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Repertorio Americano San José, Costa Rica

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Luis Muñoz Marín

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Hispano América tiene el derecho de conocer al gober nador de la colonia estadunidense: Puerto Rico. Sí, tienen el derecho y el deber de saber quién es el primer gobernador criollo elegido por el pueblo de Puerto Rico. Tienen los la tinoamericanos tanto derecho de saber de sus "pobres herma nos" los borinqueños como los borinqueños tienen el dere cho histórico y cultural de saber de los presidentes de las re públicas dignas latinoamericanas. La historia, la lengua y las razas amén del "Padrenuestro" católico los unen.

Martí ni Bolívar, Duarte ni San Martín, Louverture ni

O'Higgins, Morazián ni Juárez podrán tener su tranquilidad en sus cielos de libertad americana mientras la isla de Puer

to Rico siga siendo colonia en el mosaico americano. Tam poco los padres de la Constitución de los Estados Unidos que declararon los derechos del hombre y su igualdad ante la libertad.

Nos creemos con el derecho de hijo y de ciudadano sin fronteras de esta América que vibra latinamente, dar a co nocer a través de estas líneas las noticias que ya son histó

ricas. El anuncio de que en esa pequeñísima isla en las An tillas vive hoy en el palacio de Santa Catalina en San Juan, en el San Juan que fué albergue a don Juan Ponce de León, el primer gobernador portorriqueño. Ocupa la residencia que atites del '98 ocuparon gobernadores bajo el pendón de Cas tilla nombrados por la corona y desde el '98 hasta el 1947

ocuparon gobernadores estadunidenses bajo el pendón del águila y las estrellas, nombrados por Washington.


En 1947 el Presidente de los Estados Unidos nombro-

por primera vez a un gobernador portorriqueño, Jesús T. Piñeiro para el cargo y fué el 2 de noviembre de 1948' que se le dió la oportunidad al pueblo colonial a que por voto limpiamente popular votara por su gobernador y salió por abrumadora mayoría democrática nombrado Marín.

Luis Muñoz

El día dos de enero de 1949 por derecho ocupó su pues to y esa fecha es ya fecha de la historia como las fechas del descubrimiento de Puerto Rico, como ia fecha cuando la co rona española en 1897 dió frcmca autonomía a la isla, como la fecha cuando el Grito de Lares, Puerto Rico fué república

por veinticuatro horas, como la invasión yanki en 1898, o la fecha cuando se le otorgó ciudadanía estadunidense a lós

borinqueños en 191 6 y como tal fueron a pelear en 1917 a Europa por la democracia en el mundo y, en la guerra mun dial número dos, 62 mil boricuas sentaron plaza en los ejér citos también estadunidenses para traer libertad a los pue

blos subyugados. (Recordemos la Carta del Atlántico). El dos de enero de 1949 será la primera fecha más bri llante después del descubrimiento, pues en esa fecha el por

torriqueño casi ciudadano libre dentro de la jaula no muy dorada de coionia. (Aquí transcribimos unas palabras de una carta en manuscrito que nos escribiera el dos de diciembre-

próximo pasado desde Roma el poeta y filósofo español jor ge Santayana: "Distinguished friend: At first the intelligence

that Puerto Rico is a nest of poets rather surprised me; but on reading your RECLINATORIO, I recovered a people hu man sense that poetry is the natural language of vital liberty (EVEN WHEN THE CANARY IS CAGED IN NOT EXAC-

TLY GILDED PRISON), and that I myself, if I had been ablq to cultívate my native language, might. have been a real poet and found ¡t easier to sing than to lecture. You ao find

it so, 1 am sure, and I admire your gift of making a poem

of every thing, and being as naturalistic as Montaigne or Juan Valera (whom I used to read in my youth) without losing the faculty of being (sometimes) pious. But how courageous , 1 .■

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'of you and your fellow-poets to keep the spirít so free and natural under the pressure of so much business

and blind

conventioni") Pueblo con voz y voto para elegir sus gober_ nante aunque sea bajo el pendón del águila washingtoniana. Es esperanzado principio y asi lo cablegrafiamos al primer gobernador boricua el dos de enero desde Pittsburgh: "Es

usted el más brillante en la agonía colonial. Esperanzado que sea el primero en la vida republicana".

Aunque desde el '98 la historia política portorriqueña rompió con el resto de la historia latinoamericana, pues Cu ba volvió a incorporarse al resto de las repúblicas en 1903 y aún más fuertemente se unió después de la abrogación de la Enmienda Platt, espiritualmente, Borinquen seguía miran do con envidia a sus hermanas que con frente en alto, con dignidad de naciones libres enarbolaban sus banderas en los

cenáculos de pueblos libres panamericanos. Lo que buscó Bo lívar en 1826.

Con envidia y con ansias suspiraban temerosos los bo

rinqueños que se les fuera a desarrollar el complejo de infe rioridad y se apoderara de ellos el servilismo de colonos, el odioso vicio de la adulación, del "ñangotamiento" (1), fren te a un amo rico, poderoso, fuerte, torpe como un niño, ig norante en las virtudes del tacto e ignorante en las psicolo gías e idiosincrasias,de los pueblos. Pero si es verdad que por circunstancias económicas hu

bo dentro del pueblo colonial hasta hace poco inconciencia,

y hubo servilismo y adulación, traidores, fariseos, indignos y sátrapas, también es verdad que tuvimos y tenemos enófo

bos espirituales que conservaron y conservan los vinos más puros de la raza, de la lengua del espíritu para labios impo lutos.

(1) Palabra portorriqueña que se refiere al que se arrodilla servil mente frente a un amo.


Se quiso substituir el idioma en que los abuelos porte» rriqueños hacían el amor a Dios por otro idioma para así con

quistar el alma. Tendencias de imperios. (Recordemos a Alsacia y a Lorena y lo que está sucediendo en la parte oriental de Polonia). Costumbres distintas, juegos distintos, música y

cantos distintos, de otras regiones y hasta muebles de peluche para climas tropicales, quisieron ocupar el lugar de aqué llos que habían sido sagrados para los borinqueños. Y el bo rinqueño se encontró en un desvalance mental. Lo del país amo" era cosa excelente y "moderna", lo'criollo era an tiguo" y "atrasado".

El borinqueño quería encontrarse nacionalmente y no podía — estaba aturdido. El niño en la escuela no sabía si res

petar al abuelo de barbas largas o reirse de él y aceptar lo

que se le daba y leía en la escuela "moderna . Estudiabala historia del pueblo "amo" y desconocía la historia de su pueblo. Sabía las biogragías de los grandes hombres de la nación conquistadora e ignoraba las vidas de los hombrea ilustres de su isla. En el doce y el veintidós de febrero se ves

tían a los niños a la Lincoln y a la Washington y se les ha cía aprender de memoria las palabras del gran emancipador,, se sabían la leyenda del árbol del cerezo, pero desconocían;

estos niños las palabras de un Muñoz Rivera, de un Bardorioty de Castro, de un de Hostos o de un José de Diego.

