Mozart

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BIBLIOTECA ILUSTRADA

Mozart

Amado de Dios

MICHEL PAROUTY

DESCUBRIR EL ARTE


Michel Parouty nació en 1945. Diplomado de estudios superiores de filosofía, licenciado en letras y diplomado de musicología, empezó su carrera de periodista en 1979, después de haber dedicado un tiempo a la enseñanza. Colaborador de la revista Diapason desde 1986, participa en la rúbrica cultural de los Échos desde 1997. Es coautor de Guide de la musique symphonique (Fayard, 1986), y ha publicado entre otras obras L’Opéra-Comique (Asa Éditions, 1998), Guide de l’opéra y Verdi et «La Traviata» (Mille et Une Nuits, 1999 y 2001), y con Thierry Beauvert, Les Temples de l’opéra («Découvertes Gallimard», 1990). Ha colaborado en L’Inventaire de l’opéra publicado en 2005 por la Encyclopædia Universalis.

Título original: Mozart. Aimé des Dieux Equipo editorial de la edición en francés: Pierre Marchand, Lisabeth de Farcy, Anne Lemaire, Alain Gouessant, Isabelle de Latour, Perrine Auclair, Paule du Bouchet, Claire d’Harcourt, Raymond Stoffel Traducción: Alfonso Rodríguez Arias Revisión especializada de la edición en lengua española: Llorenç Esteve de Udaeta

ISBN: 978-84-16138-47-0 Depósito legal: B-7.808-2015 Impreso en Tallers Gràfics Soler, Esplugues de Llobregat (Barcelona) Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor. WWW.BLUME.NET

Historiador de música

Coordinación de la edición en lengua española: Cristina Rodríguez Fischer Primera edición en lengua española 2015 © 2015 Naturart, S. A. Editado por BLUME Av. Mare de Déu de Lorda, 20 08034 Barcelona Tel. 93 205 40 00 Fax 93 205 14 41 e-mail: info@blume.net © 2012 Gallimard, París (Francia)

Este libro se ha impreso sobre papel manufacturado con materia prima procedente de bosques de gestión responsable. En la producción de nuestros libros procuramos, con el máximo empeño, cumplir con los requisitos medioambientales que promueven la conservación y el uso responsable de los bosques, en especial de los bosques primarios. Asimismo, en nuestra preocupación por el planeta, intentamos emplear al máximo materiales reciclados, y solicitamos a nuestros proveedores que usen materiales de manufactura cuya fabricación esté libre de cloro elemental (ECF) o de metales pesados, entre otros.


CONTENIDO Introducción Algunos fragmentos de obras maestras de Mozart cincelados por Lotte Reiniger. 12 Capítulo 1 UN NIÑO PRODIGIO CON LOS PRÍNCIPES DE EUROPA A los seis años, Wolfgang Mozart compone sus primeras obras. En toda Europa, sea en las cortes o en los palacios, su precoz genio despierta la admiración. 34 Capítulo 2 DE PRODIGIO A COMPOSITOR En Italia, el país de la ópera, se reconoce su talento como compositor. Adopta el nombre de «Amadeus», «amado de Dios». 50 Capítulo 3 MÚSICO Y SIRVIENTE Mozart está al servicio de Colloredo, príncipe arzobispo de Salzburgo. Su cargo le asegura unos ingresos fijos, pero se siente prisionero y abandonado. 66 Capítulo 4 LAS ILUSIONES PERDIDAS Lleno de esperanzas, Mozart huye de Salzburgo en 1777. Ni en Múnich ni en Augsburgo encuentra la acogida esperada. París ya no reconoce al niño prodigio, tan aplaudido en otro tiempo. 82 Capítulo 5 «HOY EMPIEZA MI FORTUNA...» Viena celebra al joven compositor. Sus óperas –El rapto en el serrallo (1782), Las bodas de Fígaro (1786)– constituyen grandes éxitos; se multiplican los conciertos. 106 Capítulo 6 LA LUZ Y LAS TINIEBLAS La miseria material y moral no impiden que Mozart componga sus últimas obras maestras, de Don Giovanni (1788) a La flauta mágica y al Réquiem (1791)... 129 Testimonios y documentos


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n aquel enero de 1756 una nieve fina caía

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persistente sobre Salzburgo. En su casa,

en Getreidegasse 9, Leopold Mozart da vueltas como una fiera enjaulada. Desde una habitación le llegan, amortiguados, ruidos de pasos y cuchicheos: Anna Maria, su esposa, está dando a luz su séptimo vástago... Es un varón y se llamará Wolfgang.

CAPÍTULO 1

UN NIÑO PRODIGIO CON LOS PRÍNCIPES DE EUROPA La leyenda es tenaz. Por ello, cuando surge el nombre de Mozart, se piensa de inmediato en el niño frágil, empolvado, con aspecto de bibelot. Esto representa olvidar al niño risueño que, antes de irse a dormir, en pie sobre una silla, le cantaba a su padre Oragnia figatafa. Página anterior: Mozart a los ocho años con su hermana y su padre, durante su primera estancia en París.


