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12° archivo

Vascos en las ciencias y las profesiones Aportes al derecho

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Juristas en la Constituyente de 1853

25

Suprema Corte Presidentes Ministros

36 37 63

Juristas Alberdi Diplomáticos

79 104 107

Médicos Factor rh Genética

126 140 144

Veterinarios

153

Historiografía

162

La historiografía vasca en el período revolucionario

167

Psiconalalistas vascos

186

Angel Garma y el psicoanálisis

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DESCENDIENTE DE VASCOS DESTACADOS EN LA CIENCIA Mauricio Goyenechea

Dos premios Nobel y destacados hombres de ciencia prueban que los vascos se destacan en otros campos, además de la tradicional actividad agropecuaria en la que se los suele encasillar.

Los vascos argentinos se inclinaron mayoritariamente a las actividades agropecuarias. No obstante, los hijos y nietos de los inmigrantes accedieron a las profesiones liberales, preponderantemente a las mas prestigiosas como la medicina y la abogacía. También a carreras de

cierto tono elitista como la milicia y el sacerdocio donde su presencia fue, en proporción comparativa a otros grupos étnicos, claramente exitosa, dado el número de oficiales superiores y prelados de ese origen. Las actividades científicas y la consagración a la investigación, como escalones superiores del conocimiento, también expresan el genio de Euskal Herria. Los dos únicos Premios Nobel de materia científica tienen una clara vertiente vasca. Luis F. Leloir Aguirre y Bernardo Houssay. Su mérito debe enorgullecer a todos los vascos del mundo. Décadas atrás, y aun en el presente, era corriente dentro de la jerga popular con tono cordial y risueño denominar a nuestros congéneres con términos como «el vasquito», «palabra de vasco», «vasco porfiado y «vasco bruto». Es evidente que el último calificativo está categóricamente desmentido por los hechos seña-


2 lados precedentemente y por otro fenómeno singular como el que un pueblo pequeño, en un espacio territorial montañés diminuto, haya aportado a la humanidad un grupo de hombres universales asombrosos: San Ignacio, San Francisco Xavier, Elcano, Garay, Unamuno, Churruca, Zuluaga, el Padre Vitoria, etc. A su vez, en el siglo XIX y en el que acaba de terminar, el progreso bancario e industrial con la reciente reconversión a la tecnología de punta para competir en el mundo moderno, ha confirmado el sentido práctico y sabio del viejo pueblo para adaptarse y triunfar desde su origen pescador y labriego hasta la mas sofisticada modernidad. El fuego ancestral de Euskal Herria no se ha apagado.

PREMIOS NOBELES HOUSSAY, Bernardo Fue en 1947 el primer Premio Nobel argentino de Medicina y Fisiología. Luego fue fundador y primer Presidente del CONICET hasta su fallecimiento. Su padre era nacido en Bayona y hablaba vascuence. El apellido era una probable derivación de. Su secretaria de siempre era otra navarra, Josefina Yanguas, quien destacó su trayectoria y figura en un homenaje que le realizara la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay. LELOIR AGUIRRE, Luis Federico , Premio Nobel de química en 1970. Discípulo del Nobel citado anteriormente. Trabajó en la Fundación Campomar. Hombre sencillo y bueno que cultivó el bajo perfil, pese a pertenecer a la alta sociedad tradicional del país. Su muerte acongojó a toda la sociedad. La Fundación Vasco


3 Argentina Juan de Garay lo distinguió en sus primeros actos institucionales por su mérito y origen. Fue un ciudadano ejemplar, un prócer de la ciencia y también un padre de familia modelo. Su ascendencia vasca provenía por los Aguirre de Donamaría (Navarra) y era primo por parte de madre de otra figura relevante de la cultura, como fue Victoria Ocampo Aguirre.

OTROS CIENTIFICOS RELEVANTES AGOTE, Luis, realizó la primera transfusión. MAIZTEGUI, Julio Isidro. Premio de Farmacología, inventor de la vacuna contra la virosis hemorrágica (mal de los rastrojos). Hoy día una Fundación que lleva su nombre continúa sus estudios.

MAIZTEGUI, Alberto Pascual. Presidente de la Academia Nacional de Ciencias, fundador del Instituto Balseiro en Bariloche. Autor con Sábato de la obra «Introducción a la Física». QUIHILLALT, Oscar. Contralmirante, ingeniero, Presidente de la Academia de Ciencias de la Empresa. Fue distinguido por la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, de la que es activo miembro. VIRASORO, Miguel Angel. Director General del Centro Interamericano de Física Teórica con sede en Trieste, que depende de la Organización Internacional de Energía Atómica en consulta con la UNESCO. Entre los médicos, como Pedro Chutro, hubo varios inventores de aparatos y técnicas quirúrgicas que en su momento tuvieron mucha importancia.


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APORTE DEL PUEBLO VASCO Y SU DESCENDENCIA A LA FORMACIÓN DEL DERECHO ARGENTINO

Francisco de las Carreras

El derecho y la medicina han sido las profesiones liberales que han captado la preferencia de los vascos, quienes han hecho un aporte singular en estas materias. La propia Constitución argentina lleva el influjo de Alberdi, Gorostiaga y de las Carreras. En este exhaustivo estudio se hace hincapié en los precedentes que dejaron los descendientes de vascos en las distintas ramas del derecho.


5 Los vascos desempeñaron, especialmente en el Río de la Plata, una variada actividad profesional, en su mayoría de primer nivel, puesto que en una sociedad sin aristocracia de sangre, sus reconocidas virtudes ancestrales de laboriosidad, firmeza en las convicciones sobre los valores fundamentales, austeridad en las palabras y en los gestos, y una conducta que los llevaba a afrontar grandes empresas a riesgo propio, les aseguraba promoverse a los primeros planos de la escala social cuando, a partir de la ordenanza de Libre Comercio de 1778, se abrió el puerto de Buenos Aires al comercio legal con las ciudades de España (y no tan legal con el resto del mundo). La titularidad de tierras, por la depresión de su valor, todavía no había adquirido la trascendencia que alcanzaría poco tiempo después, y con tal motivo, en un principio, las fortunas fueron naturalmente concentrándose en el

comercio, especialmente en el negocio de la importación y exportación. La rápida evolución del mercado y la acumulación de fortuna, les permitió convertirse en verdaderos protagonistas e interlocutores de las inquietudes y movimientos sociales, con la consecuente influencia y participación en el poder político, que quedó expuesto al instinto vasco que llama a la autonomía local. Con posterioridad a los acontecimientos iniciados en mayo de 1810 fueron trasladando sus inversiones al campo, en la medida que éste fue valorizándose con el desarrollo de la industria del saladero y las crecientes demandas del abasto urbano y las exportaciones de carne salada o tasajo y cueros, a la par que los expertos británicos fueron ocupándose de los intereses financieros de la incipiente Nación Argentina.


6 Por ello puede decirse que hasta nuestra independencia la urbe de Buenos Aires, y su zona de influencia como capital del Virreinato, fue una sociedad eminentemente mercantil, por lo cual para los vascongados, quienes sólo habían mudado de domicilio dentro la misma nación, poca atracción sintieron hacia las profesiones liberales, salvo que ya la tuvieran como funcionarios de la Corona. Sin embargo, esta situación se revirtió en sus descendientes cuando fue necesario construir el país sobre la base de una estructura legal que diera sustento a la formación y consolidación de las instituciones. Aquí tuvieron una destacada y decisiva presencia en la ciencia jurídica, materia indispensable para el quehacer político y para la definitiva Organización Nacional, donde, por supuesto, no resultaron ajenas las cualidades vascas del sentido exacerbado del deber y del honor, el respeto a la palabra y al

gesto empeñado, y su profunda vocación por la libertad. Mi intención es, pues, recordar los aspectos salientes de la vida de los hombres representativos de esta raza en su aporte a la promoción, formación y desarrollo del derecho patrio; hacer notar, en líneas esquemáticas, su perfil intelectual, cívico y moral, como tributo y gratitud a estos ilustres ciudadanos. Con el riesgo asumido de omitir injustamente a muchos juristas de ascendencia vasca he de aludir en este trabajo, no ya a la influencia de los “fueros vascos” a través del derecho español y especialmente el “indiano”, sino a los abogados de la joven nación que trascendieron en la vida del país, comenzando por su actuación a partir de los sucesos de mayo de 1810, y bien sea por sus aportes en la vida pública y privada, tanto en el foro, como en la magistra-


7 tura y en las diferentes facetas de la función pública. Concluyo por mencionar, también, entre otros, a no menos relevantes juristas que desde la actividad profesional, desde la cátedra y desde el trabajo doctrinario, con el país ya consolidado como Nación independiente, han contribuido y siguen haciéndolo a su evolución y engrandecimiento. Síntesis de este trabajo: 1) De mayo de 1810 hasta la definitiva Unión Nacional; 2) Juristas de origen vasco en el Congreso General Constituyente de 1853; 3) La Corte Suprema de Justicia de la Nación y los Magistrados de ascendencia vasca que la integraron; 4) Abogados de linaje vasco en el país consolidado; 5) El Poder Ejecutivo Nacional, los vascos y el derecho.

1. De mayo de 1810 hasta la definitiva Unión Nacional Algunas precisiones:

La estrategia de la dinastía borbónica de Carlos III impuso una nueva política de economía dirigida (mercantilista), atenuada por las libertades necesarias para la producción, marco en el cual se creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776, a lo que se sumará la instalación de la Real Audiencia, órgano máximo para impartir justicia que la monarquía española trasladó a América (principalmente la represión del contrabando, o cualquier otra forma de comercio ilegal). Luego del acontecimiento histórico de Mayo de


8 1810 se marca un cambio en la vida económica y social de las tierras rioplatenses, modificándose los circuitos comerciales y la exportación comenzó a ser dominada por los cueros y la carne, y la concreción cada vez más del comercio libre. A la par, la Real Audiencia fue transformada en 1812 en la Cámara de Apelaciones. Los hijos del sector social de la burguesía comercial consolidada por la libertad de comercio van conformando una nueva burguesía, la ilustrada, dada la posibilidad de acceder a la Universidad, siendo la encargada de ir incorporando las ideas liberales en la sociedad americana, que conviven con el nuevo sector militar criollo, y los antiguos de funcionarios, sacerdotes y vecinos principales. El período que va hasta la definitiva unión nacional en 1862 resultó preñado de desen-

cuentros entre estos sectores. Los enfrentamientos y acuerdos de estos grupos, sumados a las influencias debilitadas de la madre patria, con el correlativo incremento de las pretensiones de otras potencias (Inglaterra y Francia) caracterizaron a los intentos de consolidar el poder político en un gobierno de unidad. Buenos Aires obtiene una prosperidad creciente (conservaba el “tesoro” del puerto y la aduana) y busca organizar el país, lo cual se logro, sin embargo, con la Constitución Nacional de 1853, en momentos en que se encontraba alejada de las restantes provincias. En esta búsqueda de la unidad del poder político y de la organización institucional resultó relevante el aporte de incansables juristas de origen vasco en primera o segunda generación. Veamos:


9 Aberastain, Antonino: Nació el 10 de mayo de 1810 en la ciudad de San Juan. Descendiente de una antigua y distinguida familia de esa provincia. Cursó sus primeros estudios en el colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires. Luego se graduó en Derecho. Fue Juez de Alzadas en 1835, ministro de la administración del General Puch, en la Provincia de Salta, en 1840, y Secretario de Intendencia de Copiapó, en Chile. Desalojado Rosas, renunció a una diputación en el Congreso de la Confederación Argentina y más tarde el cargo de Ministro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Tuvo parte activa en la política de su provincia natal y en 1860, al ser depuesto y muerto el general Virasoro, asumió el mando. El gobierno nacional intervino la provincia, y como ésta se resistiera, llevó contra ella la célebre acción del Pocito, donde Aberastain fue fusilado por la espalda por el coronel Sáa, el 12 de enero de 1861.

Achával Rodriguez, Tristán: Nació en Córdoba el 8 de diciembre de 1845. Fue hijo de Tristán Achával que gobernó a esa provincia, y nieto de Victorino Rodríquez, uno de los ejecutados en Cabeza de Tigre. Hizo sus estudios del derecho en la Universidad de San Carlos, donde descolló por su inteligencia, y debió ejercer el profesorado para poder costeárselos, pues su familia, aunque de abolengo, era pobre. A poco de recibirse de abogado, acompañó al viejo mundo a su tío fray Wenceslao Achával, obispo de San Juan de Cuyo, en calidad de Secretario; con este motivo visitó Europa, Asia y Africa. Al regresar fue nombrado abogado consultor de la Municipalidad de Córdoba, y en el desempeño de ese cargo demostró sólida versación en materia de derecho administrativo. Elegido diputado nacional por su provincia se distinguió en memorables debates, y en uno de ellos alcanzó verdadera celebridad por su elocuencia y argumentación en favor de la fede-


10 ralización de la ciudad de Buenos Aires. “Hagamos la Capital -dijo en uno de los pasajes de su discurso- sea en Buenos Aires, sea en el Rosario, sea en la Patagonia; pero hagamos la Capital, buena o mala, terminando nuestra organización federal, porque si nos descuidamos la unidad nacional se nos va a ir de entre las manos”. Después fue representante diplomático en el Paraguay; pero electo nuevamente diputado volvió al congreso para volver a brillar en defensa de sus sentimientos religiosos y cívicos. Su discurso en el debate sobre libertad de enseñanza fue magistral, lo mismo que el relativo al matrimonio civil. Como periodista se impuso desde las columnas de “La Unión”, diario que redactaba en colaboración con Estrada, Goyena, Lamarca. En el libro “Tres ilustres argentinos”, del doctor Francisco S. Tessi se consignan ejemplares aspectos de su vida. Murió en Buenos Aires el 5 de enero de 1887.

Anchorena, Tomás Manuel de: Nació en Buenos Aires el 29 de noviembre de 1783, y era hijo de un rico comerciante oriundo de Navarra, don Esteban Anchorena. Luego de estudiar en el Colegio San Carlos pasó a la Universidad de Charcas, doctorándose en leyes el 20 de agosto de 1807. Fue regidor del Cabildo en 1810. Actuó como corregidor mayor en los días memorables de mayo de 1810, pronunciándose por la causa de la patria. Fue elegido como representante de Buenos Aires al Congreso de Tucumán donde se declaró la independencia en 1816. Fue jefe del partido republicano y defensor de la federación de las provincias. Obtuvo un puesto en la Legislatura Provincial en 1829. En 1830 fue vocal de la Cámara de Apelaciones y Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Renunciado en 1832, sólo se lo ve figurar en dictámenes de derecho eclesiástico hasta que murió en 1847.


11 Arana, Felipe de: (Primera generación, originario de Vizcaya) Nació en Buenos Aires el 23 de agosto de 1789. Cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, doctorándose en leyes en la Universidad de San Felipe, en Chile. En 1810 figuró entre los partidarios del movimiento emancipador, y participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Luego ocupó una banca en la legislatura porteña, ejerciendo la Presidencia en 1828. Fue miembro de la Junta Consultiva de Gobierno. Afiliado al Federalismo, fue vocal de la Cámara de Apelaciones en el período de 1830 a 1835, pasando a desempeñarse como Ministro de Relaciones Exteriores, acompañando a Rosas hasta su derrocamiento en 1852. Concertó los tratados con Inglaterra y Francia durante el bloqueo. Después de Caseros se retiró a la vida privada hasta su muerte el 11 de julio de 1865. Caballero de talento, respetable por su probidad sirvió a Rosas aunque sin mezclarse con sus excesos.

Avellaneda, Marco M. de: Nació en Catamarca el 18 de junio de 1814, y no en Tucumán como generalmente se ha creído. Se educó en su provincia natal en la famosa escuela de los padres franciscanos. Fue becado para estudiar en Buenos Aires, obteniendo el título de abogado a los veinte años. Presidió la Cámara de Representantes y el Tribunal de Justicia. Fue Ministro de Gobierno del Gobernador de Tucumán Pedro Garmendia, habiéndose alejado de Buenos Aires por sus diferencias con Rosas. Formó allí la Liga del Norte (Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja). Durante el gobierno del Gral. Lamadrid fue nuevamente nombrado Ministro. Fue muerto por las tropas de Oribe el 3 de octubre de 1841. Fue Padre del ilustre Presidente de la Nación, don Nicolás Avellaneda.


12 Beascochea, Mariano J.: Nació en Buenos Aires en 1814. Hijo de Mariano Beascochea y Azcuénaga y María de Olaguer Feliú, de la familia del virrey de estas provincias, don Antonio Olaguer y Feliú. Cursó sus estudios en esta ciudad y siendo estudiante de derecho desempeñó el cargo de oficial 1o. en la Secretaría del Gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, de quien mereció algunas consideraciones por la corrección con que se desenvolvió en el ejercicio de esas delicadas funciones. Se graduó de doctor en jurisprudencia en esta Capital en 1837,y fue secretario de la Universidad, diputado, juez del crimen y camarista. Vicente Fidel López lo recuerda en su “Historia Argentina” como “...un gran estudioso muy versado en lenguas y literatura griega y romana y muy querido de todos sus condiscípulos por sus distinguidas cualidades”. Murió en Buenos Aires en 1892.

Daract, Justo: Nació en la ciudad de San Luis el 28 de mayo de 1805. Muy joven en Buenos Aires se dedicó al Comercio, emigrando a Montevideo por sus ideas políticas. Se incorporó a las fuerzas de Lavalle hasta 1841, cuando emigró a Chile. Volvió luego a San Luis y fue nombrado Juez en 1853 y luego diputado. El 8 de diciembre de 1854 fue nombrado gobernador provisorio, cargo que desempeñó hasta la sanción de la constitución de la provincia y que aceptó ante la insistencia de la Legislatura en no aceptar su renuncia. Fue designado gobernador efectivo en 1856, 1861 y 1865. Fue legislador nacional en 1862. Su gobierno fue progresista. Su acción política y administrativa se hizo sentir en todas las esferas del gobierno. Promovió la sanción de leyes de organización y funcionamiento de los tribunales. Fundó poblaciones. Cooperó a la defensa de fronteras, y defendió la Capital de la invasión de las montoneras. Falleció en San Luis el 4/9/1887.


13 Daract, Mauricio: Nació en San Luis el 22 de septiembre de 1807. Estudió en Buenos Aires y luego se trasladó a España y a Cuba donde se dedicó al comercio. De regreso a la patria, emigró a Montevideo y sirvió a las órdenes del Gral. José María Paz. De vuelta a su provincia ejerció el cargo de Juez y Gobernador provisorio. Fue jefe de las fuerzas que defendió su provincia del avance del Chacho. Fue miembro de la Legislatura en varios períodos, diputado al Congreso Nacional, Senador Nacional, iniciador de la Ley de Expedición al Río Negro. Propulsor de varias obras públicas. Falleció en San Luis el 30 de septiembre de 1887. Darregueira, José: Nació en Lima en 1770, hijo de José Darregueyra y Ana Jacoba de Lugo y Sandoval. Siendo niño le trajeron a Buenos Aires, ingresando al Real Colegio de San Carlos, donde cursó filosofía bajo la dirección del presbítero Dr. Pedro Miguel Aráoz (1785-

1787), y teología con el profesor presbítero Dr. Diego E. Zabaleta. Más tarde se doctoró en Leyes en la Universidad de Chuquisaca, de cuya Real Audiencia fue Oidor. De vuelta en Buenos Aires se dedicó al foro y en 1810 fue uno de los agitadores que concurrían a la casa de Rodríguez Peña. Desempeñó el cargo de abogado ante la Real Audiencia de Buenos Aires, figurando en tal carácter concurriendo el 22 de mayo de 1810. Poco después, juntamente con Echeverría y Medrano fue designado Conjuez de la real audiencia. Fue también juez de alzada y de bienes de difuntos. Sufrió persecuciones con el cambio de Gobierno de Saavedra. Fue a vivir a Luján y luego a la costa de San Isidro. En 1815 el Director Supremo Alvear lo nombró Juez de la Cámara de Apelaciones, y luego fue elegido diputado al Congreso General que debía reunirse en Tucumán. Aquí fue uno de los miembros más laboriosos e inteligentes. Era enemigo de Artigas y de


14 caudillos con ideas semejantes. Firmó el acta de independencia, ocurriendo su deceso el 2 de mayo de 1817. Echeverría, Vicente Anastasio de: Perteneciente a una familia originaria de Vizcaya (de la que fue en primera generación), nació en Santa Fe en el año 1768. Estudió en Buenos Aires en el Colegio San Carlos, continuando esos estudios en la célebre Universidad de Chuquisaca, donde se doctoró en leyes. En mérito de su prestigio e inteligencia, el Virrey Liniers lo nombró su asesor privado. Asistió al Cabildo del 22 de mayo (Votó por el cese del Virrey en el cargo), siéndole confiadas delicadas cuestiones como Juez en 1810, habiendo tenido la misma experiencia profesional en la Real Audiencia de la que formó parte como Conjuez.. Fue representante de la Junta Gubernativa en 1811, comisionado al Paraguay junto con Manuel Belgrano en 1812 y Consejero de

Estado en 1814. Fue profesor de la Academia de Jurisprudencia. Fue Secretario de Guerra en 1820 y delegado del Cabildo de Buenos Aires en el mismo año, por lo cual mantuvo negociaciones de paz con los caudillos del litoral. Sus últimos años los pasó retirado de la política, falleciendo en Buenos Aires el 20 de agosto de 1857. Elía, Agustín Pío de: Nació en Buenos Aires en 1765. Estudió en su ciudad natal y luego en el Colegio de Monserrat (Córdoba), pasando a la Universidad de Chuquisaca donde se doctoró en leyes. Vuelto a Buenos Aires entró en la Administración y fue nombrado luego Secretario General del Virreinato. Luchó en las invasiones inglesas, y participó en el Cabildo del 22 de mayo de 1810 donde votó por el cese del Virrey, apoyando a Saavedra. Fue presidente del tribunal de Concordia, asesor de policía, representante por Córdoba y auditor general


15 del ejército de las Provincias Unidas. Era hombre ilustrado y de mucha probidad. Falleció el 3 de junio de 1815. Elizalde, Rufino: Nació en Buenos Aires el 16 de agosto de 1822. Se doctoró en derecho en 1846, trabajando en la profesión donde descolló hasta 1852 en que comienza su vida pública, ocupando cargos de Asesor de menores, Fiscal de Estado, defensor de pobres y diputado en 1855 y 1857. Senador y Convencional Constituyente en 1860. Ministro de Hacienda de Mitre, y Ministro de Relaciones Exteriores durante la Presidencia de este último. Formalizó el tratado de libre alianza en 865 contra el Paraguay. En 1868 fue candidato para la presidencia de la República y posteriormente Senador. Diputado y convencional en 1873 para la reforma de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires. Catedrático de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales duran-

te largos años. También fue diplomático por ante Bolivia y Uruguay. El Dr. Elizalde, abogado, jurisconsulto, periodista, legislador, diplomático y hombre de estado, en todas sus actividades demostró inteligencia y honradez. Murió en Buenos Aires el 17 de marzo de 1887. Escalada, Manuel María de: Nació en Buenos Aires el 6 de enero de 1823, hijo de Manuel de Escalada y de la Quintana (guerrero de la independencia). Por muchos años ejerció el cargo de Ministro de la Corte de la Provincia de Buenos Aires y fue varias veces diputado ante su Legislatura. Murió en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1896, siendo recordado porque honró el foro con sus luces, extendiendo la justicia y administrándola con brillo y sabiduría. Ezquerrenea, Antonio D. de: Nació en Buenos Aires el 29 de junio de 1754, siendo sus padres


16 don Jaime Domingo de Ezquerrenea y doña Benedicta Dominga Pacheco de Malaver y Peralta. Joven, inteligente y estudioso, se doctoró en Jurisprudencia. Su bufete de abogado obtuvo grandes éxitos. Descolló también en la Magistratura donde demostró sus grandes condiciones de carácter y preparación. Figuró en diversas comisiones públicas y en la enseñanza superior en calidad de catedrático. En 1823 al crearse la Universidad fue electo vicerrector y de 1826 a 1830 ejerció el rectorado en el departamento de Jurisprudencia. Fue fiscal de Gobierno desde 1821 a 1825 Juez de Primera Instancia y miembro del Tribunal Supremo de Justicia. Al Dr. Ezquerrenea le tocó actuar en un suceso ruidoso de la época de Rosas al fallar en contra de los deseos de éste. Gamboa, Marcelo: Nació en Buenos Aires el 16 de enero de 1793 y estudió derecho en la universidad local, doctorándose en 1828. Legisla-

dor y juez de primera instancia en lo civil, renunció en 1830. Luego, fue designado fiscal en el mismo fuero. Abogado defensor de uno de los hermanos Reinafé. En 1852 y 1853 fue Representante por ante la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Integró la Cámara de Justicia como vocal en 1853. Senador en 1856 y 1859. Murió en Buenos Aires en 1861 cuando estaba trabajando en la redacción del Código Civil. García de Cossio y Zuñiga, Juan: Nació en Corrientes el 24 de junio de 1791, Era hijo del coronel español de igual nombre y de doña Estanislada Zúñiga. Hizo sus estudios superiores en Chile pasando luego a Buenos Aires donde se inscribió en la matrícula de abogados, dedicándose al ejercicio del derecho. Fue representante del Gobierno en diferentes misiones difíciles: miembro de la comisión creada para procesar a los partidarios de Alvear; miembro


17 de la Junta de Vigilancia durante el Gobierno de Alvarez Thomas; comisionado ante Estanislao López que culminó con el célebre Tratado del Pilar; comisionado ante el Gob. de Santa Fe y Entre Ríos que sirvieron de base para la organización nacional. En 1821 lo designaron Juez y luego vocal de la Cámara de Apelaciones. Se mantuvo alejado de la política en la época de Rosas. En 1854 fue nombrado miembro del Tribunal de Justicia de la Provincia, falleció el 4 de noviembre de ese año. García de Cossio y Zuñiga, José Simón: Nació en Corrientes el 29 de octubre de 1770. Era hermano del anterior. Estudió en Buenos Aires en el Colegio San Carlos, y se graduó en leyes en la Universidad de San Francisco Javier, de Chuquisaca. En 1810 era miembro de la Real Audiencia de Buenos Aires, en cuyo carácter asistió al Cabildo del 22 de mayo votando por la posición de Saavedra. Instalado el primer

gobierno patrio fue designado diputado por su provincia natal, formando parte de la Junta hasta septiembre de 1811. Fiscal Civil y Criminal, el 9 de junio siguiente tomó la cartera de Hacienda hasta 1820. Sostuvo fuertes diferencias con el gobierno de Rosas. Murió en Corrientes en 1840. Insiarte, Mauel: Nació en Buenos Aires, hijo de Lorenzo Insiarte y Martina Gutiérrez. Teniente 2o. de infantería del Orden, en mayo de 1821. Fue Secretario de la Academia Teórico Práctica de Jurisprudencia en 1822, Censor 2o. de ésta en 1827. Se desempeñó como Juez de Primera Instancia en lo Criminal de la Capital en 1828. Asesor de Gobierno, auditor de guerra y marina en 1832 y vocal del Supremo Tribunal de Justicia en 1835, en el que permaneció hasta 1853. Formó parte del cuerpo de juristas nombrado para emitir dictamen sobre la proposición de obispos. También fue diputado, fiscal y


18 ministro. Era hombre de una vasta ilustración y poseía una de las notables bibliotecas del país. Tenía la colección de todas las hojas periódicas que aparecieron en Buenos Aires desde 1801, entre las que son dignas de especial mención “La Gaceta de Buenos Aires” y “La Gaceta Mercantil”. Murió en la ciudad de su nacimiento el 29 de enero de 1868. Iriarte, Andrés José de: Ejerció el cargo de Fiscal en lo Civil y Criminal por ante la Real Audiencia desde 1798 hasta 1811. Iriarte, Felipe Antonio de: Nació en la ciudad de Jujuy, donde recibió los primeros rudimentos del saber. En Córdoba se doctoró en teología en 1782. Más tarde recibió las borlas del doctorado en la Universidad de Charcas de la que llegó a ser canciller. En 1798 se recibió su petición y autorizó el ejercicio de la abogacía por ante la Real Audiencia de Buenos Aires. Parti-

dario de la causa de la emancipación, fue elegido representante ante el congreso de Tucumán en 1816. Se hallaba en Córdoba en 1821 representando a Jujuy cuando lo sorprendió la muerte el 13 de agosto. Dijo el historiador Carrillo “... Iriarte fue una de las figuras más simpáticas entre los hombres públicos que participaron de la grandiosa escena de nuestra revolución. No era una medianía: era de los más avanzados talentos de sus días, orador eximio, pensador sesudo, defensor piadoso de la raza indígena por cuyos derechos sentía un respeto insinuante; abogado famoso, sacerdote intachable, coronado de todas las virtudes del Evangelio, Jujuy tenía en él una joya, qu le daba esplendor y fuerzas vivas, inteligentes, que se opusieron al desborde y aa la descomposición social que se quería santificar ...”. Termina el elogio agregando que la opinión del Alto Perú se elaboraba en su gabinete, para preparar los


19 planes políticos y campañas militares en los primeros años de la revolución y que no obstante sus méritos indiscutibles aun no tiene labrado el pedestal de su merecida memoria. Irigoyen de la Quintana, Manuel Mariano: nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1762. Fue hijo de Ignacio de Irigoyen Echenique (natural de Azpilcueta, en el valle de Baztan, provincia de Navarra) y de Francisca de la Quintana y Riglos (familia originaria de Navarra), personas acaudaladas y cultas que dieron a su hijo una formación esmerada. Cursó sus estudios preparatorios en el Real Colegio de San Carlos, y superiores, en la Real y Pontificia Universidad de Charcas, uno de los centros más prestigiosos de toda la América hispana.. En Méjico se desempeñó como Fiscal de la Real Audiencia. Luego volvió a su ciudad natal, fue relator de la Real Audiencia desde 1787 hasta 1811. Ejerció la abogacía figurando con moti-

vo de una presentación que hicieron los abogados de Buenos Aires ante la Real Audiencia para solicitar el “privilegio de los puños”, que sirvió para distinguir a los españoles de los criollos. Medrano, Pedro: Nació en San Fernando de Maldonado el 26 de abril de 1769, del matrimonio de don Pedro Medrano y Victoriana Cabrera. Pasó a estudiar a Córdoba (Monserrat), doctorándose en leyes en Charcas, donde luego pasó. Ejercía la abogacía cuando se produjo la Revolución de Mayo, declarándose por la causa de la libertad el 22 de mayo. Fue Auditor del Consejo de Guerra en la causa seguida contra Martín de Alzaga y otros acusados. Ejerció el cargo de Conjuez con amplia competencia y contracción. Fue nombrado Fiscal de la Real Audiencia de Charcas, el que renunció por ejercer como Juez en Buenos Aires. Figuró entre los miembros de la junta de


20 montepío de justicia y hacienda y era Juez de Alzadas y bienes difuntos. El Dr. Medrano fue uno de los autores del Estatuto Provisional que rigió hasta la sanción del Reglamento Provisorio de 1817. Diputado por ante el Congreso de Tucumán, fue Presidente Provisional en la sesión preparatoria del 24 de marzo de 1816, y en tal carácter pronunció el discurso de circunstancias. Estuvo en comisiones y discusiones importantes, descollando como orador, y participó en la redacción del Reglamento del Poder Ejecutivo. En 1819 fue electo Senador, pero no asumió. Figuró activamente en los sucesos de 1820 y al año siguiente renunció su diputación al congreso que debía reunirse en Córdoba y que no pudo sesionar. Formó parte de la Junta de Representantes de la provincia en 1821 en carácter de secretario y fue diputado entre 1827 - 1834 y en 1840. Fue Camarista en 1831. Fiscal de Estado en 1838, y por último Presidente de la Cámara de Apelacio-

nes. Durante el gobierno de Viamonte formó parte del Senado consultivo de veinticuatro ciudadanos notables, rehusando el cargo por no compartir la política que lo orientaba. En 1834 fue nombrado miembro de la Junta de Teólogos, canonistas y Juristas para aconsejar al gobierno en asuntos eclesiásticos. Murió en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1840. Navarro, Angel Aurelio: Nació en Catamarca en 1810, hijo de Juan Diego Navarro y Velazco y María Antonia Segura. Siendo muy joven vino a Buenos Aires, terminando sus estudios de Jurisprudencia en la Universidad local. Con Marco Avellaneda redactó el periódico “El amigo del País”, viéndose obligado a emigrar a Brasil. Dictó luego su cátedra de derecho en la Universidad de Buenos Aires. En 1862 fue nombrado Senador en representación de su provincia hasta 1868. Falleció en Buenos Aires en 1875.


21 Olaechea, Pedro P.: Nació en Santiago del Estero. Fue gobernador interino de la provincia en 1853. También fue juez y diputado provincial y nacional. Murió el 24 de noviembre de 1868. Oromí, José: Nació en Buenos Aires el 25 de junio de 1787, hijo de Ramón de Oromí y de Agustina Lasala y Fernández de Larrazábal. Se casó con Nieves Escalada. Fue diputado en varios períodos, Juez de Paz, miembro del directorio del Banco y Casa de la Moneda de Buenos Aires en 1855. También fue Presidente del Tribunal de Comercio. Murió el 17 de enero de 1861 en la ciudad de Montevideo. Pizarro, Laureano: Nació en Córdoba el 4 de julio de 1829, hijo de Manuel Esteban Pizarro y Mercedes Leanis. Se doctoró en derecho en la ciudad de Córdoba en 1850. Fue Juez del Crimen y Senador provincial. Murió el 10 de diciembre de 1879 en su ciudad natal.

Sarratea, Mariano E. de: Nació en Buenos Aires el 18 de abril de 1814. Miembro de una antigua familia recibió una esmerada educación en Europa y se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires. Practicó en el estudio de Vélez Sarsfield. Patriota de corazón, acompañó al Gral. Lavalle en su cruzada libertadora de 1839. Emigrado a Chile, después de haber sido periodista en Corrientes, siguió combatiendo a Rosas. En ese país fue cónsul y ministro plenipotenciario y dejó huellas de su capacidad y de sus bellas condiciones morales. En momentos difíciles para las relaciones internacionales concertó un tratado preliminar conocido en la historia con el nombre de pacto Fierro-Sarratea, el cual puso término al conflicto inminente, preparó una honrosa solución y evitó una guerra entre los países hermanos. Este pacto fue firmado el 6 de diciembre de 1878. El señor Sarrateo fue el organizador del telégrafo transandino, empresa en que com-


22 prometió sus capitales, y el promotor del gran proyecto del ferrocarril transandino. Hombre de carácter nobilísimo, bondadoso y perseverante, estaba adornado de dotes artísticas. En la sociedad chilena gozaba de gran prestigio. Murió en Chile el 5 de diciembre de 1886. En el diario La Nación del día 8 de ese mes y año apareció un sentido artículo en el que se elogiaba su memoria. Ugarteche, José Francisco: Nació en Villa Rica, Paraguay, en 1768 y, muy joven vino a Buenos Aires para cursar estudios en el Real Colegio de San Carlos. Pasó luego a la Universidad de Charcas, en la que cursó derecho hasta doctorarse en 1791. De regreso a esta ciudad se casó con Marta González, y al fallecer ésta, contrajo enlace con Juana Echenagucía. Ejerció primero su carrera y, posteriormente, tomó parte también en las funciones públicas. Regidor del Cabildo de Luján, se plegó al movi-

miento emancipador. Diputado a la memorable Asamblea de 1813 se desempeñó en calidad de comisionado en las provincias del interior, durante siete meses, hasta la disolución de aquél cuerpo. Cuatro años después, por acuerdo del Congreso se lo nombró para entender en las causas de robos que se perpetraban en la ciudad y campaña. El 2 de marzo de 1818 recibió el nombramiento de subasesor de gobierno, y posteriormente formó parte de la Junta protectora de la libertad de imprenta. En 1824, en unión con el Coronel Dorrego dirigió el periódico “El Argentino” que abogaba por el federalismo. Por decreto del 3 de enero de 1825 ejerció el Juzgado de Paz en esta ciudad. En 1826 fue electo diputado al Congreso General Constituyente por la Provincia de Santiago del Estero; Asamblea en la que demostró sus cualidades oratorias y en la que abogó por el credo federal del cual era partidario. Por decreto de 5 de marzo 1830 designósele camarista


23 en lo Criminal; un año después era llevado a la fiscalía del crimen. En los períodos de 1830, 31 y 33 fue electo diputado a la legislatura de Buenos Aires, y en este último año ejerció interinamente el Ministerio de Hacienda, durante la administración del General Balcarce. El Dr. Ugarteche, ciudadano respetable y preparado, fue amigo desde su niñez del tirano de su patria -Dr. Francia-, con quien mantuvo correspondencia instándolo siempre a que gobernara con la Constitución. Murió en Buenos Aires el 3 de julio de 1834 a los 66 años de edad. En el Museo de Luján se exhibe su retrato. Uriburu, Pedro: Nació en Salta en 1803. Descendiente de una antigua y prestigiosa familia de Vizcaya. Hijo de don José de Uriburu (Administrador de las Reales Aduanas del Virreinato del Perú) y Manuela de Hoyos y Aguirre (descendiente del conquistador Francisco de Agui-

rre). Fue Juez de Alzada y gobernador interino en 1850. Fue Diputado y Senador Nacional entre 1854 y 1858, y 1862 y 1871, respectivamente. Murió en Salta, y estuvo casado con Cayetana Arias Cornejo. Vélez Sarsfield Bagorri, Dalmacio: Nació en Calamuchita, Córdoba, el 18 de febrero de 1801. Recibió su primera educación en el convento de San Francisco de Córdoba. Pasó luego al Colegio Montserrat y después a la Universidad, donde se doctoró en Derecho Civil y en Jurisprudencia. Pasó a Buenos Aires donde fue profesor de Derecho Civil en la Universidad local cuyo empuje le estaba dando Rivadavia. Fue Secretario del Congreso en 1826. Rosas le dio la orden de destierro, dirigiéndose, entonces, a Córdoba. Participó en política junto al Dr. Agüero, cumpliendo una misión ante Estanislao López. En ese carácter negoció un tratado de cesación de hostilidades que los caudillos


24 federales no tardaron en violar. Huyendo de las persecuciones se hallaba en San Nicolás de los Arroyos cuando le tocó ser testigo presencial de la matanza ordenada por Rosas, y en la cual fueron fusilados el gobernador de San Luis coronel Videla, varios jefes y oficiales distinguidos. En la célebre causa criminal que se le siguiera a aquél, testimonió este acontecimiento. Establecido nuevamente en Buenos Aires emigró a Montevideo en 1842, manteniendo contactos con el Gral. Paz. Luego vuelve a Buenos Aires donde Rosas le devuelve sus bienes, aprovechando además sus conocimientos lo consultó frecuentemente en problemas internacionales, y sobretodo en cuestiones de derecho canónico y el régimen del patronato. Luego del derrocamiento de Rosas intervino en la Legislatura de la provincia. Fue Senador y Convencional Constituyente provincial. Asesor de Gobierno. Ministro de Relaciones Exteriores. Negociador diplomático entre la

Confederación y el Estado de Buenos Aires. Autor del Código Civil y del Código de Comercio. Ministro repetidas veces, lo fue en Interior en la presidencia de Sarmiento. Murió en Buenos Aires el 30 de marzo de 1875. Zapiola y Lezica, Bonifacio de: Nació en Buenos Aires el 14 de mayo de 1775, hijo de Manuel Joaquín de Zapiola y María de la Encarnación de Lezica y Alquiza (hija del Alcalde de primer voto en el Cabildo del 22 de mayo de 1810). Pertenecía a una familia originaria de Guipúzcoa, y en esa oportunidad votó por la permanencia del Virrey al frente de la Junta de Gobierno. Se graduó de abogado en la Universidad de Córdoba en el año 1800. Se dedicó al ejercicio de la abogacía, hasta que murió en Buenos Aires el 21 de junio de 1843. Zorrilla, Marcos Salomé: Nació en Salta a fines del Siglo XVIII, y fue hijo de Mateo Gomez


25 Zorrilla, fundador de la familia salteña de su apellido. No obstante ser español, se pronunció por la causa de la Patria y llegó a ser presidente del Cabildo. Después de cursar los primeros estudios en Salta, pasó a Córdoba donde en su Universidad se doctoró en ambos derechos en 1813. Actuó en política y llegó a ser un abogado de nota por su talento e ilustración. Por causas políticas emigró a Bolivia (1831). Allí se dedicó a la docencia. Murió en Chuquisaca, siendo rector del colegio de Junín. Zorrilla y Torino, Prudencio José: Procedente de Salta, estudió en Córdoba y Buenos Aires, donde se doctoró en derecho el 17 de julio de 1831. Ejerció su profesión en Buenos Aires con singular acierto, por sus conocimientos, ahínco y laboriosidad, cualidades éstas que unidas a su carácter bondadoso le granjearon una nutrida y excelente clientela. Murió asesinado en 1842.