Estos niñitos entrelazaban dichos y palabras inglesas en su conversación diaria con sus padres que no sabían el in glés.

Aquello era para que los psiquiatras y pedagogos go zaran una tonelada de estudios. Puerto Rico se hizo un la boratorio-laberinto de gente que no se encontraban. Si se atendía a la historia de los Estados Unidos, que es-

por sí muy interesante como la francesa o la inglesa, se des>^ atendía a la historia del resto del nuevo mundo. La historian

....


¡de Hispano-América no contaba. Y si un estudiante sabía de

Bolívar o de Sarmiento, de Valdivia o de Caramurú (Diego Alvarez) era porque leía en, periódicos y revistas o en li bros en su refinado hogar, no porque se le obligara en la «escuela a que supiese, a que aprendiera de los hermanos hé roes. La historia de España no se tocaba.

Todo esto unido a la natural pequenez físico-geográfica de la isla, de la superpoblación y a la pobreza, pues desde principios de siglo toda la isla se convirtió en una gran ha cienda de azúcar cuyos propietarios eran absentistas yankis y algunos adoradores portorriqueños de Mammón, y otros pocos escrúpulos y sin sentido y ni conciencia de patriotismo, (y de esta clase, de éstos que prefieren ver crecer la cintura aunque se les adelgace el intelelecto, de éstos hay en todas partes del mundo, en Francia, Alemania, los Estados Unidos, en la China o en Venezuela, de éstos que venden su alma al diablo por unas monedas, venden la dignidad de la patria porque nacieron indignos, porque nacieron sin nada, sin es crúpulos y sin principios, estos creyeron y creen,que todo se «

•arregla a la manera burguesa y de mal tono; eso^ que se ríen a mandíbulas batientes y el vientre es una rumba vulgar, cuándo alguien les habla de dignidad, de tradición, de his toria, de cultura. Para ellos no hay más dignidad que dólares en los bancos, comida aburguesada, libertinaje (no libertad)¿ democracia en el tuteo y en la mala educación, igualdad de derechos para el torcido imbécil o "morón", el zafío, el ca ja, el atrevido como para el educado e inteligente. Aristo cracia para ellos, para estos barrigones, es la aristocracia del coctel, la aristocracia de los salones de bailes populares y libres, el buen automóvil comprado con el dinero ganado de la explotación. Para ellos no existe la virtud del sacrificio ni nunca piensan en generosas donaciones, en la filantropía. Conformes están estos bufones adinerados en dar dineros

para las iglesias pero se les atraganta el Padrenuestro y se les "ulceran" las rodillas y el alma porque sinceramente nunca piden al Padre Divino de la verdadera democracia.) A pe nsar de todas estas adversidades, a pesar de los vejámenes de


los barrigones poderosos, poderosísimos por su dinero ( bosses", "Tycoons" o "shoguns" para usar las palabras inglesas más descriptivas y más llenas de color que los léperos porto

rriqueños usan para denominar adulonamente a los ricachosinhumanos que se sabían entender con poderosos political bosses" de Washington y con ignorantes y brutos 'tycoons en las barras en los hoteles Mayflower y Waldorf.Astoria) a pesar de toda la burla de los traidores Judas y Janos, den tro de la patria borinqueña se levantó una aristocracia grie ga, ¡atina, hispana, americana, antillana, portorriqueña quecelosamente y con cautela, defendió la cultura, la lengua, la tradición, lo azul inmortal que perpetúa al pueblo sufriente. iQué heroicidad! Hermanos americanos, vuelvan atrás y leanesta descripción y sientan corazón adentro católicamente la lucha de un pueblo que no quiso morir. Un pueblo que sin

dinero, sin soldados, sin metrallas, pero con dignidad, con calma, como el más tolerante, paciente de los franciscanos

o como el más inteligente de los tomistas, con tenacidad y con la fe de los buenos y de los genuinos, sabía que algún ' día llegaría su redención y que tarde o temprano su obra he

roica se vería reconocida y que los pueblos de América des pertarían de su "involuntario"' desdén y bendecirían esa obra subterránea de resistencia bendita, apostólica, de pueblo vivo bajo el peso de las circunstancias que le acusaban de indo lente y de no querer vivir la vida de pueblo libre. Esa aristocracia mediterránea (el Mar Caribe es como el Mare Nostrum) americana conservó como pueblo orgullo so de ser, sus costumbres, su cultura, sus tradiciones como

luchó porque su lengua fuera la preferida en las escuelas pú blicas que estaban calcadas por circunstancias de conquista, del sistema de los Estados Unidos.

Esa aristocracia de espíritu mediterráneo en Puerto Rico-

han sabido conservarlas los pueblos ingleses, franceses, italia nos, alemanes, suecos, españoles, mexicanos, chilenos, argen tinos o brasileros. No quiso 'esta aristocracia 'ser híbrida, mu lata, mameluca, mestiza. Raciaimente la isla no 1° era por 10


TIO tener indios y por tener pocos negros y aunque racial-' mente es cosa de no levantar el adjetivo en alto como des

precio, culturalmente el borinqueño quería ser netamente la tinoamericano y NO sajonamericano. ¿Se aborchornan Espa

ña, Italia, Grecia o Francia de la celebración de la epifanía? ¿Se abochorna Sevilla de su Semana Santa? ¿Se abochor nan los pueblos de los códices no escritos éticos de la decen

cia, del respeto en el hogar, de la abuela que cuenta cuentos lindos o de la tía que teje? ¿Ha dejado Francia de ser Fran cia o Inglaterra de ser Inglaterra o los Estados Unidos de ser

los Estados Unidos por tener las ventajas de la televisión, del aeroplano cohete? No. La televisión ni la bomba atómica des

truyen o hacen cultura. Que se tome con claridad y precisión esto La Cultura ','Das Kultur". La televisión no forma, no hace, no "fabrica" en un abrir y cerrar los ojos aquello que se ha alimentado por vena, pgr arteria de siglos y que da nombre y distinción a los pueblos-. Y la cultura mediterránea que vino a la América Latina, a Puerto Rico, eso había que cuidarla y tenerla viva. La aristocracia portorriqueña como sociedad secreta en catacumbas o en tiempos del 1810-16 trabajaba porque se conservara intacta, pura la cultura heredada de la Madre

Patria. Esa tradición de pueblo que tanto los de Nueva Ingla terra desean conservar y los virginianos enmarcadas estas tra

diciones con cuadros, marcos de desenvolvimientos progre sivos y aceptando comodidades para el hombre sin cortar raíces.

