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MADRID SIGLO XIX A) MADRID ROMÁNTICO; 1808-1844. 1. De Sol a Santo Domingo. Benito Pérez Galdós, El 19 de marzo y el dos de mayo (1783): La lucha, mejor dicho, la carnicería, era espantosa en la Puerta del Sol. Cuando cesó el fuego y comenzaron a funcionar los caballos, la guardia polaca, llamada noble, y sus famosos mamelucos cayeron a sablazos sobre el pueblo, siendo los ocupadores de la calle Mayor los que alcanzamos la peor parte, porque por uno y otro flanco nos atacaban los feroces jinetes. El peligro no me impedía observar quién estaba en torno mío, y así puedo decir que sostenían mi valor vacilante, además de “La Primorosa”, un señor grave y ben vestido que parecía aristócrata, y dos honradísimos tenderos de la misma calle, a quienes yo de antiguo conocía. Teníamos a mano izquierda el Callejón de la Duda, como sitio estratégico que nos sirviera de parapeto y de camino para la fuga, y desde allí el señor noble y yo dirigimos nuestros tiros a los primeros mamelucos que aparecieron en la calle. Debo decir que los tiradores formábamos una especie de retaguardia o reserva, porque los verdaderos y aguerridos combatientes eran los que luchaban a arma blanca entre la caballería. También de los balcones salían muchos tiros de pistola y gran número de armas arrojadizas, como tiestos, ladrillos, pucheros, pesas de reloj… RAMÓN DE MESONERO ROMANOS en sus Memorias de setentón (1880): Las diez, poco más o menos, serían cuando se dejó sentir en la modesta calle del Olivo la agitación popular y el paso de los grupos de paisanos armados que decían: ¡Vecinos, armarse! ¡Viva Fernando VII! ¡Mueran los franceses! *…+ Pasaban las horas en tan crítica ansiedad, cuando vino a exacerbarla otro incidente aún más fatal, y fue el escucharse un tiro, disparado, al parecer, de la propia casa, al que contestaron otros varios desde fuera, dirigidos a los balcones de ellas, algunas de cuyas balas se estrellaron en las fuertes maderas de cuarterones y en los infinitos clavos de la puerta del portal, que había tenido cuidado de cerrar el zapatero remendón que hacía las veces de portero. Aquí la consternación se hizo general, y creció de todo punto cuando a pocos momentos presentóse muy demudado el inquilino del cuarto tercero *…+ confesando

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que el había sido el que había disparado su escopeta contra un centinela o piquete de franceses que estaba en la esquina de la calle del Carmen.

JOSÉ Mª BLANCO WHITE en Cartas de España (1822): Mi casa no estaba lejos del Palacio, *…+. La primera noticia del tumulto nos la trajo un tropel de gente que pasó gritando: “¡A las armas!” Aunque oí decir que los franceses estaban disparando sobre el pueblo, esta atrocidad me pareció tan enorme y tan impolítica que no paré hasta salir a asegurarme de la verdad. Apenas había llegado a la llamada Plazuela de Santo Domingo, donde confluyen cuatro grandes calles, una de las cuales lleva a Palacio, cuando oí el redoble de un tambor francés en esa dirección y me paré junto con un buen número de gente normal y pacífica a los que la curiosidad había llevado al mismo lugar. Aunque podíamos ver un fuerte piquete avanzar rápidamente sobre nosotros, no podíamos imaginar que corriéramos peligro alguno… Inmediatamente sonó una descarga de fusilería, y un hombre cayó a la entrada de la calle por donde yo y otros muchos íbamos corriendo. Este inesperado ataque, para el que no habíamos dado ningún motivo, nos hizo temer que podíamos caer víctimas de una matanza general.

2. De la plaza del 2 de mayo a la de la España Galdós en El 19 de marzo y el 2 de mayo: Entretanto y sin cesar en mi faena, oí la voz del amolador, que apagándose por grados me decía: -Adiós, Madrid, ya me encandilo… Gabriel, apunta a la cabeza *…+ Nos quitan el Parque; pero de cada gota de esta sangre saldrá un hombre con su fusil hoy, mañana y el otro día. Gabriel, no cargues tan fuerte, que revienta. Ponte más adentro. Si no tienes navaja, búscala, porque vendrán a la bayoneta. Torna la mía. Ahí está junto a la pierna que perdí… ¡Ay! Ya no veo más que un cielo negro. ¡Qué humo tan negro! ¿De dónde viene este humo? Gabriel, cuando esto se acabe, ¿me darás un poco de agua? ¡Qué ruido tan atroz!... ¿Por qué no traen agua?... ¡Agua, Señor Dios Poderoso! ¡Ah! Ya veo el agua; ahí está. La tren unos angelitos; es un chorro, una fuente, un río… Cuando me aparté de allí, Chinitas ya no existía. *…+ Apenas quedaban artilleros, y dos mujeres servían la pieza principal, apuntada hacia la calle Ancha. Era una de ellas “La Primorosa” a quien vi soplando fuertemente la mecha *…+ -Mi general –decía a Daoíz-; mientras su Merced y yo estemos aquí, no se perderán las Españas ni sus Indias… Allá va el petardo… Venga ahora acá el “destupidor”. ¡Cómo rempuja pa tras” este animal cuando suelta el tiro! 2


QUINTANA en la primera de sus Odas guerreras: A España después de la revolución de marzo (primavera, 1808): Llega el momento, en fin, tiende su mano el tirano del mundo al accidente y fiero exclama: “El occidente es mío”. bárbaro gozo en su ceñuda frente resplandeció, como en el seno oscuro de nube tormentosa en el estío relámpago fugaz brilla un momento, que añade horror con su fulgor sombrío. Sus guerreros feroces con gritos de soberbia el viento llenan; gimen los yunques, los martillos suenan, arden las forjas. ¡Oh, vergüenza!

RAMÓN DE MESONERO ROMANOS en sus Memorias de setentón (1880) Bien entrada la tarde, aparecieron patrullas de caballería, a cuyo frente iban las autoridades civiles y militares, varios consejeros de Castilla y hasta los ministros Urquijo y Azanza según se dijo, que, enarbolando pañuelos blancos, decían: "Vecinos, paz, paz, que todo está, compuesto"; cuyas voces parecían derramar unas gotas de bálsamo sobre los angustiados corazones; pero acabada de cerrar la noche, comenzaron a oírse de nuevo descargas más o menos lejanas y nutridas, que parecían (y éranlo en efecto) producidas por los Franceses, que inmolaban a los infelices paisanos a quienes suponían haber cogido con las armas en la mano. Estos cruentos sacrificios se verificaban simultáneamente en el patio del Buen Suceso, en el Prado a la subida del Retiro y delante de las tapias del convento de Jesús, en la Montaña del Príncipe Pío, y en otros varios sitios de la población. A todo esto, mi madre redoblaba sus rosarios y letanías; mi padre se paseaba agitadísimo, y los chicos, y yo especialmente, por el dolor de mi herida, llorábamos y gemíamos, faltos de alimento, que nadie se cuidaba de prepararnos, y de sueño, que no podíamos de modo alguno conciliar. -Y las descargas cerradas de fusilería continuaban en diversas direcciones, lo que, supuesta la falta de resistencia y la sujeción del pueblo, daba lugar a presumir que los inhumanos franceses se habían propuesto exterminar a Madrid entero… (Memorias de un sesentón)

3. Puerta del Príncipe 3


QUINTANA, Odas guerreras: Al armamento de las provincias españolas contra los franceses, incitando a los madrileños a un nuevo dos de mayo: ¿Y tú callas, Madrid? Tú, la señora De cien provincias, que cual ley suprema adoraban tu voz, ¿callas ahora? ¿Adónde están el cetro, la diadema, la augusta majestad que te adornaba? «No hay majestad para quien vive esclava. Ya la espada homicida en mí sus filos ensayó primero. allí cayó mi juventud sin vida: Yo, atada al yugo bárbaro de acero, exánime suspiro, y aire de muerte y de opresión respiro."

NAPOLEÓN fue prudente: prohibió los saqueos y al día siguiente hacía pública esta Proclama: He entrado en Madrid. Los derechos de la guerra me autorizaban a dar un grande ejemplo y a lavar con sangre los ultrajes hechos a Mí y a mi nación. Sólo he escuchado la clemencia… Os había dicho en mi proclamación el 4 de junio que quería ser vuestro regenerador, mas habéis querido que a los derechos que me habían cedido los Príncipes de la última dinastía, añadiese los de la guerra. Nada, sin embargo, alterará mis disposiciones. Quiero aún reconocer lo que haya podido haber de generoso en vuestros esfuerzos. Quiero reconocer que se os han ocultado vuestros verdaderos intereses, que se os ha ocultado el verdadero estado de las cosas. Españoles: vuestro destino está en mis manos: desechad el veneno que los ingleses han derramado entre vosotros; que vuestro Rey esté seguro de vuestro amor y vuestra confianza, y seréis más poderosos, más fuertes que no habéis sido hasta aquí. He destruido cuanto se oponía a vuestra prosperidad y grandeza; he roto las trabas que pesaban sobre el pueblo: una Constitución Liberal os asegura una Monarquía dulce y constitucional, en vez de una absoluta; depende sólo de vosotros que esta Constitución sea vuestra ley. MESONERO: Este espectáculo de desesperación y de angustia; la vista de infinitos seres humanos expirando en medio de las calles y en pleno día; los lamentos de las mujeres y de los 4


niños al lado de los cadáveres de sus padres y hermanos tendidos en las aceras, y que eran recogidos dos veces al día por los carros de las parroquias; aquel gemir *…+ lastimero de la suprema agonía de tantos desdichados, inspiraba a los escasos transeúntes, hambrientos igualmente, un terror invencible y daba a sus facciones el propio aspecto cadavérico. La misma atmósfera, impregnada de gases mefíticos, parecía extender un manto fúnebre sobre toda la población, a cuyo recuerdo solo siento helarse mi imaginación y embotarse la pluma en mi mano. Bastárame decir, como un simple recuerdo, que en el corto trayecto de unos trescientos pasos que mediaban entre mi casa y la escuela *…+ conté un día hasta siete personas entre cadáveres y moribundos, y que me volví llorando a mi casa, a arrojarme en los brazos de mi angustiada madre, que no me permitió en algunos meses volver a la escuela.

4. Palacio del Senado Oda del poeta FRANCISCO SÁNCHEZ BARBERO, leída en la inauguración de la cátedra de Constitución en el Real Colegio de San Isidro el 22 de febrero de 1814: Hijos de España, juventud dichosa, si en aqueste Liceo el grito retumbó del despotismo, en aqueste, con fuerza prodigiosa, derrocado su altar, el patriotismo levanta su magnífico trofeo; el fanático error vencido cede, y la sin par constitución sucede. ¡Constitución!, ¡Constitución! Resuena doquiera ya; Constitución inflama los españoles pechos y contra el crimen espantoso truena. De Cádiz venían con la Pepa unas coplas de tufillo sospechoso: Tengo yo una cachuchita que siempre está suspirando, y sus ayes y suspiros se dirigen a Fernando. *…+ Vámonos, cachucha mía, vámonos a la frontera, y haremos que besen éstos de Fernando la correa. 5


5. Puerta de Toledo MANUEL MARÍA DE ARJONA dedicaba estos versos a Fernando VII: Ven, oh deseado príncipe clemente, llena el voto ardiente del pueblo español. Tras de los terrores de feroz tormenta, sus rayos ostenta más gallardo el sol. JUAN BAUTISTA ARRIAZA componía un himno: Vuelve al trono Fernando querido, sube en brazos del pueblo más fiel. Tú le harás tan feliz como has sido sostenido y vengado por él.

6. De la Plaza de la Villa a la Plaza Mayor. MESONEROS: Aquello no era una asonada como en marzo de 1808, no era un motín como en mayo de 1814, no era tampoco un pronunciamiento como otros que le sucedieron: era una espontánea satisfacción *…+; y si las clases más humildes de la población, los menestrales y artesanos, brillaban ahora por su ausencia –porque aún no habían comprendido la importancia de tamaño acontecimiento-, también, por otro lado veíase libre *…+ de las turbas aviesas y desbordadas, que tampoco habían acudido, porque nadie las había llamado a ganar un jornal o echar un trago, y en realidad, porque ninguna falta hacían. ¡Ojalá que en adelante se hubiese prescindido de ellas! MESONERO: … aparecía en el balcón el poeta Gorostiza con un papel en la mano y reclamando el silencio decía: “Ciudadanos, ¿quieren ustedes para alcalde primero constitucional al señor marqués de las Hormazas? “¡Sí, sí! ¡Viva!”, decía con entusiasmo el pueblo. Pero en esto una voz salida de uno de los grupos dice: “¡No, que es tío de Elío!” Y el pueblo, en el instante, recobrado de su primer movimiento, dice “¡Abajo, fuera los Hormazas! 6


¡Otro, otro!” Continúa Gorostiza: “¿Quieren ustedes entonces por alcalde primero al señor don Pedro Sainz de Baranda?” “Muy ¡Viva, viva el alcalde de 1808, el defensor de Madrid” “¿Quieren ustedes por alcalde segundo al señor don…?” “¡Bravo! ¡Bien, bien!”, grita la multitud, y Gorostiza, abriéndose de brazos, exclama: “Pero señores, si no le he dicho todavía” (Risa general y palmoteo). *…+ Y así continuó esta singular elección, siendo de observar que de este modo tan sencillo y primitivo se improvisó uno de los mejores Ayuntamiento que ha tenido Madrid. QUINTANA, en sus Cartas a Lord Holland (1824): EL Grande Oriente, prescribiendo a los hermanos fe implícita en sus doctrinas y obediencia pasiva a sus mandatos, estaba seguro cuando quería de desacreditar la autoridad, de contrariarla, de combatirla, y al fin de aniquilarla. ¿Desagradábales un sujeto en un empleo? La imputación, la calumnia, por groseras, por absurdas que fuesen, circulaban al instante en todo el reino contra él y era echado al suelo. ¿Contradecía una medida, una providencia, los intereses o los caprichos de la cofradía, aunque en sí llevase el aspecto y el carácter de utilidad general? Todos se conjuraban para inutilizarla y desobedecerla. ¿Era necesario una demostración más expresiva para conseguir los fines? EL tumulto, la sedición, el cisma, como medios sabidos y dispuestos al instante se realizaban. Sentado el principio de que para ser buen masón y verdadero hombre libre era preciso tener más ley al Grande Oriente que la Gobierno, por el mismo hecho estaba rota la obediencia en la administración, destruida la disciplina en el ejército, nula la armonía y el concierto en el Estado. Así estos hombres incautos e inconsecuentes, dándose por reformadores de la sociedad y declamando siempre contra los abusos del sistema eclesiástico y monacal, no venían a ser ellos mismo otra cosa que unos frailes y un estado, como la Iglesia, injerido en el Estado. GALDÓS en EL 7 de julio: … tendiéronsele las cuerdas del pescuezo, púsose como un pimiento y gritó: -¡Viva la Constitución!... ¡Cazadores de la Milicia…, carguen! Era el nuevo Leónidas, don Benigno Cordero. Impetuoso y ardiente, se lanzó el primero, y tras él los cazadores atacaron a la bayoneta. Antes de dar este paso heroico, verdaderamente heroico, ¡qué horrible crisis conmovió el alma del pacífico comerciante! Don Benigno no había matado nunca un mosquito; don Benigno no era intrépido, ni siquiera valiente *…+. Mas era un hombre de honradez pura, esclavo de su dignidad, ferviente devoto del deber hasta el martirio callado y frío; poseía convicciones profundas; creía en la Libertad y en su triunfo y excelencias, con en Dios… 7


7. Museo Municipal Poco después de que Gil de palacio construyera su maqueta, MESONERO presentaba al municipio su Rápida ojeada de la capital y de los medios de mejorara: Pasaba después a ocuparme en el abastecimiento de los mercados y la construcción de algunos de éstos en los sitios que designaba, haciendo desaparecer los miserables cajones para la venta, que obstruían y afeaban las encrucijadas y calles, algunas tan importantes como la de la Montera (Red de San Luis) y la de Atocha (Antón Martín). Trataba luego de la necesidad de romper, nivelar y ensanchar varias calles y plazas, adornando éstas con el plantío de arbustos y flores, a imitación de los squares de Londres; la reforma del empedrado, que era entonces pésimo y formado con guijarros de pedernal desiguales y con el arroyo en el centro de la calle, sustituyéndole por la forma convexa, con vertientes a los lados, y la colocación de aceras algún tanto elevadas, según lo había observado en París, Londres y otras capitales y hasta en la misma Barcelona. Uno de los más devotos admiradores de Mesoneros es otro Ramón, el Ramón por excelencia RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, autor del Prólogo (1942) escrito para una edición de las Escenas matritenses: Ya están en las calles sus primeras guías de Madrid, guías para forasteros y para los estantes y arraigados. El poema sencillo, divertido, museístico y sin sombras de la ciudad está admirablemente trazado por Mesonero. Conmueve al que está allí de huésped fijo, y conmueve al que llega, este itinerario importante, que eleva de categoría lo que tiene Madrid de Verbena, mañanero y nocturnador, ya que en lo monumental le ganan muchas otras ciudades. lL turista, frente a las guías de Mesonero, se pasea por la psicología de una ciudad más que por una historia gloriosa arquitectónica y escultórica que no acaba de tener. Sólo un observador como él podía encabezar ese casticismo vago y gracioso, señalando sus esquinas, sus escenas, sus escenarios.

