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Lucia Puenzo

INDUSTRIA NACIONAL TIENE 36 AÑOS, CINCO NOVELAS ESCRITAS Y TRES PELICULAS FILMADAS BAJO SU DIRECCION, MUY CELEBRADAS. LA ULTIMA, WAKOLDA, SE ESTRENO EN MAYO EN CANNES, EL MES PASADO EN buenos aires (debio agregar mas salas en la segunda semana), Y a FIN DE AÑO SE VERA EN MAS DE 25 PAISES. el film se llevo varios galardones en el festival de unasur, ademas del premio publico en el festival de san petersburgo. LA LITERATURA Y EL CINE, LA RELACION CON EL CLAN FAMILIAR, SUS RUTINAS CREATIVAS. DE ESO HABLA EN ESTA NOTA LUCIA PUENZO DESDE EL JARDIN DE SU CASA, un lugar que no cambia por ninguna alfombra roja. texto SUSANA PAREJAS

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fotos JAZMIN ARELLANO

i le dan a elegir entre ponerse un vestido de noche y zapatos de taco alto para lucirse caminando la alfombra roja del algún festival del mundo o quedarse en su casa del barrio de Colegiales escribiendo, Lucía Puenzo elige, sin dudarlo, lo segundo. A ella no le gusta tanto el mundo ese de los festivales. Pero a pesar de decir una y otra vez que le gusta más escribir que filmar, no escapó al destino de ser cineasta. Destino que en ella podría ser más bien una cuestión genética. Hija de Luis Puenzo, criada en una familia donde todos de alguna forma están relacionados con el cine -sus cuatro hermanos varones forman parte también de la productora-, en cada proyecto el apellido Puenzo figura en varias de las líneas de los créditos. Lucía arrancó escribiendo y terminó dirigiendo. Como escritora tiene cinco novelas traducidas a varios idiomas. Y en 2010, la revista británica Granta la seleccionó como una de las veintidós mejores escritoras en castellano menores de 35 años. Cuando no está filmando o editando, siempre escribe, ya sea cuentos o novelas. Una rutina que sigue todos los días, desde que se levanta hasta el mediodía y que, “si está embalada”, puede llevarle también la tarde y la noche. Como directora de cine tiene en su haber

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"estudiaba letras y cine y era guionista de otros directores, no me interesaba lo mas minimo dirigir. me encanta escribir y todavia hoy lo disfruto mucho mas que filmar, exceptuando el rodaje." tres largometrajes, XXY -con el que cosechó más de veinte premios-, El niño pez, y el último Wakolda, que se estrenó en Cannes este año en la sección Un Certain Régard (Una cierta mirada), y pasó por el Festival de San Sebastián, irá a Biarritz, Montreal y antes de que termine el año se estrenará en 25 países. Rodada en Bariloche, Wakolda trata sobre la relación entre Josef Mengele, “el ángel de la muerte”, y una niña y su familia. El médico de Auschwitz (reconocido por sus experimentos con detenidos en el campo de concentración y exterminio), camuflado con otra identidad, toma a esta familia para seguir experimentando en humanos. Natalia Oreiro, Diego Peretti, Florencia Bado en el papel de la nena,

y el actor catalán-alemán Alex Brendemühl son los protagonistas de esta película que la vuelve a poner en el lugar de directora. -¿Cómo fue el proceso que te llevó a meterte con un personaje como Mengele? -Escribí la novela un año y pico antes que el guión. Y la novela empezó como yo empiezo en general las novelas: no por tema (en este caso el nazismo, Mengele), sino por ese cuento de una familia que en los 60's en la ruta del desierto conoce a un alemán que ni siquiera en el principio de la novela era Mengele. Era un hombre que tenía una identidad falsa y que se identificaba con esa nenita con problemas de crecimiento que, en realidad, está ligada con cuestiones cercanas mías de otro tipo, cuestiones de la ética en la medicina que pueden ser delicadas. -¿Te atrapó el tema del lado oscuro de la medicina? -Empecé a escribir más por la mirada que tenía el nazismo sobre las cuestiones éticas, de omnipotencia absoluta. Los nazis creían que podían modelar genéticamente una nación entera. Se creían dioses y se transformaron en asesinos, con esa idea potente de moldear. Esa fue mi entrada, lo que me gatilló, más que el nazismo y los nazis en la Patagonia. Me pasa muchas veces con las cosas que escribo, que


Afiche de la película XXY, que recibió más de 20 premios.

