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La Derecha perdida

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La derecha perdida “La tesis principal es que el gran déficit de la derecha de las últimas décadas ha sido su falta de capacidad para entregar contenidos motivadores, que vayan más allá de la mera economía, de “la solución de los problemas concretos de la gente”, del “cosismo” y de la gestión eficiente del Estado. En este sentido, recoge la autora la siguiente idea de Murray Rothbard: “la economía puede contribuir aportando numerosos datos a favor de una posición libertaria, pero no es capaz de implantar por sí sola esta filosofía política. Para emitir juicios políticos, se requieren juicios de valor, de donde se sigue que la filosofía política es necesariamente ética y que, por tanto, es preciso implantar un sistema ético positivo para defender con sólidos argumentos la causa de la libertad individual”. Asimismo, constata un nuevo dinamismo en la discusión intelectual en la derecha, que enfrenta posiciones relativamente antagónicas entre las tendencias libertarias, liberales y comunitaristas, pero lamenta que sean estas últimas las que hayan inspirado y estén influyendo en los documentos oficiales de Chile Vamos y que, en consecuencia, podrían también hacerlo en las propuestas y en el diseño de las políticas públicas del sector en el futuro. ¿Cuál es la solución frente al desierto intelectual que prima hoy en la derecha? ¿Es posible ser optimista respecto a los años que se vienen? Su convicción es que, en orden a enfrentar el discurso político de la izquierda, el relato no debe buscarlo “en una suerte de comunitarismo de corte nacionalista”, como a su juicio lo ha hecho hasta ahora, sino que debe actualizarlo “a partir de las ideas que constituyen y definen su propia identidad”. Y ello no debe hacerlo en el vacío, sino en su propia historia. En este sentido, lo que la larga historia de la derecha republicana sustenta es, sobre todo, la primacía de la persona humana por encima de lo colectivo y que tiene como una de sus manifestaciones más tangibles la libertad económica que permite a todos buscar su propio destino”.

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VALENTINA VERBAL STOCKMEYER

LIBERTAD Y DESARROLLO busca promover la libertad en los campos político, económico y social, proponiendo fórmulas concretas para el perfeccionamiento de un orden social de libertades a través del análisis, investigación y difusión de las políticas públicas.

VALENTINA VERBAL STOCKMEYER

La derecha perdida

LIBERTAD Y DESARROLLO, fundado en 1990, es un centro de estudios privado, independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental, cuyo objetivo es el análisis de los asuntos públicos, promoviendo valores y principios de una sociedad libre.

VALENTINA VERBAL STOCKMEYER

La derecha perdida Por qué la derecha en Chile carece de relato y dónde debería encontrarlo

Valentina Verbal Stockmeyer es magíster en Historia por la Universidad de Chile y licenciada en la misma disciplina por la Universidad de los Andes. Ha publicado más de diez artículos de Historia militar y constitucional de Chile en revistas especializadas de Historia y Derecho. Fue Directora de Investigación del centro de estudios Horizontal e integrante de la Comisión de Asuntos Constitucionales de Chile Vamos. Actualmente ejerce la docencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chile y en el Departamento de Formación General de la Universidad Viña del Mar.

Prólogo de Lucía Santa Cruz

Por qué la derecha en Chile carece de relato y dónde debería encontrarlo


PRÓLOGO DE LUCÍA SANTA CRUZ

INDICE Introducción Agradecimientos Capítulo primero. Pensar la derecha: reconociendo el marco teórico Izquierda y derecha: una distinción razonable 1. 2. Cambio de ciclo y crisis de legitimidad: ¿de qué estamos hablando? 3. La identidad de la derecha: cuestiones previas El poder de las ideas: ¿cómo explicarnos el discurso 4. anticapitalista?

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Capítulo segundo. La derecha en crisis: diagnosticando al enfermo 1. Abriendo el debate: Axel Kaiser y la fatal ignorancia 2. Comunitarismo en la derecha: Daniel Mansuy y Pablo Ortúzar Nacionalismo en la derecha: la visión de Hugo Herrera 3. Convocatoria en Chile Vamos: ¿es esto un relato para la 4. derecha?

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Capítulo tercero. El cambio de ciclo: rechazando el modelo a dos bandas 1. Anticapitalismo versión hard: otro mundo es posible 2. Anticapitalismo versión soft: autoflagelantes en la derecha Problematizando los tópicos: el mercado no es Lucifer 3. 4. Problematizando los tópicos: ¿es esto una revolución?

