Page 1

         

           


GOTEROS MUTANTES - ¿Tú también tienes un tumor? Sara bajó la vista, apoyada en su palo de “gotero”, y vio al propietario de la voz: un crío esmirriado, que arrastraba por el suelo las perneras de un pantalón de pijama alguna talla mayor que la que le correspondía. -

¿Por qué me lo preguntas? Porque llevas el pelo muy corto, tienes una aguja en el brazo, conectada a la bolsa de los “goteros mutantes” y estás esperando en la puerta donde nos hacen las pruebas a los que tenemos un tumor -respondió el niño, señalando sobre la cabeza de la muchacha con un leve movimiento de cabeza y arqueando dos veces las cejas.

“Radiología-TAC”, leyó Sara en un letrero colocado sobre la puerta y al que hacía referencia el “renacuajo”. Intentó soltar una carcajada, pero sintió una náusea y se contuvo, aunque su boca mostró una sonrisa. - ¿Cómo te llamas? - Mario. ¿Y tú? - Yo soy Sara. ¿Es que tienes un tumor? - Pues, sí, aquí en la pierna. Mira, mira…- contestó subiéndose el pantalón del pijama y exhibiendo su extremidad izquierda. En realidad Sara no vio más que una pequeña pierna infantil, si acaso de un grosor algo mayor que lo que podría corresponder a la edad del niño y con la piel de color tostado como si le hubiese dado el sol en la playa. - ¿Lo ves?, ¿lo ves? - Pues….., lo siento, pero no lo veo. - Es que es un tumor “interno”. Sólo se ve cuando lo pasan por rayos X en esa habitación a la que vas a entrar tú. - Aaahhh. Ya entiendo. ¿Y cuántos años tienes Mario? - Siete. ¿Y tú? Ruborizada, dudó antes de confesarle su edad, pero contestó: “treinta y cuatro”. - Vaya, pues no eres muy vieja para tener un tumor. ¿Cuál es el que tienes? - Tengo…., tengo…- volvió a dudar Sara - una leucemia. ¿sabes lo que es? - Ah, sí, ése es el de las células que se mueven por la sangre. Se vuelven “rebeldes” y no se pueden controlar, y así la sangre de llena de células y no puede pasar bien por las venas. Pues ése no se opera ¿te lo han dicho? Sara le miraba estupefacta. ¿Estaba hablando con un niño o con un ordenador con patas conectado a Internet? - Sí, sí, me lo han dicho. Y tú, ¿cómo sabes tanto de todo esto? - Porque se lo pregunto a los médicos y las enfermeras, y, además, escucho siempre lo que dicen y no se me olvida. El mío de la pierna sí


se opera, pero antes le están dando radiaciones de las buenas, para convertir las células malas en “mutantes” y luego operarlo. Bueno, ¿te toca pasar a la prueba o no? - No, si no me voy a hacer ninguna prueba. Estaba paseando y creo que me he perdido por estos pasillos. Iba a preguntar cómo puedo volver a la habitación. - Ahora vendrá un celador a llevarme a mí. Si quieres puedes venir con nosotros. - De acuerdo, así no me perderé de nuevo. Al cabo de unos instantes, apareció un celador con una silla de ruedas, en la que sentó a Mario. Sara preguntó si podía ir con ellos, y ante la afirmación del sanitario, les acompañó a lo largo del pasillo de radiología, tomando uno de los ascensores que llevaban a las plantas de ingresos. Salieron en la planta 3: “Oncología Pediátrica”. -¿Quieres que te enseñe mi habitación? - Bueno, si se puede… - Claro. Las enfermeras y mis padres me dejan recibir visitas, aunque no vienen muchas. Llegaron a la habitación, donde se encontraba el padre de Mario. El niño presentó a Sara, y se sentó en la cama. - Ven, Sara. Siéntate aquí, que te voy a enseñar algo. Mientras la joven se acomodaba a los pies de la cama, Mario se acercó a su mesita de noche, abrió el cajón, y sacó un lote de tebeos. Saltó a su lado y le dijo: - Mira, éste es Iron Man, el Hombre de Hierro. ¿Ves? Tiene el cuerpo de metal, porque tuvo un accidente grave en el corazón, y se lo sustituyó él mismo por uno que fabricó y que le mantiene vivo. Es este disco brillante de aquí. También le controla la armadura, que es de hierro, ¿eh? - Sí, sí, ya veo – replicó Sara mientras observaba atentamente las páginas que iba pasando Mario. - Es un héroe. Lucha contra los malos. Yo también seré como el Hombre de Hierro. Cuando terminen de hacerme el tratamiento, tendré una pierna mutante que me servirá para derrotar a los que hagan el mal. ¿Sabías que los tratamientos que nos ponen nos dan poderes mutantes?. ¿Y tú, como quién quieres ser? - Pues no sé. No conozco muchos superhéroes. - A ver…. A ti te están poniendo “goteros mutantes”. Entonces, tú serás… – comenzó a pasar tebeos uno tras otro, deteniéndose en uno de ellos-. ¡Ya lo tengo!. Tú vas a ser Jean Grey. - ¿Y ésa quién es? - Aquí está: es la chica de la Patrulla X – mostró una página de uno de los comics. - ¿Y qué hace? - Es mutante, ya te lo he dicho. Tiene el poder de leer pensamientos y de mover cosas con la mente. Es la novia de Cíclope. Ademá, es muy guapa, mira. - Sí, la verdad es que es guapa – dijo interesada Sara mientras sujetaba una de las páginas en las que salía la mutante.