Un José de Diego, poeta y mediterráneo fundó un ins

tituto, el "Instituto de Diego" y allí se daba a beber las aguas puras de la cultura portorriqueña, cuando en las escuelas pú blicas se leían textos preparados en las casas editoras yankis y se insistía que todo se aprendiera del inglés. Locura, disla te pedagógico no se vió jamás. Por ejemplo aprender latín y francés del inglés en un pueblo de habla española. Luego vinieron celadores de la hostia lingüística en la Universidad de Puerto Rico y en las escuelas secundarias. Pero como las escuelas secundarias eran 11

"dobles"

de las


yankis, los santos celadores de] idioma fueron blancos de ata ques de los "traidores" isleños y de los "amos". nortecontinentales Pero los celadores seguían su obra de aristócratas

sigilosamente, seguros y verdi-esperanzados de que algún día su idioma español sería el preferido de las escuelas públicas. El verbo y la religión dp los pueblos son más sagrados que el estómago y la comodidad. Pero decir esto a los léperos sociales, a los ricachos s;n alma, sí, sin aima, era sentencia que ellos no entendían Se quiso también sembrar en la colonia el prejuicio ra cial.' Se creó una división falsa de estrata social. Se regó odio y división y complejos entre los portorriqueños. Al negro se le veía mal porque en los Estados Unidos se le miraba mal y

se Iq mira. (Véase el último libro del gran poeta negro Langasón Hughes "One Way Ticket" publicado en enero de es te año). El mulato quería ser "puro blanco" porque tenia oportunidades a puestos públicos (el magisterio insular es taba totalmente en manos de negros y mulatos) y acceso a salones sociales. Se, dividió al pueblo, (irónicamente los me jores compositores musicales y los mejores instrumentalistas boricuas pertenecen a la raza de color). Los jóvenes portorriqueños iban a estudiar a las univer

sidades estadunidenses, cuando regresaban a la isla escon

dían a su abuela negra o mulata en la cocina y negaban al tío o primo mulato tabaquero. Y se oían expresiones como

éstas: "Eá\ brillante, un gran orador y un gran abogado, pero es mulato, es negro y en Washington jio puede hospedarse en el Mayflower".(i)En los Estados Unidos el nieto puede te_ ner ojos azules y pelo rubio pero sí su tatarabuelo era negro, este rubio está considerado negro. En Puerto Rico "el café

con leche" pasa por blanco y hay quien justifique el color "café con leche" diciendo que sus abuelos

eran andaluces,

eran moros. Cualquiera justificación para "pasar" por blanco. Ese prejuicio yanki se ha extendido hasta Ibs mexicanos

y basta decir en Arizona, Tejas, Nuevo México y California! (1) Véase "Social Forccs".—Octubre 1948. Volume 27, pp. 72-77. •S'

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que uno es mexicano para que no se le deje entrar en las iglesias o no se le entierre en cementerio de gente blanca. Eisto ha degenerado tanto, este prejuicio racial que aún los muy blancos boricuas cuando llegan a Nueva York le se ñalan a Harlem como sitio residencial para ellos, porque allí negros yankis y blancos boricuas se llevan muy bien. A am

bos se les ha aplicado el ostracismo racial, social y del em pleo para ganarse el Pan nuestro de cada día. ¿A quiénes podían recurrir los portorriqueños para pe dir justicia y reconocimiento? Ni en Washington ni en Nueva York ni en ninguna ciudad. Los portorriqueños no tienen representantes diplomáticos tales como cónsules, ministros o

embajadores. Las embajadas dan a conocer la vida intelectual;

de sus países por el mismo excelentísimo señor embajador o a través de los "agregados culturales". Ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Alfonso Reyes en París y en Madrid ha; biaba de sus escritores, pintores, poetas y músicos mexicanos

a los pueblos franceses y españoles. Torres Bodet hizo otro •

tanto por Bélgica. Palma Guillén por Holanda. Gabriela Mis tral por California. Hoy José Núñez y Domínguez hace otro tanto por Bruselas y París y no sólo habla de los mexicanos sino que por admirar la literatura chilena y portorriqueña se sale de sus deberes y habla de la Mistral y de Rivera Cheveremont o de Luis Palés Matos dándolos a

conocer a la

prensa de esos países. Este es pues un caso excepcional co mo el de la Mistral que no pierde tiempo por ser hija adop tiva de Puerto Rico de hablar de los

portorriqueños por

donde pasa. Pero volviendo a lo social dentro de Puerto Rico.

El

obrero portorriqueño estaba mal, malísimamente mal pagado por las corporaciones absentistas azucareras y cuando venía el "tiempo muerto" o la época cuando no se corta la caña de azúcar el obrerp pasaba hambre y" no tenía azúcar (iro

nía) para su café prieto. La tuberculosis hacía su zafra. El tabaquero ganaba una miseria y encorvado en su me

sa en las grandes factorías de cigarro y cigarrillo, su vida se 13


iba en el grueso de un hilo, con la tos que le perfora sus pulmones.

Los arrabales crecieron. Arrabales que no habían exis tido antes del '98. Arrabales en donde la muerte, la degene ración, el vicio reinaban. Y se hundía la isla, se hundía en

el

Fanguito

(2), en el fango de la ignorancia y del des

prestigio.

Los turistas senadores americanos /(yankis) eran entre tenidos llevándoseles por esos arrabales. Se les estrujaba en sus caras rozadas como manzanas el "Poor House", la colo

nia del pueblo mas rico de la tierra que ^ún no podía lim piar sus propios arrabales en Nueva York, Chicago, Filadelfia, Atlanta, New Orleans, Pittsburgh o Detroit.

Sin embargo, a pesar de estos arrabales, de estos "fanguitos , se sostenía una vida de lujo minorista en ciudades

como San Juan, Ponce, Mayagüez, Arecibo, Fajardo. En San Juan y Ponce millones dé dólares se gastaban en construcciones de residencias palaciagas (residencias que jamás han aparecido en los artículos que sobre Puerto Rico se han escrito en los Estados Unidos. Sólo en estos artículos aparecen los arrabales y los pobres muchachos mulatos con

las barriguitas llenas de lombrices y descalzos), clubs y ho teles en donde clandestinamente se jugaban fortunas que ve nían de las centrales azucareras. Un desvalance económico

como el desvalance social, mental y lingüístico.

La isla que por solo tener 36 por 100 millas podía ser un paraíso, porque físicamente es bella, porque tiene un clirna ideal, porque sus playas son las más hermosas en las An

tillas, porque su gente es buena corazón adentro, hospitala ria, campechana, humilde y sencilla, esta isla-esmeralda se convirtió en tizne en el Mar Caribe. Así la encontró Luis Mu-

(2) "Fanguito" — arrabal muy pobre en la capital de Puerro Rico.

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ñoz Marín y la vivió cuando regreso de los Estados Unidos en la segunda década de este siglo. Toda la anterior introducción como marco a la figura

central. Todo ese carbón para que el brillante, el diamante,

el genio de este hombre del destino, señalado por el dedo de la historia como hombre de función histórica se comprenda y se le quiera.

Nació para ser el redentor de su pueblo, para entregar a su pueblo a la historia, al porvenir como pueblo digno y libre. Nació como nacieron los héroes latinoamericanos.

Su

estrella, y hay ¡por Dios!, que creer en la estrella que nos ilu mina, su estrella es la estrella en la bandera isleña.

