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TINTA CHINA VERANO 2018

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“En julio, el mozo en la acequia o en el pozo”

Leer con el otro, leer al otro DL. VA1133/2008 SUMARIO: •

Fragmento “Leer con el otro, leer al otro” P.1

Ellas son las protagonistas. P.2-3

Cine. P.4

En verano, estrena libro. P.5

Zona joven.

Los Peques. Daniel Monedero. P. 8

El Principito

La quinta Nicolasa. Almudena Ojosnegros. P. 10

P. 6-7

P. 9

Rincón del poesía. Vanessa Martin. P. 11

Nuestras hijas e hijos, nuestro alumnado, nuestros lectores, los usuarios de nuestras bibliotecas están hambrientos de experiencias diferentes, están hambreando: Que se les cante (de todo, nanas, melodías clásicas...), desde la canción hay un breve salto a la poesía. Que se les cuente (cuentos, dichos, retahílas, frases, piropos, chistes, teatrillos, marionetas, juegos de palabras, bromas...). Que se cuente con ellos (con sus opiniones, porque ya existen y están queriendo ser ciudadanos de hecho; sus sentimientos, eso que de mayores no sabemos expresar). Que se les aplauda cuando bailan, cantan, dicen poesías, cuando trabajan bien, cuando salen de sí para encontrarse. Que se les sancione con todo el cariño. Los límites son necesarios siempre: en una apuesta por la libertad es preciso conocer las reglas del juego y que no nos las cambien. Sancionar es una palabra positiva. Que se vea la tele con ellos, que se resista y se desmitifique el negocio, que se contraprograme. Es nuestro derecho y obligación urgente. Que se juegue a lo de siempre y a lo porvenir: al parchís, al ajedrez, a la comba,...a la rayuela con Cortázar. Que se responsabilicen en función de la edad y no del género: el saludo cálido, el agradecimiento, el buen uso de lo público y el respeto a lo privado. Entrenemos más que el fútbol o el maquillaje, la cortesía, la hospitalidad.. Que se contemple porque sí, gratuitamente, un paisaje, un ocaso, unas flores, los sonidos del agua... La tierra no es una herencia que recogemos de nuestros mayores sino un préstamo que nos hacen nuestros sucesores. Que se les deje protagonizar su entorno. Que sus rasgos culturales o referencias del país de origen tengan una natural cabida en esos entornos cotidianos. Debemos cuidar los espacios y los tiempos de crecimiento y de encuentro: acerquémonos a los ritmos de la naturaleza, recuperemos las estaciones, manoseemos las hojas del otoño, mojémonos en abril, sudemos en agosto... Literatura, sí y música. Más buena música, por favor. Y pintura: vayamos de museos. Y arquitectura: viajemos con alevosía paseando y mirando con lujuria y fruición. ¿Cómo llegarán a la lectura y a la escritura esos locos bajitos si no se invierte tiempo y calidad en aprender a mirar, a estrenar cada día los ojos, a ampliar el horizonte, a escuchar, a que las manos se encuentren con todas las texturas...? La imaginación es hija, aún no sé si adoptada, de la memoria. Los abuelos ¡qué grandioso capital sin rentabilizar! ¡Qué memoria viva y cálida! Habrá más creatividad cuanto más podamos recordar. Cuantas más experiencias hayamos vivido más páginas habrá en nuestro álbum de recuerdos que podremos usar para la nostalgia o para animar a la revuelta.

Paco Bailo Lampérez EN: http://craaltaribagorza.educa.aragon.es


Las mujeres que leen son peligrosas. Stefan Bollmann. Relegadas tradicionalmente a un papel secundario y a menudo pasivo en la sociedad. Las mujeres encontraron muy pronto en la lectura una manera de romper las estrecheces de su mundo. La puerta abierta al conocimiento, la imaginación, el acceso a otro mundo, un mundo de libertad e independencia les ha permitido desarrollarse y adoptar, poco a poco, nuevos roles en la sociedad.

La Cenicienta que no quería comer perdices. Nunila López y Myriam Cameros. “Y fueron felices y comieron perdices” Este es el final convencional que siempre nos han contado. Pero… ¿fueron felices de verdad? ¿y si no les gustan las perdices?,¿será el príncipe tan perfecto como aparenta en el cuento?, y la princesa, ¿encajará bien en su nueva vida?... mira que lo de ser princesa estresa mucho…

La Cenicienta que no quería comer perdices. Nunila López y Myriam Cameros. “Y fueron felices y comieron perdices” Este es el final convencional que siempre nos han contado. Pero… ¿fueron felices de verdad? ¿y si no les gustan las perdices?,¿será el príncipe tan perfecto como aparenta en el cuento?, y la princesa, ¿encajará bien en su nueva vida?... mira que lo de ser princesa estresa mucho…

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El cuento de la criada. Margaret Atwood. Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.

La plaza del diamante . Mercé Rododera. Narra la historia de Natalia, la "Colometa", una mujer que representa a muchas otras a las que les tocó vivir la Guerra Civil y la posguerra. Al igual que otras mujeres, Colometa verá partir y morir a sus seres queridos, pasará hambre y miseria y se verá muchas veces incapaz de sacar adelante a sus hijos. Hundida en un matrimonio que no le proporciona felicidad y unida a un hombre egoísta, Natalia renuncia a su propia identidad cediendo todo el protagonismo a su esposo, aceptando los convencionalismos de una época. Pero la vida y las circunstancias de la época obligan a Colometa y al resto de los personajes a crecer y a transformarse.

