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Editorial esde su fundación la Universidad de San Carlos ha sido considerada como un verdadero tanque de pensamiento. Primero colonial y luego republicana. Primero pontificia y luego laica. Esta transición de la visión medieval del mundo a los retos humanísticos de la Ilustración ha tenido lugar en un marco de tensiones con visos dramáticos, como sucedió en los últimos 50 años del siglo pasado, cuando tanto el personal docente y administrativo como el estudiantado tuvieron que aportar su propia cuota de sacrificio en vidas para alcanzar esta paz que en ciertos momentos ha resultado más intensa que el prolongado conflicto armado. A cada etapa del recorrido institucional y social del país ha correspondido la realización de significativos ajustes y redefiniciones en la forma de entender y usar el conocimiento en y desde la Universidad. A estas alturas ya sabemos -y generalmente admitimos- que el conocimiento es poder. Y de ahí las luchas por una Casa de Estudios que devuelva con creces, a quienes la sostienen con sus impuestos, los beneficios de la enseñanza y la amplitud de miras que permite el ejercicio del conocimiento. Este ejercicio que demanda cada vez más inclusión y convocatoria es una meta que, de alcanzarse, aportaría mayor comprensión de los problemas nacionales y un involucramiento informado en la toma de decisiones que afectan y pueden transformar la vida de los guatemaltecos. Mientras tanto, debemos reconocer que hoy por hoy, la asistencia a las aulas universitarias es un reto insalvable para muchos. Todo está diseñado para no acudir a ellas. Desde el sistema de transporte hasta la inconsistencia académica y los tropiezos administrativos. Esto convierte la concurrencia de la población joven a nuestra Universidad en un acto de fe. Pero aunque nada pareciera haber en ella que estimule el crecimiento de la población estudiantil, esta aumenta desmesuradamente. Aunque nada parece haber en ella que supere la oferta de los centros de enseñanza privados que han proliferado en sótanos y garajes -como en tantos otros países del continente- la Universidad de San Carlos sigue siendo un patrimonio colectivo que se debe defender. Y transformarla es defenderla. En efecto, no hay mejor manera de hacerlo que impulsar en su interior y para beneficio de la población, a la que se debe, los cambios que requiere un mundo cada vez más necesitado de solidaridad y espíritu de encuentro. Todo está por hacerse. La Universidad de San Carlos debe ser reinventada. Habrá que empezar por devolvérsela a los jóvenes, sus verdaderos propietarios.

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Cuento veintiDOS

CONTRASTES Posturas luego de las elecciones En El Salvador

Los conspiradores No queremos dejarla en paz. Antes de suicidarse, B llamó a sus amigos. No dijo lo que intentaba ni alcanzamos a imaginarlo. B no había hecho simulacros ni ensayos generales. Nadie acudió al llamado. El abandono es injustificable. Pero, como es de suponerse, tenemos paliativos, coartadas. El teléfono suena a medianoche. Hay sobresaltos. No somos los que fuimos. Ahora cada uno tiene deberes y necesidad de levantarse temprano. El suicidio es una crítica radical a nuestro modo de vida y, en primer término, un asesinato simbólico. Todos sentimos que matamos a B, y ella, en venganza, acabó con nosotros. Nos sobrevaloramos al pensar que una palabra nuestra, un gesto solidario, los consuelos de la filosofía cristiana o estoica, la esperanza de la revolución mundial, la memoria de los buenos momentos en compañía, el despliegue de nuestras propias humillaciones y fracasos, un sarcasmo oportuno y escarnecedor… algo hubiera bastado para conjurar el suicidio. Más que en nuestro íntimo sufrimiento, en estas maniobras se revela el horror de estar vivo. Nos sentimos tan culpables que nadie quiere cargar la culpa. Entre habladurías y reproches directos, sostenemos una campaña cerrada para que alguno de nosotros expíe el remordimiento colectivo –y le haga a B en la muerte la compañía que no supimos hacerle en vida. José Emilio Pacheco/ México

Norman Quijano Alianza Republicana Nacionalista “Tenemos que hacer un momento de reflexión, ciertamente no tuvimos la mejor campaña”. Salvador Sánchez Cerén Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional “Vamos a trabajar en estos días que faltan (para el balotaje), por construir mayores adhesiones”.

En Costa Rica Johnny Araya Partido Liberación Nacional “No hemos dado señales claras de qué deseamos rectificar y de que buscamos un cambio”.

Luis Guillermo Solís Partido Acción Ciudadana “Ni un paso atrás, solo adelante, vamos a ganar porque somos un pueblo que decidió cambiar”.

La cifra

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DIRECTORIO

grados centígrados bajo cero fue la temperatura que se reportó en el estado de Georgia.

Director General: Héctor Salvatierra / Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Editor: Otoniel Martínez / Diseño Gráfico: Héctor Estrada, Elisa Álvarez, Paulo García, Elvis Rodas. Redacción: María Mercedes Arce, Carlos Rigalt, Christa Bollmann. Internacionales: Édgar Quiñónez / Corrección: Jorge Mario Juárez / Digitalización: Boris Molina. Museo de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.


Ejecutivo reduce la

Redacción

deuda agraria

l gobierno decidió reducir la deuda agraria de 60 mil fa milias ca mpesinas que compraron al Estado la finca Cuchil por un valor de Q5 millones, monto que no han podido pagar desde hace seis años; por ello el Ejecutivo se comprometió a absorber el 75 por ciento de este compromiso.

Este caso es solo una muestra, pues la administración Pérez Molina encontró un adeudo de Q323 millones en concepto de intereses y adquisiciones de 135 fincas, pero en los dos primeros años de gestión se resolvieron los problemas de deuda de 70 de estas propiedades. De acuerdo con los planes del Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación, se espera solucionar la deuda por tierra de las 65 fincas restantes, por medio del Fondo Nacional de Tierras, que será el encargado de realizar los trámites para cumplir con esta decisión del Ejecutivo.

La mirada

“El gobierno está comprometido con el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Este esfuerzo es el reflejo de que se lucha contra la pobreza”, dijo el Comisionado del Diálogo Nacional, Miguel Ángel Barcárcel, luego de haberse reunido con la dirigencia de la Coordinadora Nacional Indígena (Conic). Por su parte, Pedro Esquina, de la Conic, afirmó que es importante el trabajo que mantiene el mandatario para favorecer a los más necesitados del país. “Hubo gobiernos que no atendieron la problemática de la falta de tierras para cultivar; ahora vemos que hay respuesta positiva”.

Fotos: Josué Decavele

La Universidad de Occidente otorgó el título de Licenciado en Ciencias Policiales a 78 oficiales de la Policía Nacional Civil, que serán ubicados en comisarías de todo el país para atender la seguridad ciudadana.

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Cronicas y recuerdos

de febrero en Guatemala Fernando Urquizú*

n Guatemala se dice: “Febrero es el mes loco y de eso todos tenemos un poco”, refiriendo el primer recuerdo que viene a nuestra mente acerca de este mes, en el que la naturaleza tropical de nuestro clima nos deja sentir el frío de los meses anteriores que alterna con el moderado calor de la Eterna Primavera, que también desoja en el calendario de nuestra historia sus propias crónicas y recuerdos… Los cambios bruscos de temperatura de este mes eran identificados por nuestros antepasados con el nombre de “Las Cabañuelas”, que tenían el don de ser una premonición de cómo se desarrollaría el clima a lo largo del año, partiendo el 1 al 12 de febrero, que se confirmaba en la segunda quincena, verdad o no, es un recuerdo de los saberes y tradiciones de las generaciones que nos antecedieron, y que la ciencia moderna llama actualmente patrimonio intangible, creencia que era completada con algunas costumbres religiosas que se modernizaron por la vida contemporánea, mientras aparecieron otras de tipo materialista liberal producto del cambio en la vida de los guatemaltecos.

