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NueveMusas A Arrttee ssiinn ffrroonntteerraass

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Revista Cultural A単o 2012 Numero 004


Direcci贸n General Valeria Wozniak

Correcci贸n: Victoria M谩rques

Grupo Editorial: Nueve Musas Portada y Gr谩fica: Alejandra Zkiav

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Nueve Musas

nuevemusasrevistacultural@hotmail.com


Sumario////////////////////// Narrativa Breve: La musa El vanguardismo en América Latina El Ultraísmo de Jorge Luis Borges Los dos Borges El Boom Latinoamericano Lobo: Malena Cid Poeta: Catarsis Una imagen en el tiempo Voces en el silencio: La poesía Boliviana Adela Zamudio: Nacer hombre La generación Beat Mujer poeta Beatnik Libros de cabecera: El banquete de Severo Arcángelo Clarice Lispector: Una hechicera en la prosa Entrevista: Las nuevas valquirias de la poesía cordobesa La Belle Poesie Igor Morsky Art Nouveau Leonor Fini: Pintar lo que no volverá a pintarse Las mujeres del Surrealismo Instantes en una mirada: Fotografía Le lettre et le desire Contraportada: El elegido de la noche. Leonor Fini

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Nueve Musas

A

genda ///////////////////

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La

musa

Hay algo en la forma de sus ojos. No podría asegurar si se trata de una

cuestión

simplemente

fisonómica de

su

o

intensa

mirada. La descubrí una mañana de Julio. Yo repasaba como siempre los mil y un argumentos que justificaban mi soledad de treinta dos años, cuando en medio de una bocanada de humo espeso que explotó de la punta de mi cigarro, sentí por primera vez el escalofrío en la curva de mi espalda. Quizás sea apropiado, antes de aventurarme a la descripción del fantástico evento que me tiene cautivo desde aquella mañana, que

indague

en

algunos

pormenores concernientes a mi persona. Tal vez a modo de intentar hilar acontecimientos o puntos

clave

que

puedan

esclarecer más o menos el suceso que he relatado en breves líneas anteriores. Soy Alterio Arredondo. Nací de madre sin risas y de padre ausente. Mi condición sucedió cuando decidí recluirme entre las

cuatro

paredes

de

una

habitación prácticamente vacía,

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o más bien debo decir, desprovista de detalles. Sucede que la lujuria de las cosas producen en mi un raro estado casi alterado de nausea incontrolable, algo así como un empalagamiento barroco y grotesco del cuál intento huir permanentemente, por lo tanto, la habitación prácticamente vacía, desprovista de detalles, ha parido de mí un escriba insoportablemente solitario. Insondable la soledad que ha obrado a sus anchas transfigurándome en un esclavo del silencio. Me declaro un obsesivo cazador de las palabras aún no dichas que se acurrucan entre las entrañas del silencio…que delicia, que saturación exquisita de ausencias transparentes e intangibles que habitan conmigo en la desolación voluntaria en la que he decidido permanecer. Existo en esta fábula. Existo entre la estupidez de las cosas. Soy. Me excuso si he torcido el curso de los hechos. Acaso creí oportuno desnudarme un poco en este manuscrito a mano alzada manchado de tinta añeja y cenizas desprolijas. Tal vez, al releerlo, ésta catarsis sintáctica atestigüe a mi favor en caso de necesitar ser exonerado, no porque algún crimen cometido o por cometer vaya a tenerme de protagonista, simplemente humano soy, y ando hambriento de perdón, como todos. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, y no hubieran transcurrido largos dos años desde la llegada de Amanda, la brisa invernal, gélida y fantasmal que se colaba por la hendija entreabierta del ventanal de mi cuarto. A duras penas logra la Señora Vivas, casera de la pensión, hacerme cerrar la ventana durante el invierno. Adoro el hielo haciéndome vivir los huesos. Me arrebata la danza grisácea que hace el viento colándose por agujeros abiertos de objetos que deliberadamente se dejan copular por esos átomos de escarcha. Mágica quietud, la del invierno: Concluyen mis pensamientos, mientras Julio amanece opaco, sin rojos, amarillos ni naranjas. Aún faltan algunos minutos para la llegada de Amanda y tengo el impulso de sentarme frente a una hoja en blanco, hace varios días que no escribo y la sequía ya empieza a carcomerme la carne amenazando con borrarme del mapa. Abro la ventana aún más. Tal vez la absurda vorágine sin pausa del bizarro holograma que trascurre entre las calles de afuera logre despertarme curiosidad, aunque sea un poco. De repente, en medio de una bocanada de humo espeso que explota en la punta de mi cigarro siento por primera vez el escalofrío en la curva de mi espalda. Ella me está mirando, ha clavado sus extraños ojos negros en mí. Lo ha hecho hasta en mi alma, lo presiento inmediatamente. Una corriente eléctrica me nace desde la punta de los dedos y me recorre por completo entonces me atrevo a creer en conexiones inexplicables, en vidas entrelazadas, en encarnaciones anteriores. Aún no volteo a verla de frente, tal vez preso de estupor, quizás perplejo de terror ante éste arrebatamiento impensado, inesperado, inconfundiblemente providencial. Llevado por un impulso mi mano busca tinta, tanteando en medio del mareo, entre la nada de mi mesa. ¿Ha llegado la musa? Me 6


interrogo imperiosamente. Busca un sí mi mente aturdida. Lo corrobora un nuevo escalofrío, esta vez en la nuca, en los hombros, en la piel. Y escribo en pocos minutos un verso sublime. Una obra nunca antes conquistada del reino de la pureza. Se me resbala una lágrima tibia que también, inexplicablemente, me hace vivir los huesos, y se me anuda el estómago y un gemido profundo me brota de los labios, y se me escapa por los dientes una partícula negra de dolor que se desintegra frente a mis pupilas. Bajo la mirada. Me detengo en el papel blanco que palpita sobre la nada de mi mesa, mi tenue pulso ha dibujado una palabra. Me incorporo lentamente. Siento miedo. El miedo que provoca la ruptura inesperada de la soledad. Me doy cuenta que en mi espacio hay algo más que la inercia del vacío en mi habitación desprovista de detalles y amenaza un desborde de pánico con llevarse mi cordura. He sido detectado. He sido descubierto, aquí, agazapado entre los vértices metálicos de la dantesca quermés concurrida de rostros puntiagudos.

Mi musa me ha buscado por rincones lúgubres de mi ciudad

atestada de laberintos y me ha encontrado. Me ha avasallado impunemente. Dedico varios minutos para recuperar el ritmo de la respiración, un desconocido sentimiento de algarabía que ha hecho palpitar descontroladamente mi corazón en el pecho. Sin saber, yo la esperaba. Ha sido mi inconsciente el que aventó pistas, el que pintó líneas blancas en su camino. Ahora tengo la certeza. Pero… estoy siendo descortés, continúo de espaldas, pienso, mientras acomodo la garganta. Giro sobre mis talones para verla, para perderme aún más en el refugio de este embrujo matinal de Julio que ha quebrado la rutina de días anteriores, idénticos, casi calcados. Y la encuentro. Estoy en medio de un ahogado suspiro cuando mis pupilas se entrelazan con las suyas. No sé si estoy preso del espanto o maravillado ante su cuerpo pequeño. No sé si tirarme al suelo extasiado de perplejidad o si dejar que me aplaste la minúscula nimiedad de lo increíble, la minúscula nimiedad de lo indecible. Ella no aparta de mi rostro sus ojos oscuros. No deja de reconocerme en la estela de mi aroma. No deja de olfatearme en la calma inmóvil que nos envuelve. Entonces, finalmente, me arrastra el amoroso absurdo de dejarme inspirar por una rata. La he bautizado Amanda. Fue en una ceremonia breve, ella, yo y un pedazo de queso azul. Amanda es una doncella frágil de vaporosas túnicas blanquecinas que se escabulle algunas mañanas del hedor de un mundo al que no pertenece, viene a contarme versos que deambulan perdidos por la mugre de recovecos que aún tienen espacio para albergar belleza…

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El Vanguardismo En AmĂŠrica Latina 8


En América, los movimientos de vanguardia destacados son el creacionismo iniciado por Vicente Huidobro, el ultraísmo representado por Jorge Luis Borges y el surrealismo que aparece en algunas composiciones de César Vallejo o Pablo Neruda. Estos movimientos no se limitaron a proponer un cambio formal en el lenguaje de la poesía. Por el contrario, desde los años que le siguen a 1920, la narrativa comienza a ser atendida con toda inquietud por algunos de los mismos escritores afiliados a los grupos de vanguardia. La década de 1920 a 1930 atestigua estos primeros intentos de escribir cuentos y novelas cuyo lenguaje, técnicas y temas se salían completamente del trillado despotismo regionalista. Así ocurre, por ejemplo, con el narrador uruguayo Filiberto Hernández (1902), quien desde 1925 inicia el ciclo de unos textos inmensamente extraídos en su lenguaje y completamente despojados de color local en sus temas. Viene a ser el nombre genérico a las nuevas tendencias que aparecieron al finalizar la primera guerra mundial. En tanto que el romanticismo, el naturalismo, el realismo y el simbolismo llegaron con cierta lentitud al nuevo mundo y hasta tardaron décadas en algunos casos, los movimientos de Vanguardia de los primeros treinta años del siglo XX encontraron un eco casi inmediato en los centros urbanos más desarrollados de Latinoamérica. El proceso de asimilación y metamorfosis de los modelos comenzó a realizarse en la fuente y por escritores que no solo fueron espectadores de esos movimientos. Estos escritores encararon el fenómeno con una originalidad en la que no faltaba el enfoque paródico o la lectura carnavalesca. Para ellos, el futurismo, el dadaísmo, el cubismo, el expresionismo y, más tarde, el surrealismo fueron menos escuelas cerradas y más opciones abiertas para los escritores latinoamericanos. De ahí que las Vanguardias de la vieja Europa llegaran a América en una versión singular que asumía distintos nombres (ultraísmo, creacionismo, estridentismo) de polémica inserción en un contexto europeo. Una vez más América practicaba sistemáticamente la carnavalización cultural. Para el escritor latinoamericano testigo y, a veces, hasta actor en las vanguardias europeas la tarea principal era recoger no lo que había de singular en cada uno de aquellos movimientos, si no lo que ellos tenían de búsqueda de una estética de la cultura emergente del siglo. Sobre la ruina de una cultura humanística, eurocéntrica, que reconstruye una utopía cultural grecolatina a partir del Renacimiento, en las Vanguardias del siglo XX se buscaba una libertad que les permitiese el acceso al nuevo mundo creado por la segunda revolución industrial, ya posible en el papel, si no en la fábrica. Lo que los unía era la Modernidad. El artista de Vanguardia buscaba destruir de una vez por todas las servidumbres con respecto a la representación mimética de la realidad: ese ídolo de la burguesía victoriana que habría de emerger convenientemente disfrazados de arte socialista o academicismo fascista en la horrible época del Intervalo entre las dos guerras. Lo que era común a las vanguardias era la propuesta de un arte libre para una sociedad libre.

El Vanguardismo es una corriente que proviene desde Europa y se caracteriza por una nueva sensibilidad que busca distintas formas, oponiéndose a las tradicionales. En la raíz de estos movimientos está la inseguridad humana por la crisis de una sociedad dividida entre tradicionalistas y revolucionarios. Se manifiesta a través de varios movimientos que, desde planteamientos divergentes, abordan la renovación del arte, desplegando recursos que quiebren o distorsionen los sistemas más aceptados de representación o expresión artística, en teatro, pintura, literatura, cine, arquitectura o música, entre otros. Su característica principal es la libertad de expresión, que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos: en poesía se rompe con la métrica y cobran protagonismo aspectos antes irrelevantes, como la tipografía; en Arquitectura se desecha la simetría, para dar paso a la asimetría, en pintura se rompe con las líneas, las formas, los colores neutros y la perspectiva.

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De Jorge Luis Borges Por Elena Ochoa

El ultraísmo fue un movimiento literario de Vanguardia que se definió fundamentalmente por su oposición al modernismo y a la generación del 98. Se desarrolló en España y en Argentina. Cabe recordar que en Argentina estaba presente la influencia del modernismo esencialmente a través de Leopoldo Lugones. Contra este movimiento se levanta el ultraísmo, cuyo teórico más importante sería el joven Jorge Luis Borges. En un manifiesto que se le atribuye su redacción a Borges, señalan los ultraístas: “Los que suscriben, jóvenes que empiezan a realizar su obra, y que, por eso, creen tener un valor pleno de afirmación, de acuerdo con la orientación señalada por Cansinos-Asséns en la revista interviú que, en diciembre último, celebró con Javier Bóveda en el Parlamentario, necesitan declarar su voluntad de un arte nuevo que supla la última evolución literaria: el novecentrismo”. Los ultraístas se conciben a sí mismos como un grupo de literatos rupturistas en relación con la poesía anterior. El 25 de Enero de 1921 apareció el primer número de la revista española Ultra, que como su propio nombre deja adivinar, era el órgano difusor del movimiento ultraísta. Entre los colaboradores más notables se cuenta el mismo Borges, Rafael Cansinos-Asséns, Ramón Gómez de la Serna y Guillermo del Toro. Cansinos-Asséns definió al ultraísmo como una voluntad caudalosa que rebasa todo límite escolástico. Es una orientación hacia continuas y reiteradas evoluciones, un propósito de perenne juventud literaria, una anticipada aceptación de todo módulo y de todas ideas nuevas. Representa el compromiso de ir avanzando con el tiempo.”Un año después, Borges publicó en esa misma revista una antología de poemas ultraístas. Tiempo después, desaprobaría y hasta despreciaría aquellos comienzos de su obra y todo lo relacionado con el ultraísmo. Su entusiasmo de una época, pronto de tornó en desdén y hasta en agresividad, incluso hasta llegó a considerar como pura futilidad la técnica del poema ultraísta: enfilamiento de percepciones sueltas, rosario de imágenes sensuales, plásticas y llamativas. La consecuencia fue que, sin perjuicio de haber inoculado el virus del ultraísmo en algunos jóvenes poetas argentinos, no vacilaría en calificar aquellos experimentos de: árido poemas de la equivocada secta ultraísta 11


