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INFORME DE COYUNTURA POLÍTICA N° 2 Agosto-Septiembre/ 2010

¿EL MEJOR TRIMESTRE DEL GOBI ERNO?

Este informe de coyuntura política es un producto mensual del Taller del mismo nombre de la Fundación Chile 21 y la Fundación Friedrich Ebert. COMITÉ EDITORIAL: María de los Ángeles Fernández Jaime Ensignia Gabriel Gaspar RESPONSABLE DEL TALLER DE COYUNTURA POLÍTICA: Gabriel Gaspar

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¿EL MEJOR TRIMESTRE DEL GOBI ERNO? (Análisis de Coyuntura para el Taller de CHILE 21 y FES. Gabriel Gaspar) El trimestre final del 2010 promete ser el mejor trimestre para el gobierno de Sebastian Piñera. Después de un inicio urgido por las demandas de la reconstrucción, de pagar los costos de la inexperiencia en el manejo gubernamental, con abundancia de descoordinaciones en el nuevo equipo, sumado a un contradictorio manejo de la imagen presidencial, y con la pausa que el mundial impuso, el Gobierno enfrento mediciones poco favorables a mediados de año. En efecto, tanto la mítica encuesta CEP, como las más reconocidas de mayor data (Adimark, CERC, entre otras) reconocían que el Gobierno estaba por debajo de su votación de la segunda vuelta, y lo que era peor para el propio Presidente, que su popularidad estaba por debajo de su propio gobierno. El accidente de la mina San José marcó un parteaguas. El feliz hallazgo de los 33 mineros ocasionó una explosión de alegría y solidaridad en la sociedad, y justo es reconocer, el Gobierno acertó plenamente con el amplio y ágil operativo que montó para ello. Por cierto, la sobre explotación mediática del tema tiene ribetes cuasi censurables, pero esa no es responsabilidad gubernamental sino de la línea editorial de los medios, especialmente los televisivos. El episodio en su conjunto ha generado una muestra de simpatía que irradia a toda la sociedad y por cierto, reconoce la diligencia de las autoridades. Sin embargo es apresurado sostener, como algunos medios no han dudado en manifestar, la emergencia de un nuevo liderazgo, pensando en la amplia popularidad que el ministro Golborne ha adquirido en estos días, nadie puede dudar que el funcionario recoge gran parte del reconocimiento por el feliz hallazgo, pero de ahí a vaticinar un nuevo liderazgo hay un buen trecho. Quedan tres años para la campaña presidencial y eso en política es una eternidad.

Más, sumando y restando, la coyuntura que creo el accidente en la mina San José y sus consecuencias y desenlaces han terminado elevando la popularidad de un gobierno que había tenido un difícil despegue. En los próximos días vienen las celebraciones del Bicentenario y ello creará un clima de alegría nacional que nublará cualquiera discusión menor. La pregunta es cual será el escenario del afterday del Bicentenario. En este cuadro, el último trimestre del 2010 promete ser un buen trimestre para el gobierno, sino el mejor de su primer año. Porqué? Porque el Gobierno goza de su mejor momento, y además por la conjunción de otros procesos: las dificultades para reorganizarse de la oposición – especialmente la Concertación- , por un buen desempeño económico a final de año (baja del desempleo, incremento de inversiones, por el clima de distensión que generara el Bicentenario unido a las expectativas optimistas del rescate de los mineros en lo que resta del año (y que promete una feroz competencia de los canales por acaparar el tema y sus resonancias). El gobierno de Sebastián Piñera esta en condiciones, quizás por primera vez en lo que va de su mandato, de colocar la agenda, lo que no pudo hacer al inicio por el terremoto, ni tampoco después del 21 de mayo por la abundancia de descoordinaciones y el exceso de uso mediático de la coyuntura que terminaba castigándolo – incluida una absurda competencia por intentar competir con la popularidad de Michelle Bachellet. el nuevo gobierno, equivocó el camino al tratar de competir con una mandataria que entró al sentimiento nacional con la marca de la cercanía y la trasparencia, en vez de buscar construir su propia marca.

