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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 25 de mayo de 2014 ■ Núm. 1003 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Los Episodios de

Salado Álvarez Z elene B ueno , M aría G uadalupe S ánchez y J orge S ouza

V an G ogh y A rtaud : ¿genio y locura? • Semiótica de la barbarie (una nota sobre M onsiváis ) B unker , el soplón • S alvador N ovo , un disidente


25 de mayo de 2014 • Número 1003 • Jornada Semanal

bazar de asombros El alma del poema Como nos lo recuerda Jorge Souza, fue José Emilio Pacheco quien calificó a Victoriano Salado Álvarez como “el iniciador de la novela mexicana del siglo xx ”, mientras José Luis Martínez sostenía que el narrador jalisciense debe ser considerado como autor de “una de las obras maestras de la novela histórica”. Sin embargo, quien nos dejara como principal legado sus monumentales Episodios naciona­ les mexicanos no ocupa en la memoria colectiva el lugar que su calidad y su importancia le conceden. Los textos de Souza, Sánchez Robles y Bueno que publicamos aquí buscan paliar en alguna medida esa situación. Completan el número artículos sobre Salvador Novo, Carlos Monsiváis, el narrador estadunidense Edward Bunker, así como Van Gogh y Artaud.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

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lena Liliana Popescu vive en y para la poesía. A su propia obra se unen sus traducciones y ensayos, su tarea editorial, su inteligente vigilancia de lo que sucede en el mundo de la poesía universal. Mucho le debemos los escritores a los que ha traducido, editado y comentado con generosidad sin límites, con rigor, seriedad y profunda inteligencia. La veo en las reuniones de poetas siempre atenta y observadora. Su presencia en las largas y fructíferas sesiones de la convención de Poetas del Mundo Latino en Morelia es inolvidable, y la lectura de su poesía nos entregó las bellas resonancias de la lengua de la antigua Dacia. Hace muchos años, en una breve estancia en Bucarest conocí y traté a tres mujeres artistas, las poetas María Banus y Verónica Porumbacu y la dibujante Florica, compañera de Eugen Jebeleanu, autor del excelente poema sobre el horror de Hiroshima. Ellas y la voz de la cantante Maria Tànase me enseñaron a respetar y admirar a la mujer rumana. La Reina María y la Reina Elizabeth (Carmen Silva), confirmaron mis admiraciones, y Elena Liliana Popescu representa en el momento actual de nuestra amada Rumanía esos valores femeninos y la fuerza y delicadeza que se combinan para dar a la poesía de ese país un rostro inconfundible, una variedad de voces en las que vibran la palabra de la tierra, los silencios elocuentes del amor y la belleza del poema, que cuando se termina se vuelve un organismo autosuficiente, una creación que lo independiza de su autor y lo convierte en una parte fundamental del patrimonio artístico de la humanidad. Gracias a otra rumana talentosa y fuerte, Simona Sora, este suplemento ha dado noticia fiel del estado actual de la poesía de su país. En su último libro, Canto de amor, traducido al español por ese infatigable promotor de la cultura rumana, Joaquín Garrigós, y por Moisés Castillo Florián, Elena Liliana reflexiona sobre los muchos rostros de la experiencia

Hugo Gutiérrez Vega amorosa y lo hace con la convicción del que sabe, como decía Juan Ramón Jiménez, “que quitado el amor, lo demás son palabras”. A la búsqueda de la esencia misma de lo amoroso se lanza nuestra poe­ ta, quien hace de la sencillez expresiva y de la transparencia sus armas más eficaces para afirmar la constancia del amor en nuestro mundo convulsionado: “cómo te añoro, aunque estés siempre conmigo” dice, y ahí, en esa aparente contradicción, está su punto de vista sobre la relación amorosa. Acepta la muerte con resignación, pero le duele abandonar a los seres que sólo pueden crecer protegidos por su amor. Esta noble actitud nos recuerda la frase de Gabriel Marcel: “Decirle a alguien yo te amo, significa tú no debes morir.” Una de las características principales de este excelente libro en su variedad temática. La autora viaja por muchos territorios poéticos y se asoma a va­ rios recodos del saber humano. Poesía reflexiva producto de una mente filosófica que tiene esa pre­ cisión otorgada por las matemáticas, y que incluye una bien meditada brevedad, libra al poema de los plumajes absurdos de la palabrería y encuentra su dimensión exacta: “Creo en lo que genera la palabra, como creo en el silencio que todo lo abarca” (como de costumbre, Garrigós traduce magistralmente tanto la forma como el alma del poema. Moisés Castillo es un buen compañero en esa empresa ardua, pero absolutamente necesaria que es la traducción de la poesía). Elena Liliana está mirando el mar, tal vez junto a la estatua de Ovidio en Constanza, y siente su infinitud. Esta sensación se convierte en poema (“la única originalidad poética es la de las sensaciones”, decía López Velarde) y comunica la certeza de lo ilimitado. Los poetas perciben el alma de lo que no tiene límites. En ese panorama, en el que se juntan los azules, están el corazón del poeta y el alma del poema

jornadasem@jornada.com.mx

Foto: ziuaveche.ro

Directora General: Carmen Lira Saade, Director: Hugo Gutiérrez Vega, Jefe de Redacción: Luis Tovar, Edición: Francisco Torres C ó r d ova , A l e yda A g u i r r e R o d r í g u e z y R i c a r d o Y á ñ e z , Coordinador de arte y diseño: F r a nc i sco G a r c í a N o r i e g a , Diseño portada a págs. centrales: Marga Peña, Diseño de Columnas: Juan Gabriel P uga , Iconografía: Arturo F uerte , Relaciones públicas: V erónica S ilva ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: Alejandro Pavón, Publicidad: Eva Vargas y Rubén Hinojosa, 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx

Portada: Contar la historia Ilustración de Gabriela Podestá

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh­témoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui­tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor­nada Sema­ nal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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ENSAYO

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Bun ker,el

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sop l ó n

dad, se come bien, tienen techo se­ guro y conocen a muchos de los otros cotidiano, que es lo que le importa a la presos. La visión moralista está casi gente en su vida. Si lo extrapolas todo, fuera de su alcance. En la huida, se todo acaba dando igual saben animales acorralados, capaEdward Bunker ces de lastimar incluso a quienes suponían sus amigos. Nadie es de fiar: dward Bunker (eu, 1933-2005) entre los delincuentes no hay honor se dedicó, luego de entrar y y menos si es un loco (como el Mad salir de la prisión por varios Dog en Perro: es tan violento e impreaños, a contarnos cómo era la decible que los demás reclusos le tovida, vista con los ojos de un delinman distancia). cuente declarado. Estos delincuentes son la respuesCon varias novelas publicadas, ta, también, a un sistema penitenciario algunas hechas películas, sus per­ donde la idea de la readaptación no sonajes centrales son delincuentes o existe: los proscritos parecen afanarse gente a su alrededor. Destacan No hay en volver a ser encerrados. Se transforbestia tan feroz y Perro come perro, pues man en las cárceles: “es como si les inyecambas inician al momento en que el taran odio. Crean monstruos allá arriba.” personaje central sale de prisión, con la Se atemorizan ante la ley “del 3er delito” (no diferencia de que, en la primera, Max importa cuál sea ese tercer delito: les im­ Dembo realmente quiere reintegrarse a la pondrán penas muy severas), pero siguen sociedad, mientras que en la segunda, Troy delinquiendo. Dembo mata a un policía y al Cameron no tiene la menor intención de saber lo alto de la pena que podría recibir, ya no cambiar su forma de vida como delincuente. le importa cometer más delitos: prácticamente Poco tardará Dembo en entender que él no está será sancionado igual por uno que por dos o más para cumplirle caprichos al supervisor de libertad ilícitos. Previamente, el policía asesinado por Dembo condicional, ni para hacer labor social; luego de que había baleado a un compinche de éste por la espalda, éste lo encierra varias semanas sólo por la sospecha totalmente indefenso: su corrupción les resta autoridad de que Max ha consumido heroína (lo que no ha sucedimoral y, con ello, respeto en su trabajo. El rencor hacia una do), Dembo tiene un momento de quiebre moral donde Ricardo policía despiadada se repite muchas veces. Cuando Dembo termina por asumirse como un forajido. “Mi decisión era optar Guzmán Wolffer intenta conversar con su supervisor de libertad condicional, ni sipor la delincuencia y el abandono absoluto de las constricciones quiera logra hacerle entender sus reales deseos de reintentar vivir en sociales.” Y el primero en pagar los platos es el abusivo supervisor. esa sociedad que no le perdona su pasado: termina por trabajar con sus an­ La voz de Bunker cautiva porque habla con honestidad. Los delincuentiguos cómplices en un bar, pues ninguna empresa quiere contratar expresidiarios. tes de sus novelas insisten en haber sido víctimas de una sociedad más salvaje y abu¿Cómo se puede hablar de justicia en una sociedad donde la opción de reintegrarse siva que ellos, ya representada en los hogares de adopción temporal, ya en los refores prácticamente nula? Ante la mente criminal implacable, decidida a todo para robar matorios para menores, donde los peores delincuentes se forman por necesidad para y matar, ¿qué respuesta puede dar esa sociedad, de por sí represora? En ese sistesobrevivir a los otros salvajes, ya en los policías que no dudan en aplacar a golpes a los ma penal sin retorno, los abogados, explica Bunker, juegan el papel de peones al reclusos, sean o no culpables. Dembo repite odiar a esa sociedad que lo ha orillado, actuar sin ninguna ética, capaces de sacar dinero a sus clientes y dejarlos ante la dice, a no saber hacer nada más que delinquir: roba, secuestra, asesina y piensa que falta de pago. Por su parte, los defensores públicos están imposibilitados para darle está bien, que es parte de su calidad delincuencial. Eso no le impide el placer que le el debido seguimiento a un juicio, si llevan setenta al mismo tiempo. provoca someter a los policías ni meterle varios balazos en la espalda o en la cabeza a La voz de Bunker es actual, pues habla desde un mundo real, opuesto a la injusticia quien se le atraviese en la huida. de una sociedad pensada para quienes siguen las reglas, capaz de aniquilar a los subPara estos delincuentes, esa es su identidad: una vez asumido como hampón, no versivos. No hay esperanza: “sólo los ignorantes y los temerosos creen en Dios actualhay fronteras. En su “libertad interior” se sabe al margen de una sociedad donde la mente”. El delincuente individual como constante universal: “cuando todo está jodido, impunidad no tiene el mismo significado que en México (dicen los optimistas investinosotros podemos encajar”. Un personaje casi romántico (le falta asumirse como porgadores que se castiga entre el uno y dos por ciento de los delitos cometidos). El propio tador de la libertad colectiva a través del individuo que enfrenta la inequidad estableDembo está cierto de las mínimas posibilidades que tiene para escapar luego del facida, y dejar de disfrutar la comisión delictiva), ante la pavorosa violencia nacional llido asalto donde ha muerto uno de sus compinches y han atrapado al otro: las prodonde la delincuencia colectiva, organizada, enfrenta al llamado estado de derecho babilidades de librar la persecución son tan pocas que ni lo considera. Sólo busca resin ninguna intención aparente de cuestionar el pacto social y la distribución de las trasar el final: la muerte o la cárcel. Troy, en su afán de vivir del delito, termina por ser oportunidades. parte del mayor porcentaje. En ambos casos hay algo de tragedia, porque el destino Bunker termina por ser un soplón de la interioridad de esos hombres, consternados los lleva a delinquir, pero su decisión está trucada: no saben hacer nada más. Algunos a ratos por la certeza de su propia futilidad de sus conocidos no ven mal regresar a la cárcel: la droga es más barata, de mejor caliYo hablo del aquí y del ahora, de lo

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Salvador Novo, Gerardo Bustamante Bermúdez