2. Juristas de origen vasco en el Congreso General Constituyente de 1853

Introito: A los pocos días de la victoria de Monte Caseros, Urquiza decidió hacer efectiva la convocatoria para organizar constitucionalmente al país, bajo el sistema representativo federal, conforme lo expresado en el Pacto Federal o Tratado del Litoral del 4 de enero de 1831 (Santa Fe). Los representantes de los gobiernos provinciales, reunidos el 31 de mayo de 1853 en San Nicolás, se comprometieron a realizar un Congreso General Federativo el que debía convocar Urquiza para Organizar Constitucionalmente a la República.


26 Con la excepción de Buenos Aires, cuya Legislatura repudió el Acuerdo, todas las provincias eligieron dos representantes al Congreso a reunirse en la ciudad de Santa Fe. Entre los ilustres comisionados figuran prominentes jurisconsultos de origen vasco: Dr. José Benjamín Gorostiaga (por Santiago del Estero), Dr. Antonino Aberastain (por San Juan, quien renunció al ofrecimiento), Dr. Salustiano Zavalía (por Tucumán), Dr. Facundo Zuviría (por Salta), Dr. José Quintana (por Jujuy). La exhortación el art. 7o. del Acuerdo de San Nicolás y el manifiesto de Urquiza del 17 de marzo de 1852 invocaban los principios de la “Asociación de Mayo”, por lo cual, también el espíritu del Dr. Juan Bautista Alberdi se encontraba representado en esta convocatoria de hombres de diversa orientación política, religiosa y económica: unitarios y federales, asociados de mayo, liberales y conservadores, librecambistas y proteccionistas. Todos reuni-

dos con el mismo espíritu de fusión, olvido y abnegación, para dar a la patria un instrumento con molde federalista, pero que contemplara la realidad nacional, y reafirmara y consolidara los vínculos de unidad nacional nacidos en Mayo de 1810, ratificados en la Asamblea de 1813, el Congreso de Tucumán, y los Congresos Nacionales de 1819 y 1824, y los varios tratados o Pactos Interprovinciales que le sucedieron con el mismo ideario y anhelo de unidad. Con la presencia de los representantes de doce provincias (San Juan se incorporó cuando ya se estaba sesionando) y la indisimulada ausencia de Buenos Aires (la más rica, la más ilustrada, la más poderosa, la de mayor jerarquía en el proceso de la independencia nacional, quien había declarado su soberanía en Septiembre, y recién se incorporara en 1860), el Congreso se instaló solemnemente el 20 de noviembre de 1853.


27 Inaugurado así el Congreso Argentino, cabe anotar, por último, que sus miembros sólo se encontraban comprometidos con un sentido uniforme y amplio de la unidad de la patria, comprensivo del concepto de solidaridad nacional, de la necesidad de sacrificar o restringir los particularismos locales, y con la fervorosa devoción a los principios republicanos que quedaron estampados en el Preámbulo y en la Declaración de Principios, Derechos y Garantías. La Constitución Nacional consagró el régimen Republicano, Representativo y Federal (art. 1o.), y ello sobre una base indudablemente democrática, y toda vez que también exigió el régimen comunal o municipal como requisito de la autonomía provincial (art. 5o.). En este aspecto no es posible omitir el recuerdo preciso del Dr. Antonio Sagarna respecto del “... valioso antecedente de las instituciones identificadas con la vida real y milenaria de las

regiones vascongadas que el mismo Webster debió reconocer como anteriores a la democracia representativa de Inglaterra ...”. En efecto, la población del Río de la Plata, y del antiguo virreinato todo, al tiempo de nuestra Independencia y de la Organización Nacional, estaba influída por elementos de las regiones vascas -muchos descendientes de conquistadores y colonizadores-. Entre nuestros próceres militares y civiles era nutrida y calificada la ascendencia “euskalduna”, y las generaciones siguientes tuvieron sus representantes entre los inspiradores, promotores y realizadores de nuestra Constitución (Alberdi, Urquiza y Gorostiaga, respectivamente). Por ello, no cabe duda que nuestra Ley Fundamental se encuentra imbuida por el espíritu, la experiencia y el anhelo de esta raza, tan enamorada de sus fueros como de su Dios, de su hogar y de su trabajo libre y sano. Y así, la Organización del país fue pergeñada


28 bajo el influjo de los ideales de la “Asociación de Mayo”, de un Esteban Echeverría ya fallecido y de un Alberdi ausente. Líderes y conductores de las discusiones en las comisiones se erigieron hombres de tradición y sangre vasca como Gorostiaga, Zavalía, y Zuviría, integrando éstos, además, la comisión de redacción definitiva de la Carta Magna. Así descripta la influencia “vascuence”, pasaré a describir la personalidad de cada uno de estos notables hombres públicos. Juan Bautista Alberdi y Aráoz En el pináculo de esta participación en la vida jurídica del país se encuentra el conspicuo inspirador de nuestra Constitución Nacional, don Juan Bautista Alberdi Aráoz, hijo de vizcaínos, ilustre y agudo pensador de notable clarividencia. Su obra “Bases y Puntos de Partida para la Organización de la Confederación Argentina”

influyó indudablemente en la orientación y en la arquitectura de la obra realizada por el Congreso de Santa Fe, la cual ha sido reconocida desde un principio no sólo por sus elaboradores y redactores (en especial Gutierrez y Gorostiaga), sino también por comentaristas y doctrinarios, y definitivamente por la jurisprudencia parlamentaria, administrativa y judicial. Juan B. Alberdi nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810, del matrimonio de Salvador Alberdi, español, y de Josefa Aráoz. Recibió los primeros rudimentos del saber de su tío, el ilustre obispo Dr. Moisés Aráoz, y se trasladó a Buenos Aires donde cursó sus estudios secundarios, para graduarse de abogado en la Universidad de Montevideo, perfeccionándolos en la Universidad de Chile. En 1838, enfrentado con Rosas, marcha al exilio radicándose en Montevideo. Viaja más tarde a Italia y Francia. El 1o. de septiembre de 1843 conoce, en París, al Libertador, lo cual le


29 produce una profunda impresión, dejando de él una pintura realista y detallada. En 1844 se traslada a Río de Janeiro, para seguir luego a Chile. En 1847 publica su opúsculo “La República Argentina treinta y siete años después de la Revolución de Mayo”, en el cual deja de lado partidismos, y basándose fundamentalmente en la gesta de la independencia, predica la unidad nacional para organizar el país y engrandecerlo. Mientras se encuentra en Chile se produce el pronunciamiento de Urquiza (mayo de 1851), culminando ocho meses más tarde en Caseros. En estas circunstancias, Alberdi, exilado, aparecía como el jefe intelectual signado por la historia para dirigir el movimiento de las ideas que debían organizar un gobierno regular y libre. Sus estudios y sus escritos lo presentaban como el hombre más lúcido para concebir un plan para erigir la gran nación de Sud América. Convocada la Convención Constituyente, se

puso a trabajar, dando a conocer el 1o. de mayo de 1852 su obra cumbre “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”, figurando al final de su trabajo un proyecto de Constitución para la Nación. Llegó en el momento justo en que el movimiento revolucionario encargado de organizar el país no encontraba, aún, el rumbo. Preocupado por rencillas domésticas y las divisiones políticas siempre presentes en nuestra historia, parecía no encontrarse preparado para organizar la sociedad. La obra de Alberdi incluye las razones que, a su entender, impidieron la organización nacional, pasando revista a los cuarenta años de luchas desde la emancipación, deduciendo el sistema político y jurídico que convenía adoptar; allí presentó el proyecto recogido en 107 artículos de la que luego fuera la Constitución Argentina. “Las Bases”, es un curso completo de derecho público argentino y americano,


30 pedestal sobre el cual se edificó la patria. Así, Alberdi quedó colocado en primera línea como pensador, estadista, legislador. Desde allí Urquiza lo designó como representante diplomático de la Argentina en Paris, Londres, Madrid y Roma, a fin de obtener el reconocimiento de la Confederación como Nación soberana. Dio a la estampa importantes trabajos jurídicos y literarios, que lo hacen digno de ocupar uno de los primeros puestos en la historia literaria de su patria. Además de la citada, completó su obra científica con “Preliminares al estudio del Derecho”, “La anarquía y sus dos causas principales”, “La magistratura y sus atribuciones”, “Elementos de Derecho Público provincial para la República Argentina”, y otras obras. Como escritor literario dio a la publicidad una colección de artículos de costumbres con el seudónimo de “Figarillo”, y una crónica de la revolución de mayo. Alberdi debe ser conside-

rado como un gran talento; pero llevado de sus ideales políticos, cometió graves errores que merecieron la acerba censura de sus contemporáneos. Murió en París, en la mayor pobreza, el 19 de junio de 1884, y sus restos fueron trasladados años después a Buenos Aires para ser depositados en el Cementerio del Norte (hoy llamado “de la Recoleta”), donde se le ha erigido un mausoleo. Sus escritos se han publicado en varios volúmenes y su personalidad ha sido objeto de numerosos estudios biográficos y literarios. El diario “La Nación” del 21 de junio de 1884, al dar cuenta de su deceso, decía: “Ha muerto en París a la edad de 74 años el doctor Alberdi, que por espacio de cerca de medio siglo ha llenado con sus escritos y con su nombre la prensa del Río de la Plata, proyectándose sobre él las luces y las sombras que acompañan a todo hombre de pensamiento mezclado a la


31 acción contemporánea, para quien la pluma es un instrumento de propaganda y de lucha, que sirve a la vez a la pasión y a la idea. Aunque a los muertos sólo se deba la verdad, no es el momento de llamar a severo juicio para pronunciar la sentencia definitiva a su respecto, aquel en que un hombre muere lejos de la patria, ajeno a su vida activa, en la soledad y la tristeza, envuelto por las sombras el alma, y tal es el caso del doctor Alberdi, cuya inteligencia se había apagado perdiendo hasta la noción de su propio ser antes de morir. El doctor Alberdi fue una de las más lozanas inteligencias de la generación a que perteneció, y desde muy temprano empezó a hacerse conocer por sus cualidades de escritor. Fue uno de los que mediante la prensa combatió contra Rosas desde Montevideo y Chile. Concurrió en la medida de sus facultades y desde lejos, a la organización constitucional de la República Argentina después de Caseros, y aun cuando la

parte que le cupo en esta obra se haya exagerado por demás, no puede negársele la eficiente influencia que ejerció en tal sentido, dando una fórmula que, bien que incompleta, quedará unida a su nombre como publicista. La herencia literaria que deja el doctor Alberdi es más rica en cantidad que en calidad, pero aun cuando muchas de sus páginas ligeras serán llevadas por el viento del olvido, algunas le sobrevivirán porque llevan el sello de la originalidad, unido al penetrante espíritu de análisis de un pensador que realza su ingenio verdaderamente chispeante, aun en medio de sus grandes incorrecciones y deficiencias, porque era un improvisador tan fecundo como espontáneo. Echemos en estos momentos un velo fúnebre sobre los períodos de la vida que se ha extinguido, cuando en nombre de la política se excitaban los odios entre los pueblos hermanos, cuando en aras de esos odios se sacrificaban principios de conservación nacional, y


32 cuando el sentimiento nacional amortiguado ante una lucha a muerte para la vida argentina, se encendía en honor del enemigo extraño.”. Este último párrafo alude a su malquerencia a Buenos Aires y a sus hombres, y a su desgraciada actuación como representante del Paraguay en Europa, cuando nuestro país se hallaba en plena guerra contra una tiranía espantosa. Escritor, publicista, ensayista, filósofo, jurista y literato, su obra se encuentra diseminada en infinidad de folletos y libros, de los cuales daremos los nombres de los más notables, exceptuando los ya citados en esta noticia bibliográfica. Ellos son: “Memoria descriptiva de Tucumán”, “El espíritu de la música”, “Las palabras de un ausente”, “El voto de América”, “Cartas Quillotanas”, “Memorias sobre las ventajas de un congreso americano”, “Defensa ante los tribunales de Chile”, “Peregrina-

ción de la luz del día”, “Tratado sobre ejecuciones y quiebras en Chile”, “La magistratura y sus atribuciones en Chile”, “Las dos guerras del Plata”, “La República Argentina consolidada en 1880 con la ciudad de Buenos Aires por capital”, “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”, “El crimen de la guerra”, “De la integridad nacional de la República Argentina bajo todos los sistemas de gobierno”, “Crónica dramática de la revolución de 1810”. Después de su muerte, el gobierno de la Nación hizo editar, entre otras, las siguientes obras inéditas: “Estudios económicos”, “Derecho internacional”, “Del Gobierno; sus formas, fines y medios en Sur América”, “Ensayos sobre la sociedad, hombres y cosas en Sur América” y “Apuntes biográficos”. Sus obras abarcan 18 tomos. Ha sido el verdadero estadista inspirador de nuestra Constitución Nacional.


33 José Benjamín Gorostiaga En 1853, con sólo 29 años de edad, fue elegido por su provincia natal, Santiago del Estero, como su representante ante la Convención que sancionó la Constitución en la ciudad de Santa Fe. En esta asamblea, iniciada el 18 de noviembre, el Dr. Gorostiaga se distinguió como uno de los miembros más jóvenes e ilustrados, a quien le cupo una brillante actuación. Fue uno de los constituyentes más talentosos e ilustrados, su palabra encendida respondía a las más severas exigencias de la lógica. Formó parte de la comisión de negocios constitucionales, fue miembro informante iniciador de los debates, donde se destacó como orador de despejado ingenio, palabra concisa y lógica contundente. Fue su principal redactor. Se conservan todavía los originales de su Anteproyecto o esbozo de Constitución, que acreditan

la mencionada autoría, redactado entre Navidad de 1852 y fines de enero de 1853. Era un profundo conocedor del Derecho Público europeo y norteamericano: Story, Hamilton, Tocqueville, Stuart Mill Grimke, Rossi, etc., en lo que a estructura federal se refiere. Se registran más de cuarenta intervenciones suyas en el debate en particular de la Constitución. Fue autor del Informe que lo acompañaba y explicaba el texto constitucional. Facundo Zuviría Nació en Salta el 26 de noviembre de 1793 y era hijo del coronel español don Agustín de Zuviría y doña Feliciana de Castellanos, salteña, de ilustre abolengo, igual que su marido. Por quedar huérfano cuando tenía diez años de edad fue enviado a Córdoba para educarse, y en diciembre de 1813 obtuvo su título de doctor en ambos derechos en la Universidad


34 mayor de San Carlos. En la mencionada ciudad se granjeó el prestigio que luego lo llevaría a donde se trasladara. Luego ocupó varios puestos de gobierno en su provincia natal, implantando las bases de las instituciones democráticas salteñas, redactando el armisticio con los realistas y el estatuto provincial que rigió hasta la constitución de 1853. Fue el primer presidente de la Legislatura, cuando tenía 26 años de edad, y el primer gobernador elegido por ésta, al que declinó para continuar en aquél cargo. Fue promotor de varias leyes muy importantes para la provincia, especialmente las relacionadas con la educación. En 1830 emigró a Bolivia por cuestiones políticas. En el ostracismo se dedicó a escribir, al ejercicio de su profesión y a la enseñanza, llegando a ser inspector de todas las Universidades bolivianas. En 1850 vuelve a Salta y es elegido inmediatamente a la Legislatura.

Fue diputado en el Congreso de Santa Fe en 1853, Asamblea que presidió. Rehusó el cargo de Secretario de Estado que le ofreciera Urquiza, pero fue Ministro de Justicia e Instrucción Pública hasta 1855. Luego en 1857 fue Senador Nacional por Corrientes. Integró el Tribunal de Justicia de la Confederación en la ciudad de Paraná. Estuvo en la ciudad de Montevideo donde efectuó varios trabajos literarios y filosóficos. Entre sus principales obras merecen citarse: “La Prensa Periódica”, “El Principio Religioso”, “La Educación Pública”, “El Principio Religioso como Elemento Político, Social y Doméstico”, “Espíritu de Partido”, “Las Hermanas de Caridad”, “Amnistía, Tiranía y Demagogia”, así como muchos discursos fueron impresos como modelos del género oratorio. Murió en la ciudad de Paraná el 18 de agosto de 1861.


35 José María de Zuviría Nació en Salta en el año 1830, emigrando a Bolivia con su padre (Facundo Zuviría) siendo aún niño. Allí hizo sus primeros estudios pero en Buenos Aires se recibió de abogado y doctor en Jurisprudencia. Después de Caseros revistó como empleado en el Ministerio del Dr. Gorostiaga, y en julio de 1852 fue nombrado oficial primero y encargado del Archivo del Ministerio de Hacienda. En 1853 actuó como Secretario del Congreso Constituyente de Santa Fe. Constituido el gobierno de la Confederación Argentina en Paraná, fue subsecretario del Ministerio de Hacienda, del que pasó al de Interior. Redactó la Constitución de Catamarca a pedido de sus autoridades. Fue Secretario de la Embajada de la Confederación ante la Santa Sede. En 1860 fue Juez a cargo del Juzgado Federal de Santa Fe. Murió en Buenos Aires el 9 de

noviembre de 1891. De sus obras merecen recordarse: “Los Constituyentes de 1853” “Abel del Peregrino del Plata”, “Religión, Religiones y sistemas religiosos” y “El Siglo XIX”. Salustiano Zavalía Nació en Tucumán el 8 de junio de 1810. Se doctoró en Derecho Civil en la Universidad de Córdoba en 1829. De regreso a su provincia fue Ministro, Juez y Diputado a la Legislatura. En 1841 se pronunció contra Rosas y se salvó providencialmente. En Lima (Perú) se dedicó con éxito al ejercicio de la abogacía. En 1853 participó en la redacción de la Constitución Nacional en el Congreso General Constituyente en la Provincia de Santa Fe. Senador y Gobernador Provisorio de Tucumán el 11 de abril de 1856, y en propiedad el 16/5/1866. Falleció en Tucumán el 16 de enero de 1873.


36

3. La Corte Suprema de Justicia de la Nación y los Magistrados de ascendencia vasca que la integraron

Aclaración preliminar

La importancia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación dentro de nuestro sistema de Gobierno en la Constitución Nacional, viene impuesta porque a ella corresponde la palabra final y decisiva, sobre todo en aquellos casos cuya solución exige elevarse por encima de las simples contiendas regidas por el derecho común, para entrar en el terreno delicado donde se desenvuelve el mecanismo de las instituciones gubernativas. Es por ello que a medida que el progreso mate-

rial acrecienta y agudiza los problemas de los que depende el bienestar general, la intervención de la Corte Suprema aparece más frecuentemente solicitada para restablecer el equilibrio del sistema constitucional, ya sea cuando se rompe por el dictado de leyes objetables, o bien cuando las provincias no se mantienen dentro de la órbita que se les está marcada en el esquema constitucional en el desempeño de sus tareas administrativas. En particular, entrando al modo de proceder de este Poder de Estado, existe una evidente diferencia en el modo de actuar institucional de los “tres” poderes que integran el Estado Nacional. Los miembros del Poder Legislativo y Ejecutivo se mueven, elaboran y ejecutan, mediante una multiplicidad de hechos y actos de diversa naturaleza. El Poder Judicial de la Nación, es decir, la Corte Suprema de Justicia, y con ella todos los jueces nacionales del grado, sólo se valen de actos de


37 naturaleza jurisdiccional, la sentencia, único medio con el cual ejerce su poder. Por ello es que se dice que la historia del Poder Judicial, no es la de sus miembros sino la de la jurisprudencia que establece respecto de la interpretación de la ley. Sin embargo, no puede desconocerse que esas funciones son realizadas por ciudadanos. Toda vez que, como adelantara, el propósito de este trabajo es el señalar los rasgos biográficos fundamentales de las personalidades de origen vasco y su descendencia que han contribuido a forjar y afianzar el derecho argentino, no puede quedar ajeno en este análisis el ámbito institucional de la más alta jerarquía de este poder del Estado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en estricto sentido es uno de los tres que gobiernan en una república, siendo la tarea de dar a cada uno lo suyo, una de las más augustas a que puede aspirar un ciudadano.

A) Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

Dr. Francisco de las Carreras Fue el Primer Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Hijo de José María de las Carreras (natural de Santurce, Vizcaya. Como vecino de Buenos Aires participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, apoyando una fórmula ecléctica) y de María Tereza de Lezica y Vera (tercera generación vasca; hija del Alcalde de 1er. Voto en el mencionado Cabildo, don Juan José de Lezica y Alquiza, quien era a su vez hijo de Juan José de Lezica y Torrezuri, natural de Cortezubi, Vizcaya). Se recibió de Doctor en Derecho Civil en la Uni-


38 versidad de Córdoba en 1832, siendo discípulo aventajado del curso de filosofía que dictaba don Luis J. de la Peña. Luego obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia en 1834 en la Academia de Jurisprudencia de Buenos Aires, presentando su tesis “Disuelto el matrimonio puede la mujer vindicar con acción de dominio los bienes estimados aunque se hubiesen dado al marido con estimación que acuse venta en caso de hallarse este insolvente” (donde da muestra de una sensibilidad jurídica precursora y poco común, proponiendo una igualdad de trato con el marido para el reconocimiento de sus derechos en la disolución del vínculo por cualquier motivo). Fue Secretario de la Academia Teórico-Práctica de Jurisprudencia de Buenos Aires, al tiempo que ejercía la abogacía en el estudio del Dr. Vélez Sarsfield. Luego en 1853 llegó a ser sucesivamente su Vice-Presidente y Presidente.

Desalojado el gobierno de Rosas, el 9 de marzo de 1852 es nombrado por Justo José de Urquiza Fiscal General del Estado de Buenos Aires, siendo removido el 3 de agosto porque sus principios, de entera independencia con la política de Urquiza, no cedieron a sus exigencias. Fue electo por el pueblo para el cargo de Representante en la Legislatura Provincial para el período iniciado en 1852. Separada Buenos Aires de la Confederación Argentina, en 1852 fue designado Ministro de Hacienda del Gobernador Manuel Guillermo Pinto. Con motivo del fallecimiento de éste, el Doctor de las Carreras, con sus otros colegas de gabinete (el Dr. Torres y el Gral. Paz), asumió el gobierno delegado hasta la elección del Gobernador Pastor Obligado, quien lo confirmó en su cargo. Con posterioridad fue Ministro de Gobierno e


39 interino de Relaciones Exteriores del Estado Soberano de Buenos Aires. En 1853 fue designado vocal de la Cámara de Justicia, siendo Presidente desde 1854. Elegido Convencional Constituyente para el dictado de la Constitución del Estado de Buenos Aires (que sesionó desde el 2 de enero al 11 de abril de 1854), fue designado su Vice Presidente. Sancionada aquélla, fue elegido dos veces Senador, siendo Vice Presidente de la Cámara en 1855. También fue miembro el Consejo Consultivo de Gobierno en 1855. Rehusó integrarse nuevamente al gabinete del Gobernador Dr. Pastor Obligado para continuar en la Justicia integrando el Superior Tribunal del Estado de Buenos Aires, del que fue su Presidente desde 1859 a 1862. En este cargo tuvo oportunidad de confirmar la sentencia de

muerte contra Juan Manuel de Rosas. Fue Presidente de la Convención Constituyente Ad-hoc para revisar la Constitución Federal de 1853, a fin de que Buenos Aires se incorpore a la Confederación. Luego le tocó ser VicePresidente de la Convención Nacional reformadora de la Constitución Nacional en 1860, que sesionó en la ciudad de Santa Fe. En 1862 fue designado para constituir fundacionalmente la primera Corte Suprema de Justicia de la Nación. Juró como su Primer Presidente el 15 de enero de 1863. Permaneció en este cargo hasta su muerte acaecida el 28 de abril de 1870. El gobierno le decretó honores fúnebres. El entonces Presidente de la República Argentina, don Domingo F. Sarmiento, presidió el duelo, y al despedir los restos de quien ocupaba el más alto sitial del Poder Judicial desde su


40 instalación en el país, expresó, entre otros conceptos, que fue «...el hombre que más se aproximó al concepto ideal del juez...». Por su parte, el ex Presidente Gral. Bartolome Mitre hizo un sobrio elogio del extinto: «Cuando el doctor de las Carreras fue nombrado para tan alto puesto, estaba señalado por el índice de la opinión, y los poderes públicos al confirmarlo, no hicieron sino servir el designio que se habían impuesto de consolidar la situación de la República sobre las bases del derecho. Sobre el suelo ardiente de la lucha, teñido aun con la sangre de los hermanos, se levantó entonces aquel inextinguible fanal de la Justicia que alumbra a los pueblos en el camino de la salvación, y el doctor de las Carreras fue el encargado de encenderlo y de mantener viva la llama que le había dado vida. El poder judicial en el orden federativo estaba bosquejado en la Constitucion; pero

era una letra muerta, un símbolo de la verdad que necesitaba verse animado por el fuego sagrado de la conciencia. El poder judicial era una teoría, el programa de un derecho; necesitaba ser un hecho. Faltaban hombres adecuados para constituir ese alto poder regulador y, sobre todo, un hombre para presidirlo. El doctor de las Carreras fue el elegido y desde entonces la ley teórica, la ley muda, la letra muerta, se hizo sangre y carne, habló por labios vivos, tuvo acción en los hombres, dominó sobre los pueblos. La figura serena y austera del doctor de las Carreras coronó asi el monumento de la Constitución”. El periódico «La Tribuna» como homenaje póstumo publicó: «Si hay una lumbrera ante la cual este gran pueblo deba inclinarse con respeto es la de ese noble ciudadano, tipo de la probidad espartana, del patriotismo sublime».


41 Clodomiro Zavalía, en su obra «Historia de la Corte Suprema», recuerda que «... El doctor de las Carreras, que sólo por ocasión y contrariando sus inclinaciones, fue hombre político, destacábase por sus aptitudes sobresalientes para la tarea excelsa de administrar justicia. Más de treinta años estuvo haciéndolo sin desviarse nunca de la senda recta y prestigiando en todos los instantes de su incansable actividad, junto con su nombre, que es ya imperecedero, el del tribunal que presidió con tanto acierto, contribuyendo poderosamente a cimentar el imperio de las instituciones. Fue un juez modelo que se levantó sobre sus contemporáneos, no sólo por sus virtudes, sino por su austeridad moral nacida del carácter y por la fuerza poderosa que el hombre público puede sacar de su conciencia, cuando es recta y honrada, y aplicarla al mejor gobierno de sus conciudadanos».

Sus colegas, en la nota de pésame dirigida a sus deudos, entre otros términos conceptuosos palabras, expresaron: «...La gran ciudad ha de llorarlo como la madre tierna llora al hijo querido...». Sus biógrafos coinciden en afirmar que el Dr. Don Francisco de las Carreras fue sobrio y circunspecto como político, intachable como magistrado y de hábitos sencillos como hombre privado. Su espíritu, profundamente nutrido en la ciencia del derecho y la bondad y firmeza de su carácter, hicieron de él un modelo como Juez y como ciudadano.

La Corte del Dr. Francisco de las Carreras (1863-1870) En materia judicial, estaba todo por hacerse, y en este aspecto quien más experiencia tenía en


42 el Alto Tribunal era el Dr. de las Carreras, por su amplia trayectoria en el foro, en la Justicia, en la Cámara de Apelaciones de Buenos Aires y en el Superior Tribunal de la Provincia. Durante su gestión se organizó el Poder Judicial Nacional, para lo cual participó en la elaboración del proyecto de las primeras leyes sobre el funcionamiento de este poder de estado, entre las cuales se destaca la ley 48 -aun vigente con modificaciones- (sobre Jurisdicción y Competencia de los tribunales nacionales), y la ley 50 (ya sustituida). La tarea desarrollada por esta Corte, símbolo de la unidad nacional, fue el afianzamiento de las instituciones, puesto que la Constitución Nacional tenía sanción, pero no vigencia. Como ejemplo, durante el año 1862 y 1868 hubo en el país 107 revoluciones, y murieron 4.728 personas en 90 combates. La obra, entonces, no fue fácil.

La tendencia de la Corte que presidió fue eminentemente rivadaviana y afín con el liberalismo ilustrado, en el sentido que sus ideas no eran dogmas de fe, sino medios de acción, resolviendo las cuestiones con inusual pragmatismo y sentido de equidad. La premisa era “institucionalizar” el país, y por ello fue fundacional e impostergable, cuestión que sus integrantes lo sabían, asumiendo plenamente la importancia de la hora y de las responsabilidades que el cargo imponía. Traía consigo, cada uno, no sólo una diferente mentalidad o actitud política (criterio de ponderación valorable en su elección por el entonces Presidente Mitre), sino también una afinada ponderación jurídica. Ello no los alejó del programa de realidad en que estaba inmersa la Nación, cual era la cons-


43 trucción del país, y sus decisiones se encontraron preñadas de soluciones para el momento político que se vivía, puesto que sabían que la realidad tiene la costumbre de no adaptarse a los planes abstractos previamente trazados. La primera Corte sintió como propios los principios y valoraciones del liberalismo primigenio e históricamente revolucionario, influídos seguramente, un poco por el recuerdo de los excesos recíprocos de la época pasada, y otro poco bajo la ideología dominante. Comprendieron que la tarea no era ser eximios ortodoxos principistas, sino colaborar, desde una posición calificada, en la edificación de la nueva forma de convivencia social, de la “república posible” de Alberdi. En uno de sus primeros fallos garantizó la libertad de prensa que se encontró comprome-

tida por las publicaciones efectuadas por Manuel Argerich, en virtud de las cuales el Ministerio de Justicia dio instrucciones para denunciarlo, decidiendo la Corte Suprema con independencia del Poder Ejecutivo, confirmar el fallo del Juez de Sección, Dr. Alejandro Heredia, que declaró su incompetencia con remisión a los principios constitucionales de libertad de imprenta garantizados por el art. 32 de la Carta Magna (Fallos: 1:130). Merece ser recordada como la precursora de la acción de amparo a los derechos individuales cuando, en el caso “Blanco, J.E.” (Fallos: 1:170) intuyó la necesidad de soluciones que se desprendan directamente de las premisas de la Constitución, puesto que allí sostuvo que si bien las autoridades provinciales no pueden ser demandadas ante los tribunales federales por hechos ocurridos con anterioridad a su instalación “... pueden serlo sus agentes o los


44 ejecutores de los mandatos inconstitucionales, y por este medio obtener los agraviados la conveniente protección y las reparaciones que les sean debidas ...”; el fallo alude a todos los derechos constitucionales, y anticipa para ellos una protección conveniente, razones que luego constituirán el objeto y fin de la acción prevista en la ley 16.986, hoy consagrada como derecho en el nuevo texto del art. 43 de la Constitución Nacional, mediante la reforma de 1994. En el primer fallo de protección a la inmunidad parlamentaria asegurada por los arts. 60, 67 inc. 27 y 100 de la Constitución, entendiendo que los miembros del Congreso no pueden ser acusados, molestados ni interrogados por las opiniones o discursos que emitan en el desempeño de su mandato de legisladores, resolvió admitir su competencia en defensa de las expresiones del Senador Martín Piñero, contra la demanda que le promoviera el Sargento

Mayor don Benjamín Calvete (Fallos: 1:297). En la causa “Domingo Mendoza c/ Provincia de San Luis” (Fallos: 1:485), la Corte Suprema declaró por primera vez la inconstitucionalidad de una ley provincial, haciendo ejercicio del control de constitucionalidad, para el que debió crear su propia jurisprudencia, hasta entonces inexistente, atento al inexistente bagaje de fallos nacionales con aplicación de la nueva Carta Magna, o doctrinarios nacionales. Aún no habían llegado los textos traducidos de la jurisprudencia de los Estados Unidos. Asimismo, en la causa “Baldomero Martínez c/ Manuel Otero”, resuelta el 5 de agosto de 1865, se inicia lo que posteriormente se daría en denominar la “doctrina de los gobiernos de facto”, estableciéndose en ella “... que el gobernador de Buenos Aires y general en jefe de su ejército fue autoridad competente para reconocer y decidir en esa clase de asunto, por


45 ser quien ejercía provisoriamente todos los poderes nacionales después de la batalla de Pavón, con el derecho de la revolución triunfante y asentida por los pueblos en virtud de los graves deberes que la victoria le imponia ...” (Fallos: 2:127). Uno de los primeros pronunciamientos sobre la inexistencia de un “caso judicial” y competencia constitucional de los Poderes del Estado. Allí la Corte resolvió que se trataba de una “consulta”, con motivo de la elección de un Senador por la legislatura mendocina que no fue aceptada por el Congreso Federal. Aquí el Alto Tribunal, con remisión al dictamen del Procurador Pico, consideró que no habiendo intervenido nunca el interesado (senador electo) no existe materia justiciable, siendo el Senado Nacional la única autoridad para decidir sobre los derechos y títulos de sus miembros conforme la Constitución Nacional (Fallos: 2:253).

El fallo dictado por la primera Corte Federal en el caso “Mendoza y otro c/ Provincia de San Luis”, hace prevalecer el principio de jerarquía normativa del art. 31 de la Ley Fundamental, toda vez que ninguna provincia puede imponer contribuciones a la exportación de productos cuando esta cuestión es materia de exclusiva incumbencia federal por delegación expresa de las provincias en la Constitución Nacional, arts. 9 y 10; así declara nula y de ningún efecto la disposición provincial en virtud del cual los actores debieron abonar derechos a la Provincia de San Luis (Fallos: 3:131). En la causa “Carlos Urien y Cía.” del 8 de noviembre de 1866 (Fallos: 3:468), confirmando el fallo del Juez Dr. Alejandro Heredia, garantizó el ejercicio de la industria lícita previsto en la Constitución Nacional, pero sujeto a las leyes que lo reglamentan, con lo cual afianzó el principio de la inexistencia de derechos


46 absolutos para ser opuestos frente a terceros. Según la visión de esta primera Corte, sustentada como motivo de analizar la legitimidad del alcance de las expropiaciones decididas por ley en favor de los ferrocarriles “...La Constitución libra a la discreción exclusiva del Congreso el juicio sobre la utilidad pública en los casos ocurrentes; y es notorio, además, que sin la concesión de tierras no hubiera sido realizada la construcción del Ferrocarril Central, obra de una conveniencia evidente para el progreso y aun para afianzar la paz y la tranquilidad de la República ...” (Fallos: 4:320, Caso “Hue”, 1867), es decir, estaba bien porque convenía al país. Sobre el reglamento de los derechos individuales en ejercicio del Poder de Policía la primera Corte Federal afianzó los poderes de las provincias no delegados a la Nación, y que los

derechos no son absolutos, sino sujeto a las leyes que los reglamentan. En virtud de ello rechazó la posibilidad de la instalación de una Plaza de Toros que estaba prohibida por ley de la Provincia de Buenos Aires (Fallos: 7:150) En un conflicto de competencia entre un juzgado local y el federal por el ejercicio del Poder de Policía de la Provincia de Corrientes (derecho público provincial), la Corte Suprema resolvió su incompetencia, aun cuando se trataba de un extranjero que demandaba a un Estado provincial, ello con fundamento en que el poder no delegado se conserva en cabeza de las provincias, porque “... la Constitución Federal se adoptó para su gobierno como Nación, no para el gobierno particular de las provincias, las cuales, según la declaración del art. 105, tienen derecho a regirse por sus propias instituciones..., es decir conservan su soberanía absoluta en todo lo relativo a los


47 poderes no delegados a la Nación, como lo reconoce el art. 104 ...” (Fallos: 7:373). Todos estos primeros precedentes encierran algunos de los principios sobre los que se apoya hoy el derecho público. Son piezas imprescindibles del mecanismo político que debería funcionar, que no se aprecian en su real magnitud sino cuando los perdemos con los golpes de estado, viéndolos ahora como simples lugares comunes. Sin embargo, ellos no siempre los fueron así, y se debe recordar a esta Corte de la primera etapa como a los hombres que la integraron, los hacedores de una tenaz labor de afianzamiento institucional. José Benjamín Gorostiaga Nació en Santiago del Estero el 31 de marzo de 1822, siendo sus padres Don Pedro Pablo de Gorostiaga Urrejola (que actuó en la proclama-

ción de la autonomía provincial), y doña Mercedes Bernarda de Frías Araujo. Emigraron a Buenos Aires luego del regreso de Ibarra al poder como consecuencia de la caída del General Paz en el norte. En 1838 comenzó a educarse en el Colegio de los jesuitas, y al producirse el desapoderamiento de éstos, se llamó Colegio Republicano Federal, en 1843. Al año siguiente, en él, dictó clases de filosofía, continuando el curso que había iniciado el padre Majesté. Hizo estudios de Jurisprudencia en Buenos Aires, doctorándose el 10 de abril de 1844, con una tesis sobre “Derechos hereditarios de los ascendentes legítimos”. Practicó abogacía en el estudio del Dr. Baldomero García, desempañándose en la profesión desde 1847. Vinculado a la Academia de Jurisprudencia se desempeñó como celador fiscal. Desde muy joven actuó en política, y derrota-


48 do Rosas en Caseros, el 4 de febrero de 1852, fue nombrado gobernador provisorio de Buenos Aires el Dr. Vicente López y Planes, quien lo designó Ministro de Hacienda, cargo que ejerció hasta el 25 de julio de ese año, en que renunció aquél, no sin antes haber reorganizado las financias provinciales, imprimiéndole una tónica liberal a esta política, concluyendo con el sistema monopolista y dispuso la confiscación de los bienes de Rosas. Con la renuncia de López pasó a formar parte del Consejo Consultivo de Gobierno que designó el Director Provisorio General Urquiza, ejerciendo funciones hasta el 4 de septiembre de 1852, cuando fue designado Asesor de Gobierno y Auditor de Guerra y Marina. En 1853 fue elegido constituyente por Santiago del Estero ante la Convención que sancionó la Constitución ese año, en la ciudad de Santa Fe. En ese mismo año fue nombrado ministro plenipotenciario especial, para concluir los tratados, aun

vigentes, de libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, con Francia, Inglaterra y Estados Unidos. También durante la presidencia de Urquiza fue designado Ministro del Interior, y renunciando a esta cartera se trasladó a Buenos Aires abriendo su estudio de abogado, gozando gran reputación como jurisconsulto. El 10 de junio de 1865 fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia en el cargo que había quedado inicialmente vacante por la no aceptación del Dr. Valentín Alsina, renunciando en septiembre de 1868 para ocupar la cartera de Hacienda del Presidente Sarmiento. Vuelto a integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación en agosto de 1871, y por ser el Ministro decano (según reza el decreto), fue designado su Presidente el 26 de septiembre de 1877 en sustitución del Dr. Barros Pazos, ejerciendo esta distinción durante diez años.


