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josé del rey fajardo, s.j.

Los jesuitas en Honda, 1634-1767 T omo I

Profesor titular de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas. Doctor en Letras de la Universidad de Los Andes (Mérida) y en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Académico de número (Sillón S) de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Miembro correspondiente de las academias Colombiana de Historia, de la Boyacense de Historia y de la de Cartagena. Rector fundador de la Universidad Católica del Táchira (Venezuela). Desde 1992 miembro del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Ciencia y Tecnología en su máximo nivel y emérito desde el año 2007. Doctor honoris causa por las universidades de Los Andes (Mérida), Zulia (Maracaibo), Rómulo Gallegos (San Juan de Los Morros) y Cecilio Acosta (Maracaibo). Su bibliografía histórica contiene 55 libros. En la actualidad se desempeña como presidente del Consejo Superior de la Universidad Valle del Momboy (Valera, Estado Trujillo).

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entre el esplendor y las cenizas

José Del Rey Fajardo, S.J.

Los jesuitas en Honda, 1634-1767

Los jesuitas en Honda, 1634-1767. Entre el esplendor y las cenizas, obra que hoy presentamos al lector colombiano, consta de tres libros, escritos los dos primeros por el P. José del Rey Fajardo y el tercero por Felipe González Mora. El primer libro estudia con detenimiento el “Orden de Estudios de la Compañía Jesús”, que tenía como fin capacitar a sus alumnos para desenvolverse en la futura vida universitaria. Allí se recogen la legislación, el pensum, los métodos de enseñanza así como los ejercicios escolares, que finalizaban con el dominio de la palabra y el erudito uso de la retórica. El libro segundo muestra por qué el curato, la residencia y el colegio jesuíticos adquieren una importancia capital al contribuir a la consolidación de unos valores sobre los que se construyó el edificio ideal de la ciudad y, en definitiva, el sello moral que fue capaz de grabarse en la conciencia de sus hombres. El libro tercero, “Los edificios del colegio de la Compañía de Jesús en Honda (1628-1767)”, reconoce el papel de los jesuitas como agentes urbanos de importancia en el desarrollo espacial del puerto de Honda. En este sentido, se estudian los edificios que formaron el conjunto contextual en la villa de San Bartolomé de Honda, dando cuenta del marco espacial y jesuítico de la villa, mostrando sus aspectos sociales, económicos, urbanos y arquitectónicos, así como el arribo definitivo de los jesuitas al importante puerto sobre el río Magdalena.

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Imagen de cubierta: Curso del río Magdalena, Puerto de Nare y Río Nus. Mapoteca: SMP.4, REF.203A. Sección Mapas y Planos. Archivo General de la Nación de Colombia.

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Los jesuitas en Honda, 1634-1767 Entre el esplendor y las cenizas Tomo I

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Secretaría General

Reservados todos los derechos

Corrección de estilo:

© Pontificia Universidad Javeriana

Francisco Díaz-Granados

© José del Rey Fajardo, S. J.

Diseño y diagramación:

Primera edición: Bogotá, D. C. octubre de 2017 ISBN: 978-958-781-122-3 Número de ejemplares: 200 Impreso y hecho en Colombia

Isabel Sandoval Impresión:

Javegraf Imagen de cubierta:

Curso del río Magdalena, Puerto de Nare

Printed and made in Colombia

y Río Nus. Mapoteca: SMP.4, REF.203A.

Editorial Pontificia Universidad Javeriana

General de la Nación de Colombia

Sección Mapas y Planos. Archivo

Carrera 7. a n. o 37-25, oficina 1301 Edificio Lutaima Teléfono: 3208320 ext. 4752 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co Bogotá, D. C.

Pontificia Universidad Javeriana | vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Rey Fajardo, José del, S.J., 1934-, autor Los jesuitas en Honda, 1634-1767: entre el esplendor y las cenizas / José Del Rey Fajardo, S. J., Felipe González Mora. -- Primera edición. -- Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2017.

2 volúmenes; 24 cm Incluye referencias bibliográficas. ISBN: 978-958-781-122-3

1. JESUITAS EN HONDA (TOLIMA, COLOMBIA). 2. JESUITAS – HISTORIA - HONDA (TOLIMA, COLOMBIA). 3. HONDA (TOLIMA, COLOMBIA)- HISTORIA ECLESIÁSTICA. 4. ÓRDENES RELIGIOSAS – HISTORIA. 5. ARQUITECTURA RELIGIOSA – HISTORIA. I. González Mora, Felipe, autor. II. Pontificia Universidad Javeriana. CDD 271.53086136 edición 21 Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J. inp.

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Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Contenido

Introducción

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li b r o i Orden de Estudios de la Compañía Jesús Capítulo I Las fuentes del sistema educativo jesuítico 1. Filosofía educativa 2. Ratio Studiorum 3. Los hombres 4. Los alumnos 5. La documentación fundacional 6. La vida cotidiana 7. La economía 8. La formación integral 9. La visión historiográfica 10. La expulsión Capítulo II El pensamiento educativo jesuítico y su evolución 1. La Ratio Studiorum 2. La implantación de la Ratio Studiorum en el Nuevo Reino 3. Movimientos renovadores de las humanidades en España y su influjo en América Capítulo III La formación integral 1. La formación integral 2. La nobleza de espíritu 3. Vida política, crianza y civilidad 4. La formación religiosa

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Capítulo IV Los métodos de enseñanza y su didáctica 1. Los métodos de enseñanza jesuíticos 2. Método didáctico de la Ratio Studiorum 3. La Prelección 4. La media gramática 5. La suprema gramática 6. La retórica

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Introducción

La biografía del gran río de la Magdalena define una buena parte de la historia de Colombia, pues se erigió en uno de los componentes vitales que generaron una gran transformación de esos difíciles espacios que se extienden entre la barbarie y la civilización. Por ello, al hablar de esta gran arteria fluvial, guardando las debidas distancias, podemos equipararla al Mediterráneo europeo. Por ello podríamos definirlo como el Flumen nostrum, así como el Mediterráneo fue el Mare nostrum. Casi todos los movimientos económicos, culturales, sociales y políticos del Nuevo Reino de Granada tuvieron que transitar ese enigmático río, lleno también de peligros, asaltos, bandidaje y secuestros. Durante muchos años los viajeros navegaron con la mirada inquieta y el corazón alerta de quien transita por una tierra extraña y bajo un cielo hostil. Mas para el salto a la civilidad y a la ordenada vida social surgieron pronto dos ciudades que se encargarían de generar todos los elementos del Estado moderno, a fin de que el progreso abriera horizontes de futuro. Una fue Mompox, cuya exuberante biografía testifica que fue un lugar de encuentro para las ricas provincias serranas que soñaban con grandeza económica y social, ya que sus habitantes se sentían más seguros allí que en la perla del Caribe, tentación eterna de piratas, corsarios y filibusteros. Y no podía ser menos, pues allí se dieron cita el negocio y la audacia, los estamentos sociales y sus formas de vida, el contrabando y la prosperidad, blancos, negros y mestizos que buscaban una vida mejor, altos principios y baja moral, riqueza y pobreza…, en fin, era una copia de lo que hemos denominado la “Cartagena fluvial”1.

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José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los jesuitas en Mompox 1643-1767. Añoranzas de un pasado cultural (Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 2013), 13.

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Por su parte, la villa de Honda también gozaba de sus características especiales, como lo demuestran los rasgos que definían dicha población en 1620. El primero resalta su posición estratégica, pues “es el puerto de toda la embarcación de este Río grande de la Magdalena, que se navega hasta Mompox, y de allí a la Barranca, cerca del Océano”2. En segundo lugar, su privilegiada ubicación generaba la realidad de una sociedad de aluvión y caracterizada por el desarraigo y la transitoriedad, hecho que dificultaba la cohesión social. La estructura social se definía en 1623 de la siguiente manera. Por una parte, los “pasajeros” debían realizar una parada obligada, para dirigirse bien hacia Bogotá y el altiplano, bien hacia las tierras de Antioquia, bien hacia Popayán y Quito, y, como es natural, igual pasaba a los que regresaban camino de Cartagena y Europa. En una segunda categoría podríamos señalar a los “temporeros”, como eran “los morenos bogadores y labradores de las estancias que pertenecen a él [y] serán al pie de quinientos”. A ellos habría que añadir “otras cuatrocientas almas de indios e indias, y otro tercio de gente de españoles y mestizos, señores de las canoas y mayordomos, y otra variedad de oficiales”. Pero, a la hora de percibir una visión global, habría que anexar las pesquerías de Purnio, “de donde se provee de pescado todo el Reino [y] habrá en ellas la mayor parte del año mil y quinientas personas entre pescadores y estancieros los cuales también pertenecen a esta doctrina”3. Todo ello nos lleva a presumir que los ignacianos pronto entendieron el valor estratégico que en el Flumen nostrum representaban dos ciudades que dieron sentido a esa gran empresa que enriqueció al Nuevo Reino de Granada: Mompox y Honda, la primera como el puerto fluvial de Cartagena de Indias y la segunda el puerto fluvial de Santafé de Bogotá. De igual forma, los seguidores de Ignacio de Loyola entendieron desde sus inicios que una nación es una cultura, realizada en la historia, asumida como conciencia común, vivida como tradición y ejercida como empresa. Y a ello añadían la educación, porque a las reformas económicas propuestas por aquellos hombres hay que añadir su tarea de moralización, de regeneración política, de vertebración de la ciudadanía, y su voluntad de generar un Nuevo Reino de Granada abierto a los horizontes del progreso y no a los caminos de la decadencia. En síntesis, se dedicaron a educar a la juventud a través del colegio y a predicar las reglas de la moralidad, tanto en las lecciones sacras de la 2

Sebastián Hazañero, Letras Anvas de la Compañía de Iesvs de la Provincia del Nuevo Reyno de Granada. Desde el año de mil y seyscientos y treinta y ocho, hasta el año de mil y seys cientos y quarenta y tres (Zaragoza, 1645), 144.

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Archivo de la Real Academia de la Historia de Madrid, Anua de la Provincia del Nuevo Reyno de Granada del año [16]19, 20 y 21, t. 129, fol. 275.

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introducción

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Iglesia como en las denominadas “misiones circulares”. Así demostraban su esperanza en un proyecto legítimo de vida común que se manifestaba en un mensaje empeñado en provocar la movilización del pueblo en construir una ciudad digna de la actitud que exigían los tiempos nuevos. * * * La estructura de la obra que hoy presentamos al lector colombiano consta de tres libros, escritos los dos primeros por el P. José del Rey Fajardo y el tercero por Felipe González Mora. El libro I estudia con detenimiento el “Orden de Estudios de la Compañía Jesús”, que tenía como fin capacitar a sus alumnos para desenvolverse con soltura en la futura vida universitaria. Allí se recoge la legislación, el pensum, los métodos de enseñanza, así como los ejercicios escolares, que finalizaban con el dominio de la palabra y el erudito uso de la retórica. El libro II, “El curato, la residencia y el colegio”, adquiere una importancia capital, a pesar de su complejidad, pues todo el conjunto de obras luchó en la construcción de una idea vital de sí misma, es decir, el conjunto de valores sobre los que se edifica el edificio ideal de la ciudad y, en definitiva, el sello moral que es capaz de grabarse en la conciencia de sus hombres. La Residencia se inició en 1620, y en 1625 tuvieron los jesuitas que admitir el curato de Honda (expresamente prohibido por la legislación de la Compañía de Jesús), con su proyección sobre las minas de Santa Ana y de Las Lajas. Pero sería el Colegio el arma educacional para las juventudes hondenses con sus profesores de gramática y humanidades y los de primeras letras. También se hace un recuento de los rectores de la entidad educativa, así como la gestión de sus haciendas, para poder mantener la gratuidad de la enseñanza. Finalmente, incluimos la Biblioteca, que siempre es un punto de consideración importante a la hora de evaluar la cultura de un pueblo. El libro III, “Los edificios del colegio de la Compañía de Jesús en Honda (1628-1767)”, reconoce el papel de los jesuitas como agentes urbanos de importancia en el desarrollo espacial del puerto de Honda. En este sentido, se aborda el estudio de los edificios que formaron el conjunto jesuítico en la villa de San Bartolomé de Honda, dando cuenta del marco espacial y jesuítico de la villa, evidenciando sus aspectos sociales, económicos, urbanos y arquitectónicos, así como el arribo definitivo de los jesuitas al importante puerto sobre el río Magdalena. De manera clara, se relacionan los primeros templos de la villa, la capilla existente cubierta de paja y el primer templo cubierto de teja; el templo del Alto del Rosario y su relación con los jesuitas; las refacciones en los templos construidos y el primer edificio propuesto para establecer el hospital de Honda.

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En 1746, el colegio de Honda fue trasladado desde su lugar inicial a un nuevo solar localizado a orillas del río Gualí, por lo que se detalla el traslado y características del nuevo solar jesuítico. Se trata igualmente la presencia en Honda del Hermano Lorenzo Köninck –quien estaba trabajando en las obras del templo del colegio de Cartagena de Indias– y su participación en el proyecto de un puente sobre el Gualí en 1750; la adquisición de los antiguos edificios jesuíticos para formalizar el hospital de la villa y la construcción del templo del Sagrado Corazón de Jesús durante el periodo 1746-1767. Se incluye un estudio sobre los planos documentales existentes en la Mapoteca 4 del Archivo General de la Nación de Bogotá, donde se consignan los templos jesuíticos existentes en la villa en 1737 y un plano de 1776 donde se ilustra el templo jesuítico convertido en destilería. Gracias al inventario realizado en 1767, se relacionan las posesiones del colegio hondense representadas en sus edificios principales del colegio y templo, tejar, casas, solares, tierras y esclavos. Como ha sido costumbre en las publicaciones anteriores de los colegios jesuíticos coloniales, se consignan las propiedades rurales o haciendas anexadas al colegio de Honda, con su localización, características arquitectónicas y vocación económica. Después de la expulsión de la Compañía de Jesús de la villa de Honda en 1767, se da cuenta de lo sucedido con los edificios del antiguo y nuevo colegio y se detalla la particular intervención arquitectónica realizada al templo jesuítico para su adecuación al uso industrial y su transformación en real fábrica de aguardiente de caña durante el periodo 1776-1779, por orden del virrey del Nuevo Reino Pedro Messía de la Cerda. Por último, viene la relación de los sucesos del terremoto de Honda de 1805 y la destrucción la mayoría de los edificios conventuales y casas del núcleo urbano, haciendo énfasis en los daños sufridos en el antiguo templo jesuítico convertido en destilería por parte de la Real Hacienda. Concluimos el texto con información sobre los edificios que sucesivamente ocuparon el antiguo solar del colegio de los jesuitas en la villa de Honda y sus posteriores afectaciones por las crecientes del río Gualí en años recientes.

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libro i Orden de Estudios de la Compañía Jesús

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Capítulo I

Las fuentes del sistema educativo jesuítico

Al iniciarse el siglo XVII ya la Compañía de Jesús había desplegado y experimentado en todo el mundo la intuición de su modernidad y, gracias a su 5.º general, el P. Claudio Aquaviva (1543-1615)1, pudo solidificar su gran aparato burocrático, así como la definición del clima espiritual de todos los jesuitas dispersos por todo el mundo conocido. En este sentido, dejó códigos durables, como el Directorium de los Ejercicios Espirituales o la Ratio Studiorum en 15992 y un cuerpo de Instrucciones y Normas que regularon la vida tanto interna como externa de la Orden y de los jesuitas3. Así pues, si tenemos en cuenta que la Provincia Jesuita del Nuevo Reino de Granada se inicia en 16044, es lógico concluir que Colombia ingresa a la historia de la Compañía de Jesús a comienzos del siglo XVII, cuando ya la Orden de Ignacio de Loyola había fijado las fórmulas comunes a todas sus instituciones educativas. No obstante, viniendo a nuestro propósito fundamental, debemos sentar un principio ideológico previo a todo el estudio. Quien pretenda comprender la verdadera esencia de la formación jesuítica deberá tener presente la íntima interrelación de tres documentos fundamentales que

1

Mario Fois, “Aquaviva, Claudio”, en Charles E. O’Neill y Joaquín Ma. Domínguez, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, t. II (Roma: Institutum Historicum, S.I.; Madrid: Universidad Pontificia Comillas, 2001), 1614-1621.

La Ratio Studiorum de 1599 la firma el P. Domingo Domenichi, secretario de la Compañía de Jesús por orden del P. general. En Ladislaus Lukács S.I., Monumenta Paedagogica Societatis Iesu, vol. V (Romae: Institutum Historicum Societatis IESU, 1986), 355-356.

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Fois, “Aquaviva, Claudio”, t. II, 1620-1621.

Juan Manuel Pacheco, Los jesuitas en Colombia, t. I (Bogotá: San Juan Eudes, 1959), 90-118.

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integran el alma de la Compañía: los Ejercicios Espirituales5, la cuarta parte de las Constituciones de la Compañía de Jesús6 y la Ratio Studiorum7. El presente capítulo se circunscribe a la síntesis última, denominada Ratio Studiorum, de 1599, que recoge la acción y el estudio llevados a cabo durante medio siglo por los grandes teóricos y pedagogos de la Compañía de Jesús. Con todo, es necesario advertir que, aunque el mencionado documento no representa el rico itinerario seguido por la Orden para diseñar su ideal educativo, sin embargo, hay que admitirlo como el código oficial que rigió la conducta de los colegios jesuíticos en Europa, América y Asia durante los siglos XVII y XVIII. 1. Filosofía educativa Dada la ingente literatura que existe sobre este tema, es imposible siquiera hacer una síntesis; por ello optamos por remitir a los libros consagrados como clásicos dentro de la Compañía de Jesús. El Comentario a las Constituciones de la Compañía de Jesús del P. José Manuel Aicardo8 abarca el estudio de la Carta Magna de los jesuitas en el contexto no solo del fundador, sino de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola. Para el difícil mundo de la espiritualidad, nos remitimos a la obra del P. José de

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Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales. Directorio y Documentos de San Ignacio de Loyola, Glosa y Vocabulario de los Ejercicios por el P. José Calveras S. I. (Barcelona: Balmes, 1944); una visión panorámica en Manuel Ruiz Jurado, “Ejercicios Espirituales”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1223-1230; Santiago Arzubialde, Ejercicios espirituales de S. Ignacio. Historia y análisis (Bilbao: Mensajero; Santander: Sal Terrae, 1991). También puede verse Ignacio Iparraguirre, Cándido de Dalmases y Manuel Ruiz Jurado, Obras de San Ignacio de Loyola (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1991).

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Ignacio de Loyola, Constitutiones Societatis Jesu latinae et hispanicae cum earum declarationibus (Roma: Apud Curiam Praepositi Generalis, 1937).

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Anita Mancia, “El concetto di ‘dottrina’ fra gli Esercizi Spirituali (1539) e la Ratio Studiorum (1599)”, Archivum Historicum Societatis Iesu, t. LXI (1992), 3-70.

8

José Manuel Aicardo, Comentario a las Constituciones de la Compañía de Jesús, 6 vols. (Madrid, 1919-1932). Una visión francesa puede verse en la entrada “Jésuites” del Dictionnaire de Spiritualité ascétique et mystique, doctrine et histoire, t. VIII (París, 1974), 958-1041. Para una interpretación moderna nos remitimos a Dominique Bertrand, Un corps pour l’Esprit (París, 1974); André de Jaer, Faire corps pour la misión. Lire les Constitutions de la Compagnie de Jesús (Buxelles: Lessius, 1998); S. Arzubialde, J. Corella y J. M. García Lomas, eds., Constituciones de la Compañía de Jesús. Introducción y notas para su lectura (Bilbao: Mensajero-Sal Terrae, s/f.). Para una bibliografía selecta, véase Iparraguirre, De Dalmases y Ruiz, Obras de San Ignacio de Loyola, 460-464; Paul de Chastonay, El espíritu de las Constituciones de la Compañía de Jesús (México, 1974); André Ravier, Ignacio de Loyola funda la Compañía de Jesús (México, 1991); G. Marella, ed., La ‘Ratio Studiorum’ e la parte Quarta delle Costituzioni della Compagnia di Gesù ed appendici, intr. e nota di G. Marella (Roma, 1926); Mario Bardera, trad., La ‘Ratio Studiorum’ e la parte Quarta delle Costituzioni della Compagnia di Gesù, intr. e note di Mario Bardera (Padova, 1942).

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C a p í t u l o I . L a s f u e n t e s d e l s i s t e m a e d u c at i vo j e s u í t i co

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Guibert La espiritualidad de la Compañía de Jesús9. Sin embargo, el estudioso de esa interesante área de las ciencias del espíritu encontrará una guía de inapreciable valor en el Diccionario de espiritualidad ignaciana aparecido el año 200710. Además, para los siglos XVI-XVIII existe una veta muy rica representada por los autores espirituales que infundieron el espíritu de la ascética de la Compañía de Jesús en sus hombres. En el Nuevo Reino podemos destacar tres autores ascéticos que influyeron tanto en las lecturas de los jesuitas como en las ideas directrices de su visión espiritual de la conducta y de las acciones educativas. El primero es el riobambeño P. Pedro de Mercado (1684-1689)11, prolífico escritor ascético, quien nunca salió de las fronteras neogranadinas. A través de sus obras se puede llegar al conocimiento de la mentalidad espiritual de los jesuitas neogranadinos hasta bien entrado el siglo XVIII. Libro de cabecera para los seguidores de Ignacio de Loyola en España e Hispanoamérica durante muchos siglos fue el Ejercicio de perfección y virtudes cristianas del P. Alonso Rodríguez (1538-1616)12. Se puede afirmar que reposaba en todas las bibliotecas, aun en las misionales perdidas en los espacios profundos de la Orinoquia13, y significó una cátedra permanente de sabiduría ascética. Ruiz Jurado no duda en afirmar que “esta obra, después de la Biblia y la Imitación de Cristo, es uno de los más leídos por los cristianos en estos tres últimos siglos”14. Dentro del ámbito francés, pero también en los hispanos, es necesario destacar la obra del jesuita galo Antonio Le Gaudier (1572-1622)15, sobre todo De natura et statibus perfectionis16. Si apelamos a la devoción de los lectores por su lectura, debemos concluir que ejerció un gran influjo, al punto que dos siglos después sus obras se publicaron en París, con el título

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José de Guibert S.J., La espiritualidad de la Compañía de Jesús (Santander: Sal Terrae, 1955). También puede verse M. Cascón, Obras maestras espirituales de los jesuitas españoles (Santander: Sal Terrae, 1924). Más información en André Derville, “Jesuites”, en M. Viller et al., Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique, doctrine et histoire, t. VIII (París: Beauchesne, 1974), 958-963.

José García de Castro, dir., Diccionario de espiritualidad ignaciana (Bilbao: Mensajero; Santander: Sal Terrae, 2007).

José del Rey Fajardo, Catedráticos jesuitas de la Javeriana colonial (Bogotá: CEJA, 2002), 219-226.

Manuel Ruiz Jurado, “Rodriguez (Alphonse), jesuite, 1538-1616”, en Viller et al., Dictionnaire de spiritualité, t. XIII (París: Beauchesne, 1988), 853-860.

José del Rey Fajardo, Las bibliotecas jesuíticas en la Venezuela colonial (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1999).

Ruiz, “Rodriguez (Alphonse), jesuite, 1538-1616”, 855.

Henri de Gensac, “Le Gaudier (Antoine), jesuite, 1572-1622”, en Viller et al., Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique, doctrine et histoire, t. IX (París: Beauchesne, 1976), 529-539.

Antonio Le Gaudier, De natura et statibus perfectionis (París, 1643).

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De perfectione vitae spiritualis (1856-1858)17. La edición príncipe reposaba en la biblioteca de la Universidad Javeriana colonial18. En relación con la pedagogía jesuítica, encontrará el investigador en el trabajo del François Charmot19 no solo la interpretación de su concepción filosófico-teológica, sino también una abundante bibliografía sobre la actividad pedagógica de su primer medio siglo de existencia. En un primer apéndice le dedica una amplia información a: Francisco Sacchini (1570-1625)20, Antonio Le Gaudier (1572-1622)21, Juan Bonifacio (15381606)22, Antonio Posevino (1533-1611)23, José Juvencio (1643-1719)24 y Jerónimo Nadal (1507-1580)25. Sin embargo, es de justicia añadir a esta lista hombres, entre otros, a Diego Ledesma (1524-1575)26 y Pedro Juan Perpiñá (1530-1566)27. Pero el tema es tan extenso que preferimos remitir al lector a tres fuentes de referencia cultivadas por la Compañía de Jesús. La primera es la entrada “Educación” del Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, la cual, aunque tiene un talante histórico, también ofrece una visión bibliográfica de gran ayuda28. Además dejamos sentado que este Diccionario histórico29 es el instrumento indispensable para cualquier información sobre la historia y sobre el ser y el existir de los jesuitas. La segunda recurre a la

Gensac, “Le Gaudier (Gaudier), Antonine”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2303.

José del Rey Fajardo, “La biblioteca colonial de la Universidad Javeriana de Bogotá”, Paramillo, 21 (2001): 539-540.

F. Charmot, La pedagogía de los jesuitas. Sus principios. Su actualidad (Madrid: Sapientia, 1952). En los apéndices (367-397) encontrará el lector una información básica sobre la Ratio y sobre los pensadores jesuitas que influyeron en la pedagogía durante los primeros años de la Orden.

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Charmot, La pedagogía, 367-370; Mario Scaduto, “Sacchini, Francesco”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 3458.

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Charmot, La pedagogía, 370-372.

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Charmot, La pedagogía, 372-373; José Escalera y Francisco de Borja Medina, “Bonifacio, Juan”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 487-488.

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F. Charmot, La pedagogía, 373-377; Mario Scaduto, “Possevino, Antonio”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3201-3203.

F. Charmot, La pedagogía, 377-380; Georges Botterau, “Jouvancy (Juvencius), Joseph de”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2157-2158.

F. Charmot, La pedagogía, 380-388; Miguel Nicolau, “Nadal (Jerome), jésuite, 1507-1580”, en Viller et al., Dictionnaire de spiritualité, t. XI (París: Beauchesne, 1982), 3-15; Ruiz, “Nadal, Jerónimo”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2793-2796.

Ladislaus Lukács, “Ledesma, Diego”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 23182319.

John Patrick Donnelly, “Perpinyà (Perpiñá), Pedro Juan”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 3099-3100.

James Sauve, Gabriel Codina y José Escalera, “Educación”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1202-1214.

O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico.

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“Bibliografía” de László Polgar, síntesis de lo publicado en todo el mundo y recogido por la revista Archivum Historicum entre 1901 y 198030. Y la tercera es la continuación de lo anterior (1981-2004), pues la mencionada revista que edita el Instituto Histórico de la Compañía de Jesús con sede en Roma ofrece anualmente una bibliografía de lo que se publica sobre la Compañía de Jesús en todo el mundo y en su haber la pedagogía jesuítica adquiere siempre un capítulo especial. 2. Ratio Studiorum Quien desee conocer el alma, la biografía y las diferentes redacciones de la Ratio Studiorum debe recurrir a la Monumenta Paedagogica Societatis Jesu31 del investigador húngaro Ladislao Lukács. Hasta el momento han aparecido siete volúmenes que recogen toda la información escrita entre 1540 y 1616. El autor mantiene una estructura de recopilación documental basada en las categorías legales de la Compañía de Jesús: 1) constituciones, reglas y ordenaciones generales; 2) de los estudios, colegios, seminarios e internados; 3) actas de las congregaciones generales y de los visitadores; 4) cartas selectas y actas; 5) catálogo de los pensa de estudios; 6) varia. Se trata de una edición crítica cuyas notas y comentarios están en latín, aunque, como es natural, los textos se reproducen en su idioma original. Por otra parte, es conveniente señalar que una buena parte de la producción escrita sobre la Paideia jesuítica es anterior a la edición crítica del P. L. Lukács. En tal sentido, debemos hacer mención de dos colecciones fundamentales. La primera pertenece al mundo alemán. Nos referimos a los cuatro tomos publicados por el P. Georg Michael Pachtler, entre 1887 y 1894, Ratio Studiorum et Institutiones Scholasticae Societatis Jesu per Germaniam olim vigentes32. La segunda apareció en Madrid en 1901 recopilada por un grupo de jesuitas españoles pertenecientes a Monumenta Historica

László Polgar, Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jesús 1901-1980, t. I. Toute la Compagnie (Roma, 1981).

L. Lukács, ed., Monumenta Paedagogica Societatis Jesu penitus retractata multisque textibus aucta, t. I (Romae: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1965); 1540-1556, t. II (Romae: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1974), 1557-1572; t. III, 2 vols. (Romae: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1974), 1557-1572; t. IV (Romae: Institutum Historicum Societatis Iesu, 1981), 1573-1580; t. V Ratio atque institutio studiorum Societatis Jesu (Romae, 1986), 1586, 1591, 1599; t. VI Collectanea de Ratione studiorum Societatis Jesu (Romae, 1992), 1582-1587; t. VII Collectanea de Ratione studiorum Societatis Iesu (Romae, 1992), 1588-1616.

G. M. Pachtler, Ratio Studiorum et Institutiones Scholasticae Societatis Jesu per Germaniam olim vigentes, collectae concinnatae dilucidatae a G. M. Pachtler S.J., vol. III Ordinationes Generalium et ordo Studiorum generalium ab anno 1600, ad annum 1772. Hemos utilizado la reproducción aparecida en Osnabrück en 1968 en la Biblio-Verlag. También es interesante hacer mención de Marcus Helleyer, “The construction of the Ordinatio pro Studiis Superioribus of 1651”, Archivum Historicum Societatis Iesu CXLIII (2003): 3-43.

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de Roma: Monumenta Paedagogica Societatis Jesu quae primam Rationem studiorum anno 1586 editam praecessere33. Con todo, hay que reconocer que para el investigador moderno tales colecciones presentan una dificultad muy especial debido a que la mayoría de sus documentos están en latín. Esta situación nos llevó hace años a traducir al castellano los documentos que consideramos fundamentales para seguir la evolución de la Ratio Studiorum de 1599: por ello nos remitimos tanto a nuestro libro La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica34 como a la fenecida revista Paramillo35 de la Universidad Católica del Táchira. Pero en los últimos años son muchos los estudios que se han llevado a cabo para profundizar tan importante documento y queremos hacer mención de los que pueden ser guía para el estudioso de estos temas. La Ratio, en texto bilingüe latín-castellano y con excelentes índices, ha conocido la luz pública en la Universidad de Comillas (Madrid) bajo la dirección del profesor Eusebio Gil36. Para el ámbito francés existe una excelente edición latín-francés dirigida por Adrien Demoustier con la traducción de Léone Albrieux y anotaciones y comentarios por Marie-Madeleine Compère37. Como es natural han surgido estudios parciales que ilustran la riqueza de este texto, tan citado como desconocido en sus fuentes. Un acercamiento a la génesis y elaboración lo ofrece Dominique Julia38 y un estudio sobre la estructura y funciones en el ejercicio del poder académico corresponde a A. Demoustier39. Con motivo del V Centenario del nacimiento de Ignacio de Loyola abundaron los congresos y las publicaciones sobre muy diversos temas jesuíticos en la mayoría de los países donde han laborado los miembros de la Compañía de Jesús. Tan solo quisiéramos citar algunos que pueden

Caecilius Gómez Rodeles, Marianus Lecina, Vincentius Agusti, Fridericus Cervos, Aloisius Ortiz y Societate Jesu praesbiteri, eds., Monumenta Paedagogica Societatis Jesu quae primam Rationem studiorum anno 1586 editam praecessere (Matriti: Agustini Avial, 1901), 1912.

José del Rey Fajardo, La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1979), 161-277.

En el número 2-3 (1984) aparecen: “Sistema y ordenamiento de los estudios del Colegio Romano (1564-1565)”, 287-358; “Sistema y ordenamiento de estudios elaborado por seis Padres designados para ello por orden del R. P. Prepósito General. 1586”, 359-392; “Sistema y ordenamiento de los estudios. Roma, 1591”, 393-450; y “Ratio Studiorum, 1599”, 451-540.

Eusebio Gil, ed., La pedagogía de los jesuitas, ayer y hoy (Madrid: Conedsi-Comillas, 2002).

Adrien Demoustier, Léone Albrieux y Dolorès Pralon-Julia, Ratio studiorum. Plan raisonné et institution des études dans la Compagnie de Jesús (París: Belin, 1997).

Dominique Julia, “L’élaboration de la Ratio Studiorum, 1548-1599”, en Adrien Demoustier, ed., Ratio studiorum. Plan raisonné et institution des études dans la Compagnie de Jesús (París: Belin, 1997), 29-69.

Adrien Demoustier, “La distinction des fonctions et l’exercie du pouvoir selon les regles de la Compagnie de Jesús”, en Luce Giard, dir., Les Jésuites à la Renaissance. Système éducatif et production su savoir (París: PUF, 1995), 3-33.

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ser de interés: Ignatianisch en Alemania40; Les jésuites à la Renaissance41 y Les jésuites à lâge baroque42 en Francia; en la Provincia de Loyola (España), Ignacio de Loyola y su tiempo43; y La pedagogía jesuítica en Venezuela en este país44. De igual forma, las revistas científico-culturales que dirigen los jesuitas en todo el mundo dedicaron números extraordinarios a los temas que estamos tratando. Una orientación valiosa la constituyen los artículos de Miguel Batllori sobre la acción de los jesuitas en la historia de la primera Compañía de Jesús, y a ellos conviene recurrir para actualizar la información sobre el tema jesuítico. En realidad, se trata de una visión bibliográfica comentada desde la fundación en 1540 hasta la extinción en 1773. El exprofesor de Historia Eclesiástica de la Universidad Gregoriana de Roma recorre el largo trayecto temporal que se inicia con la época comprendida entre el Renacimiento y la Contrarreforma45, prosigue la ruta del setecientos46 para concluir con la extinción de la Orden en 1773, aunque prolonga su información hasta comienzos del XIX47. Ello no excluye que también haya incluido como visiones temáticas tanto la Ilustración48 como los escritos relativos a la expulsión de los jesuitas del Imperio español en 176749. Y, como es natural, dedicó amplios comentarios a los centenarios de la fundación de la Compañía de Jesús, así como al nacimiento de Ignacio de Loyola50. El aporte de Batllori se complementa en el ámbito del teatro, la cultura y la educación con las recensiones llevadas a cabo por el investigador

Michael Sievernich y Günter Switek, Ignatianisch. Eigenart und Methode der Gesellsachat Jesu (Herder, 1991).

Luce Giard, ed., Les jésuites à la Renaissance. Système éducatif et production du savoir (París: PUF, 1995).

Luce Giard y Louis de Vaucelles, eds., Les jésuites à lâge baroque 1540-1640 (Grenoble, 1996).

Juan Plazaola, ed., Ignacio de Loyola y su tiempo (Bilbao: Mensajero, 1991).

José del Rey Fajardo, ed., La pedagogía jesuítica en Venezuela (San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira, 1991).

Miguel Batllori, “En torno a los jesuitas, del renacimiento a la contrarreforma”, Archivum Historicum Societatis Iesu LIX (1990): 117-132.

Miguel Batllori, “Sobre los jesuitas en el setecientos”, Archivum Historicum Societatis Iesu LVI (1987): 171-208.

Miguel Batllori, “Los jesuitas en tiempos de Carlos de Borbón y de Tanucii. De fines del siglo XVII a principios del XIX”, Archivum Historicum Societatis Iesu LVIII (1989): 355-371.

Miguel Bartllori, “Historia y cultura de la Ilustración”, Archivum Historicum Societatis Iesu XCVII (1980): 449-479.

Miguel Batllori, “Antes y después de la expulsión”, Archivum Historicum Societatis Iesu LXIV (1989): 169-185.

Miguel Batllori, “En la doble conmemoración pluricentenaria de la Compañía de Jesús (15401990) y de San Ignacio de Loyola (1491-1991)”, Archivum Historicum Societatis Iesu LXI (1992): 189-209.

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húngaro László Szilas51. Asimismo, en los años 90 son importantes las visiones dadas en diversos congresos y encuentros sobre el tema de la educación jesuítica tanto en Europa52 como en América53. También resulta imprescindible hacer referencia a la enseñanza de la teología54, la filosofía55, las matemáticas56 y las humanidades57. Del mismo modo, en el Nuevo Reino de Granada fueron ley estas disposiciones de la Compañía de Jesús. Hasta el momento solo conocemos la Praxis de los Estudios Mayores y Menores58 del colegio de Quito, ciudad que en aquel entonces formaba parte de la Provincia del Nuevo Reino, por lo cual opinamos que, con alguna variación, esas normas regían en el resto de los colegios de la demarcación jesuítica. Este documento trata de adaptar la Ratio Studiorum a la realidad espacio-temporal de una entidad jesuítica americana.

László Szilas, “Schule, Bildung, Theater”, Archivum Historicum Societatis Iesu LXI (1992): 211234.

Es imposible reseñar todos los congresos que se realizaron en la década de 1990 en relación con la Compañía de Jesús anterior a la extinción de 1773. Muchos de esos eventos han sido recogidos por revistas especializadas o de la propia Compañía de Jesús. Así, la Revista Portuguesa de Filosofia, Braga, t. LIV, fasc. 2 (1998) dedica ese número a “Os jesuitas e a Ciência” (sécs. XVI-XCVIII); François Xavier Dumortier, et al., Tradition jésuite. Enseignement, spiritualité, misión (Namur: Presses Universitaires de Namur, 2002). También existe una traducción castellana publicada por la Universidad Católica del Uruguay el año 2003.

Miguel Petty, ed., La Ratio Studiorum en América latina. Su vigencia en la actualidad (Córdoba: Universidad Católica, 2001).

A. Mincia, “La controversia con i protestanti e i programmi degli studi teologici nella Compagina di Gesù, 1547-1599”, Archicum Historicum Societatis Iesu LIV (1996): 3-43, 209-266.

L. Giard, “La ‘libertas opinionum’ dans les collèges jésuites”, en Sciences et religions de Copernic à Galilée. Actes du colloque international (Roma: Ecole Française de Rome, 1996), 12-14.

G. Consentino, “Le matematiche nella ‘Ratio Studiorum’ della Compagnia di Jesu”, en Miscellanea storica ligare, t. 2 (1970), 169-213; U. Baldini, Legem impone sub actis. Studi su filosofia e scienzia dei Gesuiti in Italia, 1540-1632 (Roma, 1992); Antonella Romano, La contre-reforme mathematique: constitution et diffusion d’une culture mathematique jesuite a la Renaissance, 15401640 (Rome: Ecole Française de Rome, 1999).

François de Dainville, La naissance de l’humanisme moderne (París: Beauchesne, 1940); F. Dainville, “L’évolution de l’enseignemente de la thétorique au XVIIe siècle”, en XVIIe. Siècle 80-81 (1968): 19-43; P. Kuentz, “Le ‘rhétorique’ ou la mise à l’écart”, Commnications, 16 (1970): 143157, Ecole pratique des hautes etudes; A. Collinot y F. Maziere, L’exercice de la parole. Fragments d’une rhétorique jésuite (París: Éditions des Cendres, 1987); Giuliano Raffo, La ‘Ratio Studiorum’. Il metodo degli studi umanistici nei collegi dei gesuiti alla fine del secolo XVI, intr. y trad., Giuliano Raffo (Milán: Gesuiti San Fedele, 1989).

Praxis de los estudios para este colegio de Quito sacado de varias órdenes que han dejado acerca de esto el P. Rodrigo Figueroa Visitador y los Padres Provinciales de esta Provincia; los cuales ha reducido a método el P. Hernando Cavero Provincial de ella, habiéndolos primero consultado con el Padre Rector y sus Consultores y con los Maestros de este colegio a 15 de abril de 1666. El texto original reposa en el Archivo de la Provincia de Quito y fue publicado por el P. José Jouanen, Historia de la Compañía de Jesús en la antigua Provincia de Quito 1570-1774, t. I (Quito: Ecuatoriana, 1941), 569-593. Este mismo texto lo reprodujimos en La Pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica, 279-309.

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Como es natural, la vida histórica de las ideas y de las instituciones sufre, con el correr de los tiempos, grandes mutaciones, porque en definitiva están no solo al servicio del hombre en perpetuo devenir, sino también al servicio de la sociedad en que el hombre desarrolla su existencia. Al comenzar el siglo XVIII, ya el neoclasicismo francés había diseñado nuevos valores culturales y literarios que no tardaron en difundirse por toda Europa. Esa encrucijada también la vivió la Compañía de Jesús59, pero se impuso la línea tradicional que insistía en los modelos aceptados como clásicos. De esta suerte, la Congregación General XIV promulgó como obligatoria la obra de Juvencio [Jouvancy] Ratio discendi et docendi60. Quien desee adentrarse en lo que fue el método jesuítico de la enseñanza de las humanidades, encontrará en Juvencio una de las más limpias y profundas interpretaciones de la Ratio Studiorum. El autor divide su tratado en dos partes. En la primera, sobre el arte de aprender, insiste en el conocimiento de las lenguas, de las ciencias y de la metodología del estudio privado. En la segunda, sobre el método de enseñar, apela a las virtudes del profesor, a los libros que debe utilizar el maestro, con los métodos específicos de la enseñanza de la gramática, las humanidades y la retórica, para concluir con algunos consejos prácticos. También en España se dan a mediados del siglo XVIII intentos renovadores de los estudios de humanidades clásicas y hasta el presente vienen referidos fundamentalmente a dos grandes personalidades: José Finestres (1688-1777)61 en la Universidad de Cervera, y Gregorio Mayans y Siscar (1699-1781), en Valencia62. Una guía importante para el estudio de todo este proceso se encuentra en Humanistas, políticos e ilustrados de Antonio Mestre63. De igual forma, existieron dentro de la Compañía de Jesús hispana algunos brotes renovadores que, así hayan pasado inadvertidos para los analistas, se pueden verificar, aunque su vigencia haya sido tan exigua. Como es lógico, las personalidades jesuíticas preocupadas por los estudios clásicos también tienen sus vinculaciones con los renovadores antes

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F. Dainville, L’éducation des jesuites (París: Editions de Minuit, 1978), 194-208.

Juventius, Ratio discendi et docendi (Florencia, 1703). La única traducción castellana que conocemos se debe a nuestro admirado amigo el P. Martín Muguruza y la publicamos tanto en La Pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica, 639-752, como en la revista Paramillo 2-3 (1984): 829-907. Debemos reconocer que no hemos encontrado ningún ejemplar de este libro de Juvencio en las Bibliotecas de los Colegios jesuíticos venezolanos durante el periodo hispánico.

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Miguel Batllori, “Finestres y de Montalvo, José”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1461.

Miguel Batllori, “Mayans y Siscar, Gregorio”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2584-2585.

Antonio Mestre Sanchis, Humanistas, políticos e ilustrados (Universidad de Alicante, 2002).

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mencionados. Sin lugar a dudas, hay que mencionar, entre otros, a Francisco Javier Idiáquez (1711-1790)64 y Andrés Marcos Burriel (1731-1762)65. Igualmente, hay que señalar que los núcleos renovadores se ubican en las cuatro provincias jesuíticas españolas. El más importante fue el que giró en torno a la Universidad de Cervera66. También asumió importancia decisiva en la Provincia de Castilla el Colegio de Villagarcía de Campos67. Obviamente, la Provincia de Toledo tuvo su mejor exponente en el Colegio Imperial de Madrid68. Y la Provincia de Andalucía ha sido estudiada por el catedrático de la Universidad Gregoriana, Francisco de Borja Medina69. En todo caso, existe un marco histórico internacional y regional que es necesario conocer, en un esfuerzo por recuperar la biografía de las instituciones educativas llevadas a cabo por los jesuitas en tierras americanas. Nos referimos a las investigaciones llevadas a cabo en las grandes demarcaciones geográficas por donde se expandió la Compañía de Jesús gracias a las obras de Antonio Astrain70, Francisco Rodrigues71, Pietro Tacchi Venturi72, Henry Fouqueray73 y Bernhard Duhr74, entre los europeos. Para el entorno americano siempre será recomendable tener a la vista, entre otras, obras como las escritas por Gerardo Decorme75, Juan Manuel Pacheco76,

Conrado Pérez Picón y José Escalera, “Idíaquez, Francisco Javier”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1990-1991.

A. Echanove, La preparación intelectual del P. Andrés Marcos Burriel (1731-1750) (Madrid, 1971); Antonio Mestre y Jesús Gómez Fregoso, “Burriel, Andrés Marcos”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 575-576.

José Martínez de la Escalera, “Ciencias y letras entre los jesuitas de la Corona de Aragón (17471767)”, Miscelánea Comillas XL, No. 77 (1982): 263-325.

C. Pérez Picón, Un colegio ejemplar de Letras Humanas en Villagarcía de Campos (1576-1767) (Valladolid: Sal Terrae, 1983).

José Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial de Madrid (Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1992).

Francisco de Borja Medina, “Ocaso de un provincia de fundación ignaciana: la Provincia de Andalucía en el exilio (1767-1773)”, Archivo teológico granadino 54 (1991): 5-90.

Antonio Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, 7 vols. (Madrid: Razón y Fe, 1912-1925).

Francisco Rodrigues, História da Companhia de Jesus na Asitencia de Portugal, 4 vols. (Porto, 1931-1950).

Pietro Tacchi Venturi, Storia della Compagnia di Gesù in Italia, narrata col sussidio di fonti inediti, 2 vols. (Roma, 1910-1951).

Henry Fouqueray, Histoire de la Compagnie de Jésus en France des origines a la suppression (15281762), 5 vols. (París, 1910-1925).

Bernhard Duhr, Geschichte der Jesuiten in den Länder deutscher Zunge, 4 vols. (Herber, 1907-1928).

Gerardo Decorme, La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572-1767, 2 vols. (México: Porrúa, 1941).

J. M. Pacheco, Los Jesuitas en Colombia, 3 vols. (Bogotá, 1959-1989).

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Manuel Aguirre77, José Jouanén78, Rubén Vargas Ugarte79, Francisco Enrich80, Guillermo Furlong81, Pablo Hernández82, Pablo Pastells83 y Serfím Leite84. Expresamente, dejamos de lado las referencias a las historias generales de la educación en España e Hispanoamérica, pues casi volvería inmanejable esta sucinta guía del investigador. 3. Los hombres Para el estudio de los hombres que laboraron en los colegios jesuíticos neogranadinos la primera fuente de consulta la constituyen los Catálogos de la Provincia del Nuevo Reino, documento en principio trienal, que recogía la actividad de cada uno de los jesuitas que residían en la demarcación geográfica concreta, denominada Provincia. Toda esta documentación original se encuentra en Roma en Archivum Historicum Societatis Jesu85. Con la denominación de catálogo se deben entender cinco clases de documentos distintos y específicos. • Catalogus Publicus86: agrupa por domicilios a cada uno de los miembros que integraban una comunidad. Existe un lapso temporal (1649-1664)

Manuel Aguirre Elorriaga, La Compañía de Jesús en Venezuela (Caracas: Cóndor, 1941).

José Jouanen, Historia de la Compañía de Jesús en la antigua provincia de Quito, 2 vols. (Quito: Ecuatoriana, 1941-9943).

Rubén Vargas Ugarte, Historia de la Compañía de Jesús en el Perú, 4 vols. (Burgos, 1963-1965).

Francisco Enrich, Historia de la Compañía de Jesús en Chile, 2 vols. (Barcelona, 1891).

Guillermo Furlong, Los jesuitas y la cultura rioplatense (Buenos Aires: Urta y Curbelo, 1933).

Pablo Hernández, Organización social de las doctrinas guaraníes de la Compañía de Jesús, 2 vols. (Barcelona: Gustavo Gilí, 1913).

Pablo Pastells, Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay (Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia y Brasil), según los documentos originales del Archivo General de Indias, 9 vols. (Madrid, 1912-1949).

Serafím Leite, História da Companhia de Jesús no Brasil, 10 vols. (Lisboa-Río de Janeiro, 19381950).

Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI), Provincia Novi Regni et Quiti (N. R. et Q.), legajos 3, 4 y parte del 5.

ARSI. N. R. et Q., 3, se encuentran los siguientes catálogos: Año de 1610 (fols. 4-9); no está datado. Año 1616 (fols. 17-24v); no está datado. Año 1623 (fols. 39-46); no está datado. Año 1642 (fols. 47-79v); no está datado. Año 1649 (fols. 80-93); no está datado y ordena a los jesuitas no por domicilio sino por orden alfabético de nombres. Año 1651 (fols. 107-119v). Está datado el 31 de julio (fol. 118v). Año 1655 (fols. 135-145); no está datado. Año 1657 (fols. 157-169 bis); no está datado. Año 1660 (fols. 181-196); no está datado. Año 1664 (fols. 210-224v); no está datado. Año 1668 (fols. 238-254v); está datado el 30 de septiembre (fol. 238) y vuelve a la estructura normal por domicilios. Año 1671 (fols. 275-290); datado el 20 de enero (fol. 275). Año 1678 (fols. 313-340v); datado el 16 de julio (fol. 313). Año 1684 (fol. 346-361v); datado el 15 de julio (fol. 346). Año 1687 (fols. 378-394v); datado el 31 de julio (fol. 378). Y en el legajo 4 del mismo fondo: Año 1691 (fols. 5-14v); sin datar. Año 1702 (fols. 37-44v); datado el 30 de enero (fol. 37). Año 1711 (fols. 59-108). Se trata de un Catálogo muy complejo en el que cada domicilio data su documento en fechas distintas y además incluye información relativa

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en que, ignoramos las causas, abandonan el criterio de catalogar a los jesuitas por domicilios para establecer un orden alfabético de nombres, no de apellidos, como era costumbre en aquel entonces. La estructura informativa es permanente y uniforme: Patria (lugar de origen); Aetas (edad; hasta el catálogo de 1711 solo se indican los años que tenía cada sujeto en el momento de redactarlo; a partir de 1711 se transcribe la fecha exacta de nacimiento); Vires (salud); Tempus Societatis (hasta el catálogo de 1649 en este apartado se señalaban los años que cada sujeto llevaba de jesuita al redactarlo; a partir de 1649 se incluye la fecha exacta de ingreso); Tempus Studiorum (recoge los años dedicados al estudio de las Humanidades, Filosofía y Teología); Tempus Ministeriorum (describe de forma sintética la actividad desarrollada por cada jesuita desde que culminó su formación); Gradus in Litteris (se refiere –y lo recoge– al título de Maestro en Filosofía o Doctor en Teología; se supone que lo normal era adquirir la Licenciatura en Filosofía en tres años y la Licenciatura en Teología en cuatro); Gradus in Societate (informa del día en que pronunció los votos que le incorporaban definitivamente a la Compañía de Jesús). Ciertamente es el más completo e importante de todos los catálogos. •

Catalogus Secretus87: era enviado de forma codificada a Roma y generalmente se remitía a los números que antecedían al nombre de cada sujeto del Catálogo Público. No se guardan sino los de 1700 y su utilización debe ser muy cuidadosa, porque los criterios no siempre eran uniformes y fundamentalmente su perspectiva atendía a la observancia religiosa. Su estructura era la siguiente: Ingenium (dotes intelectuales); Iudicium (criterios para formular juicios); Prudentia (forma de actuar en la vida); Experientia Rerum (experiencia para la vida); Profectus in Litteris (aprovechamiento intelectual); Naturalis complexio (carácter psicológico); Talentum (aptitud para los ministerios de la Orden).

a los otros tipos de Catálogos. Año 1713 (fols. 112-121v); datado al fin del año 1713 (fol. 112). Año 1715 (fols. 130-139v); datado hacia fin del año 1715 (fol. 130). [Este catálogo ofrece un texto de muy difícil lectura por cuanto su tinta está muy desvaída]. Año 1718 (fols. 156-164v); datado a fines de 1718 (fol. 156). Año 1720 (fols. 197-222v); datado el 8 de septiembre (fol. 197). Este Catálogo, al igual que el de 1711, incluye por domicilios los diversos Catálogos que generalmente vienen por separado. Año 1736 (fols. 226-250); no tiene datación. Año 1738 (fols. 262-274); no tiene datación. Año 1753 (fols. 302-314v); datado el 14 de octubre de 1753 (fol. 315). Año 1763 (fols. 349-373); sin datar.

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El catálogo de 1711 incluye en cada domicilio esta información (ARSI. N. R. et Q., 4, fols. 59108). Año 1713 (fols. 123-129v); datado hacia fin del año 1713 (fol. 122). Año 1718 (fols. 165173v); datado a fines de 1718 (fol. 165). Año 1720 (fols. 197-222v); incluye en cada domicilio esta información. Año 1738 (fols. 275-284v); no tiene datación.

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Catalogus Brevis Personarum88: recoge la información sobre cada jesuita por domicilios y explicita en cada uno cuál era su actividad en el preciso momento en que se redactaba ese catálogo. Completa la visión del Catalogus Publicus.

Catalogus Brevis Rerum89: informa por domicilios cuál era la realidad financiera en el año en que se redacta el catálogo. Nunca habla de personas.

Supplementa90 a los Catálogos Públicos, que mantienen en general la siguiente estructura informativa: Admitidos (con sus fechas); Votos de

Y en el legajo 4 se encuentran los catálogos: Año 1691 (fols. 1-2); datado el 31 de julio (fol. 1). Año 1711 (fols. 57-58); datado el 1 de noviembre (fol. 58). En el Catálogo Público de 1711, cada domicilio incluye su Catálogo Breve: Año 1718 (fol. 154-155); datado el 13 de noviembre (fol. 154). Año 1720 (fols. 197-222v); datado el 8 de septiembre (fol. 197); incluye en cada domicilio esta información. Año 1736 (fols. 224-225); no tiene datación. Año 1738 (fol. 290290v); no tiene datación. Año 1751 (fols. 298-299v); datado el 1 de abril de 1751 (fol. 298). Año 1753 (fols. 300-301v); datado al fin del año 1753 (fol. 300). Año 1756 (fols. 347-348v); datado a fines de 1756 (fol. 347). Año 1763 (fols. 374-375); sin datar.

ARSI. N. R. et Q., 3, se encuentran los Catálogos: Año 1668 (fols. 269-270v); datado en septiembre de 1668 (fol. 269). Año 1671 (fols. 305-308); datado el 20 de enero (fol. 305). Año 1678 (fols. 340-341v); datado el 16 de junio (fol. 340). Año 1687 (fols. 408-410v); datado el 31 de julio (fol. 408). Y en el legajo 4 se encuentran los Catálogos: Año 1691 (fol. 33-34); datado el 8 de enero de 1692 (fol. 33). Año 1711 (fols. 59-108) cada domicilio incluye su respectiva información. Año 1713-1715 (fol. 143-144v); datado el 2 de febrero de 1716. Año 1720 (fols. 197-222v); datado el 8 de septiembre (fol. 197). Incluye en cada domicilio esta información. Año 1733 (fols. 258-259); datado el 15 de octubre (fol. 259). Año 1738 (fol. 285-286); datado el 28 de octubre. Año 1742 (fol. 294-294v); datado el 1 de enero de 1742 (fol. 294). Año 1753 (fol. 326-327v); datado el 14 de octubre (fol. 326).

ARSI. N. R. et Q., 3, se encuentran las siguientes Supplementa: Año 1661 (fols. 271-272v): Supplemento de los Catalogos hechos por el P. Gaspar Vivas Prouincial de el nueuo Reyno y Quito en Santa Fee a 20 de enero de 1671. Añadido aora de nueuo en Quito por el mismo en 15 de Jullio de el mismo año de 1671. A continuación se encuentra el Segundo Supplemento de los Cathalogos hechos por el P. Gaspar Vivas Prouincial de el nueuo Reyno y Quitto en Santafee a 20 de enero de 1671 años. Añadido aora de nueuo en Quitto por el mismo: en 1º de Febrero de 1672 años. (fols. 273-274v). Año 1671-1675 (fols. 309-310); datado el 4 de junio de 1675 (fol. 309). Año 16711675 (fol. 311-312); datado el 8 de junio de 1675 (fol. 312). Año 1671-1678 (fol. 342-345); no está datado. Año 1684-1688 (fols. 414-419v); del 1 de marzo de 1684 al 15 de octubre de 1688 (fol. 414). Y en el legajo 4 se encuentran: Año 1702 (fol. 56); datado el 24 de mayo (fol. 56). Año 1711 (fols. 59-108) cada domicilio incluye su propio suplemento. Año 1710-1711 (fol. 109-109v); del 5 de agosto de 1710 al 1 de noviembre de 1711 (fol. 109). Año 1711 (fols. 109v-110v); datado el 1 de noviembre de 1711 se trata de un catálogo de personas, ordenadas por grados. Año 1711-1713 (fol. 111-111v); del 1 de noviembre de 1711 al 1 de noviembre de 1713 (fol. 111). Año 1713-1715 (fols. 140-140v); del 1 diciembre de 1713 al 26 de diciembre de 1715. Año 1715-1718 (fols. 142-142v) y (fol. 174-175); del 26 de diciembre de 1715 al 1 de septiembre de 1718 (fol. 142). Año 1722-1723 (fols. 193-193v); del 15 de agosto de 1722 al 15 de junio de 1723 (fol. 193). Año 1720 (fols. 197-222v); datado el 8 de septiembre (fol. 197). Incluye en cada domicilio esta información. Año 1733-1736 (fols. 251-252); del 11 de julio de 1733 al 6 de marzo de 1736 (fol. 251). Año 1729-1730 (fol. 253-253v); del 1 de junio de 1729 al 26 de junio de 1730 (fol. 253). Año 1730-1732 (fol. 254-255); del 26 de junio de 1730 al 20 de abril de 1732 (fol. 254). Año 1732-1733 (fol. 256-257); del 20 de abril de 1732 al 11 de

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bienio (los que pronunciaban sus votos después de dos años de noviciado); Ordenación sacerdotal (día en que fue ordenado sacerdote y a veces el nombre del obispo); Profesos. Coadjutores formados. Expulsados. Los que dejan la Compañía de Jesús. Difuntos (generalmente se aporta el día, mes, año y lugar de defunción). Por otra parte, la Pragmática Sanción, con la que el Rey Carlos III expatrió de sus dominios a todos los miembros de la Compañía de Jesús en 1767, conllevó la elaboración de prolijos inventarios, algunos de los cuales coadyuvan hoy de forma definitiva a describir la biografía americana de los expulsos. Llamamos la atención sobre dos fuentes importantes. La primera recoge la declaración jurada levantada en el puerto de Santa María (1767-1768) por los oficiales reales de cada uno de los jesuitas desterrados, conforme iban arribando a la Península91. La segunda responde al control que los agentes del Rey de España tenían de los expulsos en los Estados Pontificios. Uno de ellos fue lo que se ha denominado Catálogo de Archimbaud92, que informa, por domicilios, cuál era la situación de cada exjesuita de la Provincia del Nuevo Reino en 1774. En relación con las fechas de defunción de los jesuitas coloniales, además de las indicadas anteriormente en los Supplementa de los Catálogos, conviene que el investigador conozca algunas fuentes oficiales y oficiosas que ayudan en gran manera a datar el día y el lugar de defunción. En el Archivo Romano de la Compañía de Jesús existe un fondo que recoge por orden cronológico todos los decesos de los miembros de la Orden dispersos por todo el mundo. Tal información la procesaban en la Ciudad Eterna de acuerdo con la documentación remitida por los provinciales de

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julio de 1733 (fol. 256). Año 1733-1734 (fol. 260); del 12 de octubre de 1733 al 15 de enero de 1734 (fol. 260). Año 1733-1735 (fol. 261). Año 1736-1737 (fols. 287-288v); del 6 de marzo de 1736 al 2 de junio de 1737 (fol. 287). Año 1737-1738 (fols. 289-289v); del 2 de junio de 1737 al 11 de octubre de 1738 (fol. 289). Año 1738-1742 (fols. 292-293); del 11 de octubre de 1738 al 1 de enero de 1742 (fol. 292). Año 1742-1743 (fol. 296-296v); del 1 de enero de 1742 al 1 de enero de 1743 (fol. 296). Año 1749-1751 (fol. 328-328v); del 1 de octubre de 1749 al 1 de abril de 1751 (fol. 328). Año 1751-1753 (fol. 329-330); del 1 de abril de 1751 a octubre de 1753 (fol. 329). Año 1753-1754 (fol. 331-331v); del 15 de octubre de 1753 a julio de 1754 (fol. 331). Año 1754-1755 (fol. 332-332v); del 25 de julio de 1754 al 15 de junio de 1755 (fol. 332). Año 1755-1756 (fol. 333-333v); del 11 de julio de 1755 al 30 de junio de 1756 (fol. 333). Año 1756 (fol. 345); del 30 de junio al 31 de diciembre de 1756 (fol. 345). Año 1756-1757 (fol. 346); del 31 de diciembre de 1756 al 30 de junio de 1757 (fol. 346). Año 1762-1763 (fol. 376-377); del 8 de mayo de 1762 al 30 de noviembre de 1763 (fol. 376). La Provincia del Nuevo Reino se encuentra en Archivo Histórico Nacional (AHN), Jesuitas, 827/2. Existen varios manuscritos de este documento, pero en nuestra investigación hemos utilizado el que reposa en el Archivo de Monumenta Historica Societatis Jesu de Roma. Armadio, F-10. El Ms. romano tiene añadiduras posteriores que generalmente indican la fecha de defunción del exjesuita.

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cada provincia. El fondo se denomina Historia Societatis93. En el contexto neogranadino, son de gran utilidad los libros que se llevaban tanto en la sacristía de la Iglesia de Santafé94, residencia del provincial, como en la del Noviciado de Tunja95. Como fuentes impresas necesarias para cualquier indagación biográfica o bibliográfica, es recomendable servirse de las dos bibliotecas jesuíticas tradicionales: Sommervogel96 y Uriarte-Lecina97. Dentro de la Provincia del Nuevo Reino de Granada se pueden consultar tanto nuestra Bio-bibliografía de los Jesuitas en la Venezuela colonial98 como la obra similar para los jesuitas que laboraron en Santo Domingo –hoy República Dominicana– del P. José Luis Sáez99. Para el lector que desee adentrarse en el estudio de la producción escrita por los hombres de Loyola en la Colombia colonial, recomendamos nuestro libro Biblioteca de escritores jesuitas neogranadinos100. Otro capítulo obligado es el estudio del centro universitario donde se formaron los educadores jesuitas que prestaron sus servicios en las diversas instituciones educativas neogranadinas durante el periodo hispánico. Los que estudiaron en el Nuevo Reino recibieron su educación en la Universidad Javeriana y su historia se puede seguir en la obra del P. Juan Manuel Pacheco Los jesuitas en Colombia101. ARSI, Historia Societatis. La documentación guarda un orden cronológico, pero el lector debe saber que existen suplementos especiales dentro del fondo. Para el investigador moderno existe una invalorable ayuda en los tomos publicados por el P. Josephus Fejer, Defuncti secundi saeculi Societatis Iesu 1641-1740, I (1985), A-C; II (1986), D-H, III (1988), I-M; IV (1989), N-R; V (1990), S-Z (Roma). A ellos hay que añadir: Defuncti primi saeculi Societatis Jesu 1540-1640, Pars prima: Assistentia Italiae et Germaniae (cum Gallia usque ad 1607), Pars secunda: Assistentia Hispaniae, Lusitaniae et ab anno 1608 Galliae (Romae: Curia Generalitia S.J., Institutum Historicum S.J., 1982).

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Archivo de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, Libro Quinto de la Iglesia y Sacristía del Colegio de la Compañía de Jesús de Sancta Fe, hecho por orden del muy Reverendo Padre Pedro Calderón Provincial della en esta Provincia del Nuevo Reyno. Año de 1701.

Biblioteca Nacional de Bogotá (BNB), Libro de la Iglesia y sacristía de este colegio de Tunja desde el dia 8 de enero de el año 1717, ms. 105.

Carlos Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, 13 vols. (París: Alphonse Picard, 1890-1932).

José Eugenio de Uriarte y Mariano Lecina, Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús pertenecientes a la antigua Asistencia de España, desde sus orígenes hasta el año de 1773, 2 vols. (Madrid, 1925-1930). También hay que mencionar el Archivo Inédito de Uriarte y Lecina, fundamento de la obra antecedente, que reposa en la Universidad de Comillas, Madrid.

José del Rey Fajardo, Bio-bibliografía de los Jesuitas en la Venezuela colonial (San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira; Bogotá: Universidad Javeriana, 1995).

José Luis Sáez, “Los jesuitas en el Caribe Insular de habla castellana (1575-1767)”, Paramillo 16 (1997): 5-155.

100

José del Rey Fajardo, Biblioteca de Escritores jesuitas neogranadinos (Bogotá: Universidad Javeriana, 2006).

101

Pacheco, Los jesuitas en Colombia, 409-415, 424-455; y Catedráticos jesuitas de la Javeriana colonial (Bogotá: CEJA, 2002).

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4. Los alumnos Es llamativo el silencio que observamos tanto en las fuentes locales manuscritas como en las impresas en relación con todo lo que signifique información sobre los alumnos que estudiaron en el colegio de Honda. Lo cierto es que la Ratio Studiorum es taxativa en exigir los siguientes libros: el Libro de Admitidos102, en el que se debía asentar el nombre del alumno y su apellido, el lugar de origen, la edad, los nombres de los padres o de los que cuidan del joven, el día y año de admisión; el Libro de Notas103, instrumento esencial tanto para el colegio como para los examinadores; y, finalmente, el Catálogo de Alumnos104, que el profesor debía entregar al prefecto al inicio de cada periodo escolar. Adicionalmente, se prescribían los libros respectivos de dos instituciones muy propias de la Compañía de Jesús: la Academia105 y las Congregaciones106. Hasta el momento no podemos certificar la existencia de tales instrumentos de administración escolar. Con todo, debemos dejar constancia de los manuscritos que conocemos, aunque ellos se refieran al Colegio Mayor de San Bartolomé y a la Universidad Javeriana. En efecto, el Libro para assentar todos los colegiales, que ay, y van entrando en este real colegio Mr. y Seminario de San Bartolomé. Corre desde el primero de enero de 1702107 creemos que responde al Libro de admitidos indicado por la Ratio. En el propio archivo de San Bartolomé existe un fondo sugerente y poco inexplorado, como es de los Expedientes de sangre108. También debemos incluir aquí el interesante y decisivo Libro de la Universidad y Academia109 que respondería a uno de los libros de notas. Por otra parte, tenemos que confesar que no hemos hallado rastro de esta información en los inventarios de la expulsión de 1767, hecho que en sí no es definitivo, aunque sospechamos que

102

Ratio Studiorum [RS], “Reglas del Prefecto de los Estudios Inferiores”. Regla 11.

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Ratio Studiorum, “Reglas del Prefecto de los Estudios Inferiores”. Regla 20.

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Ratio Studiorum, “Reglas Comunes de los Profesores de las clases inferiores”. Regla 38. Este libro debía estar organizado por orden alfabético y ser revisado a lo largo del año. Además, debía distinguir la cualificación de los alumnos: buenos, medianos, dudosos, etc.

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Ratio Studiorum, “Reglas del Prefecto de los Estudios inferiores”. Regla 34. Además: “Reglas de la Academia”. Regla 10.

Ratio Studiorum, “Reglas del Rector”. Regla 23.

107

Archivo del Colegio de San Bartolomé, Bogotá.