Candelaria y otras fechas

En el mundo popular eran sus primeros dos días un tanto nostálgicos porque el calendario litúrgico marca el cierre de las fiestas de fin de año con los llamados “Acabos de novena del Niño” que no podían pasar del día 2 cuando se conmemora la festividad de “La Purificación de Nuestra Señora o Presentación del Niño en el templo”, después de 40 días de nacido. Esto determinaba el desmantelamiento del nacimiento, que se concluía simbólicamente con la misa de siete de la noche cuando se llevaba al Niño Jesús en una canastilla, que le servía de trono para la bendición que ponía punto final a las fiestas de fin de año.

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Febrero también era desde el periodo de esplendor de la cultura hispánica un tanto ausente de devociones que servían de lapsus de preparación para la Cuaresma, eventualidad que determinó que sus últimos domingos fueran aprovechados para celebrar los recordados Domingos de Carnaval. Este acto tradicional tenía un valor agregado si se iba en una peregrinación familiar hasta la lejana iglesia, en aquel entonces de Nuestra Señora de la Candelaria, que quedaba en un barrio periférico al ahora llamado Centro Histórico, en donde también, dicho sea de paso, se podían adquirir las candelas que iluminarían con la luz de Cristo a todos los creyentes, en caso llegara el tiempo de oscuridad, previo al juicio final, que pondría fin a la civilización como la conocemos. El tener estas candelas benditas a mano era como tener actualmente una linterna para las emergencias imprevistas.

En este recuerdo también incluían una visita a la estatua de San Blas cuya fiesta colindaba con la de la Candelaria y se aprovechaba la participación en una ceremonia conocida por los viejos habitantes del barrio como “La Bendición de Gargantas”, para una buena salud que sin duda se afectaba por el cambio de clima. En este contexto, la tradicional peregrinación se hacía más alegre con la toma de un batidor de chocolate y una conchita, (panes de manteca y harina), si el bolsillo era más poderoso no faltaría la torta de San Blas o bien las empanadas emblemáticas de ese viejo barrio citadino. En el panorama de las fiestas religiosas del país es muy interesante advertir la presencia de una devoción que comenzó a cambiar paulatinamente, en la segunda mitad del siglo XIX, los parámetros de belleza física femenina que se tenían. Estos nuevos modelos tuvieron como principal referencia las apariciones de la Virgen de Lourdes en Francia en 1858, que coincidieron con el proceso de transformación para preparar la convivencia de la Iglesia Católica moderna con el Estado Liberal. Este proceso con la influencia de la Ilustración Francesa, encontró en los ojos azules y la tez nívea de esta advocación un nuevo modelo de belleza femenina, que llevó a artistas locales como Paulino Ceballos a realizar obras maestras de la escultura romántica local, como la efigie sagrada de esta advocación que se encuentra en la Catedral Metropolitana, y existen interesantes fotografías de otros altares de esta devoción que se erigieron en la actual Parroquia de la Santa Cruz, en la 15 avenida y calle Martí, zona 6. –El avance del capitalismo local fue desarrollándose paulatinamente desde la estabilidad del gobierno de José María Reina Barrios 1892-1898, afianzándose en las primeras décadas del siglo XX durante el mandato de Manuel Estrada Cabrera, se siguió el acercamiento con la Iglesia Católica, que mantenía muy cohesionado al pueblo después de la reorganización lograda por el papa León XIII y el arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, quien regresó del exilio en enero 1897, reorganizando las manifestaciones de fe y asistiendo a los actos académicos no religiosos pues la Iglesia ya no reproducía el sistema de ideas, sino más bien actuaba


En el panorama de las fiestas religiosas del país es muy interesante advertir la presencia de una devoción que comenzó a cambiar paulatinamente en la segunda mitad del siglo XIX los parámetros de belleza física femenina que se tenían.

Algunos monumentos simbolizan la visión de país del espíritu liberal.

como interlocutora de los distintos grupos sociales desarrollados en el capitalismo, que incluía grupos no católicos y representaciones extranjeras. Es en este proceso, encontramos la raíz de una festividad de la cultura norteamericana denominada como “Día del Cariño” que se conmemora el 14 de febrero, y algunas veces se le asocia a San Valentín, como protector de las relaciones de pareja, pero las pruebas antropológicas nos señalan, que en la cultura hispánica local, el día propicio para los enamoramientos era el de Corpus Christi que referiremos en otro apartado de estas notas. El Valentine’s Day, como conmemoración original es una de las primeras que manifiesta el consumo efímero expresado en el regalo de rosas rojas y chocolates a la par de románticas tarjetas impresas de diseño industrial. Febrero también era desde el período de esplendor de la cultura hispánica un tanto ausente de devociones y era un tiempo de preparación para la Cuaresma, eventualidad que determinó que sus últimos domingos fueran aprovechados para celebrar los recordados Domingos de Carnaval, cuya extensión festiva se extendía el último antes de comenzar el período de penitencia de la Cuaresma, cuando se prolongaba a los dos primeros días de la semana el Lunes y Martes de Carnaval, en cuyas fiestas no faltaban los disfraces de alegres personajes y los cascarones que ponen el sentido de identidad local a las celebraciones. Estas festividades recibían en la época de desarrollo de la cultura hispánica y el siglo XIX, el nombre de “Mascaradas”, cambiando su influencia en el ideario nacional desde principios de siglo XX, especialmente en los lugares donde la cultura liberal se extendió de manera tal, que se convirtieron deliberadamente en fiestas sustitutas de las de corte religioso tradicional, como el caso de la población de Mazatenango,

Foto: Archivo

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La marimba es otro de los símbolos encumbrados por el Liberalismo.

en el departamento de Suchitepéquez, reflejo del crecimiento de la agroexportación y expansión de relaciones capitalistas de producción, que comenzaron a organizar los más animados bailes temáticos, con la música de la Marimba Band, grupo musical que se movía entre los salones de fiesta y los desfiles de carrozas a los que imponía su sello de alegría con, su repertorio que tomó un sabor local hasta finales de la década de 1970, cuando fue sustituida por la reproducción mecánica del sonido, evolucionando hasta lo que actualmente conocemos como la tradicional Feria del Carnaval de Mazatenango, siendo una de las más afamadas del país. El espacio creado por el Estado Liberal de Guatemala necesitó de una reacción que comenzó a expresarse en la búsqueda de una cultura propia paralela a la mundial, desarrollada bajo el influjo de la Ilustración Francesa, es así como asomaron paulatinamente, piezas musicales que identificarían la cultura local como: “La Flor del Café” y “Mi Bella Guatemala” de Germán Alcántara, pero producto de este sentido liberal también aparecen composiciones como el Vals “Tecún Umán”, de Julián Paniagua Martínez, cuya leyenda e historiografía comienza a ser rescatada y enseñada de manera sistemática hasta que llegamos a otra conmemoración propia del mes

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“Las Cabañuelas” tenían el don de ser una premonición de: cómo se desarrollaría el clima a lo largo del año, partiendo el 1 al 12 de febrero, que se confirmaba en la segunda quincena. Verdad o no, es un recuerdo de los saberes y tradiciones de las generaciones que nos antecedieron y que la ciencia moderna llama actualmente patrimonio intangible.

