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SEMINARIO “LA REFORMA DEL SISTEMA ELECTORAL CHILENO” *

COLECCIÓN IDEAS AÑO 7 N° 69 Octubre 2006

* Ponencias de Dieter Nohlen, Soledad Alvear, Jorge Insunza, Sebastián Piñera, Pepe Auth y Paulina Veloso presentadas en el Seminario “La Reforma del Sistema Electoral Chileno”, organizado por Fundación Chile 21, Fundación Futuro y el Instituto Internacional IDEA. Santiago, 10 de agosto de 2006

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Seminario “La Reforma del Sistema Electoral Chileno” INTRODUCCION “La reforma del sistema electoral chileno” fue el tema central de un seminario organizado por la Fundación Chile 21, la Fundación Futuro y el Instituto Internacional IDEA que el jueves 10 de agosto de 2006 congregó a un importante número de políticos y legisladores en la ex sede del Congreso en Santiago. Los expositores fueron el profesor de la Universidad de Heidelberg (Alemania) Dieter Nohlen; la ministra secretaria general de la Presidencia, Paulina Veloso; la senadora y presidenta de la Democracia Cristiana, Soledad Alvear; el director del Programa Electoral de Chile 21 y secretario general del PPD, Pepe Auth; el vicepresidente del Partido Comunista, Jorge Insunza y el presidente de la Fundación Futuro y ex candidato presidencial de RN, Sebastián Piñera. Moderó el jefe del Programa Latinoamericano del Instituto Idea, Daniel Zavatto. Sólo unas semanas antes había terminado su labor un grupo de trabajo nombrado por la Presidenta de la República para proponer un nuevo sistema electoral. Y pocos días después representantes de los partidos políticos de la Concertación, del Partido Comunista y del opositor Renovación Nacional iniciaron conversaciones para analizar las posibles reformas que se le pueden introducir al sistema electoral chileno, el binominal mayoritario. El reemplazo de este sistema ha sido una de las más antiguas demandas de la coalición gobernante en Chile desde 1990, pero nunca ha sido posible lograr un acuerdo con las fuerzas de derecha representadas en el parlamento. Esta es la primera vez que RN y el PC se integran a los análisis de un cambio. Este ha sido también un tema de constante preocupación en el quehacer de la Fundación Chile 21, la que ha aportado con variados estudios y análisis a la revisión del sistema electoral. Como una manera de contribuir a tan sustancial debate político, incluimos en nuestra colección IDEAS las ponencias de cada uno de los expositores en ese seminario de agosto, en el entendido en que sus posturas serán parte de una polémica enriquecedora para la democracia chilena.

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El Sistema Combinado Compensatorio Dieter Nohlen

Los sistemas electorales son situaciones muy importantes para el proceso político de un país y su reforma necesita una seria reflexión sobre las bondades y deficiencias del sistema existente y también sobre las bondades y fallas de las propuestas. Respecto al sistema electoral binominal hay que empezar con una reflexión general que señala que todos los sistemas electorales tienen sus pros y sus contras, y que no existe ningún sistema electoral ideal. El mejor sistema es el que se adapta mejor a las condiciones del contexto y a las necesidades y objetivos de las fuerzas vivas del país para facilitar el gobierno en función de políticas públicas que sirven a la comunidad, a la sociedad en general. Es muy importante saber cuáles son los sistemas que mejor se adaptan, cuáles son las condiciones en que en uno u otro país, uno u otro sistema electoral tiene más éxito. He pensado en los criterios para admitir comparativamente los pro y los contra de los sistemas electorales, y de este estudio resaltan cinco criterios máximos para la evaluación de los sistemas electorales y para formarse también ideas sobre cuáles pueden ser los objetivos de una reforma electoral. Esos cinco criterios son los siguientes: En primer lugar, representación. En términos de mayor o menor proporcionalidad del sistema, que se mide normalmente en la proporcionalidad de la relación entre votos y cupos. En segundo lugar, efectividad o concentración, que se refiere al sistema de partidos políticos que resulta del voto y también los efectos del sistema electoral. Eso se entiende también como un elemento que tiene que ver con la esencia misma de la elección, en el sentido de producir un resultado electoral de tipo formador de mayorías. O si el sistema electoral está en condiciones de favorecer la formación de una mayoría para mejorar las condiciones de gobernabilidad del país. El tercer criterio es el de la participación, en términos de que el elector puede expresar su preferencia política en términos personales, que puede votar por un candidato y no solamente por un partido. En el debate internacional se identifica ese criterio con acercar la democracia a la ciudadanía. El cuarto criterio es de la sencillez o de la transparencia del sistema, en términos de que el votante sepa lo que está pasando con su voto, que pueda entender bien la transformación del voto en sillones parlamentarios. El quinto criterio es el de la legitimidad, que parece ser un criterio adicional, pero es más bien un criterio globalizador, dado que es posible que un sistema 3


electoral cumpla bien con los cuatro criterios anteriormente mencionados, pero que no tenga la legitimidad por algún defecto o en su origen o en sus resultados, lo que produce deslegitimación del propio sistema electoral. Eso se ha podido observar en bastantes casos en el mundo donde hay un sistema electoral que teóricamente está bien, pero que ha sido deslegitimado por algún fenómeno, tal vez combinado con el sistema electoral a pesar de que en realidad no sea así. Si aterrizamos al caso chileno y hacemos un pequeño examen aplicando esos criterios al funcionamiento y a la esencia del sistema binominal, nos damos cuenta que el sistema electoral binominal tiene bastantes virtudes. Por ejemplo, en relación al primer criterio, el resultado es bastante proporcional. En segundo lugar respecto de la efectividad y concentración, este sistema produce una competencia entre dos bloques con tendencias a formar mayorías y gobernabilidad, y en tercer lugar, el voto es personal, el elector vota por personas. A ese nivel de análisis, el sistema tiene sus virtudes, pero hay que añadir el quinto criterio, el globalizador, que es el criterio de legitimidad. Hay que reconocer que a partir de su propia esencia, de la intencionalidad con la que se lo vincula y desde su inicio, el sistema está algo débil en cuanto a legitimidad. Y esta debilidad nunca ha desaparecido. Y esa debilidad de legitimación tiene que ver también con algunas fallas en el funcionamiento de los tres criterios anteriormente mencionados. Según el primer criterio, el sistema es bastante proporcional, pero es excluyente en términos de que para una tercera fuerza no existe posibilidad de poder entrar en el parlamento. Dentro del concepto de proporcionalidad hay que tomar en cuenta la posibilidad de que los partidos políticos que alcanzan un cierto grado de apoyo en el electorado -por lo menos los que sacan más del 5% de la votación-, tengan no solamente derechos, sino obligatoriedad, para ser parte del parlamento con algunos representantes. Entonces, a este sistema le falta inclusión. En segundo lugar, respecto de la concentración, hay que tomar en cuenta que la estructura de competencia tiene sus debilidades. Hay competencia, pero la competencia se produce más bien dentro de las coaliciones, en vez de entre las coaliciones. En tercer lugar, respecto del fenómeno de participación del voto personal, hay que decir que ahí también hay debilidades en términos de que un elector se ve de vez en cuando obligado a votar por un candidato que no es de su partido, entonces el elector está forzado a votar por personas con las cuales no se identifica, solamente en función del sistema binominal. Esas debilidades disminuyen el efecto legitimador que tiene el sistema electoral y hacen probable y necesaria una reforma del binominal, la que planteo y sugiero como una reforma al sistema existente y no una reforma que sustituya el sistema electoral, el sistema binominal.

