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Amor es un mito. Agente Arte Hormiga


Ilustraciones

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Eko de la Garza UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE LA CIUDAD DE MÉXICO Nada humano me es ajeno RECTOR Manuel Pérez Rocha COORDINADOR ACADÉMICO María Rosa Cataldo

Emir Guerrero

COORDINADOR DE PUBLICACIONES Eduardo Mosches CULTURA URBANA • REVISTA DE LA UACM

Agente Arte Hormiga

DIRECTOR Juan José Reyes COORDINACIÓN EDITORIAL Óscar González David Huerta

Mónica Ae

JEFA DE REDACCIÓN Y RELACIONES PÚBLICAS Rowena Bali Diseño Juan Pablo de la Colina

Pozo

CONSEJO DE REDACCIÓN Ernesto Aréchiga, Sergio Raúl Arroyo, Silvia Bolos, Óscar de la Borbolla, Ana García Bergua, Fernando García Ramírez, Iván Gomezcésar, Luis Felipe González, Bárbara Jacobs, José Agustín, Eduardo Langagne, Mónica Lavín, Vicente Leñero, Emiliano Pérez Cruz.

Ermi Taño

VENTA: Sanborn’s, Educal, librerías La Jornada, FCE y Gandhi Achar CULTURA URBANA invita a los miembros de la comunidad de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y a los lectores en general a enviar a la redacción colaboraciones y comenta­ rios. Asimismo, se reserva el derecho de elegir el material que publicará en sus páginas. Coordinación de Difusión Cultural y Extensión Universitaria: División del Norte 906, Octavo piso, Colonia Narvarte, Delegación Benito Juárez, C.P. 03100, Ciu­ dad de México y culturaurbana00@yahoo.com.mx Reserva del título: 04-2004-100113432600-102 ISSN: 1870-1817 Impresa en los talleres de la UACM, a cargo de Felipe García, ubicados en Av. San Lorenzo 290, Colonia Del Valle, Delegación Benito Juárez, C.P. 03100

Erick Verdier

Daniel Alva

Mario Malabet


EN EL RINCÓN DE UNA CANTINA AÑO 3 • NUM. 22-23

5

Alba (jirones)

115

Llegó borracho el borracho (Aforismos)

123

Anotaciones para la biografía de una puta argentina

137

José Kozer 10

Marco Antonio Huerta

Darío Armenta 13

Ernesto Lumbreras 14

Missing

Jair Cortés 17

Un plagio borgiano

(Desde) y (hacia) la Antigua Camelia Paris desde la esquina Dalí Corona

La puta renegada y su gañán frustrado Miguelángel Díaz Monges

147

Las cantinas: una tradición oracular Armando Haro 34

Leo Mendoza 25 27

Rowena Bali

Kaos

Daniel Fragoso

86

Anyone, anywhere Video amnesia

102

Gonzalo Lizardo 37

Los gatos prostitutos Alberto Chimal

85

El fauno en su oficina Alfredo García Valdez

93

Amor finado en tu centro

Tepito tepitorum La sopa de migas Alfonso Hernández

Sergio Loo 29

Amazon Party Capítulo 17 La vejez verdadera

Segundo Piso Cumplir con el beber Javier Escalera

150

Resonancia Eden Bernal

154

Librario

Alejandra García

Enrique Alducin 99

Sopa de coditos Omar Delgado

109

Polo Loco Ruy Guka

CUBA EN LA CULTURA Sonia Ortega Gustavo Arcos Ninowska Fernández-Brito Juan Antonio Rosado

Página 41

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Las dos antorchas versi贸n III. Eko de la Garza

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Alba (jirones) José Kozer

La onza pega un salto inusitado se incrusta emblema (camafeo) una arista se desprende atónita la onza sigue su trayectoria: primera hormiga de ónice aún incapaz de moverse, rebulle el hormiguero, inquieto el mundo subterráneo se apresta a reconocer con el salto de la onza detenido en medio del aire (fuego contra aire la detuvieron) la llegada del amanecer: la Dama del Armiño asimismo llamada Dama del Perro (fifí) coloca sobre el tocador peineta de carey, arracadas de platino con perla tamañuda que escurre en la luna curva del tocador gota azogada de rocío: le trae a la memoria un lejano jardín rejalgar, varasetos, columnas, un amor maniquí, pantalón estrecho (negro) a rayas, camisa de chorreras, puños almidonados con yugos de oro, un rubí junto al cierre de las mancuernas: corbatín (pasador) olor a gomina: se pone las tres sortijas heredadas por vía materna (del padre jamás supo nada)

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Alba (jirones)

José Kozer

ópalo, cornalina, ópalo. Tiara le apretará las sienes (no pensar) tres carbúnculos en el centro, ocho de la mañana y sigue en ayunas, una vez más no consigue desprenderse de la figura del espejo: ¿propia? Nada acaece en sus pupilas que pueda aseverar. ¿Onza es pedrería o majestad animal (real) que se le aparece en el sueño, o en las pocas páginas de un libro que le leyera en aquella ocasión el Caballero (¿de los montajes?) que hizo el papel de húsar, de decadente, de pretendiente, en todos los escenarios de Europa? La Vieja Europa aún por recorrer. ¿Recorrer? ¿A su edad? La estola de armiño huele a naftalina, toda su bisutería un ensueño de onzas y de hormigas transformando la tarequería que yace cogiendo polvo en los estantes, antepechos, mesas de luz, consola, centros de mesa, la ausencia visible de los aspavientos de una visita inexistente. Que se

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Madame Du Barry. Eko de la Garza

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Cantos. Eko de la Garza

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Alba (jirones)

José Kozer

avenga, nadie (nadie) viene. Ya está (¿por mano propia?) el desayuno: el panecillo a palo seco, el café aguado, el agua deteriorada en el vaso, y una rosa versallesca en un jardín estéril, álbum, litografía, de ahí se derrama la mucama (no hay) se derrama (retenido en su taza) el nescafé edulcorado enfriándose sobre la mesa: le quedan dos sillas, una consola, catre, mesas de noche, lámpara con tulipa en forma de hongo, tocador, estantes, y gavetas repletas de cachivaches, y la fuerza suficiente para salir al jardín reseco a mirar los ciempiés, acuclillarse y dejarse penetrar entre las telas desgastadas por un viento (cierzo) a ramalazos (Cuaresma).

José Kozer. Poeta, ensayista y traductor cubano. Su obra tiene reconocimiento internacional. Ha publicado más de 4400 poemas en muy numerosos libros y antologías. Publica asiduamente ensayos en diversas revistas internacionales. Algunos de sus libros son Padres y otras profesiones, Y así tomaron posesión en las ciudades, Bajo este cien, El carillón de los muertos y Trazas del lirondo. La UACM publicó en 2006 su libro Ogi no mato. CULTURA URBANA 9


Llegó borracho el borracho (Aforismos) Darío Armenta

Cantina corazones. Daniel Alva

Los borrachos siempre dicen la verdad pero sólo suelen escuchar­ los otros borrachos. ¿Por qué discuten entre ellos, riñen, intercam­ bian injurias e inclusive golpes? No lo hacen cuando, a su modo, se declaran amistad, amor. Entonces el trueque es de elogios, recom­ pensas. Lo que ocurre es que el mundo no los entiende. Cuando pelean el otro es siempre parte de aquel mundo ajeno, contrario. Un infiltrado. La verdad es entonces de uno sólo. Exactamente como suele ocurrir en todos lados, entre todo el mundo.

Ya con copas, se decide a abordarla. No podría resistírsele. Quién sabe de dónde ha saltado el encanto pero sin duda se ha instalado en él. Piensa con más claridad que nunca, o no piensa: es un ilumi­

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nado. Ella lo mira. No puede eludir su aliento, el nuevo pero oxidado hedor que suelta. Descubre en las primeras sílabas tropiezos, arras­ tres, una exaltación pesada. De cualquier forma, a las primeras, se deshará de él. A menos de que ella también esté borracha.

Un borracho se inquieta si el que lo acompaña no bebe. Hay incluso bebedores que desesperan porque su contertulio toma despacio, sin prisa, no “al parejo”. Acaso le suceda lo mismo que al sobrio ante un beodo: reconoce de inmediato una total falta de sintonía. Pero además el borracho necesita un cómplice, uno al menos. Para llegar a él mismo, para verse al menos por instantes con toda niti­ dez, requiere de un interlocutor. En tal sentido, el borracho se acer­ ca al filósofo.


Llegó borracho el borracho (Aforismos)

También pasa que la complicidad obedece al sentimiento de que está haciéndose algo clandestino, o sencillamente de culpa. No ten­ dría sentido la borrachera si todos en el mundo estuvieran borra­ chos al mismo tiempo. Lo disparatado necesita un fondo ordenado, unas barreras que hay que transgredir. Solo, el borracho no halla fuerza para trasponer esos límites.

El borracho solitario se llena de palabras, de ideas que le dan vuel­ tas. Como el alcohol, van llenando su cuerpo. Le dan fuerza, ánimo, al principio. Luego se le revuelven, lo indigestan. Tiene ganas de arro­jarlas pero no tiene a quién. Entonces sus palabras comienzan a corroerlo. Se lo comen, poco a poco, día tras día, trago a trago.

Cuánta alegría la de los muchachos que se juntan en horas de cla­ ses, compran un pomo, se trepan a un coche, ponen a todo lo que da el volumen de la música que disfrutan. El tiempo es suyo. Beben y beben y fuman y platican. Comparten con los borrachos mayores una extranjería: son distintos, sólo se comprenden entre ellos.

Darío Armenta

LA ACERA DEL FRENTE México por dentro, o sea guía de forasteros (Fragmento) Al callejón de la Danza no vayas si eres casado, pues allí suele bailar el honor con pie quebrado. Si buscas a un embustero, en la calle de Jurado hallarás muchos, que mienten por cada dedo jurando. En la calle del Vinagre verás valentones varios, y éstos dicen que han vivido en la calle de los Gallos. Alcahuetas declaradas y lenones disfrazados en la calle del Tompeate tienen prevenidos cuartos. En la de los gachupines hay muchos que han peligrado; pero en la del Indio Triste hay criollos en igual caso. Si se te ofrece pedir, líbrate de los tacaños, que en la Pila Seca viven por no darle ni agua a un gato. Si buscares a algún pobre, mira que no has de encontrarlo en la calle de la Joya; sí, en el puente de Solano. continúa en la página 23

Darío Armenta. Traductor, poeta y ensayista. Ha escrito los libros de poemas La fuga y el fuego y Los delirios y el libro de ensayos A un paso de la victoria. Textos suyos han aparecido en diversas publicaciones de México y el extranjero. CULTURA URBANA 11


Louis Capet y la Guillotina. Eko de la Garza

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Anotaciones para la biografía de una puta argentina Ernesto Lumbreras

Vino de Buenos Aires, jovencita. Parecía una fruta sobre la hierba o un ratón asustado por la lluvia o mejor, un anillo bajo el lodo de un camino que lleva al cementerio. Llegó un día de viento. La belleza y el placer le dijeron que pensara, mientras estuviera aquí, en un sendero

hizo un carnaval en tardes de triste lujuria. Lo mejor de esta muchacha fue su manera de recordar nombres de animales o plantas que jamás existieron. Sirviendo a la belleza en casa del placer, soñó palabras que no abrieron jamás la boca para decirle lo que saben de sus sueños.

que termina o principia justo al borde de un salto de agua. Dio su cuerpo y su alma a la pura verdad de oír la noche, en el momento justo, cuando el cuerpo pide a gritos su cama de carbones al rojo blanco. Dócil como un guante un sí de agua con rosas siempre tuvo para el hombre de buena o mala cara. Con un cuchillo y con una luciérnaga

Sin decir agua va, una noche dijo: Morirse con los ojos bien abiertos, para ver muchos pájaros sería la gloria. Ningún cliente, hasta el momento, se queja de sus locas ocurrencias. Finalmente, sin darse demasiada importancia, mira una nube en forma de guitarra y se deja ir, hechizada, por la música azul de un salto de agua.

Ernesto Lumbreras. Es autor del libro de poesía Espuela para demorar el viaje y coautor de Desmentir la noche. Ha sido becario del Fonca en tres ocasiones. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes. Artículos y poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones del país. CULTURA URBANA 13


Missing Jair Cortés

Me piden que te busque, que grite en una esquina, tu apellido paterno. Salgo de nuestra casa: el mundo ya no está. Me piden que te busque y termino perdido, gritando santo y seña de mi misma persona, alzando ya la voz en espera de verme llegar por otro lado con muy buenas noticias.

Jair Cortés. Poeta y traductor. Su obra ha sido incluida en diversas antologías de poesía mexicana. Junto con Rogelio Guedea preparó y prologó el libro A contraluz. Poéticas y reflexiones de la poesía mexicana reciente. Autor de los libros A la Luz de la sangre, Tormental, Contramor y Caza (Premio Nacional de Poesía “Efraín Huerta” 2006). Parte de su obra ha sido traducida al portugués, náhuatl, inglés, mayo, tsotsil, francés y catalán. 14 CULTURA URBANA


A la Ginecocracia. Eko de la Garza

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Amor de la calle. Eko de la Garza

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Un plagio borgiano Leo Mendoza

Menen Desleal soñó alguna vez con que Borges le prologara uno de sus libros y escribió un texto “a semejanza de”, un volumen publicado convirtió en realidad su deseo. Pero Menen llevó aún más lejos sus postulados y se convirtió, él mismo, en un personaje de Borges

El plagio puede ser, como el asesinato, una de las bellas artes; sobre todo si no se descubre, porque, de otro modo, se transforma en pecado. En Culiacán, hace ya muchos años, David Balderrama acusó a Óscar Liera de copiar los poemas de Alva de Acosta y des­ pertó un avispero aun cuando ambos poemarios –el del presunto plagiario y el de la plagiada– no se encontraban muy a la altura del arte que digamos. Pero hay otros casos aún más escandalosos y a los que el olvi­ do, esa otra forma de la memoria, ha cubierto pudorosamente con su manto. Uno de los más sonados fue la acusación que Ramón Rubín hizo en contra de don Alfonso Reyes y que acabó, prácticamente, con la carrera del mazatleco pues se sabe que las venganzas de nuestros héroes literarios suelen ser terribles. A Camilo José Cela, plagiario in fraganti, las acusaciones le hicieron lo que el viento a Juárez mientras que el peruano Bryce Echenique ha tenido que luchar a brazo parti­ do para librarse de la mala fama producto de haber publicado con su firma algunos textos que, al parecer, fueron escritos por otros, sin que se haya aclarado el punto. Sin embargo, en defensa de todos los plagiarios –voluntarios e involuntarios– se levanta la frase del catalán Eugenio d’Órs: “todo lo que no es tradición es plagio”, que viene como anillo al dedo

porque contra una acusación así, como contra la base por bolas, no hay defensa, sobre todo cuando el plagio está comprobado. El sen­ tido común nos dice que lo mejor es encogerse de hombros y decir, por lo bajo y con cierto rencor: “pues si hasta Luis Miguel plagia”. El problema en el terreno literario es que, como bien lo señaló Bor­ges, los temas son apenas un puñado y uno siempre corre el ries­ go de repetir lo que dijeron otros, aun sin saberlo, o de creer que ha inventado el hilo negro, dejando de lado al Eclesiastés. Curiosamente, el autor de Ficciones (a quien llegaron a atribuirle poemas tan terri­ bles como “Instantes” y ha sido imitado hasta el hartazgo) también cometió plagio, aunque involuntario y póstumo, debido al apresura­ miento por agotar la rica veta de sus textos, aun de aquellos que él prefirió dejar en el olvido y que hoy son reeditados con el copyright de María Kodama. La historia parece un cuento del mismo Borges en el que los personajes son un escritor salvadoreño, un estudioso gua­ temalteco y Bioy, quien es el testigo, y que ha quedado al descubierto gracias a esa enciclopedia biorgiana que son las memorias del autor de La invención de Morel. Pero vayamos por partes, en el 2003 Emecé publicó El círcu­ lo secreto, una selección de alrededor de 70 notas y prólogos de Borges quien consideraba que este ejercicio literario, bien escrito,

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Un plagio borgiano

Leo Mendoza

era una forma lateral de la crítica. De ahí que muchos de estos tex­ tos borgianos fueran recogidos en libros como Prólogos (Con un prólogo de prólogos) y Biblioteca personal y, sumados a otras re­ copilaciones, son una suerte de suma general acerca del gusto y la astucia literaria del argentino. En El círculo secreto, cuya edición estuvo al cuidado de Sara Luisa del Carril y Mercedes Rubio de Zocchi, además de los consabidos prefacios se encuentran algu­ nas notas diversas –o escritas en colaboración– como las dedica­ das a Xul Solar o las palabras liminares al Diccionario Enciclopédico de Grijalbo. En la página 34 aparece una “Carta de Jorge Luis Bor­ ges” que antecede al libro Cuentos breves y maravillosos del es­ critor centroamericano Álvaro Menen Desleal (Álvaro Méndez Leal, 1931-200), la que en realidad no fue escrita por Borges. Hoy lo sabemos gracias a una de las anotaciones de Bioy Casa­ res aunque algunos años atrás lo había contado el escritor y músico salva­doreño Rafael Menjívar Ochoa, quien le dedicó un texto que se en­ cuentra en su blog: http://lamanchaenlapared.blogspot.com/2007/04/ borges-plagia-menen-desleal.html. Aun así, la historia es fascinante. Borges y el otro El 11 de septiembre de 1963, Borges le comentó a Adolfo Bioy que un personaje guatemalteco –Alfonso Orante– le había enviado un libro titulado Cuentos breves y maravillosos, cuyo título “obviamente recuerda el de nuestra antología Cuentos breves y extraordinarios”. El libro iba precedido de una carta elogiosa escrita supuestamente por Borges, aunque en realidad se trataba de un apócrifo. “Una suerte de centón de frases de Borges hilvanadas”, señala Bioy y agrega que su amigo tenía dudas porque era posible que su madre –doña Leonor Acevedo de Borges– le hubiera contestado al autor salvadoreño sin comentárselo siquiera. Sin embargo, ambos escri­ tores descartaron dicha posibilidad porque la misiva era demasiado extensa y estaba escrita en un estilo borgiano, algo ajeno por com­ pleto a la madre del escritor. Los dos amigos leen algunos cuentos y los encuentran diverti­ dos. Además, descubren que en el posfacio Menen Desleal le ofre­ ce disculpas a Borges por el texto inicial. La carta de Orante era,

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en realidad, una especie de reclamo contra el supuesto plagio y, al parecer, demandaba por lo menos una condena por parte de Bor­ ges con la cual desenmascarara al plagiario. Cosa que no ocurrió. “Borges –cuenta Bioy–, no sabe muy bien qué hacer. Piensa que el autor es una persona más inteligente que el corresponsal pero que alguna razón tiene éste, porque, para que la carta apócri­ fa pasara como parte de una broma, el autor no debería hacerla trabajar en provecho propio: los generosos elogios de sus cuentos invalidan su carácter de obra desinteresada. Yo le digo: ‘No podés ponerte en contra de un pobre individuo bastante inteligente, que has montado hasta tal punto que no tiene libertad ni posibilidad de escribir sino como imagina que vos escribìs’. Contesta, por fin, sin dar mayor importancia al asunto: con elogios para el libro y aun para la carta apócrifa” (Borges, p. 950). La carta de respuesta fue rescatada por Menjívar y la incluyó en su artículo. Son apenas dos párrafos en los cuales Borges indica que él no es el autor de la misiva aun cuando la celebra: “Ya que el volumen consta de una serie de juegos sobre la vigilia y los sue­ ños, queda la posibilidad de que mi carta sea uno de tales juegos y travesuras”, señala el escritor argentino quien, por supuesto, no es­ peraba que Álvaro Menen Desleal fuera víctima del escarnio, aunque se equivocó. El primer plagio De acuerdo con Menjívar, la carta apócrifa se convirtió para el es­ critor salvadoreño en una maldición, un sambenito que lo acom­ pañó el resto de su vida. Incluso su más célebre obra de teatro, Luz negra, fue considerada como una copia de Samuel Beckett. A lo largo de muchos años, Menen tuvo que luchar contra esta fama de plagiario aun cuando el propio plagiado había entendido per­ fectamente aquel juego literario. Lo que ocurre, señala Menjívar, es que en rea­lidad son muy pocos los que han leído los Cuentos breves y maravillosos, y por eso se sigue acusando a Menen de lo mismo. El libro en cuestión forma parte, curiosamente, del acervo de la Biblioteca Central de la UNAM. Su número de clasificación es PQ7539M43C8 y fue donado por el Ministerio de Educación salva­ doreño. El pie de imprenta lo fecha en 1963 y se imprimió porque


Los amantes de la 28th street. Eko de la Garza

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Las pasiones del subsuelo. Eko de la Garza

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Un plagio borgiano

obtuvo un segundo lugar –ex aequo– en el VII Certamen Nacional de Cultura. Cuentos breves y maravillosos –cuyo subtítulo es también revelador: Buenos Aires, 10 A.M.)– está compuesto por 39 cuen­ tos y dos textos: la carta y el posfacio. Algunos de los textos podrían catalogarse como de anticipación científica, otros, por el contrario provienen de la vasta tradición de la fantasía orien­ tal –tan celebrada por Borges como por Bioys–. Varios de estos cuentos son lo que hoy se llama microficciones como “El sueño soñado”, “El cuento soñado” y “El hacedor de lluvia”, mientras que otros se extienden a lo largo de varias páginas para llevarnos a una conclusión muchas veces sorpresiva y acompañada, la más de las veces, de una profunda ironía. Uno de estos cuentos, “El cocodrilo”, se encuentra inspirado en el sueño de Chuang Tze, el mismo de la mariposa soñadora, mien­ tras que “Los cerdos”, que llamó la atención y divirtió a la pareja de escritores argentinos, recrea en un molino el mito de Circe y, sin que la hechicera aparezca por ninguna parte, una familia entera sufre esta metamorfosis y todos sus miembros acaban convertidos en ani­males y estudiados, a lo lejos, por un grupo de científicos. Puede decirse que el libro de Menen Desleal es afortunado en muchas de sus propuestas y, aun cuando recrea o reformula algu­ nos de los temas borgianos, jamás se convierte en un plagio. Tras los prolegómenos oficiales característicos a una edición premiada que reproduce las actas del jurado, el libro se abre, luego de unos epígrafes de Tennyson y Renard, con la famosa carta. Para Menjívar este texto es el primer cuento del libro. Un hecho que, asegura, Menen Desleal defendió a lo largo de toda su vida y aun cuando no es un cuento en el estricto sentido de la palabra, la misiva y el posfacio constituyen una suerte de juguete literario, un homenaje a Borges a la vez que la apropiación de algunos de sus textos para crear un nuevo texto (algo que en nuestra “posposmo­ dernidad” no causaría ningún revuelo). El falso Borges –el que creó Menen– escribe: Mi querido amigo: Al conocer sus Cuentos breves y maravillosos, pienso que no fue meramente accidental que Kafka escribiera La Muralla China: se re­ pite en usted la nota de lo que con Bioy Casares llamamos las anti­

Leo Mendoza

guas y generosas fuentes orientales. Se repite y se prueba mi idea de que el número de fábulas o de metáforas de que es capaz la imaginación de los hombres es limitado, pero que esas contadas in­ venciones pueden ser para todos, como el Apóstol. Limitado o no, lo cierto es que usted prueba a su vez que ese número no está en manera alguna agotado. Debo agrade­ cerle ese descubrimiento: si repara en La perpetua carrera de Aquiles y la Tortuga verá que, en efecto, yo no solicito otra virtud que la de su acopio de informes; pero la joya la dejo allí, impene­ trable, delicada, límpida, como la concibiera un día en Elea el discípulo de Parménides, negador de que pudiera suceder algo en el universo. Mas usted le da nuevo engaste y logra con inten­ sidad lo que otros, en más de veintitrés siglos, no lograron con extensión. Por eso yo no acepto el homenaje que me rinde al declararse mi seguidor. Si de algo es usted seguidor es de sus propios sueños. Borges y Bioy al leer la misiva cayeron en cuenta, casi de in­ mediato, que el texto era apócrifo, aunque para Borges ese hecho no hacía de Menen Desleal un plagiario. Este pensamiento fue con­ firmado cuando, al llegar a las páginas finales, encontraron el si­ guiente posfacio: Querido maestro Borges: “Mi vanidad y mi nostalgia –me digo con sus palabras– han armado una escena imposible”. De pronto despierto de un sueño y tengo su carta en las manos, como la flor de Colridge (sic). Entonces me re­ pito los versos de Tennyson: for nothing worthy proving can be proven, nor yet disproven. Querido maestro Borges: Si este libro gana su reconocimiento, más lo deberá a su padrinaz­ go que a mis cuentos. Ojalá el público lo lea con aprobación, acaso porque en él reconozca la voz suya, maestro, acaso porque la prác­ tica deficiente importe menos que la sana teoría. Con el agradecimiento de A.M.D. Ahora bien, quizá aquel 11 de septiembre, cuando los dos ami­ gos leyeron el libro de Menen Desleal, intuyeron el drama que ex­ plicaba por qué aquel libro había viajado desde El Salvador hasta la Argentina.

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Un plagio borgiano

Leo Mendoza

Algunas conjeturas ¿Por qué Alfonso Orante le envío a Borges este libro? En los co­ mentarios del diario de Bioy aparecen algunas pistas: Borges cree que el autor del libro es más inteligente que el remitente y eso le impide hacer cualquier reclamo. Quizá en aquella noche porteña, ambos, que han vivido el pequeño clima de envidias, odios y mezquindades del mundillo literario, reconocieron que aquel envío escondía uno más de esos rencores inexplicables e imaginaron que el remitente era alguien que había tomado parte en el concurso o que pensaba tomar venganza de Menen Desleal, desenmascarándolo como plagiario. La historia, conjeturalmente, podría ir más allá: el propio autor del libro le habría confesado su osadía y el remitente, llevado por su deseo de revancha, a causa de los celos o por uno de esas raras razones, le mandó a Borges aquel libro pues su respuesta sería definitiva para acabar con Menen Desleal. Y aun cuando esto no ocurrió la mala fama se empeñó en perseguir por el resto de sus días al autor salva­ doreño, e incluso, como bien lo señala Menjívar, hasta después de su muerte. Pero hay aún otras conjeturas que nos quedan en el tin­ tero. Podemos imaginar que la lectura de aquella carta puso

sobre aviso a Borges de la existencia de ese otro que aparece en “Borges y yo” y “El otro”. Y le dio una idea muy clara del mundo especular en el que vivía. También queda otra pregunta por hacerse: ¿por qué las dos editoras de la enésima recopilación borgeana incluyeron en el libro un texto apócrifo y dejaron de lado la carta que JLB le envió a Orante sí es auténtica? La respuesta todos la sabemos: porque a más de veinte años de su muerte las obras del argen­ tino –sobre todo aquellas que aún no han sido rescatadas– son rentables. Sin embargo, en su apresuramiento, las compiladoras no pudieron descubrir el engaño, la trampa plantada hace 44 años por un oscuro escritor salvadoreño. Y, lo que es peor aún, a las dos antologadoras se les escapó el significado de lo que Me­ nen Desleal había hecho al convertir a Borges, en una fecha muy temprana, en un personaje de ficción. El mismo Borges lo re­ conoció y tal vez haya sido ese otro Borges (aquel que inventó al escritor argentino) quien escribió la carta que celebra los cuen­ tos del salvadoreño. En todo caso, la edición de El círculo secre­to sirvió para descubrir, gracias a Menjívar, que el verdadero texto inédito de Borges es la carta de respuesta a Orante –que no ha sido recogida en ningún libro– y donde se alaba tanto al juguete como al juguetero.

La piel. Eko de la Garza

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Un plagio borgiano

Tres años más tarde, otra entrada del diario de Bioy presenta una vuelta de tuerca insospechada para la historia de Menen Desleal quien, dice el escritor, está en la cárcel debido a que plagió una obra de Shakespeare, pues, but of course, ganó un concurso y fue denun­ ciado por uno de los perdedores. Bioy reflexiona sobre un hecho sor­ prendente: Menen Desleal estaba considerado en ese momento en El Salvador como el fundador de toda una corriente literaria, los recrea­ cionistas, cuyos miembros saquean abiertamente todo tipo de textos, aunque en el prólogo, sabiamente, explican que se trata de un plagio. Bioy, asombrado, reconoce que esta corriente –que en el país cen­ troamericano cuenta con muchos seguidores– nació primero de un hecho y posteriormente se creó la teoría aunque se ha llegado al ex­ tremo de recrear lo recreado; algo que lleva mucho más lejos los pos­ tulados de aquel Paladión inventado por Bustos Domecq quien, sim­ plemente, daba a la imprenta, libros ya publicados que expresasen su alma “sin recargar el ya abrumador corpus bibliográfico o incurrir en la fácil vanidad de escribir una sola línea”. Epílogo En la planta principal de la Biblioteca Central de la UNAM, sólo unos cuantos estantes separan el volumen de Menen Desleal de la enési­ ma –y casi inútil– recuperación de los textos de Jorge Luis Borges –cuya clasificación es PQ75392M4C83. Ahí, en uno de esos paraí­ sos soñados por el argentino, los dos libros aguardan al curioso lector: uno, con la carta apócrifa de Borges, editado en 1963; y el otro, aparecido cuarenta años más tarde, con el apócrifo con­ vertido en un texto borgiano. Estamos, pues, ante un triunfo más de la ficción: Menen Desleal soñó alguna vez con que Borges le pro­ logara uno de sus libros y escribió un texto “a semejanza de” y un volumen publicado en el 2003 convirtió en realidad su deseo. Pero Menen llevó aún más lejos sus postulados y se convirtió, él mismo, en un personaje de Borges. Como ambos escritores ya han falleci­ do, es muy probable que el diálogo que celebraron, a la distancia y sin cono­cerse, en los años sesenta hoy se haya reiniciado y ambos, apasionados de la literatura oriental, conversen sobre el sueño in­ finito de Pao Yu, la mariposa de Chuang Tze o las navegaciones en un lienzo de Kwashin Koji.

Leo Mendoza

LA ACERA DEL FRENTE viene de la página 11

Si buscares jugadores (se entiende, que estén ganando), regularmente en la calle del Monte Alegre hallaraslos. Los jugadores perdidos que se han quedado arrancados, en la de la Manchicuepa viven, y de éstos hay varios. En Tumba Burros habitan infinidad de borrachos y te advierto que los hay muy decentes y planchados. En el callejón que llaman de los Rebeldes, hay hartos, muy contentos y gustosos con los vicios que adoptaron: pero éstos, yo siempre he visto que se mudan de ordinario allá a la de la Amargura: ¡tal astilla de tal palo! En la de el águila viven… ¡Jesús, cuántos! ¡Jesús, cuántos! Ligeros de pico y garra, de Gestas primos hermanos. Aquí robar con ganzúa es oficio de villanos; la gracia es borrar con plumas, naipes, romanos y vasos, et caetera, que no tengo lugar para hablar despacio… José Joaquín Fernández de Lizardi, 1811

Leo Mendoza. Periodista, narrador y guionista. Autor de los libros de cuentos Relevos australianos, Mudanzas y Borges y el Che y otras historias hechizas. CULTURA URBANA 23


Mujer que tira corazones. Emir Guerrero

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Kaos Daniel Fragoso

Existe un pavor tácito en el juego de exfoliar la mente inicia cuando el espacio vibra los minutos se acumulan la tierra se expande y se contrae haciendo de la conciencia un blanco fácil. Así te observo navegar en el río de neón donde armazones de desánimo sostienen tu travesía la lascivia inyecta mis pupilas pienso en las voces que han pronunciado tu nombre y me sumo a ellas anhelando ser el dínamo que generaron: en esa fuerza antiguamente energía deseo colocar este instante.

Daniel Fragoso Torres. Colaborador de los medios Síntesis, Aljibe, Numen, 20 minutos, las revistas Latin Pulse, Replicante, El perro, La línea del cosmonauta. Su libro Bitácora del desánimo obtuvo el premio de poesía Efrén Rebolledo 2006. CULTURA URBANA 25


You are such a lucky guy. M贸nica Ae

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Anyone, anywhere Sergio Loo

Siempre soy yo, tú, él. Mi nombre es Sergio, Juan, Carlos, Pedro. Entro como todos los viernes a cualquier bar que es el mismo con distinta distribución. Anywhere. Te encuentro. Te ves mejor que nunca. Finjo no conocerte. Vienes con alguien, con Juan, Mario, Jorge, Sergio, Pedro. Anyone. Busco al mesero que tiene la cara del mesero de todos los tiempos. Pido y tomo la cerveza que tomé la semana pasada y doy el sorbo que no le di el mes anterior. Flirteo contigo a señas, sin que Jesús, Guillermo, San­ tiago se de cuenta. Vas al baño. Me acerco, te espero tras el muro, junto al teléfono en el que te llamé el año pasado rogán­ dote ebrio para que no me dejaras, en el que emocionado de

haber conseguido tu número, te marqué en cuanto nos despedi­ mos aquella vez ¿Recuerdas? Te asomas, me haces un guiño nuevo para romper un poco la rutina. Te sigo. Nos vamos. Mario, Josué, Diego se queda esperando en la mesa, pero no le impor­ ta, acaba de conocerte, de reencontrarte, Sonia, Diana, Nancy, le sonríes por primera vez ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cuando lo conociste y te fugaste con él sin importar que vinieras con Ge­ rardo, Sergio, Alberto? Llegamos a casa. Paseas por la sala, el comedor y mi cuarto; encuentras vestigios de mi, tu, su cuarto confundido con un hotel. Me desabrocho el cinturón. Te descalzas una, otra vez.

Mi agenda. Eko de la Garza

Sergio Loo. Poeta, autor de Claveles automáticos y Sus brazos labios en mi boca rodando.

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Nos tocamos para leernos. Eko de la Garza

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Video amnesia Gonzalo Lizardo

El personaje de este relato se vio atrapado por las ofertas de un insano establecimiento al borde de la quiebra, sin sospechar que con ello cruzaría las puertas hacia el limbo paleográfico y hallaría un tesoro al alcance de su codicia, pero lejano a su memoria

Ya olvidé la razón o sinrazón que me indujo a curiosear en aquél es­ tablecimiento. Quizás me gustó su nombre, o de repente quise no ir al cine como había planeado, o no tenía más remedio. De cierto, desdeñé el estante con los estrenos en DVD –en otras circunstan­ cias, me hubieran interesado Memento o Abre los ojos– y me dirigí al fondo del primer salón, donde encontré, con maravilla y nostalgia, películas que suponía fuera ya de catálogo y que constituían la es­ pecialidad de la casa –como El ansia de Tony Scott o Los bandidos del tiempo de Terry Guilliam. Entonces se gestó mi angustia: como me disgusta rentar más películas de las que puedo mirar, elegir suele ser asfixiante. –Anímese, joven, si me paga sesenta pesos, la película es suya –me informó la dependienta, una anciana más preocupada por arre­glarse las uñas que por vigilar a sus clientes–: mi esposo está liqui­dando el changarro; no es negocio competir contra ese Block­ buster que acaban de abrir a dos cuadras.