108

William Jaramillo Mejía, Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé. Nobleza e hidalguía. Colegiales de 1605 a 1820 (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1996).

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Archivo del Colegio de San Bartolomé, Libro de la Universidad y Academia, fundada en el Colegio de la sagrada Religión del dulce nombre de Iesús desta ciudad de Sanctafé; en que se escriven y asientan los exámenes que se hacen a los estudiantes en ella y sus aprovaciones y grados que dan en las sciencias y facultades de Artes y Sagrada Theología, en conformidad de las Bulas y breves Apostólicos y Cédulas Reales concedidas a la dicha Religión y sus Colegios. Siendo Secretario della Alonso Rodríguez Vernal, por título de los superiores de la dicha Religión, el qual mandó hacer e hizo este libro.

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ese tipo de documentación tuvo que llamar la atención de los ejecutores de la Pragmática Sanción de Carlos III. Otra fuente imprescindible para la historia de la educación en la provincia neogranadina la constituyen las cartas escritas por los generales de la Orden a los provinciales110 de esta circunscripción; en ellas se trasluce la visión que tenían en Roma de nuestras obras educativas y las recomendaciones y críticas que generaba la conducta de los jesuitas. 5. La documentación fundacional Este tema, por su propia esencia, constituye una de las principales preocupaciones del investigador a la hora de hacer historia local y establecer la génesis del plantel educacional. En definitiva, la tramitación dependía en lo civil del Consejo de Indias y en lo eclesiástico del padre general de la Compañía de Jesús. Se trata en la mayoría de los casos de dos acciones paralelas. En el Archivo Romano de la Compañía de Jesús existen dos legajos para los aspectos fundacionales de los colegios del Nuevo Reino111. Esta información se complementa con las solicitudes de las congregaciones provinciales112, especie de senado de notables que se debía reunir cada seis años, con las cartas de los provinciales y por las respuestas que daba el general de la Orden en ambos casos. Para lo civil hay que manifestar que, con el correr de los tiempos, el Consejo de Indias fue multiplicando las exigencias para tales fundaciones y requería la anuencia de los estamentos más significativos de la ciudad que solicitaba la fundación, así como el parecer favorable del gobernador y del obispo. Su lugar apropiado es el Archivo General de Indias de Sevilla y su localización es bastante difícil, por lo disperso del material. También son imprescindibles las consultas al Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo Nacional de Colombia, la Biblioteca Nacional de Chile y, en menor escala, los archivos locales de las ciudades donde funcionaron los

El bloque más significativo reposa en el legajo 132 del Archivo de la Provincia de Toledo. También son útiles los extractos de las cartas conservadas en ARSI, N. R. et Q., 1. Epistolae Generalium. Al momento de redactar estas líneas debemos manifestar que el Archivo de la Provincia de Toledo, sito en Alcalá de Henares, dispone de una nueva catalogación.

ARSI, N. R. et Q. 17 y 18, Historia fundationum collegiorum.

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ARSI, Congregationes Provinciales. Las del Nuevo Reino son las siguientes: 1610 (t. 53, fol. 140 y ss). 1615 (t. 55, fol. 222 y ss). 1621 (t. 56, fol. 254 y ss). 1627 (t. 61, fol. 218 y ss). 1630 (Pacheco, Los jesuitas en Colombia, I, 434-436). 1636 (t. 64, fol. 260 y ss). 1642 (t. 71, fol. 186 y ss). 1651 (Pacheco, Los jesuitas en Colombia, I, 477-478). 1657 (t. 74, fol. 132 y ss). 1668 (t. 77, fol. 267 y ss). 1678 (t. 80, fol. 106 y ss). 1685 (Jouanen, Historia de la Compañía de Jesús, I, 271-275). 1695 (Pacheco, Los jesuitas en Colombia, II, 216-219). 1711 (t. 87, fol. 286 y ss). 1720 (t. 88, fol. 322 y ss). 1729 (ANB, Notaría 3, t. 160, fol. 1). 1738 (AGI, Santafé, 406). 1750 (t. 90, fol. 162 y ss). 1757 (t. 92, fol. 115 y ss). 1763 (t. 92, fol. 106 y ss).

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colegios. Hasta el momento desconocemos la posible información jesuítica en los archivos hondenses. 6. La vida cotidiana Otra área también inexplorada en la historia de la pedagogía jesuítica la representa el estudio de la cotidianidad en las instituciones educativas neogranadinas. Ciertamente, existen modelos metodológicos concretos sobre la vida de ciertos planteles jesuíticos que podrán iluminar desde ángulos muy diversos al futuro historiador de las instituciones educativas neogranadinas; en tal sentido, nos referimos al Colegio Romano113, al Imperial de Madrid114 y al San Bartolomé de Bogotá115. La Ratio Studiorum ofrece informaciones sobre el currículo, los textos fundamentales que debían utilizarse, los actos literarios y la metodología que debía observarse en la enseñanza de las humanidades116. Hay dos instituciones que gozaron del apoyo irrestricto de la Compañía de Jesús: las academias y las congregaciones. La Ratio define la academia como “un grupo de estudiosos, escogido entre todos los escolares, que se reúnen bajo algún prefecto de los nuestros, con objeto de realizar especiales ejercicios relativos a los estudios”117. Era un estímulo a la excelencia, ya que sus integrantes debían aventajar a los demás en virtud, diligencia en los estudios, cumplimiento de las leyes del aula y el ejemplo118. Hasta el momento no hemos podido encontrar referencia alguna sobre tan decisivo método para la educación jesuítica119. De las congregaciones hablaremos más adelante. La publicación que hemos venido realizando de los Inventarios tanto de los archivos como del contenido de las bibliotecas de los colegios jesuíticos venezolanos (adscritos a la jurisdicción de la Compañía de Jesús neogranadina)120 abre espacios nuevos para el estudio de la mentalidad y

Ricardo García Villoslada, Storia del Collegio Romano dal suo inizio (1551) alla soppressione della Compagnia di Gesù (1773) (Roma: Gregorian Biblical BookShop, 1954).

J. Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, 2 ed. (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1952 y 1959; Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1992).

P. Daniel Restrepo S.J., “El Colegio a través de nuestra historia”, en El Colegio de San Bartolomé, t. I (Bogotá, 1928); Guillermo y Alfonso Hernández de Alba, “Galería de hijos insignes del Colegio”, en El Colegio de San Bartolomé, t. II.

No pormenorizamos aquí las fuentes, ya que serán desarrolladas ampliamente en su lugar oportuno.

Ratio Studiorum, “Reglas de la Academia”. Regla 1.

Ratio Studiorum, “Reglas de la Academia”. Regla 3.

Ratio Studiorum, “Reglas de la Academia de los Gramáticos”.

José del Rey Fajardo, La expulsión de los Jesuitas de Venezuela (1767-1768) (San Cristóbal, 1990), 73-363.

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aspiraciones de los profesores jesuitas y las preocupaciones culturales de la ciudad en que residían121. En lo que respecta a la historia local y a la vida íntima de cualquier colegio, es fuente inapreciable el denominado Libro de consultas, obra que recoge la síntesis de la reunión que debía convocar el rector de cada colegio, mensualmente, con sus cuatro consultores, para conocer el estado y la marcha de la institución. El Libro de consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida122 se erige en una privilegiada guía para la tarea de reconstruir la vida diaria de un plantel colonial. El P. Leonardo Deubler escribió para el colegio de Popayán el Becerro123, especie de historia doméstica que sirve en gran manera para rehacer la cotidianidad de tan importante centro jesuítico. También puede ser de interés el libro Usos y costumbres de esta Provincia del Nuebo Reino de Granada. Dispuesto por el Padre Provincial Manuel de [Arceo] y añadidos por el Padre Rodrigo de Figueroa en treinta y tres capítulos sobre distribuciones de la Yglesia, fiestas, entierros, govierno de refictorio y otros caseros124. Una versión de este documento lo publicó el P. José Jouanén en 1941125. Mucho se ha escrito en el mundo occidental sobre el teatro jesuíti126 co , pero en el ámbito del Nuevo Reino se puede afirmar que hasta el presente no se conoce ninguna investigación sobre el tema, a pesar de ser

121

Aunque la investigación sobre los archivos y bibliotecas de los colegios neogranadinos está todavía por llevarse a cabo (con contadas excepciones), nos permitimos hacer alusión al libro de Araceli Guglieri Navarro, Documentos de la Compañía de Jesús en el Archivo Histórico Nacional (Madrid: Razón y Fe, 1967).

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AUCAB, Libro de Consultas.

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Archivo de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, Becerro o Sumario de la fundación, principios, progresos y otros acaecimientos del Colegio de Popayán, de que consta por su Archivo.

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Archivo de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, Usos y costumbres de esta Provincia Nuevo Reyno de Granada y especialmente de este colegio de Santafé dispuestos por el P. Provincial Manuel Arzeo, confirmados y añadidos por el Padre Rodrigo Figueroa, y aora nuebamente arreglados a lo que dexó ordenado el Padre Francisco Sierra, Visitador de esta Provincia. En el Archivo de la Provincia de Toledo (APT), leg. 315, reposan los Usos y costumbres de la Provincia del Nuevo Reyno de 1635 a 1702, y en el mismo Archivo, Fondo Astráin, leg., 18, las Ordenes antiguas que por orden del Padre Lorenzo Ricci no están en uso y deben guardarse en el Archivo.

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Jouanen, Historia de la Compañía de Jesús, t. I, 594-619.

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La revista Archivum Historicum Societatis Iesu se edita de forma semestral en Roma en el Instituto Histórico de la Compañía de Jesús. En el fascículo que corresponde al segundo semestre del año aparece siempre un capítulo o apartado intitulado “Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jésus” y recoge una riquísima información sobre lo producido por los jesuitas –o sobre los jesuitas– en todo el mundo. Su estructura fundamental es la siguiente: I. Sobre toda la Compañía de Jesús. A. Historia General. B. Historia Especial, que abarca los siguientes acápites: 1. San Ignacio de Loyola, 2. Instituto de la Compañía de Jesús, 3. Ejercicios Espirituales, 4. Espiritualidad, 5. Actividades pastorales, 6. Actividades culturales, 7. Escritos polémicos; II. Por países. Europa, América, Asia, África; III. Las personas. 1. Diccionarios. 2. Las personas por orden alfabético. 3. Lista complementaria de personas. 4. Índice de autores. Desde hace muchos años esta sección está a cargo del investigador húngaro László Polgár S.J. Un ejemplo

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este un aspecto tan importante de la cultura generada por los seguidores de Ignacio de Loyola. 7. La economía Las haciendas jesuíticas adquirieron una dimensión específica durante el periodo colonial, ya que se convirtieron en el verdadero soporte económico de los objetivos que debían cumplir los colegios: educativos, sociales, culturales y religiosos. Una guía de la realidad financiera que vivía en el momento de la información cada colegio la diseñan los Catalogus Rerum de los que hablamos al desarrollar la información sobre los catálogos. También los Inventarios llevados a cabo con motivo de la expulsión de los jesuitas de América significan un decisivo aporte para reconstruir la realidad de cada domicilio, ya que tal documentación fue buscada con ansiedad por directrices expresas de Madrid. En varios archivos reposan los fondos relativos a los bienes jesuíticos: hacemos especial mención tanto del Archivo Histórico Nacional de Madrid como de la Biblioteca Nacional de Chile. Para la Provincia del Nuevo Reino, se ha logrado elaborar un método con el cual estudiar las haciendas que sirvieron de base para el mantenimiento de los respectivos colegios. Nos referimos al libro modelo de Edda Samudio Las haciendas del Colegio San Francisco Javier de la Compañía de Jesús en Mérida, 1628-1767127. La autora ha seguido la biografía del plantel jesuítico a través de todas las acciones de compra y venta y contratos suscritos desde 1628 por las autoridades competentes del colegio. Hay que señalar que en su investigación Edda Samudio va mucho más allá que los especialistas que la han precedido en este tema jesuítico de las haciendas coloniales americanas, como Chevalier128, Macera129 o Colmenares130. En efecto, la exhaustiva documentación recopilada por Edda Samudio le ha llevado a describir los antecedentes, origen y expansión de las propiedades del colegio; sus características organizativas, la productividad, etc., dentro del contexto final que era la consecución de los objetivos integrales del centro educativo. Finalmente, el completo apéndice documental facilita

concreto, entre muchos, lo ofrece el artículo de L. J. Oldani y M. J. Bredeck, “Jesuit theater in Italy: A bibliography”, Archivum Historicum Societatis Jesu LXVI (1997): 185-235.

Edda Samudio, Las haciendas del Colegio San Francisco Javier de la Compañía de Jesús en Mérida. 1628-1767 (Mérida: Universidad de los Andes, 1985).

François Chevalier, Instrucciones a los Hermanos Jesuitas Administradores de Haciendas (México: UNAM, Instituto de Historia, 1950).

129

Pablo Macera, Instrucciones para el manejo de las Haciendas Jesuíticas del Perú (Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966).

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Germán Colmenares, Las haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada (Bogotá: Universidad Nacional, Tercer Mundo, 1969).

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al investigador la consulta de los documentos y habla del rigor académico tanto de la trascripción como del rastreo a que ha sometido el tema la autora, no solo en los archivos merideños, sino en los ya tradicionales, como el Archivo Nacional de Colombia, el General de Indias o el Romano de la Compañía de Jesús. Para el resto de los colegios del Nuevo Reino existen estudios generales que facilitarán el acceso a la investigación concreta que se realice sobre cada una de las ciudades en que los jesuitas llevaron a cabo su acción educativa. En primer lugar, es necesario recurrir a la obra del P. Juan Manuel Pacheco Los jesuitas en Colombia, porque recoge cuidadosamente la formación del capital en cada colegio que se fundaba, así como el desarrollo financiero hasta su consolidación. Asimismo, existe en Colombia una serie de estudios sobre las haciendas jesuíticas, pero en general se circunscriben a las de las Misiones de la Orinoquia. Según el historiador José Eduardo Rueda Enciso, salvo algunos trabajos aislados como el de la historiadora Zamira Díaz sobre Las haciendas ignacianas en la antigua Gobernación del Cauca, y el trabajo, muy general, aunque lleno de datos, de Hermes Tovar Grandes empresas agrícolas y ganaderas (1980) no existen trabajos regionales ni de caso que profundicen e ilustren la actividad no solo económica, sino social, cultural y evangelizadora de los jesuitas131.

Podemos citar los trabajos, entre otros, de José Eduardo Rueda Enciso132 y Héctor Publio Pérez Ángel133, pero hay que destacar la obra realizada por Germán Colmenares134 con respecto a sus estudios sobre el sistema económico implantado por los jesuitas en sus haciendas neogranadinas y quiteñas. 8. La formación integral El humanismo integral contempla cinco elementos tradicionales que deben desarrollarse de forma armónica y jerarquizada. Ellos son: el físico, el

José Eduardo Rueda Enciso, “El complejo económico administrativo de las antiguas haciendas jesuíticas del Casanare”, Boletín Cultural y Bibliográfico XXVI, No. 20 (1.989): 1.

Rueda Enciso, “Cravo: La Antigua Hacienda Jesuítica”, Revista Lámpara XXV, No. 105 (1987): 7-15; “El desarrollo geo-político de la Compañía de Jesús en los Llanos Orientales de Colombia”, en Los Llanos: una historia sin fronteras. 1er Simposio de Historia sobre los Llanos colombo-venezolanos (Academia de Historia del Meta, 1988), 184-196; “Un complejo económico-administrativo de las Antiguas Haciendas Jesuitas del Casanare”, Boletín Cultural y Bibliográfico. Banco de la República XXVI, No. 20 (1989): 3-16.

Héctor Publio Pérez, “El papel de las misiones religiosas en la conformación de las ciudades coloniales de Los Llanos”, en Javier Guerrero, comp., Regiones, ciudades, empresarios y trabajadores en la Historia de Colombia, IX Congreso de Historia de Colombia, Tunja, mayo de 1995, 23-40; La hacienda Caribabare. Estructura y relaciones de mercado (Tunja: Corpes, 1997).

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Colmenares, Las haciendas de los jesuitas; “Los Jesuitas. Modelo de empresarios coloniales”, Boletín Cultural y Bibliográfico. Banco de la República XXI, No. 2 (1984): 42-55.

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social, el intelectual, el estético y el espiritual. Como entre ellos debe existir interrelación, todos colaboran para conseguir el fin último: el hombre integral. En realidad, la Ratio Studiorum significó un camino para llegar a esos altos objetivos. Y aunque las personas, la geografía y la idiosincrasia fueran distintas, las metas trazadas eran comunes. Para la función integradora de la enseñanza nos remitimos al estudio de Miguel Bertrán Quera135 en el que el investigador podrá verificar la fidelidad al espíritu y a las fuentes jesuíticas y también su interpretación. Un gran influjo desarrolló como escritor ascético durante la segunda mitad del XVII y primera del XVIII el P. Pedro de Mercado, jesuita criollo que nunca pisó Europa y cuyos escritos interpretan la forma de concebir la vida y de realizarse según la espiritualidad de la Compañía de Jesús136. El estudio de su prolífica obra es imprescindible para poder comprender la mentalidad colonial y la búsqueda de fórmulas propias, aun dentro del espíritu cosmopolita que practicaba la Orden de Ignacio de Loyola. Asimismo, merece especial mención un escrito que publicamos por vez primera en 1979 y el cual recoge los métodos de urbanidad que se impartían en las aulas jesuíticas neogranadinas. Nos referimos a Lo mejor de la vida, religión, doctrina y sangre recogido en un noble joven colegial de el Real, Mayor y Seminario Colegio de San Bartholomé137. A nuestro modo de ver, este manuscrito debe ser atribuido a la pluma del P. Ignacio Julián138. También el historiador de la pedagogía jesuítica debe hacer especial hincapié en el papel desarrollado por las congregaciones en la vida institucional de los centros educativos en Tierra Firme. Para conocer la vida interna de una congregación neogranadina disponemos de dos puntos cronológicos de referencia. El primero se centra en la obra ascética del P. Pedro de Mercado139, que cubre la segunda mitad del siglo XVII; el segundo, casi

Miguel Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas en la Ratio Studiorum”, Paramillo 2-3 (1984): 1-283.

Para las obras José del Rey Fajardo, Bio-bibliografía de los jesuitas en la Venezuela colonial (Caracas, 1974), 352-361, véase también Pacheco Los jesuitas en Colombia, II, 297-316.

Biblioteca Nacional de Colombia, Sección de Libros Raros y Curiosos, Lo mejor de la vida, Religión, Doctrina y Sangre recogido en un noble joven colegial de el Real, Mayor y Seminario Colegio de San Bartholomé, propuesto en Ynstrucción Christiano-Politica para el uso de dicho Colegio a quien lo dedica un Estudiante Theologo de la Compañía de Jesús en su segundo año a suplicas de la misma juventud noble, ms. 17. El texto íntegro lo publicamos en La Pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica, 325-427.

José del Rey Fajardo, “Un manual de urbanidad y cortesía para estudiantes de humanidades (1762)”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia LXII, No. 246 (1979): 389-400; J. M. Pacheco, “Dos curiosos manuscritos coloniales”, Boletín de Historia y Antigüedades 66, No. 727 (1979): 507-519. El argumento que utilizamos para llegar a la paternidad literaria del documento es el de la exclusión, ya que el único de los estudiantes de teología que en 1763 estaba de pasante en el Colegio-Seminario de San Bartolomé era el P. Ignacio Julián.

Del Rey Fajardo, Bio-bibliografía de los jesuitas, 1974, 352-354.

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inmediato a la expulsión de los jesuitas en 1767, es la obra Breve noticia de la Congregación de Nuestra Señora del Socorro publicada en Madrid en 1760140. 9. La visión historiográfica La primera impresión que percibe el estudioso de la biografía escrita por los miembros de la Compañía de Jesús en Honda es la ausencia de huellas significativas en la historiografía hondense, a pesar de haber servido durante 147 años a los hombres y a los ideales de esta rica ciudad del río Magdalena. Varias son las perspectivas en las que puede ubicarse el colegio de Honda dentro de la historiografía jesuítica y en la local. En el marco de la visión de la Compañía de Jesús del siglo XVII, Pedro de Mercado (16201701)141 es el primer historiador jesuita que escribe en castellano sobre la Provincia del Nuevo Reino y Quito y sus hombres. Hay que resaltar que la redacción de la obra mercadiana llega hasta 1684, pero su manuscrito permaneció inédito hasta 1957142. La Historia de la Provincia del Nuevo Reino y Quito de la Compañía de Jesús no es una historia crítica, pero sí una crónica rica en informaciones sobre la actividad externa de los jesuitas en esa demarcación geográfica. Un gran aporte lo significan la cantidad de biografías de hombres de virtud y letras que incluyó en su obra como parte de la historia. Además, es fuente obligada de consulta, ya que fue a partir de sus bases documentales como proyectaron los historiadores que le siguieron sus respectivas realizaciones143. Pero fue el P. José Cassani (1673-1750)144 quien con su Historia de la Provincia del Nuevo Reino145 dio a conocer en el mundo culto hispano y europeo la biografía de la Compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada. Y aunque su Historia ha sido objeto de las más variadas opiniones críticas, debemos confesar que su obra se constituye en la primera visión histórica de los jesuitas en tierras colombianas. Además, su condición de miembro

Fernando de Vergara, Breve noticia de la Congregación de Nuestra Señora del Socorro erigida en la Iglesia de la Compañía de Jesús de la ciudad de Santa Fe del Nuevo Reyno de Granada. El P. Fernando de Bergara, prefecto de dicha Congregación, la dedica a María Santísima, con título del Socorro. Con licencia en Madrid por Joachín Ibarra, calle de las Urosas, año 1760. Existe un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Bogotá.

141

J. M. Pacheco, “Mercado, Pedro de (II)”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2632.

142

Pedro de Mercado, Historia de la Provincia del Nuevo Reino y Quito de la Compañía de Jesús, 4 vols. (Bogotá: Biblioteca de la Presidencia de Colombia, 1957).

143

Para el colegio de Mompox, véase el t. II, 151-175.

144

Del Rey Fajardo, Bio-bibliografía de los jesuitas, 1974, 131-141.

145

Joseph Cassani, Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada en la América, 2 ed. (Madrid, 1741; Caracas, 1967).

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fundador de la Real Academia146, su polifacética obra escrita147, su posición al frente de la cátedra de matemáticas en el Colegio Imperial de Madrid y su autoridad científica y literaria148 constituían en ese momento el mejor aval para la publicación que ofrecía el jesuita académico en 1741. El siglo XIX se abre con la obra del escritor boyacense José Joaquín Borda149, cuyo objetivo es ofrecer a los lectores americanos una historia de los jesuitas en Colombia. Concibe su trabajo como circunscrito a la nueva Colombia que nace en 1830 tras la fragmentación del ideal grancolombiano. Es de lamentar que, como hijo del siglo XIX, haya adoptado un criterio metodológico que hoy no es aceptado por la ciencia histórica, aunque lo confiesa con toda honestidad. Al hablar de la bibliografía utilizada, añade que sus “citas se han omitido en el testo (sic) para hacer más fácil su lectura”150, pero a la vez confiesa que se sirvió de 200 expedientes del Archivo Nacional de Colombia y pudo utilizar la Biblioteca Pineda, rica en bibliografía colombiana, y también aduce las obras que el autor considera “principales”151. El aporte de Borda hay que completarlo con la Historia de don José Manuel Groot en la que la acción jesuítica en tierras neogranadinas adquiere un lugar justo en la historiografía colombiana del siglo XIX152. Este autor, al igual de Borda, padece de la misma enfermedad crítica, aunque en su lectura se descubre de inmediato que sus análisis históricos están

Constacio Eguia Ruiz, “El P. José Cassani, cofundador de la Academia española”, Boletín de la Academia Española XXII (1935): 7-30.

José Eugenio de Uriarte y Mariano Lecina, Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús pertenecientes a la antigua Asistencia de España desde sus orígenes hasta el año de 1773, vol. II (Madrid, 1930), 143-151.

Gabriel Bousemart, carta del Padre Gabriel Bousemart, Rector del Colegio Imperial de Madrid, para los Padres Superiores de la Provincia de Toledo, sobre la religiosa vida, y virtudes del Padre J. Cassani, difunto el día doce de noviembre de 1750, Madrid, 1750.

José Joaquín Borda, Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada, 2 vols. (Poissy, 1872).

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Borda, Historia de la Compañía de Jesús, I, XI.

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Borda, Historia de la Compañía de Jesús, I, XI-XII. Sobre la historia jesuítica aducen: J. Cassani, Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús; y Jacques Crétineau-Joly, Histoire religieuse, politique et littéraire de la Compagnie de Jésus, 6 vols. (París-Lyon, 1844-1846). J. Crétineau-Joly, Clément XIV et les jésuites (París, 1847); José Gumilla, El Orinoco ilustrado y defendido (Madrid, 1745); Breve Noticia de la Apostolica y exemplar vida del P. Juan Ribero (Madrid, 1739); Antonio Julián, La Perla de América, Provincia de Santa Marta, reconocida, observada y expuesta en discursos históricos por Don Antonio Julián (Madrid, 1787); Juan Rivero, “Historia de las misiones de los llanos de Casanare y san Martín (inédita)”, la primera edición impresa fue Historia de las Misiones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta (Bogotá, 1883); Manuel Rodríguez, El Marañon y Amazonas. Historia de los descubrimientos, entradas y reduccion de naciones, trabajos malogrados de algunos conquistadores y dichosos otros, así temporales como espirituales, en las dilatadas montañas y mayores rios de America (Madrid: Imprenta de Antonio Gonçalvez de Reyes, 1684); Juan Velasco, Historia del Reino de Quito en la América Meridional (Quito, 1841-1844).

151

José Manuel Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. Escrita sobre documentos auténticos, 5 vols. (Bogotá, 1889-1893), t. II (1890), 23-26.

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fundamentados en un severo estudio de las fuentes documentales, aunque no las cita153. El tema de la expulsión de los jesuitas lo trata con una precisión admirable. El siglo XX ha corrido con mejor suerte, a la luz de otros intereses históricos. Dentro de una historia general de los jesuitas en España y sus provincias ultramarinas, hay que recurrir de forma obligada a la Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España154 del P. Antonio Astráin155. En cada uno de los tres últimos tomos de su obra dedica un capítulo a la provincia del Nuevo Reino de Granada156. Obra crítica y documentada, se erige como marco de referencia para cualquier historiador que desee trajinar la vida de la Compañía de Jesús en España y América. Para seguir en el surco de la historiología jesuítica colombiana, el P. Daniel Restrepo esbozó la historia de los jesuitas en Colombia en 1940, que en general se reduce a sintetizar los aportes de José Manuel Groot, de José Joaquín Borda y del P. Antonio Astráin157. Un impulso definitivo adquirió la historia de la Provincia jesuita del Nuevo Reino de Granada con los aportes del historiador santandereano P. Juan Manuel Pacheco. Su obra Los Jesuitas en Colombia158 abrió nuevas rutas documentales y enriqueció de modo significativo el aporte inicial ofrecido por el P. Antonio Astráin para la Provincia en este lugar del Reino y, por supuesto, su anexo colonial en Venezuela. En la actualidad, se erige como la obra obligada de consulta para la historia de la Compañía de Jesús en Colombia. Para poder situar la acción de los jesuitas en la Honda religiosa debemos hacer referencia en primer lugar al horizonte que traza Juan Manuel Pacheco en su Historia eclesiástica tanto en el tomo II dedicado al siglo XVII159 como en el tomo III consagrado al siglo XVIII160. Ciertamente, los hijos de Francisco de Asís se insertaron pronto en el pueblo colombiano y a ello responden las investigaciones realizadas por el académico Luis Carlos Mantilla y Los Franciscanos en Colombia. Entre

Groot, Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada.

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Astrain, Historia de la Compañía de Jesús.

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Rafael Ma. Sanz de Diego, “Astrain, Antonio”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 258-259.

Astrain, Historia de la Compañía de Jesús, vol. V (1916), 457-478; vol. VI (1920), 633-660; vol. VII (1925), 433-450.

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157

Daniel Restrepo, La Compañía de Jesús en Colombia: Compendio historial y Galería de ilustres varones (Bogotá: Imprenta del Corazón de Jesús, 1940).

Pacheco, Los Jesuitas en Colombia, t. I, 1567-1654; t. II 1654-1696; t. III, 1696-1767.

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159

Juan Manuel Pacheco, Historia Eclesiástica. La consolidación de la Iglesia. Siglo XVII, vol. 13, t. 2, en Historia Extensa de Colombia (Bogotá: Lerner, 1975).

Pacheco, Historia Eclesiástica. La evangelización del Nuevo Reino, siglo XVI, vol. 13, t. 1; La iglesia bajo el Regalismo de los Borbones, siglo XVIII, vol. 13, t. 4, en Historia Extensa de Colombia (Bogotá: Lerner, 1986).

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1639 y 1641 se inicia la presencia franciscana en Honda primero como hospicio y después como convento en 1675161. Copiosa es la bibliografía elaborada por los seguidores de Agustín de Hipona para algunas regiones de Colombia, y a fin de poder manejarse con soltura en ese complejo mundo, pensamos que será de gran utilidad la obra colectiva dirigida por Luis Alberto Monroy, quien ha recopilado en cuatro tomos los hechos y las acciones de los agustinos en la Provincia de Nuestra Señora de Gracia en Colombia162. Sin embargo, el año 1667 fundaron un hospicio que nunca logró superar esta categoría163. Con respecto a los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, da la impresión de que han pasado a la historiografía colombiana más por su acción sanitaria y humanitaria que por su acción apostólica, verdaderamente encomiable. En el caso específico de Honda, se encargaron del hospital de San Rafael a raíz de la expulsión de los jesuitas164. Un género literario interesante en el derecho diocesano de la Iglesia colombiana lo constituyen los sínodos y concilios realizados en la época colonial bien en territorio neogranadino165 bien en las sedes episcopales foráneas que tenían alguna conexión con los hombres o los hechos, ya fuera de la Audiencia, ya del Virreinato166. En el caso concreto de Honda, es interesante el Sínodo de Santafé realizado en 1606 con el fin de adaptar para el Nuevo Reino el concilio provincial de Lima llevado a cabo en 1583167. Y también asume una gran importancia el Concilio Provincial que se inició en 1625 y al que asistieron los sufragáneos que pudieron hacerse presentes168. Mas, sin nos circunscribimos al ámbito de la educación jesuítica colonial, es interesante para el estudioso de la pedagogía de la Compañía de

Luis Carlos Mantilla, Los franciscanos en Colombia, t. I (Bogotá: Kelly, 1984), 93-97.

Padre José Pérez Gómez, et al., Provincia agustiniana de Nuestra Señora de Gracias en Colombia, t. I-II (Bogotá: Provincia Agustiniana, 1993), t. III (2000).

163

Fernando Campo del Pozo, “Notas agustinianas de Dioniso Copete Duarte en el IV Centenario de la fundación del convento San Agustín de Bogotá, 1575-1975”, en Pérez Gómez, et al., Provincia agustiniana, t. II.

Roberto Velandia, La villa de San Bartolomé de Honda, t. I: Épocas de la Conquista y de la Colonia (Bogotá: Kelly, 1989), 239-246. Véase Luis Ortega Lázaro, Para la historia de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Hispanoamérica y Filipinas. V Centenario descubrimiento de América. 1492, 12 de octubre, 1992 (Madrid: Secretariado Permanente Interprovincial, Hermanos de San Juan de Dios, 1992).

165

Carlos E. Mesa, “Concilios y sínodos en el Nuevos Reino de Granada”, Missionalia Hispanica 31 (1974): 129-171.

166

Para una visión general resumida, véase Pedro Borges, ed., Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas (siglos XV-XIX), t. I (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1992), 175-192.

161 162

164

Pacheco, Historia eclesiástica. La consolidación, 46-49; “Constituciones sinodales del sínodo de 1606, celebrado por don Bartolomé Lobo Guerrero”, Ecclesiastica Xaveriana 5 (1955): 153-201.

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168

Pacheco, Historia eclesiástica. La consolidación, 79-81; José Restrepo Posada, “El Sínodo Provincial del señor Arias de Ugarte (1625)”, Ecclesiastica Xaveriana 14 (1964): 79-130.

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Jesús en el Nuevo Reino de Granada la obra en colaboración titulada La pedagogía jesuítica en Venezuela169, pues diseña los horizontes de la paideia ignaciana en tierras neogranadinas. Con todo, esta visión histórica conceptual conviene completarla con los aportes que hizo la extinta revista Paramillo al alma de la cultura jesuítica, sobre todo con la publicación de los sextos fundamentales de las diversas Ratio Studiorum en castellano y la excelente introducción del psicólogo Miguel Bertrán Quera170. Pero, si de lo general descendemos a lo particular, es conveniente hacer referencia al gran proyecto que viene desarrollando la Universidad Javeriana con el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas sobre la acción educadora de la Compañía de Jesús en Colombia en su etapa colonial. Por primera vez se asume un plan conjunto con el reto de rehacer la “historia local” neogranadina a través de la red de colegios de humanidades que se fueron fundando a lo largo de los siglos XVII y XVIII en el actual territorio colombiano: Cartagena, Bogotá, Tunja, Pamplona, Honda, Mompox y Antioquia. A ellos hay que añadir las fundaciones de Popayán, Buga y Pasto que jurídicamente pertenecieron a la provincia de Quito de la Compañía de Jesús. En la planificación educativa, los jóvenes jesuitas que abandonaban la Universidad Javeriana para asumir la docencia en los pequeños colegios de las ciudades neogranadinas partían de la capital tras haber vivido el espíritu de la enseñanza de las humanidades en la Facultad de Lenguas171 de su Alma Mater y por ello se habían adiestrado no solo en el conocimiento de los autores clásicos, sino también en las técnicas psicoeducativas de la docencia. El proyecto contempla dos grandes espacios temáticos en el estudio de cada entidad educativa: el colegio y el templo; es decir, por un lado, la promoción humana, cultual, intelectual y cívica de las juventudes provincianas, y por otro, el cultivo espiritual y moral de la conciencia personal y cívica, como expresión de una nueva idea de compromiso con el deber ser como personas y como sociedad. En palabras ignacianas: el colegio y la iglesia se erigían como el lugar privilegiado para juntar virtud con letras. Los jesuitas en Honda, 1620-1767 viene a engrosar el gran proyecto que desarrolla desde hace varios años esta novedosa serie editorial, que se

Del Rey Fajardo, ed., La pedagogía jesuítica en Venezuela.

Miguel Bertrán Quera, La pedagogía de los jesuitas en la Ratio Studiorum. La fundación de colegios. Orígenes, autores y evolución histórica de la Ratio. Análisis de la educación religiosa, caracterológica e intelectual (San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira; Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1984).

José del Rey Fajardo, La “Facultad de Lenguas” en la Javeriana colonial y sus profesores (Bogotá: Universidad Javeriana, 2004).

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inició con el colegio de Antioquia172 y ha seguido con el colegio noviciado de Tunja173, el colegio de Mompox174 y ahora el de Honda175. Dentro del ámbito de la historia de las ideas pedagógicas durante los tiempos coloniales, la historiografía colombiana, en general, abre sus investigaciones tras la expulsión de los jesuitas en 1767. En cierta manera, entendemos esa actitud metodológica como una expresión de las ideas ilustradas176; sin embargo, deja en la oscuridad el gran esfuerzo realizado por las diversas órdenes religiosas que durante más de dos siglos, a su manera, entregaron a la historia de la educación excelentes aportes. Por contraste, existen esfuerzos por diseñar una visión más holística, como es el caso de Jairo Acevedo177, quien, aunque consagra todo un capítulo a la época colonial178, su verdadero estudio lo inicia con la “Primera reforma”179. También es conveniente hacer referencia a algunos autores que trataron de penetrar en esta interesante temática. Podemos considerar a Luis Antonio Bohórquez Casallas como un preocupado por descubrir esa zona hasta hoy inédita de la pedagogía jesuítica neogranadina. Empero, podríamos afirmar que hace historia fundacional y, por ende, no entra en el ámbito pedagógico, si bien tiene la precaución de remitir al lector a esos temas al criterio de un buen conocedor de la paideia de la Compañía de Jesús como es Ramón Ruiz Amado180. También merece una mención especial Danilo Nieto Lozano181, quien dedica todo el capítulo tercero de su obra182 a la educación en la Colonia, aunque también es verdad que ofrece un panorama de este ramo en la

José del Rey Fajardo y Felipe González, Los jesuitas en Antioquia 1727-1767. Aportes a la historia de la cultura y el arte (Bogotá: Universidad Javeriana, 2008).

José del Rey Fajardo y Felipe González, Educadores, ascetas y empresarios. Los jesuitas en la Tunja colonial, 2 vols. (Bogotá: Universidad Javeriana-Academia Boyacense de Historia, 2010).

José del Rey Fajardo y Felipe González, Los jesuitas en Mompox, 1643-1767 (Bogotá: Universidad Javeriana, 2012).

José del Rey Fajardo y Felipe González, Los jesuitas en Honda, 1620-1767 (Bogotá: Universidad Javeriana, 2012).

Véase Diana Soto Arango, ed., Estudios sobre Historia de la Educación Latinoamericana. De la Colonia a nuestros días (Tunja: Rudecolombia, 1993).

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Jairo Acevedo, Historia de la educación y la pedagogía (Medellín: Universidad de Antioquia, Facultad de Educación, 1984).

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Acevedo, Historia de la educación, 185-212.

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Acevedo, Historia de la educación, 189.

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Luis Antonio Bohórquez Casallas, La evolución educativa en Colombia (Bogotá: Publicaciones Cultural Colombiana, 1956), 104-128. En la parte cualitativa de la enseñanza jesuítica, recurre a Ramón Ruiz Amado, Historia de la Educación y Pedagogía (Barcelona: Librería Religiosa, 1917), 105-107.

Danilo Nieto Lozano, La educación en el Nuevo Reino de Granada (Bogotá, 1955).

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Nieto, La educación, 64-120.

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América Latina183. En el caso del Nuevo Reino, hay que resaltar que se preocupa por mencionar los principales centros educativos, y en el caso específico de Mompox, únicamente se refiere al colegio universidad de San Pedro Apóstol, conocido normalmente como el Colegio Pinillos184. En definitiva, comprendemos que no es fácil realizar estudios globales si no existen las investigaciones sectoriales que faciliten esta encomiable tarea. Así le sucede a Antonio Cacua Prada en su prolífica producción sobre la historia educativa colombiana185. En un sentido de justicia y de esperanza se abren nuevos espacios para futuras investigaciones con la Revista de Historia de la Educación en Colombia que edita la Universidad Pedagógica de Tunja bajo la dirección del consagrado catedrático y académico Javier Ocampo López186. Aunque se han hecho presentes diversas historias de la educación en España y América, queremos hacer referencia a dos que establecen un marco conceptual e histórico digno de ser tenido en cuenta en cualquier investigación. La primera es la Historia de la Educación en España y América que dirige Buenaventura Delgado Criado187. Se trata de una obra colectiva en la que los especialistas toman a su cargo los temas específicos de su ramo. Sin embargo, debemos afirmar que en el caso concreto de la enseñanza de las humanidades en los pequeños colegios provincianos del Nuevo Reino de Granada su contribución es casi nula. La segunda es la publicada en la Biblioteca de Autores Cristianos de Madrid bajo la conducción del prolífico escritor B. Bartolomé, titulada Historia de la acción educadora de la Iglesia en España188. 10. La expulsión El 20 de febrero de 1767 el rey Carlos III firmaba en el Pardo el Real Decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de todos sus dominios189; el 2 de abril promulgaba la Pragmática sanción para el extrañamiento de los

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Nieto, La educación, 133-149.

184

Nieto, La educación, 137-138.

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Antonio Cacua Prada, Historia de la Educación en Colombia (Bogotá, 1997). El capítulo III lo intitula “Colegios y universidades coloniales”, pero en su contenido no hace referencia a los colegios.

Revista de Historia de la Educación en Colombia. Es una publicación de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia de Tunja, bajo la dirección de Javier Ocampo López. El número 1 data de 1998 y el 5 de 2002.

Buenaventura Delgado Criado, coord., Historia de la Educación en España y América, vol. II: La Educación en la España moderna (siglos XVI-XVIII) (Madrid: Fundación Santa María, 1993).

B. Bartolomé, et al, Historia de la acción educadora de la Iglesia en España (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1995).

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AGI, Caracas, 210, texto íntegro, fols. 1r-3v.

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jesuitas de sus reinos, ocupación de sus temporalidades y prohibición de su restablecimiento190; y en 1773 el Papa Benedicto XIV extinguía la Orden religiosa fundada por Ignacio de Loyola en 1540. En un término de seis años (1767-1773), el gran edificio que la Compañía de Jesús había levantado en todo el mundo se convertía en ruinas. Ese breve espacio de tiempo bastaría para trazar una línea divisoria entre dos fronteras que interpretan dos mundos distintos para los hombres de la Compañía de Jesús que habían nacido o laborado en la América hispana; atrás quedaba el gran proyecto americano del que habían sido protagonistas. Por delante, llama a reflexión la producción literaria y científica que desarrollaron los expulsos en tierras italianas y esos escritos representan la eclosión de un alud que hubiera florecido en América en el contexto de un verdadero proyecto de la nueva América. Estas premisas sugieren tres áreas de investigación distintas. La primera, que designamos como literatura de expatriación, abarca toda la problemática de las causas que motivaron la decisión real de privar de la nacionalidad a los seguidores de Ignacio de Loyola y de excluirlos de los territorios del imperio hispano. Como es natural, su temática desborda los límites fijados para el presente trabajo191. Sin embargo, ha sido el profesor de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Ferrer Benimeli, quien en varias entregas en la fenecida revista Paramillo ha tratado de desentrañar las causas de la expulsión a través de la correspondencia secreta entre el embajador de Francia en Madrid y el ministro de Relaciones Exteriores francés en los años cruciales de la crisis (1766-1770)192. La segunda, que podríamos denominar como literatura de la expulsión, se circunscribe a los inventarios levantados in situ en el momento de poner en práctica la decisión cesárea en 1767 y a la documentación anexa. Este acervo constituye hasta el momento la fuente más rica de esta trilogía temática193. En el caso específico de la villa de Honda hemos utilizado tanto José del Rey Fajardo, Documentos jesuíticos relativos a la Historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, vol. III (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1974), 103-109.

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Isidoro Pinedo, J. Baptista y M. Batllori, “Expulsión de la Compañía de Jesús de España y de sus dominios y exilio en Italia (1767-1814)”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1347-1364.

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José Antonio Ferrer Benimeli, “Carlos III y la extinción de los Jesuitas”, Paramillo 9-10 (1990): 417-436; “Córcega y los jesuitas españoles expulsos 1767-1768. Correspondencia diplomática”, Paramillo 14 (1995): 5-196; “La expulsión y extinción de los jesuitas según la correspondencia diplomática francesa 1770-1773”, Paramillo 17 (1998): 5-386. En los últimos años un grupo de investigadores de la Universidad de Alicante (España) está adelantando interesantes y vitales estudios sobre el tema.

Teófanes Egido López e Isidoro Pinedo, Las causas ‘gravísimas’ y secretas de la expulsión de los jesuitas por Carlos III (Madrid: Fundación Universitaria Española, 1994); Manfred Tietz, ed., Los jesuitas españoles expulsos. Su imagen y su contribución al saber sobre el mundo hispánico en la Europa del siglo XVIII (Madrid: Iberoamericana; Frankfurt am Main: Vervuert, 2001); Enrique Giménez López, ed., Expulsión y exilio de los jesuitas españoles (Universidad de Alicante, 1997);

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el “Testimonio del cuaderno de extrañamiento de Jesuitas de Honda”194 así como el relativo a las haciendas titulado “Cuenta de la Hacienda relativa a un año contado desde el 1º de septiembre de 1770 hasta el 31 de agosto de 1771 años”195. Y la tercera, que calificaremos como la literatura del exilio, debe recoger la producción intelectual desarrollada por los miembros de la Provincia en el Nuevo Reino de Granada desde su salida de tierras americanas hasta su muerte196. Sin embargo, esta literatura es la que ofrece mayores posibilidades a la hora de evaluar el carácter científico y humanístico de los jesuitas coloniales y su significación en sus respectivos países. Un pionero en estas difíciles investigaciones fue el P. Miguel Batllori197, pero la importancia del tema ha convocado diversas iniciativas que han fraguado en obras colectivas, como Los jesuitas españoles expulsos de Manfred Tietz198 o las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Alicante bajo la dirección de Enrique Jiménez López199. También juzgamos de utilidad el trabajo de Enrique Villalba Pérez de la Universidad Carlos III de Madrid como síntesis de consulta para el estudioso de los temas jesuíticos en América200. Juzgamos oportuno resaltar la importancia de la ciudad del Puerto de Santa María porque adquiere dimensiones insospechadas en la historia de las relaciones de la Compañía de Jesús con la América hispana. A partir del siglo XVIII, todas las expediciones jesuíticas que atravesaban el Atlántico rumbo al nuevo mundo zarpaban de este puerto. Y lamentablemente se haría también célebre a partir de 1767 porque tras la expulsión decretada por Carlos III sería el punto de encuentro de los que retornaban expatriados,

Y en el tercero perecerán. Gloria, caída y exilio de los jesuitas españoles en el s. XVIII (Universidad de Alicante, 2002); También son de gran interés los aportes de Inmaculada Fernández Arrillaga, “Estudio introductorio y notas”, en Manuel Luengo, Memorias de un exilio: Diario de la expulsión de los jesuitas de los dominios del Rey de España (1767-1768) (Universidad de Alicante, 2001); M. Luengo, El retorno de un jesuita desterrado. Viaje del P. Luengo desde Bolonia a Nava del Rey. ed. por Inmaculada Fernández Arrillaga (Universidad de Alicante, 2004); Fernández Arrillaga, El destierro de los jesuitas castellanos (1767-1815) (Salamanca: Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 2004). ANB, Curas y obispos, 14, fols. 93-317.

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ANB, Temporalidades, 4, fols. 693-721 y 815-822.

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Juan Manuel Pacheco, “La expulsión de los jesuitas del Nuevo Reino de Granada”, Revista de Indias 113-114 (1968): 351-381; Los jesuitas en Colombia, t. III: 1696-1767 (Bogotá, 1989), 507-537.

Miguel Batllori, La cultura Hispano-italiana de los jesuítas expulsos (Madrid: Gredos, 1966); Alexander Vivier, Nomina Patrum ac Fatrum qui Societatem Jesu ingressi in ea supremum diem obierunt, 7 augusti 1814 - 7 augusti 1894 (París: Leroy, 1897).

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Manfred Tietz, ed., Los jesuitas españoles expulsos.

Giménez, ed., Expulsión y exilio de los jesuitas españoles; y Giménez, ed., Y en el tercero perecerán.

Enrique Villalba Pérez, Consecuencias educativas de la expulsión de los jesuitas de América (Madrid: Instituto Antonio de Nebrija, 2003).

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camino a los Estados Pontificios. En este sentido, citamos dos obras que deberá conocer el lector para poder calibrar la tragedia humana de los hombres que supieron sembrarse en el alma y en el cuerpo de la América hispana. Ambas provienen de la pluma del investigador porteño Manuel Pacheco Albalate: la primera201 diseña el valor histórico del Puerto de Santa María y la segunda viene a completar de forma decisiva la información de cada uno de los jesuitas expulsos202. El sorpresivo extrañamiento de los miembros de la Orden fundada por Ignacio de Loyola, la consiguiente incautación de todos sus haberes, sin excepción, la proscripción oficial de todo vestigio jesuítico y el forzado destierro a los Estados Pontificios facilitan y a la vez dificultan la intelección de tan inaudito fenómeno histórico. Mas, a pesar de las razones antes mencionadas, hay que señalar que la Provincia de la Compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada sí produjo algunos documentos que han venido a ser conocidos en la segunda mitad del siglo XX. Señalamos los más importantes. En primer lugar, una relación anónima, atribuible con fundamento al P. José Yarza, cuyo título es Expulsio sociorum, 1767. Narratur historia laborum Societatis inter indianos, quorum indoles et mores describuntur. Iter exsulium Jesuitarum in Italiam. Suppressio Societatis203. La segunda pertenece al P. Ignacio Duquesne, estudiante de Teología en la Universidad Javeriana de Bogotá en el momento de la expulsión: Relazione sopra il viaggio dei Gesuiti della Provincia di Sta. Fede di Bogota204. Un valioso complemento a estas fuentes lo constituye la obra inédita del P. Juan de Velasco Historia moderna del Reino de Quito y Crónica de la Provincia de la Compañía de Jesús del mismo Reino205. Y aunque la Provincia del Nuevo Reino es una de las menos estudiadas, sin embargo, es necesario volver a la obra del profesor de la Universidad Javeriana Juan Manuel Pacheco con dos extensos artículos que dieron a conocer tanto la tragedia como las dimensiones de lo que significó la

Manuel Pacheco Albalate, El Puerto: ciudad clave en la expulsión de los jesuitas por Carlos III (Puerto de Santa María: Ayuntamiento, 2007).

Manuel Pacheco Albalate, Jesuitas expulsos de ultramar arribados a El Puerto de Santa María (1767-1774) (Puerto de Santa María: Universidad de Cádiz - CEI Patrimonio Cultural y Natural, 2011).

Una traducción parcial del manuscrito la publicó el P. J. M. Pacheco: “José Yarza. La expulsión de los jesuitas del Nuevo Reino de Granada en 1767”, Revista Javeriana XXXVIII (1952): 170-183. El mencionado artículo lo reprodujimos íntegramente en nuestra obra Documentos jesuíticos, 72-90.

Archivo de la Provincia de Toledo (APT), Alcalá de Henares, leg. 700.

APT, leg. 382. Sobre el P. Juan de Velasco, véase: Jouanen, S.J. “Breves rasgos biográficos del P. Juan de Velasco, S.J.”, en Historia moderna del Reino de Quito, t. I (Quito, 1941), 1-47.

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expulsión de los jesuitas de Colombia206. Para las Misiones de la gran Orinoquia, nos remitimos a nuestro análisis realizado en La expulsión de los jesuitas de Venezuela (1767-1768)207.

Juan Manuel Pacheco, “Los jesuitas del Nuevo Reino de Granada expulsados en 1767”, Ecclesiastica Xaveriana III (1953): 23-78; “La expulsión de los jesuitas”, Revista de Indias.

Del Rey Fajardo, La expulsión de los jesuitas de Venezuela.

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El pensamiento educativo jesuítico y su evolución

Hablar de la educación en el mundo europeo, americano, africano y asiático en el espacio bisecular de 1550 a 1767 es hacer referencia obligada a la acción educativa de la Compañía de Jesús. Y, pese a las críticas de antaño y ogaño, hay que reconocer que la bondad estratégica del método humanístico llevado a cabo por los jesuitas mereció las alabanzas de figuras del pensamiento tales como Montaigne, Descartes, Bacon o Goethe. 1. La Ratio Studiorum La explicación de todo este movimiento radica en el libro Ratio Studiorum1 que se publica en 1599, final del gran siglo de las reformas, y se inscribe en el desafío de respetar las aspiraciones de los particularismos de las ciudades renacentistas frente a las exigencias de los poderes nacionales, empeñados en dar una respuesta “a la demanda universal de una formación que correspondiera a la racionalidad económica, jurídica y cultural”2. La sociedad europea del XVI vivió una intensa aceleración en el movimiento que supuso la transición de una cultura oral a la escrita, en el marco de la comercialización del libro impreso, y la demanda de escolarización para satisfacer las exigencias de las nuevas clases medias emergentes.

Ratio atque institutio Studiorum Societatis Jesu, Superiorum Permissu (Neapoli: Tarquinium Longhum, 1599).

Adrien Demoustier, “Les jésuites et l’enseignement à la fin du XVIe siécle”, en Adrien Demoustier y Dominique Julia, Ratio Studiorum, Plan raisonné et institution des études dans la Compagnie de Jésus (París: Belin, 1997): 12-13.

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La Ratio3 es un código pedagógico escolar o un auténtico plan de estudios y un método pedagógico bien estructurado que ha regulado la educación y la enseñanza de las instituciones docentes de la Compañía de Jesús en todo el mundo desde su publicación hasta el siglo XX. Fue una tarea colectiva que convocó a los mejores talentos de la Orden de Ignacio de Loyola durante medio siglo. Los redactores se inspiraron además en los ordenamientos de los estudios de las mejores universidades de Europa, pero sobre todo en el modus parisiensis4, en las corrientes del humanismo renacentista y en experiencias como las desarrolladas por los Hermanos de la Vida Común de los Países Bajos y Alemania en sus instituciones educativas5. Mas, a fin de poder comprender el nacimiento y la acción de la Compañía de Jesús educadora, hecho histórico que supuso la adquisición de una identidad no contemplada en el proyecto original de la institución fundada por Ignacio de Loyola en 15406, nos fijaremos tres contextos: uno histórico, otro metodológico y el último americanista. Dos necesidades confluyeron paralelamente al éxito del modelo educativo puesto en marcha por los jesuitas. Una es interna y obedece al crecimiento súbito de la Orden y al consiguiente aseguramiento de un semillero que garantizase la recluta de las vocaciones que heredasen la reputación de sacerdotes sabios, devotos y abnegados adquirida por los fundadores. Otra es externa y se concentra en la realidad política y social de un mundo que había sufrido cambios radicales e insospechados. En efecto, la tarea de la “educación” es una identidad adquirida más allá del tiempo en que se define el carisma y la misión delineadas por las primeras Constituciones de la Compañía de Jesús, redactadas por el maestro parisiense Iñigo de Loyola. Este hecho convirtió a los jesuitas en la primera orden religiosa que se consagró a la educación media y superior dentro de la Iglesia católica7. Si en 1540 el grupo fundador se reducía a diez académicos, a la muerte de su fundador en 1556 contaba la Compañía de Jesús con 938 miembros, 4.088 en 1574, y en 1600 había ascendido a 8.272 y regía 236 colegios 3

Para una visión general, véase Ladislaus Lukács, “Ratio studiorum”, en Charles E. O’Neill y Joaquín Ma. Domínguez, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, t. IV (Roma: Institutum Historicum, S.I.; Madrid: Universidad Pontificia Comillas, 2001), 3292-3296.

4

Gabriel Codina Mir, “Modus parisiensis”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2714-2715.

J.-B. Herman, La pédagogie des jésuites au XVIe supecle. Ses sources. Ses caractéristiques (Louvain: Bureaux du Recueil; Bruxelles: A. Dewit; París: A. Picard et fils, 1914), 99-106.

6

Véase la bula Regimini militantis Ecclesiae, 27 de septiembre de 1540.

7

Para el proceso de evolución conceptual de Ignacio y de su Orden, véase Ladislaus Lukács, De origine collegiorum externorum deque controversiis circa eorum paupertatem obortis 1539-1608 (Roma: Institutum Historicum S.I., 1961).

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distribuidos por todo el mundo8. Es lógico que esta violenta expansión exigiera hombres formados en las mismas ideas y doctrinas, disciplinados en la misma metodología espiritual y actores eficaces de un ideal común. Los jesuitas captaron rápidamente, por una parte, la ruptura creciente que se establecía entre las instituciones educativas, sus métodos y sus maestros y, por otra, la presión de las corrientes renovadoras que necesitaban garantizar un estatus social emergente a las nuevas sociedades. Así, no es de extrañar que muchos príncipes, obispos, municipalidades y hombres de poder se apresuraran a buscar a los jesuitas como hombres bien formados, consagrados, seguros, competentes para sus respectivas jurisdicciones. La respuesta de la Compañía de Jesús a los planteamientos formulados por Occidente adoptará nuevos rostros y nuevas fórmulas, tanto en América como en África, y ensayará innovaciones radicales en ciertas misiones de Asia. En segundo término, existe un contexto metodológico sobre el que conviene reflexionar. Por un lado, somos conscientes de que la reflexión y el método deben preparar al entendimiento para las exigencias del análisis y que el ordenamiento de sus resultados debe servir para construir el edificio científico. Por ello, el método sin alma puede conducir a un formalismo dialéctico cuando su técnica se convierte en un fin en sí mismo y deja de lado la realidad objetiva. Por otro lado, la norma debe iluminar el camino para realización de un proyecto y la Ratio no se puede circunscribir al contenido de su última redacción de 1599, sino que conlleva en su interior una historia de medio siglo de intuiciones, esfuerzos, ensayos, experiencias, errores y revisiones que hicieron posible el edificio de la paideia jesuítica en todo el mundo9. Todo este gigantesco esfuerzo desembocó en un modelo pedagógico experimentado en el mundo conocido y, al decir de Luce Giard, sustentado “en un método eficaz, bien estructurado, cuidadoso de los mecanismos de adquisición de conocimientos, adaptado a las necesidades de su tiempo”10, todo lo cual avaló el ideal de intelectualidad que acompañó a la primera Compañía de Jesús. En esta interiorización diaria radica exactamente el valor de nuestro planteamiento: no basta leer el texto de la Ratio a la luz de los Ejercicios –tarea anual de cada jesuita inmerso en su misión, en cualquier parte del mundo– sino que era necesario la experiencia individual y colectiva del compromiso. En la Weltanschauung ignaciana la adaptación continuada

Luce Giard, “Le devoir d’intelligence ou l’insertion des jésuites dans le monde du savoir”, en Les jesuites à la Renaissance (París: Presses Universitaires de France, 1995), XIII.

F. Charmot, La pedagogía de los jesuitas. Sus principios. Su actualidad (Madrid: Sapientia, 1952), 367-394.

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Giard, “Le devoir d’intelligence”, LVI.

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a los tiempos, lugares y personas define la unidad en la diversidad. Y en la concepción, desarrollo y adaptación de la Ratio también hay que tener muy presente este principio. No es lo mismo el Colegio Romano, el Colegio Imperial de Madrid, el Colegio de La Flèche de París o el Colegio de Coimbra comparados con los que germinaron en lo que hoy denominaríamos tercer mundo. En la misma América existieron grandes diferencias entre las instituciones educativas de los virreinatos primigenios y de las audiencias o capitanías generales. Esta radical diferencia la recogía la Formula acceptandorum collegiorum anno 1588 recognita11 en la que se pormenorizaban las exigencias que definían un colegio jesuítico, tanto en la integración de la comunidad como en el currículo, la dotación del edificio y de las clases y los ministerios que debían desarrollarse en torno a la Iglesia. Pero, esta Formula excluía expresamente a las Indias y a las regiones transalpinas. Suponemos que la exclusión contempla la letra de algunas disposiciones, pero no el espíritu global del documento. En las Provincias americanas hispanas de la Compañía de Jesús, solo ciudades como México o Lima podían aspirar a disponer de hombres y medios para poder llevar adelante el genuino ideal de la formación ignaciana. En un segundo grado se colocarían Córdoba, Quito, Santa Fe y otras. Y en el resto del continente se interponían grandes espacios en los que pequeñas ciudades pugnaban por adquirir identidad, a la vez que levantaban lentamente su estructura institucional como parte de la maquinaria administrativa de la monarquía hispana. Esta era la realidad de la mayoría de las poblaciones donde fue fundando colegios la Compañía de Jesús en las Provincias surgidas en las tierras descubiertas por Colón12. Como es natural, las exigencias y los planteamientos de estas ciudades provincianas eran, en muchos aspectos, distintos de los de las grandes urbes, aunque los ideales educativos fueran idénticos. De esta manera se debe estudiar la inserción de los miembros de la Orden de Ignacio de Loyola en la ancha y extensa geografía americana como agentes de los prolegómenos de una historia intelectual en la que hay que dilucidar cómo y por qué han concurrido a la obra común de engendrar la modernidad13. La identidad jesuítica universal, para ser genuina, debía

Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI), Institutum, 40, fol. 109-111v. Posteriormente, sin variaciones de fondo, se promulgó la Formula acceptandorum collegiorum iuxta V Generalis Congregationis, Decreto 87, a R.P.N. Claudio Aquaviva, Praeposito Generali, explicata.

La cronología de ingreso de la Orden de Loyola en la América hispana es tardía, doblado el siglo XVI: en 1566 llegan a la Florida, en 1567 al Perú, en 1572 a México, en 1586 a Ecuador, en 1593 a Chile y posteriormente a la región del Plata, al Paraguay y al Nuevo Reino.

Giard, “Le devoir d’intelligence”, XV. Para un estudio de la misión e identidad de la Compañía de Jesús nos remitimos a Michael Sievernich y Günter Switek, eds., Ignatianisch. Eigenart un

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encarnarse en la identidad local de acuerdo con los tiempos, lugares y personas. Y ese proceso lo vivieron las Provincias del Nuevo Reino, Quito, Perú, Chile y Paraguay en la Sudamérica hispana, pues la criollización integró en visiones americanas la mezcla de jesuitas españoles, europeos, americanos y criollos. Los Colegios Máximos –centros de formación y de educación superior en cada Provincia– son la clave para la lectura de todos los proyectos llevados a cabo en cada demarcación geográfica. Y explicitamos: así como los Ejercicios de San Ignacio suponían en el jesuita adquirir un arquetipo espiritual, también para los jesuitas americanos su respectivo Colegio Máximo se erigía en su arquetipo de identidad como punto de referencia en su conciencia ideal, simbólica o imitativa. La función psíquica exige, para poder desarrollarse, sustancia y promesas, es decir, arquetipos de identificación. Por ello, el jesuita americano –lo mismo que el europeo, el africano o el asiático– necesitaba encontrar en su Alma Mater una herencia cultural que lo hiciera habitante de una historia y partícipe de una sociedad, para de esta forma sentirse actor en una red de relaciones a partir de las cuales pudiera elaborar comportamientos en respuesta a problemas existenciales. De esta manera, cada hijo de San Ignacio, cada colegio, cada rincón misional, cada hacienda reiteraba un modelo creador que invitaba no solo a la imitación, sino al riesgo de la superación. A través del estudio del respectivo Colegio Máximo se debe reconstruir la historia de las Academias jesuíticas en nuestro subcontinente, pues son ellas las que diseñaron una totalidad de proyectos que tuvieron como fuente de reflexión el hombre, la ciencia, la religión y la sociedad coloniales. En consecuencia, a la hora de interpretar la Ratio, hay que buscar siempre una visión holística en donde los saberes y su respuesta en la cultura y en la sociedad adquieren relevancia protagónica, porque ellos fueron el instrumento eficaz de transformación de hombres y de sociedades concretas. Por ello, dejamos sentado que no pretendemos aquí entrar en el fondo de una problemática que conlleva antinomias, no fáciles de entender en el momento actual: cómo los jesuitas interpretaron la relación entre teología, filosofía y ciencia en el marco de su dependencia de la tradición escolástica; el genuino interés por los nuevos descubrimientos en el campo de las ciencias de la naturaleza y su obediencia a la fe católica y al Papa, y su preocupación por el uso de la razón en busca de la verdad14. De igual forma, no podemos reducir nuestra investigación al exclusivo estudio del

Methode der Gesellschaft Jesu (Freiburg-Basel-Wien: Herder, 1991).

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Véase Alfredo Dinis, “Giovanni Battista Riccioli, crítico de Galileu”, Revista Portuguesa de Filosofía LIV, fasc. 2 (1998): 163-193.

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cultivo de las ciencias exactas como fuente de la ciencia nueva. Pretender en un continente nuevo disponer de científicos en todas las ramas de los saberes como en el viejo mundo es una proposición desmedida15. 2. La implantación de la Ratio Studiorum en el Nuevo Reino Para poder acercarnos a la realidad educativa llevada a cabo en la entidad tunjana, nos serviremos de la experiencia santafereña y la completaremos para el siglo XVIII con todos los movimientos reformistas que nacieron en la Península Ibérica y que fueron trasplantados por los ignacianos que vinieron a trabajar en tierras del Nuevo Reino16. Un primer ensayo de este proyecto lo hemos realizado con nuestro estudio sobre la Facultad de Lenguas en la Universidad Javeriana colonial17. Este intento de diseño sobre las humanidades santafereñas hay que completarlo con el estudio de la Biblioteca de la Academia Javeriana18 y con el aporte del Real Colegio Mayor de San Bartolomé19. El 1 de enero de 1605 se inauguraron con toda solemnidad los estudios de humanidades en el recién fundado colegio de Santafé20. La lección inaugural estuvo a cargo P. José Dadey (c. 1576-1660)21, genuino representante del humanismo italiano, quien no solo iniciaba a sus discípulos en “los meteoros y la esfera del P. Clavio”22, sino que además aportaba la intuición de la Compañía de Jesús italiana: pasión por la lingüística, la retórica, la astronomía y la matemática23, así como el convencimiento del valor del

Véase Ugo Baldini, “As Assistências ibéricas da Compahia de Jesus e a actividade cientifica nas Missôes asiáticas (1578-1640). Alguns aspectos culturais e institucionais”, Revista Portuguesa de Filosofía LIV, fasc. 2 (1998): 195-246.

Para poder elaborar un estudio completo sobre la enseñanza de las humanidades en el colegio jesuítico de Tunja sería necesario conocer la biografía de los profesores que ejercitaron la docencia en cada unidad educativa, las respectivas bibliotecas, los posibles escritos tanto de maestros como de alumnos y los testimonios directos e indirectos de los actores.

José del Rey Fajardo, La “Facultad de Lenguas” en la Javeriana colonial y sus profesores (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2004).

José del Rey Fajardo, “La biblioteca colonial de la Universidad Javeriana de Bogotá”, Paramillo, 21 (2001).

José del Rey Fajardo, Jesuitas, libros y política en el Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé (Bogotá: Publicaciones Editores, 2004).

ARSI, N. R. et Q., 12, fol. 33, Carta annua anónima.

Véase José del Rey Fajardo, Bio-bibliografía de los Jesuitas en la Venezuela colonial (San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira; Bogotá: Universidad Javeriana, 1995), 178-181.

Pedro de Mercado, Historia de la Provincia del Nuevo Reino y Quito de la Compañía de Jesús, vol. I (Bogotá: Biblioteca de la Presidencia de Colombia, 1957), 183.

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Mercado, Historia de la Provincia, vol. I, 183; Juan Manuel Pacheco, Los jesuitas en Colombia, t. I (Bogotá, 1959), 104.

