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OPINIÓN

EL DÍA

— ¿Y usted (Jórrele estuvo en la Semana Santa?, le preguntaba ayer uno a otro. —-Hombre, fuera... ¡.No pensaría que me iba a quedar aquí-'. para que me cogiera la Semana Santa!

TEMAS DE SIEMPRE

LOS BARCOS DE LA ISLA COLOMBINA Con los «Santas» de la'Trasmediterránea y el «BeriohijN gua», el puerto de San Sebastián de la Gomera ha quedado bien unido con Los Cristianos y Santa Cruz de Tenerife. Ahora, en esta etapa de loa ferries en aguas isleñas, evocamos tiempos idos, aquellos de los «correíllos» de la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios y los del cabota» je intenso. Eran años de bue na exportación frutera y, bajo la contraseña de la Qtto Thoresen, comenzaron a nave« gar los «Sancho» y «San Juan» barcos a los que posteriormente se unieron los de Ja Compañía tylarítima Canaria, filial española de la Eider $ Fyffes inglesa. Aquellos «feeder S'hips» '•—«Águila de Oro»! «¡Mariposa», «Guanche», etc.— comunicaron todos los puntos de la'Isla Colombina con Santa Cruz de Tenerife donde, a su llegada, trasbordaban los huacales de plátanos a los fruteros que de aquí zarpaban con rumbo a Garston. la guerra de 1914 a 1919 significó el amarre de los pequeños fruteros —algunos hi cleron viajes entre Santa Cruz y puertos africanos— y, cuando se hizo sentir la escasez de tonelaje, entre los vendidos a armadores peninsulares figuraban los «Sancho» y «San Juan». Volvió la paz al mundo y, el

> de febrero de 1921, en su eección «Noticias varias», el matutino «La Prensa» publicó lo siguiente: «En la presente semana es esperado en este puerto el vapor «Sancho II», construido recientemente en Estocolmo por los señores Thoresen, para dedicarlo al tráfico frutero entre las islas. También los señores Thoresen tienen en construcción otro buque para dicho servicio, que se denominará «Santa Úrsula». Estos buques, de moderna construcción, son movidos por petróleo crudo». Cuatro días más tarde, «La 'Prensa» publicó la siguiente noticia: «Hoy, a primera hora, 'llegará a este puerto procedente de Gotemburgo y Las Palmas, mandado por el capí' tan don Imeldo Rodríguez López, el nuevo vapor «¡Sancho II», que la casa Thoresen ha construido recientemente para dedicarlo al tráfico frutero entre las islas». Este fue el comienzo de la historia del «Sancho H», el pequeño «motor ship» de ma: trícula tinerfeña que, cargado de años e historia, continúa en estas aguas y que, con su presencia, dio la bienvenida al «Bentíhijigua» cuando por vez primera a ellas llegó. Ambos figuran en destacado lugar en los anales de las comunicaciones isleñas y, cada uno desde su particular face ta, encabeza un capítulo.

En 1921, la Fred Olsen Une adquirió la flota e intereses de la Qtto Thoresen y, poste nórmente, vinieron a Santa Cruz los «Santa Úrsula» y «Bu re», motonaves muy si mi lares al «Sancho II». San Sebastián de la Gomera —todos los puntos de ¡e Isla Colombina— supieron del buen navegar de estos barcos que, más tarde, lo hicieron banda a banda con los de don Juan Padrón Saavedra» aquellos «Boheme», «Águila de Oro» e «Isla de la Gomera» que, con e! fletado «Mari El¡», hicieron línea regular de carga. Cuando la Compañía Marítima Canaria dio por finalizados sus servicios, la flota fue adquirida por don Alvaro Rodrí guez López, y todos aquellos vapores —«Santa Eulalia», «Santa Elena», «San Juan II», «San Isidro», etc.— pasaron a navegar bajo la misma contraseña que el «Sancho II» daba al viento largo de la mar alta de Canarias, Vino luego la Segunda Gue rra Mundial y, como en 1915, a armadores de la Península se vendieron muchos de aquellos barcos —«Isla de la Gomera», «Isora», «Adeje», «San Juan II», etc.— que aseguraban el transporte entre log puertos de las Canarias Occi dentales. Cuando la paz llegó de nue

