Issuu on Google+

Academia del Perpetuo Socorro

diciembre 2016

Arte por: Nina Gierbolini


;

Carta editora Querido lector: Bienvenidos, lector, a una exploración de los deseos, los sueños, las angustias y las pasiones del ser humano. Recibe esta invitación a este mundo literario. Quizás encuentres tu ser reflejado en las páginas de alguna poesía o relato y ojalá aprendas algo más sobre ti mismo (o por lo menos, del mundo que te rodea). En este viaje en particular, encontrarás un ambiente festivo, ya que la época navideña forma parte de una gran cantidad de estos escritos (food fights, chinchorreo, amores navideños, etc.) También sentirás el latigazo que sintieron muchos elípticos tras ese día tan esperado y, en la actualidad, notorio: el 8 de noviembre del 2016, día de las elecciones. Sin embargo, los gustos escondidos, los amores turbulentos, la presión escolar, las amistades perdidas, la naturaleza y el dolor de la pérdida forman parte de una experiencia emotiva de pasión tras pasión al voltear las páginas. Los microcuentos traerán un choque de emoción directa, ya que van del frenesí a la serenidad. Algunos elípticos graduados y viejos amigos regresan y, nuevamente, se le echa un vistazo más a los humanos perpetuanos. En fin, te traemos esta revista para que te sumerjas en un mundo en el cual se inhala la creatividad y se exhala la expresión libre. Elípticos 2016

Índice La voz poética En primera persona Elípticos por siempre Política Cuentos Rincón boricua Ensayos Microcuentos Humanos de Perpetuo La cervantina

Un grupo de los elípticos 2016

2


;

La voz poética

Soneto IV Por: Alexandra Rodríguez Háblame de los rayos del sol sobre aquellos escalofríos mañaneros, del abrazo blanco que logra amansar tu rígido y esbelto caparazón, de la última vez que, bajo tu espina dorsal, acariciando el verde césped, sentiste la inmensa Tierra rotar. Háblame aquí, pero de allá. Hala fuerte mi mano y contigo llévame a los refugios recónditos donde viven tus mayores recuerdos. Háblame de cómo, de cuándo, de azul, de amarillo, de menos y de más. Pues así, en sueño, a tu lado puedo andar.

3

Arte por: Alexandra Rodríguez


;

Tú eras Por: Adriana Rotger

Tú eras como el café, piel tostada y con aura deliciosamente aromática. Tú eras el Yunque, donde llovía tu ausencia. Ojos color selva, genuinos y llenos de aventura. Tú eras como los colores del atardecer, alma libre que da vida a ese espacio vacío entre lo terrenal y lo celestial. Tú eras las olas del Caribe, que retumban en la arena sin piedad, arrasando lo que tengan por delante. Tú eras huracán del trópico y yo isleta anodina, perdida en el vasto plano marítimo. Tú eras. Pero ahora me toca a mí. Me toca librarme del encadenamiento silencioso y tortuoso. Me toca un respiro profundo, luego de tanto tiempo bajo el agua, asfixiada, ahogada. Me toca ser. Yo soy, y seguiré siendo.

4


;

Amor prohibido Anónimo Porque desde hace tiempo te admiré

Porque tonta fui y seré

y desde hace mucho tiempo suspiré.

Por añorar algo imposible.

Pensé, a lo mejor,

Nunca me imaginé

algún día te hablaré. Porque por fin te hablé, pero de momento sentí un vacío. Ya que, cuando a ti me acerqué, sabía que estabas comprometido. Porque rápido acepté que nuestro fin era ser amigos, pero no por eso me alejé y me dirigí a tu camino. Porque de momento me olvidé que ella estaba contigo. Entonces, rápidamente me ilusioné y perdí de vista el destino.

Que me sentiría tan horrible. Porque no fuiste la primera que vi, sino a aquella con quien estás comprometido, que lo menos que sospechaba es que estaba hablando contigo. Porque sin querer te miré y no te conocía. Tú no eras la persona que quería. Porque estás comprometido. Porque estás comprometido. Porque este amor será por siempre prohibido.

.

5


;

Súper luna Por: Tina Colberg En el mes de noviembre, brillaste más que nunca, sacándonos de la oscuridad y eliminando las penumbras. Fuerte en esos días, nos alumbraste con tu luz, presagio en esta Navidad para celebrar el nacimiento del niño Jesús. Intensos rayos luminosos, cayeron sobre nosotros, anticiparon la llegada de nuestro ser más misericordioso. Inspiración divina directa desde el cielo, paz y felicidad para todos, es mi único anhelo. Y aunque los científicos dicen que no regresarás en años, esperaré tu regreso desde mis días de antaño.

6


;

En primera persona

Mis gustos Por: Anónimo Siempre me he sentido algo... distinta. ¿Serán mis gustos peculiares? Bueno, no fue hasta hace poco que logré entender lo que son mis "gustos". Me acuerdo que en la elemental de lo que más se hablaba era de los gustos, los gustos que yo no tenía y los que aún no tengo. Se escuchaba en cada conversación: "¿quién te gusta?". Cada vez lo decían en un tono más chismoso. Pero, ¿a quién estaba yo supuesta a decirle que no me gustaba ningún niño? Por esto, me los inventaba. Todas las niñas morían por un niño distinto cada año. Entonces, yo también moría por ese niño. Ahora les digo esto con una mente clara, pero a esa edad yo me sumergía en un mundo de ilusión y me creía mis propias mentiras como los demás. Ahora bien, uno entra a la adolescencia en búsqueda de una identidad propia. ¿Quién soy?, se preguntaba todo el mundo mientras yo me preguntaba: ¿qué soy? Comencé a enfrentar todas las dudas y confusiones que había tenido por ya bastante tiempo. Logré aceptar lo que era y, por fin, me sentía feliz. Lamentablemente, gracias a un descuido, recibí una cantaleta de dos figuras femeninas muy importantes en mi vida. "Necesitas de Dios". "Protege tu reputación". "Esa gente no tiene valores". "Esa gente está enferma." Estas frases se escuchaban entre los llantos que no eran los míos. Sin decir una palabra, aguanté la crítica y no participé de la discusión. Claro, ellas se olvidaron y no se habló más sobre el tema. Me cerré, perdí esa felicidad que milagrosamente había encontrado y volví a sumergirme en el mundo de la ilusión para complacer y no hacerles daño a los demás en mi entorno familiar. Lentamente, me fui despertando y salí del mundo de la ilusión. Hoy me abro hacia ustedes. Claro, no saben quién soy, pero yo sí sé qué y quién soy. Nuevamente estoy feliz porque ya entiendo que no soy rara. Pero ignoro cada oportunidad que se me aparece para confesarle mi identidad a mi familia y les voy a decir por qué. No lo hago por miedo, miedo a que no me acepten, miedo a que no me amen por lo que soy. Cada vez que estoy a punto de decírselo, se me tranca la garganta, no me salen las palabras, se me aguan los ojos y siento un dolor inexplicable por todo el cuerpo porque la imagen que tengo al frente de mí es la de mi familia feliz, algo que jamás quisiera dañar. Prefiero botar yo las lágrimas por las noches para no ver esa imagen dañarse. Un día lo tendré que decir y sí van a haber lágrimas que no van a ser solamente las mías, sí va a haber decepción y sí va a haber tristeza. Jamás encontraré un buen momento para decirlo, pero empiezo por ustedes, aunque no sepan quién soy. Yo soy lo que soy y no lo cambiaría por nada porque así es 7 que me encuentro feliz.

