendieron al menos, a la Cofradía de San Pedro de Mareantes. Los «de tierra» vieron el origen de todos los conflictos en la existencia de dos varas de alcalde; los mareantes, por su parte, añoraban la vara de alcalde específica que tuvieron hasta 1729. En este contexto, la convivencia se hizo difícil y la celebración anual de las elecciones no estuvo exenta de incidentes. En más de una ocasión tuvieron que realizarse bajo la presidencia de un delegado del Corregidor 30 . Así las cosas, el Concejo, en la asamblea abierta celebrada el 1.° de julio de 1733 con la asistencia de 64 vecinos, acordó dar poder al Alcalde, que lo era entonces don José Francisco de Unzeta, a don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz, don Ignacio de Villarreal de Bérriz y Bengolea, que ya era conde de Monterrón por su segundo matrimonio, y a don J u a n Ignacio Ibáñez de Zavala, para llevar el asunto a la Cámara de Castilla y, por su mediación, al monarca don Felipe V. En su representación expusieron «los perjuicios e ynconvenientes que de las referidas continuadas disputas se seguían al común de dha. villa y sus vecinos; y teniendo presente que el motivo de ellas consistía en haver los dhos. dos Alcaldes, y que en las demás villas de dho. Señorío, como eran las de Bilbao, Bermeo, Durango y otras, solo havia uno, siendo asi que heran de mucha mas vecindad como hera notorio, havian acordado unánimes y conformes suplicar al nuestro Consejo se sirviese tomar la providencia mas conveniente a fin de que huviese solo un Alcalde en dha. villa, cuia elección se efectuase en la forma regular, y entrando para ser electos todos los vecinos de uno y otro 29 T o d a esta información, así como los textos que aparecen entrecomillados, pertenecen al Decreto y capitulaciones...,

ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO.

30 A. M. DE LEQUEITIO (1735), op. cit., pág. 20. En la Descripción sumaria..., (1740), pp. 277-8, se recogen varios de los incidentes ocurridos, hasta el extremo de que el delegado del Corregidor, don Luis del Valle y Salazar, desplazado a Lequeitio en 1732 «mandó poner en secuestro dichas varas en manos de dos alcaldes antecedentes: formose pleito muy inquieto ante dicho señor corregidor y mientras se litigaba en su tribunal, los de tierra consiguieron en la camara de Castilla, cédula real, su fecha ventitres de Noviembre de mil setecientos treinta y tres (...)».


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bando sin distinción alguna, según y como se ejecuta en las dhas. otras villas del Señorío...» 31 . El monarca, por la Provisión dictada el 23 de noviembre de 1733, determinó el nombramiento en adelante de un solo Alcalde para la Villa de Lequeitio, cuya elección correría a cargo de las dos parcialidades de la siguiente manera: el Concejo nombraría tres electores y la Cofradía de San Pedro, otros tres; los seis electores votarían «el que haya de ser cada año el alcalde» 32 . La provisión real se aplicó inmediatamente, al principio con cierto temor por si de la misma se derivaban reacciones en contra de los mareantes, pero parece que se aceptó sin más consecuencias. Eso es al menos lo que se desprende de los escritos de 1735 y 1740: «(...) a dicha cédula se empezó a dar cumplimiento el año passado (1734), con asistencia del delegado del dicho Corregidor, por temerse algún alboroto; pero, en fin, este presente año de 1735 se ha hecho la elecion conforme dicha cédula con gran unión y aceptación de todo el pueblo. Se reputan también de regimiento los dos maiordomos de la dicha Cofradía de Mareantes que hacen su elecion al otro dia de San Pedro Apóstol, su patrón, en cuyo dia y los quatro siguientes hacen fiesta con procession, corridas, danzas y mogigangas»33. «(...) Obedecióse por fuerza (la cédula real), y con protesta de la Cofradía que recurrió luego á la camara: La cédula la costó noventa y seis escudos á costa de particulares de tierra. El año siguiente mil setecientos treinta y cuatro, porque se temia mayor alboroto, envió el corregidor por delegado suyo un abogado, quien presidiendo, con alguna dificultad se hizo la elección conforme dicha cédula, para el año siguiente se resfrió algo el pleito y ahora queda el pueblo en paz y concordia, lo gastado gastado y corre todo como tiene mandado la camara de Castilla»34. En lo que se refiere a la actuación material de don Pedro Bernardo en estos ayuntamientos, hay que dejar constancia de que fue muy desigual lógicamente, habida cuenta la distinta permanencia del personaje en uno y en otro lugar. Empecemos por Mondragón a donde llega don Pedro Bernardo después de alcanzar su emancipación legal. En la villa guipuzcoana iniciaría el aprendizaje en las tareas políticas bajo el asesoramiento de su hermanastro don Mateo Nicolás de Aranguren, experto en semejantes lides —había sido ya alcalde de la villa y era por esa época caballerizo del Rey —. La primera noticia que tengo de la presencia de don Pedro Bernardo en un ayuntamiento general es de 169035. En el ayuntamiento nombrado para el 31 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO. Registro 14, n.° 20, ff. 152 y ss.: Provision real de Felipe V, librada por los Sres. del Supremo Consejo de Castilla, en Madrid a 23 noviembre de 1733 a pedimento del Concejo, Justicia y Regimiento de la Villa de Lequeitio, para que en ella no hubiese en lo sucesibo mas de un Alcalde, sin embargo de la costumbre que hubo de nombrar dos. 32 Ibidem. 33 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pp. 20 y 21. 34 Descripción sumaria..., (1740), op. cit., pág. 278. 35 Ayuntamiento general de la villa de Mondragón, 30 de setiembre de 1690. Libro de Acuerdos.., ya citado

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curso 1690-1691 aparece como uno de los diputados del mismo. En las elecciones celebradas al término de ese mandato, en setiembre de 1691, sale elegido Alcalde de la villa —tenía 22 años—, y forma gobierno con los Regidores don Nicolás Balerío de Garaa y Urquizu y don Martín Antonio de Barrutia y Salinas, actuando como Procurador Síndico General Martín de Umendia. Don Pedro Bernardo, consciente de la escasa atención que podía dedicar a la alcaldía estando por resolver fuera de su jurisdicción importantes asuntos que le afectaban directamente 36 , nombró «fiador a don Matheo Nicolás de Aranguren y Andicano, su theniente» 37 . En efecto, durante el año de su mandato don Pedro Bernardo falta a algunas sesiones del concejo a finales de 1691 y en julio de 1692, siendo sustituido en la presidencia por el citado don Mateo Nicolás. No pasaron cosas extraordinarias durante ese año en Mondragón. Los temas que se trataron en sus ayuntamientos particulares y en los generales fueron los cotidianos de cualquier comunidad en aquella época, a los que ya nos hemos referido en las generalidades expuestas anteriormente: los relativos a los salarios de los empleos dependientes del concejo —médico, maestro de primeras letras, carcelero, etc.—; la determinación de los precios de los artículos de subsistencia, el abastecimiento del pan, el suministro de vino y otros géneros; el arrendamiento de los bienes del hospital subastados en el Ayuntamiento, del que ya dimos noticia puntual; el problema de las contribuciones de la Villa de la Provincia que tocaba directamente al estado de los recursos municipales 38 . En este sentido, conviene indicar las exiguas rentas de que disponía el concejo para atender las prestaciones que ofrecía, lo que no era una excepción ni muchísimo menos en las haciendas locales de la época. Otro asunto que hoy nos puede parecer en cierto sentido trivial, pero que no lo era en absoluto para la mentalidad dominante en el siglo X V I I , distrajo la atención de los miembros del gobierno en varias sesiones destinadas al efecto: se trataba de que Su Ilustrísima, recién nombrado a lo que parece, iba a iniciar la tradicional visita pastoral alterando el itinerario al dar prioridad a Escoriaza sobre Mondragón, «siendo asi que esta Villa (.Mondragón) es caveza del Arciprestazgo y caveza del Valle Rl. de Leniz, y que la Villa determinare en esto lo que combenia y si se le representaría a Su Iltma. para que empezase la Visita de este lugar conforme lo havian echo, otros sus antecesores; y haviendo conferido largamente sobre ello: decretaron y nombraron para hazer la dha. Repressentazion al dho. Sr. Alcalde y Dn. Joseph de Barrutia y Cordoba para que con toda 36 Entre los más acuciantes, la tramitación de su solicitud a la Orden de Caballería, que exigía su presencia circunstancial en la Corte, y la atención personal a su hacienda de Bérriz, muy descuidada por los motivos que ya conocemos de minoridades prolongadas, que le obligaban a trasladarse a aquella localidad con relativa frecuencia. 37 ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGÓN. Acta del Ayuntamiento general celebrado el 30 de setiembre de 1691. Libro de Acuerdos... 38 En el Ayuntamiento General celebrado el día 22 de junio de 1692 se trató sobre la manera de allegar recursos extraordinarios — «attentto la Villa no ttenia medios de prontto»— para pagar a la Provincia los 118.000 maravedises que se le exigían de contribución.


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brevedad agan la dha. Repressentazion, repressentandole el derecho que tiene esta Villa y los motivos porque sus antecesores havian echo la Visita primero en esta Villa»39. De diferente naturaleza fue el otro asunto, tratado el mismo día 30 de octubre de 1691 en Ayuntamiento de Diputados bajo la presidencia de don Mateo Nicolás de Aranguren, por ausencia de don Pedro Bernardo. El Alcalde en funciones informó de «como a un vezino de la ciudad de Vitoria havia embargado un ministro de la fabrica de Placencia dos cargas de escopetas, que los llevava de esta Villa, echas y executadas en ella...». Debatido el problema que tan hondas consecuencias podía traer para la economía de la Villa, la asamblea determinó «que se le escriva al governador de las dhas. fabricas repressenttandole los yncombenientes que le siguen a los natturales de esta Viña por razón de las denunciaziones semejanttes» 40 . De Mondragón, don Pedro Bernardo pasó como sabemos a Lequeitio, donde fija su residencia habitual al contraer matrimonio en enero de 1694. En seguida se integra plenamente a la vida de la comunidad en la que inmediatamente destaca por sus relevantes cualidades personales. Lo encontramos citado en primer lugar entre los vecinos asistentes al Concejo celebrado el día 2 de marzo de 169441. Las actas municipales que se conservan, nos permiten seguir a grandes rasgos la gestión realizada por don Pedro Bernardo al frente de la alcaldía en las tres ocasiones en que la desempeñó y conocer los problemas principales que preocupaban a la comunidad lequeitiana de aquel tiempo. Pero faltan muchas actas en este tiempo —saltan, por ejemplo, de 1707 a 1721—, y algunas son de difícil lectura por su estado de conservación o por la mala caligrafía del escribano correspondiente. En cualquier caso, la documentación consultada es suficiente a mi modo de ver para el propósito de este trabajo. Y lo dicho además afecta en escasa medida a la actividad concreta de nuestro personaje, que fue elegido Alcalde, como dijimos, en febrero de 1696, 1699 y 170342, compartiendo las tareas, como era usual en esas fechas, con un representante de la Cofradía de Mareantes43. 39 Libro de Acuerdos..., Ayuntamiento de Mondragón. Acta del 30 de octubre de 1691. Fue ésta una de las sesiones en las que no estuvo presente don Pedro Bernardo. 40 Acta del Ayuntamiento de Diputados, 30 de octubre de 1691. ARCHIVO MUNICIPAL DE MONDRAGÓN, Libro de Acuerdos... 41 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO, Acuerdos del Concejo..., Libro n.° 49. Acta de la sesión de 2 de marzo de 1694, f. 44. 42 Respecto a 1703, en el acta de 6 de febrero de ese año aparecen como Alcaldes d o n j u á n Lariz Olaeta y Martín de Urrea; sin embargo, en el acto siguiente que aparece en el Libro de Acuerdos, que corresponde a la fecha de 9 de setiembre, figura como Alcalde don Pedro Bernardo. Parece probable que fuera elegido en efecto en febrero, pero que, dada su ausencia, ocupara la alcaldía el citado anteriormente. Sabemos con certeza que en los meses de enero y febrero de 1703 don Pedro Bernardo se encontraba en Madrid. 43 En 1696, el equipo de gobierno lo formaron el citado don Pedro Bernardo y Martín de Zugadi, Alcaldes; don Agustín de Basterrechea y J u a n Bautista de Astarloa, Regidores; Agustín dé Ezenarro, Síndico Procurador General, y Simón de Hormaegui, fiel; Francisco de Urquiza y