de febrero en donde el día de este héroe nacional el 20 de febrero, fue posteriormente ampliado con el de la marimba. Esta situación provocó que se erigieran estatuas de Tecún Umán y la Marimba como elementos cohesionadores de nuestra sociedad, cuya vida en el ideario nacional es obstaculizada por el avance de la cultura global, que propone la difusión de superhéroes con otras características e intereses, mientras que en el repertorio mundial la marimba ha perdido vigencia haciéndose grandes esfuerzos por mantener estos conjuntos activos en nuestro medio, al extremo de contar con un solo programa de radio que se transmite regularmente en la TGW La voz de Guatemala, con la presencia en vivo de un conjunto de marimba cuyas ejecuciones se alternan con la lectura de poemas alusivos a la patria, sus municipios y riqueza cultural en general, que es apreciado únicamente por un público de cierta educación, debido a que el materialismo liberal desarrolla más habilidades mecánicas que conocimientos científicos que despierten el amor por las ciencias y las artes, cuyo rescate o identificación proponemos en este tipo de publicaciones para que sirvan de referencia del estado actual de la cultura guatemalteca. *Doctor en Historia


Ley Organica de la Universidad de Guatemala

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Redacción

a real cédula del 31 de enero de 1676 lacrada por el rey Carlos II, concedió la fundación de la Universidad y el papa Inocente XI expidió la bula que consagró como Pontificia la Universidad de Guatemala, el 18 de junio de 1687. Así las cosas, el Decreto 325 del Congreso de la República, considerando, que el decreto legislativo 131 “Ley Orgánica de la universidad de San Carlos”, tiene defectos que se hace necesario enmendar, así como incluir nuevas disposiciones para el mejor logro de su misión, establece que la Usac “es una institución autónoma, con personalidad jurídica, regida por esta Ley y sus estatutos, cuya sede central ordinaria es la ciudad de Guatemala.” El Artículo 2º indica que su fin fundamental es elevar el nivel espiritual de los habitantes de la República, conservando, promoviendo y difundiendo la cultura y el saber científico. Así mismo, se determina (Arto. 3º) que la Universidad contribuirá a la realizaciòn de la unión de Centroamérica y para tal fin procurará el intercambio de maestros y estudiantes y todo cuanto tienda a la vinculación espiritual de los pueblos del istmo. El Artículo 4º estipula que cuando lo estime conveniente o sea requerida para ello, colaborará en el estudio de los problemas nacionales, sin perder por eso su carácter de centro autónomo de invesigaciòn y cultura. En el último apartado del Título I se indica que la Usac solicitará la cooperaciòn del Estado y éste deberá dársela en la medida de sus posibilidades, para el mejoramiento de su personal docente, cuando sea indispensable traer profesores del extranjero. En el Título II, Artículo 6º, queda integrada la casa de estudios con las Facultades siguientes: Ciencias Económicas, Humanidades, Ciencias Jurídicas y Sociales, Ingeniería, Ciencias Médicas, Ciencias Químicas y Farmacia y Odontología, estableciéndose que también la integran los Institutos, Departamentos y

Dependencias ya existentes y las Facultades y Centros que la Universidad reconozca, incorpore o establezca en lo sucesivo. Por medio del artículo 9º institúyese la docencia libre, en el sentido de que cualquier persona pueda solicitar a la Universidad autorización para enseñar en cualquier ramo del saber humano. Por último se destaca en el artículo 56 del título VIII que la Universidad cooperará con el Estado en la conservaciòn y enriquecimiento de museos, monumentos históricos y obras de arte, bibliotecas y demás centros que tengan relaciòn con la investigaciòn científica y artística, de los que podrá servirse para el desarrollo de sus actividades.

Este decreto fue dado en el Palacio del Congreso de la República a los 17 días del mes de enero de 1947, año tercero de la Revolución. Firman R.E. Alvarado, 2º vicepresidente, R.Asturias Valenzuela y Egil Ordóñez como secretarios. Diez días despúes esta disposición fue rubricada en el Palacio Nacional por Juan José Arévalo como titular del Ejecutivo y por el ministro de Educación Pública, Julio Bonilla G. Recopilación de leyes de la Republica 1946-1947 Coleccionadas por Rosendo P. Méndez Hemeroteca de la Tipografia Nacional

Reseña

Encuesta del Saker-Ti DCA, 31 enero de 1950. Esta mañana estuvimos a conversar con algunos miembros directivos del activo grupo Saker-Ti para informarnos del curso que llevará la encuesta que han abierto hace algunos días. Todos estaban de acuerdo en que promete ser un éxito la citada encuesta y con ella se dará a conocer en cierta

forma, los cambios que han ocurrido dentro de la manera de pensar de nuestros intelectuales respecto a su misión y al servicio que los artistas pueden prestar a la humanidad. En nuestras páginas fue publicada ya la respuesta del poeta Raúl Leiva. Los muchachos del Saker-Ti nos indicaron que están reuniendo

varias respuestas para publicarlas en forma consecutiva tanto en estas páginas como en las del Diario de la Mañana. Asimismo, nos indicaron que han repetido su llamamiento a efecto de que se envíen pronto las respuestas a la encuesta con el fin de poder reunirlas para su pulicaciòn en un solo volumen.

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Un gremio que da brillo a los p Carlos Rigalt C.

n las esquinas del Parque Centenario hay dos guardianes que velan, no por el alma de los transeúntes, tampoco por su seguridad, ni para protección de las pandillas de vagos y pegamenteros que pululan por el sector. Más bien son salvaguardas del estilo, de la presentación, del “verse bien” de docenas de personas que ponen los zapatos en sus manos para el lustre. Pero no es un lustre cualquiera. Entre ambos guardianes acumulan 70 años de experiencia a la sombra del Guacamolón, dedicados al oficio de sacarle brillo al cuero. “Llegué a los 10 años”, menciona David, quien pasa de los 50. “Vine de Quiché, mi familia falleció. Vine a hacer mi vida; aquí hay más fuentes de trabajo… A pesar de que no tengo un padre, ni una familia, yo mismo me administro. Trato la manera de seguir adelante, de ser lo mejor. Es lo único que nos queda, seguir adelante, esforzándonos, sacrificándonos”, narra con un tono lastimero. Él observa, nítidamente vestido con una combinación de suéter verde, camisa blanca de algodón y jeans gastados (además de unas “ginas” color verde esmeralda en sus pies). Tiene un mechón de pelo negro engominado sobre la frente. No se le ve esforzarse cuando con su voz le explica al cliente cómo han sido estos últimos 40 años a la vera de los árboles del parque, sacando brillo. “No estoy solo, tengo que pedirle a Dios todos los días”, aclara. David Solís López (su nombre completo), lustrabotas, de origen quiché, enraizado en una banca contigua al paso del Transmetro que pasa por el Parque Centenario, sobre la 5a. avenida de la zona 1, parece un personaje salido de una portada de la revista de modas GQ. ¿Cuánto valía darse un lustre, en la segunda mitad del siglo pasado? “En los 70 el lustre valía 5 centavos. Pero el pisto valía. Con 25 centavos se compraba arroz, frijol, tortillas y una agua”. Mientras trabaja le pregunto si ha oído hablar de la “Asociación de Lustradores”. Él asiente y dice: “Desde que vine ya estaba. El presidente de los limpiabotas es don Bernabé Canté”. ¿Y para qué sirve? “Si, por ejemplo, fallece un familiar de un lustrador, están los fondos para el servicio funerario”, comenta. ¿Qué requisitos les pone la asociación para pertenecer? “Lo que tenemos que hacer es portarnos bien, ser conscientes (que nada nos cuesta). No armar clavos”.