Arte por: Ana García


;

Inestabilidad insaciable Por: Rosalind Chavier Largas y extensas noches estudiando, pensando, leyendo y preocupándote. Pasa grado diez y grado once cuando empiezas a caer en cuenta. Solo faltan dos años para graduarte y un año para solicitar a las universidades y tomar los exámenes estandarizados que determinarán tu futuro. Es el fin de todo, pero en realidad es el comienzo. Mi primer “ataque” de estrés fue a finales de grado diez, cuando me entregaron el papel de clases y electivas. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué clases tomaría? ¿Qué sería lo más beneficioso para mí en términos de mi futuro? ¿Qué sería más llamativo para las universidades? Ya tenemos que estar pensando en todo esto. Mi mente y mi ser “se volvieron un ocho”. Estuve dos días pensando en esto, cuadrando mi programa con las clases que más me llamaron la atención, pero que también fueran “atractivas” para las universidades. ¿Qué clases nos harán unos mejores candidatos y unos estudiantes más completos? Optamos por las clases más cuesta arriba y aceptamos el reto porque redunda en nuestro beneficio. Esta presión nos la ponemos nosotros mismos, queriendo ser los mejores y constantemente comparándonos con el de al lado. Queremos sacar buenas notas y que nuestros padres se sientan orgullosos. Queremos fajarnos para conseguir becas y así poder ayudar en algo a costear nuestra educación. “La cosa está mala” escuchamos por todos lados, pero nadie hace nada. ¿Qué podemos hacer nosotros? Ya estamos pensando en cómo estudiaremos para los exámenes AP y cuáles de estos cogeremos, en cómo organizaremos nuestras clases del año entrante, a qué universidades solicitaremos, cuáles visitaremos o si nos quedaremos en Puerto Rico. Interminables preguntas a las que no podemos responder y nos traen más inestabilidad, estrés y presión. Todo esto nos provoca desesperación. A la misma vez, te dicen que estás “exagerando”, que es algo relativo y hay muchas cosas más importantes en la vida y en el mundo. ¿Qué importa si sacas una B o una C? ¿Qué importa si este año bajaste un poco el promedio? Al final de la carrera solo importará tu felicidad, tu familia y la calidad de las personas que tienes a tu lado. No hay límite. Tu pensar se sigue acumulando, nunca acaba. ¿Cómo parar de pensar? ¿Cómo vivir en el momento? No tienes una idea clara en esa nube. No sabes lo que quieres, pero tal vez eso está bien. ¿Lo estará? ¿Estaré haciendo lo suficiente y dando mi máximo? ¿Estaré preparada?

8

Arte por: Diego Redondo


;

La amistad fuera de la caja Por: Pandora “Con los años de amistad, va aumentando el compromiso, la solidaridad, el Por: Pandora respeto, el cariño y la admiración”. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que este no siempre es el caso. Tú vas creciendo, cambiando y te das cuenta que ya no tienen las mismas cosas en común. Te vas percatando de los pequeños detalles que te molestan y que habías ignorado durante años de amistad. ¿Cuál es la necesidad de tu narcisismo? ¿Por qué nunca comentas? ¿Estás tan aborrecido con la vida? ¿Tú vives para burlarte de los demás? No es cómico; solo porque hagas cosas que los demás no hagamos no significa que eres superior. Dicen que los amigos siempre responden, en las alegrías y en las desgracias, pero yo sé por experiencia que esto no siempre es verdad. Hay amigos tan envueltos en su propia vida que no toman ni un segundo para notar cuando estás medio tristón o cuando estás más feliz que nunca. La amistad se basa en la comunicación, en el entendimiento mutuo… pero, ¿qué pasa cuando paran de compartir contigo hasta los eventos más importantes de sus vidas? Entonces te fijas que, aunque se sienten juntos en recreo, ya ni se hablan, ni se miran a los ojos. Y empiezan las quejas, habladurías a las espaldas a ver si los demás piensan lo mismo. Dividiéndose y subdividiéndose hasta que solo queda un buen amigo. Ahí contemplas y te das cuenta de que no te hace falta toda esa horda de amigos que tenías antes. Por lo menos aceptas la realidad, pero… ¿Ahora qué? ¿Volver a empezar ese proceso de conocer a gente de nuevo? Te hace pensar, ¿no? ¿Qué pasaría si tuvieras que empezar de la nada con alguien completamente nuevo? ¿Serías diferente? ¿Serías más feliz? Todos estos cambios, no obstante, te dan miedo; te da miedo salir de tu zona de confort y, por eso, insistes en quedarte ahí, presente en cuerpo, ausente en alma. Te sigues preguntando qué pasaría si asumieras el riesgo de cambiar y tuvieras que repetirlo todo otra vez.

9

Arte por: Sebastián Redondo


;

En la víspera del primer día Por: Paola Silva Pumarada Comenzó el día, diría yo, desde la noche anterior porque el reloj marcaba las 12:00 a.m. y seguía despierta. Los nervios, la incertidumbre, la ansiedad y la inseguridad me robaban el sueño. “¿Qué sería de mí cuando despertara?” Esa pregunta alimentaba mi insomnio. “¿Quién seré mañana?”. Porque podía ser quien quisiera. Tenía ante mí una gran oportunidad: podía dejar los nervios, la incertidumbre, la ansiedad y la inseguridad en la puerta. Y entonces sería una persona completamente diferente; empezaría nuevamente… ¿pero qué precio tendría que pagar? Si no lo han notado, los nervios son parte de mi naturaleza. Ansiosa, angustiosa, sobreanalítica; todas son cualidades que se podrían utilizar para describirme. Es decir, que por soltar una y recoger otra, cambio mi forma de ser. Enhorabuena, el alquiler de personalidades me permitiría intercambiar todas mis fallas por fortalezas. Pero, ¿cuánto tiempo me tomaría convertirme en la dueña de estas? ¿Cuánto tiempo tiene que transcurrir para que no pueda volver a mi antigua forma? ¿Qué pasaría si se amplifican las formas antiguas? Este es el riesgo al que uno se enfrenta al intentar cambiar los pensamientos, los sentimientos y, en fin, todo lo que nos diferencia uno del otro. No fue una sorpresa: por jugar con fuego, me quemé. Y ahí es cuando una curiosidad, un experimento, se convierte en una gran tristeza. Cuando tomas el lugar de una persona imaginaria, y entre la actuación y la realidad, te pierdes. La línea ya no es blanca o negra, sino gris. Va a llegar el punto en el que no te podrás quitar la máscara cuando quieras. Entre la confusión de lo que es el ente de tu creación y la realidad, te has convertido en una esclava. Ese primer día de clase pasó muy rápido y luego la primera semana, el primer mes, y ya pronto podré decir el primer año, que será también el último. Y aún no puedo confirmar cómo me ha ido. ¿Bien? ¿Mal? No sé todavía, pero tengo esperanza de que mejore y, al final, pueda decirles que hice amistades que perdurarán toda la vida, que tuve memorias inolvidables, que visité lugares a los que siempre querré volver y que no hubiese cambiado nada de este último año. También quisiera decirles que a veces es bueno el cambio. La vida puede ir por dos caminos: puedes encontrarte o crearte. Y no importa cuál escojas, al final todo se alinea y termina donde debe terminar.