-

Tú vas a ser como ella. Cuando te cures, tendrás sus poderes. Ya verás – sentenció Mario a la vez que llevaba dos dedos juntos a su frente y, despacio, los alejaba, desplazándolos hacia la frente de Sara.

Sara y Mario coincidieron algunos días más en el hospital. Las fantasías del niño hicieron que la chica olvidase sus problemas, y que aquellas jornadas encerrada y medicada pasasen más agradablemente. Además, como ella siempre decía: “le sirvieron para sacar un Máster en superhéroes”. Habían pasado 14 meses desde que Sara salió del hospital tras el último ciclo de quimioterapia. Tenía cita para una revisión. Como siempre que acudía a estas citas se encontraba muy nerviosa, con el miedo lógico del paciente que espera una noticia positiva sobre la evolución de su enfermedad. Entró y saludó a la doctora como tantas otras veces. Las preguntas de rigor. La exploración habitual. Y los análisis. Los sempiternos análisis. A ver cómo han salido esta vez. - Están muy bien, Sara. Todo dentro de la normalidad. Nos vemos dentro de otros seis meses. Enhorabuena. La alegría inundó a la muchacha como las otras veces que iba a revisión. Salió de la consulta aliviada y se dirigió al ascensor para bajar a la puerta principal. - Jean, ¿eres tú?- oyó a su espalda-. ¡Jean!, ¡Jean Grey!. Sí, eres tú. Giró hacia donde venía la voz y vio a un hombre joven guiando una silla de ruedas en la que iba sentado un niño. -¿No te acuerdas de mí, Jean? – le preguntó el chaval. - ¡¿Mario?! - Bueno, Mario era antes. Ahora soy Iron Mario. - ¿Iron Mario? – rió Sara. - Claro, ya te dije que sería un superhéroe. ¿Cómo estás?. ¿Te has curado ya? - Bueno, de momento sí, estoy curada. Me lo acaba de decir la doctora, pero tengo que volver dentro de seis meses, para seguir las revisiones y que mis células de la sangre no vuelvan a “rebelarse”. Y ¿cómo estás tú?. ¿Te has curado también?. - Sí, ya te dije que me tenía que curar para ser como el Hombre de Hierro. Mira, ¿ves? Yo también tengo una pierna de hierro – y se levantó el pantalón de su pierna izquierda, mostrando un miembro ortopédico, ante el cuál Sara se sintió algo incómoda. - Mario… Ya te he dicho que no hagas eso, que a las personas tal vez no les guste…- dijo su padre, dándose cuenta del apuro de la joven. - Pero papá, si Jean ya es como yo. Los dos estamos curados y somos mutantes. Yo puedo vencer a los malos con mi pierna de hierro y Jean tendrá poderes mentales. ¿Verdad, Jean?. ¿Has usado ya tus poderes mentales? - Bueno, Mario. Realmente aún no he tenido opción de usarlos. - Vaya. Pues yo sí he usado mi pierna mutante. Mira, el otro día, en el cole, había un abusón que se estaba metiendo con Ufarte. Ufarte es el portero del equipo de fútbol de clase. Es un poco gordito, y por eso le ponen de portero. Pues fue uno de “C” y se metió con él y le estaba empujando.