De esquina a esquina

Cien metros hacia el este, en la otra esquina, está otro guardián limpiabotas, don Bernabé Canté. En su banca, que mira hacia el Palacio Nacional, se sientan clientes más “encopetados” que salen de ese recinto, a quienes recibe sin hablar. Es flaco y bajito, con el bigote plateado y surcos de bondad en el rostro. Calza botines del ejército

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David Solís López ejerce el oficio de lustrar zapatos desde que tenía 10 años y llegó a la capital procedente de Quic

que, de tan pulidos parecen guantes negros. Un pantalón a cuadros grises y azules, y sudadero azul, con capucha, bastante gastados. Sobre la cabeza tiene una gorra negra con rayas blancas y rojas que muestra la leyenda, que identifica su manera de pensar: “No gano, pero cómo me divierto”, escrita junto a la silueta de un gallo. Él aplica la pasta de lustrar sobre los zapatos negros de un hombre con apariencia de “abogado” por medio de untadas que realiza con los cuatro dedos de la mano derecha con una gran pericia. Cuarenta años de práctica le dan una concentración absoluta.

“Vine en el tiempo del presidente Kjell. En esos años se inició la Asociación Guatemalteca de Limpiabotas. Nos reunimos, porque la gobernación no dejaba que ninguno trabajara en los parques”, relata.

Pausa para un lustre

¿Con cuántos miembros fundaron la asociación? Cuando se aprobó esa ley (la que no permitía a los lustradores estar en los parques sin “licencia”), se reunió la mayoría de trabajadores del gremio, “éramos como 160, de los parques San Sebastián, Concordia, Colón, Ermita, Jocotenango”. La asociación abarca a todos los limpiabotas de todos los parques del país.


pasos

Fotos: Fernando Delgado

Don Bernabé es el actual presidente de la Asociación de Lustrabotas. Es su tercer “período”.

“Dar gracias a Dios, tratarlos con educación y respeto, ser uno amable y educado. Ante todo el respeto”. David Solís López, lustrabotas del Parque Centenario

ché. Todo un gentleman, rebosa estilo y tranquilidad.

¿Qué era lo que buscaban? “Que sacáramos una licencia, para cobrarnos”. El centenar y medio de miembros originales se apresuraron a obtener el permiso que les permitiera trabajar. “Llegamos con el alcalde a preguntarle que cuál era la verdadera licencia que deberíamos usar los limpiabotas, si la de gobernación o la de la Muni? (Pausa), un hombre perdido: “Disculpen ¿Saben dónde está el edificio Centenario?” “Aquí atrás vos!” Entre los beneficios que brindaba la asociación a sus miembros estaba que los limpiabotas de los parques “estuvieran seguros, que no los movieran de los puestos que habían escogido”.

(Pausa), un hombre joven perdido en su conciencia, a todas luces drogado, se para amenazante frente a don Bernabé y le increpa con acento de ultratumba: “Ehgrrr… ¿Cuánto te van a dar por eso? Así como este que pasó ¿los molestan a ustedes? “Son grupos que se mantienen en los parques, queremos pedirle al ministro que los desalojen, que no tienen nada que hacer. Perjudican, pues le dan miedo a los clientes”.

El presidente

Así fue como un gremio compuesto por jóvenes indígenas desarraigados de la provincia, hombres ladinos maduros, outsider todos, sin más herramientas para ganarse la vida que una pequeña caja de madera llena de tintas de colores, trapos y pastas para pulir da sus primeros pasos (hace 40 años) para constituirse como un grupo, una asociación registrada, con estatus y poder de voto, con tal de que les permitan seguir laborando en los parques. “Tuvimos que llevar a un limpiabotas a firmar, para que saliera publicado el acuerdo de la asociación en el diario oficial”, recuerda don Bernabé. “Se hizo todo bien, nos quedamos comprometidos con

las obligaciones que el alcalde nos puso”. ¿Obligaciones? “Que conforme el asociado va desocupando su lugar, que mantenga aseado su pedazo”. Además de la limpieza, los 400 lustrabotas que componen el grupo ahora deben pagar Q10 al mes. “Es para ellos mismos, para el día de la fiesta, el 7 de diciembre. Se pierde tiempo en las vueltas, se gasta en pasajes”, añade este hombre de la tercera edad sobre cuyos hombros ha recaído en tres ocasiones la presidencia del gremio. Además, aclara David, la asociación sirve “para cuando a un lustrabotas se le muere un familiar, para los servicios fúnebres”. Como presidente, don Bernabé también vela por las nuevas entradas al gremio. “Ir asociando más gente, que los que se tiren al oficio lleguen a la sede de los limpiabotas”, agrega orgulloso, al mencionar el local donde se reúnen “cada mes o cada vez que hay una emergencia”, contiguo a la Concha Acústica del parque Centenario. En su libro Rival States, Rival Firms, Isabelle Grunberg, especialista del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, examina las causas del desempleo generalizado de hoy. La competencia global, la innovación tecnológica, reducción de costos de parte de las empresas o políticas conservadoras de gasto de parte de los gobiernos, “todas estas conspiran en contra del pleno empleo”. Ni David ni don Bernabé saben de estas sofisticaciones de los economistas. Para el primero, las claves para mantener clientes son: “Dar gracias a Dios, tratarlos con educación y respeto, ser uno amable y educado. Ante todo el respeto”. El segundo, la causa de la creciente ola de jóvenes desocupados la encuentra en la familia: “Por ley los padres deben ponerlos a estudiar”. Que trabajen mediodía y de ahí a la escuela, reflexiona. Pero, como son de los departamentos, “son mandados para la capital, y se vienen a ganar la vida con su cajita y andar por ahí. Esos que lustren, pero en las calles, que no vengan a meterse a los parques”, sentencia.

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Augusto Cazali Ávila* a Universidad de San Carlos de Guatemala, fundada según licencia contenida en la Real Cédula del monarca español Carlos II, de fecha 31 de enero de 11676, es una de las más antiguas de Hispanoamérica. Las gestiones para obtener la autorización real datan desde mediados del siglo XVI, cuando el primer obispo del Reyno, licenciado Francisco Marroquín, se dirigió al monarca en su célebre carta del 1° de agosto de 1548, para solicitarle “que se asiente un estudio a manera de Universidad en esta ciudad de Santiago de Guatemala, que es la más a propósito de todas estas Provincias, mayor y más abundante y de mejor temple para el estudio. Este remedio es fácil, el provecho no tiene precio, como V.M. lo mande…” Sin embargo, debían transcurrir 128 años, desde que el obispo Marroquín formuló su petición al rey, para que fuera fundada la Universidad en el Reyno de Guatemala. Durante este largo periodo, a las gestiones persistentes del obispo Marroquín se sumaron las del Ayuntamiento de la Ciudad de Santiago de Guatemala, de la Real Audiencia y de varias órdenes religiosas. Antes de lograrse la fundación de la Universidad, se establecieron algunos colegios conventuales, que suplieron los estudios que hacían falta en el Reyno, sin que ello eliminara el afán por lograr la autorización para el funcionamiento de la Universidad.

