Tropo a la Uña 27

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Revista del Centro de Creatividad Literaria

literatura y arte

Año 7 (segunda época) septiembre de 2021

10 mujeres poetas del norte de QR w

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Sumario

Revista del Centro de Creatividad Literaria, A. C. Director Miguel Ángel Meza (fundador primera y segunda épocas) Carlos Hurtado (qepd / idea fundadora)

ENTREVISTA

Consejo directivo José Luis Gaytán Saules (administrador) Marcos Constandse Madrazo (patrocinio fundador: nueva época) Carlos Constandse Madrazo (patrocinio fundador: nueva época) Consejo editorial Javier España José Díaz Cervera Wildernain Villegas C. Carlos Torres Marién Espinosa Antonio Leal Elvira Aguilar Angulo Rodolfo Novelo

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Norma Quintana Lourdes Cabrera Martín Ramos Lorena Careaga Agustín Labrada David Anuar Ramón Suárez Caamal Jorge Cortés Ancona

TRASLUZ 8 Diez voces poéticas femeninas del norte de QR

Asistencia de contenidos en página web y administración de redes Gabriela Ramírez Maldonado

Diseño Mauricio Cejín Consejo artístico Gena Bezanilla Angélica Mercado Norma Ordieres Jesús Montalvo

28 Un cuento palindrómico Héctor Hernández

Corresponsal en Felipe Carrillo Puerto Ángel Sulub

LATINTATENTA

Corresponsal en Yucatán Svetlana Larrocha

31 Nicolás Guillén: historia, mestizaje e identidad Norma Quintana

Administración Servicios Corporativos de Cancún, S. C.

Visítenos en nuestra página web: www.tropoalauna.org Consulte la revista digital en: www.tropoalauna.org issuu.com/centrodecreatividadliteraria Envío de colaboraciones: miguelmeza57@hotmail.com

Sara Hernández, Lizbeth Peña, Gabriela Ramírez M. Ana Mar Moreno, Eren Proa, Vanessa Mercado, Sofía Ochoa, Patricia G. Alor, Lourdes Méndez, Marijose Romero

DEVEZENCUENTO

Corresponsal en Playa del Carmen Ana María Moreno Pérez

TROPO a la uña es una publicación trimestral del Centro de Creatividad Literaria, A. C. Oficinas: Av. Contoy 48, SM 17, Esq. Av. Nichupté, Cancún, Quintana Roo. Teléfonos: 01 (998) 887 4374 y 01 (998) 887 4364. No se responde por originales no solicitados. Las opiniones contenidas en los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de los autores. Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos incluidos en TROPO a la uña, siempre que se citen la fuente y el autor. Certificado de licitud y contenido: en trámite. Número de Reserva al título en Derechos de Autor: 04-2000032217031500-102.

Mauricio Montiel Figueiras: La depresión, auténtica materialización del infierno Mariel Turrent

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Marisol D'Estrabeau Ver 2019 Acrílico sobre lino 111 x 111 x 5 cm.

40 Casus belli

54 Oveja Negra, de Mariel Turrent Miguel Miranda

Miguel Pickering

46 Marisol D´Estrabeau:

Imaginación lúdica

y sutil rebeldía

Carlos Generoso

TERTULIAS 56 Una toma por el derecho al aborto legal en Quintana Roo Vanesa González-Rizzo Krasniansky

PA PIROS 50 La puerta del círculo polar ártico,

de Juvenal Acosta

Mariel Turrent

63 Desde el afecto Angélica Mercado

52 Cara de pan,

de Mónica Ojeda

Habib Sánchez

53 Como polvo en el viento,

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60 El rostro artístico de los comedores comunitarios Fernanda Montiel

66 PORTAFOLIO Julieta Belmont: la vida de rancho en Pinedale

de Leonardo Padura

A r t-T R O P O - d o

Juan Carlos Serrano

72 Carlos Varela

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Entrevista con Mauricio Montiel Figueiras Foto: Alejandro Meter (detalle)

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La depresión, auténtica materialización del infierno Por Mariel Turrent Ensayo autobiográfico, ejercicio terapéutico y crónica desestructurada de su propio proceso depresivo, perturbador y oscuro, Un perro rabioso. Noticias desde la depresión, de Mauricio Montiel Figueiras, es también la memoria de los héroes silenciosos que sufrieron esta enfermedad insidiosa. En la siguiente entrevista, el autor revela cómo logró sobrevivir a este trastorno a través de un viaje literario que invoca de manera híbrida varias disciplinas: literatura, pintura, cine y música, y cómo con este libro el también poeta se propuso, “si lograba sobrevivir a esa verdadera noche oscura del alma”, contar su experiencia a quien quisiera escucharla, y quizá hacer entender que la depresión es una “auténtica materialización del infierno”.

V

iaje a través del arte (literatura, pintura, cine, música), Un perro rabioso. Noticias desde la depresión (Turner Noema, 2021, 160 p.), no solo es un descenso al infierno del propio autor —“Imagino mi mente como una habitación a expensas de un vendaval que irrumpe por puertas y ventanas que yo no abrí y por tanto ignoro cómo cerrar”—, sino también una exploración de la mitología acerca de este mal, y cómo, desde tiempos inmemoriales, ha estado presente, ensombreciendo la vida de tantos: en El mito de Sísifo de Albert Camus, en el pincel de Tiziano y El Bosco, en las tempestades de J. M. W. Turner. Como crónica sensorial, el libro nos regala la visita completa al cementerio de Montparnasse, con fotografías

del cenotafio de Charles Baudelaire, con música de fondo implícita, desde los Nocturnos de Chopin hasta One of my turns de Pink Floyd, en literatura, desde Yasunari Kawabata hasta Quiroga y Nietzsche, y en cine, desde Bergman hasta la teleserie En terapia de Rodrigo García, todo ello, con un excepcional talento para evocar un ambiente complejo que nos interna en estampas perturbadoras, en los momentos sórdidos de un poeta (Montiel Figueiras lo es) para hacernos sentir, para hacernos entender, a quienes no hemos sufrido este trastorno, que la depresión no es un mal día, no es estar triste ni decaído, sino una “auténtica materialización del infierno”. Así, Un perro rabioso es la memoria de los héroes silenciosos que poblaron los años en los que no existía la psiquiatría ni los medicamentos, y de quienes “como Hamlet, murieron con una frase elocuente en los labios: ‘Lo demás

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e n t r e v i s t a es silencio’”. Aunque, asegura Montiel Figueiras, lo peor es “callar los estragos que causa la enfermedad insidiosa”. —Antes de leer tu libro yo tenía una idea muy superficial de la depresión. La imaginaba a distancia y la asociaba, erróneamente, con un desgano, con dormir mucho, con evadir la realidad. Cuando leí tu libro pude sentir —en la medida en que la literatura lo hace posible— lo que es la depresión. Esto es algo que hace posible la literatura, porque incluso las imágenes y la música no habrían sido tan elocuentes sin tus palabras. ¿Cómo entiendes tú este proceso, y el efecto que causan tus palabras en el lector? —Empezó como un ejercicio catártico y terminó como un ejercicio terapéutico —que no es lo mismo—, y espero que para el lector funcione también de esta manera. —¿En qué momento escribes el libro y cuál fue el propósito? Sé que lo iniciaste en las redes sociales. ¿Cómo empezaste ya a concebirlo como lo que es? ¿Cómo lo fuiste estructurando? —Gracias al consejo de mi psicoanalista empecé a llevar un diario. Aunque en el primer brote depresivo en 2014 no podía hacer nada. Escribí durante más o menos tres semanas un diario íntimo que no he sacado a la luz. Cuando releía ese diario podía entender mejor mi proceso. En mi segundo brote, en 2018, decidí hacerlo otra vez y publicarlo. En ese momento lo hice en Twitter y fue un aliciente encontrarme con mucho apoyo. A pesar de que esta red fomenta el odio y el vituperio, yo me sentí arropado, y me dio la seguridad necesaria para pensar que, en algún momento, podía convertir aquello en un libro. Después, gracias a Ricardo Cayuela Gally, director editorial de Turner, trabajé el libro en forma. No copié de Twitter lo que había escrito tal cual, sino que reacomodé ese material para armar el libro y darle una secuencia narrativa que fuera amable para el lector. —A mí me gusta que los libros tengan capítulos, subtítulos, porque me da una estructura, me ayuda a regresar a algo que quiero releer. En tu libro no encontré eso y pensé que precisamente la falta de ello tenía un propósito. —Una de las cosas que provoca la depresión es la desestructuración de la mente y del individuo; te empiezan a llegar ideas intrusivas muy nocivas que se quedan girando como cuando entra una mosca en tu casa y se queda ahí dando vueltas sin propósito. Quise respetar, en la medida de lo posible, esa desesperación en la estructura. En Twitter lo había escrito con un orden, aunque muy desestructurado, y sí tuve que darle cierta estructura. Me recomendaron hacerlo con fechas como una crónica, pero vi que iba a traicionar el espíritu de la desestructuración así que pensé en escribir un prólogo para preparar al lector antes de que empezara a leer.

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Después, por recomendación de mi psiquiatra, escribí el epílogo para dar una esperanza; siendo una persona que logró salir de esto, quise escribirlo como una luz, hablar de ese Virgilio que ayuda a Dante a salir del infierno. En mi caso, mis Virgilios son, además de mi hija, mis familiares y amigos cercanos, también todos los escritores, artistas, cineastas y especialistas que estuve consultando. Eso lo entendí cuando ya había escrito el libro y lo plasmé en el epílogo. —¿Cómo hiciste para hilar tantos datos históricos: los investigaste o fueron apareciendo? —Mientras estaba en esta situación, fui recordando a algunos que ya conocía, y a otros los encontré en el camino. Yo los llamo mi ejército cultural. Por ejemplo, yo no conocía a Andrew Solomon, lo encontré en una Ted Talk buscando gente que hablara de la depresión en YouTube y me dejó muy impactado; luego compré su libro El demonio de la depresión. Un atlas de la enfermedad, donde a partir de su propio


e n t r e v i s t a contacto con la depresión escribe la historia del padecimiento. Es un libro muy importante y eso me iluminó para hacer algo parecido. Yo diría que conocía al cincuenta por ciento de los que cito en mi libro y a la otra mitad me la topé en mi proceso. Por ejemplo, a Ingmar Bergman ya lo conocía, pero lo pude ver desde la óptica de la depresión. —¿Digamos que a muchos los reconociste? Es decir, los volviste a conocer desde otra perspectiva. —Así es. Steven Soderbergh hizo que me identificara con el personaje femenino de Unsane y con su proceso de medicación y el contacto con el insomnio; pensé en un momento que hablaba de mí, ya que reconocí la sintomatología, los efectos de los medicamentos y todo lo que aparece en esa película. —¿El título surge de los epígrafes de Horacio Quiroga y Friedrich Nietzsche? —Empiezo el libro con lo primero que publiqué en Twitter: una serie de aforismos con los que comencé a describir mi depresión. Y el primero decía: “La depresión es un perro rabioso. La depresión es un pozo en el que nunca habrá agua para beber…”. Después, esos aforismos empezaron a expandirse, pero al escribir el libro quise dejarlos como una especie de umbral. El del perro rabioso fue el primero que escribí, sin tener las citas de Quiroga y Nietzsche en mente. Con ellos me topé luego y pensé: “Ni mandadas a hacer”. —¿Cómo fue tu proceso de publicación con la editorial Turner en España? — Ricardo Cayuela Gally me había contratado el libro originalmente para Penguin Random House. Me dieron el anticipo y ya estaba en tratos incluso con quien sería mi editor cuando Ricardo salió de Penguin, y un amigo que se quedó en su lugar me dijo que la editorial había decidido que mi libro no encajaba en su plan editorial. Entonces yo lo propuse a Océano a otro buen amigo y le interesó, pero el dictamen editorial salió negativo; dijeron que preferían un punto de vista clínico y no el del paciente. Venturosamente, después Ricardo se fue a trabajar a España a Turner y se lo llevó. —Tu libro está lleno de imágenes. ¿Cómo resolvieron en Turner los derechos de las imágenes? —Se pueden manejar como citas textuales, la editora de Turner me dijo que podíamos apelar a eso. Además, hice una carta donde yo me hago responsable en caso de que hubiera algún problema. —¿Cuánto tiempo pasó para que vieras publicado tu libro? —En 2019 entregué el libro a Ricardo, él se fue a España en 2020, pero se vino la pandemia y hasta 2021 salió publicado. —¿Cómo ves tú el proceso de publicación en general? —Es un proceso tortuoso, máxime cuando está uno

comenzando como en toda profesión y sobre todo con el mercado editorial tan expandido. Paradójicamente, en un país en que se lee poco, como México, el mundo editorial es una maquinaria que no para, así que se establece una competencia muy fuerte entre los autores como si todos quisieran ser escuchados en un concierto de heavy metal. Hay mucho de azar y mucho de suerte; destacar o no tiene mucho que ver con el aparato publicitario. Yo tengo más de treinta años en este medio y me doy cuenta de que los autores que están en los reflectores no siempre son los mejores: afuera, en la penumbra, hay muchos autores a veces más interesantes. —Veo que hoy en día todos quieren poner a los libros una etiqueta, así que te haré la pregunta que hacen: ¿qué género dirías que es tu libro? —Es un ensayo autobiográfico, aunque también tiene mucho de crónica. Autoficción no. Porque no hay nada de ficción. En Twitter me preguntaban que si lo estaba ficcionalizando. Ojalá. Nada es ficción. —Creo que los que buscamos hacer literatura no caemos en un género como tal. Me da gusto que me lo confirmes. —Nos hemos americanizado porque las editoriales quieren meterte en un cajón, pero a mí me gusta cada vez más la hibridación de géneros. Mezclar ensayo, narrativa, crónica, investigación histórica: eso me gusta cada vez más. Sin embargo, a los editores les cuesta mucho trabajo definir qué es un libro híbrido. Por ejemplo, en Almadía publiqué un libro donde combino fotografía con narración y resultó un tanto complicado de vender a los libreros. Pero siempre habrá editores que acepten tu trabajo, que se quiten la venda y vean el valor del libro. Y además hay lectores para eso. —¿Crees que el tema de tu libro, a diferencia de tus cuentos y tus ensayos, tiene un público más numeroso? —Creo que puede tener más público justo por el tema. Le ha estado yendo bien. Aún no tengo números claros, pero en México se ha movido bien, y donde ha pegado más es en las redes sociales: capturas de pantalla de Facebook, de Twitter, de Instagram, demuestran que hay gente que está leyendo el libro. —Y en España, ¿ha sido bien recibido? —Es complicado mover autores latinoamericanos en España, porque ese mercado se siente el conquistador, autosuficiente, muy europeo. Y lo que sucede de este lado del charco no le interesa tanto a pesar de que se están haciendo cosas más interesantes e importantes, según creo. En general, es complicado mover los libros porque compites con cientos de escritores, pero el tema —esto lo he discutido mucho con colegas y con mi psiquiatra— se va a ir expandiendo aún más a raíz del Covid. Ojalá que no, pero la depresión apunta a ser una nueva pandemia gestada por debajo de la pandemia viral. Tropo

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t r a s l u z

Ana Mar Moreno

Sofía Ochoa

Sara Hernández

Eren Proa

Lourdes Méndez Lizbeth Peña,

Vanessa Mercado

Gabriela Ramírez M.

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Patricia G. Alor

Marijose Romero


10 mujeres poetas del norte de Quintana Roo

Y, sin embargo, se mueve… Por David Anuar y Miguel Ángel Meza

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ntre los lectores críticos de nuestra poesía (que son más bien pocos), ha prevalecido con justa mirada una percepción: las mujeres poetas en la zona norte de Quintana Roo han brillado por su casi ausencia en materia de publicación de libros, si bien no han dejado de manifestarse de manera intermitente en revistas y en los ciberespacios que habitan en las redes (a veces con cierta irreflexión apresurada debido a la inmediatez fácil que implican los medios digitales). También ha sido muy llamativa la ausencia de poetas mujeres no sólo del norte sino de todo Quintana Roo, en antologías recientes dedicadas a la literatura joven de la entidad. Si entrecerramos los ojos ante las ausencias (fenómeno que merece en sí mismo una profunda reflexión) y atendemos en su lugar a las apariciones (eventualmente también en esta revista y de manera reciente en el suplemento literario Vértice), podemos reconocer que estas voces femeninas han venido configurando ya un fenómeno digno de ser atendido: la confluencia no coordinada pero continua de una especie de movimiento de voces, principalmente jóvenes (muy emergentes algunas, otras con relativa trayectoria), muchas que viven en la zona norte (nacidas en la ciudad o inmigrantes residentes) y algunas con un pie fuera del terruño pero decantadas decididamente al reconocimiento de sus orígenes y el problema acuciante de la identidad. Pero lo más importante: se encuentran fundamentalmente activas. Para quienes escribimos esto, el indicador de actividad continua ha sido una variable determinante al evaluar la importancia de éste, y de cualquier otro movimiento o trayectoria individual. Si bien, sabemos que a ve-

ces a esta constancia le vence la discontinuidad y el desaliento, también percibimos un compromiso con el hecho poético (que las vuelve más exigentes), una conciencia cada vez mayor de sus estrategias líricas (que en algunos casos aún vacilan y en otros se perfilan ya con agudeza), y una fidelidad a una voz cada vez más personal (quizá con la característica de frescura y sencillez léxica), que expresa (a la vista del conjunto) una temática muy consecuente con su experiencia vital, donde los tópicos del amor, el abandono, la soledad, las relaciones familiares, el cuidado propio, la violencia de género y los vínculos con el entorno social, son tratados con una mirada posmoderna y un tono que podríamos aventurar como una característica común: el sentido del humor, la ironía crítica, el guiño sarcástico. La textura de los versos es variada, pero predomina el verso corto, con algunas excepciones. También es interesante señalar la ausencia de poemas en prosa. Sería provechoso sopesar a qué se debe este fenómeno, pero para ello sería necesario mayor espacio, reflexión y una muestra más grande de la obra de estas poetas. Así, para dar cuenta de estas estrategias y del tamaño de la voz en que se expresan, esta revista ha querido ofrecer a los lectores una muestra de algunas de estas poetas mujeres, que entusiasman, conmueven, inquietan. Seguramente son más, y lamentablemente algunas han quedado fuera de esta selección (más por omisión culposa del editor y su colaborador), pero las que aparecen, creemos, son un testimonio vivo de la poesía escrita por mujeres en este rincón de nuestra entidad. En suma, hemos querido visibilizar un hecho insoslayable para el crítico y el lector atento: en el cielo literario de nuestro estado está surgiendo en la zona norte un punto luminoso que a veces parece no estar ahí. O que parece estático. Y, sin embargo, se mueve. Tropo

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Sara Hernández

electrolit fresakiwi no aprendí a nadar en el mar soy sirena de cloro y azulejo tú extraño náufrago pez arrancado del caribe limpias tus googles inseguro sólo arde un instante

mientras ato mi cabello en una trenza

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arrojé tus lentes por la borda: recibiste el agua y mi elixir rosado de ternura cítrica

luego

como superficie de alberca al mediodía

con ojos cerrados

el placer del hundimiento: eléctrico


t r a s l u z

uno piensa ingenuamente que escoge las palabras pero no el lenguaje es una máquina de gancho que saca lo que saca puede ser piedra de río ruiseñor enmohecido

hay quien pasa horas apretando dos botones con la excusa de que las palabras que alcanza no le dejan un buen sabor de boca a mí sí me enseñaron a comer de todo

sobre maquillarme a las 3am en mi baño porque el color es una cicada gigante que bate sus alas coqueta hasta que logra despertarme para salir a jugar quiero acceder a su alquimia secreta esa que sólo ocurre en la piel de las burbujas y morir esparcida por el universo como los hilos de glitter que pintan telarañas en el piso blanco Sara Hernández (1999, Toluca, Estado de México). Radica en Cancún desde el 2009, estudió el bachillerato en el Centro de Educación Artística Ermilo Abreu Gómez y formó parte de los cursos del Centro de Experimentación Literaria en el 2019. Ha publicado en espacios como Tierra Adentro, Poscultura, Bistró y Lustra. Actualmente estudia la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Anáhuac Cancún.