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está muy camuflado el motivo por donde entré. -¿Creés que hoy se ve ese lado oscuro que planteás en la película? -Sí, existen esos cruces de los umbrales de la medicina, que es el gran invento de estos tiempos modernos, que es lo más luminoso y sanador por un lado, pero también puede tener una contracara oscura, ciertas cuestiones médicas cuestionables. -Hace un tiempo dijiste que nunca más ibas a adaptar un libro para guión, ¿qué pasó? -Qué puedo decir... No cumplo con mi palabra. Jamás escribo una novela como guión. Es más, estaba trabajando en otro guión, El faro de las orcas, que ahora va a venir a filmar un director español, y en un momento me di cuenta de que no era eso lo que quería filmar. Entonces Wakolda estaba rondando en mi cabeza y quise probar cómo sería adaptarla al cine. -¿Qué pesa más, la escritora o la cineasta? -Empecé a escribir y a publicar desde los

22 años. Estudiaba letras y cine y era guionista de otros directores, no me interesaba lo más mínimo dirigir. La verdad es que me encanta escribir y todavía hoy disfruto mucho más escribir que filmar, exceptuando el rodaje. -¿Tenés una rutina de escritura? -No puedo escribir literatura todo el día porque no llego. Escribo poquito por día, una, dos o tres páginas, pero en general lo que escribo no lo toco mucho más. Es bien diferente el proceso del cine al de la literatura. Cuando escribo literatura tal vez estoy ocho horas con una página, pero esa página casi no la escribo de nuevo, queda así, y en cine tal vez hay diecisiete versiones que cambiaron. -¿Qué tanto tuvo que ver tu papá en la decisión de volcarte a la dirección? -Mi viejo siempre fue muy respetuoso de lo que quisieran hacer sus hijos. Lo que a mí me pasó es que hice un corto, Los invisibles, y me divirtió hacerlo. Fue cuando dije: “Mmm.. me parece que sí querría dirigir...”. Después salió una beca para irme a París, a la


"el nuevo cine argentino no nace de un repollo, sino porque una generacion de tipos como mi viejo se remangaron e hicieron una ley de cine muy buena que permite que toda la nueva generacion filme." Fundación del Festival de Cannes, a escribir seis meses. Ahí escribí La maldición de Jacinta Pichimahuida y XXY, y la condición para hacer esa beca era que el guión que escribías lo tenías que dirigir. Entonces dirigí XXY, y la verdad es que el rodaje de esa película todavía hoy lo recuerda todo el equipo. Me di cuenta de que quería seguir dirigiendo. -Ya van dos veces que mencionás lo bueno del rodaje. ¿Es la mejor parte de hacer una película? -Me parece que el cine vale la pena por esas seis semanas de rodaje. Me divierto mucho en el rodaje, me gusta filmar y me gusta mucho la sala de edición, editar, que es lo más parecido a escribir. Creo que ahí es donde más se

parecen el cine y la literatura. -Pero seguís prefiriendo la literatura… -Creo que la literatura es un mundo todavía mejor. El cine tiene esta cosa de que es todo planificación, que salvo las semanas de rodaje donde te dejan jugar un rato, y en la edición, donde te dejan volver a jugar, que es donde vale todo, es mucho remarla para armar la película. Yo soy productora también de mis películas, así que tuve un año y medio de trabajo duro. -¿Qué tan duro? ¿Lo decís por la situación del cine nacional? -Por un lado en la Argentina tenemos mucha suerte de tener un cine subsidiado. El nuevo cine argentino no nace de un repollo. No es casual, nace porque una generación de tipos como la de mi viejo se remangaron e hicieron una ley de cine muy buena que permite que toda la nueva generación filme. Por suerte muchos directores jóvenes se dan cuenta de que eso es así y de que están filmando por eso. Para los europeos, en cambio, está un poco más difícil. Después hay otro fenómeno raro, y es que las coproducciones están empezando a hacerse más latinoamericanas. Hay películas argentinas que se están haciendo con México, Venezuela, Brasil. Wakolda fue como un año y medio de meter a bordo a los que entraron. -Te la pusiste al hombro… -Mucho, muchísimo. Fue mucho esfuerzo hasta que la pudimos hacer. -Formás parte de la PCI (Asociación Proyecto de Cine Independiente), ¿en qué están trabajando desde ese lugar? -Somos sesenta directores de mi generación que estamos trabajando muy activamente respecto de la distribución, porque creo que así como hablábamos de que hay una ley de cine que hace que no sea tan difícil poder llegar a filmar una película, lo que está más frágil es la distribución. Si las películas no cumplen la media cuando llegan a las salas, te las barren. Es cruel, porque son dos o tres años de la vida que te barren en tres semanas. Y realmente cada película encuentra a su público y necesita un tiempo, y el cine argentino necesita un tiempo para que el público llegue a verlo.

Arriba: Wakolda, que para fin de año se verá en más de 25 países. Abajo: Inés Efrón, en XXY.