vo al mundo, la firma Rodrí guez López adquirió el «Pro cyon» —luego rebautizada «San Juan de Nepomuceno»— que, en 1963, se perdió a consecuencia de una vía de agua. Por una de esas casualidades que siempre se dan en los caminos de la mar, casi al mismo tiempo que el «Procyon», de la Península llegó un anti-guo vapor, de aquellos de alternativa triple, chimenea de mucha guinda y largo y espeso penacho de humo sobre la estela. Este no era otro que el antiguo «San Juan» que, vendido en 1916 a armadores sevillanos, volvía a las islas en que primero na vegó y en las que —también cosas del destino marineropoco después se perdió po* varada. luego, el malecón primario de Los Cristianos. Los «Santas» de la Trasmediterránnea El «Benchijigua». Toda una serie de rápidos adelantos en •las comunicaciones marítimas entre las dos islas y, como siempre, el recuerdo de unos barcos que se fueron de la mar para siempre —«Águila db Oro», «Gomera», «Boheme», «Isla de la Gomera», «Santa Úrsula», etc.— y la presencia siempre grata del veterano y bien conservado «Sancho II», toda una institución en el Atlántico isleño.

LOS SABANDEÑOS, un ejemplo único e insólito de conjunto musical

En eS último númetro de la revista «Tirlunfo», -el escritor Alvaro Feito dediica es*e interesante artíciulo al conijiurito tírrerfefto «los Sabaríd'eños», a propósito 'de su última obra, «¡Las sentencia del Tarta Viejo»: SENTENCIAS SABANDEÑAS Los Sabaindeñois constituyen uno lde íeso'S grupo-s voca'le-s españoles que —a fuerza de ser semHignorados o menosprsci'sd^s1— penm-anencem ©n la penuimlbra deS]- éxito popuílar mu'ltltud'mari'o, sim acabar de entrar «en su ifoco de fuego devastedor. (Mejor que s-ea 'as-í, de todos -modos, pues más va^ I© preservar ^a ca'lid'adi minoritaria que cosechar di aplauso müStlpIe e ñndi'Sioriniiin'ado. El veterano oonij-unto can ario •nos sorprende con su ultirrfeO disco: «Sentencias de'l tata

klore y lia canción popular *latl>noamericanos, tnuinca imúsico ni -grupo -español alguno había realizado una inyesti^ación tan detallada y será de ¡©sa paroe'S'a musical. Y, «más concretamente en es*a ocais'ión, dando <a conocer entre nosotros 1-a's ftguras argentinas 'de Osicar Valles y Bu¡enaventura Luna, autores, respe'ctiMamente, de te niiúsícp'S y de ios poemas de estaos 'sentencia, ¡auténtico compendio d'e lia fiilo'sofía popúllar ga-udha en iforme de ciaoci'ón. Luina (1906-1955) es uino de 'los escritores y poetas peor conocidos y imás apasionantes de todos tos argentinos -en la¡ priímera mitad »d!el s'itglo, 'ñisí como fdl florista y 'm'uslcó'Io'go sin par. Osoar Valí les, por su parte, miembro destacado d¡3«l grupo Lo¡s Cainttores de Ooi'lla 'Hyasi, es e¡símisim'0 u*n mus ico dte gran reputación en tedia ¡la iAün¡ériL ca sureña, amén de di'scípu-

— A mí, me decía un. amigo anoche, me fastidiaron las vacaciones, porque no me reservaron el apartamento. -Vamos, que te hicieron la pascua. — Sí, pero la Pascua de Resurrección...

—Mucha gente de aquí se fue a Las Palmas... —Bueno, pero eso sería para el Domingo de Ramos solamente.

El tiempo en el Sur, cosa rara, no estuvo soleado, v más bien se dejó sentir cierto fresquete. Como todo el mundo, a pesar de ello y sin bañarse, estaba en bañador, alguien preguntó a una señora: —Pero, ¿cómo está así, toda tullida, si no se va a ba ñar? —Es, contestó, que el «guión» de ¡a Semana Santa lo exige...

