Page 1


UDAKO IKASTAROAREN INGURUKO ARTIKULU-BILDUMA RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS SOBRE EL CURSO DE VERANO

“LURRALDE BIZIGARRIA.

“TERRITORIO HABITABLE.

Tokiko adierazpenak eta

Expresiones locales y

lurralde estrategiak”

estrategias territoriales”

Kultur Paisaiak eta Ondarea UNESCO Katedrak

Curso de Verano organizado por la Cátedra UNESCO de

(UPV/EHU) eta Eusko Jaurlaritzako Ingurumen, Lurralde

Paisajes Culturales y Patrimonio (UPV/EHU) y el

Plangintza eta Etxebizitza Sailak antolatutako Udako

Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial

Ikastaroa, zeinaren aurrez aurreko edizioa 2021eko

y Vivienda del Gobierno Vasco, cuya edición presencial se

uztailaren 19an eta 20an egingo den

celebrará los próximos 19 y 20 de julio de 2021

Programa eta matrikulara sarbidea

Acceso al programa y matrícula


ARTIKULUEN AURKIBIDEA / ÍNDICE DE ARTÍCULOS

1. EAEko

lurralde politikaren helburu integralak nora bideratu erabakitzeko

paradigma berrien zehaztapena / Determinación de los nuevos paradigmas hacia dónde dirigir los objetivos integrales de la política territorial de la CAPV. Pág. 5. orria 1.1. 1.2. 1.3.

La cuestión territorial ante el Antropoceno. Fernando Prats Palazuelo. 2020. (p. 6) Territorio móvil: giro hacia el paisaje rural. Álvaro Ramoneda Figueroa. 2020. (p. 12) De Tales a Dalton. A vueltas con el ciclo del Agua. Joserra Díez López. 2018. (p. 18)

2. Mehatxuak eta aukeren karakterizazioa, landa eremuan bizi diren eta bertako kultura

eta

natura

ondarea

mantentzen

duten

pertsonen

ikuspegi

sozioekonomikotik / Caracterización de amenazas y oportunidades, desde el punto de vista socioeconómico de las personas que viven el paisaje rural y mantienen su patrimonio cultural y natural. Pág. 33. orria 2.1. 2.2.

2.3. 2.4.

Introducción. Roberto Torres Elizburu. (p. 34) El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación. Fernando Molinero Hernando. 2019. (p. 36) Hacia una asimilación socioeconómica del campo y la ciudad: cambios recientes y diversidad en las áreas rurales del País Vasco. Eugenio Ruiz Urrestarazu y Rosario Galdós Urrutia. 2019. (p. 76) (EUS) Eukalipto-landaketak Urumea ibaian. Joserra Díez López, Ibai Olariaga Ibarguren, Iñaki Sanz Azkue. 2020. HEMEN eskuragarri / Disponible AQUÍ (bideo/vídeo). Mende honentzako basoak / Bosques para este siglo. Kolore Guztietako Basoak. 2019. HEMEN eskuragarri / Disponible AQUÍ


3. Paisaia osasungarri eta kalitatezkoen balorazioa. Nortasun paisaiaren pisuaren azterketa, hau da, paisaia horietan egunez egun bizi direnena eta egunez egun kolektibotasunean mantentzen duen eragile anitzeko gizartearena / Puesta en valor de los paisajes saludables y de calidad. Ponderar el paisaje identitario, el de las personas que viven esos paisajes de una forma cotidiana y la sociedad multiagente que los mantiene día a día en colectividad. Pág. 97. orria 3.1. 3.2.

(EN) Public attitudes towards biodiversity-friendly greenspace management in Europe. Leonie K. Fischer et al. 2020. (p. 98) (EN) Identifying Green Infraestructure as a basis for an incentive mechanism at the municipality level in Biscay. Gloria Rodríguez, Lorena Peña, Igone Palacios, Ibone Ametzaga, Miren Onaindia. 2018. (p. 112)

4. Lurralde

Antolamendurako Gidalerro (LAG) berrien zeharkako helburuak /

Objetivos transversales de las nuevas Directrices de Ordenación Territorial (DOT). Pág. 133. orria 4.1. 4.2. 4.3.

DOT, hacia una intervención territorial integrada. Jesús Mª Erquicia Olaciregui. 2020. (p. 134) Inclusión de la Infraestructura Verde en las DOT de la CAPV. Rafael Sánchez Guerras. 2020. (p. 142) Urbanismo del cuidado. Inclusión de la perspectiva de género en las DOT de la CAPV. Helena Biurrun Galarraga. 2020. (p. 148)

5. Paisaiaren etorkizuna eta utopia / Futuro y utopía del Paisaje Pág. 151. orria 5.1. 5.2.

(EN) Sustainable landscapes: contradiction, fiction or utopia?. Marc Antrop. 2006. (p. 152) (EN) Why landscapes of the past are important for the future. Marc Antrop. 2005. (p. 164)

Eskerrak / Agradecimientos Pág. 180. orria


1.

Lehenengo artikulu sorta Udako Ikastaroaren 1. HELBURUAren ingurukoa da: / La primera serie de artículos se centra en el OBJETIVO 1 del Curso de Verano:

EAEko lurralde politikaren helburu integralak nora bideratu erabakitzeko paradigma berrien zehaztapena / Determinación de los nuevos paradigmas hacia dónde dirigir los objetivos integrales de la política territorial de la CAPV

1.1. “La cuestión territorial ante el Antropoceno” Artículo ad hoc de Fernando Prats Palazuelo. 2020

1.2. “Territorio móvil: giro hacia el paisaje rural” Artículo ad hoc de Álvaro Ramoneda Figueroa. 2020

1.3. “De Tales a Dalton. A vueltas con el ciclo del Agua” Artículo previo de Joserra Díez López. 2018


1.1 ARTÍCULO ad hoc de Fernando Prats Palazuelo - 2020-

artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


Este artículo es una actualización del escrito junto a J. Ozcariz en 2018 para el libro “Ciudades en movimiento” realizado por el Foro de Transiciones. 1

artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


Álava Central contiene el 77% de los recursos hídricos, el 70% de la energía eólica, el 62% de las tierras cultivables y más del 50% de los montes públicos, parques naturales y especies protegidas del País Vasco. 2

artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


 

 

 

artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


artículo nº1.1: “LA CUESTIÓN TERRITORIAL ANTE EL ANTROPOCENO” Fernando Prats Palazuelo


1.2. ARTÍCULO ad hoc de Álvaro Ramoneda Figueroa -Junio 2020-

artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


Corraliza, J.A. (2008) La experiencia de la ciudad y los espacios públicos: el papel de la naturaleza urbana. En: Fariña, J. (2008) Los nuevos espacios públicos y la vivienda en el siglo XXI. Cresswell, T., (2014) Mobility between movement, meaning and practice. Forum Vies Mobiles. Entrevista disponible en https://www.youtube.com/watch?v=EXo0gdlVvNU Delgado, M. (2006) El animal público. Anagrama Schroter, W. & Rutan, R. (2020) Are Big Cities Better for Startups?. Disponible en https://www.startups.com/community/startuptherapy/episode/63 Wainwright , O. (2020) 'The countryside is where the radical changes are': Rem Koolhaas goes rural. The Guardian. Disponible en: www.shorturl.at/mzIKY ONU (2014) Más de la mitad de la población vive en áreas urbanas y seguirá creciendo. Disponible en: https://www.un.org/development/desa/es/news/population/world-urbanization-prospects-2014.html

artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


artículo nº1.2: “TERRITORIO MÓVIL” Álvaro Ramoneda Figueroa


1.3. ARTÍCULO previo de Joserra Díez López -Septiembre 2018-

artículo nº1.3: “DE TALES A DALTON. A VUELTAS CON EL CICLO DEL AGUA” Joserra Díez López


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

1

DE TALES A DALTON. A VUELTAS CON EL CICLO DEL AGUA Joserra Díez López Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea

Resumen Tales enseñaba que el origen de todas las cosas es el agua y que la Naturaleza se encuentra al principio de todo cuanto hay en el Mundo. Y así, hace unos 2600 años, dio un primer paso hacia el razonamiento científico, su principal legado. 1800 años más tarde, Dalton enunció una Ley que daría lugar a la concepción del ciclo del agua. El agua y su ciclo es un contenido obligado en el curricul um de la educación obligatoria, aunque s u estudio se aísla habitualmente del resto de ciclos y del propio territorio. Posteriormente, la ciudadanía únicamente es instruida acerca de la relevancia del ahorro de agua, y poco se comunica sobre su procedencia y su destino final, lo que dificultan una gestión consciente y responsable. El reto está servido: ¿cómo educar en tér minos de sostenibilidad y responsabilidad a la ciudadanía y a los gestores en torno al agua desde la perspectiva de la competencia científica? Palabras clave: ciclo del agua, educación, ciudadanía, gestores, aguaresponsabilidad

Celebración de la desconfianza El primer día de clase, el profesor trajo un frasco enorme: - Esto está lleno de perfume -dijo a Miguel Brun y a los demás alumnos-. Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano. Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas. - ¿Me permite abrir la ventana, profesor? -suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco. El fuerte aroma que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos. Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno. El frasco estaba lleno de agua. (El libro de los abrazos. Eduardo Galeano. 1989)

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

2

1. Introducción Dicen que Tales de Mileto, el primer nombre que se conoce en la historia de la filosofía, la ciencia y la matemática griega, enseñó que el origen de todas las cosas era el agua. Es considerado por tanto el primer filósofo y científico para la mayoría de los estudiosos (iniciador, archegós, lo llama Aristóteles) dado que incorporó la investigación racional sobre el origen del Universo y de la Naturaleza. Hasta aquellos días los propios griegos explicaban ese origen mediante un conjunto de mitos y leyendas y, de este modo, Tales marcó un hito científico hace unos 2.500 años antes del presente (unos 500 años a. de C.): la Naturaleza se encontraba el principio de todo cuanto había en el Mundo. En cualquier caso, la incorporación de un lenguaje filosófico racional fue, sin duda, un legado a considerar. Desgraciadamente no se dispone de escritos de sus teorías, aunque filósofos como Aristóteles o Seneca se hicieron eco de su epistemología. A modo de ejemplo el primero, en su obra Metafísica, describe de este modo la teoría de Tales sobre el agua como principio de la naturaleza: «La mayoría de los primeros filósofos consideró que los principios de todas las cosas eran sólo los que tienen aspecto material […] En cuanto al número y a la forma de tal principio, no todos dicen lo mismo, si no que Tales, el iniciador de este tipo de filosofía, afirma que es el agua, por lo que también declaró que la tierra está sobre el agua. Concibió tal vez esta suposición por ver que el alimento de todas las cosas es húmedo y porque de lo húmedo nace del propio calor y por él vive. Y es que aquello de lo que nacen es el principio de todas las cosas. Por eso concibió tal suposición, además de porque las semillas de todas las cosas tienen naturaleza húmeda y el agua es el principio de la naturaleza para las cosas húmedas» (Aristóteles. Metafísica. 983b6). El agua, nexo por antonomasia de la vida, de los procesos y del territorio, es también conector entre Tales, Dalton y un buen número científicos. Sobre John Dalton, nacido en 1766 en Manchester y científico con amplia formación en el ámbito de la química, la matemática, las ciencias naturales y la meteorología en particular, la información acerca de su legado es más prolija. Sus principales contribuciones están ligadas a su modelo atómico y su tabla de pesos relativos de los elementos, que supusieron un espaldarazo a las bases de la química moderna. No menos conocida es la enfermedad a la que dio nombre allá por 1808, el daltonismo, defecto visual relacionado con la percepción de los colores y que él mismo padecía. Por primera vez, además de describir la falta de percepción del color que sufren algunas personas, dio una explicación causal a este fenómeno. Si bien su teoría fue desacreditada en vida, la relevancia de su investigación convirtió su nombre en un término común para designar la ceguera al color. Pero las áreas de conocimiento científico de Dalton abarcaron más temas aún: la lluvia y el rocío y el origen de manantiales; el calor; el color del cielo; el vapor; los verbos auxiliares y participios del idioma inglés; y sobre la reflexión y la refracción de la luz. En referencia al ciclo hidrológico a Dalton le debemos el hecho de haberlo cerrado tras las pesquisas de Perrault y Halley. Resumiendo sucintamente sus hallazgos podríamos decir que Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

3

Dalton suponía que la humedad del aire es la cantidad de vapor de agua presente en la atmósfera terrestre, esta procede de la evaporación de mares y océanos, ríos, lagos, plantas y otros seres vivos. Así, la mezcla de aire seco y vapor de agua sigue la ley de Dalton de las presiones parciales, de acuerdo a sus respectivas propiedades. Pero la cantidad de vapor de agua que puede absorber el aire depende de su temperatura. El aire caliente admite más vapor de agua que el aire frío. El aire caliente que contiene vapor de agua se eleva en la atmósfera que, al llegar a zonas de menos temperatura, el vapor de agua se condensa y forma las nubes (de gotas de agua o cristales de hielo). Cuando estas gotas de agua o cristales de hielo pesan demasiado caen y originan las precipitaciones en forma de lluvia o nieve. Por eso se dice que la lluvia está relacionada con la humedad del aire. Pero cuando la humedad alcanza el valor 100% se producen fenómenos de condensación, tal y como sucede por ejemplo con el rocío. Es cuando el agua se condensa sobre las superficies. Habitualmente esto se produce en invierno ya que la temperatura desciende y llega al punto de rocío. Así, el ciclo hidrológico está relacionado con el balance energético del planeta. De este modo, el ciclo global del agua está intrínsecamente ligado al ciclo global de la energía, si bien pocas veces se estudian a la par. Muy al contrario, el ciclo hidrológico se estudia desde una visión excesivamente simplista, dado que es variable en el espacio y en el tiempo y, además, es muy inestable. Habitualmente atendemos y entendemos los “depósitos” donde ubicamos el agua: océanos, acuíferos, ríos…, aunque nos olvidamos del agua de la atmósfera, de la contenida en el suelo y de las aguas subterráneas. Merece atención a su vez el tratamiento que se le da al ciclo urbano del agua. Este se muestra aislado del ciclo hidrológico y, habitualmente, se muestra a través de una captaci ón (embalse, río o masa de agua subterránea), su traslado a la planta potabilizadora, de ahí al deposito y finalmente a la planta depuradora de aguas residuales. El ciclo de finaliza con un eufemístico “…el agua es devuelta al medio natural”, a menudo separado cientos de kilómetros de su lugar de captación, cuando no en cuencas hidrográficas distintas. Además, mucho desconocemos del estado con el que agua es devuelta a un cuerpo de agua que en pocas ocasiones se asemeja a las condiciones en las que fue captada. 2. El ciclo del agua: errores conceptuales y principales dificultades de aprendizaje Por su relevancia y transversalidad, el ciclo del agua constituye un contenido crucial en los curricula de ciencias de la enseñanza obligatoria y, sin duda, su aprendizaje va mucho más allá de la mera formación científica del alumnado. Es habitual esquematizar idealmente el ciclo hidrológico a través de una imagen simplificada y, a menudo, cargada de simbolismos y con carencias notables. Generalmente se muestra la precipitación únicamente en las montañas, la evaporación en los océanos y solamente las aguas de escorrentía camino nuevamente del mar. De ese modo se obvia la evapotranspiración, la humedad contenida en el suelo y las aguas subterráneas, que a lo sumo se muestran como acuíferos a modo de bolsas de agua estáticas. Nada más lejos de realidad.

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

4

El análisis de las representaciones del ciclo del agua en los libros de texto confirma esa tendencia. La importancia de las imágenes en las primeras etapas del desa rrollo psicoevolutivo de los niños y niñas es crucial, dado que a menudo prevalecen sobre el texto escrito. Sin embargo, presentan carencias que pueden malograr un aprendizaje significativo desde las primeras etapas. Si atendemos al contenido relativo al ciclo del agua en los libros de texto, la concepción utilitarista del agua, es decir, la necesidad de su aprovechamiento, es una constante al menos en los libros de España y Portugal de niveles no universitarios. Se detecta una marcada ausencia del significado del agua en el plano del funcionamiento del ecosistema, de las emociones humanas, del valor patrimonial de memoria e identidad de los ríos y las culturas. Este esquema simplificado es asumido de manera visual con relativa facilidad por el alumnado, la cual choca con la gran dificultad en reflexionar y asumir cada una de las partes. Así la facilidad conceptual es engañosa y posee numerosos obstáculos: la complejidad de los conceptos científicos implicados cuya compresión requiere un alto nivel de abstracción; las dificultades de comprensión de las diferentes fases y la gran cantidad de factores, interacciones y procesos implicados. Del mismo modo, la instrucción se ha abordado desde una visión pas iva y ajena a su ciclo, centrada en las características físico-químicas de la molécula del agua y de los estados que adopta, sin apenas inferencias entre el uso del recurso y del territorio sobre cada una de sus fases. Así, el agua no se relaciona con el suelo, ni con la vegetación, ni se subraya que el agua es un elemento fundamental en cualquier ecosistema. El ciclo del agua se aborda de manera abstracta, de un modo alejado al día a día del alumnado y al territorio. En lo referente a las dificultades de la enseñanza-aprendizaje del ciclo del agua, se han estudiado las ideas del alumnado de diferentes niveles sobre el aprendizaje del ciclo del agua y otros conceptos asociados. En las etapas iniciales y medias habitualmente el alumnado no concibe el agua como algo dinámico ni cíclico y no visualizan la conexión entre el agua de una ubicación y de otras. Además, las y los estudiantes tienden a centrarse en los componentes atmosféricos, ignorando procesos asociados con las aguas subterráneas, con el agua del suelo fuera de los ríos y con el agua en los sistemas bióticos. De hecho, poseen concepciones inapropiadas sobre el tamaño y la escala de los acuíferos y visionan las aguas subterráneas como la parte final del ciclo hidrológico. Es más, tienden a ver el ciclo del agua como una representación de un libro de texto, y no conectan esta representación del ciclo del agua con su comprensión del agua en su propia localización geográfica . En este sentido, las y los estudiantes tienen una variedad de concepciones acerca de las cuencas hidrográficas. Pueden pensar en estructuras a modo de contenedores, o pueden tener ideas más desarrolladas acerca de los sistemas fluviales, pero raramente ven las cuencas conectadas a través de los procesos de evaporación, condensación y precipitación. A menudo, limitan las cuencas a los terrenos montañosos, áreas de gran relieve y elevación, relacionadas con el prototipo que se muestra en los libros, y sin ninguna relación con la realidad física de las cuencas donde viven. Así raramente el alumnado identifica el origen del agua y otros materiales en la superficie terrestre de la cuenca.

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

5

En definitiva, según las concepciones de las y los estudiantes, el agua y su ciclo carecen de conexiones con la cuenca y adolecen de funciones tales como el ser un disolvente, una parte importante de los seres vivos y un sistema de transporte en los sistemas bióticos y en la propia cuenca. Todo esto sugiere que las sucesivas etapas educativas contribuyen escasamente al desarrollo de una ciudadanía bien informada sobre las cuencas hidrográficas o sobre la procedencia y destino del agua potable. Lamentablemente los ecosistemas hídricos y la gestión de los recursos hídricos se han centrado en la hidráulica de los propios cauces y así ha sido transmitida desde los libros de texto y desde los medios de comunicación: presas y embalses, infraestructuras e hidroeléctricas, conducciones y depósitos, encauzamientos. De este modo se ha dejado de lado la relación intrínseca entre el agua y el suelo. Dicho de otro modo, nadie nos ha explicado que todas y cada una de las acciones que desarrollamos sobre la cuenca hidrográfica tiene repercusiones directas sobre el río. Y el río es la respuesta, en términos de variación de cantidad y calidad de agua, del conjunto de procesos, naturales y antrópicos de la cuenca. Es necesario por tanto invertir cuanto antes esta realidad. Desde el punto de vista de la sostenibilidad se trata de un hecho crucial, tanto desde la perspectiva de la responsabilidad por garantizar un mundo en el que las generaciones del futuro puedan satisfacer sus necesidades, como desde la perspectiva de garantizar la educación de las generaciones actuales y futuras para el cuidado del Planeta. Por tanto, mientras que la demanda de agua y las presiones sobre los ecosistemas siguen en aumento y, salvo excepciones, el estado ecológico de las masas de agua no registra una mejoría acorde a las demandas impuestas por la normativa, el nivel de conocimiento en torno al agua y su ciclo no ha mejorado. En general, la ciudadanía desconoce cómo se mueve el agua en la naturaleza, ni tampoco conoce de donde procede el agua que consume ni su destino final. Este desconocimiento tiene consecuencias graves dado que es imprescindible conocer su ligazón con el territorio y las consecuencias de su uso para proteger el medioambiente, utilizar el agua con mesura y transitar hacia la sostenibilidad. Entre otros conceptos, estos son imprescindibles para conocer las interacciones entre el suelo y el agua, así como el concepto de cuenca hidrográfica para interpretar convenientemente la calidad del agua, las fuentes de contaminación y los impactos que se derivan de las actuaciones humanas sobre el territorio. 3. Hacia una ciudadanía responsable. De la sensibilización al empoderamiento: la competencia científica Una de las primeras definiciones de la Educación Ambiental (Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado, 1975) establece que los objetivos que ésta pretende se basan en "Lograr que la población mundial tome conciencia sobre el medio ambiente en el que vive y se interese por él y sus problemas y que adquiera los conocimientos, aptitudes, actitudes, motivaciones y comportamientos necesarios para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales y para prevenir los que pudieran aparecer en lo sucesivo”.

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

6

Transcurridos ya más de 40 años, la Educación para la Sostenibilidad persigue en la actualidad los mismos objetivos: una educación para una transformación social, que estimule la reflexión crítica y la clarificación de valores, promueva el pensamiento sistémico y sea innovadora y constructiva y, sobre todo, orientada hacia la acción. Así, la capacitación para la acción sigue siendo el principal reto. Atrás han quedado programas de educación ambiental que han sensibilizado a miles de jóvenes de los llamados países desarrollados. Lamentablemente se ha puesto de manifiesto que sensibilizar y concienciar no es suficiente para el ejercicio de una ciudadanía responsable que actúe de manera coherente. Algo más es necesario en este coctel educativo. Nos referimos, a la educación transformadora para la acción basada, de manera rotunda, en la alfabetización científica. Por tanto, el conocimiento científico ha de ser parte de la cultura personal que permita interpretar la realidad con racionalidad y libertad, así como disponer de argumentos para la toma de decisiones. Proporcionar la formación necesaria para abordar aspectos relacionados con la ciencia es, por tanto, un quehacer del sistema educativo sería la formación de personas en condiciones de adoptar decisiones. Pero la educación científica, cuidado, debe tener como objetivo la alfabetización científica y no solo la formación de nuevos científicos y científicas. En este sentido, una de las personas más relevantes de la educación científica reciente en el Estado español, en especial en el ámbito de las Ciencias de la Tierra, Emilio Pedrinaci, enunciaba esta premisa en su propio contexto: “en un mundo globalizado y tecnológicamente avanzado, el ejercicio de una ciudadanía responsable requiere disponer de una formación científica que permita intervenir en la toma de decisiones sobre cuestiones de interés social”. La alfabetización científica de la ciudadanía posee una relevancia vital. Y la pregunta es crucial: ¿cómo hacer para que la educación permita formar a la ciudadanía, jóvenes y adultos, en las capacidades y competencias necesarias para un desarrollo sostenible? Desde una perspectiva social, la formación científica de la ciudadanía requiere proporcionar criterios para intervenir en la toma de decisiones sobre aquellas cuestiones que tienen repercusión en sus vidas y en su territorio. Por tanto, la denominada sociedad del conocimiento ha de garantizar una formación científica acorde a las exigencias de este mundo globalizado y no una formación científica similar a la de décadas pasadas. Sin embargo, es conocida la percepción del alumnado en relación a educación científica, que la consideran irrelevante y, además, difícil. Por tanto, precisamos de ciudadanas y ciudadanos competentes científicamente. Pero, ¿cómo definir la competencia científica? Pedrinaci (11 ideas clave: el desarrollo de la competencia científica. Graó, 2012) la define como “conjunto integrado de capacidades para utilizar el conocimiento científico a fin de describir, explicar y predecir fenómenos naturales; para comprender los rasgos característicos de la ciencia; para formular e investigar problemas e hipótesis; así como para documentarse, argumentar y tomar decisiones personales y sociales sobre el mundo natural y los cambios que la actividad humana genera en él”. Así, en el caso del agua y su ciclo, más allá de cerrar el grifo mientras nos lavamos los

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

7

dientes o de ser capaces de imaginar la evaporación en los océanos, la educación de la ciudadanía debería lograr incorporar el conocimiento científico a la ejecución de sus acciones en relación al territorio y el agua. Y para ello, debemos tener en cuenta que uno de los principales objetivos de la enseñanza de las ciencias es preparar a la ciudadanía como decíamos, no para ser experta en ciencias, sino para tomar parte en las decisiones que afectan a su propia cuenca hidrográfica y, entre otros, a su salud, a su alimentación, al uso adecuado de nuevos materiales y tecnologías o al uso de la energía. De hecho, la educación es uno de los ejes centrales de todo sistema sociopolítico. Tal y como afirman Víctor Rodríguez y Yayo Herrero (Educación Ecosocial. Cómo educar frente a la crisis ecológica. Icaria, 2017) se trata de un espacio en permanente disputa y conflicto. Teóricamente lo aprendido en la escuela contribuye a la construcción de una cultura común que contribuye al gobierno de la ciudadanía. Ahora bien, en estos tiempos de incertidumbre resulta pertinente preguntarse si lo que se aprende en la escuela contribuye a afrontar los problemas o, por el contrario, fortalece el sistema que los ha provocado. En opinión de muchos autores y autoras los seres humanos contemporáneos vivimos en un momento de crisis profunda y sistémica que no solo afecta a las relaciones de las personas con la naturaleza, sino entre nosotras mismas. Las bases materiales que sostienen la vida humana y del resto de seres vivos se manifiestan por una profundización de las desigualdades. Y el caso del agua es un buen ejemplo. Esta crisis ecológica, ya fue puesta de manifiesto a través de una reflexión sobre los límites del planeta allá por los años 70 del siglo pasado (informe del Club de Roma sobre los Límites del crecimiento) y sobre la inviabilidad del crecimiento continuado de una población y de sus consumos en un mundo físicamente limitado. Sin embargo, 40 años más tarde los mismos autores constataron que desde hace unos 30 años que vivimos por encima de la biocapacidad del Planeta. Ahora bien, esta crisis no es solo ecológica ni económica, se trata también de una crisis de valores en medio del denominado Cambio Global. La población humana y el uso per cápita de los recursos han aumentado de tal modo que el cambio ambiental provocado posee dimensiones globales. El denominado Cambio Global aglutina aquellas modificaciones introducidas por la actividad humana en el funcionamiento del sistema Tierra (cambio climático, crisis de biodiversidad, alteración de los cicl os biogeoquímicos, transformación del territorio, acentuación de los efectos de los riesgos naturales, etc.). Además de la amenaza de un cambio climático significativo, existe una creciente preocupación por la cada vez mayor modificación humana de otros aspectos del medio ambiente mundial y las consiguientes repercusiones para el bienestar humano. Los bienes y servicios básicos proporcionados por el sistema de soporte de vida en el planeta, tales como alimentos, agua, aire limpio y un entorno propicio para la salud humana, están siendo afectados cada vez más por este cambio global. En la actualidad, la Humanidad utiliza más de la mitad de toda el agua dulce accesible en la superficie del Planeta, y más de la tercera parte de la superficie terrestre ha sido ya transformada por la acción humana, especialmente arroyos y ríos, lo que sin duda repercute en el ciclo del agua a nivel local. Más allá de la situación concreta de los servicios del agua en cada país, conceptos como agua virtual y huella hídrica reafirman su dimensión geopolítica. Y ambos conceptos están

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

8

íntimamente ligados. El agua virtual se refiere a la cantidad de agua necesaria para producir una mercancía o servicio, tales como los productos alimenticios, industriales, actividades turísticas o de ocio. Así, la importación y exportación de estos productos implica la importación y exportación de agua virtual. La huella hídrica, a su vez, se refiere al volumen necesario para producir los bienes y servicios consumidos por la población de un territorio dado. Esta huella puede ser interna (volumen que procede del propio país) y/o externa (cuando el volumen de agua procede de otros países). En total, son cuatro los factores que determinan la huella hídrica de un territorio: el volumen de consumo, los patrones de consumo, el clima y las prácticas agropecuarias. Mirando al futuro inmediato y, en términos de Adaptación y Anticipación a los retos climáticos, ecológicos y humanitarios que nos acompañan, se ha de reconocer la incertidumbre que acompaña a los modelos climáticos. En cualquier caso, es aun mayor la incertidumbre de los escenarios hidrológicos dada su dependencia del propio territorio, de su naturaleza y de su gestión. Sobre este hecho reflexionaba el manifiesto fundacional de la Nueva Cultura del Agua hace ya 20 años al enunciar la necesidad de “organizar la inteligencia colectiva en forma de ordenación territorial con perspectivas de sostenibilidad. Se trata de integrar la gestión del agua en el territorio desde la coherencia del desarrollo sostenible como nueva columna vertebral de un renovado concepto de interés general. Agua y territorio pasan a ser una realidad indisociable”. Y esta reflexión no ha perdido ni un ápice de actualidad y de reto. Por si fuera poco, el reparto de la utilización insostenible de estos recursos sigue pautas totalmente desiguales entre el Norte y el Sur, así como dentro de cada país. Hablamos por tanto del impacto de las sociedades humanas en el ambiente y del impacto de las desigualdades entre las personas. Y en ese campo el agua es un extraordinario ejemplo. Sin embargo, todos estos cambios y la acumulación de conocimiento han provocado escasos efectos en la enseñanza, donde las prácticas educativas apenas han variado. De este modo el salto existente entre el conocimiento escolar y las formas de organizar y gestionar socialmente el conocimiento es grande. En este momento es preciso dotar a la escuela de mecanismos para seleccionar de manera adecuada la facilidad e inmediatez en el acceso a la información y, de este modo, seleccionarla y analizarla de manera crítica y transformarla en conocimiento a través de una construcción colectiva. Y en este sentido, las competencias en sostenibilidad son un reto fundamental. En el ámbito de la educación científica, hay varias estrategias diseñadas para promover la aplicación del modo de hacer ciencia y establecer conexiones entre los conceptos. Entre ellas destaca el aprendizaje basado en problemas, que toma como fundamento la epistemología constructivista y la indagación, y trata de que el alumnado resuelva preguntas, curiosidades, dudas o incertidumbres sobre fenómenos de complejos de la vida. Frente a la clase expositiva y la memorización, prácticas docentes que no conducen por sí solas al aprendizaje, se pretende que el o la estudiante sea el protagonista de su propio aprendizaje. De hecho, la indagación es una opción idónea para la construcción de modelos cada vez más complejos y más cercanos a los científicos a través de preguntas investigables. Además, es una estrategia metódica de éxito comprobado para la búsqueda de nuevos

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

9

conocimientos, en la resolución de problemas de la vida cotidiana y, en definitiva, para la adquisición de la competencia científica. Así mismo, el uso de cuestiones o controversias sociocientíficas (CSC) son un contexto idóneo para que el alumnado se implique en cuestiones complejas y reales, así como para el desarrollo de los conocimientos y procesos que contribuyen a lograr la alfabetización científica. El razonamiento involucrado en la discusión de problemáticas controvertidas requiere argumentar a favor o en contra de diferentes posiciones, en la toma de decisiones en torno a cuestiones socialmente vivas que generan debate o conflicto social, de dilemas que tienen en su base nociones científicas y que se relacionan con otros campos (sociales, éticos, políticos…). Y, sin duda alguna, en el caso del agua (y del territorio) las problemáticas a resolver y las controversias son cercanas y abundantes: trasvases, construcción de reservorios, nuevos regadíos… es más, si la disminución de los consumos domésticos y la eficiencia de las redes de abastecimiento continúan optimizándose, desde el punto de vista del razonamiento científico que Tales preconizaba, ¿tiene demasiado sentido el ahorro de agua en los hogares en un país en el que más del 75% del agua consumida se destina a los regadíos? Sin duda, el fomento del espíritu crítico, de la reflexión y del debate con argumentación fundamentada es un reto urgente. Estas controversias sociocientíficas hacen referencia a problemas auténticos que surgen de manera frecuente en nuestra sociedad con implicaciones científicas y/o tecnológicas . Y estos problemas relacionados con ciencia y sociedad aparecen cuando existe una discrepancia por intereses de diversa naturaleza entre los diversos actores, fuerzas sociales o entidades civiles que participan en ella (investigadores, científicos, opinión pública, administración, empresas privadas que financian los estudios, etc.). Por tanto, además de ser socialmente controvertidas, incorporan conocimiento relativo a diferentes disciplinas e intereses e implican aspectos relacionados con la cuestión moral y la ética. Además de ser asuntos sociales controvertidos, se caracterizan por ser complejos, abiertos y carecer de soluciones simples y directas. En cualquier caso, la competencia científica ha de estar, obligatoriamente, ligada a las competencias en pos de la sostenibilidad. En este sentido ya se ha dejado claro que el objetivo no es educar sobre desarrollo sostenible (mediante la descripción de las problemáticas ambientales más en boga), sino en educar para el desarrollo sostenible (mediante la activación de comportamientos y hábitos consecuentes y con fundamentación científica). Y este reto es propio tanto de la educación formal como de la educación no reglada. La búsqueda de un nexo teórico y práctico entre el desarrollo de la competencia científica y la Educación para la Sostenibilidad es una tarea perentoria. UNESCO (2014) destaca cuatro prismas desde lo que abordar la Educación para la Sostenibilidad. El primero, el integrador, que enfatiza la perspectiva holística y pone de manifiesto un buen número de aspectos e interrelaciones entre la ecología, la sociología y la economía. De ese modo se pretende desarrollar el análisis crítico, el compromiso ético y el intelectual. El segundo, el prisma contextual, aboga por dar relevancia a lo cercano, a lo local, para que partiendo del pensamiento relacional se apunte hacia el pensamiento holístico. Es

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

10

decir, persigue la transición hacia la sostenibilidad desde el contexto local de cada comunidad. La tercera panorámica, la crítica, parte de las evidencias empíricas para cuestionar el paradigma dominante, su modelo de producción-consumo y los estilos de vida asociados, siempre excluyentes para una gran parte de la sociedad. Este enfoque requiere de la competencia científica y de la ética para la toma de conciencia, e implica el compromiso. El último enfoque es el prisma transformativo. Requiere del anterior, pero es aún más exigente. Tomar conciencia debe posibilitar el cambio hacia modos de vida sostenibles desde las tres perspectivas, la social, la económica y la ecológica. Conocimientos, actitudes y valores convergen así en el compromiso y la transformación para la acción. Por encargo de la UNESCO (2011) se realizó una amplia revisión de buenas prácticas de educación para el desarrollo sostenible. En ellas se ponían de manifiesto la necesidad de enseñar a formular preguntas críticas, reflexionar sobre los propios valores de cada persona, plantearse futuros más positivos y sostenibles; pensar de modo sistémico; responder a través del aprendizaje aplicado; y estudiar la dialéctica entre tradición e innovación. Y para ello se mostraban eficaces los procesos de colaboración y diálogo; que implican al sistema en su conjunto; que innovan la práctica docente; y, cómo no, las metodologías docentes activas que ubican al alumnado en el centro del proceso formativo. Así, el aprendizaje basado en problemas o estudios de caso cercanos, en preguntas investigables, en el uso de la indagación, en el aprendizaje cooperativo o en las controversias sociocientíficas muestran un mayor nivel en la consecución de los objetivos de aprendizaje y en la implicación de las personas en la transición hacia la sostenibilidad. De este modo el desarrollo de la competencia científica y la educación para la sostenibilidad muestran un paralelismo necesario y convergente. De ahí que el propio Pedrinaci subraye en el libro mencionado anteriormente que “sin ninguna duda la competencia científica tiene un importante componente de implicación social. Las habilidades y destrezas relacionadas con el uso adecuado de los recursos naturales, el cuidado del medio ambiente, el consumo racional y responsable, y la protección de la salud individual y colectiva son elementos clave de la calidad de vida de las personas”. El nexo es evidente. Por otra parte, la Declaración de Bonn (CONFERENCIA MUNDIAL DE LA UNESCO SOBRE LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE, 2009) menciona entre los retos de la EDS para el siglo XXI las prioridades y problemas a los que se debe hacer frente, entre otros, los relativos al agua, la energía, el cambio climático, la atenuación del riesgo y los desastres, la pérdida de la biodiversidad, la crisis alimentaria, las amenazas contra la salud, la vulnerabilidad social y la inseguridad. Absolutamente todos ellos precisan de la alfabetización científica para su comprensión, mitigación, adaptación o, aún mejor, para procurar la anticipación a sus consecuencias. Con este fin menciona “la pertinencia, calidad, significado y finalidad a los sistemas de enseñanza y formación, y propicia la intervención de los medios educativos formal, no formal e informal y de todos los sectores sociales en un proceso de aprendizaje a lo largo de la vida”. Son varios los ejemplos que relacionan de manera gráfica la competencia científica con la sostenibilidad en el uso del agua. Un buen ejemplo es el uso del agua embotellada, particularmente en aquellos lugares donde la calidad del agua del grifo convierte el hábito de comprar, usar y tirar los envases en un acto insostenible. No se trata de cuestionar aquí la

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

11

calidad y el buen hacer de las empresas que comercializan aguas minerales. Ni tampoco entablar una “guerra” en torno a la comparativa de analíticas de las aguas servidas y embotelladas. Más bien se pretende llamar la atención sobre las repercusiones que tiene el uso continuado de botellas en envase de plástico sobre el Planeta, incluso cuando estos recipientes son depositados en los contenedores dedicados a su reciclaje. A modo de ejemplo, podríamos mencionar la procedencia del petróleo necesario para la fabricación de los envases plásticos, la cantidad de energía necesaria para su transporte y transformación, o la energía necesaria para el reparto del agua una vez embotellada. Es urgente el diseño e implementación de secuencias didácticas y actividades educativas, que fundamentadas en casos cercanos al alumnado o a la ciudadanía sensibilicen, conciencien y logren transformar para la acción. Junto al ahorro, la reducción de la contaminación en origen es fundamental también en los hogares, si bien una gran parte de la ciudadanía ignora los mecanismos por los que contamina el agua que consume, así como su destino final. Por ejemplo, se calcula que en España y en Europa en general, entre el 25 y el 30% de los medicamentos caducados son vertidos directamente por el retrete. Así mismo, un buen número de artículos de uso cotidiano en la higiene personal poseen pequeñas concentraciones de otras sustancias emergentes y/o de microplásticos que van a parar a las depuradoras y, por ende, al cauce de los ríos y en último término indefectiblemente al mar. Conviene detenernos en este caso por su dimensión y por la responsabilidad de cada persona en el uso de estos productos . En efecto, la problemática asociada a los microplásticos es cada vez algo menos desconocida. Se trata de piezas de plástico que miden entre 1 y 5 milímetros y que pueden tener su origen en productos de cuidado personal comúnmente utilizados, como pasta dental o productos para el cuidado de la piel (origen primario). También pueden ser el resultado de procesos de degradación de otros artículos domésticos como botellas, bolsas o el lavado de ropa sintética (origen secundario). Según un estudio publicado en 2015 por la revista Science, cada año se vierten a los océanos unos 8 millones de toneladas de plástico. De toda esta cantidad, se estima que un total de entre 2.400 y 8.600 toneladas de microesferas podrían estar contaminando las aguas en Europa. Una simple ducha, por ejemplo, podría desprender unas 100.000 de esas micropiezas al agua. La acumulación de microplásticos en los fondos marinos es ya conocida. Sin embargo, otras evidencias causan sorpresa debido a nuestro desconocimiento. Así, un estudio elaborado por la Universidad de Manchester muestra una cantidad masiva de plásticos arrastrados por los ríos urbanos y que son desplazados con cada golpe de crecida al mar. Estos investigadores encontraron microplásticos en todos los ríos en los que tomaron muestras, incluso en pequeños arroyos rurales. En las desembocaduras las concentraciones superaron el medio millón de partículas por metro cuadrado. Este estudio viene a apuntalar regulaciones como las del Reino Unido, que prohíbe el uso de microplásticos en cosméticos dada su proliferación. La Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) alerta de que estas diminutas partículas se integran en la cadena alimenticia de los ecosistemas marinos al ser ingeridos por mejillones, ostras y pequeños

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

12

peces y finalmente serán incorporadas por otros seres vivos de mayor tamaño e incluso por nosotras mismas. Pero el tema de los microplásticos no es una anécdota aislada. El agua del grifo que usamos para beber esta contaminada con fibras de plástico microscópicas. Esta es la conclusión de un nuevo estudio que analizó 159 muestras tomadas en distintos países de cinco continentes. De todas las muestras, el 83% contenía microplásticos. Regular su uso se antoja urgente, así como extender el conocimiento para obrar en consecuencia. En definitiva, la Educación, la difusión de información y la transparencia son la base de unas políticas acordes a los fundamentos de los sistemas democráticos con proyección al futuro y en clave de sostenibilidad. En ese sentido, la EDS tiene como principal objetivo integrar los valores inherentes al desarrollo sostenible mediante todas las formas de educación. Esta capacitación redundará en mayores cotas de justicia social y democracia. En este contexto, en su informe de la Cumbre de la Tierra (2002) el Secretario General de la ONU decía que para alcanzar la sostenibilidad en el Planeta es necesario hacerlo en todos los lugares integrando ese camino en la integración de cinco pilares: Agua, Energía, Salud, Agricultura y Biodiversidad. Siguiendo a Tales, urge profundizar en el primero de estos pilares.

