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Academia del Perpetuo Socorro

mayo 2018

Por: JosĂŠ Calvo


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Carta editora Ha llegado mayo y es tiempo de despedidas. La clase del 2018 alza el vuelo tras un año lleno de vicisitudes. Llegamos también a la tercera edición de este año y los elípticos, muchos de los cuales han dejado plasmados sus sentimientos en estas páginas por los últimos dos años, han escrito sus últimas líneas como estudiantes perpetuanos. Les dedicamos, por tanto, esta última edición del año, a nuestros séniors. Comenzamos con aquellos que han escrito bajo seudónimos como el inolvidable Ramón Verdejo, nuestra querida Pandora, las alegres pelirrojas positivas y aquellos que tomaron la voz de la Cervantina. Les decimos hasta luego a Gabriel Bras, Daniela Wittenberg, Myrelia Marrero y Adriana Rotger, quienes en esta última edición de Elipsis se despiden de la revista con emotivos escritos en los que reflexionan sobre sus años en la escuela. Recordamos también a aquellos que en otras ocasiones dejaron entre tinta y papel sus anhelos: Ana Castañer, Mariana Morales, Rosalind Chavier, Diego Ramírez, Andrés Lazo, Paola Silva, Arianna Sánchez, Alexandra Díaz, Coral Silva y Cristina Torres, entre otros. También a las artistas, Alexandra Díaz y Victoria Garity. Ojalá y siempre encuentren en la escritura y en el arte una fuente para conocerse mejor a ustedes mismos y al mundo que los rodea.

Índice La voz poética

En primera persona

Cuentos

Cervantina

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La voz poética

Máscaras dolorosas Por: Doble filo

Nosotros entendemos solo máscaras,

Entendemos solo máscaras

diferentes periferias de un mismo ser,

Porque mis cenizas las tiraste al mar

expresiones controladas que nos engañan,

y me dejaste hundir en el infierno agobiante

sonrisas suaves que ocultan tormentas,

de nuestras memorias, de nuestros recuerdos distantes.

ojos que esconden las intenciones del parecer. Entendemos solo máscaras, con tu cara de ángel y tu corazón de diablo. Como víbora al fin, me abrazas, me acaricias, esperando el momento perfecto para estrangular mi cuerpo y envenenar mis venas. Entendemos solo máscaras, como un vellón de dos caras, golpeas mi alma cuando doy la espalda. Porque yo te entregué mi ser, mi alma, mi todo y aun así me dejaste caer en el abismo, vistiendo esa mirada calculadora, esa sonrisa.

Porque cogiste el martillo de tu palabra y rompiste mi corazón de cristal. Vemos solo máscaras porque después de todo lo que fue me abandonaste para recoger yo mis piezas. Pero fuiste tú quien me dio fuerzas porque logré levantarme y convertí mi alma en acero, mi corazón en piedra. Vemos solo máscaras porque, aunque tú siempre tendrás puesta la tuya Ahora yo tengo la mía.

Entendemos solo máscaras porque con tus ternezas embrujadas me conquistaron de un solo trago. Tu amor caliente me hirvió evaporando mi corazón como la niebla de las madrugadas. 3

Arte por: Verónico Alonso


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Poesía Por: Sofía Luciano

I Entre musas y desvelos, te veo a ti.

Cumples con tu propósito infinito de derramar mi alma por tu cuerpo y destrozar los pedazos restantes de mi psiquis, todo en una danza incansable, que derrota y postra mi cuerpo frágil y domado bajo esos ojos hipnotizantes,

II

entregada

Porque en el intento

como esclavo a su amo;

de revivir nuestro encuentro

así aprendí a enamorarme de ti.

el tiempo y el espacio cesaron de existir;

me encadené a tu desvelo,

dejándonos sentir,

me arropé dentro de la memoria,

vivir

de tu memoria

cada momento.

y me solté en un intento;

y en aquel revivir del momento;

todo por sentir tu inefable danza,

aquel lapso de un recuerdo,

romperme una y otra vez

me solté. Cesó mi atadura, tiempo y espacio, de aquel cuerpo y revivir de los hechos. Sentí mi frágil y domado cuerpo cobrar vida; sentí cómo mis suaves e inseguros pasos se transmutaron en montañas grandes y firmes; retumbando con cada paso. 4

Arte por: José Calvo


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Poema I Por: El espíritu de los pasillos La desolación de mi corazón parece ser la única entonación, cuya sinfonía intrincada define mi persona desamparada. Con el tiempo y el crecer espero ver fenecer este tipo de dolor al cual le tengo pavor. Para encontrar la verdadera libertad y gozar de plena felicidad.

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Arte por: Ana Acosta, 2017.