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Capítulo cuarto. Un siglo XX adverso: liberales y conservadores a la ofensiva 1. La derecha partidista: visiones historiográficas 2. Una centuria estatista: estrategias de mitigación Liberales al ataque (o la defensa de la libertad) 3. 4. Capitalismo de la gente: conservadores por la libertad económica

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Capítulo quinto. El tercerismo en la derecha chilena: una condena al fracaso 1. La derecha “conservadora”: la visión de Renato Cristi y Carlos Ruiz Socialcristianos en Chile: virando a la izquierda 2. Nacionalismo en la derecha: una vertiente irrelevante 3. 4. Modernización capitalista: ¿por qué no fue posible?

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Capítulo sexto. La fuerza de la libertad: un relato que sí vende 1. Derecha y libertad: el derrotismo en clave ideológica Capitalismo salvaje: el derrotismo en clave histórica 2. La historia como sorpresa: ¿qué significa ser empresario? 3. 4. Las reinas de Estado: ¿se justifica la crítica moralizante al consumo?

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Capítulo séptimo. Pensar la República: la derecha frente al espacio común 1. Lo individual y lo social: comunitaristas versus liberales El sentido de justicia: un orden de libertad 2. 3. Igualdad e igualitarismo: confusiones y contradicciones 4. La sociedad civil: más allá del Estado, pero no del mercado

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Capítulo octavo. ¿Para qué sirve el Estado? Constitucionalismo, subsidiariedad y deriva estatista 1. Constitucionalismo (o la presunción en favor de la libertad) Subsidiariedad (o la primacía de la persona frente al Estado) 2. 3. El rol social del Estado: Estado de bienestar y Estado subsidiario El rol social del Estado: derechos sociales y libertad 4. personal

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Conclusión: ¿es posible ser optimista en torno al futuro de la derecha?

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Apéndice I. Convocatoria política Chile Vamos II. Contenidos para una sociedad abierta, justa y democrática Chile Vamos ¿Por qué la derecha debe volver al poder? III. Lucía Santa Cruz

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Bibliografía Documentos sobre la derecha, Chile e ideas políticas I. II. Documentos de trabajo Artículos de prensa III. Artículos académicos y capítulos de libros IV. V. Libros VI. Enlaces de internet

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PRÓLOGO DE LUCÍA SANTA CRUZ

PRÓLOGO DE LUCÍA SANTA CRUZ

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La derecha perdida. Por qué la derecha en Chile carece de relato y dónde debería encontrarlo, de Valentina Verbal, es una obra muy oportuna y bien argumentada, que persigue al menos tres objetivos. En primer término, si bien la autora rechaza de antemano cualquier pretensión historiográfica, se trata de un libro que refleja oficio, ya que recuenta y analiza aspectos importantes de la historia y de las ideas de los partidos de derecha -Liberal y Conservador- y, específicamente el compromiso de estos partidos históricos con la libertad de la persona humana y, en consecuencia, con el libre mercado. Con esto viene a revisar la tendencia popular a creer que este modelo económico fue un invento de la dictadura militar sin raíces en nuestra historia. En segundo lugar, sintetiza desde la perspectiva del liberalismo clásico, el debate contemporáneo y actual de las ideas que compiten y colaboran dentro del espectro de la alianza de centroderecha, descomponiendo las principales tradiciones que las inspiran: liberal, conservadora y socialcristiana. inalmente, no es un texto meramente abstracto, sino que aspira manifiestamente F a influenciar la acción política de los partidos de derecha en forma directa y concreta. Como ella afirma: “este libro no está escrito desde la teoría pura, sino desde (y para) la acción política concreta”. Los dos primeros objetivos los cumple cabalmente y sólo el futuro dilucidará el rumbo que esta “derecha perdida” podrá emprender. Claramente la lectura de esta propuesta será una contribución notable para redibujar la identidad y el contenido ideológico de la derecha, en cuanto se trata del “sistema de creencias políticas, el conjunto de ideas y de valores concernientes al orden político que tienen la función de guiar los comportamientos políticos colectivos”. Se trata de un compendio que abarca todos los temas relevantes en discusión hoy: el liberalismo clásico, el comunitarismo en la derecha, el nacionalismo del mismo sector, las tendencias anticapitalistas y contrarias al modelo económico de