8. Museo Romántico. MESONERO ROMANOS en un artículo capital de sus Escenas Matritenses: El Romanticismo y los románticos (septiembre, 1837) Y he aquí por qué un muchacho que por los años de 1810 vivía en nuestra corte y su calle de la Reina, y era hijo del general francés Hugo y se llamaba Víctor, encontró el romanticismo donde menos podía esperarse, esto es, en el Seminario de Nobles; y el 8


picaruelo conoció lo que nosotros no habíamos sabido apreciar, y teníamos enterrado hace dos siglos con Calderón; y luego regresó a París, extrayendo de entre nosotros esta primera materia, y la confeccionó a la francesa, y provisto, como de costumbre, con su patente de invención, abrió su almacén, y dijo que él era el Mesías de la literatura, que venía a redimirla de la esclavitud de las reglas, y acudieron ansiosos los noveleros *…+ y los poetas transmitieron el nuevo humor a los novelistas; éstos a los historiadores; éstos a los políticos; éstos a todos los demás hombres; éstos a todas las mujeres, y luego salió de Francia aquel virus ya bastardeado, y corrió toda la Europa, y vino, en fin, a España; y llegó a Madrid (de donde había salido puro), y de una en otra pluma, de una otra cabeza, vino a dar en la cabeza y en la pluma de mi sobrino… Su percepción del movimiento representado por Espronceda y Larra sólo puede ser paródica: su sobrino es la más clara caricatura del Romanticismo: Quedó, pues, reducido todo el atavío de su persona a un estrecho pantalón, que designaba la musculatura pronunciada de aquellas piernas; una levitilla de menguada faldamenta y abrochada tenazmente hasta la nuez de la garganta; un pañuelo negro descuidadamente añudado en torno de ésta, y un sombrero de misteriosa forma, fuertemente introducido hasta la ceja izquierda. Por bajo de él descolgábanse de entrambos lados de la cabeza dos guedejas de pelo negro y barnizado, que, formando un doble bucle convexo, se introducían por bajo de las orejas, haciendo desaparecer éstas de la vista del espectador; las patillas, la barba y el bigote, formando una continuación de aquella espesura, daban con dificultad permiso para blanquear a dos mejillas lívidas, dos labios mortecinos, una afilada nariz, dos ojos grandes, negros y de mirar sombrío, una frente triangular y fatídica. Tal era la vera efigies de mi sobrino; y no hay que decir que tan uniforme tristura ofrecía no sé qué de siniestro e inanimado; de suerte que no pocas veces, cuando, cruzado de brazos y la barba sumida en el pecho, se hallaba abismado en sus tétricas reflexiones, llegaba yo a dudar si era él mismo o sólo su traje colgado de una percha. Larra. Literatura (El español, 18-1-1836): Si nuestra antigua literatura fue en nuestro Siglo de Oro más brillante que sólida, si murió después a manos de la intolerancia religiosa y de la tiranía política, si no pudo renacer sino en andadores franceses, y si se vio atajado por las desgracias de la patria ese mismo impulso extraño, esperemos que dentro de poco podamos echar los cimientos de una literatura nueva, expresión de la sociedad nueva que componemos, toda de verdad, como de verdad es nuestra sociedad, sin más reglas que esa verdad misma, sin más maestro que la naturaleza, joven, en fin, como la España que constituimos. Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el 9


comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con que mediremos; en nuestros juicios críticos preguntaremos a un libro: «¿Nos enseñas algo? ¿Nos eres la expresión del progreso humano? ¿Nos eres útil? Pues eres bueno». No reconocemos magisterio literario en ningún país; menos en ningún hombre, menos en ninguna época, porque el gusto es relativo; no reconocemos una escuela exclusivamente buena, porque no hay ninguna absolutamente mala. Ni se crea que asignamos al que quiera seguirnos una tarea más fácil, no. Le instamos al estudio, al conocimiento del hombre; no le bastará como al clásico abrir a Horacio y a Boileau y despreciar a Lope o a Shakespeare; no le será suficiente, como al romántico, colocarse en las banderas de Víctor Hugo y encerrar las reglas con Molière y con Moratín; no, porque en nuestra librería campeará el Ariosto al lado de Virgilio, Racine al lado de Calderón, Molière al lado de Lope; a la par, en una palabra, Shakespeare, Schiller, Goethe, Byron, Víctor Hugo y Corneille, Voltaire, Chateaubriand y Lamartine.

9. Hortaleza MarianoJosé de Larra, artículo Casarse pronto y mal (1832: … en casa se rezaba diariamente el rosario, se leía la vida del santo, se oía misa todos los días, se trabajaba los de labor, se paseaba las tardes de los de guardar, se velaba hasta las diez, se estrenaba vestido el Domingo de Ramos, se cuidaba de que no anduviesen los niños balconeando, y andaba siempre el señor padre *…+ con la mano más besada que una reliquia vieja, y registrando los rincones de la casa temeroso de que los muchachos *…+ hubiesen en las manos un libro de los prohibidos, ni menos aquellas novelas que *…+ a pretexto de inclinar a la virtud, enseñan desnudo el vicio. No diremos que esa educación fuese mejor ni peor que la del día; sólo sabemos que vinieron los franceses, y como aquella buena o mala educación no estribaba en mi hermana en principios ciertos, sino en la rutina y en la aprensión doméstica de aquellos terribles padres del siglo pasado, no fue necesaria mucha documentación con algunos oficiales de la guardia imperial para echar de ver que si aquel modo de vivir era sencillo y arreglado, no era más divertido. En consecuencia así educa a su hijo: … pasó del Año Cristiano a Pigault, y se dejó de misas y devociones, sin saber más ahora porque las dejaba, que antes porque las tenía. Dijo que el muchacho se había de educar como convenía; que podía leer sin orden ni método cuanto libro le viniese a las manos, y qué sé yo que más cosas decía de la ignorancia y del fanatismo de las luces y de la ilustración, añadiendo que la religión era un convenio social en que sólo los tontos entraban de buena fe, y del cual el muchacho no necesitaba para mantenerse bueno; 10


que padre y madre eran cosas de brutos, y que papá y mamá se les había de tratar de tú, porque no hay amistad que iguale a la que une a los padres con los hijos (salvo algunos secretos que guardarán siempre los segundos de los primeros, y algunos soplamocos que darán siempre los primeros a los segundos); verdades todas que respeto tanto a más que las del siglo pasado, porque cada siglo tiene sus verdades, como cada hombre tiene una cara. El mocito terminó como era de esperar Leyó, hacinó, confundió; fue superficial, vano, presumido, orgulloso, terco, y no dejó de tomarse más rienda de la que se había dado *…+ Regresó a España con mi hermana, todavía aturdida de ver lo bruto que estábamos por acá todavía los que no hemos tenido como ella la dicha de emigrar, y tratándonos, entre otras cosas, noticias ciertas de cómo no había Dios, porque eso se sabe en Francia de muy buena tinta. Por supuesto que no tenía el muchacho quince años y yo galleaba en las sociedades y citaba, y se metía en cuestiones, y era hablador y raciocinador como todo muchacho bien educado. En la carta que deja Larra a su madre están escritas estas palabras: Madre mía. Dentro de media hora no existiré; cuidad de mis hijos, y si queréis hacerlos verdaderamente despreciables sin tener antes más sabiduría. Si no les podéis dar otra cosa mejor, no les quitéis una religión consoladora.

10. De Vázquez de Mella a la calle Aduana MESONERO ROMANOS en Escenas matritenses: El duelo se despide en la iglesia: Nuestra presencia en la sala causó un embarazo general; los dúos sotto voce cesaron por un momento; la viuda, como que hubo de llamar en su auxilio la ofuscación vital del otro día; pero luego aquellas amigas diligentes acertaron a distraer su atención enseñándola las viñetas del «No me olvides», y de aquí la conversación vino a reanimarse, y todos alababan los lindos versos de aquel periódico, y hasta el difunto me pareció que repetía, aunque en vano, su título. Después se habló de viajes, y se proyectaron partidas de campo, y luego de modas, y de mudanzas de casa, y de planes de vida futura; y la viuda parecía recobrarse a la vista de aquellos halagüeños cuadros, como la mustia rosa al benéfico influjo del astro matinal. ¡Qué consejos tan profundos, qué observaciones tan acertadas se escucharon allí sobre la necesidad de distraerse para vivir, y la demencia de morirse los vivos por los muertos, y luego las ventajas de la juventud y las esperanzas del amor!... Viendo en fin, mi compañero y yo, que íbamos siendo allí figuras tan exóticas como las del Silencio y la Sorpresa que adornaban las rinconeras de la sala, tratamos de 11


despedirnos; pero el buen hombre (¡castellano y viejo!) atravesando la sala e interponiéndose delante de la viuda, compungió su semblante e iba a improvisar una de aquellas relaciones del siglo pasado que comienzan «Que Dios» y concluyen «por muchos años», cuando yo, observando su imprudencia y lo mal recibido que iba a ser este apóstrofe extemporáneo de parte de todos los concurrentes, le tiré de la casaca y le arrastré hacia la puerta diciéndole: «Hombre de Dios, ¿qué va usted a hacer? ¿no sabe usted que El duelo se ha despedido en la iglesia?» Volvamos a sus Memorias de un sesentón: Tratando luego de nuestro benéfico Monte de Piedad (que era gratuito entonces, y, por lo tanto, insuficiente para atender a las públicas necesidades), propuse que fuese autorizado para exigir en los préstamos un módico interés. De aquí pasé a proponer la creación de una Caja de Ahorros, tal como las que había visto en los países extranjeros, cabiéndome la satisfacción de ser el primero que llamó la atención del público y del gobierno hacia tan benéfica institución, a cuya creación tuve también la suerte de concurrir cuatro años más tarde. El Ministerio de Hacienda también nos recuerda un artículo de LARRA, Vuelva usted mañana: A los cuatro días volvimos a saber el éxito de nuestra pretensión. --Vuelva usted mañana --nos dijo el portero--. El oficial de la mesa no ha venido hoy. --Grande causa le habrá detenido --dije yo entre mí. Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad! al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid. Martes era el día siguiente, y nos dijo el portero: --Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy. --Grandes negocios habrán cargado sobre él--, dije yo. Como soy el diablo y aun he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo [acertar] el acertar. --Es imposible verle hoy --le dije a mi compañero--; su señoría está, en efecto, ocupadísimo.

11.De Alcalá a Zorrilla ¡Oh mundo encubridor, mundo embustero! 12


¡Quién en la calle de Alcalá creyera tanta felicidad que se escondiera, y en un piso tercero! Si con su varia tinta el alma en su ventura y mágica ilusión el cuadro pinta y el más bello pensil trueca y convierte del alma la amargura en páramo erial de luto y muerte. La calle de Alcalá nos recibe con versos de El diablo mundo, de JOSÉ DE ESPRONCEDA. GALDÓS en Los apostólicos (1879): El objeto de los Numantinos era, como quien no dice nada, derrocar la tiranía. Los medios para conseguir este fin no podían ser más sencillos. Todo se haría bonitamente por medio de la siguiente receta: matar al tirano y fundar una república al estilo griego. RÉPIDE: … él interrumpió el viaje, abandonando la galera en que iba y montando en una yegua que halló en el campo *…+ llegó hasta Valladolid. Allí vendió la yegua, tomó pasaje para Madrid en otra galera y empezó su vida pública como conspirador, orador furibundo en los cafés y fundador de un periódico que le valió las iras del gobierno, quien dio la orden de prender a todos sus redactores. Zorrilla escapó como pudo de la casa de la calle de la Zarza donde iban a prenderle y salió a la Puerta del Sol. Disfrazado de gitano consiguió huir de Madrid.

12.De la estatua de María Cristina a los Jerónimos. Mesonero: Pura como la luz de la mañana, bella como la flor de la azucena, feliz trasunto de la Italia amena, que en tu beldad se reflejó lozana; tal, dando vida a la región hispana, vienes, Cristina, y a tu vista suena el eco del placer,; calma la pena y huye y se esconde la discordia insana. 13


GALDÓS en Los Apostólicos: Rojo como una amapola *…+ Calomarde bajó los ojos. Aquella furibunda y no vista humillación del tiranuelo era el contrapeso de sus nueve años de insolente poder. Es su cobardía, quiso humillarse más balbució algunas palabras: -Señora, yo… -Todavía –exclamó la Semíramis borbónica en la exaltación de su ira- se atreve usted a defenderse y a insultarnos con su presencia y con sus palabras. Salga usted inmediatamente. Ciego de furor, dejándose arrebatar de sus ímpetus de coraje, al infanta dio algunos pasos hacia su Excelencia, alzó el membrudo brazo, disparó la mano carnosa… ¡Plaf! Sobre los mofletes del ministro resonó la más soberana bofetada que se ha dado jamás. *…+ Colomarde se llevó la mano a la parte dolorida y, lívido, sudoroso, muerto, sólo dijo con ahogado acento: -Señoras manos blancas… ANTONIO GIL Y ZÁRATE: Vuelve a mis manos, descuidada lira, vuelve, y tras luengos años de medroso callar y triste olvido, deja que pulse tus doradas cuerdas, dando con libre acento himnos de gozo y gratitud al viento.

LARRA, que a sus 24 años acaba de sustituir a Mesonero en La Revista Española, el 30 de abril publica un célebre artículo, En este país: Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido *…+ Este es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerle, si bien sin imaginar aún el cómo *…+ Este medio saber nos impide gozar de lo bueno que realmente tenemos, y aun nuestra ansia de obtenerlo todo de una vez nos 14


ciega sobre los mismos progresos que vamos insensiblemente haciendo. Estamos en el caso del que, teniendo apetito, desprecia un sabroso almuerzo con la esperanza de un suntuoso convite incierto *…+ Sustituyamos a la esperanza de mañana el recuerdo de ayer y veamos si tenemos razón en decir a propósito de todo ¡Cosas de este país! PIERRE DE LUZ en la biografía de Isabel II, (Helsingfors, 1934) La primera vez *…+ que María Cristina tuvo que mostrarse en público para un acto de importancia –la apertura de las Cortes (24 de julio de 1834)-, estaba encinta de cinco meses, y le fue difícil disimularlo. Cuatro de los siete hijos de María Cristina y de Muñoz van a nacer en el curso de la regencia. Estos cuatro partos, clandestinos representan, muchos subterfugios, muchas angustias y, en definitiva, muchas faltas a los deberes de la realeza. Uniendo su vida con la de Fernando Muñoz, María Cristina se colocó en el dilema siguiente: o confesar su matrimonio y entonces renunciar a la regencia *…+, o mantener su casamiento secreto, como lo hizo *…+ y dejar que la corte creyese que tenía un amante, exponiéndose así a las groserías de aquellos a quienes el favor otorgado a un oscuro guardia de corps convertía en envidiosos *…+, o peor todavía, exponerse a las tentativas de chantaje y condenarse *…+ a soportar, contra su conciencia y su honor, cosas (una de ella, por ejemplo, la supresión de las órdenes religiosas) que, irreprochable, hubiera rechazado absolutamente.