Entonces yo, con mi pierna de hierro le sacudí un patadón en el culo que se fue corriendo. Ya no se mete con Ufarte. Ya soy un superhéroe - Me alegro, Mario. Ya veo que tu pierna mutante da buen resultado. Cuídala, que dentro de unos añitos tiene que servirte para meter goles. - Si ya los meto, aunque no puedo jugar todavía mucho tiempo, porque luego me duele un poco. Pero me han dicho que con la rehabilitación podré jugar mucho más. - Qué bien, Mario. Oye, a ver si otro día que vengas nos volvemos a ver y me cuentas más historias. Y tienes razón: eres todo un héroe. No lo sabes bien. Sara se inclinó sobre la silla y se despidió de él dándole un beso. Salió a la calle y cruzó para tomar el autobús en la parada que había enfrente de la puerta principal del centro sanitario. Mientras esperaba, no hacía más que recordar el encuentro que acababa de tener. ¡Menudo elemento el superhéroe!. Y qué razón tenía: se necesita ser un héroe para aguantar todo lo que él había debido aguantar. Qué bien lo sabía por experiencia propia. Ensimismada estaba en estos pensamientos cuando, de repente, sin saber el porqué, sintió algo extraño. Una sensación rara. Una sensación de que iba a pasar algo. Levantó la mirada y vio el autobús acercándose a la parada. Al mismo tiempo, una mujer con un carrito de bebé se disponía a cruzar la calle, pero un camión mal aparcado los tapaba, y no permitía que el conductor del autobús se percatase de que estaban cruzando. En una fracción de segundo, Sara salió corriendo y se abalanzó sobre la mujer deteniéndola. El transporte pasó delante del carrito al tiempo que la mujer soltaba un grito. - ¿Está bien?- preguntó Sara. - Sí, sí. Gracias. No lo había visto. Nos ha salvado, muchas gracias. - De nada, señora. Tenga cuidado, por favor. Sara volvió a la parada, intentando recuperar el resuello, y de nuevo sintió la sensación extraña. Esta vez miró hacia la puerta del hospital. Por ella salían caminando Mario y su padre. El niño, que la había visto, sonrió y alzó su brazo saludando. Sara respondió igualmente. Mario se tocó la frente con dos dedos y los lanzó imaginariamente hacia Sara; luego desapareció caminando con su padre. Perpleja, Sara se tocó también la frente, y se quedó pensando sin tener todavía muy claro qué era lo que había pasado. José Luís Monroy, Alzira