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l 13 de enero de 1974 el poeta, dramaturgo, ensayista, periodista y cronista Salvador Novo López murió en Ciudad de México. Su muerte fue ampliamente resentida en el medio literario mexicano, pues dejó una ausencia en los diferentes ámbitos del espacio cultural nacional. Iniciador del llamado Teatro Ulises, que formó en 1928 junto con su amigo Xavier Villaurrutia en el predio de la calle de Mesones 42 y que patrocinaba Antonieta Rivas Mercado, a Novo se le deben las traducciones de las mejores obras de Superville, Gide, Cocteau y otros escritores de la época, así como insignes montajes. Sus Diez lecciones de técnica de actuación siguen siendo un manual clásico para los actores en formación. Novo queda en el panorama literario contemporáneo como el gran dramaturgo que revisa y cuestiona la historia nacional mexicana, con sus mitos fundacionales de Conquista, Colonia e Independencia. Su obra poética es un ejercicio de las formas clásicas como el soneto y de recursos retóricos y tropos de dicción y de pensamiento, que domina con gran acierto, como en el siguiente cuarteto que sirvió para reprender con juegos de palabras el fracaso que significó el montaje de la obra Cortés, de Fernando Benítez: “No escribas obras tan raras/ ¡y no las dirija Ruelas!/ Porque en vez de carabelas/ te resultan velas caras.” El dramaturgo Xavier Rojas cuenta que, como compositor de canciones, Novo ha dejado una huella poco estudiada por sus críticos. Según Rojas, Elías Nandino le contó que a finales de los años cincuenta, Novo paseaba por la avenida Juárez,

un disidente

justo en donde se ubicaba el afamado Hotel Regis. Ahí, de forma sorpresiva se encontró con un cadete del Colegio Militar, con quien Novo había tenido un apasionado romance varios años atrás. Apenas si se saludaron. De ahí nació, según Rojas, la canción “Cuenta perdida” que en sus versos y en voz de Lola Beltrán, dice: “Si te acepto es porque/ quiero que me abones/ la desgraciada vida/ la que me abrió esta herida/ la cuenta ya olvidada/ la cuenta ya perdida/ que no alcanzó a pagarse/ con nuestra juventud.” Quizás la escritora Adriana González Mateos, quien ha estudiado la faceta de Novo como hacedor de El cha­ firete. Semanario fifí en prosa, pero con mucho verso tenga más datos sobre el tema, pues como compositor de canciones Novo aparece registrado ante la Sociedad de Autores y Compositores de México con los siguientes títulos: “Corrido de Macario”, “Debí saber”, “El cielo me oyó”, “Romance de Angelillo y Adela” (versión resumida de su poema homónimo) y “Sin tus besos no quiero la vida”; varias de ellas sin grabar todavía. Como poeta, la presencia de Novo pasa de la confesión y el idilio amoroso a la sátira en contra de sus adversarios. Sus primeros libros resultan ser la confesión velada del amor que en ocasiones se calla. En xx poemas (1925), así como en Nuevo amor y Espejo, ambos de 1933, hay una originalidad en el ritmo poético que, separado ya de los tópicos del romanticismo y el modernismo, prefiguran al gran versificador que fue. Los temas que trata en estos libros son la fraternidad, la experiencia literaria, los viajes, la infancia y el deseo amoroso. Su poema “Amor” refiere la contemplación, el recuerdo y la espera por el sujeto amado, a quien le dice en la primera estrofa: “Amar es este tímido silencio/ cerca de ti, sin que lo sepas,/ y recordar tu voz cuando te marchas/ y sentir el calor de tu saludo.” Sin embargo, la poesía de Novo fue adquiriendo con los años una intención satírica y tomó dimensiones incómo-

das por la fuerte dosis de confesión de la intimidad de sus adversarios. Carlos Monsiváis afirma que, para los años veinte y treinta, “a los homosexuales con recursos, talento, ingenio y audacia, se les concede una ‘dispensa moral’, que sin aislarlos del todo jamás les permite la integración plena”. De la pléyade de Contemporáneos quizás sea el propio Novo la única excepción, pues su literatura dinamita en varios sentidos las buenas conciencias, conduce a la desestabilización del culto machista que incluso está presente en la literatura de la postrevolución, pues el 24 de diciembre de 1924 Julio Jiménez Rueda publicó el polémico ensayo “El afeminamiento de la literatura”, en el que reprochaba el compromiso de los escritores con la realidad social, obrera y campesina. Según el crítico, México necesitaba de escritores gallardos, toscos y altivos. Por su parte, Francisco Monterde contesta a la apreciación anterior con el texto “Existe una literatura viril” un día después, en el que argumenta que lo que necesita la literatura mexicana son críticos y difusores de la obra. Respecto a los jóvenes escritores, afirma: “Tienen el espíritu atento a lo exterior y prefieren hacer labor de divulgación de los valores extraños.” Lo que está de fondo es la defensa de la cultura nacional por encima de las influencias extranjeras. Sin embargo, el 19 de febrero de 1925 Novo responde desde las páginas de El Universal Ilustrado ufanándose de la derrota de los escritores nacionalistas y la visibilidad de nuevas propuestas, pues: “Lo que necesitamos son lectores, pero unos los tenemos y otros no, por obvias razones.” La defensa de lo universal, que incluye lo nacional, es para Novo la piedra angular del progreso y la cultura, de ahí su enemistad con el muralismo mexicano y particularmente con Diego Rivera, quien no compartió opiniones sobre el arte con los Contemporáneos, por eso en su ensayo “Arte puro: puros maricones”, publicado en 1934, arremete: “en México hay ya un grupo incipiente de seudo plásticos y escribidores burguesillos que, dicién-

Salvador Novo, circa 1930. Foto: Manuel Álvarez Bravo


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dose poetas, no son en realidad sino puros maricones”. Quizás este ataque del muralista sea el punto de partida para la escritura satírica de Novo, quien dedicó varios ensayos a denostar a su adversario; algunos de ellos son ”Al margen de un accidente pictórico: Diego Rivera y sus discípulos” o “Los discípulos”. Al nutrido círculo de Rivera le escribió Novo el poema “La diegada” (1926) en donde revela la supuesta ceguera de los alumnos del muralista por el trabajo de éste y, además, se ufana en revelar escenas íntimas de infidelidades. Así lo hace saber en el siguiente soneto, que revela no sólo la mala intención sino el cariz misógino, al ridiculizar el ofrecimiento sexual de la figura femenina frente a la ausencia de su cónyuge:

Campo de Ourique Jorge Valdés Díaz-Vélez

Marchóse a Rusia el genio pintoresco a sus hijas dejando –si podría hijas llamarse a quienes son grotesco engendro de hipopótamo y harpía. Ella necesitaba su refresco y para procurárselo pedía que le repiquetearan el gregüesco, con dedo, poste, plátano o bujía. Simbólicos tamales obsequiaba en la su cursi semanaria fiesta, y en lúbricos deseos desmayaba. Pero bien pronto, al comprender que esta consolación estéril resultaba, le agarró la palabra a Jorge Cuesta.

Un tema importante en la producción de Salvador Novo es la vejez y el autoescarnio. En Sátira (1970) introduce un poema titulado “Prólogo”, en el que la voz lírica se observa como un hombre sin talento en el presente; con un tono entre jocoso y grotesco habla sobre el paso del tiempo y los cambios a su fisonomía; sin embargo, en el pasado dijo: “Un escritor genial, un gran poeta…/ desde los tiempos del señor Madero,/ es tanto como hacerse la puñeta.” El año de 1945 es importante por la publicación de fragmentos de La estatua de sal, que se convierte en el primer texto memorioso de Salvador Novo. Ya no se trata de literatura propiamente, sino de la exposición de sus experiencias sexuales desde la infancia y juventud; él mismo se construye como el hijo desobediente del Génesis. Por el libro desfila la construcción del yo y del ellos; revela los espacios inventados para el homoerotismo en el contexto de la marginalidad, la homofobia y el secreto, para lo cual se vale de la descripción minuciosa y adjetiva, así como de la ironía y el sarcasmo como recursos literarios de defensa. En 1954, sus xviii sonetos se leen como la continuación, ahora lírica, de La estatua de sal, sobre todo porque son poemas de desafío moral, cuya temática es el deseo, la experiencia de la genitalidad que a veces raya en lo escatológico y kitsch: “Deja tu mano encima de la mía;/ dígame tu mirada milagrosa/ si es verdad que te gusto –todavía./ Y hazme después la consabida cosa/ mientras un Santa Claus de utilería/ cava un invierno más en nuestra fosa.” A cuarenta años de la muerte de Salvador Novo, su obra sigue siendo visitada por lectores y estudiosos de la cultura mexicana del siglo xx . Sus conocimientos culinarios, los viajes y la escritura de crónicas son fuente obligada para los estudiosos de la cultura mexicana. A pesar de sus desafortunados comentarios sobre el 2 de octubre de 1968, la voz de Salvador Novo queda registrada en el panorama literario, porque su escritura fue la forma que encontró para hacer frente a la marginalidad de una época y una sociedad homofóbica

Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos Fernando Pessoa

El último día de invierno frente a la casa de Pessoa, un parpadeo de vencejos dibuja la caligrafía de sus presencias instantáneas. Se deslizan entre las líneas donde se apoya la fachada, rozan apenas el alero con sus trinos. Atravesamos la calle Coelho da Roca para observar la rajadura primaveral de otra Lisboa. Los ojos miran más adentro la claridad sin pausa. Veo el tornaviaje de los pájaros, los nombres del que estuvo aquí, el que me observa desde arriba tras el cristal de su mañana.


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Foto: Luis Humberto González/La Jornada

Semiótica de la barbarie Una nota sobre Carlos Monsiváis

Carlos Oliva Mendoza

“Al Estado, de ningún modo le corresponde, así sea en la muy torpe y malévola recreación escénica de Cuernavaca, el uso de cuerpos como avisos.”

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l mes de diciembre de 2009, en el número 1730 de la revista Proceso, Carlos Monsiváis publicó un artículo llamado “Semiótica bárbara”. En aquel texto, uno de los últimos que publicara Monsiváis, indica la relación entre las nuevas formas de la semiología y las tecnologías contemporáneas de comunicación. De hecho, lo que señala es la subordi­ nación de la semiótica, y bien podríamos señalar lo mismo de la semántica, ante las industrias de comunicación. “¿Qué hubo antes del impacto mediático?”, se pregunta Monsiváis, y responde: “Muy probablemente la historia registra los actos políticos, las confrontaciones ideológicas, las grandes movilizaciones sociales, incluso los golpes de Estado y las revoluciones. Pero todo eso parece quedar atrás. Hoy el eje de la política y de la vida social es el impacto mediático, una mezcla de repercusión publicitaria, noticia que puede llegar a todos los hogares y abuso visual de movimientos, tragedias y catástrofes. El gobierno mexicano es un devoto del impacto mediático pero no está solo, también practican ese culto paramesiánico la delincuencia organizada y las instituciones y los organismos que puedan.” La nota de Monsiváis tiene como espectro semiológico –como escenario de sentido– la cacería que realizó la Marina mexicana de uno de los jefes de los cárteles del tráfico de droga en México, Arturo Beltrán Leyva; Monsiváis toma ese caso paradigmático y otros para tratar de mostrar la semiótica de la barbarie en México. “Tras la divulgación –continúa el escritor–, de las fotos de Beltrán Leyva sobreviene el reparto de la inocencia. Todos se deslindan, sin siquiera insinuar que las fotos ‘fueron tomadas en otro contexto’. Los funcionarios de Gober­n ación, la pgr , el Semefo de Morelos y la Secretaría de Marina tartamudean ante el temor de asumir responsabilidades. Por lo oído y leído, nadie manejó el montaje del cadáver de Arturo Beltrán Leyva. Semiótica sangrienta, semiología de borrón e imagen nueva.”

