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Cachapoal CĂŠsar Palominos


Me Despido de la Ciudad Un horizonte se extingue bajo luces de una sombría ciudad. Tilitan cientos, Tilitan miles de luciérnagas inmóviles que aletean frenéticas sin poder volar. Inmutables edificios colman manzanas de vacío. Tanta nada, tantos sueños efímeros, tantas luchas sin armadura, sin armas sin nada, nada más que esperanza.

Sombras de concreto que afanosamente llenan los rincones, llenan los ocasos, llenan cada despertar. Y sólo queda distancia entre tus brazos y los míos, distancia en mis ganas constantes de quererte amar. El silencio es la cena de los ricos y el tráfico y sus ruidos la merienda de los pobres. Pareciera que todo un país cupiera en estas calles, millones de hormigas atiborradas en terrarios de cemento, en sus salas de espera, en sus vagones del metro.


Nacimiento Mis versos, las palabras, la poesía, fueron inyectadas a mi sangre por la selección natural. Fui coronado por los 4 poetas de mi patria insular, “Colmarás el mundo del castellano con olor a selvas” Dijo el Rey Sol de rojo ámbar haciendo parir a mi madre el séptimo día, el día de su veneración de la renovación y descanso. Fue un domingo de siesta y vino, un domingo de enero, domingo 17. San Guido llenó de nenúfares el inmóvil estero que me bautizaba. Sacramentaron mi piel las aguas de mi tierra. Reposó mi cuerpo en ramas de perennes abedules y peumos. De niño respiré el aire colmado de tierra, de campos, de ríos.

De aves fatuas y cantoras, ¡cuantos pájaros! cuantas tordos, taguas y patos Cuanta belleza de loicas, garzas y zorzales. No hay duda, fui un niño de aves y plantas y árboles y aguas.


Rosales Nací bajo un naranjal de enero, brotaron de mi alma infinitos rosales botones azulados, de días de lluvia bermellones y rubíes para la carne hambrienta nevados y anaranjados para la mesa y los amigos. Los verdes perennes fueron la sangre de mi sangre. Y sólo uno, fue jazmín. Fue brillante y ámbar fue raíz y brote fue estambre polinizador. ¡Fuiste tú!... o quizás soy yo. Lo cierto es que perdura inmutable Cómo los días que se persiguen constantes Cómo cada primavera venciendo inviernos.


La Sonrisa De Mis Ojos Y un día la sonrisa de mis ojos vuelve a llenar de flores los áridos desiertos... Y tu alma vuelve a surgir de espesos pantanos de pena y dolor. La poesía... que parecía muerta e inútil renace como una catarata de algarabía e ilusión. El vocabulario recita en todas partes, brota de los rincones, me persigue y me visita trayendo hermosas canciones de gesta e himnos de amor. La piel... que recibió azotes de rayos impetuosos se transforma en una suave porcelana que brilla en ocasos de luna y se posa sobre las crestas de suaves olas de mar.

Todo vuelve a su lugar, todo se distingue mejor, se desatan las fétidas mordazas que auto flagelaron el corazón. Retornan las cosas que perdí y abrazo para siempre a quienes nunca se fueron.


Canto a tu Sonrisa Eres mi gema y mi collar, un santo grial formado de amor, por la savia sagrada de mi raíces. Eres mi religión monoteísta, el resultado de la vida y de sus caminos, mi génesis y mi apocalipsis. Y tu voz tierna, conmueve lo incorruptible, desordena los átomos y llena de estrellas la noche que dejé guardada para bendecirte por siempre. Tu niñez se quedará tatuada en mi memoria como precioso almenar. Serás aunque crezcas mi pequeño niño de ojos taciturnos. La replica de los míos y cuándo te mire, se estarán reflejando todos quienes fuimos y ya no somos.

Tu sonrisa es una bandera blanca, una que flamea imponente en las colinas de mi patria meridional. Tu sonrisa acaba con el ego y las guerras de los hombres. Tu sonrisa derrite lo más fríos inviernos y trae aromas de pan horneado y sonidos de gallos al despertar. Eres mi juguetón, la inocencia hecha carne. ¡Cómo te quiero!, como sanas mi alma con una pequeña sonrisa.