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para probar, si fuera necesario, su amor y su fascinación por la voz. De momento, Wolfgang, el viajero, el hombre libre o que creía serlo, que ha pasado su infancia y su adolescencia recorriendo las cortes, se siente encerrado en una ciudad que apenas conoce y en la que está anclado por la servidumbre de su cargo. Y es que Colloredo lo ha confirmado en su cargo de konzertmeister con un salario anual efectivo de 150 florines. Para cumplir sus funciones, debe componer e interpretar. Otros estarían satisfechos con estas cortapisas, sinónimo para algunos de seguridad, pero no es así para Mozart, que no quiere vivir de recuerdos y que no puede sentirse a gusto en una ciudad que se mece al ritmo de una vida anodina y donde no puede esperar la menor satisfacción musical. ¿No tiene siempre ante sus ojos el ejemplo de su colega Michael Haydn, incomprendido por un auditorio al que le interesa solo lo que está de moda? ¿Quién podría creer que fuera a aceptar sin refunfuñar unas exigencias profesionales capaces de contrariar sus deseos y de apartarlo de la música que siente en el fondo de sí mismo? Ya con Lucio Silla, no había ofrecido a los milaneses la ópera seria que esperaban. Konzertmeister en Viena, ¡qué oportunidad para abandonar Salzburgo! Mozart consagra las semanas siguientes a los encargos de Italia, divertimentos para viento, oberturas para orquesta. No obstante, Leopold no ha renunciado a colocar a su hijo. Apenas recibe la noticia de que Florian Gassmann, kapellmeister de la corte de Viena, está gravemente enfermo, se pone en pie de guerra, dispuesto a partir. ¿Y por qué no, en un relativamente corto plazo, conseguir la dirección de un teatro, situación ideal para un músico que no sueña con otra cosa que con la ópera? En julio, aprovechando el permiso que les concede el príncipe arzobispo, que va a tomar las aguas,


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padre e hijo se dirigen a la capital imperial. A decir verdad, este viaje está muy lejos de constituir un éxito. Aunque consiguen una audiencia con María Teresa, «su majestad se mostró muy amable con nosotros, pero eso fue todo» (Leopold, 12 de agosto de 1773). Esto significa que no dio a los Mozart ninguna esperanza. ¡Su carta a Fernando y el tono en que hablaba de las «gentes inútiles» eran ya bastante claros al respecto! Es innegable que la atmósfera de Viena le va bien a Mozart, que experimenta una nueva fuente de inspiración A pesar de los apuros económicos, que surgen muy pronto, Wolfgang no les hace caso. Se encuentra con sus viejos amigos vieneses, entre ellos Mesmer y el doctor Laugier, médico de la corte, y a pesar de la reducida actividad de la ciudad en esa temporada, esta no pierde ni un ápice del fermento musical que la envuelve y que conmociona las sensibilidades, como ocurre, en la literatura, con el espíritu del Sturm und Drang. De los escritos de Klopstock, Lessing o Goethe se hacen eco las obras de Gassmann, Haydn y Gluck, con acentos patéticos de una intensa energía. No es, pues, por casualidad que a la abundancia sinfónica de la primavera suceda, a finales de verano, la floración repentina de los seis Cuartetos para cuerda KV 168 a 173. Las nuevas composiciones

❛❛Lo vi cuando era un niño de siete años y dio un concierto en el curso de un viaje. Yo tenía unos catorce años y me acuerdo perfectamente de aquel hombrecito, con su peinado y su espada.❜❜ Goethe, 3 de febrero de 1830, Conversaciones de Goethe con Eckermann [Página anterior: detalle de un retrato de Goethe por Tischbein, 1787.] ❛❛Ante Dios, y como un hombre honesto, os digo que vuestro hijo es el compositor más grande que he conocido, ya sea de nombre o personalmente. Tiene gusto, y, lo que es más, el más profundo conocimiento de la composición.❜❜ Joseph Haydn a Leopold Mozart [Izquierda: Mozart y Haydn en un bajorrelieve en cera.]


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Los instrumentos de teclado fundamentales en uso en el siglo XVIII iban del clavecín al clavicordio, pasando por la espineta (siendo el gran ausente el pianoforte, inventado por Cristofori en Florencia en 1698). Al contrario que el clavecín y la espineta, en los que un martinete provisto de una púa de pluma o de cuero pulsa las cuerdas, en el clavicordio las cuerdas son percutidas. Italia, en el siglo XV, fija la forma definitiva del clavecín, instrumento que contribuirá de una manera fundamental a la evolución de las formas musicales de Europa. La espineta, de menores dimensiones y con las cuerdas perpendiculares (no paralelas) al teclado, o bien dispuestas oblicuamente, tuvo su apogeo en los siglos XVI y XVII.