Aquellas palabras inflamaron mi desasosiego: sólo traía doscien­tos pesos en la cartera, y aquí había más de cuatro películas que hubiera querido comprar. Peor aún: tras una pirámide de cin­ tas en VHS, una puerta me condujo a otra habitación, con los muros cubier­tos por cassettes beta importados. Aunque me resistí a bus­ car con detalle, de reojo entreví algunas tentaciones, como Concier­ to barroco de Paul Leduc, o Morfeo de Jean Cocteau. Pero más me intrigué al encontrar, entre los estuches de videos infantiles, una caja roja con Los cuentos de Michael Ende en cuatro tomos. Duró poco mi extrañeza: la heteróclita presencia de esos libros me pare­ ció de repente una estrategia cultural y comercial bastante simpáti­ ca, pues los papás podrían llevarle esos libros a sus hijos para en­ tretenerlos, mientras ellos miraban caricaturas para adultos. Corroborando mi conjetura, descubrí entonces un estante de historietas, donde cohabitaban en ordenada anarquía superhéroes de la Marvel con Mangas japonesas, obras sueltas de Guido Cre­

CULTURA URBANA 29


Video amnesia

Gonzalo Lizardo

pax, Mafalda y algunos ejemplares muy deteriorados de Los super­ sabios. Pero, entre todos, sobresalía un libro cuya existencia igno­ raba: La cruz, la luna y la estrella, escrita y dibujada por Hergé –quien hacía a un lado el estilo adolescente de Las aventuras de Tintín para contarnos las guerras medievales entre los reyes hún­ garos y el imperio otomano. Una página me pasmó: aquella donde un arquero turco irrumpía entre regimientos magiares, sin fallar una saeta ni recibir herida, hasta consumar una masacre casi mágica, casi púrpura, casi onírica. La seducción fue definitiva. Aunque cos­ tara ciento veinte pesos, y por encima de cualquier película, yo de­ bería poseer ese libro. —Disculpe, señor, la molestia –me distrajo otra dependienta, mucho más joven, aunque menos atenta– pero le sugiero que se apure: mi papá quiere que cerramos a las nueve, y ya no abriremos ni mañana ni nunca. Quise replicarle que aún faltaban muchas horas para entonces, pero debí callar cuando me abrió una mampara, semioculta tras el estante de los cómics. Tras ella no se hallaban más películas, ni his­ torietas: sólo libros. Volúmenes viejísimos y rarísimos, que su papá había coleccionado durante años, pero que ahora debería vender, para sobrevivir sus enfermedades. Entusiasmado, estuve a punto de bendecir a la compañía trasnacional que obligó a ese anciano a subastar semejante tesoro, pero me contuve al comprender cuán lejos estaba de mi alcance. Aunque cada libro valiera un peso, jamás tendría el dinero suficiente para comprarlo o almacenarlo. Me sentí como aquel minero legendario, que debería en una sola noche trans­ portar consigo todo el oro de una veta, o abandonarla sin tocar un gramo. Para mi fortuna, yo tendría la opción de elegir aunque, para mi desconcierto, la mayoría de aquellos autores y títulos me resulta­ ban desconocidos. ¿Quién era, por ejemplo, Jean Ivanovich, autor de ese Espejo del caballero cristiano? ¿O de qué me serviría esa anó­ nima Relación de enfermedades no infecciosas inventariadas en las costas caribes durante su evangelización por la Compañía Bananera de Jesús? Bajo la luz que goteaba un quinqué cagado por las moscas, pronto entablaron batalla mi bibliofilia y mi claustrofobia. El techo era tan bajo que podía tocarlo con la palma entera, la humedad derre­tía los enjarres y un polvillo malsano aleteaba sobre los estan­

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tes, incubado por tres filas de manuales, compendios, dicciona­rios, tratados, antologías o poemarios. Supe que sería la fortuna, y no la paciencia, quien conduciría mi búsqueda. Alargué en consecuencia mi brazo, y asieron mis yemas un fláccido folleto, encuader­nado en octavo, con el lomo mal cosido y las esquinas apolilladas. Casi grito de encanto cuando me miré en los ojos de una xilografía: un rostro perturbador que me devolvió la mirada desde las pastas de cartu­ lina gris, flanqueado por un título en letra gótica: El proceso contra “El Proceso”. Según la breve reseña de la solapa, ahí se recopilaban los docu­ mentos, escritos por diversas autoridades religiosas, que defendían o reprobaban la edición de la novela de Franz Kafka. En la nota in­ troductoria, el mismo Max Brod volvía a contar cómo el autor checo lo obligó, en su testamento literario, a incinerar toda su obra. Sólo agregaba que, antes de consumar o desoír su orden, prefirió acon­ sejarse con algunos amigos. Nunca previno que el Vaticano, ante la denuncia de algún delator, solicitaría el manuscrito para someterlo a escrutinio: se temía, no sin motivo, que El Proceso parodiara a la Inquisición, y sugiriese que el orden moral de Occidente se cimen­ taba, no en la autoridad divina, sino en el engranaje vacío del meca­ nismo eclesiástico. Es decir, que no existía el Bien, ni la Verdad, ni el Pecado: sólo la Iglesia y su Ley, arbitraria, omnipotente... atea. Aunque la edición carecía de algunas hojas, y otras resultaban ilegibles a causa de los hongos –por ejemplo, el índice o el fron­ tispicio con su pie de imprenta–, algo me indicaba que ese libro no podía ni debía ser verdadero: me hallaba sin duda ante una travesu­ ra apócrifa realizada con minucia y maldad. Todavía así, su mera existencia como mentira me pareció invaluable y, aunque costara quinientos pesos, empecé a urdir mis argumentos para regatear el precio. Incluso ya imaginaba cómo iniciaría la reseña de mi hallazgo: “Ya olvidé la razón o sinrazón que me indujo a curiosear en aquél establecimiento...” Sí. Sólo tenía que salir de ahí para fotografiar el libro página a página, llevarlo con algún restaurador, consultar a un erudito bibliográfico, pero debía hacerlo cuanto antes, en este mo­ mento, ¡ya! —Con permiso, con su permiso –me distrajo la voz de un joven que dirigía a una cuadrilla de trabajadores, equipados con diablitos de metal–: el dueño nos ordenó que cargáramos con todo. Lo va


Video amnesia

a vender como papel viejo, creo. Pero usted no se apure, siga bus­ cando, no queremos interrumpirlo. Con una rapidez que contradecía toda ley natural, los carga­ dores evacuaron los anaqueles y abatieron sus maderas. Al centro del muro que desnudaron se entreabría una puerta, otra más. La atravesé: lunarmente iluminada por el tragaluz circular que coronaba la cúpula, la habitación que me recibió era titánica, al igual que ese libro donde tropecé al entrar: un tomo tan alto como yo y tan ancho como mi brazos extendidos. Oprimiendo en mi pecho los dos ejem­ plares que hasta el momento había elegido, me senté sobre aquellos folios de pergamino, dibujados con policromos latinajos, aguardan­ do a que mi vista armonizara con la penumbra y pudiera percibir aquellas paredes, entrecruzadas por repisas o andenes o escaleras, que sostenían sin columnas ni contrafuertes una alejandrina multitud de volúmenes, códex, rollos de papiro y tablillas de barro.

Gonzalo Lizardo

Alucinado por la sola cifra de páginas y frases y palabras ociosas que aquella biblioteca aprisionaba, no entendí cómo ni cuándo mi cuerpo se encaminó hacia una pila de menhires poblados de runas. Ahí, traduciendo a la luz de un candelabro las milenarias inscrip­ ciones que alguien esculpió en espiral sobre un disco de basalto, encontré a un anciano: era él, supuse, el dueño de Video Amnesia, el insano establecimiento al borde de la quiebra cuyas ofertas me atrajeron a este limbo paleográfico. Y conjeturé, asimismo, que el abismo financiero le importaba tan poco como mi presencia o las elecciones federales. Lo de verdad decisivo, lo de verdad trascen­ dente, manaba de ahí, de esa piedra con sus garabatos casi feni­ cios, casi cuneiformes, casi fisura. —Si le interesa saberlo –la voz del viejo me sobresaltó como si provinie­ra de una esfinge–, esta piedra cuenta una historia ocurrida antes de que el bronce fuera domesticado. Trata de unos reyes que

Mi amigo Colt. Eko de la Garza

CULTURA URBANA 31


Video amnesia

Gonzalo Lizardo

concedieron asilo a un príncipe extranjero. Cuando éste sedujo a su anfitriona y la llevó a su patria, el rey se enfureció, y al frente de su horda puso en sitio la ciudad del príncipe. —Qué curioso: tiene la misma trama que La Iliada... —Por tanto, este disco es la fuente de toda epopeya, la semi­ lla de toda novela, la madre de toda fábula: el mentiroso texto que gene­ró los cánones textuales que han modelado textualmente nues­ tras tradiciones. Por ello su escritura, partiendo de un centro intan­ gible, se expande en espiral hasta envolver en su vértigo nuestra memoria, nuestro presente, nuestro diálogo incluso. Un soplo de aire apagó los cirios, cuya luz resultaba ya su­ perflua: iluminados por el ojo lunar que coronaba la cúpula celeste,

ningún muro ni puerta nos aisló más de la intemperie: un bosque de cedros, un río cubierto por neblina, el aullido de un lobo. Con es­ panto y luego indiferencia, corroboré que se habían esfumado mis ropas, así como los libros que quise adquirir. Quizás la idea misma de compra o posesión pronto me pareciera ajena. Cobijados tan sólo por la amnesia –ese olvido tan sutil que nos arropa cuando so­ ñamos, cuando leemos un libro o nos atrapa una buena película–, el anciano y yo transportamos el disco de roca sobre la hierba y el rocío que recubrían la colina. Junto al crepitar de la hoguera, la sín­ copa del tambor y las olas del vino, allá abajo nos aguardaban los guerreros, para celebrar la victoria como sólo saben celebrarla las palabras y sus sueños.

Gonzalo Lizardo. Narrador, artista gráfico y docente. Es miembro del sistema nacional de creadores. Autor de los libros Azul venéreo, Malsania, Libro de los cadáveres exquisitos, Jaque perpetuo y Corazón de mierda.

CRUCERO

Misterios de cantina

Leo Mendoza

I Volvió a amarla aquella tarde cuando se bajó del auto y se acercó hasta la puerta de La Numantina para, de puntillas, escudriñar el local y asegurarse que ahí no se encontraba su padre. Él la vio de espaldas, elevándose sobre la puerta de batientes, con la falda corrida hasta el huesito –como diría López Velarde– y sintió que la ternura volvía a anidar en su corazón. Sintió como, lentamente, el amor que creía olvidado regresaba y lo inundaba como un remanso. Ella comprobó que su papá no estaba y se sumergió en la penumbra en busca de una mesa. Él se sintió traicionado pues esperaba que ella adivinara aquel renacer de la pasión, que lo correspondiera, pero nada de eso ocurrió. Comieron los tres tiempos que la cantina ofrecía, bebieron un par de cervezas y dos cubas libres, hablaron de lo caro que estaba todo, de las cuotas de la escuela, del pago de las colegiaturas y de lo bien que las clases de natación le habían sentado a su hijo. Él la llevó de vuelta al trabajo y ya no dijo nada. El amor, así como había llegado, se había ido. Ella fue de nuevo su exmujer, la madre del pequeño Carlos, con la que había terminado muy mal y a la que, sólo tras años de terapia, invitaba a comer cada quince días en una de las muchas cantinas que ella, antes de la separación, odiaba.

32 CULTURA URBANA


Casanova en Arento. Eko de la Garza

CULTURA URBANA 33


Amazon Party

Capítulo17 La vejez verdadera Rowena Bali

Los juegos romanos. Eko de la Garza

A los ojos de una mujer joven todo parece de­ masiado sencillo, la juventud pinta de felicidad las cosas, no recuerda días pasados, no tiene en la memoria demasiadas catástrofes. Pero mi vida, como les dije al principio de esta his­ toria, ha estado repleta de catástrofes: tantas han sido que varios años antes de que aquello a lo que llaman adolescencia llegara, yo ya tenía mi ser plagado de memorias catastrófi­ cas. En aquellos años la juventud pautaba vér­ tigos que ahora me resultan anodinos. Ahora la lentitud y la repetición son mi camino, ahora puedo beber esos años de amor desenfrena­ do, beberlos por los dedos. La lentitud pauta mi vida, como un cantar ronco y necio; un can­ tar de mi ancianidad refrenada. En aquel tiempo era capaz de intentar ser más lista que ellos, que todos, ahora sé que la vida tiene pausas, que uno tiene que ingeniárselas para parecer inteligente, para parecer soberbio, pero nunca puede in­ geniárselas para ser estúpido y que nunca

34 CULTURA URBANA

se note, que hay que actuar con cautela, que hay que ir lento, porque nos tropezamos. Mi amor por Cinch fue una estupidez y es de lo único que me arrepiento. Es tan simple como decir que amarla, en todo mo­ mento –incluso ahora, momento en el que estoy cerca, muy cerca de terminar esta his­ toria– fue tiempo perdido. No hay Arcadia posible, no hay retorno, no hay amor que valga. Hoy soy una vieja feliz, sin duda; me voy a morir pronto y no voy a ver el fin de todo, la completa desa­ parición de la Arcadia. He perdido el opti­ mismo. He dejado de creer que será posible salvar al mundo, he dejado de ser un prín­ cipe en cuerpo de dama, he dejado atrás el caballo blanco y ahora soy sólo una anciana que escucha la cabalgata de las letras, gri­ ses, reales, tersas. Hoy tengo la esperanza de que Cinch lea esta obra y sepa que la amé, que en algún momento de mi vida pensé que no podría

vivir sin ella. Ahora no sería capaz ni de que­ mar la Arcadia, ni de asesinar a todos los go­ linenses del mundo, ni de intentar recons­ truir Golina. No sería capaz de soportar la violencia de la que ella es capaz, he dejado de encontrar atractivos sus deseos por gol­ pearme una y otra vez, ha dejado de pare­ cerme bella, ha dejado de importarme, he dejado de amarla. Quizá, no lo sé, mañana vuelva a amarla. No dejo de reconocer que deseo convertirla en una pequeña bestia, ella es siempre mejor en esa condición. Ya no tengo aquella juventud ignorante que revien­ ta las venas, que revienta ciudades, y luego las reconstruye y las reinventa otra vez. Ya no tengo ese amor desbordante para dar, se lo acabó esa zorra. Mi increíble obsesión no cesó nunca, aun hoy entre tanto y tanto no dejo de escribir su nombre, ella tan hermosa, tan llena de pasión, tan libre, tan perfecta, tan llena de veneno, de angustia y de des­ gracia.


Amazon Party

Viviendo como siempre en esta Meda­ lla mediocre y sucia, guardo aquella Go­ lina hermosa como a un diamante, como a mi presa más noble. Es mi orgullo y mi vergüenza. Golina no volvió a ser la misma después del estallido final; entre Cinch y yo nunca pudimos reconstruir el paraí­ so, nuestras fuer­zas menguaron y pronto aquella matanza cometida contra tantos bellos habitantes pesó duramente en nues­ tras almas, que ya nunca volvieron a co­ municarse con la fuerza de la destru­cción. Yo, que no fui tan reful­gente y hermosa como ella, perdí mi brillo con estrepitosa velocidad. Sentí caer sobre mi todos los años de angustia, de des­amor, de ignoran­ cia, de estupidez… ¿Quién ha­bía sido yo?

Una mujer que pecó de mil formas y ase­ sinó, que se inclinó para darle el paso a una mujer soberbia, incontenible. Ella me abandonó, se largó en pos de no sé qué nueva estrella, y yo, absolutamente segu­ ra de jamás encontrar una mirada como la suya, me quedé en pos de algunos hom­ bres, bellos todos, pero nunca amados. En algún momento, cuando mi fuerza no se había extinguido volví a Golina para inten­ tar comprender algunas cosas; lo único que encontré fueron restos, residuos. Actualmente, a mis setenta y tres años todo me importa demasiado poco. Una mujer joven piensa que es mejor que una mujer madura, se equivoca: una mujer vieja es más triste, más violenta, a la

La vejez verdadera

Rowena Bali

vez tiene todo lo que la joven cree y finge tener, lleva a cuestas la historia, mientras que la joven la ensaya. La joven se ena­ mora, la juventud es la mejor hora para el amor. La vieja piensa, piensa, pien­sa, es­ cribe. La vejez es la mejor hora para pen­ sar y escribir. Cuando se trata de sexo no hay mejor hora que la de encontrarse con un cuerpo desnudo y dispuesto al baile, al alcohol, al vértigo, a la música de tambores, al recuer­ do imborrable del paraíso. Siempre, incluso a mis setenta y tres años, es buena hora para el sexo. El deseo de la carne que se desprende es el que hoy llevo a cuestas. El Chulo de Viades y su cuerpo desnudo aún miran al horizonte desaparecido.

La gorgona. Eko de la Garza

Rowena Bali. Estudió Lengua y Literatura Hispánica en la UNAM y en la Universidad de Guanajuato. Es autora de seis novelas: El agente morboso, El ejército de Sodoma, La bala enamorada, Hablando de Gerzon, Tina o el misterio y Amazon Party, de un libro de cuentos De vanidades y divinidades y de un poemario Voto de indecisión. CULTURA URBANA 35


El enamorado. Emir Guerrero

36 CULTURA URBANA


Los gatos prostitutos Alberto Chimal

Madamas y padrotes odian este prostíbulo; en él los clientes y clientas cumplen la fantasía de ser dominados por una sensualidad distinta; felina, displicente, desgarradora, ronroneante, casi silenciosa. Algunos encuentran en este erotis­ mo una forma de felicidad a la cual acudir con frecuencia y recato

a) El gato blanco, Gaspar, ronronea y lame las mejillas de una clienta. Ágil, se le para en un hombro y lame su oreja. Luego puede volverse más audaz. De bruces en el colchón, la clienta no debe preocuparse por la sensualidad de sus propios movimientos, que puede no ser demasiada luego de muchas horas y muchos años de esfuerzos inútiles. b) Los gatos siameses, Dinah (macho) y Cartarón (hembra), copulan con delicadeza y de tal modo que nada, o casi nada, puede verse desde los agujeros que constelan las paredes del cuarto (pues la incógnita es más atrayente que su disipación). c) El gato abisinio parece flotar en el aire lleno de humo de su cuarto. Las clientas aspiran los efluvios, se marean, dan pasos in­ seguros sobre el piso invisible, persiguen al gato que siempre está en otra parte, siempre les huye, siempre da vueltas y más vueltas. Tosen. Hay luces brillantes y móviles y una música pesada, estriden­ te. Al fin ninguna clienta puede tenerse en pie y todas caen al piso, desmayadas. El gato abisinio se sienta en la cara, el vientre o el tra­ sero de alguna de ellas y se duerme.

d) Oralia, gata negra, tiene largas uñas con las que desgarra la piel de quien se atreva a acercársele. También tiene dientes que pueden abrir profundos cortes sin gran esfuerzo: más de un parro­ quiano ha perdido un ojo o parte de una oreja o de su nariz al bus­ car sus favores. Siempre hay largas filas afuera de sus aposentos: bien entrenada, la gata no desgarra tirantes de cuero ni máscaras de castigo. e) Svengali es sólo el nombre artístico (y muy trillado) del gato gris. Sentado en el cojín, observa con sus ojos azules y el muchacho, que los mira con fijeza, sueña que lo domina esa vo­ luntad del color del cielo, y que su propia mano derecha, que desciende por su cuerpo lampiño y lo masturba con movimientos previsibles y frenéticos, lo hace no por su gusto, sino por el de ese imperio ajeno, sordo, inhumano. Ésta es su descripción de la felicidad. (Todos estos y más en el piso correspondiente de este prostí­ bulo, que odian madamas y padrotes por igual y al que se visita con más sigilo, pero no con menor frecuencia.)

Alberto Chimal. Entre su obra destacan los libros: Los setenta segundos, La tinta del alcatraz, Historias del predicador, el mago y el rey, Éstos son los días y Grey. Ha obtenido premios y reconocimientos diversos entre los cuales se cuenta el Premio Nacional de Cuento otorgado por el INBA. CULTURA URBANA 37


Amor desamor. Agente Arte Hormiga

38 CULTURA URBANA


Pedacito de nostalgia. Emir Guerrero

CULTURA URBANA 39


La pajarita. Emir Guerrero

40 CULTURA URBANA


La moda

José Vasconcelos

CUBA EN LA CULTURA

Sonia Ortega Gustavo Arcos Ninowska Fernández-Brito Juan Antonio Rosado


SECCION CUBANA

CUBA EN LA CULTURA

Presentación

42 • CULTURA URBANA

La cultura como categoría de análisis

que pueden emerger sin dudas refle­

ha sido ampliamente discutida en las

xiones útiles para el conocimiento teó­

ins­tancias académicas desde la pers­

rico y práctico acerca de las singulari­

pectiva socio­lógica, an­tropo­lógica y fi­­

dades culturales y artísticas de un ám­

lo­sófica, pero adolece muchas veces de

bito social determinado, así como tam­

ex­plicaciones pro­ve­nien­tes de la pe­da­

bién los puntos de encuentro entre ellas.

gogía, el arte y la comunicación.

Fue así como surgió la idea de con­

De la fusión entre comunicación y

cebir un seminario conjunto entre la

cultura ha surgido la licenciatura del mis­

Universidad Autónoma de la Ciudad de

mo nombre en nuestra Universidad, que

México (UACM) y el Instituto Superior

inaugura la presencia de un giro teórico

de Artes de Cuba (ISA), permi­tiendo

y metodológico en los es­tudios sobre co­

acercar dos realidades tan cercanas

municación en el Dis­trito Fede­ral, no así

—pero al mismo tiempo tan diferentes,

en México, cuyos anteceden­tes se en­

tan circunstancialmen­te distintas—, a

cuentran en el Programa Cul­tu­ra de la

través del intercambio de opiniones y

Universidad de Colima. No obsta­nte, la

experiencias de tipo académico de cara

re­lación entre el arte, la cultura y la pe­

a generar co­no­ci­miento sobre la ma­ne­

dagogía han quedado marginadas al

ra en que nues­tros paí­ses están hacien­

ámbito de las escuelas de arte, más en­

do y pensando la cultura y el arte bajo

focadas a la excelencia técnica que al

las coordenadas de la sociedad-mundo

pensamiento reflexivo en torno a la cultu­

en la que vivimos.

ra, las problemáticas del arte en función

de su inserción en coor­denadas cultu­

de conferencias y talleres relacionados

rales concretas y el ha­cer artístico tanto

temáticamente con la cultura y el arte

desde el punto de vista de la producción

en Cuba, mismo que tuvo lugar en junio

estética como desde el punto de vista de

pa­sado. Las temá­ticas a tratar fueron:

la enseñanza.

cine, literatura, música y enseñanza ar­

Por ello, una mirada que integre

tística, y contaron con la participación

teó­ricamente a la cultura, al arte y a la

de prestigiosos profesio­nales de Cuba y

en­señanza artística implica necesaria­

México. Por la parte cubana, asistieron

men­te el establecimiento de una red

la Lic. Sonia Ortega, directora de la Di­

conceptual de corte sociocultural de la

rección de Relaciones Internacionales

A tales efectos, se coordinó un ciclo


SECCION CUBANA

del Instituto Superior de Arte en Cuba,

bana a la literatura universal; y la de la

manera de motivos socioculturales, in­

quien impartió una conferencia sobre el

Mtra. Ninowska Fernández-Britto, afama­

ciden en el surgimiento, de­sarrollo y con­

papel del Instituto Superior de Arte de

da pianista y profesora cubana, actual­

solidación de las artes en Cuba, es indu­

Cuba en el desarrollo y consolidación

mente residente en México, y profesora

dable que el desarrollo de la produ­cción

de la cultura cubana, y el crítico de cine

titular de la Escuela de Música de la Uni­

artística cubana posee actualmente ca­

Lic. Gustavo Arcos, también profesor de

versidad Nacional Autónoma de México,

racterísticas específicas que dificultan una

la facultad de Radio, Cine y Televisión de

quien impartió una confe­rencia sobre las

apropiación comprehensiva lineal, sobre

la mencionada institución, quien ofreció

raíces históricas de la música cubana.

todo para aquellos que, a la distancia, la

un ciclo de conferencias sobre cine y vi­de­o

observan y disfrutan.

Con este primer seminario se de­sa­

experimental cubano, poniendo én­fa­sis

rrolló así, la primera parte de la pro­pues­

en los factores incidentes en la pro­du­

ta original del Convenio de In­tercambio

ción es, pues, ofrecer al lector las versio­­

Uno de los objetivos de esta publica­

cción y dis­tribución de estos productos

Aca­démico, ya hoy formalizado, entre am­

nes escritas, de mano de sus autores,

cinematográficos, así como sus limita­

­­bas instituciones educativas, cuyo pro­pó­

de los temas que constituyeron el punto

ciones, alcances, y ejes temáticos más

sito principal resultó del intercambio de

de partida de los debates sostenidos

relevantes.

reflexiones en torno a la cultura, así como

durante este seminario, de manera que

Por la parte mexicana, se contó

a los retos que presenta ésta en los esce­

a través de su lectura se pueda contar

con la participación del Dr. Juan Anto­

narios específicos de cada país y an­te el

con una visión algo más clara acerca de

nio Rosado, profesor de la Universidad

panorama mundial.

la pano­rámica general sobre la ense­

Nacional Autónoma de México, y tam­

En el entendido de que los procesos

ñanza artística superior en la Isla, y el

bién especialista en literatura cubana,

y fenómenos artísticos forman par­te de

cúmulo de condicionan­tes que inciden

cuya po­nencia versó sobre las princi­

la cultura y obedecen, de alguna manera,

en la concepción y desarrollo del arte en

pales aporta­ciones de la literatura cu­

a las condicionantes que des­de ésta, a la

Cuba.

Las coordinadoras.

CULTURA URBANA • 43


SECCION CUBANA

44 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

Universidad de las Artes: formar artistas, desarrollar el talento Sonia Ortega

La enseñanza artística en Cuba: ante­

un factor activo de resistencia a los

cedentes, estado actual y desafíos.

procesos de colonización y dominio.

En un reciente estudio sobre la identi­

Y cuando esto ocurre, como ha sido

dad en Cuba su autor indagaba: ¿Cómo

el caso de Cuba, entonces la cultura se

somos realmente los cubanos? ¿Extro­

convierte en esencia y especificidad de

ver­tidos, alegres, solidarios, gesticula­

la educación, al tiempo que la educa­

dores, apasionantes, atrevidos, arrogan­

ción puede ser entonces el camino más

tes, amistosos? ¿Igual si descendemos

eficaz para estimular la conciencia cul­

de isleños de Sancti Spíritus o de africa­

tural del individuo. Es así que la edu­

nos de Ma­tanzas? ¿Si de Los Hoyos en

cación desempeña un papel esencial,

Santiago o del Nuevo Vedado en La Ha­

por su poder cualitativo, en el proceso

bana? ¿Si guajiros o profesores, si alba­

de reafirmación de la identidad del indi­

ñiles o gerentes? ¿Se­remos, como afir­

viduo, de una comunidad y de un país.

ma Gabriel García Már­quez, el pueblo

Eduardo Galeano ha afirmado que un

más bailador de la tierra?

pueblo que ignora su identidad y su fun­

damento esencial, la cultura, no puede

En realidad, aunque suele repetirse

esta cita de García Márquez, y sin que

ser protagonista de su historia.

los brasileños se disgusten o se pon­

gan bravos, como diríamos en Cuba, lo

tural de una sociedad no se mide sólo

cierto es que la cultura, y ahora me re­

por la cantidad de bienes y de riqueza

fiero a la cultura artística y literaria, es

material y espiritual creada en ella si­

parte esencial de nuestra identidad na­

no, sobre todo, por el grado de asimi­

cional, porque desde siempre la hemos

lación creadora de esa riqueza por par­

concebido como una fuerza capaz de

te de los individuos que la componen,

cohesionar armónicamente a nuestra

por el tipo de personas que la sociedad

sociedad en aras de los más impor­

está generando, por la dimensión de la

tantes proyectos de desarrollo humano

personalidad que define a cada hom­

y social, una fuerza capaz de trasmitir

bre, por su grado de humanización en

la memoria y la experiencia creadora

el pensamiento, por sus necesidades y

de nuestro pueblo; una fuerza capaz de

valores en el quehacer cotidiano, en el

jerarquizar los valores y convertirse en

trabajo, en el tiem­po libre, en la vida.

Hoy se reconoce que el nivel cul­

CULTURA URBANA • 45


SECCION CUBANA

Vale precisar que, en el proyecto pe­

disfrute de la obra de arte. En Cuba,

ra academia musical de que se tiene

dagógico cubano, distinguimos la edu­­

desde el triunfo de la Revolución, con la

información, dirigida por Antonio Coelho.

cación artística, de la enseñanza artísti­

campaña de alfabetización y los pos­­te­

ca. La educación artística abarca a todo

riores programas de desarrollo educa­

dad Económica de Amigos del País, fue

el universo estudiantil, en sus diferentes

tivo y cultural, la creación del sis­tema

creada la escuela de dibujo y pintura que

niveles de enseñanza, es eje central en

de becas, la apertura de más de 40

tres lustros más tarde adoptó el nom­bre

el programa educacional, en el entendi­

nuevos CES y casi 940 sedes uni­ver­si­

de San Alejandro. (Director fundador fue

do de que el arte es, sin dudas, un factor

tarias municipales, la educa­ción y la en­

Juan Francisco Vermay, quien había sido

de humanización y resulta vital en la for­

señanza artística, muy en es­pe­cial, han

dis­cípulo del gran David). Has­ta ese mo­

mación integral, en general, y muy espe­

trabajado por definir, a­rrai­gar y rea­fir­

mento los pintores y escultores cubanos

cialmente en el enriquecimiento del per­

mar en los cubanos sus sen­timientos

se habían formado básicamente de for­

fil profesional del universitario del siglo

de identidad nacional, de la que la iden­

ma autodidacta. A fines del siglo XIX, los

XXI. Se trata de que la posibilidad de ver,

tidad cultural es parte esen­cial. De ma­

planes y programas de estudio de la

de conocer, de describir, “entra” en otra

nera que la relación entre educación y

Aca­­demia de La Habana estaban equi­

dimensión.

cultura podría tener en la enseñanza ar­

parados con los de la Academia San Fer­

tística una de sus más legítimas expre­

nando de Madrid. Con posterioridad, se

ta a la formación por la cultura en la que

siones.

abrieron escuelas que seguían el plan de

la formación integral, resulta un con­cep­

La historia de la enseñanza artísti­

estudios de San Alejandro: Santiago de

to esencial. Formación integral que as­

ca en Cuba está aun por escribir, pero

Cuba en 1935; Matanzas en 1941; San­

pira a abrir nuevos horizontes para la

se coincide en afirmar que, la primera

ta Clara y Pinar del Río en 1946.

determinación del carácter y de la per­

noticia sobre la enseñanza de las artes

sonalidad, el desarrollo del pensamien­

en Cuba data de 1544 cuando ya ejer­

servatorio Municipal de La Habana –ac­

to crítico, el compromiso social, el for­

cía como maestro de gramática y Mú­

tualmente Conservatorio Amadeo Rol­

talecimiento de los valores y de una

sica el organista de la catedral de San­

dan– que fue la primera institución sub­

ética social que involucre la conciencia

tiago de Cuba, el mestizo Miguel Velás­

vencionada por el estado. (El músico bel­

moral del individuo.

quez, quien había realizado estudios

ga, Hubert de Blank crea el Conservatorio

La educación artística es una apues­

• En 1818, patrocinada por la Socie­

• En 1903 abre sus puertas el Con­

La educación artística, más allá de

musicales en las ciudades españolas

de La Habana, institución que logró aglu­

una corriente pedagógica, llámese edu­

de Sevilla y Alcalá de Henares, gracias

tinar a los mejores maestros de la épo­

cación por el arte o de otro modo, debe

a su condición de pariente del primer

ca).

servir para contribuir a la formación

go­bernador de la Isla, Diego Velásquez.

de los alumnos, a través de la acción

Desde entonces, intelectuales y ar­

­cuela de ballet, patrocinada por la so­cie­

y de la revelación de la belleza –sobre

tistas, de forma individual o a través de

dad Pro Arte Musical. Entre sus alum­nos

lo cual podríamos discutir hasta el

en­tidades sociales crearon institucio­nes

estuvieron futuras notorieda­des de la

infinito; a acompañar a la sociedad.

o fomentaron, de las más diversas mane­

danza cubana como Alicia, Fer­nando y

Sin el arte y sin la cultura el hombre

ras, escuelas, talleres y socieda­des que

Alberto Alonso, Ramiro Gue­rra y Luis Trá­

jamás podrá encontrar un destino de

favorecieron y estimularon el desarrollo

paga.

verdad libre que le permita realizar su

de la enseñanza artística en Cuba. No es

vida plenamente. Ya nuestro José Mar­tí

posible registrarlas a todas aquí. Baste

puertas el Estudio Libre de Pintura y Es­

había expresado en el siglo XIX que “ser

señalar, en apretada síntesis, algunas de

cultura de Eduardo Abela, donde fue­ron

cultos es el único modo de ser libres”.

las más importantes en su momento o

maestros, entre otros, Rene Porto­cca­

de mayor trascendencia para la cultura

rrero, Mariano Rodríguez, Juan José Si­

cubana.

cre, Rita Longa y Víctor Manuel.

cio: la formación de públicos activos;

no de simples espectadores. Del cono­

el primer Manual para el aprendizaje

Aca­demia de Artes Dramáticas. Im­por­

cimiento a la apreciación y de ahí al

musical y, en 1814, se funda la prime­

tan­­te institución que tuvo entre sus fun­

Este tema tiene que ver con otro

que, por razones de tiempo, solo enun­

46 • CULTURA URBANA

• En 1812 se publica en La Habana

• En 1931 comienza sus labores la es­

• A finales de los años 30 abre sus

•En 1940 se creó en La Habana la


SECCION CUBANA

CULTURA URBANA • 47


SECCION CUBANA

dadores a Alejo Carpentier, José Ma­nuel Valdés Rodríguez y Luis Amado Blanco.

•1950 marcó la constitución de la

Academia de Ballet Alicia Alonso, pro­ yecto encaminado a la formación de artistas profesionales.

• En la década de los 50 se identifi­

can ya maestros de mucho prestigio co­ mo Harlod Gramatges, Margot Díaz, Jo­ sé Ardévol, Isaac Nicola, Argeliers León y Aída Teseiro, entre otros.

