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RESILIENCIA Gustavo Wilches Chaux


Gustavo Petro Urrego Alcalde Mayor de Bogotá D.C. Susana Muhammad González Secretaría General Hugo Zarrate Secretario de Gobierno Néstor García Buitrago Secretario Distrital de Ambiente Secretario Distrital de Salud Aldo Cadena Rojas Oscar Sánchez Jaramillo Secretario Distrital de Educación Jorge Rojas Rodríguez Secretario de Integración Social Rafael Eduardo Rodríguez Zambrano Secretario Distrital de Movilidad Ricardo Bonilla Gonzáles Secretario Distrital de Hacienda Carlos Fidel Simancas Narváez Secretario Distrital de Desarrollo Económico Martha Sánchez Segura Secretaria Distrital de la Mujer Gerardo Ignacio Ardila Calderón Secretario Distrital de Planeación Clariza Ruiz Correal Secretaria Distrital de Cultura María Mercedes Maldonado Secretaria Distrital de Hábitat


Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático

IDIGER

Javier Pava Sánchez Director General Margarita Córdoba García Subdirectora de Coordinación de Emergencias Oscar Bernardo Goyeneche Durán Subdirector de Participación y Gestión Local de Riesgos Duván Hernán López Meneses Subdirector de Análisis y Mitigación de Riesgos Carolina Abusaid Graña Subdirectora Corporativa y Asuntos Disciplinarios


INTRODUCCIÓN La palabra RESILIENCIA se está convirtiendo en otro de esos términos de uso obligatorio, sin los cuales ningún discurso ni ninguna publicación se consideran “de actualidad”. Pero al igual que sucede con otras palabras que van adquiriendo notoriedad, el abuso de las mismas le puede ir haciendo perder significado real. O la puede ir convirtiendo en monopolio de especialistas y tecnócratas, con lo cual se aleja cada vez más del sentido común y del patrimonio de esas comunidades a las cuales hago mención más adelante, que sin conocer siquiera la palabra son maestras en las artes de la resistencia y de la recuperación, simplemente por el hecho de que su supervivencia cotidiana depende de esa capacidad. Aún a quienes supuestamente somos “expertos” en gestión del riesgo (o a lo mejor por eso mismo), nos sorprende que muchas comunidades no solamente logren sobrevivir en condiciones que para muchos resultan totalmente adversas, sino que además logren hacerlo con entereza, con alegría, con sentido de futuro, con decisión. Con este CUADERNO SOBRE RESILIENCIA pretendo poner a disposición de quienes de una u otra manera se dedican a aportar al fortalecimiento de la capacidad

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de resiliencia de ese vasto y complejo territorio llamado Bogotá (y en general de quienes encuentren alguna utilidad en él), una serie de conceptos-herramientas y de textos en los cuales he venido trabajando desde hace varias décadas y que en su mayoría surgen de la experiencia y de la reflexión, o en palabras del maestro Orlando Fals Borda, de la InvestigaciónAcción Participativa en territorios sometidos a condiciones de crisis. Como lo he mencionado en varias escritos y oportunidades, y lo repito en este, el papel de quienes intervenimos en uno de esos territorios en crisis no es reparar la telaraña que haya sido rota por un balonazo, sino fortalecer la capacidad de las arañas para volverla a tejer y para hacerla cada vez más resistente frente a nuevos balonazos. Espero que estos conceptos-herramientas cumplan su función principal: ayudar al reconocimiento de los mecanismos de superación de los territorios (incluidos siempre ecosistemas, comunidades, instituciones, sectores económicos, etc), con el fin de fortalecerlos para que puedan convertirse en actores cada vez más activos del inevitable desafío de la adaptación.


Agradezco especialmente al Instituto Distrital de Gestión del Riesgo y Cambio Climático IDIGER (antes FOPAE), la oportunidad no solamente de recopilar estos materiales en una sola publicación, sino la de acompañarlos en el proceso de fortalecimiento de las arañas de este territorio, actor y escenario activo de tantas y tan complejas dinámicas.

Gustavo Wilches-Chaux Abril 2014

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FORTALECIENDO LA ARAÑA Resiliencia 1) Origen y Definiciones En la edición número 23 del Diccionario de la Lengua Española que verá la luz a finales del año 2014, aparecerá Resiliencia con las siguientes definiciones: 1) Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. 2. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación. De acuerdo con su etimología, la palabra viene del latín resilio, resilire que quiere decir “Rebotar, Saltar hacia atrás”. En física, que es uno de los campos donde ese concepto comenzó a utilizarse, hace referencia a la capacidad de un resorte para retomar su forma original luego de que ha sido estirado. Esto es interesante porque tiene que ver con lo que podríamos denominar la memoria del resorte.

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En ecología la introduce Crawford S Holling, como una forma para comprender las dinámicas no lineales así como los procesos a través de los cuales los ecosistemas se auto-mantienen y persisten frente a perturbaciones y cambios. Según definiciones de Holling, la resiliencia hace hincapié en las condiciones de un sistema complejo alejado del equilibrio donde las inestabilidades pueden transformar al mismo para que presente otro régimen de comportamiento. Así la resiliencia es medida por la magnitud de perturbaciones que pueden ser absorbidas por el sistema antes de que sea reorganizado con diferentes variables y procesos. La sustentabilidad, por ende, es la capacidad de un sistema complejo de mantenerse en el tiempo a pesar de la volatilidad ambiental fomentado por el aprendizaje, la transformación, la renovación y la evolución continua. Años más tarde definiría lo que se conoce como el Ciclo de Renovación Adaptativa de Holling para explicar la naturaleza cíclica de los sistemas complejos adaptativos.1 En el mismo texto de 2007 de donde tomo el párrafo anterior menciona el autor, Arturo M. Calvente, de la Universidad Abierta Interamericana, que según la definición de la Resilience Alliance (2002) y tal como se utiliza en diferentes libros de texto (Berkes, Colding y Folke, 2003) el concepto de resiliencia tiene tres características definitorias: La primera es la cantidad de cambio o transformaciones que un sistema complejo puede soportar manteniendo las mismas propiedades funcionales y estructurales. La segunda es el grado en el que el sistema es capaz de autoorganizarse. La tercera corresponde a la habilidad del sistema complejo para desarrollar e incrementar la capacidad de aprender, innovar y adaptarse.

1 http://www.sustentabilidad.uai.edu.ar/pdf/cs/UAIS-CS-200-003%20-%20Resiliencia.pdf Consultado en Abril 18 de 2014

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De Eugene Odum, uno de los pioneros de la ecología moderna, cuya obra conocí a mediados de los años 70 del siglo pasado, derivé una explicación sencilla de acuerdo con la cual la RESISTENCIA es la capacidad de una telaraña (y más exactamente del sistema araña-telaraña) para aguantar sin traumatismos los efectos de un balonazo, mientras que RESILIENCIA es la capacidad de la araña para volver a tejer la telaraña después de que un balonazo la ha roto. Es más o menos lo mismo que definen Holling y los otros autores antes citados, pero en términos que no solamente hacen fácil aprehender –con “h” intermedia: agarrar- el concepto, sino que les permiten a las comunidades sometidas de manera permanente al desafío de la supervivencia en medios cambiantes y en condiciones hostiles, reconocerse a sí mismas como arañas maestras en las artes de la resiliencia.

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2) La capacidad de auto-regulación, auto-organización u homeostasis de los sistemas complejos Todos los sistemas vivos, desde los microorganismos hasta el planeta entero, pasando, entre otros, por los ecosistemas y por nosotros los seres humanos, somos sistemas complejos2 y poseemos una capacidad de auto-organización, auto-regulación u homeostasis que nos permite transformarnos de manera permanente como respuesta a cambios que se producen en nuestro propio interior o en el ambiente dentro del cual nos hallamos inmersos.