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Carta colectiva Por: Adriana Rotger En mis años en Perpetuo, desde la niñez a la adolescencia, puedo decir que tengo cinco personas o, más bien, cinco colectivos de personas, quienes, durante estos trece años, me moldearon para ser quien soy hoy. Algunas me pintaron la vida con sonrisas y momentos que quedarán como viejos retratos grabados en mi memoria. Otros me enseñaron lo que es el dolor y cuán fácil les resulta infligirlo. Otros no fallaron en dejarme saber que yo misma también soy capaz de causarlo. A las buenas o a las malas, todos colaboraron en construir la persona por la cual ahora siento orgullo y mucho cariño. Por eso, les dedico este último escrito que concluirá mi vida como elíptica alumna de esta institución a la que pronto le daré una agridulce despedida. A mi mejor amiga, o más bien todas ustedes: Durante el transcurso de mi vida perpetuana, mi grupo de amistades ha cambiado bastante, como es normal para cualquier adolescente. He encontrado que las mejores personas son aquellas que menos esperas que lo sean y que las mejores amistades florecen en los momentos más espontáneos. Cada una de ustedes logró entender y descifrar el garabato de pensamientos e ideas que soy yo, algo que todo adolescente ansía por encontrar. Ustedes me vieron madurar y se mantuvieron a mi lado durante todos mis melodramas y tragedias. ¿Cómo olvidar los veranos en el este, escuchando una y otra vez las mismas canciones, que ahora son emblemáticas de nuestra amistad o nuestras salidas espontáneas a “hacer diligencias”? ¿Cómo olvidar las aventuras por los lares de Jayuya o el río Tanamá, respirando aire puro y llenándonos de vida? ¿Y cómo olvidar cuando me consolaban luego de varias decisiones “cuestionables”? Perdónenme por no decirles que las amo más a menudo, es que soy capricornio. Las voy a extrañar más de lo que puedan imaginar. Por favor, no nos distanciemos con el tiempo. Gracias por los mejores momentos de mi vida y por sufrir junto a mí los peores. Gracias por ayudarme a crecer y estar conmigo en los momentos en que comienzo a retroceder, ya sea voluntaria o involuntariamente. A quien siempre me hizo sentirme inferior: ¿Te acuerdas cuando éramos inseparables? Luego, poco a poco, me dejabas a un lado, cada vez más lejos. Me tenías viviendo en un engaño, creyendo que si no era suficiente para ti, no era suficiente para nadie. Me hiciste cuestionar si yo valía la pena. Apagaste y adormeciste mi espíritu que ahora es tan vibrante y apasionado que opaca tu ego tan inflado. A ti solo quiero darte las gracias. Gracias porque por ti aprendí que yo no soy lo que las otras personas piensan de mí, sino que solo yo puedo definir quién soy. Gracias porque, después de ti, renací. Tú eras. Yo soy y seguiré siendo. 6

Arte por: Paula Fernández, 2017


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AAquien quientraicioné: traicioné: Perdón. Perdón Perdón por por convertirme convertirme en enlalapersona personaque quecriticaba, criticaba, Perdón. Perdón por por olvidarme olvidarmede de ti. ti. Perdón tantan frívola fácil de demanipular. manipular. Perdón Perdón por por dejarme dejarmellevar. llevar.Perdón. Perdón.Gracias Gracias por enseñarme todo frívola yy fácil por enseñarme todo lo que no quiero ser y por hacerme ver que de los errores se aprende. Gracias por enseñarme que las verdaderas amistades te perdonan y no guardan rencores. Gracias por enseñarme que no debería ser tan dura conmigo misma. Gracias por hacerme ver que, para crecer, hace falta tropezarse unas cuantas veces en el camino. A mis amores, o más bien desamores: El primero, tan inocente y genuino. Me conociste del todo y me enseñaste que me subestimo. Me ayudaste a verme a través de tus ojos y queriéndome tú a mí, me hiciste quererme a mí misma también. Gracias por un bonito recuerdo, sabes que te quiero y que tienes una amiga siempre. Luego, viniste tú. Gracias por brindarme nuestra primavera. Gracias por esas memorias que rebobino de vez en cuando y que nunca fallan en hacerme sonreír. Pero, como ya sabes, el tiempo nunca fue nuestro aliado. Toda primavera eventualmente vuelve a su invierno. Así, me enseñaste que el corazón roto no es solo figurativo, sino que se siente en lo lo que no quiero ser y por más profundo e intrínseco del alma y te deja completamente entumecida, como muerta en vida. hacerme ver que de los errores se aprende. Gracias por Por último, a ti, lector, elíptico de corazón: Gracias por acompañarme en estos últimos dos años de mi experiencia perpetuana, aunque hubiese querido que fueran más. Gracias por adentrarte a los mundos que fabriqué y ficcionalicé luego de una oleada de inspiración repentina. Gracias por leer cada verso que le dediqué a cada una de estas personas que enriquecieron mi adolescencia. Gracias por ser un medio de desahogo, ya sea refugiada detrás de un seudónimos o totalmente expuesta. Gracias por ser testigo de mis experiencias. Volverán a ver mi nombre plasmado en algunas de las futuras ediciones. Es aterrador pensar que en pocos meses voy a comenzar una nueva etapa de mi vida porque llevo acostumbrada a la misma rutina por los pasados trece años. Sin embargo, siento emoción al pensar en el futuro. Sí, el cambio da miedo por ser tan incierto, pero sin él nos quedamos atrapados en el pasado, en una versión anticuada de nosotros mismos, rehusando a enseñarme que las verdaderas amistades te perdonan y no Nunca debemos dejar de construirnos, deshacernos y reconstruirnos nuevamente. Por Acrecer. mis amores, o más bien desamores: esto mismo, todo esto lo dejo atrás, pero jamás lo olvidaré. Sé que en lo que soy hoy y lo que seré enElelprimero, futuro, tan estáinocente presente todo lo que fui durante años. Gracias formar Me y genuino. Me conociste del todos todo y estos me enseñaste que mepor subestimo. ayudaste verme a través de tus ojos y queriéndome tú a mí, me hiciste quererme a mí misma también. parte deami adolescencia. Gracias por un bonito recuerdo, sabes que te quiero y que tienes una amiga siempre. Luego, viniste tú. Gracias por brindarme nuestra primavera. Gracias por esas memorias que rebobino de vez en cuando y que nunca fallan en hacerme sonreír. Pero, como ya sabes, el tiempo nunca fue nuestro aliado. Toda Con mucho amor, primavera eventualmente vuelve a su invierno. Así, me enseñaste que el corazón roto no es solo Adriana Rotger 7 figurativo, sino que se siente en lo más profundo e intrínseco del alma y te deja completamente entumecida, como muerta en vida. Por último, a ti, lector, elíptico de corazón: Gracias por acompañarme en estos últimos dos años de mi experiencia perpetuana, aunque hubiese querido que fueran más. Gracias por adentrarte a los mundos que fabriqué y ficcionalicé luego de z