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arte barroco24. Existen varios indicadores de la calidad de los estudios santafereños. Los ejercicios escolares son un exponente de la calidad de la enseñanza jesuítica, y en la primera etapa del colegio de Santafé debieron ser abundantes toda la gama de certámenes y representaciones. El Seminario de San Bartolomé se inauguró en 1605 con una comedia latina “que se juzgó podía ser buena en la corte”, según la Carta annua de dicho año25. También los grandes acontecimientos civiles y religiosos convocaban el ingenio y la productividad literaria de los colegiales bogotanos. Las exequias de la reina Margarita de Austria se celebraron con declamaciones, oraciones latinas, epigramas y jeroglíficos26, y la beatificación de Ignacio de Loyola (27 de julio de 1609) es lógico que provocara el entusiasmo de la joven provincia jesuítica del Nuevo Reino, sobre todo con la presentación de comedias y coloquios27. También la monotonía escolar se rompía a veces con acontecimientos como la llegada a Santafé, en 1612, de varias reliquias traídas por el P. Luis de Santillán, hecho que generó suntuosos festejos, como un certamen poético y la representación de la vida y muerte de San Victorino28. En junio de 1625 se llevaron a cabo solemnes actos dramáticos en San Bartolomé, hecho que nos induce a pensar que, por las sumas invertidas, tuvo que tener magnitudes fuera de lo normal. En esa ocasión se representó la fábula de Orfeo, y por sus cuentas sabemos que se compraron morriones, petos, culebras, lienzos, fique, cera negra, libros de oro y plata, así como instrumentos para apariciones y tablados29. Al año siguiente se gastaron 36 pesos “en figuras y aparatos para el coloquio que se hizo al señor arzobispo [Julián de Cortázar]30. Lamentablemente, la ausencia de Cartas Anuas en los años subsiguientes nos impide verificar este tipo de acontecimientos, que sin lugar a dudas debieron seguir dándose en la capital santafereña. Otro indicador de la preocupación intelectual de los alumnos javerianos se muestra en la producción literaria o gramatical llevada a cabo por ellos, aunque hoy resulta difícil rastrear esa veta tan frecuente en otras latitudes hispanoamericanas, como por ejemplo en México. Es el caso de Fernando Fernández de Valenzuela, quien en su libro Thesaurus linguae

Patricia Rentería Salazar, Arquitectura en la Iglesia de San Ignacio de Bogotá (Bogotá: CEJA, 2001), 98-102.

ARSI, N. R. et Q., 12, Historia, 1, fol. 33v.

ARSI, N. R. et Q., 12, Historia, 1, Letras Annuas (1611-1612) del P. Gonzalo de Lyra, fol. 63.

ARSI, N. R. et Q., 12, Historia, 1, Letras Annuas (1611-1612) del P. Gonzalo de Lyra, fol. 69.

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Mercado, Historia de la Provincia, vol. I, 81.

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Archivo de San Bartolomé, Libro de gasto ordinario y extraordinario deste Collegio de San Bartolomé, fol. 123.

Archivo de San Bartolomé, Libro de gasto ordinario, fol. 136.

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latinae rememora a su profesor, el P. Hernando Cavero, y dice de él que era “expertísimo en todas las lenguas, y especialmente en la latina”31. Pero también incluye una breve pieza dramática intitulada Laurea critica32. Otro exalumno de la Javeriana colonial fue el doctor José Ortiz Morales33, quien fue estudiante de San Bartolomé de 1669 a 1676, pero concluye su redacción en 1713. Escribe su biografía y en ella se pueden seguir datos muy interesantes de la vida interna bartolina. La impresión que saca el lector es que los estudios humanísticos eran florecientes, y dedica a sus profesores palabras de admiración. En 1672, el P. Juan de la Peña, provincial, dejaba en sus instrucciones estatuida la siguiente disposición: “Tengan conclusiones los Maestros de Gramática cada 15 días llanamente en el aula, y sin premios y vaya el Prefecto de los estudios menores a fomentar esto de quando en quando cada mes estas conclusiones por lo menos”34. En el mismo documento manda poner al día y guardar un libro que hubiera sido de vital interés para el tema que nos ocupa, el cual debía reposar en la Biblioteca. En él debían trascribirse las resumptas, dedicatorias y discursos que se llevaban adelante en los actos literarios35. Al parecer, la actividad cultural de los estudios humanísticos debía ser de gran intensidad, pues el 12 de enero de 1682 el provincial P. Juan Martínez Rubio se veía precisado a recordar: “estando como están doce pesos para pintura, y adorno del pergamino en las conclusiones de los de casa, no se permita excedan de esta cantidad en el gasto de colonias y botones, ni tampoco el que en el teatro se pongan sillas sin licencia del Padre Rector, ni que se enciendan y quemen pebetes con riesgo de quemar las alfombras”36.

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Fernando Fernández de Valenzuela, Thesaurus linguae latinae: explicatio libri quarti, frases, vocabula, verba sinónima, sententiae simul cum adagiis ex diversis authoribus recopilatae… Santafé [1629], Biblioteca Nacional de Colombia, ms. 4, fol. 15r.

Pacheco, Los jesuitas en Colombia, t. I, 542. El texto lo reprodujimos en nuestro libro La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1979), 435-448.

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José Ortiz y Morales, Observaciones curiosas y doctrinales que ha hecho en su vida política desde el día 11 de febrero del año 1658… [ms. 130, Biblioteca Nacional de Colombia], en Germán Marquínez Argote, Breve tratado del cielo y los astros del M. Javeriano Mateo Mimbela (1663-1736) (Bogotá: Universidad Javeriana; San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira, 2000).

Archivo de la Provincia de Toledo (APT), Ordenes antiguas, que por orden de N. R. P. Lorenzo Ricci, ya no están en uso y deven guardarse en el archivo, “Ordenes que dejó en este Collegio de Santa Fee el Padre Juan de la Peña, Provincial de esta Provincia del Nuevo Reyno y Quito visitando esta cassa en 22 de noviembre de 1672”, Fondo Astrain, 18, fol. 31.

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APT, Órdenes antiguas, Fondo Astrain, 18, fol. 31v.

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APT, Órdenes antiguas, “Órdenes del Padre Juan Martínez Rubio Provincial desta Provincia del Nuevo Reyno y Quito, que dejó vissitando este Colegio de Santa Fe en 12 de Henero de 1682 años”, Fondo Astrain, 18, fols. 45-45v.

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En 1689, exigía el visitador P. Diego Francisco Altamirano la perfección en el dominio del latín, y escribía: En la segunda hora leerá las composiciones el Maestro, notando quantos yerros hubiere por pequeños que sean en la gramática [y] en la ortografía, en el modo de escribir las partes, cláusulas y letras, no poniendo S por X ni viceversa, no separando las letras de una palabra, ni las consonantes de las vocales a que pertenecen al fin del renglón de la contra: ni poniendo letras mayúsculas en medio de dicci y las comas, puntos, interrogaciones y admiraciones, notas de adverbios y de acentos largos y todo lo demás que se requiere para mostrarse gran Maestro de latín y en dicción porque es cosa indigna de un Jesuita que ha de enseñar a tantos el que cometa cualquiera de los yerros dichos y no sepa después corregirlos a sus discípulos37.

En 1691 se encargaba de la formación humanística de los jesuitas javerianos38 el maltés Juan Francisco Riccio (1659-1744)39. Sobre su gestión escribía el General de los jesuitas el 15 de agosto de 1692 acerca de los estudios humanísticos: Mucho me he alegrado de ver el grande recogimiento y mucha aplicación que tienen en el mismo Colegio al estudio de las Letras humanas los Hermanos Seminaristas, reconociéndoseles en el aprovechamiento el cuidado grande con que le procura el Padre Francisco Ricci su Maestro, ejercitándoles en oraciones y panegíricos de todo género; es un ornamento grande de las Provincias el que tengan sujetos ventajosos en estas buenas letras, y así estimo a V. R. el cuidado de haber puesto Maestro tan cuidadoso y que tanto se desvela por sacarlos aventajados40.

El visitador de la Provincia, P. Francisco Antonio Altamirano, escribía una carta a la Provincia del Nuevo Reino y Quito en la que invitaba a los estudiantes para que en navidades pudieran componer poesías. Su tema se fijaba en un cartel y de la producción una tenía que ser en latín y las demás en castellano. Las mejores poesías se debían copiar en un libro destinado a este fin41. Dos escritores jesuitas españoles pensamos que tuvieron un gran influjo, tanto en la península como en los territorios ultramarinos, en la APT, Órdenes antiguas, “Instrucción para el Seminario de nuestros Hermanos humanistas, dispuesta y mandada observar por el Padre Diego Francisco Altamirano, Visitador y Vice Provincial del Nuevo Reyno y Quito de la Compañía de Jesús en la visita de 9 de Junio de 1689”, Fondo Astrain, 18, fols. 53-53v.

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ARSI, N. R. et Q., 4, fol. 1, Catálogo breve de 1691: “Praefectus juniorum quos docet litteras humaniores”.

Pacheco, Los jesuitas en Colombia, t. III, 133-134.

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APT, Cartas de Padres Generales, fol. 86v, carta del P. Thyrso González al P. Diego Francisco Altamirano, Roma, 15 de agosto de 1692, leg. 132.

Archivo de la Provincia de Quito (APQu), Carta del P. Francisco Antonio Altamirano a la Provincia del Nuevo Reino y Quito, 25 de marzo de 1696, leg. 6.

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enseñanza de las humanidades: nos referimos a Diego García de Rengifo (1553-1615)42 y a Baltasar Gracián (1601-1658)43. A pesar de las severas prescripciones de la Ratio Studiorum para que el latín fuera la lengua oficial tanto de la Compañía de Jesús como de su enseñanza, hay que reconocer que los jesuitas hispanos escribieron mucha poesía en castellano, como lo demuestra el manuscrito Cancionero de Jesuitas, dado a conocer por D. Antonio Rodríguez-Moñino44. Así, “la poesía, escribe Ángel Pérez Pascual, era uno de los principales vehículos de celebración, exaltación y propaganda, y las justas poéticas y las academias literarias, civiles o religiosas, se servían de ella para dar lustre a la ocasión y para ganarse el favor de alguna figura destacada”45. En este contexto se inscribe el Arte poética española, escrito por el P. Diego García y publicado con el seudónimo de “Juan Díaz Rengifo”46. Esta obra es un manual de preceptiva literaria, un auténtico libro de texto para los colegios jesuíticos en el que se describen los principales tipos de verso y de estrofa de la poesía española e italiana. El éxito alcanzado en España e Hispanoamérica por este libro le lleva a Ángel Pérez a hablar de una poética jesuítica, y estatuye: “lo cierto es que los textos del Cancionero y del Arte poética española guardan tantas similitudes que es inevitable concebir estas dos obras como testimonios complementarios de una misma escuela poética aún por definir”47. Ciertamente fue el tratado literario más recurrido y consultado por alumnos y profesores: como manual práctico de creación poética resultaba mucho más útil que las otras poéticas del momento, las de Sánchez de Lima (1580), Pinciano (1596), Carvallo (1602) o Cascales (1617), por citar las más importantes, Rengifo triunfó comercialmente sobre ellas […] porque en el tratado del jesuita abulense era mucho más fácil que en cualquier otro la localización

José Martínez de Escalera, “García de Rengifo, Diego”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1574.

Miguel Batllori, “Gracián y Morales, Baltasar”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1796-1797.

Antonio Rodríguez-Moñino, “Tres cancioneros manuscritos”, Abaco 2 (1969): 127-272.

Ángel Pérez Pascual, “La poética de los jesuitas en el siglo de oro: Rengifo y su Tratado”, en Javier Vergara Ciordia, coord., Estudios sobre la Compañía de Jesús: Los jesuitas y su influencia en la cultura moderna (S. XVI-XVIII) (Madrid: UNED, 2003), 274.

Pérez Pascual, “La poética de los jesuitas”, 275. Véase también la obra del mismo autor “El verdadero autor del Arte poética española (Salamanca, 1592) y el uso de seudónimos en los escritores jesuitas del Siglo de Oro”, en Ma. Cruz García de Enterría y Alicia Cordón Mesa, eds., Actas del IV Congreso Internacional Siglo de Oro (AISO), Alcalá de Henares, 22-27 de julio de 1996 (Madrid: Universidad de Alcalá, 1998), 1223-1235.

Pérez Pascual, “La poética de los jesuitas”, 276.

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y comprensión de cada uno de los esquemas métricos habituales en la poesía española e italiana48.

El texto de Diego García reposaba en los anaqueles de la Universidad Javeriana y, por ende, fue conocido por profesores y alumnos neogranadinos49. El segundo autor que merece especial atención es Baltasar Gracián, por su influjo en el mundo americano y concretamente en tierras de la Provincia del Nuevo Reino. Ciertamente la estética graciana fue la estética del XVII. Y, como anota Batllori, Agudeza y arte de ingenio fue una de las pocas obras que Gracián sometió sin temor a la censura de su orden, la cual la aprobó con loa y encomio50, hecho que demuestra que la Compañía de Jesús no la consideró contraria a las tendencias clasicistas de la Ratio. En la biblioteca del colegio de Mérida encontramos dos ejemplares de la Agudeza51 y en la del de Caracas aparecen El criticón, El oráculo y El héroe52. En este orden de cosas, pensamos que el influjo de Gracián fue definitivo en muchos campos de la retórica hispana, aunque hay que reconocer con Batllori que el problema del paso de la retórica de la Ratio a la retórica jesuítica del pleno barroco, es el mismo problema del tránsito de la retórica aristotélica a la retórica barroca [...]. Los portillos de escape fueron los tópicos y figuras, el ingenio y la invención. Aristóteles los alaba y encomia, pero los recomienda con moderación [...]. Lo mismo hace la Ratio jesuítica. Bastó perder el sentido de la medida –y en esto radica la esencia del barroco– para desbocarse por el sendero del barroquismo53.

En este sentido resulta muy atinada la acotación de Ceferino Peralta, según la cual, al integrarse la Ratio en el equilibrio de la Escuela Aragonesa, “se situaría en una zona también integradora del barroquismo y

Pérez Pascual, “La poética de los jesuitas”, 90-291; Miguel Sánchez de Lima, Arte poética en romance castellano (Alcalá de Henares, 1580); Alonso López Pinciano, Filosofía antigua poética (Madrid, 1596); Luis Alfonso Carvallo, Cisne de Apolo (Medina del Campo, 1602); Francisco de Cascales, Tablas poéticas (Murcia, 1617).

Del Rey Fajardo, La biblioteca colonial, 413, No. 1351.

Miguel Batllori, Gracián y el Barroco (Roma: Storia e Letteratura, 1958), 105.

Del rey Fajardo. La expulsión de los Jesuitas de Venezuela (San Cristóbal, 1990), 209. La primera corresponde a la edición de Huesca de 1649 y la segunda viene como parte de sus Obras en la edición de Madrid, s.f.

Del Rey Fajardo, La expulsión de los Jesuitas de Venezuela, 292.

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Batllori, Gracián y el Barroco, 111.

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clasicismo”54. En todo caso, nos parece muy interesante la hipótesis formulada por el investigador madrileño Bernabé Bartolomé, quien afirma: Miguel Batllori cree que los síntomas de barroquización de la Ratio se asoman en la permisividad para utilizar las lenguas romances en la enseñanza del latín. Después de haber leído bastantes obras de certámenes y fiestas literarias de colegios jesuíticos del siglo XVII y XVIII, en gran parte en castellano, y después de observar la carga de elementos clásicos en los autores castellanos del siglo XVII –algunos discípulos de la Compañía– llegamos a aventurar la hipótesis de que en muchas aulas de gramática de estos religiosos la enseñanza del latín era un pretexto para mejor aprender la lengua castellana y desde aquí se podría entender mejor la falsedad de algunas acusaciones en torno a la metodología en la enseñanza del latín. La teoría emblemática de las empresas, los simbolismos y alegorías, algunos modelos de jeroglíficos y desarrollos de geometría lingüística que hemos contemplado en documentos relacionados con el Colegio Imperial de Madrid nos hacen rebasar la idea del barroco para llegar hasta los caligramas del movimiento surrealista. Este apartamiento de lo clásico provocó la reacción de la Congregación XIV de la Compañía imponiendo la vuelta al clasicismo con la Ratio Docendi de Jouvancy55.

Al llegar a la segunda década del siglo XVIII, parece que la crisis de las humanidades invadió a la Universidad Javeriana. En la correspondencia de los generales de la Orden y los provinciales del Nuevo Reino descubrimos para esas fechas un planteamiento que llama a reflexión: La segunda cosa […] es la falta de Latinidad en nuestros hermanos estudiantes, de donde se sigue necesariamente el poco aprovechamiento en las facultades superiores. Témome que la ansia de hacer gente y de tener recibos sea la causa de este desorden […]. Tengo por necesario que haga V. R. un serio encargo con carta circular ordenada a este solo fin de que no se muestran tantos deseos de aumentar la Provincia en número de personas que disminuyan su honor con la falta de cualidades necesarias; y siendo entre estas la principal la Latinidad de nuestros Escolares, cargará V. R. las conciencias de los examinadores sobre que no aprueben a los que no supieren la Gramática, de suerte que en el año que tiene destinado la Compañía después de el Bienio no solo sean capaces de perfeccionarse en ella sino adelantarse en la Retórica y Letras humanas56.

Ceferino Peralta, “Gracián, entre Barroco y Neoclásico en la Agudeza”, Paramillo 2-3 (1984): 552.

Bernabé Bartolomé Martínez, “Las cátedras de gramática de los jesuitas en las universidades de Aragón”, Hispania Sacra 34 (1982): 56.

APT, Cartas de los Padres Generales, Del P. Miguel Ángel Tamburini al P. Francisco Antonio González, Roma, 27 de marzo de 1723, fols. 266, v-267, leg. 132.

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En realidad, la década 1720-1730 constituye una gran crisis académica de la Universidad Javeriana, tanto que el 15 de septiembre de 1733 escribía el P. Francisco Retz, general de la Compañía de Jesús, al provincial del Nuevo Reino: Se me dice que nuestros Hermanos estudiantes con sola una medianía de Gramática, y sin saber Poesía y Retórica, son señalados para los estudios mayores de Filosofía y Teología; que en algunos de los Maestros no hay el celo y aplicación que se requiere, repitiendo en formales términos las materias de otros y a gozar no bajando a las clases sino dando el cartapacio al Hermano Bedel para que dicte […]. Todo esto, si es así, cede en perjuicio no pequeño de nuestros estudios y de nuestros estudiantes. De V. R. las providencias que juzgare más convenientes para el efectivo remedio57.

3. Movimientos renovadores de las humanidades en España y su influjo en América Ensayaremos diseñar el movimiento de renovación de las humanidades que se llevaba a cabo en lugares muy precisos de la geografía española para establecer un telón de fondo de las posibles influencias pedagógicas que se agitaron antes de la expulsión de 1767. Existe un intervalo temporal entre lo que se ha dado en llamar el primer siglo XVIII y el segundo, periodo que está totalmente virgen para la investigación. Rara vez en la historia se dan cambios bruscos. Aguas subterráneas recogen el sentir de los espíritus preocupados y solo emergen cuando los hombres y las circunstancias les ofrecen o les imponen la oportunidad. Al mediar el siglo XVIII, la Compañía de Jesús era consciente de la crisis que vivían las humanidades tanto en su propio seno como en el mundo circundante58. La lectura atenta de la carta circular que remite el general de los jesuitas, P. Ignacio Visconti, el 17 de julio de 1752, a todos los provinciales expandidos por el mundo conocido nos ubica en el momento álgido de la crisis59. La Compañía de Jesús, dice, ha practicado con honor el cultivo de las letras en las denominadas escuelas inferiores, que son fundamentalmente “el estudio de las lenguas latina y griega, de la oratoria y del arte poético”. Más adelante, afronta el P. Visconti el reto de una realidad

APT, Cartas de Padres Generales, Del P. Francisco Retz al P. Francisco Antonio González, Roma, 15 de septiembre de 1733, fols. 331-331v, leg. 132.

Para una información global sobre las letras humanas en Europa, véase Marc Fumaroli, ed., Histoire de la rhétorique dans l’Europe moderne 1450-1950 (París: PUF, 1999).

G. M. Pachtler, “R. P. N. Ignatii Vicecomitis epistola ad Provinciales Soc. De studiis humaniorum litterarum promovendis, Romae, 17 julii 1752”, en Ratio Studiorum et Institutiones Scholasticae Societatis Jesu per Germaniam olim vigentes, vol. III (Osnabrück, 1968), 128-132.

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nueva: “ahora en muchos lugares, existen muchas [escuelas] que compiten con las nuestras, y queda por tanto el peligro de que mientras aquellas se vayan fortaleciendo, las nuestras languidezcan y su fama vaya a empobrecerse”. Propone el general que la permanencia de los jóvenes en nuestras instituciones educativas no sea más de lo justo, así como el propósito de que “no salgan de ellas con una cultura mediocre en lo que se refiere al conocimiento de las ciencias”. Este reto no tendrá éxito, si los maestros no son excelentes “y, en cuanto sea posible, mejores que los demás”. Pero, en concreto, propone las siguientes medidas. En primer lugar, exalta el aprecio que la Compañía de Jesús siempre ha mostrado por la enseñanza de las humanidades; en consecuencia, los profesores dedicados a la enseñanza de la retórica no pueden ser considerados “como maestros de segunda categoría […] y merecen igual aprecio […] como los que presiden otras facultades”. Asimismo, critica a aquellos profesores que se contentan con “buscar un mero y estéril aplauso, como ocurre actualmente y a menudo”. La segunda exigencia se centra en que a los futuros profesores hay que darles “preceptores muy aptos […] que no solamente sobresalgan en cuanto a esta facultad, sino que sepan enseñarla y exponerla”. En sus clases debe exponer solamente los autores más antiguos y aprobados, los que se acercan a la edad de Augusto. Y concluye este apartado con la siguiente prescripción: “obsérvese, en cuanto sea posible, la costumbre de la Compañía en cuanto a que se consagre un trienio íntegro al estudio de la retórica; y ninguna parte de este tiempo, salvo en caso de necesidad, sea disminuida”. La tercera sugerencia mira al nombramiento de los profesores de humanidades, pues se debe tener en cuenta “de manera especial las cualidades de ingenio, de ciencia y talento especial” adecuadas a la enseñanza de la juventud. El cuarto punto se centra en la biblioteca y es taxativo: “provéase oportunamente a nuestros maestros de cuanto les sea necesario para el aprendizaje y la enseñanza, particularmente de los libros”. También el rector debe colaborar de forma activa en proporcionar los premios, en aportar el dinero apropiado para la presentación de actos literarios o recitales y para las representaciones teatrales, las cuales “son muy favorables tanto como testimonio de ciencia como para lograr un acrecentamiento en la estimación por la escuela”. El quinto punto es muy significativo, “no se impongan a los maestros ocupaciones extrañas a su trabajo”. Las humanidades exigen todo del hombre y por ello el rector debe tratar no solo de “aligerarles su tarea, de la cual consta lo rudo y muy pesado que lleva consigo”, sino además “proporcionarles con intervalos de tiempo un merecido descanso”. La última recomendación vuelve los ojos al recto orden que debe imperar en las aulas, de forma tal que el rector y el director de estudios hagan que se practique el estatuto consagrado en el libro

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De ratione studiorum de modo tal “que nuestras escuelas resulten tan parecidas unas con otras que, a pesar del cambio de maestros, ellas mismas permanezcan iguales”. Y la consecución de estos fines ayudará el que cada maestro disponga del libro de Juvencio De ratione discendi et docendi. Existe un segundo foco de atención, esta vez oficial, que se centra en la presencia del confesor real y el grupo de jesuitas que lo asesoraba en el corazón de la corte: nos referimos al P. Francisco Rávago60. En efecto, el P. Andrés Marcos Burriel (1719-1762)61 le presentó a Rávago unos Apuntamientos de algunas ideas para fomentar las letras, en 1750, en el que proponía la necesidad de encuadrar corporativamente a la Compañía de Jesús con la selección de sus mejores miembros, dentro de un plan sistemático que debería contribuir al renacimiento cultural de las letras hispanas62. Proyectaba Burriel una junta académica de jesuitas selectos –uno por cada provincia jesuítica española– que habrían de ser “los hombres de más fino gusto de toda la nación española, y como levadura de toda masa de la Compañía y de la nación”. Hasta conseguir sede propia, deberían ellos instalarse en el Colegio Imperial de Madrid. Y el proyecto tenía como mira dos preocupaciones fundamentales: una, la elaboración y publicación de trabajos de investigación; y otra, la reforma de la enseñanza tanto dentro de la Compañía de Jesús como fuera63. También había otro jesuita que penetraba en los deseos de política cultural de Rávago. Nos referimos al P. José Martínez (1703-1791), quien llega a París en 1749, donde permanece unos diez años. En 1761 aparece en Londres como confesor del embajador conde de Fuentes y en 1762 ya residía en Madrid como procurador de la Provincia de Aragón64. Ya en 1749 le escribe desde la capital francesa al padre confesor proponiéndole la creación de una Academia de Ciencias como la de París, de la que le envía el reglamento. A todo esto se añade la sugerencia de traducir algunos de los periódicos eruditos que recogían y criticaban el movimiento intelectual europeo y cita concretamente a dos: el Journal des sçavans y, de los jesuitas franceses, el Journal de Trévoux65.

José F. Alcaraz Gómez, Jesuitas y reformismo. El Padre Francisco de Rávago (1747-1755) (Valencia: Facultad de Teología San Vicente Ferrer, 1995).

Antonio Mestre y Jesús Gómez Fregoso, “Burriel Andrés Marcos”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 575-576; A. Echanove Tuero, La preparación intelectual del P. Andrés Marcos Burriel S. I. (1731-1750) (Madrid-Barcelona, 1971).

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Alcaraz, Jesuitas y reformismo, 565.

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Echanove, La preparación intelectual, 255-260.

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Más información en José Martínez de la Escalera, “Ciencias y letras entre los jesuitas de la Corona de Aragón (1747-1767)”, Miscelánea Comillas XL, No. 77 (1982): 270.

Puede verse la trascripción de ambos documentos en Martínez, “Ciencias y letras”, 274-281. Cita como fuente la Biblioteca del Palacio de Santa Cruz, Valladolid, ms. 478.

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Después del Tratado de Aquisgrán, se impone la apertura de las fronteras y la preocupación española por preparar sus hombres en el extranjero. En 1752 escribía Sarmiento: Hierve la Corte de proyectos literarios. Por docenas se entablan Academias para todo género de ciencias y artes. Los Padres Jesuitas, acaso previendo los futuros, han restablecido en el Colegio Imperial el estudio de las matemáticas. Prosiguen en el Real Seminario [de Nobles] y en otros que fuera de la Corte se van fundando, en educar a la noble juventud en las Bellas Letras, Física Experimental, matemáticas, Geografía, Historia, etc.66

Y más adelante añade: “Dos o tres jesuitas españoles los costea el Rey en París para que allí aprendan el método de estudiar y de enseñar, para venir a entablarlo en sus Colegios”67. Seis serían los escogidos para este proyecto: el tarraconense Tomás Cerdá (1715-1791)68, el asturiano Isidro López (1721-1795)69, el gaditano Antonio Zacagnini (1723-post 1803)70, el salmantino José Miguel Petisco (1724-1800)71, el compostelano-madrileño Antonio Mourín (1707-1783)72 y el zaragozano José Martínez (1703-1791)73. Las biografías de estos hombres se vinculan a los fermentos de cambio que sufrió la Compañía de Jesús en España durante esta etapa. A estas acciones gubernamentales hay que añadir, como tercer núcleo institucional, que la Compañía de Jesús española trata de asimilar los aires de cambio que comienzan a respirarse en los ambientes cultos. Así se lo manifestaba el P. Burriel a Gregorio Mayans: “la verdad sea dicha, en pocas comunidades hay tantos amadores de las letras como en casa; luego que se ha empezado a disipar la niebla que cubría la nación vemos que la gente moza jesuita de todas partes se anima más que otra alguna a bien aprender y a bien enseñar”74. Desde muy diversos ángulos se dan, entre otras, tres

P. Roca, “Orígenes de la Real Academia de ciencias exactas, físicas y naturales (Historia científica del primer Gobierno de Fernando VI)”, en Homenaje a Menéndez Pelayo. Estudios de erudición española t. II (Madrid, 1899), 851-853.

Roca, “Orígenes de la Real Academia”.

Miguel Batllori, “Cerdá Tomás”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 734-735.

José Martínez de la Escalera, “López Isidro”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2414-2415.

Alberto Dou y Francisco de Borja Medina, “Zacagnini, Antonio”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 4062-4063.

Gabriel Ma. Verd, “Petisco, José Miguel”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 3115-3116.

Carlos Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jesús, vol. V (1894), 1347; vol. IX (1900), 695; vol. XII (1911), 597 (Bruselas-París).

Martínez, “Ciencias y letras”, 270 y ss.

Gregorio Mayans y Sicar, Epistolario II. Mayans y Burriel, transcripción, notas y estudio preliminar de Antonio Maestre, de Burriel a Mayans, Toledo, 10 de septiembre de 1751 (Valencia: Soler, 1972), 532.

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acciones que en el fondo aspiraban a encontrar fórmulas nuevas para el cambio: los centros de formación jesuítica en cada una de las provincias hispanas, los colegios de nobles y, como indicador de todas esas reformas, los certámenes literarios. Un primer ensayo de renovación lo constituyen los colegios de nobles75, experimento que se había iniciado, al parecer, en 1710 en Viena y en Gratz76. Se trata de una “pieza típicamente dieciochesca en el sistema educativo de la Compañía de Jesús”, al decir de Carmelo Sáenz de Santa María77. Los funda Felipe V mediante real cédula de 21 de setiembre de 1725, “para la enseñanza y educación de la noble juventud, en que aprenda las primeras letras, lenguas y habilidades que condecoran a los nobles, para que sirvan a la patria con crédito y autoridad”78. Amén de la formación religiosa, estudiaban: dogma, teología moral, escritura sagrada, cánones, filosofía natural y artificial, filosofía moral, política e historia, geometría, además de las lenguas, las matemáticas y las distintas habilidades que condecoraban al noble, como equitación, esgrima, música y danza79. Por Torres de Villarroel sabemos que el número de catedráticos jesuitas en 1728 era de 1980. Dentro de esta concepción elitista de la educación jesuítica, es importante señalar una proposición del P. Ignacio Julián para el Colegio Mayor de San Bartolomé de Bogotá, capital de la Provincia del Nuevo Reino de Granada. Egresado de Universidad de Cervera, el año 1763 Julián escribió, como pasante en el Colegio Mayor, lo que podríamos denominar un manual de cortesía y buenas costumbres para los bartolinos81.

75

Antonio Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, vol. VII (Madrid: Razón y Fe, 1925), 40-45; F. Aguilar Piñal, “Los Reales Seminario de Nobles en la política ilustrada española”, Cuadernos Hispanoamericanos 356 (1980): 329-349.

Astrain, Historia de la Compañía de Jesús, vol. VII, 41.

76

Carmelo Sáenz de Santamaría, “El colegio de nobles de Madrid y las visiones morales de Quevedo-Torres de Villarroel”, Letras Deusto 20 (1980): 179-189.

Memoria histórica de la fundación del real seminario de Madrid (Madrid, 1755).

Sáenz de Santamaría, “El colegio de nobles”, 185-187.

Diego de Torres Villarroel, Sueños morales, Visiones y Visitas, con don Francisco de Quevedo, por Madrid. Barca de Aqueronte y Residencia Infernal de Plutón, trasladólos desde la fantasía al papel el Dr. D. de R. V… (Salamanca, ¿1752?), 123. Y añade: “En cambio aquí ‘a sus horas determinadas acuden prontos diez y nueve jesuitas, que estos públicamente dictan a todos, todas las facultades y ciencias…’, incluidas las lenguas ‘griega, francesa, hebraica…’ y finalmente el ‘estudio de las matemáticas, a que había ayunado la España muchos años; y en mi universidad… había un siglo que no la saludaban’. Citado por Sáenz de Santamaría, “El colegio de nobles…”, 188.

José del Rey Fajardo, “Un manual de urbanidad y cortesía para estudiantes de humanidades (1762)”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia LXII, No. 246 (1979): 389-400. El texto íntegro lo publicamos por vez primera en La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica, 325427.

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En este cuadro de intentos de renovación se han estudiado muy poco los actos públicos o certámenes, como los llamaban entonces, verdaderos indicadores de las preocupaciones intelectuales de profesores y alumnos. Se trata de una literatura científica muy dispersa que ameritará en el futuro un estudio analítico, el cual, probablemente, arrojará resultados poco sospechados por el actual estado de la investigación científico-pedagógica. A Propósito, el 10 de septiembre de 1751 le escribía Burriel a don Gregorio Mayans: “En esa Provincia [de Aragón] se acaban de hacer cosas muy buenas, y Vm. debe procurar ver los Certámenes de este año en Gerona y Calatayud, que le alegrarán”82. Posiblemente los certámenes de Gerona son los compuestos por el P. Ignacio Campserver en Manresa en 1722: De excellentia Linguae Craecae Oratio y Pro lingua Latina Declamatio, puestos a nombre de sus discípulos Francisco Xavier Dorca y Narciso Caragol83. Y el de Calatayud es el Certamen Oratorio-Poético, publicado en Madrid en 175184. Como decíamos más arriba, se trata de un género literario poco estudiado, que se utilizaba para que el público asistente tuviera un criterio claro de lo que se enseñaba en las aulas y, por ende, del nivel de los estudios. Para el caso del Colegio de Villagarcía, Conrado Pérez aduce algunos ejemplos que constituyen una información útil para el futuro investigador85. Mas, para el objetivo de nuestra investigación, adquieren gran importancia el estudio de centros como la Universidad de Cervera, el Colegio de Villagarcía de Campos, el Colegio Imperial de Madrid y los esfuerzos realizados por la provincia de Andalucía. El primer centro de formación humanística que inició las reformas fue la Universidad de Cervera86. Todo el proceso gira en torno a la gran figura

Mayans y Sicar, Epistolario IIK, 532, Burriel a Mayans.

Martínez de la Escalera, “Ciencias y letras entre los jesuitas”, 265; S. Bartina, “El colegio de San Martín de Gerona (1700-1767)”, Annals de l’Institut d’Estudis Gironins 25 (1981): 153-166.

Existe una amplia información en José Eugenio de Uriarte, Catálogo razonado de obras anónimas y seudónimas de autores de la Compañía de Jesús pertenecientes a la antigua Asistencia de España, 5 vols. (Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1904-1916).

Conrado Pérez Picón, Un colegio ejemplar de Letras Humanas en Villagarcía de Campos (15761767) (Valladolid: Sal Terrae, 1983), 163-178.

Ignacio Casanovas, La cultura catalana en el siglo XVIII (Barcelona: Balmes, 1953); Pilar Boleda Isarre, “El fondo bibliográfico greco-latino de la Universidad de Cervera”, Noticia de Cervera y la Segarra 10 (1978): 21-61; Miguel Batllori, “La Universitat de Catalunya, a Cervera. 17181842”, en Cultura e fianze. Studi sulla storia dei Gesuiti da S. Ignacio al Vaticano II (Roma: Storia e letteratura, 1983), 273-284; Miguel Batllori, “Evolución pedagógica de la Universidad de Cervera en el siglo XVIII”, Anthropos Suplemento 23 (1990): 95-103; J. M. Benítez I. Riera, “La contribució intellectual dels jesuites a la Universitat de Cervera” (Tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 1988). Una visión distinta a la jesuítica la ofrece J. Prats Cuevas en La Universitat de Cervera i el reformisme borbónic (Lérida: Pagés, 1993).

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de don José Finestres, catedrático de derecho romano y neohumanista87. A través de este ilustre hombre de letras se puso en contacto un grupo selecto de jesuitas de Cervera88 con la vanguardia del pensamiento preilustrado español –catalán y valenciano– como Gregorio Mayans y Siscar89 y otros90. Como afirma M. Batllori, se consideraban discípulos de Finestres: el latinista Blas Larraz91 y el lingüista Luciano Gallisá92; el helenista y primer historiador de la filosofía en España, Bartolomé Pou93; el físico y filósofo Tomás Cerdá94; el científico y canonista José Pons95; el historiador y ensayista filosófico Mateo Aymerich96; así como otros muchos jesuitas que regentaron las cátedras de humanidades en la universidad cervariense antes de la expulsión de 176797. De igual forma, hay que tener presente que algunos jesuitas de la Provincia del Nuevo Reino provenían de esta significativa universidad, y entre ellos figuran algunos jesuitas catalanes que integraron las principales comunidades de los colegios neogranadinos. Mas, para la visión global de este periodo en la Provincia de Aragón, nos remitimos al estudio del P. José Martínez de la Escalera98. El segundo centro jesuítico de renovación fue el Colegio de Villagarcía de Campos99, sitio en plena meseta castellana, entre Valladolid y León. Muchos jesuitas se formaron en su seminario y pasaron a todas las provincias de América, de ahí el influjo que ejerció este centro de humanidades clásicas sobre los que se fundaron en tierras colombinas. Los estudios de

Miguel Batllori, “Finestres y de Monsalvo, José”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1461.

Puede verse el elenco de jesuitas en Manuel Rubio y Borras, Historia de la Real y Pontificia Universidad de Cervera, vol. 2 (Barcelona: Joaquín Horta, 1916), 275-281.

Miguel Batllori, “Mayans y Sicar, Gregorio”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2584-2585.

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Casanovas, La cultura catalana en el siglo XVIII.

90

Miguel Batllori, “Larraz, Blas”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2287-2288.

Miguel Batllori, “Gallissá y Costa, Luciano”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2287-2288.

Miguel Batllori, “Pou y Puigserver, Bartolomé”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1560-1561.

Miguel Batllori, “Cerdá, Tomás”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 734-735.

Miguel Batllori, “Pons y Massana, José”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3190.

Miguel Batllori, “Aymerichi, Mateo”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 311312.

Miguel Batllori, La cultura hispano-italiana de los jesuitas expulsos (Madrid: Gredos, 1966). No hacemos referencia a las publicaciones de estudios humanísticos que salieron de la imprenta de la Universidad, porque nos desviaría del objetivo principal de este capítulo y porque preferimos hacerlo con las de Villagarcía.

Martínez, “Ciencias y letras entre los jesuitas”, 263-325.

Pérez Picón, Un Colegio ejemplar.

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Villagarcía –como afirma Pérez Picón– fueron el modelo y la admiración de todos los centros jesuíticos similares que existían entonces en España. Los alumnos procedían de toda la península y también de Indias, por ello no es de extrañar que su población estudiantil fuera numerosa y que rondara casi siempre los mil alumnos100. Al respecto, el P. Juan de Loyola anota en su Vida del P. Bernardo Francisco de Hoyos: se ve poblada de niños y jóvenes, no solo del país, sino de las provincias más remotas de España: Andalucía, Extremadura, Vizcaya, Galicia y otras más lejanas. Aun de las Indias envían mucha parte de su nobleza a estos Estudios celebradísimos por todo el orbe. Pues muchos héroes de nuestra nación, ilustrísimos obispos, militares, políticos, ministros y hombres grandes de toda línea, destinados a lo sumo del honor, se glorían de haber empleado sus primeros años en los Estudios de gramática de Villagarcía. El número de estos héroes que hoy viven es mayor de lo que pudiera comprender un difuso catálogo101.

Al mediar el siglo XVIII, Villagarcía adquiere nuevo vigor gracias a la visión y preparación del P. Francisco Javier de Idiáquez102. De joven había estudiado las humanidades en el Colegio de la Magdalena de Burdeos, que regían los jesuitas franceses. Hombre de sólida formación humanística, asumió la revigorización de los estudios clásicos en Villagarcía, cuyo proyecto mejoró en 1758, en un trabajo que publicó con el nombre de Prácticas e industrias para promover las letras humanas103. En última instancia, tres fueron las medidas adoptadas por Idiáquez para llevar adelante sus ideas reformistas. Buscar la excelencia del profesorado; dotar a los alumnos de selectos textos para sus clases, para lo cual consiguió una excelente imprenta; y renovar la metodología de la enseñanza. Se puede agrupar la producción de la imprenta de Villagarcía en cuatro grandes líneas editoriales104, la primera de ellas podría titularse como de “Preceptiva y lexicografía”. Para la preceptiva seleccionaron a tres escritores clásicos dentro de la bibliografía jesuítica: el portugués Cipriano Soares105,

100

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 34-35.

101

Juan de Loyola, Vida del P. Bernardo Francisco de Hoyos, ms. citado por Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 35-36.

102

Conrado Pérez Picón y José Martínez de la Escalera, “Idiáquez, Francisco Javier”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 1990-1991; Juan Andrés Navarrete, De viris illustribus in Castella Veteri Societatis Jesu ingressis t. II (Bononiae, 1797), 201-375.

103

Francisco Javier Idiáquez, Prácticas e industrias para promover las Letras humanas (Villagarcía: Imprenta del Seminario, 1758).

104

Nos guiaremos por el capítulo de Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 101-127.

105

José Martínez de la Escalera, “Soares (Soarez, Suárez), Cipriano”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3593.

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el francés Domingo de Colonia106 y el italiano Juan Bautista Riccioli107. Soares publicó en Coimbra en 1562 su De Arte Rhetorica libri tres ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano108, libro que alcanzó unas 135 ediciones en Europa hasta 1792109. El P. Juan Andrés Navarrete se encargó en 1762 de la edición de Villagarcía110. Domingo Colonia sacaba a la luz pública en 1704 su De arte rhetorica111, obra que todavía era reeditada en 1877112. La impresión de Villagarcía reprodujo edición compendiada de la de Colonia a la que se añadieron los cinco libros de Institutiones poeticae de Juvencio y notas en castellano del P. Navarrete113. No deja de ser curiosa la personalidad del P. Juan Bautista Riccioli, pues dedicó su vida al cultivo de las ciencias astronómicas y enseñó matemáticas aplicadas, filosofía y teología114. En 1639 publicó su erudita Prosodia bononiensis115, cuyo texto arreglaría el profesor de Villagarcía, Juan Andrés Navarrete, con el título de Prosodia Villagarciense116. Consta de dos partes: en la primera introduce un catálogo, por orden alfabético, de más de cuarenta mil palabras, con su correspondiente cualificación de breve, larga o común; en la segunda añade otro índice, mucho más corto, de palabras cuyas cuantidades discuten los eruditos. Tampoco podía faltar un instrumento de trabajo fundamental, como lo eran los diccionarios. Para ello se optó por reeditar el diccionario hispanolatino del P. Valeriano Requejo (1621-1686)117. Este jesuita castellano fue humanista y lexicógrafo y durante 26 años se dedicó a la enseñanza de la gramática y retórica en Pamplona, Segovia y Villagarcía. En 1729 apareció en Salamanca su Thesaurus hispano-latinus118, obra en la que había corregido

Paul Mech, “Colonia, Dominique de”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 867868.

Thomas F. Mulcrone, “Riccioli, Giovanni Battista”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3353.

Cipriano Soares, De Arte Rhetorica libri tres ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano (Coimbra, 1562).

Martínez, “Soares (Soarez, Suárez), Cipriano”.

Summa Artis Rhetoricae ex Cipriano Suario, Societatis Jesu expressa (Villagarsiae, 1762).

Domingo de Colonia, De arte rhetorica (Lyon, 1704).

Paul Mech, “Colonia, Dominique de”, 867.

De Arte Rhetorica libri quinque, lectissimis auctorum aetatis aureae, perpetuisque exemplis illustrati, auctore P. Dominico Decolonia Societatis Jesu, praesbytero. Accessere in hac novissima editione Institutiones poeticae, auctore P. Josepho Juvencio ex eadem Societate (Villagarsiae, 1762).

Mulcrone, “Riccioli, Giovanni Battista”, 3353; Sommervogel, Bibliothèque, vol. VI, 1796-1805.

G. B. Riccioli, Prosodia bononiensis (Bolonia, 1639).

G. B. Riccioli, Prosodia Villagarciensis in duos indices tributa, et ex ea quam Joannes Baptista Ricciolus e Societate Jesu fusiorem scripsit excerpta (Villagarsiae, 1762).

J Martínez, “Requejo, Valeriano”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3333.

Valeriano Requejo, Thesaurus hispano-latinus (Salamanca, 1729); Sommervogel, Bibliothèque, vol. VI, 1669; vol. XII, 737; Uriarte, Catálogo razonado, vol. I, 400, 402, 906; vol. II, 2128.

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y aumentado la producción lexicográfica de sus antecesores: el Thesaurus verborum ac phrasium (Zaragoza, 1597), que alcanzó 25 ediciones hasta 1728, del P. Bartolomé Bravo119, y el Thesaurus hispano-latinus (Valladolid, 1645) del P. Pedro de Salas120. La reimpresión de Villagarcía data de 1761121. Es interesante reproducir el dictamen que dio el P. Francisco de Miranda sobre el libro en 1729: Este libro cuyo título es Thesauro hispano-latino, me consta que ha muchos años que tiene la aprobación y con encarecidos elogios de todos los consumados Maestros de latinidad y letras humanas, que ha tenido siempre nuestro gran Colegio de la Compañía de Jesús en Villagarcía (cuyos Estudios son el verbi gratia de la más diestra y cuidadosa enseñanza de este género de letras) en donde se ha conservado, por haberle faltado su autor antes de darle a luz, en la obscura fortuna de manuscrito; asegurando cuantos le leyeron con especial observación, desempeña bien el nombre que tiene a la frente de Tesoro, y lastimándose de que le tocase la desgracia de escondido122.

También circuló otro pequeño libro del P. Requejo, titulado Compendio para saber escogidamente latín123. Este folleto fue conocido entre el argot estudiantil como “Platiquillas de Aurelio”, por haberse publicado con el nombre de Aurelio Anónimo, y también como “Platiquillas de Villagarcía”, por haberse utilizado en aquel colegio para explicar los rudimentos de la gramática124. Pero el primer libro que salió de la imprenta villagarciense fue el Sintagma Grammaticum del P. Requejo125. La Sección Latina podríamos considerarla como la segunda línea editorial villagarciense y podemos afirmar que fue la más prolija. La persona clave de toda esta producción escolar latina fue sin duda el P. José

José Martínez de la Escalera, “Bravo, Bartolomé”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 538; José Eugenio de Uriarte y Mariano Lecina, Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús pertenecientes a la antigua Asistencia de España, desde sus orígenes hasta el año de 1773, vol. I (Madrid, 1925-1930), 545-554; Sommervogel, Bibliothèque, vol. VII, 449-451.

José Martínez de la Escalera, “Salas, Pedro de”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3467.

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120

Valeriano Requejo, Thesaurus hispano-latinus, utriusque linguae verbis et phrasibus abundans olim a Bartholomaeo Bravo e Societate Jesu inventus, postea a P. Petro de Salas ex eadem Societate lucupletatus, nunc mendis expurgatus, multis dictionibus formulisque elegantibus auctus et excultus, particulisque ad orationem perpoliendam obiter explicatis illustratus a P. Valeriano Requejo in Provincia Castellana ejusdem Societatis humaniorum litterarum professore (Villagarsiae, 1761).

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Citado por Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 122.

Valeriano Requejo, Compendio para saber escogidamente latín (Bayona, 1669).

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Uriarte, Catálogo razonado, vol. I, 402.

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Valeriano Requejo, Sintagma grammaticum, sive de politiore latinitate notationes ad usum scholarum Societatis Jesu diligenter olim collectae, nunc accessionibus aliquot illustratae (Villagarsiae, 1756); Uriarte, Catálogo razonado, vol. II, 2128.

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Petisco126, excelente humanista y buen conocedor de la literatura bíblica, pues dominaba el hebreo, el caldeo, el siríaco y el árabe, así como el latín y el griego. Fue pensionado por el gobierno español para ir a Lyon a especializarse en estudios de griego y hebreo. A su retorno a Villagarcía emprende la tarea de editar los “Textos escolares”, como tercera línea editorial. Se inicia con Orationes selectae de Cicerón127 en los que estudia seis discursos pertenecientes a los géneros deliberativo, judicial y demostrativo. Fray Cayetano de la Concepción, religioso franciscano, dice en su dictamen que esta obra es “clara y luminosa; muy útil y conveniente para ilustrar a la juventud deseosa de aprender la pureza de la lengua latina y los más nobles ejemplares de la retórica”128. También sacó a la luz pública en 1757 el tratado Historiae, con lecciones sacadas de los libros de Cicerón. Son anécdotas, ejemplos y narraciones referentes a las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, de que habla el orador romano en el libro primero De officiis129. Para completar los comentarios de Cicerón, hizo el P. Idiáquez reimprimir las Elegantes formulae130 del P. Gaspar Sánchez131, libro que, según Menéndez y Pelayo, está “muy bien hecho, y de gran utilidad para el estudio comparativo de las lenguas latina y castellana; y para los ejercicios de la composición de una y otra”132. También colaboró en esta empresa editorial villagarciense el P. José Francisco de Isla, quien se había retirado al Colegio de Villagarcía para redactar su Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Para la colección de “Libros clásicos”, cuarta línea editorial, comentó los diálogos De Senectute y De amicitia133. Fray Juan de la Transfiguración, presidente del convento de los franciscanos descalzos de Palencia, dice del libro: “Y en todo se trasluce y deja bien conocer la mucha inteligencia Verd, “Petisco, José Miguel”, 3115-3116; Sommervogel, Bibliothèque, vol. VI, 620; Uriarte, Catálogo razonado, vol. III, 4157, 4195; Julián Pereda y Barona, El P. José Petisco: su tiempo y sus obras (Madrid: Imprenta Católica, 1915).

126

José Petisco, M. T. Ciceronis orationes selectae, argumentis, notis hispanicis et analysi rhetorica illustratae a P. Josepho Petisco e Societate Jesu (Villagarsiae, 1758).

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Citado por Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 113-114.

Petisco, Historiae ex libris Ciceronis depronptae, notulis hispanicis illustratae (Villagarsiae, 1757). De estos dos textos dice Menéndez y Pelayo que se hicieron varias impresiones, pero sin el nombre del autor. M. Menéndez y Pelayo, Bibliografía hispano-latina clásica t. II (Santander: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1950), 299.

129

Gaspar Sánchez, Elegantes formulae ex ómnibus Ciceronis operibus selectae et ad usum loquendi familiarem accommodatae Gaspare Sanctio, Soc. Jesu, collectore et interprete (Villagarsiae, 1758).

José Martínez de la Escalera, “Sánchez, Gaspar”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. IV, 3487-3488; Sommervogel, Bibliothèque, vol. VII, 524-526.

Menéndez y Pelayo, Bibliografía hispano-latina clásica, t. II, 119.

José Francisco Isla, M. T. Dialogi de senectute et amicitia, summariis et notis hispanicis illustrati a P. Josepho Francisco Isla, Soc. Jesu (Villagarsiae, 1760).

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que tiene el autor de las frases más propias de la latinidad, leyes de la más culta retórica y de todo género de historia; sabiendo sacar de su precioso tesoro lo nuevo y lo antiguo. Digno es que salga a luz este tesoro de claras letras, para que enriquezca a cada uno según lo necesitare”134. Completan los estudios ciceronianos las Cartas escogidas de Cicerón135, traducidas del latín al castellano por exprofesor de Villagarcía, el P. Isidro López (1721-1795)136, uno de los jesuitas elegidos por el Marqués de la Ensenada para estudiar en Francia (1751-1754) en el Colegio Luis el Grande de París. Asimismo, el P. Francisco Javier Idiáquez, Rector del colegio, ilustró con sumarios y notas castellanas las vidas de los generales ilustres de Cornelio Nepote137. Y con toda razón escribía el censor de la obra: porque “sobre las buenas costumbres que beberán en los cristales de Nepote, encontrarán los niños en cada nota del P. Idiáquez una estrella, y en cada sumario un lucero que los alumbre”138. En 1764 aparecía otra edición de Cornelio Nepote preparada por el P. Agustín Escudero (1726-1803)139, prefecto de estudios y profesor de gramática. Se trata de la mejor impresión que salió de las prensas villagarcienses140. A la pluma del P. Ramón Aguirre (1730-1816)141, profesor de Villagarcía, se debe el libro escolar De rebus gestis Alexandri Magni142, del que escribirá el censor don Francisco Viguezal: “Clara y brevemente compendia la serie de cada capítulo; y en las notas, acomodadas al lacónico y elegante hispanismo de nuestros tiempos, aclara los lugares dificultosos. Todo lo tengo por útil y digno de la pública luz; no restándome otra cosa más que dar muchas gracias a la esclarecida Religión de la Compañía, que de los

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 105.

Isidro López, Cartas escogidas de M. T. Cicerón, traducidas del latín en castellano (Burgos, 1755); Uriarte, Catálogo razonado, vol. I, 329.

José Martínez de la Escalera, “López, Isidro”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2414-2415; Sommervogel, Bibliothèque, vol. IV, 1949; Constancio Eguía Ruiz, Jesuitas expulsados por Carlos III. 1: El P. Isidro López y el motín de Esquilache, estudio hecho sobre las fuentes (Madrid: Razón y Fe, 1935).

Francisco Javier Idiáquez, Cornelius Nepos de vitis excellentium imperatorum, breviariis et notis hispanicis illustratus a P. Francisco Xaverio de Idiáquez, Soc. Jesu (Villagarsiae, 1758).

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 115.

Uriarte y Lecina, Biblioteca de escritores, vol. II, 507.

Agustín Escudero, Cornelius Nepos, de Vitis Excellentium Imperatorum (Villagarsiae, 1764); Uriarte, Catálogo razonado, vol. II, No. 3512.

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Uriarte y Lecina, Biblioteca de escritores, vol. I, 61.

142

Ramón Aguirre, Curtii Rufi, De rebus gestis Alexandri Magni Libri VIII, breviariis ac notis hispanicis illustrati, cum locupelitssimo indice urbium omnium, regionum, fluminum, etc. Quae apud auctorem frequentes occurrunt a P. Raymundo Aguirre e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1759).

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abundantes tesoros de sabiduría, produce cada día nuevos héroes, que así procuran enriquecer la república literaria”143. También los tres grandes poetas latinos tuvieron su espacio en las prensas del colegio castellano. El P. José Petisco anotó y comentó todas las obras clásicas de Virgilio. Las Bucólicas tuvieron como censor al P. José Francisco Isla144. Después continuó con las Geórgicas145 y culminó sus estudios virgilianos con la Eneida146. El revisor de la Eneida fue el franciscano Alejandro Zurro, profesor de teología, quien estampaba los siguientes conceptos: Útil fue aquel hilo de oro que franqueaba la entrada y salida del celebrado laberinto de Creta; y el romano Homero, sin las luces que este libro administra, fue laberinto sin hilo de oro; pero con ellas, o deja de ser laberinto o en caso, que terca su oscuridad, persista en dejarle en sí mismo intrincado, no lo será para el joven que tuviese a mano las notas del P. Petisco. Estas eruditas y lucidas cifras privilegian a los jóvenes de las incomodidades y trabajos a que les destinan147.

Ovidio también tuvo sus comentaristas dentro del claustro de profesores de humanidades villagarciense. El P. Juan Antonio Palomares (1725-1794)148 comentó los cinco libros de Las Tristes149 y el P. Juan Andrés Navarrete publicó las elegías desde su lugar del destierro150. El censor del libro, don Manuel González Romero, se expresaba de la siguiente forma: “Su clara y perceptible explicación –aunque lacónica– de la erudición, de la historia, de la fábula y costumbres que toca en su Ponto, Ovidio, es tan admirable, que para entender los pasos arduos de este corifeo de los poetas elegíacos, no se pueden desear mejores comentarios que los sumarios y notas de nuestro autor”151. Para el poeta Horacio no pudo buscarse el P. Idiáquez mejor intérprete que el P. José Juvencio (1643-1719), una de las autoridades más respetadas

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 116.

Francisco Javier Idiáquez, P. Virgilii Maronis Bucólica notis hispanicis illustrata a P. Josepho Petisco e Societate Jesu (Villagarsiae, 1758).

Francisco Javier Idiáquez, P. Virgilii Maronis Georgica notis hispanicis illustrata a P. Josepho Petisco e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1760).

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Idiáquez, P. Virgilii Maronis Aeneis notis hispanicis illustrata a P. Josepho Petisco e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1760). Véase Uriarte, Catálogo razonado, vol. II, 9-10.

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Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 117.

Sommervogel, Bibliothèque, vol. VI, 157; Uriarte, Catálogo razonado, vol. II, 8.

148

Juan Antonio Palomares, Ovidii Nasonis Tristium, libri V, argumentis et notis hispanicis illustrati a P. Joanne Antonio Palomares e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1766).

Juan Andrés Navarrete, P. Ovidii Nasonis de Ponto, libri IV, argumentis et notis hispanicis illustrati a P. Joanne Andres Navarrete e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1766).

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 117.

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de la Compañía de Jesús en el campo de las letras humanas152. En 1758 salía de las prensas del colegio castellano De arte poetica, que había editado en París Juvencio153. Y el editor español advierte: “El Horacio se imprimirá con las notas y paráfrasis en latín, con que le hizo tan apreciable el P. Juvencio. Sería cosa vergonzosa que los jóvenes salieran de los Estudios sin haber construido nada de Horacio. Lo más útil es el Arte Poética, en que también se enseña a discurrir y a hacer crisis de todo género de obras de ingenio, y por eso lo primero que se imprimirá será el Arte Poética”154. Finalmente, Idiáquez introduce en la serie latina villagarciense las Fábulas de Fedro155. La reimpresión desplaza a Esopo de los textos escolares de Villagarcía, porque “están traducidas al latín por varios autores que están muy lejos de ser del siglo de oro. Las de Fedro, liberto de Augusto, son la pureza misma, el candor y la nata de la latinidad. Y lo que no tiene duda es que la experiencia enseña que con Fedro aprovechan mucho los niños”156. Dejamos de lado toda la serie griega, porque en el Nuevo Reino ya los estudios helénicos para el siglo XVIII habían desaparecido157, así como también las SÁTIRAS de los padres Cordara y Lagomarsini contra los pedantes que alardeaban de cultura clásica158. El tercer centro de influencia lo ejerce el Colegio Imperial de Madrid, que, como entidad educativa de la corona española, atrajo lo mejor y más lúcido del pensamiento jesuítico en los siglos XVII y XVIII. Para quien desee conocer a fondo la historia de esta espectacular entidad educativa, lo remitimos a la investigación llevada a cabo por el profesor José Simón Díaz159. En realidad fueron tres las instituciones educativas que llevó a cabo la Compañía de Jesús en la capital española: el Colegio Imperial

G. Bottereau, “Jouvancy (Juvencius), Joseph de”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2157-2158; Sommervogel, Bibliothèque, vol. IV, 830-859; vol. IX, 518-520; vol. X, 1802; vol. XI, 1757-1759; François Dainville, “Le Ratio discendi et docendi de Jouvancy”, Archivum Historicum Societatis Jesu XX (1951): 3-58.

José Juvencio, Q. Horatii Flacci De Arte poetica liber, cum notis ac perpetua interpretatione P. Josephi Juvencii e Soc. Jesu (Villagarsiae, 1758).

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Idiáquez, Prácticas e industrias, 43-44.

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Francisco Javier Idiáquez, Fábulas de Pedro, liberto de Augusto, traducidas de latín a castellano e ilustradas con algunas notas para el uso de los principiantes de las Escuelas de gramática de la Compañía de Jesús (Burgos, 1755). Para la autoría, véase Uriarte, Catálogo razonado, vol. I, 295-296.

Idiáquez, Prácticas e industrias, 22.

156

Información en Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 111-113.

Pérez Picón, Un colegio ejemplar, 124-126; Uriarte, Catálogo razonado, vol. III, No. 4135.

José Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial de Madrid (Del estudio de la Villa al Instituto de San Isidro: Años 1346-1955) (Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1992); José Martínez de la Escalera, “Colegio Imperial de Madrid”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 844-845.

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(1603-1767)160, los Reales Estudios del Colegio Imperial (1625-1767)161 y el Real Seminario de Nobles (1725-1767)162. Es lógico que los jesuitas hispanos que laboraban en las universidades jesuíticas desparramadas por los amplios espacios americanos miraran al Colegio Imperial como arquetipo de inspiración, sin excluir que los extranjeros (alemanes, italianos y centroeuropeos) hicieran lo mismo con las casas de estudio en que se habían formado. En este sentido queremos hacer mención de tres entes concretos: los grandes maestros de las humanidades, el estudio de las matemáticas y las boticas. No vamos a detenernos en la enumeración de los grandes profesores que dedicaron su vida a la enseñanza de las letras clásicas en la capital española. Para ello nos remitimos al Apéndice que trae Simón Díaz en su ya mencionada obra de historia del Colegio Imperial163. Todavía no hemos podido precisar el estudio de las matemáticas en el pénsum de los colegios que integraban la Provincia del Nuevo Reino de Granada. Ciertamente esta disciplina formaba parte del currículo del curso de artes o filosofía, pero cabe preguntarse si se enseñaba en los estudios inferiores. Se ha achacado a los jesuitas la crisis de los estudios matemáticos en España durante los siglos XVII y XVIII. Nosotros adherimos a las investigaciones del matemático español Alberto Dou, quien escribe: Las causas de la decadencia y del atraso de las matemáticas en España son complejas. Ahora bien, el Colegio Imperial no solo es ajeno a ellas, sino que es la institución española que, gracias a sus continuos contactos y apertura a los progresos científicos en el extranjero, más contribuyó a la asimilación de la emergente ciencia moderna por la sociedad española. V. Navarro Brotons ha examinado el fenómeno de la decadencia española en matemáticas en el siglo XVII con extraordinaria profundidad, y a él me remito164.

Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, 45-148.

161

Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, 149-236.

162

Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, 237-239.

163

Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, 513-550; Bartolomé Martínez, “Las librerías e imprentas de los jesuitas (1540-1767). Una aportación notable a la cultura española”, Hispania Sacra XL (1988): 315-388; para Madrid: 343-348.

164

Albert Dou, “Matemáticos españoles jesuitas de los siglos 16 y 17”, Archivum Historicum Societatis Jesu 132 (1997): 316. Cita a V. Navarro Brotons, “El cultivo de las matemáticas en la España del siglo XVII”, en Contra los titanes de la rutina (Madrid: Garma, 1994), 135-149. Para conocer los nombres de los matemáticos que enseñaron en el Colegio Imperial durante el siglo XVII, véanse: Dou, “Matemáticos españoles jesuitas”, 310-311; Joaquín Sarralle [pseudónimo de Iriarte], “Los matemáticos del Colegio Imperial”, Razón y Fe 156 (1957): 421-438; Joaquín Iriarte, Pensares e historiadores. Casa de Austria (1500-1700) (Madrid: Razón y Fe, 1960); Alberto Dou, “Las matemáticas en la España de los Austrias”, en L. Español, Estudios sobre Julio Rey Pastor (Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 1990), 167-169. En un cuadro más general pueden consultarse: Joseph Mac Donnell, “Jesuits Mathematicians before the suppresion”, Archivum

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Las investigaciones modernas sobre este tema están arrojando conclusiones muy lejanas de lo que se venía repitiendo como axioma. A. Dou concluye su estudio señalando que “más de la mitad de la educación matemática y de la producción científica matemática de la España del periodo 1629-1700 es obra del Colegio Imperial”165. Y V. Navarro, autoridad en esta materia, afirma: para tener “una imagen más precisa de la ciencia cultivada en España en la fase culminante de la revolución científica. El estudio de los novatores de finales de siglo XVII ya me había dado algunas importantes pistas, sobre todo de la enorme importancia de los jesuitas y de algunos autores no jesuitas, pero en estrecha relación con estos, en la transición a España de la ciencia moderna”166. Aunque disponemos de muy escasa información sobre el tema de las boticas, es bueno traer a la memoria la que existía en el Colegio Máximo de Santafé de Bogotá167. Para las misiones orinoquenses baste aducir los recuerdos del P. Felipe Salvador Gilij, quien, desterrado en Roma, traerá a su memoria la visita que le hizo al autor de El Orinoco ilustrado en su reducción de Betoyes, el año 1749: “En su casa, o cabaña, tenía toda suerte de útiles medicinas caseras, y al primer aviso del fiscal, dedicándose como amorosa madre a cuidarlos, era todo agilidad, todo prontitud, todo alegría. Yo estaba a su lado sorprendido de sus dulces maneras. [...] Y movido del ejemplo de tan gran hombre, una vez que hube llegado al Orinoco me afané por imitarle en algo”168. Un espíritu inquieto como era el P. José Gumilla, quien además escribió su Orinoco ilustrado en el Colegio Imperial de Madrid169, es lógico que se dejara impresionar por la botica y la enfermería que tenía el colegio madrileño170. La cuarta entidad que sin duda también ejerció su influjo sobre toda América fue la Provincia de Andalucía y, más concretamente, Sevilla, Cádiz y el Puerto de Santa María. De estas ciudades partieron todas las

Historicum Societatis Jesu XLV (1976): 139-148; Karl Franz Adolf Fischer, “Jesuiten-Mahematiker in der deustchen Assistenz bis 1773”, Archivum Historicum Societatis Jesu XLVII (1978): 159224; Iohannes Schreiber, “Die Jesuiten des 17 und 18 Jahrhunderts und ihr Verhältnis zur Astronomie”, Natur und Offenbarung 49 (1903): 129-143, 208-221; August Ziggelaar, “Ciencias naturales y matemáticas”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 803-804. 165

Dou, “Matemáticos españoles jesuitas”, 315.

166

Navarro, “El cultivo de las matemáticas”, 135-149.

167

José del Rey Fajardo, Catedráticos jesuitas de la Javeriana colonial (Bogotá: CEJA, 2002), 17-18.

Felipe Salvador Gilij, Ensayo de Historia Americana, III, 81-82.

169

José Gumilla, El Orinoco ilustrado y defendido (Caracas, 1993), 74: “lo mismo que todos los días de enero sucede aquí en Madrid, donde estoy escribiendo esto en enero”.

170

Rosa Ma. Basante Pol y Ramón Gracia Ada, “La botica del Colegio Imperial de Madrid”, Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia 33, vol. 132 (1982): 219-221; M. E. del Río Hijas y Manuel Revuelta González, “Enfermerías y boticas en las casas de la Compañía en Madrid siglos XVI-XIX”, Archivum Historicum Societatis Iesu LXIV (1995): 39-81.

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expediciones de jesuitas europeos que atravesaron el Atlántico en busca de las Indias para insertarse bien en la acción misional, bien en la educativa que adelantaba la Compañía de Jesús en todo el continente171. Como a veces las esperas eran largas, los españoles seguían sus estudios en los colegios de las urbes antes mencionadas. Los extranjeros aprendían el castellano y, si eran estudiantes, proseguían su currículo de la misma manera que los hispanos; y los hermanos coadjutores aprendían artes y oficios, sobre todo en Sevilla172. Pero, ¿qué impresión percibían los extranjeros que en tierras andaluzas esperaban la hora de embarcarse para las Indias occidentales? En 1742 escribía el jesuita bohemio Francisco Javier Reittenberger173 al general de la Compañía de Jesús, desde la isla de Rota en las islas Marianas, y recordaba los meses llenos de tristezas y penas pasadas en el Hospicio de Sevilla y concluía haciendo alusión a la ignorancia de la ciencia moderna que había observado entre los jesuitas españoles174. Sin embargo, el P. Sweerts recordaba que, en 1757, a su paso por Granada, el P. Isidro López había alabado el gusto de los jóvenes y maestros de Granada, y también traía a la memoria el tesón con que limpiaron del mal gusto las letras humanas los preceptores de gramática en los colegios de Córdoba y Sevilla. Y en cuanto a la filosofía, confesaba que su maestro “el granadino Luis de Valdivia, les instruía en secreto y con disimulo en la filosofía moderna”175. Dentro del hábitat cultural gaditano no podría pasarse por alto la real cátedra de matemáticas del colegio de Cádiz176. El erudito y polígrafo José de Cañas (1646-1735)177 fue catedrático de matemáticas en la Real Armada (1684-1687) y el primero en regentar esta cátedra al trasladarse al colegio gaditano (1689-1692), por orden de Carlos II. Sus vastos conocimientos científicos obligaron al Ayuntamiento de Sevilla a encargarse de las obras

Para una información de todas y cada una de las expediciones misioneras, véase Agustín Galán García, El Oficio de Indias de los Jesuitas en Sevilla 1566-1767 (Sevilla: Fondo de Cultura de Sevilla, 1995).

