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EL ESCRIBANO

Edici贸n 1, 2013

Revista del

CentrodeEscritura Javeriano


EL ESCRIBANO

2013

EDITORIAL

Los tutores debemos poner en práctica lo que enseñamos; tenemos que escribir y tomarlo como un hábito”. Insistentemente Daniel Manrique, uno de los tutores más comprometidos que hemos tenido, repetía esto en las sesiones de capacitación que periódicamente tenemos con los tutores del Centro de Escritura Javeriano de Cali, Colombia. El haber ganado premios internacionales de escritura, lograr publicaciones a tan corta edad y destacarse académicamente como hasta ahora lo ha hecho es señal de que eso es cierto. Si bien el desarrollo de las estrategias y las preguntas de reflexión que se proponen a cada persona que va a una tutoría es una habilidad que se gana con la práctica, es justamente el ejercicio de la escritura el que permite ganar conciencia de lo que puede pasar en este proceso. De nada sirve acompañar a muchas personas en su escritura si no se tiene la oportunidad de reflexionar muchas veces sobre nuestro propio proceso cuando escribimos. De esta idea nace El Escribano, una revista joven, con textos académicos y no académicos escritos por jóvenes tutores y ex tutores. Sin tener experiencia en diseño, diagramación y maquetaje de revistas, pero sí con una pasión por escribir y expresar las ideas de la mejor forma posible, los autores de este primer número han querido demostrar todo lo que pasa por la cabeza de los jóvenes que hacen mejores escritores y que se esmeran porque sus textos sean los mejores escritos. La sección “De la U” muestra ensayos a partir de problemas que aquejan nuestra sociedad. Tenemos un escrito que abre una reflexión sobre la inclusión a la universidad de personas en situación de discapacidad, otro texto analizando la situación del país a partir del paro agrario, que recientemente nos hizo identificar a todos los colombianos con la causa de nuestros campesinos, y finalmente una reflexión sobre la mediación pedagógica que se da en las tutorías de escritura. En la sección “De los tutores” ellos reflexionan sobre el ejercicio mismo que se realiza en el centro y sobre lo que ha significado para ellos ser tutores. Por un lado se analiza la labor del centro de escritura desde dos conceptos vanguardistas para estudiar estos espacios, la gestión del conocimiento, que hace una mirada a los procesos de producción, organización y transmisión del conocimiento que se genera al interior del centro, y por otro lado el networking, que analiza los sistemas de relaciones que se establecen al exterior y al interior del centro. Es un gran orgullo contar con tres autores que ya dejaron la universidad, y por lo tanto dejaron de ser tutores, pero que siguen contribuyendo y dejando huella. Es así como en esta sección tenemos una reflexión de cómo el trabajo en el centro ha incidido en una tutora y lo que esa experiencia ha signi-

ficado para ella, y también tenemos un escrito a dos manos en los que se relaciona el ejercicio de la tutoría con el desarrollo de las habilidades de escritura. Además, se presenta una revisión sobre el tema de las tutorías virtuales de los centros de escritura, como preámbulo al servicio que muy pronto empezaremos a ofrecer. Por supuesto, la literatura tiene también su espacio en la expresión de nuestros tutores. La sección “Cachivaches literarios” contiene cuentos, relatos y poesías escritos por ellos. Tenemos un cuento de una breve historia que transcurre en un tren, un relato onírico que nos conecta con la naturaleza, una descarnada historia que nos lleva al interior de la desgracia humana y una poesía sobre las angustias y sinsabores propias de la edad juvenil. Por último, la revista tiene una sección de variedades, “¿Qué pasa en el CEJ?”, en la que se publicarán noticias y notas relacionadas con lo que acontece en el centro. En este número la noticia más importante son los cinco años de haber iniciado este servicio y la importante celebración que se realiza con el Primer Congreso Latinoamericano de Centros de Escritura. Esta revista pretende ser un espacio de comunicación, no solo de los tutores del Centro de Escritura de Cali, sino que es un espacio abierto para la difusión de información de otros centros y para la libre expresión de tutores de otras regiones. Esperamos que esta publicación sea del agrado de nuestros lectores y recibiremos con gusto todos sus comentarios para celebrar con ustedes el nacimiento de El Escribano. Sea esta una oportunidad para poner en práctica lo que enseñamos. Violeta Molina Natera Directora del Centro de Escritura Ponticia Universidad Javeriana Cali, Colombia

La reproducción parcial o imparcial de esta obra queda prohibida sin el previo permiso del Centro de Escritura de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.


EL ESCRIBANO

CONTENIDO PÁGINAS DE LA U

5

LA INCLUSIÓN UNIVERSITARIA DE PERSONAS CON LIMITACIÓN: UNA REALIDAD INCOMPLETA

6

NO ESTAMOS SATISFECHOS

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EDUCAR EN VEZ DE ENSEÑAR

DE LOS TUTORES

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13

TIEMPO Y RECURSOS: UN RETO ORGANIZACIONAL DEL CEJ

14

LAS RELACIONES DE NETWORKING EN EL CEJ

18

ESCRIBIR PARA CONTARLA

20

¡GRACIAS CENTRO DE ESCRITURA! ENSEÑANZAS QUE ME DEJARON LAS TUTORÍAS

22

TUTORÍAS VIRTUALES EN LOS CENTROS DE ESCRITURA

26

CACHIVACHES LITERARIOS

29

AZUL

30

¿QUÉ SE VIVE EN LA VIDA REAL?

32

NATURAL

34

PÉRFIDO

36

¿QUÉ PASA EN EL CEJ?

39

1ER CONGRESO DE LATINOMERICANO DE CENTROS DE ESCRITURA

41

¡ESTAMOS DE FIESTA! QUINTO ANIVERSARIO DEL CEJ

41

¡ESPÉRALO! TUTORÍAS VIRTUALES EN EL CEJ

41

CRÉDITOS

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REFERENCIAS

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EL ESCRIBANO

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DE LA U Esta sección incluye textos académicos y reflexiones sobre temas de actualidad e interés general. Tutores, estudiantes y docentes de la Universidad están invitados a plantear y discutir sus ideas en esta sección.

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LA INCLUSIÓN UNIVERSITARIA DE PERSONAS CON LIMITACIÓN: UNA REALIDAD INCOMPLETA POR: ÁNGELA XIMENA TENORIO

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a inclusión ha sido un tema frecuentemente abordado en los últimos años alrededor del mundo, tanto por parte de grupos históricamente vulnerados como por los diferentes gobiernos e instituciones públicas y privadas responsables de facilitar el desarrollo integral de las personas (colegios, universidades, oficinas públicas, medios de transportes, hospitales, etc). De esta forma, para cumplir con el objetivo de la inclusión de personas adscritas a grupos mal llamados minoritarios, los diferentes gobiernos han creado políticas que responden a las necesidades básicas de estas personas, las instituciones privadas se han interesado por elaborar normativas que respondan a requerimientos más amplios (como la educación y la recreación) y la población en general (aunque en menor medida) ha optado por cambiar la perspectiva y ceder pequeños espacios para la integración social. Sin embargo, dicha inclusión no ha sido enfocada adecuadamente para lograr un verdadero reconocimiento social de las personas con limitación dentro de la universidad. Las personas con limitación física, sensorial o psíquica han logrado un lugar en muchas áreas de desempeño personal y el campo educativo no ha sido la excepción. Diversos autores concuerdan en afirmar que en los últimos años las personas con limitación se han introducido gradualmente en


EL ESCRIBANO contextos educativos y, más importante aún, que estos contextos han respondido paulatinamente a algunas necesidades planteadas por tal grupo poblacional (Ocampo, 2011; Richmond, 2009). Asimismo, son diversas las políticas que ponen de manifiesto la importancia de incluir a personas que históricamente se han considerado excluidas del sistema y reglamentan las instituciones en pro de garantizar su protección dentro del marco específico de la educación. La política de Revolución Educativa propuesta por el Ministerio de Educación Nacional (2003) es una pequeña muestra de tal reglamentación. En esta política se postula una transición de paradigma, pasando de un modelo de integración educativa a uno de inclusión educativa. Así pues, se dejaría de ver a la persona con limitación como alguien que simplemente se adhirió al sistema regular de educación, para concebirlo como un individuo integral que ingresa al contexto educativo con debilidades propias de su limitación, que genera situaciones particulares de atención, pero con cualidades que le permiten interactuar activamente con su entorno (Ministerio de Educación Nacional, 2003). No obstante, pese a los intentos de generar espacios inclusivos para este grupo de personas, parecen no ser suficientes las leyes, los decretos o las normativas que obligan a las instituciones a adaptar los espacios a sus necesidades. No es suficiente que el ingreso de una persona a una institución educativa “se deba hacer” por mandatos nacionales o internacionales que la protegen o la salvaguardan de potenciales vulneraciones del sistema regular; se necesitan aspectos más humanos y menos coercitivos. Tal vez la solución para la inclusión universitaria de una persona con limitación no esté determinada por la ley que le indica a una institución específica que debe destinar cupos y establecer modos de evaluación adaptados para las diferentes clases de limitaciones, como se ha hecho hasta el momento, sino que se deben adoptar estrategias que desde el principio pongan al aspirante en igualdad de condi-

