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TOY

GIANT GIANT SAND

MICHAEL MAYER

DARK DARK DARK

ANTÒNIA FONT

MARINA GALLARDO

ROBERT HOOD

SÉBASTIEN TELLIER

HOLA A TODO EL MUNDO

ALONDRA BENTLEY

DEERHOOF

JOSEPHINE FOSTER

MATTHEW DEAR

SOLAR BEARS

YEASAYER

THE KILLERS

OCTUBRE 2012

135

EDICIÓN GRATUITA FREE ISSUE

FLYING LOTUS


135

sumario

octubre 2012

40 GIANT GIANT SAND

staff Edita UNIPRENSA S.A. GO MAG Directora: Janina Canet. Jefe de redacción: Manu González. Director de arte y diseño gráfico: Fabián Taranto. (www.ftdesignlab.com)

08 BITES 12 INTRO 18 SOLAR BEARS

Redacción GO MAG. Muntaner, 492, bajos. 08022 Barcelona. Tel. (+34) 93 417 68 67 / (+34) 93 418 50 05 Fax (+34) 93 417 33 63 E-mail: go@go–mag.com Suscripción y logística: 93 418 50 05 solicitudejemplares@uniprensa.com Web: www.go–mag.com

26 YEASAYER

Facebook: www.facebook.com/gomagspain Twitter: www.twitter.com/gomagspain

31 ROBERT HOOD

Coordinador de cine y literatura: Philipp Engel. Coordinadora de moda: Anna Tomàs. Coordinador de tecnología: Xan Pita. Corrección: Nati Arco. Web: Virginia Arroyo.

32 MICHAEL MAYER

Redactores: María Adell, Virginia Arroyo, Leticia Blanco, Octavio Botana, David Broc, Óscar Broc, Javier Burgueño, Matías Bosch, Joan Cabot, Alfonso Cardenal, Pau Cristòful, Philipp Engel, Albert Fernández, Laura Gamundi, Bruno Garca, Álex Gil, David Giménez, Daniel Gómez, Gloria González, Manu González, Toni Junyent, Violeta Kovacsics, Milo J. Krmpotic’, David López, Israel Márquez, Pepo Márquez, Luis Meyer, Luna Miguel, Beatriz Montalvo Pulgar, Àlex Montoya, Half Nelson, Banessa Pellisa, Marc Piñol, Vidal Romero, Jesús Sáez, Silly Savage, Everett True, Toni Vall, Álex Vicente y Berto Vidal. Fotógrafos: Alfredo Arias, Pablo Bernardo, Christian Bertrand, Will Calcutt, Javier De Amescua, Blanca Galindo, Sylvere Hieulle, Nicolas Joubard, Olivia Locher, Nerea López, Victor Picon, Photokluba, Jimena Roquero, Timothy Saccenti, Matt Saunders, Tod Seelie, Daniel Silbert, Mathieu Tonetti y Carlitos Trujillo. Fototografía de portada: Timothy Saccenti.

34 sébastien tellier

Publicidad Barcelona Tel. (+34) 93 418 50 05 / 93 417 68 67 E-mail: publicidad@go–mag.com Agentes comerciales: Gina Selicorni y Eneida Fonseca. Dep. Legal: B-19124-00 Fotomecánica, impresión y encuadernación: SOLGESTXXI S.L. Distribución gratuita: Barcelona (Blind Records). Resto de España (Envialia).

20 En portada: flying lotus

27 TOY 30 DEERHORF

33 ALONDRA BENTLEY

16

28

MATTHEW DEAR

JOSEPHINE FOSTER

35 dark dark dark 38 hola a todo el mundo 39 antònia font 44 DISCOS, MAXIS, ÚLTIMO CLÁSICO...

36 MARINA GALLARDO

14 THE KILLERS

58 AGENDA MUSICAL Y LIVE 66 GADGETS Y MODA 76 CINE Y LIBROS

GO MAG se distribuye gratuitamente en las siguientes ciudades españolas: A Coruña, Alicante, Barcelona, Bilbao, Burgos, Cáceres, Cartagena, Castellón de la Plana, Ciudad Real, Donostia, Girona, Granada, Lleida, Logroño, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Pamplona, Gijón, Vigo, Santander, Sevilla, Tarragona, Valencia, Vitoria y Zaragoza.


004/005

concurso

¡Sorteamos dos abonos FAN para el Beefeater In-Edit 2012! Que un festival dedicado en exclusiva al documental musical haya sobrevivido una década es ya una noticia a destacar y por eso en esta conmemoración de los diez años hay elementos de celebración (como algunas secciones especiales, la sesión de clausura y otros proyectos aún por anunciar), pero Beefeater In-Edit 2012, que se celebrará en Barcelona del 25 de octubre al 4 de noviembre, no se desviará de su misión principal: ofrecer a los espectadores lo mejor y más destacado de la producción documental musical de los últimos años. Go Mag sortea dos abonos FAN con acceso a toda la programación de la décima edición del Beefeater In-Edit 2012. Participa a través de nuestra web www.go-mag.com

¡Sorteamos cinco abonos para el Xtrarradio Musicfest! Por tercer año consecutivo, el Xtrarradio Musicfest pretende convertir su propuesta musical en un modesto oasis alejado de las masificaciones y los recintos inabarcables. Con la mente puesta siempre en una programación de lo más coqueta en la que tienen voz sólo los nuevos talentos, tanto nacionales como internacionales, los próximos 2 y 3 de noviembre la Sala Salamandra de L’Hospitalet de Llobregat recibirá la visita de This Many Boyfriends, Two Wounded Birds, Las Ruinas, Fuckin’ Bollocks o Zephyr Lake, entre otros. Las entradas de día y los abonos para el festival están disponibles en su página web: www.xtrarradio.com. Go Mag sortea cinco abonos para que puedas disfrutar del festival al completo. Participa a través de nuestra web www.go-mag.com


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008/009

bites

Agenda de Son Estrella Galicia en otoño Fanfarlo, Tindersticks, The Wave Pictures...

Bites

// Guía del Ocio BCN, publicación decana de Barcelona que durante más de 35 años ha sido una referencia esencial para conocer la oferta cultural, lúdica y gastronómica de la ciudad, abre una nueva etapa en la que cambia de nombre y de formato. La revista pasa a llamarse enBarcelona by Guia del Ocio BCN y apuesta por el formato grande y la periodicidad mensual, con un diseño renovado, nuevos contenidos y nuevas secciones. Octubre verá nacer el segundo número de enBarcelona, con reportajes sobre el Festival de cine de Sitges, el Beefeater In-Edit, una entrevista con Wilco, y en portada, una ruta de bares con Sidonie, Mendetz y Helena Miquel de Delafé y Las Flores Azules. // Andrew Bird es un hombre imprevisible. Si pasaron tres años entre “Noble beast” y su último trabajo, “Break it yourself”, presentado esta primavera, ahora el bueno de Andrew anuncia que tiene una nueva entrega lista para publicar el 30 de octubre. ¿La explicación? Que lo que “Hands of glory” (que así se llamará el disco) contendrá serán inéditos, acústicos y versiones alternativas de algunos temas de “Break it yourself”. // El Festival Deleste, que cuenta en su primera edición con Fanfarlo, Josh T. Pearson y Nudozurdo, entre otros artistas, completa su programación musical con DJ Coco tras los platos para dar comienzo a la after-party. Las actuaciones musicales empezarán a las 11 h de la mañana del sábado 20 de octubre, y los DJs seguirán la fiesta de madrugada. Además, el festival también contará con actividades para los más pequeños: un concierto exclusivo de Templeton, taller de texturas, retratar el concierto escuchado, hacerse su camiseta del grupo... La entrada será independiente a la del festival y la recaudación irá destinada a la asociación Síndrome Up.

Son Estrella Galicia propone una agenda de otoño movidita, con los festivales 981 Heritage (el 6 de octubre en la Nave Matadero Madrid con Mouse on Mars, Jeremy Greenspan, Actress, Kode9, Hype Williams...), American Autumn 2012 (todo el otoño en el Café & Pop Torgal de Ourense, con Basia Bulat, Howe Gelb, Will Johnson, Ken Stringfellow...) y el Outono Capitol Rock (el 20 de octubre en la sala Capitol de Santiago, con Bill Kirchen, Los Mambo Jambo y Dr Gringo). Pero también han programado un buen puñado de conciertos interesantes para estos meses. El primer concierto de octubre será el de El Hijo, el día 11, en el Teatro Lara de Madrid. Después es el turno de los londinenses Fanfarlo, el 16 en Porta Caeli de Valladolid y el 17 en el Teatro Lara de Madrid. El 20 de octubre, los incombustibles Tindersticks visitarán el Centro Cultural Ágora de A Coruña, mientras que la gallega Jane Joyd viajará a Madrid y Valladolid para sus directos los días 24 y 26. Ya en noviembre, The Wave Pictures ofrecerán tres conciertos en Le Club de A Coruña, El Ensanche de Vigo y el Teatro Lara de Madrid los días 2, 3 y 5; el día 7 lo harán Craig Finn, Patterson Hood & Will Johnson y, el día 15, Saint Étienne, ambos en el Teatro Lara. www.estrellagalicia.es

The xx añaden nueva fecha

El Periferias cumple 13 años

Hace unas semanas The xx anunciaban que volvían a España tras su paso por el Primavera Sound, y al poco dejaban con el corazón roto a media ciudad colgando el cartel de sold out para su concierto en La Riviera de Madrid el 14 de noviembre. Las entradas se agotaron en menos de cuatro días, demostrando el tirón de los británicos en nuestro país. Pero si os quedasteis con las ganas de verlos, The xx añaden una nueva fecha a su directo, el 13 de noviembre, en el mismo local, La Riviera de Madrid. Las entradas tendrán un precio de 28€ y se pueden adquirir a través de Ticketmaster, Atrapalo. com, Codetickets y el portal de Primavera Sound.

Periferias llega a su 13ª edición este año con el tema Nueva Comedia. El festival, que tendrá lugar en Huesca del 24 al 28 de octubre, contará con espectáculos de danza, cine, literatura, performances, artes plásticas, moda, humor y música. El viernes 26, tocarán Bigott, Cerdo Agridulce, Dotes Líricas, DJ Emceemismado, Galimatías, Hillbilly Mongows, Mil Motivos y Will Spector y Los Fatus. El sábado 27, en la sesión de tarde, Periferias dará rienda suelta a su vertiente más experimental con el batería Han Bennink, el performer Nicola Frangione y Stanley Sunday. Por la noche, pondrán la guinda al festival los DJs Donna Summer aka Jason Forrest, Juanita y Los Feos o Los Punsetes, entre otros.

El trío ofrecerá otro concierto el 13 de noviembre

Música, danza, performances y más

Nace el ciclo Connexions

Diálogos musicales de Barcelona en Music Hall // Del 3 al 24 de octubre vuelve la octava edición del ciclo DeProp, que apuesta por la combinación creativa de audiovisuales y música. El primero en pisar el escenario del auditorio de La Pedrera de Barcelona será Guillamino, acompañado de las imágenes de Xavi Bové, el 2 de octubre. Le seguirá Minimúsica el 7, Seward con proyecciones de Tejido Colectivo el 8, Maria Coma con sus propios audiovisuales el 10, The New Raemon y el colectivo Cine En Curso el 17 y, finalmente, Maïa Vidal con Joana Palomar el día 24 de octubre.

Si una cosa nos gusta en esta revista, casi tanto como la música, es hablar sobre música, por eso es una gran noticia el nacimiento de propuestas como Connexions, un ciclo de diálogos musicales de Barcelona que se celebrará en el Music Hall del 26 de octubre al 23 de noviembre. La primera jornada, la del 26, la protagonizarán Bombino, Jaco Abel y Salao; el 2 de noviembre estarán Brossa Quartet de Corda, Falsalarma y Jordi Domènech; el día 9 será el turno de Josele Santiago y Very Pomelo, el 16 de Guillamino y dÉbruit, y cerrarán el ciclo Sanjosex y Chicuelo el 23 de noviembre.


Budweiser Live Circuit

Abierta la inscripción al Budweiser Live Open Stage Tras un primer Open Stage celebrado el 5 de mayo en la sala Music Hall de Barcelona y un segundo en Mallorca el 6 de julio, Budweiser Live Open Stage vuelve a la ciudad que lo vio nacer y abre una nueva convocatoria para bandas, cuya final se volverá a celebrar en la barcelonesa Music Hall el 20 de octubre. Si tienes un grupo y quieres participar, sólo tienes que apuntarte a través de la aplicación de Facebook de Budweiser Live, colgar vídeos, imágenes o links y conseguir que el público las vote. Los tres grupos que hayan registrado más votos al finalizar el concurso el 15 de octubre, se subirán al escenario el día 20 para demostrar por qué han llegado hasta ahí. Por si eso fuera poco, esta vez Budweiser Open Stage también ofrece un premio especial: el grupo que más gente arrastre el día del concierto antes de que empiece la primera banda, ganará la grabación de un vídeo de un tema propio en directo a cargo de Conjunto Vacío Creative Studio. Por otro lado, tras anunciar giras con Los Campesinos!, Zahara, Mendetz, La Iaia y Jero Romero, Budweiser Live Circuit ha confirmado dos nombres más que girarán por la Península a partir de noviembre: el quinteto murciano Second, que celebra 15 años en los escenarios, y los barceloneses Cuchillo, presentando su trabajo “Encanto”.

Burn Studios Residency

Revive los mejores momentos

Vuelve el Faraday Tardor

Sr. Chinarro y Manos de Topo, cabezas de cartel

Bites

//Artistas extranjeros a punto de dar el gran salto como Two Wounded Birds y This Many Boyfriends, y nombres nacionales de la talla de Fuckin’ Bollocks y Las Ruinas, además de Zephyr Lake, Gabriel Y Vencerás, Speaker Cabinets, Proyecto Luisbo o Bastante, configuran el cartel de la tercera entrega de Xtrarradio MusicFest el 2 y 3 de noviembre en la sala Salamandra de l’Hospitalet. Además, después de los conciertos seguirá la fiesta con los DJs Capo, Joan S. Luna, Lariad, Buenritmo DJs y nuestros Go Mag DJs, Manu González y Virginia Arroyo. //Chick Corea, Patti Smith, Richard Hawley, Melody Gardot, Luciana Souza, Paquito D’ Rivera, Christian Scott, Tindersticks y Andrew Bird pasarán por el Cartagena Jazz Festival, que esta edición cumple 32 años y amplia sus fechas, desde el 24 de octubre al 1 de diciembre. El festival tendrá dos sedes, el Nuevo Teatro Circo y el Auditorio y Centro de Congresos El Batel, y estará dividido en dos partes: la primera más enfocada al pop, rock y folk; y la segunda dedicada al jazz clásico.

A principios de año Burn anunció su programa Residency, en el que talentosos DJs de once países europeos pelearían por conseguir una residencia en algunos de los clubs más importantes de Ibiza. Este verano se alzaban ganadores Urban, Dazed y Manu Vulcano, que se convertirían en los Djs residentes de Privilege, Café Mambo y Sankeys, respectivamente. El concurso ya ha finalizado, pero la experiencia Burn, lejos de terminar, pasa a una nueva fase en la que rememorar toda esa emoción. Cada lunes se irán colgando en www.urbanfire.es y en el canal de Youtube de Burn los episodios de la Burn Studios Residency, además de las sesiones formativas de Luciano o 2Many DJs.

Todavía recordamos con una sonrisa las puestas de sol de la última edición del festival Faraday del pasado junio y ya tenemos aquí una nueva edición del Faraday Tardor (Faraday Otoño). El viernes 26 y el sábado 27 de octubre actuarán seis grupos en el Auditorio Eduard Toldrà de Vilanova i la Geltrú, por sólo 10€ al día y 15€ el abono (puedes comprar las entradas en www.faraday.tv). El viernes 26 tendrá como indiscutible cabeza de cartel a Sr. Chinarro, presentando su reciente disco doble. Le acompañarán los directos de Paul Fuster y Ferran Palau de Anímic. El sábado 27 será el turno de nuestros adorados Manos de Topo (en la foto), muy bien acompañados por Maria Coma y Renaldo & Clara.

Nuevos artistas en el M!RA

El festival contará con Julien Mier y Lucrecia Dalt El festival M!RA Música i Recerca Visual sigue sumando nombres a una programación cada vez más atractiva en un marco espectacular, el de la recién inaugurada fábrica de creación Fabra i Coats de Barcelona, el próximo 10 de noviembre. Julien Mier aterrizará en Barcelona para presentar “When will you wake up”, así como Eedl y Sistema, que presentarán sus nuevas producciones, y Lucrecia Dalt, que dará a conocer “Commotus”. Pero no sólo de música vive el MiRA, y el festival también apuesta por la experimentación visual con las actuaciones de Desilence Studio y Alba G. Corral. Todos ellos se suman a la primera tanda de confirmaciones.

//Shake Barcelona vuelve a traer a la Ciudad Condal lo mejor de la electrónica y el sonido bass británico, como lleva haciendo desde principios de año. Tras pasear por tierras catalanas a grandes como Eliphino o XXXY, el próximo 5 de octubre la promotora, esta vez en colaboración con el sello aragonés Lo Fi Funk, subirá al escenario de BeCool nada más y nada menos que al escocés Steve Goodman, más conocido como Kode9. Le seguirán el DJ zaragozano Chelis y un back to back de los DJs residentes de Shake, Paul Stone y DJ Der. //Tras su edición en junio, Valle Eléctrico vuelve el 18 de octubre, organizado por On Clash y repitiendo sede en Triangle (Sala Nasti). El DJ de Luxemburgo Sun Glitters presentará su espectacular live y comisionará el evento, donde también actuará el madrileño JM y los alicantinos Wake. Completarán la programación los DJ sets del madrileño Fira Fem y el residente de Valle Eléctrico, The Pony. Puedes conseguir tus entradas a 10€ en Ticketea. Además, se suman otras dos fechas el 15 de noviembre y 20 de diciembre, para las que aún no hay artistas confirmados. Habrá que esperar.


010/011

bites

Buzzcocks, Los Nasty y Thug Ladies en Casa Jäger La fiesta más salvaje se celebra el 18 de octubre en Barcelona

Bites

// El 5 de octubre da comienzo la cuarta edición del MIMAA. La Muestra Internacional de Música y Audiovisuales Avanzados se celebrará el viernes 5 y sábado 6 de octubre en el Espai Rambleta de Valencia y contará con más de 100 artistas, entre los que destacan Plaid, Isolée, Fabel, Gaf y la Estrella de la Muerte, Lüger y Ginferno. La programación se dividirá en dos estilos, cada uno con su respectivo escenario: rock y electrónica.

Casa Jäger, evento patrocinado por Jägermeister, se ha convertido en los últimos años en una de las fiestas más esperadas, por sus propuestas musicales y su entorno y secretismo (la localización del evento no se desvela hasta el mismo minuto que uno se sube al autocar). Como ya se anunció, esta nueva edición tendrá lugar el 18 de octubre en una emplazamiento misterioso a las afueras de Barcelona y contará con muchas sorpresas. La presencia de los ingleses Buzzcocks, auténticos padrinos del punk, es una de las noticias bomba. Junto a ellos actuarán la banda nacional Los Nasty y la pareja de moda tras los platos, Thug Ladies DJs. Además de la ya anunciada participación de María Escoté y Eloy Azorín decorando dos de las tres habitaciones de la casa, llega el turno de decidir quién se encargará de diseñar la tercera habitación: será elegido por votación popular entre Venga Monjas, Canela Party y Finerats. Como siempre, la entrada a Casa Jäger será por rigurosa invitación. Entre los invitados habrá artistas, promotores, periodistas, bloggers... y, por supuesto, también público. Para obtener toda la información sobre cómo conseguir tu invitación entra en www.jagermeister. es/casajager2012.

Sónar conquista Norteamérica

Primavera Club anuncia el cartel

No contento con tomar Barcelona, São Paulo, Tokio y Ciudad del Cabo, Sónar continúa su conquista internacional con un recorrido que le llevará por algunas de las salas de conciertos más emblemáticas de Estados Unidos y Canadá. Empezará en el Congress Theatre de Chicago el 31 de octubre, seguirá en la Sound Academy de Toronto el 1 de noviembre, el Roseland Ballroom de Nueva York el 2, el Metropolis de Montreal el 3, la House of Blues de Boston el 4, el Filmore Auditorium de Denver el 7, el Fox Theatre de Oakland el 9 y se despedirá en el Shrine Expo Hall de Los Ángeles el 10 de noviembre. Sus protagonistas serán Die Antwoord, Azari & III, Seth Troxler, Paul Kalkbrenner, Tiga, Gesaffelstein y Nic Fanciulli.

El Primavera Club de 2012 se celebrará del 6 al 8 de diciembre en Barcelona, y el 7 y 8 de diciembre en Madrid. La Sala Apolo, La [2] de Apolo, Sant Jordi Club y Mercat de les Flors serán los escenarios barceloneses, mientras que la sede única madrileña será Matadero. En Barcelona, las bandas anunciadas son 40, entre las que destacan Cat Power, Swans, Ariel Pink’s Haunted Grafitti, Mark Lanegan Band, The Vaccines, James Holden, Triángulo de Amor Bizarro, La Bien Querida, Los Planetas, The Monochrome Set, The Soft Moon, Bflecha y Noaipre. En Madrid sólo tocarán 16 bandas, entre ellas, Cat Power, Swans, Ariel Pink’s Haunted Grafitti, Mark Lanegan Band, Los Planetas y The Vaccines.

El festival girará por ocho ciudades

Sendas ediciones en Barcelona y Madrid

// Sólo un año ha necesitado Ana Fernández-Villaverde, más conocida como La Bien Querida, para componer, grabar y publicar su tercer álbum. Tras “Fiesta”, su nuevo trabajo “Ceremonia” verá la luz el día 5 de noviembre, y según su nota de prensa, en él “se cruzan New Order, Kraftwerk, My Bloody Valentine y Love And Rockets”. Casi nada. Ya puedes escuchar su primer single, “Arenas movedizas”. // El municipio alicantino de Ondara albergará los días 5, 6 y 7 de octubre la primera edición del Esclata-Sò. Este festival, que nace con vocación de convertirse en referente en la zona, ha confirmacdo las actuaciones de Dover, Love of Lesbian, La Habitación Roja, Feliu Ventura, Pep Gimeno “Botifarra”, Tres Fan Ball y 121db, además de los sets de Los Átomos DJs, Murray DJ y Ley DJ. // La última entrega de este 2012 de El Decantador de Magatzem Escolà será protagonizada por Maria Rodés. La cantautora barcelonesa repasará su último álbum “Sueño triangular” y abordará los mejores temas de su debut, “Una forma de hablar”, el miércoles 10 de octubre. Una gran velada que cerrará la temporada de 2012 con un concierto precedido por un taller de vinos y por la elaboración y degustación de un cóctel exclusivo basado en las preferencias de la artista.

Festival Dnit en CaixaFòrum El centro acogerá a Gold Panda y Radian

// El Festival Internacional de Creatividad Digital y Música Electrónica MicroMUTEK sigue buscando aquellas propuestas y proyectos que exploren nuevas direcciones en el ámbito de la creatividad digital y electrónica, y para ello abre su cuarta convocatoria para encontrar artistas que se ajusten a esos parámetros y difuminen las fronteras de lo que se puede y no se puede hacer. Apúntate a la nueva convocatoria y forma parte del festival, que se celebrará del 6 al 9 de febrero.

CaixaFòrum Barcelona estrena la programación del festival Dnit, entre octubre y diciembre, en su centro de la Avenida Francesc Ferrer i Guàrdia. La creatividad, la innovación y la participación son algunos de los conceptos clave que vehicularán las actividades de las noches de los viernes en CaixaFòrum. Aparte de conferencias y proyecciones interactivas, el esperado concierto de Gold Panda (26 de octubre), el recital poético Textures (30 de noviembre) y el directo de los austríacos Radian (28 de diciembre) serán los platos fuertes del evento.


012/013

intro

Supercute!

Bubble adolescente En Supercute! encontramos cuatro adolescentes de Brooklyn de apariencia aniñada, canciones antifolk con reminiscencias Moldy Peaches y una original vestimenta. Sin embargo, más allá de las apariencias, la polifacética Rachel Sage-Piña Trachtenburg, (ukelele y voz), protagonista del show televisivo “Rachel Trachtenburg’s Homemade world” entre múltiples proyectos, y su compañera de aventuras Julia Cumming (guitarra, voz y protagonista de esta entrevista) combinan sus inclinaciones musicales y sus inquietudes político-activistas-defensoras de derechos animales en Pure Imagination, con su programa en Progressive Radio. Tras sus angelicales caras se esconde un espíritu crítico joven teñido con alto sentido del humor que les ha causado encontronazos con el mismísimo alcalde de Nueva York. El 25 de septiembre presentaron su nuevo disco producido por la cantautora británica Kate Nash. Supercute! Comenzó en 2009, cuando teníais 16 años; en España sin embargo no hemos oído mucho sobre vuestro proyecto así que os invito a presentaros a vosotras mismas. Rachel y yo nos conocíamos porque nuestros padres tocaban juntos y de pequeñas solíamos montar los stands de limonada juntas. Ella tenía en mente montar una banda toda de chicas, así que cambiamos la limonada por instrumentos. Nuestra música se podría describir como psychedelicindie-bubblegum, o lo que es lo mismo: una mezcla entre Syd Barret, la Velvet Underground y el algodón de azúcar.

Tengo curiosidad por saber cuándo y cómo empezó vuestra ‘love story’ con Kate Nash. Produce vuestro nuevo disco, habéis estado de gira juntas un par de veces, también aparece en el video de Supercute! Dumb Dumbs... Musicalmente hablando, ella tiende más a lo mainstream y a vosotras se os podría asimilar como herederas del antifolk. Rachel conocía a Kate Nash porque ya había girado con ella antes con su otra banda The Trachtenburg Family Slideshow Players. Mantuvieron el contacto y cuando Kate nos vio tocar en Nueva York en 2009 decidió llevarnos de teloneras en su gira por USA y Canadá. Desde entonces somos muy buenas amigas y la hemos acompañado en gira europea también. Kate entiende nuestro sonido a la perfección, con el nuevo álbum nos ha ayudado a mantener nuestro sonido más primitivo y combinarlo con una instrumentación más elaborada.

Mi impresión sobre vosotras ha mutado desde que os vi en el SXSW y descubrí que os autodefinís como activistas políticas. Rachel incluso vivió un momento muy polémico hace tiempo por criticar al alcalde de Nueva York, ¿no? Trabajamos muy duro para mantenernos activas en la actualidad política y enterarnos de lo que pasa en el mundo. Cuando Rachel tenía 14 años protestó públicamente contra el alcalde Bloomberg porque su política de renta y desahucio estaba haciendo mella en su barrio, esto inspiró a mucha gente joven de NYC. En Pure Imagination, nuestro programa de radio, invitamos a activistas de todas las disciplinas y ponemos canciones que nos gustan. Para nosotras es importante motivar a la gente de todas las edades para que aprenda que tiene una voz en su comunidad. Incluso si eres pequeño tienes el poder de expresarte y perseverar. Blanca Galindo / Foto Daniel Silbert

Tuya

Limpieza y realización

Tuya dejó de ser el proyecto unipersonal de David T. Ginzo para transformarse en un ente musical de cuatro cabezas. En el trayecto que arranca desde aquel EP titulado “Own” (Subterfuge, 11) hasta el momento de la grabación de su álbum de debut, los músicos Héctor Ngomo, Juan Diego Gosálvez y el omnipresente Brian Hunt se han ido sumando a la causa. Prácticamente todos los temas de “Waterspot” (Subterfuge, 12, se publicará el próximo 30 de octubre) han sido compuestos ‘ex professo’ para su primer largo. “En ‘Own’ quería jugar con determinados elementos y lo hice. En este disco quise hacerlo con otros diferentes. Hay cosas que no me convencían de

aquel EP que ahora empiezo a considerar positivas, por lo cual puede que ocurra lo mismo con las que no lo hacen en este primer álbum. De todas maneras, la gran diferencia entre aquellas y estas canciones es que ahora somos una banda”. Grabado íntegramente en directo en el Red Bull Studio de Madrid las sonoridades de este disco son oscuras y épicas, y aún en los momentos más introspectivos se mantiene una tensión. “Creo que se ha plasmado bastante el ambiente de la grabación. Hubo muchos cambios de última hora y varios problemas técnicos. Todo influyó en la forma de tocar y en los cambios que hicimos en la instrumentación una vez en el estudio. Al grabar

las doce canciones en un solo día quizá forzamos demasiado, y eso se nota en el resultado final. De ahí que quedase más oscuro de lo que pensaba que iba a ser”. Amalgama de sonidos (en “Hooray for liars” parecen Grandaddy, “Clouded” es un delicioso tema de ‘americana’, otros cortes recuerdan a bandas como Placebo, The National o Foals), “Waterspot” no se muestra como un todo desequilibrado. “Soy de la visión que en cualquier disciplina artística puedes utilizar distintos mecanismos como mejor te parezca para llegar a un fin. Hay quien lo llama estilos. Si te pones a analizar canciones que combinan varios ‘estilos’ acaba resultando absurdo porque en el fondo se trata de una búsqueda. Yo me los tomo como diferentes herramientas de trabajo, al igual que escojo tocar uno u otro instrumento, o sonido. Escucho de todo y todo influye. Pero como en la vida, no importa tanto cuánto sepas, sino tu capacidad crítica con lo que recibes. Por un lado tenemos el aprendizaje de los años, por otro tenemos los años de desarrollo, que son como la infancia en la vida, te marca para siempre. Por suerte tuve que cambiar cada año de colegio y de círculo de amigos y eso me hizo conocer cosas muy diferentes, e interesarme por muchas otras”. David Giménez / Foto Nerea López


El Hijo

La metamorfosis Abel Hernández regresa como un explorador victorioso. En su mano, una maleta repleta de nuevas historias que ahora nos cuenta y canta en “Los movimientos”, su excelente tercer álbum. El madrileño se arma del coraje necesario y toma el control absoluto de su obra a nivel de edición y producción. “Soy muy inquieto en cuanto a la búsqueda de lugares, personas o situaciones donde la creatividad provoque cosas nuevas, en el terreno musical y en otros aspectos como el de la política. También me interesa de qué maneras se puede gestionar una forma de trabajar, y de vivir, como la música. Creo que el de la gestión es un campo muy interesante, no tanto como escribir canciones o cantar, pero sí lleno de posibilidades. Especialmente con este holocausto económico que nos hacen vivir”. Su valentía se ve recompensada desde el mismo instante en que el propio músico es capaz de reconocerse más nítidamente que nunca hasta ahora en su propia obra, vehículo de búsqueda de nuevas sonoridades dentro del pop (psicodélico, glam y cósmico). “Antes de empezar a pensar en este disco, tuve claro que tenía que tomar este camino e intentar encontrar el sonido que en ese momento tenía en la cabeza. Y en eso estamos. Ha pasado otra cosa, quizá la más importante:

durante la grabación de ‘Madrileña’ y, sobre todo a partir de irse construyendo una banda que me acompañaba y quería como yo esas canciones, para mí ha empezado a crecer la necesidad de que El Hijo fuera también sonido. Textura, ritmo, ruido, volumen, capas, planos, todo eso que siempre estuvo ahí y que había intentado mimar en discos que producía a otros, ahora de repente me resultaba esencial en mis propias canciones”. A lo largo de las nuevas y maravillosas canciones se encuentra una búsqueda o utilización de los espacios físicos como definición de algunos estados de ánimo, pensamiento o, incluso, objetivo. “La naturaleza, especialmente como contexto, como lugar, me sobrecoge y admira completamente. Quizá es porque vivo en el centro de una ciudad y cuando salgo de sus límites es como un chute. A partir de un límite determinado, me inquieta, empieza a resultarme misteriosa. Los árboles, los insectos, las piedras, el fuego, las nubes, las mareas… esas cosas aparentemente simples se meten por los sentidos. Ya no te digo lo de los planetas, estrellas, agujeros negros, órbitas, todo lo cósmico. También es una sensación que me da de estabilidad y flujo, de constante y alteración, de antigüedad y nacimiento, de movimiento, vaya”. David Giménez / Foto Javier DeAmescua

Friends So fresh

Sam Flax es el último hype de la Costa Oeste. Se ha dicho de su música que es un homenaje al pop psicodélico de los 60, que es el repunte del chillwave, que rinde tributo al new wave… Pero lo suyo es más que todo eso. Su álbum debut, “Age waves”, tiene elementos tropicales, espíritu shoegazer, disco por todas partes, psicodelia a cascoporro e incluso algún guiño garagero. Su música proviene, en sus propias palabras, de “experiencias, sueños, observaciones, fantasías e intuiciones” que se multiplican en mil capas de nostalgia brumosa, armonías pristinas y guitarras con distorsión sesentera. Todo un cóctel de sonidos de épocas pasadas presentado en un envase de lo más apropiado, y es que Sam es tan y tan moderno que ni siquiera ha editado su primer álbum en vinilo, sino en cassette. “(Risas) De hecho no fue una decisión mía: era la única opción porque es el formato con el que trabaja mi discográfica, Burger Records”. Oh, y yo que ya me preparaba para una apasionada apología de la cinta… Y como si Sam leyera mi mente… “Aparte de eso, los cassettes son geniales: son baratos y fáciles de llevar, y además, me encanta cómo suenan. Y lo que es quizá más importante, conllevan una experiencia estética y táctil. Y también está el hecho de no poder pasar las canciones: eso hace que el oyente acabe escuchando todo el disco de principio a fin, lo cual es una costumbre que se ha perdido con los formatos digitales”. Tras agotar esas 500 copias en cinta, ahora, ocho meses más tarde, el multi-instrumentalista de San Francisco reedita su “Age waves” en vinilo con The Sweet Sounds Of Nothing. “Me encantaría lanzarlo en CD también, si surge la oportunidad. De hecho, también lo hemos puesto para descarga digital”. Acto seguido, Sam me cuenta cómo teje sus ideas para convertirlas en sonidos, notas y temas: “Algunas cosas las compongo espontáneamente mientras grabo, otras empiezan con el fragmento de una idea que surge de repente… Normalmente tengo las cosas relativamente claras en mi cabeza, con lo cual el proceso de grabación es sólo el lugar donde les doy forma. Pero a veces, en lugar de eso, se convierte en un taller donde esculpo las canciones, les añado y sustraigo materia hasta que me dan sensación de completitud”. Un proceso en el que él se lo guisa y él se lo come, porque practicamente todos los instrumentos que aparecen en “Age waves” los ha tocado él. “Empecé a tocar el saxofón en la escuela. Luego estuve deseando mucho tiempo hincarle el diente a algún otro instrumento, pero no tuve ocasión hasta los 17 años, cuando un amigo me prestó su guitarra. A partir de ahí todo fue a más”. Sam Flax, ese hombre del Renacimiento que lleva walkman. Virginia Arroyo


014/015 032/033

The Killers report Regina Spektor / Peaking Lights

El tamaño importa... y mucho

The killers En esta entrevista se repite la palabra “big” sin cesar. Un adjetivo que sintetiza a la perfección lo que son The Killers: una banda a lo grande, carne de estadios y radios de todo el mundo, una banda capaz de vender millones de discos en una era en la que ya no se venden discos. Una banda planetaria, estratosférica. Su último disco, “Battle born”, también es grande: hasta cinco productores de prestigio y un año entero de grabación. ¿Y su música? Si por grande se entiende ‘épica’, ‘solemne’ o ‘majestuosa’, pues también. Hablamos con el guitarrista Dave Keuning. Texto

¿A

qué suena un grupo de Las Vegas? Ser de Las Vegas influye más en la energía que en el sonido. No sonamos como una banda de Nueva York, ni como una banda de Londres... Pero tampoco sonamos como una banda de Las Vegas, no hay un sonido definido de allí. Sonamos a lo que somos. Pero sí hemos heredado esa necesidad que tiene la gente de Las Vegas de llegar a ser algo... grande. Creo que de haber sido un grupo de Brooklyn, nos habría dado miedo llegar a ser grandes. Eso es lo que te da ser de Las Vegas. Repetís mucho que con este disco os habéis sentido como sois realmente. ¿Con los otros no era así? Bueno, en cada disco nos hemos mostrado tal y como éramos en ese momento, pero hemos cambiado... ¿Os habéis hecho mayores? ¿Por eso habéis ido a un estilo más... añejo? Bueno, no lo sé. Realmente nos hemos sentido bien tocando estas canciones, las hemos disfrutado. No te podría decir un motivo real de por qué en un momento dado hacemos rock, y al siguiente hacemos disco, el caso es que “Battle born” es una buena recopilación de lo que somos ahora, aquí hay cosas que suenan a lo que hemos hecho siempre, y otras cosas que no habíamos hecho nunca antes. Lo que está claro es que “Battle born” (Island / Universal, 12) no tiene nada que ver con “Day and age”, es un salto bestial, aún no sé si hacia adelante o hacia atrás. ¿Estáis cansados del pop? “Day and age” fue nuestro álbum más rupturista, y en éste hemos vuelto a un sonido más... no voy a decir rock, porque no sería exacto. Veamos... “Day and age” se hizo muy deprisa, en seis semanas, mientras que para “Battle born” nos hemos tomado un año, por eso éste tiene un sonido más real, más honesto. Este disco tiene un sonido muy épico. ¿Lo habéis compuesto pensando en los grandes estadios? A veces pensábamos en cómo sonarían las canciones en directo, pero ha sido una feliz coincidencia que sean tan buenas para ser tocadas en un escenario. Pero ha sido natural, igual que les pasa a otros artistas como U2 o Bruce Springsteen, sus canciones suenan grandes y punto.

Luis Meyer

Hablando de U2. ¿No estáis un poco hartos de que muchos medios os etiqueten como “los nuevos U2” o “los nuevos Coldplay”? Hay quien dice que lo somos. Nosotros siempre tratamos de ser la mejor banda que podamos ser, es nuestra actitud: ser una gran banda. Pero créeme, no es lo mismo ser una gran banda en un país o en otro. Cada país es muy diferente. Es complicado ser una gran banda en todos los países. En este disco faltan pelotazos como “Somebody told me”, “Mr. Brightside” o “Human”. Aquí las canciones suenan menos inmediatas, más pensadas. Bueno, estas canciones se han ido componiendo a lo largo de mucho tiempo. Le hemos dado muchas vueltas a cada canción, hasta que llegábamos al resultado. Digamos que las hemos analizado a fondo. Hasta el mínimo detalle, hemos debatido cada parte, si aquí entraba mejor esta o aquella guitarra o este o ese sonido, hemos meditado mucho la armonía idónea. ¿Realmente era necesario recurrir a cinco productores? Deseábamos grabar con ellos, pero nos dimos cuenta de que nos harían falta por lo menos 10 años para lograr trabajar con todos. Ahora estamos en una posición en que nos lo podemos permitir, así que decidimos juntar a todos en este álbum. ¿No fue caótico el proceso? Algunos sólo pudieron dedicarnos unos días, otros unas semanas, pero teníamos claro lo que queríamos en cada canción de antemano. Al componer, decíamos: “¿Qué haría Stuart Price aquí?, ¿qué haría Damian Taylor?”, porque éramos conscientes de que son productores muy diferentes. Este disco tiene muchísimo del rock de la década de los 80. Personalmente, me encantan Pixies, Crowded House, Duran Duran y Depeche Mode. Yo creo que se hacían mejores cosas en los 80 que ahora. Aún recuerdo la primera vez que vinisteis a Madrid hace casi diez años. Tocasteis en la sala Caracol, donde apenas caben 300 personas. Ahora vuestro público nunca baja de los cuatro ceros. Yo siempre soñaba con esto, y si te soy sincero, pensaba que podría llegar a suceder. Y ha sucedido. ¿Ves? Este es el espíritu de Las Vegas.


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016/017

report Matthew Dear

Matthew Dear Inner City Pressure

No hacía falta, pero “Beams” (Ghostly International / ¡Pop Stock!, 12) confirma a Matthew Dear como uno de los grandes productores electrónicos del momento, pese a que su música escapa cada vez más de los clichés de la música de baile y de la electrónica. Gomoso y anguloso al mismo tiempo, “Beams” suena moderno y retro, vanguardista y canónico, oscuro y luminoso. Justo como una gran ciudad.


Texto Foto

Half Nelson Olivia Locher

P

illamos a Matthew Dear preparando un pollo para su familia de Texas que ha venido a pasar el día en su nueva casa en las afueras de Nueva York. Responde a la primera pregunta todavía con el pollo entre las manos, pero enseguida se da cuenta de que la entrevista es en serio y va a necesitar las dos manos y toda su atención. ¿Qué significa “Beams”? Bueno, esa es la pregunta clave (risas). Significa muchas cosas (un segundo mientras meto el pollo en la nevera… Ya estoy fuera, en el bosque). Pueden ser las vigas de un edificio, la estructura… En ese sentido, las canciones forman la estructura del disco… Pueden ser las vigas de mi vida, las que forman mi integridad y mi familia. También pueden ser los rayos del sol, la luz que forma los colores y aleja la oscuridad. La música es eso para mí, una forma de dar color a la vida. Cuando titulo un disco, hago una lista de palabras y las voy revisando hasta que encuentro una que refleja lo que el disco contiene, pero sin dar una imagen precisa.

instrumento favorito es un bajo Music Man StingRay (me dice la Wikipedia que Bernard Edwards de Chic y Flea lo usaban, además de Simon Gallup de The Cure, Alex James de Blur, Steve Mackey de Pulp, y Colin Greenwood de Radiohead) es tan versátil que a veces me gusta tocarlo encima de la música que estoy escuchando. Tiene un sonido funky y retro al mismo tiempo.

¿Y porqué no usar uno de los nombres de los temas del disco? Demasiado fácil, ¿no? Me gustan las cosas un poco más creativas. Poca gente recuerda que el título de “Black City” (Ghostly, 10) era una pequeña parte del título de unas de las canciones. (En concreto, de “Little people (Black City)”).

En ese tema colabora el productor sueco Van Rivers, ¿es cierto que contactaste con él a través de su MySpace? Sí, me gustó su trabajo con The Knife y leí que iba a colaborar con Blonde Redhead, así que busqué su email en su MySpace y le escribí.

Antes has hablado de la luz del sol al hablar de “Beams”, ¿no es eso lo contrario a titular un disco “Black City”? ¿Es este un disco más optimista? Sí, sin duda. Los discos reflejan momentos de mi vida. Hay gente que sabe hacer discos conceptuales alejados de su estado de ánimo. Dan Deacon ha hecho un disco fantástico que se llama “America” (Domino, 12) y trata de cómo está EE.UU. y qué significa ser estadounidense en este momento, algo muy conceptual. Mis discos son mucho más personales. Ninguna de las dos opciones es la correcta, sólo es la forma de expresión de cada artista. Sí que es cierto que estoy un poco más optimista estos dos últimos años: antes de “Black City” todo era bastante frenético y estaba un poco perdido en la locura de la ciudad y en el deseo de estar siempre a la última y atento a todo. “Beams” es un poco más suave, más relajado, pero aún es bastante loco y lleno de energía (risas). Escuchando ambos discos me preguntaba si quizás habías cambiado de barrio, si “Beams” es una zona más tranquila… (Risas) De hecho, ambos discos están hechos en el mismo barrio, pero es ahora cuando he cambiado a una casa fuera de la ciudad, en el campo, más al norte en el estado de Nueva York… Así que el próximo será un disco de folk… (Risas) No, no creo… Parece que siempre necesitas estar en contacto con tu ciudad-musa. Fue crucial en tu carrera ir de Texas a Detroit y lo volvió a ser ir de Detroit a Nueva York. Sin duda, Nueva York es como una mujer guapa en la distancia, atrayendo a todo el mundo: “ven a mí, soy Nueva York, la mejor ciudad del mundo, debes estar aquí…”. Es una bruja. Detroit es un lugar perfecto para los artistas: vacío, barato, puedes instalarte en cualquier parte de la ciudad. Yo viví durante cuatro o cinco años en el centro de la ciudad, pero cada vez que tocaba en Nueva York me sentía más parte de ella. Siempre quería volver a casa después de una sesión o un concierto, excepto en Nueva York. Detroit es perfecto para artistas jóvenes que buscan su camino, su estilo, que empiezan a abrirse paso actuando en la ciudad, pero Nueva York es una bestia. En “Earthforms” dices “it’s so right to be someone else sometimes”, ¿es lo que piensas cuando publicas discos con diferentes pseudónimos? Esa canción no habla de mis diferentes alias como productor, pero sí que hay una conexión. Es una frase muy ambigua. Todos tenemos diferentes estados de ánimo que casi nos convierten en personas diferentes. Decir eso es decir: está bien que te afecten las emociones, está bien que ahora actúes diferente a como lo hiciste antes; porque todos somos diferentes personas dentro de uno mismo. A veces está bien sorprender a los demás y ser un poco más bromista o más travieso de lo habitual.

¿Cómo el de “Up & Out”? Exacto. Otra de tus marcas ahora mismo es el uso de microsamples vocales, pequeñas frases o sílabas que se van repitiendo… Cierto (tararea el leit motiv de “Headcage”). Ese uso de las voces como instrumentos de percusión viene de la música africana donde la voz es a la vez un elemento rítmico y melódico.

Precisamente en el “Headcage EP” (Ghostly, 2012) aparece una colaboración aún más sonada, la de Jonny Pierce de The Drums cantando en “In the middle (I met you there)”. ¿La escribiste para él? No, pero en cuanto tuve la oportunidad de hablar con él se lo propuse. Escuchar su voz en el estudio de mi apartamento es una sensación que nunca olvidaré. ¿Te gustaría producir a bandas de pop o rock? ¡¡Por supuesto!! Me encantaría, pero he de encontrar el tiempo. Tengo un estudio en mi nueva casa, la idea es que una banda entera pueda instalarse aquí. ¿A alguna banda en particular? No, todavía no. Tengo mucho que aprender para llegar a producir a las bandas de las que soy fan. Sí que tengo productores con los que me gustaría trabajar para aprender como Nigel Godrich (Radiohead) o Dave Fridmann (The Flaming Lips, MGMT)… Cada vez tienes más confianza en tu voz, cuando empezaste como músico ¿pensabas que ibas a cantar tus propias canciones? Sí, siempre lo pensé. Desde los trece o catorce años siempre estuve cantando y tocando la guitarra como hobby. Poco a poco, la música se convirtió en mi pasión y ahora en mi carrera. El problema es que mi primer disco —el split con Daisha “Hands up for detroit” (Ghostly, 99 )— era estrictamente techno y ya se me encasilló. De hecho, en el maxi “Dog days” (Spectral Sound, 03) y en el LP “Leave luck to heaven” (Spectral Sound, 03) ya había bastantes voces. Pero ese deseo de cantar siempre ha sido algo íntimo, así que entiendo que se me considere un DJ o un productor electrónico y no un cantante. La portada es espectacular… Sí, es una pintura de Michael Cina (renombrado diseñador, que trabaja habitualmente con Ghostly y Spectral Sound) en la que me he implicado mucho dándole a Michael muchas indicaciones sobre las emociones del disco. Es un cuadro muy grande, como 3 metros de alto por 2 de ancho. ¿Algún otro proyecto aparte de “Beams”? En enero, después de la gira de “Beams” empezaré a trabajar en un nuevo disco de Audion. Tengo cientos de temas de techno, no he dejado de trabajar en ellos.

¿Cuál es tu método a la hora de escribir las letras? Es algo bastante abierto. Cuando estoy en el estudio dejo que la música me dicte la melodía y después la letra. No es algo que se consiga rápidamente y cuando más te convenga, simplemente tienes que dejar que suceda. En todo caso, la música siempre es lo primero.

La última, ¿qué piensas del masivo estallido en EE.UU. de la EDM con artistas como Skrillex o Deadmau5? ¿Crees que te puede beneficiar? No sé muy bien cómo puede afectarme el fenómeno de la EDM. Creo que mi música, aunque me gustaría que estuviera en todos los iPods del mundo, no es suficientemente accesible, así que no me preocupo. No quiero sonar estúpido, pero no creo que mi música sea para todo el mundo, así que acepto que no a todo el mundo le guste mi música. Ahora mismo hay mucha gente en EE.UU. escuchando música electrónica mucho más comercial que la mía, pero llegará un momento en que una pequeña parte de ellos buscará algo más profundo y encontrará la música de Kraftwerk, Aphex Twin, Autechre… y eso sin duda será positivo.

Esas líneas de bajo tan sucias, tan urbanas son una de las señas de identidad de tu música y de “Beams” en particular. Me encanta tocar el bajo. Ahora mismo, mi

¿Algo más? Nada, buena entrevista. A ver si me ponéis otra vez en la portada como en el 2007 (Núm. 80 Julio-Agosto 2007). Tengo la revista en la oficina y la veo a menudo.


018/019

Infome 981Heritage Solar Bears

Solar Bears

Tiempo de hibernación

Dos años después de ganarse a crítica y público con un primer disco brillante y cósmico, “She was coloured in”, el dúo irlandés Solar Bears está retirado en sus cuarteles de invierno, ultimando los detalles para un segundo asalto que debería catapultarles a la fama, y que vendrá cargado de novedades. Cantantes, una banda completa, un sonido más rico y expansivo y un giro hacia la música de baile y el pop retrofuturista marcan una evolución que, por el momento, sólo puede disfrutarse en directo.