SS antes los Nariños, los Miranda, los Bolívar miraban

a Europa como los prohombres portorriqueños en la época de la colonia española para aprender acerca de gobiernos re publicanos y demócratas, así, los portorriqueños de nuestra generación se iban a los Estados Unidos a beber de las' aguas^ ■puras, purísimas, azules jeffersonianas,, republicanas. Sarmiento fué uno de los primeros latinoamericanos en

empaparse del republicanismo de Jefferson y de Lincqln y tanto admiraba al Emancipador que escribió una 'vida de el

en

español y se hizo gran amigo de Horace Mann el edu

cador.

'

Martí fué otro que reconoció ese republicanismo puro

del pueblo yanki. Para la Argentina que mucho se parece a

los Elstados Unidos en su crecimiento, las ideas republicanas

se ajustaron a su geografía sureña y a su fonnación de puer blo por inmigrantes europeos. (Rosas fué una necesidad). Don Pedro dentro de su imperio brasilero fué un repu

blicano y el Brazil a pasos de gigante ha sido el país más es table de la América sureña. Mientras el Braganza reinaba én

el Brazil hasta el '89, e¡ resto de las repúblicas se revolucio naban, "evolucionaban" en dictaduras. Braganza vivió en ,os Estados Unidos y admiró al pueblo jeffersoniano. 15

,


(Una cosa es el republicanismo dentro del país, dentro de los Estados Unidos que tanto y tanto admiramos y otra cosa es el imperialismo de la bolsa que tanto odiamos y te memos. La odiamos porque la tememos. Con todas las fal tas y dolores y latigazos que hemos recibido de esa bolsa de

la Calle Wall, no podemos tapar el cielo con las manos

y

admitimos virtudes republicanas únicas en el mundo. Admi ramos el modo de vida norte de la línea Dixie. Admii*amosv

que un joven vendedor de periódicos o lavaplatos en el res-\

taurante del colegio en donde estudia tiene todos los dere-(

chos democráticos a ser presidente de la nación y sus dere- ) chos están defendidos por su inteligencia y por todo un pue-- blo que admira esa inteligencia.^Admiramos que este pueblo ama el trabajo y que odia la vagancia. Admiramos su amor

por el estudio. Su deseo por educarse. Su filantropía exten dida al mundo sufriente. Admiramos a la abuelita que se gra dúa con el nieto el mismo día de la misma escuela secunda

ria o de un colegio. Admiramos la unión de todo un pueblopara enviar a la Casa Blanca a} hombre más apto olvidándo se los partidos y pensando en un solo partido, el Partido dé

los Estados Unidos, el que busca el bien y la felicidad para el ciudadano. Admiramos la jovialidad y juventud os hombres y mujeres de sesenta años y de setenta, ese deseo

de gozar la vida y de dar a la vida todos sus jugos intelec tuales. Admiramos la ingenuidad, el candor del pueblo, de ese pueblo que si peca o es torpe en el trato con otros es por su infantilidad o ingenuidad. No lleva malas intenciones. To

do esto admiramos en este pueblo y mucho más. Hemos vi vido entre ellos por más de veinte años y cada vez encon tramos facetas que nos agradan. Por admirarlo llevamos siempre con nosotros un retrato de Lincoln y compramos y leemos todos los libros aue sobre Jefferson se han escrito y sobre Franklin Delano Roosevelt). Luis Muñoz Marín vino

a los Estados Unidos en esa

edad de formación filosófica cuando las impresiones en la carne del intelecto son imborrables. Tenía poco más o me nos la edad de Bolívar cuando éste

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intelectualmente vaga-


Taundeaba con su maestro Rodríguez; por París y Roma,(Re cordemos su juramentó en Roma). Como Bolívar, viene Luis Muñoz Marín de una familia

de limpio linaje. Económicamente no tan desahogado como el •caraqueño pero de un ambiente intelectual con meollo.

Sus abuelos se destacaron como grandes periodistas y patriotas y políticos en la época de la colonia hispana. Su padre don Luis Muñoz Rivera fué el que en 1 897 pidió en las cortes de España a Labra, a Sagasta, a la Augusta Madre ■ Reina, autonomía para la isla caribeña. Luego fué el más dis tinguido de los portorriqueños en la agonía colonial espa ñola. Fué a pedir más libertades para su pueblo. Allí por ■SU verbo, por su personalidad, por su inteligencia, por su don de gentes y saberse ganar adeptos para su causa y su don de afecto para ganarse buenas voluntades, ganó auto nomía para su isla. Era periodista y al decir de los críticos

severos literarios portorriqueños actuales, fué el mejor pe riodista de su tiempo, sin par hoy día. Fué poeta. Era filó sofo.

La libertad conseguida por este patricio, don Luis Mu ñoz Rivera, no duró más de un año, pues Puerto Rico como Tjotín de guerra pasó a ser colonia española (1493-98) a colonia yanki, lo que aún sigue siendo. Dinámico, amante de libertades, el prohombre, dentro' del nuevo status, seguía luchando por su patria sin ciudada nía, pues los portorriqueños ' no eran ciudadanos de ningún país, hasta que por recomendaciones, luchas, convencimientos

hupianos, palabras de plata democrática, consiguió el líder isleño que en i 916 se le diera ciudadanía estadunidense a los boricuas y una Ley Orgánica. Paso a paso, con tacto y frialdad de gran estadista y diplomático, calculador, iba el

visionero dándole oportunidad a su pueblo para que se en•contrara. Con sabiduría, estoicamente, sabía que ese puñado •da arena, esa isla, no podía en su estado de botín de gue rra, pedir mucho, enfrentarse a una nación que empezaba a 17


ser irpperialista y como tal era potro sin freno, era el mis mo espíritu arrollador y brutal, equino, de un Thedoro Ro-^ osevelt. Ya, esa nación, había conquistado el oeste y el sur' con su teoría del "Destino Manifiesto" y su mordida a Mé xico fué tan "totalitaria" en aquella, época como las mordi- • das de los nazis y comunistas de hoy día. Soiamente que hoy " casi se devuelven las tierras y en la época del "Destino" yanki las tierras nunca se devolvieron.

El imperialismo yanki de principios de siglo se mani festó en el Caribe y en el Pacífico aunque allá a donde y» el dólar va la bandera imperialista. Colombia ha sentido las patadas del jinete. Cuba también y La República Dominica

na y Puerto Rico y las Islas Vírgenes y Venezuela y para arriba Nicaragua y México una y otra vez. Bendito sea Dios, hoy, en 1949 sólo se oyen los ecos, se oyen, lejanos. Creemos en las buenas intenciones. Esperamos. Don Luis Muñoz Rivera veía crecer al coloso. No podía

detener las que aguas de ese Niágara de energías. Era el ta lento frente al monstruo fuerte. Don Luis razonaba fríamen

te, fríamente. No desesperaba. Don Luis, don Luis era el jí baro barranquiteño filósofo. ¡Cómo se agiganta el héroe hoy más a través de la his toria y contemplando a su digno hijo! Tuvimos un privilegio que nunca olvidaremos: haberle estrechado la mano cuando eramos niños en el Hotel Fran cés de Ponce. En nuestra casa había un retrato del gran

hombre dedicado a nuestro padre. Oíamos hablar de él, de las patrióticas hazañas suyas en Washington. De su obra en

Madrid. Si es verdad que nació en Barranquita, la ciudad de Ponce fué su predilecta y allí fundó su periódico "La De mocracia". Ponce le amó, le ama y los ponceños le conside ran suyo. Una estatua suya se levanta en el parque más her moso de la ciudad sureña.

