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Índice

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ALEMÁN DEUTSCH

ESLOVENO ESLOVENIJA

11 WOLF WONDRASTSHECK

16 MARUSA KRESE

33

44

FRANCÉS FRANCAIS

GRIEGO Eλληνικά

33 LYONEL TROUILOT 36 EUGENE GUILEVIC

44 EPIGRAMAS


56

76

90

INGLÉS ENGLISH

ITALIANO ITALIANO

RUMANO ROMÂNĂ

56 66 70 72

LESLIE JAMISON SANDRA CISNEROS JAMES TATE PHILLIS WHEATLEY

76 FRANCESCO BALSAMO

90 MIRCEA ELIADE

97

126

SAMI SÁMEGIELLA

DE LA TRADUCCIÓN

97 SIGBJØRN SKÅDEN 102 SYNNØVE PERSEN

126 MALIYEL BEVERIDO


Editorial Director Amado Jazael Peña Broissin Edición y Diseño José Antonio Nill González Colaboradores Maliyel Beverido León Blanco Marcos Cortés Guadarrama Ana Inés Fernández Ayala Rafael Hernández Aguilar Lorena Huitrón G. Leogena Ytzel Maya Brianda Pineda Melgarejo César Abraham Navarrete Vázquez Lucrecia Orensanz Julio Rivas Nicolás Suescún Cecilia Sámano Gabriela Trinidad

Arte y fotografías Eileen Quinlan Eme de Armario Tumblr

Canon Accidental Tacuba 20, Col. Adalberto Tejeda Xalapa, Veracruz 91070

canon accidental


REVISTA DE TRADUCCIÓN SOBRE ARTE CONTEMPORÁNEO Canon Accidental’s magazine Bomba H will be a place for editorial advances and external collaborations of translations about contemporary art (essay, interviews, poetry, etc.), as well as the trade of translation.

Bomba H, la revista de Canon Accidental, será un lugar para adelantos editoriales y colaboraciones externas de traducciones de arte contemporáneo (ensayo, entrevistas, poesía, etc.), así como del oficio de traducir.

Communication and understanding between nations, between individuals, cannot be achieved without a mediation that implies a high degree of empathy, as well as knowledge, in this case, of language and culture. We have decided to name our magazine H Bomb with the intention of subverting the term weapon of mass destruction for that of massive construction. Translation seems an indispensable resource for this purpose, because it proposes a dialogue between cultures by spreading texts (in the broad sense of the word) of other latitudes and times, establishing in this way, bonding links. The translator imagines itself an author, imagines itself an Other.

La comunicación y entendimiento entre los pueblos, entre los individuos, no puede lograrse sin una mediación que implica un alto grado de empatía, así como de conocimiento, en este caso, de la lengua y la cultura. Hemos decidido nombrar a nuestra revista Bomba H con la intención de subvertir el término arma de destrucción masiva por construcción masiva. La traducción se antoja un recurso indispensable para este fin, ya que propone el diálogo entre culturas al darle circulación a textos (en el sentido extenso de la palabra) de otras latitudes y tiempos, estableciendo, a su vez, vínculos afectivos. El traductor se imagina autor, se imagina Otro.


ALEM

WOLF


MÁN DEUTSCH


FUM 10

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MAR

ALEMÁN

Por Wolf Wondrastsheck

El hombre se llamaba Anton Webern y su destino era estar casado con una mujer que no soportaba que se fumara en la casa. Hay que imaginárselo, el compositor sobrevivió a la guerra sano y salvo, después de la cena se quiere conceder un puro y su mujer lo manda afuera a fumar. Es el 15 de septiembre de 1945. El puro es un regalo de su yerno, botín de negocios ilegales. Lo que ninguno de los tres sabe: en ese momento, la casa es el blanco de una razia, está rodeada por soldados del ejército americano. Es de noche en Mittersill, una oscuridad que por fin ha recobrado su naturalidad. Anton Webern, que había huido del ejército rojo hacia acá y a quien le hacía gran ilusión el próximo placer de fumar, sale de la casa, prende un fósforo y cae al suelo herido de muerte. Al tirador, un simple G.I, también le pegó la noticia. Cuando escuchó a qué importante celebridad había derribado, comenzó a beber, ya nunca dejó de beber y se ahorcó. Creo que la mujer de Webern cometió dos errores, no es correcto enviar a los fumadores fuera de la casa y es aún menos correcto no querer en la casa a un hombre que es feliz. Esto es lo que me pasó por la cabeza, cuando yo, como Webern, salí del restaurant al aire libre para fumar, víctima de los fastidiosos invictos antinicotina. Y se me ocurrieron otras cosas, muchas otras cosas, rememoraciones de tiempos en los que los meseros tenían la bondad de ofrecer fuego a los clientes, cuando fumar sólo estaba pro-

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hibido en las iglesias, de cuando los fumadores eran los mejores seres humanos: de cuando los relojes se detenían y se comenzaba sin prisa alguna una conversación y mientras tanto se fumaba. ¿Acaso la imagen de un hombre que está llenando la pipa no simboliza la esperanza de que algún día también uno podrá salvarse de la locura de las velocidades excesivas? Recuerdo que junto a mi cama se encuentra una fotografía de Leonard Bernstein, director, compositor y fumador empedernido. Casi no existe foto en la que no esté fumando. Parece hipnotizado por la nicotina, hubiera explotado sin cigarrillos. Después nada más se murió, un castigo inmerecido que nosotros los vivos y con ganas de fumar tenemos que expiar en las zonas libres de humo de tabaco. George Tabori era un tipo de fumador muy diferente, un tranquilo y amable sibarita, un hombre con confianza congénita en la planta de tabaco, uno de esos que todavía contemplan el cigarrillo que se fuman como a un amigo. El cigarro pertenecía a la acción escénica, como en las películas; no se tomaba uno la cabeza cuando estaba pensando (costumbre de la mala actuación), sino un cigarrillo. Una vez quedé de verme con él para desayunar en un hotel de Múnich, Tabori ya pasaba los ochenta. Ordenó un café, negro por favor, y encendió un cigarrillo. Yo no quería llegar a ser viejo. Siempre había tenido miedo a llegar a ser tan viejo. Pero eso se me pasó después del desayuno con él. Ahora también quiero llegar a tener ochenta, y que sea solamente para vivir la época en que otra vez esté permitido fumar en el salón de un hotel a la hora del desayuno, en un café o en un bar. Cuando regresé a Viena, la ciudad ya no era la que había dejado en el verano. Hasta ese entonces sólo se habían hecho tontos con la implementación de las decisiones decretadas por Bruselas. Aquí todavía fue posible vivir de forma agradable por mucho tiempo, después de que la mayoría de los estados europeos habían ejecutado la ley bajo amenaza de graves castigos, pues no hay nada que los vieneses dominen tan bien como la chapucería. Impensable, pensaba yo, no poder fumar en un lugar como el Hawelka, donde el espíritu se mueve como el humo de los cigarrillos, medio presente y medio ausente, esquivo, vapores en suspenso, y de inmediato me puse en camino hacia allá. Imposible no pensar durante el camino en Robert Musil y su hermosa (y típicamente vienesa) observación: “Trato a la vida como algo desagradable que se puede sobrellevar fumando”. Sin embargo, había sucedido, bastó un vistazo. ¿No era para llorar? Había caído en la trampa con mi ya no legítima exigencia de fumarme un cigarro con el café y me parecía incomprensible. Lo entendía tan poco como el anciano señor Leopold Hawelka, que entre tanto tenía cien años de edad y, pese a que era fuma-

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ALEMÁN

dor pasivo desde el principio de los tiempos, seguía siendo envidiablemente ágil y, cada mañana cuando es conducido adentro a su lugar por alguna enfermera, primero que nada reclama la falta de un cenicero sobre la mesa. Él ya no comprende el mundo, su mundo, el mundo de un propietario de café, y ya no hay cómo explicarle al centenario el estado de las cosas; a mí tampoco. ¿Quién hubiera considerado la posibilidad de que un café vienés algún día se convirtiera en una zona prohibida para fumadores? El consumo del brebaje, desde siempre, ha sido casi lo menos importante del placer de acomodarse durante una pequeña eternidad en un café, sobre todo en uno como el Hawelka, y dejar transcurrir el tiempo de manera infructuosa. Sin embargo, la flama de los encendedores y fósforos encendidos se ha extinguido. Se le pide al cliente que todavía no está completamente acostumbrado, que cambie a dulces, palillos o chicle. A mí, el aún adicto, se me pide que vaya a la puerta, a donde me sigue el mesero, que también quiere fumarse un cigarrillo de vez en vez. Todavía pasé rápido al Hotel Imperial, del otro lado. El señor Moser, jefe de recepción me saluda. ¿Y ahora? Quiero saber ¿Qué pasa? ¿Todavía se puede fumar? Desde luego, dice él, a los clientes no se los anda cuidando ¿a poco, no? Qué bueno, digo yo, mándeme a la muchacha entonces. Enseguida, dice él, y qué bueno que ha vuelto, que lo disfrute. Qué bueno, pienso y en el lobby me dejo caer en el sillón más profundo y suave, como tapizado por nubes de borregos. Por lo menos el viejo mundo todavía sabe lo que es correcto.

Versión al español de Cecilia Sámano

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ESLOV

MARUSA KRE


ESLOVENO ESLOVENIJA

VENO

ESE


Marusa Krese Versión al español de Julio Rivas

Not Today

Hoy no

I enclosed myself and looked for words.

Me cerré a mí misma y busqué palabras.

For real words, words for people who are mine.

Palabras verdaderas, palabras para personas que son mías.

For my sister, for my children. And for theirs.

Para mi hermana, para mis niños. Y para ellos.

I’m looking for words. On my own. I’m looking for words that say everything. Those little ones, the only ones. Simple and short ones.

Estoy buscando palabras. A mi manera. Estoy buscando palabras que digan todo. Aquellas pequeñas, las únicas. Aquellas simples y cortas.

I don’t know what is happening. It can’t be that I’m departing already? I can’t find the words. My words, those real ones.

No sé lo que está pasando. ¿No será que estoy partiendo? No puedo encontrar las palabras. Mis palabras, aquellas que son verdaderas.

I cannot depart without them.

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No puedo partir sin ellas.


ESLOVENO

Even the Testament Got Lost

Inclusive el testamento se perdió

I laid my hand on the grass,

Descansé mi mano sobre la hierba,

closed my eyes

cerré mis ojos

and died.

y perdí mi vida.

The moon was shining, the stars were twinkling.

La luna brillaba, las estrellas centellaban.

You won’t get let off so lightly,

No puedes irte tan fácilmente,

whispered someone behind my back.

murmuró alguien detrás de mí.

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De repente anocheció

Suddenly it was night

Egipto, 2001

Egypt, 2001

It’s hot.

Hace calor.

The silent walls, the dusty roads,

Las silentes paredes, los caminos polvorientos,

the shadows glistening. The sun is setting.

las sombras brillando. El sol se pone.

It’s hot. Every day.

Hace calor. Todos los días.

We’re on our own. Every day.

Estamos a nuestra suerte. Todos los días.

We’re waiting. Every day.

Estamos esperando. Todos los días.

The standstill frightens us. Every day.

El punto muerto nos aterra. Todos los días.

No one drops by,

Nadie visita.

no one cries.

nadie llora

No one lives.

Nadie vive

It’s hot. Every day

Hace calor. Todos los días.

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ESLOVENO

Albania, 2008

Albania, 2008

The unrest of thousands of years, and wild horses.

La inquietud de miles de aĂąos, y caballos salvajes.

A river of mystery and a blood feud.

Fluye un rio de misterio y sangre.

There, in the hot wind,

AhĂ­, en el viento caliente,

a trampled history,

una historia mancillada,

hunger and an unknown mystery.

hambre y un misterio desconocido.

Amidst silence and fear.

Rodeado por silencio y miedo.

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England, 1998

Inglaterra, 1998

Everything was fine while we were on our own.

Todo estaba bien mientras estábamos solos.

Then something happened.

Entonces sucedió algo.

They all came.

Vinieron todos ellos.

They were jumping in the water and having fun,

Estaban saltando en el agua y divirtiéndose,

patted us and disappeared, laughing.

recibimos caricias y desaparecieron, riendo.

The sun is shining.

Brilla el sol.

I close my eyes

Cierro mis ojos

and wonder

y pregunto

who they are,

quiénes son ellos,

who we are.

quiénes somos nosotros.

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ESLOVENO

Austria, 2008

Austria, 2008

I don’t get why they don’t understand me,

No sé por qué no me entienden,

why they are laughing at me.

por qué se ríen de mí.

I don’t get why they don’t understand me,

No sé por qué no me entienden,

why they don’t make their life

por qué no hacen su vida

as simple

tan simple

as I’ve done.

como yo la he hecho.

I don’t get why they don’t look at the world

No entiendo por qué no miran al mundo

the way I do.

de la manera en la que yo lo hago.

They’d see there’s nothing to worry about,

Ellos ven que no hay nada de qué preocuparse,

that the earth is still standing,

que la tierra todavía permanece,

that life means more than one two three,

que la vida es más que uno, dos, tres,

that the moon is constantly laughing,

que la luna está sonriendo constantemente,

that the clouds are playing with the wind,

que las nubes están jugando con el viento,

that the river rejoices,

que el río se regocija,

and that our house has turned into a fairy tale.

y que nuestras casas se han convertido en cuentos de hadas.

I don’t get why they don’t believe me when I say I’m feeling great.

No sé por qué no me creen cuando les digo que me siento de maravilla. 21


Palestine, Gaza, 2005

Palestina, Gaza, 2005

One, two, three.

Uno, dos, tres,

I’m counting clothes, I’m counting shells

Estoy contando ropas, contando cáscaras.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m counting dead children. In my clothes.

Estoy contando niños muertos. En mis ropas.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m counting days of pain and weeping.

Estoy contando días de dolor y llanto.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m counting hearts of stone.

Estoy contando corazones de piedra.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m counting sins of Allah

Estoy contando los pecados de Alá.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m sewing curtains

Estoy cosiendo cortinas

to cover up the death.

para cubrir la muerte.

One, two, three.

Uno, dos, tres.

I’m sewing

Estoy cosiendo,

so that I don’t get lost

para así no perderme

In a valley of despair.

En un valle de desesperación.

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ESLOVENO

Pakistan, Kashmir, 2005

Pakistán, Kashmir, 2005

We’re sitting in the furrow of pain,

Nos hallamos en el surco del dolor

sunrise and a storm in the sky.

sale el sol y una tormenta en el cielo.

We’re sitting petrified

Nos hallamos paralizados

beneath a red sky, the sunset,

debajo de un cielo rojo, atardece,

and icy pain.

y un dolor glacial.

Is this God unveiling our faces?

¿Está este Dios develando nuestros rostros?