171

Galán García, El Oficio de Indias, 161-182. La edición que poseemos corta bruscamente el texto, que pensamos era más largo.

173

Hermann Hoffmann, Schlesische, mährische und böhmische Jesuiten in der Heidenmission (Breslau: Franke, 1939), 47.

174

ARSI, Fondo Jesuítico, 1466, Carta del P. Francisco Javier Reittenberger al P. Francisco Retz, Rota, 20 de enero de 1742: “in Hispania deteriora et quasi parum aut nihil illi de Scientijs intelligant et sapiant”.

175

F. B. Medina, “Ocaso de una provincia de fundación ignaciana: la Provincia de Andalucía en el exilio (1767-1773)”, Archivo Teológico Granadino 54 (1991): 30-31.

Isabel Azcárate Ristori, Los jesuitas en la política educativa del Ayuntamiento de Cádiz (1564-1767) (Granada: Facultad de Teología, 1996); M. Ravina Martin, “Notas sobre la enseñanza de las matemáticas en Cádiz a fines del siglo XVII”, Gades 18 (1988): 47-64; Uriarte-Lecina, Biblioteca de escritores, vol. II, 88-90.

F. B. Medina, “Cañas, José de”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. I, 640-641.

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de limpieza del río Guadalquivir178. Y el matemático Antonio Hugo de Omerique, en su Analisis geometrica (1698), considera a Cañas “In omni genere litterarum vir eruditissimus”179. También enseñaron en Cádiz el moravo Jacobo Kresa (1648-1715), catedrático de matemáticas en los Estudios Reales establecidos en el Colegio Imperial y cosmógrafo mayor de Indias180, y el inglés Carlos Powell (1660-1738), catedrático de matemáticas en el colegio inglés de Lieja181. Mas, con la llegada de los Borbones, desapareció la cátedra real del Colegio, pero pervivió en algunos miembros de la provincia. El P. José Mesa (1704-1784), amén de su dominio de la matemática, se dedicó a la náutica y la mecánica, disciplinas que enseñaría en el Colegio Real de la Marina de Cádiz182. También cultivaron esta disciplina los padres Juan Fernández de los Luengos (1719-1776)183, Luis de Valdivia (1724- ¿?)184 y Gabriel Ruiz (1713-1768)185. Está por estudiarse el influjo del sevillano H. Lorenzo Ortiz (16321698)186, maestro, administrador y autor de obras pedagógicas, poéticas y espirituales. Tuvo él mucho contacto con todas las provincias americanas, pues fue ayudante del procurador de Indias en Sevilla desde 1669 y su titular en Cádiz, al menos, desde 1680187. Hay dos obras suyas que pudieron influir en la docencia americana: ABC del Calculador o computista188 y El maestro de escrivir189.

F. B. Medina, “Ocaso de una provincia de fundación ignaciana”, 31-32.

Citado por F. B. Medina, “Cañas, José de”, 32.

Jan Krajcar y F. B. Medina, “Kresa (Kreza, Cressa), Jakub”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. III, 2227; Sommervogel, Bibliothèque, vol. IV, 1236; Uriarte, Catálogo razonado, vol. II, No. 2161, 3366.

Geoffrey Holt, The English Jesuits 1650-1829: A Biographical Dictionary (Londres: Catholic Record Society, 1984).

F. B. Medina, “Ocaso de una provincia”, 34-35; Sommervogel, Bibliothèque, vol. XII, 1153; Uriarte, Catálogo razonado, vol. I, No. 512; vol. II, No. 3981.

178 179 180

181

182

183

Sommervogel, Bibliothèque, vol. V, 173; F. B. Medina, “Ocaso de un provincia”, 35.

184

Sommervogel, Bibliothèque, vol. VIII, 382, vol. XII, 1236; F. B. Medina, “Ocaso de un provincia”, 30-31.

185

Sommervogel, Bibliothèque, vol. XII, 1208; F. B. Medina, “Ocaso de un provincia”, 35.

186

F. B. Medina, “Ortiz de Bruxedo, Lorenzo”, en O’Neill y Domínguez, Diccionario histórico, t. II, 2927; Sommervogel, Bibliothèque, vol. V, 1963-1965, vol. XII, 619; Urairte, Catálogo razonado, I, 97, III, 3713; F. B. Medina, “Ocaso de un provincia”, 36-38.

187

F. B. Medina, “Ortiz de Bruxedo, Lorenzo”, 2927.

188

Lorenzo Ortiz, ABC del Calculador o Computista: con los rudimentos de Arismetica (sic) y exposición breve de las cuentas, que se enseña a los niños en la Escuela, Dirigido a sus Maestros (Sevilla, 1678).

Lorenzo Ortiz, El Maestro de escrivir. La theórica y la práctica de este utilíssimo arte, con dos artes nuevos: uno para saber formar rasgos; otro para inventar innumerables formas de letras… (Venecia, 1686).

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C a p í t u l o III

La formación integral

Denominamos formación integral al proceso instructivo y formativo, observado por los colegios de la Compañía de Jesús durante el periodo colonial, para obtener un resultado final que conjugara de forma armónica la capacitación intelectual y profesional, la práctica de las virtudes y el desenvolvimiento correcto en la sociedad. Pretendemos en este capítulo reconstruir esos ideales, tal como se enseñaron y practicaron en los colegios neogranadinos. Para lograr tales objetivos se necesita no solo conocer a los artífices del sistema, es decir, los rectores, profesores y espirituales que tuvieron como misión específica llevar adelante tal proyecto, sino además verificar si las líneas maestras de la concepción ignaciana de la educación se sometieron en las urbes colombianas a la metodología contemplada en la Ratio Studiorum. La concepción educativa de la Compañía de Jesús se basa en una orientación eminentemente finalística y, en consecuencia, toda su actividad pedagógica se diseña según los fines que se pretenden. El fin último de la educación jesuítica está determinado por el fin último del educando, que, según la espiritualidad de Ignacio de Loyola, es el fin para el que ha sido creado todo hombre. Pero como el fin último de la educación coincide con el fin último de la vida y ambos se ubican en la trascendencia, exigen como consecuencia una serie de valores que sobrepasan el horizonte de tiempo, lugar o persona. De ahí la preocupación de conjugar fines y medios y el cuidado en la jerarquización que debe ocupar cada uno. Ignacio de Loyola establece como principio y fundamento de su arquitectura espiritual que el ser del hombre se realiza en una salida hacia Dios, y por ello su desiderátum consiste en abrir su ser a Dios y caminar hacia

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Él a través de su situación concreta en el mundo1. La misión, pues, del hombre en la tierra es ser testigo de Dios y aportar con su vida la prueba de que Dios realmente existe. Y para obrar la transparencia de Dios a los ojos del mundo el hombre debe asumir un reto, en un continuo abrirse paso hacia la perfección, con el objeto de ser cada día más hombre y hacer brotar de la propia esencia lo vital, lo justo, lo que promete un futuro al ser humano. Pero, desde que Dios se hace hombre en Jesucristo, la encarnación establece una nueva dinámica en el ser mundano y la creación no se agota en el hacer, sino que se desborda en el rehacer y en el renovar. Y la creación solamente estará consumada cuando todos se asimilen a Cristo. Para el fundador de la Compañía de Jesús es evidente que el hombre se transforma a sí mismo y se entrega a Dios en la medida en que lo conoce. Por ello el mundo y sus cosas las deberá usar el hombre como algo que se le otorga en estado de provisionalidad transitoria. El fin que persigue este principio y fundamento es doble: la “indiferencia” y el “más”. Indiferencia equivale al estado de libertad interior que distancia al hombre de las cosas y lo hace libre para los otros y para Dios. Por ello exige un esfuerzo renovado, cargado de renuncias, abnegación y dolor, porque lo que muere en el ejercicio de la indiferencia es solo el egoísmo del hombre. El más es un impulso interior que empuja al hombre hacia adelante; dicho de otro modo, es un deber que supera todos los deberes humanos. Es un nuevo compromiso que no permite que el rostro de Cristo se oscurezca en la humanidad. Su perfección consistirá en la disponibilidad para interpretar a Dios en las voces de la cotidianidad. 1. La formación integral Desborda los propósitos de este capítulo adentrarse en la filosofía que subyace tras el concepto de formación integral, tal como la concibieron los seguidores de Ignacio de Loyola durante los siglos XVII y XVIII. Tan solo trataremos de dibujar los trazos esenciales que ayuden a comprender el contexto en que se desarrolló la educación en el colegio San Francisco Javier. La formación integral del hombre la sintetizaron los jesuitas coloniales en sus tres dimensiones: virtud, letras y política; es decir, sabiduría, ética y comportamiento social, y todo ello entroncado en un humanismo intelectual. Según Bertrán Quera, la Ratio persigue esta acción integradora de la educación del estudiante mediante la formación básica y el desarrollo de

1

Seguimos aquí la concepción del Principio y fundamento de los ejercicios espirituales, de Ignacio de Loyola, interpretado por Ladislaus Boros, en Decisión liberadora. Los Ejercicios de San Ignacio en su dimensión actual (Barcelona: Herder, 1979), 13-30.

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todas las facultades de su mente desde el núcleo de la actividad intelectual y para fines superiores de orden supraindividual. Y para ello convoca cinco elementos de la naturaleza humana que deben relacionarse de forma equilibrada: el físico, el social, el intelectual, el estético y el espiritual2. Pero el objetivo final es el bien común, intelectual, social y religioso3. Para ello se sirvieron los jesuitas de diversos medios. Acá nos circunscribiremos a dos fundamentales: la actividad y la palabra. La actividad en las cinco áreas mencionadas adquiría su fisonomía singular en cada una de ellas. En el campo intelectual, otorgaba más importancia a ejercitar y desarrollar las funciones mentales que a la adquisición de conocimientos en cualquiera de las ciencias. Su objetivo no se cifraba en adquirir amplitud de conocimientos, sino en profundizar en ellos. Por tal razón el método tenía que dedicar el tiempo necesario para repetir la explicación del profesor de muy diversas maneras y ángulos, ya que la asimilación de conocimientos se constituye en un “instrumento para alimentar, crecer y desarrollar a todo el hombre desde su interior”4. En consecuencia, esta formación pretendía directamente el aprovechamiento del alumno en su capacidad de saber y de aprender a pensar, a reflexionar, a resolver problemas con el mejor acierto. El arte de pensar es entonces un objetivo terminal o, casi diríamos, un desiderátum de todas las pedagogías. La educación humanística persigue formar un juicio recto y una conciencia ilustrada. La Ratio intentaba favorecer el desarrollo de las facultades humanas del alumno y para ello se esforzaba en abrir espacios inéditos en su mente e imaginación despertando la curiosidad, la novedad, en definitiva, el sentido por la investigación. En esta tarea los jesuitas merideños empezaron por cultivar, de modo armónico, la memoria, la curiosidad y la imaginación. El ejercicio de la memoria pretendía aumentar la capacidad de recordar y debía erigirse en instrumento de vital importancia en la formación, pues, por una parte, el alumno asimilaba paulatinamente una serie de conocimientos selectos que se convertían, mediante un proceso casi subconsciente, en propios y que enriquecían su panorama cultural, en la medida que podían ser recreados en contextos muy diversos5. Pero este diario ejercicio tenía que ser racional y prospectivo, ya que, por un lado, no es aconsejable confiar a la memoria lo que antes no ha comprendido

2

En otro capítulo y en el presente desarrollamos, por separado, todos los acápites mencionados, menos el que se refiere al elemento físico.

3

Miguel Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas en la Ratio Studiorum”. Paramillo 2-3 (1984), 166. San Cristóbal.

4

Bertrán, “La pedagogía de los jesuitas”, 166.

5

Bertrán, “La pedagogía de los jesuitas”, 181.

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el entendimiento6 y, por otro, no se puede lanzar la mente a explorar y descubrir el futuro sin el conocimiento del pasado. Desde el punto de vista de la psicología educativa, el ejercicio de memoria se insertaba metódicamente con la declamación, pues de esa manera el alumno asimilaba de forma más vital el contenido de los grandes textos, cuya recitación tenía menos peligro de convertirse en un fenómeno rutinario. Sacchini estimaba que fomentar la memoria de los niños y jóvenes era prestarles un gran servicio: Del acrecentamiento de esta facultad resulta una doble ventaja, ambas de primer orden. Lo primero, poseer una excelente memoria es un auxilio inestimable para todas las empresas de este mundo. Lo segundo, se acumula un magnífico caudal de conocimientos y palabras útiles en el transcurso de toda la vida; porque lo que se graba en la mente en la primera edad suele ser indeleble7.

Junto a la memoria cultivaban el ingenio o la imaginación creadora, acción que se encomendaba especialmente a las clases de Humanidades y Retórica8. De ahí que la imaginación sea un elemento fundamental y constante en la ascética ignaciana, pues el autor de los Ejercicios Espirituales exige en cada meditación lo que él denomina “composición de lugar”9, vale decir, dotar de cuerpo y color –parodiando el sentido del proceso de las ideas en la caverna platónica– la reflexión sobre las verdades más abstractas de la teología o de la fe. Todavía más, exigirá una metodología para lo que él designa como “aplicación de sentidos”, que no es otra cosa que obligar al ejercitante a hacerse presente en los hechos históricos que medita. Según el P. La Palma, es una “forma de contemplación perfecta, en la cual el alma, levantada sobre sí misma y sobre los sentidos, siente las cosas espirituales como si las oliera y oyera, y toma sabor en ellas como si las gustara y se conforta en ellas como si las oliera y se abraza y besa los lugares que tiene ausentes como si los tocara”10. Por ello tendrá que acostumbrarse a revivir la escena evangélica que estudia, observar cuidadosamente las personas, sus movi

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidades”, 1, 9; “Reglas del Profesor de Retórica”, en Monumenta Paedagogica Societatis Iesu, vol. V (Romae: Institutum Historicum Societatis IESU, 1986), 7.

Francisco Sacchini, “De exercenda puerorum memoria”, en Paraenesis ad magistros scholarum inferiorum Societatis Jesu, caput VIII (Roma, 1625). Citado por Charmot, La pedagogía de los jesuitas. Sus principios. Su actualidad (Madrid: Sapientia, 1952), 156-157.

8

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidades”, 10; “Reglas del Profesor de Retórica”, 5.

9

Ejercicios Espirituales, No. 47, Directorio y Documentos de San Ignacio de Loyola, Glosa y Vocabulario de los Ejercicios por el P. José Calveras S.I. (Barcelona: Balmes, 1944).

6

7

10

Ignacio de Loyola, Obras (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1991), 251.

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mientos y todos sus pormenores, escuchar sus palabras, sensibilizarse con los sentimientos de las personas que interviene en la acción; y así con el resto de los sentidos corporales11. Así se comprende que el dominio de la imaginación y la curiosidad se convirtiera en cada jesuita, al practicar los Ejercicios Espirituales, en una convicción, una experiencia y un hábito12. El tránsito de estas virtudes del maestro al discípulo en la pedagogía cotidiana se puede presumir que era continuo, pero insensible. Saber pensar para poder juzgar era la meta de la metodología de las humanidades. Para ello cada alumno debía recorrer ese proceso interno, por el que se liberaba del pensamiento espontáneo para acceder gradualmente al pensamiento reflejo, es decir, al que responde al porqué y cómo accede a la verdad en sus vertientes literarias, sociales, morales y espirituales. 2. La nobleza de espíritu Deseamos destacar la versión americana y neogranadina de la educación integral, adaptada a nuestro medio. Para ello nos inspiraremos en un curioso escrito del siglo XVIII que descubrimos en Bogotá y cuya paternidad literaria se puede atribuir con mucha probabilidad al P. Ignacio Julián13. La tesis sustentada en torno al educando se centra fundamentalmente en un concepto de continua y metódica superación, en cuya cima se alcanza la nobleza. El fin del libro, fuera de toda discusión, es proponer “una idea cabal” de un joven, “verdadero dechado de nobleza, que con sus obras transcribe más que el nombre”14. La nobleza se define por aquello que no inspira “sino deseos de lo sublime”. De esta suerte, será noble el entendimiento que no admita “sino representaciones de cosas grandes” además de ideas que ennoblezcan directamente las acciones. Y será noble la voluntad cuando se mueva por acciones que lleven “el sobrescrito de ilustres”15. Pero esta concepción no es estática, sino dinámica, y, una vez aceptada, entra el alumno en un proceso dialéctico que se mueve hacia la continua superación: Piensan, pero no se contentan con pensar sino que quieren pensar bien. Hablan, pero con mejor estilo; tratan y se saludan pero con más decoro. Conversan, pero con racionales expresiones de gustosa armonía,

Ejercicios Espirituales, Nos. 122-125.

Citado por Charmot, La pedagogía de los jesuitas, 151.

José del Rey Fajardo, “Un manual de urbanidad y cortesía para estudiantes de humanidades (1762)”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia LXII, No. 246 (1979): 389-400. El texto íntegro lo publicamos por vez primera en La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica (Caracas, 1979), 325-427. [En adelante citaremos: Julián, Lo mejor de la vida].

11 12 13

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 3v.

14

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 1.

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circunspección y seriedad agradable. Para esto, el mismo bien pensar y sentir, el concebir como se debe de la excelencia del hombre y sus potencias y la laudable costumbre y porte de la mejor gente han puesto ciertas leyes particulares, en que se condenan las acciones del vulgo y se establecen propias tan admirables que saca con ellas el observante de sus talentos todos los frutos de que son capaces16.

Así pues, las leyes de una implacable exigencia son las que establecen la distinción real entre nobleza y vulgo. Estos conceptos se contraponen en cuanto que son fruto de una decisión personal, cuya opción gira en torno a dos vidas: la rústica, grosera, agreste e inculta, por una parte; y la civil, culta, política y urbana (es decir, noble), por otra17. Esta opción fundamental queda claramente formulada como un acto decisivo de la libertad individual: “Quiso Dios que el método de bien vivir no se alegara a nadie, sino como en venta pública dejara opción a todos. Y así, el que quiere vivir como príncipe, o como rústico, tiene en su mano la elección”18. La nobleza no se concibe, por tanto, como un estado, sino como una vocación abierta a toda clase de sangre y establece una hermandad educativa entre los alumnos, una vez que asumen los ideales del colegio y los ponen en práctica. No quisiéramos insistir en este concepto educativo de la vocación a la nobleza del espíritu y de la acción sin hacer alusión al arquetipo literario que había que conseguir en los colegios jesuíticos desparramados en la amplia geografía de la Provincia del Nuevo Reino. “Las Letras son el último perfil de la nobleza, porque poco representa en la República un noble con peluca y espada hecho un zoquete y el truhán del Pueblo [...] un noble literato es exemplo de las Repúblicas, honra de sus padres, venerado de todos, oráculo de la plebe y luz de cuantos acuden a él a buscar consejo”19. En esta vía, Lo mejor de la vida, Religión, Doctrina y Sangre viene a ser un auténtico manual de urbanidad y cortesía en el que el lector encontrará una pormenorizada descripción de cómo debía desenvolverse un alumno joven de las aulas jesuíticas tanto en su vida social como en la personal. La filosofía educativa del libro se centra en la consecución de la nobleza integral, entendida no como un estado de vida, sino como un reto de una vocación que impone la inflexible ley de la continua superación. El Manual está dirigido a jóvenes de aproximadamente 13 años, en el momento en que se iniciaban en el estudio de las humanidades. Por ello el método está adaptado a la psicología y a los ideales de la edad que irrumpe a la juventud: todas las principales enseñanzas y normas estaban plasmadas

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 10.

16

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 9.

17

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 10v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 14-14v.

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en elegantes versos latinos de los maestros clásicos, de manera tal que su memorización fuera fácil y erudita. 3. Vida política, crianza y civilidad El contenido de Lo mejor de la vida, religión, doctrina y sangre abarca la capacitación urbana y cortés del estudiante, en todas las dimensiones que le proporciona el mundo de la persona, el de la comunidad en que se realiza y el de la sociedad en que debería desenvolverse. En definitiva, nos hace conocer la “política”, tal como se concebía y ponía en práctica en el Nuevo Reino en el siglo XVIII. Una vez más recurrimos al Manual de urbanidad y cortesía del P. Ignacio Julián, escrito especialmente para los alumnos del colegio San Bartolomé de Bogotá. Su contenido nos remite, servatis servandis, a una forma de actuar común a los jesuitas del Nuevo Reino de Granada. Para poder desarrollar el análisis de la “policía y urbanidad, cortesanía y buen trato”, la educación jesuítica neogranadina hacía descansar la política sobre dos vertientes: el hombre y el hombre en sociedad, pues el hombre “fue criado para vivir en comunicación y sociedad humana”20. La instrucción comienza desde lo más simple y desde el primer momento; por ello se le hace tomar conciencia nada más ingresar al colegio que está ante “gente nueva, nuevas caras, nuevo modo, nueva lengua, nuevo andar, nuevas costumbres, en casa para mí nueva, todo se me hace nuevo”21. Y el punto de llegada será: El cuerpo recto sin afectación, la cara serena y alegre, pero con la molestia de ojos grave y seria, que infunda respeto; el vestido decente y limpio, con aseo aunque sea viejo, que en todo cabe también el aseo pero sin afectación femenil; cara y manos como quiere Marcial: Splendida sit nolo, sordida nolo cutis. Los pasos y modo de andar grave y respetuoso, sin columpearse ni correr sino cuando inste la unción. Las palabras cultas, doctas y al caso y tiempo, afables y cariñosas pero no afectadas; la risa amable para mostrar aprecio […]. Los juegos de manos son para niños que no tienen edad para estar serios, ni saben de otro modo divertirse […]. Lo que le dije acerca de la persona corresponde a proporción a todo lo que le pertenece […] consulte en lo tocante a su aposento con su nobleza y su plata. Esta le pide los adornos, aquella la gravedad y orden porque ya se ve que su aposento sucio, mal ordenado, con confusión de alhajas sin que ninguna tenga el lugar destinado, más es de gente baja, que ningún desorden les disuena, que de nobles22.

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 7v

20

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 5v.

21

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 21-21v.

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Al hablar de “lo que ha de guardar en su persona y lo que le pertenece”, esboza un tratado de la cortesía y llama la atención sobre las manifestaciones externas personales: compostura, vestido, conversación y el caminar. El sentido de la “estoica gravedad” parece ser el alma de toda concepción del trato cortés. El retrato que hay que conseguir del pequeño Catón es “una frente serena como un cielo, unos ojos alegres pero modestos, sin dejarlos andar a todo objeto; los hombros y todo el cuerpo recto con la cabeza, la risa moderada, sin carcajadas y amable; todo el rostro grave, circunspecto y alegre”23. Los avisos para el vestido son minuciosos y prácticos y la regla fundamental es que debe ser “proporcionada al carácter” y gravedad de la persona, de modo que “guarde en su vestido una decencia correspondiente a su conveniencia y calidad, según viere, lo de su carácter, pero grave... Y cuando se ponga ropa especialmente buena que sea para hacer distinción de días, ha de ser sin pavonearse, ni mostrar que busca miradores por las calles, sino con gran circunspección hará al que no pone en eso el caudal y felicidad”24. Y completa la vestimenta con este último consejo: “deje que los sastres, zapateros y peluqueros adornen mucho lo que no tienen adornos propios, y vuestra merced busque méritos que no se consuman”25. Cuando se trata de explicar la circunspección en el andar, recurre a la figura de Aristóteles: Yo me figuro –dice el ahijado– “un hombre taciturno y pensativo, recto y grave, muy majestuoso en sus pasos, sin el más mínimo indicio de cosa que no fuera grande”26. También la lengua debe representar el carácter de la persona, pero de entrada resalta el autor su importancia: “la lengua es lo mejor que tiene el hombre para el trato y alcanzar honra, si se refrena; y lo más venenoso, si se deja libre”27. No se debe hablar mucho y sin ton ni son; en consecuencia, hace una disección de cómo deben ser las palabras de un humanista: Hay palabras que se llaman no sólo impolíticas sino inmodestas, otras viles, otras groseras y otras limadas y cultas. Las primeras […] son contra las buenas costumbres. Las segundas, como terminachos que dicen las personas de casas llenas de humo y apodos infames […]. Las terceras, que son vulgaridades, truhanerías para hacer reír solamente, estribillos, dichitos sin substancia […] frase de calle, expresiones de mercado […] que se llaman impolíticas y de falta de educación28.

Julián, Lo mejor de la vida, fols. 15v-16.

23

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 16v.

24

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 17.

25

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 17v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 18.

27

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 18.

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Por el contrario, las palabras deben ser “modestas, bien sonantes, limadas, esto es, bien pensadas antes, suaves, cariñosas, llenas de substancia y bien aplicadas las sentencias graves, llenas de decoro y honestidad”29. Las relaciones comunitarias definen una serie de actitudes que abarcan desde la amistad hasta el discernimiento que exige la convivencia y la psicología individual de las personas, así como las relaciones que se establecen en la jerarquía familiar, escolar y social. Para ello hay que tener presentes dos premisas fundamentales: primero, su convivencia se desarrolla entre muchos y de diferente carácter; y segundo, su área de acción debe contemplar tres niveles: autoridades, mayores e iguales. A las autoridades, que están en lugar de sus padres, se les debe “obediencia”, además ejecutada con alegría30. Las mayores le merecerán “proporcionado respeto” y se les deberá “respetar, atender, honrar y obedecer en los consejos”31. Con respecto a los iguales, conviene señalar algunos principios. Sobresale la valoración de la amistad, pues “el mayor consuelo de la vida es un fiel amigo”32. Con los compañeros de habitación observará “honrada correspondencia que le haga olvidar el sinsabor de vivir muchos. Procure en no dar a sentir nada a alguno, sino esmerarse en dar gusto y servir a todos cuanto pudiere”33. Y más adelante completa la idea: “con los compañeros de aposento tratará con toda urbanidad, guardando a cada uno sus fueros y respetos”34. Las recomendaciones en este punto son muy oportunas. No debe pasar el día entrando y saliendo de las habitaciones35. Así desciende a los mínimos detalles: cómo tocar a la puerta36 y cómo, después de tocar, debe esperar37; y, una vez dentro, se especifica minuciosamente cómo comportarse38. De esta suerte aprovecha la ocasión para disertar sobre el saludo, las visitas y la conversación. El saludo se debe iniciar “por orden de carácter y méritos”; no debe dar la espalda a nadie y esperará a que le indiquen que tome asiento39. Las visitas han de ser breves y ha de tener presente las diversas clases de huéspedes con que podrá encontrarse, incluso a gente

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 18v.

29

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 22.

30

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 23.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 23v.

32

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 23.

33

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 24.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 24-24v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 25v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 25.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 25v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 26.

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“de cada que no guste”40. Mucha importancia atribuye a la conversación. Describe así la actitud: La afabilidad de rostro, ojos, risa y demás movimientos de la cabeza nunca se echan de ver más que en la seriedad y presencia de muchos juntos. Todos los movimientos del cuerpo que no se conforman con los demás, son allí notables, y así andarse meneando al compás de las palabras como columpio, recostarse o tenderse sobre los brazos o respaldar de la silla, poner una pierna encima de otra, jugar de manos o pies, rascarse indecentemente, bostezar sin volverse a un lado y poner la mano u otra cosa en la boca, toser sin inclinarse para no salpicar con la fuerza del pecho, escupir y gargagear en medio del corro, desperezarse, acercarse mucho a los vecinos y hablarles a la boca u oído, accionar mucho, todas son manchas de un noble en la conversación41.

Asimismo, describe con lujo de detalles cómo debe intervenir en la conversación42. En términos generales, “como de hombre noble y sabio observará esto con más puntualidad”43. Los consejos son muy aleccionadores: “La palabra que salió ya no vuelve dentro; no murmurar jamás de nadie”44; los secretos deben guardarse, además, porque “hay poca fidelidad entre los hombres”45. Deberá también evitar los saltos en la conversación, los estribillos, los dichos agudos para zaherir46. Entre las cosas que debe practicar destaca: disimular las descortesías; no servirse de “latinajos y textos a porfía”47; no querer imponer, y menos de repente, conversaciones a su gusto, aunque sean sabias y santas48. Y, por fin, le invita a huir de los aduladores49. Al salir de la habitación “Procurará que todo su traje esté decente y de como quien es limpio y aseado, y compuesta toda la ropa”50. Aquí también abunda en la descripción de las cortesías51. Completa el recuento de las normas que deben cuidarse, sobre todo de las referentes al comportamiento en los actos religiosos y en la mesa. En la capilla, explicita “con qué modestia ha de entrar, en qué postura se ha de poner, los pensamientos que Julián, Lo mejor de la vida, fol. 26v.

40

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 27.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 27v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 28.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 28v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 29.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 29v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 29v-30.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 30v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 31.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 31v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 32-33v.

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ha de llamar, las palabras que ha de hablar, las salutaciones y despidos que ha de ejecutar”52. Y como “la pieza más respetable que hay en una comunidad, después de la Iglesia, es el refectorio”53, el modo de comportarse en la mesa es un verdadero tratado de urbanidad. Recomienda un buen paseo por los corredores a las 11:30: “luego lavarse las manos es diligencia siempre practicada”54. Una vez sentado “apartará el cubierto a la derecha, desdoblará su servilleta, cortará pan y esperará que le traigan por comenzar a comer, y en viniendo, no se ha de echar luego a él [...] no se mostrará que tenga hambre [...] antes con mucha madurez y circunspección guardará esto, en cuanto al gesto”55. La descripción está salpicada de rasgos de humor: Con tres dedos se hace muy aseada toda la maniobra dicha. El cuchillo solo pide toda la mano. Ahora, no obstante, si quiere sacudirse de todas estas menudencias peleando a brazo partido como Sansón desquijarando leones vuestra merced desmigajando pan, despojando tamaños huesos hasta la última diferencia del tuétano y despedazando trozos de carne, y todo a tropel y fuerza, sin dejar ni coger al tenedor, ni partir al cuchillo abreviará más, logrará fama de forzudo, pero no de medianamente noble […]. // La misma forma alcanzará, si en lugar de llevar la comida a la boca con los instrumentos baja vuestra merced la cabeza a buscarla al plato; y quien no lo vea bajarse a la taza de caldo, pensará que se quiere bañar, y le avisará que a las espaldas está el chorro de soplar la comida, si al tomar el caldo hace tal ruido que parezca minero desmoronando56.

Así podríamos ir aduciendo finos textos relativos a la buena urbanidad. Muy vinculados a lo anterior son las apreciaciones que recogen “lo que debe guardarse fuera de casa” y “visitas a estrados o damas”. La finalidad de estos dos puntos es la de capacitar al joven humanista para que sepa desenvolverse con finura, cortesía y destreza tanto en la vida ordinaria como en la del gran mundo. Los buenos modales dentro de casa son una garantía para fuera y así apunta que “piense antes de salir que lleva la honra de todo el colegio en la frente”57, pues “la circunspección y seriedad en el andar gana muchos conceptos, ojos y voluntades de gentes desconocidas”58. La calle no dispensa la gravedad de casa, Ahijado, y así paciencia, que luego se hará a ella. Y oiga lo que hemos de hacer si topamos caballeros.

Julián, Lo mejor de la vida, fols. 35v-36.

52

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 36v.

53

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 37v.

54

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 38.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 39v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 42.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 42v.

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Si pasan de otro lado del caño, haremos nuestra graciosa cortesía no más. Si del mismo lado que nosotros, a cosa de ocho pasos de distancia para que ninguno se vaya al caño, y no turbándonos, nos inclinaremos ya hacia el caño, nos quitaremos el bonete y suplicaremos sea servido pasar con esta diferencia: si es personaje muy superior hasta tres veces suplicaremos, que es el término de estos cumplidos, quedando quietos hasta que se determine; si no tanto o igual, dos; y si es inferior, no más que ofrecimiento, y pasaremos. Si es persona con quien el tomar o ceder se quiera haber punto crítico, con tiempo y gran disimulo pasaremos al otro lado [...]. Si alguna persona muy grave del otro lado hiciera ademán de querernos venir a hablar, pasaremos nosotros a ahorrarle el trabajo, y poniéndolo en medio, si proseguimos camino o nos paramos, estaremos descubiertos hasta que nos avise y de licencia, sin decirle a él que se cubra; si es igual suplicaremos y nos cubriremos juntos; si es inferior nos cubriremos y le mandaremos a él. En medio no me ponga usted a nadie de gente de peluca para abajo. Si alguno nos acompaña, acuérdese de hacer pasar adelante, y medias vueltas tanto para cuando se nos juntan como para separarse que le dije arriba. En pasos estrechos, esquinas, entradas y salidas, me dejará vuestra merced ir delante, y hacer los cumplidos que avisé para corredores de casa59.

Con esta minuciosidad puntualiza la visita a un canónigo y dice cómo anunciarse, cómo ubicarse en la sala, cómo saludarlo, cómo sentarse, cómo iniciar la conversación, cómo tomar el refresco, cómo despedirse60. Las mismas especificaciones se aducen en las visitas a las damas: si la señora está en una reunión, se indica la forma del saludo y la salutación a las demás damas y caballeros; cómo actuar si llegan más visitas; cómo hablar cosas privadas; cómo desenvolverse con los “degolladores” y con los que siempre visitan la misma casa, etc.61. Al hablar de los banquetes resume de nuevo las normas de educación dadas para comportarse cortésmente en la mesa62. También las “atenciones ordinarias” merecen un capítulo especial. Comenzaremos por la correspondencia. Al aconsejar el padrino al ahijado sobre las cartas, le trae sabiamente a la memoria que la opinión y crédito dependen de sus escritos, y es fijo que a cada uno lo pinta su pluma, hasta los sentimientos, pasiones y virtudes, el genio, sabiduría y prudencia se esculpen en cuatro renglones63. Tras analizar los diversos genios de personas, opta el autor por el sabio:

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 43.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 43v-44.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 45-46.

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Julián, Lo mejor de la vida, fols. 46v-47.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 56v.

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Qué gusto, Ahijado, leer una carta suya, qué estilo tan concertado a la materia que trata, qué bien ordenado, qué metódico, qué grave, qué alegre, qué espiritoso, qué afable, qué vivo, qué finalmente lleno de meollo y de lepor; todo lo que sabe significar y pintar, la universalidad de sus sentimientos y prendas dejando conocer lo mejor que es la sabiduría en saber diestramente ejecutarlo todo según lo pide la materia64.

Pasa después a indicar cómo debe ser la metodología que debe seguir en la carta: “Primero saluda y descubre el gusto que ha tenido en recibir la ajena, si es respuesta, luego, en otro acápite, responde a los puntos que le piden sin dejar uno. En otro, propone los encargos y negocios de que quiere sea sabedor, y concluye con participar su salud, desear la ajena y ofrecimiento de sus cosas al servicio del amigo”65. En relación con las leyes y normas de la correspondencia, aseverará: Si se parte de un lugar para otro no olvide favores, atenciones y amistades, y así, al llegar al destino dé pronto razón a sus semejantes de su llegada ofreciendo su industria sin esperar que se le adelanten, que no les toca a los que dejó; responda puntual cuanto se pueda a las cartas que recibe, y si no son personas a quien no debe obligaciones y no gusta de su comunicación, a lo menos responda de agradecido a la primera sea quien fuere el autor de ella66.

Y así podríamos continuar con otras referencias a los títulos, estilo, etc. Por ejemplo, en los entierros y fiestas, dice que el ahijado ha de tomar conciencia de que se impone una “correspondencia” de las comunidades a estos actos. Por tanto, deberá ser puntual y además cuidará en componer “su persona a la norma de un prudente varón, con circunspección y modestia, y procure aprender del compañero”67. Como muestra transcribimos una de las fórmulas sugeridas: Después de haber pedido y respondídole en orden a la salud: Señor Don Fulano, después de tener gusto de ver a vuestra merced, y halládole con la felicidad que deseaba, el negocio que me trae es venir a participar a vuestra merced, de parte del Colegio (u otro), cómo tal día, con ocasión de tal festividad, etc. se celebra tal fiesta, o entierro, o acto, y así suplicarle sea servido honrarnos la función con su presencia. Después de haber el otro respondido y hecho una breve pausa, se levantará pidiendo licencia para ir a continuar su encargo, con que despidiéndose se quedarán tan prendados de su atención, que desearán venga pronto otro convite68. Julián, Lo mejor de la vida, fol. 57.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 57v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 57-57v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 55-55v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 56.

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También en los títulos deberá el estudiante de humanidades esforzarse, y dar “a cada uno lo que le compete, sin pecar por nimios, ni quitar a nadie lo que se merece, y advierta que es un punto muy crítico porque en una acción misma se ofende mucho si se peca en esto”69, pero también le reconvendrá que “cuanto es bueno tener títulos y distinciones merecidas y darlas a quien las merece con gran esmero, tanto es abominable el ser demasiado celoso en ellos [...] [pues los espíritus] nobles disimulan mucho esto”70. Así que no se puede dar a cualquiera los títulos de usía, canónigo, oidor, doctor y maestro, cuando lo posea71. Concluye este aparte precisando cuáles son los días indicados para realizar visitas y cómo debe cumplimentar a los parientes, amigos o recomendados de la familia que llegan a la ciudad72. Para completar la fisonomía del arquetipo del ser noble, el autor de Lo mejor de la vida finiquita su extenso tratado con un llamamiento al ahijado para que sepa “separar praetiosum a vili en algunos actos de atenciones ordinarias para no pecar contra la cortesía [...] pues quita a un noble esta tacha los gloriosos epítetos de discreto, atento y formalísimo que no se dan al que sin discreción y orden todo lo confunden en su trato para alcanzar la alabanza cortés y noble que nada menos merece”73. Discreción y prudencia en la línea del trato es “saber dar lo suyo a cada persona según su carácter, dignidad y méritos de cada uno, ya comunes, ya peculiares”74. Y todas estas virtudes son alcanzables, “si observa lo que le he dicho en la larga instrucción, pues con ello guardará su decoro, los fueros de su sangre y educación, y [así] merecerá toda atención y aplauso”75. 4. La formación religiosa La ignorancia religiosa fue una de las causas profundas que produjo la Reforma y la escisión de la cristiandad. Por esta razón, entendieron los jesuitas que había que dar respuestas directas y sabias a las controversias de sus contemporáneos y restablecer la estima y veneración de los cristianos por el mensaje evangélico. Así se entiende que el binomio virtud y letras –o moral y ciencia, diríamos hoy día– se constituyera en la primera tarea que debían afrontar los profesores de las clases inferiores, según la Ratio

Julián, Lo mejor de la vida, fol. 52v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 53v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 52v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 54-54v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 51.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 51-51v.

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Julián, Lo mejor de la vida, fol. 51v.

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Studiorum76. Esta actitud principista la subrayan todos los ordenamientos de estudios jesuíticos anteriores a la Ratio oficial. Así, por ejemplo, la Ratio de 1586 establece: Los que se dedican al estudio de las letras deben hacerlo no para adquirir ciencia únicamente o para que les granjeen riquezas y honores, sino para que, mediante el conocimiento de la verdad, se ayuden a sí mismos y a los demás a honra y gloria de Dios [...]. Y ya que, fuera de la recta intención, es menester que los estudiosos posean ingenio: agudo para comprender cuanto leen u oyen, recto para juzgar, memoria tenaz para conservar la enseñanza y cierta inclinación a los estudios, no sea que los abandonen; quien se sienta dotado de estas cualidades, debe parar mientes en no ser ingrato por tantos beneficios, ni abuse de ellos, sino más bien debe emplearlos para la gloria de Dios77.

El ordenamiento final de los estudios de la Compañía de Jesús en tiempos del P. Claudio Aquaviva asumió un estilo casi de código y trató de resumir la riqueza conceptual de los estudios anteriores a 1591 en breves reglas, que no siempre traducen el trasfondo cultural e ideológico de su contenido. Al provincial se le encomienda encarecidamente que: juzgue importantísimo para él cuanto se prescribe en las reglas comunes de todos los maestros acerca de la piedad y la disciplina de las costumbres y de enseñar la doctrina cristiana en las reglas de los maestros inferiores (y de las costumbres y la piedad en las reglas de todos), a fin de acercarse a lo que se desea de la salvación de las almas y tantas veces se inculca en las Constituciones78.

La vida espiritual así como la intelectual necesitan estudio, método, ilustración y ejercicio. La construcción del edificio espiritual del joven no es obra del azar y debe correr paralela a la formación científica, cultural y social, ya que la instrucción religiosa debe modelar la disciplina de las costumbres y a la vez crear la piedad en el joven79. Así pues, el colegio y el templo serán el escenario obligado en el que el alumno diseñará su carta de navegar en el mundo de la conciencia, de la moral y de las costumbres.

Ratio Studiorum, “Reglas del Prefecto de Estudios Inferiores”, 1: “para que quienes las frecuentan [las escuelas] aprovechen no menos que en las buenas artes en la probidad de vida”. “Reglas comunes a los Profesores de las Clases Inferiores”, 1: “De tal manera forme el maestro a los adolescentes confiados a la disciplina de la Compañía, que junto con las letras también aprendan las costumbres dignas de cristianos”. “Reglas del Prefecto de la Academia”, 1: “Promueva en los académicos la piedad y no sólo los estudios...”.

Sistema y ordenamiento de Estudios elaborado por seis Padres designados para ello por orden del R. P. Prepósito General (Roma, 1586). “Reglas para aprovechar en el espíritu y en las letras en las clases inferiores”, Paramillo 2-3 (1984), 362-363.

Ratio Studiorum. “Reglas del Provincial”, 40.

Ratio Studiorum. “Reglas de los oyentes externos de la Compañía”, 1 y 15.

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Se trata, pues, de una acción triple en la que el actor principal es el joven y en la que colaboran el profesor y el espiritual. Ciertamente, quien más directamente actúa sobre el alma del discípulo es el profesor, pues de él recibirá el ejemplo, la enseñanza de la doctrina cristiana, las pláticas con que cíclicamente debe ilustrar su formación integral y, en fin, esa rica erudición cultural que irá sembrando en el alma del joven al realizar la prelección de los textos clásicos. A nuestro modo de ver, constituyó un gran acierto el hecho de que el mismo maestro que abría los caminos de la sabiduría a los discípulos fuera también quien les guiaba en las rutas del espíritu. Las razones nos parecen acertadas, ya que, por una parte, virtud y letras se erigían como un ideal único consolidado y, por otra, qué mejor autoridad para enseñarlos que la del profesor que practicaba y vivía la identidad de esos ideales humanos y espirituales. En este contexto, se explica la advertencia que el P. Francisco Sacchini (1570-1625) –uno de los pilares de la pedagogía jesuítica del XVI– formulaba a los profesores de los colegios jesuíticos acerca de la enseñanza de la doctrina cristiana. Esta debía practicarse con un gran impulso del corazón, pues “es la gramática de Cristo nuestro Maestro. Si se debe enseñar con celo la gramática humana, ¿con qué cuidado no habremos de enseñar la gramática divina?”80 Desde el punto de vista curricular, había que dedicar la última media hora del viernes o la primera del sábado a la explicación catequística81. El texto guía variaba de acuerdo con las regiones. Así, en Alemania se utilizó el catecismo de san Pedro Canisio82 y en España y en el Nuevo Reino creemos que fueron los tradicionales de los padres Astete y Ripalda83. La instrucción debía ser gradual y encaminada al desarrollo de las capacidades religiosas del alumno para adquirir de este modo la mentalidad cristiana. El primer núcleo lo constituían los textos más simples del catecismo y las oraciones generales (Padre Nuestro, Ave María, Credo, etc.), algunas prácticas de vida de piedad familiar (bendición de la mesa y acción de gracias) y personal (oraciones al levantarse y al acostarse) y el ayudar a misa; en el segundo núcleo se construía sobre la misma doctrina con las definiciones y brevísimas declaraciones del catecismo; en el tercer

Sacchini, Paraenesis ad magistros scholarum, cap. XIII; citado por Charmot, La pedagogía de los jesuitas, 333.

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Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 4. Similar indicación recogen las Reglas relativas a los demás Ratio Studiorumos.

Monumenta Paedagogica, Nadal, “Ordo Studiorum”, 113.

En la Praxis de los estudios mayores y menores, J. del Rey Fajardo, La pedagogía jesuítica en la Venezuela hispánica (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1979), 302, se lee: “En la declaración de la Doctrina cristiana se tenga particular cuidado, haciéndoles decorar y entender el catecismo...”.

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núcleo se recogía lo estudiado en los años anteriores y se añadían más declaraciones, acomodadas a la edad y la capacidad84. La forma de desarrollar una clase de catecismo nos la describe el P. Judde. A los jóvenes de las clases inferiores hay que explicarles todo lo que necesariamente debe saber un cristiano. Concretamente, se debe insistir en el modo de enseñar las condiciones requeridas para hacer bien la confesión. Después inculca la explicación del sentido de la pregunta y la respuesta del catecismo de tal manera que los alumnos comprendan su contenido y no se queden en la superficie de las palabras. Sus razonamientos deben acompañarse con comparaciones para de ahí llegar a algunos puntos importantes de la moral a fin combatir las faltas e irregularidades comunes a su edad. Se concluía con una exhortación que convocaba el espíritu de los jóvenes para ser mejor o con alguna historia de la Escritura que confirmara el tema de la instrucción85.

A la explicación de la doctrina cristiana debía añadir el maestro algunas pláticas o exhortaciones espirituales de carácter práctico y aplicado86 en busca de la generación de un núcleo central de la instrucción religiosa: oración, devociones y examen de conciencia87. Pero, a nuestro entender, fue la “Prelección” uno de los medios más eficaces y a la vez más desapercibidos de que dispuso el profesor para abrir espacios morales y patrones de conducta en la conciencia del alumno. De ello trataremos al hablar en detalle sobre ella. Un segundo capítulo giraba en torno al templo, el cual se erigió en otra cátedra permanente de formación religiosa. La religión consiste, en último término, en un proyecto de vida al que se accede por voluntad propia y cuyo camino establece un compromiso personal con Dios. La iglesia significaba para el alumno del colegio San Francisco Javier un hábitat espiritual distinto al del aula de clase y cuya atmósfera debía compartir con el resto de la sociedad. Si en el aula era un ciudadano privilegiado de la república de las letras, en el templo tenía que desempeñar el papel de un seguidor esforzado de Cristo, al que se debe imitar, para llegar incólume al reino definitivo. El clima del recinto sagrado le deberá asomar a horizontes en los que ha de asumir nuevas tomas de conciencia, ya que su situación existencial se inserta en una comunidad específica y, por tanto, pertenece también a una sociedad concreta que debe regirse por el bien común, bien que,

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Monumenta Paedagogica, Nadal, “Scholarum Regulae”, 657-658. RS. “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 4.

Judde, Thesaurus spiritualis magistrorum scholarum inferiorum Societatis Jesu (Gandavi, 1874); citado por André Simberg, L’éducation morale dans les collèges de la Compagnie de Jésus en France (París, 1913), 187.

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Ratio Studiorum, “Reglas del Rector”, 20.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 5.

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en definitiva, es mucho más que la sumatoria de todas las voluntades que comulgan con ese mismo ideal. Esta concepción permanece inmutable no solo durante el periodo de gestación de la Ratio, sino también hasta la extinción de la Orden en 1773. Baste citar como ejemplos unos avisos del P. Diego Laínez, segundo prepósito general –o padre general– de la Compañía de Jesús, dirigidos a las clases inferiores: “Los que se dedican a los estudios, no lo hagan solo por saber, o para conseguir riquezas y honores, sino para ayudar a los demás y a sí mismos con el conocimiento de la verdad a gloria y honra de Dios. Y si llegáremos por medio de la ciencia a puestos y dignidades, debemos referirlo todo al Señor, de quien lo hemos recibido”88. Así pues, la enseñanza religiosa tiene su prolongación en la iglesia y en la capilla de la Congregación, en donde hay que escuchar todos los domingos y días de fiesta el sermón correspondiente89. De esta suerte, la vida de la sociedad merideña tenía que ser el objeto principal de la prédica de los oradores sagrados del colegio san Francisco Javier, quienes con sus análisis sociorreligiosos y sus proposiciones morales debieron fijar en la mente de los alumnos un punto de referencia y de contraste entre los ideales concebidos en la escuela y la realidad de la vida, vista desde el púlpito. También el recinto sagrado reviste vital importancia en la vida interior del joven escolar, ya que en él se desarrolla la práctica de los sacramentos; pero de este punto hablaremos más abajo. Mas todo lo expuesto caería en terreno yermo, si no actúa la voluntad decidida del educando. Tres son las vertientes en las que se desarrollará la acción personal del joven en el ámbito moral religioso. En el plano intelectual, debe abrirse, de forma sistemática, a la formación de la inteligencia y a la educación de la conciencia. En el plano volitivo, tiene que fomentar el dominio de la voluntad y la reiteración de hábitos para la virtud. En el plano moral, deberá percibir el reto del mundo de los valores, a fin de dar una respuesta generosa en su vida tras haberlos asimilado en su conducta. Los medios que menciona la Ratio para la educación religiosa práctica son los siguientes: la oración, el examen de conciencia, la asistencia a misa, la frecuencia de los sacramentos, la lectura espiritual y las devociones. El fin de la oración consiste en mantener el diálogo con Dios, a fin de renovarse interiormente y servir mejor al Todopoderoso. El alcance de esta oración juvenil la describe así el P. Nadal: No se pase por alto el enseñarles cada día el renovar el propósito de una vida mejor y más sincera, como si nada hubieran hecho hasta aquella

Citado por José Manuel Aicardo, Comentario a las Constituciones de la Compañía de Jesús, vol. 3 (Madrid, 1922), 205.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 3.

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hora en el servicio de Dios. Pidan gracia a Dios por la que puedan servirle, guardar sus mandamientos y trabajar para fructificar en una vida cristiana más plena: consoliden el propósito de querer con la divina gracia dirigir todo lo que durante el día piensen, hablen y obren a mayor gloria y honor de Dios omnipotente90.

Quizá podrá parecer nimio al lector de hoy lo pormenorizado de ciertas prescripciones, que tenían su fundamento en aquellos ambientes. Al profesor de las clases inferiores se le recuerda que debe exhortar a sus alumnos a la oración diaria y, sobre todo, a rezar el rosario o el oficio de la Santísima Virgen91; asimismo, los sábados debe recitar con los alumnos en clase las “Letanías lauretanas”, “o si es costumbre, llévelos a oírlas a la iglesia con los demás”92. Pero en el reducido mundo de un estudiante de las clases inferiores es lógico que la oración estuviera vinculada con las acciones que definían su vida estudiantil, como es, en este caso concreto, el estudio; por ello se recomendaba que, antes de comenzar cada clase, recitara alguno una breve oración apropiada93. Con estas pormenorizadas actitudes se pretendía, como anota Bertrán Quera, “que el discípulo, por el lenguaje de las actitudes, aprenda intuitivamente esta cortesía exterior con Dios que suele ser indicativa de una sincera y ferviente oración interior”94. En la pedagogía ignaciana la oración era un medio para enseñar a vivir en la presencia de Dios en todas sus acciones; por ello, lógicamente, conforme avanzaban en edad, los modos de oración tenían que supeditarse a sus capacidades. En definitiva, es el deseo de perfección el norte de toda oración. Así lo exigía el P. Nadal después de su visita al colegio de Viena: “Sean todos incitados poco a poco a la piedad según su capacidad, y no sólo a la piedad sino también a la perfección religiosa; y todos se resuelvan a ayudar a las almas, e impriman este deseo en el corazón desde los más tiernos años”95. El autor de los Ejercicios Espirituales, maestro en los flujos y reflujos del bien y del mal en el alma de todo hombre, no quiso que la juventud fuera ajena a este complejo y rico mundo interior. Por ello quería que desde sus primeros años esta aprendiera a identificar y describir los fenómenos espirituales y consecuentemente a buscar sus causas. Así, pues, no es de extrañar que la Ratio exhorte a los alumnos a examinar su conciencia cada

Monumenta Paedagogica, Nadal, “Generalis ordo Collegii Tornacensis”, 844.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 5.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 7.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 2.

Bertrán, “La pedagogía de los jesuitas”, 87.

Monumenta Paedagogica, “Quae dixit P. Natalis pro Collegio Viennensi”, 812.

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noche96. En la metodología espiritual de Ignacio de Loyola se concibe el examen de conciencia no solo como una oración activa encaminada a detectar y corregir las equivocaciones que se dan en el ser humano, sino también como método psicológico natural para conocerse mediante la introspección. La lucha por la realización de los ideales que definen la primera juventud está sometida a una dialéctica de aciertos y fracasos que provienen fundamentalmente de la necesaria conjunción de generosidad e inexperiencia. En este sentido, se impone la sabia dirección de un buen maestro que señale las luces y las sombras, con las virtudes que conducen al éxito incontaminado y los defectos que hay que prevenir o corregir. El P. Croiset señalaba los siguientes para los escolares franceses: Los defectos más ordinarios de los jóvenes consisten en una desgana por el trabajo, un espíritu de libertad, una inclinación al placer, poco discernimiento de lo que les puede ser ventajoso y de lo que les puede ser desfavorable, mucho de presunción en el peligro, un gran fondo de inconstancia y ligereza en la práctica del bien, fáciles en dejarse deslumbrar por falsos brillantes y dejarse cautivar por todo lo que lisonjea; el mal ejemplo arrastra, una vida llana les cansa, toda moderación les disgusta97.

El hábito de realizar este examen mantiene la delicadeza del corazón e impide que se endurezca en el cotidiano contacto con las realidades de la vida98. Pero, además del examen general, existe el particular que se dirige exclusivamente a exterminar el defecto dominante. Si hay voluntad decidida en el joven para aceptar estos retos, hay que reconocer que posee los medios para llegar a crear una atmósfera de paz y de dominio de sí, aval para cualquier lucha interna o externa. Sin embargo, la primera entre las recomendaciones a la juventud fue la de oír la santa misa diariamente99, a las 7 de la mañana. Este iniciar el día con tan importante acto religioso suponía toda una preparación: “sean enseñados particular y diligentemente con cuanta atención, devoción y reverencia del alma han de oír la misa. Esto se hará si se les explican los misterios de los que trata la misa, especialmente de aquellos que son más importantes como la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo y el sacrificio y oblación sacrosanta”100.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 5.

Juan Croiset, Règlement pour MM. les pensionnaires des PP. Jésuites qui peuvent leur servir de règle de conduite por toute leur vie (Lyon, 1715), 57. Citado por Simberg, L’éducation morale, 225.

Laurent Lebrun, Institutio juventutis christianae (París, 1653), 64.

96 97

98

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 3.

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Monumenta Paedagogica, Nadal, “Generalis ordo Collegii Tornacensis”, 845.

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Si los sacramentos se erigen como el lugar privilegiado para el encuentro y el diálogo de Dios con el hombre, es evidente que asumen esa importancia en la pedagogía jesuítica. Al profesor se le recuerda exhortar a sus discípulos a que frecuenten “con las debidas disposiciones” los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía101. Y por ello le trae a la memoria la confesión mensual del alumno102. Son muchos los beneficios pedagógicos de la genuina confesión. Ciertamente es un auxiliar precioso del esfuerzo personal, pues ayuda a aclarar la vida interior, a discernir los vicios, los defectos de carácter, las malas inclinaciones, a conocer las causas y efectos de nuestras acciones, en fin, todo aquello que debilita la identidad personal. Por otra parte, ayuda al joven a combatir la falta de atención con el peligro próximo de convertirlo en superficial, impetuoso, caprichoso e irresponsable. Se trata de llegar a las raíces del mal, hasta el deseo y el pensamiento culpable. Y ese control reiterativo abre un espacio idóneo a la fuerza de la voluntad que proviene de un conocimiento exacto de la vida moral. En la confesión no se trata tanto de arrancar para el olvido las huellas de la acción injusta o deshonesta, sino de reasumir la firme decisión de no volverla a cometer en el futuro. La santa misa y la recepción de los sacramentos las considera la Ratio como el medio más eficaz para vivificar la piedad del joven en proceso de maduración. De ahí que la asistencia al sacrificio eucarístico se recomiende como diaria103. Sin embargo, hay que resaltar que los textos pedagógicos más antiguos insisten mucho en la preparación que se debe dar a los alumnos para que asistan con fruto a la misa104. Así, por ejemplo, el P. Nadal recordaba a las autoridades del colegio tornacense: “sean enseñados particular y diligentemente con cuanta atención, devoción y reverencia del alma han de oír la misa. Esto se hará si se les explican los misterios de los que trata la misa, especialmente de aquellos que son más importantes como la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo y el sacrificio y oblación sacrosanta”105. Por ello no es de extrañar que también se apele aquí al principio pedagógico del ejemplo, al recomendar que el profesor esté presente, como un testimonio vivo de piedad ante sus alumnos106. La piedad busca en el joven la violencia de convertirse en un hombre nuevo. La piedad hay que concebirla, pues, en función del

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 5.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 9.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 3.

Monumenta Paedagogica, Ledesma, “De ratione et ordine studiorum Collegii Romani”, 394.

Monumenta Paedagogica, Nadal, “Generalis ordo Collegii Tornacensis”, 845.

Ratio Studiorum, “Reglas del Prefecto de Estudios inferiores”, 45.

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perfeccionamiento moral, y por ello debe ser un instrumento práctico y eficaz para la educación de la conciencia y entrenamiento de la voluntad. No se trataba de fabricar una piedad superficial y pasajera que se deshiciera con el cambio de edad, ambiente o estado. La virtud que debe cultivar el joven “es un caudal de religión inalterable, un temor eficaz de un Dios dulce, un horror al pecado que crece con la razón y con la edad, un amor a Dios sin reservas, una observancia muy exacta de todos los mandamientos, una puntualidad perseverante para cumplir todos los deberes de su estado, un respeto, una sumisión, una ternura invariable por vuestros padres”107. Para la literatura clásica, la virtud consistía en el brillo esplendente del héroe que se esfuerza por ganar las alturas y en la armonía y la plenitud del hombre de nobles y magnánimos sentimientos que se entrega por completo al bien. Por ello el aquinate la definía como lo sumo de lo que uno puede ser. De facto, es el proceso concreto por el que el hombre se autorrealiza mediante la decisión y la responsabilidad. Es la llamada constante a la consumación del poder ser humano. En otras palabras, la virtud fabrica la integridad del hombre. Lo anteriormente dicho explica que la piedad del estudiante tenía que ser ilustrada, no solo porque su contexto estaba penetrado por los recuerdos y ejemplos de la antigüedad clásica, sino también porque los nuevos modelos se insertaban en la imitación de Jesucristo y de los santos. De ahí la importancia que se asigna a la lectura espiritual108 y concretamente a la lectura de las vidas de santos109, la Imitación de Cristo y otros110. Ese clima cultural y espiritual tenía que traducirse en el ejercicio del cumplimiento del deber111, de la virtud de la ejemplaridad o del testimonio112 y la sinceridad y pureza de alma113, es decir, la sinceridad de un alma noble y recta. En Lo mejor de la vida, religión, doctrina y sangre del P. Julián, la cotidianidad práctica de un estudiante la sintetiza de la siguiente manera: la primera acción de la mañana consistirá en ofrecer a Dios todas las obras del día y en renovar los propósitos particulares. Después se les recomienda frecuentar los sacramentos, como aval en el perfeccionamiento de su vida interior y exterior. Cada noche deberá dedicar un tiempo al examen de su conciencia y a leer un libro espiritual. Su conciencia la deberá encomendar 107

Croiset, Règlement pour MM. les pensionnaires des PP. Jésuites, 11-12.

108

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 8.

109

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”, 8.

110

Monumenta Paedagogica, Nadal, “Scholarum Regulae”, 661: “Tenga cada uno su doctrina cristiana y también un Gerson de imitatione Christi u otro libro devoto”.

Ratio Studiorum, “Reglas de los alumnos externos”, 14.

112

Ratio Studiorum, “Reglas de la Academia de los Gramáticos”, 3.

113

Ratio Studiorum, “Reglas de los alumnos externos”, 14.

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a un confesor permanente, así como también escogerá a un santo como patrono para sus estudios. Y, por supuesto, se le reitera la devoción a la Santísima Virgen. Todo ello se logrará al “poner el pensamiento en alto y acertar siempre a lo más grande”114.

114

Julián, Lo mejor de la vida, 13-14v.

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C a p í t u l o IV

Los métodos de enseñanza y su didáctica

Dividiremos el capítulo en dos partes: en la primera expondremos la metodología adoptada por los jesuitas para la enseñanza de las humanidades y en la segunda insistiremos en la Prelección como elemento fundamental de su didáctica. 1. Los métodos de enseñanza jesuíticos De forma muy precisa resumía el jesuita inglés Edmundo Campion (15401581)1 en su discurso De iuvene academico la concepción pedagógica de la Compañía de Jesús: “¿Qué hay que desear primero a los estudiantes? La viva voz del maestro. ¿Y en segundo lugar? El método. ¿Y en tercer lugar? El método. ¿Y en cuarto? El método. ¿Y en el quinto? El ejercicio”2. De esta suerte, el ejercicio se supedita al método, el método a la formación académica, la formación académica a la integral, que queda siempre abierta a una verdadera superación. El profesor jesuita, tras su estancia en la universidad, venía adiestrado en el manejo de dos metodologías complementarias: la escolástica, a la que había dedicado siete años, y la de las humanidades, en la que se había formado antes de iniciarse en el curso de filosofía. Tres eran las técnicas fundamentales de enseñanza en

1

Patrick C. Barry, “Campion, Edmundo”. En Charles E. O’Neill y Joaquín M.ª Domínguez, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, t. I (Roma-Madrid, 2001), 617-618.

2

Citado por Charmot, La pedagogía de los jesuitas. Sus principios. Su actualidad (Madrid: Sapientia, 1952), 143.

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la escolástica3: la lección (lectio), la cuestión (quaestio) y la disputa escolar (disputatio, quaestio disputata). La primera operación del método escolástico es la lectio. La información y transmisión de los conocimientos se efectúa a través del texto. Por ello la lectio consiste en la adquisición de la ciencia mediante el estudio de los textos consagrados como clásicos. Desde el punto de vista metodológico, el análisis del texto comienza en la palabra, ya que la misma puede ser utilizada por diversos autores con diversas significaciones. Mas el uso del lenguaje se impone frecuentemente al significado esencial de los términos. Sigue después el análisis del estilo de cada autor, su modus loquendi, que viene dado por la gramática, las imágenes, la conceptualización y el género literario. Pero la lectura suponía tres niveles. El primero (littera) constituía la exégesis literal que clarificaba su significación inmediata. El segundo (sensus) se introducía en el análisis y la significación de cada uno de los elementos del texto a fin de percibir el sentido del texto. El tercero (sententia) explicaba el contexto doctrinal en que debía ubicarse el texto. En este punto había que distinguir la expresión del pensamiento del mismo pensamiento expresado en el lenguaje. Antes de proseguir en su labor exegética, había que dilucidar la autenticidad o inautenticidad del texto estudiado, ya que a la pureza de la fuente se oponen las falsificaciones, las interpolaciones y los errores. A continuación, había que someter la evaluación del pensamiento del autor a dos pruebas: primera, el valor de las fuentes utilizadas; segunda, la homogeneidad de su pensamiento, y si el sentido del texto se presta a equívocos, hay que apelar al contexto, bien sea próximo, bien sea remoto, que se constituye por los lugares paralelos, el sistema doctrinal o equivalentes. Este proceso imponía un doble propósito: respetar el texto y descubrir la intención última del autor y, de esta forma, dar el salto a un sistema doctrinal más amplio. El olvido de estos principios directivos, anotará Felicísimo Martínez, por parte de los lectores condujo progresivamente la escolástica a su decadencia. Pues los textos llegaron a convertirse en un elemento de estancamiento intelectual desde el momento en que los comentadores se encerraron en ellos como un saber completo y definitivo. En lugar de abrir la inteligencia al conocimiento de la realidad, acabaron convirtiendo a los textos en objetos de saber4. La segunda operación es la quaestio. La lectio es una actividad informativa. La quaestio va más allá y supone un paso más creativo: la investigación.

3

Fundamentalmente seguimos el artículo de Felicísimo Martínez Diez, “La Escolástica y su aporte metodológico”, En José del Rey Fajardo, La pedagogía jesuítica en Venezuela, t. I (San Cristóbal, 1991). 225-300.

4

F. Martínez, “La Escolástica y su aporte metodológico”, 276-277.

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Como es natural, un camino obligado para llegar al conocimiento es la pregunta, la interrogación. La ciencia es interpelada cada día por el hombre, por la conciencia, por la sociedad, por la vida, y el escolástico se ve en la obligación de recurrir a la dialéctica y a la lógica de la demostración. El punto de partida se inicia por la oposición entre las autoridades, que muchas veces proponen soluciones contrarias al problema. Así, pues, agotada la exégesis del texto, se recurre al método dialéctico del sí y el no. El razonamiento especulativo se intensifica y se comienza a estudiar, en sí mismas, las doctrinas propuestas por los textos. De este modo se generaliza, en todo problema, la interrogación, con el exclusivo objetivo de hallar una inteligencia más profunda de las razones de los textos y de las cosas. El escolástico pregunta, cuestiona y problematiza en busca de la verdad y del sentido de la realidad radical. Y, en consecuencia, ya no es la autoridad del texto el criterio definitivo, sino la certeza, la evidencia y el valor de las razones aportadas. Como acertadamente acota Sedaño “La quaestio escolástica es distinta de la interrogación socrática, de la duda cartesiana y de la dialéctica hegeliana; incluso en la Edad Media dejaba subsistir otros caminos, inductivos y deductivos”5. Pero la quaestio, como método, cayó en definitiva en un formalismo dialéctico cuando su técnica se convirtió en un fin en sí mismo y dejó de lado la realidad objetiva. La tercera operación es la disputatio. Así como las divergencias en la exégesis de textos generaron la quaestio, de la misma forma las opiniones y criterios, tanto en el planteamiento como en la solución de las quaestiones, llevaron a los maestros a disputar en clase las divergencias. Entre otras formas, se distinguieron dos: la disputatio escolástica propiamente dicha, a la que asistían libremente los maestros, y la disputatio de quolibet o disputa acerca de cualquier cosa a voluntad de cualquiera. El método, tanto en la quaestio como en la disputatio, constaba de cuatro partes. A. La primera es el planteamiento de la cuestión. La formulación del planteamiento comienza siempre por la palabra latina utrum (si lo verdadero y lo falso son contrarios). En cada pregunta o problema se busca la solución, en respuestas razonadas con la fuerza y vigor de que goza la aporía aristotélica. Esta posición implica una duda real o metódica, pues su planteamiento se formula en forma alternativa, ya que la duda es siempre una fluctuación de la inteligencia entre dos partes opuestas, sin encontrar razones suficientes para inclinarse por una parte o la contraria. Así se inicia desde el comienzo la fuerza cuestionante del método escolástico.