ciones. Es decir, ¿por qué separar cupos para las personas con limitación sensorial o física si sus capacidades intelectuales no se han visto disminuidas por su condición? ¿No se puede pensar en una discriminación positiva cuando se presume que una persona, por no gozar del sentido de la vista o por un diagnóstico de paraplejía, no puede competir con aquellos que gozan de condiciones óptimas? Son estas las cuestiones que se pueden plantear al hablar de una completa inclusión universitaria y ponen en entredicho la llamada búsqueda de equidad. En este sentido, se propone entonces un abordaje más humano, que no solo ponga sobre la mesa las necesidades referidas al desplazamiento y el acceso al material educativo, sino que pondere una perspectiva menos discriminativa. Se podría hablar de procesos que, si bien le garanticen a la persona un acceso a la información y a los espacios físicos, propendan en la postulación y visualización de esta como una persona del común. Alguien a quien no solo se le puede aportar, sino de quien se puede recibir; alguien que goza de los mismos derechos y deberes y a quien simplemente se debe mirar como un ser humano (único e irrepetible y, por tanto, diferente por su naturaleza y no por su condición). La fuerza de las leyes pueden lograr la implementación de lo técnico, la solución a problemas de presupuestos y materiales que en la mayoría de PÁGINA 7 / DE LA U

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las ocasiones se pueden conseguir, pero que se evaden porque resultan costosos u obligan a que los dirigentes desvíen su mirada a puntos que hasta el momento no tenían contemplados. Las normativas garantizan y protegen a aquellas personas que por condiciones realmente discapacitantes ven restringido su funcionamiento y su autonomía. Pero es la legitimación de la persona por los miembros que integran su contexto el único proceso que logra la inclusión verdadera al ámbito universitario. Se trata de que al compañero no le dé miedo hablarle a la persona con limitación porque lo ve diferente y no sabe cómo reaccionará, o que al profesor no se le note la angustia cuando debe enfrentarse a su estudiante con limitación porque no conoce la forma adecuada de trasmitirle el conocimiento. Es esa la apuesta que se debe hacer para alcanzar algún día una inclusión completa. Se deben orientar las acciones y las actitudes de quienes se encargan de este tema hacia una política de socialización, y no de socialización de la limitación, sino de una política que socialice y pondere a la persona como ser humano.


NO ESTAMOS SATISFECHOS

POR: STEFHANÍA LIBREROS

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on el paso del tiempo, una nación con características democráticas se ve en la libertad de expresar su respaldo o no sobre acuerdos y decisiones que un gobierno toma. Difícil y peligroso se torna para un mandatario responder a problemáticas que no solo traspasan la violencia y el caos, sino también la historia misma; o, como lo sugiere Maquiavelo (1935) aquellos “males que (…) ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve”. Con relación a lo anterior, desde el 19 de agosto del presente año, Colombia y su mismo gobierno han enfrentado manifestaciones, bloqueos, respuestas violentas y no violentas, por parte del sector agropecuario que manifiestan su inconformidad frente a las distintas decisiones e incumplimientos que el Estado ha hecho. Así entonces, podríamos considerar que la problemática base de todas estas manifestaciones y reclamos por parte de los campesinos, es a causa de la insatisfacción que existe sobre las condiciones y decisiones que afectan directamente a este sector. Insatisfacción es un problema que diariamente los seres humanos, en sus distintas interacciones sociales y personales, enfrentan; lograr el puesto deseado o conquistar sueños son algunos de los tantos objetivos que determinan la satisfacción en las personas. Desde el más pequeño hasta el


EL ESCRIBANO más grande puede generar una valoración de sus condiciones en diferentes contextos propios de su realidad. Para Robbins y Judge (2010), la satisfacción específicamente laboral es considerada como “la actitud general de un empleado hacia su trabajo”, en la que también influye la construcción de relaciones entre compañeros y jefes, el acatar normas y ceñirse a las distintas costumbres de una organización. Colombia, un país en vía de desarrollo, tiene como base económica el sistema agropecuario que funciona como un círculo de producción responsable de abastecer a muchas familias con alimentos, es decir, campesinos que siembran y recogen, personas que distribuyen, tenderos que venden y ciudadanos que compran. A pesar de que se supone sencilla esta cadena de cooperación, parece extraño que millones de campesinos del sector agropecuario salgan a manifestar, con protestas y bloqueos en distintas partes del país, los casos de incumplimiento que se han presentado frente a las promesas que el Gobierno ha hecho. Sixto Moreno, representante de la Asociación de Campesinos sin Tierras de Sincelejo (citado por periódico El Meridiano de Sucre, 23 de agosto de 2013), denuncia que desde hace dos años se han presentado los documentos necesarios para que el Gobierno cumpla con el “arrendamiento de tierras, maquinarias e insumos”, mas hasta la fecha no han entregado ninguno de estos recursos. Estos acontecimientos han causado desabastecimientos en las capitales del país, así como que el precio de productos, como la papa y la zanahoria, se eleven exageradamente, lo que ha llevado a que se presenten marchas y manifestaciones. Lo anterior, es para Robbins y Jugde (2010) “vocear” (p. 82), lo cual se caracteriza por la expresión en intentos activos y constructivos por mejorar las condiciones laborales y analizar problemas con los superiores. La productividad en los lugares de trabajo se ha visto afectada por el incumplimiento y el ausentismo que generan todas estas manifestaciones. La insatisfacción es realmente una actitud contundente que lleva

a la transformación de un orden. La ausencia de un espacio laboral donde los empleados se sientan a gusto, probablemente puede conducir a que el comportamiento y desarrollo del personal sea totalmente distinto, y más que eso, a que la eficiencia en la producción decaiga. El gobierno colombiano debe aprovechar esta situación para llegar a una concertación en la que las dos partes se consideren cómodas y respaldadas. Como lo dijo Martin Luther King (1963), a propósito de los cincuenta años del discurso I have a dream, “No estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente”.

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EDUCAR EN VEZ DE ENSEÑAR

POR: DANIELA RIVERA

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a mediación pedagógica es el tratamiento de contenidos y formas de expresión para la educación y el aprendizaje. En ella se debe tener en cuenta la participación, la creatividad, la expresividad, la relacionalidad y la mediación para construir puentes que permitan la comunicación entre las partes involucradas y esclarecer que se educa y no se enseña. En primer lugar, quien vaya a mediar procesos de enseñanza-aprendizaje debe hacer la información accesible, clara y bien organizada en función del autoaprendizaje. Desde la perspectiva de las tutorías de escritura, se tiene en cuenta al estudiante como aquel con el que se crea conocimiento. Desde ahí, la mediación genera nueva información a través del debate entre estudiante y tutor. Así pues, como par se crea conocimiento en conjunto con el estudiante. De acuerdo a lo anterior, basado en un contexto académico, en una tutoría de escritura es fundamental tener en en cuenta lo que el educador implementa en las asignaturas. Cuando el estudiante se enfrenta a las sesiones de tutoría se crean nuevos términos y procesos para el objetivo principal que es hacer mejores escritores. En las sesiones se trabaja y se comunica con relaciones dialógicas para llegar a acuerdos en conjunto sobre las estrategias para mejorar el escrito. Sin embargo, son tres partes las involucradas en este proceso: educador, tutor y


EL ESCRIBANO educando. Estos deben saber la importancia del trabajo de los tres, y de estar cada uno en su rol. Lo anterior genera un trabajo en equipo que fortalece el conocimiento del estudiante. Desde el punto de vista del profesor, se espera que la educación se centre en la persona, pues se la tiene en cuenta en la mediación de su proceso de aprendizaje. Pablo Freire (1975) llama a este modelo “Educación liberadora” o “transformadora” ya que se toma como una “educación” para la liberación de las clases subalternas y un instrumento para la transformación de la sociedad. Esta educacion tiene énfasis en los procesos del estudiante, pues favorece y permite la reflexión del hombre y su acción para transformar el mundo en el que se desenvuelve. Es decir, que se trata de formar a las personas para llevarlas a transformar su realidad y no se trata únicamente de informar. Aquí, es importante la justicia cognitiva, ya que se reconoce los saberes y conocimientos de los demás y, de esta manera, “los hombres” se van edu-

cando entre sí” (Kaplún, 1998, p.50) y se va construyendo colectivamente el conocimiento. De esta forma, es importante generar preguntas a la persona y crearle ese sentimiento de querer aprender, darle la capacidad de cuestionarse y cuestionar la información que se le brinda. Por consiguiente, el papel como estudiante en este proceso es el de tener la capacidad de hacerse autocrítica, lograr identificar el conocimiento que se le brinda, pero entender que esta información no es conocimiento absoluto. Finalmente, viene la labor del tutor, quien, como se dijo en un principio, es también mediador y crea conocimiento con las bases que se tiene y el debate en las sesiones. En consecuencia, los sujetos participantes en el proyecto de mejorar la escritura podrán descubrir, elaborar y reinventar sus conocimientos para después apropiarse de lo que se está realizando. Así, lo que surja del proceso representará verazmente al estudiante. Además, como afirma Kaplún (1998) “se aprende de verdad lo que

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se vive, lo que se recrea, lo que se reinventa, y no lo que simplemente se lee y se escucha”. “A esto se le llama autogestión y es así como ser construye el aprendizaje: participando, investigando, involucrándose, haciéndose preguntas y buscando respuestas”. Así pues, en este proceso no hay cabida para la labor de una sola persona. La institución y los actores deben estar encaminados hacia el aprendizaje y trabajo colaborativo.