10


;

Carta melancólica, abierta a la interpretación Por: María Freyre Estimado: Érase una felicidad convertida en ansiedad. Nunca me olvidaré del día que te conocí. Si digo que tomó tiempo enamorarme, estaría mintiendo. Te vi y sentí una sensación que en mi mente era prohibida. Hacías de mi mundo una canción. Terminamos de hablar y mi libreta se llenó de poesías y alegrías. Mientras tanto, mis instintos arduamente trabajaban en avisarme del peligro que traías, de cómo tú serías el comienzo de mi caída. Me decían que tú eras mis demonios, mis inseguridades, mis fallos, mis miedos personificados. Estúpida, yo encerré aquellas advertencias en un baúl y no lo volví a abrir. ¿Cómo alguien como tú podía ser acusado de tantas acciones viles? Me negué a creerles, no estaba dispuesta a renunciar al que me daba luz en la oscuridad. Sorprendentemente, fue nada más que una competencia. Fue un juego de dos y nunca me notificaste que participaba. Y, claro, fuiste tú el que ganaste la medalla de oro. Otra vez me he convertido en una perdedora. A pesar de todo, no me sorprendí al darme cuenta de tus verdaderas intenciones. No, yo no te engañaría de la manera en la que tú me engañaste. En el fondo de mi ser, sabía que algo así ocurriría. En parte, escuchaba los pensamientos que circulaban mi mente. Decidí aceptarte de todas formas, porque sé que el mundo y sus habitantes no son tan crueles como lo pintan aquellos que sufren grandes descontentos. Avergonzada, intenté negar la realidad. Pero ahora, ¿qué puedo decir? Me ensuciaste el alma. Prometías que me harías feliz y mira dónde estamos. Le doy el aplauso al diablo, logró hacer que mi propio martirio llegara de la manera más perfecta e ingenua. Te quiero echar la culpa por todo, desde el día que te conocí hasta el día en que me abandonaste. Quiero que te sientas horrible, que llores y que sientas remordimiento por lo que has hecho, mas sé que no pasará. Seguirás siendo la razón de mis lágrimas y las de las otras. Serás quien motive a las personas que más te adoran a escribir sobre sus dolores. Las noches se hacen largas y difíciles cuando invades mi cabeza. Jamás quiero darle fin a esta diatriba, mas siento que estas palabras van dirigidas al aire. Sé que una persona tan altiva como tú es incapaz de pasar por este sufrimiento. Por eso, escribo esta carta violenta con ríos en mis ojos. ¿Sabes? Lo más triste es que no te supero. Solo Dios sabe cuándo mi amor por ti se acabe. Fantaseo que en realidad no eres como luego me enseñaste, que me mostrarás tus colores verdaderos y que todas estas palabras se desvanecerán. Deseo no tener que dedicar mis tristezas a alguien que no se las merece. Después de todo, te daré las gracias. Por ti, descubrí cómo liberar mis sentimientos mediante el arte y así aprendí a producir luz en la oscuridad. Sinceramente, 11

Arte por: Ana Acosta


;

El dulce sabor de la tristeza Por: Paulina Trigos

Aquí me siento hoy con el alma en las puntas de mis dedos y el corazón retumbando en la garganta. Aquí me siento hoy en esta arena tibia donde un día, hace tiempo, me acompañabas. “¿Dónde te habrás ido?”, me pregunto cada noche al terminar. “¿Querida, dónde te has ido?”, es una de las muchas pregunta que me sorprende con lágrimas en los momentos más inoportunos, una pregunta llena de valor y temor. La lucha insaciable entre lo espiritual y lo que muchos llaman realidad se entrelaza con esta misma pregunta. “¿Dónde te has ido?”, me pregunto, te habrás ido al cielo, sigues por aquí vigilando cada paso que escojo en esta vida… o puede ser que simplemente no estás aquí. Querida, me encantaría pensar que me vigilas, pero no tengo pruebas. Quisiera decir que siento tus hermosos ojos verdes penetrándome aún sin tu presencia, pero tristemente eso no es así. El único sitio donde realmente me siento conectada a ti es en la playa. Mientras pongo una mano en mi corazón y la otra agarra un poco de arena, siento los recuerdos de nuestras conversaciones y nuestros abrazos. En un abrir y cerrar de ojos, la arena se va en rumbo con el viento y junto con tu alma.

12

Arte por: Cristina Fernández


;

Desilusión Por: Anónimo Poco a poco me voy esfumando. Todo aquello que antes me componía, hoy se me resbala entre los dedos. La costumbre de escribir la perdí cuando mi unicornio se fue y decidió no volver. Mis aspiraciones han pasado de ser anhelos a convertirse en obligaciones. Ya no tengo ganas de hacer realidad aquellas cosas que un día llamé sueños. Mis creencias y ese fuego que ardía en mis entrañas se han apagado. De repente, me voy dando cuenta de que tal vez sí fue una etapa. Quizás solo fue esa rebeldía pasajera que se sufre en la adolescencia. Porque ya me estoy conformando y, lentamente, voy aceptando que yo no soy capaz de cambiar este mísero mundo y jamás lo seré. Y todo esto se lo debo a los adultos que se burlaron de mí y me recordaban constantemente que, como no he vivido nada, no sé nada. Se lo debo a todos los que me tildaron de loca y se mofaron de mis creencias, de todo aquello en lo que yo creía y que era mi fuente de inspiración. Se lo debo a todos los americanos que eligieron a Trump como presidente y me demostraron los verdaderos colores de esta sociedad y que no existe arreglo para ella. Se lo debo a mis compatriotas que no votaron por el cambio, ni protestaron por la junta, ni por las playas, ni por las cenizas. Gracias a ustedes me he perdido, me he conformado. Ya no sé quién soy, ni hacia dónde quiero ir. Solo sé que ahora soy otra del montón. Otra ignorante, otra indiferente. Otra que mirara a su isla desentendida y se irá porque la cosa está mala y aquí es sálvese quien pueda.

13


;

Para mí, eres perfecta Por: Ariana Sánchez Todos deseamos un cuerpo caliente a nuestro lado durante la época navideña. Es un deseo que surge como instinto imperioso cuando se acerca el tan esperado mes de diciembre. Quizás nace de las miles de películas románticas que se sitúan durante el invierno, en las que las protagonistas y sus amados sobrepasan todo tipo de obstáculo para reunirse y pasar la Navidad juntos. Claro, esa no es la realidad, pero en nuestro interior, todas tenemos la esperanza que, algún día, un hombre pagará un pasaje de avión para llegar a otro continente y correrá todo el aeropuerto para quedarse a nuestro lado. Son falsas esperanzas, de eso estamos conscientes, pero eso no nos quita las ganas de compartir el mes de diciembre junto a una pareja. Aunque en nuestra Isla no se sientan los efectos clásicos del invierno, todos nos ponemos en ese espíritu navideño y nos transportamos a una ciudad cubierta de nieve o a una cabaña idílica en un bosque. En Puerto Rico, el coquito, el lechón y la música típica, propios de nuestra Isla, son clave para disfrutar de la época, pero la imagen que tenemos en mente es completamente diferente. Creamos un ambiente donde el frío acapara todo el cuerpo, donde el chocolate caliente brinda seguridad, donde se necesita la calefacción para pasar la noche y donde una pareja cumplirá con los deseos más íntimos, como los que se cumplen en aquellas películas como Love Actually y I’ll Be Home For Christmas. Aunque seas de aquellos que idealizan el amor a su máxima potencia o de los que declaran constantemente que “no creen en el amor”, ese sentimiento de añorar una pareja es inevitable cuando llega el primer día de diciembre, el día que muchos consideran el comienzo de la época navideña. Comenzarán a diseminarse innumerables tuits de parejas revolcándose en la nieve o disfrutando de un maratón de películas en la comodidad de su casa, mientras afuera cae una tormenta de nieve y te verás poniendo “Un novio/a” como prioridad en tu lista de Navidad. Todos hemos caído en esta trampa alguna vez. Así que, pareja o no, ¡vívete la época navideña! No importa quién se encuentre a tu lado, si es tu amor platónico o tu tío borracho, pasarás ese mes de Navidad completamente saciado y satisfecho, ahíto de comida y rodeado de tus seres más queridos.