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Los objetivos de la reforma ¿Cuáles son los objetivos entonces de una reforma electoral? Sanear sus debilidades, terminar con la exclusión, mejorar la estructura de la competencia, sanear la relación entre votante y elegido y proporcionar mejor igualdad numérica entre población y escaños, es decir, mejorar la igualdad del voto, que está muy lesionado. No tanto por el sistema electoral mismo, sino por la manera como se ha aplicado en Chile. A mi modo de ver, la ingeniería institucional permite subsanar esas debilidades del sistema. Las grandes alternativas son dos: ampliar el tamaño de los distritos o introducir una lista nacional adicional de escaños. Sugiero la segunda alternativa, porque respeta el binominalismo en cuanto a sus virtudes, y trata de combatir las desventajas. Es una propuesta capaz de subsanar al mismo tiempo las mencionadas debilidades, porque es capaz de terminar con la exclusión, mejora la igualdad del voto y da mayores posibilidades para la representación femenina que no puede dejar de ser tomada en cuenta al pensar en una reforma del sistema electoral. Por que el voto personal, sea uninominal o binominal, tiende a favorecer a los candidatos masculinos y no tanto a las candidatas. Sistema combinado compensatorio El tipo de sistema electoral que sugiero sea considerado en los debates que se van a producir, es combinado compensatorio. Incluso se puede pensar en sustituir por el nombre y denominación de “combinado compensatorio”, de modo que queda un poco al lado el de binominal, a pesar de que la estructura del sistema será la vigente con algo adicionado. Pero que va a cambiar mucho los efectos del sistema vigente, porque justamente está dirigido a sanear sus debilidades. Sin entrometerme demasiado en el diseño del sistema -porque no me corresponde-, propongo algunos aspectos que den una posibilidad mayor de consenso en el desarrollo de una reforma electoral. Quiero hacer hincapié en que, para la lista, para los candidatos de la lista, el cómputo tiene que ser nacional, para cumplir con los objetivos. A ese nivel se van a distribuir los escaños a los partidos políticos y otra repartición será dentro del cupo que sacan los partidos políticos entre los candidatos. Sería interesante tomar en cuenta básicamente a los candidatos que han concurrido a la competencia por los escaños binominales. De esa manera se evitaría crear dos tipos de diputados. El candidato que ha tenido una alta votación, en la votación a nivel de distrito, va a tener el mismo derecho de estar en el parlamento, a pesar de que no ha conseguido uno de los dos escaños en la votación binominal, que un candidato que ha recibido menos votación, pero ha sido elegido por el efecto de lista a nivel de distrito. Ese sería más o meno el mecanismo. Creo que unos 20 ó 30 escaños bastarían para dar mayor proporcionalidad, para sanear un poco la

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desigualdad del voto, dado que los escaños adicionales van a surgir de los distritos donde hay una relación población-electorado muy distorsionada. En tercer lugar, pensando en la aplicar allí un cierto quórum, una 30% de esos escaños sean considerando a las candidatas binominales.

representación femenina, sería interesante cierta cuota, por ejemplo que la mitad o el de representación femenina, y también que se han presentado en los distritos

Estas sugerencias van en la dirección de subsanar las debilidades del sistema. Se podrían añadir otros criterios para ir más allá de eso, pero quiero restringir mis observaciones y mis sugerencias a esos puntos de debilidad que pesan en el análisis de la falta de legitimidad del sistema actual. Una última referencia se refiere al desarrollo internacional de los sistemas electorales. Si uno mira los procesos de reforma electoral en los últimos 25 ó 30 años, son explícitamente los sistemas combinados los que han sido introducidos en el mundo. Prácticamente no hay ninguna reforma en dirección a un sistema clásico, ya sea de mayoría relativa, o de mayoría absoluta o de representación proporcional pura. La simple razón es que los sistemas combinados tienen la gran ventaja de que pueden ser diseñados según las condiciones de contexto. Ahí entran también los diferentes objetivos, las fuerzas vivas que están interesadas en que el sistema electoral sea de acuerdo con sus propias ideas matrices de esa materia. Hay, a mi modo de ver, un escenario de dialogo entre las diferentes fuerzas. Cada una de las fuerzas puede contribuir los suyo en el diseño. Eso es muy importante, porque no hay sistema electoral no democrático, pero sí es posible que se implemente un sistema electoral de forma no democrática. Me parece que esos sistemas combinados invitan a que todos los interesados en la materia, los partidos políticos, se sienten a una mesa y discuten los pros y los contras del sistema binominal. Y de esa manera llegan a un análisis de sus deficiencias y de sus bondades, siempre pensando que el sistema vigente tiene sus bondades. No hay que descartar esto, hay que reconocer que hay virtudes en el sistema, las que hay que mantener; y, al mismo tiempo, pensar en mejorar sus debilidades para que el criterio máximo de la legitimidad se aumente. Eso se consigue, a mi modo de ver, a través del diálogo y del consenso. Justamente son los sistemas combinados los que dan esa posibilidad, porque no se pone en marcha un sistema que ya está fabricado, transplantado de un país a otro, como el sistema de mayoría relativa. Sino que se diseña un sistema según el aporte de todos los interesados, los partidos políticos, en esa reforma electoral.

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Las fallas del binominal Soledad Alvear

La reforma del sistema electoral en Chile es muy compleja. Los defectos del binominalismo son conocidos, pero no está de más recordarlos. El sistema daña el pluralismo, porque excluye del congreso a un partido histórico, con el cual tuvimos y tenemos grandes diferencias, el Partido Comunista, a pesar de que dos de los cuatro Presidentes desde el año 1989, han sido elegidos en segunda vuelta con sus votos. En segundo lugar, daña la competencia electoral, porque la provoca entre los candidatos pertenecientes a partidos aliados y no entre los adversarios. En tercer lugar, debilita a los partidos que se protegen no compitiendo, como lo han hecho desde un comienzo el Partido Socialista y el PPD y lo ha hecho la oposición en las elecciones senatoriales del 2001. La UDI y Renovación Nacional acordaron un candidato único en 7 de los 9 distritos, es decir, se trató de senadores designados. El fin del sistema binominal es un objetivo histórico de la Concertación, lo que se explica no solo por su déficit de legitimidad y origen, como lo ha señalado el profesor Dieter Nohlen, sino por los objetivos políticos electorales que se propusieron con este sistema quienes determinaban el poder en esos años. Buscaban beneficiarse sabiendo que serían minoría y así limitar el poder electoral de la Concertación, que, sabían, ganaría las elecciones. Hay un segundo elemento en el sistema electoral que no se menciona y que aumenta los perjuicios que causa el binominalismo. Se trata de los pactos electorales. La investigación del profesor Ricardo Gamboa del Instituto de Estudios Internacionales, publicado en un libro reciente de la Fundación Adenauer y editado por el profesor Carlos Huneeus, demuestra que de cara a las elecciones de 1989, los dirigentes de la UDI y de Renovación Nacional, perfeccionaron el proyecto original del binominalismo aprobado por la Junta de Gobierno, pidiendo el restablecimiento de los pactos electorales. Lo hicieron porque temieron que la oposición democrática, al concurrir con dos listas -así pensaban entonces- les provocaría una derrota de proporciones que los dejaría en una posición marginal en el primer Congreso de la nueva democracia. Seamos claros: estos objetivos se han cumplido. La oposición se ha beneficiado del sistema electoral y la Concertación se ha perjudicado. Pero no sólo los partidos se han perjudicado. Es el sistema democrático el que resulta dañado y esta es la principal preocupación que nos debe mover a buscar una formula que nos permita terminar con esta institución establecida durante el régimen anterior. Sabemos que es un acuerdo difícil de conseguir,

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por lo que acabo de decir, algunos temen perder creyendo que otros ganarían. Eso es un error, es la democracia la que necesita la reforma electoral y será la beneficiaria. La complejidad y la dificultad son comunes en el quehacer político y especialmente en Chile, que pudo transitar del autoritarismo a la democracia con un éxito que nadie previó hace menos dos décadas atrás. Hemos superado dificultades mayores que incluso la Concertación pensó serían imposibles de remontar: los enormes avances en verdad y justicia por los atropellos a los derechos humanos; lo procesos de condena de los responsables de los atroces crímenes cometidos, como la prisión del general Contreras en el año 1995. Se dijo antes que esto sería imposible, pero se logró porque la verdad, la justicia y el perfeccionamiento de la democracia lo hizo posible. Hemos superado odios y divisiones del pasado que pocos imaginaron posible a comienzos de los años ’90. Quiero recordar en esta oportunidad que la Concertación ha logrado convencer a la aposición de apoyar reformas que ésta rechazó durante años con la misma energía que algunos hoy despliegan para rechazar el cambio al binominal. Por ejemplo, las reformas constitucionales del año 2005, especialmente la restitución de la facultad presidencial en las designaciones de los comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas o en el desmantelamiento de las facultades tutelares que tuvo el Consejo de Seguridad Nacional. O las reformas laborales que en su oportunidad se rechazaron porque producirían tremendos perjuicios, sin que ellos se hayan producido. Los problemas de empleo que tenemos no son atribuibles a la reforma laboral, sino que a otros factores. Hoy estamos frente a un tema tremendamente importante: darnos un sistema electoral propio de una democracia consolidada, estable, con exitosos gobiernos y con una oposición responsable. Este es el tema mayor, que va mucho más allá de lo estrictamente cultural, descrito brillantemente por el profesor Dieter Nohlen. Tiene que ver con principios e instituciones centrales de la democracia, la representación política, las bases de partidos y los mecanismos para fortalecerlos y no para debilitarlos, porque cuando hay partidos políticos débiles, es la democracia la que se debilita. La experiencia de América Latina en las últimas décadas lo demuestra. Tiene que ver además con el reconocimiento del pluralismo político y la existencia de un sistema múltiple de partido que ha sido un componente histórico de nuestro desarrollo político con bases en el siglo XIX y que hizo posible una democracia que fue admirada en el mundo. El parlamento tiene que reflejar la diversidad política y cultural del país. Chile tiene que tener un sistema electoral que fortalezca a los partidos, que no los debilite o los subvencione de manera artificial. Los daños políticos tienen una menor visibilidad que los daños económicos, pero ellos no son menos importantes que estos últimos.

