Issuu on Google+


César Palominos

César Antonio Palominos Zúñiga, nació en San Vicente de Tagua-Tagua, Provincia del Cachapoal, Chile, en 1988. Profesional y Docente del área del turismo y la cultura. César ha incursionado en las letras de forma amateur ganando algunos premios de cuentos y poesía.


Ă?NDICE

Oda al Caracol Poeta ...................................................... 5 Oda a Las Gafas de Sol .................................................... 6 Oda a Pichilemu ............................................................... 7 Oda A Neruda.................................................................. 9 Oda A Un Amigo ............................................................. 2 Oda al Azul y Amarillo ................................................... 2 Oda Al Lecho.................................................................... 2 Oda A Los Rasgados Ojos de Monte ............................ 3 Oda Al Signo De Peligro ................................................. 4 Oda Por Lo Que Nos Han Reprimido .......................... 5 Oda A La Esperanza Latinoamericana ........................... 7 Oda Al Amor Que Vuelve .............................................. 9 Oda A Mi Final .............................................................. 11 Oda A Lo Revisitado ....................................................... 1 Oda al Amor .................................................................... 2 Oda A La Bicicleta y al Naranjal De Mi Abuelo .......... 3


Dame las dĂŠcimas dispuestas en el sonido de las docas que enmantelan las dunas.


Oda al Caracol Poeta Admiro la geografía de tus ojos y fértiles manos. Enmudeces aceras con tu sombra subterránea. Eres mezcla de piedras y musgos del prado Todo este corazón no dejará de amarte.

Ante tu rechazo se enmudecerán y encogerán los días. Tímidas horas, rastros de caracol poeta. Como el agudo quejido de una vida que recién comienza, una débil flama en una iglesia olvidada.


Oda a Las Gafas de Sol No tengo una capa de invisibilidad, ni poder de congelar los vientos. Sรณlo poseo un elemento que me convierte en robot Que me permite no actuar, y observar el mundo con sus detalles.

Con mis dos grandes ojos delatadores, los peores mentirosos que he conocido. Los mรกs claros y puros cenotes del alma.


Oda a Pichilemu La inmensidad del ancho mar brisa, bruma, bramidos de sol. Polvoreada de besos y oleaje, traen recuerdos de niñez.

Costa inquieta bronceada de surf. Salinidad de besos y cochayuyo, Docas perennes que enmantelan tu arenal junto a florecillas amarillas sin nombre

Roquedad de quebradas y botellas al mar. Cigarrillos, cerveza y música acompañan mi vigilia.

Colores arrebol de horizonte roquerío Una amistad de cactus y algas anfibias. Gaviotas albas y toda clase de malacología,


luchecillos, patos y graznidos de pelicanos.

Trinidad de viento, olas y rocas. Gama de colores en piedras multiformes. Pichuelos de ave corren despavoridos, marcando pequeĂąas agujas en la orilla del mar.


Oda A Neruda Soñar contigo Neruda fue un regalo sin igual, con tus palabras mansas y sonrisa de pueblo. Tu boina gris y tu paraguas de bosque sureño.

Hablarte paralizó mi boca y mis palabras, los nervios traicionaban mis convulsionados pensamientos. Me fui al pasado para recoger tu cosecha de amistad. Elegante poeta, ídolo de mi patria y de todas las nacionales populares del lejano Ceilán y el vecino Perú, del pequeño puerto de Capri y tu adorada Paris.

Tu figura, marinera mercante. Abrazaban la sencillez de tus palabras. Tu gentil conversación despertaba a la hermosura dormida que te rodeaba. Cada cosa, animal y elemento


querían impresionarte. Las flores bailaban al son del viento y las copas de los arboles aplaudían eufóricas.

Las nubes jugaban a la ronda con los ases de luz. El viento, quien más que el viento, acariciaba tus manos

Mis palabras torpes, escapaban al unísono. disonancia de frases y revoloteos fugaces.