SENZILLAMENT VIURE A dia de hui, encara recorde l’angoixa que em van produir les paraules de l’oncòleg. Volia trobar un altra eixida desesperadament i no ho aconseguia. Com era possible que no em pautaren un altre tractament? Desprès de totes les sensacions que havia experimentat al llarg d’aquests últims mesos, pensava que l’ansietat no tornaria dins de mi, però estava equivocada. Mirava al meu marit, i només amb els ulls sabia que estava demanant-li ajuda. A la ment es barallaven els pensaments, el meu fill, el meu marit, la família, els amics de veritat, no els podia fallar tan prompte, només tinc 34 anys i molts projectes per a realitzar. Aquell dia, abans d’entrar a la consulta em vaig creuar amb els pares de la meua amiga Lorena. Per a Mª Carmen era el tercer degotador que li posaven i em va dir : -No tingues por, cada persona respon diferent i està tot molt avançat. Em va alegrar molt veure’ls i l’aspecte d’ella era molt bo i estava molt contenta perquè Lorena estava de viatge a Noruega amb el seu marit i Aïna, la xiqueta dels seus ulls que li feia oblidar totes les penes. Passà un mes i dies de l’operació de mama i arribà el dia del primer degotador, dimarts 9 d’agost de 2011, no me s’oblidarà aquesta data. Vaig passar bona nit, no estava gens nerviosa, era com si digueres “que siga el que Déu vullga”. Vaig seure a la butaca per a què em tragueren sang i em deixaren la via posada i tot seguit me’n vaig anar per una botella d’aigua i a esperar a que estiguera l’anàlisi. Va eixir a la sala d’espera la meua cosina Elisa i em digué : Anem que ja està!!. Vaig apartar els cabells de l’esquena i vaig seure còmodament al silló. Era estrany però no estava nerviosa, tal volta perquè Elisa em transmetia tranquil·litat. El degotador hui me’l posaria a espai per si tinguera alguna reacció al·lèrgica. A la sala on em trobava, huit sillons ocupats per gent de diversa edat, jo la més jove, però el que em va causar una impressió molt gratificant era que quan la meua mirada coincidia amb un altra la resposta era un somriure amigable, com de benvinguda. Aquesta sala té el privilegi d’estar el control d’infermeria, la qual cosa et fa estar més tranquil·la. Al finalitzar la sessió de quimioteràpia vaig pensar: encara com he estat com si res perquè m’imaginava un infern i no ha estat així. A l’endemà va vindre la meua cunyada Adriana a posar-me la vacuna subcutània de les defenses que s’ha de posar desprès de cada degotador i no em va fer gens de mal, és un solet. Els darrers dies han anat molt bé llevat que a la nit he estat alçant-me a orinar moltes vegades. Però sabeu el millor?, agonies ni una!!. No podia prendre el sol i mon pare comprà una carpa per a poder estar al costat de la piscina mentre estaven tots nadant. Quan el sol ja no cremava em refrescava un poquet però de cintura cap avall per a no mullar les cicatrius encara recents. Dissabte era la cursa del poble i vam baixar perquè sóc una gran aficionada a l’atletisme. Vaig gaudir molt com a espectadora perquè a les camisetes que duien el meu marit, el meu germà, el meu cosí i els meus amics estava la meua foto de l’última cursa a la que vaig participar abans de l’operació. Per a rematar la faena el meu cosí Alfonso em va dedicar el


trofeu de primer local. Aquest dia va ser meravellós, sentia el calor i l’apreci dels meus i em trobava molt bé físicament, sense malestar . El dia va ser calorós però em vaig deixar els cabells solts, volia aprofitar de tindre’ls encara llargs. El que menys em preocupava era la caiguda dels cabells i això que els duia llargs i rulls naturals, però sabeu què, així ja m’he decidit a canviar d’estil i els cabells creixen!!. El 17 d’agost Elena em tallà els cabells per guardar-me els flocs i n’hi havia una dona que a la primera tisorada deixà de mirar-me per l’espill i es girà de sobte cap a mi i seguidament al floc que m’acabava de tallar i em va dir: -Com de bonics tens els cabells!! Estàs segura de tallar-te’ls?. Jo amb un somriure li vaig contestar que ja era hora de canviar de look, però no li va convèncer la meua contestació, però tampoc li tenia que donar explicacions, no la coneixia!!. En temporada d’estiu hi ha moltes festes als pobles del voltant, per la qual cosa curses a peu totes les setmanes. El 26 d’agost era la de Manuel, poble situat prop del meu xalet a Xàtiva i el meu fill guanyà la cursa de 3 anys, imagineuvos la satisfacció com a mare d’aquest fet i sobretot del xiquet. El meu nebot Carlos de 7 anys també quedà en segona posició de la seua categoria i només de veure’ls et transmetien felicitat amb els seus trofeus. La camiseta amb la meua foto a passat a ser l’equipatge de les curses de Sebas, Salva, Alfonso, Salvador, MªJosé, Dan…tots col·laborant amb la meua lluita contra aquesta malaltia i això és de agrair perquè és una tasca de treball en equip com al món de l’esport que és la meua passió. Aquest mateix dia començà la tardor als meus cabells, sobretot per la grenya i em vaig posar un mocador ample com a turbant i estava molt afavorida. La setmana del degotador procurava estar tranquil·leta, i com estàvem tots junts al xalet encara més, perquè estava amb la família i tenien cura de mi, i el meu fill feliç. La resta de setmanes eixia amb el meu marit a fer la ruta de senderisme de La Font Amarga-Les Salines i ja em picava el cuquet de començar a córrer un altra vegada. I va ser així, perquè tornant de caminar en direcció al xalet li vaig dir a Sebas: -Tinc ganes de córrer!!. No havia acabat de dir-ho i ja estava trotant. Quina sensació més bona!!. Era com si deixara tots els maldecaps i només respirara llibertat. M’havia lliurat d’eixes cadenes que no em deixaven disfrutar del que més m’agradava. Havia corregut com una campiona 4 km sense aturar-me, ahí queda això!!. Arran d’eixe dia eixia de seguit a caminar i a banda un dia a la setmana a córrer 4 km. Voler és poder i psicològicament l’exercici t’ajuda a suportar-ho tot millor. Jo sempre ho he dit, el sol li guanya a la tempesta i tot passarà com si fos un somni i després et donaràs compte de com de valenta pots arribar a ser i no ho sabies. Des de primer hora he tingut els pensaments positius, no cal tenir-los negatius perquè et fan perdre temps i forces per a lluitar i gaudir amb els teus.