49 En 1883 fue elegido senador por su provincia natal, renunciando a su banca, y continuando en la magistratura hasta el 21 de julio de 1887 cuando firmó su última sentencia. Luego de ser candidato a la Primera Magistratura, se retiró de la vida política. Falleció en Buenos Aires el 3 de octubre de 1891. En el sepelio despidieron sus restos el Ministro de Justicia Dr. Juan Carballido diciendo: “... Su acción fecunda deja grabada la huella de su paso por donde quiera que ha dirigido su actividad inteligente. Estadista, jurisconsulto, economista, había resumido la mayor suma de conocimientos que la ciencia y la experiencia pueden amontonar en un hombre de gobierno; y su espíritu sereno y tranquilo, su juicio perfectamente equilibrado, su carácter austero, lo habían hecho uno de esos viejos y nobles patricios en cuyo seno puede uno ir a buscar con entera fe inspiraciones y consejos,

en las tribulaciones y perturbaciones de la batalla diaria. Hombre de pensamiento y de estudio, se consagró desde su juventud al servicio del país y en nuestras más grandes asambleas su figura se destaca como una de las más brillantes y mejor nutridas. Presidente de la Suprema Corte Federal, es y será recordado como uno de los magistrados más austeros y más dignos de la república. En sus últimos años, alejado un tanto de la vida activa, fuera del alcance de los odios y pasiones que la lucha enciende, la República quiso hacerle justicia en vida, lo había considerado como a uno de sus más preclaros ciudadanos”. En la Acordada de honor, dijo el Dr. Victorica que “... En la Corte Suprema que presidió desde 1877 hasta septiembre de 1887 dejó un vacío difícil de llenar ...”. Dejó el recuerdo de su carácter austero y de su ilimitado patriotismo.


50 Su influencia en la Corte Suprema que integró (1865-1868 y 1877-1887) Como Presidente de la Corte Suprema, el Dr. Gorostiaga intentó mediar, durante la crisis del año 80, entre las fuerzas combatientes, reuniéndose en su casa los notables de la época, para conjurar en vano la crisis. El general Roca no se avino a resignar su candidatura, y fracasó la mediación. El pragmatismo de este Tribunal se ve también reflejado en el caso “Caffarena” (Fallos: 10:433) donde con el propósito de favorecer el establecimiento de la unidad de circulación monetaria y permitir la eliminación de ciertas monedas extranjeras (en el caso, plata boliviana) cuyo uso en las provincias causaba serio perjuicio económico, llegó al extremo de negar jerarquía constitucional a la libertad de contratación y al principio de inalterabilidad de los derechos nacidos de los contratos.

Esta Corte ya tuvo la firme influencia de los precedentes norteamericanos, toda vez que Gorostiaga atribuyó a nuestra Constitución ser una copia de aquélla. Pero no lo hace para resolver el caso sino para apoyar o “reforzar” la solución ya tomada. Benjamín Victorica Nació en Buenos Aires el 14 de septiembre de 1831. Fue hijo de don Bernardo Victorica y de doña Juana Josefa Vivanco. Estudió en el colegio de los jesuitas, en el Republicano, y en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó de doctor en derecho. Desempeñó los cargos siguientes: juez de primera instancia en lo civil y comercial en Paraná; presidente de la Cámara de justicia y diputado de la legislatura de la misma ciudad. Posteriormente fue diputado por la Capital de la República, Senador Nacional por la Provincia de Entre Ríos, Ministro de


51 Guerra y Marina, enviado extraordinario en la República del Uruguay. Fue vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, decano de la Facultad de derecho y director del Banco de la Nación. Alcanzó en el ejército el grado de general, estuvo en Caseros, Cepeda y Pavón, e hizo la campaña del Chaco en 1884. Fue vocal y Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por decreto del 10 de agosto de 1887 (R.N. 11:175), juró el 13 de septiembre en reemplazo del Dr. Gorostiaga. Cesó por renuncia, acogiéndose a la jubilación (decreto del 15/6/1892, R.N. 41:789). Prestó importantes servicios a su país y gozó de gran prestigio en los círculos sociales y políticos. Falleció en Buenos Aires el 27 de enero de 1913. En ocasión de su deceso toda la prensa de la capital y del interior publicó extensas necrologías elogiando su larga actuación pública.

La Corte que integró (1887-1892)

Fue de importancia el caso “Sojo” (Fallos: 32120) donde se estableció que “... la Constitución es el “palladium” de la libertad, es el arca sagrada de todas las libertades, de todas las garantías individuales, cuya conservación inviolable, cuya guarda severamente escrupulosa debe ser el objetivo primordial de las leyes, la condición esencial de los fallos de la justicia federal ...”. En el caso “Municipalidad de la Capital c/ Elortondo” (Fallos 33-162) sobre un caso de expropiación, el Alto Tribunal decidió que sólo es expropiable la parte necesaria y que hubiera sido menester a los efectos de la utilidad pública a que estaba destinado el terreno, es decir, lo que materialmente fuere necesario a los fines del bien común. Con esta tesis la Corte Suprema limitó el accionar de los otros pode-


52 res reduciéndolos en beneficio de los ciudadanos a los justos límites, y en defensa de sus derechos individuales (Fallos: 33-162). Por último, en un caso de “habeas corpus” por detenciones impuestas con fundamento en el estado de sitio, la Corte garantizó al Estado Nacional (Poder Ejecutivo) el traslado de los ciudadanos a otro punto del país, y a los detenidos el ejercicio del derecho a salir del país si así lo manifestaran (Fallos 48-17). Esta Corte debió adaptarse a las nuevas ideologías del desarrollo agropecuario ganadero, a las importaciones de manufacturas, siendo receptora de pensamientos filosóficos y sociológicos europeos que se proyectaban sobre el mundo civilizado, apoyados por juristas persuasivos y famosos como Cooley, que explicaba en su libro cómo debía el Estado actuar para no entorpecer el accionar de los empresarios. Fue una Corte en extremo liberal, tal para la época. La realidad ya estaba transformada,

había que conservarla, organizándola, administrándola y comprendiéndola. Sin embargo, al poder político había que frenarlo para evitar el despotismo, porque el poder era una inminente amenaza de liberticidio.

José Figueroa Alcorta Nació en Córdoba el 20 de noviembre de 1860. Estudió en el Colegio de Monserrat y luego ingresó en la Facultad de Derecho de Córdoba. En 1882 se recibió de doctor en leyes, siendo designado de inmediato profesor de derecho internacional y luego académico de la Universidad. Fue abogado consultor de la Municipalidad de Córdoba y de F.C.C.N. Luego fue Diputado provincial, y en 1885 senador a la legislatura cordobesa. Fue de los fundadores, el 10 de enero de 1887 de la sociedad “El Panal”, que tanta


53 influencia política tuvo en Córdoba. Al llegar al gobierno Marcos Juárez,en 1889, designó a Figueroa Alcorta ministro de Gobierno, y Eleazar Garzón, que terminó el período del primero, lo llevó al Ministerio de Hacienda. En las elecciones nacionales de 1892 fue electo diputado nacional en representación de su provincia. El 17 de enero de 1895 el colegio electoral de Córdoba lo eligió gobernador para el período 17 de mayo de ese año a 1898, y a su términos Senador Nacional. El 10 de abril de 1904 se realizaron las elecciones para la renovación presidencial. Reunidos el 12 de junio los colegios electorales, eligieron la fórmula Manuel Quintana para presidente de la República, y Figueroa Alcorta para vicepresidente. En 1905 estalló la revolución radical. Figueroa Alcorta, que estaba en Córdoba, fue tomado prisionero. El 12 de marzo de 1906 falleció Quintana y le correspondió a Figuroa Alcorta

terminar el período presidencial. Uno de los asuntos más sonados de su gobierno fue la clausura del Congreso. El 15 de noviembre de 1907 el Poder Ejecutivo Nacional había convocado al Congreso a sesiones extraordinarias. Hasta el 25 de enero de 1908 no había sido considerado por ninguna de las Cámaras ni puesto en el orden del día, para su discusión ni uno solo de los asuntos de la convocatoria, incluidos el Presupuesto. En el convencimiento que la actitud del Congreso conspiraba contra la buena marcha de la administración, expidió un decreto en el que, considerando que la prolongación de las sesiones era contraria a la letra y al espíritu de la constitución, ponían en vigencia el presupuesto de 1907, y declaraba clausuradas las sesiones extraordinarias. Terminada la presidencia, su sucesor, Roque Sáenz Peña, lo nombró embajador en España, y de vuelta al país abrió su estudio de abogado, permaneciendo alejado de la política.


54 En 1915 el presidente, Victorino de la Plaza, lo nombró ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, falleciendo el 27 de diciembre de 1931 en ejercicio de la Presidencia del tribunal. Trascendencia de la Corte que integró (19151931) Esta Corte debió afrontar los cambios suscitados en el mundo por la primera guerra mundial y luego por las depresiones económicas. La idea fue que la Constitución significa lo que significó cuando fue dictada (interpretación rígida), y debe prescindirse de los factores sociales (Fallos 128-175). Los cambios operados en la realidad del país no alteran el alcance de las normas constitucionales, el que debe averiguarse analizando qué quisieron decir Alberdi, Gutiérrez, Gorostiaga y sus contemporáneos. Así las bases del sistema actual queda-

ba supeditada a lo que vieron y decidieron los que actuaron setenta años antes. La propiedad privada es un derecho ilimitado, toda restricción es peligrosa, la propiedad es una de las manifestaciones de la libertad (caso “Bourdié” en Fallos 145-307). La libertad de contratación que no era absoluta según el caso “Caffarena” ya citado, ahora sí lo es en “Horta c/ Harguindeguy” de 1922 (Fallos 137-47), donde se resuelve que los derechos adquiridos mediante un contrato son intangibles y deben ser tutelados por los jueces contra toda intromisión del Estado, ni aún invocando situaciones de emergencia, porque “... si algo interesa a una sociedad basada en el reconocimiento y respeto de la propiedad privada, y en el afianzamiento de la justicia, es la estabilidad de los derechos patrimoniales ...”. En esta ideología no cabía la posibilidad que la propiedad y el contrato entraran en conflicto con la justicia.


55 Para esta Corte resultaba muy peligroso reconocer la facultad del Estado de restringir los derechos humanos para hacerlos compatibles con las exigencias del bien común (Casos “Hileret” y “Nougués”, Fallos 98-20 y 52), por lo cual deben ser usadas mínimamente, por razones de seguridad, salubridad o moralidad, pero no con fines económicos, ni aún en beneficio del público en general. Lo contrario importaría en el Estado salir de su propia esfera de actuación, avanzando sobre la que está confiada a los individuos en general, imponiendo un “comunismo de estado” (fallos “Hileret” y “Nougues”). En el caso “Pasera” y en materia tributaria también se advierte esta imposición de limitación al Estado, puesto que “... No es impuesto el tributo que no tiene por mira costear gastos de la administración pública ...” (Fallos 139358). Se rechaza la idea que el impuesto es un medio regulación u orientación económicos.

En síntesis, fue un período en que la Corte pretendió, a través de su jurisprudencia, preservar las estructuras de la Argentina próspera y liberal, agropecuaria y exportadora de materias primas. Tomás Darío Casares Nació en Buenos Aires el 25 de octubre de 1895. Tuvo una presencia activa en la justicia y en la docencia. Fue escribiente de Juzgado Civil, Juez de Paz Letrado en la ciudad de Salta (1919), Secretario del fuero Civil (19251932), Asesor de Menores (1932-1937), Vocal de la Cámara Civil (1939-1944), Ministro de la Corte Suprema Federal (1944-1955), ejerciendo su presidencia durante el lapso 1947-1949. Fue profesor de Moral Práctica, Instrucción Cívica y Nociones de Derecho en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en el Instituto


56 Libre de Segunda Enseñanza, Profesor Adjunto de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho U.B.A., encargado del Seminario del Doctorado en la misma facultad, profesor de Introducción a la Filosofía y de Metafísica en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata y delegado de ella ante el Consejo Superior de la Universidad, profesor titular de Historia de la Filosofía Antigua y Medieval e interino de Introducción a la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A., interventor en la Universidad Nacional de Buenos Aires, profesor Titular de Filosofía del Derecho, director del Instituto para la Integración del Saber, y Profesor Emérito de la U.C.A., perteneció al grupo fundador y fue Director de los Cursos de Cultura Católica. Perteneció al grupo fundador de la Fundación Ateneo de la Juventud. Fue Ministro de Gobierno en la Intervención Nacional a la Provincia de Corrientes, director del Instituto de la Empresa

en la Fundación Pérez Companc. Recibió una condecoración Pontificia: la de Comendador de la Orden de San Gregorio. Fue separado del cargo de Ministro de la Suprema Corte el 4 de octubre de 1955 por el decreto No. 318/1955 del gobierno de la Revolución Libertadora. Su pensamiento en la Corte Suprema que integró (1944-1955) Durante el gobierno de Perón, en 1947, el Senado aprobó la destitución de los cuatro miembros de la Suprema Corte, incluyendo al Procurador General, excluyendo al Dr. Casares, quien es nombrado inmediatamente su Presidente. Aquí sobresalió Casares quien, en circunstancias difíciles y nada propicias a la plenitud de los derechos humanos, dio el primer voto favorable al amparo que registra la historia de la Corte Suprema, y fue capaz de adop-


57 tar una posición singular respecto del “estado de guerra interno”, que facultaba a aplicar la pena de muerte por fusilamiento y había sido establecido por el decreto 19.376/51 y la ley 14.062. El pensamiento de Casares puede ser visto en las sentencias pero, especialmente, en las disidencias. Aun en el fallo acerca del caso “Banco de la Nación c/ Prov. de Mendoza” se advierte la pluma de Casares. Allí se sostiene la superación de la concepción de un Estado vigilante o policíaco para dar lugar a un Estado que defienda la colectividad a través del cumplimiento de los servicios públicos, el cuidado de los derechos sociales, la defensa de la producción y de los consumos. En los fallos que firma en disidencia o según su voto aparece el pensamiento de un juez formado en los perennes principios de la filosofía tomista. La doctrina que quedó plasmada en sus fallos está referida al cuidado primario del Estado por el bien

común, a la estructura natural de la sociedad en cuerpos intermedios, a la necesaria sujeción de la ley positiva humana a la ley natural, a la guerra, o al reconocimiento del derecho del Sumo Pontífice en el nombramiento de los Obispos. Sobre esta Corte recayó la sospecha de “servilismo”, puesto que fue la primera vez que fue suplantada totalmente, y designada una nueva, como con el Presidente Mitre. En “Martín c/ Erazo” (Fallos 208-497) se aparta de la doctrina de “Viñedos y Bodegas Arizu”, declarando la constitucionalidad de un decreto del Poder Ejecutivo Provincial que establecía el arbitraje obligatorio en conflictos laborales. Comienza la idea del Estado como interventor para el aseguramiento de la justicia distributiva, tutelando los valores de la dignidad humana de los que trabajan y el ajuste de la producción a las reales necesidades de consumo.


58 Con esta Corte se extinguió el liberalismo individualista, especialmente a partir del fallo citado y de otros posteriores como “Castellanos” (Fallos 208-430), donde se sostuvo que “... el derecho de propiedad es inviolable en tanto y en cuanto su ejercicio no obste al bien común, fundamento de todo derecho individual y por ende anterior y superior a ellos ...”. Todo lo cual hoy nadie se atrevería a objetar. Había nacido el “Derecho Social”, del Estado vigilante se pasa al Estado en defensa de la colectividad, el Estado en defensa del “Bien Común” (Fallos 201-432, sentencia de 1945, cuyo texto deja adivinar la pluma y el texto de Tomás Casares), funciones que debe ejercer para “... cumplir con los servicios públicos ...”, “... cuidar los derechos sociales ...”, y “... defender la producción y los consumos ...”. Sin embargo todo ello deja de lado que el Estado tiene el deber primordial de crear las condiciones sociales aptas para el desarrollo.

El fallo en la causa “Susana C. Pacheco Santamarina de Alvear” hizo época declarando nula una cláusula que permitía reajustar -mediante la intervención de peritos- el precio del alquiler por causa de desvalorización monetaria (Fallos 226-134, de 1953), echando por tierra con la jurisprudencia opuesta que regía hasta ese momento (Fallos 176-5). En síntesis, hubo una adecuación de la Corte a las valoraciones y al proceso político general, pero la crítica que se hace es que el Estado no debe ser el órgano de la Justicia Social, sino el órgano que genere el cambio necesario para que esa justicia sea suficiente y duradera. Benjamín Villegas Basavilbaso Nació en Buenos Aires el 23 de marzo de 1884. Se graduó en la facultad de derecho y ciencias sociales de su ciudad natal. Prestó servicios en la Armada hasta que pidió su baja en


59 1911. Fue profesor de historia en la Escuela Naval 1914-.1932) asesor letrado del Ministerio de Marina (1923-1936), profesor de derecho administrativo en la facultad de derecho de la Universidad de La Plata. Juez correccional de la Capital Federal desde 1937. Fue interventor de la Universidad de La Plata después de la revolución de 1955, y en septiembre de 1958 se integró a la Suprema Corte Federal, de la fue presidente desde 1960 hasta 1964, en que renunció. Publicó los siguientes trabajos: “República Argentina”, “Nuestra Marina de Guerra en la Revolución Argentina”, “Régimen Jurídico de la concesión de Servicio Público”, “Cuestiones de derecho administrativo”, “La condena condicional en materia militar”, “La influencia del dominio del mar en las guerras de la emancipación argentina”, “El Almirante Brown en nuestra historia”, “El combate

naval del Arroyo de China”, “Significado Moral del Testamento del Gral. San Martín”, “Los últimos días del Gral. Lavalle”, “Un debate parlamentario histórico: Mitre contra Vélez Sarsfield”, “Los últimos días el Almte. Brown”. Su principal obra es el “Tratado de Derecho Administrativo”. Caracteres de esta Corte El poder político estuvo jaqueado desde un principio. El desenvolvimiento de la Corte en esta época no fue ajeno a ello. Debió fallar sobre innumerables normas de emergencia (locaciones urbanas, agropecuaria, de salarios, “Plan Conintes”, etc.), hasta la final con la asunción de José María Guido en manos de los propios Ministros de la Corte para salvar el sistema institucional. Pese a ello cumplió su deber de manera digna e independiente, elaborando soluciones dota-


60 das de gran cohesión doctrinaria, traducidas en un pensamiento jurídico político propio. En la jurisprudencia de esta Corte mucho tuvo que ver la formación “publicística” de sus miembros, algunos con mentalidad política definida y experimentada. Sentó jurisprudencia tuitiva de los derechos colectivos de los trabajadores a la libre asociación democrática en Fallos 245-86 (“Asociación Bancaria”). Fue garante de los derechos civiles individuales en momentos de reiteradas asonadas militares, reclamando por el menoscabo de los derechos de las personas, de las autoridades judiciales (caso “Alfredo Masi”, Fallos 256114, en 1963). Aplicó la ley de Acefalía (No. 252) ante la ausencia del Congreso asumiendo un compromiso democrático nunca visto antes, razones que se explican en el fallo “Luis M. Pitto”, del 3 de abril de 1962 (Fallos: 252-177), puesto

que la Corte “... tiene que ejercer sus funciones para asegurar la subsistencia y continuidad del orden constitucional y evitar la anarquía y el despotismo ...”, reconociendo que estaba utilizando su potestad de salvación institucional frente a la alternativa Guido o dictadura militar. Con su comportamiento la Corte contribuyó a salvar el orden constitucional, puesto que aquél luego se afianzó y llegó a la transferencia pacífica del poder. Aristóbulo Aráoz de Lamadrid Nació en Buenos Aires el 12 de diciembre de 1908. Obtuvo su título de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (en 1934). Fue Convencional Constituyente en 1949 y en 1959. Ha sido Presidente del Instituto Nacional de Previsión Social (1956-1957).


61 Fue nombrado Juez de la Corte Federal entre 1956 y 1957. Y nuevamente en 1964, designado su Presidente por Acordada del 20 de julio de 1964 (Fallos: 259, pág. 115). Cesó por decreto No. 3/66 del Gobierno de la Revolución Argentina (B.O. 29/6/1966).

Para estos jueces el desarrollo económico no debe buscarse con exclusión de la justicia social, sino que tiene que integrarse con ella dentro de un proyecto global que los armonice.

La Corte que presidio

Nació en Buenos Aires en noviembre de 1899. Obtuvo su título de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue Secretario del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal. Fue Secretario de la Cámara Federal de Apelaciones hasta 1943, luego procurador fiscal federal y finalmente Juez Federal hasta 1949. En 1956 fue Vice-presidente de la Cámara de Apelaciones en lo Federal y Contencioso administrativo, y luego Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por decreto No. 42/66 (B.O. 5/7/1966), presidiéndola por Acordada del 4/7/1966, cesando por renuncia

Continuadora de la anterior a la que le caben los mismos conceptos, agregaré la cita del fallo “Fernández Orquín” (Fallos 264-416), poco antes de ser disuelta, que sintetiza ambas. Aquí dice el Alto Tribunal que el método interpretativo de la Constitución debe ser dinámico porque asegura la marcha y el adecuado progreso de la comunidad, puesto que el “... apego al tradicionalismo jurídico es uno de los más serios obstáculos al éxito de la promoción de la expansión económica y de la justicia social ...”.

Eduardo A. Ortiz Basualdo


62 el 24 de mayo de 1973, aceptada por decreto No. 4940/73 (B.O. 24/5/1973). Miguel Ángel Bercaitz Juez de la Corte Suprema desde junio de 1973 (decreto No. 157/73), Presidente del tribunal por Acordada No. 32/73, hasta que fue separado del cargo por ley 21.258 del 24/3/1976. Adolfo R. Gabrielli y Osinalde El Dr. Adolfo R. Gabrielli nació en la ciudad de La Plata el 30 de junio de 1911. Después de completar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Monserrat, dependiente de la Universidad de Córdoba, cursó en ésta la carrera de abogacía, gradándose en 1935. Dos años más tarde, fue designado en la Dirección General del Impuesto a los Réditos (actualmente AFIP), donde ocupó la jefatura

de Asuntos Legales en Bahía Blanca, Tucumán, Córdoba y Rosario. Encontrándose en esta última ciudad a comienzos de 1943, ingresó en la Justicia Federal ocupando el cargo de Secretario del Juzgado Federal No. 2, funciones que desempeñó hasta 1946 en que fue ascendido a Juez Administrativo de la Capital. Posteriormente, al reestructurarse la Justicia Federal en la Capital, se desempeñó como Juez Nacional en lo Contenciosoadministrativo y tres años después, Juez Federal en lo Civil y Comercial. El 4 de noviembre de 1955 fue ascendido a la Cámara Federal, integrando la Sala en lo Contenciosoadministrativo hasta fines de 1973 en que se retiró, luego de prestar servicios durante 37 años. Fue en dos períodos presidente de dicho Tribunal, como así también de la Junta Electoral Nacional y de la Comisión de Edificios para la


63 Justicia Nacional. Por decreto No. 20/76 fue nombrado Juez de la Corte Suprema Federal, y su Presidente por Acordada No. 25/78, cesando por renuncia aceptada a partir del 9 de diciembre de 1983 (decreto No. 3254/83). Al margen de su actividad judicial, el Dr. Gabrielli ha participado en numerosos congresos de derecho tributario -su especialidad-, representando a nuestro país, y a la Corte Suprema. Entre sus trabajos jurídicos figuran “Derecho Tributario Penal” (1946), tesis para optar al título de doctor en jurisprudencia, “Procedimiento Tributario”, “La defraudación fiscal y las penas corporales”, como también otros publicados en revistas especializadas. El Dr. Gabrielli ha desarrollado varios cursos sobre derecho tributario en el Colegio e Abogados de Buenos Aires, en la Bolsa de Comercio y en la Asociación de Derecho Fiscal.

B) Ministros de la Corte Suprema Pedro Aberastury: Nació en Buenos Aires el 5 de abril de 1905. Sus padres fueron Pedro Aberastury (natural de Entre Ríos, 2/11/1867, y Arminda Fernández). Se casó con Irma Ceballos. Cursó estudios en el colegio Nacional Manuel Belgrano, y se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires. Ingresó en la Municipalidad de esta ciudad como Asesor Legal en 1939 y hasta 1944 (removido por causas políticas). Allí realizó el Digesto Municipal (1937/1938), agrupando las normas que regían la actividad municipal, mediante la utilización del método decimal, haciéndolo susceptible de actualización periódica de forma simple y sencilla. Luego de su paso por la profesión es designado Subsecretario de Educación en 1956, impulsando desde allí la redacción del Estatuto del Docente que fue sancio-


64 nado ley. En 1960 fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En este alto cargo decidió la aplicación de la ley de acefalía a los efectos que el Dr. José María Guido asumiera el Poder Ejecutivo al ser detenido el Dr. Arturo Frondizi. El 24 de junio de 1966 se lo separó del cargo por el golpe de estado del Gral. Onganía, removiéndoselo junto con los demás miembros de la Corte Suprema. Se dedicó luego al ejercicio de la profesión y a la docencia universitaria en su especialidad, el derecho administrativo, que no había abandonado. Fue director del Colegio de Abogados por varios períodos, miembro Consultivo de la Asociación Argentina de Derecho Comparado y de la Asociación de Derecho Administrativo. Manuel Guillermo Luis Arauz Castex: Nació en Buenos Aires el 18 de febrero de 1915. Se recibió de abogado en la Facultad de Derecho U.B.A. en 1938. Obtuvo su doctorado en

Jurisprudencia con diploma de honor y premio “Eduardo F. Justo”. Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación desde 1973 (decreto 157/73) hasta septiembre de 1975, por renuncia aceptada mediante el decreto 2464/75. Margarita Argúas: Nació en Buenos Aires en 1905, recibiéndose de abogada en el año 1925 en la Facultad de Derecho de la U.B.A., con diploma de honor. Fue profesora de derecho internacional privado en la facultad de derecho donde se recibió. Obtuvo su doctorado en Jurisprudencia con la tesis: “La regla ‘Locus Regit Actum’ en la Legislación Civil y la Jurisprudencia Argentina”. Premio Accésit. Fue Vicepresidente de la International Law Association y del Instituto Argentino de Estudios Legisltativos. Fue Juez de la Cámara Civil y Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación desde octubre e 1970 (por decreto No. 648/70)


65 hasta el 24 de mayo de 1973, por renuncia aceptada por decreto No. 4937/73. Manuel J. Argañaraz: Nació en Santiago del Estero el 19 de junio de 1885. Fue designado vocal del Alto Tribunal por Decreto No. 415/55 (del 6/10/1955). Cesó por renuncia aceptada por decreto No. 51/58 (B.O. 16/5/1958). José Francisco Bidau: Nació en Buenos Aires el 2 de julio de 1903. Fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 17 de septiembre de 1962, jurando el 21 siguiente, en reemplazo del Dr. Oyhanarte (Decreto 9753/62). Luego de su cese fue designado en reemplazo del Dr. Borda por decreto No. 477/67 el 26 de enero de 1967, cesando por fallecimiento el 26 de julio de 1970. Guillermo Antonio Borda: Nació en Buenos Aires el 22 de septiembrede1914. Abogado

U.B.A., doctor con la tesis “Error de hecho y de derecho”. Ministro de Haciendo y Obras Públicas de la Provincia de San Luis. Secretario de Obras Públicas y urbanismo en la Municipalidad de Buenos Aires. Profesor titular de derecho civil de la Universidad del Salvador a partir de 1958, y de Derecho Civil, Parte General, en la Facultad de Derecho de la U.B.A.. Fue Juez de Primera Instancia en lo Civil de la Capital Federal. Ministro de la C.S.J.N. desde julio a diciembre de 1966. Ministro del Interior del Gobierno de la Revolución Argentina, desde donde impulsó la reconocida reforma al Código Civil transformada en la ley 17.711. Tiene publicadas extensas obras de derecho civil, su especialidad: manual y tratado. Octavio Bunge Peña Lezica: Nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1944. Hijo de Carlos Bunge y María Genara Peña Lezica (emparentada con el primer Presidente de la Corte Supre-


66 ma, Dr. Francisco de las Carreras y Lezica). Se recibió de abogado en la Universidad natal el 5 de octubre de 1869 (tesis: “De la imprescriptibilidad de la pena”). Fue nombrado poco tiempo después relator del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Más tarde fue designado fiscal en lo civil, y luego Juez del Crimen en 1873. Su preparación y laboriosidad hicieron que se le nombrase en 1875 vocal de la Cámara de Apelaciones de lo Criminal y Correccional. Federalizado el territorio de la Capital el Gobierno Nacional lo llevó a la vocalía de la Cámara de lo Criminal Correccional y Comercial. En 1892 fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en reemplazo del Dr. Calixto de la Torre (decreto del 13 de julio), juró el 16 siguiente. Cesó por decreto del 10 de marzo de 1910, acordándosele jubilación. Murió en Buenos Aires el 14 de agosto de 1910.

Ernesto A. Corvalán Nanclares: (de ascendencia vasca por vía materna) Nació en Mendoza el 30 de octubre de 1918. Se graduó en la facultad de derecho de Buenos Aires en 1943. Actuó en los partidos peronista y justicialista. Fue diputado provincial en 1951. Presidió el bloque de su partido en 1952 y 1953, y en la Cámara en 1955. Desde 1943a 1950 fue prosecretario de la universidad nacional de Cuyo y en 1950 asesor del Departamento General de Irrigación. Fue profesor de derecho del trabajo en la Facultad de Ciencias Económicas de Cuyo (1948-1955) y dictó también cátedras en el Instituto del trabajo de la Universidad y en el liceo agrícola Domingo F. Sarmiento. Publicó los siguientes trabajos: “Alcances de la ley 12.921 sobre el régimen de preaviso y despido”, “La ideología marxista y los problemas del derecho laboral”, “Comentario al proyecto del Código de procedimientos del trabajo para la provincia de Mendoza”. Fue vocal de la Corte


67 Federal por decreto No. 157/73, jurando el 8 de junio de 1973, cesando en el cargo por decisión del Ministro de Justicia, mediante el Decreto No. 1884/75 (B.O. 23-7-1975). Roberto E. Chute: Nacido en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1903. Abogado y Doctor U.B.A. (1927). Secretario de Juzgado Civil en la Capital Federal (1930-1934). Juez de la Cámara Civil de la Capital Federal (19431966). De 1966 a 1973 Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (dec. 42/66 y 4941/73, respectivamente). Mauricio P. Daract: Nació en San Luis en 1855, y murió en Buenos Aires el 25 de diciembre e 1915. Fue nombrado Juez de la Corte Suprema por decreto del 23 de agosto de 1901, en reemplazo del Dr. Juan Eusebio Torrent. Cesó por fallecimiento.

Ricardo Guido Lavalle: Nació en Buenos Aires el 23 de mayo de 1871, descendiente de una familia cuyos antepasados se destacaron en los principios de nuestra historia patria. En 1906 ocupó una banca en la Cámara de diputados de la Nación. Inmediatamente de graduarse de abogado fue designado Asesor de Menores, Juez de Primera Instancia en lo Civil y Comercial, Fiscal de Estado de la Provincia de Buenos Aires, miembro de la Cámara Federal, y luego Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación nombrado por decreto del 5 de julio de 1927 (B.O. del 13 de julio de 1927). Cesó por fallecimiento el 3 de octubre de 1933. Federico Ibarguren: Nació en Salta el 20 de junio de 1833. Se educó en el Colegio de Concepción del Uruguay y se graduó de abogado en Montevideo, siendo su padrino de tesis Facundo Zuviría. Allí ejerció la profesión en el estudio de Vicente Fidel López. Radicado en


68 Santa Fe después de la batalla de Pavón, fue nombrado presidente del Superior tribunal de Justicia de la provincia (1861). El año anterior había actuado como Secretario de la Convención General Constituyente. Luego volvió a Salta y desempeñó el Ministerio de Gobierno en tiempos de la administración de Benjamín Zorrilla; en ese período redactó el primer código de procedimientos judiciales de Salta. Nuevamente en Santa Fe, volvió a incorporarse a la magistratura y, en 1867, se hizo cargo del gobierno de la provincia a consecuencia de una revolución que derrocó a las autoridades constituidas. En 1871 fue enviado al Senado de la Nación por la legislatura salteña, pero renunció a sus labores parlamentarias para aceptar la designación de Juez Federal de Salta, donde continuó ejerciendo la docencia. En 1877 fue designado interventor federal en la provincia de Jujuy, y en 1879 fue llamado por Avellaneda a Buenos Aires y al año siguiente fue desig-

nado presidente de la Cámara de Apelaciones en lo Civil. Durante el gobierno del general Roca fue promovido al cargo de Ministro de la Suprema Corte Federal por decreto del 28/8/ 1884 (R.N. 9:822), cesando por su fallecimiento acaecido en Buenos Aires el 19/12/1890. Esteban Imaz: Nació en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1903. Estudió en la Facultado de Derecho U.B.A., obteniendo el premio “Facultad” y “Tedín Uriburu”. Fue profesor adjunto de derecho romano en esa facultad, luego profesor extraordinario. Fue Secretario de la Corte Suprema de Justicia en 1937. Editó las siguientes obras: ”El Recurso Extraordinario”, “La esencia de la cosa juzgada y otros ensayos”, colaborando, además, con las más importantes revistas jurídicas. Fue designado por decreto No. 12.151/60 (del 3 de octubre de 1960), reemplazando a Alfredo Orgaz. Cesó por decreto No. 3/66 de la Revolución Argentina.


69 Saturnino María Laspiur: Nació en San Juan el 15 de octubre de 1829. Era hijo de Saturnino Manuel de Laspiur y María Trinidad Gómez. Se doctoró en Derecho Civil en la Universidad de Córdoba el 15 de junio de 1850. Fue Secretario del Congreso General Constituyente reunido en Santa Fe. Fue diputado por su provincia en el Congreso Federal. Ministro de Gobierno de su tío Manuel Gómez Rufino en 1857. Permaneció preso por la muerte del Gral. Benavidez, desde 1858 hasta la Unión Nacional en 1860. En marzo de 1862 fue designado ministro general por el gobernador de Córdoba, Dr. Justiniano Posse. El 7 de abril se lo eligió senador nacional por San Juan, en reemplazo del Dr. Rawson, designado Ministro del Interior por Mitre. Por su parte, éste lo nombró Juez Federal en Córdoba hasta el año 1876. Fue Convencional Constituyente de la Provincia de Córdoba para la reforma de su Constitución (1870). Desempeñó la cátedra de Derecho

Constitucional y de Gentes en la Universidad de Córdoba hasta el 17 de septiembre de 1875 que es designado como vocal de la Corte Suprema. Fue nombrado dos veces para ocupar el cargo de Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, jurando como tal el 12 de febrero de 1876 (reemplazó al Dr. Delgado, hasta el 8 de mayo de 1878 que pasó a la cartera del Interior) y el 11 de septiembre de 1879, cesando por fallecimiento el 26/8/1885. Miguel Laurencena: Nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1851. Fue llevado de niño a Gualeguay (Entre Ríos). Cursó estudios de derecho en su ciudad natal, y luego fue elegido presidente de la Municipalidad de Gualeguay, y diputado provincial. Fue Ministro de Gobierno y Ministro General, luego elegido Diputado Nacional. Estuvo entre los fundadores de la Unión Cívica y se adhirió a Leandro N. Alem para la U.C.R. Adquirió gran prestigio


70 como abogado. Nuevamente elegido Diputado Nacional en 1912, y reelegido en 1914, para luego ser Gobernador de Entre Ríos. Vuelto al Congreso Nacional, fue candidato a la Presidencia de la República. Designado Juez de la Corte Suprema, prestó juramento el 15 de diciembre de 1924, cesando por fallecimiento el 3 de febrero de 1928, en Gualeguay,Entre Ríos Onésimo Leguisamón: Nació en Gualeguay, Provincia de Entre Ríos, el 15 de febrero de 1839. Era hijo del Cnel. Martiniano Leguizamón y Paula Rodríguez Mendoza, emparentada con el caudillo Francisco Ramírez y con López Jordán. Estudió en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Obtuvo una beca de estudios en Europa y a su vuelta se doctoró en Jurisprudencia en la Universidad Mayor de Buenos Aires (tesis: “Los hijos incestuosos, adulterinos y sacrílegos”). Desempeñó el cargo de Subsecretario de Estado de Entre Ríos y

de Secretario de instrucción pública. Fue diputado provincial entre 1862 y 1864, y diputado nacional entre 1872 y 1874. Ministro de Justicia en la Presidencia de Avellaneda. Volvió a la banca de Diputado Nacional (1883-1884). Impulsó la codificación apenas iniciada y organizó una edición del Registro Nacional desde 1810. Imprimió los informes del Procurador de la Nación, que constituyen una amplia base de jurisprudencia. Nombrado Juez de la Corte Suprema de Justicia por decreto del 1o. de octubre de 1877, juró el 6 de octubre reemplazando al Dr. Salvador M. del Carril. Cesó por renuncia el 5 de agosto de 1882, para volver a ocupar su banca de Diputado Nacional. Falleció en Buenos Aires el 20 de agosto de 1886. Cornelio Moyano Gacitúa: Nació en Alta Gracia, Córdoba, el 26 de septiembre de 1858. Profesor de la Universidad de Córdoba, publicó en 1889 sus lecciones de derecho penal en la


71 Facultad de Derecho. Fue promotor de la fundación de las sociedades “Deán Funes” y “Ateneo” que presidió y en las cuales se fomentaban los estudios clásicos y políticos, profesor de literatura, juez de paz, académico. Publicó en 1899 un “Curso de ciencia criminal y derecho penal argentino” y “La delincuencia argentina ante algunas cifras y teorías” (1905). Juró como Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 30 de mayo de 1905, reemplazando al Dr. Abel Bazán. Cesó por renuncia el 10 de octubre de 1910. Murió en Córdoba el 29 de julio de 1911. Benito Nazar Anchorena: Nació en Buenos Aires el 21 de noviembre de 1884. Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de su ciudad natal y fue profesor de derecho administrativo comparado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de La Plata (1917). Decano de esta Facultad en 1920.

Interventor de la Universidad del Litoral en 1923 y en la Universidad de Buenos Aires en 1930. Organizó la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Santa Fe (1920), y presidió los Congresos universitarios de La Plata (1923), Buenos Aires (1924), Córdoba (1925), San Miguel del Tucumán (1926) y Santa Fe (1927). Fue Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 1934 y 1947. Sus obras más importantes son: “Expropiación por causa de utilidad pública”, “Fueros parlamentarios”, “Constitucionalidad de los impuestos internos”, “Jubilación de Ferroviarios”, “Naturaleza Jurídica de la propiedad ferroviaria”, “Derecho de los legisladores electos”. Fue designado Ministro de la Corte por Decreto 45.537/34 (del 18 de junio de 1934), jurando en el cargo el 20 de junio siguiente. Cesó por juicio político promovido en 1947 por el Senado de la Nación a toda la Corte Suprema Federal.


72 Alfredo Orgáz: Nacido en Córdoba el 6 de noviembre de 1900, se recibió de abogado en su ciudad natal y fue profesor de psicología y lógica en el Colegio Nacional y en el Liceo de señoritas de Córdoba (1928-1931). Fue profesor suplente, y luego titular, de Derecho Civil en la misma Universidad (1928-1946); alejado por causas políticas fue presidente del Colegio de abogados de Córdoba y de la Federación Argentina de Colegios de Abogados (19461947). En octubre de 1955 fue designado Ministro de la Corte Suprema, y confirmado por el Dr. Frondizi en 1958, renunciando en 1960. Sus obras más importantes son: “Versos de soledad y de silencio”, “Penumbra”, “Incapacidad civil de los penados”, “Responsabilidad por el hecho de las cosas inanimadas”, “Personas Individuales Estudios de Derecho Civil”, “Humanismo y ciencia”, “Nuevos Estudios de Derecho Civil”. Se incorporó a la Academia de Derecho y Ciencias Sociales en 1958.