No pudo el patricio gozar de la ciudadanía norteameri cana. Murió antes ¡y cómo lloró el pueblo isleño aquella pér18


dida! Por días y días viajaba el cadáver de ese padre de la patria. Los pueblos se discutían el privilegio de verlo por última vez. Con los demás niños de las escuelas públicas de Ponce pasamos frente a su féretro y aún dentro de la nove dad y la distracción del tumulto, de las coronas hermosas, que bien podrían alejar la pena del corazón de un niño, las lágrimas corrían por nuestras mejillas. Nuestros padres tam bién lloraban. No olvidaremos entre otras palabras las de nuestro padre;

Hijo, fué un privilegio haberle conocido y

vivir en su época".

Así hoy consideramos gran privilegio vivir en la era de Luis Muñoz Marín.

El hijo heredó el limpio nombre, el brillante apellido,

la dignidad, el patriotismo, los bríos, la perseverancia, la persuación, la calculadora mente, la calma filosófica, la ló

gica, el amor a la humanidad, la vena poética. Todo eso lo tiene el hijo como el padre, más todas'Estas dotes en marco distintp. Juegan esas virtudes en circunstancias distintas. El

Puerto Rico del 97, del 98, del '16 no era igual y menos al Puerto Rico del 20, 24, 39, o '48. Parecerá imposible pero es la realidad histórica. Ese pueblo portorriqueño ha

pasado por sacudidas grandes: económicas, políticas, sociales. Lo que no terminó el augusto padre lo terminará con corona de laureles inmortales el hijo.

El hijo encontró a la isla amén de colonia, una isla lle

na de miserias; mal trato y mala paga en las haciendas a los obreros, en las factorías de tabaco, en los muelles, en

las fábricas de ropa, en talleres. El magisterio si apenas so brevivía en los meses de vacaciones. Abuso, abusos. Y una minoría se hacía rica, muy rica, riquísima. Luis Muñoz Ma-

rm se hizo socinlisfa. Se matriculó en el partido socialista y alli^ se rozó con la carne mal nutrida. Se rozó con el dolor.

Vió la lacra social. Corrió por hospitales, por escuelas, por barrios, por valles y jaldas y montañas y bohíos y arrabales. Y era Luis, Luisito un joven, un imberbe con preocupacio-

ries humanas. ¡Qué bello amanecer patriótico para un joven! 19


Es destino. Su destino era el destino de su pueblo. El nació para su pueblo. Fué señalado en la cuna. Tuvo su estrella jerosolimitana.

Otros empiezan de arriba para abajo. Luis Muñoz Ma rín empezó el edificio de mejora social como se debe empe zar—de abajo para arriba.

Allá abajo se mezcló con el desgraciado. Pasó priva ciones entre ellos. Nunca tenía para sí. Estaba siempre va

cío de monedas, él, el hijo del prohombre que ha podido vi vir muellemente de la gloria del padre, educado por airugos

millonarios que adoraban al gran señor. Luis Muñoz Marín no quiso depender de nadie. Su recia inteligencia se iba agu zando en el yunque de la experiencia y del contacto con el desvalido, con el dolor.

Nació poeta. (Adivino para los griegos). Esto le da don, gracia del cielo para comprender más y mejor el co razón humano. Como poeta vivió en el barrio bohemio de Nueva York-Greenwich Village. Allí conoció al poeta mexi cano desaparecido Pedro Requena, allí libó vinos intelectua

les. Allí oyó de las patrias libres y que "evolucionaban de Hispano-América. Allí tomó brillantez la luzi de su destino, de ser el libertador de su pueblo. Se encendió brillantementeel Faro.

No fué orador de tribunas locas y de promesas vacuas. No agitaba sus brazos como aspas de molinos de viento. Jo

ven preocupado, serio, con esa seriedad que siempre le ha caracterizado y que le gana el respeto inmediatamente de los que se ponen en contacto con él, ese respeto que irradia admiración que todos sienten, seriedad al discurrir con ló gica, (con una lógica con armonía y melodía si esto es po sible en la vida política y social), empezó a acentuarse én el joven la voz de las alturas. Y él lo sabía aunque se le presentaran murallas de obstáculos. Lo sabía Bolívar en sus,

derrotas que era el hombre del destino. Cerca de jóvenes hispanos que luego serían figuras pro- r minentes en sus patrias y cerca de hombres mayores y mu20


jeres brillantes norteamericanas, se iba engrandeciendo y se hacía hombre de minorías intelectuales y guía dé las masas. ¡Qué malo es ser hombre de mayorías mediocres y detrac tor de las masas! Los hay que las confunden, a las pobres masas que piensan en masa. Es peligro, desgraciado el hom

bre que es popular entre los mediocres porque asesina idea les y se cree guía. Luis Muñoz Marín es de los escogidos por obra y gracia del destino para guiar sericilia y humildemen te, con sinceridad y con el evangelio social, con justicia a las masas que no nacieron con el privilegio con el cual él nació. Es su privilegio como intelectual de ver allí en donde

los otros con ojos físicos" no pueden ver. El penetra, él SIEN TE. Sus sentidos son más sensibles que los "sentidos" de los otros. Nació para auscultar las masas.

Desde joven estudiaba los movimientos obreros euro peos y americanos. Sabía del aún existente feudalismo en muchas regiones de nuestra América, las divisiones de castas y razas y el hombre que muy bien podría presidir la Sección de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas o con

Torres Bodet entrar en la UNESCO, estudiaba en pequeño la situación palpitante de su isla. Buscaba la mejor vida para los desgraciados de su patria. Dominaba y domina el inglés a la perfección.