Un ejemplo sencillo y cotidiano de auto-regulación es la reacción de sudar o transpirar que tiene nuestro cuerpo ante el calor excesivo, a través de la cual eliminamos calorías; o la reacción de tiritar para generar calor cuando la temperatura externa es muy fría. O la fiebre que genera nuestro sistema inmunológico cuando es atacado por algunos virus y que tiene por objeto elevar la temperatura del cuerpo para deshacerse del virus. O, a nivel planetario, el conjunto de cambios ambientales que englobamos bajo la etiqueta de “cambio climático” y que es la reacción de los sistemas concatenados de la tierra3 a las alteraciones que la actividad humana a introducido en la composición de la atmósfera, en los ecosistemas y en los usos del suelo. Recordemos que hoy entendemos que la atmósfera, la hidrósfera, la criósfera, la geósfera, la biósfera e incluso la infosfera y la noosfera4 , no son estrictamente “capas” de la Tierra, sino sistemas concatenados o interconectados entre sí, de cuyas interacciones depende –según la Hipótesis Gaia formulada por James Lovelock- la condición de ser vivo del planeta Tierra. Por eso, ese “cambio climático” que desde el punto de vista de la especie humana es una fuente de amenazas (y en algunos casos contados una fuente de oportunidades), desde el punto de vista del planeta es una respuesta auto-regulatoria, auto-organizativa o de homeostasis. 2 Entendemos por sistema complejo aquel cuya totalidad es cualitativamente “superior” a la mera suma de las partes que lo conforman, y en el cual cualquier cambio en cualquiera de esas partes implica un cambio en la totalidad y viceversa.

http://www.minambiente.gov.co/documentos/normativa/ambiente/cartillas/030811_cartilla_oceano.pdf

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El concepto de Infosfera lo propuso Alvin Toffler en “El Shock del Futuro” (…) y hoy es una realidad tangible materializada en la web. El concepto de noosfera lo propusieron el ruso Vladimir Ivanovich Vernadsky y los franceses Edouard Le Roy y Theilard de Chardin, para referirse al encadenamiento de todos nuestros cerebros a través de la biosfera. Ver “De nuestros deberes para con la Vida” http://www.amauta-international.com/deberes.htm 4

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Esa capacidad de auto-regulación, auto-organización y homeostasis depende de la manera como los individuos y en general los sistemas complejos en distintas escalas, intercambiamos materiales, energía e información entre nosotros y el ambiente, y como las procesamos en nuestro interior para generar una respuesta adaptativa adecuada. Resistencia y resiliencia, entonces, son expresiones de esa capacidad y dependen de la manera como amortiguamos los cambios y como reaccionamos para auto-organizarnos y auto-ajustarnos como respuesta a los efectos de esos cambios en nuestros propios sistemas o en aquellos de los cuales somos partes.

3) El territorio, un sistema complejo5 Entendemos por territorio al resultado emergente de las interacciones permanentes entre las dinámicas de los ecosistemas y las dinámicas de las comunidades (incluidas las instituciones) que confluyen a un mismo tiempo en un mismo espacio físico. Es decir, que no nos referimos solamente al espacio físico sobre el cual tienen lugar las actividades humanas, sino a un ser vivo y complejo, surgido de las interacciones entre sistemas vivos e igualmente complejos.

DINÁMICA DE LOS ECOSISTEMAS

DINÁMICA DE LAS COMUNIDADES

5 Ver “El Conceptuario de la sostenibilidad” http://enosaquiwilches.blogspot.com/2013/05/el-conceptuario-de-lasostenibilidad.html

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Muchas de las interacciones son de tipo lineal de causa-efecto, pero debido a los mecanismos de retroalimentación negativa o positiva existentes en todo sistema/proceso, lo que en un momento es “efecto”, en el momento siguiente se convierte en “causa” que modifica la interacción inicial o que influye sobre otras interacciones y dinámicas. Por ejemplo: existe una relación lineal de causa-efecto entre el hecho de talar un bosque de alta montaña y el deterioro de la capacidad de ese bosque para prestar servicios ambientales, como son la moderación del impacto de las lluvias fuertes sobre los suelos y su capacidad para almacenar y liberar agua gradualmente. Esto se traduce en que una temporada de lluvias fuertes puede causar deslizamientos e inundaciones en la cuenca correspondiente, como consecuencia de lo cual se pueden producir desastres que generan pérdidas económicas y de vidas humanas y, en un plazo más largo, empobrecimiento de suelos y desplazamiento de los campesinos afectados hacia las ciudades. Como consecuencia de lo anterior, una misma causa (o intervención) puede generar diversos efectos (sinergias) tanto sobre los factores que participan en la interacción o sobre la interacción misma, como sobre otras interacciones y factores o sobre el sistema/proceso más amplio (jerárquicamente superior), del cual forma parte. En este caso: el territorio entero. A esto hace referencia la definición que afirma que un sistema complejo es aquel altamente sensible a las “condiciones iniciales”, pues indica que grandes o pequeños cambios en cualquiera de los factores o de las interacciones “locales” que conforman el sistema/proceso, pueden generar grandes cambios en el “resultado” de la totalidad del sistema/ proceso. En esto se basa la confianza en que a través de intervenciones locales acertadas, se puedan generar grandes cambios en la totalidad del sistema/proceso, en este caso, el territorio.6

6 Gustavo Wilches-Chaux, “NUEVAS MIRADAS AL TERRITORIO, LA SEGURIDAD, LA POBREZA Y LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO” - Artículo publicado en inglés en la revista REGIONAL DEVELOPMENT DIALOGUE – RDD de UNCRD (Nagoya, Japón). Volumen 30, N° 2, Otoño 2009.

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4) Seguridad Territorial De esta concepción de territorio se deriva la SEGURIDAD TERRITORIAL, necesaria para entender y sobre todo para contribuir a fortalecer en la práctica las capacidades de resistencia y de resiliencia de los territorios. Es un concepto “de doble vía”, que desde el punto de vista del desarrollo, se entiende como la capacidad de un territorio para ofrecerles a sus habitantes humanos las condiciones de “estabilidad”7 necesarias para avanzar de manera efectiva en el aprovechamiento integral de sus capacidades; y a los ecosistemas las condiciones de “estabilidad” necesarias para que puedan conservar su integridad y biodiversidad y, en consecuencia, para que puedan existir y evolucionar de acuerdo con su propia naturaleza. De esto depende, entre otras cosas, que esos mismos ecosistemas conserven su capacidad para ofrecernos a los seres humanos (sin deteriorarse más allá de su capacidad de recuperación) los recursos y servicios ambientales que requerimos para satisfacer nuestras propias necesidades.

Desde el punto de vista de la gestión del riesgo, la seguridad territorial es la capacidad de un territorio para ofrecerles tanto a sus habitantes humanos como a los ecosistemas que interactúan con ellos, determinadas condiciones de “estabilidad”, que impiden que amenazas de distinto origen (naturales, socionaturales, antrópicas) procedentes de propio territorio o del exterior, puedan convertirse en riesgos, que eventualmente se vuelvan desastres. Y desde el punto de vista de la adaptación al cambio climático, es el fortalecimiento de la resiliencia8 de un territorio, o sea de la capacidad de sus ecosistemas y de sus comunidades para absorber sin traumatismos los efectos del cambio climático (y de otras amenazas no necesariamente ligadas a ese fenómeno global), y para recuperarse adecuada y oportunamente de los impactos negativos que esos efectos puedan causar.

