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Ellas en los libros

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BIBLIOTECA DE PEÑAFIEL 8 Marzo 2021


ELLAS EN LA HISTORIA "Porque hay una historia en la que no están en la historia y que solo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres". Rosa Montero 30 maneras de quietarse el sombrero. Elvira Lindo. La mejor prosa de Elvira Lindo en veintinueve ensayos que analizan la obra y el tiempo en que vivieron creadoras que han desarrollado su obra al margen del canon masculino, y un magnífico autorretrato en el que repasa su propia trayectoria vital y literaria.

Las olvidadas. Ángeles Caso. "Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro". Han tenido que pasar casi tres mil años para que esa frase de Safo a sus compañeras poetas se convierta en realidad. Entretanto, generaciones y generaciones de mujeres vivieron confinadas en el silencio, la ignorancia y la sumisión al poder masculino. Sin embargo, muchas escaparon a las normas y trataron de desarrollar su inteligencia y su talento, logrando comunicarse a través de sus propias obras. Mujeres creadoras y sabias, escritoras, artistas o compositoras que se rebelaron contra el orden imperante y tuvieron que vivir entre dudas, temores y persecuciones.

El despertar de las mujeres. José Enrique Ruiz-Domènec "El futuro de la mujer pasa por conoces bien su pasado". Con frases como éstas se construye este atrevido ensayo, pionero en su género, sobre la existencia femenina en la Edad Media. Escritoras, estadistas, filósofas, místicas, princesas, viajeras, novelistas: mujeres líderes en una Edad Media diferente a la que estamos acostumbrados a ver. El despertar de las mujeres es un recorrido por el fascinante pasado de las éstas a partir de varios centenares de testimonios que permiten comprender mucho mejor aquel lejano mundo, pero también el actual. Los sentimientos, el amor, la pasión, la ruina, la angustia, el desespero, el placer de la lectura, el mecenazgo artístico y literario, la memoria familiar, la ética política, todos esos rasgos femeninos se analizan en este libro lleno de sabiduría, donde la Historia habla a través de la voz de las mujeres.

Pioneras. Silvia Coma. A través de cuatro generaciones, Pioneras narra la historia de un linaje de mujeres que tuvieron que arriesgarlo todo para hacerse un lugar en el corazón de una tierra salvaje donde la ley se escribía con sangre. A mediados del siglo XIX, la familia Ferrer decide dejar España y emigrar a Nuevo México: una tierra repleta de nuevas oportunidades y promesas de futuro. Sin embargo, tras asentarse en la frontera, la vida de María Ferrer da un vuelco cuando asesinan brutalmente a sus padres y a su hermano y secuestran a su hermana Isabel. Dispuesta a hacer todo lo posible para encontrarla, María se hace pasar por un hombre y se une a un grupo de buscadores que se dedican a rescatar cautivos de las tribus indias. Pero adentrarse en ese mundo tiene un precio. Cabalgando con ellos se verá obligada a enfrentarse a enemigos feroces y será testigo de todo tipo de horrores, pero también de bellos instantes que cambiarán su vida para siempre.


ELLAS EN LA SOCIEDAD “La cultura no hace la gente: la gente hace la cultura. Si es cierto que la plena humanidad de las mujeres no es nuestra cultura, entonces podemos y debemos hacerla nuestra cultura.” Chimamanda Ngozi Adichie El mundo según las mujeres. Margarita Rivière La revolución de las mujeres es todavía una revolución incompleta; aún hay en el mundo irritantes desigualdades y retrocesos, malos tratos y humillaciones, pero sobre todo, las mujeres aún no han expresado con claridad qué clase de mundo quieren. Este libro, basado en conversaciones de la autora con más de 250 mujeres, aborda lo que las mujeres proponen para el futuro inmediato: un mundo basado en la lógica mestiza de la modernidad.