Texto

Vidal Romero

D

esde su casa en Dublín, John Kowalski confiesa que nunca imaginó que el debut de Solar Beas, “She was coloured in” (Planet Mu, 10), terminaría por convertirse en un pequeño gran éxito a nivel underground. “Es algo que no te esperas jamás, algo imposible de predecir”, explica, antes de reconocer que dicho éxito les ha trastocado la existencia, una existencia que hasta entonces era un remanso de paz, a él y a su socio Rian Trench. “En el último año hemos viajado muchísimo más que en todo el resto de nuestra vida. Pero sobre todo, el hecho de enfrentarnos a grandes audiencias y de comprobar cómo es el ambiente en los clubes nos ha hecho replantearnos muchas cosas de cara a nuestro segundo disco”. Una de ellas, el equipo: si la última vez que hablamos, hace dos años, trabajaban con sintetizadores analógicos, máquinas de cinta, cajas de ritmo antiguas y un ordenador con software caducado desde hace lustros, ahora han conseguido “mejorar la calidad de muchos componentes y hacernos con nuevos instrumentos, con lo que somos un poco más hi-fi. Eso sí, sin alterar la manera en la que hemos trabajado desde el principio”. O sin alterarla demasiado, porque otra de las novedades es que últimamente ensayan y graban “en un estudio llamado The Meadow, en una sala inmensa. Es un cambio importante, sobre todo tras haber pasado varios años ensayando en una entreplanta minúscula, dentro de una casa familiar”. Así las cosas, no deja de resultar “muy irónico que el nuevo disco suene mucho más claustrofóbico que el anterior”. Ese nuevo disco, al que ya se ha referido Kowalski en un par de ocasiones, tiene el título provisional de “Supermigration” y todavía carece de fecha de salida. “Llevamos todo el año trabajando muy duro y ya está prácticamente terminado”, explica, antes de añadir que el momento de su lanzamiento depende de las negociaciones “con un sello nuevo, con el que estamos a punto de firmar”. Lo que no explica son las razones que les han llevado a abandonar Planet Mu, aunque no es difícil concluir que el sello de Mike Paradinas no es el lugar más apropiado del mundo para una banda que aspira a crecer y a conquistar el mercado indie. De momento, los dos temas de adelanto que han colgado en Soundcloud demuestran dos cosas: que siguen en un territorio cercano al que ya habitaban y que han ganado mucho en ambición. “Cosmic runner”, por un lado, abunda en esa mezcla de sintetizadores analógicos, estructuras sencillas

y melodías adhesivas que es marca de la casa, y que no esconde ni sus débitos hacia Boards Of Canada ni su gusto por conjurar bandas sonoras imaginarias. “Sin duda, compositores de música para películas como Francis Lai y Stelvio Cipriani se han filtrado en el disco”, confirma Kowalski, “pero la música de baile sigue siendo el elemento capital dentro de lo que hacemos, y para potenciar esa idea hemos utilizado muchos instrumentos reales, además de los sintes y las cajas de ritmos. Sigo escuchando a Death In Vegas y a Primal Scream de manera regular, y no dejan de ser una gran fuente de inspiración”. Una Influencia, eso sí, que ellos manejan desde una perspectiva amable, quedándose antes con el latido pop que con la vena macarra. La prueba está en la preciosa “Alpha people”, una pequeña joyita de pop retrofuturista que recuerda poderosamente a Broadcast, en gran medida gracias a la aportación de una cantante, la misteriosa Sarah P. “Conocerla fue una experiencia tan surrealista como gratificante”, explica un esquivo Kowalski, antes de reconocer también que las voces “son algo en lo que hemos estado pensando desde hace tiempo; incluso tenemos un candidato muy serio para ese papel. Solar Bears está en un proceso de transformación, reencarnándose en una banda más orientada hacia el directo, y cualquier cosa que nos permita romper los límites que nos rodean ahora mismo, que ayude a que nuestro sonido sea aún más expansivo, es bienvenida”. Y si esa ruptura de límites sirve para acercarles a la estética de sellos como Ghost Box, bienvenida sea. “Nos encanta uno de los nuevos fichajes del sello, Pye Corner Audio. Y en realidad, cualquier cosa que publican allí es sinónimo de calidad. El dueño, Julian House, es un creador bendecido, alguien con quien nos gustaría mucho trabajar en el futuro”. Eso sí, de momento prefieren concentrarse en terminar su disco, en hacer remezclas para amigos como How To Dress Well o Fur (“No dejes de mencionar la que hemos hecho para David Douglas, un joven artista que nos gusta mucho”, me insiste Kowalski) y en probar distintas configuraciones de cara al directo. “Últimamente hemos llevado a tocar con nosotros a Cian, uno de los chicos de I Am The Cosmos, que es una nueva banda irlandesa muy interesante”. Y aunque “el formato de la banda está cambiando de una fecha a la siguiente, nuestra idea es que se consolide como un grupo de cinco personas”, algo importante cuando el objetivo es sonar, y creo que aquí la traducción no es necesaria, “pretty heavy”.


981heritage E

reborn

l festival 981, antaño celebrado en A Coruña, se rebautiza como 981Heritage, abre su catalejo hacia Madrid (6 de octubre) y, dentro del contexto de “Spain Now!”, aterriza en Londres bien adentrado noviembre. En Madrid, el marco incomparable de la Nave de Música de Matadero acogerá los directos de Solar Bears, Actress, Hype Williams o Mouse On Mars, además de las sesiones de Jeremy Greenspan (Junior Boys) o el infalible Kode9 en la que será su tercera visita a España este año, todo ello en horario diurno. La edición gallega llegará en diciembre. “981 Festival... punto y aparte”. Con esas palabras encabezaban los responsables del histórico festival coruñés 981 una nota de prensa con la que, tras cinco años afianzados en Playa Club, se despidieron del mundo no sin dejar antes una puerta abierta. Y es que esa frase contenía gato encerrado. Las malas lenguas apuntaron en esos momentos a razones de incompatibilidad con Sónar, por aquellas fechas instalado en la ciudad. Pero no hay mal que por bien no venga y, a mediados de julio, otra nota de prensa aireada en un periódico de tirada nacional nos ponía en alerta de la vuelta del festival, ampliado, ramificado y con energías renovadas. El sábado 6 de octubre es la fecha elegida para que 981Heritage ponga a prueba en Madrid el caleidoscópico universo mutante de “R.I.P.” del cada vez más libre Darren J. Cunningham aka Actress. Año y poco después de su última visita a tierras españolas, será una buena ocasión para ver si su directo ha avanzado en la misma dirección que su último trabajo. Sin nada que presentar pero con una mochila siempre cargada de dinamita visitará la capital por segunda vez este año Kode9. Tras su incendiario paso por Sónar y en un contexto distinto al habitual, podremos degustar su insaciable diálogo con la música de baile británica de los últimos 20 años. Créanme si les digo que no hay experiencia que se le asemeje a día de hoy. Jeremy Greenspan defenderá sus tablas sin su pareja de baile habitual en Junior Boys. Las recientes colaboraciones con Lambchop o Caribou y su maxi en solitario en el sello del último abren nuevas brechas en su proceso creativo que su paso por 981 deberían despejarnos. Otras caras conocidas son las de Inga Copeland y Dean

Texto

David G. Balasch

Blunt, la pareja de entrañables freaks que encarnan en Hype Williams, los hijos que tus padres nunca querrían ver en casa: odas cósmicas llenas de dub industrial, funk descontextualizado y ráfagas abstractas de electrónica, que no por repetirse cansan. Su aturdidor directo es una baza segura. Aunque en un estrato distinto, la música de Solar Bears maneja texturas igual de difíciles de clasificar a primera vista. Será también un buen momento para comprobar en vivo las bondades del último EP (“Our love is hurting us”, Tri Angle, 12) del norteamericano oOoOO y, casi veinte años y once discos después, disfrutar de la ahora refortalecida veteranía del dúo Mouse On Mars. “Parastrophics” no es “Iaora Tahiti” ni “Vulvaland” o “Autoditacker”, pero ofrece un puñado de buenos momentos. En el capítulo de estrictos debuts, oportunidad única para ver si la ruptura de Au Revoir Simone ha fortalecido a Erika Spring o por el contrario ha volcado sal en la herida. 981 no se ha olvidado de la cantera nacional, por ello contará con dos talentos en liza: el grime supersónico de Noaipre y la ecléctica contundencia estilística tras los platos del gallego Judah. El desembarco londinense del festival no llegará a The Soho Gallery hasta finales de noviembre. No sólo las fechas serán distintas; frente al concepto tradicional de festival, el juicio girará aquí entorno a un tête a tête de un artista español frente a uno inglés. Una propuesta interesante para discutir desde la transversalidad la validez internacional de nuestros músicos. O la de los suyos. La típica prueba del algodón que tanto gusta a algunos que plantea la cansina discusión de si el producto interior bruto que atesoramos tiene suficiente calibre internacional. El día 21 la hyperdubeada nativa de Brixton Cooly G se las verá con Mwëlee, uno de los más grandes selectores de nuestras tierras. Al siguiente día, Santiago Latorre defenderá nuestro disco favorito nacional del año pasado, “Eclíptica” (Foehn, 2011), frente a la enigmática agrupación audiovisual Old Apparatus. Todo un choque de posturas. David M del colectivo BreakThatBeat le discutirá el anillo freestyle a Marcus Nasty el día 23. El sábado 24, y ya cerrando las jornadas, Judah (el único que repetirá) estará frente al poliédrico Dorian Concept.


020/021

en portada Flying Lotus

Flying Lotus

Nueva flor Texto Foto

Joan Cabot Timothy Saccenti

Consolidado como uno de los productores más importantes e influyentes de su generación, Flying Lotus publica su cuarto largo, de nuevo con colaboraciones de excepción (Thom Yorke, Jonny Greenwood, Erykah Badu, Thundercat…) y suficientes novedades respecto a su anterior “Cosmogramma” como para dividir el mundo entre aquellos que verán abdicación y pérdida de originalidad en su fuga hacia un nuevo paisaje más limpio y calmo y aquellos que sabrán apreciar la cohesión de un trabajo tremendamente evocador. Reconciliado con la escena rap y con colaboraciones con Odd Future y SpaceGhostPurrp a la vista, Steven Ellison ha logrado en “Until the quiet comes” dar nueva forma a sus viejas obsesiones, acercándose al pop, adentrándose más profundamente en el jazz y reconstruyendo su discurso musical sin tener que remover ninguno de sus fundamentos. Ha vuelto el prodigio.


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022/023

E

en portada Flying Lotus

s curioso como el formato condiciona la impresión que tenemos de un disco, en este caso la primera impresión, que como dice el anuncio es la que queda. La descarga para prensa de “Until the quiet comes” (Warp / PIAS, 12) era un solo track de más de 46 minutos. Todo el disco en una sola pista, sin cortes que permitieran diferenciar canciones, algo sencillo en cualquier otro tipo de álbum. En el caso del cuarto trabajo del productor de Los Angeles, adivinar el principio y final de cada canción no era tan fácil e incluso diría que lo primero que caló en mi subconsciente fue la sensación, quizás falsa y condicionada por ese simple detalle azaroso, de que estaba ante un trabajo concebido como un todo: un opus con diferentes movimientos, fluctuante, pero que había sido creado de una sola pieza. “Sí, en gran parte era precisamente eso lo que esperaba: que el disco funcionara como una sola pieza, que tuviera cohesión”, confirma Steven Ellison al otro lado de la línea. Y eso es así a pesar de, o precisamente gracias a, la inclusión de canciones realmente diferentes, incluso extrañas unas a otras, como esa sección central del álbum en que temas como “DMT song” o “Only if you wanna”, canciones inspiradas en el pop retrofuturista de Stereolab y Broadcast, comparten mano y baraja con piezas de electro-funk igualmente retrofuturista pero de oscuridad creciente. Si ya en su anterior “Cosmogramma” (Warp, 10) había trabajado a partir de la idea de unidad, creando un disco que funcionaba como un todo, en “Until the quiet comes” no sólo refina todavía más esa noción, sino que lo hace a través de unos temas mucho más variados, tanto en escala cromática como musicalmente, aunque persiste en él un tono más calmado y espiritual. Ellison se nos ha hecho mayor. “Porque nadie más trabaja de esta forma”, comenta, ya más tajante, sobre el porqué planteó el trabajo de esa forma. La respuesta suena incluso ingenua, pero delata algunos de los tics nerviosos de su autor, alguien cuyas fobias son fáciles de rastrear gracias a sus apariciones en los medios. En repetidas entrevistas Flying Lotus habla sobre lo frustrante que es sentirse encasillado y tener que responder a las expectativas de prensa especializada y público. También comentaba recientemente que, desde su punto de vista, “Until the quiet comes” era el ‘next level’ de su música, algo que sólo es cierto a medias. Por un lado, el cuarto disco del productor angelino supone una progresión lógica hacia un sonido más despejado y limpio, más pop incluso, y para eso hay que hacer el viaje completo. Hay que pasar por sus tres anteriores trabajos para comprender hasta qué punto este nuevo álbum no es un mero intento por llegar a un público más amplio o establecerse definitivamente como figura de referencia entre los aficionados a la electrónica no exclusivamente experimental. Éste es también un disco cuya elaboración ha implicado cierto trabajo de deconstrucción, desmontar andamios, mantener los pilares básicos del discurso al servicio de unas canciones más asequibles y ligadas a menudo a conceptos propios de la música rock, a su manera funcionando como un resumen de todo lo que había venido haciendo el artista hasta la fecha. “Sí, está claro que soy yo. Pero personalmente, creo que, más que resumir lo que he venido haciendo hasta la fecha, el disco es la continuación de mi propia historia. No me gusta mirar hacia atrás ni volver sobre lo que ya he hecho en el pasado”. “No quería repetirme”, reitera Ellison. “Quería hacer un disco completamente diferente a ‘Cosmogramma’, en parte porque ése fue un disco tan especial en tantos aspectos que sería una estupidez por mi parte intentar replicarlo. Debía ir en otra dirección. Para mí cada trabajo es un reto. Con cada álbum intento ponerme a prueba y ser cada vez mejor en lo que hago”. Como he dicho, eso es sólo cierto a medias: el nuevo álbum de Flying Lotus es, ejem, el nuevo álbum de Flying Lotus. Muchos de los rasgos diferenciales del sonido del artista angelino siguen presentes, incluso amplificados al estar rodeados de pequeñas fugas laterales e incursiones en nuevos prados. El jazz, el poso hip hop, siguen ahí, aunque a diferencia de “Cosmogramma” éste es un trabajo menos obsesionado con lo tecnológico, más sutil en muchos aspectos. “Buscaba un sonido más minimalista y delgado. Quería eliminar cualquier estorbo. Todo en el disco cuenta. Todo es importante. En esta ocasión no quería nada que distrajera al oyente de la esencia de las canciones y eso suponía eliminar algunas capas de mate-

rial sobrante y concentrarse sólo en las cosas verdaderamente necesarias”. FlyLo ha vuelto a contar para el disco con colaboradores cercanos, como su vecino Thundercat, la ya habitual Laura Darlington o el cantante de Radiohead, Thom Yorke, con quien también había trabajado con anterioridad, y cuya voz ha sido completamente desfigurada en “Electric candyman”. También Jonny Greenwood, quien compuso para él “Hunger”, una de las canciones finales del álbum, Niki Randa y Erykah Badu. La rumorología aseguraba que Ellison y Badu estaban trabajando en un álbum conjunto, aunque parece ser que el proyecto se quedó en nada. De hecho, esa clase de rumores son algo continuo en su caso, y a la vez que Flying Lotus parece querer y necesitar rodearse de gente con talento, muchos de sus proyectos acaban en nada por falta de sintonía. Él explica que “con todos los artistas que participan en el álbum mantengo una relación personal. No podría trabajar con ellos si no fuera así. De hecho, no colaborarían en el disco si no los respetara como personas y artistas. De lo que se trata es de crear sinergias y eso no siempre es fácil tratándose de personalidades tan fuertes. Yo también tengo una”. Lo que nos lleva a su retomada relación con el mundo del hip hop, una música que ha formado parte siempre de su discurso musical pero con la que siempre ha mantenido una relación distante. Si hace poco colaboraba con Earl Sweatshirt de Odd Future en el tema “Between friends”, un track antiguo reciclado para el cual también contaron con la colaboración del misterioso Captain Murphy, al parecer un joven rapero de Los Angeles poco interesado en la fama y la exposición pública, FlyLo ha estado hablando últimamente de sus ganas de trabajar con Tyler the Creator, el interés que siente hacia la A$AP Mob o la posibilidad de colaborar con SpaceGhostPurrp, como si su interés por el rap hubiera reverdecido a raíz de la aparición de esa nueva generación de raperos, algunos de ellos claramente influenciados por su música. “El hip hop es de donde vengo, es la música con la que crecí, así que para mí es algo muy natural. Durante un tiempo sentía que no había sitio para mí en esa escena porque iba en una dirección que no me interesaba, pero todos esos chavales son realmente inspiradores, todos esos nuevos sonidos…”. Ellison también habla a menudo de Jeremiah Jae, su protegido en el sello Brain Feeder, de quien dice que es siempre una presencia que lo alienta a seguir trabajando. En realidad, para Flying Lotus se trata precisamente de eso, de rodearse de gente creativa y con talento —también en el aspecto visual—, que aporte nuevas ideas a un proyecto musical sobre el que él ejerce un control celoso e incluso maniático. De nuevo, a Ellison no le gustan ciertas interpretaciones y no se toma demasiado bien que le hable de su disco ‘más pop’: “Ésa es tu interpretación. Yo he hecho mi trabajo, que es hacer el disco. Tu trabajo es hablar de él. Si tú lo ves así, no tengo nada que decir”. Así que decido cambiar de tema y hablar de cómo trabaja, cómo es el proceso de creación de un disco para Flying Lotus: “Evidentemente, voy coleccionando material todo el tiempo, pero todo el disco fue compuesto con una intención clara y una idea en mente. Desde el principio tuve claro qué tipo de álbum andaba buscando, cuál debía ser el sonido, pero a la vez siempre mantengo las opciones abiertas. A veces tienes la oportunidad de trabajar con otro artista y eso te ofrece nuevas posibilidades en las que no habías pensado anteriormente y de repente estás yendo en una nueva dirección que no esperabas. Eso me sucede continuamente y tienes que estar abierto a este tipo de casualidades. Lo único que importa es no quedarse estancado, no quedarte sin nuevas ideas y creo que eso no me va a suceder, así que venga lo que venga va a estar bien. Eso es lo que importa”. En esta ocasión, se ha inspirado en el misticismo y la meditación para dar forma al disco, aunque su idea inicial fue hacer un álbum de música para niños. “Simplemente se trata de estar abierto a la inspiración, como si escucharas las cosas por primera vez”, comenta. En el caso de “Until the quiet comes” esa idea funciona porque en realidad Flying Lotus nunca había sonado así y a la vez suena como siempre lo ha hecho: una nueva flor abriéndose al mundo. Mientras puede que algunos echen de menos parte de la tensión de sus anteriores trabajos, otros nos sentaremos en la terraza a disfrutar de un nuevo atardecer y a disfrutar de las cosas como si fuera la primera vez.


en portada Flying Lotus

“Until the quiet comes”

Joan Cabot

DISCOGRAFÍA FLYING LOTUS

WARP / PIAS, 12

Texto

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Tras vaciarse en un trabajo increíblemente ambicioso como “Cosmogramma”, Steven Ellison parece haber querido dar un paso atrás, limpiar el paisaje de los excesos con que arrancaba su antecesor para concentrarse en la esencia de su música. Tras descubrir la meditación, el músico de los ángeles ha dado a su cuarto largo cierto aire semimístico, aunque lo que verdad transmite “Until the quiet comes” es la obsesión por los pequeños milagros del día a día, como si fijarse en los detalles cotidianos fuera suficiente para vivir en un estado de ensoñación constante. En esta ocasión las visiones futuristas han sido substituidas por algo mucho más humano y cercano: calma, pausa… Ellison ha mirado en esta ocasión hacia el trabajo de grupos como Stereolab, Broadcast o los progresivos Gentle Giant para dar forma a su álbum más pop y digerible, algo que sin duda van a aprovechar sus detractores para lanzársele a la yugular. Pero dar forma a algo tan fluido y gentil como “Until the quiet comes” no debe haber sido fácil: el álbum se desarrolla como un viaje extrañamente lineal en el que se entrelazan tracks minimalistas, esbozos de jazz ingrávido y piezas de una brillantez melódica incuestionable como “Putty boy strut” o esa incial “All in”. Lo que más sorprende, sin duda, son cortes como “DMT song” o “Only if you wanna”, con esas voces que son puro algodón, la primera de ellas con Thundercat aportando una dimensión completamente nueva a la música de FlyLo, una gran alianza, como la suya con Radiohead. Mientras Thom Yorke vuelve a dejarse destrozar la voz en “Electric Candyman”, Jonny Greenwood participa en la composición de “Hunger”, una de las piezas más tenebrosas, mientras la colaboración con Erykah Badu, “See thu to U”, explora cadencias más sensuales y sedosas. “Until the quiet comes” certifica la madurez del productor de Los Angeles, quien ha alcanzado a una edad muy temprana la condición de genio de consenso. Ahora sólo falta saber hasta cuándo la flor de loto será capaz de seguir levitando.

“1983” PLUG RESEARCH, 06

Recuerdo la edición de “1983” con cierta sensación de triunfo. En aquellos momentos la escena electrónica de Los Angeles llevaba años alimentando su propia leyenda underground, pero Flying Lotus parecía destinado a algo grandioso. Llevando a un nivel superior las triquiñuelas con el beat de Dilla y Madlib, a merced de un extraño atractivo pop y una habilidad inusual para las melodías, el primer disco de Steven Ellison (el nieto de Alice Coltrane, repetía todo el mundo) supuso un brillante inicio y el descubrimiento para muchos de un talento único.

“Los Angeles” WARP, 08

Si su debut todavía podría ser encuadrado en la escena hip hop de LA, aunque fuera en sus márgenes, el primer trabajo de Flying Lotus para el sello Warp, en realidad tres EP reunidos en un disco, supuso una clara progresión hacia un tratamiento mucho más concienzudo de los elementos electrónicos y la abstracción. Inspirado por su ciudad natal, Ellison dio forma a una colección de tracks que se sustentaban más en su potencia sugestiva que en la efectividad rítmica. Jazz, funk y futurismo en un trabajo que sonaba como estar metido en una nube diseñada por Nintendo.

“Cosmogramma” WARP, 10

Y entonces llegó “Cosmogramma”. Ellison alcanza la madurez a los 26 años con un disco que nadie más que él podría haber creado, metiendo la pezuña hasta el fondo de la faceta más tecnológica de su creación en contraste con una clara voluntad por legitimarse como ‘músico de verdad’. Cualquiera diría que en Warp le mandaron una copia de todo su catálogo como regalo de bienvenida, pero también es cierto que todo estaba allí desde el principio y que persiste el aire jazzy, sustentado en el uso de instrumentaciones reales. El tercer álbum del de Los Angeles supone la consolidación de uno de los talentos más singulares de nuestro tiempo.

“Cosmogramma alt takes” WARP, 11

En mi pueblo dicen que del cerdo todo se aprovecha: por mucho que se trate de un trabajo menor que sólo interesará a los fans más minuciosos de Flying Lotus, esta colección de tracks creados en la época de “Cosmogramma” da una idea de cuáles fueron los cimientos sobre los que Ellison construyó su mejor obra hasta la fecha y también del peso que colaboradores como el músico Miguel AtwoodFerguson han tenido en su obra. Exuberantes arreglos de cuerda descartados, borradores y alguna pequeña obra maestra por terminar, como “Melting3”. Migas de pan, al fin y al cabo.


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Yeasayer / Toy / Peaking Lights report Regina Spektor

yeasayer

Salto de ambición

Tras escalar todas las listas de lo mejor del año de 2010, Yeasayer vuelve con el que posiblemente sea el disco más ambicioso de su carrera, “Fragrant world”. La psicodelia y el R&B campan a sus anchas por un LP que tiene al pop como hilo conductor y que, sin embargo, no abusa del hit inmediato. Hablamos con Chris Keating de su nuevo álbum, de electrónica, de aspiraciones y de su sempiterno falsete.

Texto

C

Virginia Arroyo

ualquiera que le hubiera dado unas cuantas escuchas al “All hour cymbals” y al “Odd blood” tenía muy claro que el nuevo trabajo de Yeasayer iba a ser un discazo. ¿Y saben qué? No nos equivocábamos. La banda de Chris Keating ha vuelto a prensar un disco precioso, cautivador e irremediablemente magnético, que mantiene el sonido de Yeasayer pero lo lleva un paso más allá. A cualquiera le hubiera acobardado el éxito que vivieron en 2010 con su segundo trabajo, que protagonizó multitud de listas de lo mejor del año (con “O.N.E.” en el top 3 de esta santa casa), musicó anuncios y dio el salto a una audiencia mucho más amplia que la que les había procurado aquel fantástico “All hour cymbals”. A cualquiera, no a ellos. “No es cuestión de listones, es cuestión de hacer lo que a uno le apetece. Con este disco queríamos intentar cosas nuevas, explorar las posibilidades de nuestro sonido pero sin repetirnos”. El resultado ha sido “Fragrant world”, un álbum donde la psicodelia pasa a un segundo plano (aunque haberla, hayla, y mucha) y el protagonismo lo toma el R&B, viejo conocido de Yeasayer, siempre presente, pero siempre en la sombra. “Supongo que tienes razón. El R&B nos ha influido muchísimo, pero sobre todo los sonidos electrónicos. Tomamos la determinación de que queríamos experimentar y de que queríamos hacerlo en el espectro de la electrónica, en mayor o menor medida”. Algo que no es extraño, ya que, como el mismo Keating reconoce, “desde el principio sonábamos bastante electrónicos. Y de hecho muchos instrumentos que parecían orgánicos, en realidad eran electrónicos”. Al haberse girado de una manera más obvia y consciente hacia la electrónica, sus referentes también han virado de forma más radical en esa dirección, con el house de Chicago y en particular figuras como Marshall Jefferson entre las principales influencias. Aunque, por supuesto, Yeasayer siempre han sido defensores de las

nuevas bandas que apuestan por un sonido experimental, como THEESatisfaction o Purity Ring. Nacido casi a la vez que Yeasayer, el proyecto de Dan Snaith, Caribou, también le resulta muy interesante a Keating y compañía, que también se confiesan fans de la bass music y de Joker. Con todos estos elementos nace un álbum menos cargado de hits instantáneos que su predecesor pero también mucho menos ingenuo. “Éramos mucho más inocentes al principio, ahora somos personas y músicos más experimentados y ambiciosos y hemos aprendido a marcarnos objetivos. En este álbum lo que queríamos era construir algo interesante y único que nadie haya hecho antes”. No es una meta trivial y sin embargo Chris Keating y Anand Wilder la alcanzan sin apenas despeinarse en la media hora de metraje de este álbum. “Las canciones han nacido en un 50% de mi cabeza y en un 50% de la de Anand”, me cuenta Chris. “Hemos compuesto todos los temas estando de gira. Cuando acabó el tour, llevamos esas ideas germinales al estudio y las enseñamos al resto de la banda, para luego entre todos experimentar con sonidos diversos y jugar con cada canción. Apenas sabes lo que sale de tu cabeza, pero lo que no sabes seguro es lo que saldrá del estudio”. La cuestión es explotar y desarrollar al máximo las ideas, “cualquier cosa que añada calidad y dinamismo a un álbum es buena”. Justo en ese momento, cuando el tiempo que nos han concedido para la entrevista está a punto de expirar, Chris tose y le pregunto si, dada la importancia de su voz y del falsete en su música, se cuida la voz de alguna manera. “Pues la verdad es que no. Hago todo lo que está prohibido: fumo, bebo… (Risas)”. Ya es la hora y Chris se despide de mí emplazándome a verlos en los conciertos que los traerán “de cara a final de año o principios del año que viene por todas las ciudades españolas que podamos”. Ahí estaré.


Euforia en negro

toy Con la edición de su álbum de debut, los británicos Toy se sitúan entre las mayores sorpresas de la temporada en la escena inglesa: un directo vibrante, un primer álbum cuyo sonido les aparta de los cauces establecidos del pop inglés y una imagen de la que se habla incluso demasiado. Tras varios singles, el quinteto celebra su estreno pensando ya en su siguiente disco. Entre el kraut pastoral y un mal viaje psicodélico, “Toy” es un caramelo envenenado al que es difícil resistirse. Texto Foto

Joan Cabot Matt Saunders

E

l 80% de las crónicas sobre Toy, quizás incluso más, empiezan hablando de las greñas de sus componentes masculinos, y ésta es mi humilde aportación a esa tradición: “¡Ay madre mía! Creo que nos preguntan por eso tres o cuatro veces al día”, comenta Alejandra Díez, la teclista leonesa del grupo británico. “No sé, es el estilo que te gusta. Es como por qué la gente lleva barba. No nos levantamos por la mañana pensando en cómo tenemos que vestirnos o en arreglarnos el pelo de ninguna manera. Ninguno de nosotros tenemos ni un duro, así que tampoco es que podamos gastarnos demasiado en estilismo”. Hasta aquí la sección peinados y estilismo de esta entrevista. Díez llegó a Inglaterra hace siete años. Se trasladó a Brighton porque al principio le dio miedo el contraste entre León (“no es la ciudad más grande de España, precisamente”) y Londres. Allí conoció a Tom Dougall —hermano de la The Pipettes Elinor Dougall—, Dominic O’Dair y Maxim Barron. Dominic y ella salen juntos desde hace cinco años. Más o menos por la época en que se trasladaron a Londres y conocieron a Charlie Salvidge, el último en unirse, con quien coincidían en conciertos y fiestas y al que algunos del grupo ya conocían. “Dom y yo habíamos empezado a grabar en casa. Alguien aparecía por ahí con un riff y lo grabábamos en el ordenador. No empezamos a ensayar hasta un tiempo después. Fue un poco caótico. Hay mogollón de canciones de las que escribimos esos primeros meses que no están en el disco, pero otras sí. Ha sido un poco ir tocando y luego escoger los temas que mejor representaban cómo nos sentimos ahora. No ha habido nada premeditado”. El resultado de esa falta de premeditación es “Toy” (Heavenly / Coop, 12), probablemente uno de los debuts británicos más interesantes y consistentes de la temporada, un disco sorprendentemente complejo, denso y oscuro que les ha valido comparaciones con The Horrors, con quienes han compartido gira, y en el que psicodelia y kraut se conjuran mutuamente. “Que nos comparasen con The Horrors fue algo habitual sobre todo al principio, cuando habíamos sacado sólo un single y la gente no nos conocía demasiado bien. Yo creo que coincidimos en que ninguna de las dos son bandas de hip pop o pop para la radio, eso es lo único que tenemos en común. Son muy amigos nuestros y los respetamos personalmente y

como músicos, pero creo que nuestra música no tiene nada que ver con ellos. No me asusta y no me molesta, pero tampoco estoy de acuerdo con ello”. “Stockhausen, la BBC Radiophonic Workshop, Can, Neu!, The Velvet Underground, The Stooges, My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain…”, enumera Díez a la hora de hablar de influencias. “Son bandas que a todos nos encantan y que llevamos escuchando años juntos. Esas influencias de alguna manera salen en nuestra música, pero porque cada uno de nosotros pone una parte en cada canción, cada uno pone una parte diferente y eso hace que no sepas muy bien qué estás escuchando en cada momento. Porque si me preguntas a qué suena nuestra música tampoco te sabría responder”. En realidad, el debut de Toy se maneja mejor en el campo de las sensaciones y las texturas. La atmósfera de las canciones es inusual. Resulta hipnótica y amenazante, pero uno no puede dejar de escuchar. Díez intenta explicar el sonido del grupo: “A mí me parece un disco eufórico, porque así es como nos sentimos cuando lo tocamos en directo y cuando lo grabábamos. Para mí esa es la sensación más importante. También diría que melancólico. Tenemos tendencia a la melancolía como grupo. ¿Raro? ¿Somos un poco raros también? Sí, creo que sí, que esas tres palabras nos definen bastante bien”. Es esa rareza lo que aleja a Toy de los peligros del hype. Si bien el álbum ha tenido una gran acogida entre la prensa británica, la banda está lejos de ser el típico producto de consumo rápido. La suya es otra guerra y, de hecho, Díez destaca el estado de hiperexcitación continua en qué viven sumidos desde la edición del álbum. “Las revistas aquí nos han tratado muy bien. Fue un alivio cuando escucharon al fin el disco, después de la buena acogida de los singles, pero en realidad más que miedo sobre qué puede suceder con el segundo disco lo que tenemos es ganas de grabarlo ya. Mira, ahora mismo estamos en casa y llevamos desde las doce de la mañana escribiendo nuevo material. Mientras yo estoy respondiéndote, los otras están en la habitación de al lado tocando la guitarra. Ya estamos trabajando en el segundo disco, porque eso es lo queremos: sacar todo lo que podamos lo más rápido que podamos. Nos encantaría que saliese el segundo álbum antes de un año, y eso que acabamos de grabar el primero en mayo”.


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report Josephine Foster


Josephine Foster Arqueología folclórica La cantautora norteamericana con visado español cumple más de una década de intachable productividad musical volcada en la exploración de las raíces del folk en todas las vertientes imaginables. Su regreso con “Blood rushing” (Fire / ¡Pop Stock!, 12) la devuelve a Colorado, tierra que la vio nacer y en la cual inicia una aventura en busca de los primeros designios musicales de la región. Sus hallazgos se exponen en un disco de diez piezas, donde hay rastros de finger-picking, trazas de blues y, por supuesto, indicios de psicodelia. Texto

Matías Bosch

U

na de las experiencias musicales más recomendables para cualquier melómano es adentrarse de principio a fin en la discografía de Josephine Foster en solitario —sin desestimar la opción de echarle el guante en algún momento a sus trabajos junto a Born Heller o The Children´s Hour y contemplar detenidamente su evolución—. La recompensa es el asombro. ¿Cuántas cantautoras del siglo XXI poseen su versatilidad? Pocas, por no decir ninguna. Desde sus inicios, su condictio sine qua non ha sido la experimentación. Primero comprobó que sus posibilidades vocales frente al folk eran ilimitadas; al contrario de lo que le ocurría durante sus estudios de ópera en la adolescencia, se percató de que podía interpretar su cancionero sin envidiar las cualidades de Vashti Bunyan, Joan Baez, Buffy Sainte-Marie o la mismísima Karen Dalton. Palabras mayores. Su origen quedaba registrado para la posteridad en dos CDRs, hoy por hoy muy difíciles de encontrar: “There are eyes above” (00) y “Little life” (01), ambos grabados inicialmente en cassette con un equipo doméstico y en los que se perfilaba un talento musical en bruto. Años después, su debut discográfico oficial vio la luz a través de Locust Music y se tituló “Hazel eyes, I will lead you” (05), producido por ella misma y atreviéndose con todos los instrumentos imaginables (arpa, ukelele, sitar, flauta…) para dar resultado a un disco de psicodelia folk ácido y muy afín a los primeros trabajos de su coetáneo masculino Devendra Banhart. Ya sea por la incomodidad que ha caracterizado a los grandes artistas de nuestro tiempo o por capricho exquisito, un año más tarde, Foster volvía a los estudios para grabar uno de sus proyectos más atrevidos: “A wolf in sheep’s clothing” (06); obra maestra hospedada por la guitarra eléctrica de Brian Goodman en la que reinterpretaba a Schubert, Schumann, Wolf y Brahms con versos del romanticismo —en alemán y al estilo lieder— de Goethe, Von Eichendroff o Mörike. Casi nada.

Víctor (y victoria)

Su asociación íntima y profesional con el guitarrista Víctor Herrero, da paso a su etapa más fructífera y brillante, en la que se resuelve definitivamente como una cantautora ensimismada por la búsqueda constante de las raíces populares —ya provengan de su país o de cualquier otro—, pero sin llegar a la obsesión insana: ambos caminan juntos, pero en libertad. “Aunque vivamos juntos”, matiza, “no empleamos la mayor parte del tiempo en los ensayos. Probablemente no practicamos tanto como podríamos o deberíamos. El hecho de compartir tu vida con alguien es lo suficientemente interesante. Eso ya es arte”. La primera obra en la que interviene la guitarra de Víctor es “This coming gladness” (08), producida por Paco Loco en sus estudios del Puerto de Santa María y en la que vuelve a contar con Brian Goodman a la guitarra eléctrica. Probablemente, éste sea su acercamiento más evidente al rock

y uno de los trabajos en los que su voz parece deslizarse con mayor ligereza sobre las notas de guitarra (y piano). Su portada llama la atención a cualquier español: un retrato de la Duquesa de Alba con unas de sus estrambóticas gafas de sol. Entre risas, Josephine confiesa: “Se trata del primer fresco que pinté. Víctor me contó algunas cosas sobre ella y me pareció una mujer interesante. Un día la vimos en la plaza de toros y aún me pareció más atrayente… es tan icónica”. Curioso. Un año después, coincidiendo con su fichaje para Fire Records, llega “Graphic as a star” (09), que reúne 27 poemas de Emily Dickenson y que la americana convierte en una preciosa colección de canciones, muchas de ellas interpretadas a capella y otras reforzadas con guitarra española y una harmónica. Cúspide que abre paso a “Anda Jaleo” (10), firmado por primera vez como Josephine Foster and The Víctor Herrero Band y en el que recuperan el cancionero perdido de Lorca y La Argentinita —por asombroso que parezca, el parecido vocal entre ambas es más que razonable— y abren todo un mundo de posibilidades compositivas para los dos: “Los discos españoles que hemos grabado hasta ahora, han sido una manera de aprender y profundizar en la cultura, la lengua y la música junto a Víctor. Pero en un estilo por el que ambos nos sentimos atraídos. Está conectado con algo autóctono poéticamente muy rico, así que ha sido casi como ir a la escuela para mí”, certifica. Ya en 2012 llega “Perlas”, segundo trabajo de Josephine y la Víctor Herrero Band —y de nuevo con Paco Loco a los controles— en el que desgranan el folclore de, mayoritariamente, el norte de España; desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo pasando por Castilla. Nada que ver con “Blood rushing”, en el que se produce un viraje estilístico hacia el folk estadounidense “Podría ser como una purificación de lo que queda de mí después de abandonar América y mudarme a España, creo que ha sido algo muy beneficioso”. Tras varias escuchas, no cabe más que corroborar sus palabras Ha sido muy beneficioso, tanto que merece la oportunidad indagar en su leit motiv. “Desde el principio quise que el álbum se grabase cerca de las ruinas de Anasazi, en la frontera de Colorado y Nuevo México. De ahí surgen las raíces de la inspiración para la creación de este disco. Mi idea era trabajar con mujeres que pudieran cantar y que procedieran de la misma zona del oeste. Contacté con Paz, que vivía en California, y Heather, en Alburquerque. Pasamos un par de semanas todos juntos ensayando y probando, después nos pusimos a grabar”. En el disco hay sorpresas gigantescas, como “Geyser”, tema que parece extraído de una de las habituales colaboraciones entre Tom Waits y Marc Ribot en clave psicodélica. Para el asombro de muchos, Josephine confiesa que “no he profundizado en la obra de Tom Waits, quizá debería hacerlo” y lo espeta con una serenidad y despreocupación distintivas de los genios, de aquellos que proceden a una marginalidad accidental, sinónimo de un aislamiento del mainstream en pro de las verdaderas afinidades electivas.

Josephine Foster “Blood rushing” Fire / ¡Pop Stock!

Neo-folk. El título de su noveno disco —sin contar el puñado de cdr´s y directos que completan su discografía— podría hacer referencia al estado febril; ese mecanismo de defensa natural que reacciona ante la necesidad de expeler algo que reside en el organismo. Josephine Foster regresa a su tierra natal en busca de sí misma, con el requisito de interpelar al pasado para dejar impronta, marcando una pausa en sus incursiones en el folclore hispano junto a la Víctor Herrero Band y firmando un trabajo en las antípodas de los recomendables “Anda jaleo” (10) y “Perlas” (11) para devolver a su sonido el auge del folk americano que irradia en discos como “This coming gladness” (08). Pero “Blood rushing” no es una mera continuación, sino una reinvención en toda regla; la de Colorado saca el máximo partido a su voz y su imaginería lírica; pone los puntos sobre la íes en el estudio (con la ayuda del productor Andrija Tokic) y se rodea del elenco justo de músicos para llevar a cabo su empresa:

su inseparable Víctor Herrero (atentos a su reciente aventura tribal junto a Viva); Paz Lenchantin (Silver Jews, Zwan); Heather Trost (Beirut, A Hawk and A Hacksaw) y el percusionista Ben Trimble. A través de la exploración del legado precolombino y el de sus diferentes tribus, aflora ese espíritu libre que transpira en todo el instrumental: guimbardas, guitarras, violines y percusiones conectan en perfecta sintonía armónica con las voces femeninas de Foster, Trost y Lenchantin en una combinación mágica (los brillantes desarrollos de “Sacred is the star” o “Child of god”); predominan las preciosas baladas “Blood rushing” y “Underwater daughter”, pero también hay lugar para el fulgurante arranque eléctrico de “Geyser”, que pone la nota discordante en tono de psicodelia incendiaria. “Blood rushing” es folk primitivo que se adapta con facilidad a nuestros días, renovando el género hasta convertirlo en vanguardia de primer orden. Matías Bosch


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Deerhoof / Robert Hood Lights report Regina Spektor / Peaking

Deerhoof

Todo a la vez

La diversidad es la única constante de Deerhoof. La obsesión por no repetirse marca el itinerario de “Breakup song”, una aventura histriónica y hedonista, donde la banda de San Francisco vuelve a dar rienda suelta a su masiva creatividad. “Not all at once”, cantan en el segundo corte del álbum, pero aún así, aquí todo suena a la vez: las guitarras con distorsión prominente de “We do parties”, la maquinaria esquizofrénica en “Bad kids to the front”, e incluso los ritmos rumbosos de “Trouble with candyhands”, consecuencia de su reciente colaboración con músicos del Congo.

Texto

Albert Fernández

C

uando te llega a las manos un disco titulado “Breakup song” (ATP / Coop ,12), uno tiende a pensar que tiene que ver con sentimientos. Tratándose de Deerhoof, conviene considerar además algo completamente diferente, como la estructura dislocada que adoptan las canciones. Al fin y al cabo, el animado aliento rítmico del álbum hace que, más allá del músculo en el corazón, en ese título se adivine la manera de ser de estas canciones, siempre implosionando y expandiéndose. John Dieterich, guitarra del grupo, aclara que todo tiene un poco que ver. “Las rupturas son siempre consideradas cosas muy tristes en nuestras vidas, se trate de una relación u otra cosa. Es algo que queremos evitar y nos deprime. Nosotros hemos querido hacer un disco que transformara la idea sobre esa experiencia. En vez de ser una ocasión para llorar y estar triste, se podría tomar como un tiempo de celebración, una época para revaluar tu vida y tratar de buscar una forma de ser feliz”. Sí, algo así sospechaba yo: escuchas estas canciones y piensas que, si hablan de cortar, desde luego se centran más en la parte en que vuelves a salir un montón y pasar las noches en discotecas. Prefiero no traducir la respuesta de Dieterich, que reza literalmente: “Yeah, is like la marcha” (risas). Luego queda esa otra parte, la forma en que las canciones se rompen a sí mismas. Deerhoof parece llevar en su genoma esa eterna dinámica sorpresiva, como si una canción nunca pudiera paracerse a la otra. No es algo que suceda entre discos, sino dentro de cada disco, y a menudo entre partes de una misma canción. “Antes de nada, tenemos cuatro compositores en la banda, todos con su estilo y sus intereses. Siempre tratamos de sorprendernos, intentamos que los demás sonrían. Más allá de eso. Nuestra misión no es tratar de confundir a todo el mundo, queremos hacer música en la que la gente pueda entrar. Mi inspiración era hacer algo que diera energía. Me gusta la música lenta, pero en ciertas situaciones, necesitas música que, en vez de hacerte más introvertido, te lleve a la extroversión. En vez de tratar a la tristeza como tristeza, tratamos de convertirla en felicidad”. Sin duda, “Breakup song” es un disco muy bailable y animado, pero tengo ciertas dudas sobre su accesibilidad. Alberga una gran cantidad de locura metamórfica, un genio rudo que se presenta desde el primer corte, y que puede costar digerir. “Es divertido, porque cuando trabajas en un disco, en algún punto pierdes la perspectiva. Ya

no sabes lo que son las canciones. Sin duda, eso pasó con este disco. Trabajamos un cierto tiempo. Sabíamos lo que queríamos, pero una vez lo teníamos grabado, seguía siendo dificil describir a qué suena. Las respuestas alcanzan casi márgenes globales: hay gente que lo considera sonidos muy nuevos, desafiantes, mientras otros hablan del disco más pop que hemos hecho nunca”. Está claro que pueden darse las dos lecturas, percibiendo cada trazo de maestr��a, o asumiendo con simpleza un todo rítmico y seductor. “Hace poco, tocamos estas canciones por primera vez en directo, y fue algo revelador. Nuestro local es minúsculo, allí todo suena bien y nos quedamos contentos. Creo que tocar frente al público fue mi primera verdadera experiencia de escuchar el disco. De repente, me di cuenta de que, en muchos aspectos, esta música era muy diferente del resto de nuestra obra. Fue un tanto aterrador. Es algo estimulante, pero debes poseer las habilidades para tocar y saber transmitir esa música en vivo, aunque ni siquiera entiendas todavía lo que significa. No sé, estaba muy asustado después del primer concierto (risas). El segundo fue mucho mejor, así que soy optimista”. Existe otro dilema, que es la vieja disyuntiva entre usar capas en el ordenador o tratar de reproducir un sonido más similar al directo. Esta vez parece funcionar en ambos sentidos, con partes de guitarra y ánimo garajero, y la exhuberancia electrónica gobernando el resto. “Míralo así: cualquiera que haga un disco afronta ese dilema, sea consciente o no. Siempre quieres hacer que todo suene perfecto, pero la producción musical es un mundo complicado. Suelo pensar que tratas de sacar provecho de los accidentes. Cuando grabas un disco, tienes que abrir las orejas y ser flexible, de manera que cuando algo ocurra, aunque no fuera intencionado, sirva para algo. Tal vez tocas una nota equivocada en tu sección, o estás en el sintetizador y, por algún desajuste, en vez de sonar todas las teclas al mismo tiempo, suenan desfasadas. Si de ahí surge algo bueno, debes darte cuenta, responder a eso. A veces no puedes forzar que sucedan las cosas, por mucho que lo desees. No se trata de lo que quieres, sino de lo que está ocurriendo. Volviendo al título, a menudo pensamos que vamos a estar en una relación para el resto de nuestras vidas, hasta que una mañana despertamos y descubrimos que no es así. Si desarrollas habilidades para tratar con todo eso, entonces no se convierte en el fin del mundo, sino en algo nuevo, una idea diferente”.


Robert Hood

Soy leyenda

Robert Hood, leyenda de la segunda generación de technomasters de Detroit estaba tranquilamente en su casita con porche en Atmore, un pequeño pueblo de la Alabama profunda, cuando llamó su atención el documental de Julien Temple “Requiem for Detroit?” (10) con los músicos Mitch Ryder y Martha Reeves y el poeta beat John Sinclair explicando los motivos y consecuencias de la decadencia económica, social y cultural de la ciudad de la Ford y la Motown. Se levantó y dijo: tengo que hacer otro disco de la serie “Nighttime World”. Texto

Half Nelson

Y

el techno se hizo carne (de nuevo) y aquí estamos llamando a casa de Hood para que nos explique sus motivos, que deben de ser graves ya que mediaron cinco años entre “Nighttime World Volume 1” (Cheap, 95) y “Nighttime World Volume 2” (M-Plant, 00) y han pasado nada menos que ¡¡doce!! hasta este “Motor: Nighttime World Volume 3” (Music Man, 12). Cuando vi el documental de Julien Temple pensé en aportar mi grano de arena porque hablaba del desarrollo de la ciudad junto a la industria del automóvil, con la gente del Sur yendo a vivir a Detroit como parte de su sueño americano. Mi idea era hacer una banda sonora de todas esas circunstancias adversas y la serie “Nighttime World” era la plataforma perfecta porque me permite ser más experimental, más cinemático. La serie recoge todo lo que soy musical y artísticamente. ¿Estás de acuerdo con lo que el documental expone? Detroit fue una ciudad de visión, de progreso, de esperanza, pero ahora todo eso se ha perdido. Hay un pasaje en la Biblia que dice: “Donde no hay sueño el pueblo perece” (en realidad Proverbios 29:18 dice: “Donde no hay visión el pueblo perece; mas el que guarda la ley, es bienaventurado”, pero no vamos a discutir eso ahora). La gente ha perdido el sueño, la esperanza y ahora viven al día. Esa esperanza debe restablecerse para que la ciudad pueda resurgir de sus cenizas. Todos pasamos pruebas y aflicciones, pero el motivo de esas pruebas es producir perseverancia y la perseverancia produce carácter y el carácter produce esperanza.