7 La palaba “estabilidad” se pone entre comillas porque corresponde a un equilibrio dinámico, o “relación estable de desequilibrios”. Es decir, a una dinámica en la cual hay momentos en que unos factores pesan más que otros, pero en los siguientes momentos la situación se invierte dependiendo de la necesidad del sistema de responder a tensiones externas o de su propio interior. Entender esto es muy importante para entender el sentido práctico de la resiliencia.

Un muy buen ejemplo de resiliencia http://enosaquiwilches.blogspot.com/2011/10/resiliencia.html

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SEGURIDAD TERRITORIAL

CREAR CONDICIONES QUE PROPICIEN EL PLENO DESARROLLO DE LAS POSIBILIDADES Y CAPACIDADES HUMANAS Y QUE FORTALEZCAN LA INTEGRIDAD Y DIVERSIDAD DE LOS ECOSISTEMAS

DINÁMICA DE LOS ECOSISTEMAS

DINÁMICA DE LAS COMUNIDADES

Evitar que las dinámicas de los ecosistemas amenacen a las comunidades y que las dinámicas de las comunidades amenacen los ecosistemas La seguridad territorial es el resultado de las interacciones entre una serie de “clavos” o factores, que conforman una red o “telaraña” que es el territorio seguro. No vamos a describir aquí cada uno de esos factores, pero sí a resaltar que más importantes aún que los “clavos” son las interacciones que se generan entre ellos. En un territorio seguro la debilidad de algunos “clavos” que en un territorio determinado puedan ser débiles, se compensa con interacciones fuertes que los vinculen a factores fuertes.

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SEGURIDAD EMOCIONAL, AFECTIVA Y CULTURAL

SEGURIDAD ORGANIZATIVA

FAMILIA Y COMUNIDAD SEGURAS TERRITORIO SEGURO

SEGURIDAD SOCIAL

FACTORES E INTERACCIONES GENERADORAS DE TERRITORIOS SEGUROS Incluidos esos “microterritorios que son la comunidad y la familia” SEGURIDAD ECOLÓGICA: Capacidad de los ecosistemas para ofrecer recursos y prestar servicios ambientales. SEGURIDAD SOCIAL: Capacidad para ejercer derecho a vivienda, salud, educación, comunicación, recreación. SEGURIDAD ECONÓMICA: Capacidad para acceder a la riqueza y para generar riqueza. SEGURIDAD ENERGÉTICA: Capacidad para acceder a energía sana para personas y ecosistemas. SEGURIDAD JURÍDICA-INSTITUCIONAL: Existencia de un “Estado de Derecho”Protección Eficaz a DDHH.

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SEGURIDAD ORGANIZATIVA: Capacidad para organizarse y para la participación organizada y eficaz. SEGURIDAD, SOBERANÍA Y AUTONOMÍA ALIMENTARIA: Producir y controlar alimentos estratégicos. SEGURIDAD EMOCIONAL, AFECTIVA Y CULTURAL: Capacidad del territorio para fortalecer sentido de IDENTIDAD – Ejercicio de Valores de Pertenencia, Solidaridad, Equidad, Reciprocidad, Hospitalidad.

5) La Gestión del Riesgo, la Adaptación al Cambio Climático y el fortalecimiento de la resistencia y la resiliencia de los territorios ante distintas amenazas Recordemos en primer lugar que los RIEGOS son el resultado de la confluencia en un mismo territorio de una AMENAZA con unas determinadas condiciones de VULNERABILIDAD que le impiden al territorio absorber sin consecuencias negativas los efectos de esas amenazas. Esto se resume en la fórmula (o en la metáfora funcional) R = A x V que nos indica que en la medida en que logremos aproximar a “cero” cualquiera de los dos factores, logramos aproximar a “cero” el riesgo resultante. De allí la importancia del operador “x”, en el cual se basa la llamada gestión del riesgo.9 Recordemos también que la condición de AMENAZA que pueda llegar a tener un evento o un proceso a través del cual se 9

manifiesta una determinada dinámica de origen natural no forma parte de la esencia misma del evento o proceso, sino que se convierten en AMENAZAS precisamente cuando el sistema que debe absorber sus efectos es débil o VULNERABLE frente a los mismos. Una nevada normal no será una amenaza para una ciudad de la zona templada del planeta, adaptada a este tipo de fenómenos, mientras que para una ciudad en la región intertropical constituiría una gran amenaza. Un aguacero fuerte pero dentro del rango de lo normal, no es una amenaza para la mayoría de las ciudades suramericanas, salvo para Lima, en donde la lluvia fuerte es un fenómeno casi totalmente desconocido, razón por la cual la infraestructura de la ciudad no está adaptada para resistir sus efectos.

Ver “De la gestión del riesgo a la adaptación” – G. Wilches-Chaux / FOPAE Enero 2014

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Como consecuencia del cambio climático los fenómenos y procesos normales están tendiendo hacia sus límites extremos, debido a lo cual tienden a superar los rangos dentro de los cuales los territorios se encuentran adaptados a los efectos de dichos fenómenos y procesos. En este caso podemos afirmar que aumenta la magnitud –y a veces la frecuencia- de la AMENAZA. En el segundo caso, cuando aumenta la frecuencia con que ocurre un evento, el territorio no alcanza a tener el tiempo necesario para recuperarse satisfactoriamente de los efectos de una amenaza anterior que lo ha perturbado. Recordemos también que en muchas ocasiones la magnitud y la frecuencia con que se materializa la amenaza en un territorio no ha cambiado, pero sí se ha incrementado la vulnerabilidad del territorio frente a la misma.

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Lo que en otras palabras describo como que el aguacero es el mismo pero ahora el techo tiene más goteras. Le echamos entonces la culpa de un desastre al cambio climático, cuando lo que realmente ocurre es que la manera como llevamos a cabo las actividades humanas, incluidas todas aquellas que llamamos “desarrollo”, están conduciendo a una reducción y a veces pérdida de la resistencia y de la resiliencia de los territorios. Nuestro papel como gestores y gestoras de la gestión del riesgo y de la adaptación al cambio climático es determinar de qué manera podemos contribuir al fortalecimiento de la resistencia y de la resiliencia de los territorios, es decir, a ampliar su capacidad de autoorganización y de auto-regulación como respuesta a determinadas amenazas (incluidos procesos y fenómenos que antes no constituían amenazas pero que se están volviendo extremos).


6) Resiliencia, resistencia y participación eficaz Recordemos que estamos hablando del sistema complejo territorio, del cual forman parte inseparable la telaraña y las arañas que la conservan y la tejen a diario. Fortalecer la resistencia y la resiliencia del territorio incluye prioritariamente, fortalecer las capacidades de las arañas, es decir, de los actores humanos (institucionales y comunitarios) que forman parte de él. En otras palabras, fortalecer su capacidad para la participación eficaz. Participación (+ Información + Corresponsabilidad)10 Por participación entendemos la capacidad que tienen los integrantes de un territorio para intervenir de manera efectiva en las decisiones que los afectan. En otras palabras, el hecho de que su intervención en el proceso de toma de decisiones determine que la decisión no sea la misma que se hubiera tomado si los afectados no hubieran formado parte de ese proceso. La participación no es solamente un proceso formal mediante el cual quienes toman una decisión les informan a los afectados (positiva o negativamente) cuál es el proceso en que se encuentran comprometidos y cuál es la decisión que van a tomar o que ya tomaron, sino un espacio de diálogos (por lo general entre muchos actores con intereses contrapuestos) que permite que todos los puntos de vista, todos los intereses y todas las particularidades sean tenidas en cuenta en el proceso de toma de decisión. La verdadera participación requiere de una serie de insumos, el principal de los cuales posiblemente es la información. No es posible participar sin información, la cual debe llenar una serie de requisitos: estar de manera oportuna en manos de quien la necesita, ser accesible (que efectivamente pueda obtenerla), ser comprensible (que tenga sentido, que pueda ser “digerida” y aprovechada), ser veraz. Por otra parte, la participación es un proceso de comunicación multilateral, lo cual quiere decir que quien en un momento es receptor de la información que otro provee, en el momento siguiente debe ser generador de información, la cual debe ser tenida en cuenta por el interlocutor. Tomado de “El Conceptuario de la sostenibilidad” http://enosaquiwilches.blogspot.com/2013/05/el-conceptuariode-la-sostenibilidad.html