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economía libre, los límites y alcances del socialismo cristiano en cuanto tradición al interior de la derecha, la importancia relativa del individuo y la comunidad y, en fin, las “viejas tensiones entre colectivismo e individualismo”, una reinterpretación liberal de la subsidiariedad, la relación entre justicia e igualdad y mucho más todavía. La tesis principal es que el gran déficit de la derecha de las últimas décadas ha sido su falta de capacidad para entregar contenidos motivadores, que vayan más allá de la mera economía, de “la solución de los problemas concretos de la gente”, del “cosismo” y de la gestión eficiente del Estado. En este sentido, recoge la autora la siguiente idea de Murray Rothbard: “la economía puede contribuir aportando numerosos datos a favor de una posición libertaria, pero no es capaz de implantar por sí sola esta filosofía política. Para emitir juicios políticos, se requieren juicios de valor, de donde se sigue que la filosofía política es necesariamente ética y que, por tanto, es preciso implantar un sistema ético positivo para defender con sólidos argumentos la causa de la libertad individual”. Asimismo, constata un nuevo dinamismo en la discusión intelectual en la derecha, que enfrenta posiciones relativamente antagónicas entre las tendencias libertarias, liberales y comunitaristas, pero lamenta que sean estas últimas las que hayan inspirado y estén influyendo en los documentos oficiales de Chile Vamos y que, en consecuencia, podrían también hacerlo en las propuestas y en el diseño de las políticas públicas del sector en el futuro. ¿Cuál es la solución frente al desierto intelectual que prima hoy en la derecha? ¿Es posible ser optimista respecto a los años que se vienen? Su convicción es que, en orden a enfrentar el discurso político de la izquierda, el relato no debe buscarlo “en una suerte de comunitarismo de corte nacionalista”, como a su juicio lo ha hecho hasta ahora, sino que debe actualizarlo “a partir de las ideas que constituyen y definen su propia identidad”. Y ello no debe hacerlo en el vacío, sino en su propia historia. En este sentido, lo que la larga historia de la derecha republicana sustenta es, sobre todo, la primacía de la persona humana por encima de lo colectivo y que tiene como una de sus manifestaciones más tangibles la libertad económica, que permite a todos buscar su propio destino.

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Todavía sigue siendo controvertida la provocadora tesis de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia”. ¿En qué consiste? No en la victoria fáctica del liberalismo frente al socialismo después de la Guerra Fría, sino “en el total agotamiento de sistemáticas alternativas viables al liberalismo occidental”1. En otras palabras, de lo que se trata es del triunfo definitivo de un “ideal que, ‘a la larga’ se impondrá en el mundo material”2. Pero, aunque sea cierto que la humanidad no ha retornado a un socialismo como el soviético, a veces no resulta fácil reconocer la hegemonía ideológica del liberalismo. Si bien las socialdemocracias europeas tipo tercera vía (Tony Blair en Inglaterra), o la misma Concertación de Partidos por la Democracia en Chile, pudieron habernos llevado a pensar en ello, el Socialismo del siglo XXI en Venezuela, Podemos en España (incluso el “nuevo” laborismo de Jeremy Corbyn en la mencionada Inglaterra), así como la Nueva Mayoría que hoy nos gobierna -sin dejar de lado al Frente Amplio que busca desafiarla-, impiden sostener que el triunfo cultural del liberalismo haya llegado a ser una verdad definitiva. Sin embargo, Fukuyama tiene un punto: es un error creer que la historia de la política se construye únicamente desde lo tangible. Las ideas, según él, constituyen un poder autónomo que influye poderosamente sobre los hechos. ¿Acaso no fueron las mismas ideas de la libertad, y no sólo su victoria agonal, las que produjeron la caída del Muro de Berlín en 1989? Tiene toda la razón, me parece, cuando afirma que el “sesgo materialista del pensamiento moderno es característico no sólo de la gente de izquierda, que puede simpatizar con el marxismo, sino también de muchos apasionados antimarxistas”3. Y esta última consideración le viene como

1. Francis Fukuyama, “El fin de la historia”, Estudios Públicos, N° 37 (1990), p. 6. Esta referencia corresponde a una traducción autorizada del artículo original, publicado en 1988 en la revista The National Interest. 2. Fukuyama, “El fin de la historia”, p. 7. 3. Fukuyama, “El fin de la historia”, p. 11.

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anillo al dedo a la derecha en Chile, que suele despreciar el campo de lo ideológico para interesarse de manera casi exclusiva por “los problemas concretos de la gente”. No constituye, por lo mismo, una casualidad que se haya tornado un lugar común hablar de la carencia de discurso o relato de la derecha. Afortunadamente, y pese a que al gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014) se le ha atribuido de modo especial este problema4, fue durante su mismo mandato cuando surgió una camada de intelectuales que ha reflexionado y debatido en torno a dicha carencia. ¿Cuál debe ser el relato de la derecha? ¿Cabe considerarlo como la suma acumulada de distintas tradiciones o vertientes políticas? O, por el contrario, ¿existe una identidad común que, desde la historia, pueda ser rescatada para el momento que hoy vive el país? ¿Cómo debe ella enfrentar a una izquierda refundacional, intelectualmente hegemónica en los tiempos que corren? ¿Qué principio ideológico debe priorizar: la libertad, la justicia, la solidaridad, etc.? Pese a que desde la derecha partidista la cuestión del relato se ve todavía confusa, la buena noticia es que se han puesto sobre el tapete diversas respuestas que, con distintos enfoques y matices, dan cuenta de reflexiones interesantes desde las cuales es posible continuar la conversación. Y pese a sus diferencias, todas ellas coinciden en un hecho fundamental: la derecha actual vive -icónicamente desde el movimiento estudiantil de 2011- una crisis intelectual de proporciones. Si bien ha sido capaz de emitir respuestas técnicas, asociadas a la buena gestión de las políticas públicas, ha carecido de un relato sobre la base de principios sustantivos. Lo anterior se acrecienta en la medida que el movimiento social referido se describe como el hito simbólico de un cambio de ciclo. En particular, por no haberse reducido a un conjunto de propuestas en materia educacional (es decir, únicamente técnicas), sino ampliarse a una crítica de fondo al modelo político y económico vigentes. Es lo que también algunas veces se ha denominado malestar social, aunque interpretándolo (cuestión muy discutible) como un rechazo radical al sistema de libre mercado de parte de la mayoría de la población5. ¿Quiénes -entre otros- han participado en el debate en torno al relato (o falta de él) de la derecha? En términos cronológicos, no fue sino Axel Kaiser el primero que, en 2009, habló de una crisis intelectual, entendida como la falta de convicciones fuertes en favor de