Habría que insistir, en que esta la­

bor fundacional, “aunque aislada y con­ centrada fundamentalmente en La Ha­ bana”, fue imprescindible y absoluta­ mente nece­saria. No podría hablarse hoy de la enseñanza artís­ti­ca en Cuba, de sus vínculos con la creación, de la relación entre artistas y maestros, si se desconocen estos antecedentes. Los ca­­ minos por los que discurrió esta en­ señanza hasta el año 1961 fueron dife­ rentes, complejos, contradictorios, pero siempre enriquecedo­res. La Dra. Grazie­ la Pogolotti, una de nuestras más lúci­ das ensayistas, Premio Nacional de Li­ teratura y Premio Nacional de Enseñan­ za Artística ha descrito los vínculos en­ tre la enseñaza artística y la creación del modo siguiente:

“Quizás la matemática por su natu­

raleza abstracta pueda enseñarse de una manera universal, sin embargo en lo que se refiere a las disciplinas y a las carreras que tienen que ver con la creación artísti­ ca, la Universidad se establece a partir de una memoria cultural concreta y de una experiencia muy particular en el terreno del Arte. Los artistas casi siempre han si­ do de algún modo maestros por vías for­ males o informales, han transmitido oficio a aquellos que les resultaban más cerca­ nos, que podían ser aprendices en un ta­ ller o que podrían pertenecer a un colec­ tivo teatral determinado. Esta enseñanza

48 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

que empezó siendo informal se fue for­

estos últimos intentaron crear, en los

malizando a lo largo del tiempo me­diante

años 30, un centro alternativo: el Es­tu­

la creación de instituciones destinadas a

dio Libre de Pintura y Escultura. Esta

la enseñanza, estas instituciones fueron

distancia entre la enseñanza y la crea­

fecundas en la medida en que tuvieron su

ción viva queda salvada en 1962 con la

vínculo con la creación viva en cada mo­

creación de la Escuela Nacional de

mento histórico”

Arte, al intervenir como maestros de

estos centros los artistas de la van­

Pero esta relación, este nexo, se ar­

ticuló de manera diferente en las distin­

guardia.

tas manifestaciones artísticas. Por ejem­

plo, los Conservatorios de Música que,

menta la Dra. Pogolotti, el teatro tenía

como vimos en los antecedentes, son de

en el proceso histórico de la cultura cu­

las instituciones de más larga trayectoria

bana, una profunda raigambre popular,

En el teatro fue diferente. Según co­

en Cuba, destinados en un principio a la

que lo colocaba en cierto modo, al mar­

enseñanza del piano, estuvie­ron vincula­

gen de estos sistemas formales de tras­

dos a la creación, al contar en su claus­

misión del conocimiento. Había, desde

tro, con algunos de los prota­gonistas de

lue­go, actores que trabajaban de una

la vanguardia en cada momento. Ello

ma­­nera personal con algunos discípu­

sucedió con el Conservatorio Municipal

los. Pero la aproximación paulatina en­

de La Habana –hoy Ama­deo Roldán– y

tre el movimiento artístico y la enseñan­

con el Conserva­torio de La Habana (Hu­

za no se produce hasta la década del

bert de Blank), donde enseñaban impor­

30, con La Cueva, (Grupo teatral, co­

tantes compositores que for­maban par­

mienzo de la renovación teatral. Estrena

te del Movimiento de Renova­ción Musi­

en 1936 de “Esta noche e improvisa la

cal, (Ha­rold Gramatages, José Ardévol,

come­dia”). Habría que mencionar, por

Argeliers León, etc.) quienes re­presen­

ejemplo, que junto al carácter docente

taban la avanzada en el debate musical

del Teatro Universitario, estaba el estre­

de aquel tiempo.

no de obras, básicamente de los clási­

Otra fue la historia de la Academia

cos greco-latinos y españoles. A esta ex­

de San Alejandro –a la que también he­

periencia se suma otra Academia de

mos aludido– . Su propósito inicial fue

primer orden conocida como ADADEL,

entrenar dibujantes para fines absolu­

creada en circunstancias muy difíciles a

tamente prácticos. Poco a poco, con la

principio de la década del 40 y que

presencia de José Francisco Vermay,

contó con profesores venidos del ámbito

esta Academia comenzó a marcar el

de la cultura cubana, como el escritor

terreno de la pintura y la escultura, pe­

Alejo Carpentier y el crítico de teatro y

ro se fue separando progresivamente

cine José Manuel Valdés Rodríguez. La

del movimiento artístico que estaba in­

aproximación entre la enseñanza y la

terviniendo en su contemporaneidad.

creación tiene un momento significativo

Tal situación se hizo patente con el

al fundarse la primera institución teatral

surgimiento de la primera vanguardia

de enorme importancia, generadora de

en el terreno de las Artes Plásticas a

todos los grupos que emergieron en las

partir de los años 20, y produjo una

décadas de los años 40 y 50 ADAD. Su

dicotomía entre los artistas de la van­

nombre mismo –una sigla– lo expresa­

guardia y los maestros, a tal punto que

ba: Academia de Artes Dramáticas. A

CULTURA URBANA • 49


SECCION CUBANA

ello se suma, en el año 1958, el sur­

tec­tóni­cas, de extraordina­ria originalidad,

bóvedas que se inflan de una manera exal­

gimiento de Teatro Estudio, institución

fuer­za y valor. Sus ar­tífices: Ricardo Porro,

tante como en la arquitectura bizantina y en

que estableció no sólo una determina­

Roberto Gotar­di y Vittorio Garatti, arqui­

la plaza central hay un vi­drio que se rompe

da perspectiva en el trabajo actoral, si­

tectos-artistas han confesado: “Fue un

de un golpe de un puño, de un puñetazo”;

no que lleva a cabo un encomiable tra­

proyecto en el que tuvimos plena libertad

“Es el símbolo de la ruptura de aquel mo­

bajo de formación de sus integrantes.

para ha­cer”; “La escuela de Danza es el sím­

mento”; “En las columnatas hay un sentido

Estas instituciones, este vínculo entre

bolo de la ruptura de aquel momento”; En

agónico, por­que son flechas que van en to­

creación y enseñanza, marcó la fun­

Artes Plásticas buscaba un misterio... como

das direcciones y que debían provocar una

dación en 1962 del la Escuela Nacional

una naturaleza de la jungla... porque es natu­

angustia, peligro de que tanta ener­gía pudi­

de Arte (ENA), que fue no solo la pri­

raleza creativa”; ‘Son edificaciones en las

era parar o algo malo sucediera”.

mera escuela especiali­zada para la en­

que se habla de los problemas del hombre,

señanza del arte sino el primer y más

en las que se habla o expresa un momento

sin la menor duda que el mayor logro de

grande laboratorio artístico-pedagógi­

de la civilización”; “Reflejar en la arquitectura

la enseñanza artística en Cuba es haber­

co de Cuba de toda su historia. Fue el

(y en la cultura) a aquella capa de la po­

se constituido en un sis­tema, que cuenta

modelo a partir del cual se diseñó y

blación que nunca tuvo un lenguaje propio

hoy con 65 escuelas y 28271 alumnos,

organizó el sistema de enseñanza ar­

en arquitectura porque no se lo permitieron”;

sistema dise­ñado a partir de los antece­

tística.

“Se pensó en la dio­sa de la fecundidad, una

dentes que ya se han señalado, retoman­

Aunque sería tema para otra con­fe­

diosa de principio de la civilización, pensé en

do las mejores experiencias de la tradición

rencia, no puedo dejar de mencionar el

una Ochún”; “Artes Plásticas en particular es

pedagógica cubana y situando esa ense­

hecho de que el espacio docente en el que

un edificio que es feminidad, pero también

ñanza en el contexto de la cultura cubana

surge la ENA, y que hoy comparte con el

ciudad” (influido por el urba­nismo de Vene­

y universal y en la comprensión de los

Instituto Superior de Arte (ISA), consta

cia); “Sus aulas de cla­ses son como teatro

procesos que tienen lugar en la cultura,

de cinco proyectos cons­tructivos que

arena y el teatro arena daba como un huevo

Así, la enseñanza artística, consti­tui­da en

respon­dían a los reque­rimientos téc­nicos

o un seno. El huevo es el origen de la vida y el

un sistema, se funda sobre una memoria

y al rigor profesio­nal que se propo­nía

seno también porque amamanta”; “La Es­

que se ha ido acumulan­do y sedimentan­

para esta en­se­ñanza. Conocidas co­mo

cuela de Danza es macho espíritu épico, una

do durante una praxis concreta. En la ac­

las Escue­las de Arte de La Haba­na, es­

cosa triunfante, y hay algo glorioso, ético y

tualidad el sis­tema de enseñanza artística

tán conside­radas verdaderas joyas arqui­

explosivo”; “En Danza busqué la exal­tación:

está integrado por:

ESCUELA

ALUMNOS

Escuelas de arte (nivel medio elemental)

20

5995

Escuelas de arte (nivel medio)

29

4726

Escuelas de Instructores de Arte

15

16133

1

1417

65

28271

Instituto Superior de Arte

TOTALES

50 • CULTURA URBANA

Volviendo al tema, puede afirmar­se,


SECCION CUBANA

Se trata de escuelas que se articu­

Arte, surgidas desde el triunfo mismo

tal y medio en muchas partes, quisiera

lan tanto dentro de la propia enseñanza

de la Revolución y revitalizadas de ma­

centrar mi intervención en el Instituto

artística como en cuanto a la educación

nera particular en los últimos seis años,

Superior de Arte (ISA). Lo primero que

general; que existen a lo largo y ancho

cuyos graduados en cuatro mani­fes­ta­

habría que decir es que su surgimiento,

del país, en las quince provincias; a las

ciones artísticas: teatro, danza, mú­sica

en 1976, es el resultado natural del nivel

que se puede acceder desde los mas

y artes plásticas, tienen la misión esen­

alcanzado por la enseñanza artística

apartados rincones; en las que se estu­

cial de contribuir, desde el conocimien­

precedente. Hoy el ISA cuenta con 4 Fa­

dian todas las manifestaciones artísti­

to, la apreciación y el disfrute del arte a

cultades, 5 carreras y 39 perfiles, de los

cas de forma absolutamente gratuita; a

la formación de una cultura gene­ral in­

cuales 23 sólo se estudian en el nivel

cuyos alumnos se les entrega una bue­

tegral en nuestra población. Su presen­

superior. Tiene su sede principal en Cu­

na parte de la base material de estudio

cia en las escuelas, en zonas apartadas

banacán, en el otrora Country Club de

especializada y se les ofrece también, a

de nuestro país, en la atención a niños

La Habana, en instalaciones especial­

los que viven en zonas apartadas, la re­

con discapacidades se ha renovado y

mente construida para estos fines, co­

sidencia estudiantil. El único requisito

aporta enriquecedoras y conmovedo­

mo ya he dicho; y cuenta además con

para acceder a ellas es el talento.

ras experiencias.

dos filiales y una unidad docente en las

provincias de Camagüey, Holguín y San­

Mención especial para la labor que

realizan las Escuelas de Instructores de

Comoquiera que podrían existir si­

militudes en cuanto a los niveles elemen­

tiago de Cuba.

FACULTADES

CARRERAS

PERFILES

Artes Plásticas

Artes Plásticas

Pintura, Escultura, Grabado

Música

Música

Instrumentos, Dirección de Coro, Dirección de Orquesta, Composición

CUADROS DE CARRERAS Y PERFILES

Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual

Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual

Dirección, Fotografía, Producción, Sonorización, Edición

Arte Teatral

Actuación, Dramaturgia, Teatrología, Diseño Escénico

Arte Danzario

Ballet, Danza Contemporánea, Danza Folklórica

Artes Escénicas

CULTURA URBANA •

51


SECCION CUBANA

Junto a las cinco titulaciones de Li­

Universidad lograra una influencia y

de una ética que es también indispensa­

cenciatura en Música, Artes Plásticas,

una relación activa con el mundo ar­

ble en el ejercicio del trabajo artístico y

Arte Danzario, Arte Teatral y Medios de

tístico y con las personas a quienes es­

en el desempeño de otras funciones re­

Comunicación Audiovisual, el ISA tiene

tá destinada la producción artística. Ha­

lacionadas con estas manifestaciones.

estructurado un sistema de estudios de

bía que pensar en una Universidad que

Y habría que encontrar la fórmula para

postgrado que incluye cursos, diploma­

legitimara la tradición pero también en

que los alumnos de­sarrollaran este com­

dos, maestrías y doctorados, vinculados

una Universidad transgresora, en una

­promiso. Porque quizás el objetivo últi­

todos a la educación y la enseñanza ar­

Uni­versidad subversiva. Había que preser­

mo de la formación universitaria en el

tística así como a otros temas de gestión

var el co­nocimiento, pero ha­bía que en­

terreno del arte, sea lograr que sus egre­

y promoción cultural.

contrar una alternativa de otra na­tura­leza.

sados asuman la carrera artística como

Muchas veces he dicho que el ISA es una

un destino en el cual están estrecha­

ne el proyecto pedagógico del Instituto

Universidad al revés.

mente vinculados el hacer y el pensar.

Superior de Arte: a qué aspira la ense­

ñanza artística en su nivel superior? La

ción de que uno de los rasgos esencia­

ñanza se instrumentó de una manera

crea­ción del ISA generaba numerosas

les de una enseñanza artística en el ni­

dife­rente, porque el conocimiento tiene

interrogan­tes: La enseñanza artística

vel superior debía estar dado por la pre­

muchas vías y no son excluyentes, por­

tran­sitaba por un proceso de madura­

sencia del taller como eje fundamental,

que en el arte la transferencia entre la

ción, en el que debía reflexionarse con

el taller como espacio formal en el aula

teoría y la práctica es permanente.

toda seriedad acerca de la función de

pero también el taller como parte de la

la Universidad, acerca de la relación en­

vida cotidiana. Y para que el alumno en­

es­tar evaluando constantemente qué

tre la Univer­sidad y la vida y la aca­

cuentre “el camino de la vida”, los maes­

cam­­­­­­bios o mutaciones pueden me­jorar­

demia para evitar caer en pos­turas de­

tros tienen que transmitir unos conoci­

la o enriquecerla. El plan de estudios ha

formantes (academicismo y prac­tico­

mientos marcados por un saber que no

estado fundamentado en la activa rela­

ne­ría). Que­da­ba claro que la Uni­­­ver­

es libre, no se aprende solamente a tra­

ción entre la teoría y la práctica, es

sidad en este tipo de enseñanza no era

vés de la consulta de una bibliografía,

decir, entre la creación, la investigación

solo y ni si­quie­ra fundamentalmente,

desglosada en un programa analítico.

y la en­señan­za. Desde lue­go que, estos

un vehículo de reproducción de infor­

Porque ese programa, ese saber está

princi­pios y procesos discurren por vías

mación, aun­que desde luego había que

pasando, de una manera inevitable pe­

dife­rentes según la naturaleza de las ma­

trasmitir conocimientos, articulados a

ro afortunada, por lo que se ha dado en

nifestaciones artísticas, pero en todas

tra­vés de un conjunto de disciplinas

llamar el cuerpo y el alma de los maes­

las carre­ras se puede apreciar. El ISA, la

dentro de un plan de estudios desarro­

tros y ese cuerpo y esa alma de los

Univer­sidad de las Artes de Cuba, que

llado con una cierta lógica interna. Pero

maestros se había ido formando a tra­

cuen­ta hoy con 4 Facultades, 5 carreras

la Universidad debía ser sobre todo un

vés de la experiencia de cada uno de

(Artes Plásticas, Música, Arte Teatral,

ámbito en el cual cada quien, cada estu­

ellos.

Arte Danzario y Medios de Comunica­

diante debe ir encontrando las pau­tas en

Hoy sabemos que quienes trabajan

ción Audiovisual) y 1487 alumnos, dis­

el camino de la vida. Y en Cuba no exis­

en el campo de la cultura y del arte par­

tingue como elemento esencial de su

tía un precedente de cómo hacer una

ticularmente que quienes trabajan, en

proyecto pedagógico la conjuga­ción ar­

Universidad de las Artes, un centro de

el campo de la creación, no pueden ser

mónica entre una instrucción especiali­

altos estudios. Sin dudas, la experien­

meros asalariados que cumplen, mal

zada que atiende las particularidades

cia universitaria en la forma­ción de

que bien, con una tarea encomendada,

de cada una de las manifesta­ciones ar­

otros ámbitos sirvió de mucho pero el

quien se vincula a este medio tiene que

tísticas, la técnica, el desa­rrollo del vir­

teatro, la música y las artes plásticas

estar profundamente comprometido con

tuosismo, junto con una intensa forma­

tenían sus propios problemas, sus pro­

lo que hace, se le tiene que ir la vida en

ción humanística capaz de despertar

pias vicisitudes y sus propias tradi­

lo que está haciendo y este compro­

en los jóvenes un interés por la cultura

ciones. Resultaba esencial que esta

miso esencial se deriva la conformación

general.

Ahora bien, ¿qué caracteriza y defi­

52 • CULTURA URBANA

Otra premisa esencial era la defini­

Así las cosas, el proceso de ense­

La práctica no se detiene y hay que


SECCION CUBANA

Vale la pena recordar que las huma­

jóvenes que permanecen vinculados a

taciones, 4080 alumnos han asistido a

nidades dan respuesta a las inte­rro­gan­

nuestras instituciones de enseñanza: Ali­

los cursos de postgrado, maestrías, di­

tes esenciales de la vida humana, edu­

cia Alonso, Fernando Alonso, Leo Brower,

plomados y doctorados. El ISA apostó

can en el valor y permiten acce­der a

Jesús Ortega, Adigio Benítez. Graziela

por un espacio de experimentación, de

un es­pectro más amplio de valores y a

Po­golotti, Armando Suárez del Villar, en­

diálogo, de reflexión sobre el arte, que ha

un sentido más integral de la realidad.

tre otros muchos. De manera que pue­de

de­venido centro de formación de ar­tis­

Si de algo necesita nuestro tiempo es de

afirmar­se que la vanguardia ar­tís­ti­ca de

tas, y de numerosos provectos artísticos-

hombres y mujeres que quieran pensar

nuestro país, junto a otros muchos pro­

pedagógicos. El afán de renovación que

a fondo su propia realidad, que quieran

fesores a quie­nes ha correspondi­do la

ha marcado la labor de sus carreras que,

compartir sus problemas y com­prome­

for­mación ge­­neral, ha sido protagonis­ta

a través de los diferentes profesionales,

terse en orientar las vías de solución,

de este pro­yecto pedagógico, de la fun­

ha señalado las líneas esenciales por la

por eso es necesario que aprendan a

dación de una pedagogía artística “sui

que transita el arte cubano contemporá­

pen­sar de un modo más riguroso, libre

generis”, que reflexiona, crea y actúa en

neo ha hecho del ISA un permanente y

y abierto a todos los aportes válidos de

el medio cultural. Sus opiniones han sido

renovador proyecto de acciones peda­

la ciencia, la técnica y la cultura. Los

vitales en la elaboración de planes y pro­

gógicas. De ahí que una buena parte de

estudios humanísticos deben preparar

gramas de estudio y en el concepto

los artistas cubanos que distinguen las

para desempeñar bien ese papel, por­

mismo de la clase, como un acto tam­

diferentes expresiones de la cultura cu­

que la educación humanística no sólo

bién de creación. Hemos conta­do desde

bana han pasado por las aulas de esta

nos mues­tra un camino sino que nos

siempre con un claustro competente y

singular academia.

enseria a andarlo y transformarlo. Este

de avanzada.

rasgo distingue esencialmente la forma­

¿Quiénes son nuestros alumnos? ¿De

ISA en estos 30 años pueden resumir­

ción de los artistas cubanos de la que se

dónde provienen? ¿Cuáles son los requisi­

se en: la renovada concepción de la

produce en otros países que buscan

tos de ingreso? El ISA es una Universidad

docencia, comprometida con lo mejor

como elemento primordial, la técnica.

de talentos, con alumnos pro­cedentes

de nuestra tradición cultural; el deli­

Por otra parte, todo esto tiene lugar

de la enseñanza artística en algunas ca­

cadísimo ejercicio en que se convierte

en un espacio físico en el que coe­xisten

rreras y perfiles; y del sis­tema de ense­

la docencia en el ISA debido a que sus

las diferentes manifestaciones artísti­

ñanza general en o­tras. Son alumnos de

alumnos son, en su mayoría, artistas

cas (el teatro, la danza, la música, las

todas las pro­vin­cias del país, sin distin­

profesionales en muchos casos con

artes plásticas). Se sabe que la cultura

ción de nin­gún tipo. Rigurosísimos exá­

grandes méritos. La toma de concien­

tiende cada vez más a la integración de

menes pero siempre lo que determi­na

cia y reflexividad como sugiriera Ru­

las artes, se desdibujan los contornos y

es el ta­lento. Por todo lo anterior pue­de

dolph Arheim, es lo esencial, pero no

en estas escuelas este hecho se pro­

afirmarse que la enseñanza artística en

acompaña la vida de la técnica; la

duce de manera natural. Sí coincidimos

Cuba tiene un significativo valor como

traen en la mayoría de los casos y, si

en que el eje fundamentalmente en el

modelo de proyecto pedagógico, singu­

no, la adquieren, la modelan, la per­

sistema de enseñanza, lo constituyen el

lar experiencia en la conjugación de la

feccionan.

par maestro / alumno; habría que des­

docencia, la investigación y la práctica

tacar que un elemento distintivo en el

artística y en la formación de artistas

temporáneo en términos de enseñanza,

ISA ha sido las particularidades de su

comprometidos con su obra, con la com­

con criterios más amplios y abarcado­

claustro. Se trata fundamentalmente de

­prensión de los procesos que tienen lugar

res, y a través de la claridad acerca de

artistas que han sentido como parte de

en la cultura, con su sociedad y con su

las características propias del papel del

su compromiso social el ejercicio de la

pueblo.

docente en este tipo de enseñanza, en

docencia en los diferen­tes niveles de en­

Ahora bien: ¿Qué ha sucedido en el

que el estudio de cada contenido pro­

señanza artística. Hoy nos acompañan

ISA en sus treinta años?: Ha graduado

grama se convierte en un acto creativo

muchos de esos fundadores y otros más

3054 artistas en las diferentes manifes­

irrepetible. El ISA ha recibido múltiples

Los aportes más significativos del

El ISA ha actualizado al arte con­

CULTURA URBANA • 53


SECCION CUBANA

54 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

reconocimientos nacionales e interna­

dia, nuestra más autóctona variación ra­

bre. La verdad en las obras de arte es

cionales y ha sido visitada por figuras

­­dica en la integralidad cog­noscitiva. Es­

la dignidad del talento.

destacadas de los más diversos países

tamos convocados a considerar la cul­

que han reconocido el nivel alcanzado

tura como la sustancia misma de la jus­

versidad que forma a sus estudian­tes

en la enseñanza artística en nuestro

ticia social. Hay que oír de nuevo la voz

con una visión de futuro ha querido ser

país.

de José Martí quien escribió para siem­

un mecanismo orientador del talento y

Al promover una enseñanza de las

pre: “no hay igualdad social posible sin

sus diferentes programas han de­

artes reflexiva y crítica cuya finalidad no

igual­dad de cultura”. Y también advirtió:

mostrado a lo largo de estos 30 años

es únicamente desarrollar las habi­lida­

“Fa­lla ciencia y cultura espiritual”

que la pedagogía artística también po­

des técnicas del alumno; sino sobre to­

día estar a la vanguardia.

do, formar artistas virtuosos y cultos,

ahondaba en el concepto al indicar: “cul­

comprometidos con el arte y con el pue­

tura es una categoría del ser, no del sa­

las palabras de una profesora, quien al

blo del que forman parte, estamos con­

ber o del sentir”. Un abiga­rrado saber

celebrar el aniversario 25 del ISA afir­

tribuyendo modestamen­te a crear hom­

puede ser, según esto, inculto, y un sim­

mó: “Puede ser que los muros y pasi­

bres, a quienes como nos pidiera el Che,

ple modo de mirar, callar o sonreír pue­

llos, las cúpulas y los accidentes es­truc­

la dureza de estos tiempos no le haga

de ser signo de cultura. Por eso añadía:

tu­rales de la sugerente arquitectura que

perder la ternura de sus corazones. Los

“el saber que se ha convertido en cul­

da cuerpo a esta institución docente ha­

intelectuales y artistas no quieren estar

tura es un saber que se halla perfecta­

yan influido en su dimensión histórica.

ajenos a los cambios profundos, que

mente digerido; es un saber del que no

Tal vez fue el ambiente natural, trans­

necesita el mundo y son también pro­

se sabe ya en absoluto cómo fue adqui­

parente y prolijo en formas de vida de

tagonistas desde la cultura, cuyo núcleo

rido, de dónde fue tomado”.

ese otrora –y no en balde– paraíso re­

esencial son las ideas, de esas transfor­

El concepto, pues, se diversifica:

creativo de los más favorecidos por la

macio­nes.

hay una cultura de la información que

fu­tura, propicia la concentración de ener­

Para afrontar los problemas y ame­

debemos poner al alcance de todos;

gía creativa que se multiplica y asu­me la

nazas de la globalización tecnológica,

hay una cultura que puede estar en la

peculiaridad de los dones de las musas

que junto a indudables beneficios, ge­ne­

persona y en la comunidad como sabi­

con la cercaría de teatristas, mú­sicos,

ra tanto consumo alienante, vale des­ta­

duría reminiscente o ancestral. Y am­

bailarines...”

car que vida y cultura son inseparables,

bas instancias pueden combinarse o

flor de trigo y masa del pan se interpe­

refundirse cualitativamente, que es lo

espacio seductor tan pronto fresco co­

netran, “lo más esencial cualitativo es pa­

ideal, como cultura de la inteligencia,

mo agobiante, (ya no) deteriorado y má­

tri­­monio del pueblo”, oscuros y claros,

del corazón y los sentidos. Al respecto,

gico, tan resistente y vital. Y añadiría yo,

somos todos como la noche y el día, la

José Martí afirmó: “La pasión por la

tan resistente y vital como ha sido y es

tra­dición que preferimos es la vanguar­

verdad fue siempre ardiente en el hom­

la propia cultura cubana.

En un libro ya clásico, Max Sche­ler

El proyecto pedagógico del ISA, uni­

Para concluir me gustaría recordar

Algo de eso debe de haber en ese

Sonia Ortega. Es licenciada en Psicología por la Universidad de La Habana, desde hace 30 años se desempeña como directora de Relaciones Internacionales del Instituto Superior de Artes de Cuba.

CULTURA URBANA • 55


SECCION CUBANA

La Habana: entre la memoria y el olvido Gustavo Arcos

I

seres que la habitan, en una relación vital y fagocitaria, que escapa o rehuye

“Desde que se quemó El Encanto, La Ha­

toda definición. Es a la vez su encierro,

bana parece una ciudad de provincia.

su alma y devoción. ¿Pero cómo pensar­

Pensar que antes la llamaban el París del

la o abarcarla si sólo alcanzamos a co­

Caribe. Ahora más bien parece una Te­

nocer una ínfima parte de su dimen­

gucigalpa del Caribe... No sólo porque se

sión?

quemó El Encanto y hay po­cas cosas

buenas en las tiendas, sino también por

gi­nará su propia ciudad. Así cada uno

su gente... ¿Qué sentido tie­ne la vida para

tendrá la ciudad que se merece. ¿Cuál

ellos? ¿Y para mí? ¿Qué sentido tiene pa­

sería entonces la ciudad merecida por

ra mí? ”...

nuestro cine? A juzgar por las obras,

Cada uno de nosotros tendrá, ima­

será una ciudad representada, constru­ Sergio, en Memorias del Subdesarrollo

ida, observada casi siempre desde la

(1968)

melancolía y el dolor. Una ciudad que parece condenada por el destino a su

56 • CULTURA URBANA

Para algunos, la ciudad es sólo un espa­

fatal disolución. Una Habana que fue y

cio físico, una abstracción, el lugar don­

ya no será, un fantasma, un lugar que

de quiso el destino que se hiciera real y

va quedando idealizado en la memoria

tangible nuestra existencia. A ve­ces deam­

de sus habitantes, pero sobre todo en

bulamos por ella de forma rutinaria, con

aquellos que, ya sea por la edad o las

prisas, sin prestarle atención, erosionán­

crisis de conciencia, se han detenido a

dola con cada acto y desdeñándola con

pensarla y recordarla. Quizás sea sólo

nuestro olvido. Pero para otros, es mu­

un fenómeno generacional, un proceso

cho más que eso. Para Sergio, el persona­

natural del pensamiento que nos hace

je de la película Memorias del subdesa­

consagrarnos a los 15 años, a cualquier

rrollo, la ciudad no puede existir sin los

otro ejercicio, menos al de la memoria y


CUBANA 21/01/2008SECCION Fabrizio Mejía Madrid

CULTURA URBANA • 57


SECCION CUBANA

a los cincuenta a la memoria para se­

ma­nera real o meta­fórica, en los sitios

Ahí está por ejemplo un joven llamado

guir con los ejercicios.

año­rados por el personaje. Lugares, rin­

Enrique Alvarez, quién vuelve a entrela­

Ruinas, polución, festejo, promiscui­

­cones, calles y seres que ya no están y

zar el destino de los dos únicos persona­

dad racial y sonora, pero a la vez desa­

a los que Diego rinde merecido culto,

jes de su filme, La Ola (1995), con el de

sosiego y pavor. Expresiones y maneras

ya que de forma simbólica encarna­

la ciudad que los cobija. Ellos in­tentan

de representación reiteradas por nues­

ron el auténtico espíritu de la nación.

salvar su amor o lo que aún que­da de él,

tra cinematografía a lo largo de las últi­

Y he aquí el verdadero alcance de esta

rodeados del caos y la des­trucción cami­

mas cuatro décadas desde aquél día en

película, el colosal llamado de atención

nando siempre sobre las aguas, los bor­

que un personaje (ya eternizado) llama­

que hace Alea (una vez más): Sólo aque­

des, el abismo, la fron­tera entre dos es­

do Sergio, observara con espanto para­

llo que pertenece a nuestra cultura

pacios, las dos ori­llas. Profunda reflexión

lizante, la ciudad de su vida.

esencial, a nuestra raíz, a nues­tra alma,

sobre nuestra identidad, como pocas ve­

puede salvarnos.

ces se ha visto en nuestro cine. Verdade­

je también mira. Diego en Fresa y Cho­

Diego, como en el cuento de Bor­ges,

ro poema visual y ensayo filosófico, en el

co­la­te observa desde un balcón el trá­

será el Aleph, el guardián, por cierto, lla­

que asuntos tan medulares para enten­

gico des­tino de su ciudad (que sería

ma a su apartamento, La Guarida, singu­

der la cultura cubana y la nación, ta­les

todavía sin saberlo, también el suyo).

lar centro donde conflu­ye lo verdadero,

como la cuestión insular, y sus deriva­

Treinta años después otro persona­

La Haba­na, será para él, ese lugar

lo espiritual, lo telúrico, lo nacional. Y es

ciones traumáticas, el exilio, y la frus­

subli­me de ma­­­jestuosa arquitectura

a esa nación y su historia a la que ambos

tración individual, son re­presentados en

habitada por hom­­bres y mujeres ilus­

personajes (David y Diego) miran desde

una obra donde lo que menos importa

tres, pero que aho­ra (tiempo del argu­

su presente, con dolor. Hombre y ciudad

es la anécdota o la a­cción física de sus

mento) se le revela en franco deterio­

atrapados en una misma encrucijada

protagonistas sino el contexto que sobre

ro, no sólo físico o es­­truc­tural, sino tam­

existencial. Desga­rrador dilema el de es­

ellos pesa, una suerte de destino fatal,

bién humano, pues las complejas cir­

tos personajes, quienes quedan des­

ya prefijado, magistralmente captado por

cunstancias sociales han ena­­jena­ndo

bor­dados, el prime­ro por la fuerza de la

el exiliado poe­ta cubano Gastón Baque­

a varios de los seres que la habitan,

historia; el segundo, por las mez­quinda­

ro, a quién no por casualidad se le deja

especialmente a aquellos, que intole­

des de esa propia historia.

escuchar declamando sus versos sobre

rantes, lo acosan y condenan al exi­lio.

Pero no ha sido Gutiérrez Alea el pri­

una imagen de La Habana, que desvali­

El recelo, la desidia y la me­diocri­dad

mero1 ni el único cineasta que ha mi­rado

da, parece sucumbir a la fuerza de los

han ganado espacio instalándose de

y declarado su amor por nuestra ciu­dad.

temporales que la azotan.

“Yo te amo, ciudad, aunque sólo escucho de ti el lejano rumor, 1 En fecha tan temprana como la de 1961, Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante rea­lizarían su controvertido corto experimental “PM”, donde cámara en mano captaba, prescin­ diendo de la puesta en escena, los ambientes nocturnos de ciertas zonas portuarias y margina­ les de La Habana. Dos años después, un visionario llamado Nicolás Guillén Landrián, a quién habría que colocar de una vez en su justo lugar entre los más relevantes documenta­listas cuba­ nos, filmaría “En un barrio viejo” extraordinario testimonio visual de una ciudad, sus calles y su gente más humilde, fotografiadas con maestría artística por Livio Delgado. Obras ambas aten­ dibles, especialmente por la sensibilidad y el afán innovador de sus creadores, quienes desde la periferia de la industria y con cierta mirada antropológica y cuestionadora se situaron con ellas en las antípodas del cine épico y militante que marcaría con posterioridad buena parte de la obra documental cubana.

aunque soy en tu olvido una isla invisible, porque resuenas y tiemblas y me olvidas, yo te amo ciudad. Yo te amo ciudad, cuando la lluvia, nace sobre tu cabeza amenazando disolverte el rostro numeroso, cuando sé que padeces Cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos, Cuando mi piel te arde en la memoria, Cuando recuerdas y niegas, resucitas, pereces, Yo te amo ciudad.”