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DE LOS TUTORES En esta sección los tutores y extutores presentan algunas experiencias y reflexiones sobre su quehacer en el Centro de Escritura: sus actividades cotidianas, interacciones, aprendizajes y aportes a la formación de mejores escritores en la Universidad.

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TIEMPO Y RECURSOS: UN RETO ORGANIZACIONAL DEL CEJ

POR: JENNIFER GARCÍA

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er un trabajador exitoso es, sin duda alguna, un interés que concierne tanto a los estudiantes javerianos, como a sus profesores, personal administrativo, a la Pontificia Universidad Javeriana de ambas sedes, y así se podría extender más y más la cantidad de interesados en alcanzar tal logro. No obstante, por mucho interés que se tenga, no siempre hay una conciencia de todas las implicaciones que ello requiere. Además, este es un asunto que demanda un trabajo individual que finalmente tiene un impacto en quien recibe dichas contribuciones: la organización a la que el trabajador pertenezca. Y por si fuera poco, siempre habrá una serie de elementos contextuales tanto a nivel de la competitividad como de las expectativas nuevas predominantes en nuestra era. Al respecto, Valhondo (2003) propone al conocimiento como la necesidad dominante, y a los factores psicológicos y de adaptación como los valores que tienden a predominar en las organizaciones contemporáneas. Frente a ello, se preguntaría uno ¿por qué resultarían esenciales estas ideas? Valhondo (2003) responde que se ha encontrado que los trabajadores exitosos de la actualidad tienen ciertas capacidades ligadas a su inteligencia emocional, entre las que se encuentran “trabajar bien en equipo, la empatía, transmitir confianza, la capacidad de motivar a otros y obtener


EL ESCRIBANO resultados, trabajar en red desde la persuasión y la influencia, o la resistencia al estrés” (p.137). No obstante, conocer dichos valores no es suficiente por dos motivos: por un lado, y teniendo en cuenta la era de la información a la que pertenecemos, no se reporta un incremento en número de personas exitosas a pesar de que sea fácil acceder, por medios virtuales, a estos valores; y por otro, bien plantea Valhondo (2003) que existen barreras por las cuales no se comparte el conocimiento. Esta última situación ocurre en el Centro de Escritura Javeriano de Cali, donde, a pesar de que se cuenta con tutores que tienen la mayoría de las capacidades psicológicas y adaptativas requeridas para desempeñar su labor, presentan constantemente barreras o dificultades en la transmisión del conocimiento, en su caso particular, a causa del esfuerzo para generar recursos y el tiempo que ello requiere. Sin embargo, estas barreras deben ser superadas porque, en su disminución, se hará más efectiva la labor de sus

tutores y su funcionamiento general (Valhondo, 2003). Como tutora, y en mi calidad de estudiante de Psicología, recientemente exploradora del tema, pienso que puedo lograr un triple aporte, a mi futuro profesional, a mi lugar de trabajo y a aquellos interesados en encontrar solución a sus dificultades como personas en búsqueda del éxito o, en otros casos, como gestores de una organización. Por tanto, es a partir de los intereses mencionados que se retoman las soluciones a las barreras en recursos y tiempo, dos de las múltiples propuestas del texto desarrollado por Valhondo (2013), desde la Psicología organizacional, en el tema de la gestión del conocimiento. Considerando en este caso cómo reducir los costos del Centro de Escritura y con el fin de favorecer el intercambio del conocimiento, se hará un breve análisis desde mi experiencia personal de los pros, contras y oportunidades que encuentro como tutora vinculada hace ocho meses a esta organización. Al respecto, Valhondo (2003) menciona como estrategia concreta el acceso a recursos, ya que estos permiten la reducción de los costos que se ven implicados cuando se comparte el conocimiento. ¿Existen suficientes recursos presentes en nuestra organización? Considero que los recursos no solo los provee el Centro de Escritura, ya que hay unas condiciones físicas, medios electrónicos e incluso libros en el lugar de trabajo, sino que además al estar dentro de una institución educativa existen otras maneras de acceder al conocimiento, tales como la biblioteca y profesores en el área, incluyendo la directora, quien tiene material bastante pertinente a las necesidades del centro. No obstante, no pienso que todos los tutores estén en el mismo nivel de conocimiento o reconozcan todos los recursos que se encuentran a su disposición. Frente a esto, Valhondo (2003) propone, aunque no de manera directa, que el almacén de información puede llevar a que todas las personas puedan acceder a todo el conocimiento adquirido por la organización. En relación con esto, el Centro de Escritura sí cuenta con documentos que se utilizan en PÁGINA 15 / DE LOS TUTORES

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caso de requerirse la realización de un taller y se dan unas bases en clase de formación para los tutores. Sin embargo, no todos saben dónde está alojada o si existe esta información y, a pesar de contar con recursos, los datos que se tienen están incompletos y, en algunos casos, desactualizados. Es preciso decir que actualmente se está creando un gran manual que contiene todos los aspectos relevantes en conocimiento para los tutores de escritura, aunque la participación no es activa en el caso de todos sus miembros. Por ende, como tutora considero que sí habría un aspecto importante a trabajar en los recursos: la organización de toda la información antigua del centro y una mayor vinculación para que todos los tutores se empoderen del nuevo proyecto, y por medio de este, haya un intercambio y adquisición de conocimiento asequible a todos a largo plazo. En lo referido al factor tiempo, este es un elemento muy relativo y afecta directamente la respuesta de los tutores, independiente de su carrera. En este sentido, Valhondo (2013) sugiere la dirección por objetivos, de manera que se logre un trabajo más estratégico, que favorezca el rendimiento. Frente a esto, en el Centro de Escritura en alguna época implementó la creación de comités que favorecían el trabajo desde diversas áreas que se complementaban y contribuían en el resultado total de la organización. Sin


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embargo, si bien cada tutor es responsable de sus tiempos, las tareas específicas que se asignan son irregulares y no se especializan de acuerdo a las capacidades de los tutores. En este aspecto se está intentando llevar constancia escrita de las tareas realizadas en cada hora de trabajo, aspecto que resulta positivo, pero no necesariamente garantiza que todas las metas de la organización se cumplan y finalmente, no siento que sea la motivación suficiente. Desde mi perspectiva frente al último punto, me pregunto cómo el tiempo podría ser mejor aprovechado en el cumplimiento de un objetivo, si la meta primordial del tutor javeriano es su carrera y no la respuesta a su lugar de trabajo. Personalmente, encuentro una respuesta a esto teniendo en cuenta los planes de desarrollo que menciona Valhondo (2013) como relevantes para que se esté renovando constantemente el conocimiento. Desde esta mirada, pienso que si se pudieran alinear de alguna forma ambas metas aumentaría la motivación y entrega por parte de los tutores para comprometerse más con el Centro de Escritura. En este sentido, considero que son muchos los aportes que cada tutor puede hacer a su carrera y puede que sí haya alguna contribución en este sentido, pero es un elemento que no es lo suficientemente enfatizado. Desde mi percepción, quizá no esté lo suficientemente explícito en la estructura de la organización que se promueve en la formación de tutores, que uno de sus objetivos deba ser vincular su lugar de trabajo con su estudio profesional. Para mí, este sería un plus que lleve a que no solo trabajen excelentes tutores en escritura, sino que se formen profesionales con características distintivas e innovadoras que salen de la universidad con destrezas inigualables. Debo aclarar en este aspecto que la creación de la presente revista ya es un paso grande para permitir este logro y que debe seguirse promoviendo este ejercicio para potenciar la labor que ya se desempeña en esta organización. Así pues, observo que sí se están generando proyectos a favor de la mejoría de las dificultades que presenta el Centro de Escritura para favorecer

el intercambio de conocimiento. A su vez, pienso que por medios como este ya se están favoreciendo nuevas propuestas que disminuyan y en algún momento eliminen las barreras de tiempo y recursos. No obstante, hay muchos más retos en torno a la gestión del conocimiento que el Centro de Escritura debe revisar, ya que es en el trabajo integral de las debilidades que se puede potenciar el desempeño de la organización. Por último, si bien es una propuesta breve desde dos puntos pertinentes que considero como retos constantes en mi lugar de trabajo, son muchos más los aspectos de la gestión del conocimiento, y aún quedan muchos otros aspectos que puedo explorar para mejorar mi conocimiento profesional, para favorecer la gestión organizacional del Centro de Escritura. En esta medida, son muchos más los aspectos que se recomiendan explorar para acercarse cada vez más al éxito profesional y organizacional de usted, lector, pues este interés que nos atañe a todos.