Dimarts 30 d’agost em tocava el segon degotador, aquesta vegada va ser més ràpid perquè no em donava cap reacció al·lèrgica. Per la nit, el meu germà Jose em passà la maquineta al zero i com no? com a espectador tenia al meu fill que no parava de xarrar i fer raonaments d’aquest fet: -- Mama, ara correràs més de pressa!!. Igual que el tio Ivan per la muntanya!!. A l’endemà vam anar a Novetlé a la processó de la Verge que té nombrosa participació de joves i és molt emotiva. Ens quedàrem a sopar a casa de les ties de la meua cunyada Cristina i vam estar molt a gust i els xiquets s’ho passaren millor jugant al carrer. Aquest dia el meu fill volia ensenyar-los a tots la rapada que m’havia pegat al cap, tenia comboi d’alçar-me el mocador i el barret per a què vegeren tots com de guapa estava la seua mama. La veritat és que a mi també m’agradava el cap rapat, a més a més perquè començava el cuir cabellut a fer-me un poc de mal per la pèrdua de cabell i la veritat que em trobava favorida. No va causar cap impacte a ningú de casa, em miraven als ulls quan parlaven amb mi i no al cap, continuava sent la mateixa, el cabells són un accessori del cos humà. M’havien abillat de mocadors, més gorres de les que ja tenia d’esport i tot gràcies a ma mare Mila, als meus germans Juancar i Jose, les meues cunyades Adriana i Cristina, la meua cosina Mònica, la meua amiga Imma i sa mare Vicen i Mª Carmen que és amiga de ma mare . Tinc una col·lecció per a no repetir cap dia de la setmana!!!. La veritat és que de moment em trobava molt bé física i psíquicament, tenia l’ajuda dels meus ara que ho necessitava, només volia eixir endavant sense obstacles. El 8 de setembre era el primer dia de col·legi del meu fill i clar no hi vaig faltar, com tampoc faltaren les mirades indiscretes, però com ja sabeu, als pobles això és normal i de vegades per ignorància n’hi han molts doctorats en medicina que parlen sense por de la malaltia i el que no saben s’ho inventen i no pensen en el mal que poden fer. Per a ser metge fan falta estudis i no imaginació, ha quedat clar no?. Necessitava dir-ho perquè tinc família i sentiments, sóc persona encara que m’haja sorgit aquest imprevist al meu pas per la vida, i comentaris ficticis sobren. Els companys del meu fill no em miraven de manera estranya, perquè em veien tres vegades a la setmana amb gorra i vestida d’esport per anar a córrer, la qual cosa m’ha vingut molt bé. Gràcies al meu germà Jose, el pilot de motociclisme Valentino Rossi mitjançant Salva, m’ha fet arribar la seua nova gorra i això diu molt d’una persona, m’ha encantat. Treballe a València però estic d’excedència des que finalitzà la meua baixa maternal. He volgut disfrutar dels primers anys de la vida del meu fill què al mes de maig complirà quatre anys, per la qual cosa he d’incorporar-me a la feina. Als companys de treball els he comunicat la meua malaltia quan duia tres sessions de quimioteràpia perquè no era una notícia agradable i els ha impactat atès que sóc una persona d’hàbits saludables i esportista. En aquesta malaltia i en moltes més dóna igual aquests factors, si han de aparèixer, apareixen. La resta de sessions de quimio m’han anat molt bé i el temps m’ha passat com un llamp perquè he estat ocupada i en un estat físic molt bo. El 22 de novembre hem tocava el sext degotador, i… quina sorpresa! era l’últim i jo no ho sabia. No podia ser millor dia per a finalitzar el tractament perquè era