58 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

II

cilio de una manera obsesiva. Lo hacen

incorporándolos a los textos de los per­

además desde el centro de la ciudad ha­

sonajes, las citas sonoras o a los objetos,

“Aquí todo sigue igual...sin embargo pa­

cia la costa, para terminar prácticamen­

imágenes y colores que profusamen­te

re­ce hoy todo tan distinto”

te sobre el mar, en un singular y simbó­

aparecen a lo largo del relato. Así, las his­

lico viaje final premonitorio que propicia

torias individuales de los tres persona­jes

Sergio en Memorias del subdesarrollo.

las múltiples lecturas y entre ellas nueva­

principales, que se nos han ido mos­

(1968)

mente, el asunto de la insularidad que

trando indistintamente, confluirán en un

aunque tratado con acierto por va­rios de

paradigmático sitio de la ciudad y el país,

Madagascar es una enorme isla situada

los grandes escritores del país como Le­

la Plaza de la Revolución, en un final de

en la costa oriental de África. Hacia ella

zama, Virgilio Piñera o el propio Baquero

tintes románticos y esperanzadores que

quiere trasladarse Laurita, una adolescen­

está siendo atendido por los más jóvenes

parece coronar la propia frase de uno de

te que “no sabe lo que quiere pero si

realizadores de los noventa. La condición

los protagonistas refiriéndose a su Pa­

sabe que no quiere ser como su madre”

de isla, es un fatum, un destino trágico que

tria: “Yo puedo perdonar tus olvidos, pero

frase que le espeta cierto día en una pa­

nos encierra, que nos hace, por mucho

madre, entiénde­me tu también a mí…

vorosa declaración de principios. Mada­

que caminemos, encontrarnos siem­pre

déjame ser como soy, tu me lo enseñas­

gascar es también el título de otra de las

en el mismo sitio. Y rodeados por el mar,

te, nadie es perfecto”.

grandes películas cubanas producida en

ese lugar que a la vez puede ser el inicio

la dramática década de los 90. Y aquí la

de un nuevo viaje y puede significar tam­

es de tal riqueza conceptual, que puede

ciudad vuelve a tener protagonismo, con­

bién la muer­te. Una sensación muy pe­

deconstruirse desde diferentes pers­pec­

virtiéndose en un personaje más de la

culiar y difícil de entender por aquellos

tivas y cada una de ellas cuestionará los

historia, un relato que parte del clásico

que no la vivan.

conceptos de identidad, patriotismo, sin­

conflicto generacional entre madre e hi­

En Madagascar la ciudad se nos re­

­cretismo religioso, machismo, libertad y

ja para adentrarse en profundas y ne­ce­

vela nuevamente decadente, derruida, in­

ética individual que le han sido tan caros

sarias reflexiones acerca de la frustra­

cómoda, claustrofóbicamente gris o azul,

a la sociedad cubana de los últimos de­

ción profesional, el desencanto y la des­

en una evidente representación sen­­sorial

cenios, baste observar, por ejemplo, el

composición social y espiritual observa­

que trata de relacionarla con el estado

ca­rácter connotativo y simbólico que ad­

das de manera trágica en el país, a raíz

de angustia y desasosiego que viven los

quiere el nombre de casi todos los per­­

de la debacle del proyecto socialista en

personajes. El de una madre frustrada,

sonajes, Cuba, Elpidio, Mariana, Crisis…

la Europa Oriental.

pero comprometida con una realidad que

gente diversa, en situaciones lí­mi­tes, que

Laurita quiere viajar a Madagascar,

la inmoviliza y el de su hija, represen­tan­

deben elegir mientras buscan su felicidad,

en un acto puramente metafórico, por­

te nihilista de una generación que bus­­ca

no en otra parte como a ratos parecen

que aquí el verdadero viaje es hacia el

hastiada el escapismo hacia otra reali­

querer los de Madagascar, sino aquí, en

interior de nuestra conciencia. Un viaje

dad. Y ese intenso drama existencial y profun­

una Habana compleja, hirviente, intensa

que signifique el reinicio de nuestros sue­

damente humano es también el drama

y de fin de siglo, recrea­da visualmente

ños, la ilusión de que las cosas pue­den

de una ciudad, que justo por aque­llas fe­

no en sus aspectos físicos externos sino

cambiar y deben hacerlo como úni­ca al­

chas de 1993 en que se rodó el fil­me

en los estados anímicos de los perso­

ternativa que permita la salvación de los

parecía, dada la penuria eco­nómi­ca que

najes (el claroscuro para Julia, la lumi­

cubanos. El tono francamente pe­simista

azotaba al país, conde­nada a su destruc­

nosidad para Elpidio) distanciándose de

y crítico que adquiere el filme es resalta­

ción definitiva.

los ya habituales planos, de un ciudad

do por una fotografía irreal, una suerte

de extrañamiento deliberado e inspirado

(1998), del propio Fernando Pérez, el con­

desatención.

según su realizador Fernando Pérez en la

cepto de pertenencia o identidad hacia

obra desconcertante de Ma­gritte.

una ciudad y sobre todo nación, se ma­ni­

tar a la vuelta de la esquina, parece signar

Pero hay más en esta película. Los

fiesta de manera simbólica, dise­mi­nando

una obra posterior del propio Fernando,

personajes están cambiando de domi­

sus signos a todo lo largo del filme, ya sea

cuya preocupación por este asunto lo

En otra película, La vida es silbar

La obra, polisémica donde las haya,

destruida y carcomida por el tiempo y la La idea de que La felicidad puede es­

CULTURA URBANA • 59


lle­va a rodar cinco años después y en el mar­co de un proyecto internacional don­­ de se filmarían varias películas sobre di­ ferentes ciudades del mundo, Suite Ha­ bana, un conmovedor y multipremiado relato documental que sigue la vida de una decena de habitantes de la capital cubana en su lucha por la subsistencia cotidiana. Aquí no hacen falta diálogos, ni entrevistas, ni palabras de ningún ti­ po, ni falsas estadísticas, ni discursos retóricos. Las imágenes son suficientes para que los espectadores puedan aden­ trase en el alma de una nación que en pleno siglo XXI y sin dejar de soñar, in­ tenta a duras penas mantener, una es­ peranza de realización colectiva. La ciu­ dad vuelve entonces a cobrar vida y se convierte en un activo sujeto dramático que dialoga con el espectador, ya sea des­ de su incontrolado bullicio diario, como del silencio, en ciertas noches estrelladas, observadas por dos de los personajes quie­ nes desearían tal vez… perderse en las estrellas.

60 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

CULTURA URBANA •

61


SECCION CUBANA

III

ten en la ciudad capital, permite a su

ese reflejo quedó en la simple ilustración

director mostrar toda una ga­ma de per­

de “personajes y situaciones tipo” obser­

sonajes comunes que la habitan y si bien

va­dos en la vida cotidiana del país. La

la representación formal de las casas y

ciudad quedaría desde luego representa­

residencias por donde transitan estos,

da en el cine de estos años pero sería

parece convincente, no sucede lo mismo

una ciudad –decorado, un espacio muer­

con la traspolación que se hace de una

to donde situar simplemente el drama.

También desde el humor, el cine ha re­

manera idealizada, de los llamados so­

inventado una imagen de nuestra ciu­

lares capitalinos, suerte de espacio pro­

obra realizada en 1989 y titulada Pape­

dad utilizando los signos inconfundibles

miscuo y deteriorado habitado por va­

les secundarios se erigiera entonces co­

de este género tan popular, como eficaz

rias familias que comparten un pequeño

mo el paradigma del llamado cine de

coartada sobre la que discursar. Ya des­

local. Más allá del humor y la sátira a la

autor. Su director Orlando Rojas, asumió

de los sesenta, Gutiérrez Alea obligaba

que recurre el realizador, Se permuta,

el riesgo que toda verdadera obra de

al desesperado “sobrino” de su Muerte

mani­fiesta, tras su aparente ligereza dra­

arte requiere filmando una película plu­

de un burócrata (1966), a recorrer kafkia­

ma­túrgica, una crítica hacia aquellos que,

ridiscursiva y prodigiosa en la medida

nas dependencias institucionales, edifi­

desesperadamente intentan eludir su con­

que demandaba la participación del es­

cios públicos, lápidas y cementerios con

texto, creyendo artificialmente con ello,

pectador en la descodificación de cada

tal de tramitar una no menos su­rreal pen­

escapar del drama que les rodea.

una de sus múltiples capas. Si bien es

­­sión, para su desesperada tía. La ciu­dad

La mayor parte del cine cubano de

cierto que en Papeles... , la ciudad ape­

se nos presenta aquí con tin­tes claus­­tro­

los ochenta estuvo afectado por la creen­

nas aparece, justamente será su marca­

fóbicos, pasillos interminables y ha­bitada

cia de que las obras cinematográficas

da ausencia, la que dota de mayor sig­

por seres indolentes, que con­­vierten en un

debían conquistar en primer lugar a los

nificado el memorable instante en que

infierno la existencia práctica de sus mo­

espectadores, aunque para ello tengan

tras largas secuencias bajo el techo, las

radores. En ese mun­do alu­­cinante que

que sacrificar los presupuestos de orden

sombras y las bambalinas de un teatro,

parece inspirarse en las me­jores obras

estético o artístico. Así se produjeron

varios de los personajes del filme de­

de Luis Buñuel, se move­rá el personaje

numerosas producciones que apelaban

ciden darse una “escapada espiritual”

enfrentándose sólo, a las fuerzas parali­

al humor y la comedia costumbrista, la

hacia los tejados del edificio. Esa “toma

zantes de La Burocracia; que por enton­

sátira social, el chiste fácil, la simpleza

de aire libre”, reviste un profundo carác­

ces (y también ahora) gravitaban sobre

estructural y la leve profundización si­

ter metafórico, especialmente cuando sa­

cada gesto de la na­ción.

...me están matando... pero estoy gozando. Virgilio Piñera

Esa quizás sea la causa de que una

cológica en los personajes representa­

bemos que el filme nos está hablando de

Veinte años después, en Se permuta

dos. La escritura más personal o poéti­

to­dos aquellos fenómenos, que pro­ce­den­

(1983) Juan C. Tabío transmitirá la ob­

ca, más sugerente o simbólica, quedó

tes de la desconfianza, el oportu­nis­mo y

sesión de una madre que cree mejorar

desterrada para otras ocasiones y aun­

la desidia, emanada desde el po­der, frenan

su estatus social y el de su hija, cambián­

que fue un cine que, a diferencia de lo

la realización individual, y de­sembocan en

dose insistentemente de domicilio. El con­

estrenado en la década anterior, buscó

sucesos especialmente trá­gicos para los

flicto ,extraído directamente de la rea­lidad

en los temas contemporáneos, los suje­

que los sufren. Valdría qui­zás la pena recor­

cubana y muy a tono, con las dificulta­

tos y asuntos necesarios para ser refle­

dar algunos de los par­lamentos que se es­

des que, para conseguir una vivien­da exis­

jados en la pantalla la mayor parte de

cuchan en la re­ferida escena:

Nos estamos extralimitando. Y eso que estaba herméticamente prohibido. Esto me puede costar el cargo. Ya Coppelia (céntrica heladería) no es lo mismo. Antes nos reuníamos allí la gente ávida de conocer cosas nuevas, de entregarnos, de hacer cualquier cosa. Yo no.. porque yo siempre he sido tan libre. 62 • CULTURA URBANA

Saber vivir es contagiar alegría.


SECCION CUBANA

La atmósfera opresiva y asfixiante

Todos parecen tener también su lápida

en que se desarrolla buena parte del re­

en este cementerio en que se ha conver­

asistimos a una puesta en escena que

lato, contrasta con la notable luminosi­

tido la historia de la cultura. Para susti­

privilegia la mirada subjetiva del perso­

dad con que está fotografiada la secuen­

tuirlo se ha inventado un término: El pos­t­

naje principal quién con frecuencia, ob­

cia. La ciudad ocupa entonces todo el

modernismo, controvertida palabra bajo

serva, susurra, medita y se distancia del

fondo frente al cual se mueven los per­

la cual encuentran sitio, los hábiles ejer­

mundo mediocre que le rodea. Sólo que

sonajes, que liberados de las sombras,

cicios de montaje, el diálogo, la intertex­

a diferencia del Sergio de Memorias, Car­la,

juguetean, toman el sol, se bañan con

tualidad, los procesos de hibridación cul­

el personaje principal de esta pe­lícula,

una manguera (¿de agua purificadora?)

tu­ral y social, la indeterminación del tiem­

se siente iluminada un buen día por la fe,

y añoran su pasado, que es además el

­po y la desnaturalización de los obje­­tos y

y cree que desde su anónimo puesto de

de toda una generación (la de los sesen­

las figuras humanas.

empleada de correos, puede cambiar y

ta y setenta), frustrada en sus sueños de

El cine cubano tiene en Juan Carlos

otorgarle la felicidad a muchos cubanos.

realización personal, por absurdas y la­

Cre­mata a ese cineasta posmoderno y há­

Una felicidad dual, la individual y la de la

mentables decisiones discriminadoras,

bilmente transgresor, cuya obra toda,

nación que según Cremata debe, tiene y

que pretendieron legitimar el adocena­

documentales y ficciones, parece signa­

urge buscarse dentro de nosotros mis­

miento social y la uniformidad artística.

da por un arriesgado afán de provoca­

mos porque a decir de uno de sus per­

Película de profunda carga filosófica, que

ción estética y artística. Filmes que a

sonajes: si todo el mundo se va, Nadie,

u­tilizando como argumento el montaje

manera de los grandes collages pictóri­

cambia, Nunca, Nada...

de una obra teatral, adquiere inusitada

cos, exigen del espectador una partici­

dimensión conceptual en la medida que

pación en la descodificación de los fre­

está hoy más fragmentado que nun­ca.

de forma artística, nos revela e introdu­

cuentes símbolos o metáforas visuales a

Junto a los estudios del ICAIC, la mayor

ce en ciertas regiones oscuras del desa­

las que recurre su autor, quién además

empresa productora y exhibidora de la

rrollo histórico y cultural más reciente

como ningún otro de los realizadores del

nación, coexisten desde hace ya varios

de nuestro país.

país, hace uso sistemático de las apro­

años un grupo de entidades estatales,

piaciones, referencias y citas intertextua­

centros de enseñanza y realizadores in­

les para construir su discurso fíl­mico sien­

dependientes que utilizan el soporte vi­

do nuevamente Alea ese “gu­rú” espiritual

deo o los habituales 35 mm (si tienen la

al que tanto él como los demás jóvenes

suerte de conseguirlos) para realizar

realizadores y artistas del país, concurren.

sus obras. De tal manera muchos de los

IV

No hay nada nuevo bajo el sol... ni

tampoco nada viejo.

El panorama cinematográfico del país

En Nada (2001) Cremata dibuja una

más relevantes trabajos producidos en

ciudad aletargada en la que el tiempo no

el país no tienen el sello del ICAIC y sus

Luis Rogelio Nogueras.

Como en Memorias del Subdesarrollo,

existe. Su personaje principal, una chica

realizadores no pertenecen oficialmente

Es difícil encontrar en el mundo de hoy

que trabaja en un correo, observa desde lo

al mismo sino que se aprovechan de las

al­go nuevo u original, y al parecer tam­

alto de su edificio como pasa su vida y la

nuevas tecnologías y soportes digitales

bién a alguien vivo. Se dice y estudia la

de sus coetáneos, sin que le suceda nada

para filmar sus relatos, transitando por

llamada muerte del autor, esa figura –

estimulante que la haga vibrar en sus más

los géneros más disímiles como el video

dios, que, cual creador supremo, tiene

profundas raíces. Todos los que le rodean

arte, el cine experimental, el clip musi­

la última palabra a la hora de darle un

aparecen representados como seres ena­

cal, la video documentación o el repor­

sentido a su obra. Pero no sólo será su

jenados, inmersos en las tribulaciones co­

taje unidos a los ya reconocidos docu­

cadáver el que tenemos aquí. Para el

tidianas, condenados a una va­na existencia

mental y ficción.

mundo desarrollado han muerto tam­

o consumidos en su propio tedio. Cada ges­

bién las ideologías, el Sujeto tradicional,

to es un movimiento en falso, confuso, ab­

ejemplo realizaría en 1999 y con el apo­

la historia, el progreso, las fronteras, los

surdo, un esfuerzo inú­til hacia la nada. Las

yo del Centro Cultural de España2, lo

grandes discursos reguladores, la fami­

palabras apenas se pronuncian y la exis­

que para muchos críticos del país sería,

lia, los patrones sexuales y las monedas.

tencia, una pere­nne agonía.

dado su rigor artístico y conceptual, el me­

El propio Juan Carlos Cremata por

2 El Centro Cultural de España adscrito a la Embajada Española en La Habana, financió, promovió y colaboró con diversos proyectos culturales realizados en el país. Algunas de las obras audiovisuales rodadas o filmadas durante los años 90 y principios del presente siglo contaron con la ayuda del Centro cuya existencia y licencia legal fue prohibida por las auto­ CULTURA URBANA • 63 ridades cubanas al considerar que la institución sobrepasaba sus funciones culturales de promover el arte de la península, incitando bajo el manto de la cultura, actividades “dis­ identes y provocadoras” dentro de la isla.


SECCION CUBANA

64 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

jor documental de la década: La Épo­ca, El

Otra será la perspectiva que asuma

materiales de la más diversa pro­cedencia y

Encanto y Fin de Siglo. Su título remite a

el joven Luis Leonel León en su melancó­

sin condiciones sanita­rias ade­cuadas. Fenó­

tres importantes tiendas de la ciu­dad ubi­

lico y premiado documental, Habanece­

meno universal, que pa­recía erra­dicado en

cadas todavía, dos de ellas, en el corazón

res (2001). Su propuesta recurre a un

los años 80 por las po­líticas esta­tales y

comercial de la misma. Pero esto es sólo

lenguaje visual más tradicional que con­

las leyes revolucionarias que intentaron

un pretexto para ha­blarnos de la Cuba de

centra su atención no tanto en la experi­

aca­bar con estos asentamientos pobla­

hoy, de la ciudad, de los sueños de sus

mentación formal como sí en los testi­

cionales y marginales en el país, pero que

habitantes y de sus pesadillas también.

monios de las cuatro figuras entrevis­ta­

hoy proliferan con mayor fuerza y mag­

Descontextualizados, los tres gran­des

das (el escritor Leonardo Padura, el mú­­

nitud que los que existían antes del triunfo

almacenes dialogan con el presente de la

sico Carlos Varela, el realizador de cine

revolucionario de 1959.

nación, en una relación polifónica que uti­

Fernando Pérez y el dramaturgo Alberto

liza un lenguaje visual y sonoro muy con­

Pedro) para dar así una imagen no por

testimonios de estos “trashumantes” quie­

temporáneo en la que desde diferentes

ello menos dramática o irreal de La Ha­

nes hacen todo lo posible por integrarse a

perspectivas se trata de dar una imagen

bana, esa imagen que idealizada de al­

“la ciudad soñada”, buscando encaminar

de los desafíos y angustias cotidianas

gún modo por la nostalgia y el paso del

sus vidas y escapar de la ruina espiritual y

que representa vivir hoy en la isla. La obra

tiempo, pervive en la memoria de los

ma­terial que para ellos representa perma­

de estructura abierta, pa­rece quedar sus­

que la habitan provocando un curioso e

necer en las comunidades rurales o del in­

pendida en el tiempo en la medida que

inevitable conflicto entre el pasado y el

terior de la isla, donde nacieron y que aho­ra

intenta reflexionar sobre varios de los

pre­sente, entre el deseo y la realidad.Una

según sus propias palabras parecen de­

complejos fenómenos que han condicio­

quimérica pelea en definitiva, contra los

tenidas en el tiempo3. Ellos han llegado a

nado o inciden hoy en el de­sarrollo históri­

demonios del olvido.

“la capital de todos los cubanos” pe­ro des­

co de la cultura y la na­ción. Su valor radica

Pero otros serán los demonios, es­

plazados y mal vistos, se han encontrado

justamente en la ca­pacidad que tiene to­

tos de naturaleza existencial y más prag­

que hay algunos, que son “más cubanos que

do el complejo texto de la obra para gene­

mática, los que acosen a una doce­na de

otros”. Es así que la frustra­ción y el desen­

rar nuevos significados, para cuestionar y

entrevistados para el documental Bus­

canto se han apoderado de muchos de ellos,

provocar, pa­ra situarnos en definitiva en

cándote Habana (2006), de la joven y

provenientes en su mayoría de regiones si­

una nueva dimensión desde donde mirar­

aun estudiante de cine, Alina Rodrí­

tuadas al oriente de la isla, emigrantes in­

nos a nosotros mismos. Cada una de sus

guez. No es la primera y seguramente

ternos que viven en una suerte de limbo le­

se­cuen­cias o segmentos incitan a la ex­

tampo­co la última ocasión en que el

gal con escasos alimentos, sin estatus pro­

plora­ción, o quizás a ese viaje necesario

audiovisual de la isla se adentra en la

fesional o la­boral, hacinados y trabajando

por nuestro pasado como única manera

miserable y azarosa vida de “los pales­

para sobrevivir. Ciudad como ideal, como Uto­

de comprender el presente. Pasarán los

tinos”, térmi­no que suele identificar a

­pía, como sueño convertido en pesadilla.

años y seguramente volveremos a mi­rar e

aquellos que sin amparo legal, levan­

intentar comprender el profundo entrama­

tan sus precarias viviendas en zonas

hombres y mujeres que desde su pers­­pec­

do filosófico que subyace en La Época, El

periféricas de la capi­tal, buscando tra­

tivas diversas están mostrando con sensi­

Encanto y Fin de siglo, una de esas obras

bajo o mejoras existenciales. Miles de

bilidad y dolor, pasión y me­lancolía, alien­

asombrosas y vitales que nos ha legado

ellos mal habitan en cha­bolas, casas

to y urgencia, la ciudad que tenemos y por

nuestro cine.

primi­tivas o rústicas, levantadas con

que no, también soñamos.

Muy interesante resulta escuchar los

Sean todos ellos, jóvenes o vetera­nos,

Gustavo Arcos. Es licenciado en Historia del Arte, por la Universidad de La Habana, Cuba. Actualmente se desempeña como crítico de cine, y es profesor titular de la facultad de Radio, Cine y Televisión del Instituto Superior de Artes de Cuba.

3 Varios trabajos en el “nuevo” audiovisual del país tratan de reflejar de manera crítica esta situación. Las “otras ciudades” llevan títulos como: Despertando a Quan Tri (Gustavo Pérez-.2005), Fractal (Marcos Díaz-2005), Model Town (Laimir Fano-2006), 72 horas (Jeffrey Puente 2006), Invierno (Roberto Renán-2006). CULTURA URBANA • 65


SECCION CUBANA

66 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA Garnier y Sant’Elia: visionarios Mariano del Cueto

Breve recorrido por los orígenes de la música cubana Ninowska Fernández-Brito

Hablar de la música cubana significa en

muchas ocasiones hurgar hondamente

pisa tierras cubanas y la Corona Española

en raíces que siendo propias parecieron

implanta el régimen de encomiendas en

en algún momento ajenas, pues al haber

la isla, la injusta repartición entre los es­

sido Cuba en los siglos XVI, XVII y hasta

pañoles de los indios cubanos en calidad

el XVIII, el recipiente geográfico y cul­

de esclavos y sirvientes, aunado a la muer­­­te

tural de razas mezcladas, y de influen­

por contagio de enfermedades pro­ve­nien­

cias culturales tan fuertes como la espa­

tes de Europa y que eran totalmente nue­

ñola y la africana, pareciera que la so­

vas para ellos, deja en pie y al Oriente de

noridad isleña sólo provenía de ahí. Lo

la isla, a poco más de un centenar de in­

cierto es que si bien la base instrumen­

dígenas que poco a poco se fueron mez­

tal de la música cubana se sostiene en­

clando con los negros africanos que a

tre una y otra cultura, los géneros típica­

principios del siglo XVI1 fueron traídos de

mente cubanos y reconocidos internacio­

África para suplir la mano de obra indí­

nalmente muestran una enorme deuda

gena, o sim­plemente se extinguieron2.

también con otras culturas de Europa.

Esto indica que el exterminio indígena en

No sobra recordar que durante el

Cuba no sólo aca­bó literalmente con la

período de conquista y colonización es­

población originaria de la isla, sino tam­

pañola, Cuba era prácticamente una tie­

bién con su cultura, sus artes, su tradición.

rra virgen con varios grupos de indíge­

Por ello, el origen de la música cubana

nas de cuyas manifestaciones artísticas

debe rastrearse allí donde se halla tam­

poco sabemos hasta hoy. Por ello, no

bién el surgimiento de la na­ción cubana,

puede hablarse de una cultura autócto­

el surgimiento de la hibridez racial y cultu­

na cubana, sino desde el principio de

ral que nos caracteriza, esa hibridez que

una cultura que nace híbrida y que tiene

hace surgir una cultura mestiza, pero pro­

que tornarse sincrética, incluso a veces

pia que, como ya hemos dicho, paradóji­

mimética para poder perpetuarse.

camente, le debe a muchos.

A finales del siglo XV, cuando Colón

1 Los primeros registros de introducción de esclavos africanos en Cuba provenientes de Nigeria datan de 1515. 2 Uno de los censos de población en las co­lonias realizado por los españoles hacia 1520, revela que en Cuba para esas fechas, es decir, a sólo escasos 30 años de la conquista, quedaban alrededor de 120 indígenas y reple­gados hacia la zona oriental de la isla.

CULTURA URBANA • 67


SECCION CUBANA

Es así como podemos situar las in­

está situada al otro lado de la bahía que

fluencias fundamentales de la música

separa a la Ciudad de La Habana de La

cubana en dos períodos históricamente

Habana. En Santiago de Cuba, a media­

diferenciados: el primero, el período de

dos del siglo XVIII, aparece la figura de

colonización española que comprende

Esteban Salas que es el primer compo­

desde finales del siglo XV hasta finales

sitor de música culta-religiosa (villanci­

del siglo XIX; y el segundo, el período de

cos) de Cuba y negro por demás señas.

la esclavitud (del siglo XVI al siglo XIX)

Escuchar la música de Esteban Salas es

que permitió el ingreso a la Isla de aproxi­

transportarse a la música de Vilvaldi, Bach

madamente 800,000 negros en calidad

o cualquier otro barroco europeo, aunque

de esclavos durante más de 300 años3.

finalmente con la sublevación de esclavos

Con la conquista y subsecuente migra­

en Haití, y la revolución haitiana de 1804,

ción española se introdujeron instrumentos

se desarrolla una fuerte migración de colo­

musicales como la guitarra, las cuer­das y el

nos franceses con sus respectivos esclavos a

laúd, instrumentos que servían a la per­

esta provincia cubana. Se pro­duce entonces

fección al tipo de música sacra que se

una escisión en la música que se hacía en

desarrolló en Cuba a lo largo de los si­

Santiago, por una parte se continuaba ha­

glos XVII y XVIII como una excelente co­

ciendo música sacra, y por la otra nace la

pia de la música europea, y que obede­

llamada “tumba francesa” que es tocada

ció también, justo es decirlo, a una de las

por tres instrumentos de percusión: “ca­

influencias más notorias de la gestión

jón”, “timbal” y “tres tumbas francesas”. Lo

co­lonizadora no sólo en Cuba, sino en

característico de estas “tumbas” era su ma­

toda América Latina: la impo­sición de la

terial: madera dura y cuero de chivo, in­

religión católica como la religión legítima

mortalizado por Bola de Nieve en su céle­

de nuestros pueblos. Es así que mientras de

bre canción “Chivo que rompe tambó”.

España se incorpora­ban los instrumentos

de cuerdas, de África nos llega la percu­

de Guanabacoa, rondando el año 1762,

sión, y con ello un ritmo cadencioso y muy

los ingleses invaden la capital cubana y

sonoro que también acompañaba los ritua­

son las tropas formadas precisamente

les y cere­moniales religiosos de los africa­

en esa villa de Guanabacoa quienes re­

nos.

pelen la invasión con la primera “carga

No obstante, geográficamente, es­

al machete” cubana, al mando de su go­

tas influencias (la española y la africana)

bernador José Antonio Gómez, más co­

se localizaron visiblemente en dos zo­

nocido por Pepe Antonio. Este hecho, al

nas concretas de la isla: la primera ha­

parecer aislado, tiene una importancia

cia el Oriente, específicamente en San­

no sólo política y militar para el futuro

tiago de Cuba; la segunda en el Occi­

de Cuba, sino también cultural puesto

dente, en la Villa de Guanabacoa, que

que la Villa de Guanabacoa se erige en

Mientras, en La Habana, en la villa

3 La esclavitud en Cuba se elimina por decreto en 1880, pero se tienen datos históricos de que hasta 1886, es decir, en sólo 6 años después de la abolición oficial de la esclavitud, fueron introdu­ cidos por contrabando cerca de 30, 000 mil negros más.

68 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

CULTURA URBANA • 69


SECCION CUBANA

un punto de referencia obligado donde

nales del siglo XVII y la contradanza fran­

sar Portillo de la Luz, Marta Valdés, cons­ti­

converge el sentimiento patriótico y el

cesa. El término contradanza es utiliza­

tuyen magníficos representantes del fee­ling;

pensamiento intelectual de vanguardia

do en muchos países de Europa y devino

y Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Ni­

como germen de un nacionalismo desde

en square dance en Estados Unidos. Es

cola, entre otros, resultan los exponentes

cuyo surgimiento abraza un fuerte sen­

Manuel Saumell, otro grande la de mú­

contempo­rá­neos del movimiento de la

tido sincrético.

sica cubana, quien escribe varias contra­

Nueva Trova.

Es en Guanabacoa donde surge hacia

danzas que contienen el germen de distin­

Junto con las habaneras, el danzón

1776 el primer teatro de La Habana, pri­

tos géneros musicales cubanos que pos­

es uno de los géneros que más caracte­

meramente llamado Teatro Coliseo y pos­

teriormente se desarrollarán; es­tos géne­

riza a la isla caribeña. Su origen, al igual

teriormente Teatro Principal. Es en Guana­

ros son: la guajira, la canción, la clave, el

que como sucede con el origen de las ha­

bacoa donde alrededor de 1812 nace el

danzón y otros, mismos que surgen gra­

baneras resulta aún hoy disputado; sin

primer periódico musical de Cuba, El Fi­

cias a la mezcla de la contradanza origi­

em­bargo, mientras las habaneras son un

larmónico Mensual. Es en Guanabacoa

nal con la improvisación po­pular. Y así

ritmo que sólo se desarrolla en España y

donde hacia 1861 se crea el primer Liceo

nace la “habanera”, una especie de con­

en Cuba, el danzón es un género cuyo ori­

Artístico y Literario de la Isla, denominado

tradanza cuyo ritmo es ca­racterístico de

gen se sitúa paralelamente en Cuba y en

Liceo Artístico y Lite­rario de Guanabacoa,

Cuba y reconocido como tal internacio­

México. El danzón se ca­racteriza por rea­

y en el que José Martí, uno de los mayo­

nalmente. En ese sentido, resulta impo­

lizar menciones de pie­zas clásicas den­tro

res, si no el ma­yor exponente de la litera­

sible obviar la repercusión que han teni­

de la estructura ar­mónica que se desa­

tura cubana, y prócer político de la inde­

do las habaneras en el folclore español y

rrolla; es también y quizá por sobre to­

pendencia de Cuba, funge en el año 1878

en las composiciones clá­sicas como las

das las cosas, un género bailable que

como Secre­tario de la Sección de Litera­

de Bizet, Debussy, Falla o Ravel, por sólo

alterna la cadencia característica de su

tura. Y es también en la villa de Guanaba­

citar algunos.

ritmo con la picardía y sensualidad del

coa don­de se funda la primera Escuela

De las habaneras, finalmente, surge

eros del baile, a la ma­nera de una con­

Normal para Maestros.

en los últimos años del siglo XIX el bo­

versación amorosa don­de el coqueteo y

Como puede notarse, Guanabacoa

lero, o al menos es el bolero Tristezas,

la delicadeza predominan. El primer dan­

es un lugar donde se gesta el más alto

escrito en Santiago de Cuba y atribuido

zón del que se tiene conocimiento es Las

pensamiento cultural e intelectual cuba­

a Pepe Sánchez, el primero del que se

Alturas de Simpson de Miguel Failde, y se

no, y donde posteriormente este pen­

tienen noticias. Del bolero como género

registra por los años 1879. Posteriormen­

samiento coexistirá de manera casi uná­

musical que era más cantable que bai­la­

te, este género es desarrollado y conso­

nime con las prácticas religiosas de ori­

ble, deviene la canción y posteriormen­te

lidado posteriormente, a finales del siglo

gen africano, llamada santería. Gran­des

la Trova, importante movimiento musi­

XIX por Antonio María Romeu.

figuras de la música cubana (Ernesto

cal cubano nacido también en el Orien­te

Lecuona4, Rita Montaner5, Ignacio Villa,

de la isla que contemporáneamente

tario acerca de la rumba, manifesta­ción

también conocido por Bola de Nie­ve6)

devino en dos vertientes bien diferencia­

musical cubana de mucha importancia

nacen y hacen obra en Guanabacoa en

das, pero paradójicamente interdepen­

en la consolidación de la cultura nacio­

la primera mitad del siglo XX.

dientes: el feeling cubano y el movimien­

nal, y cuyo origen debe situarse en los

Paralelamente, a finales del siglo XVIII

to de la Nueva Trova. Alberto Villalón,

finales del siglo XVI, y específicamente

y principios del siglo XIX, surge la contra­

Sindo Garay, Manuel Corona, el Trío Ma­

en el son de “La Ma Teodora”, atribuido

danza cubana, género que provie­ne de

tamoros, son ejemplos obligados de la

a Teodora y Micaela Ginés, un par de

la fusión del country dance inglés de fi­

Trova cubana; José Antonio Méndez, Cé­

esclavas negras que desde sus barra­

Un punto y aparte merece el comen­

4 Ernesto Lecuona (1895-1963), notabilísimo pianista y compositor cubano que logró incorporar a la música clásica ritmos populares proce­ dentes de diversas culturas asentadas en Cuba como la cultura africana y la cultura china. Su obra abarca canciones, zarzuelas y una gran cantidad de música para piano, destacándose las Danzas Afrocubanas como ejemplo de estilización del género llevado a música de concierto. 5 Rita Montaner (1900-1957), es la voz inmortal de El Manicero, que también popularizara Bola. 6 Ignacio Villa, internacionalmente conocido como Bola de Nieve, es indudablemente el más alto exponente de la precisión rítmica, la libertad expresiva y la creatividad artística. Murió en México en el año 1971


SECCION CUBANA

cones hacen esta música tan peculiar.

tualmente, la rumba emplea instrumen­

de inspiración para una de las rumbas

La rumba como tal, no obstante, surge

tos que si bien provienen fundamental­

más conocidas que lleva por titulo el

muy a finales del siglo XIX, en un arran­

mente de la cultura africana, ya no son

nombre del solar. En este solar, hoy

que de sincretismo racial, cultural, reli­

los objetos sacados del barracón escla­

Centro Cultural “Concha Moco­yu”, en

gioso y social que a partir de la abo­lición

vo, aunque en las improvisaciones calle­

memoria a la santera Concepción Mar­

de la esclavitud en la década de los 80´s

jeras se sigue utilizando cualquier cosa

tínez y ubicado en el municipio de Cen­

del siglo XIX se da en Cuba de una ma­

que pueda generar sonido para hacer

tro Habana, en la Ciudad de La Habana,

nera muy particular.

rumba.

se celebró un día his­tórico una ceremo­

Los instrumentos musicales ac­tua­

nia religiosa en la que se encontraban

go esclavizante de más de 300 años, se

les con los que se toca la rumba son

como asistentes Bola de Nieve (Ignacio

encuentra de repente desamparado y

una especie de tumba francesa de dis­

Villa) y Chano Pozo quien de obrero asa­

sin tener a donde ir. Unos optan por con­

tintos tamaños que se colocan en el pi­

lariado se convirtió en uno de los músi­

tinuar viviendo con sus antiguos amos

so, las piernas o entre las piernas del

cos más importantes de Cuba debido a

bajo régimen de trabajo pagado, y otros

músico y con las manos se percute so­

su trabajo de incorporación de la impro­

optan por buscarse literalmente la vida

bre el cuero, ya sea a un costado o en la

visación rítmica afrocubana –salida de

en las zonas urbanas. Estos últimos pa­

parte superior. La variedad y el ta­maño

la rumba– al jazz. Chano Pozo trabajó

san a ser así, al igual que algunos blan­

de estas tumbas o cajones, al igual que

con Dizzy Gillespie y murió en Nueva

cos de escasísimos recursos econó­mi­

la forma de tocarlos, hacen que varíen

York en 1948. Contemporáneamente,

cos, representantes de la clase urbana

las alturas de los sonidos y sus funcio­

el grupo Los Papines, formado en 1963

más baja de la población; juntos, negros

nes dentro del conjunto. No es carac­

por los hermanos Alfredo, Jesús, Luis y

y blancos se agrupan bajo un mismo te­

terístico de la rumba emplear tambores

Ricardo, constituye el má­ximo exponen­

cho, en habitaciones comunita­rias, casi

batá, que son instrumentos africanos

te de la rumba en Cu­ba pues fue uno

siempre construidas por e­llos mismos que

muy pa­recidos a las tumbas francesas

de los géneros que más y me­jor culti­

en Cuba se llaman “sola­res” (y en México,

tam­bién, pero que tienen cue­ro por am­

varon. Ellos desarro­llaron rit­mos varia­

“vecindades”).

bos extremos7, sin embar­go, en las cer­

dos en la experimentación con disímiles

En los “solares” es precisamente don­

emonias religiosas su empleo es casi

instrumentos de percu­sión de la cultu­

de nace la rumba, como exponente má­

obligado más en función de la tradición

ra afrocubana, enri­queciendo con ello

ximo de la música popular. La rumba se

y el ritual ceremonial que como instru­

grandemente a la música cubana.

caracteriza por la repetición regular de

mento típico. Por ello, al estar la rumba

elementos musicales rítmicos y me­ló­

asociada a las ceremonias religiosas

pacio a figuras tan relevantes de nues­

dicos, y una improvisación única dada a

afri­canas, específicamente a las perte­

tro acervo musical como Benny Moré,

partir de los instrumentos “sui géne­ris”

necientes a la religión Yoruba, su origen

Dámaso Pérez Prado y otros a los que

que se utilizan. Lo mismo sirve una ca­

barraconero hunde su raíz en la cultura

se les debe también incluir obligada­

jonera que la tabla de una mesa, una

que a pesar de la imposición católica y

mente cuando se habla de la música

cuchara que una sartén. Estos instru­

el sincretismo natural en que devino pos­

cubana. No obstante, queda el pen­

mentos, como puede notarse forman

teriormente, nunca pudieron extirpar a

diente de esta omisión para futuros

parte de los objetos cotidianos, es más,

los negros.

en­cuentros y reflexiones con la histo­

de los objetos caseros, a la mano. Ac­

ria de la música en Cuba.