4. Fue Pablo Longueira quien, en 2011 y antes de ser Ministro de Economía, planteó que el gobierno de Piñera carecía de relato político. Su frase exacta fue: “el Presidente no tiene un relato político, porque habla de tres cosas distintas en un día”. 5. Como se verá más adelante, especialmente en el capítulo tercero, el término cambio de ciclo no se justifica únicamente por el movimiento estudiantil de 2011, sino por el apoyo a él de un importante sector de la clase política: la Concertación, posterior Nueva Mayoría. Este apoyo se expresó, en términos más profundos, en un proceso de deslegitimación del sistema político y económico, consagrado en la Constitución de 1980.

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las propias ideas, sin las cuales “no hay ni política ni economía de derecha”6. Pese a que algunas veces se le ha criticado su vehemencia al defender el libre mercado, resulta imposible desconocer que ha realizado un trabajo muy importante como intelectual público, en lo que suele calificarse como la batalla de las ideas7. Otros autores -en especial Daniel Mansuy, Pablo Ortúzar y Hugo Herrera- han sido bastante críticos del sistema de economía libre vigente en Chile por generar -según ellos- una sociedad egoísta y poco cohesionada desde un punto de vista social. En este sentido han defendido el acercamiento de la derecha a tradiciones ideológicas menos consideradas en las últimas décadas: la socialcristiana y la “nacional-popular”, desde una perspectiva comunitarista 8. Estas tradiciones, si bien no son propiamente de izquierda, tienden a constituirse como colectivismos o estatismos moderados, en la medida en que se plantean como tercerismos o vías alternativas al liberalismo y al socialismo. Desde un punto de vista político, mientras Kaiser apuesta por una influencia a nivel más bien cultural, en cuanto él normalmente no actúa cerca de los partidos, los otros tres intelectuales mencionados han buscado influir en ellos de un modo más o menos directo 9. Y la diferencia de fondo es que el primero es el único de los autores mencionados que ha defendido ideas liberales para la derecha, sin plantear la necesidad de acudir a otras tradiciones políticas10.

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6. Axel Kaiser, La fatal ignorancia. La anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico progresista (Santiago, Democracia y Mercado, 2009), p. 18. 7. Su papel como columnista, autor de varios libros y Director de la Fundación para el Progreso (FPP) da cuenta de este aserto. Y esto, incluso, es reconocido por personas que acostumbran criticarlo desde la misma derecha. Ver, por ejemplo, Pablo Ortúzar, “La tiranía de la igualdad”, columna de opinión en El Líbero (15 de diciembre de 2015). 8. El comunitarismo opera a través de dos vías. Por vía negativa, constituye una fuerte crítica al sistema de libre mercado por tender, supuestamente, al atomismo o fragmentación social. Y, por vía positiva, aspira a la construcción de un fin colectivo -de un horizonte de sentido-, al que deberían subordinarse los fines individuales. Para este concepto general, ver Luis Villavicencio Miranda, Las críticas comunitaristas al liberalismo igualitario. Un balance (Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2014), pp. 47-50. Para los autores chilenos mencionados, el comunitarismo que propugnan se dota de contenido gracias, precisamente, al socialcristianismo y al nacionalismo. Aunque no quepa asociar directamente comunitarismo con socialcristianismo, en Chile ambos han operado de manera conjunta. Precisamente el comunitarismo, en la medida que reclama la idea de un horizonte común, se tiende a dotar de contenido (hoy como ayer) gracias al socialcristianismo, es decir, con ideas derivadas del pensamiento social católico, normalmente muy crítico del sistema de economía libre. Y si bien el término nacional-popular resulta algo confuso como categoría ideológica (alguna izquierda lo reclama para el Estado de compromiso hacia los sectores populares, surgido en los años 20 del siglo pasado), se utilizará aquí por el hecho que uno de los principales intelectuales de la derecha actual, Hugo Herrera, lo reivindica de manera constante. 9. Aunque Mansuy lo ha hecho en menor medida que Herrera y Ortúzar -quienes integran el Consejo Político de Chile Vamos-, igualmente ha participado en instancias políticas. Por ejemplo, el 20 de julio de 2015 expuso en el seminario “Pensar la centroderecha”, organizado por el senador Andrés Allamand y el diputado Jaime Bellolio. En esta instancia, participaron también Herrera y Ortúzar, además del constitucionalista José Francisco García. 10. Liberales en cuanto liberales clásicas, valga aclarar.