Does he dare look us into the eye?

¿Se atreve a mirarnos a los ojos?

To whom did he bestow our calm?

¿A quién otorga nuestra calma?

Our life?

¿Nuestra vida?

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Palestina, Gaza, 2005

Palestina, Gaza, 2005

I’m holding a treasure in my hands.

Sostengo un tesoro en mis manos.

I’m holding a treasure in my hands.

Sostengo un tesoro en mis manos.

Someone came and gave me a treasure.

Alguien vino y me dio un tesoro.

All that I have I’m holding in my hands.

Todo lo que tengo lo estoy sosteniendo en mis manos.

Someone came and gave me a treasure. I’m holding a treasure in my hands. My treasure. I won’t let it go. I’m holding a treasure in my hands. My treasure.

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Alguien vino y me dio un tesoro. Estoy sosteniendo un tesoro en mis manos. Mi tesoro. No lo dejaré ir. Sostengo un tesoro en mis manos Mi tesoro.


ESLOVENO

Pakistan, Kashmir, 2005

Pakistán, Kashmir, 2005

They’re returning.

Están regresando.

Amoung the winter trees.

En medio de árboles invernales.

Into hunger.

Dentro del hambre.

Among the ruins of God’s creation.

En medio de las ruinas de la creación de Dios.

They’re returning.

Están regresando.

With no boats and booty.

Sin barcos ni botín.

With no hope and laughter.

Sin esperanza ni risa.

With no song and prayer.

Sin canción ni plegaria.

With no Bible and the sun.

Sin Biblia ni el sol.

They’re returning.

Ellos están regresando.

among the children’s crying and heathens,

entre los niños llorando y paganismo,

among petrified ships,

entre embarcaciones petrificadas,

massacred sheep,

rebaños masacrados,

wandering souls.

almas errantes.

They’re returning.

Están regresando.

Into the times gone-by,

Hacia los tiempos que se van,

into the pain

hacia el dolor

that feeds the moon

que alimenta a la luna

and chases the gods away.

y ahuyenta a los dioses.

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Bosnia and Herzegovina, 1994

Bosnia y Herzegovina, 1994

We left the dead and thousands of lies.

Dejamos la muerte y miles de mentiras.

We left the crying city,

Dejamos la ciudad llorando

mothers, fathers, soldiers,

madres, padres, soldados,

and the end of the world.

y el fin del mundo.

We left the city of heroes.

Dejamos la ciudad de los héroes.

We left hopes and dreams behind,

Atrás dejamos esperanzas y sueños,

and all the gods in whose hands we are.

y todo los dioses en cuyas manos estamos.

When leaving we crossed the river

Cuando partíamos cruzamos el río

that flows all the way to the sea.

que fluye hacia el mar.

All the way to the sea,

Todo el camino hacia el mar,

where orange trees blossom.

eran naranjos en flor.

So they did, at last yesterday.

Eso hacían, por lo menos ayer.

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ESLOVENO

The Basque lands, 2005

Las tierras vascas, 2005

I don’t know, I really don’t know.

Yo no sé, realmente no sé

I don’t know, I really don’t know.

Yo no sé, realmente no sé

Slowly, slowly I shall say goodbye.

Despacio, despacio, debería decir adiós.

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Slovenia, Skogja Loka, 2006

Slovenia, Skogja Loka, 2006

I make my bed in the morning

Por la mañana hice mi cama

and leave.

y partí.

I’m standing at the loon and I’m singing,

Estoy frente al telar y canto

As a matter of fact, I’m singing to the machine,

De hecho, estoy cantando a la máquina,

the machine at which I’m weaving curtains and my life,

la máquina en la que tejo cortinas y mi vida, cálidas sobrecamas y mi propia felicidad.

warm bedspreads and my own happiness.

I’m singing for the loom, for it knows my love so well,

Estoy cantando para el telar, porque conoce mi amor muy bien,

it knows my old hands and yearning,

conoce mis viejas manos y mi anhelo,

my misery,

mi miseria,

and my heart that adopted the machine’s rhythm,

y mi corazón que ha adoptado los ritmos de la máquina,

and all these colors of memories.

y todos esos colores de los recuerdos.

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ESLOVENO

Venezuela, 2010

Venezuela, 2010

We’re living here by the ocean.

Estamos aquí junto al océano.

In the sand, amidst the waves.

En la arena, al lado de las olas.

We have only each other

Nos tenemos sólo a nosotros mismos

and the stars in the sky.

y las estrellas en el cielo.

At night.

De noche.

We’re sitting here by the sea

Estamos aquí junto al océano

listening to the song of the wind.

Escuchando la canción del viento.

A song

Una canción

about blasphemy on earth,

de la blasfemia en la tierra,

about the soldiers on the sea shore,

de los soldados en la orilla del mar,

about the slaves in boats,

de los esclavos en los botes,

about new flags

de las nuevas banderas,

about hungry children

de niños hambrientos,

about mothers

de madres

fettered in chains

encadenadas en grilletes,

about dead fathers.

de padres muertos.

We’re sitting here alone

Estamos aquí solos

by the restless waves,

junto a las turbulentas olas,

in the sun, in the traces of crime,

en el sol, en los rastros del crimen,

and we’re watching this world’s game.

y vemos el juego de este mundo.

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LYONEL FRAN TROUILOT

EUGENE GU


FRANCÉS NCÉS FRANCAIS

UILEVIC


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FRANCÉS

Lyonel Trouillot, Bicentenaire, Arles, Actes Sud, 2004, pp. 32-37.

[…] Una cajetilla de Comme il faut mentolados. Metiendo la mano en el gran tarro donde estaban puestas en desorden las cajetillas de cigarros, los Comme il faut regulares en rojo, los mentolados en verde, y algunas muestras robadas de cigarros extranjeros que nadie compra nunca, tabaco que envejeció mal y destinado a verse como mera publicidad, el tendero, fiel a sí mismo, recuerda que en otros tiempos los jóvenes fumaban Splendid sin filtro que les daban hipo a los principiantes, y que esa moda de los cigarros mentolados llegó con la televisión cuando los jóvenes se pusieron a imitar a los falsos cantantes de pelo largo y aspecto afeminado. Un Splendid sin filtro, ¡eso sí era tabaco! Yo lo dejé. Mi mujer anda con los pentecostales y me daba una migraña terrible oír a cada bocanada que después de las agonías del cáncer me iba a quemar en el infierno. Es lo único que dicen en sus sermones: te vas a quemar en el infierno. Por esto, por aquello. Parece que para su Dios, como no hace nada positivo, el único verdadero gozo consiste en pasarnos a todos por fuego. El tendero saca la cajetilla correcta del tarro y se la extiende al estudiante. El estudiante extiende la mano para tomar los cigarros. Por fin están en el presente. Sus manos estuvieron a punto de tocarse cuando la bocina anuncia que el comité de movilización estudiantil le acaba de confirmar a la prensa que la manifestación se desarrollará como estaba previsto, a pesar de las amenazas de represión y el recordatorio de las autoridades de que continúa prohibida toda concentración que amenace con turbar la paz pública. ¡La paz pública! ¡No me hagan reír! Con los cadáveres que invaden las calles. Eso, el tendero lo pensó, pero se contuvo de decirlo. Ése es asunto del estudiante. El tendero no dice nada de los asuntos del presente. Esos no son sus bailes. Desde la desaparición del jazz de los jóvenes, su boca hizo las paces con su duelo. De todas formas, este país ya no era el suyo, el tiempo le había robado las llaves de su reino, no estaba de humor para tomar partido y ya no se involucraba en nada. Con la mano todavía extendida, el estudiante piensa en otra cosa. Sabe que las posibilidades de que los masacren son grandes. El Chiquito le avisó que la policía recibió la orden de lanzarse a la carga y que las bandas de maleantes que llamaron como apoyo ya consiguieron un adelanto salarial. El tendero ve en los ojos del estudiante algo parecido a la inquietud. Perdió el hábito de leer los ojos ajenos desde que su vida se resume a abrir la puerta de la tienda en la mañana, cerrarla en la noche. No puede decir si es inquietud o algo más complicado. No le gustan las complicaciones. A él sólo le gusta el baile. Y al otro, ¿a él qué le gusta? Por ahora, están cara a cara, el movimiento interrumpido, cada uno con una mano extendida. Uno para dar los cigarros, el otro extendiendo su último billete de 50 gourdes. Y el tendero, que por fin regresa a las urgencias del presente, hace un esfuerzo sobrehumano por interesarse en otra cosa que no sean los éxitos de los años sesenta, y le

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pregunta al estudiante, bueno, ¿y tú vas a ir?. El estudiante, un poco enojado, se niega a causarle lástima a un viejo comerciante al que la muerte había olvidado y responde para desafiarlo ¿y usted, va a ir? Luego se enoja consigo mismo, porque la provocación es vana. El tendero no es malvado. Está en otro lado, es todo. Y cada uno vive en su otro lado. Y ambos constatan la vanidad de sus preguntas. Dos preguntas que no necesitan respuesta. Ambos conocen por adelantado lo inevitable que pesa sobre sus vidas, el estancamiento y el camino a seguir que alimenta sus destinos. Y uno se queda con la mano extendiendo la cajetilla de cigarros, el otro con el dinero, fijos como una imagen o como dos paralíticos, hasta el momento en que, hundiéndose en su inmovilismo, el tendero voltea hacia su único lugar de verdad, su dominio natural, su aburrimiento y su causa primera, la última, a la cual se aferró a falta de música para bailar a su gusto, su jaula y su guarida, para tener el pasado al alcance de la mano. Sus ojos repasan las repisas y las cuatro esquinas del cuarto para contemplar la mercancía: las latas de leche concentrada; las pastas, de calidad superior, más pocas, arriba, de calidad inferior, accesibles a todo mundo, abajo; las conservas: las sardinas y los chícharos; las escobas y los estropajos en una esquina; el gran barril de aceite vegetal en otra esquina, el medidor sobre el barril y su mujer, que entra por la puerta del fondo, muy digna en su obesidad de caritativa, de mensajera del apocalipsis tan segura de ella misma en su atuendo de pensionaria de orfanato, toda vestida de azul, medias azules, vestido azul y sombrero azul, la gran caperucita azul que no tiene nada que ver con los bailes de salón, el primer beso en una plaza del antiguo Puerto Príncipe, la sonrisa azul apagada, sin calor, sólo le faltaba el listón azul para ser la más gorda de los niños azules que rebasaron la cincuentena, la boca azul, parlanchina como los evangelios, sólida como la atalaya, animada en su generosa certidumbre de un gran deseo de transmisión: en otro tiempo, mi marido fumaba. Y el tendero, una vez repasado su dominio, se queda con la mano extendida, bloqueada, dudando el gesto siguiente. Y la mano decide decidir. Como una comediante que se encarga de la puesta en escena, que hace el papel de la elipsis, que tapa los huecos, que llena sola la distancia entre los personajes, la mano habló por la voz, y resumió toda una vida con un gesto panorámico, en cuatro metros cuadrados de productos varios y de música retro: aquí se acaba mi república. Y ya sin comentar los beneficios del inventario, sin esperanza de aclamaciones, comediante hastiada pero sincera, la mano, todavía extendiendo la cajetilla de cigarros, niega el dinero, modifica discretamente los términos del intercambio, no quiere que su gesto tenga un valor de cambio, reclama por una vez su derecho a la gratuidad, hace su contribución del tamaño de 50 gourdes: hoy, es gratis. Y el estudiante, que al fin entiende las palabras que dice la mano del tende-

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FRANCÉS

ro, toma la cajetilla de cigarros y se guarda las 50 gourdes en la bolsa, dice gracias con la voz llena de emoción, lamenta no saberse el nombre del tendero porque —Ernestine Saint-Hilaire, yo negra, te lo enseñé— aquél que nos ha ayudado merece ser llamado por su nombre. No hay otra palabra, nada más que esta forma de comunión entre pasado y presente. Pero el ángel gordo de negro y azul que siguió de lejos la escena pierde la mitad de la sonrisa. ¿Qué te pasa, Antoine, por qué estás repartiendo la mercancía gratis? A cada uno le corresponde aceptar a Dios como su salvador personal y de arreglárselas con lo que tenga. Pero la mano del tendero no oye a la mujer. Libre, ya clavó la cajetilla de cigarros en la mano del estudiante, rechazó el dinero. Ahora juega con el botón del transistor, busca un aire de años sesenta, no lo encuentra, sigue buscando. Hizo lo que podía hacer, ahora debe regresar a su leyenda. El ángel gordo insiste, llora por el mundo y por la pérdida de ganancia. Con un gesto amenazador, la mano lo regresa a su estado caricatural: cállate, Simone, y escucha la música. Y al alejarse, el estudiante cree reconocer un éxito de los años ochenta. ¿Acaso el tendero estaba corto de memoria para buscar en el pasado reciente? Antoine, se llamaba Antoine. La siguiente vez podrían decirse: buenos días, estudiante, que corre riesgos inútiles en esta ciudad que ya no tiene sentido; buenos días, señor Antoine, que no baila más que con el pasado. Podrían hablarse así porque ya había habido entre ellos ese gesto de amistad. Pero al contar sus 24 años, el estudiante se da cuenta de que es casi tan viejo como Antoine. Su paraíso también es un lugar de recuerdos. […]

Versión al español de Ana Inés Fernández Ayala

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Las cárcavas

Eugene Guillevic* Versión al español de Maliyel Beveridoi

Pasen entre las flores y vean: Detrás del campo está la cárcava. No más de cien, pero apilados, Barriga de insecto gigantón Con pies por todos lados. Señala el sexo su calzado, Las miradas se hundieron sin duda. – Ellas también Preferirían flores. ° En una orilla de la fosa, Ligeramente al aire y atrevida Una pierna – de mujer Claro– Una pierna joven Con una media negra Y un muslo, Uno de verdad, Joven – y nada, Nada. 36

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FRANCÉS

° La tela no es Lo que se pudre más rápido. Por ahí se ve, Curtida de materias. Da la impresión De carnes indemnes que aún tienen que esconderse. ° ¿Cuántos supieron por qué? ¿Cuántos murieron sabiendo? ¿Cuántos no supieron qué? Quienes habrán llorado Sus ojos todos se parecen, Son hoyos en el hueso O plomo que se funde. ° Dijeron si A la podredumbre. Aceptaron Nos dejaron 37


No tenemos nada que ver Con su podredumbre. ° Vamos, cuanto se pueda A separarlos, Poner a cada uno En su agujero, Porque juntos, Hacen demasiado silencio contra el ruido. ° Si no fuera imposible, Absolutamente, Se diría una mujer Satisfecha de amor Que va a dormir. ° Cuando la boca está abierta O lo que queda de ella, Es que quizá cantaron, Que gritaron victoria, 38

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O es que el maxilar Se les caía de miedo – Quizá fuera un azar Y les entró la tierra. ° Hay lugares donde ya no se diferencia Si es barro o es carne. Y tememos que la tierra, en todas partes, Sea igual y se nos pegue.