¿Esa es la esperanza que está en el último tema del disco “A time to rebuild”? Sí, no creo que tardemos mucho en ver un resurgimiento de la ciudad, porque la gente de Detroit es gente de recursos, son supervivientes. Pero si vemos el vaso medio vacío no llegaremos muy lejos. Lo mismo pasa en Philadelphia, en New Jersey o en otras ciudades de EE.UU., incluso en Egipto o en Grecia… estamos en camino hacia la tierra prometida, pero no lo estamos mirando con la perspectiva correcta y seguimos dando vueltas en el desierto. Me gustan mucho los samples vocales de “The wheel” con un jadeo masculino que recuerda el de “Tour de France” de Kraftwerk. No recuerdo de dónde saqué

esos samples (risas). Representan el esfuerzo de la gente, los que una vez ocuparon las fábricas que ahora están vacías, los fantasmas… Soñé que estaba en una fábrica vacía y podía oír una canción góspel. Era bello y terrorífico al mismo tiempo, era como oír a la gente que había estado ahí mucho tiempo antes, la gente que había venido de Alabama, de Georgia, de Mississippi con la esperanza de una nueva vida. Esa gente dejó un legado que ha permitido a gente como yo crear y soñar, ya no tenemos que trabajar los campos en el Sur, podemos tener una educación y ser lo que queramos. Este disco es un homenaje a todos ellos porque sabían que ellos no podrían nunca ser médicos o abogados, astronautas o artistas, pero sabían que algunos de sus nietos sí que lo serían. La portada es impresionante. Es obra de Patrick Vogt. Le expliqué el disco y el simplemente cogió una onda de sonido y la convirtió en el skyline de Detroit. Es como si hubiera remezclado la ciudad (risas). Es un diseño excelente. En tu carrera siempre ha habido un paralelismo con la película “The Omega Man” (Boris Sagal, 1971) protagonizada por Charlon Heston y basada en el libro “Soy leyenda” de Richard Matheson. Me impresionó la primera vez que la vi, cuando debía de tener 7 u 8 años. Sobrevivir a un holocausto nuclear y después mantener tu propia cordura en medio de todo aquel salvajismo me parece una de las mayores hazañas posibles. Es una gran película con una gran banda sonora. Me gusta más la primera versión, la de Will Smith —“Soy leyenda” (Francis Lawrence, 07)— está bien, pero en la primera la banda sonora está perfectamente ensamblada con la emoción de la película. Siempre me he sentido identificado porque aunque no lo parezca, el techno es una música muy solitaria. ¿No es contradictorio vivir en el campo y hacer música techno? No para mí. Vivo rodeado de campos de maíz, carreteras sin asfaltar, vacas y hasta una reserva india. Todo aquí tiene una pureza especial, hacer o escuchar techno en medio de la naturaleza, a veces es un poco extraño, pero siempre es una experiencia muy placentera e intensa. Muy pocos de mis vecinos saben a lo que me dedico. A veces se lo explico y al cabo de un mes me preguntan, “¿qué dijiste que hacías?” (risas).


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MichaelSpektor Mayer / Alondra Bentley report Regina Peaking Lights

michael mayer La posibilidad de una isla

El artista teutón con nombre de personaje de Carpenter se ha cansado de pinchar en clubes y busca nuevas experiencias que acumulen crecimiento personal. El espléndido “Mantasy” (Kompakt, 12), su segundo LP tras 8 años e inspirado en conquistadores como Magallanes, termina por explorar las posibilidades de un productor poco recordado pero en ningún caso olvidado.

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Beto Vidal Carlitos Trujillo

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i exceptuamos tu proyecto Supermayer, son 8 años sin producir en formato largo. ¿Qué te ha empujado a esperar tanto tiempo para publicar bajo Michael Mayer? ¿Son las 10 canciones nuevas o algunas restaban guardadas de hace tiempo? Prefería esperar el momento adecuado. Entre semana ando bastante ocupado, básicamente trabajando a tiempo completo cuidando el sello Kompakt. Luego están los fines de semana, donde normalmente estoy de viaje en la mayoría de los casos. A principios de año me impuse la fuerza de voluntad necesaria para volver a componer bajo Michael Mayer: me tomé 7 meses en total para finalizarlo. Todas las canciones fueron producidas durante este lapso de tiempo, aunque es cierto que algunas de las ideas son un poco más viejas y las he retomado de mi cuaderno de notas. Todo ello ha resultado un proceso muy agradable y estoy muy agradecido a mi familia y a mis colegas de Kompakt por permitirme concentrarme en mi música.

Entonces, ¿tu nuevo LP no refleja el mensaje definitivo que deseas transmitir con tu música? “Mensaje definitivo” suena como una declaración final. Espero que todavía pueda contar muchas más cosas. Digamos que “Mantasy” es una instantánea de mi mente durante este 2012.

¿Qué te paso por la mente para hacer “Mantasy” posible? Durante mis últimas vacaciones topé accidentalmente con un libro que me marcó. Era un libro alemán abandonado en una habitación de un hotel de un país extranjero. Resultó ser la biografía de Fernando de Magallanes escrita por Stefan Zweig. Las penurias acontecidas en su aventura por conquistar una serie de islas exóticas que le llevaron a incluso matar a sus habitantes me inspiraron para crear música. La idea de tomar un barco y zarpar para descubrir territorios desconocidos se incrustó obsesivamente en mi cerebro. “Mantasy” es la recreación de esas desconocidas islas o continentes.

También podemos encontrar otras influencias como el krautrock (“Test Voigt Kampff”) o incluso la psicodelia... He desarrollado una cierta pasión por la world music y el jazz psicodélico de tintes oscuros. No estoy seguro de si estos son ‘rastreables’ en “Mantasy”, pero creo que es mi deber ampliar constantemente mi mente con nuevos sonidos a explorar. Los DJs deben tener siempre curiosidad por la música.

¿Sientes que “Mantasy” es un paso enorme en tu carrera frente a tu debut, “Touch”? ¿En qué medida se puede comparar ambas producciones? Mi debut se trataba de una recopilación de singles previamente lanzados más algunos bonus tracks nuevos. Justo al contrario que “Mantasy”, que fue concebido de una sola vez, obedeciendo a un proceso constante. Creo que no es realmente importante para mí si va a ser un gran paso en mi carrera. Estoy contento con todo lo que pasó por mi cabeza en el estudio mientras lo grababa.

Resulta muy interesante tu cita en la nota de prensa acerca de tu “amor por las bandas sonoras” o toda aquella música que se parezca a las mismas y que quedan reflejadas en tu segundo álbum. De hecho, canciones como “Sully” o especialmente la homónima “Mantasy” parecen sacadas de una película de Carpenter. ¿Qué otros compositores de bandas sonoras te inspiran? Existen tantos... por supuesto, Carpenter es increíble. Especialmente “Están vivos”. Luego están las obras menos conocidas y psicodélicas de Morricone. Y Badalamenti, Goblin, Mancini, Roubaix, Elfman...

Por supuesto, podemos disfrutar de otras canciones que encajan en la etiqueta del sonido de tu sello Kompakt, como por ejemplo la primera y épica parte de “Baumhaus”. ¿Cómo se encuentra ahora un sello que hace poco menos de una década fue el rey de Europa? Kompakt siempre ha tratado de ser la casa de muchos sonidos diferentes. Desde el principio, nuestro sello estaba destinado a ser un hogar para el ambient, techno y todo tipo de música relacionada de alguna manera con el pop. Siempre hemos tratado de tener un enfoque general de mente abierta e inconformista dentro de la música electrónica. De hecho, no es algo que sepa todo el mundo, pero Kompakt publicó el primer single de dubstep en 1999, “Totentanz” de Dettinger. Sí, es una coña que siempre sale en nuestras oficinas: lo siento Londres, pero fuimos los primeros (risas).


El jardín de las delicias

alondra bentley Sin apenas el espacio de tiempo necesario como para poder paladear en su justa medida el dulce y entrañable álbum de canciones infantiles titulado “Alondra Bentley sings for children, It’s holidays!”, ve la luz con el inicio del otoño “The garden room” (Gran Derby, 12), un formidable compendio de canciones delicadas y exquisitas que versan en torno a la familia y el tiempo, y cuya producción, que ha corrido a cargo del norteamericano Josh Rouse, eleva a la angloespañola a una categoría superior.

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David Giménez Blanca Galindo

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éjame decirte que encuentro que existe una conexión sonora y ‘espiritual’ mucho más directa entre aquella primigenia versión demo de “Dot dot dot” que colgaste en MySpace en su momento y “The garden room” que, por ejemplo, la que pudo tener con “Ashfield Avenue”. Es verdad que “Ashfield Avenue” es un disco con arreglos mucho más preciosistas, pero fue algo que buscamos. Se suma que entonces no tenía banda y los arreglos se hicieron entre una larga lista de amigos que colaboraron, esa es la razón por la que resulta sonoramente variado. “The garden room” es muy distinto. Lo he grabado junto a los músicos que me han acompañado en directo en los últimos tres años y, por esa razón, es mucho más fiel a lo que quiero transmitir en disco y en directo. Al ser mi tercera visita al estudio soy más consciente de cómo quiero sonar y cómo conseguirlo. Ha sido una experiencia increíblemente relajada, Josh Rouse transmite tanta confianza y tranquilidad que te ayuda a concentrarte e interpretar tal como quieres. Es la forma ideal de grabar un disco.

que “Everybody’s talkin’’ es una de las canciones más bonitas de la historia, así que me alegra mucho cualquier posible parecido. La letra trata sobre cómo las relaciones familiares influyen en tus decisiones, cómo cada miembro de la familia hace sacrificios en determinados momentos, etc.

La sonoridad de este nuevo álbum es más norteamericana. Es un disco con variedad de estilos, tiene tanto influencias del country como del pop y el folk británico más purista. Puesto sobre una balanza es muy posible que suene más americano. Hay tres canciones que tienen arreglos de pedal-steel, es un instrumento muy característico; lo toca Joe Pisapia y te transporta directamente a Nashville.

¿Qué significado encierras en “The garden room”? Un “garden room” es una sala, típica en casas inglesas, que mira al jardín. En casa de mi abuela la vida y las reuniones se hacen en esta habitación, es un concepto muy representativo para mí, elegí este título porque es un disco dedicado a mi familia y a mis ancestros.

“My sister and my” me recuerda a la época dorada del country-pop, a Emmylou Harris, a Linda Rondstat. Sí, totalmente. Me apetecía mucho hacer una canción en la que se mostrara mi lado más alegre, también es la letra más desenfadada que he escrito, trata de mi hermana y yo que somos amigas íntimas, sin embargo somos opuestas en casi todo. “Don’t worry daddy” recuerda al “Everybody’s talkin’’ de Harry Nilsson. ¿Es un homenaje consciente? No es un homenaje sino más bien un buen ejemplo de cómo tus canciones preferidas te marcan aunque sea de forma inconsciente. Es indiscutible

A lo largo del álbum podemos encontrar algunas incursiones hacia nuevos estilos pero siempre guardando una coherencia con tu discurso folk. La coherencia de la que hablas tiene mucho que ver con la incorporación de la banda al proyecto. El primer concierto de presentación de “Ashfield Avenue” lo di junto a Caio Bellveser y Xema Fuertes y desde entonces el proyecto les incluye a ellos, tienen una compenetración increíble y un gusto exquisito. Poco después se unió Pepe Andreu, que añade trompeta y fliscorno, los metales también han pasado a formar parte imprescindible de mis canciones.

Aprovechemos para hablar de “Alondra Bentley sings for children, It’s Holidays!” ya que éste y el nuevo álbum han sido publicados en un escasísimo período de tiempo. ¿Cuál fue la motivación del esas canciones para niños? Es un proyecto que siempre he querido hacer y los chicos de Gran Derby Records me ofrecieron llevarlo a cabo. Mi madre es la responsable de mi fascinación por la literatura y canciones tradicionales infantiles, en “Ashfield Avenue” ya hay una canción inspirada en un cuento, “Sugarman”, en “The garden room” hay también una adaptación de otro de mis cuentos preferidos: “The very hungry caterpillar”. Hace un año empecé a hacer cuenta cuentos en inglés para niños y bebés, uno cada semana, desde entonces han aumentado mis ganas de hacer un disco para niños.


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report Sébastien Tellier / Dark Dark Dark

Sébastien Tellier

La posibilidad de una isla

No dejes que su eterna pinta de narcotraficante corso te despiste, el ego musical de Sébastien Tellier es más grande que el Museo del Louvre y sus recursos casi igual de ilimitados. Colega de Air y de Daft Punk, sus discos orillan la electrónica como recurso y se adentran en el pop como máscara de un ambicioso plan. Después de dedicar discos a la política —“Politics” (Record Makers, 05)— y al sexo —“Sexuality” (Record Makers, 08)—, por fin Tellier ha encontrado un interlocutor de su talla: Dios. Texto Foto

Half Nelson Mathieu Tonetti

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ese a que en “My God is blue” (Record Makers, 12) Sébastien Tellier se expresa en inglés con total fluidez, en las entrevistas Tellier no habla inglés sino francés con palabras inglesas. Es curioso oírle retorcerse verbalmente para explicar su cuarto disco (si descontamos recopilatorios y remixes) donde se presenta como un iluminado que ha formado su propia religión lujuriosa que ofrece un paraíso de placer y libertad a todo aquel que compre el disco.

¿Cómo decides cuál ha de ser el tema de cada uno de tus discos? Cuando tenía veinte escribí un libro con lo que iba a ser mi futuro en la vida artística. Ahí decía que un día haría un disco sobre el sexo, otro sobre política y también sobre Dios. Ese libro es mi guía, es muy importante para mí y ahora simplemente lo que hago es seguirlo. ¿Un diario? No, es como una novela, aunque no se publicó porque yo era muy joven y esa nunca fue la intención. ¿Y qué será lo próximo según el libro? No puedo decírtelo porque dejaría de ser una sorpresa, será un nuevo concepto y un nuevo estilo de música. De hecho, ayer (5 de septiembre, para los libros de Historia) empecé a trabajar en el nuevo disco, en mi nueva obra de arte. No veo el momento de ponerme a ello, pero antes de eso tengo que salir de gira para acercar “My God is blue” a todo el mundo. ¿Cuál es tu método compositivo? Siempre es el mismo proceso. El libro me dice el tema del siguiente disco, me levanto por la mañana y me siento al piano. No soy un gran pianista, pero puedo tocar como un niño. Improviso y, por azar, encuentro acordes, melodías o notas que expliquen el concepto del disco. Cuando empiezo ya no puedo parar, tengo un pequeño estudio en mi apartamento y enseguida grabo las primeras demos. Es mi momento favorito, el momento de mayor libertad creativa, de pura inspiración sin ninguna presión. Hablando de tu apartamento, ¿es cierto que vives en el barrio de negocios de París? Sí, no me gustan las ciudades viejas. Hay tiendas bonitas, pero siempre ves las mismas caras y todos te conocen, es como un pueblo. Prefiero vivir donde no vive nadie, rodeado de ejecutivos que nunca te saludan.

Es como vivir solo. Sí, por la noche el barrio está vacío. No hay ruido, no hay esa carga eléctrica que provoca el cerebro al pensar, sólo la mía, la de mi cerebro. ¿Por qué escogiste a Mr. Flash, DJ y productor electrónico del sello Ed Banger, como productor? Me gusta mucho la música de Mr. Flash. Cuando escucho música, no escucho la voz o el bajo… lo escucho todo. Los franceses sólo escuchan las letras, por eso hemos tenido esa música horrible durante tantos años. Gracias a la música electrónica, los más jóvenes han aprendido a escuchar el ritmo y a olvidarse de las letras. Para “Magical hurricane” le expliqué que me imaginaba en el vídeo de una balada cantándole a una chica… y Mr. Flash me dijo: “OK, ¿cómo quieres la luz? ¿De mañana, de tarde o de noche?”. ¡¡Es como un director de cine!! El disco se abre con “Pépito Bleu”… “Pépito” es una galleta muy popular en Francia que me recuerda mi infancia. Es ese retorno a la inocencia imprescindible antes de tomar una decisión filosófica como es fundar una nueva religión. ¿Y que es Alliance Bleue? Es una nueva comunidad que he creado para que mis seguidores sean libres y tengan placer. En teoría, esta sociedad tenemos muchos placeres a nuestro alcance: puedo ir a un buen restaurante o al teatro… pero eso es muy poco comparado con lo que yo quiero para mis fieles. Alliance Bleue será un espacio real donde todos podrán ir a liberarse de los complejos de las religiones antiguas. No es una secta porque no hay que vestir de una manera determinada, ni me preocupo por sus vidas cuando están fuera de la Alliance… sería demasiado trabajo (Los nuevos creyentes pueden pasarse por www.alliancebleue.com para activar su suscripción y ver los divertidos vídeos del nuevo profeta Tellier). ¿Y no es mucho trabajo inventar un nuevo personaje para cada disco? En realidad soy como “Zelig”, la película de Woody Allen. Quiero vivir muchas vidas dentro de mi vida. Es muy aburrido ser siempre el mismo. ¤ Sébastien Tellier tocará los días 9 (Apolo, BCN) y 10 de noviembre (But, Madrid).


Dark Dark Dark

Radiografía emocional

Tras la edición del precioso “Wild go” (10), Dark Dark Dark publican ahora nuevo álbum, “Who needs who” (Melodic, 12). No obstante, este lanzamiento se ha visto ensombrecido por un hecho crucial en las vidas de Nona Marie Invie y Marshall Lacount: el fin de su relación amorosa. Los de Minneapolis hablan en esta entrevista de su evolución como banda, de su nuevo trabajo y de cómo consiguieron que su separación no acabara también con su carrera. Texto Texto

Virginia Arroyo Tod Seelie

A

riesgo de parecer una periodista del corazón o de que me manden a tomar por saco, empiezo mi pequeña charla con Marshall y Nona Marie sacando el tema de su ruptura y me sorprendo doblemente con lo bien que lo llevan y con lo poco que ha afectado esta separación a la banda.

término porque nos da la sensación de que no excluye ni el jazz ni ninguna de las influencias que tenemos como el pop, el rock, el R&B o la música clásica. Supongo que en su momento consideramos que “folk de cámara” es el género que menos se alejaba de lo que hacíamos. Ahora no sabría si llamarlo así o pop de cámara, o rock de cámara, o por qué no, avant-pop.

Rompisteis hace algunos meses y la banda se tomó un descanso. No obstante, os las arreglasteis para mirar hacia delante y seguir con el grupo. Me hace pensar en los versos del penúltimo tema del disco, “Meet me in the dark”: “You want everything to stay the same, and then things change, but I’ll never get tired of singing these songs, no I’ll never get tired of singing these songs”. (Nona) En algún momento, cuando empezamos a salir, hace 5 o 6 años, recuerdo vagamente haber acordado que nuestra música era más importante que nuestra relación amorosa. Creo que ‘arreglárnoslas’ es una buena palabra, lo hayamos conseguido o no. Todavía estamos ‘arreglándonoslas’ para gestionar y asumir estos cambios.

Hablabais de los géneros que os han influenciado a lo largo de los años pero, ¿hay algún referente concreto planeando sobre este álbum? Se pueden oír ecos de muchas épocas, pero siempre desde un enfoque muy personal. (Marshall) Supongo que eso es porque Nona ha estado escuchando mucho a cantautores pop de los 50, 60, 70 y 80. Eso se tiene que notar. El resto de la banda ha estado interesada en absolutamente todo, empezando por podcasts relacionados con lo sobrenatural o teorías conspirativas.

Me sorprende (positivamente) lo abiertos que estáis siendo con este tema, no sólo en esta entrevista, sino con todos los medios y a través de vuestro propio Facebook, donde escribisteis sobre vuestra ruptura en lugar de evitar el tema, como haría gran parte de los artistas. (Nona) Bueno, lo incluimos en nuestra biografía porque creo que es una parte muy importante de nuestra historia reciente y nos gusta ser claros y directos. Además, nuestra música es muy personal, algo así como una radiografía sentimental, así que supusimos que era lo más honesto.

Supongo que el hecho de que “Daydreaming”, de vuestro anterior álbum, se incluyera en la banda sonora de “Anatomía de Grey” es sólo una muestra de la prominencia que alcanzasteis con “Wild go”. ¿Creéis que podréis igualar ese nivel de popularidad con “Who needs who”? (Nona) Lo cierto es que no estoy segura del nivel de popularidad real que alcanzó el disco. Lo que es seguro es que estamos muy agradecidos por toda la atención y oportunidades recibidas, pero lo nuestro es seguir trabajando. (Marshall) En cualquier caso, uno siempre espera que su nuevo álbum tenga todavía mejor acogida que el anterior, porque es un proyecto nuevo en el que hemos intentado reflejar las lecciones aprendidas.

Marshall, ¿te resulta raro o incómodo leer algunas de las letras de Nona hablando sobre ti? (Marshall) Siempre hemos tenido la regla de no interpretar las letras ni aplicárnoslas a nosotros mismos. Y a veces funciona, a veces no. A veces sí que es incómodo o, lo que es peor, doloroso. Pero el contenido lírico de este álbum no es muy diferente al de nuestros otros discos. De hecho hay cosas en “Wild go” que duelen más. Alguna gente asume que todas las letras tratan sobre nosotros cuando a lo mejor no es así. Los críticos siempre hemos encontrado complicado poner en palabras lo que hacéis. En vuestra página de Facebook os definís como “folk de cámara”… ¿Deja eso de lado vuestra vertiente más jazz? (Nona) En absoluto. De hecho, usamos ese

¿Qué lecciones habéis aprendido con el tiempo? ¿Cómo habéis evolucionado desde “The snow magic” hasta ahora? (Nona) “The snow magic” fue un retrato de nuestro primer año como banda, con nuestra formación original. Era como música acústica hecha para la calle y los bares ruidosos, música que pudiera ser oída en esos entornos. Era una prueba para nuestras habilidades compositivas. Después de eso nos dimos cuenta de que queríamos dignificar nuestras canciones, queríamos controlar la manera en que se escuchaban. Ahora, en “Who needs who”, nos hemos centrado en economizar nuestros recursos: decir el máximo con el mínimo de palabras o sonidos, y eso ha vuelto a ser un reto para nuestra forma de componer.


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report Marina Gallardo

Marina Gallardo Un mundo nuevo Dos años después de lanzar a las calles el muy bonito “Some monsters die and other returns”, la gaditana Marina Gallardo lanza un órdago y se descuelga con “This is the sound”, un tercer disco que es más de teclados que de guitarras, más de sensaciones que de acciones. Un disco en el que las canciones crecen abrumadas bajo un manto de texturas y capas instrumentales, y que concede a la voz un papel protagonista. Un disco que es como un mundo nuevo, oscuro y lleno de sombras, excitante y misterioso, a la espera de ser descubierto. Texto

Vidal Romero

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uenta Marina Gallardo que, en realidad, esa imagen de cantautora folk con la que habían intentado vestirla hasta ahora, es consecuencia de la falta de medios y de algunos malentendidos que ella misma había provocado. “Por supuesto, músicos como John Fahey y cantautores como Bill Callahan o Will Oldham son influencias muy importantes para mí, y así lo he reconocido en numerosas ocasiones. Pero ni mucho menos es lo único que escucho”. Mientras habla, señala una pila de discos que se amontonan al lado de su equipo de música. “Últimamente he comprado algunos vinilos de Kraftwerk y Can, me interesa mucho todo el kraut rock y las bandas que juegan con la hipnosis y el trance. Y también escucho mucho dub, mucho, creo que se está convirtiendo en una obsesión”. Desde luego, esas cosas que escucha Gallardo pueden ayudar a entender lo que sucede en “This is the sound” (Foehn, 12), un disco repleto de corrientes subterráneas, de capas de sonido que se superponen y chocan; un disco que utiliza instrumentos atípicos y que da un papel protagonista a las texturas, que no tiene miedo a explorar nuevos caminos, aunque sean pedregosos y estén llenos de oscuridad. Poner a un disco un título como “This is the sound” es toda una declaración de intenciones. En realidad, es una frase que forma parte de la letra de una de las

canciones, de “Going to dive”. Pero sí, también lo escogí porque resume de alguna manera el concepto que hay detrás de todo el disco. Un concepto que, al menos desde fuera, se resume en el profundo cambio que ha sufrido tu sonido: cualquiera que haya escuchado tus discos anteriores y se enfrente a “This is the sound” notará que hay un giro muy grande en ese sentido. Sí, pero es el fruto de un proceso muy natural: componer las canciones en casa, ensayarlas en el local y luego tocarlas en el directo han sido pasos muy fluidos. Hemos ido profundizando en el sonido, experimentando una y otra vez, dándole vueltas a cada canción hasta llegar al sitio que queríamos. O sea, que el cambio tiene mucho que ver con el hecho de tener una banda estable. La banda es muy importante, sobre todo porque son mis músicos los primeros que me empujan a probar cosas distintas. Pero tampoco es exactamente nueva, alguno de ellos lleva ya tiempo conmigo. Y además, una vez que hemos entrado a grabar en el estudio, muchas cosas que pensaba que tenía claras las he vuelto a cambiar, bien porque escuchaba referencias que me interesaban de cara al sonido del disco, o porque no me convencía cómo quedaban las canciones desde fuera.


Reflexiones sobre “This is the sound” Cualquiera que haya leído la entrevista de aquí abajo sabrá ya que el nuevo disco de Marina Gallardo es algo muy especial, una reinvención en toda regla. Por eso, nos apetecía hacer algo a la altura, un giro inesperado, y en vez de encargar unas líneas sobre “This is the sound” a alguno de los colaboradores de la revista, decidimos que sería más interesante pulsar la opinión de otros músicos, de algunos amigos y compañeros que han seguido de cerca la carrera de la gaditana. El primero tenía que ser Remate: Marina dice de él que es “el que me descubrió y me obligó a tocar delante del público, mi primer seguidor y mi primer productor”, y leyendo sus palabras, se nota que el sentimiento es mutuo. “A mí Marina me gustó desde que la oí cantar, incluso desde antes, desde que la vi”, afirma. Y añade que “su nuevo disco es su mejor disco. Cuánto pesa este disco con respecto al anterior y al ante-anterior es lo de menos, porque sin el primero no hay siguiente y así. Pero este álbum es mucho más ella, aunque ella sea muy diferente a la de hace unos años o a la que será dentro de unos años, o se trate de una desconocida por ella misma y por Freud. Y estas canciones son contradictorias, contienen estímulos que chocan, sonidos que son la historia y frases que son el sonido, muy bien buscadas la musicalidad de las palabras y la lírica de los pasajes instrumentales. Todo eso es lo que yo considero brillante”. No es el único que lanza piropos: para Mladen Kurajica, líder de GAF y compañero de sello, “This is the sound” es “uno de los mejores discos que he escuchado este año. Redondo, directo al grano, elegante, visual, poético, de producción impecable y con un guiño a la psicodelia que antes no existía. Todo encaja a la perfección: la instrumentación necesaria y medida, los coros delicados en su dosis justa y una esplendida voz que, simplemente, lo aborda todo”. También compañero de sello, y cincuenta

Cuando se le pide que abunde en esas referencias que ha manejado, Gallardo habla de Gainsbourg, de Can y de Suicide, menciona de nuevo el dub, “algunas cosas de música africana y mucha música electrónica. Y también me ha interesaba mucho cómo sonaba Kurt Vile”. Un babel de nombres y estilos que envuelven las canciones de “This is the sound”, pero de manera tenue. “Se trataba antes de buscar ciertos detalles que de pretender sonar igual que otra banda. De localizar ciertos sonidos de caja o de guitarra, de estudiar cómo conseguir una atmósfera hipnótica”, decisiones fundamentales para rematar unas canciones que fían mucha de su fuerza a las texturas, y que en más de una ocasión juegan con estructuras atípicas. “También he probado cosas nuevas en ese sentido”, reconoce Gallardo. “Hay canciones que he compuesto apenas con la batería y lo voz, o tocando sólo el teclado, y en todos los casos se ha tratado de una decisión consciente, para intentar abrir el estilo todo lo posible. A fin de cuentas, yo tengo una manera muy marcada de tocar la guitarra, y no quiero estar encerrada siempre en ese mismo lugar”. Cuenta también que al actuar de ese modo se ha permitido un lujo, “componer mucho más en base a la voz. Es una liberación, porque la voz es un instrumento que me permite hacer lo que me dé la gana”, y de hecho se nota que en muchas canciones “la musicalidad de la voz ha sido primordial”, hasta el punto de que a veces las palabras parecen estar ahí sólo para producir un sonido determinado. “Tampoco he llegado a tanto”, aclara Gallardo, antes de reconocer que sus letras “son muy personales: ‘Tears’, por ejemplo, habla sobre mi padre. Hay otra que trata sobre la muerte, que es un tema que me ha obsesionado mucho durante el último año debido a ciertas circunstancias personales. Pero no hablo de ella desde un punto negativo; más bien se trata de superar el miedo a la muerte. Que es otra cosa que me sucede con las letras: todas me sirven para superar problemas y miedos, o para plantearme asuntos que me preocupan y no sé si están a mi alcance, como la felicidad”. Ese tratar las canciones como ejercicios de terapia provoca que “algunas tarden muchos meses en completarse. ‘Recurrent dream’ llevaba varios meses compuesta pero no tenía letra, y de repente una noche tuve un sueño, me desperté y anoté lo que había estado soñando. Y cuando volví a ver esas notas al día siguiente me di cuenta de que todo encajaba bien, el fraseo y la forma de las frases con la estructura que ya tenía por otro lado. Y bueno, también hay ocasiones en las que las letras se han ido ampliando o acortando cuando lo pedía la canción: la letra llama a la música y viceversa”. Después de haber grabado algo como “This is the sound”, ¿cómo ves tus dos discos anteriores? Creo que todo estaba más encorsetado. Tenía cinco días de estudio, así que había que llegar, grabar la base de guitarra y voz, y a partir de ahí arreglar las canciones. Y la consecuencia es que me sentía intoxicada por la inmediatez de la grabación y por mi timidez. Con “This is the sound” es la primera vez que me siento cómoda con la voz, que estoy a gusto con el material que estoy grabando y

por ciento de I Am Dive, José Pérez Piña añade que la gran diferencia respecto a sus discos anteriores “es que ahora se escucha a una banda al completo. Llevo viendo a la banda de Marina crecer en directo a lo largo de los años, siempre para mejor, y creo que aquí ha logrado recoger bastante bien lo que le he visto hacer sobre el escenario. Este no es un disco de ‘chica tímida con guitarra’, es el disco de una banda que funciona”. Le sorprenden también “las texturas y los matices. No es que faltasen en sus discos anteriores, pero aquí el espectro es mayor. Y sobre todo me gusta el papel que desempeña el piano, parece que es el gran protagonista de este disco”. El bajista de La Débil, Ojo, se suma a la fiesta y señala que “el camino que siguen las canciones de Marina es sucio, impuro y especialmente emocional. Una voz de cuentacuentos. Cuentos que no son para dormir. Antes, Marina andaba sola por el desierto, joroba al aire luchando con las tormentas, y ahora, si volvemos a buscar ese animal, nos encontraremos con que tiene un ropaje verde botella, de tacto aterciopelado y con detalles en oro. Su paso sigue siendo vago y desahogado, pero esta vez lleva una montura donde su banda disfruta del paso y de las historias que Marina cuenta”. Y también que “este es un disco que según viene, se escapa como la arena entre los dedos. Y volverás a cogerla una y otra vez para que se te vuelva a escapar”. Eso sí, puestos a buscar la mejor imagen acerca de en qué se ha convertido Marina Gallardo, las palabras de Remate son las que dan en el clavo. “Antes Marina llevaba el pelo y la guitarra recogidos y le atenazaban los nervios, aunque siempre dejaba entrever mucho atractivo. Ahora casi seguro que sufre los mismos nervios pero lleva pantalones muy cortos y el pelo muy largo y una flor encima de la oreja y se agacha para tocar el teclado con instinto animal, fulgurante”.  Vidal Romero

que me siento orgullosa a un nivel compositivo. Antes las canciones no eran tan redondas, eran más como miniaturas. Imagino que ayuda mucho que hayáis llegado al estudio con la lección bien aprendida, después de haber tocado bastante en directo. Y no sólo en directo. Las canciones se han modelado mucho en el local de ensayo y han crecido gracias a la ayuda de la banda. Siempre les marco ciertas direcciones a los músicos, pero también les doy libertad: me gusta ver lo que pueden aportar, hacia dónde nos dirigimos cuando ellos toman el mando. Y de hecho estoy cogiendo la costumbre de llevar las canciones al local de ensayo cada vez más pronto. En cuanto tengo algo que me parece interesante lo enseño, aunque al mismo tiempo lo siga trabajando en mi casa, por mi cuenta. Trabajando de ese modo, no me sorprende que las canciones estén llenas de capas. Ahora mismo lo que más me interesa es experimentar. Pero no experimentar porque sí, no me interesa ese rollo postmoderno que defiende la experimentación sin un objetivo claro; en ese sentido yo sigo pensando en un formato de canción. Pero también me gusta pensar que de algún modo esas canciones están vivas. Tú mismo te has dado cuenta de cómo se han ido modificando a lo largo del último año, y ni siquiera las versiones que están grabadas son las definitivas: seguirán cambiando a medida que las vayamos tocando en directo y según el ánimo que tengamos en cada momento. De hecho, hace unos días, con la masterización prácticamente terminada y el disco casi listo para enviarlo a fábrica, me fui a grabar unas guitarras al estudio, porque no terminaban de convencerme. ¿Significa eso que “This is the sound” es el reflejo de un momento concreto? ¿Que estas mismas canciones habrían tenido una forma completamente distinta si las hubieras grabado dentro de un año? Tampoco lo tengo tan claro. Es posible que sí, que hubiera detalles diferentes, pero creo que en el fondo serían muy parecidas. Ten en cuenta que para mí escribir canciones es un proceso que consiste en ir atando cabos. Soy una persona muy obsesiva, y cuando estoy trabajando en una canción no dejo de darle vueltas hasta que siento que todo encaja. Y no siempre es fácil: las canciones pop, por ejemplo, suelen ser mucho más problemáticas, siempre tengo la sensación de que queda algo por hacer. Esa sensación debe de ser bastante estresante. Hay veces en que hay que armarse de paciencia. “The swimmer”, por ejemplo, tardó un año en convertirse en una canción. Pero también tiene sus recompensas: cuando estoy dándole vueltas a una canción suelo tener la cabeza llena de ruido. Pero de repente, llega un día en el que ese ruido desaparece. En ese momento, sé que todo ha encajado.


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report Hola a Todo el Mundo / Antònia Font

hola a todo el mundo

euforia pesimista

Hay que reconocer que, en su escueta carrera, Hola a Todo El Mundo no se caracterizan precisamente por ser acomodaticios. Después de un disco de debut en clave country-folk y un EP en castellano algo más onírico, “Ultraviolet catastrophe” (Mushroom Pillow, 12), su nueva referencia, supone un nuevo cambio de registro, girando hacia el rock musculoso hinchado con sintetizadores, bases y bajos gordetes, muy en la línea de lo que sonaba en The Factory a finales de los ochenta. Texto

Jesús Sáez Foto Jimena Roquero

“H

emos buscado algunas cosas muy presentes en los discos de los 80 pero siempre desde una perspectiva bastante actual. Nuestras influencias han ido mas por ahí. Creo que esa mezcla de cosas que comentas es algo que muchos grupos están haciendo y es muy interesante. Desde Neon Indian, a Twin Shadow, pasando por M83 o Chromatics, por ejemplo. Es un estilo donde las guitarras, y los sintes conviven muy bien. Donde el pop-rock se junta con la electrónica de una manera muy natural”. Un disco que nace bajo el auspicio de la poesía de Roy Tiger Milton, un desconocido escritor norteamericano. “Roy Tiger Milton es un poeta desconocido. Lo es incluso en EE.UU. No es ningún genio de la poesía pero es terriblemente honesto. Honesto como para reconocer que el hombre es un necio. Un Dios de la adversidad. Pero que como divinidad, también es todopoderoso. Capacitado para salvarse a sí mismo. Este disco está basado en el último poema que escribió. Después de eso dejo de escribir y de hablar. Nadie deja de hablar por un acto caprichoso. Se encontró de bruces con la verdad y le quito el habla”. ¿Es entonces en ese sentido “Ultraviolet catastrophe” un disco conceptual? “Si, el concepto del disco es el del poema. La realidad del hombre es una farsa. El ser humano vive secuestrado por él mismo. Roy Tiger Milton intuía que esto era así y pasó toda su vida intentando escapar. Algo que le hacía hundirse más y más en esa farsa. Poniendo música a las palabras apocalípticas de Roy Tiger Milton, hemos intentado reivindicar esa lucha inútil, pero necesaria. La lucha del hombre por salvarse a sí mismo”. Los ingredientes están puestos sobre la mesa: un poeta maldito, una visión apocalíptica sobre la especie humana y un disco enérgico, épico, contundente en su sonido y en su desarrollo. Algo que llega después de que la formación haya quedado reducida en su riqueza instrumental a un concepto más básico y directo: “La verdad es que los cambios de formación no han determinado este disco para nada. Lo compusimos y lo grabamos siendo cuatro. (..) La verdad, es que nos metimos tan

de lleno en la composición y en la grabación que perdimos un poco la perspectiva de como iba a ser en directo este disco. Fue al final, cuando empezamos a darnos cuánta de que en directo la gente iba a poder hasta bailar. Cuando empezamos a componer sólo pensamos en un disco de canciones tristes animadas. Algo así como Johnny and Mary de Robert Palmer. Si pudiéramos hacer bailar a la gente con cara de melancolía, sería genial”. ¿Dónde quedarán entonces las nuevas canciones? “Es algo que todavía no hemos resuelto. De momento queremos centrar nuestros directos en presentar ‘Ultraviolet catastrophe’. Sabemos que muchas canciones antiguas no tendrán cabida. Tenemos claro que no vamos a ser un grupo esclavo de su pasado”. Un disco que se caracteriza por su regreso al inglés, después de que “Estela castiza”, el EP previo, estuviese íntegramente escrito en castellano. Así que no podíamos dejar pasar la ocasión de preguntarles acerca del fútil debate sobre el idioma: “Intuíamos que podía ser algo pasajero. Por eso no gusto el titulo ‘Estela castiza’. Teníamos curiosidad por saber cómo sonaría nuestra música en castellano. Al final, el resultado no nos llegó a convencer del todo. Cuando toda la música que escuchas es en inglés lo que te sale es componer en inglés. Por lo menos a nosotros”. En definitiva, “Ultraviolet catastrophe” es uno de esos discos que amplía el mito de que las influencias negativas ejercen como el mejor impulso creador para el artista, dando lugar a un álbum que sin duda será uno de los más referenciados de la temporada en la escena nacional, y que deja ver a un grupo furioso, enfadado, negativo (“No es por ser pesimista, pero hoy he leído que el Ártico se derretirá por completo en 4 o 5 años, ¿tú crees que si el planeta nos da igual, a alguien le puede importar la industria musical?”), pero que enfoca toda esa energía hacía una música que resulta vitamínica y euforizante. Y lo mejor de todo es que nos dejan también la sensación de que el próximo paso es totalmente imprevisible.


antònia font

Microrelatos pop

Como la comida deshidratada de los astronautas que pueblan el imaginario de Antònia Font, las canciones de “Vostè és aquí” (Robot Innocent, 12), el sorprendente regreso de los mallorquines tras el disco de oro logrado con su anterior trabajo, ocupan muy poco espacio y contienen en su interior alimento suficiente para saciar el hambre de cualquier melómano. Cuarenta píldoras musicales minúsculas con las que se reinventan para volver a dar lo mejor de sí mismos. Texto

L

Javier Burgueño

a edición consecutiva de “Batiscafo Katiuscas” (06) y “Coser y cantar” (07) y sus respectivas giras dejaron a Antònia Font exhaustos, tanto que tardaron casi cinco años en volver a publicar un disco, el exitoso “Lamparetes” (11). El regreso a la actividad trajo el estreno de un sello propio, Robot Innocent, que les da más trabajo pero donde “tenemos libertad total de verdad”, me explica Pau Debón. Pau se refiere a esa libertad que permite acometer un proyecto tan ambicioso y arriesgado como el de su octavo álbum centrándose únicamente en las necesidades estrictamente musicales, pudiendo decidir cómo hacer las cosas sin tener que preocuparse por plazos o exigencias externas. A la hora de empezar a componer las nuevas canciones partieron de una única premisa, centrarse en lo básico, condensar en dos minutos la esencia de las canciones, sin importar cuántos temas saliesen y sin dejarse llevar por el todo vale, ya que “no había definido un número de canciones determinado, pero todas tenían que funcionar”. Desarrollando esas ideas Antònia Font han armado un álbum plagado de minúsculas canciones pulidas hasta el último detalle, sin confundir brevedad con inmediatez: “trabajamos mucho los temas antes de entrar en el estudio, algunas canciones salieron fácilmente pero a otras les dimos muchas vueltas hasta llegar a darles la forma adecuada”. Los temas empezaron a surgir muy pronto, cuando todavía estaban presentando su anterior álbum, y el gusanillo de grabarlos también. “Estás de gira, entre semana ya no estás ensayando, teníamos ganas, Joan Miquel (Oliver) estaba muy creativo, salía material y ya hacía un año y medio que habíamos sacado el otro disco…”. Al final la incontinencia creativa de Oliver y compañía se ha visto plasmada en un álbum con cuarenta temas en total, almacenados en poco más de ochenta minutos y aprovechables hasta el último segundo. Pequeñas joyas que en una primera escucha pueden llegar a descolocar al salirse del estándar de canción pop de tres minutos (más de la mitad rozan el

minuto y medio, se acaban cuando estás esperando que aparezca el estribillo) pero que rápidamente se hacen con el oyente. Pegadizas melodías como las del single “Per Jo i tots es ciclistes”, caramelos de pop clásico como “Aquest” o “Poesies malversades”, juegos bilingües en “Nous parton pour la France” (“son franceses en una barra de bar continuando con su conversación, es normal que hablen en francés”), e incluso un tema ajeno, “Leyenda negra”, en castellano (“es una versión de un grupo de hard rock de Manacor, Tot Sants, una canción que escribieron para el quinto centenario”), son algunas muestras escogidas de una caja plagada de pequeños y sabrosos bombones, de una calidad tal que podrían haber editado varios discos con ellas si hubiesen sido conformistas y no se hubieran arriesgado en centrarse en la esencia de las canciones. El mismo riesgo que los ha llevado a estrenar el disco en directo en el Mercat de la Música Viva de Vic semanas antes de ser prensado, donde el público, confiesa Pau, quedó sorprendido ante la valiente propuesta. Acabando la entrevista Debón me pregunta si he visto la portada, un plano de metro ficticio donde se cruzan tres líneas de metro y las estaciones son los nombres de las canciones. “Habíamos pensado en publicar tres discos pequeños, uno por cada línea, pero siempre que tienes un álbum con más de un disco acabas escuchando uno más que otro, o dejas de escuchar uno de ellos. Vimos que podía entrar todo en uno y decidimos publicarlo así. Si te fijas, cuando acaba la última canción de cada tramo hay un pequeño silencio, para dejar que respire cada sección”. Centrado en ese plano, destacado como los indicadores de posición para turistas despistados al uso, el título de la novena canción y del disco, “Vostè és aquí” (“Usted está aquí”), reclama nuestra atención sobre el álbum, recordándonos dónde estamos, ante uno de los trabajos más arriesgados, personales y encantadores de la banda mallorquina.


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report Giant Giant Sand

GIANT GIANT SAND el sueño de arizona

Cuando nadie se lo esperaba, la mítica banda de rock americano Giant Sand duplica su núcleo de músicos y colaboradores, de ahí el justificante para que su nuevo apelativo evolucione a Giant Giant Sand. “Tucson” (Fire / ¡Pop Stock!, 12) es su mejor obra imaginable; una polvorienta ópera country-rock en formato panorámico con tintes claramente autobiográficos. Pero también es un trofeo para su líder, Howe Gelb, que ha dedicado más de tres décadas a perseguir una quimera: entregar el disco perfecto. Se abre el telón.

Texto

Matías Bosch

T

ranscurre el verano de 2011. Howe Gelb, líder de Giant Sand, es invitado a ofrecer un concierto durante la consecuente edición del Wasserfest, en Berlín. Además de su formación actual, decide contar con el refuerzo de Brian López, Gabriel Sullivan y Jon Villa, tres músicos locales que le acompañarán en la aventura. Algo mágico y fortuito tiene lugar sobre aquel escenario berlinés tras un concierto de casi tres horas; sin apenas percatarse de lo que sucedía, público y músicos asistían al génesis de “Tucson”, una obra conceptual arrastrada por las corrientes de la intuición. A través de una larga conversación telefónica, su paladín desvela algunas de las incógnitas que merodean alrededor de su última gran creación. ¿Cuáles fueron sus primeras reacciones tras el éxito de su concierto en Berlín? Estaba muy contento con la idea de reunir de nuevo a toda la banda. Me sentía feliz, más que cualquier otra cosa. Nos juntamos en el estudio entre navidad y fin de año. Por aquel entonces estábamos en Suiza y no teníamos en mente la idea de un álbum. Simplemente queríamos tocar juntos y ver cómo quedaba. Hasta aquel momento solamente habíamos tocado dos veces y ambas fueron en directo. ¿Cómo surge la idea de realizar una ópera rock? Desde los setenta he tenido en mente la idea de llevar a cabo una ópera rock, así es como comencé a hacer música por aquel entonces. De hecho, mi primera grabación fue una ópera rock pero todavía sentía que estaba en época de aprendizaje y el resultado no me fue satisfactorio. Algunos de mis discos posteriores parecen tener una historia propia que se transmite a través de las canciones. Pienso que cuando escuchas atentamente un álbum al completo, es prácticamente como mirar una película. Junto al disco se incluye el libreto de la obra. ¿Cómo fue concebido? Realizar el libreto con las canciones me pareció muy entretenido, era como poner todas las letras en orden dando vida a una única narración. Me encanta como ha quedado con las ilustraciones de Víctor Coyote. Cuando alguien compone un disco, se supone que comienza por las letras, después añade la música y reúne a la banda para tocar, pero en este caso, se hizo todo al contrario.

Parece que todo el conjunto de la creación de “Tucson” (Fire / ¡Pop Stock!, 12) haya nacido de la forma más casual, ¿es así? Me gusta pensar que la naturaleza siempre guarda un plan mejor del que nosotros tendremos jamás. Si presto atención a la naturaleza, sabré qué camino tomar y cómo continuar. Desde un punto de vista positivo, cuando los accidentes ocurren, me mantengo en alerta. Depende mucho de lo que llamamos “coincidencia”. ¿Cómo prosiguió con la grabación del disco? Tras tener listas las 15 canciones que iban a componer el disco, se las envié al resto de la banda, que estaba al otro lado del charco. Rápidamente, nos pusimos a hacer las mezclas. Sabía perfectamente cómo quería que sonase el disco. Todas las canciones debían poseer el sonido de una Big Band. Quería una armonía entre todos los músicos, intentar que los instrumentos no ‘chocasen’ entre sí. Tras poner el orden a las canciones, empecé a ver la historia. Entonces escribí el guión en menos de dos horas. ¡¿Sólo en dos horas?! Sí. Pienso que hay miles de maneras de llevar a cabo cualquier tipo de arte, pero para mí ha de ser rápido. Hay largas temporadas en las que no produzco absolutamente nada. Me paso el día pensando en ideas, pero cuando llega el momento de crear, algo me empuja a hacerlo lo más rápido posible. ¿Tiene en mente adaptar la obra al teatro? ¿Ha recibido alguna oferta interesante? Digamos que estoy abierto a llevar el disco al teatro, pero nadie tiene dinero ya para llevar a cabo este tipo de empresa. Estamos en una época de recesión. Por supuesto, si hay alguien ahí fuera que esté dispuesto a producir esta obra y llevarla al teatro, ahí está. Nosotros estamos preparados, podemos hacerlo y sería muy divertido. Pero seguramente tendríamos que permanecer todos juntos durante una semana o dos para hacerlo correctamente, sería lo más complicado. Me incluyo entre los que consideran “Tucson” la mejor obra de toda su carrera. Veo una evolución abismal con respecto a discos como “The love songs” (88), “Swerve” (90) o incluso “Chore of enchantment” (00), aunque sigo siendo


muy fan de todos ellos. El resultado de “Tucson” parece el que Giant Sand han estado persiguiendo durante décadas. Durante la época de los ochenta y parte de los noventa para mí lo más importante era destruir las canciones. Me encantaba destrozarlas. Era capaz de construir una pieza sólo por quemarla. Por aquel entonces era lo más importante para mí, porque no me interesaba gran parte de la música que había. Ahora he conseguido acomodarme en un lugar donde nada de todo aquello me molesta. Ninguno de nosotros puede controlar el mundo, al menos no deberíamos hacerlo, lo único que podemos hacer es informar a los jóvenes medianamente interesados sobre lo que para nosotros es lo mejor. Por eso, en este punto de mi vida ya no tengo la necesidad de destruir canciones, de hecho, prefiero construir canciones en el periodo de tiempo más corto que sea posible. Recuerdo que antes me gustaba tocar un mismo acorde durante quince minutos. Sólo me interesaba hacerlo así. A este punto de mi edad tiendo a mirar mucho hacia atrás, pero todavía siento excitación al pensar en la idea de crear algo nuevo. En los últimos años su carrera en solitario ha estado marcada por la experimentación y la fusión de estilos. Ha llegado a colaborar con gente tan dispar como Raimundo Amador o hasta un coro infantil de góspel (como en su disco “´Sno angel like you”). Toda la música debería ser considerada experimental, de ahí la razón que te guste hacer música. Con Raimundo Amador & The Band of Gypsies me sentía atraído de una forma natural. Su forma de tocar la guitarra era técnicamente lo mejor que había escuchado en mi vida. Con ellos descubrí el verdadero origen de las guitarras. Lo mejor es que encontrasen algo que compartir conmigo. Eso era lo suficientemente atractivo como para sentarme con ellos y tocar. Ellos disfrutaron de mi espíritu y yo del suyo. Lo mismo ocurrió con el coro de góspel. Cuando les escuché por primera vez, me volví loco. No estaba tan interesado en la música góspel sino en su método de trabajo, en cómo podían conseguir ese sonido. Entendí que trataba de transmitir un sentimiento positivo, de evitar las canciones tristes. Puedo decir que soy espiritual, pero no religioso, por eso no podía transmitir ese sonido a otra gente. En ambos casos se trató de perseguir algo nuevo.