De esta forma la semiótica, una disciplina sociológica que en sus modos más radicales se enfoca al estudio del intercambio de sentido y no sólo al estudio de las formas escritas como lo hace la semántica (en palabras de Mauricio Beuchot: “la semiótica no tiene como objeto principal el análisis referencial, sino el de las condiciones de producción y de aprehensión del sentido”), se despliega como un código bárbaro y sangriento que sólo puede producir significado si se incrusta en un código de olvido, a través de la repetición frenética que producen los medios de comu-

nicación: semiología de borrón e imagen nueva, dice Monsiváis. Habría que recalcarlo, la semiótica estudia la producción y circulación o aprehensión del sentido; más aún, el consumo de sentido y, por lo tanto, la formación de identidades y las posibilidades de configu­ ración de la vida a través de la creación y destrucción de identidades y diferencias. Semiosis es una deriva del verbo griego marcar; es, podríamos decir, el estudio de las marcas que van constituyendo la identidad social. En este contexto, es importante traer a recuento que en el escenario de la nueva apoteosis mexicana –los miles de muertos en una guerra fracasada, la sangre manchando cada rincón, las viviendas destrozadas por la contundencia de las armas, el cielo para las cámaras de video– a ese cadáver, una vez asesinado y semidesnudo, lo “decoraron” con una serie de billetes de alta denominación. “Al Estado –sigue Monsiváis–, de ningún modo le corresponde, así sea en la muy torpe y malévola recreación escénica de Cuernavaca, el uso de cuerpos como avisos. El montaje después de la batalla como Oficina de Correos. De seguro, los ‘curadores’ de la ‘instalación’ del sadismo contemplativo se divirtieron a nombre de los cuerpos de seguridad ofendidos y se rieron al colocar cada uno de los billetes, y se olvidaron de la función gubernamental mientras organizaban el ‘discurso fúnebre’ del capo con técnicas inspiradas por los métodos del narco. Faltaron mantas, eso sí, pero tal vez se debió a que no había puentes en las cercanías.” Estas notas de Monsiváis nos muestran hasta dónde pueden llegar las posibilidades de significar, de encontrar y re-montar semas, las mínimas unidades de significación, que enlazadas con otras pueden provocar sentido. Hay en el discurso mundial, y México es un espacio que sobresale, toda una semántica visual y narrativa que es apologética de la cotidiana barbarie en que vivimos. Contra ese sentido de la barbarie que se normaliza y se filtra en nuestros compor­ tamientos cotidianos, el texto de Monsiváis puede ser leído como un ejercicio límite de ironía, que tendría entre otros fines, además de la denuncia – que demanda al gobierno que cumpla con un comportamiento mínimo de responsabilidad en medio de la bar­ barie – y la resistencia ante la demencial situación que atraviesa México, evitar el pesimismo absoluto y la decadencia social frente al abandono de los espacios de poder que, en una democracia, debería de ocupar un “pueblo soberano” a través de gobernantes elegidos libremente. La situación del país no parece ser muy promisoria; justo por esa razón, hay que insistir en la necesidad de no perder o abandonar cualquier espacio público que muestre otra posibilidad de sentido para México; y un espacio público que no debemos dejar escapar es el de la constante crítica y desconstrucción del poder que ejerció Carlos Monsiváis

Foto: Guillermo Sologuren/La Jornada

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Zelene Bueno

Victoriano Salado Álvarez en su tinta Ilustración de Gabriela Podestá

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n sus casi desconocidas Memorias, publicadas quince años después de su muerte, Victoriano Salado Álvarez, con genial naturalidad nos conduce por los pasajes de su vida. Los renglones siguientes, de su propia mano, muestran pasajes de su infancia que retratan momentos especiales que merecen ser leídos, a pesar del olvido en que invernaron sus obras durante decenios. Escuchemos y disfrutemos, pues, de su voz recreando algunos momentos memorables. De su familia: “Es una de las más antiguas –no de las más nobles, que es otro cantar– de todo México. El primero de mi apellido que vino a la nueva España fue Juan Salado (Joan sa Lado se firmaba), que fue escribano de la Audiencia de Guadalajara […] y cuyo nombre figura en muchos documentos públicos.” De su abuelo: “Nacería en 1799 o 1800, pues asegu­ raban las crónicas que contaba once o doce años cuando la familia entera, así como todo el pueblo, tuvieron que huir (de Teocaltiche) a Aguascalientes. La causa de esa hégira tremenda fue que el cura chicharronero quemó el lugar y expulsó sin piedad a los moradores en 1811.” De su abuela: “Yo fui el nieto mimado, y cuando mi abuelo murió pasé a vivir a su casa y a ocupar un pe­ queño sitio en el que había sido su lecho conyugal […] Me convertí sin quererlo, y sólo por los mimos de mi abuela, en un tirano doméstico y mi opinión se tomaba en cuenta para todo.” De los rezos de su abuela: “Era mi abuela mujer bellísima y amorosa que no le importaban los éxitos en materia pecuniaria, sino la ausencia de los hijos o el esposo. Alguien le sugirió una singular devoción: rezar a las tres de la madrugada en medio del patio, lloviera o helara, la novena de Santa Tais. Debe de haber sido espectáculo singular ver a la abuela con sus hijas, con velas encendidas en las manos y a la hora que daban las cuatro, gritar a voz en cuello: ‘Santa Tais, tráemelos aunque sea de los cabellos’. La vecindad debe haber creído que se trataba de materia de brujería y hechizo.” De sus hermanos: “Cinco mujeres y cinco varones hecho al mundo doña Refugio (su madre) y todos crecieron

sanos y vigorosos. Siete de ellos tuvieron carrera, las mujeres de maestras, los hombres de abogados y escribanos.” De sus padres y su nombre: “Mis padres, por deseo expreso de mi abuelo, se casaron el 8 de enero de 1867 […] Yo vine al mundo meses después, el 30 de septiembre […] Me pusieron el nombre de mi abuelo que no era el del santo del día y que yo habría preferido. Sin embargo, estoy conforme con el que llevo […] Si me hubiera llamado Astolfo, Alfredo, Edgardo, Óscar u Osvaldo, habría sido la catástrofe de mi vida , porque habría empezado por introducir en ella la cursilería y la falsedad.” Sus primeros años: “No fueron como los de cualquier chicuelo normal. Me visitaron todas las enfermedades, hicieron presa de mi desmedrada humanidad todas las plagas, padecí multiplicadas todas las lacras de la primera, de la segunda y de todas las infancias. […] Primero fueron el chupón de hierbabuena o de anís […] Le siguieron la manteca con tequesquite, el cocimiento blanco,

“FERNÁNDEZ DE UBIARCO DE JECKER, JOSEFINA. Activa en el siglo xix, perteneció a una familia aristocrática con raíces en la época colonial. Muy joven casó con el hermano del banquero suizo Jecker. Educada en escuelas europeas, brilló en la corte de Francia. Después de la Guerra de Tres Años, que dio el triunfo a los liberales, y con el pretexto de la ‘Deuda Jecker’, la Triple Alianza (Inglaterra, Francia y España) decidió intervenir en México para reclamar el pago. Entonces Josefina, interesada en recuperar sus propiedades y con el argumento de que el país necesitaba paz y orden, se alió con José Hidalgo y José María Gutiérrez Estrada para convencer a Maximiliano de Habsburgo de que gobernara México.” Victoriano Salado Álvarez, La Intervención y el Imperio. Edición de 1994.

el agua de tres lejías, el palo de anacahuita, el vinagre de cuatro ladrones, el jarabe de altea y el manrubio co­ tidiano […] El estafiate, la ruda y el simonillo pasaban por mi boca lo mismo que los dulces de leche.” De su fisonomía: “Debo haber sido tremendamente antipático, con mis cejas espesas, mi tez color de bilis, mis ojazos negros que pretendían investigarlo todo, mi cuerpecillo flacucho y endeble y mi afán de vivir cerca de mis padres y escuchar las conversaciones de las personas mayores.” De su casa: “Nuestra casa era pobre, como la de todas las gentes del pueblo; pero yo recuerdo todas las que habité, con tintes de maravillosa poesía”. De sus primeros libros: Mis lecturas fueron […] desordenadas, caóticas, al azar, sin discreción y discrimi­ nación. Es cierto que empecé con la Religión demostra­ da por Balmes; es cierto que leía todas las siestas, en el precioso Año Cristiano Mexicano […] que repasaba trozos de Los gritos del infierno, del padre Boneta, de La Familia regalada o de Electa y Desiderio. Lo que pocos sabían es que yo sacaba a la chita callando y a furto de su dueña otros libracos.” De su tristeza infantil: “Un niño sin niñez, un entendimiento maduro antes de su formación, ‘cortado verde’ […] tenían que producir un muchacho triste, reservado y escéptico antes de tiempo.” De su embebecimiento: “A sacarme de ese limbo libresco contribuyeron dos elementos: las consejas de mi nana y las acciones de mi primo David.” De su marcha a Guadalajara: “El día en que el maestro Carrión dijo a mi padre que nada tenía que enseñarme, se planteó un terrible problema. […] ¿Qué iba a hacer yo, creado en el regazo de mi madre y de mi abuela […] Y sobre todo presa del embaimiento de los libros? […] Mi padre […] no pensó en otra cosa que en mandarnos a mi hermano y a mí a estudiar en Guadalajara.” De su segunda escuela: “En el Liceo aceptaron mis certificados de Teocaltiche, luego que me oyeron traducir de corrido una epístola de Cicerón, Amatam, Tere­ mtiam, Suam, y la fábula de Fedro Lupus et Agnus.”


Los Episo

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S Ilustración de Gabriela Podestá

María Guadalupe Sánchez Robles

in lugar a dudas, los Episodios nacionales mexi­ canos, de Victoriano Salado Álvarez, intelectual jalisciense de entresiglos nacido en 1867, es una de las obras literarias monumentales del porfi­r iato. En 1902, la editorial fundada por Santiago Ballescá publicó los cuatro tomos de la primera novela: De Santa Anna a la Reforma. Memorias de un vete­ rano. La segunda apareció en tres tomos al siguiente año, con el nombre de La Intervención y el Imperio y el subtí­ tulo Episodios nacionales mexicanos. En 1931 el escritor falleció y, en l945, su hija Ana decidió –aprovechando la reedición del conjunto– unificar y nombrar a las dos series episódicas con el título que hoy tienen. En De Santa Anna a la Reforma se ofrece al lector un recuento de numerosos acontecimientos que permitieron el triunfo y la evolución de la doctrina liberal en el México de 1851 a 1861. Mediante la autobiografía, el autor instala al narrador principal de la novela –Juan Pérez de la

SaladoÁlvarez, un brillo en la nieb Jorge Souza Jauffred

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osé Emilio Pacheco lo califica como el iniciador de la novela mexicana del siglo xx , José Luis Martínez afirma que es el autor de “una de las obras maestras de la novela histórica” y los especialistas coinciden en que legó a la posteridad uno de los filones más ricos de nuestras letras. Sin embargo, Victoriano Salado Álvarez estuvo, durante largos decenios, casi en el olvido; y si bien su trabajo comienza a revalorarse, Óscar Mata –uno de sus estudiosos– considera que la deuda sigue sin saldarse. Dos pecados, tal vez, son la causa de esta indiferencia. El primero, que su obra maestra, los Episodios nacionales, se consideró “la epopeya del liberalismo reformador, como exaltación y justificación de la era de Díaz”, por decirlo con las palabras de José Emilio. El segundo, que fue adversario implacable de los regímenes postrevolucionarios. Nació don Victoriano en Teocaltiche, Jalisco, el 30 de septiembre de 1867, unas semanas después del fusilamiento de Maximiliano, y murió en 1931, a dos años de decidirse a escribir sus estupendas y sabrosas Memorias, publicadas en 1946. “Nació justo al final de una época y vivió la plenitud y la decadencia de otra”, destaca Alberto Vital, al referirse al autor. Casi niño fue enviado a Guadalajara, donde aprobó su examen de admisión en el Liceo de Varones al traducir del latín y de corrido una epístola de Cicerón y una fábu-

la de Fedro. Ya entonces las letras lo apasionaban. Los libros se habían convertido en compañeros inseparables del mozalbete que comenzó a leer a los tres años. Artemio de Valle-Arizpe recuerda: “Sólo entre libros vi siempre a don Victoriano Salado Álvarez. Entre libros, su ambiente natural.” Vinculado a las letras, se graduó de abogado en 1890, pero comenzó antes su carrera de periodista en El Diario de Jalisco. En 1995, con el poeta Manuel m . González fundó El Correo de Jalisco, cuya parte vendió después, tras morir su socio. Desde entonces, mantuvo colaboraciones en periódicos y revistas regionales y nacionales. Publicó, según José Luis Martínez, “varios millares de artículos” en El Universal y Excélsior, entre 1915 y 1931, año de su deceso. De aquella enorme producción se han rescatado dos colecciones: Rocalla de historia (1956) y Minucias del lenguaje (1957). Su hija Ana señala que cientos más siguen en espera de ser recogidos. Sus primeros libros De mi cosecha. Estudios de crítica (1899) y De autos, cuentos y sucedidos (1901) le otorgaron renombre casi inmediato. En el primero polemizó decidida y elegantemente con sus amigos Amado Nervo y Jesús e . Valenzuela, al criticar el modernismo y defender el nacionalismo. El segundo reúne una serie de cuentos, algunos de ellos deliciosos, que justifican su temprana fama.