4. Gestores y ciudadanía agua-responsables Es habitual que los gestores públicos y privados del agua realicen campañas para promover el ahorro y concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de realizar un uso sostenible de este recurso esencial. El ahorro del agua es algo obvio, si bien en ese contexto no se informa que, aunque trascendente, el consumo de agua urbano es proporcionalmente poco significativo. Sin embargo, la “importancia de realizar un uso sostenible” del agua no se explicita con exactitud y queda a merced de la comprensión de cada usuaria y usuario. En ese ámbito existe un enorme campo por trabajar, si bien también los propios gestores son los que deben recorrer un camino aun inexplorado en términos de sostenibilidad. Así, no es habitual la implementación de campañas que apelen a los propios gestores a realizan una gestión hacia la sostenibilidad y la responsabilidad de los recursos hídricos. En este sentido, podríamos definir “agua-responsabilidad” como el conjunto de acciones que un municipio (o consorcio, o ente gestor) debe emprender para garantizar la buena gestión de sus recursos hídricos e infraestructuras. En este sentido, la experiencia de Quebec es digna de mención ya que ha desarrollado recientemente una metodología de auditoría para evaluar el nivel de responsabilidad de los municipios. Así, ser responsable hace referencia a todas las acciones que un municipio debe emprender para garantizar una gestión adecuada de sus recursos hídricos y la provisión adecuada de servicios de agua para garantizar: la protección y el uso sostenible de los recursos hídricos la optimización de la calidad del servicio el coste más ventajoso la optimización y durabilidad de las infraestructuras.

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

13

Por tanto, ser agua-responsable está fuertemente relacionado con el desarrollo sostenible. Desde Quebec se han trabajado un total de 17 indicadores para ser testados y existe en la actualidad un programa de certificación internacional para ciudades que desean evaluar y demostrar en qué grado son responsables. Por tanto, el programa de certificación está dirigido a las ciudades que están preocupadas por garantizar un uso sostenible de sus recursos hídricos y la prestación de servicios de agua adecuados por parte de la administración responsable. Así, un municipio agua-responsable  Protege sus fuentes de agua potable.  Proporciona un tratamiento adecuado del agua y supervisa la calidad del agua distribuida.  Promueve el consumo responsable (ahorro de agua potable); establece medidas de ahorro de agua; optimiza la gestión del agua distribuida.  Maneja las aguas residuales durante eventos de crecida, incluida la contaminación e inundaciones asociadas.  Proporciona un tratamiento adecuado de aguas residuales de diversas fuentes.  Proporciona mantenimiento, rehabilitación y reposición de infraestructuras de acuerdo con programas que garanticen la sostenibilidad de los servicios y el uso de los recursos a largo plazo.  Adapta las infraestructuras al cambio climático.  Proporciona capacitación continua adecuada para el personal de operación y planificación.  Optimiza la gestión de recursos humanos, materiales y financieros dedicados al agua.  Optimiza los costos de los servicios de agua; facturación razonable para el uso de los recursos y responsabilidad administrativa y política con respecto a la calidad y el costo de los servicios de agua.  Prepara, actualiza, supervisa y proporciona comentarios sobre los planes de acción anuales y trienales para garantizar la calidad del servicio y la sostenibilidad de las infraestructuras.  Informa a los ciudadanos sobre los servicios existentes y sobre los proyectos actualmente en desarrollo.  Monitorea la calidad de las aguas receptoras.  Desarrolla el acceso a cursos de agua y crea instalaciones recreativas y actividades para ciudadanos y visitantes. A estas acciones se les deberían añadir actividades específicas que promuevan la alfabetización científica de las y los usuarios. Invertir en una ciudadanía responsable, competente científicamente y formada para la participación activa en los servicios públicos del ciclo del agua complementaría esta ambiciosa campaña. Frente a esta batería de indicadores y auditorías la principal asociación de operadores y profesionales del agua urbana de España proponía una serie de iniciativas al inicio de la actual legislatura (2015). Resumidamente atendía a “plantear un esfuerzo inversor sostenido para renovar infraestructuras y equipamientos e invertir en obra nueva

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


X Congresso Ibérico de Gestão e Planeamento da Água. Coimbra, 6-8 setembro 2018

14

para la depuración de aguas residuales”. En este sentido “apuesta por mecanismos de colaboración público-privada para cumplir dichos objetivos”. Respecto a la “recuperación de costes” en los servicios de agua urbana abogan “porque se haga apoyándose en los mecanismos tarifarios, donde la progresividad del precio respecto del consumo asegura una mejor distribución de los esfuerzos del ciudadano y un consumo responsable de este recurso escaso”. Por otra parte, para apuntalar el soporte normativo para abordar las demandas enumeradas más arriba ven necesario establecer la figura de un “regulador” general que armonice “los niveles de prestación de los servicios, las estructuras tarifarias, y la transparencia, la involucración y participación de la ciudadanía, buscando siempre la eficiencia en el desempeño de estos servicios públicos, y cuya orientación, estrategia y acciones responderán a los objetivos, criterios y sensibilidades sociales”. Por último, se alude a la necesidad de un pacto político de calado “entre las diferentes fuerzas parlamentarias, tantas veces demandado por el sector”, en el que se impulse la tecnología y a la innovación. No se trata de comparar propuestas y demandas de diferentes contextos, pero en términos de sostenibilidad la experiencia de Quebec bien podría añadir aspectos de relieve para la petición de cara a la siguiente legislatura: protección de las cabeceras y de las fuentes de agua potable en general, adaptación y anticipación frente al cambio climático, educación activa de la ciudadanía… Transitar hacia sostenibilidad en el ámbito del ciclo hidrológico apelando a la responsabilidad de administraciones, gestores y personas usuarias debe tomar como base la alfabetización científica colectiva desde la escuela hasta las asociaciones de la tercera edad. Eso sí, cada persona desde su responsabilidad personal y colectiva. Amén.

Fundación Nueva Cultura del Agua - Calle Pedro Cerbuna, 12, 4ºD. Zaragoza - http://www.fnca.eu


2.

Bigarren artikulu sorta Udako Ikastaroaren 2. HELBURUAren ingurukoa da: / La segunda serie de artículos se centra en el OBJETIVO 2 del Curso de Verano:

Mehatxuak eta aukeren karakterizazioa, landa eremuan bizi diren eta bertako kultura eta natura ondarea mantentzen duten pertsonen ikuspegi sozioekonomikotik / Caracterización de amenazas y oportunidades, desde el punto de vista socioeconómico de las personas que viven el paisaje rural y mantienen su patrimonio cultural y natural

2.1. “El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación” Artículo previo de Fernando Molinero Hernando (2019), recomendado por el ponente Roberto Torres Elizburu.

2.2. “Hacia una asimilación socioeconómica del campo y la ciudad: cambios recientes y diversidad en las áreas rurales del País Vasco” Artículo previo de Eugenio Ruiz Urrestarazu y Rosario Galdós Urrutia (2019), recomendado por el ponente Roberto Torres Elizburu.


2.1. ARTÍCULO previo de Fernando Molinero Hernando -2019Recomendado por el ponente Roberto Torres Elizburu

artículo nº2.1: “EL ESPACIO RURAL DE ESPAÑA: evolución, delimitación y clasificación” Fernando Molinero Hernando


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

19

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Fernando Molinero Hernando1 Recibido: 31/01/2019 | Aceptado: 16/05/2019

Resumen El espacio rural de España es claramente dual: frente a la pérdida de peso del interior se consolida el auge y la densificación de la periferia y de las áreas de influencia urbana; un fenómeno tan llamativo que ha generado una fuerte preocupación por el vaciamiento rural, que, en diverso grado, afecta a una gran parte del continente europeo. El primer objetivo de este artículo es analizar la evolución y delimitación del ámbito rural español, su clasificación y cartografía. El segundo, diagnosticar la situación y valorar los planes para contribuir al desarrollo rural. El análisis ha contado con abundantes informes, trabajos teóricos y aplicados de distintas instituciones, organizaciones y colectivos, además de con una extensa bibliografía. A todo ello se ha superpuesto el tratamiento y procesado de bases de datos demográficos, económicos y sociales cuya representación cartográfica evidencia el fenómeno y su distribución territorial. Como resultado, se clasifica y cartografía el espacio rural español en dos categorías: la del rural profundo y estancado, por un lado, y la del intermedio y dinámico, por otro. Ambas se subdividen en varios tipos. Palabras clave: Dualidad rural; espacio urbano y rural de España; cartografía del espacio rural.

Abstract Rural Space in Spain: Evolution, Delimitation and Classification The Spanish rural space is clearly dual: compared to the loss of weight in the inner Spain, the rise and consolidation of the periphery and rural hinterland of cities goes on, a phenomenon so striking that it has generated a strong preoccupation with rural emptiness, which, to varying degrees, affects a large part of Europe. The first objective of this article is to analyze the evolution and delimitation of the Spanish rural area, its classification and cartography. The second one, to diagnose the situation and evaluate the plans to contribute to rural development. The analysis is based on the existence, and even abundance of reports, theoretical and applied works of different institutions, organizations and collectives, as well as an extensive bibliography. We add to all this the processing of demographic, economic and social databases whose cartographic representation evidences the phenomenon and its territorial distribution. As a result, the Spanish rural space is classified and mapped into two categories: the deep and stagnant rural, on the one hand, and the intermediate and dynamic rural, on the other; both subdivided into several types. Keywords: Rural duality; Spanish urban and rural space; cartography of rural space.

1. Profesor emérito. Departamento de Geografía. Universidad de Valladolid. e-mail: molinero@fyl.uva.es

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

20

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Résumé L’espace rural d’Espagne : évolution, délimitation et classification L’espace rural de l’Espagne est clairement dual  : comparée à la perte de poids à l’intérieur du pays, on consolide l’essor et la densification de la périphérie et des aires d’influence urbaine ; un phénomène si frappant qu’il a suscité une vive préoccupation pour l’abandon rural, qui touche à des degrés divers une grande partie du continent européen. Le premier objectif de cet article est d’analyser l’évolution et la délimitation des zones rurales espagnoles, sa classification et sa cartographie. Le seconde, diagnostiquer la situation et évaluer les plans pour contribuer au développement rural. L’analyse est basée sur l’existence, et même sur l’abondance, de rapports, d’ouvrages théoriques et appliqués de différentes institutions, organisations et collectifs, ainsi que sur une vaste bibliographie. À tout cela se superpose le traitement de bases de données démographiques, économiques et sociales dont la représentation cartographique met en évidence le phénomène et sa répartition territoriale. Comme résultat, l’espace rural espagnol est classé et cartographié en deux catégories : l’espace rural profond et stagnant, d’une part, et l’espace rural intermédiaire et dynamique, de l’autre. Les deux sont subdivisés en plusieurs types. Mots clé : Dualité rurale ; Espace urbain et rural espagnol ; cartographie de l’espace rural.

1. Introducción La España rural contemporánea se caracteriza por la pérdida de peso del interior frente al auge y la densificación de la periferia. El fenómeno llama poderosamente la atención, no tanto por el hecho en sí, que ya era analizado por sociólogos (García, 1967; Pérez, 1969, etc.), economistas (Tamames, 1962), geógrafos (García Fernández, 1965, etc.) y una pléyade de científicos desde los años sesenta, cuanto por el vaciamiento profundo, continuado y desarticulador del territorio que ha generado. Un vaciamiento que ha traspasado los límites de lo imaginable, hasta producir una preocupación general, que se extiende, en diverso grado, por todo el continente europeo, con las excepciones de Irlanda y Francia, aunque tenga en España el ejemplo más claro. Por ello, se parte de un breve recorrido histórico para contextualizar los procesos, la evolución y la desestructuración actual del interior de España, así como el dinamismo de las áreas rurales progresivas. Se analizan después los resultados, viendo cómo el ámbito rural camina hacia dos mundos contrastados, duales, en los que las nuevas ruralidades representan realidades antagónicas, que se tipifican, delimitan y cartografían antes de plantear algunas respuestas y alternativas. Se debe destacar, de entrada, la abundante documentación que hoy existe para el estudio del mundo rural, desde grandes bases de datos a aplicaciones cartográficas, que permiten relacionar variables muy dispares. Ahora bien, por mucho que faciliten el trabajo, no se puede olvidar que la sociedad y el espacio rural actuales son hijos de su época, son un producto histórico que se configura y adapta a los factores imperantes en cada situación; entre ellos se encuentran los de naturaleza físico-ecológica, fundamentales en las sociedades históricas -pero también en las actuales-, así como los de índole económica y técnica, o los de tipo social y político, que intentan modelar el espacio rural a imagen y semejanza de los patrones dominantes en cada circunstancia. Los objetivos de este artículo son, en primer lugar, el estudio de la evolución y las causas de esta pérdida de peso del interior rural español; en segundo lugar, la conceptuación y delimitación del ámbito rural, frente a otras categorías de poblamiento, como las del periurbano y urbano, con una dinámica completamente diferente. En tercer lugar, la propuesta de una clasificación de los espaCreative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

21

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

cios rurales según su grado de depresión y abandono o de dinamismo y progresión, para acabar, en último lugar, con una reflexión sobre los intentos de combatir la despoblación y el vaciamiento por parte de las administraciones y asociaciones, mediante la puesta en marcha de programas de desarrollo rural.

1.1. Los fundamentos históricos de la situación actual Las tres cuartas partes del territorio español albergan tan solo una octava parte de la población, mientras que en 1960 acogían a un 35%, en 1950 a un 40%, y en 1900 a un 50%. Una simple mirada al Mapa 1 permite comprobar la existencia de un gran número de municipios que alcanzaron su máximo poblacional antes de 1950. Y, si se amplía el periodo hasta 1960, año en el que se consolida el gran éxodo, la cifra alcanza 6114 municipios (75% del total), con una superficie de 374 213 km2 (el 74% de la española), y con una población de 5,7 millones de habitantes (el 12,1% del total español) (véase Cuadro 1). Mapa 1. Máximos de población de los municipios de España en los siglos XX y XXI

Fuente: INE, Censos de población 1900 a 1991 y Padrones de habitantes de 2001, 2011 y 2018.

Los datos del cuadro y del Gráfico 1 reflejan bien esta evolución descendente. Algo que se aprecia claramente en el mapa de máximos poblacionales, en el que se manifiesta la tendencia, ya antigua, de crecimiento y concentración de la población en las ciudades exteriores y en el litoral frente a la España interior, salvo Madrid. Esas figuras y estadísticas expresan claramente el fenómeno del vaciamiento interior hasta llegar a esa España vacía a la que hoy tanto se alude en los medios de comunicación (Molino, 2016; Cerdà, 2017), en los estudios sociales, en los foros políticos y en las administraciones de todo rango, desde la local, pasando por la provincial, la regional y la espaCreative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

22

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

ñola para llegar a la europea. Una España «vacía» que persiste en su vaciamiento rural mientras continúa el crecimiento urbano, el del litoral turístico y el de unos pocos focos interiores correspondientes a enclaves privilegiados de montaña o a áreas periurbanas y centros comarcales de servicios (Molinero y Alario, 1994). Cuadro 1. Municipios con máximo de población entre 1900 y 1960 Tamaño municipal (habitantes en 1950)

Número de municipios

Habitantes en 1900

Habitantes en 1950

<1000

3.264

1.744.071

1.647.992

1.493.118

551.661

93.523,9

1000 - <5000

2.349

4.317.355

5.008.593

4.750.626

2.286.375

180.804,5

5000 - <10 000

356

1.846.426

2.374.775

2.288.656

1.263.486

57.470,6

10 000 - <30 000

134

1.404.823

1.897.262

1.828.754

1.217.069

38.498,3

11

187.927

416.486

454.407

350.708

3.915,3

>=30 000

Habitantes en 1960

Habitantes en 2018

Km2 en 2018

Máximo anterior/igual a 1960 Máximo posterior a 1960

6.114

9.500.602

11.345.108

10.815.561

5.669.299

374.212,5

2.010

9.304.368

16.798.008

19.936.235

41.053.681

132.306,0

Total

8.124

18.804.970

28.143.116

30.751.796

46.722.980

506.518,5

75,3

50,5

40,3

35,2

12,1

73,9

% de España

Fuente: INE, Censos de población y Padrón de habitantes de los años respectivos. Elaboración propia

Gráfico 1. Población de los municipios de España con máximo anterior, o posterior, a 1960

Fuente: INE, Censos de población y Padrón de habitantes. Elaboración propia

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

23

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Antes de estudiar esa dualidad del mundo rural español es preciso aclarar los conceptos, para desambiguar las nuevas ruralidades en primer lugar, y definir y cuantificar, después, la naturaleza y características del espacio rural español.

1.2. El estado de la cuestión: antecedentes y clasificaciones del espacio rural y urbano La delimitación del espacio rural y del espacio urbano ha constituido siempre un problema, resuelto habitualmente mediante la aplicación del criterio del tamaño de la entidad administrativa o territorial de referencia. No obstante, cada país suele establecer umbrales distintos. Así, desde una perspectiva urbana, Capel planteaba ya en los años 1970 el fenómeno urbano –y, por consiguiente, el rural- como un hecho cambiante. Hacía un repaso de las definiciones que aplicaban distintos países y autores y recogía el grado de ambigüedad y discrecionalidad que implicaban estos conceptos, aunque destacaba que la mayoría de los países conceptuaban el poblamiento urbano como el correspondiente a núcleos con un tamaño mínimo de 200 hab (Dinamarca) o de 30 000 (Japón), aunque añadiendo determinadas características administrativas y funcionales (Capel, 1975). Posteriormente, a medida que la ciudad se extendía por el campo, merced a la mejora de las comunicaciones y al incremento del parque de automóviles, se iba ampliando el concepto de lo urbano para incluir en él los «suburbios» o áreas periurbanas, que se caracterizan por tener aspecto rural pero dinámica y funciones urbanas. Desde mediados de los años 1980, el estudio de las franjas periurbanas –también llamadas rururbanas- ha constituido un tema recurrente en los estudios geográficos y sociológicos, como lo pone de manifiesto el seminario celebrado en 1996 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, sobre La ciudad dispersa. Suburbanización y nuevas periferias (Sánchez, 1998); asimismo, Camarero (1993) o García (1996) lo destacaban para el caso español. Llaman igualmente la atención los numerosos estudios sobre las áreas suburbanas en Latinoamérica, como las de Santiago de Chile y Buenos Aires (Hidalgo et al., 2005; Frediani, 2010); o los dedicados a las ciudades europeas (Entrena, 2005), a los procesos de metropolización en España (González, 2005), o en Madrid (Rivera y García, 2009). Es significativo también el empeño que se pone en numerosos proyectos europeos para destacar las relaciones de la ciudad con su periurbano; un ejemplo expresivo al respecto es el ofrecido por Buciega, Pitarch y Esparcia (2009), donde lo analizan para los casos de Finlandia, Francia, Hungría, Países Bajos y España. Lo estudian para hacer comparaciones entre países europeos y establecer las relaciones con la ciudad en el continuo urbano-rural. Junto a estos análisis del periurbano, se ha ido consolidando otra línea muy socorrida y valorada, basada en el renacimiento rural o rural revival. Sociólogos y geógrafos han privilegiado estos estudios, que en el caso de Kayser (1990) le permitió afirmar que ya se había acabado el éxodo y que se estaba asistiendo a una recuperación rural, a la que contribuiría no solo un ambiente social favorable a la vuelta al campo, sino los programas de desarrollo rural, puestos en marcha por la Comunidad Europea con el fin de revertir el signo regresivo de sus áreas rurales. Para ello se aprobó y promulgó el famoso documento sobre El futuro del mundo rural, en el que bebieron numerosas generaciones de investigadores. Entre ellos había quienes planteaban la nueva ruralidad como el espacio diversificado y multifuncional, tal como lo defendían Link (2001) o Llambí y Pérez (2007) para América Latina. Un renacimiento rural que ha sido muy selectivo; así lo evidencia el reciente estudio de ESPON -Observatorio en red de la ordenación del territorio europeo- (2017), que ha publicado el Informe sobre saldos demográficos, a escala de Local Administrative Units 2 (LAU 2), en la UE, en el que se pone de manifiesto la tendencia declinante del campo europeo. Al informe acompaña un mapa de saldos demográficos (véase Mapa 5, más adelante), en el que se ve que tan solo el campo de Irlanda y Francia estarían, como conjunto, en recuperación, mientras los Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

24

demás, y especialmente los de España y Portugal, Grecia, Bulgaria y una parte del resto de países del Este continúan perdiendo habitantes. Y es que no se puede identificar el espacio rural con el periurbano, como hace el sociólogo Benjamín García en su Ruralidad emergente (2011). Ante la proliferación de documentos sobre la naturaleza del espacio rural y urbano, los geógrafos Sancho y Reinoso (2012: 608-609) sintetizaron, hace más de un lustro, la situación mundial del espacio rural en un artículo esclarecedor. Comentaban que las Naciones Unidas recomendaban, con carácter general, la utilización de la localidad, o, en su defecto, la unidad mínima administrativa de cada país, como unidad de medida (ONU, 1988) y que la Comisión Económica para Europa (organismo dependiente de la ONU) recomendaba asimismo que, para facilitar las comparaciones, se definieran como rurales aquellas localidades con una población inferior a los 2000 habitantes (ONU, 1998). Estos autores establecían cuatro categorías de núcleos de poblamiento según los criterios aplicados por los distintos países miembros de las Naciones Unidas. En esencia, esas clasificaciones responden a criterios cualitativos, cuantitativos o mixtos. Llama la atención que 46 de los 91 países analizados –más de la mitad- aplican un criterio cualitativo y atribuyen el carácter de «urbano» a la capital administrativa de la entidad territorial, aunque se trate de municipios pequeños. Un 28,5% de países aplica el criterio del tamaño para la atribución de naturaleza urbana al asentamiento; la mayoría parten del umbral de los 2000 hab como base desencadenante del hecho urbano, aunque algunos lo elevan a 10 000, caso de Portugal. En España también el Instituto Nacional de Estadística (INE) aplica el umbral de los 2000 hab para los municipios rurales, el de 10 000 (2000 a 10 000) para los «intermedios» y el de más de 10 000 para los urbanos (INE, Censos, Explotación del Padrón continuo). Aunque ha habido numerosos estudios apoyados en esa tipificación del INE, cada vez se hace más necesario aumentar el tamaño del municipio para considerarlo urbano. Así, Sancho y Reinoso hablan del municipio rural ampliado para referirse a los asentamientos rurales que, aunque superen los 2000 hab merced a la suma de varias entidades, carecen de un núcleo que llegue a ese umbral referencial. En las geografías descriptivas tradicionales los geógrafos aplicaban con frecuencia el umbral de los 20 000 hab, cifra que se consideraba más adaptada a la esencia de lo urbano, tanto por magnitud como por diversidad funcional. Así se evitaría calificar como «urbanas» a determinadas villas grandes, sobre todo en Andalucía, que algunos llamaban «agrociudades», por superar la cota de los 10 000 hab, pero con un peso enorme de los activos agrarios (López-Casero, 1989; Drain, 1989; López, 1994). Evidentemente, la actividad agraria ha disminuido hoy a tasas bajísimas incluso en esas agrociudades. Ante estas ambigüedades, se ha pretendido superar el criterio del tamaño mediante la aplicación de otro más ajustado: el de densidad. La OCDE, ya en 1994, propuso que se consideraran urbanas aquellas unidades administrativas que superaran los 150 hab/km2, cifra que, por muy útil que parezca, carece de significado en aquellas regiones agrarias de fortísima ocupación, que llegan a superar los 700 u 800, principalmente en el sur y este de Asia, como ya destacaba Capel en 1975. Independientemente de su valor, el criterio de densidad sustituye al del tamaño sobre todo en países desarrollados en los que el campo se vacía. En este contexto, la Unión Europea (UE) ha delimitado sus tres categorías espaciales -áreas esencialmente rurales, intermedias y esencialmente urbanas-, con fines de planificación y ordenación del territorio, coincidiendo en gran medida con las recomendaciones de las Naciones Unidas, pero rebajando la densidad a 100 hab/km2, siempre que esa densidad afecte a menos del 15% de las regiones o áreas en cuestión (= rurales), a entre el 15 y el 50% del territorio (= intermedias) o a más del 50% (= urbanas). Esta propuesta se basa en las directrices de la OCDE (OECD, 2006). Se trata de un criterio demasiado laxo y solo apli-

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

25

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

cable a entidades territoriales de nivel estadístico superior al local. En este mismo sentido, otros geógrafos españoles (Esparcia, Escribano y Sánchez, 2017) han realizado una valiosa síntesis de las clasificaciones y criterios aplicados a escala internacional y de España por diversos autores y organismos; su capítulo sobre los espacios rurales, integrado en la Geografía humana de España (coordinado por Romero, 2017), constituye una indudable aportación al estudio general de este tema y sus problemas. Al aplicar esa tipología al territorio europeo, se apoyan en Eurostat y aportan un mapa elaborado a escala de NUTS 3, que, para el caso español, son las provincias, y que, evidentemente, no sirve para establecer una clasificación funcional del espacio rural Sin embargo, estos mismos autores, al descender a la escala local, recogen las propuestas de Reig, Goerlicht y Cantarino (2016), quienes, desde el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) plantean una clasificación más compleja, que introduce unas clases «intermedias» de espacios, al estilo de las propuestas por la Comisión Europea y la OCDE; clasificación que tiene en cuenta los usos del suelo y la accesibilidad a los centros urbanos y de servicios (Véase Mapa 2). Otros autores, como Recaño (2017), hablan de la sostenibilidad de la España vacía y aportan una clasificación del espacio rural en tres categorías (espacios de resiliencia demográfica, de emigración y en riesgo de despoblación irreversible), que coinciden en parte con la tipificación aquí propuesta. Estas clasificaciones, de gran interés y valor, no resuelven el problema de la delimitación del espacio rural y urbano, sobre todo de cara a la aplicación de las medidas de desarrollo rural. Mapa 2. Municipios por tipología: demografía, coberturas del suelo y accesibilidad, 2011

Fuente: Reig, Goerlich y Cantarino, 2016, p. 103.

Precisamente, con el fin de aplicar los programas de desarrollo rural, se promulgó la Ley 45/2007 de Desarrollo Sostenible del Medio Rural (DSMR) del Ministerio de Agricultura, que aprobó unos criterios muy ajustados y que combinaba las variables de tamaño demográfico de los asenCreative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

26

tamientos con la de densidad, y que caracterizaban, como nunca se había hecho antes, los espacios rurales como sujetos de actuaciones y programas dedicados al desarrollo rural. Esta ley solo contempla como rurales los municipios que están por debajo de 30 000 hab y de 100 hab/km2. De este modo, excluye de la categoría de rural todas las entidades periurbanas cuyos núcleos superan los umbrales de densidad aunque no lleguen a los de tamaño. En principio, esas condiciones iban a complementarse con el criterio de la distancia al núcleo central de la aglomeración urbana, o de la ciudad, próximas, pero, tras las vicisitudes políticas posteriores, esta ley no surtió efectos, dada su falta de implementación económica y su abandono por el gobierno central y por las CCAA, dejando su desarrollo en manos de los ayuntamientos2. Mapa 3. Zonas rurales de España según el criterio del Programa de Desarrollo Rural Sostenible 20102014

Fuente: MAPA, 2010, Programa de Desarrollo Rural Sostenible 2010-2014. 4. Zonas rurales de aplicación del programa.

Como esa ley no se aplicó, el Ministerio utilizó una clasificación cualitativa interesante (basada, a su vez, en variables cuantitativas, recogidas en la Ley 45/2007 de DSMR) para poner en marcha el Plan de Desarrollo Rural de 2010-14, si bien en el plan actual (2014-20) se ha vuelto a las grandes categorías de áreas rurales e intermedias según los criterios de la UE. Si se tiene en cuenta la clasificación ministerial del Plan 2010-14, se puede comprobar la existencia de un territorio rural muy extenso, en el que la mayor parte está calificado como de «zonas rurales prioritarias» (en color rojo en la figura, Mapa 3). 2. Puede verse a este respecto el vídeo del Secretario para la Transición Ecológica de la Economía del PSOE en la revista Euroganadería http://www.euroganaderia.eu/hugo-moran/euroganaderia/despoblamiento-ausencia-de-politicas-de-estado_42 23_0_0_0_1_70846_4238391617460_in.html [Consulta: 21 de enero de 2019].

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

27

Sin entrar en otras consideraciones realizadas desde el campo de la Sociología, que establecen el umbral del municipio urbano en los 10 000 hab, siguiendo en parte al INE (García, 2011), aquí se propone seguir los criterios de la Ley 45/2007, con algunos matices. Esta propuesta se apoya, por un lado, en que el criterio de la densidad es el más utilizado desde los años 1990, tanto por la OCDE como por la UE y por el Ministerio de Agricultura y el de Fomento en España. Y, por otro, en que la densidad se ha convertido en el criterio clave para los geógrafos y para cualquier político y profesional de la Ordenación del Territorio. Así, la Unión Europea lo aplica también a las áreas desfavorecidas y establece una densidad de 8 hab/km2 como umbral límite para que una región europea sea elegible para recibir fondos del Objetivo 6 de desarrollo regional3. Desde la perspectiva del autor, la densidad se convierte en el factor clave de cualquier política de desarrollo rural. Ya lo planteaban hace tiempo desde el ISPRA investigadores como Jonard y otros (2009). Por ello, aquí se aplican los criterios de la Ley 45/2007, con base en la densidad y el tamaño del núcleo, pero, además, completados por los que establece el Ministerio de Fomento para delimitar las Áreas Urbanas. –Estas reverso de las rurales– se ajustan muy de cerca a las directrices de la Ley 45/2007 DSMR. El Ministerio de Fomento, delimita 86 Grandes Áreas Urbanas (GAU), basadas en criterios de tamaño (50 000 o más habitantes), densidad, agrupamiento, usos del suelo y estructura del empleo, a los que añade la condición de capitales de provincia para las áreas urbanas que no llegan al umbral de los 50 000 hab4. Todas las capitales, por el hecho de serlo, se consideran urbanas. Todas las GAU cumplen los criterios de tamaño, densidad y distancia de la Ley 45/2007. En consecuencia, la propuesta de este artículo asume los 753 municipios integrantes de las 86 GAU del Ministerio de Fomento, dada su total concordancia. Ahora bien, a esos 753 municipios de las grandes áreas urbanas habría que añadir otros 318 integrantes de Pequeñas Áreas Urbanas (PAU) delimitadas por Fomento. El Ministerio define las PAU como aquellas áreas integradas por municipios de entre 5000 y 50 000 hab que cumplen determinadas condiciones5. La propuesta en este artículo, sin embargo, solo incluye como urbanos 19 municipios de los 318, por cuanto la mayoría de esas PAU corresponden a centros comarcales de servicios, a villas comerciales o industriales, que en ningún caso tienen carácter urbano. Solo se ha atribuido tal cualidad a los municipios que alcanzan o superan los 30 000 hab en su núcleo (según Nomenclátor de 20186). Se considera este umbral como un factor de cualificación urbana desde una perspectiva geográfica, por cuanto el tamaño implica una diversidad funcional, una capacidad de atracción y de crecimiento, unas interrelaciones con su entorno, etc., que lo convierten en un «nodo» urbano. Es, por otro lado, el umbral de tamaño manejado en la Ley 45/2007. Como resultado final, se ha elaborado el Mapa 4, que representa esos 772 municipios urbanos y 7352 rurales que conforman el espacio urbano y rural de este país, por más que algunos de ellos 3. Las Directrices sobre las ayudas estatales de finalidad regional para 2014-2020 (2013/C 209/01) definen las zonas con muy baja densidad de población como regiones NUTS 2 con menos de 8 habitantes por km² o NUTS 3 con menos de 12,5 habitantes por km² (según datos de Eurostat sobre densidad de población para 2010). En Parlamento Europeo, Briefing Septiembre 2016, pág. 2 (disponible en línea). 4. http://atlasau.fomento.gob.es/ 5. Distingue dos grupos de PAU. En el primero incluye 120 municipios de entre 20 000 y 50 000 hab; en el segundo incluye otros 198, de entre 5000 y 20 000 hab, a los que ha aplicado diversos criterios de tamaño en el núcleo central, de pérdida o ganancia de población, de capacidad de acogida turística y de estructura del empleo. Con ello solo atribuye la condición de PAU a esos 198 municipios de un total de 622 que se encuentran en el rango de tamaño. Puede verse la lista en Áreas urbanas de España (Ministerio de Fomento, 2018. En http://atlasau.fomento.gob.es/). 6. El Ministerio de Fomento utiliza los datos de 2017 y, aunque este artículo se ajustaba a la propuesta del Ministerio, se ha preferido actualizar la información a 2018, por cuanto el INE ya ha publicado no solo los datos del Padrón continuo, sino también los del Nomenclátor a 1 de enero de 2018.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

28

sean discutibles por su mero carácter de municipios turísticos, habitados solo una parte del año, dado que el poblamiento turístico, tan frecuente en España, constituye un tipo de asentamiento singular. Obviamente, esa cifra de los 7352 municipios rurales es superior a la que resulta de una aplicación mecánica de los criterios de la Ley 45/2007, puesto que integra todas aquellas villas y pueblos grandes y muy densos (incluso con más 100 hab/km2) que estaban aislados, lejos de áreas urbanas y que no llegaban a los 30 000 hab. En consecuencia, se han excluido de los urbanos –y añadido, por tanto, a los rurales- un número de 700, de entre los 1443 que cumplían los criterios de tamaño y densidad de esa ley para ser considerados urbanos. El Mapa 4 delimita claramente el perímetro de las áreas urbanas y, por oposición, el de las rurales, con las que aquí se trabaja. La relación de municipios integrantes de las GAU puede verse en la página web del Atlas de las áreas urbanas –Atlasau- del Ministerio de Fomento, en tanto que los 19 municipios añadidos en la propuesta aparecen bien delimitados en ese mapa bajo la leyenda de «PAU urbanos». También se recogen en él los municipios correspondientes a «PAU rurales», que totalizan 199 municipios de las Pequeñas Áreas Urbanas del Ministerio de Fomento que no han sido consideradas «urbanas» aquí7. Mapa 4. Áreas rurales y urbanas de España en 2018

Fuente: Padrones de habitantes de 2017 y 2018. Elaboración propia

7. Resulta imposible dar aquí un listado de los 772 municipios urbanos y mucho menos de los 7352 rurales, (a fecha de 1 de enero de 2018), pero sí se puede consultar el listado de los primeros en la página web del atlasau del Ministerio de Fomento, con la salvedad de que la propuesta del autor añade otros 19 urbanos (Aranda de Duero, Tudela, Plasencia, Almendralejo, Don Benito, Écija, Ronda, Antequera, Andújar, Úbeda, Águilas, Tomelloso, Villena, Alzira, Ontinyent, la Valld’Uixó, Igualada, Vic y Figueras), correspondiendo el resto a los rurales, tal como se ve en el Mapa 4. Por otro lado, el autor no tiene inconveniente en poner esta base de datos a disposición de la comunidad científica si se la solicitan a su correo electrónico.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

29

Puede cuestionarse esta clasificación por responder a cierto grado de discrecionalidad y de combinación de variables cuantitativas y cualitativas, pero, en todo caso, sintetiza, ajusta y concreta las aportaciones realizadas precedentemente por los geógrafos y por otros profesionales de la ordenación del territorio. Como ejemplos concretos de las dudas que plantea, se puede citar el caso de grandes villas a las que no se ha atribuido la condición de urbanas por no cumplir con los estándares de diversidad funcional y especialización productiva del mundo urbano. Es lo que sucede con Cieza, Yecla y Lucena, por ejemplo, que superando los 30 000 hab, están en torno al 44% de empleo en servicios, cuando la media de España asciende a 77,4%8. Otros autores han utilizado criterios de usos del suelo, accesibilidad y variables complejas para llegar a unos resultados que se recogen en el Mapa 2 antes comentado (Reig, Goerlich y Cantarino, 2016).

2. Metodología Para llegar a los resultados expuestos en el Mapa 4 se ha partido de la abundantísima información que ofrecen las fuentes y se ha procedido a analizar las variables mediante aplicaciones estadísticas y cartográficas.

2.1. Una reflexión sobre las fuentes La elaboración de este trabajo ha exigido la consulta de la bibliografía al uso. Obviamente, se ha seleccionado una pequeña parte de las numerosísimas referencias existentes, de las que se han espigado las que parecían más significativas. Han sido los geógrafos especialmente, secundados por los sociólogos y los profesionales del territorio, quienes más han trabajado en estos temas. Entre los años 1960 y 1980 dominan los estudios sobre el éxodo rural; entre 1980 y 2000 se dedica mucha más atención al análisis de los espacios periurbanos, puesto que la explosión urbana genera una cierta invasión del campo por la ciudad, por urbanizaciones y polígonos industriales. Ya en los años 1990 se empieza a plantear el renacimiento rural, la multifuncionalidad de los espacios rurales y la ordenación del espacio rural, mientras que en el siglo XXI predominan los estudios orientados a la recuperación del campo y a cómo planificar el llenado del vacío provocado por el éxodo. De ahí la importancia que se concede a la clasificación del espacio rural como sujeto de intervenciones y como destino de políticas rurales de la UE, de España y de sus Comunidades Autónomas. Pero este análisis se ha basado, ante todo, en la explotación de diversas fuentes. En primer lugar, en la de los censos y padrones de población, aunque para el siglo XX se han utilizado los censos y para el XXI los padrones. Se han obviado, así, los censos de 2001 y 2011, pero, a cambio, se ha podido llegar hasta fechas más recientes (2018), que han hecho posible incorporar los resultados posteriores a la crisis –la Gran Recesión de 2008 a 2015/17-. De este modo, se ha superado el problema de que los métodos utilizados son distintos (universo muestral en los censos, frente a partes de altas y bajas en los padrones), así como el de que también lo son las fechas de referencia dentro del año (1 de enero, los padrones; 31 de diciembre, u otra, los censos). No obstante, dada la abundancia de trabajos sobre estos temas, se ha utilizado una gran base de datos elaborada y 8. En junio de 2018, según Padrón de cotizantes a la SS (Tesorería General de la Seguridad Social, 2018). Para una decena de municipios de estas características hemos aplicado el criterio de que superen los dos tercios de la media de España en los servicios, o sea el 51,5% para considerarlos urbanos. Y, dado que algunos se parecen más a las “agrociudades”, hemos planteado también que estén por debajo del 20% de población ocupada en la agricultura (o sea, en torno a cuatro veces superior a la media nacional, 5,6% de población ocupada cotizante a la SS en agricultura), cifra un poco superior al 4,5% que aporta la EPA.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

30

mantenida por el equipo de estudios de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Estudios Económicos (Goerlich et al., 2015), que ha permitido disponer de las series homogéneas de población desde 1900. Ahora bien, esta base se ha elaborado para los 8116 municipios existentes en España en el Censo de 2011 y solo para la población total, sin información sobre sexo y edad. Por ello, ha habido que reelaborar la base para incorporar los ocho municipios creados posteriormente o para introducir índices de feminidad, además de otros indicadores económicos. En segundo lugar, el análisis se ha basado en las características y dinámica del empleo a escala municipal, para lo que se ha utilizado el Padrón de cotizantes a la Seguridad Social en el año anterior a la crisis (2007), en 2015, y en 2018, once años después. Esta fuente permite conocer el número de cotizantes a la Seguridad Social en cada uno de los 8124 municipios españoles de 2018. Aquí se ha tomado el mes de junio como referente, por cuanto representa el número de cotizantes en el centro del año y no está influido por factores estacionales, como vacaciones o como la abundancia de trabajos agrícolas, etc. Es una fuente de extraordinario valor, aunque tenga algunas deficiencias y erratas, pero permite conocer, a escala municipal, y a dos dígitos, el total de cotizantes en cada uno de los 99 rubros que tiene la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE 09, revisada posteriormente). El cruce de las variables demográficas con las de empleo ha resultado fundamental para conceptuar, describir y valorar las nuevas ruralidades9. Evidentemente, el manejo de los abundantes documentos publicados desde la puesta en marcha de la Agenda 2000 y desde la toma de conciencia por los políticos del problema del abandono del campo, además de la preocupación ciudadana y académica, ha permitido contar con un extraordinario elenco de bases de datos, informes y valoraciones, cuya integración se ha llevado a cabo en este trabajo. Además, como se ha comentado, el Ministerio de Fomento ha realizado el Atlas de las Áreas Urbanas de España, con los datos del Padrón de habitantes de 2017 y con el de cotizantes a la Seguridad Social en ese mismo año; y ha cruzado estas variables con las de usos del suelo y distancia al centro urbano, lo que ha permitido una clasificación valiosa de los municipios españoles por su condición de urbanos o rurales. Aquí se ha contado con ese trabajo, pero actualizado a 2018.

2.2. Criterios, técnicas y métodos de clasificación La primera, y más ardua, labor realizada ha consistido precisamente en la elaboración de una base de datos homogénea de los 8124 municipios que integran el territorio español en 2018. En principio, se ha partido de la base de datos de las Series homogéneas de población aportada por la Fundación BBVA (Goerlich et al., 2015). Después, una vez conseguido un fichero Excel homogéneo sobre población total, se ha procedido a completarlo mediante la incorporación de las variables de edad y sexo en años significativos. En tercer lugar, se han incorporado a este fichero los datos de empleo (cotizantes a la Seguridad Social) en 2007, 2015 y 2018. Y, dado que no casan con exactitud los datos de la Seguridad Social con los de la base demográfica del INE/Fundación BBVA, se ha procedido a atribuir a cada municipio nuevo, o modificado, el número de cotizantes que le corresponde según su peso demográfico en cada año, de modo que a cada fracción municipal surgida de una división se le asigna un número de cotizantes proporcional al peso de la población en cada fracción.