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El Ayuntamiento de Lequeitio tampoco andaba sobrado de fondos. Aunque en las actas que hemos visto nunca aparece un estado de cuentas, se deduce no obstante la cortedad o, mejor, la insuficiencia de sus recursos por los periódicos repartimientos que efectúa entre la vecindad y por los arbitrios que establece de manera temporal. A este problema dedican un apartado las dos Descripciones de la Villa de Lequeitio, que tantas veces hemos citado. Resumen muy bien la situación financiera del municipio en 1735 y en 1740. En esas fechas los ingresos del Ayuntamiento se reducían «al corte para carbón de unos montes que son de su propiedad, aunque no de jurisdicion, (...) en Vallestegui, Barurdo, donde se pudieran hacer buenas casserias, y, de tres partes, las dos de Otoio y Vssa. Estos cortes un año con otro darán como 400 ducados. Las otras impossiciones en carne, aceite, alóndiga, cestería y aguardiente producirán como 250 ducados; no hay sisa en el chacolín, que, como es propiedad en que interesan todos los vecinos y se vende con algún desprecio, no se permite el gravarle; quando éste falta, al vino foráneo se pone impossicion, y su producto es poco o mucho, conforme el tiempo que dura; conque, no teniendo más efectos que los sobre dichos, se ve obligada a echar repartimientos entre vecinos, con la equidad y economía de recargar a los que mejor pueden pagar y minorar a la gente más pobre» 44 . Hagamos un comentario sobre el contenido de la cita anterior, ajustándolo a la información que nos proporcionan las actas del Concejo. Los recursos del Ayuntamiento procedían, en efecto, de los conceptos señalados anteriormente. Los más importantes eran, entre los ordinarios, los productos que se obtenían anualmente de sus montes: cargas para carbón y madera vendida a particulares o a las fábricas reales. En setiembre de 1696, por ejemplo, 400 cargas para carbón supusieron 400 reales; cinco años más tarde, en febrero de 1701, el precio se ha doblado: en esa fecha se venden 500 cargas a doña María Pérez de Urquiaga, viuda, vecina de la anteiglesia de Berriatúa, a razón de dos reales por carga. En febrero de 1700, se vende a don Joaquín de Basabe, vecino de Bilbao, madera por valor de 100 ducados de vellón. Antes, en junio de 1699, se había notificado al Concejo la venta de madera para las fábricas reales 45 . (Hay que lamentar que no dispongamos de información continuada para éste, y, en general, para todos los asuntos Clemente de Aranzibia, Mayordomos (f. 79). En 1699, el cuadro de autoridades elegido en febrero de ese año fue el siguiente: don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz y J u a n de Albinagorta, Alcaldes; don Agustín de Basterrechea y Lucas Marques de Echevarri, Regidores; J u a n de Arrasate, Síndico, y Francisco de Leaegui Aldecoa, fiel; Lorenzo de Astegui y Celedonio de Axpee, Mayordomos (f. 105). En 1703, el gobierno lo constituyen don Pedro Bernardo y Martín de Urrea, Alcaldes; Jacobo de Gamarra y J u a n de Hormaegui, Regidores; Celedonio de Axpee, Síndico, y Sebastián de Urcola, fiel; Francisco de Arrasate y José de Zugadi, Mayordom o s (f. 155). Libro de Acuerdos..., ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO.

44 La Villa de Lequeitio..., (1735), op. cit., pág. 18. El relato de 1740 sigue casi literalmente a éste. 45 El acta del Ayuntamiento General de 28 de junio de 1699 (f. 111) dice únicamente sobre este punto: «(...) Diose cuenta de los curbatones y su ajuste que hizo el Sr. Alcalde Don Pedro Bernardo por horden de esta Villa con Don Christobal Pinior, maestro mayor de fábricas reales, y se paso por ella y que se execute su thenor».


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tratados en el Ayuntamiento, por las razones que aducíamos líneas atrás.) Siendo, pues, el monte la principal fuente de recursos del Municipio, se comprende el interés que mostraron sus alcaldes por el mantenimiento de la riqueza forestal 46 . Pero en este particular se distinguió especialmente don Pedro Bernardo. A él se deben, en efecto, las medidas más numerosas tendentes a prohibir los cortes de los vecinos si no se reparaban con nuevos plantíos, y a repoblar con «plantíos de robles y castañales los montes del Concejo, por ser mucha cantidad la que ha de salir este año», leemos en el acta del día 8 de febrero de 1699, nada más resultar elegido para su segundo mandato. Respecto a los arbitrios y sisas que se aplicaban de manera permanente, destaquemos las que se obtenían del chacolí que, según el autor de 1735, estaba libre de imposición. En la sesión que el Concejo celebró el día 10 de noviembre de 1696 —siendo Alcalde don Pedro Bernardo— se fijó el precio de venta del vino «chacolín» en 22 cuartos el azumbre, pero se gravaba con «tres ducados {porpipa) de ynposicion voluntaria para acudir a las obligaziones y cargas de esta villa y repartimientos y lanzas de mareantes, por no tener medios ni rentas para sobrellevarlas; y despues de San J u a n solo se pagare de cada pipa dos ducados» 47 . Pues bien, con ligeras diferencias en cuanto a su alcance, esta imposición llamada eufemísticamente voluntaria se mantuvo varias décadas. Por su interés social, reproduzco los precios de venta del vino local, según los datos obtenidos de las actas municipales: Fecha 10. XI. 1696 10. 30. 31. 05.

XI. X. X. X.

1697 1699 1702 1738

22 20 20 20 18 10

Precio cuartos/azumbre maravedises/cuartillo maravedises/cuartillo maravedises/cuartillo maravedises/cuartillo cuartos/azumbre

El precio del aguardiente en noviembre de 1700 se fijó en 8 cuartos el medio cuartillo. Los derechos cobrados en el Ayuntamiento por la venta del aguardiente durante el año 1699 habían supuesto 90 ducados de vellón. El aceite, que se vendía en 1699 a 22 cuartos la libra, había bajado sensiblemente de precio en 1705, despachándose en febrero de ese año a 14 cuartos de libra; de su venta al vecindario para un uso doméstico —el industrial estaba exen46 En mayo de 1724 se produjo un incendio que afectó a unos encinares del monte Otoyo. Se debió a la negligencia de «un menor en dias». Atendiendo, pues, a esta circunstancia atenuante se le impuso sólo la multa de tres escudos de plata. 47 En el Ayuntamiento General convocado el día siguiente para dar a conocer estos acuerdos y alcanzar la aprobación del vecindario, se determinó que la «imposición voluntaria» de los tres ducados por pipa durara, en cambio, hasta el día 1.° de agosto de 1697. En este mismo Ayuntamiento, se comunicó el contenido de una carta remitida por el Corregidor al Alcalde en la que se advertía la prohibición vigente de gravar «los mantenimientos». No obstante, el propio Corregidor consentía la imposición ante los agobios financieros del Municipio lequeitiano.

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to— se extraían igualmente unas sisas para las arcas del municipio. Gracias a estas imposiciones, como a las que se cobraban por el consumo de otros géneros, como por ejemplo el bacalao, el Ayuntamiento pudo atender a sus obligaciones, si bien para ello fue necesario de manera extraordinaria recurrir periódicamente a los repartimientos vecinales. En fin, no quiero terminar este apartado de subsistencias sin referirme a los graves problemas de escasez padecidos por la Villa a finales del siglo X V I I y primeros años del siguiente. Fueron constantes los esfuerzos de los munícipes por paliar en lo posible las secuelas de la crisis. Durante el año de 1699, rara fue la sesión en la que no se planteó el problema del pan. En junio se indicaba ya «la falta tan grande que ay de pan generalmente en todas partes y no poder conseguir por ninguna parte asi por mar como por Castilla». En la misma sesión (9 de junio), el capitán d o n j u á n de Iturraspe ofrecía un empréstito de «mili excudos de plata sin ínteres alguno asta Ntra. Sra. ocho de setiembre de este presente año» con el fin de adquirir en San Juan de Luz «pan cocido o granos, cual hallare mas cómodamente, por la nezesidad grande que ay», y se determinaba que «para el efecto se echen suertes entre los maestres de Pinazas cual de ellas puede yr» 48 . Pocos días más tarde, el 18 de junio, el Concejo autorizaba al Alcalde don Pedro Bernardo y al Regidor don Agustín de Basterrechea «bayan en persona asta Villarreal de Alava, o donde fuere nezesario, usando del poder que se les esta dado» para negociar la compra de grano y evitar pérdidas en su traslado 49 . El 26 de diciembre de 1699 se compran 50 fanegas de trigo; el 30 de mayo de 1700 se encarga a don Agustín Ibáñez de la Rentería, que se encontraba en Bilbao, la compra de 150 fanegas de trigo a 31 reales de vellón la fanega, y su remisión a Lequeitio en el patache de Juan Ibáñez de Zavala 50 . En los primeros meses del año 1701 la crisis ha remitido y en febrero se comunica que baja el precio del trigo; el que se compra en marzo de 1725 se paga a 22 reales la fanega. Hay dos aspectos más relativos a la gestión municipal desarrollada por don Pedro Bernardo sobre los que quiero llamar la atención: su preocupación por una «policía de buen gobierno», lo que hoy denominaríamos política de medio ambiente, y su interés en la mejora de la infraestructura. Al primer objetivo corresponden las medidas dictadas durante su mandato sobre la limpieza de los caminos, prohibición de transportar los troncos de madera por el casco urbano por la amenaza que suponía para las personas y el daño material que ocasionaba sobre las calzadas de la villa51, vigilancia 48 Libro de Acuerdos..., Acta del 9 de junio de 1699, f. 106v. 49 Ibídem, f. 109v. 50 Previamente, en febrero, se le había encargado a don Pedro Bernardo ajustar esta operación que se abonaría con una letra contra las rentas de Obras Pías que había dejado el Contador Ochoa de Urquiza; pero fue finalmente Ibáñez de 1a. Rentería quien llevó a cabo la gestión. 51 Sesión 12 febrero de 1696: «Que porque se reconoze el perjuicio y daño que puede resultar en pasar los corbatones por las calles al caz asi en las personas principalmente, como en las calzadas y otras partes, por ser maderos grandes (...), ninguna persona los pase por las calles sino por el río cargándolos en el enbarcadero de la Magdalena (...)». Libro de Acuerdos..., f. 79.


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sobre la venta de pan, traslado de las carnicerías «por estar en puesto donde no debe haver» 52 , extracción de la pólvora existente hasta entonces en la propia casa del Concejo, y su custodia en un lugar «que no ofrezca peligro». En esta misma línea, aunque la noticia pertenece a la sesión de 5 de noviembre de 1702, hay que anotar el pleito que se entabló contra una pescadería que arrojaba a la calle pública desperdicios y aguas nocivos para la salud del vecindario 53 . El municipio, por otra parte, tenía entre sus obligaciones el abono del sueldo de un médico, al cual si en 1694 se le pagaba 200 ducados al año —renta que incrementaba mediante el cobro de medio real por visita que hiciera—, en 1702 se le aumenta el salario a condición de no cobrar más por visitas y hacer «a los enfermos por lo menos tres visitas al dia» 54 . Por lo que se refiere a las obras emprendidas durante estos años en el municipio, hay que registrar —aunque no se decidiera durante el gobierno de don Pedro Bernardo— la construcción de la Casa Consistorial, que se inició en 1706 y terminó en 1726. Hasta entonces, los congresos del Concejo se habían celebrado en distintos lugares; primitivamente en «la Arena o Arenal, frente de las puertas de la Iglesia; los segundos, en la Sala de la Casa del Ospital; (finalmente) los terceros, donde al presente (1735) se halla el pósito del trigo» 55 . También corresponde a este período la reedificación de la Torre de la Iglesia Parroquial, la renovación de una de sus campanas y del 52 Sesión de 26 de junio de 1696: Se decretó «se executase (el traslado) debajo de esta casa del Concejo a la parte de la m a r tras la Alóndiga, y que los Sres. del Regimiento dispongan su compostura con los despojos de la carnicería vieja con el menos gasto que se pueda». Libro de Acuerdos..., f. 83. 53 Ibídem, f. 153. En aquella sesión se dio poder al Síndico para que saliera a la causa en el pleito que se litigaba contra doña Rafaela de Amezqueta «sobre la agua y bascosidad de Pescado que sale de la su casa de Caiburua a la calle publica del Cay, como tanvien de las condutas que están en partes publicas que salen a calles reales por la yndezencia y ascosidad que causan». 54 Sesión de 5 de noviembre de 1702. Lamentablemente, no figura la cuantía del aumento. La Villa deLequeitio... (1735), pp. 18 y 19, al referirse a las obligaáones del Ayuntamiento, indica que el salario del médico era de 440 ducados de vellón, cantidad que se obtenía de las sisas sobre el vino local a las que nos hemos referido. Para completar la información sobre las cargas municipales, incluso las que anota el autor citado: — De censos principales, 2.400 ducados de plata corriente, y por éstos, 72 ducados de vellón, al año, de sus réditos; y otros 2.400 ducados de vellón a 2,5 por cien. — Debe anualmente 40.000 maravedises de lanzas mareantes. — Para los gastos ordinarios del Señorío contribuye cada año aproximadamente con un ducado de vellón por foguera, como todas las demás villas y repúblicas. — Aparte el salario del médico ya señalado, los demás gastos ordinarios montan anualmente unos 150 ducados; «pero —concluye nuestro autor— no hay año en que no haya extraordinarios; en todo se procede con gran economía, pues se quitaron todos los superfluos y lo que se gasta es con grande justificación». El autor de la «Descripción» de 1740 corrige sólo las cifras relativas a los censos (¿se irían amortizando?). Según él, en 1740 se debían por este concepto «dos mil trescientos ducados de plata corriente y por estos sesenta y nueve ducados de vellón de réditos al año y otros dos mil y cuatrocientos ducados de vellón también de censos á dos y medio por ciento y hacen sus réditos al año sesenta ducados». Pero la diferencia más notable se acusa en la renta de lanzas. En esta Descripción, sólo se anotan por tal concepto 40 maravedises. Op. cit., pág. 275. 55 La Villa de Lequútio..., (1735), nota de la página 9. Los paréntesis son míos.