14


;

“Deslumbrante, radiante, tú” Por: Paula Fernández Doble

Te vi y me di cuenta que el amor a primera vista no es una leyenda pasada de generación en generación por medio de labios extáticos y oídos dispuestos. Lo primero que noté fue ese color que provocó que se me ensancharan las pupilas. “Verde que te quiero verde”. Ahí estabas, parado con una confianza que nunca había visto. Tu autoestima era tan alta como tú y por primera vez me sentí intimidada. Me temblaban los labios y sentí que mi voz se había desvanecido, sin dejar una nota de despedida, aunque yo bien sabía el porqué. Pero, me sobrepuse y te llevé conmigo. Cuando te traje a mi casa, te veías como si hubieses estado perdido toda tu vida hasta aquel día, cuando entraste por la puerta y encontraste tu verdadero hogar. Dentro de poco comenzaste a brillar. Tu alegría se reflejaba en las paredes de aquella sala en la que tanto tiempo compartimos; yo, sentada en la butaca con un libro y tú, parado como siempre. Cuando la oscuridad me envolvía como un enigma, tú te presentabas como la solución. Tu luz me demostraba el camino en aquellas noches en las que no podía soportar estar sola y, aunque fuera de madrugada, te quedabas junto a mí, parado como siempre. Me encantaba despertarme con tu olor, que impregnaba mi ropa y me hacía sentir como si siempre estuvieses a mi lado. Pero una mañana noté que lucías diferente; aquel esmeralda se había tornado un poco opaco. Ya había visto esto antes demasiadas veces y sabía que era inevitable, pero aún así era doloroso. Vi cómo cada día perdías más ese brillo y aquel verde que tanto quería se convertía en un bronce turbio y lúgubre. Cuando llegó el día de dejarte ir, no te podías ni parar. Al amanecer te abrí la puerta y te di el último empujón para que salieras. Me permití soltar algunas lágrimas cuando ya estabas al lado opuesto de la puerta. Ya debía estar acostumbrada a esto, pero no todo es como debe ser. Al llegar la noche, traté de llenar tu ausencia con las estrellas, pero no brillaban tan fervorosamente como tú. En ese momento de melancolía, tomé unos pasos en esa negrura que me sumergía, hacia la sala donde me solías aliviar. Al entrar, sentí un puyazo en el pie y palpé para ver que se escondía en aquel piso de mármol glacial. Levanté el objeto, prendí la luz y vi lo que era: una ramita de pino. Solté una de esas risas que se sienten cuando el destino da una señal. ¿Sabes qué? La sala todavía huele a ti. 15

Arte por: Paula Fernández Doble


;

Elípticos por siempre

¿Jerezana o perpetuana? Alma Casasnovas Es ocho de agosto y ya no tengo primer día de escuela. No tengo el uniforme con las tabletas planchaditas y la camisa durita por el almidón. No hay lonchera con almuerzo. No llego a la mesa donde siempre me sentaba todas las mañanas con mis amigos. No llego a "rantear" de la tarea de Precálculo ni a quejarme por cuánto me tardé en estudiar para el examen de Vaquer de ese día. Entro por un portón inmenso que lleva las siglas de la mejor institución académica de Puerto Rico, la U.P.R. Me bajo del tren con el corazón a millón, nudos en la garganta, las manos temblorosas y una foto del horario de clases en el teléfono...porque, claro, no puedes tener el papel en la mano porque se sabe que eres prepa. Y no, no hubo “prepadas” este año, no se preocupen. Camino por una acera repleta de estudiantes que corren para llegar a tiempo a su clase de las 7:00 a.m.… tristemente soy yo también uno de ellos. Mientras transcurre el día me encuentro con muchos experpetuanos y cojo clases con algunos de ellos. Me presentan a muchas personas, que hasta el sol de hoy son muy apegadas a mí. Estos nervios del primer día en la Iupi son muy efímeros. Todo el mundo es diferente aquí. Me doy cuenta de que la diminuta burbuja en donde estaba solo constituye una ínfima parte de lo que compone el estudiantado de la Iupi. Hay gente con el pelo de todos los colores, músicos, bailarines, actores, contables, abogados, médicos, empresarios, perdidos, solos, acompañados, misteriosos, sabios, tristes, alegres, mayores, jóvenes, asiáticos, colombianos, argentinos, estadounidenses, españoles, blancos, negros, trigueñitos, católicos, ateos, ricos, pobres, humildes e insoportables... La Iupi lo tiene todo. Nunca me imaginé que este lugar tan diverso se convertiría rápidamente en mi hogar o al menos en mi rincón del mundo por los próximos cuatro años. No hay por qué tenerle miedo a la Iupi. Hay un lugar para todos. Ahora me doy cuenta, además, de que quisiera volver al pasado y enmendar mis errores de escuela superior… pero al mismo tiempo reconozco que vivo en el ahora, en la Iupi. Soy jerezana y no tengo miedo.

16

Arte por: Ana Acosta


;

Política

Aferrados a la ignorancia Por: Adriana López Hubo un segundo de silencio y en ese momento el mundo se dio cuenta de que nada nunca volvería a ser igual. Vemos películas como The Hunger Games y Divergent, pero ¿cuán cerca estamos a que eso se convierta en nuestra realidad? El 8 de noviembre de 2016 la humanidad le dio el poder al racismo, al sexismo, a la xenofobia, al odio y a la ignorancia. Años de trabajo arduo para lograr la igualdad y ahora nos encontramos donde mismo empezamos, viviendo aterrados de miedo. Donald Trump es la figura que incitó este caos que nos ha desterrado de la prosperidad y del florecimiento de la humanidad. Se trata de un hombre que carece de compasión e inteligencia, pero a quien le sobra la ignorancia. Ante el mundo entero se ha presentado con ideales que degradan la esencia de muchos de los seres humanos que lo rodean y, sin pelos en la lengua, ha expresado con orgullo los mismos. En su opinión, los musulmanes, los latinos, las mujeres, y los negros son inferiores y no merecen los mismos derechos que su versión del “americano perfecto”. Lo más triste del caso es ver cómo una persona, junto a todos los que lo apoyan, ha llenado a cientos de miles de personas de terror y pánico. Resulta irónico ver cómo una nación que basa sus principios en la libertad del ser humano haya caído en lo opuesto. La vida y la educación de muchos se están viendo afectadas como consecuencia de estos sucesos. Muchas personas han sido atacadas verbal y emocionalmente y con el tiempo todo empeora. Por años habíamos luchado por la igualdad y la libertad y sabíamos que eran esenciales para lograr un cambio positivo en la sociedad. Sin embargo, ahora solo retrocedemos. Negamos el progreso y repetimos acciones que en un pasado nos habían llevado a la destrucción y a la guerra. No podemos dejar que nos hundan en la cobardía e ignorancia de los demás. Debemos aprovechar esta oportunidad para unirnos y oponernos a la injusticia. La juventud se ve monumentalmente afectada. Los jóvenes con aspiraciones de estudiar en los Estados Unidos ahora se ven obligados a buscar otras opciones porque les consume el miedo de emprender una vida en un lugar donde no se sienten seguros. Muchos se han levantado a protestar y no se han dejado derrumbar, pero ¿qué será de los que sienten que no pueden hacer nada al respecto? ¿Tendrán que poner a un lado sus sueños y aspiraciones porque un ignorante decidió que ellos no merecen hacerlos realidad en la tierra de los libres y valientes? ¿Qué tiene de valiente humillar y oprimir a las personas que son diferentes? Estados Unidos siempre se ha distinguido por su diversidad y valentía ante los prejuicios de la sociedad y ahora el presidente electo amenaza con destruir todo lo que se había logrado construir.