9. Este Padrón de cotizantes a la Seguridad Social lo proporciona la Tesorería General del INSS a través del Portal de la Transparencia, con el nombre de Cuentas y trabajadores distribuidos por régimen, municipio y actividad CNAE-09 a dos dígitos. Para el estudio se han utilizado los datos de junio de 2018 y junio de 2007, con el fin de analizar la estructura del empleo antes y después de la crisis, aunque se han completado con los de 2015 en algunos casos.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

31

Una vez organizada y homogeneizada la base de datos, se ha procedido a incorporar otras variables y códigos, como el de condición urbana o rural de cada municipio, o la densidad de población en determinados años, o tasas de ocupación en sectores económicos significativos, etc. Posteriormente, se ha cargado en Arcmap esta base de datos ampliada para proceder a su cartografía y al cruce de determinadas variables territoriales. Sin embargo, y aunque la cartografía de los fenómenos demográficos, económicos y sociales ha favorecido el planteamiento de hipótesis sobre su distribución territorial y sobre su grado de concentración o dispersión, la clasificación de los municipios rurales aquí realizada se ha basado fundamentalmente en los criterios de tamaño y densidad ya comentados, puesto que estas variables, combinadas, reflejan claramente la dinámica demográfica y económica territorial. Se ha tenido en cuenta también la tasa de empleo en la agricultura y en los servicios, y se ha comparado con la media de España, para afinar la clasificación. Se debe destacar que la defensa realizada de la Ley 45/2007 DSMR como punto de partida, no obliga a su aplicación mecánica, por cuanto ha habido que excluir de la categoría de municipios urbanos unos setecientos rurales que superaban el criterio de densidad, pero que no representaban más que centros comarcales o villas, nítidamente rurales y aislados de áreas urbanas. Es así como se ha procedido a una clasificación en dos categorías de poblamiento –la urbana y la rural-, aunque dentro de cada una se distinguen otras. En el primer caso, las coronas periurbanas, que aquí no se han separado de las urbanas, que se han obviado, puesto que no son objeto de análisis de este artículo. En el segundo, se ha insistido en la dualidad rural, entre las áreas dinámicas, por un lado, y las estancadas y en retroceso, por otro, a las que se une un territorio de transición entre ambas. La explicación de esta situación exige un análisis de los procesos.

3. Los procesos: un mundo rural español en retroceso En contra de lo que ha sucedido en otros ámbitos rurales, en España se produce un acelerado proceso migratorio durante la segunda mitad del siglo XX, mientras en los grandes países europeos estos cambios, más lentos y mejor asimilados, comenzaron con la revolución industrial y persistieron hasta después de la aplicación del Plan Marshall en los años 1960.

3.1. El cambio de modelo económico Los hitos clave del campo español comienzan con la modernización y el cambio de modelo económico en 1959, continúan con el proceso de éxodo rural intenso hasta la crisis del petróleo (1973), que no se detuvo hasta la muerte de Franco (1975) y se mantuvo ambivalente hasta el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea en 1986. A partir de ese momento, la evolución del espacio rural -amparada, sujeta y obligada a una política de escala continental-, corrió pareja a la de otras regiones europeas, pero partiendo de una situación muy distinta. El hecho clave fue, y continúa siendo, la baja densidad demográfica. No se puede olvidar que el interior de España alcanzó la plétora demográfica en diversos momentos del siglo XX, cuando las áreas montañosas más cercanas a los focos industriales empezaron a perder población trabajadora, y que ese proceso culminó en los años 1960, dejando al espacio rural con una escasa carga demográfica, generalmente por debajo de los 28 hab/km2, umbral que mantenía una estructura rural más o menos dinámica y que se vino abajo tras el éxodo. Solo las regiones industriales fueron capaces de generar un campo más poblado en sus inmediaciones.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

32

En efecto, la pérdida de población rural es la consecuencia lógica de la adopción de un modelo productivista en cuyo espacio aún predomina la agricultura como actividad económica, por más que no se reconozca esta situación (García, 2011: 113). Pero si la agricultura tradicional exigía unas 17 jornadas de trabajo al año por cada hectárea cultivada de cereal, la agricultura tecnificada moderna tan solo consume media jornada/ha/año, lo que hace innecesaria la abundante mano de obra utilizada para las labores agrícolas, o para las ganaderas, que han conocido el mismo proceso de modernización. Y, aunque los pastores y ganaderos de las montañas fueron los primeros en emigrar, sumados a los obreros y agricultores de las llanuras, han generado un espacio rural de intenso abandono, de carácter bíblico, espectacular y desestructurante, por más que no haya afectado por igual a todo el territorio español, ni en ritmo ni en intensidad ni en grado de vaciamiento. Por el contrario, las diferencias produjeron resultados muy contrastados entre el norte y el sur de España, pues la España meridional, merced a un poblamiento jerarquizado y de núcleos grandes, logró mantener pueblos dinámicos por más tiempo y, a la postre, retener parte de su habitantes en ellos. En Europa, aunque pasaba lo mismo, el proceso arrancó de una base mucho más densificada; la Europa de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con su éxodo rural, mantuvo un campo más denso y, por lo tanto, más vivo. El mapa elaborado por ESPON para principios del s. XXI es elocuente: casi toda la Europa rural pierde población, pero el resultado es muy diferente donde hay mayor densidad de población y territorios industriales próximos. Los grandes países –Francia, Alemania, Italia, Reino Unido- alcanzan densidades generales de más de 120 hab/km2 y, aunque esto parezca que no tiene relación alguna, incide de una manera decisiva. La población de un área relativamente próxima representa un potencial cliente y consumidor para los espacios vecinos. De ahí que los flujos migratorios del campo a la ciudad no signifiquen lo mismo ni tengan resultados idénticos en las regiones europeas. Curiosamente Irlanda y Francia parecen recuperarse mejor que los demás, mientras la Alemania oriental y otros países del norte sufren las mismas pérdidas que el interior de España y que Bulgaria y Grecia, los cuales, junto a los países bálticos, serían los más afectados por el abandono rural en el siglo XXI (véase Mapa 5).

3.2. Cambios poblacionales y cambios en el poblamiento El modelo de un espacio rural diverso y dinámico, que, desde la implantación de los fondos europeos de desarrollo en 1988, parecía que estaba gestándose y consolidándose, constituyó más un deseo que una realidad, al menos para los ámbitos rurales que caminan en dirección contraria a la prevista en las directrices propuestas en el famoso documento de El futuro del mundo rural de la Comisión Europea. El mapa de ESPON (Mapa 5) es elocuente al respecto y, aunque se pudiera pensar que, si las Islas Británicas, junto con una buena parte de Francia, de Chequia, del norte de Italia y del este de España ya han encontrado la vía del crecimiento rural, y que esa vía se extenderá al resto, realmente ese fenómeno está acentuando la dualidad del mundo rural europeo y, más en concreto, de España, como se puede deducir de la evolución reciente de su población y poblamiento. Basta con analizar lo sucedido en fechas clave, como las que se representan en los mapas adjuntos. La densidad de población en 1960 y en 2018 es muy expresiva en este sentido, pero lo es todavía más la distribución de los saldos demográficos. Desde la perspectiva de la densidad es fundamental superar los umbrales críticos, pues cabe recordar que el páramo demográfico –los 10 hab/ km2– es la antesala de la desestructuración y del abandono. Así, todas las montañas del interior de España reflejan esa debilidad poblacional, con densidades por debajo de ese umbral crítico e,

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

33

incluso, en buena parte de ellas, por debajo de los 5 hab/km2. Pero a las montañas se suman otras áreas de llanura que contribuyen a agravar la intensidad y extensión del fenómeno. La comparación de los mapas de 1960 y 2018 (Mapas 6 y 7) permite comprobar la intensidad de los cambios en la densidad de ocupación del interior de España, donde se observan los grandes vacíos de la Ibérica, de la Cantábrica y los Pirineos como montañas más afectadas, secundadas por la Sierra Morena, áreas cacuminales de las Béticas y sectores de la Cordillera Central. La simple observación de los dos mapas evidencia la pérdida de densidad producida, especialmente en las montañas citadas, además de en muchas llanuras, pero es que refleja también la extensión del fenómeno de una manera progresiva desde 1900, aunque las variaciones no son significativas entre este año y 1960. Desde 1960 ha habido 6122 municipios que han reducido su densidad, habiendo perdido en conjunto 5,32 millones (en adelante, M) de habitantes (desde 11,3 a 5,98 M) sobre una extensión de 377 604 km2, es decir, que pasaron de una densidad media de 29,9 a otra de 15,8 (en 1900 era de 25,4), y el proceso de pérdida no se ha parado en esas tres cuartas partes del territorio español. Se debe insistir en la idea de la densidad, porque es una de las claves para la dotación de servicios y, porque, además, como se verá, hay grandes contrastes comarcales que acentúan y agravan los problemas. Mapa 5. Cambio rural en Europa 2001-2011 en las LAU rurales

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

34

Mapa 6. Densidad de población de España en 1960, por municipio

Fuente: INE, Censo de población 1960 y Padrón de habitantes 2018

Mapa 7. Densidad de población de España en 2018, por municipio

Fuente: INE, Censo de población 1960 y Padrón de habitantes 2018

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

35

Estos cambios poblacionales no representan tan solo un movimiento migratorio, sino que implican, además, una mutación en los asentamientos, que pierden gente pero que pierden a la vez servicios. Desde esta perspectiva hay que tener en cuenta que al abandono y la ruina de los pueblos durante los años 1960 ha sucedido una etapa muy distinta, de recuperación de las casas, pero no de las viviendas. Si se pretende indagar en las causas de estos fenómenos, es obvio que el cambio de modelo económico -del de la agricultura tradicional al propio de una sociedad industrial- influye decisivamente, pero no está tan claro que sea esa la causa del persistente abandono rural del interior de España, que dura ya seis decenios. Y es que a menudo se olvida que, entre los factores del rechazo rural, existe uno permanente y estructural, como es el de la escasa accesibilidad, tanto física como telemática (disponibilidad de banda ancha) y social (disponibilidad de servicios). Esa circunstancia constituye un factor difícilmente superable, por más que se pongan en marcha informes, estudios y políticas contra la despoblación rural. El frío y las heladas de invierno, las carreteras tortuosas y con fuertes pendientes, las incomodidades e inconveniencias de los desplazamientos durante una buena parte del año, son difíciles de superar. Y si a ello se suman la pérdida de servicios que acompaña a la pérdida de población, tendremos un panorama poco halagüeño para reclamar el campo como espacio donde rehacer la vida de un habitante urbano. En este sentido, basta observar cualquier mapa de relieve, pendientes y altitudes de España y superponerlo al de densidades rurales para comprobar la existencia de una correlación casi inversa (véase Mapa 7). Aún no se ha llegado al cuarto paradigma de desarrollo rural como para pensar que la vuelta al campo es un fenómeno generalizado y que no existen factores físico-ecológicos que lo impiden. De hecho, el vaciamiento de los pueblos coincide con las áreas más difíciles y despobladas, principalmente en la cordillera Ibérica, aunque también afecta a las llanuras altas de agricultura extensiva. El abandono de los pueblos, como sucede en el caso de Castilla y León, convive, no obstante, con el mantenimiento del poblamiento e, incluso, con su renovación, recuperación y hasta expansión (Alario, Molinero y Morales, 2014 y 2018). Por el contrario, frente al mantenimiento de las casas, se produce la reducción evidente de los servicios. Todo ello derivado de la escasez de empleos en el ámbito rural español.

3.3. Los cambios en el empleo Durante la plétora demográfica, la abundancia de población obrera favorecía el mantenimiento de una agricultura difícil, poco productiva y asentada en una dualidad social de hacendados, por un lado, y de obreros y agricultores de poca entidad, por otro. En conjunto, más de las tres cuartas partes de la población estaba involucrada en la actividad agraria (Molinero, 1979). Hoy las cosas han cambiado radicalmente, pues en torno a la mitad de los habitantes de pueblos pequeños son jubilados y la otra mitad activos; pero alrededor del 40% de estos son agricultores. Así, el proceso de desagrarización de la sociedad española es incuestionable, ya que la actividad agraria no emplea más que a un 4,5% de los ocupados totales según la Encuesta de Población Activa (EPA) (o el 5,6% según el Padrón de cotizantes a la SS), que varían desde el 14,5% en Murcia, la región de mayor peso, al 1% en el País Vasco, la de menor, pasando por el 6% en Galicia, el 6,3% en Castilla y León, al 8,1% en Andalucía (Gráfico 2). Pero en los pueblos de la España interior, en franca disminución durante la crisis, todavía alcanza tasas muy superiores.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

36

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Gráfico 2. Evolución de los ocupados en la agricultura entre 1986, 2010 y 2018 por CCAA

La desagrarización produjo el vaciamiento de la España interior, fenómeno incontestable, perceptible incluso en los mapas de escala municipal. Baste observar los grandes vacíos de la Ibérica, de la vertiente meridional de la Cantábrica y de los Pirineos (incluidos los de Lérida y Gerona), o de la Cordillera Central, Sierra Morena y Béticas, aunque también los de las penillanuras occidentales y los de las llanuras agrícolas de Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha. Ciertamente, si se compara el mapa de distribución municipal de la población con el de distribución municipal del empleo, se puede comprobar esta lógica correlación general (Mapas 8 y 9), aunque es mucho más expresiva la distribución de la tasa de empleo agrario, que refleja nítidamente el gran peso relativo de la agricultura en las tierras del interior de España, por más que se escriba a menudo lo contrario y se dé por sentado que una tasa tan baja de empleo nacional en la agricultura se corresponde con una baja tasa de empleo en el ámbito rural, circunstancia que no es cierta. La media de España alcanza el 5,6% (cotizantes a la SS), pero la media de los 7352 municipios rurales, tal como se han delimitado, alcanza el 17,5% en junio de 2018 (en junio de 2007, antes de la crisis, alcanzaba un punto más: el 18,4%), si bien en muchos de ellos supera el 70% de ocupados (véase Mapa 10). De hecho, hay 1224 municipios que superan la tasa del 50% de ocupados en la agricultura y llegan a 2022 – una cuarta parte del total– los que superan el 40%. Se comprueba, además, mediante análisis espacial, que a medida que disminuye el tamaño del municipio aumenta el grado de ocupación en la agricultura, si bien el proceso de desagrarización continúa imparable, de modo que en 2018 los ocupados en la actividad agraria en los municipios más pequeños (<500 hab) alcanzan aún el 26,7%, por más que en 2007 supusieran el 34%. Y este fenómeno de desagrarización del medio rural se acompaña por un movimiento de marcha hacia lo urbano, pues una cuarta parte de los ocupados agrarios (24,9%) viven en centros urbanos y los únicos asentamientos que crecen en número de ocupados agrarios son los mayores de 20 000 hab (véase Cuadro 2).

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

37

Mapa 8. Distribución municipal de la población de España en 2018

Fuente: INE, Padrón de habitantes 2018.

Mapa 9. Distribución municipal del empleo en España, en junio de 2018

Fuente: Tesorería General del INSS, junio de 2018

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

38

Mapa 10. Tasa de empleo agrario en España en 2018, por municipio

Fuente: Tesorería General del INSS, junio de 2018.

Cuadro 2. Municipios rurales de España en 2018 por densidad, tamaño, rango y especialización productiva.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

39

Otra idea interesante que se deduce del cuadro 2 es el peso menguante de la población ocupada general en áreas rurales, que en 2018 tan solo alcanzaba los 4,5 millones de cotizantes a la Seguridad Social, sobre un total de 18,9 millones en España, con la particularidad de que este exiguo empleo (el 23,8% del español) se distribuye por más de las cuatro quintas partes del territorio (89%). Una tendencia, pues, a la concentración urbana de la población y de la actividad económica que no casa con las políticas contra el tan criticado vaciamiento rural. Pero ni las políticas antiguas contra ese fenómeno, que ya se abordaron en El futuro del mundo rural de la Comisión Europea en 1988, ni las más modernas de la Agenda 21, a las que han seguido una pléyade de planes nacionales y de Comunidades Autónomas, han logrado enderezar el rumbo declinante del medio rural. Pero, obviamente, no podemos analizarlo como un ámbito único y homogéneo, por cuanto integra tipos territoriales muy dispares, aunque todos tienen una particularidad: representan el ámbito de la esperanza y del crecimiento del bienestar, a pesar de la escasez de servicios y del abandono en que se encuentran.

4. Categorías y tipos territoriales En efecto, la divisoria fundamental del mundo rural actual radica en su densidad y en su dinamismo. La primera es básica para el mantenimiento de un mínimo de servicios, indispensables para que se produzca el segundo. Así, tanto a escala de España como de Europa, cada vez resulta más claro que hay una nítida dualidad rural, que separa a las áreas dinámicas y progresivas de las estancadas y regresivas. Y esta dinámica genera espacios muy contrastados en los que el propio impulso y desarrollo interno logra, en unos casos, superar las carencias típicas del espacio rural, y, en otros, conduce a la desestructuración y desarticulación territorial y social, que se expanden en mancha de aceite. Por ello, hay que conceptuar y caracterizar, en primer lugar, los tipos de espacios rurales para entender su dinámica y situación actual. En la clasificación, que parte de la densidad, se comprueba que solo en el caso de los municipios más dinámicos alcanza o supera el umbral de los 100 hab/km2. Corresponden, por lo general, a espacios periurbanos y del área de influencia urbana, a los que se suman algunos centros comarcales de servicios. La condición de espacio periurbano no interfiere con la clasificación propuesta, ya que un gran número de esas unidades administrativas ha quedado incluido en las 86 GAU del Ministerio de Fomento, que afectan a 753 municipios –la mayor parte en las coronas periurbanas-. En torno a otros 700 municipios que superan el umbral de densidad de referencia (100 hab/km2) corresponden a villas, centros comarcales y, en gran medida, a áreas de influencia urbana, caracterizadas como espacio rural, por más que algunas planteen dudas10. Ahí quedarían incluidas las «Zonas rurales periurbanas» que el Ministerio de Agricultura delimitaba en el anterior plan de desarrollo rural (2010-2014), integradas por treinta «zonas», con una extensión de 35 400 km2 y una población de 2,17 M hab11. Pero, aplicando criterios más ajustados, que son los que utilizó precisamente el Ministerio para realizar el Informe de situación, se distinguen cuatro 10. Dudas que llevan a algunos autores a tomar en consideración otras variables. Es lo que hacen Reig, Goerlich y Cantarino cuando afirman que el United Nations Wye Group Handbook (The Wye Group 2007) “ha concluido que el peso de determinados tipos de uso del suelo, como proporción de la superficie total, constituye un elemento muy importante en la definición de ruralidad” (2016, p. 27). En la misma página estos autores plantean que la utilización de la población como criterio clave para realizar una tipología rural/urbana, no es suficiente, y que conviene introducir otras dimensiones que intenten captar la heterogeneidad del territorio. 11. En este documento cita otras 105 zonas rurales a revitalizar y otras 80 intermedias, que, en conjunto, afectaban al 77,4% del territorio español. Véase el PDF descargable del Programa de Desarrollo Sostenible del Medio Rural 2010-14. En http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/ley-para-el-desarrollo-sostenible-del-medio-rural/4.Zonas_rurales_aplicaci%C3%B3n_ programa_tcm7-9689.pdf

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

40

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

tipos de espacios rurales: los dinámicos, los estancados y los del rural profundo, además de los intermedios, a caballo entre los primeros y el resto. Junto a la densidad, la dinámica demográfica resulta bien elocuente, como lo pone de manifiesto el mapa municipal de saldos de población entre 2018 y 2007, el año antes de la crisis (Mapa 11), cuyos valores más destacables se presentan en el Cuadro 3. Se ve claramente la gran extensión del ámbito rural, que ocupa el 89% del territorio nacional. Cabría matizar la existencia de algunos enclaves y discontinuidades, pero, en conjunto, el mapa recoge perfectamente la extensión del territorio rural, con su carácter casi generalizado de regresivo. El predominio de los colores fríos (azules), a los que se ha asignado el atributo del vaciamiento y de la tendencia hacia la despoblación, domina nítidamente, pues afecta al 72% de España y al 80,52% de su ámbito rural. Sin embargo, también puede verse la distribución espacial de los territorios progresivos (representados en gama de rojos), que básicamente se sitúan en las áreas de influencia de las grandes urbes de España, principalmente en los entornos de Madrid y Barcelona, pero también en los de las aglomeraciones de Bilbao, de Sevilla, de Málaga y de Valencia y, secundariamente, afecta a pequeños enclaves del interior, bien se trate de centros comarcales, o de áreas de montaña con valores singulares y algunos otros territorios excepcionales que aglutinan el crecimiento en entornos de regresión generalizada. Es llamativo en este sentido el crecimiento de algunos municipios del Pirineo navarro y, especialmente, del catalán, que, aunque en términos absolutos crecen muy poco, en términos relativos lo hacen fuertemente, tal como planteaban Guirado y Cuadrado (2009) para el Urgellet y el Empordà. Mapa 11. Saldos de población en los municipios rurales de España durante los años de la crisis: 2007 a 2018

Fuente: INE, Padrón de habitantes 2007 y 2018 (Estadísticas del Padrón continuo). Elaboración propia.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

41

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Cuadro 3. Datos clave de los municipios rurales de España en 2007 y 2018 Municipios rurales: total

2018

2007

Nº de municipios rurales

7.352

6681

Extensión (km )

451.489

451.489

Población total (habitantes)

13.685.660

13.735.555

Densidad: hab/km2

30,31

30,42

Nº de municipios que ganan

1.671

---

Extensión (km )

88.094

88.094

Población total (habitantes)

6.840.540

6.213.351

Población ganada respecto a 2007

627.189

---

% de población ganada/total 2007

10,09

---

Densidad: hab/km

77,65

70,53

Resto de municipios rurales

5.681

5.681

Extensión (km )

363.395

363.395

Población total (habitantes)

6.845.120

7.522.204

Población perdida respecto a 2007

-677.084

---

% de población perdida/total 2007

9,69

---

Densidad: hab/km

18,84

20,70

2

Municipios rurales que ganan población

2

2

Municipios rurales que pierden población, y estancados

2

2

Fuente: INE, Padrones de habitantes de 2007 y 2018, homogeneizados por el autor.

Además de la densidad y la dinámica demográfica, hay otros rasgos destacables que ayudan a tipificar el espacio rural. Entre ellos, destaca el vaciamiento femenino de los pueblos, junto al envejecimiento general. El Cuadro 4 recoge precisamente la pérdida de mujeres en el medio rural, tanto más grave cuanto más pequeño es el municipio, de modo que los casi cuatro mil municipios españoles (casi la mitad del total) menores de 500 hab tan solo alcanzan una tasa de 86 mujeres por cada 100 hombres, con la particularidad de que en las edades altas se iguala, en los jóvenes y niños hay menos mujeres, y en las edades reproductivas y laborales (20 a 60 años) la tasa baja a entre 70 y 78. Contando con que los jóvenes son estudiantes que pasan solo una parte del año en el pueblo y que acaban emigrando, el panorama se ensombrece más. Por otro lado, al proceso de masculinización acompaña el de envejecimiento. Así, tanto la edad media como la tasa de vejez de las áreas rurales suben a cotas altísimas. Frente a una edad media de 42,9 años de todos los españoles, los municipios rurales superan en 10, o más, años la media del país. Frente a una media de 19,1% de mayores de 65 años en toda España, los municipios rurales alcanzan un 21,1%, pero los de menos de 500 habitantes suben a 33,9%, y llegan al 40% los de menos de 100 hab (un sexto de los municipios españoles). En el Mapa 12 se representa la tasa de vejez, que evidencia la escasez de población en edad reproductiva y laboral. Estos indicadores claramente negativos concuerdan con los relativos a la estructura del empleo, que, al analizarla por rangos de densidad, permite confirmar las hipótesis planteadas (Cuadro 5). En el cuadro se observa el peso de la agricultura y de la construcción, la cual alcanza cotas más altas en el ámbito rural que en el urbano, pero también se ve el peso del alojamiento y restauración, que es creciente. Finalmente, para acabar de caracterizar el conjunto del ámbito rural de España, se ha elaborado el Cuadro 5 y el Gráfico 3, con variables socioeconómicas que manifiestan la dualidad entre las Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

42

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

áreas que no llegan al umbral crítico del páramo demográfico -los 10 hab/km2- (que en determinadas comarcas del interior peninsular habría que elevar a 15), y las que están en los umbrales intermedios y altos. La comparación del empleo rural por categorías refleja un mundo en negativo sin parangón con otros momentos, por cuanto el cambio de modelo ha supuesto un proceso de desagrarización no compensado por otras actividades. Y es que, mientras el campo pierde agricultores, los ámbitos urbanos los ganan, dada la tendencia firme al asentamiento y al empadronamiento de numerosos vecinos de pueblos pequeños en las capitales comarcales o en las ciudades próximas. Cuadro 4. Grado de masculinización/feminización en los municipios rurales de España, en 2018 Número de municipios por rango TOTAL: 7.352 municipios rurales

<500 hab.: 3.974 municipios

≥500- <2000 hab.: 1.827 municipios

≥2000- <10.000 hab.: 1.230 municipios

≥10.000 hab.: 321 municipios

Grupos de edad

Población total

Hombres

Mujeres

Tasa de feminidad (mujeres por cada 100 hombres)

<20 años

2.550.819

1.313.584

1.237.235

94,2

20 a <40

3.221.951

1.668.926

1.553.025

93,1

40 a <60

4.216.030

2.198.478

2.017.552

91,8

60 y más

3.696.860

1.721.383

1.975.477

114,8

Todas las edades

13.685.660

6.902.371

6.783.289

98,3

<20 años

77.739

39.812

37.927

95,3

20 a <40

130.417

73.232

57.185

78,1

40 a <60

221.119

129.090

92.029

71,3

60 y más

300.930

150.835

150.095

99,5

Todas las edades

730.205

392.969

337.236

85,8

<20 años

287.585

147.810

139.775

94,6

20 a <40

400.549

213187

187362

87,9

40 a <60

572.245

309349

262896

85,0

60 y más

627591

299001

328590

109,9

Todas las edades

1.887.970

969.347

918.623

94,8

<20 años

1.013.275

522.545

490.730

93,9

20 a <40

1.267.152

654.055

613.097

93,7

40 a <60

1.659.006

861.104

797.902

92,7

60 y más

1.442.138

666.381

775.757

116,4

Todas las edades

5.381.571

2.704.085

2.677.486

99,0

<20 años

1.172.220

603.417

568.803

94,3

20 a <40

1.423.833

728.452

695.381

95,5

40 a <60

1.763.660

898.935

864.725

96,2

60 y más

1.326.201

605.166

721.035

119,1

Todas las edades

5.685.914

2.835.970

2.849.944

100,5

Fuente: INE, Padrón de habitantes 2018 (Estadísticas del Padrón continuo).

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

43

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Mapa 12. Tasa de vejez en los municipios de España en 2018

Fuente: INE, Estadísticas del Padrón continuo 2018. Elaboración propia.

Resto

36.479

11.740

11.489

14.157

1.657

2.892

36.867

De 5 a <10

1.403

90.030

649.774

205.324

56.678

19.063

28.699

21.339

3.602

7.131

68.812

De 10 a <25

1.587

104.320

1.670.355

525.106

141.302

45.253

79.898

43.748

11.539

19.654

183.711

De 25 a <50

833

61.427

2.168.336

714.037

159.273

60.675

123.129

63.890

26.713

29.380

250.978

De 50 a <75

419

27.508

1.659.239

567.155

112.386

44.905

109.742

59.298

16.699

15.869

208.256

De 75 a >100

983

39.512

7.179.316

2.389.377

285.227

199.236

456.078

279.284

118.666

99.461

951.427

TOTAL

7.352

451.489

13.685.660

4.516.280

791.345

380.872

809.036

481.716

178.876

174.386

1.700.050

Educación y sanidad

115.281

Alojamento y restauración

358.640

Industria

Hogar

Construcción

128.693

Agricultura

Cotizantes totales

2.127

Nº de municipios

<5 hb/ km2

Rangos por densidad

Población en 2018

Superficie (km2)

Cuadro 5. Indicadores económicos de los municipios rurales de España en junio de 2018 (número de cotizantes a la Seguridad Social), por rangos de densidad

Fuente: INE, Padrón de habitantes 2018 (Estadísticas del Padrón continuo); INSS, Tesorería General de la Seguridad Social: Cuentas y trabajadores por régimen, municipio y actividad CNAE-09 a dos dígitos, en junio de 2018.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

44

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

La combinación de las distintas variables da, como resultado, los cuatro tipos de espacios rurales, muy dispares, por cuanto los más regresivos ocupan mayor superficie, pero albergan menos habitantes. Resulta llamativo observar el peso de cada grupo, en valores absolutos y relativos en el Gráfico 3, que recoge la distribución del empleo en los rubros más importantes y que evidencia que la población y el empleo tienden a concentrarse en las áreas dinámicas, mientras las del rural profundo alcanzan muy poco peso, aunque gran extensión superficial, como se verá en el análisis por tipos. Gráfico 3. Estructura y distribución del empleo por categorías de espacio rural de España en 2018 (círculos proporcionales al número de empleos)

Fuente: Tesorería General del INSS, Padrón de cotizantes, junio de 2018.

4.1. Los espacios rurales dinámicos: costeros, áreas de influencia urbana, centros comarcales, de montaña interior y enclaves privilegiados Siguiendo la idea de Molinero y Alario (1994), el espacio rural español, al igual que el europeo, está integrado por un conjunto numerosísimo de entidades poblaciones que dan lugar a una dualidad rural evidente. Por un lado, los rurales dinámicos y, por otro, los estancados y regresivos. Los primeros se localizan principalmente en los ejes de fuerza demográfica y económica, además de en algunos enclaves de las montañas y de las llanuras interiores, a los que, en el caso español, se suma la costa. Casi toda la costa española, a pesar de que una parte del año sufre una fuerte mengua de visitantes y actividad económica, puede ser considerada como un espacio rural dinámico. Lo mismo sucede con las coronas periurbanas; en estas se distinguen dos subconjuntos: las áreas

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

45

de influencia urbana, más o menos extensas dependiendo del tamaño de la ciudad, y los espacios periurbanos propiamente dichos, que constituyen una tercera categoría de poblamiento, frente al urbano y al rural, aunque aquí están incluidos en el urbano, pues, se trata de áreas que ocupan el territorio mediante elementos de apariencia rural pero con dinámica urbana. Por ello, quedan excluidos del rural, bien por superar el umbral de densidad (los 100 hab/km2, que es el aplicado por la Comisión Europea), bien por superar el de tamaño (30 000 hab). En esta situación se encuentra algo más de un millar de municipios (1193), que alberga nada menos que a 10,5 millones de habitantes. Obviamente se reparten por todos los alrededores de los núcleos urbanos y grandes centros turísticos de la costa, de modo que generan un continuo urbano en las proximidades de las ciudades, por más que a menudo su apariencia física sea rural, por la baja densidad de ocupación del espacio. En este apartado del rural progresivo desaparecen algunas áreas costeras, calificadas de urbanas, por densidad o tamaño. Sin embargo, varios conjuntos del hinterland de las franjas costeras también se encuentran en este grupo cabecero del ámbito rural. Se observa en la costa andaluza, un poco en la de Murcia y Valencia, también en la de Tarragona, en el interior de Baleares y en las islas orientales canarias, como se puede comprobar en los Mapas 11 y 13 y en el Cuadro 3, donde aparecen saldos demográficos, que se completarán más adelante con saldos laborales, que reflejan las enormes disparidades entre los que ganan y los que pierden empleos, y los que apenas aguantan la marea regresiva que afecta al territorio interior peninsular. Mapa 13. Categorías de municipios rurales de España: rural dinámico

Fuente: INE, Estadísticas del Padrón continuo 2018.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

46

Los territorios ganadores llaman la atención por representar la excepción rural española. Frente al envejecimiento, una cierta juventud; frente a una densidad general muy baja, unos umbrales altos (77,7 hab/km2, cuando la media tradicional no alcanzaba los 30), frente al monocultivo agrario, la diversidad de funciones; frente a la masculinización aguda, un cierto equilibrio y crecimiento de la tasa de feminidad. El Mapa 13 refleja la situación de estas áreas progresivas rurales que representan la excepción frente al conjunto. Reúnen dos condiciones básicas: cuentan con una densidad superior a los 25 hab/km2 –umbral que aquí se considera crítico- y en la mitad de ellos se dan procesos de crecimiento. Es precisamente esa densidad la que les ha permitido superar las connotaciones negativas. Si se observa su distribución, se comprueba que se encuentran en las áreas de influencia urbana, o periurbano laxo, en primer lugar, en las franjas cercanas a la costa en segundo lugar, en los ejes de fuerza del país en tercer lugar (Valle del Ebro, Depresión del Guadalquivir, franjas de las grandes carreteras radiales) y en algunos enclaves privilegiados y centros comarcales finalmente. Este rural dinámico afecta a una cuarta parte de los municipios españoles (2235). Por el contrario, el rural profundo y regresivo muestra la cara contraria.

4.2. Los espacios rurales estancados y del rural profundo Este grupo está constituido por un abultado número de entidades territoriales cuya característica común es precisamente la regresión general, con todas sus connotaciones negativas. Asimismo, casi todos ellos se sitúan en el interior de España. De entrada, representan el 43% del territorio español y solo suman el 2,2% de su población. De ahí la machacona insistencia contra la «España vacía» desde todas las instancias. Es muy llamativa su distribución, que afecta a todas las áreas ya descritas como negativas, tanto de las montañas como de las llanuras, especialmente de la Cordillera Ibérica (provincias de Cuenca, Teruel, Guadalajara y Soria) como de la vertiente meridional de los Pirineos y de la Cantábrica (Mapa 14). En el interior meseteño solo se libran algunos ejes como los del Ebro o las franjas que desde Madrid se dirigen hacia Andalucía y Murcia o Comunidad Valenciana, pero tan solo en las franjas que axializan las grandes vías de comunicación. El rasgo más destacable de este conjunto, aparte del de la regresión demográfica, es el de su envejecimiento, que alcanza cotas impresionantes, con tasas de vejez que llegan a más de 1000. Con ello, la regresión demográfica genera una contracción manifiesta del mercado laboral y de los servicios. Quizás la atención a los ancianos pudiera convertirse en una fuente de creación de empleo mayor que la actual, que alcanza tasas raquíticas, ya que se sitúa en torno al 3% e incluso menos en el rural profundo (véase el Cuadro 5 y Gráfico 3). En suma, la tan buscada diversificación de actividades económicas no parece imponerse en el ámbito rural. Es, sin duda, este conjunto el que destaca por encima de los demás y el que imprime carácter negativo al espacio rural del interior de España. Se podría pensar que solo afecta a las regiones más atrasadas y menos industrializadas, pero no es así, dado que también lo encontramos en el Pirineo catalán, en la montaña valenciana y hasta en la sierra de Madrid. El rasgo más llamativo es obviamente el de la pérdida de habitantes, pero el mayor problema es la baja densidad de población, que convierte a una buena parte de los pequeños asentamientos en factores de repulsión, y no por sí mismos, ya que cuentan con atractivo natural y cultural, sino por la escasez y dificultad de disponer en ellos de servicios y de mantener relaciones sociales. Aquí se encuentran los municipios que Recaño calificaba de «en riesgo de despoblación irreversible» y cuya pirámide de población refleja la abundancia relativa de ancianos, y especialmente de ancianas, frente a la escasez de jóvenes y niñas (Recaño, 2017: 1, Figura 1).

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

47

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Mapa 14. Categorías de municipios rurales de España: rural profundo y rural estancado

Fuente: INE, Estadísticas del Padrón continuo 2018

4.3. Los espacios rurales intermedios, o en transición Completamos este conjunto de municipios aislados, de difícil acceso y de pérdida de habitantes con otro grupo no tan negativo, pero que se encuentra entreverado e imbricado con él; son territorios que basculan entre lo negativo y lo positivo, entre la recepción de colectivos de inmigrantes que los rejuvenecen y la salida de estos, o de otros vecinos oriundos, que los contraen y reducen. Podríamos decir que este nuevo conjunto representa una argamasa que da continuidad y compacidad al espacio rural, pero que, en la coyuntura de la poscrisis, tiende a bascular hacia el abandono. En el Mapa 15 se observa una distribución banal, sin una lógica que los cohesione más allá de la de representar espacios de transición. Corresponden al rango de 10 a 25 hab/km2 del Cuadro 5. Abarcan una extensión considerable, en torno a una quinta parte del territorio español, pero tan solo acogen al 2,7% de los empleos. En el gráfico 3 se representa la estructura del empleo y se observa el todavía fuerte peso de la agricultura.

5. La situación actual y las nuevas dinámicas y tendencias El espacio rural de España es claramente dual y evoluciona hacia una consolidación de la dualidad, dado que el ámbito rural de la España vacía camina hacia un abandono creciente e incluso hacia la pérdida de empleos agrarios, que hasta antes de la crisis constituían su fundamento económico y social. Por el contrario, el rural dinámico acumula inversiones, crece en población y mejora en infraestructuras y servicios, además de hacerse beneficiario de numerosas ayudas orientadas a la lucha contra la despoblación.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

48

Mapa 15. Municipios rurales de España: rural intermedio

Fuente: INE, Estadísticas del Padrón continuo 2018

El marco territorial español: desagrarización y abandono rural El proceso de desagrarización es manifiesto en todo el territorio español, lo mismo que en el resto de Europa y en el mundo, pero, al mismo tiempo se está produciendo un proceso de huida del campo de los agricultores que hasta hace poco tiempo no se había dado. De este modo, la reducción de trabajadores en el campo no hacía disminuir apenas el número de empleos en la agricultura. Sin embargo, tomando los datos de cotizantes a la Seguridad Social, se observa que el medio rural está sufriendo una sangría de aquel tipo de trabajadores que siempre estuvo asentado en él: los agricultores y obreros agrarios. Así, frente al más de un millón de cotizantes agrarios, un cuarto de millón reside en alguna de las 772 aglomeraciones urbanas y ciudades que hemos delimitado, o sea que uno de cada cuatro agricultores está empadronado en una ciudad, cobra la PAC en la ciudad y probablemente contribuya muy poco a la mejora del medio rural. Por ello, la salida hacia la ciudad, en contra de lo que pregonan y propugnan tantos políticos y en contra de lo que establecen tantas directrices, es un fenómeno inexorable. Y lo es, porque los agricultores tienden a buscar un núcleo de residencia que les ofrezca los mejores servicios posibles y que son más difíciles de satisfacer en el campo. A este respecto, es de destacar que Sevilla, Córdoba, Madrid, Toledo, Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Badajoz, Albacete, u otras capitales son municipios que reciben pagos PAC muy por encima de lo esperable, dado que los titulares de derechos PAC residen en esos municipios, pero no solo eso, sino que otros muchos cotizantes a la Seguridad Social por la rama agraria (= 262.184) viven en medios urbanos. Ambas variables, recogidas en los mapas (Mapas 16 y 17), reflejan la atracción que la ciudad ejerce para los habitantes rurales, que, por otro lado, en invierno se quedan todavía más solos. Pero el hecho de que haya una tendencia a la concentración urbana, Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

49

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

incluso entre los agricultores, refleja un fenómeno bien conocido y poco valorado, que está haciendo crecer las villas, o ciudades pequeñas, las cuales cada vez asumen más el papel de organizadoras del territorio. Todo lo cual debe conducir hacia una jerarquización del poblamiento si no se quieren malgastar esfuerzos en repoblar las áreas del rural profundo. En todo caso, tal como se puede observar en los mapas, el grueso de los municipios urbanos con agricultores corresponde a núcleos periurbanos y villas costeras, por más que las capitales provinciales sean asiento de terratenientes y agricultores hacendados. Este movimiento de agricultores que se empadrona en las ciudades dificulta y contrarresta las medidas de lucha contra la despoblación. Mapa 16. Distribución municipal de los pagos de la PAC en España en 2018

Fuente: FEGA, Beneficiarios de las Ayudas de la PAC 2018. Elaboración propia.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

50

Mapa 17. Agricultores residentes en municipios urbanos en 2018

Fuente: FEGA, Beneficiarios de las Ayudas de la PAC 2018. Elaboración propia.