Casó por primera vez con una de las mejores poetisas de los ELstados Unidos, la señora doña Muña Lee, mujer de

luces y de posición social muy segura en las esferas políti cas de Washington. Ella pertenecía al 'New Deal roosveltiano. Allegada a los Roosevelt por amistad de años. Am bos pensaban en el bien de la isla. Doña Muña Lee adoptó a la isla en su corazón. Dos hijos nacieron de este primer ma

trimonio. Una hija que se impone por su talento en la Uni versidad de Chicago y un hijo que sigue las huellas tradicio nales en el periodismo de los Muñoz, Barrios y Marín. Cuando Franklin Delano Roosevelt oyó hablar al bo rinqueño de la tragedia económica de la isla, se convenció^

de que tenía ante él uno de los hombrfes más brillantes que 21


Kabía conocido y le proclamó en una presentación que hizo por la radio y para todo el mundo "Primer Ministro de su Patria, Puerto Rico". Roosevelt sabía pesar las paiabras y no salpicaba su vocabulario con adjetivos de alabanza so bre alguien si él no estaba seguro. Sabía que su palabra, so bre alguien era recomendación o destrucción. El "New Deal" se extendió beneficiosamente a Puerto Rico. Las sociedades alfabéticas tan en moda en la era roo-

seveltiana también llegaron a Puerto Rico. Vino ayuda para

los pobres isleños como hoy reciben ayuda italianos, france ses, alemanes, griegos, turcos y otros y otros. El verdadero hombre de contacto entre Washington y Puerto Rico fué Luis Muñoz Marín. Hablaba con el presidente, con senado res, representantes, jefes de comités, jefes de empresas y

hablaba como portorriqueño y sin "ñangotamientos". Una ley física—todo cuerpo que se mueve encuentra resistencia. Luis Muñoz Marín, pobre en monedas, pero tan grande que su personalidad llenaba a toda la isla y a Wa

shington, encontró la resistencia de muchos, muchísimos por torriqueños que no pensaban en la isla pero en los beneficios personales, lucros que sacaban a costa del mal pagado obre ro a quien se quería tener en la ignorancia e indigencia. cQu® hombre grande no ha encontrado resistencia? Unos pagan

en la cruz, otros en el asesinato, otros en prisión. Recorda mos a aquéllos que lucharon contra Jorge Washington, Lin-

coln, Hamilton, para nombrar a los del norte. Sq alzaron vo ces contra Luis Muñoz Marín y el veneno del inicuo enemi go, enemigo.sin talla quiso difamarlo hasta moralmente. Pe

ro él era una aguja de granito que hendía el espacio azul. Firme seguía el hombre y hablaba en lenguaje sencillo y de corazón a corazón a los hombres del campo. Al borde de las veredas se sentaba este apóstol social. El rico pensaba compr,ar el voto del hombre del campo con dinero y con be

bida el día antes de las elecciones y con palabras huecas, • promesas nunca cumplidas. Era costumbre vieja de vieja po

litiquería. Antes el campesino votaba por 22

"don Fulano",


pero no por un ideal.

Luis Muñoz Marín les habió de un

ideal práctico y su divisa fué Pan - Tierra y Libertad. Y él se. mezcló con ellos y respondía a preguntas y orientaba. Un hombre que habla y escribe y razona a La Ortega y Gasset,. habla al jíbaro en su habla. Poeta, pedagogo, humano.

Hizo su campaña y el jíbaro tuvo fe en él y él tuvo fe en las masas y salió senador y con él y para beneficios de la isla una pléyade de hombres jóvenes ilustres. Todos ellos

amantes de la libertad, de laf independencia de la isla^Todos elloi sociólogosj políticos, escritores,

periodistas!

poetas,

músicos, economistas. Ellos pertenecían y pertenecen a esa aristocracia helénica mediterránea portorriqueña. Para men cionar nombres de algunos que ya son hombres de historia

diremos: Vicente Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones, Ra mos Antonini, Jaime Benítez, Teodoro Moscoso, Rafael Buscaglia, Sol Descartes, Sierra Berdecía, Font' Saldaña, Anto-'

nio S. Colorado, Meléndez Muñoz, Mariano Villaronga

y

otros y otros. Hombres serios. Hombres preparados. Patrio tas. ¿Hombres solos? No, que también en el Puerto Rico de

Luis Muñoz Marín las mujeres tienen voz y voto y opinión^ Podríamos nombrar tantas como hemos nombrado hombres.

A todos éstos él consultaba y ellos lo consultaban a él.

Sus voces se dejaron oír en las propagandas santas y demo

cráticas y el pueblo creyó en él y en ellos y el pueblo no fué defraudado.

Si su primera campaña no fué una victoria total, por que empezaba y todavía existía la vieja politiquería, su se gunda campaña fuá triunfal. Se le nombró presidente ^el senado y la legislación social que bajo su égide se llevó a cabo es legislación social que muchos pueblos semifeudales latinoamericanos podrían estudiar y adoptar. Aquellos latifundios azucareros de cientos de acres se

dividieron y el gobierno de Luis Muñoz Marín Popular De mocrático empezó a repartir tierras entre los pobres cam pesinos. Se les dió utensilios de labranza, semillas y mejores 23


viviendas. Cerca de sus tierróis había especie de casa comu nal y allí estjá la radio que desde la estación central les en señaba sobre agricultura, sobre la vida higiénica, la vida so

cial y cómo sacar mejor provecho a la tierra y a los produc tos. Se les enseñó a comer, las dietas alimenticias. Con esto iba la educación espiritual—buena música, buenos, dramas,

buena lectura y así el campesino después de su día bendito de trabajo descansaba educándose. Y era un mundo bíblico dentro de un modo de comodidades modernas. Educación.

Educación para ese pueblo que iba a elegir a sus hombres al Congreso portorriqueño. Luis Muñoz Marín no quería que votaran por él, pero por la obra de legislación. Qqfiría qije estuvieran concientes de su voto v si ellos no estaban con

formes que protestaran no votando por él ,y los suyos. ¡Qué obra evangélica social! Y desde las alturas, desde los bo híos ya limpios, desde los conucos, en día de elecciones aquel jíbaro .m,ejai:_.alimentado_)ha a lag tirnag libre a votar

yor el partido político sin cacique, sin militarote y sin MIEDO. Atendía Luis Muñoz Marín a la Universidad de Puer

to Rico y creó miles de becas para los pobres inteligentes y ya no sólo iban a los Estados Unidos sino que a Francia, Inglaterra, España, Alemania y a México. Atendía a la mú sica, a la pintura, al canto, al teatro, a la sociología y a la psicología y a la historia. Acusaba dentro de su partido a

, cualquiera que se desviaba por borrachera de poderes y pues to. Mesura. Mesura. Humildad. Sencillez. Honradez. Y se guía Luis Muñozi Marín sin dinero.

jp Unido a todo esto va su religión católica. Dinámico co mo un místico y humilde como un San Francisco de Asís.

Seguro de su conciencia propuso al sabio Padre Rivera de Humacao para que fuera Comisionado Residente en Wa

shington. Su gobierno es un gobierno republicano democrá tico—católico. Con sapiencia teológica guía y no por esto de.

ja de ser amigo sincero del protestante y del judío. El único prejuicio que tiene este hombre es el prejuicio contra el va go, el ignorante y el que se marea por puestos públicos. 24


Natural es que un hombre de poderes como él tenga a su alrededor adulones, espíritus egoístas, oportunistas. Luis Muñoz Marín sabe calar a estos adulones y caen en desgra cia. El prefiere al hombre que le dice un rotundo "no" si no cree al que le dice "sí" por adulación. Tolera como los san tos padres. Tolera humanamente.