13. Obelisco de los Caídos ESPRONCEDA, Al 2 de mayo (Poesías, 1840): Verted juntando las dolientes manos lágrimas ¡ay! que escalden la mejilla; mares de eterno llanto, castellanos, no bastan a borrar nuestra mancilla. Llorad como mujeres, vuestra lengua no osa lanzar el grito de venganza; apáticos vivís en tanta mengua y os cansa el brazo el peso de la lanza. ¡Oh! en el dolor inmenso que me inspira, el pueblo entorno avergonzado calle; y estallando las cuerdas de mi lira, roto también, mi corazón estalle. 15


LARRA, Colección de Artículos (1835): es la Tercera carta de un liberal de acá a un liberal de allá: ¿Me preguntas si es gobierno representativo o que tenemos? No entiendo yo muchas veces tus preguntas. Todo es aquí representativo. Cada liberal es una pura y viva representación de los trabajos y pasión de Cristo, porque el que no anda azotado, anda crucificado. Añades que no somos libres. Menos entiendo yo esto que lo otro. Gozamos de las más amplia libertad posible y en esto te juro que hemos llegado a tal altura de tolerancia y despreocupación, que ninguna nación culta ni inculta rayó más alto. Y voy a darte la prueba. Supónte por un momento, aunque te pese hasta figurártelo, que eres español. No te aflijas, que esto no es más que una suposición. Que eres español y que dices para tu capote, por ejemplo: “Yo quiero ser carlista”. Enhorabuena,; coges tu fusil y tu canana y ancha es Castilla; nadie te o estorba. Que te cansas de la facción y que te vas a tu casa, nadie te dice una palabra, con tal que cuantas veces lo hagas uses de la fórmula de decir que te acoges a algún indulto de los que hayan salido. *…+ Verdad es que si como te había de dar por conspirar a favor de los diez años [1823-33], te da por conspirar a favor de los tres ]1820-23], hay una diferencia, y es que entonces no necesitas salir al campo ni tirar un tiro para que te prendan, sino que te vienen a prender a tu misma casa, que es gran comodidad. *…+ Añade a eso que libertad completa no la hay en el mundo, que eso es un disparate. Así es que cuando yo te digo que somos libres, no quiero yo decir por eso que podemos ser liberales a banderas desplegadas y salir diciendo por las calles “¡Viva la libertad!” u otros despropósitos de esa especie. *…+ Nada de eso; quiero decir que podemos gritar en días solemnes “¡Viva el Estatuto!” y podemos estarnos cada uno en su casa y callar a todo siempre y cuando nos dé la gana. MESONERO ROMANOS: … el funesto día 17 llegué a entender que, desbordada la muchedumbre del pueblo bajo, y no sabiendo a quien achacar la repentina y horrible calamidad que se le echaba encima, dio oídos al absurdo rumor, propalado tal vez con aviesa intención, de hallarse envenenadas las fuentes públicas +… ; y en vez de declararse en hostilidad, como en París y San Petersburgo, contra los médicos y los panaderos, hicieron aquí blanco de sus iras a los inocentes religiosos de las órdenes monásticas, y asaltando las turbas feroces los conventos de los jesuitas (San Isidro), de San Francisco, de la Merced y de Santo Tomás, inmolaron sacrílegamente a un centenar casi de aquellas víctimas inocentes. 16


Un artículo de LARRA imprescindible, Dios nos asista (El español, 3 de abril de 1836): ¿En dónde ve el pueblo español su principal peligro, el más inminente? *…+ ¿No veía en los conventos otros tantos focos de esa guerra, en cada fraile un enemigo, en cada carlista preso un reo de estado tolerado? ¿No procedía del poder de esos mismos enemigos, dominantes siglos enteros en España, la larga acumulación de un rencor jamás desahogado? ¿Qué mucho, pues, que la sociedad acometida en masa, en masa se defienda? Y concluye con esta frase lapidaria: Asesinatos por asesinatos, ya que los ha de haber, estoy por los del pueblo. Siguiendo con Dios nos asista, leemos: No hay cosa para elegir como las muchas talegas: una talega difícilmente se equivoca, dos talegas siempre aciertan y muchas talegas juntas hacen maravillas. *…+ Luego los elegidos han de tener doce mil reales de renta; garantía de gran acierto: por poco que valga un real en estos tiempos, no hay real que no valga una idea, sin contar con las muchas que hasta ahora hemos visto que no valían un real, y con los varios casos en que por menos de un real daría uno todas sus ideas; bueno es siempre que haya reales en el Estamento por si acaso no hubiese ideas. […] “¿Qué saben los jóvenes?! Exclaman. Lo que ustedes nos han enseñado, les respondemos, más lo que en ustedes hemos escarmentado, más lo que seguimos aprendiendo. ¿Y qué eran ustedes en el año 12? Nosotros fundaremos nuestro orgullo en ser sucesores, en aprovechar sus lecciones, en coronar la obra que empezaron. Nosotros no rehusamos su mérito; no rehúsen ellos nuestra idoneidad, que el árbol joven es la esperanza del jardinero, si el viejo ya le da sombra. Según el miedo que tienen de que la juventud entre en los puestos, no parece sino que es posible hacerlo peor que ellos.

14. De Villahermosa a Príncipe MESONERO: Allí, en aquellos espléndidos salones, decorados y alumbrados con profusión y henchidos de toda la más brillante sociedad de la corte, y en muchas ocasiones son 17


asistencia de la Reina y la familia real, el gobierno y el cuerpo diplomático extranjero, se celebraban aquellos inolvidables jueves del Liceo, aquellas sesiones de competencia artística y literaria, aquellos conciertos y representaciones dramáticas y líricas en que brillaban alternativamente los antiguos campeones de la literatura y del arte con los nuevos ingenios que surgieron como por encanto en aquella época fecunda: Zorrilla, Vega, Bretón, Gil Zárate, Espronceda, *…+, Escosura, *…+, Harzenbusch, *…+, el Duque de Rivas, las señoritas Avellaneda y Coronado *…+ y el Curioso Parlante, con otros cientos que no recuerdo ocupaban periódicamente la tribuna erigida en el centro del salón, leyendo sus composiciones en verso y prosa. Del Liceo y del Ateneo escribe ESPRONCEDA en El diablo mundo: A todos, Gloria, tu pendón os guía, y a todos nos excita tu deseo: apellidarse socio, quién no ansía y en las listas estar del Ateneo? Y quién, aficionado a la poesía, no asiste a las reuniones del Liceo, do la luz brilla dividida en partes de tanto profesor de bellas artes? GALDÓS, en Los apostólicos (1879(, lo deja claro: La acción, que era una necesidad, un apetito irresistible de la insigne pandilla, está circunscrito por Calomarde a la esfera del Parnasillo. La policía no estorbaba que allí dentro se dispararan ovillejos, quintillas y décimas, llenas de pimienta como los antiguos vejámenes; pero el libro, el drama, el periódico, todas las grandes armas del pensamiento, les estaban vedadas. No se les permitía más que alfileres. MESOJNERO: De todos los cafés existentes en Madrid por los años 1830 y 31, el más destartalado, sombrío y solitario era, sin duda alguna, el que, situado en la planta baja d ela calle contiguo al teatro del Príncipe,, se pavoneaba con el mismo título, aunque ni siquiera tuviera comunicación con le coliseo. Esta salita, pues, de escasa superficie, estrecha y desigual *…+, estaba a la sazón en us cualidad de café, destituida de todo adorno de lujo, y aun de comodidad. Una docena de mesas de pino pintadas de color de chocolate, con unas cuantas sillas de Vitoria, formaban su principal mobiliario; el resto lo completaban una lámpara de candilones pendientes del techo, y en las paredes

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hasta media docena de los entonces apellidados quinquets *…+, cerrando el local unas sencillas puertas vidrieras, con su ventilador de hojalata en la parte superior. LARRA, Lo que no se puede decir, no se debe decir, de octubre del 34 y publicado en la Colección de Artículos del año siguiente: Quiero hacer un artículo, por ejemplo: no quiero que me lo prohíban, aunque no sea más que por no hacer dos en vez de uno. ¿Y qué hace usted?, me dirán esos perturbadores que tienen siempre la anarquía entre los dedos para soltársela encima al primer ministro que trasluzcan, ¿qué hace usted para que no se lo prohíban? Qué he de hacer, hombre exigentes! Nada. Lo que debe hacer un escritor independiente en tiempos como estos de independencia. Empiezo por poner al frente de mi artículo, para que me sirva de eterno recuerdo: Lo que no se pude decir, no se debe decir. Sentado en el papel esta provechosa verdad, que es l a verdadera, abro el reglamento de censura; no me pongo a criticarlo, (nada de eso!, no me compete. Sea reglamento o no sea reglamento, cierro los ojos y venero la ley, y la bendigo, que es más. Y continúo: Artículo 12. No permitirán los censores que se inserten en los periódicos: Primero: Artículos que viertan máximas o doctrinas que conspiren a destruir o alterar la religión, el respeto a los derechos y prerrogativas del trono, el Estatuto Real y demás leyes fundamentales de la Monarquía. Eso dice la ley. Ahora bien: doy el caso de que me ocurra una idea que conspira a destruir la religión. La calla, no la escribo, me la como. Este es le modo. 15. Teatro Español Tradicionalmente, se viene asignando al drama del duque de Rivas Don Álvaro o la fuerza del sino, estrenada en el Príncipe el 22 de marzo de 1835, el triunfo del drama romántico español. Leamos el testimonio de un testigo de primera fila, MESONERO ROMANOS: Su ilustre autor (que había tenido la amabilidad de leerme algunas de las escenas de su drama en París, en 1833) abrigaba sus dudas sobre la buena o mala acogida que pudiera obtener de nuestro público su atrevida composición; yo procuré tranquilizarle sobre ello, pues sin negar lo arriesgado de la idea primordial del fatalismo que campeaba en el drama y lo atrevido de algunas situaciones y caracteres, era tal, a mis ojos, el sinnúmero de bellezas que aquella composición atesora, que no dudaba de que saldría airosa en su primera exposición ante el público español. Así sucedió, en efecto; más, sin embargo, debo confesarlo, no se apreciaron por de pronto en su justo valor todas aquellas condiciones que enaltecen el drama.

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MESONERO: … fascinado el auditorio por aquel cúmulo de bellezas, hijo de una rica fantasía, y aguijoneado, además, por la curiosidad de conocer al ingenio que así acertaba a seducirle y conmoverle (y que según corrían voces, se hallaba en el teatro con su chaqueta amarilla y gorra de cuartel), empezó a pedir, un medio de atronadores aplausos,, no solamente el nombre del autor, sino también que éste se presentase en las tablas a recibir la ovación que le público dispensaba *…+. Verificóse al fin dicha presentación y apareció tímido y conducido por los primeros actores Carlos Latorre y Concepción Rodríguez, y vestido con el saco de miliciano que al efecto le prestó Ventura de la Vega… El ciclo de los grandes éxitos teatrales del Romanticismo en el Príncipe se cierra con Los amantes de Teruel, del madrileño Juan Eugenio Harzenbuch. El drama se estrenó el 19 de enero de 1837 y se representó 15 veces. Fue el tema de uno de los últimos artículos de LARRA: El drama que motiva estas líneas tiene a nuestro pobre juicio bellezas que ponen a su autor no ya fuera de la línea del vulgo, pero que lo distinguen también entre escritores de nota. Sinceramente le debemos alabanza, y aquí citaremos de nuevo, como otras veces hemos hecho, a los que de maldicientes nos acusan; solo se presenta el autor de Los amantes de Teruel, sin pandilla literaria detrás de él, sin alta posición que le abone; no le conocemos; pero nosotros, mordaces y satíricos, contamos a dicha hacer justicia al que se presenta reclamando nuestro fallo, con memoriales en la mano como Los amantes de Teruel. Si la indignación afila a veces nuestra pluma, corre sobre el papel más feliz y más ligera para alabar que censurar. MESONERO: ELLA...!!! Y ÉL…!!!/ DRAMA ROMÁNTICO NATURAL / EMBLEMÁTICO-SUBLIME, ANÓNIMO, SINÓNIMO, / TÉTRICO Y ESPASMÓDICO. / ORIGINA, EN DIFERENTES PROSAS Y VERSOS / EN SEIS ACTOS Y CATORCE CUADROS / Por…………./ Aquí había una nota que decía: “Cuando el público pida el nombre del autor”. Y seguía más abajo: Siglos IV y V. La escena pasa en Europa y dura unos cien años. INTERLOCUTORES / La mujer (todas las mujeres, toda la mujer) / EL marido (todos los maridos) / Un hombre salvaje (el amante) / EL Dux de Venecia / El tirano de Siracusa *…+ / Coro de monjas carmelitas / Coro de PP agonizantes / Un hombre del pueblo / Un pueblo de hombre / Un espectro que habla / Otro ídem que agarra…

16. Santa Isabel, San Sebastián. 20


La calle de Santa Isabel, descrita así por CARRERE: Calle de Santa Isabel, sombría y conventual; una casa humilde y vieja con un ferrado portón, frente a una fuente de piedra y una mansión señorial una reja, última página de una historia de pasión. Los amores de Espronceda, romántico vendaval, melena al viento, que tiene la arrogancia de un airón; y la divina Teresa, que supo hacerse inmortal, de la hora loca romántica patética encarnación. Teresa Mancha es, inicialmente, el ideal romántico: ¿Quién pensara jamás, Teresa mía, que fuera eterno manantial de llanto tanto inocente amor, tanta alegría, tantas delicias y delirio tanto? ¿Quién pensara jamás llegase un día en que perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causara enojos? Aún parece, Teresa, que te veo aérea como dorada mariposa, ensueño delicioso del deseo, sobre tallo gentil temprana rosa, del amor venturoso devaneo, angélica, purísima y dichosa, y oigo tu voz dulcísima, y respiro tu aliento perfumado en tu suspiro. [..] … Y llegaron, en fin… ¡Oh! ¿Quién, impío, ¡ay!, agostó la flor de tu pureza? Tu fuiste un tiempo cristalino río, Manantial de purísima limpieza; Después, torrente de color sombrío, Rompiendo entre peñascos y maleza. Y estanque, en fin, de aguas corrompidas Entre fétidos fango detenidas. […] 21


¡oh!, ¡cruel!, ¡muy cruel!, ¡martirio horrendo! ¡espantosa expiación de tu pecado! ¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo, morir, el corazón desesperado! Tus mismas manos de dolor mordiendo, presente a tu conciencia lo pasado, buscando en vano, con los ojos fijos y extendiendo tus brazos, a tus hijos. […] Gocemos, sí; la cristalina esfera gira bañada en luz: ¡bella es la vida! ¿Quién a parar alcanza la carrera del mundo hermoso que al placer convida? Brilla radiante el sol, la primavera los campos pinta en la estación florida; truéquese en risa mi dolor profundo... Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?

17. Palacio del duque de Rivas ÁNGEL SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS en Don Álvaro : Los mismos y doña Leonor, vestida con un saco y esparcidos los cabellos, pálida y desfigurada, aparece en la puerta de la gruta, y se oyen repicar a lo lejos las campanas del convento. ÁLVARO. *…+ Un mujer!... Cielos!... Qué acento!... Es un espectro!... Imagen adorada… Leonor! Leonor! ALFONSO. *…+ ¡Leonor! ¿Qué escucho? ¡Mi hermana! LEONOR. *…+ ¡Dios mío! ¿Es don Álvaro? … Conozco su voz… Él es… ¡Don Álvaro! ALFONSO. ¡Oh furia! Ella es… ¡estaba aquí con su seductor!.. ¡Hipócritas!... ¡Leonor! LEONOR. ¡Cielos! ¡Otra voz conocida! … ¡Mas ¿qué veo?... *…+ ALFONSO. ¡Ves al último de tu infeliz familia! LEONOR. ¿Hermano mío!... ¡Alfonso! ALFONSO. (*…+ Hiere de muerte a Leonor). Toma, causa de tantos desastres; recibe el premio de tu deshonra… Muero vengado (Muere). ÁLVARO. ¡Desdichado!... ¿Qué hiciste? … ¡Leonor! ¿eras tú?... ¿Tan cerca de mí estabas? … ¡Ay! *…+ Aún respira…, aún palpita aquel corazón todo mío… Ángel de mi vida, vive, vive… Yo te adoro… ¡Te hallé, por fin…, sí te hallé… muerta! *…+

18. De Duque de Rivas a Cuchilleros 22


ESPRONCEDA en El reo de muerte (Poesías, 1840); Y la voz de los borrachos, y sus brindis, sus quimeras, y el cantar de las rameras, y el desorden bacanal en la lúgubre capilla penetran, y carcajadas, cual de lejos arrojados de la mansión infernal. Y también pronto, en son triste, lúgubre voz sonora: ¡Para hacer bien por el alma del que van a ajusticiar! *…+ Madrid yace envuelta en sueño, todo al silencio convida, y el hombre que va a expirar; si tal vez piensa en mañana, ni una vez piensa siquiera en el mísero que espera, para morir, despertar; que sin pena ni cuidado los hombres oyen gritar: ¡Para hacer bien por el alma..! LARRA, que va siguiendo el cortejo de un reo camino de la Plaza de la Cebada (EL reo de muerte, Revista Mensajero, 30-III-1835). AL llegar a la calle de Toledo, la horrible procesión camina hacia el sur. Numerosos piquetes de infantería y caballería esperan en torno al patíbulo. He notado que en semejante acto siempre hay una corrida; el terror que la situación del momento imprime en los ánimos causa la mitad del desorden; la otra mitad es obra de la tropa que va a poner orden. ¿Siempre bayonetas en todas partes! *…+ No sé por qué al llegar siempre a la plazuela de la Cebada mis ideas toman una tintura singular de melancolía, de indignación y de desprecio. No quiero entrar en la cuestión tan debatida del derecho que pude tener la sociedad de mutilarse a sí propia; siempre resultaría el derecho de la fuerza, y mientras no haya otro mejor en el mundo, ¿qué loco se atrevería a rebatir ése? Pienso sólo en la sangre inocente que ha manchado la plazuela; en la que manchará todavía. ¡Un ser que como el hombre no puede vivir sin matar, tiene la osadía, la incomprensible vanidad de presumirse perfecto! 23


[…] … había llegado el momento d ela catástrofe: el que sólo había robado acaso a la sociedad iba a ser muerto por ella *…+; si había hecho mal matando a toro, la sociedad iba a hacer bien matándole a él. Un mal se iba a remediar con dos. EMILIO CARRERE, describiendo un mesón al pie del Arco de Cuchilleros, nos recuerda al más célebre bandido madrileño: Esta rinconada de la Plaza Mayor ya tenía entonces su leyenda maja y rufa. Se decía que en el tabernón de la planta baja se reunía la cuadrilla de Luis Candelas, Un tascón con cortinillas de color de vino o de sangre, taburetes y mesas redondas para beber y una baraja abarquillada y mugrienta. ÁNGEL OLIVARES relata así su proceso: En este templo, Luis Candelas, recluido en la Cárcel de la Corte, demuestra el temple enérgico de su alma […+. No solicita entrevistas con amigos ni abogados. No escribe ni se lamenta de rigor con que le tratan en la cárcel. A finales de octubre se ve la causa en la Audiencia. El fiscal pide para Luis Candelas Cagigal la pena ordinaria de muerte, a garrote vil. El Presidente, dirigiéndose al reo, le hace la pregunta ritual: -¿Desea el procesado hacer alguna manifestación¿ Luis Candelas, sonriente, afable, responde: -Sí, Señor Presidente, que aunque tardía, encuentro la sentencia muy puesta en razón. El 4 de noviembre se le pone en capilla. El sacerdote le ruega que lea los Evangelios *…+, se le invita a confesar y comulgar y no se niega. El defensor le ruega que firme una carta de solicitud de indulto dirigida a María Cristina, la Reina Gobernadora. Luis no acepta. El 6 de noviembre murió agarrotado, pasada la Puerta de Toledo, SOLANA (Madrid callejero) cuenta así su final: Luis Candelas fue ejecutado en 1837, a las once de la mañana, y todavía se recuerda su entereza a la hora de la muerte y las palabras con que se despidió del público que presenció la ejecución: “Como hombre he sido pecador; pero jamás se mancharon mis manos con la sangre de mis semejantes. Adiós patria mía: sé feliz!

