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BREVE PORTFOLIO DE PERIODISMO EVA DIZ Periodista, especializada en SEO Social, marketing online y estrategias en redes sociales.


Columnas de opinión

Hipoteca - dos Comprar un piso en Vigo es un lujo sólo al alcance de un sueldo de 2.000 euros y contrato fijo de por vida. Pero al currito de a pie, que calza ya sus treinta y pico años y se apaña con unos mil euros al mes, no le salen las cuentas más que para un alquiler o una hipoteca de esas que te aprietan el cinturón hasta dejarte sin aliento. Pero, aún así, tampoco. A menos que, puestos a tomar decisiones, uno se líe la manta a la cabeza y se empareje. Y es que los nuevos matrimonios del siglo XXI se casan por el banco, y no por la Iglesia ni el Juzgado, porque así está escrito en la biblia del ladrillo. Más que compartir amor, lo suyo es compartir gastos, y si la cosa sale bien, estupendo. Dos pichoncitos que encuentran su nido de amor y lo pagan con el sudor de ambas frentes. Pero si sale mal, en el mejor de los casos, se vende el matrimonio hipotecado a otros dos a los que se les desea más suerte y se vuelve uno, a los cincuenta, a casa de sus padres, sin piso, sin alquiler y sin novio. Pero libre de hipotecas, al fin y al cabo.

Mentirijillas He descubierto un pasatiempo fantástico para aprovechar al máximo las terrazas en estos días de sol ‘veraniego’. Basta tener a mano un par de periódicos o una radio para jugar. La historia consiste en descubrir las mentirijillas que nuestros políticos nos van soltando con la promesa de que algún día todo será maravilloso. Hay ejemplos para aburrir, y algunos son de libro. Ahí está lo de hoy, que nos almorzamos con la noticia de que han realojado a los vecinos de la depuradora porque, ¡hace dos semanas!, se estropeó un reactor y, ya hartos, denunciaron que el olor era insufrible. Dos semanas llevan tratando de repararlo y, según los cálculos infalibles del alcalde, podría tardarse otras dos... ¿Verdad o mentira? Habrá que esperar para verlo. Lo que sí es cierto es que la próxima vez que los vecinos quieran denunciar tal vez no puedan hacerlo porque esos efectivos policiales que el nuevo Gobierno municipal iba a incorporar, más bien desaparecen... Cualquier día de estos descubrimos que los concejales también son de mentira.


Será maravilloso Viajar en Metro hasta Navia, subir bajo tierra por la Gran Vía sin tener uno que hacer el esfuerzo de llevarse la vida a cuestas... podría ser un sueño hecho realidad, si la Xunta cumple su promesa. Invertirá 200.000 euros en estudiar la viabilidad del proyecto y los vigueses podremos olvidar por fin los odiosos atascos que le agotan la paciencia a cualquier santo. Desde luego que para disfrutar de este medio de transporte tan de moda, que nos equipararía a ciudades como Bilbao o Valencia, tendremos aún muchos años por delante para volvernos locos un rato buscando aparcamiento en el centro, pagando las multas de la doble fila o haciendo pierna de un lado a otro de la ciudad. Pero si al final la cosa cuaja, viviremos de lujo. Eso seguro. Y aunque me pierde la ilusión y una ya se visualiza esperando en el andén el flamante tren que la llevará de vuelta a casa, a cubierto de la lluvia, me reservo las dudas de que llegue el día en que nos podamos subir a un vagón que no sea un regional de Renfe. Dada la tendencia histórica de esta ciudad a quedarse a medias en casi todo, bien podría suceder que al final tengamos que conformarnos con unos viajecillos en el tren turístico a orillas de la ría.

¿Merece la pena? Hay una frase con la que todo padre remata sus conversaciones cuando habla de los hijos. Todos coinciden en que sí, te cambia la vida, que si el pediatra, los libros de texto, que ya no sales como antes, que tienes que pensar más en el dinero y, cómo no, hacer encaje de bolillos para compaginar trabajo, familia y amigos. Y, sin titubear, al instante, añaden: pero merece la pena. Bien, nadie lo duda, pero parece que algo no marcha como debería. Cada vez más padres en Vigo apuntan a sus hijos al servicio de desayuno en los colegios porque no pueden atenderlos. O lo que es lo mismo: los padres trabajan como mulas para darles a los críos todo lo que pueden y los críos, en consecuencia, se pasan horas y horas encerrados en sus colegios, desayunando, aprendiendo, comiendo y, si nos descuidamos, hasta cenando. Una pena.