Continúa en la próxima página 17


;

Lamentablemente, gran parte del pueblo americano se aprovechó de la oportunidad que les brindaba Donald Trump y salieron a relucir sus colores verdaderos. Vivíamos rodeados de hipócritas que aparentaban apoyar la diversidad, cuando en realidad no la toleraban ni la aceptaban. Ahora enfrentamos la cruel realidad en la que hemos vivido todos estos años, pero que no habíamos logrado ver. Donald Trump representa todo lo que algunos americanos han callado durante mucho tiempo: rechazo, injusticia, violencia, ignorancia, sexismo, etc. No nos podemos dejar vencer por el odio y mucho menos por la ignorancia, porque si no les estamos dando el poder que ellos quieren. Todos tenemos un rol importante en la sociedad y nuestras voces y opiniones tienen que ser escuchadas por el mundo entero. ¡Promuevan la igualdad y la justicia! Saquemos de este contratiempo algo positivo; unámonos para provocar un cambio y no dejemos que la humanidad caiga en la indiferencia. Sé parte del cambio y no te dejes ganar por la ignorancia.

18

Arte por: Paula Fernández Doble


;

La palma

Ramón Verdejo, el vándalo El día estaba muy nublado, con lluvias ligeras que luego se convirtieron en una tormenta en Puerto Rico. Había algunas manchas de azul en el cielo gris, pero, por la mayor parte, nunca tuvimos la bendición de la luz del sol. Nunca tuvimos algún método de escape mental aquel ocho de noviembre. Recuerdo haber caminado por la arena en Carolina, observando las olas violentas y perturbadas acercándose cada vez más y más a la orilla. Yo, por instinto, me alejé de dicho peligro para no mojarme los pies; todavía no puedo identificar si fue por asco o por miedo. Sin embargo, ambos sentimientos, tan prominentes ese día, se manifestaron en mí al ver una cabeza de pescado en la orilla. Sus ojos no tenían vida alguna, estaban vacíos y miraban hacia lo inexistente, lo que ya no se puede ver. Estaba boquiabierto, como si el mismo demonio hubiese aparecido en su camino, dejándolo petrificado e indefenso ante aquella maldad. No me di cuenta de la ola que estaba por llegar y me consumió del tobillo para abajo mientras puse una cara que probablemente se parecía bastante a la de aquella criatura. Al regresar de mi caminata al club, los mosquitos, torturadores voladores, me comieron vivo por todas partes. A pesar de mis mudanzas constantes por todo el club, no pude escaparme de ellos. Tampoco puedo escapar de nuestro futuro, nuestras circunstancias, nuestro castigo. Tantos años de miseria, corrupción, fraude, indiferencia y terminamos eligiendo la encarnación de estos valores. Con la llegada esperada de la Junta, la hija del mar y el sol ha gritado un último ¨¡Me rindo!¨ al César estadounidense. Hemos optado por tomar la ruta fácil, la popular (y no estoy hablando de la pava), la que más le conviene al pueblo puertorriqueño conservador que no mira más allá del partido. Porque el partido es lo que ha dañado a este país: el fanatismo, la parcialidad, la ignorancia. Es lo que nos hace ciegos a nuestros problemas actuales como la desigualdad social, la educación o el desmadre político que tienen ahora. Pero qué importa eso, si lo que nos importa es el cambio, por más inútil y destructivo que sea para nosotros a la larga. Así, elegimos nuestra rendición política y cultural. Porque díganme, ¿qué ocurrirá cuando la Junta arregle nuestros problemas por nosotros y deje la semilla para la asimilación? ¿Qué ocurre cuando el pueblo vuelva a elegir cuatro años más de inexperiencia y mediocridad, ya que estos orondos políticos tomarán responsabilidad por todo lo que la Junta hizo por ellos? Y para que todo llegue a su fin, ¿qué le harán al pueblo boricua? ¿Qué tienen en mente para arreglar nuestra economía y seamos reducidos a máquinas de comercio y estereotípicos amantes del mofongo y la bachata para los turistas? ¿A quién más tendrán que matar en Cerro Maravilla para que el gobierno tenga su final feliz? Entiendo que la Junta está aquí para traerle el progreso a Puerto Rico y para, simplemente, cobrar la deuda. El problema proviene de ese candidato perfecto, alguien

Continúa en la próxima página

19

Arte por: Alexandra Díaz


;

que les besará tanto los zapatos en exaltación que estarán caminando sobre la misma baba que él usa al hablar sobre el éxito de este país. El problema es que nuestro ¨líder¨ está tan conforme con sus jefes que considera a Puerto Rico otro producto para vender y él es el comerciante. El problema es que han convencido a Puerto Rico que lo que hay entre ahora y la estadidad no importa, que nuestros problemas actuales no tienen relevancia en comparación a la luz brillante y todopoderosa del estado 51. El problema es que Puerto Rico no tiene paciencia para ajustarse antes de hacer el cambio. Sin embargo, el que vive en la Fortaleza nunca ha sido nuestra fortaleza. Solo hay caras e ideales que ocupan nuestro gobierno, todas y todos evaluados y liderados por los Estados Unidos. Nuestro estatus colonial no nos permite tener una ilusión de lo que podemos hacer como nación, una ilusión de nuestra libertad. En realidad, las elecciones determinan nuestros motivos, no nuestros dirigentes. Estos ideales se manifiestan por cuatro, quizás ocho años, y el mandamás nos vela como un dueño omnipresente. Ahora, entre la Junta, el PNP y la desesperación del pueblo, es el llamado perfecto para que esa bandera, que para muchos simboliza la libertad, nos arrope y nos deje en las penumbras del desamparo. Tomaremos refugio de la tormenta bajo la palma hasta que caigan sus cocos que nos harán más daño que las lluvias fuertes a nuestro alrededor. En fin, puertorriqueños, necesitamos un líder fuerte, que se preocupe por nuestro pueblo y no por nuestro estatus. Que no se deje llevar por sus comandantes y que ponga las prioridades de su nación antes que las del país que nos domina. El partido político no es relevante: el partidismo tendrá su fin. Lo relevante es la capacidad de ese capitán o capitana de levantar a su pueblo hacia su esplendor sin importar su estatus. Pero no, nos hemos conformado con el comienzo de nuestro posible fin. La última vez que vandalicé esta hermosa revista le hice un pedido al Dios de las palabras para echar nuestro pueblo hacia adelante y apreciar nuestra cultura. Ahora, mi pedido va dirigido hacia usted. Sí, usted, que está leyendo este llamado a las armas pensando que soy un enfermo mental independentista sin ningún tipo de respeto hacia la mano que nos da de comer. Aunque, quizás, soy todas esas cosas, creo que tenemos algo en común: el amor a la patria, el amor a nuestra cultura. Si no se siente así, lamento haberle hecho perder el tiempo. Vete a comprarte otro Whopper en Burger King escuchando Hot 102. Pero si quieres algo más para este país, te invito a vandalizar. Escribe, exprésate, vive, protesta, vete en contra de la corriente. No se trata de violencia, sino de expresión. No se trata de coraje, sino de orgullo. No se trata de una revolución, sino de un despertar de conciencia. En esta oscuridad en la cual nos encontramos, en esta incertidumbre política y cultural, debemos encender esa llama que nos guíe hacia la libertad. Durante estos cuatro años, los invito a hacerse seguidores del vandalismo intelectual. Sinceramente, Ramón Verdejo, el Vándalo 20

Arte por: Alexandra Díaz


;