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A mi tío Sergio de la vida Por: Daniela Wittenberg *Escrito en el taller de la clase de español 12. Las instrucciones consistían en, luego de leer Felices días, tío Sergio, escribir una carta a quien ha sido nuestro propio tío Sergio, una persona influyente en nuestra vida* En estos momentos, no puedo precisar quién eres. A través de los años has tomado las caras de muchas personas diferentes. A pesar de que eres un ser amorfo en mi vida, tus enseñanzas siempre han sido tangibles. A veces es difícil recordarte por tus distintas facetas, pero siempre te recuerdo por tus enseñanzas. De alguna manera me has visto crecer y formarme en la persona que soy hoy. A veces te parecías a mi bisabuela Mima. Unos ojos claros y sabios transmitían cuentos del siglo pasado. Una mujer verdaderamente aventurera. Siempre me hablabas de la importancia de viajar y conocer el mundo. Puerto Rico es una burbuja, me decías. Hay tantos lugares que conocer, hay tantas culturas que apreciar. Recuerdo cuando me contaste de aquel crucero en el que embarcaste con tu esposo. Curiosamente se celebraba allí una convención de homosexuales y eso te abrió los ojos a un mundo al que nunca habías estado expuesta. Si no viajas, estarás perdiendo tantas oportunidades para crecer como individuo, decías. Te vi también en mi tía abuela, Stella. Tenías una gracia natural y un amor por aprender fascinante. Sabías tanto y querías saber más. Me enseñaste las fotos antiguas de nuestros ancestros y me hiciste sus historias de vida. Aprendí a valorar la historia familiar, a indagar en esas memorias nebulosas de mis abuelos. Tu amor por el arte tampoco dejó de sorprenderme y así aprendí a apreciarlo. Recuerdo que me llevaste al Museo Nacional del Prado a contemplar El jardín de las delicias del Bosco por una hora. Luego nos fuimos y vimos un documental en tu hogar sobre el mismo. Nunca supe cómo apreciar los detalles de la vida hasta ese momento. Te veo en mi abuelo, en mi padre, en mi hermana, en mi madre, en mi tía, en todas las personas que han influido en mi vida. Tío Sergio, tú no puedes ser una sola persona. Eres un conjunto de todas mis memorias, de todas las enseñanzas que he recibido. Gracias por tu presencia metamórfica que cada día me hace aprender algo nuevo, experimentar algo nuevo, valorar algo nuevo. Hasta siempre, Daniela

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Mi despedida del vandalismo Por: Ramón Verdejo