El negro, de pronto liberado del yu­

El solar “La California”, es motivo

Hemos omitido por razones de es­

Ninowska Fernández-Britto. Es actualmente profesora titular de la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Renombrada pianista, concertista y pedagoga cubana.

7 Los tambores batá se tienen que colocar necesariamente sobre las piernas del músico y deben ser percutidos por ambas manos. Su sonido es un poco más rudo.

CULTURA URBANA •

71


SECCION CUBANA

72 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA

Breve repaso a la historia literaria de la Cuba moderna Juan Antonio Rosado

La heterogeneidad de la literatura cu­

jero. Carpentier, por ejemplo, publica

bana del siglo XX, desde el Modernis­

prácticamente toda su obra en el ex­

mo y el Negrismo hasta la novela de

tranjero. Severo Sarduy salió de Cuba

la Revolución Cubana y autores como

a inicios de los sesenta y nunca re­

Senel Paz y los poetas del grupo Vigía

gresó. Mariano Brull, diplo­mático en

durante los años noventa, ha estado

varias ocasiones, saca sus poemarios

–cuando nos referimos a la literatura

en ediciones particulares. Nicolás Gui­

producida en el interior de la isla– mar­

llén vivió también casi toda su vida en

cada fuertemente por el contexto so­

el extranjero y regresa a Cuba sólo

cial y político. Incluso los miembros

con el triunfo de la Revolución. Antes

de la revista Orígenes, a quienes sólo

de este fenómeno socio-político de gran

les interesaba el fenómeno lite­rario

trascendencia, se vivía en Cuba una

como tal, padecieron, a lo largo de los

suerte de asfixia cultural. Lezama Li­

años, la injerencia de esos contextos.

ma fue uno de los pocos que perma­

No puede olvidarse el ostracismo en

necieron toda su vida en la isla. Antes

que vivió Lezama Lima, ni el caso Pa­

de la Revolución, había fundado tres

dilla, que estalla a inicios de los 70.

revistas y salido de Cuba una sola

Pero ambos casos poseen claros an­

vez.

tecedentes. para comprenderlos me­

jor, es necesario hacer un poco de his­

ción más importante anterior a la Re­

toria.

volución. Dura más de 10 años y Le­

En 1905, durante el auge del Mo­

zama fue su creador y difusor. El gru­

dernismo, con autores como Julián del

po que hacía esta revista, donde podem­

Casal y algunos años después de la

os ubicar a Eliseo Diego, Fina García

muerte de José Martí, Cuba se con­

Marruz y Cintio Vitier, entre otros, no tu­

vierte en neocolonia norteamericana

vo problema con la dictadura porque

por obra y gracia de la Enmienda Pla­tt.

en Orígenes no se trataban asuntos

Durante la primera mitad del siglo XX

políticos. Este es el pro­yecto cultural

era mínimo lo que se publicaba de

más destacado de la isla anterior a

poesía y literatura. Existía en Cuba una

Castro, pero no el único. Virgilio Pi­

sola editorial y editaba libros de me­

ñera y Cabrera Infante, con la efímera

dicina o libros de texto. El destino del

revista Ciclón, propug­naron la vanguar­

escritor cubano era o pagar sus pro­

dia, a diferencia de Lezama, aliado a

pias ediciones o publicar en el extran­

la tradición clásica y barroca. Otro grupo

Sin duda es Orígenes la publica­

CULTURA URBANA • 73


anterior a la caída del dictador Batista

lectuales, en la UNEAC, en cambio, so­

dencia espiritual y al desarrollo social.

fue el de Nicolás Guillén: una literatura

bresalía la tendencia marxista.

En su libro de ensayos Punto de vista, el

popular de tema negrista, comprometi­

Desde 1961 la libertad del escri­

mismo Desnoes advierte que “La revo­

da social y políticamente. Muchos auto­

tor tiene limitaciones: las propias li­

lución estalló en mi vida cuando yo

res miembros del Partido Comunista cola­

mitaciones ideológicas que emanan

tenía veintiocho años. Todos sabemos

boraban con este grupo.

de la Revolución. Sin embargo, hubo

con demasiadas palabras y cifras lo

Después de la llegada de Castro al

un ambiante de relativa libertad hasta

que veintiocho años de república me­

poder se funda Casa de las Amé­ri­cas,

1968. En 1965, Edmundo Desnoes

diatizada, de explotación económica,

dirigida por Haydé Santamaría. Este

publica su novela Memorias del subde­

de ingerencia, de dependencia, de ocu­

organismo fue el vínculo de Cuba con

sarrollo. El caso de Desnoes es el del

pación extranjera, de subdesarrollo

América Latina: promovió la idea de

intelectual que, por un lado, accede a

representan en la historia de nuestra

revolución en el resto del continente.

la petición oficial de dar cuenta del

isla, pero muy pocos sabemos lo que

Casa de las Américas, con cine, tea­tro,

proceso revolucionario de Cuba, pero,

representan veintiocho años de explota­

bibliotecas y editorial, fue también la

por otro, no escatima el alto nivel ar­

ción psicológica, de ingerencia espiri­

revista más importante des­pués de

tístico y la importancia del ser huma­

tual, de dependencia, de subdesarro­

Orígenes, aunque, en este ca­so, de cor­

no concreto e individual. No cae, como

llo, de ocupación extranjera de nuestra

te oficialista.

suele ocurrir cuando existe un com­pro­

conciencia.”

En 1961, con sus “Palabras a los

miso político explícito, en el panfleto ni

intelectuales”, Fidel Castro plantea tres

en la propaganda, como lo hace, por

sable al subdesarrollo mental; pro­­pone

tipos de intelectuales: el revolucio­na­

ejemplo, José Soler Puig en su novela

que se debe explorar y dudar de todo “pa­

rio, el contrarrevolucionario y el ho­

Bertillón 166.

nes­to o indeciso. El gobierno revolu­

cionario se plantea convertir al inte­

te un equilibrio entre lo social y lo indi­

lec­tual vacilante e indeciso en un revo­­

vidual, entre el compromiso político y

raria del intelectual cubano, Lezama

lucionario convencido. Para ello, el sub­

el tema metafísico: la novela conci­lia

Lima, poeta cultista y hermético, aje­

jetivismo o el tema de carácter indivi­

con gran fortuna lo psicológico con lo

no a los valores de la Revolución, em­

dual debía ubicarse dentro de un con­

social, lo reflexivo con la intención

pezó a tener problemas por su deseo

texto social y revolucionario, ya que el

política. Malabre, protagonista de esta

de que se tradujeran y difundieran en

hombre no puede desprenderse de la

novela, experimenta un cambio paula­

Cuba escritores que el gobierno con­

sociedad ni, en el caso de la Revolu­

tino: “Todavía no acostumbro a colo­

sideraba poco prioritarios. Lo priori­

ción, ser indiferente ni desentenderse

carme dentro de la revolución, todavía

tario, literariamente hablando, era el

de ella. Al año siguiente sur­ge la Unión

no veo que todo ha cambiado”, afirma,

realismo socialista, dar cuenta del pro­

Nacional de Escritores y Artistas Cu­

y también: “yo siempre he preferido la

ceso revolucionario. Cuando Lezama

banos (UNEAC), con su editorial Unión.

comodidad a la verdad”. Pero ya desde

publica Paradiso, no transcurre una

Este nuevo organismo preten­de unifi­

el instante en que prefiere permanecer

semana para que la novela sea reti­

car las distintas tenden­cias en el inte­

en Cuba y no seguir a su esposa a los

rada de la venta. No hay allí valores

rior de la isla: las agrupa, las controla.

Estados Unidos, actúa contra la fácil

revolucionarios, sino incluso –de a­cuer­

El presidente de la UNEAC fue Nico­

comodidad. Ninguna otra novela –ni La

do con cierta interpretación bas­­tarda–

lás Guillén. Se edita entonces la re­

situación, de Lisandro Otero, ni La últi­

valores contrarrevolucionarios; ade­más,

vista Unión. La UNEAC es de carácter

ma mujer y el próximo combate, de Ma­

Lezama, como homosexual, te­nía to­

interno, a diferencia de Casa de las

nuel Cofiño López, por más buenas

das las de perder. El poeta es desti­

Américas, que se lanzaba ha­cia el ex­

que sean–, expresan con tanta fortuna,

tuido como maestro y se convier­te en

terior. Si esta última no tenía una difini­

a mi juicio, el proceso de cambio cu­

una especie de apestado. Paradiso no

ción política clara, pues reque­ría de la

bano, el paso de la dependencia men­

se volvió a publicar en Cuba. ¿Qué había

simpatía de la mayor parte de los inte­

tal y del subdesarrollo a la indepen­

ocurrido con la libertad en materia de

74 • CULTURA URBANA

En Memorias del subdesarrollo exis­

Desnoes le otorga un lugar indispen­

ra ser profundamente re­volu­cionarios”, co­­ mo ha dudado su personaje. Pero más allá de la imagen lite­


SECCION CUBANA

arte? Para colmo, en 1968 Heberto

nera. En 1991 el escritor cubano Senel

inéditos de Lezama”. Alude asimismo

Padilla gana un concurso de poesía

Paz publica lo que yo considero un libro

a la novela Tres tristes tigres, de Cabrera

con su libro Fuera del juego. Entre el

de ruptura: el relato El lobo, el bosque y

Infante, lo que hubiese sido imposible

jurado se encontraba Lezama. En tea­

el hombre nuevo. Los alcances sociales

durante los años 70.

tro gana Antón Arrufat con Los siete

de una obra literaria son determinados

contra Tebas, una alegoría de dos her­

por muchos factores, y de éstos acaso

reflexiones metafísicas sobre la concien­

manos que luchan en las murallas de

el más decisivo sea el contexto cultural,

cia individual, la contraconciencia y la

Tebas; alegoría que presenta una situa­

la tradición de la sociedad donde sur­

situación de crisis, hay una actitud to­

ción similar a la que vivía Cuba: los

gen los textos. Arnold Hauser sostiene

lerante hacia la homosexualidad. Ya des­

que estás afuera de la isla y los que

que “toda obra de arte se produce por

de el principio, el protagonista nos re­

están adentro... La obra fue muy mal

la tensión entre una serie de propósitos

vela la teoría de uno de sus amigos so­bre

vista. Se le prohibe a Arrufat publicar

y una serie de obstáculos”. El lobo, el bos­

los homosexuales, quien distin­gue al ho­

y no lo hace hasta muchos años

que y el hombre nuevo no deja de ser –si

mosexual del maricón. También ha­bla

después, en 1990. En cuanto al libro

atendemos el contexto histórico y políti­

de las “locas” y de los afe­mi­nados, te­

de Padilla, tuvo una suerte peor que

co de Cuba– una obra de ruptura; rup­

mas realmente novedosos para la lite­

el de Arrufat. Incluso fue atacado y

tura que quizá no sea notoria para la

ratura cubana.

calumniado. Se llegó a decir que Pa­

mayoría de los lectores no cubanos.

dilla era agente de la CIA. En 1971

Después del caso Padilla, Cuba se

lemne y juguetón que seguirá la obra

explota el llamado caso Padilla. De

volvía cada vez más dura y solemne.

hasta el final. El centro de reunión de

1968 a 1971 este poeta pu­blica críti­

No se publicaban libros ajenos a la Re­

los amigos (Coppelia, la Ca­tedral del

ca; habla bien de Tres tristres tigres, de

volución. Los homosexuales, al igual que

Helado), es del mismo modo el lugar

Cabrera Infante, autor contrarrevolu­

los yorubas, eran perseguidos. Nin­guna

donde uno se puede alejar la crisis, la

cionario, y mal de Lisandro Otero, quien

desviación ideológica (ni se­xual) era

solemnidad y el rechazo para “luchar

en esa época era revolucionario. Padilla

ad­mitida. Las obras debían ser realis­

por un mundo mejor”. El mensaje no es

es encarcelado en 1971 bajo la acu­

tas. El intelectual debía tomar un “baño

tan sólo de tolerancia hacia los gru­

sación de que transmitía secretos de

social” y proletarizarse. Armando Pe­

pos segregados; también hay un fin

la cultura cubana a agentes franceses

reira, el estudioso de las letras cubanas

político. El protagonis­ta le dice a su

y alemanes. Pasa como un mes en la

de la época castrista al que ya me he

amigo David: “No dejes de ser revolu­

cárcel, donde ha­ce su autocrítica, a la

referido, advierte que es a partir de los

cionario. Dirás que quién soy yo para

manera como la hacían ciertos inte­

años 80 cuando empieza a abrirse de

hablarte así. Pero sí, tengo moral, al­

lec­tuales durante el stalinismo. Sartre,

nuevo hacia el exterior la literatura cu­

guna vez te declaré que soy patriota y

Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Var­

bana. Una temática más intimista es re­

lezamiano. La Revolución necesita de

gas Llosa y otros intelectuales apoyan

cibida y publicada. En El lobo, el bos­que

gente como tú, por­que los yanquis no,

a Padilla, quien finalmente, gracias a

y el hombre nuevo, sin atacar al régimen,

pero la gastro­nomía, la burocracia, el

la interven­ción del presidente francés

Senel Paz se permite citar a au­to­res con­

tipo de propaganda que ustedes hacen

Mitterand, abandona Cuba, donde no

trarrevolucionarios: “Vargas Llo­sa era un

y la soberbia, pueden acabar con esto,

se acepta ningún tipo de ideología di­

reaccionario –dice el protagonista–, ha­

y sólo la gente como tú puede con­

ferente de la Revolución. Hasta los años

blaba mierdas de Cuba y el Socialismo

tribuir a evitarlo”. Si leemos con aten­

90 predominó el realismo socia­lista,

donde quiera que se paraba, pero yo

ción, observaremos una crítica a los

la nove­la de la Revolución Cubana, que

estaba loco por leer su última novela y

errores de la Revolución y cómo es po­

el crítico y ensayista mexicano Arman­

mírala allí: los maricones todo lo con­

sible, con vo­luntad, enmendarlos. En pri­

do Pereira ha estudiado con profundi­

siguen primero”. También hace cons­tan­

mer lugar, el hecho de ser lezamiano

dad en su libro Novela de la Revolución

tes alusiones a Lezama y a Paradi­so; el

no significa, como se pensó durante

Cubana.

protagonista asegura que, entre sus pa­

los años 60, ser contrarrevoluciona­

peles, lo más preciado son “siete textos

rio. En segundo lugar, la burocracia,

Pero no todo continúa de esta ma­

En el relato de Paz, además de las

El autor establece el tono antiso­

CULTURA URBANA • 75


SECCION CUBANA

76 • CULTURA URBANA


la propaganda, la soberbia, han aporta­

isla, y autores que lo hacen en el inte­

pri­mor del detalle que vuelve exquisi­

do sólo males a la Revolución.

rior, con una visión más cercana y,

to el conjunto. Estas ediciones arte­

El humorismo, consustancial al es­

por lo tanto, más vivida, aunque no

sanales, de po­breza carmelitana, qui­

pìritu cubano, es fundamental. Dice Se­­

por eso menos certera y auténtica. Si

zás algún día sean buscadas. La obra

nel Paz, en una entrevista, que “el so­

Orígenes desempeñó un papel funda­

de amor es la que persiste y esta es

cialismo –y sobre todo en Cuba– perdió

mental antes y después de la Revolu­

obra de amor”.

el sentido del humor y de la ima­ginación

ción, la llamada Generación de los 80

a favor de un encarto­namiento y una

creó una poética que, a su vez, ha in­

mente como una necesidad de ir en

rigidez que nada tiene que ver con la

fluido en generaciones anteriores, que

contra de la estética oficial y del es­

esencia de este país”. Lejos de ser anti­

empezaron a escribir bajo ese influjo

tancamiento. Lo más interesante de

rrevoluciona­rio, Paz desea que la Revo­

y a tratar de hacerlo como los jóvenes.

estas ediciones es que sus funda­

Vigía surge en Matanzas precisa­

lución mejo­re y para ello es ne­cesaria

Las revistas literarias en Cuba ex­

dores lograron crear un arte no sólo

la autocrítica. El autor ha confesado

perimentaron una crisis muy fuerte

difícil de imitar, sino que transforma­

que se introdujo al medio inte­lectual

por las carencias económicas a partir

ron la sencillez y acaso la fealdad de

lleno de prejuicios: “Para mí en un prin­

de 1990. Pero publicaciones de la im­

la producción de un esténcil y de un

cipio ser revolucionario era muy fácil

portancia y trascendencia de Orígenes

mimiógrafo, en belleza. Sus crea­cio­

por­que no veía nada malo en la Re­

no hubo. La Gaceta sería quizá la más

nes son originales, no sólo desde el

volución”. Con el tiempo se percató de

establecida. En algunas provincias co­

punto de vista conceptual, sino labo­

lo que ésta le había trata­do de qui­tar a

mo Santa Clara, con su Editorial Ca­

ral: cada libro se repite doscientas

Cuba: el humor, y es eso lo que, entre

piro, hay grupos literarios que difun­

veces y cada ejemplar, numerado, es

otras cosas, desea rescatar en su rela­

den sus producciones. Sin embargo,

único. Nunca hubo una distribución

to.

no hubo durante mucho tiempo un

coherente. Durante seis años obse­

momento que pueda considerarse a

quiaron los libros y se agotaban en un

no sólo reivindica a escritores conde­na­

la altura de los escritores de Orígenes

día. A partir de la situación crítica de

dos por el régimen, con lo cual se pro­

en cuanto a la difusión de sus textos.

los noventa, las ediciones se empe­

pone una apertura cultural y mayor tole­

En 1985 un conjunto de poetas y

zaron a vender para sobrevivir. Vigía

rancia por parte del gobier­no; ha­lla­mos

artistas de la ciudad de Matanzas de­

no comercializaba sus libros ni tam­

igualmente la propuesta por un mun­do

cidió romper con los formalismos de

poco surgió por una necesidad eco­

revolucionario, donde todos, sin impor­

la industria editorial y creó, apelando

nómica, sino por la necesidad de ha­

tar la raza o la prefe­rencia se­xual o reli­

acaso a los antiguos códices anterio­

cer un libro bello.

giosa, se acepten como son, sin censura

res a la imprenta, una “industria” de

ni autoritarismo.

libros hechos a mano: Ediciones Vi­gía.

tévez, pintor, escenógrafo, poeta y co­

Ahora bien, en la actualidad con­

Según el poeta Eliseo Diego, ga­nador

fun­dador de Vigía, que si dentro de

fluyen en Cuba muchas generaciones

del premio Juan Rulfo, esta edi­torial

diez años Cuba viviera un cambio eco­

de poetas y narradores, muchas de

es “Una lección sobre cómo la belleza

nómico “y en este país se tuviera el pa­

ellas herederas de la Generación de la

no está jamás opuesta a la sencillez y

pel votado y estuvieran las posibilida­

célebre revista Orígenes. Hoy día exis­

a la modestia”, y Fina Gar­cía Marruz,

des editoriales por todas par­tes”, se­

te un grupo muy variado de tenden­

otro miembro del grupo de Orígenes,

guirían empleando esténciles y la mis­

cias y de formas de asumir la poesía

comenta que esta fami­lia de trabaja­

ma estética. Sin embargo, esto no ocu­

y la narración. No hay una línea única:

dores, dibujantes, artistas, “sin faja ni

rrió. En la actualidad, los poetas del

por un lado, escritores pro-revolucio­

premio” como decía Martí, jamás

grupo Vigía se han exiliado de Cuba.

narios y anti-revolucionarios; escrito­

tienen la excusa de la prisa para argu­

res apolíticos o simplemente indife­

mentar descuido: “ni un solo rincón

Vigía nunca se consideró grupo litera­

rentes, y por otro, escritores exiliados,

de la página hay en que no se sienta

rio, como podría ser Orígenes. Publi­

que trabajan y producen fuera de la

el ojo atento, la mano cuidadora, el

caban a todos los poetas sin distin­

El lobo, el bosque y el hombre nuevo

En 1995 me comentó Rolando Es­

Pero sigamos haciendo historia.

CULTURA URBANA •

77


SECCION CUBANA

78 • CULTURA URBANA


ción, pues la estética que defendieron

Octavio Paz no se le publicaba y Vigía

la herencia de Vigía?”. A lo que res­

fue la calidad, no la tendencia a seguir

publicó por primera vez un ensayo

ponde: “Desde el punto de vista poé­

determinada poética. En el Consejo

suyo sobre la poesía, pero jamás he­

tico hemos sido fieles a Orígenes. Pero

de Redacción que fue integrado, en­

mos tenido problemas porque jamás

no sólo nosotros, creo que todas las

tre otros, por los poetas Teresita Bur­

hemos hecho ninguna referencia po­

promociones de poetas posteriores a

gos, Gisela Baranda, Laura Ruiz, Es­

lítica o ideológica”, y agrega: “Yo no

Orígenes de alguna forma. Yo pienso

tévez, Carlos Zamora y Charo Guerra,

voy a publicar un artículo donde Oc­

que de José Martí hasta Orígenes hay

hay un criterio de selección que cada

tavio Paz hable mal de la Revolución;

figuras aisladas muy importantes,

vez se hizo más riguroso.

yo voy a publicar la buena poesía o la

pero no grupos. Y de Orígenes a la

Al quinto año de la fundación de

buena ensayística de Paz, y eso ha

promoción de los 80 lo mismo”.

Vigía aparece La Revista del Vigía, don­­

hecho que se respete este criterio

de, en el texto editorial de su primer

nuestro. Está en nuestros planes publi­

bargo, que Vigía, desde el punto de

número se dice que la publicación

car este año una antología de Gastón

vista poético, tuvo una intención más

“nació de la vigilia y también de los

Baquero, la primera que va a salir en

abierta y abarcadora que la de Orí­

sueños, pero aún más del eterno

Cuba en estos tiempos y por supues­

genes, a pesar de que Orígenes fue un

duer­mevela, entre papeles de estra­

to, no vamos a tener ningún pro­blema

movimiento muy heterogéneo y varia­

za, pinceles y acuarelas, retazos de

porque no existe ninguna implicación

do, de donde surgieron los grandes

lienzos, hebras de yute, pegamentos

política, ideológica, etc. No­sotros he­

poetas de la Cuba del siglo XX. La gente

y manos dispuestas a rasgar, hasta

mos tenido más incom­pren­siones pro­

que en los años 60 hacía la gran poesía

armar los impresos más humanos del

vincianas, diría yo, más bien provin­

cubana, salió de allí. Vigía ha sido

mundo”. También se afirma que tex­

cianismo que incomprensiones políti­

deudora de Orígenes en ese sentido

tos inéditos en Cuba o totalmente in­

cas o censuras políticas, pero no a

de aglutinar lo que tiene calidad, lo

éditos tendrán su sitio aquí. En efec­

partir de los textos, sino de los dibu­

que también hacía Lezama.

to, en el primer número de la revista

jos. La gran pintora cubana Zaya del

aparece, por vez primera en Cuba, un

Río hizo un dibujo de una mujer ense­

trabajo, la editorial emprendió la bús­

texto de Octavio Paz. Entre otros auto­

ñando su sexo y ya sencilla­mente eso

queda de la expresión y fue hasta el

res también se encuentran Juan José

motivó un escándalo en esta ciudad,

tercero cuando se logró una unidad ex­

Arreola, Fina García Ma­rruz, Luis Cer­

pero eso era una tontería porque hu­

presiva. Rolando Estévez, diseñador prin­

nuda, Fernando Pessoa, y uno de los

bo que aclarar que el sexo de la mujer

cipal de las ediciones, supo mantener

fundadores de las ediciones, Alfredo

es lo más importante de la humani­

la unidad artística y concep­tual. En

Zaldívar.

Rolando Estévez piensa, sin em­

Durante los dos primeros años de

dad: ¡por ahí sale el hombre, que es

1987 se empezaron a hacer públicas

Este último me explicó que Vigía tu­

lo más importante de la humanidad!

algunas colecciones. Ade­más, la edito­

vo como propuesta publicar buena lite­

Entonces solamente es la cabeza que

rial dio a conocer a muchos jóvenes

ratura, independientemente de quién la

lo vea. Esa incomprensión hemos te­

escritores de otras provincias de Cu­

haya escrito y por ello nunca tuvo cen­

nido en Vigía”.

ba. Un año después empezaron a

suras. Un poeta como Gastón Baque­

En una entrevista que tuvo lugar

publicar allí algunas de las persona­

ro, autor de Palabras escritas en la

en la sede de Vigía, en Matanzas, Cu­

lidades vivas más importan­tes de la

arena por un inocente, y que, por dis­

ba, durante el Segundo Festival de la

cultura cubana, como Eliseo Diego,

crepancia política, se exilió de Cuba,

editorial (esta vez por su décimo ani­

Cintio Vitier, Fina García Ma­rruz, Ro­

es uno de los principales poetas de

versario), en el mes de abril de 1995,

berto Fernández Retamar, y otros.

toda la poesía cubana y Vigía fue la

le pregunto a su fundador: “Pero a pe­

Confiaron en Vigía y entregaron sus

primera editorial en publicarlo duran­

sar de que en Vigía haya una confluen­

inéditos. Esto hizo crecer el prestigio

te el régimen de Castro. Incluso Ba­

cia heterogénea de poéticas, la edito­

de la editorial, que en 1990 lanza La

quero les llegó a enviar textos inédi­

rial tiene una herencia o varias influen­

Revista del Vigía y la revista para niños

tos. Afirma Alfredo Zaldívar que “A

cias que la hicieron surgir, ¿cuál sería

Barquillos del San Juan (San Juan es el

CULTURA URBANA • 79


nombre del río principal de la Ciudad de Matanzas).

Luego le pregunto al poeta Alfredo

Zaldívar: “¿Vigía surgió como un grupo literario?” A lo que responde: “No creo que fuera un grupo literario. Realmente el movimiento de escrito­res de Ma­ tanzas existía. Hay un movimiento de creadores en la ciudad, lo cual es tradicional en Matanzas desde el si­ glo pasado, donde tuvo una gran fuer­ za la literatura y confluyeron no sola­ mente los escritores y poetas nacidos en Matanzas, sino que a Matanzas venían escritores nacidos en todo el país e incluso de otros países; se es­ tablecían en esta ciudad y hacían su vida literaria y aquí se escribieron muchísimas de las obras más impor­ tantes de la literatura cubana del si­ glo pasado. Acentaron las bases para que se estableciera un movimiento literario que duró todo el siglo con la Peña Literaria de Matanzas, con figu­ ras que mantuvieron ese hálito poé­ tico de la ciudad. Entre los años 80 y 85, el movimiento se renueva, a partir de una crisis conocida en los años 70, cuando el movimiento de escri­ tores y artistas fue resquebrajado por cuestiones muy distintas, como in­ comprensiones de su labor, etc. Mu­ chos de estos escritores, incluso de Matanzas –había un movimiento muy fuerte en los años 60 y 70– se fueron del país y es en los 80 cuando el mo­ vimiento resurge y de ahí la necesi­ dad de un lugar. El lugar fue La Casa del Escritor, donde surgieron las Edi­ ciones Vigía como necesidad de esa misma casa de promover la literatura a partir de algo que es la publica­ción”.

Vigía, pues, surgió como una ini­

ciativa privada dentro de La Casa del Escritor. No hubo ninguna orientación

80 • CULTURA URBANA


oficial o estatal que dijera: “La Casa

miógrafo, por supuesto había la in­

del Escritor tiene que hacer una edito­

tención de que también hubiera un

rial y tiene que publicar”. Dice Zaldí­

carácter primitivo, rústico, pero sobre

var: “Fue una necesidad de los escri­

todo humano, que estuviera lo más

tores que estábamos vinculados a

lejos posible de la industria, de la tec­

esa casa. En 1985 surge la propia ca­

nología, que fuera lo más cercano al

sa como necesidad para promover

hombre”.

sus actividades, o sea, que viniera el

público y los propios escritores. Em­

puesta estética cubana en la historia

pezamos a hacer recitales, a tener

inmediata de las letras en esta isla

encuentros. Para que la gente viniera

caribeña. En 2005, la revista mexi­

Pero Vigía no ha sido la única pro­

hicimos invitaciones. No como tradi­

cana de literatura universal Blanco

cionalmente sucedía, que las institu­

Móvil, que a lo largo de más de 20

ciones tenían una invitación oficial

años se ha dedicado a difundir las

con un logotipo oficial que decía “La

lite­raturas de distintos rincones del

Casa de la Cultura tiene el gusto de

mundo, a veces mediante traduccio­

invitarle a:” (dos puntos, y ahí se

nes y otras, como en el caso de Cuba,

ponía cualquier cosa). Vigía empieza

con textos originales en nuestra len­

a hacer invitaciones originales, con

gua, no perdió la oportunidad de de­

los recursos que teníamos a la mano:

dicar su número 97 a algunos de los

un mimiógrafo, nuestras manos, un

poetas y narradores cubanos vivos,

poco de papel de envolver, porque no

hombres y mujeres, de entre 20 y 75

había papel tampoco, aparte de que

años de edad. El poeta mexicano de

creíamos en esa estética de hacer

origen argentino Eduardo Mosches,

arte de la nada, y empezamos a tra­

director de Blanco Móvil, habla de

bajar en la promoción a partir de es­

Cuba en su texto editorial como de

tas invitaciones que siempre llevaban

una “isla hecha viejo caimán” que “no

un fragmento de un poema o un poe­

solamente flota, grita, inspira, refoci­

ma del poeta que iba a leer o versos

la”, sino donde también sus hombres

de un grupo de poetas que iban a en­

y mujeres “escriben y lanzan las imá­

contrarse ese día y un dibujo original

genes de un mar de los suspiros, múl­

de algún artista de la ciudad. Esto

tiples quejidos” porque “en todo hu­

nos dio pie a pensar que aquel méto­

mano hay dolor” y “la sonrisa se des­

do de impresión que siempre se usó

liza por el oleaje, y el lenguaje se ani­

para exámenes escolares, que se usa­

da en poesía”. Vivian Romeu, en su

ba para planillas burocráticas, no só­

texto de presentación, titulado “De la

lo podía servir para eso, sino que, ex­

bendita circunstancia de la disper­

plotando y aprovechando las posibili­

sión”, toca el tema de la diáspora cu­

dades del esténcil, tan discriminado

bana, “con sus conocidas y descono­

incluso por nosotros, se podía hacer

cidas causas, excusas y desprendi­

algo como lo que después fue llegan­

mientos sociales y culturales” que “co­

do a ser Vigía. Independientemente de

menzó en la década de los 80 y con­

que en nuestros propósitos estaba que

tinúa hasta hoy”. Para el público me­

si lo hacíamos a partir de un medio

xicano y el público adonde llegue la

tan rústico, tan primitivo como el mi­

revista Blanco móvil ha sido revelado­

CULTURA URBANA •

81


ra esta monografía de literatura con­

ción que despliega la heterogeneidad

temporánea cubana, que preten­de dar

de propuestas estéticas que siguen pro­

fe de las manifestaciones producidas

duciendo los cubanos, ya sea en el in­

tanto en el interior como en el exterior

terior o en el exterior de la isla. Antes,

de la isla. Desde el exterior, escriben

la revista austriaca Lichtungen había

ensayistas como Nara Araújo, poetas

dedicado un número de 2004 a la lite­

como Aralia López y narradores como

ratura cubana, y mucho antes, en 1996,

Carlos A. Aguilera, becado en Alema­

Ediciones Vigía había publicado 200

nia. Poetas que en el 2005 aún vivían

ejemplares de la antología Memorial

y tal vez sigan vivien­do en la isla son

de las ciudades, con poetas cubanos y

Domingo Alfonso, nacido en Matan­

mexicanos poetizando sus respecti­

zas, y de quien Blanco Móvil presenta

vas ciudades: La Habana y México,

su poema “Matadero” (p. 8), Sigfredo

D.F. Esta antología merecería una ree­

Ariel, autor de “En nombre propio” (p. 16)

dición.

y Antonio Armenteros Álvarez, con su

poema “Virginidad” (p.18). Otros escri­

mente de las ideologías, la literatura

­tores jóvenes a los que podemos ac­

cubana, una de las más prolíficas e im­

ceder gracias a este número de Blan­

­portantes del continente, se resis­te a

co Móvil son Léster Alfonso, Jorge Luis

morir, debido a su propia tradi­ción y al

Arcos, Yanitzia Canetti, Jesús David

grito interior, individual, de la ruptura.