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Para los efectos de sostenibilidad y seguridad humana/territorial que nos ocupan, y considerando que los ecosistemas y sus componentes naturales (especialmente el agua) también forman parte integral del territorio, resulta absolutamente necesario que estos últimos también participen y sean tenidos en cuenta por las buenas en todas las decisiones que puedan afectar de una u otra manera al territorio. El agua y los demás componentes naturales de los ecosistemas tienen derecho a la participación. Más allá de una discusión de carácter filosófico o legal (algunas constituciones nacionales como la de Bolivia y la del Ecuador ya le reconocen expresamente derechos al agua y a otros elementos y sistemas naturales), este principio es de carácter práctico. Casi sin excepción, los mal llamados “desastres naturales” se pueden entender como resultado inevitable de que al tomar decisiones humanas los ecosistemas y sus componentes no han sido tenidos en cuenta por las buenas, lo cual los obliga a protestar por las malas.11

El compromiso ético-político que se deriva del uso de la palabra participación es, entonces, generar espacios y oportunidades para que quienes puedan ser afectados por una decisión puedan intervenir de manera activa y efectiva en la misma. Es permitir que quienes pertenecen a un territorio puedan fortalecer su capacidad de control sobre sus propias vidas en ese territorio. La contrapartida de la verdadera participación es la corresponsabilidad. Si yo soy coautor de una decisión que me afecta y la misma genera efectos negativos para mí o para los demás, yo debo asumir la cuota de corresponsabilidad que me corresponde y contribuir proactivamente para resolver los problemas que esa decisión haya podido generar. El uso de la palabra participación en el discurso del desarrollo también implica que los componentes no humanos que conforman el territorio también sean tenidos en cuenta. Una aplicación práctica de esto es, por ejemplo, la manera de entender y de ejecutar el “ordenamiento territorial”: no se trata de acomodar el territorio y sus dinámicas naturales a las prioridades y a los intereses humanos, sino de ajustar las actividades humanas a las características, limitaciones, exigencias y posibilidades de los ecosistemas.

Ver “¿QUÉ SIGNIFICA ORDENAR EL TERRITORIO ALREDEDOR DEL AGUA” http://enosaquiwilches.blogspot.com/2014/03/que-significa-ordenar-el-territorio.html

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7) El enfoque de derechos, dimensión necesaria de la participación eficaz Una dimensión intrínseca de la participación eficaz es el ENFOQUE DE DERECHOS (de la misma manera que este último incluye el derecho a la participación eficaz). Este enfoque permite, además, aprovechar los derechos humanos –y particularmente los derechos de infancia y adolescencia- como indicadores para determinar si un proceso avanza hacia una mayor sostenibilidad o hacia una mayor seguridad integral del territorio, o si por el contrario avanza en sentido opuesto. Muy seguramente si como resultado de un proceso se ha hecho más posible el ejercicio eficaz de los derechos, el proceso avanza hacia la sostenibilidad del territorio. Si por el contrario, se está haciendo objetiva y subjetivamente más difícil el ejercicio de esos derechos, el proceso no está contribuyendo ni a la sostenibilidad ni hacia la resiliencia del territorio y sus actores. 12

Muchas veces “el éxito” de un proceso o proyecto se mide por la cantidad de obras de infraestructura realizadas o por el porcentaje del presupuesto ejecutado, pero sin percatarse de si esas obras, esas inversiones y esos gastos realmente están contribuyendo a incrementar la resistencia y la resiliencia de los territorios o si por el contrario contribuyen a debilitarlos. En este momento existen en Colombia distintas comunidades que fueron gravemente afectadas durante la temporada invernal 2010-2011 agudizada por la presencia de La Niña, que hoy están siendo gravemente afectadas por la sequía, la mortandad de peces y los incendios forestales.12 Remito aquí al Anexo #1, en donde hay un artículo que escribí en diciembre 2010 (publicado en Enero 2011 en la revista virtual RAZÓN PÚBLICA).13

Ver, por ejemplo, el caso de San Pelayo, en el departamento de Córdoba:

Enero 31, 2014 http://www.elmeridianodecordoba.com.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=52354:enalerta-roja-por-sequ%C3%ADa&Itemid=116 http://www.canalrcnmsn.com/node/63631 http://www.caracol.com.co/noticias/regionales/serias-inundaciones-en-monteria-por-desbordamiento-del-riosinu/20101216/nota/1399339.aspx Abril 4, 2014 http://m.noticiascaracol.com/nacion/video-320523-nueva-mortandad-animal-esta-vez-san-pelayocordoba 13 http://razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/1698-los-desastres-no-naturales-unapropuesta-para-la-recuperacion-con-enfoque-de-derechos.html

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8) La necesidad de un enfoque multiamenaza para contribuir a fortalecer la resistencia y la resiliencia de un territorio Dada la complejidad y simultaneidad de las interacciones entre las dinámicas humanas y las dinámicas naturales que confluyen hoy en el planeta, y dado por un lado el incremento de las amenazas actuales y potenciales y de distintos orígenes que pesan sobre los territorios, y por otro lado el incremento de la vulnerabilidad tanto de los ecosistemas como de las comunidades humanas, resulta muy alta la probabilidad de que un mismo territorio deba enfrentar distintos riesgos de manera sucesiva o simultánea. En otras palabras, es probable que distintos balonazos, de distintos orígenes, golpeen la telaraña a la vez.

Por esa razón el fortalecimiento del territorio (incluido el fortalecimiento de las capacidades de sus ecosistemas y de sus arañas) no puede llevarse a cabo pensando solamente en un solo tipo de amenaza, sino que debe realizarse con una visión más dinámica y más integral que recibe el nombre de ENFOQUE MULTIAMENAZA. Existen múltiples ejemplos de comunidades que han debido organizarse y prepararse para enfrentar los efectos de la guerra y que luego, sin que necesariamente lo hayan pensado de manera expresa, han tenido que echar mano de esas mismas fortalezas para enfrentar los efectos de un terremoto o de un huracán. O viceversa. Este mismo enfoque también resulta especialmente necesario frente a los desafíos que imponen el cambio climático y la variabilidad climática, pues como se sabe, tanto los pronósticos del tiempo (atmosférico) como los escenarios del cambio climático, presentan distintos niveles de incertidumbre. Mientras esto se escribe (mediados de Abril de 2014), por ejemplo, la probabilidad de que en los próximos meses se presente un fenómeno El Niño extremadamente fuerte es del 50%, lo que para el caso colombiano quiere decir fuerte sequía, con todo lo que ello implica en términos de escasez de agua para todos los usos (sequía), incremento de la temperatura ambiental, incendios forestales, heladas, incremento en los precios de los alimentos, incremento de conflictos, etc. Pero así mismo, existe una probabilidad del 50% de que no se presente El Niño sino una temporada de fuertes lluvias, como ya está sucediendo en algunos lugares del país.14 14

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https://twitter.com/canalclima/status/456180938741800960


Los territorios colombianos, entonces, no pueden pretender fortalecerse solamente para enfrentar una posible sequía, sino que deben hacerlo también para enfrentar intensas lluvias en caso de que la sequía no se llegue a producir. O para enfrentar intensas lluvias después de la intensa sequía, como puede ocurrir también en Colombia en la región del Casanare.15 Con el agravante de que un territorio que ha estado sometido durante varios meses a los efectos devastadores de la sequía, se ha vuelto mucho más vulnerable frente a los efectos de la temporada invernal. Para efectos prácticos, el enfoque multiamenaza es la manera más eficaz de enfrentar la incertidumbre.