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Vengo siguiendo el debate sobre el relato del sector desde hace varios años, al menos desde 2011, justamente cuando comenzó el mentado cambio de ciclo. De hecho, durante el año 2013 organicé un club de lectura de Historia política de Chile, buscando plantear algunas preguntas desde el presente que el país vivía en ese entonces: el último cuarto del gobierno de Piñera, que ya avizoraba el retorno al poder de la Concertación (luego Nueva Mayoría), con Michelle Bachelet a la cabeza. Teniendo como telón de fondo el debate intelectual que, en los últimos años, se ha dado al interior de la derecha, este libro defenderá la posición de que este sector político posee una identidad que merece ser rescatada para la actualización o renovación de su relato. Concretamente, argumentará dos cosas. La primera se refiere a la existencia de un núcleo común histórico, construido a partir de dos grandes vertientes políticas -la liberal y la conservadora-, entre las cuales existe (o ha existido) un liberalismo mínimo o transversal, centrado en la valoración de la libertad de iniciativa económica11. La segunda, directamente derivada de la anterior, apunta a que la derecha chilena puede encontrarse -y de hecho se ha encontrado- en torno a un fondo liberal clásico, basado en el principio de primacía de la persona frente al Estado. En este sentido, y como bien dice Ezequiel Gallo, los “liberales clásicos estaban principalmente preocupados por establecer límites a la acción de los gobiernos”, es decir, “eran los partidarios del gobierno limitado”12. ¿Para qué? Para, mediante la garantía de los derechos individuales, poner en el centro de la vida social a las personas y a las organizaciones que ellas voluntariamente crean. Me parece importante aclarar a qué me refiero cuando hablo de relato. Tanto en Historia como en Literatura, un relato puede considerarse como un “recorrido en el tiempo”, en el que suceden diversos acontecimientos o situaciones que van construyendo una narración13. Sin embargo, en política el término se utiliza en un sentido algo distinto. Cristóbal Bellolio lo define como “la formulación de una idea base que dé cuenta de la prioridad pública de un actor político”. Luego agrega que, aunque se sustente en una convicción ideológica determinada, un relato “no busca convertirse en una teoría política comprensiva y definitiva”, sino que es “aquella parte que corresponde acentuar o enfatizar de acuerdo a un determinado momento político”. Por otro lado,

11. A la hora de explicar esta libertad, se entenderá no sólo en un sentido utilitarista, sino sobre todo cultural y ético, es decir, como fuente de creatividad y búsqueda de oportunidades para la construcción del proyecto de vida que las personas definen para sí. 12. Ezequiel Gallo, “Notas sobre el liberalismo clásico”, Estudios Públicos, N°21 (1986), p. 245. 13. Antoine Prost, Doce lecciones sobre la historia (Madrid, Frónesis / Cátedra Universitat de València, 1996), pp. 238-239.