5.1. La lucha contra la despoblación y la creación de empleo en el campo Resulta llamativo el esfuerzo actual de las administraciones y de los políticos por revertir una situación que se ha fraguado a lo largo de 60 años12. Pero cualquier actuación requiere inversiones y precisamente es lo que falta en el campo. Se podría pensar que los esfuerzos dedicados al desarrollo rural pudieran dar frutos, ya que vienen sucediéndose desde 1988, pero la realidad es que tanto los LEADER como los PRODER o los Programas de Desarrollo actuales han llevado pocas inversiones al campo, o las que han llegado han ido básicamente a actividades y desarrollo agrario –que apenas crea empleos- más que a desarrollo rural alternativo. El presupuesto comunitario todavía destina una parte sustancial a la PAC y, dentro de ella, al apoyo a las rentas de los agricultores. Así, el aprobado para 2014-2020, que por primera vez fue inferior al precedente, asciende a 960.000 millones € (precios de 2011) frente a los 994.000 millones del período 2007-2013. Expresado en porcentaje de la Renta Nacional Bruta (RNB) comunitaria disminuye del 1,12% al 1%. Este ajuste se hace recaer en su totalidad sobre la rúbrica 2 del presupuesto, donde están los gastos agrícolas, que disminuyen en 47.500 millones € . El resto de rúbricas ven incrementados los recursos disponibles. En la rúbrica 2 del Marco Financiero Plurianual 2014-20, denominada «Crecimiento sostenible de los recursos naturales», 12. Como ejemplo se puede citar el Documento de trabajo de la Comisión de Despoblación de la FEMP en España (abril de 2017), donde se hace una síntesis general sobre el problema, situación, planes y estrategias. Igualmente, se puede añadir el documento que está elaborando la Comisionada del Gobierno para el Reto Demográfico, Isaura Leal, en fase de ultimar para esta próxima primavera la Estrategia Nacional ante el Reto Demográfico.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

51

se encuadra la Política Agraria Común, que mantiene la continuidad de los dos pilares de la PAC: el Pilar 1, el de las ayudas directas, o Pago Básico, más gastos de mercado, que asciende a una media anual de 40.000 Meuros y el Pilar 2, dedicado al desarrollo rural, que asciende a una media anual de unos 12.000 Meuros, para todos los países de la UE. La desproporción entre los dos pilares es enorme13. Se habla mucho del desarrollo rural, pero apenas recibe el 20% de los gastos agrarios de la UE según aparece en la distribución de los presupuestos del septenio actual (Gráfico 4). Gráfico 4. Evolución de los gastos de la PAC 1980-2020 (en miles de millones de euros): escaso gasto para el desarrollo rural

Fuente: http://ec.europa.eu/agriculture/cap-post-2013/legal-proposals/slide-show_en.pdf [DG Agriculture and Rural Development (s/f, 2014), p. 5. European Commission

Aplicado al caso español, la estructura del Programa de Desarrollo Rural 2014-2020 cuenta con un programa nacional, diecisiete programas regionales -uno por Comunidad Autónoma- y un marco nacional de desarrollo rural. La dotación FEADER para todo el septenio es de 8297 millones de euros, es decir, 1185 por año, una porción escasa respecto al gasto total de la PAC, que en el año 2018 ascendía a 6921 millones de euros. La medida de inversiones en activos físicos ocupa el primer lugar dentro de las programadas en el conjunto de los PDR españoles, destinándose 2613 millones de euros FEADER, lo que representa el 31,5% del total asignado a España. La siguiente medida en importancia corresponde a las  inversiones para el desarrollo de zonas forestales, a la que se asignan 1349 millones de euros FEADER, lo que supone el 16,3% del FEADER programado. La tercera medida se centra en el agroambiente y clima, con una dotación FEADER de 870 millones de euros (10,5 % del total FEADER). En cuarto lugar está el importe destinado 13. http://www.chil.org/blogpost/el-presupuesto-de-la-pac-para-el-periodo-2014-2020/3064 [consulta del 15 de diciembre de 2015]. Véase también The CAP towards 2020, documento de la Comisión Europea (European Commission, 2014).

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

52

a LEADER con 820 millones de euros, lo que supone el 9,9% del FEADER total, supe-rándose el 5% obligatorio establecido en el reglamento FEADER. La medida de desarrollo de explotaciones agrícolas y empresas, ocupa el quinto lugar con 607 millones de euros FEADER, lo que supone el 7,3% del FEADER total para España. Esta medida incluye las ayudas a los jóvenes agricultores14. Como se ve, los LEADER solo cuentan con entre un 5 y un 10% del presupuesto para el desarrollo rural, cuando han demostrado ser las organizaciones más capaces de crear empleo. Así, el segundo pilar de la PAC (desarrollo rural) ha ido básicamente hacia la agricultura. De hecho, si se analizan los pagos realizados por el FEGA en España en el ejercicio de 2017, que ascendía a 6679 millones de euros, la mayor parte se la llevaron tres medidas: los pagos básicos, los pagos para prácticas agrícolas beneficiosas para el medio ambiente y el clima, y las ayudas asociadas voluntarias, que, en conjunto, distribuían más de 4600 Meuros, es decir, el 69% de todos los pagos PAC. Por lo tanto, queda poco por hacer o restablecer y faltan inversiones en pequeñas empresas, en aprovechamiento y transformación de los productos agrarios, en artesanía, en agricultura y ganadería ecológica, en oferta de productos singulares al estilo tradicional, en una PAC forestal, etc. Pero quienes más eficientes se han mostrado en estos campos –los Grupos de Acción Local- reciben muy poco apoyo económico. La banda ancha de Internet es condición necesaria, pero no suficiente. No hay que olvidar que el campo es el lugar de rechazo por sus difíciles condiciones de accesibilidad física, telemática y social, lo que exige jerarquizar el poblamiento y concentrar los servicios. Es lo que se está haciendo en la España rural no despoblada y en la costa; también en el interior se aglutinan en los centros comarcales. Hay que favorecerlo. Por otro lado, la creación de empleo en el campo tras la crisis se ha producido a buen ritmo. Así, si se analiza el mapa del saldo laboral entre junio de 2007 y junio de 2018 (Mapa 18), se puede comprobar que la crisis ha afectado al campo pero no en tan gran medida como a las áreas urbanas, pues en el ámbito rural hay numerosos municipios que incrementan su número de empleos. De los 7352 municipios rurales delimitados, más de la mitad (4148) han ganado cotizantes a la Seguridad Social durante estos once años de crisis, como se aprecia en la abundancia de esferas marrones, que indican saldos positivos (frente a las azules, negativos). Pero es que la dinámica de los inmigrantes que llegan al ámbito rural, incluidos sus hijos nacidos ya en España, como sucede incluso en las comarcas más vacías (la Tierra de Campos de Valladolid y Palencia), es la misma que la de los nacionales: cuando no ven perspectivas claras, por falta de empleos cualificados o de servicios, acaban emigrando y siguiendo el comportamiento de los habitantes oriundos de estas tierras, las cuales, para recuperarse, necesitan inversiones masivas y una inmigración masiva, a fin de sostener los servicios y hacer atractivo un espacio rural cuya atracción natural y cultural es incuestionable. En este proceso ha tenido, y tiene, gran incidencia la financiarización de la economía global. Como apunta Méndez, la globalización ha conducido también a la financiarización de los alimentos, con una extraordinaria concentración de la producción y la distribución en un pequeño grupo de grandes empresas que exigen constantemente precios más bajos, reducción del número de suministradores y unos estándares de calidad que expulsan al pequeño productor (Méndez, 2018: 307-308). Los bajos precios actuales de la carne y de la leche son buena muestra de este proceso, lo que dificulta la incorporación de agricultores o ganaderos jóvenes.

14. http://www.magrama.gob.es/es/prensa/noticias/la-comisi%C3%B3n-europea-aprueba-los-%C3%BAltimos-programas-dedesarrollo-rural-espa%C3%B1oles-2014-%E2%80%93-2020-/tcm7-402533-16 [Consulta de octubre de 2018].

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación

53

Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

Mapa 18. Saldos laborales de los municipios de España durante la crisis 2007 a 2018

6. Conclusión Según el análisis realizado, podemos distinguir cuatro categorías de espacios rurales, partiendo del grado de ocupación del territorio y del grado de dinamismo o regresión. En primer lugar, el rural profundo, que alberga a muy poca gente y cada vez menos. Su densidad, inferior a los 5 hab/km2, no para de menguar, por lo que, según el paradigma de desarrollo rural predominante a comienzos de este siglo, ha de continuar en retroceso. En segundo lugar, el rural estancado, con entre 5 y 10 hab/km2, aunque tiende, más bien, a perder peso. En tercer lugar, el rural intermedio, estancado pero viable, con entre 10 y 25, y una proporción elevada de la actividad agraria, que está disminuyendo. En cuarto lugar, el rural dinámico, con entre 25 y 50 hab/km2, viable y en cierto modo progresivo, al que se suman, las cabeceras comarcales y centros de atracción, con más de 50 hab/km2, que en algunos casos superan los 100, y con diversidad económica. En este contexto, la lucha contra la despoblación desde la Comisión del Gobierno para el Reto Demográfico, o desde la Federación Española de Municipios y Provincias, o desde la Red de Áreas Escasamente pobladas (SSPA, Southern Sparsely Populated Areas de la UE) es necesaria y encomiable, aunque incapaz de revertir los efectos de un territorio en inquietante proceso de abandono, pero que se debe recolonizar. La densidad de población es una clave explicativa, frente a la que se debe responder con una jerarquización del poblamiento y de los servicios para que sean accesibles en tiempo razonable a todos los habitantes rurales. Los incentivos fiscales al asentamiento y la inversión de particulares y de instituciones, así como el apoyo económico a los Grupos de Acción Local –verdaderos apóstoles del desarrollo rural-, deben correr paralelos. Y, tal vez, sería muy conveniente establecer una PAC forestal, pues las ayudas al mantenimiento de

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

54

los bosques favorecerían la creación de empleo rural y evitarían los incendios forestales, que se producen reiteradamente por el abandono del terreno, la matorralización (12 millones de hectáreas en España están ocupadas por el matorral, el 23,5% de la superficie española, según datos del Corine Land Cover 2018) y la falta de interés por unos bosques de alto valor ecológico, aunque de muy poco valor económico.

7. Agradecimientos Este trabajo ha contado con el apoyo del Proyecto de investigación de I+D+i CSO201239564-C07-01, sobre los Paisajes Patrimoniales de la España interior septentrional y occidental, que ha tenido su continuidad en el Proyecto de Investigación I+D CSO2016-79756-P (AEI/FEDER, UE) Paisajes Culturales de la Lista del Patrimonio Mundial. Claves para la identificación y criterios para la gestión de los paisajes de los vinos y viñedos con valor patrimonial, Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia- Sub-programa Estatal de Generación de Conocimiento, convocatoria 2016.

8. Referencias • Alario, Milagros; Molinero, Fernando y Morales, Erica (2014). «Nuevos usos residenciales en el espacio rural de Castilla y León». Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 66, 397-422. • Alario, Milagros; Molinero, Fernando y Morales, Erica (2018). «La persistencia de la dualidad rural y el valor de la nueva ruralidad en Castilla y León (España)». Investigaciones Geográficas, 70, 9-30. • Buciega, Almudena., Pitarch, Maria-Dolores y Esparcia, Javier (2009). «The context or rural-urban relationships in Finland, France, Hungary, The Netherlands and Spain». Journal of Environmental Policy & Planning, 11 (1), 9-27. • Camarero, Luis Alfono (1993). Del éxodo rural y del éxodo urbano, ocaso y renacimiento de los asentamientos rurales en España. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. • Capel, Horacio (1975). «La definición de lo urbano». En Homenaje al Profesor Manuel de Terán, Estudios Geográficos, 138-139 (número especial), 265-301. • Cerdà (Paco Cerdà) (2017). Los últimos. Voces de la Laponia española. Logroño: pepitas ed. • Comisionada del Gobierno para el Reto Demográfico (2019). Estrategia Nacional ante el Reto Demográfico. Informe y propuestas coordinadas por Isaura Leal (primavera de 2019). • Concepto de medio rural (2019): http://www.aragon.es/estaticos/ImportFiles/12/docs/Areas/Estadisticas_agrarias/Estadisticas_genero/CONCEPTO_MEDIO_RURAL.pdf • Corine Land Cover 2018. Agencia Europea de Medio Ambiente. Programa Copernicus, Europe’eyes on Earth, En https://land.copernicus.eu/pan-european/corine-land-cover/clc2018 [Consulta de enero de 2019]. • Drain, Michel (1989): «Relación entre la agrociudad y su entorno en España y Portugal». En López-Casero, Francisco (compilador). La agrociudad mediterránea. Madrid: MAPA, 233-258. • Echeverri, R. (2001). La nueva ruralidad. En Concheiro, Luciano y Grajales, Sergio (2009). «Nueva ruralidad y desarrollo territorial. Una perspectiva desde los sujetos sociales». Veredas, Revista del pensamiento sociológico, 18, p. 159. • Entrena, Francisco (2005). «Procesos de periurbanización y cambios en los modelos de ciudad: un estudio europeo de casos sobre sus causas y consecuencias». Papers: revista de sociología, 78, 59-88. En https://ddd.uab.cat/ record/5552 [Consulta de enero de 2019]. • Esparcia, Javier; Escribano Jaime y Sánchez Aguilera, Dolores (2017). «Los territorios rurales» En Romero, Joan (coord.), Geografía humana de España. Valencia: Tirant lo Blanch-Universitat de València, 367-448. • ESPON (2017). Shrinking rural regions in Europe. Policy brief. En https://www.espon.eu/rural-shrinking 13 • Euroganadería (2019). Vídeo: http://www.euroganaderia.eu/hugo-moran/euroganaderia/despoblamiento-ausencia-de-politicas-de-estado_4223_0_0_0_1_70846_4238391617460_in.html [Consulta: 21 de enero de 2019]. • European Commission. DG Agriculture and Rural Development (s/f., 2014). The CAP towards 2020. Disponible en: http://ec.europa.eu/agriculture/cap-post-2013/legal-proposals/slide-show_en.pdf [Consulta del 15 de diciembre de 2015]. Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

55

• FEGA (Fondo Español de Garantía Agraria) (2018, 2019). http://www.fega.es/?q=node/682 Datos de Pagos PAC a nivel nacional en 2017. Desglose por medidas. Ídem para 2018. [Consulta de octubre de 2018 y 29 de mayo de 2019] • FEMP (2017). Documento de Acción de la Comisión de Despoblación en España. http://www.femp.es/sites/default/ files/multimedia/documento_de_accion_comision_de_despoblacion_9-05-17.pdf [Consulta de 20 de diciembre de 2018]. • Frediani, Julieta Constanza (2010). Lógicas y tendencias de la expansión residencial en áreas periurbanas. El Partido de La Plata, Buenos Aires, Argentina, entre 1990 y 2010. Tesis doctoral. En http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/ library?a=d&c=tesis&d=Jte355 [Consulta de enero de 2019]. • Fundación BBVA e IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas) (2015). Series homogéneas de población 1900-2011 (noviembre 2015). En https://www.fbbva.es/bd/cambios-la-estructura-localizacion-la-poblacion-series-homogeneas-1900-2011/ [Consulta de noviembre de 2018]. • García, Alfonso (1967a). Las migraciones interiores españolas. Estudio cuantitativo desde 1900. Madrid: Instituto de Desarrollo Económico. • García, Alfonso (1967b). «Las migraciones interiores españolas y su repercusión sobre la población agraria». Revista de Estudios Agrosociales, 58, 9-29. • García, Benjamín (1996). La sociedad rural ante el siglo XXI. Madrid: MAPA. • García, Benjamín (2003a). La sociedad rural en Castilla y León ante el próximo siglo. Valladolid: Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León; 2ª ed., Consejería de Cultura y Turismo. • García, Benjamín (2003b). ¿Se acabó el éxodo rural? Nuevas dinámicas demográficas del mundo rural español. En García Pascual, Francisco (coord.). La lucha contra la despoblación todavía necesaria, políticas y estrategias sobre la despoblación de las áreas rurales en el siglo XXI, Lleida, 13-42. • García, Benjamín (2011). Ruralidad emergente, posibilidades y retos. Madrid: MARM. • García, Jesús (1965). La emigración exterior de España. Barcelona: Ariel. • Goerlich, Francisco J., Ruiz, Francisco, Chorén, Pilar y Albert, Carlos (2015). Cambios en la estructura y localización de la población: Una visión de largo plazo (1842-2011). Bilbao: Fundación BBVA. • Goerlich, Francisco J., Reig, Ernest, Cantarino, Isidro (2016). «Construcción de una tipología rural/urbana para los municipios españoles». Investigaciones Regionales – Journal of Regional Research, 35, 151-173. • González, Esmeralda (1991): Industrialización y desarrollo metropolitano en España. Ediciones de la Universidad de Oviedo. En http://www.unioviedo.es/reunido/index.php/RCG/index [Consulta de enero de 2019]. • Guirado, Carles y Cuadrado, Sergi (2009) «Los actuales procesos de urbanización y recuperación demográfica en las áreas rurales de Cataluña: los espacios de montaña (Pirineo catalán) y los espacios del traspaís litoral (Empordà)». En Grupo de Geografía Rural-AGE, Los espacios rurales españoles en el nuevo siglo. Actas del XIV Coloquio de Geografía Rural, Madrid. • Halfacree, Keith (1993). Locality and Social Representation: Space, Discourse and Alternative Definitions of the Rural. Journal of Rural Studies, 9.1, 23-37. • Hidalgo, Rodrigo; Salazar, Alejandro; Lazcano, Rodrigo; Roa, Francisco; Álvarez, Lily. et al. (2005). Transformaciones socioterritoriales asociadas a proyectos residenciales de condominios en comunas de la periferia del Área Metropolitana de Santiago. Revista INVI; Santiago, T. 20, 54. • INE (2018 y años precedentes): Padrón de habitantes 2018 (Estadísticas del Padrón continuo a 1 de enero de 2018). Ídem para Padrones desde 1998, y para Censos de Población desde 1900 a 2001 y 2011. https://www.ine.es/dyngs/ INEbase/es/categoria.htm?c=Estadistica_P&cid=1254735572981 • Jonard, François ; Lambotte, Michel ; Ramos, Fabien ; Terres, Jean-Michel y Bamps, Catharina (2009). «Delimitations of rural areas in Europe using criteria of population density, remoteness and land cover». Scientific and Technical Report EUR 23757. Institute for Environmental and Sustainability (ISPRA), Joint Research Center, European Commission. • Kayser, Bernard (1989). La renaissance rurale. Paris: Armand Colin. • Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural (2007). BOE 14/12/2007. Se modifica el art. 16.3, por Ley 10/2009, de 20 de octubre (BOE-A-2009-16726). • Link, Thierry (2001). «El campo en la ciudad: reflexiones en torno a las ruralidades emergentes». En Pérez, Edelmira et al. La nueva ruralidad en América Latina, 37-53. • Llambí, Luis, Pérez, Edelmira (2007). «Nuevas ruralidades y viejos campesinismos. Agenda para una nueva sociología rural latinoamericana». Cuadernos de Desarrollo Rural, 59, 37-61.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


DOI: http://dx.doi.org/10.30827/cuadgeo.v58i3.8643

Molinero, F. (2019). El espacio rural de España: evolución, delimitación y clasificación Cuadernos Geográficos 58(3), 19-56

56

• López, Antonio (1994). «La agrociudad andaluza: caracterización, estructura y problemática». Revista de estudios regionales, 39, 59-92. • López-Casero, Francisco (1989) (compilador). La agrociudad mediterránea. Madrid: MAPA. • Méndez, Ricardo (2018). La telaraña financiera. Una geografía de la financiarización y sus crisis. Santiago: RIL editores, Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC. • Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) (2018): http://www.magrama.gob.es/ es/prensa/noticias/la-comisi%C3%B3n-europea-aprueba-los-%C3%BAltimos-programas-de-desarrollo-ruralespa%C3%B1oles-2014-%E2%80%93-2020-/tcm7-402533-16 [Consulta de octubre de 2018]. • Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) (2010). Programa de desarrollo rural sostenible (20102014). 4. Zonas rurales de aplicación del programa https://www.mapa.gob.es/es/desarrollo-rural/planes-y-estrategias/ley-para-el-desarrollo-sostenible-del-medio-rural/4.Zonas%20rurales%20aplicaci%C3%B3n%20programa_ tcm30-152124.pdf [Consulta del 20 de septiembre de 2018]. • Ministerio de Fomento (2018). Áreas urbanas de España. Cuarenta años de las ciudades españolas. En http://atlasau.fomento.gob.es/ [Consulta de 8 de enero de 2019]. • Molinero, Fernando (1979). La Tierra de Roa, la crisis de una comarca vitícola tradicional. Valladolid: Departamento de Geografía, Universidad de Valladolid. • Molinero, Fernando y Alario, Milagros (1994). «La dimensión geográfica del desarrollo rural». Revista de Estudios Agrosociales, 169, 53-87. • Molino, Sergio del (2016). La España vacía. Viaje por un país que nunca fue. Madrid: Turner. • OECD (2006). The New Rural Paradigm, Policies and Governance. Paris: OECD Rural Policy Reviews. • ONU (1988). Concepts and methods of environment statistics, human settlements statistics; a technical report. New York: ONU. • ONU (1998). Principios y recomendaciones para los censos de población y habitación. New York: ONU. • Parlamento Europeo (2016). Briefing Septiembre 2016. En http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/ BRIE/2016/586632/EPRS_BRI(2016)586632_ES.pdf [Consulta de 25 de abril de 2019]. • Pérez, Víctor (1969). Emigración y sociedad en la Tierra de Campos. Estudio de un proceso migratorio y un proceso de cambio social. Madrid: Instituto de Desarrollo Económico. • Pérez, Víctor (1971). Emigración y cambio social. Barcelona: Ariel. • Recaño, Joaquín (2017). «La sostenibilidad demográfica de la España vacía». Perspectives Demografiques, 7, 1-4. • Reig, Ernest; Goerlich, Francisco J. y Cantarino, Isidro (2016). «Delimitación de áreas rurales y urbanas a nivel local. Demografía, coberturas del suelo y accesibilidad». Economía y Sociedad, Informes 2016. Bilbao: Fundación BBVA. • Rivera, Enrique y García, Juan Carlos (2009). «Inmigración y cambio demográfico en la región metropolitana madrileña entre 1996 y 2006». Anales de Geografía, 29, 1, 111-138. • Sánchez, Joan-Eugeni (1998). «Barcelona: transformaciones en los sistemas productivos y expansión metropolitana». En La ciudad dispersa. Suburbanización y nuevas periferias, Seminario celebrado en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, febrero-abril de 1996. En http://archivouel.tripod.com/dispersa4.pdf • Sancho, José y Reinoso, Daniel (2012). «La delimitación del ámbito rural: una cuestión clave en los programas de desarrollo rural». Estudios Geográficos, LXXIII (273), 599-624. • Tamames, Ramón (1962). «Los movimientos migratorios de la población española durante el período 1951-60». Revista de Economía Política, 32, 105-140. • Tesorería General del INSS (2018, 2015 y 2007). Padrón de cotizantes a la Seguridad Social. Cuentas y trabajadores distribuidos por régimen, municipio y actividad CNAE-09 a dos dígitos, en junio de 2018, en junio de 2015 y en junio de 2007.

Sobre el autor Fernando Molinero Hernando Doctor en Geografía por la Universidad de Valladolid en 1979. PTUN de AGR en 1985; CAUN de AGR desde 2005. Actualmente Profesor Emérito de la Universidad de Valladolid. Líneas de investigación preferente: (i) estudios de carácter regional a escala mundial, nacional y regional, (ii) investigaciones rurales y agrarias, especialmente vitivinícolas, (iii) paisajes patrimoniales. Publicaciones recientes: Molinero, F., Tort, J. y Ojeda, J.F. (Coords.) (2011): Los paisajes agrarios de España, MARM, Madrid; Molinero, F. (coord.) (2013 y 2014): Atlas de los paisajes agrarios de España, 2 Tomos. MAPAMA, Madrid; Molinero, F. & Tort, J. (Coords.): Paisajes patrimoniales de España. Madrid: MAPA y Ministerio para la Transición ecológica y UAM Ediciones, 1398-1421.

Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0

e-ISSN 2340-0129


artículo nº2.1: “EL ESPACIO RURAL DE ESPAÑA: evolución, delimitación y clasificación” Fernando Molinero Hernando


2.2. ARTÍCULO previo de Eugenio Ruiz Urrestarazu y Rosario Galdós Urrutia -2019Recomendado por el ponente Roberto Torres Elizburu

artículo nº2.2: “HACIA UNA ASIMILACIÓN SOCIOECONÓMICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD” Eugenio Ruiz Urrestarazu y Rosario Galdós Urrutia


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Lurralde : invest. espac.

42

2019

p: 131-150

ISSN 0211-5891

ISSN 1697-3070 (e)

HACIA UNA ASIMILACIÓN SOCIOECONÓMICA DEL CAMPO Y LA CIUDAD: CAMBIOS RECIENTES Y DIVERSIDAD EN LAS ÁREAS RURALES DEL PAÍS VASCO Eugenio RUIZ URRESTARAZU Rosario GALDOS URRUTIA Universidad del País Vasco eugenio.ruiz@ehu.es rosario.galdos@ehu.es Resumen En este trabajo se analizan algunos componentes económicos y sociales de las áreas rurales del País Vasco con la intención de comprobar si se está produciendo una equiparación entre los ámbitos rurales con el conjunto del territorio en que se insertan, o si las diferencias se mantienen. Y desde una perspectiva territorial, si esos cambios que conducen a una hipotética asimilación afectan a todos ámbitos rurales o pueden establecerse pautas espaciales discriminatorias. Una de las principales conclusiones destaca la existencia de tres áreas rurales según su grado de evolución socio-económica, desde una mayor componente agraria a una sociedad de servicios. Palabras clave: Cambios socioeconómicos, Municipios rurales, País Vasco Laburpena Lan honetan Euskal Herriko landa eremuetako osagai sozioekonomiko zenbait aztertzen dira egiaztatzeko ea parekatzerik gertatzen ari den landa guneen artean lurraldeko osotasunarekin ala aldeak dirauten. Orobat, lurralde ikuspegi batetik aztertzen da ustezko asimilaziora daramaten aldaketak landa eremu guztiei dagozkien ala haien artean eredu espazial bereizgarriak ezar daitezkeen. Ateratako ondorio nagusienetariko batek hiru landa eremu agerian uzten ditu, euren bilakaera sozioekonomikoaren mailaren arabera nekazaritza ala zerbitzuak jarduera gailentzat dutenen artean tartekatzen direnak. Hitz gakoak: Aldaketa sozioekonomikoak, Landa udalerriak, Euskal Herria. Abstract In this article some of the economic and social ingredients of the Basque Country rural areas are analyzed in this work, trying to verify whether the equalization between the rural areas and the rest of the territory, in which they are inserted, is taking place or, on the contrary, the differences are still maintained. And from a regional perspective we are attempting to see whether the changes that lead to a hypothetical assimilation have affected to all the rural countries or whether it is possible to establish some distinctive territorial guidelines. One of the main conclusions highlights the existence of three rural areas according to their degree of socio-economic evolution, going from a society characterized as mainly agrarian to another of services. Keywords: Socio-economic changes, rural municipalities, Basque Country. Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

131


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

1.

INTRODUCCIÓN

En las décadas más recientes, autores de diferentes especialidades atentas a la evolución de los espacios rurales han insistido en el creciente protagonismo que la estructura social, y las interrelaciones que se generan, ejercen sobre el desarrollo de estos lugares. El anterior paradigma de la modernización, acompañada de la reestructuración de la agricultura, fue suplantado por el nuevo paradigma del desarrollo rural, que incorporó conceptos que han tenido un largo recorrido en la literatura científica, tales como postproductivismo, multifuncionalidad, contraurbanización, rururbanización, gentrificación o elitización rurales, entre otros muchos. Montiel (2003), en un artículo sobre áreas rurales de montaña, ya se refería a estas como espacios de recuperación y revitalización, que han experimentado procesos de terciarización y han puesto en marcha estrategias de desarrollo endógeno. Entre otros índices de recuperación citaba la repoblación de los núcleos, a través de una inmigración selectiva, la recuperación de actividades y la diversificación productiva. Los cambios sociales que se han registrado en el campo en época reciente, así como sus consecuencias, han sido estudiados desde diferentes perspectivas y en escenarios territoriales muy diversos. La inmigración procedente de áreas urbanas resulta ser en muchos casos la responsable principal de dichos cambios, por medio de la sustitución de grupos sociales con mayor grado de cualificación y nivel salarial, proceso que no está exento de generar conflictos con la población local a causa de la subida de precios y alquileres (Solana, 2006 y 2010). La diversificación social y económica que experimentan las áreas rurales debido a su poder de atracción de nuevos pobladores ha sido también contemplada desde aspectos más concretos, como la implantación del teletrabajo (Blanco y Cànoves, 2006). Se ha comprobado asimismo (Hedlund y Lundholm, 2015) que el actual proceso de reestructuración rural apenas tiene que ver con los cambios en la agricultura, sino con las fluctuaciones del sector industrial y del empleo público, y con el crecimiento del empleo en los servicios de carácter urbano. De forma más específica, el fenómeno de la gentrificación rural ha despertado un elevado interés en muchos países del mundo. Aunque la literatura sobre este tema es muy amplia, determinados aspectos reaparecen con frecuencia, confirmando que muchos trazos y muchas consecuencias son generalizables a diferentes contextos socioterritoriales. Porque, tal como se aprecia en esas aportaciones, los efectos de la gentrificación son polimorfos (Guimond y Simard, 2010). Stockdale (2010) sostiene que existen numerosas similitudes entre la gentrificación urbana y la rural. Los estudios de caso muestran cómo los cambios registrados afectan, entre otras cuestiones, a temas socio-demográficos, económicos, culturales, territoriales y medioambientales: polarización de clases, profundas transformaciones en el mercado inmobiliario, conflictos políticos frente a la planificación territorial, confrontación de actitudes sobre el medioambiente, niveles de demanda de servicios públicos, gobernanza de las comunidades (Nelson, Oberg y Nelson, 2010; Guimond y Simard, 2010). Basándose en una perspectiva naturalística, algunos 132

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

autores han utilizado el término de “greentrification” para remarcar la voluntad de los agentes de la gentrificación rural por influir en los caracteres medioambientales de su entorno con la finalidad de adaptarlos a su ideal imaginario (Richard, Dellier y Tommasi, 2014). Este y otros comportamientos Hines (2012) los enmarca dentro de la transición teórica de un régimen de producción/consumo de servicios y recursos naturales a otro de producción/consumo de experiencias. En el caso español también se han investigado las relaciones entre los nuevos residentes y el valor que conceden a factores medioambientales (Paniagua, 2008). Se debe tener en cuenta que, aunque muchos residentes en ámbitos rurales no ejercen allí su actividad principal, otras actividades secundarias que sí las realizan en los lugares de residencia contribuyen a la multifuncionalidad y al desarrollo local (Markantoni, Koster, Strijker et al, 2013). En este sentido se observa que, en general, los nuevos residentes gozan de ingresos más elevados, mayor índice de empleo y más capacidad empresarial que sus vecinos de mayor arraigo (Eliasson, Westlund y Johansson, 2015). E incluso se ha resaltado que actividades opacas o poco perceptibles colaboran de forma significativa a la mejora de la calidad de vida y de los niveles de bienestar, como es el caso estudiado de mujeres rurales emprendedoras en Holanda (Markantoni y van Hoven, 2012). Asimismo también se ha constatado que las sociedades regionales manifiestan su preferencia por territorios rurales multifuncionales (Rico y Gómez-Limón, 2012), de los que también se benefician los propios residentes al mejorar el acceso a bienes y servicios más variados y de mejor calidad (Brereton, Bullock, Clinch et al., 2011). En años recientes se ha desarrollado un nuevo paradigma del desarrollo rural basado en la rural web. Esta se define como un complejo conjunto de interrelaciones generadas interna y externamente que configura el grado de atracción de los espacios rurales, económica, social, cultural y medioambientalmente (Van der Ploeg y Marsden, 2008). Los seis componentes del esquema que, en mutua relación, definen la rural web son estos: recursos locales, innovación productiva, nuevas estructuras institucionales, administración de los mercados, actuaciones sostenibles y capital social. Con el objetivo de sintetizar las aportaciones realizadas sobre este nuevo concepto de rural web, Guinjoan, Badia y Tulla (2016) establecen tres ámbitos temáticos de referencia: la ruralidad como espacio de consumo, la redefinición del sistema agroalimentario y, el que aquí más interesa, la revitalización social. Dentro de esta última, el capital social, definido como una cualidad de las relaciones sociales que depende de la cantidad y calidad de las interacciones y redes, del contexto institucional y de la gobernanza, y de las innovaciones sociales, ejerce un papel protagonista. En el territorio concreto del País Vasco se ha analizado el papel de la inmigración extranjera en las zonas rurales desde una perspectiva locacional y demográfica con el fin de calibrar su impacto en la revitalización de dichas áreas (Eguia, Murua, Aldaz et al., 2013). Mucho antes, entre 1981 y 1996, aunque el ámbito de estudio fue distinto al adoptado en el presente trabajo, dado que se escogieron otros criterios para delimitar los espacios rurales, ya se comprobó cómo en los municipios rurales vascos se registraba una revitalización demográfica, una diversificación de la actividad económica, acompañada de un incremento del número de personas Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

133


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

en categorías profesionales más calificadas y un descenso muy notable de los trabajadores agrarios (Galdos y Ruiz, 2004). En otro trabajo reciente de los mismos autores (Galdos y Ruiz, 2016) se insiste en el crecimiento poblacional de las áreas rurales, en su proceso de diversificación y terciarización, junto con claros indicadores de mejora de la calidad de vida, marcados por el peso de la inversión pública. En su minuciosa investigación sobre la dispersión urbana en el País Vasco, Torres (2014, 2015) establece dos ámbitos territoriales contrapuestos, entre otros factores, por la tipología social de los nuevos pobladores y por la tipología edificatoria. En los entornos urbanizados aledaños a los principales núcleos urbanos expulsores de población, las familias presentan un poder adquisitivo similar a la media vasca, mientras que este es más elevado en lugares excéntricos y de carácter más rural. En todos los trabajos que se han reseñado hasta ahora, una cuestión que no deja de aparecer es el componente social de estos espacios. Según el objeto del estudio se hablará de estructura social, cambio social, revitalización demográfica y social, diversificación social, caracterización y cualificación de grupos sociales, multifuncionalidad, polarización y actitudes de clases sociales o de capital social. Como enseguida se va a concretar, también este va a ser en parte el objetivo de este escrito. 2.

OBJETIVO Y MÉTODO

Como se ha descrito en la anterior revisión bibliográfica, muchos espacios rurales europeos han vivido procesos de revitalización y de diversificación económica y social, mientras el protagonismo agrario se iba diluyendo. Esa transformación venía acompañada, en muchos casos, de una llegada de nuevos residentes de procedencia urbana, la cual podía ser considerada como una de las causas de la mutación. Los resultados de esos cambios, en diferentes grados de evolución, se traslucen en una progresiva pérdida de la identidad propia de las áreas rurales más tradicionales, según van asimilándose sus rasgos sociales y económicos a los urbanos. En este trabajo se analizan algunos componentes económicos y sociales de las áreas rurales del País Vasco con la intención de comprobar si, en efecto, se está produciendo una equiparación entre los ámbitos rurales con el conjunto del territorio en que se insertan, o si las diferencias se mantienen. Y desde una perspectiva territorial, si esos cambios que conducen a una hipotética asimilación afectan a todos los ámbitos rurales o pueden establecerse pautas espaciales discriminatorias. Se adopta el método del estudio de caso, habiéndose centrado el análisis en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Asimismo, se ha optado por desarrollar una doble vía metodológica, estadística y territorial. A través de la primera se revisan algunas variables socioeconómicas que permiten aquilatar de una forma cuantitativa las diferencias y semejanzas que los espacios rurales tienen, en su evolución reciente, respecto del conjunto del territorio. Las fuentes que se han utilizado son el Instituto Nacional de Estadística (INE, Censos y Padrones de población) y el Instituto Vasco de Estadística (Eustat, Udalmap). Dentro de las posibilidades que permiten dichas fuentes se han seleccionado las siguientes variables: 134

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Variables demográficas: crecimiento poblacional, composición por sexo y por edad. Fundamentalmente esta información permite comprobar el grado de revitalización y, en su caso, de envejecimiento de las áreas rurales, como indicadores del sentido adoptado por la evolución demográfica. Y si esta es o no comparable a la del territorio en su totalidad.

Variables educativas: nivel de instrucción. En este caso es de especial significado la población que ha alcanzado estudios superiores, ya que es indicativa del grado de desarrollo de la sociedad, de su capacitación y de los niveles de empleo alcanzables.

Variables socioeconómicas: tasa de actividad, población ocupada por sectores económicos, por situación profesional y por profesiones, y renta media familiar. Estas variables informan sobre cambios económicos que desvelan el grado de evolución hacia una economía más diversificada y terciarizada. Asimismo muestran la cualificación profesional y el nivel de vida alcanzado.

El análisis de los datos de las variables se realiza desde una doble perspectiva diacrónica y transversal, que se aplican de manera simultánea. La primera permite observar la evolución de las diferentes variables a lo largo de los períodos considerados. Se debe tener en cuenta que los períodos de referencia no son los mismos en todos los casos, ya que dependen de la posibilidad temporal que ofrezcan las fuentes utilizadas. En un primer paso, pues, se estudia la evolución que han experimentado los valores estadísticos y, en un segundo paso, se focaliza la atención en la situación más reciente. En ambos casos se emplea como contraste referencial de los valores de los municipios rurales las medias correspondientes al conjunto del País Vasco. Cuando los datos se extraen de informaciones censales se debe tener presente que el primer año utilizado, 2001, corresponde a un momento de auge económico, mientras que el último, 2011, está inmerso en una coyuntura económica de profunda recesión. Por ello, siempre debe ponderarse esta circunstancia al analizar los resultados. La perspectiva territorial se obtiene de la descripción de los mapas municipales elaborados, en los que se diferencian los valores rurales de los del resto de la región. La localización cartográfica de los municipios permite relacionarlos con su emplazamiento dentro del sistema urbano, de las redes de comunicación y equipamientos, así como con sus valores ambientales. Estas relaciones geográficas ayudan a comprender mejor sus particularidades y las posibles causas de las mismas. 3.

ÁMBITO DE ESTUDIO

Como se ha adelantado, el ámbito territorial elegido para el estudio de caso es el espacio rural de la Comunidad Autónoma del País Vasco y la escala seleccionada, la municipal. Esta escala facilita el análisis de los datos con una mayor precisión. El principal problema metodológico consiste en la propia delimitación del espacio Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

135


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

rural, de los municipios que caben ser calificados como rurales. Sobre la discusión de este tema se remite a otras aportaciones anteriores (Galdos y Ruiz, 2008 y 2016) donde se revisan diferentes posibilidades, densidad, empleo agrario, exclusión de cascos urbanos, para decantarse por el criterio estadístico de la población total. Este criterio es el que se adopta aquí: se consideran municipios rurales los que no sobrepasan la frontera de los 2.000 habitantes. En concreto, se utiliza el listado de municipios rurales que existía el primer año del dato estadístico, aunque no coincida con el del año final. De este modo, de los 153 municipios vascos que eran considerados rurales en 2001, 145 permanecen como tales en 2015 y 8 pasan a ser urbanos. Este simple criterio demográfico se aviene de forma satisfactoria a las características de una región urbanizada e industrial, como la vasca. Este doble carácter urbanoindustrial es muy determinante a la hora de interpretar los diferentes valores de los municipios rurales. Como lo es la dispar configuración de las dos vertientes, atlántica y mediterránea, en las que se divide el país. En la vertiente atlántica la urbanización y las factorías industriales, nichos de empleo y núcleos de polarización, se dispersan por todo el territorio, con una morfología lineal que ocupa los fondos de valle. Como consecuencia de esta estructura territorial, las diferencias socioeconómicas, no así las ambientales y paisajísticas, entre lo rural y lo urbano quedan muy matizadas y van perdiendo significado (Kropp, 2015). Además, la reducida extensión del territorio vasco y la cercanía de los espacios rurales a los polos de atracción y de empleo provocan una dinámica movilidad en ambos sentidos, dando lugar a lo que Oliva (2010) denomina crisol rural (rural melting-pot). En la vertiente mediterránea, por el contrario, la industria y la urbanización se concentran en unos pocos núcleos poblacionales compactos y bien definidos, sobre un territorio en que lo rural y lo urbano quedan mejor diferenciados.

4.

ANÁLISIS DE LOS DATOS

4.1. Variables demográficas En el período 2001-2015 el crecimiento poblacional de los municipios rurales ha sido espectacular en relación con el conjunto del País Vasco. Aquellos han tenido una tasa de crecimiento anual de 1,23, frente a 0,29 de la media. Esto supone un crecimiento más de cuatro veces mayor. Una nueva muestra de que la revitalización que ya se había detectado en las dos últimas décadas del siglo pasado no sólo continúa sino que se fortalece. Aunque este auge demográfico no afecta a todos los municipios rurales, sí se puede confirmar que es un hecho generalizado ya que afecta a un amplio número de ellos, 107 en concreto, que representa el 70% del total de municipios rurales y casi el 78% de la población rural.