Y ahora es el turno de explorar en la cumbia, como en la extraordinaria versión del clásico peruano “Cariñito” de Ángel Aníbal Rosado. Sí. Eso ocurrió cuando nos reunimos con los tres chicos de Tucson. Músicos profesionales. Hacían lo que querían. Sólo hay que escuchar la preciosa voz de Brian López... Gabriel Sullivan sólo tiene veinticinco años, tenía veinticuatro cuando grabamos el disco. ¡Me encanta cómo toca los instrumentos, los toca todos! Jon Villa es magnífico tocando la trompeta. Se crió en una banda mariachi, pero ya no quiere seguir tocando mariachi, porque creció con ello. Esos tres chicos me inspiraron para seguir practicando música con la gente de mi ciudad. Vuelvo a sentirme bien en Tucson, porque durante finales de la década de los noventa fui víctima de una depresión, me sentía triste porque demasiadas cosas terribles ocurrieron al mismo tiempo. Durante diez años estuve colaborando con gente de cualquier otro lugar excepto Tucson. Grabé con gente de Dinamarca, gente de Austria, también en Canadá y, por supuesto, en España. Pasé una larga temporada en España. Pero desde el último año, vuelvo a amar mi ciudad otra vez. He vuelto a conocer grandes músicos con los que colaborar, por eso decidí titular el álbum simplemente “Tucson”. Uno de mis cortes preferidos del álbum es “Recovery mission”, en el que está presente su hija Talula junto a un coro formado por algunas compañeras de su clase. ¿Sobre qué trata exactamente la letra de la canción? “Recovery mission” fue concebida un par de días después del terrible tiroteo que tuvo lugar en esta ciudad, durante el mes de enero del pasado año. Toda la ciudad estaba destrozada y fueron unos días muy duros. En seguida me puse a escribir sobre ello. A pesar de tratarse de una canción inspirada en el dolor, usted consigue darle la vuelta y crear algo extremadamente bello. Intento transmitir la idea de que, no importa lo que pase, todo irá bien. Cuando escuchas a alguien que insiste en transmitir algo así, sientes que comienzas a creerlo. De otra manera es muy difícil vivir. Si no piensas que todo irá a mejor, nunca irá a mejor. Si sientes miedo y odio, acabas por poner toda esa energía en lo que haces y nunca mejoras nada.


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report In-Edit Beefeater 2012

In-Edit BEEFEATER 2012 VENTANAS AL SONIDO Todo el mundo quiere saber más de aquello que le apasiona. El mundo de la música alberga tantos misterios, rincones inexplorados e historias a medio contar, que es una suerte que existan héroes con la dedicación del equipo del In-Edit Beefeater, capaces de traer cada temporada nuevas imágenes desde los surcos. En 2012, el Festival Internacional de Cine Documental Musical In-Edit cumple diez años. Podremos felicitarles del 25 de octubre al 5 de noviembre en Barcelona. Texto

Albert Fernández

D

espués de una década de existencia, In-Edit persiste en su intención de acercar al mayor número de público la producción documental sobre el mundo de la música. No en vano su red de festivales ya ha alcanzado países como Alemania, Chile, Brasil, Argentina o México, y ha sentado en sus salas a más de 70.000 espectadores. Para su décima edición en Barcelona, el festival alcanza la cifra de 60 documentales en proyección, con protagonistas de la talla de LCD SoundSystem, Joe Strummer, Joy Division, Barón Rojo, A Tribe Called Quest o Caetano Veloso. A ellos se sumarán varios actos paralelos, un Maratón Nocturno, la gala de premios de las secciones nacionales de Chile y Brasil, el Mercado Profesional y otras actividades conmemorativas. Una de las singulares formas de celebrar el 10º aniversario es la Sección Fan, donde el público ha votado sus películas favoritas de estos dos últimos lustros. De esta selección, In-Edit Beefeater recuperará las seis películas mejor valoradas por los espectadores, de manera que piezas como “1, 2, 3... Standstill” y “Quiero tener una ferretería en Andalucía” volverán a estar presentes en la programación de este año. Además, el festival está confeccionando un listado de los 100 mejores documentales de la historia, inciativa que firmará renglones imperecederos de la historia de In-Edit. HOMENAJE A JULIEN TEMPLE

En esta edición, la sección Made in London rendirá tributo a Julien Temple, otro destacado director de documentales visuales, conocido por sus primeras piezas cortas en torno a los Sex Pistols. En el transcurso de su dilatada carrera, este visionario británico ha sabido descifrar los entresijos del punk de los 70, a raíz de su relación con el mánager de los Pistols, Malcolm McLaren, y algunos de los miembros de la banda.

Además, Temple es conocido por realizar videoclips para The Kinks, David Bowie y The Rolling Stones, que abrieron brecha en los inicios del canal MTV, y otros tantos para artistas como Tom Petty, Whitney Houston, Neil Young o Janet Jackson. Alguna de sus obras, como “Comic strip”, muestran sin reservas referencias a drogas o pornografía, y gran parte de su discurso cinematográfico discurre en torno al entorno de la música y su producción audiovisual. En los años recientes, las películas de este director se han centrado en figuras míticas como Joe Strummer, Dr. Feelgood o el Festival de Glastonsbury, y en la actualidad rueda una dramatización de “Murder in Samarcand”, junto a Steve Coogan y Megan Fox. In-Edit ha dispuesto un espacio alternativo a las dos salas Aribau para la retrospectiva de Julien Temple, en la nueva sede de la Filmoteca de Catunya. Allí se proyectarán alguna de sus obras, y se ofrecerán en primicia sus últimos trabajos. IN-EDIT TV

Con tal de seguir creciendo, se consolida la propuesta de In-Edit TV, la primera web en el mundo dedicada en exclusiva al visionado online de documentales musicales. Esta extensión del festival funciona como plataforma de vídeo on demand, y permitirá ver los documentales desde cualquier punto del estado. Hasta ahora, In-Edit TV ya ha llegado a albergar 40 títulos, y su cartelera aumentará durante los próximos meses. Entre los mejores estrenos, hay que destacar “Papagordo. En casa de Raimundo Amador”, “The extraordinary ordinary life of José González”, o esa fascinante incursión en las diatribas de la banda de James Hetfield titulada “Metallica - Some kind of monster”. Esto no hace más que mejorar: In-Edit en tu casa, con la mantita...


Documentales (una selección) SECCIÓN OFICIAL INTERNACIONAL “Art will save the world: A film about Luke Haines” Niall McCann (Irlanda / Reino Unido, 2012)

El conocido cantautor Luke Haines, popular por formar parte de The Auteurs y Black Box Recorder, no está muy convencido de que filmen un documental sobre su vida. Aún así, los directores de esta coproducción consiguen meterlo en un avión desde Buenos Aires a su ciudad natal. De la mano de Niall McCann, Haines comparte sus cenizas reflexiones sobre el pop, la vida, las entregas de premios, e incluso los documentales musicales, al tiempo que una colección de prestigiosos bustos parlantes, compuesta por Jarvis Cocker, Stewart Home o el novelista David Peace, dan el contrapunto a su hastío vital “Shut up and play the hits” Dylan Southern, Will Lovelace (Reino Unido, 2011)

Además de los conciertos, la banda, el siguiente disco y los estudios, está la higiene personal, los paseos con el perro, las horas de sueño perdido. Este documental se adentra en la cotidianidad de James Murphy, un hombre que jamás acabó de acostumbrarse a ser estrella del rock. Durante un extenso metraje, los mejores hits de LCD Soundsystem se sucederán al tiempo que vivimos una semana entera en la vida de Murphy. Precisamente, la semana previa al concierto de despedida de la banda en el Madison Square Garden. La sencillez con la que Murphy trata lo humano y lo divino tras la estela imborrable de su banda produce una empatía infinita. “I am not a rock star” Bobbi Jo Krals (Canada, 2012)

Durante un período de tiempo de ocho años, este documental se adentra en la vida de una niña prodigio. Marika Bournaki es una chica canadiense que es severamente guiada en su proceso académico, de la mano de su maestra y su padre, debido a la ‘bendición’ de ser una superdotada tocando el piano. “I am not a rock star” documenta el crecimiento de Marika de los 12 a los 20 años, temporadas donde la niña se convertirá en chica, al tiempo que su pozo de desencanto

se vuelve cada vez más y más profundo. Todo el mundo la trata como un genio, pero ella reclama identidad personal, normalidad y libertad expresiva. “Searching for Sugar Man” Malik Bendjelloul (Suecia, Reino Unido, 2011)

Esta es la búsqueda de Rodríguez, el ícono del rock que nunca estuvo allí. Durante los años sesenta, Sixto Rodríguez grabó dos álbumes de espléndido y ácido folk-rock protesta en el sello Sussex, para luego desaparecer en el momento en que sus canciones llegaban a ser número uno incluso en Sudáfrica. La búsqueda del rastro del Dylan hispano conforma un docu-thriller envuelto en el misterio, que planea la sombra en torno a esa figura olvidada. ¿Acaso vive aún Rodríguez? ¿Quien se quedó con sus ganancias?¿Se cantan aún sus canciones como himnos anti-apartheid en Sudáfrica? ¿Le recuerdan los que allí le adoraban más incluso que a los Beatles? “The punk syndrome” Jukka Kärkkainen (Finlandia, 2012)

¿Te suena la banda de punk-rock finesa Pertti Kurikan Nimipäivät? El caso es que el grupo está formado por cuatro discapacitados mentales. Este documental es un afectuoso homenaje a la ‘anormalidad’, que nos adentra en las especiales tesituras de esta formación musical. Cuando están sobre el escenario, Pertti Kurikan Nimipäivät tocan duro y fuerte como cualquier banda de punk. En el local de ensayo, o en el estudio, sus problemas son muy distintos: tics físicos, incontinencia, dificultades en la composición de letras y el tener que afrontar actitudes sociales agresivas son el día a día de estos músicos. Una oda al respeto y la inspiración. SECCIÓN OFICIAL NACIONAL “Adrià Puntí” Xavier Puig, Raimon Fransoy, (España, 2012)

El excéntrico líder de Umpah-Pah queda retratado en esta pieza que se abre con cuatro elocuentes minutos donde se

concentra la trayectoria de la banda catalana, que llegó a editar cinco LPs y un EP. A partir de la disolución del grupo en 1996, Puntí se dedicó a hacer de actor de teatro y lanzar su carrera en solitario. El artista cita al espectador en la puerta de su casa, paseando por su calle, tocando en la plaza de su pueblo, desvelando su emoción y rareza. La conocida complejidad de su naturaleza humana queda al descubierto a través del testimonio del Puntí de hoy, un poeta herido que sabe que, el día que se vuelva normal, estará muerto. SECCIÓN EXCEDLENTS “Barón Rojo. Larga vida al rock&roll” Javier Paniagua, José San Cristóbal (España, 2012)

No hay nada más viejo que un grupo heavy cuyos miembros se pelean. Y tal vez tampoco exista mejor materia prima para un documental musical. Los integrantes de Barón Rojo alcanzaron el éxito pese a no considerarse amigos. Este documental se encuadra en su reencuentro para la gira de su trigésimo aniversario, y saca a relucir las miserias y desavinencias de la banda, polarizada en dos bandos: José Luis ‘Sherpa’ Campuzano y Hermes Calabria por un lado, los hermanos Armando y Carlos De Castro por el otro. Con todo, estos heavys recuerdan como escalaron hasta las más altas cimas, renegaron de La Movida y revolucionaron millones de melenas. “Beats, rhymes & life: The travels of A Tribe Called Quest” Michael Rapaport (EEUU, 2011)

Forjadores de una leyenda del hip hop durante más de veinte años, la banda conocida como A Tribe Called Quest gobernó el beat durante años. Los cuatro miembros del combo, Q-Tip, Phife Dawg, Jarobi White y Ali Shaheed Muhammad, acompañados por celebrados compañeros de viaje como De La Soul, Jungle Brothers y otros miembros del colectivo Native Tongues Posse, más herederos como The Roots relatan aquí cada escala del ascenso de estos pioneros del rap alternativo. El espíritu sonriente de sus mayores hits, el éxito que les sacó de las aulas, y una filosofía de vida única, se mezclan para escribir los versos de su melodrama.


044/045

discos

La selección Jäger

discos Tame Impala  “Lonerism”

Disfruta de un consumo responsable 35o

MODULAR / coop

Release The Beast Baden Baden “Coline” Naïve

Anthony and The Johnsons “Cut the world” Secretly Canadian / ¡Pop Stock!

Live pop. No se puede afrontar un disco de Anthony Hegarty con la perspectiva formal con la que se escucha la mayoría de novedades actuales, y eso ya dice mucho a favor de él. El prístino estilizamiento de su música, cada vez menos carnosa y cada vez más etérea, buscando paradigmas de pureza emocional, ha provocado de su discurso musical una difícil experiencia que a veces incluso planea entre el barroco y el posmodernismo clásico. Pero ese nivel de exigencia no ha provocado su distanciamento del público, como demuestra “Cut the world”, un disco en directo grabado el año pasado a partir de dos actuaciones en el Denmark Concert Hall de Copenhague con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca. Planteado como un estudio y homenaje a la femineidad, como demuestra ese discurso que es “Future feminism”, “Cut the world” pone en evidencia el alto voltaje emocional que pone en juego Hegarty, en unos conceptos alejados de los parámetros habituales, tanto, que en ocasiones, resulta difícil incluso afrontarlo. Y eso, una vez más, dice mucho a favor de él y de este disco. Jesús Sáez

Pop-rock. De cada vez más hábil en eso de imprimirle carácter propio a las influencias anglosajonas, la escena francesa sigue ofreciendo ejemplos notables de la buena salud por la que atraviesa el pop en el país vecino. Tras la publicación del afortunado EP “78” en 2010, los parisinos Baden Baden opositan a sorpresa gala del año gracias a un trabajo en el que, a partir de una clara querencia por el pop anglosajón, construyen un discurso en el que abundan los arreglos de juguetería y destellos de esa forma de instrumentar tan de sastrería continental, además de unos ambientes relajados que hacen de “Coline” uno de esos discos cercanos, confortable como un domingo por la tarde sin resaca. En el debut de Baden Baden brilla una extraña sensación de humildad, de trabajo bien hecho, y canciones como “Je suis je vais” o “Good heart” —tanto cantan en francés como en inglés— muestran a una banda madura y en el camino de encontrar algo muy bello y muy personal, pero a la vez son tan agradables que corren el riesgo de ser un simple y ameno pasatiempo. Joan Cabot Black Dice “Mr. Impossible”

Psicodelia. Tame Impala es una de esas bandas con las que no resulta sencillo mantener una postura crítica hacia el revisionismo y (como diría el tito Simon Reynolds) la retromanía. Lo suyo es una papilla psicodélica, densa y colorista, que incluye tropezones de rock progresivo, armonías vocales robadas a The Beatles, un especiado lisérgico propio de bandas como los Thirteen Floor Elevators o la Chocolate Watch Band, guitarras de vocación stoner (con sus inevitables momentos de guitar hero), unos cuantos guiños al brit-pop de los noventa (a bandas como Oasis, que de alguna manera ya estaban ‘poniendo al día’ esas mismas influencias) y, como única concesión a la actualidad, un tímido barniz electrónico, que casi siempre queda sepultado debajo de la maraña de distorsión y delays que bulle en la superficie de los temas. La propuesta de Tame Impala, en fin, tiene tanto de original como una novela escrita por Ana Rosa Quintana (es decir, nada), pero lo cierto es que este trío australiano posee una abrumadora capacidad para construir canciones mayúsculas, que desarma cualquier atisbo de crítica posible. En ese sentido, “Lonerism” no se complica la vida, y sigue paso por paso el guión marcado por el primer disco de la banda, el ce-

lebrado “Innerspeaker” (10), con la única salvedad de que en este caso la producción es más directa y limpia, menos barroca (siempre cogiendo con pinzas ese adjetivo, ‘barroco’, porque Dave Fridmann vuelve a ponerse a los mandos del estudio de grabación) y todas las canciones parecen pensadas antes para tocarse en directo que para invadir la pista de baile. Basta escuchar “Elephant”, el single de adelanto, para comprobar que todo sigue igual: un pegajoso riff de guitarra que suena a T. Rex, una melodía vocal que es puro “Helter skelter” y un interludio cósmico con un tufillo a los primeros Pink Floyd; piezas suficientes para montar un puzzle pop casi perfecto. Y no se crean que es el único hit que esconde el disco, que ahí están “Apocalypse dreams”, “Endors toi” (que, por cierto, recuerda poderosamente a Manitoba, otro revisionista muy querido en esta santa casa), “Music to walk home by”, “Keep on lying” o, sobre todo, ese clásico instantáneo que es “Why won’t they talk to me?”. De hecho, sólo hay un punto negro en todo el disco, y es “Sun’s coming up”, una balada hortera, que termina sumergida en absurdos arreglos de guitarra, y que cierra con mal sabor de boca un “Lonerism” que, por todo lo demás, es canela en rama. Vidal Romero

aunque “Mr. Impossible” sea uno de los discos más raros que uno pueda echarse a la cara y bien poco tienen que ver con otras bandas como Battles o Don Caballero. Dejémoslo caer: aquí coexiste el espíritu más experimental y alocado de Don Van Vliet con la técnica instrumental de los Trans AM del “Futureworld”, por poner un ejemplo que pueda servir de guía al lector. No cabe duda de que la intencionalidad musical de los de Brooklyn no es forrarse vendiendo discos, sino hacer avanzar su música con absoluta libertad y sin ningún tipo de ataduras: guitarras tratadas como si fueran sintetizadores y sintetizadores tratados como si fueran cajas de ritmos. Composiciones como “Pinball wizard” o “Shithouse drifter” subrayan su afán en la búsqueda de lo novedoso, pero “Mr. Impossible”, en su conjunto, consigue crispar los nervios por su radicalidad. Matías Bosch

nos hermosos, guitarras melosas y versos susurrados. El líder de Death Cub For Cutie y de los casi olvidados The Postal Service inicia aquí su andadura con una tierna y curiosa pieza a capela, “Shepherd’s Bush lullay”, donde se ensalza el recogimiento de uno mismo atravesando una tarde gris bajo la lluvia, sobre las aceras inciertas de Londres. A partir de ahí, la guitarra acústica, los bombos al trote y los punteos eléctricos definen los pasos de un Benjamin Gibbard que parece sentirse confortable en su inusitada condición de doble soltería. Así, separado (¡ay!) de Zooey Deschanel y puntualmente escindido de Death Cub For Cutie, Ben ha crecido hasta Benjamin, y, escuchando su propia voz, ha dado con una avenida de canciones sobrecogedoras y tiernas. “Former lives” es un memorable paso a la introspección, una colección de relatos y pensamientos musicados con un candor especial, posibles únicamente gracias a la paz de uno consigo mismo. La forma en que afloran canciones como “Dream song”, con un rasgueo que invita a la pacífica evasión individual, eriza cada palmo de piel de quien escucha. Lo mismo “Bigger than love”, donde un leve crepitar de teclados y cuerdas acompaña a la sensacional entrada de la voz de Aimee Mann, quien da vida a un dúo glorioso con Gibbard. ¡Imposible resistirse a cantar con ellos! Estas canciones son tan íntimas que cualquiera sabrá hacerlas suyas. Fácilmente, “Former lives” se convertirá en uno de esos discos que preferirás escuchar en esos días raros y alienados. Tan solo hace falta que hagas la prueba con los auriculares, bajo la lluvia. Oh, ni siquiera preguntes si lo he probado ya. Caminar con txirimiri nunca volverá a ser lo mismo. Albert Fernández

Benjamin Gibbard “Former lives” CITY SLANG / COOP

Ribbon Music

Math-rock. Si nunca ha resultado tarea fácil etiquetar la música que Black Dice vienen perpetrando desde hace algo más de una década, ahora es más difícil todavía. Mejor dejarlo en Math-rock, para entendernos,

Walking pop. Un paseo, un derrotero de pensamientos, un reguero de baldosas con melodía, eso es el nuevo disco de Benjamin Gibbard. “Former lives” es un disco elaborado con un tacto especial, un relajado camino a la introspección hecho de to-


Matthew Dear
 “Beams”
 Ghostly International / ¡Pop Stock!

Dan Deacon “America” Domino / PIAS

Arty-barroco-conceptual-pop. No se dejen engañar por su aspecto, el título geek de algunos de sus discos ni por el carácter explosivo y colorista de sus trabajos: el abarque de la obra de Daniel Deacon va mucho más allá de los comunes experimentos con refresco de cola y Mentos. Deacon pasó su juventud estudiando composición y música electroacústica; sabe más sobre Steve Reich o John Cale que muchos de esos terribles y pretenciosos críticos que los citan continuamente (¡presente!) y, observando con detenimiento su discografía, resulta evidente el esfuerzo del neoyorquino por nutrir el discurso de la música pop electrónica con ciertos conceptos más propios del conservatorio, aunque sea de forma subversiva. Planteado como un disco conceptual e inspirado en las contradicciones que han asaltado a generaciones y más generaciones de creadores estadounidenses (ese amor/odio hacia el país, las dudas sobre su clase política, el amor por su geografía, ese desafío constante implícito en muchos de los ideales sobre los que se sustenta su conciencia colectiva…), “America” es sin duda el trabajo más complejo y ambicioso de un artista que ha sustituido definitivamente las travesuras de fraternidad por una verdadera —y bien encaminada— aspiración a la grandeza. Joan Cabot Cate Le Bon “Cyrk” TURNSTILE / PIAS

Pop. No voy a descubrir nada si hablo de Nico nada más abrir la crítica del segundo disco de Cate Le Bon, pero es que el sonido velvetiano crudo de la increíble “Falcon eyed”, con su riff insistente, y su voz profunda ya dejan patente que esto es más que una coincidencia. Y bienvenida sea. Porque después “Puts me to work” disfruta de la delicadeza de “There she goes”, “Cyrk” es su “Sweet Jane” particular, y así podríamos seguir a lo largo de este maravilloso disco... Y sí, podemos hablar de sus compatriotas Gorky’s Zygotic Mynci o Super Furry Animals (recordemos el apadrinamiento de Gruff Rhys) pero sólo como referencia, porque aquí hay más de la insistencia rock de Lou Reed que de la alucinación de Syd Barrett, Kevin Ayers y Robert Wyatt (aunque de eso hay). Un disco en el que Cate Le Bon gana peso específico y personalidad, como compositora e intérprete, firmando sin duda uno de los discos más llamativos de lo que llevamos de 2012, que alterna crudeza y delicadeza, elegancia y lisergia... Otra cosa es que el mercado independiente esté preparado para digerir un disco así, pero eso ya es harina de otro costal. Jesús Sáez Cold Sparks “I predict a graceful expulsion” Mute / PIAS

Doom soul. Nacida en los suburbios, la canadiense tras el pseudónimo Al Spx es hija de la represión (política, religiosa, eco-

nómica, social y familiar). La opresión es, sin duda, uno de los mayores motores de creación, revolución y renovación, y Cold Specks se sirve de ella en sus composiciones y en la interpretación de unas canciones que se muestran deudoras del gospel tradicional del sur de los Estados Unidos, el soul clásico y las nuevas corrientes de folk-rock intenso y ampulosamente arreglado. El disco destapa ante nuestros oídos una hermosa colección de majestuosas plegarias, tránsito errante por carreteras desiertas cuyo destino final es la liberación de aquellas insoportables cargas que hunden el alma en los agujeros más hondos y abandonados. Sirviéndose del empuje de su poderosa y agraciada voz expone a la luz sus temores más profundos e íntimos, las flaquezas e imperfecciones. “I predict a graceful expulsion” se convierte así en una hermosa travesía a través de la desolación, la fe y el amor. David Giménez

Darren Hayman and The Long Parliament “The violence” Fortuna Pop! / ¡Pop Stock!

Pop. Darren Hayman no para de sacar al mercado pedazos de su arte. En 2011 publicó, a razón de una por día, las treinta y una canciones de “January songs”, el recopilatorio “The green and the grey” (Belka, 11) y las canciones al piano de “The ship’s piano” (Fortuna Pop!, 11). En este 2012 ya lleva el autoeditado “The shit piano” y los instrumentales playeros de “Lido” (Where It’s At Is Where You Are, 2012), además de exponer y vender sus grabados e ilustraciones. Pero su gran proyecto es el cierre de la trilogía —antes vinieron “Pram town” (Track & Field, 09) y “Essex arms” (Fortuna Pop!, 10)— sobre su Essex natal con “The violence”, nada menos que veinte canciones “inspiradas por incidentes y personajes de la Guerra Civil inglesa y de los juicios por brujería en Essex de 1645”. Ignoro si el celebrado “Let England shake” (Island, 11) de PJ Harvey tiene algo que ver en esta regresión histórica, pero aquí no hay trompetillas a destiempo, ni arpas, ni plumas, sólo las cada vez más sencillas (en cuanto a arreglos y pretensiones) tonadillas de un Hayman que se recrea en los aspectos más crueles (“Elisabeth Clarke”) y en el ambiente de miedo, violencia y sospecha de toda época de crisis (“The violence”, “How long have you been frightened for?”). Incluyendo un par de canciones tradicionales, Hayman consigue el reverso inglés y folkie del “Americana” de Neil Young. Half Nelson David Byrne & St. Vincent “Love this giant” 4AD / ¡Pop Stock!

Pop. Cualquier crítico poco escrupuloso estaría tentado de extender la incomodidad latente en la inquietante portada de este “Love this giant” a su interior. Es cierto que ni David ni Annie (vamos a permitirnos el tuteo) brillan y vuelan como nos tienen acostumbrados: hay un respeto, un temor, un freno reverencial en sus respectivas intervenciones. Por contraste, a los pocos compases se nota que “Ice age” está escrita a solas por Annie Clark; y también se percibe un aire a himno pagano

Pop vanguardista. Hablar de don Matthew Dear es hablar de un tipo acostumbrado a mudar constantemente de piel (como David Bowie), de un artista escurridizo y reacio a las etiquetas (como Brian Eno) o bien de alguien que se toma muy en serio el denostado concepto de evolución artística. Un mutante capaz de desertar del techno (me viene a la cabeza un monumental y épico mix por encargo de la BBC, un “Essential Mix” de hace varios años; o bien las sesiones vigorizantes de su alias technoide ‘Audion’) para enrolarse en las filas del post-funk más marciano (ahí está “Her fantasy”, el magnífico y alucinado adelanto de “Beams”) y siempre coqueteando con el pop vanguardista. Pero Matthew Dear es, ante todo, un artista consagrado, respetado y, sobre todo, de culo inquieto.
“Beams” continua avanzando por la senda que abrió “Black City” (Ghostly, 10). Y lo hace de diversas maneras. La primera y más evidente la encontraramos en la influencia de sus composiciones: un disco que huele a Nueva York por todos sus poros, a homenaje a la ciudad nocturna y todos sus sucios rincones. La segunda, la encontramos en la génesis de su sonido, esto es, con la clara

osmosis que succiona Dear de los años en los que Brian Eno disfrutaba en su faceta de productor —en especial cuando lo hacía con los discos de Talking Heads— y David Byrne se convertía en el abanderado de la World Music. Con estos referentes —más algunos retazos de post-punk británico—, Dear consigue crear una papilla de sonido pop-arty que funciona como apisonadora y fagocita prácticamente cualquier novedad en lo que llevamos de año en cuanto a pop bizarro se refiere (a excepción de otros nuevos profetas del pop vanguardista y psicodélico como los escoceses Django Django). 
Pese a seguir bebiendo de fuentes tan obvias, Matthew Dear sigue ganándose el puesto del ‘nuevo Brian Eno’ o ‘el nuevo David Byrne’, gracias a un sonido cada vez más recargado y barroco (la voluminosa y pegadiza “Do the right thing”, o la a ratos muy kraut “Overtime”) y gracias también a la aportación generosa de su voz, cada vez más grave y omnipresente en sus composiciones. Canciones sólidas, personales y muy perdurables, que atrapan tu atención y huyen del boceto. Canciones bailables (la mutant disco “Up & out”, el regusto italo en “Headcage”) que bien podrían sonar en la fiesta de moda de turno del barrio neoyorquino de TriBeCa. En definitiva, canciones que funcionan entre sí (un argumento de venta para los que todavía defienden el formato álbum) y manifiestan la imparable carrerilla que ha cogido el americano: la inagotable progresión en el camino de Matthew Dear hacía el artista total. Beto Vidal

algo familiar en “Outside of space and time” la única canción escrita íntegramente por Byrne. Sin embargo, no se puede hablar de colaboración fallida. Hay algo magnético en esta colaboración entre el escocés y la tejana más neoyorquinos. El espectacular uso de instrumentos de viento (además de los respectivas secciones de The Dap Kings o de Antibalas en los créditos se detecta a varias docenas de especialistas) les permite pasar de la grandilocuencia a la solemnidad en apenas unos compases, cosa que se adapta bien al estilo teatral de ambos intérpretes que encuentran en los contrastes su mejor modo de expresión. No es el disco del año (no lo pretendía), pero trasciende muy holgadamente el cliché de disco de “Duets”, porque un poco de cada uno de ellos es mucho. Half Nelson

torio de procesamiento de capas y loops contagiosos pocos rivales pueden medírsele, gracias a 13 nuevos temas que forman una amalgama compacta de techno orgánico, house ambiental y dub comatoso. Un álbum que deja pasar rayos de sol a través y de mejor digestión. Beto Vidal

Deepchord “Sommer”

PIAS

Dinosaur Jr. “I bet on sky”

Soma

Dub-techno. Un hiperactivo Rod Modell —todavía resuenan los ecos perennes de “Hash-bar loops”, publicado también en el sello escocés Soma el año pasado— edita una colección de nuevas canciones labradas durante sus últimos veranos en diferentes partes del globo, especialmente en su casa pegada al lago Hurón (Michigan, EE.UU.). Sirva de inspiración divina esta última localización, capaz de llevar a Modell a construir atmósferas dub-techno menos recargadas de elementos tóxicos (tal y como sucedía en su anterior trabajo, forjado entre la neblina atlántica y de los Coffee Shops de la capital oficial holandesa). Unas nuevas composiciones grabadas a pleno sol y con el sello de la brisa veraniega, presente en las grabaciones de campo insertadas en varias canciones gracias a la inseparable grabadora del artista de Detroit (algunas registradas hace la friolera de 20 años). Deepchord —a secas desde hace ya un tiempo, como ya sabrán— sigue demostrando que dentro del labora-

Rock. Es probable que no sea justo acusar a J. Mascis de dejadez, porque su gran aportación a la historia universal consistió precisamente en elevar la apatía a rango de arte a principios de los 90, como líder de Dinosaur Jr. Con su mortecina voz nasal y una guitarra enfrascada en un mundo de distorsión contribuyó a definir las coordenadas sónicas del indie y medio inventó el grunge. “I bet on sky” es ya el tercer disco de Dinosaur Jr. desde su resurrección junto con Lou Barlow (de Sebadoh), bajista pródigo, y cumple con las escasas expectativas que suscita últimamente esta aventura: hay una canción más bien buena (“Watch the corners”, para la que se les olvidó por desgracia componer un final), una dosis de animada languidez ruidosilla (“Pierce the morning rain”) y dos simpáticas intervenciones de Barlow. Poco más. En general, la cosa suena entre atropellada y burda (como el mellotron de “Don’t pretend you didn’t know”) y grabada sin gran convicción, como quien le da al whawha por inercia, sin que se sepa para qué. Gloria González


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discos

The Alchemist “Russian roulette” Decon

Hip hop. Ahora que se mea demasiada colonia y el velocímetro del rap se mueve erráticamente, como si la presencia de un ovni llamado hype lo hubiera enloquecido, es el momento de recurrir a The Alchemist para saber quién es quién en este juego. Podríamos explorar su obra más reciente, el asimétrico “Vodka & Ayahuasca” de Gangrene, grumoso y celebrado dúo formado con el MC Oh No. De todos modos, donde mejor se manifiesta la disidencia del productor estadounidense es en este experimento luciferino donde resulta tan fácil perderse como perder la chaveta. “Russian roulette” sería algo así como el Arkham Asylum del hip hop actual; se exigen muchos pulmones para entrar, aviso. The Alchemist ha sido siempre un creador introspectivo, un psiconauta que con el paso del tiempo ha ido rebajando el gramaje de quillería gangsta goth de su universo, hasta encontrar acomodo en collages rítmicos macerados en abundantes cantidades de hierba californiana; piezas extravagantes, retorcidas y hasta pesadillescas que le hacen único en este rollo. Sus creaciones más particulares, ya sea en forma de encargo o en sus más que decentes ‘discos de productor’, transpiran un sudor alucinatorio totalmente irresistible para los que ya estamos hasta la peineta del mariposeo en el rap actual. En “Russian roulette”, el alquimista lleva sus pul-

siones más aventureras a un nuevo nivel; esto es como fumarse una ele de marihuana hipodrónica y acompañarla del mejor vodka ruso que se pueda encontrar en el badulaque. Y lo del vodka no es gratuito. Este drama de soul opiáceo se alimenta de incontables samples de música rusa, un antojo que en manos del productor adquiere una extraña coherencia, esto es, el perfil de un LP conceptual bien entendido. “Russian roulette” es una mousse radioactiva cocinada con samples estrambóticos, guitarras enfermizas, baterías blindadas, trompetas desencajadas, voces surgidas del subconsciente y esos chops aparentemente toscos que Alchemist ha convertido ya en una marca de fábrica. Muy al estilo de las space operas del Prince Paul primigenio, pero en versión druggie y con ramalazos ocultistas. Imprescindible escucharlo del tirón, pues, sólo así se apreciará de verdad un recorrido de 30 canciones que en su mayoría no alcanzan los dos minutos de duración. El collage cuenta con poetas de primera línea como Guilty Simpson, Roc Marciano o Action Bronson, voces de peso que encajan perfectamente en la banda sonora de este thriller porrero. Así pues, segmentos rapeados conviven con pequeños skits instrumentales e incluso movimientos de orquesta y folklore ruso que en el botiquín de Alchemist suenan como el soundtrack de un spaghetti western dirigido por Paul Naschy. Y no sólo eso, el disco nos ofrece un final apoteósico, con una suite en ocho movimientos de lisergia rap —apasionante “The kosmos”—, y nos deja bajo la almohada uno de los mejores temas de este 2012, ese increíble “Never grow up”, con Evidence al micro, que se la pondría morcillona al mismísimo Rasputín. Óscar Broc

Dirty Projectors “Swing lo magellan” DOMINO / PIAS

Lo cierto es que no hay una sola etiqueta para David Longstreth, porque su música es plástica y genuina, una bandera de autenticidad clavada en un risco bien alto. Desde allí, el genio contempla el mundo, y lo hace sonar a su antojo. Albert Fernández

Emma Get Wild “Dark stories from the secret corner” Malatesta

ciones —“Mine tonight”, “I got nothing” y “Trees and flowers” (versión de Strawberry Switchblade)— inicialmente grabadas en las sesiones de “Only in dreams” (Sub Pop, 11) y apartadas por “demasiado atmosféricas”, “End of daze” suena tan glorioso como si Chrissie Hynde capitaneara a The Jesus and Mary Chain. Nada nuevo, es cierto, pero pocas veces expresado con tanta convicción y lírica lucidez, especialmente en los dos temas más recientes: una “Lord Knows” que podría pasar por una versión de cualquier girl band y una “Season in Hell” que se empeña en pasar página y seguir adelante (quizás cerrando el duelo tras la muerte de su madre el año pasado). Half Nelson Get Cape. Wear Cape. Fly “Maps” Cooking Vynil / PIAS

Folk-Rock. La evolución musical de los valencianos a lo largo de una década de trayectoria es indiscutible. Todos y cada uno de los pasos que han conducido a la banda desde sus anteriores dos álbumes hasta este “Dark stories from the secret corner” han aportado nuevos y mejores matices a su sonoridad. La seguridad en sí mismos es algo que se transpira en el sonido y la producción de las composiciones. Su nuevo trabajo conjuga a la perfección una buena amalgama de estilos: dosis de un folk a veces más eléctrico, y que bien pudiera surgir del encuentro entre Basia Bulat y Dear Reader (“Armageddon”), en otras ocasiones algo más melancólico y naíf (la maravillosa “Lucas”), rock alternativo de los noventa al más puro estilo Throwing Muses (“Mideast”), y un recorrido a través de los paisajes del sonido western (“My bye bye” o la portentosa “Cinnamon dust”). Certero, emocionado e intenso, este disco confirma al proyecto de Isabel Castro y Salva Fito como uno de los más destacados del underground estatal. David Giménez

Batiburrillo rock. Supongo que a estas alturas los que conozcan la trayectoria de Sam Duckworth al frente de Get Cape. Wear Cape. Fly ya saben que sus álbumes son un tratado de terrorismo musical, saltando del punk al hardcore, del funk al hip hop, de la disco al power pop, del rock’n roll al dub, del pop al r’n’b, sin rastro de querer ajustarse lo más mínimo a ellos, con estructuras complejas que aún así mantienen un elevado nivel de adictividad. Y eso es una de las cosas que más destacan de esta cuarta entrega: “The real McCoy”, “Vital statistics”, “Daylight robbery”... los hits se van sucediendo haciendo de ésta probablemente su entrega más sólida, redonda y atractiva, digerible dentro de lo aceptable, convirtiéndola en el mejor punto de partida para los neófitos, y dejando algo más de lado el folk que tanto campaba a sus anchas en sus anteriores discos. Un buen ejemplo de como hacer de lo incómodo algo digestivo, o cómo decía Mary Poppins: “Con un poco de azúcar...”. Disfrutable. Jesús Sáez

DJ Vadim “Don’t be scared” BBE / ¡Pop Stock!

Divine Fits “A thing called Divine Fits” Anti- / PIAS

Pop-rock. Ahí va una fórmula: si damos un valor X al talento de Britt Daniels (Spoon) y un valor Y al de Dan Boeckner (Wolf Parade, Handsome Furs), la conjunción de ambos talentos nunca será igual a la suma de esos dos valores. Sucede a menudo con los supuestos supergrupos: el atractivo del trabajo conjunto de dos tipos como Daniels y Boeckner, a los que se suma a la batería Sam Brown de New Bomb Turks, es mucho mayor sobre el papel que por sus resultados, aunque “A thing called Divine Fits” merezca cada segundo del tiempo que le vayas a dedicar, sobre todo por la actitud, más relajada, con que ambos abordan, uno el rock chulesco a la Kinks y otro el sonido sintético nuevaolero, sin la misma presión que con sus proyectos principales. Pero esa falta de tensión es a la vez un freno: si bien permite joyas como “Civilian stripes” o “Shivers”, dos baladones preciosos por cabeza, o la punzante “Would that not be nice”, como álbum éste resulta disperso, poco coherente y, por qué no decirlo, innecesario. Y eso no le quita ni una pizca de diversión al asunto. Sólo trascendencia. Joan Cabot

Extravaganza pop. Dave Longstreth es un genio. Ahora firmaría y dejaría así la reseña, para que, en caso de no conocerlos, corrieras a escuchar Dirty Projectors con la intriga embistiéndote. Pero así me perdería el placer de hablar de este sensacional disco, el sexto que firma Longtreth junto a Amber Coffman, Haley Dekle, Olga Bell, Nat Baldwin, y Michael Johnson; o el séptimo, si tenemos en cuenta el EP que editaron junto a Björk el año pasado. El caso es que Dirty Projectors lo han vuelto a hacer. Si “Bitte orca” (Domino, 09) era un tránsito a lo elevado, una alabanza del movimiento que dignifica el alma, “Swing lo magellan” orbita en el detenimiento. Dirty Projectors se apuestan en un faro de sonidos, guardianes de una última costa desde la que contemplar paisajes de fuera y oleajes interiores. Toda la orfebrería melódica de la banda vuelve a hipnotizarnos deliciosamente en este álbum: los espejismos de cuerdas, los acompañamientos ululantes, las percusiones mínimas, esas palmas, chelos, violas y, por supuesto, los gorgoritos unívocos y priviligiados de Longstreth y sus coristas nos ensimisman con la dulzura acostumbrada de sus composiciones. El disco nace con el misterio acompasado de “Offspring are blank”, canción que explota en un estribillo rabioso y primaveral, con sorprendentes guitarras distorsionadas. “About to die” es la primera de las numerosas muestras de asimilación de ritmos africanos, y cortes como “Gun has no trigger” o “Unto Caesar” dan testimonio de su versatildad genérica, que opera desde el soul más dorado al rock o el swing.

Hip hop. Con su estatus afianzado y su nueva alianza con BBE, un sello en el que esta nueva versión más madura y menos afilada de Vadim encaja a la perfección, Andrey Gurov parece haber decidido tomárselo con más calma. Cosas de la edad y la experiencia; demasiado viaje como para luego ponerse tenso a la hora de crear un nuevo álbum, el sexto ya. El tipo se ha ganado el derecho a acomodarse un poco, aunque su música siga sonando igual de viva e inquieta que siempre. De hecho, no es que a “Don’t be scared” le falte colmillo, sólo que los últimos movimientos del beatmaker ruso delatan un proceder más relajado y un amor por el neo-soul de cada vez más pronunciado —colabora con la banda de Michael Kiwanuka, featurings de Yarah Bravo y Sabira Jade—, aunque sigue siendo capaz de marcarte los lomos con latigazos tremendos, como “This DJ”, donde brilla con luz propia el MC J-Man, y cuando se arremanga convierte temas aparentemente inocuos como “Lost my love” en auténticas maravillas llenas de progresiones imposibles. Cuando Jazz Bailey calla, empieza lo bueno, sigue siendo uno de los grandes. Joan Cabot Dum Dum Girls “End of daze” Sub Pop / ¡Pop Stock!

Rock. Vale mucho la pena destacar este EP (cinco canciones) de las huestes de la californiana Dee Dee. Pese a contener tres can-

Get Well Soon “The scarlet beast O’seven heads” City Slang / Coop

Pop. El iconoclasta autor alemán Konstantin Gropper ya había evidenciado sus dotes como compositor y arreglista en sus anteriores trabajos, pero quizás nunca con la exuberancia y opulencia de “The scarlet beast O’seven heads”, en el cual Gropper se enfunda el traje de director de orquesta con una severidad y astucia impropia de su juventud y logra tocar las teclas precisas para conseguir que un disco tan grandilocuente apenas roce lo empalagoso y, en cambio, a menudo se maneje con verdadera grandeza. Entre Scott Walker y David Bowie, con una voz grave y hasta cierto punto emocionalmente distante, Gropper lo borda en temas como la cautivadora “Roland, I feel you”, el pop arrebatador de “A gallows” o la épica “You cannot cast out the demons” que cierra el álbum, situándose, esta vez sí, en la clase alta de los cantautores centroeuropeos, a la zaga de The Divine Comedy y con pie y medio en la consagración. Colmado de ambición y genio, Gropper ha encontrado su lugar en el mundo. Joan Cabot


Minus The Bear “Inifinity overhead” BIG SCARY MONSTERS / POP STOCK!

