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cultura

Todos dibujábamos cuando éramos

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Fotos: Cortesía de Juan Sebastián Aguirre.

FUCSIA

niños

El muralista Juan Sebastián Aguirre, “Apitatán”, habló con FUCSIA acerca del arte urbano y su presencia en Ecuador. Por José Vaca

“T

odos dibujabamos cuando éramos niños, la diferencia es que los artistas nunca dejamos de hacerlo”, dice Apitatán. El joven muralista lleva pocos años en la escena del arte urbano, pero se desenvuelve como un experto. El arte urbano (traducción de Street Art) es aquel que trasciende la galería, reducida, normalizada y elitista, hacia las calles y los espacios públicos, para ser visto por todos. Es el arte democratizado, sin límites. Se lo conoce también como “posgrafiti”, dado que empezó después de la época de los noventa en la que predominaban los grafitis que son frases o firmas sobre las paredes. Apitatán pinta murales con la técnica de aerosol y pintura de látex, pero existen también otras expresiones como las plantillas, el paste, los rodillos, la brocha, las esculturas, y algunas un poco más arriesgadas como las paredes taladradas para lograr un efecto 3D y el tejido en ele-

mentos como árboles, postes e hidrantes. Solo hace falta poner atención a las paredes de nuestro entorno para encontrarnos con paisajes surrealistas, rostros conocidos o anónimos, skaters, seres mitológicos, mascotas gigantes, mundos paralelos. En la mayoría de las obras de arte urbano a nivel mundial existe un contenido intrínseco de protesta o un mensaje político, como sucede con las famosas plantillas del artista inglés que oculta su identidad bajo el pseudónimo de Banksy o los carteles (técnica de paste) de Shepard Fairey, quien llegó a hacer los carteles de “Hope” para la candidatura de Barack Obama. La obra de Apitatán es más cotidiana, cargada de realismo y humor. Las características de su trabajo incluyen una caricatura de él, su álter ego, en la cual usa solamente calzoncillos, que, según dice, representa momentos de intimidad, y una frase coloquial, escrita de forma singular: “Nues que vaya lento, es el mundo que

va muy rápido”, “buenuarasi ame ren dar”, “Tate quieto”, o “alguna cosita siadiaser”. “Me autorridiculizo, para no herir susceptibilidades”, comenta. El arte urbano es apreciado por municipios y ministerios, y aún más por los ciudadanos, quienes son los que otorgan los permisos para pintar, pues como dice el joven muralista, su trabajo “no da chance de salir corriendo”, de hecho, necesita entre seis y ocho horas por cada mural, lo que resulta en obras con trazos impecables, gran uso de las formas, la luz y el color, que no son en ningún caso vandalismo sino, por el contrario, obras artísticas que alegran las urbes. Este tipo de arte ecuatoriano ha llegado también a espacios internacionales. Apitatán ha hecho murales para marcas publicitarias como Puma y Adidas, y participó en festivales en varios países de América. Reconoce que, aunque es un movimiento que lleva más de quince años en el país y hay artistas con propuestas muy sólidas, todavía existe con respecto a este cierta resistencia y desconocimiento. Apitatán siempre lleva un cuaderno con dibujos, que ahora lleva por el número 50, con el que ya pasó las 100 millas de líneas y cientos de ideas que va anotando en la calle, en la casa o en el bus. En el momento de la entrevista tiene escrito: “Europa”. =

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