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La baja confianza en las instituciones, en los partidos políticos, en los tribunales de justicia, en la política, está debilitando a la democracia y ello explica, en parte, el distanciamiento de los jóvenes en la política. Las crisis de muchas democracias no provienen en primer lugar de decisiones económicas adoptadas por los países, sino por decisiones políticas, por falta de credibilidad en sus instituciones y por falta de un sistema de partidos políticos que permita un diálogo entre gobierno y oposición. El sistema electoral, junto a otros factores, está dañando gravemente al sistema democrático y especialmente a los partidos, porque los obliga a competir entre aliados y no con los adversarios, como debiera ser. Hay parlamentarios de la Alianza y de la Concertación que han luchado electoralmente contra candidatos pertenecientes a su propio bloque, en varias elecciones. Eso no sólo distorsiona el carácter de las elecciones, sino que también provoca desconfianza que debilita la voluntad de cooperación que debe haber entre partidos aliados, estén hoy en el gobierno, o mañana. El sistema actual Se dice que el binominalismo tiene una cierta legitimidad de “ejercicio”, porque no habría producido efectos negativos en el sistema político. Se afirma incluso que ha sido un factor que ha ayudado a la “gobernabilidad de la democracia”. A mi juicio este es un argumento reduccionista que no se sostiene, porque la gobernabilidad ha sido posible por otros factores políticos, comenzando por la responsabilidad y madurez de los chilenos, de sus dirigentes sociales y de los políticos de gobierno y de oposición. Si fuera tan importante el aporte del binominalismo ya habría sido estudiado con interés en otros países para ver la posibilidad de aplicarlo. Hasta ahora ningún país ha dado un paso en esa dirección. En Chile ha habido gobernabilidad a pesar del binominalismo. Voy a analizar el sistema desde la perspectiva de los cinco criterios expuestos por el profesor Nohlen. Respecto del criterio de la representación, se dice que entre los beneficios del binominal está el que impide la fragmentación partidaria al sancionar a los partidos pequeños. La respuesta a este argumento es que no es así. En Chile actualmente existen más partidos políticos relevantes que en el año 1973. Un segundo argumento es que fomenta la concentración partidaria, debido a su tendencia a formar un sistema partidista. La respuesta es no, en Chile existen a lo menos cinco partidos relevantes que concentran menos votación que en 1973. Entre otros beneficios se dice que fomenta la estabilidad del gobierno mediante la formación de mayorías parlamentarias monopartidistas. Mi respuesta es no. En Chile el sistema electoral ha impedido que el gobierno tenga mayoría en el parlamento a pesar de sus resultados electorales superiores al 50%.

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Se dice también que fomenta la moderación política, pues hace que los partidos más grandes compitan por ganar el apoyo del electorado ubicado en el centro del espectro ideológico. Discutible, es mi respuesta. La experiencia chilena demuestra que la competencia tiende a trasladarse al interior de cada pacto electoral, por ejemplo, UDI versus Renovación Nacional, Partido Demócrata Cristiano versus Partido Socialista, PPD versus Partido Radical. Se dice que fomenta la alternancia en el poder, pues una variación pequeña en la relación de votos puede dar lugar a una gran variación en la relación de escaños parlamentarios. En el caso de Chile la respuesta es no. Una variación pequeña puede dar como resultado un gran cambio político, pero no a nivel de gobierno, debido al tipo presidencialista que tenemos. Y por último entre los argumentos se dice que el binominal permite a elector decidir directamente a través de su voto sobre quiénes deben gobernar, sin delegar tal decisión a las negociaciones entre los partidos después de las elecciones. Mi respuesta es no. Por el contrario, y como se ha visto en estos años, el candidato se decide en la negociación al interior de los partidos políticos y como hemos señalado, en algunos casos prácticamente se elige a un senador a través de negociaciones internas dentro de una alianza. El Partido Demócrata Cristiano, que yo presido, hará todos los esfuerzos para hacer posible una reforma electoral, que debe lograrse naturalmente con la oposición. La legitimidad de un sistema electoral requiere de un amplio acuerdo, como lo hubo en 1958 para establecer la cédula única y con ello limitar fuertemente el cohecho, o como lo hubo con las más recientes reformas constitucionales. Yo quisiera invitar a la oposición a que reconsidere su posición y dé el apoyo político para que alcancemos un nuevo sistema electoral. No entiendo sus argumentos para defender el sistema binominal, pues cuenta con un fuerte respaldo de la ciudadanía que lo ha convertido en una alternativa de poder. Estuvo a escasos 30.000 votos de La Moneda hace seis años. Los invito entonces a que iniciemos un trabajo para reformar el sistema electoral, porque lo requiere el perfeccionamiento de la democracia, es decir, lo requerimos todos nosotros. Por ende creo que las condiciones en nuestro país y la instalación del debate y la realización de encuentros como este permiten entregar los primeros esbozos de lo que debiera ser en Chile un gran acuerdo para que tuviésemos realmente un sistema electoral acorde con la realidad del sistema democrático en Chile el día de hoy.

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Sistema plurinominal con compensación Jorge Insunza Para entrar directamente en el tema que nos convoca, creo que ninguno de los que estamos en este panel asume que los problemas de la democracia, si la podemos llamar así, se reducen exclusivamente al sistema electoral. De hecho ya en las observaciones que ha hecho Soledad Alvear se plantea una visión que es de realidad y esto es va mucho más allá de la pura cuestión electoral. Pero este es sin duda un asunto muy crucial para la calidad de la vida política que hoy día tenemos en nuestro país. Y voy a mencionar dos o tres hechos. La identificación de los ciudadanos con los bloques que tienen representación por la vía de elecciones en las instituciones del país, es decir, Concertación y Alianza, hoy no alcanza al 50%. La última encuesta CERC ha puesto en evidencia que la Concertación recibe, no digo apoyo, recibe identificación de parte del 32% de los ciudadanos encuestados. La Alianza lo recibe del parte del 16%. La suma de ambas es 48, es decir, el sistema político hoy día ha perdido gravemente su carácter representativo. Una de las causas es sin duda el sistema electoral. Y hay otro hecho que para mi es todavía más impactante. El padrón electoral en nuestra patria no crece, tenemos prácticamente el mismo número de electores que cuando se logro el desplazamiento de la dictadura del Poder Ejecutivo. Y esto determina que cerca de dos millones 300 mil jóvenes simplemente no se inscriben. Y no es que no estén ni ahí, porque el movimiento secundario mostró que están, y muy ahí, muy determinados a plantear propuestas en función de sus necesidades y de perspectiva de cambio en el país. Pero no ven que el sistema político sea un canal a través del cual esos cambios se puedan realizar, y en eso, al no inscribirse, sí están apuntando con el dedo al sistema electoral. Estoy convencido de que el sistema binominal es un factor de degradación y desprestigio de la actividad política, constituye un obstáculo para los avances que el país requiere, y es un riesgo para la permanencia, incluso, de los insuficientes derechos recuperados. Tiende a la configuración de una llamada clase política que en los hechos sólo podrá llegar a ser, si como tendencia permanece, casta, porque clase no. Es necesario plantear que el carácter excluyente del sistema electoral vigente no se limita a la no representación de las llamadas fuerzas extraparlamentarias, calificación bajo la cual se nos incluye. Las normas existentes imponen graves discriminaciones, por ejemplo, según el origen social de los ciudadanos. Se impide a los dirigentes sindicales o vecinales ser candidatos a parlamentario si no renuncian a la función de dirección que tienen y con la prohibición de nunca ser electos hasta por un periodo por lo menos de dos años.