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Lizbeth Peña

Si mi madre hubiera abortado ¿qué hubiera sido de mí? ¿estaría en el cielo de las bebés cucarachas a donde van cuando alguien con una servilleta pulveriza un huevo café?

SENRYUS Migración I El sol quema igual allá y en esta tierra dijo mi madre mientras apagaba el televisor para ir al parque, a la playa antes de que llegara mi tío y golpeara de nuevo a su mujer II Fuimos dos gaviotas mamá y yo en el muelle sin saber qué era más peligroso la gente o el mar

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PosNatividad Allá la estrella seguimos sin saber cuándo la muerte Infidelidad Pocas palabras que leo una y otra vez Ya casi un libro Autocorrección No solo hierba bajo la podadora flores silvestres


t r a s l u z

La niña de sus ojos a los siete años descubrí que la niña del ojo crece muy rápido en los hombres decían qué bellos ojos tienes qué hermoso cabello te queda muy bien suelto sobre tus hombros ¿Qué lees ahora linda, quieres un dulce? (tan educada dejas de leer cuando te hablan) toda una señorita y qué grande con esa mirada y supongo que les gustaba que yo los viera mientras ellos me miraban preguntaban si viajaría

cuando creciera podían enseñarme inglés you are so beautiful el idioma del amor tan bello y suave ellos decían lo que les cuento ahora y lo que no recuerdo intentaba sonreír paralizarlos pero en los ojos de los hombres yo misma me miraba

Lizbeth Peña (1987). Becaria en el Festival de Literatura Interfaz-ISSSTE (2014) y en el Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende (2019). Diplomada en enseñanza en escritura creativa. Dirige Tokonoma, coordina La Tlacuila y fundó Brujas Literarias. Recientemente, fue seleccionada para tomar un diplomado de creación literaria (INBAL), cursos sobre literatura escrita por mujeres (UNAM) y un taller de minificción y prosa poética con Sylvia Zéleny.

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Gabriela Ramírez Maldonado

La siega Arar la tierra, recoger los frutos Hacer el surco con la lengua y depositar en ese cultivo mis palabras semillas mudas y dóciles

Salir en alas

No es tu savia, no es mi saliva es tu éxtasis su único germinar.

¿Cómo va tu paso por la noche? ¿Descubriste ya que la tanta oscuridad nos obliga a ceñir la vista?

Caudal

¿Aprendiste ya los rincones del abismo? ¿Conociste las raíces de los árboles donde sembrarás columpios?

En todo desierto hay agua secreta un paisaje custodiado por espinas: tesoro vital de niño viejo.

¿Esa niebla se llama dolor? ¿Has notado a otros por ahí? ¿Observas que cruzan a paso muñón? ¿Has visto allá en el fondo otro abismo? ¿Te dejarás caer o piensas ahora que ya fue suficiente? ¿Comprendiste la suerte de los pájaros ese dejarse caer de abismo en abismo y salir en alas, siempre en alas?

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t r a s l u z

Largo día Quería hablar, gritar, enfurecer. Volver a mis cantos salvajes, presa de mis convulsiones, hasta despojarme nuevamente de mi piel.

Ciudad de dádivas Descreo del calor de los techos encharcados del hediondo camión de la basura de esa geometría del cableado de la orgía de gatos frente a mi puerta.

Pero no siempre soy escuchada por las esfinges que vuelven a la vida con el único fin de amansarme. Después de todo, el solsticio de verano me sometió a su más largo día.

Creo en mi desorden en la dura cáscara de frutas en ocho tazas con seco asiento de café en mis hormigas bien provistas de atún en mi salamandra de año y tercio. Descreída del afuera sin consecuencias me bebo tu virtud “ciudad de dádivas” Creída del adentro veo mi ropa y no me explico tus residuos.

Gabriela R. Maldonado (CDMX, 1980). Arribó a Cancún en 2006. Participó en los talleres del CCL: Laboratorio de poesía y Libertad bajo palabra impartidos por José Antonio Íñiguez y Macarena Huicochea, respectivamente. Actualmente, se desempeña en esta revista como asistente de edición, asistente de contenidos de la página web y administradora de redes.

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Ana Mar Moreno

Ciclo I Llegó la lluvia. Me inundé. la vida se hizo en mí, parí peces. Mañana serán fósiles.

IV

II

Prefería ser desierto, la semilla no brotaba para aves carroñeras,

El hedor me carcome. Veo a los peces dar sus últimos estertores. Se resisten a nadar en el aire, sus ojos buscan un resquicio de oxígeno. Sólo queda fango, me habita.

ni era manantial en el que hoy anidan la ansiedad, los peces.

V Mi suelo se curte de sol.

III Espero lo inevitable: se pudrirán los peces me harán agua negra agua agonizante. Agua ofrendada a la muerte.

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En la hendidura de la roca la vida protege su latido, de peces me resguardo en la sequía


t r a s l u z

Inmóvil La tarde cae con eco de risa de niños y estruendo de gatos sobre la lámina. La esquina ladra y los pensamientos entierran sus colmillos en esta carne. En este nervio macerado en la orina del silencio oscilante al borde del abismo de esta cama. Las premoniciones me han alcanzado traspasan las paredes derrumban las puertas se adueñan de mi casa.

Ana Mar Moreno. Raudales, Malpaso, Chiapas (1972). Escritora y promotora cultural, con 31 años de residencia en Quintana Roo. Actualmente cursa el Diplomado para la Profesionalización de Mediadores de Sala de Lectura, avalado por UAM-Xochimilco”, colaboradora de la revista cultural TROPO a la uña y Mediadora de Lectura en el Programa virtual de Fomento a la Lectura del Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo. Coordina la Sala de Lectura “La Hojarasca.

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E r e n

P r o a

Cíclope Desde una habitación de hotel reflejo malabares. Una mesa con detalles labrados me repudia: mi nariz deforme le molesta “Yo no pedí nacer así”, le explico. Pero ya no lloro más, ya no grito de rabia como antes… La mujer lobo a veces me presta su voz Y aúlla por mí El hombre más alto del mundo me da sombra Y las hermanas siamesas me regalan abrazos. Para las tantas monedas que valgo no merecería vivir en este hotel entre gente que paga por pararse frente a mí y sentirse afortunados de sí mismos. “Gracias a Dios no soy aberrante” “Gracias a Dios no doy asco”, digo siempre con ironía: Dios, “la mujer con barba” nunca viene por aquí pero algunas noches siento que me habla en esta habitación. Siempre la 107. Siempre el mismo hotel en donde confunden mi cuerpo amorfo con el de un animal antes de bajar el telón

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t r a s l u z

Todas las goteras en tu techo forman candelabros

Aunque de mi cabello arranques

Aunque de mi cabello arranques toda la sal que dejó el verano Todas las goteras en tu techo forman candelabros aunque me cierres el paso del sol como si en esta lluvia esperaras otra sombra con la sombra de tus huellas y me niegues ahogado en gritos las arañas ciegas discurren en una esquina una última entrada a mi hogar enhebrando líneas perpendiculares desde arriba te observan pero jamás bajan de sus tronos a besarte ahora podrías enumerar los pasos que aplastaron las hormigas en busca de alguien más en el espejo tu rostro se agrieta las arrugas en tu cuello tejen raíces al fondo del reflejo siempre estás tú lavando los platos de la cena de nadie.

no escucharé de ti otra cosa más que una invitación a sentir el fuego yo soy el viento debajo del roble y renaceré entre líneas de hojarasca.

Los jueves por la tarde se aborta la fe Los jueves por la tarde se aborta la fe encorvada por el peso de los girasoles dejó de colorear nuestros vientres nos deja la piel amoratada se nos caen a pedazos las vendas y quedamos expuestos al rocío la nada camina entre pétalos con nuestros rostros en sus manos mientras disimulamos la ausencia de Dios. Eren Proa. Veracruz. Integrante del Laboratorio de Poesía del CCL. Cursó el diplomado de literatura europea contemporánea del INBA. Ha publicado en Tropo a la uña y en páginas web. Radica en Cancún. Actualmente prepara su primer poemario.

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V a n e s s a

M e r c a d o

La Esmeralda Tenía 6 años los miré alzar el vuelo pájaros cempasúchil cautivaron con su canto el instante donde mi niñez anudó los tenis el olor a naranja perfumaba el rancho y el sendero de mi abuela era sabores de verano yo corría descalza sobre piedras me hundía en el río bebía manantiales llamar a los gansos al golpeteo de un bote danza de gallinas sobre granos de maíz y mojarme con la lluvia la escuela mudó por la pesca el correr entre bambús canciones en náhuatl y ranchitos en la tierra

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de noche las víboras amenazaban se acuñaban en la inmensidad de la neblina luciérnagas chispeantes y el croar de ranas mecían mi sueño bajo el insigne cosmos arropado en la sierra la caricia del sol atraía a los cenzontles sonreía mi corazón despertando la tibieza de mi abuela el vaivén de su mecedora sus manos finas y voz pausada se asoman sentadas en la hierba tomo el corazón arropo los recuerdos la niña vuele a ser libre canta de cara a la lluvia y mira los árboles sin miedo los ojos grises de mi abuela la miran con ternura volvemos a ser niñas somos una.


t r a s l u z

Fresnos 245 Los muebles nos habitan la polilla los carcome perforan nuestra infancia algo de mí queda entre las vigas ¿Recuerdas? el croar el piquete de alacrán los pies colgantes en el agua nuestros ojos mirando el baile de una luna que era todo Las avispas que salvamos ahora flotan en la alberca y el volantín oxidado reposa a la sombra del laurel donde se casó mi hermana no queda nadie solo la memoria atrás de poquísimas luciérnagas

que prenden en la noche el calor de nuestro cuerpo sobre el barro los besos de mamá y el tronco en el jardín donde crece la hierba Los muebles se resquebrajan distintas casas los reciben Cierro la puerta.

Vanessa Mercado Álvarez (Cancún). Estudió creación literaria en SOGEM (en Xalapa, Ver.). Ha formado parte de los siguientes talleres: el de Narrativa en la UNAM, el de “Taller de creatividad poética” del IC de Benito Juárez (dirigido por Gabriel Avilés), el de “Poesía invectiva” de José Antonio Iñiguez, y el de Narrativa y análisis literario en la Unicaribe (dirigido por Miguel Ángel Meza). Es miembro de los talleres “El bisturí y Abrelatas, dirigidos por Alejandra Flores. Actualmente, es miembro del Archipiélago Taller de poesía impartido por David Anuar. Ha publicado en las antologías “Los filos del Bisturí”, y "Dispersión" (del grupo “colectivo colectivo”). Minificciones suyas aparecieron en esta revista. En breve, publicará su primer poemario.

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S o f í a

O c h o a

Cenote

Semana Santa

El tronco de tu árbol se prolongó hasta tocar estas aguas. Oscura.

Cuando nace un bebé siempre muere una mujer.

¿Recuerdas ese instante en el que tu solidez entró en contacto con este espejo de quietud?

Ya no estamos preparadas para tanto –desprendimiento. Sacrificio y renacer. Cristo quiso ser María.

Un estremecimiento alcanzó a cada uno de los peces. Una anémona de la zona insular se contrajo. Ahora tus raíces permanecen sumergidas. El sol de tus hojas atraviesa la penumbra del subsuelo kárstico. El eco deviene canto. La antigua doncella flota para dejarse sentir por la suave rugosidad de las escamas.

Google dice que los evangelios apócrifos dicen: “no hay peor pecado que beber sangre menstrual y los que lo cometan serán conducidos a las tinieblas exteriores”. Líquido de vida, como la leche. Después de ser madres se altera el equilibrio lunar. Lactar inhibe la ovulación hasta ya no ser alimento de cría.

Cebolla

Sangre otra vez.

Tantas capas de macho para contener tus lágrimas de niño.

Después de ser madres hay que bebernos a nosotras mismas para renacer.

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t r a s l u z

poledance agarra el tubo suavemente no hagas presión la mano de adentro va arriba estira el brazo la otra va a la altura de tus ojos con ésta aleja el tubo de tu cuerpo con la pierna de afuera toma impulso y cuando gires busca expandirte mientras más te abras y te alejes más posibilidad de acción y más velocidad tienes cuando te acerques al centro hazlo con amor para no lastimarte las primeras veces siempre te vas a golpear.

Sofía Ochoa (CDMX, 1983). Cancunense. Productora, gestora, editora, crítica de cine, poeta de buró. Estudió Letras Modernas Inglesas en la UNAM. Ha fundado y coordinado proyectos editoriales y culturales, generando alianzas con instancias diversas como Secretaría de Cultura, Cineteca Nacional, British Council, Coca Cola y el gobierno del estado de Quintana Roo. Ha escrito obras de teatro, guiones y crítica de cine desde 2010. Actualmente produce el documental Ya fui valiente dirigido por Lorena Rico.

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P a t r i c i a

G. A l o r

LOTE 4 Esto soy: Un pedazo de tierra con vidrios rotos, un nido de hormigas en pleno verano, una sinfonía de calandrias, casa de lagartijas prehistóricas, la boca de un cenote, un basurero de transeúntes.

Los cronistas Llegan antes que todos, edifican las ciudades y sus nombres no aparecen en Forbes. Conocen las entrañas de la tierra, de ellos es el reino de la nada. Sin bitácora de su estancia, sin código postal. ¿Dónde enviarles una flor? Mientras camino la ciudad me tropiezo con fantasmas. El eco de un martillo me dice: Soy Yo.

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No iré a ninguna parte confío en el abrazo del sol y la lluvia.

Danzón 2 Quiero morir como flor en verano, ahogada en un ciclón en la locura de la canícula, o al hilo de la hamaca. (Mirando el jardín)

Patricia G. Alor (Veracruz, 1982). Residente de Playa del Carmen, contadora de oficio. Descubre diariamente la poesía y es integrante de Archipiélago, taller de poesía.


L o u r d e s

Méndez

Andar transparente Si te asomas, podrías verlo todo.

El hilo que he cortado pero no soltado; su eterno desvanecerse entre las hebras de la memoria, La ira de las tijeras que liberan, pero no acarician, la aguja que busco entre el pajal de mis cejas que gruñen arqueándose al ligero placer de traspasar algún ojal. La tela anhelada, ausente en la que imagino aterrizar; las bendiciones en trámite, la soga del elogio sin soltarme el cuello de porcelana que no flexiona y se rompe. El bolso que remiendo para juntar mis piezas; mis trozos y la huida aguardan [aguardamos] el paso decisivo qué impide mirar atrás.

Como una vitrina casi vacía, casi sin polvo, casi fría, repleta de susurros. La transparencia se derrite, estrellándose en el piso, como gotas saladas, salpicándote si estás cerca. Y si te inundo navega conmigo, goza de no traer salvavidas. Ambos flotaremos después de conocer el fondo. ¡Abrázame entre los pulpos, bañémonos con la tinta que nos rehace!

Lourdes Méndez Alexander (Guadalajara, Jalisco, 1992). Radica en Cancún desde 2014. Tomó el Diplomado de Literatura en Lenguas Indígenas en INBAL y el Taller de poesía de Archipiélago impartido por David Anuar. Participó en la organización de los festivales ARPAFEST y FECUCA en el 2018. Algunos poemas suyos han sido publicados en antologías locales.

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M a r i j o s e

Romero

nací con la sed que se requiere para saberme viva fui concebida en un encuentro hidrocálido mamá y papá, seres de costa mi etapa embrionaria anfibia en un charco con el torrente que se expande nací en la habitación pluvial 1996 y abrí la boca lista para la recibir la cascada nací con la suficiente sed que se requiere para saber que estaba viva latente, fluvial crecí junto a la costa y el manglar miré el mar desde múltiples piscinas la lucidez piscícola me susurraba a borbotones, a gotas, a tintineos salados me decía “te quiero, cardumen evaporado, te quiero marea leve, cristalina, y feliz así, te quiero en el agua flotando, nadando sabiéndote agua te quiero en el agua porque ahí es donde te expandes y te sientes completa y eres el canto de los peces el recorrido persona-navío-remo así testigo del anhelo en nuestros ojos de agua, islas navegantes” la lucidez piscícola no tiene orden en el oleaje

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t r a s l u z

a veces la histeria del útero primero a veces la calma la amistad el autorreconocimiento aquel vivir del mar aquel vivir de portarlo en el nombre Marijose y este rostro es de uno de la edad de 23 años mi mirada, manto acuífero cancunense se amolda en la ciénaga desde este encuentro los aleteos de la imaginación desde la imaginación la pérdida de mi identidad como sumergirme en el agua es desapegarme de mi cuerpo desde este cuerpo que soy varias veces distintas cosas pero el reflejo de la luz en mi rostro es algo que me relaja y hay un silencio sigiloso, pero logro entender a los peces y a las aves y por qué los devoran hay un ciclo, formo parte de él me presento como niña de costa o de azulejos diminutos pero traigo, llevo, soy, la dicotomía mar-manglar y me veo reflejada en el peso turbio con las manos como cuencas y el silencio ovíparo rumoroso Marijose toda la vida bivalvia toda la vida molusco Marijose y la muerte… no sé

Marijose Romero Alonzo (Cancún, 1996). Artista multidisciplinaria en el campo de la fotografía, video, poesía, bordado, video mapping e iluminación. Licenciada en Audio y Multimedia por parte de la Universidad Tecnología Turística Total y estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Su trabajo se centra en metáforas y reflexiones propias sobre el cuerpo, la identidad, ser mujer y el deseo. Ha realizado múltiples publicaciones de manera autogestiva como selfi tornasol (2016), Calladitas NO nos vemos más bonitas (2016), Anfibios: doble vida, doble moral (2017) y Hervidero (2021) Sus poemas han sido publicados en la revista Tropo a la uña, así como en la antología Cunts: Antología Feminista – Queer (Ojo de Pez, 2018). Su obra se ha presentado en distintos espacios de arte contemporáneo en Yucatán como el Centro de Artes Visuales (CAV), Proyectos Espectra y Centro Cultural Colibrí.

