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Beata Inés de Benigánim

Óleo sobre lienzo de la Beata Inés, por el pintor barroco Antonio Viladomat. El cuadro se encuentra en la colección de los Marqueses de Jaureguizar, Palacio de Ripa (Navarra)

Revista no. 130 / 2018


RASGOS TERESIANOS EN LA BEATA INÉS DE BENIGÁNIM †JERÓNIMO BELTRÁN Casi en el centro de Benigánim, no lejos de la Iglesia Parroquial, se levanta hoy un templo dedicado a honrar la memoria de la Beata Inés. Es una Iglesia conventual. La tienen las Madres Agustinas Descalzas de San Juan de Ribera. Detrás de la monumental Iglesia, viven las monjas. En la soledad voluntaria del claustro. En el convento que han hecho centro de atracción de sus vidas consagradas. Y detrás de las dependencias conventuales, el huerto. Allí crecen palmeras. Y florece abundantemente la viña. Está rodeado de unos altos muros que lo circundan en su totalidad. Muros, que impiden ver una “ermita”, que la Beata Inés frecuentaba cuando allí vivía. Es curioso. Una ermita dentro de la huerta. Como si dijéramos: “soledad y retiro” dentro de la misma soledad. Al estilo que quería Santa Teresa de Jesús. Ella recuerda en sus libros el origen ermitaño de la Orden Carmelitana. Y porque está dispuesta a que ese retiro sea cada vez más total, desea que en sus fundaciones se levanten ermitas dentro incluso de la misma huerta. Así sucedió en el monasterio de San José de Ávila, donde las monjas podrían retirarse a solas y encontrarse con el Dios de la vida. Ya no extraña que en “Camino de perfección” escriba: “Acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración... y es menester traer estudio en aficionarse a lo que esto más nos ayuda” (CP 4,9). A muchas personas hoy, la “soledad” les agobia. No la soportarían. Tienen que estar rodeados de alguien; tienen que tener a su lado una música. Tienen alergia a todo lo que la soledad significa. Pero resulta que los santos han encontrado en la soledad una “realidad maravillosa”. Cuando uno se aísla de los hombres para encontrarse más plenamente en Dios, tiene sentido el retiro, la soledad, la huida. San Juan de la Cruz, escribiría: “En soledad vivía y en soledad ha puesto ya su nido; en soledad la guía, a solas su quero, también en soledad de amor herido”. Para el reformador del Carmelo, lo mismo que para Teresa de Jesús, es la soledad el lugar privilegiado de encuentro con quien sabemos nos ama. Porque sería ilógico concebirla como ausencia de conexión como falta de contacto. Solo entenderá plenamente el sentido positivo de la sole1


dad, quien fuera capaz de vivir plenamente la convivencia humana verdadera. La Beata Inés encontró también en la huerta del convento de Benigánim estos lugares silenciosos. Allí, en la ermita, fue donde su soledad asumida con Fe se convirtió en encuentro fecundo con Cristo a quien amaba. Muchas veces se retiraba al minúsculo templo, y se daba cuenta de que no estaba sola. En el fondo de su corazón se había establecido una corriente de amistad y de vida. Y por eso aún en el aislamiento en que entonces se encontraba, podía dialogar con Dios. Y desde Dios es desde donde ella podía abrazar a la humanidad entera. Si había dejado para siempre la vida del pueblo y se encerró en el convento, era exactamen te para inmolarse por los demás en aras de una caridad auténtica. Una vida consagrada a Dios en la clausura no se entiende nunca si no es desde esta perspectiva. Santa Teresa de Jesús, cuyo cuarto centenario de su muerte celebramos este año, y la Beata Inés de Benigánim coinciden en esta dirección. Es un rasgo común que las abraza. Y hay motivos para pensar en ello, porque las Agustinas Descalzas de San Juan de Ribera tienen muchos puntos de contacto con la santa castellana. Su mismo fundador quiso que su Regla y sus Constituciones estuviesen penetradas del espíritu teresiano. Y en la carta que escribió a sor Dorotea de la Cruz, priora del monasterio del Santo Sepulcro de Alcoy dirá con fuerza: “Os comuniqué mi intención, que era fundar aquel monasterio de Monjas Descalzas de san Agustín, sujetas al ordinario con la regla de san Agustín y con las mismas Constituciones y manera de proceder que había dispuesto la Madre Teresa de Jesús” Por eso quiso que en esa primera fundación estuvieran presentes algunas Carmelitas Descalzas, seguidoras de la Reforma iniciada por la santa de Ávila. Por eso la Beata Inés fue tan amante de la Soledad. Sabía practicar aquel consejo que la santa dejaría escrito en Camino de Perfección: “Mucho conviene para este camino paz y sosiego en el alma (C P 20,5). Paz, sosiego, silencio, soledad busca la beata valenciana. Y despegándose del mundo e incluso de sus hermanas de clausura, busca en algunos ratos libres mayor soledad para su plegaria. Realiza personal y vivencialmente la experiencia de Dios en el espacio abierto de su propia alma. He aquí el primer rasgo teresiano de la Beata Inés. La soledad, el silencio fecundo. Una soledad constructora. Ella se retira allá donde solo es posible escuchar la voz de Dios Y cuando a Dios se le escucha de verdad, sin que otras voces desvirtúen la exigencia de esa llamada, uno tiene que quedar marcado para siempre. Y no responder a su invitación sería incalificable grosería. Teresa de Jesús e Inés de Benigánim supieron escuchar a Dios que se les manifestó en soledad. Y su palabra Eterna las hizo florecer en vida. Pregunto: Nosotros tan extrovertidos, nosotros que tanto tememos a la soledad, ¿Cuándo empezaremos a hacer zonas de “silencio” en nuestra ajetreada existencia? Publicado en el “Boletín de la Beata Inés de Benigánim” No 78; abril, mayo. junio y julio de 1982.