Julio César Oyhanarte: Nació en La Plata (Prov. de Buenos Aires) en 1921, en cuya Facultad de Ciencias Jurídicas realizó sus estudios superiores, recibiéndose de abogado con honores. Ejerció la profesión y militó activamente en las filas del radicalismo, en la línea del Dr. Frondizi. Luego de la Revolución Libertadora, fue designado asesor letrado de la Universidad Nacional de La Plata, y profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. En febrero de 1958 fue designado Diputado Nacional no incorporándose a la Cámara por haber sido designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por el Dr. Frondizi (Decreto 53/1958). Actuó activamente cuanto éste fue detenido para hacer jurar, en virtud de la ley de acefalía, al Dr. José María Guido a cargo del Poder Ejecutivo. Cesó por renuncia aceptada por Decreto No. 9537/62 (B.O. 22-9-1962), para volver a la profesión. Se incorporó nuevamente a la Corte


73 Suprema de Justicia de la Nación en 1990 luego de desempeñarse por breve tiempo como Secretario de Justicia del Gobierno del Dr. Carlos S. Menem. Renunció unos años después (1995), no sin antes haber dejado su impronta en varios fallos del Alto Tribunal durante este período. Dámaso E. Palacio: Nació en Santiago del Estero el 13 de octubre de 1855. Se desempeñó en el Alto Tribunal desde el 9 de junio de 1910 hasta su fallecimiento en Buenos Aires el 6 de marzo de 1923 (Acordada de honores del 7 de marzo de 1923). Francisco J. M. Ramos Mejía Irigoyen: Nació en Buenos Aires el 27 de abril de 1877. Hijo de Francisco de la Paz Ramos Mexía (Mejía) Madero y Edelmira de Irigoyen Quesada (Hija de José María de Irigoyen Sala y de Isabel Francisca de Quesada Dolz). Se casó el 15 de junio

de 1907 con Arminda Thwaites Lastra, hija de Enrique Thwaites Insiarte y de Máxima Lastra Olivera. Estudió abogacía en la facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue escribiente en los tribunales de la Capital Federal (1896-1902), Secretario interino del Juzgado de Comercio (1903-1904) y Secretario Titular (1905-1910). Agente fiscal en lo Criminal y Correccional (1910-1912). Juez de Primera Instancia en lo Criminal (1912-1920). Vocal de la Cámara Criminal y Correccional de la Capital Federal (1920-1938). Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (19381947). Miembro honorario de la Sociedad Argentina de Criminología. Miembro de la Academia Nacional de Derecho desde 1956. Antonio Sagarna: Nació en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, el 10 de octubre de 1874. Era hijo de un obrero vasco y conoció de cerca la estrechez de la vida obrera. Estudió en el Cole-


74 gio Nacional de Concepción del Uruguay y se graduó en derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas de Buenos Aires (1899). Fue fiscal, y luego Juez de Primera Instancia en Concepción del Uruguay y en el Supremo Tribunal de Justicia de Entre Ríos. En 1912 renunció a sus cargos, se dedicó a la profesión y entró en las lides políticas. En 1913 fue elegido diputado de la Legislatura de su provincia y en 1914 fue ministro de gobierno con el Dr. Miguel Laurencena, primer gobernador radical de la provincia de Entre Ríos. Fue profesor de geografía e instrucción cívica, de legislación y economía política, y de derecho ferroviario comparado en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad del Litoral. Interventor en la Universidad Nacional de Córdoba en 1922. Ocupó en 1919 el puesto de Ministro Plenipotenciario en el Perú, y en la presidencia del doctor Alvear desempeñó la cartera de Justicia e Instrucción Pública. Desde 1928 hasta 1947 fue ministro

de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cargo en el que cesó por causas políticas. Contribuyó con estudios originales a numerosas revistas, como los “Archivos de Psiquiatría” y la “Revista de filosofía”, que dirigía José Ingenieros, y escribió obras como “Pláticas docentes”, “En torno a la organización nacional”, “Urquiza, el histórico” “Urquiza en la Administración Pública”, y “El colegio del Uruguay”. Murió en Buenos Aires el 28 de julio de 1949. Juan Benjamín Terán Etchecopar: Nació en San Miguel del Tucumán el 26 de diciembre de 1880. Estudió en la Universidad de Buenos Aires en la que se doctoró con una tesis sobre la escuela histórica a los 20 años de edad. Recibido de abogado , regresó a Tucumán para ejercer la profesión en el estudio de su padre, el Doctor Juan Manuel Terán. A los 23 años y en unión con Jaimes Freyre, Julio López Mañán y


75 José Ignacio Aráoz fundó la “Revista de letras y ciencias sociales”, que marcó un alto nivel en la cultura nacional. En sus páginas se dio a conocer como escritor e historiador. De entonces data también su actuación política. Elegido diputado a la legislatura provincial en 1905, dos años más tarde fue miembro de la convención que reformó la Constitución de la provincia. Siendo diputado, creó la Universidad de Tucumán a partir de un proyecto de ley que sometió al Gobernador Frías. Integró el Dr. Terán su primer Consejo Superior. En 1930 presidió el Consejo de Educación de la Provincia, y el 6 de septiembre fue designado Presidente del Consejo de Educación de la Nación, renunciando en febrero de 1932. El Presidente Justo lo elevó al cargo de Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el que permaneció hasta su fallecimiento. Sus obras más notables fueron: “Tucumán y el Norte Argentino. Con documentos probatorios

1820-1840”, “Unitarios y Federales en el Norte 1831-1840”, “El descubrimiento de América en la historia de Europa”, “Por mi ciudad”, “El nacimiento de la América Española”, “Por la salud de nuestra América”, “José María Paz, su gloria sin estrella, su genio moral”, “Estudios y Notas”, “Una nueva Universidad”, “Voces Campesinas”, y “Lo Gótico, signo de Europa”. Murió el 8 de diciembre de 1938. Marcelino Ugarte: Nació en Buenos Aires en 1822, graduándose de abogado en su ciudad natal en 1848, doctorándose en Jurisprudencia en 1852. En dos ocasiones estuvo exilado en Montevideo durante el período de Rosas. Fue abogado defensor de los mazorqueros Ciríaco Cuitiño y Leandro Alem. Ocupó la cátedra de derecho civil en la Universidad de Buenos Aires desde 1857. Integró este mismo año una comisión con Marcelo Gamboa para redactar


76 un proyecto de Código Civil. Fue elegido diputado a la legislatura bonarense en 1858, convencional en 1860 para examinar la Constitución federal de 1853. Fue socio fundador del Colegio de Abogados, socio del Club del Progreso, del Instituto Histórico-geográfico, antecesor de la actual Academia Nacional de Historia. Fue cofundador del diario autonomista “La Patria”, nuevamente diputado nacional (1863) y senador a la Legislatura Bonaerense (1869). Director del Banco de la Provincia de Buenos Aires (1866-1868). Ministro de Relaciones Exteriores del Vice-Presidente Marcos Paz (1867). Fiscal Superior por ante la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires. Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en reemplazo del Dr. Francisco de las Carreras que había fallecido (Presidencia de Domingo F. Sarmiento). Murió en 1872 en ejercicio de su cargo.

Federico Nicolás Videla Escalada: Nació en Buenos Aires l 6 de febrero de 1918. Hijo de Federico Nicolás Videla y de Julieta Escalada. Bachiller con medalla de oro en el Colegio del Salvador. Abogado con diploma de honor y doctor en Jurisprudencia de la Universidad de Buenos Aires con la tesis “El derecho aeronáutico, rama autónoma de las ciencias jurídicas” (calificada como sobresaliente). Fue abogado del Instituto de Enseñanza Práctica de la Facultad de Derecho de la U.B.A. entre 1941 y 1947. Profesor titular de Derecho Aeronáutico en la Universidad de La Plata desde 1955, y de Derecho Civil (Contratos) en la Facultad de Derecho de la U.B.A. Fue vice decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Presidió la Convención Nacional del Partido Demócrata Cristiano y la Confederación Argentina de Congregaciones Marianistas y el Primer Congreso Mariano Interamericano. Ha sido miembro del Directorio de Z.O.N.D.A., de


77 la Compañía de Seguros “India” y de la Editorial Haynes. Actuó como Secretario de la Comisión de reorganización de la Justicia, y conjuez de la Corte Suprema en 1962. Miembro de la Academia del Plata y de la Academia de Derecho y Ciencias Sociales. Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad del Salvador, entre 1968 y 1971, y profesor de Derecho Aeronáutico y Civil en la misma. Publicó: “La Eucaristía como sacrificio”, “El contrato Social y la Revolución de Mayo”, “Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la historia argentina” y “Manual de Derecho Aeronáutico”. Fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación desde el mes de abril de 1976 hasta el 30 de diciembre del mismo año (decreto 20/76 y 3507/76, respectivamente). Carlos Juan Zavala Rodríguez: Nacido en San Luis el 27 de diciembre de 1906. Se recibió de

abogado en la Facultad de Derecho U.B.A. en 1929. Doctor en Jurisprudencia (1940). Profesor de Procedimientos en la misma Facultad, y de Derecho Internacional. También fue asesor letrado de la Corporación de transportes de la Capital Federal (1949/1951). Fue Juez de la Cámara Nacional en lo Comercial y Ministro de la Corte Suprema de Justicia en reemplazo del Dr. Villegas Basavilbaso desde 1964 a 1966 (dec. 9218/64 y 3/66). Autor de “Publicidad Comercial”. Salustiano J. Zavalía: Nació en San Miguel del Tucumán el 8 de julio de 1837 en el seno de un hogar honorable. Huyendo de la persecución de Rosas se educó en Valparaíso (Chile) y prosiguió sus estudios en Córdoba donde se doctoró en Derecho. Electo diputado nacional por esta provincia. En 1861 formó parte de la Legislatura de Buenos Aires. Fue Procurador del Tesoro de esta Provincia, Fiscal Federal y


78 Juez para la Magistratura de la Provincia de Buenos Aires. Luego, vocal de la Cámara Civil, y de allí pasó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación por decreto del 10 de septiembre de 1887. Su disidencia en las expropiaciones de la Av. de Mayo fijó una doctrina hoy universalmente aceptada en todas las legislaciones modernas. Cesó el 2 de abril de 1889, acordándole una jubilación por sus valiosos servicios. Murió en Buenos Aires el 29 de junio de 1914. C) Procuradores Generales de la Nación José Nicolás Matienzo Alurralde: Nació en San Miguel del Tucumán el 4 de octubre de 1860. Fue designado por decreto del 27 de noviembre de 1917, en reemplazo del Dr. Julio Botet. Cesó por decreto del 12 de octubre de 1922 por haber sido designado Ministro del Interior. Murió en Buenos Aires el 3 de enero de 1936.

Horacio Rodríguez Larreta: Nació en Buenos Aires el 6 de junio de 1871. Por decreto del 27 de septiembre de 1923 fue nombrado para el cargo de Procurador General en reemplazo del Dr. José Nicolás Matienzo. Cesó el 1 de junio de 1935 por fallecimiento. Ramón Lascano: Nació en La Plata (Prov. de Buenos Aires) el 2 de marzo de 1901. Fue nombrado por decreto No. 53/58 (B.O. 16/5/1958), prestó juramento el 12 de mayo de 1958, en reemplazo del Dr. Sebastián Soler. Cesó por el decreto No. 3/66 del 28 de junio de 1966, durante el gobierno de la Revolución Argentina. Juan Antonio Gauna: Nació en Buenos Aires el 8 de marzo de 1937. Fue Juez Federal y Vocal de la Cámara Federal y Contenciosoadministrativo. Fue Secretario de Estado de Defensa, y Secretario de Estado de Interior. Fue designado


79 por el Presidente Alfonsín por Decreto 258/83, jurando el 23 de diciembre de 1983. Cesó por renuncia aceptada por el decreto 1768/87. Angel Nicolás Agüero Iturbe: Nacido en Córdoba el 17 de marzo de 1947, fue designado por decreto No. 1398/94, tomando juramento el 17 de agosto de 1994, en reemplazo del Dr. Fappiano. Cesó por renuncia aceptada por decreto No. 334/97.

4. Juristas de ascendencia vasca en el país consolidado Aclaración preliminar

Aquí haré mención a prominentes abogados, magistrados y funcionarios que se han destacado por su trabajo profesional en el foro, en la doctrina o en la magistratura, listado que de ningún modo se agota en ellos, pero por el limitado espacio y el defecto de mi memoria, me han impedido recordarlos, por lo cual solicito se los considere incluidos.


80 A) Abogados, Magistrados y Funcionarios

Aguirre, Julián L.: Nació en Jujuy, y después de cursar los estudios secundarios ingresó en la Facultad de Derecho en 1868, donde se doctoró en Jurisprudencia. En 1874 fue Juez del Crimen en el departamento sur de la Prov. de Buenos Aires. Luego fue miembro de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional (1886), y su Presidente en 1891. Concordó el Código Penal con el Dr. Carlos Tejedor. Fue también Juez de la Cámara Federal de La Plata y Gobernador de su Provincia natal. Murió el 7 de julio de 1914 luego de una intensa vida pública, dejando publicaciones sobre cuestiones de derecho civil, comercial y penal.

Alcorta, Amancio: nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1842, doctorándose en leyes en su Universidad. Durante la guerra del Paraguay, prestó servicios militares como ayudante y secretario del coronel Murature, y se batió en el combate de las Cuevas, en el que fue condecorado con la cruz de bronce del Brasil. En 1867, se lo designó juez de primera instancia, puesto que desempeñó con competencia y laboriosidad. Dejó este cargo para ocupar el de Fiscal de Gobierno en la provincia, y sucesivamente, los de Ministro de Hacienda y de Gobierno. Durante la administración del Dr. Acosta, fue electo diputado a la Legislatura en 1867 y 1872. Posteriormente en 1880, ejerció importantes cargos, como el de catedrático de derecho internacional en la facultad, académico titular de la misma, diputado al Congreso Nacional, rector del Colegio Nacional, Ministro de Relaciones Exteriores en las administracio-


81 nes de Juárez, Sáenz Peña, Uriburu y Roca; en este último puesto , contribuyó de una manera notable, a la terminación del litigio de límites con Chile. En esto lo sorprendió la muerte el 5 de mayo de 1902. Su labor como publicista es vastísima. El Dr. Alcorta, no obstante su larguísima carrera política, tiene adquiridos más títulos como jurista y literato de nota, lo que atestiguó con sus importantes obras, entre las que merecen especial mención “Garantías Constitucionales”, “Curso de Derecho Internacional Privado”, “Estudio sobre el Código de Comercio”, “Derecho Internacional Público”, y “Estudio sobre el curso forzoso”. El sepelio de este distinguido jurisconsulto dio lugar a una imponente manifestación de duelo, y en él hicieron uso de la palabra el Ministro del Interior Dr. Joaquín V. González, el Ministro de Inglaterra William Barrington, y

los Dres. Juan Antonio Argerich, Luis Varela, y Juan José Montes de Oca. La prensa del país le dedicó extensas notas necrológicas y el diario La Nación, entre otros conceptos, decía: “ Como hombre de mundo, poseía el don de la afabilidad fácil y llana; como abogado y como funcionario, se ciñó siempre a los principios estrictos del deber, mostrando en todos sus actos una corrección delicada y extrema; como estadista, supo interpretar las necesidades del bien público y captarse la confianza resuelta de la opinión, porque se tenía certeza de que ninguna incitación sería bastante fuerte para quebrantar la sinceridad y la buena fe con que se ponía al servicio de patrióticos ideales. En todas las faces de su actividad, su rasgo ha sido el mismo. Como escritor, ha dejado obras de doctrinas vigorosas y robustas, pero faltas de la ligere-


82 za de estilo que hace accesibles al público las manifestaciones del pensamiento; como hombre de gobierno, hizo sentir su influencia en una forma muchas veces fecunda, pero huía a toda exteriorización de su personalidad, a punto de que consideraba como una prueba penosa la obligación de pronunciar un discurso; como catedrático, no le saludó jamás el aplauso espontáneo e irreprimible que arrancan las frases de retórica, pero contó, en cambio, con el respeto y la consideración de sus discípulos. Era un hombre de los que deben medirse de cerca para apreciar su verdadera talla”. Alcorta, Carlos Alberto: Jurisconsulto nacido en Buenos Aires en 1898. A partir de 1926 ocupó la cátedra de derecho internacional privado en la Universidad de Buenos Aires y representó al país en varias embajadas pleni-

potenciarias. Ha publicado varias obras: “Estudio sobre derecho marítimo internacional”, “Estudio sobre el derecho penal internacional”, “El origen auténtico del derecho internacional privado”. Alzaga, Martín de: Nació en Buenos Aires el 25 de octubre de 1850, iniciando sus estudios de derecho a los quince años de edad. Terminada su carrera se dedicó a la política. Fue diputado a la legislatura de la provincia, y miembro del Consejo Deliberante de la ciudad. Fue Ministro de Gobierno del Gobernador Máximo Paz, y ocupó una banca en el senado provincial. Luego se retiró al trabajo profesional, y su estudio fue uno de los más prestigiosos a fin del siglo pasado. Amuchástegui, Nicolás: Nació en Córdoba en 1860, donde se graduó de abogado con excelentes calificaciones. Fue Secretario del Juzga-


83 do Federal. Estableció luego su estudio en la ciudad de Rosario, alcanzando gran prestigio. Trasladado a Buenos Aires, fue designado Juez de Comercio entre 1895 y 1905. En este cargo reveló extraordinarias condiciones de carácter y de inteligencia, constituyendo sus fallos seguras orientaciones de jurisprudencia, por lo que no fue olvidado fácilmente su paso fugaz por la judicatura. Murió en Buenos Aires el 24 de junio de 1919. Anchorena, Tomás E. de: Nacido en Buenos Aires, hijo de Tomás S. y de Mercedes Riglos. Se recibió con honores (medalla de oro). Fue diputado nacional, socio de la Sociedad Rural Argentina. Murió el 16 de septiembre de 1916. Ayerza, Francisco de: Nació en Buenos Aires el 22 de febrero de 1860. Era hijo de Toribio de Ayerza y Adelaida Zavala. Hizo sus estudios

secundarios en el Colegio del Salvador, y obtuvo su diploma de abogado en la Facultad de Derecho de su ciudad natal en 1880. Su estudio jurídico funcionaba en un ambiente de probidad y tuvo a su cargo defensas de gran importancia, como la del funcionario público Dr. Angel Pizarro contra la acusación del Dr. del Campo. Fue abogado del Banco Español, formando parte de su directorio. Sacrificando su posición forense actuó en la política activa en 1890, y en 1893 fue deportado. Fue diputado nacional en 1894. Volvió luego a la actividad profesional con gran éxito, acrecentando su firme crédito de abogado inteligente y honesto. Falleció en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1901. Basavilbaso, Carlos: Nació en Buenos Aires donde se recibió de abogado en 1879.Ejerció la profesión y participó en política en el partido mitrista. Fue legislador Nacional y director de


84 la Caja de Conversión. En 1911 fue diputado nacional, muriendo el 17 de octubre de 1911. Basavilbaso, Eduardo: Nació en Buenos Aires el 21 de febrero de 1835. Se doctoró en la Universidad de Buenos Aires y pronto se acreditó como uno de los abogados descollantes de la época. Fue electo tres veces en la legislatura de Buenos Aires. Ministro de Gobierno de la Provincia en 1874. Se desempeñó en el Consejo de Instrucción Pública y en la Contaduría Nacional. Luego fue presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires (1893).Fue jefe de Asuntos Legales del Banco Nacional y Presidente del Banco Hipotecario Nacional. Murió en Santa Rosa de Toay el 26 de noviembre de 1907. Basavilbaso, Leopoldo: Nació en Buenos Aires en 1843. Luego de realizar sus primeros estudios en Chile (emigrado con su familia) estudió

derecho en la Universidad de Buenos Aires. Tomó parte en varias batallas durante la Guerra con el Paraguay. Se doctoró en Jurisprudencia en 1867, con una tesis sobre el matrimonio civil, reclamando su inmediata aplicación. En 1869 fue elegido diputado a la legislatura de la provincia. Se ocupó de impulsar numerosos proyectos, entre ellos, el de creación del Registro Civil, la abolición de la pena de muerte, y la liberación de la enseñanza. En 1873 fue Fiscal de Estado. Fue Ministro de Hacienda de Aristóbulo del Valle. Fue vocal de la Cámara de Apelaciones en 1875 hasta 1884. Académico desde 1877, se lo nombró decano en 1881. Luego de abandonar la Magistratura fue asesor del Banco de la Provincia. Titular de la Universidad de Buenos Aires durante 16 años. En 1894 ocupó una banca de diputado por la Unión Cívica Radical. Falleció en Buenos Aires el 13 de enero de 1908.


85 Beláustegui, Luis: Nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1842. Descendiente de una prestigiosa familia en la que descolló su abuelo Francisco Antonio Beláustegui, miembro de la hermandad de la caridad en 1790. Ocupó cargos en el Ministerio de Hacienda hasta que en 1868 fue designado relator del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Al año siguiente se recibió de abogado en la universidad de su ciudad natal. En 1872, designado Juez de Primera Instancia en lo Civil, y tres años después Vocal de la Cámara de Apelaciones, de la que fue su Presidente. En 1878, Asesor de la Municipalidad mientras se ejerció la profesión libremente. En 1897, Ministro de Justicia e Instrucción Pública por renuncia del Dr. Bermejo. Falleció el 19 de noviembre de 1909. Por su honestidad y preparación ha dejado muchas enseñanzas en todos los altos cargos públicos que ocupó,

principalmente en la Magistratura, en donde su temperamento reposado hallaba campo propicio para desenvolver sus aptitudes.Belderrain, Pedro P.: Nació en Buenos Aires el 29 de junio de 1851, graduándose de abogado en esta ciudad siendo aún muy joven. Desde su juventud participó en política en las filas mitristas. Fue Intendente Municipal de Dolores (donde se radicó) y Presidente del Consejo Escolar de esta ciudad. Fue Juez de Paz y comandante militar. Presidió la Cámara de Diputados durante el Gobierno de Guillermo Udaondo. Fue Diputado Nacional, y luego se dedicó a las actividades profesionales. Falleció el 1* de septiembre de 1911. Beracochea, Pascual: Nació en 1849. Hijo de Pedro Beracochea y de doña Ignacis Beretervide. Haciendo un paréntesis en sus estudios de derecho tomó el servicio de las armas en la


86 campaña de Paraguay y en Entre Ríos contra López Jordán. Reanudados sus estudios, terminó con brillo su carrera e inmediatamente ocupó una banca en la legislatura bonaerense, donde desplegó su elocuencia y su ilustración. Luego fue Juez de Comercio. Renunció para asumir como diputado nacional por la Capital. Se destacó por su palabra sobria y concisa y su inteligencia analítica. Murió el 24 de enero de 1905. Berrotarán, Nicolás M.: Nació en Córdoba, graduándose de abogado en 1876. Fue profesor de Derecho Romano hasta 1884. En 1893 fue designado Académico en la Universidad, luego decano de la Facultad de Derecho y profesor de Derecho Civil en 1894. Fue Fiscal. También ocupó varias veces una banca en el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires. Ministro de Gobierno de la Provincia durante la Administración del Dr. Pizarro y Senador a la

Legislatura de la Provincia. Vicegobernador el Dr. Alvares y Ministro de Gobierno del Dr. Olmos. Falleció en Córdoba el 23 de noviembre de 1911. Bunge y Arteaga, Carlos Octavio: Hijo de Octavio Bunge Peña Lezica y María de Arteaga. Nació en Buenos Aires en 1875. Se destacó como abogado y literato. Entre sus libros figuran “El federalismo argentino”, “Nuestra América”, “Principios de Psicología”, “Nuestra patria”, “La novela de la sangre”, “Los colegas”, “La Educación contemporánea”, “Teoría de la Educación”. Fue profesor de la Facultad de Derecho, y conferenciante en esta facultad y en las de Filosofía y Letras de Buenos Aires y La Plata. Fue Fiscal del Crimen en Primera Instancia, y luego de Cámara, cargos que desempeñó con gran altura y elevado concepto de justicia social. Falleció en Buenos Aires el 22 de mayo de 1918.


87 Bunge Peña Lezica, Emilio V.: Nació el 19 de septiembre de 1836 del matrimonio de Carlos Bunge y Genara Peña Lezica. Combatió en Cepeda. Entró en la vida pública después de haberse recibido de abogado en la Ciudad de Buenos Aires. En 1872 ocupó una banca en el Senado de la Provincia y fue electo en 1874 Presidente de la Municipalidad de Buenos Aires, donde puso de relieve sus cualidades de organizador y administrador. Fue electo diputado nacional en 1880, y luego director y vicepresidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Murió en Buenos Aires el 1* de septiembre de 1909. Carranza, Adolfo P.: Nació en Buenos Aires el 7 de agosto de 1857. Se educó en el colegio San Martín, ingresando en la Universidad de Buenos Aires en 1875. Obtuvo su título de abogado y de doctor en Jurisprudencia algún tiempo después. Trabajó en el Ministerio de

Relaciones Exteriores y fundó la “Revista Nacional”, dando a publicidad muchos trabaos de índole histórica. Creó el Museo Histórico Nacional en el año 1890. Murió el 14 de agosto de 1914. Carranza, Emilio: Nació en Buenos Aires en 1852, donde se graduó en derecho presentando una tesis con la cual conquistó el primer lauro en su carrera. En el ejercicio de su profesión se distinguió tanto que en la administración del Dr. D’Amico fue nombrado abogado del Banco de la Provincia. Fue designado director de escuelas en el gobierno de Marcos Paz. Fue senador por dos períodos y diputado nacional. Se alejó de la política y se dedicó a la profesión con mucho éxito. El Gobernador Irigoyen le confió la cartera de Hacienda. Electo nuevamente diputado nacional lo sorprendió la muerte el 12 de agosto de 1913.


88 Carranza Mármol, Angel C.: Nació en Buenos Aires donde se recibió de abogado, siendo designado inmediatamente Juez de Paz letrado en la Provincia. Fue Juez del Crimen durante muchos años, y Senador en la Legislatura de la Provincia. Falleció el 4 de noviembre de 1919. Carreras, Oscar Pablo de las: Nació en Buenos Aires en 1856. Hizo sus estudios en Córdoba, en cuya Universidad se graduó de doctor en Jurisprudencia. Fue Ministro del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia, y luego pasó a Buenos Aires siendo Fiscal del Crimen y Juez. El Dr. de las Carreras se caracterizó por la rectitud de sus procedimientos y por su honorabilidad y energía en sus decisiones. Estaba casado con Elena Bazán. Murió en Buenos Aires el 3 de octubre e 1895. Costa Ituarte, Eduardo: Nació en Buenos Aires el 27 de abril de 1823 donde se graduó de abo-

gado. Profesor de derecho constitucional y Ministro de Justicia del Gobierno de Mitre desde 1862 a 1868. Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Carlos Pellegrini. Ministro de Justicia y del Interior del presidente Sáenz Peña. Diputado al Congreso Nacional. Fue procurador general de la nación. Falleció el 13 de julio de 1897. Chavarría, Isaac M.: Nació en Mendoza donde comenzó su extensa vida pública que lo llevó a la cartera de Gobierno. En Buenos Aires tramitó, en el ejercicio de su profesión de abogado, asuntos de gran importancia, y con maestría y competencia los asuntos de ferrocarriles. Fue interventor en la Provincia de Santiago del Estero. Ministro del Interior y Director y Presidente del Banco Hipotecario Nacional. Lo sorprendió la muerte en Mendoza el 25 de junio de 1918.


89 Echagüe, Leónidas: Nació en Paraná el 19 de noviembre de 1832, graduándose de abogado en la ciudad de Córdoba. Fue defensor de pobres y menores, Secretario de la intervención de Mendoza y Juez de Primera Instancia. En 1862 fue Juez de Comercio en Rosario de Santa Fe, y luego en Paraná, demostrando inteligencia y rectitud en su cometido. Ministro de Gobierno del Gobernador Duportal, Senador y luego Gobernador, volviendo al cargo anterior al concluir el período. Agente Fiscal, Juez del Crimen y Camarista. Fue Ministro de Gobierno del Dr. Hernández. Luego, Senador Nacional por Entre Ríos durante dos períodos. Por segunda vez, Gobernador de la Provincia, y después por tercera vez ocupó la senaduría por su provincia. Murió en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1907. Echazú, Abraham: Nació en Salta. Concluidos sus estudios de abogacía en Buenos Aires se

hizo cargo de la cartera de Gobierno de su provincia natal. Luego fue Juez de Comercio, volviendo al cargo ejecutivo con el Gobernador Ortiz. Varias veces legislador provincial. Fiscal en los tribunales provinciales, vocal y Ministro de la Corte Suprema provincial, y en la de la Provincia de Santa Fe donde, además, fue profesor universitario. Retornando a Salta fue Fiscal de Estado. Falleció en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1917. Eguía, Carlos: Nació en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1809, graduándose de abogado en la misma ciudad. Emigró en 1838 a la ciudad de Montevideo. Se incorporó al estudio del Dr. Somellera. Participó de la defensa de la ciudad sitiada. En 1857 volvió a Buenos Aires para ejercer la Magistratura como Juez a cargo del Juzgado Correccional, como Juez de Primera Instancia en lo Civil, y también Juez Federal. Vocal del Superior Tribunal de Justicia de la


90 Provincia de Buenos Aires (1869-1875), del que fue su Presidente, jubilándose con posterioridad. Murió en Buenos Aires el 24 de Agosto de 1891. Escalada, Manuel María de: Nacido en Buenos Aires el 6 de enero de 1823, fue hijo de Manuel de Escalada y de la Quintana (prócer de la independencia, luchó junto a San Martín desde la batalla de San Lorenzo). Por muchos años fue ministro del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Buenos Aires (1872-1875), y de la Primera Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires (desde 1875). Varias veces fue diputado. Murió en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1896. Ezeiza, Juan José: Nació en Buenos Aires en el año 1852, donde posteriormente se recibió de abogado, desempeñando varios cargos en la judicatura. Fue Defensor de Pobres en Merce-

des y en La Plata. Escribió una crítica al Código de Procedimientos y varios artículos sobre temas conflictivos de derecho. A partir de 1881 se desempeñó en los siguientes cargos: Presidente de la Sociedad Rural, director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, fundador y Académico de la Facultad de Agronomía. Murió el 11 de septiembre de 1915 mientras se desempeñaba como Asesor de Menores en la Capital Federal. Gainza, Mariano de: Nació en Buenos Aires en el año 1856, hijo del Gral. Don Martín de Gainza y doña Ana Lynch. Abogado de prestigio, llevaba una vida austera y laboriosa, dignificada por una honradez ejemplar en el ejercicio de su profesión. Pocos días antes de morir el Poder Ejecutivo había solicitado acuerdo al Senado para nombrarle ministro de la Suprema Corte de Justicia, y fue rechazado en virtud de que para la mayoría del alto cuerpo las pasio-


91 nes políticas pesaban más que los grandes merecimientos del adversario de ideas. Esta decisión lo apesadumbró por su aspecto moral, y decayó tanto su espíritu, que el Dr. Gainza dejó de existir el 13 de septiembre de 1896, en su ciudad natal. Garay, Angel: Nació en Buenos Aires en el año 1848. Cursó sus estudios secundarios y superiores en esta capital, y se graduó de abogado en el año 1875,en cuya época comenzó a ejercer su profesión al lado de jurisconsultos militantes. Ocupó luego en el año 1881 una Fiscalía Civil y Comercial siendo ascendido a Juez en lo Civil de la Capital en el año 1889. Fue además miembro del Consejo Escolar de la parroquia de la Concepción, director general de Escuelas en la provincia de Buenos Aires, y comisionado municipal en Quilmes y San Vicente. Murió en Buenos Aires el 20 de julio de 1918.

Goyena, Miguel: Nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1844, hijo de Pedro R. Goyena y Emilia del Río. En 1872 se recibió de abogado y doctor en derecho, dedicándose al ejercicio de su profesión. Fue diputado nacional en Corrientes. Intendente municipal de La Plata. Abogado del Banco Provincia, murió en Buenos Aires el 24 de octubre de 1920. Goyena,Pedro: Nació en Buenos Aires el 24 de julio de 1843, hermano del anterior. Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires graduándose de doctor en Jurisprudencia a los 23 años. Fue profesor universitario de varias materias. Se distinguió en periodismo. Fue Convencional Constituyente en 1870, y diputado a la Legislatura de Buenos Aires y al Congreso Nacional. Murió el 7 de mayo de 1892. Ibarguren, Federico (h): Hijo del Magistrado y Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la


92 Nación, don Federico Ibarguren y de doña Margarita Uriburu, nació en el año 1868 en Salta. Estudió y se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, con medalla de oro, con la tesis “La Hipoteca”. Fue subsecretario del Ministerio de Hacienda, Secretario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y profesor de Derecho Civil en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Escribió su “Tratado sobre Derechos Reales” donde condensó sus enseñanzas en la cátedra. Falleció a la temprana edad de 38 años en Buenos Aires, el 2 de diciembre 1906. Igarzábal, Benjamín D.: Nació en Córdoba el 22 de febrero de 1823, hijo de Miguel Igarzábal y de doña Presentación Loza. Aventajado discípulo del renombrado jurisconsulto Dr. Dámaso Gigena, en 1840 terminó sus estudios de abogado. Hubo de emigrar a Bolivia. A su vuelta ocupó el puesto de Secretario de la

Legislatura de Córdoba y del Congreso de Paraná. Fue Ministro de Gobierno de la provincia con los Gobernadores Posse, Luque, Ferreyra, Ocampo y Alvarez. Fue presidente de la Legislatura por varios períodos y diputado nacional. Murió el 19 de septiembre de 1894. Irigoyen, Bernardo de: Nació en Buenos Aires el 18 de diciembre de 1822. Cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires doctorándose en leyes en 1843. Más que jurista fue un estadista cabal. Intervino como representante de distintos gobiernos nacionales para resolver graves conflictos internacionales. Desde 1857 se dedicó al periodismo y al ejercicio de la abogacía con notable éxito. Fue convencional constituyente en 1860 y Procurador del Tesoro de la Nación en 1870. En 1873 fue electo diputado nacional. Ministro con el Dr. Avellaneda y se ocupó de lo límites con Chile. Fue Ministro del Interior con Roca y Gobernador de


93 la Provincia de Buenos Aires en 1898. Luego, electo senador. Murió el 27 de diciembre e 1906. Luro, Santiago: Nació en Dolores (Prov. Buenos Aires) el 5 de diciembre de 1847, hijo de Pedro Luro y Juana Pradére. Recibido de abogado en 1873 se lanzó a la política llegando a la Presidencia de la Cámara de diputados de la Provincia bajo el Gobierno del Dr. Rocha. Fue diputado nacional, director del Banco de la Provincia, del Banco Hipotecario. Convencional Constituyente. Su estudio tuvo una excelente fama en el foro metropolitano, donde descolló por su sabiduría y buen consejo. El Dr. Luro falleció en Buenos Aires el 28/8/1919. Molina Arrotea, Carlos: Nació en Bueno Aires el 4 de noviembre de 1849, hijo de Manuel Isidro Molina y Amalia Arrotea. Estudió en el Colegio Nacional y luego en la Universidad local donde se graduó de abogado y doctor en

Jurisprudencia al cumplir 23 años. Fue diputado provincial. Se desempeñó como Juez Civil de Primera Instancia, y luego fue Camarista en el mismo fuero. Murió en Buenos Aires el 28 de junio de 1908, dejando su obra “Diccionario Biográfico de Personalidades Argentinas” como legado a la historia de la Nación. Navarro, Manuel José: Nació en Catamarca el 11 de julio de 1830, hijo de Manuel Navarro y Javiera Herrera. Se recibió de doctor en leyes en la Universidad de Córdoba. Fue diputado nacional, miembro de la Legislatura y del Poder Judicial, Ministro de Gobierno y Senador Nacional. Murió en Buenos Aires el 23 de agosto de 1903. Navarro, Secundino: Nació en San Juan en 1852. Se doctoró en la Universidad de Córdoba, intervino en la Legislatura de San Juan. Presidente de la Corte Suprema de su provin-


94 cia, Juez Federal en San Juan. Murió en Buenos Aires el 21 de diciembre de 1910. Pizarro, Angel S.: Nació en Buenos Aires en 1854, graduándose en derecho en la universidad de Córdoba. Fue un civilista de nota, catedrático en derecho civil y Juez Civil de la Capital y Fiscal ante la Cámara Civil. Murió el 3 de febrero de 1916. Pizarro, Manuel Dídimo: Nació en Córdoba el 9 de abril e 1841, hijo del Cnel. Manuel Esteban Pizarro y Mercedes Leanis. Se doctoró en la Universidad de Córdoba. Se desempeñó con brillo como Ministro de Justicia, Juez del Tribunal Superior de Justicia de la Provincia. Fue Gobernador de Córdoba y Senador Nacional por Santa Fe. Murió en Córdoba el 15/10/1909. Quintana, Enrique Santos: Nació el 27 de marzo de 1851 en Buenos Aires. Terminados sus

estudios de derecho en la Universidad de Buenos Aires se dedicó al foro y al periodismo, destacándose con eficacia en lo primero. Fue representante ante la legislatura provincial en 1879. Murió en Buenos Aires el 11/5/1897. Quintana, Manuel: Nació en Buenos Aires en 1835, doctorándose en la Universidad de Buenos Aires, donde además fue profesor. Diputado y senador nacional. Desempeñó varias misiones diplomáticas. Ministro del Interior del Presidente Sáenz Peña. Elegido Presidente de la República para el período 1904-1910, sofocó la revolución radical en 1905, y murió cuando se esperaba mucho de su talento y de su autoridad moral. Quirno Costa, Norberto: Nació en Buenos Aires en 1844. Fue Ministro de Relaciones Exteriores durante la Presidencia de Juárez Celman (1886-1889), y en tal carácter concertó trata-


95 dos de límites con Paraguay, Bolivia y Brasil. Ocupó asimismo entre otros cargos el de Ministro del Interior (1889-1890). Fue ministro plenipotenciario en Chile (1893) y Vice Presidente de la República entre 1898 y 1904. Murió en Buenos Aires en 1915. Tedín Tejada Güemes y Goyechea, Virgilio Mariano: Nació en Salta el 18 de diciembre de 1850, hijo de Pío José Tedín (alto Magistrado de la Provincia) y de Eulogia Tejada y Güemes Goyechea. Se doctoró en leyes en la Ciudad de Buenos Aires con las más altas calificaciones. En 1875 fue nombrado como Asesor de Menores en el Departamento Judicial del centro de la provincia de Buenos Aires, ascendiéndoselo luego al cargo de Juez de Primera Instancia en lo Civil en el mismo departamento, pasó luego a la Capital Federal. Creados los juzgados federales pasó a ocupar uno de ellos, donde se destacó en la resolución de importantes cuestiones

institucionales (especialmente en materia de ordenamiento de los padrones electorales). En este puesto lo sorprendió la muerte en 1893. La ciudad de Buenos Aires lo recuerda con la nominación de una calle. Ugarriza, Andrés: Nació en Salta y se doctoró en Buenos Aires. Figuró en la Magistratura de Buenos Aires y fue secretario de la Legislatura. Posteriormente se desempeñó en el Ministerio de Gobierno de su Provincia. En Tucumán ocupó el cargo de Presidente del Superior Tribunal de Justicia. En Buenos Aires actuó en la Justicia Federal. Fue convencional para la reforma de 1883 y diputado nacional en 1898. Murió en Buenos Aires el 29 de septiembre de 1917. Urien, Carlos María: Nació en 1855 y murió en 1921. Fue abogado e historiador. Sus obras más importantes fueron “El Dr. Leandro Alem” y “La revolución cubana”.