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POLÍTICA Y SOCIEDAD A FIN DE AÑO Las elites políticas no han descansado en estos meses. La renovación de los mandos partidarios es una muestra de ello. También demuestra el poco impacto social que provocan. Y si miramos su desenlace, queda claro que –salvo el caso de Carolina Tohá- en los partidos, tanto de oposición como de gobierno, lo que predomina es la persistencia de la misma elite que viene hegemonizando las cúpulas desde hace décadas. El Gobierno empieza a tomar las riendas de la agenda nacional, pero no ocurre necesariamente lo mismo con los partidos, y la sociedad ve en ellos a agrupaciones que siendo necesarias para la democracia, no pueden emerger de sus lógicas internas y las disputas a su interior. Esa es la principal brecha por la cual el Gobierno puede ejercer un liderazgo diferente a sus partidos de apoyo. Son varios los episodios en que el Gobierno ha actuado “más allá” de lo que se esperaba de un gobierno de derecha: la intervención para que no se ejecutase la planta de Punta Choros, la intención de derogar la ley anti terrorista, o los anuncios sobre legislación que reconozca las uniones de un mismo sexo. Muchas veces pareciera que el principal esfuerzo del gobierno es con sus propias bancadas más que con la oposición. Esta ausencia de liderazgo partidario no es problema sólo del oficialismo. También se da en la oposición, y muy en especial en la Concertación. Pero aquí el espacio es llenado, sin proponérselo, con la abrumadora presencia que Michelle Bachellet mantiene en la sociedad. Su elevadísima aceptación de parte de la sociedad contrasta con el débil apoyo que la Concertación obtiene en todas las mediciones. Peor aun es percibir que muchos de sus dirigentes no captan el nuevo cuadro: en el aniversario al triunfo de Allende hace 40 años, más de algún dirigente concertacionista pregonaba el fortalecimiento e incluso, la ampliación de la Concertación. Lo cierto es que hoy en día ninguna fuerza política quiere “entrar a la Concertación”, otra cosa es que busquen acciones conjuntas o inclusive, construir una nueva mayoría.

Pero si los partidos –en especial los de oposiciónsiguen transitando por el Callejón de la Amargura, no pasa lo mismo con la sociedad. En estos meses, se han activado movilizaciones que corresponden a problemas no resueltos de nuestra historia. El tema étnico es uno de ellos, y lo expresa la huelga de hambre de los presos mapuches, la mayoría juzgados por la ley antiterrorista, en un país cuyas autoridades han dicho a la ONU que en Chile no existen organizaciones terroristas. Más allá de la radicalidad de las organizaciones que hoy lideran este movimiento –en especial de la Coordinadora Arauco Malleco- lo cierto es que la demanda ha cobrado una amplia resonancia nacional e incluso internacional, pese a que durante mucho tiempo los medios virtualmente ignoraron el movimiento. Pero el tema étnico supera con creces el tema de la huelga de hambre. Es evidente además que se trata de un tema al cual la sociedad chilena llego tarde. Tampoco es un problema de los últimos años, menos de los “últimos 20 años” como equivocadamente algunos voceros de la derecha alegan pretendiendo sacar provecho político de esta problemática. Es más que un tema de justicia, o de reparto tierras, en el fondo la pregunta es si la sociedad y el Estado chileno son capaces de asumir el carácter multiétnico y plural que caracteriza al país. No es un tema de los últimos años, en algunos aspectos tiene más de 500 años. Y no sólo es mapuche, aunque esto es lo más notorio. Nada de ello excusa que no se asuma su resolución. Además del tema étnico, en la coyuntura se manifiesta la protesta de los empleados fiscales despedidos, no siempre con la prolijidad legal que un despido amerita. La ANEF ha anunciado próximas movilizaciones. La demanda de educación pública de calidad también está latente y esporádicamente, el movimiento estudiantil amaga con un renacer.

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En un tema más localizado, tenemos las reacciones de los damnificados ante la lentitud o calidad de algunas de las soluciones ofrecidas. Si bien este es un tema regional, su impacto –ya se han conocido algunos asomos- tiene una resonancia nacional dada la memoria colectiva del sismo.

EL FINAL DE AÑO En los próximos días el país se sumergirá en los festejos del Bicentenario, que legítimamente copará la agenda nacional, incluida la previa –en la que ya estamos- y en su post 18. Luego el país ingresará a su realidad, donde presumimos se

desarrollaran las dinámicas políticas y sociales enunciadas. Salvo la amenaza del tema de la huelga de hambre, el Gobierno tiene una buena oportunidad para hacer de este que viene, el mejor trimestre de su primer año. No implica “imponer su agenda” –en gran parte porque aun no se percibe la ruta de navegación del cambio prometido- pero si logra hegemonizar con su presencia, ayudado en gran parte por el feliz desenlace del tema de los mineros atrapados. Lo anterior también nos habla de una agenda nacional más movida por imágenes y más que propuestas y contenidos.

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