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LAS RELACIONES DE NETWORKING EN EL CEJ

POR: WILSON USME

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n la actualidad, las relaciones se constituyen como una dinámica de gran importancia para la sociedad. El proceso de establecer conexiones es preciso a la hora de alcanzar el éxito en cualquier institución. Para este proceso, un factor determinante es la forma en que se establecen las relaciones. Con respecto a este factor, se han desarrollado diferentes teorías; una de ellas es el networking. El Centro de Escritura Javeriano (CEJ) se posiciona como una reconocida y exitosa dependencia de la Universidad Javeriana de Cali, que funciona a partir del establecimiento de relaciones. Vale la pena, entonces, examinar si la teoría del networking se logra evidenciar en una institución considerada exitosa y que funciona bajo un sistema relacional. Antes de nada, es necesario definir lo que es networking y cómo se diferencia de las interacciones cotidianas. Para Sheler (2002), el networking se define como “un procedimiento sistemático y estratégico, que consiste en establecer y mantener las relaciones humanas” (p. 18). De forma contraria, los vínculos que una persona tiene con sus familiares y conocidos en su día a día no requieren de planeación ni procedimientos estratégicos complejos. En síntesis, el networking, a diferencia de las relaciones cotidianas, requiere de un desarrollo de procedimientos y estrategias planificadas y organizadas, que se orientan hacia la


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construcción de redes mediadas por un propósito interesado y específico. Los servicios que ofrece el CEJ están condicionados por el factor relacional. Es decir, el acompañamiento a la comunidad universitaria en el proceso de escritura se lleva a cabo mediante el establecimiento de relaciones. Cuando se ofrece un taller, se constituye una relación entre el tutor que dirige la actividad y los participantes. Del mismo modo, en una tutoría se espera que el estudiante logre crear un vínculo relacional con el tutor que le acompaña. Sin embargo, el establecimiento de dicha relación no es algo que surge de la nada, sino que es un encuentro preparado, organizado y estructurado. En suma, el concepto del networking se evidencia en la labor del CEJ, en la medida en que esta dependencia construye relaciones basadas en estrategias que apoyan a la comunidad de la Universidad Javeriana en todo lo referente a escritura. Ahora bien, si se desea alcanzar éxito en una organización, no solo se deben establecer relaciones de networking con las personas de afuera. Es importante también que exista un vínculo organizado y estructurado entre las personas que participan de la labor de la institución. Al respecto, Grean (1991) resalta la importancia del trabajo mutuo y de la colaboración de los todos los miembros de una organización para alcanzar el éxito, aun por encima de las competencias indi-

viduales. De tal manera, el éxito de una organización se logra cuando las personas que la conforman contribuyen al desarrollo del propósito institucional, es decir, cuando dentro de la organización existe una red de trabajo de tipo networking. Precisamente, una dinámica relacional networking es lo que se experimenta en el CEJ. Allí, el grupo de trabajo realiza actividades de manera individual con la premisa de que su labor participa en el objetivo general de la institución. Es por eso que en el proceso de selección de los tutores se tienen en cuenta las habilidades de trabajo en grupo. Asimismo, durante el periodo de funcionamiento del CEJ se trabaja en la cohesión del equipo y en el desarrollo de actividades que les permitan a los miembros integrarse entre sí. Se puede decir entonces que, así como sucede a nivel externo, a nivel interno es evidente la existencia de una red de relaciones organizado, tal como lo plantea el networking. Sin duda alguna, el Centro de Escritura Javeriano es una institución en la que se aplica el sistema relacional planteado por el networking. A nivel interno, la institución procura que los tutores, como entes individuales, aporten sus habilidades de tal manera que cooperen en la búsqueda de un mismo fin. A nivel externo, la labor del CEJ se desarrolla mediante la constitución de relaciones planeadas y organizadas. En conclusión, queda evidenciado que el networkig finalmente logra explicar el éxito de las instituciones donde las relaciones son constitutivas del quehacer diario.

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ESCRIBIR PARA CONTARLA

POR: PAMELA LONDOÑO DANIEL MANRIQUE

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a escritura enaltece el deseo humano de explorar lo desconocido y lanzarse a la conquista de lo infinito. Nos permite explorar viejos mundos, países desconocidos, viajar al futuro, o vivir la vida de alguien más. Sin embargo, muchas personas son ajenas a esta aventura y son menos las que hacen de esta experiencia parte de sus vidas. Esto es pues lo que nos motivó a compartir aquello que con cincel rutilante colmó nuestro corazón y nos obliga a escuchar las palabras que nos susurra. Cuando te inicias en el ejercicio de la escritura, al principio no te importa escribir bien, solo importa hacerlo, dedicarse a ello. Después, no te importa escribir nada nuevo, solo te conformas con escribir bien, algo que pueda comprenderse. Luego, te das a la tarea de escribir cosas novedosas, pero finalmente terminas sin mucha idea sobre lo que deseas escribir, y puede que llegues a lugares que nunca planeaste. Lo anterior, es una experiencia del hacer, de la práctica; no lo aprendes con manuales, clases o conferencias, es algo que vives, desarrollas y perfeccionas con su producción misma. ¿Termina alguna vez? Si eres escritor, o planeas serlo, o aún no lo eres, es probable que también desarrolles un ejercicio reflexivo frente a tu propia producción. Puede que llegues a un punto en el que te das cuenta que tu forma de escribir cambió y te sorprendes cuando com-


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paras dos textos escritos en diferentes momentos. Además, es altamente probable que vivas esa extraña sensación de que por más que revises tus textos, siempre encontrarás algo por cambiar o plantearás nuevas formas de expresar tus ideas. Más chocante aún es cuando percibes, si eres lo bastante atento, que estas volviendo a narrar algo de una forma que habías descartado en el pasado, y que te hace ver que estás volviendo al punto de la primera revisión. Incluso, puedes llegar a sentir que la forma en como escribes depende altamente de tu estado de ánimo. Ahora bien, algunos pueden pensar que la escritura es una práctica que se debe desarrollar solamente en el campo académico y en los momentos y circunstancias que te competan. No obstante, es una aventura de puertas abiertas para todos aquellos, académicos o no, que quieran revolcarse en el mundo de las letras, solo debes encontrar el punto en el que puedas hacerlo parte de tu vida. Para los académicos, la escritura

puede ser un proceso complejo que requiere de planeación y una organización estructurada que lleva al cumplimiento de un objetivo bien definido. Pero hay quienes creen que basta con el hecho de empezar a escribir para que el tiempo dé forma y sentido a lo que expresas, hasta que finalmente eres consciente de qué y cómo quieres escribir; entonces, cortas, pegas, borras, pones puntos, comas ¡Y listo! ¿Cuál es la manera más adecuada de hacerlo? Posiblemente tú, escritor, la tengas ahora, y quien no escriba, lo descubrirá. El Centro de Escritora Javeriano fue un vehículo para vivir parte de esta experiencia. Más que un espacio físico, es un centro de experiencias en donde te conectas con lo más profundo de tu alma a partir de las palabras. Es un sitio que te invita a continuar en la búsqueda infinita de la expresión escrita como vehículo para desahogar el alma y que te conecta con el significado de una vida que a veces parece sin sentido, pero sobretodo, es un espacio que se constituye en una habitaPÁGINA 21 / DE LOS TUTORES

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ción donde solo estás tú y las palabras. Como tutores del Centro de Escritura Javeriano y como parte de nuestras vidas, estamos viviendo la experiencia de descubrir la escritura. Como tutores, la descubrimos a partir de la experiencia de los otros, del ejercicio crítico, del análisis, pero lo más importante, compartiendo nuestra experiencia como escritores, porque ¿Cómo se puede apoyar la escritura si tú mismo no vives la experiencia? Como profesionales, la explotamos en el ámbito académico de la Psicología y la divulgación científica. Y como personas, viajamos describiendo el Universo en el vehículo de las palabras.