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d e v e z e n c u e n t o

Un cuento palindrómico Por Héctor Hernández

U

Soy tan inteligente que a veces digo cosas profundas que ni yo entiendo qué significan. Oscar Wilde

n palíndromo es una palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Por ejemplo, se leen igual, en un sentido y el inverso, las palabras: oso, radar, arenera y reconocer. También hay imperativos como este que encontré “A casa gordo o droga saca”, pero a medida que crece el número de palabras en la frase aumenta el grado de dificultad para encontrar expresiones con sentido. Quizás la frase palindrómica más conocida en México es: “Anita lava la tina”. En España, la más conocida es: “Dábale arroz a la zorra el Abad”. El grado de dificultad que presentan estas expresiones explica en parte por qué algunas tienen una parte muy clara y otra parte metafórica o con un contenido que no parece tener una relación con el tema inicial. Existe una fobia a los palíndromos llamada aibofobia (una palabra palindrómica). Afortunadamente, existe también el amor a las expresiones palindrómicas, lo que en español se podría llamar la ailifilia (sí, otro palíndromo). Gracias a que existen en el mundo diversos

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M. C. Escher. Manos dibujándose (1948). Collection Gemeentemuseum Den Haag, The Hague, The Netherlands. 2015.

palindromistas creativos se han coleccionado ya centenares de frases, algunos pequeños párrafos e incluso poemas palindrómicos. Pero aun con una variedad de tales frases es una labor muy desafiante crear unidades más grandes, como diálogos o conversaciones a partir de ellas. Por eso me pareció un interesante desafío la creación de un cuento compuesto solo por frases palindrómicas. A continuación, presento un cuento, titulado Adán y Eva, en el que cada línea es un palíndromo, incluyendo los subtemas. Las intervenciones del narrador se introducen con el verbo (palindrómico también) narran. La mayoría de las líneas son de construcción propia o una versión propia de otras similares, también hay algunas que he descubierto de forma independiente y alguna que otra que ya existía, pero no sé quién la construyó. En cualquier caso, probablemente cualquiera de esas expresiones está en la recopilación de palíndromos más prolífica que conozco que pertenece a un importante creador y compilador: el músico Víctor Carbajo. A él y a todos los cultivadores de este arte (Juan Filloy, Gilberto Prado, Darío Lancini y muchos otros) dedico este cuento.


Benjamín West. Expulsión de Adán y Eva del paraíso (1791). Aceite. National Gallery Art.

ABREVIATURA DE PERSONAJES: S: Satán D: Dios (Adonaí, Yavé) A: Adán E: Eva Q: Querubín Adán es la mina. Solitario. ¿Oír a ti los animales? ¡Nada! D.—¡Allá!, ¡Camina Adán!... (Nada anima, ¡calla!). Q.—¿Adán no camina? Eso no se anima con nada. Adán: yo solo, solo soy nada. Adán: yo, solo ser, agujero lloré. Jugaré solo… soy nada. Q.—Nada, a Yavé vaya, Adán. Adán: oré, pero nada. D.—Adán, ¡a leer! ¡Con orar raro no creé la nada! Adán, a leer cómo crear. Traer como creé la nada. A.—A tu modo lodo muta. D.—Adán érase barro. ¿Cómo crear tal aroma a dama? Eva nueva amasaré: serás ama, ave, un ave amada, amor al atraer. Como corra besaré nada. S.—(A ti veré ser, Evita).

Ya harto Adán, ¿nada? ¡Otra hay! Y el edén une de ley. A.—Nada, yo soy Adán. E.—Yo soy Eva, ave yo soy. S.—Adán y Eva. La ve y... nada. Q.—¿Amar desea? Ya es edad. Da de esa ya, ese drama. D.—¿Amar da drama? Q.—Amar desean uno con una, ese drama. S.— (¿Amar?¡Daré odio! Ese deseo ido era drama). D.—Amad a la dama. A.—La tomo como tal. Q.—Da más, oíd a Dios: amad. D.—Al ama, Adán, nada, ámala. E.—Yo sí te doy amor a mares. ¿Será maroma? Yo de ti soy. Eva: Yo sin Adán, nada, ni soy ave. ¡Ese creer cese! A dama resonó no ser amada. Q.—Eva ya ama a Yavé. E.—Yo soy leal a él, leal a él yo soy. A.—¡Alabado sea Dios! Oíd, a eso dábala. S.—Allá con efusión oí su fe, no calla. S.—Adán, Adonaí no merece ceremonia, no da nada. Q.—Adán no cae, ¡ea!, con nada D.—Allá Eva iba sola. Yo ya lo sabía, ve allá.

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Q.— (Allí Satán ata silla). A ti, lo sabía, ya iba solita. Q.—Ésa ya va; boba, ¡váyase! S.—Amadísima sea. —¿Es a mí? —Sí, dama. S.—A ver… ¿eso son racimos? ¿Eso, mi carnoso ser, Eva? E.—¿Eso? No sé. S.—Amar, ¿dará honor a varón o hará drama? E.—¿Adán ya honró?¡No hay ya honor! ¡No hay nada¡ E.—Yo hoy sé: le da don, ¿no? ¡Dad, él es yo hoy! S.—¿Son uno solo? Son unos. Esa barba la puso Dios ahí. Di: ¿has oído su palabra base? ¿A dos acaso da? A ti no, bonita. Eva, y a ti da nadita Yavé. ¿Eva ya ve? ¿Acaso merecemos eso? ¿Meceremos acá? ¿A Dios amas? La falsa más oída. Adán o ataca o acata, o nada. E.—A ese demonio yo hoy oí; no me desea. ¡Adán, a demonio oí; no me da nada! A.—A su modo, te da dones, ¿o no?... No sé, ¿no da de todo, musa? Además, acá, la casa me da. E.—Eso no sé. D.—Adán, yo, Dios, amasé barro, cómo crearte sé. Eva ve ese traer como corra. Besa más. Oí: doy nada. D.—¿Nada? Yo de todo te di, de todo te doy, Adán. D.—A la Eva di de más; es esa medida, ¡véala! E.—Adán no caía con nada. Yo soy Eva, yo ese día caí. ¡Deseo y ave yo soy! ¡Adán no caía con nada! Allá fémina nueva ya ve unánime falla. D—Allá, Eva dice dar gala malévola. —¿Lo ve la malagradecida? —Ve allá. Allá fe le falla. D---Adán, oí sonido: di «no», «sí», o nada. ¿Adán o Eva? ¿Ave o nada? E.—Es Adán, Yavé, yo soy Eva y nada sé. S.—¿Adán es o no? —Yo no sé nada. Narran Adán a su acusadora va y avaro da su causa: nada. Adán: Yo, herido, no diré hoy nada. Narran Allá cortó Adán a Evita, Adán le dio odio. Oíd, oíd, él nada a ti vea, nada. Otro calla. Q.—Adán árido no dirá nada.

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E.—Satán ni nos dio nada, Adán. Oíd, son innatas. Q.—Ama, solo daños dio. Oíd, soñad, ¿o los ama? A.—¿Ama o no? No, no ama. Q.—Ama falsedad, no bondad, es la fama. No reñir... y riñeron. A.—Habla la ayer idólatra, hoy sádica. E.—Eso lo dirá mi marido, lo sé. Ácida seré, sí, seré sádica. S.—Adán, a ti, su marido, ¿no dirá musita nada? Q.—No, ella odia hoy a Adán. ¿Nada? ¡Ay! o ha ido al león. E.—Allá odié hoy a él. Lea: yo he ido allá. A.—Es ella... ¡cállese! E.—Yo soy. A ileso bobo se lía S.—A ti veo: ya cayó Evita. Q.—Adán, el avaro, llora, vale nada. S.—Adán, Yavé nos aparta y atrapa: son Eva y nada. A.—¿Además irnos?… ¡sonrisa me da! Q.—Allí sí revela leve risilla. Q.—¿Acaso ríe?, ¡reíros acá! D.—No se rían, aire son. A.—Somos seres sonsos, sonsos seres somos. Q.—No, sonsos no son. E.—¿Somos o no somos? S.—No sé tú, pero yo no; ¿o no? Yo reputé: son. No soy yo: son. Q.—Aterrada a ti nota. ¿Atónita? ¡A dar reta! A dama ropa da por amada D.—Raros oíd: yo sé falsedad. ¡Dad!, es la fe. Soy Dios, orar. Q.—Airada por nada, a Eva —vea— Adán ropa daría. S.—Allí, por allá, ropilla. Narran Adán aire sería, nada. S.—A solas oí: “Con ese rol final la cesa y ya se calla. Ni flores en ociosa losa”. Q.—Ni frío es rajón ése. ¿Raído? Odiar es enojarse. Oír: Fin. Oír, es serio: A ti... ¡nota!, a ti da TROPO portadita, ¿atónita? Héctor Hernández (México, D. F.). Licenciado en Actuaría y Matemáticas, doctor en Filosofía de la Ciencia y doctor en Educación. Maestro en filosofía del lenguaje y de la mente. HYPERLINK "mailto:h2o_mat@hotmail.com"h2o_mat@hotmail.com


l a t i n t a t e n t a

Nicolás Guillén Historia, mestizaje e identidad Por Norma Quintana Padrón Al cumplirse 32 años de su fallecimiento (el 16 de julio de 1989), recordamos aquí la enorme figura de Nicolás Guillén, el poeta nacional cubano por antonomasia. Para ello, Norma Quintana —una de las escritoras que más conocen la obra del también periodista, activista y político isleño— analiza en el siguiente texto el periodo más fecundo y esplendoroso del bardo nacido en Camagüey, aquel que va de 1930 a 1947 y que revolucionó la poesía cubana del siglo XX.

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l a t i n t a t e n t a

N

icolás Guillén hace su entrada en la literatura cubana con un conjunto de textos que tuvo una singular recepción por parte del público y de la crítica: Motivos de son (1930). Los Motivos de son aparecieron en la página “Ideales de una raza” del Suplemento Literario del Diario de la Marina, donde colaboraba desde 1928 con artículos y poemas. Era, en principio, un conjunto de ocho poemas breves, a manera de pinceladas sobre la vida del sector más humilde y marginado de la población habanera. Asumían la estructura estrófica y rítmica de un tipo de música bailable de origen popular, con texto para ser cantado, elaborada a partir de una fusión de elementos heredados de la tradición musical europea con los componentes esenciales de la música africana —ritmo y percusión—. Aprovechaba así lo flexible de su forma y la libertad que esta estructura le ofrecía para mostrar el modo de expresarse y articular propios del negro pobre, escenas y tipos del “solar” citadino. Tal como su nombre lo indica, constituyen puntos de expansión, situaciones de partida para intuir, detrás de su desarrollo fugaz, un cuadro de vida más que expreso, sugerido, un contexto para ser imaginado, pero no por ello menos real. Inmersos en el auge de la poesía negrista, los Motivos… parecen a primera vista un producto más de aquella línea creativa surgida de la Vanguardia, debido ello en parte al sabor folklórico y a los rasgos costumbristas que en buena medida poseen. Pero Guillén fue más lejos en la percepción de un fenómeno que, al concretarse en objeto artístico, de motivo o punto de referencia para la literatura, se expande y transforma en expresión de un hecho social. El mundo del solar, sus penurias, se encuentran implícitos en el cuadro, caricaturesco en apariencia, esbozado por el poeta. El plan es, al parecer, simple: la construcción de escenas realistas con elementos pintorescos —costumbres peculiares, tipos folklóricos, prosodia deformada— pero esta simplicidad no es tal. El realismo en Motivos de son está más en las circunstancias que se adivinan a partir de estas instantáneas que en las escenas mismas, pues el creador ha seleccionado para conformarlas sólo fragmentos de la realidad, los cuales, al ser percibidos en una lectura superficial, resultan lo más externo y propio de la llamada poesía negrista. No obstante lo anterior, al profundizar se descubre un proceso de creación mucho más complejo. Los poemas aludirán, en primera instancia, a motivos musicales; serán escenas que posteriormente podrían servir de base a un son —con toda su carga lúdica y festiva—, pero, en realidad, Guillén sigue un proceso inverso: las escenas que suele captar y

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cantar el son regresan a la vida en estos textos, pues el autor invoca una cruda imagen de lo real, sólo que esa imagen es elíptica, dada en indicios, y a través de su poder de sugerencia se muestra la otra y verdadera cara del problema. El tema de los motivos es, en líneas generales, la relación de pareja, el amor marcado por las vicisitudes domésticas y por un estatus social cuya influencia determina rasgos de personalidad y conductas singulares entre la población negra y mestiza de escasos recursos económicos: Mira si tú me conoce que ya no tengo que hablá: cuando pongo un ojo así, e que no hay na; pero si lo pongo así, tampoco hay na. Empeña la plancha elétrica, pa podé sacá mi flú; buca un reá, buca un reá, cómprate un paquete’vela poqque a la noche no hay lú. (“Hay que tené voluntá”) Si ese modo de tratar el tema es ya de por sí un aporte significativo a este tipo de poesía, a los elementos de contenido se suman, además, recursos formales totalmente inéditos que, a partir de ese momento, pasarán a formar parte de una voz, un estilo personal por el cual se identifica al autor de Motivos de son. No se trata solamente del hallazgo del son como forma poética representativa de la sensibilidad popular y del carácter mestizo de nuestra cultura, sino también de la puesta en juego de una compleja gama de recursos técnicos que complementan, desde el plano configurativo, el sentido de los textos: imitación de la síncopa musical por medio de contratiempos acentuales, reproducción del sonido de los instrumentos de percusión —la tumbadora, el bongó— por la recurrencia en el empleo de fonemas específicos o ciertas combinaciones de ellos; creación de una textura fónica similar a la de las lenguas africanas, cuyo influjo se hacía sentir en el modo de hablar del negro pobre; y todo ello con los recursos del español, aprovechando —a su vez— los elementos de la tradición lírica castellana. Nicolás Guillén se propone, pues, expresar lo mestizo de un modo que implique no solamente el lado ideológico o sociológico del planteamiento, sino también las consecuencias de la síntesis racial y cultural en un orden más sutil: el de la lengua y su uso literario, y, al hacerlo, le da rango estético a una manifestación artística del pueblo y, a la vez, tácitamente proclama que esa riqueza,


l a t i n t a t e n t a

Nicolás Guillén con Ernesto Cardenal.

marginada por la cultura oficial, es trasunto de la verdadera naturaleza del cubano, expresión de su ser nacional. Motivos de son es el primer paso en una obra cuyo hilo conductor, desde el punto de vista conceptual, será el anhelo de integración nacional, expresado cada vez con mayor fuerza y en los más variados registros. En Sóngoro cosongo (1931) este principio aparece de manera explícita en el prólogo: …Diré, finalmente, que estos son unos versos mulatos. Participan de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero […] […] Opino por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será de un modo cabal con olvido del negro que —a mi juicio— aporta esencias muy firmes a nuestro coctel. Y las dos razas que en la Isla salen a flor de agua, distantes en lo que se ve, se tienden un garfio submarino, como esos puentes hondos que unen en secreto dos continentes. Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. No se trata, pues, de un simple problema literario. Ciertamente, Guillén ha encontrado la fórmula de una expresión lírica singular, pero a través de ella invita a lanzar una mirada

cohesiva sobre el entramado social cubano; bajo su propuesta literaria subyace un proyecto tácito de armonía que pretende ser anticipada por el acto poético. El primer paso había sido mostrar con la mayor naturalidad posible las circunstancias en las que transcurría la vida del negro humilde y reclamar un espacio dentro de la literatura para su mundo espiritual; ahora se trataba de su integración verdadera a la vida nacional, y esto debía ser planteado sin tibieza. Sóngoro cosongo continúa y ensancha la línea de pensamiento iniciada con Motivos de son: su propio título, tomado del estribillo de uno de los poemas de aquel, indica esta continuidad, dada en lo formal por la importancia que siguen teniendo la musicalidad y el ritmo en el cuaderno de 1931. Los textos de Sóngoro cosongo fueron escritos en un lapso de dos años y algunos son incluso anteriores a Motivos…; de hecho, un buen número de ellos fue publicado con anterioridad a la impresión del volumen en páginas dedicadas a la cuestión racial en la prensa de la época. Lo anterior determina la variedad interna del libro, contrastante con la unidad de su predecesor. Resulta paradojal la intención de armonía declarada en el prólogo. La falta de correspondencia entre ese deseo y la desarticulación real de la estructura del poemario podría interpretarse como una proyección a nivel de significante de lo inarmónico que resultaba el orden sociopolítico en el país. Se comprende así el carácter conscientemente

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l a t i n t a t e n t a teórico, ilusorio, de la propuesta, pese a estar sustentada en verdades incuestionables. Todos los recursos desplegados en el libro propenden a resaltar ese contraste que será, en suma, el signo definitorio de sus páginas. Aun cuando sus temas son, en un sentido general, la raza, la pobreza y la dependencia económica, en Sóngoro cosongo es posible detectar zonas de significación o sentido bien definidas, donde estos se desarrollan con diferentes matices. “La canción del bongó” representa una de ellas. El hablante en primera persona asume la voz del instrumento musical, símbolo del componente negro dentro de la cultura cubana, y a través de ella expresa, con palpable ironía al afirmar en su estribillo —“Aquí el que más fino sea, responde si llamo yo”—, la idea expuesta en el prólogo, por lo que podría decirse que constituye un resumen de las aspiraciones del autor: …ya comerás de mi ajiaco, ya me darás la razón, ya me golpearás el cuero, ya bailarás a mi voz, ya pasearemos del brazo, ya estarás donde yo estoy: ya vendrás de abajo arriba, ¡que aquí el más alto soy yo! Una intención muy diferente encontramos en un texto como “Llegada”, donde la descripción de un suceso hipotético prefigura lo que sería la verdadera incorporación del negro a una vida plena sin el precedente histórico de la esclavitud. Habrá que asumir esta presencia desde una óptica ajena a los prejuicios raciales y será preciso también ajustar los cánones a la hora de enjuiciar a estos seres humanos cuya llegada simbólica viene a ofrecer la energía, la fortaleza y el impulso de una raza poderosa y fresca, el “espíritu limpio” que traerá sus rasgos al “perfil definitivo de América”. Esta nueva mirada reclama una valoración de signo positivo, no solo desde el punto de vista ético sino también estético, una suerte de reajuste de la estimativa atrofiada por patrones discriminatorios. Habrá que tener en cuenta un nuevo tipo de belleza, y el amor va a expresarse, por el puro y elemental instinto, con la inocencia de los orígenes. Esta visión también trae consigo una imagen de la mujer, muy lejana del estereotipo acuñado por la tradición europea, de la cual son representativos los poemas “Mujer nueva” y “Madrigal”. Una tercera zona del libro incluye textos alusivos al ámbito vital del negro, poemas en los cuales el problema racial se presenta desde varias perspectivas para mostrar costumbres, actitudes individuales y colectivas, y experiencias humanas diversas. Estos son los

