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NUESTROS BARRIOS GENTRIFICACIÓN E INDUSTRIAS CREATIVAS Por: Paula Andrea Trujillo T. (paula@paulatrujillo.com) para Generación, El Colombiano Mientras las grandes marcas como Hermès o Louis Vuitton se han instalado en la Avenida Alonso de Córdova o en los tradicionales centros comerciales latinoamericanos tipo Arauco o Mall Alto las Condes, se ha desatado todo un movimiento en el Barrio Italia en Santiago de Chile con cafés en los que se pueden probar pasteles mapuches mientras se visitan algunos anticuarios, pequeños hoteles y hasta rutas del diseño. Al tiempo que Apple espera por meses la esquina idónea en Passeig de Gràcia en Barcelona, se habla de la dinámica que viven calles como Cera, Riereta o Carretas en el corazón del Raval con nuevos restaurantes como Lo de Flor, apuestas por el diseño socialmente responsable como Muchafibra y se abre el Hotel Casa Camper, extensión de la marca de zapatos; el Museo de Arte Contemporáneo-Macba y los skaters quizás alcancen por fin mejores niveles de convivencia y la Fundación Tot Raval activa procesos de gran valor social y cultural.


Manhattan es el corazón de los negocios y de las tiendas icónicas, pero atravesando el Río Este se llega a Williamsburg, un lugar en el que las caminatas se han hecho generosas y muy apetecidas recientemente pues tras cada paso uno puede toparse por ejemplo con Brooklynkitchen.com y tomar clases de cocina, o entrar a la librería Book Thug Nation, quizás tomarse un café en Bakeri o dejarse perder sin consciencia del tiempo en Artist and Fleas o por el mercadillo callejero de los domingos. Una antigua fábrica convertida en museo o en espacio de creación, una casa abandona que ahora es residencia de artistas, un matadero que se transforma en centro cultural, un prostíbulo que da paso a un hotel de diseño, antiguos comercios tradicionales que acogen ahora restaurantes, tiendas gourmet y bares; hospitales que inspiran escenarios para el teatro y talleres en los que ahora la noche da paso a una discoteca. Como lo dijese el investigador Martín Manuel Checa-Artasu “la recomposición de esos barrios se convierte en una fuente de acumulación de capital a través de su transformación en espacios de producción y consumo cultural”. Todos estos recorridos, todas estas historias –que además son profundamente particulares- tienen múltiples caras, pues mientras las marcas icónicas se pelean por cada metro cuadrado en Serrano o en Claudio Coello en Madrid, las nuevas rutas de la moda y el diseño invitan a recorrer las calles de La Latina, de Chueca o de Ballesta, permitiendo una vitrina a talentos independientes, generando nuevos empleos, visibilizando zonas estigmatizadas hasta hace poco y prometiendo mayores niveles de seguridad en la zona, estimulando la peatonalización y la regeneración, al tiempo que los habitantes tradicionales van huyendo fruto de la presión inmobiliaria porque incluso las grandes franquicias de moda quieren un local allí extendiendo sin infinitos tentáculos comerciales y disfrazando de "independencia" todo su poder masificador. En muchos de los casos los artistas, diseñadores, arquitectores, blogueros o escritores no sólo han sido parte sino gestores de tales proyectos, pero también se han dado casos donde “los colectivos de agentes culturales protestan porque son usados como instrumento de la especulación inmobiliaria asociada a estos procesos”. Checa-Artasu de hecho pone como ejemplo el barrio de Sankt Pauli de Hamburgo, donde en estos momentos se desarrolla una “confrontación entre los propios agentes culturales organizados y la iniciativa de remodelación inmobiliaria promovida por el consistorio asociado a una serie de inversores privados”. Esta tipología de procesos urbanos recientes, se ha definido en inglés como gentrification y en castellano se ha traducido como elitización, recualificación social, aburguesamiento, aristocratización o incluso se ha buscado introducir a nuestro idioma el término "gentrificación" para definir aquella dinámica por la que


una zona deprimida económicamente vive una transformación con diversos efectos por el emplazamiento de nuevos agentes. La primera referencia a procesos de sustitución social en barrios obreros la encontramos en la Inglaterra industrial del siglo XIX (Engels 1865), y hoy se dan de manera múltiple y sin un libreto único (admitiendo por ejemplo casos reales de regentrificación sobre espacios ya gentrificados).

Para muchos, este proceso evidencia como hoy las calles, los barrios y las ciudades son también mercancías sujetas a la explotación turística mediante por ejemplo la activación de sus industrias culturales como argumentos, y una vez iniciado el proceso “el efecto de contagio se encarga de expandirlo”. Estos casos recuerdan también la clarísima tendencia urbanizadora en la que cada centímetro de suelo se hace indispensable y valiosísimo.