5

J. Sedaño, El método teológico de Santo Tomás (Bogotá: Universidad de Santo Tomás, s. f.), 35.

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B. La segunda parte del método es el estado de la cuestión. Aquí se recoge la discusión sobre el problema, es decir, los argumentos a favor o en contra de la cuestión planteada. De ninguna manera se trata de dar una respuesta definitiva inmediata. El recuento de las opiniones y el análisis de los argumentos que las sustentan nos asoman a las verdaderas causas de la duda y a las dimensiones del problema. Se trata de abrir camino hasta el corazón de la cuestión mediante un proceso de razonamiento y discusión sustentado en argumentos a favor y en contra y en objeciones. En esta dirección, se dan dos líneas de argumentos. La primera, en cierto sentido dubitativa, se inicia con la fórmula videtur quod (parece que) y recoge la argumentación en contra de la respuesta que al final dará el maestro. La segunda línea comienza con la fórmula sed contra (por el contrario) y presenta un argumento de autoridad en favor de la respuesta que posteriormente dará el maestro. El profesor no compromete todavía su opinión. Tan solo trata de descubrir al lector las grandes corrientes del pensamiento que inciden en el problema planteado y establecer un diálogo con esas corrientes, sin prejuzgar aún su verdad o falsedad. Acepta la contradicción dialéctica del pensamiento humano y mira los diversos rostros de la alternativa con que se presenta la pregunta. De esta suerte la historia y la tradición se asumen en el marco de la creatividad. C. La tercera parte del método es la respuesta al problema. El maestro responde de forma personal, demostrativa y original al problema propuesto y discutido por ambas partes en el planteamiento. Su respuesta es una exposición completa de la doctrina. En su discurso debe seguir el siguiente esquema. • Proposición de opiniones y evaluación crítica de las mismas. •

Indicación de las distinciones que se han de tener en cuenta.

Exposición de los presupuestos necesarios para construir la solución.

Finalmente, la proposición de la solución del maestro.

En este proceso, señala Chenu que los procedimientos más importantes son: el análisis, la definición y las distinciones6. El análisis debe obtener una visión global y unitaria de la realidad, a través de la agudeza de ingenio y de la profundidad de pensamiento. En el análisis es menester reunir los datos observados para catalogar sus constantes y caracteres permanentes. Solo la reflexión y el método preparan al entendimiento para las exigencias del análisis. Los diferentes análisis tienden a expresarse y concretarse en la definición7. Definir es propio del científico. Y la lógica escolástica es una 6

M. D. Chenu, Introduction à l’étude de Saint Thomas (París, 1945), 132 y ss.

7

Un ejemplo: Sto. Tomas, Suma Teológica, I-II, 90, 4: La definición de la ley.

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lógica de determinación e identidad, siendo su obra maestra la definición y la distinción. La definición ideal es la que se labra por el género próximo y la diferencia específica. Cuando esto no es posible hay que recurrir a las causas, a los principios y a las propiedades. El tercer instrumento es la distinción. Se practica constantemente para clarificar y clasificar los conceptos, para responder a las objeciones y para evaluar críticamente la fuerza probatoria de los argumentos. “Distinguir para unir” era el ideal del saber escolástico. La distinción llevaba al hombre de ciencia a dominar todas las técnicas de análisis. D. La cuarta parte del método es la respuesta a las hipótesis contrarias. En esta parte hay que dar respuesta a las posiciones y a los argumentos reseñados en la segunda parte. Y su redacción se presenta de forma ordinaria mediante la técnica de la distinción y resaltando la parte de verdad que hay en cada una de ellas. En cierto sentido, completa la exposición doctrinal dada por el maestro en la respuesta al problema. Una respuesta es verdadera cuando es completa, puesto que la verdad parcial puede ser paradójicamente también un error parcial. El propio Tomás de Aquino explica el espíritu de estas respuestas: Todos contribuimos al esclarecimiento de la verdad y nos ayudamos recíprocamente, bien de manera directa con nuestros aciertos, incluso parciales, que otros podrán aprovechar para una visión más completa; o de una manera indirecta, con nuestros tanteos y equivocaciones que darán ocasión a un examen más diligente en orden a la manifestación clara de la verdad. Justamente todos cuantos nos han ayudado son merecedores de nuestra gratitud [...]; no sólo aquellos con cuya posición comulgamos, sino también cuantos, hasta con su misma superficialidad de miras, nos han impulsado más a la búsqueda de la verdad8.

2. Método didáctico de la Ratio Studiorum El profesor de las denominadas clases inferiores tenía que enseñar a los jóvenes gramática, humanidades y retórica y su objetivo final consistía en dotar al alumno de unos hábitos valederos, a fin de obtener “una facilidad, una destreza, una ductilidad, una fuerza vital que le permitieran producir después una obra de arte”9. El método didáctico de la Ratio Studiorum adopta un esquema tríptico: la intervención del maestro (Prelección); la

Sto. Tomas, Commentaria in Metaphysicam Aristotelis, Lib. II. Lect. 1, nn. 287-288.

F. Charmot, La pedagogía de los jesuitas. Sus principios. Su actualidad (Madrid: Sapientia, 1952), 179.

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actuación inmediata del alumno (Repetición) y, finalmente, la acción conjunta profesor-alumno (Ejercicios). A. La Prelección es una de las fases más normadas en la Ratio Studiorum10. Supuesta la preparación inmediata de la clase por parte del profesor11, la Prelección constaba de seis partes: la lectura del texto; el argumento; la explicación literal; la gramática; la erudición o comentario y las costumbres: 1) La lectura del texto debía ser toda seguida12 y, al otorgarle la entonación apropiada al sentido, el alumno podía comenzar a aprender por el oído el contenido del texto; 2) el segundo paso consistía en la narración del argumento del texto leído. Este breve resumen debía hacer además referencia a la conexión lógica con las lecciones anteriores13; 3) el tercer paso contemplaba la explicación literal14, a saber: exponer el orden de las palabras y la estructura de la oración y también en declarar las palabras más oscuras; 4) el cuarto paso accedía a la exacta intelección de las palabras y modos de expresión, es decir, a la gramática. Había para ello que volver a cada palabra y explicar el género, la declinación, la conjugación, los modos, los tiempos, etc.15. Como es natural, la graduación de este paso variaba de acuerdo con la clase: superada la gramática se daba comienzo al estudio comparativo de los diversos estilos literarios y la referencia repetida a la lengua vernácula del alumno y la exigencia en la elegancia del estilo16. Culminaba el proceso con la estética17. El quinto paso (5) se abría a la erudición, es decir, a la explicación más ilustrativa del fondo del texto analizado. El contexto de la erudición podía ser tan amplio y profundo como extenso y medular era el tema contenido en el texto seleccionado. También se medía aquí la información del profesor18. Se trata, pues, de un medio auxiliar, cuyo principal fin consistía en atraer el interés al alumno y dar variedad a lo tratado. Se servía para ello de los testimonios de la historia, de otras ciencias y de la cultura19. Sin

Véase Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”; “Reglas del Profesor de Gramática ínfima”; “Reglas del Profesor de Gramática Media”; “Reglas del Profesor de Gramática Superior”; “Reglas del Profesor de Humanidades”; “Reglas del Profesor de Retórica”.

10

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”. Regla 27.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”. Regla 27.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”. Regla 30.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”. Regla 27.

11 12 13 14

Juvencio. Ars discendi et docendi. Artículo, IV, Párrafo, III, n.º III.

15

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidad”. Regla 5.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 6.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Reglas 7 y 8.

Miguel Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas en la Ratio Studiorum”, Paramillo 2-3 (1984): 210.

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embargo, advertía la regla 1 del profesor de humanidades que la erudición debía emplearse con moderación para despertar el ingenio y avivarlo, pero en ningún modo debía perjudicar el conocimiento profundo de la lengua20; 6) el último paso es el que engloba Juvencio en el concepto de costumbres. Era la aplicación a la vida diaria de lo estudiado en el texto. Era el momento de reflejar los mejores modelos de vida, de ideas y costumbres, tanto de los personajes antiguos como actuales, sin omitir reflexiones filosóficas21. B. La segunda fase del método didáctico pertenece al alumno y se denomina Repetición, acción que no debe confundirse con el ejercicio de memorizar lo explicado. Como apunta Bertrán Quera, se trata de un “proceso de aprendizaje programado con rigor y de modo sistemático, para mejor asimilar y personalizar lo aprendido”22. La utilidad fundamental de esta técnica se basaba en el principio de que, cuanto más se repite, tanto más profundamente se graban las cosas23. En el fondo, era una labor progresiva y gradual de síntesis parciales hasta obtener la suma global del todo, aunque también intervenían el estudio privado del alumno, las propuestas de los compañeros y el juicio del profesor. Se distinguen tres tipos de repetición: una inmediatamente después de la Prelección; la segunda, al día siguiente; y la tercera, cada semana, ordinariamente el sábado24. La repetición primera, o inmediata, tiene como objetivo fijar la atención del alumno en lo esencial, es decir, un resumen de lo más importante y útil25, a fin de poder formar “un primer núcleo alrededor del cual se puedan agrupar y estructurar los contenidos siguientes. Se pretende con ello, establecer y asentar con relieve unos puntos de referencia, a los que irán convergiendo los posteriores puntos de enseñanza y de aprendizaje”26. La segunda repetición, al día siguiente, es semejante a la primera y equivale a dar la lección ante los demás, pero en presencia del profesor. Mas, como ha mediado un espacio de tiempo, el alumno ha podido asegurar la memoria y precisar el contenido mediante el estudio, la reflexión y la consulta. En este ejercicio debía participar todo el grupo, según la siguiente norma: interviene uno y su “émulo” lo corrige, si falla27. De esta suerte se instaura de forma gradual el paso de la función retentiva

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidad”. Regla 1.

M. Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas”. Regla 211.

M. Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas”. Regla 212.

Ratio Studiorum, “Reglas del Prefecto de Estudios Inferiores”. Regla 8, IV.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los Cursos inferiores”. Reglas 25 y 26.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los Cursos inferiores”. Regla 25.

M. Bertran Quera, “La pedagogía de los jesuitas”, 213.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los Cursos inferiores”. Regla 25.

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a la función intelectual y comprensiva del texto28. La tercera repetición era la semanal o sabatina29 y en ella se repasaba la labor de toda la semana. Su técnica era distinta, ya que intervenía en forma competitiva todo el curso, dividido en dos bandos, o algunos defensores elegidos por el profesor para que contestasen las preguntas de los demás30. C. La tercera fase de la metodología didáctica de la Ratio la integran los Ejercicios en acción conjunta profesor-alumno. Con la palabra Ejercicios escolares se cobijan tanto las múltiples formas orales (repeticiones, declamaciones, discursos) como escritas (composiciones) en las que debieron ejercitarse los alumnos en las aulas jesuíticas. Era el camino obligado para aprender a pensar a través de la expresión exacta de la palabra y del dominio del lenguaje. Haremos alusión primero a la composición, es decir, al ejercicio escrito. Dos fueron los tipos fundamentales de composición: el primero asumía la traducción escrita, del latín a la lengua vernácula o viceversa31; el segundo se encaminaba a la redacción de muy diversos temas, todos conexos con las explicaciones de la clase. En todo caso, como bien anota Bertrán Quera, no era la traducción lo más típico de la composición, sino la redacción en lengua vernácula32. El tema dependía del grado o clase, pero iba desde cartas, narraciones y descripciones33 hasta temas libres34 pasando por discursos y poesías para las clases mayores. Regularmente, este ejercicio se realizaba en la clase y por ello exigía del profesor la más cuidadosa preparación y el tema debía meditarlo y aun escribirlo35. Dada su importancia, el ejercicio era diario, con excepción de los sábados, pero podía variar según el aula36. Con respecto al tiempo que se debía dedicarse al ejercicio escrito, pareciera que las traducciones o sus equivalentes debían ser diarios, por una hora, y el tema libre debía consumir una hora semanal37. Pero también había temas de composición, en prosa o en verso, que el alumno debía realizar en privado, y posteriormente se exponían los mejores en las paredes de las clases38.

M. Bertrán Quera, “La pedagogía de los jesuitas”, 214-215.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de los cursos inferiores”. Regla 26.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 2.

Ratio Studiorum. “Reglas del Maestro de Infima clase de Gramática”. Regla 4. Prácticamente se repite el mismo texto en las demás clases.

M. Bertrán Quera. “La pedagogía de los jesuitas”, 218.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de ínfima”. Regla 6.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidades”. Regla 6.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 20.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 20.

Ratio Studiorum, “Profesor de Retórica”. Regla 4.

Ratio Studiorum, “Profesor de Retórica”. Regla 17.

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Mas cabe preguntarse dónde radicó la eficacia de la composición. Hay dos elementos que garantizaban su valor pedagógico: el método y la corrección sistemática del profesor. En el método el alumno debía practicar dos fases consecutivas: primero la imitación de los grandes autores y segundo el estilo de su propia creación. La imitación en ningún momento significa copia servil, sino adentrarse en las formas de expresión, en la estructura literaria y en las concepciones estéticas de los autores que había que imitar39. Una vez dominada la esencia del lenguaje y las formas precisas de dicción, el alumno debía tratar de superar a los maestros a los que imitaba y buscar después su propia identidad. Pero el trabajo desarrollado corría el peligro de ser estéril, si no hubiera existido la corrección constante y oportuna del profesor40. Debemos confesar que era una tarea ingrata y difícil, pues juicio e ingenio no siempre son fáciles de compaginar. En el colegio caraqueño sospechamos que era fácil para el maestro seguir la corrección diaria, dado el reducido número de alumnos. En todo caso, el modo de corregir era el siguiente: generalmente indicar si hay alguna falta contra los preceptos; preguntar cómo se puede enmendar; mandar que los émulos, en cuanto descubran algo, lo corrijan en público y enuncien el precepto contra el que se ha faltado; finalmente alabar cuando se ha hecho perfectamente. Mientras esto se hace en público, la primera muestra de la composición del alumno (que siempre ha de llevarse además de la que tiene el maestro) ellos mismos la lean para sí y la corrijan41.

Pero la corrección también debía descender a detalles como la ortografía, la caligrafía, la presentación42 y la puntuación43, así como también afrontar problemas de fondo como, por ejemplo, si el alumno trató de evadir las dificultades44. Las exigencias eran cada vez mayores, sobre todo en los niveles de humanidades y retórica45. Llama la atención el hecho de que los alumnos debían entregar al profesor la última redacción corregida y guardaban para sí el texto sobre el que habían trabajado con todas sus añadiduras46.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 30.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 21.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 22.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 22, II.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Gramática Infima”. Regla 3.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Gramática Infima”. Regla 3.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 4.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 22.

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D. Nos falta todavía reseñar los recursos metodológicos orales utilizados en la didáctica cotidiana del aula como son las concertaciones y las declamaciones. La Concertación era un ejercicio basado en el principio de la emulación pública y colectiva. Se trata de una clase de repetición en donde no se enfrentan los individuos, sino el grupo total o las clases, en donde los alumnos son además actores y protagonistas de la competición. Con esta ejercitación, anota Bertrán Quera, se aprovecha la psicología evolutiva del adolescente en ese delicado tránsito de la etapa típica del juego a la etapa de competencia y lucha47. De esta suerte se consigue armonizar los retos de la persona y las exigencias de la comunidad en la que el joven se encuentra inserto. Así, pues, la presencia del público le obliga a superar la pasividad e inercia mental y, por otro lado, a asumir la responsabilidad de defender los intereses y el éxito de los que pertenecen al mismo equipo o bando. En los cursos inferiores se consideraba que la concertación debía convertirse en práctica habitual, e incluso podía reemplazarse la composición por media hora de concertación48, ya que esta emulación constituye un gran estímulo para el trabajo49. La concertación conllevaba una infraestructura de dignidades y cargos adquiridos por la competencia en la excelencia. Los magistrados gozaban de puestos especiales y para mantenerse debían exponer continuamente su liderazgo académico50. De esta forma se explica el contenido de la Regla 31 de las “Reglas comunes a los profesores de las clases inferiores”: Ha de tenerse en mucho la concertación, que suele hacerse cuando el maestro pregunta y los émulos corrigen o entre sí discuten; y siempre que el tiempo lo permita ha de usarse, para que la honesta emulación se fomente, que es gran incentivo para los estudios. Podrán emplearse o cada uno por su parte o varios de cada parte, principalmente de los magistrados, o también uno solo atacar a varios. De ordinario el particular atacará al magistrado, el magistrado al magistrado; a veces también el particular atacará al magistrado, y podrá conseguir su dignidad, si venciere, o algún otro premio o señal de victoria, según lo pide la dignidad de la clase y el modo del lugar51.

En cada clase estaba normada la forma de proceder en la concertación. Pero, además, una vez al año debían competir dos cursos inmediatos52. Llama la atención la norma impuesta para responder las preguntas, pues

M. Bertran Quera, “La pedagogía de los jesuitas…”, 226.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 35.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 31.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 35.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 31.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 34.

47 48 49 50 51 52

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el modus operandi recuerda mucho la metodología de la escolástica: el interrogado debía repetir textualmente la pregunta y tras un momento de meditación pasaba a contestarla53. E. Cierra el ciclo de las composiciones la denominada Declamación, es decir, el arte de aprender a hablar, así como los anteriores ejercicios estimulaban el arte de pensar. La perfecta elocuencia que diseñaba la Ratio Studiorum integraba dos elementos fundamentales: la oratoria y la poética54, pues a las fuentes lógicas y racionales se les debía abrir el horizonte siempre renovado de la poesía. Tres tipos distintos de declamación diseñaban este aspecto de la didáctica: la cotidiana del aula, la semipública, la pública y la solemne. La primera se servía de la lección de memoria de algún texto selecto para esforzarse en su recitación55. La segunda era preparada por el alumno con antelación y debía versar sobre alguna prelección o autor no visto en clase, bien en prosa, bien en verso. Se tenía cada dos sábados y se debía invitar a los alumnos de humanidades56. La tercera era pública y consistía en un discurso o en un canto poético que se pronunciaba en el salón o en la iglesia57. La sesión solemne venía a ser una pública demostración con asistencia de público de fuera del colegio. Y aunque el texto de la Ratio de 1599 no baja a ciertos detalles, si insisten en ello las anteriores, desde el cuidado de la pronunciación hasta la voz, los ademanes y gestos. Para concluir queremos transcribir la síntesis del método que aduce el investigador Bernabé Bartolomé: La bondad estratégica del método humanístico de los jesuitas ha sido alabado por figuras del pensamiento como Montaigne, Descartes, Bacon o Goethe. En un estudio de la Ratio Studiorum se observa cómo bajo un planteamiento circular y concéntrico el desarrollo de la enseñanza se repite y crece en auténtico espiral, se proyecta integrador y uniforme perfeccionando potencias y habilidades. Como instrumento de trabajo el método se presenta eficaz y preciso. Como técnica factorial desarrolla los sectores lógico-simbólico, lingüístico, creativo, mnemónico, intuitivo. Como proceso recorre la praelectio, praecepta, compositio et eruditio. Como estragegia utiliza la concertatio, repetitio y repraesentatio. Cultivadores en su metodología los jesuitas del eclecticismo habían ido acuñando con el tiempo realismo y progreso y sobre todo uniformidad58.

Ratio Studiorum, “Reglas comunes a los Profesores de las clases inferiores”. Regla 9.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 1.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 3.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 15.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Retórica”. Regla 17.

Bernabé Bartolome Martínez, “Las cátedras de gramática de los jesuitas en las universidades de Aragón”, Hispania Sacra, 34 (1982): 53.

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3. La Prelección Después de esta introducción creemos oportuno hacer una exposición práctica de lo que se pretendía en la “Prelección” para que el lector moderno pueda verificar tanto la minuciosidad del método como el desarrollo de una clase normal59. A nuestro entender, la Prelección fue uno de los medios más eficaces y a la vez más desapercibidos de que dispuso el profesor no solo para formar al alumno en el alma de las humanidades, sino también para abrir espacios morales y patrones de conducta en la conciencia del alumno. En la estructura de la Prelección tenía siempre el maestro que hacer referencia al capítulo denominado Costumbres, el cual suponía un manantial inagotable para establecer aplicaciones y comparaciones entre los valores e ideales naturales, civiles y republicanos de los clásicos y los valores e ideales que se iban forjando en el interior del estudiante. De esta forma, del ideal del estilo se asciende al ideal humano y del ideal humano al ideal divino. Hay que reconocer que el P. Charmot captó con finura el alma de este proceso: A través de la historia y de la literatura pondrán la mente del niño cara a cara con los estados de alma más universal y profundamente humanos. Estos estados de alma pueden ser comunes a toda una generación, a una raza, a una patria; y entonces son problemas sociales los que se plantean en concreto y en su complejidad. O tales estados de alma se hallan en un personaje de categoría, caudillo, orador, historiador o poeta, y entonces nos encontramos con el problema también, infinitamente vario, de la inquietud humana. [...]. Tal es la manera práctica de cristianizar toda la enseñanza de dentro a fuera. De las palabras y de los hechos penetrar profundamente hasta su sentido. De las ideas, penetrar hasta las almas. En las almas, penetrar hasta las pasiones malas y buenas que les atormentan y dividen. De este tormento y división, hacer brotar el problema psicológico o social, que es inmanente a la condición humana, mejor diría a la contradicción humana60.

Y como resulta difícil al hombre de hoy acercarse a la mentalidad de los educadores coloniales, hemos creído oportuno incluir algunos textos

Reproducimos una parte de un capítulo aparecido en nuestro libro Virtud, letras y política en la Mérida colonial. San Cristóbal, I (1995) 426-511. Aunque el inspirador de todo él fue el P. Manuel Briceño según el diseño que realizamos en la ciudad de Mérida el año 1990; sin embargo, su muerte súbita en Madrid el 28 de octubre de 1992 hizo que me tocara poner en limpio sus apuntes y darle la redacción final. Como discípulo de tan gran humanista de estas disciplinas en Santa Rosa de Viterbo (Colombia), manifiesto que me fue un método muy practicado y familiar. Asimismo, reitero mi agradecimiento al P. Eduardo Cárdenas (Universidad Javeriana), quien colaboró en el texto final.

F. Charmot, La pedagogía de los jesuitas, 344.

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que recogen la esencia de la Prelección, para comprender su evolución a lo largo de los años de formación del estudiante en un colegio jesuítico. 3.1 La Prelección en los ejercicios prácticos A. Ínfima gramática 1. Objetivo: Su grado es el conocimiento perfecto de los rudimentos e inicios de la sintaxis –desde declinaciones de los nombres hasta la construcción común de los verbos (libro I)–, con los catorce preceptos de la construcción y los géneros. 2. División del tiempo: a) a primera hora de la mañana, de memoria, trozos de Cicerón, y la gramática, corrección de composiciones, ejercicios; b) a segunda, repetir la última Prelección de Cicerón y explicación, media hora, de la nueva, y tema para trabajo; c) última media hora, explicación de algo del libro I, repaso, todo o mutuamente, por medio de la concertación; d) tarde, primera hora recitación de memoria de la gramática latina o griega, examen de los escritos que se propusieron por la mañana o corrección de los de casa (media hora). Repaso de la última Prelección de la gramática; e) segunda, explicación al orden superior de la sintaxis y al inferior de los rudimentos de los géneros de los nombres y las catorce reglas. Griego, un poco más de un cuarto de hora. Última media, concertación o un dictado de gramática; f) sábado, primera hora recitación en público de memoria de las Prelecciones de toda la semana. Segunda, repaso; última media hora, concertación. Lo mismo después de la comida. Última media hora, explicación del catecismo61. Supuesta la lectura de todo el fragmento o texto escogido, hecha por el maestro, de manera reposada, detenida, con la entonación que se requiera para dar bien el sentido, se pasa al primer paso que es un somero resumen o brevísima explicación del argumento, en que se haga notar la conexión lógica con lo estudiado anteriormente, si es el caso. Luego, antes de la erudición, viene la explicación literal o aclaración de términos difíciles, modismos de especial significado, hasta llegar a la comprensión exacta de las expresiones, de acuerdo con el nivel y capacidad de la clase.

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Ratio Studiorum, “Reglas del Maestro de Infima Clase de Gramática”. Reglas 1-2.

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Ejemplo 1

1. Texto. “Socratem ferunt, cum usque ad vesperum contentius ambularet, quaesitumque esset ex eo, quare id faceret, respondisse, se, quo cenaret, obsonare ambulando famem”. 2. Traducción. “Cuentan que Sócrates caminaba [desde medio día] hasta la tarde. Alguien le preguntó por qué lo hacía y él respondió que para almacenar hambre para la cena”. 3. Explicación. Podría analizarse así: Socratem, que Sócrates, ferunt, cuentan (algunas personas, sobreentendido), cum, como, usque ad, hasta, vesperum, tarde, contentius, con más esfuerzo, ambularet, caminara, etc. (con más esfuerzo que de ordinario lo hacen a grandes pasos), así, pues, pero eso sería bárbaro. Mejor analicemos así: Socratem ferunt, se cuenta que Sócrates, contentius (contente, adverbio, significa con esfuerzo); contentius es un comparativo, con más esfuerzo: los que marchan cum contentius ambularet, como paseara a grandes pasos, usque ad vesperum, hasta tarde, quaesitumque esset ex eo, y como se le preguntara, quare id faceret, por qué hacía esto, respondisse, respondió (Socratem ferunt respondisse, se cuenta que Sócrates respondió); obsonare (es un verbo derivado de obsonium, vianda, pescado, hortaliza, alimentos, comida, provisiones de boca, de donde obsonare, comer bien, regalarse, hacer provisión). Así que Sócrates respondió: se obsonare famem, que hacía provisión de hambre (como quien dice, se aprestaba a regustar, ambulando, caminando), quo melius cenaret, para cenar mejor. [Después de esto se les explica a los alumnos la construcción de infinitivo, la formación de los comparativos, reglas ya conocidas pero aplicadas al caso, y se hacen ejercicios parecidos]62. 4. Erudición. ¿Quién era Sócrates, fecha, circunstancias de su vida, y qué resonancia pudo tener esa respuesta en sus discípulos, en los admiradores actuales del filósofo? ¿Quién era Cicerón, qué eran las Tusculanas, de qué tratan? Notemos que se trata de los [asuntos] de Ínfima Gramática. Por consiguiente, la erudición ha de ser acomodada. Sócrates fue un gran pensador (filósofo) de Grecia, que vivió unos cuatrocientos cincuenta años antes del nacimiento de Nuestro Señor en Belén. Era un hombre sabio que dedicó toda su vida a enseñar a multitud de discípulos a buscar la verdad y el conocimiento interno de cada uno. En este caso la respuesta graciosa no era para que se pusieran a comer, pasear y comer, sino que él en vez de ponerse a hacer la simple digestión por ahí durmiendo, caminaba para mejor pensar. Los filósofos de entonces daban sus clases caminando. Marco Tulio Cicerón nació en Roma en el siglo I antes de Cristo. Fue un gran orador y un excelente escritor en su lengua, que era la latina. Entre sus muchas obras están las Tusculanas, donde se reproducen

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Seguimos a Juvencio, Método para aprender y para enseñar (Florencia, 1703).

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cinco conversaciones de un maestro y un auditor, en Túsculo, ciudad de la antigua Italia.

Ejemplo 2

1. Texto. “Personam tragicam forte Vulpes viderat: O quanta species inquit, cerebrum non habet”. 2. Traducción. “Por casualidad una zorra vio una máscara de tragedia: ¡Oh!, dijo, ¡cuánta hermosura, pero no tiene cerebro!” El Profesor de la clase de Ínfima Gramática explicará y, aunque todo esté escrito en latín, les hablará a los niños en lengua vernácula, porque todavía no entienden latín. Esta fábula de Fedro63 –un poeta latino del siglo I de nuestra era, quien escribió para los niños muchas fábulas o cuentos en latín, cuyos personajes son animales a los cuales les da la palabra– es analizada por Juvencio64 de esta manera: 3. Argumento. Se expone lo que dijo la zorra cuando encontró la careta. 4. Explicación. Principalmente consiste en dos cosas: 1) en exponer el orden de las palabras y la estructura de la oración; 2) en declarar las palabras más oscuras. Vulpes: a esta palabra latina le juntas la vernácula correspondiente, una volpe, si tienes clase en italiano; un renard, si en francés, etc. Viderat (había visto) (júntale la palabra vernácula), forte (por casualidad) (traduce a la lengua vernácula). Personam, esta palabra, persona, a veces significa una persona, une personne; a veces una máscara, una maschera, como sucede en las Bacanales, en los coros, en las tragedias, cuando los hombres no quieren ser conocidos o pasar ocultos o aparecer con cara distinta; por eso se suele añadir la otra palabra: “trágica”. De semejante manera se explicarán las demás palabras en lengua patria y no solo una vez, sino dos o tres, si es necesario. 5. Gramática. Vuelve a cada palabra; explica ahora el género, la declinación, la conjugación, los modos, los tiempos de cada una; por ejemplo: Vulpes es nombre substantivo de la tercera declinación, como proles, clades, etc. Acuérdate siempre de traer ejemplos y, si es posible, que sean conocidos de los niños: después di la regla. Viderat es un verbo en pretérito pluscuamperfecto, tercera persona del singular; el presente es video, vides, videt, de la segunda conjugación, como doceo, doces, docet. El pretérito es vidi, vidisti, vidit; por la regla, etc. Está en tercera persona porque se refiere a Vulpes, que es un nombre de tercera persona, por la regla, etc.

Juvencio. Método para aprender y para enseñar, lib. I, VI.

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Juvencio. Método para aprender y para enseñar, cap. I, art. IV, párr. III.

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Si es necesario, se explica esta regla, vulpes viderat forte (una zorra había visto por casualidad) (se repiten estas palabras en lengua vernácula). Forte es adverbio: el adverbio es una partícula de la oración, etc. ¿Qué había visto la zorra? (se repite de nuevo en lengua vernácula y se hacen preguntas con frecuencia, que sirven para que penetren en los oídos y en la inteligencia). Viderat personam tragicam: Persona, personae es nombre de la primera declinación, como Musa, Musae. ¿Por qué se pone personam y no “persona”? ¿Por qué está en acusativo? Porque le precede el verbo viderat que pide un acusativo; se añade la regla Viderat vupes personam tragicam. Tragicam es acusativo del género femenino del adjetivo tragicus, tragica, tragicum, como bonus, bona, bonum. ¿Por qué está en acusativo, en género femenino, en número singular? Porque se une con el substantivo precedente, es decir, Personam. Hay una regla que dice que, siempre que el adjetivo se junta a un substantivo, etc. Sería falta grave contra la gramática si se dijese: Personam tragica o tragicas. Por qué, etc. Del mismo modo se van explicando las restantes palabras. 6. Erudición. ¿Qué nos impide el que enseñemos que la zorra es un animal masado de astucia y trampas? Y hasta se puede contar, si gusta, alguna historia graciosa y también algún proverbio: con la zorra hay que ser zorro, etc. Tragicam: esta palabra te da pie para explicar, conforme al saber de los niños, qué es una tragedia, o sea, un espectáculo en el que los hombres, bajo la apariencia de otra persona, representan un hecho en el teatro. Cerebrum te da ocasión de explicar y sugerir en latín las diversas partes de la cabeza. Así van aprendiendo los niños. 7. Latinidad. Haz que los niños adviertan cómo se puede cambiar la colocación de las palabras para preferir unas a otras, según la elegancia de la frase. Trae ejemplos semejantes al versículo que estás explicando. Fedro dice: Personam tragicam vulpes viderat; tú diles: fratrem tuum nuper videram (debemos usar mucho con los niños estos ejemplos familiares que están al alcance de todos), y así está mejor que videram fratrem tuum nuper. Viderat, de video, trae otras palabras: aspicio, intueor, etc. Personam: enséñales el adjetivo derivado personatus, personata amicitia, etc. y explícales voces sinónimas larva, larvatus. Tragicam: les adviertes que a veces esta palabra indica algo lamentable o alguna acción terrible: muerte trágica, matanza trágica. La composición que se dicte, si se acomoda a la fábula desarrollada en clase, ayudará maravillosamente a la explicación. Se podrá estructurarla así: “Hace poco había visto a tu cultísimo hermano: ¡Oh!, cuánta erudición, me dije, y no tiene recompensa”. De esta fábula te es posible deducir y sacar una sentencia moral. Muchas veces a los mismos a quienes la naturaleza les concede hermosura y riquezas les niega el sentido común y la prudencia. 8. Costumbres. El fin de la fábula presente da lugar a extender un poco acerca de cuánto aventaja el sentido común y la prudencia (sobre todo la cristiana y evangélica) a todas las fortunas y dotes naturales, aun de los

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más excelentes. Lo podrás conformar con una pequeña narración apropiada a los niños. Luego uno o dos de los más adelantados de la clase la repetirán en latín o en lengua vernácula.

4. La media gramática Objetivo. Es “el conocimiento de toda la gramática, aunque menos pleno”. En griego, nombres contractos, verbos en mi, y las formaciones más fáciles. División del tiempo. a) Primera hora de la mañana. Recitación de memoria de trozos de Marco Tulio y la Gramática. Corrección de composiciones. Ejercicios; b) Segunda, breve repetición de la última Prelección de Marco Tulio y, en media hora, explicación de la nueva. Se dicta el tema; c) Última media hora: repaso de algo del libro I de la gramática, declinaciones, pretéritos y supinos. Concertación; d) Tarde. Primero recitación de memoria de la gramática latina y griega y de un poeta. Corrección de composiciones y deberes de casa, repetición de la prelección de la gramática y poética; e) Segunda hora: treinta minutos para explicación de la sintaxis. Repetición. Luego, media hora para el griego. Última media hora: repetición y ejercicio; f) Sábado: Primero recitación en público de memoria de las lecciones de toda la semana o todo el libro. Repaso en la segunda hora. La última media, concertación. Lo mismo después de la comida, y la última media hora explicación del catecismo65. Ejemplo 3

1. Texto66. “Nihil igitur afferunt qui in re gerenda versari senectutem negant; similesque sunt, ut si qui gubernatorem in navigando agere nihil dicant, cum alii malos scandant, alii per foros cursent, alii sentinam exhauriant: ille autem clavum tenens sedeat in puppi quietus. Non facit ea quae juvenes; at vero multo maiora et meliora facit: non enim viribus aut celeritate corporumres magnae geruntur, sed consilio et auctoritate et sententia; quibus non modo non orbari, sed etiam augeri senectus solet”67.

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de la Clase de Media Gramática”. Regla 2.

Siguiendo todavía a Juvencio, citaremos otra explicación de un ejemplo diferente para una clase de nivel superior, denominada Media Gramática. Está tomado de un texto de Cicerón en De Senectute. “Tomo estas palabras del diálogo, escribe el pedagogo jesuita: Nihil igitur afferunt, que se leen enseguida de la partición del diálogo, hasta las palabras Nisi forte”. Juvencio, Método para aprender y para enseñar, II parte, cap. II, art. IV, párr. IV.

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Cicerón. De Senectute, VI.

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2. Traducción. “Nada, pues, alegan los que niegan a la vejez el manejo de los negocios; y son semejantes a los que dijeran que el piloto nada hace en la nave cuando unos suben a los mástiles, otros andan maniobrando por los puentes del navío, otros vacían la bomba, y él teniendo el gobernalle está sentado en la popa. No hace lo que los otros mozos, pero en mayores cosas y de más importancia trabaja. Porque no se administran los asuntos graves con fuerza, prontitud y movimientos acelerados del cuerpo, sino con autoridad, prudencia y consejo; prendas que no solamente no se pierden en la vejez, sino que suelen aumentarse y perfeccionarse en ella”. 3. Argumento. La primera de las cuatro causas por las que se acusa a la vejez es: que aparta del manejo de los negocios. Esta acusación la rechaza Cicerón con una doble comparación que comprende la Prelección de hoy: la primera comparación está tomada del piloto de una nave; la otra, de la misma juventud. Lo mismo hace el anciano de la familia o en la república que el piloto de la nave; muchas más cosas y más importantes que los mismos jóvenes. Por tanto, la vejez no es ociosa, ni inútil para el manejo de los negocios, ni debe ser apartada de ellos. Tal es el argumento de la lección. El argumento, que en la primera clase hay que desarrollarlo todo en latín, en esta hay que hacerlo en latín y en lengua vernácula. Y repetirlo dos veces o tres, con unas y otras palabras, como todo lo demás. 4. Explicación. Nihil igitur afferunt: nada prueban, nada convencen, usan razones poco aplastantes (todo esto en la segunda clase de Gramática, se expone parte en latín, parte en lengua patria). Aquella palabra igitur (por tanto) indica que esta frase hay que unirla a las dichas anteriormente. Tal es la unión por los ejemplos que he traído hace poco, por lo que es evidente que nada demuestran y nada prueban qui in re gerenda versari senectutem negant: “los que afirman que los ancianos no hacen nada, que no son aptos para los negocios”. Similesque sunt: “son semejantes a” esos que reprenden a los ancianos y los acusan de ociosos, son semejantes a los que se atrevieran a decir que el piloto nada hace en la nave, porque está sentado quieto en la popa y los otros corretean por aquí y por allá. El piloto es lo mismo que el maestro y director de la nave, llamado de otro modo el patrón, nauclero, un piloto, un nocchiero. Cum alii malos scandant: “suben por los mástiles desde la base hasta la punta”. El palo del mástil es un tronco de árbol que se levanta en medio de la nave. De él penden otros palos transversos que se llaman antenas, a las cuales se sujetan las velas. Los marineros suben a los mástiles para dar vuelta a las antenas y recoger las velas, etc. Alii per foros cursent: “otros con frecuencia corren por los espacios libres”. Los foros son unas maderas colocadas transversalmente en la misma nave y los asientos donde se sientan los remeros: de otro modo se llaman bancos. Cursent de “curso, cursas, cursare”; es verbo frecuentativo; se dice también cursito: corretear de aquí para allá. En Alii sentinam exhauriant, sentina es la parte más profunda de la nave a la cual se desliza el agua de mar que penetra por las rendijas

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del maderamen y de la cual, de cuando en cuando se le va sacando. Ille autem, “en cambio aquel”, el piloto de la nave. En Clavum tenens, el clavo es aquí el timón; la proa, por el contrario, es la parte anterior de la nave. Non facit, “no hace”, etc. Comienza la parte siguiente de la lección, en la que Cicerón dice que los ancianos hacen mayores y más importantes cosas que los jóvenes. Cicerón se la propone como una objeción del adversario. Pero, dirá alguno, Non facit, senectus ea quae juvenes faciunt?: “¿no hacen los ancianos las mismas cosas que los jóvenes?” Responde Cicerón: at vero maiora et meliora facit: “pero las hacen mayores y mejores (más importantes)”. Como si dijera: te concedo, no hace las cosas que hacen los jóvenes, sino, etc. Esto basta para dar un espécimen que indica claramente de qué modo hay que desarrollar una Prelección. 5. Erudición. Se pueden dar datos acerca de las naves y de la cuestión naval, de la manera de exponer su parecer en el Senado, etc. 6. Latinidad. Nihil afferunt: “no prueban nada”; declarar varias significaciones del verbo affero: “advertir”; versari in rebus gerendis: “tomar parte en los negocios”; nihil agere: “no hacer nada, hacer otra cosa, hacer esto”. El maestro de quinta de gramática llama a que se explique qué es un verbo frecuentativo, de dónde se forma, y que traigan ejemplos; el de cuarta recalcará una y otra vez esto mismo. Cessare: “cesar, descansar”; se expone la fuerza de esta palabra; se traen otras parecidas, como son feriari, otiari, etc.: “guardar fiesta; estar ocioso”, etc., y confírmelas con ejemplos. 7. Costumbres. Suele compararse la vida con una navegación; igual el imperio. Los reyes están al timón, hay que obedecerles. Qué magnífica la sentencia Res magnae non geruntur viribus, sed consilio: “las grandes empresas no se llevan a feliz término por la fuerza, sino por las ideas”. Y aptísima para materia de composición o para que la transcriban los jóvenes. Pero, si las grandes empresas se llevan a cabo por las ideas, ¡cuánto más por la honradez y la virtud! Busca tanto en la historia contemporánea como en la antigua ejemplos acomodados al nivel de tu clase68. Ejemplo 4

---------------------------------------------------------------------------------------------------Vamos a tomar un ejemplo sencillo de un texto griego. Será un “chiste” de Jerocles. Como digo, es para principiantes que han visto naturalmente ya los fundamentos de la gramática y pueden traducir algo fácil. Lo primero, decimos, es la lectura del texto. Como es en griego, facilitamos la escritura con transcripción internacional, cuando es necesario.

Juvencio. Método para aprender y para enseñar, parte II, art. IV, párr. IV.

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1. Traducción (un poco libre). “Un tonto queriendo atravesar un río se subió a caballo a un barco. Alguien le preguntó por qué causa y él respondió que porque tenía prisa”. 2. Argumento. En este caso no es necesario. 3. Explicación. Literal o gramatical, si tiene interés. Porque la primera palabra en griego (sholastikos) tiene relación con shole, que a la letra significa “descanso, reposo, tiempo libre, tranquilidad”, de donde viene el sentido de descanso del trabajo, que es una discusión sabia, una disputa inteligente, el lugar donde se dan esas lecturas, es decir, la escuela. Y “escolástico”, como en el caso presente, en el primer sentido, es un “ocioso”, palabra que luego vino a designar al sabio, al que consagra todo su tiempo libre al saber. De la segunda palabra, potamon, además de saber que está en acusativo (y aquí repasamos los casos de las declinaciones), podemos recordar o aprender algunas palabras que vienen al castellano de esta, como hipopótamo. Sigue el boulomenos, que es participio de un verbo deponente (y aquí se explica lo concerniente, con las etimologías respectivas, como “abulia”). Y así seguimos, palabra por palabra, con el objeto de que se asimile lo mejor posible cada matiz del texto propuesto, porque enseguida encontramos un genitivo absoluto y una construcción de infinitivo. Todo con el objeto de que los principiantes tomen conciencia de lo agradable e instructivo que es el análisis gramatical y puedan llegar lo mejor que puedan al pensamiento real del autor. 4. Erudición. Falta aún la ilustración o comentario de este pequeño trozo de dos líneas. Pues no sabemos todavía quién era Jerocles. Pues era nada menos que un estoico del tiempo de Adriano (el emperador romano del siglo II después de Cristo). Este filósofo escribió unos Elementos de Ética, obra científica seria (en contraste con el llamado “chiste” que explicamos). Esta anécdota, sin embargo, nos sirve para comprender algo de la vida de entonces, de la sonrisa tan fácil e ingenua de otros tiempos. Estoicos se llamaban ciertos filósofos que profesaban una doctrina (estoicismo), la cual consistía en hacer creer que la substancia es fuego sutil, que es a la vez materia y fuerza. Según ellos, el bien máximo es obedecer solamente a la razón y ser indiferentes al placer o el dolor. 5. Comentario. Lo anterior ha sido, a la manera de la Ratio, una Preelección, para la cual nos hemos inspirado en las reglas y normas que se dan para aprender. Recordemos que nos hemos limitado únicamente a las letras, en concreto, al conocimiento del griego y del latín. Para las otras disciplinas habría que explicar a su manera. Siguiendo, por ahora, con el griego, es indispensable conocer la mentalidad de la Ratio, cuando explica que “la erudición de un profesor dado a las letras ha de abarcar sobre todo estas tres cosas: primera, un perfecto conocimiento de las lenguas. Segunda, un conocimiento suficiente de aquellas ciencias que ayuden a completar

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el ciclo de las bellas artes. Tercero, destreza en el uso de aquellos recursos que alivian el trabajo y aguzan la fuerza del entendimiento”. De las lenguas se da una importancia especial al latín, desde luego, pero en primer lugar a la griega, por ser algo más difícil. “La importancia de la lengua griega es tal que quien no la domine no puede llamarse verdaderamente hombre culto. Su utilidad es tan grande para entender los autores de las materias principales (en Humanidades), que quien la ignore anda tanteando vergonzosamente sin poder comprenderlos”. Es verdad que no faltan intérpretes, pero ellos sufren con frecuencia alucinaciones y se equivocan, por la rapidez con que tienen que hacer sus trabajos, y ni tiempo les queda para expresar la fuerza, la majestad y la propiedad de la lengua griega. “En estos casos –dice Juvencio69–, lo mejor es beber el agua pura en su misma fuente; la cual, una vez derramada por cauces ajenos y alejados de su manantial, no tiene ya la limpieza de este y muchas veces corre manchada con barro y lodo”. Tal es la estima que se tiene de esta lengua. Por eso añade unas normas para aprender el griego. Entre ellas, dice que se requiere, igual que para cualquier otro idioma, “conocer las palabras, los lazos de unión entre ellas, es decir, la sintaxis y el modo de usarlas con propiedad, elegancia y gracia, o sea, el estilo”70. Para todo ello ayudan las etimologías, las raíces, leer, anotar, grabar de memoria, conocer la gramática, con sus reglas, y consagrar al estudio un tiempo fijo. “Al leer un autor, si se nos presenta una palabra más difícil, si aparece alguna excepción a las reglas generales, hay que examinarla con atención y no dejarla de la mano hasta que se llegue a la raíz misma de la dificultad”71. Y luego arremeter con autores cada vez más complicados. En un año, “cualquiera que no sea completamente negado”, puede conseguir con facilidad alguna soltura en la lengua griega.

5. La suprema gramática Objetivos. Son el conocimiento completo de la gramática, en latín –sintaxis, apéndices, construcción figurada, arte métrica–y en griego, las ocho partes de la oración, los rudimentos, menos los dialectos y lo más difícil. División del tiempo. a) Primera hora de la mañana: recitación de memoria de Marco Tulio y la gramática. Segunda: breve repetición de la última Prelección y treinta minutos para la nueva. Luego, se dicta el tema. Última media hora: se repite la Prelección de gramática, se explica y exige la nueva. Concertación; b) primera hora de la tarde: recitación de memoria del poeta Juvencio. Método para aprender y para enseñar, parte I, cap. I, art. I.

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Juvencio. Método para aprender y para enseñar, párr. I.

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Juvencio. Método para aprender y para enseñar, párr. I.

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y el autor griego. Hora y media siguiente: reposo o explicación del poeta y la prelección o composición griega; c) Última media hora: concertaciones; d) Sábado. Primero se recita en público de memoria todo lo de la semana o las Prelecciones de todo el libro. Segunda hora: repaso. Últimos treinta minutos: concertación. Lo mismo después de la comida. Última media hora, explicación del catecismo72. Lo anterior es indispensable pues se trata de preparar, como el piso de la elocuencia, con el conocimiento de la lengua, alguna erudición y una breve información de los preceptos de retórica. Ejemplo 5

1. Texto. Te quoque Vergilio comitem non aequa, Tibulle mors iuvenem campos misit ad Elysios, ne foret, aut elegis molles qui fleret amores aut caneret forti regia bella pede. 2. Traducción. “Tibulo, a ti la muerte inicua te envió a los campos Elíseos como joven compañero de Virgilio, a fin de que no quedara quien llorara en elegías los amores apasionados o quien cantara con energía los combates de los reyes”. 3. Argumento. Es el epitafio de un contemporáneo de Tibulo, en el cual el amigo manifiesta la impresión tan honda, la tristeza, el vacío que en Roma causó la muerte de este joven poeta, fallecido en el mismo año –casi enseguida– en que murió Virgilio. 4. Explicación. Este epitafio, como lo hemos llamado, es en realidad un epigrama. La diferencia que existe entre estos dos términos es que epitafio (del griego epi: “sobre” y taphos: “sepulcro”) es “una inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento” (DRAE), y epigrama (del griego epi: “sobre” y gramma: “letra o escrito”) es “una composición poética breve en que con precisión y agudeza se expresa un solo pensamiento principal, por lo común festivo o satírico” (drae). Como se ve, aquí es un escrito poético para conservar la memoria del bardo fallecido. 5. Gramática. Te quoque... comitem... iuvenem: elegantes acusativos de misit, verbo que, a su vez, rige con ad otro acusativo que es su complemento ordinario. Aquí es el ad Elysios campos. Vergilio comitem: notar ese dativo en todo su sentido. Foret: subjuntivo imperfecto, equivalente a esset, del verbo sum, usado especialmente en frases condicionales y en históricas,

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Ratio Studiorum, “Reglas del profesor de la clase de Suprema Gramática”. Reglas 1-2.

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pero muy raras veces en Cicerón. Fleret... caneret: otros subjuntivos que responden al ne foret... qui fleret... aut caneret. Forti pede: difícil de traducir a la letra como fuerte, pues no da la idea cabal. Podría decirse “con valentía, con energía” u otra forma semejante que se aplique lo mejor posible a los combates de los reyes –regia bella. El vocativo viene muy al caso para el destinatario. 6. Erudición. Domicio Marso fue un epigramático mencionado varias veces por Valerio Marcial (poeta latino, c. 42-c. 104 p. C.). Su celebridad se debe a un famoso libro de Epigramas en que con mano maestra pinta las costumbres y corrupción de la sociedad romana de su tiempo. En el epigrama LXXVII del Libro II, Marcial pondera a Domicio, cuando un tal Cosconio criticó a Marcial de que eran muy largas sus composiciones. Y dice: “También dirás tú que un coloso es demasiado fuerte, o que un enano es muy pequeño, o que las pirámides son muy altas. Aprende más bien lo que ignoras, y lee de Marso y el erudito Pedón cómo en una sola página compendian dos obras íntegras”: Haec tu credideris longum ratione colosson et puerum Bruti dixeris esse brevem. Disce quod ignoras: Marsi doctique Pedonis saepe duplex unum pagina tractat opus. Albio Tibulo. No se sabe con seguridad si nació en Roma, ciudad que admira y celebra: Roma, tuum nomen terris fatale regendis73 (“Tu nombre, Roma, es fatal para las tierras que vas a esclavizar”) Los hombres de letras de la época cantaban al emperador para alabarlo y participaban de las fiestas oficiales. Tibulo no, él escribía versos apasionados sobre su propia historia con la magia acabada de un artista, encerrado en el castillo interior de sus sueños y de sus tristezas, siguiendo la temática fundamental que alimentaba a los talentos jóvenes: el hermoso mundo femenino. En estas palabras podríamos resumir la vida de este hombre, quien gastó su vida en amar y cantar sus amores, fracasados por cierto. Es que de su biografía apenas sí sabemos nada, si no es por sus propias alusiones y referencias dispersas en sus versos. Su obra literaria consta de dos libros de elegías y un corto poema amoroso de veinticuatro líneas. De Publio Virgilio Marón (76-19 a.C.), el célebre poeta de perfección absoluta por el estilo y la armonía del verso, trataremos ampliamente en Retórica al estudiar la Eneida, la gran epopeya nacional y religiosa de Roma, y en las Geórgicas, que son un admirable canto pastoril a la gloria del campo. Los Campos Elíseos eran, según la mitología grecorromana,

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la morada de las almas de los hombres virtuosos. No era un lugar de muertos, sino la región a la cual eran trasladados los héroes para vivir una vida de felicidad. 7. Latinidad. Prosodia. Dos dísticos (estrofas de dos versos cada una) que constan de hexámetros y pentámetros. El primero tiene seis pies métricos, de los cuales los cuatro del comienzo pueden ser dáctilos o espondeos; el quinto, dáctilo, el sexto, espondeo. La cesura es indispensable. El pentámetro se compone de un dáctilo o un espondeo, de otro dáctilo o un espondeo, de una cesura, de dos dácticos y de otra cesura. Cesura es, en la poesía griega y latina, la sílaba con que termina una palabra después de haber formado un pie, y sirve para empezar otro. Pie es cada una de las partes de dos, tres o más sílabas de que se compone un verso y con que se lo mide, y atienden a la cantidad. Por su parte, dáctilo es un pie de la poesía griega y latina compuesto de tres sílabas, la primera larga y las otras dos breves. Espondeo es el pie compuesto de dos sílabas largas. De viva voz completaremos la explicación con ejemplos prácticos y ejercicios en clase y en particular.

Ejemplo 6

Pasemos ahora a un breve poema griego, para analizar en Humanidades. Es el siguiente, escogido casi al azar, de Anacreonte: 1. Texto y traducción. Dio la Naturaleza cuernos a los toros, cascos a los caballos, a los leones la abertura de los dientes, rapidez en los pies a las liebres, a los peces la propiedad de nadar, a las aves el volar, a los hombres la inteligencia que vale por todos los escudos y por todas las lanzas. 2. Argumento y gramática. Lo primero hubiera sido la traducción de parte de los alumnos, mas, para facilitar aquí la explicación, nos hemos anticipado a verter al castellano ese ejercicio. Sigue ahora la explicación del argumento –segundo o, mejor, tercer paso–. El aspecto gramatical no tiene por el momento más observación, sino advertir las construcciones dialectales del bardo, como odontos, genitivo con omega final (¿por qué?), el lagois, el orneois, y ¿por qué apantos y apason?

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3. Explicación. El argumento, en realidad, es muy humano, dada la contraposición que hace el poeta pagano entre los animales y el hombre, entre las características más propias de diversos brutos y la inteligencia –phronema–, cuya significación en griego es rica: espíritu, inteligencia, pensamiento, manera de pensar, sentimiento, grandeza de alma, nobleza, voluntad, propósito, ingenio y aun orgullo, arrogancia, insolencia. ¡Qué contraste en todo sentido y qué felicidad pensar en cuánto superamos a los simples animales! Es el momento de recordar aquellas palabras del salmo: minuisti eum paulo minus ab angelis (8,6). 4. Erudición. Desde el punto de vista poético, y aquí entra también la erudición, nos remontaremos a la personalidad de Anacreonte, el bardo de los palacios y cortes, quien vivió en una época en que la civilización jónica pasaba por un periodo de degeneración, si así podemos llamarla. Porque el genuino espíritu heleno se había debilitado debido a la rápida expansión de los grandes imperios orientales, lo cual hacía imposible la rebelión, por falta de organizaciones y de energía. No quedaba sino emigrar, abandonar la política y entregarse a la filosofía o a los refinamientos de la vida persa... Anacreonte vivió cuando el lujo y la magnificencia habían llegado al más alto grado de desarrollo entre los griegos y cuando la poesía había bajado tanto que se había dedicado a enaltecer la pompa de los déspotas. Él fue esencialmente un poeta de corte, que solo parecía estimar la vida embellecida por la sociabilidad, el amor sensual y frívolo, por la música, el vino, los gustos de la mesa, el placer fugaz del “momento palpitante”. Su memoria ha pasado a la posteridad como el tipo de la ligereza amable y brillante. Con estos datos podemos apreciar en su justo valor este poemilla “no comprometido”, pero sencillo, agradable, que hubiera dado oportunidad de extender más los ejemplos, pero que con mucho sentido estético trajo lo fundamental. Inútil hubiera sido extenderse más. Para nosotros, al escribir, nos servirá de modelo, de concisión, de economía de palabras, casi diría de prudencia, para no cansar a los lectores atiborrándolos de cosas evidentes, pero al mismo tiempo de estilo “sugestivo”.

6. La retórica Objetivos. Este grado dispone a la perfecta elocuencia con dos facultades: la oratoria y la poesía, que son elementos de utilidad y ornato. Para ello se necesitan los preceptos del hablar (cfr. Cicerón y Aristóteles) y la erudición (“de la historia y costumbres de los pueblos, de la autoridad de los escritores y de cualquier enseñanza”). División del tiempo. a) Primera hora de la mañana: recitación de memoria de pasajes de Cicerón y del arte métrica ante los “decuriones”. Otros

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ejercicios. Recitación en público; b) segunda hora: breve repetición de la última Prelección, se explica la nueva (treinta minutos). Concentración mutua de los discípulos; c) última media hora: “recórrase al principio del primer semestre el historiador y el arte métrica en días alternos”; en el segundo, se explica a diario la retórica de Cipriano, o se repasa y se disputa; d) primera hora después de medio día: recitación de memoria de un poeta y autor griego, corrección de trabajos de casa. Se dan nuevos temas; e) hora y media siguiente: repasar o explicar el poeta y la Prelección o la composición en griego; f) día de vacación. Primera hora: se recita de memoria lo que se preleyó en la anterior vacación. Se corrigen composiciones. Segunda: se explican y repasan epigramas, odas o elegías, o del libro III de Cipriano los tropos, figuras, ritmo y pies métricos oratorios. Concertación; g) sábado por la mañana, primera hora: pública recitación de memoria de las Prelecciones de toda la semana. Segunda: repaso. Última media hora: declamación o Prelección o concertación. Después de la comida, media hora para repetir de memoria el poeta o el catecismo. Hora y media siguiente: repaso o explicación de una breve poesía, para pedir luego cuenta de ella. Última media hora: explicación del catecismo74. Estudiado lo anterior, vamos a explicar el curso más avanzado de todos: el de Retórica. En este caso, como estamos analizando los griegos, vamos a escoger un fragmento de Demóstenes. Más adelante nos entenderemos con un poeta latino, para variar. Recordemos sí que lo primero es leer el texto en su lengua original y que cada uno trate de verterlo a la lengua materna, sin olvidar que en la Prelección puede dar una primera traducción literal el profesor, como ayuda o estímulo a los alumnos, según parezca prudente u oportuno. Ejemplo 7

1. Texto y traducción. El texto de Demóstenes75, vertido al castellano por la pluma del jesuita José Sautu, se lee así: Ni dejéis tampoco de reparar, atenienses, que si los griegos padecieron algún agravio de parte de vuestros mayores y de los Lacedemonios, al fin y al cabo, de sus propios hermanos, de hijos legítimos de Grecia lo padecieron: ¡que no es poca la diferencia! Vosotros, cuando veis a un hijo legítimo y noble administrar mal las pingües riquezas que heredó de sus padres, cierto, le reputáis digno de reprensión y de castigo, pero de ningún modo os atrevéis por eso a

Ratio Studiorum, “Reglas del Profesor de Humanidades”. Reglas 1-2.

De la Tercera Filípica. Es solo un mínimo fragmento. ¿Cómo será el discurso completo?

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denigrarle con la nota de ladrón o mal heredado. Pero un esclavo, un bastardo que metiese mano en fortuna ajena y comenzase a derrocharla y a despilfarrarla a su capricho, ¡cielos, cuánta mayor indignación excitaría en vuestro pecho! De seguro que no habría nadie que no le tuviese por digno de execración y de muerte. Y, sin embargo, para los ultrajes que nos hace el tirano no hay odio; no hay execración para Filipo, que no solo no es griego, ni tiene que ver nada con los griegos; pero no es bárbaro siquiera de los decentes, sino de la más ignominiosa ralea, vilísimo macedón, que ni para esclavo azacán le hubieran comprado nuestros mayores. Vendría ahora un ejercicio muy recomendado por la Ratio, y sería la versión de esto mismo, aun cuando sea literal, pero en latín correcto, como trataremos de hacerlo. Hela aquí: Jam illud quoque nostis, quidquid a vobis et Lacedaemoniis Graeci perpessi fuerunt; ea saltem a germanis Graeciae civibus esse perpessos idque perinde aestimari potuit, ac si filius natus in ampla familia legitimus, aliquid non bene neque recte administraret. Is ob idipsum dignus esset reprehensione et accussatione sed eum ut alienum aut non haeredem eorum illa facere, non posset dici. // Quod si servus aut subditivus ea quae nihil ad ipsun attinerent, perderet et vastasset, o Iupiter, quanto id indignius et gravius ferendun esse omnes dicerent? Num vero erga Philippun et eius actiones ita nunc affecti sunt? Qui tantum abest Graecus sit, Graecisve ullo modo coniunctus; ut nec inter barbaros sit honesto loco natus, sed perditus Macedo, unde frugi mancipium olim nullum emi potuit. Los pasos que se han de seguir son varios en Retórica: después de la lectura y versión, tanto en la lengua común como en latín, son el argumento, la explanación o explicación, la retórica, la erudición y la “grecidad”, y, si así puede llamarse, en castellano. 2. Argumento. En cuanto al argumento, hemos de explicar de qué se trata. Filipo II de Macedonia había gobernado con poder absoluto todas las regiones norteñas y las costas noroccidentales del golfo Termaico, que forman a Macedonia en el sentido estricto. Desde el punto de vista histórico, son muchas las vicisitudes de sus reyes hasta que llegamos a Filipo II, quien, subido al trono como regente, comienza por asegurar su propia posición eliminando a los rivales y fortaleciendo su propia posición. Avanza al oriente contra los habitantes de Tracia, porque allí existen minas de oro, preciado metal sin el cual no podrá llevar adelante sus planes militares. Entretanto los atenienses no se preocupan de lo que está haciendo el monarca, el cual resuelve avanzar al sur, es decir, al norte de Grecia, en sus planes de expansión agresiva y de conquista. Filipo ha convertido el ejército macedonio en una fuerza irresistible para su época, utilizando y mejorando lo que se llama la táctica de la falange

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oblicua, y ha dotado a su país de una potente flota. Preocupado, con éxito creciente, de los asuntos de Grecia, dividida entonces por guerras intestinas, en Atenas se vuelve contra él, nada menos que Demóstenes, encarnizado y violento en sus discursos (Filípicas). Otros grandes oradores (Esquines, entre ellos) defienden al invasor. La llamada III Filípica es la que tratamos de analizar en este corto fragmento. 3. Explicación. Por ser verbal y sintáctica, esta merece la mayor atención, dada la elocuente sinceridad y riqueza de vocabulario y los giros riquísimos del estilo oratorio, que merecen la pena imitarlos para aprender a escribir en nuestra propia lengua. Fijémonos, por ejemplo, en aquella sencillez del primer párrafo en que habla del hosper an uios en ousia polle gegonos gnesios diokei ti o en aquel axios mempseos y en esa acumulación de verbos fuertes en su significado apollue kai elymaineto, y el contraste tan marcado con el all ouch hyper Philippou... y el impresionante olethrou Makedonos, hothen oud’ andrapodon spoudaion ouden en proteron priasthai... 4. Retórica. A todo ello hemos de añadir las posibles etimologías que se desprendan de las voces griegas que aparecen en el texto demosteniano, y son numerosas. Respecto a la Retórica haremos un breve comentario, pues en el discurso íntegro (y en este trozo algo se alcanza) es donde puede apreciarse, en todo su vigor, la fuerza, la energía y la vehemencia del genial orador. El pensamiento, desde luego, es vigoroso en la invención del argumento, en la explotación de toda su fuerza, en el agotamiento de sus aspectos, en el desarrollo dialéctico, en el orden de la construcción. En todo ello descubrimos todo lo más hondo y decisivo de la elocuencia demosteniana. Es el fruto de una inteligencia oratoria que Cicerón denominaba perfecta. El sentimiento es asimismo apasionado y patriótico. El estilo es enérgico, conciso, irónico, hiriente. No podemos omitir el esmero con que Demóstenes preparaba sus discursos. Continuando ahora con la Retórica, vale la pena resumir la impresión concreta de la Filípica y compararla someramente con cualquier oración de Marco Tulio, pues en uno y otro se advierte el dominio del auditorio y la fuerza del ataque. En ambos oradores los exordios suelen ser maravillosos, claros, concisos, elegantes. Demóstenes acusa directamente a los atenienses de no haber obrado contra Filipo. Tiene plena conciencia de sus propios valores. Quiere salvar a Grecia con su palabra. En cuanto a la fuerza del ataque, vimos por las pocas líneas que presentamos cómo se lanza contra Filipo, el desprecio con que lo trata, la manera de decir que no es un bárbaro siquiera de los decentes “sino vilísimo Macedón que ni para esclavo azacán le hubieran comprado nuestros mayores”. Es clara la fuerza del ataque, de la embestida de un miura. Cicerón, por su parte, “le quitó a Demóstenes la gloría de ser el único gran orador”. En el Pro Murena, por ejemplo, Marco Tulio juega en forma parecida a la del griego con el auditorio: cambia de tono, de estilo, de

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argumentación con agudeza y dominio asombrosos, y agrada, deleita, subyuga. En la II Filípica contra Marco Antonio es estupendo en su género, lo mismo que hace en las Catilinarias, con preguntas, admiraciones, frases mordaces, casi diríamos insultos apasionados. Es que Marco Tulio, como Demóstenes, busca levantar hondo desprecio por sus dos víctimas. La fuerza pasional de ambos oradores es incontenible. ¿Y qué decir de la lógica de los hechos, de la sinceridad, de los sentimientos, de la desbordada rapidez y riqueza idiomática en estos dos colosos de la palabra? 5. Erudición. Como un punto de erudición falta añadir algunos datos de la personalidad de Demóstenes, quien nació el año 384 y murió en el 322 antes de Cristo. Fue el más importante de los diez oradores áticos. A los diez años de edad perdió a su padre y vio que su herencia fue disipada por sus tutores. A los veinte de edad obtuvo su primer éxito en los tribunales ganando el pleito que había planteado contra ellos. Pero no fue mucho lo que logró salvar de sus propios bienes y tuvo que ganarse la vida ejerciendo la profesión de logógrafo (escritor de discursos para otros). Como estadista y político intervino en innumerables casos, de los cuales el más resonante fue contra Filipo. Su más célebre rival en la oratoria y en la política fue Esquines, con quien tuvo que habérselas en varias ocasiones, pero sobre todo en el celebrado pleito Por la corona, consiguiendo hacer que marchara al exilio su competidor. Demóstenes ha sido considerado como el más grande de los oradores griegos e incluso como el más grande de toda la Antigüedad. Gracias a su estilo infinitamente variado y flexible, elevó la elocuencia ática a su apogeo. “El tono tan noble de sus peroratas políticas aún nos emociona”. Y hay que reconocer la profundidad de su amor por la libertad y la democracia, su actitud intransigente ante lo que consideraba como el imperialismo de un usurpador. Este es Demóstenes, el hombre.

Ejemplo 876

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Texto. Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios temptaris numeros, ut melius, quidquid erit pati, seu plures hiemes seu tribuit Ioppiter ultimam, quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare Tyrrhenum, sapias, vina liques, et spatio brevi spem

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Siguiendo las huellas de Juvencio, vamos a presentar, conforme al espíritu de la Ratio, un ejemplo seleccionado a voluntad para los cursos superiores de Retórica. Es una oda íntegra de Horacio.

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longam reseces, dum loquimur, frugerit invida aetas: carpe diem quam minimum credula postero77. 2. Traducción. “Tú no intentes saber, Leucónoe (mira que no es lícito) qué fin los dioses han ordenado para mí y para tí: ni lo quieras adivinar con las tablas de azar de los caldeos. ¡Cuánto mejor es sufrir lo que vendrá! Bien sea que Júpiter conceda muchos más inviernos, bien sea este solo, el que ahora rompe la furia del mar Tirreno con las esponjadas rocas gastadas por las olas. Aprende a ser sabia, aclara el vino y, pensando en el breve lapso de la vida, recorta las largas esperanzas. Mientras hablamos ambos ya el tiempo ha huido avaro. Arrebata este día, fiándote lo menos posible de mañana”. 3. Argumento. El poeta exhorta a Leucónoe a que goce de la vida, que es un soplo, y se desentienda de lo por venir. Por eso no investigue qué será de los dos, del poeta y de ella, ni vaya a consultar los astros para sobrellevar los trabajos. Aun cuando viva ella muchos inviernos o sea este solo el último, debe considerarlo todo como un regalo de lo alto. Déjese, pues, de largas esperanzas, aprovechando el presente sin aguardar el mañana. 4. Explicación. Es la parte más comentada y más explicada. Imaginemos la escena. Es la hora convenida, al comenzar la noche. Charla sabrosa, suave, cara a cara. Una joven frente al poeta de Venusia. Inquietud de alma de una y otro. No es el amor vulgar, de todos los días de dos seres que hablan por matar el tiempo. Hay una secreta preocupación del más allá desconocido. Son momentos de honda sinceridad. Faltan aún veintinueve años para que nazca el Redentor. Dos almas paganas. Después de la superflua palabrería inicial, empieza el inquietante diálogo. Ella, “la de blancos –claros– pensamientos” (Leuconoe), como la apellida cariñosamente el poeta, le cuenta su tortura: ¿Qué fin hemos de tener tú y yo? (Horacio está solo con ella: quem mihi, quem tibi). Interrogación que otras amigas han tratado de resolver consultando a unos adivinos caldeos que acaban de llegar. Quizás ellos lean en los astros nuestro destino. “Nadie les cree” –escribirá casi un siglo después Tácito, con graficismo tajante–; “son falaces con los que en ellos confían; pero siempre serán en Roma prohibidos, y retenidos siempre”. —Horacio, amigo –repite la joven–, otras compañeras han consultado a esos adivinos de Babilonia, echando los números en la mesa. ¿Qué me aconsejas? —No, no, tú no, Leucónoe, tú no. Deja a las otras, tú no vayas a investigar qué fin nos tienen reservados a ti y a mí los dioses.