Oda A Un Amigo Me haces bien, elevas mi alma a jugar en el firmamento. Eres una abrupta sonrisa acogedora, chacotero de vientos costeños

Vitaminas los colores de mis sueños, oreja pendiente de mis miedos.

Vieja utopía que florece en el desierto. Amigo mío, amo tu sonrisa acogedora. No pierdas nunca tu sonrisa, estamos vivos en tres décadas de muertos. Engendremos vidas en estos suelos infértiles. Sonrisa viajera de templanza, cariño y alegría.


Oda al Azul y Amarillo Pequeño azul y amarillo, Mis pequeños colores primarios. Dan vida a mis días, prolongan la existencia mía. Existencia bicolor de días azules y noches doradas de amapolas. Secreto tras montañas de telas, jaulas de algodones y poliéster. Encerrados de por vida la muerte los revelará. Existencia bicolor de días azules y noches doradas de amapolas. Aniversario de veranos Una vida que dormida. Pesadillas, mareos, somnolencia abstinencia de muerte. Existencia bicolor de días azules y noches doradas de amapolas. Amarillo y azul de laboratorios distantes. Consecuencias desconocidas,


toxicidad probable, larga data en humanoides. Una rata malformada, una vida que se salva nuevos colores al mercado. Riqueza de maletín y corbata. Existencia bicolor de días azules y noches doradas de amapolas. Vorágine de un término de siglo, recorte de población, algunas curas ignoradas. Intención de altos artífices. Amarillo y azul de vida, sol y luna de torrente sanguíneo. Yin/yang de compuestos, latidos extras al otoño.


Oda Al Lecho Son tus trĂŠmulos brazos esperando mi calor. Nuestro lecho de amor se interrumpe en insomnios. Te quiero a ti, sin mascaras ni razones te quiero a ti, sonrisa pobre y perfecta.

Son tus largos dedos enjaulados a los mĂ­os helechos al sol que crecieron entrelazados. Tu cuerpo, tupida selva de cenotes y jaguares. Receta de porotos, piĂąones y curanto.


Oda A Los Rasgados Ojos de Monte Soy feliz con la luminosidad del día, con las copas danzarinas de los árboles de atardecer. Soy feliz con la simpleza de tu sonrisa de niño. Tu boca, tus cabellos, tus ojos,

- tus rasgados ojos de monte -.

Soy feliz en la inmensidad de ferias libres de gritos, verduras y colores. Con la estrechez de tus largos dedos de caricias En el compás de una armónica o en la ventolera de una ocarina. Soy feliz en tu dentadura infinita y en el sabor de tus besos.

Soy feliz, mis rasgados ojos de monte. Preciso momentos de buscarte en la poesía. Recorrer montañas y prados, empaparme de vida, para luego modelar estas palabras.


Oda Al Signo De Peligro “Sin enamorarse”, es un signo de peligro. Es un cráter furioso, en una isla desierta. Una marca oscura en tu corazón de escudo. Luces destinadas a extinguirse bajo el sol. Los ríos fluyen en tu caudal sin rumbo. A punto de sucumbir… Deltas olvidados en recuerdos. Espejos de mentiras en una ciudad extraña. Escondites de besos y sabanas sucias. Este amor estaba atestado No éramos sólo tú y yo.


Oda Por Lo Que Nos Han Reprimido Para garabatear la más cósmica oda al amor necesito encantos que sólo existen en vos. Necesito estrellas que sólo encuentro en vuestro hogar. Preciso aromas, paltos, vides y trozos de pan.

Yo te encaro por la oscuridad que tus muros limitados me hicieron socavar. Uno a uno, risas, golpes y un desliz sexual.

El himno que surge de mis alas rotas, es aprender a volar, trazar caminos a generaciones que no reconoceré, vaivén de años y experimentación.

Tus ojos almendras me acompañarán a cruzar oasis, cordilleras y retazos de mar.