° Si al menos se volvieran esqueletos De inmediato, Tan claros y duros Como verdaderas calacas, Y no esta masa De pantano. ° Quién de nosotros querría Tenderse entre ellos 39


Una hora, una hora o dos, Como un mero homenaje. ° ¿Dónde está la herida que responde? ¿Dónde está la herida De los cuerpos vivos? ¿Dónde está la herida? – Que se muestre Para curarla. ° Aquí, No descansa, Aquí o allá, nunca Descansará Lo que queda, Lo que quedará, De aquel cuerpo.

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FRANCÉS

* Eugène Guillevic (1907-1997) fue inspector del Ministerio de Finanzas y Economía en Francia. La editorial Gallimard le publicó una veintena de libros. Muchos otros poemarios aparecieron en ediciones de tiraje limitado. En 1984 se le otorgó el Grand Prix National de Poésie. Sus poemas han sido traducidos a unas cuarenta lenguas en sesenta países.

ͥ Maliyel Beverido nació en Xalapa, Veracurz en 1964. Traductora, poeta y promotora cultural. Fue becaria del el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes así como del Instituto Veracruzano de la Cultura. Ha publicado cuatro plaquettes de poesía y traducido a autores como Guillevic, Xavier de Maistre y Jules Renard. Desde 2005 es Coordinadora de Espacios de Exposición Temporal en el Museo de Antropología de Xalapa de la Universidad Veracruzana.

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GRI

EPIGRAMA 42

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INGLÉS

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Epigramas de la Antología Griega

Versión y notas de César Abraham Navarrete Vázquez. La Antología Griega reúne aproximadamente 4,200 epigramas de diversos siglos, autores y temáticas. Abarca del siglo VII a.C. a la época bizantina. Gran parte de los textos traducidos en esta selección procede del libro XI de la Antología Palatina, en que predomina el tono satírico y burlesco.

Demódoco de Leros (s. VI a.C.) πάντες μὲν Κίλικες κακοὶ ἀνέρες˙ ἐν δὲ Κίλιξιν εἷς ἀγαθὸς Κινύρης, καὶ Κινύρης δὲ Κίλιξ. Todos los de Cilicia son malos y entre ellos, el único bueno es Ciniras; pero éste también es cilicio. __________ Antología Griega, XI 236. El epigrama establece la mala reputación de los cilicios como piratas. Estrabón, en su Geografía 10.5.12 cita el epigrama de Focílides de Mileto (560 a.C.): καὶ τόδε Φωκυλίδου˙ Λέριοι κακοί, οὐχ ὁ μὲν ὃς δ᾽ οὔ, πάντες, πλὴν Προκλέους, καὶ Προκλέης Λέριος. Y esto de Focílides: los lerios, malos; no uno ni otro, todos, salvo Procles. Y Procles es lerio.

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GRIEGO

καππαδόκην ποτ᾽ ἔχιδνα κακὴ δάκεν ἀλλὰ καὶ αὐτὴ κάτθανε, γευσαμένη αἵματος ἰοβόλου, Una víbora maligna mordió un día a un capadocio. Pero ella misma murió al probar la sangre envenenada. __________ Antología Griega, XI 237. Voltaire tradujo y retomó el epigrama para atacar a su enemigo Jean Fréron.

Calímaco de Cirene (310-240 a.C.) μὴ χαίρειν εἵπῃς με, κακὸν κέαρ, ἀλλὰ πάρελθε˙ ἶσον ἐμοὶ χαίρειν ἐστὶ τὸ μὴ σὲ πελᾶν. No me saludes, corazón malvado, pasa de largo. Que no te me acerques, me es igual a que me saludes. __________ Antología Griega, VII 318. En el epigrama habla el «afamado» misántropo, Timón de Atenas.

Meleagro de Gádara (140 o 130-70 o 60 a.C.) εἰ βινεῖ Φαβορῖνος ἀπιστεῖς˙ μηκέτ᾽ ἀπίστει˙ αὐτός μοι βινεῖν εἶπ᾽ ἰδίῳ στόματι. 45


Pones en duda que Favorino coja. Ya no dudes más. Con su propia boca me hizo saber que coge. __________ Antología Griega, XI 223. Si bien en el manuscrito figura el nombre de este poeta, filósofo y antólogo sirio, los estudiosos no aceptan su autoría.

Nicarco (s. I d.C.) χειρουργῶν ἔσφαξεν Ἀκεστορίδην Ἀγέλαος: ‘ ζῶν γὰρ χωλεύειν,’ φησίν, ‘ ἔμελλε τάλας.’ Cuando le operaba la pierna, Agelao degolló a Acestórides: —Si sobrevivía —manifestó—, el desgraciado habría quedado cojo. __________ Antología Griega, XI 121. El epigrama se atribuye a Calícter de Magnesia.

οὐ δύναμαι γνῶναι, πότερον χαίνει Διόδωρος, ἢ βδῆς᾽: ἓν γὰρ ἔχει πνεῦμα κάτω καὶ ἄνω. No soy capaz de saber si Diódoro abre la boca o se pedorrea: tiene el mismo olor por arriba y por abajo. __________ Antología Griega, XI 242.

Lucilio (s. I d. C.) οἱ συναγωνισταὶ τὸν πυγμάχον ἐνθάδ᾽ ἔθηκαν Ἆπιν οὐδένα γὰρ πώποτ᾽ ἐτραυμάτισεν.

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GRIEGO

Los compañeros de batalla erigimos aquí una estatua al púgil Apis, pues nunca golpeó a nadie en modo alguno. __________ Antología Griega, XI 80. Apis, el toro sagrado, era un dios solar de la fertilidad, posteriormente asimilado con la Muerte. A pesar de la brevedad, este epigrama es pródigo en burlas. Simplemente lo es el hecho de que sus rivales le dediquen una estatua a un boxeador que jamás lastimó a nadie.

τοῦ λιθίνου Διὸς ἐχθὲς ὁ κλινικὸς ἥψατο Μάρκος: καὶ λίθος ὢν καὶ Ζεύς, σήμερον ἐκφέρεται. Ayer el médico Marco tocó a un Zeus de piedra, y aunque era de piedra y era Zeus, hoy se le entierra. __________ Antología Griega, XI 113.

γεννηθὲν τέκνον κατεπόντισεν Αὖλος ὁ κνιπός, ψηφίζων αὐτοῦ σῳζομένου δαπάνας. Aulo el mezquino despeñó al mar a su hijo recién nacido, tras calcular el costo de mantenerlo. __________ Antología Griega, XI 172.

εἰς φθονερούς μακροτέρῳ σταυρῷ σταυρούμενον ἄλλον ἑαυτοῦ ὁ φθονερὸς Διοφῶν ἐγγὺς ἰδὼν ἐτάκη.

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Contra un envidioso Al ver que la cruz cercana de otro crucificado era más grande que la suya, el envidioso Diofón murió de envidia. __________ Antología Griega, XI 192.

εἴκοσι γεννήσας ὁ ζωγράφος Εὔτυχος υἱούς, οὐδ᾽ ἀπὸ τῶν τέκνων οὐδὲν ὅμοιον ἔχει. El retratista Éutico engendró veinte hijos, pero no logró que ninguno se le pareciera. __________ Antología Griega, XI 215.

ποιήσας δαπάνην ἐν ὕπνοις ὁ φιλάργυρος Ἕρμων ἐκ περιωδυνίας αὑτὸν ἀπηγχόνισεν. En sueños, el avaro Hermón realizó un gasto y se ahorcó debido a la gran aflicción. __________ Antología Griega, XI 264.

Estratón de Sardes (s. I-II d.C.) ἔστι Δράκων τις ἔφηβος, ἄγαν καλός: ἀλλά, δράκων ὤν, 48

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GRIEGO

πῶς εἰς τὴν τρώγλην ἄλλον ὄφιν δέχεται; Dracón es un efebo muy hermoso; pero si es un dragón, ¿por qué acoge en su agujero a otra serpiente? __________ Antología Griega, XI 22. El epigrama, de tono homo-erótico, realiza un juego de palabras, a partir de «dragón» —que también significa serpiente, y por extensión pene—, y «agujero» que alude a la madriguera del ofidio o al ano.

Amiano (s. II d.C.) εἴη σοι κατὰ γῆς κούφη κόνις, οἰκτρὲ Νέαρχε, ὄφρα σε ῥηιδίως ἐξερύσωσι κύνες. Cuando estés bajo tierra, que el polvo te sea ligero, miserable Nearco, para que los perros te desentierren más fácilmente. __________ Antología Griega, XI 226. Epigrama satírico inspirado en la locución latina sit tibi terra levis (que la tierra te sea ligera).

Páladas de Alejandría (c. 319) ὁ τὴν γυναῖκα τὴν ἄμορφον δυστυχῶν, λύχνους ἀνάψας ἑσπέρας σκότος βλέπει. El infortunado de mujer fea, que goza de vista, resuella al encender la lámpara por la tarde. __________ Antología Griega, XI 287.

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‘ πάντα μὲν οἶδα,’ λέγεις: ἀτελὴς δ᾽ ἐν πᾶσιν ὑπάρχεις, γευόμενος πάντων, οὐδὲν ἔχεις ἴδιον. «Ciertamente sé todo», dices, pero eres inexperto en toda iniciativa. Haces de todo: en nada despuntas. __________ Antología Griega, XI 355.

πλαστὸν ἔχεις τὸν ἔρωτα, φόβῳ δὲ φιλεῖς καὶ ἀνάγκῃ: τοῦ δὲ φιλεῖν οὕτως οὐδὲν ἀπιστότερον. (Versión libre) Tu amor es falso, pues amas por miedo y necesidad: en un amor así, de ningún modo, se puede confiar. __________ Antología Griega, XI 385.

Apolinario (s. IV d.C.) ἄν μὲν ἀπόντα λέγῃς με κακῶς, οὐδὲν ἀδικεῖς με, ἂν δὲ παρόντα καλῶς, ἴσθι κακῶς με λέγων. Si en mi ausencia hablas mal de mí, en nada me agravias, mas si hablas bien en mi presencia, me injurias. 50

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GRIEGO

Epigramas anónimos ΑΔΕΣΠΟΤΟΝ εἴθ᾽ ἄνεμος γενόμην, σὺ δ᾽ ἐπιστείχουσα παρ᾽ ἀγὰς στήθεα γυμνώσαις, καί με πνέοντα λάβοις. (Versión libre) Anónimo Ojalá fuera viento para que tú, al caminar por el litoral, desnudaras tu pecho y me acogieras como un suspiro. __________ Antología Griega, V 83.

ΑΔΕΣΠΟΤΟΝ τὸ ῥόδον ἀκμάζει βαιὸν χρόνον ἢν δὲ παρέλθῃ, ζητῶν εὑρήσεις οὐ ῥόδον, ἀλλὰ βάτον.

Anónimo La rosa florece por poco tiempo; cuando éste transcurre, al buscarla, no hallarás una rosa sino espinas. __________ Antología Griega, XI 53.

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ΑΔΕΣΠΟΤΟΝ οἶδα φιλεῖν φιλέοντας: ἐπίσταμαι, ἢν μ᾽ ἀδικᾖ τις, μισεῖν ἀμφοτέρων εἰμὶ γὰρ οὐκ ἀδαής. Anónimo Sé amar a los que me aman; también odiar a quien me hiere, porque tengo experiencia en ambos extremos. __________ Antología Griega, XII 103.

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GRIEGO

Versión al español de César Abraham Navarrete Vázquez

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LESLIE JAMI SANDRA CISNEROS

ING

JAM PHILLIS 54

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ISON

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MES TATE 55


La Frontera Ensayo del libro The Empathy Exams, de Leslie Jamison.

San Isidro

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Estoy en la frontera más agitada del mundo. Cruzo rápidamente porque voy en el camino correcto, es decir, en la dirección equivocada. Nadie se quiere quedar aquí. Del otro lado de la Interestatal 5, una línea puntea los bloqueos con destino al norte de los Estados Unidos de América. Los carriles son pasillos de supermercado. Ahí, puedes comprar palomitas, galletas, paletas y cigarros. ¿Quieres café? Un niño que apenas alcanza la ventana de tu coche puede llevártelo. ¿Quieres el periódico en español? Perfecto. ¿En inglés? Tal vez. Voy a un encuentro literario en Tijuana y en Mexicali. Lo han llamado así: encuentro. El significado de esta palabra se encuentra entre “festival” y “conferencia”, pero cuando pienso en encuentro inmediatamente escucho la palabra que se usa para decir story (cuento), cuyo significado se dirige hacia la palabra que se usa para encounter (encontrar) –una intersección que insinúa lo que pasará en este trastorno de libertinaje y mesas redondas: la narrativa estarán de moda, las personas firmarán libros, estarán confundidos y firmarán contratos, hablarán sobre lo mucho que les caga Mexicali y cómo desearían estar en Oaxaca. Tendrán sexo. Todo estará a destiempo. En la mañana darán galletas y servirán el café en vasos de unicel. Por la noche, se meterán cocaína en el baño. Es 2010. Escucho que Tijuana se ha puesto mejor en los últimos dos años, o al menos es lo que han empezado a decir las noticias gringas. Pero las versiones y las fluctuaciones son inevitablemente esparcidas a través de conversaciones donde hablamos sobre lo mal que se ha puesto “allá abajo, del otro lado”. Claro que “allá abajo” no es sólo un punto geográfico: son miles. Nada ha mejorado en Tijuana, las cosas están peor en Tamaulipas y horribles en Ciudad Juárez, donde la vida es tan violenta que ya es muy difícil entender la escala de lo malo y lo peor. Alguien me platica sobre cómo fue vivir en Tijuana durante los peores meses: no vivir bajo la constante amenaza de la violencia, sino que el hecho de hablar sobre la vida bajo la constante amenaza de la violencia es un acto que incita violencia. Es imposible hablar, dice, cuando todavía estás en medio de todo. Así era Tijuana hace algunos años: incluso cuando las personas se reunían para cenar, en algún lugar privado, no se fijaban en cómo se habían transformado sus vidas: tenían miedo de ir a beber, tenían miedo de ir a trabajar, tenían miedo de tomar un camión o de ir a comprar cigarros o de cruzar la pinche calle. Ahora pueden hablar. Hablar es más fácil cuando lo peor ha sido expulsado del alcance del oído, más allá de donde puede ser ignorado, por esos delirios de seguridad, en algún retorno de venganza.