No me lo creo; de eso me di cuenta hace unos meses, una vez cumplido mi primer año de exilio en San Germán. Las cinco piñas que había sembrado nunca dieron fruto y permanecieron estoicas, frías, pero con el mismo verde que tanto me acuerda a aquellos vándalos que perdí hace una vida. De igual forma, mis alrededores se quedaron en el limbo del tiempo, sin sentir los efectos de las lluvias desgarradoras, de los calores infernales ni de nuestra reina de los infiernos recién llegada: María. Oí sus gritos, sentí su furia traspasar por las ventanas sin destruirlas, como hizo en tantos otros hogares. Leí los reportajes de muertes sin contabilizarse, casas inundadas. El Jefe vino a darnos un beso en la mejilla y colgarnos por los calzoncillos hasta que la matriarca del Pueblo Nuevo se quedó con la palabra en la boca. Lo observé atentamente, evocando en mis sueños las palabras del Maestro, su indignación no tan solo por lo que María nos trajo, sino por lo que nos reveló. Habité un mundo de espejos y espacios sin tiempo, en los cuales veía reflejado los casi seiscientos años de mi furia, mi pasión, mi repetido fuego ardiente... libertador... ahí viene el viento... cuidado, que se apaga la vela... Aquel día me desperté entre mi fortaleza construida a través de la lectura de periódicosy la escritura constante de cartas y manuscritos; el tiempo voló. Las hojas de piña se entristecieron, rápidamente enrolando sus hojas decrépitas para no dejarse caer por este hombre ya viejo de espíritu. La próxima llovizna cruzó su mar de furia por cada esquina de la finca, reduciendo mi fortaleza a meros ladrillos de ideas, imaginaciones, ideales perdidos y valores olvidados. Mis primeros discursos. Me quedé, entonces, con los rasgos más abstractamente tangibles de mi ilusión, con aquella mirada hacia el horizonte: lucharía por mi Isla a través de la palabra, resucitaría los valores perdidos, lograría algún día que la Isla fuera 9 libre. Los Vándalos, por supuesto, tenían otros planes para mí. De la misma manera, mi sueño no impidió que el gobierno dejara de reírse en mi cara. La furia, entonces, fue por lo que luché. La rebeldía; abstracción tan fascinante, tan representable por hasta el más sumiso de los nacionalistas, tan abrumadora y consumidora. Caí en su trampa. Dejé que se me escapara el


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Los Vándalos, por supuesto, tenían otros planes para mí. De la misma manera, mi sueño no impidió que el gobierno dejara de reírse en mi cara. La furia, entonces, fue por lo que luché. La rebeldía: abstracción tan fascinante, tan representable para el más sumiso de los nacionalistas, tan abrumadora y consumidora. Caí en su trampa. Dejé que se me escapara el tiempo. Ahora, lo que se siente es angustia, un dolor profundo por no haber hecho más llamados a los lápices, no a las armas. Al igual que al gran coronel Aureliano Buendía, el orgullo me mató, la soledad me enterró y la nostalgia se repetirá en este proceso hasta que mi memoria sea nada más y nada menos que el hecho de morir sin saber dejar al mundo como lo encontré. Ahora, lo que me queda es completar mi misión de cualquier manera posible. Lucharé, pero ni siquiera yo me creo que será para bien. La Isla del Encanto ha sufrido demasiado para que yo disfrute de ese lujo. Quizás desaparezca entre mis discursos, quizás mi ser pueda difuminarse entre mis palabras, en las que me adentré hasta no poder salir al mundo. Quizás es tiempo de dejar dicha obsesión y olvidar aquel mundo de espejos al cual me condené con la alabanza ferviente a la independencia, siempre en discurso, poema o cuento. Sin embargo, sí sé que no podré escaparme nunca de esta poesía; no la escrita, sino la perceptiva. La capacidad de ver en color lo que nunca ha sido más que blanco y negro, aquel don de explicarle, querido lector elíptico, que ya mi furia ha llegado a tal punto que no confío en mí para liderar la causa, pero en el vocablo confuso y muy metafórico. Seré mártir, pero no prócer, ni modelo, ni líder, ni Maestro, ni Vándalo. A ti, querido Gabo, te doy las gracias por darme este espacio, estas páginas de mayor desahogo y libertad. En ellas encontré almas que, por solo una palabra, una frase, un párrafo, un ensayo, se enorgullecieron por lo que eran, lo que tenían y por lo cual deberían luchar. Te doy la despedida; ahora vas al nido de buitres, pero te acompañaré a través de nuestros recursos más valiosos: el corazón, la palabra y un buen mofongo. No te podré acompañar por siempre, porque no mereces que te corrompa mi desilusión, ni tampoco lo merecen aquellos que desearías que te escuchen. Me quedaré, entonces, en el limbo del tiempo, de la ilusión sin razón, del ideal más noble, de aquella fuerza descomunal de la indignación patriótica, hasta que me invoque nuevamente por la inspiración puertorriqueña. Que sirva yo como ejemplo no a seguir y que encuentren ustedes, elípticos, la fuerza de ser vándalos de la palabra y del corazón.