Un pescador furtivo en la inmensidad. Un arriero, un granjero y una palomita blanca y su manjar.

Por aquellas noches de lรกgrimas desoladas, traigo una receta de autoestima, fe y una risa coqueta. Te harรก danzar embriagada de besos, alientos y sudores tactos prohibidos.


Oda A La Esperanza Latinoamericana Hablar de ti, crisol de colores, es una obra épica. Eres una guitarra de sueños. Que cuerda a cuerda Forma una gran arpillera de nubes entrelazadas. Eres ríos, cordillera y selvas. Eres barro, maíz y espadas.

La América que conozco es triste y morena. Bañada en sangre y coraje araucano. Fusiles, cactus, cóndores e iglesias. Armaduras de lenguas y una virgen que aplasta serpientes.

América, tiene una ciudad escondida que rebosa en oro. Deltas que traen misterios de la amazonia Desiertos floridos y ciudades qué en sus raíces, esconden reliquias. Poetas del amor, de desolación, laberintos y de realidades mágicas.


Palabras ibéricas con acento indígena, con olor a caña, cacao y aguacate.

Hasta tu título fue impuesto, mi pachamama. No entiendes el nuevo acento fuerino. Ni a los dioses a caballo, armaduras y fusiles.


Oda Al Amor Que Vuelve Los remolinos de abrazos Celestes, rojos, suaves, perennes. Necedad de peleas, acorralaron las horas. Vacilante de vereda en vereda.

Ahora que estás aquí, no te soltaré; ráfaga de luz de otoño, nieve blanca. Como la cordillera, brújula exacta de mis atolondradas mañanas.

Estás aquí, suaves facciones fabula de niño, inocencia de espejos. Cuéntame cuando me hablaste en mi jugarreta de sueño.

Cuéntame que me quieres, como quiere el pétalo al rocío. Átame con tus eróticas palabras.


GuĂ­ame al ĂŠxtasis, al olimpo de mis dioses.

Te quiero, no porque hablo yo, habla mi alma, brotan solas las silabas. Como la semilla en primavera, como la luna en la noche.


Oda A Mi Final En aquel momento sublime un recuerdo cayó como un rayo. El amor que profesábamos era un crisol de pecados.

La batalla de mis dedos con los tuyos aprisionando el cariño de mi amor odioso. Te amaba y como te amo, si dices mi nombre de luna.

El ADN del mundo se conecta en tus abrazos de piruetas. Ante ti las guerras son inocuas y las aves atolondran su viaje.

Ya he pasado lo más duro Y es un trabajo recordar, que la historia sea para otros.


Yo ahora sólo quiero descansar. Quiero ver esta ciudad dormida. Es ahí calma y contemplativa, su maraña parece adecuada lo macabro se deshace en oscuridad.

Y tú siempre cercano, consternado de mí. Cuando yo sólo quiero mirarte, mantis religiosa. Pon un poco de música, busca una balada con sonidos de koto japonés. Sólo quiero respirar contigo, es aquella mi invitación. Sólo dame tu mano de noche. Sólo dame tu templanza, mi amor.

Respiremos apaciblemente. Respiremos hasta que comience a nacer una nueva vida que inicia. En las campanas del nuevo amanecer.


Oda A Lo Revisitado He comprendido todo lo que me rodea, desde la simplicidad de un botón a la versatilidad de una manta. Con esfuerzo entendí la física cuántica y los misterios planetarios.

Evidencié a los extraterrestres y hasta probé la muerte y su desagravio. Me eduqué en el arte de volar y respirar bajo lo más sombrías profundidades.

Fui ágil con la mala suerte y afanoso con la anatomía humana. Experimenté desastres químicos y radiaciones a elementos mortales.

Todo lo he respondido y aun puedo con más,


más para crecer y más para destruirlos. Más para crear y más para aniquilarnos. Mis manos sedientas de hacer y mis ojos extasiados degustan cada cosa, cada partícula, cada átomo.

