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Un impulso el resurgir del folklore, en Arico

Terminada la primera sección del Muelle de Ribera, se inició la construcción de la Avenida de Anaga

Santa Cruz de ayer y de hoy

Cuando nacía un muelle y morían las playas lenta marcha mientras, cerca, las dragas«Charang» primero y «Adrianus» más tarde, daban más profundidad a la zona. En el viejo Muelle Sur, siempre goletas y vapores empenachados de humo y, en el Norte, el 10 de enero de 1939 atracó por ver primera el «María R.», un veterano carguero de la naviera Ramos, de Barcelona, compañero de contraseña del «Ramón Alonso R.» que —antiguo «Balmes» de la Pinillos— fue de los muy fíeles a la cita con Santa Cruz de Tenerife. Pasó la etapa de la marqueAnte la imagen, abrimos las sina que, a la leve sombra de la entrañas de nuestras aunas y SemL-hi ¿HÚér u HFt<tef platillos». das, se terminaba ía primera que tjjT y'siempre""Jifera. *r.~ Recuerdo es la poesía, re- El Muelle Sur, con la grúa Ti- sección del Muelle de Ribera, cuerdo es toda la historia y, tán en su extremo, continuaba nacía la Avenida de Anaga y, también, toda la felicidad, Sin la marcha, su avance hacia con rellenos, morían las playas embargo, el recuero tiene un lí- profundidades que le harían de San Antonio, La Peñita y Los mite; hay un irrecordable en el muy efectivo y, a la vera del Melones que, al propio tiempo, pasado como, también, todo un barranco de Tahodio —allí don- se preparaban para dar vida imprevisible en el futuro. Ante de aún se alzaban los viejos —muy buena vida— a las nuela imagen, preguntarnos a qué muros del castillo de San Mi- vas secciones del muelle citado época se remontan nuestros re- guel— el Muelle Norte seguía su y a los almacenes que, más tarde, sobre él se alzaron. En la preciosa colección del tiempo, esta imagen —una de las buenas de Adalberto Benítez— con la que volvemos al lejano reciente, a la casi resurrección de la ciudad que, como bien decía mi buen y viejo amigo don Cristóbal González Bento, tenía y bien mantenía un perfecto «waterfront» frente (MANOLO'S) al Atlántico. Nunca ha declinado la estrella de Santa Cruz, ciudad y puerto que nació allá por la Teléfono 27198O C/. DUGGI, 15 playa de Añaza. Allí comenzó la buena historia de su vocación marinera que, desde entonces, tiene y mantiene toda la intimidad de un mundo amable y amado. Esta es la buena ciudad con sonrisas juveniles, aquella que iniciaba una etapa de su vida y, sobre sus casi muertas playas —todas cedidas con generosidad— contraía su buen futuro. Santa Cruz, siempre ciudad joven y fuerte, se nos muestra aquí en un capítulo de su vida. Nació a la mar allá por la playa de Añaza y, con varios fondea deros, la caleta de Blas Díaz destacó entre el Castillo de San Cristóbal y la Real Aduana, edificio que cedió su nombre a la calle que, de callaos con color y calor de playa, llevaba a la plaza de la Iglesia y, con encanto sencillo, llegó a nuestros años niños. Desde la torre del palacio del Cabildo Insular —aún no se hahia instalado el reloj y el carillón del tajaraste— así era y estaba Santa Cruz de Tenerife cuando se terminaba la obra de la primera sección del Muelle de Ribera que, proyectado por don Miguel Pintor, bien señaló tpda una nueva etapa en el pro-;? gresd del En primer término, él monumento de la plaza de España que, muy cerca, tiene la grúa de vapor Que poco a poco, con-: cimientos de la ac;tüal de Anaga sobre la* antigua He Sol y Ortega. A la izquierda, la buena sombra dé

Ante el antiguo —y relativamente reciente— documento gráfico que ilustra estas líneas, vemos delinearse la luz y la sombra de una etapa de la ciudad y su buen puerto, Dicen que el silencio es bastante más caro y raro que el oro que lo simboliza^ bastante más raro y caro que el diamente y, también, más que la felicidad en el corazón que la busca. El recuerdo lo es todo en el mundo y, en éste de algo casi reciente —que bien toca en el corazón de todos los santacruceros— encontramos casi hermanados un tiempo ido y pre-

cuerdos y evocaciones, en qué etapa comenzamos a verdaderamente conocer, a verdaderamente ser. Ante esta buena imagen de un pasado casi reciente, volvemos al nacimiento para el mundo, al nacimiento para nosotros mismos. Esta imagen nos trae niñez y pequenez y, en especial, juventud, pues, aquí, a la vera de la mar, la luz hirió nuestros ojos y, al propio tiempo, la sangre comenzó a correr, con grito victorioso, por nuestras venas.