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reloj (en 1701), así como obras realizadas en el interior, como la sillería del coro — encargada en 1696 bajo la supervisión de don Pedro Bernardo—, el pedestal de su altar mayor (1702), el entablado de sus naves (1731), las bóvedas de las capillas del Santo Cristo y de San Antonio de Padua (1730-1), y, por último, sin salir aun de este recinto eclesiástico, la construcción de una balaustrada en el campanario, decretada en noviembre de 1735 a petición de las Monjas Dominicas que basaron su demanda en unas razones que, por lo candorosas que resultan, no me resisto a dejarlas en olvido: «(...) como de las ventanas de la torre del campanario de la Parroquia Santa María de ella (la villa), se le descubrían las zeldas, y uerta de ellas; y los muchachos que subían a la torre, muchas vezes las hazian burla (...)» El Ayuntamiento «conferido sobre ello, deseando dar gusto a la Sta. Comunidad, hizieron llamar luego a Joseph de Lizardi, Maestro que executara la obra, y venido a dha. Junta, haviendole dado su entender, declaro: que se podia executar sin deformidad (...), poniendo los valaustres que miran azia dho. Combento con medio relieve, que con eso no se descubriría, estando zerrado para dentro. Con lo qual, dijeron todos unánimes que hiziese conforme havia declarado dho. Maestro; y en quanto a la altura de dhos. valaustres dejavan a disposizion del mismo Maestro»56. A don Pedro Bernardo se debió particularmente el inicio de las obras en Isunza relativas a la construcción de una compuerta (sesión de 1 d e setiembre de 1696) «para mejorar la canal» 37 , y la propuesta para hacer un muelle en el Puerto (9 de setiembre de 1703). La estructura del puerto, en efecto, era inadecuada, mal dotado naturalmente y escasamente atendido por los poderes públicos, pese a la notable actividad marinera que desarrollaba la villa 58 . En 1703, planteó don Pedro Bernardo al gobierno municipal la necesidad de emprender la obra citada, acordándose el inicio de las obras cuya financiación se obtendría de «un repartimiento reduble y medio en cada uno de los años que durare dha. obra a todos los mareantes vezinos y moradores» 59 . En marzo de 1725, en un Ayuntamiento general, al que asiste y en el 56 Libro de Acuerdos..., sesión de 9 de noviembre de 1735 (estuvieron presentes don Pedro Bernardo y su hijo, el conde de Monterrón). 57 Ibídem, f. 84. La financiación de la obra correría a cargo de la Cofradía de Mareantes San Pedro, que ofreció un doblón, y la Villa que pondría el resto. 58 De 1687 data un «Plan o traza del muelle nuevo, desde la puerta de la Naza asta debajo de la casa de la atalaya de Lequeitio, formado por el maestro Lucas de Longa». ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO, Registro 16, n.° 15. Otro documento de 1701 responde al «Remate de obras y reparos del muelle de la villa de Lequeitio echo por Domingo de Urizar, maestro cantero, en 24 ducados de vellón, con las condiciones declaradas en dicho Remate que paso por testimonio de Nicolás de Zatica escribano de S.M. (...)». Ibídem, Registro 16, n.° 16. 59 Libro de Acuerdos..., sesión de 9 de setiembre de 1703. En esta sesión se acordó facultar a don Pedro Bernardo, como Alcalde, y a don Agustín Ibáñez de la Rentería, don Agustín de Basterrechea, Ldo. don Antonio de Mugurtegui, Francisco de Arrasate, Mayordomo, Antonio de Oreña y a Francisco de Urquiza, «para discurrir si seria mas combeniente dar principio desde la naza para fuera, ó de la barra para dentro».


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que interviene de manera decidida don Pedro Bernardo, se acordó alargar el muelle de Lazunarrieta. En este caso, la obra sería costeada en sus dos terceras partes por la Villa, «y la otra tercia, los ferrones que lleban Venas por esta ria, por ser combeniencia también para ellos el que haciendo dha. obra, y abriéndose la canal por el expresado parage, passen los Bajeles (...) á los descargaderos que están mas arriba del Puente de Esunza: y los referidos Dn. Pedro Bernardo y Dn. J u a n Ibañez combinieron en pagar la parte que les correspondiere por las Venas que llevan para sus ferrerias: Y asi mismo decretaron que en casso de que algunos de los ferrones que llevan Venas por dha. canal, no quisiesen contribuir con la porzion de reales que les tocare pagar por el coste de la mencionada obra, se les haga pagar un ochavo por cada quintal de Vena que pasare de su quenta por la referida canal y ria, ínterin que satisfagan la parte que les tocare con los intereses y gastos que de su omisión se causaren, mediante ser dha. obra en beneficio común, y de dhos. ferrones por la utilidad que se les sigue de conduzir sus Venas con los Barcos por la expresada canal á dhos. descargaderos» 60 . Finalmente, por lo que toca a obras en la infraestructura portuaria, el día 7 de julio de 1738, siendo Alcalde don Ignacio José Villarreal, conde de Monterrón, se decretó que, a costa de la Villa, se arregle «con la vrevedad posible el muelle de Esunza» 61 . Otra obra de envergadura emprendida en este tiempo fue la traída de aguas de Iturrioz para su consumo en la Villa mediante la construcción de una nueva fuente, la llamada del Crucifijo, instalada en el Portal Viejo. Se daba satisfacción así a una necesidad acuciante sentida por el vecindario desde tiempo muy atrás. El relato de 1735 nos recuerda, en efecto, que «Una de las cossas muy necesarias era fuente de agua; han sido vivas las diligencias que en los siglos pasados se hicieron y grandes las sumas del dinero que se gastaron; habia un pillón viejo de piedra arenisca en frente de la Gasa vieja del Concejo, el que se quitó quando la fábrica de la nueva (...)»62 Sin remontarnos a la prehistoria de este asunto, señalaremos que desde 1623 se intenta la construcción de una fuente nueva, cuyo coste se estima en" unos 26.290 reales, según declaración del maestro Francisco de Villanueva. Se piensa entonces en traer las aguas de Traquenbalde. Todavía en 1687 se diseña por Lucas de Longa la traza de las cañerías de la fuente citada de Traquenbalde. Pero ya en 1698 se duda de la bondad de aquellas aguas y se baraja la posibilidad de ejecutar la obra en Iturrioz que, sobre ser sus aguas H a y en el ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO (Registro 16, n.° 16) un «Dictamen dado por el Maestro Domingo de Andonegui en 23 de sbre. de 1703, en razón de la construcción del murallón de Amandabia, pegante a la barra de Isunza». 60 Ibídem, f. 198. 61 Libro de Acuerdos..., f. 219v. 62 La Villa de Lequeitio..., (1735) pág. 13.

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mejores, ofrecía la ventaja de su menor coste 63 . La construcción de la fuente del Crucifijo está ya terminada en 1723; había ascendido la obra a 14.784 reales 64 . En enero del año siguiente, el Ayuntamiento adquirió de distintos propietarios —entre ellos figuraba don Pedro Bernardo— ocho porciones de terreno por los que atravesaba la cañería que desde Iturrioz conducía el agua a la Villa; se determinó que «se pusiesen mojones por ambos lados en los dhos. ocho pies de ancho para que estubiese patente lo que hera de la Villa; que asta dhos. mojones pudiesen sembrar mayz, trigo y qualquiera cosa los dueños de las heredades vezinas: pero que no pudiesen plantar viña alguna sino á dos pies y medio apartada cada zepa de la linea de dhos. mojones, y los mimbres a quatro pies, los manzanos diez pies, y los castaños, robles y otros arboles grandes, doze pies». El importe de la tierra comprada fue de 1.139 reales de vellón 65 . En 1728 el Concejo encarga al que entonces era su Alcalde don José Francisco de Unzeta y a don Pedro Benardo Villarreal de Bérriz la inspección de las cañerías instaladas en Urquiza66. La imagen que ofrecía en 1735 toda la obra efectuada nos la transmite el anónimo descriptor de la Villa como sigue: «La agua dicha de Iturrios se reduze a dos fuentecitas: la una llamada Insudaran, que está debajo de la Confradía de Gardata, y de ésta se sirve la dicha Confradía; la otra debajo de las Caserías de Urquiza; se hizo una pressa más abajo de donde se juntan dichas dos fuentecitas y de la pressa se encañó hasta el portal viejo en cañería de barro muy bien vernizada por dentro. Se hizo plazuela en el dho. portal viejo, y en medio della se fabricó un pillón o taza circular de piedra muy bien labrada, con pirámide en medio y su remate de talla, y se pusieron quatro chorros en bocas de macarrones (mascarones) y que vierten el agua; el pillón este es el mejor fabricado de quantos hay en estas provincias (...). Toda la dicha fuente tuvo de coste principal 1.400 pessos»67. Para terminar este apartado, que se va alargando demasiado, quiero dejar apuntado un aspecto relativo al talante personal de don Pedro Bernardo que se entrevé también leyendo las actas municipales: su colaboración incondicional a realizar las comisiones encargadas por el Concejo 68 , alguna 63 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Registro 11, n.° 6. También, actas municipales correspondientes a la sesión celebrada el día 10 de agosto de 1698. 64 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Registro 11, n.° 9. En el mismo documento aparecen unas condiciones estipuladas con los alfareros de la Villa para fabricar 23.000 caños de barro para la citada fuente. 65 ARCHIVO MUNICIPAL DE LEQUEITIO: Venta de las porziones de tierras que ay sobre la cañería del transito de la agua que viene del termino de Yturrioz a la fuente nueba que se ha echa junto al Cruáfixo del Portal Viejo de Athea, extramuros de esta Villa; para provisión de ella, sus vezinosy moradores. Registro 11, n.° 10. La minuciosidad con la que se describe la distancia de las distintas plantaciones o siembras revela el celo muncipial por preservar la limpieza de las aguas. 66 Libro de Acuerdos..., sesión de 8 de mayo de 1728, f. 212. 67 La Villa de Lequeitio..., (1735), pp. 14 y 15. 68 Asistió don Pedro Bernardo regularmente a las sesiones del Concejo hasta avanzado el año 1738.


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de las cuales revela la categoría humana de nuestro personaje como, por ejemplo, la encomendada en noviembre de 1728 relativa a pacificar los ánimos de los vecinos de Ispáster por una querella que había surgido entre las dos localidades a propósito de unas cargas para carbón. La gestión de don Pedro Bernardo logró el objetivo propuesto y evitó el consiguiente pleito entre la Villa y la anteiglesia citada 69 . 3. La participación en el Gobierno Universal del Señorío El cuadro de autoridades que configuraban el llamado Gobierno Universal del Señorío comprendía en este tiempo, además del Corregidor —de nombramiento real—, dos diputados generales, seis regidores, dos síndicos, dos secretarios, dos consultores, cargos todos ellos que salían elegidos de cada parcialidad —oñacina y gamboína—, reflejo tradicional de las antiguas luchas de bandos, y dos tesoreros que pertenecían cada bienio a una de las dos parcialidades. El profesor Monreal Cía resume las condiciones formales que se exigían a los aspirantes a estos cargos públicos en las siguientes: mayoría de edad, vecindad, nobleza y unas cualidades éticas expresadas bajo las fórmulas de personas principales, de buena vida, fama y buenos cristianos. Estaban explícitamente excluidos los hijos y nietos de clérigos, los bastardos, los que ejercían oficios mecánicos y los deudores y pleiteantes con el Señorío 70 . Por otra parte, debían transcurrir dos años antes de que un antiguo cargo volvies e ^ oficiar en el Regimiento. La duración de los cargos era precisamente de dos años. Las elecciones se hacían en las Juntas Generales que se convocaban para este efecto generalmente en los primeros días de julio o finales de junio. Los seis electores —tres por cada bando—, aislados en el interior de la Iglesia de la Antigua de Guernica, ante la presencia del Corregidor y los Secretarios, anotaban en las boletas preparadas para este fin los nombres de los candidatos para los diferentes cargos, boletas que se introducían en sendos cántaros y que posteriormente un niño extraía una a una, determinando la elección de sus titulares para los oficios correspondientes, según el orden en el que salían 71 . La toma de posesión del nuevo gobierno se celebraba el 31 de ese mes, festividad de San Ignacio, patrono del Señorío 72 , en la Iglesia del 69 Libro de Acuerdos..., sesión de 19 de noviembre de 1728, f. 212 y 212v. Por cierto, hablando de pleitos, no he encontrado en el Archivo Histórico de la Diputación de Vizcaya ningún pleito interpuesto por/contra don Pedro Bernardo. Por el contrario, sí los hay protagonizados por su padre, por su hijo don Ignacio José —pleito éste que lo continúa su heredero don Pedro José— y por su nieta y sucesora en los mayorazgos, doña Josefa Villarreal de Bérriz y Barrenechea. 70 Monreal Cía, op. cit., pp. 427 y ss. 71 Ibídem, pp. 453 hasta el final de la obra, se explica detalladamente toda la mecánica electoral y ceremonial de la toma de posesión. Incluye este autor un apartado (pp. 460 a 467) de gran interés en el que esboza una relación entre los electores y los candidatos analizando las elecciones celebradas entre 1702 y 1726. 72 La designación de San Ignacio como patrono del Señorío se decidió en la J u n t a General celebrada en noviembre de 1680. Labayru, op. cit., tomo V, pp. 502-3, nos relata los pasos seguidos al respecto: Representación a la J u n t a el 5 de noviembre del P. Antonio de Landaida, vizcaíno,