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más próximos a las motivaciones e intereses de la poesía negrista, pero poseen ese modo de calar en lo sociológico que ya había mostrado Guillén en Motivos de son. Así, la marginalidad y la violencia subyacen en el transcurrir aparentemente alegre de la vida en el solar, en medio de las “cumbanchas”: …Bebedor de trago largo, garguero de hoja de lata, en mar de ron, barco suelto jinete de la cumbancha. ¿qué vas a hacer con la noche, si ya no puedes tomártela, ni que vena te dará la sangre que te hace falta, si se te fue por el caño negro de la puñalada? ¡Ahora sí que te rompieron, Papá Montero! (“Velorio de Papá Montero”) La pobreza y el desamparo marcarán un duro contraste con la suculencia de las frutas anunciadas en el “Pregón” o con la costumbrista imagen del organillero. Están, por últimos los poemas en los que la intención de denuncia social adquiere un sentido más directo al adelantar un rasgo que en lo sucesivo no abandonará la obra de Guillén: el antiimperialismo, presente en textos como “Pequeña oda a un boxeador cubano”; pero sobre todo en “Caña”, donde con solo cuatro imágenes en construcción paralela logra resumir todo un drama: El negro junto al cañaveral. El yanqui sobre el cañaveral. La tierra bajo el cañaveral. ¡Sangre que se nos va! En lo formal, Sóngoro cosongo se encuentra aún por momentos apegado al decir vanguardista, visible en el uso de determinados recursos tropológicos como la prosopopeya, en cierto tipo de metáfora sensorial muy saturada: …ese mismo Broadway es el que estira su hocico con una enorme lengua húmeda… (“Pequeña oda…)


l a t i n t a t e n t a …De tus manos gotean las uñas, en un manojo de diez uvas moradas… (“Madrigal”) El verso libre, de gran aliento como en “Llegada”; o más ceñido, como en “Organillo”, alternará con el tipo de composición de muy flexible estructura métrica y estrófica creada por Guillén a partir del esquema del son y que en algunos de estos poemas se conformarán como una libre interpretación del tradicional romance castellano, al cual se le inserta el clásico estribillo sonero.1 El metro corto —generalmente octosílabo— y la típica asonancia romancera servirán de marco a la anécdota que, como en Motivos…, evoca momentos, situaciones típicas del solar o del barrio pobre. Salpicados de referencias —léxicas, contextuales— al mundo del mulato y el negro2, estos poemas son una muestra de cómo lo tradicional puede ser retomado a partir de una concepción novedosa del verso y sus atributos sonoros. Jugando con los acentos, la segmentación y la rima, el autor ha creado una atmósfera musical, cuya opulenta y engañosa frivolidad se erige como contrapartida del contenido encerrado en los textos. La tensión creada por el contrapunto interno entre forma y contenido viene a ser la clave del significado total del cuaderno, y en líneas generales de una parte significativa en la obra del camagüeyano: el forcejeo perenne entre la condición naturalmente ligera y armónica del espíritu criollo —encarnada en su sentido musical— y el desajuste histórico de su vida social. Esta idea va a ser desarrollada desde múltiples perspectivas a partir de Sóngoro cosongo, y es por ello que dentro de la amplia gama de procedimientos y recursos poéticos desplegados en su obra tienen un lugar especial aquellos que de un modo u otro reflejan las oposiciones, los vínculos contradictorios entre los fenómenos de la realidad: los paralelismos contrastantes, la paradoja, la antítesis, el rejuego de alternativas de carácter negativo, los contrapuntos dramáticos y el enfrentamiento de imágenes y símbolos de connotación antagónica, entre otros. Consciente de las contradicciones entre la realidad socioeconómica y los aspectos de la idiosincrasia criolla citados en líneas anteriores, el autor se mueve y crea —al menos en lo literario— con un afán totalizador, integrador; y su mirada, más allá de una inmediatez desalentadora, está guiada por un impulso de futuridad. De momento, solo es posible llamar la atención sobre el fenómeno a partir de las

posibilidades brindadas por la palabra, y serán sometidas a cuestionamiento no solo las relaciones del individuo con el medio social, o de la espiritualidad con sus circunstancias concretas, sino, más aún, las del hombre y su entorno natural, su paisaje. Es un tópico de alguna manera sugerido en textos como “Pregón” y “Caña”, y que veremos perfilarse con más nitidez a partir de su siguiente libro. …Sangre de mamey sin venas, y yo que sin sangre estoy; mamey p’al que quiera sangre, que me voy… Los temas y preocupaciones presentes en su obra anterior, así como los modos expresivos ya descritos, van a prolongarse en West Indies Ltd (1934), dentro de cuya temática general el dilema de la raza sigue siendo un elemento clave, pero planteado ahora de modo que se extienda al contexto antillano, como escenario de hechos cuya recreación artística está centrada por un sentido histórico. El drama común de Las Antillas, nombradas satíricamente a partir del propio título como empresa de explotación capitalista, es el de la dependencia neocolonial. A partir de esta realidad, lo puramente racial deja de tener sentido como problemática aislada: el negro y el mulato son, además y, sobre todo, hombres explotados, y la discriminación forma parte inalienable de una Historia donde naciones poderosas sentaron las bases de su riqueza sobre una institución criminal: la esclavitud. La Historia será, pues, motivo recurrente en los poemas capitales de West Indies…, y enmarcada en ella la trata de esclavos africanos como germen de la discriminación, pero también como causa del mestizaje. De aquí se llega nuevamente al planteamiento central de la poética guilleneana, focalizada en estos años en el deseo de armonía, que en este libro proyecta hacia el ámbito regional la necesidad de integración en un espíritu único, dejando atrás el pecado original de la esclavitud: …Sombras que sólo yo veo, me escoltan mis dos abuelos. Don Federico me grita y Taita facundo calla; los dos en la noche sueñan y andan, andan. Yo los junto -¡Federico!

Al leer un texto como “Velorio de Papá Montero” es imposible dejar de pensar en el Romancero gitano de Lorca, e incluso (al menos en mi caso) en los corridos mejicanos. Hago notar que Guillén, más que todo preocupado por la situación social del negro, no considera en sus textos la presencia de un sector blanco pobre, también marginado dentro de la sociedad cubana, que comparte los espacios con la población negra, comparte sus creencias religiosas, comparte sus fiestas, sus expresiones musicales y danzarías y, en general la vida en el solar, con todas sus penurias materiales, y que ya forma parte de esa integración tan reclamada por él. Pero esto sería tema para otro análisis. 1

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l a t i n t a t e n t a ¡Facundo! Los dos se abrazan. Los dos suspiran. Los dos las fuertes cabezas alzan; los dos del mismo tamaño, bajo las estrellas altas (…) (“Balada de los dos abuelos”) Si West Indies… significa la apertura temática hacia una poesía cuyo interés sobrepasa los límites del problema negro para internarse en lo socio-político desde una perspectiva antillana, Cantos para sodados y sones para turistas (1937) representa una cristalización de su poesía abiertamente “social” (según nomenclaturas al uso en cierto momento). Este cuaderno resume en sí dos fases o códigos creativos interactuantes que dominan en su poesía: por una parte, un fuerte apego a la tradición poética castellana; y, por otra, la búsqueda de soluciones originales para el logro de una expresión netamente cubana que a su vez contenga, trasfundidas, las esencias de lo español con los aportes del resto de los elementos integrados en el complejo cultural de la isla. Así, los cantos para soldados evocarán una vieja modalidad de canción popular castellana —las medievales cantigas o canciones de soldados— en formas que van de la sencilla canción popular, pasando por el romance, una interpretación muy personal de la balada, redondillas y silvas de estructura perfecta, hasta formas inclasificables donde juega con su dominio de los procedimientos retóricos para obtener composiciones de factura novedosa. En 1937 aparece también España: poema en cuatro angustias y una esperanza, un conjunto de cinco textos escrito como tributo solidario al heroísmo del pueblo español ante la asonada fascista de 1936. La guerra española le ofrece al poeta un punto de apoyo para rescatar la imagen del abuelo blanco y, con su habitual deseo de integración, equilibrar en lo artístico las fuentes nutricias de su identidad, suma y símbolo de un ente social más amplio: Hispanoamérica. Del mismo modo en que Motivos de son vino al rescate de la presencia poética del negro, y España: poemas en cuatro angustias… es un reconocimiento explícito de la herencia española, El son entero (1947), suma de toda su obra desde el cuaderno de 1930 hasta el grupo de textos —en parte inéditos— cuyo título preside el volumen, es la más acabada muestra de su labor de remodelamiento y estilización de la popular estructura lírica y musical criolla. En otro sentido, los poemas incluidos en la parte final representan la apertura de sus motivaciones y temas hacia esferas de significado más abarcadoras, con lo cual se enriquece su intercambio con el universo físico y espiritual circundante. Si, como señala la crítica, El son entero encierra en sus páginas los matices más disímiles de la

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emotividad criolla, ello se debe en buena medida a que el poeta ha interiorizado su experiencia vital hasta alcanzar una alta concentración lírica, estadio de la escritura donde le está permitido explorar dentro de su subjetividad, síntesis y reflejo de una emocionalidad colectiva, escarbar en lo más íntimo y sutil de sus percepciones, y ponerlo todo en poesía de acendrados valores expresivos. Volcados en el flexible molde del son, se hallan aquí, junto a las problemáticas centrales de sus primeros libros, los grandes temas eternos desarrollados de manera que los sentimientos, las emociones, la visión del mundo, y el sentido de la existencia expresados en sus versos corresponden a la sicología y el modo de sentir propios del cubano, pero sin dejar de consignar lo que es patrimonio espiritual de la Humanidad en cualquier época o circunstancia. Así logra perfilar un diálogo entre el ser nacional y la universalidad, cuya dinámica explica esa capacidad comunicativa tan frecuentemente señalada por sus exégetas. En esta sección última del cuaderno, se observan dos órdenes básicos en lo que respecta a la postura del hablante frente a la realidad. En uno de ellos, se incluyen textos cuya actitud más general apunta hacia la plasmación de inquietudes sociales. El problema de la raza —asociado como de costumbre a la idea de armonía— y la esclavitud —en vínculo con su interpretación de la Historia— son los temas centrales de un grupo al cual se integran poemas como “Sudor y látigo”, “Son número 6”, “Elegía” y “Un son para niños antillanos”. Otro conjunto se alinea dentro de la ya mencionada apertura de sus preocupaciones hacia el ámbito latinoamericano, habida cuenta de la paridad esencial de problemas planteada por el común origen histórico y posterior desenvolvimiento de los pueblos al sur del Río Bravo. Textos como “Una canción en el Magdalena”, “Barlovento” y “Son venezolano” recogen sus experiencias durante el recorrido que hiciera entre 1945 y 1948 por tierras de Sudamérica. Mención aparte merece “Poema con niños”, primero de los dos únicos ensayos teatrales conocidos del autor, cuya parte dialogada, muy sencilla, es, como afirma Ángel Augier, solo “ilustración para el poema, simple pretexto para su culminación”. En otro orden se encuentran los poemas propiamente líricos; en ellos predominan los temas del amor —ensombrecido siempre por la soledad y la melancolía—, la muerte y la naturaleza, tratada esta última desde una perspectiva muy peculiar. Pueden mencionarse, dentro de los más significativos, “Agua del recuerdo”, “Rosa tú, melancólica”, “Iba yo por un camino”, “Palma sola” y “Ébano real”. No falta en ellos la nota, con sabor de llana sabiduría popular, presente en un texto como “Cuando yo vine a este mundo”, donde la intención crítica se entremezcla con la reflexión.


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Nicolás Guillén con Pablo Neruda.

…Con el alma en carne viva, abajo sueño y trabajo; ya estará el de abajo arriba cuando el de arriba esté abajo. Si de algún modo pudiera definirse con una sola palabra el impulso creador que dio lugar a El son entero, esta sería versatilidad, dentro de una coherencia de pensamiento y estilo. El poema “Guitarra”, considerado por muchos críticos como una verdadera “arte poética”, entrega las claves de esta cohesión en lo diverso, pues se trata de una perspectiva en virtud de la cual el acento popular y el sentimiento de autenticidad vienen a colocarse en primer plano, en un marco de logrados valores expresivos. Así, el poeta cantará —la guitarra para Guillén es símbolo de poesía, pero también de pueblo— en nombre de una multitud que se niega a desvirtuar su esencia: …Su clamorosa cintura, en la que el pueblo suspira, preñada de son estira la carne dura. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: …y alzó la cabeza fina, universal y cubana, sin opio, ni mariguana, ni cocaína. Aquí se plantea nada menos que la defensa de los valores

culturales de la nación contra los estereotipos creados por la propaganda, contra el desconocimiento y el desprecio de nuestra espiritualidad, y aun contra la miseria degradante de un vasto sector popular. Es una idea que ya había quedado clara en el poema “Maracas”, de West Indies Ltd, y ahora encuentra en el son la forma idónea para plasmarse. Tras ese pórtico sobreviene un orbe de interpretaciones y vivencias, cuyo extenso diapasón admite desde el reconocimiento del mestizaje como médula de la identidad hasta el develamiento de una intensa vida interior recreada en versos de concentrado lirismo. En cuanto a la naturaleza, es bueno señalar que en Guillén esta nunca será objeto de contemplación o fuente de belleza y deleite sensorial en sí misma. El sentido de su presencia en la poesía, se explica sólo en razón de su vínculo con el ser humano. Dos actitudes básicas se observan al respecto; una, esencialmente lírica, emotiva, no a la manera del romántico, quien proyectaba sus emociones en el paisaje y hacía de este una prolongación de sí mismo. Para el poeta camagüeyano, la naturaleza es presencia actuante, interlocutor, realidad en diálogo con el hombre, parte íntima de su memoria, soporte físico del existir, y en esta medida su intercambio con ella se torna entrañable, ejemplo de lo cual es “Ébano real”, uno de sus más depurados textos líricos: -Quiero una mesa cuadrada y el asta de mi bandera; quiero mi pesado lecho, quiero mi lecho pesado, ébano, de tu madera, ay, de tu negra madera…

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l a t i n t a t e n t a Ahora no puede ser, espérate, amigo, espérate, espérate a que me muera. La segunda actitud se relaciona con el ya tantas veces mencionado deseo de armonía, y constituye una de sus notas singulares debido a que la naturaleza, como elemento portador de valores estéticos y éticos, se presenta en una relación contradictoria con el engranaje de la sociedad. Apenas esbozado en su libro de 1931 en poemas como “Organillo”, “Caña” y “Pregón”, donde los elementos de la naturaleza son aludidos como motivos complementarios de la idea rectora, este contrapunto vida social-entorno físico se perfila con mayor nitidez en el poema “West Indies Ltd” del libro homónimo de 1934, y viene a cuajar en “Mi patria es dulce por fuera” de El son entero. Si el mundo físico, le ha servido a ratos como referente para sus construcciones metafóricas, como arsenal simbólico y aún para conformar atmósferas mítico-mágicas —recuérdese su “Balada del güije”—, llegado el momento ha de entrar también en el juego ideológico: a su manera, el paisaje cubano denunciará los males de la vida nacional, y será por contraste: Mi patria es dulce por fuera, y muy amarga por dentro; mi patria es dulce por fuera, con su verde primavera, con su verde primavera y un sol de hiel en el centro. Es uno de los signos claves de su obra anterior a 1959, presente en ella desde Motivos de son, la paradójica relación entre lo externo o aparencial, referido a los caracteres visibles de la idiosincrasia criolla, la belleza del medio físico3 y lo ligero de las formas líricas populares; y lo interno, medular, que remite a las dramáticas circunstancias sociopolíticas y a sus consecuencias en la intimidad psíquica del hombre: la alienación, el extrañamiento frente al paisaje y la amargura oculta tras el modo cotidiano de asumir la penuria: Bajo tu risa ligera, yo que te conozco tanto, miro la sangre y el llanto bajo tu risa ligera […]

Como suma poética, El son entero es una muestra de las posibilidades expresivas halladas por Guillén en esta forma lírica popular. La variedad de combinaciones métrico-estróficas, el profuso inventario de rimas, así como otras múltiples técnicas y procedimientos compositivos, se corresponden, a su vez, con una amplia gama de matices en la percepción de la realidad. Puede hallarse entonces un “Son número 6”, de concepción formal e inquietudes muy actuales, en el cual los recursos estilísticos confluyen para sostener la idea de integración racial que es su eje temático, y junto a este un texto de contenido metafísico y preocupaciones trascendentes como “Iba yo por un camino”, capaz de actualizar muy antiguos tópicos como el del temor y el deseo de la muerte, al enfocarlos desde la sencilla perspectiva del individuo común, cuyo diálogo con la más temida es ajeno a las complejidades de la mística, pero infinitamente profundo en su sencillez. Iba yo por un camino cuando con la muerte di. -¡Amigo!- gritó la muerte, pero no le respondí, pero no le respondí; miré no más a la Muerte, pero no le respondí. Llevaba yo un lirio blanco, cuando con la Muerte di. Me pidió el lirio la muerte, pero no le respondí, pero no le respondí; miré no más a la Muerte, pero no le respondí. Ay, Muerte, si otra vez volviera a verte, iba a platicar contigo como un amigo; mi lirio, sobre tu pecho, como un amigo; mi beso, sobre tu mano, como un amigo; yo, detenido y sonriente, como un amigo. Desde otro punto de vista, El son entero ejemplifica como, no solo a partir de los temas, sino también de una concepción moderna del lenguaje y los procedimientos técnicos, el autor puede hacer confluir herencia y

3 Es un tópico que ya se ve desde el siglo XIX, como en este poema de José María Heredia: ¡Dulce Cuba! en tu seno se miran En su grado más alto y profundo, La belleza del físico mundo, Los horrores del mundo moral. (Himno del desterrado)

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l a t i n t a t e n t a creatividad. Una estructura paralelística, a la manera de las antiguas canciones galaicoportuguesas y castellanas, puede transformarse —como en el citado “Iba yo por un camino”— en otra manera mestiza de expresar los sentimientos por el uso del léxico, los giros sintácticos, los componentes rítmicos, el tipo de estribillo y su disposición dentro del texto. Conservará, sin embargo, el encanto de aquellas piezas cuya efectividad e intensidad liricas radicaban justamente en su sencillez. Otras composiciones tradicionales como la balada y el romance serán sometidas a nueva interpretación; así, el impulso narrativo propio de estas formas poéticas se hace sucesión de imágenes o, como en “Rosa tú, melancólica”, se va disolviendo en el fluir de las sensaciones, en las impresiones de las cuales el lector se hace partícipe y confidente. Si se toma en cuenta que el estribillo, la repetición y los paralelismos son recursos poéticos populares de origen remoto, puede decirse que el son, fruto de la sensibilidad e intuición musical del pueblo cubano, ofrece, en tanto escritura, muchas de las peculiaridades y soluciones técnicas halladas por los juglares, en los orígenes de la poesía hispana, a fin de adecuar el tiempo, la duración del verso, a las melodías, y para lograr una amplia comunicación con sus auditorios; de ahí la extrema libertad métrica, la variedad en la rima y el verso estribillesco como idea más simple y general, apta para ser memorizada y coreada sin esfuerzo. La letra del son es, en cierto modo —si no por la forma al menos sí por el espíritu— un equivalente contemporáneo de la copla en lo que atañe a su condición de receptáculo del sentir colectivo, de las vivencias y deseos de la muchedumbre, su vínculo sentimental con el entorno. A Guillén cabe el mérito de su hallazgo para la poesía culta y su empleo consciente como forma representativa de la sensibilidad nacional, expresión concreta del carácter mestizo de la cultura cubana. Para adoptar su esquema rítmico y su modelo configurativo general y someterlo a un trabajo de acendramiento estilístico, era preciso un conocimiento del legado literario ibérico, dominio de los secretos del ritmo, y singular aptitud para reproducir en la palabra los efectos sonoros de los instrumentos típicos, cualidades que el autor poseía en grado sumo. Desde un modelo básico, Guillén desplegó su vasta reserva de recursos, dentro de los cuales ocupan un lugar preeminente, además de los ya citados, la economía de palabras, precisión del lenguaje que le permite plasmar la idea en su médula sin circunloquios ociosos; el empleo de tropos, como la metonimia y sus variantes, que por sus características tienden a objetivar el pensamiento poético; el uso exacto de todo tipo de procedimientos intensificadores y figuras retóricas para graduar los efectos subje-

Óleo de Dixie Miguez.