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Mozart y la masonería Mozart tenía veintiocho años cuando se adhirió a la masonería. En los últimos años de su vida, encontró el consuelo intelectual, material y moral entre los compañeros masones. Las conexiones de Mozart con la masonería han hecho correr ríos de tinta. El 14 de diciembre de 1784, Wolfgang se inició con el grado de aprendiz en la logia vienesa gracias a que el venerable maestro era el barón Otto von Gemmingen-Hornberg, al que había conocido durante su estancia en Mannheim en los primeros años de 1778, antes de su partida hacia París. Escritor, admirador y traductor de Shakespeare, pero sobre todo de Rousseau y de Diderot, gracias a él Mozart frecuentó por primera vez (aunque se podría decir que de una manera un tanto superficial) los ambientes masónicos. Se piensa que fue por su mediación y la de Von Sickingen, ministro del elector palatino destacado en París, que Wolfgang conoció, durante su estancia en la capital francesa a otro músico y masón, François-Joseph Gossec. Fue también con Von Gemmingen con quien Mozart emprendería el proyecto de un melodrama según la Semiramis de Voltaire, para el que el barón en persona habría escrito el libreto. Tras la fundación en Londres de la gran logia de Inglaterra el 24 de junio de 1717 bajo los auspicios de san Juan Bautista, el movimiento había vivido una rápida expansión, y no solo en Europa, sino también en América. Su implantación sin problemas en el Imperio alemán se debió a Francisco

de Lorena (el futuro emperador Francisco I, que se casaría en 1736 con María Teresa), que desde 1731 era también iniciado. A pesar de la bula papal de 1738 que la condenaba, la masonería fue tolerada en un principio y después admitida de forma abierta, y en 1842 se inauguró la primera logia vienesa. En 1785, por orden del emperador José II, que en 1780 había sucedido a su madre María Teresa (francamente hostil al movimiento) y con la que compartió el poder desde 1765, solo quedaron tres logias en la capital. Resulta difícil imaginar hoy hasta qué punto la orden constituía el lugar perfecto de encuentro para una élite intelectual presa de múltiples cuestiones morales y espirituales a las que no podía responder la Iglesia, demasiado preocupada por desempeñar un papel político y social. Inspirada en las tradiciones procedentes de forma directa del corporativismo medieval de los arquitectos y albañiles (maçons en francés, de donde deriva su nombre), la masonería no podía sustraerse a las ideas humanísticas del siglo de las luces, más allá de los dogmas religiosos. Ideas generosas que tenían como finalidad lograr el bienestar de la humanidad (es fácil, por cierto, asimilarlas a las que iban a triunfar en el curso de la Revolución francesa), que no podían por menos que seducir a un ser tan sensible como Mozart. Es cierto que


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Frontispicio de la cantata Die Maurerfreude.

este había estado en contacto con los masones desde mucho tiempo atrás, ya que compuso la canción An die Freude sobre un texto masónico para agradecer al médico que lo había curado durante la epidemia de viruela. El doctor Mesmer, Gebler (el autor de Thamos), Von Gemmingen, Le Gros (director de los Concerts Spirituals de París), Van Swieten y el sabio mineralogista Ignaz von Born, así como otras relaciones que jalonaron su vida y le ayudaron a seguir el camino emprendido en su iniciación de 1784, le acogieron con gran calidez, ya que el 7 de enero de 1785 (menos de un mes más tarde) se convertía en compañero, para alcanzar el grado de maestro el 22 de abril. ¿Acaso

se debe a su proselitismo la iniciación de Leopold en la misma logia en marzo de 1785, así como la de Joseph Haydn el 11 de febrero? Todo hace pensar que así fue. De Thamos, König in Ägypten (1773), en la que los sacerdotes del sol no son más símbolos transparentes de los masones ilustrados por la filosofía de las luces, hasta La flauta mágica, considerada a menudo como una ópera testamento, la trayectoria de Mozart es lógica y rectilínea y confirma que su adhesión a la masonería es el resultado de una madurez progresiva y no, en absoluto, un arrebato súbito y pasajero. Michel Parouty


A los seis años, Wolfgang Amadeus Mozart compone su primer minueto. A los once escribe su primera ópera. La imagen del niño prodigio, empolvado y con peluca, le persigue y es difícil de destruir; sin embargo, consigue escapar de esa trampa, aunque para ello paga un elevado precio en penas y sufrimientos. De joven, lo ha dicho todo o casi todo, aunque su genio continúa desarrollándose en Viena, donde, por fin, ha conquistado la libertad a un alto precio. Los últimos años, los más difíciles, contemplan la eclosión de innumerables obras maestras, conciertos para piano, música vocal, partituras de cámara, un itinerario único que termina un día de diciembre de 1791, en que no llega a acabar su Réquiem. En la vida cotidiana de Mozart, las risas más francas se mezclan siempre con las lágrimas. Queda un misterio por descubrir: ¿por qué reconocemos su marchamo en sus compases? ¿Por qué es su música tan reconfortante para el alma? Michel Parouty relata la corta y fulgurante existencia de Mozart, «amado de Dios».

ISBN 978-84-16138-47-0

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