- Ramón Verdejo

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La narrativa sin fin Por: Myrelia Marrero La proximidad y la incertidumbre de los años por venir me han llevado a la conclusión de que el tiempo es una falacia. Me quejo de que realmente no tiene sentido, que no existe, que es meramente una manera de organizarnos, pero ignoro estas ideas cuando trato de buscar otra manera para dividir los días (¿qué serían sino días? ¿la vida está limitada al tiempo?). Ahora, sin embargo, le presto más atención a lo rápido que pasan. Es algo que ya sé, pero no me percato hasta que me queda solo una semana de escuela superior. Es cuando queda tan poco que el “disfrútalo, que después que te vas nada es igual” se convierte tan certero como el tiempo. Y es que nos lo repiten tanto porque estos días deben recordarse siempre. Estos años han jugado con mi temperamento, con mi sentir, con mi pensar… Las experiencias definitivamente son las mejores maestras. Me han concedido, además de lecciones de vida e intuición, amor por el aprendizaje. No hablo de ese que se impone en contra de mi voluntad y que requiere de exámenes y evaluaciones, sino del proceso personal que me permite adentrarme en cada secreto del universo. Aquel que nace de la curiosidad o que la incita; el que encaja las piezas de todo tu conocimiento y te ayuda a formular ideas, opiniones, teorías. Saber esto alteró mis ambiciones, metas y sueños de tal manera que en algún momento parecían ajenas, así que opté por adaptarlas a mis intereses. Por diecisiete años me he levantado al mismo amanecer y al mismo azul cielo acompañados por la cálida temperatura en la misma casa. A partir de los cinco años, todas las mañanas nos dirigíamos por la costa hacia la capital. Hace pocos años desarrollé una “pequeña” e inocente adicción al café, así que ahora cada vez que despierto, por la casa ventila el aroma inequívoco del Oro. A lo que me refiero es lo siguiente: de Puerto Rico sé y de ella soy, pero continuar la rutina mañanera en el mismo lugar me parece ridículo. Sé también que ando en una búsqueda insaciable. No es por desprecio o falta de amor, sino porque sé qué esperar de este lugar tan aburridamente magnífico. Esta epifanía tuvo como consecuencia el deseo de viajar sin cesar; de pasar el tiempo como nómada sin rumbo. Seguro que este estilo de vida no va a durar toda una vida, pero no le veo el propósito a quedarme en un solo sitio cuando hay tanto por vivir y descubrir. Sé que es fácil decir las cosas, y que cumplirlas es más difícil, pero si me fuera a atemorizar ahora, nunca llegaría adonde quiero. Si fuese a preocuparme por todo lo que voy a dejar atrás una vez comience el periplo, no podría seguir. Lo más que puedo hacer es agradecerle a la vida por tanto: por hacerme sensible y apasionada, los últimos cuatro años tuve la dicha de conocer a una persona que hoy considero mi mejor 11 amigo. Me costó un año sin mi cantante desquiciada favorita para darme cuenta que es quien más adoro. Las películas de princesas, los “duets” espontáneos, la telepatía inesperada y mi luna en Libra es recibida siempre por abrazos, consejos, carcajadas y una sonrisa que jamás voy a olvidar. Finalmente, mi fiel acompañante desde que llegué a Perpetuo, con quien comparto los rizos, los ojos verdes, la música, las películas, el sentido


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por enamorarme del baile, de la música y de todas las artes, por enseñarme a escribir y a expresarme y, no menos importante, por todas las personas que han pasado por mi vida. En los últimos cuatro años tuve la dicha de conocer a una persona que hoy c o n s i d e r o m i m e jo r a m i g o . M e c o s tó u n a ñ o s i n m i c a n ta n te d e s q u i c i a d a f a v o r i ta p a r a

darme cuenta que es a quien más adoro. Las películas de princesas, los duets e s p o n tá n e o s , l a te l e p a tí a i n e s p e r a d a y m i l u n a e n L i b r a e s r e c i b i d a s i e m p r e p o r a b r a z o s , c o n s e jo s , c a r c a ja d a s y u n a s o n r i s a q u e ja m á s v o y a o l v i d a r . Fi n a l m e n te , m i fi e l a c o m p a ñ a n te d e s d e q u e l l e g u é a P e r p e tu o , c o n q u i e n c o m p a r to l o s r i z o s , l o s o jo s v e r d e s , l a m ú s i c a , l a s p e l í c u l a s , el s e n ti d o d e h u m o r , l a s g a n a s d e l l o r a r , l a s p a v e r a s … q u e , a u n q u e c h i q u i ta , ti e n e u n c o r a z ó n e n o r m e . Ca d a u n o d e e l l o s e s u n v a g ó n e n e l tr e n e te r n o d e m e m o r i a s y s o l o e s p e r o q u e a l o l a r g o d e l ti e m p o m e d e te n g a a v i s i ta r s u s r e c u e r d o s . A h o r a b i e n , s i fu e s e a d e s c r i b i r c a d a u n a d e l a s p e r s o n a s q u e h a n m a r c a d o m i v i d a , ja m á s te r m i n a r í a . A e l l o s s o l a m e n te l e s p u e d o d a r l a s g r a c i a s p o r a y u d a r m e a c r e c e r y a r e c o n o c e r m i v a l o r ( y p o r l a s r e c o m e n d a c i o n e s d e m ú s i c a , p e l í c u l a s y s e r i es , p o r s u p u e s to ) . Cr e o , n o o b s ta n te , q u e l o m á s i m p o r ta n te q u e m e h a n e n s e ñ a d o l o s p a s a je r o s e s q u e n o to d o el m u n d o m e r e c e e l p e r d ó n , n o i m p o r ta s u r o l , y q u e v i v i r c o n r e n c o r e s u n g a s to i n c r e í b l e d e e n e r g í a s . E s te tr e n , s i to d o v a d e a c u e r d o c o n m i p l a n d e v i d a , r e c o r r e r á u n c a m i n o l a r g o , f r e n é ti c o y p o c o c o n v e n i e n te . E s to s e d e b e a l d e s e o c o d i c i o s o p o r a c u m u l a r e n l o s a n a l e s d e m i c o n c i e n c i a r e c u e r d o s d e to d o ti p o ; p a í s e s e x tr a n je r o s , p e r s o n a je s i n o l v i d a b l e s y a q u e l l o s m o m e n to s d e e m o c i ó n i n e f a b l e s o l o d e s c r i to s p o r u n a m i r a d a . E s u n a n a r r a ti v a s i n f i n , u n p a tr ó n i n c e s a n te e i n a g o ta b l e d e a p r e n d i z a je y e x p l o r a c i ó n . E s te p r o c e s o i n te r m i n a b l e s o l o m e p e r m i te d e s a r r o l l a r m i i n te l e c to , m i s e m o c i o n e s y m i p e r s o n a . E s o e s , d e h e c h o , e l p r o p ó s i to d e e s ta b ú s q u e d a s i n d e s ti n o . Y a u n q u e e l “ ti e m p o ” n o r e s u l te s e r s u f i c i e n te , s é q u e h a b r á o tr a v i d a ; e s u n a d e l a s m u c h a s m a n e r a s e n q u e m i v i a je e te r n o p o d r í a tr a s c e n d e r l a s l e y e s d el e s p a c i o y d el ti e m p o , y a q u e s i e m p r e e s ta r é