96 Urquiza, Diógenes de: Nació en Entre Ríos el 5 de noviembre de 1823, del matrimonio entre Justó José de Urquiza y Cándida García. Se doctoró en derecho en Buenos Aires. Formó parte del Congreso Nacional después de sancionada la Constitución de 1853. Terminó sus días el 10 de junio de 1904. Yriondo, Simón de: Nació en la Ciudad de Santa Fe el 28 de octubre de 1836. Se recibió de abogado en Buenos Aires en el año 1858, siendo su padrino de tesis el Dr. Manuel Quintana, luego Presidente de la República. Vuelto a Santa Fe ejerció la abogacía con brillantez. Allí también fue Ministro de Gobierno, Justicia y Culto. Gobernador de Santa Fe y luego Senador Nacional. Murió en Buenos Aires el 30 de noviembre de 1883 en ejercicio de este último cargo. Zaballa, Leonidas: Nació en Entre Ríos el 20 de noviembre de 1860. Tuvo una larga trayecto-

ria pública en Paraná y en Buenos Aires. Fue miembro de la legislatura provincial, y luego diputado nacional en 1898. Fue reelecto en 1902 y en 1904. Al término de este mandato pasó a ocupar una vocalía en la Cámara Federal de La Plata, cuya presidencia ocupó en 1912. Simultáneamente con su cargo ejerció la Presidencia de la Junta Electoral, de acuerdo con la ley de elecciones en vigor. Murió en Buenos Aires el 11 de abril de 1916. Zavaleta, Manuel: Nació en Tucumán el 24 de enero de 1836, hijo de Lucas José Zavaleta y Mercedes Silva. Estudió en Monserrat y se doctoró en Buenos Aires, donde fue catedrático de economía política desde 1866 hasta su muerte. Fue Diputado nacional, Juez Federal de la Sección Buenos Aires en 1867. Sub-Secretario del Ministerio de Hacienda en 1867. Murió el 30 de noviembre de 1873.


97 Zorrilla, Benjamín: Nació en Sucre, Bolivia, el 25 de marzo de 1840, hijo de Juan Marcos Salomé Zorrilla y doña Carmen Aramburu. Se graduó en Jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Fue gobernador de Salta (1869 a 1871), Ministro del Interior e interino de Relaciones Exteriores del Pte. Avellaneda, Ministro del Interior del Pte. José E. Uriburu, y director del Banco Nacional. Falleció en Buenos Aires el 25 de julio de 1896. Zubiría, Torcuato B.: Nació en Buenos Aires en 1856, hijo de Pedro Zubiría y María Etcheverría, se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1877, con 21 años de edad. Fue presidente de la dirección nacional de Escuelas. Miembro de la Convención Constituyente de 1889 que dio la actual constitución provincial. Diputado por la legislatura de 1880 a 1888, Juez del Crimen en los tribunales de la ciudad de Dolores, y Camarista en La

Plata desde el 10 de mayo de 1894. Como Magistrado demostró recto criterio y como legislador puso toda su actividad al servicio de los intereses del pueblo que representó. Murió en Dolores el 15 de septiembre de 1898. Zuviría, Fenelón de: Nació en Salta el 12 de agostso de 1827, hijo de Facundo Zuviría e Isabel de Lezama y Quiñones. Estudió derecho en Chuquisaca. Fue relator de la Cámara de Justicia de Córdoba, oficial mayor del Ministerio de Guerra y Marina de la Confederación, Ministro de Gobierno de Córdoba, fundador de la Sociedad de Beneficencia de esta Ciudad, Procurador Fiscal Federal, catedrático de derecho y diputado nacional. Como Juez provincial o Federal dejó señalada su huella austera y modesta, pero brillante, trazada por más de treinta años de la más acrisolada honradez e inteligencia. Sus discursos, alegatos, y sentencias lo señalan como uno de los jurisconsultos


98 más distinguidos de su tiempo. Murió en Buenos Aires el 31 de diciembre de 1884.

B) Doctrinarios y Profesores Universitarios contemporáneos Guillermo Borda (ya mencionado), Germán Bidart Campos (especialista en Derecho Constitucional), Carlos María Bidegain (especialista en Derecho Constitucional); Ricardo Zorraquín Becú ( con fecunda labor en cuestiones de historia del Derecho Argentino); Jaime M. Anaya (catedrático especialista en Derecho Comercial); Pedro Aberastury (h) (especialista en Derecho Administrativo y profesor universitario), José María López Olaciregui (especialista en derecho civil, materia de la que fue autor de numerosos trabajos y profesor universitario) , Alfredo de las Carreras (h) (funcionario, doctor en derecho, especialista en derecho público,

especialmente, Derecho Internacional, materia de la que es profesor universitario en varias facultades), Horacio de las Carreras (profesor universitario y especialista en sociedades comerciales y en derecho laboral); Ambrosio Romero Carranza (Magistrado y especialista en Derecho Político), Juan José Guaresti (autor de obras de derecho foral); Segundo Linares Quintana (especialista en Derecho Constitucional); Jorge Otamendi (profesor universitario de posgrado y especialista en Derecho Industrial); Carlos S. Odriozola (Secretario de Justicia y especialista en derecho comercial), Víctor Tau Anzoategui (especialista en Historia del Derecho y Derecho Penal y Constitucional); Agustín Durañona y Vedia (especialista en Derecho Civil); Rafael González Arzac (especialista en Derecho Administrativo); Jorge Mosset Iturraspe (especialista en Derecho Civil); Ernesto Aracama Zorraquín (profesor universitario y especialista en derecho industrial).


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C) Contemporáneos profesionales del derecho Entre otros, podemos mencionar a exitosos y destacados profesionales como: Eugenio Aramburu, Alberto E. Azcona, Oscar Echeverry, Raúl Aníbal Echeverry, Juan Francisco de Larrechea, Juan José Guaresti (n); Guillermo Acuña Anzorena; Héctor Achával Rodríguez; Horacio Aguirre Legarreta; Carlos Alconada Aramburu, Carlos Alberto Alcorta; Fernando Eugenio Aliaga García; G. Alvarado Uriburu; Emilio Félix de Alzaga; Juan Martín Allende; Alejandro Allende; Guillermo L. Allende; Ignacio B. Anzoategui; Rodolfo Ernesto Argañaraz Alcorta; José Manuel Arias Uriburu; Hugo Miguel de Arrambide; Alberto Arzac; Arturo F. de las Carreras; José M. Astigueta Campos; José M. Astigueta; Nicolás Avellaneda; Alfredo

Avellaneda Huergo; Carlos Alberto Ayarragaray; Lucas F. Ayarragaray; Hernán Luis Ayerza; Urbano de Iriondo; Salvador María Irigoyen; Mariano Octavio Iturbe; Rafael José Beláustegui; Antonio y Lorenzo Sojo; Eduardo Quintana; Pedro de Elizalde, Eduardo Daract; Rodolfo Carranza Casares; Héctor Bullrich Urioste; Eduardo A. Bunge Urquiza; Horacio García Belsunce; Carlos Luis Echeverría; Diego y Martín López Olaciregui; José A. Acuña Anzorena; Enrique M. Garda Olaciregui; Alfredo Olaechea; Diego May Zubiría; Lucio Manuel Moreno Quintana; José M.M. Jáuregui; Guillermo Peña Casares; José María Paz Anchorena; Martín Benito Noel; Carlos M. Noel; Néstor Capelli Jáuregui; Fenelón Quintana; Enrique Quintana; Carlos Quintana; Cristina Molina Carranza; Miguel E. Quirno Lavalle; Rodolfo Quiroga Echegaray; Héctor Goyena Copello; Julio Otaegui, César Ignacio Urien; Gastón Terán Etchecopar; Virgilio Tedín Uriburu; Víctor


100 Tau Anzoátegui; Hipólito Solari Yrigoyen; Francisco M. Uriburu Quintana; César Ignacio Urien; Julio César Urien (h); Tomás Zumalacarregui, Juan Ovidio Zavala; Miguel Angel Zavala Ortiz; Benjamín Zavalía; Féliz A. Zúñiga.

5. Descendientes vascos, abogados, en el Poder Ejecutivo Nacional Presidentes de la Nación Dr. Nicolás Avellaneda 1871-1880 Dr. José Evaristo Uriburu 1892-1895 Dr. Manuel Quintana 1904-1906 Dr. José Figueroa Alcorta 1906-1910 Dr. Hipólito Irigoyen 1916-1922 y 1928-1930 Dr. Roberto Ortiz Lizardi 1938-1942

Ministros de Justicia Dr. Facundo Zuviría (1854-1855); Dr. Pedro L. Funes (1858-1860); Dr. José E. Uriburu (1867-1868); Dr. Nicolás Avellaneda (1868-1873); Dr. Onésimo Leguizamón (1874-1877); Dr. Miguel Goyena (1879-1880); Dr. Manuel D. Pizarro (1880-1882); Dr. Amancio Alcorta (1890); Dr. José M. Astigueta (1890); Dr. Amancio Alcorta (1893); Dr. Enrique Quintana (1893); Dr. Luis Beláustegui (1897-1898); Dr. Federico Pinedo (1906-1907); Dr. Juan M. Garro (1910-1013); Dr. Carlos Ibarguren (1913-1914); Dr. Ireneo C. Marcó (1922-1923); Dr. Manuel de Iriondo (1932-1935); Dr. Elbio C. Anaya (1943); Dr. Gustavo Martínez Zuviría (1943-1944);


101 Dr. José M. Astigueta (1945-1946); Dr. Bernardo Velar de Irigoyen (1955); Dr. Laureano Landaburu (1955-1956); Dr. José M. Astigueta (1963); Dr. Carlos R.S. Alconada Aramburú (19631966); Dr. Ernesto Corvalán Nanclares (1975-1976); Dr. Augusto P. Saffores (1976); Dr. Carlos R.S. Alconada Aramburú (19831986); Dr. José G. Dumón (1989).

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Danelián, Miguel. Trabajos de investigación sobre la Corte Suprema de Justicia de la Nación y sus jueces (inédito).


103 Boffi Boggero, Luis María: “Tres Centenarios de la Core Suprema de Justicia”, Ed. Pizzarro, Buenos Aires, 1979 Sanguiao, Osvaldo J.: “Diccionario de Ministros -(de Urquiza a Menem)”. Bs.As. 1998. Sarramone, Alberto “Los Abuelos Vascos en el Río de la Plata”. Ed. Biblos (Azul). 1998. “Diccionario Biográfico, Histórico y Geográfico Argentino, El Ateneo” 1a. Edición. Buenos Aires, 1997 Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas: “Revista Genealogía” - “ Hombres de Mayo”. Buenos Aires. 1961. Boletín de la Fundación Vasco Argentina “Juan de Garay”, “Los Vascos y Mayo de 1810”, por Jorge F. Beramendi. Año I, No. 1, págs. 13/29.

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Juan Bautista Alberdi

Eugenio Aramburu El padre de la Argentina moderna, considerado el primer constitucionalista argentino, analizado en su obra y su pensamiento por el primer Presidente de esta institución. Al evocar la memoria de nuestros próceres de origen vasco, es justo recordar a Juan Bautista Alberdi porque, pocos como él, se entregaron de un modo tan total y desinteresado al engrandecimiento de la Nación. Nació con la patria en 1810 y con ella vivió la gloria de Mayo y también la decadencia y frustración de la anarquía, la guerra civil y la tiranía.


105 Pero la derrota, la pobreza, la persecución, el exilio, la indiferencia, nunca lo quebraron; no alteraron la pureza de su alma ni el elevado propósito de construir la Nación. En una tierra devastada material y moralmente por años de desencuentros, odio y sangre, levantó la bandera de la unión nacional. Comprendía Alberdi que el país requería ante todo una conciencia nacional. Argentina decía- no será una Nación sino por la conciencia profunda y reflexiva de los elementos que la constituyen. Por encima de las pasiones veía la impostergable necesidad de unir y contar con todos los sectores de la sociedad. Y estas no son frases. En plena tiranía, exiliado en Chile, solo, olvidado, al conmemorar el 9 de Julio, Alberdi brindó así: “Brindo por el restablecimiento de los principios de Mayo, por la unión de los argentinos...

por la patria subterránea, la patria latente, la patria invencible que se levantará mañana deslumbrante.” Derrotado Rosas, el triunfo sobre sus anteriores perseguidores no lo cegó, ni lo hizo descender a la revancha. Conservó la grandeza, mantuvo el equilibrio. Siguió defendiendo la unión nacional, advirtiendo que en cualquier confrontación ningún contendiente es el dueño de toda la verdad. Su conducta fue el reflejo de convicciones profundas que expuso en el dogma así: “Todos los argentinos son uno en nuestro corazón sean cuales fueren su nacimiento, su color, su condición, su escarapela, su edad, su profesión. Nosotros no conocemos más que una sola fracción –la patria-, más que un solo color -Mayo-, es menester llevar la paz a la historia para radicarla en el presente que es hijo del pasado y en el porvenir que es hijo del presente. No conocemos partidos personales;


106 Ninguna especulación. Ni un sentimiento inferior, siempre la mirada fija en un objetivo superior, ahí radica su gloria. Pero Alberdi sabía que la conciencia nacional, como sentimiento, no era suficiente. Que para concretar la obra iniciada en Mayo y reafirmada en Caseros, era necesario una constitución, que vertebrara la Nación. “No lo olvidéis -dijo- la paz no viene sino por el camino de la ley. La constitución es el medio más poderoso de pacificación y de orden.” Su idea central fue ordenar la convivencia social a través de un orden jurídico y ético superior. Consolidar la nación por una constitución que, al margen de fracciones, de los triunfos o supremacías ocasionales de un sector, asegurase a todos, a los vencidos, a los

postergados, a los que nunca ganarían una elección, la posibilidad de conservar su identidad. De seguir pensando diferente, de gozar de iguales derechos, de vivir con honor y libertad. Así en el tránsito entre la tiranía caída y los comienzos de la República, la visión de estadista y el genio político de Alberdi, marcaron el rumbo que orientó al país en la formación de la Nación. Muchos homenajes se han rendido a Alberdi. También muchos homenajes se hacen a las montañas, al mar y las estrellas, pero los hombres no se cansan de rendir homenaje a las montañas, al mar y a las estrellas. Y así ocurre con Alberdi porque repitiendo la oración civil dedicada a Lincoln: Alberdi fue una montaña por la grandeza de su alma; fue un mar por la profunda voz de su mística soledad; fue una estrella por la inalterable pureza de su propósito y su acción.


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DIPLOMÁTICOS ARGENTINOS DE ORIGEN VASCO Juan Cruz Jaime

Pese a su característica frontalidad, los vascos también se han destacado en la diplomacia

Muchos y muy distinguidos han sido los descendientes de conocidas familias vascas que han llegado a representar a nuestro país al frente de una sede diplomática. Sin pretender ser exhaustiva la presente reseña toma a aquellos diplomáticos que llegaron al rango de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario.


108 ACHÁVAL, Guillermo: Embajador ante Polonia (1939), Suiza (1943-1945) y Bolivia (1945-1946) ACHÁVAL RODRÍGUEZ, Tristán : Nacido en Córdoba el 8 de diciembre de 1845. Abogado, diputado nacional, Embajador ante Paraguay (1875-1880), nuevamente diputado (18811886), colaborador del diario “La Unión”. Falleció en Buenos Aires el 5 de enero de 1887. AGUIRRE LANARI, Juan Ramón: Nacido en Corrientes el 20 de agosto de 1920. Abogado, graduado con diploma de honor y recibiendo el premio “Alberto Tedín Uriburu”, profesor universitario, diputado provincial (1960), diputado nacional (1962-1966), siendo Vicepresidente segundo del Honorable Cuerpo, Embajador ante Venezuela (1979), Bahamas y Granada (1980), Ministro de Relaciones Exterio-

res del 2 de julio de 1982 al 10 de diciembre de 1983, senador nacional (1988-1998). AGUIRRE LEGARRETA, Horacio Mariano: Nacido en Buenos Aires el 20 de octubre de 1914. Abogado, Doctor en jurisprudencia, profesor de enseñanza secundaria, Ministro del Interior, de Salud Pública y Educación de Jujuy (1955), Ministro de Trabajo e Interventor Federal de San Luis (1956), Embajador ante Arabia Saudita y Egipto (1957-1958), y Francia (1960 y 1966), Presidente de Y.P.F. (19581960). Falleció en Buenos Aires el 24 de octubre de 1995. AGUIRRE MOLINA, Raúl: Nacido en Mendoza el 8 de septiembre de 1893. Militar, Coronel, Inspector General del Ejército (1932-1937), profesor y Subdirector del Colegio Militar (1942), autor de numerosas obras sobre el General San Martín, Embajador ante Suiza


109 (1955-1958). Falleció en Buenos Aires el 17 de mayo de 1981. AJA ESPIL, Jorge: Nacido en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, el 25 de noviembre de 1920. Doctor en jurisprudencia, profesor universitario, Subsecretario de Relaciones Exteriores, Embajador ante Colombia (19711973) y Estados Unidos (1976-1981), Miembro del Comité Jurídico y vicepresidente de la OEA, conjuez de la Suprema Corte, miembro del comité asesor de Derechos Humanos de la UNESCO, autor de diversos libros de su especialidad. ALCORTA, Alfredo: Nacido en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1942. Abogado, especialista en temas de Europa Oriental, Asesor del Secretario de Comercio Internacional (19741976), Embajador ante Jamaica

ALCORTA, Carlos Alberto: Nacido en Mercedes, Buenos Aires, el 11 de agosto de 1898. Jurisconsulto, profesor de Derecho Internacional, Asesor de Menores, Embajador ante Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia (19341936), Subsecretario del Dr. Saavedra Lamas, miembro de la Comisión de Paz de la guerra del Chaco (1938), recibió diversas condecoraciones, autor de numerosas obras de su especialidad. Fallecido en Buenos Aires en 1979. ALLENDE, Alfredo: Nacido en Buenos Aires el 13 de noviembre de 1930. Desde joven ocupó importantes cargos, Ministro de Trabajo (1958-1959), Encargado de Negocios con rango de ministro consejero ante Filipinas (1959-1960) y Taiwan (1960-1962), Presidente de Universidades Populares Argentinas (1968-1973), síndico de SEGBA (19721974), Embajador ante Italia (1984-1989), diputado nacional.


110 ALLENDE, Julio Cesar de: Embajador ante Dinamarca (1992) ALSOGARAY, Alvaro Carlos. Nacido en Esperanza, Santa Fe, el 22 de junio de 1913. Economista, Capitán Ingeniero, funcionario del Ministerio de Comercio (1955), Ministro de Industria (1955-1956), Ministro de Economía (1959-1961 y 1962), Embajador ante Estados Unidos (1966), creó varios partidos de centro derecha, tales como el Movimiento Cívico Independiente (1956), Nueva Fuerza (1973) y la Unión de Centro Democrático (1983), diputado nacional (1983-1998). ALURRALDE, Dalton: Nacido en Salta en 1927, Oficial de la Armada Argentina, Contralmirante, Director de la Escuela Naval, de la Escuela técnica Naval y de la de Defensa Nacional, Comandante del rompehielos Gral. San Martín y de la Fragata Libertad, Embaja-

dor ante Nigeria (1982-1983). ANCHORENA ARROTEA, Manuel: Nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1933. Abogado, Embajador ante Gran Bretaña (1974-1976), Miembro de la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay. ANCHORENA PACHECO, Tomás de: Nacido en Buenos Aires en 1927. Abogado, Embajador ante Francia (1974) ARAOZ, Avelino: Nacido en Salta el 31 de enero de 1884. Diputado provincial, Intendente de Salta (1930-1932), Gobernador de su provincia (1932-1936), Embajador ante Bolivia (1937-1943). Falleció en Buenos Aires el 11 de agosto de 1959. ARCE, José: Nacido en 1881. Médico, recibido con Medalla de Oro, con prolongada y destaca-


111 da actuación, Rector de la Universidad (1922/26), Decano de Medicina (1935/40 y 1945), Diputado (1909/12 - 1916/28 1934/40), Embajador ante China (19451946) y la ONU, recibió numerosas condecoraciones. Falleció en 1968.

ASTIGUETA, José Pascual: Nacido en Buenos Aires el 29 de julio de 1929. Médico, Ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires (1983-1988), Embajador ante Bélgica (19881989). Falleció en Buenos Aires el 27 de noviembre de 1995.

ARIAS URIBURU, Juan José: Embajador ante Irlanda (1987) y Guatemala (1989-1992)

AVELLANEDA, Marco: Nacido en Buenos Aires el 2 de julio de 1862. Jurisconsulto, diputado nacional, profesor universitario, Embajador ante España (1913-1918), Presidente del Departamento nacional de Trabajo. Falleció en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1937.

ARRIOLA, Jorge: Embajador ante Paraguay (1946-1951) ASTIGUETA, Juan Manuel: Nacido en Buenos Aires el 24 de diciembre de 1918. Abogado, Ministro de Defensa (1962-1963), ocupó diversos cargos en las embajadas argentinas ante Estados Unidos, México, Portugal, Brasil y España, Embajador ante la Unión Soviética (1960) y Austria (1966-1967). Falleció en Bariloche el 26 de julio de 1992.

AYARRAGARAY, LUCAS: Nacido en Paraná, Entre Ríos, el 8 de septiembre de 1861. Médico, secretario del Departamento nacional de Higiene, Ministro de gobierno de Entre Ríos, diputado nacional, Embajador ante Brasil (1912-1916), Italia (1916-1920), miembro de la Academia Nacional de Medicina, colabo-


112 ró en numerosos diarios nacionales e internacionales, autor de libros de su especialidad y de interesantes novelas. Falleció en Buenos Aires el 1 de junio de 1944.

(1993) y Honduras

BASABE, Horacio: Embajador ante la República Checa (1992)

BERRO MADERO, José María: Embajador ante Haití (1955)

BEASCOECHEA, Mariano: Nacido en Buenos Aires el 9 de marzo de 1871. Marino, llegó al grado de Contralmirante, formó parte de la comisión hidrográfica a Tierra del Fuego, a cargo del Comodoro Rivadavia, profesor de construcciones navales, Jefe de policía de la Provincia de Buenos Aires (1906), siendo el reorganizador de la gendarmería, Embajador ante Paraguay (1930-1934). Falleció el 11 de mayo de 1943.

BERRUHET, Diana: Embajadora ante Rumania

BELÁUSTEGUI, Jorge Humberto de: Embajador ante Egipto (1989), Sudán (1989), Grecia

BERASATEGUI, Vicente: Embajador ante Dinamarca

BORTAGARAY, Martín: Nacido en Corrientes el 5 de enero de 1874. Coronel, sirvió en diversas guarniciones de frontera, Jefe del Regimiento de Granaderos a caballo, Jefe de policía de Buenos Aires (1922-1923), Embajador ante Austria, Hungría (1923-1932), y Yugoslavia (1923-1929). Falleció en Buenos Aires el 29 de diciembre de 1933 CAMINOS, Hugo: Emb. ante Brasil 1981-1984


113 CASARES, Angel M.: Nacido en Buenos Aires el 11 de mayo de 1875. Abogado, Juez, vocal de la Cámara de Apelaciones, Embajador ante Bélgica (1930-1932), Interventor de la Facultad de Derecho. Fallecido en Buenos Aires el 23 de marzo de 1943. COLOMBO MURÚA, Marcelo: Embajador ante Kuwait CORTES FUNES, Gerónimo: Nacido en Córdoba el 16 de julio de 1904. Abogado, especialista en Derecho Público, profesor universitario, abogado de los ferrocarriles, Embajador ante Argelia CORVALÁN MENDILAHARZU, Dardo: Nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 7 de mayo de 1888. Profesor de literatura e historia, Ministro de hacienda de Mendoza fue en esa provincia Director General de Escuelas, Presidente del Crédito Público y del Consejo de Edu-

cación, Consul en París, subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador ante Turquía (1945-1946) y Grecia (1945-1950), autor de varios trabajos de su especialidad. Fallecido en Buenos Aires el 29 de abril de 1959. CULLEN AYERZA, Jorge: Embajador ante Irán (1956-1958) CHUBURU, Marcelino: Nacido en Buenos Aires en 1923. Fue Cónsul en Uruguayana y Madrid, segundo en la Embajada de Bolivia y en Argelia, Consejero en la URSS, , Embajador ante Etiopía (1980-1984) y Nicaragua (19841989). Falleció en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1999. DESMARAS LUZURIAGA, Raúl: Embajador ante Pakistán (1983-1985)


114 ECHAGUE, Carlos: Embajador ante Dinamarca (1945-1946), Hungría (1958-1962), China (1963-1965) y Turquía (1966-1967) ECHEVERRÍA, Ma. del Carmen: Embajadora ante Bolivia ELIZONDO, Ricardo: Embajador ante Malasia y Singapur (1984) ESPECHE GIL, Miguel Angel: Nacido en La Plata el 15 de marzo de 1932. Abogado, profesor universitario, Miembro del Comité Jurídico Interamericano, Miembro Fundador de la Sociedad Argentina de Derecho Internacional, Embajador ante Bulgaria (1979-1984). ESPECHE GIL, Vicente: Nacido en La Plata en 1943. Embajador ante Argelia, ante Israel y ante la Santa Sede.

ESPIL, Felipe: Nacido en San Andrés de Giles, Buenos Aires, el 17 de mayo de 1887. Abogado, Embajador ante Países Bajos (19281929), Dinamarca (1930-1931), Estados Unidos (1931-1943 y 1945), Brasil (1944 y 1955-1959) y España (1945), presidió la delegación argentina al Congreso Científico de Washington (1940). ETCHECOPAR, Máximo: Nacido en Tucumán el 19 de febrero de 1912. Embajador ante la Soberana Orden de Malta (1950-1951), la Santa Sede (1949-1951 y 1955) y México (1962). Fue asimismo Vicepresidente de la Soberanan Orden de Malta. ETCHEGOYEN, Julio César: Nacido en 1926. Militar, Director de la Escuela de Inteligencia del Ejército (1971), Subdirector Gral. de Gendarmería (1972), Vicepresidente de la Academia Arg. de Ceremonial, Gobernador de Chu-


115 but (1976/8), de La Pampa (1978/81), Embajador ante Turquía (1981-1985). ETCHEPAREBORDA, Roberto: Nacido en Italia, argentino por opción, el 19 de septiembre de 1923. Historiador, Decano de la Universidad del Sur, Director del Archivo Gráfico de la Nación, edil y presidente del Consejo Deliberante (1958-1962), Interventor Federal de Buenos Aires (1962), Ministro de Relaciones Exteriores del 26 de marzo de 1962 al 5 de abril de ese año, Embajador ante India (19621963). Falleció en Washington, Estados Unidos, el 9 de abril de 1985. GABASTOU, Juan M.: Nacido en 1933. Embajador ante Malasia (1983-1985) y Pakistán (1995-1999). GARCÍA OLANO, Fernando: Abogado, recibió el Premio «Tedín Uriburu», Director interino de

Parques Nacionales, Comisionado ante las Naciones Unidas (1953), Embajador ante Noruega (1954-1955) e Islandia (1955) GARCÍA SAGASTUME, Baldomero: Embajador ante Portugal (1909-1918) GARCÍA URIBURU, Sergio: Nacido en Salta en 1860. Destacado diplomático, Embajador ante Cuba (1925-1926), República Dominicana (1927), Bélgica (1927-1930) y México (1930-1934). Fallecido el 4 de diciembre de 1941. GIORDANO ECHEGOYEN, Mario: Nacido en Rosario el 1 de febrero de 1898. Médico, Jefe de Clínica del Hospital de Mar del Plata, senador provincial (1942-1943), Convencional Constituyente (1957), diputado nacional (1958-1962), Embajador ante Bulgaria (1966-1968)


116 GONDRA, Luis Roque: Nacido en Buenos Aires el 4 de octubre de 1907. Abogado, profesor de enseñanza secundaria, Juez, Presidente de la Cámara de apelaciones en los civil (1961), Embajador ante la Santa Sede (1962). GOÑI, Santos: Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, ingresó en el servicio Exterior Argentino en el que ocupó altos cargos de la carrera, Embajador ante El Salvador (1974) GOROSTIAGA, Manuel: Abogado, diputado nacional, Embajador ante Brasil (1898-1907). Falleció en 1918. GOYENECHEA, Roberto: Nacido en Victoria, Entre Ríos, el 2 de agosto de 1907. Médico, Jefe de Anestesiología, fue el médico de Ma. Eva Duarte de Perón hasta su muerte, Embajador ante Portugal (1955)

GUAYCOCHEA, Samuel: Nacido en Mendoza el 7 de noviembre de 1903. Brigadier Mayor, Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aerea (1944), Agregado naval en Bolivia y Perú, Comandante del Instituto Aeronáutico (19491951), uno de los jefes del alzamiento militar de 1951 por lo que debió exiliarse, Embajador ante Colombia (1955-1959). GUESALAGA, Alejandro: Nacido en 1854, Diplomático de extensa carrera fue Embajador ante Bolivia (1896-1902), Paraguay (19021905), Uruguay (1905-1909) y finalmente los Países Bajos (1909-1928), donde fallece en ejercicio de funciones. GUEVARA, Juan Francisco: Embajador ante Colombia (1966-1968) GUEVARA ACHAVAL, Ruth: Embajadora ante Dinamarca (1983-1984)


117 HASPERUÉ BECERRA, Oscar: Nacido en Coronel Brandsen, Buenos Aires, el 27 de julio de 1907. Abogado, Presidente de la Federación Universitaria Argentina (1929-1930), Embajador ante República Dominicana (19461948), Bolivia (1948-1950), México (19501951).

IRIARTE IBAZETA, Carlos A.: Embajador ante Cuba (1947-1948) y Ecuador (1948)

IBARRA GARCÍA, Oscar: Nacido en Morón, Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1899. Abogado, secretario de varias delegaciones en América Central, Director de Asuntos políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador ante Dinamarca (1937-1943) y Estados Unidos (1945). Falleció en 1949.

IRIGOYEN, Luis Hipólito : Nacido en Buenos Aires en 1897. Abogado, escribano, Director general del Ministerio de Relaciones Exteriores (1946), Subsecretario Técnico Administrativo (1946-1948), Embajador ante Uruguay (1948-1952) y la República Federal Alemana (1952-1956 y 1964-1968). Falleció en 1979.

IGARZABAL, Eduardo de: Embajador ante Colombia y Venezuela (1917-1918)

IZAGUIRRE, Mario: Embajador ante Nicaragua (1984-1985) y Pakistán

INSAUSTI, Fernando: Nacido en Buenos Aires el 17 de junio de 1924. Actuó en las Munici-

JAUREGUIBERRY, Nora Lucía: Embajadora ante Barbados (1987) y Panamá

palidades de Buenos Aires y Gral. Pueyrredon, Encargado de Negocios en Río de Janeiro, Embajador ante Colombia (1955), Cuba (1974), Guatemala y República Dominicana.


118 LAFERRERE, Alfonso de: Nacido en Buenos Aires el 24 de noviembre de 1893. Escritor, periodista, redactor de varios diarios, Jefe de Redacción de “La Nación”, Embajador ante Francia (1955) y Chile (1955-1957), Ministro de Relaciones Exteriores del 30 de enero de 1957 al 14 de enero de 1958. Falleció en Buenos Aires el 1 de diciembre de 1978. LANÚS, Adolfo: Nacido en Chilecito, La Rioja, el 4 de julio de 1892. Escritor, periodista, Gobernador de La Rioja (1926-1929), diputado nacional, secretario de prensa (19551957), Embajador ante Uruguay (19571958), Ministro de Defensa (1962). Falleció en Buenos Aires el 28 de septiembre de 1982. LANÚS, Juan Archibaldo: Embajador ante Francia (1993-1999) LASCANO GOROSTIAGA, Víctor: Nacido en

Santiago del Estero el 9 de diciembre de 1887. Abogado, fue introductor de embajadores, Embajador ante República Dominicana (1937), Costa Rica (1937-1939), Cuba (1937-1945), Paraguay (1945) y Haití (1946-1948) LASPIUR BASAVILBASO, Rufino: Embajador ante Camboya y Vietnam (1960) LEGUIZAMON, Carlos: Director de Ceremonial (1957-1960), Embajador ante Siria (19521953), Turquía (1953-1956), Islandia y Noruega (1960-1962) y los Países Bajos LEGUIZAMON, Julio: Nacido en 1906. Escritor y poeta, profesor de literatura, autor de “La luna en la ciénaga” y una “Bibliografía Hispanoamericana”, Embajador ante Guatemala (1953-1955), donde lo sorprendió la muerte el 5 de enero de 1955.


119 LEGUIZAMON PONDAL, Honorio: Nacido en Buenos Aires el 11 de junio de 1887. Abogado, Embajador ante Ecuador (1934), Colombia (1934-1935), Venezuela (1934-1938), primer embajador argentino ante Canadá (1945-1946), Francia (1946), obtuvo numerosas condecoraciones. Falleció en Buenos Aires el 27 de mayo de 1958. LOIZAGA, Ludovico: Nacido en Paraná, Entre Ríos, el 18 de julio de 1895. Abogado, Embajador nombrado ante Finlandia y los países bálticos (1939), no pudo asumir por la guerra, Embajador ante Panamá (1940-1943) y República Dominicana (1943-1946), colaborador en diversos diarios y revistas nacionales y extranjeros. LLOSA, Anacleto: Embajador ante Costa Rica (1957-1960) y Yugoslavia (1960-1962)

MASSINI EZCURRA, Hernán. Embajador ante Colombia MENDIOLA, Luis: Embajador ante Arabia Saudita (1996) y Yemen del Sur (1997) MENDIZABAL, Héctor: Nació en Alta Gracia el 16 de diciembre de 1918. Embajador ante Etiopía (1981-1983) y República Dominicana (1976-1980). Falleció en Buenos Aires el 24 de mayo de 1999. NOEL, Carlos: Nacido en Buenos Aires el 30 de octubre de 1886. Escritor y periodista, graduado en Diplomacia en la escuela de Altos Estudios Sociales de París, y fue Bachiller de La Sorbona, aquí fue Presidente de la Unión Industrial Argentina, Emb. ante Chile (19191922), Intendente de Buenos Aires, diputado nacional, presidiendo la Cámara (1936-1941). Falleció en Río de Janeiro el 3/1/1941.


120 OCHOA, Bernardo: Embajador ante Costa Rica OLANO OTÁLORA, Raúl Fernando de: Nacido en Carmen de Areco, Buenos Aires, el 23 de octubre de 1915. Abogado, Embajador ante Checoslovaquia (1951-1953), Hungría (1951-1953), Irlanda (1953-1956) y Egipto OLASCOAGA, Laurentino: Nacido en Mendoza el 19 de noviembre de 1874. Abogado, profesor, Embajador ante Bolivia (1918-1920), Paraguay (1920-1923), Dinamarca, Suecia y Noruega (1923-1927), Perú (1927), Cuba y República Dominicana (1927-1933), autor de numerosas obras de su especialidad. OLAZABAL, Pedro de: Nacido en Buenos Aires el 22 de julio de 1909. Escritor, estudió en Suiza y Francia, dedicado a la diplomacia fue Embajador ante Dinamarca (1958-1960) ORGAZ, Alfredo: Nacido en Córdoba el 6 de

noviembre de 1900. Abogado, escritor, profesor universitario, Presidente del Colegio de Abogados de Córdoba y de la Federación Argentina de Colegio de Abogados, Embajador ante Chile (1964-1966). ORÍA, Jorge Salvador: Nacido en Buenos Aires el 10 de agosto de 1916. Economista, Doctor en Derecho, Secretario de Comercio (1962), Presidente de ACIEL (1965), de la Cámara Argentina de Comercio (1963/4) y del Rotary Club (1982), colaborador de La Nación y La Prensa, Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, Embajador ante Japón (1971/3), Candidato a Vicepresidente por la UceDe (1983). Fallecido en Buenos Aires en 1989. OSSORIO ARANA, Arturo: Nacido en Buenos Aires el 5 de julio de 1933, hijo del Tte. Gral. del mismo nombre, Jefe de la revolución de


121 1955. Abogado, participó en las negociaciones por la represa de Yaciretá, y con Brasil por la de Itaipú, Delegado a la I Asamblea de la OEA (1971), Embajador ante Honduras (1979), Perú, Marruecos (1984-1985) y China (19871991).

PUEYRREDON, Ricardo Honorio: Nacido en 1911. Publicitario, iniciando sus actividades en Estados Unidos junto a la agencia Thompson, fue propietario de la Agencia Telam, fue cofundador de Canal 13, Embajador ante Canadá (1964-1965).

OTEGUI, José María: Embajador ante Israel y Chipre (1993)

QUINTANA, Carlos: Nacido en Buenos Aires el 24 de enero de 1890. Abogado, fiscal de Estado de la provincia de Buenos Aires, Embajador ante Dinamarca y Noruega (1931-1934), Suecia y Finlandia (1932-1934), Bélgica (19341939), Luxemburgo (1937-1939), Perú (1939-1942) y Uruguay (1942-1945).

PUEYRREDON, Honorio: Nacido en San Pedro, Buenos Aires, el 9 de septiembre de 1876. Abogado, Ministro de Agricultura (19161918), Ministro de Relaciones Exteriores del 13 de septiembre de 1918 al 12 de octubre de 1922, Jefe de la Legación Argentina ante la Sociedad de las Naciones, Embajador ante Estados Unidos (1923-1928), representante a la Conferencia Panamericana de La Habana. Falleció en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1945.

QUINTANA, Federico: Nacido en Buenos Aires el 30 de octubre de 1875. Escritor, Embajador ante Centroamérica (1918-1923), México (1923-1925) y Chile (1928-1939). Falleció el 30 de agosto de 1941, cuando preparaba el segundo tomo de sus memorias.


122 QUINTANA ACHAVAL, Enrique: Nacido en Washington, Estados Unidos, el 30 de agosto de 1917, inició su carrera en 1943, fue Jefe de Ceremonial (1961), Embajador ante Austria (1962-1964), Arabia Saudita (1967-1974), Líbano (1966-1973), Costa de Marfil (1974), Suiza (1977) y Marruecos (1981)

escritor, Embajador ante Francia 1910-1916.

QUINTANA ACHÁVAL, Federico: Embajador ante Bulgaria (1961-1963), Líbano (19621964), Arabia Saudita (1963-1964) y Checoslovaquia (1965-1967)

SAGARNA, Antonio: Nacido en Nogoyá, Entre Ríos, el 11 de octubre de 1874. Doctor en jurisprudencia, profesor de Geografía e Instrucción Cívica, Juez, Vocal del Supremo Tribunal, diputado provincial (1913), Ministro de gobierno de su provincia (1914), Embajador ante Perú (1919-1920), Interventor de la Universidad de Córdoba (1923), Ministro de Justicia (19231928). Fallecido en Buenos Aires el 29 de julio de 1949.