tivos del discurso; el sostenido carácter contrapuntístico logrado a través de figuras como el oxímoron, la paradoja y la antítesis, o bien por contraposición de imágenes; el manejo de un código lingüístico accesible a grandes sectores de la población, y aun de un simbolismo referido a elementos conocidos de la Historia, la naturaleza y el acontecer social cubanos. Son razones de orden estético, más que ideológicas —aunque la recurrente clasificación de su obra dentro de la llamada “Poesía social” esté justificada por más de una razón—, las que hacen de Nicolás Guillén una figura icónica no solo dentro de la Historia de la literatura cubana, sino también dentro del imaginario simbólico nacional. Personaje cimero dentro del panorama cultural de la isla, es sin duda alguna el hombre que definió una parte esencial, aunque no la única, de la identidad que alimenta las venas profundas de la creación poética en la mayor de las Antillas. Tropo Nota: El texto publicado aquí es un extracto modificado del epígrafe 2.2.7.4 (“Cubanía y universalidad en la obra de Nicolás Guillén”), escrito por la autora para el Tomo II de la Historia de la Literatura Cubana (2003), elaborada por el equipo de investigadores del Departamento de Literatura del Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor” del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

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Casus belli Por Miguel Pickering

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odo comenzó con un manotazo sobre la mesa. La acalorada discusión había venido subiendo de tono entre temerarias acusaciones, en las que se arrebataban la palabra para señalar lo que cada uno consideraba que le correspondía según sus intereses. La crisis sentaba condiciones para adelantar posiciones, la repartición de la herencia vagamente descrita en el testamento, la concesión de los denuncios mineros, la participación accionaria en el corporativo de medios y telecomunicaciones, los dividendos del negocio inmobiliario, la oficina principal con el escritorio de caoba, la dirección del destino manifiesto que cada parte interpretaba a conveniencia asegurando ser la elegida para determinar los porvenires ajenos. El periodo de duelo predisponía un campo propicio para mostrar los filos de sus antagonismos antes disimulados. Muerto el patriarca, no hacía falta guardar las formas. Al contrario, exhibir su animadversión por el otro liberaba la ira que por tantos años sujetaron con práctica malabarista para no desbalancear el precario equilibrio que hasta ahora les regulaba. La discusión pronto pasó de las palabras a los gritos; y, al calor de los reclamos, no tardaron en lanzarse amenazas, cruzaron las líneas rojas, rompieron los códigos, llevaron la situación a un punto de no retorno, llegando al extremo de hacer inviable cualquier intento de mediación de quienes buscaban contenerles. Si no llegaron a los golpes fue porque sus consejeros y la mesa en torno a la cual peleaban obstaculizaron

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Daydream (2021). Técnica: digital. Obra del ilustrador sueco Alexander Jansson.

la desaforada violencia. Aun así, se arrojaron restos de comida y alguna que otra pieza de la vajilla, escaramuzas que hicieron volar por los aires todo atisbo de cordura en preludio de lo que vendría: ¡esto es la guerra!, zanjaron antes de retirarse a preparar el combate. «No queremos comenzar con una definición altisonante y grave de la guerra, sino limitarnos a su esencia, el duelo. La guerra no es más que un duelo en una escala más amplia. Si quisiéramos concebir como una unidad los innumerables duelos residuales que la integran, podríamos representárnosla como dos luchadores, cada uno de los cuales trata de imponer al otro su voluntad por medio de la fuerza física; su propósito siguiente es abatir al adversario e incapacitarlo para que no pueda proseguir con su resistencia. La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad». Carl von Clausewitz, De la Guerra, 1832 Aún no clareaba el alba cuando su mujer avivaba la lumbre en el fogón para echar unas tortillas al comal y calentar el café. Era una cuestión vital salir al trabajadero bajo la oscuridad de la noche para no ser blanco de los francotiradores, ya que la condición topográfica de sus tierras resultaba en una desventaja ante la posición más elevada de sus rivales; junto con su hijo, el mayor, habían improvisado algunas trincheras en los puntos más críticos de la vereda, pero su mejor parapeto seguía siendo la noche y


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Batalla de Campo Grande (1877), óleo de Pedro Américo de Figuereido e Melo. Representa el enfrentamiento ocurrido en Brasil en 1869 en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza. Imagen tomada de Wikipedia.

la niebla. El problema era añejo. Hace décadas el registro agrario cercenó un buen pedazo de los dos ejidos. Ellos siempre pelearon por sus tierras, pero el conflicto comenzó cuando los del ejido de arriba se vendieron a un prominente señor de la ciudad, quien se adueñó de todo el terreno, contratando a algunos de ellos como sus guardias blancas para cuidarlo. Resultaba muy difícil vivir bajo los constantes ataques armados, un día sí y otro también. Hace apenas un año, su hija la más pequeña fue herida por una bala calibre 7.62 x 51 mm que le atravesó la pierna destrozándole la tibia y el peroné cuando alimentaba a las gallinas. La suya era una historia familiar escrita con sangre: la opresión de sus abuelos como peones acasillados en la finca, el levantamiento armado en el que murió su padre, la tortura que sufrió él cuando lo apresaron por participar en los movimientos normalistas siendo estudiante y ahora su niña con su piernita amputada. La grandeza de un hombre se mide por el tamaño del enemigo que escoge, recordaba que le había dicho su abuelo mientras le contaba cómo mató a machetazos al patrón al enterarse de que había hecho valer su derecho de pernada desflorando a su madre el día que se casó con su finado padre. Por todo esto, al cumplir su hijo el mayor 14 años, comenzó a instruirlo en el combate. Pronto vendrá la guerra, le dijo. «Reunidos todos allí, celebramos consejo, decían nuestros padres y abuelos Gagavitz y Zactecauh […] En verdad la guerra está cercana: ataviaos, cubríos de vuestras galas, revestíos de plumas, desenvolvamos

nuestros presentes. Aquí tenemos las prendas que nos dieron nuestras madres y nuestros padres. He aquí nuestras plumas». Francisco Hernández Arana Xajilá, Memorial de Sololá. Anales de los Cakchiqueles, 1560 Apenas salieron a la calle comenzaron las detonaciones, desatándose un intenso tiroteo pues la respuesta de los guardaespaldas ante la agresión fue organizar un pasillo reactivo que diera cobertura a la evacuación del protegido. En el piso yacían los cuerpos de las primeras bajas. Gracias a las botas tácticas, quienes quedaban de pie no resbalaron en los charcos hemáticos formados por el flujo de la sangre emanada de los abatidos. La escasa planeación de los atacantes, aunada al fogueo de los escoltas habituados a acomodarse para eludir las balas, terminó por inclinar la balanza en favor del hombre al que intentaron asesinar, quien logró huir ileso de la emboscada en una camioneta blindada. Ya bajo resguardo se preparó para el contragolpe. Él sabía que tenía el tiempo en contra si quería evitar que su adversario se afianzara. Por años había repasado en su mente mil formas de reivindicarse ante la condescendencia que siempre le prodigó el patriarca al hermano menor de su madre. Siempre lo aborreció; eran casi de la misma edad, pero de carácter totalmente opuesto: él, metódico y perseverante, mientras que su tío era un desgobernado y pendenciero. Días antes, había establecido las acciones legales para solventar los inconvenientes surgidos por la

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l a t i n t a t e n t a ambigüedad del testamento, pero los acontecimientos recientes rebasaban sus proyecciones iniciales, considerando ahora los amagos de su rival como una seria amenaza que podría escalar desestabilizando al país entero. Lo primero que ordenó fue reforzar la seguridad en sus negocios y poner en marcha un plan de ataque para que sus hombres se regodearan con la venganza de los compañeros caídos recientemente. El objetivo tenía que ser un punto muy sensible que además sirviera como distractor para avanzar en su estrategia. Dispuso además fraguar diversas tretas para acotar los caudales económicos de los que abrevaba su contendiente. De manera inescrupulosa y en plena connivencia con el líder del sindicato, urdió una operación para precarizar todavía más la riesgosa labor de los mineros, induciendo condiciones para que ocurriera un accidente que paralizara la compañía que conducía su tío. Cuando sucedió la tragedia, su padrino le aconsejó que no solicitara licencia en el Senado, para conservar el fuero. Así que lo más difícil para él fue comunicarles a sus jefes políticos en el gobierno y a los altos jerarcas del crimen organizado que, dadas las circunstancias, comenzaría una guerra total contra su tío para hacerse con el control absoluto del emporio familiar. «Una vez que César ve el ánimo de sus soldados, decide dar el paso definitivo e ir a Rímini. Esto suponía cruzar el Rubicón y salir de su provincia, que era precisamente lo que los cónsules le habían prohibido. Por tanto, era el principio de la guerra». Julio César, Comentarios a la Guerra Civil, Libro 1, 40 a.C. Luego de varias noches de discusión, la asamblea reconoció que las medidas tomadas hasta ahora resultaban insuficientes para frenar las incesantes balaceras. Se decidió entonces formar una comisión de seguridad comunitaria que se encargaría de organizar la defensa de las tierras. La mediación que habían hecho la pastoral social y los organismos de derechos humanos fue bien valorada, pero lo primordial ahora era establecer contacto con quienes pudieran suministrarles armamento y municiones. Se sabía que aquello implicaría necesariamente recaudar dinero que no tenían, así que acordaron vender el ganado, pedir la contribución de los parientes que habían emigrado y comenzar los bloqueos en la carretera para exigir peaje. Prohibieron asaltar a los comerciantes de la zona y el secuestro. Todas las demás formas de allegarse recursos que no implicaran hechos de sangre quedaban permitidas; su urgencia era conseguir principalmente maíz y pertrechos

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para la manutención de los combatientes y sus familias durante el tiempo que durara el conflicto. Por la memoria de lo vivido hacía 30 años, cuando el alzamiento armado, tenían claro que la ofensiva debía ser rápida y contundente, a los compañeros de aquella lucha les pidieron su apoyo para reclutar milicianos en otras regiones. Concluir los preparativos supondría tomarse algún tiempo. Su mejor defensa era pasar a la ofensiva, no tenían dudas de ello, pero esto implicaba cargar con la comunidad entera para romper el cerco dentro del cual les tenían sometidos sus contrincantes. No podían dejar que otros grupos paramilitares llegaran para reforzar a los testaferros locales del mandón, su verdadero enemigo. Mientras conseguían los medios suficientes para hacer la guerra, fueron preparando los refugios en la montaña donde habrían de montar los campamentos que resguardarían a las familias. En el pueblo dejarían postas y nidos donde alinear fusileros para responder a las agresiones, así como algunos puntos de observación en los caminos. «El mejor aliado del guerrillero es el terreno porque él lo conoce como la palma de su mano. El tener el terreno como un aliado significa conocer cómo utilizar sus irregularidades con inteligencia, sus puntos más altos y bajos, sus curvas, sus pasajes regulares y secretos, áreas abandonadas, terrenos baldíos, etc., tomando la ventaja máxima de todo esto para el éxito de las acciones armadas: escapes, retiradas, coberturas y escondites». Carlos Marighella, Mini-manual del Guerrillero Urbano, 1969 Pasados algunos meses desde la celada, el senador se encontraba ahora en la capital a sugerencia del alto mando militar; en su estado, el curso de las acciones se había salido de cauce luego del atentado en el prostíbulo que frecuentaba su tío. Si bien a ninguno de los poderes fácticos les convenía tanta violencia, a todos les resultaba muy sugestiva la posibilidad de hacerse con lucrativas porciones del consorcio familiar que estaba en juego. Esto le dio una ventaja para establecer alianzas clave sin reparar en el precio pactado. Sabía de antemano que el fuego desatado abrasaría a todos, se comprometieran o no con su causa; de esta manera, los costos serían tan altos que al final tendrían que pagarse en conjunto, lo cual lo dejaría en una mejor posición de la que tenía antes de iniciar las hostilidades. A pesar de la distancia, se mantenía pendiente de los detalles en todos los frentes. Inclusive avanzaba en la arena política. Aun cuando su partido era pequeño, había conseguido importantes triunfos en las pasadas elecciones, lo cual se logró gracias a un arreglo


l a t i n t a t e n t a que orquestó con el Cártel del Ocaso para masificar la compra y coacción de votos en vastos territorios, situación que le daba un amplio margen de maniobra con el gobierno nacional, pues ahora su partido serviría como ariete en el Congreso para aprobar controvertidas leyes al servicio de la actual administración o de la oposición, según conveniencias. Solamente le faltaba concretar la arremetida final para doblegar a su tío, quien se defendía con desmedida rudeza. Esta guerra cegaría muchas vidas antes de que alguno pudiera proclamarse vencedor, pero el senador ya había puesto en marcha un movimiento sagaz que rendiría sus frutos para alzarse victorioso. «Un príncipe no debe entonces tener otro objeto ni pensamiento ni preocuparse de cosa alguna fuera del arte de la guerra y lo que a su orden y disciplina corresponde, pues es lo único que compete a quien manda. Y su virtud es tanta, que no solo conserva en su puesto a los que han nacido príncipes, sino que muchas veces eleva a esta dignidad a hombres de condición modesta; mientras que, por el contrario, ha hecho perder el Estado a príncipes que han pensado más en las diversiones que en las armas». Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, 1532 En mitad de la noche, partieron varios contingentes que movilizaron a la comunidad entera, incluyendo ancianos, mujeres y niños, animales de carga, aves de corral, avituallamiento y pertrechos. La guerra de todo el pueblo era la estrategia acordada, se basaba en una premisa fraguada por el dolor de vivir asediados durante años y que juramentaron frente a las tumbas de sus difuntos antes de partir: —Más vale morir peleando que vivir de rodillas, pues no hay modo más noble de vencer que luchar hasta la muerte por nuestra dignidad. Los exploradores, avezados en la vida montuna, dirigieron la expedición que fue dividida en etapas, considerando la lentitud en la marcha de los elementos más vulnerables. El principal escollo fue salir del pueblo sin que los punteros hostiles lo advirtieran. Con la sobria luz de la luna, se guiaron durante el trayecto en el que la vegetación era escasa. Apremiaba internarse en la tupida floresta antes de que el sol saliera. Ya bajo el cobijo de la montaña, pudieron detenerse en repetidas ocasiones para descansar. Tardaron toda la noche y buena parte del día siguiente en llegar para establecerse en las cuevas y refugios preparados con anticipación. Los campamentos se ubicaban dispersos, pero dentro de un área compacta que facilitaba su defensa a cargo de la propia

Salvador Dalí. La cara de la guerra (1940).

población, que contaba con silbatos y caracoles para dar la voz de alarma en caso de ser descubiertos. Los combatientes tenían algunos equipos radiales de doble vía para coordinar operaciones y evitar interferencias. Una vez posicionada la retaguardia, estaban en condiciones para dar inicio a la etapa más decisiva, el ataque. «Las fuerzas armadas populares estaban constituidas por el ejército regular y también por las tropas regionales, los guerrilleros y los francotiradores. Bajo la consigna de: —Todo el pueblo en armas—, cada habitante se convertía en un combatiente, cada aldea en una fortaleza, cada célula del partido y cada comité de resistencia en un estado mayor. Así ocurrió en la zona liberada y aun en la retaguardia enemiga». Vo Nguyen Giap. Guerra del Pueblo Ejército del Pueblo, 1964 Saturado el teatro de operaciones por el avispero de intereses alborotado, el conflicto se empantanó en un espiral de terror y devastación. El senador buscaba romper esta inercia con una jugada maestra que nadie esperaba. Era de todos conocido que su tío no podría mantenerse en la posición de poder que ostentaba por sí solo, pues dependía de La Pantera, su mano derecha, un sayón muy ducho dirigiendo a sus huestes. Así que, para anularlo, envió a uno de sus hombres más competentes en una misión clandestina, cuyo objetivo era penetrar el círculo de seguridad de su tío. El espía se presentó como agente del gobierno que buscaba pacificar al estado. Para ganar su confianza, les entregó información confidencial. Aun así, sus contrarios

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l a t i n t a t e n t a dispusieron que un equipo externo lo investigara. Interceptaron después de un tiempo un mensaje encriptado de su teléfono que revelaba proximidades de La Pantera con el senador. Su tío, azorado al vislumbrar una posible traición, encaró a su jefe de sicarios, quien, fastidiado, le respondió reclamándole altaneramente su incapacidad para conducir la guerra. El tío desencajado desenfundó la 45 y le sorrajó dos balazos en el pecho a su lugarteniente; ahí mismo ejecutó al doble informante también y luego sin miramientos se fue a la cantina. El senador fingió sorpresa cuando a los pocos días recibió una llamada de la arquidiócesis de su estado. El obispo lo invitaba a que se reunieran con el propósito de conversar sobre los términos de una posible tregua solicitada por los jefes que apoyaban a su tío. La artimaña había resultado. Para él, aislar completamente a su enemigo bien había valido el sacrificio de uno de sus mejores hombres; destapó una botella de Balvenie, se sirvió en un vaso y al saborear los tonos del whisky añejado por 30 años en maderas de roble, paladeó su triunfo. «Los operativos secretos son muy importantes en la guerra; de ellos depende el ejército para efectuar cada una de sus estrategias. Chia Lin: —Un ejército sin agentes secretos es como un hombre sin ojos ni oídos—». Sun Tzu, El Arte de la Guerra, 400 - 320 a.C. Tres columnas de combatientes salieron rumbo al ejido de arriba donde los paramilitares tenían la comandancia. Otras dos columnas se incorporaron para el asalto con caballos y vehículos que agilizaran el despliegue. Muchos compañeros milicianos habían acudido desde lejos atraídos por la promesa del reparto de tierras que serían recuperadas si ganaban el combate. Poco antes de iniciar la ofensiva, comenzó a caer un aguacero. No podía haber mejores condiciones para atacar, pensó él, explicándole a su hijo cómo la torrencial lluvia sobre los techos de lámina escondería el ruido de su llegada y mantendría a los paramilitares acuartelados, lo que favorecía el ataque inicial con granadas. La resistencia de quienes defendían fue ardua, pero no duró mucho tiempo. El volumen de fuego y la resolución de los atacantes resultaron determinantes para tomar el control del ejido de arriba y sus alrededores. Los paramilitares que sobrevivieron, sus colaboradores en el pueblo y algunos policías estatales que les resguardaban fueron hechos prisioneros. Al resto de los campesinos les advirtieron que si no colaboraban con la causa serían expulsados de sus tierras. En eso andaban cuando una comunicación por radio interrumpió la discusión de cómo habrían de repartirse