Ghandi Rules OK “Borda, va, borda” Repetidor

Out-rock. Lo de Oriol Solé y Toni Sistaré es investigación por inundación. A lo largo de 25 temas, la mayoría de los cuales no llegan a los 2 minutos buscan límites no explorados, juegan con el feísmo y la disonancia, algo parecido a lo que comentábamos a raíz de Martin Creed, pero sin el sentido del humor y del absurdo de éste. Y por supuesto hay momentos logrados (la mayoría), otros fútiles, algunos insípidos, y unos pocos realmente inspirados. Es lo propio de propuestas con semejantes intenciones, su personalidad radica principalmente en su actitud, mientras se busca ese sonido identificativo, que aquí asoma en contadas ocasiones. En cualquier caso, valoramos positivamente su falta de miedo al riesgo, la búsqueda de ese espacio inexistente donde no habitan reglas, y esos momentos refrescantes, que suelen ser los más impresionistas, ruidistas, desasosegantes, como “La nina russa”, “Frenètics” o “Doncs fins ara aviat”. Jesús Sáez Janka Nabay & The Bubu Gang “En yay sah”

krautrock monolítico que se enreda en maníacas percusiones tribales, y que a partir de ahí conjura guitarras ruidosas y cargadas de fuzz, pianos psicóticos, cantos chamánicos, órganos de aire medieval (el hipnótico tramo final, con “Goatlord” y “Det Som Aldrig Forandras”) y hasta un saxofón, el que atrona en “Let it bleed”, que parece tocado por el mismísimo Steven Mackay. Una paleta de sonidos reducida y contundente, tras la que se puede rastrear un impecable catálogo de influencias: de Can a Funkadelic, de Spacemen 3 a Fela Kuti, pasando por Hawkwind, Black Sabbath y The Cramps, que dejan claro el amor de Goat por el rock de los setenta, pero que sobre todo están digeridas y regurgitadas con sabiduría, mala leche y muchísima habilidad. No es extraño, entonces, que los tipos sean capaces de hilar temas tan rasposos y adhesivos como “Goatman”, “Run to your mama”, “Disco fever” o “Goathead”. Un cancionero que convierte a “World music” en uno de los mejores discos de rock, sino en el mejor, que puede caer en sus manos de aquí a que termine el año. Así que, diablos, no lo dejen escapar. Vidal Romero

Ital Tek “Nebula dance”

Rock. La forja de una canción requiere una chispa inicial de talento a la que se suma el tesón de un herrero hábil. El logro mayor que representa crear un buen disco es la culminación de una labor que opera sobre inspiraciones, una suerte de concreción de lo volátil. A lo largo de los años, Jake Snider ha aprendido por las buenas y por la malas a moldear sus capacidades y sus limitaciones. Tras el ostentoso fiasco protagonizado con “OMNI” (Dangerbird, 10), “Infinity overhead” encuentra al músico de Seattle contemplando un último horizonte allá en lo alto, tratando de dar la forma precisa a todo aquello que flota sobre su cabeza. La apertura de miras debe saber medirse, no vale con abrir el opérculo y dejar entrar porque sí teclados, tratamientos de voces o pretenciosas molduras electrónicas. Hay que saber elegir, y dar identidad a la música. Minus The Bear cayeron, pero han vuelto decididamente erguidos, firmes y decididos. Es cierto que la perseverancia en algunas ideas puede volverse un tanto plomiza, pero al menos nadie podrá decirle a Snider que sus nuevas piezas sean informes. En este cancionero, la voz es clara, afirmativa, y las guitarras ponen cada cosa en su sitio, mientras el resto de elementos ayudan a enriquecer

el bagaje de cada corte. El músculo no se pierde, por mucha seda que se le eche de encima. Aquí intervienen teclados, handclaps animados o incluso trompetas de añeja elegancia, pero la impronta más poderosa es la del estilo suntuoso en la voz y las guitarras de rock convencido. Las baterías se modulan entre lo orgánico y lo sintético, en función del ámbito y el ánimo de la canción. Sorprende que el tema que parte el disco en dos, sea precísamente un extraño en esa tierra en movimiento: “Heaven is a ghost town” es una melodía en letargo, tal vez identificable con la clásica balada en un disco de heavy metal. Por momentos este álbum puede resultar tristón, grandilocuente y meditabundo. “Infinity overhead” no alcanza la perfección circular de un gran disco, pero alberga surcos de gran fuerza: “Steel and blood” es un single rotundo, con un gancho evidente. El giro de ritmo en el segmento instrumental y heavylón de “Lies and eyes” es sobrecogedor y memorable. Los ritmos bailables, de carácter ameno, que dispensan en cortes como “Lonely gun” o “Zeros” empujan con su ritmo y viveza, y “Cold company” se permite unas extravagancias de punteos y virtuosismos con un punto autoparódico realmente disfrutable. Y, en todo momento, las voces de Snider planean, exclaman hacia el cielo con trascendencia. Si “Infinity overhead” no es una solución a las encrucijadas compositivas de la banda, al menos es un poderoso aullido al cielo reclamando respuestas. Albert Fernández

Planet Mu

Luaka Bop / Coop

Afrika beat. Tras una década de éxitos, el monarca de la Bubu Music —el movimiento musical más popular de Sierra Leona— emigraba a Brooklyn huyendo de la presión de la guerra civil para acabar enrolándose años después a la mitad de Skeletons y Gang Gang Dance. Su poderoso EP “An Letah”, publicado por True Panther este mismo año, alertaba que Janka Nabay estaba en el momento justo y lugar apropiado para hacerse fuerte en occidente, aprovechando el tirón de bandas de post-punk con referencias tribales. “En yay sah” es una contundente respuesta tras su marcha forzada de Sierra Leona; un reconstituyente vitamínico que explota al ritmo hipnótico del Bubu, galvanizado esta vez con sintetizadores y guitarras que trazan espirales por las que se deslizan las voces de Nabay y Boshra Al-Saadi, su vocalista femenina. La simbiosis Bubu-rockelectrónica funciona a la perfección desde su inicio con “Feba” y se desarrolla aún mejor cuando llegan “Ro lungi” y “Kill me with the bongo”, sin dejar que un solo minuto del disco quede exento de ritmo. Abrumador. Matías Bosch Goat  “World music”

IDM. Ital Tek no debe confundirse con Ital, otro artista del sello Mu (de Mike Paradinas). El tal Tek es Alan Myson, de Brighton, y practica una electrónica que en Mu califican de dubstep futurista, probablemente por combinar ritmos elásticos, que parecen rebotar, y gusto por la abstracción (algo flotante). En “Nebula dance”, su tercer disco, se trasluce también la veneración de Myson al pasado, que le lleva a privilegiar las sonoridades ligeramente desacreditadas hoy en día: un tema se llama “Yesterday tomorrow today”, lo que confirma sus ambiciones de sincretismo temporal. En el fondo, el presunto dubstep visionario del tal Tek suena sobre todo a retro-futurismo y, más concretamente, a nostalgia de las primeras referencias de Mu, evocadas entre mucho olor a naftalina, lo que quizá no sea del todo sy culpa porque de alguna manera los discos de Paradinas han olido siempre a cerrado, permitiendo diferenciarlos de todos los demás incluso a lo lejos. (Propongo se abra un debate al respecto). (Cierren el debate). (Gracias). Gloria González Judit Neddermann “Cançons de la veritat oculta” Bakrobber

ROCKET

Música del diablo. Cuenta la biografía de Goat que su afición por las cabras, el vudú y la alquimia tiene mucho que ver con ciertas maldiciones ancestrales que sobrevuelan su pueblo de origen, un villorrio del norte de Suecia, famoso por la quema de brujas y las ceremonias satánicas. Y debe de ser cierto, porque “World music” es un disco que supura magia negra, que huele a rituales paganos, regados con sangre y humo. Un disco que avanza propulsado por una base rítmica rocosa y tremenda, que igual se pliega a un

Folk-pop literario. Con motivo del centenario del nacimiento del escritor Pere Calders, se edita este disco-libro en el que diferentes figuras de la escena catalana firman composiciones adaptando algunos de los imaginativos cuentos del autor barcelonés. Entre los implicados miembros y artistas como Mazoni, Maria Rodés, El Petit de Cal Eril, Els Surfing Sirles o Guillamino. Pero lo maravilloso de este disco, más allá de toda su justificación, es la magnífica actuación vocal de su intérprete, que se lleva semejante y heterogénea selección de compositores a su terreno, entre el soft-jazz y el folk-pop, a veces ju-

gando incluso con armonías lounge y Brasil. Con una voz dulce, sedosa, versátil, hábil en el fraseo, hace de temas como “La finestra” un placer soleado, o le da un tono sombrío a “Hora en punt”. Para todos los públicos, puede que demasiado pulido, pero siempre disfrutable. Jesús Sáez

JJ DOOM “Key to the kuffs” Lex / COOP

Hip hop. El control de las fronteras (“Banished”), los organismos genéticamente modificados (“GMO”) y la interrelación entre la naturaleza y la economía mundial (“Guv’nor”) son algunos de los temas que tratan MF DOOM, rapero enmascarado, y Jneiro Jarel, productor expresionista, en esta primera colaboración suya como JJ DOOM. Mientras Jarel construye sus reputados collages sonoros, DOOM fusiona obsesivamente registros (mérito tiene mantener algo de credibilidad callejera declamando en tono amenazante palabras como ipso facto y Eyjafjallajökull), en compañía de invitados de la talla de Damon Albarn y Khujo Goodie, cuya presencia ha quedado de todas formas relegada, en la práctica, a lo fantasmal. “Key to the kuffs”, sin sonar nunca contundente, resulta siempre interesante, llegando incluso a rozar puntualmente lo perturbador (por ejemplo, cuando se oye la voz de la gran Beth Gibbons gimiendo como aplastada a lo lejos mientras DOOM habla de medicamentos contra la diarrea). Igual esto es la clave de algo. Gloria González

Kane Ikin “Sublunar” 12K

Ambient. Unos cuantos samples bien escogidos, algún trazo melódico y un poco de suciedad ambiental: tan escasos elementos le sirven a Kane Ikin, cincuenta por ciento de Solo Andata, para dar forma a las dieciséis piezas que contiene “Sublunar”, su debut en solitario. Piezas que en general son cortas (hay algunas, como “Ebbing” o “Infinite moment”, que parecen antes esbozos que temas terminados) y que casi siempre crecen ancladas a loops de naturaleza viejuna y granular: antiguos discos de 78 revoluciones, cintas de casete carcomidas por el tiempo, sintes analógicos rescatados de algún garaje polvoriento; un material con gusto por la arqueología sonora, la fantasmagoría y la memoria rescatada, que de algún modo emparenta su discurso con el de monstruos como Philip Jeck o William Basinski. Con la diferencia de que, mientras estos utilizan esos recursos para construir discos de vocación inmersiva y oceánica, destinados a detener el tiempo a su alrededor, Ikin sólo es capaz de trazar un discurso bonito en lo formal, agradable al oído, pero con incontables puntos de fuga y escasa continuidad. Demasiado fragmentario, en fin, como para sostener un álbum que supera largamente los cincuenta minutos de duración. Vidal Romero Mark Eitzel “Don’t be a stranger” Décor / ¡Pop Stock!

Acoustic pop. No pudo ser esta vez. Cuando una pequeña mayoría celebraba el inminente retorno de American Music Club al panorama discográfico un revés inesperado truncó tal posibilidad. El grave ataque al corazón que empujó a Mark Eitzel a un obli-


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discos

Nathan Fake
 “Steam days”
 Border Community

IDM. Parte de la ‘culpa’ del ‘catastrófico’ torbellino que causó el puntero sello Border Community allá por la mitad de la primera década del nuevo milenarismo se debe al chico prodigio de Norfolk que nos ocupa. Durante la temporada 2005/06, hablar del sello del molino en el prado era algo así como hablar del nuevo ‘next big thing’; lo más cool del momento. Las sesiones de James Holden se vendían a peso y las producciones de Nathan Fake eran trufas codiciadas: un primer largo (“Drowning in a sea of love”, 06) que aglutinaba todas las bondades del sonido Border Community —esto es, texturas techno dóciles empalmadas entre sí en diversas capas sonoras que permanecen en un punto medio entre el ambient y la melancolía, gracias a unas melodías afiladas que daban una forma irresistible al sonido—. Pero sobre todo, un maxi (Fake siempre ha sido más de singles que de álbums): “The sky was pink”, un himno incuestionable que vale su peso en oro, aunque paradójicamente al final se alzara victorioso el remix a cargo de su capo, James Holden. Tras un extraño regreso al formato largo en 2009 con “Hard islands” (un disco que no era malo pero sí dejaba descolocados esos patrones rítmicos revoltosos y indómitos, aunque por otra parte resultara muy loable el intento de escapismo hac��a otros terrenos sonoros), el británico vuelve a los terrenos de juego con ganas de contar muchas

gado reposo en cama durante meses cerró (por ahora) la vía de la reunificación pero abrió, involuntariamente, la oportunidad de otro regreso: la del propio cantatutor. “Don’t be a stranger” se riega de aquellas demos grabadas durante las sesiones que quedaron interrumpidas y palpita unas composiciones que transportan a lo largo de sus once cortes la elegancia y el exquisito buen gusto al que nos tiene acostumbrados el californiano. Canciones de marcado corte intimista y ambiental, donde el pop acústico de espíritu noctámbulo es irrigado en sus matices por una sutil dosis jazzy. Pero, aunque de manera puntual la atmósfera se refresca con tímidos acercamientos al folk (en “I know the bill is due” recuerda a Nick Drake), la sensación global es de una alarmante linealidad. David Giménez

Martha Wainwright “Come home to mama” V2 / Coop

cosas. El problema, por llamarlo de algún modo, es que ya sabemos que nos va a contar, o bien ya nos lo están contando de excelente manera —vía Luke Abbott, el nuevo mago de Border Community—. “Steam days” trae de nuevo bajo el brazo el añejo aroma de aquellos tiempos de idm de principios de los noventa y la nostalgia melódica de la ya citada época del auge del minimal techno de mitad de la pasada década. Y para muestra, el botón que supone el mejor tema del álbum y que, paradójicamente, aglutina en cinco minutos todos los ‘pecados’ que comete el inglés: “Iceni strings”, un valioso tema que huele a himno pero que se sustenta en la clásica progresión de acordes hasta el infinito cósmico. El viejo truco del trilero, vaya. Pero ojo, no todo son trampas en el tercer disco de Fake. Si bien en “Hard islands” encontrábamos temas que parecían una huida del frondoso bosque IDM, existen composiciones nuevas que parecen querer mostrar el boceto de nuevas vías a seguir, como las de temas tan bailables y redondos como “Neketona”. Pero el regusto general que a uno se le queda no es otro que la exhumación de sonidos ya explorados, la de un disco que huele a punto y final y —esperemos— el inicio de otra época. Sirva “Steam days”, entonces, como ejemplo del error en el que tropezamos a menudo: niño prodigio bedroom producer publica prodigioso debut, con un aumento lógico de la exigencia de un público fiel y posterior y a veces inevitable estancamiento (quedas avisado, Nicolas Jaar). Podemos perder el factor sorpresa, pero al menos seguiremos disfrutando de la calidad de las producciones de Nathan Fake. Personalmente, prefiero quedarme con esto último. Beto Vidal

de Yuka Honda (Cibo Matto) y colaboraciones como la de Nels Cline y Jim White, los resultados resultan irregulares: “I am sorry” pavonea de espíritu rock y producción difusa y gruesa, sin embargo “Can you believe it” es un delicioso tema de folk-pop que cuenta con el fantástico protagonismo de los saxos, que elevan quilates los resultados de esta canción; “Radio star” tiene un riff pesado y una línea vocal bizarra, mientras que “Proserpina” parece un cuento oscuro, líricamente exquisito y de ascendencia épica, escrita por su difunta madre, Kate McGarrigle; “Leave behind” vuelve al folk-pop con extraños arreglos de sintetizador y una fantástica linea vocal; “Four black sheep” parece que va a lanzarse a los territorios de la Madonna de “Frozen” pero sin tanto éxito; “Some people” recuerda a una Emiliana Torrini desatada vocalmente, pero con pizpireta y divertida actitud; “I wanna make an arrest” es un intento disco-pop divertido aunque alejado del espíritu del disco, más cerca de la estética del pop barroco; “All your clothes” le ha quedado íntima pero insulsa, mientras que “Everything wrong” sí que da espacio a que los instrumentistas en nómina den muestra del nivel disponible. Inconsistente, pero desde luego, no deja indiferente. Jesús Sáez Menomena “Moms” Barsuk / ¡Pop Stock!

Pop. Menudo refrito estilístico que se ha marcado la hermana mayor de Rufus Wainwright en su primer disco después de cuatro años de parón. Y no me entiendan mal, yo veo dicha ensalada estilística como una demostración de versatilidad e inquietud. El problema en este caso es que no siempre funciona. A pesar de la producción

tos de vista muy diferentes —Justin Harris fue criado por su madre ante las ausencias de su padre, atormentado veterano de Vietnam; mientras que Danny Seim perdió a su madre en la niñez— ambos se vuelcan en un ejercicio de dolorosa sinceridad familiar que compensa el autismo profundo que retrasó una y otra vez la conclusión de “Mines” y corona su habitual acumulación de pistas de guitarra, saxo, bajo, teclado y batería. Curiosamente, pese a algunos momentos de crudeza instrumental (solos de guitarra, el inicio headbanger de “Capsule”) hay aquí más espacio para la voz, lo que deja al descubierto una desconcertante similitud con Damon Albarn (y hasta con Jack Johnson en la erróneamente épica “Pique”). Afortunadamente, la contundencia de “Baton” y la solidez de “Giftshoppe”, “Skintercourse” y la creciente “Tantalus” nos devuelven a la acostumbrada eficacia, esta vez más reposada, de nuestros Menomena de siempre, pese a la extensa (y dispersa, cercana al dramatismo impostado de The Antlers) “One horse” final. Half Nelson

Micachu & The Shapes “Never”

unos cuantos discos dando a las cuerdas un papel (cada vez más) protagonista, y uno se pregunta si el objetivo no será cambiar algo para que todo siga igual. Es decir, dar a sus temas un aspecto más grandioso y serio, más cercano a la neoclásica, para así poder manipular con mayor delicadeza los mismos vaivenes climáticos de los que han estado abusando durante toda su carrera, y que conforman el sello particular del género (y también su talón de Aquiles, ya que cualquier advenedizo recién llegado es capaz de copiar tan sencilla fórmula a la perfección). Conscientes de que la diferencia reside, entonces, en la capacidad para emocionar, los componentes de Mono han decidido dejar de lado el guitarrazo a lo Black Sabbath (al menos en parte) y ahora se dedican a fundir sus instrumentos con las cuerdas en un magma dominado por los efectos y los ecos, hasta el punto de que en muchos momentos resulta difícil discernir qué es lo que está sonando. Eso sí, más allá de esa (innegable) habilidad para cocinar una bonita sopa ambiental, más allá de algunos arreglos con regusto a Nyman, los juegos de intensidad, los baños de distorsión, los ritmos crudos y las habituales escaladas climáticas siguen ahí, y están ejecutados con la habitual maestría. Lo que significa que el aficionado al género encontrará motivos sobrados para adoptar este “For my parents” y llevárselo a casa. Los demás, miren ustedes, se pueden ahorrar el viaje. Vidal Romero

Rough Trade / ¡Pop Stock!

Pop. Pese a su colaboración del año pasado con la London Sinfonietta “Chopped and screwed” (Remote Control, 11), vamos a considerar “Never” como el segundo trabajo de Mica Levi y su banda tras el brillante “Jewellery” (Accidental, 09). En estos tres años, apenas ha cambiado nada: se mantiene la construcción de los temas a base de ostinatos —“Easy” empieza “Never” casi como “Vulture” daba inicio a “Jewellery”— y un muy esquizoide sentido de lo que, para ellos, debe de ser el pop. No hay aquí hits como los de “Golden phone”, “Worst bastard” o “Wrong” sino ganchos sonoros (el ¿teclado? de “Holiday” que acuchilla el sorprendente aire sixties de la canción; el recitado circular de “Slick”) y otros muchos ruidos que apuntalan nuestra atención y nuestra memoria a la hora de reconocer y distinguir las canciones. Se diría que Levi, como un Jackson Pollock musical, sólo pretende dibujar chorrazos expresionistas, explosiones de ritmo con formas intercambiables (tan solo las fantasmales “Top floor”, “Fall” y “Nothing” reducen el tempo, mientras que la final “Nowhere” roza la punkarrada hardcore) y así crear un pop que nunca será popular. Half Nelson

Mumford & Sons “Babel” Island / Coop

Bluegrass tope épico. ¿Hay vida en “Babel” más allá del maravilloso single “I will wait”? Sólo en parte. Cualquiera que haya seguido de cerca al combo londinense a lo largo de los tres últimos años habrá escuchado algunas de las nuevas composiciones con las que han ido salpicando sus directos. Unas canciones que han dibujado muecas de desaprobación y han alimentado el temor de que “Sigh no more” (09) se acabara convirtiendo en un pesado yugo del que no fueran capaces de deshacerse. Así ha sido. Si bien el sonido característico del grupo —con su lírica de influencia religiosa— se confirma de manera sólida, no es menos cierto que el disco transcurre como un ejercicio de estilo desprovisto de alma. Un buen ejemplo es el tema que da título al álbum, intenso y emotivo, pero carente de los matices necesarios para convertirla en una pieza irresistible. Con todo, las notables “Holland Road”, “Lover’s eyes” o “Hopeless wonderer” elevan el listón lo suficiente como para mantener ciertas (frágiles) esperanzas en ellos. David Giménez Murmer “What are the roots that clutch”

Mono “For my parents”

THE HELEN SCARSDALE AGENCY

TEMPORARY RESIDENCE / ¡POP STOCK!

Rock. Después de que en “Mines” (Barsuk, 10) los de Portland coquetearan con el concepto de la posesión, el ahora dúo (tras la salida de Brent Knopf hacia Ramona Falls) presenta este “Moms” centrado en, lo han adivinado, las madres. Partiendo de dos pun-

Post-rock orquestal. Decididos a consolidarse como la cabeza del león dentro de un género tan acotado y predecible como es el post-rock, los japoneses Mono llevan ya

Soundscape. Más que como un músico o un productor, lo apropiado sería considerar al estadounidense Patrick McGinley como un organizador: un señor que recorre el mundo grabando todo tipo de sonidos cotidianos (ya sea el vuelo de un abejorro, el


Loscil  “Sketches from New Brighton” Kranky

murmullo de un riachuelo o el crujido que produce una hoja de papel cuando alguien la arruga), que luego dispone en esos grandes lienzos repletos de ruido ambiental que son sus discos. El suyo, en fin, es un trabajo meticuloso y obsesivo, como de artesano antiguo, y que según el propio interesado se aprecia mejor en formato instalación; de ahí que publique poco (éste del que hablamos es su primer disco en cinco años), y que ese poco que publica suela tener mucha calidad. “What are the roots that clutch” no es una excepción: las cinco largas piezas que contiene dibujan paisajes que en un principio pueden resultar familiares (aquí y allá suenan insectos, pájaros, campanas y el murmullo del viento en las ramas), pero que luego se dejan contaminar por ondas puras, masas de electricidad estática, glitches crujientes y drones saturados de distorsión, que convierten la escucha del disco en una experiencia inmersiva y embriagadora. Sobre todo cuando esa escucha se realiza a oscuras, con cascos y a un volumen elevado. Vidal Romero

verse. Antes bien, la larga pista que contiene se mueve anclada a un ritmo monolítico y vibrante, que no esconde sus débitos hacia el kraut rock. Un ritmo que avanza al ralentí, enseñando músculo y dejando el camino libre para que el músico australiano esparza por encima diversas capas de guitarra, sintetizador (analógico, por supuesto) y voz, hasta dar cuerpo a una sopa psicodélica y altamente tóxica, que borbotea entre ecos de Ash Ra Tempel y los Faust que se juntaban a tomar drogas con Tony Conrad. Sólo con eso “Sagittarian domain” ya sería un disco notable, pero lo que lo convierte en algo espectacular es el añadido posterior de un trío de cuerda (violín, viola y chelo), que aparece en la parte final de la pieza y termina por quedarse a solas, y que aporta un poderoso acento espectral a todo el conjunto. A Timothy Leary le habría encantado. Vidal Romero

Peter Broderick “These walls of mine” ERASED TAPES

Ombre “Believe you me” ASTHMATIC KITTY/¡POP STOCK! 

Pop electrónico. Sobre el papel, resulta una pequeña sorpresa que Julianna Barwick y Roberto Lange (aka Helado Negro) hayan decidido dar forma a un proyecto conjunto. Y es que, más allá de que ambos graban para el mismo sello, poco tienen en común: mientras la primera construye vaporosas piezas de pop ambiental, mezcla de sintes desastrados y voces henchidas de mística, el segundo gusta de perderse en un pop retrofuturista y naíf, en el que se superponen los ecos folk y los detalles horteras. Pero lo cierto es que “Believe you me”, el primer disco que graban como Ombre, consigue encontrar un extraño equilibrio dentro de esos dos extremos: más allá de algún momento puntual, en el que alguno se pasa de protagonista (la azucarada “Weight those words”, puro Helado Negro), Barwick y Lange son capaces de aparcar sus gestos más representativos para dar forma a un puñado de canciones de voluntad psicodélica y textura espectral, en las que la guitarra de Lange actúa como elemento de guía, las masas sintéticas de Barwick añaden unas gotas de misterio y las voces de los dos se alternan con delicadeza. Es así como surgen canciones tan bonitas como “Vistate”, “Tormentas”, “Cara falsa” o las dos partes de “Noche brilla”; los mejores logros de una colaboración que todavía necesita rodaje, pero que apunta muy buenas maneras. Vidal Romero Oren Ambarchi “Sagittarian domain” EDITIONS MEGO

Psicodelia cósmica. Quinto título que publica en lo que va de año (una temporada que está siendo tan prolífica como brillante, por cierto), “Sagittarian domain” muestra a un Oren Ambarchi en tierra extraña, alejado de ese ambient nebuloso y de alto poderío climático en el que suele desenvol-

Pop raro. En los cinco años escasos que lleva en activo, a Peter Broderick le ha dado tiempo a dar forma a una discografía tan abundante en lo editorial (una docena de discos, un puñado de EPs y media decena de colaboraciones) como esquiva en lo formal, con incursiones en la música de cámara, el folk, el ambient, el piano solo, el pop y la electrónica. Con semejante currículum, se hace raro decir que “These walls of mine” es su apuesta más arriesgada, pero lo cierto es que es así: grabadas en la intimidad de su casa, sin más propósito que el de regalar algunos caprichos a los seguidores de su web, las canciones que contiene el disco son experimentos con la voz y el sonido; piezas de instrumentación dispersa y a ratos cubista, en las que Broderick (con la ayuda puntual de Martyn Heyne) realiza acercamientos muy particulares al spoken word, el hip hop y el beat boxing, juega con los susurros y los gritos, salta del gospel al soul y de ahí a formas primitivas de expresión, a veces dentro de la misma canción. El resultado, no podía ser de otra forma, es un disco fragmentario y disperso, que alterna momentos tan delicados como “Inside out there” o “I do this” con piezas de aire industrial (“Copenhagen ducks”), temas-patchwork (“When I blank I blank”) y confesiones a tumba abierta (las dos partes de “These walls of mine”). Una acumulación de gestos y visiones que demuestra la versatilidad de Peter Broderick, su capacidad para cambiar de registro sin perder una voz propia, pero que también resulta demasiado derivativa, carente de una estructura global; que naufraga en su voluntad de armar una visión cosmogónica alrededor de ese instrumento que es la voz. Muy valiente, pero de algún modo fallido. Vidal Romero Ry Cooder “Election special”
 Warner

Roots. Los decepcionantes últimos trabajos de bandas relativamente jóvenes como

Ambient. Aunque se dedique a algo tan abstracto como el ambient, Scott Morgan siempre ha defendido que la ciudad de Vancouver, y en especial el distópico paisaje que ha crecido alrededor de la zona portuaria, constituyen la principal inspiración para los discos que graba como Loscil. Una serie de discos que, a lo largo de una década, han ido evolucionando desde un techno-dub repleto de glitches, en el que se notaba la influencia de la escuela Mille Plateaux, hacia un ambient espacioso y climático, en el que juegan un papel muy importante las grabaciones de campo. Grabaciones que Morgan captura en esos parajes sembrados de restos fabriles, de barcos cuyas viejas estructuras crujen al embiste de las olas y de enormes construcciones metálicas que, con su tamaño disparatado y sus formas torturadas, parecen querer competir con la inmensidad del océano. Séptimo título dentro de esa impoluta discografía, “Sketches from New Brighton” insiste en ese gusto por recrear el paisaje mediante la utilización de muestras sonoras. La novedad, en esta ocasión, es que Morgan ha puesto al alcance del público algunas de las grabaciones originales que ha utilizado en el disco a través de “New Brighton field study”, un EP gratuito que ha colgado en su Bandcamp. EP que, por cierto, viene a confirmar que esas muestras estarán en los temas finales, sí, pero tan procesadas y manipuladas que funcionan más como ecos de los lugares donde fueron grabadas que como imágenes precisas y definidas: ambient es ambient, como diría Boskov.

Band of Horses o Mumford & Sons languidecen aún más frente a las nuevas entregas discográficas de veteranos como Bill Fay, Bob Dylan y Ry Cooder, grandes artistas que en estos días ven publicado sus excepcionales discos, a cada cual de ellos mejor que el de sus colegas. El del californiano se sumerge estilísticamente en las raíces de la música norteamericana, convocando en sus nuevas composiciones a los espíritus de Robert Johnson, T-Bone Walker, Pete Seeger y, principalmente, Woody Guthrie. “Election special” disecciona, desde la particular visión del excelente guitarrista y compositor californiano, el embrutecimiento de su país a través de unos personajes que utiliza de manera caricaturesca para plasmar la realidad del actual espectro político y económico de los Estados Unidos de hoy. Con este disco, que simboliza un regreso a sus orígenes culturales y musicales, Ry Cooder resurge de manera brillante y magistral. David Giménez

Prins Thomas  “II” Blackbelt Andersen “2” FULL PUPP

Por lo demás, todo en “Sketches from New Brighton” se pliega al libro de estilo de Loscil: pulsos atmosféricos, drones estirados en el tiempo, texturas al borde mismo de la congelación y elementos melódicos de trazo sutil y discreto, que sobrevuelan los temas aportando una tímida luminosidad. En cuanto a los ritmos, hace tiempo que desaparecieron del vocabulario del canadiense. Hay un fondo crujiente, con sonidos microscópicos que caen en cascada, en la inicial “Khanahmoot”, pero en el resto del disco apenas si aparece algo que pueda denominarse así: todo lo más algunos subgraves, algunas pulsiones con regusto a dub, que colorean unas texturas de aspecto nebuloso, y que ya comienzan a sonar familiares. Y es que la única pega que es posible poner a este disco es su aparente inmovilidad respecto a sus dos predecesores: frente a “Endless falls” (10), una perfecta destilación de las herramientas del ambient, que conseguía transportar al oyente al interior de un mundo sometido a lluvias perpetuas, y frente a “Coast/range/arc” (11), abrumador reflejo de la sensación de aislamiento que provoca encarar un paisaje nevado que se extiende hasta el infinito. Frente a esas dos experiencias tan radicales, decíamos, los nueve cortes que incluye “Sketches from New Brighton” casi parecen amables ejercicios de nostalgia, en los que incluso resulta posible reconocer fugaces miradas hacia el pasado (es el caso de “Second narrows”, homenaje nada encubierto a su disco de 2004, “First narrows”, incluso a un nivel formal). Nada de lo que asustarse, se nota que Morgan ha encontrado un lenguaje que considera propio, un universo particular en el que se siente como pez en el agua, y cuyas posibilidades está dispuesto a exprimir al máximo. Y mientras eso signifique que hará discos tan brillantes como el que nos ocupa, bienvenido sea el inmovilismo. Vidal Romero

Space disco. Tal y como nos prometió la última vez que le entrevistamos por aquí, hace ya un par de años que Prins Thomas ha decidido sacudirse la fama de vago de encima, y en esas anda, publicando maxis, discos y remezclas con una regularidad desconocida, y (más importante) sin bajar nunca el nivel de calidad. Como bien advierte su título, “II” es una continuación de su brillante debut: una bacanal de ritmos metronómicos, ambientes cósmicos, sintetizadores analógicos y desarrollos climáticos pausados, adornada con leves pinceladas de psicodelia (“Synfonisk utviklingshemning”), devaneos con el techno (“Søt kløe”) y algún pespunte de jazz (“Sur svie”). Nada nuevo dentro del universo Thomas, es cierto, pero es que cuando una fórmula funciona tan rematadamente bien como esta, no hay ninguna necesidad de tocarla. Y de eso bien sabe Blackbelt Andersen, cuyo segundo álbum, el estupendo (ejem) “2”, ha contado con el tito Thomas en las labores de producción. No es extraño, entonces, que entre los once cortes que incluye se cuelen estupendos ejercicios de space disco (“Delta tango alfa”), ambient de escuela kosmische (la explícita “Kosmos”) y pistas que gustan de revolcarse en las arenas de lo balearic (“Indre demoner”). Todo eso cabe en un disco que juega mucho con la instrumentación real y las percusiones alambicadas (las dos partes de “Lagniappe”, por ejemplo) y que no duda en darse baños de retrofuturismo para añadir un acento exótico (“Haiku”). Los seguidores del baile cósmico, en fin, están dos veces, dos, de enhorabuena. Vidal Romero


050/051

discos

Varios Autores “Electrospective. Electronic music since 1958” EMI

Electrónica. Esta crítica hay que empezarla aplaudiendo: EMI ha anunciado el lanzamiento del proyecto Electrospective con el que reeditará 500 álbumes fundamentales que han marcado la historia de la música electrónica y dance. Hay que tener en cuenta que EMI (y sus subsellos Virgin y Mute, claro) ha sido la multinacional que más ha apostado por la electrónica a lo largo de su historia (segunda ronda de aplausos). Desde el seminal krautrock de Kraftwerk, Neu!, Can y Tangerine Dream a su apuesta sin concesiones por el synth pop en todas sus variantes (The Human League, Pet Shop Boys, Duran Duran…), pasando por el fichaje de figuras tan relevantes en el imaginario musical general como Depeche Mode, Daft Punk, The Chemical Brothers o Moby. Pues bien, el doble CD “Electrospective. Electronic music since 1958” recorre lo mejorcito del roster de la discográfica y nos presenta un camino que parte de Delia Derbyshire y el “Doctor Who theme” del BBC Radiophonic Workshop. La elección de este tema para abrir el disco no es casual. En primer lugar está el motivo cronológico: es el tema más antiguo de la compilación, fechado en 1963. Y el segundo motivo en realidad no es un motivo sino una declaración de intenciones. Y es que “Electrospective” no va a ser un recopilatorio al uso ni un “NOW that’s what I call electronic music 1958-2012”. Este

doble compacto se aleja de las obviedades y presenta una selección en la que se nota el cariño y el buen gusto de los compiladores. Habría sido más fácil y seguramente más efectivo a ojos del comprador generalista haber colado los trillados “Don’t you want me” de Human League, “Teardrop” de Massive Attack o “Sexy Boy” de Air, pero en lugar de eso, los han sustituido elecciones algo menos obvias como “The things that dreams are made of”, “Inertia creeps” o “Kelly watch the stars” (tercera ronda de aplausos). Este pequeño gesto hace la escucha del recopilatorio una experiencia todavía más grata, repasando hits de artistas electrónicos de pelaje tan diverso como Brian Eno, Tangerine Dream, Cabaret Voltaire, Ultravox, Girogio Moroder, Nitzer Ebb, Soul II Soul, Depeche Mode, Saint Germain o Gorillaz. Eso sí, no todo van a ser vítores y aplausos. Tirón de orejas número uno por haber excluido a Neu! y Kraftwerk de la selección (no contar con las dos bandas de Düsseldorf teniéndolas en catálogo es poco menos que un sacrilegio). Tirón de orejas número dos por no haber rascado algo más del catálogo de Mute, y de su subsidiaria NovaMute (Plastikman), sobre todo teniendo en cuenta que Daniel Miller es una de las cabezas pensantes tras Electrospective. Y tirón de orejas número tres, que es más una pataleta que otra cosa: ¿David Guetta? ¿Eric Prydz? ¿Swedish House Mafia? Todos sabemos que éste es el (triste) estado actual del dance (puntualicemos: de esa patraña que se ha dado en llamar Electronic Dance Music aka EDM) pero, ¿hacía falta recordarlo? Por lo demás, muy buen trabajo y aperitivo perfecto para las 500 reediciones que esperamos con los brazos abiertos. Virginia Arroyo

perdieron el norte. El tipo de futuro en el que una banda como Sinner DC hubiera brillado con todo el fulgor que se merece. Vidal Romero Robert Hampson “Signaux” / “Suspended cadences”

Six Organs of Admittance “Ascent” Drag City / ¡Pop Stock!

Rock. Puede que a la larga resulte algo engañosa esa advertencia que aparece en la portada, “play this record loudly”, y la inicial “Waswasa”, una descarga filo-stoner atravesada de principio a fin por un solo de guitarra intenso y desparramando, pero no cabe duda de que, con “Ascent”, Ben Chasny ha optado por sustentar buena parte del disco en la épica de las seis cuerdas —hay solos larguísimos en todas las canciones— y por dar un nuevo volantazo a la discografía de Six Organs of Admittance, dirigiéndose a toda velocidad hacia el desierto, a tragar peyote y soñar en nuevos astros. Se mantienen ciertas constantes, como esa tendencia a la alucinación drónica y al mantra espectral, aunque en esta ocasión hay más delirio cósmico y una extraña forma de ferocidad que acerca a Chasny al derretido mundo de Comets On Fire o incluso Awesome Color, pero en el fondo Six Organs of Admittance siguen haciendo una música que invita con más intensidad a la contemplación que al desenfreno. Joan Cabot

MENTAL GROOVE

Post shoegaze. Viejos supervivientes de la segunda hornada de shoegaze, esa que surgió durante el cambio de milenio, huérfana de sus héroes y en un entorno hostil, los suizos Sinner DC han sabido hacer madurar la fórmula del género mediante la progresiva incorporación de elementos propios de la música electrónica y un irresistible acento pop. De lo primero dan cuenta unos ritmos sintéticos que se nota que beben de la IDM (basta escuchar cosas tan bonitas como “TC”, “Day/night” o “Future”) y una cierta deriva hacia el ambient techno que se cuela aquí y allá (por ejemplo, en “Statues” o “Dreem”). De lo segundo, los frágiles estribillos y unas melodías vocales tocadas por la tristeza, que (como es menester) quedan enterradas en el segundo plano de la mezcla, por detrás de un legañoso muro de guitarras y sintetizadores, que baña todas las canciones con una luminosidad iridiscente. Termina el disco con la preciosa, elegíaca “The horizon”, y a uno le entran ganas de imaginar un futuro que nunca sucedió, ese al que tal vez hace referencia el título del álbum, en el que My Bloody Valentine siguieron sacando discos, Slowdive se convirtió en algo muy grande y Ride nunca

Drones. Aunque haya pasado bastante desapercibido, una de las mejores cosas que le han pasado a la música experimental en 2012 ha sido el regreso de Robert Hampson. “Repercussions”, editado antes del verano, era un disco espectacular, en el que la música concreta, el ambient y la electroacústica se aliaban para sumergir al oyente en un mar de ingravidez. Una experiencia que trascendía lo estrictamente musical, y que continúa en las dos nuevas entregas del hombre, “Signaux” y “Suspended cadences”, editadas sólo en vinilo para aprovechar las propiedades físicas del medio. Y bien que las aprovechan, “Signaux”, por un lado, es un violento collage de frecuencias sintéticas, que golpean por igual en la boca del estómago y en lo más profundo del oído; una acumulación de pequeños episodios en los que se mezclan drones, ondas puras, frecuencias saturadas y oleadas de electricidad estática, en un festival de cambios de intensidad y volumen. Una experiencia abrumadora, que “Suspended cadences” lleva un poco más allá al añadir al conjunto esas masas de guitarra, deshilachadas y abrasivas, tan características de Hampson (se nota, para bien, que ha reformado Main), y tan añoradas por sus seguidores. Lo decíamos hace unos meses, pero no está de más repetirlo: el tito Hampson está en plena forma. Vidal Romero

Tender Trap “Ten songs about girls” FORTUNA POP! / ¡POP STOCK!

The Killers “Battle born” Vertigo-Island / Universal

EDITIONS MEGO

Sinner DC “Future that never happened”

ta no sólo reside en la creciente amplitud de miras de la afamada escudería británica (renovarse o morir) sino también en la incursión y éxito de combos como Odd Future en el panorama independiente de la actualidad. Pero hay otro dato que diferencia a este joven del resto y es la opacidad lineal de este debut que lleva el hip hop hacia derroteros más bien poco explorados. “Mysterious Phonk: The chronicles of SpaceGhostPurrp” es un disco de hip hop chungo (como debería ser), cargado de atmósferas opresivas, violento y terrorífico, con tantos tacos y sexo explícito en sus letras que debería tener el “Parental advisory” ocupando media portada. Pasarán meses antes de volver a vivir un inicio de álbum tan demoledor con “Mystical maze” y la lectura de advertencia en “Bringing the phonk” (“I’m gonna keep bringing the phonk / And you all niggas can’t stop me”). Discurren “Suck a dick 2012”, la brutal revisión de “The black god”, “Danger” o “Elevate” y uno no deja de pensar que esta es la verdadera música de culto que cifrará el inicio de esta década. Monumental. Matías Bosch

Pop-rock. Cual casino que viene a nuestro encuentro tras una larga jornada cruzando el desierto, The Killers nacieron como una buena noticia en forma de neones que rompen la oscuridad y chicas dispuestas a sentarse en tus rodillas, nos escoltaron durante la resaca correspondiente bajo un sol de justicia, sugirieron a continuación que la fiesta podía continuar y, llegado un nuevo crepúsculo, se aprestan a devolvernos aquella grandilocuencia original. Sucede, claro está, que la segunda noche nunca es igual a la primera: perdido el elemento sorpresa, reparamos ahora en las bombillas que no se encienden lo mismo que en las patas de gallo que lucen nuestras acompañantes, y de la falta de prejuicios dependerá el grado de satisfacción que extraigamos de la experiencia. Absténganse, pues, los estómagos dispuestos a indigestarse en caso de mezclar el imaginario springsteeniano con los tics más efectistas de Queen y un espíritu general de delirante AOR setentero. En cuanto al resto, ¡que gire la ruleta! Milo J. Krmpotic’ SpaceGhostPurrp “Mysterious Phonk”

Twee pop. Ese “Train from King’s Cross Station” que abre el quinto disco de Tender Trap encauza un viaje a sonidos de otra época y lugares de antes, en una deriva melosa pero afilada al corazón de una chica que es más que mujer. En el quinto disco de Tender Trap, la banda de Amelia Fletcher remolonea con la evocación romántica y la conjunción de sentimientos encontrados, a través de canciones gloriosas hechas con instrumentos elementales. Pero la de Tender Trap es una nostalgia combativa, como bien certifica el título en su portada, donde usan los colores blanco, verde y morado del movimiento de las mujeres sufragistas en Reino Unido. En “Ten songs about girls” las melodías planean con agilidad, y todas las canciones adquieren un dinamismo encantador, en un radio de sonidos que circulan desde el candor de los 60 (“Memorabiblia”, “Love is hard enough”) a los orgullosos saltos de girl-band à la Le Tigre (“Step one”), con paradas en la imbricación melódica de Stereolab (“Could this be the last time?”). “Broken doll” es la perfecta síntesis de todo eso, una canción inmensa donde las segundas voces reverberan como cojines de armonía, la línea de bajo marca un henchido camino rítmico, la voz de Fletcher resplandece, y la melodía se abre y bifurca en un último tramo de ecos mágicos, capaces de traernos el recuerdo del último adoquín de cualquier vieja estación donde ocurriera un momento de esos por los que vale la pena vivir. Albert Fernández Teen Daze “All of us together” Lefse / Coop

4AD / ¡Pop Stock!

Hip hop. Muchos se preguntarán qué demonios pinta un rapero de apenas 22 años fichando en un sello como 4AD. La respues-

Chill-wave. Cuando un disco se ajusta notablemente a la definición de un género, mal vamos. Lo de Teen Daze es un tratado estilístico del ya denostado chill-wave (qué bien se lo pasan algunos haciendo de los géneros


How To Dress Well “Total loss” Acéphale- Tri Angle

musicales mártires cristianos) por mucho que no quiera parecerlo. Ambientes dream pop, colchones de sintetizadores etéreos y, eso sí, alguna base 4x4 que tira un poquito hacia la pista y el sonido isleño (ahí queda la fantástica “The new balearic” para refrendarlo), pero ya saben, aunque la mona se vista de seda... Quitado pues el prejuicio al respecto de las coordenadas de las que partimos, y difuminado el famoso sueño de la noche estival, “All of us together” es un disco que se digiere y disfruta con gran facilidad, con un espíritu pop latente en cada una de sus melodías, construido con ortodoxia pero buen gusto y que no defraudará a los que busquen lo que están esperando. Lo cual ya es más que suficiente. Jesús Sáez

Thomas Köner “Novaya Zemiya” Touch

Ambient. A través de su instalación dedicada al efecto de los tornados y el visionado de las piezas “Nuuk” y “Banlieue du vide” como contribución al espacio METEOlab —como su propio nombre indica, una exposición dedicada a los sonidos de la naturaleza y la experimentación con los mismos que tuvo lugar en el Cosmocaixa de Barcelona con motivo de la nueva edición del festival Sónar—, Thomas Köner se dio a conocer al sector de público más curioso del festival. En esta ocasión, la oportunidad de acercarse un poco más a este singular artista multidisciplinar se traduce en un nuevo trabajo discográfico, resultado de su desplazamiento con su equipo de grabación hasta Novaya Zemlya, población deshabitada que se encuentra en un archipiélago al norte de Siberia, rodeada por los gélidos mares de Barents y Kara. Más allá del concepto de ‘field recordings’, Köner introduce en su música una nueva rama estilística: la ‘psicogeografía’. En algo más de media hora, “Novaya Zemiya” nos insta a ‘visitar’ uno de los paisajes más inhóspitos del planeta y encontrar en nuestro interior las zonas más oscuras de la existencia. Aislacionismo en estado puro. Matías Bosch Tiger! Tiger! “Cut them where they bleed” Chicken Ranch

Garage. Podría intentar descomponerse el encanto de Tiger! Tiger! en partes para presentarlo como el resultado de sumar la voz incisiva de Buffi Aguero (también miembro de los Subsonics), el teclado nervioso de Sam Leyja, el saxo festivo de Shane Pringle, la eficaz batería de Mario Colangelo y los coros de la bajista Susanne Gibboney, multiplicado por las raíces del grupo en la fértil escena indie de Atlanta y su capacidad de saltar del punk al soul y al revés sin salirse nunca de su garage, fraccionado luego dicho resultado en elementos de menos de tres minutos (aquí, quince) que sistemáticamente acortan la distancia entre cualquier punto A (por ejemplo, Best Coast) y el punto B (todo la historia del pop que les rodea). Por mucho que se intente descomponer, “Cut them where they bleed”, nueva entrega de Tiger! Tiger!, funciona tan bien que, como

por arte de magia, cual fascinante incógnita, se resiste a ser explicada del todo. ¡Bien! ¡Bien! Gloria González

Toundra “III” Aloud

Rock. Convertidos en uno de los mayores referentes del post-rock/metal instrumental a nivel nacional y con un cartel de cada vez más importancia a nivel europeo, los madrileños Toundra tenían una difícil papeleta que resolver con su nuevo trabajo tras el éxito de “II”, álbum que los catapultó a la primera línea del género. Si en su anterior trabajo su evolución era más pronunciada y evidente, en esta ocasión no lo es tanto, aunque, y eso es lo más importante, sí hay mejoras: el grupo ha ganado en consistencia y resulta casi imposible no sentirse abrumado por la intensidad y dinamismo de sus canciones, esté uno familiarizado o no con las nuevas corrientes del metal. Cierto es que “III” tiene mucho de continuación y ya no sorprende como lo hizo el anterior disco del grupo, pero Toundra han ganado en cohesión, tanto interna, tema a tema, como en el conjunto del álbum, sin fisuras, sin duda un paso más hacia la consolidación del cuarteto como una de las maquinarias más sólidas del rock nacional. Joan Cabot

Why? “Mumps, etc.” CITY SLANG / COOP

Hip pop. Cómo explicarlo, y perdonad por los anglicismos: a veces un easy listening se puede volver un hard to keep listening to. Esa es mi impresión sobre lo que le sucede a la música de Yoni Wolf. Su mezcla de versos rap y estribillos cantados se recibe como algo suave y asequible, que al cabo de un rato se torna repetitivo, desprovisto de ese grado de frescura, sorpresa, o verdadera maestría, que volvería su mezcla realmente adicitiva. Por eso, apenas importa por qué corte empiece a deletrear el álbum, pues casi todos entran bien si son el primero que escuchas, pero cuestan algo más si pasa de la sexta pista en el reproductor. La relajada belleza que preside el estribillo de “Jonathan’s hope”, hecho de una voz, una base que es un efecto, y un leve sonido de arpa, seduce lo mismo que el compás de “Waterlines”, que se sigue intuitivamente. A lo largo del disco, suaves teclados y bajos salen al encuentro de toda una orfebrería de handclaps, bases y silbidos. La voz de Wolf, ocasionalmente acompañada de la de la mujer de su hermano, Liz, preside toda la función, pero resulta más convincente cuanto menos actuada. Las neuras del artista de California y su recapitulación personal de epi-

R&B minimalista. Como han hecho The xx en su fascinante “Coexist”, Tom Krell ha optado por despojarse de capas, ornamentos y excedentes de producción para perfilar su segundo álbum como How To Dress Well. Tiene sentido, en ambos ejemplos, esta llamada de auxilio minimalista y austera: se trata de dos álbumes que giran alrededor de la angustia existencial, en ocasiones diría que incluso de la náusea, y que otorgan importancia y protagonismo absoluto a la voz y lo que ésta tiene que contarnos. En el caso de Krell esta necesidad de desnudar el alma y, también, el chasis sonoro de su proyecto se explicita aún más en la particular confección de “Total loss”, otro de esos álbumes nacidos en el seno de una depresión de caballo que convierten el dolor y la desesperación en combustible creativo y emocional para despegar y alzarse por encima de la media. Todo aquello, o una buena parte, que ayudó a definir la particular constitución estética y expresiva de How To Dress Well en su debut, “Love remains”, ha sido desechado por el propio autor, como si ya no le sirviera. Se mantiene el uso prioritario de la voz, y de sus contrastes entre el falsete y el tono más neutro, pero rechaza los beats y la producción de su puesta de largo y se quita de encima todo ese envoltorio. Y ahora, en su lugar, integra arreglos de cuerda y leves sintetizadores ambient a modo de acompañamiento de su aportación vocal, que aquí surge más exigente y elaborada que nunca

sodios sexuales, enfermedades y juegos de cartas con la muerte, vuelven su lírica presumida y sospechosa. Por deshacer la anglificación del principio: no olvidemos que el título de este disco apela a las “paperas, etc”, que padecieron Yoni y su hermano y compañero de banda Josiah durante la última gira. “Mumps, etc” es una recapitulación de fraseos y palos ritmicos deslizados con gracia y dispuestos en orden sobre una acogedora chaise longue, en la mejor suite de nuevo rico. Tal vez por eso incomode en parte a los oídos humildes. Albert Fernández

pero siempre en un plano principal que no necesita ni quiere mucha ayuda exterior. Así es cómo su discurso vuelve a perforar las entrañas del R&B y el nu soul con la única intención de reciclar su influencia y herencia y llevarla a su terreno, una revisión sui generis, intimista y con muchas sombras de todo un legado que va de Prince a Justin Timberlake, con últimas paradas en The Weeknd y otros solitarios del género. “Total loss” tiene el don de ser un disco especial. No solo por su carácter extraño y diferente dentro del contexto musical en el que se mueve, a fin de cuentas esto es R&B, poco importa su manera de expresarse, sino por el choque frontal que tiene lugar entre su aportación sonora y lírica. El R&B se ha ceñido siempre a un universo temático muy claro —exaltación del amor, del lujo, de la buena vida y de las relaciones íntimas—, de ahí que se produzca todo un estallido de misterio y extrañeza en la mirada de Krell, pero con especial impacto en este regreso. Aquí se vacía en el sentido más estricto de la palabra: es el relato de una depresión, pero también una inmersión cruda y desacomplejada en las aguas de la pérdida, de la ruptura, de la nostalgia y de la incomprensión ante un mundo que no alberga muchas esperanzas. Y los protagonistas son sus amigos y familiares, personajes de carne y hueso que adoptan aquí el papel de fuentes de inspiración, para bien o para mal, de su viaje y periplo sentimental. Es en su sinceridad autobiográfica —todo cuanto explica, canta o lamenta le ha sucedido o tiene relación directa con su vida—, en la economía de medios con la que la pone en práctica y en la belleza demoledora que recorre todos sus rincones donde estriba buena parte del mérito del que es uno de los momentos musicales más importantes de este 2012. David Broc

conclusión es muy similar a la obtenida en la entrega anterior, pero en esta ocasión podemos disfrutar de la sequedad y aspereza bailable de propuestas como Thick Pigeon y Minny Pops, temas que van del electro-pop al post-disco, del synth-pop al funk más aguardentoso y seco, y con la herencia de New Order planeando en algunas composiciones. Una labor necesaria, y altamente disfrutable. Jesús Sáez Willits / Sakamoto “Ancient future” Ghostly International / ¡Pop Stock!

Varios Autores “Fac. Dance 02” Strut / ¡Pop Stock!