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Colegio de San Andrés que la Compañía de Jesús tenía en Bilbao73, ante la presencia del Corregidor de turno, los Diputados generales y Síndicos del Gobierno saliente. El protocolo venía precedido de una Misa votiva en honor de San Ignacio, predicación incluida, tras lo cual tenía lugar el juramento de los recién elegidos «de dos en dos, uno por la parcialidad oñazina y otro de la gamboyna», en el que prometían «de usar bien, fiel y legalmente el cargo de..., atendiendo al mayor servizio de ambas Magestades Divina y Umana, y bien común administrando y guardando justicia y de observar imbiolablemente las leyes del fuero de este dho. Señorío, franquezas, livertades, privilegios, buenos usos y costumbres que ha y tiene»74. Inmediatamente después, los miembros del Regimiento saliente guiaban a sus sucesores en el cargo a los asientos que les pertenecían, desde donde los recién elegidos ponían término a la ceremonia manifestando, a pregunta del Corregidor, su «contento» por la toma de posesión realizada. rector del Colegio de San Andrés de la Compañía de Jesús, en la que, después de indicar cómo San Ignacio descendía de Ondárroa por su madre, suplicaba eligieran al Santo «por su especial Patrón, protector y abogado Celes dal para mayor gloria del Santo y conveniencias espirituales y temporales de este dho. Señorío, sus hijos y naturales». El Corregidor apoyó la solicitud, «y los junteros, oido el razonamiento, unánimemente aclamaron á San Ignacio por patrono del Señorío, y se propuso que los señores del gobierno universal celebrasen este nombramiento "con demostraciones espirituales en el dho. colegio de la Compañia" de Bilbao (...); y para que constase en todo tiempo que el glorioso San Ignacio era hijo de Su Señoría, descendiente de la casa solar de Licona y quedaba elegido por abogado, protector y patrono de Bizcaya, se guardase en el archivo de la Antigua de Guernica un traslado de su genealogía, con los dañas instrumentos que hubiere para la calificación de ello». E n 1682, alcanzada la aprobación de la Santa Sede que declaró el día 31 de julio «festivo de ambos preceptos», se inauguraba oficialmente la celebración de tal festividad —el año anterior por el Regimiento se había festejado con Misa, Procesión, juegos de pólvora, luminaria y la corrida de doce toros en la Plaza mayor de la villa—. Comenzaron los festejos el 6 de agosto de 1682 «con un repique general de las iglesias y conventos de la villa de Bilbao, anunciando las solemnes vísperas que en honor del Santo se iban a oficiar en la iglesia de San Andrés, del colegio de Padres Jesuítas. A las 4 de la tarde, el Regimiento general, precedido de la nobleza de Bizcaya y lo más escogido de la juventud hidalga bilbaina, su cuerpo de caballeros, hacendados y comerciantes, se dirigió a la iglesia mencionada (...)». Por cuenta del Ayuntamiento bilbaíno, se corrieron dos novillos «ensogados, diversión favorita de los bilbaínos en tiempos antiguos». «Ocho días se destinaron después a diversiones públicas, siendo las más principales los toros corridos en la plaza vieja, donde se levantó el tendido». Labayru, op. cit., tomo V, pág. 515; los festejos de 1681, en la pág. 507. También en vida de don Pedro Bernardo, el día 18 de junio de 1738, se declaró el Patronato de la Virgen de Begoña en el Señorío, si bien en esta ocasión de manera mucho más discreta, casi de tapadillo, para evitar roces con el laico patrono del Santuario, el municipio de Begoña e incluso con el Ayuntamiento de Bilbao. La J u n t a General, en efecto, decretaba el 2 de julio «que lo acordado del Patronato de Nuestra Señora de Begoña se entienda para exortar a los fieles a su mayor devoción escusándose la concurrencia y asistencia del Cuerpo de este Señorío a toda función para evitar qualesquiera inconvenientes que se pudieran originar de este concurso». Labayru, op. cit., tomo V I , pág. 210. 73 El lugar de la toma de posesión había ido cambiando a lo largo del tiempo: Residencia del Corregidor, Convento de San Francisco, sacristía de la Iglesia de Begoña, Iglesia de San Nicolás, Convento de San Agustín, Convento de la Cruz. Desde 1674, se celebraba en la Iglesia del Colegio de los Jesuítas. Toda esta información está sacada de Monreal, op. cit., pág. 468. 74 A.H.D.V. Libros de Decretos y elecciones. N.° 22, ff. 283 y ss. Se trata de la toma de posesión del Gobierno elegido en julio de 1714 en el que figuraba don Pedro Bernardo como Regidor.


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Don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz formó parte de estos gobiernos en dos ocasiones, como ha quedado señalado, que fueron los bienios de 1700-1702 y de 1714-1716. En la J u n t a General celebrada el día 8 de julio de 1700, el gobierno que se eligió estaba formado por las siguientes personas de una y otra parcialidad 75 . Parcialidad Oñacina

Parcialidad Gamboína

Diputados Generales 1. F. A. de Ugarte y S. Martin 1. A. M. de Zaldua y Ugarte 2. Diego de Uribarri 2. H. de Barrayqua y Asua 1. F. A. de Salazar Avendaño 2. Cristóbal de Aranda 3. P. B. Villarreal de Bérriz 4. D. I. de Gondra y Legorburu 5. Andres de Bear y Larrimbe 6. J . A. de Jaureguibeytia

Regidores 1. J . A. de Mezeta y Albiz 2. Pedro de Urizar 3. J . Ignacio de Basabe 4. D. B. de Arespacochaga 76 5. Phelipe del Campo 6. Julian de Arostegui

1. Pedro de Orueta 2. Ignacio de Bear y Larrimbe

Síndicos 1. Antonio de Muguertegui 2. Martin A. de Escoyquis

1. J u a n Antonio de Artaeche 2. Antonio de Fano

Secretarios 1. Domingo de Mesperuza 2. Francisco de Elorriaga

1. Ldo. B. I. Ruiz de Pasuengos 2. Id. Diego de Sarricolea

Consultores 1. Ldo. J u a n de Escoyquis 1. Id. Pedro de Usin

En la J u n t a General de 18 de mayo de 1714, salieron elegidos los que siguen 77 : Parcialidad Oñacina 1. Baltasar de Epalza 2. Diego de Arribi

Parcialidad Gamboína Diputados Generales 1. Agustín D. de Larragoiti 2. J u a n José de Larragoiti

75 A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20. 76 Como dato anecdótico, no falto de cierta significación, indicaremos que en más de una ocasión el nombre de este Regidor (Diego Bernardo) aparece en las actas sobre un tachado Pedro Bernardo. 77 A.H.D.V. Libro de Decretosy elecciones..., n.° 22, ff. 263 a 264.

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Regidores 1. Lorenzo de Novia Pedro B. Villarreal de Bérriz 2. Antonio de Lezama José de Palacio y Orrantia 3. Manuel Diago y Mendi Nicolás A. de Gazitua 4. J u a n José de Goitia Tomás de Ybaizaval 5. Pedro Antonio de Olaeta Francisco de Zendegui 6. J u a n Bta. de Guendia Martín Uria Nafarrondo

1. José de Mendexa 2. J . A. de Xaureguibeytia

Síndicos 1. J u a n Hortiz de Bidasolo 2. J u a n Bta. de Goxenechea

1. Manuel de Bolivar 2. Domingo de Alipazaga

Secretarios 1. Domingo de Leuro 2. Francisco de Ugarte

1. Martín A. de Escoiquiz 2. Diego de Sarricolea

Consultores 1. A. Ventura de la Riva 2. S. Mtez. de Avellaneda Tesoreros

1. Francisco Lucas de Hon 2. Sebastián de Amézaga Durante estos dos períodos se celebraron 9 Regimientos Generales y 15 Diputaciones Generales en el bienio 1700-2; y 10 Regimientos y 24 Diputaciones, en el segundo de 1714-16, lo que viene a confirmar lo expuesto por Monreal sobre «la importancia que ya a principios del siglo X V I I I cobra la Diputación dentro de la actividad gubernativa del Señorío» 78 . Además, tuvo lugar también una Junta General los días 14 y 15 de diciembre de 1700 con ocasión de la proclamación del nuevo monarca Felipe V, y una Junta General de Merindades, entre los días 25 de febrero y 4 de marzo de 1715, reunida para tratar sobre distintos asuntos relativos a juicios de residencia 79 y al tema del tabaco. En el ejercicio del cargo de Regidor por parte de don Pedro Bernardo, se pueden distinguir dos etapas muy diferentes que se corresponden con los dos bienios señalados. Durante el primero, el cumplimiento de 78 Op. cit., pág. 426. 79 Según Labayru op. eit., tomo V I , pp. 74 y ss., de 1714 datan las primeras intervenciones del Monarca amenazando la integridad de los fueros. En ese año, el Corregidor fue llamado a la Corte para explicar los modos de gobierno practicados en el Señorío y recibir instrucciones al respecto. Se trataba de amortiguar el «pase foral». La R.C. de 19 de enero de 1715 ordenaba se «tomase residencia» a los oficiales del Señorío y al Alcalde y Capitulares de Bilbao durante los tres últimos años. Para tratar sobre este asunto se reunió la J u n t a de Merindades que «acordaron aclarar al Monarca que sus solicitudes iban contra el fuero».


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las obligaciones inherentes al cargo, medido por la asistencia a las reuniones convocadas, es bastante estimable: asiste a seis de los nueve Regimientos celebrados. En cambio, en la segunda etapa no asistió a ningún Regimiento. Bien es verdad que las reuniones se celebraban en Bilbao 80 , distante de Lequeitio nueve leguas, lo que podía suponer en aquel tiempo nueve horas de viaje a lomos de caballería, sin contar los obligados descansos81. Todo lo cual significaba disponer de varios días para asistir a la reunión por tener que pernoctar necesariamente en la villa bilbaína. Probablemente la salud de don Pedro Bernardo, «tan quebradiza» como hemos tenido ocasión de constatar, se resintiera en esas fechas de 1714-16, o, sencillamente, que las fatigas de un viaje de tales características se soportaban peor a los 45 años, que es la edad que tenía en 1714, que a los 31 que contaba cuando es elegido por primera vez; lo cierto es que no acudió a los Regimientos —en las actas no figuran las razones de la excusa, como es natural—, y sólo está presente en la ceremonia de la toma de posesión y en la Junta de Merindades citada. Hemos hecho una especie de inventario con los principales temas tratados a nivel de Gobierno durante los dos períodos de referencia. Observamos la importancia de algunos por la insistencia reiterada en su planteamiento tanto en los Regimientos como en las Diputaciones. Son los casos de los problemas relacionados con las ferrerías (calidad y comercialización de las venas de Somorrostro), control sobre las solicitudes de vecindad —las rigurosas exigencias de filiaciones— y sobre «la calidad» de la población residente, preocupación forestal, producción y venta de la castaña en el Señorío 82 , los servicios en hombres y en dinero al monarca 83 , el asunto de la prebostada y el duque de Ciudad Real, el problema de la defensa militar de Vizcaya y el contrabando de tabaco. A estos temas acompañan los habituales de renovación de puestos en la administración de cada gobierno —abogados de pobres, capellanes, escribientes, maestros examinadores para los distintos gremios, etc.—, la noticia puntual del contenido de la correspondencia sostenida con los distintos órganos de la Administración de la Mo80 Sólo tengo noticia de un Regimiento General celebrado fuera de Bilbao en estos dos bienios: el celebrado en Guernica el día 12 de diciembre de 1700, previo a la reunión de la J u n t a General. En Bilbao, el lugar donde se celebraban los Regimientos era la Casa Consistorial. 81 Cincuenta años más tarde, hacia 1768, recorrer una legua de camino —la distancia de Ispáster a Lequeitio— llevaba una hora, según queda anotado en el diario del Ldo. Gregorio Lino García, desplazado de Valladolid en aquella fecha para resolver un pleito que afectaba a las ferrerías de Bengolea. A.H.D.V. Corregimiento. Leg. 835, n.° 2. 82 El Gobierno del Señorío se muestra sensible ante la crisis de granos padecida en 1699-1700. En la Diputación General de 15 de setiembre de 1700 se autoriza a los comerciantes y extranjeros a sacar castaña del Señorío a cambio de trigo. A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20. 83 A propósito de este tema, en el Regimiento General de 8 de junio de 1716 se leyó un Memorial presentado por la Villa de Lequeitio quejándose de que en el servicio de 1709 se había recargado a «los puertos marítimos en la repartición de infantes y cantidad de reales que por cada uno debían de contribuir (...)». Reclamaba los 2.821 reales y medio de vellón que, según la liquidación hecha en 1715 a instancias de la J u n t a General, se habían cobrado de más a Lequeitio. El Regimiento aprobó tan justa representación y ordenó despachar el libramiento pertinente. A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 22, ff. 427v y 428.