En Argentina ya existía desde 1915 una corriente que se oponía al Modernismo: El sencillismo, que como dice su nombre, quería dejar de lado lo ompuloso de la poesía de Darío y Lugones. En algunos puntos se encontraron el sencillismo y el ultraísmo: en la búsqueda de la economía de la expresión poética. Sin embargo, se puede decir que la poesía ultraísta va más allá al pretender eliminar totalmente la anécdota , los lazos entre las palabras y reducir a una secuencia de imágenes la poesía quitándole todo lo efectivo. Ambos se opusieron al Modernismo, pero lo hicieron desde diferentes perspectivas. La poesía ultraísta tiende a ser un poco hermética, críptica, que se aleja de la vida objetiva para refugiarse en la interioridad del poeta. Esta poesía quiere ser síntesis, emoción pura, cuya intención es descolocar al lector sorpréndiendolo con sus imágenes tradicionales. Las categorías filosóficas que sustentan esta poesía estriban en un nihilismo que los llevó a oponerse a los grupos literarios de izquierda. Cuando esta poesía dice que se aparta de las prédicas y de las ideologías se está refiriendo fundamentalmente a lo cristiano y marxista. Borges va a postular una poesía no comprometida socialmente; poesía comprometida exclusivamente con la angustia, la soledad y el pesimismo que prácticamente caracterizaría toda la obra del autor. Las publicaciones más famosas del ultraísmo fueron las revistas Prisma, Proa y Martín Fierro; además, en Argentina, las corrientes de Vanguardia, se enfrentaron a través de los grupos de Florida y Boedo. El grupo Florida propugnada una poesía europeizante, culta y estilista. Por el contrario, el grupo Boedo tuvo una posición comprometida con el cambio social postulando un arte abierto que expresaba las experiencias de las masas asumiendo los anhelos de la justicia social. Borges fue considerado un desertor

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Pensar en Jorge Luis Borges es descubrir la genialidad. No en vano es considerado uno de los mejores escritores del siglo XX. Su obra es un recorrido por los laberintos de un pensador incomparable que dejó en los paisajes de la Literatura una colección maestra de cuentos, ensayos, poemas y novelas que le valieron reconocimientos a nivel mundial. Nació en Buenos Aires el 24 de Agosto de 1899 en el seno de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia del país. . Su antepasado, el coronel Isidro Suarez había guiado a sus tropas a la victoria en la mítica batalla de Junín; su abuelo Francisco Borges había alcanzado el grado de coronel. Pero fue su padre, Jorge Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar se empleó como profesor de psicología e inglés. Se caso con Leonor Acevedo Suarez y se trasladaron a vivir al barrio de Palermo. En medio de esa casa ajardinada aprendió Borges Inglés con su abuela Fanny Haslam y, como se refleja en tantos versos, los recuerdos de aquella dorada infancia lo acompañarán toda su vida. Apenas con seis años le confesó a sus padres su vocación de escritor e inspirándose en un paisaje del Quijote redactó su primera fábula en 1907 titulada: La visera fatal. A los diez años comenzó a publicar una brillante traducción del El príncipe feliz de Oscar Wilde. El mismo año se desató la primera guerra mundial y la familia Borges recorrió los escenarios bélicos de Europa guiados por su padre, un profesor ciego y pobre que se había visto obligado a renunciar a su trabajo y arrastró a los suyos a París, Milán y Venecia hasta radicarse definitivamente en la neutral Ginebra. Borges era entonces un adolescente que devoraba incansablemente la obra de escritores franceses, desde los clásicos de Voltaire y Víctor Hugo hasta los simbolistas, y que descubría maravillado el expresionismo alemán, por lo que se decidió a aprender el idioma descifrando por su cuenta la novela de Gustav Meyrink El Golem.

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Durante los años treinta su fama creció en Argentina y su actividad intelectual se vinculó a Victoria y Silvina Ocampo, quienes a su vez le presentaron a Adolfo Bioy Casares, pero su consagración internacional no llegaría hasta muchos años después. De momento ejerce asiduamente la crítica literaria, traduce con minuciosidad a Virginia Woolf, a Henri Michaux y a William Faulkner y publica antologías con sus amigos. En 1938 fallece su padre y comienza a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires; durante las navidades de ese mismo año sufre un grave accidente, provocado por su progresiva falta de visión, que a punto está de costarle la vida. Al agudizarse su ceguera, deberá resignarse a dictar sus cuentos fantásticos y desde entonces requerirá permanentemente de la solicitud de su madre y de sus amigos para poder escribir, colaboración que resultará muy fructífera. Así, en 1940, el mismo año que asiste como testigo a la boda de Silvina Ocampo y Bioy Casares, publica con ellos una espléndida Antología de la literatura fantástica, y al año siguiente una Antología poética argentina. En 1942, Borges y Bioy se esconden bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq y entregan a la imprenta unos graciosos cuentos policiales que titulan Seis problemas para don Isidro Parodi. Sin embargo, su creación narrativa no obtiene por el momento el éxito deseado, e incluso fracasa al presentarse al Premio

Nacional de Literatura con sus cuentos recogidos en el volumen El jardín de los senderos que se bifurcan, los cuales se incorporarán luego a uno de sus más célebres libros, Ficciones, aparecido en 1944. En 1945 se instaura el peronismo en Argentina, y su madre Leonor y su hermana Norah son detenidas por hacer declaraciones contra el nuevo régimen: Habrán de acarrear, como escribió muchos años después Borges, una "prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos", pero lo cierto es que, a causa de haber firmado manifiestos antiperonistas, el gobierno lo apartó al año siguiente de su puesto de bibliotecario y lo nombró inspector de aves y conejos en los mercados, cruel humorada e indeseable honor al que el poeta ciego hubo de renunciar, para pasar, desde entonces, a ganarse la vida como conferenciante. La policía se mostró asimismo suspicaz cuando la Sociedad Argentina de Escritores lo nombró en 1950 su presidente, habida cuenta de que este organismo se había hecho notorio por su oposición al nuevo régimen. Ello no obsta para que sea precisamente en esta época de tribulaciones cuando publique su libro más difundido y original, El Aleph (1949), ni para que siga trabajando incansablemente en nuevas antologías de cuentos y nuevos volúmenes de ensayos antes de la caída del peronismo en 1955. En esta diversa tesitura política, el recién constituido gobierno lo designará, a tenor del gran prestigio literario que ha venido alcanzando, director de la Biblioteca Nacional e ingresará asimismo en la Academia Argentina de las Letras. Enseguida los reconocimientos públicos se suceden: Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cuyo, Premio Nacional de Literatura, Premio Internacional de Literatura Fomentar, Comendador de las Artes y de las Letras en Francia, Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, Premio Interamericano Ciudad de Sèo Paulo….

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Inesperadamente, en 1967 contrae matrimonio con una antigua amiga de su juventud, Elsa Astete Millán, boda de todos modos menos tardía y sorprendente que la que formalizaría pocos años antes de su muerte, ya octogenario, con María Kodama, su secretaria, compañera y lazarillo, una mujer mucho más joven que él, de origen japonés y a la que nombraría su heredera universal. Pero la relación con Elsa fue no sólo breve, sino desdichada, y en 1970 se separaron para que Borges volviera de nuevo a quedar bajo la abnegada protección de su madre. Los últimos reveses políticos le sobrevinieron con el renovado triunfo electoral del peronismo en Argentina en 1974, dado que sus inveterados enemigos no tuvieron empacho en desposeerlo de su cargo en la Biblioteca Nacional ni en excluirlo de la vida cultural porteña. Dos años después, ya fuera como consecuencia de su resentimiento o por culpa de una honesta alucinación, Borges, cuya autorizada voz resonaba internacionalmente, saludó con alegría el derrocamiento del partido de Perón por la Junta Militar Argentina, aunque muy probablemente se arrepintió enseguida cuando la implacable represión de Videla comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a proliferar los "desaparecidos" entre los escritores. El propio Borges, en compañía de Ernesto

Sábato y otros literatos, se entrevistó ese mismo año de 1976 con el dictador para interesarse por el paradero de sus colegas "desaparecidos". De todos modos, el mal ya estaba hecho, porque su actitud inicial le había granjeado las más firmes enemistades en Europa, hasta el punto de que un académico sueco, Arthur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el Premio Nobel de Literatura sobre Borges por razones políticas. Ahora bien, pese a que los académicos se mantuvieron recalcitrantemente tercos durante la última década de vida del escritor, se alzaron voces, cada vez más numerosas, denunciando que esa actitud desvirtuaba el espíritu del más preciado premio literario. Para todos estaba claro que nadie con más justicia que Borges lo merecía y que era la Academia Sueca quien se desacreditaba con su postura. La concesión del Premio Cervantes en 1979 compensó en parte este agravio. En cualquier caso, durante sus últimos días Borges recorrió el mundo siendo aclamado por fin como lo que siempre fue: algo tan sencillo e insólito como un "maestro".

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Borges es sin duda el escritor argentino con mayor proyección universal. Se hace prácticamente imposible pensar la literatura del Siglo XX sin su presencia, y así lo han reconocido, no solo la crítica especializada sino además las diversas generaciones de escritores que vuelven con insistencia sobre sus páginas como si estas fueran canteras inextinguibles del arte de escribir. Borges fue el creador de una cosmovisión muy singular, sostenida sobre un original modo de entender conceptos como los de tiempo, destino o realidad. Sus narraciones y ensayos se nutren de complejas simbologías y de una poderosa erudición, producto de su frecuentación de las diversas literaturas europeas, en especial la anglosajona de William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph

Conrad, que son referencias permanentes en su obra, además de su conocimiento por la biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas clásicas y la filosofía. Su riguroso formalismo, que constata en la ordenada y precisa construcción de sus ficciones, le permitió combinar esa gran variedad de elementos sin que ninguno de ellos desentonara. Falleció en Ginebra el 14 de Junio de 1986, privado por sus posicionamientos políticos de un Premio Nobel al que se había hecho merecedor con creces. Salía del extraño laberinto de la existencia en su admirada Suiza, muy lejos de su país natal, quizá para llegar finalmente a saber quién era. “Cualquier forma de inmortalidad sería un infierno, una de las mayores virtudes de la vida – proclamaba – es que todo es efímero”

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Los dos Borges La adolescencia de Borges trascurrió en Ginebra, paralela a la primera guerra mundial y al inicio de la revolución bolchevique. A los veinte años, fue un entusiasta del comunismo, de los ideales de igualdad social, de las afirmaciones nacionalistas – argentinas en su caso – y de la vanguardia poética. Se sabe que hizo un par de poemas inéditos dedicados a la revolución de Lenin. Se sabe que de regreso a la Argentina, inauguró un movimiento de renovación en la poesía argentina llamado Ultraísmo; que negó a Lugones y a Darío y redactó tres libros de ensayos de inspiración criollista, renovadora y belicosa. Se sabe, además, que apoyó la reelección de Hipólito Irigoyen, el caudillo, en mil novecientos veinte y siete. Se sabe que a finales de los años veinte algo ocurrió y Borges cambió de opinión. Si miramos el primer Borges y, digamos, el que empieza a publicar a partir de 1932, la diferencia es notable. A primera vista parecen dos escritores distintos. El Borges que aparece a partir de entonces se muestra básicamente como un escéptico y un hedonista en materia literaria. Proscribe los tres libros de ensayos de su juventud; reconoce la influencia de Lugones en su poesía anterior, y revela esa manera de hacer y pensar la literatura gracias a la cual hoy hablamos de Borges. Políticamente, también se separa de cualquier entusiasmo. Entiende la política como una representación poco rigurosa, un juego carente de interés que no vale la Pena seguir en sus avatares. Esto no significa que se convierte en un

Alienado, ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor: aunque nunca siguió atentamente las variaciones de la escena política y nunca leyó un diario, en aquella época ocurrieron acontecimientos relevantes a los que Borges no fue ajeno: el auge del Tercer reich, el Nacional socialismo, la ocupación de París. Éstos fueron criticados por él en varios artículos desde revistas argentinas. Y consecuentemente, a partir de 1945, y hasta 1955, con el gobierno de Juan Domingo Perón, figuró en las listas de intelectuales antiperonistas destacados. Fue esta quizás la etapa de mayor actividad política del autor: llegó a presidir incluso la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), baluarte del antiperonismo en su momento. No obstante, como él mismo repitiera en muchas ocasiones, esa labor fue concebida por él como una actividad civil y hasta personal -, no política. Ni siquiera entonces permitió que sus opiniones al respecto penetraran demasiado en su literatura (aunque se encuentran signos de ella en DeustchesRequiem, TlönUqbar Orbis Tertius, por ejemplo). Borges siguió siendo el escéptico que estaba más interesado en la lectura de Stevenson o de las sagas escandinavas, que en una página de periódico. Escribió durante esa etapa, décadas del 30’, 40’, en mi opinión, sus mejores textos como narrador y ensayista. En 1955, el fin de la dictadura de Perón coincide con su pérdida de la vista. Se trató de dos hechos simultáneos que contribuyeron a 17


alejarlo aún más del presente socio político: terminaron entonces sus agonías sociales inmediatas y empezó una personal, relevante – aunque el autor nunca hizo concesiones al patetismo, ni se lamentó de su enfermedad: estaba ciego. Trazó líneas generales para su conducta política: nunca sería antisemita, comunista, escritor de literatura comprometida ni admirador de dictadores, y después, se distanció. Pocos años más tarde empezaría a ser aclamado internacionalmente gracias al premio Formentor, 1961 - cuyo subtítulo podría ser “nadie es profeta en su tierra”- ; comenzaría a dictar conferencias en el extranjero, a recibir honores de instituciones en los cuatro puntos cardinales del planeta, etc. En ese entonces, regresa a la poesía con mayor asiduidad, si bien comienza a atenuar de manera general la intensidad de su obra. En estos momentos disminuyó notablemente su participación en la vida política (si antes lo fue poca). Supongo que el auge de la literatura comprometida contribuyó en algo a que Borges enfatizara su distanciamiento de la realidad política. En 1976 visita Chile, ocupado por Pinochet y compañía, donde hace un elogio del dictador y recibe el Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica de Chile; elogia también, eventualmente, el curso de los acontecimientos en la Argentina (éstos apuntaban, pero él lo ignoraba, a una de las peores represiones que conociera Sudamérica). Años más tarde, cuando pudo escuchar en Madrid el testimonio de las víctimas de la dictadura, cuando sus amigos le informaron del estado de las cosas, sobre todo en su país, Argentina, Borges declaró públicamente en contra de Videla, a favor de las Madres de la plaza de mayo, reconoció su error, etc., (siempre insistiendo en que no le interesaba la política, su

posición era la de un “caballero”), y además declaró contra la guerra de las Malvinas – aunque eso fue otra excentricidad. El cambio de Borges, no ocurrió de la noche a la. Hay una continuidad. Entre una y otra etapa, hay huellas comunes evidentes que se mantienen y consolidad posteriormente: su preocupación por el tiempo, la individualidad, por ejemplo. Una de las variables enigmáticas es que a partir de entonces comienza un silencio poético y una actividad crítica considerable cuya exploración sería necesaria para discernir, al menos, aquello que ocurrió con el escritor en aquel momento de transición. Sus declaraciones excéntricas, su visita a Chile, es interesante el hecho de que ni sus más connotados detractores han dudado de que a Chile lo llevó su ignorancia política fundamentalmente (sus más connotados partidarios opinan que fue el arrojo), el desconocimiento de lo que estaba sucediendo, y, sobre todo, los pronósticos de lo que podría suceder. Pero también pudo ser su vocación compulsiva de estar contra todas las banderas, de ir a contracorriente, su “juego suicida” como si quisiera asegurarse su impopularidad como figura pública. Cualesquiera que hayan sido las causas, juzgarlo en un tribunal de la opinión pública por sus declaraciones es menos interesante que indagar en las razones que tuvo para actuar así un hombre, por lo demás, inteligente. Esta indagación pasa obligatoriamente por su poética, su perspectiva ética, las contingencias del contexto que lo impidieron o amplificaron.