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HISTORIAS PARA NIÑOS-TEMAS SOBRE LA FE CATOLICA

2 MANDAMIENTO: “NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO”

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La familia Ahumada en el mes de agosto aprovechaba el tiempo de vacaciones para disfrutar del verano en la playa de la Concha, San Sebastián. Los padres anhelaban el descanso de la rutina del trabajo y los hijos un poco de “alivio “de la escuela. En este viaje también estaban presentes tres amigos que estudiaban con Agustín y Fátima: Anselmo, Antonio y Ágata. Un cierto día por la tarde, los cinco fueron a jugar a la “caza de la concha”. Tenían media hora para encontrarlas. Ganaba quien conseguía más número de conchas. Después, solían escribir mensajes en la orilla para ver qué cara ponía la gente. Los dos hermanos: Fátima y Agustín, estaban muy unidos y les gustaba mucho conocer las historias de los santos. Entonces los dos escribieron en la orilla: “Jesús, Esposo de la Beata Inés”. Los otros tres: Anselmo, Antonio y Ágata les preguntaron lo que quería decir esta frase. Fátima les explica: - Bueno, ya sabéis un poco de la vida de la Beata Inés de Benigánim, porque empezamos a contaros su historia el otro día. Cuándo la niña tenía de doce a catorce años, tendiendo la ropa que había lavado, se le apareció en visión Jesucristo, radiante de luz, y le dijo: - “Inés, ¿me quieres por Esposo tuyo?” - “Sí, Señor, os quiero por Esposo y no quiero a ningún hombre de la tierra.” Anselmo les pregunta: - ¿Juráis por Dios que es verdad lo que nos decís? Antonio interviene:


- Te juro por Dios que leí algo parecido... Ágata dijo: - ¡Por Dios! ¡Qué horror, Dios Santo! Eso me asusta... ¡A ver si era un fantasma! Agustín para defender a su hermana les contesta: -Antes que nada, os digo: ¡Atención! Cuidado con la manera de hablar de Dios. No podéis decir el nombre de Dios en vano. Su nombre es Santo y debe ser respetado. Estamos acostumbrados a escuchar de los demás y a repetir las cosas, sin darnos cuenta que eso es un pecado. El segundo mandamiento es: “No tomarás el nombre de Dios en vano”. El nombre nos hace memoria de la persona. Dios no es una palabra cualquiera. No podemos “jugar” con Él. Si soy hijo de Dios, todo lo que hablo tiene que trasmitir la verdad, no hace falta hacer juramentos por tonterías... Los tres amigos lo escucharon atentamente y en seguida rectificaron el error pidiendo disculpas. Anselmo, Antonio y Ágata sabiendo que eso desagradaba a Dios, desde entonces no volvieron a cometer más este pecado. Los cinco después de jugar y de hablar fueron a coger un helado, pues hacía mucho calor en este día....