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narquía o con particulares, los repartimientos entre las «Repúblicas, Villas y Ciudad, Encartaciones y Merindad de Durango», esto es, entre los diferentes bloques territoriales que integraban el Señorío, así como los libramientos hechos por la tesorería en concepto de abono de salarios o censos84. Sobre algunos de estos asuntos voy a tratar en el apartado y capítulo siguientes. Ahora quiero únicamente dejar constancia, por su trascendencia para la economía vizcaína, de cómo en la Diputación General celebrada el día 16 de noviembre de 1714 se trata de «lo contenido en el capítulo quince de paces entre esta corona y la de S. Mag. Británica sobre que a los vizcaynos y otros pueblos de esta Corona les perteneze el derecho de pescar en la isla de Terranova» 85 . Mención aparte hay que dedicar a la participación directa de don Pedro Bernardo en los actos fúnebres por Carlos II y los relativos a la proclamación de Felipe V. En el Regimiento del 19 de noviembre de 1700 —al que no asiste nuestro personaje— se dio noticia del fallecimiento del monarca, último representante de la Casa de Austria, el desdichado don Carlos II. Las honras y exequias en su nombre tuvieron lugar en la Antigua de Guernica, los días 12 y 13 de diciembre, a las que asistieron los miembros del gobierno en pleno, y entre ellos don Pedro Bernardo, vestidos «con sus capas largas de baietta negra» 86 . Durante los dos días siguientes, hubo Junta General con motivo de la «Aclamación y Levantamiento del Pendón de este M.N. y M.L. Señorío de Vizcaya en nombre de su señor y Rey Don Phelipe quintto heredero y subcesor de la Corona de estos Reynos y señoríos de España». Don Pedro Bernardo asiste a la Junta en calidad de Regidor del Gobierno y también como Apoderado de la anteiglesia de Guizaburuaga. La ceremonia de la aclamación de un nuevo señor de Vizcaya y Monarca «de las Españas» 87 consistía primero en la lectura de la Cédula Real en la que se propo84 En 1716 el salario que se abonó a los Regidores por el ejercicio de su oficio en el bienio precedente fue de 1.308 reales de vellón, cantidad de la que se cobró una parte (816 reales) enjulio de 1715 y el resto (492 reales), en junio del año siguiente. A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n . ° 2 2 , f . 438. 85 Ibídem, n.° 22, f. 308. Lamentablemente ese derecho no sería reconocido en la practica y los vizcaínos se vieron obligados a importar desde entonces el bacalao. Cfr. Palacio Atard: «Los vascongados y la pesca en Terranova. Las gestiones del marqués de Monteleón en Londres, 1717-1718», en Armario de Estudios Americanos, vol. I, 1944; y del mismo autor, «Pescadores vascos en Terranova en el siglo XVIII», Comunicación a la. I Semana de Antropología Vasca, Bilbao, 1970. 86 A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20, f. 335v. 87 Durante el tiempo de don Pedro Bernardo tuvieron lugar bastantes acontecimientos relativos a las famüias reales, que fueron celebrados en el Señorío con actividades festivas o fúnebres, según la naturaleza de los mismos. Anoto a continuación los más importantes referidos a aclamaciones, matrimonios o defunciones: la mayoría de edad de Carlos II en 1675, sus dos matrimonios, primero con doña María Luisa de Orleans, y después con doña Mariana de Neoburgo, y su fallecimiento en 1700; la aclamación de Felipe V, su casamiento en 1701 con doña M . a Luisa de Saboya; la muerte de la joven reina —no había cumplido aún los 26 años de e d a d - en febrero de 1714; el matrimonio de Felipe V con doña Isabel de Farnesio; los conciertos matrimoniales (1721) de la Infanta María Ana Victoria con Luis X V de Francia, que finalmente no se realizó, y el de la hija del regente francés, Luisa Isabel de Orleans, con el Principe de

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nía al titular de turno; los actos siguientes los describimos siguiendo el acta que corresponde a esta aclamación: «(...) yncontinenti el dho. señor don Pedro de Orueta, Síndico General, intimando a los presentes silencio y attencion, tremoló y batió el estandarte, y pendón de este mui noble Señorío por don Phelipe Quinto de este nombre nuestro señor, señor de Vizcaya, y Rey de las Españas, haviendo dicho tres veces en altas y intelegibles voces las clausulas siguientes: Nobles vizcaynos, oid, oid, oidVizcaya, Vizcaya, Vizcaya por el señor don Phelipe Quinto de este nombre, señor de Vizcaya,y Rey de las Españas, nuestro Señor, que vivay reyne con gloriosos triunfos por dilatados

años. A las quales palabras correspondieron con alegres clamores y festivos aplausos todos los cavalleros, escuderos, hijosdalgo, Procuradores junteras y ofros muchos vecinos y moradores que se hallaban en la Junta, repitiendo con la misma aclamación, viva, viva, viva por dilatados dichosos años el Sr. D. Phelipe Quinto de este nombre Señor de Vizcaya y Rey de las Españas nuestro Señor»88.

Los actos terminaron por ese día cantando un solemne Te Deum y celebrando una Misa Mayor en la iglesia de la Antigua. Al día siguiente, 15 de diciembre, la J u n t a procedió al nombramiento de los doce Caballeros 89 que debían cumplimentar en Vitoria al nuevo monarca a su paso por esa ciudad camino de la Corte. Los procuradores junteras decidieron que los diputados generales «salgan por sus personas a este recivimiento y juntamente determinaron o explicaron su voluntad de que los dhos. señores diputados generales nombren a su arbitrio otros dos cavalleros que baian en su compañía». Los ocho restantes salieron por decisión de cuatro electores elegidos por la Junta. Entre estos ocho figuraba don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz 90 . Los Caballeros dispusieron para sus gastos de 6.000 ducados de vellón, y con ellos fueron también a Vitoria, por mandato igualmente de la J u n t a «los Capellanes del Señorío (para) que les asistan y aiuden en los MinisteAsturias, el futuro Luis I; la aclamación de Luis I en enero de 1714 —previa renuncia de su padre, Felipe V—; el fallecimiento del nuevo monarca, a los 17 años de edad, en agosto del mismo año; las bodas principescas del Príncipe de Asturias —el futuro Fernando VI— con una Infanta de Portugal —doña Bárbara de Braganza— y de la infanta doña Mariana Victoria con el príncipe del Brasil, en 1728. 88 A.H.D.V. Libro de Decretos..., n.° 20, ff. 339 y 339v. El texto que yo he subrayado aparece en el original con una letra a tamaño sensiblemente superior a la del resto. Por cierto, todos estos actos de Honras y Aclamación importaron al Señorío un gasto de 11.627 reales y medio de vellón. Ibídem, ff. 350vy 351. 89 De manera excepcional —«por las circunstancias actuales», se dice en el acta— se nombraron en esta ocasión a doce Caballeros en lugar de a los ocho de costumbre. 90 Acompañaron a don Pedro Bernardo en su viaje a Vitoria en nombre del Señorío los diputados don Francisco Antonio de Ugarte y San Martín y don Antonio Miguel de Zaldúa y Ugarte; don J u a n Bautista de Ugarte y San Martín y don Domingo de Zaldua y Ugarte (elegidos por los diputados); d o n j u á n Antonio de Mezeta y Albis, don Francisco Antonio de Salazar y Saravia, don Cristóbal de Aranda y Teza, don Domingo Ignacio de Gondra, don Diego Bernardo de Arespacochaga, don J u a n Franciso de Ugarte y Zalvidea y don J u a n Fernando de Ugarte Basurto, que junto a don Pedro Bernardo fueron elegidos por los cuatro electores —cuyos nombres eran don J u a n José de Andonaegui, el capitán don Antonio de San Martín y Aguirre, d o n j u á n de Larragoití y Leura y don Bernabé de Salazar y Urdanegui. A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20, ff. 340 y ss.

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ríos Espirituales y eclesiásticos»91. Además del saludo en Vitoria, al monarca se le rindió homenaje también en Madrid respondiendo así a la invitación real cursada el 15 de marzo. La Diputación General del Señorío decretó92 el día 9 de abril de 1701, que «con ocasión de hallarse en la Corte el Excmo. señor marqués de Gastañaga de Baños 93 del Consejo de Guerra de Su Magd., comisario general de la ynfanteria y cavalleria de España, por concurrir en este cavallero la autoridad y séquito que este empleo requiere, acordaron y decretaron que le nombravan y le nombraron por cavallero diputado para que en nombre de este Señorío concurra ante Su Magd. a manifestar el amor y celo que a tenido de su feliz arrivo a la Corte (..:)». Al tiempo, se le encargaba también al marqués de Gastañaga realizar otras visitas de cumplido al Cardenal Arzobispo de Toledo, al Presidente del Consejo de Castilla y al Duque de Alcohurt 94 . Don Pedro Bernardo participó en las tareas gubernamentales del Señorío, fuera del cargo citado, concurriendo, como ya dijimos, a las Juntas Generales y de Merindades convocadas hasta al menos 1722, unas veces como representante de la Villa de Lequeitio, otras como procurador de las anteiglesias vecinas al lugar de su residencia. Entre 1700 y 1722, fue nombrado para las siguientes comisiones: — Año 1700. La Junta General de 7 de julio le nombra, junto a otros tres caballeros, para conferenciar en Oñate con los representantes de la provincia de Guipúzcoa sobre el tema del hierro que se labra en Vizcaya y en Guipúzcoa 95 . 91 Ibídem. El saludo tuvo lugar a finales de.enero de 1701, y recuerda Labayru op. cit., tomo V I , pp. 253-4 cómo en el protocolo de besamanos real los vizcaínos fueron preferidos en el orden a los navarros. 92 El decreto lo dio la Diputación para evitar los gastos que ocasionaba la convocatoria de la J u n t a General. 93 Se le había concedido este título en 1686 al vizcaíno don Francisco Antonio de Agurto, gobernador y capitán general en Flandes, concesión que el Señorío celebró, si bien quiso asegurarse de que el título de Gastañaga otorgado por el monarca no se refería a la casa de ese apellido existente en la anteiglesia de Derio, en Vizcaya, porque «la costumbre y uso de la tierra no consentía que sobre ningún solar ni pueblo del Señorío se instituyesen los títulos de Castilla». El 21 de enero de 1687, contestaba Agurto indicando que estaba a la espera de que el Monarca «me señale lugar y jurisdicción con vasallos en el mismo territorio de Castilla (...), y no en el Señorío de Vizcaya (...)». De ahí, probablemente, el añadido de «Baños». El dato está tomado de Labayru, op. cit., tomo V, pp. 534, 537-8. (La suposición es mía.) - 94 A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20, ff. 354 a 355. 95 A.H.D.V. Libro de Decretos y elecciones..., n.° 20. De la reunión celebrada el 15 de mayo da noticia puntual Ignacio de Zumalde en su Historia de Oñate (San Sebastián, 1957, pp. 353-4). Los comisionados, que llegaron la víspera, se hospedaron en las casas de los dos diputados de Oñate y fueron obsequiados con «sendas frasqueras de vino rancio y sendas terneras y a tres docenas de aves». En la reunión se acordó suplicar al Monarca confirmase y mandase cumplir las Reales Cédulas del 24 de diciembre de 1619 y 8 de mayo de 1627, expedidas a petición de la provincia de Guipúzcoa, prohibiendo la entrada de hierro extranjero en los territorios de la Monarquía, para lo cual proponían en su escrito la adopción de las medidas pertinentes. Otro asunto tratado en Oñate hacía referencia a la formación de una compañía para exportar directamente los productos vascos a Castilla y comprar toda clase de bastimentos. Pero no parece que prosperara el proyecto.


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— Año 1704. La Junta General de 26 de junio le nombra, con nueve más, para tratar el tema de la defensa del Señorío y tomar cuentas a don José de Llano sobre la distribución de 26.200 ducados que se tomaron a censo para la fortificación de los puertos. Prepararon un Memorial que fue aprobado en Junta General el 28 de junio y mandado poner en práctica 96 . — Año 1704. La Junta General de 28 de junio aprueba hacer una nueva numeración de fogueras. Para realizar la de la Merindad de Uribe se nombra a dos caballeros, uno de ellos don Pedro Bernardo 97 . — Año 1712. La Junta General de 22 de junio le nombra, junto con otro caballero, para un estudio, dictamen y propuesta de resolución acerca de un Memorial presentado por el Teniente de la Merindad de Durango relativo a que «se le señale salario para su manutención o se le conceda hacer las visitas por años»98. — Año 1718. La Diputación General de 3 de diciembre nombra a don Pedro Bernardo, «hixo de Su Señoría, de yguales calidades, prendas, explendor y talentos que los demás» (D. Alonso Hurtado de Amézaga, D. Agustín Pedro de Basurto, D. Manuel de Santa Coloma y D. Agustín Ibáñez de la Rentería), como sustituto de D. Agustín Pedro de Basurto, que tenía entonces problemas de salud, para conferenciar con el Comandante general de las Tropas Reales, don Blas de Loya 99 . — Año 1719. La Junta General de Merindades de 9 de mayo le nombra, con otro más, para conferenciar con el Teniente Coronel don José de Arauxo sobre la formación y sostenimiento de un Regimiento de hombres al servicio de S.M. 100 . — Año 1719. La Junta General de Merindades de 10 de mayo le nombra, con otros tres, para el estudio, dictamen y propuesta de resolución acerca de la representación de algunas Repúblicas costeras que se resistían a contribuir en la formación del Regimiento de infantes alegando la presencia de muchos de sus marineros en la Real Armada 101 . — Año 1722. La Junta General de Merindades de 29 de diciembre le nombra Diputado en Corte para arreglar la aplicación del decreto real sobre el retorno de las aduanas a sus lugares tradicionales, nombramiento y renuncia al mismo a los que ya nos hemos referido 102 . 96 Ibidem, n.° 21, ff. 173 y ss. 97 Ibidem, n.° 21, f. 191. 98 Ibidem, n.° 22, f. 76. (Hay que tener en cuenta que faltan los Libros de Decretos correspondientes a los años 1705 a 1711, y 1716 a 1718. Los que se conservan siguen una numeración, no obstante, correlativa.) 99 Ibidem, n.° 23, f. 39. No parece, sin embargo, que se produjera la sustitución. Al menos, en el capítulo de agradecimientos que hace la J u n t a General de 14 de abril de 1719 no menciona el nombre de don Pedro Bernardo, y sí, en cambio, el de don Agustín Pedro de Basurto, junto a todos los demás sostenedores de la conferencia citada. 100 Ibidem, n.° 23, f. 97. Don Pedro Bernardo colaboró generosamente —50 doblones— en la financiación de este Regimiento, al que pronto se incorporaría su segundo hijo. 101 Ibidem, n.° 23. El asunto, no obstante, pasó a consulta real. 102 Ibidem, n.° 24.

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Lámina 1. — Retrato de Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz• Foto de Joaquín del Valle de Lersundi. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Lámina 2. — Retrato de Pedro José Villarreal, hijo de P. Bernardo.