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Tijuana La avenida Revolución está definida por el turismo barato y vacío. Los bares sin gente sobreviven como reliquias de una civilización desaparecida, derrumbada por su exceso hedonista: pistas silenciosas de baile enmarcadas por muros cubiertos de paja y selvas estampadas, balcones con antorchas tiki en las orillas y un banderín que anuncia la hora feliz con tequila a la que ya nadie va. Los antros permanecen como hogares hipotecados. Los turistas se espantaron. Algunos todavía deben venir, supongo, pero no los he visto en las calles. El Centro Cultural Tijuana tiene un enorme techo abovedado con tragaluces que filtran los rayos del sol en distintos colores: rosa, naranja y azul. Pero las únicas personas que veo ahí son hombres que venden boletos a otras partes. Todos ofrecen algo a lo largo de las calles, pero nadie compra. Si quisiera, podría conseguir todo tipo de cosas: postales impresas con imágenes de diez pares de senos y la lata roja de una Tecate en la arena, una rana tallada con un cigarro entre sus labios de madera. Podría conseguir una playera con la cara estoica de Pancho Villa o el inevitable Che, o una con un chiste sobre cerveza, u otra con otro chiste sobre cerveza, una con un chiste sobre tequila, u otra con un chiste sobre cerveza con tequila, o una con la razón que trata de explicar todo este etilismo (ésta en inglés: I Fuck on the First Date). Convenientemente, hay un hotel que anuncia habitaciones por 99 pesos la hora, del otro lado de estas bodegas kitsch. No he visto a nadie entrar o salir de ahí. Siempre pienso en la Tijuana de hace dos años: esa plática inexistente. A través de toda la frontera, las demás ciudades siguen sin pronunciar una sola palabra. Las personas que dicen que Ciudad Juárez es la ciudad más peligrosa en el mundo son las mismas que nunca han vivido ahí. Creo que si camino en las calles donde alguien ha temido, donde una ciudad entera ha temido, podría entender el miedo un poco mejor. Esta es la gran ficción del turismo que atrae a nuestros cuerpos donde se dibuja ese lugar más cerca de nosotros, o nosotros de él. Es una solución rápida de empatía. La tomamos como un shot de tequila, o una montaña de coca desde la llave de una casa ajena. Deseamos la embriaguez de presencia para disolver la certeza de lo diferente. A veces la ciudad coge en la primera cita, y a veces no. Pero siempre, siempre, despertamos en la mañana para encontrarnos con que no lo sabíamos del todo. Despierto en la mañana y pido huevos con jamón en Tijuana Tilly’s. Podría haber escogido waffles, pero no lo hice. Podría haber pedido pan francés con crema batida, pero no lo hice. Yo voy por lo auténtico. Como con Paola, una publicista, y con Adán, escritor. 57


Ambos piden waffles. Paola no puede creer que el DF (ahora Ciudad de México) es probablemente el lugar más seguro en el país. No es algo usual para ella. Adán me dice que Mexicali, donde vamos a ir para conocer a los otros escritores del encuentro, es relativamente igual de seguro. “Relativamente” es una palabra importante aquí. De cualquier forma, Mexicali está a dos horas de aquí, donde la violencia estalló primero, como en Tijuana, pero no de la misma forma. El español de Adán es muy rápido y no estoy segura de que, de verdad, estoy entendiendo la esencia de lo que dice -o, al menos, un poco de ella- pues parece que habla de una ciudad bajo la tierra llena de chinos. Si es así, mi español al menos lo intenta. Durante la década de 1920 en Mexicali, los trabajadores chinos superaban en número a los mexicanos, en un promedio de ocho a uno, donde una red de túneles subterráneos conectaba sus cámaras de opio y sus burdeles. Les prohibieron a los gringos vivir junto a la frontera. Tijuana se difumina. Cuando me vaya, hablaré sobre esto, con la misma ansiedad que uno tiene de contar un sueño recién se despierta, con el miedo de que se vaya si no se establecen los detalles de sus lugares, si no se dibuja un camino entre los absurdos. Cuando la deje, pensaré : ¿qué era esa ciudad? Era un pasillo oscuro junto a una oficina con las ventanas rotas (mi hostal) y era un plato con fajitas de cerdo a la naranja (mi cena). Era La Sonrisa Vertical, una banda de adolescentes, y era también una banda de hombres viejos que no recuerdo cómo se llamaba, pero que siempre pedían Charles Shaw Shiraz. De sus guitarras salía el infierno. Tenían dos huevos sobre su amplificador, tal vez crudos, o hervidos. Estaban ahí sin sentido, pero pertenecían absolutamente adonde tenían que estar.

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Mexicali Si el camino hacia Tijuana está infestado de armas y coches y hombres con uniforme, el desfile del pánico americano, la carretera que sale está devastada, es puro polvo y fantasmas, serpentea desde los barrios de los suburbios hasta los cerros macilentos del desierto fronterizo. Más allá de los límites de la ciudad, las casitas se encaraman en las laderas llenas de lodo, apenas con algunos trozos de muro y varilla. Muchas ya fueron sepultadas debajo de carteles y publicidad. Parecen cajas de regalo. Sus paredes son anuncios de pasta de dientes e imágenes de sonrisas. Al final, las colonias marginadas le ceden el paso a la Rumorosa, esa carretera que es más una montaña rusa que gira y se sumerge entre las pendientes, y se desliza hacia las decoloradas montañas rojizas. En un mirador a medio camino de Mexicali, donde el sendero se parte hacia la izquierda, salimos en una curva para alcanzar los restos casi calcinados de un tráiler. La cabina quedó sólo a unos metros del borde del acantilado. Un hombre descansa en posición fetal sobre la tierra; tiene una hemorragia en la cabeza. No parece estar muerto. Ninguna ambulancia se acerca, pero un sacerdote de pie frente a él le tapa el sol de medio día mientras le murmura oraciones y les advierte a los coches que van pasando: slow down, slow down. Es octubre. Estamos como a 35 grados centígrados y este hombre viste una toga negra que absorbe todo el calor. Su cruz resplandece. La parrilla del tráiler también resplandece detrás de él. No es que la violencia sólo suceda aquí –intencional, causal, accidental o intencionalmente- es que la perspectiva y las secuelas de la violencia son amontonadas alrededor de ti por todos lados: hombres con metralletas en la avenida Revolución, perros que gruñen y saltan en las trocas para olfatear droga, un borracho desmayado en la panadería, un chofer tan cansado que vuelca su tráiler hacia un acantilado. Pasamos frente a un soldado con una semiautomática en las manos, quien tal vez está cuidando esa pila de llantas desechables. No hay nada más a la vista. Los soldados de este país están alertas a la violencia incontrolable que sobresale de la basura. Sus armas le apuntan al aire. En 2010, Elmer Mendoza escribió para el New York Times sobre un grupo de niños exploradores que fue a darle la bienvenida a varios funcionarios en Ciudad Juárez. Su líder de grupo los guió a través de una rutina de preguntas y respuestas: ¿cómo juegan los niños en Juárez?, preguntó. Todos se tiraron al piso. Nuestra camioneta se vacía por completo en uno de los punto de revisión. Los vehículos más grandes son inevitablemente sospechosos. Los soldados también vacían nuestras maletas. Todo se siente pro forma, pero inmóvil: de un clima, de una sola pieza, 59


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que establece un tono. Mientras nos alejamos, volteo otra vez y veo a un soldado parado sobre la caja de una camioneta que nos sigue desde la mira de su arma. No hay antros elegantes en Mexicali ni bebidas especiales. Pero sí encontrarás bolsas de plástico llenas de pedazos de cactus o cigarros baratos. Lo más cercano a un shot de Spanglish es la música del SlowTime, donde una voz femenina gime una y otra vez: oh, you fucking me makes me bilingual. La luz es más intensa en esta ciudad, se llena de polvo. Los hoteles anuncian sus tarifas de cuatro horas en lugar de sólo una. No sé qué significa esto, pero creo que es una diferencia importante para la cultura cívica. El barrio chino sobrevive sobre la tierra. Sus restaurantes ofrecen tofu con salsa y tacos de aleta de tiburón. Decido comer en el Dragón de Oro, cuyo estacionamiento está justo en la frontera, lo separa una cerca de unos seis metros de altura. Las casas de yeso y los campos de beisbol en Calexico son apenas visibles a través de las tablas. Somos cincuenta valientes; nosotros, los que nos encontramos. Está Oscar, un poeta que describe su visión sobre Heidegger y los chilaquiles. Kelly, una intérprete que está escribiendo un glosario en español de lenguaje erótico. Y Marco, otro poeta, quien cruzó la frontera para comprar unos tenis en Calexico. Dice que abandonó su “yo poético” hace un año, cuando la ciudad se volvió tan violenta que tuvo miedo de irse de su casa. Necesita nueva poesía. Está interesado en la reescritura y en el Flarf, una práctica experimental de poesía que consistente en seleccionar y destilar los contenidos de las entrañas en internet, yuxtaponer esos resultados extraños, casi absurdos y cómicos. Marco cree en la comedia. Su vida suena muy parecida a la mía, pero no. Una noche antes de venir a Mexicali, él se quedó despierto hasta la una y media ordenando un montón de papeles. Para premiarse a sí mismo por el esfuerzo, decidió apagar su despertador. Era lo justo. Pero una explosión lo despertó, dos minutos después, seguida de una balacera. Es como una conversación, dice, una voz y luego su respuesta. No es nada inusual. Conocí al fundador de la Conspiración Shandy. Cada vez que me veía me preguntaba si estaba lista para que me shandyzaran. Lo único que sé sobre este tipo de “proceso” es que involucra discresión y oscuridad. Me puso enfrente una revista (el epicentro de la conspiración) cuya portada era la imagen de un león atacando a una cebra. En lugar de sangre, del cuello de la cebra salía un líquido de arcoíris. Darwin en ácido. Me descubrí inmersa en el trabajo artístico que también se refleja en los fractales sociopolíticos: ¿por qué veo la guerra del narco en cada dibujo de cebra? Es un sentimiento raro ver el capricho desde las fauces de la guerra, como llanto gutural, que desuella y abrasa esta fuente absurda de sangre multicolor. Prefiero todo según la gravedad del conflicto.

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Mejor: prefiero lo que puedo entender. Hay muchas cosas que me evitan. En una multitud de escritores bilingües, mi español es horrible, y ese horror empieza a hacerle sombra a un profundo sentido político y a una vergüenza nacional. Tengo miedo de hablar sobre el mapa actual de la guerra del narco porque tengo miedo de entenderlo mal. Los americanos son conocidos por entender mal los conflictos de otros países. Así que escucho. Poco a poco voy conociendo el terreno. El Cártel de Sinaloa controla la mayor parte de la costa este –donde se siembra mucha de la mariguana y los mitos fronterizos mantienen a los dealers en la ilegalidad-, mientras que el Cártel del Golfo trafica coca con inmigrantes centroamericanos, con campesinos secuestrados, a lo largo del Golfo de México. Leer sobre la guerra de la droga es como desenredar un tejido intrincado de dobles negativas. Uno de los cárteles le paga a un guardia de seguridad para que libere a los prisioneros y así convertirlos en sicarios, inscribiéndolos como actores clave en otro cártel, entonces el cártel principal captura al policía, lo tortura hasta que admite su crimen. Lo graban y transmiten la confesión. Las autoridades deciden actuar, quitan al guardia, los prisioneros protestan para que lo regresen; los reporteros que cubren estos disturbios son secuestrados por los rivales del cártel que descubrió el video de la tortura. Lanzan al aire otros videos de otros hombres torturados que confiesan otros crímenes. ¿Me doy a entender? Seguir todos estos detalles es como escuchar un montón de chistes malos en un lenguaje construido por diferentes lenguas, una conversación donde es imposible participar. “Conversación” es una palabra con un nuevo significado aquí: una inundación de frases que no puedo entender, un juego de preguntas y respuestas o el sonido de la metralleta que nunca he escuchado. También conozco a la otra parte del elenco, no me refiero a actores, sino a asesinos: El Teo, quien compite por el control del Cártel de Tijuana y adora asesinar en las fiestas para hacerse más visible; El Pozolero (the Stewmaker) es quien se encarga de disolver a las víctimas de El Teo en ácido para borrar el mensaje. El capo más famoso en México es El Chapo (Shorty), cabeza del Cártel de Sinaloa, enlistado en la revista Forbes como la sexagésima persona más poderosa del mundo. Justo después de Barack Obama, Osama bin Laden y el Dalai Lama, pero antes de Oprah Winfrey y Julian Assange. El presidente de México ni siquiera figura en la lista. En Mexicali empecé a conocer las estadísticas de dos economías distintas y los contornos de dos geografías paralelas: la que mapea la guerra del narco y la que define el paisaje literario. Esta primera topografía se teje como un horrible velo a través de la segunda. Durango, por ejemplo, es el lugar donde El Chapo conoció a su esposa, pero también es el lugar donde los poetas usan botas y escupen mien61


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tras leen sus poemas, que casi siempre son sobre tetas. Sinaloa es el hogar de su cartel homónimo, pero también es el hogar de Oscar y de su grupo de estudio sobre Heidegger. La capital de Sinaloa, Culiacán, tiene un cementerio lleno de mausoleos para los capos, impecablemente amueblados, con aire acondicionado para que sus familiares y amigos puedan llorarles a gusto. Oscar vive con Heidie, su gato, del otro lado de la ciudad. Imagino este zoológico: Dasien, el perro, y Tiempo y Ser, sus dos pájaros. Imagino también el aire acondicionado zumbando quietamente junto a las cenizas de un hombre. Trato de unir estas dos Sinaloas para hacerlas una sola. Nuestra lección de geografía se mueve hacia el este: Tamaulipas es una región famosa por la Masacre de Agosto, donde veintidós inmigrantes fueron asesinados por no pagar su propio rescate al Cártel del Golfo. “No pagaron” porque “no” pudieron. Aquí vive Marco, el poeta encantado con el Flarf. Cuando pienso en el Flarf, vuelvo a pensar en los poemas que deconstruyen y empalman artículos sobre aceite iraquí y la vida sexual de Justin Timberlake. Sí, Marco está muy entusiasmado con este tipo de poética, pero su proyecto consiste en una materia diferente y quizá con cosas menos obvias. Reconstruye, más bien, el lenguaje del conflicto en sus poemas. Trollea en los foros donde escriben las personas que están secuestradas en sus casas. Toma frases de los mensajes que los cárteles dejan en los cuerpos de sus víctimas y los desechos que ellos desdibujan sobre la piel de los muertos. Corta citas; encaja las piezas del rompecabezas de todo este terror para hacer sus poemas. El Flarf del Narco. De verdad me pregunto cómo este tipo de trabajo preserva esa parte tan esencial del Flarf: el sentido del humor. Me pregunto si de verdad esto importa. A juzgar por la frecuencia con que marco ríe (mucho), importa demasiado. El encuentro es una mezcla heterogénea de reverencias y seriedad. Las personas hablan con un dolor constante sobre las guerras del narco, pero por las noches se encierran para meterse coca. Lo hacen desde la llave de la casa de otras personas, como imaginé que sería, ¿qué clase de cerradura abrirán? ¿Cuántas cerraduras tienen las personas en su casa?, ¿más que las de antes?, ¿se irán a dormir con miedo? Algunas semanas antes de que llegáramos a Mexicali, Marco presentó su trabajo en LACE, una galería en Los Ángeles. SPAM consistía en una pared con vitrinas que contenían un poema que él hizo a partir de fragmentos de mensajes, en este caso, anuncios de habitantes en Comales, un barrio a las afueras de Tamaulipas que se había convertido en un racimo de refugios. Marco la llamó Zona Cero. La tierra cero. En internet, y en el trabajo de Marco, las voces de la Zona Cero encuentran una movilidad en sus cuerpos que les había sido negada: “no se trabaja, no hay escuela, tien-

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das cerradas… estamos muriendo poco a poco” (there isn’t work, there isn’t school, the shops are closed… we are dying little by little). El lenguaje no es “poético” porque no empezó como poesía. Empezó como un llanto. Y ahora es algo más. Marco abandonó su “yo poético” el año pasado. Ahora sus poemas no tienen una sola voz, sino una masa de voces ordinarias que pronuncian estas palabras desesperadas a través de unas manos ajenas. SPAM fue hecho en Tamaulipas y se presentó en Los Ángeles, pero está compuesto por una red inmaterial (el internet). La caída se suspende, contrapuntual e infinitamente, entre los lugares y los no lugares. La pieza sostiene su fe en el internet, pero entiende su propia experiencia de abstracción hacia algo absurdo o ilegible (¡Spam!). Ésta sortea las fronteras hacia una conversación: “La pieza intentará crear diálogo más allá de las fronteras…”. La pieza no es sólo un simple mensaje. Marco escribe, pero más bien es parte de la conversación. No puedo dejar de pensar en la explosión en su calle.