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¿Cómo se forman los dirigentes del pueblo si no es a través de la asunción de los problemas concretos en cada población, en la organización del trabajo, de la industria? Entonces se busca bloquear y cercenar la posibilidad de participación de esa fuerza social indispensable para enriquecer la democracia en el proceso político real. Del análisis del doctor Dieter Nohlen, y lo digo por cierto con toda consideración y respeto, yo difiero profundamente. En su análisis él ha usado coordenadas sobre la base de juicios que ha enumerado en los cinco principios que describió. Y él asume que en el caso del sistema binominal, la proporcionalidad está básicamente reflejada por el sistema. Yo creo que eso no tiene que ver con la realidad. Para decirlo con una cifra, en la última elección parlamentaria (2005), la Alianza por Chile obtuvo 35,6% de los votos, computados blancos y nulos; 38% descontando votos blancos y nulos del conteo. Y esa Alianza dispone del 45% de los parlamentarios. Es decir, la diferencia es de un 7%. La fuerza de la que yo soy parte obtuvo 7.2% y no obtuvo ningún parlamentario. La Alianza por Chile los tomó todos para sí. ¿Sobre qué base? El sistema binominal. El profesor Nohlen interpreta que bajo este sistema se constituyen mayorías. Creo que él desconoce el contexto en el cual se da la adopción de decisiones políticas en el país. Efectivamente hoy, la Concertación tiene mayoría en la Cámara y en el Senado, pero todo lo esencial que hay que modificar en este país está condicionado por los quórum especiales que se establecieron en la Constitución heredada de la dictadura y que convierte esa mayoría en una mayoría absolutamente inútil. Por ejemplo, para aprobar una nueva ley orgánica de la enseñanza y poder abordar la tremenda y extrema gravedad que tiene el sistema educacional chileno, especialmente para la gente más desposeída, se requiere quórum especial, y eso obliga a un tipo de compromiso, que normalmente se hace por debajo de la mesa, que corrompe la política chilena. Si examináramos con un criterio más riguroso cada uno de los parámetros descritos, yo creo que la apreciación en general, bondadosamente positiva que el profesor Nohlen expone del sistema binominal, es una posición equivocada. En el país se produce una deformación del peso del voto ciudadano y se puede ejemplificar con un caso. Para ser diputado en el distrito Maipú, Estación Central, Cerrillos, se requiere un 800% más de votos que para ser diputado en Aisén. Y esta forma de composición del parlamento, violenta todo criterio democrático. Propongo entonces pasar a un sistema electoral plurinominal con compensación. Efectivamente en la mayor parte de los países que tienen sistemas electorales que han generado integración, se trata de sistemas combinados. Por ejemplo, en el propio país de origen del profesor Nohlen hay un sistema uninominal, pero con la compensación se permite que las fuerzas políticas, pasada una barrera, tengan una representación acorde de modo que la pluralidad en el parlamento esté garantizada. Nosotros somos partidarios de un sistema, repito, plurinominal, con un factor también de compensación.

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Hay una reflexión del profesor Nohlen que yo sí comparto 100%, aunque la expuso más claramente en su charla en Valparaíso. Dijo que un sistema puede ser teóricamente el mejor del mundo, pero si en el lugar y tiempo concreto no es viable, como los jóvenes dirían, olvídate, no hay por dónde. Y yo creo que en esto tiene razón. ¿Qué se plantea hoy día? El que haya una modificación por la vía de generar, por el camino de la compensación, un cambio del binominal. Esa es la posición que ha asumido en este caso Sebastián Piñera. Ya en una oportunidad en estas misma sala hizo sobre eso una reflexión y yo entiendo que en esa dirección van las reflexiones que hacen los secretarios generales de los partidos de la Concertación. Para nosotros, eso está lejos de ser un ideal, pero de lo que estamos convencidos, y por tanto jugaremos de acuerdo con las propuestas que haya, es que hay que empezar a romper lo actual y si la nueva forma significa un paso adelante, nosotros podremos considerarla. Quiero ser muy claro. Nosotros no estaremos por ninguna propuesta que signifique una modificación puramente cosmética del sistema binominal, y que nosotros lleguemos al parlamento con uno o con dos representantes para que digan: “Mire, ahí están los comunistas, ese de allá es el comunista”. Creo que este es un asunto que nos compete, no sólo a las llamadas fuerzas extraparlamentarias, sino en verdad es un problema de país. Quiero repetir una reflexión que ya he hecho. Nosotros los comunistas, en un momento de exclusión extrema y de crimen, tuvimos que, por decirlo así, ir a la montaña y estábamos convencidos de que era nuestro derecho y, por sobre todo, nuestro deber. Nosotros no tenemos, habiendo bajado de la montaña, el deseo de volver. Yo les puedo decir por experiencia personal que es muy sacrificado y las pérdidas que eso nos significó, son dolorosas y tremendas. Pero efectivamente nosotros estamos convencidos de que si esto continúa así, el sistema político chileno va a estallar. Es cuestión de ver el nivel de movilización y enardecimiento de las movilizaciones que se producen en algunas esferas, particularmente en el campo de la juventud. De eso ¿le van a echar la culpa a los muchachos o hay que echarse la culpa los adultos que no hemos sido capaces de asumir las responsabilidades que implican el que se cree una sociedad de mínima justicia? Por ejemplo, los chilenos vamos a tener a fin de año una disponibilidad extra de 15 mil millones de dólares, como resultado de la explosión del precio del cobre, que no es tan temporal, que durará dos o tres años. ¿Cómo se está empleando eso? ¿En qué condiciones, eso que es dinero de todos los chilenos, se asume para resolver los tremendos problemas en la educación, en la salud, en el campo? Hay que saltar efectivamente a esta segunda fase exportadora, generar fuentes de trabajo, promover el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, no seguir exportando rollizos, sino que ser capaces de exportar muebles, puertas, ventanas, casas preconstruidas, etc. Todo eso requiere de una concepción distinta y esa concepción distinta se puede realizar en un

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ambiente democrático real, que el sistema heredado lo impide. Y un factor de esto es sin duda el sistema binominal. Yo valoro las observaciones que avanzaba Soledad Alvear de que no todo se puede decir en una sola intervención, de que hay que mirar el cuadro con una visión más amplia, evitar todo reduccionismo y poner el acento en que requerimos hacer una política distinta aquí. He saludado con respeto y con afecto a Gustavo Alessandri con quien fuimos diputados en el período antes del ‘73 y Gustavo Alessandri conoce bien que esta mención que ha hecho Soledad Alvear al bloque de saneamiento democrático -que incluyó un arco amplísimo de fuerzas- para generar, primero la derogación de la ley de defensa de la democracia, que mantenía en la ilegalidad al Partido Comunista, generar la cédula única dando un golpe a la degeneración que implicaba el cohecho y dando un salto adelante, ¿significó mayor inestabilidad de este país o al revés, enriqueció las potencialidades del país? Por cierto fue lo segundo. Creo que es el momento de hacer ese cambio, porque de otro modo los riesgos de que se pudra la situación con los efectos que eso tiene, pueden ser muy grandes.

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Perfeccionar el sistema Sebastián Piñera Chile ha recorrido una larga ruta de perfeccionamiento de la democracia, desde las reformas del año ’89 hasta las que aprobamos en forma unánime el año pasado. Y ha sido una ruta larga pero al mismo tiempo fecunda, en que todas las fuerzas, unas antes, otras después, han contribuido y han aportado sus votos para lograr acuerdos trascendentales. Así logramos las 59 reformas del año ’89 y también el término de los senadores designados, el establecer una más clara subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil, legítimamente elegido, en modificar el funcionamiento y atribuciones del tribunal constitucional y el consejo de seguridad nacional y otros más. En ello el partido al cual pertenezco, Renovación Nacional, ha jugado un papel muy importante y del cual nos sentimos muy orgullosos. Por eso mismo hoy día siento que queda algo pendiente, que es lograr un acuerdo amplio y sólido que le dé legitimidad al sistema electoral para que deje de ser un permanente foco de la discusión y sea un sistema en el cual compitamos todos, aceptando las reglas del juego y aceptando sus resultados y sus consecuencias. Por esa razón, porque el tema ha estado permanentemente en el debate y porque tal vez es el último punto que nos queda para resolver de lo que estableció la Constitución del año 80, creo que hoy día es necesario, conveniente y oportuno, perfeccionar nuestro sistema electoral. Y perfeccionar significa reconocerle sus virtudes y tratar de fortalecerlas y, al mismo tiempo, reconocer sus defectos y tratar de corregirlos. Es fundamental que los perfeccionamientos los hagamos en un momento de calma y tranquilidad y no esperar una crisis del sistema, que normalmente ha sido la única fuente, no de su perfeccionamiento, sino que muchas veces de su cambio radical. Esto requiere muchas cosas: diálogo, apertura, generosidad y también requiere objetividad, análisis, racionalidad, voluntad, coraje y perseverancia. Digo esto porque en Chile hemos tenido malas experiencias en relación a los sistemas electorales que han sido impuestos o aprobados con demasiada precipitación. Por ejemplo, el sistema corporativista establecido en el gobierno militar para la autoridad municipal, que duró lo que duró el gobierno militar. O las improvisaciones en sistemas electorales que hemos tenido en materia municipal durante la democracia. Quiero recordarles a ustedes que hemos tenido cuatro elecciones municipales con cuatro sistemas electorales distintos. Lo cual no refleja una decisión sabia y prudente cuando se hicieron las reformas. O las arbitrariedades en la delimitación de circunscripciones y distritos que se cometieron sin ninguna lógica, para acomodar intereses electorales. O las miradas unilaterales o de corto plazo que hemos conocido en los últimos tiempos.

