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Erase una vez un chico llamado Iker. Era alto, de pelo rubio, ojos verdes y sobre todo lo que más le gustaba era la Jungla y los animales.

Un día, paseando por la calle, vio un cartel que decía: “Campamento en la Jungla. Solo 200€. Disfrutarás de unos días en plena naturaleza.”

No se lo pensó dos veces y, se fue rápidamente a casa a preparar el equipaje. El dinero lo tenía que entregar a un señor que estaría vestido de azul en la puerta del aeropuerto. Le pareció un tanto extraño, pero bueno, la Jungla era la Jungla.


Sentada, al lado del asiento de Iker, había una chica con el pelo negro, ojos castaños y no muy alta. ¡Hola, me llamo Iker!, ¿y tú? – Le preguntó. Me llamo Elia, contestó. Iker preguntó de nuevo: ¿Tú también viajas a la Jungla? Ella respondió: sí. ¡Podríamos ir juntos! Exclamo Iker. Ella, con una sonrisa en la boca, contestó: ¡Pues claro que sí!


En cuatro horas aterrizaron y se dirigieron al campamento. Iker y Elia decidieron compartir cabaña. La cabaña no era muy grande, pero tenía todo lo necesario para subsistir. De repente, Iker gritó sorprendido: ¡Literas! ¡Me encanta dormir en literas! Elia se sorprende. Mientras colocaban sus cosas, escucharon una voz que decía: ¡A cenar jóvenes aventureros! Degustaron el plato más típico: salchichas con salsa de guacamole. Tras una estupenda cena, todos se sentaron alrededor de una hoguera y contaron historias hasta bien entrada la noche.


Al día siguiente, muy temprano, se adentraron en la Jungla con el afán de explorar todo cuanto pudieran. Se encontraron con unas flores rarísimas, jamás las habían visto. Elia le pidió a Iker que se detuviera un momento para sacarles una foto. Cuando se dieron cuenta, el grupo se había marchado sin ellos. Estuvieron durante horas buscando al resto del grupo. Ya casi anochecía y decidieron buscar un sitio, cerca del río, para acampar. De esta forma tendrían agua para beber. No tenían nada de comer. Iker se metió en el río y pescó un pez para la cena. Después encendió una hoguera para poder cocinarlo. Tras cenar, se quedaron dormidos al lado de la hoguera hasta el día siguiente.


Por la mañana, con los primeros rayos de sol, decidieron seguir el curso del río creyendo que les llevaría hasta el pueblo. Así fue. Gracias a su perspicacia, llegaron al pueblo. Justo en la plaza, se encontraron con su grupo. Estaban muy preocupados, pues no sabían nada de ellos desde el día anterior. Todos juntos regresaron al campamento. Al día siguiente, volvieron a la Jungla. Caminaron durante horas y cuando se disponían a descansar un poco, se encontraron con una cueva. Lejos de tener miedo, se adentraron en ella. Dentro se encontraron con un pequeño osezno lleno de heridas. Iker lo recogió y decidieron llevarlo al campamento.


Dentro se encontraron con un pequeño osezno lleno de heridas. Iker lo recogió y decidieron llevarlo al campamento. Cuando llegaron, le dieron de comer y curaron sus heridas. Caía la noche, y por todo el campamento se escuchaba el gruñido de la madre del pequeño oso. Iker y Elia sabían que tenían que dejarlo libre, que regresara con su madre. Así lo hicieron. Con lágrimas en los ojos, vieron como el osito se alejaba en busca de su madre.


Todos en el campamento se quedaron muy tristes con la partida de oso. Para animar a los muchachos, el guía del campamento, les propuso visitar un lago en el que, según los lugareños, cuando anochece, los peces brillan y llenan el lago de colores. Era una noche fría y todos estaban temblando. Se escuchaba el ruido de los grillos y los aullidos de lobos a lo lejos. Tenían tanta curiosidad por ver los peces que no les importaba el frío. Tras caminar durante media hora en una noche extremadamente oscura, llegaron por fin al lago. Era como si el arco iris estuviera en el agua. Todos se quedaron sin palabras ante tanta belleza. Exclamaban: ¡Son preciosos! ¡Qué colores tan maravillosos!