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Calexico

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Es aquí, Calexico, el lugar detrás de la cerca. Puedes ver los botes de basura tirados sobre la carretera. Toma más de una hora cruzar la frontera hacia acá. Son las cuatro y cuarto, mientras cruzamos. Esto ya no es Tijuana. Podría tomar más de cinco horas cruzar hacia San Isidro. Para algunos mexicanos, la frontera no representa un dilema. Pero para otros, the border es la orilla del mundo. Manuel, un tecladista, nos dice que amaría poder tocar un concierto en California, pero sabe que nunca podrá. Ni siquiera puede ahorrar lo suficiente como para hacer una llamada y concertar una cita para la visa, y mucho menos como para tener una cuenta en el banco. Cruzo desde Mexicali con Marco y con un novelista peruano en una Jeep sucia. La variedad de nuestras nacionalidades hace sospechar al oficial en la frontera. No se ve convencido. “¿Un encuentro? Qué interesante”. Nos hace pasar un mal rato. Esto de verdad sí es interesante. Ya había regresado a Estados Unidos desde otros países. Y nunca había pasado un mal rato. Siempre estoy tranquila, y siempre funciona a mi favor. Ahora, estoy acompañada. Olvidé quitar el sello de la vacuna contra la fiebre amarilla de mi pasaporte, y aparentemente esto provoca el problema. El oficial fronterizo me lo restriega en la cara. “¿Qué es esto?”, dice. “¿Tiene un perro?” No sé de qué está hablando pero no tengo perro, y se lo digo. “¿Pero es residente?”, dice, como si me contradijera a mí misma. Le digo que lo soy, pero puedo escuchar algo raro: la inflexión de una pregunta que tirita a través de mi voz, como si no estuviera segura. Tal vez hice algo mal. Y Marco me explica: “están haciéndote caer”. Tampoco es que la verdad nos sirva demasiado bien. Digamos que eres una mujer mexicana con hijos que viven en Estados Unidos, así que mejor no los mencionas en tu entrevista. Podrías pensar que ellos serían una razón para que te dieran la visa, pero tal vez sean la razón por la que no. Esta mujer es real, dice Marco. Permaneció detrás de ella en la fila del consulado. Probablemente haya seis como ella, diez como ella, mil mujeres como ella a lo largo de toda la frontera. Como dicen: she actually happened. Le negaron la visa tres veces y sigue pagando cien dólares para volver a aplicar, sigue hablando con sus hijos, se está quedando sin mejillas que poner, y se está quedando sin dinero. Calexico es una ciudad pequeña con una avenida principal muy fea llena de currency exhanges. Pero los campos a la orilla de Calexico son hermosos y de color esmeralda al amanecer. Todo alrededor de Mexicali estaba seco, seco y seco. “El pasto siempre es más verde”, dice Marco, y me río. ¿Estará bien que sonría por esto? Yo creo que sí.

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INGLÉS

Pasamos por otra estación de migración, una segunda capa de defensa construida en lugar de alguna estación de policía decente. Nos presume sus estadísticas como un marcador en un evento deportivo: 3,567 arrestos de inmigrantes, 370 arrestos de criminales, 4,514 kilos de droga incautados. What do these numbers “mean”?, pregunta Marco. No hay fechas. Las números son sólo juguetes vacíos fuera de contexto y sin significado. Tal vez las estadísticas buscan provocar a los “pollos” por osmosis, o tal vez para inundar nuestros corazones al visitar Estados Unidos con ese esquivo sentido de la seguridad nacional que tanto anhelamos. Empiezo a pensar que este marcador es otro tipo de poema. Quieren que la gente se asuste y se reconforte al mismo tiempo; quieren darle a la gente ese sentimiento de que están en medio de algo más grande y poderoso que nunca podrían entender: este tráfico de droga y de cuerpos, esta cosa apenas atada y quieta que se hiere a sí misma, porosa y líquida. Por cada 3,567 inmigrantes capturados, imaginamos, hay otros miles que no. La persistencia del miedo puede llegar a ser inútil. Los comunicados oficiales están repletos de brechas, saltos de línea y notas al margen de tratos y promesas que no se cumplieron. La conversación continúa. Los capos escriben mensajes sobre los cuerpos, y los mensajes le dicen fuck you a los policías fronterizos y a sus 370 arrestos. Los poetas tienen ideas y tienen visas y tienen viajes a Los Ángeles. Le dicen a los gringos sobre los mexicanos que viven en un pequeño barrio llamado Comales. También tienen viajes de regreso y los cárteles explotan granadas que dicen: stay home and shut up. Tratan de hablar en silencio, pero tienen hambre de una oportunidad para decirlo. Mientras manejamos a través del amanecer, hacia San diego, Marco me platica sobre otra pieza que hizo justo antes de la Masacre de Agosto. Estaba diseñada como un directorio. Enlistaba todas las tiendas y los negocios nombrados por el Golfo: Siderúrgica del Golfo, El Restaurán del Golfo, Transportes Línea del Golfo. En el lugar de la lista que correspondería a El Cártel del Golfo, podemos leer: You Can Advertise Here. Dirigido al cártel, a sus rivales, a sus víctimas: Puede Anunciarse Aquí.

Versión al español de Ytzel Maya

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L

o que no entienden de los cumpleaños y lo que nunca te dicen es que cuando tienes once, también tienes diez, y nueve, y ocho, y siete, y seis, y cinco, y cuatro, y tres, y dos, y uno. Y cuando te despiertas en tu cumpleaños número once, esperas sentirte de once, pero no. Abres los ojos y todo está como el día anterior, solo que es hoy. Y no te sientes para nada de once años. Te sientes como si todavía tuvieras diez. Y tú estás por debajo del año que te hace de once. Algunos días puedes decir algo estúpido, y esa parte de ti sigue teniendo diez. O quizá otros días podrías necesitar sentarte en las piernas de tu mamá porque estás asustada, y esa es la parte de ti que tiene cinco. Y un día cuando crezcas quizá necesitas llorar como si tuvieras tres y está bien. Como yo le digo a mamá cuando esta triste y necesita llorar. Quizá se siente como de tres. Porque cuando te estas convirtiendo en un adulto te vuelves como una cebolla o como los anillos dentro del tronco del árbol o como mis muñecas de madera que encajan una dentro de otra, cada año dentro del siguiente. Así es como es tener once años. No te sientes de once. No de inmediato. Toma algunos días, semanas, o meses antes de decir once cuando te preguntan. Y no te sientes tan inteligente como a los once, no, incluso cuando tienes casi doce. Así son las cosas. Solo hoy deseo no tener once años tintineando dentro de mí como monedas en una cajita de hojalata. Hoy deseo tener ciento dos años en lugar de once, porque si yo tuviera ciento dos años hubiera sabido que decir cuando la Miss Price puso el suéter rojo en mi escritorio. Hubiera sabido cómo decirle que no era mío en lugar de simplemente sentarme allí con ese gesto en mi cara y sin decir nada. “¿De quién es esto?”, dijo Miss Price levantando el suéter para que todo el salón lo viera. “¿De quién?” Ha estado colgado en el armario desde hace un mes. “no es mío,” decían todos, “no es mío” “tiene que ser de alguien,” Miss Price seguía diciendo, pero nadie recuerda. Es un suéter feo con botones rojos de plástico y un cuello estirado igual que las mangas como si fuera una cuerda para saltar. Ha de tener miles de años incluso si fuera mío no lo diría. Tal vez porque soy delgada, tal vez porque no le agrado, esa estúpida de Sylvia Saldivar dice, “yo creo que es de 66

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“On

de Sandra

Versión al español po


nce”

a Cisneros

or Gabriela Trinidad

INGLÉS

Rachel.” Un suéter feo como desgastado y viejo, pero Miss Price le creyó. Miss Price toma el suéter y lo pone en mi escritorio, pero cuando intento hablar no puedo. “Eso no, yo no, tú no…no es mío” Finalmente dije con una voz baja que quizá era cuando tenía cuatro. “Claro que es tuyo,” dijo la Miss Price. “te recuerdo usándolo un vez.” Porque era mayor y la maestra, ella estaba bien y yo no. No es mío, no es mío, no es mío, pero la Miss Price ya había pasado a la página treinta y dos, y al problema de matemáticas número cuatro. No sé por qué, pero de pronto me siento enferma por dentro, como la parte de mí que tiene tres quisiera salir por mis ojos, sólo los aprieto fuerte y cierro los dientes muy fuerte y trato de recordar que hoy tengo once, once años. Mamá está haciendo un pastel para mí para esta noche, y cuando papá llegue a casa todo el mundo cantará feliz cumpleaños, feliz cumpleaños para ti. Pero cuando ya no me siento mal y abro los ojos, el suéter rojo aún sigue ahí puesto como una montaña. Muevo el suéter rojo a la esquina de mi escritorio con mi regla. Muevo mi lápiz, mis libros y mi borrador lo más lejos posible. Muevo un poco la silla hacia la derecha. No es mío, no es mío, no es mío. En mi cabeza pienso en cuanto tiempo falta para la hora del almuerzo, cuánto tiempo falta para que pueda agarrar el suéter rojo y tirarlo encima de la barda del patio de la escuela, o dejarlo olvidado en un parquímetro, o enrollarlo y lanzarlo en el callejón. Cuando está a punto de terminar la clase de matemáticas, Miss Price dice en voz alta y delante de todos, “Ya, Rachel, ya es suficiente”, porque ve que he empujado el suéter rojo hasta la esquina de la mesa y cuelga como una cascada, pero no me importa. “Rachel”, dice Miss Price. Ella lo dice como si estuviera quedando loca. “Ponte ese suéter en este momento y deja los berrinches.” “Pero no lo es” “¡Ahora!” dice Miss Price. Es cuando deseo no tener once años, porque todos los años dentro de mí, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, y uno, están presionando la parte de 67


atrás de mis ojos, mientras intento meter mi brazo a través de una de las mangas del suéter que huele a queso cottage, y luego el otro brazo por la otra manga y me paro ahí con los brazos abiertos como si el suéter me lastimara y lo hace, da comezón y está lleno de gérmenes que ni siquiera son los míos. Todo eso que he estado aguantando desde la mañana, desde que Miss Price puso el suéter en mi escritorio, por fin se va, y, de repente estoy llorando frente a todos. Me gustaría ser invisible, pero no lo soy. Tengo once y hoy es mi cumpleaños y estoy llorando como si tuviera tres en frente de todo el mundo. Puse mi cabeza sobre el escritorio y entierro mi cara en mi estúpido suéter. Mi cara toda caliente y la saliva escurriendo de mi boca, porque no puedo dejar de hacer ruidos de animal hasta que ya no hay más lágrimas en mis ojos, y mi cuerpo temblando como si tuviera hipo, y me duele la cabeza como cuando se toma la leche demasiado muy rápido. Pero lo peor sucedió después del timbre del almuerzo. Esa estúpida Phyllis López, que es más tonta que Sylvia Saldívar, dice que recuerda que el suéter rojo es de ella. Me lo arrebató y yo cedí, sólo Miss Price pretende que todo está bien. Hoy tengo once años. Mi mamá prepara un pastel para hoy en la noche y cuando llegue papá a casa, del trabajo, lo comeremos. Habrá velas y regalos y todo el mundo va a cantar feliz cumpleaños, feliz cumpleaños para ti, Rachel, sólo que es muy tarde. Hoy tengo once años. Tengo once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y uno, pero desearía tener ciento dos años. Desearía tener cualquier cosa menos once años, porque quiero que el día de hoy comience muy lejos, muy lejos, como un globo fuera de control, como algo pequeño o en el cielo, tan pequeño, pequeño que tengas que cerrar los ojos para verlo.

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INGLÉS

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South End By James Tate

The challenge is always to find the ultimate in the ordinary horseshit why bother to get in a car and pretend you are going a different place to live each day as if in ignorance of each other´s desires betrayals are not counted saturday night when it was real warm read the paper and fell off early in a hot flea-infested building one must pass by the simple objects suitcase coffe cup tennis shoe to take account of life which passes by I sit here and stare watch a ball game or tease the crazy kid sunday afternoons are worse everything is closed nobody drops in they all have families and places to go so I walk a straight line from this chair to that table so what I paid fifteen dollars for that table the dues and still I´m foiled in every dream some folks sit out on the front stop all night slowly they roll through the dead plum trees and fill the air with a numbing moan.

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INGLÉS

Extremo Sur

Por James Tate

El reto siempre es encontrar lo trascendente en la bazofia ordinaria para qué molestarse en subir a un auto y pretender que vas a un lugar diferente para vivir cada día como si en la ignorancia de nuestros deseos no valieran las traiciones del sábado por la noche cuando era realmente acogedor leer el periódico y caer de súbito en un caluroso edificio infestado de pulgas uno debe pasar por los objetos simples maleta taza de café un tenis para tomar en cuenta por dónde escapa la vida me siento aquí y estoy mirando el béisbol o molestando al niño loco las tardes de domingo son peores todo está cerrado y no se ve ni un alma todos tienen familias y lugares a donde ir así que camino en línea recta de esta silla a aquella mesa y qué pagué quince dólares por esa mesa los impuestos y todavía estoy frustrado en cada sueño hay gente sentada frente al zaguán toda la noche pasan lentamente a través de los ciruelos muertos y llenan el aire con el sopor de un lamento.