Su prestigio de joven escritor le ganó la invitación de Rafael Reyes Spíndola, director de El Imparcial, a Ciudad de México, a la que respondió entusiasmado. Ya en la capital, continuó su trabajo como articulista y profesor de español en la Escuela Nacional Preparatoria. La fortuna le sonrió y fue diputado y senador impulsado por Yves Limantour, el gran financiero del Porfiriato. A los treinta y dos años, con apoyo de su paisano José María Vigil, ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua, institución de la que, al morir, treinta y dos años más tarde, sería el secretario perpetuo. Perteneció también a la Academia Mexicana de la Historia. Tenía treinta y cuatro años cuando el editor de México a través de los siglos, el catalán Santiago Ballescá, le en­ cargó escribir los Episodios mexicanos, ofreciéndole un peso por página, “pero ni un día llegó a cumplirse aquella estipulación, porque me pagó mucho más de lo convenido”, dice en sus Memorias. La obra la realizó magistralmente con el apoyo moral de Vigil, quien le brindó un espacio en la Biblioteca Nacional y a quien se referiría como “el santo laico que tanto admiramos”. De corrido, de 1901 a 1906, escribió los catorce episodios que forman el conjunto y que retratan con maestría e imaginación la era de Santa Ana, la Reforma, la Intervención y el Imperio. Una hazaña difícil de superar. Esos cinco años, dice Salado Álvarez, “fueron los más felices de mi vida”.


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odios Nacionales Mexicanos Llana– en las luchas que propiciaron el movimiento reformista encabezado por Benito Juárez. Cuenta a los sesenta y nueve años lo que vio y vivió en su infancia y juventud, hasta que regresa a su pueblo natal, Tlaxochimaco, convertido en exitoso hombre de bien. La segunda serie, La Intervención y el Imperio, abarca el período de 1861 a 1867. Comienza con las intrigas en las cortes europeas antes de la invasión francesa y termina con la muerte de Maximiliano. En ella cambia la estrategia narrativa y la reseña histórica se enriquece con variadas formas genéricas. El último episodio, “Querétaro. Novela en cinco jornadas”, es una dramatización completa del declive del segundo emperador de México. ¿Qué busca una obra como los Episodios, de Salado Ál­ varez? No sólo se aporta el recuento histórico, sino que se presenta una versión polifónica de la época que incluye desde las descripciones realistas rurales y urbanas con abundancia de cuadros de costumbres en una prosa culta y ame-

na, hasta los registros ideológicos de los grupos con los cuales el autor tenía contacto y donde era una pieza en la organización cultural del momento. A lo largo de los siete tomos se percibe una búsqueda de identidad nacional. La problematización de la identidad se origina en la elección del género de novela histórica y el cruce con el discurso autobiográfico. La definición de lo nacional, desde esta perspectiva, pasará por la trayectoria ficcionalizada del escritor, su pertenencia social y política. Más que la escrituración de la historia mexicana, se trata de la escrituración del grupo social que ve y arma su propia historia del siglo xix mexicano. Victoriano Salado Álvarez se inspiró en los Episodios nacionales del español Benito Pérez Galdós, a quien admiraba profundamente. Por otra parte, se propone contribuir al desarrollo de una literatura mexicana genuina, propuesta por Ignacio Manuel Altamirano. A este “gran literato e incansable propagador del estudio y representación artística de temas nacionales” y al “insigne patriota

general Don Porfirio Díaz”, está dedicada la novela De Santa Anna a la Reforma, primera serie de los Episodios nacionales mexicanos. Otra de las influencias más significativas en el plano intertextual de la novela de Salado Álvarez es el Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi. La obra del Pensador Mexicano manifiesta la liberación de la metrópoli por parte de la nación mexicana e incorpora, literariamente, una de las figuras más representativas de la tradición hispánica: el pícaro. Las prácticas discursivas de la novela histórica, el periodismo, la autobiografía y la picaresca tienen como objeto de atención el pasado que describen, a través de una estructuración propia del presente desde donde se producen. El autor lee el porfiriato y nos ofrece su escritura del mismo, con el pretexto de contarnos la historia del México anterior. Es ahí donde radica la riqueza y aportación de la novela de Salado Álvarez

bla del olvido Los Episodios muestran, en su esplendor técnico, cualidades ausentes en otras obras de la época. En ellos brillan los recursos estilísticos, abundan las referencias históricas y las pinceladas magníficas que retratan personajes, reflejan costumbres y describen momentos de trascendencia. La obra maestra puede leerse de principio a fin por el placer de sus aderezos. La contundencia narrativa, la vena fina del humor, la precisión poética y los frecuentes guiños al lector convierten el texto en un tesoro literario. En 1906, don Victoriano fue nombrado secretario de Gobierno, en Chihuahua, por el gobernador Enrique c . Creel, quien lo llevó con él a Washington como secretario de la embajada de México (1907-1909). Los cargos se sucedían mientras su convicción lo aseguraba como por­ firista leal. En 1911, tras el estallido revolucionario y al asumir la Presidencia León de la Barra, fungía como subsecretario de Relaciones Exteriores, encargado del despacho del secretario. Fue ministro en El Salvador y Guate­ mala (1912-1914); pero, en 1914, el presidente Venustiano Carranza ordenó su licenciamiento cuando se desempeñaba como ministro en Brasil. Su filiación porfirista lo estigmatizaba. A partir de entonces vivió exiliado en España y Estados Unidos, con breves retornos a su país, hasta que en 1929 regresó definitivamente. Murió el 13 de octubre de 1931.

No había quien no conviniera en que el fracaso del 5 de mayo había sido obra de la casualidad, de la torpeza de los franceses, de la buena suerte de los mejicanos, de cualquiera de todas estas cosas ó de todas ellas juntas, pero sin que el suceso pudiera repetirse una vez más, á no ser que se transformaran las leyes de la naturaleza. Por eso, Loizillon, el autor á que me refiero, anunciaba a una su amiga, el 9 de diciembre del 62 que no tardará el ejército en llegar a Méjico, probablemente sin disparar un tiro. El 23 del mismo mes decía desde Perote: “Como quiera que sea, no atacaremos á Puebla antes de los fines de enero, algunos creen que nos costará mucho; otros, por el contrario, opinan que los mejicanos echarán pie atrás al primer cañonazo. ‘Yo soy del parecer de estos últimos’.” El señor Bulnes y la Batalla del 5 de Mayo. http://cdigital.dgb.uanl.mx/ la/1080120117/1080120117_07.pdf

Dos años antes, había comenzado a redactar sus Me­ morias, una joya del género autobiográfico por la ex­ celencia de su tejido. Memorables son las descripciones de los hechos históricos y la excelencia de los retratos de personajes ilustres. La acuciosidad con que acomete los detalles y describe los momentos especiales van más allá del recuento de su vida íntima y trazan un mural invaluable de la época. Don Victoriano, dice Carlos González Peña, fue “una personalidad extraordinaria y poliédrica en el arte literario. Consorcio de razón y de fantasía había en él […] Ningún exceso de sensibilidad que desentonara; ningún arranque que desvirtuara el armonioso, sereno equilibrio”. Testimonios diversos destacan su bonhomía, su “simpatía espontánea”, su extraordinaria memoria y su in­ teligencia. Aunque muchos de sus escritos han sido rescatados póstumamente del olvido, muchos otros continúan en la niebla. Hoy, el tiempo otorga una nueva perspectiva para acercarse a sus textos y está en marcha una revaloración de su trabajo: una obra que vincula, con excelencia, elementos históricos, narrativos, literarios y hasta periodísticos para elaborar un inmenso fresco de una etapa fundamental de México. Una etapa que, como la actual, se encamina hacia cambios inciertos y peligrosos


leer Minificcionistas de El Cuento. Revista de Imaginación, Ficticia, México, 2014.

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De la demonización al análogo, Verónica Volkow, Eternos Malabares/Conaculta/inba, México, 2013.

Diplomacia en tiempos de guerra. Memorias del embajador Gustavo Iruegas, Mónica Toussaint, unam /La Jornada/Instituto Mora/ cialc , México, 2013.

DE LA DEMONIZACIÓN AL ANÁLOGO Este delicioso volumen es compilado por Alfonso Pedraza, entusiasta del género –que no subgénero, como algunos todavía y sin razón insisten– como también lo son Lauro Zavala y Javier Perucho en este país. Minificcionista a su vez, Pedraza es fundador y coordinador del Taller de Minificciones La Marina de la propia editorial, así como responsable de la antología Cien fictimínimos. Microrrelato de Ficticia, publicado por este mismo sello hace un par de años. Como se ha dado noticia en estas mismas páginas, la mítica revista fundada y dirigida por el insustituible Edmundo Valadéz habría cumplido setenta y cinco años en este 2014, y con ese feliz pretexto aquí se reúnen obras pro‑ venientes de toda Hispanoamérica. Como su número excede el espacio para mencionarlos a todos, y como mencionar solamente algunos sería un acto de lesa injusticia, dejamos al lector la tarea grata de averiguarlo, a través de la lectura de este libro que bien podría –y debería– tener más de una réplica.

Faustina, Mario González Suárez, Era, México, 2013. Escrita a la memoria de Humberto Macedo, esta novela no parece tener principio ni final, o quizá más vale decir que uno y otro son intercambiables, mejor dicho que la posición asignada por el autor es una entre muchas posibles y no necesa‑ riamente habrá de coincidir con la que el lector, cada lector, decida. Po‑ dría incluso arrancar la lectura de esa voz-río en cualquiera de las ciento quince páginas y saltar de ahí a eso que funge como principio, y de ahí a cualquier otro punto más o menos arbitrario, y muy probablemente la historia no sufriría menoscabo, siempre que, por supuesto, se cumpla con la lectura de todas y cada un a y se acepte que Faustina está en ellas y sólo escuchándola atentamente puede uno quizá no entender, puesto que eso a Faustina tampoco parece interesarle, sino sentir y, con ella, volver a vivir, en un tiempo pasado que todo el tiempo se vuelve presente.