19.Plaza de Oriente, Santa Clara, Santiago RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA: 24


La plaza de Oriente tenía algo de Panteón de reyes *…+, como si se hubiese transformado y la ruleta de los Reyes hubiera dado la vuelta y hubiese salido la mala jugada, la de perder la mitad de la vida. A LARRA, progresivamente aislado, su humor se iba haciendo cada vez más negro. Lo refleja en uno de sus más patéticos artículos: Día de difuntos de 1836 (EL Español, 2XI-1836): Y el bronce herido que anunciaba con lamentable clamor la ausencia eterna de los que han sido, parecía vibrar más lúgubre que ningún año, como si presagiase su propia muerte. Ellas también, las campanas, han alcanzado su última hora, y sus tristes acentos son el estertor del moribundo; ellas también van a morir a sus manos de la libertad, que todo lo vivifica, y ella serán las únicas en España, ¡Santo Dios!, que morirán colgadas. ‘Y hay justicia divina! Dirigíanse las gentes por las calles en gran número y en larga procesión, serpenteando de unas en otras como largas culebras de infinitos colores: ¡Al cementerio, al cementerio! ¡Y para eso salían de las puertas de Madrid! Veamos claro, dije yo para mí, ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna funeraria de una esperanza o de un deseo. […] Palacio *…+: Aquí yace el trono: nació en el reinado de Isabel la Católica. Murió en La Granja de un aire colado *…+ La Armería *…+: Aquí yace el valor castellano, con todos sus pertrechos. R.I.P. *…+ Los Ministerios: Aquí yace media España; murió de lo otra media. *…+ Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y del fanatismo: murió de vejez. *…+ La cárcel: Aquí reposa la libertad del pensamiento. *…+ La Bolsa: Aquí yace el crédito español *…+ El Salón de las Cortes: *…+ Aquí yace el Estatuto. / Vivió y murió en un minuto. Larra en Horas de invierno (EL Español, 25-12-1836) Escribir con Chateaubriand y Lamartine en la capital del mundo moderno es escribir para la Humanidad; digno y noble fin de la palabra del hombre, que es dicha para ser oída. Escribir como escribimos en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en 25


Madrid es llorar, es buscar la voz sin encontrarla, como una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Son los académicos, son los círculos literarios, son los corrillos noticieros de la Puerta del Sol, son las mesas de los cafés, ,…- son los que despojan o son los despojados? Últimos párrafos de El día de difuntos: ¡Fuera, exclamé, la horrible pesadilla, fuera! ¡Libertad! ¡Constitución! *…+ ¡Opinión nacional! ¡Emigración! ¡Vergüenza! ¡Discordia! Todas estas palabras parecían repetirme a un tiempo el clamor general de las campanas del día de Difuntos de 1836. Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno, no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos. ¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza! ¡¡¡Silencio, silencio!!! José Zorrilla, en sus Recuerdos del tiempo viejo (1880-83): Contemplamos al muerto, a quien yo veía por primera vez, a todo nuestro despacio, admirándonos la casi imperceptible huella que había dejado junto a su oreja derecha la bala que le dio muerte; cortóle Álvarez un mechón de cabellos y volvimos a la Biblioteca +… [AL día siguiente] la hora del entierro, que era la de las cinco, se había adelantado a la de las cuatro. La iglesia estaba llena de gente: hallábanse en ella todos los escritores de Madrid, menos Espronceda, que estaba enfermo. Sigamos con MESONERO el cortejo fúnebre: Colocado que fue en un carro fúnebre, sobre el que ostentaban cien coronas en torno a sus preciados escritos, seguimos todos a pie, enlutados y llenos de sincero dolor, tributando de este modo el primer homenaje público, acaso desde Lope de Vega, rendido entre nosotros al ingenio. Y llegados que fuimos al camposanto de la Puerta de Fuencarral, y antes de introducir el ataúd en su modesto nicho, don Mariano Roca de Togares (actual marqués de Molíns) pronunció sentías frases en loor del suicida. Luego se adelantó un desconocido joven y leyó estos versos: Este vago clamor que rasga el viento es el son funeral de una campana… 26


Vano remedio del postrer lamento de un cadáver sombrío y macilento, que en sucio polvo dormirá mañana. Era el poeta vallisoletano JOSÉ ZORRILLA.

20. En el teatro Don Juan Tenorio, de ZORRILLA:. DON JUAN. Nápoles, rico vergel de amor, de placer, de emporio, vio en mi segundo cartel: aquí está don Juan Tenorio para quien quiera algo de él. *…+ Por dondequiera que fui la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé y a las mujeres vendí. Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé y en todas partes dejé memoria amarga de mi. […] DON JUAN. Llamé al cielo y no me oyó, y pues las puertas me cierra, de mis pasos en la tierra responda el cielo, no yo. […] DON JUAN. … yo, santo Dios, creo en Ti; si es mi maldad inaudita, tu piedad es infinita… ¡Señor, ten piedad de mí! ESTATUA. Ya es tarde *…+ 27


DOÑA INÉS. No. Heme ya aquí, don Juan; mi mano asegura esta mano que a la altura tendió tu contrito afán, y Dios perdona, don Juan al pie de mi sepultura. *…+ …es el Dios de la clemencia el Dios de don Juan Tenorio

B) MADRID POSROMÁNTICO: DE 1844 A 1898

1. Campo del Moro No volverás, pobre Isabel. Te llevas todo tu reinado, más infeliz para tu pueblo que para ti. Impurificaste la vida española; quitaste sus cadenas a la Superstición para ponérselas a la Libertad. En el corazón de los españoles fuiste primera la esperanza, después la desesperación. La de los tristes destinos (1907) de GALDÓS. VALLE INCLÁN, Farsa y licencia de la Reina Castiza. EL REY CONSORTE. Buenas noches, señoras damas. LA DUEÑA. Buenas las tenga el Rey, mi Amo. ¿Qué os trae, Señor? EL REY.

Las dulces llamas De Himeneo, con su reclamo. Abridme la alcoba.

LA DUEÑA.

¡Imposible!

MARI-MORENA. Hoy es viernes con abstinencia *…+ EL REY. Estoy aquí con mi derecho de Rey Consorte. 28


MARI-MORENA.

¡Celebrándolo!

EL REY. Quiero llegar hasta el lecho de la Reina. LA DUEÑA.

¡Jesús que escándalo!

MARI-MORENA. ¡Hoy es viernes! EL JOROBETA.

¡Qué paparrucha!

¡Hoy es lunes! LA DUEÑA.

¡Vaya un antojo!

MARI-MORENA. Hoy es viernes y está malucha la Señora. EL JOROBETA. ¡Mirarme este ojo! Abre la puerta de la alcoba para que entre el Rey Consorte. *…+ EL GRAN PREBOSTE. ¡Pero adónde, señora? LA SEÑORA

¡Ven y calla!

PREBOSTE. ¡Sin saberlo no voy! LA SEÑORA.

¡Qué terco eres!

A un baile de candil. PREBOSTE.

¿Y esa canalla?

LA SEÑORA. ¿Quieres que vayan solas dos mujeres? *…+ PREBOSTE. Pero sabéis, Señora, que en los bailes de candil el Diablo hace las suyas. LA SEÑORA. ¡No seas camastrón! ¡Harto los frailes me cantan ese pliego de aleluyas! *…+ PREBOSTE. ¡Imagino que todo es una chanza! 29


LA SEÑORA. ¡Muy mal imaginado, señor mío! PREBOSTE. Pues si alguno se entera de la danza nos arman en las Cortes un gran lío. LA SEÑORA. Se disuelven las Cortes. PREBOSTE.

¡No es sensata!

LA SEÑORA. Mañana me presentas el decreto. PREBOSTE. Hay prensa y puede darnos un mal rato. LA SEÑORA. Con la censura guardará el secreto.

2. Palacio Real VALLE en La corte de los milagros (1927):

El marqués de Torre Mellada, pintado, retocado, untoso de cosméticos, entraba con su típica morisqueta de fantoche, y rememoró haciendo aspavientos: - ¡Aquí fue, Fetiche! ¡Aquí, en esta sala, se nos apareció a todos la Madre Patrocinio! Veintitrés de octubre del año cuarenta y nueve. ¡No lo olvidaré jamás! *…+ Aquí fue. Hablaba sacudiéndose livianamente una mota de la solapa con el ovillejo de los guantes. Feliche sonreía desengañada: -¿Pero puede ser? - ¡Un milagro! ¿Vas a negar los milagros? Ahí tienes el Cristo de Medinaceli. ¡Pues todos los viernes guiña un ojo y tuerce la boca! -Yo no lo he visto *…+ -Lo vio Bradomín, pero como es tan volteriano, salió diciendo que le había hecho la seña del tres. ¡Merecía que la lengua le quemasen! ¿Te ríes? A ti te cae en gracia ese cínico farsante, como le llama el Padre Claret. ¿Pero es posible que no creas en la aparición de la madre Patrocinio? ¡Si todos, la hemos visto! ¡A mi lado estaba tu pobre padre! *…+ -¿Y también la vio mi padre? 30


-¡Todos, criatura, todos!*…+ Insinuó con ironía la Marquesa. -Estaríais alucinados. Media vuelta de marioneta y el cacareo petulante del vejestorio, en los medios de la sala: -Querida, tú sabes que yo no me alucino fácilmente. Llevábamos una hora reunidos. Tenía la palabra el padre Fulgencio. De pronto, una ráfaga de viento apaga las luces y quedamos a oscuras. Fue un momento en volver a encenderlas. Ahí, hijas, en esa puerta, estaba la Madre Patrocinio. La estoy viendo, toda en un resplandor, tendiendo hacia nosotros las palmas llagadas. Yo oí muy claramente: Traigo para vosotros la bendición del Santo Padre. Desapareció y todos nos quedamos edificados. GALDÓS en La revolución de julio (1904): Figúrate que le he visto tan de cerca, tan de cerca que más no cabe… Pasó su Majestad…, la vi sonreír mirando hacia atrás, como si llamase a una persona de la comitiva; esta persona era el Nuncio…, el Nuncio de Su Santidad, que se adelantó pegándome un codazo por esta parte. Y cuando me volví, por esta otra parte me dieron otro codazo. Era el maldito clérigo que se abalanzó, se arrodilló como para dar un memorial… Le vi asestar la puñalada. Creí que la tierra se abría para tragarnos a todos. No sé si la reina cayó o no cayó… Nos abalanzamos al criminal… Yo le oí decir…, no sueño, no; yo le oí decir, no una vez, sino dos: “Ya tienes bastante […] Nos dirigimos luego a la Saleta y en ella el mismo gentilhombre *…+ vino a decirnos que la herida de la Reina no era de cuidado. GALDÓS, en Aita Tettauen (1905): «¡Qué gloria ver resucitado en nuestra época el soldado de Castilla, el castellano Cid, verle junto a nosotros y tocar con nuestra mano la suya, y poder abrazarle y bendecirle en la realidad, no en libros y papeles! Reviven en la edad presente las pasadas. Vemos en manos del valiente O'Donnell la cruz de las Navas, y en las manos de los otros caudillos, la espada de Cortés, el mandoble de Pizarro y el bastón glorioso del Gran Capitán. Las sombras augustas del emperador Carlos V y del gran Cisneros, nos hablan desde los negros muros de Túnez y de Orán. La epopeya, que habíamos relegado al Romancero, vuelve a nosotros trayendo de la mano la figura de aquella excelsa y santa Reina que elevó su espíritu más alto que cuantos soberanos reinaron en esta tierra, la que al clavar la cruz en los adarves de Granada, no creyó cumplida con tan grande hazaña su histórica empresa, y con gallardo atrevimiento y ambición religiosa y política nos señaló el África como remate y complemento del solar español. 31


3. Senado MARX en una serie de artículos. Revolutionay Spain, publicados en el New York Daly Tribune (21-VII/4-VII-1854): Cada complot palaciego se basa en insurrecciones militares que arrastran indefectiblemente tras de sí pronunciamientos municipales. Dos causas explican este fenómeno. En primer lugar, lo que llamamos estado en el sentido moderno de la palabra no tiene verdadera corporación frente a la corte, por causa de la vida exclusivamente provincial del pueblo, si no es en el ejército. En segundo lugar, la peculiar posición de España y la guerra por la independencia crearon condiciones en las cuales el ejército resultó el único lugar en que podían concentrarse las fuerzas vitales de la nación española *…+ Durante el difícil periodo 1830-1854 las ciudades españolas comprendieron, empero, que el ejército, en vez de seguir siendo un sostén de la causa de la nación, se había transformado en instrumento de las rivalidades de ambiciosos pretendientes a la tutoría militar de la corte. Consecuentemente, el movimiento de 1854 es muy diverso del de 1843. La émeute del general O´Donnell fue considerada por la población como una mera conspiración contra las personas influyente en la corte, especialmente desde que se vio que el movimiento contaba con el apoyo del ex favorito Serrano. Las ciudades y el campo se guardaron, consiguientemente, de responder al llamamiento de la caballería de Madrid.

4. Del Teatro Real a Mesonero Romanos. BÉCQUER- Su crónica sobre el Barbero de Sevilla (II-X-1863) Unas lanzando chispas de luz de sus pupilas negras; otras entornando las largas pestañas rubias como para defender sus adormidos y azules ojos de la enojosa claridad; éstas con los hombros desnudos redondos y más blancos que la blanca gasa que los rodea, de modo que no se sabe dónde acaba el seno y dónde comienza el tul; aquéllas con los cabellos ensortijados y cubiertos de perlas semejantes a una lluvia de escarcha, trenzados con flores o salpicados de corales, y todas ellas vestidas con esas telas diáfanas y ligerísimas que flotan alrededor de las mujeres como una niebla de color que las hace destacar luminosas y brillantes sobre el fondo de grana oscuro de los palcos, estaban allí la flor y nata de las notabilidades femeninas de la Corte: y las singulares por su hermosura, las que legislan en materia de modas, las que brillan por sus blasones, las que se distinguen por la alta posición que ocupan, las que merced a su dote fabulosa llaman hacia sí la atención de los aspirantes a Coburgos; ninguna faltaba a la gran solemnidad lírica. 32


El mundo elegante del Real pone a Bécquer, al parecer en contacto con una rica dama, Elisa Guillén, con la que, se dice, vive un tumultuoso idilio. ¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, es altanera y vana y caprichosa. Antes que el sentimiento de su alma brotará el agua de la estéril roca. Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada... pero... ¡es tan hermosa!! BÉCQUER, hundido tras sus romances con Julia y Elisa, en 1861 se casó con Casta Esteban, hija de un médico soriano especialista en enfermedades venéreas al que acudió el poeta. Era la esperanza: Tu aliento es el aliento de las flores, tu voz es de los cisnes la armonía; es tu mirada el esplendor del día, y el color de la rosa es tu color. Tú prestas nueva vida y esperanza a un corazón para el amor ya muerto: tú creces de mi vida en el desierto como crece en un páramo la flor. Tormento (1883), de GALDÓS: La casa es un palacio. No crea usted... cortinas de seda, alfombras y candeleros de plata... En la cocina hay máquina para hacer helado y en el comedor un servicio de huevos pasados que es una gallina con pollos, todo de plata. La gallina se destapa y allí se ponen los huevos pasados. A los pollos se les levanta la cabeza y son las hueveras, y en el pico se pone la sal. ¡Oh!, ¡pues si usted viera...! En uno de los cuartos hay una pila de mármol con dos llaves, una de agua fría, otra de agua caliente. Da gusto ver aquello... La cocina es de hierro, con muchas puertas, tubos, hornillas y horno y demonios... Galdós. Memorias de un desmemoriado: Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos.