¡GRACIAS CENTRO DE ESCRITURA! ENSEÑANZAS QUE ME DEJARON LAS TUTORÍAS POR: CATALINA PRADA

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as habilidades y competencias que adquirí mientras tuve el privilegio de ser tutora del Centro de Escritura Javeriano han probado ser invaluables en muchos aspectos de mi vida, no solo a la hora de escribir sino también de relacionarme con los demás y expresar mis ideas en público de forma clara, y no solo en mi formación profesional sino también como persona. Aún recuerdo la anticipación y nervios que sentí cuando inicié el curso de preparación de tutores, ya que pensaba que la responsabilidad de que el estudiante sacara una buena calificación en el texto que había trabajado conmigo dependería de mí. Sin embargo, una vez completé el curso e inicié mis tutorías fui interiorizando poco a poco el enfoque del centro, que además guía el trabajo de los tutores, y afirma el propósito de hacer mejores escritores, no mejores escritos. Dicho enfoque me permitió abordar cada tutoría buscando ante todo comprender qué argumentos e ideas quería expresar el estudiante en su texto y ofrecerle sugerencias y comentarios sobre cómo hacerlo procurando que el escrito fuera coherente, bien argumentado y se ajustara a las instrucciones del profesor y a la estructura de un texto académico. La reflexión constante en cada tutoría sobre cómo ayudar a los estudiantes a mejorar su proceso de escritura y hacerlo más organizado, efectivo, ameno y sobre todo, menos intimidante,


EL ESCRIBANO fue de mucha ayuda para mi propio proceso. Durante mi último semestre en la Universidad Javeriana pude alternar la escritura de mi trabajo de grado con mis sesiones de tutoría en el centro. Por lo tanto, cuando releía y revisaba mi tesis me encontraba constantemente haciéndome a mi misma las preguntas que horas antes les había hecho a los estudiantes en las tutorías: ¿Cómo puedo desarrollar este argumento de manera más clara y convincente? ¿Cuál es el propósito de este párrafo en el desarrollo de mi hipótesis? ¿Cómo me ayuda esta oración a cumplir tal propósito? ¿Cómo puedo hacer el texto más interesante? Aparte de ayudarme a hacer la escritura de mi trabajo más clara y efectiva, las preguntas y reflexión sobre mi proceso de escritura me llevaron a ser consciente y tener claro por qué había escogido argumentar algunos puntos como la había hecho, qué ideas estaban presentes a lo largo del escrito, qué metodología había usado en cada capítulo para desarrollar la idea principal y, en general, cuál era

la estructura global de mi texto. Son precisamente estas cuestiones las que cobran relevancia en una sustentación de tesis, y tenerlas muy claras definitivamente me ayudó a defender mi hipótesis, métodos, resultados y conclusiones de manera exitosa y obtener excelentes resultados en mi tesis y sustentación. Mi trabajo de grado fue elegido como la mejor tesis nacional de pregrado en temas estadounidenses por Fullbright y la Embajada de Estados Unidos en Colombia, y además obtuvo mención de honor en la Javeriana, reconocimientos que sin duda no habría logrado de no haber desarrollado un proceso de escritura ordenado y efectivo gracias a mi labor de tutora. Pero si bien el trabajo en el centro me permitió adquirir habilidades que fueron de mucha utilidad en mi vida de estudiante, fue cuando me gradué de la universidad que descubrí que mi experiencia como tutora me daba cierta ventaja en el mercado laboral, en especial en una disciplina donde la escritura es crucial: la ciencia política.

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Los buenos resultados de mi tesis, sumados a mi experiencia como asistente de investigación y tutora de escritura, me permitieron desempeñarme como profesora de una clase de primer semestre llamada “Instrumentos de investigación”, cuyo propósito era brindarle a los estudiantes de Ciencia Política un acercamiento inicial a la labor investigativa y a la escritura de los diferentes tipos de textos que usarían en la carrera para presentar los resultados de una investigación. Durante mi tiempo al frente de dicha clase pude relacionarme con el centro ya no como tutora sino como docente, y apreciar de primera mano el valioso aporte que este hace a la comunidad académica. Me propuse incentivar las visitas al centro entre mis estudiantes y fue muy gratificante observar los progresos que hacían, pero sobre todo la conciencia en cada uno de ellos de que el trabajo y dedicación en sus procesos de escritura era fructífero. Debo reconocer, también, que pese a que la mayoría de mis labores en el centro consistían en dar tutorías individuales, en ocasiones nos pedían dictar talleres a grandes grupos de estudiantes o promocionar el centro entre la comunidad javeriana, algo que inevitablemente nos hacía trabajar en nuestra oratoria y manejo de auditorios. Al principio me sentía nerviosa dirigiendo talleres frente a un gran número de personas, el apoyo de los otros tutores, la práctica, y los buenos comentarios que recibíamos de los asistentes me fueron dando más seguridad y empecé a disfrutar mucho esa experiencia. Recuerdo una ocasión en la que estábamos dictando talleres durante la semana de inducción a estudiantes que estaban a punto de iniciar su vida universitaria. Me asignaron dirigir dos talleres a mí sola con aproximadamente treinta estudiantes que no estaban muy interesados en el tema. Pese a que fueron dos grupos problemáticos, al final logramos establecer una buena dinámica en la medida en que los estudiantes se percataron de que los temas que estábamos discutiendo les serían de suma importancia en los semestres venideros. A pesar de que fue una situación un poco difícil al comienzo, la recuer-


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do como un reto que superé y que definitivamente agradecí más adelante al desempeñarme como profesora. Todas esas experiencias en el centro me ayudaron a mejorar mi oratoria y a sentirme más segura al dirigir y presentar frente a un grupo grande de personas. Además de las destrezas ya mencionadas, hace poco me percaté de que mi paso por el centro contribuyó a que desarrollara algo que solo puedo describir como una actitud de “solución de problemas” frente a la escritura. Dos años atrás empecé una maestría en Economía Política en Carleton University, Canadá. Aparte de los nervios normales de iniciar estudios de posgrado, se sumaba a ello el hecho de ser la única estudiante extranjera en un salón donde todos eran canadienses y su lengua nativa era el inglés. Aunque siempre he disfrutado escribir y me he sentido cómoda y segura de mi misma haciéndolo, redactar textos académicos de nivel de maestría en otro idioma fue difícil en un comienzo. Cuando leía mis escritos no me gustaban y solo detectaba problemas. No obstante, de la misma manera en que lo hacía con los estudiantes en el centro, tenía que encontrar soluciones. Recuerdo que en las tutorías muchas veces tenía que señalar las debilidades y problemas presentes en los escritos, y aunque no podía reescribir los textos yo misma y hacer el trabajo por los estudiantes, sí era necesario ayudarles a encontrar una solución y diseñar un plan de revisión. En cierta forma, tuve que aplicar mi propia estrategia de tutoría a mis escritos, hasta que poco a poco aprendí no solo a detectar problemas sino también las soluciones. Finalmente, en mi caso, y creo que en el caso de muchos de los tutores, el trabajo en el centro constituyó mi primera experiencia laboral. Por lo tanto, los demás tutores fueron mis primeros colegas y las dinámicas de trabajo que entablé con ellos han contribuido a moldear la forma en que actualmente me relaciono con mis compañeros de trabajo. Tuve la suerte de dar tutorías junto con personas que compartían mi entusiasmo por la escritura y estaban convencidos de la importancia

de la labor que hacíamos en el centro. De ellos aprendí trabajo en equipo, a tomar lo mejor del desempeño de mis pares y tratar de implementarlo en mi propio trabajo y a invertir esfuerzo y dedicación para contribuir a que un nuevo proyecto prospere. Estoy muy agradecida con la profesora Violeta Molina, no solo por haberme permitido trabajar como tutora de escritura, experiencia que sin duda me ha enriquecido como persona y como profesional, sino también por su maravillosa labor al frente del centro la cual lo ha hecho crecer, posicionarse y tener influencia a nivel nacional e incluso a escala latinoamericana. Saber que ya se cumplieron cinco años desde que empezaron las tutorías, que el Centro de Escritura Javeriano es una iniciativa líder en Colombia y Suramérica y que la Universidad Javeriana Cali va a ser a anfitriona del primer Congreso Latinoamericano de Centros de Escritura me llena de felicidad. Ante todo eso, solo puedo decir: ¡qué orgullo haber sido parte del Centro de Escritura Javeriano!

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TUTORÍAS VIRTUALES EN LOS CENTROS DE ESCRITURA

POR: KAREN SHIRLEY LÓPEZ

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n la actualidad estamos viviendo transformaciones importantes en los contextos educativos. El uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, así como la flexibilidad en los programas de formación tanto de pregrado como de posgrado, han favorecido el acceso de distintas poblaciones a la educación superior. No obstante, se debe seguir trabajando en la creación y fortalecimiento de servicios que permitan a los estudiantes tener mayores oportunidades de formarse con calidad. El Centro de Escritura Javeriano (CEJ), en los últimos cinco años, ha prestado distintos servicios a la comunidad universitaria para contribuir con una formación de calidad. Entre estos servicios se destacan las tutorías de escritura entre pares, que se fundamentan en propuestas de aprendizaje colaborativo y significativo. En estas se plantea que la interacción entre estudiantes es un mecanismo muy poderoso, debido a que los participantes establecen metas comunes sin sentir la presión que normalmente podrían experimentar con una figura de autoridad (Cardozo, 2010). Las relaciones que se establecen entre el tutor y el tutorado suelen ser simétricas, de confianza y camaradería. Aunque el tutor puede ser un par más experimentado en procesos de lectura y de escritura, fortalece también sus conocimientos y habilidades en cada interacción, por lo que se da un aprendizaje de doble vía.