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las tierras. En seguida, un grupo de milicianos se aprestó para salir en los vehículos rumbo a la ciudad. Él se dirigió hacia su hijo indicándole que debía quedarse con el resto de combatientes a defender las tierras, y dio la orden de cortar las alambradas del rancho del patrón y de sacrificar unas vacas para alimentar a la tropa. La comunicación radial provenía de un compañero de lucha que era diácono, quien sabedor del embate que habían emprendido les informó que recién se enteraba sobre el arribo del hijo del mandón al estado, quien acudiría a la catedral en unas horas para hablar con el obispo acompañado solamente de una discreta guardia. Se apresuraron para llegar cuanto antes a cercar la catedral. Un grupo de milicianos ingresó por una puerta lateral que daba justo a la sacristía, donde les esperaba su compañero el diácono. Dentro de la diócesis, pronto ubicaron y detuvieron al hijo del mandón. Para cuando los escoltas reaccionaron, ya una multitud armada lo llevaba por la calle sujeto con un lazo y tapado de los ojos. No sabía lo que sucedía, nada más sentía los jalones mientras lo subían a una camioneta de redilas. Lo que estaba viviendo le resultaba inconcebible. Al volver a las tierras recuperadas, el ánimo era tenso. Los campesinos del ejido de arriba se encontraban muy preocupados por las represalias que tomaría el ejército. Los milicianos enfrentaban también emociones encontradas: por un lado, el júbilo de haber cumplido su misión sin demasiadas muertes, pero, por el otro, la angustiante responsabilidad de tener que dirigir esta nueva etapa de la lucha que involucraba a tantas almas. Ciertamente, con la retención del hijo del patriarca tenían una moneda de cambio valiosa para las negociaciones con el gobierno, pero la realidad es que el pueblo estaba sumido en la pobreza, el estado en llamas y el país hecho un polvorín a punto de estallar. En medio del gentío le descubrieron los ojos y desataron al senador, quien tímidamente alcanzó a preguntar si querían dinero o qué más podía ofrecerles para que lo liberaran. Fue entonces que aquel muchacho de dieciséis años, hijo primogénito del comandante Hiber, dio un paso al frente y con voz firme le respondió que no se preocupara, que como era un invitado no le habrían de faltar un plato de frijolitos, tortillas y una champa donde dormir. Continuó diciéndole, mientras señalaba las tierras recuperadas, que no le pedirían nada a cambio, pues lo que por derecho les pertenecía ya lo habían recuperado; para rematar se dirigió a su gente gritando de alegría diciéndoles que ahora lo verdaderamente importante era traer a sus familias para festejar con un baile la toma de las tierras y la reparación de su dignidad. «El Ejército dio el parte de la detención de todos los campesinos que colaboraron con nosotros en la zona


l a t i n t a t e n t a

Imagen: https://www.nodal.am

de Masicuri; ahora viene una etapa en la que el terror sobre los campesinos se ejercerá desde ambas partes, aunque con calidades diferentes; nuestro triunfo significará el cambio cualitativo necesario para su salto en el desarrollo». Ernesto Guevara de la Serna, Diario del Che en Bolivia, 1968 La guerra de los de arriba inicia por la avaricia del poderoso que pretende acaparar el despojo; la guerra de los de abajo inicia con la conciencia del oprimido que busca su liberación. La guerra civil estalla en el momento en que éstas dos fuerzas antagónicas adquieren semejante escala que terminan envolviendo a toda la población, lo cual sucede cuando coinciden las guerras desde arriba y las guerras desde abajo en geografía, calendario y poder de fuego. Los coliseos para la lucha fratricida se construyen con los ladrillos de la indolencia y el mortero de la indiferencia, cuando el debate de las ideas se descarta para imponer doctrinas, cuando se utiliza al humilde para conservar privilegios, cuando los prejuicios y atavismos ceban visceralmente al odio, cuando la codicia supera al raciocinio, cuando la ofuscación aviva las ansias de venganza, cuando la mentira se cultiva como propaganda, cuando la crispación desecha alternativas que buscan reconstruir cívicamente el tejido social, cuando el resentimiento aísla a la humanidad haciéndole creer que solamente importa el individuo, cuando se promueve el

desdén por el otro, el insulto al dócil, la amenaza al prójimo, la agresión a quien resulta diferente, la muerte a los demás por conveniencia, cuando la impunidad sustituye a la justicia, pero, sobre todo, cuando hay intereses de por medio que se benefician del exterminio entre hermanos. ¿Hacia dónde vamos marchando? «En vano marchamos con paso enérgico y sin precedentes hacia la formación de un imperio tan colosal que dejará atrás a todos los antiguos, mayor que el de Alejandro, mayor que el de Roma en su apogeo. En vano nos hemos anexionado Texas, California, Alaska y nos extendemos hacia el norte en busca de Canadá y hacia el sur en busca de Cuba. Es como si se nos estuviera dotando de un inmenso cuerpo, cada vez más equipado, y nos estuviéramos quedando prácticamente sin alma». Walt Whitman, Perspectivas Democráticas, 1870 Cozumel, Quintana Roo, junio 2021

Miguel Pickering (México D. F., 1974). Biólogo y magíster en Desarrollo Rural. Radica en Cozumel desde 2017. Técnico recolector de pesquisas, extensionista de anécdotas y silvicultor de historias.

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M a r i s o l

D'Estrabeau

Imaginación lúdica y sutil rebeldía Por Carlos Generoso

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res son las fuentes donde abreva Marisol D´Estrabeau. Desde su más temprana infancia al haberse asomado al mundo científico y médico de su padre a través del microscopio, donde se quedaba embelesada con aquellas imágenes abigarradas de tejidos y formas naturales; la segunda, las experiencias posteriores, sus

viajes, uno en particular al terreno cora y huichol, a la gran Wirikuta del altiplano potosino, territorio del Hikuri y del color, del tejido marakamé como un libro que los europeos no alcanzaron a quemar, la ritualidad espaciada en las formas que cobran vida de un mundo silvestre y natural, combinación intrínseca de forma y color; por último, y quizá más importante, algo que trae de ella misma, de los caminos de su interior, profundamente femenino, su prolífica imaginación, que lo mismo vislum-


a r t e s v i s u a l e s

Biesencia I. Mixta sobre papel. 29 x 41 cm (2018-19). De la serie "Radiografías del espíritu animal."

bra un gato de tres patas que las transformaciones del zorro o el hálito de vida de una abeja melipona. Cuando esta imaginación traspasa la frontera de las dos dimensiones y accede a la tercera donde la profundidad crea volumen, integra una realidad plástica que cobra doble valor, el intrínseco de una obra de arte como la carta de existencia de su imaginación, lo cual se comprueba al observar su escultura en esta sala de un colorido zorro (*).

Cuando esta imaginación traspasa la frontera de las dos dimensiones y accede a la tercera donde la profundidad crea volumen, integra una realidad plástica que cobra doble valor, el intrínseco de una obra de arte como la carta de existencia de su imaginación, lo cual se comprueba al observar su escultura en esta sala de un colorido zorro (*).

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a r t e s v i s u a l e s

Todo lo que encontramos. Acrílico sobre papel. 60 x 60 cm (2019).

Esta muestra está compuesta por tres elementos: su animalia, su sentido de lo femenino en la maternidad o en la expresión plástica de una soberbia flor sobre fondo violeta y, la expresión de su discurso plástico que hace posible la composición entre un mundo faunesco, botánico e híbrido para su composición de género, especie y formas. Hoy, al evolucionar en sus temáticas y contenidos, observamos el hecho de sus monas gestantes, que portan el maíz como lazo de unión indisoluble entre lo genuino y fértil de una planta y lo prolífico de los tejidos femeninos. En este acto, al proponer en poder de las monas la planta cósmica del maíz, está dando

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a r t e s v i s u a l e s

Ser Melipona Becheii. Acrílico sobre lino. 60 x 60 cm (2020).

voz y legitimidad a nuestra cultura ancestral que sostiene hoy por hoy una lucha contra grandes consorcios (Monsanto y sus glifosfatos) que dilapidan el capital genético de una planta. En el discurso plástico en Marisol, esto se traduce en una rebeldía aparejada a la sabiduría innata de los animales que enarbolan una mazorca de maíz como un arma contra la insensatez humana, una insensatez que inexplicablemente cava su propia tumba atentando contra su propia existencia. (*) Este es el texto para la exposición que la artista plástica presentó en meses pasados en la galería Edgar Herrera de Artiiis.

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p a p i r o s

Los que se encuentran Por Mariel Turrent La puerta del Círculo Polar Ártico Juvenal Acosta Planeta 2021 340p “Si hubiera un lugar donde pudiera empezar de nuevo…”

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n algún lugar leí que tal vez no podemos cambiar el mundo, pero que un acto nuestro puede cambiar el mundo de una persona, y, si todos cambiáramos para bien el mundo de una persona, tal vez el mundo cambiaría. Hay libros que dejan una huella que nos marca, libros cuyas imágenes se fijan en la mente y en el alma como una fotografía real de algo que hemos vivido. Hay libros a los que vuelvo una y otra vez porque sé que ahí dice algo importante y quiero recordarlo o mostrárselo a mi hija, a mi amigo, tal vez, solo una frase que toque las

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fibras más sensibles, que mueva algo y provoque un cambio positivo: eso es La Puerta del Círculo Polar Ártico. En las primeras pláticas que tuve con Juvenal Acosta hace unos años, me dijo que escribía un libro sobre las mujeres que se van. Hoy tengo en mis manos ese libro, lo he leído y releído, y he encontrado, entres sus líneas, en esa ficción perfectamente bien construida, la voz de su autor, de ese autor que ha sido poeta, filósofo y constructor de ficciones, pero sobre todo de ese autor que es un ser humano sensible y se conmueve ante el panorama incierto del futuro de la humanidad. Un libro escrito para nuestros hijos: las nuevas generaciones. La puerta del Círculo Polar Ártico es la fotografía de una civilización que, lejos de evolucionar, arrastra una historia llena de rencores: la violencia entre razas, entre géneros, entre clases sociales, el resentimiento heredado y el propio que después legamos. ¿Hay acaso una esperanza? Tal vez la esperanza de que alguien en algún lugar lea algo que le haga sentido; la esperanza de que vea en

esta historia las consecuencias de sus propios actos y decida ser una mejor versión de sí mismo. Con una prosa densa en contenido, pero cuyas alas son tan grandes que avanza sin detener su ritmo acompasado, Juvenal Acosta nos sacude al mostrar lo más inhumano del ser humano (los que esparcen rumores, los bulis, fundamentalistas religiosos, ricos extremos y pobres extremos, políticos corruptos, torturadores, cazadores, secuestradores, narcotraficantes, violadores…) y un planeta hermoso moribundo donde lo mejor es no nacer porque ponemos en riesgo la integridad del ecosistema y de todas las especies. La novela inicia con tres escenas impactantes, minuciosamente descritas con pericia cinematográfica que se incrustan en la mente y nos dejan con el corazón estrujado. Los protagonistas, Violeta y Anders, en busca de esa identidad que no tienen “quienes nacen donde no les corresponde”, empacan lo poco que les pertenece y se lanzan a una aventura que coincide en San Francisco. Una historia sobre un amor poco conven-


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cional propia de las generaciones de este siglo, cuya concepción de las relaciones interpersonales es diferente y que el escritor crea para hablarnos de temas incómodos: la orfandad, la mentira, la invisibilidad, el sufrimiento, el amor filial, el cambio climático, la ecología profunda, el problema de la existencia moral en un mundo esencialmente inmoral, la búsqueda de la patria y el humano como animal territorial, su sed de venganza y desquite, la falta de humanidad y empatía y tantos otros. Utilizando un narrador en tercera persona que ofrece diferentes perspectivas, esta prosa nos aleja y nos permite, como una voz omnisciente, tener una visión panorámica, ver todo desde arriba, a distancia; observar las acciones y reacciones, la cadena de consecuencias que van generando los actos —la acción más insignificante desencadena un impacto que no se detiene y perdura a través de los años—. A medida que avanza la trama, la narración nos va acercando, poco a poco, hasta zambullirnos —como en un zoom, utilizando como recurso

una carta en primera persona— en lo más íntimo de las emociones hasta quebrarnos. Lo que hace el autor en esta novela es una observación casi distante del comportamiento humano y de su proceder, para después involucrarnos al punto de hacernos cómplices de cada uno de estos personajes y del drama que los habita. El libro, sin embargo, no se queda en la narrativa de la historia que habla de cosas importantes, profundas. Además, toca el proceso creativo de la escritura y las lecturas que nos van forjando —si todos leyéramos lo mismo pensaríamos igual— y eso es lo que hace evidente Juvenal Acosta: sus personajes traen consigo el bagaje de los autores que los han influenciado. En sus novelas, siempre está la presencia del mismo escritor, del que va narrando lo que significa la palabra escrita, el hecho mismo de narrar; nos cuestiona sobre nuestras propias intenciones como escritores. No apela solo a quienes escriben literatura, sino a quienes deciden ser los autores de su vida, porque ¿acaso no todos vamos escribiendo nuestra propia ficción?: “Narrar ordena el mundo”. Antes de leer esta novela, mientras leía el poema La Ciudad de Konstantinos Kavafis, irremediablemente pensé en Juvenal Acosta. Cada verso describía lo que yo veía en él —no como autor, sino como ser humano—: la búsqueda de un lugar en el que pudiera sentirse en paz. Sorprendida, encontré ese poema ahí dentro. En La puerta del Círculo Ártico, vemos a Acosta como un autor maduro que nos anima a encontrar nuestro sitio y a reconciliarnos con nosotros mismos. En el universo literario he explorado pocas galaxias con tanto detenimiento como la ficción de Juvenal Acosta, y a pesar de que cada uno de los mundos que él ha creado sucede en geografías diferentes y con

el tiempo han ido evolucionando, él siempre resuena; reconozco sus palabras como un lenguaje familiar en el que sin reparos me adentro. Sus temas han ido variando desde los placeres carnales de El Cazador de Tatuajes hasta la añoranza de Tenebroso por la familia, sus orígenes, su patria (la pertenencia). En La puerta del Círculo Polar Ártico los personajes buscan el sitio que les corresponde (tal vez, la parte más alta de la pirámide: la autorrealización). Ya no aceptan la identidad que les es dada al nacer, sino que se reinventan rebelándose ante las atrocidades y buscan construir su propio destino, uno en el que tenga cabida el anhelo. Sin embargo, hoy digo que, sin importar qué nuevos mundos esté creando, Acosta conserva ese corazón de poeta con el que se inició en la literatura, su formación filosófica que plasma en pequeños ensayos —temas que le preocupan y ocupan intercalados en la ficción— y ese dominio del lenguaje que lo consolida como el autor maduro que vemos en esta novela. Aunque al inicio podríamos pensar que tiene un tono pesimista, leo entre líneas una luz. No todas las historias tienen un final feliz, pero siempre podemos empezar de nuevo: dentro de nosotros está ese sitio donde podemos construir un mundo mejor. Juvenal Acosta (Ciudad de México, 1961) ha publicado cinco novelas: tres en una serie titulada “Trilogía negra”, publicada por Tusquets (El cazador de tatuajes, Terciopelo violento y La hora ciega), la cuarta, titulada Tenebroso, y su quinta y más reciente novela: La puerta del Círculo Polar Ártico, han sido publicadas por editorial Planeta. Es profesor de literatura en el California College of the Arts en Oakland y becario del Sistema Nacional de Creadores Artísticos. Tropo

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p a p i r o s

La crueldad de las suposiciones Por Habib Sánchez Cara de pan Sara Mesa Anagrama, 2018 144 pp.

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n amor (Anagrama, 2020), la más reciente novela de Sara Mesa, fue reconocida por Babelia —la revista cultural del diario El País—, como la obra más destacada en 2020 en una votación de más de 100 escritores, críticos y periodistas. Este reconocimiento es destacable teniendo en cuenta el año, las dificultades por la pandemia, la abundancia de obras debido a la cuarentena y fenómenos literarios como Salvar el fuego (Premio Alfaguara, 2020). En un tiempo en que la sociedad parece buscar, desesperadamente, la cultura y lo espiritual como cataplasma contra el daño intangible de la enfermedad, una obra de bajo perfil se erigió de la noche a la mañana como un obelisco necesario, o al menos lo hizo con su escritora. En Un amor, pude rastrear algunos destellos de su éxito en una obra previa, Cara de Pan de la que hablaré ahora. En esta, el escenario es sencillo. Imagina que en tu camino diario al trabajo o la escuela tuvieras que atra-

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vesar un parque. Un día en el que no estás absorto en tus preocupaciones rutinarias, en que dejas de mirar las nuevas actualizaciones de tus redes, o voluntariamente decides admirar el paisaje, notas algo interesante. En un rincón en el parque, una niña, casi una adolescente, se esconde entre arbustos, bajo el árbol que permite más sombra, a una hora en la que debería estar en la escuela. Además, conforme pasan los días y te permites seguir observando, descubres que siempre a la misma hora se acerca un hombre de, calculas, cincuenta años y se queda con la niña por horas. No sabes exactamente qué pasa entre ellos, de lo que hablan o cómo pueden pasar tanto tiempo a solas. Pero imagino, unas suposiciones ya se han construido en tu cabeza, y estoy seguro de que la escritora sabía perfectamente eso antes de introducirte al juego. La niña —de nombre Casi— y el Viejo son los protagonistas. Dos personajes sencillos, pero que sirven para ejemplificar temas mucho más complejos. Ambos divergen en edad, en gustos y en estados de fragmentación. Y, sin embargo, encuentran una sólida unión en ser parias, en sus diferencias, en el desarraigo. Casi está en un punto en que la vida empieza a mostrar los colmillos y las personas tienen sus primeras heridas. Con ella exploramos el bullying, la cimentación de una autoestima y la compleja búsqueda de

identidad, en una etapa en la que los cambios son constantes. El Viejo, por su parte, se encuentra en un estado de quiebre avanzado, en el cual ya no hay vuelta atrás. Vemos en sus aficiones, la ornitología y Nina Simone, distractores perfectos para mirar en su interior y en un pasado que aún duele. Marcados por el acoso y el abuso, estos dos seres se encuentran, nos exponen sus heridas y nos muestran lo vergonzoso de algunas concepciones sociales. Cierto es que la atmosfera de la novela es de soledad, de desasosiego y de prejuicio. Este ultimo elemento necesitara mucho del compromiso del lector, pues podría suponer un viaje que, poco a poco, le resultara incomodo y lo dejara sucio. Sara Mesa nos exhibe la contaminación de nuestras ideas y el nudo que las forman. Tomando la voz narrativa y el ojo critico de Casi, una niña que aún no se ajusta a los juicios fáciles, la escritora nos advierte que, quizás, en un afán de evitar los horrores de la vida, aniquilamos también su inocencia. Tropo


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Un canto a la amistad, al amor y a las viejas lealtades Por Juan Carlos Serrano Como polvo en el viento Leonardo Padura Tusquets, 2020

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Qué es Cuba? ¿Una utopía revolucionaria? ¿O la primera revolución socialista armada de este lado del mundo que llega a buen término? ¿Un país de precariedad permanente, como consecuencia de un bloqueo económico impulsado por los Estados Unidos? ¿O una Isla que ha sido ejemplo, sobre todo en Latinoamérica, de logros con los que otros países de la región, todavía sueñan con alcanzar? ¿Es posible seguir viviendo en Cuba en connivencia con la precariedad? ¿O es el exilio la única salida visible hacia la dignidad añorada? Estas y otras preguntas similares, le ha permitido a Leonardo Padura (La Habana,1955) reflexionar en esta su más reciente novela, tratando de arrojar claridad sobre un lugar plagado de contradicciones como la vida misma. Y nadie con más autoridad que él para hablar de un tema por demás espinoso. En el transcurrir de las páginas, el lector advierte que detrás de la pluma del escritor, se asoma una Cuba profunda, que nadie se aventu-

raría a relatar sin haber transitado por sus sinuosos caminos. El autor comienza su narrativa a partir de la década de los años 90 y llega hasta nuestros días. Los 90, una década que fue quizá el inicio de una decadencia económica, que fue minando la paciencia de sus habitantes. Los protagonistas, un grupo de diez profesionistas (de las más diversas actividades académicas) y tres de sus hijos aun niños, se reúnen periódicamente en la casa del Fontanar, donde el cariño, el amor y la solidaridad, se asumen como un intercambio cotidiano e incondicional. Pero hartos de vivir en la carencia constante, cada uno comienza a buscar el exilio como posible solución. Y lo consiguen instalándose en remotos lugares como España, Francia, Estados Unidos, Argentina y Puerto Rico. Con la habilidad literaria que caracteriza a Padura a lo largo de su trayectoria como escritor, nos introduce en el presente de cada integrante del “Clan del Fontanar”, y con continuas regresiones al pasado cubano, urde una trama plagada de anécdotas inteligentes, que permiten una lectura tan amena como interesante. La construcción literaria de la personalidad de cada uno de los protagonistas, merece un párrafo aparte. El escritor, profundo observador de la condición

humana, nos entrega en su relato un mosaico de emociones que transcurren del miedo al coraje, del amor al desamor y de la cobardía a la ambición. Las opiniones políticas salen sobrando, no hacen falta. El autor muestra y el lector sacará sus propias conclusiones. ¿Se puede acaso criticar el deseo humano de lograr una existencia digna? Después de haberse esforzado en la preparación individual, ¿hasta cuándo se debe esperar para obtener respuesta en un país que quiere, pero no puede? Leonardo Padura recibió el premio Princesa de Asturias en 2015, ha escrito una serie de novelas policiales, que tienen como protagonista al escéptico y tenaz Mario Conde. Seis de las novelas del escritor cubano han recibido distintos premios y han sido traducidas a varios idiomas, como así también un libro de relatos y un grupo de ensayos reunidos en Agua por todas partes. Como polvo en el viento es un canto a la amistad, al amor y a las viejas lealtades, por todo esto ha logrado entregarnos una novela deslumbrante y un retrato humano conmovedor. Tropo

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La escritora y su rebaño Por Miguel Ignacio Miranda Oveja Negra Mariel Turrent Eggleton Malix Editores 2021 246 p.