LA DIPLOMACIA COMO ARMA INTELECTUAL

VÍCTOR TOLEDO

RICARDO GUZMÁN WOLFFER

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ntusiasma este texto de Verónica Volkow (Ariadna tejiendo sus más importantes ensayos). Reconocida por su lírica marcada por el fuego y el juego de la luz, y por su constante reflexión sobre la poesía y el ser, verdadera poeta: pocas construyen una cosmovisión y en este arduo camino ella une lírica y crítica, pensamiento y ejercicio místico, inspiración y erudición, teoría y búsqueda de sabiduría. Con este libro avanza en la integración de sus bases creativas y filosóficas con la intención de estructurar una visión del mundo cada vez más propia y consecuente: León Trosky (el revolucionario pensador y su concepción de la poesía); Jorge Cuesta (su poética del vacío y su aguda visión universal de la esencia mexicana); Octavio Paz (y su luminosa poética apolínea); Ramón Xirau (y su poética de la filosofía mística) y Mauricio Beuchot (su aportación al símbolo, a través de la hermenéutica analógica): principales ejes axiales que nutren su sólida visión poética. Poética incluyente y unificante (a través de la amalgama dorada del amor divino y su simbología: el símbolo ya une imagen y sonido, el sonido nos trae la revelación, el mundo es donación de la palabra, la imagen del sonido, todo recogido suave y profundamente como en las manos de Dios donde bebemos agua siempre fresca y clara por el símbolo: espejo hablante del ser). Si las metodologías epistemológicas de las ciencias humanas del siglo xx se inclinaron al univocismo, imitando las ciencias duras, en su final postmoderno se dio “un movimiento contrario, más peligroso: el imperativo de la relatividad, donde se tiende al naufragio de toda referencia rectora y donde prácticamente cualquier cosa se puede decir de cualquier cosa” (Beuchot). Casi hasta agotar la realidad. Un verdadero conocimiento de lo humano y sus manifestaciones “tiene que integrar dialécticamente univocidad y equivocidad, sujetándose a una noción de jerarquía causal”, incluir sin excluir con un claro eje nodal dialogante y abierto. Poética en movimiento: esencia del símbolo que creando y recreando nuevas formas conserva su forma unificadora. Ensayar cardinal para una pedagogía poética: de la demonización a la iluminación. La profunda esencia mexicana es universal: este libro enriquece la búsqueda de la verdad en las ciencias espirituales y oportunamente en nuestra tradición. Agotada la filosofía (Heidegger) con una metafísica que no entiende lo sagrado y una tecnología que nos ha enajenado hasta la casi pérdida total de la realidad y de un mínimo sentido, este es precisamente uno de los trabajos esenciales que los poetas deben realizar para la reconstrucción de la casa espiritual. Su persistente y voluntariosa claridad, con los pensadores estudiados (sobre todo, pues el libro también aborda otros escritores), refuerza nuestra idea de que la analogía del ser (el símbolo) es el origen de la poesía y la ciencia, cargada en la primera palabra-verbo (sonido-revelación, creación) ya análoga y simbólica que creó al mundo •

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uando, en tiempos recientes, la Secretaría de Relaciones Exteriores dejó de tener el brillo que le dieron ilustres secretarios en forma intermitente durante décadas de priísmo, se olvida el alcance del papel de México en el continente. “El hermano mayor”, se le decía en tiempos de la “unidad latinoamericana” para pretender hacer un frente ante el vecino del norte, siempre voraz. Hace tiempo que ese “hermano mayor” dejó de vislumbrar hacia adentro con la mirada aguda de los estadistas de carrera, que hicieron una diplomacia con mucho fondo, a pesar de los políticos que hasta la fecha son asignados a ella para esconderlos de la opinión pública, como cónsules o embajadores, sin que tengan la menor idea de la causa real de su misión. De ahí la relevancia de las memorias de un personaje como Iruegas, quien opina acerca de muchos temas y con conocimiento de causa. El testimonio de este embajador no sólo nos refresca parte de la historia nacional, tanto desde la mirada de otros países que le tocó conocer de primera mano (por ejemplo, en Jamaica, en 1985, se pensaba que “México había desaparecido” con el temblor), como desde adentro. Muchos capítulos nacionales son condensados: se aceptó la “ayuda” extranjera después de los temblores del ’85 porque “la clase media ñoña” se quejó de que el presidente no hubiera aceptado esa ayuda desde el principio y como De la Madrid “no tenía el carácter ni la calidad y no supo estar a la altura de las circunstancias” acabó cediendo; Salinas de Gortari buscaba abanderar la doble nacionalidad para ganar popularidad luego del fraude contra Cárdenas; Iruegas comenta la relación cancillería-ejército a nivel diplomático y el plano de igualdad, incluso dentro del Colegio de la Defensa Nacional; también clarifica el papel de México como garante de la seguridad gringa, entre muchos otros. Los alcances y objetivos de la política exterior (seguridad y desarrollo, puntualiza el exembajador) fueron buscados, pero no logrados por muchas razones. Entre otras muchas, refiere la falta de una política interna basada en el empleo. Llama la atención el testimonio de la esposa de Iruegas, Susana, gracias a la cual, además de dar a conocer esa parte que suele minimizarse (cómo participa y vive la familia de los políticos) o que, a veces, quisiéramos olvidar (la fundadora de la “pareja presidencial” o las “colectas voluntarias” de la señora Echeverría, por ejemplo), también da nota de la historia: los embajadores mexicanos en Cuba tenían muy mala reputación, el glamour diplomático no siempre daba para vivir, etcétera.

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leer

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Se trata de un texto destacado y necesario para comprender muchas facetas de la historia mexicana, bajo la mirada aguda, a ratos mordaz, de un político capaz de establecer que la política exterior debe formar parte del quehacer público para lograr objetivos que verdaderamente desarrollen a México • Por el camellón del viejo puente, Alejandro Campos, Ediciones Eternos Malabares/inba-Conaculta/ Universidad Autónoma del estado de Morelos, México, 2013.

LA DOBLE BÚSQUEDA ARMANDO ALONSO

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l poeta Alejandro Campos Oliver hace una propuesta interesante con este poemario, en el que emprende una doble búsqueda, realizada con decisión. Eso no quiere decir que no trastabille en momentos o que no se pierda; al contrario: “perderse si es necesario,/ aunque exhausto se llegue/ al terreno verdadero…” Estos versos apuntan ya al objetivo de una faceta de la búsqueda, pero es la búsqueda misma lo que definirá en el camino ese objetivo llamado “terreno verdadero”. La otra cara de la búsqueda es en el lenguaje. La forma y el contenido son dos búsquedas que siguen un curso paralelo, trazan un curso. Los niveles son diferentes. La primera búsqueda es anterior, porque es la materia del poema que se va desgranando y tomando forma, y es apenas sugerida. Presente y constante se anuncia desde los versos iniciales, provoca e involucra: “Tú eres la avenida/ que repite su voz en lo que escucha…” El autor se muestra y define el objeto de esta búsqueda “primigenia”; la voz, su voz y la del lector por consecuencia al seguir las líneas. El autor va encontrando señales en el camino que tienen una connotación negativa para crear la posibilidad, la dirección a seguir se propone a partir de la equivocación. “Si emular los ritmos y matices del vecino/ diera al caos las respuestas/ la historia sería de un color distinto.” O en: “Barbarie con voz de espuma/ y ojos de plaga.” Es un camino difícil y seguimos ilusiones para perdernos una y otra vez, espectros de lenguaje roto y ajeno para cancelar rutas que nos lleven a naufragios o pesadillas. “Ahora soñamos/ lo que las sombras dictan,/ canciones extrañas/ y fracturadas pláticas.” Campos deja entrever una luz al final del poemario, de esta estructura verbal que propone para que nos sirva de guía en la oscuridad reinante: “…el secreto canto de los árboles,/ melodías de vida bajo el tono de las olas”.

La búsqueda en el lenguaje deja un rastro que traza los caminos de la búsqueda en el siguiente nivel. La búsqueda como camino y como tanteo por un laberinto buscando una salida. La imagen es el rostro desdibujado de la ciudad como infierno. Un infierno al que no hay que descender, ya está aquí en avenidas, calles, topes, baches, edificios, paredes, postes, cables y antenas. El ruido y la arritmia. “Penetran metales por los tímpanos…” La clave está en la esperanza que nos da la vida misma y la necesidad de buscar en el infierno; el mapa está iluminado con pequeños destellos, en una sonrisa, una mirada, en el erotismo de un encuentro, en el deseo. Un paisaje que no se disfruta, que estremece para sacudirnos y llevarnos a la libertad o al regreso, como a Ulises. Para unirnos a los que se han perdido y ya han atravesado el yermo. A la salida del laberinto nos aguardarán otros semejantes que en las ruinas reencontraron el fuego “como hoguera fresca que nos reúna para arder” •

Rompecabezas y otros relatos, Raúl Falcó, Universidad Autónoma Metropolitana, colección Molinos de Viento, México, 2013.

MODELO PARA (NO) ARMAR OLLIN VELASCO

Un rompecabezas no tiene que empatar fielmente para ser lo que es: a veces, confiar en las buenas intenciones del caos puede ser mejor alternativa. Raúl Falcó logró un puzzle a base de historias, memorias y no coincidencias. Y funciona. Rompecabezas y otros relatos es prueba de que los cabos de un todo pueden soltarse a voluntad, con buenos resultados. Inicialmente, la obra desconcierta. Un lector observador cuestionará que, tratándose de un juego de ocho piezas, éstas no embonen según la definición estricta de la palabra que las reúne. No obstante, conforme se avanza en las cuartillas, el título se torna cada vez más justificado. El libro consta de dos apartados: Rompecabezas y El fantasma de la ópera. El primero noquea: se erige sobre universos inconexos, a veces incompatibles. La otra parte tiene un telón de fondo común: el teatro en México. En ella se advierte la viva acción del orden sobre el desconcierto, para hacerlo inteligible y digerible. Mientras se logra el coctel de ambientes cotidianos y de alta cultura; de diferentes voces, tiempos e incluso géneros literarios, los misterios observados bajo lupa despliegan la versatilidad de sus historias, que responden proporcionalmente al abanico de intereses de su creador. Los engranes empiezan a moverse. Es así como las facetas de ensayista, poeta, dramaturgo, traductor, músico y egresado de la maestría en

ESQUIRLAS TRÁGICAS de la literatura alemana Juan Manuel Roca

A la vista de todos: negación y complicidad

letras modernas por la Universidad de París viii que simultáneamente es Raúl Falcó, salen a la superficie en cada una de sus grafías, en los contornos remarcados de sus personajes, en los escenarios recreados con la nitidez de una vivencia. Solo así se puede entender que conciertos de ópera, m e m o r i a s d e u n t o re ro e n estado de coma, habitaciones donde la infancia filosofa frente al abismo de una oquedad, sobremesas en una cafetería del Palacio de Bellas Artes o la degustación de palabras perdidas en una biblioteca francesa, puedan coexistir bajo un mismo nombre. No obstante, los puntos de encuentro de este libro no se convierten en senderos irrebatibles que conducen a un final prefabricado. El autor, quien fuera nombrado titular de la Ópera de Bellas Artes en 2001, hace que el lector experimente el placer de estar “parcialmente perdido” o “intermitentemente encontrado”. Cada quien asume su condición. Falcó mete en el empaque (donde se guarda el juego) algunas piezas que jamás embonarán ante la lógica del sentido común; pero después de leer esta colección de cuentos, maridarlos a la fuerza resulta un lujo prescindible. No todos los rompecabezas son para armarse • Freud y Derrida: escritura y psique, Rosaura Martínez Ruiz, Siglo xxi Editores, México, 2013.

Tomando como punto de partida el bien conocido texto de Sigmund Freud, Nota sobre la pizarra mágica, Jacques Derrida escribió su ensayo Freud y la escena de la escritura y, a su vez, la doctora en filosofía por la unam, especialista en el área de filosofía de la cultura y las ciencias sociales, lanza al mismo tiempo una pregunta y una respuesta; la pregunta es ¿por qué leer a Freud a través de (o con) Derrida? La respuesta, natural‑ mente, es el contenido de este apretado volumen, dividido en cuatro capítulos y un post scriptum. Como conviene a un ensayo que se pretende ase‑ quible a un público no necesariamente especialista, el de Martínez Ruiz abunda en claridad conceptual y una escritura bastante alejada de los retruécanos del metalenguaje, tan caros para algunos autores. Buena oportunidad para que muchos que citan a los dos autores de referencia, lo hagan con algún conocimiento de causa.

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próximo número

El nombre de las piedras @JornadaSemanal La Jornada Semanal


arte y pensamiento ........