Curbelo, Daína Chaviano, Karla Suár­

Ya sea desde el interior o el exterior de

ez y Susana Haug, todos ellos naci­

la isla, cualesquiera que sean las ra­

dos entre fines de los cincuenta y

zones de la dispersión –econó­micas,

1983. Pero podemos leer también a

políticas o estéti­cas–, la voz cubana

José Kózer, nacido en 1940, a Víctor

sigue propagándose más allá de ese

Casaus, de 1944, a Lorenzo García

Contrapunto cubano del tabaco y el azú­

Vega, de 1926, residente en Miami, y,

car del que hablaba el gran investiga­

por supuesto, poemas del ya mencio­

dor Fernando Ortiz, autor también del

nado Antón Arrufat, nacido en 1935.

célebre Diccionario de cuba­nismos y uno

Esta antología de Blanco Móvil es,

de los ensayistas de lo que ha solido

hasta donde sé, la última manifesta­

llamarse la “cubanidad”.

Como hemos visto, independiente­

Juan Antonio Rosado. Es narrador y ensayista. Entre otros libros, ha publicado Palabra y poder, Erotismo y misticismo, Juego y Revolución, El engaño colorido, Las dulzuras del limbo, Bandidos, héroes y corruptos y El presidente y el caudillo. Colaboró en el Diccionario de literatura mexicana. Pronto aparecerán su novela El cerco y un libro de poemas y aforismos: Entre ruinas.

82 • CULTURA URBANA


SECCION CUBANA Leerรกs a Eliot en Coyoacรกn Pablo Boullosa

CULTURA URBANA โ€ข 83


El cliente. Emir Guerrero

84 CULTURA URBANA


El fauno en su oficina Alfredo García Valdez

Trastabillando por la calle de Leza -la saliva de cobre, las pupilas de azogue reflejando cantinas de Topos Urano, una espada de plomo contra el oído zumbando en el delirante silencio-, retorna al cubil donde siempre ha vivido, entre las putas cursis y espectrales. Hizo estudios de comercio a duras penas: ¿quién adivina al fauno en el oficinista? En el cuarto de baño ocurre la metamorfosis: dentro de algunas horas debe presentarse en la aséptica oficina.

Alfredo García Valdez. Poeta y ensayista. Autor de los libros Silva de amor nocturno, Cajón de ausentes, Océano: desierto, Máscaras, prosa de arte menor y La viga en el ojo.

CULTURA URBANA 85


Tepito tepitorum

La sopa de migas Alfonso Hernández

En la historia de la Ciudad de México Tepito lo ha sido todo: modesto barrio Indígena, mise­ rable enclave Colonial, arrabal de la Ciudad de los Palacios, y abrevadero cultural de los chi­langos. Ubicado a ocho calles del llama­ do Centro Histórico, el barrio de Tepito desde siempre se ha caracterizado por ser un come­ dor callejero y ropero popular, donde los po­ bres pueden alimentarse y vestirse con pre­ cios al alcance de todos los bolsillos. Tepito le es sensible a la ciudad, ya que es uno de sus barrios más emblemáticos: por su capacidad de sobrevivencia urbana fren­ te a la especulación inmobiliaria, además de haber aprendido a sobreponer su carisma ve­ cinal frente al estigma delincuencial con el que lo etiquetan. Preservando sus propias formas de trabajo y vida y, muy particularmente, su habla popular, conocida como “albur”; que consiste en un ajedrez mental usando el ma­ yor número de palabras en caló para conju­ gar todos sus significados posibles. Las crisis económicas recurrentes, la Pri­ mera Guerra Mundial y la Revolución Mexi­ cana, hicieron que el bajo costo de los aloja­ mientos de alquiler en Tepito, facilitaran que los mesones se convirtieran en vecindades y matrilocalidades prodigiosas, donde el au­ toempleo forjó muchos oficios y talleres arte­ sanales. Era tanta la fama y la concurrencia de compradores de zapatos y prendas de ves­

86 CULTURA URBANA

tir, que se le llamó El Baratillo, allí se encon­ traban los mejores precios en toda clase de objetos usados y reciclados. A las camisas finas se les reparaba los cuellos y puños, y a los trajes finos se les cocía y volteaba la tela para que parecieran nuevos, los zapatos y botines eran remendados para volver a ser usados hasta terminar su vida útil. Del contacto con la materia prima y repa­ rando todo tipo de cacharros descompues­ tos, los artesanos se convirtieron en sabios sin estudio, para quienes iba de por medio su prestigio de chingones para entregar funcio­ nando todo lo que salía de su taller. Hacien­ do del trabajo en el barrio un tesoro propio, cuyo recurso funciona como la redención de los procesos arruinadores En las calles y talleres de Tepito, lo mis­mo se reciclaban muebles usados para hacer­los parecer antiguos, que se reparaban toda cla­ se de enseres domésticos. Donde la ingenio­ sidad del pobre es triunfo al hacer de los desechos y las desventajas algo mucho más allá que una sobrevivencia digna. Sabedoras de que, desde la manzana de Eva, la historia de la humanidad es la histo­ ria del comer, las abuelas llegaron a ser las protectoras cabales e inspectoras supremas de la plenitud gastronómica de la barriada con sus hábitos pantagruélicos. Y fueron ellas quienes primero comenzaron a vender por­ ciones de comida mañanera que llamaron

“tentempié”, pues daban energías para ini­ ciar el trabajo hasta la hora de la comida for­ mal. Se dice que el hambre agudiza el inge­ nio: el ingenio para salir del hambre, apren­ diendo a saber hacer la diferencia entre comer lo crudo o lo cocido. Ya que, de hecho, el estómago y las manos dieron paso al cere­ bro, lo mismo que la humilde rueda dio paso al automóvil y al avión. Y sin lugar a dudas, la evolución del estómago del hombre es muy, pero muy anterior a la evolución del cerebro. ¿Qué haría el cerebro sin el estómago? La pobreza y la escasez de alimentos hizo que las abuelas procuraran guardar los sobrantes de comida que quedaban en la mesa o que no eran consumidos. Y siendo la tortilla y el pan, los alimentos que mejor se conservaban sin echarse a perder fácil­ mente, los reservaban para luego preparar chilaquiles o migas. Y como hasta en los más humildes alimentos hay enigmas y materia de reflexión antropológica, sus recetas revelan cuantiosas experiencias sociales que deno­ tan la trascendencia del hecho gastronómico en cada lugar. Los chilaquiles se elaboran con trozos de tortilla frita, a los que se les agrega una salsa de tomates o jitomates con chile, ade­rezados con cilantro, cebolla y ajo; y una vez cocidos se sirven a los comensales de la familia, quienes los degustaban junto con un café de olla.


Nostalgia. Emir Guerrero

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La pajarera. Emir Guerrero

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Tepito tepitorum

Las migas es una sopa de pan frío que se sazona con un caldo de huesos de cerdo, ajo, cebolla, epazote, y chile cascabel; con­ virtiéndose en un potaje caliente, al que cada comensal agrega jugo de limón y orégano al gusto. Al paso del tiempo las migas le fueron ganando terreno a los chilaquiles, princi­ palmente por su valor energético y porque a veces era la única comida del día. Pero, lo que fue haciendo famosa a esta sopa de migas de pan, fue que las matriarcas del ba­ rrio las comenzaran a vender en las calles y los zaguanes de las vecindades. La receta de las migas, como las buenas letras, trascendió por ser auténticamente nacida de una historia propia. La cercanía de Tepito con la Aduana del pulque, hizo proliferar expendios de esta be­ bida, a razón de dos o tres pulquerías en cada calle. De tal suerte que el consumo de pulque funcionó como amortiguador social que em­ briagaba al populacho. Afuera de las pulquerías se instalaron ven­ dedoras de toda clase de antojitos para bo­rra­ chos: tacos y quesadillas, frituras de vís­ce­ras de res o de cerdo, cuyo consumo competía con quienes elaboraban los chilaquiles y las migas. Pero, fue el tiempo quien le devolvió la supremacía a las migas, ya que no hubo otra comida que compensara la borra­chera y restituyera las energías perdidas al beber la savia del neutle, de la que nunca se compro­ bó que le faltara un grado para ser carne. Fue entonces que, para contrarrestar los efectos del pulque, sus consumidores se recetaban un buen plato de migas justo donde mejor estaban elaboradas, sazonadas

y servidas. Y para quienes no eran pulqueros, resultaba un plato de sopa económico, que había que pedir con “huesos de la eterna ju­ ventud”. La satisfacción de un buen comedor de migas es degustarlas como si fueran sus vi­ tamigas, pues lo hacen sentirse fuerte, audaz y valiente. Y que la garantía del consumo sea que alcance a llegar bien a su casa o al tra­ bajo. Fue por ello que comenzaron a adquirir fama ciertos comideros, como es el caso del comidero: Migas “La Güera” que desde hace más de cuarenta años, en la Calle de Toltecas 12, justo en el corazón de Tepito, es atendido como negocio familiar por una tercera gene­ ración de tepiteños. Con el tiempo, las pulquerías fueron ce­ rrando al ponerse de moda el consumo de cerveza embotellada. Y hoy, los bares y las canti­ nas le están dando la batalla a las cervecerías. Sin embargo, siguen de moda las migas, como la botana entre los bebedores de cantinas; y luego de ser considerada la comida de los po­ bres, se ha convertido en el plato favorito de los gourmets de la barriada. Un plato de migas consta de una porción equivalente a dos bolillos, trozos de huesos al gusto, y los demás ingredientes que le dan sabor al caldo: chile limón, y orégano. Cuyo costo es de 30 pesos, y que según el apetito del comensal y los huesos que le sirvieron, tarda en degustarse durante un promedio de 45 minutos. En un día normal, en Migas “La Güera” concurren unos 250 comensales, de 9 de la mañana a 3 de la tarde, en mesas instala­ das en la Calle de Toltecas. Y muy particu­ larmente llegan parejas o familias completas,

La sopa de migas

Alfonso Hernández

muchas de ellas que saben y gustan de esta sopa de pan, desde que eran niños y sus pa­ dres los traían a Tepito de compras y luego a comer migas. Cada día, José Luis Frausto se traslada a las empacadoras donde elaboran el jamón de pierna de cerdo, y compra 100 kilos de huesos. Los que por la noche pone a cocer, para que en la mañana esté listo el caldo con el que prepara y sirve las migas. Cuyo plato servido es el deleite de todo parroquiano que se atreve a tener la barriga llena y el corazón contento. Y aunque el emblema de la Ciudad de México, es el monumento del Ángel de la In­ dependencia. El obstinado barrio de Tepito se significa como el símbolo de la raza, para la que el hambre hace recordar el pasado, la pobreza impulsa un mejor futuro, mientras que la chingada se ocupa del presente. Es por ello que, ante el urbanismo de­ predador de los barrios antiguos, Tepito creó su imagen de barrio macabrón, pues en toda ciudad caótica un barrio sin sombra no in­ funde respeto. Y aunque Tepito no se precie de ser un barrio modelo, sí presume ser un barrio ejemplar por la aguerrida defensa de su solar nativo y su pedazo de cielo. Pues su genoma identitario lo fue estructurando como el barrio-bisagra del Centro Histórico. Todo esto no deja de sorprender a académi­ cos despistados que estudian la marginalidad urbana con parámetros chafas. Quienes se sorprenden con la dinámica barrial de Tepito, que de ser un barrio excedente de la ciudad, hoy se excedió entrando en contradicciones con las formulaciones de la economía con­ vencional, completándola y aportándole lo

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Tepito tepitorum

La sopa de migas

Alfonso Hernández

que le falta, generándose como una amena­ za para el sistema de la economía de merca­ do. A tal grado que impone su filosofía barrial en eso del saber comer bien, coger fuerte, y enseñarle los güevos a la muerte. El destino de Tepito es que nadie crea en su destino, ni que se valore su protago­nismo urbano. Todo esto hace que cada día en el ba­ rrio se imponga el conocimiento total de una pasión que surge directa y sola, sin exten­derse nunca al coronamiento de un resultado con­ creto. Lo cual denota que Tepito aprendió a no ponerse de tiro al blanco, manteniéndose quieto como un resorte y listo como un cerillo. Con su lenguaje alburero que es como un álge­ bra verbal que devela la conexión de una causa con su efecto ma­nifiesto: imponiendo una lec­ tura inmedia­ta de su esencia barrial.

Tepito se caracteriza hoy como la reserva histórica de una tribu posmoderna que lu­cha aguerridamente al amparo de su destino, con su nagual y su tonal protector que pro­pician la eyaculación moral de su entorno, destacán­ dose como la oveja negra en medio del reba­ ño urbano. La actividad social y productiva de Tepito contrasta con la fuerza agresiva con la que se vulnera mediáticamente. De tal suerte que el volumen de vida posible que genera Tepito, tiene como resultante una multiplicidad de formas de trabajo y vida que se adaptan en conjunto a los recursos disponibles, hasta el punto que el territorio es insuficiente para contener toda su energía barrial. De allí que el trasiego y la cotidianidad de este obstinado barrio, estén inmersos en

la tumultuosa experiencia de la subversión audaz, que lo caracteriza por todo lo que transgrede, lo cual es la parte maldita de su leyenda. Pues los tepiteños se realizan en el trabajo, en el pensamiento, en la invención, y en la insatisfacción. Ya que son genética y am­ biente en interacción con su propia biología y cultura: cerebro, músculo y estómago. Al caminar en las calles de este barrio, son pocos quienes detectan el núcleo rizomáti­ co de su matriz cultural, que sigue cons­tru­ yendo el adentro y el afuera de Tepito. Así que, ¡atrévanse a conocer México, visitan­ do Tepito! para degustar sus migas y darse cuenta porqué los tepiteños no caben en el alfabeto oficial ni en los textos académicos convencionales.

Alfonso Hernández. Cronista, hojalatero social y director del Centro de Estudios Tepiteños.

LA ACERA DEL FRENTE Pensamientos de Deola Deola se pasa la mañana sentada en el café y ninguno la mira. A esta hora en la ciudad todos se apuran bajo el sol todavía fresco del alba. Tampoco busca a nadie Deola, pero fuma tranquila y aspira la mañana. Mientras era pupila, tenía que dormir a esta hora para recuperarse: la estera sobre el lecho la ensuciaban con sus zapatones soldados y obreros, clientes que quebrantan la espalda. Pero sola es distinto: puede hacerse un trabajo más fino con poca fatiga. Este señor de ayer la despertó temprano, la besó y la llevó (me quedaría, querida, contigo en Turín, si pudiera) con él a la estación, para que le deseara buen viaje. continúa en la página 93

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Delirium Tremens. Emir Guerrero

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La familia del burdel. Emir Guerrero

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Amor finado en tu centro Enrique Alducin

El espejo devuelve reflejos infinitos. Un escritor espera en un café del centro de la Ciudad de México a que lleguen las palabras, que se niegan, se resisten. Es un joven de aspecto sereno y reservado, pero su mente está inundada por ardientes escenas de sexo

Trato de escribir en una mesa del Café Jekemir. El aroma del café tostado se impregna en mi cuerpo como el sudor de una mujer cuando me hace el amor: se va diluyendo con mi sangre y mi cora­ zón late más despacio. Los espejos que tapizan las paredes causan el efecto de que mis otros yos se difuminen al infinito. Los cláxones de los autos que entran al lugar hacen que todos griten al hablar. Existen días, como hoy, en que las palabras se niegan a salir; se quedan allí, en mi mano. Hacen que los dedos se me hinchen y pon­ gan morados. Este mal se ha ido incrementando desde el día en que perdí a mi tercera princesa. No tengo otra cosa que hacer, sino mirar cómo los demás toman café. Imaginar la vida de cada uno de ellos. Los veo por el espejo que tengo frente a mí. Yo tenía varias cosas sobre las cuales escribir. Por ejemplo, la historia de un amigo que andaba con la Barbie Secretaria de su her­ mana, pero que la dejó por Ken, porque le excitaba más su cabello estático que el pelambre de ella. Paseo la mirada y comienzo la búsqueda de alguien interesante.

Un grupo de viejos españoles que le mientan la madre a Franco después de treinta años de muerto, parejas que se miran y son­ ríen estúpidamente. Un grupo de viejos vestidos con sacos y pan­ talones de pana que me miran con insistencia; un par de payasos hacen flores con globos y una mujer, que esconde una mirada triste tras sus anteojos: da de comer de su pastel a un pajarito. Prefiero dirigir la mirada a mi otro yo, y preguntarme qué pasaría si mi refle­ jo se levantara y se fuera caminado por las viejas calles del Centro Histórico. Hay veces que quisiera que pasara eso. .ose arasap euq areisiuq euq secev yaH Que te levantaras y sentaras frente a mí, tapando el espejo. Tomaras café. Fumaras y dijeras: “Apestas, voy a buscarla”. Que te pararas, palmearas mi hombro y salieras caminando. Sí, hoy sales caminando. Ves a Charlie Brown como le reclama a Mafalda no ha­ berle hecho sexo oral la noche anterior. Te despides de todos. Te paras justo en la puerta del café. Todo es negro, blanco, gris. Le­ vantas la mirada al cielo y también es amargo. Sientes en tu ros­

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Amor finado en tu centro

Enrique Alducin

Evocación del cisne. Emir Guerrero

tro unas gotas de lluvia arrepentida de morir. Comienzas a caminar. Los ambulantes te ofrecen su mercancía: encendedores de sueños, llaveros con ilusiones, pomadas contra la pendejez. La mujer que compartía su pastel con el pajarito, pasa junto a ti y sólo alcanzas a ver sus ojos oscuros a punto de llorar. Co­r res hasta llegar a ella, se ven. Caminan por la Alameda, no se dicen nada. Ven a los demás: yuppis que rezan a una gran W neón pegada a un costado del palacio de Bellas Artes. Mujeres y niños con platos en la mano, hacen una gran fila. Todos entran al edificio de correos, pero notas que ya no vuelven a salir. Tomas de la mano a tu acompañante. Llegan hasta la plancha del Zócalo y ven cómo un tumulto de hombres rodean algo. Se acercan y varias mujeres desnudas caminan en círculos. No sabes qué te da más asco, si el olor fétido que sale de la coladera o lo que ves. Un gordo de ojos desorbitados le muestra un billete a una rubia morena. Ella toma el billete y desaparece junto con el tipo dentro de Palacio Nacional. Lloras y la mujer del pajarito seca tus lágrimas con la mano. Te lleva al mismo lugar donde acaban de entrar la rubia y el gordo. De

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una ventanilla de cristal sale una llave marcada con el número tres. Suben las escaleras. Encuentran la tercera puerta. En silencio ella comienza a desnudarse. Se acuesta sobre el edredón rojo. Comienzas a besar su empeine. Tu salamandra empie­ za a recorrerle la piel. Saboreas su entrepierna. Tu lengua sube baja gira. Fricciona su pubis contra tu boca. Detiene la respiración. Tu lengua sube baja gira. Sus manos jalan el edredón rojo. Tratan de arrancarlo. Sus dedos se enredan en tu cabello. Te empuja hacia ella, más y más hacia ella. Tu lengua sube baja gira. Su pelvis se contonea en círculos. Aprieta las nalgas. Poco a poco va soltándote y su respiración se tranquiliza. Levantas la mirada. Encuentras tu reflejo en el espejo. .ojepse le ne ojelfer ut sart­ neucnE Gritos: ¡Me cago en la madre que parió a Franco, coño! De otro lugar se oye un: ¡Me voy, adiós! ¡Una bicicleta, una bicicleta! Mis ojos están perdidos en uno de los espejos. La mesera me pregunta que si voy a querer algo más, porque tiene que irse a comer. Tardo en contestarle. Separo mi vista del es­


Amor finado en tu centro

pejo para verla, y le digo que no, que ya no quiero nada más, que me traiga la cuenta. El dueño del lugar se me acerca y me pregunta qué tal me fue hoy, que si escribí mucho, le respondo que no, que no me salieron las palabras. Desvío mi mirada y noto que los españoles siguen mentándole la madre a Franco, las parejas siguen mirándose y sonríen estúpidamente. Los viejos, vestidos de saco y pantalón de pana, ya no están. Los payasos ahora hacen bicicletas con globos. La mujer con anteojos que esconden su mirada triste, sigue dándole pastel a un pajarito. Subes lentamente sin separar los labios de su cuerpo, lames su abdomen. Tus manos aprisionan sus senos los sueltas y tu lengua sube baja gira. Tu cara está justo en su mirada. No deja de verte.

Enrique Alducin

Sus ojos oscuros no parpadean. Entras en ella. Se muerde los la­ bios. Te aprisiona con sus piernas. No deja que te muevas. Te en­ tierra las uñas en la espalda. La rasguña. Un calor húmedo va es­ curriéndose por tus ingles. Contoneas tu cintura una y otra vez. Se prende de tu cintura. Te comienza a elevar a traer a su antojo te lleva trae te lleva trae cada vez con más fuerza te lleva trae cada vez con más y más y fuerza. Quieres que te suelte. Es imposible. Los apretones cada vez son más más y más fuertes. La mesera me dice: “son cincuenta pesos, el servicio fue com­ pleto, dos cafés y una orden de churros”. Desde el espejo, sin alien­ to, apenas escucho su voz y respiro débilmente el olor del café tostado.

Enrique Alducin Narrador y dramaturgo. Su obra se ha publicado en diversas antologías y revistas literarias de circulación nacional.

LA ACERA DEL FRENTE viene de la página 88

Está como atontada pero fresca esta vez, y le gusta ser libre a Deola, y tomarse su leche y comer medialunas. Esta mañana es casi una señora; si mira a los peatones, lo hace sólo para no aburrirse. A esta hora en el pensionado se duerme y hay tufo a cerrado —la patrona se va de paseo— y es de tontos quedarse allí dentro. Para recorrer los locales de noche hace falta figura y a los treinta, en el pensionado, se ha perdido lo poco que queda. Deola se sienta mostrando el perfil a un espejo y se mira en lo fresco del vidrio. Algo pálido el rostro: no es el humo es­ tancado. Frunce el ceño. Harían falta las ganas que tenía Mari para continuar en la pensión (porque, mujer, los hombres vienen aquí para sacarse caprichos que no les satisfacen la esposa ni la novia) y Mari trabajaba incansable, llena de entusiasmo, y vendía salud. Quienes pasan delante del café no distraen a Deola, que trabaja solamente de noche, con lentas conquistas entre la música del local. Echándole ojeadas a un cliente o buscándole el pie, le gustan las orquestas que la hacen sentirse la actriz de una escena de amor con un muchacho rico. Para vivir le alcanza con un cliente por noche. (Quizás el señor de ayer me llevaba de veras consigo). Estar sola, si quiere, de mañana, y sentarse en el café. No buscar a ninguno. Cesare Pavese Traducción de Horacio Arman De Poemas inéditos / Poemas elegidos CULTURA URBANA 95


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Cantina Las quince letras. Erick Verdier

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Cr贸nicas de la tentaci贸n. Emir Guerrero

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Sopa de coditos Omar Delgado

Los adolescentes no hacen más que pensar en sexo, excepto Julio. Le han dicho que coger es poca madre pero no ha entendido porqué. Temprana­ mente supo lo que es penetrar en la vagina de una mujer experta, pero es un adolescente con frustración sexual

“Coger es de pocamadre”, dijo el Teban, el más grande de la se­ cundaria. Los demás púberes lo escuchaban en silencio, embelesados, como si les estuviera recitando un evangelio. Sólo Julio, recargado en la pared exterior de la escuela, parecía aburrido. “… Y luego se bajó los calzones, me los dio y los guardé en la mochila”, “y luego, que se me pone de perrito…”, “Y luego, que me comienza a chupar la verga…”, “Y luego, que me vengo cinco veces”. Julio sacó de su mochila un cuaderno, lo puso en el suelo y se sentó en él. No escuchaba a su compañero, sino que veía diverti­ do los rostros de los demás. Se sonrió. Pobres güeyes. Cuando el Teban se fue y el grupo se dispersó, Julio tomó sus cosas y comen­ zó a andar por la calle. Recordó el encargo de su madre y torció la boca. Pasó el mercado sobre ruedas, viendo en los puestos las le­ gumbres, los juguetes y escuchando los gritos de los vendedores. Andaba como errante, observando todo sin prestarle atención a nada. El calor del mediodía lo hacía sudar, así que se quitó el suéter del uniforme, color verde, y se lo ató a la cintura. Observó la prenda,

color verde, y la maldijo una vez más. Pinche garra. Un olor a comida lo hizo recordar el mandado que le había encomendado su mamá. “Toma este dinero, compras una sopa de coditos y pasas a dárse­ la a tu tía Esther”. El muchacho frunció el ceño. Salió del mercado empujando a dos señoras cuyas esbeltas figuras ocupaban todo el pasillo. Compró el encargo. Se quedó por varios minutos viendo las envolturas de los dulces, pastelillos, papas, gomitas, tamarindos, chicles, sin decidir a gastar el cambio del mandado en alguno de ellos. Finalmente, haciendo crujir la pasta en su mano, salió del local y fue a casa de su tía. Llegó al final de la cuadra, justo donde el camión de basura se estacionaba los martes. Ese día, el ropavejero había colocado ahí su carreta, hecha con restos de madera y dos llantas de automóvil, para entonar su cantaleta: “Fierro viejo, ropa usada, juguetes que vendan”. Julio deslizó su mano en el espacio entre el portón y el marco, y abrió la cerradura. Entró, Caminando con el paso de los adolescentes, vacilante, tratando de controlar un cuerpo que le había crecido de repente, que él recordaba de niño, pero que ya

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Sopa de coditos

Omar Delgado

tenía las piernas y los brazos de un adulto. Por el olor del limpiador supo que Esther aseaba las losetas del piso. La vio. Estaba inclinada exprimiendo el trapeador, retorciéndolo al punto de que las manos le quedaban lívidas. Ella se volvió. —Ya era hora, chamaco –dijo. Dejó el mechudo y se dirigió hacia el chico, el cual le dio el paquete de sopa–. Dile a tu mamá que muchas gracias. Esther se dirigió hacia la cocina, donde un trasto de peltre, lleno de agua hirviendo, se calentaba en la estufa. Con un movimiento que Julio apenas percibió la mujer abrió la bolsa y vertió los coditos en el agua. Se escuchó el burbujeo. —Hacía tiempo que no venías. ¿Y eso? —Estuve ocupado, tía. —¿Y en qué te puedes ocupar tú, si nomás dizque estudias? —... Quedaron en silencio, observándose con largueza. Julio tenía el deseo de irse, pero parecía que dicho impulso se le perdía entre la cabeza y los pies. Esther era menuda, de cabello largo teñido con luces. Siempre mascaba chicle y siempre que intentaba sonreír hacía una mueca. –Ven para acá –dijo ella, extendiéndole el brazo. Julio quiso negarse, pero las palabras se le ahogaron. Esther se acercó a él y le tomó la entrepierna, acariciándosela por encima del pantalón a cuadros. Con la otra mano, la mujer le exploraba el pecho, pasando los dedos entre los huecos de los botones de su camisa. Percibió su aroma, de sudor y detergente de ropa, sintió sus manos ásperas, consecuencia de los años que se habían frotado contra el lavadero. Por reflejo, quiso besarla. —¡No! –dijo ella. Lo tomó por el antebrazo y se lo llevó a la recámara, donde lo empujó al lecho matrimonial, destendido. Junto a la cama, en una cuna de latón, dormía un niño de pecho–. No vayas a hacer ruidos, que me lo despiertas –ordenó Esther. Le desabrochó el pantalón y se lo bajó, junto con la trusa, de un solo movimiento. Ella se subió la falda, se hizo a un lado la pantaleta y se sentó sobre él —Si te portas bien me quito la blusa y el brasier. Julio no contestó. Acostado, se despojó de la camisa de la se­ cundaria, deslizándola sin desabrochar los botones, para luego ar­

rojarla al piso. Esther, complacida, comenzó a pasarle las manos por el pecho, jalándole los incipientes pelillos que le crecían por encima del esternón. Julio la sentía sobre él, con las nalgas pegadas a su miembro, sintiendo la abertura que se humedecía con cada movi­ miento. Ella se quitó la blusa, y el chico pudo ver los moretones que llevaba en los costados. “Mi tío”, pensó él. La tía se desabrochó el brasier y Julio admiró el par de senos rosados, coronados con dos pezones enormes, hinchados por la lactancia, con restos de leche en las puntas. El chico trató de acariciarlos. —¡Estate! –reclamó ella, tomándolo por las muñecas, casi tor­ ciéndoselas. Julio puso las manos a los costados, dócil, y Esther bajó su mano, tomó el pene del muchacho, y lo llevó a su interior de un movimiento. Julio sintió como si lo mordieran. Esther emitió un pequeño quejido al sentir dentro al chico. Lo disfrutó por unos momentos. La experta vagina se adaptaba, poco a poco, a la juvenil y dura verga. Luego, comenzó el movimiento, arri­ ba abajo, primero suave, luego más rápido y fuerte. Julio cerró los ojos, sintiendo el hueso pélvico de la mujer apuñalar su pubis. Esther tomó las manos del jovencito al tiempo que lanzaba leves exclama­ ciones, que parecían suspiros, casi como los resoplidos que exhala­ ba al correr dos cuadras con la bolsa del mandado. Julio puso las manos en las caderas de su tía, tratando de moderar el ritmo, pero ella se resistió. Jaló los brazos del chico hacia ella, poniéndole las manos sobre los senos. Julio los acarició al tiempo que la punta de los pezones le hacían cosquillas en las palmas. Esther se detuvo un momento, y luego arqueó su cuerpo hacia atrás y tuvo una pequeña convulsión, entreabrió la boca en silencio y se derrumbó sobre él, respirando con dificultad. Julio, sintiendo aún el miembro palpitante, doloroso, tieso dentro de su tía, quiso continuar el vaivén. —¡La sopa! —exclamó al tiempo que se acomodaba los cal­ zones y se bajaba la falda. Levantó su blusa del piso y se dirigió a la cocina. Julio, sabiendo la rutina, se subió los pantalones y buscó su camisa. Cuando estaba medio vestir, la escuchó. —¡Ándale, diablo de chamaco, vete que ahí viene tu tío! –gritó Esther. El jovencito, sin despedirse, tomó su mochila y se dirigió a la calle. Cuando salía, en la esquina donde el camión de los ba­ sureros se detenía, recordó las palabras del Teban. “Coger es de pocamadre”.

Omar Delgado. Novelista y cuentista. Es ingeniero en telecomunicaciones. Es miembro de la Sociedad General de Escritores de México, Ellos nos cuidan es su primera publicación en el género novelístico. 100 CULTURA URBANA


Acto de volar. Emir Guerrero

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Segundo Piso

Cumplir con el beber Javier Escalera

Robespierre. La muerte es el paso a la inmortalidad. Eko de la Garza

Me contó, con cierto aire nostálgico, que acompañaba una noche a un grupo de es­ critores. Estaban en la cantina La Ópera, a la mitad de los años setenta. Luego de cambiar palabras en voz baja con el capitán del lugar se acercó a ellos un mesero. Muy comedido dijo, mirando con vergüenza pero con seguri­ dad bastante a Amparo Dávila: “Lo sentimos pero no se admiten damas” o algo así. La es­ critora, tal vez más seria de lo necesario y con indisimulado enojo, respondió: “Pues a mí me sirve. Yo no soy una dama. Soy escritora”. No tardó el muchacho en volver con un vaso de whisky para la autora de los cuentos magnífi­ cos de Tiempo destrozado, Música concreta y Árboles petrificados, entre otros libros.

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No es difícil identificar las cantinas con la idea de fracaso. La alegría del bebedor, se sabe, es un bien más bien escaso y de corta du­ ración. Si está en sitio conveniente (cerca de un periódico o de una zona de burócratas o de obreros) colecta pronto un público cautivo. El producto que sirve es altamente apetecible y, como ningún otro, da a sus consumidores ocasión de soñar, de ver las cosas de mane­ ra distinta a la habitual, de tener la esperanza de la felicidad. Pero los bebedores no suelen mantener más de unos minutos tales estados del alma. Sus espíritus parecen enturbiarse con rapidez, su sentido del humor –si es que lo tienen– se torna amargo y con frecuencia se vuelve un arma que actuará en contra del

primer desprevenido. No pocos, incapaces de portar dignamente su tristeza, acuden al llan­ to y lo emplean como herramienta para ganar o refrendar amistades más efímeras que sóli­ das. Quien vaya a entretenerse a una cantina habrá elegido mal. No estará entre los suyos, los despreocupados, los serenos que anhelan sólo el gusto de la alegría transitoria. Los parroquianos forman una cofradía peculiar. Se saludan entre sí con pocas y que­ das palabras, muchas veces no estrechan sus manos y comienzan su conversación sin mostrar un ánimo especial. En realidad, cada uno necesita una, dos e inclusive más copas para ponerse a tono, para interesarse en lo que los demás cuentan. Con frecuencia gastan las palabras en pláticas políticas, hasta que al


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menos uno de ellos apela al sentido común y dice que de tales temas es imposible saber a ciencia cierta nada y que es mejor darle vuelta a la página. Aunque en esto es importantísimo el número de comensales, por así llamarlos. Es muy distinta una mesa de dos a una mesa de tres. Una pareja intercambia palabras con voz baja y suele pasar que uno de sus inte­ grantes distraiga la mirada en espera de ha­ llar alguna novedad en la cantina inalterable. Las discusiones y las risotadas proceden siempre de mesas bien pobladas. Los bebe­ dores suben el tono en busca de lucimien­ to personal ante una cantidad suficiente de oyen­tes. Suelen elegir un blanco y concen­ tran el vuelo de sus dardos en aquella víctima probable: alguno que “me las debe” o que de plano es “un hijo de la chingada”. Ningu­ no está en condiciones de reconocer la causa de fondo que lo ha hecho un cliente cotidiano del negocio. Unos han fracasado por falta de talento. Otros por falta de temple. Unos más por exceso de narcisismo. Otros por pura co­ bardía. No es que sean alcohólicos: tal es otro asunto. El bebedor de cantina necesita compañía, y la busca. No la tiene en su casa, porque allí ya nadie acepta su afición etílica. No la tiene en el trabajo, porque de allí sin falta lo echará la sed. No la tiene en el parque, en el café o en otros sitios donde no pueda olvidar un rato o largas horas que sólo lo es­ pera el desastre en cualquier grado.

romperle toda su pinche madre. De sus la­ bios siempre brotaba una saliva blanca y pe­ gajosa, seca. Uno de sus ojos miraba hacia otro lado, incontrolado. Aparecía con una camisa de manga larga, arrugada y aceitosa, y a veces con un saco verde pistache (que se ponía si despertaba lejos de la cruda). Con frecuencia pedía prestado, confiado en que uno le diera algún billete que no volvería nunca. Una vez lo vi desde que entré. Serían las dos de la tarde. Él estaba en la barra. Me senté en la mesa de siempre, equidistante de la barra y de los baños, de espaldas a la ventana. El cantinero rechazaba los tartajo­ sos ruegos. Pedí un whisky y le pregunté al mesero por qué no le servían. “Es que quie­ re otra y no trae dinero. Y ya debe mucho.” Me levanté y le dije al cantinero que le diera una cerveza. Le di un billete. El cantinero me vio con cierto aire de reproche y extendió el tarro de cerveza. Volví a mi mesa y cuando comenzaba a tomar mi whisky vino el mesero a decirme: “¿Para qué se la pagas? ¿No ves que está hasta la madre? Trae una de varios días.” Lentamente, pasándose el antebrazo por los labios, él comenzó a caminar hacia mí. Temí que, como muestra de agradecimiento, se sentara a mi mesa. Pero, con trabajos, se quedó parado junto a mí. Estiró su tarro hasta mi vaso. Dijo salud. Y antes de volver hacia la barra me miró lo más fijamente que pudo al decirme tú sí me comprendes.