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Lámina 3. — Palacio de Uriarte. Foto de Joaquín del Valle de Lersundi. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 4. — Palacio de Monterrón. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 5. — Torre de Láriz. Fotos de José A. García-Diego. "I FUNDACIÓN íJUANELO J TURRIANO


Lámina 6. - Presa de Ansotegui. Foto de la Cátedra de Estética de la Ingenierü Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

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Lámina 7. — Presa de Ansotegui. Foto de José A. García-Diego. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 8. — Presa de Barroeta (Osiyán). Fotos de José A. García-Diego. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Lámina 9. — Presa de Bedia. Foto de José A. García-Diego. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Lámina 10. — Presa de Bedia. Foto de José A. García-Diego FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 11. — Presa de Bedia. Fotos de José A. García-Diego. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 12. Presa de Arencibia (Guizaburuaga). Foto de la Cátedra de Estética de la Ingeniería. Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

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Lámina /.';'. — Presa de Laisota. Foto de la Cátedra de Estética de la Ingeniería. Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Lámina 14. — Presa de dos arcos en Liérganes (Santander) probablemente construida empleando los criterios de diseño que Villarreal de Bérriz establece en su libro. Se encuentra en el cauce del río Miera y suministraba agua a un molino harinero. Foto de I. González Tascón.

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Lámina 15. — Rueda vertical de paletas, análoga a la propuesta por Villarreal en una herrería en Guriezo (Cantabria). Reconstrucción reciente basada en el libro de Pedro Bernardo. Foto de I. González Tascón. FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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MAQUINAS HYDRAULICAS

DE MOLINOS, Y HERRERIAS, y

G O V I E R N O DE LOS Arboles 3 y Monees de Vizcaya.

POR DON PEDRO BERNARDO Villa-Real de Berriz,, Cavallero del Orden de Santiago. D E D I C A D O

A L O S AMIGOS CAVALLEROS, y Propietarios del Infanzouado del muy Noble,y muy Leal Señorío de Vizcaya, y muy Noble , y muy Leal Provincia de Guipuzcoa. C O N P R I V I L E G I O :~En Madrid, c i r i T o f i c m a d e A n t o n i o Marín , A ñ o de 1736.

Lámina 16. — Portada del libro de Pedro Bernardo.


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Antes de concluir la exposición relativa a la participación de don Pedro Bernardo en el Gobierno del Señorío, quiero dejar apuntada una pregunta: ¿Pretendió nuestro personaje el cargo de Superintendente de la costa de Cantabria cuando se tuvo noticia del nuevo destino de quien ocupaba hasta entonces ese puesto, don Antonio de Gaztañeta? La respuesta es afirmativa sin ninguna duda si aceptamos la autenticidad de un borrador cuyo texto se publicó hace ya unos años 103 . Si la carta fue remitida y a quién iba destinada, son cosas que no se aclaran en la publicación citada, aunque se sugiere que el destinatario fuera algún agente de don Pedro Bernardo en Madrid, lo que no parece muy acertado dado el tenor de la carta que hace entrever, en mi opinión, un destinatario, valga la expresión, «más importante». El documento está fechado en Lequeitio el día 11 de febrero de 1717 y en él se aprecia claramente el interés de don Pedro Bernardo por el empleo, no por cuestiones económicas sino de prestigio, «de mérito», y de servicio que podía realizar «sin alejarme de mi casa». Alega en su pretensión sus conocimientos en la materia («con ocasión de vivir en puerto de mar me dediqué a la náutica y fábrica de navios, habiendo recogido noticias y libros extranjeros de construcción y proporciones (...), he fabricado y arbolado ocho navios, que han salido muy buenos; y, aunque ninguno ha pasado de 150 toneladas, las proporciones de los pequeños no se diferencian de las de los grandes, y aunque yo lo diga, he alcanzado a saber algo en este arte, en que muchos hablan como maestros y muy pocos entienden en España»); y sugiere que se le someta a prueba en el ejercicio del cargo antes de confirmar el nombramiento: «(...) si a Vm. pareciese por medio de D. Miguel Núñez, su amigo de Vm. y muy íntimo del Sr. Durán, o por otro, estimaré hable Vm. de esto al Sr. Durán 1 0 4 , haciendo la planta que, si pareciese, se me podían conferir las ausencias de Gaztañeta en ínterin que S. Mag. resuelva otra cosa, o como mejor pareciese, para que se viere por algún tiempo si yo acertaba a ser de algún provecho, y cuando no experimentase entera satisfacción, se pudiese nombrar otro sin nota mía». Concluye el borrador notificando que Gaztañeta no haría de buen padrino porque «habiendo vivido mucho tiempo dos leguas de aquí, no me he valido de él para la fábrica de algunos navichuelos, lo que advierto porque no sería seguro buscar su informe»; en el párrafo siguiente se despide con una frase tremenda, no sé hasta qué punto justificada: «Si pudiere llevar hechura, me holgaré (en un margen añade que si se logra el cargo le comunique qué personas han intervenido "para que lo reconozca y gratifique"), y si no, paciencia... Y antes de ahora han tenido el empleo de superintendentes caballeros de este país, sin inteligencia alguna de fábricas...» 105 .

103 K. Larrañaga: «Algunos papeles...», op. eit., lamentablemente yo no he podido consultar en el Archivo familiar de Uriarte este documento pese a los intentos realizados para su localización. 104 Se refiere a don Miguel Fernández Durán, de la Secretaría del despacho universal de guerra y marina. 105 K. Larrañaga: «Algunos papeles...», op. cit., pp. 181 y 182. El paréntesis último es mío.


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Por su especial trascendencia trato en apartado separado lo relativo al problema bélico que afectó de una manera singular a los territorios vizcaínos costeros, y, en consecuencia, a todo el Señorío, que vivió ya desde finales del siglo X V I I , pero particularmente durante las primeras décadas del X V I I I , bajo la amenaza permanente de una invasión extranjera.

4. La incidencia de la guerra en el Señorío Nos vamos a referir únicamente a la guerra de Sucesión y a la posguerra inmediata. No es nuestro propósito, sin embargo, hacer un estudio militar de aquel conflicto, ni siquiera el de exponer las grandes líneas de su desarrollo. Sólo nos interesa destacar lo que aquella guerra significó para nuestra tierra, cuál fue la actitud del Gobierno Universal ante la misma, qué medidas se adoptaron para reforzar la defensa del Señorío, cuáles fueron las decretadas en ayuda de la Corona de Felipe V. Vaya por delante algo que ya hemos anticipado en el apartado precedente: que el Señorío, y lo mismo hicieron Guipúzcoa, Álava y Navarra, se colocó inequívocamente desde un principio al lado de Felipe V. La guerra fue presentada en la correspondencia real como algo necesario para defender la integridad de los dominios de la Corona, pero sobre todo para preservar la religión católica. «(...) Siendo tan preciso y de mi obligación atender a la defensa de mis Dominios y repararlos de la ymbasion que en ellos pueden yntentar los enemigos, e interesándose en esto no solo mis Reynos y basallos sino también nuestra Religión que es lo que mas se debe cuidar (...)», escribía Felipe V al Señorío desde Lérida, el 29 de diciembre de 1702, al tiempo que solicitaba un servicio de «un tercio de ynfanteria en el mayor número que sea posible para acudir con el a la parte que mas se necesite (...)» 106 . De forma reiterada se dirigió el monarca, o sus representantes —la Reina gobernadora durante la estancia de Felipe V en Italia en 1702, y el Presidente del Consejo de Castilla—, al Señorío pidiendo servicios de hombres o de dinero. Las solicitudes reales fueron estudiadas en las instancias de gobierno del Señorío (Diputaciones o Regimientos) y, con frecuencia, elevadas a las Juntas Generales o de Merindades. En alguna ocasión, se pidió opinión a las propias «Repúblicas, Villas y Ciudad, Encartaciones y Merindad de Durango» para que decidieran al respecto. En general, podemos concluir que las autoridades del Señorío fueron remisas a la hora de contribuir con servicio de infantes, no así de marineros, lo que compensaban con aportaciones de dinero en metálico, que recaudaban mediante repartimientos, emisión de censos o arbitrios extraordinarios sobre el vino. A 106 A.H.D.V. Libro de Decretos..., n.° 21, f. 91v. El Regimiento General de 3 de agosto de 1701 había acordado enviar a Felipe V 3.000 doblones de a dos escudos de oro cada uno, en respuesta a la petición de servicio cursada por el Monarca en junio con ocasión de su matrimonio y del viaje de la futura Reina a España.

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la petición, por ejemplo, de la Reina y del Presidente de Castilla hecha en setiembre de 1702, de formar en Vizcaya unas compañías con 200 infantes, se contesta en principio por la Junta General de Merindades (12 y 13 de octubre) ofreciendo 200 marineros, que servirían de guarnición en los bajeles que se estaban fabricando en los astilleros de Zorroza para la Armada Real; posteriormente la Diputación General (25 de noviembre) decidió sustituir la oferta de marinos por un donativo de 6.000 escudos de plata 107 . En 1705, la Junta General de 14 de julio acordó conceder al Monarca 4.000 doblones de a 2 escudos de oro 108 . Además de éstos, el Señorío aprobó otro servicio por la misma cantidad en enero de 1712, pero en esta ocasión al Monarca le pareció poco y hubo necesidad de aumentarlo hasta 10.000 escudos 109 . Al año siguiente, se trató en Regimiento (13 de octubre de 1713) sobre una nueva solicitud de dinero del Monarca para financiar la campaña de Cataluña, cuyo monto estaba fijado de antemano a razón de 10 reales de vellón por vecino, si bien los de Aragón y Valencia resultaban penados con 2 escudos de plata por vecino (unas cuatro veces más que la exigida a la otra población). El Regimiento decidió en noviembre servir al Rey con 2.000 doblones de a 2 escudos de oro, que los sacó mediante un censo 110 . Por lo que respecta al servicio en hombres, el Señorío respondió positivamente en varias ocasiones. En 1705 ofreció un contingente de 500 hombres 111 . Ordenó en 1718 reclutar, aunque no fue tarea sencilla, la leva de 437 plazas de marinería solicitada por el Monarca a finales del verano de 1718. Y no fue fácil reunir gente que sirviera en la Armada Real porque el ambiente estaba bastante enrarecido y las relaciones, un tanto deterioradas con ocasión de los sucesos de la Matxinada de primeros de setiembre 112 . Poco tiempo después, la J u n t a General (el día 13 de abril de 1719) daba cuenta de una carta enviada por la Provincia de Guipúzcoa en la que solicitaba ayuda 107 Ibidem, n.° 21, f. 87v y 91v. También Acta impresa de la J u n t a General de Merindades, de 12 y 13 de octubre de 1702, pp. 17 y 18. 108 Tomo el dato de Labayru, op. cit., tomo V I , pp. 32-3. Faltan, como se ha dicho, los Libros de Decretos correspondientes a setiembre de 1705 hasta diciembre de 1710. 109 Ibidem, n.° 22, fi'. 37v y 38 aparece la carta de S. M., de fecha 24 de diciembre de 1711, pidiendo «el mas crecido servicio de dinero». E n el f. 46, la primera respuesta del Regimiento General (sesiones de 2 y 30 de enero de 1712), tras la consulta popular realizada. E n los ff. 88v y ss., el aumento del servicio decretado por la J u n t a General el 9 de julio. 110 Ibidem, n.° 22, ff. 165 y ss. Labayru, op. cit., tomo V I , pp. 64-5. 111 El dato procede de Labayru, op. cit., tomo V I , pág. 34. No hay que olvidar, por otra parte, que entre los militares de alta graduación que combatían en los Ejércitos Reales se encontraban gentes del Señorío como, por ejemplo, el mariscal de campo don José Hurtado de Amézaga, que tuvo una actuación brillante en la batalla de Villaviciosa. Ibidem, pág. 53. 112 A.H.D.V. Libro de Decretos..., n.° 23 f. 12v. Labayru, op. cit., tomo V I , pp. 87 a 89, da noticia de que en enero de 1718 se publicó un «Reglamento del Señorío sobre levas y reclutas de marinería», que fue inmediatamente comunicado a las villas marineras, nombrando en ellas personas encargadas de explicar su contenido a los vecinos. Para Lequeitio fue designado don Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz. Como se sabe, el nombre de Matxinada derivaba de Matxin (Martín en castellano) por el santo de dicho nombre, patrono de los trabajadores en las ferrerías.