Vigo is different Estoy casi convencida de que Vigo es la primera ciudad que puede presumir de que su alcalde, personalmente, controlará a los funcionarios que se dejen la luz del despacho encendida para ahorrar en la factura eléctrica del edificio del Concello. Una vez más, somos pioneros. Igual que con el botellón. Mientras los regidores del resto de las grandes urbes gallegas pierden el tiempo reunidos para buscar una solución, el nuestro está de vuelta y media: aquí ya tenemos un revelador documento en el que el Valedor constata que sí, que los jóvenes beben en la calle y mucho, y que se meten de todo, mucho también. En Vigo hace meses que estrenamos botellódromo en la praza da Estrela y discotecas light a las que uno puede entrar ya pasado de copas a las cinco de la tarde. Está claro, vamos muy por delante, pero que nadie se confunda: la frase «el último, que apague la luz» se dice desde mucho antes de que existiera Fenosa y los chavales que ahora beben en los parques son los nietos de los que lo hacían en las verbenas, los mismos que ahora no pueden dormir. Vigo no es tan different como quieren hacernos creer.

...y tiro porque me toca Hay cosas que nunca cambian y, en esta ciudad, se ha convertido en costumbre eso de encargar informes hasta para estornudar. El lunes se derrumbó un muro en pleno centro que estuvo a punto de cobrarse las vidas de tres obreros y todavía hoy no se conocen las causas del tremendo susto. El Concello prometió ayer un informe detallado pero, no sabemos por qué, a última hora comunicó que el caso era «demasiado complejo» como para reclamar otro estudio a una auditoría independiente. Así que habrá que seguir esperando, de informe en informe, sin que ninguno de esos papeles ponga solución a la precariedad.


Paciencia, pacientes El nuevo hospital de la ciudad, ese que llenará de virtudes la sanidad viguesa, tardará menos de doce años en estar en funcionamiento. ¡Doce años...! Y el delegado provincial del Sergas lo anuncia como si, encima, tuviéramos que salir a las calles a celebrarlo. Como si, a día de hoy, no hubiera un hospital que lleva años enfermo, con las arterias saturadas por una demanda que le ha superado en exceso, y para el que nadie ha encontrado cura ni remedio ni solución de continuidad. Para aliviar la impaciencia, aseguran que esta nueva macroinfraestructura de la salud se hará de rogar menos que la de Lugo. Pero allí llevan aguardándola más de una década (desde 1996), y todavía les queda, al menos, hasta 2008. Demasiado tiempo para los pacientes de la mayor área sanitaria de Galicia, a los que no les queda más consuelo que el de pensar que esperar meses y meses por una consulta para el especialista es un mal menor y uno aún da gracias si la cosa no se pone más fea. Por paciencia que no sea. Si el futuro hospital se hace esperar, lo mínimo que se le puede pedir es que funcione como es debido. Y mientras tanto habrá que poner algún parche –método muy recurrido– que resuelva este mal que acaba con la salud y agota la paciencia.

Regalos con mal gusto Desde luego que hay formas más ‘populares’ de poner en servicio una obra por la que esta ciudad llevaba años esperando… y Fomento lo sabe de sobra. Vigo estrenó segundo cinto, con nocturnidad y a golpe de lunes. Casi de estrangis. El Ministerio se adelantó a la Navidad, dejó caer su regalo sorpresa en el Ayuntamiento y pilló a la alcaldesa desprevenida, sin traje para la foto ni pancarta de protesta. Lo demás estaba dentro de lo previsto: se armó una pataleta, se despertaron todos los demonios y a los vecinos se nos aguó la fiesta. Una pena. Pero no se pierdan en lamentos y prepárense bien para el próximo agasajo, porque antes de terminar el año, el Gobierno local nos dará el suyo. Y no lo traerá en camello, como es costumbre, sino en Vitrasa, con billete a precio de lujo. Así que, para recibirlo sin sobresaltos, lo mejor será resignarse y rascarnos el bolsillo. Porque ya se sabe que estos regalos los pagamos todos.