ENCUENTRA 7 PALABRAS QUE SE REFIERE AL TEXTO: Vacaciones, Fátima, Inés, Agustín, Mandamiento, Dios, Santo

Texto: Hna. Fabiana S.D.A. (Agustina Descalza) Dibujo: Pablo Sempere Morant

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LA BEATA JOSEFA MARÍA DE SANTA INÉS Y LA VIDA FRATERNA (1625-1696)

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EI 25 de octubre del año 1642, a la edad de 18 años, después de superar muchas pruebas y dificultades, Josefa Teresa Albiñana Gomar (hoy Beata Inés) logra ser admitida en el monasterio de las Agustinas Descalzas de San Juan de Ribera, que fuera inaugurado solemnemente en su villa natal de Benigánim (Valencia) el día 11 de junio de 1611, cinco meses después del fallecimiento del Santo Fundador, el gran arzobispo de Valencia San Juan de Ribera. La joven Josefa Teresa, debido a su escasa formación, fue admitida en el monasterio en calidad de hermana lega. Dicho sencillamente, para los trabajos manuales. Tras unos meses de prueba, vistió el hábito de la Orden el 26 de junio de 1644 y profesó el 27 de agosto de 1645, con el nombre religioso de Josefa de Santa lnés, Cuando la comunidad de Benigánim (Valencia), el año 1690, adoptó “por titular, patrona, madre y priora perpetua a la Purísima Concepción”, añadiría a su nombre, como todas las religiosas, el nombre de María, quedando para siempre con el nombre de Josefa María de Santa lnés. Desde su entrada, su vida se reduce, en lo externo, al trabajo en las diferentes dependencias del monasterio: faenas de la cocina, cuidado de los animales, trabajos del huerto, etc. Ahora bien, interiormente, Josefa María da pruebas continuas de una vida interior impregnada totalmente de la presencia divina. Ella entró a formar parte de una comunidad que vivía la espiritualidad con marcado acento agustiniano y teresiano. La Regla de San Agustín, adoptada por el Santo Fundador para sus hijas, dice bien claro que: “Esto es lo que os mando que guardéis a las que estáis en el monasterio. Primeramente, que tengáis paz, y una alma y una voluntad en el Señor” (Reg. Cap. 1); y en las Constituciones teresianas: “La vida fraterna debe ser para todas y cada una, una ayuda mutua” (Conts. no 57). Es bien sabido que la comunidad religiosa agustiniana tiene por elemento constitutivo la caridad; apoyada en el diálogo: presidida por la humildad y movida por la gracia. Esta espiritualidad agustiniana la conoce muy bien la Madre Teresa de Jesús y la implanta de Ileno en sus comunidades reformadas. Hablando a las monjas de San José de Ávila, les dice: “Todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de ayudar” (Camino de p. 6-4). Esa espiritualidad es la que deja bien señalada para sus hijas el Santo Fundador, San Juan de Ribera. La comunidad religiosa, por si misma, es célula de comunión fraterna dentro de la misma Iglesia y los miembros de una comunidad religiosa aparecen unidos por una común llamada de Dios en la línea del carisma fundacional. Mi hermano en la fe es “lugar” de mi encuentro con Cristo”. EI hermano es el camino para llegar a Cristo. Esto es lo que vive asiduamente


la Hna. Josefa María de Santa lnés. Su vida de oración, su humildad, su entrega a la comunidad, así como su trato familiar con el Niño Jesús, con Cristo crucificado, con su Santo Ángel de la Guarda son actitudes notorias a todas sus hermanas. En una palabra, su vida se convierte en un ramillete de gracias y prodigios que Ilaman la atención de propios y extraños, Hasta tal punto que, a los 18 años de su profesión, el 18 de noviembre de 1663, el Excmo. Sr. Arzobispo de Valencia, P. Martin López Ontiveros, Ie impone el velo negro, la hace hermana de coro, en reconocimiento de las extraordinarias virtudes en que sobresale. No importa que ignore el latín o no sepa leer, la Hna. Josefa María de Santa lnés es el centro de unidad, de entrega y de amor fraterno en la comunidad. Sus hermanas son para ella el camino que la Ileva a Cristo: Verdadera vida fraterna. P. J. Manuel Gutiérrez . O.A.R.