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5. Puerta del Sol GALDÓS: La revolución de julio (1904):

-Abrid la puerta. Entraremos y nos daréis armas. -No puede ser. No somos enemigos de la Libertad. Ya veis que no os hacemos fuego. -Abrid, y seamos hermanos. -Ni vosotros entraréis, ni nosotros saldremos. Todo seguirá como ahora está. -¿Hasta cuándo? Nosotros estaremos aquí hasta que nos den armas. -No necesitáis armas. Nosotros no haremos fuego contra el pueblo... Abriremos un instante las puertas para recoger a nuestros centinelas... Pero habéis de prometernos y jurarnos que, al ver abrir la puerta, no empujaréis para colaros. -Lo prometemos. Abrid, y que entren vuestros centinelas». GALDÓS (Memorias de un desmemoriado): En aquella época, fecunda en graves sucesos políticos, precursores de la Revolución, presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel -10 de abril del 65-, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana… En Prim (1906). Los contertulios del Ateneo en la Calle de la Montera: «¡Menuda bronca en la calle del Arenal! Corre la gente desalada; los hombres braman; las mujeres chillan; algunos caen... Pisadas, estrujones, batacazos...». No había concluido esta relación, cuando llegó Turbino limpiándose el sudor: «Señores, la Puerta del Sol es un volcán. Ha salido González Bravo a exhortar a la multitud. Le han contestado con silbidos horrorosos... Y a toda tropa o autoridad que pasa, allá van silbidos, insultos... una cosa atroz...». Manifestó don Antonio Fabié que él había observado los grupos al pasar por la calle del Carmen. No eran ya estudiantes los amotinados; era el pueblo, la plebe... GALDÓS, lamenta la orgía de sangre en Memorias…: A la caída de la tarde cuando pudimos salir de casa, vimos los despojos de la hecatombe y el rastro sangriento de la revolución vencida. Como espectáculo tristísimo 34


el más trágico y siniestro que he visto en mi vida, mencionaré el paso de los sargentos de Artillería llevados al patíbulo en coche, por la calle de Alcalá arriba, para fusilarlos en la antigua plaza de toros. Transido de dolor, les vi pasar en compañía de otros amigos. No tuve valor para seguir la fúnebre traílla hasta el lugar del suplicio, y corrí a mi casa, tratando de buscar alivio a mi pena en mis amados libros. GALDÓS en La de los tristes destinos: En esto, la procesión popular se atascó frente a Milaneses, chocando con otra que por la calle de Santiago venía de la Plaza de Oriente. La confluencia de las dos corrientes humanas produjo remolinos, más hervor y espumarajo de alegrías patrióticas. Torció Ibero hacia Herradores buscando paso franco, y tras él se fue Malrecado, en quien la frase de Ibero “Vengo de Alcolea” determinó una fascinación irresistible. Venir de Alcolea era la mejor ejecutoria de valimiento político. La curiosidad y la ambición convirtieron al policía en satélite de Santiago. Corriendo a su lado, le refirió así los sucesos de aquel día: «De madrugada se supo en Guerra que habíais ganado la batalla, y a eso de las ocho nos pronunciamos... El amigo Concha, don José, reunió Consejo de Generales, y se acordó nombrar Capitán General de Madrid a Ros de Olano, para que bajo el mando de este fraternizáramos pueblo y tropa. JUAN ANTONIO CASTRO en Tiempo de 98 (1971): –Se autoriza también la libertad de cultos. -¡Qué barbaridad, don Jenaro! - España siempre ha sido martillo de herejes. -¡Muy bien dicho! ¡Sí, señor! ¡Martillo de herejes! -La culpa es de Castelar. -Y de esa especie foránea del Sufragio Universal… ¡Universal! -¡Calle usted, por Dios! -¿Desde cuándo un barrendero, verbi gratia, puede decidir con su voto el destino de una nación? ¿Es que esta gente modernista pretende igualar a aquel con un… maestro nacional, por ejemplo? -El barrendero a barrer. -Y el maestro a enseñar. -Y a decidir el futuro también, que para eso ha recibido instrucción y cultura. -¡Eso, eso! -Creo que también se permite el matrimonio civil. -Sí, señor: la ha leído en “La Gaceta” con estos ojos que se ha de comer la tierra. -De ahí al divorcio.

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En 1863 se colocaron urinarios públicos y en el 66 se levantó la torrecilla del reloj sobre el Ministerio de Gobernación. En 1870 entusiasmó a EDMONDO D´AMICIS: Durante los primeros días me resultaba casi imposible apartarme de la Puerta del Sol. Pasaba allí horas enteras, tan entretenido que me haría gustado quedarme allí todo el día. No es una plaza como las demás, sino una mezcla de salón, paseo, teatro, academia, jardín, plaza de armas y mercado. Desde el amanecer hasta la una de la noche está ocupada por una muchedumbre mientras que otra muchedumbre va y viene por las calles que desembocan en la plaza y los carruajes desfilan y se entremezclan, con un ajetreo que llega a marear. Allí se reúnen los comerciantes, los demagogos desocupados, los chupatintas sin empleo, los ancianos jubilados, y los jóvenes lechuginos, allí se trafica, se habla de política, se corteja, se pasea, se leen los diarios, se persigue a los deudores, se busca a los amigos, se preparan manifestaciones contra el ministerio, se elaboran bulos que circulan por toda España y se tejen los chismes escandalosos de la ciudad. En las aceras, que son lo bastante amplias como para que por ellas circulen cuatro carruajes de frente, uno tiene que abrirse camino a codazos.

GAUTIER, en su visita a Madrid en 1840, había escrito: A nosotros, acostumbrados al lujo deslumbrante y maravilloso de los cafés de París, los de Madrid nos parecen auténticos merenderos; su decoración recuerda la de las barracas de feria en las que se exhibe a la mujer barbuda o una sirena, pero esta ausencia de lujo queda ampliamente compensada por los excelentes y variados refrescos que en ellos se sirven. Es obligado reconocerlo: París, superior en tantas cosas, se queda atrás en este aspecto. EL arte del botillero está aún en pañales. Las cafés más célebres son el café de la Bolsa, en la esquina de la calle Carretas; el café Nuevo, en el que se reúnen los exaltados; el café… (he olvidado el nombre), lugar de reunión de las gentes de opinión más moderada, a los que llaman “cangrejos”; y el del Levante, muy cerca de la Puerta del Sol, lo cual no quiere decir que los otros no sean tan buenos, sino que éstos son los más frecuentados. No hay que olvidar el café del Príncipe, junto al teatro del mismo nombre, lugar de reunión de artistas y literatos. Bécquer,, Madrid Moderno (La ilustración de Madrid, 27-VI-70): El cambio de sistema de gobierno trajo una revolución en las costumbres. La vida se hizo más exterior, nació la política, la multitud tornó parte en sus luchas, y, como no era posible la vida del foro a semejanza de Roma, surgió espontáneamente el café, sucursal afortunada de la plaza pública. La fama de Pombo y Lorencini se remonta a esta época. 36


Más tarde fue creciendo el anhelo de sociabilidad; de esa sociabilidad cómoda y barata que se realiza en estos establecimientos, y comenzaron a multiplicarse, y el espíritu de especulación se fijó en el negocio. Los veladores de mármol sustituyen a las mesas de pino; el gas de aceite; las cortinillas de indiana dejan sitio a los grandes portieres; donde estaba el reloj de cuco y figuras de movimiento, campea una esfera magnífica; el lujo no se detiene y llega a la prodigalidad; se multiplican las luces, se agrandan hasta la exageración los espejos; el oro, casi en profusión lastimosa, chispea por todas partes, unos tratando de sobrepujar a los otros, llegan a límite extremo, porque no cabe ya más en esa senda de riqueza sobrecargada y de dudoso gusto. La multitud sigue con interés estas evoluciones; hoy admira un café nuevo, mañana celebra otro; pero de día en día son mayores sus exigencias. En este punto, lo que comenzó por necesidad vulgar de comodidades se convierte en exigencia de un gusto más delicado.

6. Del Marqués de Cubas a las Cortes.

La calle del Marqués de Cubas, la antigua del Turco, llamada así porque en el palacio que hacía esquina con Alcalá residió en el siglo XVII un embajador del Imperio Otomano:

En la calle del turco le mataron a Prim sentadito en su coche con la guardia civil con la guardia civil, con la guardia rural. A las diez de la noche en paseo real cuatro tiros le dieron en mitad del corazón. Cuatro tiros le dieron a boca de cañón al pasar por las cortes le dijeron a Prim vaya usted con cuidado, que le quieren herir. Si me quieren herir, que me dejen hablar para entregar las armas a otro general. Al llegar a la plaza, salió el hijo mayor ¿quién ha sido ese ingrato 37


que a mi padre mató? ¿quién será ese tirano, quién será ese traidor? ¿quién ha sido el infame que a mi padre mató? GALDÓS (De Cartago a Sagunto, 1911). Aparecieron por la puerta de la izquierda soldados con armas. Su aire era tímido, receloso. En su actitud se conocía que traían orden de no hacer daño. La grandeza del Salón, la muchedumbre de personas, las voces airadas, les mantuvieron un instante en cierta perplejidad... ¡Pobres hijos de España! ¡Y os sacaron de vuestros hogares para consumar tal crimen!... Algunos diputados se abalanzaron hacia la tropa, agrediéndola con sus bastones y tratando de desarmarla. Entre aquel torbellino se abrió paso el Coronel de la Guardia Civil, señor Iglesias, alto, viejo, de blanco bigote y aire muy militar. Tricornio en mano subió a la Presidencia y habló con Salmerón. Tanta gente se arremolinaba en el alto estrado, que no pude distinguir la actitud de don Nicolás ante el embajador de la fuerza bruta. Diputados, ujieres, taquígrafos, se entremezclaban y corrían de un lado para otro en espantosa confusión. Sólo permanecían en sus puestos, rígidos y mudos, los maceros, como esos heraldos de piedra que decoran los regios sepulcros. En esto sonó en los pasillos un tiro. Luego otro y otros... Terrible pánico. Por la puerta de la derecha salieron del Salón de Sesiones muchos diputados: unos para evadirse lindamente; otros para ver lo que ocurría entre la calle y el Salón de Sesiones. A escape bajé yo de la Tribuna. En el pasillo de la Orden del Día vi que la tropa se limitaba a indicar con la mano a los padres de la Patria la puerta de salida. Algunos de los que habían jurado dejarse matar dentro del Congreso antes de rendirse al imperio de la fuerza, recogieron sus prendas de abrigo en el guardarropa y ganaron cabizbajos y silenciosos la calle de Floridablanca. En cambio, los más exaltados trataban de imponerse a los militares con razones iracundas y argumentos contundentes.

7. De Lavapiés al Rastro Calle de la Fe en Tormento de Galdós (1884): Atravesó todo Madrid de Norte a Sur. Las once serían cuando entraba en la calle de la Fe, que conduce a la parroquia de San Lorenzo y reconoció desde lejos, el término de su viaje por una alambrera colgada junto a una puerta, como insignia del tráfico de trapo y cachivaches. Se compra trapo, lana, pan duro y muebles, decía un sucio cartelito colgado en la pared. El portal no tenía número *…+ Ya tan cerca del fin de su carrera vacilaba; pasando junto a la mampara de un memorialista, penetró en el feísimo patio, por el cual corría un arroyo de agua verde uniéndose luego a un riachuelo de líquido rojo. Eran los residuos de una tintorería de paja de sillas establecido en aquellos bajos. 38


Atravesó la joven apresuradamente el patio de un ángulo a otro. Temió que unas mujeres que estaban allí le dijesen alguna insolencia; pero no hubo nada de esto. En un rincón del patio había una puerta que daba paso a una escalera cuyo barandal era de fábrica. Paredes, escalones y antepechos debieron de ser blanqueados en tiempo de Calamarde; mas ya todo era suciedad y mugre, lastrado por el roce de tantos cuerpos y faldas que habían subido por allí. En tan sórdido ambiente tiene su cubil un personaje patético y siniestro: el cura corroído en su pasión por Tormento: -… Sueño con romper y marcharme allí, olvidando lo que he sido y matando la raíz del gran error de mi vida, que es haberme metido donde no me llamaban y haber engañado a la sociedad y a Dios poniéndome una máscara *…+ Al oír un relámpago de alegría brilló en los ojos de Tormento, que en aquel propósito de emigrar veía solución fácil al terrible problema que entorpecía su vida y su porvenir. Mas pronto se trocó su alegría en repugnancia cuando Polo añadió esto: -Sí, esa es mi idea… irme allá, pero llevándote conmigo… ¿Qué? ¿Te asustas? ¡Pusilánime! Miras demasiado las cosas que están cerca y tienes miedo hasta de las moscas. El mundo es muy grande, y Dios es más grande que el mundo… ¿Vendrás? -¡Ya! –exclamó la joven, haciendo esfuerzos para disimular su horror y negando con la cabeza. -Dame una razón. -Que no. -Pero una razón… -Que no. -Yo te contestaré con mil argumentos que de fijo te convencerán. ¡He pensado tanto en esto!... ¡He visto tan clara la pequeñez de lo que nos rodea…! Instituciones que nos parecen enormes, tan terribles, tan universales, se hacen granos de arena cuando por el pensamiento rodamos por esta bola… El amor es una pasión que lo destroza todo. ¡Pobre Rubín! ¿Qué disparates estás hablando ahí? -le dijo su mujer-. ¿Por qué no te acuestas? Ya que tú no duermes, déjame dormir a mí. -¿Te parece que después de lo que has hecho se puede dormir? ¡Qué conciencias, válgame. Dios, qué conciencias estas! Tú lo negarás ahora… ¿Quién andaba por los pasillos? Claro, el gato. El pobre minino paga todas las culpas. ¿Y tú a qué saliste? A jugar con el gato, ¿verdad?. Justo. ¡Y eso me lo he de tragar yo! Lo que me anonada es que mi tía consienta esto; mi tía, que me quiere tanto. Tú ya sé que no me quieres; pero mi tía… 39


En Tirso de Molina (Plaza del Progreso entre 1840 y 1941), donde hoy se levanta la estatua del fraile poeta, en 1897 estaba la de Mendizábal. A sus pies se encontraban dos personajes de Misericordia (1897): -¿Qué sucieder ti? -Una cosa tremenda. Estoy que no vivo. Soy tan desgraciada, que si tú no me amparas me tiro por el viaducto... Como lo oyes. -Amri... tirar no. -Es que hay compromisos tan grandes, tan grandes, que parece imposible que se pueda salir de ellos. Te lo diré de una vez para que te hagas cargo: necesito un duro... -¡Un durro! -exclamó Almudena, expresando con la súbita gravedad del rostro y la energía del acento el espanto que le causaba la magnitud de la cantidad. -Sí, hijo, sí... un duro, y no puedo ir a casa si antes no lo consigo. Es preciso que yo tenga ese duro: discurre tú, pues hay que sacarlo de debajo de las piedras, buscarlo como quiera que sea. -Es mocha... mocha... -murmuraba el ciego volviendo su rostro hacia el suelo. -No es tanto -observó la otra, queriendo engañar su pena con ideas optimistas-. ¿Quién no tiene un duro? Un duro, amigo Almudena, lo tiene cualquiera... Con que ¿puedes buscármelo tú, sí o no?». Algo dijo el ciego en su extraña lengua que Benina tradujo por la palabra «imposible», y lanzando un suspiro profundo, al cual contestó Almudena con otro no menos hondo y lastimero, quedose un rato en meditación dolorosa, mirando al suelo y después al cielo y a la estatua de Mendizábal, aquel verdinegro señor de bronce que ella no sabía quién era ni por qué le habían puesto allí. Los barrios bajos (bajos en sentido espacial; bajos fondos en sentido social): Mis paseos automáticos de estudiante, tan aplicado como inquieto, me llevan al Rastro. ¡Oh, el Rastro! Academia de los libres estudios, que comprenden el conocimiento del despojo social, del último giro de la vida evolucionando hacia la muerte, bazar con toques y vislumbres de basurero empujado por las escobas y recogido por manos míseras y allegadoras, que seleccionan, limpian, ordenan y clasifican las abandonados desechos para imprimirles nueva utilidad y vida nueva. ¡Oh, qué estudio tan provechoso y cuánto goza el espíritu descubriendo en el examen y el ir y venir de tales trabajos, el principio de que, si nada muere en la Naturaleza, nada tampoco muere en la industria. Cuando veáis que algo acaba, decid que algo comienza. 40


Son palabras de GALDÓS en EL Madrid de juventud (1915). Si nos acercamos a la Calle de las Amazonas podremos adelantar el esperpento del mito clásico que tanto gustó a Valle-Inclán, quien tan mal pagó el préstamo galdosiano (Don Benito el Garbancero llamaba Valle a Galdós) Tengo yo para mí que las amazonas de que habla el cronista de Felipe II, muy señor mío, eran unas desvergonzadas chulapas del siglo XVI; mas no sé con qué vocablo las designaba entonces el vulgo. Lo que sí puedo asegurar es que desciende de ellas, por línea de bastardía, o sea, por sucesión directa de hembras marimachos sin padre conocido, la terrible Estefanía, la del Peñón, Chanfaina, o como demonios se llame *…+ No tome nadie al pie de la letra la de casa de huéspedes que al principio se ha dicho, pues entre las varias industrias de alojamiento que la Tía Chanfaina ejercía en aquel rincón, y las del centro de Madrid, *…+ no hay otra semejanza que la del nombre. EL portal del edificio era como de mesón, ancho, con todo el revoco desconchado en mil fantásticos dibujos, dejando ver aquí y allí el hueso de la pared desnudo, y con una faja de suciedad a un lado y otro, señal del roce continuo de personas mas que de caballerías.