Te pareces tanto a mi, te protegeré, te cuidaré, te enseñaré a abrazar árboles y oler las flores que el campo obsequia cada primavera, recitarás los más lindos poemas de amor, cantarás tonadas y el viento jugará a la ronda con tus cabellos. Querrás ser una loica y volarás, volarás alto mi niño marfil. Fluirás junto a cardúmenes de peces arcoíris y de tu cuerpo saldrán branquias que te convertirán en la perla de los 7 mares.


Sinapsis de Recuerdos Que no vuelen más las gaviotas, que se agote el aleteo frenético de sus alas salinas. Que el sol se esconda tras algodones de ámbar, que se refleje el mundo en estas aguas atávicas, reflejo tornasol del infinito, horizonte que niega su extinción. Siempre gira una canción en el aire y brotan de mi, los aromas y los sueños del mundo. Traigo a la vida tus ojos de otoño, la muerte lenta, los amores extraviados, cicatrices, lenguas purulentas, y una mente testaruda que te dejó ir… La soledad duele más en los días de lluvia, y sólo pienso en ti, no hago más que pensar en ti, soy un aspa que gira alrededor de tu nombre. No hay más sinapsis que tus recuerdos, despierto, y como un rayo iracundo llega la reminiscencia de tus besos. Cada día que pasa, mi alma se encoge como glaciares arrancados de su sitio…


Frío de plata

Hay faldas que se tejen bajo el frío de los postes otoñales. Inviernos apresurados, que son relojes de plata, con saetas de hielos polares. El aire del sur tiene olor a maderas humeantes, a yerbas calcinadas en el fuego de la lumbre. a fina savia corriendo por los torrentes de troncos que siguen vivos.

La niebla se cala entre los pastizales, entre las hectáreas de cultivo. Por eso que el invierno es más duro en el campo, más frío en los valles, más húmedo, en las humildes moradas de agricultores y obreros.

Desde las profundidades de las siembras, desde las copas de eucaliptos y álamos, desde donde me encuentre pareciera que el antártico enviara su aliento de bestia, a mis fauces.


Raíces Las noches de lluvia son eternas, eternas y melancólicas. Lloran los álamos del bosque, llueven los sauces, sollozan las palmas del camino. Todas las plantas son agua, todos los árboles se hacen ríos de sed, todas sus hojas son cientos de paraguas australes. Juegan las luces del horizonte, bailan frenéticas, las veo desde estos buses rumbo a la ciudad. Por todo lo que lucho, le llamo paz; la paz de la lluvia la calma del agua.

Y simplemente… todo lo que quiero es echar raíces desnudar la tierra hasta lo más profundo, plantarme al suelo con la gente que amo. Cargo un montón de raíces en mis brazos, Salen de mis pies amarañadas y revueltas en mis zapatos de ciudad. Brotan de todos lados, salen del pecho apresuradas y cantando al amor. Brotan agotadas desde mi cabeza, cuanto cansancio, cuantas guerras ganadas y pérdidas. Cuantos sueños finalmente cumplidos, cuantos sueños que ahora son utopías. Y cómo si tuviera un campo suficiente donde plantarme, cómo si el mundo fuera capaz de verme cultivándome a la tierra, como mil flechas al blanco, como el agua regada a la tierra, viajando incesante y llena de vida. Camino por los territorios de mis recuerdos abrazando mis raíces. Encontraré el suelo firme para cobijarme, me plantaré a la tierra como semilla de plata, germinando los jardines en pena.


Sollozo de hojas secas Camino bajo atardeceres posterior al aguacero. Después de haberse formado cientos de ríos sobre el cemento, mi alma se vuelve húmeda y huele a madera mojada, a chimenea del sur, a los aromáticos limones y especias del bracero. Esta ciudad se inunda de mis aromas, se transforma en una postal Llanquihuana. y camino … y camino … por parques enlodados que sollozan hojas secas. Amo las cosas que antes odié cómo este otoño taciturno, este silencio que reina en mi alma de paz. Hoy, al caer la noche, la tierra se abre paso a guarecerse del frío, de la lentitud de las horas de mayo. En estos minutos las luces se van al horizonte, cómo sangre que pinta de furia el infinito. Y en cuanto observó algún otro verso en el aire, estás luces se han esfumado.