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El Boom Latinoamericano 19


El Boom Latinoamericano fue un fenómeno editorial que surgió entre los años 1960 y 1970, cuando el trabajo de un grupo de novelistas relativamente joven fue ampliamente distribuido en todo el mundo. Estos escritores desafiaron las convecciones establecidas de la Literatura latinoamericana. Su trabajo es experimental y, debido a la situación general de América Latina de la década del 60, también muy político.

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Julio Cortázar nació en Bélgica en 1914 y murió en París en 1984. Vivió en Suiza hasta que se mudó a Buenos Aires a la edad de cuatro años. A igual que otros escritores del Boom, Cortázar llegó a cuestionar la política de su país: su oposición a Juan Domingo Perón lo llevó a dejar su puesto de profesor en la Universidad de Mendoza y en última instancia, a su exilio. Se trasladó a Francia, donde pasó la mayor parte de vida profesional. Como García Márquez, Cortázar apoyó el gobierno de Fidel Castro, al presidente Salvador Allende y a otros movimientos de izquierda como los sandinistas de Nicaragua. Entre sus influencias se encuentran Borges y Allan Poe. Su obra más importante, y la que lo catapultó al reconocimiento internacional, es la novela altamente experimental La rayuela. Sus otros trabajos incluyen las colecciones de cuentos cortos Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966). También escribió novelas como Los premios (1960) y la vuelta al día en ochenta mundos (1967) y la inclasificable Historias de Cronopios y famas (1962).

Las novelas del Boom son esencialmente modernistas. Tratan al tiempo de una manera no lineal, suelen utilizar varias perspectivas o voces narrativas y cuentan con un gran número de neologismos (la acuñación de nuevas palabras o frases), juego de palabras e incluso blasfemias. Otra característica notable es el tratamiento de los ajustes tanto rural y urbano, el internacionalismo, el énfasis tanto en la historia como en la política. La Literatura del Boom rompe las barreras entre lo fantástico y lo mundano, la transformación de esta mezcla es una nueva realidad. De los escritores del Boom es Gabriel García Márquez quien está más estrechamente ligado con el uso del “realismo mágico”, de hecho, se le atribuye traerlo de moda después de la publicación de Cien años de Soledad en 1967. De acuerdo con esta estética, las cosas irreales son tratadas como realistas y las cosas mundanas como elementos irreales, mientras que a menudo se basan en experiencias reales. La ficción histórica es otra característica de las novelas de este período. El paradigma es la Novela del Dictador, donde las figuras y acontecimientos históricos fueron retratados de manera que las conexiones entre ellas y los acontecimientos contemporáneos en América Latina no podían ponerse en duda.

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Carlos Fuentes comenzó a publicar en la década de 1950. Era hijo de un diplomático mexicano. Vivió en ciudades como Buenos Aires, Quito, Montevideo, Río de Janeiro y Washington D.c. Sus experiencias en la lucha contra la discriminación en México lo llevaron a analizar más de cerca la cultura mexicana. Su novela La muerte de Artemio Cruz (1962) describe la vida de un ex revolucionario mexicano en el lecho de su muerte. Otros trabajos importantes incluyen La región más transparente (1959), Aura (1962), Terra Nostra (1975) y la novela post-boom Gringo viejo (1985). Fuentes no solo escribió algunas de las novelas más importantes de la época, también fue un crítico y publicista. En 1955 Fuentes y Emmanuel Carballo fundaron La Revista mexicana de Literatura, que introdujo a los latinoamericanos a las obras modernistas de Europa y a las ideas de Jean Paul Sartre y Albert Camus. Ocupó el cargo de profesor de Literatura latinoamericana en la Universidad de Columbia y en Harvard. Falleció el 15 de Mayo de 2012.

Gabriel García Márquez es sin duda alguna junto a Vargas Llosa, quien mayor proyección ha logrado entre los escritores del Boom. Empezó como periodista y ha escrito muchos aclamado-ficción y relatos cortos; sus escritos eran antes historias cortas que aparecían en el diario El espectador de Bogotá en la década de 1940. Es mejor conocido por novelas como Cien años de Soledad, por la cual recibió el premio Nobel de Literatura en 1967, El otoño del patriarca en 1975 y la novela postboom El amor en los tiempos del cólera. Ha logrado elogios de la crítica y gran éxito comercial.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura de 2010 es un escritor peruano; es uno de los más prolíficos en la lengua castellana, desenvolviéndose como ensayista, novelista, cuentista, dramaturgo, periodista, crítico literario y de político. Saltó a la fama con su novela La ciudad y los perros en 1962, la cual sorprendió por la sofisticación de su técnica narrativa; esta novela es a la vez una mordaz crítica de la corrupción y la crueldad en un colegio militar cubano y por extensión a la sociedad peruana.. Ha sido galardonado con los más importantes premios y distinciones a escala mundial y sus libros han sido traducidos casi en todos los idiomas.

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Miro al horizonte de la noche con los ojos

grises

de

sueño,

el

alma

expectante pero el corazón roto.

Fui un lobo, tan sólo eso y era feliz aun sin saberlo, una criatura perfecta en su compleja simplicidad.

El aullido que desgarra el frío aire y

Ahora soy más, mucho más, sin

hace eco en la distancia, más allá de

embargo me siento roto. El espíritu del

donde

las

hombre vive en mi, trenzado a mi

montañas se levantan altas y salvajes,

naturaleza animal, soy dos y no uno,

es la voz que siempre clamará por mí y

confusión y no orden. Mis nuevos

a la que nunca podre volver.

deseos de humano en lucha constante

termina

el

bosque

y

Siento, en el pecho, dolor que no nace de la carne sino de mi alma lobuna,

un

puño

me

oprime

contra mis instintos primarios. El conocimiento no es siempre útil,

la

pues por primera vez en mi vida saber

garganta y obliga al silencio mientras

no sirve de nada. Saber no calienta mi

el coro de los hijos de la noche canta

cuerpo desnudo de pelaje, ni me

su amor a la luna.

ayudan a mantener el equilibrio

Es ahora, cuando escucho la trama sonora tejida por sus voces, que comprendo

la

enormidad

de

mi

renuncia. He perdido mi lugar en el

precario de dos tambaleantes piernas, que no me llevaran ni tan lejos, ni tan rápido como lo hacían mis cuatro extremidades animales.

mundo, mi posición en el esquema de

Cierto que aun veo con la misma

todas las cosas, mi lugar en la jauría.

claridad diáfana de mis ojos de lobo, y

La muerte hubiera sido preferible al

sin embargo soy ciego sumergido en

destierro.

un colorido cosmos. Mis oídos captan

Cierro los ojos y las visiones de mi antiguo

universo

vuelven

para

atormentarme: la gran luz del cielo convertida en luna, el roce suave de

todavía el rumor del aire y al tiempo me siento un sordo que llora la evocación de otros sonidos. Percibo,

con

mi

nuevo

los pelajes, la compañía, el cariño,

entendimiento humano, que incluso el

incluso las peleas, el gris infinito de un

paraíso más perfecto se torna en

mundo sin colores y la libertad que lo

infierno cuando nos lo arrebatan y tan

vale todo. 23


sólo quedan los recuerdos para atormentarnos. Viví una vida dura pero llena de alegría salvaje. Fui rico antes de saber que era la riqueza, pues al poseer

tejón,

haya,

búho,

jabalí,

frambuesas, moras, musgo, ratón… todas

esas

palabras,

antes

desconocidas, ahora forman un todo llamado bosque.

garras y colmillos no necesitaba más.

Lobo es ahora un nombre y un

En ese entonces no comprendía, ni

rostro humano, extraño y familiar al

conocía simplemente era.

mismo tiempo. Un rostro que posee

Era fuerte, rápido, sagaz… un lobo con cuatro veranos condensados en un eterno presente. El viento trae aromas y en mi mente, recién iniciada en las cosas de los hombres, voces nuevas se unen a viejas formas: abeto, lince, oso, pino,

otros

ángulos,

diferentes

planos,

tonalidades y texturas pero que sin embargo al reflejarse en el espejo del agua me permite descubrir un poco de mi antiguo yo en el brillo dorado de mis ojos. Y es así, que con mi primera sonrisa humana, celebro el triunfo de mi espíritu animal porque sin importar lo que ocurra después, seré siempre un lobo bajo ésta piel desnuda.

Malena Cid Ciudad de Mérida, Yucatán, México 2012© Todos los derechos reservados.

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La catarsis… El suspiro que viene viajando desde las entrañas hasta el plexo se lleva el herrumbre del mundo que se devasta, gota a gota, como un iceberg a pleno sol naciente. Es en el cuerpo pero también en el alma en donde reflejo la metamorfosis inminente; parezco un mutante ensayando la consecuencia final de la desintegración. El vacio que me abraza parece un eclipse. El final de una era. La muerte. Un ciclo que termina y no más. Podría tal vez pretender una última gran palabra antes de comenzar a pulir mis zapatos en nuevos caminos, pero aún no he encontrado el momento exacto para dejarme crucificar por semejante construcción sintáctica; requiere de calma real escudriñar en la garganta para parir un adiós acorde a las circunstancias. Mientras tanto, me iré abandonando como un vagabundo al vaivén de las emociones que amenazan explotarme en la respiración, luchar para evitarlo, no sería oportuno, pretendo inmola hasta los huesos en éste salto cuántico en donde estoy dejando nada más y nada menos que a un amor importante. Mañana, tal vez, a la luz de nuevos vientos, me regale un segundo frente a mis escombros y pueda capturar en la retina mi imagen vieja pariendo sueños frescos.

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Me invade un presentimiento. Pre-sentir es adivinar el próximo paso del destino, piensa mi mente, Mientras detengo mis pupilas en el eclipse que reina solemne A través de mi ventana. Como un chamán indio se erizan las fibras De mi cuerpo. Las runas del tiempo revelan en la tela de mi carne Otras bitácoras para seguir andando, entonces me arranco El corazón y lo sacrifico a los atalayas del Universo. Escribe mi mano: “Roja escarlata Levita la luna sobre la impávida quietud de sueños que amenazan no ser” Pero ya no le temo a las heridas que me esperan. Los veleros de la noche me refugian en sus costas amables mientras Me transformo, mientras me fundo, sin oros y sin perlas, En el maravilloso anonimato al que me invita mi visión transparente. Sé que del aprendizaje dejado por mis amores y sus ausencias Conservaré las huellas que ya he pisado y en los senderos que se Desvanecen bajo el hechizo de ésta luz clara, Arremolinaran mis cenizas, pariendo hijos del viento… Tal vez en un suspiro sobrevivan las hazañas de mis letras, Las que hasta hoy debo decir. Mañana seré un cometa. La encarnación de una voz Fracturando el abismo entre Las palabras y el silencio….