Decía que debía varias vidas, que tenía va­rios hijos pero que era incapaz de saber cuán­ tos, que había perdido el trabajo porque su jefe era un cabrón ojete y había tenido que

Es frecuente la idea de que los escritores son gente de excesos, particularmente alcohóli­ cos. Quizá no sea del todo ocioso precisar tal ocurrencia. Habrá que pensar más bien que

Cumplir con el beber

Javier Escalera

muchos aspirantes a escritores son gente de excesos. En realidad, puede decirse que nu­ merosos aspirantes a sin fin de cosas hallan en distintas adicciones zonas propicias para tapar su ineptitud. Reunidos en torno de una mesa de cantina estos aspirantes acostum­ bran hablar mal de los escritores formados (buenos o malos, pero miembros sin duda del gremio). Dicen cosas peores cuanto mejores o más famosos o más premiados son aquellos “otros” escritores. Si no puede decirse que tal libro es una porquería, se blande enton­ ces la descalificación fulminante en el plano moral, o político. La calumnia es tan común como la botana en estos casos.

Las cantinas terminaron cuando se abrieron a las mujeres. Antes, durante un siglo nada menos, las mujeres reinaron en las cantinas en ausencia. Podía hablarse de ellas con la en­ tera libertad que da la generalización arbitra­ ria y consabida. Y podía partirse de esa gene­ ralización hacia el caso específico. “Todas las mujeres son iguales, menos la que me trae de un ala”. Porque si todas siguieran el mismo patrón de conductas y actitudes, ¿de dónde el amor y de dónde tanta amargura? Y antes se podía también mentar madres sin reserva, a grito pelón, y se podía llorar en el hombro del amigo que es como un hermano, que digo como un hermano: mi hermano, llorar a lágri­ ma tendida, y se podía sin disimulo abrazar y toquetear a los cuates en juego de verdaderos machos. Se podía mirar a los otros sin tener que distraerse mirando las tetas de la otra mesa, hablar de futbol sin esperar que alguien pensara que sólo de futbol saben hablar los

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Cumplir con el beber

Javier Escalera

hombres, decir cualquier albur sin que hubiera público ignorante. La cantina era reino femeni­ no poblado de machos desesperanzados.

Las verdaderas cantinas poseen un aire sór­ dido. Son peligrosas en cierto grado y no admiten novedades: entran y salen por sus puertas batientes cada día los mismos vende­ dores de lotería, los mismos boleros, los mis­ mos vendedores de mercancías deleznables, los mismos tríos de entusiasmo vencido pero inextinguible, los mismos señores que ofre­ cen sesiones breves de toques eléctricos, los mismos vendedores de la segunda de Ova­ ciones. En algunas mesas hay hombres solos. La mayoría trae un periódico que lee mien­ tras toma dos tragos y come la botana. Son hombres disciplinados. Tienen años de seguir

una rutina que airea sus matrimonios y les da, al parecer, larga vida. Siempre saben qué hacer. Especialmente en caso de riesgo. El peligro aparece sin falta con nuevos perso­ najes. Gente a la que nadie había visto y que no tarda en darse a conocer. Como no que­ riendo, muestran la cacha de un revólver bajo el saco y el cinturón, una charola judicial o de como pueda llamarse la policía temible. En oca­siones riñen entre ellos. Se lanzan in­ sultos, se amenazan. Miran alrededor y se enorgullecen al comprobar sorpresas y temores varios. Pueden sacar las armas. Y entonces no queda más que pensar en una bala perdida.

No hay quien conozca las cantinas del D.F. que no los haya conocido. Se apostan en la barra hasta que alcanzan el nivel de ebriedad que

necesitan. Entonces, unos con descaro, se vol­ tean y miran hacia las mesas. Las revisan. De­ ciden y se aprestan. Con el vaso en un mano, casi pegado al costillar, avanzan vacilantes pero sin dudas. A menudo comienzan dicien­ do: “Con todo respeto…” y luego sueltan cual­ quier cosa. Pueden expresar una sospecho­ sísima confusión: “¿No son ustedes contado­ res?” Luego de la negación insisten: “Ah, en­ tonces son periodistas”. No esperan respues­ ta y cuando acuerda uno ya están sentados a la mesa. “Con el debido respeto… Fíjense que tenía yo la duda que…”. Basta con que uno de los de la mesa les responda para que se vuelva imposible desprenderse de ellos. Y no falta aquel uno. Como no falta el que pierde la paciencia y luego de haber estado en silen­ cio todo el tiempo se levante y mande al diablo a esos personajes, tan solitarios.

Javier Escalera. Ingeniero industrial, además de escritor. Ha publicado ensayo y poesía en diversas revistas del país. Es autor del libro Central de abastos.

CRUCERO

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Misterios de cantina

Leo Mendoza

II Por la mañana tiró seis veces las tres monedas. El hexagrama le predijo buena fortuna; le dijo que era tiempo de cruzar el gran río y, agregó, delfines. La palabra estaba así, suelta, en medio de las líneas. Por la noche, rodeado por las fotos de aquel célebre penal del Mundial del 86, se emborrachó a muerte en el Salón Corona. Su mejor amiga estuvo un rato pero acabó por hartarse de los borrachos de siempre, de los chistes de siempre, de las mismas insinuaciones. Cuando ella se fue, aprovechando que ya no podía regañarlo, pidió cuatro quesadillas. Un vendedor se acercó y le entregó un llavero en forma de delfín. Le dijo que se lo mandaban de regalo. Él se sorprendió por el cumplimiento de la profecía. Como a las dos de la mañana se fue con rumbo a su departamento o, mejor dicho, al departamento que, a partir del mediodía, ya no sería suyo. Durmió poco y mal, empacó la ropa que había decidido llevarse y un paquete de libros, pues todo lo demás lo había repartido entre sus amigos y conocidos, y algunas cosas había guardado en la casa de su hermana. A media tarde partió rumbo al aeropuerto. En el bar, mirándole las piernas a una de las meseras, leyó un mail que su amiga le había enviado. Supo entonces que el llavero de delfín había sido un regalo de despedida. No sabía lo cierto que era aquella historia. Cuatro años después, cuando regresó con su posgrado, hizo una fiesta en el mismo viejo salón rodeado por las mismas viejas fotos. Pero para entonces, ella ya se había ido. CULTURA URBANA


La paloma. Emir Guerrero

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Merced. Daniel Alva

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Cama para dos. Emir Guerrero

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Crucifixi贸n del pensamiento. Emir Guerrero

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Polo loco Ruy Guka

Un pasaje de una película porno dejó obsesionado a nuestro personaje, a tal grado que en todos lados lo encuentra

¿Puedo contarte algo que vi en una porno el otro día? ¿Qué? Le me­ tieron una trompa de elefante a una chica. No, esas cosas de zoofilia todavía no he visto y no quiero que me cuentes. Que tiene de malo, es sólo una cosa; ¿y otra que vi?, igual y te gusta. No, además no tengo tiempo, mira, el cielo se está nublando y todavía tengo que caminar bastante. No pasa nada, te cuento, y si llueve, nos metemos al café de ahí en la esquina; así me invitas una taza que me debes de hace como un año. Que necio, a ver cuéntame. Bueno, pues era una mujer regordeta pero bien formada con unos buenos senos. Si así me lo vas a contar, entonces no sólo va a llover, sino que se va a hacer de noche. Uy, como chingas caon, ya no se puede uno poner de pinche poético, la gente está bien insensible en estos tiempos. ¿Qué? De dónde sacas semejante discurso, si me vas a platicar algo que viste en una porno. ¡Una porno! Bueno, te sigo platicando, en resumen: la mujer estaba recostada en un sillón, el sillón es un lugar clásico de las pornos, con las nalgas al aire, las piernas contraídas y abiertas. Ya habían cogido un rato, la vagina y el ano estaban abiertísimos. El hombre había sacado la verga del ano, se masturbaba para ya venir­ se, y estando a punto, metió la puntita en el orificio del ano, echando todo el semen dentro.

Polo escuchaba con atención sin poder evitar un gesto de asco mientras pensaba en lo insignificante que era lo que se le metía por los oídos, y en la pérdida de tiempo al estar ahí parados en la ban­ queta. Aún, casi entrada la sombra gris que avecina la lluvia, caía luz de sol, de esa metálica que embellece la atmósfera, algunos minutos pocos que se dejan sentir durante el año. “Luego, ya termino, el hombre toma un cenicero sucio de coli­ llas, las tira por ahí, lo pone en el piso, toma suavemente la mano de la mujer para indicarle que se acuclille sobre el cenicero. La cámara hace una toma vaginal cuando ella empieza a pujar sacando trocitos de mierda y el semen depositado en su ano. Todo cayó en el cenicero que tenía manchas de cenizas de cigarro. ¿Qué te pareció la imagen? Buena, ¿no? Sí, claro, excelsa, no llovió, adiós. Se fue huyendo de su amigo. Incluso volteó dos veces para ase­ gurarse de que no viniera detrás suyo por cualquier tontería otra que se le ocurriera. Polo lo consideraba un inútil. Habían pasado buenos momentos en la prepa, pero desde entonces ya habían pasado varios años sin que él pudiera notarle algún cambio. Y se dice artista el im­ bécil, se dijo. Pasó una chava junto a él. Ella sonrió amablemente, pero Polo no

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Polo Loco

Ruy Guka

pudo contestarle; la cara de ella se transformó en un culo sacando mierda y semen. Se avergonzó y bajó la cabeza. Empezaban a caer algunas gotas de lluvia, la luz mágica se había esfumado. Llegó a su casa un tanto mojado. Se cambió de playera. Se sentó junto a su computadora. Tenía que hacer una relación de datos con precios para entregarlo mañana a un cliente de su trabajo, pero no pudo concentrarse. Fue al sillón a ver la tele en lo que se le olvidaba la imagen. Zapeó un rato hasta dar con una película dominguera. Se le fue el tiempo, se le olvidó todo. Todavía miró algo de las noticias de la noche. La apagó. Ya iba hacia su cama, pero, cuando pasó junto a la mesa de trabajo, la computadora se encendió y recordó que tenía que terminar su trabajo. Terminó el deber laboral y se acostó hasta

las tres de la mañana. No podía dormir. No pensaba en nada, miraba el techo, una blancura sin ninguna imagen, sin recordar nada. No con­ cilió el sueño. Se preparó un vaso de leche caliente. La tomó mientras miraba por la ventana hacia la calle, vacía y oscura con matices cafés que se convertían en globos puntillosos desde el amarillo de la luz de los faros. Apenas durmió unas cuatro horas cuando sonó el despertador. Estaba de mal humor y con mal olor de boca. Se había sentido incó­ modo durante los sueños que tuvo. Frente al espejo del baño notó un rasguño en la cara. Nunca recordaba sus sueños. Ésta no era la ex­ cepción. La única prueba de que había tenido algún tipo de pesadilla o sueño intenso era esa marca roja e irritada en el rostro. Se sentía

LA ACERA DEL FRENTE Indisciplina El borracho deja a sus espaldas las cosas sorprendidas. No cualquiera se atreve a plena luz del sol a caminar borracho. Atraviese tranquilo la calle y podría cruzar paredes, que ahí están las paredes. Sólo un perro anda de esa manera, pero un perro se para donde encuentra una perra y la huele, prolijo. El borracho no mira a ninguno, ni aun a las mujeres. Por la calle la gente, trastornada al mirarlo, no ríe ni desea que haya un borracho, pero los que tropiezan por darse vuelta a verlo, retoman el paso maldiciendo. Una vez que el borracho ha pasado, toda entera la calle se mueve más lenta bajo la luz del sol. Si alguno se apura como antes, es alguien que nunca podrá ser borracho. Los demás miran, sin fijarse, las casas y el cielo, que siguen estando ahí aunque nadie los vea.

El borracho no mira ni las casas ni el cielo pero no los ignora, porque con paso inseguro recorre un espacio limpio contra las franjas del cielo. Fastidiada, la gente ya no entiende para qué están las casas y las mujeres no miran a los hombres. Todos tienen como el temor de que súbitamente la voz ronca se eche a cantar y los siga en el aire. En cada casa hay una puerta, pero entrar es inútil. El borracho no canta, pero ocupa una calle donde el único obstáculo es el aire. Y suerte que hacia allá no esté el mar, porque el borracho caminando tranquilo entraría también en el mar y ya sumergido seguiría en el fondo por el mismo camino. Afuera la luz sería siempre la misma.

Cesare Pavese Traducción de Horacio Arman De Poemas inéditos / Poemas elegidos

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Mujer que sue単a con Venecia. Emir Guerrero

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Polo Loco

Ruy Guka

cansado y se veía como tal: hasta le salieron ojeras, leves, pero las había. Su departamento era pequeño. Esa mañana lo veía minúsculo. Comenzaba a dolerle la cabeza. Tomó su ropa apresuradamente, y, ya vestido, a los zapatos, sen­ tado en una silla, les amarró sus agujetas con torpeza; le desesperó que no pudiera hacerlo con la misma facilidad con la que estaba acos­ tumbrado. Salió corriendo por la puerta, bajó las escaleras rápido. Casi se cae, resbaló por la orilla de uno de los escalones. Pudo tomarse del barandal. Ya estaba enojado. Recobró su postura cómicamente, como un robot tosco haciendo movimientos desesperados. Llegó a la calle. Caminó unas cuadras y tomó un microbús. En la siguiente colonia recordó que no se guardó el disco con el

archivo que había hecho en la noche. Llevó sus manos automática­ mente a la cara, se inclinó un poco hacia sus piernas lamentándose con los ojos rojos. En ese instante el chofer del microbús frenó brus­ camente y la cabeza fue a darse al barandal del asiento que le seguía. Le dolió como nunca antes un golpe en la cabeza. Fue hacia la puerta trasera, pidió la bajada, no le hacía caso el chofer. Apretó insistente­ mente el timbre encima de la puerta. Pudo bajar. Tomó un taxi de re­ greso. Subió al departamento, tomó el disco y abordó el mismo taxi, le había pedido que lo esperase. El cliente llegó tarde a la cita. Polo tomó unas tres tazas de café, según él para mejorarse, pero más bien se veía alterado. Una compañera de trabajo lo miró con desconfianza. Polo se acercó a ella para saludar­ la, pero ella retrocedió. Justo la iba a saludar cuando le volvió la imagen

Geografías. Emir Guerrero

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Polo Loco

del culo tira semen y sus ojos orbitaron al ponerse pálida su piel. Te ves mal, le dijo ella. Pero Polo escuchó otra cosa: ¿Qué hiciste anoche? Tie­ nes cara de pervertido. Hasta imaginó algo de eco en la oración, con sus unas tres repeticiones, dándole el efecto de moralmente reprobado. No, de verdad que no. Créeme. ¡Te lo juro! Respondió turbado. Sí, está bien, ya me tengo que ir, adiós, eh. No, espera, dijo tratándola de tomar del brazo, pero ella se escabulló de la maniobra dando unos pasos hacia el fondo, hasta el siguiente pasillo, entrar a su oficina y cerrar la puerta con fuerza. Polo la miró totalmente descompuesto. Fue al baño y se refrescó en el lavabo. Tranquilo, tranquilo, se dijo. Regresó a su oficina. Señor, lo buscan abajo. Le avisó su secretaria. Al abrirse la puerta del elevador, observó a su amigo con una son­risa socarrona burlándose de todo lo que le había pasado. La cara

Ruy Guka

de Polo se le puso por completo roja, empuñó sus manos y se le echó encima al amigo. Mientras lo golpeaba gravemente en la cara distin­ guió las siguientes palabras: si quieres te presto la porno. Palabras dichas a gritos. Seguidas por una risa tan fuerte que seguro llegó hasta la calle. ¡No quiero ninguna pinche porno, pendejo¡ Le contestó Polo al cliente que, sonriente, había esperado el archivo y no seme­ jante psicosis que casi le provocó un ataque al corazón. Un vigilante de la empresa tuvo que golpear a Polo para cal­ marlo, parecía que destruiría la sala de espera y matar al pobre señor limpio y con traje nuevo; al de seguridad se le pasó un poco la mano y lo dejó inconsciente. Cuando despertó vio al jefe frente a él, que le dijo: no lo quiero volver a ver en mi vida. Consígase un buen psiquiatra, pendejo.

Poema con pájaros y luna. Emir Guerrero

Ruy Guka Poeta y narrador. Estudiante de la carrera de Creación Literaria en la UACM. Colaborador habitual de la revista de la UAM: Casa del Tiempo, de la publicación Subcutánea de la UACM y de la revista de poesía Alforja, entre otras. CULTURA URBANA 113


Camerinos. Emir Guerrero

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(Desde) y (hacia) la Antigua Camelia Marco Antonio Huerta

[para Hugo, Rodrigo y El Negro, quienes esperaron largos años para la fundación de este poema]

cuatro rostros a la noche divergentes en los puntos y encendidas elecciones prospectadas por aniquilados ánimos de oficio ambulante y conversacional tras de los jardines en la universidad mi universidad fueron muros y extramuros en ladrillo rojo y desgastado con celebridad de nombramientos y funcionarios devastados también las bocas y la coda interminable de los diálogos inhábiles para encajar en el gozo del momento magenta escapulario al abrigo del sol ¿vamos? el primero grito de batalla cuando avenía el hormigueo de entre espinas para asentir desde la nuca hacia un responso de liturgia hirsuta e inacabada magnetismo de una brújula integrada en los bioterios sustraídos del inconsciente corolario hacia las altas avenidas de senderos empedrados porque a pesar de que el factor del automóvil disuadía (donde por regla general hay cuatro plazas disponibles) eran las piernas pesadas sumergidas entre luz incandescente de corrientes alternas que alzaron la deriva hacia el fúnebre poniente

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(Desde) y (hacia) la Antigua Camelia

Marco Antonio Huerta

doblegados y tobillos presurosos por el negro aún vivo del asfalto que augusto y ancestral prado signara el arribo triunfante de aquella temporada de ahí a encontrar el breve y elusivo par de puertas que en madera dividiesen fauces del entorno bajo un estado permanente de sitio entre obnubilación y negligencia la transgresión de la ciudad en un local diminutivo grueso el aire basamento de relleno cenicero y vaho de múltiples aspiraciones desprendidas del salivazo en la botella de la interminable conversación entre uno de los puntos y del otro que aún se puede adivinar bajo miradas enturbiadas mármoles opacos que se fijan en madera desgastada rayada percudida sobre mesas con sus piernas de alambrón contraído en ortocentro gravitado porque el tema siempre era llegando juntar tablas los asientos o las nalgas para el introito de las súplicas en cólera precedentes del dialéctico esplendor que se diluye entre el calor del medio ambiente cuando revuelto y creciente entre la mezcla atronadora fosforescencia de rocola libertaria casi tanto como el fluir del pensamiento lo de menos era la conversación lo de más son las cervezas

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La bailarina. Emir Guerrero

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(Desde) y (hacia) la Antigua Camelia

Marco Antonio Huerta

es decir las marcas que en boga se sirvieran y chorrearan como aguas benditas en el altar de la intemperie amplificada frente a un arco colonial en la margen del camino lo vertido en labios los alientos lo imprescindible de ojos curvos entornados o segados porque fueron esas horas tras las horas que impertinentes regalos al regazo y desde lenguas para nuevos encuentros y otros laudes de ahí al encendedor cuando corría entre las manos los baños atascados como siempre (aquí no hay para damas baño) y sólo era cuestión de pedir otra y no te preocupes que aún no la cuenta llega y luego será que tomes un taxi porque ya es tarde y el metro está cerrado y nada te turbe nada te espante dios no enmudece y esta noche sirve tragos para que en la más próxima casa se lean entre los astros los estragos empotrados en los pliegues de la piel será en otra pleamar junto al vasto calor de un cuerpo preservado en rasgos del óxido de la ficha extraviada para un casco vacío conservatorio de mañana violentado (la propuesta del retorno queda ahí) espacio en blanco sobre la línea de una mano Marco Antonio Huerta. Autor de La semana milagrosa, poemario ganador del Premio Carmen Alardín 2005. Ha publicado sus textos en Armas y letras, Literal, Cuencas, Papeles de la Mancuspia y en el Periódico de poesía.

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LA ACERA DEL FRENTE La vieja borracha A la vieja le gusta todavía tenderse bajo el sol y estirar ambos brazos. El bochorno pesado quiebra el pequeño rostro como quiebra la tierra. De las cosas que arden no queda más que el sol. Hombre y vino traicionaron y extenuaron sus huesos oscuros y extendidos bajo el vestido, mas la tierra agrietada zumba como una llama. No hacen falta palabras, no hacen falta lamentos. Vuelve el día vibrante en que el cuerpo era joven, más ardiente que el sol. Surgen en el recuerdo esas grandes colinas vivas, jóvenes como aquel cuerpo, y la mirada del hombre y la aspereza del vino regresan en ansioso deseo: una llama se movía en la sangre como el verde en la hierba. Por viñas y senderos se hace carne el recuerdo. La vieja, con los ojos cerrados, goza inmóvil el cielo con su cuerpo de entonces. Un corazón más sano late en la tierra agrietada, como el pecho vigoroso de un padre o el de un hombre. Se estrecha contra él la mejilla rugosa. También el padre, el hombre, han muerto traicionados. La carne se ha consumido en ellos también. Ya no han de despertarlos las cálidas caderas ni la acritud del vino. Por las viñas extensas la voz del sol dulce y áspera en el diáfano incendio susurra como si el aire mismo temblara. Tiembla la tierra en torno. La hierba es joven como la llamarada del sol. Son jóvenes los muertos en el vivaz recuerdo. Cesare Pavese Traducción de Horacio Arman De Poemas inéditos / Poemas elegidos

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Flirting with birds. Agente Arte Hormiga

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Pรกjaro metiche. Agente Arte Hormiga

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Apuntes de ingenierĂ­a. Emir Guerrero

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Paris desde la esquina Dalí Corona

Para Daniel Fragoso.

• La he visto entre el tumulto bailando en un extremo de la pista. Menelao, habituado a su belleza, empina la botella dando sendos tragos. En su embriaguez, no distingue la canción que la orquesta toca, baila al compás del reguetón cuando lo que suena es la Sonora Dinamita. Ciertamente algo pasa, tú bebes demasiado y temo que te

largues del Arcelia con aquél de la camisa guinda. Temo, sí, que vuelvas con la boca llena de salitre y dispuesta a terminar con la cerveza. Pobre, dirá la camarera que hace rato no deja de mirarme; cada que acerca una cubeta deja pegado a mi un poco de su lástima. Espera, supongo, que el Menelao en turno no haga mucha bronca porque asedio a su muchacha.

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Paris desde la esquina

Dalí Corona

• Aquiles ebrio lanza retador eructos; me mira, apura el trago. De sus ojos mana toda la furia acapulqueña que no termina cuando la orquesta calla. Sabe que la gloria espera fiel si puede derribarme antes que Marquines lo descubra.

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• Por su puesto, Malcom Lowry se emborrachó dentro de la casa de Juan. Y no es de sorprender que a este bar poblado de tritones no volviera. La rocola, no tiene discos de Pedro Infante. • Indignada la tripulación amenaza con


Paris desde la esquina

amotinarse si ella no es devuelta al Bar Arcelia. Ángel, a manera de Ulises, reclama regresar con ella y pedir perdón al ofendido. Demasiado tarde. Mi amor me dice que bien la pena vale arriesgar la vida de mis hombres por doscientos pesos en su blusa.

Dalí Corona

• Hemos caminado largo rato a un lado de la costa sin encontrar refugio para el hambre. Por fin, detrás de una cortina, muy cerca de la Zona, entre mujeres que bailan anunciando el costo de la muerte, hallamos alimento para que la noche dure, hallamos el prófugo amor

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Fuego fatuo. Emir Guerrero

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Paris desde la esquina

que tantas veces se negó a nosotros. Los ojos de Elena se confunden al mirar la costa; se pierden entre la luz neón y el humo de la pista. Apenas la alcanzo, apenas la rozo y la playa arde, se incinera el viento. ¿Será que aquí hasta los perros olvidan su carroña?

Dalí Corona

• No temo al afilado verbo que de su lengua mane. Tampoco a la jauría de perros que la cuidan de mis larvas. Temo más al borde, a su delgado filo, temo si, a su cintura.

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Paris desde la esquina

Dalí Corona

• Esta ciudad no fue erigida en una sóla noche. Para sus muros se hicieron traer de mucho más allá de la costa bloques de piedra calcinada por los años. Se hizo crecer entre sus calles jardines de ortigas y tinieblas. Todo para que yo, pudiera habitarla por las noches.

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• Hace cuatro tragos miro al vendaval que baila encima de cuerpos hoscos y morenos. Siento arder su remolino incluso a la distancia. Sé que me preparan una treta. • Amanece casi. Busco mi amor en el fondo de la tasa y del beso de Elena no reconozco ni un atisbo. Estoy pensando en llamar a mis guardianes, estoy pensando en tocar la retirada.


Paris desde la esquina

• Disfrazada de fichera un feroz corcel atravesó la pista. Quedo, a mi oído, dijo que por una cantidad ridícula podría quitarme la cara de asesino. Que alguien por favor detenga esta masacre. • Caminarás, Elena, a estas horas del brazo de cualquiera que si haya tenido

Dalí Corona

en sus bolsillos lo suficiente para pagar tu borrachera. Caminarás a un lado de la costa, besarás al tipo y le dirás igual que a mi que no hay en el mundo hombre más hermoso. Pero de nada servirán tus trucos amatorios contra el poeta pachuqueño que tu ficha pagó de a veinticinco. De nada servirán ahora que le he quitado la cartera.

Dalí Corona Ha publicado los libros Voltario y Desfiladero. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país. Colabora en la revista de poesía Oráculo.

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Cortejo. Agente Arte Hormiga

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Love song. Agente Arte Hormiga

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Haz el amor y no la guerra. Agente Arte Hormiga

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CRUCERO

Misterios de cantina

Leo Mendoza

III Mi desdentado amigo me dijo hace algún tiempo: “Nadie puede amar la noche si no conoce las madrugadas, los amaneceres en estas cantinas de mala muerte donde todos los borrachos, aun los pendencieros, terminan por ser amigables: nos conocemos en ese momento cuando quizá se derrumba las máscaras y uno reconoce que está en lugar jodido y cochambroso. Esos amaneceres cuando la ilusión se ha perdido y no hay alegría que valga. Entonces, como si también dentro de nosotros amaneciera, entendemos: durante ese breve instante sabemos que todo, todo, es horrendo, que el mundo es horrendo pero que no tenemos más remedio que vivirlo. Y que nos gusta”. Había pasado varios meses sin verlo o, digamos, había pasado varias meses sin ir a la cantina. Sin embargo, bordeando la Navidad, me topé con él en aquellos dos cuartos apenas iluminados, pintados de rosa y cuyo único adorno es un rompecabezas de mil quinientas piezas que, totalmente armado, colgaba de una de las paredes. A mi amigo nunca le he preguntado su nombre. Se había pasado la noche ahí, entre las mesas de lámina y en cuanto me vio se acercó con su sonrisa chimuela y me abrazó para darme los parabienes y desearme un feliz año nuevo. Entonces, como por arte magia, me di cuenta que a veces, las cantinas son parte de nosotros. Él lo sabe. No en balde estudió en la universidad, tuvo un buen trabajo y luego se perdió en estos arrabales. “Así somos –me dijo–, así andamos, así nos reconocemos: perdidos, aferrándonos a lo que queda de nuestras ilusiones, de las promesas que nos hicimos y que jamás vimos cumplirse, pero de todas formas, te deseo lo mejor”. Brindamos, por supuesto. Por todo lo que vendría y por lo que habíamos dejado atrás.

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Los zapatos de la sirena. Emir Guerrero

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Los zapatos de la sirena. Emir Guerrero

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Musa del silencio. Mario Malabet

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La puta renegada y su gañán frustrado Miguelángel Díaz Monges

El mundo de las putas, las que se llaman escorts, las que se llaman teiboleras. Este texto nos habla de los ambientes, las apariencias, el lenguaje y los costos de la prostitución

Nota preliminar: Transcribo casi íntegro, sin adornos ni enmiendas, el mail que, en respuesta a algunas inquietudes analíticas mías, me envió un par de años ha, cierto amiguete –paisano él, cultivado cuan holgazán- radicado desde hace muchos lustros en la Ciudad de México, zona Fray Servando, Centro. He cuidado especialmente que no prevalezcan erotismo alguno ni resabio de buen gusto, que lo uno fracasaría por improcedencia y lo otro no haría sino mentir. En contraparte, he respetado el vocabulario original por ser el propio de gente como él, su amiga y el medio en que viven o, a su juicio, lo pretenden: “(...) “ ‘Quiero olvidar la sobredosis politikera de estos últimos días.’ “La frase no es mía. Me la dijo Z en la madrugada, cuando llegó de trabajar; del table (puticlub o men’s club, como quieras) en el que hace que trabaja, digo. Es de ésos en que te cobran todo a precios estúpidos, desde la entrada. Con decirte que un baile ‘privado’, en un rincón donde no te ve toda la jaula, cuesta 300 pesos (calcúlale más o menos a

15 pesos por euro y échale que Madrid y México por ahí se van de caras), de los que 150 son para la chava y los otros para los regentes. Ella está en uno de los mejores porque hay “camerinos”, o sea cuartitos a donde puede llevarse a los clientes que se trabaje y cobrarles hasta 3 mil por cogida. Polvo de borracho, además: dice Z que, si es que paraguas, terminan en cuanto la meten, y algunos quieren por Detroit pero con la peda ni se enteran de que entra por donde es más facilito: ¡Tres mil por una mamadita y un minuto de chaka chaka!, ¿no te agrede? Tal vez –y con esto te respondo a lo central de tu correo anterior– así te aclaro por qué hay tantas profesionistas y estudiantes de buena familia provinciana me­ tidas en el bisne. “De tu otra pregunta, mira: Las que se anuncian en Internet son más sofisticadas y mamilas, pero ganan menos. Se promueven como escorts y de tanto ser escorts se le olvida que son putas como la Magdalena pero sin más redentores que algunos obsesos que se empeñan en sacarlas del oficio, como si no estuvieran en él por la lana, por gusto y por no tener que putear y ser criadas de nadie, cuanto menos de un

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La puta renegada y su gañán frustrado

Miguelángel Díaz Monges

mecías chalado que seguro se las cobrará de por vida. Las tales escorts hablan de las otras con desprecio, las llaman ‘teiboleras’, como si dijeran putas baratas. Yo creo que es cosa de temperamentos: en el table bailan, se exhiben, cotorrean y la viven como de reven. Las de Internet se pasan todo el día holgazaneando en espera de llamadas. Unas talonean de noche y las otras de día. Para todo hay gente y para todo hay clientes. Las de esquina, que también tienen celular como los taxistas aclientelados, son las que están jodidas y tirando: le apuestan a la vieja neta de que ‘de noche todas las gatas

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Misterios de cantina

Leo Mendoza

IV En Culiacán, El Quijote es un refugio contra los calorones y también una costumbre adquirida. Se va ahí porque ahí están los amigos, los conocidos y porque las tortas de pierna son buenas y las meseras los conocen y se convierten en sus cómplices, los atienden de buen modo y, en algunas ocasiones, hasta se han convertido en su paño de lágrimas. Hace ya algún tiempo que El Quijote cambió de aires y se instaló en un galerón oscuro y fresco aun cuando, sobre el bulevar Madero, permanece el restaurante familiar donde, mucho antes de mi partida, conocí a don Andrés quien había estudiado en los Estados Unidos y sabía mezclar más de doscientos cocteles y me invitaba a probar todos de golpe, algo que jamás pude hacer. Hoy El Quijote tiene una pequeña tarima donde se presentan los más diversos espectáculos: desde bailarinas hasta un famoso muñeco de ventrílocuo que se la pasa insultando a medio mundo y que, hasta la fecha, ha escapado indemne de más de un broncudo serrano que ha, enojado por los insultos, la ha emprendido a patadas contra el muñeco. Sin embargo, los mejores espectáculos ocurren en las mesas. Como aquella vez en que un tipo le dijo al Güero:

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son pardas’, sobre todo cuando hay tanto borracho con garrote exigente. Teiboleras y ciberputas dicen que lo de las esquineras no es vida y que mejor les iría de chachas. (Putas informáticas debe ser conceptualmente algo muy similar a muñecas plásticas o vibradores eléctricos, de eso tú entiendes más que yo –de conceptos, no de putas.) “Como ves hasta en esto hay menú. Dicen que los insectos son mayoría en la creación, yo tengo para mí que Dios fue más generoso en putas. Los insectos son como los putañeros que se alimentan muchos de un mismo cuerpo y todos de

—Compa me amarra. El hombre levantó las manos donde llevaba un montón de cadenas. El Güero no entendió. —Que si me amarra… —Como Houdini –dijo nuestro amigo--, pero si te amarro no te vas a desamarrar. El hombre de las cadenas era flaco, casi una espiga, y muy moreno, requemado por el sol y por los años en la carretera. Puso un candado sobre la mesa. —Y lo cierra con esto… El Güero lo ató con todo aquel metal y lo aseguró con el candado. —Miren, 20 segundos, cuenten. El hombre se empezó a retorcer dentro de sus amarras y, de repente, las cadenas cayeron al suelo. Pero el flaco ya no estaba. Sólo las cadenas. Todos en la cantina se quedaron callados. Nadie se atrevió a tocar aquellos hilos metálicos; nadie quiso investigar qué era lo que realmente había pasado. Cuando aún reinaba el silencio, el cadenero apareció en la puerta de la cantina, con una sonrisa que le cruzaba el rostro. Todos aplaudieron y fueron generosos con aquel hombre que, de buenas a primeras, les había devuelto la magia.