Foto: Archivo

Fundacion de la primera Universidad

Los colegios

Dos fueron los principales colegios que antecedieron al establecimiento de la Universidad de San Carlos. El primero se origina con el testamento del obispo Marroquín, quien a su muerte dejó algunos bienes destinados a establecer un colegio. Esto ocurrió en el año de 1563, pero no fue sino hasta el 20 de octubre de 1620 cuando se hizo efectiva la apertura del llamado Colegio de santo Tomás de Aquino, en el cual -según la voluntad de su promotor- debían leerse “Artes y Teología y otras ciencias”. Asimismo, tuvo importancia muy significativa el Colegio llamado de San Lucas, abierto a principios del siglo XVII por los jesuitas, y en el cual también se impartieron las cátedras de filosofía y Teología. Otros colegios más antecedieron a la fundación de la Universidad de San Carlos, como el de Santo Domingo y el Tridentino. Ellos muestran la inquietud intelectual existente en el Reyno de Guatemala durante los siglos XVI y XVII. A falta de Universidad, estos centros docentes fueron autorizados en algunos casos para otorgar grados universitarios, e inclusive los patronos del Colegio de San Lucas realizaron constantes gestiones ante la autoridad real para convertirse en Universidad. Las generosas donaciones del Correo Mayor del Reyno, capitán Pedro Crespo Suárez, la de don Sancho de Barahona y su consorte doña Isabel de Loaiza, a más de los bienes legados por el Obispo Marroquín, hicieron posible constituir el patrimonio que facilitaría las gestiones tendientes a erigir la Universidad. Una de las instancias finales más importantes a favor de la Universidad fue formulada por el obispo fray Payo Enríquez de Rivera, quien el 17 de octubre de 1659 envió al monarca español un informe, en el cual refiriéndose a sus ruegos por la fundación de la Universidad, suplica al rey que “humildemente sea servido de concederme licencia para que con dilación proponga de una vez a V.M. todo lo que en orden a este punto me dicte la veneración al servicio de V.M. el amor y la verdad y el deseo de el mayor bien de esta Provincia.”

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Siguieron con persistencia las gestiones ante el rey, entre las cuales se encuentran las cartas-súplicas de la ciudad de Santiago en 1659 y los nuevos pedimentos de 1663 y 1667, como consecuencia de los cuales se

mandó, por real cédula de 5 de julio de 1673, que se hiciese una junta en la ciudad, formada por el presidente de la Real Audiencia, el Oidor más antiguo y Fiscal de ella, el Obispo y el Deán, para que determinasen


la conveniencia o inconveniencia de fundar la Universidad. Tantas y tan insistentes opiniones, memoriales e informes inclinaron por fin la voluntad de Carlos II, quien el 31 de enero de 1676 promulgó la Real Cédula de Fundación de la Universidad. Este famoso documento, que según testimonios de la época llegó a la capital del Reyno el 26 de octubre de 1676, es la base constitutiva de nuestra institución universitaria, y por ende, lo que con certeza podemos llamar el fundamento jurídico de la Universidad de San Carlos de Guatemala. La Real Cédula de Fundación contiene un extenso relato de todas las gestiones efectuadas en pro de la Universidad, desde mediados del siglo XVI. Menciona las rentas y otros bienes legados por Marroquín, Crespo Suárez y demás benefactores. Asimismo, reseña todas las demás diligencias llevadas a cabo para propiciar el establecimiento de la institución universitaria en el Reyno de Guatemala. En uno de los pasajes finales del documento se indica: “Y habiéndose vuelto a ver en Consejo Real de las Indias todos los papeles tocantes a esta materia y el informe que hizo mi audiencia de México en nueve de julio de mil seiscientos setenta y uno, y lo que representó el mismo año, por dos memoriales el Procurador General de esta Corte, con lo que en vista de ello pidió mi Fiscal, y consultándome he tenido por bien de conceder (como por la presente concedo) la licencia que pide esa Ciudad de Santiago de Guatemala para que se funde la dicha Universidad en el Colegio de Santo Tomás de Aquino, que en ella está edificado, aplicándole (como por la presente le aplico) dicha Casa Colegio a la dicha Universidad, juntamente con la dotación, que dicho Obispo Don Francisco Marroquín hizo para sustento del Colegio, que dejó dispuesto se fundase.” Luego, se reafirma la voluntad real, con las siguientes palabras: “Y en esta conformidad daréis Vos y esa Audiencia las órdenes necesarias, para que se haga luego la fundación de la dicha Universidad en dicho Colegio de Santo Tomás de Aquino, y que al mismo tiempo se pongan en ella mis Armas Reales, como va referido, disponiendo de que se vayan instituyendo con toda brevedad las siete Cátedras, que ha de haber en ella…” Con la emisión de esta Real Cédula, llegaba a su término la prolongada demanda por la creación a toda plenitud de la institución universitaria.

Organización inicial

En la misma fecha de la Real cédula de Fundación, Carlos II emitió mandato dirigido al Presidente del Reyno, don Fernando Francisco de Escobedo, en el cual le indica una serie de disposiciones pertinentes para el funcionamiento de la Universidad. Señala el rey que, de momento, solo debían impartirse siete Cátedras: una de Teología Escolástica y otra de Teología Moral, una de Cánones, una de Leyes, una de Medicina y dos de Lenguas. Le instruye, además, sobre la aplicación de las rentas de la Universidad, la dotación para la misma del edificio del Colegio de Santo Tomás de Aquino, la elección de los primeros catedráticos y la propuesta de las constituciones y ordenanzas para el gobierno de la Universidad. En este proceso que se inicia de inmediato al recibo de la Real Cédula de Fundación, es importante anotar lo relacionado con una de las primeras Juntas Universitarias, la celebrada el 17 de agosto de 1677 en la ciudad de Santiago de Guatemala, en la cual se tomaron importantes resoluciones para la organización universitaria. Entre ellas algunas relativas a la dotación de las cátedras. Asimismo, se nombra como Juez Superintendente, con jurisdicción de Rector, al Fiscal Urquiola, a quien también se le encomienda que redacte las constituciones y ordenanzas, comisión esta última que no llegó a cumplir. Las actividades de

Indudablemente la Universidad colonial proyectó más sus beneficios a los peninsulares y criollos, que a los indígenas y mestizos, en razón de la misma estructura social que imperó a todo lo largo del dominio español en América. organización de la Universidad incluyen la realización de otras Juntas Universitarias, convocadas por el Presidente del Reyno para dar cumplimiento a las disposiciones reales. De ellas emanan los acuerdos más importantes -verbigracia la designación de las primeras autoridades universitarias-, en forma provisoria. Transcurridas las oposiciones a cátedras, que no estuvieron ajenas a vicisitudes, y superados diversos problemas que confrontó la organización formal de la Universidad, llegó finalmente la apertura de labores, en la fecha memorable del 7 de enero de 1681. Así lo señala Juan Rodríguez Cabal, en su obra Universidad de Guatemala. Su origen. Fundación. Organización. Según dicho autor, “Se abrió la Universidad con unos sesenta estudiantes: 7 de Teología, 36 de Filosofía y los restantes de Instituto y Kachiquel.” Especial mención corresponde hacer del licenciado don Francisco de Sarassa y Arce, hombre de altos méritos intelectuales, a quien se deben las normas reguladoras de la Universidad de San Carlos, contenidas en las Constituciones y Estatutos de la institución. Estos instrumentos legales se basan en los similares de las universidades de México y Salamanca, y fundamentaron por siglos el funcionamiento académico y el gobierno de la Universidad de San Carlos. La obra de Sarassa y Arce reviste singular importancia, no solo porque fue la base indispensable para que la Universidad funcionara, sino por la calidad intrínseca de las Constituciones y Estatutos que revelan, en su autor, la posesión de una mente de claro raciocinio y eficaz sentido práctico. En calidad de primer Rector fue designado el doctor don José de Baños y Sotomayor, quien tomó posesión de su cargo en octubre de 1686. Otro acontecimiento de importancia en este periodo inicial fue la emisión, por el Papa Inocencia XII, el 18 de junio de 1687, de la Bula Ex-Suprema, en la cual se otorga a la Universidad de Guatemala el título de Pontificia. Con esta disposición completa la naciente entidad su nombre de “Real y Pontificia Universidad de San Carlos”, nombre este último que honra el de su fundador, Carlos II. Durante la época colonial la Universidad ofreció estudios de Derecho, Teología, Medicina, Filosofía y Lenguas Indígenas. En cuanto a grados, otorgaba los de Bachiller, Licenciado, Maestro y Doctor. Las constituciones redactadas por Sarassa y Arce crearon un sistema que permitió la participación de los maestros y estudiantes en el régimen universitario; establecieron, además, el “fuero universitario”. Sin embargo, ello no atenuó la predominante influencia religiosa, ni la negativa norma que impedía la admisión en las aulas a negros, morenos y mulatos, así