Tierra de mujeres. María Sánchez. Feminismo y la España olvidada: un ensayo en primera persona sobre la realidad de las mujeres en el campo y en el mundo rural. Hija y nieta de veterinarios, la última de varias generaciones vinculadas desde hace años a la tierra y a los animales, María Sánchez (Córdoba, 1989) es la primera mujer en su familia en dedicarse a un oficio desempeñado tradicionalmente por hombres. Su día a día como veterinaria de campo pasa por recorrer España en una furgoneta y esquivar las miradas en un entorno predominantemente masculino como es el mundo rural. En este personalísimo ensayo, la escritora se propone servir de altavoz y dar espacio a todas las mujeres silenciadas en los campos españoles, a todas aquellas que tuvieron que renunciar a una educación y a una independencia para trabajar la tierra con las manos y cuidar de sus familias.

La aritmética del patriarcado. Yadira Calvo. En esta obra se analizan y cuestionan los argumentos fundamentales construidos a través de los siglos para explicar y legitimar la dominación masculina hasta nuestros días. El texto considera principalmente discursos filosóficos, científicos y religiosos, tanto por la autoridad de que gozan como por la forma en que se autocomplacen.. Además evidencia el modo en que los autores enmascaran sus propios intereses y defienden sus viriles privilegios: unos atribuyen el desnivel entre los sexos a supuestas deficiencias de carácter fisiológico, intelectual y moral inherentes a la naturaleza femenina; otros a castigo o deseo expreso de Dios que desde la creación dio preferencias a un sexo sobre el otro. Hubo incluso quien no dudó en contradecir sus propios principios generales de igualdad para hacer de las mujeres la excepción; y hubo quien tasó numéricamente el valor respectivo de unos y otras en base a una curiosa aritmética patriarcal que fijaba la medida de lo justo.

La tiranía de la belleza: las mujeres ante los modelos estéticos. Lourdes Ventura. En el umbral del siglo XXI muchas mujeres inteligentes y realizadas tienen que admitir que las cuestiones relacionadas con el cuerpo y el aspecto físico siguen pesando sobre ellas como una losa. Las mujeres se miran en el espejo y se hacen preguntas sobre sí mismas, sobre sus cuerpos. Hasta la más segura, la más inteligente, aquella que más triunfos sociales y profesionales ha cosechado, puede venirse abajo cuando lo que ve no responde a sus exigencias. Exigencias que siguen marcadas por patrones de belleza de los que no ha logrado librarse la mujer tras cien años de conquista en casi todos los terrenos.


ELLAS EN LA NOVELA “En la mayor parte de la historia, Anónimo era una mujer” Virginia Woolf `Papel y tinta. María Reig.

Las sillitas rojas. Edna O´Brien.

La apasionante historia de una mujer que lucha por rebelarse contra el sistema establecido en el Madrid anterior a la Segunda República. ¿De qué serías capaz por cumplir tus sueños? ¿Qué tenía que hacer una mujer para lograr los suyos en la España de principios del siglo XX?

Una noche, en pleno invierno, un misterioso extranjero llega al pintoresco y monótono pueblo irlandés de Cloonoila. Maduro, atractivo y carismático, el doctor Vladimir Dragan es tanto poeta como sanador, un «curandero» seductor y muy singular. Su presencia será recibida como una excitante novedad en Cloonoila, y con su encanto hechizará la vida de los habitantes del pueblo, sobre todo la de las mujeres.

La mujer que vivió un año en la cama. Sue Townsend. El día en que sus hijos, unos gemelos superdotados, se marchan a la universidad, Eva cruza la puerta de su casa y se mete en la cama en pleno día. No está enferma. No está cansada. Y, desde luego, no tiene una aventura. Simplemente, ha llegado el momento de decir basta. Una novela delirante y profunda sobre lo que sucede cuando alguien deja de ser lo que los demás desean que sea. Una sátira brillante sobre la familia y la sociedad modernas.

Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien. Cándida memorias de una asistenta. Guillermo Fesser. Cándida nació para ser un personaje de leyenda y en eso la ha convertido el genio indiscutible de Guillermo Fesser. En estas páginas, en las que el autor ilumina y ordena cronológicamente las delirantes historias que Cándida le ha ido relatando atropelladamente a lo largo de los años, descubrimos a una mujer muy especial que, sin pretenderlo, vive perpetuamente instalada en el absurdo. Y es que la propia vida, a poco que la analicemos con agudeza y sentido del humor, es un completo disparate... más aún si, como a Cándida, las circunstancias nos obligan a desarrollar cierta picaresca que el mismísimo Lazarillo de Tormes no dejaría de admirar. Un inagotable rosario de desgracias... con final feliz. Un libro indispensable para todos aquellos que piensen que la mala fortuna se puede conjurar con muchísimo coraje y, sobre todo, con buen humor. Un libro indispensable para todas aquellos que piensen que la mala fortuna se puede conjurar con muchísimo coraje y, sobre todo, con buen humor.


Apegos feroces. Vivian Gornick. Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida. Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.

Lectura fácil: Ni Amo, ni Dios, ni marido, ni partido de futbol. Cristina Morales. Son cuatro: Nati, Patri, Marga y Àngels. Son parientas, tienen diversos grados de lo que la Administración y la medicina consideran «discapacidad intelectual» y comparten un piso tutelado. Han pasado buena parte de sus vidas en RUDIS y CRUDIS (residencias urbanas y rurales para personas con discapacidad intelectual). Pero ante todo son mujeres con una extraordinaria capacidad para enfrentarse a las condiciones de dominación que les ha tocado sufrir. La suya es la Barcelona opresiva y bastarda: la ciudad de las okupas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, los ateneos anarquistas y el arte políticamente correcto. Esta es una novela radical en sus ideas, en su forma y en su lenguaje. Una novela-grito, una novela politizadora que cruza voces y textos: un fanzine que pone en jaque el sistema neoliberal, las actas de una asamblea libertaria, las declaraciones ante un juzgado que pretende esterilizar forzosamente a una de las protagonistas, la novela autobiográfica que escribe una de ellas con la técnica de la Lectura Fácil…Este libro es un campo de batalla: contra el heteropatriarcado monógamo y blanco, contra la retórica institucional y capitalista, contra el activismo que usa los ropajes de «lo alternativo» para apuntalar el statu quo. Pero es también una novela que celebra el cuerpo y la sexualidad, el deseo...


ELLAS EN EL COMIC Rosalie Blum. Camille Jourdry. En un pequeño y aburrido pueblo viven Vincent, un peluquero de treinta años que aún no ha conseguido cortar el cordón umbilical que le une a su excéntrica madre; Rosalie, una mujer que intenta ahogar su oscuro pasado a través del whisky; y Aude, que se deja arrastrar por la vida. La vida monótona de Vincent se verá perturbada por un encuentro que le generará una vaga e imprecisa reminiscencia de algo o alguien pasado y que derivará en obsesión. El detonante es la aparición de una mujer, Rosalie, que parece llevar una vida tan aburrida como la de Vincent.

Estamos todas bien. Ana Penyas. Un homenaje gráfico a esas mujeres que siempre han sido personajes secundarios de otras vidas: la esposa de, la madre de, o la abuela de.... «Cuando le dije a mi abuela Maruja que iba a hacer un cómic basado en su vida, me respondió que mejor escribiera una historia de amor. Cuando le dije lo mismo a mi abuela Herminia, se alegró mucho y me dijo "Sí, claro, nena.". Sus anécdotas, sus ideas y su mundo están aquí, en este libro, un pequeño homenaje que quiere convertirlas en protagonistas.