136

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Mapa 1. Tasa de crecimiento poblacional 2001-2015

El Mapa 1 refleja con claridad que el crecimiento de población atañe a la gran mayoría de los municipios rurales. Y que este aumento no sigue, en general, unas pautas territoriales del todo definidas. Se produce tanto en una como en otra vertiente y concierne a la vez a municipios más agrarios y a otros más terciarizados. No obstante, sí que se observa que los municipios con una tasa de crecimiento inferior a la media vasca tienden a ubicarse en ámbitos de ruralidad más acentuada, como son los de la Montaña Alavesa, y algunos de los Valles Alaveses, la Llanada oriental y Gernika-Bermeo. A pesar de este incremento de población el desequilibrio entre sexos se mantiene en las áreas rurales, con un mayor número de hombres que de mujeres, a diferencia de lo que sucede en el conjunto del territorio donde el desequilibrio es inverso, son más numerosas las mujeres. En 2015 la tasa de masculinidad en el campo era de 107, mientras la media vasca era de 95,5, nada menos que 11,5 puntos de diferencia. En este caso se trata de una situación demográfica muy característica de los ámbitos rurales porque excepto 5 municipios, todos los demás (148) presentan una tasa de masculinidad más alta que la media vasca. Sin

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

137


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

embargo, la tendencia evolutiva muestra una muy ligera reducción de esta tasa en los 15 años considerados, puesto que baja un punto de los 108 iniciales. El crecimiento poblacional de los espacios rurales se ha acompañado de un rejuvenecimiento de su estructura por edad. No ha seguido el proceso de envejecimiento que se observa en el resto de país. Tabla 1. Porcentaje de población según grupos de edades (2001 y 2015)

Media vasca Municipios rurales

2001 0-19 20-64 17,5 64,5 16,4 62,0

≥ 65 18,0 21,6

0-19 18,1 20,0

2015 20-64 60,8 60,9

≥ 65 21,1 19,1

Fuente: INE, Padrón de Habitantes. Al principio del período, año 2001, el campo estaba más envejecido que el resto del territorio. Los mayores de 65 años eran más numerosos que los jóvenes, les superaban en 5 puntos porcentuales. Esto también sucedía en la media del País Vasco pero con una diferencia mucho menor, sólo de medio punto. En 2015 el panorama cambia de forma sensible. El espacio rural cuenta con más jóvenes que viejos y en el conjunto del territorio sucede lo contrario. El sintético índice de vejez de 2015 (relación entre la población de 65 años y más y la población menor de 20) es muy expresivo. Su valor es 95,6 en el campo, mientras la media vasca se eleva a 116,6. De hecho, 96 municipios rurales, un 62,8% del total, que representa al 72,2% de la población rural, tienen un índice de vejez inferior a la media vasca. 4.2. Variables educativas Un indicador expresivo del desarrollo de una sociedad es su grado de escolarización según los diferentes niveles educativos. Entre los años censales 2001 y 2011, los municipios rurales vascos han experimentado una indudable mejora en los niveles de estudios de su población de 10 y más años. En 2001 los analfabetos y quienes carecían de estudios se acercaban al 5%, diez años más tarde ese porcentaje había bajado al 2,7%. En el extremo opuesto y en ese mismo lapso temporal, los que habían cursado estudios universitarios se habían incrementado en un 4%; 9,7% en 2001 y 13,7% en 2011. Aunque no existen diferencias notorias entre ámbitos urbanos y rurales, dos rasgos peculiares caracterizan a estos últimos: mayor representación de la formación profesional y menor de la universitaria. Además, la tendencia reciente señala un progresivo incremento de la importancia de ambas. El porcentaje de personas mayores de 10 años que han cursado estudios profesionales o universitarios ha crecido 4 puntos entre los años 2001 y 2011. Si se tiene en cuenta que el incremento medio de la población vasca es ligeramente superior al 2,5 en ambos casos, queda aún más clara la susodicha preferencia de los habitantes del campo por los estudios profesionales, por un lado, y por otro que la proporción de residentes rurales con estudios superiores tiende a equipararse con la media vasca. Si en 2001 la diferencia era de 3,4 puntos a favor de esta, en 2011 se ha reducido a 2,1. 138

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Tabla 2. Población de 10 y más años de edad según su nivel de instrucción en 2001 y 2011 (%)

Analfabetos Sin estudios Preescolar y primarios Secundarios Profesionales Medio-superiores Superiores

País Vasco 2001 2011 0,68 0,48 4,17 2,66 42,18 35,39 18,44 20,91 13,94 16,49 7,43 8,26 13,16 15,81

Municipios rurales 2001 2011 0,48 0,35 4,43 2,36 48,23 38,10 16,43 19,05 14,07 18,36 6,63 8,10 9,73 13,68

Total

100,00

100,00

100,00

100,00

Fuente: EUSTAT, Censos de Población Desde la doble perspectiva territorial y poblacional también queda ratificado este hecho. El número de municipios rurales que presenta un porcentaje mayor que la media de habitantes con estudios profesionales es 110 (71,9% del total), que acogen al 73,1% de la población rural. El desequilibrio es mayor en la población con estudios universitarios. Son 121 municipios rurales (79,1%) los que tienen una proporción inferior a la media, los cuales representan a dos tercios de los residentes en el campo. Su localización territorial ilustra con claridad la diversidad del espacio rural y los factores que desencadenan su propia evolución. El Mapa 2 descubre la existencia de dos mundos rurales. Por un lado, los municipios rurales con mayores tasas de universitarios que se concentran en áreas de expansión de las grandes aglomeraciones urbanas, pero a cierta distancia de ellas. Es el caso de municipios de la comarca de Plentzia-Mungia y de GernikaBermeo en Bizkaia, o de los de las Estribaciones del Gorbea en Álava. En casi todos los casos se trata de municipios que han ido recibiendo población urbana de mediano y alto poder adquisitivo que busca entornos rurales más naturalizados y paisajes atractivos, así como áreas residenciales de baja densidad y calidad edificatoria, dotadas de buenos equipamientos y servicios (Torres, 2014 y 2015; Galdos y Ruiz, 2008 y 2012). Por otro lado, los municipios con porcentajes de universitarios inferiores a la media se ubican en gran parte de la provincia alavesa, el este de Gipuzkoa y en las comarcas vizcaínas de Markina-Ondarroa y en el este y sur de la de Gernika-Bermeo. La práctica totalidad de estos términos municipales se corresponde con las zonas más agrarias del país, donde el porcentaje de agroganaderos es mayor, si bien cabe establecer una diferencia entre las vertientes atlántica y mediterránea. Esta última, que atañe a los municipios alaveses, ofrece Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

139


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

una estructura económica y social donde el peso agrario es importante, como se ha dicho, pero la atlántica, además de eso, muestra en su composición poblacional una destacada impronta de la ocupación industrial, ya que dichos municipios se emplazan en cuencas secundarias de otras principales, cuyos fondos de valle forman un conglomerado urbano-industrial de carácter lineal. Estos fondos de valle actúan de focos de empleo para sus áreas de influencia. En definitiva, el grado de evolución económica y social, desde comunidades con arraigo agrario e industrial, hasta otras con mayor diversificación y terciarización, determina la variedad dicotómica del espacio rural. Mapa 2. Porcentaje de población de 10 y más años de edad con estudios superiores, 2011.

4.3. Variables socioeconómicas Durante el intercensal 2001-2011 la tasa de actividad de los espacios rurales ha experimentado una mejora respecto de la situación media. El primer año citado la tasa del País Vasco fue de 46,9%; en 89 municipios rurales (58,2% del total) era 140

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

menor. Diez años más tarde, en 2011, la situación cambia. La tasa vasca había aumentado al 48,4%, pero sólo 64 municipios rurales (41,8%), 25 menos que en 2001, registraban valores menores. En los municipios en que en 2011 habitaba el 65,4% de la población rural su tasa de actividad superaba la media. El aumento generalizado de la tasa de actividad se debe en gran parte, como suele ser habitual, a la incorporación creciente de las mujeres a la actividad. En el conjunto del País Vasco, mientras la tasa masculina entre los datos censales de 2001 y 2011 pierde 3,6 puntos porcentuales, la femenina crece 6,5 puntos. El avance de la tasa de actividad general en el espacio rural se corrobora también si se examina por sexos. En 2001 la tasa de actividad masculina era menor que la media en la mayoría de los municipios rurales, 87 sobre 153, y otro tanto sucedía con la femenina: 96 municipios (62,8% del total) la tenían más baja. En 2011 la circunstancia es la inversa, tanto en la tasa masculina como en la femenina se da un mayor número de municipios rurales que sobrepasa las tasas medias vascas. Al examinar los datos de la población ocupada por sectores económicos y su evolución entre 2001 y 2011, se advierte que los ámbitos rurales muestran una situación menos evolucionada que el conjunto del país. El acelerado proceso de terciarización de la economía, que acompaña a las sociedades más avanzadas, avanza con retraso en el campo vasco. Tabla 3. Evolución porcentual de la población ocupada por sectores económicos (2001 y 2011).

Primario Industria Construcción Servicios Total

2001 2,2 34,0 10,7 53,1 100

País Vasco 2011 1,0 19,9 7,4 71,7 100

Municipios rurales 2001 2011 11,3 4,7 37,0 26,3 10,4 7,4 41,3 61,6 100 100

Fuente: EUSTAT, Censos de Población. La evolución en conjunto de los sectores económicos sigue las mismas pautas en los municipios rurales que en el conjunto vasco, acorde con lo que caracteriza a las denominadas economías postindustriales: descenso de la proporción de ocupados agrarios e industriales y aumento de los que trabajan en los servicios. A pesar de esta semejanza de comportamiento general, se advierten diferencias cuantitativas y de ritmo en el proceso, que conviene analizar con más detalle, porque son indicativas de que la personalidad de las áreas rurales permanece siendo por ahora peculiar. Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

141


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Como ya se ha comentado, el abandono agrario continúa durante los años seleccionados, pero es más acelerado en los medios rurales. En 2001 la diferencia porcentual entre la media vasca y los municipios rurales era de 9,1 puntos, diez años después se restringe a 3,7. Por tanto, aunque como es lógico que en general los entornos rurales mantengan una actividad agraria más relevante, las diferencias se van suavizando: el campo vasco cada vez se va caracterizando menos por su impronta agraria. Se observa, incluso, que en 2011, 13 municipios rurales tenían un porcentaje aún más bajo que la media vasca, por debajo del 1%, si bien todavía quedaba un municipio con un valor superior al 50%. Ello indica la diversidad real de estos territorios, desde municipios con un componente agrario protagonista o, al menos, significativo, hasta otros que apenas se distinguen en este aspecto, más allá de su apariencia paisajística, de los urbanos. Un segundo indicador de la identidad rural vasca, en este caso en apariencia algo paradójico, radica en el sector industrial. La media vasca en este sector ha descendido del 34% a menos del 20%, 14 puntos de caída. En el campo el descenso ha sido bastante más suave, 10,7 puntos. Analizando los datos de otra manera, la diferencia porcentual entre la media vasca y los municipios rurales era de 3 puntos en 2001, a favor de estos últimos, y en 2011 la divergencia se había doblado, alcanzaba los 6,4 puntos. Dicho año, las dos terceras partes de los municipios y de la población rural ostentaban un porcentaje de trabajadores industriales superior a la media. Todo ello da a entender la mayor importancia relativa de la ocupación industrial entre los residentes en el campo. Esto se explica porque, como ya se ha dicho, el País Vasco sigue siendo una región industrial y, en particular en su vertiente atlántica, con una localización de las empresas y del poblamiento dispersa por el territorio. Casi lo opuesto, como tercer indicador, sucede con la población terciaria. El ritmo de terciarización de los ocupados rurales va desfasado respecto del conjunto del país, aunque ya en 2011 era el sector claramente mayoritario. Pero dicho ritmo de crecimiento no es más lento, sino que su desarrollo es más vivo entre los residentes en áreas rurales. En el conjunto del País Vasco la proporción de ocupados en los servicios ha crecido 18,6 puntos, mientras que en el ámbito rural el aumento ha sido de 20,3 puntos, afectando dicho incremento, en distinto grado, a todos los municipios rurales sin excepción. Las diferencias se acortan, si bien todavía en 2011, 136 municipios rurales (88,9% del total) detentaban valores inferiores a la media.

142

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Tabla 4. Evolución porcentual de la población ocupada según su situación profesional (2001 y 2011).

Municipios rurales 2011 2001 2011 15,2 22,5 18,8 81,8 74,1 76,9 0,5 0,4 0,5 2,5 3,0 3,8 100 100 100

País Vasco Empresarios Trabajadores Ayuda familiar Cooperativista Total

2001 15,3 82,1 0,3 2,3 100

Fuente: EUSTAT, Censos de Población. Los datos de la anterior tabla no son los reales ya que la fuente estadística no incluye algunos municipios de pequeño tamaño demográfico, al aplicar las restricciones impuestas por las normas de confidencialidad. Aún con esta salvedad, de los datos obtenidos se desprende que no existen grandes diferencias entre las medias del País Vasco y las de los municipios rurales respecto de la situación profesional de sus poblaciones. El único rasgo más distintivo es el descenso del porcentaje de empresarios en el campo y el paralelo aumento de los asalariados. En concreto se debe a la desaparición de empresarios que no empleaban personal, coincidiendo con el abandono del trabajo de empresarios agrícolas. Con todo, el porcentaje de empresarios se mantiene más elevado en el campo, al igual que el de cooperativistas. En consecuencia, tal como también se ha observado en el análisis de la información de los sectores económicos, la evolución reciente señala un paulatino acercamiento de las áreas rurales al comportamiento del conjunto de la población. Los niveles profesionales son un indicador interesante para cotejar el grado de cualificación que alcanza determinada población y, por tanto, indica la intensidad de su proceso de elitización. Aunque en la tabla simplificada que se presenta no se desglosa, un dato que descolla de manera significativa es la brusca caída del número de personas del mayor nivel profesional, directivos y gerentes, entre las dos fechas consideradas. Pero este cambio afecta por igual a todos los territorios, sean o no rurales. Así, en el conjunto del País Vasco se inicia el período con un porcentaje de directores y gerentes del 7,4%, cifra que desciende al 2,7% en 2011. En áreas rurales el proceso es similar, con un declive del 7,2% al 2,6%. Hay que tener presente la contrastada coyuntura económica que caracterizan a esos dos años censales, tal como se ha advertido en el epígrafe del método. Las diferencias de las áreas rurales respecto de la media vasca se concretan en una presencia relativa más reducida de personas con profesiones más cualificadas en dichas áreas y el consiguiente mayor porcentaje de trabajadores. Pero analizando la tendencia evolutiva se Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

143


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

comprueba, una vez más, que los entornos rurales propenden a asimilarse con el resto del territorio. Tabla 5. Evolución porcentual de la población ocupada según profesiones (2001 y 2011).

País Vasco 2001 2011 Directores, gerentes, técnicos y profesionales Empleados administrativos Trabajadores cualificados Trabajadores no cualificados Fuerzas armadas Total

Municipios rurales 2001 2011

34,2

34,1

27,7

31,6

9,6

10,5

7,9

9,2

47,2

41,6

56,4

46,1

8,9

13,7

7,9

13,0

0,1 100

0,1 100

0,1 100

0,1 100

Fuente: INE, Censos de Población.

También se ha consultado la información relativa a la afiliación a la Seguridad Social por grupos de cotización y los resultados de los datos ratifican la situación descrita. En los espacios rurales, las proporciones de profesionales de alta cualificación más elevadas se asientan en municipios que bordean el área metropolitana de Bilbao por el nordeste y por el sur, y en otros que limitan por el norte el término de la capital alavesa. En Bizkaia pertenecen preferentemente a las comarcas de Plentzia-Mungia y Gernika-Bermeo y al valle de Arratia. En Álava, a las Estribaciones del Gorbea y al norte de la Llanada. Este fenómeno no se detecta en el entorno del área metropolitana de San Sebastián debido a que los municipios que la circunvalan son en su mayoría de carácter urbano. Los motivos que ayudan a comprender su localización siguen las mismas pautas que se han aducido para los municipios con mayor índice de universitarios (Mapa 2). Se trata de municipios que han experimentado procesos de gentrificación o elitización por hallarse en ámbitos rurales de calidad ambiental y paisajística, accesibles desde las mayores aglomeraciones urbanas. Por el contrario, en aquellos municipios que mantienen un carácter agrario más destacado o que, a veces de forma paralela, cuentan con 144

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

una presencia notable de ocupados en la industria, su proporción de residentes con elevada cualificación profesional es más pequeña. Entre los primero se encuentra la mayor parte de municipios rurales alaveses, y los de la mitad oriental de Gipuzkoa entre los segundos. Mapa 3. Porcentaje de ocupados de alta cualificación profesional (Directores gerentes y profesionales técnicos), 2011

En un trabajo anterior Galdos y Ruiz (2016) utilizan la renta familiar como testimonio de calidad de vida y que también puede aplicarse al presente caso de estudio. Los resultados de dicho trabajo, basados en datos de 2001 y 2013, son los siguientes. En ambas fechas la renta familiar media de los municipios rurales es más baja que la media vasca. Pero, de nuevo, la evolución temporal indica que la desigualdad tiende a borrarse. Si en 2001 la renta rural era un 33,8% más baja, en 2013 queda sólo a 6,9 puntos de la media del País Vasco. El proceso de confluencia es evidente. Pero dichos autores destacan un hecho territorial que enmascaran los datos medios. En un ranking de renta familiar de todos los municipios vascos, los cinco primeros puestos, los que ostentan mayores niveles de renta, están ocupados por municipios rurales y también los cinco últimos. Sin embargo un 60,4% de los municipios rurales poseen rentas más elevadas que la media vasca. Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

145


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

Mapa 4. Renta familiar 2015

El Mapa 4, con datos de la renta familiar actualizado al año 2015, repite alguna de las pautas que se señalaban en los mapas anteriores 2 y 3. Sobre todo el Mapa 3, donde se dibujaban los porcentajes de profesionales más cualificados, coincide con este de la renta familiar. De nuevo las rentas familiares más altas que la media vasca aparecen en los municipios rurales de Plentzia-Mungia, GernikaBermeo y valle de Arratia, todos ellos en el entorno del área metropolitana de Bilbao; y en las Estribaciones del Gorbea y Llanada alavesa, en la vecindad del extenso municipio de Vitoria. La novedad consiste en que se suman a este conjunto la práctica totalidad de los municipios rurales guipuzcoanos, buena parte de ellos en el del valle del Oria. Las comarcas rurales más profundas de Álava mantienen, por el contrario, rentas inferiores a la media. Se deduce que la renta familiar está ligada positivamente con municipios transformados socialmente por la gentrificación en el entorno de las principales aglomeraciones urbanas y también, en el caso guipuzcoano, con municipios de marcado componente industrial en la ocupación de su población. A su vez, las rentas bajas afloran en las comarcas de mayor raigambre agraria y rural.

146

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

5.

CONCLUSIONES

El crecimiento poblacional de los municipios rurales no sólo se mantiene entre 2001 y 2015, sino que se fortalece. La tasa de crecimiento anual supera más de cuatro veces la media vasca. Un rasgo muy característico de los ámbitos rurales es el de su desequilibrio de sexos, la masculinización del campo. Y esta peculiaridad apenas se retrae durante el período de estudio, la tasa de masculinidad sólo baja un punto de los 108 iniciales. Sin embargo el incremento poblacional se acompaña de un rejuvenecimiento, muy destacado estos años. Si en 2001 el campo estaba más envejecido que el resto del territorio, en 2015 sucede lo contrario, el espacio rural es más joven, en términos relativos, que la media vasca. El crecimiento de la población rural y su rejuvenecimiento avalan sin lugar a dudas la revitalización de estos espacios. En el período de observación (2001-2011) el nivel de estudios de la población rural experimenta una patente mejoría. Disminuye la proporción de analfabetos y personas sin estudios y aumenta la de universitarios. En el campo se advierte una mayor inclinación por la formación profesional y una menor por los estudios universitarios que en el conjunto de la población vasca. Sin embargo la proporción de residentes rurales con estudios superiores tiende de manera progresiva a equipararse con la del resto del territorio. La tasa de actividad en el campo ha crecido de manera generalizada, impulsada por la incorporación progresiva de la mujer al trabajo. La evolución de la distribución de ocupados por sectores económicos sigue la misma pauta en el campo que en el resto del territorio: descenso de la proporción de agrarios e incremento de la de terciarios. El ritmo de terciarización de los municipios rurales marcha con retraso respecto de los urbanos, si bien su crecimiento es más vivo y las diferencias se acortan. Otro rasgo distintivo de las áreas rurales vascas es la mayor importancia relativa de la ocupación industrial. Por tanto, el ámbito rural ofrece una situación menos evolucionada, aunque la tendencia señala una progresiva confluencia con el resto del país. Aunque se registran algunas diferencias, no existe gran disparidad entre la distribución de la población ocupada por situación profesional entre el campo y la ciudad y, en todo caso, su evolución vuelve a mostrar un proceso de acercamiento entre ambas. Este mismo proceso se confirma en el caso de la población ocupada por profesiones, aunque las áreas rurales poseen una presencia porcentual más reducida de ocupados en profesiones cualificadas. Por último, la renta familiar media de los municipios rurales es más baja, pero esta desigualdad tiende a corregirse En definitiva y atendiendo a las medias estadísticas, los municipios rurales vascos se están revitalizado y se van borrando de manera gradual sus disparidades con el conjunto del territorio. Así y todo, presentan aún un estadio menos evolucionado que los entornos más urbanos. Una conclusión importante es que la información y el análisis de los datos estadísticos tienen que ser completados con una representación cartográfica que desvele las particularidades territoriales. De los mapas que se han representado se desprende Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

147


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

que existen tres áreas rurales según su grado de evolución socio-económica, desde una mayor componente agraria a una sociedad de servicios. Los municipios más terciarizados, con niveles de formación superior, profesiones más cualificadas y rentas familiares más elevadas, se concentran en el entorno no inmediato de las grandes ciudades, lugares que conservan atractivos ambientales y paisajísticos. En ellos se ha producido el fenómeno de la gentrificación. En segundo lugar, en un grado intermedio de evolución en que algunos indicadores los asemejan a los urbanos, pero en otros todavía quedan retrasados, están los municipios rurales de influjo industrial, aledaños a focos urbano-industriales, representados por los municipios rurales guipuzcoanos. Y por último, los entornos de mayor ruralidad con mayor peso agrario y escasa dotación de servicios, que presentan bajas tasas formativas, profesiones menos cualificadas y menores rentas familiares, tal como se comprueba en las comarcas rurales alavesas.

BIBLIOGRAFÍA BLANCO, A. y CÀNOVES, G. (2006) “Resumen de Teletrabajo, género y gentrificación en los espacios rurales: nuevos usos y nuevos protagonistas, los casos de Cataluña y Ardèche (Francia)”. Geographicalia, nº 49, 99-110 y nº 50, 27-44. BRERETON, F., BULLOCK, C., CLINCH, J. P. et al. (2011) “Rural change and individual well-being: the case of Ireland and rural quality of life”. European Urban and Regional Studies, vol. 18, nº 2, 203-227. EGUIA, B., MURUA, J. R., ALDAZ, L. et al. (2013) “La población inmigrante en las zonas rurales del País Vasco”. ITEA-Información Técnica Económica Agraria, vol. 109, nº 2, 215-238. ELIASSON, K., WESTLUND, H. y JOHANSSON, M. (2015) “Determinants of Net Migration to Rural Areas, and the impacts of Migration on Rural Labour Markets and Self-Employment in Rural Sweden”. European Planning Studies, vol. 23, nº 4, 693-709. GALDOS, R. y RUIZ, E. (2004) “Counterurbanization and socioeconomic changes in rural areas: the case of the Basque Country” en Managing the environment for rural sustainability (Makhanya, E. y Bryant, Ch., eds.) Montréal, Université de Montréal, University de Zululand, 114-121. GALDOS, R. y RUIZ, E. (2008) “La urbanización de los espacios rurales en el País Vasco” en Los espacios rurales en el nuevo siglo. Actas del XIV Coloquio de Geografía Rural (Gómez, J. M. y Martínez, R., coords.). Murcia, Universidad de Murcia, 114-121. GALDOS, R. y RUIZ, E. (2012) “El macizo del Gorbea: un espacio rural con acceso al desarrollo” en Territorio y paisaje en las montañas españolas: Estructuras y dinámicas espaciales (Delgado, C. y Plaza, J. I., eds.). Santander, Ediciones de Librería Estudio, 203-216. 148

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

GALDOS, R. y RUIZ, E. (2016) “Valoración del desarrollo rural en el País Vasco en los últimos 30 años (1986-2015)” en Treinta años de Política Agraria Común en España: agricultura y multifuncionalidad en el contexto de la nueva ruralidad (Ruiz, A. R., Serrano de la Cruz, M. A. y Plaza, J., eds.). Ciudad Real, Edit. Óptima, GUIMOND, L. Y SIMARD, M. (2010) “Gentrification and neo-rural populations in the Québec countryside: Representations of various actors”. Journal of Rural Studies, vol. 26, nº 4, 449-464. GUINJOAN, E., BADIA, A. y TULLA, A. F. (2016) “El nuevo paradigma de desarrollo rural. Reflexión teórica y reconceptualización a partir de la rural web”. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº 71, 179-204. HEDLUND, M. y LUNDHOLM, E. (2015) “Restructuring of rural Sweden. Employment transition and out-migration of three cohorts born 1945-1980”. Journal of Rural Studies, vol. 42, 123-132. HINES, J. D. (2012) “The Post-Industrial Regime of Production/Consumption and the Rural Gentrification of the New West Archipelago”. Antipode, vol. 44, nº 1, 7497. KROPP, C. (2015) “Regional Rurbanism: Patterns of Everiday Life Experiences of Post-Industrial Production of Space Between Homogenization and Fragmentation”. Raumforschung und Raumordnung/Spatial Research and Planning, vol. 72, nº 2, 91-106. MARKANTONI, M. y van HOVEN, B. (2012) “Bringing “invisible” side activities to light. A case study of rural female entrepreneurs in the Veenkolonien, the Netherlands”. Journal of Rural Studies, vol. 28, nº 4, 507-516. MARKANTONI, M., KOSTER, S., STRIJKER, D. et al. (2013) “Contributing to a Vibrant Countryside? The Impact of Side Activities on Rural Development”. Tijdschrift Voor Economische En Sociale Geografie, vol. 104, nº 3, 292-307. MONTIEL, C. (2003) “Tradición, renovación e innovación en los usos y aprovechamientos en las áreas rurales de montaña”. Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada, nº 33, 7-26. NELSON, P. B., OBERG, A. Y NELSON, L. (2010) “Rural gentrification and linked migrations in the United States”. Journal of Rural Studies, vol. 26, nº 4, 343-352. OLIVA, J. (2010) “Rural Melting-pots, Mobilities and Fragilities: Reflections on the Spanish Case”. Sociologia Ruralis, 50(3): 277-295. PANIAGUA, A. (2008) “The environmental dimension in the constitution of new social groups in a extremely depopulated rural area of Spain (Soria)”. Land Use Policy, vol. 25, nº 1, 17-29. RICHARD, F., DELLIER, J. y TOMMASI, G. (2014) “Migration, environment and rural gentrificaction in the Limousin mountains”. Revue de géographie alpineJournal of alpine research, vol. 102, nº 3. Disponible en http://rga.revues.org/2525

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)

149


EUGENIO RUIZ URRESTARAZU, ROSARIO GALDOS URRUTIA

RICO, M. Y GÓMEZ-LIMÓN, J. A. (2012) “Preferencias y percepciones sociales sobre la multifuncionalidad del medio rural en Castilla y León”. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº 60, 399-424. SOLANA, M. (2006) “Nuevas dinámicas migratorias en los espacios rurales; vivienda, cambio social y procesos de elitización. El caso del Empordanet (Gerona)”. Ager, nº5, 57-87. SOLANA, M. (2010) “Rural gentrification in Catalonia, Spain: A case study of migration, social change and conflicts in the Empordanet area”. Geoforum, vol. 41, nº 3, 508-517. STOCKDALE, A. (2010) “The diverse geographies of rural gentrification in Scotland”. Journal of Rural Studies, vol. 26, nº 1, 31-40. TORRES, R. (2014) La dispersión urbana en el País Vasco. Los patrones de la redistribución espacial de la población y nuevas realidades residenciales y urbanísticas, Tesis Doctoral, UPV/EHU, http://hdl.handle.net/10810/13277 TORRES, R. (2015) “Pautas de localización residencial en el País Vasco 19912010: Algunas características socio-demográficas de las poblaciones suburbanas”. Estudios geográficos, vol. 76, nº 279, 671-702 VAN DER PLOEG, J. D. y MARSDEN, T. (eds.) (2008) Unfolding Webs: the Dynamics of Regional Rural Development. Assen. Royal Van Gorcum.

150

Lurralde : inves. espac. 42 (2019), p. 131-150 ISSN 0211-5891 ISSN 1697-3070 (e)


3.

Hirugarren artikulu sorta Udako Ikastaroaren 3. HELBURUAren ingurukoa da: / La tercera serie de artículos se centra en el OBJETIVO 3 del Curso de Verano:

Paisaia osasungarri eta kalitatezkoen balorazioa. Nortasun paisaiaren pisuaren azterketa, hau da, paisaia horietan egunez egun bizi direnena eta egunez egun kolektibotasunean mantentzen duen eragile anitzeko gizartearena / Puesta en valor de los paisajes saludables y de calidad. Ponderar el paisaje identitario, el de las personas que viven esos paisajes de una forma cotidiana y la sociedad multiagente que los mantiene día a día en colectividad

3.1. “Public attitudes towards biodiversity-friendly greenspace management in Europe” Artículo previo de Leonie K. Fischer et al. (2020), recomendado por la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental (UPV/EHU).

3.2. “Identifying Green Infraestructure as a basis for an incentive mechanism at the municipality level in Biscay” Artículo previo de Gloria Rodríguez, Lorena Peña, Igone Palacios, Ibone Ametzaga y Miren Onaindia, de la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental (UPV/EHU). 2018


3.1. ARTÍCULO previo de Leonie K. Fischer et al. -2020Recomendado por la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental

artículo nº3.1: “Public attitudes towards biodiversity-friendly greenspace management in Europe” Leonie K. Fischer et al.


Received: 4 October 2019

Revised: 20 January 2020

Accepted: 2 March 2020

DOI: 10.1111/conl.12718

LETTER

Public attitudes toward biodiversity-friendly greenspace management in Europe Leonie K. Fischer1,2,3 Josu G. Alday7,8

Lena Neuenkamp4,5

Anna Bucharova9,10

Izaskun Casado-Arzuaga12 Ove Eriksson16

Jussi Lampinen6

Laura Cancellieri11

Natálie Čeplová13

Mark D. E. Fellowes17

Lluïsa Cerveró14

Adrián González-Guzmán18

Ingo Kowarik1,2

Belén Lumbierres7

Sperandii23

M. Belen Hinojosa19

Ana Miguel14

Encarna Rodríguez-García20,21 Philipp Unterweger24

Balázs Deák15

Beatriz Fernández de Manuel12

Goffredo Filibeck11 Xavier Pons7

Maria Tuomi6

Rosa Pardo14

Roland Schröder22

Orsolya Valkó15

Marta Gaia

Víctor Vázquez25,26

Valentin H. Klaus 27 1 Department

of Ecology, Chair of Ecosystem Science/Plant Ecology, Technische Universität Berlin, Berlin, Germany

2 Berlin-Brandenburg

Institute of Advanced Biodiversity Research (BBIB), Berlin, Germany

3 Institute

of Landscape Planning and Ecology, University of Stuttgart, Stuttgart, Germany

4 Institute

of Plant Sciences, University of Bern, Bern, Switzerland

5 Institute

of Ecology and Earth Science, University of Tartu, Tartu, Estonia

6 Department

of Biology, University of Turku, Turku, Finland

7 Department

of Crop and Forest Sciences, University of Lleida, Lleida, Spain

8 Joint

Reseach Unit CTFC—AGROTECNIO, Lleida, Spain

9 Eberhard-Karls-Universität 10 Westfälische

Tübingen, Institute of Evolution and Ecology, Tübingen, Germany

Wilhelms-Universität Münster, Institute of Landscape Ecology, Münster, Germany

11 Department

of Agriculture and Forest Sciences (DAFNE), University of Tuscia, Viterbo, Italy

12 Department

of Plant Biology and Ecology, University of the Basque Country (UPV/EHU), Bizkaia, Spain

13 Department

of Biology, Faculty of Education, Masaryk University, Brno, Czech Republic

14 Estudi

TALP (Territori Arquitectura i Laboratori de Paisatge), Valencia, Spain

15 Centre

for Ecological Research, Institute of Ecology and Botany, MTA-ÖK Lendület Seed Ecology Research Group, Vácrátót, Hungary

16 Department 17 People

of Ecology, Environment and Plant Sciences, Stockholm University, Stockholm, Sweden

and Wildlife Research Group, School of Biological Sciences, University of Reading, Reading, Berkshire, UK

18 Department

of Agronomy, University of Cordoba, Córdoba, Spain

19 Department

of Environmental Sciences, University of Castilla-La Mancha, Toledo, Spain

20 Instituto 21 ALEB

Universitario de Gestión Forestal Sostenible, Universidad de Valladolid, Palencia, Spain

(Active Learning in Ecology and Biotechnology), El Siscar (Santomera) Murcia, Spain

22 Faculty

of Agricultural Sciences and Landscape Architecture, Osnabrück University of Applied Sciences, Osnabrück, Germany

23 Dipartimento

di Scienze, Università degli Studi Roma Tre, Rome, Italy

This is an open access article under the terms of the Creative Commons Attribution License, which permits use, distribution and reproduction in any medium, provided the original work is properly cited. © 2020 The Authors. Conservation Letters published by Wiley Periodicals, Inc. Conservation Letters. 2020;e12718. https://doi.org/10.1111/conl.12718

wileyonlinelibrary.com/journal/conl

1 of 11


FISCHER ET AL.

2 of 11

24 Dr.

Unterweger Biodiversitätsplanung, Wain, Germany

25 Department

of Ecology, Faculty of Sciences, University of Málaga, Málaga, Spain

26 Department

of Research and Development, Coccosphere Environmental Analysis, Málaga, Spain

27 ETH

Zürich, Institute of Agricultural Sciences, Zürich, Switzerland

Correspondence Valentin H. Klaus, ETH Zürich, Institute of Agricultural Sciences, Universitätstr. 2, 8092 Zürich, Switzerland Email: valentin.klaus@usys.ethz.ch Authors Leonie K. Fischer and Lena Neuenkamp contributed equally. Funding information EU FP7 project Green Surge FP7ENV.2013.6.2-5-603567; Nemzeti Kutatási Fejlesztési és Innovációs Hivatal, Grant/Award Numbers: FK 124404, KH 133038

Abstract Increasing urbanization worldwide calls for more sustainable urban development. Simultaneously, the global biodiversity crisis accentuates the need of fostering biodiversity within cities. Policies supporting urban nature conservation need to understand people’s acceptance of biodiversity-friendly greenspace management. We surveyed more than 2,000 people in 19 European cities about their attitudes toward near-natural urban grassland management in public greenspaces, and related their responses to nine sociocultural parameters. Results reveal that people across Europe can support urban biodiversity, yet within the frames of a generally tidy appearance of public greenery. Younger people and those using greenspaces for a greater variety of activities were more likely to favor biodiversity-friendly greenspace management. Additionally, people who were aware of the meaning of biodiversity and those stating responsibility for biodiversity conservation particularly supported biodiversity-friendly greenspace management. Our results point at explicit measures like environmental education to increase public acceptance of policies that facilitate nature conservation within cities. KEYWORDS biodiversity conservation, biodiversity-friendly greenspace management, environmental education, environmental policy, environmental responsibility, lawn alternative, maintenance intensity, sustainable city planning, urban grassland vegetation, urban meadow

1

I N T RO D U C T I O N

Public greenspaces are of vital importance for the health and well-being of urban citizens (Hartig, Mitchell, Vries, & Frumkin, 2014; van den Bosch & Sang, 2017), who form the growing majority of global populations. As urban growth exacerbates the current biodiversity crisis, a key challenge for sustainable urban development is to increasingly integrate biodiversity conservation in greenspace design and management (Shaffer, 2018). A better understanding of people’s attitudes toward biodiversity-friendly public greenspaces is thus essential for improving urban conservation strategies (McDonnell & MacGregor-Fors, 2016). While many people appreciate biodiverse urban ecosystems (Fischer et al., 2018a), biodiversity-friendly greenspace management still faces multiple challenges (Aronson et al., 2017). Changing park management from an ornamental, high-maintenance to low-intensive, near-natural manner supports native biodiversity (Cilliers, Müller, & Drewes, 2004; Rudolph, Velbert, Schwenzfeier, Kleinebecker, & Klaus, 2017) but also considerably changes a greenspace’s visual appearance. This may compromise the surrounding aesthetic scenery and the perceived appropriateness for recreation

(Bjerke, Østdahl, Thrane, & Strumse, 2006; Gobster, Nassauer, Daniel, & Fry, 2007). Furthermore, a wilder appearance of public greenspaces may raise concerns about health risks, such as pollen allergy (Jianan, Zhiyun, Hua, Xiaoke, & Hong, 2007) or ticks (Lerman & D’Amico, 2019). As biodiversity conservation is a global challenge, the need for international strategies and policies is steadily increasing (Bonebrake et al., 2019). Yet ignoring people’s lack of support for specific measures of greenspace management strategies can considerably undermine the effectiveness of policies aiming to promote urban biodiversity (Stoll-Kleemann, 2001). Thus, identifying the extent to which citizens support less manicured, near-natural greenspaces is crucial for designing policies supporting urban biodiversity. To increase the acceptance of urban biodiversity conservation strategies, we need to understand the main factors influencing people’s attitude toward biodiversity-friendly greenspace management. These attitudes may trace back to the interplay of different social and cultural background variables (Fischer et al., 2018a,b), including geographic characteristics (Lafortezza, Carrus, Sanesi, & Davies, 2009), people’s age and gender (Bjerke et al., 2006; Sang, Knez, Gunnarsson, & Hedblom, 2016), urban


FISCHER ET AL.

3 of 11

versus rural residence (Berenguer, Corraliza, & Martin, 2005), and nature relatedness (Lin, Fuller, Bush, Gaston, & Shanahan, 2014; Nisbet, Zelenski, & Murphy, 2009). Including people’s opinions and differences due to sociocultural background in the design and management of biodiversityfriendly greenspaces is thus critical for successful biodiversity conservation in cities. Urban grasslands are a global element of cities (Hedblom, Lindberg, Vogel, Wissman, & Ahrné, 2017; Ignatieva & Hedblom, 2018), and a useful model system for studies on greenspace management and its public acceptance in the international realm (Yang, Ignatieva, Larsson, Zhang, & Ni, 2019). Urban grasslands encompass a wide range of different types, from short-cut and sometimes irrigated lawns with ornamental and recreational functions to less-intensively managed tall-grass meadows (Figure 1; Tables S1 and S2; Rudolph et al., 2017; Sehrt, Bossdorf, Freitag, & Bucharova, 2020). Tall-grass meadows are typically mown once or twice per year in late summer and can provide habitat for native plants and animals (Cilliers et al., 2004; Norton et al., 2019; Watson, Carignan-Guillemette, Turcotte, Maire, & Proulx, 2020). Converting lawns to meadows significantly increases their value for biodiversity (Chollet, Brabant, Tessier, & Jung, 2018; Wastian, Unterweger, & Betz, 2016) and bene-

fits ecosystem functions such as pollination or heat regulation (Ignatieva & Hedblom, 2018). However, especially the visual appearance of senescing tall-grass meadows and their usability for outdoor activities strongly differs from short-cut lawns. Thus, it is likely that people prefer one of the two urban grassland types, possibly depending on their individual background (Figure 1). We conducted an extensive field survey across 19 European cities in nine countries to explore people’s attitudes to biodiversity-friendly urban greenspace and grassland management. We related their responses to nine sociocultural variables that described their personal background to assess how these attributes relate to individual preferences and opinions about public greenspace management. Further, we presented a hypothetical scenario of changing urban grassland management from short-cut lawns to near-natural tall-grass meadows to assess whether potentially perceived disadvantages (i.e., changes in visual appearance, usability, health risks) prevent people from supporting biodiversity-friendly greenspace management. Such novel insights help understanding the level of support for urban biodiversity conservation, and highlight options how to stimulate people’s willingness to accept alternative, potentially unpopular greenspace management. We regard this study as an important step in providing support for

(a)

(b)

(c)

(d)

(e)

(f)

(g)

(h)

(i)

F I G U R E 1 Urban grassland is a global element of public greenspaces. Its appearance reaches from short-cut lawns for ornamental and utility purposes (a, g) to near-natural meadows with tall-growing vegetation (b, d). The latter can act as a habitat for native species and might have colorful flowering aspects (e, i) but also a brownish appearance in late summer (f) compared to (irrigated and frequently mown) short lawns (a). Formal framing, for example, through mowing strips may enable people to accept better a biodiversity-friendly management (d–f, h). Pictures by L. Fischer (a, e, g, h), V. Trotsiuk (b), G. Filibeck (c), and V. Klaus (d, f, i). See Tables S1 and S2 for further details on European urban grasslands


FISCHER ET AL.

4 of 11

strategies and policies to intensify biodiversity conservation in future sustainable cities, both at a local and international scale.

2 2.1

METHOD S Field survey

We surveyed 2,027 urban residents in 19 cities of nine European countries that span wide gradients from Northern to Southern Europe and from West to East. Cities thus cover temperate and summer-dry climates and range from small to large populations (see Tables S3 and S4 for details). We used questionnaires with embedded photographic stimuli to assess peopleâ&#x20AC;&#x2122;s preferences for biodiversity-friendly, near-natural management of specifically public greenspace (Table S4). The exemplary study object, urban grasslands, is a common feature of all study cities (Table S1), with lawns being generally more common than meadows (Table S2). The questionnaire was tested in MĂźnster, Germany the year preceding the main study (Np = 100), and was carefully translated into local languages. Interviews were conducted from 02/08/2016 to 23/12/2017 using a common protocol by trained staff assessing randomly selected respondents in three standardized types of typical urban locations (in park/greenspace, close to park/greenspace, no park/greenspace in sight distance). We received 2,027 valid entries with an overall rejection rate of 44%. Interviews included in this analysis came from respondents aged 18â&#x20AC;&#x201C;90 years with a median age slightly younger than in the European Union (39.0 compared to 42.6 years). The overall male to female ratio of all respondents is close to the representative value from the European Union (0.95 compared to 0.96 in the EU; Eurostat 2019).