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eseñar una novela de una autora con la cual el reseñista ha creado lazos afectivos y, además, ha fungido como editor, no es tarea fácil. Por más que se busque eliminar todo rastro de pétalos de rosas que perfumen los elogios excesivos, se caerá irremediablemente en alguno. Es por ello que, antes de hablar de la novela, quisiera contar la historia de cómo he vivido el proceso de esta creadora. Conocí a Mariel Turrent Eggleton (Ciudad de México, 1967) cuando estudiábamos una maestría en Comunicación y ella tenía cierta aura de poeta y escritora, contaba con varios libros de aforismos, poemas y cuentos, así como un palmarés de varios reconocimientos. Cuando comenza-

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mos a trabajar juntos en nuestra nueva empresa (Malix Editores), la escritora mostró cualidades organizativas y de relaciones públicas que a la fecha me siguen sorprendiendo. Una vez, un amigo común me dijo: "Mariel conecta palabras como a las personas". Fundar la que a la postre se convertiría en una pujante editorial autogestiva, nos cambió la vida. Bajo este sello, Mariel publicó su primera novela, Hasta el último vuelo, en agosto de 2018, obra que ya vivió tres reimpresiones con tirajes que, para ser autogestivos, fueron interesantes y hasta jugosos. Y, por otro lado, el proyecto Malix inició Talleres de Escritura Creativa, donde se ha ido formando una comunidad de "escribidores" que practican por puro gusto actividades narrativas en prosa y en verso, personas que aman escribir y encuentran un espacio y al mismo tiempo una "manada" de su propia especie. Y a la vuelta de tres años, la editorial ha publicado más de veinte libros en cuatro colecciones diferentes. Ahora, a poco más de dos años de iniciada aquella aventura, Turrent ha escrito su segunda novela, Oveja

Negra (Malix Editores, 2021) que es, como dice Juvenal Acosta en el prólogo de la edición, varias novelas en una sola: comienza como una novela negra, continúa como novela erótica que desemboca en un romanticismo de siglo XXI, pero también es una novela testimonial. Mediante un inicio potente, la escritora plantea un aparente suicidio en algún hotel de la Zona Hotelera, y a partir de ahí, el lector, lectora, se encontrará con un personaje, Marcela, que recorrerá su vida cotidiana trocada por una serie de acontecimientos y otros personajes inquietantes que resignificarán su universo. Uno de los méritos de Oveja Negra es el retrato de Cancún, que, con apenas cincuenta años de fundación, comienza a ser literaria. Por supuesto, varias novelas la preceden en este sentido, obras que, bien o mal, tienen a la ciudad como su centro: Cancún todo incluido (Carlos Hurtado, 2001), o lo tocan oblicuamente: Cajeta de Celaya (Leonardo Kosta, 1999) o Arrecife (Juan Villoro, 2012), y la propia Turrent Eggleton en la ya citada Hasta el último vuelo, donde la protagonis-


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ta (Sabina) llega a Cancún en los años ochenta para desentrañar por calles y avenidas esta jovencísima urbe, e incluso se atreve a mostrar un panorama futurista entrada la segunda década del siglo. Esta vez, en Oveja Negra, el retrato de la ciudad tiene un trazo claro y preciso, donde los personajes que la habitan justifican su devenir. La búsqueda de la autora apuesta por los personajes y son ellos quienes dibujan el paisaje. Marcela, la protagonista, se asume ciudadana de Cancún, a pesar de que su expareja y padre de sus hijos decide emigrar con ellos a la Ciudad de México. Ella resuelve permanecer y reescribir partes de su vida personal, topándose de frente con seres que mueven el tapete de su cotidianeidad, pero también los fantasmas del pasado a partir de grabaciones que le ha dejado un primo suyo y a quien prometió contar su historia. Las transcripciones de estas grabaciones constituyen un relato autónomo dentro de la historia de Marcela, a la cual resignifica. Oveja Negra también es una historia de amor y de amores filiales establecidos con acciones y recuerdos,

que la protagonista habrá de valorar conforme su universo va cambiando mediante la sucesión de los acontecimientos. La autora se vuelca en las emociones femeninas, de hecho, se convierte en parte activa de un compromiso emocional con mujeres como Marcela, que representan una nueva clase de fémina hecha en Cancún, podríamos decir "endémica", con características propias, y una impronta particular (entre liberal y conservadora) nacida de la región y las circunstancias socioeconómicas en las que viven. Con un pulso bastante firme en el manejo de sus estrategias narrativas (tempo controlado para dosificar la trama, intertextualidad referida al arte, la música y la literatura que perfilan el estatus cultural de los personajes), destaca en la obra el uso de una poesía particular que enriquece su lenguaje literario, y sumerge al lector en un mar de ideas, texturas y sensaciones muy bien logradas. Mariel no es más una "escribidora" —como se titula juguetonamente nuestra primera colección—, sino una escritora consciente de que el domi-

nio de estrategias narrativas le han permitido crear un mundo propio, con un erotismo bullidor pero compacto, amoroso y feliz, y una idea propia de la vida y de la literatura misma. Surgida del taller de Alicia Ferreira en su juventud, Mariel Turrent ha descrito en Oveja Negra un Cancún que conoce, que ha vivido y se ha transformado con ella, y que la ha convertido en la única mujer que ha escrito dos novelas que se desarrollan en esta ciudad. ¿Puede este punto convertirla en una "oveja negra" de la literatura regional? Podría decirse, por lo pronto, que su vida literaria la conduce a destacar en el rebaño. Tropo

Miguel Ignacio Miranda (Cd. de México, 1966) Diseñador gráfico, comunicólogo, publicista, editor, escritor. Profesor en la Universidad Anáhuac. Miembro fundador de Malix Editores. Correo electrónico: miguel@malixeditores.com

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La Congresa

Una toma por el derecho al aborto legal en Quintana Roo Por Vanesa González-Rizzo Krasniansky El aborto es un tema que divide. Hay muchas opiniones sobre por qué resulta un asunto que genera tantos conflictos para ser pensado y puesto en discusión. Muchas personas opinan que la razón es porque involucra la gestación, otras piensan que es el cuerpo de las mujeres el que está en juego y algunas más lo relacionan con la sexualidad y allí ponen el acento. Lo cierto es que a la población le resulta muy difícil hablar con naturalidad, conversarlo y permitirse discusiones que nos ayuden a aclarar posturas.

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t e r t u l i a s

H

ay un manto oscuro repleto de mentiras, estigmas y culpas alrededor del aborto. Con todas las dificultades que encontramos, cada vez hay pasos más firmes para permitirnos abordarlo sin recurrir a los típicos lugares que juzgan y maltratan a quienes estamos a favor de que el aborto sea legal en todo el territorio mexicano. Ahora estamos felices porque en Hidalgo el Congreso acaba de aprobar su despenalización hasta la semana doce de gestación. Con ello, en nuestro país tenemos tres estados en los que las mujeres pueden decidir abortar (Ciudad de México, Oaxaca e Hidalgo), antes de cumplir las doce semanas completas de gestación. Cada estado tiene sus leyes, pero en todo el territorio nacional el aborto por violación es legal1. En Quintana Roo tenemos cuatro causales por las que el aborto es legal: si el embarazo es producto de una violación, cuando pone en riesgo la vida de quien gesta, si existen antecedentes genéticos que afecten al producto o si el producto tiene malformaciones congénitas que afecten su calidad de vida o supervivencia2. Desde hace varios años, las feministas de Quintana Roo estamos impulsando que se hable de aborto, que se generen espacios de intercambio y que lo hagamos desde la información científica y laica para no llevar el tema a lugares que hacen que se empantane. Pensar al aborto como un tema de derechos que nos permitiría a todas tomar decisiones informadas y acompañadas, sería lo mejor; es decir, abrir los espacios, no criminalizarlo y que cada persona que gesta pueda tomar la decisión que para ella resulte mejor. Cerrar las leyes y penalizar, prohibir, es justamente imponer lo que algunas personas piensan, es no permitir que cada quien decida sobre su cuerpo y sobre su vida. En Quintana Roo han existido varias iniciativas que buscan despenalizar el aborto. Desde el año 2017 el Congreso ha recibido al menos cuatro leyes encaminadas a permitir que las mujeres y personas gestantes, decidan qué hacer con un embarazo en su etapa más temprana. Sin embargo, no es hasta el 2021 cuando el Congreso se vio obligado a discutir esta demanda histórica que las mujeres hemos impulsado. Sí, leyó bien: el Congreso se vio obligado a hacerlo. Aunque no lo crean, ninguna de

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las iniciativas presentadas había sido turnada a las comisiones respectivas para su discusión y, en su caso, para aprobarlas o desecharlas. Fue gracias a que un valiente grupo de feministas tomó el Congreso, cuando el aborto se colocó en el centro de las demandas hacia el legislativo. Como se sabe, el 25 de noviembre se conmemora el día para la eliminación de la violencia hacia las mujeres. En el año 2020, el 25 de noviembre estaba cargado de una rabia especial. Acabábamos de vivir uno de los sucesos más atroces que en la historia de este joven estado se hayan vivido: el 9 de noviembre una manifestación pacífica convocada por feministas y familiares de víctimas, por tres feminicidios en nuestro estado, fue brutalmente repelida a balazos en Cancún, y en otros municipios también hubo un uso excesivo de la fuerza pública, incluidos gases lacrimógenos que dispersaron a las y los manifestantes. Sin lugar a dudas Cancún y sus manifestantes recibimos la peor parte. Varias compañeras fueron abusadas sexualmente, recibieron impactos de balas y fueron golpeadas con uso desmedido de fuerza, entre otras atrocidades. El feminicidio de Alexis, que fue la razón principal para salir a las calles en Benito Juárez, quedó nuevamente manchado de sangre. Esta vez fue la fuerza pública la culpable, y la impunidad por los hechos acontecidos continúa hasta el día de hoy. Es en este marco que la Red Feminista Quintanarroense (RFQ) —una red que venía trabajando principalmente el tema de aborto en el estado, y que agrupaba a más de 26 colectivas y organizaciones—, lanza un pliego petitorio para los tres órdenes de gobierno, entre los que destaca para los fines de nuestro tema, la despenalización del aborto. El 25 de noviembre decidimos realizar un plantón afuera del Congreso, para exigir al legislativo que la violencia contra las mujeres se atendiera y que la impunidad no siguiera prevaleciendo. El 27 de noviembre debido a la prepotencia de los guardias de seguridad del Congreso, la RFQ toma sus instalaciones. A partir de ese día y hasta marzo del 2021, el Congreso de Quintana Roo pasa a ser La Congresa y las feministas sostuvimos nuestras demandas desde dentro, sin dar un paso atrás. Todo ello sucedió justo en momentos en los que la pandemia no nos daba tregua, en circunstancias en las que diputadas y diputados no lograban dimensionar lo

Aquí pueden consultar las causales legales para cada estado: https://gire.org.mx/plataforma/causales-de-aborto-en-codigos-penales/ Para conocer los detalles y la redacción precisa, hay que revisar el Artículo 97 del Código Penal del Estado de Quintana Roo.

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que significaba para nuestro estado tener un Congreso tomado. Ellas y ellos hicieron todo lo posible por continuar con su camino acostumbrado: evitar el diálogo, hacer como que no pasaba nada, mentir, traicionar acuerdos, quitar agua y luz para que las compañeras de la toma se vieran obligadas a desistir y, finalmente, después de muchas negociaciones con el ejecutivo y el legislativo, después de mucha solidaridad de mujeres y hombres no sólo del estado sino también del país y del extranjero, se fueron hilando posibilidades de negociación. Fue cuando los ojos del mundo se habían posado en este paraíso que sigue oliendo a sangre, cuando el Congreso aceptó que no podía seguir sin escuchar, sin discutir y sin prestar atención a demandas que tienen tanta importancia para la vida de las mujeres en nuestro estado. Para el legislativo, así se resumió en ese momento la demanda: “Salimos del Congreso, si ustedes discuten las leyes sobre despenalización del aborto; después seguiremos con los otros nueve puntos que incluimos en el pliego petitorio para que resuelvan, pero si quieren sesionar desde este recinto, tendrán que permitirse pensar en el aborto y en la importancia que tiene para la vida y para los derechos sexuales y reproductivos en Quintana Roo.” No fue fácil lograrlo. Todo apuntaba a que el 24 de febrero podríamos tener un dictaminen. Ya habían sucedido varios foros sobre el aborto, en el Congreso del estado, algunos enmarcados en información científica y laica, en los que se mencionaron las experiencias de la Ciudad de México y de países que llevan más de treinta años con el aborto dentro de sus leyes3. Con médicas, médicos, juristas repletos de conocimientos en la materia, que daban las razones por las que el aborto en nuestro estado debía ser legalizado. También hubo foros en los que la información era tendenciosa, repleta de imprecisiones, en los que se involucraban creencias personales y un sinfín de sesgos. Foros en los que el Colegio de Medicina de Quintana Roo mostró su cara anti derechos y realmente destapó el lado más conservador de nuestro estado. Foros en los que algunas instituciones estatales fueron valientes y se posicionaron a favor, y también otras tibias, que no se animaban a plantear una postura. En definitiva, espacios de diálogo que mostraban la importancia de hablar del tema, de permitirnos discutir e intercambiar ideas. A pesar de ello, el 24 de febrero el legislativo no logró el quórum necesario para realizar su trabajo. Una vez más había que esperar. Las fuerzas oscurantistas de nuestro estado hacían todo lo posible por vulnerar las posibilida3

des, incluso violaron la laicidad y se recibieron posturas y manifestaciones de personas en el clero que claramente se pronunciaron en contra. Eran días de tensión, de intenso trabajo, también estaban llenos de la alegría y creatividad feminista: seguíamos dando talleres, haciendo murales y sosteniendo las esperanzas de lograr una vida con menos violencias hacia nuestros cuerpos. Negociamos, les permitimos tener acceso al recinto, pero nosotras seguíamos con el campamento dentro, sólo achicamos un poco los espacios. Tenían horario para abandonar cada día nuestra congresa. El 2 de marzo del 2021 las y los legisladores se volvieron a sentar para dictaminar las leyes. Cientos de mujeres estábamos en la congresa, todas con el corazón expectante, verde como la vida, palpitando al unísono. Los tambores retumbaban, los cánticos y bailes no se detenían. La pared de la congresa proyectaba la sesión. Los acostumbrados recesos, las dilaciones, las tácticas bajas con las que se acostumbran los intercambios legislativos, las fuerzas partidistas, los cabildeos, todo ello sucedía y la tensión crecía. ¿Dictaminarán o no, será a favor o desecharán las iniciativas de ley? Finalmente sucedió. Las comisiones dieron un dictamen favorable, pasaba la posibilidad de que el pleno del legislativo tuviera que votar la ley. El triunfo fue maravilloso. Habíamos logrado lo que ansiábamos, que el Congreso de nuestro estado hiciera su trabajo, simplemente legislar. Luego de un nuevo receso, retomaron las labores y lo que correspondía, ¡votar! Algunxs legisladores antes de expresar su intención de voto, subieron a la tribuna a dar un discurso (lamentablemente, el Congreso del estado ha retirado de su página las palabras pronunciadas), algunos

Aquí se pueden seguir los foros https://www.facebook.com/CongresoQRoo/posts/3360448234061337

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de ellos con una pobreza argumentativa y enunciativa que infundía mucha tristeza, que dejaba muy claro que nuestra clase política no tiene ni la preparación, ni la capacidad para ocupar la curul y el título que ostentan u ostentaban. Otrxs tuvieron el respeto y mostraron que hicieron un esfuerzo por informarse sobre las implicaciones que una ley que despenalizara el aborto podría tener. Pero, sobre todo, también fueron quienes siguieron los debates previos, quienes se informaron y construyeron discursos dignos de aplausos, en los que los derechos, los tratados internacionales y nuestra constitución política se ponían en primer plano. Y también hubo quienes ni siquiera tuvieron la valentía de posicionarse. No se animaron a quedarse en la sesión; la tibieza y cobardía les pareció el mejor camino. Después de esa demostración, que dejó más amargura que dignidad en el recinto legislativo, las y los diputados expresaron su voto. Con siete votos a favor y trece en contra el Congreso del estado de Quintana Roo no permitió que el aborto se despenalizara en nuestro estado. Ellas y ellos que supuestamente nos representan no consideraron que tan solo en el año 2020 Quintana Roo ocupó el primer lugar nacional en número de mujeres menores de edad víctimas de tráfico de personas; el tercer lugar nacional en número de mujeres víctimas de trata de personas; el primer lugar nacional en tasa de delitos de violación por cada 100 mil habitantes (22 por 100 mil); el séptimo lugar nacional en número de llamadas por incidentes de abuso sexual, y el primer lugar nacional en tasa de llamadas de emergencia de violencia de pareja (913 incidentes por cada 100 mil habitantes).4 Además de las violencias mencionadas, existe otra realidad que también atenta contra nuestros derechos sexuales y reproductivos. Cerca de 30% de mujeres entre 15 y 49 años unidas en relaciones, no utiliza un método anticonceptivo, según la ENDIREH5, y son las mujeres jóvenes las que refieren mayor insatisfacción a sus necesidades de anticonceptivos. La Secretaría de Salud Federal indica que del 2007 al 2019, 129 mujeres quintanarroenses han ido a la Ciudad de México a realizarse un aborto legal y seguro. Somos el estado de la península de Yucatán con mayor número de mujeres que han recurrido a las leyes de la capital, para poder ejercer el derecho en condiciones dignas. Las cifras oficiales no alcanzan a visibilizar la magnitud de la violencia sistémica que enfrentamos las mujeres, pues solo reflejan aquellos casos conocidos por las autori4 5

dades y no dan cuenta de la enorme cifra no denunciada de violencia que nunca será conocida por autoridad alguna y que lleva a miles de mujeres a vivir con las violencias contenidas en sus propios espacios, a sufrir la criminalización sobre sus cuerpos, a morir violentamente en crímenes de odio, y a la constante exclusión como sujetas de derechos. A pesar del panorama tan desalentador que indican las cifras, a pesar de la posterior disolución de la Red Feminista Quintanarroense, las mujeres de este estado, las defensoras de Derechos Humanos y las feministas no desistimos en el trabajo continuo para garantizar vidas dignas para todxs. Cada cifra es una historia de vida, una mujer vulnerada que requiere poder ejercer sus derechos y que exige que las políticas públicas reflejen sus necesidades. Con todo ello, para nosotras, el camino avanzado es enorme. La toma de la congresa fue un suceso que dejó huellas significativas en nuestra historia. Hizo despertar a las mujeres y a las feministas del estado, llevó el debate del aborto no sólo al terreno ciudadano sino también al político y legal. Permitió que hombres y mujeres nos cuestionáramos e informáramos para tener una postura sobre el aborto. Mostró que Quintana Roo sigue teniendo la fuerza que en la región impulsaron mujeres como Elvia Carrillo Puerto, Leona Vicario, Hermila Galindo y muchas otras. Las mujeres durante toda la historia hemos tenido que conquistar derechos que para los hombres están dados. Sabemos lo que significa luchar y no claudicar y en ello seguiremos ¡hasta que sea ley! Tropo

Vanesa González-Rizzo Krasniansky. Psicoanalista con experiencia clínica en el tratamiento de bebés, niños, adolescentes y adultos. Fundadora en 2005 del Espacio de Desarrollo Infantil e Intervención Temprana (EDIIT) en la Ciudad de México. Miembro de la Asociación Mexicana para el Estudio del Retardo y la Psicosis Infantil (AMERPI). Ha sido docente en el Círculo Psicoanalítico Mexicano, la Universidad La Salle Cancún, y la Universidad Marista de Mérida, entre otras instituciones. Feminista, activista social, participante y fundadora en diversas organizaciones de la sociedad civil como el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, Balance AC, Decidir Coalición de jóvenes por la ciudadanía sexual. Actualmente es la representante en Quintana Roo de Equidad de Género, Ciudadanía, Trabajo y Familia y de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser QRoo). Es presidenta de Derechos, Autonomías y Sexualidades (DAS Cancún). vanegori@gmail.com

Acorde a cifras publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en agosto del 2020. Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2020.