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tampoco debe confundirse con un eslogan o cuña de campaña: “Lo que busca es dar consistencia y coherencia a una serie de políticas y programas”14. Este libro buscará rescatar el concepto de relato como una suerte de punto medio entre la filosofía política, que concierne al campo de lo ideal, y la mera praxis, asociada a la lucha por el poder. En otras palabras, el término relato se entenderá en dos direcciones. La primera supone ir más allá del marketing político y de la gestión eficiente. Estos dos elementos pueden ayudar, respectivamente, a ganar una elección y a gobernar bien, pero no garantizan ni la conservación del poder, ni tampoco la influencia sobre el clima de opinión pública. Es lo que tradicionalmente (con Jorge Alessandri y Sebastián Piñera) le ha sucedido a la derecha en Chile. Y la segunda dirección implica situarse más acá de la mera teoría, del ideal puramente normativo, pero carente de las suficientes condiciones de posibilidad en el terreno concreto de la acción política. De esta manera, se sostendrá que estas condiciones pueden “alimentarse”, copulativa y armónicamente, tanto de la historia de la propia derecha chilena como de los principios fundamentales del liberalismo clásico. Además, y como se verá especialmente en el capítulo cuarto, la derecha del siglo XX no abandonó dicho liberalismo, sino que incluso lo defendió. Y esto, a pesar de encontrarse inmersa en un contexto ideológicamente adverso, caracterizado por un creciente estatismo. Aclarado lo anterior, cabe preguntarse: ¿tiene la derecha una visión de su propia identidad, desde la cual pueda rescatar un relato para sí misma en el presente? En la práctica, no: la mayoría de los dirigentes de Chile Vamos está bastante desorientada -o incluso perdida, como reza el título de este libro- sobre el significado de pertenecer a su sector político. En esto han acertado los intelectuales aludidos más arriba. Pero, mirando el vaso medio lleno, creo que dicha visión puede ser redescubierta para la puesta a punto de un relato que dé cuenta del momento que hoy vive el país. Este es el gran desafío de este libro, que se divide en ocho capítulos. El primero constituye un marco teórico destinado a caminar sobre un terreno más firme en los posteriores. Luego de adherir a la distinción izquierda-derecha, se aclaran los conceptos de cambio de ciclo y crisis de legitimidad (estrechamente conectados entre sí), además de algunas cuestiones asociadas a la identidad del sector político que es materia de este trabajo. Se concluye con una reflexión sobre el poder de las ideas, buscando una explicación sobre las razones de la mentalidad anticapitalista, tan frecuente en Latinoamérica, especialmente en el mundo de los intelectuales.

14. Cristóbal Bellolio (editor), #dondeestaelrelato (Santiago, Instituto Democracia y Mercado, 2011), p. 13.

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El segundo conforma una suerte de estado de la cuestión sobre el debate intelectual que se ha producido en el seno de la misma derecha. Se da cuenta, brevemente, de los planteamientos de los autores mencionados: Kaiser, Mansuy y Ortúzar. Se dedica una sección “monográfica” a Hugo Herrera, por tratarse del autor principal del texto Convocatoria Política, documento oficial de Chile Vamos, a cuyo análisis se consagra también un apartado específico. El tercero reflexiona con mayor detalle sobre el cambio de ciclo. Básicamente, refiere las dos grandes versiones del rechazo al modelo económico: la hard, defendida por autores de izquierda (Alberto Mayol y Fernando Atria, entre varios otros) y la soft, representada especialmente por Herrera y Mansuy. Lo que vincula a ambas versiones, pese a sus diferencias sustantivas y grados de intensidad, es la fuerte crítica cultural y moral que dirigen en contra del sistema de economía libre. Asimismo, en este capítulo se buscan problematizar los tópicos principales sobre los que se sustenta dicho rechazo. El capítulo cuarto constituye un acercamiento a la identidad histórica de la derecha en Chile, a través de sus dos grandes vertientes políticas en el siglo XX: la liberal y la conservadora. Luego de una síntesis de las visiones historiográficas más importantes sobre la derecha, esta parte apunta a demostrar que dichas tradiciones se encontraron -como una identidad común- en la defensa de la libertad de iniciativa económica a partir del principio de primacía de la persona frente al Estado. Concretamente, se matiza la creencia de que la derecha partidista habría bajado enteramente los brazos frente a la avanzada ideológica de la izquierda durante dicha centuria. El quinto aborda las tradiciones que pueden calificarse como tercerismos en la derecha: socialcristiana y nacional-popular. Luego de problematizar la tesis de Renato Cristi y Carlos Ruiz Schneider acerca de la preeminencia de una derecha antiliberal y corporativista en el siglo XX, se apunta a demostrar que las tendencias tipo tercera vía fueron irrelevantes en términos electorales, aunque sí muy efectivas a la hora de apartar al sector de su núcleo común histórico. Finaliza con una pregunta en torno al fracaso del proyecto de modernización capitalista que, conforme a la tesis de Sofía Correa Sutil, habría propiciado la derecha histórica -integrada por liberales y conservadores- desde la década del 50. Aquí me parece importante aclarar que los capítulos cuarto y quinto no apuntan a hacer una historia total del sector, sino sólo a tratar la cuestión de sus vertientes ideológicas principales y accesorias, respectivamente. En este sentido, creo que resulta suficiente acercarse a la centuria pasada hasta principios de los 70. La 15. Por ejemplo, tanto Herrera (2014) como Mansuy (2016) dedican secciones o capítulos específicos de sus libros a la figura de Jaime Guzmán.