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Algunos dicen hoy adorar lo que ayer quemaban o quemar lo que ayer adoraban y cambian de opinión respecto a los sistemas electorales según las circunstancias. Otros usan los sistemas electorales como instrumento electoral, planteando por ejemplo, reformas constitucionales en pleno periodo de elecciones, sin ningún contenido y por lo tanto sin ninguna intención del lograr un acuerdo. Ellos saben que para modificar el sistema electoral se requieren acuerdos, dado los quórum. En consecuencia se ha usado el sistema lectoral y se han usado muchas otras leyes con un motivo únicamente electoral y no pensando en legislar bien para el país. Esos son practicas que, en mi opinión, debemos cerrar. También hay quienes han intentado salirse del marco de lo que es posible, de lo que es factible, de lo que es parte del ADN en nuestro país y proponer sistemas electorales que solamente viven en la teoría, pero que jamás se van a poder hacer carne en nuestro país. Pienso que esas son materias que debemos tener muy en consideración cuando analizamos la posibilidad de lograr un acuerdo que nos permita perfeccionar nuestro sistema electoral. Sistemas electorales hay muchos, de hecho el profesor Nohlen llega a identificar más de 200. Uno de los sistemas extremos es el de la proporcionalidad pura, que se aplica en Israel en que el país entero es un solo distrito electoral y eligen 120 representantes, donde el que tiene 2% elige 2, el que tiene 5% elige 5 y el que tiene 30% elige 30, proporcionalidad perfecta. Cumple muy bien ese objetivo, pero no cumple muchos otros. Está el sistema mayoritario puro, que es una tradición sajona, en que en cada distrito electoral elige un sólo parlamentario y el que saca un voto más, se queda con el 100% de la representación de ese distrito. En Chile tenemos un sistema que no es ni lo uno ni lo otro. La verdad es que en Chile tenemos todos los sistemas electorales posibles de imaginar, porque a nivel de alcalde tenemos un sistema mayoritario puro, a nivel de concejales un sistema proporcional puro, a nivel de parlamentarios un sistema binominal que tiene ciertas características, porque subsidia a las minorías entre alianzas, pero subsidia a las mayorías dentro de las alianzas, porque es absolutamente mayoritario al interior de cada uno de los pactos. Creo que es bueno, cuando estamos haciendo esta revisión, no volver a repetir los errores que cometimos en el pasado. Eso también es importante cuando revisamos el sistema electoral versus el sistema político que impera en Chile, porque creo que un sistema presidencial es más compatible con un sistema mayoritario que con un sistema proporcional en su expresión pura. A diferencia de un sistema parlamentario que puede coexistir con ambos, porque el sistema parlamentario permite que se cambie la decisión de la jefatura de gobierno si cambian las mayorías. En cambio, el sistema presidencial no lo permite. Por ese argumento tiendo a pensar que para Chile lo más conveniente es tener un sistema mayoritario que naturalmente tienda a corregir problemas o dificultades que los sistemas mayoritarios generan.

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Las características El profesor Nohlen nos ha planteado los principios u objetivos que debe seguir todo sistema electoral. Lo cierto es que a los sistemas electorales igual que al matrimonio, a la democracia, a la familia, se le exigen demasiadas cosas y muchos de estos objetivos que son múltiples, no son posibles de obtener en un 100% cada uno en forma simultanea. Por tanto hay que optar. Por esa razón me gustaría que cada vez que hubiera una crítica a un sistema, nos preguntemos también cuales son las virtudes de ese sistema, porque de lo contrario caemos en caricaturizaciones y simplezas que no llevan a ninguna parte. ¿Cuáles son los principios de mi propuesta? Uno, representatividad. Que la voluntad de los ciudadanos se refleje adecuadamente en la representación de las distintas fuerzas políticas en el parlamento. Quiero corregir a Soledad Alvear, porque un candidato a la Presidencia de Estados Unidos dijo una vez que cada uno tiene derecho a tener sus propias opiniones, pero no sus propios datos. Quiero decir aquí, categóricamente, que el sistema binominal ha subsidiado en forma igualitaria a la Concertación y a la Alianza. Eso se lo puedo demostrar con números y si ella tiene alguna duda, consultamos al experto electoral, don Pepe Auth, que me confirmó este planteamiento. No ha habido, en promedio en las cuatro elecciones, una preferencia del sistema electoral a favor de una fuerzo u otra, y eso es un error que escucho con demasiada frecuencia y de tanto repetirse, alguna gente puede terminar creyéndolo. Lo cierto es que las fuerzas que quedan excluidas del parlamento, que son 7% u 8%, entregan representación parlamentaria -que solos no alcanzan- a las dos coaliciones mayoritarias en forma prácticamente idéntica. Segundo principio: el de gobernabilidad y estabilidad, que tienda a generar gobiernos de mayoría que puedan gobernar con eficacia. Y al mismo tiempo grandes coaliciones o partidos que tengan capacidad de diálogo, de encuentro, de acuerdos y que generen estabilidad en el sistema político y no una dispersión infinita de partidos, algunos de ellos monotemáticos, que finalmente signifique un acuerdo para formar mayorías que no refleja la voluntad nacional. Yo creo que esa es una cualidad importante y necesaria que hay que considerar. Por lo demás, recuerdo aquí la queja de todos los Presidentes, del Presidente Alessandri, del Presidente Frei, del Presidente Allende, quienes se quejaban amargamente que no podían gobernar, porque apenas elegidos Presidentes eran minorías en el Congreso. Tercero, la mayor participación ciudadana, la competencia leal entre los partidos y coaliciones y que sean los ciudadanos los que elijan a sus representantes y no las cúpulas políticas. Que tengan efectivas opciones al

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tomar su decisión y que la competencia entre los partidos y las coaliciones sea leal, porque es verdad que el sistema actual tiende a generar una competencia excesiva dentro de las coaliciones, y no tanto entre las coaliciones, por su naturaleza. El tema de igualdad de voto. Tender a que el voto de cada ciudadano tenga el mismo peso y, por tanto, que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos. Factibilidad y simpleza. Que el sistema sea simple de aplicar y que sea fácilmente comprensible por los ciudadanos, es otra cualidad necesaria de un sistema electoral. El tema de la inclusividad, que permita incluir a fuerzas políticas significativas en la representación parlamentaria. A este respecto, quiero decirle a mi amigo Jorge Insunza, que siempre cuando se piensa en un límite o un umbral para representación parlamentaria, y tenemos la experiencia por ejemplo, de la democracia alemana, es en torno al 5%. Y quiero recordarle que el Partido Comunista en la última elección parlamentaria obtuvo 5.3% , así es que la exclusión del Partido Comunista no es solamente por el sistema electoral, más bien es por un problema más grave, más profundo, que ustedes debieran también reflexionar y que es la escasez de votos, la escasez de apoyo ciudadano. En séptimo lugar, la legitimidad. Que goce de reconocida legitimidad, que no sea la fuente permanente de discusión y discordia y que sea un sistema aceptado. Esos son los principios y ningún sistema permite satisfacerlos a todos en un 100% simultáneamente. En consecuencia, todos tienen virtudes y defectos, aquí se ha hecho mucho énfasis en los defectos del sistema binominal. Podría manifestar los defectos del sistema proporcional antiguo que tuvimos en Chile, pero como el objetivo es tratar de buscar un acuerdo que perfecciones nuestro sistema, voy a evitar esa tentación. Mi propuesta En mi opinión, dada la historia y las características de la sociedad chilena, tiendo a favorecer un sistema mayoritario corregido; y además porque nosotros vamos a ser gobierno y vamos a requerir una mayoría parlamentaria muy próximamente. Ahora, el sistema electoral binominal que existe en Chile, en mi opinión, puede y debe ser perfeccionado para satisfacer de la mejor forma posible los principios y objetivos antes destacados, y aquí entra el tema del diálogo, del acuerdo, de la inteligencia, de la generosidad. Por eso me permito hacer una propuesta:

