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Al infierno con un Toscano entre los dientes

Darío Procopio

Los tres hombres llegaron a caballo al cementerio “Sad Hill”. El camposanto está emplazado en algún paraje desolado del viejo y salvaje Oeste. Están solos, todo aquel que ha osado acercarse ha perecido al rigor de sus balas. La aventura que los ha llevado hasta allí los encontró ocasionalmente uniendo fuerzas y pistolas aunque ninguno confía ni un poco en el otro. Los tres ya saben cuál es la falsa tumba adonde los soldados confederados han enterrado una fortuna en oro. También saben que solo uno saldrá de ese cementerio con el preciado metal dorado. El año es 1862 y la hora es la señalada.

Los hombres se despiden sin afecto, los tres saben lo que va a ocurrir. Uno de ellos se queda parado mientras que los otros dos se alejan en diferentes sentidos sin darse la espalda. Cuando la separación es la correcta los tres quedan equidistantes y parados de frente. Uno de ellos se corre un poncho y deja ver su Colt. Los otros dos hacen lo propio. El aire se corta con un cuchillo, los ojos van raudos de una amenaza a la otra, las manos vibrantes se acercan a las armas. Una sola gota de sudor o un parpadeo desatará un caos del que solo las tumbas serán testigo.

Uno de ellos es un bandido mexicano que responde al nombre Tuco Benedicto. El otro es un ex sargento devenido en un sicario al que llaman Angel Eyes. Del tercero solo se conoce que es un caza recompensas, un soldado de fortuna, siempre dispuesto a aprovechar una oportunidad a punta de pistola. Pasarán a la eternidad como El bueno, el malo y el feo.

La realidad es que “Sad Hill” es un cementerio ficticio, son solo lápidas y cruces en el agreste paisaje de Burgos al sur de España. Tampoco es el lejano Oeste sino algunas regiones a las afuera de Almería. El cineasta italiano Sergio Leone, con producción europea (de Italia, España y Alemania) y poco dinero, dirige la filmación de un Euro-Western All’italiana o Western Spaguetti. El título original será Il buono, il brutto, il cattivo y cuando el mundo ponga sus ojos en el filme, ya nada será igual para el género. La película filmada en 1966 es la tercera y última entrega de la Trilogia del Dólar que completan Por un puñado de dólares (1964) y Por unos dólares más (1965).

Sobre los tres personajes, el feo está representado por el humorista Eli Wallach y el malo esta encarnado por el actor Lee Van Cleef. Sin embargo, el personaje que se volvería icónico es el del bueno que más que esa condición de bondad, era un perfecto antihéroe interpretado por un ignoto y joven actor de televisión, un tal Clint Eastwood.

Eastwood le dio vida a un personaje de características inverosímiles. Para empezar por alguna de ellas, es un personaje sin nombre. Nunca, en ninguna de las tres películas se menciona su nombre. En los créditos aparece como “Joe” pero solo por una única referencia en la primera película. “Joe” es un nombre que suele usarse en ingles cuando no se conoce el nombre real de alguien. Sus compañeros de aventura lo llaman alternativamente “El manco” (Il Monco) o “El rubio” (Il Biondo). El personaje nunca se presenta ni menciona de su origen y esa es otra de sus peculiaridades. El hombre sin nombre raramente habla o lo hace muy poco en tres filmes que protagoniza.

Además, Uomo senza nome, es de todo menos bueno. Tiene una mirada fría y nunca parece motivado por más sentimientos que su afán por el dinero. No tiene escrúpulos a la hora de matar o traicionar. Es un hombre solitario y tallado en hielo. Rara vez se pueden prever sus gustos, afectos o emociones. Es delgado y viste siempre un viejo poncho polvoriento y raído en el que esconde sus manos y su peligroso Colt.

Sin embargo, el antihéroe que crearon Eastwood y Leone, es todo un estereotipo, fuente de inspiración de personajes en múltiples universos y formatos. Es imposible buscar Western sin toparse con la emblemática imagen del hombre sin nombre. En 2008, el American Film Institute lo eligió en el número 33 como mejor personaje ficticio de todos los tiempos.

Para perfeccionar la impronta del pistolero, Sergio Leone insistió en que debía fumar. Así, la máscara del hombre sin nombre no es completa sin un cigarro que, fuertemente sujetado entre los dientes, lo acompaña a sol y a sombra en cada tiroteo.

Al momento de darle vida al personaje, ni Leone ni Eastwood imaginaron que estaban creando un icono del cine universal y quizás sea por eso que ninguno reparó en la marca del cigarro utilizado. Sin embargo, el origen italiano de la producción y la omnipresencia del cigarro en las escenas son suficiente prueba para que los expertos concluyan que se trata de un tipo de Toscano italiano o de su precursor original un asiático Cheeroot.

Toscanos y Cheeroots poseen similares características de color, forma y dimensiones. Sin embargo al tener orígenes diferentes, el tipo de tabaco varía. Mientras que los Cheeroots usan tabaco asiático (hojas de Thanat) y fueron introducidos a Europa desde la India o Burma por comerciantes portugueses (en portugués charutos) y marinos ingleses (en inglés whiffs). Los toscanos, promovidos en 1818 por Fernando III, el gran Duque de La Toscana, utilizaban tabaco importado a Italia desde plantaciones en Kentucky en Estados Unidos.