Versión al español de Brianda Pineda Melgarejo

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To a Lady on the Death of her Husband Phillis Wheatley  GRIM monarch! see, depriv’d of vital breath,   A young physician in the dust of death:   Dost thou go on incessant to destroy,   Our griefs to double, and lay waste our joy?   Enough thou never yet wast known to say,   Though millions die, the vassals of thy sway:   Nor youth, nor science, not the ties of love,   Nor ought on earth thy flinty heart can move.   The friend, the spouse from his dire dart to save,   In vain we ask the sovereign of the grave.   Fair mourner, there see thy lov’d Leonard laid,   And o’er him spread the deep impervious shade.   Clos’d are his eyes, and heavy fetters keep   His senses bound in never-waking sleep,   Till time shall cease, till many a starry world   Shall fall from heav’n, in dire confusion hurl’d   Till nature in her final wreck shall lie,   And her last groan shall rend the azure sky:   Not, not till then his active soul shall claim   His body, a divine immortal frame.     But see the softly-stealing tears apace   Pursue each other down the mourner’s face;   But cease thy tears, bid ev’ry sigh depart,   And cast the load of anguish from thine heart:   From the cold shell of his great soul arise,   And look beyond, thou native of the skies;   There fix thy view, where fleeter than the wind   Thy Leonard mounts, and leaves the earth behind.   Thyself prepare to pass the vale of night   To join for ever on the hills of light:   To thine embrace this joyful spirit moves   To thee, the partner of his earthly loves;   He welcomes thee to pleasures more refin’d,   And better suited to th’ immortal mind.

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A una mujer en la muerte de su esposo

INGLÉS

Phillis Wheatley

¡Monarca Grimm!, mirad, privado del vital aliento, a un joven médico en el polvo de la muerte: ¿Acaso va incesante a destruirse, a duplicar nuestras penas, y profano devastar a nuestra alegría? Nunca es suficiente decir lo que se conoce, aunque millones mueren, somos siervos: no de la juventud ni del conocimiento, tampoco de los lazos del amor, ni de los deberes que en la Tierra el petrificado corazón puede mover de la amiga, la esposa a quien rescato de un dardo funesto, en vano nos preguntamos sobre el soberano sepulcro. Querida doliente, he aquí postrado a tu Leonard, y sobre él esparcida la sombra impenetrable. Cerrados están sus ojos, con grilletes, sus sentidos enlazados en el sueño eterno, hasta que el tiempo se detenga, hasta que todas las estrellas se caigan del cielo, se arrojen a la aterradora confusión, hasta que la naturaleza sea ruinas y su último gemido quiebre el azur del cielo: no, no será hasta que tu alma viva reclame su cuerpo, divino marco inmortal. Mira el rápido hurto de las delicadas lágrimas, cómo se persiguen en el rostro doliente; seca tus lágrimas, deja ir al sollozo, y quita el peso de la angustia de tu corazón: del helado escudo de su enorme alma él se levantará, mira más allá, nativa de los cielos; ahí cambia la mirada, donde más rápido que el viento Leonard asciende, deja esta Tierra atrás. Tú misma te preparas para cruzar el valle de la noche para encontrarte para siempre con los montes de la luz: para que abraces a este dichoso espíritu moverse hacia ti, el compañero de tu alma terrenal; él te da la bienvenida a alegrías más puras, adecuadas para la memoria inmortal. Versión al español de Lorena Huitrón Vázquez

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ITAL

FRANCESCO BALSAMO 74

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INGLÉS

ITALIANO ITALIANO LIANO

O

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PER ESEMPIO L’AUTUNNO Francesco Balsamo Francesco Balsamo (Catania, 1969). Nel suo lavoro si affiancano disegno e scrittura in versi. Ha pubblicato: Appendere l’ombra a un chiodo (“7 Poeti del Premio Montale”, Crocetti 2002); Discorso dell’albero alle sue foglie (premio Sandro Penna per l’inedito 2002, Stamperia dell’arancio 2003); Ortografia della neve (Incerti editori 2010, vincitore del premio Maria Marino 2011); Tre bei modi di sfruttare l’aria (Forme Libere 2013); Cresce a mazzetti il quadrifoglio (Ponte del Sale 2015). Il suo primo libro di disegni è Non copiare dagli occhi (Incerti editori 2012). Alcune sue poesie sono state tradotte in polaco, finlandese, sloveno e francese, è presente in diverse antologie, riviste e blog.

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ITALIANO

1 dietro casa è già autunno dove il cavo delle grida buca il fogliame 3 e volpe e lepre

dovevamo essere barche

rincasano dalla finestra

galleggianti non per tempo ma per acqua

a scrivere

indicare una riva e tornare indietro

a tirar su

in una rotazione frusciante

tutti i mattoni cotti dell’autunno

attorno all’unico albero

io ci guadagno un ramo

dovevano mettere in acqua un braccio piegato ad angolo come un timone e cospirare col mare

2 per esempio l’autunno

inclini ad andare al largo

non era cosí da bambini

avanzare instancabili in linea retta

che si avanzava con le ginocchia?

in una semplicità di andata e ritorno

dovevamo cominciare e finire con la parola sempre perché sempre è un tuffatore e mettere in acqua la grande fatica fatta di case e alberi

dovevamo essere barche chiamate da lontano e dire in grigio Baltico o in glaciale Artico dove finisce la terra

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4 l’amore mi rende p i c c h i e t t a t o come sotto fitto fogliame e fa piccoli vortici nello specchio ogni volta che mi sembra tu sorrida— l’amore è come la luce scalza di una candela con i mobili intorno che dondolano a grandi profondità

5 la luce scalza di una candela, è la luce premurosa di quando torniamo a casa la sera – una luce dolce come una toppa o una piccola pace in tasca, di reserva. è un buio soleggiato quando a testa bassa facciamo ombra sul tavolo e mi piace guardare la spirale delle tue orecchie attente come foglie

la candela accesa è al centro dell’orbita persa degli anni, è un’astronomia da tavolo di cucina quando ho un pensiero preso per il manico. è il fuoco in un granaio quando il temporale preme sulle ossa del tetto una luce che spenta lascia una scia como un filo spezzato

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ITALIANO

6 ci corichiamo vicini a uno spiffero, minuscola vocale del vento. ci portiamo pure a letto la farina delle parole e nella traiettoria dello spiffero sbanda leggera… fino a coprirci – in pieno sonno – interamente di bianco

7 vi ho scritto questa pagina bianca, è una fitta nevicata in pieno petto, è la bianca ronda dei pensieri, è il battito del quaderno se vi poggio sopra l’orecchio.

vi ho scritto questa pagina bianca perché prima di niente è solo neve, e sembra cadendo dire pardon, ma voleva dire niente.

vi ho scritto questa pagina bianca anche se forse non si riuscirà a trattenerla a lungo,

ma è questa la lanugine degli eventi, sono questi i contrattempi degli anni, i fiocchi dei pomeriggi, i piccoli pugni stretti dei cuori.

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8 come pettinare una parola sillaba per sillaba, poi sovraporre alberi e case e viceversa

come indietreggiare fino al precipicio dell’ombra, poi indicare la sera con la luce dorsale del giorno prima,

come intuire il freddo delle cose irrigidite prima ancora di toccarle e pensarle nel paralume del dormirĂŠ

poi una mano abbattuta come un cervo, come viene abbattuta una mano grande come cervo

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ITALIANO

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POR EJEMPLO EL OTOÑO Francesco Balsamo Francesco Balsamo (Catania, 1969). En su trabajo se conjuntan dibujo y escritura en versos. Ha publicado: Appendere l’ombra a un chiodo [Colgar la sombra a un clavo] (“7 Poetas del Premio Montale”, Crocetti 2002); Discorso dell’albero alle sue foglie [Discurso del árbol a sus hojas] (premio Sandro Penna por lo inédito 2002, Stamperia dell’arancio 2003); Ortografia della neve [Ortografía de la nieve] (Incerti editori 2010, ganador del premio Maria Marino 2011); Tre bei modi di sfruttare l’aria [Tres maneras de aprovechar el aire] (Forme Libere 2013); Cresce a mazzetti il quadrifoglio [Crece a manojos e trébol] (Ponte del Sale 2015). Su primer libro de dibujo es Non copiare dagli occhi [No copiar de los ojos] (Incerti editori 2012). Algunos de sus poemas han sido traducidos en polaco, finlandés, esloveno y francés, está presente en diversas antologías, revistas y blogs. 82

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ITALIANO

1 detrás de casa es ya otoño donde el hueco de los gritos agujera el follaje 3 y zorro y liebre

debíamos ser barcas

regresan de la ventana

fluctuantes no por tiempo sino por agua

a escribir

señalar una costa y volver atrás

a levantar

en una rotación susurrante

todos los ladrillos rojos del otoño

en torno al único árbol

yo me gano un ramo

debíamos meter al agua un brazo acodillado como un timón y conspirar con el mar

2 por ejemplo el otoño

dispuestos a surcar las aguas

¿no era así de niños

avanzar incansables en línea recta

que uno avanzaba con las rodillas?

en una simplicidad de ida y venida

debíamos comenzar y acabar con la palabra siempre porque siempre es un clavadista y meter al agua la gran fatiga hecha de casas y árboles

debíamos ser barcas llamadas desde lo lejano y decir en gris Báltico o en glacial Ártico dónde fenece la tierra

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4 el amor me deja p i c o t e a d o como bajo espeso follaje y hace pequeños vórtices en el espejo

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cada vez que me parece que sonríes—

la luz descalza de una candela,

el amor es como la luz descalza

es la luz premurosa

de una candela

de cuando volvemos a casa por la tarde—

con los muebles alrededor

una luz dulce como un retoque

que oscilan

o una pequeña paz en bolsillo, de reserva.

a grandes profundidades

es una oscuridad soleada cuando a cabeza baja dejamos sombra en la mesa y me gusta contemplar la espiral de tus orejas atentas como hojas

la candela encendida está al centro de la órbita perdida de los años, es una astronomía de mesa de cocina cuando tengo un pensamiento tomado por el mango. es el fuego de un granero cuando la tormenta presiona los huesos del techo una luz que apagada deja una estela como un hilo en pedazos

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ITALIANO

6 nos acurrucamos cerca de una corriente, minúscula vocal del viento, nos llevamos hasta la cama

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la harina de las palabras

aquí escribí esta página en blanco

y en la trayectoria de la corriente

es una espesa nevada en pleno pecho,

se inclina ligera…

es la blanca ronda de pensamientos,

hasta cubrirnos – en pleno sueño –

es el pálpito del cuaderno

enteramente de blanco

si le poso encima la oreja.

aquí he escrito esta página en blanco porque antes que nada es sólo nieve y parece cayendo decir pardon pero quería decir nada.

aquí he escrito esta página en blanco aunque quizá no se le podrá mantener durante mucho.

pero esta es la pelusa de los eventos son estos los contratiempos de los años los lazos de los meridianos, los pequeños puños apretados de los corazones.

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8 como peinar una palabra sílaba por sílaba luego sobreponer árboles y casas y viceversa

como retroceder hasta el precipicio de la sombra, luego señalar la tarde con la luz dorsal del día anterior.

como intuir el frío de las cosas rígidas mucho antes de tocarlas y pensarlas en la pantalla del dormir

luego una mano abatida como un ciervo como es abatida una mano grande como ciervo.

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ITALIANO

Versión al español de Rafael Hernández Aguilar

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RUM

MIRCEA E 88

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INGLÉS

RUMANO ROMÂNĂ MANO

ELIADE

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INVITACIÓN AL RIDÍCULO MIRCEA ELIADE

M

e parece que el ridículo es el elemento dinámico, creador y novedoso en cualquier consciencia que se quiere viva y que experimenta lo vivo. No recuerdo ningún cambio radical de la humanidad; ningún salto audaz en el entendimiento; ningún fecundo descubrimiento pasional, el cual no haya sido ridículo a los ojos de los contemporáneos. Pero esto aún no comprueba mucho, pues cualquier cosa que sobrepase el presente, y el límite del entendimiento, parece ridículo. Es, sin embargo, otro aspecto del ridículo el que me interesa; es la disponibilidad, la eterna vida, la eterna posibilidad del cambio, de un hecho, o pensamiento o actitudes ridículas. Tienes siempre de dónde aprender del ridículo; lo puedes asimilar o interpretar como quieras, eres libre de tomar lo que te gusta y hacer con él lo que te pase por la cabeza. No ocurre lo mismo con aquello que es racional, justificado, verificado, premiado. Estas verdades o actitudes ya no le interesan más a la vida que está por nacer. Ellas detienen el mundo. Nadie las duda y nadie se pregunta sobre su veracidad. Están muertas. Su victoria ha sido la piedra de su tumba. Son buenas para las familias, las instituciones y la pedagogía.