8. De Toledo a Marqués de Pontejos La de Toledo es otra de las calles preferidas de Galdós. Por ella ingresamos en los barrios de la clase media y alta. Es el mundo del comercio. El de Jacinta y Juanito Santa Cruz: Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la distrajo de la atención que a su propio interior prestaba. Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía tan sólo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y lo digo así, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había racimos de dátiles colgados de una percha; puntillas blancas que caían de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora, pelmazos de higos pasados, en bloques, turrón en trozos como sillares que parecían acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles rezumados… Pero el comercio textil era el más pintoresco: 41


Hombres con sartas de pañuelos de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el oído con pregones enfáticos, acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa; el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos; el carmín, que tiene la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento; el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire de poesía mezclado con la tisis, como en La Traviatta. Las bocas de las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen graciosas combinaciones decorativas. Y cuando llegaba diciembre, los puestos se engalanaban con las delicias navideñas: …altares hechos con cajas de mazapán, trofeos de pasas y arcos triunfales festoneados con escobones de dátiles. Por arriba y por abajo banderas españolas con poéticas inscripciones que decían: el Diluvio en mazapán, o Turrón del Paraíso terrenal... Más allá Mantecadas de Astorga bendecidas por Su Santidad Pío IX. En la misma puerta uno o dos horteras vestidos ridículamente de frac, con chistera abollada, las manos sucias y la cara tiznada, gritaban desaforadamente ponderando el género y dándolo a probar a todo el que pasaba. Un vendedor ambulante de turrón había discurrido un rótulo peregrino para anonadar a sus competidores los orgullosos tenderos de establecimiento. ¿Qué pondría? Porque decir que el género era muy bueno no significaba nada. Mi hombre había clavado en el más gordo bloque de aquel almendrado una banderita que decía: Turrón higiénico. Con que ya lo veía el público... El otro turrón sería todo lo sabroso y dulce que quisieran; mas no era higiénico. Tomamos Cuchilleros y llegamos al arco por el que se asciende a la Plaza Mayor. A su izquierda sale la Cava de San Miguel. Las casas de la acera de la derecha alcanzan siete plantas: las más altas abren sus balcones a la plaza; las bajas son auténticas cuevas. En una de sus empinadas escaleras comienza el conflicto de Fortunata y Jacinta: Juanito reconoció el número 11 en la puerta de una tienda de aves y huevos. Por allí se había de entrar sin duda, pisando plumas y aplastando cascarones. Preguntó a dos 42


mujeres que pelaban gallinas y pollos, y le contestaron, señalando una mampara, que aquella era la entrada de la escalera del 11. Portal y tienda eran una misma cosa en aquel edificio característico del Madrid primitivo. Y entonces se explicó Juanito por qué llevaba muchos días Estupiñá, pegadas a las botas, plumas de diferentes aves. Las cogía al salir, como las había cogido él, por más cuidado que tuvo de evitar al paso los sitios en que había plumas y algo de sangre. Daba dolor ver las anatomías de aquellos pobres animales, que apenas desplumados eran suspendidos por la cabeza, conservando la cola como un sarcasmo de su mísero destino. A la izquierda de la entrada vio el Delfín cajones llenos de huevos, acopio de aquel comercio. La voracidad del hombre no tiene límites, y sacrifica a su apetito no sólo las presentes sino las futuras generaciones gallináceas. A la derecha, en la prolongación de aquella cuadra lóbrega, un sicario manchado de sangre daba garrote a las aves. Retorcía los pescuezos con esa presteza y donaire que da el hábito, y apenas soltaba una víctima y la entregaba agonizante a las desplumadoras, cogía otra para hacerle la misma caricia. Jaulones enormes había por todas partes, llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire… Ese es el mundo de Fortunata, que se gana la vida vendiendo huevos desde que se quedó huérfana a los doce años. En el amanecer de ese día de diciembre de 1869 conoce a Juanito Santa Cruz, el heredero, el Delfín, de un rico comerciante. Juanito no ha dado golpe en su vida, como todos; el otro regresa, como siempre, de una farra nocturna. Y nace el amor… y retoño. En la Plaza Mayor junto a la Casa de la Panadería, un personaje de Fortunata y Jacinta había instalado su tienda de confecciones. De él nos interesa otra faceta del comercio madrileño: la tienda como lugar de tertulia: Por un rato de palique era Estupiñá capaz de dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como él pegase la hebra con gana, ya podía venirse el cielo abajo, y antes le cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores más frenéticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo más sabroso de su charla entraba alguien a comprar, Estupiñá le ponía la cara que se pone a los que van a dar sablazos. Si el género pedido estaba sobre el mostrador, lo enseñaba con gesto rápido, deseando que acabase pronto la interrupción; pero si estaba en lo alto de la anaquelería, echaba hacia arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia, diciendo: «¿Bayeta amarilla? Mírela usted. Me parece que es angosta para lo que usted la quiere». Otras veces dudaba o aparentaba dudar si tenía lo que le pedían. «¿Gorritas para niño? ¿Las quiere usted de visera de hule?... Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan ya...».

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La Plaza de Pontejos, famosa por el agua de su fuente con el busto del marqués (1849) y por sus mercerías. En ella ubicó Galdós la casa nueva de los Santa Cruz: Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas. Ocupaban los dueños el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y mucha comodidad interior. No lo cambiara Barbarita por ninguno de los modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y están además abiertos a los cuatro vientos. Allí tenía número sobrado de habitaciones, todas en un solo andar desde el salón a la cocina. Ni trocara tampoco su barrio, aquel riñón de Madrid en que había nacido, por ninguno de los caseríos flamantes que gozan fama de más ventilados y alegres. Por más que dijeran, el barrio de Salamanca es campo... Tan apegada era la buena señora al terruño de su arrabal nativo, que para ella no vivía en Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por mañana y tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a todas horas el hálito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz; quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en procesión. Barbarita se había acostumbrado a los ruidos de la vecindad, cual si fueran amigos, y no podía vivir sin ellos.

9. Montera y Fuencarral La Calle de la Montera adquirió protagonismo en el siglo XIX, gracias al comercio propiciado por el templo de San Luis Obispo, fundado en 1541. GALDÓS que sitúa en Montera varios pasajes de La desheredada (1881), El amigo Manso (1882) y Lo prohibido (1884-1885), frecuentó el Ateneo: Aquel caserón vetusto, situado en una calle mercantil, empinado, de ruin aspecto y tránsito penoso, permanece tan claro en mi mente como en los días venturosos en que fue altar de mis sueños, descanso de mis tardes, alegría de mis noches y embeleso de mis horas. EL largo y ancho pasillo, la modesta biblioteca; el salón llamado Senado; las salas de lectura irregulares y destartaladas, la cátedra dificultosa y entorpecida por pies derechos de madera forrados de papel; la Cacharrería demás gabinetes interiores de tertulia no se pueden olvidar por el que vivió largos años en aquel recinto, aparejado con derribo de tabiques y adherencias de feísimos pegotes *…+

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Todos los grandes cerebros españoles del siglo XIX han pasado por aquella madriguera. De oradores no digamos; recuerdo haber visto a don Antonio Alcalá Galiano, arrimado a las revistas extranjeras en el salón de lectura; en días posteriores vi a Ríos Rosas, a Olázaga, a Cánovas… La mágica elocuencia de Castelar tronaba en la cátedra: Moreno Nieto, Echegaray, Moret, Camús, Giner de los Ríos *…+ hacían del Ateneo una Universidad libre, norma y guía de la edad presente Poco antes del traslado del Ateneo a la calle del Prado llegó a Madrid MIGUEL DE UNAMUNO: Llegó por primera vez el comentador a Madrid –un mazo morriñoso- en 1880, al abrirse el próximo curso académico hará cincuenta y dos años; al Madrid de la España –tan madrileña entonces- de Alfonso XII y el duque de Sexto, de Cánovas y Sagasta, de Lagartijo y Frascuelo, de Calvo y Vico, de Pereda y Pérez Galdós. Fue a dar a una buhardilla de la casa de Astrarena, toda fachada, se decía, en la Red de San Luis, entre las entradas de las calles Fuencarral y Hortaleza, casi donde hoy se alza el babélico edificio de la Telefónica, ese rascacielos contra el cielo que menos rasquera tiene, que es el de Madrid. Delante de la casa, la calle de la Montera, llevando a la ya legendaria Puerta del Sol, la de la bola simbólica de Gobernación. En esa calle la iglesia de estilo jesuítico de San Luis, donde quebró la seguida de sus misas regulares, y enfrente de la iglesia, el que su profesor –que no maestro de Metafísica; Ortí y Lara llamó el blasfemadero de la calle de la Montera, el antiguo Ateneo… Contra el realismo conservador se manifestó, LEOPOLDO ALAS CLARÍN, en los artículos periodísticos recogidos en Solos de Clarín (1881): Nuestros buenos novelistas tienen una afición decidida a la cuestión religiosa. El público, por lo visto, se interesa en este asunto, aunque nadie lo diría a juzgar por lo poco y mal que practicamos todos la religión *…+ EL señor Pereda, como Pérez Galdós, como Alarcón, como Valera, ha querido dar su opinión sobre el conflicto religioso valiéndose de los amores que tuvieron dos jóvenes de la montaña *…+ No sabe bien el señor Pereda hasta qué punto está en su derecho escribiendo novelas tendenciosas, de esas que demuestran, o poco menos, lo que el autor se le ha puesto en la cabeza que es la verdad, aunque no lo sea, pero mucho menos sabe el señor Pereda hasta qué punto mejoraría sus obras si en ellas prescindiese de mezclar lo humano con la divino y no se acordase de que había en el mundo positivismo, Ateneo ni Facultad de Medicina. Clarín en Doña Berta (La ilustración española y americana, 1891). Precisamente nos encontramos con su protagonista aquí, en Montera. Doña Berta ha llegado a Madrid 45


desde la aldea persiguiendo la sombra de su secreto juvenil: un hijo perdido que ha creído reconocer en un cuadro propiedad de un indiano. El choque con la gran ciudad es tremendo y su sacrificio, estéril: el dueño del cuadro se niega a desprenderse de él; el progreso arrollador del dinero de la técnica, de la ciudad, acaba con su sueño. Sigámosla: Tardó un cuarto de hora en decidirse. Aprovechó una clara, como ella decía, y, levantado un poco el vestido, echó a correr... y sin novedad, entre la multitud que se la tragaba como una ola, arribó a la calle de la Montera, y la subió despacio, porque se fatigaba. Se sentía más cansada que nunca. Era la debilidad acaso; el chocolate se le había atragantado con la riña del gato. Atravesó la red de San Luis, pensando: «Debía haber cruzado por abajo, por donde la calle es más estrecha». Entró en la calle de Fuencarral, que era de las que más temía; allí los raíles3 del tranvía le parecían navajas de afeitar al ras de sus carnes: ¡iban tan pegados a la acera! Al pasar frente a un caserón antiguo que hay al comenzar la calle, se olvidó por un momento, contra su costumbre, del peligro y de sus cuidados para no ser atropellada; y pensó: «Ahí creo que vive el señor Cánovas... Ese podía hacerme el milagro. Darme... una Real orden... yo no sé... en fin, un vale para que el señor americano tuviera que venderme el cuadro a la fuerza... Dicen que este don Antonio manda tanto... ¡Dios mío!, el mandar mucho debía servir para esto, para mandar las cosas justas que no están en las leyes». Mientras meditaba así, había dado algunos pasos sin sentir por dónde iba. En aquel momento oyó un ruido confuso como de voces, vio manos tendidas hacia ella,…

10. De Pérez Galdós a Pez GALDÓS escribía en 1866: Uno de sus más dignos tertulios ha muerto. Los que quedan buscan, armados de linternas, un hombre que le sustituya, y no hallándose, echan mano al primero que pasa por la calle y le arman caballero, le hacen académico. Entre los chicos que han reclutado hay algunos de bastante meollo y dignos, si no de llenar el vacío que dejó la muerte del duque de Rivas, por lo menos de consagrar su vida y sus talentos a limpiar, fijar y dar esplendor a la cultiparlante lengua que habló Cervantes, pero hay otros que creen que es tan fácil saber hablar el castellano como hacer de ministro, y helos aquí enclavados en el escaño donde el autor de Don Álvaro ilustró la literatura española. En la Calle de la Puebla, se encuentra el Convento de las Mercedarias de don Juan de Alarcón, fundado en 1609, y en cuyo interior se guarda el ataúd con el cuerpo incorrupto de Beata Mariana de Jesús. En su puerta nos topamos con Luisito Cadalso y su perro Canelo. Cadalsito es un niño epiléptico, nietecillo del cesante Villaamil. 46


Al entrar en la calle de la Puebla iba ya Cadalsito tan fatigado, que para recobrar las fuerzas se sentó en el escalón de una de las tres puertas con rejas que tiene en dicha calle el convento de don Juan de Alarcón. Y lo mismo fue sentarse sobre la fría piedra, que sentirse acometido de un profundo sueño. Más bien era aquello como un desvanecimiento, no desconocido para el chiquillo, y que se verificara sin que él tuviera conciencia de las extraños síntomas precursores. “Contra –pensó muy asustado-, me va a dar aquello… me va a dar… me da” Y en sus crisis tiene visiones sobrenaturales: … cayó el pequeño en su letargo, inclinando la cabeza sobre el pecho, y entonces vio que no estaba solo. A su lado se sentaba una persona mayor. ¿Era el ciego? Por un instante creyó Luis que sí, porque tenía barba espesa y blanca y cubría su cuerpo con una capa o manto… Aquí empezó Cadalso a observar las diferencias y semejanzas entre el pobre y la persona mayor, pues ésta veía y miraba y sus ojos eran como estrellas, la paso que la nariz, la boca y frente eran idénticas a las del mendigo, la barba del mismo tamaño, aunque más blanca *…+ Pues la capa era igual y también diferente: se parecía en los anchos pliegues *…+ Tenía sombras muy suaves, por entre las cuales se deslizaban reflejos luminosos, como los que se filtran por los huecos de las nubes *…+ -¿No me conoces? ¿No sabes quien soy? Luisito lo miró mucho. Su cortedad de genio le impedía responder. Entonces el señor misterios, sonriendo como los obispos cuando bendicen, le dijo: -Yo soy Dios. Al llegar a la Corredera Baja, a escasos metros a la izquierda, damos con el Teatro Lara. Galdós en Miau: Las noches que no iban las Miau a rendir culto a Euterpe, tenía que aguantar Abelarda, por dos o tres horas, la jaqueca de Ponce, o bien ensayaba su papel en la pieza. Mucho disgustaba a Doña Pura tener que dar función dramática habiendo fracasado las esperanzas de próxima colocación, pero como estaba anunciado a son de trompeta, distribuidos los papeles y tan adelantados los ensayos, no había más remedio que sacrificarse en aras de la tiránica sociedad. De propósito había escogido Abelarda un papel incoloro: el de la criada, que al alzarse el telón, salía plumero en mano, lamentándose de que sus amas no le pagaban el salario y revelando al público que la casa en que servía era la más tronada de Madrid. La pieza pertenecía al género predilecto de los ingenios de esta Corte, y se reducía a presentar una familia cursi, con menos dinero que vanidad.

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Llegamos a la calle del Pez. Mientras el íntegro Villaamil, se hunde en la miseria, Cadalso trepa sin escrúpulos: Sepa usted que he prestado servicios tales, que si el Estado fuera agradecido, ya sería yo jefe de Administración. Pero el Estado es esencialmente ingrato, bien lo sabe usted, y no sabe premiar. Si el funcionario inteligente no se recompensa a sí propio, está perdido. Para que usted se entere, cuando fui a Valencia a encargarme de Propiedades e impuestos, el Negociado estaba por los suelos *…+ Llegué yo y, ¡arsa!, a trabajar. ¡Qué lío! Las cédulas personales no se cobraban ni a tiro. En Consumos había descubiertos horribles. Llamé a los alcaldes, le apremié, los metí el resuello en el cuerpo. Total, que saqué una millonada para el Tesoro, millonada que se habría perdido sin mí… Entonces reflexioné y dije: “¿Cuál es la consecuencia natural del inmenso servicio que se ha prestado a la nación? Pues la consecuencia natural, lógica, ineludible de defender al Estado contra el contribuyente es la ingratitud del Estado. Abramos, pues, el paraguas para resguardarnos de la ingratitud que nos ha de traer miseria.” -No se puede decir más claro que tus manos no están muy limpias. Benito Pérez Galdós. “Miau”.