Están ustedes invitados Al final, todas aquellas promesas de sacarle brillo a las parroquias de Vigo parece que se ha quedado en un quiero y no puedo. Cuando uno ya empezaba a imaginarse su barrio, tan lindo y de estreno, con amplias y lustrosas aceras, carreteras asfaltadas y alcantarillas en condiciones... pasó lo que aquí, por norma no escrita, siempre pasa. Cinco horas de pleno, con más de 20 grados en el exterior, hacen que la gente se tense, las neuronas se calienten y los políticos pierdan el norte ( y, a ratos, incluso el sur, las maneras y el sentido común). Entonces es cuando todo vale y nada importa, cuando arreglar una calle o acondicionar una nueva zona de aparcamientos no es más que un arma para amenazar al contrario. Algo así como una forma de decir «aquí estoy yo, porque yo lo valgo» y, al que no le guste que no vote. Sin embargo, un consejo: los que quieran ganar las elecciones y hacer ciudad, primero que la conozcan. Están todos invitados.

Operación de urgencia El corazón de Vigo sobrevive en riesgo de infarto permanente. Viejo y desgastado, ha pasado sus últimos años en una decadencia perpetua, al margen de todo y olvidado por todos. Y aún sigue así, moribundo entre zarzas, fachadas raídas y escombreras, mientras enormes torres de cemento crecen al borde de la ría sin miramientos y proliferan los maceteros de petunias y palmeras por sus alrededores. Nuestro Casco Vello da verdadera pena, pero ya no queda demasiado tiempo para lamentar sus achaques. Es hora de aprovechar su último soplo de vida para llevarlo a urgencias y colmarlo de cuidados. Eso es, al menos, lo que nos han prometido. Dicen que acicalarán sus calles y sus casas, que las llenarán de sangre joven, de innumerables comercios y de espléndidos bares para que el pulso de nuestra historia vuelva a latir con fuerza. Buenos propósitos de año nuevo, desde luego, aunque habrá que estar mentalizados para sufrir con paciencia la tradicional lista de espera que siempre arrastran las intervenciones urbanísticas en esta ciudad. Quizá con un poco de suerte, dentro de unos años, uno podrá irse hasta allí con la cuadrilla de amiguetes a tomarse tranquilamente unas cañas sin que todo huela a meados.


Hoy aparco gratis Parece ser que no hay nada mejor que tener una actitud práctica para amanecer cada día con una sonrisa y sin complejos ni cargos de conciencia. Vean si no la tranquilidad con que se resuelven las cuitas en el Concello. Que los trabajadores de la nueva y revolucionaria XER (ORA para los amigos) siguen en precario y vuelven a la huelga, dejando sin control la zona azul, mientras los vigueses estacionan como pueden... Pues perfecto, el alcalde dice que hoy se aparca gratis y ya está, todos contentos, tema zanjado y problema resuelto. Si luego los contribuyentes tienen que pasarse horas para encontrar un sitio libre donde dejar el coche y poder hacer unos recadillos sin pasar por caja en un parking, no se admiten reclamaciones. La empresa ya tiene bastante con lavar sus trapos sucios y el Gobierno local con disimular que algo se ha hecho mal en esta concesión. Así que, tomen ejemplo y sean ustedes prácticos: madruguen, pillen una buena plaza cerca del trabajo y no la suelten. Sin cargo de conciencia, que es gratis.

Todo por ser... alcalde Nadie puede negárselo: el chico se lo está currando de lo lindo. Tanto que nuestro querido y hacendoso presidente del Puerto tiene ya más agenda de actos, reuniones y ruedas de prensa que la mismísima Corina ( y eso que a nuestra Excelentísima lo de la foto es algo que le pierde...). Pues bien, a la política de parterres le ha salido un duro contrincante. Abel Caballero ha desplegado todas sus velas y se ha propuesto que el viento sople de su parte en las próximas elecciones municipales. A cambio, con un poco de suerte y gracias a esta tremenda campaña de autobombo, los vigueses quizás consigamos rascar algún metro que otro de un flamante paseo marítimo, un tramito de carril-bici, más pescado fresco del que pescan en A Coruña y seguro que mucho turista despistado que atraca en Vigo pero que va camino de Santiago... Y cuando nos demos cuenta nos tocará elegir: ¿camelias o barcos?


Obras anfibias Ya queda menos. Según el calendario del Ayuntamiento, que no siempre es como el de uno, las sufridísimas obras de ‘humanización’ estarán listas para la salida de la Vuelta al Mundo de Vela, el 12 de noviembre. Aunque me da a la nariz que al publicitado acto habrá que ir en canoa y a remo. Si algún peatón se ha paseado bajo las primeras lluvias de otoño por el renovado entorno de La Alameda, aparte de vallas y demás obstáculos decorativos, seguro que se ha dado cuenta de que alguien ha olvidado un pequeño detalle en ese monumental proyecto: para estar bien por fuera, hay que estar bien por dentro. Y esas calles siguen con las arterias atrofiadas. Bajo la espléndida capa de adoquín milimetrado y maceteros en flor, la red de alcantarillado es un vestigio arqueológico romano que se ha cansado de beber y más bien escupe, tanto, que a uno se le inundan los bajos, la humedad le llega hasta el tuétano y a la piel le salen escamas. Y es que, si para presumir de ciudad hay que sufrir, se sufre, pero sufrir para nada...