El tabaco Burley de Kentucky fue el primero introducido en Italia y se popularizó mediante la fabricación de toscanos. Recién en 1850, Italia comenzó a cultivar su propio tabaco tipo Kentucky, un híbrido entre el típico tabaco importando de EU y variantes de tabaco locales más adaptadas al suelo y el clima.

El tabaco de Kentucky o Burley es marrón en su estado más maduro y se oscurece después del proceso de curado a fuego directo adonde el humo de madera penetra las células de las hojas dándole un sabor distintivo. Originalmente se utilizaba para mascar y luego para cigarros de sabor fuerte. Además de Kentucky, Virginia y Tennessee, se cultiva también en Mexico, Polonia y varios países africanos.

Tanto los toscanos como los cheeroots son cilindros oscuros, fabricados sin filtro y abiertos en ambos extremos. Ambos son cigarros finos (diámetro entre 13mm y 16.5mm) y de una longitud similar (155mm o 6.1 pulgadas a 163mm o 6.4 pulgadas). Es por eso que el mayor enigma sobre el cigarro preferido del icono del Western es en realidad la marca.

Existen dos marcas que se atribuyen el honor hasta el día de hoy. Una de ellas es Avanti con su línea Parodi Ammezzati y la otra es la línea de Toscanos de la compañía De Nobili. Ambas fueron fundadas en los Estados Unidos para satisfacer la demanda de los miles de inmigrantes italianos que llegaban a América. Avanti fue fundada en Nueva York en 1901 y su competencia De Nobili se remonta a Pennsylvania en 1896.

Sin embargo, preguntado en un reportaje reciente, fue el propio Clint Eastwood quien dio una pista definitiva sobre el tema al decir que solo recordaba que la caja de los cigarros indicaba que provenían de Virginia. Ese dato apunta todos los focos a la compañía de tabaco pionera Marsh Wheeling, fundada en West Virginia en 1840 y una de las más populares en sus días.

Además de ser la única que estaba disponible en la ambientación de la película en 1862, la compañía de Virginia ofrecía toscanos rústicos y económicos que bien podría haber sido consumidos por un personaje marginal del salvaje oeste. Un dato curioso es que Marsh Wheeling usaba tabaco dominicano y ofrecía sabores como almendra, anís, bourbon, cereza y vainilla. Sí, amigo lector, cuesta imaginarse al Hombre sin nombre ejecutando un adversario a sangre fría y saboreando un cigarro de cereza o vainilla. Pero así es la historia.

La escena del triple duelo en el cementerio “Sad Hill” se completa como una frutilla en un postre con la eximia música de Enio Morricone. Cuando la cámara de Leone vuela por los ojos de los pistoleros y explota la pieza musical El Trío, ya nada volverá a ser igual. La escena no solo será el clímax de una trilogía de Westerns, además será el de la historia de los Westerns Spaguetti.

Después de esa escena, el gracioso subgénero italiano iba a hacerle sombra a los Westerns tradicionales e iba a despertar un género hasta marcar un estilo de western que sigue hasta nuestros días. A esa escena iban a seguir personajes de ficción entrañables como Ringo o Django , artistas como Franco Nero, Claudia Cardinali o Terence Hill e historias como Érase una vez en el Oeste (C’era una volta il West) , Voy, lo mato y regreso (Vado... l’ammazzo e torno) y su increíble secuela Ve, mátalos a todos y regresa solo (Ve , matalos Ammazzali tutti e torna solo).

Para Clint Eastwood significó su elevación al estrellato y sin duda una imagen por la que siempre será recordado. Será por eso que en sus muchas décadas de éxitos como actor y director iba a volver al género y si bien sus personajes posteriores sí tenían nombre, todos los amantes del cine vemos al hombre sin nombre en Cuélguenlo bien alto, El jinete pálido o Los imperdonables.

Justamente es esa última película (Óscar a la Mejor Película de 1992) en la última escena, el personaje de Eastwood entra a un Salón para dirimir de una buena vez los conflictos en los que se centra el filme. Allí, el sheriff y una veintena de alguaciles están planificando su cacería humana. No hará falta, la presa se ha presentado a cazarlos a ellos. Son 20 contra uno y afuera llueve a cántaros. Adentro un relámpago ilumina la puerta del Salón y allí está El hombre sin nombre que, apuntando su arma, dice: “He matado hombres, mujeres y niños; he matado casi todo lo que alguna vez caminó o se arrastró sobre esta tierra. Y estoy aquí esta noche, para matarte a ti”.

Lo que sigue es un feroz tiroteo en el que nuestro antihéroe mata al sheriff y seis alguaciles. El resto escapa. El pistolero de desahoga un par de vasos de whisky y antes de salir amenaza: “Voy a salir, si veo a alguien, lo mato. Si alguien me dispara, lo mataré a él, a su esposa y a todos sus amigos. ¡Ah!, y quemaré su casa”.

De más está decir que sale tranquilo y se marcha lentamente en medio de la tormenta. Su silueta se pierde en la oscuridad, en una mano lleva un arma, en la otra una botella y en los labios un toscano humeante.