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“los poetas latinoamericanos deben de crear los instrumentos expresivos que muestran lo que somos, lo que tenemos, tal cual son, y ello nos llevará a tomar de los cánones externos, lo positivo que pueden ofrecernos para enriquecer, estos instrumentos expresivos. Explicar, entonces, nuestras expresiones literarias latinoamericanas, en nuestra propia realidad: Buscando una identidad con una visión enriquecedora de nuestra forma de ver el mundo. “

Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Luis Buñuel

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Voces en el silencio

Es muy difícil hablar de la poesía de un país, sobre todo cuando está construida por largos silencios y por seres que han trabajado en solitario, cada uno con sus códigos, con su panteón de autores y experiencias personales; sus vivencias desde la cátedra hasta el fondo profundo de las adversidades del trabajo oscuro y agotador de las minas; las vivencias de la calle, de la lucha para superar las injusticias y el testimonio de su poesía contestataria. Bolivia es poseedora de una rica herencia cultural milenaria, siguen vivas muchas de sus tradiciones y costumbres. Todavía se escuchan en la Cordillera Real de los Andes las voces de sus grandes espíritus poéticos y de personajes envueltos en la leyenda, como el poeta guerrillero indio quechua potosino Juan Wallparrimachi Maita (Alto Perú, hoy Bolivia, 1793-1814) nieto de un judío portugués, hijo de madre india y padre español, huérfano de padres después de nacer. Criado por indios y recogido después por los guerrilleros

Manuel Ascensio Padilla y Juana Azurduy de Padilla, con quienes luchó por la libertad y la independencia. Bolivia también es una nación que ha padecido dictaduras militares y ha sufrido la explotación, la marginación, el racismo, el Abandono, la persecución, la tortura y el exilio de muchas de sus mentes más Lúcidas. Para hablar de la poesía contemporánea de Bolivia, es necesario y justo mencionar algunos poetas que han contribuido con una estela de conocimientos poéticos de vital importancia a las generaciones actuales. En el romanticismo se destacaron las figuras de los poetas Ricardo José Bustamante (1821-1884) con obras como “Hispanoamérica libertada”, sus compatriotas lo llamaban el Víctor Hugo boliviano y Adela Zamudio (La Paz, 18541928) escritora, educadora y pintora, pionera en la lucha por la liberación de la mujer, directora y profesora de la primera escuela laica en Bolivia; con el seudónimo Soledad escribió: “Íntimas”, 29


“Peregrinando”, “Ráfagas”, “Noche de fiesta”, “El velo de la Purísima” y “Cuentos breves”. También se oye desde la posteridad la melancolía poética de María Josefa Mujía (1820-1888), ciega desde su primera edad, una de las iniciadoras de la poesía romántica en Chuquisaca. Sería justo hacer un reconocimiento a otras mentes muy destacadas de la literatura de esta época como: el ensayista, bibliógrafo e historiador Gabriel René Moreno (18361909), preocupado por la literatura en sus libros: “Estudios de literatura boliviana” (crítica literaria, 1955) y “Últimos días coloniales en el Alto Perú”, (historia, 1896), además, escribió importantes obras sobre crónica y bibliografía. Natalia Palacios (1837-1918) educadora de la niñez, cultivó diversos géneros, sobresaliendo en materias pedagógicas, una escuela de La Paz lleva su nombre, sus obras: “Ensayos Literarios" y otro gran narrador Nataniel Aguirre (1843-1888), autor de la novela “Juan de la Rosa”. Memorias del último soldado de la Independencia (1885). Este escritor sirve de enlace entre el romanticismo, el realismo y el modernismo. Escribió también cuentos, dramas románticos como “Visionarios y mártires” (1865) y “Represalia de héroe” (1869) y poesía lírica y patriótica. Entre sus trabajos como historiador sobresale su obra “Bolivia en la guerra del Pacífico” (1882-1883). Ricardo Mujía (1861-1934) escritor, destacado, jurista de excelente actuación en la política, en la diplomacia y en la cátedra. Es una de las figuras importantes del Modernismo. Cultivó diversos géneros de poesía con tendencias cívicas y patrióticas, a veces con lirismo y acentos místicos. Muchos escritores fueron marcados por la Guerra del Chaco (1932–1935) que enfrentó a las repúblicas de Bolivia y Paraguay por el llamado Chaco boreal, al norte del río Pilcomayo. Entre ellos se destacaron los novelistas Gustavo Adolfo Otero, autor de “Horizontes incendiados”, (1933), Augusto Guzmán “Prisionero de guerra” (1938), Adolfo Costa du Rels “Laguna H-3” (1938) y Augusto Céspedes “Sangre de mestizos” (1936), entre

muchos otros. Ese impulso permitió el análisis de problemas sociales como los que afectaban al indígena. Actualmente no hay un poeta que rebase a los demás, es decir, no hay un poeta boliviano nacional o continental, aunque muchos tienen grandes cualidades literarias y cuyas obras no son suficientemente conocidas internacionalmente, a pesar de sus méritos. No existe un problema generacional, tanto los jóvenes como los viejos se han enriquecido recíprocamente. Aún trabajando en solitario siempre han pensado en los demás y en su comunidad; no han tenido una concepción platónica o aristotélica de escuelas y los más jóvenes han sentido y han tenido en los poetas mayores a sus propios contemporáneos, así como los poetas actuales han eliminado los obstáculos para relacionarse con los otros sin ocultar secretos. Algunos de los poetas y las poetas cuyas obras son también muy conocidas en la actualidad fallecieron hace pocos años y algunos recientemente. Otros han estado afiliados a organizaciones, grupos y asociaciones nacionales e internacionales de expresión lírica y vanguardista como los grupos “Copacabana de 1992” y "Los Jinetes del Apocalipsis". Han publicado en numerosas revistas y antologías y en espacios virtuales, pero casi todos de una manera individual, solitarios, ermitaños de la sombra, de las ideas y de la vida literaria que vive en ellos.

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Nacer Hombre

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Nacer hombre

Cuánto trabajo ella pasa Por corregir la torpeza de su esposo, y en la casa, (Permitidme que me asombre) tan inepto como fatuo sigue él siendo la cabeza porque es hombre. Si algunos versos escribe — ¿De alguno esos versos son que ella solo suscribe? (Permitidme que me asombre) si ese alguno no es poeta ¿Por qué tal suposición? Porque es hombre. Una mujer superior en elecciones no vota, y vota el pillo peor (Permitidme que me asombre) Con solo saber firmar puede votar un idiota, porque es hombre. El se abate, y bebe o juega en un revés de la suerte; ella sufre, lucha y ruega; ella se llama ¿ser débil? Y él se apedilla ¿ser fuerte? Porque es hombre. Ella debe perdonar si su esposo le es infiel; mas él se puede vengar; (Permitidme que me asombre) en un caso semejante hasta puede matar él, porque es hombre. ¡Oh mortal! ¡Oh mortal privilegiado, que de perfecto y cabal gozas seguro renombre! Para ello ¿Qué te ha bastado?

Fue una maestra de pensamiento liberal que impulsó la educación de las mujeres a principios del siglo XX. En 1923 protagonizó una polémica con un representante de la Iglesia católica, Monseñor Francisco Pierini, que marcaría su época en torno a la educación religiosa y la educación laica. En 1926, solo un año después de las celebraciones del centenario de la creación de Bolivia, fue reconocida oficialmente por el estado boliviano y “coronada” por el presidente Hernando Siles en un acto público y popular inédito. Pero poco después se sabe que ofreció su corona de oro a los bancos de Cochabamba para poder sobrevivir con su menguada pensión de profesora. Se llamaba Adela Zamudio. Nació en Cochabamba en 1854 y murió en la misma ciudad en 1924. Se la considera la figura literaria femenina más importante de la Literatura Boliviana. Dirigió la primera escuela laica de Bolivia en la Paz. Fundó la primera escuela de pintura para mujeres y posteriormente para niños en uno de los arrabales de la ciudad. Muy joven se inició en la poesía bajo el seudónimo de Soledad y llegó a ser una figura sobresaliente entre todos los escritores del período romántico. Manejó todos los géneros y las formas retóricas, con versificaciones fluidas y correctas. Sus temas se centraron en la vida, la naturaleza, la preocupación filosófica y los sentimientos. Fue una penetrante observadora del alma humana, sus Cuentos reflejan el ambiente de su época y denuncian la injusticia social y económica con medida e ironía. El desconsuelo que se encierra en muchas de sus composiciones nace más de la angustia filosófica, de la lucha con un medio chato y clerical que del prurito lacrimoso y Sentimental que aquejó a los escritores del siglo pasado. Autora de piezas de teatro y lecciones líricas para niños. En 1914, cuando la aguerrida pedagoga contaba ya sesenta años de edad, ese vigor impulsivo que había alentado sus ideas liberales mantenía intacta toda su capacidad de enfrentamiento contra los sectores reaccionarios que seguían oponiéndose al desarrollo intelectual y humano de las mujeres. En dicho año, Adela Zamudio dio a la imprenta un polémico artículo en el que, bajo el título de "Temas pedagógicos", hacía patente la repulsa e indignación que le causaba el hecho de que las jóvenes educandas bolivianas, al alcanzar el tercer grado de la Escuela Primaria, se vieran obligadas a suspender su formación académica, pues los programas educativos vigentes no contemplaban la posibilidad de que accedieran a los cursos superiores. Este talante combativo que mantuvo hasta el final de sus días -y que quedó perfectamente reflejado en su creación literaria-, la convirtió en una de las figuras más representativas de la pedagogía boliviana de su época; en homenaje y agradecimiento a sus desvelos, el Liceo de Señoritas que dirigió durante tantos años fue bautizado, tras la desaparición de la escritora de Cochabamba, con el nombre de "Liceo Adela Zamudio".

Nacer hombre. 32


CORRÍA LA DÉCADA DE LOS CINCUENTA EN ESTADOS UNIDOS. LA TÍPICA FAMILIA NORTEAMERICANA INCLUYE AL PADRE Y CABEZA DE FAMILIA, UN HOMBRE QUE TRABAJA DURO PARA COMPRAR UN BUEN TELEVISOR A COLOR Y EL MEJOR VEHÍCULO PARA LOS SUYOS. SU MUJER ES UNA AMA DE CASA MODELO Y UNA ESPOSA IDEAL QUE AMASA BISCOCHOS PARA LOS VECINOS Y LA HIJA ES UNA NIÑA BUENA QUE LLEGA PUNTUAL A LA HORA DEL CORO. LA AMERICAN WAY OF LIFE VIVE EN CASAS UNIFAMILIARES CON EL JARDÍN LIMPIO DE MALAS HIERBAS Y LO SUFICIENTEMENTE ALEJADA DE LOS DESCENDIENTES DE AQUELLOS ESCLAVOS QUE RECOGÍAN ALGODÓN. LA REBELDÍA PARECE COSA DE RISA. SIN EMBARGO, DENTRO DEL SENO DE ESTE BIENESTAR SOCIAL BLANCO SURGE UN HIJO DÍSCOLO. UN HIJO QUE ESCUPE SOBRE EL DECORADO DE LA TARTA.

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No quiere ascender socialmente, es escritor, lee a poetas franceses como Rimbaud y escribe palabras que suenan mal. Escucha jazz, la música de los otros, los que viven en libertad pero sin derechos. Es blasfemo, se acuesta con chicas y con chicos y abraza el budismo. Se droga con marihuana, bencedrina y somníferos. No trabaja, y lo único que quiere es cruzar el país en su auto acompañado de vagabundos y en busca de lo auténtico (sin saber qué es lo auténtico). Su nombre Jack Kerouac. Hablar de la Generación Beat, un

término acuñado por un periodista, es hablar de un movimiento contracultural de carácter impulsivo. No en vano la propia palabra beat (latido, impulso) ya dice mucho de escritores como Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William S. Burroughs, Gregory Corso o Lucien Carr. Eran literatos que querían vivir antes que morir de americana mediocridad. Y empezaron su borrador vital en la Universidad de Columbia, el lugar donde, entre otros, un joven escritor frustrado, un judío lleno de dudas y un aspirante a todo menos a los buenos hábitos, se conocieron gracias a terceras personas. Formaron un círculo literario en el que predominaba la lectura de autores franceses y lo combinaron con fiestas en las que el jazz se podía escuchar desde el barrio de al lado. Las chicas, el alcohol y las drogas. En un rincón de la fiesta, Burroughs tomaba y pasaba bencedrina a todo aquel que se lo pidiese: prostitutas,

músicos, estudiantes y chavales que se hacían llamar escritores. Así pues, el alma del festejo la formaban Kerouac, Ginsberg y Burroughs (aunque sus amigos no se quedaban atrás). Y al día siguiente, sus máquinas de escribir siempre intentaban recoger los frutos de las musas y de esa buscada (aunque no del todo impostada) excentricidad. Jack Kerouac quizás sea el escritor más conocido gracias su obra En El Camino, la madre del cordero de la Generación Beat. La fama le llegó después de desearla durante años y después de muchas decepciones. La primera de ellas, el deporte, ya que una lesión en la pierna le impidió seguir jugando al fútbol americano en la universidad. El segundo de sus fracasos fue la Marina. De hecho, parecía claro que un tipo cómo él, tan poco dado a la disciplina, iba a durar bastante poco en un mundo las normas y las prohibiciones tienen tanta relevancia. Y así fue. Kerouac se hartó y mandó la marina a la porra logrando que sus superiores le expulsaran por una esquizofrenia fingida. No le costó mucho hacerse pasar por un paranoico. Una vez liberado del uniforme, el joven Kerouac decidió dedicarse profesionalmente a la escritura. Kerouac esta vez sí, estaba seguro de su triunfo ya que la modestia nunca fue uno de sus puntos débiles y, en consecuencia, se consideraba un genio absoluto. Sin embargo, su primera novela La Ciudady El Campo (1950) apenas tuvo repercusión y ningún crítico sintió ni escalofríos ni ningún tipo de orgasmo al leerla. Harto de que nadie lo descubriese, tomó la gran decisión de su vida cuando conoció al hiperactivo Neal Cassady y decidió cruzar con él el país. Neal Cassady había nacido en Denver y era hijo de un barbero. A los 14 años robó su primer coche y descubrió que ésa era una de sus grandes pasiones junto con el alcohol y las mujeres. Cuando Jack Kerouac le conoció supo al instante que había encontrado a una de esas personas que te abducen en su particular torbellino. Y no hay duda de que Cassady 34


lo hizo. Quizás no tenía tanta cultura como Kerouac, ni tampoco poseía el don de la escritura. Sin embargo, Neal tenía una energía descomunal y en lugar de escribir una novela, hizo de su vida una aventura. Para escribir ya estaba Kerouac y, precisamente, eso fue lo que hizo en el Camino, su segunda novela: narró sus aventuras junto a Neal a bordo de coches alquilados y carreteras polvorientas. Cassady acabaría siendo el protagonista del libro y, en consecuencia, cuando la obra se hizo famosa, acabó convirtiéndose en un símbolo para muchos jóvenes. Sin embargo, el éxito tardó en llegar básicamente porque a Kerouac le costó años que algún editor publicara un libro, su libro, en el que el esquema clásico de introducción, nudo y desenlace no existe. Tras continuas revisiones, la obra finalmente se publicó en 1957, siete años después de que Kerouac publicara su primera novela. On The Road, en la carretera. Aunque los miles de kilómetros fueran ilógicos, ese acto absurdo de viajar por viajar supone la clave del libro. Mucho más si tenemos en cuenta que esa marcha sin trayecto final desprende por sí misma cierto halo de romanticismo literario que siempre va bien a la hora de acompañar a la figura del rebelde de turno.. Por otra parte, la obra también resulta interesante por las vivencias de Sal y Dean, (Kerouac y Cassady) kilómetro tras kilómetro: chicas, drogas, jazz en clubs de mala muerte, dudas existenciales, poemas musicales o decepciones como cuando los protagonistas llegan a Hollywood y se encuentran con una ciudad con los perdedores más bellos de América, estrellas de cine frustradas que trabajan en cafeterías de mala muerte. La alternativa existe y está ahí. El tercer aliciente reside en la figura de Dean Moriarty, un tipo amable, cruel, cómico y trágico. Todo a la vez, puro nervio. Aunque no está solo. Kerouac retrató en este libro a todos y cada uno de los escritores que formaron parte de ese movimiento literario. Así que En El Camino también es el retrato del particular comportamiento y estilo de vida de estos bohemios de motel. Y si