Pre-Madchester. Después de aquella primera entrega del año pasado comisariada por Bill Brewster compilando temas de Factory y demostrando que la filosofía del sello tenía un ojo bien puesto en la pista de baile, llega una nueva entrega que viene a hacer nueva reivindicación, más allá de nombres clásicos y ultraconocidos. La nueva entrega cae a cargo de James Nice, que hace una labor de arqueología y saca a la luz, a excepción de unas cuantas concesiones, rarezas y tomas peculiares, así como remixes. La

Neoclásica. Como evidente continuación a “Ocean fire” (08) y fruto del segundo encuentro musical entre los infatigables Ryuichi Sakamoto y Christopher Willits tiene lugar “Ancient future”, trabajo con tendencia al reposo sonoro tras la síntesis de guitarra eléctrica y piano manipulados a través del ordenador y que esta vez ve la luz a través de Ghostly International. Vuelve a sorprender la indiscutible conexión intuitiva, trabajando separados por kilómetros de distancia el uno del otro y consiguiendo manufacturar una unión casi perfecta entre las ideas de ambos: sutiles pinceladas de drones en manos de Willits y notas de piano pasadas por filtros de efectos a cargo de Sakamoto. Hay lugar para momentos cargados de belleza ingrávida heredera del post-rock de mediados de los noventa (“Levitation”), ambient jazz que dibuja paisajes imposibles (esos virtuosos punteos de guitarra en “Abandoned silence”) y breves atisbos de electrónica gélida (“I don´t want to understand”). Matías Bosch


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discos maxis / libros-dvds-cómics

+maxis Cave  “Party legs” GIRADISCOS, 7”

La gira que traerá este mes a Cave a nuestro país es la (bendita) excusa que se han buscado en Giradiscos para planchar un siete pulgadas con dos temas nuevos de la banda. El de la cara A es sucio y rasposo, un “Party legs” que recorre los surcos saltando alrededor de un ritmo en contrapunto y de un teclado retorcido, que parece sonar desde lo más profundo del pantano, hasta que estalla al calor de unas guitarras cargadas de fuzz. Y en la misma línea, pero con un acento más stoner, “Thai I am” rellena la cara B con más pantano, más órganos en descomposición y unas guitarras afiladas, que recuerdan a los momentos más cochinos de la Velvet Underground. Sudor del bueno. VR

Cloudland Canyon  “Aureliua” THE GREAT POP SUPLEMENT, 12”

Cada vez más pendientes de sus sintetizadores y menos de sus guitarras, Cloudland Canyon se marcan un EP generoso en minutaje y en emociones. Repleto de loops burbujeantes, drones temblorosos, arpegios arrancados a viejos sintetizadores modulares y cascadas de electricidad estática, el tema titular es un auténtico viaje astral, hipnótico y con mucha legaña, que se estira hasta los trece minutos. Y en la cara B, “Closer” se abre camino entre un mar de chispazos analógicos, siguiendo los pulsos de un bajo gordísimo (cortesía del gran Sonic Boom), cuya intensidad no deja nunca de crecer. Al menos, hasta que llega “Light falling”, una pieza de ambient techno espacial, con voces robóticas y ritmos crudos, que pone el broche a un vinilo espectacular. VR

Fennesz  “Fa 2012” EDITIONS MEGO, 12”

Quince años más tarde, Fennesz recupera un tema de su primer disco, “Hotel Paral·lel”,

Cheap And Deep  “Cheap and deep rides again” Jay Ahern & Morgan Packard  “Mesa sequences” MODULAR COWBOY, 12”+12”

Tan aficionado a montar sellos como a inventar nuevos alias, el norteamericano Jay Ahern (aka Add Noise, aka Cheap And Deep, aka Hauntologist) vuelve a la carga con Modular Cowboy, una plataforma que, por el contenido de sus dos primeras referencias, parece destinada a desenterrar el lado más rudo de su producción. “Cheap And Deep rides again”, por un lado, supone la reac-

Textos

y lo pone al día alargando su duración y añadiendo un sinfín de capas de guitarra, en un proceso climático, muy similar al que ha utilizado en sus últimas grabaciones. Y el resultado es una pista que tiene algo del Fennesz antiguo (el ritmo cortado a cuchillo, la estructura hipnótica) y algo del Fennesz nuevo (esa textura densa y pesada que todo lo envuelve), los dos unidos en gloriosa simbiosis. Y para redondear el trato, Mark Fell hace una remezcla de la remezcla en plan minimalista: un loop de ritmo rocoso, un aluvión de microsonidos y varios fragmentos de un discurso de Martin Luther King le bastan para construir una de esas pistas de house descoyuntado a las que nos tiene acostumbrados últimamente. Grande. VR

dos años después retoma la aventura con un house mucho más fino y elegante (a lo Julio Bashmore, que es lo que se lleva ahora), con voces recortadas y pianos filtrados. “Fetch”, en la cara A, es nostálgica y deliciosamente hortera, con una melodía de aire ochentas en el plano de fondo y un pegajoso sample vocal. Y mucho mejor es “Taken”, con un ritmo que avanza a trompicones, trabajados juegos de intensidad y un efectivo sample de metales. Y por si se lo están preguntando, sí, mola mucho más que Toro Y Moi, dónde va a parar. VR

Moon Duo & Psychic Ills “Split” SACRED BONES/¡POP STOCK!, 7”

Siempre a punto para una buena orgía rockera, Moon Duo y Psychic Ills se reparten las dos caras de un siete pulgadas que huele a sintetizadores viejunos, a guitarras cargadas de fuzz y a locales llenos de humo. Espaciales, oscuros, Moon Duo se fían a una cadencia hipnótica, sostenida sobre una nube de distorsión y el burbujeo analógico de un sintetizador, y les sale una canción redonda, la banda sonora perfecta para una road movie imaginaria. Psychic Ills, por su parte, tiran de vena clásica con un “Take me with you” que se rinde ante un ritmo pantanoso, se crece entre las volutas arrancadas a un teclado Farfisa y se incendia cuando aparece una guitarra que no esconde su afición por el surf. Como poner velas a Monte Hellman, vaya. VR

Les Sins “Fetch” JIAOLONG, 12”

No hay duda de que Chaz Bundick (es decir, Toro Y Moi) está muy atento a la actuadlidad de la música de baile. En 2010 se inventó un alias, Les Sins, para dar forma a “Lina”, un maxi con dos pistas de disco expansivo, de ese que Justice había puesto de moda. Y

tivación de su heterónimo más querido; un maxi con un tema nuevo, una tempestuosa descarga de acid que responde al título de “Beautiful”, y dos remezclas de un tema antiguo, “Words, breath and pauses”, que Norman Nodge empuja hacia Chicago (los golpes secos, los pianos muteados y los efectos especiales no engañan), y que en manos de Jonsson y Alter se transforma en un florido y absorbente ejercicio de deep house, repleto de filigranas melódicas. Eso sí, aquí la auténtica pieza de caza mayor es “Mesa sequences”, un generoso EP, cocinado a medias entre Ahern y el gran Morgan Packard en el desierto de Sonora. Y lo es tanto por su portada, delirante parodia desértica del “Unknown pleasures”, como por su contenido: una larga cabalgata de techno metronómico y espacial, en la que Ahern pone los sintetizadores modulares, los ritmos que avanzan en círculo y la atmósfera hipnótica, y Packard añade un suntuoso especiado digital, que termina por poner al oyente en órbita, disparado hacia Saturno. Space is the place, eso es así. Vidal Romero

John Talabot  “Fin rmxs pt.1” PERMANENT VACATION, 12”+10”

Ha tardado mucho en llegar (nueve meses, señal de que el disco todavía funciona bien), pero la primera ración de remezclas que le sale a “Fin” es de toma pan y moja. En el doce pulgadas, Pachanga Boys se enfrentan a “When the past was present” por partida triple: rodeando la melodía principal con un irresistible entramado rítmico (“Purple version”), picando samples para construir una rodaja de techno frío y obsesivo (“Red version”), y añadiendo voces, vocoders y pequeñas muestras a un loop de pulso hipnótico (“Blue version”). Y en el diez pulgadas, Kenton Slash Demon convierten “Last land” en un hit dance, casi tan grande como el original, con mucho de oscuridad, bastante de épica y una pizca de rollo progresivo, mientras que Bullion transforma “Destiny” en un ejercicio de pop electrónico, tan inesperado como esplendoroso. Fino, fino, señora. VR

Stephan Mathieu  “Coda (for wk)” 12K, CDEP

Epílogo a “A static place”, su estupendo disco del año pasado, la larga pista que contiene “Coda (for wk)” utiliza dos viejos gramófonos manipulados, en los que están pinchadas (sí señor) las sonatas para piano de Beethoven, en versión disco de 78 revoluciones, como fuente de sonido para un proceso ‘autogenerativo’. Lo que en cristiano viene a significar que Mathieu descarna y ralentiza el material original, lo tamiza y lo sumerge en una cámara de ecos, hasta dar forma a una pieza de ambient espectral, que evoluciona a muy baja velocidad, atrapando al oyente en una telaraña de nostalgia y melancolía. La única pena es que se detenga a los veinte minutos: algo tan hermoso debería durar horas. VR

Strand  “Slam funk!” LOWRIDERS RECORDINGS, 12”

En fractura continua, así es como entiende Miguel Gil-Tertre el funk. Un funk que toma prestadas muestras de viejos discos de los 70 y los 80; que los mezcla, junto a instrumentos reales, voces y efectos especiales, en pistas de duración contenida, pero que bullen de actividad. Cambios de pitch, ritmos que se desmoronan, melodías surrealistas y mucha riqueza cromática: eso es lo que suena en el interior de ocho temas que aquí se

Vidal Romero y Beto Vidal

arriman al hip hop (“Hambre”), allí se dejan enredar en las redes de un soul a lo Jaime Lidell (la estupenda “Prince”), y más allá rinden pleitesía al electro, el sonido 8-bit y hasta algo parecido al skwee (“Gris marengo”). Y todo dentro de un vinilo de color morado, vestido con una estupenda portada de Oli-B: bonito por dentro, bonito por fuera. VR

TNGHT
 “TNGHT”
 Warp, 12”

La simbiosis entre el reputado sello Warp y la plataforma escocesa LuckyMe ya ha dado sus frutos esta temporada. Se trata de una cosecha única en beneficio de la colaboración entre el talento Hudson Mohawke (latifundio del sello de Sheffield) y el canadiense Lunice (propiedad de LuckyMe), que da lugar a un cóctel de hip hop de beats cavernosos y profundos difícil de olvidar. “Top floor”, a modo de intro, ya hace resonar los cimientos gracias a sus bajos coléricos y resecos. Le sigue una no menos violenta y muy crunk “Goooo”, que parece sacada de Rotterdam de los años 90. “Higher ground” es el tema de grime que todo fan del género desearía para su funeral, mientras que “Bugg’n” y “Easy easy” pueden presumir de unos graves que podrían reventar la carcasa de un Nokia 3310. Una semilla plantada muy necesaria que pide ser regada y cultivada a menudo. BV

Trimbal “Confidence boost” R&S, 12”

“Confidence boost” y “Saying” llevaban varios meses por ahí fuera, sonando por programas de radio y mixtapes, a la espera de que alguien se decidiera a plancharlos en vinilo. Y raro es que hayan tardado tanto, siendo un proyecto en el que las voces las pone Trim (ex Roll Deep) y la producción es cosa de Harmonimix (es decir, el alias que utiliza James Blake para hacer bootlegs y remezclas ilegales). Y con esos mimbres, ya se pueden imaginar de qué va la cosa: juegos con el pitch de las voces, capas superpuestas, ritmos desencajados y a contrapié, órganos que trazan melodías cubistas y efectos especiales que parecen salir de la nada. Un fondo que es pura abstracción, anticlimático y extravagante, pero que le sienta como un guante al grávido fraseo de Trim. Brutal. VR

Walls
 “Gaberdine”
 Kompakt, 12”

La pareja formada por Sam Willis y Alessio Natalizia insufla aire en los pulmones de “Gaberdine”, el tema más bailable del primer LP homónimo de Walls. Pese a que el tema tiene ya dos años y el dúo tiene otro álbum en el mercado (“Coracle”, también editado en el sello de Colonia), quizás hayan decidido volver a reanimar tan magno tema después del éxito cosechado con los remixes que Nathan Fake o Radiant Dragon les otorgaron en 2010. Esta vez son dos de los amos y señores del space disco europeo, Prins Thomas y Gerd Janson, quienes rediseñan la pieza a su antojo. El resultado, claro, es espléndido: 9 minutos de viaje espacial a lomos de sintetizadores cósmicos que estallan en un subidón eterno que obliga a soltar algunos ml. de orina en tus pantalones. Los propios Walls realizan un edit mucho más bailable gracias a una percusión reforzada y pinceladas psicodélicas. Un maxi limitado a 300 copias imprescindible en tu colección. BV


Barbara De Dominicis & Julia Kent “Parallel 41” BASKARU

Compuesto por dos piezas complementarias, un compacto y un DVD, “Parallel 41” orbita alrededor de una serie de improvisaciones grabadas por la napolitana Barbara De Dominicis, que aporta grabaciones de campo, cacharrería electrónica y experimentos marcianos con la voz, y la neoyorquina Julia Kent, chelista de técnicas inauditas y con gusto por la superposición de capas. En el compacto, evidentemente, están los frutos refinados de esas sesiones: piezas a medio camino entre la neoclásica, la música contemporánea y el experimento electrónico, en las que De Dominicis juega a ser una crooner teatral, atormentada y un poco histriónica (imaginen algo a medio camino entre Little Annie y Jarboe, pero sin los excesos de la segunda ni la clase desarrapada de la primera), mientras Kent se inventa fondos que unas veces juegan a pervertir estructuras clásicas y otras veces (las mejores) provocan un torbellino climático. Una mezcla capaz de producir chispazos de genio y destellos de gran calidad, pero que no termina de funcionar bien como disco.

“¿Eres mi madre? Un drama cómico” Alison Bechdel

Es muy probable que el carácter nómada del proyecto, que se ha grabado en escenarios muy distintos y a lo largo de mucho tiempo, tenga mucho que ver en eso, así que en futuras entregas la cosa debería ir a mejor. Pero, nunca el mal es tan grande, es precisamente ese carácter nómada el que ha inspirado al videoartista Davide Lonardi para rodar “Faraway close”, un documental acerca de la grabación del disco, que se incluye en el DVD. Y es que, lejos de conformarse con capturar a la pareja en los exóticos lugares que escoge para grabar (una fortaleza medieval, un túnel de saneamiento abandonado, una antigua fábrica de tejidos, una granja, el loft de un artista en Nueva York), Lonardi decidió convertirse en agente activo. Y así, pregunta a las chicas por sus motivaciones e inspiración, indaga en los procesos que siguen a la hora de improvisar, busca referencias y similitudes entre las ciudades en las que viven las dos y, de alguna manera, ayuda a desentrañar la magia que se invoca cuando cogen sus instrumentos. Por eso, a pesar de que le sobran algunos gestos (sobre todo recursos visuales: los paseos por Nueva York y Nápoles a cámara rápida, los planos generales desde ángulos ‘inesperados’), más propios de un realizador de televisión que de un videoartista, consigue que su insólito documental avance con gracia y salero, guiando al espectador hacia un territorio, el de la música experimental, que no suele recibir tanto cariño. Vidal Romero

+libros/dvds Guy Marc-Hinant & Dominic Lohlé “Ecce Homo. Un portrait de Célestin Deliège”

“Escuchando a The Doors” Greil Marcus Contra

SUB ROSA

Tan fascinante como poco conocido (fuera del ámbito especializado: Boulez y Stockhausen le adoraban), el belga Célestin Deliège dedicó su vida a estudiar la música. Un empeño que volcó en el enciclopédico (“mil páginas, tres kilos de peso”) “Cincuenta años de modernismo musical”, y que defendió con su poderosa personalidad, incluso cuando una enfermedad degenerativa anuló su cuerpo casi por completo. Grabado en sus últimos años de vida, “Ecce Homo” retrata al personaje a través de varios monólogos y de conversaciones con algunos de sus amigos. Sin alardes, sin apenas medios, el documental lo fía todo al magnetismo del personaje, y la apuesta funciona: radical, erudito, didáctico, polémico (comienza el documental explicando que “la democracia es mala para el arte”) y siempre brillante, Deliège canibaliza la cámara en todo momento, a pesar de su estado, y demuestra que sus enseñanzas son más necesarias ahora que nunca, que la casta política insiste en rebajar la Cultura para convertirla en un mero entretenimiento. Vidal Romero

Sólo el gran Greil Marcus podría convertir un modesto libro de homenaje a una simplona banda en un carrusel de referencias, emociones y notas al margen; en un crisol donde la música, el cine, el arte, la política, las guerras y las drogas se funden para forjar algo intenso y esencialmente bello. Así es “Escuchando a The Doors”, su particular homenaje a la música de Jim Morrison y compañía. De la meticulosidad y pasión del autor de “Rastros de carmín” dan buena idea el capítulo “Twentieth Century Fox” donde apenas se habla de la canción homónima de The Doors sino de la exposición “Les années pop” que tuvo lugar en 2001 en el parisino Centro Pompidou; y el índice de diez páginas en el que se mezclan “Un perro andaluz”, Val Kilmer, Bill y Hillary Clinton, Ross MacDonald, Charles Manson, Julio Cortázar, Tobey Maguire, Thomas Pynchon, Lady Gaga o Robert Rauschenberg. Otro ejemplo de cómo para Marcus ni siquiera es necesaria buena música para escribir un buen libro sobre música y todo lo demás. Half Nelson

cómics

RESERVOIR BOOKS

El cómic auto-biográfico está dando sus últimos estertores, pero Alison Bechdel se aferra a ese sub-género como si fuera su creadora, la única artista capaz de hacer uso concienzudo de sus memorias y desasosiegos para plasmar su vida en viñetas. Esta segunda novela gráfica, centrada en la relación de Bechdel con su madre, funciona de secuela complementaria de aquella otra en la que diseccionaba la ausencia retroactiva de su padre. Pero no sólo eso, pues “¿Eres mi madre? Un drama cómico” opera como una suerte de negativo de “Fun home: una familia tragicómica”, al detallar las vicisitudes y conflictos que acompañaron la escritura de aquella obra. Bechdel ha ganado en su trazo y puesta en escena visual, pero ha perdido la frescura elemental de sus inicios. “¿Eres mi madre?” posee un andamiaje narrativo mucho más férreo e introspectivo y, con todo, resultan subyugadoras sus incursiones oníricas, las obsesiones psicoanáliticas, como consigue hacernos leer varios renglones subrayados de Virginia Woolf, y esas conversaciones por teléfono con mamá. Albert Ferrnández

“Avengers vs X-Men” Varios Autores

“Cenizas” Álvaro Ortiz ASTIBERRI

Panini

“Batwoman: Hidralogía” Williams III, Blackman y Hadley ecc ediciones

Lo tenía todo para importarnos: buenos escritores (Brian Michael Bendis, Matt Franction, Jason Aaron, Ed Brubaker y Jonathan Hickman), mejores dibujantes (John Romita Jr., Olivier Coipel y Adam Kubert). Y lo tenía todo para no importarnos: enésimo megaevento (estirado como un chicle con miles de subseries incluido unos “Vs” con sólo hostias entre héroes), muertes anunciadas que apenas importan, consecuencias que no serán permanentes. “Avengers vs. X-Men” (“AvX”) demuestra que el actual modelo Marvel no funciona. Agradecemos que lo contado derive de líneas argumentales montadas hace años, de acuerdo. Pero el problema es otro. El cansancio. La rabia que uno siente al ver cómo se le ponen palos en las ruedas al ritmo de colecciones solventes. Y sobre todo, la falta de sorpresa. Cierras la página del último número y piensas, “pues vale”. Y te preguntas, “¿ahora qué?”. Lo triste es que la cuestión deja un triste eco en el vacío. Xan Pita

Como los personajes que se asoman en su portada, uno se acerca a este cómic con cierta cara de pasmo y precaución. La decepción que a menudo acompaña a los cómics donde las líneas simples pretenden llevar a algo más es un estímulo descorazonador, por eso juzgar una obra como ésta simplemente hojeando de forma distraída sus páginas es un gesto frecuente y justificado, pero injusto. La experiencia de adentrarse en cada una de las viñetas de este road cómic sentimental hace que vibremos con el trabajo de Álvaro Ortiz, un verdadero prestidigitador de viñetas. En la odisea por carretera de sus personajes, Polly, Moho y Piter, tres amigos que emprenden un viaje en coche tras años sin verse, se hallan composiciones de página sensacionales, finas líneas que unen paisajes memorables, colores que transportan con calidez, y personajes dislocados a cada alto del camino. Albert Fernández

De toda la obsesiva etapa de Grant Morrioson en la gran bat-familia del enmascarado Bruce Wayne, sólo destacó una serie más: los números de “Detective Comics” protagonizados por la nueva Batwoman pelirroja guionizados por Greg Rucka (noir de muchísima calidad) y maravillosamente dibujados por un J. H. Williams III. Batman y allegados son de los pocos personajes que han sobrevivido intactos en el nuevo universo DC (junto a los Green Lantern). Entre las 52 nuevas series, Katherine Kane merecía una nueva oportunidad y más si volvía J. H. al personaje. El dibujante de “Promethea” se estrena como artista total (ayudado en el guión por W. Haden Blackman y los dibujos por Amy Reeder Hadley) con una interesante historia de fantasmas marinos en el que destacan, sobre todo, esas impresionantes composiciones a doble página de J. H. Williams III. Una joya de los nuevos 52 para disfrutar durante horas y horas. Manu González


054/055

songwriters / último clásico

songwriters

Lo bueno que tiene New York en verano es que no huele a muerto. Huele a cosas peores, pero a muerte, ciertamente, no. Aquí la gente sigue trabajando pese al calor, los turistas y las excusas. Uno envía un email a las diez de la mañana y recibe su respuesta a mediodía. Uno hace una pregunta y uno obtiene una respuesta. Algunos se marean con tanto ajetreo. A otros, sin embargo, este mareo les da la vida. Yo estoy en medio y, a lo largo del día, fluctúo entre la náusea y el asombro a intervalos regulares. Cuando pasé una temporada en la otra costa, en el plácido Pacific Northwest, lo que más echaba de menos de Barcelona era el ruido y la suciedad. Cierto que eran las dos cosas que más odiaba de la ciudad, pero a nueve mil kilómetros de distancia era lo que más extrañaba. En ese aspecto, New York es ideal. Ofrece ruido, suciedad y energía a punta pala; básicamente, es lo que mantiene la ciudad en pie. Tan solo que ese ruido, ese movimiento, no son el resultado de plazas encantadoras y pisos pequeños sino de mucho trabajo, mucho esfuerzo. ¿Cuál es tu rollo? Todo el mundo te pregunta lo mismo en NYC. ¿Cuál es tu rollo? ¿Qué haces? Billy Joel escribió esta canción cuando volvió a NYC después de pasar tres años en Los Angeles. Cuenta que la idea del ‘estado de ánimo neoyorquino’, del ‘deseo’ de sentirse parte de la ciudad, se le ocurrió en un autobús Greyhound que le devolvía a la costa este. Me pregunto si Billy Joel se sentía mal por pasarse el día entero con las manos en los bolsillos, rumiando memeces. Quizás su excusa para convencerse de que lo que estaba haciendo era útil, era inventarse eso del “New York state of mind”. Esta ciudad es dura con los ociosos pero es amable y generosa con los que se dedican a pensar y observar. Si uno se aparta ligeramente a un lado y se dedica, simplemente, a mirar, este ir y venir deja de ser un tapiz de colores saturados y figurines deformes, y pasa a convertirse en el Jardín de las Delicias. Con el oído atento, el zumbido constante, el ruido de mil voces agudas, se aglutina en una sola onda de murmullos, de show radiofónico a media tarde, de música alegre y conversaciones vergonzosamente intrascendentes. “Every now and then”, el hilo, el zumbido, se aparta hacia el fondo y enfrente se planta una conversación protagonista, una historia entera, un regalo americano. “Every now and then”, alguien se para y hace el esfuerzo de recordar por qué paga mil novecientos dólares por un cuarto en Greenpoint: porque el mundo, a veces, no es suficiente. De Nueva York tienes que irte multitud de veces. Tienes que volver otras tantas. Tienes que repudiarla para poder desearla sin reparos. Marcharse y regresar, siempre.

Texto

Banessa Pellisa Pablo Moreno

Ilustración

Billy Joel

“New York state of mind” Compositor: Billy Jowl (letra y música). Incluida en el disco “Turnstiles” (Columbia, 1976) Some folks like to get away, Take a holiday from the neighborhood. Hop a flight to Miami Beach or to Hollywood. But I’m takin’ a Greyhound on the Hudson River line. I’m in a New York state of mind.   I’ve seen all the movie stars in their fancy cars and their limousines. Been high in the Rockys under the evergreens. I know what I’m needin’, and I don’t want to waste more time. I’m in a New York state of mind.   It was so easy livin’ day by day Out of touch with the rhythym and blues But now I need a little give and take The New York Times, the Daily News.   It comes down to reality, and it’s fine with me cause I’ve let it slide. I don’t care if it’s Chinatown or on Riverside. I don’t have any reasons. I left them all behind. I’m in a New York state of mind.   I’m just taking a Greyhound on the Hudson River line. Cause I’m in a, I’m in a New York state of mind.

A algunos les gusta salir, Tomarse un descanso del barrio. Coger un vuelo a Miami Beach o Hollywood. Pero yo estoy en el Greyhound, la Hudson River line. Estoy en plan Nueva York.   He visto todas las estrellas de cine en sus coches de lujo y limusinas. En lo más alto de las Montañas Rocosas bajo los árboles de hoja perenne. Sé lo que necesito y no quiero perder más el tiempo. Estoy en plan Nueva York.    Era tan fácil ir viviendo el día a día Sin contacto con el rhythm’n’blues Pero ahora necesito un poco de movimiento The New York Times, el Daily News.   Todo se reduce a la realidad, y me parece bien porque yo he ido tirando. No me importa si se trata de Chinatown o en Riverside. No hay motivo alguno Los dejé todos atrás. Estoy en plan Nueva York. Pero yo estoy en el Greyhound, la Hudson River line. Porque estoy, estoy en plan Nueva York.


el último clásico Los fans de Slint pudimos saldar la obligada deuda de verlos en directo gracias a su vuelta a los escenarios en 2007, pero eso no nos hace olvidar que aunque “Spiderland” fuera el canto de cisne de los de Kentucky como cuarteto, la carrera a posteriori de algunos de sus miembros también es interesante. Brian McMahan, por ejemplo, facturó dos discos al frente de The For Carnation que, a día de hoy, siguen manteniendo fantásticamente el tipo.

The For Carnation “The For Carnation” domino, 2000

Texto

Pablo Vinuesa

ujo y

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S

lint fue una supernova en versión slowcoreta, lo cual significa que su explosión fue progresiva, perezosa y, sobre todo, tardía. Del capital “Spiderland” (91) ya se ha hablado tanto que no vamos a añadir más caracteres al mito, haciendo un poco de fastforward hasta The For Carnation, la siguiente banda de su cantante, Brian McMahan. Sentimos el deber de reivindicarla porque lo merece, obviamente, pero también porque en la parca discografía post-Slint es David Pajo casi siempre el destacado, aunque, todo sea dicho, más por su labor de mercenario en grupos como Palace, Tortoise, Zwan, Yeah Yeah Yeahs o Interpol que por sus propios discos bajo los alias de PAJO, M, Papa M o Aerial M. Tras “Spiderland”, cuatro son los años que tardaría McMahan en darle forma a la primera referencia discográfica de The For Carnation. En “Fight songs”, EP de tres canciones editado en 1995 por Matador Records, se hizo acompañar por el propio David Pajo

y la sección rítmica de Tortoise, Doug McCombs y John Herndon. Las coordenadas del nuevo retoño no andaban muy lejos de las que patentó con Slint: guitarras cosidas con arpegios desvaídos y acordes menores, letras esparcidas aquí y allá como en un susurro. Se intuía, eso sí, un ligero aliento pop, que se aprovechaba de los espacios vacíos que dejaron la rabia y las distorsiones metaleras de la banda de Louisville, Kentucky. Un año más tarde, y también en Matador, llegó “Marshmallows”, primer LP de The For Carnation. Pajo ya no figuraba en los créditos, pero sí otros sospechosos habituales como el ubicuo músico y productor Brad Wood y el hermano de Brian, Michael McMahan. En este disco volvían las distorsiones y la negritud general, aunque sin llegar a los límites de Slint, menos centrados en la descarga atómica y más conscientes del efecto hipnótico de sus malsanos ambientes. En 1997, “Fight songs” y “Marshmallows” se editaban juntos en el sello Runt bajo el nombre de “Promised works”, aunque para el (ejem) gran público éste no existiera hasta que Touch and Go lo recuperara exactamente una década más tarde. A pesar de los años, sigue siendo “Promised works” un fantástico disco de slowcore de manual, intrigante y delicado. Pero el verdadero salto de calidad de McMahan no se dio hasta 2000, cuando Domino Records edita el homónimo “The For Carnation”. El porqué parece radicar en un cambio de instrumento, ya que Brian ya no compone desde la guitarra, sino con el teclado.

Además, se cede el protagonismo a la sólida base rítmica formada por Todd Cook (Shipping News) y Steve Goodfriend (Radar Bros.), arrastrada y volátil, siempre en primer plano y con una pulsión que se antoja como una versión enfebrecida y arisca del dub. Ni siquiera los teclados enseñan demasiado, quedándose más en amagos ambientales como los silbidos de afilador de “Emp. man’s blues”, las amenazantes campanas de “Being held” o los efectos siderales de “Tales (live from the crypt)”. Las guitarras de Michael McMahan y Bobb Bruno (Best Coast), limpias, con cierto aroma blues y casi siempre en suspensión, son, en este magma ambient, tan necesarias como últimas en importancia, y los breves y sobrecogedores fraseos de McMahan parecen más desgajar ideas y palabras que conformar textos coherentes. Además, en los créditos podemos encontrar colaboraciones tan interesantes como las de Rachel Haden (hermana de Josh e hija de Charlie), John McEntire, Kim Deal, Christian Frederickson (Rachel’s) y hasta el ex batería de Slint, Britt Walford, quien se inventa en “Being held” un ritmo tan animal que deja sin respiración. Es “The For Carnation” un disco que desarrolla su discurso en seis canciones de largo discurrir, a base de latidos, sin prisa alguna y creyendo mucho más en el todo que en sus partes. Es también un disco que, doce años después, sigue sonando atemporal, sin perder ni un ápice de interés. Colocarlo en el reproductor de cedés y que la bruma invada la habitación es todo uno.


056/057

open mic

+net labels Columna

David Broc

+import

Columna

El chico de oro En 2009 un chaval de Fresno sorprendía a la escena hip hop con el lanzamiento de uno de esos debuts que ya desde su primera toma de contacto presenta credenciales de título importante y revelador. “Boy meets World”, la puesta de largo del MC Fashawn, no solo proponía un contenido lírico y musical de alta gradación sino que presentaba en sociedad a un rapper joven, entonces apenas contaba con 21 primaveras, de inusitada madurez, capaz de disgregar en sus letras reflexiones, ideas y pensamientos impropios de un pimpollo de su edad. El título ya era muy indicativo: el chaval que descubre el mundo, la toma de contacto con una realidad y la proyección hacia el exterior de todo un universo interior que necesita vías de salida A muchos nos recordó al Nas de “Illmatic”: salvando las infranqueables distancias, tanto en el talento natural como en el apoyo de productores, industria y artistas con el que contó el de Queensbridge, en esa opera prima se respiraba la misma sensación de estar escuchando a un rimador privilegiado avanzado a su edad, un talento en plena ebullición que venía a darle nuevos aires y sensaciones al género. “Boy meets World” contaba, además, con la producción íntegra de Exile, uno de los beatmakers más fiables de la penúltima oleada revivalista, estilista del neo boom bap y del soulful rap que complementaba sin fisuras uno de esos álbumes nacidos con duende. Tres años después de aquello, que le valió el aplauso de la crítica especializada y llamó la atención de muchos productores y MCs rendidos a su empuje, seguimos esperando el disco que le dé continuación y ratifique que su éxito no fue flor de un día o flor de un vaciado creativo de difícil repetición. Por el camino ha entregado varias mixtapes —gustó, y mucho, “Higher learning 2”—, pero pocas pistas aún sobre qué podemos y debemos esperar de su regreso, que pasa a convertirse en uno de los momentos más esperados de cara a 2013. Y quizás como entremés para hacer más llevadera la espera el californiano ha optado por darle continuidad y carácter de álbum y proyecto con todas las de la ley a su alianza con Murs, MC con mucho más recorrido en la esfera independiente, de culo inquieto y discografía muy regular y estable, que empezó casi como un pasatiempo y que este mismo mes se ha materializado de forma notoria con “This generation”, lanzamiento a cuatro manos. Conviene avisar que este disco sirve más bien poco como test definitivo para Fashawn. El peso del proyecto lo arrastra Murs, que por algo tiene más galones y recorrido, y el sonido del álbum transcurre por un territorio menos reconocible en la figura de nuestro protagonista, pero incluso así es una buena oportunidad para reencontrarnos con su flow luminoso y sus relatos, siempre empeñados en desmitificar el imaginario gangsta y en encontrar el equilibrio entre el costumbrismo, el tono confesional y la autobiografía. “This generation” es un disco con altibajos, que funciona mejor cuando el dúo se deja guiar por una idea más clásica del sonido, y en el que la pareja no siempre rinde o se sitúa a la misma altura. Parecen bien compenetrados, y se nota en el ambiente de las canciones que esto es un divertimento puro y duro, sin muchas intenciones de trascendencia, como si hubieran querido alargar una fiesta en la que ambos estaban muy a gusto. El público del rap indie encontrará argumentos para el disfrute, y los fans de Fashawn una más que apetecible excusa para reactivar las ganas y el deseo de que, por fin, vuelva a coger las riendas de su carrera en solitario.

Gloria González

Se recargan solos Hay netlabels de toda edad y condición, así como de cualquier lugar (más o menos). Duskdarter (www.duskdarter.com.au) es un sello que acaba de nacer en Australia y al que es un placer dar la bienvenida. Ya sabe hablar, aunque le gusta sobre todo hacerlo bajito: susurra palabras como slowcore al presentar su primera referencia, “Half steps”, obra del talentoso Built From Sticks, que viene a ser el pianista y guitarrista Jamie Curran, de Brisbane. Podría haber cuchicheando también “indie folk”, “muy bonito”, o “entre Papa M y Tim Kinsella”. Descárguense el disco delicadamente. Evil Records (www.evilrecords.es), en cambio, es un sello que opera desde mucho más cerca de tu casa y además tiene ya un amplio (y pelín satánico) catálogo a sus espaldas: aprópiate por ejemplo del “The old beats for free” de BoomBassBrothers para poner a prueba la elasticidad de tus orejas a base de dubstep espasmódico. Ajeno a este revuelo, mientras tanto, el mundialmente famoso (en la escena copyleft, digo) Aitänna77, que viene a ser Mikel Martínez, ofrece su tercer larga duración. Se trata de “El drama del descenso”, nueve temas que se aproximan al pop de dormitorio muy de puntillas y al tocarlo se transmutan en esbozos de post-trip-hop cariñoso. Acudan a Miga (www.miga-label. org) y llévenselo entero, prestando particular atención a “Carla”. Dramático es lo que afirman en Labèl (http://labelnetlabel.com/): que alemán Plusplus ya no vuelve, al menos como tal. Su última referencia, “Game over”, son bellos instrumentales algodonosos, inteligentes y flexibles. No se los pierdan,

que no habrá más. Del dúo rumano Coughy es probable que volvamos a hablar otro día, porque abraza la modernidad líquida con una naturalidad pasmosa. El netlabel Local (http://localrec.ro/) regala su homónimo “Coughy”, repleto de pop ondulante y crujiente (si no lo ven claro, escuchen “The ocean didn’t get it”: lo entenderán todo). Sobre el londinense Everlone podría discurrirse mucho: en “Verletzte EP”, publicado por Bad Panda (http://badpandarecords.wordpress. com/), lo descubrimos jugando a buscar caminos que unen a Dntel con el dubstep chic, pasando por el ambient pop. Éste seguro que vuelve (y bien). Hay caminos, por otra parte, que por motivos inexplicables llevan siempre al pop japonés de los 90: así, por ejemplo, los de SKM Records (http://tackk. com/px17kl), que presentan “Soda pop EP”, cuatro simpáticas canciones de indie nipón en el idioma de Komaneko. Es muy divertido seguirlos.    

+jander Columna

Revoltillo neoclásico No es la primera vez que sucede: el pulso de la actualidad es tan frenético que muchas veces se quedan en el tintero discos notables o incluso sobresalientes; títulos que por su especialización, o porque se han publicado en fechas inapropiadas, no reciben la cobertura que se merecen. Es el caso de estos tres discos de la esfera neoclásica, que bien merecen un hueco en las discografías de los lectores sensibles. Para empezar, la nueva aventura de Max Richter. “Recomposed: Vivaldi — The four seasons” (Deutsche Grammofon, 12) es un disco que en esta santa casa producía cierta preocupación: reescribir una obra tan, ejem, popular como los conciertos de Vivaldi se antojaba grande incluso para un monstruo como Richter. Y de hecho, se nota que le ha costado enfrentarse a algunas de las melodías principales, que resuenan casi intocadas en diversos momentos de esta reescritura. Menos mal que luego lo compensa con sutiles arreglos electróni-

Vidal Romero

cos, estrategias minimalistas y bucles instrumentales, que añaden un insólito aliento de modernidad a la obra. Otro que no baja la guardia es Jonny Greenwood. Tras aquella barbaridad que hizo en “Pozos de ambición”, Paul Thomas Anderson le ha vuelto a contratar para que ponga música a su nueva película, “The master” (Nonesuch, 12). Y Greenwood ha respondido con una partitura más sencilla y menos ruda (posiblemente porque la película también lo es), pero igualmente poderosa. Música que sigue haciendo crujir los instrumentos cuando hace falta (esas inimitables peleas de cuerdas de “Baton sparks”), pero que esta vez prefiere acariciar al oyente con piezas más amables. O al menos en la superficie, porque el fondo sigue bullendo con mucha maldad. Y para terminar, un regalo de parte de Nils Frahm. Debido a un accidente doméstico, el pianista alemán estuvo a punto de perder un dedo, que tendrá en rehabilitación durante meses. Pero lejos de encerrarse a lamentarlo, ha grabado un disco, “Screws” (Erased Tapes, 12), con nueve piezas de piano solo compuestas para nueve dedos. Piezas improvisadas, en la que se reconoce a la perfección su estilo melancólico, ligeramente minimalista y con gusto por los silencios, y que dejan traslucir un sorprendente tono sereno, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias en las que fueron compuestas. Y lo mejor de todo es que Frahm regala la versión digital del disco (también habrá compacto y vinilo) a través de la página de su sello, Erased Tapes. Una buena excusa para celebrar el otoño a lo grande.


+all that jazz Columna

Pepo Márquez

Los lugares del jazz (I): The Village Vanguard En los cuatro años que llevo escribiendo esta columna (puede incluso que más, la memoria a veces es caprichosa y a pesar de que me recuerdo escribiendo mi primer artículo de jazz en una casa que alquilé en Madrid desde el verano de 2007 hasta diciembre de 2008, puede que fuera en la inmediatamente anterior en la que empezara a construir mi pequeño rincón en esta revista), he hablado de músicos, bandas, productores, sellos y hasta corrientes estilísticas que se circunscriben en el territorio del jazz. Sin embargo, nunca, ni una vez, había dedicado este espacio a un club de jazz. Un error que pienso subsanar en ésta y próximas entregas, porque algunos de estos lugares son considerados sagrados por una buena legión de seguidores y músicos que, como sucede con algunas religiones, peregrinan hasta ellos para poder ver y sentir en primera persona el recuerdo mágico encerrado en estas estancias durante décadas y conservado con pasión por sus dueños que, casi de generación en generación, han sido conscientes de la importancia capital que tenían estos clubs, no sólo como transmisores de conocimiento

(no hay más que ver sus paredes plagadas de fotografías y artículos de prensa de todas las épocas o escuchar las historias de noches interminables), sino como guardianes de la esencia. Y The Village Vanguard es uno de los más importantes. “Yo lo llamo el Carnegie Hall del jazz, porque casi ningún club de jazz tiene el sonido que tiene este sitio”, dice el joven pianista Jason Moran (nacido en 1975), que grabó uno de sus últimos discos en The Village Vanguard. “¡Es el sitio por el que anduvieron Jesús, Moisés y Mahoma!”. El saxofonista Joe Lovano, que también grabó uno de sus discos más recientes en The Village Vanguard, asiente. “En cierto modo afecta estar sentado en esa habitación, pensando: ‘Cielos, ¡Thelonious Monk estuvo aquí! Tío, ¡Miles Davis y Hank Mobley tocaron aquí! ¡Y el trío de Bill Evans también!’ Uno siente sus espíritus. Al menos así fue cómo me sentí cuando grabé aquí: estábamos invocando a esos espíritus”. Solo quince escalones hacia abajo lo separan del nivel de la 7ª Avenida, casi llegando a la calle 11, al oeste de Manhattan, en pleno Greenwich Village. Quizás no haga falta decirlo, pero The Village Vanguard está en Nueva York. Su forma triangular, aseguran, tiene como única función mantener un sonido óptimo. Max Gordon abrió por primera vez el club en 1935 como un lugar donde uno podía disfrutar de un espectáculo de comedia, poesía o jazz, mientras engullía un buen filete. Por su escenario pasaron desde el activista de folk Pete Seeger hasta el vocalista Harry Belafonte hasta que el club, casi sin querer, se especializó en actuaciones de jazz. Su tradición irreverente y de izquierdas sigue intacta, pero las cosas han cambiado un poco: Max murió en 1989 y su esposa Lorraine Gordon ejerce de jefa desde entonces. “¿Por qué cerraron la mayoría de clubes de la calle 52 a pesar de estar mejor situados que éste? Max nunca fue un pretencioso empresario de la noche. Simplemente amaba lo que hacía y adoraba a los artistas que contrataba”, dice Lorraine. Han sido más de 150 referencias hasta la fecha las que se han grabado en directo en el club. El subtítulo Live at The Village Vanguard se ha convertido en un marchamo de calidad de tal calibre que ha acabado por afectar positivamente en las ventas de los discos. Tener un disco grabado en este viejo reducto fundado por Max Gordon se ha convertido en un objetivo que justifica carreras enteras, especialmente de los jóvenes músicos, que, como Joe Lovano, más que tocar invocan a los espíritus encerrados en ese sótano. Antes de ellos, los maestros: en 1957, Stan Getz y Sonny Rollins comenzaron con la tradición de los directos grabados en The Village Vaguard; en 1960 les siguió Gerry Mulligan en un disco que rompe corazones y desatasca mandíbulas; en 1961, John Coltrane (el Live at the Village Vanguard más vendido de la historia) y Bill Evans; en 1961, Art Pepper; y podríamos seguir hasta los monumentales siete discos grabados por Wynton Marsalis en 1999. Una tradición que funciona a dos niveles desde hace décadas: por un lado, es una graduación con honores en la historia viva del jazz; por el otro, es una manera de agradecer a los clásicos las enseñanzas invisibles, incalculables, tras cientos de miles de horas de escucha. Porque en The Village Vanguard y en tantos otros clubs, igual que en el jazz, lo más importante no es sólo lo que se ve y lo que se oye, es lo que se siente.

+the true report Columna

Everett True

TRES RECOMENDACIONES Me encantaba la banda de Brighton The Popguns. Salió a principios de los 90. Produjeron la banda sonora de mi desesperación etílica, caprichos mantenidos a flote por el delirio y hundidos por el pensamiento de que no importaba lo mal que hoy te sintieras, mañana sería peor. Era obvio que The Popguns estaban enamorados de The Wedding Present. Y obviamente The Popguns se habían criado con The Smiths. Pero su música era siempre un poco demasiado desesperada para conectar con todos los chicos indies monos que había por allí. No eran para nada educados (en términos de templanza, aquello era jodido heavy metal). Se podía saborear el amargo aire del mar de todos aquellos paseos solitarios a casa de las 3 de la madrugada. Wendy tenía una voz realmente amenazante y las guitarras eran casi frenéticas. Probablemente no sea coincidencia que la primera vez que me encontré con The Popguns fuera cuando me mudé a Brighton: después de años de búsqueda, finalmente tenía un lugar al que llamar hogar, con todos los amargos sinsabores que ello conllevaba. Quizá nada especial para alguien que venía de fuera, pero lo fueron para mía, de verdad que lo fueron. Tan frenéticos. Tan fútiles. Sus guitarristas los tapaban todo bajo una maraña de ruido. Se pensaban que eran Sonic Youth o algo así (no lo eran, de verdad que no lo eran). Ese autoengaño era una de las razones por las que me encantaban. El desorden de su música (cuando todo podría haber sido tan trazado) reflejaba el desorden de mi vida (cuando todo podría haber sido tan trazado). Se esforzaban tanto. Podrían haber sido fácilmente The School (de haber sido australianos, habrían sido Even As We Speak o algo así). La voz de Wendy era tan quejumbrosa, tan lastimera.. Parecía siempre bastante incómoda con mi amor de fan hacia su banda, leyendo quizá algo más siniestro en ello. No la puedo culpar. La nostalgia alcanzó el nivel del conocimiento de un tiempo en el que yo no era realmente nadie a pesar de que mucha gente pensara que lo era.

Fabulous Diamonds han sacado un nuevo disco. Se llama “Commercial music”, pero no lo es. Ya que, de acuerdo con una vieja entrada del blog Collapse Board, Fabulous Diamonds son como “sumergirse a través de tablas del suelo, luchar con batidoras, lanzar un balón rojo al cielo y ver como las nubes lo van capturando gradualmente”. Fantástico al modo de Love Of Diagrams o Electrelane... Pero no sé nada acerca de eso. Parece absurdo, ridículo y no se apoya en la realidad. ¿Y no trata de eso la crítica musical de 2012? De devolver a los oyentes a la realidad. El fabuloso trance-psych-rock de Fabulous Diamonds, como su nombre sugiere, conlleva escuchas repetidas. Podría decir esto acerca de casi todo. Tan solo estoy haciendo un ejercicio de free-styling. A veces está bien tener la vida claramente definida. A veces, no. Diría que este nuevo trabajo

de Fabulous Diamonds es para lo segundo. ¿Quizá no? No altera, reconforta. Si miro hacia atrás, no estoy muy seguro de si alguna vez creí en My Bloody Valentine del mismo modo en que alguna gente de Brisbane cree en ellos. A Sun Ra, sí. Nude Beach (en la foto) se parecen un poco a los Webb Brothers del principio. Ciertamente recuerdan a Teenage Fanclub. Aunque Nude Beach son más sucios y están menos preocupados por las armonías a lo Byrds, y mucho más arraigados en la imaginería de la Americana suburbana… Y su álbum “II” hizo callar a mi retoño Lauren (de un año) durante al menos 12 minutos. Una razón de peso para adorarles. Creo que Nude Beach es el tipo de banda que a Spin Magazine todavía le gusta. Ya sabes... Tom Petty... The Replacements. Viva la nostalgia.


058/059

agenda

agenda

Little Boots

Copérnico (Madrid), 05/10/12 Razzmatazz Clubs (BCN(), 06/10/12

Barcelona Miércoles 3 de octubre _Leonard Cohen. Palau Sant Jordi. 19 h. 45 y 110 €. _DeProp: Guillamino. La Pedrera Auditori. 20 h. 8 €. Jueves 4 de octubre _Refused. Razzmatazz 1. 20 h. 16 €. _Zahara. Music Hall. Hora y precio S/C. _Prats + Anímic. La [2]. 21:30 h. Precio S/C. Viernes 5 de octubre _The Tallest Man On Earth. Casino L’Aliança. Hora y precio S/C. _Vatican Shadow. Miscelänea. 21:30 h. 8 €. _Apparat + Shannon & Thee Clams. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Dirtyphonics + Spank Rock. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _Kode9 + Chelis. Shake@BeCool. 1 h. 12 €. _Flamaradas. Depósito Legal (L’Hospitalet Llbr.). Hora y precio S/C. Sábado 6 de octubre _Joy Orbison + Marcelo Dettmann. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Little Boots + Ewan Pearson. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. Domingo 7 de octubre _Extra! Extra!: Paul Ritch, Mark Fanciulli, Toni Varga... Elrow (Viladecans). 12 h. Precio S/C. _DeProp: Minimúsica. La Pedrera Auditori. 12 h. 5 €. _Tigercats. El Vermell (Manresa). Hora y precio S/C. Lunes 8 de octubre _DeProp: Seward. La Pedrera Auditori. 20 h. 5 €. Martes 9 de octubre _Cave. Heliogàbal. Hora y precio S/C.

_Marc Ribot. Centre Artesà Tradicionàrius. 21:30 h. 20 €. Miércoles 10 de octubre _Cuchillo. Music Hall. Hora y precio S/C. _DeProp: Maria Coma. La Pedrera Auditori. 20 h. 5 €. _Evripidis and his Tragedies + Gudar. Espai Cultural Caja Madrid. Hora y precio S/C. _El Decantador: Maria Rodés. Magatzem Escolà. Hora y precio S/C. Jueves 11 de octubre _Marc Piñol. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 13 €. _Zombie Zombie. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _Voltech Pilar. Mephisto. Hora y precio S/C. Viernes 12 de octubre _Picore + Alado Sincera. La [2]. 20:30 h. 10 €. _Brazilian Girls. Music Hall. 20:30 h. 15 €. _Skream + Azure Blue. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Rex The Dog. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _Luciano. Elrow (Viladecans). Hora y precio S/C. Sábado 13 de octubre _Japandroids. Apolo, 21 h. Precio S/C. _Angel Molina. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Maxïmo Park. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _M.A.N.D.Y. BeCool. 1 h. 15 €. Domingo 14 de octubre _Fanfarlo. Apolo, 21 h. Precio S/C. _KorekyoJinn. Centre Artesà Tradicionàrius. 21:30 h. 20 €. _Dubfire. Elrow (Viladecans). Hora y precio S/C. Lunes 15 de octubre _Wilco. Gran Teatre Liceu. Hora S/C. 120 a 35 €.