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Microcuentos Espejo Por: Ricardo Mercadé Lázaro

Primer lugar - Certamen de Microcuentos Winston González

Me desperté en el desierto y encontré el espejo. Lo miré y me miró. Caminé unas cuantas millas más antes de encontrar el oasis. Miré el espejo y me miró. Me acosté bajo el cielo azul hasta que no pude más con el cansancio. Miré el espejo y no me miró. Me desperté sin desierto, sin espejo, sin oasis. El cielo y yo…

Amor vidente Por: Giancarlo Ruiz

Segundo Lugar - Certamen de Microcuentos Winston González

Mi esposa me dejó por feo, pero ella era ciega.

El sueño Por: Rosario Lozada

Tercer lugar - Certamen de Microcuentos Winston González

Suena la alarma de mi celular con el beat de Daddy Yankee. Me despierto, me estiro y me levanto. Me meto a la ducha y después me preparado para un día normal de escuela. Desayuno una tostada con Nutella y fresas y un café con leche acabadito de colar. Salgo de mi casa, apresurando a mi padre porque estoy tarde y tengo examen a primera hora. El timbre suena a las 7:40 a.m. y ya son las 7:37 a.m. Tengro tres mimutos para atravesar la Ponce de León, virar por la calle Martí, llegar al vestíbulo de la escuela y subir los cuatro pisos. Tres minutos. Apresuro a mi papá y no vemos el Toyota acelerando en la esquina de la Martí. Todo quedó ennnegrecido. Suena la alarma de mi celular con el beat de Daddy Yankke, me despierto, me estiro y me levanto. Me meto en 13 la ducha y después…


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Ese fue el principio del fin Por: Paulina Trigos Ese fue el principio del fin. Un fin trágico, pero hermoso. Lleno de pasión, dolor, melancolía, nostalgia. Lleno de presentes, pasados, incluso de futuros. Mi nombre juega un papel significativo en la trayectoria hacía mi caída; me lo puso mi abuela, Estela, quien al igual que la palabra "estela", dejaba al pasar estragos de felicidad, llenando cada cuarto con risas y carcajadas. Mi nombre es Adela. Así es, como una de las hijas de nuestra literatura, creada por nada más y nada menos que por el gran Federico García Lorca. La rebelde, la que se libera de sus cadenas, la del gran carácter, la incomprendida… al igual que yo. La gran Estela, la única que realmente me entendía, y que en un instante se esfumó. La que me dejó atrás obligándome a enfrentar la tragedia de su partida, las incertidumbres y la vida sola, sin nadie que me entendiera como lo hacía ella, una vez hace tantos años. Y así fue como culminó ese principio de ese fin. El fin de una vida con ella y el comienzo de otra. Un ciclo repetitivo de otro principio, con otro fin, como lo tiene todo en esta vida. Ahí conocí a Pepe. Sí, como Pepe el Romano. Ironías de la vida supongo. Pepe, el regalo que me brindó la vida, el regalo que me envió Estela desde tan lejos. El que, aunque no me entendiera en lo absoluto, me amaba más y más con cada pregunta que le surgía en su brillante y curiosa mente. Pero, como todo en la vida es efímero, ese amor, que pensé duraría una eternidad, también se esfumó y se perdió en el olvido. Ese amo,r que vencía y vence cada frontera, se acabó pero no por falta o ausencia de amor, sino por los grandes ironías de la vida. La vida. La que desea robarme todo lo bueno. En fin, ese amor, o ese símbolo de amor, murió y dejó plasmado una gran pregunta. Y así fue como encontré una contestación, aunque no la contestación exacta, la deseada ni la perfecta. Una contestación permanente a una tristeza, que con el tiempo, era pasajera. Ese fue mi verdadero principio del fin. El principio de una búsqueda por mis dos amores. Y así me encuentro, ahora sola, en una búsqueda eterna por Estela y Pepe. Mi alma, merodea caminos ya recorridas, vidas ya vividas y pasados ya pasados. Siempre y todo en búsqueda de mis dos amores.