El barrio de los ‘errores’ Así es el nuevo Navia. Un conjunto de horrores de cálculo que sus primeros pobladores pagan a diario como un plus de la hipoteca. Un barrio fantasma en el que sus vecinos viven desde hace meses y al que acaban de bautizarle las calles y ponerle el primer autobús mientras en sus jardines aún florecen los escombros. Es triste que en toda la urbanización no haya un centro de salud, un quiosco o un supermercado. Pero lo peor es que para conseguir que esa aglomeración de bloques de viviendas pueda ser mínimamente habitable, los pacientes propietarios tengan que salir una y otra vez a las desangeladas aceras para poner el grito en el cielo. Y, aun así, sigue sin haber buenas noticias. De nuevo se anuncian malos tiempos, fétidos olores y riadas de protesta. Navia sobrevive y avanza con la ilusión de quien ha planeado una vida nueva sobre unos cimientos de estreno, pero, en esta ciudad, donde todo se hace a destiempo, con prisas y a medias, parece que la ilusión nunca es suficiente. Todavía hay demasiados errores de los que arrepentirse.


La culpa es del tiempo Ésta es una excusa como otra cualquiera para explicar que esta ciudad parece haberse vuelto loca de repente. Y, como siempre, la locura nos ha pillado desprevenidos. No es de extrañar, pues, que se achaque la reciente oleada de violencia familiar a la climatología o a las fases de la Luna. Los malos tratos son una lacra que lleva años minando nuestra sociedad, pero, de pronto, hay siete casos en siete días y a todos nos entra la urgencia. Entonces, convocamos a la caballería local y nacional para que unan esfuerzos en la batalla contra los agresores. Y, al final de la cadena, nos topamos con que en los juzgados de Vigo los dramas rebosan: en una misma sala se ven obligados a convivir de nuevo (esta vez bajo el techo de la mismita justicia) maltratador y víctima, familias rotas y delincuentes de tres al cuarto. Todos juntos en un único y mínimo espacio. Entre eso y la llegada inesperada de la lluvia, como para no volverse locos.


Muestra de crónicas realizadas para la agencia de noticias EFE

SUCESOS.- Atracador de bancos a tiempo parcial Jorge E.M. tiene 23 años, es estudiante en la Universidad de las Islas Baleares, trabaja en el sector de la hostelería para sacarse un dinero extra y su historia podría ser la de un chico normal si no fuera porque su tiempo libre lo dedica a atracar bancos, a mano armada. El chaval comparte piso en Palma con otro compañero y de su doble vida solo saben su madre y su hermana, que viven en Portocolom y a las que visita de vez en cuando y envía dinero. Los que lo han visto dicen de él que es un tipo "frío y calculador", capaz de llevar con naturalidad el hecho de tener un revolver Colt en su dormitorio y caminar sin inmutarse con una pistola de descargas eléctrica en la mano. Su sueño, como el de muchos, es construirse una casa -en el municipio mallorquín de Felanitx-, así que, de cuando en cuando, agarra su pistola, se enfunda una gorra y una bufanda y busca un banco al que robar. El primero de los atracos de Jorge que le consta a la Policía Nacional lo llevó a cabo en una sucursal de Mérida, en abril de 2010, de la que se marchó con 12.000 euros. En esa ocasión, no llegó muy lejos: fue detenido y puesto a disposición judicial. Pasó la primavera, los exámenes de junio, empezó la temporada alta y, en julio, Jorge volvió a sacar un poco de tiempo libre: el 21 de ese mes entró en una sucursal bancaria de Sineu y se llevó 14.448 euros. Unas imágenes ponen a la Guardia Civil y a la Policía Nacional sobre su pista pero, mientras las investigaciones siguen su curso, Jorge E.M. continua con su vida, la normal y la que no lo es tanto, y en septiembre del año pasado vuelve a atracar otro banco, esta vez en el mismísimo centro de Palma, en la avenida Comte de Sallent. De nuevo, con 3.000 euros más en el bolsillo, Jorge vuelve a sus libros y a su trabajo, visita a su madre y su hermana en Portocolom y se divierte como cualquier joven de su edad; pero tras un parón de unos tres meses, empieza el 2011 con dos nuevos "trabajos". El 7 de enero entra en una sucursal de Inca, se acerca con su pistola a los empleados y, sin alterarse en lo más mínimo, pide el dinero que haya en la mesa: mala suerte, no hay ni un euro. Pero esto a Jorge no lo irrita y, sin más, abandona el banco y se va por dónde ha venido. El intento frustrado, sumado posiblemente a la necesidad de darle un respiro a sus cuentas, lo lleva a improvisar un segundo atraco al día siguiente, en esta ocasión en Palma, en la carretera de