"En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad [...]. Dile que, si algo le incomoda, se queje, grite" Chimamanda Ngozi Adichie.

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Riccioto Canudo, escritor, poeta y crítico cinematográfico italiano, fue el primero en etiquetar al cine como ‘Séptimo arte’ en 1911. Hasta entonces, y desde la antigüedad, se había estado etiquetando los diferentes movimientos artísticos y disciplinas, hasta quedar a principios del siglo XX en seis artes. Canudo veía el cine como un “arte plástico estuviera

en

movimiento” y

presente

entre

quiso

las

que

diferentes

disciplinas artísticas. Su influencia dentro del movimiento teórico, intelectual y artístico era muy importante, lo que llevo a que se acogiese al cine como un arte más.

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Oscar Esquivias, visitĂł los Club de lectura con la novela Inquietud en el paraĂ­so.

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El Bestiario de Axlin. Axlin ha crecido siendo consciente de que cualquier día le puede tocar a ella. Su gente ha sobrevivido a los monstruos durante generaciones. Pero un día Axlin descubre que existen muchos tipos de monstruos diferentes, que cada aldea se enfrenta a sus propias pesadillas y que hay criaturas que no conoce y ante las que no sabe cómo defenderse.

¿Conseguirán averiguar quién es el Asesino de la brújula y qué hay detrás de aquella extraña muerte?

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Hola, me llamo Cereza, tengo once años y mi sueño es convertirme en escritora. Mi truco es observar a las personas, imaginar sus vidas, sus secretos... Ahora estoy intentando descubrir el secreto de Isabel, una anciana que cada semana saca el mismo libro de la biblioteca. Lleva veinte años haciéndolo. ¿Por qué será?


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"Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo un motivo importante para ello: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otro motivo, además: esta persona mayor puede entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo aún un tercer motivo: esta persona mayor vive en Francia, donde padece hambre y frío. Tiene mucha necesidad de ser consolado. Si todos estos motivos no son suficientes, quiero, entonces, dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.)"

"Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada; compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos"

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La Quinta Nicolasa El otoño se viene conmigo y con mi maleta destartalada de piel verde aceituna y esquinas desconchadas. Nunca quise deshacerme de ella, es el vivo recuerdo de mi infancia, del abuelo Gaspar, silbando siempre y con su eterno cigarrillo. Nos dejó demasiado pronto, sin avisar, dormido en su silla de mimbre azul, dejándome perpetuo su aroma a tabaco y menta. Me recreo fumando en su pipa billard, de caño redondo y boquilla afilada. Cada noviembre regreso a La Quinta Nicolasa bordeando el arroyo cubierto de juncos y orillas estriadas, percibo el tintineo del agua sobre las piedras y enfilando la vera del camino hasta la entrada principal, noto erizarse los pelos de la nariz por el cosquilleo del romero y la hierbabuena, que visten la verja con sus retóricos motivos. El portón grueso de enebro, la forma curva y trapezoidal de las tejas árabes y el porche con sus vigas de madera vengué del que cuelgan como estalactitas ramas de acebo, secas y centenarias, con miles de bolitas rojas. El primer ritual es rellenar el botijo y agasajarme con un generoso chorro del agua fresquita del pozo artesanal, que embellece el soleado patio, testigo de nuestros secretos y repleto de gardenias de intenso aroma. Camino al establo saludo a mis empleados, guardianes de mis potros y yeguas, que me reciben con eufóricos relinchos. Elijo siempre a Jacinta acompasando mis piernas a su trote chulesco. Es una yegua de sangre fría, temperamento tranquilo y un carácter plácido y paciente. Por eso nos entendemos con sólo mirarnos. Siempre quise elegir esta raza, porque en una casa dónde hay niños, son los que inspiran mayor tranquilidad, caracterizándose por su amabilidad con ellos y porque apenas se asustan. Esto me confería mucha seguridad, ya que Olivia, mi hija de doce años, siempre andaba enredando por los establos. Los niños nos sorprenden a diario, con su imaginación y sus desafíos, con sus juegos espontáneos, con sus deseos apremiantes, tan lejanos casi siempre de nuestros planes. Y en ellos, siempre descubrimos la esencia de lo realmente importante y vital Es el primer día en muchos años que no veía a mi hija con tanta excitación, le apremiaba divisar la curva que indica el inminente desvío hacia el camino, casi intransitable en los días de nieves copiosas e inmaculadas, vistiendo de un esplendor inusual, cada rama de la arboleda laberíntica que bordea el sendero que concluye en la Quinta Nicolasa Sentado bajo el olivo, centro neurálgico de la casona, contemplo incansable las ventanas con ribetes verdes y las cortinas melocotón de seda salvaje. Admiro a mi madre, afanada tras la chapa ocre que calienta el cordero de la cena. Y sus manos hundiéndose en la masa, generosa de ralladura de limón y aceite de oliva, estremeciendo mis glándulas salivares. Arrecia el viento y cruje sobre las ramas del avellano, tanteo sus frutos maduros y cruzo veloz el cenador de aire bucólico y capiteles antiguos. Beso la frente arrugada de sabiduría de mi madre y en mis ojos bailan hasta desbordarse gotitas de lluvia azules.

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Biblioteca Pública Municipal de Peñafiel C/Estudio nº15 Tf/Fax: 983881326 bibliotecapenafiel@hotmail.com


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