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-¿Cómo sos como directora? -Habría que preguntarle a los demás. Tengo casi siempre el mismo equipo, nos conocemos mucho, somos muy amigos, una banda. Y a esas pocas personas de mi confianza las escucho mucho. Ellos leen todas las versiones del guión. Por sobre todo, me gusta que los rodajes tengan buen clima, porque se puede trabajar bien sin gritos ni disciplina militar. A mí la cosa del cine más militarista no me gusta. -¿Y cómo te llegan las críticas? -Trato de no dedicarle muchísimo tiempo a todo lo que todo el mundo opine, más que nada porque creo que no podría seguir haciendo cosas si fuera así. Lo digo por lo bueno y por lo malo. Tengo mis lectores de confianza de los que sí me importa su opinión y a quienes escucho. Son pocas voces a las que escucho, si no, si escuchara y leyera todo lo que sale, sería muy paralizante para mí. Hago un esfuerzo por no leer tanto, por concentrarme en lo nuevo que estoy haciendo, y no engancharme en la crítica. fuera de camara Lucía tiene 36 años, vive en el barrio de Colegiales, en una casa antigua que junto con Sergio Bizzio, su pareja desde hace 12 años, recicló para convertirla

Arriba: El niño pez. Abajo: La furia de la langosta, una de sus cinco novelas.

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"de 40 chicos que estudiaban cine en 2001 en el ENerC, 25 se fueron a vivir al exterior y, de esos, 18 volvieron a trabajar a la argentina. Y aqui trabajan en lo que quieren, mientras que afuera no." en su lugar. Allí trabaja, cocina (“te cocino lo que quieras”, arriesga), se ocupa del jardín y la huerta y escucha música. “En mi casa siempre hay música porque Sergio tiene una banda de rock, y su hijo Blas, que tiene 15 años, también tiene una banda buenísima. Es un caos, siempre hay diez adolescentes tocando la batería y la guitarra”, cuenta. En este momento retomó la escritura de la novela Los invisibles, terminó de escribir un guión sobre Tina Modotti (“una fotógrafa alemana que vivió en México, y el año que viene filmaremos la película en ese país”), y está con otro proyecto que hará junto con Sergio (“nos contrataron unos productores brasileños para filmar en Colombia, en Antioquia, así que la filmamos el año próximo”). Muchos proyectos para una chica que ya no se avergüenza cuando su padre habla bien de ella -“ahora cuando papá habla de nosotros, nos da ternura”-, sonríe.

-¿Alguna vez pensaste en irte del país? -En 2001 yo estaba pensando en irme a vivir a España porque acá no había nada que hacer. Hay mucha gente que se olvida de cómo estábamos en ese momento, yo no. Hay un hecho muy claro y es que de cuarenta chicos que estudiaban cine en 2001 en el Enerc, la escuela estatal, veinticinco se fueron a vivir al exterior y, de esos, dieciocho volvieron a trabajar a la Argentina. Y aquí trabajan en lo que quieren, mientras que afuera no. Me sorprende que la gente se olvide de cómo estábamos hace tan poco. A mí me parece que este gobierno hizo muchas cosas muy bien, obviamente soy crítica de otras cosas, pero realmente yo lo voté y estoy contenta, es el país en que me gusta vivir, y en el que querría seguir viviendo. -¿Viajaste mucho? -Muchísimo. Me gusta viajar, desde la adolescencia viajo sin parar. Viajé de mochilera muchas veces. Terminé quinto año y me fui de viaje por todo Latinoamérica, México y Cuba. Estudié en Cuba, Bolivia, Perú, de mochila, eran viajes de tres meses. Me gusta llegar a un lugar y quedarme un tiempo. -¿Y de todo lo que conociste, cuál elegís como tu lugar? -Mi casa, sin duda. Me gusta estar en mi casa y escribir. Me gusta estar con mis amigos, con Sergio, en la librería a la que vamos siempre, Mansalva, que es nuestro club, me gusta eso. Tengo un jardincito y me gusta plantar cosas, también tenemos una huerta. Me gusta mi casa, y quedarme en ella. -Sos la única mujer entre cuatro varones, supongo que vos serías más la mimada… -No, yo era muy varonera. Me encantaba estar en ese mundo de hermanos varones y siempre viajando. El rodaje estaba asociado con mucha diversión para nosotros. Eramos muy chiquitos en la época de La historia oficial, que se filmó dentro de mi casa. Era obviamente el mejor programa del mundo, no nos queríamos ir al colegio. Después, con todas las películas que filmó mi papá, viajamos siempre a donde él estaba. Vivimos en México casi un año. Era muy divertido, éramos una banda y estaba muy bueno que todos fueran varones. -Ustedes los Puenzo son un clan. Trabajan juntos, crean juntos, ¿hay espacio para hablar de otros temas cuando se reúnen? -Como buenos tanos, nos peleamos y también nos reímos a los gritos. Y hablamos solamente de otros temas. No aguantamos más hablar de cine.

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