Te Digo ¿Te digo porque te enamoraste? -no te enamoraste de míFueron de mis ojos y los atardeceres que han visto. -no te enamoraste de míFueron tus labios pegados a los míos, cómo dos abejas a la flor, cómo dos polillas a la luz. ¿Te digo porque me enamoré? -no me enamoré de tiFueron mis oídos a tu voz de guitarra olvidada. Fueron tus abrazos a mi cuello, como guarida del mundo. Descifré varios acertijos y ninguno te igualó. Leí miles de libros y ninguno me regó tantas lágrimas. Te amé desde las letras y las cuerdas de tu guitarra. Amaba ver el alba con tus ojos, amaba el sabor de la música con tus oídos, con tus manos que amasaron este cuerpo para ti.

Y extraño cada neurona de tu cabeza cada palabra de amor y de honor a los inviernos, a los anocheceres… Esos, donde maullaban los perros, donde deambulaban las personas por mi cocina. donde hipotecamos el amor, donde subastamos la traición. Daría mi último suspiro por amar tu locura, darías tu vida por comprender la mía.


Palo Santo ¡¡Palo santo!! saca los recuerdos quita sus olores, desvanece sus huellas y todo el amor de esta habitación. Ay palito santo que se esfumen las peleas, cada grito, cada lágrima, cada abrazo de despedida. Prenderé mil inciensos, intentaré equilibrar los chakras. Y transformaré estas paredes en hogar. ¡Seré feliz!, ¡volveré a ser feliz! a pesar de que esa palabra sabe a ti. Palo santo, sanador palito santo, hechicero cambia el aire de tumba y memorias, Llénalo de azahares e idilios, de poesía y romance. Renace a mi hogar de este invierno.


Profesor Recuerdas a la profesora a ese que te amo y te mostraba las estrellas. Esa que te mostró el mundo a su lado y embelleció tus oídos cómo un desierto florido. Era guapo, si que era guapo… y estricto, también lo era. No puedes negar que erigió pilares a tus cimientos Que te amaba con ese rostro pedagógico Tú eras su alumno preferido. Ya formado te licenciaste, y la profesora tuvo que seguir enseñando porque ese era su grano al mundo, fue la vida que tuvo que vivir, cargar con esa noble pluma. En un final alternativo, eran los dos que embellecían el mundo en su fragilidad de verde y musgo. La profesora seguiría aprendiendo, con su hambre de letras y conocimiento.


Toro La lluvia caía rauda, los vientos gritaron tu nombre. Mientras caía la noche yo bailaba con los pobres. Pero nadie me dijo que tú amor no era de un hombre, era de una bestia oculta. un toro de renombre. Por no haber escapado me quebró hasta la razón. y sigo aquí lastimado. Sin velorio, ni funeral Y yo me encuentro penando por las noches, llorando en tu ausencia primaveral.


Tengo Miedo Las mismas estrellas que nos miraban en verano todas quietas inmóviles bajo el mismo cielo escarlata amamantaron la esperanza de este amor enfermo, de este amor que se volvió rancio con el tiempo se envenenó, cuajó bajo el sol y los relojes Y hoy tengo miedo, tengo miedo de la noche abatida. Veo un aromo en flor talado Calles oscuras de aullidos lejanos. Calles de tierra húmeda pisoteadas por la lluvia incesante Y hoy tengo miedo, de rostro frío de tu corazón negro desafiante tengo miedo tengo tanto miedo.

La desilusión tiene aroma de oficinas, la desilusión es un fantasma en las butacas. Es un pálido cine enclavado en el salitre. La desilusión trae este miedo fecundo una nube cargada de tormentos, de relámpagos oceánicos enfurecidos y grujiendo luz. Y me provoca un miedo testarudo túnicas oscuras de inframundo. Me alejo de tu amor satanizado y le digo adiós a tu alma enjaulada, profana. Lejos al horizonte, muy lejos hacia el sur… un niño anclado a tus pupilas, grita asustado y yo tengo tanto miedo.


Cachapoal  
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