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del Señorío al temer una invasión francesa. Felipe V decretó, para este efecto, la formación de un regimiento o batallón de 700 hombres en Vizcaya, cosa que se trató en la Junta General de Merindades (9 de mayo de 1719), acordándose servir al Monarca —si bien se aprovechaba la ocasión para suplicarle el término de la investigación sobre la matxinada y la concesión de u n indulto general a fin de facilitar el reclutamiento— y proceder a la constitución de ese regimiento 113 , al que se incorporó en 1720 el hijo de don Pedro Bernardo. El Señorío, por su parte, encargó en enero de 1702 a don Antonio de Gastañeta Yturribalzaga, General de la «Artillería de la Armada Real del Mar Océano y Superintendente de fábricas y aprestos de S.M. en Vizcaya» por aquel tiempo, el reconocimiento de los puertos en orden a su defensa. Durante ese año compró pólvora y armamento, ordenó la realización de censos en todos los lugares del Señorío para tener noticia exacta del número de varones que, entre 18 y 60 años, eran capaces de portar armas, así como del armamento existente en cada localidad 114 . El año de 1703 se empleó en reforzar la guarnición y defensa de la costa siguiendo las instrucciones del General Gastañeta: en enero se nombraban las personas encargadas de supervisar las tareas en cada uno de los puertos del Señorío; para Lequeitio, se designó a don Agustín Ibáñez de la Rentería. En junio de 1703, a petición del Alcalde de Lequeitio —don Pedro Bernardo lo era entonces—, la Diputación General nombraba para fortalecer su seguridad, a un condestable, dos atalayeros (para el paraje de Santa Catalina) y treinta y dos artilleros para las distintas piezas de las baterías de la villa. A lo largo de este año se repiten las órdenes tendentes a la compra de armas —el 11 de mayo, la Diputación decreta que «ninguna Justicia impida a los vecinos y moradores de este Señorío se provean de armas en la forma y manera que pudiesen y de donde pudiesen»—. Se comunica a la población la posibilidad de una entrada inmediata en combate y se ordena a los pueblos reservar los bienes de propios para los gastos extraordinarios que se generaban con la defensa 115 . 113 Ibidem, n.° 23, f. 84, para la noticia de la carta de la Provincia de Guipúzcoa; ff. 96 y 96v, 98-100, para la solicitud de servicio y su aprobación en J u n t a General de Merindades; ff. 103v y 104, para los agobios de la J u n t a General de Merindades a la hora de reunir ese regimiento «por la esterilidad de los tiempos y comunes ahogos, no ay fondos ni personas que los suministren con yntereses ni a zenso ni por otro medio»; f. 120v, para el inicio de la formación y entrega del regimiento de 700 infantes. 114 Ibidem, n.° 21, ff. 21, y 88v y ss, para la lista de vecinos, compra de pólvora; f. 92, para lo relativo a la gestión de Gastañeta. 115 Ibidem, n.° 21, f. 94 y ss., para la seguridad de la costa; ff. 114 y ss., para las medidas decretadas respecto a Lequeitio. En el Regimiento General de 15 de junio de 1703 se comentan las noticias que llegan relativas a los movimientos realizados por las Armadas inglesas e irlandesas en aguas próximas al Señorío. Eso determina la comunicación urgente a todos los pueblos vizcaínos «para que todos los vecinos hijos naturales y residentes desde 18 años hasta los 60 se hallen pronptos con sus armas de fuego y la polbora, valas y munición que antes de aora se les esta prebenido para que todos sin discrepacion alguna al ynstante que otro haviso se les fuere dado acudan sin detención alguna a los Parajes y puertos que se les esta señalado sin que aya la menor omisión, pues de lo contrario serán castigados como delinquentes a su

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«Sólo en 1703, se gastaron en fortificaciones 26.200 ducados», comenta Labayru. En efecto, la supervisión de esas cuentas fue llevada a cabo por una Comisión —nombrada por la Junta General el 26 de junio de 1704— integrada por diez caballeros, entre ellos, don Pedro Bernardo, que encontró justificado el gasto. Pero la Comisión citada elaboró también un interesante Memorial que fue aprobado en la Junta de 28 de junio y trasladado su contenido a varios decretos para su inmediata aplicación. Eran medidas de este tipo: La celebración de alarde general el día 25 de julio en todas las repúblicas del Señorío. Para entonces, todos los pueblos tenían que tener nombrados sus capitanes, alféreces y sargentos y organizadas sus compañías integradas por hombres de 18 a 50 años de edad, en número de 40 a 60 por compañía. Todos los pueblos enviarían urgentemente «listas con toda fidelidad y expresión de los vecinos y moradores capazes para el uso de las armas, nombrandolos y sus hedades poco mas o menos y la calidad de las Armas y si son Arcabuzes, fuziles o escopetas...». Las Justicias o Capitanes inspeccionarían la tenencia de armas en sus respectivos vecindarios, disponiendo «que los vecinos y moradores que se hallaren sin armas acudan a comprarlas y llevarlas de las que tiene prevenidas y almazenadas Su Señoría». Para asegurarse que toda la población estaba «presta» para entrar en combate, se ordenaba «otro alarde general el día de San Miguel» (29 de setiembre), pero como las existencias de pólvora no abundaban, se prohibía disparar durante estos alardes sin licencia del Capitán. El adiestramiento militar de la población se encargaba a los Capitanes, que enseñarían el manejo de las armas «un día festivo cada mes sin permitir que disparen ni se gaste insustancialmente la polvora ni se dé lugar a desgracias dejando todo a discreción y disposición de dhos. capitanes». Se adoptaban también medidas para la conservación de la pólvora y la integridad del armamento: «que la Artillería se ponga dentro de cubierto a la entrada de los Ynviernos y atiendan a que no se desperdisie la polvora, valas y demás pertrechos». Finalmente, se encargaba a don José de Llano hacer unos «Ynventarios jurídicos de toda la artillería, cureñas, polvora, municiones y demás pertrechos» que había en todos los puertos del Señorío, desde el de Ondárroa hasta el de Somorrostro116. Las actas del gobierno del Señorío correspondientes a los años posteriores a 1704 que se conservan, no dedican tanto espacio al problema de la Magestad y ynnovedientes a su patria y defensa de ella con todos los demás gravámenes en que yncurren semejantes ynnovediencias mayormente en esta ocasion en que son herejes los enemigos que hazen guerra contra nuestra sagrada Religión cuia defensa nos toca tanto por onrra suia como por el mayor servicio de su Magestady conserbasionpropia». Ibídem, f. 115. (El subrayado es mío.) 116 Ibidem, n.° 21, f. 173, para el nombramiento de la Comisión; ÍT. 178 y ss., para el Memorial y decretos; f. 180, para la aprobación del gasto de 26.200 ducados. Labayru se refiere a este asunto en op. cit., tomo V I , pág. 26.


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defensa. En 1719 reaparece la cuestión debido a la presencia de armadas extranjeras denunciada por la Provincia de Guipúzcoa, lo que daría origen a la formación del Regimiento mencionado y a una nueva revisión del estado de las fortificaciones costeras decretada en junio de ese año; en octubre otra vez se repiten las alertas a la población, pero, aunque la situación no estaba nada clara por lo ocurrido en las provincias vascas, el Señorío aguantó firmemente la presión francesa. La tranquilidad fue retornando lentamente hacia 1720. No obstante, la inquietud fue permanente durante toda esta primera mitad del siglo y frecuentes las levas de marinería que el Señorío aprobó para servir a la Armada Real. La guerra y la amenaza de la misma distorsionó obviamente la vida económica interrumpiendo periódicamente las relaciones comerciales e incidiendo lógicamente en los precios y mercados. Algunas repercusiones de esta naturaleza apuntaremos en el capítulo siguiente. Pero antes hemos de referirnos a otra cuestión que ya se ha entrevisto en las páginas anteriores. Hablo de la Matxinada de 1718. Describir cómo la vivió nuestro personaje es el objeto de las líneas que siguen.

5. Las andanzas de don Pedro Bernardo a propósito de la «Matxinada» La revuelta de 1718 ha sido estudiada en algunas obras referidas a la historia del País Vasco 117 , y, gracias a las mismas, han quedado suficientemente explicadas las razones socioeconómicas de aquel conflicto. Se han publicado por otra parte varios relatos sobre los acontecimientos ocurridos durante los primeros días de aquel mes de setiembre, que quedó gravado en la memoria de muchos según la vivencia pasada. Existe una versión oficial de los sucesos expuesta por el Corregidor en el Regimiento General celebrado en Bilbao el 10 de setiembre de 1718118. Pero carecíamos, al menos yo las desconozco, de narraciones publicadas que se refieran en concreto a las vicisitudes padecidas en esos meses por un notable del Señorío. En el Archivo familiar de Lequeitio se conservan los copiadores de cartas que don Pedro Bernardo remitió a Indias en los años veinte, en los que detalladamente se cuentan las peripecias experimentadas por la familia en aquel mes de setiembre y en los siguientes. También en la correspondencia de don Pedro Bernardo con Ansótegui aparecen bastantes referencias a aquellos acontecimientos. Disponer de esta documentación epistolar me ha permitido reconstruir este corto, pero un tanto angustioso, período de la vida de nuestro caballero.

117 Dedican recientemente una atención al tema, entre otros, Fernández de Pinedo, op. cit., pp. 392 a 405; y A. Otazu: El igualitarismo: mito y realidad. San Sebastián. 1982, pp. 226 a 258. Labayru, op. cit., tomo VI, pp. 84 y ss., se refirió también al problema. 118 A.H.D.V., Libro de Decretos..., n.° 23, ff. 3v a 7. Entre los relatos que decíamos, merece ser destacado el que se incluye en la Descripción sumaria..., (1740), pp. 301 a 311, por el especial hincapié que hace sobre lo ocurrido en Lequeitio.

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La causa circunstancial de la Matxinada fue el decreto real de 31 de agosto de 1717, que mandaba «que las Aduanas que se hallaban situadas en puertos secos, se trasladasen a los puertos de mar, donde hubiere costas, y donde no (casos de Francia y de Portugal), en la misma frontera. Por lo cual se dio orden de trasladar a Bilbao, San Sebastián e Irún las que existían en Orduña, Vitoria y Balmaseda», y, aunque se intentaba justificar su bondad y legalidad —si bien se amenazaba con el desvío del comercio hacia Santander si se ofrecía resistencia a la nueva instalación—, lo cierto es que el decreto fue muy mal recibido por la población vasca que perdía con él su condición de mercado libre. En la Junta General de 21 de octubre de ese año se aprobaba una representación dirigida al Monarca en la que respetuosamente se protestaba de tal medida, que violaba descaradamente el fuero vigente 119 . El decreto se inserta en el proceso de centralización iniciado por Felipe V tendente a uniformar la Administración del Estado, proceso al que ya nos hemos referido. Don Pedro Bernardo se refiere en varias cartas al clima de tensión existente en el Señorío particularmente en la primavera de 1718: «Por febrero de 1718 te escriví mi última —dice a su hijo Francisco Joaquín en carta fechada el día 3 de abril de 1721 —, y no me admiro te quejes de no haverte escrito en tanto tiempo, pero han sido unos tiempos tan fatales que no se á podido tener sosiego, ni pensar en cosa alguna que no fuese de lo que se estava padeciendo; la Primavera del año de 18, todo fue ordenes del Rey, y Juntas hasta que el día 4 de setiembre del mismo año empezaron los tumultos en Bilbao (...)» «(...) desde la Primavera de 1718, hubo vastantes Juntas y quehaceres de mucho sobre salto por las Aduanas que mandó poner el Rey en este Señorío (...)» «(...) No es mala vereda la que han hallado el Sr. Alberom y compañía para acreditar al Rey de Justiciero y Piadoso sin perder nada de su intento, y creo que si Bilbao hubiera sido de Turcos, y aun del Duque de Savoia, hubiera venido la Armada a quemarla según el cariño que la tienen»120.

Pese a las protestas, el 19 de marzo de 1718 se trasladaban efectivamente las aduanas a los lugares indicados en el decreto real, y a partir de entonces se recrudecieron las tensiones, quejas contra las autoridades y asaltos a los nuevos puestos y funcionarios aduaneros en una escalada de violencia creciente que culminó con los sucesos luctuosos registrados en setiembre de ese año en que fueron agredidas muchas casas de notables y muertos varios de sus propietarios. La revuelta reveló la conflictividad social latente en el seno de aquella sociedad entre sus distintos grupos sociales. ¿Qué le pasó a don 119 Labayru, op. cit., tomo V I , pág. 85. 120 La primera cita corresponde a la carta a Francisco Joaquín Villarreal; la segunda, lechada en Lequeitio el 20 de febrero de 1721, está dirigida a Don Santiago de Bengoa. Ambas en el A.T.U. Correspondencia de Indias, ya citada. La tercera nota corresponde a una carta fechada en Lequeitio el día 7 de agosto de 1718 y dirigida a Don Andrés Ignacio de Ansótegui. Fondo documental del A.H.D.V. al que también hemos hecho referencia, carpetilla n.° 75.


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Pedro Bernardo? ¿Cuál fue su comportamiento ante los acontecimientos? Nuestro h o m b r e decidió finalmente salir de Lequeitio, alejándose del escenario afectado por la sublevación. E n su casa de U r i a r t e recibió noticia, remitida por don M a n u e l de A r a n a y don Nicolás de Gacitua, de los tumultos ocurridos en Bilbao el 4 y 5 de setiembre. Resistió en Lequeitio hasta el día 9 en que se e m b a r c a solo r u m b o a Motrico. E n seguida ordenó, sabedor de lo que h a b í a sucedido en Bermeo, la salida de toda su familia, que a los pocos días se reunía con él en Guetaria, salvo su h e r m a n o d o n j u á n Bautista que, después de unos días en este lugar, tuvo que abandonarlo por a m e n a z a de revuelta, y dirigirse con m u c h a fatiga, dado su estado de salud, a San J u a n de Luz. «Y sin embargo de las vozes que por todas partes se oian de muertes, incendios y desastres, me mantube en Cassa hasta el día 9 en que sali con consejo de los amigos. Embarqueme grazias a Dios sin que en el lugar temiese embarazo, y pasé a Motrico, donde encontré a d o n j u á n Fernando de Ugarte y don Juan Joseph de Andonegui, y por estar aquel lugar inficionado, y lleno de chismes, pasamos a Loyola. Aquí fue donde en dos días hube de perder el juicio con las noticias que llegaban a todas horas de Lequeitio y de mi Cassa, en que no se pensó corriesen riesgo tus thios ni hermanos, pero con la inaudita crueldad ejecutada en Bermeo en que no perdonaron á una señora de mucha calidad, que despues de moribunda la echaron a la Plaza en donde el Pueblo hizo con ella mil crueldades indezentes (...), fue tanto el horror que resolbió toda la gente de Cassa salir el 10, a media noche en chalupa a Guetaria, con cuia noticia pasé hallá, y me vi tan consolado, que no cesava de dar grazias a Dios»121. Desde Guetaria escribe a su amigo Ansótegui el 13 de setiembre contándole el viaje de su familia y la tranquilidad que disfrutaban en la villa guipuzcoana: «Despues que esta gente salió de Lequeitio la noche de juicio con la música de alaridos y lloros de todo el Pueblo, que es inesplicable lo que passó aquella noche, llegaron a Motrico, y quando creieron que tomado aquel Puerto estavan en la gloria, se vieron mas afligidas, y creieron que ya no hallarían Puerto a donde estar, llegaron aquí, y con el buen trato y agasajos de todo el lugar se les a buelto el alma al cuerpo, y esta es la hora, que la cossa si no hubiera muertos que llorar estava reducida á un entremes ridiculo (...); esta gente queda ya en animo de estar aquí aunque se unda el mundo, y mas teniendo la combeniencia de poder ver el fuego y humo de Lequeitio si los machinos la quemaren. Y yo me hallo tan otro que no me conozco (,..)» 122 .