Valdemossa, donde sí consigue un jugoso botín de más de 6.000 euros presentando como único aval su pistola y sin ni siquiera pestañear. Jorge retoma sus quehaceres más respetables y no es consciente de que ha dejado detrás de sí demasiadas huellas: la Guardia Civil y la Policía Nacional le están pisando los talones y, al día siguiente del último atraco, lo localizan paseando por la calle cerca de su piso de Cala Major (Palma). Al verlos Jorge no lo duda, vienen a por él. Suelta la bolsa con ropa que lleva en la mano (en la que tenía prendas por valor de 400 euros) y se da a la fuga, saltando un muro de cinco metros y despistando a los agentes. Los que lo vieron dicen que corría "como un galgo". Pero de poco le servía correr, la cuenta atrás había empezado y su sistema doble vida se vino abajo finalmente dos días después, el pasado viernes, cuando fue arrestado por la Guardia Civil en Portocolom. Salía de casa con su madre en una furgoneta en la que intentaron huir, pero no pudieron. Madre, hijo y hermana fueron arrestados por robos con intimidación. Ellas han quedado en libertad con cargos, pero Jorge, puesto a disposición del juez, tendrá que dar cuentas de una "dedicación" a tiempo parcial que le proporcionó 24.000 euros. EFE

ACTUALIDAD.- Palma vuelve a la normalidad con cuentagotas Los aviones ya despegan de Son Sant Joan y las colas de afectados que atestaban la terminal de salidas han desaparecido, pero pocos son los mostradores que han abierto hoy y los pasajeros llegan con cuentagotas a un aeropuerto en el que la normalidad trata de abrirse paso, pero que aún se resiente. La apertura del espacio aéreo y la vuelta al trabajo de los controladores ha calmado las aguas en la terminal palmesana, que luce prácticamente vacía en esta mañana de domingo, en un puente que a muchos se les ha quedado atragantado. Las personas que aguardan hoy en la zona de salidas del aeropuerto de Palma se sienten afortunadas, saben que el hecho de que su vuelo salga prácticamente en hora (todos llevan una media de retraso de 80 minutos) les hace ser unos privilegiados aunque, para ello, muchos han esperado lo suyo. Es el caso de un equipo entero de fútbol sala, jugadores del Benicarló, que el viernes jugaron un partido en la isla y el cerrojazo de los aeropuertos les pilló con las maletas en el aeropuerto, sin saber dónde ni cómo ni cuándo salir del encierro. "Nos vamos hoy, por fin", dicen aliviados, mientras esperan la hora de su vuelo sentados en una cafetería en la que ayer era imposible pedir un café y hoy hay sillas más que de sobra. Pero su periplo aún no ha acabado: los responsables del equipo quieren reclamar, después de haber tenido que pagar de su bolsillo el hotel. Pero cuando van a la oficina de Atención al Cliente de Aena en la terminal se encuentran con que la normalidad que aparenta el aeropuerto no es tal y los efectos del cerrojazo siguen patentes: "No quedan ni hojas de reclamaciones, nos dicen que la pongamos por Internet", protestan, cansados.