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Libro I, Oda 11.

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Así comienza el eterno atormentado. Son las primeras palabras de la oda. He ahí el valor del intrigante pronombre personal “tú”: tu ne quaesieris... ¡Fatalismo desesperante! No te amargues la vida, que jamás podremos saber nada de ultratumba. Tales cosas no son para nosotros. Son un arcano: scire nefas. Ya los poderes de arriba lo predeterminaron (di déderint:) ¡impotencia humana de escapar! No consultes, pues, a los astrólogos caldeos de Babilonia78. “Venga lo que venga, sufrirlo es mejor”. Es verdad que el latino toma ese sufrir (pati) por el aspecto más doloroso para el hombre. Y, como debe hacerlo un poeta, nos presenta la idea encarnada en una imagen, la que más le impresiona, la que tiene más semejanza con la muerte: el invierno.

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Como es de creer que los Maestros de la Ratio referían todos estos pensamientos y sentimientos analizados a los poetas contemporáneos, también nosotros haremos en notas una aplicación parecida relacionada con nuestro tiempo. Posiblemente así lo harían ellos. En efecto, con mucha fluidez, aunque quizás sin la hondura secreta del vate latino, convierte I. E. Arciniegas, poeta colombiano, estos dos primeros versos en esta estrofa: “Como es hondo misterio, bella amada. / La suerte que nos tiene reservada / los altos dioses conocer no quieras, / y ni curiosa, con febril mirada / babilónicos números inquieras”. Y continúa, resignado el lírico de Apulia: “Cuánto mejor aguardar paciente lo que vendrá”: út melius quidquid erit pati!, que traduce Ismael Enrique Arciniegas “A lo que venga, rostro lisonjero”. Pero esta desconsoladora idea nos lleva a reflexionar un momento en nuestros días... “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, / y el temor de haber sido y un futuro terror... / Y el espanto seguro de estar mañana muerto, / y sufrir por la vida y por la sombra y por / lo que no conocemos y apenas sospechamos. / Y la carne que tienta con sus frescos racimos, / y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, / ¡y no saber a dónde vamos ni de dónde venimos!” (Rubén Darío, “Lo fatal”). “A lo que venga, rostro lisonjero”, dice el vate latino. Resignación humilde del pagano, que contrasta con la moderna rebeldía, después de veinte siglos de la Redención. Advirtamos –en el siguiente poema– el tono cargado de la más amarga ironía, que se torna insolente, brutal, desesperado, para volver a ser acibarado e Irónico al final: “¿Mi nombre? Tengo muchos: canción, locura, anhelo... / ¿Mi acción? Vi un ave hender la tarde, hender el cielo... / ¡Busqué su huella y sonreí llorando, / y el tiempo fue mis ímpetus domando! / ¿La síntesis? No se supo: un día fecundaré la era/ donde me sembrarán. Don nadie. Un hombre. Un loco. Nada. / Una sombra inquietante y pasajera. / Un odio. Un grito. Nada. Nada. / ¡Oh desprecio, oh rencor, oh furia, oh rabia! / La vida está de soles diademada” (Porfirio Barba Jacob, “Espejo”). Ironía esta última que es una expresión de llanto contenido: “¡La vida está de soles diademada!”. Contraste impresionante con la resignación de Horacio aquí como en otras odas de la muerte: “¡Es duro pensarlo! Empero, solo a fuerza de paciencia / se hace más sufrible cuanto no podemos corregir!” (Oda 24, Lib. 1). El exaltado Espronceda desafiará desdeñoso al futuro: “¡Yo indiferente, sigo mi camino/ a merced de los vientos y la mar: / y, entregado en los brazos del destino, / no me importa salvarme o zozobrar!” (“A una estrella”). Las citas serían interminables de esa desemejanza vital característica. Pero recordemos al malogrado vate ecuatoriano, que puso trágico fin a sus veintidós años: “Madre: la vida enferma y triste que me has dado / no vale los dolores que ha costado; / no vale tu sufrir intenso, madre mía, / este brote de llanto y de melancolía […] // ¡Más valiera no ser a este vivir de llanto, / a este amasar con lágrimas el pan de nuestro canto, / al lento laborar del dolor exquisito / del alma ebria de luz y enferma de infinito!” (Medardo Ángel Silva, “Lo tardío”). O, como se queja en otra ocasión el mismo joven desesperado, esta vez con soberbio hastío y cansancio: “Mi herida / no mendiga limosnas de piedades ajenas; / yo tengo una tragedia, y se llama Mi Vida; / para escribirla usé la sangre de mis venas” (“Palabras de otoño”).

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Y así añade: “Sea que Júpiter te haya destinado (tribuit) muchos inviernos o te quede uno solo, este de ahora, que está quebrantando las fuerzas del Tirreno mar contra los acantilados gastados por las olas”. Es –en dos versos– la tragedia humana. Mas termina con un grito de satisfacción: “Sé estoica”, como audazmente interpreta Pombo. “Filtra el vino”... ¡que mañana moriremos! Más aún (así parece darlo a entender el Venusino), por más que te enfurezcas como este mar, la fatalidad debilitará tu coraje contra los farallones de la vida. Por eso, “saborea” (sapias) los placeres que tienes a la mano, “sé prudente” (sapias). “El vino alegra el corazón. No hay más remedio que recortar (réceses) la esperanza larga para acomodarla al espacio tan corto de nuestra vida”79. Y concluye el poeta latino con estas palabras literales: “El tiempo (aetas) que no puede ver con buenos ojos (ínvida) nuestra felicidad efímera, se va deslizando, huye, a medida que hablamos. Luego [...] aprovecha, coge el momento de hoy y gózalo (carpe diem), y fíate lo menos posible del incierto día de mañana”80. Pensamiento final de un pagano, sin la Revelación de Cristo, cuyo eco ¡todavía hoy! se refleja en aquellos versículos que el libro de la Sabiduría (2, 6-8) pone en boca de los impíos: “Corta es y penosa nuestra vida, y no hay remedio para la muerte del hombre [...] Venid, pues, y disfrutemos los bienes de ahora, y aprovechémonos de lo creado, como en la juventud, afanosamente; llenémonos de vinos exquisitos y de perfumes, y no pase la flor del tiempo; coronémonos d e rosas antes de que se marchiten”81.

En este punto nos parece casi milagroso el verso castellano de Arciniegas: “Sé cuerda. Filtra el vino, y sonreída / tus largas esperanzas atempera / a lo breve y mudable de la vida”. Idea esta, a la que hace eco el bardo chileno: “Una voz severa exhorta / a tener resignación... / —¿Quién murió?... ¡La vida es corta! / ¡Qué te importa! ¡Qué te importa, / lacerado corazón!” (Eduardo de la Barra, “Morir con dignidad”).

Pombo, voluntarioso en su magnífica versión, traduce: “¡Recoge el presente, y apúralo, y nunca / le fíes ni un ápice al sol que vendrá!”. Mientras el gran Miguel Antonio Caro dice: “Sé cuerda, vinos filtra, y estrecha en breve círculo / las largas esperanzas. Esquiva nuestra edad / vuela mientras hablamos, ¡paso! No fíes crédula / en día venidero; goza este que se va”. Y Arciniegas corona su versión: “Mientras ambos hablamos, acelera / su curso el tiempo que en correr se afana. / Aprovecha tu día placentera / y no esperes el día de mañana”. Sería el momento de citar algunas versiones castellanas, escogidas al azar, de estos dos pasajes, como los han entendido algunos traductores: “Que largas esperanzas / no sufre corta vida. // De lo presente goza, / lo venidero olvida” (Javier de Burgos); “Coge la flor que hoy nace alegre, ufana, / ¿qué sabes si otra nacerá mañana?” (Luis de Góngora); “Corta el vuelo a la esperanza... / […] Goza el día de hoy: ¿Quién sabe si mañana otro tendrás?” (Aurelio Espinosa Pólit, S.J.); “Y largo afán no entregues a plazo tan pequeño / […] ¡Goza este día! Nada fíes del venidero” (Bonifacio Chamorro); “Con estrechos lindes / tus dilatadas esperanzas mide. / […] Goza el presente, y nunca del mañana/ con verdadera certidumbre fíes” (Francisco Campos). “Así hablan. Pero hay en sus palabras un fondo de amargura indefinible. / Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura, porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente” (Rubén Darío, “Lo fatal”). O, en boca de Espronceda: “Dame vino; en él se ahoguen / mis recuerdos; aturdida, / sin sentir huya la vida; / paz me traiga el ataúd” (“A Jarifa, en una orgía”).Y ahora

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5. Retórica. Parte del placer de la poesía se funda en el reconocimiento y exploración por uno mismo de las imágenes, metáforas, sutilezas, armonía, concisión, matices humanos en versos a la vez sencillos y grávidos de sentido como son los del vate de Venusia. El nombre mismo femenino con que se llama a la destinataria –Leucónoe– ya encierra un hondo significado. Es un nombre griego de mujer –Leukos–, Noe (Nous): “¡la de blancos pensamientos, la inocente, la que no debe pensar en lo oscuro, en la tristeza, en preocupaciones de angustia por el porvenir!” Los números babilonios aluden a los cómputos astrológicos de los asirios y caldeos, tan en boga en la época. Por el número y movimientos de las estrellas pronosticaban estos los sucesos futuros. En Babilonia, ciudad opulenta del Asia, sobre Éufrates, capital de Caldea, cultivaban los sabios la astronomía y los charlatanes la astrología, que allá se inventó. Júpiter, el Zeus de los griegos, era entre los pueblos itálicos la personificación de la luz, de los fenómenos celestes y de la agricultura. En Roma era la divinidad del rayo, hacedor de la lluvia, soberano del mundo, protector y defensor del Estado, padre de los dioses, el que regía el destino de los mortales. El mar Tirreno, sector del Mediterráneo occidental, es el que baña las costas vecinas a Roma. La idea del Spatio brevi / spem longam receses está desenvuelta con más propiedad, aunque casi en los mismos términos, en la Oda 4: Vitae summa brevis spem nos vetat inchoare longam, y en la 9, se había dicho: quid sit futurum cras fuge quaerere. Son los mismos pensamientos expresados de igual modo y con más gracia quizás y exactitud. El arte de traducir, que pudiera parecer labor secundaria y humilde, es mirado tal vez por muchos con desdén. Pero la historia de todos los países ha considerado, con admiración agradecida, el talento de aquellos pocos seres que han llegado a adquirir –en género tan difícil– una maestría singular sin perder la “exactitud en la libertad”. Hay lenguas y hay autores que ofrecen mayor o menor tormento a quien los convierte a otro idioma. Pero entre los que menos satisfacción ofrecen a sus traductores está Horacio: por su acerada concisión, su atormentadora precisión y sus “armónicos de sentido”. Traducir, pues, a Horacio entregándonos un Horacio total, que sirva de sustituto del original latino, es una de las tareas más difíciles –si no imposibles– en el campo literario, y que hasta hoy al menos no se ha logrado en ninguna lengua.

que ya comprendemos mejor los ocho versos del texto horaciano, leamos íntegra, para concluir, la versión de Ismael Enrique Arciniegas, gran traductor colombiano, que si no tan lograda en las primeras, es digna sí de admiración en las demás estrofas: “Como es hondo misterio, bella amada, / la suerte que nos tienen reservada / los altos dioses conocer no quieras, / y ni curiosa, con febril mirada, / babilónicos números inquieras. / ¡A lo que venga, rostro lisonjero! / Que te dé Jove vida larga o corta, / o que este invierno sea el postrimero / que el mar toscano despedaza fiero / contra sombrío peñascal, no importa. / Sé cuerda. Filtra el vino, y sonreída/ tus largas esperanzas atempera / a lo breve y mudable de la vida. / Mientras ambos hablamos, acelera/ su curso el tiempo que en correr se afana. / Aprovecha tu día placentera/ y no esperes el día de mañana”.

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Mucho se ha pensado, y seguirá pensándose, sobre la meta a que el traductor deba aspirar con relación al original. Acres discusiones podrán derivarse –quizás sin fruto– de su sola exposición. Enunciaremos dos: “La traducción debe ser tal que el lector pueda –hasta donde le sea posible– olvidarse totalmente de que es algo traducido; y que se arrulle con la ilusión de que está leyendo una obra original, algo original en su lengua”. En ese caso, el original verdadero se tomará solo como base para escribir un poema “que haya de afectar a aquellos para quienes se escribe hoy, tal como puede imaginarse que el original afectó a sus o yentes naturales”. La objeción evidente a esta teoría es que no podemos decir cómo “el original afectó a sus oyentes naturales”. Y la impresión que dejan unos poetas es distinta de la de otros; y los lectores actuales son de muy variada cultura quizás, como para comprender –en nuestro caso– a un poeta como Horacio. ¿Y quién puede asegurarnos si el traductor reproduce todos los matices del original? Una segunda teoría opina que la meta del traductor ha de ser precisamente el extremo contrario: es decir, “retener cada peculiaridad del original, hasta donde sea capaz, con el máximo cuidado, para que sea lo más extranjera posible”; porque “no debe olvidar que está imitando, e imitando en un material diferente”. Lo cual vale decir que “su primer deber es histórico, o sea, el de ser fiel”. ¿Pero en qué consiste esa fidelidad? ¿Quién puede asegurar que el traductor se ha adherido perfectamente a la manera del poeta? ¿Quién va a decir cómo Horacio afectó a los romanos? ¿Y cómo exactamente es su manera para transvasarla con fidelidad al verso castellano? Y nosotros podemos ser pueblo sencillo, personas cultas, profesores de universidad, especialistas en letras clásicas. En realidad, los que comprenden las concisas estrofas del venusino confiesan, por lo común, que ninguna traducción les ha parecido el Horacio íntegro, como para que pueda reemplazar al original latino “vital y constrictor”. Muchas han sido las tentativas de traducirlo a las lenguas modernas y, en concreto, al castellano: prueba clara de que nadie ha acertado a entregárnoslo entero en nuestro idioma imperial. Pero entre los más felices, nuestro compatriota Ismael Enrique Arciniegas está en primera línea, con cierto dejo romántico y moderno. 6. Erudición. De la riqueza literaria y poética de esta breve oda, vamos a detenernos en una sola expresión, la célebre carpe diem. Y nos preguntamos: ¿cuál es el significado real, cuál es su alcance más profundo, qué sugiere en último término el poeta? Pese a que, a primera vista, el sentido parece obvio, ¿a qué se debe que los críticos lo han entendido de las más diversas maneras y los traductores lo difuminen? ¿Y el carpe diem, se relaciona con spatio brevi? Tratemos de acercarnos lo más posible al corazón del vate. Réceces (recorta) en el verso 7 es una metáfora tomada de los jardines. Resex es un término técnico de la vinicultura. El verbo mismo es empleado por

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Catón el Viejo en su tratado De Agri Cultura (33,2) cuando dice que el mejor tiempo para cortar una vid nueva es cuando ya está fuerte: vitem novellam resicari tum erit tempus ubi valebit. Esta alusión no es extraña al interés de Horacio quien sabe de ciertas técnicas de la arboricultura. En el Epodo 2 (9-19), por ejemplo, esa metáfora es vital, donde aparecen la labor campesina y los injertos de vides y álamos: ergo aut adulta vitim propagine/ altas maritat populos. Parecida metáfora aparece en el Arte poética (v. 445-448) en que juega el autor con la idea de podar los ramos largos y duros a fin de abrir luz en los sitios oscuros. En muchas traducciones no se ve claro porque se ha perdido la imagen. El amigo sincero y prudente –enseña Horacio tratando de la crítica literaria– condenará los versos sin arte, echará a la basura los duros, tachará con trazos negros los desarreglados, cortará los demasiado hinchados para dar luz a los lugares poco claros. Todo esto es propio de un buen agricultor. Ese recortar de ramos explica el spatio brevi spem longam reseces de la oda 11 (6-7), cuyo sentido literal causa no poca perplejidad cuando se prescinde de la referencia metafórica a la vida. Porque literalmente reseces (cortar una rama larga para tener un tallo corto), si lo referimos a las esperanzas juveniles, no es difícil de entender. El bardo romano está tensionado y como jugando líricamente con los dos significados. Conocida, pues, la imagen de la vinicultura, el carpe diem quam minimum credula postero se ve que es perfectamente aplicable al de la vida, en dos sentidos: “¡goza el día, fiándote lo menos posible del mañana!” o “toma las uvas en el día en que maduren y deja las más pocas que puedas para después”. El sentido literal era vital para el autor, quien en otros lugares emplea el carpe tres veces entre diez, en este mismo sentido, igual que la metáfora de podar. A todo esto no faltará quien diga que nada de importancia se gana o se pierde con la discusión, porque el sentido general del pasaje queda intacto. Es verdad, pero es todo el poema el que pierde o gana. Veamos, si no. El tema puede ser gastado, de puro sabor epicúreo. Pero es la maestría del Venusino la que penetra muy hondo en el pensamiento escueto de “tratar este día como si fuera el último”. Solo que en el poema está colocado contra la soberbia imagen del mar que no desgasta las rocas, sino sus propias fuerzas, enfurecido con playas volcánicas de las costas itálicas. Coloquemos la vida humana en su lugar y nos estremecerá la imagen. Pero en seguida nos sosiega el final de la Oda. Horacio mira la vida como una rama larga y extendida: “No te preocupes del futuro y disfrutarás más del presente”. Como si dijera: “Poda sin compasión y obtendrás más fruto”. Porque existe el peligro de dejar las uvas en el campo madurando a la intemperie expuestas a los vientos, a las bestias salvajes que acechan

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los racimos en sazón, para emplear la expresión de Horacio en otras Odas (4, 20, 4; 3, 1, 30) en que menciona el fundus mendax. Muchas de las odas del Venusino, como la mayor parte de los Epodos, derivan su peculiar sabor literario del trasfondo en que los coloca y del carácter típico que les imprime. No lo dice todo, como tiene que hacerlo un “poeta”, un “vate”. El deja sus claves sutilmente. Para captar ese peculiar sabor lírico hace falta que lo sigamos de cerca, con un sano sentido. Cuando Horacio dice: “Tú, Leucónoe, no preguntes”, es claro que necesita de nosotros. Con la lectura del poema, debemos suponer que existía una mujer llamada Leucónoe quien hizo una pregunta que le inquietaba. El aedo le responde gentilmente, como debía ser tratándose de una insistencia femenina muy razonable. El aforismo epicúreo cobra entonces su pleno sentido y sabor romano, enfrentando la corta vida humana al inmenso poder, extensión y longevidad del mar: cuando Horacio, al concluir, le dice a una mujer carpe diem, no puede haber duda de lo que quiere significar primariamente. 7. Latinidad. Una de las características de Horacio es la densidad del lenguaje, la precisión y los armónicos de sentido, la palabra exacta en el sitio exacto, todo lo cual no puede apreciarse, sino teniendo a la vista el original latino. Examinemos unas palabras: Ne quaesieris. Quaerere: buscar, procurar, instituir, examinar, desear, investigar; Nefas: algo contrario a la ley divina, pecaminoso, ilegal, execrable, abominable, criminal, impío, pecado, crimen. Todos estos matices tiene esta palabra; Quae nunc. Ese nunc: da a entender que la escena tiene lugar en pleno invierno, en este de ahora, mientras estamos hablando (dum loquimur); Pumicibus. Pumex: roca, es propiamente piedra esponja (pómez), pero aquí son las peñas porosas, huecas, agujereadas, poco a poco por las olas; Oppositis debilitat pumicibus: armónico de sentido: cuánto dice el verbo debilitat colocado entre las rocas que le opone la playa. Ante estas piedras se quiebra, se debilita la violencia de las olas agitadas; Sapias. Sapere, literalmente, es saborear, tener sentido del gusto, tener buen gusto, tener sentido, discernimiento, ser sensible, discreto, prudente, sabio; Liques: promas, fundas, percoles, vale decir, cuela, filtra, clarifica, purifica el vino para desecarlo o enfriarlo. Los antiguos pasaban por una especie de coladera el vino añejo para purificarlo más, y a esto llamaban vinum liquare; Spatio brevi spem longam: observemos el armónico de sentido: el contraste de lo corto y lo largo, la vida y la esperanza; Invida: envidiosa, que ve con malos ojos, hostil, enemiga, desfavorable. Las inquietudes que despiertan las Odas de Horacio, cuando se trata de profundizar en el original, son abundantes, como se ha visto, en especial cuando se explican a través del acerado vigor romano del latín.

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1. Texto. Discurso Pro Milone de Cicerón82 Primera parte: La causa de Milón no está perdida Exordio: ¿Armas en el foro? I.1. Aunque temo, jueces, no sea bochornoso para mí empezar la defensa de un valiente temblando, y no digan bien que, cuando el mismo Tito Anio se preocupa más del bienestar de la Patria que del suyo propio, yo no sea capaz de afrontar esta causa con una grandeza de alma semejante a la suya, sin embargo, es lo cierto que esta nueva manera de juicio impresiona mi vista, que, a donde quiera que la dirijo, echa de menos el estado normal del foro y de los antiguos juicios. 2. Porque no rodea vuestros escaños la corona acostumbrada de curiosos, no se amontona a mi alrededor el numeroso círculo de mis amigos, no veo en esas guarniciones, que estáis contemplando delante de todos los templos –aunque puestas para evitar violencias–, una seguridad para el orador. De este modo que en esta causa forense, a pesar de hallarnos protegidos de tan útil y necesaria defensa, no es posible considerarnos tan seguros que no se tenga algún temor. Y si esa gente armada a mi juicio estuviese puesta contra Milón, yo cedería ante las circunstancias, y diría que ante tanto despliegue de fuerzas está demás la elocuencia. Pero a mí me da alientos y me sostiene la decisión de Cneo Pompeyo, tan prudente, tan recto; quien sin duda no creerá propio de su justicia, a un reo a quien una vez ha confiado al fallo de los jueces, entregarle ahora a los dardos de los soldados, ni de su prudencia armar la osadía de un pueblo exaltado con la autoridad oficial. 3. Por eso todas esas armas, esos centuriones, esas cohortes, no nos anuncian un peligro para nosotros, sino una ayuda; no nos exhortan solo a estar tranquilos, sino hasta animosos, y no solo nos prometen seguridad en la defensa pero hasta el silencio. Y la demás multitud, la de los verdaderos ciudadanos, toda está de nuestra parte, porque todos esos que estáis viendo con qué interés nos miran, desde todos los sitios de donde se contempla un resquicio del foro, ansiosos ante el desenlace de este juicio, no solo están de parte de Milón, sino que saben que hoy se decide de su vida, de sus hijos, de su patria y de sus fortunas. II. Solo hay una clase de personas que nos es contraria y hostil: la de aquellos a quienes la demagogia de Clodio apacentó con sus robos, con sus

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Traducción de la revista Perficit. Salamanca (España).

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incendios y con toda clase de crímenes públicos; que ayer mismo fueron hostigados en un mitin, a que os dictasen a vosotros a gritos la sentencia que debíais dar. Pues bien, esos gritos, si es que se llegan a oír, deberán deciros que retengáis a un ciudadano, que supo siempre despreciar tal clase de hombres y sus ensordecedores gritos por defender vuestras vidas. 4. Por eso, ánimo, jueces, y si os queda algún temor, desechadlo. Porque si alguna vez se os ha dado potestad de juzgar a ciudadanos honrados y valientes, si alguna vez se os ha dado potestad de juzgar a ciudadanos beneméritos de la patria, en fin, si alguna vez se ha concedido a hombres escogidos sentarse en estos escaños, para que confirmasen con la obra y con su voto la simpatía hacia los intrépidos y honrados ciudadanos, que ya muchas veces habían manifestado con su rostro y con sus palabras: este, sin duda, es el tiempo en que podéis hacerlo. Ahora es cuando debéis determinar si es que nosotros –que siempre hemos reconocido vuestra autoridad– hemos de estar siempre lamentando nuestra desgracia, o si, al fin, después de haber sufrido tanto tiempo las vejaciones de los ciudadanos perversos, podremos descansar gracias a vosotros, a vuestra lealtad, valor y prudencia. 5. Porque, ¿qué se puede decir, ni pensar, jueces, que sea para nosotros dos más desagradable, más ingrato y más penoso que, habiendo entrado en política con la esperanza de grandes recompensas, no podamos apartar de nosotros el miedo a las más crueles represalias? Porque ciertamente yo siempre pensé que Milón solamente había de afrontar las tormentas y alborotos de esos mítines revolucionarios, porque siempre se había manifestado en favor de los buenos contra los malos ciudadanos. Pero tratándose de este juicio y esta asamblea, en donde quienes juzgan son los ciudadanos más esclarecidos de todas las clases sociales, jamás me pasó por la imaginación que pudieran concebir la menor esperanza los enemigos de Milón de valerse de vosotros, no ya para hundirle, pero ni siquiera para quebrantar su gloria.

Proposición: Clodio el agresor 6. Aunque en esta causa no he de explotar el tribunado de Tito Anio ni todo lo que él hizo en bien de la Patria, para defenderle de la acusación de hoy. Si es que no viereis con vuestros propios ojos que hubo asechanzas armadas por Clodio contra Milón, no os rogaré que nos perdonéis este crimen en gracia a sus muchos beneficios adquiridos para con la patria, ni os pediré que, si la muerte de P. Clodio ha sido para vuestro bien, la atribuyáis más al valor de Milón que a la buena estrella del Pueblo Romano. Pero si resultan más claras que la luz del día estas asechanzas, entonces sí que os rogaré y aun os conjuraré, jueces, a que, pues lo hemos perdido todo, al menos esto se nos conceda: que podamos defender con impunidad nuestras vidas contra la violencia armada de nuestros enemigos.

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Refutación previa: no es causa perdida la de Milón III.7. Pero antes de llegar al punto, objeto de este tribunal, creo necesario refutar las afirmaciones muchas veces propaladas por nuestros enemigos en el Senado, por los revolucionarios en los mítines, y poco ha por los acusadores: para que, disipado todo error, podáis ver con claridad la causa, tal como viene a este juicio. Le mató en derecho de legítima defensa Dicen que no debe ver la luz del sol quien confiesa haber matado un hombre. Pero, ¿en qué ciudad del mundo pretenden sostener tal afirmación esos ignorantes? ¡Nada menos que en Roma, que el primer juicio de asesinato que vio fue el del héroe Marco Horacio! Aún no conocía Roma las libertades republicanas y, sin embargo, los comicios del Pueblo Romano absolvieron al reo que confesaba haber dado muerte a su hermana con su propia mano. 8. ¿O es que hay nadie que no sepa que las causas de asesinato conocen dos soluciones: una, negar terminantemente el hecho, otra, sostener que se le mató con justicia y con derecho? A no ser que tengáis por tonto a P. Africano porque, preguntándole maliciosamente en un mitin el tribuno de la plebe C. Carbón qué sentía sobre la muerte de T. Graco, respondió que le parecía justa. Criminales tenían que llamarse, si no, un Servilio Ahala, un P. Nasica, un L. Opimio, todo el senado, siendo yo cónsul, si a los ciudadanos criminales no se les pudiese matar. Por eso, jueces, en las mismas tragedias del teatro nos legaron los sabios literatos la leyenda de Orestes, el cual, habiendo dado muerte a su madre para vengar a su padre, llevado a los tribunales y empatados los votos de los jueces, fue absuelto por el voto, no de una diosa cualquiera, sino de la diosa personificación de la sabiduría. 9. Y si las Doce Tablas mandaron que se diese impunemente la muerte al que robe de noche, siempre, y al que robe de día, si se defiende con las armas, ¿quién se atreverá a sostener que todo homicidio es punible, cuando ve que hay ocasiones en que las mismas leyes nos ofrecen la espada para matar a un hombre? IV. Pues si hay ocasiones para matar a uno, y estas son muchas, las hay una sobre todo en que, además de ser justo, es necesario: cuando se responde a la fuerza con la fuerza. Queriéndole arrebatar la castidad a un soldado cierto tribuno de Mario, pariente del mismo general, le mató el soldado defendiéndose. Prefirió el honrado joven arriesgar su vida a ser víctima de aquella torpeza. Pues bien, aquel gran general declaró inocente al joven y libre de toda sanción. 10. Y para el criminal y el ladrón, ¿podrá jamás haber muerte injusta? ¿Qué hace, si no, nuestra escolta? ¿Qué nuestras espadas? Y ciertamente

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no sería lícito llevarlas si en ningún caso pudiéramos hacer uso de ellas. Luego existe, jueces, esta ley: ley que no hemos aprendido, ni recibido, ni leído, sino que de la naturaleza misma hemos tomado, sacado, exprimido. Ley para la cual no hemos sido enseñados, sino hechos, no hemos sido instruidos, sino imbuidos: que si alguna vez nuestra vida es víctima de algún atentado, ante el arma alevosa de un ladrón o de un criminal, cualquier medio para salvar la vida es legítimo. Porque callan las leyes entre las armas; ni pretenden que se las espere, cuando el que quisiera esperarlas, antes tendría que sucumbir injustamente que no poder exigir la justa sanción. 11. Aunque muy atinadamente, y en cierto modo entre líneas, nos da la misma ley escrita autorización para defendernos, al prohibir no el matar a un hombre, sino el llevar armas con intención de matarle. Cuando la ley se fija en el motivo, no en las armas, el que las use en defensa propia no se podrá decir que las lleva contra la ley para matar a otro. Por lo tanto, quede esto bien asentado en nuestra causa, porque no dudo que habéis de dar por buena mi defensa si tenéis presente el principio que no podéis olvidar: que al asesino con todo derecho se le puede matar. El Senado no prejuzgó la moralidad del hecho V.12. Sigue lo que los enemigos de Milón tanto repiten: que la refriega en que quedó muerto P. Clodio la consideró el Senado atentatoria a la seguridad de la patria. Falso. Con sus votos y con sus muestras de simpatía por Milón la dio por buena el Senado. Porque ¡cuántas veces no suscité yo mismo esa cuestión allí, con qué adhesiones de todo el orden senatorial, tan claras, tan manifiestas! ¿Hubo nunca sesión plenaria en que se encontrasen cuatro o, a lo más, cinco senadores que no aprobasen la conducta de Milón? Bien lo declaran aquellos entrecortados discursos de ese chamuscado tribuno de la plebe, con que día tras día me atacaba para hacer antipático mi poder. Decía que el Senado decretaba no lo que sentía, sino lo que yo quería. Si esto se ha de llamar poder, y no más bien por mis grandes ser vicios a la Patria cierta autoridad para defender las nobles causas, o por mi abnegación en el desempeño de mis deberes profesionales alguna simpatía entre los buenos, llámese así enhorabuena con tal que me sirva para defender a los que lo merecen contra las locuras de los malvados. 13. Por lo que toca a este tribunal extraordinario, aunque es verdad que no es ilegal, no es menos verdad que nunca pensó el Senado en nombrarlo. Porque había leyes, había tribunales para el asesinato y la violencia, ni era tanta la pena y el luto que al Senado causaba la muerte de Publio Clodio que fuera a constituirse un nuevo tribunal. Clodio, contra cuyo crimen vergonzoso estupro no pudo sentenciar el Senado por habérsele arrebatado la potestad, ¿iba a ver en su muerte a ese mismo Senado constituyendo un tribunal extraordinario para vengarlo? ¿Por qué, pues,

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al incendio de la curia, al asalto de la casa de Marco Lépido, al choque, este mismo sangriento, lo calificó el Senado en su decreto de atentatorio contra la seguridad pública? Porque nunca se acude a la acción directa en una sociedad civilizada para dirimir contiendas entre ciudadanos, sin que sufra el orden público. 14. Luego, rechazar la fuerza con la fuerza nunca lo debemos desear, aunque a veces tampoco se pueda evitar. Como si el día en que dieron muerte a Tiberio Graco o a Cayo Graco o a las huestes armadas de Saturnino, porque las aplastó la autoridad pública, no saliera por eso herida la patria. VI. He ahí por qué yo mismo apoyé con mi voto el decreto ante la colisión cierta de la vía Apia. Entendía no que el que se hubiera defendido había atentado contra la seguridad pública, sino que, como los hechos denunciaban premeditación en el ataque, remití la apreciación de la responsabilidad a los tribunales, y protesté del hecho. Lo que es, si aquel demagogo de tribuna hubiese dejado maniobrar al Senado como sentía, no tendríamos hoy tribunal extraordinario ninguno. Porque el Senado quería decretar que se llevase la causa según las leyes antiguas, con la única particularidad de que se viese la primera. La moción se dividió para dos votaciones a petición de no sé quién, pues no hay necesidad ninguna de que yo publique aquí las torpezas de todos. Así la segunda parte de la moción del Senado –interviniendo el veto de un vendido– se vio privada de votación. Pompeyo autoriza su defensa A. CON SUS LEYES:

15. Pero Pompeyo con su proyecto de ley ha prejuzgado el hecho y ha prejuzgado el derecho, porque el proyecto lo presentó por las revueltas de la vía Apia, donde fue muerto P. Clodio. —¿Y qué proponía? — Que se investigase. —Y ¿qué se había de investigar? ¿Qué le mató? — ¡Si es evidente! —¿Quién? — ¡Si está patente! Luego vio Pompeyo que, aun confesado el hecho, cabía con todo la defensa del derecho. De no haber visto que podía ser absuelto quien se confesase reo de homicidio, al ver que nosotros lo confesábamos, nunca hubiera ordenado más informaciones ni hubiera puesto en vuestras manos lo mismo esa letra salvadora de la absolución que aquella otra triste de la condena. Por eso a mí me parece que Cn. Pompeyo no solo no ha prejuzgado nada especial contra Milón, sino más bien ha indicado lo que vosotros debéis tener en cuenta al juzgar. Pues quien no impuso castigo

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a un reo confeso sino que le dio lugar para defenderse es quien opinó que no debía hacerse información sobre la muerte sino sobre sus causas. VII. 16. Por lo demás, [sobre] las medidas que ha adoptado por su sola iniciativa, él mismo nos dirá si lo ha hecho por consideración a P. Clodio y no más bien forzado por las circunstancias. Marco Druso, noble tribuno de la plebe, defensor y en sus días casi protector del Senado, tío de uno de nuestros jueces –del íntegro Catón– fue un día asesinado en su propia casa. Mas para nada se consultó al pueblo sobre su asesinato. Ningún tribunal extraordinario constituyó el Senado. ¿Qué llanto no hubo en esta nuestra Roma, al decir de nuestros padres, cuando, mientras dormía en su casa, recibió aquel golpe mortal P. Africano? ¿De qué pecho no salió entonces un gemido? ¿Quién no ardió en dolor y en ira porque al hombre, que si fuera posible todos harían eterno, no se le dejó vivir hasta la hora inevitable de la muerte natural? ¿Y se nombró acaso ningún tribunal extraordinario que investigase sobre el caso del Africano? No, ninguno, por cierto. 17. ¿Y por qué así? Porque no es distinto el crimen que mata a un noble y el que mata a un plebeyo. Haya en buena hora diferencias sociales en vida entre la nobleza y el pueblo, pero la muerte violenta de unos y de otros debe caer bajo las mismas penas y las mismas leyes. A no ser que sea más parricida el que mata a un padre cónsul que el que mata a un padre obrero, o que sea más grave el asesinato de P. Clodio por haber acaecido en la vía Apia, monumento glorioso de sus antepasados. Porque esto es lo que andan esos diciendo, como si Apio el Ciego hubiese construido esa carretera más que para servicio del pueblo para que sus descendientes ejerciesen en ella impunemente el pillaje. 18. Según eso, cuando P. Clodio mató al caballero Papirio en la vía Apia, no era punible su delito porque un noble mataba a un caballero en un monumento de sus antepasados. Y ahora el nombre de la vía Apia ¡cuántos trágicos aspavientos no suscita! La que ensangrentada antes con muerte de un hombre ilustre y honrado no suscitaba ningún comentario, y de un malvado la sangre que la ha empapado. Mas, ¿para qué recordar cosas pasadas? Fue cogido en el templo de Cástor un esclavo de P. Clodio, esclavo que el mismo Clodio había allí apostado para asesinar a Pompeyo. Le arrancaron convicto y confeso el puñal de sus manos. Desapareció después Pompeyo del foro, desapareció del Senado, desapareció del público. Con las puertas y paredes de su casa, no con protección de nuevas leyes ni de tribunales tuvo que protegerse. 19. ¿Y se presentó acaso algún proyecto de ley? ¿Se nombró algún tribunal extraordinario? Y eso que, si hubo crimen, persona o circunstancia agravante que lo mereciese, nunca como en aquella ocasión. El asesinato había sido apostado en el foro, a la entrada misma del Senado; la persona a quien se quería asesinar era la del personaje que con su vida garantizaba la vida de Roma; y las circunstancias políticas eran tales que, de haber muerto

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Pompeyo, se hubiera hundido esta, nuestra capital, con todas las naciones. A no ser que, porque el crimen no se consumara, no se le deba castigar. Como si solo los crímenes consumados y no también su planeamiento cayeran bajo la sanción de las leyes. Menos doloroso fue por no llevarse a cabo, pero debiera castigarse de todos modos. 20. ¡Cuántas veces y o mismo, jueces, no he escapado del puñal de P. Clodio y de sus ensangrentadas manos! y si mi buena estrella y la de mi Patria no me hubiesen salvado, ¿quién jamás hubiese pensado en constituir un tribunal investigador de mi muerte? VIII. Pero, tonto de mí, que a un Druso, a un Africano, a un Pompeyo, a mí mismo, me atrevo a comparar con P. Clodio. Tolerable fue todo aquello, la muerte de P. Clodio es lo que nadie puede llevar en paciencia: llora el Senado, está triste el orden ecuestre, toda Roma se consume de pena, escuálidos están los municipios, afligidas las colonias, hasta los mismos campos, por último, añoran al tan benéfico, tan provechoso, tan manso ciudadano... B. CON ESTE TRIBUNAL GARANTIZADOR:

21. No fue esta la causa, jueces, no, por lo que Pompeyo creyó que se debía constituir un tribunal especial, sino que hombre de talento y dotado de una inteligencia preclara y casi divina vio muchas cosas: que Clodio había sido su rival, y Milón su amigo, y ha temido que si en medio de la universal alegría se alegraba él también, iba a parecer poco sincera su reconciliación con Clodio. Otras muchas cosas vio, pero nada tan claro que por rigurosas que fuesen sus medidas, vosotros sabríais ser enteros en vuestros fallos. Por esto ha escogido entre las más distinguidas clases sociales verdaderas lumbreras. Y no es verdad –como andan algunos diciendo– que de la lista de los jueces elegibles apartó los que eran mis amigos. Ni cabe tal pensamiento en un hombre espejo de justicia, ni puesto a escoger hombres de bien lo hubiera podido conseguir, aunque hubiese querido: porque mis relaciones no se limitan a mis amistades, que nunca pueden ser muchas, como no pueden ser muchos los invitados a la propia mesa. Pero si mis relaciones son más amplias es porque la república ha unido mi suerte con la de los mayores ciudadanos, y puesto Pompeyo a escoger entre los más aptos, no ha podido escoger sino partidarios míos. 22. Y en el hecho de nombrarte a ti, Gn. Domicio, para presidente de este tribunal, ha demostrado Pompeyo que iba buscando justicia, bondad, autoridad, caballerosidad. Puso en el decreto que el presidente fuese un consular, a mi parecer por haber creído que era misión de la nobleza resistir a las veleidades de las muchedumbres y a las intentonas de los revolucionarios. Entre todos los consulares te ha nombrado a ti precisamente porque ya desde tu juventud habías dado pruebas decisivas del soberano desprecio que te merecen las locuras de la demagogia.

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Narración: Los hechos denuncian al agresor IX.23. Por lo tanto, jueces, para llegar por fin a la acusación de esta causa, si no toda confesión de un crimen es punible, si el Senado no ha prejuzgado en esta causa nada distinto de lo que nosotros quisiéramos, si el mismo que dio la ley, sabiendo que el hecho era innegable, quiso, con todo, que se discutiese su legalidad, y escogió tales jueces y nombró tal presidente para este tribunal que pudieseis con imparcialidad y acierto fallar en esta causa: nada os queda, jueces, por averiguar sino quién a quién armó las asechanzas. Para que mejor podáis ver la fuerza de los argumentos os voy a exponer brevemente cómo pasaron los hechos: prestadme atención. Clodio toma posiciones 24. Publio Clodio se había propuesto vejar a la República en su pretura con toda suerte de atropellos, pero vio que se iban retrasando las elecciones de aquel año, que le iban a quedar pocos meses para desempeñar la pretura. Él –que no iba tras la dignidad, como los demás, sino que quería evitar el tener por colega al enérgico Lucio Paulo y buscaba un año entero para desgarrar a su patria– de repente retiró la candidatura de su año y la pasó al año siguiente. No como suele suceder por algún escrúpulo, sino para poder tener, como él decía, para desempeñar la pretura –es decir para transformar la nación– un año entero y cabal. 25. Pero se encontraba con que su pretura le iba a resultar manca y poco eficaz teniendo por cónsul a Milón: y a Milón le veía con absoluta unanimidad del Pueblo Romano salir cónsul. Se puso pues a disposición de sus contrincantes con tanto brío, que él solo dirigía todos los trabajos electorales, aunque no lo viesen bien los mismos candidatos. De modo que, como él mismo andaba diciendo, sus espaldas cargaban con todo el peso de los comicios. Reunía las tribus, interponía su influencia, hasta llegó a formar un nuevo distrito, todo él de gente de la más baja ralea. Pero cuanto más él revolvía tanto más se aseguraba por días el triunfo de este. Cuando aquel desgraciado, capaz de cometer cualquier desmán, vio, no ya por conjeturas o rumores, sino por que los hechos y los votos del Pueblo Romano lo habían patentizado muchas veces, que aquel hombre tan valiente, tan enemigo suyo, salía ciertamente cónsul, se quitó la máscara y comenzó a decir sin rodeos que había que matar a Milón. 26. Trajo del Apenino esclavos bárbaros y salvajes –vosotros los visteis– con los que había talado los bosques del estado y vejado la Etruria. A nadie le eran desconocidas sus trazas, puesto que a los cuatro vientos propalaba que el consulado no se lo podría quitar a Milón, pero la vida sí. Lo dio a entender muchas veces en el Senado, lo dijo en un mitin, más aún, al intachable Marco Favonio, que le preguntaba cómo esperaba llevar a cabo la revolución mientras Milón viviese, le respondió que Milón caería antes

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de tres días, a lo más cuatro. Palabras de que el mismo Favonio dio cuenta en seguida a este Marco Catón. X.27. Sabía Clodio (ni era muy difícil saberlo) que por aquellos días Milón tenía que hacer necesariamente un viaje a Lanuvio –viaje de todos los años, tradicional–, para nombrar el 18 de enero al sacerdote de las fiestas, por ser Milón alcalde de Lanuvio. La víspera precisamente sale Clodio de Roma –de repente– para poder ante su propia finca, como lo demuestran los hechos, armar una emboscada a Milón. Y para salir tuvo que dejar el mitin revolucionario que se celebró aquel día, en el que todos echaron de menos su furibunda arenga, mitin que de no ser para estar a tiempo en el lugar del homicidio, nunca hubiera dejado. Milón en cambio... El ataque inesperado 28. Milón por el contrario asistió aquel día al Senado y no salió de allí hasta que se levantó la sesión. Se fue entonces tranquilamente a su casa y se cambió de traje y de calzado, y todavía tuvo que esperar un rato a que su esposa, como suele suceder, terminara de componerse. Por fin salió, a una hora en que ya Clodio, si es que había de volver aquel mismo día a Roma, podía muy bien haber vuelto. En el camino le sale al encuentro Clodio, desembarazado, a caballo, nada de coche, nada de impedimentos, ni llevaba como de costumbre los acompañantes griegos, ni siquiera iba con él su esposa, cosa rarísima. En cambio, este, nuestro salteador, que había dispuesto todo aquel viaje para cometer el asesinato, iba con su señora, en coche, bien encapotado, con un grande y entorpecedor acompañamiento delicado y mujeril de criadas y de pajecillos. 29. Se encuentra con Clodio ante la finca de este a las cinco de la tarde poco más o menos. De repente, aprovechando la altura, un pelotón le acomete a flechazos y le mata al cochero hiriéndole de frente. Salta Milón del coche tirando el capote y comienza a defenderse con bizarría. Los de Clodio desenvainando la espada, unos acuden al coche para atacar a Milón por la espalda, otros dándole ya por muerto comienzan a mandobles con los esclavos que venían detrás. Pero había entre estos siervos valientes y fieles a su señor que supieron, unos sucumbir, otros –viendo la batalla que se había trabado alrededor del coche y que no les dejaban socorrer a su señor y oyendo al mismo Clodio que Milón había muerto y persuadiéndose en realidad de ello–, hicieron los esclavos de Milón –lo diré claramente, no para desviar la acusación sino como paso–, hicieron, digo, los esclavos sin mandarlo, sin verlo, sin saberlo su señor, lo que todos quisieran que hiciesen sus siervos en semejante ocasión. Cayó Clodio el agresor X.30. Así sucedieron los hechos, jueces, tal como los acabo de contar: resultó que fue muerto el que armó la emboscada, una fuerza superó a otra

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fuerza, o por mejor decir, la audacia quedó derrotada en lucha contra el valor. No voy a ponderar ahora los bienes que con esto ha conseguido la patria, los que habéis conseguido vosotros, los que ha conseguido toda la gente de orden. Nada le aproveche esto a Milón que ha nacido con el sino de no poder salvar su vida sin salvar al mismo tiempo la patria y a todos vosotros. Si lo que hizo no lo pudo hacer con justicia, está demás mi defensa. Pero si la razón enseñó a los sabios, la necesidad a los salvajes, la costumbre a todos los pueblos y aun el instinto a las mismas fieras, que pueden rechazar siempre –por todos los medios posibles– toda la violencia contra su cuerpo, su salud o su vida, no podéis calificar de injusto este hecho, sin decir al mismo tiempo a todos los que caigan en manos de ladrones que o perecen bajo sus armas o en vuestro tribunal. 31. De haber sabido esto Milón, no hay duda que hubiera preferido ofrecer su cuello a Clodio –no era entonces la primera ni la única vez que le buscaba– a ser degollado por vosotros por el solo crimen de no dejarse degollar. Pero si ninguno de vosotros opina así, no es ya la cuestión de este juicio si Clodio fue o no asesinado, que eso lo confesamos, sino si lo fue justa o injustamente, que es lo que se discute en tantas causas. Consta que hubo emboscada, y esto es lo que el senado calificó de peligroso para la patria, pero la duda está en quién la armó, y he ahí lo que se decretó que investigase vuestro tribunal. Así que el Senado reprobó la acción, no al que la ejecutó, y Pompeyo dispuso que se investigase el derecho, no el hecho.

Segunda parte: Confirmación. Milón le mató en derecho de legítima defensa Los móviles denuncian como agresor a Clodio Según esto, ¿hay alguna otra cosa que averiguar, sino quién armó asechanzas a quién? Está claro que ninguna. Si Milón se las armó a Clodio para que no quede impune, si Clodio a Milón para que se nos reconozca libres de todo crimen. 32. ¿Cómo puede probarse que armó Clodio asechanzas a Milón? Basta, aquella fiera audaz, tan bárbara, demostrar los muchos móviles que le impulsaban, las muchas esperanzas que tenía puestas en la muerte de Milón, las grandes ventajas que esperaba. Así que, el dicho aquel de Casio “quién sale ganando” valga también en nuestros personajes, aunque los buenos por ninguna ganancia se lanzan a un crimen, en cambio los perversos muchas veces por bien poca. Pues bien, Clodio –muerto Milón– conseguía estas ventajas: no solo el ser pretor sin un cónsul con el que no podría cometer maldad alguna, sino ser pretor con unos cónsules que abrigaba la esperanza de que le habían de ayudar, o al menos conseguir despacharse a su gusto en sus planes revolucionarios. Cónsules que no habrían de querer, así él discurría, reprimir sus intentos, por reconocerse

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deudores de tan gran beneficio, y dado que quisiesen no podrían ya tal vez quebrantar su audacia de criminal corroborada por la costumbre. 33. ¿Acaso sois vosotros, jueces, los únicos que no lo sabéis? ¿Tan forasteros sois en esta ciudad, tan distraídos andáis por esos mundos que no percibís lo que se dice a vuestro alrededor por toda Roma, qué leyes –si leyes se han de llamar y no peste de la república, dinamita de la patria–, qué leyes nos había de imponer Clodio a todos nosotros marcándonos a hierro candente? Muestra, muestra ya, Sexto Clodio, ese codicilo de vuestras leyes, que dicen que tú mismo arrebataste de casa y salvaste –cual otro Paladión– de en medio de las armas de la muchedumbre durante la noche –para poder ofrecérselo sin duda, como rico presente, como instrumento de gobierno, al primero que encontraseis dispuesto a desempeñar el tribunado a tu arbitrio. ¡Qué mirada me ha echado!... ¡Con los mismos ojos que solía poner cuando vendía amenazas a todo el mundo...! ¡Me impresiona, cómo no, esa lumbrera de la curia!... XIII. ¿Qué? ¿Piensas tú, Sexto, que estoy irritado contigo, cuando a mi enemigo personal lo has castigado con mucha más crueldad todavía de la que podían pedir mis sentimientos humanitarios? Tú arrojaste de casa bañado en sangre el cadáver de P. Clodio, tú le tiraste a la calle, tú despojándote de las imágenes de sus mayores, sin funerales, sin pompa, sin oración fúnebre, a medio quemar lo dejaste entre infelicísimos leños para que lo despedazasen los perros durante la noche. Bárbaramente te portaste, más ya que en mi enemigo desfogaste tu crueldad, alabarte... no te alabaré, pero irritarme contigo nunca lo haré. 34. Habéis oído jueces, cuánto interesaba a Clodio que Milón muriese: examinemos ahora el mismo punto en Milón. ¿Qué interés tenía Milón en matar a Clodio? ¿No tenía más bien motivos para tolerar, mejor dicho, para desear que viviese? “Clodio era un obstáculo para Milón en sus pretensiones al consulado”. Pero a pesar de todo salía, más aún, salía precisamente por eso; pues ni yo mismo le trabajaba tan bien la candidatura como Clodio. Mucho valía ante vosotros, jueces, el recuerdo de los servicios prestados por Milón a mi persona y a la patria, mucho valían mis súplicas y mis lágrimas, hasta el punto de extrañarme yo mismo de lo extraordinariamente que se conmovían, pero mucho más valía el temor ante los males que amenazaban. Porque ¿qué romano había que se representase a Clodio suelto en la pretura, sin temblar ante la perspectiva de una revolución social? Y suelto veíais que había de estar si no era elegido cónsul uno que se atreviese y que pudiese atarle corto. Y ese uno todo el pueblo romano sentía que era Milón. ¿Dudaría nadie en darle su voto para librarse a sí mismo de todo miedo y a la república de todo peligro? Pero ahora, desaparecido Clodio, tiene que acudir Milón a los recursos ordinarios para sostener su posición; aquella aureola personalísima, a solo él concedida, que iba creciendo de día en día a medida que quebrantaba los desmanes clodianos, ya, con la muerte de Clodio, desapareció. Vosotros

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habéis conseguido no tener a nadie a quien temer; Milón, en cambio, ha perdido al entrenador de su valor, al propagandista de su candidatura, a la fuente perenne de su gloria. Así que aquel consulado de Milón que vivo Clodio no hubiera podido derrumbarse, muerto, se empieza ya a bambolear. Luego no solo no aprovecha a Milón la muerte de Clodio, sino que hasta le perjudica. 35. “Pero el odio le cegó, le arrebató la ira, le arrastró la enemistad, lo hizo por resentimiento, lo hizo por venganza”. ¿Qué? ¿Si digo que estas pasiones se daban más en Clodio, que en Milón, mejor, se daban y en grado sumo en Clodio, ninguna en Milón, queréis más? Porque, ¿a qué le había de odiar Milón a Clodio, fuente y manantial de su gloria, si no es con ese odio ciudadano con que todos odiamos a los malvados? Clodio era quien debía tener odio a Milón, defensor primero de mi bienestar, azote después de su furor, freno de sus armas y por último hasta acusador suyo; porque en el banquillo del reo tuvo sujeto Milón a Clodio mientras vivió, en virtud de la ley Plocia. ¿Con qué impresión creéis que llevaría esta situación aquél déspota? ¿Qué odio no se despertaría en su pecho?... Y para aquel pecho injusto, ¿qué odio tan justo?...

Los antecedentes denuncian como agresor a Clodio XIV. 36. Solo falta que a aquel le defiendan ya su carácter y sus antecedentes y a este, en cambio, lo confundan. “Nada hacía por la violencia Clodio, todo por la violencia Milón”. ¿Cómo? Cuando yo, jueces, con tanta pena vuestra abandoné la capital, ¿fue por temer a algún criminal, y no más bien a los esclavos y a la violencia de las armas? ¿Cómo se me hubiera podido repatriar en nombre de la justicia sino se me hubiera desterrado injustamente? Me había sin duda citado a juicio, me había impuesto una multa, me había procesado por un delito de alta traición, y, naturalmente, me preocupaba la sentencia en aquella causa perdida o mía, y no más bien gloriosísima y de todos vosotros. Es que no quise que compatriotas míos, salvados gracias a mí prudencia y riesgos, se expusiesen por defenderme a las armas de los esclavos y ciudadanos indigentes y facinerosos. 37. Porque yo ví, yo ví a este mismo Q. Hortensio, gloria insigne de la patria, casi caer asesinado a manos de esclavos por ponerse de mi parte: en el motín aquél, en que el ilustre senador G. Vibieno, su compañero, quedó tan mal herido que perdió la vida. ¿Y cuándo descansó después aquel su puñal que heredó de Catilina? Ese puñal me atacó a mí, a ese no quise que os expusiéseis por defenderme a mí. Ese acechó la vida de Pompeyo, ese ensangrentó esta Vía Apia –gloria de sus mayores–, con el asesinato de Papiro; ese mismo, después de tanto tiempo, se volvió otra vez contra mí, hasta que últimamente, como sabéis, por poco me acaba junto al Palacio Real.

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38. ¿Hay algo semejante en Milón? Toda su violencia se redujo siempre a esto, a que P. Clodio, ya que no se le podía llevar a los tribunales, tampoco tuviese a Roma dominada por el terror. Si hubiera querido matarle, ¿qué ocasiones no tuvo, cuántas y qué magníficas? ¿No pudo vengarse con toda justicia cuando tuvo que defender su casa y dioses penates de los ataques de Clodio? ¿No pudo cuando le hirieron a su colega P. Sestio? ¿No pudo cuando rechazaron a Q. Fabricio al querer presentar la ley sobre mi vuelta, teniendo lugar en el foro aquella verdadera matanza? ¿No pudo en el asalto de la casa del pretor Cecilio? ¿No pudo aquel histórico día en que pasó la ley que me llamaba la patria? ¿Cuándo las muchedumbres, concentradas por el afán de mi restauración desde todos los confines de Italia, hubieran reconocido gustosas la gloria de aquella hazaña, que aunque hubiese sido personal de Milón, toda la ciudad la hubiera reclamado como propia? XV. 39. ¡Y qué ocasión aquella! Era cónsul el noble P. Léntulo, enemigo de Clodio, vengador de mi destierro, sostén del Senado, defensor de vuestros decretos, abogado de la voluntad popular, reparador de mi desgracia. Siete pretores, ocho tribunos de la plebe eran adversarios suyos y defensores míos, Cneo Pompeyo –iniciador y alma de mi vuelta– era contrario a Clodio: Pompeyo, sí, que se vio secundado por todo el Senado al proponer tan elocuentemente la idea de mi repatriación, que arengó a todo el Pueblo Romano, que al firmar en Capua un decreto acerca de mi persona, a todo Italia, que se acogía anhelante a su caballerosidad, le dio esta consigna: si queréis traer a Cicerón, acudid a Roma. Todos los Romanos, en fin, ardían en odio contra él, por la añoranza de mi vuelta. Quien entonces lo hubiese matado, se hubiera encontrado, no con la impunidad, sino con el premio. Sin embargo, Milón se contuvo, y a Clodio dos veces le citó a los tribunales, a la acción directa nunca. 40. Más. Cuando Milón, simple particular, se vio ante el pueblo azuzado por P. Clodio y defendido por Pompeyo, al verse Pompeyo acometido ¡qué ocasión tan buena no tuvo, qué razón para acabarle! Últimamente, cuando M. Antonio despertó tantas esperanzas en toda la gente de orden, al tomar valientemente la urgente defensa de la República, y a aquella fiera, acostumbrada a esquivar los lazos de los tribunales, la tenía ya casi cogida, ¡qué sitio, qué tiempo tan oportuno, dioses inmortales, cuando huyó Clodio y se escondió debajo de la oscura escalera! Le hubiera costado mucho a Milón acabar con aquella calamidad, sin odiosidad para sí, y con gran alegría de Antonio. 41. Más. En tiempo de elecciones ¡cuántas veces no pudo matarle en el campo de Marte! Cuando Clodio saltaba las cercas y empezaba con los suyos a repartir mandobles y arrojar piedras, hasta que al presentarse Milón, amedrentado se escapa al Tíber. ¿No es verdad que vosotros y todos los buenos ciudadanos hubiéseis hecho votos porque Milón se decidiese a mostrar su valor?

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XVI. Pues a quien no quiso matar cuando tendría el aplauso de todos, ¿le iba a querer matar cuando preveía las protestas de ciertos sectores? Cuando no se atrevió teniendo el derecho, favoreciéndole el sitio, el tiempo y la impunidad, ¿no iba a dudar en matarle en sitio desventajoso, en tiempo desfavorable, con peligro de la vida? 42. Sobre todo, jueces, cuando el día de las elecciones estaba ya encima, en que se jugaba Milón la más alta magistratura. Ya sabemos cuán recelosa es la ambición, cuán preocupadoras las vísperas de las elecciones para un candidato al consulado. Todo lo tememos, todo lo que pueda motivar, no ya una pública repulsa pero la más mínima sospecha. Un rumor, una anécdota falsa que se invente, por leve que sea, nos pone los pelos de punta. Vamos mirando las caras y los ojos de todos. Porque nada hay tan blando, tan tierno, tan frágil y tornadizo, como las simpatías y los sentimientos de los electores para con nosotros: no solo se disgustan por la maldad de los candidatos, sino que se hastían hasta de lo mismo bueno que hacen. 43. Pues teniendo Milón ante los ojos este tan esperado y suspirado día de las lecciones, ¿iba a venir a tomar parte en las augustas ceremonias de las centurias con las manos ensangrentadas, alardeando y proclamando la hazaña de su crimen? Cuán increíble no resulta esto en Milón, qué creíble en cambio en cambio en Clodio, cuando esperaba que muerto Milón había de dominar a sus anchas. Por último –lo que da más alas para el crimen– jueces, ¿quién no sabe que el mayor aliciente del pecado es la esperanza de la impunidad? ¿Y en quién de los dos se pudo dar esta esperanza? ¿En Milón que ahora aparece como reo de aquella acción –si no ya gloriosa por lo menos necesaria– o más bien en Clodio que se rió de tribunales y sanciones hasta el punto de no hallar gusto en nada concedido por la naturaleza o permitido por las leyes? Las circunstancias denuncian como agresor a Clodio A. LA CIRCUNSTANCIA DEL TIEMPO:

44. ¿Mas para qué estoy yo argumentando? ¿Para qué discutir más? A ti Q. Petilo me dirijo, a ti M. Catón te traigo por testigo, a vosotros que por suerte providencial hoy sois mis jueces. Vosotros oísteis a M. Favonio que Claudio le había asegurado, y lo oísteis en vid a de Clodio, que Milón, había de perecer a los tres días. Al tercer día se lleva a cabo lo que Clodio dijo. Cuando Clodio no dudó en descubrir lo que tramaba ¿podréis dudar vosotros de que lo ejecutó? XVII. 45. ¿Y cómo no le falló el día? Lo he dicho hace un momento. La fecha tradicional de la solemnidad religiosa que tenía que presidir el alcalde de Lanuvio era bien fácil de conocer. Clodio supo que Milón debía necesariamente partir para Lanuvio el día mismo en que partió y

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por eso salió él delante. ¿Y qué día fue a salir? Precisamente en el que tuvo un violentísimo mitin, organizado por un tribuno de la plebe asalariado suyo, día, mitin, tumulto que Clodio nunca hubiera dejado si no fuera por llegar a tiempo para el crimen que tramaba. Luego Clodio ni motivos tenía para el viaje, los tenía más bien para quedarse. Milón, en cambio, no podía quedarse y para partir no solo tenía motivo sino estricta necesidad. ¿Pues qué si como Clodio supo que Milón se encontraría aquel día en camino, Milón no pudo ni sospechar siquiera lo mismo de Clodio? 46. Y si yo os pregunto: En primer lugar ¿cómo lo pudo saber Milón? Cosa que vosotros no podéis preguntar a Clodio que con solo haber interrogado a T. Patina, íntimo suyo, pudo saber que precisamente aquel día en Lanuvio, Milón como alcalde, tenía que nombrar al sacerdote, Milón en cambio ¿por quién supo la vuelta de Clodio? Demos que lo preguntase –ya véis lo que os concedo–, demos hasta que hubiese sobornado a un esclavo, como ha dicho mi amigo Q. Arrio. Leed las declaraciones de vuestros testigos. Declaró C. Causino Escola –por cierto que ya en otra ocasión, gracias a la declaración de este testigo, Clodio a una misma hora había podido encontrarse en Interamna y en Roma– declaró, digo, este testigo que P. Clodio aquel día pensaba quedarse en Albano, pero que de pronto le dieron la noticia de que el arquitecto Ciro había muerto y por esto se había inmediatamente determinado a salir para Roma, y lo mismo depuso C. Clodio, compañero de P. Clodio. XVIII. 47. Ved, jueces, qué dificultades no nos resuelven estos mismos testimonios. Ante todo, no hay duda, se libra Milón de la sospecha de haber salido para atacar en el camino a Clodio, ya que Clodio no le había de encontrar de ninguna manera. Además –pues no veo por qué no he de trabajar yo también mi causa–, sabéis, jueces, que hubo quienes, al aconsejar la ley de Pompeyo, decían que en este crimen la mano habla sido de Milón, pero el plan habla sido de alguno más alto. ¡A mí, por lo visto, de ladrón y asesino esos ruines y miserables me ponían! Ahí los tenéis confundidos por sus propios testigos que afirman que Clodio aquel día no hubiese vuelto a Roma de no tener noticias de la muerte de Ciro. Respiré, ya estoy libre. No temo que me crean capaz de maquinar lo que ni siquiera pude sospechar. 48. Ahora paso adelante. Porque se presenta esta dificultad: “Luego tampoco Clodio pensó en atacarle puesto que pensaba quedarse en Albano”. Pensaba quedarse sí es que no hubiese de salir de la finca para matar a alguien, que ya estoy viendo que ese que dicen le anunció la muerte de Ciro no le anunció tal muerte sino la proximidad de Milón. Porque ¿qué tenían que decir de Ciro a Clodio, que al salir de Roma le había dejado agonizante ya? El testamento de Ciro junto le sellé yo con Clodio, testamento que había hecho en público y a él y a mí nos dejaba herederos.

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Del que el día anterior al amanecer dejaba dando las boqueadas, ¿de ese le iban a decir al día siguiente a las cuatro de la tarde que habla muerto por fin? Pero bien, demos que fue así. ¿A qué volver a Roma tan aprisa, a qué echarse a andar de noche? ¿Qué era lo que le daba prisa? ¿El ser heredero? En primer lugar nada había que exigiese tal precipitación. Segundo, aunque lo hubiese habido, ¿qué podía ser lo que necesitaba conseguir aquella noche, que lo fuese a perder si dejaba la vuelta para el día siguiente por la mañana? XIX. 49. Pase, sea así. Como Clodio debía más bien evitar que buscar el volver de noche, así Milón –si es que iba a poner asechanzas a Clodio y sabía que este volvería de noche a la ciudad– debió emboscarse y aguardar más cerca de Roma. 50. Nadie hubiera dejado de creerle cuando negase su crimen, siendo así que todos quieren salvarle ahora que lo confiesa. Hubiese caído la responsabilidad en primer lugar sobre el mismo paraje, guarida y escondrijo de ladrones, ya que ni aquella muda soledad hubiera denunciado, ni aquella oscura noche descubierto a Milón. Además, se hubiera acusado a cuantos en aquel mismo sitio había Clodio maltratado, despojado y expulsado de sus bienes, se hubiera sospechado de todos los que podían temer cosas parecidas, se hubiera, en fin, traído a juicio a la Etruria entera. 51. Además aquel día Clodio –al volver de Aricia– se desvió hacia su finca de Albano. Si se dice que Milón supo que aquél había estado en Aricia, tuvo entonces que sospechar que Clodio, aun dado caso que quisiese volver aquel mismo día a Roma, no dejaría con todo de entrar en su finca que tan cerca estaba del camino. ¿Por qué no se adelantó entonces para impedirle refugiarse en su finca o no le esperó más atrás para cogerle a la vuelta de noche? B. LAS CIRCUNSTANCIAS DE LUGAR:

XX. 53. Veamos ahora el punto decisivo de esta causa. El mismo sitio aquel donde se encontraron, ¿a quién de los dos favorecía más para una emboscada? ¿Pero esto, jueces, todavía lo vais a dudar? ¿Hará falta pensarlo más tiempo? Ante la finca de Clodio, en la que para aquellas locas construcciones subterráneas se hallaban seguramente reunidos más de mil hombres forzudos, en aquella posición elevada y estratégica de su adversario, esperaba sin duda luchar con ventaja Milón y por esta causa había escogido precisamente aquel sitio para el encuentro. ¿No esperaría más bien allí aquel a quien lo ventajoso de su posición había incitado al ataque? Las cosas mismas hablan, jueces, que son siempre las más elocuentes.