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“MARE INÉS AON TE CRIDEN VES” En mi larga vida he oído hablar a eminentes oradores sobre nuestra insigne paisana la Beata Inés. Decían que sus actos son siempre la consecuencia de un elevado espíritu sobrenatural, muy admirado y difícil de imitar. Siguiendo sus pasos desde la infancia hasta el fin de sus días, la vemos enamorada de su Rey, fiel a cuanto él le pedía; fe íntegra. Humilde hasta la nada, piadosa con todos hasta el sacrificio. Su piedad fue trasmitida desde un largo camino en la tierra hasta el cielo, dejando su cuerpo en el Altar para ser “abogada del mísero pecador.” La respuesta es evidente al igual que sus sencillos o elevados actos en vida; son los favores para los pobres que cada día acudimos a su altar pidiendo ayuda e intercesión ante su Rey. Desde estas líneas quiero decir algo especial: El primer día de la novena del año 2017, sentí una inspiración especial y dije: “Mare Inés aon te criden ves”. Tomé una estampa de la Beata y la mandé a un gran amigo que por una simpleza, hacía ya tiempo que no nos veíamos. Se obró el prodigio sin saber cómo; a las pocas horas nos dimos el deseado abrazo. El día de la Fiesta cuando la vimos caminando entre flores... incienso... luces... le dimos gracias del fondo del corazón. Rosario Gomar

¿Qué es la vida contemplativa femenina en la Iglesia? “Corazón orante, guardián de gratuidad, riqueza de fecundidad apostólica y de una misteriosa y multiforme santidad.“ <<Cor Orans>> (Instrucción Aplicativa de la Constitución Apostólica “Vultum Dei Querere”) ¿VOCACIÓN? ¿Y SI ESCUCHÁSEMOS SU LLAMADA? SI TE PASAS EL DÍA PENSANDO EN ÉL: jesusmellama@beatainesbeniganim.com

Jesús va a dar sentido a tu vida.

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M. JUANA DE LA ENCARNACIÓN (1672-1712) MURCIA

Sus padres, Don Juan Tomás Montijo y Doña Isabel Ma de Herrera, contrajeron matrimonio en Perú ya muy adelantado el siglo XVII. Ambos, de noble familia y de costumbres muy religiosas, decidieron volver a España para llevar adelante su vida de familia con más sosiego. Su única hija nació en Murcia el 17 de febrero de 1672 y le impusieron el nombre de Juana de la Concepción. Destacó muy pronto en la pequeña el deseo de hacer bien a los demás, en especial a los pobres. Sus padres, en ocasiones, la llevaban al hospital para que pudiera repartir los regalitos que ella misma conseguía de sus ahorros. Siendo aún muy niña, sabemos de un hecho un tanto singular en su vida espiritual. Aconteció en la ciudad murciana de Jumilla, a la que se trasladaron sus padres huyendo de la peste que en esos momentos azotaba Murcia. Allí desapareció Juana buscando un desierto donde dedicarse al Señor. Tras ser localizada, los padres comentaron la travesura con un franciscano de aquella localidad, quien les dijo que atendieran bien a su educación pues sería religiosa y santa, algo que en la familia se recordó siempre como una profecía. Tenía gran habilidad para las letras, también para las labores; muy pronto aprendió a leer el latín con perfección y todo lo relacionado con el catecismo. Eso hizo que, contra la costumbre de la época, le adelantaran la comunión a los nueve años. La realizó en la capilla de María Santísima de Murcia, momento que vivió con gran intensidad. La víspera de la solemnidad de la Encarnación del Verbo, estando en cama y apenas empezado el sueño, escuchó que la llamaban. Se despertó pensando que era su madre; sin embargo, lo que descubrió en el silencio de su habitación fue una visión de Jesús con la cruz a cuestas que le decía: “Quiero que seas religiosa y me sigas en mi Cruz”. A continuación entró en la habitación de sus padres y les pidió permiso para ingresar en el convento de Corpus Christi de religiosas agustinas descalzas de Murcia, en el que se acogían niñas menores de 15 años y las formaban hasta que pudieran iniciar su noviciado a esa edad.

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Desde el primer día en el convento su actuación fue modélica y discreta, amiga del silencio, obediente en todo; fue muy querida y admirada de sus hermanas que apreciaban en mucho su vocación. Aprendió a bordar y logró gran destreza en estas labores. El 5 de marzo de 1687 inició su noviciado con el nombre de Sor Juana de la Encarnación. A partir de este momento, su vida fue una entrega continuada en creciente fidelidad. La oración fue el eje que animó toda su actuación. Sabía acompañar, animar y consolar. El 11 de noviembre de 1715, con gran suavidad, casi sin que las hermanas que la rodeaban se percataran, discreta como había tratado de vivir, a la edad de 43 años, marchó su espíritu al encuentro del que tantas veces había invocado como Dios incomprensible, amabilísimo y eterno. El Señor nos conceda adentrarnos por ella y a través de ella en el gran misterio de la redención de nuestro Señor Jesucristo, de su pasión, muerte y resurrección. ¡A él la gloria por los siglos! Amén. P. Luís Ignacio Zeballos S.J.