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historia posterior, amén de ser mucho más conocida por su carácter reciente, ha sido ya bastante tratada15. Además de reconocer que ampliar la mirada temporal hasta el presente -pasando por el régimen militar y los veinte años de la Concertación-, supondría una investigación mucho más profunda que la realizada para los efectos de este libro, creo que ello no resulta imprescindible para pensar una derecha posible más bien que ideal. Seguramente, si estas páginas hubiesen apuntado a reflexionar en torno a ella como integralmente liberal (no sólo en el plano económico), sí habría sido necesario un tratamiento histórico más extenso16. Los tres últimos capítulos se destinan a responder a la gran pregunta sobre el relato de la derecha actual. En el sexto se argumenta a favor de la libertad como el gran principio ideológico de este relato. Luego de reflexionar sobre la relación entre derecha y libertad, como contexto del derrotismo o falta de confianza de la primera, se aborda el mito histórico del “capitalismo salvaje”, encarnado en la Revolución industrial de los siglos XVIII y XIX. A continuación, se trata la denominada función empresarial como fuente principal de creatividad y búsqueda de oportunidades para todos, y no sólo para los grandes empresarios. Y se cierra el capítulo con una crítica a la postura moralizante -tan en boga hoy- sobre el consumo de bienes y servicios de parte de las personas comunes y corrientes. El capítulo séptimo aborda el concepto de república (o de espacio común) que la derecha debiera hoy defender. Luego de tratar la relación entre lo individual y lo social, aludiendo a las principales visiones debatidas en el sector -comunitarista y liberal-, se analizan los conceptos de justicia e igualdad, dando cuenta de algunas confusiones ideológicas en las que suele incurrir la derecha. Posteriormente, se pasa revista a la visión que el sector debería poseer en materia de sociedad civil, que no supone el descarte del mercado, como algunos han planteado o, al menos, insinuado. Y, precisamente como garantía del despliegue de la diversidad, que se expresa de manera fértil en la sociedad civil, se aborda la cuestión de la neutralidad estatal en materia moral. Por último, el capítulo octavo apunta a tratar la aproximación que efectúa el liberalismo clásico en torno al Estado, distinguiéndose dos conceptos fundamentales: constitucionalismo y subsidiariedad. Se argumenta que ellos dan cuenta de dos principios claves: de presunción de libertad y de primacía de la persona, respectivamente. En las dos últimas secciones, se analiza la propuesta de la izquierda actual en Chile en orden a instaurar un Estado de bienestar bajo la herramienta de los derechos sociales. Aquí se compara la respuesta de la derecha 16. En particular, para tratar la relación entre libertad política y económica, así como una mirada más amplia de la libertad desde un punto de vista cultural y moral.

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actual, de corte comunitarista, con la mirada liberal clásica, que es la que -conforme a la propuesta de este libro- este sector debería seguir. En términos formales, lo que el lector tiene entre sus manos no pretende ser otra cosa que un ensayo político. No es, por lo tanto, una obra académica. Esto hace que no constituya propiamente una investigación sujeta a una determinada y estricta metodología. Y también implica que, dado que este libro persigue abiertamente participar en la batalla de las ideas, las cosas se digan de manera clara y directa, evitando circunloquios innecesarios. Aclarado lo anterior, estoy de acuerdo con Tzvetan Todorov (1939-2017) cuando dice que, a diferencia de la investigación que se da a un nivel científico -incluso en el campo de las ciencias sociales-, en el ensayo moral y político existe una inevitable comunidad entre sujeto y objeto, resultando inseparables los hechos y los valores que derivan de la propia experiencia vital17. La mía es que soy y me siento parte de lo que entiendo por derecha. Y no teniendo ya (la tuve en algún momento18) la intención de dedicarme a la política como actividad fundamental de mi vida, sí espero que este libro sea un aporte a la reflexión del sector político al que me siento ligada. Termino esta introducción aclarando que, aunque poseo una militancia determinada (Evópoli), evitaré hacer referencias demasiado explícitas a los partidos actuales de la derecha, sino a ella en su conjunto, institucionalizada hoy en Chile Vamos19. He optado por este camino porque, creo, permite ver al sector con mucha mayor perspectiva, y no exclusivamente situado en un área chica intrapartidaria. Mi punto en este libro no es la lucha por el poder que puede darse (y que, de hecho, se da) en la derecha, sino pensar el relato que de manera conjunta debería ella poner por delante, en caso de volver al gobierno20. Asimismo, aclaro que las páginas que siguen no representan -al menos, necesariamente, como suele decirse- el pensamiento de ninguna de las instituciones a las que pertenezco o he pertenecido. 17. Tzvetan Todorov, Nosotros y los otros (México D.F., Siglo XXI Editores, 2005 [1989]), p. 12. 18. En 2013 intenté participar como independiente en las primarias parlamentarias de RN. Pero desistí, ya que el Servicio Electoral (SERVEL) no aceptó respetar mi nombre social y de género en la papeleta electoral, que en ese entonces todavía no formaba parte de mi cédula de identidad. Sin embargo, el tiempo me llevó a concluir que mi verdadera vocación transita por la investigación histórica y por el debate en torno a algunos temas de relevancia pública, como el que es materia de este libro. Para mi experiencia vital, puede verse Ignacio Bazán, “El segundo tiempo de Valentina Verbal”, nota de prensa en La Tercera (Santiago, 1 de marzo de 2015). 19. Fundada oficialmente el 19 de diciembre de 2015 por los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN), Partido Regionalista de los Independientes (PRI) y Evolución Política (Evópoli), y los movimientos Socialcristianos por Chile y Republicanos. Más tarde, el 2 de abril de 2016, Construye Sociedad -de tendencia socialcristianadecidió también sumarse a la coalición. Aunque Chile Vamos no es exclusivamente de derecha (hay también personas y entidades que se identifican con el centro), creo que sí lo es mayoritariamente, por lo que en general utilizaré ambos términos de manera indistinta. 20. Una excepción a esta regla se refiere, obviamente, a algunos dirigentes políticos que, de un modo más detenido -en particular, por la vía de libros-, han reflexionado sobre la derecha. Sin embargo, se les referirá en calidad de individuos y no como voceros de sus partidos.