En el Barrio Italia, en La Latina o en Williamsburg se reubican artistas, académicos o diseñadores (así como sucedió a finales del siglo XX con los llamados yuppies, y a comienzos del presente siglo con los BoBo -Bourgeois-Bohemian, o con colectivos específicos como el homosexual), y luego llegan restaurantes, museos, universidades o centros de investigación, bares, librerías afines a estos nuevos locatarios y finalmente los turistas (locales y extranjeros) atraídos por lo que aquellas industrias culturales asentadas, representan. En muchos casos se activan fundaciones, festivales, bazares, grupos de teatro y de música; rutas del diseño entran en vigor y las noches se hacen largas para nuevas plumas y talentos literarios. Jóvenes promesas tienen su oportunidad para mostrar su trabajo, ofertas alternativas gastronómicas se hacen visibles y la mirada se expande para ojos aventureros. Desafortunadamente muchos de estos barrios tardan en despegar comercialmente y muchos de los pioneros deben marcharse con los sueños y las deudas en equinoccios opuestos, dando paso a otras ofertas menos conciliadoras con el entorno y la deseada “regeneración” termina por ser una ilusión que se esfuma.


Igualmente en muchos de los casos la reactivación económica, cultural y social del sector trae consigo diversas consecuencias como el aumento en el costo de vida en el sitio y el desplazamiento de mucha de la población original. Una vez realizado este desplazamiento se revaloriza el preciado suelo, comúnmente residencial, se reducen las tasas de ocupación de la vivienda (el número de habitantes por vivienda) y la densidad de población del barrio. Adiós a la historia de aquellas callejuelas, se rompen los lazos y toda una población es obligada a errar buscando un nuevo lugar para asentarse seguramente en peores condiciones.

Ya lo recogía Martín Manuel Checa-Artasu en su texto Gentrificación y Cultura, Algunas Reflexiones: “la gentrificación como un concepto ambivalente: signo de éxito para algunos; efecto pernicioso y no deseado para otros”. ¿Pero cómo compatibilizar aquellas ambivalencias? ¿Cómo renunciar a aquella oportunidad para algunos sin que sea el fin para otros? ¿Cómo promover procesos integrales de gentrificación en los que los actores locales sean promotores y aliados de quiénes llegan activando social, cultural y económicamente territorios dejados por años en el limbo del olvido? ¿Cómo alcanzar un equilibrio de poderes en el que el Estado sea facilitador y regulador, pero se abra el espacio a la organización social?


¿Cómo estimular la recuperación espacial, invitar al desarrollo urbanístico y no hacer de estos profundos proyectos meramente la mejor cifra de las constructoras o inmobiliaras? ¿Cómo motivar que actores afines se instalen, converjan, creen y las llamadas industrias creativas echen raíces sólidas sin desplazar a otros, condenándolos a más abandono y a más pobreza? ¿Cómo lograr que la academia, la universidad pública y privada, la formal y la no formal, logre conectarse con estos procesos no desde el asistencialismo o el estudio lejano para producir un par de tesis que sólo ganarán polvo? Preguntas que saltan sobre la mesa en el caso de América Latina en un momento de “efervescencia y calor” de las llamadas industrias creativas y en el que muchas zonas que por años estuvieron abandonas a su suerte, hoy están en la mira. Tantos casos pero uno en particular se hace presente: Prado Centro en Medellín, uno de los barrios más bellos arquitectónicamente en la Región, con aquellos árboles que hacen sombra generosa, y con sus subidas y descensos atravesados por vertiginosos autobuses. El sueño para muchas de estas industrias creativas así como para tantos otros que soñarían vivir tan cerca del centro de la ciudad y en un espacio con tanta historia y con espacios generosos. Ya algunos han llegado como la marca Adrissa o Casa Taller Sitio, bajo el liderazgo curiosamente de extranjeros como Tony Evanko que le han apostado desde el primer minuto. Pero y ¿por qué se ha avanzado tan lentamente? ¿Qué rol ha jugado el Estado más allá de la casa del Alcalde? ¿Cuáles son las políticas para estimular esta zona? ¿Qué papel ha desempeñado la academia local? ¿Cómo se han involucrado otros agentes culturales para lograr ese deseado equilibro que reactive integralmente la zona sin perjudicar a sus actuales vecinos? Faltará entonces que llegue una voraz firma inmobiliaria para que con su varita “mágica” el proceso se acelere con algunos de sus "pros" y sobre todo con todos sus "contras".

Nuestros barrios: gentrificación e industrias creativas  
Nuestros barrios: gentrificación e industrias creativas  

Nuestros barriosGentrificación e Industrias Creativas

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