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Arte por: Alexandra Díaz


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Querida carta nómada Por: María Freyre Su mirada te lo podía contar todo. Su expresión demostraba las reminiscencias y al final sus labios cedieron y contestó: “Mi mamá, tu abuela, me aconsejó – me exhortó – a guardarla, para que, en dicho momento, escribas en ella”. Esta era la tradición que había definido tres generaciones de mujeres en mi familia. La travesía de la carta comenzó con los sentimientos reprimidos que mi bisabuela trazó en ella con su pluma. En aquel momento, la carta era solamente un papel insignificante, pero su blancura no tuvo fuerzas contra la pasión que ella sentía por aquel joven. La Segunda Guerra Mundial le había quitado temporeramente a su hombre y con él se fue su sosiego. Aquella carta que nunca mandó la guardó como la huella de una época vehemente y romántica. Las palabras de amor de mi bisabuela se escondían con el polvo al pasar de los años hasta que su hija aceptó la carta y plasmó en ella las ansias de viajar el mundo. Los ecos juveniles de júbilo y rebeldía penetraron la carta y contrastaban con la delicadeza romántica de la generación pasada. El espíritu libre de mi abuela se llevó la carta consigo. De hecho, escribió cada oración en una ciudad diferente! En ese momento la carta nómada recibió su nombre. Unos años después, cuando mi mamá sentía que nunca encontraría su lugar en el mundo, la carta sirvió como el obsequio para su desahogo. Escribió, escribió y escribió hasta que sus dudas existenciales pararon de consumirla. Ahora, justamente una semana luego de lo ocurrido, de casualidad he encontrado la carta nómada, las vidas de mis ascendientes confinadas a unos márgenes de un papel decrépito. La carta seguía esperando el contacto con mi bolígrafo, pero mi historia no será ni de amor, ni ambición, libertad, felicidad, tristeza, ni curiosidad. Sé que no vale la pena que la carta conozca de mi pasada experiencia, pero mi intención no es dejarla vacía.

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La sortija Por: Amara Villarini Nunca confíes en el hombre de la sortija del león, me decía mi madre desde una tierna edad. Nunca entendí el porqué decía aquello ni el significado de esa frase que mi madre repetía constantemente, con un tono preocupado , como si ese hombre me pudiera causar un daño profundo. Nunca pensé que me iba a encontrar a ese tan temido hombre de la sortija del león, ya que suponía que era un cuento que me narraba mi madre para meterme miedo. Pero un día, llegó el momento menos pensado. A mi lado se sentó un hombre , que tenía la mencionada sortija del león. Mis ojos se dirigieron hacia la sortija, que resplandecía como si fuera el mismo sol en el dedo de aquel hombre .El león de la sortija tenía una apariencia feroz, parecía como si fuera a salir de la sortija y matarme. El hombre tenía una apariencia similar a la de un oso y vestía ropas lujosas. Al ver que mi vista estaba fijada en su sortija, me preguntó si me gustaba . Al escuchar su voz, sentí que mi corazón dejó de latir. Su mirada se quedó fijada en mí, como si estuviera planificando cómo aniquilarme. No sabía si correr o quedarme ahí o enfrentar mi cruel destino.

Inconsciente Por: Lilliana Sánchez Aguilar “Tengo que correr”. Era lo único que decía. Llevaba una hora huyendo. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que sintió tierra en sus pies. Era el atardecer. No sabía dónde estaba. Ya no corría. Escuchó un ruido no muy lejos de ella. Una rama. Se escondió tras un árbol. Escuchó nuevamente el ruido.. Otra rama. Se acercó. No sabía qué hacer. Viró para ver qué escuchaba. Oscuridad. 16

Arte por: Sofía Octaviani


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Grito de una muda Por: Sofía Luciano El olor del humo y la pólvora eran penetrantes, su espesor le recorría por las entrañas, sentía com o cad a fibra d e su ser se ex tenu aba y p alp itaba ante el fu eg o, aqu el calor y esp lend or, la llenaba p or d entro, bailand o entre la lu cha y el d olor. O lía a lu cha, olía a ferv or. S entía el m u nd o a su s p ies, com o si cad a p aso incansable d e su d anz a insaciable creara u na rev olu ción a su s p ies; com o si cad a lág rim a qu e caía d e su s ojos, creara u na bom ba en su coraz ón, con tiem p o lím ite p ara estallar. E sa noche d e p enu m bra y som bra en aqu el barrio d e Jay u y a, retu m bó la raíz m ás p rofu nd a d el nú cleo d e la tierra. L a noche p ed ía lu cha, la noche ex altaba rev olu ción. L a m u jer alz ó los braz os sobre su cu erp o, erg u id o hacia el alba, d anz and o hacia d elante entre el bu llicio y la balacera; se m ov ía p or instinto, su cu erp o m ov id o p or u n p rincip io, la p asión y la ex altación d e la libertad . S u d esd ichad o cu erp o d anz and o bajo las calles d e Jay u y a entre los g em id os d e lu cha y d olor, aqu ellas calles qu e su cu erp o había estu d iad o p or tanto tiem p o; aqu ellas calles qu e le traerían fin a su d olor. – S i m e toca p intar m i alm a en sang re; lo haré. ¡Qu é m e estalle el alm a d e d olor, p ero m i d olor no cesará hasta qu e m i p atria sea libre! ¡Qu é m e m aten! ¡T om en m i v id a com o sím bolo d el d olor d el p u eblo p u ertorriqu eño, tom en m i d esg raciad o cu erp o com o m áx im a ex p resión d e la libertad d e m i p u eblo, qu e m i sang re corra p or cad a esqu ina, qu e sientan m i d olor, qu e sientan m i coraz ón estalland o, p or la libertad d e m i p u eblo! ¡E nciénd anm e; ¡d éjenm e d anz ar bajo el fu lg or d e la m ás cálid a ex p resión, d éjenm e m orir! ¡P refiero m orir la d anz a m ás d esd ichad a antes d e arrod illarm e a su s p ies! S u cu erp o su blim e d anz ó entre el esp esor d e la p ólv ora y el calor, d anz ó entre la tiniebla d e su salv ación, se m ov ió con tanta g racia y su cu erp o y su coraz ón estallaron entre las llam as y la balacera, hu nd iénd ose entre el fu eg o y el bu llicio con su cu erp o erg u id o, su s braz os alz ad os, u n p u ño en alto y el otro en el coraz ón. - ¡Qu é v iv a P u erto R ico libre!