Cuento

Un deseo Por: Camila Colón Se levantó con los rayos del sol acariciando sus mejillas, las campanillas de su alarma le indicaban que era tiempo de comenzar un nuevo día. Acostumbraba levantarse enseguida, pero esa mañana, con el rocío deslizándose por la ventana y la luz pintando colores en la habitación, la idea de quedarse reposando la tentaba. El calor que emanaba de las sábanas le añadía peso a sus párpados y en unos segundos volvió a arroparse con la niebla del sueño. “Cariño, es hora de despertar”, le susurró su esposo en el oído. Fueron pocos los minutos de sueño que le pudo robar al villano del tiempo. Se sentía un peso inmenso en su pecho y el oxígeno se tardaba en llegar a sus pulmones, se sentía exhausta. Se paró de una sentada y sentía la carga del mundo en sus hombros. “Respira hondo”, inhaló, estirando sus pulmones e inició sus tareas mañaneras. Decidió que hoy le prepararía los panqueques que le gustaban tanto a Gustavo. Le encantaba cómo se le dibujaba una sonrisa a su pequeño cuando los comía. Les planchó los uniformes a sus hijos, con cuidado que quedaran como la principal mandaba; ya había cometido el error una vez y no lo volvería a repetir. El resto de las madres mandaban las faldas a una sastrería, pero ella no tenía el dinero para hacerlo. Levantó a los pequeñines con un beso en la frente. Los vistió y le hizo una trenza a su hija Claudia. Ella tenía que ir con un peinado distinto todos los días, de lo contrario, se negaba a montarse en el carro. Le dio el café a su marido, con la cantidad exacta de leche para que no le hiciera mal a su estómago. Le puso la corbata y lo apresuró para que terminaran de desayunar. Mientras ellos comían, se vistió y se arregló con el peinado que su marido decía que favorecía sus facciones. Miró el reloj, “¡van a llegar tarde!” Salió de la habitación, los tacos resonaban contra el piso. “¡Apúrense y móntense en el carro!”, exclamó mientras les dio las mochilas y el maletín a su marido. El humo del carro se esfumaba por el aire húmedo del amanecer. Los vellos en sus brazos se paraban por el frío de la madrugada. Cerró la puerta. De momento sintió aquel peso en su pecho. El oxígeno no llegaba a sus Continúa en la próxima página 21


;

pulmones por más que ella inhalara. Se sentó, sus manos separando la piel en su pecho como si pudiera exponer una cavidad en su cuerpo por donde entraría el aire. Un nudo se comenzó a formar en la garganta. Los ojos se le inundaron de lágrimas. Un gemido se le escapó de los labios. El cuerpo entero empezó a temblar de dolor. Puntos negros danzaban por su visión. Era como si un cauce que reprime sus sentimientos se hubiese roto y ahora el agua inundaba todos los rincones de su ser. Estiró el cuello, las manos calientes lo aguantaban en su sitio. “¡Que se acabe, que se acabe!”, gritó cuando tuvo un destello de conciencia. El sonido de la bocina interrumpió la canción repetida de la carretera, sus oídos inundados por la cacofonía del dolor. Vidrio, una rosa marchita, una gota de sangre corriendo como un río trinitario, el último aire de vidrio escapando de los labios... libertad. Luces rojas y azules iluminaban la carretera. El rojo se difuminaba por el bitumul. La mano pálida se extendía en un último adiós a la vida. Libertad. En ese momento ella se liberó del peso, la mirada se le aclaró, recobró fuerzas. Un rayo de luz se difuminaba por la ventana. Su deseo se había cumplido, era libre.

22

Arte por: Ana Acosta


;

El preludio navideño Por: Natalia Sánchez Si le preguntaras cómo fue que empezó, Paola Cristina Calvo no hubiese sabido cómo contestar. Lo único que podía decir es que hacía un minuto había paz y ahora tenía un canto de flan de calabaza pegado a la frente, una pequeña porción de la ala del pavo en el pelo y Dios sabe cuánto arroz metido por la camisa. Estaba boquiabierta, escondida bajo la mesa del comedor, mientras trataba de recapitular y entender qué había pasado. Exactamente, a las 3:49 p.m., toda la familia estaba sentada alrededor de la mesa del comedor ese famoso 24 de noviembre de 2016. Paola se encontraba masticando un sabroso pedazo de pavo mezclado con un poco de batata y marshmallows, completamente sumergida en la fiesta de sabores que se celebraba en su boca. Estaba tan absorta en disfrutar de aquel almuerzo que le tomó dos llamadas de su abuela y una patada en la espinilla (cortesía de Josefina Calvo, su hermanita) darse cuenta de que su tío la había llamado. Rápida (y lamentable-)mente le puso fin al party en su boca y tragó. “¿Qué pasó, tío?” “Ah, no- nada, nada”. Bebió un poco de su vinito. “Era para ver cómo te iba con las solicitudes”. Paola tuvo que aguantar la repentina necesidad de hacer una mueca. Estaba hasta aquí con las universidades y los SAT y las notas y Querida María, virgen santa, dame un BREAKAl sentir las olas de molestia y desesperación que transmitía su hija, la mamá de Paola intervino para el bien común: “Le va súper bien,” le tiró una de esas miradas de “no te preocupes, I got this” a su hija. “Ya mismito le llegan las cartas de aceptación de la mayoría, ¿verdad querida?”. No van a ser de aceptación, van a ser cartas de rechazo. Paola Cristina Calvo casi se muere ahí mismo porque cómo, en qué mundo, eso ayuda. Hizo una nota mental para recordar que debía darle gracias a su madre por ponerle aún más presión encima. Decidió mantenerse callada y siguió comiéndose aquel pobre (pero, sabroso) pavo. “¡Qué bueno! Tu sabes, la prima de la esposa de la tía de la hermana de Juana – bellísima persona, bellísima persona- fue a Barnard College, que queda al lado de Columbia, ¿verdad? No lo vas a creer, me enteré en el beauty que ella…“ La abuela de Paola siguió por ahí, pero para ese momento la joven ya había perdido el interés en la conversación. El arroz con gandules estaba exquisito y junto a la remolacha y el gravy del pavo… Paola Cristina Calvo podía morir feliz. Tan absorta estaba en el deleitoso ejercicio de comer que le tomó dos pellizcos en el brazo (cortesía de Josefina Calvo, ente que había sido su hermanita, pero que en ese momento parecía una diablita) y tres llamadas de su padre para darse cuenta de que su tío la había llamado de nuevo. “Mala mía, tío. ¿Qué dijiste?” “Ah, no- nada, nada”. Bebió un poquito más de su vinito. “Era para ver si estabas viendo universidades fuera de los Estados Unidos”.