RECALDE, ILDEFONSO: Embajador ante Bélgica (1973)

SALAZAR, Alberto: Embajador ante Bolivia (1955 y 1974)

RODRÍGUEZ BAIGORRIA, Carlos: Embajador ante Haití (1948-1950)

SALDÍAS, Adolfo: Nacido en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1850. Historiador, periodista y político, autor de la celebérrima “Historia de la Confederación Argentina”, participó en la revolución de 1890 debiendo sufrir el destie-

RODRIGUEZ LARRETA, Enrique: Nacido en Buenos Aires el 4 de marzo de 1875. Abogado,


123 rro, al volver fue Ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires, Interventor Federal en La Rioja (1910), diputado nacional y Embajador ante Bolivia (1912-1914), donde falleció el 17 de octubre de 1914. SAYÚS, Roman: Embajador ante Líbano (1962) SUBIZA, Héctor: Embajador ante China (1981-1984), Brasil (1990) y México SUGASTI, Tulio: Embajador ante Rumania, Chipre (1981), Líbano (1983-1984) y Kenya (1984-1985) UGARTE, Manuel: Nacido en Buenos Aires el 27 de febrero de 1878. Escritor, fundó y dirigió “La Patria” y “Vida de Hoy”, vivió gran parte de su vida en el autoexilio en la costa francesa, desarrollando un pensamiento en favor de

América Latina, Embajador ante México (1946-1948), Nicaragua (1948-1950) y Cuba (1949-1950). Falleció en Niza el 2 de diciembre de 1951. UNAMUNO, Miguel: Nacido en Buenos Aires el 1 de mayo de 1932. Sindicalista del gremio del seguro, edil y Presidente del Consejo Deliberante (1973-1976), Ministro de Trabajo (1976), diputado nacional, Embajador ante Ecuador (1989-1991), director del Archivo General de la Nación (1996-1999). URANGA, Juan José: Nació en Catamarca en 1936. Embajador ante Bolivia y ante Brasil (2000) URDAPILLETA, Alejandro: Embajador ante Irán (1977) URIBURU, Alberto: Nacido en Buenos Aires el


124 6 de septiembre de 1895, hijo de Gral. y Presidente José F. Uriburu. Abogado, profesor de derecho marítimo, Embajador ante Perú (1942-1945), consejero de importantes empresas comerciales e industriales, fue miembro de la Sociedad de Bibliófilos. Falleció en Buenos Aires el 19 de junio de 1954. URIBURU, José Evaristo: Nacido en Salta el 13 de noviembre de 1831. Abogado, Ministro de gobierno salteño, diputado nacional, ministro de Justicia (1867-1868), Embajador ante Bolivia (1874) y Perú (1876-1882), Vicepresidente (1892-1895) y Presidente argentino (18951898), senador nacional (1901-1910). Falleció en Buenos Aires el 25 de octubre de 1914. URIBURU (h), José Evaristo: Nacido en la legación argentina en Perú el 13 de febrero de 1880. Historiador, miebro de la Comisión del Censo de 1914, miembro del directorio del

Banco Nación, Enviado Extraordinario (19211927) y luego Embajador ante Gran Bretaña (1927-1931), Vicepresidente del Banco Central (1936-1947), miembro de diversas academias nacionales e internacionales. Falleció en Buenos Aires el 29 de julio de 1954. URIBURU FRENCH, Julio Oscar: Embajador ante Arabia Saudita (1989-1996), Bahrein (1990-1996), Qatar, Yemen (1989) y Yemen del Sur (1990) URQUIZA, Adolfo de: Nacido en Gualeguaychú, Entre Ríos, el 9 de agosto de 1884. Diplomático especializado en Ceremonial, Embajador ante Panamá (1945). Falleció en Buenos Aires el 21 de octubre de 1958. URTUBEY, Hugo: Nacido en Buenos Aires en 1929. Embajador ante Suecia (1983-1989), Gabón (1985-1990) y Finlandia. Miembro de


125 la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay. URRUTIA, Gustavo: Embajador ante Zaire (1987) y Líbano (1995) VELA, Rubén: Embajador ante la República Democrática Alemana (1973-1979), Costa Rica (1983), Zaire (1985) y Corea del Norte (1989) YEREGUI, Carlos: Embajador ante Egsipto (1984-1988) ZAVALA ORTÍZ, Gilberto: Embajador ante Venezuela (1946-1948), El Salvador (19481949) y Guatemala (1950-1952) ZAVALÍA, Carlos: Embajador ante Colombia (1920-1921) Agradecemos profundamente la gentileza del

Embajador Carlos Dellepiane Cálcena, Director de la Biblioteca y Archivo de la Cancillería por permitirnos acceder a su trabajo inédito “Diccionario de Diplomáticos Argentinos”, que fuera arma imprescindible para poder escribir estas líneas.


126

LOS MÉDICOS DE ORIGEN VASCO EN LA MEDICINA ARGENTINA

Dr. Félix Ernesto Puchulu

El trabajo de este eminente médico miembro de una familia de galenos, tiene toda la autoridad para sintetizar una actuación interminable de descendientes de vascos en tan noble y prestigiosa profesión.

Durante el año 1997, junto con el Dr. Julio V. Uriburu, tuvimos ocasión de coordinar en la Fundación Vasco Argentina «Juan de Garay» un ciclo de conferencias, que se continuó en el

año 1998, referente a los médicos argentinos de origen vasco que hubieran tenido una actuación profesional destacada. En los dos años en que transcurrió el ciclo, en las tareas compartidas con el Dr. Julio V. Uriburu, con Don Mauricio Goyenechea y un grupo prestigioso de conferencistas, fuímos incrementando y perfeccionando nuestro conocimiento acerca de los médicos argentinos destacados de origen vasco y adquiriendo información sobre sus rasgos más descollantes, sus tribulaciones y sus actitudes cotidianas, todas ellas impregnadas por sus raíces vascas, determinantes de procederes y conductas paradigmáticas. Ellos transmiten una particular imagen, por su simultánea condición de étnicamente vascos, de profundamente argentinos en su nacionalidad y de médicos destacados. Extraña y fantástica combinación que hubo de dar lugar a resultados maravillosos.


127 Es obvio que ante los vascos no cabe hablar de lo que es ser vasco. Sin embargo, para una mejor comprensión del médico de origen vasco resulta conveniente efectuar una rápida revisión de lo que es el «habitat», el entorno, en el que viven los vascos y de sus rasgos personales distintivos. La montaña y el mar, he ahí los dos entornos que constituyen el «habitat» en el que se desarrolla la vida de los vascos. Inicialmente eran montañeses y se hicieron marinos, por cierto que muy buenos, aparentemente por gravitación de las enseñanzas recibidas en tiempos remotos por los vikingos que asolaban sus costas. Tradicionalmente el vasco prototípico vivía en el «caserío» y este término designa en Euzkadi a la casa solitaria en el área rural rodeada de otras más pequeñas destinadas a complementarla. El caserío es uno de los componentes básicos de la vida de los vascos. Su relativo

aislamiento, explica la buena adaptación que el vasco luego tuviera al medio rural argentino. El vasco vive en el caserío con su familia grande (abuelos, padre y madre, hijos) y con sus animales. El aislamiento lo obliga a valerse por sí mismo y le desarrolla un alto sentido de individualidad e independencia y también contribuye a consolidar el elevado concepto de familia que lo caracteriza. Sin duda que el medio en que habitaba hubo de contribuir a su buena aptitud y afinidad por las tareas rurales, cosa que puso bien de manifiesto al emigrar a la Argentina y al Uruguay, pero también predispuso, a través del sentimiento de independencia y de la obligada disposición para el desempeño de tareas en forma individual, a su dedicación a las profesiones liberales, entre ellas la medicina. Al recorrer la ciudad de Guernica se llega a un sector algo más elevado que el resto en el que


128 se erige la famosa «Casa de Juntas», dónde se reunía y se reúne el parlamento de Vizcaya y dónde se encuentra el célebre «roble de Guernica» símbolo de los derechos y tradiciones de los vascos. Al pie del árbol juraban los reyes de Castilla respetar los fueros vascos. En la profunda valoración y apego de los vascos por sus fueros se corporiza otro de sus rasgos distintivos. Le son así características profundamente arraigadas, el amor profundo por la libertad y el respeto por las normas que regulan sus derechos y obligaciones (fueros). En ese entorno y en esa manera de pensar y sentir se criaron los antepasados de los actuales descendientes de vascos que hoy se encuentran en nuestro país. Circunstancias desfavorables en el País Vasco y condiciones propicias en la República Argentina determinaron que especialmente durante

la segunda mitad del siglo pasado se produjera una importante corriente migratoria hacia el Río de la Plata. Veamos cuál era la situación en la ciudad de Buenos Aires en el año 1855. Al respecto se dispone del censo poblacional que se realizara ese año y que fuera concienzudamente analizado en relación a la presencia vasca por la Sra. Nora Siegrist Urquiza de Gentile. Buenos Aires tenía entonces 92.000 habitantes y de ellos 53.000 eran argentinos de Buenos Aires, 5.000 eran argentinos nacidos en la Confederación, españoles 5.700, italianos 10.200, vascos 976 (sin aclarar si de nacionalidad española o francesa),ingleses 2.000 y franceses 6.400. Puede deducirse que la presencia vasca era entonces bastante limitada respecto de lo que sucedió ulteriormente. En 1855 la mayor parte de los vascos de Buenos Aires residía en la parroquia o circunscripción de Catedral al Sur, o sea en el sector actual


129 comprendido entre la Plaza de Mayo y la Avenida Belgrano, representando el 21 % del total. Le seguía en la distribución de los vascos la parroquia de San Miguel con un 15 %, luego Balvanera (dónde se encuentra el actual Hospital de Clínicas) con un 12 %, Concepción con un 11,6 %, Barracas al Norte (Barracas actual) con un 11,5 % y Monserrat con un 10 %. En Catedral al Sur habitaban un total de 210 vascos. De ellos uno está registrado como médico y probablemente se tratase del Dr. Toribio Ayerza quien residía en la calle Potosí (hoy Alsina) esquina Tacuarí. No tenemos noticias de que hubiera entonces otro médico de origen vasco en Buenos Aires. La cantidad total de médicos para esa época y lugar se estima que no llegaba al centenar. En la actualidad, según Sarramone (año 1996), la cantidad de vascos y de descendien-

tes de vascos en la Argentina alcanza a tres millones de personas, lo que significa aproximadamente un 10 % de la población total. Este dato cabe tenerlo en cuenta al examinar la presencia vasca en distintas actividades. Al respecto se observa lo siguiente: Presidentes de la Nación: Desde Bernardino Rivadavia hasta la actualidad (1998) se registra un 30 % de presidentes de ascendencia vasca. Se incluyen en el listado tanto presidentes constitucionales como de facto. Abogados: En el Colegio de Abogados de Buenos Aires en el año 1947 figuraban anotados un 15 % de profesionales de origen vasco. Académicos de Número de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires: Al analizar para el presente trabajo el listado de miembros desde el origen de la Institución (1826) hasta


130 el año 1990 se pudo comprobar que 52 de ellos, que equivale al 25%,poseían apellidos vascos. O sea que la cuarta parte de los Académicos que integraron la institución hasta 1990 portaban apellidos vascos. Es probable que algunos más puedan pasar inadvertidos puesto que los apellidos maternos sólo excepcionalmente figuran enunciados. Es llamativa la alta presencia de personas de origen vasco en el grupo Académico referido. Ello sugiere una fuerte presencia de vascos en el ámbito de la Medicina Argentina y de la realización por parte de ellos de una labor realmente destacada. La nómina de médicos de origen vasco de actuación relevante en la Medicina Argentina es notablemente nutrida y el intento de su enumeración trae aparejado el riesgo inevitable de importantes omisiones, por lo que limitare-

mos su enunciado al nombre de aquéllos que han sido tratados en los ciclos desarrollados durante 1997 y 1998 y de los próximos a serlo en los ciclos siguientes de la Fundación Vasco Argentina «Juan de Garay», circunstancia que por supuesto dista de agotar la nómina. ABERASTURY, Maximiliano. AGOTE, Luis. AGUIRRE, Cleto. ALURRALDE, Mariano. ARANA, Ramón y Roberto. ARATA, Pedro Narciso. ARAOZ, Carlos. ARAOZ ALFARO, Gregorio. ARAUZ, Juan Carlos. ARAUZ, Manuel. ARAUZ, Santiago. ARRILLAGA, Francisco. ARCE, José. ASTIGUETA, José Mariano.


131 AYARRAGARAY, Lucas. AYERZA, Abel. AYERZA, José, AYERZA, Toribio. BAZTERRICA, Enrique. BENGOLEA, Adrián. BERETERVIDE, Juan José. BONORINO UDAONDO, Carlos. BORDA, José Tiburcio. BURUCUA, José Emilio. CARRIL, Mario Justo del. CHUTRO, Pedro. DE USTARAN, Joseba. ELIZALDE, Francisco. ELIZALDE, Felipe de. ELIZALDE, Pedro de. ELIZALDE, Pedro I. ERRECART, Pedro León. ESCUDERO, Pedro. ETCHEPAREBORDA, Juan Agustín. ETCHEPAREBORDA, Nicasio.

ETCHEVERRY, Miguel Angel. ETCHEVERRY BONEO, Florencio. FIGUEROA ALCORTA, Luis. GARATE, Justo. GOÑI MORENO, Iván. GOÑI, Adalberto. GUEMES, Luis. HOUSSAY, Bernardo. INSAUSTI, Tomás. INSUA, Jorge. IRIART, Martín. JAUREGUI, Guillermo. LANDA, Carlos. LANDA, José. LANDABURE, Pedro. LAPIZONDO, Miguel. LAVALLE, Francisco P. LOZANO, Nicolás. LELOIR AGUIRRE, Luis F. MALLO, Pedro. MERLO MOSOTEGUI, Ernesto.


132 MOSOTEGUI, Pedro. MURUZABAL, Armando. NAVARRA, Carlos. NAVARRET, Emilio NAVARRO, Juan Carlos. OCHOA, Esteban, OTAÑO SAHORES, Eduardo. OÑATIVIA, Arturo. QUIRNO, Norberto. PUCHULU, Félix. SAGASTUME, SEGUROLA, Saturnino. SEGURA, Eliseo V. URIARTE, José María. URIBURU, Félix. URIBURU, Julio. URQUIJO, Carlos. ZAVALETA, Diego. ZUBIZARRETA, Abel. ZUBIZARRETA, Carlos. ZUBIZARRETA, Hernán.

Todos han sido evaluados en sus relevantes méritos profesionales, sociales y humanos y en sus rasgos eúskaros distintivos. En ocasión de las respectivas exposiciones durante los ciclos de conferencias se hizo la descripción pormenorizada de un número importante de ellos, que no podemos hoy repetir totalmente debido a su extensión. Pero si cabe resaltar algunos de los hechos sobresalientes que los tuvieron por protagonistas y que son apenas una muestra pequeña de lo realizado por ellos. Bernardo Houssay fue designado Premio Nobel de Medicina (año 1947) por sus trabajos experimentales sobre el papel de la hipófisis en el metabolismo de los azúcares y la diabetes. Fue un fisiólogo e investigador de excepción. Para algunos fue el último de los fisiólogos generales importantes de la humanidad. En 1956 fue creador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Su padre


133 residió en Bayona durante largos años y hablaba correctamente el eúskaro. Luis Federico Leloir Aguirre recibió el Premio Nobel de Química (año 1970) por sus investigaciones sobre la síntesis del glucógeno en el hígado y de los factores que la regulan. Tema vinculado al metabolismo de los azúcares e indirectamente a la diabetes mellitus. Su natural sencillez y modestia (bien de vasco) contrastaba con la trascendencia de sus descubrimientos y su enorme prestigio personal. Luis Agote acreditó méritos como para recibir el Premio Nobel que no le fue otorgado quizás por el momento crítico que atravesaba la humanidad (primera guerra mundial). Su descubrimiento sobre la transfusión de sangre hecha incoagulable y conservable mediante el agregado de citrato de sodio salvó un número incalculable de vidas a partir de su anuncio en

1914,tanto entre los países afectados entonces por la guerra como en la vida civil cotidiana. El descubrimiento tiene plena vigencia actual. Toribio Ayerza natural de Guipúzcoa, llegó a la Argentina en 1843. Fue un médico de méritos relevantes siendo uno de los primeros en practicar la traqueotomía en el tratamiento del crup diftérico en el país. Tuvo dos hijos médicos, José Ayerza y Abel Ayerza. José desarrolló una labor médica destacada recordándose su papel en la «Ambulancia de los Ayerza», en la que junto con Abel asistiera a los heridos en la revolución «del Parque» de 1890 y de lo que dejó interesantes observaciones sobre la evolución de las heridas. Abel fue el clínico prestigioso de Buenos Aires en los primeros años del siglo XX. Era famoso por su «gran ojo clínico», que no era otra cosa que la combinación de su gran capacidad de observación y de razonamiento. En el año 1901,en una memorable


134 conferencia describió la enfermedad que se conoció como «Cardíacos Negros» o «Enfermedad de Ayerza». Fue maestro de muchos destacados médicos de la Medicina Argentina y su trayectoria dejó una marca indeleble en la práctica de la clínica médica en el país. Pedro Escudero poseía raíces navarras. Fue uno de los grandes clínicos y docentes de los años 1920 a los de la década de 1940. A él se le debe el notable impulso que le otorgó a los conocimientos de Nutrición en la Argentina. Creó el Instituto Nacional de la Nutrición y la Escuela Nacional de Dietistas. Por su iniciativa el 1* de agosto de 1923 se aplicó insulina por primera vez a un diabético en el país. Protagonizaron ese acontecimiento junto con Escudero, Bernardo Houssay, Francisco Arrillaga, Juan T. Lewis, Félix Puchulu, Pedro Landabure y posiblemente también Martín Hiriart. Salvo Lewis, todos eran de origen vasco.

Arturo Oñativia más probablemente Oñatibia, fue uno de los endocrinólogos importantes del país de gran parte de la mitad del siglo. Nacido en Salta en 1914, sus ancestros eran de origen guipuzcoano. A él se le debe la creación del Instituto de Endocrinología del Noroeste Argentino (Salta 1955), la Ley Nacional de Iodacion de la Sal (1963) para la prevención del cretinismo y del bocio endémico, la creación del Instituto de Investigaciones Nutricionales del Noroeste Argentino (Salta 1972), y una intensa y fecunda actividad en el área de la Salud Pública desarrollada desde el cargo de Ministro de Salud Pública de la Nación. De él se dijo que era un hombre de corazón caliente, cabeza fría, bolsillos vacíos y manos limpias. Enrique Bazterrica nació en Navarro (prov. de Bs. As.) en el año 1861, hijo de padres guipuzcoanos. Se lo considera el fundador de la ginecología y cirugía ginecológica moderna en


135 la Argentina. Desarrolló su tarea principal en la Cátedra de Ginecología de la Universidad de Bs. As. ubicada en la sala X del Hospital de Clínicas. Fue Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires y Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bs. As. Incorporó a nuestro medio las enseñanzas recibidas de sus maestros en Viena y en París y supo transmitirlas a sus colaboradores y discípulos que se convirtieron luego en los difusores y continuadores de sus ideas. Bazterrica fue un maestro de generaciones y hoy se lo recuerda con un busto en la entrada de la Cátedra de Ginecología a la que el dedicó tantos esfuerzos. Abel Zubizarreta descendía de progenitores guipuzcoanos. Luego de desempeñarse como médico pediatra en el Hospital de Niños «Ricardo Gutiérrez», en 1922 pasó a ocupar la Dirección de la Asistencia Pública de la Ciudad de

Buenos Aires, donde desarrolló una intensa y fructífera tarea. Entre otras, la creación del Instituto Pasteur contra la rabia, de la Colonia de Crónicos «Dr. Martín Rodríguez», la reconstrucción de los hospitales Ramos Mejía, Rawson, Salaberry y Nueva Pompeya, la intensificación de la lucha antituberculosa y de la vacunación antidiftérica y la creación del «Preventorio Rocca» cuyo objetivo inicial era aislar 500 niños propensos a la tuberculosis hijos de madres tuberculosas. Un hospital de la ciudad de Buenos Aires que lleva su nombre rinde tributo a su memoria. Su hermano Martín Zubizarreta dieciseis años menor, descolló en la otorrinolaringología de los años 1930 y 1940. Tuvo una brillante trayectoria en la Cátedra de la Universidad de Bs. As. y trabajos suyos como «La Vía Endoseptal» y la «Cirugía del Laberinto» aún hoy conservan actualidad y son admirables.


136 José Emilio Burucúa fallecido recientemente, fue uno de nuestros grandes clínicos contemporáneos. Absorbió la sabiduría médica de los clínicos destacados de la primera mitad del siglo. Abel Ayerza, Ernesto Merlo Mosotegui, Tiburcio Padilla, Osvaldo Fustinoni y sobre todo Roberto Dassen gravitaron en su formación y contribuyeron a moldear su particular personalidad médica donde combinaba un exaltado virtuosismo semiológico en el examen del paciente, con una erudición notable de la bibliografía médica, un razonamiento clínico y diagnóstico brillante y un conocimiento vasto de todo tema no médico que pudiera vincularse con el paciente y el interés general. Su actuación médica se desarrolló totalmente en el Hospital de Clínicas de Bs.As. donde fue Profesor Titular de la 5a. Cátedra de Medicina y donde el prodigarse en la enseñanza de alumnos y jóvenes médicos residentes lo absorbió durante muchas horas diarias inclusive en sábados y

domingos. Fue Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. El Vasco Burucúa, como se lo solía llamar, fue un claro testimonio de lo que puede alcanzarse en medicina, cuando a una inteligencia privilegiada se le une la tenacidad y habilidad del eúskaro. Adalberto Goñi («Chicho») provenía de una familia de origen navarro de los valles de Baztán y de Goñi. Fue de los grandes clínicos argentinos contemporáneos cuyos méritos profesionales y humanos superaron con creces la sola enunciación de sus antecedentes y trabajos. Fue Profesor de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Jefe de Servicio en el Hospital Argerich y Miembro de Número de la Academia Nacional de Buenos Aires. Realizó trabajos notable sobre la Miastenia Gravis y las Enfermedades Renales. Tuvo una enorme trascendencia profesional,para lo que gravitaba


137 además de su conocimiento médico, su particular aptitud para escuchar y aconsejar al paciente, en una actitud reflexiva y equilibrada que se enmarcaba en una recia personalidad moral, determinante en ocasiones de prueba de una conducta recta y ejemplar. Tanto con su diario proceder en vida como en su fallecimiento sin estridencias, honró a sus raíces vascas de las que dio permanente testimonio. Pedro Chutro probablemente Chotro en la grafía original, constituyó sin duda un personaje singular. Su participación activa en la primera guerra mundial en la condición de oficial médico del ejército francés le significó el ulterior reconocimiento de ese país que lo condecoró con la «Legión deHonor». La experiencia adquirida entonces y su sólida formación previa lo constituyeron en cirujano de referencia en el Buenos Aires de los años 1920. Formó escuela y fueron numerosos y brillantes los

discípulos que lo sucedieron. Su nombre quedó impreso en las páginas de la cirugía argentina de la primera mitad del siglo XX. José Arce fue una persona cuyos perfiles variados excedieron el marco original de cirujano ilustre con que se lo reconociera a partir de 1918. En ese año accedió a la titularidad de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de Buenos Aires, ubicada en el Instituto de Cirugía del Hospital de Clínicas, donde concretó una escuela quirúrgica que adquirió un prestigio creciente y que generó una pléyade de brillantes discípulos. En su labor como legislador logró concretar la ley que permitió la construcción de los actuales edificios de las Facultades de Medicina, Odontología, Farmacia y Bioquímica y del Hospital de Clínicas. Fue rector de la Universidad de Buenos Aires y fuera del ámbito médico fue Representante Argentino ante las Naciones Unidas, Presidió la Asamblea


138 General de las Naciones Unidas y fue Embajador Argentino ante los gobiernos de China y España. Poseía una inteligencia y capacidad de trabajo de excepción. Pedro y Felipe de Elizalde fueron tratados extensamente por el Dr. Alfredo Larguía en su conferencia y a ella me remito para no caer en importantes omisiones. En dos generaciones fueron parte fundamental de las raíces y del tronco que conformaron y consolidaron la pediatría moderna en la Argentina. En Buenos Aires un tradicional hospital de pediatría, la «Casa Cuna», lleva el nombre de «Hospital Pedro de Elizalde» en reconocimiento de la meritoria labor por él realizada en beneficio de la niñez. Norberto Quirno fue uno de los clínicos prestigiosos de la época posterior a 1940, muy destacado en su labor profesional y docente en la

que llegó a la categoría de Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Ulteriormente fue Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. A mediados de los años ’50 encaró una tarea de excepción cual fue la de crear un centro de excelencia en la atención médica y en la docencia. Ello se concretó en el «Centro de Estudios Médicos e Investigación Clínica» (CEMIC), que cumple con creces las expectativas que en el se depositaron y que recientemente pasó a constituirse en Universidad y Escuela de Medicina propias. En la calidad de su obra y en la de sus discípulos se aprecia la envergadura de Maestro que poseía Norberto Quirno. La escueta muestra reseñada de médicos destacados de origen vasco es una parte mínima de la numerosa legión de distinguidos profesionales de la medicina que descendiendo de ancestros vascos se desempeñaron y se des-


139 empeñan, en lugares humildes y en otros más empinados, a todo lo largo y ancho del país, haciendo honor en cada acto médico que cumplen de la sangre eúskara que corre por sus venas


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EL FACTOR RH NEGATIVO EN LOS VASCOS Ma. Elena Etcheverry, vda. de Irujo Ollo

El factor RH Negativo y la genética otorgan diferencias a los vascos con respecto a otros grupos humanos El Dr. Miguel Angel Etcheverry expuso en 1945 el descubrimiento de la elevada frecuencia del carácter rh negativo en los vascos residentes en la Argentina, por primera vez en el mundo. Estas investigaciones fueron confirmadas

prontamente por H. Vaccaro y Ganzarain en Santiago de Chile; constituyendo ésta la segunda observación mundial; y luego por Mourant y Race, por Ikin y Chalmers, en Inglaterra; por Guasch y Elósegui en España; por Eyquem y Dujarric de la Riviere de Francia, y posteriormente por otros investigadores. Este hallazgo resultó de gran trascendencia para la clasificación de las razas humanas y los estudios seroantropológicos (aspecto de la antropología que recibe un enérgico impulso como nueva ciencia), dando a la raza vasca desde el punto de vista de su sangre una posición particular y especial entre las distintas poblaciones del globo. El porcentaje de rh negativo hallado entre los vascos residentes en Argentina fue el 35.6 % frente al 15.3 % de las personas de raza blanca no seleccionada. Esta cifra, superada en las


141 estadísticas Eyquem (1950) en 450 vascos de las poblaciones del sur de Saint Jean Pied de Port y de Sient Etienne de Baigorry, donde el factor rh negativo alcanzaba un 42 % de la población, permite al Dr. Etcheverry aventurar la hipótesis según la cual el pueblo vasco sería la fuente originaria rh negativa hasta el momento no conocida, y decir este grupo étnico ha conservado a través de los tiempos, además de una lengua sin semejanza por la hablada por otros pueblos, una morfología propia y un peculiar carácter espiritual, una característica individualidad sanguínea que permite considerar al actual grupo vasco como el resto más puro de un pueblo primitivo europeo, fuente originaria del factor rh negativo. A título de anécdota solía recordar mi padre cómo, siendo él médico, se había ocupado de un tema antropológico y explicaba, en su habitual actividad docente, la dependencia e inte-

rrelación de las ciencias entre sí y la importancia que la aposición de conocimientos tiene para la humanidad: “Inmediatamente de conocerse el descubrimiento del factor rh en 1940, iniciamos el estudio sistemático del mismo en el Laboratorio Central del hospital Rivadavia. En 1941 se localizaron las primeras observaciones de enfermedad hemolítica provocada por el factor rh y otras por incompatibilidad ABO que inmediatamente reconocimos. Estudiando el factor rh en su vinculación con aspectos netamente médicos como las transfusiones de sangre y eritroblastosis fetal [...] pude observar que cierto número de familias cuyas madres eran rh negativas, y cuyos hijos sufrían esa enfermedad hemolítica, con gran frecuencia eran de origen vasco. Esta frecuencia elevada me indujo a pensar si no estaría en presencia de una particularidad de la raza vasca.”


142 “Con el fin de aclarar este punto, y atraído sin duda por el influjo de las incógnitas existentes alrededor del origen de nuestra raza, comencé a estudiar el factor rh de la sangre de numerosas personas vascas residentes en nuestra ciudad [...] en las cuales pude confirmar mis primeras impresiones.” Y comentaba: “Así como la medicina dio un aporte a la antropología, también esta última ayudó al médico a salvar vidas”. Y relataba cómo, caracterizado el vasco como poseedor de rh negativo, en Perú, en una oportunidad una emisora radial llamaba a la solidaridad “de un vasco que quiera salvar la vida de un niño recién nacido dando su sangre”. Acudió un sacerdote vasco de una comunidad bayonesa, y siendo efectivamente rh negativo, se trató a la criatura. Es conocida la alta frecuencia de rh positivo en el indio americano (100 %); esta población autóctona incide en la alta frecuencia de rh

positivo de la población general de Perú. Es así, que ante la necesidad de exsanguinar a un recién nacido con eritroblastosis grave, que necesitaba sangre rh negativa para su tratamiento, se planteara la dificultad del hemoterapeuta y la difusora radial, al solicitar sangre rh negativa llamara a un vasco aprovechando las enseñanzas de la antropología. Siendo de vital importancia en esa época del tratamiento precoz del recién nacido para salvar su vida y evitar secuelas neurológicas de la enfermedad, fue un aporte de interés de la medicina vasco-argentina para Euskalherria que el Dr. Miguel Angel Etcheverry, en agosto de 1945 llamara en su trabajo la atención sobre este punto al decir: “este hecho, de la mayor frecuencia de rhesus negativo en las personas de raza blanca de origen vasco, permite esperar una mayor incidencia de casos de enfermedad hemolítica en las madres de ese origen”.


143 No nos sorprende que existan arraigadas leyendas del folklore vasco que narren de brujas que arranquen del seno materno a los párvulos o madres a las que arrebatan lamias sus hijos recién nacidos provocándoles la muerte. Quiero traer aquí el sentido profundo de lo que significa el ser vasco aun fuera de Euskalerria. Mi padre, hijo de Baigorri y de Azpeitia, al ser incorporado como Miembro de la Academia Nacional de Medicina, al recordar a sus ancestros vascos dijo en función pública: “provengo de ambas vertientes del Pirineo”. El Instituto Americano de Estudios Vascos, designó al Dr. Etcheverry en el año 1951 Miembro de Número por sus investigaciones. El día de su incorporación al mismo, él manifestó: “Nunca creí que mis modestas contribuciones sobre algunas particularidades de la

sangre vasca, pudieran hacerme acreedor a este dignísimo cargo que acepto con orgullo, y agradezco en todo su significado, como hijo de esta tierra argentina que lleva en sus venas la noble sangre de la raza euskaldun. Permitidme, en estos momentos de expansión espiritual, un recuerdo emocionado a la memoria de mis padres y abuelos. Ellos, como buenos vascos, se hubieran sentido íntimamente orgullosos de que uno de sus hijos haya llegado a obtener la honorífica distinción de que me habeís hecho objeto”. * El presente artículo fue publicado en el BIAEV Nr. 133, Abril/Junio 1983.


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GENÉTICA Y ETNIA VASCAS

Francisco Goyogana

Sobre las bases de la arqueolingüística, Wilhelm von Humboldt y Luis Michelena postularon que los euskeraparlantes constituyen un residuo separado del grupo ibero primigenio. Dentro de ese concepto se incluyen otros lingüistas que han asimilado el euskera al íbero que era hablado en un área extensa, de Asturias a Cataluña, tales como Juan Román del Cerro, Gabriel Carretié y Jorge Alonso García. Solano Peña, en su obra The hamitic group of languages, considera al esukera, junto con las

lenguas bereber, galesa e irlandesa, como lenguas hamíticas. Para otros autores, el euskera guardaría relación con un origen caucásico. Estos elementos lingüísticos se han considerado primordiales para los estudios relativos a la étnia baska. Sin embargo, con el tiempo han comenzado a parecer otros recursos, de naturaleza biológica, que guardan estrecho vínculo con la propia identidad del grupo humano vasco. Hasta hace muy poco tiempo no se disponía de datos originados en la genética para ampliar los enfoques relativos a la herencia y a la variación de los individuos pertenecientes a la etnia baska. Es de observación vulgar la variabilidad de los organismos. Estamos familiarizados con individuos de pelo rubio, castaño o rojizo, o bien de ojos azules, pardos o grises, y de piel negra, morena o blanca. Lo mismo puede observarse en los animales y en los vegetales.


145 En fin, basta una mirada atenta a nuestro alrededor para comprobar la generalidad de la variación de los organismos. Basta observar la propia familia, notar las semejanzas y advertir sus diferencias. Sería, en verdad, asombroso encontrar una familia en que todos sus miembros se parecieran. Así, pues, la variación es una característica de la vida orgánica. Los genetistas usan dos términos para expresar esta diferencia. Se utilizan tan frecuentemente estos dos términos y es tan grande su diferencia básica, que debe formarse, desde el principio, una idea clara sobre su dispar naturaleza. La combinación de todas las características observables de un organismo se denomina fenotipo de dicho organismo (del griego phainein = mostrar). Su constitución genética (independiente del fenotipo) constituye el

genotipo (del griego genos = raza, clase). Cuando se habla de un hombre de ojos pardos se describe su fenotipo, que es lo que se ve. Para definir su genotipo se utiliza otros términos, de los cuales se rescatan para comprensión del texto los siguientes: Los factores hereditarios presentes en las células de los organismos que dan lugar a las características visibles se llaman genes. Existen centenares de genes en las células de las plantas y animales. Uno de estos genes puede sólo afectar un carácter visible tal como el color de ojos; o bien, diferentes caracteres a la vez, como el color de los ojos y del cabello. Cada gen se designa por una de las características visibles sobre las que influye. Toda planta o animal de una especie o variedad determinada tiene al menos un gen para cada uno de


146 los caracteres normales en la especie. Esto es, si el gen ojos pardos está presente en un individuo de una especie, los restantes individuos de esa misma especie han de tener dicho gen u otro de naturaleza análoga en su lugar. Estos genes intercambiables reciben el nombre de alelomorfos, o bien, con mas breve expresión, alelos. Se sabe hoy que dentro del cuadro genético humano, el cromosoma 6 del hombre agrupa un conjunto de genes que constituyen el complejo principal de histocompatibilidad (HLA), responsables de la aceptación o rechazo de un transplante de órganos. Algunos confieren también susceptibilidad a enfermedades reumáticas y autoinmunitarias. Las proteínas determinadas por los genes de la histocompatibilidad cumplen la función esencial de atrapar los antígenos microbianos y

presentarlos a los linfocitos (T) para que se inicie una respuesta inmunitaria. Por otra parte, el sistema HLA presenta como una peculiaridad interesante su gran variabilidad. Precisamente por esto, se recurre al sistema HLA para singularizar poblaciones humanas. La variabilidad indica que hay alelos que se dan con notable frecuencia en una población y no en otras geográficamente alejadas. Los amerindios, por ejemplo, abundan en determinados genes HLA específicos B*1522, B*3510, B*3514, B*3516. En esta secuencia, la letra mayúscula señala el locus (situación particular de cada gen en el cromosoma) genético, el asterisco se coloca delante del nombre del alelo, y el número es el alelo correspondiente. Además, existen combinaciones de alelos que singularizan aún más las poblaciones. Estas


147 combinaciones reciben el nombre de haplotipos. En época reciente se han comenzado a analizar las frecuencias de antígenos y genes HLA en diversos grupos humanos. Antonio Arnáiz Villena y colaboradores han incursionado sobre argelinos de Argel, españoles de Madrid y vascos. Los argelinos de Argel se estudiaron por los métodos clásicos y por secuenciación del ADN y fueron elegidos entre donantes de sangre del Hospital Central del Ejército. Esta selección se obtuvo de una muestra poblacional de individuos sin mezcla europea en las tres generaciones anteriores. Se determinaron los antígenos HLA de clase I (A, B y C) por serología convencional y los antígenos HLA de clase II por secuenciación del ADN de los genes DR y DQ. Jaime Bertranpetit, de la Universidad de Barce-

lona, trabajando con marcadores genéticos, había llegado a la conclusión de que los vascos eran una población europea de muy antigua data, probablemente ya establecida en tiempos preneolíticos. Por su parte, Arnáiz Villena y colaboradores también habían obtenido muestras de ADN y linfocitos de vascos, procedentes del Hospital Virgen de Aránzazu de San Sebastián; los individuos se seleccionaron entre los que tenían hasta ocho apellidos vascos. Se determinaron los alelos HLA por la secuenciación del ADN y serología, como en el caso de los argelinos. Un tercer análisis, además de los realizados con argelinos y vascos, se llevó a cabo con una muestra de españoles procedentes de donantes de sangre sin relación de parentesco y residentes en Madrid, considerando que Madrid ha


148 sido centro receptivo de migraciones, y, por consiguiente, continente de una población que bien puede considerarse representativa de los españoles en general. Con los datos obtenidos de vascos, argelinos de Argel y españoles de Madrid, se calcularon las frecuencias de los alelos HLA y las distancias genéticas entre las poblaciones; se utilizaron como control frecuencias de HLA aportadas por otros autores, referidas a negros, orientales, italianos, sardos y franceses. Con las distancias genéticas se obtuvieron, a su vez, los árboles de parentesco correspondientes. El examen de los dendrogramas de las relaciones genéticas indican la existencia de un mayor grado de parentesco de vascos, españoles de Marid y argelinos de Argel entre sí, que el de vascos residentes de Madrid y argelinos con italianos, alemanes, franceses, sardos,

orientales o negros africanos (bosquimanos). Este hallazgo parece confirmar los resultados obtenidos en el Taller de Histocompatibilidad de 1991, en el que los grupos vasco y español se mostraron separados de los blancos europeos y próximos al grupo del norte de África. La verosimilitud de las conclusiones ha sido reforzada por la aplicación de una metodología mas afinada respecto de la selección individual y del trabajo con secuencias HLA de ADN de las mismas poblaciones, incluyendo al secuenciación de genes HLA de clase II. Con relación al valor de la fiabilidad del sistema HLA para la comparación de poblaciones, se debe mencionar la gran variabilidad de los loci (situaciones particulares de cada gen en los cromosomas) A, B, DR y DQ. Es conocida la dificultad de encontrar un indi-


149 viduo igual a otro cuando se presentan casos de transplante, debido al importante grado de polimorfismo relacionado con la histocompatibilidad. Sin embargo, se ha establecido que los individuos o una determinada población o etnia guardan un parecido más cercano entre sí que los individuos pertenecientes a otros grupos. Esto se debe a que el poliformismo del sistema HLA permite que las frecuencias características de determinados genes HLA pertenecientes al grupo inicial de la etnia persistan a través del tiempo, a pesar de los cruzamientos que hubieran ocurrido. Esta capacidad discriminatoria individual del sistema HLA tiene aplicación en la dilucidación de los casos de paternidad dudosa. El potencial de esta capacidad discriminatoria del sistema HLA es mayor que el conjunto de los grupos sanguineos ABO, Rh, MNS, Duffy, Kidd, Lutheran, P, Xg, Lewis-Secretor, PGM1, EsD,

ADA, AK, Hp, TF, Gc, y Gm. Por consiguiente, la metodología HLA constituye una valiosa aliada cuando se presenta la oportunidad de identificar poblaciones por alelos específicos, frecuencias altas o bajas, específicas y haplotipos característicos de poblaciones. No debe combinarse el método HLA con ninguno otro. En efecto, cuando se realizan estudios analíticos del sistema HLA con otros sistemas menos polimórficos, por ejemplo, se pierde información. Esto no significa que no se puedan complementar exámenes HLA de las poblaciones con otros sistemas genéticos menos polimórficos utilizados en paralelos. Los vascos se encuentran en una singular posición dentro de una hipotética población ibérica y paleonórteafricana emparentada. La arqueología y la lengua señalan que los vascos han mantenido cierto aislamiento, aun


150 cuando en la actualidad compartan frecuencias de genes similares a los de los españoles y poblaciones paleonorteafricanas (no árabes). La distinción de los vascos basada en los grupos sanguíneos (frecuencia alta de Rh negativo y baja frecuencia del grupo B) que estableciera Arthur Mourant en 1947, se considera hoy carente de validez. La alta frecuencia de Rh negativo es una característica no exclusiva de los vascos (frecuencia genética 0.44 en vascos del sur de los Pirineos), sino también de los europeos occidentales (portugueses 0.54; Isla de Man 0.43; españoles 0.38; franceses 0.41; irlandeses 0.41). La baja frecuencia genética del grupo B también es compartida entre vascos (0.03) y portugueses (0.05), irlandeses (0.07), españoles (0.06) y franceses (0.06).