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Primero. Ampliar el padrón electoral que se está achicando. En la última elección votó menos de la mitad de los chilenos que tenían edad para poder hacerlo. Esta es la suma de los que no están inscritos, que no votaron, de los que votaron blanco y nulo. Además el padrón está envejeciendo porque los jóvenes tienden a no inscribirse. Los jóvenes menores de 29 años eran más de un tercio del electorado en el año ‘88 y hoy día son menos de un décimo del electorado. Para revertir eso soy partidario de establecer un mecanismo que fomente y facilite la participación ciudadana y creo que la inscripción automática -que la puede hacer el registro civil porque tiene todos los antecedentes- y el voto voluntario, contribuye en esa dirección. También soy partidario de facilitar el derecho a voto de los ciudadanos chilenos en el extranjero, en la medida de que exista un compromiso, una ligazón y un sentido de pertenencia con Chile, porque la democracia significa derechos, pero también significa responsabilidades. Hay personas que han roto todo vinculo con Chile y que manifiestan que no tienen ninguna intención de volver a Chile (me estoy refiriendo al estudio que hizo el Ministerio de Relaciones Exteriores) y otros que, en cambio, están fuera de Chile, pero siguen siendo parte de la comunidad nacional. En segundo lugar, para fortalecer una mejor adecuación entre la votación ciudadana y la representación parlamentaria de los distintos partidos y coaliciones políticas y terminar con las exclusiones de fuerzas significativas, creo que es necesario complementar el actual sistema electoral por el cual se eligen los diputados y senadores en los distritos y circunscripciones, con un sistema que tome en consideración la votación nacional de los distintos partidos y coaliciones. Puede ser en el Senado a través de senadores nacionales, cinco senadores nacionales elegidos cada cuatro años, con lo cual tendríamos 10 senadores adicionales y volveríamos a los 48 que teníamos antes. Si esto produce mucha dificultad o resistencia en los senadores, porque puede haber senadores de distinta categoría -que no es así porque los senadores no se identifican por el sistema que los elige o los votos que sacan, sino que por la capacidad que demuestran en el Congreso- puede haber un sistema que sobre la base de la votación nacional de los partidos, a partir de un cierto umbral, además de los diputados y senadores elegidos por el sistema binominal, se puedan agregar diputados y senadores elegidos en función de la votación nacional de los distintos partidos o coaliciones. Siempre tiendo a preferir que los elegidos sean aquellos más votados por la gente y no aquellos designados por los partidos. Por tanto, una formula podría ser que sean elegidos por este sistema los que sacaron las más altas votaciones y que no resultaron electos por el sistema binominal, a nivel de distrito o circunscripción. Tercera propuesta. Quiero recordar unas palabras del Presidente Lago cuando era candidato: ¿De qué democracia regional me hablan? Si el jefe del gobierno regional es un intendente designado a dedo por el Presidente de la República, desde Santiago. Lo dijo él.

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De verdad es importante avanzar en materia de democracia regional. Soy partidario de que el intendente sea el representante del Presidente de la República y en consecuencia, el que coordina toda la implementación de las políticas que necesariamente deben ser centralizadas. Pero que el presidente del gobierno regional sea una autoridad elegida por los ciudadanos de cada región y también que los consejeros regionales sean elegidos en forma más directa y más democrática por los ciudadanos de cada región. Cuarta propuesta. Hacer más transparente y limpia la democracia y terminar con la práctica, que ya empieza a ser crónica en nuestro país, de la intervención electoral. Para eso primero hay que fortalecer los mecanismos que impidan el uso de los recursos públicos en campañas políticas, como ocurrió masivamente en la última elección y está siendo investigado por los tribunales de justicia. Especialmente doloroso es el desvío de recursos destinados a programas de empleo a campañas electorales, en un país que tiene tan graves problemas de desempleo, como el nuestro. También hay que garantizar la neutralidad de los funcionarios en ejercicio de sus funciones y de las instituciones públicas en los procesos electorales. Para evitar el uso del aparato del Estado, hacer realmente funcionar la prohibición legal que existe para que los organismos públicos no puedan hacer publicidad y propaganda en los períodos previos a las elecciones, salvo como lo dice la ley, en aquellas materias que están directamente relacionadas con informar las características o formas de acceso a un servicio. Aquí hay cuatro familias de propuestas, para ampliar y hacer más dinámico el padrón electoral, para mejorar nuestro sistema electoral, para mejorar la democracia regional y para poner cierto coto, términos y limitaciones a la intervención electoral, que siento que en la última elección se pasó de la raya de lo que es aceptable. Y esto ha sido reconocido por moros y cristianos, incluyendo las propias autoridades de la Concertación, lo cual me llena de optimismo de que vamos a poder avanzar en estos terrenos. Finalmente quisiera decirle a Soledad Alvear que el llamado a un diálogo y a un acuerdo no puede ser llamarnos a nosotros a concurrir a las fórmulas que propone la Concertación. Porque yo me pregunto ¿Qué fórmula? Está la propuesta de la comisión Boeninger, que ha sido rechazada por toda la Concertación; está la reforma constitucional que presentó el Presidente Lagos en las postrimerías de su gobierno, que no tenía ninguna propuesta concreta. ¿A qué fórmula nos convocan a participar? Con esto quería hacer un llamado a que seamos más humildes y más ecuánimes y a que tengamos la fortaleza y la buena voluntad de buscar un acuerdo electoral que incluya todas las fuerzas políticas en torno a estos principios que han generado un tremendo consenso, porque como pasa en la vida, cuando nos vamos a los principios, se generan grandes acuerdos. Un amigo mío decía que es un agrado cuando los principios coinciden con los intereses, porque no hay para qué abandonar los principios.

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Yo espero que en nuestro caso no abandonemos los principios y dejemos en un segundo lugar los intereses. Si tenemos acuerdos en todos estos principios, reconocemos que es imposible lograrlos todos simultáneamente, hemos abierto una puerta gigantesca y por eso quiero agradecerle a profesor Nohlen porque él, en mi opinión, ha hecho un aporte muy importante, objetivo y que favorece la búsqueda de un diálogo en lo que hasta ahora ha sido un diálogo de sordos en esta materia.

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Binominal corregido Pepe Auth Para quienes nos hemos aproximado al análisis y al estudio de sistemas electorales, el profesor Nohlen es sin duda el más prestigioso y reputado especialista del mundo. En Chile han transcurrido cinco elecciones bajo el sistema binominal y todos tuvimos la sensación, en diciembre pasado, escuchando a Joaquín Lavin, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, que esta era la última, es decir, que Chile podría celebrar el bicentenario de su independencia bajo un sistema electoral aceptado y reconocido por todos. Porque en verdad el profesor Nohlen ha puesto el dedo en uno de los elementos más sensibles de un sistema electoral que es su legitimidad, la aceptación de todos los actores para ingresar al juego de la democracia. En representación de los secretarios generales de los partidos de la Concertación, puedo decir que verdaderamente queremos poner a un lado la propuesta que nos identificaba plenamente, para volver a los principios. Porque cuando se discute qué sistema electoral necesitamos es indispensable ingresar a esa conversación desarmados, sólo con los principios en la mano, de manera de discutir de un modo desprejuiciado cuáles son los mecanismos específicos que podemos concordar para resolver principios y problemas respecto de los cuales tengamos consenso de su calidad y condición de problemas. Por eso nosotros hemos definido cinco principios y nos hemos declarado flexibles y disponibles para conversar y analizar cualquier mecanismo que permita avanzar de manera significativa en la resolución de esos problemas. El primero y bastante evidente, lo han dicho todos aquí, es el problema de la inclusión o más bien el problema de exclusión y la tarea de la inclusión. Y la inclusión es un problema de todos. Naturalmente no es, como han dicho algunos, un problema de quienes están fuera, tampoco es un problema de la Concertación, es un problema del país, es un problema de la estabilidad futura de la democracia, es un problema estructural cuando los electores, elección tras elección, ven que su opción política no logra ingresar al parlamento por efecto del sistema y no por efecto de la adhesión. Cuando el Partido Comunista tiene éxito en alguna zona y, como Jorge Insunza en Illapel, llega a obtener 24% ó 25% de votos y no es parlamentario; o la lista de Guillermo Teillier obtiene el 24% de los votos en la provincia de Lota, en Arauco y no ingresa al parlamento; y Jorge Morales en Copiapó obtiene el 27.5% de los votos y no ingresa, entonces el problema no es de un sector político que no consigue concitar la adhesión necesaria, sino de un sistema electoral que introduce barreras tan elevadas para el ingreso al parlamento, que estructuralmente lo deja fuera. En consecuencia el primer tema es resolver el desafío de la inclusión y terminar con la exclusión. 22