11.Universidad Central. En 1861, un ilustre krausista, EMILIO CASTELAR, catedrático de la Universidad Central escribía: Esa filosofía [de Krause] nos enseña a estimar la propia razón y a oír la propia conciencia; nos separa del materialismo que suprime el espíritu, del idealismo que suprime la materia, del escepticismo que niega la certidumbre, del misticismo que niega la razón, del ateísmo que niega a Dios, del eclecticismo que conduce al fraccionamiento de la verdad *…+ une la razón con el cristianismo, el individuo con la sociedad, el espíritu con la naturaleza, la vida con Dios. Por entonces, en la Facultad de Derecho, estudiaba GALDÓS. Bueno, tanto como estudiar. Veamos lo que escribe al comienzo de sus Memorias de un desmemoriado: El 63 o el 64 -y aquí flaquea un poco mi memoria- mis padres me mandaron a Madrid a estudiar Derecho y vine a esta Corte y entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía *…+ Escapándome de las Cátedras ganduleaba por las calles, calles y callejuelas, gozando de observar la vida bulliciosa de esta abigarrada e ingente capital. Incluso fue dado de baja en 1868. Sin embargo parece que obtuvo la licenciatura quizás en 1869. 48


FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS alcanzó notoriedad con sus escritos: Estudios filosóficos y religiosos (1876), La Institución Libre de Enseñanza (1882). Estudios sobre Educación (1886), Educación y enseñanza (1889). De entre sus textos espigamos éste de 1871: … llenamos igualmente nuestro destino *…+ ejercitando las propias fuerzas y cooperando a que los demás seres desplieguen también las suyas, con la unidad, proporción y armonía en que estriba la salud en cualquier esfera del mundo. Cuando este desarrollo dinámico se cumple en un ser racional llámase hoy por antonomasia educación y su arte correspondiente pedagogía. Mas que no sólo los seres racionales se educan, sino los animales mismo, y aun nuestro cuerpo y la Naturaleza toda, mejorando su estado mediante la libre iniciativa y dirección del hombre con la que se acercan progresivamente al ideal que preside la vida de cada ser, por más que sólo el espíritu racional lo sepa y sea con esto el único que puede educarse a sí propio *…+ Basta considerar el acompasado pero certero perfeccionamiento de la Tierra merced al cultivo inteligente, que va como civilizándola también, despertándola de su perezoso letargo, abriendo en ella nuevos venenos de producción y haciendo que al fecundo calor de las ideas vistan el esplendor de la fertilidad y la hermosura los más ingratos climas, condenados ppor la rutina ignorante a una esterilidad contraria a la Ley de Dios….

12. Èn torno a Quiñones Montserrat fue alguna vez el refugio del desdichado protagonista de Miau. Una tarde, ya cerca de anochecido, al volver a su casa, vio Montserrat abierto, y allá se entró. La iglesia estaba muy oscura. Casi a tientas pudo llegar a un banco de los de la nave central y se hincó junto a él, mirando hacia el altar, alumbrado por una sola luz. Pisadas de algún devoto que entraba o salía y silabeo tenue de rezos eran los únicos rumores que turbaban el silencio, en cuyo seno profundo arrojó el cesante su plegaria melancólica, mezcla absurda de piedad y burocracia... «Porque por más que revuelvo en mi conciencia no encuentro ningún pecado gordo que me haga merecer este cruel castigo... Yo he procurado siempre el bien del Estado, y he atendido a defender en todo caso la Administración contra sus defraudadores. Jamás hice ni consentí un chanchullo, jamás, Señor, jamás. Eso bien lo sabes tú, Señor... Ahí están mis libros cuando fui tenedor de la Intervención... Ni un asiento mal hecho, ni una raspadura... ¿Por qué tanta injusticia en estos jeringados Gobiernos? Si es verdad que a todos nos das el pan de cada día, ¿por qué a mí me lo niegas? 49


En la Calle de Quiñones, trazada a lo largo del convento, convertido en cárcel de mujeres en tiempos de Galdós. Enfrente de él estaba la humilde casa de los Villaamil. Una tarde don Ramón sale de Quiñones pasa por las Comendadoras de Santiago; pasa por la Plaza de las Capuchinas (hoy Conde de Torero) donde ve reír a un grupo de muchachas: ¡Oh dichosa edad de la despreocupación y del qué se me da a mí! Dios os la prolongue. Haced todos los disparates que se os ocurran, jóvenes, y pecad todo lo que podáis, y reíos del mundo y sus incumbencias, antes de que os llegue la negra y caigáis en la horrible esclavitud del pan de cada día y de la posición social. Llega finalmente a la Montaña del Príncipe Pío: Encontróse de nuevo en los vertederos de la Montaña, en lugares a donde no llega el alumbrado público, y los altibajos del terreno poníanle en peligro de dar con su cuerpo en tierra antes de sazón. Por fin se detuvo en el corte de un terraplén reciente, en cuyo movedizo talud no se podía aventurar nadie sin hundirse hasta la rodilla, amén del peligro de rodar al fondo invisible. Al detenerse, asaltóle una idea desconsoladora, fruto de aquella costumbre de ponerse en lo peor y hacer cálculos pesimistas. «Ahora que veo cercano el término de mi esclavitud y mi entrada en la Gloria Eterna, la maldita suerte me va a jugar otra mala pasada. Va a resultar (sacando el arma), que este condenado instrumento falla... y me quedo vivo a medio morir, que es lo peor que puede pasarme, porque me recogerán y me llevarán otra vez con las condenadas Miaus...

13.Chamberí En 1879 se construyeron los depósitos situados al norte del barrio. Su impacto en la vida cotidiana de la Villa fue enorme. Así lo ve un personaje de PÉREZ GALDÓS en Fortunata y Jacinta: La perspicaz mujer vio el porvenir, oyó hablar del gran proyecto de Bravo Murillo, como de una cosa que ella había sentido en su alma. Por fin Madrid, dentro de algunos años, iba a tener raudales de agua distribuidos en las calles y plazas, y adquiriría la costumbre de lavarse, por lo menos, la cara y las manos. Lavadas estas partes, se lavaría después otras. Este Madrid, que entonces era futuro, se le representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran la misma pulcritud. De aquí nació la idea de dedicar la casa al género blanco,… 50


VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, en La horda (1905), se refiere a la formación del barrio: Yo he visto mucho; he visto al señor de Bravo Murillo traer las aguas a Madrid y saltar el Lozoya por primera vez en la taza de la Puerta del Sol; he visto como la villa ha ido poco a poco ensanchándose y dándonos con el pie a los pobres para que nos fuéramos más lejos. Este fielato lo he visto en lo que hoy es glorieta de Bilbao. Donde yo tuve mi primera barraca hay ahora un gran café. Todo eran desmontes, cuevas para gente mala; a Dios le quitaban la capa así que cerraba la noche; y ahora anda uno por allí, y todo son calles y más calles, y luz eléctrica y adoquines y asfalto, donde estos ojos pecadores vieron correr conejos… Los antiguos cementerios han quedado dentro; los pobres que vivimos cerca de ellos vamos en retirada, y acabaremos por acampar más allá de Fuencarral. Dicen que esto es Progreso, y yo respeto mucho a tal señor. Muy bien por el Progreso, pero que sea igual para todos. Así comienza, en Madrid callejero, SOLANA su artículo sobre la verbena, muy parecida a la de unas décadas atrás: Todo el bullanguero barrio de Chamberí se prepara para celebrar y echar el resto en esta verbena, que es una de las más populares y renombradas de Madrid. En la populosa glorieta de Bilbao, las cervecerías y bares han sido adornados con un gran número de luces y farolillos japoneses, que se encenderán en cuanto termine la luz de la tarde, y que penden de arcos de follaje muy bien revestidos de percalinas con los colores nacionales y de las ramas de árboles *…+ Hoy, 14 de junio, a las seis de la tarde se ha hecho la inauguración oficial de los festejos con una gran retreta ejecutada por una banda de música que ha tocado piezas de su repertorio en las principales calles del distrito. La comparsa titulada “Gigantes y Cabezudos” está recorriendo, desde por la mañana las calles de la parroquia. Isabel II, tan amiga de los bailes populares lo llevó a los barrios castizos que lo adoptaron como propio. Uno de los más famosos alude a este barrio. Nacida en el Madrid de las Vistillas, de Embajadores y de la Cava, yo fui el pinturero modestillo, que baila el chotis como el que lava. Era mi novia mi pasión, mi vida, era mi alegría, era el mundo entero, era esa novia que jamás se olvida, era mi cariño, mi querer sincero. 51


Me decían al mirarme tan dichoso, es Rosa de Madrid, es Rosa de Madrid, madrileña, la más juncal y primorosa, la flor de Chamberí, la flor de Chamberí. La mocita más juncal y más hermosa, de labios de rubí, de labios de rubí, la que va por esas calles tan marchosas, por eso dicen que es Rosa de Madrid. BAROJA, que vivió en la Glorieta de Bilbao (1879-81) recuerda a los organilleros de su infancia en Canciones del suburbio (1944): Con el pelo muy planchado Y unas brillantes botinas, con una gorrila chata y un pantalón de odalisco, marcho por esas callejas al frente de mi cuadrilla a dar música a la gente que tiene gusto en oírla. Me paro en los sitios clásicos de talleres de modistas, de academia de estudiantes, de fondos y mancebías y toco chotis y polcas de zarzuelas y revistas con tanto vigor y gracia y con tanta chulería que danzan las perras gordas alrededor de mi vista. CELA en sus Nuevas escenas matritenses: Eso del piano coño vamos del piano de manubrio coño no es arte para todos que coño va a ser arte para todos estaría bueno pues no era nada la del ojo coño uno va y pone en el cilindro coño por ejemplo que coño le diría a usted pues el chotis de Madrid Madrid Madrid coño y le da el manubrio al prójimo y el prójimo va coño y lo echa todo a perder coño con el prójimo que coño de manera tiene de darle al manubrio coño… 52


Las Micaelas de Santa Engracia tenían como fin la regeneración de muchachas descarriadas. En esta institución fue internada la Fortunata galdosiana, antes de su boda con Maximiliano Rubín. Una de las dos monjas era joven, coloradita, de boca agraciada y ojos que habrían sido lindísimos si no adolecieran de estrabismo. La otra era seca y de edad madura, con gafas, y daba bien claramente a entender que tenía en la casa más autoridad que su compañera. A las palabras que dijeron, impregnadas de una cortesía dulzona, que informa el estilo y el metal de voz de las religiosas del día, iba la neófita a contestar alguna cosa apropiada al caso, pero se cortó y de us labios no pudo salir más que un ju, ju, que las otras no entendieron. La sesión fue breve. Sin duda, las madres Micaelas no gustaban de perder tiempo. -Despídase usted –dijo seca tomándola por un brazo. Fortunata estrechó la mano de Maxi y de Nicolás, sin distinguir entre los dos, y dejándose llevar. En Santa Engracia había otros elementos interesantes, reflejo del progreso industrial que iba llegando a Madrid. Pero lo más visible, y lo que más cautivaba la atención del desconsolado muchacho, era un motor de viento, sistema Parson, para una noria, que se destacaba sobre altísimo aparato a mayor altura que los tejados del convento y de las casas próximas. Un inmenso disco, semejante a una sombrilla japonesa a la cual se hubiera quitado la convexidad, daba vueltas sobre su eje, pausada o rápidamente, según la fuerza del aire. La primera vez que Maxi lo observó, movíase el disco con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en él los tristes ojos un buen cuarto de hora. Por el sur la huerta indicaba con la medianería de una fábrica de tintas de imprimir, y por el este con la tejavana perteneciente al inmediato taller de cantería.

14. Plaza de Colón DON BENITO entre 1876y 1897. Así que fue testigo de la transformación de la Castellana, pronto muy diferente de la que describió, a poco de llegar a Madrid, en Primeras Impresiones (1865): Mirar hacia la Castellana y ver la vanidad arrastrada por elegantes cuadrúpedos, midiendo el reducido paseo, como si el premio de una regata se prometiera al que da más vueltas; sorprender las maquinaciones amorosas que en aquel laberinto de ruedas 53


se fraguan durante del momentáneo encuentro de dos vehículos; ver al marido y a la mujer arrastrados en dirección contraria, rodando el una hacia el naciente y el otro hacia el poniente, permitiéndose, si se encuentran, el cambio de un frío saludo, ver la gente pedestre en el paseo de la izquierda contemplando con envidia la suntuosidad del centro. Las cartas de Emilia Pardo Bazán a Galdós son un apasionante testimonio de sus amores Mi propósitos es plantarme el jueves de 6 a 7 de la tarde, near Maravillas Church (Palma Strasse)… … ese mismo día te veré loco citato Palma alta junto iglesia Maravillas (no lo olvido). Otras contienen, comentarios sobre sus lecturas, recuerdo de sus viajes por Europa, o auténticas diatribas feministas: Tiene gracia eso de que van a poner sitio al alcázar de tu honestidad. A otro perro con ese hueso. Ya habrás abierto un portillito para que entren las fuerzas sitiadoras, que si no… pero ahí tienes lo que sois los hombres. Os parece más ridícula que ninguna la situación de José, y sin embargo queréis que nosotros seamos unas estatuas de piedra berroqueña, insensible al medio ambiente, la noche y la ocasión. Ah, pícaros! Conste que deseo saber cómo y cuándo te seducen, para tener un berrinche expiatorio. Pero la mayoría ofrece la explosión sentimental de un ser sensible y voluptuoso, apasionado y voluble, que vivió la relación con más pasión, quizá que su amante, más perezoso, parco y cauto. Una carta es, especialmente, reflejo de lo que fue la relación de ambos novelistas. Reproducimos su comienzo, su final y un fragmento intermedio: Mi siempre amado (siempre, siempre), ¡tu cartita me da un rato más bueno! Contaba con ella como epílogo de los sabrosos marrons glacés del último día. He encontrado este papel, y por recordar época gratas para los dos y darte a mi modo una sorpresita, en él te escribo. De mis picardías, qué quieres que te diga? Tú eres más indulgente para ellas que yo misma, tú las explicas y las perdonas, yo tengo instantes en que no las sé perdonar, aunque me las explique aquella lógica interior que nos ayuda a comprender nuestras propias acciones por más disparatadas que sean. Lo que debe constar y no se escapa a tu inteligencia es que nada hay humillante para ti en lo ocurrido. Bien te alcanza la filosofía y la razón para comprender que a nadie humilla lo que hace otro, y que sólo las acciones de uno mismo honran o avergüenzan. Máxime aquí, en que no hay que rendir tributo a las preocupaciones de la gente, que ignora el lazo que no une. Si el público supiese que tú y yo… *…+ 54


Por lo que toca al arrastrado éxtasis de Barcelona, cree que fue una de esas cosas impensadas y casi inconscientes que al más pintado le ocurren. Allí sí que no pequé contra el amor que te tuve y tengo, como aseguras tú que no pecaste contra el mío en Nápoles ni en Venecia. Claro está que, dadas, mis faltas, no podía haber Nápoles, ni Venecia para mí, o al menos que la Venecia y Nápoles habían de ser de otro corte muy distinto; pero en el fondo, fue mi imaginación y no mi alma lo que allí te abandonó, o por mejor decir, te hizo traición. Ante la moral oficial no tengo defensa, pero tú y yo se me figura que vamos un poco para nihilistas en eso *…+ No hagas conquistas. No te vengues en eso. Lo que te amo te basta, mira que yo en un minuto te puedo dar más bienes y más alegrías que nadie; sobre todo, a mí es a quien quieres; no lo olvides. ¿Cómo andas de sueño? ¿Y de comer? Te muerdo un carrillito y ti doy muchos besos por ahí, en la frente y en el pelo y en l aboca. Gracias por tus bondades todas, y no me destierres al fin de ese corazón mío.

15. Tamayo y Recoletos. MANUEL TAMAYO Y BAUS, Un drama nuevo: SHAKESPERE. Señores, ya lo veis *…+ No puede terminar en el drama que se estaba representando. Yrick, ofuscada su razón por el entusiasmo, ha herido realmente al actor que hacía el papel de Manfredo. Ni es esta la única desgracia que el Cielo nos envía. También ha dejado de existir el famoso cómico Walton. Acaban de encontrarle en la calle con el pecho atravesado de una estocada. Tenía en la diestra un acero. Su enemigo ha debido de matarle riñendo cara a cara con él. Pagad por los muertos. ¡Ay, rogad también por los matadores!. Galdós, Torquemada en la cruz (1893): Al llegar a Recoletos saboreó la frescura del ambiente que de los árboles surgía, y su gozo aumentó con la grata idea de independencia en aquellas anchuras, pudiendo tomar la dirección más a su gusto sin que nadie le marcase el camino ni le mandara detenerse. Tras corta vacilación dirigíase a la Castellana por el andén de la derecha, para lo cual tuvo que orientarse cuidadosamente, buscando con cautela de náutico la derrota más segura para atravesar la plaza de Colón. Su oído sutil le anunciaba los coches lejanos y sabía aprovecharse del momento propicio para pasar sin tropiezo. Avanzó por el andén, respirando con delicia el aire tibio, impregnado de emanaciones vegetales, con ligero olor de tierra humedecida por el riego.