9) La función de las obras de infraestructura o “intervenciones duras” en la construcción de territorios seguros y resilientes Cuando ocurre un desastre es usual que, además de la ayuda humanitaria necesaria, la mayoría de las veces para salvaguardar la vida de las comunidades afectadas, se realicen grandes inversiones en obras de infraestructura tendientes a evitar que en una próxima oportunidad se vuelvan a manifestar las amenazas a las cuales se les atribuye el desastre. Sin duda alguna muchas veces es necesario realizar este tipo de obras, pero para que las mismas sean efectivas en términos de fortalecimiento de la seguridad y de la resiliencia territorial, es necesario que las mismas respondan claramente a unas estrategias integrales de gestión territorial y no que se pretendan justificar por sí mismas. El uso de obras de infraestructura de distintas dimensiones (diques, presas, etc.) debe servir para ayudarnos a los seres humanos a adaptarnos a las dinámicas de los ecosistemas. Si pretendemos utilizarlas para subyugar esas dinámicas, tarde o temprano vamos a perder. En aras del principio de la reciprocidad, si en algún momento afectamos la integridad de un ecosistema o de uno de sus componentes naturales, debemos tomar medidas para compensarle el impacto que le hemos causado y para que pueda reestablecer su equilibrio dinámico.16

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http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/04/140411_colombia_sequia_casanare_aw.shtml

Tomado de “El Conceptuario de la sostenibilidad” http://enosaquiwilches.blogspot.com/2013/05/el-conceptuario-de-la-sostenibilidad.html

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De no planificarse y ejecutarse las obras de infraestructura con esa visión, muy probablemente tendrán efectos negativos en términos de la verdadera capacidad de resiliencia de los territorios en donde se llevan a cabo. En la nota de pie de página número 12 vimos un ejemplo de cómo un territorio fuertemente afectado por la temporada invernal en 2010-2011, resulta gravemente afectado por la sequía cuatro años después. Posiblemente la manera como se llevaron a cabo las obras de infraestructura en ese lugar durante el desastre invernal, podría ayudar a entender qué pasó. En el caso de ese mismo territorio –San Pelayo, Córdoba, a orillas del río Sinú- también es importante averiguar qué papel a jugado la represa de Urrá, situada en la parte alta del mismo río Sinú, pues no solamente no sirvió para regular las aguas del río durante la temporada invernal 2010-2011, sino que tampoco está sirviendo para garantizar la oferta de agua para el territorio durante la temporada seca 2014.17

Obras de infraestructura construidas para redirigir el agua y contribuir a controlar los flujos de masa en el sector de Altos de la Estancia, en la localidad Ciudad Bolívar de Bogotá, escenario del mayor deslizamiento urbano registrado en América Latina. Dichas obras forman parte de un proceso integral de gestión ambiental y social que incluye desde la formación de un equipo de gestores y gestoras ambientales de la comunidad, la reubicación en lugares seguros de 4.500 familias que se encontraban en condiciones de alto riesgo no mitigable, hasta la llamada “renaturalización” del sector.

Un completo análisis del impacto de la represa de Urrá se encuentra en el libro “Adiós río” de César Rodríguez Garavito y Natalia Orduz Salinas – Colección DeJusticia, 2012 Disponible en http://www.dejusticia.org/index.php?mo do=interna&tema=antidiscriminacion&publicacion=1288

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10) La función de los valores en la construcción de territorios seguros y resilientes Las posibilidades que ofrece un territorio urbano o rural para que en él se ejerzan de manera efectiva valores como la SOLIDARIDAD, la EQUIDAD, la RECIPROCIDAD, la HOSPITALIDAD y, sobre todo, la IDENTIDAD (entendida como sentido real de pertenencia al territorio del cual se forma parte y en cuya construcción se participa), resultan fundamentales para la construcción de resistencia y resiliencia. En todos, pero sobre todo en la identidad, juega un papel muy importante la memoria. Por eso al principio de este Cuaderno resaltamos que es interesante que en Física y Mecánica vinculen la resiliencia a la memoria que posee el resorte que ha sido estirado para retornar a su forma original. Sin memoria no hay identidad.

La capacidad de un territorio para evitar una crisis (resistencia) y sobre todo para recuperarse de sus efectos cuando no se ha podido evitar (resiliencia) depende más de una serie de arreglos sociales y culturales que de obras de infraestructura, sin descartar por supuesto la importancia que estas tienen cuando forman parte de una estrategia acertada de gestión territorial. Pero solas no pueden.

Gestoras y gestores comunitarios de las comunidades que habitan el sector de Altos de la Estancia en Bogotá. Todas estas personas y sus familias han llegado a Bogotá desplazadas de sus lugares de origen por el conflicto armado, lo que quiere decir que son veteranas en el arte de la resiliencia. Con el apoyo de la FOPAE (hoy IDIGER), la Secretaría Distrital de Ambiente y la Corporación ECOFONDO se están capacitando para poner sus experiencias y saberes al servicio de la consolidación ecológica y social de este sector de Bogotá.

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Esos arreglos sociales y culturales son maneras de organizarse las sociedades (incluyendo sus instituciones y sus sectores económicos) para permitir que tanto los actores humanos conviven armónicamente entre sí, como para que puedan convivir con los ecosistemas y con las dinámicas naturales de los ecosistemas y del planeta en general. El cambio climático y ENOS (El Niño Oscilación sur) son ejemplos de dinámicas globales con expresiones regionales y locales. Para que esos arreglos sociales y culturales resulten eficaces y sobre todo para que sean apropiados, vividos y practicados por el conjunto social, deben estar basados en valores compartidos, entre los cuales destacamos los ya citados: Solidaridad, Equidad, Reciprocidad, Hospitalidad e Identidad. Como anotamos desde las primeras páginas, por resistencia se puede entender la capacidad de la telaraña para aguantar sin romperse los efectos de un balonazo. Por resiliencia, la capacidad de la araña para volver a tejer la telaraña cuando ha sido rota por un balonazo. Pero el territorio seguro debe ofrecerles a sus componentes un servicio adicional: el de amortiguar su caída cuando por alguna razón entran en crisis. Este servicio es una expresión del valor de la solidaridad y del valor de la reciprocidad.

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Y así mismo, como lo demuestra esta palma que ha logrado enderezarse tras el embate de un huracán, es más fácil recuperarse cuando se cuenta con la solidaridad de otros integrantes del territorio.

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11) Otros temas Por último, quiero destacar otros tres temas que forman parte de la caja de herramientas de la resiliencia, y que he abordado en detalle en los artículos que menciono a continuación: La sostenibilidad y la resiliencia de las ciudades como resultado de las relaciones que el medio urbano logre establecer con el territorio del cual forma parte y en particular con el medio rural.

¿CIUDADES SOSTENIBLES? http://viva.org.co/cajavirtual/svc0360/articulo09.html

ALEJÉMONOS DEL GRANO http://razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas29/3609-a-proposito-del-paro-cafetero-alejemonos-del-grano.html La necesidad de “ordenar el territorio alrededor del agua” COMO LO PLANTEA EL Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá.