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los laureles de Indias en la Alameda —laureles con color y temblor de,campanas, descendientes de los que, a mediados del pasado siglo, trajo de La Habana el capitán Serís en el bergantín redondo «El Guanche»— que, luego, dieron color, vida y sombra verde y fresca a todas las plazas de las islas. También a la izquierda, el sencillo edificio de la Comandancia de Ingenieros y, al fondo, sobre la ciudad que»crecía, nuevas edificaciones y la torre del Hogar Escuela. Mas allá, la antigua y bien recordada «mu, .jssw _ a- KTia ib*.*!» ayunque morían— y, cerca de los barcos en fondeo, los edificios del desaparecido Hotel Miramar y de la empresa, siempre bien recordada, de don Alvaro Rodríguez López, el buen naviero isleño de los «Sancho II», «Santa Eulalia», «San Juan II», «San Isidro», «Tacoronte», «Adeje», «Isora», etc., que, día tras día, llegaban con las espectaculares cubertadas de huacales de plátanos y cestos de tomates. En primer término, la amplia explanada de la primera sección del Muelle de Ribera y, al fondo, bajo la buena sombra del macizo de Anaga, la estampa elegante y blanca del frutero belga «Frubel Monica», y, tras él, la del buen carguero español «Mar Cantábrico», gemelo del «Mar Negro» que, ambos, bien lucieron durante años y años el ancla blanca que, sobre fondo negro, bien mantiene todo un capítulo de la historia de la marina mercante española. Tras el edificio de la Comandancia Militar de Marina, las fincas de plataneras, la fábrica de los bloques para el Muelle Sur; frente, el varadero de la Eider Dempster —ya por entonces pertenecía a la empresa Industrias Marítimas- y, más allá, los almacenes carboneros, que recientemente fueron derribados, y el varadero y talleres de la Junta de Obras del Puerto. La amplia explanada de la primera sección del Muelle de Ribera aún esperaba el primer atraque, que estuvo a cargo de la motonave danesa «Verna Cía usen» que, fletada por la Yeoward inglesa, mantenía línea regular frutera entre estas islas y puertos del Reino Unido. Hoy, cuando el puerto se inicia casi en San Andrés, cuando de aquellos muelles Sur y Norte hemos pasado a la Dársena Pesquera, Dique del Este, Terminal de Contenedores, Muelles Norte, de Ribera y Sur, nueva Dársena Comercial, La Hondura y campo de boyas, de CEPSA. La'-ciudad abierta e4nq'üíe|á -la Me generosa y nofale-bondad— nos vuelve en esta estampa de un capítulo de su buena historia. Aquí/ '."¡el"' "puerto^ Ma marcha, la obra a que que Santa Ctuz de Tenerife se ha entregado siempre con ardiente y paciente pasión.— Juan A. Padrón Albornos.

