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Era una fría mañana de invierno. Todo el bosque se encontraba bajo el abrigo de la blanca escarcha nocturna. Apenas empezaban a salir los primeros rayos de sol y ya se iban derritiendo los finos filamentos de hielo. El bosque parecía un gran arcoíris de brillos. Los rayos del sol, reflejaban al incidir en las gotas bellos colores, que hacían parecer que el bosque se movía.


Podías ver, como en las hojas, las pequeñas gotas de agua se deslizaban apresuradamente para llegar al suelo. En un momento de esa estrepidante carrera, una de las gotas exclamó: -¡Yo no quiero seguir corriendo! -¡Estoy cansada de seguir a las demás gotas! Otra gota respondió: -¡Es nuestra vida, no podemos estar solas!


La pequeña gota, con gesto de enfado y voz muy serena contestó: -Nos pasamos la vida haciendo lo mismo. Primero me convierto en hielo, luego me derrito para caer al suelo, me vuelvo a evaporar para que la escarcha de la noche en hielo me vuelva a transformar. -¡Es un aburrimiento! Exclamó la pequeña gota.


Mientras las demás gotas continuaban con su carrera hacia el suelo, Gota miraba impaciente sin poder hacer nada. De repente, se le ocurrió una idea: -Me dejaré caer al suelo y antes de que el Sol me seque, intentaré llegar a ese charco cercano. Cuando estaba en el borde de la hoja, un pequeño viento la arrastró hacia otro lugar.


-¿Qué haces? – Preguntó Gota. -¡Soplar, ese es mi trabajo! - dijo Viento. -¡Por tu culpa no he podido llegar al suelo! exclamó Gota. -¡No es mi culpa, yo no sabía lo que querías hacer! ¡ Eso se dice antes! – exclamó Viento. -¡Vale, lo siento! , ¿ Me podrías ayudar? preguntó Gota. -¡Si me dices lo que quieres, lo intentaré! respondió Viento.


Gota, comenzó a contarle todo lo aburrida que era su vida y, que ya no aguantaba más. Le contó que quería conocer el mundo, ver los ríos, los mares, etc… Pero no sabía ni cómo ni por dónde empezar. Viento, conmovido por las palabras de Gota, decidió ayudarla. Gota, entusiasmada, aceptó la proposición sin dudar.


En ese momento comenzaron su viaje. Viento le iba contando a Gota todo lo que hacía y ésta, estaba asombrada. Pensaba que ella también quería ser así y hacer todas las cosas tan divertidas que hacía Viento. Tras un largo recorrido, decidieron hacer un pequeño descanso. -¡Esto de soplar todo el día resulta agotador! – exclamó Viento.


Mientras descansaban, Viento le contaba a Gota por todo lo que había pasado para llegar a ser un viento suave. -Primero, fui viento de molinos, movía sus aspas para hacerlas girar; después, fui viento de mar, ayudaba a los barcos a navegar y …. Bueno, al final logré ser lo que realmente quería.


-¿Y tú qué quieres ser? –preguntó Viento a Gota. -Me gustaría ser la nieve de las montañas, para desde lo alto divisar a todos los ríos y lagos que de mí se formarán. –exclamó Gota. -Pues eso es fácil. Ves aquellas montañas, que rozando el Sol están, cuando pasemos cerca de ellas, allí te quedarás. – dijo Viento.


Tras un breve descanso, prosiguieron su camino. Las montañas de nieve estaban cada vez más cerca y Gota se ponía tan nerviosa, pues sabía que en un abrir y cerrar de ojos estaría en la cima de la montaña. Dicho y hecho. Viento dejo caer a Gota muy suavemente en lo más alto de la montaña. Se sentía tan feliz. Estaba donde siempre había querido. Su sueño se había hecho realidad. Con una gran sonrisa, Viento y Gota se despidieron.


Alumnos de 6ºB del CEIP SAN ILDEFONSO DE CAMPONARAYA

AUTORES: Sara Arias González, Cristian De La Fuente, Alberto Carrete

España, Laura Falagán Miguélez, Miguel García Alonso, Lucía López Rodríguez, Mario Montero Rodríguez, José María Murias Mengual, Sergio Pereira Méndez, Julio Rey Linacero, María Rodríguez Darriba, Paula Rodríguez Domínguez, Adrián Touzón Arias, Aitor Vizcaya Ardura.


La historia de viento y gota [modo de compatibilidad]