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Jair Cortés jair_cm@hotmail.com twitter: @jaircortes

MENTIRAS TRANSPARENTES Destino Hubo un hombre que puso siempre a un lado parte de sus ganancias. Privándose de muchas cosas, acreció su caudal. Cuando sus once hijos, pues también en eso fue productivo, crecieron lo bastante les dio sus tierras y se apartó con su mujer. Nunca necesitó ninguna ayuda de los padres de sus nietos. Pero no creas, oh príncipe, que basta ser previsor, laborioso, ahorrativo para que la felicidad te arrope. Hubo otro hombre que también sabía guardar y pudo vivir con holgura y le compró a su esposa una sarta de perlas magnífica. Era la mujer cuidadosa –sólo seis hijos tuvieron– y lucidora. Pero aquel hombre cauto no veía una ocasión que mereciera el estreno del collar. Y así pasó tiempo hasta que un día la señora decidió que quería estrenar, así que halló con quién hacerlo y se marchó con las perlas y los haberes. Así que cuida, mi señor, que también el insondable destino debe jugar a tu favor. [De las Historias de san Barlaán para el príncipe Josafat.] •

Rogelio Guedea AL VUELO Homenaje a Emerson Los Diarios, de Emerson. Los leo en la noche, alta noche ya inalcanzable, mientras todos duermen, la casa a oscuras y la distancia de mi país. Los escribía Emerson rutinariamente, de espaldas al desasosiego, sin saber lo que serían. De ellos sacaba las notas para sus conferencias, que después convertía en ensayos. Los célebres Ensayos, de Emerson, escritos, como lo quería Tolstoi, con “caracteres de fuego”. Lo puedo advertir repasando sus Diarios, volviendo a ellos como se vuelve a una fuente primera, a unas palabras en bruto: como las piedras antes de llegar a la cantera, como las piedras arrastradas en el lodazal de la cantera. Puedo ver a Emerson escribiendo sus Diarios, al final de la jornada del día, tal como yo los leo esta noche, también al final de la jornada del día, y hago anotaciones en sus márgenes, palabras que se convierten en mi propio destino. Estas que subrayo son, ahora, toda mi poética: “la vida es nuestro diccionario” •

BITÁCORA BIFRONTE

Felipe Garrido

La poesía de Claudia Posadas: cantar lo divino

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on el libro Liber Scivias (publicado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas en 2010), Claudia Posadas nos hace partícipes de su búsqueda poética a partir de la experiencia mística. La escritora y académica Angelina Muñiz-Huberman ha escrito, respecto a este libro, que: “El título de Claudia Posadas proviene de la obra de la mística del siglo xii, Hildegard von Bingen, Liber Scivias, en el que relata sus visiones e incluye miniaturas y cánticos. Desde este momento sabemos que el presente poemario entra en el mismo orden. Sin embargo, la experiencia mística que propone Claudia Posadas se extiende aún más, incluyendo la alquimia, el catarismo y el gnosticismo. La palabra scivias proviene del latín: Scito vias Domini: conoce los caminos del Señor. Y los caminos de la mística son inesperados. Estos caminos son los que se exponen a lo largo de las tres partes del libro o tres vías del conocimiento divino: purgativa, iluminativa, unitiva.” Claudia Posadas posee una asombrosa intuición; cada poema suyo ha pasado por el alto fuego del conocimiento de la retórica para sublimar la experiencia espiritual en la del lenguaje poético, como en el siguiente fragmento del poema “Hesperus (ars melancholiae)”: “Cualquier tibieza o virtud serían refugio para soportar la umbría, aferrarse al instante último del ámbar,/ a la espada roma,/ a las almenas y almenaras,/ a la criatura luminosa aunque los últimos deslumbres de su giro se deslíen con el ámbar de la tarde y ya no hay más remedio que enfrentar la noche con la propia historia y voluntad de temple y esgrimir como único blasón los recuerdos de felicidad absoluta.” Liber Scivias (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2009) es un libro por el que transita el espíritu humano que busca en lo divino su propio origen. Los poemas de Claudia Posadas recorren los oscuros laberintos del miedo, el odio, la tristeza y el dolor para después encontrar la luz detrás de esa puerta que ha permanecido cerrada para la conciencia humana: “Un vitral en el inicio del pasillo es atravesado por el mediodía;/ la luz, al descomponerse en filamentos,/ urde un arpa liminar de estelas.” Ese recorrido habrá de tener su desenlace en la unión con Dios y todas las penas encuentran una luz que les otorga sentido: “Caminar por la rosa inmaterial,/ y dejar que el cuerpo se envuelva en su espectro luminoso;/ salvar los arcos que delinean tus columnas perfiladas por pilastras…”. Liber Scivias es un libro que seduce por la compleja estructura que lo sostiene: simbolismo, musicalidad, referencias a tradiciones herméticas y una temprana conciencia del acto poético. Claudia Posadas ha conquistado, por medio de su poesía, la revelación que pocos alcanzan en una vida •

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La gran batalla Tasos Livaditis Alguna vez, al partir hacia una gran batalla tal vez te ocurrió oír de pronto desde una ventana el sonido de un piano. Quizás una niña con los dedos blancos o un hombre con manos fuertes tocan aquella triste melodía que te recuerda tus años de infancia los amores perdidos todo lo que soñaste sin vivirlo los jazmines que te devolvieron tu corazón que pisaron. Tú te detienes con la boca abierta oyendo bajo la lluvia – pero debes apresurarte, avanzan los demás ya se perdieron en la esquina de la calle. Y así como echas a andar con paso largo tus años de infancia los amores perdidos todo lo que soñaste sin vivirlo los jazmines que te devolvieron tu corazón que pisaron también echan a andar a tu lado a luchar contigo.

Tasos Livadistis (1922-1988) estudió Derecho en Atenas y trabajó como periodista. Vivió en el exilio de 1947 a 1951. Junto con Titos Patrikios y Takis Varvitsiotis, entre otros poetas ya publicados en este espacio, perteneció a la Primera Generación de Postguerra que, en opinión del filólogo Dimitris Armaos, creció y afinó su voz “en un ambiente de conversación en voz baja, de tono inesperadamente melancólico (de ahí también el nombre de Generación de la Derrota), pero muy humano y por supuesto en asonancia con el clima general de pobreza que dominaba en la sociedad neohelena.” Recibió varios premios nacionales e internacionales. Mikis Teodorakis puso música a algunos de sus poemas.

Véase La Jornada Semanal, núm. 839, 3/ iv /2001 Versión de Francisco Torres Córdova


........ arte y pensamiento Alonso Arreola

Miguel Ángel Quemain

@LabAlonso

quemainmx@gmail.com

Juan Villoro: los escenarios de la teatralidad

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N DÍA JUAN VILLORO decidió ser un escritor y no hacer nada que lo alejara del horizonte de ficciones que domina desde hace muchos años. Villoro entiende ese oficio como una pluralidad de construcciones que hace posible la palabra, entre ellas el mundo mismo. Hoy, Villoro es uno de nuestros escritores más populares; su presencia no le provoca urticaria al conjunto de acomplejados que dirige los medios electrónicos y ha contado con la difusión que completa un esfuerzo a menudo solitario, a pesar de la presencia del editor. La popularidad de Villoro tiene como uno de sus ejes la sencillez con la que muestra las cosas más complejas y temidas y le ofrece palabras a quienes no las

tienen para nombrar aquello que más aprecian. Es popular, pero en su mano se distingue un boleto de relevo en nuestra literatura. Villoro es un ensayista capaz de hacer fluir la crónica a través del pensamiento e interpretar los acontecimientos que narra gracias a una labor de análisis que ilumina los hechos. También traduce y lo hace como un lector que quiere compartir sus asombros, sus hallazgos y la felicidad que significa que la literatura desconoce la latitud, a pesar de que se alimenta de ella. También es un autor de ésos que el mercado llama de “libros para niños y jóvenes”. No es extraño en alguien que puede conectar emocionalmente su pasado con la palabra y los alcances interpretativos de su presente creador. Pareciera que Villoro ha querido cumplir con un rito de paso entre los escritores mexicanos del siglo xx . Desde Alfonso Reyes, Villaurrutia, Salvador Novo, José Revueltas, Jorge Ibargüengoitia, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Octavio Paz y Carlos Fuentes, los narradores más notables han sido imantados por el teatro, por la dramaturgia. Sin embargo, la producción teatral de narradores tan notables no ha marcado la escena contemporánea, ni sus textos se han convertido en referencias imprescindibles de la dramaturgia para la escena. Sabemos que la dramaturgia no es el hecho capital de lo escénico. Muchos han sido cuestionados por su incapacidad de convertir la palabra en un objeto creador de un espacio que se puebla de seres animados no sólo por la palabra sino también por los vínculos del gesto, la corporalidad y el transcurrir del tiempo. No sería justo negar que Juan José Gurrola le dio vida a materiales verdaderamente inanimados, que no eran, en sí, lo que se llama teatro. Esa es la misión de un gran director que puede montar el estallido verbal de Lorca, o un cuento de Musil, o de Kafka. Los directores, los grandes creadores quiero decir, pueden pres-

cindir del dramaturgo. No empleo el mismo rasero para Luisa Josefina Hernández, Sergio Magaña, Rafael Solana, Emilio Carballido y Vicente Leñero, extraordinarios narradores que dominan el “oficio” de escribir para la escena. Hago este apunte para situar a Villoro en una tradición y, al mismo tiempo, ofrecer la posibilidad de pensarlo fuera de ella, con dos obras: El filósofo declara y Conferencia sobre la lluvia, que colocan al creador y al pensador como metáfora de un mundo donde imaginación y pensamiento ocurren de modo complejo, sin esquematismos, aunque mucho de su sostén se ampara en aquello que la historicidad hace legible. Villoro no le teme al antiintelectualismo de nuestra sociedad formada al calor de la televisión, el espectáculo y las telenovelas. A pesar de que se considera la educación como la mejor forma de crearse un mundo mejor, hay una gran desconfianza en los intelectuales y los profesionistas que utilizan ese instrumento; desconfianza triste en un país que todavía no logra egresar de la primaria. El antídoto de Villoro es su gran sentido del humor y su sabiduría como autor: el dominio de la analogía, la comparación, el contraste y la asociación de ideas. Es un humor cercano a la comedia en su fraseo, no en su estructura, aunque El filósofo declara tiene esa clave de reconciliación y enredo que la pone a transitar en las fronteras del género. Villoro tampoco le teme al absurdo. En él hay una confianza tal en el personaje (por supuesto teatral), que lo concibe de manera más actoral, más encarnada, que en las lógicas exigentes del cuento y la novela. Diego Jáuregui es esa encarnación. Sandra Félix, dirige este monólogo para la Compañía Nacional de Teatro, que abre la escena con un anticlímax: “¡Perdí los papeles! (Revuelve hojas) Sí, perdí la conferencia”. Así inicia un texto y un montaje que recorre el país y vale la pena revisar •

Voces de San Cristóbal, Juchitán, Xalapa y Xoxocotla

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ENIMOS REGRESANDO DEL SURESTE. Allá tuvimos una serie de encuentros “puertas adentro” que buscaban la audición de algunas voces que inspiraron de manera directa o indirecta nuestro quehacer de los últimos dos años. Recorrimos más de tres mil kilómetros: del df a San Cristóbal de las Casas en Chiapas y de allí a Juchitán en Oaxaca, luego a Xalapa en Veracruz y finalmente a Xoxocotla en Morelos. Aún conmovidos, compartimos aquí algunos hallazgos que podrían importar este y cualquier domingo.

Taller Leñateros, San Cristóbal de las Casas, Chiapas Se trata de una editorial fundada por la estadunidense Ámbar Past, en donde trabaja un pequeño grupo de mujeres tzotziles abocado a la creación de libros con papel reciclado y cartón combinado con flores; piezas únicas y hermosas en las que se muestran poemas, cantos, rezos y recetas antiguas de los altos de Chiapas, muchas veces con un disco acompañante. Allí conocimos a Petra, uno de sus motores fundacionales, quien dice en el bellísimo libro/disco Sueño conjuros desde el vientre de mi madre (2012): “Me acuerdo cómo cantaba mi mamá cuando yo era niña. Me acuerdo de las nubes de incienso y de su canto mientras hilaba por las tardes o cuando salía el sol. Cantaba pidiendo a Kajval que nos diera de comer. Rezaba para poder vender el trabajo de sus manos y para pedir salud. Ahí aprendí a cantar y rezar.” Apoyado por el Fonca/Conaculta y la Fundación Bancomer, este poderoso objeto está bien distribuido, lo que permite sumergirse en tres décadas de voces antes silenciadas, hoy reconocidas en más de un continente.

