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Un gesto de romanticismo Apasionada por salvar libros del olvido y ponerlos en las manos correctas, Lucía Ponce lleva casi tres años dedicados a un oficio que la ilusiona y provee material interesante a estudiantes y a exigentes intelectuales.

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o que más le entusiasma a Lucía Ponce, a quien llaman Tochi, es tener un espacio para rescatar y vender libros usados. En esta actividad oficia de agente viajera, detective y restauradora. Junto con su esposo, una suerte de ayudante y secuaz, ha visitado los lugares más inverosímiles del Ecuador, siguiendo su olfato de fina librera para comprar piezas valiosas o rarezas con las que alimenta la circulación de la pintoresca librería de libros usados Tolomeo, llamada así por el impulsor de la biblioteca de Alejandría, Ptolomeo Sóter. Este singular sitio, en el centro de Quito, posee cerca de nueve mil títulos que se “actualizan” todos los días. Y es que los libros son para Lucía un objeto romántico que sobrevive, la última propiedad de la que una persona querría deshacerse, aunque muchas veces no tenga más remedio que

Por Solange Rodríguez Pappe

hacerlo. A veces, incluso, encuentra fotos y cartas dentro de los libros, y cuando eso pasa, considera que es obra del buen azar. Ella puede contar muchas historias sobre la adquisición y las ventas, tal cual un relato de novela negra, o anécdotas como la vez que dudó en comprar los libros de un hombre desaparecido, de quien aseguraban que había muerto en España, o la de cuando puso un anuncio en la radio de Bahía de Caráquez y la llamó una mujer parlanchina que en realidad tenía pocos libros, pero sí una casa singular.

Letras ya leídas En el 2010, luego de quince años de trabajar en contabilidad en una empresa, recibió un consejo: que en su jubilación sería un buen negocio vender bombas de aire. Madrugar para levantarse a vender bombas de aire no le generaba ninguna

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emoción y pensó que necesitaba algo que la apasionara, así que por primera vez pensó seriamente en crear un negocio de venta de libros usados. Tenía una idea de cómo sería, por su primo Mauricio Ponce, que tiene un negocio similar. Así que luego de un año y medio de invertir en material que le pareció vendible –su antigua profesión de economista le agudiza mucho el olfato para esas cosas– y con tres mil títulos, se lanzó a la aventura. El oficio le ha llevado a clasificar a sus clientes en dos tipos: el estudiante de a pie, un comprador frecuente, y el intelectual consumado que va en busca de rarezas o a perseguir autores específicos, usualmente escritores, artistas visuales o políticos. De los estudiantes, Lucía siempre espera compras pequeñas pero constantes y con los “ratones de biblioteca”, como llama a los intelectuales, logra a veces una venta importante. “En este negocio no te haces rica, pero tampoco te mueres de hambre”, afirma. Pocas cosas le rompen el corazón a esta tenaz librera y una de ellas es el robo de ejemplares que, asevera, fue institucionalizado como una sofisticación por el escritor chileno Roberto Bolaño, aunque ya lo toma como un gaje más del oficio. La primera vez que sustrajeron de una de las vitrinas de exhibición un ejemplar de valor y dimensión considerables, Lucía pensó seriamente en cerrar Tolomeo, pero desistió, tras recibir toda clase de consejos. Su fascinación no son únicamente los libros, pues se siente atraída por los personajes detrás de las mentes creadoras. En las paredes de Tolomeo aparece un registro fotográfico personal al lado de escritores como Mario Vargas Llosa, José Saramago y Alfredo Bryce Echenique. La cara de Lucía no oculta su felicidad y resplandece de alegría al señalar las imágenes. Quiere crear una pequeña galería de artistas que admira, por eso, también homenajea a los cineastas vendiendo películas nacionales y uno de sus más queridos es Sebastián Cordero, pero sabe que esa veta del negocio no puede ser muy amplia porque ahí sí que las paredes no darían abasto. Dice una leyenda que los libros que son desechados van a parar al lado oscuro de la luna, y que los que corren una mejor suerte van a parar a las manos de Lucía y empiezan una nueva historia en Tolomeo. =

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Foto: ©Francisco Caizapanta/13.

FUCSIA


UN GESTO DE ROMANTICISMO