Santa Cecília, la patrona dels músics i molt bon músic havia sigut el meu avi Pepe que tocava el clarinet requinto. De segur que des de dalt estava fent força per a què li anara tot bé a la seua néta i això que no el vaig arribar a conèixer. No descarte la idea d’ensenyar-me a tocar el clarinet, em faria molt de goig. He tingut temps per a pensar moltes coses i per a valorar-ne d’altres que mentre estàs bé i no depens de ningú no et venen ni al cap. Ara mateix, per a mi la vida és un regal, encara què no me l’han embolicada amb un llaç. El 14 de gener vaig córrer la meua primera cursa d’aquest any a Canals amb la meua cunyada Cristina i César. Va ser molt gratificant en tots els aspectes perquè era una San Silvestre, es a dir, anaven tots disfressats i vaig passar desapercebuda amb el mocador i la gorra, i també recollien amb una vidriola a la taula dels dorsals donatius per a la investigació del càncer. Només eren 5 km, però vaig quedar a la posició nou de dones que ja està molt bé perquè només volia acabar-la sense cap problema i a més a més vaig entrar a la meta amb el meu fill. Ens vam quedar a sopar perquè eren les festes de Sant Antoni i vam anar a la fira medieval i a veure la foguera que té molt de mèrit la forma d’estar muntada tan perfecta. Cada dia puc veure la llum del sol, la meua lluita front aquesta malaltia va per bon camí. Només vull arribar al zenit. “SENZILLAMENT VIURE”. Vanessa Franco Martí, Vilanova de Castelló


LA MIRADA DE MARIA Cinc de febrer, Santa Àgata, sempre recorde les dates com ho feia mon pare. Agricultor de tota La vida, el seu calendari funcionava pels sants i no per les xifres. Un dia de Santa Ágata, como avui, ja fa cinc anys, em va telefonar La meua amiga de tota la vida, Maria –vull parlar amb tu- no va aferir res més, però el seu to de veu detonava un no sé què d’intranquil·litat. Un pressentiment terrible i fosc em va venir al cap. Era un dia d’hivern, gris, amb un vent gelat com la mort, ningú no es veia pel carrer. La vaig trobar asseguda a la cafeteria de la plaça, només estava ella, tota sola, vestida amb un abric obscur, amb el coll alçat i passat fins a dalt, amb una tassa buida de cafè al devant i una cigarreta a mig acabar a la boca –esta merda m’està matant- va dir, donà una última calada profunda i tirà el fum lentament, assaborint el tabac amb plaer, després l’apagà fortament contra el cendrer, amb ràbia. –aquest és l’últim de la meua vida- va afegir devant la meua incredulitat. Durant una llarga estona no va parlar, mantenia la mirada fixa en un punt llunyà, era com si vera un objectiu, clar i previsible. Sense mirar-me em va dir: Tinc càncer, em van a operar d’ací a uns dies, necessite que estigues amb mi, ja saps, el meu home treballa fora i no em puc permetre el luxe que deixe el treball, i els xiquets encara són menuts-. Una tremolor em va recórrer de dalt a baix, al meu cap va venir el record de sa mare, jove, al llit amb dolors inhumans fins el darrer dia i després la meua amiga, sola, sense mare, cuidant d’un pare cadàver en vida. La meua boca no podia expressar els meus sentiments. Maria ho feu per mi: -No en digues res, no cal que em dones ànims, ni que digues coses que no sents, sols et demane que estigues amb mi-. Es clar que anava a estar amb ella, era la millor amiga que tenia, en ella vaig trobar la germana que mai vaig tindre, la mare que em deixà fa ja molts anys, la companya d’escola, la confident dels meus primers amors i dels meus problemes d’adulta. En aquest mon, tot arriba, tard o d’hora. El dia de l’operació, la mirada penetrant, indescriptible, fixa en un punt llunyà, seguia en els ulls de la meua amiga. Què mirava, què passava pel seu cap? Por al dolor, a la mort, a perdreho tot? O ganes de passar la pitjor pàgina de la seua vida? No ho sabia. Acabada l’operació el metge ens va dir que tot havia eixit bé, que hi tenia moltes esperances. Què m’anava a dir? Vaig pensar. Què tot s’anava a acabar d’una forma terrible i fatal alhora? Les coses dites amb tacte sempre són millor, vaig pensar.