121 Carta a Francisco Joaquín Villarreal ya citada. La señora «de mucha calidad» a la que se refiere en la cita don Pedro Bernardo era doña Manuela Laso de la Vega, esposa de don Martín Antonio de Escoiquiz. Los dos murieron como consecuencia de los tumultos. 122 Carta a Ansótegui, fechada en Guetaria, el 13 de setiembre de 1718. A.H.D.V. Fondo Ansótegui, carpetilla n.° 75.

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De Guetaria, con toda la familia, pasó a Oñate, tras unas breves paradas en Azpeitia —para visitar a los Emparan—, Loyola y Azcoitia, donde saludó a los Idiáquez y Conde de Peñaflorida, «siendo imponderables los agasajos que recivimos, y aunque nos instaron mucho por detenernos, pareció mejor estancia la de Oñate, por no ser del cuerpo de Guipuzcoa, a la qual se considerava no tardaría en pegarse el contagio, como sucedió». La estancia en Oñate duró unos dos meses, desde mediados de setiembre a octubre. Estuvieron alojados «lindamente en casa de mis primos, porque aquello estava mui quieto» 123 . «Aquí (se refiere a Oñate) el ruido es menor, y parece que no conocen las baquetas del tambor de Guerra, con que por lo presente estamos lindamente y mas con la diversión de Paisanas y parientes; nuestra Romería se ha dilatado hasta el Biernes por haver llovido aier» 124 . Pero también Oñate empieza a mostrar signos de malestar. Don Pedro Bernardo, por la información recibida —hay que destacar la facilidad y relativa prontitud con que le llegaban los propios de amigos o de agentes—, sospecha un inminente levantamiento en la comarca y decide abandonar el lugar con dirección a Vitoria, cuya tranquilidad es manifiesa, y a donde le invitan con solicitud sus sobrinas. En Vitoria encontraría muchos conocidos vizcaínos —más de ochenta familias, calcula—, que se refugiaron en la capital alavesa huyendo de los horrores del Señorío alterando sensiblemente el aspecto de la ciudad. «(...) Haviéndose empezado á rebolber Guipuzcoa, y hallándose en Juntas de donde embiarian bolantes a Madrid pidiendo al Rey quitase las Aduanas porque no se perdiere el Pais, hice la quenta que si no se quitavan sucedería en Guipuzcoa lo que en el Señorío, para lo qual, previniendo en Madrid me avisasen de la resoluzion que tomava el Rey, tube aviso que el ultimo volante solo traia la noticia de la explicazion de la Real Voluntad de que fueren francos los naturales, pero las Aduanas se mantubiesen, y como no se aquietaría con esto el Pueblo, con motivo de ver a mis sobrinas, pasé con toda mi gente a Vitoria, y en Salinas pasamos un buen susto, sin embargo de que todavía estava todo quieto en lo esterior; en Vitoria encontramos muchísimas familias del Señorío, haciendo los Paisanos que aquella ciudad pareciese mui poblada, pues pasaron de 80 familias las que salimos, y casi todas estavan en Vitoria; ocho días despues que salimos, se levantó el Pueblo de Oñate, y juntos todos en la Plaza, con animo de matar a todos los caballeros y particulares, fue un prodigio como se sosego aquello» 123 .

En Vitoria se entera de lo que había sucedido en Lequeitio, cómo entraron gentes de los lugares vecinos, «quiso Dios que estuvieran mui moderados los de la Villa y quatro Anteyglesias anejas para que se ebitase el saqueo que quisieron algunos empezar 123 Carta a Francisco Joaquín Villarreal, ya citada. 124 Carta a Ansótegui, fechada en Oñate el 28 de setiembre de 1718. A.H.D.V. Fondo Ansótegui, carpetilla n.° 75. 125 Carta a Francisco Joaquín Villarreal, ya citada.


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con pretesto de embargar y depositar quanto tocase á los Aduaneros, que assi Uamavan á aquellos cuias casas querían robar (...); pasaron a prender a Antonio de Beingoolea, Domingo de Burgoa, don Joseph de Mendeja, Matheo y Francisco de Barainca, y despues que estavan en la Gasa del Concejo con pretesto de ver si estavan bien puestos quiso subir una tropa á matarlos, lo que se ebitó, pero no el susto con que estubieron en la prisión, temiendo todos los dias los viniesen á matar» 126 . De Vitoria tuvo que salir también nuestro personaje clandestinamente ante la noticia de que se a p r o x i m a b a n 6.000 «machinos». M a r c h ó a la Puebla de Arganzón y de a q u í a M i r a n d a , fuera del País, lugar ya seguro y que contaba con la presencia próxima de las tropas reales. Los incidentes de la salida y viaje posterior son dignos también de anotar: «(...) En Vitoria, rebuelta ya Guipuzcoa, fue un entremes lo que sucedió una noche, porque con el aviso de que iban 6.000 machinos, ó que estavan á media legua de distancia, salieron de la ciudad el Diputado general y muchos caballeros principales desde las 10 de la noche hasta las 12, y los siguieron otros muchos; los Vizcaynos tubimos tarde la noticia, a las 3 de la mañana un santo sacerdote entró en mi quarto, y sin darme tiempo para bestir, me hizo salir; dejando orden que mi gente fuese á un combento de Religiosas, fui con Ghanton (uno de los criados) a La Puebla en donde encontré á casi todos los Paisanos, y los que salieron de Vitoria, no cavíamos en la Posada de pies, y cada momento venían volantes con la noticia de los movimientos del exercito machino que no hubo tal, ni nunca llegó a Vitoria, aunque fue verdad que se avisaron muchos lugares para hir halla un día; desde La Puebla embié cabalgaduras, y no sosegué hasta que toda mi gente passara hallá, lo que se consiguió aquel día, y toda la tropa de Paisanos, y muchos de Vitoria pasamos a Miranda, donde pusimos nuestro Real, y en medio de tantas penas se pasava lindamente porque havia que contar aventuras bien graciosas. Don Blas de Loya a. quien el Rey embió con 3.000 hombres estava cerca de Valmaseda para entrar en este Señorío, y con la noticia de lo sucedido en Vitoria embió a Miranda 50 reformados del regimiento de cavalleria de la Reyna, que trujeron orden de levantar todas las milicias de Burgos para acá, tal fue la aprensión y ruido (...)» E n M i r a n d a tiene noticia de lo que la sublevación ocasionó en su casa de Bérriz, y que se redujo a la r u p t u r a de tumbas, asiento y escudo de a r m a s existentes en la Iglesia, delitos de los que Pedro Bernardo no exigió compensación judicial. Las tropas reales de Loya entraron en Vizcaya hacia noviembre y, sin encontrar resistencia, llegan a Bilbao el día 11 de ese mes, donde procedieron a la detención de muchos de los implicados en la revuelta. A pesar de ello, nuestro personaje siguió en M i r a n d a «por no ser testigos de los castigos que era preciso se siguiesen», hasta que finalmente pasa a Bilbao requerido por los amigos p a r a mediar en la pacificación: 126 Ibidem.

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«(...) A mí me embiaron varios propios los amigos para que pasase halla (Bilbao), y aunque hice proposito de no ejecutarlo no lo pude resistir maiormente haviendose esplicado don Blas de Loya y preguntado por mí; fui a Bilbao con toda la familia, fui uno de los quatro comisarios nombrados por el Señorío para conferir con Loya y se consiguió el que fuesen francos los vizcaínos, y que descargasen libremente los Navios sin que se adeudase ni pagase Aduana, sino lo que salia para Castilla, que para el estado en que se pusieron las cossas no fue poca fortuna (...)»127. Como dice don Pedro Bernardo, en la Diputación General de 7 de enero de 1719 se daba noticia, en efecto, de un reciente decreto real en el que se insistía en el mantenimiento de la nueva instalación de las Aduanas, pero se hacía hincapié también en las concesiones hechas en las órdenes de 28 de febrero de 1718 y de 16 de marzo del mismo año, por las cuales se permitía la libre introducción de «carnes, vino, azeite, trigo, cevada y legumbres que necesitaren para su consumo y manutención atendiendo a la falta que tenían de estos frutos mediante no producirlos aquellos Países»; en el decreto, por último, se seguía negando franquicia a los productos coloniales 128 . Las autoridades del Señorío persiguieron desde entonces, mediante continuas representaciones dirigidas al Monarca, el objetivo de retornar a la situación anterior al conflicto y a la causa que lo había provocado, es decir, lograr el traslado de las Aduanas a sus lugares primitivos y resolver lo menos penosamente el problema de los amotinados. Por lo que se refiere a éstos, la Cédula real de 18 de setiembre de 1718 ordenaba a un Pesquisidor hacer la información pertinente sobre los sucesos ocurridos «para reposo del distrito de su señoría y sus hixos y diszernir los buenos de los que fueron malos y que estos no dexen manchado el acreditado onor y la siempre ynmutable fidelidad de su señoría (,..)» 129 . Todo concluyó con relativa prontitud. Los procesos seguidos determinaron la sentencia dictada el 18 de enero de 1719: 16 personas recibieron la condena de la última pena, muchos la de prisión, y las anteiglesias de donde partieron los sediciosos, la de pagar los daños y costas 130 . En cuanto al problema de las Aduanas, por el Decreto fechado en El 127 Todas las citas últimas proceden de la carta a Francisco Joaquín Villarreal, ya citada. Los textos de los paréntesis de las mismas son míos. Don Pedro Bernardo regresó a Lequeitio a finales de noviembre o primeros de diciembre de 1718, y aquí dio hospedaje el día 4 de diciembre al Coronel don José de Moscoso, hermano del Conde de Altamira, que, junto al Coronel Comandante don Pedro de Castro Nercia, mandaba las tropas que entraron en esta villa vizcaína. 128 A.H.D.V. Libro de Decretos..., n.° 23, f. 57v a 59. 129 Ibidem, f. 25. Regimiento General de 22 de setiembre de 1718. 130 Labayru, op. c i t , tomo V I , pág. 107. Respecto a la reparación de los daños económicos, el asunto se resolvió finalmente en 1726 renunciando los interesados - e n número de 3 9 - a las dos terceras partes de su indemnización. El 25 de junio de 1726, el anterior Síndico Luis de Ibarra y Larrea presentaba la liquidación que había preparado durante el bienio 1724-6, en la que se consignaba un total de 2.011.177 reales por los daños ocasionados, de los que se pagarían, según el convenio aprobado en J u n t a General, la tercera parte, esto es, 670.392 reales y 12 maravedises, a los que se añadían 110.894 reales que las anteiglesias de Mundaca, Peder-


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Pardo el día 16 de diciembre de 1722, el Monarca resolvía que «se restituyan y reduzcan a los pasos y parajes interiores de tierra donde estaban establecidas adeudándose y cobrándose los derechos en ellas como anteriormente se ejecutaba de suerte que aquellos naturales queden en la misma posesión de aquellas exenciones, derechos y fueros que les están concedidos practicándose esta disposición desde 1.° de enero de 1723 (...)», noticia que llegó al Señorío y se comentó en la Junta General de Merindades celebrada el día 29 de diciembre de 1 7 2 2 1 3 e n la que se designó, como ya vimos, a los caballeros que en Madrid tenían que ultimar con los miembros de la Administración real los detalles del decreto con el fin de evitar en el futuro fraudes y abusos.

nales, Axpe de Busturia, Murueta y Forua habían ya pagado a tres afectados por los sucesos, con lo que el total a pagar fue de 781.286 reales y 12 maravedises. El abono de la cantidad citada se hizo de la siguiente manera: — Las 10.924 1/4 fogueras del Señorío, a razón de 6 reales de vellón por foguera y durante seis años, abonarían al cabo de ese tiempo 393.453 reales. — Las 34 anteiglesias implicadas en los acontecimientos — proporcionalmente de acuerdo con el número de fogueras— pagarían además 305.392 reales y 17 maravedises. — El resto, saldría del arbitrio de 8 maravedises por quintal mayor de vena de hierro que cobraba el Señorío. La liquidación, con todos sus detalles, en Libro de Decretos n ° 25 íf. 155 a 162. Sobre los autos que se siguieron con anterioridad, A.D.H.V. Corregimiento. Leg. 775, n.° 3: Autos en execucion del Decreto de Junta General zelebrada en 24 de febrero de este año (1724). Sobre ajuste de los daños causados el año de 1718. 131 A.H.D.V. Libro de Decretos, n.° 24, íf. 101 y ss.

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