2.2

Questionnaire design

In the first part of the questionnaire (Table S4), we assessed peopleâ&#x20AC;&#x2122;s preferences for different types of urban grasslands. We asked respondents how much they preferred short-cut lawns and tall-grass meadows in public greenspaces shown on five different pictures. Two of these pictures (hereafter called lawn with tall-grass area, Table S5) were a photo collage that depicted the same scene twice, once with tall-grass meadow elements bordering a large short-cut lawn, and once showing solely short-cut lawn in the whole area. We asked the respondents which of the two scenes they preferred. A third picture depicted a path toward a lake with tall-grass meadow on the left and short-cut lawn at the right side (hereafter called meadow vs. lawn, Table S6). One further pair of pictures differed in the photographic stimuli between temperate and summer-dry locations to assess geographic dif-

ferences in more detail (Table S4). For the temperate cities, the picture pair showed greenspace with varying amounts of tall-grass meadows among apartment houses. For summerdry cities, the respective scenes depicted a lawn with versus a meadow without the effect of irrigation (Table S7). Generally, we consciously chose situations of late summer vegetation in our photographic stimuli to measure preferences for partially brown wild tall-growing vegetation. In the second part of the questionnaire, we assessed individual greenspace uses and peopleâ&#x20AC;&#x2122;s opinions on how urban greenspace should be like. We first asked which activities respondents usually perform in urban greenspaces, such as â&#x20AC;&#x153;Going for a walk,â&#x20AC;? â&#x20AC;&#x153;Sportsâ&#x20AC;? etc. (open choice, resulting data ranging from 0 to 12 activities; Table S4), and calculated the number of different activities done by each person. Then, we assessed peoplesâ&#x20AC;&#x2122; opinions (i.e., normative beliefs; see Stern & Dietz, 1994) on general greenspace management (hereafter greenspace appearance and habitat function) on a five-point Likert scale (ranging from 1, strongly agree, to 5, strongly disagree; Likert, 1932; Table S4). In the third part of the questionnaire, we asked whether respondents were familiar with the term biodiversity/biological diversity (yes/no). After reading a standardized explanation on what biodiversity means, we asked whether people feel biodiversity conservation is a primary societal responsibility (five-point Likert scale). Then, a standardized text informed the respondents about ecological benefits of tall-grass meadows compared to short-cut lawns for native plants, insects and birds (Table S4). The text also pointed at possible trade-offs with visual appearance and usability for outdoor activities in order to assess not only respondentsâ&#x20AC;&#x2122; initial attitude toward greenspaces (as in part 1 and 2 of the questionnaire) but to also to determine how they would prioritize potentially conflicting greenspace functions. To assess this prioritization, we presented a hypothetical scenario where 50% of the cityâ&#x20AC;&#x2122;s lawns would be converted into biodiversity-friendly tall-grass meadows (hereafter lawn conversion) and asked, how respondents agree to this procedure (five-point Likert scale). We also asked whether people think tall-grass meadows would increase health risks (e.g. ticks bites, pollen allergies; five-point Likert scale). Finally, we collected information on peopleâ&#x20AC;&#x2122;s age, gender (female, male, other) and place of residence (e.g., in the city center, in the suburbs; Table S4).

2.3

Statistical analyses

We used Pearsonâ&#x20AC;&#x2122;s đ?&#x153;&#x2019; 2 tests for detecting differences between grassland preferences as revealed by the different photographic stimuli across European cities, countries and climate regions. We used multiple linear mixed-effects models with city as random factor to assess the effect of explanatory variables on dependent variables using lmer() in R package


FISCHER ET AL.

5 of 11

lme4. As dependent variables, we chose three variables that described how people agreed to statements on (A) greenspace appearance, (B) habitat function and (C) the lawn conversion scenario. As explanatory variables, we used people’s individual responses on age, gender, knowledge of the term biodiversity, stated feelings of societal responsibility for biodiversity conservation, presumed health risks from tall-grass meadows, number of activities performed in urban greenspaces, place of residence, location of the city in summer-dry vs. temperate climate and the standardized type of location of each interview within the city (Table S4 for further details). Multicollinearity of numeric explanatory variables was low (Pearson`s R2 < 0.2) and distribution of values of numeric explanatory variables among the factor levels of categorical explanatory variables was even (Figures S1–S4, Table S8). Model results were extracted according to ANOVA type II errors so that the order of explanatory variables in the models did not affect their estimates. Normality and variance homogeneity of model residuals were checked visually. In order to assess relationships between people´s opinions on greenspace appearance and management, we calculated a Principal Component Analysis (PCA) from all answers about photographic stimuli, greenspace appearance, habitat function and lawn conversion using prcomp() in R package stats. Patterns in responses were related to selected explanatory variables by an overlay of the latter in the resulting biplot. Analysis including the preference for one pair of photographic stimuli (Table S6) could not include data from Reading (UK) due to missing information. All statistical analyses were carried out using R (v.3.1.0) in the RStudio environment (v.0.98.932).

strongly rejected but the scene showing the irrigated lawn was preferred (Figure S5, Table S7).

3

People’s attitudes toward urban grassland management were affected by several aspects of their sociocultural and geographic context (Table 1). Multiple regression models with city as a random factor explained 43%–50% of variation in the respective data (Table S9). A higher number of activities performed in greenspaces, familiarity with the term biodiversity and more responsibility toward biodiversity conservation resulted in higher preference for tall-grass meadows and higher agreement with regard to their habitat function. Vice versa, people that were concerned about health risks from tall-grass meadows disliked the respective scenario and were more positive about tidy greenspaces. Older people were less positive about the habitat function of greenspaces and the lawn conversion. For the latter, the models also revealed a difference among male and female respondents with females being more likely to support lawn conversion. People from summer-dry cities in southern Europe showed a stronger preference for short-cut lawns but also more support for lawn conversion than people from temperate cities. The place of residence and the interview location in the city (relative to closest next greenspace) did not affect people’s responses (Tables 1 and S9).

RESULTS

3.1 Preferences for short-cut lawns versus tall-grass meadows Over all 19 cities, people did not show a significant preference for one of the two pictures where a tall-grass area is surrounded by short-cut lawn versus the short-cut lawn only (p > 0.05; Figure 2). However, respondents from six cities showed a significant preference for the lawn-only picture, while respondents from Germany rather preferred the tallgrass meadow in combination with lawn to the lawn-only situation (Table S5). When showing the footpath picture with lawn at one side and meadow at the other side, the majority of respondents clearly preferred the short-cut lawn over the tall-grass meadow (Figure 3), mostly independently from country and city, and with only three cities not showing a preference for either of the two grassland types (Table S6). In the third set of photographic stimuli people preferred the picture dominated by tall-grass meadows in temperate cities, while in summer-dry cities the respective scene showing a clear visual effect of stopping irrigation in the near-natural meadows was

3.2 Opinions about greenspace appearance and management The large majority of respondents stated that greenspaces should be well kept and tidy (greenspace appearance, Figure 4A). However, the majority of respondents also supported the function of greenspaces as valuable habitats for plants and animals (habitat function, Figure 4B). After respondents were informed about the ecological value of tallgrass meadows for biodiversity and possible trade-offs of near-natural management with visual appearance and usability, two-thirds agreed to a scenario that suggested the conversion of 50% of lawns to biodiversity-friendly tall-grass meadows within their city (lawn conversion, Figure 4C). The PCA ordination of the previous five questions on greenspace appearance and management (Figures 2–4) shows that the preferences for tidy greenspaces and short-cut lawns were strongly positively correlated, while being positive about habitat function and lawn conversion was almost orthogonal to (i.e. independent of) these preferences (Figure 5). Despite some variation in the position of the city centroids (core area), individual interviews from different countries showed an extensive overlap in ordination space, regardless of climatic regions.

3.3 Effects of sociocultural and geographic context


FISCHER ET AL.

6 of 11

F I G U R E 2 Preferences of urban citizens for high-intensity grassland (short-cut lawns) versus a combination of a lawn with embedded near-natural biodiversity-friendly grassland (tall-grass meadows) in urban greenspaces based on photographic stimuli of urban grasslands. The tall-grass patch has been removed from the picture on the left (N = 1,925; Table S5)

TABLE 1

Effects of sociocultural and geographic context (including 19 cities in nine countries) to average agreement on three statements on greenspace and urban grassland management (Figure 4). Red, circled minus signs indicate negative associations and green, circled plus signs demonstrate positive associations. Full question are given in Table S4 and complete model results in Table S9. Icon credit: https://thenounproject.com/

4

DISCUSSIO N

Across 19 cities in 9 European countries, the preferences and opinions of more than 2,000 European citizens toward urban greenspace management turned out to be multifaceted but showed broad support for converting lawns into meadows to support urban biodiversity conservation. With some varia-

tion across European cities and peopleâ&#x20AC;&#x2122;s sociocultural backgrounds, our results also revealed to some extent contradictory expectations with a preference for tidy greenspaces but also the clear wish for recognizing a habitat function for native species in greenspace management. Due to the opinion of many respondents that greenspaces should generally look pleasant and neat, a mosaic of


FISCHER ET AL.

7 of 11

F I G U R E 3 Preferences of urban citizens for high-intensity grassland (short-cut lawns) versus near-natural biodiversity-friendly grassland (tall-grass meadows) in urban greenspaces, based on a photographic stimulus that showed an autumn aspect of an urban greenspace (N = 1,925; Table S6)


FISCHER ET AL.

8 of 11

(a)

(b)

(c)

F I G U R E 4 Agreement with three statements on greenspace and grassland management in cities, based on Likert-scale ratings ranging from strongly agree (dark green) to strongly disagree (dark red) as indicated by the arrows below the bar, with neutral statements displayed in yellow. Full question are given in Table S4. Icon credit: www.freepik.com

conventionally and biodiversity-friendly managed areas could help satisfying divergent expectations toward greenspaces. For urban grassland management, this suggests the limitation of wild, near-natural meadow-patches to well-defined areas, the mowing of trail edges to give paths a cared appearance and the establishment of mowing strips that enhance accessibility of grassland areas to avoid the unwanted impression of unkemptness of wild elements (Kowarik, 2018), and to account for the complexity of underlying humanâ&#x20AC;&#x201C;biodiversity relations (Pett, Shwartz, Irvine, Dallimer, & Davies, 2016). Our study showed that lawns are not necessarily preferred in all greenspace settingsâ&#x20AC;&#x201D;which is in line with previous findings (Southon, Jorgensen, Dunnett, Hoyle, & Evans, 2017)â&#x20AC;&#x201D; but if tall-grass meadows appear dry and neglected, irrigated lawns are clearly favored. Many of the photographic stimuli used in this study showed a brownish late summer aspect. Thus, our results may underestimate the average

level of agreement with near-natural greenspaces in temperate regions, as here, grasslands in early summer often include attractive flowering phases (Southon et al., 2017). In contrast, in summer-dry regions, already in early summer, meadows dry out and change their visual appearance (Filibeck, Petrella, & Cornelini, 2016). Still, people in summer-dry cities were on average slightly more positive about lawn conversion but also more positive about (irrigated) shot-cut lawns than people from temperate cities were. This suggests that to improve the aesthetical appearance of tall-grass meadows and including flagship species could be a measure to increase overall rates of acceptance (Andersson & McPhearson, 2018; Bretzel et al., 2016). This study substantiates insights on public preferences that were revealed for biodiverse urban greenspaces across various ecosystem types, different European countries and diverse social groups (Fischer et al., 2018a), and highlights the need


FISCHER ET AL.

9 of 11

Habitat function

Urban greenspace purpose and management 2

Lawn conversion Tidy greenspace appearance 1

Country Czech Republic

Dim2 (20%)

Estonia 0

Finland Germany

Picture 1 (large tall grassland patch) −1

Hungary Italy Spain

Picture 2 (lawn with tall grassland area) −2

Sweden

Grassland preferences, pictures 1 & 2 (1 = short lawn, 2 = tall grassland)

−3

−2

0

2

Dim1 (45%) F I G U R E 5 PCA biplot of 1,832 valid and complete responses to five questions on preferences for short-cut lawns versus tall-grass meadows (Figures 2 and 3), greenspace appearance, habitat function, and lawn conversion (Table 1). Dotted arrows indicate overlay with additional data. Each response (interview) is indicated by one small point, while larger points and ellipses indicate group centroids and the 95% CI around the group centroid estimation for all responses from one country (color coded)

for considering and integrating public preferences and opinions in greenspace policies and management when planning sustainable cities (Aronson et al., 2017). When surveying links between preferences and opinions of urban citizens and their sociocultural and geographic backgrounds, results indicate that citizens are very positive about biodiversity conservation in urban greenspaces when certain prerequisites are met. According to the responses, establishing near-natural greenspaces is strongly supported by people who knew about biodiversity, the benefits of “wild-looking” greenspaces and the presence or absence of health risks from such areas.

To further increase the acceptance of biodiversity-friendly greenspace management, three drivers seem to be shaping people’s attitudes and should receive greater attention from urban policy, city planning and conservation practice when designing future greenspaces. First, the significance of knowledge about biodiversity and corresponding responsibility toward biodiversity conservation, both linked to positive opinions on biodiversityfriendly greenspace management, point at the importance of providing helpful information and environmental education on the role of biodiversity in cities and beyond. This could


FISCHER ET AL.

10 of 11

include, for example, school education, information campaigns in newspapers and activities on social media platforms (Büscher, 2016). The low percentage of European citizens that have heard of biodiversity and are familiar with the term biodiversity (41%; European Commission, 2018), underlines the strong need for information on biodiversity and related topics. Information campaigns should take into account that especially the elderly were less positive about urban greenspaces serving as habitats for wildlife, which is in line with people aged 55 and older having significantly less often heard of biodiversity (European Commission, 2018). Such information measures could facilitate people becoming better accustomed to near-natural, wild-looking greenspaces in places where these have not been common before. Second, concerns about health risks seem to reduce the acceptance of near-natural greenspace management. Information campaigns to resolve (presumed) concerns such as ticks in highly urbanized environments could have a strong effect of the acceptance of biodiversity-friendly greenspace management (Lerman & D’Amico, 2019). In cases where concerns might be well reasoned, for example, when flowering plants increase pollen loads (Jianan et al., 2007), appropriate solutions are needed to avoid conflicts, for example, by reducing the abundance of species with a high allergenic pollen load. Third, frequent visits and multiple uses of urban greenspace were positively related to a higher agreement on increasing habitat functions and converting lawns. At the same time, agreeing to a tidy greenspace appearance was considerably less strong when people used greenspaces for many different activities. This is in line with previous studies showing that people spending more time in greenspaces exhibited higher nature relatedness (Lin et al., 2014) and higher valuation of plant biodiversity (Fischer et al., 2018a)—and ultimately suggests that accessibility and usability of greenspaces can influence people’s support for urban biodiversity conservation. Enabling people easy access to (wild) urban greenspaces might thus facilitate a win–win situation for people’s wellbeing and health (van den Bosch & Sang, 2017) and the acceptance of biodiversity-friendly greenspace management (Kowarik, 2018).

5

CONC LU SI ON S

When asking about converting lawns into meadows for the sake of biodiversity, we found strong support by urban populations across Europe. This clearly stresses the need—and the opportunity—to consider biodiversity conservation as mandatory aspect of future policies for public greenspace and city planning. Due to the wide geographic gradient across 19 cities differing in size, climate and culture, this study con-

veys several important messages to stakeholders in and outside Europe. Most prominently, our study encourages everybody concerned with greenspace planning and management to engage in urban biodiversity conservation, as this is clearly supported for by large parts of urban populations. From our results, we conclude that measures to manage greenspaces more biodiversity-friendly should achieve an overall tidy and neat appearance. Thus, both near-natural but also more classical elements of urban greenery could be combined, such as lawn-like mowing strips along the edges of tall-grass meadows. In parallel, environmental education and information are crucial measures to address skeptical members of society, especially those that are older, those perceiving wild urban nature as potential health risk and those that use greenspaces for only few activities. Taking into account these prerequisites, the doors for biodiversity conservation in public greenspaces seem to be widely open, with potential benefits for biodiversity, but also for the well-being of the city residents. ACKNOW LEDGMENTS We thank all respondents for participating in the project, and F Adducci, M Borg, A Eninger, L Gentili, L Godó, N Inkemann, C Jung, SJ Karle, F Manzanares-Fernández, J Michaelis, L Pagano, S Radócz, RR Guerrero, M Sehrt, G Sodano and E Tamm for helping during the field survey. The work was supported by the Institut Municipal de Parcs i Jardins of the Barcelona city Council, by the EU FP7 collaborative project Green Surge (FP7-ENV.2013.6.2-5-603567, Grant Agreement No. 603567, LK Fischer), and by the grants NKFI KH 133038 (B Deák) and NKFI FK 124404 (O Valkó). O RC I D Leonie K. Fischer https://orcid.org/0000-0003-4282-7201 https://orcid.org/0000-0001-6108-5720 Lena Neuenkamp https://orcid.org/0000-0001-6938-1997 Balázs Deák Mark D. E. Fellowes https://orcid.org/0000-0001-5431-8637 M. Belen Hinojosa https://orcid.org/0000-0002-1241-8637 https://orcid.org/0000-0002-8251-7163 Ingo Kowarik https://orcid.org/0000-0001-7919-6293 Orsolya Valkó https://orcid.org/0000-0002-0695-4150 Víctor Vázquez Valentin H. Klaus https://orcid.org/0000-0002-7469-6800 REFERENCES Andersson, E., & McPhearson, T. (2018). Making sense of biodiversity: The affordances of systems ecology. Frontiers in Psychology, 9, 594– 594.


FISCHER ET AL.

Aronson, M. F. J., Lepczyk, C. A., Evans, K. L., Goddard, M. A., Lerman, S. B., MacIvor, J. S., … Vargo, T. (2017). Biodiversity in the city: Key challenges for urban green space management. Frontiers in Ecology and the Environment, 15, 189–196. Berenguer, J., Corraliza, J. A., & Martin, R. (2005). Rural-urban differences in environmental concern, attitudes, and actions. European Journal of Psychological Assessment, 21, 128–138. Bjerke, T., Østdahl, T., Thrane, C., & Strumse, E. (2006). Vegetation density of urban parks and perceived appropriateness for recreation. Urban Forestry & Urban Greening, 5, 35–44. Bonebrake, T. C., Guo, F., Dingle, C., Baker, D. M., Kitching, R. L., & Ashton, L. A. (2019). Integrating Proximal and Horizon Threats to Biodiversity for Conservation. Trends in Ecology & Evolution, 34, 781–788. Bretzel, F., Vannucchi, F., Romano, D., Malorgio, F., Benvenuti, S., & Pezzarossa, B. (2016). Wildflowers: From conserving biodiversity to urban greening—A review. Urban Forestry & Urban Greening, 20, 428–436. Büscher, B. (2016). Nature 2.0: Exploring and theorizing the links between new media and nature conservation. New Media & Society, 18, 726–743. Chollet, S., Brabant, C., Tessier, S., & Jung, V. (2018). From urban lawns to urban meadows: Reduction of mowing frequency increases plant taxonomic, functional and phylogenetic diversity. Landscape and Urban Planning, 180, 121–124. Cilliers, S. S., Müller, N., & Drewes, E. (2004). Overview on urban nature conservation: Situation in the western-grassland biome of South Africa. Urban Forestry & Urban Greening, 3, 49–62. European Commission, (2018). Attitudes of Europeans towards biodiversity. Special Eurobarometer 481—December 2018. Filibeck, G., Petrella, P., & Cornelini, P. (2016). All ecosystems look messy, but some more so than others: A case-study on the management and acceptance of Mediterranean urban grasslands. Urban Forestry & Urban Greening, 15, 32–39. Fischer, L. K., Honold, J., Cvejić, R., Delshammar, T., Hilbert, S., Lafortezza, R., … Kowarik, I. (2018a). Beyond green: Broad support for biodiversity in multicultural European cities. Global Environmental Change, 49, 35–45. Fischer, L. K., Honold, J., Botzat, A., Brinkmeyer, D., Cvejic, R., Delshammar, T., … Kowarik, I. (2018b). Recreational ecosystem services in European cities: Sociocultural and geographical contexts matter for park use. Ecosystem Services, 31, 455–467. Gobster, P., Nassauer, J., Daniel, T., & Fry, G. (2007). The shared landscape: What does aesthetics have to do with ecology? Landscape Ecology, 22, 959–972. Hartig, T., Mitchell, R., Vries, S.D., & Frumkin, H. (2014). Nature and health. Annual Review of Public Health, 35, 207–228. Hedblom, M., Lindberg, F., Vogel, E., Wissman, J., & Ahrné, K. (2017). Estimating urban lawn cover in space and time: Case studies in three Swedish cities. Urban Ecosystems, 20, 1109–1119. Hoyle, H., Jorgensen, A., & Hitchmough, J. D. (2019). What determines how we see nature? Perceptions of naturalness in designed urban green spaces. People and Nature, 1, 167–180. Ignatieva, M., & Hedblom, M. (2018). An alternative urban green carpet. Science, 362, 148–149. Jianan, X., Zhiyun, O., Hua, Z., Xiaoke, W., & Hong, M. (2007). Allergenic pollen plants and their influential factors in urban areas. Acta Ecologica Sinica, 27, 3820–3827.

11 of 11

Kowarik, I. (2018). Urban wilderness: Supply, demand, and access. Urban Forestry & Urban Greening, 29, 336–347. Lafortezza, R., Carrus, G., Sanesi, G., & Davies, C. (2009). Benefits and well-being perceived by people visiting green spaces in periods of heat stress. Urban Forestry & Urban Greening, 8, 97–108. Lerman, S. B., & D’Amico, V. (2019). Lawn mowing frequency in suburban areas has no detectable effect on Borrelia spp. vector Ixodes scapularis (Acari: Ixodidae). PLOS ONE, 14, e0214615. Likert, R. (1932). A technique for the measurement of attitudes. Archives of Psychology, 22, 1–55. Lin, B. B., Fuller, R. A., Bush, R., Gaston, K. J., & Shanahan, D. F. (2014). Opportunity or orientation? Who uses urban parks and why. PLoS one, 9, e87422. McDonnell, M. J., & MacGregor-Fors, I. (2016). The ecological future of cities. Science, 352, 936–938. Nassauer, J. I. (1995). Messy ecosystems, orderly frames. Landscape Journal, 14, 161–170. Nisbet, E. K., Zelenski, J. M., & Murphy, S. A. (2009). The nature relatedness scale: Linking individuals’ connection with nature to environmental concern and behavior. Environment and Behavior, 41, 715– 740. Norton, B. A., Bending, G. D., Clark, R., Corstanje, R., Dunnett, N., Evans, K. L., … Hilton, S. (2019). Urban meadows as an alternative to short mown grassland: Effects of composition and height on biodiversity. Ecological Applications, e01946. Pett, T. J., Shwartz, A., Irvine, K. N., Dallimer, M., & Davies, Z. G. (2016). Unpacking the people-biodiversity paradox: A conceptual framework. Bioscience, 66, 576–583. Rudolph, M., Velbert, F., Schwenzfeier, S., Kleinebecker, T., & Klaus, V. H. (2017). Patterns and potentials of plant species richness in highand low-maintenance urban grasslands. Applied Vegetation Science, 20, 18–27. Sang, Å. O., Knez, I., Gunnarsson, B., & Hedblom, M. (2016). The effects of naturalness, gender, and age on how urban green space is perceived and used. Urban Forestry & Urban Greening, 18, 268–276. Sehrt, M., Bossdorf, O., Freitag, M., & Bucharova, A. (2020). Less is more! Rapid increase in plant species richness after reduced mowing in urban grasslands. Basic and Applied Ecology, 42, 47–53. Shaffer, H. B. (2018). Urban biodiversity arks. Nature Sustainability, 1, 725–727. Southon, G. E., Jorgensen, A., Dunnett, N., Hoyle, H., & Evans, K. L. (2017). Biodiverse perennial meadows have aesthetic value and increase residents’ perceptions of site quality in urban green-space. Landscape and Urban Planning, 158, 105– 118. Stern, P. C., & Dietz, T. (1994). The value basis of environmental concern. Journal of Social Issues, 50(3), 65–84. Stoll-Kleemann, S. (2001). Barriers to nature conservation in Germany: A model explaining opposition to protected areas. Journal of Environmental Psychology, 21, 369–385. Yang, F. P., Ignatieva, M., Larsson, A., Zhang, S. X., & Ni, N. (2019). Public perceptions and preferences regarding lawns and their alternatives in China: A case study of Xi’an. Urban Forestry & Urban Greening, 46, 126478. van den Bosch, M., & Sang, Å. O. (2017). Urban natural environments as nature-based solutions for improved public health—A


FISCHER ET AL.

12 of 11

systematic review of reviews. Environmental Research, 158, 373– 384. Watson, C. J., Carignan-Guillemette, L., Turcotte, C., Maire, V., & Proulx, R. (2020). Ecological and economic benefits of low-intensity urban lawn management. Journal of Applied Ecology, 57, 436– 444. Wastian, L., Unterweger, P. A., & Betz, O. (2016). Influence of the reduction of urban lawn mowing on wild bee diversity (Hymenoptera, Apoidea). Journal of Hymenoptera Research, 49, 51– 63.

S U P P O RT I NG IN FO R M AT I O N Additional supporting information may be found online in the Supporting Information section at the end of the article.

How to cite this article: Fischer LK, Neuenkamp L, Lampinen J et al. Public attitudes toward biodiversityfriendly greenspace management in Europe. Conservation Letters. 2020;e12718. https://doi.org/10.1111/ conl.12718


artículo nº3.1: “Public attitudes towards biodiversity-friendly greenspace management in Europe” Leonie K. Fischer et al.


3.2. ARTÍCULO previo de Gloria Rodríguez, Lorena Peña, Igone Palacios y Miren Onaindia -2018De la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental

artículo nº3.2: “Identifying Green Infraestructure as a basis for an incentive mechanism…” Gloria Rodríguez et al. (CDSEA)


Article

Identifying Green Infrastructure as a Basis for an Incentive Mechanism at the Municipality Level in Biscay (Basque Country) Gloria Rodríguez-Loinaz 1,2, * ID , Lorena Peña 1,3 , Igone Palacios-Agundez 1,2 Ibone Ametzaga-Arregi 1,3 and Miren Onaindia 1,3 1

2 3

*

ID

,

UNESCO Chair in Sustainable Development and Environmental Education, University of the Basque Country—UPV/EHU, Barrio Sarriena s/n, Leioa 48940, Spain; Lorena.pena@ehu.eus (L.P.); Igone.palacios@ehu.eus (I.P.-A.); Ibone.ametzaga@ehu.eus (I.A.-A.); Miren.onaindia@ehu.es (M.O.) Mathematics and Experimental Sciences Didactics Department, University of the Basque Country—UPV/EHU, Barrio Sarriena s/n, Leioa 48940, Spain Department of Plant Biology and Ecology, University of the Basque Country—UPV/EHU, Barrio Sarriena s/n, Leioa 48940, Spain Correspondence: Gloria.rodriguez@ehu.eus; Tel.: +34-94-601-2559

Received: 4 December 2017; Accepted: 4 January 2018; Published: 10 January 2018

Abstract: The contributions of green infrastructure (GI) to human well-being have been widely recognised; however, pathways for its systematic implementation are missing. Local governments can play a crucial role in the conservation of GI, and a formal recognition of this role in budgeting systems would foster the inclusion of GI in their agenda. The aim of this study is to identify the principal components of GI at the local level to form a basis for a compensatory economic scheme. We identified the principal components of GI based on the mapping of biodiversity conservation and ecosystem services provision. Furthermore, we analysed the potentiality of an incentive mechanism to promote GI based on the protection status of GI. Finally, an incentive mechanism to promote GI at the municipality level was proposed. The results showed that the GI of Biscay is mainly composed of the natural forests presented in the area, and that 50% of the principal components of the GI are not protected. Furthermore, one third of the protected principal components of the GI only has protection at the municipality level. So, we propose a Payment for Ecosystem Services (PES)-like scheme at the municipality level based on the cover of natural forests, where the objective is the conservation and promotion of the GI. Keywords: PES; ecosystem services mapping; municipalities; northern Spain

1. Introduction The environmental problems that humanity faces due to the Global Change have become a relevant concern for decision-makers all over the world, as social and political modifications are needed to ensure life support functions and human well-being [1–3]. This has given rise to the inclusion of sustainable development as a major objective in political agendas. Since the concept of sustainable development first became a major concern, a number of methods, frameworks, and tools have been developed to achieve that objective. In this context, the Millennium Ecosystem Assessment (MEA) [4] has played an important role. This assessment made visible how this global change in ecosystems affects human well-being, as well as the relevance of the appropriate management of these ecosystems to ensure sustainable development [4,5]. The MEA established an innovative framework that links changes in ecosystems and human well-being through the so-called ecosystem services (ES).

Forests 2018, 9, 22; doi:10.3390/f9010022

www.mdpi.com/journal/forests


Forests 2018, 9, 22

2 of 20

ES are the “benefits human populations derive, directly or indirectly, from ecosystem functions” [6] such as food, clean water, flood control, climate regulation, erosion control, and recreation [4]. Human life and well-being depend on these services; therefore, many initiatives are being developed to safeguard and enhance ES provision [7]. Among them, the Green Infrastructure Strategy launched by the European Union is one of the most relevant ones. Green infrastructure (GI) often tends to be confounded with generic ‘green space’, meaning land that is not built upon [8]. Nevertheless, GI is defined as a strategically planned network of natural and semi-natural areas, features, and green spaces in terrestrial, freshwater, coastal, and marine areas in both urban and rural landscapes, which together enhance ecosystem health and resilience, contribute to biodiversity conservation, and benefit human populations through the maintenance and enhancement of ES [9]. So, in an open landscape, not all green areas qualify as GI [7]. Landscape planning is recognised internationally as an important tool in protecting biodiversity and ES for the long term [10–14]. GI is already considered to be part of a more strategic approach to landscape management [15]. One of the key strengths offered by GI to landscape planners is its multifunctionality [7,8]. Incorporating the GI concept into integrated spatial planning has the potential to maintain and improve landscapes’ multifunctionality [16] and resilience, as well as provide environmental, social, and economic benefits [17–19] to the ecosystem-based adaptation to climate change [20,21]. Although the relevance of the use of GI as a spatial planning tool has been widely recognised [22,23], and GI investments have been put high on the agenda in many European countries [24], the pathways for its systematic implementation are missing [3,25] and no dedicated funding is available in many regions [8]. In the absence of adequate international responses, local governments can have a pivotal role [3], as for GI planning, a fine spatial scale is needed. Local spatial planning downloads the more broadly defined national or regional plans to the terrain, and adapts them to the biophysics and social context of the area. GI planning requires local management efforts where many local stakeholders (local administration, land owners, residents, etc.) get involved [15]; however, the benefits of GI may accrue to a larger regional or state-wide group of stakeholders [26]. Due to this scale mismatch between efforts and benefits, incentives mechanisms at the local level are needed. Initiatives, such as Payment for Ecosystem Services (PES), have gained popularity in recent years [27–29]. PES schemes provide a market-based mechanism where beneficiaries of well-defined ES pay service providers to promote conservation activities [30]. One of the main drawbacks of these PES schemes is that they usually follow a plot scale approach, where usually the provision of only one service is prioritised. This approach does not take into consideration the existing synergies and trade-offs between different services, nor the dependence of many ES on processes that take place at the landscape scale [11,16]. So, a change is needed, and PES should focus on the promotion of GI at the landscape level to conserve multifunctional landscapes where many different services are provided [31,32]. The MEA [4] anticipated increased degradation of GI over the next few decades, and advocated for social and political change to address this problem. To foster this transition, new tools that map, model, and evaluate GI and its benefits, as well as incentive mechanisms, are needed [33]. So, the aim of this study is to identify the principal components of GI at the local level to form a basis for a compensatory economic scheme. In this framework, three objectives were established: (a) to define a methodology to map the principal components of GI at the local (Biscay province) level; (b) to investigate the potentiality of a PES scheme to protect and promote GI; and (c) to propose a financial incentive mechanism at the municipality level for the conservation and recovery of their GI. This case study was carried out in Biscay (the Basque Country).


Forests 2018, 9, 22 Forests 2018, 9, 22

3 of 21 3 of 20

the 1,140,000 inhabitants presented are not homogeneously distributed, with most of them in aMethods large nucleus around the city of Bilbao, the capital of the province (Figure 1). 2.concentrated Materials and The region has a temperate and humid climate and a mountainous topography; in half of the territory 2.1. Study there Area are slopes >30%, and the altitude varies from 0 to 1500 m above sea level. The main primary forest types in Biscay are Cantabrian evergreen oak forests (Quercus ilex L.), mixed oak This study was carried out in the Biscay province (area 2.213 km2 ), located in the north of the forests (Quercus robur◦L.),0 and beech forests (Fagus sylvatica L.). These forests, which we will refer to Iberian Peninsula (43 46 N to 42◦ 920 N, 03◦ 450 W to 02◦ 400 W). It comprises 113 municipalities, as “natural forest”, are the potential vegetation of approximately 80% of the region, but today they where the 1,140,000 inhabitants presented are not homogeneously distributed, with most of them only cover 13% of the area, while timber plantations cover 45%, and crops and pastures cover 21% concentrated in a large nucleus around the city of Bilbao, the capital of the province (Figure 1). [34] (Figure 1).

Figure1.1.Study Studyarea. area.Data Data source: source: European European Nature Figure Nature Information InformationSystem System(EUNIS) (EUNIS)habitat habitatmap mapofofthe the Basque Country (ftp.geo.euskadi.net). Basque Country (ftp.geo.euskadi.net).

2.2. Assessment of the GI The region has a temperate and humid climate and a mountainous topography; in half of the Thethere assessment of the principal components of thefrom GI of0Biscay was based on mapping of territory are slopes >30%, and the altitude varies to 1500 m above seathe level. The main biodiversity andare theCantabrian supply of eight ES: provisioning production, timber primary forestconservation types in Biscay evergreen oak forests services (Quercus(food ilex L.), mixed oak forests production, regulating floodwhich control, storage), and (Quercus robur water L.), andsupply), beech forests (Fagusservices sylvatica(pollination, L.). These forests, we carbon will refer to as “natural cultural services (recreation and aesthetic beauty). These services were selected due to their forest”, are the potential vegetation of approximately 80% of the region, but today they only cover 13% the study and the availability data for and the mapping. ofrelevance the area, on while timberarea plantations cover 45%, of and crops pastures cover 21% [34] (Figure 1). 2.2.1. Mappingofofthe Biodiversity and Ecosystem Services 2.2. Assessment GI A GIS-based approach was designed to spatially estimate contribution of on thethe different landof The assessment of the principal components of the GI of the Biscay was based mapping uses to biodiversity conservation the of eight ESES: studied. The software used for the geoprocessing biodiversity conservation and the and supply eight provisioning services (food production, timber was ArcGIS 9.3 [35], and the base data of land uses utilised for the mapping was the European production, water supply), regulating services (pollination, flood control, carbon storage), and cultural Nature (recreation Informationand System (EUNIS) map,These scale services 1:10,000,were of the Basquedue Country forrelevance the year on 2009 services aesthetic beauty). selected to their the [36]. study area and the availability of data for the mapping. Biodiversity conservation and ES were mapped as five ranges: very high contribution, high, medium, low, and very low/null. rangesServices were defined using Jenks’ natural breaks distribution 2.2.1. Mapping of Biodiversity andThese Ecosystem [7,37], except for biodiversity conservation and timber production (see below). A GIS-based approach was designed to spatially estimate the contribution of the different land uses to biodiversity conservation and the eight ES studied. The software used for the geoprocessing


Forests 2018, 9, 22

4 of 20

was ArcGIS 9.3 [35], and the base data of land uses utilised for the mapping was the European Nature Information System (EUNIS) map, scale 1:10,000, of the Basque Country for the year 2009 [36]. Biodiversity conservation and ES were mapped as five ranges: very high contribution, high, medium, low, and very low/null. These ranges were defined using Jenks’ natural breaks distribution [7,37], except for biodiversity conservation and timber production (see below). Biodiversity Conservation Following Onaindia et al. [37], biodiversity conservation was mapped as a function of plant richness, successional level, and the existence of a legally protected feature. B = f(r, q, p), where B = Biodiversity; r = richness, as the number of native plant species; q = the habitat quality (successional level); and p = the degree to which the land is legally protected. The number of vascular plant species in each land use was calculated based on the literature [37], and plotted on a scale from 1 to 4, where: >65 = 4; 45–65 = 3; 25–45 = 2; and <25 = 1. The succession level valued as follows: 4 = forests and coastal habitats, 3 = bushes, 2 = grasslands, and 1 = others. Finally, the values for legal protection were: 1, legally protected by European directives; and 0, non-protected. To define five ranges, the maximum value obtained in the area was divided into five equal thresholds. Food Production For food production, we mapped the productivity of the land as follows: FP = AP/AS, in the case of crops; where FP = food productivity (Tm food/ha); AP = agricultural production (Tm); and AS = surface of agricultural areas (ha). FP = MP/PS, in the case of pastures; where FP = food productivity (Tm food/ha); MP = meat production (Tm); and PS = surface of pasture (ha). The productions and surfaces of the different crops and livestock were obtained from the Statistic Institute of the Basque Country [38]. In this case, as the EUNIS map does not distinguish between different productions, the base map of land uses was adapted using the vegetation map of the area [39], where different productions such as potatoes, beetroot, and cereals are mapped. Timber Production To map timber production, we used the net annual growth [40] of timber plantations. The data was obtained from the Forest Inventory of the Basque Country [34]. It can be argued that the use of this index could be an overestimation of timber production, as the annual growth is higher than the annual volume felled. However, as it has been previously mentioned, we are mapping the service supply. The use of the annual volume felled would be appropriate to map the demand of the service. Once the net annual growth of timber plantations was mapped, three ranges—very high, high, and medium—were determined using the Jenks’ natural breaks distribution. A low value of the service was assigned to natural forests without taking into account their net annual growth, as they are not exploited for timber production; and a null value was assigned to the non-forest ecosystems.


Forests 2018, 9, 22

5 of 20

Water Supply The water supply calculation was based on the TETIS model developed for the region [41], whereby the volume of water produced by the area is determined primarily by: (a) the rainfall patterns, which depend mainly on the regional climate and topography; and (b) the ecosystems, which also play a key role, as they regulate evapotranspiration. Thus, water supply was calculated as follows: R = P − ETc, where R is the annual water flow (mm year−1 ), P is the annual rainfall (mm year−1 ), and ETc is the corrected annual potential evapotranspiration (mm year−1 ). The potential evapotranspiration was modified by correction factors for the different vegetation types to obtain a more realistic value for the evapotranspiration. The correction factors used were those in the InVEST—Integrated Valuation of Ecosystem Services and Tradeoffs programme (Stanford University: Stanford, CA, USA; University of Minnesota: Minneapolis, MN, USA) [42]. The annual potential evapotranspiration and annual rainfall maps were supplied by the Water Information System of the Ministry of Agriculture, Food, and Environment of Spain, and obtained through the SIMPA—the Spanish acronym meaning “Integrated System for Rainfall-Runoff Modeling”— model [43]. Pollination For pollination, we estimated an index of the likely abundance of pollinator species nesting on each cell in the landscape, given the availability of nesting sites and food resources nearby, and the foraging distance for pollinators. To calculate this index, we used version 2.6.0 of the InVEST programme [42]. The data of nesting site and flower availability for each land use and data of foraging distance for pollinators were calculated based on the literature [44,45]. Flood Control For flood control service, we used as a proxy the maximum potential retention of rainwater from the different land uses in a river basin, based on the empirical curve number method [46,47], which is calculated by the following formula: S = (254,100/CN) − 254, where S = the maximum potential retention of rainwater from the ecosystems (mm) and CN = the curve number (without units). The curve number (CN) is a hydrological parameter that is determined by the permeability of soil and vegetation cover. In addition, the effect of the slope was also introduced, an amendment made by the Centre for Hydrographical Studies of Spain (CEDEX) [48]. The CN data for the different combinations of land use, slope, and soil type was obtained from the tables prepared by the CEDEX [48]. The slope map was obtained from the Laser Imaging Detection and Ranging—LIDAR flights for 2013, with a resolution of 25 m [49]. The hydrological soil group map was obtained by the reclassification of the soil map of the Basque Government based on the soil permeability. Carbon Storage Following Onaindia et al. [37], we estimated the amount of carbon stored in the biomass and soil for the different land uses. For the valuation of carbon stored in the soil, we used the “Inventory of organic carbon stored in the first 30 cm of the soil” of the Basque Country [50]. As for carbon stored as biomass, we focussed on the carbon stored in living trees (aboveground and belowground), which was obtained as follows [51]: CB = V × BEF × (1 + R) × D × CF,


Forests 2018, 9, 22

6 of 20

where CB = the C stocks in living biomass (TmC ha−1 ); V = the merchantable volume (m3 ha−1 ); BEF = the biomass expansion factor, including branches and leaves (without units); R = the root-to-shoot ratio, including belowground tree biomass (without units); D = the basic wood density (Tm d.m. m−3 merchantable volume); CF = the C fraction of dry matter (TmC Tm d.m.−1 ). Finally, we calculated the total C storage (biomas + soil). Recreation Potential Following Peña et al. [52], we considered two components for mapping recreation supply: the recreation potential and accessibility. The recreation potential was mapped taking into account five territorial features associated with aesthetic attractiveness for recreational activities: (1) the degree of naturalness; (2) the presence of natural protected areas; (3) the presence of water bodies; (4) the presence of sites of geological interest (SGI); and (5) the presence of mountain summits. We valued each feature using different data and indicators (see Table 1). Finally, the recreation potential was calculated by aggregating the values of the five features described above giving equal weights to all of them [53]. In general, ecosystems with the highest naturalness are more attractive for recreation activities [54–57], in the same way as for protected areas. Moreover, the presence of water bodies, SGI in the landscape, and mountain summits are related to a higher recreational value, as people can perform different recreational activities in them. Table 1. Multi-source geospatial database developed for the case study. We used the mean values of recreational value of sites of geographical interest (SGI) to separate the SGIs into two groups regarding their use for leisure (useful and not useful). Data

Data Source

Description

Land use/land cover map

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

EUNIS, habitat types classification

Our elaboration based on the EUNIS and Loidi et al. [58]

Index of degree of human influence on ecosystems. It comprises the damage or transformations caused by humans and how these ecosystems depend on human activity themselves [58]

7: Natural forests, Continental habitat without vegetation; 6: Salt marshes, wetlands, Coastal habitats; 5: Continental waters, Shrubs, Heaths; 4: Grasslands–hedges, Reservoirs; 3: Forest plantations; 2: Parks; 1: Crops, Orchards, Invasive species, Quarries; 0: Artificial soil

Naturalness

Evaluation

Natural protected areas

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Presence of natural protected areas

2: Natural parks, Protected biotopes, Biosphere reserve, Ramsar wetlands; 1: Natura 2000 network, Sites of naturalistic interest; 0: No protected areas or without naturalistic interest.

Presence of Water bodies (WB)

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Presence of rivers, water bodies, coastline related to recreation (bathing water, fishing, and beaches)

3:Beaches; 2: WB used for fishing or bathing; 1: WB no used for fishing or bathing; 0: no WB

Presence of Sites of Geological Interest (SGI)

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Presence of SGI with recreational value.