Kerouac es el autor más conocido de la Generación Beat, Allen Ginsberg quizás fue el escritor más político. No en vano dio a los beats el toque reivindicativo que, por ejemplo, le faltó a Kerouac para ser un contestatario en toda regla. El autor de En El camino fue acusado de racista por ofrecer una imagen demasiado idílica y algodonera tanto de los mexicanos como de los negros en su obra más famosa. Gran parte de la crítica echó en falta que Kerouac mencionase que además de beber, reír

y vivir en un mundo menos racional, esas minorías sociales también vivían en guetos y sin apenas derechos civiles. En cambio, Ginsberg sí que supo poner el dedo en la llaga y de hecho mostró su incondicional apoyo a la minoría negra durante la lucha por la consecución de sus derechos civiles y también acabó siendo una figura importante durante las protestas contra la guerra de Vietnam. Allen Ginsberg se dedicaba a la poesía tal y como también lo había hecho su admirado Arthur Rimbaud en el siglo XIX. El poeta francés era un símbolo para todos los beats. La razón es sencilla. Rimbaud, no contento con exaltar los sentidos en sus poemas, también se 35


comportaba de manera excéntrica: bebía, fumaba marihuana, apenas se lavaba, se desnudaba en público y, para acabar de redondear su historial contrario a las buenas costumbres de la época, mantuvo una relación homosexual con el escritor Paul Verlaine. No hay que olvidar que en por aquellos tiempos la homosexualidad estaba penada en Francia. Sin embargo, Allen Ginsberg tuvo más problemas que su admirado Rimbaud a la hora de aceptar y de reconocer su homosexualidad. Su atracción por los hombres, sin embargo, no fue su único dolor de cabeza. El primero de ellos fue la esquizofrenia de su madre. Nacido en Nueva Jersey en el seno de una familia judía, la infancia de Ginsberg estuvo marcada por los problemas mentales que sufría Naomi, su progenitora. Para colmo y escándalo de todo buen americano de barras y estrellas en la puerta de casa, Naomi estaba afiliada al partido comunista americano y solía llevar a sus hijos a los mítines. Las dudas y los altibajos en el hogar acabaron por conformar una personalidad algo inestable. Y si bien Ginsberg creció admirando a poetas como William Blake y Walt Witman, también lo hizo teniendo alguna alucinación tal y como le sucedió a los 22 años. Ni más ni menos, Ginsberg creyó que William Blake en persona le estaba recitando "Ah sunflower" y otros dos poemas. Este hecho significó un punto y aparte en la vida de Ginsberg y posteriormente intentaría a través de las drogas revivir aquel éxtasis existencial. A pesar de tener una infancia complicada, el joven poeta encontró en la escritura su vía de escape. Aunque sus intereses iban mucho más allá. Uno de ellos era el budismo. Ginsberg, quien también había viajado por las carreteras americanas tal y como lo estaba haciendo Kerouac, se trasladó a mediados de la década de los cincuenta a San Francisco. Por entonces, la ciudad californiana ya tenía fama de urbe progresista y además contaba con una incipiente movida poética. Fue allí cuando Allen Ginsberg conoció a Peter Orlovsky, un joven de 21 años del que se enamoró. Atrás quedaron los intentos de Ginsberg por reconvertirse en

heterosexual (aunque esto tampoco fue un obstáculo para haber sido el amante de Neal Cassady, una relación que Kerouac desaprobaba más que nada porque no era demasiado gay-friendly). La pareja empezó a leer sutras a todas horas y Ginsberg quedó francamente emocionado por esas ideas que hablaban de paz espiritual. También en San Francisco, Ginsberg se animó a realizar recitales en cafés o en otros espacios como la Six Gallery. En estos acontecimientos, Ginsberg interpretaba sus versos vitales, críticos, pero sobretodo, directos. Y lo hacía ante una audiencia que poco a poco iba creciendo. Su recital más famoso fue uno celebrado en 1955 que se bautizó como "Six poets at the Six Gallery". O lo que es lo mismo, seis poetas de influencia beat (Ginsberg, Phil Lamantia, Michael McClure, Gary Zinder y Philip Whalen) recitando poemas en la Six Gallery. En este recital, al que acudió Kerouac, Ginsberg leyó por primera vez su célebre poema "Aullido". Y, lógicamente, estalló la locura y el escándalo. Porque una poesía que empieza diciendo "He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un colérico picotazo" tiene que dar que 36


hablar. Ginsberg se convirtió en la nueva gran promesa de la poesía pero, al igual que Kerouac, también tuvo problemas para editar su obra. Finalmente la pequeña editorial City Lights publicó en 1957 su obra Aullido, un libro de poemas divido en tres partes. Con esta publicación, City Lights empezaría a publicar las obras de otros beats como Kerouac, William Burroughs, Lucien Carr e incluso Neal Cassady, quien también se atrevió con la escritura pero sin lograr demasiado éxito. La publicación de Aullido no supuso el fin de los problemas de Ginsberg. Al contrario, al poco tiempo de salir a la venta la obra fue acusada de obscenidad por un tribunal. Tras un largo proceso judicial en el que Ginsberg consiguió movilizar a escritores e intelectuales a favor de la libertad de expresión, la obra fue declaraba "no obscena". El ruido ya estaba hecho y los beats ya empezaban a catar la popularidad. Kerouac siguió escribiendo y publicó entre otras obras Los subterráneos y Los vagabundos del Dahrma, una obra budista ambientada en San Francisco. Al mismo tiempo, el escritor veía como su obra En el camino se iba convirtiendo poco a poco en un referente entre los jóvenes. De hecho, muchos de ellos decidieron imitar a Kerouac y a Cassady y se lanzaron a cruzar Estados Unidos a bordo de coches alquilados. Por su parte, Ginsberg escribiría en 1961 Kaddish y otros poemas, un claro homenaje a su madre recientemente fallecida. Pero si por algo destacó Ginsberg (aparte de por ofrecerse como cobaya para un experimento a base de LSD) fue por su crítica política. El poeta estaba en todas las manifestaciones y manifiestos en contra de la guerra del Vietnam y apoyaba a Martin Luther King. Así que 1973 decidió publicar otra de sus obras imprescindibles, la crítica La caída de América. El título lo dice todo. Por entonces Ginsberg se codeaba con gente como Bob Dylan y personajes como Tom Waits, Hunter S. Thompson, Ken Kesey y Charles Bukowski reconocían la influencia de los beats en sus obras. Al mismo tiempo que el poeta publicaba en

1957 Aullido, William S. Burroughs estaba pasando una temporada bastante agitada en Tánger. Lo de agitada es un eufemismo para decir que en la ciudad marroquí Burroughs se pasaba el día drogado a base de bien aunque también le quedaba algo de tiempo para escribir. Lógicamente, en semejante estado mental y físico, lo que salía de sus textos no era más que el fiel reflejo de un yonqui en plena fase autodestructiva pese a que para Burroughs la destrucción fuese su forma de vida durante al menos cincuenta años. De su período puestísimo en Tánger nació en 1959 su novela más conocida, El Almuerzo Desnudo, una obra psicotrópica, sin sentido y un auténtico reto para quien decida leérsela entera. Años después y más recuperado, Burroughs escribió una introducción en la que comenta su particular proceso de escritura durante aquellos días en Tánger. Burroughs explica: "Desperté de La Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo y en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a La Enfermedad... La mayoría no recuerdan su delirio al detalle. Al parecer yo tomé notas detalladas sobre La Enfermedad y del delirio". Tras que el ejército le impidiera reclutarse porque había perdido la falange de un dedo, Burroughs se estableció en Nueva York y allí fue donde conoció a Kerouac y a los demás beats. Por aquel entonces Burroughs ya tenía claro que era bisexual y que le gustaban los bajos fondos: los trapicheos, la falsificación de recetas o los pequeños hurtos eran sus compañías habituales. Cuando William se metía en algún problema, algo común, el dinero de su familia servía para rescatarle. También le gustaba escribir aunque tardó bastante tiempo en crear su carrera literaria. Su primera novela Yonqui se publicó en 1953 en parte gracias a que Allen Ginsberg le había animado para que escribiese algo. Ginsberg seguramente pensó que un tipo tan impredecible como Burroughs tendría bastantes cosas. Fue en Nueva York donde conoció a Joan 37


Vollmer, una amiga de la primera mujer de Kerouac que, rápidamente y por influencia de un círculo social bastante narcótico, se enganchó a las anfetaminas y a Burroughs. Fueron pareja, tuvieron dos hijos y ambos se dedicaron a vivir por el lado salvaje de la vida en compañía de Kerouac, Ginsberg, Cassay & Co. Pero en una fiesta celebrada en 1951 en México D.F. William S. Burroughs decidió imitar a Guillermo Tell. No está claro si fue Burroughs quien puso un vaso sobre la cabeza de su compañera o si fue la propia Joan. Pero lo que sí que está claro es que Burroughs no le dio a la diana correcta y pasó 13 días en una prisión de la capital acusado de matar a su mujer. Una vez más, el dinero de su familia compró la libertad del loco Bill quién aprovechó la ocasión para viajar hasta llegar a Tánger. La muerte de Joan supuso el espaldarazo definitivo para que Burroughs decidiera continuar con su carrera literaria. El escritor consideró que tras la muerte de Joan lo único que podía hacer era plasmar en un papel sus experiencias. Y de ahí nacieron obras como la ya citada El Almuerzo Desnudo, El Exterminador, Las cartas de la Ayahuasca, una obra que recoge la correspondencia entre Burroughs y Ginsberg o Ciudades de la Noche Roja. En los 70, Burroughs volvió a Estados Unidos y fue entonces cuando pasó de ser un tipo marginal y se convirtió en un icono para artistas como Patti Smith, Andy Warhol, la fotógrafa Susan Sontag y o los Sex Pistols entre otros. La Generación Beat creció en Estados Unidos y fue un referente literario, pero también en cierto modo cultural, hasta que en 1968 la Era de Acuario se apropió de muchos de los tabúes y de las ideas de

Kerouac y los suyos y se encargó de eclipsar las largas carreteras estadounidenses a base de florecitas en el pelo. Los beats, sin embargo, mantuvieron en cierto modo su popularidad. Kerouac apenas la pudo disfrutar ya que murió en 1969 a causa de unas complicaciones derivadas su elevado consumo de alcohol. Ginsberg seguiría dando guerra hasta 1997. Y ese mismo año, unos meses después y quizás como última jugarreta, William S. Burroughs fue el último de los más famosos beat en despedirse del mundanal ruido. El largo viaje a través de carreteras polvorientas, sin duda, había dado mucho de sí.

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Hubo mujeres en la generación beat, ellas estuvieron ahí, yo las traté. Sus familias las internaron en hospitales psiquiátricos, les aplicaron electrochoques. En la década de 1950 si eras hombre podías manifestarte como rebelde, pero si eras mujer tus mismos familiares te encerraban. Hubo muchos casos que yo conocí, sobre los cuales algún día se escribirá. Gregory Corsso

Son los cincuenta, el papel de la mujer en la sociedad está tratando de ser reconstruido en un icono de femineidad de ama de casa, de la madre cariñosa, de la esposa obediente, que todos los medios bombardean. Durante la segunda guerra mundial las mujeres habían tenido que “ponerse los pantalones”, así que en esta década se da una suerte de reivindicación de las obligaciones femeninas: nunca hacer enojar al marido, atenderlo, cuidar a los niños, mantener la casa pulcra, cocinar bien, entre muchas otras cosas. Es completamente mal visto, en esta época, que una mujer estudie una carrera o pretenda balancear el trabajo con los deberes del hogar. Las mujeres no saben manejar, son incapaces de sobrevivir sin un hombre que las rescate de todos sus problemas, no entienden nada de política ni de deportes. La mujer estereotípica es la mujer con delantal de todos los comerciales. Así, en un mundo donde no se puede subsistir sin un hombre, donde casarse y tener hijos es la mayor meta en la vida, donde la única utilidad es ser una buena esposa y ama de casa, ¿qué pasará si una mujer escribe poesía, si busca estados místicos, si no cree en las instituciones como el matrimonio, si es abiertamente lesbiana o bisexual, o si ejerce una sexualidad libre, aun en la heterosexualidad?

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Como lo dice Gregory Corso, sí hubo mujeres beats. Y ser rebeldes les ocasionó terribles problemas sociales. Hubo más de una veintena de mujeres que escribieron y experimentaron tal como los demás beats, que convivieron y crearon lazos firmes de amistad con Ginsberg, Kerouac, etcétera. Que tuvieron romances con unos y con otros, que vivieron sus propias experiencias, que se posicionaron en el rechazo social en pos de vivir tal como querían y leer lo que les daba la gana, y escribir lo que nacía de su pecho y de su mente iluminada. Mujeres que marcaron pauta, que crearon puentes para entender a la mujer como un ente mucho más ambicioso que la imagen gris de la obediente esposa. Mujeres como Mary Fabilli, Diane di Prima, Joyce Johnson, Hettie Jones, Joanne Kyger, Denise Levertov, Marge Piercy, Joanna McClure, Janine Pommy Vega, Anne Waldman, Ruth Weiss, Leonore Kandel, Brenda Frazer, Elise Cowen, Mary Norbert Korte, entre otras. No están totalmente olvidadas pero no se les da el reconocimiento que merecen. Muy pocas veces se habla de ellas, tan pocas que hay quienes piensan que no hay mujeres beatniks, o que sólo aquellas que fueron musas o esposas de un beatnik pueden entrar en la categoría. Algunas de ellas tuvieron alguna relación amorosa con alguien de su generación, es sólo lógico, pero su talento no dependía de ningún hombre. En este caso me centraré en tres de estas mujeres: Elise Cowen, Diane di Prima y Marge Piercy.