Recuerdos de perrito de mierda. Marta Alonso Berná. La entrañable relación de un perrito con su ama anciana se ve interrumpida por un desgraciado accidente que se salda con la muerte del animal. La pobre aplasta a su perrito. Para esta señora, la filósofa María Fuencisla, el mundo se desmorona… Acuden en su ayuda sus tres amigas: Dori, Ricarda y Anastasia. Durante su recuperación, la anciana no olvida a su perrito y se embarca en un viaje al pasado en el que revive los momentos que le han llevado a ser quien es. Sus tres amigas observan con preocupación la deriva nostálgica de María Fuencisla, y tratan de mantenerla apegada al presente. Pero María Fuencisla no falta de recursos y las situaciones absurdas por las que pasará sacarán más de una sonrisa al lector.


ELLAS EN LOS CUENTOS Un niño. Un maestro. Un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución.Malala Yousefzai.


ELLAS EN EL CINE

Alice Guy, pionera del cine narrativo Aunque es generalmente aceptado que fue la primera mujer cineasta y existe mucha controversia sobre si es la autora de la primera película narrativa de la historia, se le puede considerar la primera narradora visual del cine, la fundadora del cine como narración cultural y la primera persona que dirigió una película. en la Historia del Cine. Llegó a competir con Hollywood, como productora y directora independiente y se adelantó a sus contemporáneos y a su tiempo. Fue la primera en usar grabaciones con un gramófono al mismo tiempo que las imágenes y la productora de una de las primeras películas a color, la primera en utilizar efectos especiales, usar la doble exposición del negativo, las técnicas de retoque, la cámara lenta y rápida, y el movimiento hacia atrás. Dirigió, produjo y supervisó más de 600 películas, que tocaban todos los géneros fílmicos, desde cuentos de hadas a parábolas religiosas, comedias románticas o películas policíacas. Fue la primera persona que dirigió una película en la que todos los protagonistas eran negros, en 1912, Un tonto y su dinero. Jugó un papel clave en la producción de las primeras películas sonoras, aspecto de su carrera casi siempre ignorada. Fue propietaria y directora de su propio estudio de cine. Se merece estar en este sitio entre las figuras más importantes del cine. Hasta hoy, sigue siendo la única mujer que ha dirigido su propio estudio cinematográfico. Sin embargo, su papel en la historia del cine ha sido completamente ignorado y olvidado.


ELLAS EN LA POESIA


Las reinas del patio El día en que todo cambió empezó como otro cualquiera. Nos refugiamos en una esquina del patio, como siempre, para evitar que aquella estampida nos volviera a pasar por encima persiguiendo cualquier cosa que rodara. No exagero, les valía cualquier cosa. Si no tenían pelota, se apañaban igual de bien con una bola de papeles envueltos en celo. Ni siquiera la forma esférica era un requisito, al parecer, porque habíamos llegado a verles jugar con latas de refresco, tetrabriks todavía llenos de batido e, incluso, con una zapatilla que se le había escapado a alguien de sexto una vez que llevaba los cordones desatados. No es que a nosotras no nos gustara el fútbol. Para nada. A veces también jugábamos, metíamos goles, dábamos patadas en las espinillas como las que más y volvíamos sudadas y felices a clase. El problema no era el deporte en sí, que es bastante divertido (aunque no tanto como para jugar todo el rato a lo mismo), ni tampoco los chicos (porque había chichas muy forofas de jugar al balón, y algunos chicos que parecían tenerle alergia y no se acercaban a una pelota ni muertos): el problema era, en realidad, que en el patio no parecía haber sitio para nada más que para eso, y que quienes queríamos hacer algo diferente teníamos que conformarnos siempre con las esquinas, los rincones o el trozo de arena mojada detrás de la fuente, como si el patio no fuera nuestro. Si nos quejábamos, nos llamaban lloronas y niñatas. Si lo hacíamos a los mayores que cuidaban del patio, siempre nos encontrábamos con la misma cantinela: “¿Qué más os da, si con una esquinita os vale?”, nos decían. “Al fútbol no se puede jugar en una esquinita, pero a lo que jugáis vosotras, sí.”. Así que nosotras volvíamos a nuestro rincón e intentábamos aprovechar como podíamos el espacio que nos dejaban. Ese día, a una niña de cuarto le dieron en la espalda un balonazo tan fuerte que la mandó al suelo. La caída no fue muy grave, pero se raspó en la cara y se mordió el labio, así que empezó a salir bastante sangre. La niña se asustó y empezó a llorar, pero, en vez de atenderla o consolarla, siguieron con el partido. Incluso se rieron. “Te lo tienes merecido por estar en medio”, le dijeron. “¿No ves que estamos jugando? Pareces tonta.” Así que, el día en que todo cambió, ya nos habíamos hartado muchísimo. Nadie se dio cuenta al principio, porque, como todo lo demás, aquello también lo hicimos en silencio. Salieron al patio en marabunta para aprovechar al máximo los veinte minutos que tenían para jugar y ocuparon, como siempre, más de las tres cuartas partes del patio. Tardaron varios minutos en darse cuenta de que había una niña muy quieta justo en el centro. La misma niña a la que habían golpeado en el recreo anterior. “Quítate de ahí, que te vas a llevar un balonazo”, dijo alguien. “¿No tuviste suficiente?”, dijo alguien más. “Vete de aquí, estamos jugando nosotros”, dijeron como si tuvieran una sola vez.