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¹*


RUMANO

Lean un buen libro, uno de entre esos libros perfectamente escritos, perfectamente construidos, destacado por los críticos, aprobado por el público, coronado de premios. Un buen libro, o sea, un libro muerto. Es tan bueno que no sacude nada del marasmo y nuestra mediocridad; por el contrario, se integra perfectamente en todos nuestros pequeños ideales, en nuestros pequeños dramas, nuestros pequeños vicios, nuestras pequeñas nostalgias. Nada más. En diez o cien años, nadie más lo leerá. Todo aquello que no es ridículo caduca. Si tuviera que dar una definición de lo efímero, diría que lo efímero es cualquier cosa «perfecta», cualquier pensamiento bien expresado y bien delimitado, cualquier idea que participa de lo racional y lo justificado. La mediocridad se confunde en muchas ocasiones con lo «perfecto» y lo «definitivo». Los volúmenes de filosofía de un profesor de la provincia francesa son mucho más coherentes, más racionales, más bellamente escritos, más serios, que cualquier panfleto del siglo xix, el cual ha fecundado decenas de pensamientos y ha sido después comentado en decenas de libros. Evitar el ridículo significa rechazar la única oportunidad de no morir. El único contacto con la eternidad. Un libro que no es ridículo, un pensamiento que es aplaudido por todos desde el inicio, ha renunciado por sí mismo al éxito en cualquier potencialidad, en cualquier virtud de poder ser retomado y continuado. Me parece que una buena definición del ridículo sería la siguiente: aquello que puede ser retomado y profundizado por otros. No hablo del ridículo mecánico, del ridículo de un hombre corriendo tras un sombrero de playa o del ridículo de una chica que quiere parecer una mujer fatal. Este es un ridículo superficial, un ridículo social, creado de los reflejos y de las inhibiciones, y éste es infecundo en lo espiritual, como cualquier acto reflejo. Pero piensen en el ridículo de Jesús, quien afirmaba fuerte y claro que Él era el Hijo de Dios; el ridículo de un don Quijote, quien agonizaba porque lo hombres que lo rodeaban (hombres con sentido común, hombres racionales, hombres con miedo del ridículo, hombres muertos) se rehusaban a ver en una puta a su Dulcinea; o el ridículo de Gandhi, quien se opuso a la diplomacia y a la artillería británica con la no violencia, la vida interior y la fuerza de la contemplación. Recuerden cuántas fuentes, cuántos granos y semillas no encontraron y no encontrarán los hombres —miles de años después de que las huellas de los creadores «perfectos» desaparezcan— en la vida y en el pensamiento de estos hombres completamente ridículos. 91


Cualquier acto que no es ridículo —dentro de una menor o mayor escala— es un acto muerto. Esto se verifica incluso en lo más cotidiano y lo más banal de la vida social. Cuando bebes el té en un salón y pones silenciosamente la taza en su lugar, has consumado un acto perfecto, un acto muerto, ya que no tiene consecuencias en tu consciencia, ni en la consciencia de los demás. Pero que se te caiga la taza, y que el té se esparza por el regazo de una señorita que habla francés, y que te disculpes balbuciendo, e intentes reparar el desliz limpiando el parqué con el pañuelo de seda. Sé ridículo por un momento, simplemente ridículo. De repente, este acto se carga de innumerables posibilidades. Sufres, y puedes entender en estos momentos de pánico y timidez qué inútil es tu vida, qué vacía son las vidas de los demás, qué simio grotesco eres, bien vestido y perfectamente peinado, en una habitación donde se pierde el tiempo y donde los hombres se juntan por el miedo de la soledad y por la atracción de sus vacuidades. Tanta filosofía en una taza de té rota por azar. Y aun así no has sido ridículo sino sólo en una pequeña porción. Y qué tal si empiezas a decirles en su cara lo que crees sobre su té (lo que cree, de hecho, toda persona que piensa), diles francamente que pierden el tiempo, que se engañan unos a otros, que viven una vida artificial, falsificada, inútil. Diles todo esto y díselos con pasión. Entonces serás verdadero ridículo, la gente se reirá de ti, entenderás que no puedes vivir tu vida sin ser ridículo. Porque a esto se resume el ridículo: vivir tu vida propia, desnuda, inmediata, rechazando las supersticiones, las convenciones y los dogmas. Cuanto más personales somos, más identificados con nuestras intenciones; cuanto nuestros hechos coinciden más perfectamente con nuestros pensamientos, entonces somos más ridículos. El ridículo es una fórmula inventada por los hombres contra la sinceridad. No existe acto humano, sincero, que no sea ridículo. Y aquello que verdaderamente se yergue en el amor es el hecho de que ha llegado a eliminar el ridículo entre dos seres, a eliminar la censura aplicada a su sinceridad. El amor no es ridículo sino para una tercera persona. Las otras grandes sinceridades son ridículas incluso para una segunda persona. Por eso me parece que aquellos libros y aquellos autores que han sido alguna vez ridículos —a causa de sus sinceridades desnudas y totale– poseen inagotables virtudes, se pueden retomar y profundizar por cada uno de nosotros. Con los libros ridículos pasa una cosa extraña: ellos no llaman la atención como un hecho social ridículo, porque los leemos en soledad, y los valores de la soledad no son los 92

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RUMANO

mismos que los valores de la colectividad. Es entonces cuando somos más sinceros, porque estamos solos, y nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia no se ha contagiado con el sentido común y con la lógica. ¿Por qué irrita una paradoja escuchada en público y, por el contrario, encanta una paradoja leída en la soledad? ¿Por qué lagrimeamos emocionados leyendo una confusión, y nos cerramos avergonzados cuando la escuchamos leída en público? Quizá, justamente, por el hecho que aparece aquí lo ridículo, esta censura en contra de la sinceridad, creada por la sociedad para impedir los excesos de individualismo. Veo a mi alrededor y, honestamente, no encuentro nada que aprender sino de los hombres y de los autores ridículos. Sólo ellos son sinceros, sólo ellos se me revelan sin reticencia. Sólo ellos están vivos. Llegará un tiempo cuando también morirán, cuando también serán distribuidos racionalmente en sistemas, cuando serán también aceptados y premiados. No quiero recordar los casos más ilustres; me viene a la mente sólo el de aquel hombre completamente ridículo, el único autor que no tendría el coraje de leer en público, Søren Kierkegaard, de quien hoy se cultivan volúmenes de crítica, es traducido, comentado, entendido y liquidado. En de cierto sentido, está muerto y, sin embargo, ¿cuántas fuentes de vida y pensamiento no se encuentran, incluso hoy en día, en el loco de Copenhague? Pues siempre puede ser retomado y continuado. El ridículo en sí mismo merece ser imitado. Pues sólo imitando el ridículo imitamos la vida; ahí se esconde su sinceridad completa, y no sus ideales y convenciones, los cuales son aspectos de la muerte. Y muerte, gracias a Dios, encontramos suficiente también en nosotros.

Versión al español de Marcos Cortés Guadarrama

1* N del T. El presente texto pertenece a Oceanografìe publicado en 1934 cuando Mircea Eliade tenía sólo 27 años. 93


SIGBJØRN SKÅDEN

SA

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INGLÉS

SAMI AMI SÁMEGIELLA

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Sigbjørn Skåden (Noruega, Nación Sami)

S

igbjørn Skåden (nacido en 1976) es un escritor sami de Skánik/Skånland en el norte de Noruega. Tiene dos maestrías en la literatura, una de la Universidad de York sobre el poeta caribeño Derek Walcott, y otra de la Universidad de Tromsø sobre el desarrollo de la poesía Sami en el siglo XX. Hizo su debut como escritor de ficción en 2004 con el largo poema épico El Rey de los Zapateros. Por este libro fue nominado al Premio de Literatura del Consejo Nórdico, el premio literario más prestigioso de los países nórdicos.

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Nota 1. Un río. Crece la maleza. No es ninguna coincidencia. La maleza es una planta inteligente que sabe dónde hay más nitrógeno en la tierra. Las raíces buscan su sustento en las profundidades. Quien entienda la maleza puede leer en su tallo lo que queda el sur y lo que queda al norte. La gente rara vez sabe que las flores de la maleza también pueden ser blancas, como el agua que salpica desde la proa de un bote en movimiento. Nota 2. Primer lema: El estómago ha de desgarrarse antes de desperdiciar buena comida. Segundo lema: Más vale no tener cabeza que no tener ideas. Tercer lema: A veces es necesario usar tu gorra de piel. Nota 3 Un sami tiene una lavadora arruinada. Le saca el tambor, le corta la parte de arriba, le pone una rejilla: ahora tiene un asador. Cuando decide que el cobertizo ya no da para más, lo derrumba y construye con los escombros una pared rompevientos. Nota 4. Una mujer ve a un hombre fumar un cigarrillo. Después de un tiempo, se mete a su casa. Empieza a tejer una bufanda para mamá, con un mensaje en sami: Eadni, don leat máilmmi buorremus! “Mamá, eres la mejor”. Sólo tiene una falta de ortografía. Nota 5 Esto es de hace ya varias generaciones. El Rey Jo está parado en un monte desde el cual se puede ver el pueblo. Es un hombre gigantesco. Escuchó que el mismísimo rey de Suecia, dirigido a la costa, va a pasar por ahí con su cortejo real. Jo subió dos tablones de madera al monte. Ahora sólo espera. Nadie en el pueblo entiende lo que hace. Hasta ahora su nombre es solamente Jo. Entonces Jo ve que el cortejo real se aproxima. No puede ser nadie sino el rey. Jo nunca ha tocado un instrumento, pero sí ha escuchado “God Save the King”. Toma los dos tablones y empieza a golpearlos una contra otro al ritmo de la canción. El ruido es tan fuerte que se escuchó en toda la comunidad. Jo siguió tocando hasta que el cortejo real se alejó en el horizonte. Después bajó del monte. Hasta ahora, nadie si el rey de Suecia entendió el tributo.

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Nota 6 Hay cierto orgullo en nunca comprar nada nuevo, sino en hacer lo que necesitas a partir de lo que ya tienes. Aquí lo llamamos crear tu propia patente. Nota 7 Todo coche es potencialmente valioso. Si juntas suficientes carcachas, puedes hacer un buen producto. Sus partes han quedado a la intemperie, tiradas alrededor de la casa. No hay necesidad de levantarles, dice un sami: brillan hermosamente bajo el sol. Nota 8 Un consejo para todos los que accidentalmente pisan vidrio y tienen que usar los viejos lentes de cuello de botella de su papá mientras esperan que les lleguen sus lentes nuevos: cuando vayan a la tienda, no se quiten los lentes antes de haberse estacionado. Nota 9 Y enojones… Nota 10 Sus papás le compraron tenis nuevos cuando fueran de vacaciones a Suecia. Son de color azul y amarillo. Los niños del pueblo al instante los bautizan como “los zapatos suecos”. Están hechos de un material sintético y tieso que no ayuda a jugar fútbol. Cobrar un tiro es imposible: demasiado doloroso. Sólo puede bombearse el balón. Durante aquel otoño y hasta el verano siguiente, cuando los zapatos dejan de quedarle, el niño desarrolla una técnica especial y termina bombeando la pelota para todo. Aquel niño aún es recordado como el que cobró el mejor penalti en los campos. Nota 11 La Navidad es una bendición. Nota 12 Instrucciones para hacer un tráiler-bote: Comprar una caravana de 30 o 40 años. Destrozarla con una sierra eléctrica. Tirar todo menos el chasis detrás del cobertizo.

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Nota 13 Saludos del vecino: nada complementa mejor el cielo de septiembre como el sonido de una sierra eléctrica contra el aluminio y la fibra óptica. Nota 14 Los muertos llegaron. Llegaron sin drama, sin tribulaciones, sin nada fuera de lo ordinario. Nota 15 Un sami compra un coche de segunda mano. El antiguo dueño estaba en silla de ruedas y tiene una especie de elevador adaptado en el asiento. Al principio, el nuevo dueño lo ve como una desventaja y piensa desatornillarlo. Después se percata de que es un regalo divino. Nota 16 Conoce a la oveja y a la cabra tan bien como a ti mismo. Nota 17 El piso del centro comunitario está a punto de vencerse durante la cena de año nuevo. Un sami está en el comité. Como todos los demás, está lo que le sigue de borracho. Se le ocurren dos soluciones: Opción 1: decirle a los pueblerinos que dejen de saltar al ritmo de la música. Opción 2: Llamarle a su abuelo a mitad de la noche y decirle que lleve tan rápido como pueda sus materiales de construcción para poder reforzar los cimientos. Toma la opción 2. Nota 18 Susurrar mientras la mujer sami sopla con gentileza en la piel del niño enfermo. Nota 19 En el cruce de dos ríos hay un prado. Si llega a la hora indicada, quien pase por allí escuchará el llanto de unos niños. Son los bebés que nadie quiso, abandonados por una madre o un padre desesperados. Cada siete años estos niños regresan al lugar en que los abandonaron. Los llamamos eahpádusak, apócrifos humanos atrapados entre el nacimiento y el nunca haber existido. Por eso regresan. Por eso lloran. Sólo puede acallarlos un antiguo ritual. Sólo eso puede ponerle fin a todo.

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Nota 20 “No puedes usar tus botas de granja en la calle” – dice la mujer al entrar en el coche. “Sólo vamos a ir al mercado de los suburbios” – dice el hombre y azota la puerta. Pero acaban yendo a la plaza de la ciudad. El hombre compra un café y un waffle y se sienta en una mesa cerca de una ventana. Sentado allí, puede menear los pies como una funda de almohada que flota en el viento. Nota 21 “Lavo los platos de acuerdo la técnica tradicional” – dice un sami. “¿Y cómo es eso? – pregunta el antropólogo. “Todo está en la muñeca” – responde. “Pero para aquellos que no conocen la cultura sami podría verse como si los lavara igual que todo el mundo.” Nota 22 Lo que tiene una tarima de madera y un par de viejos esquís para slalom. Lo que quiere es una moto para la nieve. Nota 23 Mi ataúd es una pila de delgados troncos de sauce, estrechamente atados. Mi ataúd es un cómodo capullo de viejas bolsas postales, cosidas una a otra. Mi ataúd es el anochecer y el día siguiente. Mi ataúd es el espacioso estuche para esquís que conseguí a buen precio en Suecia. Mi ataúd es un bote sin velas y sin remos y con el cielo sobre mí. Mi ataúd es el viento y hacia el monte me cargan hombres de confianza.

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Versión al español de Nicolás Suescún

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EL REY DE LOS ZAPATEROS (Partes 1 a 6 de 14) Synnøve Persen

Parte 1

A casa vine en barco pal-pal-palpitando hasta la orilla, latidos del corazón a flote. Imposible descifrar las cosas por venir en la costa verde, con ojos rojos.

Este era mi hogar, mis pies enraizados en tierra conocida, los ojos chorreando pecado, traje los más sórdidos pecados jamás vistos aquí, hasta la costa verde en un barco pequeño pesados los pies por las pérdidas, pero no podía detenerme, 102

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mi nombre es Jusup, fugitivo.

Ojos conocidos desde el otro extremo del mundo penetran mi piel y mis huesos en busca de mi alma, o así parecía; amarré mi alma, invertí mi forma “¡Deja de mirarme fijo!”, palabras vuelan a través de mi mente y rápidamente: “Coge la maleta de Jusup, ¿no te das cuenta? ¡Un viajero! ¿Tu madre no te enseñó nada?” “¡Vaya!”, gritaron los pies y hacia el este fue olisqueando un aroma olvidado, ¡pero escucha! Los últimos susurros escuchados en los abarrotados muelles resuenan todavía en los oídos del danzante: “¡Malditos bastardos lapones...!, Palabras dichas a Jusup desde los extractos del mundo, y que no pueden tocar el alma del fugitivo. 103


Hacia arriba, hacia arriba se curvaba la trocha, quien sabe no necesita presentación. Hundí mi alma en los amigables corazones y al menearme en el asiento de atrás el gozo de ver a mi alrededor me abofeteó, era yo, Jusup, todas las fibras de mi cuerpo asentándose dentro de mi corazón, en mi camino hacia el centro de mi alma, sí, era yo, Jusup, el corazón palpitante, condenado condenado condenado condenado el lamentable por fin en el hogar.