Su alternativa es buscar la Oficina de Consumo que el Govern balear tiene en el aeropuerto y que, durante estos días, ha triplicado su personal: solo ayer tramitaron 600 reclamaciones y hoy, allí siguen. La gran mayoría de los pasajeros, sin embargo, se resigna, hace cola ante los escasos mostradores que han abierto al público y esperan poder, al menos, aprovechar lo que queda de festivos. Otros, después de horas y horas de espera, duermen en las zonas de espera, caminan de un lado a otro y miran las pantallas de información. El paso de control está vacío, la gente llega a cuentagotas, en grupos de tres o cuatro donde habitualmente hay colas de decenas de personas. Es cierto, Palma no es un destino de invierno y a esto se añade que reprogramar cientos de vuelos no es tarea fácil: "La cosa mejora, pero poco a poco", admiten los operadores turísticos. Las caras más alegres se ven en la terminal de llegadas. Allí son muchos los pasajeros que afirman orgullosos que ha volado sin problemas y que, como su vuelo estaba programado para hoy, se han librado de ventanillas, colas y reclamaciones. Otros lucen la sonrisa del triunfo porque han logrado superar todas las pruebas: esperar casi dos días en el aeropuerto, hacer cola, reclamar y hasta viajar a otra ciudad en busca de una alternativa para, por fin, poder abrazar a los suyos o comenzar sus auténticos días de descanso, ganados a pulso. La reprogramación de vuelos continúa y muchos son los que están en sus casas a la espera de que se les llame para volar en uno de los 251 trayectos que hoy se operarán desde y hacia Palma, donde hasta las 11.00 horas solo ha habido una cancelación. Una cifra que sirve de botón para mostrar una normalidad incipiente que, hora tras hora, va cuajando en Baleares y en todas las terminales de España. EFE

CULTURA.- Offspring derrocha adrenalina en un concierto corto pero intenso El rock más punk de Offspring volvió de nuevo a Vigo, once años después de su primera actuación en la ciudad, con un concierto en el que la adrenalina fue "in crecendo" pero que a los miles de seguidores que se reunieron en el Auditorio de Castrelos les supo a poco. Con un sonido impecable, la banda estadounidense apostó anoche por las canciones de siempre y el estilo punk californiano de los grandes éxitos de su álbum más conocido, "Smash", del que consiguió vender más de ocho millones de copias a mediados de los noventa y con el que, una vez más, se metió al público en el bolsillo. Un público que contó con un "precalentamiento" de lujo gracias a los grupos locales Hi-fi Stamina y Kannon que se perfilan como una de las grandes promesas del rock nacional, con un sonido que se asemeja a una mezcla de las bandas Limp Bizkit y Hamlet. La potencia de Kannon sobre el escenario y su inagotable dosis de ritmos frenéticos, rap y rock en estado puro, consiguieron despertar los primeros aplausos del público que se intentaba reservar a duras penas las fuerzas para recibir todo lo que todavía quedaba por venir.


A las doce, con una puntualidad rigurosa, lo que se esperaba llegó por fin. Offspring vino, tocó como en sus viejos tiempos y convenció, aunque a muchos les dejó con la miel en los labios a pesar de conseguir condensar más de treinta temas en poco más de una hora de concierto. Sobre un escenario minimalista, con un telón negro de fondo a juego con sus camisetas, los cinco componentes de la banda aparecieron poco a poco bajo los focos al ritmo de los tambores del nuevo batería del grupo, quien se dejó la piel en todas las canciones. El pulso de la actuación fue en aumento a medida que avanzaba el concierto que empezó con las notas de "The Noose", uno de los doce temas del último disco de la banda californiana "Splinter", tras el cual el grupo puso en marcha la máquina del tiempo y traladó al Auditorio de Castrelos a la banda sonora de su adolescencia. Canciones como "All I Want", "(Come out and) Keep it separated", "Gone Away", "Falling" o "Why don't you get a job?", fueron incrementando las dosis de adrenalina de un público que se entregó desde el primer momento y que no dejó de corear ni uno sólo de los temas, con los brazos permanentemente extendidos hacia el escenario. Todo parecía estar calculado: el grupo, el sonido, los imposibles juegos de luces y la insaciable energía del público de las primeras filas al que el cantante, Dexter Holland, le dedicó numerosos guiños y entre los que se perdió en un par de ocasiones. La banda californiana también tuvo un hueco para las canciones de su nuevo disco, como el sencillo "Hit that" y "Long way home", aunque éstos quedaron eclipsados por los acordes más conocidos y aplaudidos por los seguidores de otros álbumes como "Americana" o "Ixnay on the hombre". Durante la hora que duró el concierto no hubo ni un instante de descanso, los componentes de la banda se lanzaron por el escenario en carreras frenéticas y saltos que ya no parecen tan fáciles cuando un grupo lleva a sus espaldas una trayectoria de veinte años de rock y más de siete discos. Intenso pero corto, esa fue la impresión general que dejó Offspring cuando, después de los dos bises de rigor, abandonó el escenario y a un público que se quedó con muchas ganas de más y con la promesa de Dexter Holland: "Me gusta Vigo, me lo he pasado muy bien aquí y creo que volveré". EFE


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