¿QUÉ SIGNIFICA ORDENAR EL TERRITORIO ALREDEDOR DEL AGUA? http://enosaquiwilches.blogspot.com/2014/03/que-significa-ordenarel-territorio.html

La Gestión del Riesgo: del deber de la esperanza a la obligación del milagro. http://discursoprovention.blogspot.com/2008/04/discurso-degustavo-wilches-chaux-en-el.html

La necesidad de aprender a transformar pacíficamente los conflictos, incluyendo aquellos que surgen alrededor del agua - Ver Anexo #2

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Anexo 1:

POR UNA RECUPERACIÓN CON ENFOQUE DE DERECHOS Antecedentes Estamos en medio del mayor desastre que ha vivido Colombia en su historia, en términos de extensión de sus efectos, de la complejidad de sus consecuencias y de las dificultades de toda índole que acarreará la recuperación. De una u otra manera todas las personas que formamos parte de este país estamos o vamos a ser afectados por este desastre que, por supuesto, golpea de manera más grave a los damnificados inmediatos: aquellos que han perdido no solamente su vivienda sino también su hábitat, sus medios de vida o sus fuentes de producción. Hablo de “recuperación” y no de “reconstrucción”, precisamente porque pienso que el reto que tenemos por delante es que las comunidades afectadas recuperen su capacidad para convivir con el territorio del cual forman parte y, en algunos casos (que ojalá sean excepcionales), su capacidad para construir un nuevo territorio; para echar raíces profundas en un nuevo lugar, al menos mientras acompañan al territorio original en su proceso de sanación. En términos que suelo utilizar, el reto mayor no es reconstruir la telaraña, sino fortalecer la capacidad de la araña para volver a tejer su propia telaraña, a sus propios ritmos y de acuerdo con sus propia visión del mundo y con sus propias prioridades. La telaraña es el territorio; la araña es el conjunto de actores sociales e institucionales que pertenecen a ese territorio… o que pertenecerán al territorio a donde han de llegar. El papel de los que intervienen desde afuera es contribuir a el objetivo principal del proceso: que esa capacidad se fortalezca y gane cada vez mayor autonomía y poder de decisión. Es importante construir una nueva telaraña, pero subproducto de ese objetivo principal. Desde 1999 comencé a promover un listado de derechos de personas y de comunidades afectadas o susceptibles de ser afectadas por desastres. Lo hice no solamente a partir de la observación de procesos en marcha en ese momento, sino de la convicción de que de haber tenido a mano esa lista en momentos en que he tenido a mi cargo procesos de reconstrucción, seguramente habría tomado algunas decisiones de manera diferente.18

Esta propuesta se encuentra en varias páginas de internet y en varias publicaciones, entre otras LA GESTIÓN DEL RIESGO HOY: CONTEXTOS GLOBALES, HERRAMIENTAS LOCALES – EIRD http://www.eird.org/index-esp.html y http://www.col.ops-oms.org/desastres/docs/quindiovive/3derechos.htm

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Este listado de derechos ha servido también como conjunto de indicadores para determinar si un determinado proceso avanza hacia la sostenibilidad de la comunidad con la cual se lleva a cabo, o si por el contrario avanza hacia una mayor vulnerabilidad. Es decir: para “leer” si el proceso genera condiciones para el ejercicio de estos derechos o si por el contrario dificulta el cumplimiento de los mismos. Un ejemplo del uso de la propuesta de derechos como indicadores de sostenibilidad se encuentra en el libro “La Reconstrucción de San Cayetano”, publicado por la Universidad de los Andes (Bogotá), la Gobernación de Cundinamarca y la Dirección General para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia. En trabajos recientes con el Programa Conjunto de Integración de Ecosistemas y Adaptación al Cambio Climático, del cual forman parte, entre otros, PNUD, UNICEF, el IDEAM y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo, propusimos también que los derechos de la infancia sean tomados como orientadores del desarrollo y como indicadores del avance del mismo hacia la sostenibilidad. No entro por ahora en ese tema, complementario a este, para no alargarme demasiado.

INTRODUCCIÓN La presente propuesta se formuló y se sigue impulsando con el ánimo de motivar un debate sobre los derechos de las personas y comunidades afectadas o susceptibles de ser afectadas por desastres, ya sean desencadenados por fenómenos de origen natural, o por fenómenos antrópicos (de origen humano) o socio-naturales (aquellos que se expresan a través de cambios en la naturaleza, pero cuyo origen está en la actividad humana). Se fundamenta en la concepción según la cual los desastres en sí no son “naturales” ni “actos de Dios”, sino el producto de la convergencia entre unos fenómenos propios de la dinámica de la naturaleza o de la dinámica de la sociedad humana

(que se convierten en amenazas), y unos factores de vulnerabilidad que determinan que una comunidad no esté en capacidad de adaptarse sin traumatismos a la ocurrencia de esos fenómenos, o que bloquean o reducen la capacidad humana para recuperarse de los efectos nocivos de los mismos. También parte de la base de que los desastres no constituyen hechos súbitos y aislados de la vida “normal” de la comunidad, sino que es necesario entenderlos en el contexto de los procesos en virtud de los cuales la comunidad afectada entra en interacción con los ecosistemas que ocupa o sobre los cuales interviene.

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Los desastres son también procesos enraizados en el pasado y cuyos efectos positivos o negativos se proyectan hacia el futuro y alteran el curso de la vida de una comunidad. La propuesta se edifica también sobre las base de que las personas y comunidades afectadas por un desastre, no se convierten de manera automática e inevitable en “víctimas impotentes”, sino que tanto ellas, como los ecosistemas, poseen “mecanismos de superación” que no solamente les permiten recuperarse de los efectos del desastre, sino rediseñar el curso de la comunidad en función de aproximarse a la sostenibilidad. En consecuencia los derechos de las personas y comunidades afectadas por desastres, se pueden resumir en el derecho a que toda actividad posterior al fenómeno que lo desencadenó, se realice en función de activar y fortalecer esos “mecanismos de superación”.

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Mientras algunos de los derechos aquí recopilados aparecen y ya se reconocen al menos teóricamente como obvios, existen algunos temas que todavía merecen y requieren un mayor debate, como por ejemplo el del derecho que les asiste a personas y comunidades de negarse a evacuar una zona declarada por las autoridades como de amenaza inminente y alto riesgo, y las consecuencias que el ejercicio de ese derecho puede acarrear en términos de responsabilidad tanto para las autoridades como para los líderes y miembros de las comunidades afectadas. ¿Debe reconocerse el derecho de una comunidad a negarse a una evacuación forzada, cuando existen de por medio amenazas inminentes y condiciones de alto riesgo, y cuando ha mediado información suficiente para que la comunidad pueda evaluar las consecuencias de su negativa?. De no reconocerse ese derecho, ¿existe para las autoridades el derecho y el deber de forzar una evacuación en las circunstancias descritas? ¿Cómo se haría compatible este derecho con el interés colectivo que se concreta y expresa en los planes de ordenamiento territorial, que son una herramienta para hacer efectivo el derecho de las comunidades a la prevención de desastres?


Por último, hay que decir que en este listado tentativo no se incluye el derecho que les asiste a las personas y comunidades afectadas por un desastre, para exigir una indemnización económica cuando se demuestre objetivamente que el desastre se ha producido por culpa o negligencia del Estado o de otros actores, por considerar que sobre ese derecho existe todo un cuerpo de teoría jurídica y de jurisprudencia, alrededor de temas como el de la “responsabilidad civil extracontractual”. Los derechos que aquí se invocan, hacen más referencia a la manera de “manejar” el desastre por parte tanto del Estado como de las comunidades afectadas, y de todos aquellos actores externos que intervienen en una u otra forma en un escenario de crisis. Otro campo que queda por explorar, es el de los deberes correlativos a estos derechos, es decir, las responsabilidades que deben asumir los distintos actores sociales e institucionales en caso de que se reconozca efectivamente la existencia de los derechos propuestos.