1: SGIs with recreational value ≥2; 0: SGIs with recreational value <2

Presence of mountain summit

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/) (www.mendikat.net)

Presence of mountain summit and a buffer of 500 m.

1: Buffer of 500 m around the mountain summit; 0: no mountain summits

The delivery of services strictly depends on the presence of people in the ecosystems. In general, good accessibility and good infrastructure networks help facilitate more recreational activities [56,57]. So,


Forests 2018, 9, 22

7 of 20

accessibility was mapped considering: (1) the accessibility of the site; and (2) natural and constructed infrastructures that were in place to guide or be enjoyed by visitors. We valued each feature using different data and indicators (see Table 2). Finally, the accessibility was calculated by aggregating the values of the two features described above, and giving equal weights to both of them [53]. Table 2. Multi-source geospatial database developed for the case study. Data

Data Source

Accessibility of the site

Infrastructures

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Our elaboration based on the Universal Transverse Mercator—UTM coordinates of infrastructures and Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Description

Evaluation

Presence of roads and paths.

2: Buffer of 200 m around accessible roads to motor vehicles (highways, roads, etc.); 1: Buffer of 200 m around limited roads to motor vehicles (paths, trails, bike paths); 0: no presence of roads and paths.

Presence of infrastructure used for recreation activities

3: Buffer of 500 m around constructed infrastructures (recreational areas, wine cellars, museums, ecological parks, theme parks and centers, interpretation centers, bird observatories, landmarks and biking centers), natural infrastructures (caves and climbing sites).

Finally, the recreation service was calculated by aggregating the values of the recreation potential and accessibility, and giving equal weights to both of them. Aesthetic Beauty The aesthetic enjoyment of landscapes that the environment provides to society depends on both the aesthetic perception of the society and the intrinsic characteristics of the landscapes. Therefore, the aesthetic enjoyment of landscape was mapped taking into account six features associated with aesthetic attractiveness: (1) the social perception; (2) the type of relief; (3) the diversity of landscape; (4) the presence of water bodies; (5) the influence of landmarks; and (6) the influence of negative elements in the landscapes. We valued each feature using different data and indicators (see Table 3). In general, the presence of water bodies and/or landmarks in the environmental unit [57,59,60], a higher diversity of landscapes, and a higher difference in relief [61–64] were related to a higher aesthetic value [65]; however, the influence of negative elements in the landscapes as wind farms, actives quarries, landfills, roads, and railroads were related to a lower aesthetic value. The social perception was calculated using the visual survey method described in Peña et al. [52]. For assessing the type of relief and the diversity of landscape, we used viewshed as a quantification unit. Viewshed can be considered a unit for describing the territory based on visibility criteria, because it consists of the set of intervisible points [66]. Finally, the aesthetic beauty was calculated by aggregating the values of the first five features described above and subtracting the value of the influence of negative elements in the landscapes, giving equal weights to all of them. Table 3. Multi-source geospatial database and valuation methods for aesthetic beauty service. We used the mean values of index of relief and index of landscapes diversity to separate the viewsheds into two groups regarding the type of relief (mountainous and flat) and type of landscape (diverse and homogeneous), respectively. Data

Data Source

Description

Evaluation

Social perception

Our elaboration based on the EUNIS and social preferences based on mail-in photo-questionnaires

Social preferences of different environmental units for their aesthetic value.

See Peña et al. [52].


Forests 2018, 9, 22

8 of 20

Table 3. Cont. Data

Data Source

Description

Evaluation

Relief

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Index of relief for each viewshed [67].

1: Viewshed with index of relief ≥32; 0: Viewshed with index of relief <32.

Diversity of landscapes

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Index of landscape diversity (ILD) for each viewshed [67].

1: Viewshed with ILD ≥ 1.70; 0: Viewshed with ILD < 1.70.

Presence of Water bodies (WB)

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

Presence of rivers, water bodies, coastline, reservoirs.

1: Landscapes with coastline influence; buffer of 50 m around the river; buffer of once the radius of water bodies and reservoirs; 0: No WB or buffers outside our own viewshed.

Visual influence of landmarks

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

1: Buffer of 2000 m around the landmark; 0: No visual influence of landmark.

Basque Government (ftp.geo.euskadi.net/cartografia/)

1: Buffer of 4000 m around wind farms; buffer of once the diameter of actives quarries around them; buffer of once the radius of landfills; buffer of 2000 m around highways and double carriageways; buffer of 750 m around other roads; buffer of 200 m around railroads and funicular; 0: no visual influence of negative elements.

Visual influence of negative elements

2.2.2. Identification of the Principal Components of GI The definition of GI is so broad that GI often tends to be confounded with generic ‘green space’, meaning land that is not built upon [8]. Nevertheless, in the open landscape, not all green areas qualify as GI [7], so we identify only the principal components of the GI of the study area. We defined as “principal components of the GI” the elements of the landscape that have a high contribution to biodiversity conservation and high contribution to at least three ES. These elements meet the criteria regarding the multifunctionality and biodiversity conservation of GI. In this definition, we have considered all services to be of equal weight. It can be argued that ES will differ in the amount they contribute to human well-being—some may be extremely important and others less so—and therefore should not have the same weight in the selection process. However, the existing valuation techniques are not able to measure the real contribution of the different services to the human well-being [68]. Furthermore, the same service in the same region can be valued differently by different groups of people in the same area depending on their education level, personal income, previous experience, and so on [69,70]. Usually, some services that are critical for human well-being are undervalued, because they do not have a market value or are less visible [71]. To avoid the general tendency to prioritise marketed and more visible services, we highlight the importance of conserving multifunctional elements of the landscapes through considering all services to be of equal weight. To identify these principal elements of the GI, a spatial multi-criteria analysis (SMCA) was used, as the integration of a landscape approach within the SMCA framework allows for this type of spatial prioritisation [33]. For this analysis, the maps of the eight ES were considered, and the map of biodiversity conservation were used. All of these maps were overlapped, and all of the elements with a high or very high value for biodiversity conservation and a high or very high value for at least three services were selected and identified as principal components of the GI. 2.3. Protection Status of the Principal Components of the GI To analyse the necessity or potentiality of an incentive mechanism to promote GI, we studied the protection status of the principal components of the GI of Biscay. In the Basque Country, there are several protection figures: Natura2000 sites, natural parks, protected biotopes, and biosphere reserves.


2.3. Protection Status of the Principal Components of the GI To analyse the necessity or potentiality of an incentive mechanism to promote GI, we studied the protection status of the principal components of the GI of Biscay. In the Basque Country, there are Forests several protection figures: Natura2000 sites, natural parks, protected biotopes, and biosphere 2018, 9, 22 9 of 20 reserves. These areas are delimited by the Basque Government through the Territory Planning Guidelines (TPG). On a second level, the sectorial (agroforestry, wetlands, highway, etc.) and partial These areas are delimited by the Basque Government through the Territory Planning Guidelines (TPG). (15 sub-areas) territorial plans, which are fixed by the Basque and provincial governments, On a second level, the sectorial (agroforestry, wetlands, highway, etc.) and partial (15 sub-areas) downscale the TPG and protect more areas. Finally, apart from the protection figures at the regional territorial plans, which are fixed by the Basque and provincial governments, downscale the TPG and level, municipalities also have their special protection areas fixed by their municipal territorial protect more areas. Finally, apart from the protection figures at the regional level, municipalities also planning [72].special In thisprotection category,areas municipalities include the areas protected by [72]. the supra-municipal have their fixed by their municipal territorial planning In this category, figures and other areas relevant for biodiversity conservation at the municipality scale, giving municipalities include the areas protected by the supra-municipal figures and other areas relevant fora protection to areas that have not been protected by supra-municipality figures. In some cases, this biodiversity conservation at the municipality scale, giving a protection to areas that have not been municipal protection is more restrictive than supra-municipal one. protection is more restrictive protected by supra-municipality figures. In the some cases, this municipal For this study, we considered both municipal and supra-municipal protection figures. In the than the supra-municipal one. case of the Reserve, we only considered the areasprotection that havefigures. been declared For Urdaibai this study,Biosphere we considered both municipal and supra-municipal In the caseas special protection protection zoneswe by only the Governance Plan for that Use have and Management area, of the Urdaibai or Biosphere Reserve, considered the areas been declaredof asthe special protection or protection zones which was approved in 1993 [73].by the Governance Plan for Use and Management of the area, which was approved in 1993 [73].

3. Results

3. Results

3.1. Spatial Distribution of ES Provision in Biscay

3.1. Spatial Distribution of ES Provision in Biscay

The results of the mapping procedure for biodiversity conservation have showed that 21% of The results of the mapping procedure for biodiversity conservation have showed that 21% of the the surface surfaceof ofBiscay Biscayhas hasa high/very a high/very high contribution to biodiversity conservation (Figure The high contribution to biodiversity conservation (Figure 2). The2).land landuses usesthat that contribute most to biodiversity natural forests, of them contributing contribute thethe most to biodiversity are are natural forests, withwith 100%100% of them contributing in a in ahigh highororvery veryhigh highway, way, followed by other natural ecosystems and shrubs and heathlands followed by other natural ecosystems and shrubs and heathlands (Table (Table 4). 4). For provisioning services, 20% of the area has a high/very high contribution to food production, For provisioning services,and 20%31% of the area has a high/very highThe contribution food production, 44% to timber production, to water supply (Figure 2). crops and to pastures (96%) are 44%the to main timberprovider production, tothe water supply (Figure(95%) 2). The crops and pastures areand the in theand first31% case, forest plantations in the second case, and(96%) shrubs main provider in the first case, the forest plantations (95%) in the second case, and shrubs and heathlands heathlands (69%), other natural ecosystems (60%), and crops and pastures (55%) in the last case (69%), other (Table 4).natural ecosystems (60%), and crops and pastures (55%) in the last case (Table 4).

(a)

(b)

(c)

(d) Figure 2. Cont.


Forests 2018, 9, 22 Forests 2018, 9, 22

10 of 20

10 of 21

(e)

(f)

(g)

(h)

(i) Figure 2. Maps of biodiversity conservation (a),food foodproduction production(b), (b), timber timber production (c), Figure 2. Maps of biodiversity conservation (a), (c), water water supply pollination floodcontrol control(f), (f), carbon carbon storage (h), andand aesthetic beauty (i). supply (d),(d), pollination (e),(e), flood storage(g), (g),recreation recreation (h), aesthetic beauty (i).


Forests 2018, 9, 22

11 of 20

Table 4. Distribution of land uses as a function of their level of contribution in % to biodiversity conservation and eight selected ecosystem services (ES). Type of Ecosystem

Biodiversity and Ecosystem Services

Level of Contribution

Biodiversity conservation

Natural Forest

Other Natural Ecosystems

Crop and Pastures

Shrubs and Heathlands

Forest Plantations

Artificial Areas

Low/very low Medium High/very high

0 0 100

0 13 87

26 74 0

0 25 75

84 16 0

100 0 0

Food provision

Low/very low Medium High/very high

100 0 0

100 0 0

0 4 96

100 0 0

100 0 0

100 0 0

Timber provision

Low/very low Medium High/very high

100 0 0

100 0 0

100 0 0

100 0 0

0 5 95

100 0 0

Water supply

Low/very low Medium High/very high

54 29 17

29 10 60

18 27 55

10 20 69

47 31 22

99 1 0

Pollination

Low/very low Medium High/very high

15 27 57

80 8 12

12 26 62

27 14 59

45 32 23

93 4 3

Flood control

Low/very low Medium High/very high

0 4 96

82 9 10

1 70 29

0 65 35

0 12 88

92 6 2

Carbon storage

Low/very low Medium High/very high

0 0 100

86 14 0

53 47 0

51 49 0

0 0 100

93 7 0

Recreation

Low/very low Medium High/very high

3 25 73

2 16 82

16 63 22

29 41 30

52 37 11

79 5 16

Aesthetic beauty

Low/very low Medium High/very high

1 34 65

1 6 93

2 34 64

19 34 47

53 36 11

75 17 7

For regulating services, 37% of the area has a high/very high contribution to pollination, 63% to flood control, and 39% to carbon storage (Figure 2). The land uses that contribute the most to pollination are crops and pastures, shrubs and heathlands, and natural forest, with nearly 60% of them contributing in a high or very high way (Table 4). As for flood control and carbon storage, forest lands (natural and plantations) are the main providers (>85% and 100%, respectively) (Table 4). Regarding cultural services, 25% of the area has a high contribution to recreation, and 33% to aesthetic beauty (Figure 2). Natural ecosystems (forest and non-forest) are the ones that contribute the most to both cultural services, with more than 65% of them contributing in a high or very high way (Table 4). As for aesthetic beauty, crops and pastures also play a key role, with nearly 65% of them having a high or very high contribution (Table 4). 3.2. Principal Components of the GI of Biscay The results of the SMCA have identified the principal components of the GI of Biscay that cover 16% of the territory (Figure 3). All of these elements have a high contribution to biodiversity conservation and to at least three services. As for the services supplied by these principal components of GI, not all of them are equally presented. On one hand, provisioning services have the lowest presence, as any area with a high contribution to food or timber production is included, and only 35% of the GI has a high contribution to water supply. On the other hand, regulating and cultural services have a high presence, with 64% of the area having a high contribution to pollination, 86% to flood control, 70% to carbon sequestration, 73% to recreation, and 73% to aesthetic beauty.


them having a high or very high contribution (Table 4). 3.2. Principal Components of the GI of Biscay The results of the SMCA have identified the principal components of the GI of Biscay that cover 16% of2018, the 9,territory (Figure 3). All of these elements have a high contribution to biodiversity Forests 22 12 of 20 conservation and to at least three services.

Figure Figure3.3.Principal Principalcomponents componentsofofthe thegreen greeninfrastructure infrastructure(GI) (GI)ofofBiscay. Biscay.

As for the services supplied by these principal components of GI, not all of them are equally Finally, in relation to the land uses that form these GIs, most of them are natural ecosystems presented. On one hand, provisioning services have the lowest presence, as any area with a high (forest and non-forest), with shrubs and heathlands also present on 20% of the surface. It is worth contribution to food or timber production is included, and only 35% of the GI has a high mentioning that almost all of the natural forests have been identified as principal components of the contribution to water supply. On the other hand, regulating and cultural services have a high GI (Table 5). presence, with 64% of the area having a high contribution to pollination, 86% to flood control, 70% to carbonTable sequestration, 73%of tothe recreation, and 73% to the aesthetic beauty. different land uses to principal components of the GI (% of GI) and 5. Contribution Finally, in relation to the land uses that form these GIs, most of them areof natural (forest percentage of each land use that has been defined as principal components the GI ecosystems (% of that land and non-forest), shrubs and heathlands also present on 20% of the surface. It is worth mentioning use definedwith as GI). that almost all of the natural forests have been identified as principal components of the GI (Table 5). Natural forest Other natural ecosystems Crop and pastures Shrubs and heathlands Forest Plantations Artificial areas

% of GI

% of that Land Use Defined as GI

74 6 0 20 0 0

91 52 0 44 0 0

3.3. Protection Status of the GI The results have showed that only half of the principal components of the GI described are inside areas where a protection figure exists. From them, 68% have protection at the municipality and supra-municipality levels (all of the areas protected at the supra-municipality level have to be also protected at the municipality level), but 32% of them only have protection at the municipality level. It is remarkable that in the not-protected elements, the proportion of natural forest is even higher than in the all of the principal GI, raising 83% of the area.


Forests 2018, 9, 22

13 of 20

4. Discussion The importance of preserving multifunctional landscapes has been previously highlighted [16,31]. The conservation of GI is crucial in order to achieve this objective. As a result, the methodology presented in this study can be a very useful tool for land planners, as it allows for identifying the most relevant elements of GI in a given area that are a prerequisite to designing a GI network at the landscape level. A similar methodology was used by Liquete et al. [7] to map GI at the European scale. However, as the authors explain, â&#x20AC;&#x153;the Pan-European case study was not designed to support the management of individual local sitesâ&#x20AC;?. As synergies and trade-offs between ES are produced at regional or local levels, and they may differ from those perceived at larger scales [32], Liquete et al. [7] recommend tuning up their methodology for each regional study. The methodology presented here can be a good example of downscaling of the Pan-European methodology for its adaptation to the context and available data at the local level in the Basque Country. So, the methodology presented here would be very useful for policy-makers and land managers of the area, because it provides relevant information to local scale decision-making. Identifying, promoting, and preserving a multifunctional GI network can provide a wide range of benefits, including ecological, economic and social benefits [7,15]. As a result, many governments have policies that seek to protect designated GI from the negative impacts of development. For example, in Ontario, Canada, development is not allowed within and adjacent to significant GI, unless no negative impact to their features and functions is demonstrated [10]. The results of this study have showed that the conservation of the principal components of the GI of Biscay contribute to the maintenance of regulating and cultural services of the area. Traditionally, regulation and cultural services have been degraded as a result of actions taken to increase the supply of provisioning ES [71,74]. This has happened because, while most regulating and cultural services are external to the market system, provisioning services have a real market value [6,75]. As safeguarding non-marketed ecosystem services is crucial from both human and economic perspectives, conservation and an increment in the ecosystems that supply those services, through the planning of a GI network, is needed. 4.1. Why an Incentive Mechanism? In the Basque Country, multiple services are supplied by the landscape; however, as most of these services are considered externalities [71,75], the municipalities that supply these services do not receive any economic compensation. In Biscay, the amount of money that each municipality receives is fixed by the provincial government, and based on factors such as its population and the contribution of its economic activities to the gross domestic product [76]. In this scenario, the existing great differences between municipalities in relation to their contribution to ES provision [16] are not considered, even though they are fundamental for human well-being. Our results have showed that municipalities play an important role in the protection and conservation of the GI, as one third of the protected principal components of the GI of Biscay only has protection at the municipality level. However, 50% of the principal components of the GI are not protected. In Biscay, although the projections show a population reduction in the following years, the home demand will increase due to changes in family structures [38]. Many municipalities, especially the most rural ones, could go for the urbanisation of new areas to attract new residents. This way, the population would increase, as well as the budget assigned to them. This could suppose a big pressure against GI conservation, as urban sprawl is one of the main causes of the depletion of GI [1,77,78]. So, based on an opportunity cost principle, understanding it at the cost of a missed opportunity or the costs associated with forgone opportunities to convert land to profitable uses [79], municipalities that devote their lands to GI conservation and promotion should receive an economic compensation [26].


Forests 2018, 9, 22

14 of 20

4.2. A GI-Based PES Scheme Once the potential of economic incentives to protect and promote GI at the municipality level has been shown, a financial incentive mechanism is needed. We propose a GI-based PES-like scheme where the objective is the conservation of multifunctional landscapes through the conservation and promotion of GI. Taking into account that most of the principal elements of the GI in Biscay are natural forest, and that almost all of the forest has been included, we propose the cover of natural forest as an indicator of the GI that a municipality presents, in order to establish the associated incentives. Previous studies in the area have shown that municipalities dominated by forest ecosystems have more multifunctional landscapes [16]. Furthermore, the role of natural forests as important component of GI has been widely highlighted [17,26,80] as they have a higher value in the provision of ES in comparison to other land uses [37,81]. An index called MESLI (multiple ecosystem services landscape index), which measures and promotes landscape functionality at the municipality level, has been previously developed for the area [16]. It showed its capacity to sort municipalities as a function of their contribution to multiple ES; however, to establish an incentive mechanism based on it would be somewhat inconvenient, as it would require the calculation of complex indicators. The same would happen with the use of the total cover of the principal components of the GI, as its calculation requires complex mapping procedures. The use of a simpler index, such as the cover of natural forest, can facilitate the process, as the adoption of an innovation requires acceptance by the technicians of the administration, and it depends on their positive or negative attitude toward it [82]. On one hand, the degree to which a new tool is perceived as easy to understand and implement exerts an influence on perceived usefulness [83]. On the other hand, perceived internal readiness to adoption of a new tool has a positive effect on the perceived usefulness associated with it [82]. The proposed index, the cover of natural forest, meets both conditions, as it is easy to understand and its calculation does not require any extra effort, because it is included in the official statistic of the Basque Country [38]. The GI-based PES-like scheme that we propose as an incentive mechanism will use this index, the cover of natural forests, as a basis. In this scheme, the buyer would be the government, acting on behalf of ES users (i.e., citizens), and the payments would be given to the community administrations (i.e., municipalities) for investment in social services and community infrastructures that would benefit all of the inhabitants. This innovative landscape approach for PES, which values the provision of multiple services, involves only a buyer—the provincial government—and a seller—the municipality—and benefits all community members. This GI-based PES-like scheme solves most of the limitations common to most PES approaches, such as high establishment and transaction costs [27], limited ecosystem service provision, and low inclusivity of participation [30,84,85]. Furthermore, in a situation such as the one proposed here, where multiple ES act at different scales from local to global, the only feasible approach is financial support by a government body [86]. Participating in this initiative is a political decision, as it requires an amount of money devoted to this incentive mechanism. In 2015, the provincial government devoted 816 millions Euros to finance municipalities [76]. One option could be the redistribution of the same budget taking into account a new factor: the cover of natural forest of the municipality. This would not suppose an extra cost for the provincial government, but it could cause conflicts, as some municipalities would be winners and others would be losers. Another option could be to increase the amount of money devoted for municipalities budgeting. To finance the extra cost, among other alternatives, the provincial government could reallocate the budget set aside for the maintenance of the timber sector, which was 4.3 million Euros in 2015 [87], and nowadays is not profitable due to globalisation and the reduction of the demand by the building sector. In this case, conflicts would also appear, but this is a common issue in planning for multifunctionality [8,88]. Besides, the extra budget could be financed with extra taxes. In this context, a recent study carried out in the Basque Country [69] showed that nearly 6% of a green area’s users were willing to pay extra taxes for environmental protection and the provision of ES; 20% would pay through voluntary contributions, and 30% would devote 0.7% of their income. Taking


Forests 2018, 9, 22

15 of 20

into account these results, the viability of this option in the study area is questionable, but it could be an option in other contexts. A common matter of concern in PES schemes is the lack of additionality. Would the conservation of GI be lower if the incentive mechanism did not exist? It can be argued that there would not be environmental additionality associated with the GI-based PES-like scheme proposed here, as the payment is made as a function of the GI already being presented on the landscape, and no change in land use or management to promote it is required. However, although this scheme does not stress additionality, it could have a positive effect on GI conservation and promotion for three reasons. First, the prospective of higher incomes could motivate municipalities to devote their public lands to the recovery of natural forest. Second, the actual system of protected areas has been the cause of many conflicts between conservationists and the rural population [31]. With the implementation of the PES proposed here, these local communities would receive direct benefits, such as education and health infrastructures, from the protection of nature, which could increase their interest in conservation activities [31,89]. Finally, GI protection and promotion requires interventions not only inside of protection areas; conservation also needs to be mainstreamed across sectors, institutions, and stakeholders that are not primarily concerned with conservation. As the investment of the payments does not have to be set aside for nature conservation, but rather could be used for community projects and infrastructure, this scheme could help mitigate diverging departmental interests of the municipality administration encouraging sustainability issues mainstreaming. This is crucial in order to move sustainability into the core of municipal decision-making and foster a transition to sustainability [3]. Finally, another matter of concern in the PES scheme here proposed is the ownership of the land, as nearly 80% of the surface of Biscay is privately owned. It can be argued that if the municipalities are paid by the provincial governments on the basis of the natural forest cover, they would be cashing money from something they do not own (mostly) and sharing the benefits with the local community, but not with the forest owners. This could cause important conflicts; however, forest owners could also benefit from the scheme proposed here, as it could have a positive impact on the social perception of the forest sector of the area. Foresters of the region feel they are marginalised by broader society, as they are considered responsible for the negative effects their activities can cause on the environment [21,81], but receive little support or acknowledgement for good practice. With the PES scheme proposed here, the conservation of the natural forest presented in their lands would have a positive impact in the area, which could help to change the negative perception that a part of the society has about the forests sector. 5. Conclusions The GI concept is receiving increased attention in political discourse; however, stakeholder involvement in its assessment is in its infancy. Systematically including GI considerations in land planning will help reduce the loss of ES associated with future land use changes. Municipalities play a crucial role in land management, and therefore the conservation of GI, so formal recognition of this role in municipalitiesâ&#x20AC;&#x2122; budgeting and accounting systems would foster the inclusion of GI in their agenda. A prerequisite for GI conservation is to identify the elements of the GI presented in an area. In this point, mapping procedures can play an important role. The methodology here presented is a good example of the use of mapping to identify the principal components of GI at the local scale, which could be adapted for its use in other areas as a function of the data availability. Our results have shown that the GI of Biscay is mainly composed of the natural forests presented in the area, so an incentive mechanism to promote their conservation would contribute to safeguarding and enhancing ES provision and biodiversity conservation. The index that was proposed here as a basis for that incentive mechanism, the cover of natural forest, can be easily calculated and could facilitate the process. However, it has to be noted that this index is appropriate for the study area, but its extrapolation to other areas would require specific research in those places.


Forests 2018, 9, 22

16 of 20

With the PES-like scheme presented here, the principal obstacle for GI conservation—the lack of political support and economic resources—would be solved as government’s commitment to GI implementation would be clear, and economic resources would be set aside for it. Furthermore, as the different departments of the municipality administration would benefit, GI and ES conservation and promotion would be included on the municipalities’ agenda, fostering sustainable territorial planning transition. However, the viability of a PES scheme as the one proposed here would need more research due to the potential problems that could appear related to land ownership and the funding mechanism. Acknowledgments: We gratefully acknowledge financial support from the Department of Universities, Research and Education of the Basque Government (code: IT1113-16), the UNESCO Chair on Sustainable Development and Environmental Education of the University of the Basque Country, and the Department of Environment and Regional Planning of the Basque Government and the Department of Sustainability and Environment of Biscay Provincial Council (Ecosystem Services Assessment of the Basque Country Project). Author Contributions: G.R.-L. and M.O. were responsible for the study design; all the authors designed the mapping methodology; G.R.-L. and L.P. made the maps of ecosystem services; G.R.-L. analysed the data and wrote the paper; all the authors contributed to discuss and evaluate the main contents. Conflicts of Interest: The authors declare no conflict of interest.

References 1.

2.

3. 4. 5.

6.

7.

8. 9.

10.

11.

La Greca, P.; La Rosa, D.; Martinico, F.; Privitera, R. Agricultural and green infrastructures: The role of non-urbanised areas for eco-sustainable planning in a metropolitan region. Environ. Pollut. 2011, 159, 2193–2202. [CrossRef] [PubMed] Steffen, W.; Sanderson, R.A.; Tyson, P.D.; Jäger, J.; Matson, P.A.; Moore, B., III; Oldfield, F.; Richardson, K.; Schellnhuber, H.-J.; Turner, B.L.; Wasson, R.J. Global Change and the Earth System: A Planet under Pressure; Springer: New York, NY, USA, 2004; p. 336, ISBN 3-540-40800-2. Wamsler, C.; Luederitz, C.; Brink, E. Local levers for change: Mainstreaming ecosystem-based adaptation into municipal planning to foster sustainability transitions. Glob. Environ. Chang. 2014, 29, 189–201. [CrossRef] Millennium Ecosystem Assesment. Ecosystems and Human Wellbeing: Current State and Trends; Island Press: Washington, DC, USA, 2005; Volume 1, p. 948, ISBN 9781559632270. Onaindia, M.; Madariaga, I.; Palacios, I.; Arana, X. Nature and Human Well-Being in Biscay. In Ecosystem Services Assessment; Research Applied to Management; University of the Basque Country (UPV/EHU): Leioa, Spain, 2015; p. 130, ISBN 978-84-9082-207-4. Costanza, R.; d’Arge, R.; de Groot, R.; Farber, S.; Grasso, M.; Hannon, B.; Limburg, K.; Naeem, S.; O’Neill, R.V.; Paruelo, J.; et al. The value of the world’s ecosystem services and natural capital. Nature 1997, 387, 253–260. [CrossRef] Liquete, C.; Kleeschulte, S.; Dige, G.; Maes, J.; Grizzetti, B.; Olah, B.; Zulian, G. Mapping green infrastructure based on ecosystem services and ecological networks: A Pan-European case study. Environ. Sci. Policy 2015, 54, 268–280. [CrossRef] Garmendia, E.; Apostolopoulou, E.; Adams, W.M.; Bormpoudakis, D. Biodiversity and Green Infrastructure in Europe: Boundary object or ecological trap? Land Use Policy 2016, 56, 315–319. [CrossRef] Naumann, S.; McKenna, D.; Kaphengst, T.; Pieterse, M.; Rayment, M. Design, Implementation and Cost Elements of Green Infrastructure Projects; Final Report to the European Commission, DG Environment, Contract No. 070307/2010/577182/ETU/F.1. Ecologic Institute and GHK Consulting; European Commission: Brussels, Belgium, 2011; Available online: http://ec.europa.eu/environment/enveco/biodiversity/pdf/GI_ DICE_FinalReport.pdf (accessed on 24 December 2013). McWilliam, W.; Brown, R.; Eagles, P.; Seasons, M. Evaluation of planning policy for protecting green infrastructure from loss and degradation due to residential encroachment. Land Use Policy 2015, 47, 459–467. [CrossRef] Vogler, K.C.; Ager, A.A.; Day, M.A.; Jennings, M.; Bailey, J.D. Prioritization of Forest Restoration Projects: Tradeoffs between Wildfire Protection, Ecological Restoration and Economic Objectives. Forests 2015, 6, 4403–4420. [CrossRef]


Forests 2018, 9, 22

12.

13.

14. 15. 16. 17. 18.

19.

20. 21. 22. 23. 24.

25.

26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33.

17 of 20

Martínez, M.L.; Pérez-Maqueo, O.; Vázquez, G.; Castillo-Campos, G.; García-Franco, J.; Mehltreter, K.; Equihua, M.; Landgrave, R. Effects of land use change on biodiversity and ecosystem services in tropical montane cloud forests of Mexico. For. Ecol. Manag. 2009, 258, 1856–1863. [CrossRef] Nanni, A.S.; Grau, H.R. Land-Use Redistribution Compensated for Ecosystem Service Losses Derived from Agriculture Expansion, with Mixed Effects on Biodiversity in a NW Argentina Watershed. Forests 2017, 8, 303. [CrossRef] Rodríguez-Loinaz, G.; Amezaga, I.; Onaindia, M. Does forest fragmentation affect the same way all growth-forms? J. Environ. Manag. 2012, 94, 125–131. [CrossRef] [PubMed] Mell, I.C. Aligning fragmented planning structures through a green infrastructure approach to urban development in the UK and USA. Urban For. Urban Green. 2014, 13, 612–620. [CrossRef] Rodríguez-Loinaz, G.; Alday, J.G.; Onaindia, M. Multiple ecosystem services landscape index: A tool for multifunctional landscapes conservation. J. Environ. Manag. 2015, 147, 152–163. [CrossRef] [PubMed] Barbati, A.; Corona, P.; Salvati, L.; Gasparella, L. Natural forest expansion into suburban countryside: Gained ground for a green infrastructure? Urban For. Urban Green. 2013, 12, 36–43. [CrossRef] Connop, S.; Vandergert, P.; Eisenberg, B.; Collier, M.J.; Nash, C.; Clough, J.; Newport, D. Renaturing cities using a regionally-focused biodiversity-led multifunctional benefits approach to urban green infrastructure. Environ. Sci. Policy 2016, 62, 99–111. [CrossRef] Tzoulas, K.; Korpela, K.; Venn, S.; Yli-Pelkonen, V.; Kazmierczak, A.; Niemela, J.; James, P. Promoting ecosystem and human health in urban areas using green infrastructure: A literature review. Landsc. Urban Plan. 2007, 81, 167–178. [CrossRef] Colls, A.; Ash, N.; Ikkala, N. Ecosystem-Based Adaptation: A Natural Response to Climate Change; IUCN: Gland, Switzerland, 2009; p. 16, ISBN 978-2-8317-1215-4. Gain, D.; Watanabe, T. Unsustainability Risk Causality in a Private Industrial Forest: An Institutional Analysi of Factors Affecting Stand Ecosystem Services in Kochi Prefecture, Japan. Forests 2017, 8, 126. [CrossRef] McDonald, L.; Allen, W.; Benedict, M.; O’connor, K. Green infrastructure plan evaluation frameworks. J. Conservat. Plan. 2006, 1, 12–43. Tiwary, A.; Namdeo, A.; Fuentes, J.; Dore, A.; Hu, X.M.; Bell, M. Systems scale assessment of the sustainability implications of emerging green initiatives. Environ. Pollut. 2013, 183, 213–223. [CrossRef] [PubMed] Vandermeulen, V.; Verspecht, A.; Vermeire, B.; Van Huylenbroeck, G.; Gellynck, X. The use of economic valuation to create public support for green infrastructure investment in urban areas. Landsc. Urban Plan. 2011, 103, 198–206. [CrossRef] Palacios-Agundez, I.; Fernández de Manuel, B.; Rodríguez-Loinaz, G.; Peña, L.; Amezaga, I.; Alday, J.G.; Casado-Arzuaga, I.; Madariaga, I.; Arana, X.; Onaindia, O. Integrating stakeholders’ demands and scientific knowledge for the inclusion of ecosystem services in landscape planning. Landsc. Ecol. 2014, 29, 1423–1433. [CrossRef] Schmidt, J.P.; Moore, R.; Alber, M. Integrating ecosystem services and local government finances into land use planning: A case study from coastal Georgia. Landsc. Urban Plan. 2014, 122, 56–67. [CrossRef] Ferguson, I.; Levetan, L.; Crossman, N.D.; Bennett, L.T. Financial Mechanisms to Improve the Supply of Ecosystem Services from Privately-Owned Australian Native Forests. Forests 2016, 7, 34. [CrossRef] Schomers, S.; Matzdorf, B. Payments for ecosystem services: A review and comparison of developing and industrialized countries. Ecosyst. Serv. 2013, 6, 16–30. [CrossRef] Van Hecken, G.; Bastiaensen, J. Payments for ecosystem services: Justified or not? A political view. Environ. Sci. Policy 2010, 13, 785–792. [CrossRef] Wunder, S. Payments for environmental services: Some nuts and bolts. CIFOR Occas. Paper 2005, 24. [CrossRef] Gutman, P. Ecosystem services: Foundations for a new rural-urban compact. Ecol. Econ. 2007, 62, 383–387. [CrossRef] Willemen, L.; Veldkamp, A.; Verburg, P.H.; Hein, L.; Leemans, R. A multi-scale modelling approach for analysing landscape service dynamics. J. Environ. Manag. 2012, 100, 86–95. [CrossRef] [PubMed] Kremer, P.; Hamstead, Z.A.; McPhearson, T. The value of urban ecosystem services in New York City: A spatially explicit multicriteria analysis of landscape scale valuation scenarios. Environ. Sci. Policy 2016, 62, 57–68. [CrossRef]


Forests 2018, 9, 22

34.

35. 36.

37. 38. 39.

40.

41. 42.

43. 44. 45. 46. 47.

48. 49.

50. 51.

52. 53.

18 of 20

Basque Government. Forest Inventory of the Basque Country 2011; Environmental and Regional Planning Department of the Basque Government: Vitoria/Gasteiz, Spain, 2011. Available online: http://www.nasdap.ejgv.euskadi.net/r50-7212/es/contenidos/informacion/inventarioforestal2011/ esagripes/inventarioforestal2011.html (accessed on 15 December 2013). Environmental Systems Research Institute (ESRI). ArcGIS 9.3; Environmental Systems Research Institute: Redlands, CA, USA, 2009. Basque Government. Map of Hábitats EUNIS; Environmental and Regional Planning Department of the Basque Government: Vitoria/Gasteiz, Spain, 2009. Available online: ftp://ftp.geo.euskadi.net/cartografia/ (accessed on 15 December 2013). Onaindia, M.; Fernandez de Manuel, B.; Madariaga, I.; Rodríguez-Loinaz, G. Co-benefits and trade-offs between biodiversity, carbon storage and water flow regulation. For. Ecol. Manag. 2013, 289, 1–9. [CrossRef] Eustat. Basque Statistical Institute. Available online: http://www.eustat.eus (accessed on 7 December 2016). Basque Government. Map of Vegetation of the Basque Country; Environmental and Regional Planning Department of the Basque Government: Vitoria/Gasteiz, Spain, 2009. Available online: ftp://ftp.geo. euskadi.net/cartografia/ (accessed on 15 December 2013). Conner, R.; Thompson, M. Timber growth, mortality, and change. In Forest Resources of the United States; General Technical Report, WO-78; Smith, W.B., Miles, P.D., Vissage, J.S., Pugh, S.A., Eds.; U.S. Department of Agriculture, Forest Service, Washington Office: Washington, DC, USA, 2009; pp. 64–66. Vélez, J.J.; Puricelli, M.; López, F.; Francés, F. Parameter extrapolation to ungauged basins with a hydrological distributed model in a regional framework. Hydrol. Earth Syst. Sci. 2009, 13, 229–246. [CrossRef] Sharp, R.; Tallis, H.T.; Ricketts, T.; Guerry, A.D.; Wood, S.A.; Chaplin-Kramer, R.; Nelson, E.; Ennaanay, D.; Wolny, S.; Olwero, N.; et al. VEST+ VERSION+ User’s Guide; The Natural Capital Project; Stanford University: Stanford, CA, USA; University of Minnesota: Minneapolis, MN, USA; The Nature Conservancy, and World Wildlife Fund: Gland, Switzerland, 2016; p. 338. Available online: http://data.naturalcapitalproject.org/ nightly-build/invest-users-guide/html/#pdf-version-of-the-user-s-guide (accessed on 25 May 2015). Álvarez, J.; Sánchez, A.; Quintas, L. SIMPA, a GRASS based tool for Hydrological Studies. Int. J. Geoinform. 2005, 1, 1–13. Lonsdorf, E.; Kremen, C.; Ricketts, T.; Winfree, R.; Williams, N.; Greenleaf, S. Modelling pollination services across agricultural landscapes. Ann. Bot. 2009, 103, 1589–1600. [CrossRef] [PubMed] Zulian, G.; Maes, J.; Paracchini, M. Linking Land Cover Data and Crop Yields for Mapping and Assessment of Pollination Services in Europe. Land 2013, 2, 472–492. [CrossRef] Soulis, K.X.; Valiantzas, J.D. SCS-CN parameter determination using rainfall-runoff data in heterogeneous watersheds–the two-CN system approach. Hydrol. Earth Syst. Sci. 2012, 16, 1001–1015. [CrossRef] United States Department of Agriculture (USDA). National Engineering Handbook, Section 4, Hydrology; USDA, Soil Conservation Service, US Government Printing Office: Washington, DC, USA, 1972. Available online: https://policy.nrcs.usda.gov/18393.wba (accessed on 25 June 2015). Ferrer-Juliá, M. Análisis de Nuevas Fuentes de Datos para la Estimación del Parámetro Número de Curva: Perfiles de Suelos y Teledetección; CEDEX: Madrid, Spain, 2003; ISBN 84-7790-389-1. Basque Government. Slope Map of the Basque Country; Environmental and Regional Planning Department of the Basque Government: Vitoria/Gasteiz, Spain, 2013. Available online: ftp://ftp.geo.euskadi.net/ cartografia/ (accessed on 5 September 2015). Neiker-Ihobe. Estudio Sobre la Potencialidad de los Suelos y la Biomasa de Zonas Agrícolas, Pascícolas y Forestales de la CAPV Como Sumideros de Carbono; Inedited Report; Neiker-Tecnalia: Derio, Basque Country, Spain, 2004. Penmam, J.; Gytarsky, M.; Hiraishi, T.; Krug, T.; Kruger, D.; Pipatti, R.; Buendia, L.; Miwa, K.; Ngara, T.; Tanabe, K.; et al. (Eds.) Good Practice Guidance for Land Use, Land-Use Change and Forestry; Institute for Global Environmental Strategies (IGES), Cambridge University Press: Cambridge, UK, 2003; p. 590, ISBN 4-88788-003-0. Peña, L.; Casado-Arzuaga, I.; Onaindia, M. Mapping recreation supply and demand using an ecological and social evaluation approach. Ecosyst. Serv. 2015, 13, 108–118. [CrossRef] Paracchini, M.L.; Zulian, G.; Kooperoinen, L.; Schägner, J.P.; Termansen, M.; Zandersen, M.; Perez-Soba, M.; Scholefield, P.A.; Bidoglio, G. Mapping cultural ecosystem services: A framework to assess the potential for outdoor recreation across the EU. Ecol. Indic. 2014, 45, 371–385. [CrossRef]


Forests 2018, 9, 22

54. 55. 56.

57. 58.

59.

60. 61.

62.

63.

64.

65.

66.

67.

68. 69. 70. 71.

72.