como a quienes hubiesen sido penitenciados por la Inquisición y a sus familiares. En ese orden de cosas, indudablemente la Universidad colonial proyectó más sus beneficios a los peninsulares y criollos, que a los indígenas y mestizos, en razón de la misma estructura social que imperó a todo lo largo del dominio español en América. No obstante, un indígena, Tomás Pech, llegó a obtener el grado de doctor en Leyes y a triunfar en la oposición que lo llevó a impartir la cátedra de Prima de Leyes. También un mestizo de humilde origen, el doctor Manuel Trinidad de Ávalos y Porres, llegó a fundar en el siglo XVIII la investigación científica en el seno de la Universidad y realizó experimentaciones médicas de gran avance para la época. En las últimas décadas del siglo XVIII, se operó un movimiento de reforma en la Universidad bajo la influencia de un notable religioso, Antonio de Liendo y Goicoechea, lo que llevó al cambio radical de los estudios universitarios. Se instituyó la cátedra de Anatomía, con prácticas de disección en cadáveres de seres humanos y animales; también se desarrollaron los estudios históricos, de derecho civil, romano y de gentes; de esa manera se hizo posible la consulta de autores como Suárez, Vitoria, Grocio y Covarrubias. Goicoechea fue, asimismo, estudioso y propulsor de las matemáticas; por influjo suyo, en el año de 1792 se realizaron por primera vez en la Universidad exámenes de Geometría y se introdujo el método experimental en el estudio de las ciencias físicas. Coincidiendo con esta etapa de esplendor científico en el ámbito universitario guatemalteco, aparecen otras figuras notables, como la del doctor José Felipe Flores, autor de inventos y teorías que se anticiparon a las de otras latitudes en el desarrollo de la medicina; el doctor Narciso Esparragoza y Gallardo, verdadero innovador en la cirugía científica; y en el campo del derecho, el notable jurista doctor José María Álvarez, autor de una obra sobre Instituciones de Derecho Real de Castilla y de Indias, cuyo valor fue elogiado ampliamente por los estudiosos de la época. La destrucción de la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, por los terremotos de 1773 y la consiguiente traslación de la capital del Reyno al Valle de la Ermita, trajo como consecuencia el cambio de sede de la Universidad. Los registros históricos mencionan que en el año de 1777 se hizo el traslado oficial de la Universidad, en donde comenzaba a erigirse la Nueva Guatemala de la Asunción. En las dos primeras décadas del siglo XIX sucedieron los acontecimientos que, al final, llevaron a la independencia política centroamericana, el 15 de septiembre de 1821. En este proceso histórico fue relevante la participación universitaria, a través de personajes de alta valía intelectual, como Antonio de Larrazábal, representante de la Provincia de la Capitanía General de Guatemala ante las Cortes de Cádiz, en 1812, y quien a causa de su lucha independentista fue honrado por la Universidad, de la cual llegó a ser Rector. De singular renombre es también José Cecilio del Valle, político discutido, valioso humanista y relevante letrado. Sobresaliente sin duda es, asimismo, Pedro Molina, médico y escritor, destacado prohombre del liberalismo, ágil periodista, y como estos, muchos otros universitarios que otorgaron su aporte para el logro de la independencia política. La universidad de San Carlos llegó pues al final de la época colonial, como centro principal de estudios en el Reyno de Guatemala y como fuente de ideas y acciones republicanas. * Historiador Exdirector de la Escuela de Historia. Fragmento de la edición conmemorativa del tricentenario de la Universidad de San Carlos (1676-1976).

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La meced Luis Rocha Urtecho*

omenzando la noche del 1 de noviembre de 1967, se apareció Juan Aburto en la casa que Mercedes y yo habitábamos en el Barrio Monseñor Lezcano, inusualmente en taxi, ya que me llevaba de regalo una hermosa mecedora de madera de caoba, respaldar y asiento de junco, pues al día siguiente sería mi cumpleaños. Fue un regalo espléndido, pues buena falta nos hacían muebles. La mecedora lucía cómoda y eterna, como efectivamente lo es, y destacaba por sí sola, con vida propia, escuchando todo con atención y, al mecerme, facilitándome reflexiones y sueños. Ahora que la publicación del Centro Nicaragüense de Escritores, EL HILO AZUL, me pide una colaboración sobre Juan, lo evoco como perteneciente a la sección de “Mi personaje inolvidable”, de la revista “Selecciones”, y lo primero que hago es pedirle su apoyo a la mecedora para recordarlo mejor, acomodándome en ella con la sensación que lo hago en los tiempos del hilo azul, a los que el propio Juan pertenecía. Ya balanceándome al compás del tiempo, no estoy seguro si aquella noche Juan la llevó a la casa de Monseñor Lezcano, donde gozábamos de la vecindad del gran Chepe Chico Borgen, amigo noble y leal de todos los bohemios que en Nicaragua han sido y, por lo tanto, de todos nosotros, pero en especial de Juan Aburto Díaz. Repito que no tengo la certeza de lo que dije, porque Mercedes afirma, como palabra de Dios, que la mecedora la llevó a otra casa que alquilábamos en el barrio Altagracia. Por lo tanto, no pongo mi mano al fuego por sostener lo que afirmé al comienzo de esta historia, porque además no es la exactitud, o la certeza, las que podrían dar mérito o demeritar la existencia de esta mecedora, pues ella, esto sí es un dogma, ha estado en cuantas casas hemos habitado, y sentado en ella en este momento, en nuestra finca “Extremadura”, trato de hilvanar los hechos. La mecedora, a lo mejor agradecida por lo que digo, sigue funcionando, y me traslada a cuando el poeta Octavio Robleto -probablemente el discípulo predilecto de Juan- nos convocaba a esperarlo en la esquina del Banco Nacional. Cayendo la tarde etílica, Juan emergía por la puerta principal, funcionario a carta cabal, pulcro como lo fue siempre, de corbata, y al vernos asumía la ansiedad de un pájaro. El vuelo sensible, sensitivo, espiritual y espirituoso se iniciaba en aquella esquina hasta entrada la noche. Andando, conversando o discutiendo de literatura, recorríamos las consabidas estaciones –célebres cantinas para nuestra breve posteridad- de Juan Culón, El Barranco, La Pecera, El Gato Abraham, Cachecho, El Negro Williams, Agripito, Canizales y La Conga Roja, prostíbulo de mala muerte -finis terrae- donde solo llegábamos a terminar nuestro