De atenerse a las frecuencias observadas con el Rh negativo y el grupo sanguíneo B, se desprende que esas frecuencias no separan a los vascos de las poblaciones vecinas, sino que mas bien apoyan un parentesco ancestral con ellas. Los trabajos realizados por diversos autores con genes HLA guardan una estrecha relación de parentesco de vascos, españoles de Madrid y paleonorteafricanos (bereberes argelinos). Anne Cambon, de Toulouse, mediante genes cercanos a los HLA, ha encontrado similitudes significativas entre vascos y norte africanos; Santachiara-Benerecetti, de Pavia, halló homologías entre vascos y sardos utilizando marcadores del cromosoma Y. Arnáiz Villena y colaboradores han descubierto la existencia de haplotipos raros que, sin embargo, comparten vascos y argelinos de Argel como el formado por AI-B57-CW7-DR7-DQ2.


151 El haplotipo A33-B14-DR1, común a españoles de Madrid y argelinos de Argel, lo poseen también otras poblaciones del norte del Mediterráneo, y el haplotipo A2-B35-DR11 es común a argelinos de Argel y a otras poblaciones del norte del Mediterráneo. El haplotipo A30-B18-CW5-DR3, muy raro en las poblaciones europeas se presenta con una frecuencia alta en vascos, españoles de Madrid y sardos; si se consideran vascos y españoles de Madrid, se trata del tercer haplotipo más frecuente. El haplotipo más frecuente entre vascos y españoles de Madrid es el de A29-B44-DR7, característico de las poblaciones europeas del oeste. Se presenta con frecuencia alta en la población inglesa de Cornualles y en los ingleses del sur, en general. Si bien los españoles de Madrid y los argelinos

de Argel poseen una herencia genética HLA similar a la de los vascos, también existen diferencias básicas, como las marcadas por el haplotipo A29-B44-DR7, que hipotéticamente se ha considerado como un posible marcador efectivo de los habitantes europeos occidentales primitivos. Para complicar el cuadro, al haplotipo A1-B8DR3, también frecuente en españoles de Madrid y vascos (segundo y tercero mas frecuentes, respectivamente), se le atribuye un origen céltico centroeuropeo. Debe destacarse, como elemento de mayor significación en el sistema HLA, la existencia del haplotipo A11-B27-DR1, que se ha encontrado únicamente en vascos y que podría constituir la impronta característica de la población preneolítica, tronco primordial de nuestro linaje, llegado hasta nosotros, vascos de la actualidad, después de una trayectoria de milenios.


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Bibliografía:

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LOS VASCOS Y LAS CIENCIAS VETERINARIAS ARGENTINAS Osvaldo A. Pérez

La veterinaria, tan vinculada al campo argentino, por su inmenso rodeo ganadero, tiene la impronta vasca

La riqueza ganadera que desde la época colonial caracterizó a la región del Río de la Plata produjo un efecto singular sobre el desarrollo de las ciencias veterinarias locales. Mientras la demanda interna y externa fue ampliamente sobrepasada por la abundancia de los anima-


154 les, el escaso valor económico de estos no justificó su asistencia sanitaria. Así es que, hasta la fecha, sólo se ha podido constatar la presencia de dos albéitares (antigua denominación de origen árabe para los veterinarios) durante el período comprendido entre 1536 y 1860. Pero a medida que los precios de la ganadería se fueron elevando, las pérdidas ocasionadas por la aparición de pestes se incrementaron al punto de hacer prácticamente indispensable la presencia de aquellos. Un hecho trascendente fue la creación del Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina, ubicado en Llavallol, provincia de Buenos Aires. Fue la primera escuela de estudios superiores de veterinaria del país y su primera promoción egresó en 1887. Hasta ese momento la profesión fue ejercida exclusivamente por inmigrantes europeos. Con este jalón histórico como bisagra temporal cabe adelantar que la

presencia vascongada fue descollante en ambas etapas. En 1870 se produjo en Buenos Aires un brote de fiebre aftosa en el ganado vacuno. Ante el temor de que la carne pudiera afectar la salud humana se nombró al primer inspector veterinario para el matadero del Sud. Fue este el inicio de la inspección sanitaria de la carne y estuvo a cargo de Francisco Zufia. No es mucho lo que sabemos de él, apenas que contaba entonces 33 años y vivía en la calle Belgrano 171. Trabajó en dicho matadero durante nueve años sin haber faltado un solo día, aun durante los trágicos episodios de la epidemia de fiebre amarilla en 1871, hecho este sumamente destacable pues sabido es que en aquella época existían teorías que achacaban gran parte de la culpa de la peste a la presencia de mataderos y saladeros. Volvió a España en 1879 para visitar su familia y actualizar su formación y al año siguien-


155 te ya se encontraba nuevamente al frente de su puesto. Para 1882 era vocal del prestigioso Departamento Nacional de Higiene y en 1884 fue el primer veterinario que presentó un reglamento de inspección de carnes. También por aquel tiempo fue designado para los corrales de abasto de Buenos Aires el veterinario de 1º clase Román de Equiguren y Bustinduy (venía de desempeñarse en el ejército español y en mercados europeos), aunque el administrador de dicho sitio no le permitió tomar posesión del cargo. El primer censo nacional, realizado en 1869, registró poco más de una decena de veterinarios en todo el país. Uno de ellos, que vivía al sur de Buenos Aires, era Roque Echevarría. De 34 años, estaba casado con Antonia Gorosabel y por los datos que surgen del padrón es evidente que en su

vivienda tenía establecida una tienda para herrar caballos pues habitaban allí el herrador Vicente Gorosabel y trabajaban los peones herreros Vicente Urdampilleta, José Elorriaga, Modesto Elizalde, Gabino Ureta y Bruno Bilbao, nombres todos que nos eximen de mayores comentarios. Como ya se ha dicho a fines de 1887 egresa del Instituto de Santa Catalina la primera camada de veterinarios formada en el país. Eran nada más que tres jóvenes cuyos apellidos, por su condición de pioneros, han quedado grabados en la memoria de la veterinaria argentina. Uno de ellos tenía ascendientes vascos. José María Leonardo Agote había nacido en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1867 y era hijo de Augusto Agote y Manuela Pernía. Apenas recibido comenzó a trabajar en la Aduana porteña y en 1890 comenzó su carrera docente siendo designado profesor de Zootecnia e Higiene en


156 la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata. En 1895 fue nombrado Veterinario Asesor de la Dirección de Tierras, Colonias y Agricultura de la Nación. Vivía entonces junto a su esposa, Dolores Andrade, en una cómoda casa ubicada en la calle Belgrano 2014 de Buenos Aires. Al crearse el Ministerio de Agricultura en 1898 trabajó en dicha repartición, primero como Veterinario Inspector y desde 1902 como Inspector General. En la carrera ministerial llegó a ser Jefe de Policía Sanitaria. Allá por 1907 se desempeñó en el Ejército dentro de la Inspección de Remonta y dos años más tarde fue ascendido a Veterinario Asesor. Fue Jefe de la Inspección Veterinaria de la Asistencia Pública y trabajó en el Jockey Club para la inspección del Haras de la República. Entre los múltiples honores con que fue distinguido le cupo el de ser presidente por cuatro períodos de la Sociedad de Medicina Veterinaria, entidad que ayudó a fundar en 1897. Fue académico de núme-

ro de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Cuando se hallaba en la plenitud de su carrera falleció el 29 de junio de 1919. Pero si la actuación de Agote fue brillante, la de su contemporáneo Joaquín Zabala fue de tal magnitud que, al poco tiempo de fallecido, sus propios colegas lo consagraron el Padre de los veterinarios argentinos. Nacido el 26 de noviembre de 1872 en Paraná, Entre Ríos, su padre era el procurador peninsular Abdón Zabala en tanto que su madre Margarita- había nacido en Toulouse, Francia. Egresó de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata en 1892 y al año siguiente ganó el concurso para Inspector Veterinario Municipal de Mercados de Buenos Aires. En 1894 volvió a triunfar en otro concurso, esta vez para Inspector Veterinario en los Mataderos. Dos años más tarde organizó el seguro contra el decomiso de animales enfer-


157 mos ayudando así a sobrellevar el perjuicio económico que producía a los criadores la pérdida de los animales descartados por padecer enfermedades contagiosas para el ser humano. En 1896 fue nombrado Jefe de la naciente Inspección Veterinaria Municipal, cargo en el que permaneció hasta su jubilación en 1915. A instancias suyas fue creado en 1897 un servicio sanitario de los tambos del municipio porteño. Los servicios sanitarios de las estaciones de ferrocarril también fueron obra suya. La labor de este verdadero gigante de la profesión estuvo centrada en el reconocimiento de la labor del veterinario como encargado del control de la sanidad de los alimentos para consumo humano. En este sentido ya desde 1895 alertó sobre los peligros de que la triquinosis se presentara en el país tal como ocurría en Chile. Su prédica no fue escuchada hasta

que en 1899 se diagnosticaron los primeros casos de esta enfermedad en una familia del barrio de San Cristóbal. Entonces se creó a su solicitud el Servicio de Inspección Microscópica de la carne de cerdo o Inspección de Triquina. Tampoco dejó de lado la actividad docente siendo profesor de Patología General, de Bacteriología y de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. Consejero Académico de dicho claustro llegó a ser su Vicedecano. Fue el primer veterinario que integró el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. En 1911 fue secretario del Consejo Consultivo del Departamento Nacional de Higiene y entre 1915 y 1917 Vicepresidente de la Sociedad de Higiene Pública, Microbiología y Patología. También le cupo el honor de ser el primer veterinario argentino que integrara la Academia


158 Nacional de Agronomía y Veterinaria. Socio fundador de la Sociedad de Medicina Veterinaria, fue su presidente en dos períodos. Además de su capacidad intelectual, Zabala se caracterizaba por su personalidad sensible, bondadosa y altruista, haciendo obra caritativa y refugiándose en el anonimato para eludir el agradecimiento. No había cumplido los 47 años cuando repentinamente se produjo se muerte, tan sólo ocho días antes de la de su colega Agote. Resumen de su actividad como funcionario es el hecho de que cuando ingresó a la Inspección Técnica Veterinaria, esta apenas estaba constituida por cuatro veterinarios, en tanto que cuando se retiró la repartición comprendía el servicio de 6 jefes, 5 subjefes, 56 inspectores sanitarios, 12 inspectores de leche, 60 ayudantes de veterinario, 24 ayudantes de triquina y 65 ordenanzas y peones.

El dolor ocasionado por su desaparición dio rápidamente paso a los homenajes y ya el 5 de junio de 1924 se inauguró en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires un busto en su honor (que se conserva hoy en la cátedra de Enfermedades Infecciosas). El 16 del mismo mes se descubrió otro en el Matadero de Liniers. En marzo de 1942 la Inspección Veterinaria Municipal le rindió homenaje colocando una placa en su busto existente en los jardines del Matadero y Frigorífico Municipal. Dos años antes la Asociación de Médicos Veterinarios Argentinos creó un premio con su nombre, hecho que volvió a repetirse desde 1957 gracias a la Asociación Auxiliar de Mujeres de la Profesión Veterinaria Argentina. Esta organización propuso adoptar la fecha de su fallecimiento como día del veterinario argentino. Actualmente la Asociación Argentina de Histo-


159 ria de la Veterinaria utiliza como escudo su retrato enmarcado en los colores patrios. El 30 de octubre de 1997 el Concejo Deliberante de Buenos Aires sancionó el proyecto de ordenanza Nº 52.161 que propicia un homenaje a la memoria de Zabala. El autor ha realizado variadas gestiones para lograr que una calle de Buenos Aires lleve su nombre, justo reconocimiento tanto para Zabala como para la profesión que con su ciencia ha contribuido al progreso pecuario del país. La familia Zabala todavía aportó otro veterinario, Enrique, cinco años menor que su hermano Joaquín, y que trabajó en el Lazareto Cuarentenario de Buenos Aires. Aún hubo contemporáneamente de aquellos un Víctor Zabala, hijo del guipuzcoano Antonio Zabala, que posiblemente también fuera familiar de los hijos de Abdón, pues trabajó a las órdenes de Joaquín en el Matadero del Sud

hasta su temprana muerte ocurrida en el año 1900. Pese a que la veterinaria no fue durante la primera mitad del siglo XX una carrera favorecida por la elección estudiantil -todavía para 1970 se calculaban en nada más que 4.000 los profesionales en todo el país-, llama la atención la cantidad y calidad de los veterinarios de ascendencia vasca. En los primeros años del siglo se destacaron entre muchos otrosEduardo Alzugaray, Zenón Arriaga, Juan Aspiazú, Aristóbulo de Aurteneche Goñi, Constancio Bazterrica, Martín Belsunce, Delfor Bildasteguy, Eduardo Elizalde, Javier Erize (que fuera diputado provincial en la legislatura bonaerense), Carlos Erramouspe, Pedro Errecaborde, Tomás Etchevehere, Juan B. Etcheverry, Roberto Ezcurra (fue campeón nacional de pelota a Sare), Marcial Gallastegui, Edmun-


160 do Issouribehere, Enrique Izaurralde, Horacio de Larrechea, Saturnino Odriozola, Alberto Onagoity, Jorge Otamendi, Enrique Tellechea, Néstor Zubizarreta y Arturo Zugázaga Párrafo aparte merece Daniel Inchausti, nacido el 10 de abril de 1886 en Tolosa, Guipuzcoa. Se graduó en Buenos Aires en 1909 y rápidamente ingresó domo Subinspector de Zona en el Ministerio de Agricultura, llegando en 1923 a ser Jefe de Servicio de Fomento Ganadero. Desde 1915 trabajó como docente de la cátedra de Zootecnia y en 1924 tuvo el honor de ser elegido como el primer egresado de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires para ocupar el decanato. Hasta ese momento y por dos décadas dicha institución había sido conducida por médicos y abogados. Ocupando dicho cargo tuvo la distinción de ser el primer veterinario designado Vicerrector de la Univer-

sidad de Buenos Aires y hasta ocupó interinamente el rectorado. Fue académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria y Presidente de la Comisión del Instituto Nacional de Tuberculosis. Junto a Ezequiel Tagle escribió una de las más importantes obras de la veterinaria local: “Bovinotecnia”. Dueño de una erudición impar, solía reunirse con un grupo de colegas todas las tardes en un café de la calle Florida para cultivar la amistad y el intelecto. De ese círculo era habitué José I. Ochoa, cuyo hermano -médico de profesión- ayudó a curar al propio Inchausti del flagelo de la tuberculosis. Estuvo muy vinculado a la Sociedad Rural Argentina y en el Jockey Club fue delegado varios años en la Comisión de Fomento Caballar. Falleció en 25 de abril de 1962. Un sobrino suyo, Fernando Ibargaray (1903-1991) también brilló en la profesión.


161 Más cercanos en el tiempo no podemos dejar de mencionar a Manuel Aguirre, Héctor Aramburu (gran investigador de fiebre aftosa y casado con la colega Martina Segura Lizarraga), Miguel Aramendi, José Astigarraga, Eduardo Barrandeguy, Félix Bereciartúa (fue intendente de Bolivar, Buenos Aires), F. Blas de Alzaga, Bartolomé Bedacarratz (fue intendente de Carhué, Buenos Aires), Martín Elizondo, Jorge E. Errecalde (fue decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias de La Plata, su hijo Jorge Oscar es actualmente Profesor Titular de la çatedra de Farmacología en esa casa de estudios), Joaquín Garagarza, José N. Goñi, Esteban R. Ibáñez, Osvaldo Ibarra, Carlos Iturralde, Luis Izaguirre, Francisco Mendiondo (diputado nacional por el partido Laborista), Carlos Oyarzabal, Eduardo Palma Zuloaga y Luis Sáenz de Zumarán. Finalmente un párrafo especial para la presen-

cia femenina a través de una de las mejores exponentes de la sangre vasca, la Dra. Estela Susana Menchaca. Hija de Manuel Joaquín Menchaca -fue médico, farmacéutico y el primer intendente electivo de la ciudad de Santa Fe- y de Matilde Bonnard, nació en Buenos Aires el 7 de mayo de 1917. Fue una de las primeras mujeres en graduarse de veterinaria (1942) y en su carrera en la función pública llegó a ocupar la vicepresidencia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Como docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Buenos Aires ocupó la titularidad de la cátedra de Enfermedades Infecciosas siendo reconocida su brillante trayectoria con el nombramiento de Profesora Emérita en 1985. Eximia dibujante, la Dra. Menchaca es poseedora de una fortaleza física sin igual que revalida aún hoy a través de su cátedra y de la que ya dan fe dos generaciones de veterinarios.


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DESCENDIENTES DE VASCOS EN LA HISTORIOGRAFÍA ARGENTINA

César García Belsunce

La historia argentina puede ser estudiada desde distintos aspectos e ideologías. Sin embargo, en cada corriente historiográfica es posible detectar un descendiente de vascos analizando nuestro pasado.

La presencia de los descendientes de vascos entre los cultores de la historia y de las ciencias afines a ella ha sido frecuente y en general sus


163 obras alcanzaron un alto nivel de calidad, contribuyendo señaladamente al progreso y al prestigio de la historiografía argentina. Uno de los primeros aportes corresponde al General José Ignacio Garmendia (1842-1927), protagonista benemérito de la guerra del Paraguay, que fue eficaz memorialista de ese largo conflicto. Cuando se creó la Junta de Numismática - antecedente de la actual Academia Nacional de la Historia - bajo la inspiración del General Bartolomé Mitre, uno de sus miembros fundadores fue el todavía joven Jorge B. Echayde (18621938), que inició así en la institución una fuerte tradición en el estudio de nuestras monedas y medallas, que continuaron Eduardo Ortiz Basualdo (1857-1923) y José M. de Iriondo que fue, además, importante hombre de estado. Mientras en la arqueología se destacaban los

estudios en el noroeste del país del padre Antonio Larrouy, Manuel Lizondo Borda (18891966) se constituía en Tucumán en una de las figuras claves del impulso historiográfico de aquella región, al tiempo que su casi contemporáneo Raúl Orgaz (1888-1948) supo, desde Córdoba, establecer las necesarias vinculaciones entre la sociología y la historia. Paralelamente Ricardo de Lafuente Machaín - aunque de antigua prosapia criolla, siempre fue sensible a su lejana estirpe vascongada - se dedicaba a la genealogía y a la historia colonial. Papel señero en nuestra historiografía tuvo Martiniano Leguizamón (1858-1935), no sólo por sus variados estudios, entre los que se destacan sus obras sobre el pasado entrerriano, sino porque desde la presidencia de la Academia realizó una intensa acción renovadora de la investigación histórica y fue fiel difusor de las tradiciones argentinas. También en Entre


164 Ríos se destacó Antonio Sagarna (18781949), más recordado por su actuación en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, de donde fue depuesto injustamente por su independencia frente al poder político de turno. Otro magistrado que se señaló por sus trabajos sobre la historia naval fue Benjamín Villegas Basavilvaso (1884-1967). En esta breve y necesariamente incompleta reseña, merece un lugar especial Enrique Udaondo (1880-1962), autor de numerosas obras sobre el período de la dominación española, época que conocía profundamente, entre las que se destaca su «Diccionario Biográfico Argentino». Trabajó incesantemente tanto en su biblioteca personal como en el Museo Histórico de Luján, que dirigió por largos años y del que fue su alma mater. Su figura magra y pequeña se recuerda todavía en aquel museo y en la Parro-

quia de Nuestra Señora del Pilar, en Buenos Aires, donde centró su actividad religiosa. La corriente histórica revisionista también contó con varios historiadores descendientes de vascos. Es el caso de Carlos Ibarguren (18871956) quien, pese a ser el ideólogo nacionalista que tanta influencia ejerciera sobre el presidente de facto, General José Félix Uriburu, produjo una magistral biografía de Juan Manuel de Rosas, muy equilibrada, donde se aprecian las luces y las sombras del biografiado, por lo que esta obra ha conservado todo su interés y su valor. Dentro de esta línea hay que recordar a los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, que expresaron su posición ideológica en «La Argentina y el Imperio británico». Julio reconoció la influencia de Benedetto Croce y compuso un monumental estudio sobre Rosas y su época. Una mención aparte merece Antonio Pérez


165 Amuchástegui cuya labor historiográfica fue intensa y cuya tarea como formador de investigadores fue encomiable. Su concepción de la historia está brillantemente expuesta en su libro «Del Epos a la historia científica». Enrique Williams Alzaga fue un tenaz analista de la época en que actuó su antepasado Martín de Alzaga y su prosa galana se aprecia en «Martín de Alzaga» y en «Dos revoluciones», indispensables para el conocimiento de esa época. Roberto Etchepareborda produjo obras que, por su temática y tiempo, se enlazan con las de Williams Alzaga, aunque adoptó una perspectiva diferente. Se centró en el estudio de la política de los Braganza en el Río de la Plata y en las consiguientes intrigas diplomáticas en las que participaron figuras prominentes de los precursores de la independencia. Posteriormente analizó con agudeza los episodios que

precedieron y siguieron a la revolución de 1890. Su obra docente adquirió particular relieve en la Universidad Nacional del Sur. A esta enumeración habría que agregar a los historiadores hoy con vida, que han contribuido al desarrollo de esta ciencia. En primer término hay que citar a Enrique de Gandía, que fue en el momento de su incorporación a la Academia Nacional de la Historia, el académico más joven. En su obra, muy extensa, tienen un lugar especial sus trabajos sobre el pensamiento político del período de la Independencia, así como sus muy extensos comentarios a las «Memorias» de Tomás de Iriarte. Señalar a otros historiadores más contemporáneos implica el riesgo de graves e involuntarias omisiones, ya que estas líneas se están escribiendo cuando el grueso de la publicación ya está en impresión. Pero no creo justo omitir a


166 José María Mariluz Urquijo, con múltiples obras sobre el siglo dieciocho rioplatense, su cultura, sus personajes y la historia del derecho con planteos novedosos como el del valor de la costumbre; Daisy Rípodas Ardanaz, historiadora de la cultura colonial, sus bibliotecas y la vida cotidiana de esa época; María Amalia Duarte, que ha indagado en los procesos políticos de la segunda mitad del siglo XIX; Oscar Urquiza Almandoz, estudioso de la vida en Entre Ríos y, para concluir el autor de estas líneas, dedicado al estudio de la población y, en particular, a la vivencia en nuestro suelo de vascos y navarros.


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LA HISTORIOGRAFIA DEL PERIODO REVOLUCIONARIO Los coleccionistas de datos Los jesuitas realizaron en el período hispánico el mayor aporte al estudio de la historia de nuestro país. Producida la expulsión de la Orden se iniciaron diversas gestiones oficiales para trasladar a Buenos Aires los principales elementos de cultura que los mencionados sacerdotes habían dejado en Córdoba, luego de su extrañamiento. Aunque la vieja Universidad no pudo ser trasplantada, arribaron a la metrópoli rioplatense la imprenta, el archivo y la biblioteca, con sus valiosos códices, obras de teología y patrística, además de crónicas eclesiásticas y civiles y cartas anuas.

Gran parte de este material -otro se extravióllegó a poder de un grupo de aficionados a los estudios históricos, como los científicos Félix de Azara y Juan Francisco de Aguirre, y más tarde de otros laicos, Araujo, Leiva, Perdriel e Ignacio Núñez, como también dos religiosos, Segurola y Funes. A estos coleccionistas de documentos, apuntes y datos, se los considera los continuadores de la obra iniciada años atrás por los cronistas jesuíticos. Luego de la Revolución de Mayo, pocos fueron los interesados en compilar manuscritos y otras constancias de valor historiográfico, pues, si bien la gesta de 1810 despertó en muchos la vocación política y los ideales patrióticos, no sucedió lo mismo con la curiosidad por los hechos del pasado, aunque el Primer Triunvirato intentó publicar una historia filosófica de la Revolución.


168 Estos primeros estudiosos del período independiente no aplicaron el método y la crítica necesarios para una sistematización de los conocimientos y por esto han sido llamados heurísticos, es decir, simples recopiladores de datos. Buscaron los testimonios, pero carecieron de una exposición congruente de los resultados. El término "heurísticos" pertenece a Rómulo Carbia, que designó de esa manera a los investigadores argentinos que no hicieron otra cosa que allegar materiales, editándolos o dando noticia de su existencia. También los calificó como datistas o pesquisadores de detalles. El investigador Paul Groussac cuando aludió a los cronistas de aquella época, utilizó con ironía la expresión cazadores de documentos o papelistas.

José Joaquín de Araujo (1762-1834), porteño, cursó estudios en el Colegio de San Carlos y luego ingresó en las oficinas virreinales para alcanzar más tarde un alto cargo en el tesoro de Buenos Aires. Al margen de sus ocupaciones, se dedicó a la lectura de obras históricas, y con estos conocimientos logró prestigio en el pequeño círculo de intelectuales que actuaba en la metrópoli rioplatense. Araujo -guiado por su vocación a conocer el pasado- reunió obras impresas, objetos, manuscritos y códices. Redactó artículos de interés para el periódico "Telégrafo Mercantil", bajo el seudónimo de El Patriota o bien El Patricio de Buenos Aires. Allí entró a polemizar con Eugenio del Portillo, que firmaba con el anagrama de Enio Tullio Grope. Portillo fue el causante de la polémica cuando - debido a una publicación anterior- envió un


169 artículo al "Telégrafo Mercantil'', donde sostuvo equivocadamente que la segunda fundación de Buenos Aires se había efectuado en el año 1575. Araujo estudió una serie de documentos inéditos y replicó, por medio de las páginas del mismo periódico, con una colaboración erudita titulada Examen crítico sobre la época de la fundación de Buenos Aires. Además de incursionar por el campo de la crítica, Araujo fue autor de una publicación muy útil, la Guía de forasteros del virreinato de Buenos Aires (año 1803), con la nómina de los empleados en oficinas públicas y breves noticias estadísticas.

Otro de los historiadores virreinales fue el jurisconsulto Julián de Leiva, que nació en la villa de Luján en marzo de 1749 y falleció en Bue-

nos Aires el 3 de febrero de 1818. Cursó estudios en la ciudad rioplatense y se doctoró en leyes, en la Universidad de San Felipe, de Chile. Hombre muy culto, fue uno de los pocos argentinos que en los últimos años de la dominación española se ocupó en revisar las fuentes de nuestra historia. Bibliófilo y coleccionista de documentos, además de distinguido escritor, fue amigo personal de Azara y le facilitó ejemplares de su biblioteca. Más tarde escribió diversas acotaciones críticas a la obra del científico español, que denominó: Notas al cuaderno intitulado La Conquista de las Provincias del Río de la Plata. Los conocimientos del doctor Leiva también fueron de utilidad a los historiadores Segurola y Funes. Este último lo menciona en el prólogo de su Ensayo. Relator de la Real Audiencia de Buenos Aires, más tarde, en tiempos de la Revolución de


170 Mayo, Leiva fue miembro del Cabildo porteño, con el cargo de Síndico Procurador. No se adhirió al movimiento y por este motivo la Junta Gubernativa lo confinó en Catamarca.

Un intento no realizado Hasta la época en que se produjo la gesta de Mayo, no se había publicado ninguna obra completa sobre la historia de nuestro país. Los cambios políticos y sociales que se dieron con el surgimiento de la nacionalidad, exigían un conocimiento del pasado, como también un estudio del nuevo orden de cosas. Así lo entendieron los gobiernos revolucionarios y prueba de ello fue una disposición del Primer Triunvirato, con fecha 1º de julio de 1812, por la cual fue designado el religioso dominico fray Julián Perdriel -provincial de su Orden en esos momentos- para que redactara

una Historia filosófica de nuestra revolución. Es probable que el mencionado sacerdote se dedicara de inmediato a reunir la documentación y otros datos necesarios -no hay constancia de tal actividad-, pero, al cabo de dos años, el gobierno le ordenó la suspensión de la obra, argumentando problemas económicos.

Saturnino Segurola y sus colecciones de documentos Este sacerdote e historiador, uno de cuyos rasgos más destacados fue la caridad social, se ocupó en variadas inclinaciones intelectuales, todas ellas de importancia en la historia dc la cultura de nuestro país. Saturnino Segurola nació en Buenos Aires el 11 de febrero de 1776 y falleció en la ciudad


171 natal el 23 de abril de 1854, al cabo de una larga existencia, que, si la vinculamos con el curso de los sucesos políticos, se inicia con el virreinato y concluye en el período de la organización nacional. Estudió en el Colegio de San Carlos y luego se trasladó a Chile para seguir la carrera eclesiástica. Ordenado sacerdote, recibió el título de doctor en teología en la Universidad de San Felipe, en Santiago. Introdujo la vacuna antivariólica en Chile y de regreso a nuestro país fue su primer e infatigable propulsor en Buenos Aires.

nuestro país, actividad que le permitió organizar una gran biblioteca, archivo y museo.

Su nombre se relaciona con diversos aspectos de la medicina y también de la Biblioteca Pública, aunque la posteridad lo recuerda muy especialmente por su labor de historiador y bibliófilo. En el trascurso de los años reunió gran cantidad de libros impresos, manuscritos, mapas y láminas antiguas referentes a la historia de

El deán Gregorio Funes

El doctor Segurola no publicó sus escritos, con excepción de artículos en hojas sueltas o esporádicas colaboraciones en gacetas. Se sabe que redactó una crónica sobre los obispos de Buenos Aires, como también efemérides y prontuarios históricos. Han llegado hasta el presente anotaciones a los textos de diversas obras y hasta apuntes sobre ciencias naturales y mecánica, que recopiló en forma de diccionario.

Nació en Córdoba el 25 de mayo de 1749 y falleció en Buenos Aires el 10 de enero de 1829. Se ordenó de sacerdote en su ciudad natal y luego se trasladó a España, donde cursó estudios y recibió el diploma de abogado.


172 A su regreso al país, fue designado en Córdoba deán de la catedral, dignidad que, desde ese momento, formó parte de su nombre.

de "La Gaceta de Buenos Aires". En este periódico, Funes publicó -el 21 de abril de 1811- un importante artículo sobre la libertad de prensa.

Fue rector del colegio de Monserrat y luego ocupó igual cargo en la Universidad de Córdoba, donde se destacó por su dinamismo en materia de difusión cultural.

Expresó que: "El tribunal de la opinión pública debe estar siempre abierto para que se haga notoria la voluntad general. Este tribunal es la prensa y la señal de que sus puertas están abiertas, es la libertad. Quítese esa libertad y en tal caso no habrá una opinión general. El gobierno caminará a ciegas pues ignora cuál es la opinión pública, única soberana del Estado."

En el aspecto político se adhirió al movimiento de Mayo y encabezó la tendencia provinciana en los sucesos inmediatos, que determinaron la creación de la Junta Grande. Periodista por vocación, colaboró en las primeras hojas impresas que circularon en el Plata: "El Telégrafo Mercantil"; el "Semanario de Agricultura, Industria y Comercio" y en el "Correo de Comercio" . Remplazó a Mariano Moreno en la redacción

Más tarde fue colaborador de la "Abeja Argentina" y de "El Centinela" y, en 1823, dirigió "El Argos". En el estudio de nuestra historiografía, corresponde al deán Funes el primer aporte significativo, publicado luego de la Revolución de Mayo.


173 En el año 1816 apareció el primer tomo de su obra titulada Ensayo de la Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán. El segundo y tercer tomos vieron la luz al año siguiente. En su casi totalidad, el trabajo se ocupa de la conquista y otros episodios del período hispánico. Siguió muy de cerca a los cronistas jesuíticos Nicolás del Techo, Pedro Lozano y Javier de Charlevoix, como también al naturalista Azara. Cuando llegó en el relato al siglo XVIII, recurrió a la ayuda de Saturnino Segurola, Joaquín de Araujo y Bartolomé Muñoz. Sometido al juicio de la moderna crítica histórica, el Ensayo de Funes adolece de graves fallas y no son pocos los estudiosos que han calificado de plagiario a su autor. Con todo, no puede negarse al trabajo su pro-

sa correcta y también que por vez primera narra -muy simplemente- el período revolucionario hasta 1816, aunque sin aportar conclusiones propias, que hubieran sido muy valiosas, pues su autor fue testigo presencial de los acontecimientos de esa época.

Ignacio Núñez y sus "Noticias históricas" Nació en Buenos Aires el 30 de julio de 1792 y, luego de luchar contra los ingleses en las dos invasiones, en el año 1809 recibió el grado de capitán. Al poco tiempo abandonó la carrera militar y en 1813 se empleó en la secretaría de la Asamblea Constituyente. Inclinado a las actividades literarias fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto del Teatro y en 1821 se inició en el periodismo como redactor del "Argos" y más tarde, de "El Nacional".


174 En 1825, Rivadavia lo designó secretario de la legación argentina en Londres. Cuando se encontraba en esa capital europea, Núñez publicó -al parecer por encargo oficialun trabajo titulado Noticias históricas, políticas y estadísticas de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Es una obra de importancia relativa y su intención fue informar a los políticos europeos sobre aspectos de nuestro país, con un capítulo anexo de documentos.

Hacia 1844 redactó un libro de amenos recuerdos, titulado Noticias históricas de la República Argentina, en que describe los episodios ocurridos desde las invasiones inglesas, hasta la derrota de las tropas patriotas en la batalla de Huaqui. Como bien lo ha dejado escrito su autor, la intención no fue escribir una historia, sino los entretenimientos que me permitan el tiempo que me queda y los elementos que me restan.

El libro fue impreso en castellano, francés, alemán e inglés. En este último idioma lo editó el librero Ackermann, conocido por su contribución a la propaganda revolucionaria.

Estos apuntes históricos fueron recopilados más tarde por su hijo Julio, el cual los publicó después de muerto su padre- en una primera edición que vio la luz en setiembre de 1857.

A su regreso, Núñez fue nombrado en 1826 oficial mayor de la secretaría del gobierno nacional y luego de ocupar otros cargos públicos, al cabo de tres años se retiró a la vida privada.

La obra incluye una segunda parte de las Noticias Históricas, en que figuraban las Efemérides Americanas, desde el descubrimiento del Río de la Plata por Solís, hasta los sucesos ocurridos en el año 1828.


175 Luego sigue una nómina de funcionarios que actuaron en nuestro medio durante el período hispánico, como también una noticia biográfica de Ignacio Núñez y otros trabajos históricos, entre ellos, biografias de Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Manuel Moreno, Juan José Viamonte y Cornelio Saavedra. Ignacio Núñez no fue un militar destacado ni un funcionario de renombre y sólo ocupó cargos burocráticos en ministerios y legaciones; sin embargo, será recordado por el hecho de haber escrito en forma sencilla y familiar sobre episodios que presenció o de los que obtuvo referencias. Falleció en Buenos Aires el 22 de enero de 1846.

LAS MEMORIAS REFERENTES AL PERÍODO REVOLUCIONARIO Algunas memorias de importancia Dentro de nuestra evolución historiográfica, las memorias y autobiografías, junto con los epistolarios y diarios personales, constituyen un capítulo de interés, todavía no estudiado en su real importancia. En el año 1910 y con motivo del centenario de la Revolución de Mayo, el entonces director del Museo Histórico Nacional, doctor Adolfo P. Carranza, publicó una serie de documentos no todos de igual mérito e importancia- con el título de Memorias y Autobiografías. La obra comprendió en total tres tomos. En el tomo I figura: Tomás Guido: "Reseña histórica de los sucesos de Mayo"; Cornelio Saa-


176 vedra: "Memoria autobiográfica"; Manuel Belgrano: "Autobiografía"; Martín Rodríguez: "Memorias" y Gervasio Antonio Posadas: "Memorias". En el tomo II: Manuel Moreno: "Vida y memorias del doctor Mariano Moreno"; Pedro José Agrelo: "Autobiografía". En el tomo III: fueron publicados dos escritos de Manuel Belgrano. Uno titulado "Memoria sobre la expedición al Paraguay" y otro llamado: "Fragmento de memoria sobre la batalla de Tucumán". Además comprende: Nicolás Villanueva: "Memorias"; Rufino Zado: "Noticias biográficas sobre el general Juan Lavalle"; Rufino Guido: "La empresa del Tejar"; Antonio Quintanilla: "Antecedentes de la batalla de Chacabuco"; Juan Gregorio de Las Heras: "Memorias sobre Cancha Rayada", y también: "Relación de la batalla de Maipú"; José de San Martín: "Exposición de la conducta del general Brayer en

América del Sur"; José Melián: "Memorias" y Rudecindo Alvarado: "Autobiografía". Lejos estuvo el doctor Carranza de agotar el tema, por cuanto se sabe que el material es muy numeroso y que además comprende toda clase de escritos referentes a episodios históricos, entre ellos los partes de batalla, las fojas de servicio, etcétera. Entre los documentos del período revolucionario pertenecientes al tema que nos ocupa, cabe mencionar, en primer término, la Vida y memorias del doctor don Mariano Moreno, escrita por su hermano Manuel y editada en Londres, en el año 1812. Estudiado por la crítica histórica, el valor del trabajo es muy relativo, pues es evidente la intención fraterna de justificar ante la posteridad la actuación pública del conocido secretario de la Junta de Mayo.


177 No puede negarse que ofrece un buen panorama del período revolucionario hasta 1812 y aunque por muchos años se la consideró una exacta crónica de la época y una biografía imparcial, sus afirmaciones deben actualmente tomarse con suma cautela, por cuanto muchas de ellas han sido rebatidas por destacados investigadores.

El coronel de Patricios don Cornelio Saavedra escribió en la ancianidad sus Memorias,que son un relato de su actuación pública, en sucesos de nuestra historia. Describe las épocas de triunfo y también las horas inciertas en que las facciones políticas se disputaban el poder. Rebatió las acusaciones de sus adversarios y concluye con estas palabras: "La conciencia no me acusa de haber hecho mal a nadie ni con ánimo resuelto y deliberado, causado heridas

en sus intereses y reputación. Si alguno se cree en este caso, pido también me perdone". Saavedra firmó su escrito en enero de 1829 y falleció el 20 de marzo de ese año.

Otra memoria de interés fue la que redactó el primer Director Supremo, don Gervasio Antonio Posadas, pues narra con exactitud los sucesos del año 1815, aunque aludiendo a la Revolución de Mayo escribió con franqueza: no tuve de ella la menor idea ni noticia previa. Posadas (1757-1833) concluyó su actuación pública al presentar la renuncia de Director Supremo en enero de 1815. Por su vinculación con Carlos de Alvear fue perseguido y tuvo que expatriarse. En el año 1829 empezó a escribir sus Memorias, que comienzan en esta forma:


178 "Manifiesto de cuanto sé y me consta de la Revolución de Buenos Aires, o más bien, confesión ingenua y verídica de cuanto de mí ha pasado, para que sirva a mis hijos en su defensa después de mi muerte, ya que en mi vida no he tenido juez imparcial ante quien entablarla; o para que les sirva siempre de simple consuelo y desahogo, contra las solemnes imposturas y mentiras que se han entablado en los papeles públicos".