LOS DERECHOS 1) Derecho a la protección del Estado: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tiene derecho a que el Estado, directamente o a través de los organismos de socorro nacionales e internacionales y de otras instituciones con fines similares, les otorgue sin distingos de ninguna especie, la protección que requieren mientras recuperan las condiciones que les permitan satisfacer por sus propios medios sus necesidades esenciales. Dicha protección se concreta en el suministro de albergue, alimentación, vestido, atención médica y sicológica, recreación y seguridad para sí mismos y para sus bienes (incluyendo los bienes colectivos que forman parte del patrimonio cultural de la comunidad), todo lo anterior teniendo en cuenta las particularidades culturales de cada comunidad afectada. Lo anterior incluye el derecho a la evacuación oportuna y concertada de zonas de amenaza inminente y alto riesgo cuando las circunstancias así lo ameriten, y la reubicación concertada, temporal o permanente, en zonas libres de amenaza o en donde las amenazas sean manejables. Sin embargo, las personas y comunidades también poseen el derecho a no ser evacuadas en contra de su voluntad de una determinada zona, a pesar de poseer toda la información necesaria sobre los posibles riesgos de permanecer en dicha zona.

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2) Derecho a la información: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a conocer de manera adecuada, oportuna, clara, precisa y veraz, la información disponible sobre aspectos tales como:

a. Los fenómenos que desencadenaron la situación de desastre, su naturaleza, sus consecuencias actuales y potenciales, etc. b. Su propia situación de vulnerabilidad frente a dichos fenómenos y los riesgos que de la misma se puedan derivar. c. Información necesaria para que las comunidades y sus líderes puedan tomar, de manera concertada con las autoridades, la decisión de ser evacuados de una zona de amenaza inminente y alto riesgo, o la decisión de permanecer bajo su responsabilidad en dicha zona en contra de las advertencias e instrucciones de las autoridades. d. Los planes de prevención, de contingencia, de emergencia, de recuperación y de reconstrucción existentes, los recursos disponibles o previstos para llevarlos a cabo, los mecanismos de administración y de control de los mismos, etc.

El derecho a la información incluye el derecho a que las percepciones, interpretaciones y puntos de vista de los distintos actores sociales sean tenidos en cuenta como elementos para construir una visión compartida del desastre y de la situación de la comunidad dentro de él, a través de los llamados “diálogos de saberes”, “diálogos de ignorancias” y “diálogos de imaginarios”. En general, la comunidad tiene derecho a conocer a través de la educación formal y no formal (desde el nivel preescolar hasta la educación superior), de la formación profesional y de la información pública, la realidad ambiental y la dinámica natural de la región que ocupa, así como los riesgos surgidos de la interacción humana con dicha realidad.

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3) Derecho a la participación: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a una participación directa, activa, decisoria y eficaz en todas las etapas del proceso, desde aquellas previas a la ocurrencia del evento desencadenante (cuando haya lugar a ello, como en el caso de las alertas previas a huracanes o erupciones volcánicas), hasta las etapas de emergencia, recuperación, reconstrucción y posterior desarrollo de la región afectada y de sus habitantes. El derecho a la participación incluye el derecho de la comunidad a elegir sus propios voceros, delegados o representantes ante las distintas instancias con injerencia en los procesos que surjan como consecuencia del desastre, sin que el nombramiento y la actuación de dichos voceros, delegados o representantes, supla y agote por sí misma el derecho de las comunidades a la participación.

4) Derecho a la integralidad de los procesos: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que los procesos tendientes a su recuperación, reconstrucción y posterior desarrollo, sean concebidos con carácter integral y con sentido humano, social, económico, ambiental y cultural, y a que no se centren en la mera reconstrucción de la infraestructura física. Lo anterior implica el derecho a que la recuperación y el fortalecimiento del tejido social de las comunidades afectadas, y de su capacidad de gestión y autogestión, se consideren como prioridades de los procesos, con miras a la sostenibilidad global de las comunidades que los protagonizan. Así mismo, comprende el derecho a la protección y recuperación del patrimonio cultural, tangible e intangible, en sus diferentes expresiones, que le otorgan a la comunidad sentido de identidad, de pertenencia, de propósito colectivo y de continuidad en medio de la crisis.

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5) Derecho a la diversidad: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que se respeten las particularidades culturales de cada actor y sector social en las distintas etapas y expresiones de los procesos que surjan como consecuencia del desastre, lo cual incluye la necesidad de tener en cuenta las necesidades específicas de los sectores más vulnerables de la comunidad (niños, ancianos, enfermos, discapacitados, etc.) Lo anterior comprende así mismo el derecho a que las ayudas externas se realicen teniendo en cuenta las necesidades y particularidades de los receptores o beneficiarios de las mismas, más que las necesidades de los donantes, y el derecho a que toda ayuda se realice como un insumo para el proceso hacia la autogestión de las comunidades, y no como un auxilio a damnificados impotentes.

6) Derecho a la perspectiva de género: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que en las distintas etapas y expresiones de los procesos, se garantice la participación decisoria de las mujeres, de manera tal que sus puntos de vista, sus propuestas, sus necesidades, sus aspiraciones y su potencial, sean tenidos en cuenta en la dirección, planeación, ejecución, control y evaluación de dichos procesos.

7) Derecho a la autogestión: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que en las distintas etapas y expresiones de los procesos, se respete y se fortalezca la capacidad de decisión, gestión y autogestión de los distintos actores locales, tanto gubernamentales como no gubernamentales. Lo anterior incluye el principio de que un nivel de superior jerarquía solamente deberá tomar decisiones o ejecutar acciones que sobrepasen la capacidad de decisión o ejecución del nivel jerárquico inmediatamente inferior. Por ejemplo, las decisiones que deben y pueden ser tomadas por un alcalde municipal, no deberán ser tomadas por el gobernador del departamento, ni las que les corresponden al gobernador deberán ser tomadas por el nivel nacional.

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8) Derecho de prioridad: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que las acciones y procesos tendientes a restituir su autonomía y su capacidad de gestión perdidas o reducidas como consecuencia del desastre, sean atendidos con carácter prioritario frente a los intereses y objetivos de sectores políticos, o de sectores económicos o sociales no afectados, así pertenezcan a la misma región.

9) Derecho a la continuidad de los procesos: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a la continuidad de los procesos tendientes a su recuperación y reconstrucción, y a la asignación de los recursos necesarios para adelantarlos, por encima de la duración de los periodos de las autoridades locales, regionales o nacionales; lo cual significa que dichos procesos deben tener carácter de programas de Estado y no de programas de Gobierno.

10) Derechos frente a los medios de comunicación: Las personas y comunidades afectadas por desastres, tienen derecho a que los medios de comunicación respeten su intimidad, a que no las conviertan en motivo y oportunidad para el sensacionalismo, y a que los medios cumplan el papel de facilitadores de los procesos de comunicación entre las comunidades afectadas y las autoridades o actores y sectores sociales de distinto nivel que intervienen o vayan a intervenir en los procesos. Así mismo, tienen derecho a que la información que transmitan los medios contribuya a comprender de manera veraz, objetiva y racional las causas y procesos que condujeron al desastre, y a descubrir y fortalecer el potencial de recuperación y gestión existente en las mismas comunidades, en lugar de consolidar el estereotipo según el cual los afectados por un desastre son entes incapaces de retomar el control de su propio destino.