Los gritos y amenazas empezaron a hacerse más frecuentes y violentos, y a llegar desde todas las esquinas del patio. La niña no se acobardó. Clavó los pies con fuerza en el suelo, apretó los puños y no se movió de su sitio. Y, justo cuando alguien se preparaba para sacarla a empujones del patio, junto a ella se colocó otra niña, le dio la mano en silencio y se quedó allí plantada como si fuera una estatua. A aquella segunda niña se le unieron luego una tercera y una cuarta y una quinta, y el partido tuvo que parar porque no había amenaza ni empujón capaz de mover a aquellas niñas del centro del patio. Cuando volvieron con uno de los mayores que vigilaban el recreo para que las echara de allí, ya no eran cinco, sino diez, veinte, treinta las niñas que, en silencio y dándose la mano, ocupaban una zona cada vez más grande del campo de fútbol. El día en que todo cambió, en el centro del patio ya no hubo fútbol, pero sí un corro enorme de niñas que protegía, por turnos, a quienes queríamos jugar, leer o charlar tranquilamente en su interior, sin miedo a que nadie nos empujara o nos mandara a una esquina para no molestar. Y, cuando intentaron reírse de nosotras diciendo que nos creíamos las reinas del patio, nos hicimos unas coronas con cartulina de color dorado y plateado y empezamos a presumir de ellas, orgullosas, mientras nos turnábamos en aquel círculo protector. No hubo fútbol ni ese día ni el siguiente ni durante toda aquella semana. Pasado ese tiempo, empezaron a hartarse muchísimo. Les picaban los pies de las ganas que tenían de darle patadas a la pelota, pero, como ya no podían ocupar el centro del patio, tuvieron que conformarse con jugar en una esquina y descubrir que, aunque era mucho más incómodo, sí que se podía jugar al fútbol en un sitio pequeñito. Cuando dejaron de molestarnos, empezamos a reducir el círculo poco a poco y a dejarles algo más de espacio para jugar. Justamente la mitad. Desde entonces, ya no hace falta que hagamos círculos protectores -ahora hay casi tantas niñas como niños jugando al fútbol, y ellos han descubierto lo divertido que es saltar a la comba y el poco espacio que se necesita-, pero lo que no hemos dejado de usar han sido nuestras coronas de cartulina. Porque, aunque ya no ocupemos todo el espacio, seguimos siendo las reinas del patio.


“La vida es corta: sonríele a quien llora, ignora a quien te critica, y sé feliz con quien te importa”. Marilyn Monroe


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