Seguro de su moral, de su decencia y sin temor a la crí tica infame nombró a su señora madre para un curul en la casa de representantes en el Congreso portorriqueño. Su ilus tre señora madre, doña Malo Marín viuda de Muñoz Rivera

podía ocupar ese puesto y no era nepotismo. Bien. No era suficiente la legislación social. Aún seguía

la isla agobiada por la superpoblación y

continuaba siendo

una gran hacienda de azúcar. Sólo de azúcar no podía vivir

el campesino, pues entonces a fomentar la industria y vino, el ron, la cerveza, fábricas de calzado, de telas, de vidrios, de

botellas, de cemento, enlates de frutas, de sopas, de pasteles, de carnes, fábricas de embases, represas hidráulicas gigantes,' la estimulación del turismo, mejores clases de verano en la

Universidad para atraer estudiantes estadunidenses. Invitó a empresas millonarias a que abrieran fábricas en Puerto Rico,,

libres por doce años de impuestos. Emplear a portorrique ños y con sueldos decentes. Aumentó el salario a los maes tros que ahora también ganan en los meses de vacaciones. .

Hoy Puerto Rico es un panal de industriosas abejas. Estimu ló las cooperativas. Por años los absentistas yankis llenaron sus botijuela» ■ con dinero sudoroso del pobre campesino portorriqueño. Hoy

Luis Muñoz Marín con el tacto fino de gran estadista y "Pri mer Ministro" pide ayuda federal washingtoniana para estos

borinqueños cuyos padres se fueron en el delgado hilo rojo de la tisis, para los 62 mil que fueron a pelear por la liber tad de los pueblos subyugados. Ha sabido diplomáticamen te presentarle el caso colonial al Congreso y al Presidente

de,los Estados Unidos y a la "voz del pueblo" americano, a la

opinión pública. 25


.Se acusa a Luis Muñoz MaTÍn de que no quiere la in.deijendencia para Puerto Rico. Es falso. Prepara a su pueblo para una libertad libre. Para un gobierno en donde no ha brán castas de militares, de caciques, de dictadores. Els por eso, pueblos hispanos que nos leen, hoy por hoy y aún en el estado denigrante en que estamos de colonia, hoy por hoy y con Luis Muñoz Marín como gobernador. Puerto Rico vive más libre y democráticamente que otros ciudadanos de re públicas hispanoamericanas. No hay cuartelazos ni motines ni conservadores que odien al liberal o al socialista. No es un pueblo totalitario en donde sólo se oye la voz de Luis Muñoz Marín. Este hombre consulta a sus adversarios polí ticos en ideologías porque para él sólo existe un partido y es aquel que busca beneficios para el portorriqueño. Felici dad -para su pueblo./ La colonia de Puerto Rico es una negación eñ voz alta contra la política de un pueblo que diz que desea que los. pueblos civilizados vivan su vida.'

Divorciado de su primera esposa casó en segundas nup cias con doña Inés María Mendoza, una de aquellas santas

celadoras aristocráticas que luchó por la pureza del idioma, de la raza. Ella fué víctima del "amo", pero tuvo respaldo unánime de los otros celadores de enóforos mediterráneos.

Recordemos a la pedagoga Carmen Gómea Tejera y a otra educadora y escritora—Margot Arce. Se acusó a la distinguida escritora,

doña Inés María Mendoza de nacionalista, de independentista y hasta se le hi zo renunciar su puesto de maestra. Hoy madre de dos ter nuras y esposa del primer gobernador portorriqueño guía también a su pueblo desde el epopéyico Palacio de Santa Catalina. Toda es obra del destino. La maestra y el poeta. El| poeta y la maestra y con ellos todo un pueblo que se pre

para para la independencia. Un puetslu que está scñatado"^

a~"3errsr^"q^J^opónganse'los ricachos y sin visión, y sin prin cipios, será libre porque es una razón de ser. Porque los Es tados Unidos no quiere colonias suyas en esta América que proclama a los cuatro vientos libertades, democracias y repu blicanismo. 26


Luis Muñoz Marín sabe que él es el llamado. El no va a traicionar el llamado del destino. El está entre los Martí,

Duarte, Louverture, Bolívar, San Martín, Morazán y Juá rez. El lo sabe. El sabe que su nombre ha de escribirse en

esa histqria de libertadores y .que su estatüa~tendrá que aparecer entre los Keroes americanos y con de Hostos en la au

gusta casa Pan Americana de Washington. El quiere que al

morir se baje a media asta la bandera de su pueblo libre y que su caja se envuelva en esa bandera ya sin disputa. Está

hecho de esa carne y de ese espíritu. Es poeta. Es poeta y político.

A través de sus poemas, escritos y discursos le discu

tíamos otro gran don Luis, don Luis Lloréns Torres, el poe ta niáximo portorriqueño, autor de "La Canción de las An-,. tillas y Mare Nostrum". Y este otro don Luis nos decía es el hombre de esta hora y de la hora d?l mañana". Así. sea. Pidamos a Dios por su salud, por muchos años de vi

da. Repetimos nuestras palabras de felicitaciones del dos" de enero: Es usted el más brillante en la agonía colonial. Es peranzado que sea e¡ primero en la vida republicana".

Honni soit qui mal y pense. Habrá quien interprete mal este elogio sincero, esta in terpretación del hombre que sabrá llevar a su pueblo al ama necer que todo pueblo civilizado anhela. Los imperios se sa

cuden de sus colonias. La época de la reina Victoria no es la época, de Churchill. La época de Theodoro Roosevelt no es la época de Franklin Delano Roosevelt. (La India, las

Filipinas, Palestina, el Sur Africano.) Poco a poco los pue blos civilizados serán libres por ley natural que los hombres han sabido sentenciar en constituciones y en cartas interna cionales. El pueblo de los Elstados Unidos se traicionaría si continua ahogando libertades o se muestra indiferente como, en el caso de Belize y las Malvinas. Los Estados Unidos tie

nen oportunidades magníficas para desmentir a los rusos que

les acusan abiertamente en las asambleas de las Naciones Unidas y a los hispanoamericanos que aún dudan de la sin27


ceridad de la política del buen vecino y de las proclamas de libertades.

Jorge Mañach y Ciro Alegría, dos ilustres que asistie ron a la histórica efeméride de la toma de posesión de Luis

Muñoz Marín, y Rómulo Gallegos que no pudo asistir, son de esos ilustres que aún ponen en duda la sinceridad de las proclamaciones de libertades. Puerto Rico será una afirma ción del pueblo jeffersoniano y roosveltiano cuando pueda izar su bandera y su voz se oiga en las asambleas de pueblos libres. Un cubano, un cubano martiano, un Mañach, biógrafo cúspide de Martí no acepta coloniaje. Un.periiano, un sanmartiniano como Ciro Alegría no acepta coloniaje. Un vene zolano, un bolivariano como Gallegos no acepta coloniaje. Y si don Federico Henríquez y Carvajal hubiera podido asis

tir, por ser un discípulo de Duarte y de Martí y de de Hostos, tampoco acepta coloniaje. Si Gabriela Mistral hubiera podido ir desde Fortín de las Flores en México, una chilena amante de Lautaro no acepta coloniaje. Alfonso Reyes aman

te de un Hidalgo tampoco acepta coloniaje como no aceptan

colonias Joaquín García Monge, Ricardo Rojas, Luis Alber to Sánchez, Arévalo Martínez, David Vela, Fernando Ortiz, Victoria Ocampo o Juana de Ibarbourou, un Augusto Arias, un José Vasconcelos para nombrar algunos de la flor y nata de la intelectualidad hispanoamericana. También podríamos nombrar un número de ciudadanos estadunidenses que están al lado de los amantes de la libertad de Puerto Rico como

Pearl S. Buck, Langston Hughes, Eugene O'Neill, Waldo Frank, Sinclair Lewis y periodistas, profesores y teólogos. ¿Quiénes cuentan, pues?