La Agrupación Folklórica «Atxoña», de Arico

E

L folklore es una de las raíces de la identidad canaria de nuestro pueblo y este se dignifica cuando lo conserva y lo practica, pues son las manifestaciones del espíritu las que elevan a altas cotas la consideración socio-cultural de los hombres. Las agrupaciones folklóricas que con vida propia e independiente fueron surgiendo primero como fruto del ejemplo y estímulo contagiante que infundió el nacimiento y divulgación de «Los Sabandeños» —grupo al que pudiéramos considerar como el promotor propulsor del auge que ohcpnra—¥—al también pudiéramos atribuirle el calificativo de «valiente» resucitador de las «momias» folklóricas que, en exclusiva, conservaba determinado organismo oficial— y últimamente como consecuencia del cambio de comportamiento y de mentalidad poli tico-social que se vienen experimentando, figuran hoy en la mayoría de pueblos de nuestra tierra canaria y su proliferación es tal y están tan arraigadas que casi podría extrañar que dediquemos un artículo a una determinada agrupación. El municipio de Arico poco a poco ha ido despertando de su letargo, del abandono y olvido en que se le ha tenido, ya aquí y concretamente en el Porís de Abona está consolidada una extraoridinaria agrupación, denominada «Aires del Sur», capaz de ganar primeros premios en tradicionales concursos y recorriendo al geografía insular con continuados éxitos. Ahora algo maravilloso y ejemplar ha brotado con luz propia incrementando el acervo cultural de «los Aricos», esta entrañable, esforzada y hospitalaria tierra de Chasna. Ese algo que motiva estas líneas lo constituye la esplendorosa Agrupación folklórica «Atxoña» de la Villa de Arico, y lo maravilloso y estimulante de esta agrupación es que la inmensa mayoría de sus casi sesenta componentes están comprendidos entre los 5 y los 16 años, más que una agrupación juvenil es una agrupación infantil y es aleccionador y sorpresivo contemplar la segura y ordenada interpretación que imprimen en sus actuaciones. Ya en Valle Guerra habíamos disfrutado con la actuación de al Agrupación folklórica escolar de Ravelo, admirando la vocación y paciencia de quienes eran capaces de, al menos, tener ordenados a unos cincuenta niños sintiendo y transmitiendo nuestros aires regionales/ P&n> en Arico f concretamente con su agrupación «Atxpñai nuestra admiración no ti§en límites y los elogios que se le hagan serán |>ocps,:porque es|:pacienciá y vocación ha luchado aquí con la dispersión de un pueblo, no son niños de un determinado colegio sino de di-

ferentes barrios de un extenso y diseminado municipio, téngase en cuenta que la agrupación está formada por 29 niños de Villa de Arico; 10 del Porís de Abona, 6 de la Cisnera, 6 de Arico el Viejo» 5 de Teguedite, 2 de la Degollada y una de Las Eras, a los que se une una niña 'de Granadilla y hasta cuatro veces a la semana se reúnen en la Villa de Arico para ir ensayando y perfeccionando» Todo esto se ha conseguido merced al entusiasmo de don Juan Martín Cruz y su esposa doña Candelaria Rodríguez Morales: él es el paciente director que ha logrado armoxiizar al conjunto y doña Candelaria es quien ña diseñado el traje confeccionándolo personalmente y, tanto uno como otro han sabido contagiar y entusiasmar a unos padres que contribuyen al transporte y a unas madres que asimismo han colaborado en la confección de los trajes. El esfuerzo que viene poniendo este matrimonio trasladándose desinteresadamente desde el Porís a Villa de Arico, llevando en su propio vehículo a los niños, no solamente ha dado el ejemplar resultado de disponer de una agrupación folklórica sino que ha contagiado al pueblo y les ha hecho sentir la necesidad de constituir una Asociación Cultural y, previa aprobación de sus estatutos por el Gobierno Civil, sus cincuenta socios ya han elegido a su primera directiva, La Agrupación folklórica «Atxoña» que lleva el nombre del mencey de Abona cuenta con 13 guitarras, 8 bandurrias, 5 laúdes, 2 limpies y un tambor y el resto lo forman un grupo de baile y canto, disponiendo de valiosos solistas con encantadores voces de niños y niñas, algunos de apenas cinco años que emocionan a los espectadores, y, para cuyo logro, en especial para el cuerpo de baile, también han venido trabajando en la sombra Rosa-Delia, Lali y Pili que tienen el mérito enorme de, una vez terminada su jornada de trabajo en Santa Cruz, trasladarse de forma desinteresada a Arico para perfilar los ensayos. La Asociación Cultural que se ha creado quiere rememorar las antiguas actividades culturales de Arico que se desarrollaban y para ello ya ha arrendado el local del Cine Gr aliñe donde, no solamente garantizarán sus ensayos, sino en los que, con relativa periodicidad^ ofrecerán diversos acto§; de; práctica '" y divul. -y animamos a esta Agrupación y esperamos que el folklore siga extendiéndose por Arico, completándose con la creación de otra nueva agrupación en el barrio de El Río, cuyos vecinos segu r amenté imitarán esta labor.— Federico Padrón Pérez.


CUANDO NACIA UN MUELLE Y MORIAN LAS PLAYAS