Martes 16 de octubre _The Weeding Present. Sidecar. 21:30 h. 18 €. _Man Forever. Koitton Klub. Hora y precio S/C. Miércoles 17 de octubre _DeProp: The New Raemon. La Pedrera Auditori. 20 h. 8 €. _Damo Suzuki & The Electric Trio. La [2]. 20:30 h. Precio S/C. _Bill Kirchen. Sidecar. 21:30 h. 15 €. Jueves 18 de octubre _Whomadewho. Music Hall. 20 h. 24 €. _Casa Jäger: Buzzcoks, Los Nasty... Sitio por determinar. Hora S/C. Entrada con invitación _Royal Republic. La [2]. 20 h. Precio S/C. _Obits + Aliment. Sidecar. 21 h. 15 €. _Mujeres + Los Vertigos. Razzmatazz 3. 20 h. 10 €. Viernes 19 de octubre _Russian Red (& The Beatles). Sant Jordi Club. 21 h. 16 €. _Michael Mayer. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Mylo + Chew Lips. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €.

_DeProp: Maïa Vidal. La Pedrera Auditori. 20 h. 5 €. Viernes 26 de octubre _Faraday Tardor: Sr. Chinarro, Paul Fuster, Ferran Palau. Auditorio Eduard Toldrà (Vilanova i la Geltru). Hora S/C. Abono 15 €. Día 10 €. _Connexions: Bombino & Jaco Abel & Salao. City Hall. Hora y precio S/C. _Richard Hawley. Apolo. Hora y precio S/C. _Havalina. BeGood. Hora y precio S/C. _Tiga & Martyn. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Len Faki. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _Joanna Serrat. Depósito Legal (L’Hospitalet Llbr.). Hora y precio S/C. Sábado 27 de octubre _Faraday Tardor: Manos de Topo, Maria Coma, Renaldo & Clara. Auditorio Eduard Toldrà (Vilanova i la Geltru). Hora S/C. Abono 15 €. Día 10 €. _Lisabö + Ama Say. Apolo. 20:30 h. Precio S/C. _Second. Music Hall. Hora S/C. 15 €. _DJ Shadow. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Breakbot + Errors. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €.

Sábado 20 de octubre _Kiko Veneno. Apolo. 20 h. Precio S/C. _Senior i el Cor Brutal, Ocellot... Heliogàbal. Hora y precio S/C. _Fun + Walk The Moon. Bikini. Hora y precio S/C. _Jacques Green + Pearson Sound. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €. _Ben Klock. Razzmatazz Clubs. 1 h. 17 €. _Roman Flügel. BeCool. 1 h. 15 €.

Lunes 29 de octubre _Scissor Sisters. Razzmatazz 1. 19:30 h. 27 €. _Twin Shadow. Apolo. 20 h. Precio S/C.

Martes 23 de octubre _White Hills + Barn Owl. Sidecar. Hora y precio S/C.

Madrid

Miércoles 24 de octubre _Keane. Razzmatazz 1. 19 h. 30 €.

Miércoles 31 de octubre _Godspeed You! Black Emperor. Apolo. 20 h. 25 €. _Pional + Aster. Nitsa/La [2] del Nitsa. 24:30 h. 15 €.

Miércoles 3 de octubre _Retratos Mahou: Nudozurdo + Disco Las Palmeras!. Teatro del Canal. 21 h. Precio S/C.


Wilco

Palacio Euskalduna (Bilbao), 14/10/12 Gran Teatre del Liceu (BCN), 15/10/12 Palacio Vistalegre (Madrid), 16/10/12 Plaza de Toros (Murcia), 19/10/12 _House of Wolves. El Perro Club. Hora y precio S/C. Jueves 4 de octubre _The Tallest Man On Earth. Joy Eslava. Hora y precio S/C. _Vatican Shadow. El Perro Club. Hora y precio S/C. Viernes 5 de octubre _Leonard Cohen. Palacio de Deportes. 19 h. 45 y 110 €. _Refused. La Riviera. 20 h. 16 €. _Little Boots. Copérnico. Hora S/C. 22 €. _Bigott. Joy Eslava. 20 h. 22 €. _Los Lagos de Hinault + El Faro. Siroco. 22 h. 8 €. _Victor Flores. Café La Palma. 24 h. Gratis. Sábado 6 de octubre _981Heritage: Kode9, Actress, Moise On Mars, oOoOO, Solar Bears... Matadero. 12 h. Precio S/C. _Hound Dogs. Gruta 77. 23 h. 15 €. Domingo 7 de octubre _The Darkness. La Riviera. 20 h. 25 €. _Marc Ribot. La Casa Encendida. Hora y precio S/C. Miércoles 10 de octubre _Zombie Zombie. Nasti. Hora y precio S/C. _Mala Suerte o Falta de Talento. Cuarta Pared. 21 h. Precio S/C. _Coffee&Winw. El Sol. 22 h. 10 € Jueves 11 de octubre _Son Estrella Galicia: El Hijo. Teatro Lara. Hora S/C. 18 €. _Lurkers. Gruta 77. 23 h. 10 €. Viernes 12 de octubre _Maxïmo Park. Arena. 20 h. 22 €. _Cave. Ganímedes. Hora y precio S/C. _Japandroids. El Sol. Hora y precio S/C. Sábado 13 de octubre _Días Nórdicos: Teitur + Akat. Matadero. 13

h. Gratis con invitación. _Rory Kelly’s Triple Threat. Gruta 77. 23 h. 15 €. _Staer. El Perro Club. Hora y precio S/C. Domingo 14 de octubre _Gallon Drunk. Nasti. Hora y precio S/C.

Jueves 25 de octubre _Cuchillo. Moby Dick. Hora y precio S/C. _Marlango. Teatro Lara. Hora S/C. 24 €. _Algora + Mijail. El Juglar. 21:30 h. 6 €.

Martes 16 de octubre _Wilco. Palacio Vistalegre. Hora S/C. 70 a 38 €. _The Quakes. Gruta 77. 21 h. 10 €. _Steve Gunn. El Perro Club. Hora y precio S/C.

Viernes 26 de octubre _Sex Museum. Gruta 77. 23 h. 12 €. _Obits. Wurtlizer Ballroom. 22 h. 15 €. _Manos de Topo + Dolores. Joy Eslava. 20 h. 21 €. _White Hills. Ganímedes. Hora y precio S/C. _Lehnmotiv + Eric Fuentes. Siroco. Hora y precio S/C.

Miércoles 17 de octubre _Son Estrella Galicia: Fanfarlo. Teatro Lara. Hora S/C. 20 €.

Sábado 27 de octubre _Billy Bob Dillon. Café La Palma. 22 h. 8 €.

Viernes 19 de octubre _Keane. San Miguel@ Palacio Vistalegre. 19 h. 30 €. _Whomadewho. Copérnico. 20 h. 24 €. _Subsonics. Siroco. Hora y precio S/C. _Ginferno. El intruso. Hora y precio S/C.

Domingo 28 de octubre _GOA: Seth Troxler, John Talabot, Simian Mobile Disco... Fabrik. Hora y precio S/C. _Bon Iver. Palacio Vistalegre. 19 h. 35 €. _Scissor Sisters. La Riviera. Hora y precio S/C.

Sábado 20 de octubre _Russian Red (& The Beatles). San Miguel@ Palacio Vistalegre. 21 h. 16 €. _Comet Gain + Amor de Días. Moby Dick. 21 h. 18 €. _Arizona Baby. Auditorio Universidad Carlos III. 20:30 h. 14 €. _Chew Lips. El intruso. Hora y precio S/C. _HD Substance. Café La Palma. 24 h. Gratis.

Martes 30 de octubre _Godspeed You! Black Emperor. Teatro Kapital. 20 h. 25 €.

Domingo 21 de octubre _Richard Hawley. Joy Eslava. Hora y precio S/C. _Alex Under & Rod MacLachlan. La Casa Encendida. Hora y precio S/C. _Fun + Walk The Moon. Arena. Hora y precio S/C. Miércoles 24 de octubre _Son Estrella Galicia: Jane Joyd. Café Berlin. Hora S/C. 12 €. _Barn Owl. Nasti. Hora y precio S/C.

Miércoles 31 de octubre _Christine, Fort Romeau... Siroco. Hora S/C. 12 €.

Andalucía Sábado 6 de octubre _Lehnmotiv + Guadalupe Plata. Malandar (Sevilla). Hora y precio S/C. Jueves 11 de octubre _Monkey Week: Pony Bravo, Lisabö, Za!... Mucho Teatro (Puerto de Santa María). 23 h. Precio S/C. _Cave. Planta Baja (Granada). Hora y precio S/C.

Viernes 12 de octubre _Monkey Week: Jane Joyd, Hola a Todo El Mundo, Xoel López... Mucho Teatro (Puerto de Santa María). 23 h. Precio S/C. _Monkey Week: Napoleón solo, X-Wife, Elle Belga, Astro... Varios Locales (Puerto de Santa María). 12 h. Precio S/C. _Toundra. Eventual Music (Málaga). Hora y precio S/C. Sábado 13 de octubre _Monkey Week: Gallon Drunk, Pájaro, Chelis... Mucho Teatro (Puerto de Santa María). 23 h. Precio S/C. _Monkey Week: I Am Dive, Partido, Grises, Toundra... Varios Locales (Puerto de Santa María). 12 h. Precio S/C. _Lisabö. Planta Baja (Granada). 22 h. 10 €. Jueves 18 de octubre _The Wedding Present. Planta Baja (Granada). Hora y precio S/C. Viernes 19 de octubre _Sidonie. Teatro Cajasol (Sevilla). Hora y precio S/C. Sábado 20 de octubre _Obits. Velvet (Málaga). 22 h. 10 €. _Maga. Supersonic (Cádiz). Hora y precio S/C. Martes 23 de octubre _Tindersticks. Teatro Central (Sevilla). Hora y precio S/C. Miércoles 24 de octubre _Richard Hawley. Auditorio (Málaga). Hora y precio S/C. Jueves 25 de octubre _Zahara. Industrial Copera (Granada). Hora y precio S/C. Viernes 26 de octubre _Maga. Velvet (Málaga). Hora y precio S/C.


060/061

agenda Joy Orbison

Nitsa (BCN), 06/10/12

Sábado 27 de octubre _Russian Red (& The Beatles). Sala 101 (Málaga). 21 h. 16 €. _Zahara. Supersonic (Cádiz). Hora y precio S/C.

Aragón Jueves 4 de octubre _House of Wolves. Juan Sebastian Bar (Huesca). Hora y precio S/C. Viernes 5 de octubre _Jello Briafra & The Guantanamo School of Medicine. López (Zaragoza). 21 h. 18 €. Sábado 6 de octubre _Tigercats. La Lata de Bombillas (Zaragoza). Hora y precio S/C. Lunes 15 de octubre _Fanfarlo. El Plata (Zaragoza). Hora y precio S/C. Viernes 26 de octubre _Periferias: Bigott, Cerdo Agridulce, Dotes Líricas... Carpa Plaza de Toros (Huesca). 22 h. 12 €. _Second. La Casa del Loco (Zaragoza). Hora S/C. 15 €. Sábado 27 de octubre _Periferias: Hans Bennink, Stanley Sunday... CC Matadero (Huesca). 20 h. 10 €. _Periferias: Hidrogenesse, Los Punsetes, Jason Forrest... Carpa Plaza de Toros (Huesca). 22 h. 15 €.

C. Valenciana Viernes 5 de octubre _MIMAA: Lüger, Fabel, AFFKT... ... Espai Rambleta (Valencia). 17 h. Abono 30 €. Día 18 €. _Zahara. La 3 (Valencia). Hora y precio S/C. _Christina Rosenvinge. Four Seasons (Castelló). Hora y precio S/C. _Dinero, The Noises... Wah Wah (Valencia). 22 h. 10 €. Sábado 6 de octubre _MIMAA: Plaid, Isolee, Ginferno... ... Espai Rambleta (Valencia). 17 h. Abono 30 €. Día 18 €. _Zahara. Stereo (Alacant). Hora y precio S/C. _Arizona Baby. Wah Wah (Valencia). 22:30 h. 15 €. Lunes 8 de octubre _House of Wolves. Casino Antiguo (Castelló). Hora y precio S/C. Miércoles 10 de octubre _Cave. CSA La Residencia (Valencia). Hora y precio S/C.

Viernes 19 de octubre _Napoleon Solo. Wah Wah (Valencia). 22:30 h. 12 €. _Obits. La Residencia (Valencia). 22 h. Precio S/C. Sábado 20 de octubre _Deleste: Fanfarlo, Josh T. Pearson, Nudozurdo, McEnroe... Espai Rambleta (Valencia). 12 h. 43 €. Jueves 25 de octubre _Festival Urbano: Tindersticks + Thomas Belhom. Espai Rambleta (Valencia). Hora y precio S/C. _Senios. Wah Wah (Valencia). 21:30 h. 5 €. Sábado 27 de octubre _Festival Urbano: Niños Mutantes. Espai Rambleta (Valencia). Hora y precio S/C. _Llum. Wah Wah (Valencia). 22:30 h. 12 €. Lunes 29 de octubre _Nada Surf. Wah Wah (Valencia). 21 h. 20 €.

Catalunya Viernes 5 de octubre _Tigercats + The Missing Leach. Sindicat (Garriguella). Hora y precio S/C. Sábado 13 de octubre _Fanfarlo. Auditorio (Girona). Hora y precio S/C. Miércoles 17 de octubre _Havalina. Les Paul (Lleida). Hora y precio S/C. Viernes 19 de octubre _Cuchillo. Tourmix (Girona). Hora y precio S/C.

Euskadi Sábado 6 de octubre _House of Wolves. Teatro Principal (Donostia). Hora y precio S/C.

Galicia Jueves 4 de octubre _Joaquín Pascual. Clavicembalo (Lugo). Hora y precio S/C. _Jane Joyd. Zona C (Santiago). Hora y precio S/C. Viernes 5 de octubre _Daniel Martin Moore + Joan Shelley. Café Pop & Torgal (Ourense). 21:30 h. 10 €. _Havalina. Fábrica de Chocolate (Vigo). Hora y precio S/C. _Joaquín Pascual. Liceo Mutante (Pontevedra). Hora y precio S/C. Sábado 6 de octubre _Havalina. Le Club (A Coruña). Hora y precio S/C. _Marlango. CC Ágora (A Coruña). Hora S/C. 16 €. Viernes 19 de octubre _Fanfarlo. Capitol (Santiago). Hora y precio S/C. Sábado 20 de octubre _Son Estrella Galicia: Tindersticks. CC Ágora (A Coruña). Hora S/C. 20 €. _Outono Capitol Rock: Bill Kirchen. Capitol (Santiago). Hora y precio S/C. Martes 23 de octubre _Obits. Mondo (Vigo). 20:30 h. 10 €. Sábado 27 de octubre _Outono Capitol Rock: Lala Brooks. Capitol (Santiago). Hora y precio S/C.

Illes Balears Viernes 5 de octubre _John Digweed, M.A.N.DY... Privilege (Ibiza). Hora y precio S/C. Viernes 19 de octubre _The Wedding Present. Teatre (Muro, Mallorca). Hora y precio S/C.

Miércoles 10 de octubre _Marc Ribot. Bizkaia Aretoa (Bilbao). Hora y precio S/C.

Jueves 25 de octubre _Obits. Teatre (Lloseta, Mallorca). 21:30 h. 12 €.

Domingo 14 de octubre _Wilco. Palacio Euskalduna (Bilbao). Hora S/C. 100 a 32 €.

Murcia

Lunes 15 de octubre _Subsonics. Le Bukowski (Donostia). Hora y precio S/C.

Viernes 12 de octubre _Montevideo + Cosmen Adelaida. Stereo (Murcia). Hora y precio S/C.

Viernes 19 de octubre _Tindersticks. Kafe Antzokia (Bilbao). Hora y precio S/C.

Viernes 19 de octubre _BUM Estrella Levante: Wilco, Lori Meyers, Delorentos... Plaza de Toros (Murcia). 20 h. Precio S/C.

Sábado 13 de octubre _Black Lotus: Pendulum DJs, DJ Rocky Rock, Lektroluv... Qoqoa (Valencia). Hora S/C. 25 €.

Sábado 20 de octubre _The Wedding Present. Fever (Bilbao). Hora y precio S/C. _Havalina. Azkena (Bilbao). Hora y precio S/C.

Miércoles 24 de octubre _Tindersticks. Teatro Circo (Cartagena). Hora y precio S/C.

Miércoles 17 de octubre _The Wedding Present. Loco (Valencia). Hora y precio S/C.

Sábado 27 de octubre _Scissor Sisters. Rockstar (Bilbao). Hora y precio S/C.

Jueves 25 de octubre _Richard Hawley. Teatro Circo (Cartagena). Hora y precio S/C.


Foramuralla

Recinte del Mas de Bigues (Vic), 31/08/12-01/09/12

Fue una señal de mal augurio que el concierto de presentación de la nueva edición del festival, que reunió en mayo a Ferran Palau y Mishima en la Plaça de la Catedral de Vic, se viera obligado a cambiar de fecha por predicciones de tormenta. Cuando la noche del 31 de agosto cayó sobre el recinto, un súbito e inesperado frío húmedo, acompañado de viento, se erigió como protagonista, afectando no sólo a los músicos y

sus instrumentos —y, por ende, a la capacidad de sus directos—, sino también al escaso público congregado. A pesar de ello Nacho Umbert consiguió con su cancionero transportar al oyente al refugio acogedor de un salón con chimenea mientras desgranaba el repertorio del sensacional “No os creáis ni la mitad” (Acuarela, 11). Paul Fuster no dio opciones de poder valorar el interesante “Repte” (Chesapik, 11) puesto que su

Kutxa Kultur Festibala Parque de Atracciones Monte Igueldo (Donosti), 07/09/12

Lo que sucedió en Donosti el pasado septiembre se acercó mucho a la perfección: un cartel equilibrado entre figuras internacionales y bandas locales, un entorno sin parangón, un tiempazo espectacular y… 20 euros por el abono de dos días. La entidad bancaria, en un giro sin precedentes, decidió en el último momento financiar los dos días, por lo que sólo había que pagar lo que cuesta acceder al parque de atracciones. En lo alto del Monte Igeldo, las bandas no escondían su expresión alucinada al verse tocando con el espectacular paisaje de la costa guipuzcoana a un lado y la bella bahía donostiarra al otro. Un entorno

perfecto para el recital bucólico de Russian Red y sus Belle And Sebastián, que estrenaban el viernes por la tarde el escenario grande. Lourdes desplegó su capacidad para la ensoñación con su habitual solvencia. Una ensoñación que tornó en baile desenfrenado con The Whip, lo segundos en subirse a estas tablas: si al ritmo de temas como “Movement” o “Trash” no te entran una ganas irrefrenables de gastar zapatilla, es que no tienes sangre en la venas. Los de Manchester han recuperado como nadie el espíritu clubber que arrasó en su ciudad natal hace cuatro décadas. The Raveonettes también subieron al escenario con ganas

show se convirtió en un monólogo delirante que no debió ser del gusto de la organización. Se agradeció la irrupción en escena de Joana Serrat y su banda, ayudando a retomar el pulso musical del festival mientras mostraba las excelencias de un “The relief sessions” que encierra una certera dosis de folk introspectivo en sus vertientes más contemporáneas. Cerraron Antónia Font (en la foto) con un concierto que congregó a más público y que sirvió para despedir “Lamparetes” (Robot Inocent, 11). La situación climatológica se mantuvo similar el sábado, no así la afluencia de espectadores que se incrementó algo más. Abrió Hyperpotamus. El madrileño no ofreció más de lo que ya mostrara un mes antes en el Jazz Cava de Vic: un recital basado en su voz y las posibilidades sonoras de esta con el uso del loop. Resultó interesante sólo en los primeros compases. Los locales Mates Mates calcaron la virtudes que ya atesoraron en el divertido recital que brindaron en el Faraday. También jugaron en casa La Iaia. Motivados quizá por este hecho, o por el de tocar delante de Paco Loco —productor de “Les ratlles del banyador” (Música Global, 11)—, lo cierto es que los de Vic ofrecieron un sobresaliente show, exhibiendo maestría en las dinámicas de su directo gracias a una rítmica eficaz y una buena dosis de empatía con los allí presentes. Bigott no estuvieron tan sublimes como en el Cruïlla pero aún así la diversión y el baile fue la constante desde el primer al último acorde. Mishima fueron eficaces en sus hits, llevando al éxtasis a sus seguidores con una demostración de contundencia rock. A Sanjays les tocó lidiar ante un público que desertó tras el concierto de Carabén y los suyos. David Giménez

de guerra y sin arriesgar: en la escasa hora que tenían descargaron su batería de singles, uno detrás de otro. “Love in a trashcan”, “Dead sound” o “Bang” sonaron como tratados de pop destilado, con esa pátina de oscuridad que tanto les gusta dar a los daneses en directo. Maxïmo Park fueron los encargados de cerrar el viernes. Es de esas bandas que incomprensiblemente siguen ejerciendo de cabezas de cartel; los de Newcastle cumplen sobre el escenario y tienen algún tema con pegada, pero desde su primer “A certain trigger” han surgido millones de propuestas mucho más interesantes. Algo parecido me pasa con Delorentos, que salían al ruedo la tarde del sábado. Esta banda sigue girando sin parar por medio mundo, pero su pop predecible sólo funciona bien como música de fondo, es decir; mientras uno contempla, de espaldas al escenario, la majestuosidad de la bahía de la Concha con una buena cerveza. Los Campesinos! (en la foto) salieron al escenario con actitud disfrutona y disfrutable, dando rienda suelta a su folk hipercinético. Lograron que la gente entrara en calor y se animara a seguir los movimientos espasmódicos de Gareth y su banda. Love of Lesbian demostraron, por poder de congregación (no cabía un alfiler) y actitud sobre el escenario, que son uno de los grupos más grandes de este país. Para mí es un misterio, no encuentro en su música nada que los haga merecedores de este título, pero lo cierto es que el público lo ha decidido así y los barceloneses cumplen a la perfección su papel. Y por fin, EL concierto: The Horrors sonaron sobre las tablas a veces como The Cure, otras como Joy Division y en ciertos matices como Sonic Youth. Pocas bandas actuales llegan a su potencia escénica. El cierre, con una versión alargada de la magistral y onírica “Movin further away”, llevó al éxtasis a un público heredado de Love of Lesbian, pero que enseguida se rindió a los pies de los chicos de Southend. Luis Meyer / Foto Photokluba


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live

placebo

agoria

grimes

mark lanegan

patrick wolf

Rock en Seine 2012 Domaine National (Saint-Cloud, francia) 24-26/08/12

E

l festival parisino Rock en Seine ha llegado a su décima edición totalmente consagrado. De los dos escenarios y un solo día de la primera edición se ha pasado a cuatro escenarios distintos repartidos por el Domaine National de Saint-Cloud y tres días de conciertos y actividades paralelas. El viernes llegábamos a tiempo para ver a The Asteroids Galaxy Tour, banda danesa que destila un pop funk bailable de aires sesenteros y que con temas como “Major” o “Heart attack” sonaron entretenidos a más no poder. Get Well Soon tiraron de épica en una actuación especial para la ocasión junto a la Orchestre National d’Île-de-France, y aunque consiguieron dibujar pasajes de gran intensidad, enfáticamente sincronizados por momentos con la lluvia que empezaba a caer en Saint-Cloud, en ocasiones se mostraron planos y faltos de nervio, todo lo contrario que Beth Jeans Houghton and The Hooves of Destiny, su ¿anti? folk teatral fue un soplo de aire fresco y jovial que nos alegró la tarde. La sonada baja de Frank Ocean (anuló a última hora parte de su gira europea) y la de Childish Gambino dejó al festival casi huérfano de hip hop, pero todavía quedaban The Knux en cartel, que con un efectivo y divertido directo borraron por un tiempo las dudas creadas con su segundo disco. Llegaron The Shins y, como no podía ser de otra manera, su indie pop con reminiscencias sixties devolvió el sol al festival. James Mercer y sus nuevos compañeros se mostraron convincentes en directo, compaginando temas del “Port of morrow” con clásicos de la talla de “Australia”, “New slang” o “Sleeping sessions”. Más tarde sobre el mismo escenario

aparecían Sigur Rós, con “Valtari” recién salido del horno y todavía pendientes de asimilarlo a su consistente directo. Tan solo “Varúð” se coló en un setlist arrollador, plagado de paisajes sublimes y brillantes crescendos, posiblemente la mejor actuación del festival. A última hora, mientras Placebo tiraba de épica para masas en el escenario grande, el sello electrónico Bromance organizaba una elegante fiesta en el escenario Pression Live con Gesaffelstein, Brodisnky y Club Cheval a los platos para cerrar la noche del viernes. El sábado era el día del reencuentro del festival con Noel Gallagher. Tres años después de la ruptura de Oasis, Noel volvía con su nuevo proyecto al mismo escenario en el que una trifulca con su hermano entre bastidores minutos antes de salir a escena acabaría con la banda. Set correcto y la única mención a tiempos pasados vendría en forma de canciones, cuatro temas de Oasis repartidos durante la actuación, con “Whatever” y “Don’t look back in anger” como final, que era en el fondo lo que la gente quería ver. El otro reclamo de la noche era la actuación de The Black Keys, que con su último álbum, “El camino”, habían creado una gran expectación entre el público. El escenario, en principio demasiado grande para una guitarra y una batería, fue llenándose poco a poco, primero con dos músicos de apoyo (bajo y guitarra/teclados) y después con la pericia de Auerbach y Carney, que con “Gold on the ceiling” y “Lonely Boy” pusieron a la concurrida audiencia a sus pies. Pero no fueron los únicos conciertos del día: Of Monsters & Men se asomaron a primera hora para reclamar que en Islandia hay vida más allá de Björk y Sigur Rós; Eagles of Death

Fotos

Texto Javier Burgueño Sylvere Hieulle, Victor Picon y Nicolas Joubard

Metal nos hicieron dudar sobre que era más divertido, sus canciones o el teatro que le echa su cantante Jesse Hughes; y acabando la noche Mark Lanegan estremecía con el estupendo “Blues funeral” mientras al otro lado del parque Agoria presentaba “Forms”, una espectacular experiencia visual en la cual el DJ y productor francés combina música, gráficos y proyecciones con los que hizo bailar al personal hasta el final de la noche, gracias a un arrebatador set ideal para todas las orejas. El domingo la joven cantante neozelandesa Kimbra dejaba a primera hora constancia de su increíble voz y de sus ganas de hacerse un hueco en Europa tras haber arrasado en su país natal. Después llegaba el tiempo para la nostalgia con una digna actuación de The Waterboys en el escenario de la Cascada mientras en el Pression Live los más jóvenes bailaban con el electro-pop de Passion Pit sin hacer demasiado caso a sus letras. Tras la curiosidad de ver las canciones de Nirvana versionadas en clave reagge por Little Roy llegaba la hora del reencuentro con Grandaddy. Lytle y compañía parecían no haberse separado en ningún momento y su indie rock analógico espacial sonó tan fresco como el primer día. E increíblemente frescos y rebosantes de energía se mostraron Social Distortion a los que más de treinta años de carrera no parecen afectar. Ya al final de la jornada, mientras el escenario grande y sus alrededores se llenaban a rebosar para ver a Green Day, en el pequeño Pression Live, Beach House llevaban al directo su zenit creativo. La precisa y evocadora puesta en escena de Victoria Legrand y Alex Scally nos serviría como gran punto final a una entretenida celebración de cumpleaños.


the kooks

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sigur rós

justice

patrick wolf

DCode 2012

Fotos

Alfredo Arias y Christian Bertrand

Campus ComplUtense (Madrid), 14-15/09/2012 Viernes 14. La corriente verano-festivalera desembocó esta vez en Madrid para acoger la segunda edición del festival DCode. En general, menos asistentes de los esperados, caos organizativo a la hora de gestionar filas, pulseritas y demás burocracias festivaleras, y precios no muy económicos acordes con la crisis que estamos viviendo (de ahí la explosión de botellones en los alrededores del recinto). Pero ganas de fiesta había, y muchas, porque eso nunca está en crisis, aunque nuestros bolsillos se resientan considerablemente al día siguiente… Llegamos a Kings of Convenience, bajo un sol importante y con un público de tamaño más bien reducido. Los otrora ‘padres’ del New Acoustic Movement, otra fugaz etiqueta ideada por la prensa británica para llenar páginas en tiempos de sequía creativa, ofrecieron un concierto ameno, correcto, pero en ocasiones falto de chispa, como demostraron los bostezos de algunos de los allí presentes. Los belgas dEUS nos entregaron altas dosis de rock enérgico e inteligente, presentándonos su nuevo álbum “Following sea” y con él la adictiva “Quatre mains”, que suena incluso mejor en directo que en disco. Decididamente, Sigur Rós no son carne de festival. No tanto por su actuación, que estuvo a la altura de las expectativas y contó además con unos bellos acompañamientos de viento y cuerda y unos visuales dramáticos en perfecta sincronía con la naturaleza emocional de su música. Si digo que no son carne de festival es porque piezas como “Sæglópur”, “Popplagid”, “Hafsol”, y en especial “Hoppipolla”, son para disfrutarlas en unas condiciones más propicias para la introspección, la inmersión y el éxtasis como son las butacas de un teatro, por ejemplo, y no en un entorno asfixiante, de pie y con todo el mundo empujándose y molestándose entre sí como fue el caso, circunstancias que sacan a cualquiera de ese dejarse llevar y ese libre

fluir de pensamientos e imágenes que su música es capaz de estimular. Tras la descarga shoegazer de Triángulo de Amor Bizarro, estupenda para despertarnos del letargo islandés, Justice ofrecieron lo que tenían que ofrecer a esas horas de la noche: música para bailar y hacer el loco con los amigos con hitazos como “We are your friends”, “DANCE” o “Phantom”. Todo el mundo bailó, todo el mundo gritó, todo el mundo bebió, los propios Justice los primeros, alargando los temas hasta el infinito y más allá y dándole al play que da gusto. Su actuación nos dejó más que entonados para continuar la fiesta allí mismo, con la sesión final de Joan S Luna, en el club Ocho y Medio, o en cualquier otro lugar de una noche madrileña que se resiste a escuchar la palabra ‘crisis’. Israel Márquez Sábado 15. En esta ocasión le tocaba elegir día a mi compañero de crónica, y reconozco que tuvo buen tino: el sábado se presentaba, a priori, como la jornada más floja, con muchos grupos ‘mainstream’ encabezados por The Killers. Sin embargo, aquel sábado encajaba a la perfección en el refrán: “que los árboles no te impidan ver el bosque”. Y es que el cartel, entre los nombres de relumbrón, estaba trufado de propuestas más arriesgadas y sugerentes. Los madrileños Fira Fem, con el sol aún bien arriba, tuvieron que defender su pop experimental a esa hora desagradecida en que uno aún está haciendo la digestión. Los pocos asistentes, con todo, disfrutaron de un concierto potente, riquísimo en matices instrumentales y electrónicos. Aunque para potencia, lo que vino después: los argentinos de Capsula dieron un recital de rock desacomplejado tanto en lo musical como en la actitud hedonista del cantante, que incluso bajó a tierra a mezclarse entre el respetable. En ese mismo escenario, Lüger tomaron

el testigo (más bien la tralla) y su post-hard-rock con tintes kraut restalló en los tímpanos de un público en estado de éxtasis. Django Django tocaban solapados en el otro escenario. Había mucha expectación por ver en directo a estos escoceses nominados al Mercury Price por un disco homónimo en el que conviven la psicodelia y el post punk con los ritmos tribales. La verdad es que sobre el escenario, aun con las ganas que le echaban, resultaron decepcionantes: un timbal base machacón y repetitivo no logró compensar unas canciones que pedían a gritos más apoyo de sintes y cajas de ritmos. Les siguieron sobre Supersubmarina, una banda que pese a sus buenas ideas resulta demasiado empalagosa por culpa de una melodías abonadas a la radiofórmula. A estas alturas el recinto estaba a punto de completar su aforo (unas 20.000 personas) con un público mucho más variopinto que el día anterior: entre puestos de perritos calientes y tiradores de cerveza convivían las gafas de pasta y los pantalones pitillo con los polos Lacoste y los pendientes de perla: puro reflejo de un cartel un tanto incoherente, pero que funcionó a la vista del llenazo absoluto. The Kooks era posiblemente el plato menos sugerente de la noche, pero en directo demostraron que, cuanto más se alejan de los singles ‘teen’ que les dieron la fama, más complejos y maduros suenan. En el otro escenario, la sorpresa de la jornada: Capital Cities, esa banda que actualiza como nadie el espíritu de la Motown, hizo bailar hasta la extenuación a un público que pasaba por allí, pero se entregó como si no hubiera un mañana. The Killers salieron a triunfar: aunque presentaban álbum nuevo, solo le dedicaron dos temas, y el resto del tiempo se dedicaron a repasar la larga lista de hits que les han llevado a lo más alto. Una sorpresa: como un oasis en su cancionero, interpretaron “Shadowplay” de Joy Division y, de pronto, Brandon Flowers y los suyos sonaron mucho más cerca de bandas como Editors o Interpol. Una pena que los de Las Vegas no hayan tomado este camino y hayan optado por un ‘mainstream’ más facilón y vendible. Luis Meyer


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report Jack Daniel’s Tennesse Tour

Dos bandas y un destino

JACK DANIEL’S TENNESSE TOUR El 3 de septiembre La Habitación Roja y Sidonie tomaron un avión que les llevaría a Nashville, epicentro mundial del country y el rock and roll. El objetivo era relajarse, ensayar juntos y dejarse imbuir por el espíritu de la ciudad, donde acabarían descubriendo que les unen con el viejo Jack muchas más cosas de las que podían imaginar. Las grabaciones, los conciertos, las risas… Víve una experiencia inolvidable junto con La Habitación Roja y Sidonie en el Jack Daniel’s Tennessee Tour el 19 de octubre en Madrid en Joy Eslava y en noviembre en Barcelona.

Texto

Virginia Arroyo

C

uenta la leyenda que una mañana de 1911 en Lynchburg, Jack Daniel, furioso al probar mil veces y no recordar la combinación de su caja fuerte, le dio una patada con tan mala suerte que se abriría una herida en el dedo gordo que se infectaría y lo mataría al poco tiempo. Medio siglo más tarde, a 120 kilómetros de allí, en Nashville, Elvis Presley entraría en el RCA Studio B y, como siempre, pondría un vinilo en el tocadiscos para inspirarse para la sesión del día; al darse cuenta de que el aparato no funcionaba, el rey del rock and roll se enfadó tanto que pateó hasta romper el armario de madera que lo sostenía. ¿Casualidad? Seguramente, claro, pero la relación entre Jack Daniel’s y la música, no obstante, va más allá de la mera anécdota. Todo empezó en 1892, cuando el rico fundador de la marca de whiskey decide crear su propia banda, la Silver Cornet Band. Jasper Newton “Jack” Daniel compró unos instrumentos de viento y percusión y se los entregó a trabajadores de su destilería y gente de la ciudad de Lynchburg. Nadie había hecho nada parecido antes, pero eso a Jack no le importaba, como tampoco le importó marcharse de casa a una temprana edad, permanecer soltero toda su vida o fabricar una botella de whiskey cuadrada cuando todo el mundo las vendía cilíndricas. Pasado más de un siglo, hoy en día Jack Daniel’s sigue apostando por la innovación y por la música. Por eso en septiembre la marca invitó a La Habitación Roja y

Sidonie a embarcarse en un viaje a Lynchburg y Nashville, un retiro espiritual donde buscar la inspiración y encontrarse a sí mismos, donde forzar los límites de su música y dejar que penetrara en ella la enraizada tradición artística de Tennessee. ¿Y por qué estas dos bandas? Porque representan a la perfección el espíritu rompedor de Jack Daniel’s, porque son grandes y siguen siendo underground, porque han cimentado una carrera sólida basada en la amplitud de miras y un respeto por la tradición combinado con el gusto por deformar las reglas a su gusto para crear un sonido único.

para revocarla es mayor al número total de concejales. Una excepción a estas estrictas normas, claro está, es la cata en la destilería, en la que La Habitación Roja y Sidonie aprendieron a diferenciar las variedades de Jack Daniel’s y a paladear en todas ellas el sabor que hace de Jack Daniel’s único: el del carbón de arce con el que se filtra y suaviza y los barriles propios con los que adquiere cuerpo y color y se diferencia de bourbons y otros whiskeys americanos. Todo ello acompañados del maestro destilador Jeff Arnett y de John, auténtico redneck de pura cepa que fue nuestro guía por las instalaciones.

BEBER O NO BEBER

DESDE LA COLINA

Una vez aterrizados en Nashville, la aventura empezaba en la Jack Daniel’s Distillery, ubicada en Lynchburg. Esta ciudad, como América, es un lugar lleno de contradicciones: acogedora de la única destilería existente de una de las marcas de whiskey más importantes del mundo, en Lynchburg impera la Ley Seca. Efectivamente, amigos: en Lynchburg podrás comprar imanes, salsa barbacoa, delantales, chanclas, ratones para el ordenador, cowboy hats e incluso Harley Davidsons con el logo de Jack Daniel’s, pero no podrás llevarte a casa una botella de su whiskey, ni tan siquiera echar un trago en un bar. El motivo del mantenimiento de tan curiosa ley hoy en día es que Lynchburg es un lugar tan pequeño que el número de votos necesarios

Una de las paradas clave del viaje fue la Jack Daniel’s Barbecue Hill, un cobertizo rodeado de bosque en lo alto de una colina desde la cual se ve todo Lynchburg. En Barbecue Hill se respira paz y las puestas de sol rozan la épica. Pueden imaginarse, pues, que resulta el entorno ideal para soltarse y dejar fluir la creatividad. Sin normas, sin corsés, sin nada predeterminado. Allí las bandas tuvieron toda la libertad para hacer sus jams, desarrollar ideas y mezclarse. De estas sesiones bastardas salieron cosas tan bonitas “La segunda oportunidad” de La Habitación Roja con la voz de Marc Ros de Sidonie o Jorge Martí cantando con los barceloneses “Costa Azul” con Pau Roca a la guitarra y en el pedal steel


uno de los miembros de Barrel House Gang, grupo local de bluegrass que se quiso sumar a la fiesta. MUTUO TRIBUTO

Uno pensaría que después de más de 15 años tocando, lo de grabar podría parecerles parte de la rutina, una mera formalidad, pero no: La Habitación Roja y Sidonie se toman muy en serio sus sesiones de estudio y así lo demuestran los temas que prepararon especialmente para la ocasión. En lugar de grabar por pistas, ambos decidieron hacerlo en directo, “como ‘El fluido García’”, comentan Sidonie, “le da un rollo especial a las canciones”. Como homenaje a su amistad (se conocen desde que empezaron, a mediados de los 90) y a este viaje que ha estrechado todavía más sus lazos, cada banda ha versionado a la otra. Así, Marc, Jes y Axel se atrevieron con la preciosa “Días de vino y rosas”, mientras que La Habitación Roja le dieron su toque personal a la pegadiza “Costa Azul”. No es de extrañar que una de las mejores cosas del viaje haya sido para Jes Senra, “cómo nos ha acabado de unir más todavía”.

“en América hay un gran respeto hacia la música, tanto desde la vertiente institucional como, sobre todo, desde la social y cultural”. Esa veneración por la música es, para estos valencianos, una de las cosas más importantes que se llevan de este viaje, eso “y unos cuantos kilos de más”, como apostilla entre risas el batería de La Habitación Roja, José Marco. TICKET TO RIDE

Como en cualquier viaje, en éste algunos de los instantes más bellos se vivieron en los desplazamientos, cuando los miembros de Sidonie y La Habitación Roja se subían a la furgoneta agotados tras un día intenso de trabajo. A veces se conversaba de todo y de nada y se revelaban filias curiosas (adivinen quién sueña con aparecer con una celebrity en la Cuore, o quién adora la comida mexicana, o quién se levanta cada mañana contra viento y marea para hacer un poco de jogging) y en otras ocasiones cogían las guitarras y las panderetas y en la parte de atrás de la furgoneta se marcaban unas preciosas versiones espontáneas de los Beatles, David Bowie o los Everly Brothers.

EL SUEÑO AMERICANO

JACK DANIEL’S TENNESSEE TOUR

Broadway Street es probablemente la zona más famosa de todo Nashville. En ella se concentran multitud de bares de honky tonk donde bandas de rock y country tocan desde primera hora de la mañana hasta el cierre, de madrugada. Miles de jóvenes de todo Estados Unidos se trasladan a la capital de Tennessee, consiguen un trabajo a tiempo parcial y dedican el resto de su tiempo y sus esfuerzos a soñar con subirse a uno de esos escenarios. Algo que La Habitación Roja y Sidonie hicieron en nada más y nada menos que Tootsies, el local más mítico de la ciudad y posiblemente del sur del país (no exagero: busquen ‘honky tonk’ en la Wikipedia y verán de qué bar es la foto principal). Las dos bandas lo dieron todo ante una audiencia que les devolvió esa energía y afecto con creces y que bailó y gritó como si llevara toda la vida siguiéndolos. Y es que, en palabras de Jorge Martí,

Pero Jack Daniel’s no quiere que todas estas experiencias se queden únicamente en un bonito recuerdo para las dos bandas, por eso, como no nos puede llevar a todos a Tennessee, se trae Tennessee a España en el Jack Daniel’s Tennessee Tour. Todo lo vivido, todo lo aprendido y experimentado lo pondrán sobre las tablas Sidonie y La Habitación Roja en las cuatro citas que los llevarán por diferentes ciudades de nuestro país. En este tour las bandas interpretarán versiones de temas muy conocidos, con el aliciente extra de que cada single podrá escucharse en directo exclusivamente en cada uno de los conciertos, convirtiendo a cada uno de ellos en una experiencia absolutamente única. Las dos primeras fechas confirmadas son el 19 de octubre en la sala madrileña Joy Eslava y otra en noviembre en Barcelona (fecha y sala aún por confirmar).


MODAGADGETS Ray-Ban x Alain Afflelou

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Texto ana tomás

gadgets

Con motivo del 40ª Aniversario de Alain Afflelou, Ray-Ban ha querido celebrarlo dedicándole en exclusiva dos de sus modelos icono: Aviator y Wayfarer. Así Ray-Ban pone la nota de color con una triple versión en Serie Limitada de la célebre montura Aviator en 3 colores inéditos con cristales polarizados: verde militar, rosa fresa y azul cielo. Asimismo, dentro de su Colección Logomanía, se presenta una triple propuesta de su modelo más trendy, Wayfarer, con el interior de la gafa customizada en 3 colores exclusivos: azul, blanco y naranja, y firma de la marca. Y como broche final, RayBan edita el modelo Wayfarer en un color burdeos único, para completar el look unisex más elegante y sofisticado.

Stuart Weitzman Natalia Vodianova, su musa Realizada en blanco y negro por el prestigioso fotógrafo Mario Testino y con la top rusa Natalia Vodianova como protagonista, la nueva campaña de Stuart Weitzman para el otoño-invierno 2012 pone el acento en el encanto de la inocencia femenina. El diseñador es uno de los más codiciados de Hollywood y ha vestido los pies de muchas estrellas a lo largo de la historia de la gala de los Oscar, pero a pesar de su origen estadounidense la firma fabrica su calzado en España. “Para Stuart los zapatos son algo más que accesorios, son lo primero que nos ponemos por la mañana y lo último que nos quitamos por la noche”. La campaña incide en el concepto de sexy de un modo natural, clásico y chic, mientras muestra los diferentes estilos para esta temporada. Para el diseñador americano el diseño no está reñido con la comodidad, y su firma da un paso más para su posicionamiento en el mercado del lujo. 

Hanwell Home-audio

Gabardinas Un must de otoño

Si remontamos a 1962 nos encontramos con el primer amplificador Marshall que vio la luz gracias al empeño de Jim Marshall. Su creador tenía una obsesión: encontrar nuevas fórmulas con las que definir el sonido de las guitarras eléctricas. Marshall es, hoy en día, una institución que sigue diseñando y construyendo por y para los guitarristas de todo el mundo. Marshall ha trabajado duro para lanzar su primer homeaudio, Hanwell, para ofrecer un sonido de la calidad de la firma, al alcance de todos.

Parte del éxito de las históricas y simbólicas prendas del estilo British ha sido debido a la estrategia de comunicación y a la renovación al frente del equipo de diseño de casas legendarias. Burberry y Mulberry han sabido reinventarse, desafiando la idea de que no están los tiempos para lujos. Con Christopher Bailey a la cabeza, Burberry, emblema hasta hace poco del clasicismo más convencional, ha comprado 50 tiendas en China y ha inaugurado boutiques en Rusia, México y Brasil. Con desfiles retransmitidos en streaming y la genial web-homenaje a la gabardina Art of the Trench, la firma ha logrado incrementar sus ventas en más de un 30% en el último año. Esta temporada Lavand reinventa este básico del otoño con una gabardina con aura de capa estilo años cincuenta. La chaqueta y la capa pueden separarse. Tres looks en una sola pieza. ¿Quién da más?


MODA

Lana del Rey Imagen de H&M

Ena Macana Joyas vintage Esta joyera argentina afincada en Barcelona ha establecido su tienda en un antiguo taller de carpintería en Portal Nou 7, en el que ha creado un universo único y personal reciclando objetos de segunda mano para crear joyas mágicas. Entre sus colecciones, destacan varias dedicadas a artistas como Modeselektor, Apparat, Aura Dione, B.G.W.M.G. o Friska Viljor. El modelo en concreto de la foto es el machine gun crucifix. Todas las joyas son vintage, únicas y de series limitadas. Accede a su tienda online en enamacana.tumblr.com.

Stella McCartney Abre tienda en Barcelona Barcelona sigue acumulando boutiques de lujo en el Paseo de Gracia. La última de ellas es el buque insignia que Stella McCartney ha decidido establecer en el número 102 de la codiciada avenida, esquina con calle Rosselló, y lugar de peregrinaje a partir de ahora de las devotas de la diseñadora británica. La boutique catalana de Stella McCartney ocupa un edificio de 100 metros cuadrados, construido en 1900 con una clara influencia del clasicismo francés. Marcado por el espíritu sencillo y natural que impera en sus diseños, en este espacio conviven en armonía el parqué en espiga de roble diseñado por Raw Edges, unas estructuras escultóricas de latón, plintos con teselas en forma de rombo y un muro de estuco en el que se disponen los bolsos. En la tienda se podrán encontrar las líneas de pret-à-porter femenino de lujo, accesorios, lencería, fragancias y colecciones infantiles.

Botisto Calzado a medida Botisto, nombre en esperanto que significa zapatero, desarrolla un calzado que parte de la calidad y fabricación artesanal italiana junto a la tecnología más moderna e innovadora del sector. La diseñadora finlandesa Hanna Saren es la artífice de los diseños de toda la colección Botisto y elabora un elegante calzado adaptado a cualquier tipo de hombre. La primera cita en Barcelona Botisto (C/ Consell de Cent, 278) es fundamental para proporcionar las medidas exactas: se necesitan tres semanas para la fabricación que se realiza en Italia.

Boardriders 162 Campus Quiksilver, Roxy, Dc, Moskova y Lib-Tech San Juan de Luz, a mitad de camino entre Biarritz y Hendaya, dispone ya de más de 750 metros cuadrados de un nuevo concepto de tienda snow y skate. La Quiksilver Boardriders 162 Campus es mucho más que un establecimiento en el que simplemente comprar ropa o material de surf, skate o snow. Es un espacio multicultural en el que puedes desarrollar tu creatividad en talleres que se llevarán a cabo todos los meses y en los que podrás crear, junto con los diseñadores de Quiksilver, tus propios diseños de moda y personalizar tablas de surf. Asimismo, aquí podrás encontrar todas las novedades de la temporada de Quiksilver, Roxy, DC, Moskova y Lib-Tech, tanto de ropa como de productos técnicos. Cuenta con un gran carrusel en el techo con tablas de los riders mas destacados del panorama y un monitor donde puedes ver toda la información e historia de cada una de ellas. www.facebook.com/boardriders162campus

La cantante norteamericana está más en boga que nunca y no sólo en el terreno musical. Ahora es también la nueva imagen de H&M y la voz de la campaña de otoño-invierno 2012 de la marca sueca (su cara asoma ya en todas las vallas publicitarias). El pasado 19 de septiembre se estrenó el anuncio de televisión de la campaña con Lana del Rey de protagonista interpretando una versión del tema de Bobby Vinton, “Blue Velvet”, dirigido por Johan Renck. El estilo de la colección es un poco como Lana, coqueta, ñoña y algo artificial, donde destacan las prendas en tonos pastel y estampados naif.


CONVERSE

...nueva edición chuck taylor all star No hay un modelo más clásico que la Converse Chuck Taylor All Star, una zapatilla que lleva décadas enamorando a los urbanitas. Converse lanza este otoño una actualización de su modelo estrella para celebrar el cambio de estación con nuevos materiales de temporada y botas de siluetas modernizadas realizadas en materiales aptos para soportar las bajas temperaturas de invierno. Hay tres modelos disponibles: Chuck Taylor All Star Leather La zapatilla Chuck Taylor All Star realizada en piel, con texturas, delavados y cordones a tono. Disponible en blanco, negro y marrón chocolate.