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54. Si esto no lo oyeseis contar, sino lo vieseis pintado, aparecería, sin embargo, quién de los dos iba a atacar y quién iba sin pensar en hacer daño: al ir uno en el coche encapotado, sentada a su lado su mujer. ¿Puede darse nada más entorpecedor: el vestido, el carruaje, la compañía? ¿Qué más impropio para una batalla que ir enredado en el capote, aprisionado en el coche, casi sin poder moverse por su mujer? Ved ahora al otro, primero saliendo de su finca de repente ¿para qué?, al atardecer ¿qué necesidad había de ello?, despacio ¿por qué sobre todo a esas horas? “Iba a dar una vuelta a la finca de Pompeyo”. ¿Para visitar a Pompeyo? Sabía que estaba en Alsio. ¿Para ver la finca? Mil veces había estado en ella. ¿Qué es lo que había? Retrasos, disimulos. Mientras Milón no llegase, no quiso abandonar el sitio. XXI. 55. Ea, ahora comparad la marcha desembarazada del salteador con la impedimenta de Milón. Siempre antes, Clodio con su mujer, entonces, sin ella. Nunca viajaba sino en coche; entonces, a caballo. La gentecilla de griegos le acompañaba a dondequiera que iba, aun cuando marchaba a sus campamentos de Etruria: entonces, en su acompañamiento nada de bufones. Milón, el que nunca, entonces precisamente llevaba el coro de tiples de su mujer y un verdadero rebaño de criadas. Clodio que siempre iba rodeado de perdidos, abyectos, disolutos, entonces no llevaba ninguno. Diríase que había escogido la flor y nata de sus bravos. C. CONTESTACIÓN A ALGUNAS OBJECCIONES:

¿Por qué entonces el vencido fue Clodio? Porque no siempre el ladrón mata al caminante, a veces también el caminante mata al ladrón; porque aunque Clodio bien pertrechado se encontró con gente indefensa, sin embargo, era una mujer que se enfrentó con dos hombres. 56. Aunque tampoco iba nunca Milón tan desprevenido contra Clodio que no estuviese casi prevenido. Siempre tenía delante cuánto le interesaba a Clodio su muerte, cuán grande era su odio y cuánta su audacia. Sabía que habían puesto a precio muy alto su cabeza, y que estaba ya casi sorteada, por eso nunca exponía su vida al peligro, sin ir custodiado por gente de armas. Añádase la casualidad, añádanse los inesperados resultados de la lucha y la imparcialidad de Marte, que muchas veces al que estaba ya desposando triunfador a su adversario, le da vuelta y cae bajo él vencido; añádase la idiotez de un caudillo bien comido, bien bebido y bostezante que habiendo dejado a la espalda su enemigo cortando sus tropas, no pensó en los que quedaban detrás, los cuales encendidos en ira y desesperados por la muerte de su Señor, le cogieron y le hicieron pagar el castigo que como esclavos fieles le exigieron por la vida de su Señor.

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57. ¿Por qué, pues, les dio libertad? Temía sin duda que le delataran, que no pudiesen soportar los dolores, que se viesen obligados a confesar en el tormento que a Publio Clodio le mataron en la Vía Apia los siervos de Milón. ¿Qué necesidad hay de tormentos? ¿Qué quieres saber? ¿Si le maté? Le maté. ¿Con justicia o sin ella? Eso no le toca al verdugo; el hecho es lo que se investiga en el tormento, el derecho en los tribunales. XXII. Trataremos, pues, aquí lo que le pertenece a los tribunales, lo que quieres descubrir con el tormento no te lo confesamos. ¿Que por qué les dio libertad? Si esto es lo que me preguntas y no más bien por qué no les premié generosamente, no sabes atacar a un adversario. 58. Ya dijo este mismo Catón con la entereza y decisión de siempre, y lo dijo en un mitin bien borrascoso que por cierto calmó con su autoridad, que eran dignísimos, no ya de la libertad, sino de los mayores premios los que hubiesen defendido la vida de su señor. Porque ¿qué premio hay bastante grande para unos esclavos tan amantes, tan buenos, tan fieles a quienes se debe el vivir? Aunque ni el mismo vivir es tan de agradecer como el no haber saciado, gracias a ellos, con su sangre y heridas, los ojos y satisfacción de adversario tan cruel. De no haberles dado libertad, hubiera tenido que entregarlos al tormento, a ellos, los salvadores de la vida de su señor, sus vengadores ante el crimen, sus defensores ante la misma suerte. No hay nada que tanto tranquilice a Milón, en medio de estos males, como el pensamiento de que sea cual fuere su suerte, ya les tiene pagado el premio merecido. 59. Pero comprometen a Milón las declaraciones que acaban de hacer ahora, en el atrio de la libertad. ¿Quiénes? ¿Qué esclavos? ¿Y me lo preguntáis? Los de Clodio. ¿Quién pidió que declarasen? Apio. ¿Quién los presentó? Apio. ¿De dónde? De casa de Apio. ¡Oh dioses! ¿Puede darse mayor severidad? A los esclavos ninguna ley les permite declarar contra su señor, más que en el caso de incesto, que fue el de Clodio. Cerca de los dioses se ha puesto Clodio, más cerca que el día que se metió entre ellos; pues en su muerte se admite a declarar a los esclavos, cosa nunca vista más que en los delitos contra la religión. Pero lo cierto es que nuestros mayores decidieron que no se tomase declaración a los esclavos contra su señor, no porque no pudiese aclararse la verdad, sino porque les parecía una indignidad, y más doloroso para su señor que la misma muerte. Pues contra un reo hacer declarar a los esclavos del acusador ¿será camino para encontrar la verdad? 60. Pero, ea, ¿qué interrogatorio fue aquel y cómo se hizo? —“Oye, tú, Rufino” –pongo el caso–, “Cuidadito con mentirme”: ¿Clodio armó asechanzas a Milón? —Sí, señor. A la horca.

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—No señor, Clodio no. Ya está libre. ¿Puede darse mayor veracidad que la de este interrogatorio? De repente se coge a los que han de declarar y luego se les incomunica y encierra en calabozos para que nadie pueda hablar con ellos. Y estos con cien días que llevaban en casa del acusador, ¿todavía vienen presentados por el mismo acusador? ¿Ha habido nunca interrogatorio más escrupuloso, más imparcial? D. SOBRE LOS HECHOS POSTERIORES AL ASESINATO:

XXIII.61. Y si todavía no veis bastante claro, a pesar de la luz que despiden los mismos hechos con tantas pruebas y tan evidentes señales, que Milón volvió a Roma con la conciencia pura y limpia, sin mancha de crimen, sin sobrecogimientos de miedo, sin remordimiento de conciencia, recordad por los dioses inmortales, cuál fue la rapidez de su vuelta, cuál su entrada en el foro, a la luz de las llamas de la curia, qué grandeza de alma, qué semblante, qué palabras. Y no se presentó solamente al pueblo sino también al Senado, ni solo al Senado, sino también a la policía y a la fuerza armada, ni solo a estos sino también al mismo dictador, a quien había confiado el Senado toda la República, la juventud entera de Italia, el ejército todo del pueblo romano. Nunca Milón se hubiera entregado a buen seguro en manos del dictador si no hubiera tenido confianza en su causa. Sobre todo cuando el dictador estaba enterado de todo, abrigaba serios temores, sospechaba muchas cosas y aun creía algunas. Grande es la fuerza de la conciencia, jueces, y grande en ambos sentidos tanto para tranquilizar a los que no tienen culpa como para traer siempre preocupados con el castigo a los que faltaren. 62. Su razón tenía el Senado para aprobar como aprobó siempre la causa de Milón. Veían con su esclarecida inteligencia los senadores el desarrollo de los sucesos, la presencia de pánico, la serenidad de la defensa. ¿O es que habéis olvidado, jueces, lo que recién llegada la noticia de la muerte de Clodio, decían y opinaban no solo los enemigos de Milón sino algunos menos enterados? Decían que Milón no volvería a Roma. 63. Porque una de dos. O lo hizo por venganza personal, descuartizando a su enemigo en un arrebato de cólera y entonces creían que Milón estimaría en tanto el haber dado a muerte a Clodio que carecería resignado de su patria, una vez que había logrado saciar su odio en la sangre de su adversario; o lo hizo por miras patrióticas y entonces no dudaría valiente como era, después de haber salvado al pueblo romano con peligro de su vida, acatar serenamente la sanción de las leyes. Él se llevaría consigo una gloria imperecedera y vosotros quedarías disfrutando lo que él había salvado. Muchos hasta empezaban a acordarse de Catilina y sus monstruosidades: “Reventará, tomará posiciones, declarará guerra a la patria”.

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Infelices ciudadanos beneméritos de la patria. Así olvidan a veces los hombres vuestros servicios. Así sospechan de traiciones. 64. Luego todos esos dichos resultaron falsos. Y seguramente que hubieran resultado verdaderos si Milón hubiese ejecutado algo que no pudiera defender con honor y verdad. XXIV. ¿Pues qué? Las cosas que luego se amontonaron contra él y que hubieran hecho impresión a cualquiera aunque no tuviera más que delitos leves, ¿cómo las aguantó, dioses inmortales? ¿Qué digo aguantó? Como las menospreció y las tuvo en nada. Y eran cosas que un culpable –aunque fuera la misma despreocupación– no pudiera oír con indiferencia, ni un inocente si no era un alma heroica. De escudos, espadas, frenos y dardos, verdaderos arsenales indicaban dónde se podrían descubrir. Decían que no había en Roma barrio ni calleja alguna donde no tuviese Milón alquilada alguna casa; que había pasado armas por el Tiber a una villa de Ocricoli; que una casa de la subida al Capitolio estaba atestada de escudos, que todo estaba lleno de granadas almacenadas para el incendio de Roma. Esto no fue mera sospecha sino que se llegó a creer, y si se dejó por falso fue previos registros. 65. No podía menos de alabar yo la inconcebible solicitud de Cneo Pompeyo, pero diré lo que siento, jueces. Demasiadas cosas tienen que oír sin poderlo evitar los que tienen la responsabilidad de toda la nación. Hasta llegar a tener que oir a un tabernero, no sé qué Linicio del barrio Circo Máximo, que unos esclavos de Milón emborrachados en su taberna le habían confesado que tramaban una conjuración para matar a Pompeyo y que luego uno de ellos le quiso atravesar con la espada para que no le denunciase. Se lo fue a contar a Pompeyo a su villa. Me llama a mí entre los primeros. Y por consejo de los que bien le queríamos se lleva el asunto al Senado. No podía menos de desfallecer casi de miedo ante tan graves sospechas del que era sostén mío y de mi patria. Pero, sin embargo, me extraña que se diese crédito a un tabernero, que se tuviese en cuenta las declaraciones de unos esclavos y que una herida en el costado que parecía un alfilerazo se la tuviera por tajo de gladiador. 66. Pero a lo que entiendo, tenía más bien previsión Pompeyo que miedo, quería prever no solo lo que podía inspirar temor, sino todo, para que vosotros no tuvieseis que temer nada. La casa del ilustre César ha sido asaltada: he aquí una noticia que se corrió varias horas por la capital una noche. Nadie había oído nada en sitio tan céntrico, nada había sentido nada. Sin embargo, se corría. Yo no podía tener por tímido a Pompeyo cuyo valor es bien conocido, pero la diligencia que se tomaba por la patria nunca me pareció exagerada. En sesión plenaria del Senado celebrada poco ha en el Capitolio, se levantó un senador diciendo que Milón venía armado. En tan augusto lugar pide Milón que se le registre, ya que su vida como ciudadano y como

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particular no bastaban a inspirar confianza, para que callando él, hablasen los mismos hechos. XXV. 67. Todos los rumores han resultado falsos e insidiosos. Pero si aun ahora se teme a Milón, no tememos ya este crimen de Clodio, sino tus sospechas. Pompeyo, que a ti me dirijo ya y levantaré mi voz para que me puedas oir, tus sospechas, repito, nos tienen horrorizados. Si temes a Milón, si piensas que maquina ahora contra tu vida o ha maquinado alguna vez, si el reclutamiento de soldados en toda Italia, como se dejaban decir algunos de tus reclutadores, si esas armas, si esas guarniciones del Capitolio, si esas rondas nocturnas, si esos vigías, si esa guardia noble que defiende tu persona y tu casa está en armas contra un posible ataque de Milón y todo ello se ha dispuesto, preparado y dirigido contra solo Milón, grande de veras es el poder que se le atribuye, increíble su empuje, y no fuerzas de un solo hombre sus fuerzas y recursos, puesto que solo para hacerle frente se ha elegido el mejor general que tiene Roma y se ha movilizado toda la república. 68. ¿Pero quién no entiende que es la república enferma y vacilante con todos sus miembros la que se te ha encomendado para que la sanes y robustezcas con esas armas? Y si le hubieses concedido audiencia a Milón, ten por cierto que a ti mismo te hubiera demostrado que nunca alguno ha inspirado tanto cariño a otro como tú a él; que nunca hurtó el cuerpo al peligro cuando se trataba de tu dignidad; que cien veces tuvo que luchar por tu gloria con aquella negra peste; que encaminó su tribunado con tu consejo a procurar mi rehabilitación que tanto anhelabas; que fue defendido por ti una vez en una pena capital y apoyado en su candidatura de pretor; que él había esperado conservar siempre dos amigos, a ti por tus beneficios y a mí por los suyos. Mas, si con esto no te hubiera podido convencer, si tanto se te hubiese arraigado esta sospecha que no hubiera manera de arrancártela, en una palabra, si Italia no hubiera de verse libre de levas ni Roma de armas sin la desgracia de Milón, ten seguro que este sin duda se hubiera salido de su patria. Milón, que ha nacido con este sino y ha vivido con esa historia. Pero a ti, gran Pompeyo, te emplazaría como lo hace ahora. XXVI.69. Mira cuán variable e inconsciente es la condición de la vida, qué incierta y voluble la fortuna, cuántas infidelidades en la amistad, cuántas deserciones de compañeros en los peligros, cuántas cobardías. Vendrá, vendrá ciertamente un tiempo y amanecerá por fin mi día en que tú, salvando, así lo espero, tu fortuna, pero víctima tal vez de algún trastorno político (los que tenemos un poco de experiencia de la vida debemos saber cuán frecuentes son) echarás de menos el cariño de un amigo, la lealtad de un caballero, y la valentía del hombre más decidido que han visto los nacidos.

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70. Aunque, quién va a creer que Pompeyo, tan conocedor del derecho público, de las tradiciones nacionales y de la política, habiendo recibido del Senado poderes dictatoriales, bastantes siempre para aunar a los cónsules aun sin facultades militares, quién creerá que Pompeyo, dictador y revestido además de facultades para reclutar tropas y movilizar ejércitos, iba a esperar todavía este juicio para vindicar la causa de un hombre que anuló esos mismos tribunales con sus violencias. Bastante da a entender Pompeyo, bastante, que todo esto se ha acumulado falsamente contra Milón, cuando da una ley que a mí sentir os invita a absolver a Milón y al sentir de todos os lo permite. 71. El hecho de estar allí sentado entre tan gran contingente de fuerza pública, bien claro os dice que no es para infundiros miedo (porque qué cosa menos digna de él que coaccionaros para que condenéis a un reo a quien él mismo hubiera podido castigar basado en la tradición y sus propias facultades) sino que está allí para vuestra seguridad. Quiere daros a entender que a pesar del mitin de ayer tenéis vosotros libertad para sentenciar conforme a vuestra conciencia.

Tercera parte: Aunque fuera culpable, Milón debía ser absuelto Por haber liberado a la patria de un criminal XXVII.72. Y no creáis que me impresiona, jueces, la acusación de los Clodianos; no soy tan necio, tan desconocedor de vuestros sentimientos, ni tan ajeno a ellos que no sepa lo que sentís de la muerte de Clodio. Si yo no hubiera preferido deshacer la acusación, como la he deshecho, podría con todo Milón proclamar impunemente a la faz del mundo esta gloriosa mentira: “Le maté, le maté”; y no a Sp. Melio, que por abaratar las subsistencias y derrochar su hacienda, parecía ambicionar demasiado el aura popular y cayó en sospechas de aspirar al reino; no a T. Graco, que destituyó a su colega en la magistratura, valiéndose de un mitin –los que le dieron muerte llenaron el orbe de la tierra con la gloria de su nombre–, sino a este (y se atrevería a decirlo, después de haber libertado a su patria con riesgo de la vida)... 73. A ese, cuya muerte ya muchas veces decretó el Senado, como expiación del profano culto;... ese que el hombre, a quien el Senado, el pueblo romano y todas las naciones de la tierra consideraron como salvador de Roma y de todos sus habitantes, les puso en la frontera con ejércitos de esclavos; a ese que dio y quitó reinos y repartió el orbe de la tierra con cuantos quiso; a ese, que después de innumerables colisiones en el foro, encerró en su propia casa con la fuerza de sus armas a un ciudadano, glorioso y valiente como ninguno; a ese para quien no hubo barreras ni en el crimen ni en el vicio; a ese que prendió fuego al templo de las Ninfas para hacer desaparecer los registros oficiales del censo.

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74. A ese, en fin, para quien ya no había ley ninguna ni derecho civil ni límites de posesiones; que no con malos pleitos ni con injustas adjudicaciones o fianzas sino con soldados, tropas y banderas invadía las fincas ajenas; que no solo a los Etruscos (a quienes despreciaba soberanamente) sino a este nuestro juez, P. Vario, espejo de caballeros, procuró arrojarle de sus posesiones, movilizando sus campamentos; al que rodeado de arquitectos y agrimensores recorría las villas y haciendas de los ricos, al que había soñado en el Janículo y los Alpes para límite de sus dominios; al que no habiendo logrado del distinguido caballero M. Paconio le vendiese una isla en el lago Prilio, sin más ni más se pone a transportar a aquella en una barca materiales, cal, grava y armas, y mientras lo contemplaba su dueño desde la opuesta ribera, no dudó levantar un edificio en terreno ajeno. 75. El que a este T. Furfanio, ¡a quién, Dioses inmortales! –¿para qué citar la pobrecilla Estancia y el joven Apinio, amenazados de muerte si no le cedían la posesión de sus heredades?– al mismo T. Furfanio se atrevió a decir que sí no le daba cuanto dinero le había pedido, le había de meter un muerto en casa para hundirle en la impopularidad; el que a su hermano Apio, íntimo amigo mío, en una ausencia le desposeyó de sus bienes; el que tuvo alma para levantar un paredón a la puerta misma de la casa de su hermana y levantarla de modo que quedase su hermana sin puerta ni entrada alguna. XXVII.76. Pero estos crímenes ya iban pareciendo tolerables, aunque por igual acometía contra el estado y los particulares, los ausentes y los presentes, los extraños y los suyos; y no el cómo, con la costumbre, se había endurecido y echado callos la paciencia increíble de nuestra capital. Pero los otros atropellos que estaban ya encima y amenazaban descargar, ¿cómo hubiérais podido alejarlos de vosotros o tolerarlos? Si él hubiese llegado a alcanzar el mando –no hablo de los aliados, de las naciones extranjeras, de los reyes y tetrarcas–, hubierais hecho votos porque se lanzase sobre ellos más bien que sobre vuestras posesiones, vuestras casas, vuestro dinero. ¡Dinero digo! vuestros hijos, por Júpiter, vuestras mujeres no se hubieran visto libres de su licencioso desenfreno. ¿Creéis que estoy fingiendo lo que es público, lo que todos saben, lo que anda escrito, que había de levantar Clodio ejércitos de esclavos, con los que se había de adueñar de toda la república y de las fortunas de los particulares? 77. Por lo cual si levantando el ensangrentado puñal gritase T. Annio: “Alto, ciudadanos, oídme: maté a P. Clodio –aquel furor que con ninguna ley ni con ningún tribunal podíamos sujetar, con este puñal y con esta mi diestra he logrado arrancarlo de vuestras cabezas; gracias a mí seguirá habiendo en Roma derecho, justicia, leyes, libertad, vergüenza y pudor”, ¿podría preocuparle el efecto, que esto causaría en la ciudad? ¿Quién hay que no apruebe, que no aplauda, que no diga y sienta que desde el mundo es mundo T. Annio es el hombre que más ha hecho por su patria, que más alegría ha causado al Pueblo Romano, a Italia toda y al mundo

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entero? No pueda valuar el alcance de aquellas antiguas manifestaciones de alegría del Pueblo Romano; pero triunfos bien gloriosos de egregios caudillos ha visto ya nuestra generación y ninguno de ellos ha producido un bienestar ni tan duradero ni tan intenso. 78. Grabad bien en la memoria, jueces, lo que os voy a decir. Espero que muchas cosas de prosperidad para la patria habéis de presenciar vosotros y vuestros hijos. Al irlas disfrutando, no olvidéis que de vivir Clodio, no tendríais ninguna de esas cosas. Me siento grandemente optimista y creo que con fundamento, para esperar que este mismo año, bajo este mismo gran cónsul, dominada la anarquía, escarmentadas las pasiones, restablecido el imperio de la ley y de la justicia, ha de ser un año de bendición para mi patria. ¿Y hay alguno tan sin juicio que crea que esto pudiera suceder viviendo Clodio? ¿Qué? La misma propiedad privada, lo que todos poseéis como vuestro, tendría, dominando ese demagogo, la defensa del derecho que la declara intangible. XXIX. No temo, jueces, vaya a daros la impresión que es el odio a mi enemigo el que me impulsa a vomitar contra él estas acusaciones, más por gusto que por verdad. Porque, aunque yo le había de tener odio especial, sin embargo, era Clodio tan enemigo de todos que el odio que yo le tenía casi se confundía con el odio general. Siempre será poco todo lo que se diga: imposible formar una idea de lo criminal, de lo bandido que era. 79. Si no, atended un momento, jueces. Este Tribunal está para inquirir sobre la muerte de Clodio, ¿verdad? Figuraos con la imaginación –porque libre es nuestra imaginación y puede contemplar lo que quiere como miramos lo que vemos– figuraos en vuestra imaginación que sean ahora posibles, más, que son inseparables estas dos cosas: absolver a Milón y resucitar a Clodio. ¿Qué palidez veo en vuestras caras? ¿Qué impresión os causaría vivo el que muerto, solo con el simple pensamiento de su vuelta, no sabéis ya lo que os pasa? Más. Si el mismo Cn. Pompeyo, cuyo valor y fortuna es tal que pudo realizar lo que nadie más que él; si Pompeyo, repito, hubiese podido escoger una de estas dos alternativas: constituir un tribunal que investigase de la muerte de Clodio o levantar al mismo Clodio del sepulcro, ¿cuál de las dos creéis que hubiera escogido? Aunque por la amistad hubiera querido llamarle del sepulcro, por la patria no lo hubiera hecho. ¿Y me diréis que estáis ahí para vengar la muerte de un hombre a quien, si estuviese en vuestras manos, no querrías devolver la vida, y que la ley constituyó este tribunal en atención a Clodio, cuando si en virtud de esa misma ley pudiera resucitar, nunca se hubiera dado? Luego si Milón le hubiese matado, ¿iba a temer al confesarlo el castigo de los mismos que él había liberado?

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Mas debía ser recompensado 80. Los griegos tributan honores divinos a los que dieron muerte a los tiranos –lo que yo mismo he visto en Atenas, lo que presencié en otras ciudades de Grecia, qué cultos en honor de tales héroes, qué himnos, qué poesías!: su memoria ha quedado consagrada para siempre casi con la de los dioses–; ¿y vosotros al salvador de tal pueblo, al vengador de tal crimen, no solo no le tributaréis honor alguno sino sufriréis aún que se le arrastre al suplicio? Lo confesaría, lo confesaría, repito, sí lo hubiese hecho y diría que él con toda su alma y muy a gusto había realizado por la libertad de todos los romanos una hazaña digna no ya de confesarla sino de publicarla muy alto. Aunque todos los que hemos tenido que atar corto a traidores de la patria, supimos siempre muy bien que ya que la gloria había de ser nuestra, nuestras habían de ser también la impopularidad y las consecuencias. XXX.81. Porque, si no niega el haberle dado muerte en legítima defensa, por lo que no pide más que se reconozca su inocencia, ¿dudaría confesar que le mató queriendo, cuando pudiera exigir honores en premio? A no ser que tenga que pensar que a vosotros os satisface más el haber salvado él su vida que no el haber salvado la vuestra. Sobre todo cuando confesando la iniciativa de su agresión, si queríais pasar por agradecidos, hubiera conseguido las mayores distinciones. Pero si vosotros la desaprobaseis –aunque ¿cómo pudiera desaprobar nadie lo que le ha salvado la vida?–, sin embargo, si el valor de nuestro héroe no hubiese encontrado gratitud entre los suyos, con grande ánimo y entereza hubiese dicho adiós a su ingrata patria. ¿Porque hay mayor ingratitud que en el regocijo general tenga que llorar precisamente el hombre a quien todos deben su alegría? 82. Aunque todos los que hemos tenido que atar corto a traidores de la patria, supimos siempre muy bien que ya que la gloria había de ser nuestra, nuestras habían de ser también la impopularidad y las consecuencias. De lo contrario, ¿qué gloria podía merecer yo, cuando a tanto me atreví en mi consulado por vosotros y por vuestros hijos, si hubiera creído poder enfrentarme con la revolución sin gravísimo riesgo mío? ¿Qué mujer no se atrevería a matar a un hombre malvado y criminal si no temiese el peligro? El que ve ante sus ojos la impopularidad, la muerte y la condena, y a pesar de todo defiende la patria con la misma decisión, ese es todo un hombre. Propio es del pueblo agradecido premiar al ciudadano benemérito de la patria, propio es del valiente no dejarse tampoco impresionar por el castigo tanto que se arrepienta de su valentía. 83. Por eso T. Annio confesaría lo mismo que confesó Ahala, Nasica, Opimio, Mario, yo mismo, y si la patria le resultaba agradecida, se alegraría; si desagradecida, no lo dudéis, en su desgracia le sostendría la voz de su propia conciencia.

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Fue providencia del cielo Pero las gracias por este beneficio, jueces, cree la fortuna del P. R., vuestra suerte y los dioses inmortales que se les debe a ellos. Y nadie puede sentir de otro modo sino el incrédulo que niegue la existencia de un poder o ser divino; incrédulo a quien no impresione ni la grandeza de nuestro imperio, ni ese sol que nos alumbra, ni el movimiento de los cielos y de los astros, ni los cambios y el orden de la naturaleza, ni lo que es más, el pensar de nuestros mayores que tanta reverencia sentían por la religión, los ritos y las preces públicas y nos los legaron a nosotros sus descendientes. XXX.84. Existe sí, ese poder y no es posible que cuando en estos cuerpos y en esta nuestra debilidad hay un principio que lo mueve y anima, no lo haya en ese movimiento tan admirable y grandioso de la creación. A no ser que lo nieguen porque no aparece ni se ve, como si a nuestra misma alma con que pensamos, con que prevemos, con que os estoy ahora mismo accionando y hablando, la pudiésemos ver, o al menos sentir cómo es o dónde está... Pues ese mismo poder que tantas veces trajo a nuestra Roma días de increíble felicidad y dicha es el que aniquiló y nos llevó aquella calamidad, el que primero le sugirió la idea de excitar con la violencia y provocar con las armas a un valiente, para que cayese vencido el que vencedor hubiera conseguido verse impune y libre de trabas para siempre. 85. No fue plan humano, ni siquiera ordinaria providencia de los dioses inmortales la que realizó aquella hazaña: los mismos sagrados lugares, por mi vida, que vieron caer aquella fiera, me parece que salieron de sus sitios para exigirle sus derechos. A vosotros ya, montes y bosques de Albano, me dirijo, a vosotros si os suplico y pongo por testigos, y a vosotros derruidas aras de los Albanos, hermanas gemelas de las veneradas por el P. R., aras que aquel en un arrebato de locura después de talar y echar abajo los bosques sagrados sepultara con locas construcciones subterráneas: vuestra venganza, vuestro culto triunfó entonces, hicisteis valer vuestro poder que había denigrado con toda clase de crímenes. Y tú desde tu elevada montaña del Lacio, Júpiter santo, cuyos lagos, selvas y demonios manchó tantas veces con toda clase de vergüenzas y maldades, al fin abriste también tus ojos para castigarle: a vosotros, a vosotros sí, y en vuestra misma presencia, aunque tarde, os pagó la justa y debida pena. 86. A no ser que digamos que fue también por casualidad el que ante la misma capilla de la Buena Diosa situada en la finca del distinguido joven T. Sergio Galo, ante la misma Buena Diosa, repito, se trabase la lucha y recibiese aquella primera herida que le acarreó la negra muerte. ¿Quién no dirá que si se libró de aquella escandalosa causa de los misterios de la Buena Diosa, fue porque se le reservaba para este ejemplar escarmiento?

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XXXII. ¿No fue esa misma venganza divina la que hizo perder el juicio a los satélites de Clodio para que sin la imagen de sus antepasados, sin cantos ni juegos, sin funerales ni plañideras, sin oración fúnebre, sin entierro manchado de sangre y polvo, privado de la solemnidad de aquel supremo día, ante el cual suelen descubrirse aun los mismos enemigos, le quemasen después de tirarle? Es que no debían las imágenes de sus gloriosos antepasados venir a honrar a ese negro traidor de la patria, ni pudo su cadáver ser destrozado en sitio mejor que donde había sido condenado en vida. 87. Remisa por Júpiter me parecía ya la diosa de la Fortuna y aun cruel con el pueblo romano, cuando tantos años venía aguantando que Clodio pisotease así a esta su patria. Había manchado con sus vicios los cultos más venerados, había roto los decretos más graves del Senado, se había librado descaradamente con dinero de la sentencia de los jueces, había vejado al Senado como tribuno, había rescindido las decisiones tomadas unánimemente por todas las clases sociales en defensa de la nación, me había expulsado a mí de mi patria, despojado de mis bienes, incendiado mi casa, maltratado a mis hijos y a mi propia esposa, había declarado infame guerra a Pompeyo, había llevado a cabo verdaderas matanzas de magistrados y simples ciudadanos, había incendiado la casa de mi hermano, devastado la Etruria, arrojado a mil infelices de sus casas y de sus bienes: todo lo invadía, todo lo amenazaba. Roma, Italia, las provincias, los reinos todos del imperio, no eran campo suficiente para sus locos planes. Grabando estaba ya en su casa las leyes que nos habían de convertir en esclavos de nuestros esclavos; nadie tenía nada que si a Clodio se le hubiese antojado, no esperase hacérselo suyo este año. 88. No se oponía a sus planes nadie más que Milón; el mismo Pompeyo que pudiera oponérsele, con la reciente reconciliación, le tenía como atado: la potencia de César la llamaba suya; del sentir de la opinión se había reído con mi destierro. Milón era la única barrera. ¡Lo que sería hoy si no la patria! XXXIII. Aquí intervienen los dioses inmortales, como antes dije, para sugerir al infame demagogo la idea de poner asechanzas a Milón: de otra manera no hubiera sido posible hacer desaparecer aquella peste; nunca la república le hubiera hecho sentir la fuerza de la Ley. El Senado sin duda le habría tenido a raya en su pretura... El Senado que tantas veces quiso intentarlo siendo Clodio simple particular sin poder conseguir nada...

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89. ¿No serían los cónsules quienes contuviesen con mano fuerte al pretor? Primero, muerto Milón, hubiera tenido Clodio cónsules suyos; segundo, ¿qué cónsul se hubiera atrevido a ser enérgico con él pretor, sabiendo cómo de tribuno había encontrado en la dignidad un blanco para sus crueldades? Todo lo hubiera oprimido, dominado, metido en un puño. Con esa ley revolucionaria que se ha encontrado en su casa con las demás leyes suyas, hubiera hecho de nuestros esclavos libertos suyos: en una palabra, si los dioses inmortales no le hubiesen puesto en la cabeza a aquel afeminado atacar a un valiente, hoy estaríais sin patria. 90. ¿Es que Clodio pretor, Clodio cónsul, o más sencillo, es que Clodio vivo no hubiera podido hacer nada malo contra vuestros templos y vuestras mismas murallas, si es que estos templos, y estas murallas habían de poder mantenerse en pie viviendo él tanto tiempo hasta esperar su consulado, es que Clodio vivo, repito, no hubiera hecho nada malo, cuando muerto, sin más jefes que uno de sus subalternos, pudo prender fuego a la curia? ¿Vieron vuestros ojos nada más triste, más doloroso, más digno de llorarse? ¡El templo de la santidad, de la majestad, del pensamiento nacional, del consejo, cabeza del orbe, ara de los aliados, puerto de todas las naciones, sede concedida por todo el pueblo en privilegio al orden senatorial, envuelto en llamas, reducido a cenizas, profanado y todo esto por obra no de un populacho inconsciente, que ya fuera bastante desgracia, sino de un solo individuo! El que a tanto se atrevió como cremador, por servir a Clodio muerto, ¿a qué no se atrevería de abanderado por un vivo? ¡A la curia precisamente se fue a tirar, para que muerto la incendiase el que la había destruido en vida! 91. ¿Y que haya quienes se lamenten de la vía Apia y no de la Curia y quienes piensen que pudiera defenderse el foro mientras Clodio respirase, cuando ni a su cadáver pudo resistir la curia? Levantadle, levantadle si podéis de entre los muertos... ¿Refrenaréis su ímpetu de vivo, cuando insepulto, a duras penas, contenéis su furor? ¿Contuvisteis acaso a los que con teas asaltaron la curia, con hoces el templo de Cástor y con espadas volaron por todo el foro? Acuchillado visteis al pueblo romano, disuelta a sablazos una asamblea que escuchaba en silencio al tribuno de la plebe M. Celio, sostén de la patria, firme defensor de nuestra causa, instrumento de las aspiraciones nacionales, y de la autoridad del senado, personificación de la lealtad en esta no sé si llamar envidia o suerte especialísima de Milón.

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Peroración: llamamiento patético A. EN FAVOR DE MILÓN:

XXXIV.92. Pero ya hemos dicho bastante de la causa; fuera de la causa tal vez también demasiado. ¿Qué queda sino el rogaros, el suplicaros, que sintáis hacia este valiente la compasión que no importa, pero que yo, aun contra su voluntad, imploro y solicito? No vayáis, jueces –si en medio de las lágrimas de todos nosotros no habéis divisado ni una lágrima en Milón, si le veis siempre con la misma cara, con voz y con palabra firme e inalterable–, no vayáis por eso a ser menos indulgentes con él; no sé si por eso mismo se le debería ayudar mucho más. Porque si en los combates de gladiadores, tratándose de gente que por su condición pertenecen a la ínfima clase del pueblo, los cobardes que se ponen a suplicar y a pedir se les conceda la vida nos suelen resultar aun repugnantes y en cambio nos interesamos por la salvación de los valientes y decididos que se exponen animosos a la muerte, y sentimos más compasión por los que no nos piden misericordia que por los que la solicitan, ¿cuánto más no debemos tener estos sentimientos, tratándose de valientes ciudadanos? 93. A mí a la verdad, jueces, me llegan al alma y me matan esas voces de Milón que estoy oyendo siempre y a las que asisto todos los días: “Adiós, dice, adiós compatriotas míos: quedaos en paz, sed dichosos, sed felices. Viva esa Roma gloriosa, patria mía idolatrada, que no me fijo en cómo se ha portado conmigo. Gocen mis compatriotas de una patria tranquila, ya que a mí no me dejan con ellos; gocen sin mi lo que gozan por mí. Yo desapareceré y me iré. Pero ya que no me dejan disfrutar de mi buena patria, procuraré encontrar otra que no sea mala, y en la primera nación civilizada y noble en que se posen mis pies, en ella descansaré”. 94. ¡Oh vanos trabajos míos, los que yo tuve! ¡Oh esperanzas fallidas! ¡Oh planes míos frustrados! Yo cuando tribuno de la plebe, oprimida la república, me puse a disposición del Senado, que encontré sin vida; de los caballeros romanos, apenas sin influencia por las armas Clodianas, ¿podía creer que me había de faltar un día el apoyo de los patriotas? Yo, cuando te devolví a la patria, Cicerón, mil veces me lo ha repetido, ¿iba a pensar que un día no había de haber sitio para mí en la patria? ¿Dónde está ahora el Senado que nosotros sostuvimos, dónde los caballeros romanos aquellos, aquellos tuyos, me dice, dónde los entusiasmos de los municipios, dónde las aclamaciones de Italia, dónde, en fin, aquella tu elocuencia, Marco Tulio, que fue para tantos la vida? ¿Solo a mí, que tantas veces me expuse por ti a la muerte, no ha de poder aprovechar? XXXV.95. Y esto, jueces, no lo dice, como yo ahora, llorando, sino con esa misma cara con que le veis. Dice que no son ciudadanos ingratos, no, aquellos por quienes hizo lo que hizo; a lo más, tímidos y demasiado atentos a lo que les pueda venir. A la plebe y gente baja que capitaneada

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por Clodio era un peligro para vuestras fortunas, dice que consiguió para mayor seguridad de vuestra vida, no tan solo doblegarla con su energía, sino ganarla con sus tres herencias. Y no concibe que cuando la plebe se dejó conquistar con sus larguezas, vosotros os mostréis insensibles ante sus extraordinarios servicios para con la patria. 96. Muchas veces ha podido ver en estos últimos meses la simpatía con que cuenta en el Senado y dice que las visitas que vosotros y todas las clases sociales le habéis hecho, las adhesiones, las felicitaciones, sea cual fuere el desenlace de esta causa, se las llevará siempre consigo. No olvida que para ser cónsul solo le faltó la proclamación, que bien poco le importaba, sino el sufragio del pueblo, que era su única ilusión. Y que si ahora, en fin, se han de volver estas armas contra él, es por calumnias de complots, no por la muerte de Clodio. 97. Añade más. Dice, y es mucha verdad, que el hombre bueno y valiente obra bien, no tanto por el premio, como por el mismo obrar bien; que él no ha empleado nunca su vida sino para lo grande, ya que no hay cosa más grande para el hombre que salvar la patria, aun a costa de su vida; que son felices los que han recibido por ello el honor de sus compatriotas, pero que no son desgraciados los que han sabido ser mejor que sus conciudadanos. Más. Que de todos los premios de la virtud, si es que se han de tener en cuenta los premios, el más grande es la gloria; que esta es la única capaz de consolarnos de la brevedad de la vida con la perspectiva de la inmortalidad; la que hace que, aún ausentes, estemos presentes y muertos vivos; que ella es, en fin, la escala por donde los hombres parecen remontarse hasta los cielos. 98. De mí, dice, hablará siempre el Pueblo Romano, hablarán siempre las naciones todas, no habrá siglo alguno que enmudezca. Si aun ahora mismo, cuando mis enemigos no hacen más que echar combustible para fomentar mi impopularidad, no hay reunión ninguna de romanos donde no se enaltezca mi nombre con acciones de gracias, con felicitaciones y toda clase de elogios. Dejo las fiestas de Etruria, las celebradas y las establecidas para recuerdo. Cien veces ha salido ya la luz del sol desde el día en que cayó muerto Clodio. Por donde quiera que se extienden los confines del imperio romano, con esa luz ha llegado no solo la noticia sino también la alegría por aquella hazaña, Por eso, dice, no me preocupa adónde ha de ir a parar este mi cuerpo, puesto que en todo el mundo vive y vivirá siempre la gloria de mi nombre. B. EN FAVOR DEL MISMO CICERÓN:

XXXVI.99. Tal es lo que tú tantas veces me has dicho, sin que estos lo oyesen; pero ahora que nos oyen voy yo a decirte una cosa, Milón. Tú,

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ya se ve, has nacido con ese temple y no tengo para ti más que alabanzas, pero cuanto tu valor es más sobrehumano, tanto mayor es mi dolor al arrancarme de ti. Mas ¡ay! si te me llevan, ni siquiera me dejarán para consuelo el recurso de arremeter contra los que me causen tal herida. Pues no te arrancarán de mí mis enemigos, sino mis más íntimos amigos, no mis opresores, sino mis perpetuos bienhechores. Nunca jamás, jueces, me traspasaréis con un dolor tan grande –aunque ¿qué dolor puede haber mayor que este?– pero ni aun este mismo me hará olvidar lo mucho que siempre me habéis apreciado. Pero si vosotros lo habéis olvidado, o si habéis encontrado en mí algo que os desagrade, ¿por qué no lo vengáis en mi cabeza antes que en la de Milón? Porque siempre será feliz mi vida, páseme lo que me pase, con tal de no ver esta enorme desgracia. 100. Ahora a mí no me queda más que un consuelo, el no haberte negado nunca lo que te debía, mi amor, mi cariño, la ley que te tengo. Yo me ofrecí mil veces en cuerpo y alma como blanco a las armas de tus adversarios; yo supe echarme a los pies de muchos suplicantes por ti: mis bienes, mi fortuna, la fortuna de mis hijos, todo lo puse a tu disposición en la desgracia. ¿Qué más? Hoy mismo si se prepara por ahí algún atentado, si peligra alguna cabeza, aquí está la mía. ¿Qué más me falta? ¿Qué más puedo hacer para pagarte tus beneficios si no hacer mía la suerte tuya, la que hoy te espera? No lo rehuyo, no lo rechazo, y a vosotros os pido, jueces, que todos los beneficios que me habéis hecho, o los coronéis con la absolución de Milón, o lo veáis hundirse todos en su desgracia. XXXVII.101. Con estas lágrimas no se conmueve Milón, es increíble el temple de su alma: dice que no hay destierro sino donde no cabe la virtud, que la muerte es el fin de la vida, no el castigo. Pero respetemos su carácter, ya que con él nació; mas ¿cómo, jueces, podrán ser también esos los sentimientos vuestros? ¿Conservaréis su recuerdo y expulsaréis su persona? ¿Y habrá sitio alguno en la tierra más digno de acoger su valentía que este que le vio nacer? A vosotros, a vosotros me dirijo, veteranos de la guerra, que tanta sangre derramasteis por la patria; a vosotros capitanes y a vosotros soldados me dirijo: cuando peligra un héroe y un invencible patriota, viéndolo vosotros –más aún armados vosotros y presidiendo este juicio–, este hombre, personificación del valor, ¿será expulsado de esta capital, exterminado, arrojado? 102. ¡Oh desgraciado de mí, oh infeliz de mí! Tú pudiste Milón llamarme a la patria por medio de estos, ¿yo no podré retenerte en la patria por medio de los mismos? ¿Qué responderé a mis hijos que te miran como a otro padre? ¿Qué a ti hermano Quinto, ahora ausente, compañero de aquellas mis desgracias? ¿Que yo no supe con vosotros conservar la posición de Milón, cuando él con vosotros supo conservar la nuestra? ¿Y en qué causa

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fracasé? En la más popular. ¿Ante quiénes fracasé? Ante los mismos que más ganaron con la muerte de Clodio. ¿Y quién defendía? Cicerón. 103. ¿Qué delito tan grande pude yo cometer o qué crimen tan enorme consentir cuando cogí la trama de aquel cataclismo nacional y lo descubrí, lo denuncié, lo sofoqué? Que de allí me vienen a mí y a los míos todas las calamidades. ¿Para qué quisisteis que yo volviese del destierro? ¿Para que viese con mis propios ojos cómo eran desterrados los que me llamaron a la patria? No hagáis, os lo pido por lo más sagrado, que mi vuelta me sea más amarga de lo que me fue la misma partida. Porque ¿cómo puedo creerme vuelto a la patria, si me separan de aquellos por quienes volví? XXXVIII. Ojalá los dioses inmortales hiciesen –con tu permiso lo diré, patria mía, temo ser criminal contigo al ser piadoso con Milón– ojalá Plubio Clodio no solo viviese, sino que fuese también pretor, cónsul, dictador, antes de tener que ver este espectáculo. 104. ¡Oh dioses inmortales, qué hombre este, jueces, tan digno de que le salvéis! “Jamás, jamás, me dice: Clodio bien llevó su merecido, nosotros llevemos, si hace falta, lo que no merecemos”. Y un hombre así, que nació para su patria, podrá morir nunca más que en su patria? ¿Podrá morir de otra manera que defendiendo su patria? ¿Conservaréis un recuerdo para su grandeza de alma y para su cuerpo no tendréis ni un sepulcro en toda Italia? ¿Habrá quien se atreva a arrojar de esta ciudad con su sentencia a Milón? Pues todas las ciudades se disputarán vuestro desterrado. 105. ¡Oh tierra aquella feliz la que reciba a este hombre: ingrata Roma si lo destierras, desgraciada si le pierdes. Pero basta ya, que las lágrimas no me dejan seguir y Milón no quiere que se le defienda con lágrimas! Mi último ruego, jueces: al dar vuestra sentencia, sed valientes, decid lo que sentís. La entereza, la imparcialidad, la conciencia nadie la sabrá estimar mejor, os lo aseguro, que el hombre que al elegir los jueces escogió los mejores, los más prudentes, los más decididos.

Explicación Preliminares Para la comprensión de este discurso, Ud. debe conocer los datos siguientes: • ¿De dónde arranca la enemistad de Cicerón y Clodio? • Consecuencias de esa enemistad y tribunado de Clodio. • Rivalidades políticas de Clodio y de Milón. • Personajes del drama: • Cicerón, Milón, Clodio, Pompeyo. • Los acusadores: Apio, primo de Clodio; Marco Antonio, P. Valerio Nepote.

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• El tribunal: Lucio Domicio Ahenobardo, quaesitor. • ¿Qué son las Quaestiones novae y las Quaestiones perpetuae? • ¿Qué procedimiento judicial se adoptó con Milón y por qué? • ¿Cuál era la situación social y política de Roma? • ¿Por qué las previsiones de Pompeyo contra Milón? Milonem reum non magis invidia facti quam Pompeii damnavit voluntas dice un casi contemporáneo (Velleius Paterculus, 2-47). La geografía. La escena de Etruria y el Lacio. Consulte los siguientes lugares: Interamma, Ocriculum, Alsium, Lanuvium (unos 22 km al sur de Roma), Aricia (18 km al sur de Roma, villa de Clodio), Bovillae (15 km al sur de Roma), todas junto a la vía Appia. Distinga las siguientes vías: al N y NE: Aurelia, Cassia, Flaminia, Salaria; al SE y S: Valeria, Latina, Appia. La cronología: 18 de enero del año 52: incidente de la vía Appia y muerte de Clodio; 8 de abril del mismo año: juicio de Milón en el Foro. No olvide qué es lo que se va a estudiar: no es ciertamente la actitud moral del abogado; tampoco su éxito; sino los valores literarios, oratorios y dialécticos de su defensa. Piense un poco en el estado psicológico con que Cicerón se consagró –fracasado– a redactar la defensa.

Exordio I-II. Idea dominante: No hay razón de temer A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (2), ordene así: “Tamen non illa praesidia non adferunt oratori aliquid ut, quamquam saepti sumus praesidiis salutaribus et necessariis in foro et in iudicio, tamen possimus ne quidem non timere sine aliquo timore”. Ahora examine las filigranas de este rico giro latino y ensaye una traducción libre, pero fiel. Retenga el sentido de la doble negación: non illa praesidia non adferunt, i.d.: tamen illa paesidia re vera adferunt. Traducción. “Ese despliegue militar que ocupa las escalinatas de todos los templos, sin duda para prevenir la violencia, inquieta naturalmente al orador, de suerte que en el centro mismo del Foro, en el seno de este tribunal, si bien la fuerza pública nos rodea y nos protege, no puedo dejar de temer sin experimentar cierta zozobra”. Para Nec iustitiae suae putaret esse, ¿cómo se traduce sum y por qué va el verbo en subjuntivo?; para (3) Neque eorum quisquam non putat, explique este giro latino; para (6) Sin illius insidiae, explique el oficio de la partícula sin y de otros sinónimos. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (1), vereri: “tener miedo”; timere: “sentir miedo”; en (2) In foro et in iudicio: ¿redundancia ciceroniana o efecto de precisión? Me creat et reficit: casi significan lo mismo, pero juntos enriquecen la idea. Ponga Ud. otros ejemplos: v.gr. Metuo ac timeo; lucet

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et splendet... Observe el significado de los dos verbos empleados: reficere, recreare. En (3) Intueri-aspicere-exspectare-videre... semejanza de ideas y riqueza verbal. Añada Ud. otros: cernere, animadvertere... –Genus adversum infestumque: ¿redundancia o precisión?– Furor: busque una traducción rigurosa (furia, furiosus, furor, muy empleados en este discurso); en (4) Si unquam... si unquam: anáfora, recurso literario elegante ciceroriano. ¿Recuerda alguno por ejemplo en las Catilinarias? (Cat. I, 1: Nihilne te); en (5) Laboriosius... magis sollicitum... magis exercitum: busque la traducción exacta de estos adjetivos: v.gr. “penoso, aflictivo, doloroso...”; en (6) Crimen: ¿cuál es el sentido técnico de este vocablo? –obsecrabo obtestaborque: muy ciceroniano. Fíjese arriba en el No. 2. C. ORATORIA Y DIALÉCTICA: ¿Cómo se representa Ud. la composición de lugar en este proceso? Recuerde la ubicación de los templos de Vesta, de los Castores, de la Concordia, de Saturno, del Comitium, de los Rostros, de la Mamertina. ¿Cuál es para Ud. el principal mérito literario y el primer valor dialéctico del Exordio? ¿Por qué rasgos define Cicerón el carácter de su cliente y el suyo propio? Destaque los elementos musicales del Exordio: abundancia verbal, balanceamiento de las antítesis, ritmo de la frase. Obsérvese la cautela con que procede con Pompeyo y el desprecio ultrajante hacia los clodianos. Observe también cómo interpreta Cicerón la actitud arrogante y desafiadora de Milón, que de este modo se convertía en enemigo de su propia causa. En (5) Equidem ceteras tempestates et procellas: metáfora natural en que se compara una asamblea popular con una tempestad: por favor tómese el trabajo de leer en el I libro de la Eneida los versos 149-156. En este mismo número, Cicerón habla de crudelissima supplicia: represalias brutales, diríamos. ¿A qué se refiere? Proposición (6) Tres actitudes se presentan al abogado para defender a Milón: primera: pedir perdón a los jueces en gracia de la conducta anterior de Milón; segunda: sostener que Milón, al eliminar a Clodio, no ha cometido crimen ninguno, sino que ha prestado un ser vicio a la patria; tercera: sostener que Milón ha obrado en legítima defensa. Esta es la que adopta Cicerón. Explique por qué razones la actitud de Cicerón es preferible a las otras para un acusado. En III-VIII (7-22 inclusive), el nudo de la defensa se halla en la habilísima presentación de los hechos (narratio, IX-XI). Antes de hacerlo, Cicerón se ve forzado a despejar un obstáculo psicológicamente embarazoso: “Cicerón –se le objeta–, para qué empeñarse en defender una causa perdida. Tan perdida, que Milón se halla irremediablemente perdido y condenado. Primero: porque todos dicen que todo asesino y homicida debe morir; segundo: Milón tiene en su contra al Senado que declaró la muerte de Clodio como delito de Estado; tercero: porque este juicio extraordinario convocado por Pompeyo indica y preanuncia el fracaso de tu defensa”.

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III. Respuesta a la primera objeción: El homicidio admite justificaciones A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (8) Nisi vero, nisi forte, ¿qué sentido tienen en latín? Responderit: ¿por qué en subjuntivo? Non possum non (o non possum facere quin): ¿cómo se traduce? B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (8), observe la riqueza verbal para matizar la idea –sangrienta– de “matar”: necavisset, occisum, caesum, interfectum; en (8-9) Observe las partículas con que Cicerón introduce cada uno de los cuatro argumentos: Nisi vero, Neque enim, Itaque, Quodsi, para evitar la monotonía en la enumeración de las pruebas. C. ANÁLISIS ORATORIO: seleccione los sustantivos y adjetivos empleados por el orador para dibujar situaciones, v.gr. No. 7: Inimicis... Improbis... Accusatoribus in qua tandem urbe homines stultissimi, etc. Se ha acusado a Cicerón (Poyton, Pro Milone) de confundir extrañamente los límites de lo justificable y de lo verdadero. ¿Cree Ud. que aquí Cicerón hace la apología del homicidio? Lea el No. 8. ¿Encuentra alguna estrategia en la colocación de los argumentos?, ¿cómo expresaría un orador vulgar la última idea del No. 9? IV. Continúa rebatiendo la primera objeción de los clodianos. Observar cómo Cicerón se extiende en la refutación de la primera objeción, ya que con este argumento trabajará su defensa. Dice, por tanto: La ley natural permite rechazar la fuerza con la fuerza. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (9), pudicitiam cum eriperet militi: explicar este dativo. (Otros ejemplos: potestas senatui erepta est; ei pecuniam ademit, etc.); en (10) dos modismos: luere poenam; repetere poenam: pagarlas y cobrárselas; en (11) traduzca así: “Por lo demás, la ley positiva misma, en su sabiduría, autoriza al menos tácitamente una resistencia legítima, puesto que, al prohibir el homicidio, prohíbe aun llevar armas con intenciones homicidas. Por ello, en caso de homicidio, se debe atender menos al hecho que al motivo; y si la necesidad de una justa defensa exigió el empleo de las armas, no se puede imputar a quien usó de la espada para salvarse, el proyecto de un asesinato”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (10), insidiatori vero et latroni: un duplicado para lograr el énfasis. Observe en los dos números, por ejemplo, algo muy característico de la lengua latina, sintáctica, no paratáctica: una frase sucede a otra, un periodo a otro, uniéndose siempre por una partícula: vero, igitur, enim, etsi, quapropter. C. ANÁLISIS ORATORIO: Estudiar en el IV la variedad de estilo de Cicerón, comparando una frase sencilla (breve, clara) y una frase tendiente a suscitar la emoción (patética) o el placer estético (bella). Estudiar, especialmente en el No. 10: el admirable periodo sobre la ley natural, del que decía Bossuet que era lo más profundo y bello del pensamiento antiguo;

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la maestría en la selección y ordenamiento de las palabras; la suprema armonía que “adormece y encanta el gusto y el oído” (Donnelly, S.J. In hunc 1); las frases rítmicas y simétricas. Fijarse de qué modo cada palabra de por sí está cargada de significación y colorido. Recapitulación de III y IV: ¿cuál es la objeción y su respuesta?, ¿le convencen sus argumentos? Tono sentencioso del orador. V. (12-14) Segunda objeción y segunda respuesta. El Senado declaró delito de Estado la muerte de Clodio. Responde Cicerón: muy al contrario: se regocijó el Senado. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (12), ¿por qué Non qua sentiebat sed quod ego volebam sería incorrecto?; en (13) ordene así: “Quis enim potest credere Senatum putasse constituendum (esse) iudicium novum de interitu eius, de cuius incesto illo stupro esset erepta senatui potestas decernendi”. Traducción libre: “¡Cómo! ¡Clodio el incestuoso logró, mientras vivía, sustraerse a la autoridad del Senado, y, para vengar a Clodio muerto, el Senado habría querido crear un tribunal especial! ¿Quién digiere esta patraña?”; en (14) nom... unquam: nunquam, etc., la traducción es: “La resistencia misma contra la agresión es siempre un medio extremo, pero a veces necesario. Tales fueron las jornadas en que perecieron Tiberio y Cayo Graco; tal cuando fue exterminada la facción de Saturnino, que, si bien fueron en favor de la patria, sin embargo no dejaron de causarle una herida profunda”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (13), hanc vero quaestionem: al principio de un nuevo periodo para destacar la importancia del tópico. C. ANÁLISIS ORATORIO: Lea el No. 12. Observe cómo retuerce Cicerón el argumento del tribuno. Fíjese en la finura de la argumentación evocando todo cuanto disgusta y afrenta al Senado en las actuaciones de Clodio; argumentación que se continúa en el número siguiente. En (13) el Senado ciertamente había declarado la muerte de Clodio como delito de Estado; vea cómo minimiza y resta importancia Cicerón a este problema. Monet observa: “Pasaje de suma habilidad y sin embargo Cicerón no aporta un argumento sólido” (15). Divisa sententia est: el proyecto del senatusconsultum tenía dos partes: 1) Caedem contra R. P. esse factam; 2) Ut veteribus legibus tantummodo extra ordinem quaereretur. Se aceptó la primera y se rechazó la segunda, con el veto comprado al tribuno, bajo la presión del sombrío senador Fufio Caleno. Advierta que el tono del c. V hasta el No. 14 incluso es de una conversación salpicada de ironías y alusiones sangrientas. En (15-22), RESPUESTA A LA TERCERA OBJECIÓN: Cicerón discute las medidas tomadas por Pompeyo: trata de probar que no prejuzgan su causa. La respuesta de mayores proporciones obedece al influjo del alto personaje. Síntesis de la argumentación: (15) puesto que Pompeyo ha querido un

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juicio, sea cual fuere su naturaleza, demuestra que la causa admite defensa. Argumento muy sutil y elegante de abogado. En (16-20a), luego Cicerón pasa revista a los grandes romanos víctimas del puñal, cuya muerte, sin embargo, no dio lugar a la constitución de tribunales extraordinarios. Concluye: Clodio no puede compararse con ellos; por tanto, no debe a sus méritos la constitución de un tribunal extraordinario. En (21) explica entonces por qué razón Pompeyo estableció esta nueva forma de juicio. VII. Observaciones A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (15), de caede esset en subjuntivo, porque Cicerón está citando un pensamiento ajeno (la redacción del setusconsultum); en (16) Iam illud dicet, etc. Traducción: “Por lo demás Pompeyo, sin duda, demostrará si su iniciativa, totalmente voluntaria, tuvo por móvil la persona de Clodio o más bien las circunstancias”. Cambie el ne de Publio por Utrum y se aclarará la expresión. Modismo: Ferre Quaestionem de: establecer o proponer una investigación y procedimiento. En (17) modismo: Viam Munire: “construir un camino”; en (18) Tragoedias excitare: “provocar un alboroto, armar un escándalo”. Para Extorta est ei confitenti sicca de manibus explique el dativo y el participio; en (19) Minus dolendum fuit re non perfecta: ejemplo interesante de la maravillosa concisión latina. Traducción: “Si bien fue menor el dolor porque falló el golpe, sigue siendo sin embargo digna de castigo”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (15), at enim... quid ergo, ...nempe... porro ...at, at...: tono de conversación viva, casi familiar, para lograr mayor agilidad de expresión. C. ANÁLISIS ORATORIO (desde No. 15 y en VIII): en (15), estudiar la agilidad de estilo. ¿Debida a qué? Explicar cómo Cicerón convierte una objeción en un argumento. Sin embargo, el argumento, explicado de dos maneras (Quod nisi vidisset...dedisset. Mihi vero... putavit), es hábil, pero tiene cierto fondo de sofisma; en (16 a 20a), destacar el fondo patético y tormentoso de estos pasajes. En los Nos. 16-17, mostrar con qué vigor establece la muerte y sus circunstancias, de romanos ilustres, para que resalte el contraste con la muerte de Clodio. v.gr. No. 16: Domi suae nobilissimus vir; y, en cambio, No. 17: Quod Clodius in monumentis majorum suorum sit interfectus; en (17) mostrar el estilo sentencioso y cruel del orador; en (1819) hay que buscar la fuerza dialéctica y el valor artístico de este pasaje: a) en la presentación de circunstancias elocuentes para Pompeyo; b) en la argumentación ad hominem –itaque in eadem ista via etc–; c) en el adorno literario de la argumentación y fuerza de los términos. Analizar un poco el vocabulario, para confirmar lo dicho. Allí se habla de personas “esclarecidísimas, nobilísimas, inocentes, dignas, esperanza del mundo”...; de “asesinatos, atropellos, tragedias, salteadores, parricidas, puñales y ruinas”; “se asesina, se ensangrienta, se calla con complicidad, se empapa de sangre, se elimina, se acecha, se trama la muerte, se arruina”...;

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“toda la venta era llantos, voces, gritos, confusiones, temores, sobresaltos, desgracias, cuchilladas, mojicones, palos, coces y efusión de sangre. Y en la mitad de este caos, máquina y laberinto” (Cervantes, Don Quijote, I, 45). VIII. Conclusión de la refutación. Pompeyo solo ha querido mostrarse leal en la amistad de última hora con Clodio y garantizar con jueces intachables la imparcialidad del proceso A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (21), dictitant: frecuentativo de dico: “andar diciendo”; como factito, de facio, etc.; en (22) Credo: fijarse que no está construido en forma de oración de infinitivo, sino parentética, como opinor, entre comas, para expresar modestamente un pensamiento. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (20), ex, ex: en latín es mejor repetir las preposiciones, sobre todo en estilo oratorio. In iudicibus legendis: no dice In electione iudicum, sino que en latín se usa la construcción con el gerundio. Alta et divina quadam mente: el indefinido quidam se usa mucho para atemperar una afirmación demasiado rotunda. Respecto de Ex florentissimis ordinibus ipsa lumina, atiéndase a la metáfora natural contenida en las palabras: v.gr. Potts ha encontrado 46 fuentes de metáforas latinas; ver cómo estos adjetivos (clarus, splendidus, illustris, etc.) tienen relación con la luz. En castellano tenemos, v.gr., hombre oscuro; alma sombría... Amicus: lazos espirituales: familiaris: lazos de sangre y hospitalidad; studiosus: lazos de interés y admiración; socius: de compañerismo; conjunctus: cualquier clase de relaciones. C. ANÁLISIS ORATORIO: en (20-VIII), “este finísimo pasaje oratorio [se refiere a la argumentación del c. VII] concluye con una notable pieza de ironía. Desafortunadamente la materia que trata el orador no se merecía tan incomparable elocuencia, aunque pretenda hacer de su causa un problema nacional” (Donnelly). “La defensa de Milón es el más desesperado forcejeo al que un abogado insuperable ha vinculado su gloria (Conway, New studies). Advertir cómo la conclusión está precedida de una introducción (20b) cargada de insultante ironía: seis verbos que significan dolor. Compare este desborde lingüístico con un pasaje de Cervantes (Quijote, I, 45) donde se encuentra esta colección verbal, “alzar el lanzón, descargar el golpe, dejar tendido, hacerse pedazos, alzar la voz, pedir favor, rodear, revolver la casa, poner mano a la espada, arremeter, dar voces, acorrer, favorecer, gritar, afligirse, llorar, estar confuso, quedar suspenso, desmayarse, aporrear, bañar en sangre, medir el cuerpo...”. En (21), fijarse en el efectismo del No. 20: pasa bruscamente a uno de los puntos esenciales de la defensa. Observe la cautela con que se presenta ante Pompeyo. Pedraz, S.J. anota que cuando el orador ataca, se muestra resuelto y franco; cuando trata de Pompeyo, aparece sutil y hasta temblón. Cicerón afirma que ese semidiós de Pompeyo multa vidit. ¿Cree Ud. que Pompeyo vio lo que Cicerón afirma? Se siente en estas líneas el esfuerzo por explicar la postura de Pompeyo, pero las razones no satisfacen mucho.

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Pregúntese: Cicerón aduce no sé qué razones por las que Pompeyo ha establecido un tribunal especial para juzgar la muerte de Clodio. ¿Son las razones propias de una profunda y divina sabiduría? (homo sapiens atque alta et divina mente praeditus multa vidit). Finalmente, advierta tanto en este número como en el siguiente (22) el refinamiento del trato, de las expresiones y el tono conceptuoso que adopta. N.B. Quintiliano opina así sobre esta Refutación previa que ha intercalado Cicerón antes de la Narración y Confirmación de su discurso: Era preciso que antes de seguir adelante en su bellísimo discurso (pulcherrima oratione), Cicerón disipara tres problemas que se le presentaban. ¿De qué le hubiera servido probar que Clodio armó una emboscada a Milón?, si hubiera admitido que quien confiesa haber cometido un asesinato no puede en justicia ser defendido; o que el voto prejudicial del Senado ya tenía resuelta la condenación del reo; o que Pompeyo, (totalmente parcializado, había rodeado el tribunal de milicias armadas), no debía ser temido como adversario?83. IX-XI. (28-29 inclusive). Narración La Narración comprende los siguientes pasos: (23) una introducción; (24-26) los designios de Clodio; (27) la partida de ambos; (28-29) el encuentro fatal... Apreciaciones sobre este notable pasaje. “Modelo de elocuencia y habilidad” (Quintiliano). Además, Quintiliano aporta excelentes anotaciones sobre su lugar y su estilo; comenta los vocablos estratégicos, los períodos, las figuras, las emociones (cfr. Inst. Orat. 4, 2): “Ha sido admirada como magnificencia retórica y falsificación histórica [...] pero una estatua de arena también puede descubrir la genialidad del escultor” (Donnelly); “Tiene todas las cualidades; [...] solo que no es verdad” (Colson); “El aplomo aparente de Cicerón es una pantalla para encubrir su arriesgada falsificación” (Bakre); “Léase la narración de la muerte de Clodio y examínese si es posible hacer más verdadero aun lo más inverosímil y si los jueces a falta de testimonios seguros hubieran podido resistir a las inducciones del orador” (Pierron); “La técnica de esconder la habilidad, a fin de no despertar la desconfianza del juzgado” (Guillemin). Asconio, que escribió cien años más tarde, traería un recuento imparcial de los hechos. Parece, según este, que el encuentro fue puramente casual.

Quintiliano, Institutio Oratoria, 4, 2, 25.

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IX. Introducción y designios de Clodio A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (23-26), explicar el uso de quisquam, aliter ac, isque (“y tal que”), quo más un comparativo. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (24), P. Clodius cum statuisset etc. Se ha observado que en este párrafo los verbos dependientes de esta partícula están estratégicamente colocados, rodeados por un cortejo de circunstancias. Ensaye Ud. analizarlo. C. ANÁLISIS ORATORIO: en (23), el párrafo sirve de introducción; es un compendio de la refutación anterior, nítido, frío, sin fronda que distraiga. Compárelo con el siguiente (No. 24) y advertirá una gran diferencia; en (24-26) los designios de Clodio, su campaña electoral. Va a observar Ud. cómo Cicerón, a base de verbos (que traducen una actitud) y de adjetivos (que reflejan una naturaleza) hace la más sangrienta caricatura de Clodio. Ejemplos: vexare, dilacerare, evertere, rempublicam; dictitare (“como si se asentase”... andar hablando); sustinere humeris totam petitionem: como si fuera un Atlas, etc. Analice los adjetivos en: “mancam ac debilem praeturam, ipse solus, perditissimorum civium, homo ad omne facinus paratissimus, servos agrestes et barbaros”. Compare con otro príncipe de la literatura: caricatura ofrecida por Cervantes. La duquesa y el duque salieron a la puerta de la sala a recibirlo y con ellos un grave eclesiástico, de estos [ironía, “homo”] que gobiernan las casas de los príncipes; de estos que como no nacen príncipes, no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo son; de estos que quieren que la grandeza de los grandes [alteración de que usa también Cicerón: annum integrum, annum suum, annum plenum atque integrum (24)] se mida con la estrecheza de sus ánimos. De estos que queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, los hacen ser miserables. De estos tales digo, que debía ser el grave religioso [Cervantes y Cicerón están respirando por la herida, la pasión en servicio del genio] (Don Quijote, II, 31). X. 27-29. La partida de Roma y el encuentro A. ACLARACIONES GRAMATICALES: Iter sollemne, legitimum, necessarium: el viaje de Milón recibe tres solemnes epítetos: puesto que era “dictador” de su pueblo natal, el viaje para entronizar al sacerdote de la divinidad de Lanuvio, Juno Sóspita, ad prodendum flaminen, tenía que hacerlo cada año (sollemne), según la exigencia litúrgica (legitimun) y no se podía declinar (necessarium). Obire locum tempusque facinoris: preparar todos los detalles de emplazamiento y hora de la emboscada; id temporis: lo mismo que tunc temporis, ubi gentium, etc.: “Precisamente cuando”. Obviam fit ei Clodius:

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expresión consagrada; obviam fit significa “salir al encuentro o al camino”; Ut a tergo Milonem adorirentur: “para atacar a Milón por la espalda”. B. ANÁLISIS ORATORIO: en todo el capítulo, destaque el carácter de los diferentes actores, según se desprende del relato de Cicerón. Observe la estudiada cautela de cada palabra, de cada situación, de cada circunstancia. Por ejemplo, la tranquilidad y buena fe del uno y la precipitación del otro; desde las manifestaciones emocionales hasta los detalles de la toilettey del vestido; el tono pausado, reposado y grave para describir a Milón; el desborde rápido de palabras para hablar de Clodio. Queda liquidado Clodio; busque Ud. una palabra que indique su asesinato y... no la encontrará. Un escritor estadounidense, no latino, le sugiere a Ud. un estudio múltiple: “Aquí hay rica vena para explotar: nombres, adjetivos, verbos, períodos, estructura de la frase, metáforas, figuras, diafanidad, interés, recursos emocionales, destreza enfática, cualidades dramáticas, caracterización, contrastes de estilos entre el exordio, la refutación...” (Donnelly, in h.I. p. 110). Reconstrucción del ataque según Cicerón. Las gentes de Clodio forman dos grupos. Clodio en persona avanza encabezando el primer grupo y rodeado por él; acaban de cruzarse con el séquito de Milón. A alguna distancia, se hallan esclavos y gladiadores clodianos, apostados sobre una eminencia; este segundo grupo asalta y mata al cochero. Milón se defiende bravamente. Entonces las gentes del primer grupo se devuelven sobre sus pasos y atacan a Milón por la espalda (Monet). Cómo cuentan Asconio y Cicerón el encuentro. Pro Milone, X; Asconius, 4-6 CICERÓN Fit obviam Clodio ante fundum ejus, hora fere Undecima. Roma subito ipse profectus pridie est ut ante suum fundum Miloni insidias collocaret. Obviam fit ei Clodius expeditus in equo, nulla raeda, nullis impedimentis, nullis graecis comitibus, ut solebat; sine uxore quod fere numquam. Cum uxore vehebatur in raeda paenulatus, magno et impedito et muliebri ac delicato ancillarum puerorumque comitatu Statim complures cum telis in Milonem faciunt de loco superiore impetum, adversi raedarium occidunt... Cum autem Milo de raeda, rejecta paenula desiluisset, seque acri animo defederet, illi qui erant cum Clodio... etc.