NOTICIAS

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HALLAZGO DE LAS AUTÉNTICAS DE LAS RELIQUIAS DE LA BEATA. Desde que se volvió a dar impulso a la Causa de Canonización de la Beata Inés, las Agustinas Descalzas no han descansado en su labor de promover todas las iniciativas que construyan camino hacia la canonización. Uno de los retos planteados ha sido la de recopilar cuantos documentos referentes a la historia de la Beata y su devoción sean posibles, para divulgar así el rico patrimonio que la historia de la Beata ha generado y dar a conocer más si cabe la figura de la religiosa. Uno de los más felices hallazgos ha sido la de varios documentos de Auténticas de Reliquias de la Beata. Se trata de varios documentos, algunos de 1902, 1927 y el más importante fechado en 1896. Este último está firmado y validado por el Beato Ciríaco María Sancha, en aquel tiempo arzobispo de Valencia, quien antes de depositar el cuerpo de la Beata en su Sepulcro extrajo varias reliquias y de las cuales esta Auténtica es el documento que da fe de su autenticidad. Actualmente todos los fieles la pueden contemplar expuesta en una artística sacra sobre el altar del sepulcro de la Beata Inés.


VISITA DEL POSTULADOR GENERAL El pasado mes de marzo, aprovechando su viaje a España, el Padre Samson Silloriquez, Postulador General para las Causas de los Santos de la Orden de los Agustinos Recoletos, visitó el convento de la Beata Inés de Benigànim. Durante su estancia el Padre Samson celebró la Santa Misa, saludó a los fieles, conoció la Casa Recuerdos de la Beata así como algunos lugares históricos de Benigànim relacionados con la religiosa agustina y se reunió con los “Amigos de la Beata” y con la Comunidad de Agustinas Descalzas. Las religiosas le mostraron satisfechas que habían llevado a término cuantas iniciativas les propuso durante su primera visita y el religioso aplaudió la labor realizada y les instó a seguir por el mismo camino.Finalmente el Padre Samson comunicó que se retiraba de su actual labor y anunció que la defensa de la Causa de Canonización de la Beata la asumiría otro padre agustino que además es valenciano. LA CASA RECUERDOS DE LA BEATA INÉS Durante el primer año de visitas a la Casa Recuerdos de la Beata los peregrinos que la han conocido de primera mano destacan la gran experiencia que ha supuesto para ellos. Y no son de extrañar estos comentarios. Aunque todas las opiniones son excelentes, hay tantas como visitas, y eso que sobrepasan el millar. Es difícil elegir algo concreto que destacar de la exposición, pues a lo largo de las distintas salas se exhiben piezas muy variadas. Todas ellas, eso sí, relacionadas con la Beata Inés. Por ejemplo el conjunto de escultura. Las piezas escultóricas son tallas de madera policromada que pertenecen, en su mayoría, al siglo XVII por lo que son coetáneas de la Beata. Dan cuenta de la devoción conventual y de la pobreza de las religiosas el San Miguel y el San Antonio de pequeño tamaño, expuestos ambos en la vitrina de los Recuerdos de la Beata. Además, junto a una Santa Ana y una Purísima, destaca sobremanera un San José de lenguaje barroco que data de la segunda mitad del siglo XVII.Entre las piezas escultóricas podemos señalar, por su calidad artística y su valor religioso y sentimental, el conjunto de los tres Niños Jesús de que consta la exposición. Los tres son del tiempo y devoción particular de la Beata, realizados en madera policromada son piezas del arte barroco y constituyen una verdadera delicia para los amantes del arte, para los curiosos y para los devotos de la Beata, quienes al poder ver tan de cerca todo lo que usaba la Beata durante su vida la sienten, si cabe, más cerca.

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“Hermanitas no os disculpéis jamás cuando os reprendan; callad, humillaos sufriendo todo por amor de Dios.” Beata Inés de Benigánim

Cerámica que se conserva en el Monasterio Santo Sepulcro de Alcoy- Alicante

SE ACEPTAN INTENCIONES DE MISA ES64 2038 6115 1830 0007 9200 M.M Agustinas Descalzas Monasterio la Purísima, San José y Beata Inés C/ Leonor Ortiz, 4, 46830- Benigánim (Valencia) Teléfono: 962 92 02 94 WWW.BEATAINESBENIGANIM.COM info@beatainesbeniganim.com

Revista Beata Inés nº130  
Revista Beata Inés nº130  
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