El segundo desafío lo decía Sebastián Piñera. Es que se expresen las mayorías y las minorías en proporción a la adhesión ciudadana que consigan. El sistema binominal es efectivamente un sistema proporcional, es un sistema proporcional excluyente, es decir, introduce altos grados de proporcionalidad al interior de quienes logran superar la barrera de acceso. Y hay una cierta proporcionalidad entre los votos de la Concertación y sus escaños, los votos de la alianza y sus escaños. Pero al interior de cada alianza funcionan como dos sistemas uninominales en paralelo, porque favorece a la primera fuerza de cada coalición y desfavorece a la segunda. Entonces Renovación Nacional estuvo sobre representada el ’89 y el ’93 cuando tenía más votos que la UDI. Y la UDI, cuando logró convertirse en la fuerza hegemónica de la alianza pasó a ser sobre representada. Lo mismo ocurrió con la Democracia Cristiana en la primera fase ‘89-‘93-‘97, donde obtenía más escaños que votos. Y ahora PPD-PS-PRSD tienen más escaños que votos. Es decir, el sistema opera como dos sistemas uninominales en paralelo. Naturalmente eso introduce tensiones al interior de las coaliciones que son, se decía aquí, el objetivo buscado por este sistema, es decir, fortalecer las grandes coaliciones, estimular la propensión de los actores políticos disgregados a unirse tras objetivos comunes. El tercer principio es el de reducir la enorme y exagerada desigualdad de voto según donde se emita. En verdad este sistema no pasaría el test de la blancura en ninguna de las constituciones políticas de los países desarrollados. Desigualdades tan elevadas como las que tiene Chile, donde distritos con 240.000 electores eligen el mismo número de diputados que distritos con 30.000 electores, no existen en países desarrollados. Es muy importante el principio de representación proporcional-territorial, particularmente en el Senado, pero la teoría democrática establece la igualdad del voto como un principio básico y la Cámara de Diputados es el organismo central, fundamental de la representación democrática y en consecuencia todos los votos tendrían que tender a valer lo mismo. El cuarto tema, que también ha sido planteado aquí, es que con el tiempo los partidos y sus coaliciones se han ido adaptando a este sistema de manera de ir expropiando la voluntad de la ciudadanía y reemplazándola por la designación efectiva de senadores y diputados. Es decir, la parte del partido que juega la ciudadanía es muy pequeña en relación a la parte del partido que se resuelve en mesas redondas donde participan los dirigentes de los partidos políticos, definiendo el color del parlamentario de tal y cual distrito. Quinto. El parlamento está concebido como el espejo de la sociedad. Y, de alguna manera, el espejo en que nos miramos los chilenos y chilenas no corresponde a la imagen y a la realidad de la población chilena. De partida, obviamente el 52% de los electores son mujeres y 48% son hombres. Y sólo el 12% de los parlamentarios son mujeres, y el 88% son

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hombres. Algo ocurre allí que el parlamento no refleja esa diversidad de la sociedad. También están los temas de los orígenes sociales, de los orígenes étnicos, incluso de los orígenes geográficos, puesto que estos sistemas tienden a producir parlamentarios extremadamente parecidos entre sí, restándole con ello unos elementos claves de la riqueza de la representación parlamentaria de la sociedad. Dicho esto, se podría caminar en dos direcciones. Una, la que desarrollamos en el trabajo de la Comisión Boeninger y propusimos un sistema proporcional, con distritos plurinominales, donde efectivamente se apuntaba a resolver estos cinco principios, es decir, la igualación del valor del voto, la expresión de mayorías y minorías en función de su adhesión. Yo concuerdo con Jorge Insunza en el sentido de que ese mismo sistema habría requerido un adicional de compensación para ajustar los criterios de representación proporcional, pero luego de trasladar a la gente la decisión de quiénes eran sus parlamentarios y crear facilidades para que se represente toda diversidad de la sociedad. Sin embargo, y lo ha dicho aquí Dieter Nohlen y varios más, la definición de sistemas electorales es un partido que se juega al menos de a dos y en nuestro caso particular, para ser concretos y pragmáticos, no vamos a tener cambio el sistema electoral -lo digo con toda franqueza-, si no hay consenso ni acuerdos entre todos los partidos de la Concertación y al menos uno de los partidos de la Alianza, ojalá ambos partidos de la Alianza. Por lo tanto tenemos que hacer algo si no queremos terminar este año de nuevo dando testimonio y cantando la monserga de que por tercera o cuarta vez consecutiva, por responsabilidad de la derecha recalcitrante, el sistema binominal continuará generando las injusticias políticas que genera. La verdad es que eso significaría de nuevo la frustración de una sociedad que quiere verse reconocida en un sistema electoral aceptado y legitimado por todos los actores sociales y políticos. En consecuencia, nosotros nos hemos abierto con toda franqueza y con todo desarme a conversar sobre los espacios de posibilidad que tenemos, conservando el esquema binominal, para introducir modificaciones que resuelvan de manera coherente y total y no con mendicidad, primero la inclusión; segundo, la proporcionalidad; y tercero, la reducción en alguna medida de la desigualdad del voto. La verdad es que con un combinado, como decía Dieter Nohlen es posible tener proporcionalidad total. Con un combinado es posible también tener inclusión total. Y con un combinado también es posible reducir de manera significativa las desigualdades del voto, según donde se emita, porque los escaños suplementarios que ejerzan el rol compensatorio de la deficiencia de representación que tengan unos y otros partidos, obviamente van a salir de las zonas de mayor concentración de ciudadanos electores. Por lo tanto, lo que viene ahora es la búsqueda de acuerdos con RN y la UDI. Vamos a recurrir a los principales liderazgos -felizmente cada vez empieza a haber más liderazgos presidenciales en la centro derecha, los partidos, los

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centros de estudios-, para convenir un camino conseguir el objetivo definitivo.

de consenso, en aras de

Y lo digo con toda franqueza, nosotros no queremos recibir el bicentenario con un sistema electoral que mantenga la exclusión estructural de minoría significativa de la sociedad chilena, porque eso consagra la desesperanza y estimula el proceso creciente de desidentificación de la ciudadanía con el sistema democrático. Para nosotros la reforma del sistema electoral tiene por supuesto un fin en sí mismo, pero también tiene el fin de consolidar la democracia y la adhesión que la democracia genere. Porque los sistemas democráticos por eficientes que sean y por estables que parezcan, necesitan entregarles satisfacciones a los ciudadanos, y la ciudadanía tiene que sentirse identificada con el sistema político que la representa y que canaliza sus intereses y sus inquietudes. Por eso hemos dicho que hay una buena noticia para Chile, que las próximas elecciones no se iban a regir por un sistema binominal, sino por un sistema que resolviera los principales déficit que este mecanismo electoral tiene, que son fundamentalmente la exclusión y la legitimidad.

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El sistema no tiene legitimidad Paulina Veloso Con mis palabras quisiera transmitirles un cierto y sereno optimismo y al mismo tiempo la decisión, la voluntad muy firme por parte del gobierno de avanzar en esta materia y, por lo mismo, manifestar nuestra disposición a tener toda la flexibilidad que se requiere, para lograr un acuerdo en este asunto. Mi optimismo parte, en primer lugar, porque compartimos el nexo que existe entre los sistemas electorales y la democracia. Hay sistemas electorales que representan mejor, por así decir, el elemento o el aspecto procedimental de la democracia. Todos sabemos que la democracia, como concepto, tiene un aspecto nada más procedimental o aspecto mínimo que consiste en que gobierne la mayoría y que cada persona represente un voto. Hay otras exigencias a la democracia y que permiten medir si un país tiene o no un régimen democrático, pero en el aspecto nada más que mínimo de la democracia, hay sistemas electorales que uno puede decir que no cumplen satisfactoriamente ese elemento procedimental mínimo. Por lo mismo el sistema nuestro no tiene legitimidad. La verdad que la falta de legitimidad no es sólo por su origen, es básicamente porque hoy sentimos que no permite que funcione plenamente un sistema democrático. También manifiesto este optimismo porque podemos observar que aquí hay cierto diagnóstico común. Todos los panelistas han subrayado la exclusión que genera este sistema, de manera que ese es un punto de diagnostico común. Hay varios otros elementos que muestran que existe este diagnostico común, que es la base para poder modificar el sistema, como es por ejemplo que tampoco existe la igualdad de voto. Pero también se señalaron otros aspectos que son relevantes, Sebastián Piñera hizo una mención al menos a la conformación de los distritos y de las circunscripciones. Todos sabemos que la conformación de las circunscripciones se hizo justo antes de la llegada de la democracia y que no sigue -salvo algunos- ninguno de los estándares internacionales para conformar los distritos. Esa es la verdad. Afortunadamente Pepe Auth lo agregó, pero el tema de la exclusión del sistema electoral no sólo afecta al Partido Comunista y a algunas otras fuerzas de izquierda, sino que también afecta a las mujeres y eso también lo hace poco legítimo. Eso hay que decirlo. Yo participé hace varios años atrás en un seminario internacional y varios de los panelistas me decían: “ese no es un tema del sistema electoral”. En realidad están profundamente equivocados, es un tema del sistema electoral. Hay sistemas electorales que incluyen más fácilmente a las mujeres y hay otros que se preocupan, dentro de la ingeniería que supone el sistema electoral, específicamente incorporar a las mujeres y hay otros sistemas que no. Y este en verdad, las excluye.