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11) Derecho a la participación de la naturaleza Las personas y comunidades afectadas por desastres, al igual que los ecosistemas con los cuales éstas interactúan, tienen derecho a que la voz de la naturaleza sea escuchada en la toma de las decisiones que determinarán el rumbo de los procesos de recuperación, reconstrucción y desarrollo, de manera tal que los mismos avancen hacia la construcción de unas relaciones sostenibles entre las comunidades y su entorno. El desastre que hoy vive Colombia, desencadenado por un fenómeno La Niña especialmente fuerte sobre territorios que poco a poco habían venido perdiendo su resistencia y su resiliencia (es decir: su capacidad para absorber sin traumatismos los efectos de las dinámicas naturales y para recuperarse de los mismos), es un ejemplo de lo que sucede cuando el desarrollo y en general las decisiones humanas se llevan a cabo sin respetar el derecho de la naturaleza a participar en las decisiones que la afectan. El proceso de recuperación no puede incurrir en los mismos errores que han generado el desastre.

12) Derecho a la prevención y derecho a la adaptación al cambio climático: Las personas y comunidades afectadas por desastres, al igual que los ecosistemas con los cuales éstas interactúan, tienen derecho a que en los procesos, planes y programas tendientes a su recuperación, reconstrucción y desarrollo, se incorpore el concepto de prevención de nuevos desastres, mediante la herramienta de la gestión del riesgo, a través de la cual se busca el manejo adecuado de las amenazas y la mitigación de los factores de vulnerabilidad, de manera que ni la dinámica de la naturaleza se convierta en un desastre para las comunidades, ni la dinámica de éstas en un desastre para los ecosistemas. Esto incluye el derecho a que el conjunto del país actue prospectiva y flexiblemente en función de adaptarse a los efectos del cambio climático. En general, la comunidad tiene derecho a que dentro de la institucionalidad del país exista y opere un sistema técnico, estable, eficaz y dotado de recursos para la gestión de los riesgos, con miras a contribuir a la sostenibilidad global del desarrollo, a reducir la probabilidad de ocurrencia de nuevos desastres y a mejorar los niveles de preparación de los actores gubernamentales y sociales para el caso de que éstos ocurran.

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Anexo 2:

UNA HERRAMIENTA METODOLÓGICA PARA LA TRANSFORMACIÓN DE CONFLICTOS RELACIONADOS CON EL AGUA RESUMEN A lo largo de 2013 elaboré con la Dirección de Gestión Integral del Recurso Hídrico DGIRH del Ministerio de Ambiente y Desarrollo MADS y con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo BID, una metodología para la transformación de conflictos relacionados con el agua, la cual responde a la Estrategia 6.3 (Manejo de Conflictos) del Objetivo 6 (Gobernabilidad) de la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico. La metodología se basa en el concepto de la SEGURIDAD TERRITORIAL, en la cual vengo trabajando desde 2003. Ese concepto ha demostrado su utilidad en varios escenarios, como herramienta práctica para la gestión ambiental participativa19. A través de esta metodología desarrollé el potencial del concepto para contribuir a que los distintos actores y sectores que confluyen en un territorio concreto (como por ejemplo una cuenca), muchas veces con percepciones e intereses contradictorios, identifiquen algunos puntos comunes a partir de los cuales puedan concertarse algunos acuerdos mínimos basados en las interdependencias entre unos y otros, así como algunas prioridades en las cuales eventualmente todos los actores y sectores coincidan. Una característica tanto del concepto como de la metodología, es que el TERRITORIO

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no se considera solamente un escenario pasivo sobre el cual se llevan a cabo las actividades humanas, sino un ser vivo que también debe participar de manera activa en los procesos a través de los cuales se toman las decisiones que lo afectan. Ese mismo criterio se aplica a componentes esenciales del territorio, como es el agua. La propuesta metodológica se basa en la convicción de que la gestión territorial (que incluye la gestión ambiental y social, la gestión del riesgo de desastres y por supuesto la gestión del agua) debe tener como prioridad la actuación oportuna sobre los problemas, con el objeto de evitar en lo posible todos aquellos conflictos que sean evitables. Esta es una aplicación de lo que la ley 1523 de 2012 denomina “Intervención prospectiva”: Proceso cuyo objetivo es garantizar que no surjan nuevas situaciones de riesgo a través de acciones de prevención, impidiendo que los elementos expuestos sean vulnerables o que lleguen a estar expuestos ante posibles eventos peligrosos. Su objetivo último es evitar nuevo riesgo y la necesidad de intervenciones correctivas en el futuro. La intervención prospectiva se realiza primordialmente a través de la planificación ambiental sostenible, el ordenamiento territorial, la planificación sectorial, la regulación y las especificaciones técnicas, los estudios de prefactibilidad y diseño adecuados, el control y seguimiento y en general todos aquellos mecanismos que contribuyan de manera anticipada a la localización, construcción y funcionamiento seguro de la infraestructura, los bienes y la población. Para el caso que nos ocupa, incluimos los riesgos derivados de los conflictos que no se tramitan pacíficamente. Y además agregamos a las herramientas indispensables para la intervención prospectiva, todos aquellos mecanismos, incluida la participación comunitaria y la concertación entre distintos actores, que contribuyan a la conservación y si es del caso a la recuperación de la integridad y la diversidad de los ecosistemas y a su resiliencia frente a distintas amenazas.

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SEGURIDAD EMOCIONAL, AFECTIVA Y CULTURAL

SEGURIDAD ORGANIZATIVA

FAMILIA Y COMUNIDAD SEGURAS TERRITORIO SEGURO

Autoridades ambientales y en general autoridades responsables del cumplimiento de las normas constitucionales y legales vigentes. Analizan el proyecto desde el punto de vista legal. Avalan compromisos adquiridos. Establecen mecanismos de monitore y control.

Ejemplo hipotético de identificación de intereses, contradicciones e interacciones en un territorio donde se planea desarrollar un proyecto hidroeléctrico.

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SEGURIDAD SOCIAL Autoridades y sectores responsables de garantizar el cumplimiento de los derechos

Determinan prospectivamente impactos positivos y negativos de un proyecto sobre esos derechos

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Un manejo adecuado, dentro de claros principios y prioridades, de los instrumentos de gestión territorial que se encuentran disponibles en el país (POT/EOT, POMCAS, PORH20, Consultas Previas y otros espacios de concertación, etc.) puede lograr al menos parcialmente ese objetivo. Los Planes Departamentales de Agua PDA también se pueden unir a esa lista. En un escenario de cambio climático (o de variabilidad climática exacerbada) como el que vive hoy y seguirá viviendo el país en las próximas décadas, el fortalecimiento de la capacidad de resiliencia de los distintos territorios se convierte en un requisito sine qua non del desarrollo en sus dimensiones económica (productividad, competitividad), social (calidad integral de vida, efectividad de los derechos fundamentales), política (gobernabilidad, construcción de “paz sostenible”) y por supuesto ecológica (diversidad, integridad, resistencia y resiliencia de ecosistemas y de su capacidad para ofrecer recursos y prestar servicios ambientales). La columna vertebral de la sostenibilidad/resiliencia de los territorios es el agua. Garantizada su disponibilidad (en cantidad y calidad) en el territorio colombiano, el 70 u 80 por ciento del reto de la adaptación al cambio climático estará asegurado. Es importante tener en cuenta que el principal objetivo de la metodología es fortalecer la capacidad de los actores y sectores institucionales, comunitarios y del sector privado que confluyen en el territorio, para que asuman el protagonismo de los procesos que conduzcan a la prevención y transformación de conflictos, como parte del papel que les corresponde en la gestión ambiental participativa. En los talleres queremos entregarles la herramienta para que la apliquen de conformidad con el conocimiento que les otorga su condición de componentes humanos del territorio y para que deriven de ella la mayor utilidad que resulte posible. Bogotá, Febrero 27 de 2014

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Planes de Ordenamiento del Recurso Hídrico.



Resiliencia