DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO (San Lucas 7,36–8,3) En aquel tiempo, un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, Maestro». «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?». Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente». Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Padre José María Fernández, SSP
La buena nueva está destinada también para ellas
En la primera lectura que nos propone la liturgia de la palabra, David ha cometido un adulterio, seguido de un asesinato fría y cínicamente premeditado. El profeta Natán le hace tomar con- ciencia de su falta, y Dios lo perdona cuando él reconoce humildemente la gravedad de la misma. Esta historia es un ejemplo de la misericordia de Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Los pasos fundamentales para el perdón del pecado es, en primer lugar, reconocerlo; la confesión de la misericordia de Dios, y la acción de gracias por el perdón.
y el gesto de la mujer fue el mismo. Derramar perfume sobre la cabeza era un gesto común, pero derramarlo sobre los pies era algo muy extraño y Lucas no repite dos veces lo mismo. Si Lucas ha colocado esta unción dentro de un marco diferente y en una época anterior, puede ser para recordar la conversión de esta María, llamada de Magdala, y su ingreso en el grupo de los seguidores de Jesús. Pero sin duda también vio en esta relación tan especial con Jesús una revelación del misterio mismo de Dios hecho hombre. Lucas nos ha demostrado que Jesús se oponía tanto a los fariseos como a los discípulos de Juan; aquí nos ofrece el motivo más profundo: estos hombres creyentes y religiosos no podían conocer al verdadero Dios porque les faltaba la experiencia del amor verdadero.
En el evangelio, encontramos un cuadro donde Lucas compone diversos episodios que se complementan para hacer resaltar lo que Jesús llevaba en lo más profundo de sí mismo. Primero está el hecho narrado por los otros tres evangelistas con motivo de la comida en Betania, comida que tuvo lugar Los fariseos no querían en la casa de otro Simón, estar en deuda con Dios
Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz». Después de esto iba él caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
«El amor de Dios borra la multitud de los pecados»; «Ama y haz lo que quieras»
porque les costaba sentirse perdonados; no sabían que entre Dios y nosotros el amor supone siempre que hemos sido perdonados. Nos puede parecer agradable el gesto de Jesús que perdona, pero lo que Jesús subraya es la capacidad de amar de María Magdalena. Los tres temas: Dios, amor y Jesús son aquí inseparables. ¿Un amor humano, verdadero y recíproco, pero en Dios? Allí había sin duda una revelación de Dios. Ni entre los fariseos ni entre los discípulos de Juan había mujeres, pero sí las habrá siguiendo a Jesús: ¡La gran carencia del Antiguo Testamento es subsanada de una vez! La llegada inesperada de esta mujer es la respuesta al paso imprevisible del Dios-Amor. Esta mujer no era una prostituta sino una persona conocida y que podía permitirse entrar en casa del fariseo. Era una pecadora, es decir, que vivía o había vivido en una situación irregular. Aquel al que se le perdona poco. Esta no es una afirmación categórica. Muchos han amado apasionadamente a Jesús y no han sido grandes pecadores. Pero Jesús habla en tono irónico, dirigiéndose a un hombre muy «decente»: Simón, tú piensas que debes poco, y por eso amas poco. «Simón se encuentra en presencia del Dios que perdona. Para acoger el perdón de Jesús, sería necesario que, siguiendo el ejemplo de la mujer, confesara su pecado con la humildad del corazón y de las lágrimas. El orgullo es la mayor tentación de los que hacen el bien y quieren siempre actuar bien. El fariseo Simón es el representante del pecado más profundamente arraigado en el corazón del hombre, el orgullo que nos lleva a querer
construirnos y realizarnos sin la ayuda de la gracia y de la misericordia del Salvador» (J. C. Signe). No podemos olvidar otro aspecto del modo de comportarse de Jesús en relación con las mujeres. Entre aquellos que le acompañaban se encuentran también algunas mujeres. Para los rabinos no merecía la pena enseñar la Ley a las mujeres. A ellas se las marginaba en la vida religiosa. Jesús, cuenta entre sus seguidoras, también con mujeres. También ellas deben ser testigos de todo lo que él anuncia y realiza. La buena nueva está destinada también para ellas.
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