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Este año en el CEJ se ha discutido y reflexionado acerca de la pertinencia de ofrecer las tutorías entre pares en modalidad virtual, como respuesta a las demandas actuales y a las necesidades de un alto porcentaje de estudiantes de posgrado que viven en municipios distintos a Cali y que, por tanto, presentan algunos inconvenientes para asistir a las tutorías presenciales. Las tutorías virtuales consisten en apoyar el proceso de escritura a través de un recurso tecnológico virtual. Estas tutorías tienen dos modalidades: una asincrónica y otra sincrónica (Ryan & Zimmerelli, 2010). La asincrónica ofrece el apoyo en espacios y tiempos distintos. La actividad más frecuente en esta modalidad es el envío de textos a través del correo electrónico y su posterior revisión por parte de los tutores. En este tipo de tutoría hay un papel menos activo del estudiante, pues el tutor es quien revisa el texto y lo devuelve con comentarios. Por otra parte, la tutoría sincrónica es aquella en la que el tutor y el tutorado coinciden en tiempo, pero no en espacio. Puede hacerse a través de chats, llamada, videollamada o puede estar soportada en plataformas especiales. Esta última modalidad es muy interesante, debido a que permite que se pongan en marcha estrategias similares a las que se usan en la tutoría presencial: se puede compartir el documento, el estudiante puede leer-

lo en voz alta, tanto él como el tutor pueden hacer y escribir comentarios, pueden acceder a otras fuentes de información en tiempo real, etc. En varias universidades en Estados Unidos se presta este servicio de tutorías virtuales a través de programas como Skype y Hangouts de Google; estas tutorías evidencian resultados muy similares a las interacciones cara a cara (Summers, 2013). Particularmente, en la Pontificia Universidad Javeriana Cali se cuenta con la plataforma Collaborate, que tiene diversas funciones que apoyan y potencian las tutorías entre pares. El Centro de Escritura Javeriano empezará este servicio en el mes de noviembre con estudiantes de posgrados que no viven en Cali. Las tutorías virtuales no reemplazan las interacciones presenciales, sino que amplían la oferta de servicios del CEJ, con el propósito de contribuir con una formación de alta calidad de todos los estudiantes.

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CACHIVACHES LITERARIOS En esta sección los tutores expresan sus percepciones, vivencias e imaginación a través de relatos de ficción y otros recursos literarios.

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AZUL

POR: JOSÉ LUIS ARIZA

lo lejos veo las montañas. Se ven imponentes, como grandes gigantes verdes a los que nada les afecta y por nada se inmutan; simplemente están ahí. ¿Qué se sentirá ser una montaña? ¿Tendrá más sentido que lo que siento yo? El cielo está despejado, solo hay un par de pequeñas nubes rondando las montañas, como un par de niños jugando sobre los gigantes. El tren se acerca a su destino. También sería mi destino si no fuera porque hago este viaje obligado y con muchísimo tedio. Según mi madre es “para que despejes la mente y te olvides de ella”. Mientras el tren progresa intento escribir algo pero no me fluye nada. Desisto y sigo viendo el paisaje; al menos eso tendrá mi cabeza ocupada. Noto un pequeño pájaro azul volar al lado de mi ventana, se queda ingrávido mirándome. No me explico muy bien cómo logra mantenerse en el centro del marco con la velocidad que lleva el tren. Al parecer lleva un buen rato en esa posición pero no lo había visto, se camufla con el azul del cielo. Cuando me nota empieza a revolotear un poco, como si estuviera ansioso; o tal vez feliz. Luego de un rato de hacer esto emprende su viaje hacia el cielo volando en círculos, como en señal de despedida. Me quedo viéndolo hasta que se fusiona con el horizonte sin pensar en nada particular más allá de la existencia del pajarito.


EL ESCRIBANO De repente algo golpea mi cabeza suavemente. Lo dejo pasar y no le pongo mucha atención. Realmente no soy una persona curiosa. Las cosas pasan porque pasan y punto, buscarles la razón de ser es una completa pérdida de tiempo; seguirán siendo sea que se conozca, o no, esta supuesta razón. Mientras por mi mente pasaba esta pequeña reflexión, mi cabeza volvió a ser golpeada, esta vez con más fuerza. Me giré para ver qué o quién era el que me estaba golpeando, no me agradaba mucho la idea de sentir golpes todo el viaje. Al principio no vi nada, todos los pasajeros estaban en sus sillas charlando o durmiendo. Un pequeño niño correteaba por el pasillo pero lo descarté al ver que su concentración giraba en torno a un par de carritos que se impulsaban con cuerda. De la misma forma descarté a una camarera que estaba sirviéndole un café a un tipo, dos asientos más allá. El niño y la camarera eran las únicas personas en el pasillo. Cuando decidí desistir de mi búsqueda fue que la vi. Se encontraba a unos tres o cuatro puestos por delante de mí. Por la posición que mantenía con el asiento me recordó a una pequeña detrás de su padre ante la mirada de un extraño. Sus ojos, azules como el cielo o como el pajarito, me miraban con curiosidad y un poco de picardía. Tenía el cabello rubio y la tez blanca. Juraría que tenía pecas y que su sonrisa era adornada por unos brackets aunque no lo podía asegurar; desde mi posición, y en su postura, no alcanzaba a ver totalmente su rostro. Al verla, quedé un poco conmocionado. No entendía por qué me miraba, siendo yo un tipo tan promedio, feo como yo solo y con la tristeza en el rostro. Pero ahí estaba, con su mirada fija hacía mí. La observé como quien no quiere la cosa, de reojo y con disimulo; aunque era bastante obvio que ella sabía que yo ya la había notado. De repente, deslizó un dedo fuera de su posición de escondite y señaló hacia abajo. Como un idiota seguí su delgado dedo hasta el piso del compartimiento donde ella se encontraba, pero no vi nada. Noté cómo se reía. Luego retomó su labor de mostrarme lo que quería que viera pero ahora

con un poco más de detalle. Primero me señaló a mí y luego volvió a señalar hacia abajo. Inmediatamente entendí, agaché mi cabeza pero no vi nada. En un ataque de curiosidad poco común en mí, tal vez provocado por la profundidad de esos ojos azules, me tiré de la silla y busqué en el suelo cercano a mi asiento. En el primer vistazo no noto nada significativo. Al buscar con más cuidado veo una pequeña bolita de papel arrugada con muchísimo cuidado, el mismo cuidado con el que son fabricados los nidos. Al lado de la bolita se encontraba una pequeña piedrita, fueron estos objetos los que atentaron contra mi cabeza. Aunque me dio

pesar deshacer la bolita de papel, por la dedicación con la que fue arrugada, todo indicaba que era esta la que mi observadora quería que notara. El papel, que antes era bolita, solo tenía escrita una palabra. Estaba escrita con esfero negro y la caligrafía era delicada y misteriosa, típica de una mujer fuera de lo común. Al verla me sorprendí aún más de lo que me había sorprendido al notar a mi observadora. No entendía por qué me hacía esta petición. Ella no tenía razones para pedírmelo y yo no tenía ni las fuerzas ni la voluntad para hacerlo. Solo decía “Sonríe…”. Me dieron unas ganas inaguantables e irresponsables de responderle pero no sabía cómo. Obviamente no iba a acercarme a ella. Tan pendejo no soy. Pensé en usar el mismo medio de comunicación que ella usó conmigo, la dichosa bolita, pero algo me lo impi-

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dió. Decidí, por el momento, esperar y observarla a ver si se manifestaba de alguna u otra forma. Cuando mis ojos se cruzaron con los suyos no encontré la reacción que esperaba. Ya no me miraba con la curiosidad de antes, ahora parecía enojada como si algo la hubiera molestado. No entendía este cambio de humor y no soportaba su mirada. La soledad, que ante sus ojos curiosos había desaparecido sin que yo lo notara, ahora atacaba con más fuerza en el centro de mi pecho. La desesperación que había reprimido durante todo el viaje volvió a mí. Quise salir corriendo, tirarme del tren, deshacerme de ese sentimiento de amargura y darle fin al sinsentido por el que estaba pasando. De repente el pajarito volvió a mi ventana. Revoloteaba con cierto vaivén como si me quisiera decir algo. Detrás de él noté las montañas y me di cuenta de que las nubes habían desaparecido, dejando tras de sí un cielo claro y despejado. Bajo ese cielo tan azul, que entraba a través de mi ventana rodeando al pajarito, me di cuenta de lo que necesitaba hacer. La respuesta había estado ante mí desde el instante en el que recogí la bolita. Era la solución perfecta a mi tristeza y, de paso, la mejor forma de comunicarme con ella. Sonreí. Al verme me respondió de vuelta con otra sonrisa. Comprobé que, efectivamente, tenía pecas y brackets; mi intuición nuca me falla. Luego se volteó y se acomodó en su asiento. Cuando el tren llegó a su destino, que de alguna forma terminó siendo el mismo mío, la busqué entre la multitud pero, como si de una historia que merece ser contada se tratase, no la encontré. Al que sí me encontré luego de unos días fue al pajarito. Seguía tan azul como el cielo. Cada vez que lo veo revolotea de una forma distinta como si me quisiera impresionar. Guardé el papel, antes bolita, y lo cargo conmigo. Es un extraño recordatorio de aquel viaje en tren y cada vez que lo saco simplemente cometo el acto más simple pero más significativo que un ser humano puede hacer. Sonrío.