Irma Pineda, Juchitán, Oaxaca Hija del líder social Víctor Yodo, desaparecido violentamente hace treinta y seis años cuando manejaba hacia su casa, Irma Pineda es una mujer de bello porte cuya voz poética sorprende por dos razones: un ritmo impecable que no se entrega a exageraciones ni efectos innecesarios; la capacidad de construir estampas que miran al pasado pero sin la debilidad de una melancolía inmóvil, con la fuerza de una crítica que resquebraja al presente y reconstruye (sí, reconstruye) al futuro, como si pudiera alterar un destino prefijado. Buen ejemplo es Guie’ Ni Zinebe, La flor que se llevó, libro/disco bilingüe impecablemente editado por Pluralia en 2013. Dedicado a su madre Cándida y su hermano Héctor “Por la sangre, el dolor y el amor”, observa con dureza de textos y fotografías la presencia del ejército en su tierra a lo largo de cuatro décadas: “Cuyuube’ ndaani’ guié lulu’ xidxaa gúpani neegue’/ xhisi lulu’ ca ama rului’ cá beñe chonga lugiá’/ Qui ganda guyadxié guié lulu’. ” Esto signi-

fica en zapoteco: “Hurgo en tu mirada para encontrar la ternura del ayer/ pero tu rostro es una máscara de barro duro/ No puedo ver tus ojos.”

E sther H ernández P alacios , X ala pa , V eracruz Escritora y académica veracruzana de larga y reconocida trayectoria, María Esther Hernández Palacios ha publicado numerosos libros de narrativa infantil y crítica literaria. Su voz se amplificó luego del asesinato de su hija Irene en 2010, evento tras el cual decidió transformar el dolor en una experiencia artística desgarradora y bella (sí, bella), pues puso el mejor oficio del espíritu al servicio de la expresión del terror y con ello universalizó su mirada, la inyectó directamente en nuestro corazón. Así es el canto de la generosa Esther en México 2010, diario de una madre mutilada (Ficticia, 2012): “Aún no amanece, no hay lugar en este vacío que soy para otra cosa que no sea el dolor; ni enojo, ni deseo de venganza. Estoy vacía y no puedo oponer ninguna resistencia. El dolor me domina. Seis balas le hicieron 26 orificios en su cuerpo, me arrancaron una parte de mí, y el dolor es tan fuerte que abotaga. Mentira que las parimos completas, algo de nuestras hijas permanece en nosotros, algo que sólo les entregamos al morir.”

Marco Antonio Tafolla, Xoxocotla, Morelos Fundador –junto a su esposa Alma– del Centro Cultural Yankuik Kuikamatilistli en Xoxocotla, Morelos, canta y escribe en náhuatl y castellano al tiempo que inculca en treinta niños la recuperación de bailes y tradiciones locales. Saluda a todos mientras camina por las calles de su pueblo y, llegado a su guarida, escribe agoreramente: “Auh chichikitsatsilistli/ Asis yankuik tlahtuilli/ Kipia iselik tlachia/ Yeseh chikauak iyol.” En otras palabras:“Con un grito/ el nuevo amanecer llegará/ tiene una mirada tierna/ pero fuerte el corazón.” Escuchar estas voces, lectora, lector, nos acerca al pulso de quienes evitan el melodrama en pos del bienestar común, sembrando belleza. Por ello los aplaudimos y recomendamos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos • Irma Pineda; arriba: Esther Hernández Palacios

BEMOL SOSTENIDO

Jornada Semanal • Número 1003 • 25 de mayo de 2014

LA OTRA ESCENA

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arte y pensamiento ........

25 de mayo de 2014 • Número 1003 • Jornada Semanal

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Jorge Moch

Verónica Murguía

E

SCRIBO ESTA COLUMNA CON una sensación de urgencia. Nada grave, sólo quiero hablar de un libro antes de que se estrene la versión cinematográfica y falta poco. Es de John Green, el verde del título, cuya primera novela, Buscando a Alaska, deslumbró a los jóvenes a quienes va dirigida. Alaska explora, con humor y pathos, el arduo tema del suicidio adolescente. Su segundo libro, Una abundancia de Katherines, fue como una práctica de solfeo: Green, dueño ya de un estilo, ejercitó su amplio rango de inflexiones y recursos en una historia cuya trama banal no consiguió mantener el interés de los lectores. Resultó un poco decepcionante, aunque el protagonista logró ser atrayente en algunas escenas y varias de las estrategias estructurales de la novela son interesantes. En 2012, seis años después de la publicación de Una abundancia…, apareció la fabulosa Bajo la misma estrella, una novela que, como Buscando a Alaska, aborda el asunto de la muerte, pero desde otro ángulo. Los protagonistas, Hazel Grace y Augustus, tienen cáncer. Ella, de dieciséis años, en la tiroides “pero con una impresionante y bien establecida metástasis en los pulmones”. Él, de diecisiete, osteosarcoma, que ya le hizo perder parte de la pierna: “Así es el osteosarcoma. A veces devora una de las extremidades para dar una probadita. Entonces, si le gusta, se come todo lo demás.” Se conocen en un grupo de apoyo. Augustus acude a petición de su amigo Issac, quien debido a un cáncer de ojo (uso el singular porque cuando aparece en la novela ya perdió el otro), quedará ciego. Para casi cualquier otro autor este sería el teatro para un drama positivo lleno de dulzura, mensajes alentadores acer‑ ca de cómo la grandeza humana puede sobreponerse al dolor más horroroso y cursiladas varias –pero no para John Green. En primer lugar, los protagonistas aclaran que son heroicos porque no les queda más remedio, como cualquier paciente que soporte el calvario de los tratamientos. Los diálogos, hilarantes, compensan con su agilidad la lentitud con la que ocurren ciertas escenas. Si Hazel anda con un tanque de oxígeno y Agustus tiene una prótesis, las aventuras de este par son muy distintas a las andanzas usuales en los romances para jóvenes. En segundo lugar, Hazel Grace es una existencialista y su humor destila rabia. ¿Quién podría reprochárselo? El cáncer y su mitología son examinados despiadadamente por esta chica que preferiría un día saludable a todos los de su enfermedad, buenos o malos. Adora la poesía: hay pocos libros en los que versos sabiamente escogidos subrayen con tanta puntualidad las peripecias por las que atraviesan los personajes. Green creó las

circunstancias para que la música de t. s. Eliot y William Carlos Williams se añadan como un aria, un concentrado estético, emotivo. Hazel está obsesionada con un libro: Una enfermedad imperial, escrito por un tal Peter Van Houten. Una enfermedad imperial trata sobre el cáncer, como el aclamado El emperador de las enfermedades, escrito por el oncólogo Siddartha Mukherjee, ganador del Pulitzer, pero Una enfermedad… es protagonizada no por una multitud de pacientes, sino por una chica, Anna. Es una novela que se interrumpe sin conclusión, pues Van Houten decidió por causas literarias o personales que la última oración quedara a la mitad. Hazel es una lectora muy inquisitiva. Contagia a Gus su pasión por el libro. Tienen largas conversaciones acerca del significado de esa decisión. Es, claro, una metáfora acerca de cómo el cáncer interrumpe las vidas. Pero, ¿qué pasa con el resto de los personajes? La búsqueda de respuestas novelescas establece un brillante paralelismo con la pesquisa de claves existenciales. Estos chicos saben, como sabemos todos pero olvidamos para poder vivir, que la muerte gravita sobre ellos. La lista de miembros del grupo de apoyo que mueren se alarga; todos piensan en el día en el que su nombre se añadirá. Las quimioterapias, la luz azulada, el dolor y el ambiente estéril del ala de terapia intensiva, son el cruel ambiente donde se desarrolla esta historia que no es solamente triste, es divertida y desgarradora. Espero que esta breve reseña impulse al lector a leer el libro antes de que salga la película. Ya vi el póster anunciándola y los actores son un par de hermosuras rebosantes de salud. ¿Dónde quedó el áspero realismo que resalta el valor de la alegría? M ejor el libro, siempre es mejor el libro •

Rumorología venenosa

Para s y g

I

NTERNET HA LOGRADO MANTENERSE, a pesar del recelo de no pocos poderes fácticos, como un espacio libre y plural aunque espiado hasta el hartazgo. Esto no deja sin claroscuros ese ámbito tan vivo, habitado por todas las expresiones de las que somos factibles autores. Lo mismo se propala información periodística que pornografía. Circulan con la misma facilidad credos religiosos o ideológicos válidos que las expresiones más ruines del odio. Por eso es democrática, porque admite todas las expresiones, aun aquellas que puedan parecernos lamentables; algunas cosas que se publican sin problema en algunos países son ilegales en otros. El asunto es peliagudo porque por mucho que uno esté en desacuerdo con lo que alguien publica en internet, deberá reconocer su derecho a decir lo que le dé la gana, como en la frase erróneamente atribuida a Voltaire por su biógrafa británica, la escritora Beatrice Hall, aquella de defender hasta la muerte el derecho del otro a decir algo. La multiplicidad de puntos de vista ha relativizado algunos autoritarismos mediáticos, como el caso de China o Cuba, pero también el de Estados Unidos con su fisgoneo mundial. Entre los ciudadanos la red puede ser un dolor de muelas: en internet hay mucho veneno. La cosa es mantener alguna ecuanimidad para poder filtrar información valiosa –o simplemente divertida– de lo que es basura. El troleo es un buen ejemplo del uso cuestionable de internet, porque es simple acoso, hostigamiento. Personalmente, y aunque quien esto escribe también ha llegado con sus imprecaciones a conver tirse en troll (por ejemplo, cada que pregunto, llamándolo miserable, al senador panista Javier Lozano Alarcón a cómo amaneció cotizando el gramo de dignidad), no creo en el troleo como una forma de interlocución. El rumor malintencionado también es una práctica en internet para convertir a la red en herramienta de manipulación mediática y social con motivos en México naturalmente ligados a alguna clase de politiquería. Quizá las instituciones que más acusan embates de este tipo sean las universidades públicas. Circula desde hace un par de años –hace poco recibí la versión “actualizada” de la misma porquería– una carta en verso (en pésimo verso, debo insistir) que intenta denostar a la unam , llamándola “puta de cien años”. Me llamó la atención, por ejemplo, la cuidadosa diseminación del rumor que acusaba a la rectora de la Universidad Veracruzana ( uv ) de avalar actos represivos, de presunta venganza o alguna paparrucha parecida dirigida a alumnos de esa casa de estudios que hubieran participado en la pública megamentada de madre del pasado diez de mayo que ya comentamos en este mismo espacio la semana pasada. El rumor se deslizó con agilidad y sincronía evidentemente calculados: un día después del día del maestro, en un fin de semana en que la uv se encontraba en pleno cierre de su Feria del Libro, usando medios electrónicos de poco impacto pero con alguna cantidad de lectores

en el estado de Veracruz. Medios, por cierto, según indagué, con los que la uv no ha suscrito contratos publicitarios. Quince alumnos fantasmagóricos –en las presuntas versiones de prensa una alumna llamada “Sofía” solamente así, sin apellido ni matrícula, aparecía como portavoz–acusaban el supuesto castigo en diversas facultades. No pocos usuarios de redes sociales se hicieron eco, previsiblemente indignados ante lo que parecía un acto de servilismo de la rectoría, y bañaron a la rectora en una cauda irrepetible de insultos muchas veces de vulgaridad y violencia innecesarias. El hecho era falso, pero el daño mediático empezaba a crecer, quizá buscando impactar en medios nacionales. Lo burdo de la campaña misma hizo que se viniera abajo como obra de Pirro. Un boletín de la universidad dejó claro que no hay tal cosa como expulsiones por la opinión política (o por su insolencia) del alumnado y enfatizó lo obvio: una virtud de la universidad pública es la salvaguarda –y el incentivo– de la opinión personal, la genuina libertad de expresar las ideas propias. Queda preguntar a quién beneficia golpear con artera guerra sucia a la universidad pública. Si se trata de un asunto de caciquismo local o es parte de algo más grande, trasnacional. Como sea, el rumor venenoso va a seguir allí, reptando, acechante, porque los caguetas que lo disparan difícilmente dan la cara y no soportan, con ese endeble andamiaje moral con que pretenden sostenerse, el mínimo embate de una verdad. O del diálogo: los cobardes no dialogan •

CABEZALCUBO

Verde que te quiero verde

LAS RAYAS DE LA CEBRA

tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch


Jornada Semanal • Número 1003 • 25 de mayo de 2014

........ arte y pensamiento

Javier Sicilia

Luis Tovar

Alegría por el cuerpo a William Nessme

Eres, oh cuerpo oscuro, el siempre amado, desnudo lecho en que los días fueron

y el placer de las noches donde ardieron el sueño, la pasión y lo sagrado.