1815. En tiempos de Rosas, ya anciano,se desempeñó con el cargo de juez, aunque luego fue destituido y hubo de expatriarse a Montevideo, donde falleció.

LA HISTORIOGRAFIA EN LA ÉPOCA DE ROSAS Pedro de Angelis

El jurisconsulto y periodista Pedro José Agrelo (1776-1846) escribió una Autobiografía sobre los episodios políticos de su época, que sólo figura parcialmente en la citada recopilación del Museo Histórico Nacional. Integrante de la Sociedad Patriótica de 1812 y fiscal acusador en el proceso contra la conspiración de Álzaga, la figura de Agrelo declina su importancia en nuestra historia a partir de

Este precursor de nuestra historiografía erudita fue el más destacado intelectual que permaneció en Buenos Aires durante los años de la época de Rosas y además ofreció su amistad al Restaurador. Nació en el entonces reino de Nápoles, el 29 de junio de 1784, de una familia de abolengo.


179 El rey Murat le confió la educación de sus hijos, y hacia 1819 se trasladó a Ginebra y de allí marchó a París, donde se dedicó a estudios históricos y literarios. En la capital francesa se vinculó con Rivadavia, que, deseoso de acrecentar el nivel cultural de nuestro medio, le hizo ventajosas propuestas para establecer un colegio en Buenos Aires. Aceptado el ofrecimiento, el erudito napolitano llegó al Plata en 1827, para dedicarse en principio a tareas educativas y a la actividad periodística. En la Crónica política y literaria de Buenos Aires se mostró partidario de Rivadavia y de su gobierno; si embargo, no tardó en poner su pluma al servicio del oficialismo triunfante, por cuanto caído el presidcnte, defendió a los federales desde las páginas de "El Lucero". Al subir Rosas al poder, fue el periodista oficial

de su gobierno, a través del "Restaurador de las Leyes" y del "Archivo Americano". No corresponde juzgar sus veleidades políticas, aunque, podemos decir desde el punto de vista cultural que su labor fue muy destacada en materia de estudios históricos. En 1828, de Angelis inició su labor literaria e historiográfica en nuestro país, al publicar el Discurso inaugural, que pronunció el 8 de junio de ese año, al abrir sus puertas el colegio El Ateneo, de Buenos Aires. En 1830 dio a publicidad un folleto titulado Noticias biográficas del Excmo. Sr. Cobernador y Capitán Ceneral de la provincia de Santa Fe, brigadier don Estanislao López. Ese mismo año editó su Ensayo histórico sobre la vida de Rosas y en 1832, la Biografía de Arenales.


180 Polígloto y bibliófilo, reunió gran cantidad de libros y numerosos documentos fundamentales de nuestro pasado. En 1834 publicó la primera parte de su Memoria sobre Hacienda Pública y dos años más tarde, su Recopilación de Leyes y Decretos. Su obra más importante se conoció también en 1836, cuando comenzó a circular el Tomo I de su Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna del Río de la Plata. Hasta el año 1837, la Colección alcanzó seis volúmenes, en cuadernos de 30 pliegos impresos que aparecían dos por mes. De Angelis seleccionó una dispersa y en parte desconocida documentación de nuestro pasado y redactó notas aclaratorias para ubicar al lector. En esta forma dio a publicidad trabajos de Díaz de Guzmán, Barco Centenera, Ulrico Schmidel, Félix de Azara, del padre Quiroga,

como también diarios de navegación, actas de fundaciones, etcétera. La moderna crítica histórica ha censurado en parte la obra, por cuanto su autor efectuó algunas adiciones o supresiones en los textos de los documentos "so pretexto de mejorarles el estilo". A pesar de estas imperfecciones, no todas intencionales, la citada colección es la primera en el orden cronológico y de indudable valor para el estudioso. Las entregas se suspendieron en 1838 por el alto costo del papel a consecuencia del bloqueo de naves francesas al puerto de Buenos Aires. Hasta ese momento recibían la obra cuatrocientos ochenta y ocho suscritores. En 1841, el napolitano pretendió editar una segunda serie documental, semejante a la anterior, pero no logró materializar su intento.


181 En 1839, de Angelis publicó la Colección de documentos relativos al Chaco y a la provincia de Tarija. Ese mismo año, en un opúsculo de 47 páginas, su trabajo titulado: De la conducta de los agentes de la Francia durante el bloqueo del Río de la Plata, que firmó con el seudónimo: Un observador imparcial. En 1843 editó un folleto rotulado: Serie de artículos editoriales publicados en la Gaceta Mercantil de Buenos Aires, contra los avances del comodoro inglés Purvis. En 1848 y por la Imprenta del Estado dio a conocer una obra didáctica titulada: Libro de lectura elemental e instructiva para los jóvenes estudiantes, o colección de trozos escogidos de los mejores autores. En 1852 fue editado un trabajo que escribió en 1849, con motivo de un problema limítrofe con

Chile. Su extenso título comienza en esta forma: Memoria histórica sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confederación Argentina a la parte austral del continente americano. Es un erudito informe, muy bien documentado. en que con gran conocimiento del tema refutó las pretensiones del país trasandino. Después de la derrota de Rosas, el estudioso extranjero se trasladó un tiempo a Montevideo y Río de Janeiro. Por último se radicó en Buenos Aires hasta su muerte, acaecida el 10 de febrero de 1859. Pedro de Angelis estaba casado con Melania Dayet y no dejó descendientes.


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LA EVOCACIÓN DEL PASADO POR SUS PROTAGONISTAS

A la literatura mencionada deben agregarse las Biografias, muy copiosas en su número, pero en gran parte de escaso valor en su contenido.

Los Diarios y otros recuerdos escritos

No ha quedado hombre con galones que actuara en el pasado -escribió Rómulo Carbia- a quien sus solícitos descendientes no le consagraran alguna biografía.

Gran parte del material bibliográfico de nuestra historiografía desde el período revolucionario hasta la derrota de Rosas lo constituyen las Memorias o recuerdos de diversos episodios, las Autobiografías referentes a la vida de una persona, escrita por ella misma, los Diarios, con anotaciones de sucesos ocurridos día a día, y las Crónicas destinadas a historiar épocas. Esta rica producción informativa, generalmente ofrece un panorama fragmentario y simplista y no puede eludir el tono apologético debido a que sus autores fueron testigos de los acontecimientos y trataron de justificar sus actitudes ante la posteridad.

Dentro del abundante repertorio historiográfico es evidente el aporte esclarecedor de algunos recuerdos evocativos y autobiográficos, aunque conviene destacar que todos ellos son objeto de rectificaciones cuando se estudian con el severo análisis crítico de la época actual. Un Diario que abarca un extenso período de nuestra historia fue escrito desde 1790 hasta 1856 -año de su muerte- por Juan Manuel Beruti, un empleado en dependencias administrativas del gobierno. Según consta en el


183 extenso título del trabajo, en 1789 se enteró que una persona llevaba un diario de acontecimientos y entonces -luego de copiarlo- lo continuó hasta poco antes de fallecer. Se conoce con el nombre abreviado de Memorias Curiosas, las cuales fueron publicadas en la "Revista de la Biblioteca Nacional". Minucioso en sus anotaciones, Beruti fue un observador bastante imparcial, que agregó a sus descripciones acertados comentarios relativos a las costumbres de la época. Otro trabajo semejante en su interés pero más breve, pues comprende episodios ocurridos entre 1815 y 1822, es la crónica santafesina que se conoce con el título de Diario de don Manuel Ignacio Díez de Andino. También debe citarse el redactado por Juan Thompson, denominado Diario de los hechos ocurridos en Buenos Aires desde el 2I de agos-

to de 1838 hasta el 15 de noviembre del mismo año. Finalmente,cabe mencionar el escrito en la cárcel de la isla de Ratas por Juan Cruz Varela, titulado Diario de mi prisión, que se refiere a los sucesos ocurridos entre los días 23 al 28 de abril de 1838. La brevedad ha restado importancia a este trabajo, redactado por un hombre de letras. Destacadas figuras de la Revolución y de las guerras por la independencia escribieron memorias y crónicas y dejaron a la posteridad ricos epistolarios y abundantes archivos documentales. Entre ellos pueden citarse a los militares San Martín, Belgrano, Saavedra, Guido y Rondeau y entre los civiles a Moreno, Posadas, Agrelo y Núñez .


184 Belgrano justificó su actuación pública en una Autobiografía y también escribió dos trabajos sobre campañas militares, titulados: La expedición al Paraguay y La batalla de Tucumán.

Ejército del Norte, en la posta de Yatasto y concluyen en 1847, año en que se disuelve el ejército correntino-paraguayo organizado para derribar a Rosas, puesto a las órdenes de Paz.

Estos manuscritos llegaron más tarde a poder del general Paz -antiguo soldado en ambas campañas- y, según se afirma, dieron origen a las conocidas Memorias del militar cordobés.

Fueron publicadas por vez primera en Buenos Aires en 1855 -al año de fallecer su autor- con el título de Memorias póstumas y el siguiente subtítulo: Comprende sus campañas, servicios y padecimientos, desde la guerra de la Independencia hasta su muerte, con variedad de otros documentos inéditos y de alta importancia. La obra se dio a conocer en cuatro volúmenes. Repiten sus biógrafos que Paz comenzó a escribir las Memorias por el año 1849, cuando se interesó en la lectura de un manuscrito de Belgrano referente a la batalla de Tucumán.

Estas últimas, junto con las redactadas por Tomás de Iriarte y Aráoz de Lamadrid constituyen fuentes de importancia para el estudio de la primera mitad del siglo XIX.

Las memorias de Paz Las memorias póstumas del general José María Paz se inician el 26 de marzo de 1812, cuando Belgrano recibe de Pueyrredón el mando del

Poco después conoció otras páginas de recuerdos personales, esta vez escritas por el general


185 Lamadrid. Según parece, ambos trabajos impulsaron a Paz a escribir sus propias memorias, aunque su inclinación literaria y una innata facilidad para redactar apuntes e impresiones personales, sumados a su formación cultural y lúcida mirada de observador, permitieron el logro de una obra de lectura fácil y atrayente y de consulta obligada para el estudioso. José María Paz (1791-1854) nació en Córdoba y cursó estudios en el colegio de Nuestra Señora de Loreto donde a los catorce años y en examen público obtuvo el título de "maestro en artes", análogo a un bachillerato clásico. Luego ingresó en la Universidad para cursar tres años de Jurisprudencia y dos de Matemáticas. Cumplidos los veinte años y a poco de terminar sus estudios abandonó las aulas para defender la patria en el Ejército del Alto Perú.

En la carrera de las armas alcanzó sus mayores éxitos, sin haber concurrido nunca a una academia o colegio militar. Su actuación a partir de ese momento puede resumirse en cuatro etapas: la primera entre 1812 y 1828, que comprende sus luchas en el Alto Perú y en el exterior, la guerra contra el Brasil; la segunda entre 1829 y 1831, en que participa en la guerra civil y es capturado; la tercera, sus ocho años de prisión hasta 1840, y finalmente, un cuarto y último período en que interviene nuevamente en las guerras internas, su ostracismo en el Brasil y su muerte en 1854. Paz fue un expositor bien inspirado, pero no siempre sus afirmaciones ni sus juicios sobre determinados personajes o episodios son los más veraces. Con todo, sus recuerdos sobre un complejo período de treinta y cinco años de nuestra historia constituyen un trabajo fundamental para la historiografía argentina.


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PSICOANÁLISIS Y VASCOS Aberastury, Etcheverry, Cárcamo

Los vascos y el psicoanálisis El vasco Ángel Garma trajo el psicoanálisis a la Argentina junto con Celes Cárcamo, de apellido vasco y desarrolló a varios discípulos entre ellos queremos destacar a Arminda Aberastury también de origen vasco. El gran traductor de Freud que fue José Luis Etcheverry. Arminda Aberastury Comencemos por las raíces familiares de la psicóloga. El primer miembro de esta familia que se tiene antecedentes es José Aberastury, casa-

do con Jacinta Salas. Su hijo Eugenio Aberastury (Buenos Aires 1796 - Paysandú 1846), tuvo destacada actuación en Uruguay, donde estableció el primer cuerpo policial. Obtuvo el grado de coronel, fue Receptor de Aduanas en Paysandú, siendo asesinado por una turba en la puerta de su casa. Había casado en 1824 con Juana González, siendo padres de: Federico Aberastury (Paysandú 1830-1884), Defensor de Menores (1863), Comandante de la Guardia Nacional (1864), En ocasión del sitio a su ciudad natal de 1864 peleó como Segundo Jefe, pero al ser derrotados fue tomado prisionero, logrando escapar disfrazado de lavandera. Casó en 1853 con Adelina Rivero. Su hijo Pedro Aberastury (Entre Ríos 1867- Bs. As. 1935) Procurador y gestor de diversas empresas, casada en Buenos Aires 1904 con Arminda Fernández (+ BA 1960), docente, directora


187 de escuela, padres de 1) Pedro (Miembro Fundador de la Fundación Vasco Argentina " Juan de Garay "); 2) Federico Alberto, 3) Marcelo Francisco, 4) Arminda, nuestra biografada. Eduardo J. Salas nos da una breve reseña de la vida de la psicóloga: Arminda Aberastury (1910-1972) En la ciudad de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1910 nace Arminda Aberastury, "La Negra". Debido a su tío Máximo Aberastury que era dermatólogo, quiso estudiar medicina, pero los prejuicios de la época no la ayudaron en sus logros, aunque sus futuro estuvo estrechamente ligado a las ciencias médicas. Se recibió de maestra y luego, ya en la Universidad de Buenos Aires, llega a profesora en Ciencias de la Educación, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras.

Allí llegó a ser docente en la Cátedra de Psicología de la Niñez y de la Adolescencia. En 1937 se casa con el psiquiatra y luego socio fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina Dr. Enrique Pichón Rivière, con el que tiene tres hijos: Enrique, Joaquín y Marcelo. Entre 1942 y 1953, hace su análisis didáctico con el Dr. Ángel Garma, pionero del psicoanálisis en América latina, en especial en Buenos Aires. Se la designa miembro adherente de la APA en el año 1948, con la presentación de los trabajos "Psicoanálisis de un niño esquizofrénico" y "Fobia a los globos de una niña de 11 años". En 1950 presenta su "Estudio sobre el juego de construir casas, su interpretación y valor diagnóstico" y con "Algunos mecanismos en la neurosis" y pasa a la categoría de miembro titular de la APA.


188 En 1953, con la presentación de: "La transferencia en el análisis de niños, en especial en los análisis tempranos", pasa a ser designada psicoanalista didacta. Ya en 1946, estudia la obra de Melanie Klein, manteniendo correspondencia científica con dicha autora, con quien llega a tener en 1951 controles personales en cuyos grupos se leyeron sus trabajos. Llegó a traducir el libro de M. Klein Psicoanálisis de niños en 1948. Su adhesión al pensamiento kleiniano no impidió una actitud integradora con la obra de Ana Freud. Fue profesora del Instituto de Psicoanálisis de la APA. Su directora, entre 1956 y 1958. Introduce en la formación de todo candidato a psicoanalista el aprendizaje del psicoanálisis de niños, por considerarlo indispensable para la comprensión del funcionamiento del psiquismo humano ya adulto. (Dos años después de

su muerte en 1974 se aprueba la creación del departamento de niños y adolescente que lleva su nombre). Con criterio independiente y creativo, desarrollo un concepto teórico original en psicoanálisis: la existencia de una fase del desarrollo evolutivo del niño, anterior a la etapa anal a la que denominó "fase genital previa", concepto que incluye desde el primer momento la identidad genital del niño y de la niña y al padre en la relación madre-hijo. Por su interés en lo social, aplicó la psicoterapia psicoanalítica de grupo a la atención de madres y padres, tanto en forma privada en su consultorio, donde creó la Escuela para padres, como en forma oficial en hospitales y universidades. En una compilación póstuma de sus escritos sobre la paternidad hecha por el autor de esta


189 síntesis biográfica, en 1978, muestra su interés en la investigación teórica. (Ed. Kargieman, 2° edición en 1984 y traducción en portugués publicada por Ed. "Artes Médicas Porto Alegre en 1984.).

Entre 1946 y 1974, se publican en la revista de la APA 24 de sus escritos. En esa publicación se puede consultar la lista cronológica de su producción psicoanalítica.

El 24 de noviembre de 1972, marcada por la melancolía, decidió quitarse la vida. Algún destino genético, como a Alfonsina Storni pariente cercana a ella, como a su hermano Marcelo, como los intentos de su hermano Federico, debe de haber contribuido a este misterioso, enigmático y trágico desenlace. Hasta aquí la crónica de Salas.

José Luis Etcheverry

También las crónicas registran que tenía una enfermedad deformante de la piel, siendo Aberastury una mujer de gran belleza durante su juventud. Enigmáticas fueron las circunstancias el vestirse de fiesta servir la mesa como para visitas e intoxicarse con gas.

En un volumen agregado a manera de apéndice a las Obras completas por él traducidas, Etcheverry (1978) explicó cuáles fueron sus principales criterios para abordar esta tarea. Posteriormente, en una de sus raras apariciones públicas, invitado a dar unas conferencias

Seguimos la reseña que nos hace Leandro Wolfson: José Luis Etcheverry (1942-2000) fue un estudioso de la filosofía y traductor argentino cuyo nombre está indisolublemente ligado a su traducción de las obras de Sigmund Freud (1974-1985).


190 en la Universidad de la República de Uruguay, explicitó algo más estos criterios (Wolf y Hajes, 1996, págs. 7-42). Expresó allí que toda traducción responde a los intereses, aspiraciones y búsquedas de un determinado momento histórico y grupo social. En su caso, el "retorno a Freud" propugnado por las corrientes lacanianas; y la abundante elaboración crítica de los conceptos freudianos básicos en el curso de las dos o tres décadas anteriores fue una motivación fundamental. Tomando como consigna básica "El texto de Freud y nada más que el texto de Freud" (1978, pág. 2), procuró "abrirse paso hasta sus últimos resortes de creación" (ibíd., pág. 4). Su modo de trabajo pudo definirse como una "literalidad problemática", en el sentido de "una fidelidad al original atenta a los problemas

interpretativos que el texto mismo plantea" (Etchegoyen, 2000, págs. 5-6). Gracias a su profundo conocimiento de la cultura clásica alemana, Etcheverry examinó los antecedentes filosóficos y científicos de Freud y pudo mostrar "que esas tradiciones son constitutivas del discurso freudiano, donde son proyectadas y articuladas hacia otros objetos y una dimensión diversa" (1978, pág. 16) De esta inmersión en las fuentes extrajo una visión renovada de Freud, ajena a las especulaciones y polémicas de las distintas escuelas psicoanalíticas. Paradójicamente, desde fuera del psicoanálisis le ofreció a éste la posibilidad de replantearse creativamente muchos de los conceptos básicos de su fundador. Además de este trabajo monumental, Etche-


191 verry tradujo también las cartas de Freud a Wilhelm Fliess (Freud, 1994) y el diario clínico de Ferenczi (1997), y supervisó la edición del Diccionario de psicoanálisis dirigido por Roland Chemama (1998). En el campo filosófico y sociológico merecen destacarse sus traducciones de Max Weber, Jurgen Habermas y Anthony Giddens. Según palabras del Dr. H. Etchegoyen (2000, pág. 6), Etcheverry fue "un hombre modesto y sabio... siempre dispuesto a escuchar, a aprender y a explicar", cuya muerte "enluta al psicoanálisis, a la psiquiatría, a la psicología y a la cultura argentina". Referencias Chemama, Roland, ed., Diccionario del psicoanálisis, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998. Etcheverry, José Luis, Sobre la versión castellana, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1978. Ferenczi, Sándor, Sin simpatía

no hay curación. El diario clínico de 1932, ed. por Judith Dupont, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1997. Freud, Sigmund, Obras completas, Buenos Aires: Amorrortu editores, 24 vols., trad. por José Luis Etcheverry, 19741985. Freud, Sigmund, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Buenos Aires: Amorrortu editores, 1994. Etchegoyen, Horacio, "Recordatorio de José Luis Etcheverry", Revista de APdeBA, vol. 22, no 1, 2000, págs. 5-6. Wolf, Martin, y Hajes, Doris, eds., Freud hoy en la Universidad, Montevideo: Universidad de la República, Facultad de Psicología, 1996. En el Uruguay Etcheverry dio una conferencia sobre traducción y le preguntó Edgardo Korovsky sobre la traducción de Freud por López Ballesteros en el contexto clasificatorio de Goethe a lo que contestó: "Y a mi me parece que es una de las que Goethe dice del segundo tipo. Es decir, alguien que


192 va a la otra cultura, a la cultura alemana y al pensamiento de Freud y dice: bueno, pues hombre, Freud dice esto y esto y esto y esto. Es algo, bueno, que en cierto modo ya sabíamos. Es un intento. Por eso es más grata la lectura, es estéticamente más bella la lectura, porque está en un castellano incluso diría parecido al de Galdós, es un castellano canario creo yo. Supongo que López Ballesteros debe haber nacido en las Islas Canarias porque tiene un estilo muy americano, nos gusta en el Río de la Plata porque tiene un castellano muy parecido al nuestro. Pero lo que tiene es eso, que es una asimilación muy enérgica a la cultura de lengua castellana. No tiene ese grado de ajenidad. Ha servido mucho, es valiosísima. Goethe dice que estos tres tipos de traducciones pueden combinarse en una sola o pueden escandirse como se dice esto- en épocas distintas, en una época una, en otra época el otro tipo y en otra el tercer tipo y en este círculo entre unas tra-

ducciones y otras se forma la apropiación y la comprensión de una obra extranjera. Pero por eso es valiosísima. Porque lo ha vestido a Freud en lengua castellana. Ustedes saben que Freud conocía el castellano. Lo conocía bien. Lo escribía. Se escribía de joven con un amigo y se llamaban Cipión y Berganza por "El coloquio de los Perros" de Cervantes. Así que supo apreciar Freud y lo apreció y es sincero en la carta /-que le envió a López B.-/. Es muy linda traducción. Además ha estado muy bastardeada por los editores porque está llena de erratas que la culpa no es del original. Y desdichadamente la versión que hoy se conoce no es la de Ballesteros exactamente. Sería bonito poder tener los originales de la traducción de Ballesteros, sería una buena cosa.


193 Porque es un documento histórico importantísimo. Entonces esa sería una época. Y esta otra traducción que yo hice es más para estudio; quizás si yo pudiera dentro de veinte años, si el Señor me da vida no creo podría intentar hacer ese círculo, ese movimiento de cultura.

nes de Freud: La traducción de José Luis Etcheverry (en Amorrortu Editores, 1978-82) y la clásica de José Luis López-Ballesteros y de Torres (en Biblioteca Nueva -últimas ediciones de 1972-75: 9 vols. y 1973: 3 vols.- y en Alianza Editorial en su colección de bolsillo)

Intenté que la lectura pudiera ser crítica, que sea crítica verdaderamente y que sea crítica de la traducción también y que pueda serlo, eso es lo que importa, por lo que decía la doctora. Por lo que decía la doctora acerca del espíritu crítico y de esas cosas."

Celes Ernesto Cárcamo

Juan Vives Rocabert critica acremente la traducción de Etcheverry diciendo que Trieb en alemán es instinto y no querencia como lo traduce este último. El lector español tiene actualmente dos versio-

El apellido Cárcamo se ha originado en la localidad de Cárcamo, en Álava, País Vasco, aunque algunos sostienen que es de origen navarro (es información de las familias vascas de Chile). Cárcamo es un pueblo vasco de 27 habitantes a los pies del pico Coronas en la sierra de Arcamo y últimamente se acepta la denominación oficial de Karkamu. Pertenece al ayuntamiento de Valdgobia. Tiene una casa rural de alojamiento paara turistas de siete plazas llamada


194 Ansotegui. Tiene la ermita de San Juan Bautista y la iglesia de la Asunción ambas del siglo XI. Este apellido se expandió durante la Reconquista a otras regiones como Andalucía y posteriormente llegó a América y específicamente a la Argentina. Elisabetta Gennari de Rocca nos da una reseña de Cárcamo: (La Plata, 1903 - Buenos Aires, 1990) Pionero del psicoanálisis en la Argentina, fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Procedente de una familia vinculada por siete generaciones con las Ciencias Médicas, se doctoró en Medicina en 1930. En los comienzos de su práctica se orientó hacia la Clínica Médica, en la cátedra del Profesor Mariano Castex, en el Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Hombre de una vasta cultura humanística,

interesado en la filosofía y la historia, incursionó también en la homeopatía, atraído por una disciplina que buscaba comprender al hombre en su totalidad. En la cátedra de Castex conoció al Dr. James Mapelli, psicoterapeuta italiano que practicaba la hipnosis. A partir de esta relación se interesó en la psicoterapia y se dedicó a leer apasionadamente lo que pudo encontrar sobre el tema. La obra de Freud, que había sido recientemente traducida al castellano lo impactó particularmente y decidió trasladarse a Europa para realizar su formación como psicoanalista. En el seno de la Sociedad Psicoanalítica de París, cursó los seminarios de formación, hizo su análisis didáctico con Paul Schiff y las supervisiones con Charles Odier y Rudolf Loewenstein, y presentó, en 1939 su trabajo de


195 titularidad "La serpiente emplumada. Psicoanálisis de la religión Maya-Azteca y del sacrificio humano". En París conoció a Ángel Garma, psicoanalista español formado en Alemania, quien luego de practicar algunos años el psicoanálisis en Madrid, se había exilado en Francia como consecuencia de la Guerra Civil Española. Juntos decidieron trasladarse a Buenos Aires, para promover la formación de un grupo psicoanalítico, que comenzó a reunirse en 1939 y se constituyó como Asociación componente de la Asociación Psicoanalítica Internacional tres años después. Cárcamo fue Secretario Científico de la primera Comisión Directiva y Presidente de la Segunda. Particularmente interesado en la aplicación del Psicoanálisis a la práctica médica, organizó en 1958 el primer curso de Psicología Médica que

se realizó en la Facultad de Medicina de Buenos Aires y, años más tarde participó activamente en la creación de la Cátedra de Psicología Médica y del primer curso oficial de especialización en dicha disciplina, en el que durante años dictó la materia psicoterapia. []


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ANGEL GARMA Psicoanálisis en la Argentina

La psicología en la Argentina Si se visita Viena invariablemente se puede constatar que los visitantes hispanoamericanos de la casa museo de Sigmund Freud son mayoritariamente argentinos. A pesar de que nuevas visiones de la psicología han conquistado otros países la Argentina se ha mantenido fiel a este concepto. La psicología tiene sólidos antecedentes en la Argentina del siglo XIX y principios del siglo XX con figuras emblemáticas de José María Ramos Mejía y José Ingenieros.

Fue el campo propicio para la introducción de la teoría de Freud por parte de un psicólogo vasco que formó una tradición emblemática. Vamos a develar quién esa figura. Realmente cuando era yo estudiante de la escuela secundaria tenía una materia llamada psicología y en ella teníamos un punto referido a los sueños y para hacer un trabajo práctico de interpretación la profesora recomendó la lectura de El psicoanálisis de los Sueños de Angel Garma. En el año 2005 cuando mi sobrina tuvo que hacer tesis en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires para la cátedra de Historia de la Psicología le sugerí que buceara en la personalidad de este doctor vasco residente en la Argentina. Parece que la docente que vio el trabajo no lo conocía y esto habla de la decadencia de la enseñanza del país.


197 En la medida que un estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires de los años sesenta conozca algo más que una docente universitaria de la especialidad de los años 2000, he ahí la madre del cordero, el quid de la cuestión, el núcleo del problema. Precisamente Ángel Garma es el que introdujo el psicoanálisis en la Argentina y fue uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). En el año 2004 en Bilbao se conmemoró el centenario del nacimiento de Ángel Garma y en el año 2005 salió el libro de Iñaki Marquez sobre la vida de este renombrado psiquiatra. Ante esta revalorización de su figura se impone que resumamos la vida y obra de Garma.

La familia Garma en la Argentina Guriezo es una localidad de Cantabria, donde vivía el ebanista Felipe Garma, casado con Celestina Setién. Tuvo este matrimonio a un hijo Angel Garma Setien que se dedicó al comercio. Se trasladó a Bilbao y se casó el 30 de septiembre de 1871 en Santiago Apóstol con Cirila Zubizarreta, hija del matrimonio de Cirilo e Ildefonso Marcelina de Aguirre, nacidos respectivamente en Barambio (Álava) y Gordejuela (Vizcaya). Se establecieron en la Gran Vía letras AE, 2° piso. Tuvieron un primer hijo Angel Juan el 24 de junio de 1904 y recibió el bautismo en la parroquial de San Vicente de Abando el 14 de julio siguiente. Luego los padres emigraron a Buenos Aires para poner un comercio de venta de porcelanas, junto con la tercera hija pequeñita. Pero


198 los dos primeros hijos, Ángel Juan y José María, quedaron en casa de los abuelos hasta que bien establecidos los padres los buscarían. Pero resulta que en 1908 Ángel fue asesinado en Buenos Aires de dos tiros de escopeta. Por lo que Ángel Juan residió largo tiempo con sus abuelos y se educó en Bilbao. En el ínterin Cirila se casó con su cuñado Salvador Garma con los que tuvo a dos hijos más, Inés y Salvador. Se trasladaron a Madrid en 1914 y de ahí en 1923 y 1924 se fue a vivir a Viena en la calle de María Teresa cerca de la casa de Freud. Madrid Para estudiar medicina Angel Juan se trasladó a Madrid a la residencia de estudiantes junto a su hermano menor José María y alli conoció a Severo Ochoa, más tarde premio nobel, García

Lorca, Salvador Dalí, Ortega y tuvo una buena formación con Santiago Ramón y Cajal y Gregorio Marañón. Su profesor Miguel Sacristán le aconsejó que una vez graduado se trasladara a Berlín para completar su formación en neurología y psicología. Se graduó en 1929 en Psiquiatría en Tubinga En 1928 descubrió el psicoanálisis cuando esta escuela se tornaba popular. Micaela Fabian lo introdujo y fue admitido por Max Eitington en el Instituto Psicoanalítico de Berlín. Se analizó con Theodor Reik y con su trabajo de La Realidad y el ello en la esquizofrenia presentado en 1931 fue admitido en la asociación. Se relacionó con personalidades como Benedek, Eitington, Gorddeck, Reithman, Spitz, Jung, Adler y Shekel. Regresó a Madrid y fue el primer psicoanalista en ejercer en España. Se desafilió a la Asocia-


199 ción alemana cuando los nazis absorbieron la institución. Se enrareció el clima de la España de la preguerra civil y Garma decidió vivir en Francia. Francia El 25 de abril de 1935 se casó en la iglesia de San Victor en Burdeos Francia con Simone Mas. Al año siguiente nació su primera hija Lucille, que será psiquiatra en Francia y trabajó en el hospital Pitié-Salpetriere de París y miembro de la Asociación Psicoanalítica de Francia. En Francia tuvo que dar clases de castellano para poder subsistir. Comenzó a trabajar como psicoanalista en París, e intimó con René Laforgue, Daniel Lagache, Sacha Nacht y otros psicoanalistas franceses, a la vez que supervisó la formación de Françoise Dolto, una de las figuras del psicoanálisis francés, que en los

años 50 participaría en la Société Française de Psychanalyse junto a Lacan y, años después, en la creación de la Escuela Freudiana de París. Pero la situación francesa empezó a enrarecerse por la cercanía de la guerra y decidió emigrar a Buenos aires por sus vinculaciones familiares; era allí donde residía su madre. Buenos Aires Garma llegó el 24 de junio de 1938 a Buenos Aires. Por su tendencia republicana concurrió al Centro Republicano Español donde concurrían a dar conferencias los criminólogos españoles exiliados Emilio Mira i López y Luis Jiménez de Asúa. En Buenos Aires, Ángel Garma, comenzó a reunirse con el grupo dinamizador del psicoanálisis, con los fundadores: Arnaldo Rascovsky; Enrique Pichón Rivière, Marie Glas de


200 Langer, Cárcamo... Al llegar Ángel Garma a Buenos Aires, llevaba una importante formación psicoanalítica, una firme convicción en sus puntos de vista científicos y una poderosa personalidad creadora. En una asociación pequeña como era aquella, los "análisis cruzados" estaban al día. En un momento dado, Garma sintió la necesidad de analizarse y lo hizo con Marie Langer, a quien él había analizado un tiempo. Langer sintió similar necesidad y se analizó con Cárcamo. El analista de Garma estaba en análisis con el analista de la mujer de Garma y todos eran psicoanalistas didactas en la APA. El grupo inicial era una verdadera familia de acogida. A los seis fundadores se sumaron los amigos de aquel anterior círculo informal y también las esposas de tres de ellos.

Los representaba un microcosmos de la sociedad porteña. Trabajaban en una institución analítica que definían como una verdadera subcultura. Hablaban con una jerga común, tenían comportamientos similares, con relaciones interpersonales, en general, endogámicas: sus amistades también eran psicoanalistas, estaban juntos los fines de semana y vacaciones, tenían escasos vínculos con la medicina tradicional, con frecuencia elegían pareja entre ellos, las conversaciones giraban en torno a la profesión y observaban el mundo desde la atalaya del psicoanálisis. Pertenecían a una generación formada en un período de crisis económica y agitación política. Para todos ellos, el psicoanálisis llegó a ser la pasión central de sus vidas.


201 Congreso de Psicoanálisis Corría el año 1949 cuando se celebró en Zurcí el XVI Congreso Internacional de Psicoanálisis, el primero que se efectuaba durante la posguerra. Concurrió Ángel Garma con la que luego se convertiría en su segunda mujer Elizabeth G. Goode. Obtuvo la afiliación de la APA a la asociación internacional. Tuvo buena repercusión la presentación de Betty Goode sobre un niño de 21 meses siendo pionera en psicoanálisis de niños y obtuvo una beca de un año en Inglaterra con Melanie Klein. Pero Betty declinó el ofrecimiento porque Garma no estaba de acuerdo. Entonces le dijo Klein lo que pasa que usted no es lo suficientemente kleiniano y respondió Garma: no, porque soy garmiano. Angel Garma y Betty Goode se casaron en Méjico y luego cuando Perón instauró el divorcio, se casaron en 1952 en Buenos Aires.

Fruto de este matrimonio fueron dos hijas: Carmen psicoanalista y Silvia, psicóloga clínica. Ángel Garma fue: presidente de la A.P.A. en varios períodos y director de su Instituto: propulsor de los Symposia a partir de 1953 y de los congresos latinoamericanos y panamericanos. Estuvo entre los fundadores de varias publicaciones: Revista de psicoanálisis, Actas Médico Psicológicas, Psiqué en la Universidad, etc. Fue profesor titular interino de psicología general (Universidad Nacional de la Plata) y Sloan Visiting Professor (en la Menninger, de Topeka). Enseñó también en la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados y en la Universidad de Belgrano. Discípulos A lo laargo de su docencia dejó muchos discípulos de entre ellos queremos retratar a Arminda Aberastury que es de origen vasco.


202 Obras Angel Garma fue autor de obras psicoanalíticas: 1936 "El Psicoanálisis, la neurosis y la sociedad", editada en Madrid; El método psicoanalítico de interpretación de los sueños. Buenos Aires, 1937 Evolución y nuevos problemas de la teoría psicoanalítica. Psicoterapia, 1, 3, 1940 "El Psicoanálisis de los sueños" que presentó en Buenos Aires como tesis doctoral y publicó como libro en y conoció varias reediciones. 1942 El psicoanálisis, presente y perspectivas; Psicoanálisis de las guerras Ed. Aniceto López, Buenos Aires, 1942; Psicoanálisis de las guerras. Ed. Agonía, Buenos Aires,

1945 Sadismo y masoquismo en la conducta ; Sadismo y masoquismo en la conducta. Ed. Ateneo/ APA, Buenos Aires, 1954 El dolor de cabeza, Buenos Aires, 1956 Psicoanálisis de los sueños. Ed. Nova, Buenos Aires, 1959 Génesis psicoanalítico y tratamiento de las úlceras gástricas, Buenos Aires, 1961 Psicoanálisis del arte ornamental. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1962 El psicoanálisis: teoría, clínica y técnica. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1970 Génesis y contenido primario de la alucinación onírica; y Nuevas aportaciones al psicoanálisis de los sueños


203 1971 Introducción al psicoanálisis para educadores (con Anna Freud). Ed. Paidós, Buenos Aires,

1993 El psicoanálisis: teoría, clínica y técnica. Actualización. Buenos Aires, Últimos años

1972 Los grupos de psicoanalistas rivales y sus influencias en los candidatos a psicoanálisis. Revista de Psicoanálisis,: XXXIX, 4 1975 Cómo se llega a ser psicólogo (con Theodor Reik). Biblioteca del educador contemporáneo, Buenos Aires; La realidad exterior y los instintos en la esquizofrenia; Génesis psicosomática y tratamiento de úlceras gástricas y duodenales (Ed. Paidós, Buenos Aires, 1976 El psicoanálisis: teoría, clínica y técnica; Nuevas aportaciones al psicoanálisis de los sueños. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1990 Tratado mayor de psicoanálisis de los sueños. Buenos Aires,

En los años 80 se presentó el mal de Parkinson que lo alejó de los congresos; el de 1983 en Madrid no pudo contar con su presencia pero fue nombrado vicepresidente de honor. En julio de 1991 participó del XXXVII Congreso Psicoanalítico Internacional de Buenos Aires. Siguió como vicepresidente de honor del IPA sucediendo a Anna Freud. El rey de España le concedió La Gran Cruz de Honor de la Orden del Mérito Civil. En 1990 le fue concedida la Orden de Isabel la Católica. En 1989 fue nombrado hijo predilecto de Bilbao por su alcalde Jesús María Gorordo. Falleció en 1993 y en febrero de 1994 Betty llevó sus cenizas a Bilbao y las arrojó en El


204 Abra yendo en un barco de Las Arenas a Portugalete, con la presencia de los psiquiatras José Angel Santa Eufemia y Salvador Álvarez.

Simone Garma según Norma Aleandro Hablando de viajes, la actriz insignia podía no estar contando nada de esto. Resulta que a los 13 años fue becada para estudiar en el entonces vanguardista Instituto de Arte Moderno y allí le dijeron, palabras más o menos, que se dedicara a otra cosa. Lo recuerda así: "Yo era la más chica y todos estaban como locos porque iba a venir Simona Garma, una profesora francesa que introdujo el método de las acciones físicas y las improvisaciones. Estaba fascinada por conocer a alguien tan importante y la expectativa era brutal. Cuando la vi, Dios mío, ¡era tan distinguida!...

Y hablaba un castellano raro y nos daba charlas sobre sus técnicas... ¡Mágico! Un día nos pidió que fuéramos pasando de a uno al escenario para improvisar alrededor de un típico paisaje de guerra con aviones, puente bombardeados y todo eso. Cuando me tocó a mí, compuse a una chica que perdió a su familia y Garma se acerca y me hace esta devolución. '¿Usted quiere ser actriz?', me dice. Yo le respondí que sí, obvio, y ella: 'No sirve. Usted no sirve'. Me quería morir ahí mismo. Cuando salí caminé y caminé hasta llegar a la Costanera. Me quise tirar y no me animé. Finalmente terminé siendo una anoréxica grave. Era una enfermedad que aún no estaba difundida. El médico simplemente decía "la nena no come".

Los Vascos en las Ciencias  

Documento que, junto a otras, forma parte de la obra magistral y científica que publicara la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay, Los va...

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