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Texto ana tomás

CONVERSE

Chuck Taylor All Star Suede La Chuck Taylor All Star realizada en ante con cordones de color. Moc Fringe Esta colección femenina y totalmente nueva, Moc Fringe, trae consigo un estilo bohemio que presenta una bota de ante con flecos. Disponible en marrón, blanco y negro.


MODA


BENCH

...otoño sport y casual

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Texto ana tomás

bench

Esta marca británica nacida en Manchester en los años 80, con énfasis en la moda juvenil, casual y urbana, está arrasando en Europa. Este otoño, Bench te propone algunas opciones para que tengas donde elegir. Tejidos de primera calidad con una paleta de color muy otoñal, jugando entre verdes y granates, que son tendencia de la temporada. Su línea dedicada a chicas destaca por sus cardigans y camisetas, normalmente ceñidas dando un aspecto muy femenino, pero con un toque sport, y para chicos sus chaquetas, con unas líneas “easy to wear” y en colores llamativos. Prendas básicas, perfectas para el día a día, con un diseño novedoso y moderno y, como siempre, con un toque British.


MODA


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The Newsroom Así son las cosas y así se las hemos contado

En un momento en que los noticiarios televisivos sólo responden a los intereses de corbatas en la sombra, y ahora que las quimeras están en boga, Aaron Sorkin nos propone su propia utopía: un telediario hecho con las entrañas por periodistas independientes, cultos, rigurosos y arriesgados. Que se lo cuenten a Pedro Piqueras y sus osos, pingüinos, apocalipsis climáticos y especiales Victoria’s Secret. Aaron Sorkin no tendría piedad de “Chucky”. Texto

Óscar Broc

¿C

uántas veces nos ha faltado una respuesta ágil a una interpelación agresiva? ¿Cuántas veces hubiésemos deseado pronunciar una frase ingeniosa para mantener el duelo con nuestro interlocutor en todo lo alto? ¿Cuántas veces hemos codiciado el intelecto y la locuacidad de los personajes de “The Newsroom”? La nueva serie de Aaron Sorkin, su ideal de periodismo de casta, es un recital de barroquismo dialéctico que pone los pelos de punta. Los seguidores del prodigioso guionista saben perfectamente que en sus apuestas televisivas impera la ley del “mejor que sobre que no que falte”. Sus hijos catódicos hablan. Mucho. Más que Pilar Rahola bajo los efectos del Cortexiphan. Son máquinas parlanchinas, fábricas de diálogos ingeniosos en cadena, enciclopedias andantes con una respuesta brillante para todo. Sus glándulas salivares funcionan a destajo, no se callan ni cuando hacen de cuerpo. Los que aborrezcan la sobreexplotación de diálogos, la pedantería y la actualidad geopolítica como conversación ligera, los que quieran algo de tranquilidad y encefalograma plano, ya pueden dejar de leer. Porque en este sentido, “The Newsroom” es un exceso. Pero un exceso perpetrado por el maestro de los excesos. En los mundos de Sorkin, la realidad siempre se acaba ajustando a un modelo de idoneidad que se antoja imposible de alcanzar actualmente. Ya lo hizo con la mismísima presidencia de los Estados Unidos en “El ala oeste de la Casa Blanca”, dibujando el perfil de un comandante en jefe por el que votarías con los ojos vendados. Ahora es el momento de ajustar cuentas con los gestores de la información. La serie, que emite Canal +, es un puñetazo en la encía de la clase periodística, una dosis en crudo de romanticismo para los que han optado por abonarse a la resignación o la desconfianza permanente en los medios. Resulta imposible no pensar que se trata de una actualización del discurso de “Network” (76), film visionario de Sidney Lumet que marcó sobremanera a Sorkin y radiografió

con suma inteligencia el cinismo televisivo. Básicamente, y para los que a estas alturas todavía no sepan de qué va el invento, la serie exhibe sin velos los entresijos de un informativo de televisión americano: los fogones, la preparación de las noticias, las luchas internas, las luchas externas, las presiones… “The Newsroom” se alimenta de las conversaciones en los pasillos, de las reflexiones en voz alta de sus protagonistas, de caminatas interminables combinadas con intercambios dialécticos a velocidad de crucero. El walk & talk —recurso 100% Sorkin que consiste en hablar y caminar al mismo tiempo, dinamizando al máximo unos diálogos kilométricos—, adquiere en “The Newsroom” un nuevo grado de excelencia. Sorkin utiliza los tour de force verbales para crear música, para ponerle la banda sonora a su creación: la palabra marca el ritmo y es un ritmo endiablado, asfixiante en muchas ocasiones, demasiado rápido incluso para los subtítulos. En este burbujeante caldo de intelectos periodísticos embalados, encontramos a un cerebro que destaca por encima del resto. Se trata de Will McAvoy, el presentador y mandamás del informativo en cuestión. En la dialéctica expeditiva de este personaje encontramos las mejores líneas que recuerdo del guionista de la “Red Social” en mucho tiempo —para la historia queda el speech inicial del episodio piloto. Es la mejor interpretación de la carrera de Jeff Daniels, un papel soberbio que merecería ser reconocido con un premio. “The Newsroom” es, en suma, un relato quijotesco, adictivo, no exento de amargura, pero con un resquicio siempre de esperanza al final del discurso. Sorkin nunca ha sido un catastrofista. Y es que en el fondo, la serie de la HBO es una brizna de ilusión en un mundo, el del periodismo, donde se ha instaurado la desilusión. Alguien tiene que agitar las conciencias de algún modo, y el neoyorquino lo hace proponiendo un modelo idealista, pero totalmente factible. Lo que

debería ser y no es. Entendible también como una reacción alérgica a las mentiras que lanza en los informativos su odiada Fox —una cadena contra la que Sorkin ha vertido bilis a raudales, granjeándose por ello la etiqueta de rojo—, “The Newsroom” es una obra monumental que te deja no sólo satisfecho, sino con ganas de más. La cima de un guionista superdotado capaz de convertir en droga pura un discurso altamente intelectual. Este año habrá sangre para decidir cuál es la mejor serie del 2012. Sorkin TV: hablar por hablar

Aaron Sorkin ha tenido un paso bastante triunfal por televisión, aunque también se detecta algún traspié en su currículum. Estas son las series de este neoyorquino de 51 años, con un pasado turbio con la cocaína (tenía que decirlo). “Sports night” (98-00): Duró dos temporadas, pero esta serie sobre un informativo de deportes ya incluía algunos de los rasgos que más adelante harían de Sorkin una marca de fábrica. Obra menor, sin duda, pero totalmente recomendable para los adictos a la información deportiva y los entresijos de las grandes cadenas. “El ala oeste de la Casa Blanca” (99-06): Una de las mejores series jamás emitidas, y sin duda la producción política más compleja y elaborada que servidor ha visto: el estilo Sorkin cristaliza en una obra monumental con un Martin Sheen inspiradísimo en el papel del mejor presidente de los Estados Unidos de la historia. “Studio 60 on the Sunset Strip” (06-07): Los bastidores de un late night show y el mundo del entretenimiento a examen, el cinismo depurado al estilo Sorkin. Excelentísima serie, aunque le cortaran la cabeza después de la primera temporada. Los hay que apuntan a razones más esotéricas y aseguran que la culpa fue del gafe de Matthew Perry: apuesto por esta teoría.


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SALA 1 AV. CARRILET 235 - SALA 2 AV. CARRILET 301, L’HOSPITALET. T. 93 337 06 02 La Salamandra es el espacio de referencia de las noches de L’Hospitalet. Dos salas que ofrecen la mejor programación de conciertos y sesiones de DJs de la escena indie y mestiza. Sala 1: Musicollage con Nafentt & Darkomedia. Sala 2: Indie-pop-electro con YoSET & McFly, visuals de High Distortion & Mon Feijóo. H. Abierto todos los viernes, sábados y vísperas de 24 a 6 h. Entrada única: 8 € (c/i). Gratis hasta las 2 h. www.salamandra.cat

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Cine Sitges 2012

looper

wrong

aftershock

holy motors

Sitges 2012 ¡¡¡Apocalipsis WOW!!!

Texto

Albert Fernández

La fascinación que provoca el fin del mundo es increíble. En el año en que todo cesará, el Festival de Sitges congrega las pesadillas de extinción proyectadas en la imaginación de varios cineastas, a través de una retrospectiva que escoge algunas joyas del cine apocalíptico, completada por las últimas muestras fílmicas del Armagedón. Pero no todo acaba con el fin del mundo: en su 45ª edición, el Festival del litoral nos atrapará entre la pantalla y el mar con más de 300 películas, que se proyectarán sin respiro desde el 4 al 14 de octubre. Sobrevive a eso.

A

ntes del último de los días, nuestra preocupación primordial será salir vivo de las maratones y colas, saber fintar y avanzar entre stands y zombie walks, recoger las entradas a tiempo para cada sesión y no sucumbir a la dieta de bocatas y demás improvisados tentempiés festivaleros. El Festival de Sitges siempre acaba convirtiéndose en una aventura. Con tal de disminuir el nivel de esquizofrenia entre espacios, o quién sabe si de aumentarla, este año la ceremonia de inauguración se ofrece dos veces, la primera en el Auditorio, y la segunda en El Retiro. En ambos casos, estará presente el equipo de “El cuerpo”, producción catalana del debutante Oriol Paulo que descorrerá por primera vez las cortinas del festival en 2012. Pero como este año el final es lo que importa, debemos subrayar la formidable clausura con “Looper”, de Rian Johnson. OFICIAL

La sección oficial desembarca con el clan de los Cronenberg al completo. Si el maestro de la nueva carne exhibe al fin por estos lares su adaptación de la novela de Don Delillo, “Cosmópolis”, odisea apocapitalista donde un millonario recorre New York durante 24 horas encerrado en su limusina, su hijo Brandon Cronenberg se presenta con “Antiviral”, obra que ya le ha valido el premio a mejor ópera prima en el Festival de Toronto. Su debut, muy propio de las neurosis familiares, cuenta la historia del empleado de una clínica que vende virus cultivados en la piel de celebridades. Otra esperada descendiente cinematográfica es Jennifer Lynch, que promete mal rollo con “Chained”. Acompañado de gran expectación

llega también “Compliance”. El segundo largometraje de Craig Zobel dividió a la crítica en Sundance, así que nos toca a nosotros dilucidar si su misterio de fast-food merece o no doble de ketchup. Y si hay alguien que la lio en otros certámenes, ese es Léos Carax, que con su excéntrica “Holy motors” llega dispuesto a levantar plateas entusiasmadas. Los sonidos del terror giallo de “Berberian sound studio” tratará de hacerse con nuestros tímpanos, mientras nuestras retinas ceden orbitando ya en otra dimensión. Y todo eso corriendo de un lado para otro, del Auditori al Retiro, y de ahí al Casino Prado. Espera, espera, no corras tanto. Saca el programa de mano. No hay que perderse tampoco “The tall man”; ni “The wall”. Ah, tampoco “Sightseers”, con Sam Rockwell. Y “Robot & Frank” parece chula… y no nos olvidemos de “Wrong”, de Quentin Dupieux aka Mr Oizoo, maestro de un humor absurdo que no está al alcance de todo el mundo. DEMENCIAL

Si no damos abasto para ver toda la cartelera que entra a concurso en Sitges, cuando repasamos el resto de secciones, la locura se desparrama. Bajo el manto de Noves Visions, se proyectan títulos que marcan el curso cinematográfico, como el noir onírico de “Keyhole”, otra obra del iluminado Guy Maddin que difícilmente encontrará acomodo en la cartelera habitual. Otros seres extraños que comparecen este año en Sitges son el extravagante Harmony Korine, como parte de la tripleta que dirige “The fourth dimension”, o el sempiterno Takashi Miike, que presenta “For love’s sake”. Zal Batmanglij

puede ser el nuevo miembro del club de raros, si la tensión sectaria de “Sound of my voice” pasa el examen de ingreso. Entre las perlas de los grandes festivales, “Post Tenebras Lux”, de Carlos Reygadas, Mejor Director en Cannes, o el polémico León de Oro de Kim Ki-duk, “Pietà”, sabiendo como saben los aficionados al cine oriental lo encontrarán en su sección correspondiente. FESTIVAL

En Sitges 2012, las cámaras de los teléfonos cobran relevancia en la retransmisión en directo del apocalipsis. Bajo la dirección artística del mismísimo Ángel Sala, Phonetastic abre ponencias sobre producción audiovisual mediante estos dispositivos móviles. “V/H/S” es otro festival audiovisual, una historia sobre found footage que promete aterrorizar todas las filas de butacas. Amantes del terror grotesco, acudan a “The ABCs of death”, “Lords of Salem” de Rob Zombie, o a la cabaña insana de “The cabin in the woods”. Para los que quieran sangre, “Outrage beyond” de Takeshi Kitano garantiza diversión a salpicones, y ver a Elijah Wood de pycho-killer en “Maniac”, promete lo suyo. Por no hablar de “Dead sushi”. A los que les guste el cine asiático, buenas raciones de “The weight”, las dos partes de “Gangs of Wasseypur” y “Robo-G”; los que quieran cuidar el fantástico español, que no se pierdan “El bosc” de Oscar Aibar, “Invasor” de Daniel Calparsoro, o la comentadísima “Lo imposible”, de Bayona. Y los que necesiten algo más especial, diríjanse al estreno de “Frankenweenie”, de Tim Burton, o a los homenajes a “Reservoir dogs” o la versión restaurada de “E.T.”.


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cine

Columna

Texto

Philipp Engel

Albert Fernández

“Cosmopolis” de David Cronenberg (Francia, Canadá, Portugal, Italia, 2012).

“007: Skyfall” DE SAM MENDES

Si te preguntabas dónde estaba James Bond, él mismo tiene una respuesta cargada de flema británica: “disfrutando de la muerte”. En la 23ª entrega del agente 007, el pasado de M irrumpe en la relación de lealtad entre ella y Bond. La cabeza pensante del servicio de inteligencia secreta, interpretada por Judi Dench, hará que el soberbio Daniel Craig regrese de la muerte en Estambul para vérselas con Javier Bardem. Ah, pero no hay explosión o espía china que supere la secuencia antológica de Bond escoltando a la Reina a los Juegos Olímpicos.

el cine que viene “El artista y la modelo”

“Looper”

de Fernando Trueba

de Rian Johnson

Se entremezclan aquí varias pasiones. La más evidente es la del escultor que vive en la Francia ocupada al que da vida Jean Rochefort, de quien emerge de nuevo la inspiración artística y el aliento por vivir a raíz de la llegada de una joven española huida de un campo de concentración. La segunda sería la de Trueba por esa joven en la piel de Aida Folch, a quien dio a conocer en “El embrujo de Shanghái”. La tercera, sin duda, es el porte de Monsieur Rochefort, ese Quijote que no pudo ser.

La formidable pieza que clausura el Festival de Sitges de este año es la nueva película de ese talento todavía ampliamente inadvertido, Rian Johnson. El director de aquel sensacional debut titulado “Brick” regresa por fin, con una historia de viajes en el tiempo y sicarios futuristas, protagonizada por sospechosos tan habituales como Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis y Emily Blunt. Ser un asesino implacable no es tan fácil cuando tu objetivo es... tú mismo.

“7 días en la Habana”

“Paranormal Activity 4 “

de Varios Directores

de Henry Joost y Ariel Schulman

En los últimos años se ha demostrado que el concilio de las miradas de varios directores en torno a un mismo tema suele derivar en películas irregulares y mediocres. En este relato plural, se pretende volver a romper el molde, a través de la manida historia de la semana que pasa un empresario extranjero en la capital cubana, que termina por enamorarse de una mujer nativa. La legión de directores la conforman Gaspar Noé, Benicio Del Toro, Julio Medem y Laurent Cantet, entre otros.

Todavía resuenan en mi cabeza los alaridos de la proyección en Sitges de la primera entrega de esta saga, cuando ya se estrena su cuarta parte en los cines. Apenas aprecié entonces la tramposa novedad de aquellos fenómenos sobrenaturales captados con una cámara familiar, y dudo que la clonación de la fórmula elevada al enésimo susto consiga alguna reacción intelectual. A lo sumo, reflejos primarios: un sobresaltado derramamiento de refresco, brincos incontrolables en la butaca...

“El fraude”

“Adam resucitado”

de Nicholas Jarecki

de Paul Schrader

La película que abrió el último Festival de San Sebastián es este thriller político encumbrado por los nombres de sus protagonistas, Richard Gere y Susan Sarandon. Describiendo el drama de su personaje, un magnate de Wall Street que pretende mantenerse entero cuando sus beneficios abren brecha, Gere explicaba que el sistema judicial en EE.UU. permite que gente que se ha apropiado del dinero de los demás siga impune. “¿También sucede eso en Europa?”, consultó Richard. Qué risa.

Hay ciertas temáticas que habría que empezar a olvidar, y algunos actores que persisten demasiado en permanecer en el recuerdo. No sé hasta qué punto debió interesarle a Schrader, responsable de los renglones de “Taxi driver”, la novela de Yoram Kaniuk, “El hombre perro”, como para convertir a Willem Dafoe en comandante nazi, y a Jeff Goldblum en superviviente del genocidio internado en un psiquiátrico, pero estos acercamientos épicos al Holocausto cada vez cuestan más de digerir.

“Frankenweenie“

“On the Road (En el camino)”

de Tim Burton

de Walter Salles

Con tal de hacernos olvidar su desesperante “Alicia en el país de las maravillas”, el director del pelo imposible contrataca con un chispazo que le devuelva a la vida a él y al maltrecho perro Sparky. Y esa luz surge del regreso a sus orígenes. Dificilmente habrá alguien a quien no seduzca esta adaptación al formato largo del cortometraje que Tim Burton firmó en 1984, rodada en blanco y negro con la misma técnica de stop-motion usada en “Pesadilla antes de Navidad”.

Con la aparición de Dean Moriarty, muchos se lanzaron a la vida en el camino, fuera este el camino del escritor, perturbado consumidor de alcohol, o poeta plasta de taberna. El brasileño Walter Salles posee el mérito de haberse atrevido a adaptar el clásico contemporáneo de la literatura beat. Por desgracia, como ya sucedía en “Diarios de motocicleta”, el director antepone la estética al pulso narrativo, convirtiendo a los personajes de Kerouac en hipsters bellos e insufribles.

“Una película hablada”, como el film de Manoel de Oliveira estrenado en 2003, fueron las tres palabras que afloraron unánimemente, para mal o para bien —de Carlos Boyero a Carlos Reviriego, por dibujar un arco de la crítica nacional—, a la mente de los presentes en Cannes tras el pase de esta adaptación de la homónima novela de Don DeLillo (Seix Barral) realizada por el incorregible David Cronenberg. No sólo porque Paolo Branco, y más concretamente su hijo, figura como padre del proyecto, sino porque en este paseo en limusina por Nueva York no hay (apenas) más acción que la palabra, y no es una palabra fácil, sino un lenguaje ultradenso y altamente codificado, en clave de economía filosófica, o filosofía económica (no lo sé bien), con el que se discute, a partir del caso del interesado, el colapso del capitalismo tecnológico. Proyecto de actor con tendencia al estrabismo, Robert Pattinson encarna a Eric Packer, un hombre en la cima del mundo que, pese a tener todos los medios a su alcance, ha errado en sus cálculos y corre hacia su propia ruina, al tiempo que viaja “a paso de gusano” hacia la peluquería de su barrio, con la muy vaga idea de una redentora vuelta a los orígenes. Durante el viaje, recibe a bordo de su despacho rodante a sus asesores con los que departe crípticamente sobre su (simbólica) situación. El resultado es un cuadro tan abstracto como el Pollock y el Rothko que abren y cierran el film, y no se sabe si la elección de Pattinson es una ironía o un intento de salvar los muebles de lo que se presenta, de entrada, como un suicidio comercial. Se trata pues de un film que puede generar rechazo, e incluso incomodidad, pero que a este cronista le parece francamente estupendo. Por el arrojo y la osadía de llevar a cabo una empresa semejante, más radical incluso que el original (en contraste con la novela, cuyos diálogos se han transcrito directamente, aquí el hermético discurso se dispara a 24 fotogramas por segundo), y que viene a fastidiar a todos aquellos que todavía se empeñan, muy anacrónicamente, en separar cine de literatura, como si ambos no se retroalimentaran constantemente de un modo que resulta imposible, o defectuoso, acercarse a uno sin contemplar el otro. Es una película que llama a la lectura, la exige, y además supone un desafío, algo que nos supera y que, por ende, nos devuelve a esta realidad, tan indescifrable, que a diario nos tratan de explicar, posiblemente en vano, porque se diría que todos esos cálculos andan completamente fuera de control. La fábula perfecta del fin de todo esto.

autopsia


cine

“Salvajes”

“Magic Mike”

de Oliver Stone (EE.UU., 2012)

De Steven Soderbergh (EE.UU., 2012)

“Lo imposible” de J.A. Bayona (España, 2012)

Quizás influenciado por cierta, lejana, conexión personal con la familia de María Belón, la persona real que se esconde tras el personaje interpretado por la estupenda Naomi Watts, empiezo rendido ante “Lo imposible”, desde el mismísimo minuto 1, antes de que la ola asesina se lleve a centenares de personas, turistas en esa paradisiaca playa tailandesa a la que llega la feliz familia protagonista del film. También los espectadores, la platea entera, perece junto a aquellos que llenan la pantalla en los apabullantes 30 primeros minutos que muestran la catástrofe como nadie había hecho, situando en pleno desastre natural a quienes somos simples testigos de una presunta ficción. Mucho más allá del dominio de la técnica y de la gestión de los recursos con los que cuenta, el impecable pulso narrativo de J.A. Bayona impresiona hasta el dolor físico. “Lo imposible” es emocionalmente manipuladora, pero así es el cine desde que el cine es cine. Y más el que ha marcado a Bayona: es obvio que Spielberg está presente en la carpintería de la película. También en su potencia, en su majestuosidad visual, en el extraordinario uso del sonido y los silencios, incluso en su buenísima mano para dirigir a niños (lo de Tom Holland es de traca). Cierto es que cae más de lo necesario en el sentimentalismo facilón y que los personajes secundarios quedan algo desdibujado. Pero el golpeo de “Lo imposible” es imparable como un tsunami. Àlex Montoya

De Oliver Stone me lo espero todo. En los últimos 10 años —por no remontarnos a sus mejores obras— ha transitado desde lo peor (“World Trade Center”) a lo mejor (“Un domingo cualquiera”) y la adaptación de los “Salvajes” de Don Winslow parecía ser terreno abonado para que se luciera. Es un hombre de obsesiones (que alguien me explique su enfermiza admiración por Fidel), fascinado por el poder de la imagen y el montaje y gusta caminar por el filo de aquello que los cursis llaman moralidad. Y “Salvajes” es otro de sus delirios, bastante más light de lo que cabría esperar y desear sobre la droga, la traición y la corrupción. Empieza bien el mejunje, con ritmo, garras afiladas y una voz en off muy sugerente, pero va perdiendo gas a marchas forzadas por culpa de los dos zopencos protagonistas, reñidos a muerte con el carisma, una chica de estupendas curvas pero absurdamente desdibujada y una trama que se va embarullando y de la que Stone no consigue destilar a fondo las esencias. Amén de un fallido final supuestamente provocativo que se queda en confuso y caprichoso. Empieza a resultar cansino que las altas ambiciones argumentales y comprometidas de Stone queden ensombrecidas por una preocupante vacuidad. Toni Vall

Para ser un director tan supuestamente interesado en no repetirse nunca, que tanto ha publicitado su versatilidad como signo definitivo de una autoría a lo Kubrick posmoderno, lo nuevo de Steven Soderbergh es una película muy poco sorprendente, tan llana en su narración como predecible en su estilo, que no hace más que reciclar hallazgos formales anteriores, procedentes de la secuencia que va de “Traffic” a “Contagio”. Su aspecto de “Showgirls” en masculino y de indagación concienzuda sobre el superficial mundo del strip-tease es engañoso. “Magic Mike” se limita a enlazar dos arcos argumentales tirando a clásicos: la historia de amistad entre los dos protagonistas y la de redención que vehicula el love interest de Channing Tatum (Cody Horn, acusada de compensar su escasa expresividad con sus credenciales: es hija del ex jefe de la Warner, que produjo la película). Las dos podrían haber dado más de sí: la primera hubiera servido como remedo nocturno y homoerótico de “Pigmalión” y la segunda permitía al director distanciarse del moralismo al que termina cediendo. La película se acaba conformando con presentar un conflicto entre virtud y vicio previsible y clásicamente estadounidense. “Magic Mike” acaba siendo como los shows que describe: formalmente impecable, pero simplemente cosmética. Álex Vicente

“Una vida mejor”

“The angel’s share”

“La cabaña del bosque”

de Cédric Kahn (Francia, 2011)

de Ken Loach (U.K., FRANCIA, BÉLGICA, ITALIA, 2012)

de Drew Goddard (EE.UU., 2011)

Haciendo gala de una síntesis narrativa envidiable, a Cédric Kahn le bastan veinte minutos para situarnos en el epicentro de esta visceral historia: Yann, un chef en paro, y Nadia, una madre soltera que trabaja como camarera, se conocen, se enamoran y se atreven a soñar con un brillante porvenir. Su proyecto de abrir un restaurante se topará, sin embargo, con una realidad adversa, un cul de sac de préstamos inmobiliarios, créditos tóxicos y permisos denegados. Kahn, un interesante cineasta francés con una concepción autoral del género —coqueteó con el noir en la recomendable “Feux rouges”—, filma los mugrientos callejones y los pisos patera de una ciudad europea cualquiera con la contundencia y el estilo, seco y directo, de un thriller. La cámara del director sigue a los personajes con similar intensidad ya estén huyendo de unos usureros o sirviendo mesas en un atestado restaurante, y la concesión de un préstamo es filmada con la tensión propia de los momentos previos a un tiroteo. A pesar de un final algo forzado, “Una vida mejor” habla con lucidez no sólo de la crisis actual sino de un sistema que hace aguas y, como la reciente “Mátalos suavemente”, equipara la lógica corporativa con la criminal. Al fin y al cabo, los métodos empleados por extorsionadores y banqueros no son tan diferentes. María Adell

Tarde o temprano tenía que pasar: que a Ken Loach se le cayera la máscara. Ha pasado en un momento inoportuno, el de la dichosa crisis. Y con una película que trata el tema de manera trasnochada, tanto en lo temático como en lo formal. Los protagonistas de “The angel’s share” tienen poco de angelitos. Son un grupo de hombres que deciden combatir la pobreza con el golpe del siglo, pactando con el diablo a través del robo y del chantaje. Lo dicho: la picaresca no es nueva, tampoco el espíritu a lo Robin Hood (aquí con un gusto por lo colectivo más bien restrictivo). Lo peor, eso sí, está en la forma. Loach no alcanza jamás el tono justo, a camino entre el drama social y la comedia burda. Está constantemente en el terreno del chiste fácil, hasta el punto que una no sabe si pretende preservar a sus personajes o exponerlos sin ningún tipo de concesión, hasta que el gag termina en el terreno de la vergüenza ajena. Ya se sabe que Loach siempre fue un director de trazo grueso —recordemos “La cuadrilla” (2001)—. Narra y establece su discurso con simpleza, como si no quisiera entender de sutilezas, complejidades o matices... poca consideración debe tener de sus propios espectadores. Violeta Kovacsics

A Drew Goddard y a Joss Whedon les ha salido una película demasiado mona e inteligente. Ya sabéis, me refiero a cuando esos adjetivos, mona e inteligente, están a medio camino entre el aprecio, la ironía y las expectativas defraudadas. “The cabin in the woods” es una horror comedy divertidísima, y se disfruta aún más si a) sois acólitos del universo Whedon y b) os habéis tragado muchas películas de terror adolescente, sobre todo de las malas. La película vendría a ser una versión extendida y más ambiciosa de aquel chiste sobre las tres reglas para sobrevivir al cine de terror que aparecía en el primer “Scream” de Wes Craven, y lo cierto es que hay unas cuantas escenas impagables que van a tocar nuestro corazón de nerd o geek o intelectual, usad la palabra que os parezca menos fea, a mí todas me lo parecen. Cuando “La cabaña del bosque” termina, te lo has pasado de puta madre y piensas que Richard Jenkins es un monstruo y que Amy Acker es hermosa. Y hay una gran bacanal de criaturas del averno y sangre a chorro que serán dignas de ovación en Sitges. Pero también sientes que la película ganaría si el rollo metanarrativo no fuera tan explícito, más aún cuando este mismo año ya has visto otra película que se mofa de la metaficción y de muchas otras cosas con tanta gracia como “Summertime”, de Norberto Ramos del Val. Toni Junyent


080/081

libros Nicole Krauss

american most wanted Texto

“El ángel esmeralda”

Don DeLillo seix barral

Philipp Engel Tamara (Anacronic)

Ilustración

Bobbie Ann Mason MAYFIELD (KENTUCKY), 1940

“N

o me gustan los Plasmatics— explica Edwin, disfrutando de su autoridad—. Nunca pongo newwave. Tengo una selección de ‘antiguos-pero-buenos’. Sólo pongo cosas de los sesenta”. Bobbie Ann Mason (“Un formato new-wave”). Bobbie Ann Mason es un nombre propio que despertó mi curiosidad hace ya muchos años. Solía aparecer citado entre los de escritores que despertaban mi admiración en aquella época, como Tobias Wolff o Richard Ford, y me preguntaba cuándo caería en mis manos un volumen de esta buena mujer que los más expertos americanistas colocaban al nivel de Ann Beattie. Por algún motivo, tal vez porque por entonces no existía internet, ni siquiera me enteré de que Anagrama había publicado en 1987, y posteriormente descatalogado, “Shiloh”, el primer libro de Bobbie Ann Mason, un recopilatorio de relatos original de 1982, que ahora recupera Tropo, una pequeña editorial que llevan dos chicos de Huesca, la misma que hace un par de temporadas sacó “Fall river”, de John Cheever. Me lo enviaron, pero se perdió en el limbo de Correos (ahí también están de recortes, no hubo manera de localizar el paquete), así que salí a buscarlo por las librerías, donde tampoco fue fácil de encontrar: “No es novedad, salió en febrero”, me anunció, vehemente, un librero ¡El mundo editorial va a una velocidad de vértigo! Pero aquí lo tengo. La portada es una foto viejuna, virada en sepia, que muestra una granja, con una manada de pájaros alzando el vuelo y un cráneo de vaca muerta sobreimpreso en el centro. Todo muy rural, porque el territorio de la ficción de Bobbie Ann Mason, al menos de estos primeros 13 relatos —ha publicado algo más, todo inédito en España, incluso una novela, “In country” (1985), que tuvo su versión cinematográfica: “Recuerdos de guerra” (Norman Jewison, 1989), con Bruce Willis de veterano de Viet-

nam— es su Kentucky natal ¡Hasta aparece el Coronel Sanders, prestándose a un breve cameo! Aunque no lo colocaría a la altura ni de Wolff, ni de Ford, ni de Beattie, sino tal vez un peldaño más abajo, que no es decir poco, sino mucho, “Shiloh” es un volumen valioso para el aficionado (a la literatura norteamericana): se publicó en el año de la muerte de Cheever, en un momento en el que el relato corto norteamericano estaba lo suficientemente de moda, en gran parte gracias a Carver, como para servir de tarjeta de presentación (antes hubiera sido necesario una novela) y, a la postre, “Shiloh” anticipa también a su manera, si nos centramos en el relato que citábamos al principio —“Un formato new-wave”—, la llegada del brad pack encabezado por McInerney y Leavitt. “Shiloh” habla de las crisis, sentimentales, existenciales y profesionales, de trabajadores y trabajadoras de Kentucky, de una América profunda progresivamente invadida por la televisión, las boleras y los grandes supermercados, como lo haría un Carver no del todo depurado por Gordon Lish en cuanto a estilo, con una ternura a veces ligeramente demasiado maternal, aunque penetrante, y con un humor que le hace ganar enteros cuando llega a su máxima expresión, caso de la mujer en paro y semiabandonada por su marido que se dedica a pintar sandías para vender los cuadros a un coleccionista especializado en el tema (“Naturaleza muerta con sandía”, que remite a Brautigan), o del conductor de un autobús de disminuidos mentales a los que distrae poniéndoles clásicos de los 60. Una cinta de los Plasmatics —un grupo bastante horrible que no pasó a la historia— hará que la situación se le vaya de las manos. Bobbie Ann Mason es hija de los 60 y del hippiesmo, se fue a la ciudad, pero regresó a la tierra para escribir sobre ella, y ese Kentucky todavía nos dice mucho. Hay aquí una suerte de sincera compasión por los desvalidos, que hace que la lectura merezca mucho la pena. La necesitamos.

La vida es una narración con texto y con subtexto. Hay escritores para los que no hay más que texto (cualquier aspirante a un best seller) y hay quienes basculan entre uno y otro. Y luego está DeLillo, para quien el subtexto lo es todo. Al contrario del tópico de que una obra es una ventana al mundo, la del americano ha consistido en un análisis de las medidas, el grosor y el fabricante de esa ventana para pensar sobre el hecho de cuánto no nos deja ver. Un individuo que medita y pule cada palabra no podía menos que lanzar señales acerca de sus intenciones desde sus mismos títulos. Tres pueden servirnos como manual de instrucciones: “Ruido de fondo”, “Submundo” y “En las ruinas del futuro”. Lejos de constituir una exégesis o una nota aclaratoria a la fascinante cosmovisión desplegada por DeLillo en sus novelas, los nueve cuentos que conforman “El ángel esmeralda”, escritos entre 1979 y 2011, suponen una extensión de la misma. Es más, por la brevedad y concisión del formato, levantan un marco a la medida de su talento a la hora de espigar al máximo la frase en busca de arrancarle a la realidad la combinación de sus negros tesoros. Bien en el Caribe, Manhattan o Grecia, bien a través de un corredor, un astronauta, un preso o una monja, el escritor activa en cada historia esa fría y paranoica máquina rumiante que va lanzando hipótesis sobre el mundo, que va construyendo posibles narrativas en torno a aquellos que lo habitan, que descodifica los signos que hierven en la electricidad estática. Se repite en estos cuentos el tema del otro, entendido al modo de un misterio al que se llega a acosar para que confirme o desmienta las imágenes que ha convocado, y del arte, entendido al modo de una caja negra que puede o no contener respuestas a nuestro vértigo existencial. Como de costumbre, interpretar el lenguaje es poseer la llave. “Si dejas que te enseñe a no acabar la frase con una preposición —pensó Edgar— te salvaré la vida”, señala la protagonista de la pieza que bautiza al conjunto. El familiarizado con DeLillo establecerá conexiones entre novelas como “Body artist” y “Punto omega” con los relatos “La hambrienta” y “Baader-Meinhof”, respectivamente. El no familiarizado se sentirá por primera vez en compañía de lo más cercano a un oráculo que posse la narrativa americana. Unos y otros sentirán los temblores de la cadencia única de sus frases, que una y otra vez ciegan con una belleza sobrecogedora al igual que el milagroso rostro de la malograda Esmeralda en una valla publicitaria del Bronx. Antonio Lozano


casa global

Nicole Krauss Hay pocas escritoras actuales que puedan ser a la vez portada de Yo Dona y de Babelia. Eso requiere ser a la vez highbrow, respetada y que te queden los abrigos de Max Mara como un guante. Nicole Krauss acaba de publicar “La gran casa” (Salamandra, 2012) y cumple con todos los requisitos anteriores. Quizá por eso despierta suspicacias.

Texto

Begoña Gómez

“M

anhattan se ha convertido en un mall gigante y en Brooklyn los alquileres son más baratos. Ese es el único motivo por el que los escritores viven ahí. Pero no existe algo parecido a la Cedar Tavern, donde se reunían los beatniks y los expresionistas abstractos”. Nicole Krauss confirma que sí, es una escritora que vive en Brooklyn, pero no una Escritora de Brooklyn. Por su edad, y por estar casada con otro escritor, Jonathan Safran Foer, a menudo ha visto como la incluían en diversos grupos generacionales. Sin embargo, ella siempre se ha considerado eso que en el PP llaman “un verso suelto”. Lee a sus contemporáneos, sí, pero no necesariamente a sus vecinos del barrio. “Ahora mismo en mi mesita de noche está Alejandro Zambra, el noruego Karl Ove Knausgaard y un escritor israelí muy poco conocido. Toda la vida he leído así. Me atraen las traducciones; me gustan los ritmos de otras lenguas que se perciben”, cuenta, desde un hotel de Madrid, tras visitar el Hay Festival de Segovia. Su última novela también tiene muchas casas: la del anciano inescrutable e involuntariamente cruel Aaron, en Jerusalén, la de los hijos de éste, Yoav y Leah, en Londres, la de la joven Isabel en Oxford, las del poeta chileno Daniel Varsky y la escritora Nadia en Nueva York. Por las vidas de todos ellos, y por las de Lotte, otra escritora víctima de la demencia senil, pasa el mismo mueble en algún momento de la historia. Un escritorio enorme de 19 cajones que pudo haber

pertenecido a Federico García Lorca. La idea está parcialmente inspirada en otro escritorio, el que Krauss se encontró empotrado en su casa y que no tuvo arrestos para tirar. “Aunque no tengo una relación especial con él”, aclara. Tanto ésta como las dos anteriores novelas de Krauss, “La historia del amor” y “Llega un hombre y dice” (ambas en Salamandra), han merecido en varias ocasiones el adjetivo de “arquitectónicas”, que no le disgusta. “En la vida también tengo un gran sentido espacial y supongo que se nota en mis novelas que la estructura es algo esencial para mí. De alguna manera, ahí está el significado del libro. Es increíblemente excitante, como construir una casa por mí misma”. Esa capacidad para delinear y distribuir espacios fue la que le hizo desviarse a la novela, ya que en su juventud tan sólo escribía poesía. “Pero cada vez que un escritor se sienta a escribir una novela, reinventa el género. Lo único que sabemos de las novelas es que tienen un principio y un final”. La poesía (“no sé si volveré a escribirla; solía decir que cuando fuera vieja y sabia pero ya no sé si es verdad”) de momento la deja para sus personajes: en “La gran casa”, Nadia y Daniel Varsky apenas comparten una tarde juntos, pero en esas pocas horas establecen una conexión indeleble hablando de poesía y, en concreto, del poeta más famoso de Chile, al que el joven detesta. (“¿Qué pasa que, donde sea que vaya un chileno, el maldito Neruda y sus putas conchas

marinas ya han estado allí y establecido un monopolio?”). El golpe de Estado de Pinochet, que alcanzará a Varsky de un zarpazo, es uno de los acontecimientos históricos que acota la novela. El otro, como en “La historia del amor”, es el Holocausto y sus ramificaciones. “Pero no creo que haya escrito ninguna novela sobre el Holocausto. Me fascina el resultado de aquello. Alguna gente jamás pudo hablar de lo que vivió, otros están rotos. Me cautiva la idea de cómo reinventarse después de una tragedia así”, explica Krauss, cuyos cuatro abuelos judíos huyeron de Europa de una manera u otra y su literatura está poblada de personajes para los que, como ella dice, “la geografía no supone ningún consuelo”. La historia real que da título al libro, “La gran casa”, tiene que ver con eso. Tras perder Jerusalén a manos de los romanos en el siglo I y ver como ardía el Templo, el sabio… dio la respuesta: en lugar de en un edificio, la tradición se recogería en un libro, que se puede llevar a cualquier parte. Vivir instalada en el éxito editorial desde los 27 años también podría tener su precio. De cada una de sus novelas se espera que sea un éxito. ¿Siente la presión? “Lo cierto es que no. Para mí siempre ha sido una sorpresa que a los lectores les gustaran mis libros, pero a los autores que me gustan no los lee mucha gente y no es así como mido si un libro es bueno o malo”. Da la impresión de que a Krauss pocas cosas pueden alterarla.


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libros

libros “Antigua luz” John Banville

“Caída y auge de Reginald Perrin” David Nobbs

“Cosas transparentes” Vladimir Nabokov

alfaguara

impedimenta

anagrama

Partiendo de la premisa de que todo lo que vemos es pasado, en el sentido de que la luz que ilumina la cara de nuestro amante al otro lado de la mesa es una luz antigua, que ocurrió hace al menos siete minutos, John Banville recupera a Alex Cleave, el actor de teatro hundido que perdió a su hija y jamás volvió a ser el mismo (protagonista de dos de sus anteriores novelas, “Eclipse” e “Imposturas”) y le devuelve a los 15 años, a la época en la que se acostaba con la madre de su mejor amigo, Mrs Gray, una atractiva ama de casa de 35 abandonada a cualquier muestra de cariño capaz de sacarla del agujero en el que se encuentra. Época dorada (los años 50) en la que Cleave aún no tenía ni idea de que algún día se casaría con una mujer a la que no adoraría como llegó a adorar a Mrs Gray y que tendría una hija que acabaría perdiendo la cabeza por el tipo equivocado (de tal palo, tal astilla) y se ahogaría en el fondo de un mar italiano. Como en una versión bastarda, irlandesa, sí, y decididamente onírica de “Lolita”, una “Lolita” narrada por el objeto de deseo y no por el adulto que trata de quemar sus últimos cartuchos (por pura melancolía, en este caso), Banville toca con su varita mágica (su varita de genio, su varita de clásico), la adolescencia y el turbio despertar sexual de Alex Cleave y la convierte en su enésima obra maestra. Porque, aunque no tenga la ambición de “El mar” o, sin ir tan lejos, “Los infinitos”, su primera entrega (no criminal) para Alfaguara brilla con tanta intensidad como el resto. Laura Fernández

¿Renovarse o morir? Mejor morir para renovarse. Reginald Perrin es un hombre gris que vive encerrado en un bucle; su vida familiar es triste y monótona; el sexo ya no le satisface; su aburrida rutina laboral para una empresa del sector de la alimentación —trabaja para Postres Sunshine— le ha acabado por hundir en un pozo de desesperación y su mente comienza a jugarle malas pasadas. Reggie va a la deriva. Hasta que un día despierta con una brillante idea: fingir el suicidio para empezar de cero con una nueva identidad. Aunque parezca lo contrario, esta es la sinopsis de una de las mejores comedias negras de todos los tiempos, popularizada por un inmenso Leonard Rossiter para la serie de la BBC, que se dilató por tres temporadas debido a su rotundo éxito televisivo a finales de la década de los setenta. Su origen es esta novela, tan o más cáustica que la sitcom y valedora de todos los elogios por llegar a ser una de las más ingeniosamente divertidas que se han escrito jamás, llegando incluso a instalar en la jerga británica expresiones populares como “to do a Reggie” (suicidarse) o “I didn´t get where I am today” (la repetida coletilla de CJ, su jefe). La narrativa ligera de Nobbs y el uso de un finísimo sentido del humor en sus páginas —esa manera de ironizar con lo adverso, tan característica de la sátira británica—, garantizan una lectura tan rauda y amena que el libro apenas dura más de una pocas noches en la cabecera del catre. Matías Bosch

“Cosas transparentes” es la penúltima novela escrita por el gran genio ruso de la literatura, Vladimir Nabokov, inédita hasta la fecha en nuestro país y publicada recientemente por Anagrama: un suma y sigue a la biblioteca dedicada exclusivamente al autor por parte de este sello. “Cosas transparentes” es una brevísima y extraña novela, pero no por ello una obra menor del autor, todo lo contrario. Entre sus páginas encontraremos una lista de obsesiones propias y reconocibles de Nabokov: el placer por la lectura, los celos, las mujeres, el anhelo de la juventud, la avaricia, la figura del gran escritor, Europa frente a Estados Unidos, la muerte, los viajes, y sobre todo, el conflicto del lenguaje y los idiomas, y cómo estos pueden llevarnos a grandes equívocos. La historia del libro se centra en Hugh Person (y en lo que al final apreciaremos como su buena o mala suerte), un tipo curioso, culto, apasionado y con un pasado difícil de olvidar. Precisamente será el propósito de olvidar ciertas cosas lo que le llevará a cometer grandes errores, o a verse mezclado con sucios asuntos que nada tienen que ver con su voluntad. Así, su vida gira y gira de manera alocada dando paso a otros personajes que también nos cuentan cosas, o nos las esconden, y dan a Person una dimensión de no-persona (siempre juega Navokob con el nombre de su víctima); y he ahí el verdadero reto de Hugh: volver a convertirse en alguien, aunque ya nadie, ni siquiera el paisaje, se acuerde de él. Luna Miguel

“La ciudad y la ciudad” China Miéville

“Los reyes de lo cool” Don Winslow

“Ratas en el jardín” Valentí Puig

factoría de ideas

mondadori

libros del asteroide

China Miéville ha cambiado su prosa gótica repleta de descripciones barrocas por aires más noir, estilo que encaja como un guante de seda en la multipremiada “La ciudad y la ciudad” (ganadora absoluta en 2010 de todos los premios posibles del género: Hugo, Locus, Arthur C. Clarke y el prestigioso World Fantasy) y, la verdad, es que el cambio le ha sentado muy bien. El propio Miéville lo explica con una sencilla razón: el género policiaco era la mejor manera de explicar la doppelgänger realizada de las dos ciudades protagonistas del relato. Beszel y Ul Qoma son dos estados de Europa del Este que comparten (en muchas de sus zonas) la misma geografía y que llevan en conflicto desde los tiempos de la escisión (cuando los dos países se separaron). Sus ciudadanos tienen que aprender a desentir, desoír y desver a sus vecinos desde que nacen y los extranjeros no pueden entrar en ninguna de las dos ciudades hasta que hayan hecho varios cursos y exámenes. Esta situación tan kafkiana está estrechamente vigilada por la autodenominada Brecha, una organización ajena a las dos urbes, que aparece en medio de momentos de crisis. Cuando un coche derrapa en Beszel y se estrella en Ul Qoma, por ejemplo. En medio de esta bomba de relojería topográfica, Miéville sitúa a nuestro protagonista, el Inspector de Beszel Tyador Borlú, investigando el extraño asesinato de una joven estudiante de arqueología americana de Ul Qoma que quería descubrir la existencia de una misteriosa tercera ciudad, la fantástica Orciny. Manu González

Don Winslow es un tipo duro. Quien haya leído la sensacional  y adictiva “El poder del perro” difícilmente podrá olvidar su violencia extrema y unos diálogos tan afilados como memorables. Gracias, Don, por semejante novelón. Mondadori publica ahora “Los reyes de lo cool”, la precuela de la recién estrenada “Salvajes” de Oliver Stone. Con el incipiente triángulo amoroso entre Ben (el Ghandi del trapicheo), Chon (un killer recién aterrizado de Afganistán que ha visto y hecho cosas con las que a cualquiera le resultaría imposible vivir) y la multiorgásmica y familiarmente disfuncional O(livia) de fondo, Winslow construye, de nuevo, un thriller de lo más taquicárdico que se lee solo. El asunto va, como no, de drogas y de las jugosas e interesadas relaciones entre la CIA, los narcos mexicanos y los niños bien que, entre porro y tirito, surfean indolentemente en aguas californianas. Winslow recorre el vertiginoso camino que va de trapichear con marihuana a traficar con cocaína. Del “eh, tío,  paz y buen rollo” a la traición y el tiro en la nuca. De cómo el candoroso y bobalicón buenismo de los 60 se pudrió y se llevó por delante al idealismo, que se convirtió en realismo, luego en apatía, después en cinismo  y terminó en avaricia sin escrúpulos. Una lúcida crónica vacunada contra todo cliché de la época que llega a colocar al hippismo (y su decadencia, y sus falsas ansias de redención universal) como fuente de buena parte de los males de la sociedad actual. Si los hijos de aquellos hippies son los despiadados narcos de hoy, menudo futuro nos espera. Leticia Blanco

“Con los años, más fetichistas y más voyeurs”, anotaba el escritor mallorquín Valentí Puig a mediados de los 80. Una frase que resume a la perfección el espíritu crítico, lúcido, ondulante y algo desencantado que guía “Ratas en el jardín”, dietario escrito en 1985, publicado el año pasado en catalán y recuperado ahora por Libros del Asteroide con traducción al castellano del propio autor. En esa faceta escaparatista que se le presupone al 85% de los dietarios, Puig se muestra como el hombre descreído del amor pero militante en la pasión (a veces también a la inversa) y, como buen putero, amante de la diversidad femenina a tiempo completo. El sibarita fiel a los licores y la buena mesa, que come solo en restaurantes mientras maldice la invasión de las salsas de nata líquida; el riganista noctámbulo y contradictorio; el atinado cronista o el señor culto de aire antiguo y refinado que reivindica la soledad desde su casa de veraneo en Alaró por donde corretean las ratas a las que hace alusión el título. De todo esto encontramos en este compendio de reflexiones que más allá de lo que tenga de construcción personal o ficcional puede leerse como un brillante ejercicio literario de honestidad moral e intelectual; un seductor vaivén de fragmentos trufados de sabiduría aforística, pulsiones hedonistas, venganzas personales y sagaces miradas de reojo a la actualidad sociopolítica con el que Puig logra elevarse hasta lo más alto de esa primera división de diaristas en lengua catalana a la que también pertenecen Josep Pla, Pere Gimferrer o José Carlos Llop. Laura Gamundí



Go Mag 135 October 2012