16. De la Puerta de Alcalá a la Bolsa. 55


Bécquer, Desde mi celda (carta IV): Yo tengo fe en el porvenir. Me complazco en asistir mentalmente a esa inmensa e irresistible invasión de las nuevas ideas que van transformando poco a poco la faz de la Humanidad, que merced a sus extraordinarias invenciones fomentan el comercio de la inteligencia, estrechan el vínculo de los países, fortificando el espíritu de las grandes nacionalidades, y borrando, por decirlo así, las preocupaciones y las distancias, hacen caer unas tras otras las barreras que separan a los pueblos. Un irresistible y misterioso impulso tiende a unificar los pueblos con los pueblos, las provincias con las provincias, las naciones con las naciones, y quién sabe si las razas con las razas. A medida que la palabra vuela por los hilos telegráficos, que el ferrocarril se extiende, la industria se acrecienta y el espíritu cosmopolita de la civilización invade nuestro país, van desapareciendo de él sus rasgos característicos, sus costumbres inmemoriales sus trajes pintorescos y sus rancias ideas. BÉCQUER otra vez: Voy contra mi interés al confesarlo, no obstante, amada mía, pienso cual tú que una oda sólo es buena de un billete del Banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oírlo se haga cruces y diga: ¡Mujer al fin del siglo diez y nueve, material y prosaica!

17. Retiro: monumento a Alfonso XII BÉCQUER en Escenas de Madrid: Vedlas con sus sencillos trajes de percal, sus cabellos en desorden y volando sueltas al aire los extremos de sus graciosas mantillas, correr de un lado a otro con esa vertiginosa inquietud con que vuelan las mariposas zumbando en derredor de las flores! Mientras unas acechan los movimientos del guarda, otras penetran en los cuadros del jardín y repelan las acopadas matas de lilas, no faltando en esta bulliciosa operación algunos estudiantes que las requiebra , las persiguen o las asustan escondidos entre la arboleda. Todo en derredor parece que se anima, sonríe y toma parte en la loca alegría de las muchachas. Involuntariamente se escapan de los labios las dulces y espontáneos versos del poeta florentino: ¡Oh primavera, gioventú del l´anno. 56


Gioventú, primavera della vita! He aquí el borrador de una página del paseo del Buen Retiro, mas no os apresuréis a formar por ella una buena idea del conjunto. Una página no es un libro. Inquietante conclusión que corrobora GALDÓS en La de Bringas (1884): El tiempo estaba hermosísimo y convidaba a gozar de la apacible amenidad del Retiro. Empezó la dama sus paseos matutinos con Isabelita y el pequeñuelo, y desde el segundo día se le agregó el señor de Pez, que padecía de rebeldes inapetencias. Moreno Rubio le había prescrito que madrugara, que se pusiera entre pecho y espalda un vaso grande de agua de la Fuente Egipcia o de la salud, y que la paseara después por espacio de dos horas antes del almuerzo. ¡Qué contento iban los cuatro a lo reservado, cuya entrada se les franqueaba por ser Rosalía de la casa! ¡Y cuánto gozaban los chicos viendo la Casita del Pobre, la del Contrabandista y la Persa, echando migas a los patitos de la casa del Pescador, subiendo a la carrera por las espirales de la Montaña artificial, que es, en verdad, el colmo del artificio! Todos aquellas regios caprichos, asó como la Casa de las Fieras, declaran la época de Fernando VII, que si, en palacio fue brutalidad, en artes fue tontería pura. CASTRO, en Tiempo de 98: -¡Gran época señores! -¡Y usted que lo diga. En todos los órdenes, una gran época! Calvo en los escenarios. -Eso será, señor mío, si prescindimos de Vico. -No digo que no, pero Calvo… -Pero Vico… -Es como si dijera usted que Frascuelo es el primer espada de nuestra tauromaquia. -Y lo es. -Con permiso de Lagartijo. -Lagartijo y Frascuelo. -A lo mejor, usted es canovista. -Y a mucha honra. -Dónde esté don Práxedes Mateo Sagasta… -No le llega a Cánovas ni con mucho, ¡uff! - Los dos señores, los dos son bravos políticos. -Usted es un ecléctico, señor mío. Usted sería capaz de equiparar a Chueca con Barbieri. -Con evidente perjuicio de Chueca, nuestro primer músico. -¡Alto ahí! Barbieri se lleva la palma. Es el Zorrilla de la música española. -¡Zorrilla! No digo que en tiempos. Pero Campoamor… GALDÓS en Cánovas: 57


El mismo día 30 quiso hacer de las suyas el fanatismo sectario: al entrar en coche por la Puerta del Príncipe del Palacio Real Alfonso XII con su esposa María Cristina, les disparó dos tiros un vesánico, Francisco Otero González, natural de Santiago de Nantín, aldea de la provincia de Lugo. Las alevosas balas no tocaron a los Reyes. El criminal fue detenido en el acto. Revelóse como un inconsciente, incurso cual su precursor Oliva en el pecado de estupidez. Repito que los regicidas de aquellos tiempos, en que hasta la exaltación política era rutinaria y pedestre, más bien parecían engendros del Limbo que del Infierno.

19. Retiro: monumento de Galdós. GALDÓS (La desheredada, 1880: ¡Puño, cuánto coche! Allá va D. Melchor acompañando a dos niñas. Sí, para ti estaban, bruto. Son las niñas de Pez. Y el Sr. Pez va también con la gran tripa llena de billetes de Banco, que ha tragado... Más coches, más coches, más. Bien dice el maestro que lo bueno sería que toda esta gente no tuviera más que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente, todos viviríamos al pelo... Pero ¿qué es aquello que viene allí? ¡Ah!, ya sé. Primero un batidor a caballo. Después el gran coche con seis caballos... Puño, y toda esa gente de galones, ¿para qué sirve? Miale, miale, como saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella también saluda, moviendo la cabeza. GALDÓS en Cánovas, el protagonista, trasunto del autor, dice: Después de Semana Santa empecé a notar que mi vista se nublaba, sentía como arenillas en los ojos, sin que de ello me aliviasen los cuidados de Casiana, que dos o tres veces al día bañaba con agua de rosas mis pupilas enfermas. Los patrones me recomendaron ejercicio y distracción. Conforme con este tratamiento elemental, mi compañera sacábame a paseo todas las tardes; pero mi vista mermaba tan rápidamente, que a los pocos días de estas divagaciones por el Botánico y Ronda de Atocha, tuve que agarrarme al brazo de mi leal Casiana, para no tropezar con los transeúntes. Cánovas (1912): La paz, hijo mío. Es don del Cielo, como han dicho muy bien poetas y oradores, cuando significa el reposo de un pueblo que supo robustecer y afianzar su existencia fisiológica y moral completándola con todos los vínculos y relaciones del vivir. Pero la paz es un 58


mal si representa la pereza de una raza y su incapacidad para dar práctica solución a los fundamentales empeños del comer y del pensar. Los tiempos bobos que le anuncié has de verlos desarrollarse en años y lustros de atonía, de lenta parálisis que os llevará a la consunción y la muerte. Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose, hipócritas, en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus proyectos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación, no remediarán la esterilidad de las estepas castellanas y extremeñas; no suavizarán el malestar de las clases proletarias. Fomentarán la artillería antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la pequeña y de la grande industria. Y por último, hijo mío, verás, si vives, que acabarán de poner la enseñanza, la riqueza, el poder civil, y hasta la independencia nacional, en mano de lo que llamáis vuestra Santa Madre Iglesia. A Francisco Umbral, esta estatua le sugiere palabras poco amables en Trilogía de Madrid (1984): … en el Retiro hacía tertulia con don Benito Pérez Galdós que estaba allí ciego, tocando con mano tórpida su propia estatua “se parece, se parece” *…+ *dijo+ juzgando sólo por el tacto, que para entonces ya estaba ciego, se parece joven, se parece, sí don Benito, es el realismo galdosiano llevado a la piedra, lo que yo llamo el realismo galdobarojiano, ¿cómo dice joven?, nada, perdone, que Baroja y usted son pedernales e insoportables, sólo que Baroja es más arenisca, se deshace entre las manos, y usted por si fuera poco pétreo, está acuñado por Victorio Macho… Pero sus mayores enemigos estuvieron entre el clero, a juzgar por estas palabras del Excmo. Y Rvmo. Sr. D. ANTONIO DE PILDAIN Y ZAPIAIN, obispo, ¡qué casualidad! De Canarias (1936-66): CÉSAR GONZÁLEZ RUANO: A pesar de los guardas que recorren como almas en pena las avenidas y los caminitos, casi todas las noches se queda entre las frondas, algún rezagado de confusas intenciones. Por las veredas desiertas avanza una sombra humana. ¿Qué quiere esta burlador, medio loco, de loas ordenanzas? No lo sabe él mismo. Ignora que las estatuas pasean por l anoche y que el ángel caído descansa de su incómoda postura o incluso se acerca al estanque para remojar sus alas malditas por pecado de soberbia y libre examen.

19. Basílica y Panteón de Atocha 59


En 1880 lo visitó UNAMUNO y volvió en 1928. He aquí su impresión: Y entramos al santuario queriendo recordar el que hace medio siglo habíamos visitado. Sólo queda la imagen de Nuestra Señora de Atocha la del Espartal. Una imagen de virgen española, castellana, morena, de color de tierra quemada. No sabemos que fuera nunca verdaderamente popular en Madrid, como lo es la Virgen de la Paloma *…+ La de Atocha, la del Espartal, se hizo palaciana, como la de la Almudena… La tristeza real la reflejaba una conocida canción infantil:

¿Dónde vas, Alfonso XII?

Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas triste de tí? Voy en busca de Mercedes que hace tiempo no la ví. Ya Mercedes está muerta, muerta está, que yo la ví, cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid. Su carita era de cera y sus manos, de marfil, y el velo que la cubría, de color carmesí. Sandalias bordadas de oro llevaba en sus lindos pies, que se las bordó la infanta, la infanta doña Isabel. El manto que la envolvía era rico terciopelo y en letras de oro decía: "Ha muerto cara de cielo" Los caballos de Palacio ya no quieren pasear, porque se ha muerto Mercedes y luto quieren llevar. 60


Los faroles de las calles con gasas negras están, porque se ha muerto Mercedes y luto quieren llevar Ya murió la flor de Mayo, ya murió la flor de Abril, ya murió la blanca rosa, rosa de todo Madrid.

Del vecino Panteón de hombres ilustres dice UNAMUNO: … presunto, presumido y presuntuoso estilo bizantino. Bizantino y en un arrabal de Madrid *…+ Entramos en aquel panteón, que dicen ser nacional, de hombres ilustres. De caudillos, de políticos y de víctimas. Allí Palafox y Castaños, los de la Independencia y Ríos Rosas, y el marqués del Duero, el de nuestra guerra civil, y con Prim, el de África y América, el que cayó a las puertas del Congreso. Las otras tres víctimas, Cánovas, asesinado veintisiete años después, en vísperas ya del mítico 98, y Canalejas, quince después, en 1912, y nueve más tarde, Daato, en 1921. Y allí también Sagasta que se murió en l acama, y eso habiendo estado de joven condenado a muerte…

20. De la Cuesta de Moyanos a Santa Ana Solana en 1918: Las barracas de libros se abren en dos filas, dejando en medio la puerta de piedra del Jardín Botánico cerrada por rejas *…+ En las barracas de viejo hay muchos rebuscadores de láminas y libros que se llenan los bolsillos de rollos y tomos. En los estantes se ven apretados y empolvados los libros; recostada en ellos hay una escalera para alcanzar los de las últimas filas. EL dueño de esta barraca viste un largo delantal amarillo; es vegetariano y ateo *…+ Aquí están los tomos del Semanario Pintoresco de este venerable y romántico periódico ennoblecido por los artículos de costumbres de Mesonero Romanos y por los dibujos de Leonardo Alienza, reproducidos en madera por Batanero y Castilla, sus números tienen la letra clara y magnífica, como los de una crónica antigua. EL Museo Universal, con numerosos dibujos de Ortega. La Ilustración de Madrid, con dibujos de Valeriano Bécquer; los dos tomos de los españoles pintados por sí mismo, con una portada de Lameyer, imitador de Alenza; las numerosas ediciones del Quijote de Ibarra, de Sancha de Piñuela. Las novelas de viajes y aventuras de Julio Verne y Walter Scott; Las 61


aventuras de Robinsónm Crusoé; Los viajes de Gulliver y la novela. Sin familia, por Héctor Malot, publicada en los tomos de La Amenidad. GONZÁLEZ RUANO: En Madrid la única continuidad librera que perdura en este sentido son las casetas de la Feria de Libros, en la cuesta de Moyano *…+ Esta madrileña Feria de Libros estuvo antes, también apoyada en las tapias del Jardín Botánico, en el Paseo del Prado. Entonces se encontraban en sus tenderetes muchas cosas y bajaban casi a diario a ella escritores como Baroja y Azorín, el psálmico Cansino-Assens o el marqués de VillaUrrutia *…+ En los últimos años los libreros de viejo que, claro está, si no compraban no tenían nada que vender, se quejaban de que “no salía nada”. No deja de ser curioso que aquí, donde no se aprecia demasiado el libro, nadie o casi nadie quisiera vender. Las pocas librerías de lance que nos quedan están atestadas de libros actualísimos, cuya edición se vendió mal y que les dan los propios editores o desengañados libreros “de nuevo”. Galdós, El Abuelo, estrenada en 1904: ALBRIT ¡Qué silencio en la casa! Todos duermen; las niñas también, ignorantes de urge expulsar a la intrusa. Ley de justicia es. No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad *…+ Tiene razón Laín, el que usurpa debe morir, debe ser separado… Rafael y yo separarnos, apartarnos lo que por fraude se ha introducido en el santuario de la familia *…+ Siempre lo has dicho, Albrit, siempre lo has dicho. La causa de que las sociedades estén tan podridas, la causa d eque todo se desmorone es la bastardía infame…, el injerto de la mentira en la verdad, de la villanía en la nobleza. Tú lo has dicho, ALbrit; tú debes sostenerlo, Albrit… (Sale de su cuarto cautelosamente y tentando las paredes avanza *…+ hasta *…+ el cuarto donde duerme Nelly y Dolly *…+) No duermen … parece que rezan. Oigo confusas sus dos voces que no son más que una *…+ ¡Oh, Dios! Si me parece que las amo a las dos; que no puedo separarlas en mi amor; que la falsa agarra a la verdadera y se hace con ella una sola persona!... Esto no puede ser, esto es una cobardía… Albrit, mira quién eres; la justicia, la verdad están en tu mano… Electra de B. Pérez Galdós: rama estrenado en el Teatro Español el 30 de enero de 1901. EN él planteaba el secuestro en un convento de la inocente protagonista. EL escándalo que se armó en el estreno de Electra de Pérez Galdós, lo cuanta BAROJA en Desde la última vuelta del camino: Don Benito y Maeztu fueron los que dirigieron la distribución estratégica de los amigos en la sala de Teatro Español cuando llegó el estreno. Yo tenía una butaca cerca de 62


Azorín. Maeztu dijo que iba a ir al paraíso. Comenzó el drama en medio de una gran expectación. EL público temía que pasara algo. En uno de los momentos en que aparece un fantasma, Azorín me agarró del brazo y vi que estaba conmovido. Cuando el joven ingeniero derriba a Pantoja, Maeztu desde el paraíso, con voz tonante dio un terrible grito de “¡Abajo los jesuitas!” Entonces todo el público comenzó a estremecerse, y algunas señoras de los palcos se levantaron para marcharse. Claro que donde se armó un buen escándalo fue a la salida de la función. Sigue BAROJA: Estábamos charlando en el Saloncillo del teatro, cuando se oyeron gritos en la Plaza de Santa Ana. Salimos varios a los balcones. Era una manifestación espontánea que desfilaba. Galdós, dirigiéndose a mí, dijo: “Acompáñeme usted a casa” Salimos, y sin ser advertidos por nadie, tomamos un coche. Este fue por la calle del Príncipe, en medio del vocerío de “¡Viva Galdós!” y “¡Muera el clericalismo! El estreno de Electra fue uno de los actos que sirvieron para definir a la Generación del 98.

21. Teatro de la Zarzuela La verbena de la Paloma, estrenada el 17 de febrero de 1894: Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid, me dan el opio con tal gracia que no las puedo resistir. Caigo en sus brazos ya dormido, y cuando llego a despertar, siento un placer inexplicable y un delicioso bienestar. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! Y es que las dos, ¡ja, ja, ja, ja! se deshacen por verme contento, ¡ja,ja,ja,ja! esperando que llegue el momento 63


en que yo decida ¡ja,ja,ja,ja! cuál de las dos me gusta más. La cosa se complica, pues Julián, un cajista de imprenta, ama a Susana, quien le corresponde, pero no aguanta sus celos. Memorable es el dúo cantado por ambos. JULIÁN ¿Dónde vas con mantón de Manila? ¿Dónde vas con vestido chiné? SUSANA A lucirme y a ver la verbena, y a meterme en la cama después. JULIÁN ¿Y por qué no has venido conmigo cuando tanto te lo supliqué? SUSANA Porque voy a gastarme en botica lo que me has hecho tú padecer. JULIÁN ¿Y quién es ese chico tan guapo con quien luego la vais a correr? SUSANA Un sujeto que tiene vergüenza, pundonor y lo que hay que tener. JULIÁN ¿Y si a mí no me diera la gana de que fueras del brazo con él? SUSANA Pues me iría con él de verbena y a los toros de Carabanchel.

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JULIรN Si, ยกeh! Pues eso ahora mismo lo vamos a ver.

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Documento madrid siglo xix (1)  

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