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Debo decir, porque no alcanzo y tampoco es mi propósito revisar todos los elementos del diagnóstico, que el tema de la gobernabilidad a mi juicio es francamente mal enfocado. De lo que estamos hablando es de que en el país se excluye sistemáticamente a una fuerza que representa el 5% del Partido Comunista, pero la alianza que ellos formaron alcanzó el 7% en la última elección y en la elección municipal, el 9%, estamos hablando de una fuerza que puede bordear alrededor del 10%. Cuando se excluye a una fuerza política de esa magnitud lo que justamente se hace, es no darle gobernabilidad al sistema. Ese es justamente el elemento que se tiene en cuenta en aquellos países que compensan, no a propósito de fuerzas política necesariamente, sino que de que estén representadas, por ejemplo, todas las culturas o todas las lenguas que existen en un país. En Bélgica o Suiza, si no se preocuparan de que estén todas las lenguas y culturas, no estarían algunas. En Suiza no estaría la suiza-italiana, por supuesto, porque son muchos menos. Por lo tanto eso forma parte del sistema electoral. La idea de que estén incluidos todos forma parte del sistema electoral, esencialmente porque le da gobernabilidad al sistema. Además, tenemos ahora un gran número de no inscritos, entre otras cosas, porque es poco atractivo estar inscrito, dado que el sistema es poco competitivo. Como cada vez vamos teniendo un mayor número de no inscritos y al mismo tiempo tenemos parte de los inscritos excluidos, entonces no tiene gobernabilidad el sistema. Esto va cada vez ahondándose como problema. Por lo tanto, enfocar el tema de la gobernabilidad en el sentido de que otorga mayoría, es erróneo. Quiero decirlo claramente. Sebastián Piñera decía que Allende no tenía mayoría en el Congreso. Bueno, es que ahora no importa tener mayoría, porque resulta que para el grueso de las reformas legales se requiere un quórum superior a la mayoría absoluta. Y como se requiere un quórum superior a la mayoría absoluta, se requiere también la votación de la primera minoría. Por esa razón es que yo siempre he dicho que la derecha en general ha mantenido hasta ahora una posición de no modificar el sistema, porque nunca ha creído que pueda ser gobierno y -lo he repetido muchas veces-, tiene vocación de oposición. Cuando la derecha se convenza de que puede ser gobierno -y ese es un elemento más de optimismo porque Sebastián Piñera dijo. “nosotros vamos a ser próximo gobierno”-, cuando se convenza en verdad de que puede ser gobierno, va a estar de acuerdo en modificar el sistema, porque este sistema que tenemos no sólo tiene los defectos que aquí se han señalado, sino que además tiene un sistema de quórum que no tiene ningún país del mundo. Es cierto que hay países, como España, que tienen leyes orgánicas también, pero nunca los quórum sobrepasan la mayoría absoluta y además es sobre materias pequeñas. Pero no un sistema como el nuestro, en que todas sus instituciones están regidas por leyes orgánicas constitucionales, cuya modificación requiere contar con los 4/7 de los parlamentarios y además de

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eso, cada vez que la oposición está en contra de una idea, plantea que es inconstitucional y que es necesario que tenga el quórum de 4/7, porque esa es la discusión de todos los días. En el Congreso -y Soledad Alvear y Sebastián Piñera que también fue parlamentario podrán corroborarlo- la discusión básica y frecuente es si es constitucional o no es constitucional una ley porque se requiere más quórum. Cada vez que alguien, cualquiera, está en contra de un proyecto de ley dice, es que requiere quórum calificado. Entonces la verdad es que el sistema nuestro primero subsidia, aunque no haya ocurrido siempre en la realidad, pero de acuerdo a la fórmula de decisión, está pensada para subsidiar a la primera minoría. Y digámoslo así, no digamos mayorías. En ningún país del mundo la primera y la segunda son mayorías. La primera es mayoría, la segunda es primera minoría. Entonces subsidia a la primera minoría, deja fuera a la segunda minoría, eso es lo que ocurre con el sistema y además, que es muy relevante, establece quórum alto de tal manera que obliga a quien gobierna a tener siempre el acuerdo de esta primera minoría. Yo no estoy diciendo que vamos a poder transformar todo ahora, pero todo esto forma parte del diagnóstico. Es bueno que la derecha, si es que piensa algún día ser gobierno, se lo plantee, lo que podría significar su primer gobierno después de, espero, unos 30 años de gobierno de la Concertación. Quiero señalar que para el gobierno este es un tema prioritario, así como otras materias que ha manifestado Sebastián Piñera, están en el programa de gobierno y es un programa prioritario, porque entendemos que tenemos una responsabilidad muy grande para avanzar con pasos sustantivos, con pasos muy decididos pata tener una mejor democracia en Chile. Por eso el gobierno presentó una reforma constitucional que va a ser acompañada de un proyecto de ley -aun no presentado-, porque requiere primero aprobar la reforma constitucional. Quiero aclarar este punto. El gobierno del Presidente Lagos envió una reforma constitucional, porque entendía que tenía que hacer una reforma, primero, básicamente por modificar el número de diputados, que está en la Constitución política, y después enviar un proyecto de ley. En ese entonces la derecha dijo que no iba a discutir una reforma constitucional si no había un proyecto de ley. Entonces ahora nosotros como gobierno decidimos presentar la reforma constitucional y acompañar como anexo un proyecto de ley bien pensado, de manera de que no se utilice ese como subterfugio. Por eso honestamente no entendemos que ahora se nos diga que si presentamos el proyecto, estamos tratando de atraer las aguas hacia el molino nuestro. ¿En qué quedamos? Nosotros estamos dispuestos a ser muy flexibles, pero fue la oposición la que nos había señalado que era necesario presentar un proyecto de ley.

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Y quiero señalar que tenemos mucha flexibilidad sobre el tema, porque existen muchos sistemas electorales. Por lo tanto, muchos sistemas electorales pueden responder a los principios de que aquí se ha hablado. Principios que compartimos. Y nuestra propuesta como Ejecutivo cumple, a nuestro juicio, adecuadamente con los principios de competencia, con la inclusión, con la igualdad del voto y también con la gobernabilidad, pero no estamos cerrados a ese proyecto de ley. Porque queremos avanzar y queremos que efectivamente en Chile haya un mejor sistema electoral, porque estamos convencidos de que eso tiene que ver con la calidad de nuestra democracia, tiene que ver en definitiva con la legitimidad de las instituciones, con la legitimidad de la democracia y eso es muy importante en un Chile más moderno, en un Chile que tiene esta capacidad enorme, que ha demostrado, de mejorarse día a día. Termino señalando que tenemos realmente optimismo y esperanza, porque creemos que este proceso es inexorable y pensamos que en este momento existe claridad política y esperamos que exista claridad política de los dirigentes de los distintos partidos políticos importantes en Chile, para ponerse de acuerdo en una modificación. Y porque además creemos que cualquier modificación requiere generosidad, particularmente de los parlamentarios, y estamos convencidos de que los parlamentarios de la Concertación tienen esa generosidad. Lo han manifestado así en sucesivas reuniones que hemos tenido a nivel de gobierno, y por eso tenemos la esperanza que ahora sí sea posible incorporar este elemento al perfeccionamiento de la democracia, de tal manera que seamos mirados, en un aspecto más, con respeto por los países tanto de América Latina como de Europa.

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Seminario "La Reforma del Sistema Electoral Chileno"