Cuando regresaban al campamento, escucharon un ruido un tanto extraño. El guía gritó: ¡Escuchad, es como… una pelea de animales! Iker, se adelantó para intentar ver qué podía ser, pero de repente, casi sin darse cuenta, se cayó en un agujero. Todos se asustaron mucho pensando que le pudiera ocurrir algo. Cuando al fin salió, solo tenía una pequeña herida en una rodilla. El guía exclamo: ¡Qué susto nos has dado! Iker sonrió. Continuaron su camino hacia el campamento sin más sobresaltos. Por la mañana les esperaba otra emocionante aventura.


La nueva aventura sería cazar algún animal. El primer animal con el que se encontró, fue un enorme león, que al verlo bostezar y observar sus dientes como cuchillas se le quitaron las ganas de capturarlo. El segundo animal que intentó cazar fue un hermoso pájaro, con plumas de vivos colores y un hermoso cantar. Trepó sigilosamente por el árbol, pero el pájaro cuando lo vio, levanto el vuelo. Cansado después de tantos intentos, decidió sentarse al lado de una roca para descansar. Cerca de la roca había un palo un poco extraño. Era amarillo y alargado. Iker lo cogió pensando que sería un buen bastón para caminar. Al cogerlo, se dio cuenta de que era una serpiente, lo soltó y salió corriendo.


Decidió volver al campamento. Estaba cansado y no quería seguir cazando. De regreso, entre unos árboles, vio unas extrañas sombras que se movían muy despacio. Intentó averiguar de qué se trataba, pero cuando se acercó, las extrañas sombras desaparecieron. Siguió su camino de regreso al campamento. Cuando llegó, fue directo a la cabaña a buscar a Elia y contarle todo lo que había sucedido. Abrió la puerta, la llamó, pero ésta, no contestaba. Faltaban dos días para volver a casa y los muchachos estaban tristes pensando que era una pena dejar el campamento con lo bien que se lo habían pasado.


En la reunión matinal del campamento, les dijeron que habían encontrado un perro. Preguntaron quién lo podría cuidar mientras estuviera en el campamento. Iker enseguida levanto la mano y exclamó: ¡Yo lo cuidaré! Era un perro con ojos marrones y pelo blanco como la nieve. Decidieron llamarle Nieve por ese motivo. Lo llevaron a la cabaña, lo limpiaron y le dieron de comer. Era estupendo tener un perro como mascota. Tras un largo día de juegos, cenaron y se acostaron pronto ya que mañana debían madrugar. Regresaban a casa. Mientras los primeros rayos de luz entraban por la ventana, Nieve ladraba para despertar a Iker y Elia.


Iker y Elia se sentían muy apenados por tener que marcharse, y sobre todo, por dejar a Nieve allí. Recordaban todas sus aventuras y lo mucho que habían disfrutado. Se disponían a marcharse, cuando de repente, el guía del campamento, les preguntó si a alguno de los dos le gustaría quedarse con Nieve. Los dos chicos sonrieron e Iker exclamó: ¡Yo estaría encantado! Una gran emoción inundó todo el cuerpo de Iker. Había ido solo al campamento y ahora se llevaba a dos amigos: Elia y su perro Nieve.


AUTORES: Sara Arias, Pablo Carballo, Cristian De La Fuente, Alberto España, Laura Falagán, Miguel García, Lucía López, Mario Montero, Sergio Pereira, Julio Rey, María Rodríguez, Paula Rodríguez, Adrián Touzón, Aitor Vizcaya y Micael Verdeal.

Alumnos de 6ºB. CEIP San Ildefonso de Camponaraya.


El viaje de iker