Hace 16 años ya que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se propuso apostar con determinación por el cuento, y organizar un encuentro que formara parte permanente de su programa. Imaginábamos algo como un santuario de especies literarias protegidas; una reserva ajena a las leyes del mercado, que propiciara un acercamiento entre autores y lectores; hoy, este espacio pasó de ser una pasión de minorías a ser una de las actividades más entrañables y concurridas de la Feria.