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¿Educación sin dirección?

“¿Por qué salí tan mal?” Esta es una pregunta recurrente durante el año escolar, particularmente cuando recibo un resultado inesperadamente negativo en un examen. Después de pasar por el proceso de dialogar con el maestro y ver cómo todo lo que había puesto “bien” me lo marcó mal, me doy cuenta al final que no es así, me siento en mi pupitre, fijo mi vista en una de las paredes del salón (es decir, me pongo “espaciao”) y comienzo a indagar cuál es la razón principal para mi fracaso. Algunas veces estoy convencido de que sí estudié lo suficiente, pero el maestro no sabe corregir. Luego de unos momentos, me doy cuenta de que no es así y que quizás fui yo el que no me esforcé lo suficiente. Otras veces noto que, aunque me había convertido genio en todo lo teórico (gracias, “Quizlet”), no era capaz de llevar a cabo ejercicios prácticos y analíticos. Por lo tanto, mis esfuerzos de memorizar fueron en vano. De nuevo la culpa suele ser, aunque mi terquedad no me deja confesarlo al principio, únicamente mía. Pero después hay momentos en donde sí, acepto que tengo que estudiar más, pero luego desvío mi mirada hacia al techo y me pregunto, “¿Este problema mío es solo por no salir bien un examen? ¿De verdad me importa que no conocía el material? ¿O solo estoy arrepentido de mi resultado en una evaluación? ¿Que me motiva, sacar una buena nota o quiero aprender, descubrir algo que anteriormente desconocía? La segunda opción es la meta, en mi opinión, de todo maestro que ama su profesión. Por eso les ruego a las maestras y los maestros (aprecio enormemente los que ya lo hacen) que, antes de comenzar a discutir un tema nuevo, le dediquen solo un momento a mencionar su propósito, su meta, y el porqué deben aprenderlo sus estudiantes. Hablo por experiencia: he estado en clases en donde el maestro llega el primer día del curso y lo único que les explica a los estudiantes es cómo serán las evaluaciones del curso. Otros hablan ese primer día sobre cómo su clase es difícil y requiere que estudien todos los días. Aunque es necesario explicarles a los estudiantes los métodos de evaluación y lo que requiere cada clase,

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Por eso les ruego a las maestras y a los maestros (aprecio enormemente a los que ya lo hacen) que, antes de comenzar a discutir un tema nuevo, le dediquen solo un momento a mencionar su propósito, su meta, y el porqué deben aprenderlo sus estudiantes. Hablo por experiencia: he estado en clases en donde el maestro llega el primer día del curso y lo único que les explica a los estudiantes es cómo serán las evaluaciones del curso. Otros hablan ese primer día sobre cómo su clase es difícil y requiere que estudien todos los días. Aunque es necesario explicarles a los estudiantes los métodos de evaluación y lo que requiere cada clase, a veces los maestros olvidan una información muy importante: explicar por qué es importante lo que van a aprender y cómo los ayudará a entender mejor la vida y no solamente a entrar a una buena universidad. Y es que los estudiantes necesitan entusiasmarse con el tema que van a aprender durante el año. Para motivar al estudiante, el docente debe explicar claramente los objetivos de cada clase o lección. Esta información le provee un sentido de dirección al estudiante y abre la posibilidad de que genere un interés en el tema desde el principio y que ese interés se mantenga durante el curso escolar. Conocerá mejor la situación y lo qué necesitará tener en cuenta para mantenerla bajo control. Sin dirección uno puede caminar, pero tardará una eternidad en llegar a su destino. Se necesita un camino para verdaderamente aprender y progresar.

La Cervantina

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La Academia del Perpetuo Socorro no se solidariza con las opiniones de esta publicaciรณn.

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Elipsis mayo 2018  

Revista literaria de los estudiantes de la Academia del Perpetuo Socorro.

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