Unos se desnudaron, y otros se «forraron»: los «capuchinos»... ALTOBER

J. A. Padrón Albornoz

Comentario de ALVARO FEITO en la revista "TRIUNFO"

Estos son los materiales matterieles qye ¡forman el canto die Los ! Sabanideños -sn la primera mitad de su ú'lti'mía grabación. Candi ó n argenti-nta euténtica, genuina, no como tantas otras qu*e nos quieren m'eter por aihi a trompicones. lNo íímporta qise los Sabándenos no sean argentinos para que sus voces nos lleguen firmes y puras y nos digan -bastante más de 'la canción d'e aquel país, y de aspectos y realidades ¡escondidos ihasta ahora para nos* otros. 9ii respeto y diedücacSón ia lo'S -aüitores1. escogidios son admirables, casi ex-atgera^ do's. Si oü'guina traiba babría que poner a Los Sabandeños es 'siu excesivo dl-aisitcüsmo forma1!, >s;u encorsetami'eínto coimo agrupación foükiórica, iamp<liaH mente colectiva, con yna(s posibí'íidades de desarrollo y expsr limen tac ion aiJn sin explotar, especialmente ai 'la hona de oCtuailizar 'uno-s textos y unáis formas 'del pasado. Un pasado 'que saben penfecta»miente descubrir en ¡SITS aristas má's interesantes; no sollo en su vertiente entranafofremente histórica, sino en 'la más vivie'n.ciia'lirnente vigente. Coimo se dteimuestra tsbnbién en 'la selección de. otros cortes que constituyen 'la- seigyndía dará de] disco qye1 contentamos. Aquí se enouentran más f.iU'tones ¡argientinos de priímordii'a1] ¡importancia-, tales como Aríd Ramírez y Félix Luna, A rimando Tejada Gómez y Osear Cardosp Ooaimpo. Pero también está ell' lu¡rugyayo Daniíel Vi'gWetti («Dale tu nvano a'l indio») y el üancionero anónimo en ternais como' «¡Río Manzanares». Toíd'o 'lo cual

El individuo no encontraba en todas partes —ya se sabe qu<* e! Sur es así — sino vino blanco. —¿Y es que tinto no hay por esta zona?, preguntó. —-No, eso es sólo ai retorno. «A la vuelta, lo venden tinto»

oénea gene a coherencia cdherencla de 'las 'les «Ste tencias...», complementa bien yn disco que mantiene en •aquéll'a-s su primer punto de atracción. A destacar i'gu'ailrnente Ha presentación diel áflbum, con apuntes sobre los autores de'l trabajo y las 'letras originales d'e esas mMangáis, chacareras, cuecas, tonadas y recitados que constituyen s'u entramardo. Igualmente, la incílysión de motivos pi'ctóricos «populares y otros de arti'stas como Se'sostris V¡-tullo y Ouiinqyeila 'Martín, dan un tono ¡inysyal y elevado para nuestnas' portades de¡ discos. Intenesados vivamiente por el ¡folklore ctan^rio, como no podía por menos die oou¡rrir, Los Sabandeños son un tejern* p'lo casi único, y, por tanto, insólito de conjunto miusicovocaü -entre nosotros. Su «Cain" tata- deil Mencey loco» (ver «Troniío» dei 21-VM975) fue un experimento desacostumbrado por descubrir y proíyn >dizar en '¡as raíces d¡e la música d!e la tierra propia, una obra, 'por ciento, que todavía seguimos esperando que sea riepresentedia en 'la (Meseta y en otros pueblos ¡hispanos. Con este «Tata viejo* qye ahora nos propone el numeroso grupo, el auténtico 'lazo que u¡nei a d'cnas comunidades con las de algunos ¡lugares de Latino amé rica isfe estrecha y sie viviíioa con yn acertado s'entí'db1 del 'homenaje y dfe'i re'ocnacimi'ento haci'a sus maní* f estac ion e s pee uü ¡'ares, tantas veces degradadlas' y difusas por las versiones y líos canajes :de 'la Hispanidad entrecomülla'd'a y oficialista.