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AGRADECIMIENTOS

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Agradezco a las tantas personas que de las más diversas maneras me han ayudado a escribir y publicar este libro. Ante todo, a Axel Kaiser y Álvaro Vial, quienes con mayor fuerza me impulsaron a escribirlo. Todo lo que diga es poco a este respecto. Ambos saben lo profundamente agradecida que estoy por toda la ayuda brindada. Luego, a mis amigos de Horizontal, el centro de estudios en el que trabajé desde mayo de 2015 hasta junio de 2016. Ahí aprendí mucho de cómo llevar a la práctica las ideas políticas -por definición, abstractas- al terreno más concreto de la vida pública. Gracias a Hernán Larraín Matte y a Lorena Recabarren, su Presidente y Directora Ejecutiva, respectivamente, por esos almuerzos de los lunes en torno al devenir de una derecha liberal y moderna. Muchas gracias también a Felipe Kast, un gran diputado de la República, que estoy segura llegará algún día -más temprano que tarde- a liderar los destinos del país. Igualmente, en este mismo contexto, a Ignacio Briones, quien dirigió el programa de gobierno de Felipe en las pasadas primarias presidenciales, y con el que he tenido enriquecedoras conversaciones, aunque no siempre pensando igual en todo. También a Mauro Granese, mi padrino en Evópoli, con el que suelo “arreglar el mundo” en torno a la derecha. A Fernando Claro y Benjamín Maturana, ambos economistas, quienes me ayudaron a zanjar muchas dudas conceptuales y técnicas. También a mis tres filósofos favoritos: Benjamín Ugalde, Felipe Schwember y Gonzalo Bustamante, a quienes muchas veces molesté para que revisaran mis columnas de opinión y otros documentos. A todos los de este párrafo, les agradezco haber leído el borrador de este libro y comentarlo de manera aguda y punzante. Muchas gracias a A.G., Gerardo Jofré, Fernando Sánchez, Martín Subercaseaux y Sergio Silva Alcalde, quienes también me impulsaron a escribir este libro, dándome mucho feedback sobre la situación de la derecha actual y del país en general. Gracias también por esos almuerzos, no sólo deliciosos, sino también enriquecedores.

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LA DERECHA PERDIDA: Por qué la derecha en Chile carece de relato y dónde debería encontrarlo

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De manera especial, a Gonzalo Osses Vilches, Maureen Halpern, y a Alicia Lecaros quienes me corrigieron no pocos errores de estilo, como redundancias y dequeísmos. Aquí también a William Tapia Chacana, que está comenzando a caminar por la senda de la filosofía política en el terreno del liberalismo clásico. Y, por supuesto, a Álvaro Bellolio, especialista en Políticas Públicas con quien participé en ese club de Historia de Chile, mencionado en la introducción. Con todo ellos, he sostenido ricas conversaciones sobre la derecha y el liberalismo. A Rosanna Costa, una mujer brillante, con quien he intercambiado algunas impresiones sobre lo que debería ser una derecha a la altura del tiempo presente. También a Carlos Iturra, el mejor cuentista de este país, quien desde hace años me ha honrado con su liberal amistad. A Luis Larraín, por confiar en este libro y abogar por su publicación en Libertad y Desarrollo, un tanque de muy buenas ideas. De manera especial, a Bettina Horst, Gerente General del mismo centro de estudios, quien tuvo una paciencia inmensa conmigo en la etapa final de edición. Con gran afecto a Lucía Santa Cruz, quien aceptó generosamente escribir el prólogo, así como compartir una reflexión suya sobre el sector que es materia de este libro21. Y pensando en todos quienes me hicieron sugerencias (no sólo los ya mencionados), aclaro de manera expresa que me hago enteramente responsable de los diversos errores y omisiones que, de seguro, sus páginas contienen.

21. Que se adjunta en Apéndice de este libro.

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La Derecha perdida by Libertad y Desarrollo - Issuu