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dora

Foto: Luis Rocha Urtecho

recorrido hablando de poesía, charlatanería, por la cual estuvimos a punto de estar involucrados en un hecho de sangre, pues cuando ocurrió un crimen, y vino la investigación, “las muchachas” nos exoneraron a conciencia, diciéndole a la policía que éramos unos maricones inofensivos, que no solo no las tomábamos en cuenta, sino que nos la pasábamos hablando de hombres, como unos tales Vallejos, Daríos y Joaquines Pasos. Fue en los tiempos en que Roberto Cuadra tuvo una amante circunstancial, llamada Minerva, a la que Juan con afecto apodó “la ni mierda”. A mí me decía Rochita, y Rochita está en las dedicatorias de sus libros y en la de su cuento “El Gato”. Cuando podíamos, salíamos de la ciudad. Esto ocurría cuando mi padre Octavio Rocha, me dejaba los fines de semana su Jeep Willys. Casi siempre íbamos, a “cualquier parte” la misma pandilla: Juan, Edwin, Roberto, Octavio, Beltrán y a veces Manolo Morales y Raúl Elvir. A Sergio Ramírez, por supuesto joven correcto en malas compañías, lo llevábamos a su Masatepe natal, y no pocas veces pernoctaba en casa de mi padre, para al día siguiente proseguir a León. Ya a campo abierto, la nariz de Juan Aburto hendía el aire puro y sus ojos escrutaban todo el

La mecedora, a lo mejor agradecida por lo que digo, sigue funcionando, y me traslada a cuando el poeta Octavio Robleto -probablemente el discípulo predilecto de Juan- nos convocaba a esperarlo en la esquina del Banco Nacional. Foto: Archivo

Juan Aburto, donante y mecedor; hombre de madera y movimiento.

paisaje. Se empapaba de la naturaleza y sus lejanías. Se sumergía en los ojos de los demás. A este examen detallista atribuyo que fuera un cronista acucioso, con una prosa cautivadora; testimonio de hechos y costumbres, sobre todo de nuestro mundo urbano. Creo que es uno de los mejores narradores de Nicaragua. Mientras me mezo lo veo a mi lado en el asiento derecho del Jeep, indestructible y permanente -en prosa y espíritu-, como esta mecedora que me regaló, y lo diviso bajándose feliz del taxi, para entregármela con imborrable fraternidad: “Rochitá, aquí te traigo.” Coincidimos, Mercedes y yo, en no estar seguros si aquella noche de 1967 Juan llegó acompañado de Edwin Yllescas y Roberto Cuadra, o de Josecito Cuadra y Octavio Robleto. A mí me parece que de los cuatro, y que Juan estaba un poco nervioso y hasta inhibido por nuestras muestras de agradecimiento. Fue así como, en uno de sus frecuentes actos de ilusionismo, desapareció, pues Juan siempre aparecía y desaparecía cuando quería. Me parece recordar que al desaparecer Juan, decía Josecito que Juan no tenía historia, y Octavio Robleto agregaba que era la historia viva de toda la literatura nicaragüense, desde Rubén Darío, Alfonso Cortés (a quien visitábamos en el manicomio), pasando por contemporáneos suyos, como Fernando Silva, hasta nosotros, los de la generación del 60, en ese tiempo “nuevecitos”. Un ser inmemorial cuyos años –según Josecito- se podían contar por los hincones que para captar la atención de sus interlocutores, daba con su anular, insistentemente, “en el pobre pectoral ya perforado por la frecuencia, del pobre Josecito”, al tiempo que respaldando lo que afirmaba o preguntaba, acompañaba cada hincón con un: “ve, papitó”, clásica muletilla suya, de singular afecto. Juan siempre estuvo casado con Gracia, probablemente la mujer más tolerante del mundo, digna de un monumento centroamericano, y tuvieron cinco hijos: Juan (q.e.p.d.), Alfonsina, Gilda, Eunice y Margarita, -el “chino o el “chinito”- nuestra adorable ahijada con el Síndrome de Down, por lo que Juan se refería a ella como venida de Oriente. De manera que Juan y Gracia, padres del chinito, y Mercedes y yo, somos compadres. Mercedes, con su prurito de precisar lo acontecido, dice que la mecedora me la regaló Juan poco después de haber sido padrinos de Margarita, quien nació en 1965, y yo digo que fue en 1967, que la trasladó desde su casa, en la periferia del Mercado Oriental, hasta nuestra casa, ya sea en Monseñor Lezcano o Altagracia, y entonces concede como posible que el bautizo haya sido dos años después del nacimiento de Margarita, en 1967. También es probable que la mecedora Juan la trasladara desde la carpintería en que la hicieron, con tan especial esmero y calidad, que es siempre una mecedora de abolengo. No importa cómo exactamente haya sido, pero sí que hasta nuestros días la mecedora es un nexo familiar. Un vínculo profundo que habla de permanencia, y también de lo inexorable. No tiene menos de 46 años de haberme sido obsequiada y acompañado a todas las casas en las que hemos vivido y hoy vivimos. Era y es mi asiento predilecto, y como mecedora principal, la primera que con orgullo ofrecíamos a visitantes queridos y mayores, como el P. Ángel Martínez Baigorri,S.J., Pablo Antonio Cuadra o José Coronel Urtecho. En ella se han sentado y mecido Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz y José María Valverde, entre otros, a quienes por supuesto contamos su historia, y era y es como si Juan Aburto estuviera tras ella, como efectivamente lo está en este momento. * Poeta nicaragüense

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A 16 anos

del gol del Pin Plata a Brasil

Bryan Anton an pasado 16 años del juego de la fase de grupos de la Copa de Oro en 1998, y todavía no se ha olvidado el gol de Juan Carlos Plata en encuentro contra Brasil. El Pin, experto cabeceador, logró figurar en la historia del futbol al conseguir el tanto de la igualdad (1-1) ante los sudamericanos. Once chapines vestidos de azul y blanco saltaron al césped del estadio Orange Bowl, con la ilusión de enfrentarse a la mejor Selección del mundo y dar lo mejor de sí, tal vez la victoria, según se pensó, era mucho pedir, pero se sabía que nada era imposible. Al minuto 78, la verdeamarelha ya ganaba con gol de Romario, quien de tiro penal anotó la única diana de los brasileños. Nuestros compatriotas no se dieron por vencidos y al 93 en las postrimerías del encuentro apareció un experto del gol, (Plata), quien con un certero cabezazo venció a Claudio Taffarel, luego de un tiro de esquina de Martín Machón. Las destrezas desarrolladas desde niño del artillero rojo hicieron que en ese cotejo buscara un espacio justo y perfecto para poder pegarle con la frente y enviarla al fondo de la red. Con 411 tantos a lo largo de su carrera, el máximo goleador del país, se retiró del futbol en 2011, después de darle una de las mayores alegrías a la Entre el primer gol, el número 400 y el último, a Juan Carlos Plata se le recuerda el que le marcó a Brasil, en la Copa Oro en 1998.

Alineaciones Guatemala 1. Édgar Estrada 2. Érick Miranda 3. Nelson Cáceres 4 German Ruano 6 Iván León 19 E. Valencia 5 Jorge Pérez 7 Juan C. Plata 8 Claudio Rojas 10 Juan M. Funes 11 Martín Machón DT. M. Á. Bríndisi

Brasil 1 Taffarel 3 Junio Baiano 4 M. Goncalves 6 Junior 2 Zé María 5 Mauro Silva 8 Flavio Conceicao 9 Zinho 10 Denilson 7 Edmundo 11 Romario DT. M. Lobo Zagallo

afición guatemalteca, puesto que a quien le anotó fue a los artífices del progreso de este deporte en el mundo.