1930. Mario Malabet

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La puta renegada y su gañán frustrado

Miguelángel Díaz Monges

Revolcándose en el tiempo. Mario Malabet

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muchos cuerpos, y para que haya clientes ha de haber putas y a más clientes más putas, así que se hace exponencial. Con esto y un poco de imaginación está claro que debe haber más transfusión de hormonas y lubricidades que polinización, y que conste que no me salgo del reino de la zoología, aunque los fungi son otros y no son escasos. Puesto en tema dime qué me dices si una chica tiene cara de cándida. No sé si te queden dudas, tampoco creo haberte dicho nada que no hayas visto y quizá probado en otros lugares. “El caso es que ayer (hoy en la madrugada, pues), en cuanto llegó de chambear, Z dijo que se quería olvidar del pasón polako. O no exactamente al aterrizar sino un par de horas después, porque antes tuvo que despertarme, lograr que mi estado de vigilia se manifestara mediante tremenda erección y cogerme con todo el brío que sus prestieyaculadores clientes le dejan en el cubil. “Horas antes yo había decidido ‘sólo por hoy no cojo’. Como ya era la madrugada del jueves me lo estaba planteando para veinte horas por lo menos. Tienes que entenderme: no se puede coger diario, es una cochinada; no se puede amanecer todos los días con la boca oliendo a coño y la polla... En fin, no alcanzo a olérmela pero Z dice que le gusta el olor aunque es inmundo (y no es que me conste, no caiga en duda mi virilidad, sino que -como cualquiera- me huelo las manos instintivamente después de cumplir ciertas necesidades), y es que con eso de que al cliente no se le ve el diente le toca oler y mamar cada cosa que ya conmigo al menos tiene detectado al presunto portador de virus, bacterias o lo que pueda haber en pudendas partes. Ya imagino tu reparo: ella sí que puede coger todos los días y varias veces, pero es su chamba y le gusta: además las mujeres son distintas. No sé en qué, pero son distintas: prefieren las botanas a los platos fuertes; nosotros nos comemos un guisado y después otro, a hartarnos y hasta el vómito. Entonces nos echamos a invernar lo que el cuerpo pida.


La puta renegada y su gañán frustrado

“Z, como te lo he dicho y por paradójico que te siga pareciendo, es muy fresa (pija, para que me entiendas) y muy apretada. Para penetración del tipo que sea –con tipo me refiero a tío y a forma–, condón o nada, sin consideraciones financieras. Si una polla no le gusta pues la mama apenas por cumplir. Si un tío no le llena lo hace salirse del conducto que Dios dispuso para el buen follar y le dirige a que entre por donde se siente más achuche. Y si alguien se le corre demasiado pronto se enfada, pero lo mismo cobra y lo sigue procurando, si es que es adinerado y asiduo al sexo de los pobres diablos que visitan esos antros. “Z es elitista y desprecia a sus clientes. No puedo tenerle respeto –dice– a quien paga por coger. Se entiende el punto cuando viene de alguien que cobra, y buenos morlacos, por abrir la boquita o las piernitas tres minutos y que venga el que sigue. “Porque ese es el promedio con borrachos calenturientos que no han hecho sino que masturbarse durante meses: tres minutos, por eso muchos terminan en la boca sin decir “semen va”, cosa que no es de bienacidos amén de que no se sabe que haya pasado pero bien podría ser el primer caso de embarazo de amígdalas. Entonces, vale, quizá dos clientes por noche, o ponle cuatro: menos de media hora de verga en nueve horas puteando es francamente poco, apenas si aperitivo... Y es ahí donde empieza mi desgracia, pues la dejan con los motores listos para el Grand Tour y el pendejo que hace de pista he de ser yo, a mis años, con mis arrechuchos y, encima, ya entrada la mañana tras un día de arduo trabajo y pocas horas de sueño. “De modo que ayer dormía, sólo llevaba dos horas y me había jurado ‘sólo por hoy no cojo’. Pues la grand-putain llegó hecha una verdadera... Lo dicho. Quedará claro, supongo. “La oí cuando metió la llave. Y no la oí porque tenga oído de tísico sino porque la cabrona hizo un desmadre dirigido a despertarme desfachatadamente. Me hice pendejo y sólo

Miguelángel Díaz Monges

Desnudo. Mario Malabet

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Necrosis del amor. Emir Guerrero

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1927. Mario Malabet

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La puta renegada y su gañán frustrado

Miguelángel Díaz Monges

la miré de reojo cuando entró a la recámara. Traía un short de mezclilla y arriba, ¡dios de todos los credos!, traía el top más indecente que imaginarse haya Mr. H. Heffner en su calenturienta vida. “Y yo, como tengo programa y no soy facilote, la dejé hacer. Se quitó el short. Abajo había unas braguitas de hilo dental, blancas y de encaje por delante, de modo que su discreta vellumbre quedaba para sólo imaginarse la temperatura vaginal (no se afeita por más que está de moda, dice que ella es para gustos clásicos). Se quitó el top y ahí estaban sempiternos los pezones más hinchados que mis huevos. Esos

pezones, esos senos que me tienen hastiado, fueron girados hacia mí junto con su mirada que se clavaba en la raja de mis párpados casi clausurados. Sabía que estaba despierto pero –al cliente lo que pida– me dejó fingir que no cedería, que al fin dormiría lo menos seis horas al hilo en tres semanas. Normal, diríase: la mujer se desnudó, ¿qué carajo iba a hacer si no? Estoy de acuerdo, salvo que su lado de la cama es el contrario a donde lo hizo y la silla en que pone su ropa quedaba a mi espalda. Así que no fue sino para desnudarme a mí que se desnudó ella. “Yo, desde luego, seriecito y fingiendo unos ronquidos

1931. Mario Malabet

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La puta renegada y su gañán frustrado

flingstonianos. Se metió a la cama. No. Abrió la cama, se recostó y me puso la mano en el bulto, sin miramientos, sin el jugueteo d’habitude. Aguanté y me dediqué durante un minuto a pensar en deudas para evitar la erección. Me pescó los güevos hinchados. Les paseó su lengua hasta la base de mi verga y, enterita, alicaída, endeudadita la pobre, se la metió entera en esa boca que para quien nunca la hubiera visto parecería desdentada. En menos de diez segundos mi erección era irreversible. Un minuto después mi boca estaba en un sitio desde el que ya no podía ni quería protestar. Me acordé de su chamba y de las quién sabe cuántas vergas del

Miguelángel Díaz Monges

día, la semana, el mes, el año, la vida. “Las mujeres ganan siempre. Sí cogí. Dos horas y media después me fumaba un Ducado de los que me enviaste con mi femme abrazándome y alargando mi ya excesivo desvelo con arrumacos, cursiladas y palabras de amor como cocullos en la enegrecida peste de los fluidos, los sudores, los alientos y el humo blanco de mi cigarrillo. El humo blanco anuncia buena nueva en Roma, éste es el de mi tabaco. ‘¿Cuánto ganaste hoy?’ ‘¿Acaso te falta algo? Mejor bésame y cállate.’ ¡Qué fiasco me ha salido esta vieja romántica con la que estoy liado!”

Tú un reflejo. Mario Malabet

Miguelangel Diaz Monges. Narrador y periodista, en 1999 publicó en el suplemento Sábado la novela por entregas En el retrete del mosto. Ha escrito narrativa, poesía y ensayo para las revistas Nexos, Etcétera, Siempre!, Impacto, Viceversa, Milenio, Lecturas, Imprenta, El Independiente, Posdata, entre otras. CULTURA URBANA 145


Lost alley. M贸nica Ae

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Las cantinas: una tradición oracular Armando Haro

Espacio para departir, para dejar pasar las horas, para acercarse a Dionisio o para buscar pleito. Las cantinas han ido degradando su esencia al paso de los años, hoy todo estableci­ miento que abre sus puertas a la vida nocturna y su consabida bebida, se denomina ‘antro’ en la jerga cada vez más generalizada de los chavos asiduos del reventón. Sin embargo, aquí en la Ciudad de México todavía hay cantinas que conservan su sabor de antes

Para nosotros el vino es algo muy sobrio. Friedrich Nietzche La cantina es a nuestro país lo que los pubs, tabernas o bares son para los países anglosajones, y al igual que en aquellos como en el nuestro, era lugar de uso exclusivo de los varones. Por ello, a la entrada de muchas de ellas no era raro encontrar advertencias respecto a la prohibición que se hacía de su ingreso a mujeres, menores de edad, travestis, homosexuales, sacerdotes y/o militares, como si en ese orden la masculinidad fuese en ascenso. Debido a los paulatinos movimientos de liberación sexual dados durante el siglo XX, la cantina tuvo que abrir sus puertas al nuevo sexocentrismo de la mujer, que –como se ha visto– ha resultado ser no sólo la contraparte del machismo, sino incluso la expresión más clara de un machismo que la propia mujer –al menos en Latinoamérica– ha ejercido dentro del hogar, inculcándolo a sus vástagos, ya sea para que las hijas sean sumisas frente al hombre o que los hijos abusen de sus mujeres, de una u otra manera, el machismo o se fundamenta o se ejerce. Estos hechos han devenido en la triste realidad y futuro nada prometedor de aquella tradición, pues cantina era aquella a la

que sólo hombre podía acceder, y no las actuales que han acabado por ser simples ladie’s clubs más. ¿Pero qué diferencia realmente a una y otra modalidad de ‘bar’ o ‘antro’, llámese cantina o ladie’s bar? La respuesta salta a la vista, pues es de ver que ya con el puro calificativo anglo de ladie’s bar, se nos indica una disposición antimachista, universal y digámoslo así, propia de los tiempos y países en los que dicha liberación sexual se llevó a cabo sin la consabida apropiación del poder sexual por la mujer, o al menos ejercido más sublimadamente. Sin embargo, la cantina, detrás del misterio que guardan celosamente sus puertas abatibles y sus advertencias, a pesar de no ser tan universal como aquellos pubs, tiene otras funciones más allá de lo que se pudiera pensar: excluir a ciertos sectores de la sociedad o enviciar a los varones, ya sea con drogas antiflojilistícas, psicotrópicas o sexuales. La cantina tradicional es, en cambio, un lugar donde, si bien no todos pueden asistir, no todo se puede suministrar, aparte de la embriagadora ambrosía de Dionisos y la nicotina de un buen

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Las cantinas: una tradición oracular

Armando Haro

habano o cigarrillo. En este sentido, la cantina fue, es y debería ser, un tipo de punto neutro o medio en el que los hombres, ajenos a la voluntad de los tiempos y de sus congéneres, se aprestan a pasar el rato jugando dominó o cartas, charlando de asuntos sociales, económicos, políticos y culturales, así como de religión y mujeres, sin que tengan que limitarse por la presencia innecesaria de sus actores. La cantina tradicional es pues, a diferencia de cualquier otro ‘antro’, un lugar privilegiado donde realmente se puede conbeber y embriagar, discutiendo asuntos que en la mayoría de los casos, y debido a la lucidez, no se profundizan verdaderamente, hasta el punto de llegar a concluirse con pacíficos golpes u ofensivas adulaciones. La aparente paradoja de esta actitud –que ni las damas, los menores de edad, invertidos, monjes o sorchos podrían comprender– conlleva una profunda carga de intuición y razón que sólo la embriaguez otorga, para finalmente acabar concluyendo casi proféticamente los derroteros a los que nos llevó la defensa de una idea, la demostración de una teoría o el simple

CRUCERO

Misterios de cantina

Leo Mendoza

V Él estaba con una amiga de la escuela con la que se había reencontrado unos días antes. Aún la deseaba pero ya habían pasado muchos años. Ella tenía una hija, ya casada, y él se había mantenido en la soltería, amando desesperadamente a mujeres más jóvenes, a veces dejándose llevar por espejismos que terminaban rotos, desechos. Unos años atrás, había estado de sentar cabeza. Intuía que su compañera esperaba algo más para esa noche. Estrella entró a El Nivel acompañada por su novio, que era como de su edad. Iba feliz, brillante. Lo saludó de beso y él los invitó a sentarse en su mesa. Pidieron un par de cervezas. Pensó que quería ver hasta dónde llegaba, hasta

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juego de aliteraciones dionisíacas. Sí, embriaguez de lucidez, pues sólo en ella volvemos a ser niños, pues como bien dice el dicho: ‘sólo los niños y los borrachos dicen la verdad’. Filosofía dionisiaca, hiperbórea, acéfala. De manera que, por los motivos aquí aducidos, la cantina –como en mi original Zacatecas– se ha transformado en otro ladie’s club, pero que en este caso particular –el de la bizarra capital– han incluso tomado también el rol de ser galerías de arte, lugares rentables para eventos sociales e incluso espacios de extensión de las oficinas gubernamentales. Es lamentable así, ver que aún en provincia la cantina va perdiendo su autenticidad, su original función de sitio neutro para la discusión, el juego o el pleito que sólo entre camaradas se puede dar. Así tenemos a las ya legendarias Las quince letras, El retiro o La Taberna, y las perdidas, pero no olvidadas, El gallito, La escondida y La oficina. En sus barras o mesas, entre el hedor del mingitorio a todas luces descubierto o el inodoro invariablemente saturado, se desarrolló parte de mi

dónde podía soportar aquellos recuerdos que lo asaltaban al verla ahí, a su lado, con el otro. En realidad, se separaron en los mejores términos. Su amiga hablaba de otras cosas, de las elecciones, de la movilización, del fraude, mientras él veía cómo aquella mano acariciaba la pierna de Estrella, quien, sabiéndose observada, ella guardaba la distancia sin entregarse a la caricia. Sin embargo, había cierta incomodidad en todo aquello. Ellos terminaron la bebida y se despidieron. Iban a un concierto, algo de jazz en un club nuevo. Estrella le dijo, cariñosa como siempre, que le hablara, que, aunque era un desastre, le hablara y salieran a comer. Él la vio partir. Se sentó junto a su antigua compañera y le empezó a acariciar el brazo, suavemente, como si se tratara de un recuerdo.


Las cantinas: una tradición oracular

adolescencia. Ahora, el mural de El gallito, el dueño de La escondida o los mezcales de La pendencia o de La oficina, no son más que recuerdos que se pierden en el olvido que en algo contribuyó la ingestión de sus etiles. A pesar de todo, subsisten algunas cantinas con ese original sentido, como El socavón o La casa verde, pero invadidas de infernales rocolas o reducidas considerablemente de su tamaño original. Por otro lado, aquí en el defectuoso, quizá por el tamaño de la urbe, pero significativamente más por la conservación de los barrios tradicionales, no es imposible encontrar cantinas que guardan todo el sabor, intención y función originales. Incluso, se puede aún hoy encontrar cantinas que pertenecieron al porfiriato y que con su glamour, un tanto maltrecho, abren sus puertas como a otra dimensión, en la que efectivamente los hombres –en su mayoría– podemos aún disfrutar de una buena charla, dominó, cartas o música de época: orquestal, mambo, merengue, trova o ranchera. Este es el caso muy particular de al menos dos que he conocido en el primer cuadro del centro histórico: El minier, que está cerca de El Palacio de Hierro y El tío Pepe, justo detrás del novísimo centro de convenciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores, al costado sur de la Alameda Central. Lo que cabe destacar en primer lugar son sus establecimientos y mobiliario, en particular los de El minier, que aún conserva reproducciones –seguramente de la Academia de San Carlos– de Caravaggio, además de los altivos arcos de medio punto por los que se da acceso, y que una vez dentro, sus volutas, diseños florales y vegetales, así como la madera y la bellísima barra, nos envían a otro tiempo, tiempo sin tiempo, al que a la voz de la embriaguez de unos tequilas o unas cervezas, nos seduce y relaja. Pues entre otras particularidades, está el hecho de que su barman es una dama de cálidos ojos y comprensiva sonrisa, casi de madre; así como la música clásica que acompaña el sonido de los dominós golpeando la madera de las mesas. Por otro lado está El tío Pepe, al cual llegué a asistir muchos años antes que a El minier, ya que está justo en la Calle Independencia, muy cerca del Hotel Marlowe, o como algunos le llamamos, ‘el hotel de los zacatecanos’, porque de una de las paredes de su restaurante cuelga un mural que reproduce

Armando Haro

a La Bufa y una vista parcial de la ciudad de Zacatecas. Lo que más destaca de esta cantina son sus mullidos y amplios sillones encontrados con altos respaldos que me recuerdan a los que antes existían en Las quince letras en Zacatecas, pero que lamentablemente, por la necesidad de sus propietarios tuvo que ser cambiado por angostas e incómodas mesas. Pero aquí los tequilas se sirven sin mucha moderación, hasta el punto en el que uno bien puede perder la cordura sin perder mucho dinero. Hay aun muchas cantinas por esta amplia ciudad, al interior de sus barrios han de sobrevivir al paso del tiempo, de las modas y la pérdida de valores, para darnos a ‘nosotros’, los hiperbóreos, los acéfalos, un lugar donde poder ejercer nuestra embriagada lucidez.

Los curados. Mónica Ae

Armando Haro. Poeta, narrador y artista gráfico. Actualmente estudia un Doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Autor del libro de poemas Partituras. Ha ilustrado y escrito en diversos suplementos y revistas del interior de la república. CULTURA URBANA 149


Resonancia

Eden Bernal

Bajo la suposición de que usted, querido lector, es una persona asidua a la música, con una sen­ sibilidad extraordinaria y gusto verdaderamente amplio, he decidido titular esta sección Reso­ nancia, nombre con el cual pretendo reflejar la energía la energía que este arte posee, y que es capaz de trastocar la mente humana; hacer que la persona más arrítmica baile, provocar una sonrisa en el rostro del peor malencarado y, sobre todo, estimular al escucha más obtuso para que abra sus oídos a un universo lleno de nuevos y exorbitantes sonidos. Comienzo con el reto de dar un marco lo sufi­ cientemente rico sobre lo que aconteció en la in­dustria discográfica durante 2008, pero antes pido disculpas por las grandes omisiones que aquejan a esta lista, pues, al igual que le sucedió a usted, en mis oídos, muchos de los sonidos escuchados durante un año dejaron huella, otros desparecieron en el aire antes de que pudiera conocer su origen y, finalmente, la gran mayoría aún permanece sin ser develada para mi. Sin más, lo invito a encontrar en esta sección un sin­ cero intento por compartir algunos de los discos que derritieron mis oídos.

destacan el álbum Out of Season y el sello Invada Records, este trío, formado por Gibbons, Barrow y Utley, cambia de piel y, sin perder su esencia, se acerca a estéticas de las que no había hecho uso antes, como el kraut rock, el industrial y el folk. El resultado es un álbum sólido y de fácil es­ cucha –a pesar de las letras desesperanzadoras y los oscu­ros ambientes que los caracterizan–. Cons­truido con base en sintetizadores y secuen­ ciadores –que bien pueden recordarnos a los Silver Apples–, el disco incorpora elementos so­ noros que emulan a los equipos análogos de los años sesenta y setenta –como los tonos que las producciones para televisión incluyen antes de iniciar– procesos digitales y, por supuesto, there­ mins. Todo esto se conjunta armónicamente para crear un paisaje auditivo donde lo decadente y lo sublime convergen.

la pobreza y el hambre. De esta forma, lo que de inicio parece un canto melancólico, pronto se transforma en una potente invitación a la acción política a nivel personal. Los temas pasan con suavidad, de la tranquilidad y el minimalismo a la explosividad y el exceso. Las vocales dialogan estereofónicamente con el coro –que no había tenido tanto peso en los álbumes anteriores– al tiempo que los instrumentos implosionan. La carga emocional de la voz llega a su máximo para después descender suavemente y apagarse al final del disco. Como una proyecto alterno a God­ speed You Black Emperor!, Efrim Menuk liderea a este conjunto en el cual se mantiene una estruc­ tura orquestral –con contrabajo, chelo, violines y, por supuesto, guitarras eléctricas– y que se mantiene como uno de los mejores exponentes del género post-rock. Se recomienda al lector re­ visar el catálogo completo de Constellation, sello bajo el cual fue lanzado este álbum.

Renovar la escucha

Surfear en el mainstream

13 Blues for Thirteen Moons, A Silver Mt. Zion, Constellation, 2008. www.tra-la-la-band.com

Third, Portishead, Mercury/Island, 2008. www.portishead.co.uk Sin tener ningún tipo de jerarquización, ini­ ciamos con el Third de Portishead. Después de más de diez años de silencio como banda –ya que cada uno de los miembros trabajó, durante ese tiempo, en diversos proyectos entre los que

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Un minuto de frecuencias agudas precede a la explosión para la cual fue necesaria la muerte de un millón de personas. El sonido irradiado por ellas crece poco a poco antes de detonar el caos que los seis miembros de A Silver Mt. Zion cons­ truyen con absoluta precisión. Así –de la misma manera que en anteriores trabajos– a través de la instrumentación y las letras de este álbum, la banda formada en Montreal, Canadá, muestra su postura política y su descontento ante cues­ tiones como la guerra, los precios del petróleo,

Songs in A & E, Spirtitualized, Castle, 2008. www.spiritualized.com Jason Pierce –ex integrante de Spaceman 3 y líder de Spiritualized– regresa –casi después de la muerte– con un álbum extraordinario. Después de enfermar de pulmonía dos veces seguidas, Pierce escribe las canciones que después conformarían este disco, donde una vez más, se desgarra el alma –y la garganta– para hacer un álbum lleno de esperanza. Songs in A & E conserva las influencias del rock psicodélico, el gospel y el folk que carac­ terizan a Spiritualiazed, pero sobre todo, encierra las sensaciones de un cantante que ha superado el desamor, la drogadicción y la muerte; y que a pesar de todo, se mantiene haciendo magia.


Resonancia

Eden Bernal

las personalidades hambrientas de experimentar con las capacidades expresivas de cualquier tipo de sonido encontrarán en Test Patern (RasterNoton) de Ryoji Ikeda un interesante compues­ to de ondas sonoras residuales y procesos mate­máticos musicales. La gente que sólo busca

A Tedious Task, El Olio Wolof, 2008. www.myspace.com/eloliowolof Para alejarnos definitivamente –por esta edición– de las listas replicadas hasta el infinito, sea su­ ficiente una invitación para escuchar A Tedious Task, la primera producción de los casi descono­ cidos El Olio Wolof. Originarios de California, esta banda agrega un acordeón, campanas y tecla­ dos al ya clásico conjunto de guitarra, batería y bajo. Lo obtenido es una mezcla de folk, jazz, y rock pop que destaca por una acústica que, en sus propias palabras, parece respirar para emprender el vuelo. La melancólica narrativa que propagan por medio de su elaborado sonido os­ cila entre el horror y la fantasía. Por momentos pesimistas y en ocasiones tiernos e inocentes, esta agrupación pareciera haber salido de los vestigios de un circo –o feria norteamericana– abandonada, donde la alegría ha sido empolvada por el tiempo. El disco fue producido de manera –literalmente– independiente –tal vez por eso pasó algo desapercibido para la crítica– y lo largo de sus diez canciones, el flujo de tempos diferentes lo hace una agradable sorpresa. Cerramos esta primera intervención –emu­ lando estilo que bien puede asemejarse al de los horóscopos– con una serie de rápidas recomen­ daciones del pasado 2008. Para los gustosos del pop experimental suge­ rimos escuchar The Camel’s Back (Domino) del dueto inglés nombrado Psapp. Los aman­ tes de la jazz fusión quedarán extasiados con NYC (Domino) de Kieran Hebden –mejor cono­ cido co­­mo Four Tet– en dueto con el legendario

percusionis­ta Steve Reid. Para las personas de espíritu lúdico y buen humor la mejor opción es Let’s Go Everywhere (MRI) de Medeski, Martin & Word, disco que tiene como invitados especiales a M. A. Geoffrey y a un encantador grupo de

dar­le un buen trato a sus oídos –generalmente asediados por el tráfico citadino– podrá revisar el sello Ninja Tune los discos Ninja Tuna de Mr. Scruff y Same as it Never Was de The Herbaliser. niños en los coros. Los fanáticos del té podrán deleitar sus oídos con el maravilloso sabor del álbum Teaism: Music Inspired By The Art And Cul­ ture Of Tea (Static Caravan), el cual reúne tra­ bajos de artistas como Tunng, Cibelle y Max de

Wardener. Si su economía no le permite degustar platillos importados, lo invitamos a no descuidar lo latino y poner atención a La Música Moderna (Intolerancia) de Paté de Fuá. Por el contrario, Final­mente, aquellos ansiosos por el inicio de un año nuevo deberán recurrir a Till the old world’s blown up and a new one is created (Mosz), de Fennesz, Dafeldecker y Brandlmayr. Un extraor­ dinario disco donde descubrirán un paraje idó­ neo para descansar ante la incertidumbre.

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Los amantes. Emir Guerrero

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Cantina. Daniel Alva

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Librario

Alejandra García FILOSOFÍA

HISTORIA

NOVELA

Enrique González Rojo, En marcha hacia la concreción / En torno a una filosofía del infinito. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2007, 631 pp. (Historia de las Ideas).

Pedro Ángel Palou, Morelos / Morir es nada. Planeta, México, 2007, 269 pp. (Autores Españoles e Iberoamericanos).

Iván Goncharov, El mal del ímpetu. Traducción de Selma Ancira. Edi­ ciones Fósoforo / Ediciones sin Nombre / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2007, 95 pp. (El Arca de Babel).

Los grandes temas de la filosofía: la teoría del ser, la teoría del cono­ cer y los métodos que siguen son los puntos centrales de esta obra descomunal de un autor extraordinario en nuestro medio. Poeta bueno, ensayista brillante, González Rojo aborda sus asuntos con pasión y los sitúa en el tupido bosque de la actualidad, junto a pro­ blemas de la ciencia, la psicología y, desde luego, la economía y la política. Los términos ‘concreción’ e ‘infinito’ dan cuenta de la dimen­ sión conceptual que persiguen estas líneas, brillantes, ambiciosas, siempre lanzadas en busca de interlocutores, de intérpretes concre­ tos que contribuyan al trazado de un fulgurante deletreo del infinito.

Una probable presencia en la vida amorosa del cura Morelos lleva al novelista a contar una historia en la que conviven la probabilidad (los vuelos de la ficción) y la verdad histórica (o al menos lo que se supone como tal). El resultado es un libro disfrutable, por en­ tretenido, y útil, porque repone en el tablero de la memoria hechos y rasgos de un personaje mayor de la historia mexicana, un valeroso militar y un político de vanguardia, nacido y formado entre los más desposeídos del vetusto poder monárquico en inevitable retirada.

La imposibilidad de quedarse quietos, de vivir sin actividad progra­ mada, de mirar el mundo como un paisaje conocido donde pueda uno reconocerse: el mal del ímpetu aqueja a unos aristócratas rusos del siglo XIX en una novela deliciosa, escrita con malicia y fortuna, con sorna incontenida que ridiculiza a los buscadores de la diversión, de las casas de campo, de los ensueños burgueses que viajan alrededor de la gran ciudad, incapaces de mantenerse en paz, a solas, en el reposo simple. La novela, sin dificultad alguna, es de lo más actual que pueda imaginarse. Ha sido traducida de modo admirable por Selma Ancira.

IDEAS

ECONOMÍA

ENSAYO

Armando Bartra, El hombre de hierro / Los límites sociales y natu­ rales del capital. Universidad Autónoma de la Ciudad de México / Editorial Itaca / Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2008, 213 pp.

Jeff Faux, La guerra global de clases / Cómo nos robaron el futuro las élites de Estados Unidos, Canadá y México y qué hacer para recupe­ rarlo. Traducción de Pilar Castro Gómez. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2008, 528 pp. (Colección Otras Voces).

R. H. Moreno Durán, El festín de los conjurados / Literatura y trans­ gresión del Segundo Imperio a la Belle Époque –La experiencia leída–. Ediciones sin Nombre / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 182 pp.

Los defensores del capitalismo no podrán tranquilizarse más con aquella idea suya de que las crisis son consustanciales al sistema y por tanto siempre superables. El libro de Bartra parece apuntar hacia esa idea, al tiempo en que es un ejercicio autocrítico de izquierda y la puesta en claro de que trasponer los límites del capitalismo ha de ser un acto de creación, y no una mera fatalidad. El libro está escrito con inusual brío, con las luces encendidas, mantiene un tono alto en que se equilibran el entusiasmo y el rigor analítico en cuestiones como la relación del hombre con la naturaleza, las imposibilidades de la plusvalía, el triunfo de los trabajadores en países tradicionalmente oprimidos como Venezuela, Bolivia o Ecuador.

A más de tres lustros de haber sido suscrito el Tratado de Libre Co­ mercio de América del Norte ha traído más males que bienes para los mexicanos o, dicho mejor, ha traído bienes sólo para muy pocos y muchos males para muchos mexicanos. Quien quiera saber con precisión varios de los motivos de este desastre ha de leer este libro, historia de la ambición desbocada de los grandes capitanes financieros e industriales de los norteños y también de nuestro país, liderados por Salinas de Gortari. El libro cuenta con un justo prólogo debido a John Saxe Fernández.

Moreno Durán, junto a García Márquez y Álvaro Mutis, uno de los grandes escritores colombianos de nuestro tiempo, ha puesto a bailar en estos ensayos su imaginación con su erudición. El baile tiene resultados múltiples: está lleno de luces y sorpresas, de largos momentos de tranquilidad, y siempre de momentos que ponen a las claras los juegos de espejos de la modernidad literaria en plena gestación, con los ademanes y los gestos de Wilde y Masoch, de Ver­ leaine y Stendhal. Un gran libro, escrito con una gran prosa y desde una poderosa inteligencia.

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Librario Alejandra García

HISTORIA

ENSAYO

POLÍTICA

Jaime Vilchis, Del hombre que no se aburre en su habitación / Pará­ grafos para sobrevivir a los interminables comienzos del siglo XXI. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2008, 162 pp. (Colección Pensamiento Propio).

Nicolás Maquiavelo, El Príncipe. Edición bilingüe, Traducción de Stella Mastrangelo. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2008, 378 pp. (Colección Clásicos del Pensamiento Político).

Andamios / Revista de Investigación Social. Universidad Autónoma de la Ciudad de México / Colegio de Ciencias y Humanidades, México, 303 pp. (Volumen 4, Número 8, Junio de 2008).

Todo fragmento, o ‘parágrafo’ como prefiere decir el autor, ha de aspirar a expresar una visión del mundo, a ser un tratado, al menos un ensayo, diría una. Los de Jaime Vilchis llaman la atención por una doble cara: quieren ser pulcros a la vez que despeinados, desfaja­ dos. Recurren al ascetismo y dicen adiós a Dios o sus adoradores. Buscan contundencia al tiempo en que retozan en una jerga propia a caballo entre el casticismo y cierta actualidad mediática. Vilchis parece ser un descreyente: desconfía de la mayoría, las greyes, los rebaños. Se atiene a su fragmento. Un resultado es este libro lleno de vitalidad y luces.

Mucho más citado que leído, Maquiavelo pervive desde el siglo XVI hasta nuestros días, tan llenos de elucubraciones políticas, nebulosas las más, claras pocas, inevitables todas. El poder aparece como un mal del que no puede librarse nadie, y que ha de ser controlado desde el ámbito de la libertad, es decir el de la vida del pueblo. La contradicción es evidente, y Maquiavelo la perfila con elegancia y un tono anarquista que es bien observado en la introducción del volu­ men por Luce Fabbri Cressatti. En su versión original, traducida con pulcritud, la obra cobra aun alturas mayores de las que posee.

Filósofos e historiadores no han dejado de buscar el sentido de la His­ toria. Los resultados de sus pesquisas son variadísimos y suelen situ­ arse en el plano de la disputa ideológica. En nuestro tiempo, la visión marxista es, sino a todas sí a las luces de muchísimos estudiosos, la que más se aproxima y más sirve para aproximarse a una interpretación rica, no falaz del devenir histórico. Este volumen de Andamios recoge ensayos acerca de este asunto capital, debidos a Horacio Tarcus, Jaime Massaro, Lorena Fuentes y Julio César Horta. Temas diversos ocupan a otros especialistas, en textos de mucho interés, como el de Graciela Inda, dedicado a la sociología política de Durkcheim, por ejemplo.

HISTORIA

NARRATIVA

HISTORIA

Walter Benjamín, Tesis sobre la Historia / y otros fragmentos. Intro­ ducción y traducción de Bolívar Echeverría. Universidad Autónoma de la Ciudad de México / Editorial Itaca, México, 2008, 118 pp.

Bernardo Esquinca, Los niños de paja. Editorial Almadía, México, 2008, 123 pp. (Colección Mar Abierto / Narrativa Contemporánea).

Gabriel Méndez Plancarte, Hidalgo, reformador intelectual. Universi­ dad Nacional Autónoma de México, México, 55 pp. (Colección Peque­ ños Grandes Ensayos, 2).

Reflexiones fulminantes, luminosas, las de Benjamín intentan, al decir de Echeverría, “introducir una radical corrección mesiánica al utopismo propio del socialismo revolucionario, sacar de su escon­ dite al ‘enano teológico’ que es el secreto de la eficiencia discursiva del materialismo histórico”. La propuesta, puede verse, es de lo más atractivo, porque supone una salida del cartabón, del abecé habitual, al situar el núcleo del discurso del materialismo histórico en un plano distinto, donde lo teológico pueda romper el vuelo utópico. Los fragmentos de Benjamin, bien dice el mismo Bolívar Echeverría, son inquietantes y sugerentes.

Un estilo que apuesta por la economía expresiva. Un abanico de miradas que van del desconcierto y la confusión hasta la aprehen­ sión inmediata. Un mundo en el que obsesiones solas y sinos ines­ capables trazan cruces desquiciantes. Bernardo Esquinca es antes que nada un narrador eficaz, diestro en sus planteamientos. En segundo término, y no menos importante, tiene un gusto acerbo, un cierto resabio de crueldad bien nutrido por la distancia que abre entre él mismo y sus personajes (habilidad de la voz narrativa). El libro, en una edición agradable, lo confirma como uno de los jóvenes narradores mexicanos de buenas posibilidades.

Don Miguel Hidalgo, cura de Dolores, no sólo comenzó la revolución de Independencia sino que fue un hombre estudioso y un tenaz dia­ léctico. El michoacano Méndez Plancarte observa en un ensayo de indudable valor la modernidad que don Miguel pone en juego en sus Disertaciones sobre la manera de estudiar la teología, con las cuales –de paso– obtuvo el primer lugar en un concurso del Colegio de San Nicolás en 1784. Culto, el cura se puso a enmendarle la plana, con comedimiento y prudencia, nada menos que a Santo Tomás de Aquino, capitán de la escolástica. Y propuso olvidarse de “sofismas y metafísi­ cas” para poner la mirada en lo que llamaba “la positiva”, o sea la mirada en el mundo de la realidad. Méndez Plancarte sigue con pun­ tualidad el itinerario hidalguense, en un ensayo de lo más disfrutable.

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