¿QUÉ SE VIVE EN LA VIDA REAL?

POR: PAOLA ANDREA FERNÁNDEZ

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sí, sentado en la plaza me lo dijo un viejo albañil: “No sé cuántos edificios en mi vida construí, lo que sí sé, es que a ninguno me volvieron a dejar entrar”. Eso fue el pasado verano y aún recuerdo su rostro, descompuesto, vengativo y agotado. ¿Cuántos como él habrá? ¿Cuántas personas no podrán acceder ni siquiera a las obras que producen? Y es que no es solo ese albañil, es cuanto asalariado hay laborando a esta hora; todos producen, crean, innovan, hacen, dan todo de sí, todo bajo el yugo de la necesidad de un nimio pago y encarcelados en cuatro paredes grises en un espacio reducido. Cuántos persiguen sus sueños y se quedan en el intento, cuántos artistas, pintores, fotógrafos, escultores, directores de arte, músicos, filósofos, escritores; cuántos han renunciado a seguir con aquello que les apasiona por tener que llevarse una miga de pan a la boca. Es entonces donde aparece la frustración, el desasosiego, es ahí donde se siente la nada, donde la vida pierde sentido, solo al experimentar la ruptura de los sueños es donde se ve cuán poco se es. Cuán poco se es, no por culpa de sí mismo, es por culpa del endemoniado sistema económico, es sentir las cadenas de la moneda, es sentir que nada vale, que nada que sea propio tiene un peso; no, lo único que vale es la producción masiva, es hacer parte de los registros del gobierno, es salir y darle al jefe las ocho horas que


EL ESCRIBANO pide de trabajo, si no es que son más, con un salario menor del mínimo. Y bueno, yo acá todo lo miro exento de todo mal, soy un espectador del daño, voy con mi paquete de crispetas viendo la abominable tragedia del día a día y del quehacer de tantos. Porque sí, nací en cunita de oro, jamás he pasado por necesidad alguna porque sé que estudie o no, tenga expectativas o no, mi padre es dueño de una multinacional que al morir me heredará. Y no es que eso me llene, no, por el contrario, me produce decepción, me avergüenza, sé que estoy sentado dejando que la vida pase frente a mí, sé que estoy dejando que la vida me arroye, me embista, me aplaste. Sé también que no haré nada para cambiarlo, estoy muy cómodo en mi posición de pequeño burgués pseudocrítico. Sé también que al autoproclamarme desertor de todas las causas me clavó la estaca en el pecho. Sé también que sé qué pasa en el mundo y sé que, no es que no pueda cambiarlo, sino que, así me duela, no me importa. Sí, yo estoy sentado al otro lado de la calle observando el asesinato de tantos, la aniquilación de sus esperanzas y soy testigo y al ser testigo, soy culpable. Es por esto, es por este yugo, por esta angustia que me embarga al sentirme responsable por hacer caso omiso al mal del mundo, que vengo a contar esta historia, que daré cuenta de qué jodido está todo, que investigué desde la distancia para poder contar qué pasa del otro lado de la moneda. Él se llamaba Juan, sí, se llamaba, porque desafortunadamente en un evento terrible falleció. Como venía diciendo, se llamaba Juan, era el padre de tres hermosas niñas, Karla, Jessica y Alexa, la primera de cinco, la segunda de siete y la tercera recién mayorcita de edad. Su mujer lo había dejado por un comerciante-traficantemalandro, un canalla de mala muerte que abusaba de cuanta mujer se le pasase por enfrente pero, como por la plata baila el perro, se fue en busca de una mejor vida. Él vivía en un barrio estrato uno, aún no puedo creer como somos capaces de estratificar en este país tercer mundista; un estrato seis acá no es capaz ni de acercarse a los altos lujos que puede darse un mul-

timillonario de un primer mundo, y nosotros somos tan descarados que le ponemos estratos a nuestra miseria, pero bueno, sigo. Como decía, Juan vivía en el estrato más bajo y, si hubiese asignado un número menor a uno, Juan lo tendría. A su casa no llegaba el agua, tenía que bajar a la ciudad para mendigarle a algún tendero dos o tres botellas de agua de llave, para poder freír medio huevo y para un agua de panela. Tampoco había luz eléctrica, y tampoco luz en general porque no tenía el dinero suficiente para estar comprando velas constantemente, es por eso que las pocas velas que tenía las utilizaba en algún evento importante, como la celebración del cumpleaños de alguna de sus hijas o algo semejante. Sus niñas, sus tres hermosas hijas, eran sumamente alegres, estaban felices de vivir y dos de ellas, las menores, no entendían aún qué era la pobreza. Alexa era muchísimo más consciente del valor que tenía ese papel verde, por eso había dado muchas veces lo más privado de sí para poder obtenerlo. Y es que ella gozaba de una encantadora belleza, y eso sí que tiene precio, precio que sabía aprovechar muy bien. Por otro lado, y no menos importante, Juan no siempre estuvo expuesto a tanta miseria, antes gozaba de no mucho dinero pero el suficiente al menos para poder sobrevivir, pero su exmujer, al irse con el comerciante-traficante-malandro, no solo se llevó su dignidad, también se llevó los ahorros con los que pretendían dar la cuota inicial de un espacio al cual le pudieran denominar hogar. Y los males para Juan siguen, aún no he terminado de tan solo describir su situación… (esta historia continuará…)

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NATURAL

POR: JENNIFER GARCÍA

espués de unos cuantos ratos de excesiva calidez energética y el fluir del líquido sobre mí, despertaba más estirada que de costumbre y se ampliaba mi paisaje mucho más de lo imaginado. Solo llegaban a mí recuerdos de gotas que empañaban y helaban cada uno de mis dedos verdes, pero de alguna forma también saciaron la sed que había estado sufriendo unos días antes. Y por qué no, pensar en el impacto que tuvo aquella luz incandescente que por momentos hizo arder mi ligero y delgado cuerpo café que parecía haberse ensanchado repentinamente. ¿Cómo llegué hasta aquí? Me preguntaba recordando nuevamente esas sensaciones tan contrarias, pero en las cuales mi vista siempre estuvo nublada. ¿Cómo es posible que me haya perdido de todo esto? Seguían refunfuñando mis partes frondosas. Y entonces, por primera vez me quedaba impactada ante tan minucioso detalle y me entraban muchas ganas de dibujarlas con las puntas de mis ramas. Observaba dimensiones que ni siquiera me podía explicar, colores que no sabría nombrar, y una mezcla entre cosas que iban y venían, unas a ritmos acelerados, y otras que no entendía por qué se mantenían allí. Eran millones de ángulos que veía desde mis raíces hasta la punta de mis cabellos amarillentos y constantemente fluía, dentro de mi tronco, un aire extraño que deseaba salir. ¿Pero