Empate de oro

Ese resultado está entre las estadísticas de los juegos en que el combinado amarillo y verde no ha podido triunfar, ha solventado 18 juegos con las selecciones de Centroamérica de la cual ha salido derrotado (0-3) con los costarricenses en 1960, empató (0-0) ante Honduras en 1995, y perdió (0-2) en el 2001, en 1998 niveló (1-1) con Guatemala, el resto han sido victorias (14). En el 2005 en la era de Ramón Maradiaga, la bicolor se enfrentó en Sao Paulo a Brasil y salió vencida 0-3.

Su capacidad al driblar, el regate, fino conductor con la pelota pegada al pie, hicieron del Pelusa, un jugador sin igual.

Magia de Maradona en el Mateo Flores Comunicaciones se ha dado el lujo de enfrentar a equipos de renombre, entre los que destacan, el Santos, de Pelé, en 1959, el Real Madrid de Alfredo Di Stefano, en 1961, pero el que quizás más se recuerda es el encuentro contra Boca Juniors, el 27 de enero de 1982, donde Diego Armando Maradona anotó el gol del triunfo para los Xeneizes (1-0). En 1986 el astro fue campeón en el Mundial de México. Los albos estaban en uno de sus mejores tiempos, eran los campeones del futbol nacional. Boca hacía su tour de amistosos por Asia y Centroamérica, antes había disputado cinco cotejos, los aficionados asistieron con algarabía al Estadio Mateo Flores para observar cómo el mejor jugador de todos los tiempos hacía magia en el Coloso de la zona 5. Los amantes del balompié de esa época no se resistieron para abarrotar el recinto y ver cómo Diego marcaba al minuto 46 la única diana, tras un zurdazo desviado que se coló en el palo del portero crema Ricardo Jerez Hidalgo.

Los planteles

Las 22 elegidos por ambos equipos para solventar el histórico duelo, fueron por Boca: Pantera Rodríguez, Hugo Alves, Ruggeri, Mouzo, Cacho Córdoba, Benítez, Krasouski, Trobbiani, Gareca, Maradona y Matuszyckz, mientras que en los blancos lo hacían: Jerez; Pérez Monge, Wellman, Ortiz Obregón y Rivera; Bolaños, Fernández y Sánchez; Méndez, Ramírez y Pérez.

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Foto: Archivo

Proyeccion de la opera

Rusalka María Mercedes Arce

añana a las 12:00 se proyectará esta obra en el Teatro Dick Smith, del IGA, ruta 1, 4-05, zona 4. Admisión: Q130. Es una obra en tres actos con música de Antonín Dvorák y libreto en checo de Jaroslav Kvapil (1868-1950). Fue estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901. El nombre de la ópera proviene de la mitología eslava, en la cual Rusalka es un espíritu del agua que vive en lagos o ríos. Es una antiquísima figura de los cuentos de hadas. Aparece en la literatura europea ya en el año 1387, en los poemas del trovador francés Jean d’Arras, en versos posteriores la encontramos como sirena, ondina o melusina. Como las ninfas y las ondinas, Rusalka es un espíritu elemental, ligado con el cuerpo y la sangre al reino de los hombres, pero también a causa de su falta de alma, al mundo de los espíritus. Su anhelo es convertirse en ser humano y poder amar como

una mujer terrenal, hasta el precio del sufrimiento y de la muerte. El compositor, que siempre se interesó en las historias de Erben, leyó el libreto. El deseo más grande de Dvorák era lograr un éxito rotundo con una ópera. Comenzó a componer la música el 22 de abril de 1900 y la completó para finales de noviembre de ese año. Sería su mejor obra dramática y merece un lugar entre las mejores óperas de todos los países. El ambiente mágico del primer y último acto está maravillosamente conseguido la sensibilidad para un verdadero arte popular. Cuenta con melodías de una belleza pura y conmovedora. Se sabe que, para componer esta ópera, se retiraba todos los días durante horas junto a un lago solitario en el bosque. Dvorák se valió de todos los recursos estilísticos de la moda en aquella época, el desarrollo clásico, la técnica del leitmotiv, las formas del lied y del aria, todos ellos se sintetizan de manera armoniosa para ofrecer una mezcla interesante de los modismos de la música impresionista y tintes del expresionismo. Algunas arias son en efecto similares a las melodías folclóricas, hay armonías típicas de la música checa.

Escena de esta ópera de Dvorák interpretada por el Metropolitan Opera de Nueva York.

Viernes 8 Cuentos de Joyabaj Autor: Francisco Méndez Editorial: Tipografía Nacional ISBN: 978-9929-560-06-2 Las palabras tienen cargas eléctricas y en la violencia de su choque se produce el fenómeno que solemos llamar literatura. Francisco Méndez lo sabe y de ahí su obsesión y su maestría para configurar cuerpos textuales de extraordinaria brillantez. Tradicionalmente, la crítica lo coloca como uno de los tantos escritores guatemaltecos que se adhieren a la corriente criollista indigenista y folclorista que caracteriza a la literatura latinoamericana. Sin embargo, su talento y el de algunos miembros de su generación sobrepasan las etiquetas: son ellos quienes terminan de asimilar los postulados de la vanguardia artística que emana de Europa.

Viaje en Italia

Se proyectará hoy a las 18:00 en el Instituto Italiano de Cultura, 16 calle 2-55, zona 10, la cinta de Roberto Rosellini. Esta película marca el punto de partida de la modernidad cinematográfica. El guion fue escrito por el propio director, Vitaliano Brancati y Antonio Pietrangeli. Entrada libre.

Sábado 9 Huipiles e historia

Hoy a las 14:00 se inaugura la exposición de las obras creadas por Lena Bartula, que utiliza huipiles contemporáneos como metáfora para hablar de la historia de las mujeres, del 3 al 15 de febrero de 9 a 17 en el Museo Ixchel del Traje Indígena, 6a. calle final, zona 10, Centro Cultural UFM.

Domingo 10 Toy Story en el país de los sin-ceros Adaptación y Maestro Miguel cuevas, se presenta en temporada para niños hoy en la Sala Manuel Galich de la Universidad Popular, 10a. calle y 10a. avenida, zona 1, a las 11:00. Admisión: Q40.

Somos el tiempo que nos queda Autor: José Manuel Caballero Bonald Editoral: Austral ISBN: 9788432248351 El autor ha dicho que el presente volumen “recoge prácticamente todos los poemas que he publicado en libros hasta el día de hoy, a partir de la mitad justa del siglo XX y contando con las debidas lagunas. Estimo que el resultado obedece, sin ambages, a la movilidad última de mis ideas poéticas. En cualquier caso, los textos que aparecen en este volumen son, hoy por hoy, los que yo deseo que constituyan mi obra poética completa”. En esta nueva edición de Austral se incluye el último poemario de Caballero Bonald, La noche no tiene paredes, donde la celebración de la vida y la melancolía ante el paso de los años, antídotos y venenos de la memoria, actúan como desencadenantes de la poesía, que aquí se sustenta en una alianza entre romanticismo y surrealismo.

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Revista Viernes Año I. No. 22  

La Revista Viernes del Diario de Centro América para el 7 de febrero de 2014.

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