ELISE COWEN Un alma libre en un cuerpo reprimido por la sociedad. Empezó a escribir desde niña y desde entonces la persiguieron algunas sombras. No era la típica niña, la que sus padres hubieran querido, no hacía lo que “era debido”, lo “correcto” para una “mujercita”. La rodeaba un ánimo sombrío y estuvo internada en instituciones psiquiátricas (nunca sabremos si una fue causa de la otra, o viceversa). Conoció a Allen Ginsberg, su gemelo de alma y cuerpo aunque no de sangre, y aunque tuvo un romance con él, ambos abrazaron su homosexualidad y construyeron una fuerte amistad. Después de múltiples tratamientos psiquiátricos para su supuesta psicosis (quizá era sólo rebeldía o libertad) su mente no soportó más y se estrelló en el pavimento al tirarse desde un séptimo piso en Nueva York.

DIANE DI PRIMA “Soy una mujer de placer / y doy sal cuando me dan sal. / Libre de la esperanza y del conocimiento, / he dejado esto entre piedras molidas de otros umbrales.” Nieta de un anarquista de origen italiano, empezó a escribir seriamente a los catorce años. Conoció a los beats en los años sesenta, se volvió una de ellos, escribió junto, sobre y lejos de ellos, besó a algunos y a algunas, y de todas esas experiencias escribió Memories of a Beatnik (Memorias de una beatnik en 1969. En este libro cuenta su testimonio, aquello que vivió como mujer rebelde en su época, y los detalles eróticos de su vida con otros beats. Aquí un fragmento: Nos dispusimos a ponernos un buen colocón, y Allen, y Jack Kerouac que estaba con él, soltó un largo discurso 42


hermoso e inspirado, sobre la poesía y el afán de superación. Jack opinaba, y también Allen, por aquel entonces que uno nunca debía cambiar ni reescribir nada porque el primer impulso de la inspiración era el mejor, tanto en la vida como en la poesía. Era evidente que Jack vivía de ese modo. Cogió mis cuadernos de poesía y se puso a eliminar las correcciones, recitando los irregulares versos originales, convirtiendo en algo hermoso las pausas e imperfecciones mientras nos poníamos cada vez más enceguecidos. Diane di Prima fue muy criticada por publicar unas memorias tan envueltas en escenas sexuales y de uso de drogas, pero no llegó a más que fuerte crítica y quizá una que otra reseña despectiva. El poemario The Love Book (El libro del amor) de Leonore Kandel, también de la generación beat, no tuvo tanta suerte; fue acusado de “obsceno” y retirado de circulación. Otros libros de beatniks habían sido acusados también de lo mismo, como Howl (Aullido) de Allen Ginsberg y The Naked Lunch (Almuerzo desnudo) de William Burroughs, por ejemplo, pero en el caso del libro de Leonore Kandel, aun después de más de veinte años que se retiró, continúa prohibido. Difícil de creer, pero totalmente cierto.

MARGE PIERCY Piercy es una de las más activas feministas de la generación beat. Escribió libros de poesía, novela, teatro, ensayo y autobiografía. En sus libros no sólo trata de y defiende a la mujer, sino también hace crítica sobre la manera de tratar a los supuestos enfermos mentales, de las torturas que significan los tratamientos psiquiátricos culpables de que varios beatniks perdieran la verdadera razón (que a veces se encuentra en la locura) y que ocasionaron que se les fuera la luz interna.

Beatnik es un término inventado en 1958 por el periodista estadounidense Herb Caen con el fin de parodiar y referirse despectivamente a la generación beat y sus seguidores. 43


Libros de cabecera ÁNGELO

L LE EO OPPO OL LD DO OM MA AR RE EC CH HA AL L “El Banquete de Severo Arcángelo” de Leopoldo Marechal es una novela perfecta por su género e intencionalidad: se revela como obra de meditación espiritual y contenido histórico a la luz de la teología cristiana. El autor coloca una fecha puntual al inicio de su libro: Hoy es 14 de abril de 1963, como signo de un voluntarismo histórico que explica la gestación de la obra sin limitarla, no obstante, a esa época. Marechal expone en la misma su filiación personal peronista, insertándolo en un contexto aún más amplio: el tránsito de su pueblo hacia la redención histórica, reafirmando su condición de cristiano militante. “El Banquete de Severo Arcángelo” sigue la línea directriz de Cervantes, que instala definitivamente el juego ficcional sobre el entramado de realismo histórico, y traslada lo épico a la cotidianeidad, no lo es menos en los Diálogos de Platón, por demás leídos por Marechal. El autor aplica el método de la recapitulatio o enlace de imágenes que es típico de la literatura apocalíptica. Su tendencia a la alegoría y concretización de los procesos espirituales lo lleva a enlazar narrativamente instancias que en sí mismas son parábolas. También se notan influencias de la novela de aventuras, e incluso de la policial. La noción anglosajona de “suspense” es aquí aplicable a la historia real, cuyo profetizado desenlace no se ha cumplido aún. Por ello la novela queda abierta, sin centrar su mensaje en el término de los operativos descriptos; por el contrario, pone el acento en los preparativos de un banquete simbólico, que, en sí mismos implican la reconstrucción del hombre y de la nación. Todo es una gran víspera, se dice. Desde el punto de vista narrativo, el autor se vale de la técnica del relato

Enmarcado, presentando la historia de Farías, contada por el personaje Leopoldo Marechal, quien será el editor de la historia narrada por Lisandro. Prólogodedicatoria y epílogo enmarcan equilibradamente la historia, dándole a Marechal- editor un papel módico. En su lecho de muerte, y un Jueves Santo, Lisandro Farías siente la necesidad de exponer los aspectos fundamentales de su vida: quién soy y por qué me dejé ganar por las empresas del Viejo Cíclope. Nos será dado asistir al periplo de conversión y participación en un plan salvífico, vivido por un héroe de textura innegablemente autobiográfica y arquetípica como lo es Lisandro Farías, su trayecto, conversión, e iluminación es el eje narrativo de la obra. Completará su viaje, que incluye un paso por zonas infernales, en el acceso a la Zona Vedada, donde el hermano Pedro lo insertará en una cruz pintada en la pared. Severo Arcángelo es quien convoca el banquete. Operativo de internautas que reúne a treinta y tres comensales. Número simbólico que sustituye a los ciento cuarenta y cuatro elegidos del Apocalipsis. Si bien los alcances y el tema de la novela son realistas, se trata de una épica cómica y paródica El relato es llevado con humor y con exageración parabólico/escénica por Marechal. Hacia el final, Marechal-editor retoma la palabra, luego de haber recibido el detallado testimonio de Lisandro. Él mismo considera que el mensaje debe ser transmitido por su propia salvación, hecho que nos coloca una vez más ante la reafirmación marechaliana, cristiana en esencia de la literatura como verdad…

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Una hechicera en la prosa‌

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La obra de Clarice Lispector es una constante reflexión sobre el lenguaje, sobre los límites de la palabra que debe traducir algo que es mucho más grande que el lenguaje mismo. Debe traducir el misterio y lo que carece de nombre , debe expresar con términos racionales lo que la mirada percibió más allá , debe ser capaz de fijar el instante y el acto ínfimo que está en el origen de todo pero aunque hablar de ella sea hablar del lenguaje resulta casi una falsía hacer una disección crítica de su obra, porque ella no lo quiso nunca, nada más alejado de Clarice que la pedantería académica, siempre desconfió de los especialistas: “No entiendo de que hablan, pero siento ese falso vanguardismo , lleno de modismos, frío, calculador, poco humano. La mejor crítica es la que entre en contacto con la obra del autor casi telepáticamente”. Clarice fue una escritora brillante, tomé la decisión de que ocupará un lugar entre mis musas porque en cada una de sus prosas he podido encontrar algo afín, casi familiar a mi propio universo literario. Se ocupó de revestir su obra con una profundidad prácticamente insondable, en donde dijo sin decir en donde vivió sin vivir. Dentro de la Literatura Iberoamericana contemporánea, Clarice es sin duda uno de los casos más singulares, no solo por su formación y por las distintas influencias culturales que en ella se reúnen, sino porque su escritura rompe con muchos de los esquemas no solo de la tradición literaria brasilera, si no de los grandes escritores modernos en lengua castellana y portuguesa. Su narrativa sobresale por crear estructuras narrativas muy

Complejas a partir de anécdotas muy simples. En sus novelas y cuentos, sus personajes hablan consigo mismos, y analizan el mundo que los rodea. Más que Las historias personales de sus personajes, lo que nos cuenta es la historia de las almas, del descubrimiento de su propia dimensión espiritual. En novelas como La pasión según G.H o Aprendizaje: El libro de los placeres, el lector siempre encontrará a una escritora preocupada por reflexionar con profundidad sobre la condición humana, y sobre las grandes preguntas en torno a Dios, el mundo, el individuo, la libertad, el amor, la santidad, el espíritu, reflexiones que, sin dejar de ser profundas, son claras, accesibles, de una belleza e intensidad poco comunes. Imaginemos ese mundo por un instante, latente en el corazón de una escritora cuyo afán de soledad le valió la reputación de inaccesible, que vivió envuelta en un aura mítica, en un perfume irresistible para un puñado de lectores devotos; la invitación al viaje es casi indeclinable; por lo menos para ésta humilde escritora. Clarice Lispector, hija de padres rusos, nació en Tchetchelnick, Ucrania, en 1925, cuando la familia ya había decidido emigrar a Brasil. Con dos meses de edad llegó a Alagoas y desde allí, se trasladaron a Recife. A la edad de diez años, perdió a 46


su madre. A los catorce años se mudó a Río de Janeiro con su padre y su hermana. Allí, desde muy joven empezó a leer libros de autores nacionales y extranjeros de más relevancia como Machado de Assis, Rachel de Queiroz, Eca de Queiroz, Jorge Amado y Dostoievsky. En 1939 ingresa a la Faculta de Derecho mientras escribía pequeñas contribuciones para diarios y revistas de la época. A los 21 publica su primer libro Cerca del corazón, que había escrito a los 19 años y por el cual recibe el premio Graca Aranha al mejor romance publicado en 1943. Cursando la carrera de Derecho conoció a su esposo, un diplomático a quien acompañaría de país en país hasta su separación en 1959. Esos constantes viajes fueron un conflicto en la vida de Clarice. Mientras vivía en diferentes países, profundamente nostálgica de Brasil, intercambiaba cartas casi a diario con el escritor y amigo Fernando Sabino. En 1945, publica su segunda novela O lustre, escrita en esa etapa. De vuelta a Río en 1949, Clarice Lispector retomó su actividad periodística, firmando con el seudónimo Tereza Quadros una columna en un periódico local. En septiembre de 1952 volvía a dejar Brasil, desplazándose con el marido a Washington, DC. En febrero de 1953 dio la luz a su segundo hijo, Pedro. En 1954 se publicó la primera traducción de un libro suyo: Cerca del Corazón Salvaje en francés, con portada de Henri Matisse. En la capital estadounidense vivió ocho años, desarrollando una gran amistad con el escritor brasileño Érico Veríssimo y su esposa Mafalda. Desde allí logró publicar cuentos en revistas brasileñas y mantuvo una gran actividad epistolar con el escritor Otto Lara Resende. En 1959 rompió con su marido para regresar a Río de Janeiro, donde volvió a la actividad periodística, escribiendo artículos en los medios para conseguir el dinero necesario para independizarse. En 1960 publicó su primer libro de cuentos, Lazos de familia, con relativo éxito. En 1961 salió al público la novela La manzana en la oscuridad, más tarde convertida en obra de teatro. En 1963 publicó la que es considerada su

obra-maestra, la novela La pasión según G.H., escrita en tan sólo algunos meses. En la madrugada de 1966 la escritora durmió con un cigarrillo prendido, provocando un incendio que destruyó completamente su dormitorio. Con quemaduras en gran parte del cuerpo, pasó algunos meses en el hospital. Su mano derecha, muy afectada, casi tuvo que ser amputada por los médicos y jamás recuperó la movilidad de antes. El incidente repercutió profundamente en su estado de ánimo, y las cicatrices y marcas en el cuerpo le causaron frecuentes depresiones, a pesar del amparo de amigos. Entre el final de la década de 60 y principio de los años 70 publicó libros infantiles y algunas traducciones y adaptaciones de obras extranjeras, obteniendo un rampante reconocimiento e impartiendo charlas y conferencias en distintas universidades de Brasil. Murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años, víctima de un cáncer de ovario, algunos meses después de publicarse su última novela La hora de la estrella.