De las pasadas vacaciones

LO MEJOR, EL RETORNO Bueno, pues ya estarnos aquí todos de «nuevo. Otra vez pegados >a!l yunque deil jo, 'como si nadia, hubiera sado; aunque para hay Cfue r©conocerilo, el yun« «que .no sea tan duro como pa* ra 'Otros, porcru'e, en esta vida, corno idecía! ¡Luis Al vare z Cruz, todavía hay 'gente que sabe 'llevar la carnet ¡illa vira•da para abajo, para que no S'Q f¡ l a llenen 'de piedras Estamos ®quí otra vez, digo, como si no hubiera pasado irada, y (hay que ver ¡la de cosas que> ocurrieron por ahí. Ponqué en todo 'es-e sur, priincipálmetnte, mo hubo un hotel mil un edificio de apartamentos que no pusiera el cartefl- de «agotadas -las entradas». ¡La oanti* dad de «bebidas carbónicas que se consumieron, -las toneladas de bocadillos de jamón y queso, amarillo que se dtespadülla* ron, y ©I whisky y el vino —sobre todo blanco, porquq ya se sabe que en el sui priva este color— que se llevaron de calle. En. 'las piscinas no se cabía, las playas, aunque sin sol, e-sa es la verd'ad!, eslabam llenas, y en -los vestíbulos de hoteles y edtficios apartamentales era muy difícil abrirse camino. Para tener acceso a 'los restaurantes, sobre todo el Vienrtes Santo all -mediodía, había, comió aquel que dice, que echar una ¡instancia y sé de gente que, oomenzaindo por los Cristianos, para poder almorzar, tuvieran que llegarse basta ía Playa de San Juan, 'donde tampoco les foe rra>y fáci'l temer tacceso a un almuerzo más o menos orgar nizado y en un tiempo que pud'ré ramos llamar 'límite, Otros, en cambio, tuvieron que echarse en cualquier venta del camino un huevo duro y un vaso de vino, para •no fallecer de inanición. Hasta líos bordes de la ca-

crirceras que 'habían acudido hasta allí para consumar s<u e1!' muerzo, provistos de sus correspondientes viandas, en evitación' de ¡malíes mayores, como 'los que* -dejarnos siena-. 'ladosPero, 'en fin, todo eso pasa y. dentro de poco ya no quedará s'ino el recuerdo; un recuerdo que, por lio demás, se desvanecerá también en no mucho tiempo; por jo que esto que ¡ha ocurrido a -muchos, no servirá para nada en próxima ocasión, puesto que todo e! 'rnundo volverá a tes andadas. Lo mejor d'e todo, <ell regreso. No sólo porque» a*l vdlver a casa uno se da cuenta óe que no >!*& está tan mal coimo uno creía y de que ein- 1« rniis<ma -se puede descansar muy bi'en, mejor quizá que en sitio otro alguno, sino porque ©n ese viaje di© regreso no ha habido que <liarnentar accidentes, como se creía. 'Por 'lo menos, a la ¡hora que redactamas estas 'línea-s imo terremos notrcia de percamoe alguno grav© en las carreteras insulares. Ello 'si qtíe es diügno de tenerse en Guenta y de- ponerse de re'Ii'eve, ya que significa que 'los conductores i'S'leños cada vez s© «concioncian'» más, como añora «e d'lce, d¡© 'la responsa'bilidad que 'bs i«> oumbe en (det©rmii<naidas <x)«> cenrtraciones automovM ístiicas, como la que nos ocupa, y que ©n< 'la p©r,insulta ¡ha ihabkío un ballance d-e unos cien muertos, ide sábado a sábaido. Bien vale, por (lo ttanto e^l ihaiber ido a disfrutar e^stas vaDaciones íueraf aunque «sea sólo por e»l éxito d©l retorno; de esa -operación retomo», a ouya oulrrrinación sin accidenr tes se *nos haibf'3 convocad'Q con reiteración @ finsisteincia, que nunca es dlamasiada, por las autoridades de Tráfico.

LOS BARCOS DE LA ISLA COLOMBINA  

Artículo de Juan Antonio Padrón Albornoz, periódico El Día, sección "Temas de siempre",

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