No me preguntes cómo pasa el tiempo

…P

ERO SI ME PREGUNTAS quizá te diría que es como un bichito moviéndose sin saber hacia dónde va porque alguien le ha puesto encima la taparrosca de una botella de refresco. O tal vez te diría que se parece al pavorreal que se aburre de sol en la tarde, con la salvedad de que no sería un pavorreal sino un zanate de los muchos que se la pasan yendo y viniendo entre los cocotales, y que su hastío no es achacable tanto al sol como a la lluvia ésa que cae aquí la mayor parte del año y les complica el vuelo, esa lluvia que de tan intensa y tan constante pareciera tener vocación de eternidad y estar perfeccionando un arte que no es para los humanos. O no te diría eso sino que es igualito a los cocos, que un día los ves allá en el punto más alto de la palma y al otro día lo mismo y al otro también, exactamente como el minutero y sobre todo la otra flecha, la chiquita que marca las horas y que

Por ti conoce el alma lo creado:

las formas de las cosas bajo el día, tu desnudez más pura y la alegría

de sentirte en la sombra sosegado;

conoce el pan, el agua, la blancura

y el mar que bajo el cielo tiembla al roce de su ave y su secreta arquitectura… Tantos dones al alma has entregado

que en la muerte, mi amor, sabré del goce de haber vivido un día lo creado(De Vigilias, 1994)

parece no avanzar nunca nunca, pero cuando menos te lo esperas paf, el coco está en el suelo –aunque bueno, eso cuando no viene alguien a robárselo–, ni más ni menos que como la manecilla chica, que con trabajos va pasando de un número al que sigue, mientras a uno le da por pensar un montón de cosas, todas bien raras, como por ejemplo ponerse a imaginar nombres y apellidos para esa chava que viene aquí al hotel aproximadamente cada quince días, cuando mucho una vez a la semana, nunca más, o imaginarse a qué se dedicará porque ni modo que no tenga un trabajo si viene sola y en coche a esperar al cuate ése que siempre llega un buen rato después a alcanzarla y nunca saluda, y después ella se va igual sola en su vocho y él en su camioneta. No me preguntes, pero podría decirte que el tiempo ha de ser entonces así, o sea igual que los cocos, que los zanates y el bichito, que no saben que ahí están pero están de todos modos, o como ella que sí lo sabe y a lo mejor preferiría no saberlo porque se ve que le cuesta bastante eso de tener que esperar quién sabe cuánto a que la alcance aquí su mayuyo, porque ni modo que sea su esposo y su novio pues tampoco, porque entonces llegarían juntos y no cada quien por su lado, eso lo sé de sobra y además es bien obvio, si no no vendrían a este hotel que por supuesto es de paso y además por partida doble, pues está en la orilla de la carretera que va de aquí cerquita, de Nautla, a Poza Rica, y es de paso porque así le dicen a los hoteles como éste en los que nadie se queda a dormir sino que vienen y se van, o se vienen y se van, como dice mi tío que es el dueño. Es más, podría decirte que es precisamente como mi tío, que me encargó el hotel mientras atiende unos asuntos quesque rápidos y ora resulta que se va a tardar bastante más de lo que me había dicho, y no es que me pese ni nada si de todos modos tampoco es que tenga yo mucho

que hacer en otro lado, pero es que además de andar arreglando las goteras y repintando los cuartos, que es digamos lo más normal del mundo aquí por la humedad y porque la verdad el hotel ya está bien viejo, lo que pasa es que a veces también me tocan las chambas más pesadas y no hay ni quién me ayude. Es más, no le hace que no me preguntes, pero yo creo que cuando uno habla de cómo pasa el tiempo más bien lo que quiere decir es que a pesar de que pareciera no estar pasando nada en realidad está pasando todo, al menos en la mente de cada quien, por ejemplo yo, que cuando veo a esta chava ahí cruzada de brazos mientras no deja de llover y su galán no tiene para cuándo, para no aburrirme tanto me la imagino allá adentro del cuarto, sí con él pero la verdad a veces también conmigo, total, si desde la primera vez que me dirigió la palabra clarito sentí que le caí bien, y aunque soy bastante menor que ella la otra noche fuimos a un bar porque ella me invitó, ya sé que por puro despecho porque la dejaron plantada pero de todos modos fuimos, y lo que pasó después mejor ya no lo cuento. O sea que el tiempo es así, hecho de todas esas horas que nunca se acaban cuando no tienes nada que hacer y por eso les llaman muertas, de tan quietas, igual que uno aquí en la recepción, nomás piense y piense, aunque a mí no me gusta decir que están muertas precisamente porque si quieto fuera igual a muerto, querría decir entonces que yo estoy muerto mientras me la paso aquí sin hacer nada y pues la verdad no es así. Que lo diga Miranda, es decir la chava del cuate que siempre llega tarde, o para el caso la nueva recamarera que ayer empezó a trabajar aquí en el Palma Real • (Las horas muertas, Aarón Fernández, México, 2013.)

CINEXCUSAS

twitter: @luistovars

CASA SOSEGADA

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ensayo

Van Gogh y Artaud: ¿genio y locura?

27 de abril de 2014 • Número 999 • Jornada Semanal

Vilma Fuentes

E

n el hermoso Museo d’Orsay, antigua estación de ferrocarriles, centro de remates y de anticuarios durante una época, recientemente renovada para acoger a los impresionistas, tiene lugar la exposición titulada Van Gogh/Artaud. Le suicidé de la societé. Al ver las turbadoras telas de Van Gogh tuve la impresión de déjà vu, título utilizado por Victor Hugo para sus notas, diario en el cual se halla la carta de este autor a Juárez pidiendo la gracia de Maximiliano y cómo esta carta llegó días después de su ejecución. Ver directamente, diría en persona, los originales, y no las reproducciones en libros, revistas y otros medios, me causó esa sorpresa, descubrimiento y regalo, que provoca estar frente a la pintura hecha por la mano del pintor. Relieves, pinceladas, a la espátula, al pincel, con la mano, el color, el brillo, la opacidad no pueden apreciarse sino mirando, en el sentido de contemplar, el original. ¿Quién puede ver en una reproducción la opacidad y la transparencia de una sandía de Tamayo? ¿La luz que emana del negro de las telas de Soulages, la misma luz de las cavernas donde comienza la pintura? Una de mis sorpresas fue cuando vi por vez primera una de las telas de la serie realizada por Rembrandt de Los discípulos de Emaús. La luz que emana de las velas quema, ilumina en un claroscuro aún más luminoso que el día, vuelve la escena más enigmática. Ver telas de Van Gogh, aún ya vistas, es siempre una nueva revelación. Sin contar que el Museo d’Orsay presenta algunas obras raramente expuestas pues pertenecen a colecciones particulares. ¿Por qué entonces esa impresión de “ya visto”? Al leer los textos de Antonin Artaud que acompañan las telas de Vincent Van Gogh, volví de pronto muchos años atrás. Eran los años antes y después del ‘68. Corría el mito, o más bien la mistificación, de genio y locura. Los jóvenes de entonces creíamos que una obra podía construirse a partir del delirio. El nombre de Van Gogh venía a menudo en las conversaciones. Leíamos a Lautréamont con fruición. Nadja de

André Breton era la mujer mágica por excelencia: internada en un manicomio, Breton solicitaba a Soupault que la visitara, él nunca fue. Desde luego, Artaud era una lectura obligada y apasionante para mi generación. Los “poetas malditos” nos hacían soñar. ¿Ezra Pound no fue internado en el manicomio de Saint-Elizabeth, aunque no fuera sino para salvarlo de la condena a muerte? En México, más cercano, Salvador Elizondo, cuya inteligencia era deslumbrante y leíamos con avidez y pasmo, narró en su autobiografía su estancia en un hospital psiquiátrico. A pesar de haber visto a las enfermas encerradas en el Fray Bernardino, heredero de la lúgubre Castañeda, de tratar de platicar con hombres y mujeres alojados en el Floresta, donde yo buscaba a Van Gogh, a Pound, a Artaud, no encontré sino personas más cercanas a la demencia, quienes no poseían las palabras para expresarse, sin mayores luces; seguí creyendo que Artaud, por ejemplo, encarnaba genio y locura. Michel Foucault describió la locura como ausencia de obra. Así, cuando, a fines de 1971 o principios de 1972, Jorge Alberto Losoya me invitó a dirigir un número de El Gallo Ilustrado, suplemento cultural de El Día, decidí dedicarlo a Antonin Artaud. Publiqué un pastiche haciéndolo pasar por el hallazgo de un texto inédito de este autor, páginas de un diario imaginario escrito en México. Recibí cartas donde especialistas y curiosos me solicitaban más datos sobre este hallazgo. Pasaron los años. Comprendí la falsa interpretación de los versos del poeta beatnik: “Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura.” El poeta advertía contra la locura cuando creímos leer que hablaba de genio y locura. La visita a la exposición Van Gogh/Artaud me devolvió a una época lejana y terminada. No era una sensación de ya visto sino de ya vivido. No era la visión admirable de las cuarenta y cinco pinturas, los dibujos y admirable correspondencia de Van Gogh lo que me turbaba, a pesar de la perturbación que su vista causa. Era una sensación de ya vivido, de volver a vivir un tiempo de un tiempo anterior, escapado de los sótanos de

mi memoria o, más escalofriante, de la tumba donde él mismo termina por enterrarse llevándose su cortejo de sombras. Leí las frases de Artaud que acompañaban las telas de Van Gogh, en esa exposición sobria donde el visitante es llevado a interrogarse sobre el genio y el delirio. “Nadie ha nunca escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado, sino para salir de hecho del infierno.” “¿Un loco Van Gogh? Que aquél que supo un día mirar un rostro humano mire el retrato de Van Gogh por él mismo… Pintado por Van Gogh extralúcido, esta figura del carnicero pelirrojo, la cual nos inspecciona y nos espía, nos escruta con su ojo también torvo.” “No conozco un solo psiquiatra capas de escrutar un rostro de hombre con una fuerza tan aplastante y de disecar, con un triturador, la irrefragable psicología.” Visité después la parte de la exposición dedicada a Artaud: sus autorretratos dibujados a la salida del psiquiátrico de Rodez, luego de sufrir los electrochoques. Dibujos espeluznantes donde se retrata torturado, recibiendo lanzas y flechas en el cuerpo sin poder morir. Artaud logra dibujar el dolor: uno lo siente. Por fortuna se exponen también fotos suyas de actor de teatro y de cine en películas inolvidables, clásicas de la cinematografía. La idea de esta doble exposición es una evocación de la retrospectiva de Van Gogh (1850-1890) organizada en la Orangerie en 1947. El galerista Pierre Loab sugiere a Artaud, liberado el año precedente del asilo de Rodez donde permaneció desde 1943, escribir sobre el pintor. Artaud no presta atención. La aparición de otro libro más de psiquiatras sobre Van Gogh lo enfurece. Escribe, entonces, “El suicidado de la sociedad”. Muere al año siguiente, 1948. La comunión entre el pintor y el escritor es exhibida magistralmente gracias a Isabel Cahen, que logró un modelo de escenografía sobria. Al salir del museo, trota en la cabeza: ¿es posible una obra nacida de la locura? •

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