Es un compromiso que tiene Luis Muñoz Marín con la Tiistoria. Es por eso que rogamos por su salud, por su bue na salud.

No estamos mareados, borrachos, por la admiración que por él sentimos al compararlo con héroes americanos.

Puerto Rico tiene sus Andes de miserias y problemas.

Los cruzja Luis Muñoz Marín con sus capitanes: Géigel Po28


lanco, Quiñones, Moscoso, Villaronga, Ramos Antonini y otros y tiene sus fieles

y

disciplinadlos soldados—todo un

pueblo. Tanta heroicidad y epopeya hay en subir leis escar

chadas cúspides andinas como navegar la nave por desorientadora neblina de miseria por la cual navegaba la isla. Luis Muñoz Marín tendrá su Santander y su Piar pero también tiene a su Sucre y se ha enfrentado con un Pablo

Morillo, con muchos Morillos yankis. Más que las dificultades físicas andinas, Bolívar tuvo

las dificultades de los Páez, Piar y Santander. Pudo conquis tar físicamente a los Andes pero no a los demagogos, a los egoístas, a los viles que buscaron su corazón para asesinarlo.

No fué en los Andes en donde tuvo enemigos mortales, ■ fué

en Bogotá, Lima, Quito y Caracas. El paralelismo es justo. La época bolivariana fué época en que tuvo que usar de armas blancas, de la pólvora, del caballo para romper con la podrida, inmunda, ruin corte del peor de los Borbones. Con esa corte no se podía razonar. El General Pablo Morillo no entendía de razonamientos, menos su asqueroso rey.

Hoy estamos en la época de la razón, no a la francesa, para convencer. Los hombres de bien usan la

convencer. A veces falla la razón.

razón

para

Fallará entre los pueblos

que aún están semicivilizados. (La locura ariana de Hitler ha colocado a su pueblo con todos sus adelantos físicos en la lista de pueblo aún semicivilizados. Los campos de concen tración es un jalón hacia la barbarie). La razón algunas ve

ces fallará en algunos pueblos, pero en Puerto Rico la era de la razón, la era de la lógica, la era de la ética está en su en tero apogeo, JUICIO.

Con la razón, con la lógica, Luis Muñoz Marín convence a los señores de Puerto Rico primero y luego a los de Wa shington. Antes era lo contrario. Aquello de "vamos a matar yankis en Puerto Rico y a portorriqueños ayankizados", eso, eso se acabó, se sepultó. 29


ELso ya no existe y el que alc^ su voz para el crimen, para matar a un pobre marino yEtnki a un pobre soldado yanki o a un ciudadano portorriqueño que tiene todos los derechos democráticos para amar al diablo o a Truman, esa vozi de crimen se ahogará en el vacío de la indiferencia y del des precio. En Puerto Rico se piensa como a uno mejor le parez ca. Luis Muñoz Marín así lo ha hecho saber a su pueblo. Decíamos que hay quien interprete mal este escrito cre

yendo que lo escribimos con fines oportunistas. Falso y de beríamos callar y dejar que nuestra conciencia siga gozan do de su estado de paz.

Interpretamos a Luis Muñoz Marín para la América hispana como maestro de historia hipanoamericana que so

mos y como propagandista que hemos sido por los Estados Unidos y de los hispanoamericanos y por Hispano América de lo portorriqueño. Cuando en 1945 nos tiramos por las An

tillas, por Centro América y por México y luego por los Es tados Unidos a dar conferencias sobre Puerto Rico, las uni versidades antillanas, centroamericanas, mexicanas y nor

teamericanas nos oyeron hablar de la obra brillante social del que ocupó el Palacio de Santa Catalina el dos de enero de 1949.

Como maestro de historia hispanoamericana en los Estados Unidos tenemos que interpretar un 9 de abril en Bogotá, las discordias entre Costa Rica y Nicaragua, las dictaduras mili tares en Venezuela, El Salvador, en el Paraguay. Las de mandas guatemaltecas a Inglaterra y también las demandas

argentinas. Tenemos que interpretar a un Juan Perón. Lo del momento y lo histórico, lo ya histórico. Nuestras clases son imparciales y con dolor tenemos que presentar situaciones que desearíamos que no ocurrieran, pero la historia no miente.

Es con sabrosura que hablamos de las culturas preco -

lombianas y es con gusto que hablamos de las misiones, de Tupac Amaru, de Lautaro, de Bolíva,r, pero hay charcas que nos disgustan discutir, pero las discutimos. La historia exige 30


imparcialidad y desmentimos historias yankis que justifican el crimen de Panamá o de Tejas.

Nada esperamos del gobierno potencial de Luis Muñoz Marín. Nada cuanto a empleos. Estamos muy bien aquí en

los Estados Unidos haciendo propaganda hispanoamericana, diplomático sin cartera. Esta propaganda la iniciamos en

1924 por radio desde Nueva York, por artículos, por confe rencias y por libros. La seguimos hoy 1949 y la continuare mos mientras Dios nos siga bendiciendo con luces para la mente y un corazón sin prejuicios.

Lo que esperamos de Luis Muñoz Marín y sus valientes capitanes y dignísima esposa ya lo dijirpos en nuestro espe

ranzado cable del dos de enero de 1949. Que implante una república cristiana en Puerto Rico. La historia se lo exige y la memoria de su padre y todo el mundo civilizado. Pennsylvania College _ for Women. Pittsburgh, Pa.

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1 f.

OBRAS DEL AUTOR:

La Filosofía del gaucho Martín Fierro (Ensayo)

The Son of Two Nation (Novela) Estrías de sueños (Poemario) Claustro verde (Poemario)

Pueblo, Gólgota del Espíritu (Novela) Los eternos tres en uno (Teatro) Los nietos antUlánOs (Teatro) Reclinatorio, acetre y corazón (Poemario) Cirios (Poemario)

Antología de poetas portorriqueños contemporáneos. La poesía negroide de Luis Palés Matos (Ensayo) ¿Quién es el Gobernador de Puerto Rico? La agonía de la Colonioí (Ensayo)

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Profile for Colección Puertorriqueña UPR RP

¿Quién es el Gobernador en Puerto Rico? (1949)  

Por Juan Labarthe. San José, Costa Rica: Repertorio Americano, 1949.

¿Quién es el Gobernador en Puerto Rico? (1949)  

Por Juan Labarthe. San José, Costa Rica: Repertorio Americano, 1949.