É
rase una vez un ogro, un auténtico gigante, que vivía completamente solo. Como todos los ogros tenía los dientes afilados, la barba puntiaguda, la nariz enorme y un inmenso cuchillo. Siempre estaba hambriento y de mal humor. Más que nada en el mundo, al ogro le gustaba devorar pequeños niños en el desayuno.