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Parte 2

Como ven soy el héroe de esta historia, yo, habiendo olvidado los hechos en la granja cuando volví. Medito las costumbres del hombre pues no puedo ver la razón ¿pero cómo averiguar cuándo estoy atorado en mí mismo? ¿No alcanzas a oír, Jusup? ¡Vamos a la iglesia!”, y a la iglesia fueron: el cura habló sobre los pecados mortales ¿pero por qué no habló de mí?, ¿por qué no dijo que yo era un pecador siendo pecador y debiendo mi alma arder en el nido del demonio? ¿por qué no predica el cura la verdad? ¿no sabe él acaso sobre los viajes del alma? 105


Y cuando terminó de hablar vi claramente la extrañeza de las costumbres del hombre pues comprendí que el cura nunca me daría acceso al mundo de los pecadores. No tenía yo pecado en esta iglesia, me enviarían al cielo, a mí, a mí el pecador. No podía respirar y ya fuera de la iglesia, bajo los rayos del sol, me enfrenté a mis pecados, pecados sin los que no puedo vivir. El escudero del Señor quiso robarme mis pecados, llevarse mi alma, pero escapé, más poderoso incluso que el espíritu santo, y descansé.

Había tumbas de difuntos por donde se mirara. Un antepasado 106

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es un antepasado es un antepasado apaciblemente yaciendo en la masa oscura descansando junto a mí. Me senté en la tierra llena de mi sangre helada, expeliendo el aliento a tiempo con las palabras del escudero, por favor, por favor, por favor, antepasados míos, denle vía libre a mi sangre, tranquilamente, tranquilamente, debería fluir, pero nada me concedieron y quedé aprisionado fuera de la casa del Señor bajo una endiablada corriente a la espera de mi juicio como un hombre.

“¿Qué le pasa?”: Lo podía leer en los ojos de la gente. 107


Yo sí lo sentía todo, pero no sé nada seguro y el escudero del Señor liberó a todos los frívolos pecadores. Ten piedad de mí, Escudero, pues nunca alcanzaste a a limpiarme.

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Parte 3

¿Es que no ven? ¿No son parientes acaso? No supe qué pensar de lo que oí, lo que vi, lo que probé. No había entendido y tuve que caminar solo, yo, el hijo favorito del zapatero de Jerusalén, haciendo mis propios zapatos para caminar con cada paso que doy: “errarás hasta el último día” —nunca antes había comprendido estas palabras de mi juez. “Querido juez, no me abandones, eres mi voluntad, mi mente, ¿no lo ves? Sin ti vago solitario 109


pues eres mi única esperanza y siento esto dentro de mí: si pierdo a mi juez, pierdo mi juicio, perdido el juez, ¡apresúrate-apresúrate-apresúrate, oh tú, desdichado Jusup!

¿Oyente, quieres La historia completa?, ¿quieres la miseria?, ¿quieres todo el corazón?, ¿quieres lo inexplicable? Sí, soy yo, hijos míos, Soy el judío errante, me llamo Jusup, ya lo sabes, en soledad deambulo por todo territorio.

Las manos me han ayudado siempre Tienen mente propia, y fueron las manos las que me llevaron hacia el sur. 110

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Laborioso fue Jusup y favorito en el muelle. extraños fueron los camaradas, extraños los amigos, y muy distinta la forma de ser de mi familia, muy distinto el calor que me dieron, pero todo lo acepté de buena fe y lo compensé como siempre lo hacía, y sucedió lo más maravilloso: de pronto tenía en las palmas de las manos un corazón que cobró vida frente a mí, alguien que nunca había visto —Thea era su nombre y mis manos temblaron. Querido oyente, ¿escucharás? ¿aceptarás las sutilezas de Jusup? No sabía yo que las cosas eran así y me hundí en ella. 111


Parte 4

Thea, Thea mía, no puedes imaginar la dulzura del imaginario de Jusup al escribir a tu lado, mirándote dormir en la noche inmerso en la palma de tu aliento, mientras el aroma de tu piel me transportaba al reino de Thea, al reino de Jusup, tu mirada fija, cantando con tu voz chillona canciones que no sabías: me diste paz, y yo, yo, insensato Jusup, repté en el corazón de una niña del sur, y descansé. “José, creo que puedes leer mis pensamientos”, y así era. 112

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La cocina, el desván, la capilla, el esquife, los hombros, los dedos, los tendones, alguna cosa, —las manos de Jusup lustran el alma del encantador y adhieren los dedos a los tendones. La sabia voz del abuelo: “nunca te aventures al sur...!”, pero yo me aventuré: sin contar con los ancianos maldicientes “yo soy Jusup, yo soy Jusup, yo soy Jusup”, y así me aventuré. ¿Hay algo en la tierra más sorprendente que la gran miseria del pobre judío errante? 113


Soy todos los nombres en los libros sagrados. Oh, rey de los zapateros, ¿me has visto? Recorro las plazas de tus pueblos, los caminos de tus aldeas, los turbios ríos de tus ornamentos: Laquedem, Buttadeo, Ashaverus, Kartafilius, hago zapatos para todos para hacer girar mi diminuto mundo; sin mis zapatos no sería Jusup, laboriosos dedos cosiendo recónditos ornamentos mentales, impulsivo recorro la historia en el brillante ropaje de un rey, ¿me has visto? mis zapatos aplastan excentricidades al recorrer yo la tierra: ¡Da datta dayadhvam Shntih, shantih, shantih! Cumple con el deber debidamente, ¡Satán, Satán, Satán! 114

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Parte 5

¿Hay algo en la tierra más sorprendente que la gran miseria del pobre judío errante? Soy todos los nombres en los libros sagrados. Oh, rey de los zapateros, ¿me has visto? Recorro las plazas de tus pueblos, los caminos de tus aldeas, los turbios ríos de tus ornamentos: Laquedem, Buttadeo, Ashaverus, Kartafilius, hago zapatos para todos para hacer girar mi diminuto mundo; sin mis zapatos no sería Jusup, laboriosos dedos cosiendo recónditos ornamentos mentales, impulsivo recorro la historia en el brillante ropaje de un rey, ¿me has visto? 115


mis zapatos aplastan excentricidades al recorrer yo la tierra: ¡Da datta dayadhvam Shntih, shantih, shantih! Cumple con el deber debidamente, ¡Satán, Satán, Satán!

Pon tus manos en la tierra, que sangren las lágrimas de tu corazón, la travesía aumenta, Jusup ata sus zapatos: muchacho de la aldea, marcador de ecos, donante de nociones, secador de parentesco, mozo de granja de ovejas, comedor de vísceras, barco de pesca en el mar, hacedor de matracas, lastimoso reptante, cebador de ira, diminuto trepador de granja, 116

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sucio lanzador de rey y reino, corredor quebrantado, matador de gigantes, implacable y lagrimeante fraude de estólida cara. Me puse el uniforme algo perfumado, el ligador de tendones, ata sus pies a las miradas de la pared del parentesco y deja que la tierra entreteja las entrañas humanas al borde del mar. El juicio final acabará tu tormento.

Nací hace veintitrés años, robusto bebé de sano corazón. Mi mamá solía acunarme en su canto diciéndome dulces palabras, mi primer recuerdo son los dibujos de noviembre del día que aprendí a esquiar, soy el príncipe guerrero de los matorrales de mimbre la avena silvestre del cascajo. Nací pariente, el corazón hecho con el aroma de prados recién cortados, 117


del arenoso camino a la escuela y de historias susurradas en la mesa de la cocina, soy un chico pescador y labrador, y cuando pisĂŠ la cubierta del barco rumbo al norte me convertĂ­ en fugitivo y del mismo modo el que vuelve a casa.

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Parte 6

En la noche en la cubierta barrida por el viento estaba sentado un trovador vestido de gris y con un sombrero barato cubría la orilla del mar con una serie de recuerdos en los que yo viajaba hacia el norte, blanca la espuma en la borda del barco contra la belleza de la noche, al escuchar yo en silencio el plegadizo remolque de la Tierra del Norte. No era el viento, era el acordeón y su dueño, y los dedos del trovador nos movían a lo largo de los fiordos y la costa al ritmo de los zapatos caminantes del fugitivo que llega a casa: No nos preguntaron 119


cuando aún no teníamos rostro, si queríamos vivir o mejor no. Ahora voy solo por una ciudad extranjera y no sé, si ella me ama. Miro por las ventanas, por el cristal de la puerta y la ventana, y espero, espero algo. Si me permitiera desear algo, me daría vergüenza, de lo que debería desear, un buen o un mal momento. Si me permitiera desear algo, quisiera ser un poco feliz, pues si fuera demasiado feliz, tendría nostalgia de la tristeza. Si me permitiera desear algo, me daría vergüenza, 120

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de lo que debería desear, un buen o un mal momento. Si me permitiera desear algo, quisiera ser un poco feliz, pues si fuera demasiado feliz, tendría nostalgia de la tristeza.

El trovador era un español, Un hombre de mundo, su nombre Juan Espera a Dios, sus palabra difíciles de entender, pero nuestras mentes se fundieron al unirse al Acordeón y los zapatos caminantes lejos en el mar desolado donde no llega el mundo y los pecados flotan tranquilamente.

Versión al español de León Blanco y G. Leogena

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Eme de Armario


DE LA TRADUCCIÓN


TRADUCCIÓN: TODA REESCRITURA ES UN ORIGINAL MALIYEL BEVERIDO

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ntre las muchas polémicas y discusiones que suscita la traducción, la que enfrenta al original a la copia es una de las más álgidas. La traducción es una parte intrínseca del lenguaje, pues tiene los dos aspectos primordiales que Jakobson le atribuye: metáfora y metonimia (palabras o frases con alguna relación de semejanza o de contigüidad). Hablar, escribir,

comunicarse supone elegir determinadas entidades lingüísticas que serán comprendidas por quien escucha o lee, el código puede ser limitado o extenso, pero es fundamental que exista un consenso entre el código del emisor y el del receptor. Así, la traducción es una forma especializada de literatura en la que el traductor elabora un texto con elementos dirigidos a un receptor que posee la clave para decodificarlos, tal como el autor lo hace en un principio.

"LA LITERATURA NO SE CREA NI SE DESTRUYE, SÓLO SE TRADUCE" MALIYEL BEVERIDO

Soy de la opinión de que, bien mirado, no existe tal oposición entre ambas (original y traducción) y prefiero, siguiendo la argumentación de varios filósofos y literatos, hablar de una equidad entre ejercicios recreativos del lenguaje. 124

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DE LA TRADUCCIÓN

Resulta absurdo pretender la originalidad absoluta de la obra literaria (como en cualquier disciplina de expresión, de hecho), cuando toda escritura se nutre de las muchas escrituras que la preceden, y de las muchas lecturas que la prolongan. El propio Octavio Paz dice que aprender a hablar es aprender a traducir, y que ningún texto es original porque “el lenguaje mismo, en su esencia, es ya una traducción: primero, del mundo no verbal y, después, porque cada signo y cada frase es la traducción de otro signo y de otra frase.” Lo que hoy se llama literatura popular es el registro de tradiciones orales que se enriquecieron, transformaron y adaptaron dejando tantas versiones como narradores. Tal es el caso de los “cuentos de hadas”, que tienen versiones en distintas lenguas de distintos países europeos. La Caperucita Roja, por citar apenas un ejemplo, se conserva a través los relatos de Charles Perrault en Francia, los hermanos Grimm en Alemania y la obra teatral de Ludwig Tieck, también en Alemania. Posteriormente se han hecho otras adaptaciones de esa historia dentro una misma “lengua original”; como novela ilustrada, como novela gráfica, para público de distintas edades, trasladada al contexto contemporáneo, para llevarla al cine, como serie televisva, etc. Y, por supuesto, incontables traducciones. Curiosamente, aunque el traductor no tiene el prestigio que el autor “original”, se encuentran en la literatura frecuentes ocasiones en las que las obras se han hecho pasar por traducciones. Parece ser que en todas las épocas, desde que la escritura existe, la traducción ha jugado un papel crucial no sólo en la difusión tanto de la historia como de la ficción, sino que ha sido un recurso literario en sí mismo. En francés roman -la palabra para novela- significa “a la manera de los romanos”, o también “en lengua romana vulgar”, que era el latín adaptado y deformada de los 125


pueblos conquistados por el Imperio Romano. En la Edad Media, la profusión de relatos no distinguía entre un “original” y su “traducción”, pues todo escrito en lengua vulgar o toda traducción del latín era llamado roman. En el Siglo de Oro español algunas novelas de caballería pretendían ser traducciones del latín, el griego y otras lenguas, pues así pretendían suscitar el interés de lectores en busca de exotismo. La traducción, al acercarnos a poéticas y narrativas que vienen de otra parte, se vuelve un puente entre culturas. Ya en el siglo XX se pueden identificar varias obras que se presentan con un autor apócrifo y cuya traducción es autoría. Uno de estos autores disimulados tras la traducción fue Boris Vian, quien firmaba como Vernon Sullivan novelas policiacas que fueron desaprobadas por su contenido. La novela policiaca o novela negra no parecía convenir a la tradición literaria francesa, por lo que Vian presentaba sus obras como venidas de los Estados Unidos, donde el género estaba en boga. Incluso fue condenado y multado por “ofender las buenas costumbres”. Sin embargo, fue el propio medio literario el que más se mostró ofendido por la “impostura” de Vian, desdeñando incluso las obras que firmaba con su nombre, a pesar de que gozaban de gran popularidad y número de lectores. Por otra parte, Jorge Luis Borges tradujo y se apropió de relatos que encontró en diversas tradiciones literarias. Su gran conocimiento de literaturas anglosajonas y su práctica cotidiana del idioma inglés se puede rastrear mediante el minucioso análisis de sus ficciones. Pero también en los cuentos que él señala como traducciones encontramos sustituciones, añadidos y enmiendas de su propia creatividad. En algunos cuentos se hace una específica reflexión 126

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al tema de la autoría, la copia o la traducción, como es el caso de Pierre Menard, autor del Quijote, lo que nos deja ver que esta polémica no le era ajena. Para el escritor Ricardo Piglia no debería existir algo como propiedad privada en la literatura, puesto que la lengua no tiene dueño. Se puede decir que la lengua tiene usuarios, que la mantienen viva. Según Juan Villoro una de las desgracias de la literatura es que ésta no pueda renovarse en su propia lengua, y que sólo se revivifique con el ajuste de los modismos y estructuras que aparecen en las diversas traducciones a los largo de las épocas. O sea que los cambios al “original” son los que la mantienen vigente. ¿Muchas versiones de un texto? ¿Muchas copias de un original? O simplemente mucha experimentación con el lenguaje. Tanto los héroes ficticios y los lugares imaginarios, como los heterónimos, los traductores apócrifos, los relatos apropiados, las leyendas imitadas, las lenguas inventadas son parte de la literatura y evidencian las muchas formas y traslaciones con las que el pensamiento se divierte.

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