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Muchas veces escribir es acordarse de lo que nunca ha existido ¿Cómo lo conseguiré, saber lo que ni siquiera sé? Así: como si me acordase. Con un esfuerzo de "memoria", como si yo nunca hubiese nacido. Nunca he nacido, nunca he vivido: pero yo me acuerdo, y ese recuerdo está en carne viva. Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso, de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: Las palabras que digo esconden otras ¿Cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo. Meditación leve y suave sobre la nada. Escribo casi totalmente liberado de mi cuerpo. Como si éste levitase. Mi espíritu está vacío por tanta felicidad. Tengo ahora una libertad íntima sólo comparable a un cabalgar sin destino a campo traviesa. Estoy libre de destino. ¿Será mi destino alcanzar la libertad? No hay una arruga en mí espíritu, que se explaya en espuma fugaz. Ya no me siento acosada. Estado de gracia. Estoy oyendo música. Debussy usa la espuma del mar que muere en la arena, refluyendo y fluyendo. Bach es matemático. Mozart es lo divino impersonal. Chopin cuenta su vida más íntima. Schubert, a través de su yo, llega al clásico yo de todo el mundo. Beethoven es la emulsión humana en tempestad que busca lo divino y sólo lo alcanza en la muerte. Yo, que no pido música, sólo llego al umbral de la palabra nueva. Sin valor para exponerla. Mi vocabulario es triste y a veces Wagneriano.- polifónico-paranoico. Escribo de manen muy sencilla y desnuda. Por eso hiere. Soy un paisaje agrisado y azul. Me elevo en la fuente seca y en la luz fría. Quiero un escribir desaliñado y estructural como el resultado de escuadras, de compases, de agudos ángulos de un estrecho triángulo enigmático.¿«Escribir» existe por sí mismo? No. Es sólo el reflejo de una cosa que pregunta. Yo trabajo con lo inesperado. Escribo como escribo, sin

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saber cómo ni por qué: escribo por fatalidad de voz. Mi timbre soy yo. Escribir es un interrogante. Es así: ? ¿Me estaré traicionando? ¿Estaré desviando el curso de un río? Tengo que confiar en ese río abundante. ¿O habré puesto un azul en el curso de un río? Intento abrir las compuertas, quiero ver brotar el agua con ímpetu. Quiero que haya un clímax en cada frase de este libro. Paciencia, que los frutos serán sorprendentes. Este es un libro silencioso. Y habla, habla en voz baja. Este es un libro flamante: recién salido de la nada. Se toca al piano, delicada y firmemente al piano, y todas las notas son límpidas y perfectas, unas separadas de las otras. Este libro es una paloma mensajera. Escribo para nada y para nadie. Si alguien me lee será por su propia cuenta y riesgo. No hago literatura: sólo vivo al paso del tiempo. El resultado fatal de que yo viva es el acto de escribir. Hace tantos años que me perdí de vista que vacilo en intentar encontrarme. Me da miedo comenzar. Existir me da a veces taquicardia. Me da tanto miedo ser yo. Soy tan peligrosa. Me pusieron un nombre y me apartaron de mí. Siento que no estoy escribiendo todavía. Presiento y quiero un hablar más fantasioso, más exacto, con mayor arrobamiento, que haga volutas en el aire. Cada nuevo libro es un viaje. Pero un viaje con los ojos vendados por mares jamás vistos: con la venda en los ojos, el terror de la oscuridad es total. Cuando siento una inspiración, muero de miedo porque sé que de nuevo viajaré sola por un mundo que me rechaza. Pero mis personajes no tienen la culpa de que así sea y entonces los trato lo mejor posible. Ellos vienen de ningún lugar. Son la inspiración. Inspiración no es locura. Es Dios. Mi problema es el miedo a volverme loca. Tengo que controlar. Existen leyes que rigen la comunicación. Una condición es la impersonalidad. Separarse e ignorar son el pecado en un sentido general. Y la locura es la tentación de poderlo todo. Mis limitaciones son la materia prima que ha de trabajarse mientras no se alcance el objetivo. Yo vivo en carne viva, por eso me interesa tanto darle cuerpo a mis personajes. Pero no aguanto y los hago llorar sin venir a qué. ¿Raíces que no están plantadas y se mueven por sí solas o la raíz de un diente? Pues también yo suelto mis amarras: mato lo que me molesta y, como lo bueno y lo malo me molesta voy definitivamente al encuentro de un mundo que está dentro de mí, yo que escribo para librarme de la difícil carga de ser una persona. En cada palabra late un corazón. Escribir es esa búsqueda de la veracidad íntima de la vida. Vida que me molesta y deja a mi propio corazón trémulo el dolor incalculable que parece necesario para mi maduración: ¿maduración? ¡Hasta ahora he vivido sin madurar! Sí. Pero parece que ha llegado el momento de aceptar de lleno la vida misteriosa de los que un día morirán. Tengo que comenzar por aceptarme y no sentir el horror punitivo del cada vez que caigo, pues cuando caigo la raza humana cae también conmigo. ¿Aceptarme plenamente? Es una violencia contra mi vida. Cada cambio, cada proyecto nuevo causa asombro: mi corazón está asombrado. Por eso toda palabra mía tiene un corazón donde circula sangre. Todo lo que aquí escribo está forjado en mi silencio y en la penumbra. Veo poco, casi nada oigo. Me sumerjo por fin en mí hasta la matriz del espíritu que me habita. Mi fuente es oscura. Estoy escribiendo porque no sé qué hacer de mí. Es decir: no sé qué hacer con mi espíritu. El cuerpo informa mucho. Pero yo desconozco las leyes del espíritu. El divaga.”

Un soplo de vida (Fragmento)

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Entrevista

Cr贸nica de un encuentro:

Las nuevas Valquirias de la Poes铆a cordobesa 50


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http://www.facebook.com/ultrafinas.tramontinas

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Mejor conocida por su pseudónimo, Hilda Mundy, es el ejemplo perfecto de una escritora marginada por ser irónica y pertenecer a la vanguardia. No aparece en ninguna antología o ensayo sobre mujeres poetas o sobre poesía de la vanguardia en Latinoamérica. Esposa del poeta Antonio Ávila, Mundy tuvo sus comienzos literarios en el periodismo, en columnas de costumbres que, de repente, se volvían una crónica vivencial y cotidiana de la Guerra del Chaco (que, entre 1932 y 1935, libraron Paraguay y Bolivia por el control del río que abriría la salida al océano Atlántico): “Trenes militares diarios, comúnmente con diferencia de horas, repletos de soldados ebrios de entusiasmo que pasaban al frente de operaciones. Trenes de largo convoy de evacuación, carros de ambulancia cargados de enfermos, de heridos, de locos que llegaban a los hospitales de sangre”. Nunca salió de su país pero tuvo conocimiento de las vanguardias literarias, específicamente del ultraísmo, mediante revistas que se hacía traer desde el extranjero. Crítica de su posición como mujer en la sociedad, su primer y único libro publicado en vida, Pirotecnia. Ensayo miedoso de literatura ultraísta, salió a la luz en 1936 y sólo volvería a ser publicado hasta 1990. Otro título es Cosas de fondo, una recopilación de sus crónicas escritas durante la guerra del Chaco, y que apareció en 1989. Entre sus crónicas y poemas no hay gran diferencia: versos que colindan con anotaciones, con apuntes personalísimos que dan cuenta de la realidad circundante (sus formas prosaicas la acercan más a la escritura actual que a la de principios del siglo XX). Y no por ello deja de haber poesía; al contrario, Mundy resulta puntual y certera en sus comentarios irónicos, en sus imágenes poéticas. Algunas veces es sumamente reflexiva (“En el casillero de mis ideas extravagantes existe una semi-científica: el peso de las palabras”), y otras típicamente cercana a la vanguardia histórica (“Los árboles de las avenidas son pálidos, nostálgicos, extenuados de recuerdo”). Por supuesto, estas características fueron en detrimento suyo, en un contexto en el que la literatura boliviana pasaba de la poesía modernista a una socialmente comprometida y de un carácter solemne, oficialista. Aunque abordó el tema de la guerra, Mundy lo hizo desde una perspectiva crítica, no como una portavoz del pueblo o de la causa, lo que la volvió una disidente. En ese sentido, sólo en ése, es cercana a Nellie Campobello. Ni el ultraísmo ni otra vanguardia fecundaron en Bolivia. Sus acercamientos al surrealismo fueron más bien tardíos, salvo Pirotecnia y El loco de Arturo Borda. Pero Borda era hombre y Mundy la mujer de un poeta: su escritura, tan libre de adornos estilísticos, podría ser totalmente actual. Lean, si no: “el dolor continuo llega a la insensibilidad”.

Laura Villanueva Rocabado (Oruro, Bolivia, 1912-La Paz, 1982)

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Lloré y lloré, lloré amargamente, lloré con todo el dolor de las entrañas. Lloré por todo el odio y la vergüenza abierta en canal. Por haberla hecho callar y por haberse explayado esclavizada del no ser. Por haber mutilado sus emociones y haber arrancado su piel a tiras. Por el odio, la represión y la cobardía mísera de proyectar la aprobación en el error y castigarla con vehemencia. Lloré y lloré por la amargura opaca del corazón extinto en el olvido. Por enterrarla en vida expoliando todas las flores siempre en fase del capullo, por prenderle gasolina a un tronco virgen eternamente caduco. Lloré por la condena de la invisibilidad del paria y por infringir más odio.

Laura Gonzalez Monedero

Lloré con todo el dolor de mis entrañas. Porque mi alma se llenó de compasión. Porque nunca se mereció mi odio, sino mi amor. Porque ella era Yo. Porque aunque mis ojos sigan llenos de lágrimas, y Ella ya sólo sea un fantasma, estamos en paz.

Gracias Laura, vous êtes un poème

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Fotografía: “ Nova de Avalón” de Silvia Moreno

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Me llevan las luces del silencio hasta la línea de tu cuerpo ausente, hasta el hielo de tus lágrimas que todavía levitan como en un sueño estático. Me confundo ante la espesa quietud del mundo que me invita a peregrinar la calma de saberme un pájaro renaciendo otra vez entre los escombros, y quiero hacer de cuenta que mis últimas palabras, inmortales como el viento, van a encontrarte deambulando por los paraísos

La

del olvido que aun no te llegan. Me explota el pecho. Yo no tengo la culpa de ser una llama que no destruye la furia desmesurada del tiempo,

Belle

no tengo la culpa de no haber aprendido aún a generarme células nuevas sobre mi piel marchita que llora sobre la curva de tu espalda…

Poesie… 56


Igor

M O R S K Y Es un ilustrador polaco, creador de obras de arte increíblemente surrealistas que nos transportan a un mundo completamente nuevo. A lo largo de las dos décadas que abarca su carrera ha aparecido en numerosas revistas y ha cosechado innumerables elogios. Ha realizado trabajos de publicidad y televisión y sus ilustraciones acompañan textos enteros de libros en Polonia.

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ART NOUVEAU El art Nouveau tiene como una de sus influencias al movimiento Inglés de Arts and Crafts. Se desarrolló en varios países europeos y en Estados Unidos, con la característica de ser el estilo más moderno y representativo de principios del siglo XX, manifestándose tanto en las artes como en el diseño gráfico, arquitectura y el diseño de objetos cotidianos (muebles, decoración etc.). El término “Art Nouveau” fue adoptado en Inglaterra y Estados Unidos, en Alemania se llamó “Jugenstil” (estilo joven), en Austria “Secesión”, en Francia “Le style modern”, en España “Modernista”. Como características específica del estilo aparece el ornamento de formas orgánicas, por lo general vegetal muy relacionado con la ilustración y la fantasía. Los ejemplos más conocidos son los carteles franceses de Toulouse-Lautrec y los de Alfons Mucha. Con formas inspiradas en la naturaleza a partir de líneas onduladas y ornamentos florales y la influencia de los grabados japoneses, característico por tratar al espacio de la representación visual en forma plana y bidimensional. Este estilo revoluciona las formas de diagramación más libres y dinámicas, ya que los títulos y los textos participan activamente dentro del espacio de la ilustración y con los elementos decorativos superando la estructura ortogonal y simétrica modificando cánones estéticos muy arraigados. En Argentina, el ingreso del Art Nouveau se produce en los inicios del Siglo XIX. Con características de un país fuertemente agroexportador y sin industrias manufactureras favoreció en ingreso de productos europeos con la forma del diseño de moda. Otro factor importante son las corrientes inmigratorias que se producen a principios del siglo XX trayendo oficios que dejaran una huella de estilo en arquitectura, muebles, decoración.

Fue un pintor y un artista decorativo ampliamente reconocido por ser uno de los máximos exponentes de Art Nouveau. En 1881 el conde Kart Khuen lo contrató para decorar con murales el castillo de Hrusovany Emmahof, y quedó tan gratamente impresionado que acordó apadrinar su aprendizaje formal en la Academia de Bellas Artes de Múnich. En 1887 se muda a París y continúa con sus estudios produciendo ilustraciones para revistas y publicidad. Su salto a la fama lo logró con su primer cartel litográfico para la actriz Sarah Bernhardt y su Theatre Renaissance anunciando la obra Gismonda de Victorien Sardou. 58


Pintar lo que nunca volverรก a pintarse

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Es difícil hablar de la obra de Leonor Fini tan amplia y versátil que da la sensación de que no puede ser contenida en un solo texto. Cada uno de los ámbitos en los que incursionó la llevó por un camino rico en experiencias y relaciones, descubriendo formas de expresión nuevas y dándole un toque personal en cada una de ellas. Su vasta producción incluye pinturas, dibujos, ilustraciones para libros, vestuario, escenografías de teatro y cine todo empapado en un fuerte carácter sensual y femenino.