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La exposición Santa Comida

La artista en su estudio. Foto: Fernanda Montiel.

El rostro artístico de los comedores comunitarios Por Fernanda Montiel La artista plástica Martine Dufour presentó en meses pasados la exposición itinerante Santa Comida, una serie compuesta por once retratos vinculados con once historias. A la distancia, vale la pena recuperar la trayectoria del emotivo proceso creativo que la llevó en abril del 2020 a esta producción que enaltece la nobleza del servicio humanitario a través de los comedores comunitarios que la sociedad civil organizó como una alternativa de ayuda durante el proceso global del año pandémico.

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Cada cuadro (...) va acompañado de una historia contada por la autora, quien documenta, en una especie de registro plástico, el rostro de los comedores comunitarios de Tulum, Akumal, Playa del Carmen, Cancún. Pronto, su obra se fue programando para hacer recorridos por la Galería del Centro Cultural de Solidaridad; Planetario Sayab de Playa del Carmen y Casa Animal.

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espués de vivir cierta depresión emocional, nos dice de manera íntima, Martine Dufour se vio, como todos, obligada a dejar de trabajar durante el confinamiento. Pero su sensibilidad y preocupación por las personas de escasos recursos la llevó a salir de sí misma, de tal modo que se dio a la tarea de acercase a personas que se quedaron sin trabajo, sin dinero, sin poder moverse a sus lugares de residencia. Quiso saber entonces cómo podrían resolver sus necesidades básicas ante este panorama de emergencia social. Pero, sobre todo, se preguntó: ¿cómo ayudar? “Empecé a entrevistar a la gente en la calle, a preguntarle sobre su situación”, nos comenta en una charla que se vuelve amena. Este interés por el tejido social, como ella le llama, la llevó a conocer a un trabajador que le comentó que no tenía dinero para regresar a casa y se

había quedado sin trabajo. Como el hombre estaba comiendo, Martine no pudo evitar preguntar: si no tienes dinero, ¿cómo compraste esa comida? Caralampio —el nombre el personaje— le informó sobre “una señora que regala comida en su casa” para gente como él, que requiere fuerza para seguir adelante. Ante su sorpresa, Martien Dufour no sabía que había encontrado un primer motivo para iniciar con esta exposición. Se abrió entonces para ella un mundo donde pudo capturar los instantes de esos momentos de dar, de recibir, en el que se expanden las puertas del corazón con aroma a olla hirviendo y con sazón de una Santa Comida. Dufour quedó impresionada por la labor de los comedores comunitarios. Personas sin sueldo, sin algún fin de lucro o político, ofrecieron su tiempo, su vida, sus recursos. “Comprar, cocinar, servir los platos… con la limpieza, que es mucho trabajo; una semana, un mes, varios meses. Mucha gente solo se levantaba a cocinar para servir a quien requería comida”, relata Dufour, quien encontró así la motivación para esta se-

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rie de retratos como una manera de salir de sí misma y hacer algo para registrar estas acciones humanas. La obra plástica que se compone de once retratos va unida a la palabra escrita. Cada cuadro realizado en óleo sobre papel y con tonos sepia que le dan cierto carácter y estilo, va acompañado de una historia contada por la autora, quien documenta, en una especie de registro plástico, el rostro de los comedores comunitarios de Tulum, Akumal, Playa del Carmen, Cancún. Pronto, su obra se fue programando para hacer recorridos por tres lugares playenses: Galería del Centro Cultural de Solidaridad; Planetario Sayab de Playa del Carmen y Casa Animal. Al apreciar esta muestra plástica llega una especie de impacto al estómago, de sabernos vulnerables ante la necesidad de comer y la incertidumbre de saber cubierta esa necesidad; es como estar delante de sí para ver un reflejo profundo en el otro, en la otra, reconocer nuestra humanidad. En contraste, cuando leemos la historia de cada retrato, cuando se lleva a cabo este vínculo entre el texto y la pintura, la obra entonces sube al corazón y esta parte del “yo quiero”, “yo deseo”, “yo necesito”, se convierte poco a poco, durante el trayecto de esta exposición, en un “yo soy”, “me libero”, “hay humanos que ayudamos desinteresadamente a otros humanos” y entonces viene la pregunta: ¿cómo puedo ayudar más? Así, nuestra artista, se ha dado a la tarea de dar difusión a estos comedores a través del arte plástico y, contando la historia en sus redes, ha ido causando un revuelo que ahora es una exposición itinerante de registro social, que busca continuar apoyando estas causas con la venta de la colección completa. Además, la obra contiene en una hoja de papel bond la historia especial de don Ricardo Villalva, acreedor a la medalla al mérito ciudadano “Sigfrido Paz Paredes”, por

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su labor en el Comedor de Dios, quien días después de recibir el reconocimiento, falleció con el sabor de ayudar a la gente en su comedor comunitario, altruista y regalando comida. Durante la exposición en la Galería del Centro Cultural de Playa del Carmen, Martine Dufour pinta el rostro de don Ricardo en un formato especial. Es el rostro de quien entrega su vida para ayudar a los demás. Es el espejo en la profunda mirada de Martine. Martine Dufour nació en Quebéc, Canadá. Realizó estudios en antropología y periodismo. Sus tres grandes pasiones: la naturaleza, la pintura y la música, se van incorporando, definiendo y afianzando con el transcurso del tiempo y de sus viajes. Desde el 2008 inició su trayectoria en la pintura con un enfoque clásico de retratos. En 2011 llegó a México y poco tiempo después inició su labor como guía de naturaleza certificada en Riviera Maya y alrededores, situación que la motivó a residir en Tulum, Quintana Roo. A finales del 2019, motivada por “un viento de cambio en su vida”, decidió mudarse de Tulum a Playa del Carmen, donde inició el proyecto Santa Comida en abril del 2020.


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Desde el afecto Por Angélica Mercado

H

Para Diego y Emiliano

ubo una fotografía que vino de un lugar profundo de mi memoria. Era una imagen secreta. La hice solo para mí y la perdí. De repente, la olvidé. Así fue como comencé a fotografiar todo lo que no quiero olvidar, rincones para rastrear en el tiempo, cosas que no puedo llevar en el camino y todo tipo de cariñitos que acumulamos, sobre todo cuando se vive la aventura de ser mamá. Mis favoritos son los gestos. Siento que detonan las voces o sonidos que acompañan toda la escena. Y, por si mi memoria se entrega al tiempo, escribo datos que, honestamente, sé que puedo olvidar. Supongo que lo fotografío por desapego: cada disparo es como un desprendimiento; dejo ir parte de mí y parte del momento, para que otro día, esa experiencia acumulada regrese a mí. Tal vez sea una nostálgica empedernida, o solo estoy resguardando mi memoria. ¿Acaso no lo hacemos todos? El tiempo, sin duda, es cruel con sus cosas. Dicen que, a su paso, todo lo cura. Tarde o temprano, olvidas. Borges escribió que “estamos hechos de olvido”. Y aunque nuestra biología demuestra lo contrario, hoy en día vivimos en creciente olvido, padecemos el fenómeno de la desmemoria. Confiamos tanto en la fotografía para que nos recuerde el pasado, que registramos todo en todo momento, de tal manera que ya ni digerimos el presente. Mejor subimos fotos a las redes y que la función de “recuerdos” automáticamente nos recuerde qué pasó hace un año, dos, tres, cinco. Surge la inquietud de reflexionar sobre las consecuencias identitarias que tiene el desmesurado uso de imágenes que solo apilan recuerdos binarios y, sobre el valor efímero que le damos a las mismas. Pareciera que entramos en un bucle de tiempo, compartimos imágenes, las aplicaciones nos las recuerdan, las volvemos a compartir como recuerdo y así sucesivamente. Antes no era así, las fotografías se consi-

Mi beso. Angélica Mercado, 2002.

deraban herencia familiar. Recordemos cómo se pasaban las fotografías de generación en generación. Servían para conocer parte del clan o aclaraban las incómodas diferencias en los relatos de los parientes, describían lugares de tu origen o, lo más maravilloso, encontrabas en ellas a otros como tú. Ahora que tenemos la oportunidad de crear una memoria personal sin precedentes, la tendencia es producir gadgets de recuerdos. La memoria es una capacidad y es selectiva. Requiere de ser ejercitada continuamente para que funcione y para que un montón de neuronas sigan reaccionando a estímulos específicos, como, por ejemplo, a la fotografía de mi hijo mandando un beso. El significado de esa imagen puede ser tan personal como identitario, es decir, la memoria en una imagen puede ser individual, familiar y colectiva a la vez, ya que la fotografía tiene la cualidad de evocar, en este caso, otro beso almacenado en tus recuerdos. Así, “Mi beso” podría ser de todos. Siempre hay algo en la fotografía, propia o ajena, que nos conecta con momentos de significación especial para nuestra vida; una calle, unos zapatos, la sonrisa o pose de un extraño. Cualquier detalle es un estímulo que detona chispas en nuestro cerebro, mismas que imprimen imágenes que llamamos recuerdos. Así, la memoria crea y constituye un tipo de estructura en la vida de cada quien, misma que se actualiza cada que recordamos. Se ha comprobado que la memoria es lábil y, por lo tanto, puede alterarse. La evocación del pasado a través de fotografías puede reconstruir lo vivido; por eso, en algunas ocasiones, es utilizada para combatir la pérdida de memoria por shock. Parece irónico que nos ocupe más fotografiar para recordar, que disfrutar el momento y arriesgarse a olvidar. Sin embargo, nuestra memoria colectiva ya sabe que nada existe fuera del recuerdo. Es precisamente por eso que los preservamos. La fotografía se ha convertido en un excelente custodio de la memoria porque es ahí donde se guardan todas

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las cosas ausentes, pero ¿qué es lo que resguarda exactamente? Aristóteles filosofó sobre cómo es posible recordar algo que no está presente, e hizo evidente “que hay que considerar la afección causada en el alma por la sensación, igual que la causada en la parte del cuerpo que contiene el alma, a manera de una especie de grabado o pintura —la afección, cuyo último estadio llamamos memoria—”. ¿Se imaginan si hubiera conocido a la fotografía? Recordemos que, para el pensamiento griego, la memoria era pariente de la inmortalidad del alma, ya que, al desprenderse ésta del cuerpo, está propensa al olvido. Si esto sucede, el alma vaga sola por el reino del Hades, sin sus cinco sentidos, sin estímulos ni afectos, lo cual aterroriza a cualquiera porque significa olvido absoluto. Es increíble que las creencias populares construidas desde el siglo V a. C. resuenen hoy en día que parecemos más conectados y entrelazados por la comunicación, cuando en la práctica, nuestras relaciones son mediadas por la inmediatez, cuya fragilidad, las hace candidatas ideales para el olvido. Tan fuerte y viejo es el olvido, que la memoria resultó ser una de las armas más poderosas en el Olimpo. Mnemosine, la titánide que personificaba a la memoria, era una de las divinidades más temidas porque “sabía todo lo que ha sido”. Todos recurrían a ella para beber agua de su lago y poder conservar la memoria, así como gozar de la capacidad de recordar. Se le atribuye también la invención de las palabras y, por lo tanto, la preservación de la historia. Con la intención de que se olvidaran todos los males, Mnemosine procrea con Zeus a las nueve musas, quienes a su vez nombran, a través de las artes, todas las cosas de la tierra. El arte sensibiliza e inspira, y, según Platón, el alma ve en lo sensible lo inteligible. Para él, aprender es equivalente a recordar, y como el alma es inmortal, todo lo ha visto y conocido. Pasa algo similar cuando confiamos en recordar a través de fotografías, donde la memoria se conserva para ser reactivada por la emoción que implica mirarlas. Cada fotografía relata al menos dos historias, la que cuenta per se, y la de quien la crea o la de quien esté involucrado emocionalmente en lo fotografiado, esas historias que no se ven. Todos los elementos contenidos en una fotografía desprenden recuerdos propios de quien la mira. Se puede decir que los estímulos recibidos son proporcionales a la atención con que se miran y no solo a la distancia emocional que se tenga con lo fotografiado. Digamos que un clavado al álbum familiar es como sumergirse en el lago de Mnemosine mientras que ver uno de desconocidos sería navegarlo. De cualquier forma, una fotografía nos ofrece una experiencia sensible y rica en aprendizaje. Conforme la miramos, comenzamos a aludir ideas sobre la época, los lugares, las personas, los fotógrafos que la crearon. Cuando

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El cumpleaños. Angélica Mercado, 2021.

encontramos una fotografía con dedicatoria escrita, con el sello de foto estudio o cualquier otro indicio que arroje pistas sobre su origen, de inmediato nos atrae; y no es que nos guste estar informados, simplemente nos emociona identificarnos, sentirnos parte de algo. La fotografía nos conecta con otras historias, casi como las raíces de los árboles, que viven en una red subterránea de energía. Así imagino nuestros recuerdos, creando una memoria colectiva que pasamos, en gran medida, a través de los álbumes familiares, cuidadosamente documentados, coleccionados y conservados por las guardianas de la memoria: las mamás. Y no lo digo solo por experiencia personal, sino por herencia cultural; si echamos un vistazo a la publicidad de Kodak, desde la época en que las cámaras se automatizaron, la mayoría de los carteles iban dirigidos a mujeres. Ellas lideraban el ritual de alimentar la memoria a través del álbum, fotografiaban todo evento significativo para la historia familiar, eran las encargadas de revelar e imprimir, y, claro, de dedicarle horas a la elaboración del álbum. Escribían fechas, nombres, datos curiosos, una labor similar a la que se hace en el proceso de catalogación y conservación de fotografías. Sin quitarle mérito alguno al papá, ni como regla general, sólo como dato: la mamá ha sido quien ha impulsado y resguardado la memoria familiar desde que se comercializó la fotografía. El álbum, pronto se convirtió en un tipo de equipaje emocional que guía a lo largo de nuestro paso por la tierra. De niña, yo veía el álbum familiar como una caja fuerte que contenía todos los tesoros. Me encantaba el ritual que acompañaba abrirlo, todos acurrucaditos alrededor de él, con la voz de la abuela narrando cada imagen, y de

fondo, la de mi tía que todo lo sabe enriqueciendo el relato, los más pequeños peleando por tocar, como si al hacerlo, mágicamente entraras a la imagen; los primos más grandes solo suspiraban desesperados al ver que el álbum era el de 50 hojas y apenas íbamos en la tres. A veces hacíamos intermedio, como en la matinée. Lo más emocionante para mí, era la pausa silenciosa que hacía mi abuela al despedirse de cada página: recorría con la mirada y con una sonrisa cada fotografía, se le veía tan orgullosa del clan y sus aventuras, que cada que veo esas fotos, aunque no la retraté, todavía la veo a ella. Ahora, el tesoro de la memoria familiar se almacena en un laberinto de días con sus imágenes: mirarlas es como resbalarse, dura muy poco y confunde. En lo que ubicas la foto que seguramente guardaste en otra carpeta, la emoción se disipa. Afortunadamente, cada vez se habla más sobre el rescate y la conservación de la memoria a través de fotografías y sobre la importancia de estos tesoros familiares como parte del patrimonio histórico y cultural. La fotografía resguarda nuestra identidad en cachitos de papel tupidos de recuerdos; es una proyección vívida de la historia personal, familiar y colectiva. Si aprendemos a valorar nuestra fotografía desde el afecto, la conservaremos por mucho tiempo. Se hace necesario entonces, registrar a conciencia lo que más nos importa, ser más selectivos al fotografiar, disfrutar el momento y así, crear anécdotas que complementen la imagen, organizar y anotar datos, preservar la memoria, considerarla legado para los que vienen. Y bueno, por si olvidamos. Tropo

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Julieta Belmont

La vida de rancho en Pinedale

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gresada de Medios Masivos de Comunicación en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (de donde es originaria), apasionada de la fotografía desde hace 17 años y residente en Cancún durante una década (donde se desarrolló como fotógrafa de bodas), Julieta Belmont vive actualmente en Pinedale, Wyoming, Estados Unidos, donde ha desarrollado un proyecto que explora visualmente la cultura de esta región. Gracias a la generosidad de la familia Bousman, que le abrió las puertas de su rancho, Julieta ha documentado la vida de los cowboys y explorado con cámara en mano los bellos lugares que la rodean, sobre todo, Branding, el evento del año, donde los miembros de la comunidad se juntan y se ayudan unos a los otros a marcar becerros, a fin de reconocer a sus vacas que en el verano andan libres en las montañas.

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Lo que publicamos en estas páginas es el resultado del trabajo visual de esta artista que documenta cómo se vive en este lugar donde parece que se ha detenido el tiempo a principios del siglo pasado. Con temperaturas extremas hasta de menos de 30 grados centígrados casi todo el año (pues el invierno dura ocho meses), el trabajo en el rancho es muy pesado y nunca se termina. Pero no importando la temperatura, Cotton y Kari Bousman se encargan de las vacas. Y cuando la nieve es muy profunda, las alimentan con un equipo de caballos, siempre ayudados por los perros, mano derecha de los rancheros (ver a un perro trabajar aquí es toda una experiencia). Pensado en blanco y negro por su carácter atemporal, puede verse más de este proyecto —y de la obra de Julieta Belmont (1er lugar en el concurso latinoamericano Somos Fotógrafas, categoría Naturaleza)— en Moose Heart Photography (senior y familias) y The Overland Diaries (fotos de Wyoming). Tropo (Con información de Julieta Belmont y coordinación de Norma Ordieres).


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