Al cap de poc de temps sonà la seua véu a l’altra banda del telèfon: -Sóc Maria, vaig a començar el tractament. M’acompanyaràs?- Aní, possiblement seria l’última cosa que podria fer per Maria. Ens feren entrar en una sala amb molta llum, amb vistes a la muntanya, als arbres, a la vida, algunes televisions parlaven em veu baixa, l’ambient era diferent a qualsevol sala d’hospital, es respirava calma i tranquil·litat, veritablement allò no semblava un hospital. La infermera ens va fer passar al fons: -És la primera volta que vens? No tens res a temer, ací tots saben com et sents.- li va dir molt amablement. Maria va assentir i va fer el que li manaven. Seguia amb la seua mirada fixa, penetrant, sense badar boca. Vaig intentar parlar amb ella, la seua boca, però sols emetia monosíl·labs, impossible mantenir una conversa. Asseguda al seu costat sols podia observar les cares de la gent que allí hi havia. Aquella dona mirava el televisor amb atenció, el xicon aquell, sense pel al cap, raonava alegrement amb la xica que l’acompanyava, el xiquet amb pijama blau llegia absent un còmic, tal volta no estaven tan malalts com jo pensava, tal volta acceptaven la malaltia sense por, mirant-la a la cara, com s’ha de mirar a la mort o simplement sabien que el temps és més o menys llarg però a la fi sempre és finit per als mortals. Agafa’m, va dir a l’eixida de l’hospital, estic marejada, no puc moure’m. Les cames no li responien, esperarem recolzades en la barana de l’aparcament, sense parlar, prenent el sol fred de l’hivern, deixant córrer els pensaments. Vaig recordar el que va ser la nostra amistat, el que haguera pogut ser i no va ser, els moments bons i els no tan bons, però sempre per damunt de tot l’amistat mútua entre les dos, la necessitat l’una de l’altra. La tornada a casa no va ser millor. Angúnies, vòmits, marejos, tot junt, tot era complicat, nou per a mi, nou per a ella, terrible per a les dos. Carreres al metge de família, a la farmàcia, res no pareixia calmar-la. Però la mirada fixa, enigmàtica, en eixos ulls obscurs, tan bonics abans i ara enfonsats en una cara prima, desfigurada pel dolor, no desapareixia. Al fons dels seus ulls lluïa una claredat insospitada, una llum de saber, no sabia si de saber o de saber el que anava a passar. La vida d’un malalt ha de ser dura, molt dura quan la mort es passeja per la teua porta, però més dur ha de ser saber que tens una família que et necessita, que no pots abandonar els fills menuts, el marit. Com li expliques a uns xiquets el què és una malaltia, què és la mort, que li pot passar a sa maré, eixa mare que necessiten a cada moment i que ara no es pot ni moure’s per a acaronarlos. Però la mare està, pot estar mal, pot estar a la vora de la mort, però no deixa de ser mare, i acarona els fills, els dóna tot allò que una mare pot donar