Continúa en la próxima página 23


;

Paola frunció el ceño, pero, antes de que pudiese contestar, su padre le ganó: “¿A qué te refieres?” “Ah, no- nada, nada”. Otro trago de su vinito. “Es que con Trump y Ricky, pues…” Paola Crsitina Calvo inhaló una gran cantidad de aire y lo aguantó. Todo el mundo en la mesa paró de comer. La charla cesó. Absolutamente nadie podía hablar de política en las reuniones familiares. Nadie. Paola recuerda ver el reloj en la pared opuesta a ella que marcó las 4:01 p.m. y (sin estar muy segura cómo) el pedazo de flan de calabaza que había estado en el tenedor de su papá voló a través de la mesa hasta chocar con el cachete de su tío. Josefina Calvo se quedó inmóvil a punto de atragantarse otro canto de batata; su abuela paró de chismear sobre la prima de la esposa de la tía de quién sabe quién; su abuelo detuvo el intento de arreglar sus dientes postizos, y su mamá le cogió la mano a su papá (que estaba más rojo que el mantel navideño sobre la mesa). El chirrido de la silla con el piso los sacó a todos de su trance. Su tío se paró, terminó su vinito (por fin Dios mío, pensó Paola, ya estaba a punto de cogerlo y tragármelo yo misma) y miro al papá de Paola. Aquí es donde se le empezó a difuminar la memoria a la joven. En un abrir y cerrar de ojos, su tío había tirado lo que le sobró del pavo a la otra esquina de la mesa, donde estaba su papá, pero midió mal la distancia y le dio a su abuela. Ella pegó un grito y sin querer viró todo su vaso de sangría encima de la persona a su derecha, la mamá de Paola. Efectivamente, una gritería comenzó y la guerra de comida estalló. Y así terminó Paola Cristina Calvo debajo de la mesa. Estaba bastante segura que el flan en la frente era producto de la mala puntería de su papá, quien quería atinarle a su tío. El ave en el pelo definitivamente fue un cañonazo de la diablita con quien compartía sangre y el arroz en la camisa fue un ataque furtivo de su abuela. Seguía boquiabierta. No quería saber cómo iba a sobrevivir las Navidades.

24

Arte por: Adriana Santiago


;

Rincón boricua

Chinchorros puertorros Por: Andrea Sofía Calvo Ramos La época navideña es casi sinónimo de lechón, morcillas y mucha comida y alegría. Las Navidades no están completas si no nos aventuramos en alguna de las rutas de chinchorreo a probar todas las delicias típicas. Aquí les presentamos algunas alternativas para que, junto a su familia, disfruten de las Navidades puertorras. La ruta de Guavate 1. El almendro Guaynabo 2. El ranchón en la carretera vieja de Rio Piedras a Caguas 3. El rancho original de Cayey 4. Los municipios de lechón y morcilla en Patillas, Maunabo y Yabucoa a. Después de coger por la carretera 52 sur de San Juan a la salida 32 (Guavate), te encontrarás en la ruta 184, que va escalando de curva en curva. En esta ruta te encontrarás con extensas cadenas de lechoneras que abrazan el paseo localizado al sureste de la isla. Los locales de esa área recomiendan El mojito y Los pinos, pero el más popular y grande es El Nuevo Rancho que queda al tope. El Nuevo Rancho es una lechonera imposible de olvidar gracias a su cartelera colorida y la banda en vivo que siempre anda encendida con una pista de baile donde cabe medio pueblo. En fin, Guavate es un sitio no solo para comer bien, sino para gozar también. El estilo es de cafeteria y puedes escoger entre una variedad de comidas criollas, incluyendo arroz con gandules, morcilla, pastelón, pollo y claro, LECHÓN; es una experiencia que no se puede experimentar en ningún otro sitio. Kioscos de Luquillo Localizados al lado norte de la Ruta 3, cerca a la playa de Luquillo, cuando pasas la Ruta 191 (la entrada a El Yunque): Si has estado aventurando por El Yunque, jugando paleta en la playa bajo el sol caliente, o simplemente tienes un antojo de salir y pasarla bien en una atmósfera de fiesta, los Kioscos de Luquillo son el lugar perfecto para ti. Si eres puertorriqueño es muy probable que has escuchado de los famosos kioscos y esto no es casualidad, ya que es el lugar predilecto para saborear riquísimas frituras. En este paseo de estacionamientos y chinchorros se encuentra una variedad de unos 60 kioscos donde encontrarás comida buena y barata, pero definitivamente no apta para los que están a dieta. Las opciones son variadas y van desde platos típicos puertorriqueños, a comida internacional como pasta y ceviche, entre otros. En fin, si no has ido a este paraíso de alcapurrias, empanadillas, cocos fríos y sorullitos, te invito a que traigas a tus amigos y familiares a los Kioscos de Luquillo.

Continúa en la próxima página 25


;

Camuy 1. El almendro – reconocido por sus tapas, bebidas originales hechas con ingredientes frescos y un servicio amable y rápido. 2. Dylans Beer Garten – venerado por las hamburguesas sabrosas y la colección de cervezas artesanales. 3. El hoyo de Toño – se destaca por el karaoke, la cerveza y las cabalgatas 4. El potrero brisas del mar – un lugar calmado donde se puede comer picadera, janguear con amistades y alquilar caballos. 5. Colmado los Corderos – famoso por sus costillas de cerdo con tostones de pana Bayamón a Naranjito Subes por la carretera 167 de Bayamón para Naranjito: 1. Los Quesitos – lechón asao’ y quesitos de hoja. 2. La lechonera los Checos – carne asada Subiendo a Naranjito: 3. Caldo oso la sangria Subes a Barranquitas: 4. La vecindad del Chavo – lechón y mofongo Orocovis: 5. La longaniza de Doña María- longaniza Ciales: 6. Asao Smokehouse, Los naranjos – pollo malo y lechón. Corozal: 7. El yagrumo – carne frita de conejo

26


;

Microcuentos Día de tranquilidad Por: Yénesis Cintrón No noté la tranquilidad hasta que miré por las cortinas de mi cuarto. Ya había cerrado la puerta y había silencio. Afuera, el cielo estaba soleado, sin nubes, con un azul sólido. El viento causaba fresco y rozaba las hojas de los árboles. De algún lado venía una música tranquila y comencé a moverme a su ritmo. De vez en cuando se escuchaba el portón que dejaba los carros pasar y estos entraban y se estacionaban, pero aún así no interrumpían la tranquilidad. El sonido del viento se entrelazaba con las hojas y hacía el día aún más pacífico. Dentro de mi casa, fuera de mi cuarto se escuchaba lo que ocurría, pero la tranquilidad que se encontraba fuera de mi ventana lo podía vencer todo. De ahí decidí que no podía haber un día más perfecto.

Buscando fuerzas Por: Alejandra Febus Me hala por el cuello arrastrándome. Debo hacer lo que digan porque si no me van a castigar. Tengo cadenas en todas mis extremidades. Desde pequeño las he tenido. De todos modos, es imposible vivir sin ellas. Si lo haces, vivirás con el peso de la individualidad, que es la que más pesa y de la que nunca se habla. ¡Solo tengo 15 años! No tengo la fuerza para cargarla aunque quisiera.

Mi radio dañado Por: Alejandra Febus Tal vez no se dañó por la botella de agua. Tal vez se dañó para que tuviéramos una conversación más y una pelea menos. Tal vez se dañó para que apreciáramos el silencio extraño y lo conozcamos. Tal vez se dañó para pensar antes de hablar. Aunque el silencio hace las discusiones más intensas, sin permiso, extrae la verdad de tu alma. Me ha enseñado a mirar afuera de la ventana: desde desear que mi vida nunca termine como la de él, hasta buscar mi propósito. Tal vez no se dañó por la botella de agua que se viró encima de él.

27


;

Humanos perpetuanos (Hablando de su experiencia universitaria en el recinto de “River Stone” de la Universidad de Puerto Rico.) “Si volviera a tener la misma oportunidad, probablemente cometería los mismos errores.”

Carmen Amadeo

“El mejor consejo que me daría sería aprovechar el tiempo. No perderlo en lo que no tiene mucha importancia y, en cambio, dedicárselo a lo que sí importa y que tendrá resultados para mi beneficio y el beneficio de los demás.”

Ian González Montañez

“Don’t take life too seriously… porque yo cojo — o cogía — las cosas demasiado demasiado en serio y me di cuenta que al final tengo que dejar las cosas pasar. Dejar que el tiempo pase y no estar tan apurada.”