Algunos dicen que es la artista mujer más importante del siglo XX, y sobre todo, una de las pocas cuya figura no está ligada a la de un varón. Por lo general, se cataloga entre los surrealistas, en general porque comparte el interés por lo onírico y la sugestión. Sin embargo y pese a la cercanía al grupo y su amistad con Max Ernst y Leonora Carrington, ella nunca se consideró surrealista. Sus enfrentamientos y sus desafíos con André Breton por su “homofobia y misoginia” son proverbiales. Aunque los temas surrealistas son recurrentes, e sus manos se transforman en un arma contra las convenciones sociales. Erotismo mórbido y macabro que beben de la filosofía de Bataille a su regreso a los aspectos primitivos del ser humano. Leonor Fini nació en Argentina en 1908. Al divorciarse, su madre regresó a su lugar de origen, Trieste, Italia. Es allí en Europa que Leonor desarrolla su arte. Tenía dieciocho años cuando llegó a París para convertirse en pintora. Su arte pronto tuvo aceptación y fue expuesto en galerías. En su vida y en su arte iba en busca de una mujer ideal, autónoma, hermosa y dominante. Sus trabajos son distinguibles por su negativa a subyugar la imagen femenina al deseo masculino. Sitúa a la mujer en el centro de sus pinturas poderosas e independientes. Su trabajo era más bien sensual. Fue calificada de lesbiana y bisexual, calificativos que rechazó de la misma manera que había rechazado la etiqueta de surrealista. No se casó nunca, prefería vivir en comunidad y generalmente con dos hombres, además de exigir libertad sexual incluyendo la bisexualidad. Trabajó como diseñadora para el ballet de París y también para películas de directoras de la talla de Fellini. Escribió poesía y en la década del 70 escribió tres novelas. Al repasar su obra se puede ver que la misma trasciende diferentes corrientes del arte moderno. Combina elementos de su fantasía con símbolos e imágenes. Presenta una sociedad dominada por mujeres y en ocasiones en un escenario aislado del mundo externo. 60


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Realizó ilustraciones de “Las flores del mal” de Baudelaire, “Aurelia Gerard” de Nerval, “La tempestad” de Shakespeare, “Julieta” del Marqués de Sade, y textos de Edgar Allan Poe. Hay nueve documentales sobre su vida "La Légende cruelle" de Gabriel Pommerand y Arcady (1951), y "Leonor Fini" de Chris Vermorcken (1978) y cuenta con una página propia post mortem que depende de una de sus amigas, Arlette Souhami: http://www.leonorfini.com/ en Galería Minsky, llamada así por ser un término de cariño que Fini usaba. Allí se encuentra una exposición permanente, información y obras a la venta. Se podrá ver en Fini qué pintores aprecia y disfruta, como los prerrafaelistas, pero, como dijo Aira de la poeta Marosa di Giorgio, su arte no se parece al de nadie.

http://www.leonor-fini.com

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Las mujeres d el Surrealismo

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La

fotografía como

documento Social Desde su invención, la fotografía, aun ligada con la creación artística, ya que bebió hasta saciarse en el manantial pictórico, tomó un doble camino, paralelo, eso sí: el puramente artístico (fotografías creativas, de autor) y fotografías documentalistas. Éstas últimas, nacieron para testimoniar un acontecimiento determinado, tomando del natural las imágenes, de forma que el fotógrafo levantara una especie de acta notarial de la realidad mediante su cámara. En este sentido se manifiesta Lee Fontanella (1992), pues mantiene que la fotografía despegó y se popularizó con intenciones relativamente más utilitarias que artísticas, debido al carácter pragmático de la fotografía documentalista. Ya en las misiones científicas de la segunda mitad del XIX, viajaban en los equipos expedicionarios fotógrafos que tomaban placas para documentar plantas (la botánica), personas (la antropología), animales (la zoología), paisajes (la geografía), monumentos (la Historia del Arte), etc. En 1897 se funda en Gran Bretaña la National Photographic Record Association, cuya finalidad específica era hacer fotografías de los edificios y otras manifestaciones de la cultura material tradicional para luego, depositarlas en el Museo Británico, y ello con la idea de formar un inmenso inventario visual patrimonial. Incluso la arqueología, en la década de los veinte, se servirá de la fotografía para documentar los hallazgos: así lo hará, verbigracia, Carter al descubrir la tumba de Tutankhamon. Gisele Freund (1976) confiere a la fotografía valor documental desde su invención en 1839, sin embargo, este aspecto documental otorgado a la fotografía no fue algo generalizado en el s. XIX y las dos primeras décadas del XX, pues la mayor parte de los profesionales con estudio abierto no solían conservar sus fondos, ya que se deshacían de los negativos pasado un tiempo, y normalmente sólo pensaban en la explotación comercial inmediata de las placas, y no en una ulterior reutilización, por lo que la recuperación de esos archivos fotográficos es una tarea de historiadores, pues “muy pocos autores [fotógrafos] entendieron que su valor aumentaría con el tiempo” (Sánchez Vigil, 2001: 328).Susan Sontag (1981) destacará el papel documentalista de los fotógrafos norteamericanos del último decenio del XIX, pues éstos, alimentados por la moral característica de las clases medias, fotografiaban las clases marginales de los suburbios, con el aparente fin de obtener unos documentos humanitarios: concienciar a la población de la existencia de bolsas de marginalidad para favorecer, mediante la acción de la caridad, a esos seres humanos; pero también, esas barriadas marginales, que mostrarán las duras condiciones de vida de los obreros, eran asimismo decorados formidables desde un punto de vista estético. Ya en los años treinta, se reivindicará la función esencialmente documental de la fotografía como espejo de la realidad, para confrontarla con la consideración del arte por el arte, ofrecida por algunos fotógrafos adscritos a movimientos de vanguardia. La fotografía, no solamente constituye 65


un objeto con el que obtener un goce estético, lúdico, didáctico, etc., sino que posee un valor polisémico, pues como fenómeno complejo es un crisol en el que se funden múltiples valores y funciones. Uno de estos valores es el documental. Y si nos atenemos a la presencia física de las fotografías en los archivos, éstas son “el documento no textual que encontramos con mayor frecuencia entre sus fondos. Forman parte indiscutible del Patrimonio Documental en su calidad de documento archivístico” (Muñoz Benavente, 1996: 41), se convierte en documento al informar de hechos concretos, es interpretada/leída por quien la contempla en base a unos códigos de legibilidad convencionales, y es reproducible, o sea, que puede, y de hecho es reproducida para su difusión, y la información contenida en la fotografía, aunque ésta esté en un plano de simples impresiones, puede ayudar a hacer emerger algunas pistas que permitan una mejor comprensión de la realidad estudiada, pues una fotografía es siempre una huella de la realidad (Guran, 1999: 142).La riqueza del documento fotográfico, como herramienta de trabajo social, se aposenta en que éste permite conservar/preservar un fragmento del pasado (en este caso visual), pero es que “indefectiblemente toda fotografía se refiere al pasado efímero” (de Miguel, 1999: 24), pues como los acontecimientos pueden ser estudiados a través de imágenes fijas, paralizadas, eso permite analizar la realidad social desde el otero privilegiado de una cierta distancia (temporal, que no necesariamente afectiva), porque la fotografía “permite que algo pueda ser vuelto a ver. Hay una nueva historia que se ha escrito con imágenes fotográficas, pues éstas “nos han permitido contar la historia con imágenes” (García Jiménez, 1998: 588), y además, la reproducción y conservación, esto es, almacenamiento y difusión de las imágenes, va a fracturar:“[...]la pretendida linealidad de la historia, en lo que esa mezcolanza compleja de hábitos, culturas, tipos, etc., es capaz de romper la idea, especialmente reconfortadora para occidente, de una cómoda evolución hacia delante, dejando atrás la pesada carga del pasado. Al fin y al cabo aunque todo cambia nada nos libra de la permanencia” (García Jiménez, 1998: 588).Esta versatilidad de las fotografías, desde una perspectiva histórica y etnográfica, las convierten en unos documentos visuales sincréticos por la capacidad de integrar diferentes aportes informativos, y además las convierten en unos documentos susceptibles de ser museificables, como ocurre con las fotografías eminentemente artísticas: el IVAM y el Centro Nacional y Museo de Arte Reina Sofía son paradigmáticos en este aspecto, no ocurriendo algo análogo en los museos de artes y costumbres populares, que detentan alguna colección fotográfica exhibida, y ello, “a pesar de que numerosos trabajos han venido demostrando el poder narrativo de la fotografía en el campo etnográfico” (García Jiménez, 1998: 588).Es, o ha sido, una práctica común entre el gremio de los historiadores el utilizar, para remarcar el discurso escrito, una fotografía concreta (en tanto documento) por su estrechísima relación con acontecimientos históricos vitales, cruciales, del pasado, como por ejemplo: atentados, victorias o derrotas militares, manifestaciones políticas, etc., olvidando, quizá culposa y no dolosamente, que cada fotografía constituye en sí un documento histórico, aunque a priori parezca referirse a algo banal, pues el carácter primario o secundario del documento depende, normalmente, de la importancia que quiera darle el historiador en el manejo de las fuentes. En esta órbita, se sitúa la concepción de Lee Fontanella (1992) acerca de la consideración de la fotografía de escenas cotidianas como documento histórico, y no descarta que los fotógrafos documentalistas sean artistas si éstos son imaginativos. Y esta conciliación entre lo artístico y lo documental, que son dos condiciones inherentes a la fotografía etnográfica, la desarrolla Trancón Pérez (1986) de la siguiente forma: “[...] el proceso de destrucción y sustitución de muchos conocimientos, usos y costumbres de nuestra cultura tradicional por elementos culturales ajenos pone en peligro un legado valiosísimo sin que ello suponga una mejora de nuestra Revista de Antropología Experimental, 5. Texto 10. 2005. 12relaciones sociales ni de nuestro bienestar...Nada más útil que la fotografía, por tanto, para reflexionar sobre nuestro pasado, sobre los cambios sociales y culturales ocurridos en nuestra sociedad” (Trancón, 1986: 11). 66


El mundo y la cรกmara GISELE FREUND

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“Habitamos un rostro que no vemos” (Giselle Freund). Giselle Freund fue una de las fotógrafas más famosas a nivel mundial. Con su cámara recorrió el mundo y plasmó las imágenes de la intelectualidad del siglo XX. Su estancia en la Argentina tuvo mucho que ver con Victoria Ocampo y su proverbial generosidad. Giselle Freund nació en Alemania en 1908 en el seno de una rica familia judía. Su padre, amante del arte le compró, siendo ella muy joven, una cámara Leica, y allí comenzó la pasión que la acompañaría de por vida. En realidad había comenzado sus estudios de Sociología y parecía que ése iba a ser su futuro. Pero el mundo se abrió a los ojos de su cámara. En 1933 cuando el Consejo Nacional Socialista se instaló en Alemania, la familia se trasladó a Francia. Giselle realizó su doctorado en la Sorbona y comenzó a ganarse la vida como fotógrafa. En 1935 conoció a Adrianne Monier, propietaria de la librería La Maison des Amis des Livres. A través de esta relación se puso en contacto con el mundo intelectual francés. Así desfilaron por su objetivo André Malraux, Ortega y Gasset, André Gide, Jean Cocteau, Colette, Simone de Beauvoir y tantos otros. Y fue precisamente allí que conoció a Victoria Ocampo. A través de ella tuvo las primeras noticias de la Argentina. Fue ella la que le presentó a Virginia Wolf, una de sus modelos más difíciles. Acudió a posar sólo porque se lo había prometido a Victoria. Fue también Victoria, con su generosidad y entusiasmo la que la invitó a viajar a la Argentina. Ante la inminencia de la invasión nazi a Francia, Giselle aceptó la invitación de la aristócrata argentina. “Traté de ignorar su tono mandón y un poco autoritario, más bien debía aprovechar la mano que me tendía, era su manera de ser. Al mismo tiempo que daba órdenes o se comportaba de modo despótico, facilitaba el trabajo de la gente que le importaba. Una llamada de Victoria abría todas las puertas”. Al llegar a la Argentina, disfrutó con el círculo de amigos que se reunía en la residencia de los Ocampo. “Victoria tenía mucho sentido del humor, le encantaba reírse. La risa y la cólera eran aspectos entrañables de ella, era elegante, dentro de un estilo muy sobrio. Podía haberme quedado allí, teniendo una vida cómoda, fotografiando a las señoras de la alta sociedad que Victoria me presentaba. Pero yo prefería viajar, y ser una periodista antes que retratista de la aristocracia de América Latina. Recorrí la Argentina capturando la belleza de sus paisajes y su luz”. Pero su fuerte fueron los retratos. “Se pueden leer tantas cosas en un rostro. Todo lo que se ha vivido, todos sus sufrimientos se inscriben en algún lado. Se necesita simplemente tener tiempo para captarlo”. Giselle estuvo en la Argentina buena parte de la guerra. Recorrió la Patagonia, captó la belleza de los lagos de Bariloche y retrató a la intelectualidad: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Silvina Bullrich. Y luego el episodio con Juan Domingo Perón 68


y Eva. Pasó varias horas en la residencia presidencial entre vestidos, joyas y caniches. En una oportunidad contó que Eva Perón le ofreció una fortuna en dólares para hacer un libro de propaganda del régimen, pero lo rechazó. Las fotografías tomadas en esa oportunidad le ocasionaron más de un contratiempo. Además de malquistarla con sus amistades argentinas, al enviarlas para su publicación a una revista norteamericana, provocó la ira del general y le reclamaron los negativos. Ella se negó a entregarlos y le dieron 24 horas para salir del país. Pero nunca olvidó su amistad con la Ocampo. Años después en una correspondencia mantenida con su benefactora la firmó: “Giselle, la fotógrafa de la corte de su Majestad, Victoria I de Argentina”. De aquí marchó a México invitada por el escritor Alfonso Reyes. Su intención era permanecer sólo dos semanas pero su estancia duró dos años. La ciudad, sus personajes, su colorido, la cautivaron y no perdió la oportunidad de eternizar a la pareja de moda: Frida Kahlo y Diego Rivera. En 1953 se estableció definitivamente en París. Entre sus retratados figuran las personalidades más célebres del mundo del arte y la política: Walter Benjamín, Henri Matisse, Samuel Becket, Marguerite Yourcenar, Marcel Duchamp, John Steinbeck y por supuesto De Gaulle y Mitterand. En la década del “70 viajó a Japón y recorrió el Cercano Oriente y Estados Unidos. En 1978 recibió el premio de la Cultura de la Sociedad Alemana para la Fotografía y en 1980 fue galardonada en Francia con el Gran Premio Nacional de las Artes. Giselle Freund murió en marzo de 2000. Tenía 91 años. Su paso por la fotografía, su concepción de esta profesión como un arte, quedó reflejada en dos libros donde expone sus teorías y su forma de captar el espíritu de sus retratados.

Las Fotos Ocultas de Evita

por Gisele Freund

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INSTANTES

EN UNA MIRADA…

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FotografĂ­as de:

Laura GonzĂĄlez Monedero

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FotografĂ­as de:

Marcelo Bisio 74


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Fotografías de:

Lucía Ferrero

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FotografĂ­as de:

Paula Sanabria

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La lettre et le dĂŠsir

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窶年o hables窶ヲquiero ser uno de tus fantasmas. Dijo ella, apretando mis labios con un beso.

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Yo Cerré los ojos y contemplé la línea transparente de su cuerpo a contraluz, y soñé que la convertía en un suspiro; y que mi caricia sutil iba a transformarla en un pájaro blanco atravesando los senderos de mi piel, y soñé con destellos en la palma de sus manos frágiles

Entonces la abrasé con mi silencio y se hizo luz en el aura del tiempo…

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NueveMusas A Arrttee ssiinn ffrroonntteerraass

Revista Cultural A単o 2012 Numero 005

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Nueve Musas - Arte sin Fronteras -  

Revista Cultural

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