He contabilizado mis cabellos y mis lágrimas, el aleteo de un colibrí, asimismo las arenas de la playas. Observé el nacimiento y el coito y cientos de bautismos obligados. Acusé a delincuentes, brujas e inocentes. Castigué infamias descaradas, herejías y todo cuanto me ha rodeado.

Hay tantas cosas en esta madeja que podría desenredar, hay tantos caminos que todavía quiero trazar. Hay remedios que procuraré encontrar, pócimas, recetas y encantamientos. Abrazos omnipresentes que continúan sin llegar.


Voy para allá y regresó, voy y no vuelvo de tu regazo. Empiezo y siempre, invariablemente, retorno a hablarte, a trazarte en palabras. Amaso eternamente poemas inacabados, olvidados en las calles de oscuras mezcolanzas.

He traspasado a centenares de camellos por ojos de agujas. He reído con cebollas, guerras y con desgracias. He dado la vida por mis hermanos, y legado todo mi pasado. He bordado mil veces tu nombre de papel en pedazos intangibles del cielo estrellado.

Volveré en otra última cena, desde donde una vez me he ausentado.


Oda al Amor Formada por cientos de miles de años, las caracolas se iban deshaciendo, cubriendo las orillas de nácar sedoso Recogiendo polvo de estrellas estelares. Los amantes de la mano, caminaban con corazones de alboroto, Con sonrisas internas, infinitas como el mar. Las tímidas luces del ocaso celebraban el amor, esparcían agotadas el último haz de luz. Las costas del sur son gemas enclavadas en cuellos femeninos de mi patria austral. El amor y sus colores derrotan caballerosamente al mal y sus redes. Llenan de perfumes de nardos y azahares la estela que los vigila. ¡Cómo te amo, mi amor eterno!, cómo iluminas mazmorras y sinagogas con tu belleza de David. Cómo creas tanta poesía y melodías de colibrí. Es por eso que declaró mi amor en las penumbras del mundo, es por eso que alzo al viento banderas de amor. Es por eso y aquello que mi corazón vuelve a descansar, Es por eso que tus besos de rescate me han venido a salvar.


Oda A La Bicicleta y al Naranjal De Mi Abuelo La pileta de mi ni niñez enmarcó el damero de mi alma, se enclavó en mi memoria de otoño y soledad. Fui a nacer en tierras prehispánicas y de rechonchos gonfoterios, Broté en enero desde un cálido naranjal.

La humildad me la dio el barro, el pan, el níspero. La sonrisa azul de los sencillos, las arrugas desnutridas de los pesticidas. Es que en el valle húmedo de invierno se dispara el silencio.

Las bicicletas fueron como arpegios de cuecas, han sido armaduras y cohetes a la luna. Se volvieron parte del paisaje, se enamoraron de los durazneros y de los zapallos. Las bicis besaron los pies del trabajo y de la melancolía - vendedores de helados, maniseros, poetas y temporeros -.

De mi abuelo heredé las ramas secas de los cerezos,


el amor por bautizar aves y plantas. Por cantar en las asimetrías del acordeón y la armónica. Adquirí el amor por las manos en la tierra, por la pintura perfecta del agua, la luz y la agricultura.

Yo también he envejecido como tu figura de sabiduría perenne, tú que les enseñaste a conversar a los gatos y a cada ave que se posaba en los alambres de la ropa. Yo también recolecté las piedras horadadas de aquel lejano valle de Tagua Tagua. Yo también obtuve los versos que susurraba el viento. He visto tus ojos azules de lapislázuli, he vuelto a verlos en tu joya más preciada. Tú que eras canto y alegría, fiestas, vino y chuzos. Aquí te conmemoro, viajero de la vida, ruiseñor del estero, sonrisa de siglo, boceto del mediodía.



Odario