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qué es lo que me pasa? Mientras continuaba la expulsión de ese aire, que iba de frío a helado, me di cuenta que cada vez exaltaba ante mi vista algo en particular y quizá debía ser el responsable de todo esto tan extraño que veía dentro y fuera de mí. Se trataba de una especie cuya figura me resultaba muy familiar, solo un poco más alto e incluso su cabello también era amarillo como el mío. Y, usted, yo… ¿hola? No sabía cómo había surgido esta capacidad. El aire frío de mi vientre aceleraba mi respiración y no comprendía por qué eso de al frente llamaba tanto mi atención, que incluso sacaba palabras de mi conciencia. Guayacán – dijo él. ¿Guaya…ya…cán? - respondí entre hojas. Sí, por supuesto. -Como el grupo musical de salsa que se distingue tradicionalmente en nuestra cultura caleña. Pero un poco más- ¿Ve usted arbolita? Tiene que aprender de sus mayores. Tiene que pararse con firmeza, porque de lo contrario se la va a

llevar el viento, así que deje de estarme mirando que es hora de construir sabiduría para entregarle sus capacidades a nuestra madre tierra. O sino, ¿qué será de nuestro entorno? Es su misión, está en su ADN Acacia, ¡póngase las pilas! ¿Asaaa-casia? Casia-aca… ¿Acacia? Definitivamente algo no estaba bien. Ni respondía mi mente ni mis palabras ante este extraño suceso. ¡Vea que se levante que le va a coger la tarde! Escuché en un tono deformado, cuyo timbre fue paulatinamente pasando de grave a agudo. Era la voz de mi madre. ¡Por Dios! ¡Pero si son las 6:40 y yo tengo que estar a las 7:00am en la universidad! Abrí los ojos, y pude ver el techo, la cama, la ropa tirada por doquier. Tenía mi cuerpo humano de vuelta. Pero tenía o quizá ya no tenía tiempo. ¡Santo cielo! Mi mente se quedó en blanco por un instante. ¿Y ahora por qué ando tan religiosa?, me pregunté. ¡Demasiado pensar y poco actuar! E inmediatamente me lancé de

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un salto al baño, me puse lo primero que encontré, y de tres brincos resulté de nuevo en mi rutina, en aquel pan de cada día. No obstante, ese día no lo voy a olvidar, y mucho menos lo que sentí y lo que viví en el sueño: la importancia de aquello tan natural que no veo.


PÉRFIDO

POR: PAOLA ANDREA FERNÁNDEZ


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e visto de autores, no tengo rostro. Me visto de letras que no me pertenecen Ciorán, Pizarnik, Baudelaire, Huxley, Rimbaud, Hesse, Bukowski, Bierce Camus, Nietzsche y Sartre, eso soy ahora. ¿Y mañana?, sí ¿mañana qué? No tengo algo mío, solo un vómito de conceptos recolectados, agrupados sistemáticamente y puestos en mi quehacer diario.

El caos no es mío, es de los otros. Es de los que admiro, de los que leo, de aquellos en los que creo. Me desdibujo en llanto inventándome cuentos; realmente mi no-sé-qué no me pertenece. Y así creo mis desencantos. Y así busco continuamente aniquilarme, arrancarme las uñas y perforarme los ojos. Así encuentro la destrucción que aclamo.

Y lo que proyecto y lo que escribo se vuelve cierto. Y mis días se ponen grises y la oscuridad se vuelve real. Y se cortan las alas, se vierte petróleo en las plumas. Y rompo el espejo, no me encuentro. ¿Qué puedo hacer? ¡No soy real! Todo lo que proyecto ser es un acetato maltrecho. Quiero salir y vivir mierda enteramente mía, tragarme la estupidez en una sola dosis. Pero todo se va volviendo real, tangible ahora lo que en letras antes. Cumplo al fin mi propósito, es un hecho mi autodestrucción. Todo sabe a engaño, a fruta podrida, a mentira, a lixiviado.

Rostros descompuestos, migas de nada esparcidas en el suelo. Mierda, mierda y caos. Sinsabor y vergüenza.

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¿QUÉ PASA EN EL CEJ? En esta sección se encuentran las principales noticias y novedades del Centro de Escritura Javeriano.

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¡ESTAMOS DE FIESTA! QUINTO ANIVERSARIO DEL CEJ

1ERCONGRESO LATINOMERICANO DE CENTROS DE ESCRITURA

¡ESPÉRALO! TUTORÍAS VIRTUALES EN EL CEJ


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n octubre del 2008 se dio inicio en la Pontificia Universidad Javeriana a una experiencia desconocida hasta el momento para todos los que hicimos parte de ella. Un grupo de estudiantes de diferentes carreras de pregrado empezó a ofrecer tutorías de escritura a sus pares académicos con la emoción que lo desconocido supone y con la seguridad de estar poniendo en práctica las destrezas aprendidas hasta ese momento en el curso de formación de tutores que se encontraban adelantando. Sin más recursos que un par de mesas de la hemeroteca y una carpeta de cartón donde los interesados se anotaban para solicitar las citas, se dio inicio al primer centro de escritura de Colombia. Al año siguiente la primera cohorte de tutores, 12 entusiastas chicas, participaron de las primeras tutorías que se ofrecían en un espacio propio: un pequeño cubículo en el que se atendían dos personas a la vez (hablando muy bajito). La ceremonia de inauguración en abril del 2009 oficializó el Centro de Escritura Javeriano y la aventura cobró más fuerza. Nos

fuimos dando a conocer en la comunidad con nuestros talleres abiertos y con las visitas a las clases para divulgar los servicios. El equipo de trabajo se fortaleció internamente y se generó una mística por el centro y su filosofía, que hasta hoy se mantiene. En el 2010 el concurso de ortografía fue el evento que nos proyectó para dar el mensaje de que escribir bien “paga”. Al siguiente año este concurso dejó huella diciéndole a todos los estudiantes “Tú eres lo que escribes”. También ese año inauguramos nueva sede, más amplia, con cuatro cubículos dotados de computadores y una sala de espera, que permiten ofrecer un mejor servicio a nuestros usuarios. El posicionamiento del centro se extendió a nivel nacional y se empezó a correr la voz de esta experiencia; más universidades se interesaron por formar parte del movimiento. En el 2012 el centro organizó un foro sobre la lectura y la escritura en la universidad con una interesante dinámica de mesas de trabajo de estudiantes y profesores para generar propuestas concretas a la universidad.

Varias de ellas se han llevado a cabo y otras están siguiendo su curso para ser realidad. El reconocimiento cada vez ha sido mayor, tanto a nivel interno como externo. La tendencia ascendente en el número de tutorías por semestre se ha mantenido y los estudiantes de posgrados empezaron a acudir a nuestras tutorías. Se inició un club de lectura para fomentar también la lectura por placer, y los estudiantes y profesores se han sentado a compartir y debatir sobre grandes obras de la literatura. Hoy, cinco años después, el centro sigue traspasando fronteras y abriendo caminos con más propuestas de desarrollo académico para beneficio de la comunidad, no solo interna, sino para los 5000 visitantes de todas partes del mundo que diariamente ingresan a nuestro portal. Con una base de unos tutores, que son ante todo excelentes seres humanos, el centro de escritura ha llegado hasta donde está. Estos cinco años han sido espectaculares. ¡Felicidades!

l 10 y 11 de octubre la Pontificia Universidad Javeriana de Cali será sede de este encuentro en el que se congregarán directores de centros de escritura de los países latinoamericanos donde esta experiencia está en marcha. La mayoría de estas propuestas son jóvenes en tiempo de permanencia, pero con grandes logros que tal vez tangencialmente se pue-

den divulgar en eventos académicos. Nunca se había dado la oportunidad de que los directores de los centros y programas de escritura, los profesores interesados en estas iniciativas y los tutores de escritura se congregaran a compartir sus experiencias. Este encuentro no solo será la oportunidad para conocernos, sino también para reconocer la diversidad de prácticas

y dinámicas que se dan al interior de cada iniciativa. Se espera como resultado consolidar una red latinoamericana en la que todos aportemos para que nos fortalezca y nos nutra colectivamente. Cali saluda a las delegaciones de los diferentes países y regiones del país y la Javeriana los recibe con las puertas abiertas a esta su casa. ¡Bienvenidos!

partir del mes de noviembre el Centro de Escritura Javeriano comenzará a ofrecer tutorías virtuales para los estudiantes de posgrado que no pueden asistir personalmente a las tutorías por razones laborales o por vivir fuera de la ciudad. El servicio, igual que las tutorías presenciales, se impartirá a través de la plataforma Collaborate, que per-

mite compartir textos, anotar y comentar en ellos, al igual que todas las posibilidades de chat y video. De esta manera, en tiempo real se compartirán y discutirán estrategias para que, ahora virtualmente, sigamos haciendo mejores escritores.

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CRÉDITOS DIRECCIÓN EDITORIAL VIOLETA MOLINA NATERA

AUTORES JOSÉ LUIS ARIZA CABRERA PAOLA FERNÁNDEZ JENNIFER GARCÍA STEFHANÍA LIBREROS PAMELA LONDOÑO KAREN SHIRLEY LÓPEZ DANIEL MANRIQUE DANIELA RIVERA ÁNGELA XIMENA TENORIO WILSON USME

DISENO Y DIAGRAMACIÓN JULIO JOSÉ SÁNCHEZ

FOTOGRAFÍAS STOCK.XCHNG V6: HTTP://WWW.SXC.HU

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EL ESCRIBANO

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NO ESTAMOS SATISFECHOS

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PÁGINA 43 / REFERENCIAS


El Escribano, edición 1, 2013. ISSN 2500-6185 (en línea)  

Primera edición de la revista El Escribano del Centro de Escritura Javeriano, 2013. ISSN 2500-6185 (en línea)

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