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Quod Milonem jam interfectum putarent (servi Milonis)... Milonem occisum esse et ex ipso Clodio audirent et revera putarent... Fecerunt id servi Milonis... nec imperante, nec sciente domino nec praesente. Clodiani caedere incipiunt ejus servos... ASCONIO Occurrit ei circa horam Nonam paulo ultra Bovillas. Rediens ab Aricia prope eum locum in quo Bonae Deae sacellum est. Erat autem allocutus decuriones Aricinorum. Vehebatur Clodius equo; servi triginta fere expediti, ut illo tempore mos erat iter facientibus, gladiis cincti sequebantur. Milo raeda vehebatur cum uxore Fausta Sequebantur eos magnum servatarum agmen, inter quos gladiatores quoque erant... II (Birria et Eudamus) in ultimo agmine tardius euntes, cum servis P. Clodii rixam commiserunt, ad quem tumultum, cum respexisset Clodius minitabundus, hume-rum ejus Birria rumpia (lanza) trajecit. Inde cum orta esset pugna plures Miloniani occurrerunt. Clodius vulneratus in tabernam proximan in Bovillano delatus est. Milo ut cognovit vulneratum esse Clodium... exturbari taberna iussit, atque ita Clodius latens extractus est multisque vulneribus confectus. Servi Clodii aut occisi erant, aut graviter saucii, aut latebant. XI. Recapitulación y transición a la confirmación A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (30), Qui hoc fato natus est: “haz de saber Sancho amigo que no nací por querer del cielo”; Ratio, necessitas, mos, natura: las cuatro fuentes de la ley. “Si la razón permite a los sabios, si la necesidad dicta a los bárbaros, si el derecho de gentes prescribe a las naciones, si la naturaleza misma incita a los animales”. Quin más subj.: “sin que”; en (31) traducción libre del pasaje: “En tal hipótesis más le hubiera valido a Milón ofrecer su cuello al cuchillo de Clodio, a ese cuchillo más de una vez preparado contra él, que perecer asesinado jurídicamente por haber disputado su cabeza a sus instintos asesinos”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (30), Vi victa vis hay aliteración, frecuente en los escritores clásicos, pero hay que saber manejarla.

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v.gr. moles molestiarum, nihil horum ora...; “y con doble mandoble” (G. Valencia, Judith). C. ANÁLISIS ORATORIO: en (30), vigorosa recapitulación de todo cuanto ha dicho: narración, proposición, los tres prejuicios, el punto en discusión, todo ello sumarizado inmediatamente antes de la confirmación. Nótese este procedimiento inteligente de los oradores que valen (Bossuet, Riquet, Lombardi...), al lograr que el auditorio no pierda un solo instante el hilo conductor del asunto. Observe el cambio de estilo con relación a la narración que ha concluido. El pensamiento central del periodo es: “Si id iure fieri non potuit nihil habeo quod defendam...”. Desarrolla con mucha elegancia este argumento o presentación de su pensamiento en un armonioso periodo de tres partes. Origen de la ley; sustancia de la ley; consecuencias por su ignorancia. Detenerse un poco para observar la armonía de todo el periodo: frases y cláusulas calculadas; variedad en la terminación de casos y tiempos; combinación de asíndeton y polisíndeton; forma métrica, v.gr. “praescripsit-propusaret-pereundum”. AHORA EMPIEZA LA CONFIRMACIÓN: Cicerón insistirá hasta la saciedad en esta idea: Todo prueba que el culpable fue Clodio. Antes de estudiar pormenorizadamente la Confirmación, damos una síntesis de los argumentos de la primera parte de la misma, para mayor claridad. Todo prueba que el culpable fue Clodio. 1) mucho importaba a Clodio la muerte de Milón y en cambio a Milón la muerte de Clodio no le significaba ventaja alguna; 2) Clodio alimentaba odio mortal contra Milón; el odio de Milón se reducía al que se tiene a un malvado; 3) Clodio se mostró siempre violento y atrevido; Milón, mesurado; 4) Clodio, acostumbrado a eludir los tribunales estaba seguro de que el asunto no tendría importancia; Milón no podía esperar lo mismo; 5) Clodio había amenazado a Milón con la muerte hasta decirlo poco antes del encuentro; Milón jamás pensó en tales designios; 6) Clodio sabía que Milón tendría que hacer un viaje en esa fecha y a ese lugar; Milón ni siquiera sospechaba del encuentro; 7) ¿quién tuvo mayores facilidades para atacar? Ante la propia finca, con tantos hombres a su favor, si Milón hubiera tramado la emboscada habría escogido otro lugar. Finalmente, lo que se siguió defiende a Milón: eso de regresar, presentarse en público al pueblo, al Senado, a Pompeyo, arguyen plena tranquilidad de conciencia. XII. Va a probar que el encuentro tiene todas las presunciones de una asechanza preparada por Clodio A. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: en (32-33a), idea central: “Milón tenía todo que perder con la muerte de Clodio; Clodio todo que ganar con la de Milón”. El orador emplea el argumento de Cassio: Cui bono fuerit, que desarrolla con suma variedad entre los números 32-35 inclusive.

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Literariamente, observe en el No. 32 la ultrajante seguridad con que trata el asunto. Al estúpido Calpurnio Pisón lo llama “asno” en aquel discurso; a Marco Antonio lo llama “bestia” en la 2 Filípica; al feroz Clodio tenía que llamarlo “bestia salvaje” ¿Qué opina Ud.? Observe la brillante e hiriente visualización del No. 33: quiere probar que efectivamente Clodio tenía sus planes destructores cuando fuera pretor. Para ello adopta este procedimiento: presentar la idea (Clodio tenía planes atroces) de una manera que podríamos llamar “plástica”; y la forma no es menos plástica y brillante y... exagerada, porque Cicerón habla no solo de lo que Clodio habla cometido como tribuno, sino de lo que debería cometer como pretor. Comentario al mismo número: en el pasaje nótense los rasgos de mordaz humor: exhibe, exhibe, duplicado, interés afectado; Quaeso, modestia despectiva; Sexte Clodi, dignidad despectiva (en castellano: “Muéstrenos, muéstrenos por favor, señor doctor don Ulpiano Carrasco...”); Librarium, palabra desusada y exagerada; aiunt, proverbial, ampulosa; palladium, comparación desproporcionada; videlicet, forma irónica; munus atque instrumentum, pleonasmo, pomposidad, etc. XIII. (33b-34-35) El orador continúa aplicando el principio “Cui bono fuerit” A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (33), uso del verbo punio como deponente: punior. Interesse: su construcción. El impersonal interesse se construye con genitivo de persona, con ablativo femenino singular del pronombre personal; la cosa que importa se expresa por un infinito, etc. En (34*) Suffragator: explicación semántica; “agente electoral”. Mereor: se construye con de más ablativo. El sustantivo meritum se construye con erga o in más ablativo. Las partículas si, ne con el indefinido aliquis, se construye así: Si quis, ne quis... (35); ordene así el último párrafo: “Quantum odium illius fuisse (creditis) et etiam quam justum in homine injusto”. Traducción libre: “Qué implacable tuvo que ser su odio, y en ese hombre injusto qué cosa más justificable”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (33), Dilaniandum reliquisti: verbos como relinquo, trado, suspicio, etc., se construyen con elegancia con el gerundio en acusativo: v.gr. dilaniandum reliquisti, ei tradidit evertendam rempublicam, mihi suscepi munus obeundum... C. ANÁLISIS ORATORIO: de (33), ha sido muy celebrada esta digresión para apostrafar a Sexto Clodio. Augusto Haury dice: “Estamos en una elocuencia de guerra [...] es un desborde de burla indignada [...] que tiende a mantener, durante el sofisticado desarrollo, al auditorio bajo el impacto de un prejuicio favorable a su cliente; Cicerón prolonga esta anestesia [...] y aborda una confirmación peligrosa, seguro del éxito por un largo apóstrofe irónico a Sexto Clodio” etc.84.

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Augusto Haury, L’ironie et l’humour chez Ciceron (Leiden: E. J. Brill, 1955), 159-160.

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¿Comprende la crueldad de la alusión, entre romanos? Recuerde cómo amenazan los enemigos en la Eneida y ¡qué piden las víctimas! “Quedarás sin sepultura”, “No me dejes insepulto”. Así, v.gr. la ultrajante advertencia de Turno sobre el cadáver de Palante: Arcales, haec –inquit– menores mea dicta referte Evandro: qualem meruit, Pallanta remitto; quisquis honos tumuli, quidquid solamen humandi est, largior... (Aen. X, 491 ss) Las palabras del piadoso Eneas cuando degüella a Tárquito: Istic nunc metuende iace; non te optima mater condet humo patrioque onerabit membra sepulcro; alitibus linquére feris... (Aen. X, 556) La petición del brutal Macedonio, ya vencido: “Unum hoc per si qua est victis venia hostibus oro: corpus humo patiare tegi” (Aen. X, 902-3). Lea Ud. los funerales de Miseno, descritos por Virgilio (Aen. VI, 212-35) o los de Palante (Aen. XI, 58-99), rito, solemnidad, amistad; y compárelos con los “funerales” o “cámara ardiente” que Sexto Clodio preparó a Publio Clodio... Recorra mentalmente el inventario de expresiones que usa Cicerón: ¿qué opina Ud. de la brutal crueldad de Cicerón cuando habla de “aquella carroña sangrienta y chamuscada que abandonaron en la mitad del foro para ser despresada por los perros nocturnos”? (cruentum cadaver –semustulatum– dilaniandum nocturnis canibus...). En (34), ha probado cuánto interesaba a Clodio la muerte de Milón. ¿Cómo probará cuánto interesaba a Milón que viviera Clodio? La manera como enfoca el problema –observa Newman (Historical Sketches I85)– es inesperada, paradójica y hábil: ¡cómo iba a privarse Milón del mejor agente electoral, Clodio, que le aseguraba su triunfo! ¿Le convence a Ud. la razón alegada por Cicerón? En otros términos: ¿se convence Ud. de que Milón estaba persuadido de que la vida y los desmanes de Clodio eran la mejor garantía de su triunfo? Note con qué irónica solemnidad llama a Clodio “palestra del patriotismo de Milón, garantía segura de su consulado, inexhausta fuente de su gloria” después de haberle dicho “bellua”, “de amarrar”, etc. Note también con cuánta plasticidad Cicerón se hace intérprete del gran pesar de Milón, porque Clodio ya no existe: “At nunc, Clodio remoto” etc. N.B. El usitatis rebus de que habla en el pasaje mencionado son los medios ordinarios y populares de que se valían los politiqueros para lograr el triunfo. Tales medios eran estos: 1) los amici: affines, familiares, vicini,

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John Henry Newman, Historical Sketches 1801-1890, vol. 2 (Londres: B.M. Pickering, 18721873).

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tribules, clientes, municipes, sodales, collegae; 2) los nomenclatores, siervos que acompañaban al candidato por las calles y le iban indicando los nombres de los ciudadanos, para que el aspirante se diera el lujo de llamar por nombre y apellido al incauto a quien quería agregar a su causa; 3) blanditia: regalos, favores, etc., para atraerse partidarios; 4) presantio: andar estrechando la mano a todo el mundo y prometiendo cargos y regalos. En (35), con prontitud sale al paso a otra objeción: “pero no se tiene en cuenta el odio que Milón tenía a Clodio”. ¿Cómo responde Cicerón? ¿Qué opina de esa respuesta? Fíjese como, al arremeter contra Clodio (ille erat ut odisset...), disimula y no responde propiamente a la objeción. Tres interrogaciones y repeticiones de los nombres en contienda; anáfora: defensorem-vexatorem-domitorem-accusatorem. Traducción libre: “¿Qué implacable tuvo que ser su odio, y en ese hombre injusto, qué cosa más justificable?” XIV. (36-37-38) Nueva prueba de que el asaltante fue Clodio. Métodos de Clodio y de Milón A. ACLARACIONES GRAMATICALES: Natura consuetudoque: temperamento y costumbres, carácter y antecedentes; Vis y iudicium: en este capítulo las dos palabras deben tomarse en su sentido jurídico: procedimientos violentos y procedimientos legales; Restituere: palabra técnica para significar el levantamiento de un destierro; Diem dicere: emplazarlo a un tribunal; Multam irrogare: imponer una multa; Actionem intendere (perduellionis): entablar un proceso (por delito contra el Estado). B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: Observe en los tres números cómo es de frecuente y elegante el uso de la voz pasiva. C. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: a) todo el capítulo es una pintura social de la época. “Figuraos a Londres, con la población esclava de New Orleans, la policía de Constantinopla, la industria de Roma moderna y pensad en el estado político de París en 1848: tendréis alguna idea de la Roma republicana en sus últimos momentos”86; b) advertir la ironía, mesura y placidez con que comienza Cicerón mostrando el carácter de su enemigo; c) de acuerdo con Pedraz87 y con Donelly, que califica este pasaje como verdaderamente oratorio, fijarse cómo desentraña la idea principal: el orador vulgar habría dicho: “Dicen que Clodio nunca usó de la violencia, pero esto es falso por A, por B, por C...”. En cambio, Ud. estudie cómo lo presenta Cicerón, por ejemplo: primera proposición principal: “Reliquum est ut jam illum natura ipsius consuetudoque defendat”: algo general, indeterminado. Segunda proposición principal: “Nihil per vim unquam Clodius”:

Mommsen, citado por Boissier, Cicerón y sus amigos, tr. española (Buenos Aires, 1944), 172. Léase desde la p. 170.

Juan Pedraz, Los resortes psicologicos de la persuasion en la oratoria (Santander: Sal Terrae, 1966), 139.

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afirmación mucho más concreta. Luego respuestas literarias indirectas: Quid? Non vim? Sustantivos y verbos brillantes y fuertes, etc. Finalmente (37), una Inducción que prueba vigorosamente si es cierto aquello que quería probar: Natura consuetudoque y Nihil per vim...; d) y en ese mismo No. 37 destaque el creciente giro patético, debido al entusiasmo oratorio que se va apoderando del abogado; e) luego habla del caso Milón: los enemigos han dicho Omnia per vim Milo. Siguiendo un procedimiento parecido al anterior, observe cómo destruye Cicerón esta afirmación; fíjese en el mismo procedimiento literario: énfasis en las afirmaciones, repeticiones oratorias, acumulación de adjetivos. XV. (39-40-41-41a) Refuerza el argumento anterior: Milón tuvo ocasiones estupendas para escarmentar a Clodio... y no lo hizo (cuanto menos, ahora) A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en el No. 41 el verbo curare, más el gerundio en acusativo, equivale a nuestro hacer más infinitivo: curavit gladios destringendos: “hizo desenvainar las espadas”. El verbo debe ser transitivo. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) ¿qué debilidad emocional descubre en el No. 39? Allí mismo observe el clímax: “clarissimus consul... inimicus... ultor... propugnator... defensor... patronus... restitutor salutis meae...”. Es una nueva debilidad emocional: todo el clímax confluye a EL; b) se ha observado que todo el número está cuajado de términos militares: es que quiere comprometer a Pompeyo, el general, el viejo amigo y defensor de Cicerón y de Milón: Dux... hostis... cohortatus... fidem... signum dedit...; c) en el No. 40 observe con qué sagacidad, énfasis y naturalidad recuerda ciertos incidentes de la vida de Clodio con relación a Pompeyo, Milón y Marco Antonio (allí presente y... defensor de Clodio muerto). ¿Qué efecto psicológico tiene esto?; d) Bossuet, hablando de las deudas que tiene con el orador latino, dice que el manejo del lenguaje forma el cuerpo del discurso (“Sur le style et la lecture... pour former un orateur”). Observe esas cualidades en los Nos. 40 y 41 del discurso, v.gr. “Belluam irretitam tenete, opprimere, laqueos declinare, conficere pestem illam”, etc.; también Cervantes: “Yo he satisfecho agravios, enderezado entuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestigios” (Don Quijote, II, 32); e) finalmente, en el No. 41a observe el tono exagerado y el eufemismo que usa: esto sería la técnica de la sugerencia: mucho más elegante y efectista, a veces, que la declaración plena. XVI. (41b-42-43) Cicerón va a concluir la argumentación a priori, a saber, probabile ex causa y propabile ex vita, con un último argumento ab absurdo: Habiendo, pues, tenido magníficas ocasiones para eliminar a Clodio, ¿iba Milón a cometer un homicidio en vísperas de los comicios? Recapitulación de parte vista de la Confirmación: Recuerde que concluía la Narración, que, de por sí, no tiene valor probatorio, mientras no se confirme con argumentos. Cicerón la ha ido confirmando con estos pasos:

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1) Clodio fue el provocador, porque tenía mucho interés en deshacerse de Milón: probabile ex causa; 2) Clodio fue el provocador porque por naturaleza era violento: probabile ex vita, etc. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (41b), observe los múltiples ablativos de modo; en (42) procure dar la traducción exacta de los sustantivos y adjetivos destacando su colorido; en (43) Quod caput est audaciae: modismo, “el punto capital de...” la audacia, etc., v.gr. Quod caput est rei: “lo que aquí más importa”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (41b), Occidere, al final del periodo, porque expresa la idea principal; (42) Voluntas sensusque: en latín se usa juntar dos expresiones que se complementan y la traducción al castellano puede hacerse con un adjetivo y un sustantivo que les correspondan: v.gr. amor et spes: “la ansiosa expectativa”, etc. N.B. La explicación de este procedimiento latino puede buscarse en el hecho de que “el latín es en algunos aspectos menos apto para la oratoria que el griego”. El cardenal Newman ha observado que ciertas deficiencias estructurales del latín exigen considerable esfuerzo y destreza para hacerlo plástico, elegante, expresivo. Fue sin duda por esta razón por la que los grandes oradores romanos, Hortensio y el mismo Cicerón, cambiaron la “llaneza” y a veces la escultoriedad de Lisias o Demóstenes por la amplitud y ornamentación de sus períodos sonoros y elaborados88. C. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: Observe en el No. 41b el vigoroso y hábil compendio con que va probando plenamente: había empezado diciendo que Milón estaba muy tejos de tramar aquel homicidio y ahora llega a concluir que ni siquiera lo habría podido. Además, el párrafo está elaborado muy cuidadosamente; examínelo; a) el No. 42 es un estudio maravilloso de la psicología de todo candidato. Fíjese cómo presenta Cicerón las emociones propias de los candidatos; los objetos que les inspiran recelo; la naturaleza del vulgo. N.B. Tácito, hablando del vulgo, dijo: “Vulgo mutabili subitis” (I, Hist.). Tito Livio: “Nihil tam incertum nec tam inaestimabile est quam animi multitudinis” (Historia, XL). Cicerón, en otro lugar: “Non est enim consilium in vulgo, non ratio, non discrimen, non diligentia” (Pro Plancio, IV). Cervantes presenta así a los candidatos: “Cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron” (Don Quijote, II, 42); b) en el No. 43 destaque la fuerza del argumento, la fuerza de las palabras y el giro repentino (¿Quid? quod caput...) que da a su argumentación, como si se le hubiera ocurrido el bello raciocinio a vuela pluma.

Cfr Cyril Bailey, El legado de Roma (Pegaso, 1956), 3 ss.

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XVII. (44, 45-46) Empiezan ahora las pruebas a posteriori. El orador va a deducir que el asaltante fue Clodio y no Milón, por las circunstancias de tiempo, lugar y equipamiento; por lo que precedió, acompañó, siguió al hecho y por la manera como se comportó Milón a raíz de ese acontecimiento. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (45), al final, la traducción es: “2. Qué será, pues, si, mientras Clodio conocía perfectamente el día del viaje de Milón, Milón ni siquiera podía sospechar el del viaje de Clodio?”; en (46), al principio, la traducción es: “Primeramente pregunto cómo pudo saberlo Milón, mientras esta pregunta no la podéis formular con relación a Clodio”. Y continúa: “Porque bastaba con haber preguntado a su intimo T. Pátina”. B. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: a) fijarse cómo se cambia de estilo. Los hechos se presentan con una sugestividad más viva y el razonamiento es más denso. Cicerón argumentará desde el aspecto tiempo de tres modos: tiempo en que se predijo la muerte de Milón; tiempo de la partida (45); tiempo del regreso de Clodio a Roma (46-49); b) fijarse cómo razona Cicerón: parece perfectamente seguro de sus argumentos y se pasea magistralmente (Nos. 45-46), llegando incluso a conceder, lleno de ironía, algunas aseveraciones de los clodianos. El abogado sabe cómo abocar los asuntos para sacar ventajas, como se verá en el siguiente capítulo de las aseveraciones y contradicciones de los adversarios. XVIII. (47-48) El orador está argumentando sobre el día del encuentro... Ahora bien, C. Causinio Schola ha testimoniado que Clodio tuvo que regresar a Roma precisamente ese día, inesperadamente, porque a última hora le llegó la noticia de que su amigo, el arquitecto Cyro, había muerto. Por tanto –podría concluirse–, la presencia de Clodio en la Apia fue casual, involuntaria, forzosa. Va a observar Ud. cómo juega Cicerón con esta defensa presentada por los Clodianos. Por tanto, en los dos capítulos siguientes (XVIII y XIX) atienda de manera especial al aspecto dialéctico, al razonamiento. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (47), Agere negotium suum: “Defender la propia causa”. Fuisse qui... dicerent: equivale al castellano “hay quienes... dicen”; en latín, se pone el verbo sum y luego un subjuntivo; v.gr. “hay gente que anda diciendo que habrá guerra”: Sunt qui dicant bellum futurum esse, “No faltan quienes sigan a Cristo”: Non desunt qui Christum sequantur. Traducción al final del párrafo: Non vereror...; “Ya no temo que se piense que tramé lo que ni siquiera pude sospechar”; en (48), In Albano: “En la finca de Albano”, explicar la construcción. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (47), observe el sentido que en latín tienen ciertas palabras como res, ratio, consilium, totalmente genérico. Significan: asunto, causa, plan, propósito, etc.

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C. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: en este capítulo, Cicerón, aprovechando el argumento de Causinio Schola, va a defender a Milón y a sí mismo, retorciendo la argumentación de los clodianos. El argumento de Causinio Schola procede así (47): a) Antecedens: “Clodio regresaba inesperadamente a causa de la muerte de Ciro”: Consequens: por tanto, el encuentro con Milón no fue intencional... Cicerón retuerce: antecedens: “Clodio regresaba inesperadamente a causa de la muerte de Cyro”; consequens: por tanto, “ni Milón, ni yo planeamos la emboscada”. Observar en el No. 47 toda el alma que pone para hablar de sí; b) en el No. 48 toma Cicerón el argumento bajo otro aspecto: va a negarle valor probatorio. “El anuncio de la muerte de Ciro es una bonita historia para paliar las verdaderas intenciones de la rápida marcha de Clodio sobre la Appia”. ¿Qué es lo que propiamente dice Cicerón? ¿Tiene fuerza el argumento que aduce? N.B. Los que hacían testamentos podían nombrar a los herederos en presencia de numerosos testigos o solo hacer un testamento cerrado y sellado. XIX. (49-50-51-52) Cicerón toma de nuevo el argumento de Causinio Schola: “Supongamos que sea verdad la historia del regreso de Clodio con motivo de la muerte de Ciro: las circunstancias del regreso son tales que lo hacen muy sospechoso”. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (49), Properare: apresurarse; festinare: precipitarse; maturare: hacer por llegar a tiempo; celerare: apresurarse a causa de la demora. Traducción de: Quid adferebat causam...: “¿A título de heredero tenía tantos motivos de precipitación?”, “Ante todo, no había motivo para tanto apresuramiento; pero, suponiendo que existiera, ¿qué asunto tan singular era aquel que podía lograrse esa noche y, por el contrario, perderse, si regresaba a Roma al día siguiente por la mañana? C. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: a) observe la variedad del estilo ciceroniano. Compare el No. 42, emocionado y estudiado, y pase luego a los Nos. 44-49, donde es vigoroso, vivo, incisivo, de conversación, breve, ágil, lleno de repeticiones para aclarar la idea, etc. Vea los Nos. 23-29, donde es típicamente explanativo; b) en el No. 50, descubra la artística habilidad del pasaje, lograda sobre todo gracias a la personificación. Un pasaje paralelo de Cervantes: “Bien notas escudero fiel, las tinieblas de esta noche, su extraño silencio, el sordo y confuso estruendo de estos árboles, el temeroso ruido de aquella agua” (Don Quijote, I, 20). Pero aquí no hay personificación. Y más abajo: “Ahora es de noche, aquí no nos ve nadie […], y pues no hay quien nos vea, menos habrá quien nos note de cobardes”; c) fíjese cómo –en el mismo número– Cicerón no desaprovecha ocasión para poner de relieve la perversidad de Clodio y cómo lo hace apenas insinuando. Compare la cadencia de estas dos expresiones: - Sustinuisset crimen primum / ille latronum occultator et receptor locus.

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- Neque muta solitudo indicasset / neque caeca nox ostendisset Violati, spoliati, bonis expulsi / tota denique rea citaretur Etruria. d) Cicerón concede que Clodio venía de Aricia. ¿Se contradice tácitamente con lo afirmado en el No. 27, al final, y en el 45?; e) en (52), observe cómo Cicerón más de una vez hace recapitulaciones de cuanto va diciendo para mantener a sus oyentes en el desarrollo de la argumentación. En este número la recapitulación es: lógicamente muy segura (video adhuc constare omnia), literariamente diáfana y usa el paralelismo, el abstracto y términos generales; f) finalmente, ¿por qué Cicerón se esfuerza tanto en retrasar la hora del encuentro? XX-XXI. (53-56) Después de la prueba del tiempo, la prueba del lugar. Clodio supo escoger muy bien el lugar del atentado, cerca de su finca de Albano (sobre la vía Appia), levantada en el flanco de los montes Albanos, sobre enormes construcciones abovedadas. N.B. Los partidarios de Clodio decían, por el contrario, que Milón se había detenido muy cerca, en el “sitio de Bueyecitos” (Bovillae) a esperar a que Clodio saliera de su propiedad. ¿Qué dice Asconio? A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (53), Edito adversarii atque excelso loco: “Frente a una pronunciada pendiente que dominaba la llanura, ocupada por el adversario”. N.B. Así se entiende el significado de la palabra militarimpetus (cfr. No. 29), porque para un asalto se escogía una pendiente, de suerte que fuera fácil lanzar las jabalinas; en (54) la traducción es: “Salió de su finca precipitadamente; ¿y por qué así? Porque se hacía de noche; ¿y qué necesidad tenía de viajar de noche? Es que el viaje era lento; ¿a quién se le ocurre viajar en semejante época? (fines de enero, cuando el sol aún se pone temprano y se está en el invierno); en (55), Virum a viro: entre los antiguos pueblos itálicos, el jefe tenía la costumbre de escoger diez hombres que a su vez iban escogiendo otro compañero hasta llegar a un número determinado, para casos de suprema urgencia; en (56) Vitam paene addictam: “Se había puesto a precio su cabeza y estaba adjudicada”, palabras del mundo de negocios. B. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: refiriéndose a estos dos capítulos (XX-XXI), dice M. Guillemin Guillemin: “Encontramos uno de los pasajes más dramáticos del Pro Milone: diálogo con un fingido interlocutor, apuntes a detalles directos que colocan la escena vivamente representada a los ojos del oyente”89 y añade que la conclusión toma la forma de una meditación y contribuye a la grandeza de la descripción. a) Muestre el giro que va tomando la elocuencia progresivamente, en estos dos capítulos, a partir de explicaciones precisas, pasando luego

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M. Guillemin, Classiques Rome, h, 1.

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al movimiento dramático y desembocando en largos períodos: v.gr. el cúmulo de detalles topográficos y domésticos (53), el dramatismo en la pintura, (54-55), las reflexiones de espectador (56); b) en (53), fíjese cómo destaca Cicerón la Idea del parapetamiento de Clodio y de sus hombres, y hasta la misma palabra clave locus, repetidamente pronunciada. Como procedimiento literario, observe los duplicados, repeticiones, ironías; como habilidad dialéctica, fíjese en la argumentación ab absurdo; c) en (54 y 55), pasajes notables por su viveza y dramatismo (non gesta sed picta... dice Cicerón, mérito que se le puede aplicar aquí ampliamente). Destaque el dramatismo así: los protagonistas y sus cortejos, la acción de los que representan, las actitudes y disposiciones reflejadas hasta en el empleo de los adverbios y la viveza del diálogo; finalmente, vea cómo el cortejo de Milón es lo menos militar posible; d) el P. Abram, (s. XVII) dice de este pasaje: “Advertendus numerus celer, concisus et solutus ut non videatur expeditior fuisse Clodius quam Ciceronis oratio”. Analicemos las tres cualidades enunciadas por el P. Abram: Rapidez: repeticiones, balanceamientos, antítesis, diálogo; concisión: omisión de conjuntivas, asíndeton, no se prodigan verbos ni adjetivos; desenfado: por la ausencia de períodos; e) Para apreciar este pasaje, compárelo con los Nos. 24 y 29 o con un periodo oratorio (4, 19), donde hay ideas presentadas con un enfoque oratorio totalmente diverso; f) fíjese cómo los dos protagonistas conservan y ponen de relieve aquí el carácter que les atribuye constantemente Cicerón; g) como ejemplo de viva pintura, no de simple narración lánguida, lea v.gr. Cervantes (Don Quijote. II, 26) o el reposado exordio de Bossuet en su sermón sobre la muerte o el sermón del P. Segneri sobre el Infierno o al P. Lombardi, citado por Pedraz (Los resortes de la persuasión, p. 158, 1956); h) en (55), al final: Mulier inciderat in viros... Mayor, ultraje, ¿dónde? Por urbanidad y otras causas se omiten los juicios que de Clodio da Cicerón en otros discursos: Post reditum ad Senatum, Pro domo, De Aruspicum responsis, Pro Sextio, in Vatinium. Baste decir que con frecuencia alude a “La Clodia”; i) en (55 y 56), respuesta a una objeción: “¿Si todo lo que Ud. dice es cierto, ¿cómo se explica el fracaso de Clodio?” Cicerón no puede negar que Milón también llevaba su escolta. Asconio dice que solo iban 300; j) en (56), observe ahora el cambio de estilo. En Cicerón se pasa de un estilo a otro, del periódico, armónico, cadencioso, al estilo ágil y suelto, o viceversa. El estilo ágil se caracteriza sobre todo por el asíndeton y ausencia de conjunciones, lo que ocurre cuando Cicerón se entrega a una descripción; los sucesos no se subordinan, se coordinan; los verbos caen como golpes de martillo; existe la impresión de que se presencian pequeños dramas con episodios precipitados90.

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Y. W. Fausset, Cicero, Pro Cluentio, 4 ed. (Londres, 1910), 122.

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XXIII. (57-58-59-60) Refutaciones incidentales: “Después del encuentro, Milón se traiciona por cuanto de este modo ha impedido que sus esclavos, en la tortura, declararan la verdad”. N.B. Según el derecho romano, los esclavos podían ser llamados a declarar, pero nunca contra sus señores, a no ser en caso de sacrilegio. Las declaraciones de los esclavos no tenían valor judicial, sino cuando eran mantenidas a pesar del tormento. Si el esclavo era manumitido, ya no podía ser torturado. La ley de Pompeyo, en el caso de Clodio, parece haber asimilado su muerte a aquellos casos excepcionales en que se permitía o mandaba la declaración del esclavo contra su propio señor, ya que el pariente de Clodio –Appio– reclamó a los esclavos de Milón para someterlos a tortura. Según Metelo Escipión, Milón manumitió 12 esclavos al día siguiente del encuentro. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (57), “si preguntas: ‘por qué manumitió a sus esclavos’ y no, más bien, ‘porqué les pagó tan escasamente’, no sabes atacar la conducta de tu adversario”; en (58), Constanter: “con lógica”; v.gr. Sibi constare: “ser lógico”... “etsi id quidem”; en la mitad del No. 58, compárese con “...quan esse...”, al final, y explíquese. Traducción de la última frase del No. 59: “En este doloroso episodio por lo menos atempera su pesadumbre el que, aun suponiendo que suceda lo peor, se les haya abonado sin embargo su merecida recompensa”; en (60), Sis, sodes, sultis: si vis, si audes, si vultis. Penes: “en poder de”, que no es lo mismo que apud. N.B. Los siervos de Clodio llevaban efectivamente cerca de 100 días en manos de Appio Clodio, ya que el encuentro tuvo lugar el 18 o 19 de enero, y el juicio, en la primera semana de abril. B. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: ¿Quiere la refutación de Cicerón distraer al oyente de las difíciles circunstancias del encuentro? a) Cicerón responde por el procedimiento adoptado en los Nos. 12-21, oponiendo su propia interpretación y punto de vista: “Manu vero cur miserit”; b) debe fijarse en la agilidad de estilo de Cicerón, que pasa del tono dialéctico de la discusión (57-58) al de la emoción (58b) y termina con el de una comedia; c) distinga en el No. 57 la dialéctica y la oratoria y examine la reflexión que se hace Cicerón: “Lo único que podría hacer un esclavo en el tormento sería declarar el hecho. Ahora bien, el hecho nos hemos adelantado a confesarlo. Del aspecto del derecho, que es de lo que aquí se trata, no puede juzgar el torturado; eso corresponde al tribunal y por eso ni pierde ni gana Milón manumitiendo a sus esclavos, de donde la objeción de los clodianos queda desvirtuada”. Fíjese si aquí se esconde o no un sofisma, porque algunos juzgan perfecta la argumentación de Cicerón; d) Literalmente y desde el punto de vista oratorio, fíjese en los “trucos” propuestos por Cicerón al preguntar en el No. 57 “Metuebat scilicet ne... ne... ne...”. e) En el No. 58, Cicerón razona sobre la actitud

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de Milón: “manumitió a sus esclavos por agradecimiento”. Fíjese cómo razona: trayendo la autoridad de Catón, destacando el mérito de los esclavos y ponderando las consecuencias. Cuánto vale el argumento de autoridad; f) Nos. 59-60: estos pasajes entusiasmaban a Quintiliano, que los pone como modelo de agilidad de estilo, cuando el orador, al bajarse a un estilo demasiado familiar, no es ramplón, sino que logra conservar la dignidad y el vuelo oratorio (Quint. Instituciones. VIII, 3, 21 ss.); N.B. El Atrium Libertatis era un edificio ubicado o sobre el Aventino o entre el Foro y el Campo de Marte, con las oficinas de los Censores, y era el lugar donde se trataban los asuntos de los esclavos; g) fíjese cómo en los Nos. 59-60 el orador parece psicológicamente seguro, porque el argumento de unos esclavos en este caso no vale nada. Repite hasta la saciedad el nombre de Appio y se permite juegos de palabras llenos de malicia: “Proxime deos accessit Clodius...”. Dice Haury: “Cicerón recurre a la ironía por el cuidado de ocultar la debilidad de la argumentación anterior (L’Humour et l’Ironie chez Ciceron, Cfr. Pedraz. Los resortes de la Persuasión, pp. 182, y 186. • Proposiciones que va a defender: si quaeris cur manumiserit, respondebo. • Razones alegadas para defender: “porque milón es hombre agradecido”. • Confirma que M. es agradecido o que debe proceder así: “catón es el primero en proclamar que a tales hombres se les debe eterno agradecimiento”. • Confirma las razones de Catón: quod enim praemium satis magnum... • Desarrollo emocional de la última afirmación: etsi quidem... • Repetición de cuanto ha dicho: hic vero nihil... Todo representado en forma diáfana, destaca la oposición Praemiumdignissimos-defendere-fidelibus-benevolis... con Sanguine-vulneribustormentis-sceleris-necis... XXIII. (61-62-63) Nuevo aspecto de la defensa. Consecutio o approbatio, la llamaban los romanos: A saber, prueba por las circunstancias que se siguieron al hecho: conducta del acusado después del hecho. Este argumento también vale hoy en derecho penal A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (61), Mens: facultad de discernir lo bueno de lo malo; Conscientia: conocimiento de la propia responsabilidad moral; Totus es “todo entero”; omnis, “todo”, en sentido más amplio, y se opone a nullus; cunctus es “todo junto”, que se opone a separatus; universus es “entero”. Observe el cúmulo y el uso de participios; ¿cómo se emplearían esas frases sin participio?; en (62), Praesentia animi: en castellano decimos “sangre fría”, pero en latín el giro es más filosófico. Dubitare más infinitivo, ¿cómo se traduce?; en (63), Carere patria: desterrarse voluntariamente.

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B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (61), observe los duplicados: “argumentis signisque”, “pura atque integra”; en (62), observe la transición “Neque vero” etc., o “neque tamen”. C. ANÁLISIS ORATORIO: a) el argumento valía mucho para los romanos. Cicerón, en Ad Herennium (2, 8) escribe: Existe la prueba por las consecuencias cuando el orador busca algunos indicios que acompañan la culpabilidad o la inocencia. El acusador dirá, si lo puede, que el reo, al encontrarse con él, enrojeció, palideció, se desconcertó, dijo palabras incoherentes, se sintió abatido, le hizo no sé que promesa, señal de que se siente culpable. Si el acusado no ha hecho nada de esto, el acusador dirá que se había preparado el reo perfectamente para lo que pudiera ocurrir, que –al permanecer impasible– ha respondido con la mayor desenvoltura, señal de descaro y no de inocencia. Entonces el defensor debe decir que fue la magnitud del peligro y no la conciencia de su culpabilidad lo que conmovió al acusado. Si el acusado llega, inclusive, a no inmutarse, dirá que la conciencia de su inocencia inspira tal sangre fría. Esta técnica la aprovecha Cicerón, por ejemplo, defendiendo a Sextio Roscio de Amería, acusando a Catilina (“Neque enim is est Catilina, ut te, aut pudor, unquam a turpitudine, aut metus a periculo... revocarit”, I, 22) o enfrentándose a Antonio: “Sudat, pallet...”. A su manera, Cervantes: Ten memoria y no se te pase de ella cómo te recibe; si muda los colores el tiempo que la estuvieres dando mi embajada; si se desasosiega y turba oyendo mi nombre; si no cabe en la almohada, si acaso la hallas sentada en el estrado rico de su autoridad y si está en pié mírala si se pone ahora sobre el uno, ahora sobre el otro pié; si te repite la respuesta que te diere dos o tres veces; si la muda de blanda en áspera, de aceda en amorosa...; finalmente, hijo, mira todas sus acciones y movimientos, porque si tú me lo relatares como ellos fueron, sacaré yo lo que ella tiene escondido en lo secreto de su corazón (Don Quijote, II, 10). b) El argumento, puesto en forma silogística, sería: la tranquilidad y paz exterior es señal de la interior. Es así que Milón las demuestra. Luego, el argumento central es: Magna vis est conscientiae!; c) advierta un nuevo cambio de estilo, logrado principalmente por estos medios: 1) en contraste emotivo: mientras arde la Curia, entra olímpicamente sereno el inmaculado Milón, 2) sobre todo en el No. 61, estudie el arte de las gradaciones efectistas tan bien logradas; v.gr. para convencer quiere traducir en palabras la tranquilidad de Milón: nullo... nullo... nullo...; participios en utum-itum-atum; un imperativo para concentrar la atención: Recordamini (cfr. este procedimiento, frecuente en Demóstenes: Pro Cor. 42, 65, 71, 72), 3) el efectismo, cuando se refiere a Pompeyo, a cuyas manos ha venido a

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entregarse Milón (???) (Milón pesa sobre Cicerón como una pesadilla... Las alusiones a su persona empezarán a multiplicarse). Son quizá alusiones amargas; d) al abordar a Pompeyo, Cicerón adopta un estilo sinuoso: “Maestro de la caracterización oratoria, Cicerón, al manejar a Pompeyo, juez real del jurado, siente que su habilidad fastidia notablemente al Triumviro” (Donnelly); e) Observe las breves y elegantes amplificaciones de cada suceso, v.gr. “Llega, cómo...” (61), “Cuándo, a quiénes se confía...”, etc., hasta que Cicerón deja brotar todo su caudal oratorio en un homenaje miloniano-ciceroniano a Pompeyo; f) en (62-63) presenta a su héroe dando un mentís a las habladurías y hace un retablo de los “decires” de quienes están al corriente de los problemas y de quienes se dejan llevar de la fantasía. XXIV. (64-65-66) Enumeración más concreta de las habladurías populares. Prueba por inducción de que todas esas acusaciones son absurdas A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (64), conducere: “tomar en alquiler”; locare: “poner en alquiler”; en (65), de Ciro Máximo: con la partícula de se designa el barrio a que se pertenece. (Pedraz). Uso del partitivo Unus; en (66), Talis: “de tal cualidad o naturaleza”; en (65), Pompeio in hortos: “se anunció el hecho a Pompeyo en sus jardines”; Nuntiare y otros verbos de análogo significado, como los verbos de movimiento: in y acus. Ne vos aliquid y no Ne vos quidquam, porque aquí el segundo es más determinado. B. ANÁLISIS ORATORIO: Cicerón frente a los rumores, habladurías y aspavientos que ha provocado la muerte de Clodio y sus consecuencias: a) los rumores y cargos que corrían contra Milón y que Cicerón quiere desbaratar eran: “Que dizque Milón tiene preparado todo un arsenal...; que dizque ahora está tramando el asesinato de Pompeyo..., que dizque la otra noche hubo un ataque a la casa de César..., que dizque Milón concurre al Senado con armas escondidas...”; b) a partir del último párrafo del No. 63 y comienzo del 64, Cicerón pretende argüir así: “Se han dicho tales monstruosidades desde que Milón regresó a Roma que, de ser verdad aun la mitad de ellas, Milón no habría sido capaz de continuar en Roma”; c) fíjese cómo dramatiza Cicerón la ola de rumores, lleno de sarcasmo e ironía, y cómo presenta a su héroe olímpicamente despreocupado, v.gr. “Ut sustinuit, di immortales, ...Sustinuit! immo vero út contempsit et pro nihilo reputavit…”; d) para apreciar ciertos detalles finos de la ridiculización, vea cómo va mostrando, paso a paso, la inconsistencia de tales rumores y consejas; en el No. 64, v.gr., el énfasis monótono e intencionado del uso de palabras raras (angiportus, vicus...), de diminutivos, y el cúmulo de genitivos consonantados en -orum que dan efectismo. Cervantes jugó a su vez con este recurso trivial y agradable: “Yo soy el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises con toda la caterva de los famosos caballeros andantes... (Don Quijote, I, 20). Advierta el tono lleno de familiaridad y vida de este capítulo; e) En el No. 65, note que las alusiones a Pompeyo son muy diplomáticas, pero

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también sinuosas: v.gr. “Laudabam equidem incredibilem diligentiam...”, como si quisiera decir que hacía muy bien Pompeyo en guardarse, pero que quizá resultaba un tanto exageradamente. “Multa audire coguntur”... “Fuit audiendus popa Licinius nescio qui”, como si dijera: “hasta se llegó a oír o no sé qué ejemplar de la plaza del mercado, un tal Licinio, de profesión carnicero”; f) en (66), ¿cree Ud. que los dos adjetivos aplicados a César, clarissimi et fortissimi, son triviales o intencionados? ¿Por qué? Añade: Nemo audierat... Tamen audiebatur... (Eppur, si muove... dijo Galileo); g) la delación del popa Licinio, como peligrosa, está especialmente refutada por Cicerón. XXV. (67-68) La incómoda sombra de Pompeyo... Lo tiene presente desde el No. 61; pesadilla de todo su discurso. Recuerde el juicio de Veleyo Patérculo: “A Milón más lo perjudicó la mala disposición de Pompeyo que la misma odiosidad del hecho”. A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (67), note la diferencia entre metuere alicui y aliquem. Ejemplos con otros verbos análogos. Note igualmente el juego de palabras empleado por Cicerón: “metuitur... timemus... perhorrescimus”. Conquisitores: oficiales a quienes corresponde el reclutamiento de soldados, que se llevó a efecto después de que el Senado, por un Senatus-consultum ultimum, invistió a Pompeyo de plenos poderes. Capitolinae cohortes: imagine Ud. la situación de Roma en estos días: Capitolio, Palatino, Foro... que ofrecen un inquieto aspecto militar. La idea de este número es la siguiente: “Si solo contra Milón se dirige, se organiza, se despliega todo ese formidable aparato, seguramente se supone en él un valor indomable, cualidades sobrehumanas, fuerza preternatural, recursos inagotables, puesto que, aunque se encuentra solo, se le opone el más grande general de su tiempo al frente de toda una república en armas...”. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) note los esfuerzos de elocuencia y de dialéctica que hace el orador para disipar los temores reales o supuestos de Pompeyo. Una vez más, Cicerón quiere demostrar que las medidas adoptadas por Pompeyo serían exageradas y desacertadas, si apuntaran a Milón; su única finalidad es la tranquilidad pública y la libertad del tribunal; b) después del pasaje anterior, vivo y familiar, ahora el discurso recobra su majestad. Ud. habrá ya advertido que, siendo la forma la expresión de la idea, el orador ha estado manejando una fina ironía o un solemne patetismo en los momentos más difíciles. Como ejemplo “reciente”, los discursos de Vásquez de Mella o la Defensa de Antonio Nariño; c) para confirmar lo anterior, fíjese, v.gr., en el No. 67: cómo está intencionalmente recargado para lograr efectos de emoción y sugestión. Una introducción hábil: “Non iam hoc Clodianum crimen timemus”; luego una afirmación enfática y estudiada: “Sed tuas,...”, con una expresión noblemente teatral; d) el No. 68 evoca las amistosas relaciones de Milón con Pompeyo y se refiere brevemente a la serie de tempestuosos sucesos relacionados con Cicerón, Milón y Pompeyo, a quien apellida Magne (Oh tú, el Grande...). Imagine

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cómo hubo de violentarse Cicerón para escribir esa elocuente parrafada, con el recuerdo de la altanera actitud de Milón. XXVI. (69-70-71) Patético apóstrofe a Pompeyo A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (69), Post homines natos o Post hominum memoriam: “desde que el mundo es mundo”. Adjetivos terminados en -bilis: commutabilis, volubilis, etc. Es un sufijo de sentido pasivo. En latín hay algunos en -bilis con sentido activo: horribilis, terribilis, mirabilis, nobilis..., pero se usa más el gerundivo activo: horrendus, mirandus, etc.; en (70), traducción: Pero cómo persuadirse de que Ceneo Pompeyo, tan profundamente versado en el derecho público, en las tradiciones nacionales, en fin, en la política; Pompeyo (hunc... hunc...), a quien el Senado ha encargado el poder ne quid Respublica detrimenti capiat, solemne y breve fórmula que sola armó siempre suficientemente a los Cónsules, a falta de otras armas; Pompeyo, digo, cuando está apoyado por un ejército, por nuevos reclutamientos confiados a su intrepidez, iba a esperar la decisión de un tribunal para reprimir los atentados de un hombre que pisotearía con sus pies a los mismos tribunales. En (71), Animadverteres es término jurídico: “castigar”. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) Las reflexiones diáfanas y la cuidadosa elaboración del pasaje (69) hacen olvidar que nos encontramos en una arenga de combate; más bien parece que Cicerón se ha transportado al diálogo De amicitia; b) como ejemplo de esa elaboración, fíjese, v.gr., en el balanceamiento artificioso: quam-quam / quantae-quam / quanta-quantae. Advierta igualmente la cuidadosa elección de los adjetivos que hablan de la deleznabilidad de las amistades, sobre de las todo políticas; c) Lemaire comenta: “Este pasaje es tanto más admirablemente compuesto y colocado, por cuanto el orador dice o, mejor, predice abiertamente el sangriento antagonismo que va a estallar entre César y Pompeyo, en un tiempo en que aún eran sumamente amigables sus relaciones”. Pero Donnelly piensa que probablemente este pasaje se debe a un retoque posterior; d) el No. 70 se llama en la técnica oratoria antigua una correctio. Los clodianos decían que Milón, al matar a Clodio, había atropellado la justicia, ya que se debía haber defendido en los tribunales y no con las armas. Este argumento tan pobre es lo que ahora estudia Cicerón, planteando oratoriamente y sin descender a detalles; e) el razonamiento sería: “Pompeyo, no obstante tener en sus manos todos los medios, quiere el juicio. Admite, por tanto, la defensibilidad del reo; el aparato militar tiene otra explicación” ¿Cómo cree Ud. que podría responder a esto Pompeyo?; f) aparición final de Pompeyo en su gloria, vigilando con verdad y justicia... Calcule en qué lugares ha mencionado especialmente a Pompeyo y fíjese cómo concluye la defensa en su discurso: de nuevo las guarniciones, Pompeyo y los jueces.

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Confirmación: Segunda parte. Cicerón a la defensiva Cicerón ha pronunciado su discurso según la actitud adoptada: Uter utri insidias fecerit... Añade sin embargo ahora una contra-acusación, como sugería Bruto, en la que evoca todos los crímenes de Clodio, y muestra que librando a Roma en sus amenazas, Milón se ha ganado los sagrados derechos de su reconocimiento. Milón es el salvador de la Patria... XXVII. (72-75) Prosopopeya en boca de Milón de todos los crímenes de Clodio A. ACLARACIONES GRAMATICALES: De todo el capítulo Annonam levare: “abaratar los víveres”; nimis amplecti plebem: “andar en busca del favor del pueblo”; magistratum abrogare: “anular una magistratura”; pulvinaria sanctissima: pulvinar, un culto religioso; v.gr., en castellano: Maitines..., religionem expiare: “expiación de un sacrilegio”; orbis terrae: “la tierra”, orbis terrarum, “el Imperio romano”; en (74), traducción: “aquel finalmente que se burlaba de leyes, derechos y títulos, y se apoderaba de ajenas posesiones, aun sin el recurso de falsificaciones judiciales, demandas o cauciones, sino a tambor batiente, en campaña y con tropas”. Inferre signum: “levantar estandarte para la guerra”; conflagare invidia alicuius: “ser víctima del odio de alguno”. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) la disposición de este capítulo y parte del siguiente es: Proposición: Nec me Clodianum crimen movet. Pruebas: Non Sp. Maelium etc... sed eum... Conclusión: Quam ob rem; b) la monotonía de la enumeración de los crímenes es intencionalmente exagerada para destacar su magnitud. Note igualmente las vivas exageraciones: v.gr. Architectis et decempedis... Peragrabat... Janiculo et Alpibus...; c) fíjese en el No. 74: Eum denique... y cuando se espera que ha de terminar, aún está en la mitad de su enumeración; agilidad libre de obstruccionismos convencionales; d) compare esta enumeración con el enfoque de los Nos. 36-43. XXVIII. (76-78) Continuación del mismo desarrollo: el pueblo romano debe absolver al Libertador de Roma A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (76), observe la construcción griega: quidem vero (men-de); obdurescere: llegar a insensibilizarse; percallescere (no percallere): “tener experiencia”; ambos verbos son en sí metafóricos, tomados del trabajo de artesanos y campesinos. Para nuestra lengua, cfr. cejador y frauca, cabos sueltos, ejemplos: aturdirse, azorarse, caprichoso, etc. Imperium ille si nactus esset: el orador interrumpe bruscamente la construcción, que debía continuar así: “Si nactus esset imperium, non solum in vestras possessiones se immisisset, sed ne a liberis quidem et a conjugibus vestris, ille effrenatas suas libidines cohibuisset” (77); In re publica: “en la vida pública”.

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B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: Nescio quomodo: fórmula, “desafortunadamente”. Quae tenentur: ya se ha notado cómo el latín usa del verbo, en abstracto, para significar el sustantivo concreto: “cuyas pruebas se tienen”. Por ejemplo: “somos objeto de la miseria de Dios”, “Elocuencia de los hechos”, etc. ¿Cómo lo diría en latín? Cervicibus: siempre en plural y no “capitibus”. Ferre: sus sinónimos, pero matizados, son: tolerare, perferre, sustinere, perpeti, sínere, pati, permittere... C. ANÁLISIS ORATORIO Y DIALÉCTICO: el orador pretende destacar lo que le estaba reservado a Roma, si Clodio hubiera vivido... y alcanzado la pretura. a) vea cómo el orador afirma, sin más, muchas cosas y supone las pruebas; advierte igualmente (sobre todo en los Nos. 77-76) las enumeraciones, la imaginación y el énfasis; b) hay una estudiada cadencia en los párrafos, ya que las enumeraciones avanzan de dos en dos; vea los ejemplos y fíjese con qué artificio están dispuestas. Así mismo, observe el empleo de términos generales de significado denso: jus, pecunias, tecta, possessiones, etc., para no comprometerse demasiado (?), opuestos a términos concretos y vivos: cruentum, interfeci, effrenatas libidines...; c) otra cualidad es el énfasis literario, reflejo del dialéctico, logrado por estudiadas oposiciones (in eos-in vestras possessiones; pecunias-conjugibus), por correcciones, exclamaciones. Sin duda, Cicerón consignaba además unos párrafos muy adecuados para la declamación, por el ejercicio de inflexiones que suponen; d) el No. 77 es ejemplo de amplificación; la idea escueta sería: “Maté a Clodio y Roma se salvó”; fíjese, en cambio, de qué modo tan vivo y fecundo amplifica Cicerón esta idea, llegando hasta una ingenua exageración, al concluir el párrafo; e) advierta, sin embargo, que Cicerón, en el No. 77 solo presenta una hipótesis: “Si... clamaret”; antes, en (72-75), presentó los atropellos reales; ahora los hipotéticos; este avance insinuante, insensible, es un gran mérito oratorio... hasta llegar al caso extremo: “Si cruentum gladium tenens clamaret T. Annius”. Finalmente, en este número y en el siguiente Ciceron pone de relieve la universal satisfacción de la muerte de Clodio, después de decir que Milón lo había liquidado. XXIX. (78b-79-80) Justificación oportuna del odio que el orador profesa a Clodio. ¿Quién iba a querer que Clodio aún viviera? A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (78), la traducción es: “No temo causar la impresión de que, exasperado por el odio nacido de la enemistad personal, arroje sobre él estas acusaciones, llevado más de la pasión que de la verdad”; en (79), Haec est quaestio: “a esto vendría a reducirse”; Cogitationes: “imaginación”, Intueri: “considerar atentamente”; Cernere: “ver claramente, en detalle”; Interficere: “asesinar con premeditación”. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en latín los vocativos no suelen empezar un periodo: v.gr. comienzos de las Catilinarias, las Filípicas, etc. C. ANÁLISIS ORATORIO: Cicerón hace un alto en su agresiva elocuencia: quiere prevenir prejuicios. a) las afirmaciones de los Nos. 76-77 valen para

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la hipótesis en que se encuentra, pero jurídicamente es pura dialéctica, pura retórica; muy sugestiva, sin embargo. Este procedimiento ofrece muchas sugerencias para ponderar, por ejemplo, la necesidad de los mandamientos, la existencia del Infierno: v.gr. “Si existiendo un decálogo los hombres proceden así, qué fuera si no existiera”, etc.; b) en (80), ¡apología del tiranicidio! Recuerde lo que dice en la II Philipp. En cuanto al procedimiento para desarrollar las ideas, recuerde la oración Maniliana, el Pro Marcello, etc. Observe el contraste gráfico verbal: deorum honores-tyrannos necaverunt; Vos tanti... rapi patiemini, y las paráfrasis, preguntas y exclamaciones. Procedimiento poético y muy efectivo, semejante a este, en La Libertad y el Socialismo de J. E. Caro o Estoy en la cárcel de Julio Arboleda. XXX. (81-82-83) Milón es acreedor a todos los derechos de los tiranicidas... A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (81) traducciòn: Nisi vero gratius...: “A menos que crea que significa más para vosotros el haber defendido más bien su vida que la vuestra”; probaretur: “si no mereciera vuestra aprobación”; fíjese en la construcción de este verbo. Uso de quisque y suus. Sed: suele usarse no solo como partícula adversativa, sino para reanudar el tema, eventualmente abandonado: cfr. No. 75. Nihilo segnius: al pie de la letra sería: “más tardamente que nada”; equivale a nihilominus; figura llamada Litote cuando se sustituye al vocablo de significado negativo el correspondiente afirmativo, y precedido de un adverbio o de otra expresión negativa (82); en (83), Sacra, caeremonias, auspicia: creencias, ritos litúrgicos, auspicios. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) muestre la habilidad de estos pasajes en que Cicerón, sin abandonar la conclusión de su defensa (uter utri... vi vis illata defenditur...), en que asocia el gesto de Milón a la gloria de los tiranicidas. Recuerde lo que para un romano significaba un tirano; b) fíjese cómo la nueva actitud de defensa, el nuevo enfoque, le da lugar al orador a un giro más errabundo y filosófico... por la elasticidad del tema que trata. ¿Cree Ud. que estas digresiones distraen o más bien ayudan a comunicar fuerza y grandeza al discurso?; c) observe que Cicerón –tan amigo de la Filosofía y de las reflexiones sensatas en sus obras de elucubración– parece complacerse en consignar epifonemas que se han hecho ya proverbiales: v.gr. “Qui peterat salus sua cuiquam non probari”... “Quid esset ingratius quam laetari ceteros, lugere eum solum, popter quem ceteri laetarentur”, etc.; d) considere en los Nos. 80-82 la fuerza probatoria y amplificatoria: en (80), proposición: Confiteretur...; razón de esa confesión; en (81), Etenim..., confirmación de la razón aducida: Cum praesertim...; amplificación de la confirmación; en (82), Quamquam..., repetición de la idea: Quam ob rem... e) el capítulo está lleno de nobles pensamientos. Quizá para atemperar también un poco las sangrientas expresiones anteriores; f) fíjese cómo Cicerón identifica la causa de Milón con la de los Dioses, por cuanto es un instrumento de la venganza divina. Recuerde, según las clases de Historia de Roma, cómo el romano identificaba los intereses de su ciudad

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con los del cielo: pueblo fundamentalmente teocrático. Piense en el noble pensamiento con que concluye el capítulo y que va a desarrollar con mayor fuerza y patetismo en el siguiente. Vienen espontáneamente las palabras de Virgilio, para preparar el desarrollo posterior. Admonet et magna testatur voce per umbras: Discite iustitiam moniti et non temnere divos... (Eneida, VI, 619-20). XXXI. (84-85-86a) Desarrollo sobre la providencia divina. Y prueba de la existencia de la providencia de los dioses con el castigo de Clodio A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (84), orden: Neque... non inest... Lo que en latín se encuentra coordinado debe ponerse en castellano subordinadamente: la idea es “Y cómo es posible que lo que se halla en nuestro ser no se halle en la creación” o viceversa. B. OBSERVACIONES DE ESTILÍSTICA: en (84), in his corporibus atque in hac imbecillitate: figura llamada Endiadis; dos sustantivos que deben traducirse al castellano por un adjetivo y un sustantivo: “en estos nuestros deleznables seres...”. C. ANÁLISIS ORATORIO: a) estos nobles actos de fe en los destinos providenciales de Roma se encuentran en las obras de casi todos los grandes escritores latinos. ¿Qué otra cosa pretende la Eneida? Esto permite comprender las persecuciones de que fueron víctimas judíos y cristianos; religión exclusivamente nacionalista, entraba en choque con una nueva concepción religiosa, de proporciones ecuménicas, sin límites de raza o de nación; b) recuerde la técnica religiosa y psicológica del orador de tocar los temas más emotivos ante un público fácilmente impresionable, pero distinga lo que en estos pasajes elevados hay de fondo filosófico y de juego estratégico; c) el No. 85 era admirado por Quintiliano por la dramatización y patetismo, ya que el orador personifica hábilmente los lugares, los templos, las cosas; d) advierta finalmente cómo va creciendo la explosión entusiasta del orador, preparada por una meditación recogida, que ha hecho de antemano acerca de la existencia, la providencia y la majestad de la divinidad. Los dioses que castigan el sacrilegio... anotando detalles emotivos, tocados de religiosa crueldad. N.B. Recuerde, según las clases de Historia (Visión horizontal, No. 14; y Visión vertical, Confederación del Lacio), el significado religioso del Júpiter Laciar. XXXII. (86b-87-88a) La cólera de los dioses se ha manifestado en los siniestros funerales de Clodio. Nueva enumeración de sus crímenes A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (86), Nec vero, fórmula de transición, más enérgica que iam vero; amentia: estado de extravío mental. Cfr. en este discurso: dementía, insania, furor. Y además rabies. Oblitus: de oblino

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(no oblinio): “ungir”; Non fuisse...: “Era inconcebible que los recuerdos de sus ilustres antepasados tributaran el menor homenaje a aquel siniestro parricida y no hubo lugar más apropiado para pisotearlo muerto, que aquél donde tantas veces se le maldijo vivo”; en (87), Indicere bellum: “declarar la guerra”; insultare: frecuentativo de insilire: verbo propio de... perros. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) después de haber evocado magníficamente los más antiguos cultos y la profanación de la divinidad cometida por Clodio, psicológicamente puede explotar el orador aquellos detalles del castigo, de suerte que lo que propiamente parecería un sentimiento mezquino de satisfacción por la muerte que recibió y los tristes funerales que se le hicieron se convierte ahora en un espléndido partido o recurso oratorio; b) observe cómo en el No. 86b los detalles de las exequias parecen deliberadamente trastornados, sin importarle al orador el orden cronológico de los ritos. Fíjese así mismo en las expresiones que emplea: ungido el cadáver cruore et luto, no como Miseno o Palante (Eneida, VI, 217 ss., y XI, 29-99); no sometido a la cremación, sino a un precipitado “chamuscamiento”. Ambureretur: no propiamente sepultado, sino tirado en mitad de la plaza... abjectus; c) ¿en qué difieren y en qué coinciden los funerales de Clodio descritos por Cicerón en este número y en el No. 33? Fíjese en las intenciones, los detalles, etc., buscados y referidos por el orador. d) En (86), Cicerón repite, aumentando el efecto por los detalles de la enumeración, lo que ha dicho ya muchas veces sobre los crímenes reales de Clodio y sobre los que hubiera cometido. Pero ahora prueba que su muerte fue obra solo de los dioses, ya que no había poder humano que lograra refrenarlo. Esta enumeración, digna de la multitud a que se dirigía, va llegando a su colmo antes de lanzarse a la patética y suplicatoria peroración, pero también con la finalidad de mostrar a Milón campeón de los dioses, como lo ha mostrado antes campeón del Estado; e) ¿qué especiales circunstancias se aducen aquí y qué expresiones se emplean para probar y conmover? Fíjese cómo se van explanando rítmicas y asonantadas (uso del pulscuamperfecto) las frases; ásindeton. “Parece un torrente que se va engrosando para arrasarlo todo” (Collin); f) finalmente, estudie cómo, después de todo, va emergiendo la figura del héroe (88). Cicerón enuncia qué poderes hubieran podido refrenar a Clodio: tres no oficiales (Pompeyo, César, los Optimates) y, sin embargo, Milo unus urgebat. XXXIII. (88c-89-91) Preparación de la peroración. Imposibilidad de que las tres fuerzas oficiales (el Estado, el Senado, los cónsules) reprimieran a Clodio. Solo Milón, instrumento de la divinidad, pudo hacerlo A. ACLARACIONES GRAMATICALES: en (89), Primum-deinde-postremo (no Primum-Secundum-tertium); en (90-91), el frecuente uso de la pasiva en latín; en (91), Nisi vero, nisi forte, videlicet..., para denotar cierta ironía. B. ANÁLISIS ORATORIO: a) Cicerón se ha metido en terreno peligroso: ¿Cómo podrían oír Pompeyo, César, los Optimates, el Estado, el Senado,

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los Cónsules, que se habían mostrado incapaces de refrenar a Clodio? Vea cómo aborda Cicerón el problema para no herir a nadie, y así destacar la figura del héroe; b) Cicerón insiste hasta la saciedad en la proeza y en el servicio prestado a la patria. Quiere disponer al jurado, al pueblo, para oír la peroración; c) el estilo escrito no tiene necesidad de repetir frecuentemente una idea; en cambio sí el hablado. La razón es obvia. Fíjese por tanto cómo Cicerón en todo el discurso no ha dejado ocasión de pasar por alto los crímenes de Clodio y la superioridad moral de Milón; d) Estudie cómo el estilo se va tornando solemne y majestuoso a medida que se acerca a tratar de la majestad del imperio, del Estado y sobre todo del Senado. Efectos emocionales, clímax, antítesis, definiciones metafóricas del Senado. “El estilo refleja algo grande, como cuando va a concluir una sinfonía” dice Collin; en (91), Poynton previene que este pasaje, leído, es frío, pero debe recordarse que el estilo hablado tiene el recurso del énfasis oratorio. Observe ciertas particularidades de patetismo: v.gr. la repetición de las palabras Curia-Curia; expresiones concretas: facibus, falcibus, gladiis; furias Curia-Curia; expresiones concretas: facibus, falcibus, gladiis; furias insepulti...

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Los jesuitas en Honda, 1634-1767. Entre el esplendor y las cenizas To m o I Se terminรณ de imprimir en el mes de octubre de 2017, en los talleres de Javegraf, Bogotรก, D.C., Colombia. Compuesto con tipos Stone serif y Stone sans serif e impreso en bond beige de 70 gr.

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Entre el esplendor y las cenizas

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