als seus fills, i sobretot dóna amor i força per a seguir endavant, eixa energia que necessita un arbre jove per a créixer i donar fruit. En aquells grisos dies sols recorde la meua amiga atenent els seus fills quan venien de l’escola, fent els deures, rient les seues alegries i compartint els seus maldecaps, com si a ella no li passara res, era l’únic moment del dia que perdia aquella mirada freda, fixa en un objectiu invisible per a mi. Quan veia el meu home, a casa, pensava com seria la vida del seu marit, tan lluny com estava, sol, sense poder-la ajudar, sense poder fer-ne res, nomes esperar, esperar què? Tal volta, per a um ser estimat, esperar sense poder ferne res és la tortura més mala de suportar. Al principi la teràpia es feia llarga, després del tractament venien els dies mals. Apareixia aquell color estrany en la seua cara esquelètica de menjar poc i a desgana, de perbocar tot el que menjava. Però el temps anava passant i els metges aconseguiren el que pareixia impossible, que aquell tractament maleït no tinguera uns efectes tan espantosos per a aquell cos cada dia més fràgil. Recuperà un poc la força, la suficient per a fer front a les seues atencions als fills. Pareixia que el sol començava a escalfar, la primavera estava arribant i amb ella tornava la vida, alegre, aliena a les realitats dels simples mortals. Com tot en esta vida, tot passa i no hi ha res per sempre etern, i van arribar les proves definitives, més tractament o vida normal, més dolor, més sofriment o un futur ple d’esperança. Aquella nit no vaig dormir, jo que tenia la vida per davant, que no em feia mal res, que allargava la mà i tocava el meu marit, jo em preocupava ? Què pensaria Maria. Què passaria pel seu cap, dormiria? No ho he sabut mai, tal volta sentia allò que senten els condemnats a mort la darrera nit. Què senten? Sols ells ho saben i amb la seua vida se’n va eixe saber. Aquell dia no vaig poder conduir, no podia dominar el meu cos, el meu home ens hagué de dur, estava nerviosa, però en la seua cara, en els seus ulls, no desapareixia aquella mirada, ningú no ho sabia, sols ho sabia ella, i jo sabia que ho tenia clar, molt clar i que jo ho sabria molt prompte, que davant d’ella seguia aquell objectiu invisible, impossible de veure per a un altre que no fos ella. Altra bata blanca, sempre bates blanques, blanques d’esperança pensava, o això volia pensar, no ho sé. Ens varem asseure davant del metge, amb les cames tremoloses. Una mirada dura, escrutadora, es fixà amb la pantalla de l’ordinador, però aquell semblant anava canviant conforme anava llegint les proves, al cap d’un minut, el minut més llarg de la meua vida, es girà cap a Maria: -T’espere dins de sis mesos per a fer-te unes proves rutinàries, estàs


curada, pots continuar amb la teua vida d’abans, i sobretot no fumes més-. En aquell moment la mirada de la meua amiga va canviar, els ulls els tenia humits, lluents d’alegria, alegria infinita, d’eixa que no et deixa plorar, ni respirar, que ho envaeix tota mb una riuada. En aquell moment vaig saber que l’objectiu invisible de la mirada de Maria estava aconseguit. Ara tenia clar què volia dir aquella mirada, què hi havia darrere d’aquells ulls, hi havia un objectiu clar: vèncer aquella maleïda malaltia i encarar la vida sense por. Ja han passat cinc anys, i la vida de Maria ha canviat certament, segueix amb les seues revisions cada sis mesos, ninguna novetat, però el seu home ha canviat de treball, ara treballa al costat de casa, els seus fills adolescents ja no necessiten as mare per fer els deures, però els atén amb més amor que mai. No fuma, fa esport i du una vida dedicada a viure. Després d’allò sols m’ha comentat una vegada els seus pensaments durant aquells terribles mesos. Sols tenia una obsessió: que els seus fills no es quedaren sense mare, que no passaren pel que ella havia passat, i que quan acabara allò intentaria gaudir cada dia de la resta de la seua vida com si fos l’últim. I acabà donant-me un consell: “aprofita cada moment de la teua vida, no saps si pot ser l’últim”.

Cristina Garcés Carrasco, Benifaió

Goteros de esperanza  

Relatos ganadores del I Concurso de Relato Breve sobre Cáncer "Goteros de esperanza" del Hospital Universitario de La Ribera