Coral Silva Rodríguez 28


;

Sin falta ¨¡Atención, atención, ya vamos a comenzar el ´Open House!´¨ Hola, mi nombre es Prof. Fernández Hernández. Hoy les voy a hablar primordialmente sobre lo que esperamos de nuestros estudiantes. ¿Por qué les digo esto a ustedes, padres? Es muy importante que sepan lo que les voy a decir. Un estudiante NUNCA se puede enfermar. Se espera que su hijo(a) tenga un sistema inmune extremadamente fuerte. También, sus hijo(a)s no pueden salir a ninguna actividad en representación de la escuela. Digo todo esto porque si su hijo(a) falta por una de estas razones, tendrá muchos trabajos y exámenes que reponer. ¿Por qué empiezo así? Bueno, es muy simple. Hay algunos estudiantes que han tenido la osadía de tener que faltar a la escuela por una de las razones mencionadas arriba y la consecuencia ha sido que han tenido que reponer una “retahíla” de trabajos después. ¿No sienten que en Perpetuo faltar un día es como faltar tres meses? Esta es la razón por la cual venimos a la escuela enfermos. Claro está, iempre hay estudiantes a los que les da “examinitis” a última hora, o que les duele la uña del dedo del pie y este es motivo suficiente para ausentarse a la escuela o aquellos que convenientemente hacen una cita con el ortodoncista cada vez que hay una comprobación de lectura o un ensayo importante que entregar. Y los profesores siempre se molestan por estos casos (y esto lo entiendo). En todas las escuelas pasa, pero los maestros tienen el deber de conocer a sus estudiantes, o sea, tienen que saber quiénes dicen la verdad y quiénes están tratando de aprovecharse de unos días más para estudiar o leer o para escribir el ensayo. Tiene que haber alguna manera de discernir entre los que tratan de pasarse de gansos y los que son honestos. No se debe perjudicar a los estudiantes por enfermarse. Tampoco se debe perjudicar a los estudiantes que representan a la escuela. En fin, en Perpetuo muchas veces sentimos que tenemos que estar sin falta. Y si tienes la mala suerte de que te pique el mosquito que transmite el Zika prepárate, porque vas a tener que venir a coger el avalúo, la prueba o el examen.

La Cervantina

29


;

Carta a mis perpetuanos trumpistas

¡Reciban un cordial saludo!, o no… como deseen. El martes, ocho de noviembre, fue un día para la historia. Ese día fueron las elecciones, tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos. Por si tengo compañeros que leen esto y todavía no han caído en cuenta y/o aceptado la realidad, el candidato republicano, Donald Trump, ganó las elecciones estadounidenses. Para aquellos compañeros que viven en una cueva y no han salido o simplemente no les importa, este ha sido un tema de gran controversia. ¿Por qué tanta controversia? Si Trump es un empresario exitoso... Él es exactamente lo que Estados Unidos necesita en estos momentos. Él hará a los Estados Unidos great again. Gracias a Dios que no ganó la corrupta de Hillary. Gracias a Dios que ganó un candidato que nunca ha sido acusado de corrupción o robo y que siempre ha pagado sus impuestos. Gracias a Dios que ganó un candidato que ¡ama a los latinos (especialmente a los mexicanos, quienes, que conste, no son violadores ni narcotraficantes)!, ¡ama a los homosexuales!, ¡ama a los negros!, ¡ama a las mujeres! y, simplemente, ¡ama a todo el mundo (a su hija, incluso)! Gracias a Dios, verdaderamente, le doy gracias a Dios… Por si no entienden mi sarcasmo, aquel martes, ocho de noviembre, eran alrededor de las 6:00 p.m. cuando anunciaron los resultados de las elecciones boricuas. Aunque no me sorprendieron, puedo decir que me sentía casi de luto. No piensen que soy antiestadista o independentista radical. No lo piensen, aunque a lo mejor lo sea. Bueno, una cosa es mi ideal y otra cosa es lo que quiero para Puerto Rico. No estoy diciendo que lo mejor para Puerto Rico sea la estadidad, ni que me encanta la idea, pero parece una posible opción para superarnos y sacarnos de esta crisis en la que vivimos. Debido a esto, me encontraba muy pendiente a las elecciones estadounidenses. Cuando empezaron a mostrar el mapa estadounidense en CNN, admito que al principio no estaba muy pendiente a que predominaba el color rojo. En este momento empezaron los mensajes y las publicaciones en las redes sociales: “Tranquilos, Trump está ganando ahora, pero acabamos de empezar. Esos estados son republicanos. No hemos llegado a los estados demócratas todavía”. Entre tanta seguridad y tranquilidad me despegué y me concentré en aceptar los resultados de mi Borinquen hermosa. Mientras me encontraba, como decimos en buen boricua, “ranteando” de las elecciones con algunos amigos, de momento, uno de ellos dice: “En Florida ganó Trump”. El silencio no duró más de tres segundos, pero se sintió como una eternidad. En esos tres segundos de silencio nos percatamos que estábamos demasiado confiados y realmente Trump podía ganar. “¡Falta California!” –exclamaban mis compañeros por las

Continúa en la próxima página

30


;

redes sociales–. “Todavía es muy temprano”. Paré de contestar mensajes y en silencio me quedé mirando ese mapa y orando para que cesara la tendencia roja. Así me quedé, hasta que California oficialmente se veía de color azul. No canté victoria, pero decidí dormir porque, a pesar de esos 55 delegados, Hillary seguía perdiendo y pensé que a lo mejor yo le daba mala suerte. “Total, es imposible que Trump gane,” me dije a mí misma, tratando de ignorar cómo se me aguaban los ojos. Poco sabía que al día siguiente cogería mi celular y tendría docenas de mensajes de personas reaccionando a la inesperada victoria de Trump. Al principio no tuve reacción alguna. Me quedé quieta en mi cama viendo a ver si era una pesadilla y me despertaba. Después de unos minutos empecé a llorar cuando me percaté de la realidad. Porque, aunque hubiera ganado Hillary, ¿cómo es posible que Estados Unidos sea tan racista? OK. OK. ¡TRANQUILOS! Tengo claro que no necesariamente porque alguien apoye a Trump significa que es racista, de acuerdo, pero no quita que está apoyando a uno. No se atrevan a argumentarme que Trump no ha demostrado que es un racista. Por favor, si no aceptan esto son unos ignorantes. Ahora, tengan claro, no estoy diciendo que tienen que ser pro-Hillary. Sean lo anti-Hillary que quieran, pero por favor… no sean pro-Trump. Es que no entiendo, ¿por qué lo apoyan? ¿Es porque son muy católicos y no están de acuerdo con Hillary ya que apoya el derecho de la mujer a decidir? Bueno, puedo entenderlo, pero una de las ideas principales del catolicismo es tratar al prójimo como quieren que lo traten a uno mismo y Trump, claramente, no sigue este ideal.¿Piensan que como Trump es un hombre de negocios, por eso, la economía estadounidense va a mejorar? Bueno, pienso que eso es irónico, ya que es un hombre conocido por pagar la mínima cantidad posible de impuestos al gobierno. Tengo amigos y familiares puertorriqueños que viven con miedo. No apoyen a Hillary, hagan lo que quieran, pero si apoyan a Trump, apoyan un movimiento fundamentado en el odio que se ha creado con su campaña. Bueno, me despido. Ahora mismo no hay nada que pueda hacer. Ojalá que sea un buen presidente. Ojalá que mis cuatro años en la universidad bajo su presidencia me afecten positivamente. Ojalá ustedes estén en lo correcto y él sea la mejor opción para Estados Unidos. Ojalá que sean los mejores años. Ojalá que sí. De verdad que sí. Sinceramente,

La Cervantina

31


;

32

APS no se solidariza con las opiniones en esta publicaciรณn.


Elipsis - Diciembre de 2016