19 of 20

Fuller, R.A.; Irvine, K.N.; Devine-Wright, P.; Warren, P.H.; Gaston, K.J. Psychological benefits of greenspace increase with biodiversity. Biol. Lett. 2007, 3, 390–394. [CrossRef] [PubMed] Hartig, T.; Staats, H. The need for psychological restoration as a determinant of environmental preferences. J. Environ. Psychol. 2006, 26, 215–226. [CrossRef] Maes, J.; Braat, L.; Jax, K.; Hutchins, M.; Furman, E.; Termansen, M.; Luque, S.; Paracchini, M.S.; Chauvin, C.; Williams, R.; et al. A Spatial Assessment of Ecosystem Services in Europe: Methods, Case Studies and Policy Analysis: Phase 1; PEER Report No 3; Partnership for European Environmental Research: Ispra, Italy, 2011. Willemen, L.; Verburg, P.H.; Hein, L.; van Mensvoort, M.E.F. Spatial characterization of landscape functions. Landsc. Urban Plan. 2008, 88, 34–43. [CrossRef] Loidi, J.; Ortega, M.; Orrantia, O. Vegetation science and the implementation of the habitat directive in Spain: Up-to-now experiences and further development to provide tools for management. Fitosociología 2007, 44, 9–16. Maes, J.; Paracchini, M.L.; Zulian, G.; Dunbar, M.B.; Alkemade, R. Synergies and trade-offs between ecosystem service supply, biodiversity, and habitat conservation status in Europe. Biol. Conserv. 2012, 155, 1–12. [CrossRef] Norton, L.R.; Inwood, H.; Crowe, A.; Baker, A. Trialling a method to quantify the ‘cultural services’ of the English landscape using Countryside Survey data. Land Use Policy 2012, 29, 449–455. [CrossRef] Hunziker, M.; Buchecker, M.; Hartig, T. Space and place—Two aspects of the human-landscape relationship. In A Changing World—Challenges for Landscape Research; Kienast, F., Ghosh, S., Wildi, O., Eds.; Springer: Berlin, Germany, 2007; pp. 47–62, ISBN-10 9048123909. Hunziker, M.; Felber, P.; Gehring, K.; Buchecker, M.; Bauer, N.; Kienast, F. Evaluation of landscape change by different social groups. Results of two empirical studies in Switzerland. Mt. Res. Dev. 2008, 28, 140–147. [CrossRef] Kienast, F.; Bolliger, J.; Potschin, M.; de Groot, R.; Verburg, P.H.; Heller, I.; Wascher, D.; Haines-Young, R. Assessing landscape functions with broad-scale environmental data: Insights gained from a prototype development for Europe. Environ. Manag. 2009, 44, 1099–1120. [CrossRef] [PubMed] Van Oudenhoven, A.; Petz, K.; Alkemade, R.; Hein, L.; de Groot, R. Framework for systematic indicator selection to assess effects of land management on ecosystem services. Ecol. Indic. 2012, 21, 110–122. [CrossRef] Frank, S.; Fürst, C.; Koschke, L.; Witt, A.; Makeschin, F. Assessment of landscape aesthetics—validation of a landscape metrics—Based assessment by visual estimation of the scenic beauty. Ecol. Indic. 2013, 32, 222–231. [CrossRef] Nahuelhual, L.; Carmona, A.; Lozada, P.; Jaramillo, A.; Aguayo, M. Mapping recreation and ecotourism as a cultural ecosystem service: An application at the local leven in Southern Chile. Appl. Geogr. 2013, 40, 71–82. [CrossRef] CPSS. Catálogo Abierto de Paisajes Singulares y Sobresalientes de la CAPV—Anteproyecto—Tomo I. Principios Generales para la Elaboración del Catálogo. Dirección de Biodiversidad y Participación Ambiental; Environmental and Regional Planning Department of the Basque Government: Vitoria/Gasteiz, Spain, 2005. Available online: http://www.ingurumena.ejgv.euskadi.eus/r49-3074/es/contenidos/informacion/paisaje/es_1094/ catalogo.html (accessed on 22 February 2015). Baveye, P.; Baveye, J.; Gowdy, J. Monetary valuation of ecosystem services: It matters to get the timeline right. Ecol. Econ. 2013, 95, 231–235. [CrossRef] Casado-Arzuaga, I.; Madariaga, I.; Onaindia, M. Perception, demand and user contribution to ecosystem services in the Bilbao Metropolitan Greenbelt. J. Environ. Manag. 2013, 129, 33–43. [CrossRef] [PubMed] Williams, K.; Biedenweg, K.; Cerveny, L. Understanding Ecosystem Service Preferences across Residential Classifications near Mt. Baker Snoqualmie National Forest, Washington (USA). Forests 2017, 8, 157. [CrossRef] Gómez-Baggethun, E.; de Groot, R.; Lomas, P.L.; Montes, C. The history of ecosystem services in economic theory and practice: From early notions to markets and payment schemes. Ecol. Econ. 2010, 69, 1209–1218. [CrossRef] Udalmap. Municipalities’ Information System of the Basque Country, 2010. Available online: http://www.ogasun.ejgv.euskadi.net/r51-udalmap/es/contenidos/informacion/udalmap/es_udalmap/ udalmap.html (accessed on 10 September 2016).


Forests 2018, 9, 22

73. 74. 75. 76.

77. 78. 79. 80.

81.

82. 83. 84. 85. 86. 87.

88.

89.

20 of 20

Rodríguez-Loinaz, G.; Amezaga, I.; Onaindia, M. Efficacy of management policies on protection and recovery of natural ecosystems in the Urdaibai Biosphere Reserve. Nat. Areas J. 2011, 31, 358–367. [CrossRef] Kemkes, R.J.; Farley, J.; Koliba, C.J. Determining when payments are an effective policy approach to ecosystem service provision. Ecol. Econ. 2010, 69, 2069–2074. [CrossRef] Pattanayak, S.K.; Wunder, S.; Ferraro, P.J. Show Me the Money: Do Payments Supply Environmental Services in Developing Countries? Rev. Environ. Econ. Policy 2010, 4, 254–274. [CrossRef] Biscay County Council, Udalkutxa, Public Administration and Institutional Relations Department of the County Council of Biscay, Biscay, Spain, 2015. Available online: http://www.bizkaia.eus/home2/Temas/ DetalleTema.asp?Tem_Codigo=6090&idioma=CA (accessed on 10 September 2016). European Environmental Agency (EEA). Urban Sprawl in Europe: The Ignored Challenge; Report 10; EEA: Copenhagen, Denmark, 2006; ISBN 92-9167-887-2. La Rosa, D.; Privitera, R. Characterization of non-urbanized areas for land-use planning of agricultural and green infrastructure in urban contexts. Landsc. Urban Plan. 2013, 109, 94–106. [CrossRef] Adams, V.M.; Pressey, R.L.; Naidoo, R. Opportunity costs: Who really pays for conservation? Biol. Conserv. 2010, 143, 439–448. [CrossRef] Pinho, P.; Correia, O.; Lecoq, M.; Munzi, S.; Vasconcelos, S.; Gonçalves, P.; Lopes, N. Evaluating green infrastructure in urban environments using a multi-taxa and functional diversity approach. Environ. Res. 2016, 147, 601–610. [CrossRef] [PubMed] Rodríguez-Loinaz, G.; Amezaga, I.; Onaindia, M. Use of native species to improve carbon sequestration and contribute towards solving the environmental problems of the timberlands in Biscay, northern Spain. J. Environ. Manag. 2013, 120, 18–26. [CrossRef] [PubMed] Carlet, F. Understanding attitudes toward adoption of green infrastructure: A case study of US municipal officials. Environ. Sci. Policy 2015, 51, 65–76. [CrossRef] Venkatesh, V.; Morris, M.G. Why don’t men ever stop to ask for directions? Gender, social influence, and their role in technology acceptance and usage behavior. MIS Q. 2000, 24, 115–139. [CrossRef] Wunder, S. The efficiency of payments for environmental services in tropical conservation. Conserv. Biol. 2007, 21, 48–58. [CrossRef] [PubMed] Wunder, S.; Engel, S.; Pagiola, S. Taking stock: A comparative analysis of payments for environmental services programs in developed and developing countries. Ecol. Econ. 2008, 65, 834–852. [CrossRef] Wunder, S. Payments for environmental services and the poor: Concepts and preliminary evidence. Environ. Dev. Econ. 2008, 13, 279–297. [CrossRef] Biscay County Council, Environment and Sustainability Department of the County Council of Biscay, Biscay, Spain, 2015. Available online: http://www.bizkaia.eus/home2/bizkaimedia/Contenido_Noticia.asp?TNo_ Codigo=0&Not_Codigo=14901&Tem_Codigo=2&idioma=CA&dpto_biz=2&codpath_biz=2 (accessed on 10 September 2016). Hansen, R.; Pauleit, S. From multifunctionallity to multiple ecosystem services? A conceptual framework for multifunctionallity in green infrastructure planning for urban areas. Ambio 2014, 43, 516–529. [CrossRef] [PubMed] Görg, C.; Rauschmayer, F. Multi-level-governance and the politics of scale—The challenge of the Millennium Ecosystem Assessment. In Environmental Governance, Power and Knowledge in a Local-Global World; Kütting, G., Lipschutz, R., Eds.; Routledge: London, UK; New York, NY, USA, 2009; pp. 81–99. © 2018 by the authors. Licensee MDPI, Basel, Switzerland. This article is an open access article distributed under the terms and conditions of the Creative Commons Attribution (CC BY) license (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/).


4.

Laugarren artikulu sorta, Udako Ikastaroaren ZEHARKAKO HELBURUEN ingurukoa da: / La cuarta serie de artículos se centra en OBJETIVOS TRANSVERSALES del Curso de Verano:

Lurralde Antolamendurako Gidalerro (LAG) berrien zeharkako helburuak / Objetivos transversales de las nuevas Directrices de Ordenación Territorial (DOT)

4.1. “DOT, hacia una intervención territorial integrada” Consideraciones de Jesús Mª Erquicia Olaciregui. Julio 2020

4.2. “Inclusión de la Infraestructura Verde en las DOT de la CAPV” Consideraciones de Rafael Sánchez Guerras. Julio 2020

4.3. “Urbanismo del cuidado. Inclusión de la perspectiva de género en las DOT de la CAPV” Consideraciones de Helena Biurrun Galarraga. Julio 2020


4.1. CONSIDERACIONES de Jesús Mª Erquicia Olaciregui -Julio 2020-

artículo nº4.1: “DOT, HACIA UNA INTERVENCIÓN TERRITORIAL INTEGRADA” Jesús Mª Erquicia Olaciregui


LURRALDE ANTOLAMENDURAKO GIDALERROAK (LAG), LURRALDEAREN GAINEKO ESKU HARTZE INTEGRATUA DIRECTRICES DE ORDENACIÓN TERRITORIAL DOT, HACIA UNA INTERVENCIÓN TERRITORIAL INTEGRADA

Jesús Mª ERQUICIA OLACIREGUI, Doktore arkitektoa - Doctor Arquitecto Lurralde Antolamendu eta Plangintzarako Zerbituzuaren Arduraduna Responsable del Servicio de Ordenación del Territorio y Planeamiento Eusko Jaurlaritza - Gobierno Vasco

Eusko Jaurlaritzaren Kontseiluak uztailaren 31ko 128/2019 Dekretua, EAEko Lurralde Antolamenduaren Gidalerroak behin betiko onartzen dituena, onartu ondoren, 2015eko uztailean hasitako prozesu bati amaiera eman zaio. Dokumentuak eskualde-mailako lurraldeeredu berri bat ezartzen du EAErako, Lurraldea 2040, Euskal Autonomia Erkidegoko lurraldeantolamenduaren bigarren belaunaldiari hasiera emanez.

EAE zifretan: EAE lurralde txikia da (7.235,08 km2), kostaldekoa eta orografia oso gorabeheratsua duena. Hiru probintziak (Araba, Bizkaia eta Gipuzkoa) eta hiru hiriburuk (Bilbo, Gasteiz eta Donostia) osatzen dute. 2017an 2.171.886 biztanle zituen, biztanleria-dentsitate handia, 300 bizt./km2, eta hiri-dentsitate oso handia, 4.432,86 bizt./km2. Euskal ekonomiaren ezaugarri nagusiak, historikoki, oinarri industrial sendoa (balio erantsi gordina %24,5) eta mendekotasun energetiko handia (%94) dira.

Con la aprobación por el Consejo de Gobierno Vasco del Decreto 128/2019, de 31 de julio, de aprobacion definitiva de las Directrices de Ordenación Territorial de la CAPV se culmina un proceso iniciado en julio de 2015. El documento establece un nuevo modelo territorial de escala regional para la CAPV, Lurraldea 2040, comenzando una segunda generación de la ordenación del territorio en el País Vasco.

La CAPV en cifras: La CAPV es un territorio pequeño (7.235,08 km2), costero y de orografía muy accidentada. Formado por tres provincias (Álava, Bizkaia y Gipuzkoa), y tres ciudades capitales (Bilbao, Vitoria-Gasteiz y San Sebastián). Con una población de 2.171.886 habitantes el año 2017, una densidad de población alta, 300 hab/km2, y una densidad urbana muy alta, 4.432,86 hab/km 2. La economía vasca se caracteriza históricamente por una sólida base industrial, (24,5% Valor Añadido Bruto) y una fuerte dependencia energética (94%).

Donostia – San Sebastián, 1 – Tef. 945 01 98 24 – Fax 945 01 98 54 – 01010 Vitoria-Gasteiz


Entronque socioeconómico, territorial Proyecciones demográficas 2017-2031 Ámbito Territorial Álava Bizkaia Gipuzkoa CAPV

2017 323.800 1.137.300 713.000 2.174.100

2020 327.900 1.132.000 720.000 2.179.900

2026 333.700 1.119.200 730.300 2.183.200

2031 337.600 1.109.500 738.700 2.185.800

Dependencia Intervalo de edades 0-15 16-64 ≥65

total 301.300 1.301.200 578.500

Porcentaje

Tasa de dependencia (P0-15+P65+)/P16-64 (%)

13,81% 59,66% 26,52%

67,70%

Cambio Climático Ascenso del nivel del mar (finales del siglo XXI) 29-49cm

Precipitaciones Disminución 10-30% V. Mediterranea 10% V. Cantábrica

Lurralde-antolamenduaren lehen zikloak 1997ko LAGekin eta garapenerako lurralde-plangintzarekin izan duenaren diagnostikoa abiapuntutzat hartuta, honako ekarpen hauek aintzatetsi behar dira: eremu funtzionalak mugatzea; ingurune fisikoa kategorizatzea eta homogeneizatzea lurzoru urbanizaezinaren tratamenduan ibaien, hezeguneen, itsasertzaren edo nekazaritza eta basozaintzaren LPSekin; uholde-arriskuari buruzko tratamendu sendoa ematea; bizitegi-kuantifikazioa (Eusko Jaurlaritzak udalerrietako hirigintzaplangintzari ezartzen dion bizitegi-ahalmena edo gehieneko etxebizitza-kopurua). Horren ondorioz, EAEn ez dira gertatu beste lurralde batzuetako garapenak edo hiri-hedapena, eta, agian gure orografiak lagundu badigu ere, gure hirigintzaplanek modu logikoan eta jasoan planteatu dituzte hiri-hedapenak; jarduera ekonomikoetarako lurzoruaren antolamendua, industria-sektorean dedikazio handia duen autonomia-erkidegoa den aldetik, kuantifikatzeko jarraibide batzuk ere izan ditu.

Temperaturas Incremento Invierno 1,5º - 2,5º Verano 4,5º - 7º

Partiendo de un diagnóstico de lo que ha supuesto este primer ciclo de la ordenación del territorio con las DOT de 1997 y el planeamiento territorial de desarrollo, cabe reconocer las siguientes aportaciones: la delimitación de áreas funcionales; la ordenación del medio físico con una categorización y una homogeneización en el tratamiento del suelo no urbanizable con los PTS de ríos, de zonas húmedas, del litoral, o agroforestal; con un tratamiento sólido de las cuestiones de inundabilidad; la cuantificación residencial (capacidad residencial o número máximo de viviendas que el Gobierno Vasco establece al planeamiento urbanístico de los municipios), que ha hecho que en la CAPV no se hayan dado los desarrollos o la expansión urbana de otros territorios y aunque quizás nuestra orografía nos ha ayudado, nuestros planes urbanísticos han planteado sus expansiones urbanas de una forma lógica y contenida; la ordenación del suelo de actividades económicas en cuanto que Comunidad Autónoma con una importante dedicación en el sector industrial ha contado también con unas pautas de cuantificación industrial.

2


Modelo territorial de las Directrices de Ordenación Territorial de 1997

Lurralde-ereduaren oinarriek, lurraldea egitura fisiko gehi gizarte gisa hartuta, lurralde jasangarria, inklusiboa, bizia, adimentsua, orekatua, erlazionatua eta parte-hartzailea proiektatzen dute. Jasangarria, hiru aldagaiei (ingurumen, ekonomiko eta sozialei) dimentsio kulturala txertatuz, belaunaldien arteko kezkarekin eta ekosistema aberatsagoak eta hobeto kontserbatuak dituen lurralde baten aldeko apustuarekin, finkapen trinkoekin, hiri-berroneratzearen eta garraio kolektiboaren aldeko apustuarekin eta energetikoki eraginkorragoarekin, besteak beste; inklusiboa, zaintzaren hirigintzarekiko kezkarekin; bizia, pertsonek planetan duten eragin globalaren azterketarekin.

Las bases del modelo territorial dentro de una concepción de territorio como estructura física más sociedad proyectan un territorio sostenible, inclusivo, vivo, inteligente, equilibrado, interrelacionado y participativo. Sostenible, integrando a las tres variables ambiental económica y social la dimensión cultural, con una preocupación intergeneracional y con una apuesta por un territorio con ecosistemas más ricos y mejor conservados, con asentamientos densos, con una apuesta por la regeneración urbana y por el transporte colectivo y más eficiente energéticamente, entre otros; inclusivo, con una preocupación por el urbanismo del cuidado; vivo, con un análisis del impacto global de la acción de las personas sobre el planeta.

Gidalerroak berrikusteko printzipio gidariek, hamar gidalerrok, funtsezko kontzeptuak jorratzen dituzte: azpiegitura berdea kontzeptua eta ekosistemen zerbitzuak, ingurune fisikoaren antolamendutik haratagoko urrats gisa; landahabitata, kargan mantentzearen eta paisaia babesteko funtsezko eginkizunaren inguruko etengabeko kezkaren erakusgarri; Eraldaketa Ardatzaren figura, erantzuna ematen duena

Los principios rectores de la revisión de las Directrices, en número de diez, hacen un recorrido por los conceptos nucleares: el concepto infraestructura verde y los servicios de los ecosistemas como un paso más allá de lo que es la ordenación del medio físico; el hábitat rural como muestra de una preocupación continuada por su mantenimiento en carga y por su papel fundamental de protección de paisaje; la figura de los Ejes de Transformación, concepto que viene a dar 3


Hiriburuen nukleo anitzeko sistematik edo eremu funtzionaletako buruetatik haragoko ibarren hondoetako egitura konurbatu linealari; dagoeneko artifizializatuta dagoen lurzoruaren erabileraren optimizazioari, hiri-berroneratzea eta erabileren nahasketa sustatuz batez ere; jarduera ekonomikoen lurzoruari dagokionez erantzun arin eta eraginkorrari, zeinaren gainean eta lurraldebaldintzapenengatik beharrezkoa izango baita lehendik dagoen lurzorua berroneratzeko, berritzeko eta birdentsifikatzeko estrategiak ezartzea; lehendik dagoen lurzorua sartzea; Paisaiaren kudeaketa lurralde-antolamenduko tresnetan; baliabideen kudeaketa jasangarria: ura, energia-subiranotasuna, ekonomia zirkularra eta autosufizientzia konektatua; mugikortasun eta logistika jasangarriak; kezka berriak edo zeharkako gaiak (irisgarritasun unibertsala, genero-ikuspegia, euskara, klima-aldaketa, osasuna, lurraldeen arteko harremana); eta, azkenik, gobernantza ona sustatzea

respuesta a la estructura conurbada lineal en los fondos de los valles más allá del sistema polinuclear de capitales o de las cabeceras de áreas funcionales; la optimización en la utilización del suelo ya artificializado promoviendo fundamentalmente la regeneración urbana y la mezcla de usos; la respuesta ágil y eficaz en lo relativo al suelo de actividades económicas sobre el cual y por condicionamientos territoriales va a ser necesario establecer estrategias de regeneración, renovación, redensificación del suelo ya existente; incluir la gestión del paisaje en los instrumentos de ordenación territorial; la gestión sostenible de los recursos: agua, soberanía energética, economía circular y autosuficiencia conectada; la movilidad y logística sostenibles; las nuevas preocupaciones o cuestiones transversales (la accesibilidad universal, la perspectiva de género, el euskera, el cambio climático, la salud, la interrelación territorial); y finalmente la promoción de una buena gobernanza.

4


5


Hauek dira lurralde-eredua definitzen duten elementuak: I Ingurune fisikoa eta azpiegitura berdea II Landa-habitata III Hiri-habitata IV Paisaia, kultura- eta natura-ondarea eta baliabide turistikoak V Baliabideen kudeaketa jasangarria VI Mugikortasuna eta logistika VII Zeharkako gaiak VIII Gobernantza.

Los elementos definitorios del Modelo Territorial son los siguientes: I Medio físico e infraestructura verde II Hábitat rural III Hábitat urbano IV Paisaje, Patrimonio cultural y natural, y Recursos turísticos V Gestión sostenible de los recursos VI Movilidad y logística VII Cuestiones Transversales VIII Gobernanza

Azkenik, dokumentuaren alderdi nagusi gisa Aplikazio Arauak daude, espazioa antolatzeko eta erabiltzeko gidalerroak eta gomendiozko gidalerroak bereizten dituztenak; lehenak arauirizpide gisa hartzen dira eta bigarrenak gomendio edo jarduketa-ildo gisa. Horrez gain, dokumentuaren irudikapen grafikoa Sintesi Mapa batean jaso behar da.

Finalmente como aspecto central del documento están las Normas de Aplicación con una distinción entre las Directrices de ordenación y uso del espacio, y las Directrices recomendatorias; las primeras contempladas como criterios normativos y las segundas como recomendaciones o líneas de actuación. Cabe también añadir la plasmación gráfica del documento en un Mapa de Síntesis.

Mapa de síntesis de las DOT de 1997

Azken batean, LAGen berrikuspenarekin 1997ko LAGen aldean eboluzionatu da, bi dokumentuen lurralde-ereduaren laburpen-mapak islatuta. Azpiegitura grisak lurraldearen elementu egituratzaile gisa eragin handia duen eredu batetik, azpiegitura berdeak egin beharreko eginkizun egituratzailea duen eredu berri batera.

Mapa de síntesis de las DOT de 2019

En definitiva con la revisión de las DOT se evoluciona con respecto a las DOT de 1997 con el reflejo de los mapas de síntesis del modelo territorial de ambos documentos. Desde un modelo con una fuerte incidencia de la infraestructura gris como elemento estructurador del territorio a un nuevo modelo con un papel estructurador a efectuar por la infraestructura verde.

LAGei eta prozesuari buruzko dokumentu guztiak webgune honetan daude. https://www.euskadi.eus/lurralde-antolamenduaren-gidalerroak-lag/web01-a3lurral/eu/ Todos los documentos relativos a las DOT y al proceso está en la web https://www.euskadi.eus/directrices-de-ordenacion-territorial-dot/web01-a3lurral/es/ Vitoria-Gasteiz, 2020ko uztaila Julio de 2020 6


artículo nº4.1: “DOT, HACIA UNA INTERVENCIÓN TERRITORIAL INTEGRADA” Jesús Mª Erquicia Olaciregui


4.2. CONSIDERACIONES de Rafael Sánchez Guerras -Julio 2020-

artículo nº4.2: “INCLUSIÓN DE LA INFRAESTRUCTURA VERDE EN LAS DOT DE LA CAPV” Rafael Sánchez Guerras


AZPIEGITURA BERDEA EUSKAL AUTONOMIA ERKIDEGOKO (EAE) LURRALDE ANTOLAMENDUAREN GIDALERROETAN (LAG) SARTZEA INCLUSIÓN DE LA INFRAESTRUCTURA VERDE EN LAS DIRECTRICES DE ORDENACIÓN TERRITORIAL (DOT) DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DEL PAÍS VASCO (CAPV) Rafael Sánchez Guerras, Arkitektoa arquitecto Arabako Lurralde Antolamendurako arduraduna Responsable de Ordenación del Territorio de Álava Eusko Jaurlaritza Gobierno Vasco

Aurkezpenean labur-labur azaltzen da azpiegitura berdearen kontzeptua nola txertatu den Euskal Autonomia Erkidegoko lurralde-plangintzan, 20 urteren ondoren Euskal Autonomia Erkidegoko (EAE) Lurralde Antolamenduaren Gidalerroak (LAG) berrikusi direla aprobetxatuz.

En la presentación se expone brevemente el cómo se ha insertado el concepto de infraestructura verde en la planificación territorial de la Comunidad Autónoma, aprovechando que, tras 20 años, se han revisado las Directrices de Ordenación Territorial (DOT) de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV).

Azpiegitura berdea dokumentuan azken hamarkadetan jasan den lurralde-zatiketari ematen zaion erantzuna da, eskala guztietan jarraitutasun ekologikoa sustatuz. Horrek naturak eskaintzen dizkigun zerbitzuak indartuko ditu, eta hainbat onura lortuko ditu osasunaren, elikaduraren, hondamendien aurreko erregulazioaren, biodibertsitatearen eta ongizatearen arloetan, besteak beste.

La Infraestructura Verde es la respuesta que se da en el documento a la fragmentación territorial que se ha sufrido en las últimas décadas, promoviendo la continuidad ecológica a todas las escalas. Esto reforzará los servicios que nos ofrece la naturaleza, obteniendo múltiples beneficios en materias como la salud, la alimentación, la regulación frente a catástrofes, la biodiversidad y el bienestar, entre otras.

Dokumentuak azpiegitura berdearen eta ekosistemen zerbitzuen kontzeptuak sartzen ditu EAEko lurralde- eta hirigintza-plangintzan, lurraldeeta udal-planetarako irizpideak zehazten ditu eta EAE mailako azpiegitura berdea ezartzen du (LAGen berezko eskalarena).

El documento introduce los conceptos de infraestructura verde y servicios de los ecosistemas en el planeamiento territorial y urbanístico de la CAPV, señala criterios para los planes territoriales y municipales y establece la infraestructura verde a nivel de la CAPV (que es la de la escala propia de las DOT).

Donostia – San Sebastián, 1 – Tef. 945 01 98 24 – Fax 945 01 98 54 – 01010 Vitoria-Gasteiz


"Azpiegitura berdea" kontzeptua asko erabili da azken urteotan arlo akademikoan, eta gero eta gehiago erabakiguneetan. Pluralean (azpiegitura berdeak), "Naturan oinarritutako soluzioen" antzera erabiltzen da. Hala ere, LAGetan EAEko lurraldeereduaren elementu gisa ezartzen den kontzeptua, singularrean, sare planifikatu bat da. Bien arteko erlazioa "azpiegitura berdeak" (naturan oinarritutako irtenbide gisa) "azpiegitura Berdearen" (sare planifikatua) zati izan daitezkeela ondoriozta daiteke.

El concepto “infraestructura verde” ha venido siendo ampliamente utilizado en los últimos años en el plano académico y cada vez más en los ámbitos de decisión. En plural (infraestructuras verdes) suele ser empleado de forma parecida a “soluciones basadas en la naturaleza”. No obstante, el concepto que se establece en las DOT como elemento del modelo territorial de la CAPV, es en singular, una red planificada. Se puede deducir que la relación entre ambos es que las “infraestructuras verdes” (como soluciones basadas en la naturaleza) pueden formar parte de la “Infraestructura Verde” (red planificada).

"Azpiegitura berdetik" hartzen den definizioa Europako Batzordeak adierazten duena da: "Eremu natural eta erdinaturalen eta beste ingurumen-elementu batzuen sare bat, modu estrategikoan planifikatua, zerbitzu ekosistemiko ugari emateko diseinatua eta kudeatua. Espazio berdeak (edo urdinak, uretako ekosistemen kasuan) eta lehorreko espazioetako (kostaldeko eremuak barne) eta itsasoko beste elementu fisiko batzuk sartzen ditu. Lurreko espazioetan, azpiegitura berdea landa- eta hiri-inguruneetan dago ".

La definición que se toma de “Infraestructura Verde” es la que señala la Comisión Europea: “Una red de zonas naturales y seminaturales y de otros elementos ambientales planificada de forma estratégica, diseñada y gestionada para la prestación de una extensa gama de servicios ecosistémicos. Incorpora espacios verdes (o azules en el caso de los ecosistemas acuáticos) y otros elementos físicos de espacios terrestres (incluidas las zonas costeras) y marinos. En los espacios terrestres, la infraestructura verde está presente en los entornos rurales y urbanos”.

Azpiegitura berdearen funtzio-aniztasunaren kontzeptua ekosistemen zerbitzuenarekin lotuta dago, horiek baitira ingurumen-balioak eskala eta tipologia desberdinetan bateratzeko eta justifikatzeko neurria, haren babesteko figura konkretu harago. Gainera, ekosistemen zerbitzuen kontzeptuak naturak eskaintzen dizkigun zerbitzu guztiak ikusteko aukera ematen digu, ikuspegi partzialak gaindituz.

El concepto de multifuncionalidad de la infraestructura verde viene relacionado con el de servicios de los ecosistemas, puesto que son la medida para unificar, y justificar los valores ambientales en distintas escalas y tipologías, más allá de la figura de protección. Además, el concepto de servicios de los ecosistemas nos permite apreciar cada uno de los servicios que nos ofrece la naturaleza, superando visiones parciales.

2


Kontzeptu-oinarri argi horrekin, azpiegitura berdea hainbat eskalatan hedatzen da plangintzan, eta eskala bakoitzari dagozkion elementu jakin batzuk ditu, sare horren parte izan daitezkeenak. EAEko eskalakoa LAGek proposatzen dutena da.

Con esa base conceptual clara, la infraestructura verde se despliega a varias escalas en el planeamiento, y cuenta con determinados elementos propios de cada escala, que pueden formar parte de esta red. La de la escala de la CAPV es la que proponen las DOT.

Eskala bakoitzak aurrekoa baino pixka bat gehiago zehazten du, eta, aldi berean, bere eskalari dagozkion elementu berriak proposatzen ditu, aurrekoei lotuta.

Cada escala precisa un poco mรกs la anterior, y a su vez propone nuevos elementos propios de su escala, enlazados a los anteriores.

Beraz, espazio naturalen sare planifikatu bat proposatzen da, lurralde-zatiketa arinduko duena eta ekosistemen zerbitzuak indartuko dituena, figura zehatzetik haragoko funtzionamendua osorik ulertuta.

Se propone por tanto una red planificada de espacios naturales que mitiguen la fragmentaciรณn territorial y refuercen los servicios de los ecosistemas, a partir de la comprensiรณn integral de su funcionamiento mรกs allรก de la figura concreta.

3


Azken batean, naturgune batzuetatik, azpiegitura "grisez" inguratutako uharte-multzo batetik, naturaren funtzionamendutik eta ematen dizkigun zerbitzuetatik abiatuta kontzienteki planifikatutako sare batera eboluzionatzen duen eredu bat dugu.

En definitiva tenemos un modelo que evoluciona de unos espacios naturales como un archipiélago de islas rodeadas de infraestructuras “grises” a una red planificada de forma consciente a partir del funcionamiento de la naturaleza y de los servicios que nos proporciona.

LAGei eta prozesuari buruzko dokumentu guztiak webgune honetan daude. https://www.euskadi.eus/lurralde-antolamenduaren-gidalerroak-lag/web01-a3lurral/eu/ Todos los documentos relativos a las DOT y al proceso está en la web https://www.euskadi.eus/directrices-de-ordenacion-territorial-dot/web01-a3lurral/es/ Vitoria-Gasteiz, 2020ko uztaila Julio de 2020 4


artículo nº4.2: “INCLUSIÓN DE LA INFRAESTRUCTURA VERDE EN LAS DOT DE LA CAPV” Rafael Sánchez Guerras


4.3. CONSIDERACIONES de Helena Biurrun Galarraga -Julio 2020-

artículo nº4.3: “URBANISMO DEL CUIDADO. Inclusión de la perspectiva de género en las DOT” Helena Biurrun Galarraga


ZAINTZAREN HIRIGINTZA (“Bitartean” programa dela eta gogoetarako edukiak). GENERO IKUSPEGIA EUSKAL AUTONOMIA ERKIDEGOKO (EAE) LURRALDE ANTOLAMENDUAREN GIDALERROETAN (LAG) SARTZEA URBANISMO DEL CUIDADO (Contenidos de reflexión para el “mientras tanto”) INCLUSIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LAS DIRECTRICES DE ORDENACIÓN TERRITORIAL (DOT) DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DEL PAÍS VASCO (CAPV) Helena Biurrun Galarraga, Eusko Jaurlaritzako Lurralde Antolamenduko Zerbitzuaren Arkitektoa Arquitecta del Servicio de Ordenación del Territorio del Gobierno Vasco Genero-ikuspegia sartu egin da, zeharkako gai gisa, Euskal Autonomia Erkidegoko lurraldeplangintzan, 20 urteren ondoren Euskal Autonomia Erkidegoko (EAE) Lurralde Antolamenduaren Gidalerroak (LAG) berrikusi direla aprobetxatuz.

La perspectiva de género ha sido incluida, como cuestión transversal, en la planificación territorial de la Comunidad Autónoma, aprovechando que, tras 20 años, se han revisado las Directrices de Ordenación Territorial (DOT) de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV).

Jarraian, hainbat apunte jaso dira, egoera azaldu eta hausnarketarako abiapuntu izan daitezen.

Se recogen a continuación apuntes diversos con el objetivo de que sirvan de puesta en situación y de puntos de partida para la reflexión.

I.

I.

Lurralde- eta hirigintza-plangintzak gai berriak jaso behar ditu; gizarteak kontuan hartu behar dituen zeharkako kontuez ari gara. Lurraldearen antolamenduaren edo hirigintzaren alorra gainditzen duten gaiak dira, baina barneratu beharrekoak. (LAGen 3. kapitulutik ateratakoa. Lurralde-eredua. Elementu definitzaileak. VII. elementua. Zeharkako gaiak).

El planeamiento territorial y urbanístico han de incorporar en su contenido nuevas cuestiones transversales a abordar por la sociedad; cuestiones que sobrepasan el campo de la ordenación del territorio o del urbanismo, pero que se deben de interiorizar. (extraído de Capítulo 3 de las DOT. Modelo Territorial. Elementos definitorios. Elemento VII. Cuestiones Transversales).

Ildo horretan, beste hainbat gaien artean, generoikuspegia aztertzen da berrikuspen honetan.

En este sentido es tratada en esta revisión, entre otras cuestiones, la perspectiva de género.

Zeharkako gai honi espresiki ekiten zaio 10. Kapituluaren (“Zeharkako Gaiak”) 10.2 atalean “Genero-ikuspegia”. Hasierako lema honek markatzen du aipatutako atal hori gidatzen duen garapen-ildoa:

Esta cuestión transversal es específicamente abordada en el Capítulo 10 (“Cuestiones Transversales”), apartado 10.2 “Perspectiva de Género”. El siguiente lema inicial marca la línea de desarrollo de dicho apartado:

“Pertsonek premia eta itxaropen desberdinak dituzte lurraldearekiko eta hirieta landaingurunearekiko, bakoitzak bere eguneroko bizitzan bere gain hartzen duen genero-rolaren arabera. Lurraldearen Antolamenduan generoikuspegia sartzeak aukera ematen du gizon eta emakumeek baliabide guztiak baldintzaberdintasunean eskuratzen dituztela bermatzeko.”

“Las personas tienen distintas necesidades y aspiraciones en relación al territorio y al espacio urbano y rural derivadas de los roles de género que asumen en su vida cotidiana. La inclusión de la perspectiva de género en la Ordenación del Territorio permite garantizar a hombres y mujeres el acceso a todos los recursos en igualdad de condiciones.”

Atal honetan, genero-ikuspegiaren alorrean, lurraldeestrategia berrikusteko helburuen artean honako hau jasotzen da:

Este apartado recoge entre los objetivos de la revisión de la estrategia territorial en materia de perspectiva de género el siguiente:

“Bere eskala guztietan zaintza-premiei erantzuna ematen dien lurraldea sustatzea, zaintzaren hirigintzaren jarduna sartuz lurralde- zein hirigintza-plangintzan.”

“Promover un territorio que, en sus diferentes escalas dé respuesta a las necesidades de cuidado; mediante la incorporación del ejercicio de un urbanismo del cuidado tanto en la planificación territorial como en la urbanística.”

Era berean, analisian adierazten duen moduan: “Gainera, zaintzaren eta eguneroko bizitzaren premia horiei erantzun behar zaie ez bakarrik

A su vez, tal y como expone en su análisis: “Además, no sólo se trata de responder a estas necesidades de cuidado, y de la vida cotidiana, desde la perspectiva de quienes habitan en el

Donostia – San Sebastián, 1 – Tef. 945 01 98 24 – Fax 945 01 98 54 – 01010 Vitoria-Gasteiz


hirigunean bizi direnen ikuspegitik, baita landaingurunean bizi direnen ikuspegitik ere.”

medio urbano sino también desde la perspectiva de quienes habitan en el medio rural.”

Zeharkako gai hau berariaz garatzen da aipatutako kapituluan, baina espresiki jasotzen da ere Landahabitatari eta Mugikortasunari eta logistikari buruzko kapituluetan (5. eta 6. kapituluak).

Esta cuestión transversal tiene su desarrollo específico en el citado capítulo, pero se incorpora también expresamente su consideración en los capítulos dedicados al Hábitat Rural y la Movilidad y Logística (capítulos 5 y 9).

II.

II.

LAGen berrikuspen prozesuak aurrera egin ahala, egokitzat hartu zen gidalerroek jorratzen duten gai honi buruz gaikako lan bat eskatzea, adituen iritziekin aberastea beharrezkotzat jo baitzen. Idatzitako lana:

Según se iba desarrollando el proceso de revisión de las DOT se creyó conveniente encargar un trabajo temático sobre este tema concreto que abordan las directrices, y que se consideraba necesario nutrirlo con opiniones expertas. El trabajo elaborado:

“Genero ikuspegia EAEko Lurralde Antolamenduaren Gidalerroetan. Ekintza proposamenak” eta Madrilgo Unibertsitate Politeknikoaren “Políticas de igualdad de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación” UNESCO katedrak egin eta Inés Sánchez de Madariagak zuzendutakoa.

“Informe Perspectiva de Género en las Directrices de Ordenación Territorial de la CAPV. Propuestas de Acción” elaborado por la Cátedra UNESCO de Políticas de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Politécnica de Madrid y dirigido por Inés Sánchez de Madariaga.

Prozesuaren zatia izanik, eskura dago agiri honen bukaeran jasotzen den web gunean.

Está disponible, como parte del proceso, en la web que se aporta al pie de este documento.

Eusko Jaurlaritzako Ingurumen eta Lurralde Politika Sailak antolatutako jardunaldi honetan aurkeztu zen: “Genero ikuspegia lurralde antolamenduan eta hirigintzan”. Jardunaldia Emakumearen Euskal Erakundearen, Emakunderen “2016ko Berdintasunerako gunea”-ren eta Lurralde Antolamenduaren Gidalerroen berrikuspen prozesu parte-hartzailearen barruan kokatzen zen. Hona hemen, eskura, jardunaldiaren garapena:

Fue presentado en la jornada “Perspectiva de género en la ordenación territorial y el urbanismo” organizada por el Departamento de Medio Ambiente y Política Territorial del Gobierno Vasco, en el marco del “Foro para la Igualdad 2016”, promovido por el Instituto Vasco de la Mujer Emakunde, así como del proceso de revisión participativa de las Directrices de Ordenación Territorial. Información sobre el desarrollo de la jornada en: https://www.euskadi.eus/informacion/foro-para-laigualdad-2016-jornada-perspectiva-de-genero-enla-ordenacion-territorial-y-el-urbanismo/web01a2lurral/es/

https://www.euskadi.eus/informazioa/2016berdintasunerako-gunea-jardunaldia-generoikuspegia-lurralde-antolamenduan-etahirigintzan/web01-a2lurral/eu/

III.

III.

Erlazioa duten argitalpenak.

Publicaciones relacionadas.

HIRIA KOLEKTIBOA. 2010. ”Hiri analisirako manuala. Generoa eta eguneroko bizitza”. © Euskal Autonomia Erkidegoko Administrazioa. Etxebizitza, Herri Lan eta Garraio Saila.

HIRIA KOLEKTIBOA. 2010. “Manual de análisis urbano. Género y vida cotidiana”. © Euskal Autonomia Erkidegoko Administrazioa. Departamento de Vivienda, Obras Públicas y Transportes.

2012. “Mintegia. Hirigintza barneratzailea. Kaleek badute generoa”. © Euskal Autonomia Erkidegoko Administrazioa. Etxebizitza, Herri Lan eta Garraio Saila.

2012. “Conclusiones del seminario Urbanismo inclusivo. Las calles tienen género”. © Euskal Autonomia Erkidegoko Administrazioa. Departamento de Vivienda, Obras Públicas y Transportes.

LAGei eta prozesuari buruzko dokumentu guztiak webgune honetan daude. https://www.euskadi.eus/lurralde-antolamenduaren-gidalerroak-lag/web01-a3lurral/eu/ Todos los documentos relativos a las DOT y al proceso está en la web https://www.euskadi.eus/directrices-de-ordenacion-territorial-dot/web01-a3lurral/es/ Vitoria-Gasteiz, 2020ko uztaila Julio de 2020 2


5.

Bosgarren artikulu sorta: / La quinta serie de artículos:

Paisaiaren etorkizuna eta utopia / Futuro y utopía del Paisaje

5.1. “Sustainable landscapes: contradiction, fiction or utopia?” Artículo previo de Marc Antrop (2006), recomendado por el ponente José Luis Lalana.

5.2. “Why landscapes of the past are important for the future” Artículo previo de Marc Antrop (2005), recomendado por el ponente José Luis Lalana.


5.1. ARTÍCULO previo de Marc Antrop - 2006Recomendado por el ponente José Luis Lalana

artículo nº5.1: “SUSTAINABLE LANDSCAPES: contradiction, fiction or utopia?” Marc Antrop


Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187â&#x20AC;&#x201C;197

Sustainable landscapes: contradiction, fiction or utopia? Marc Antrop Geography Department, Ghent University, Krijgslaan 281 S8, B9000 Ghent, Belgium Available online 24 June 2005

Abstract As landscapes change continuously in a more or less chaotic way, the concept of sustainable landscapes could be viewed as a utopian goal. New landscapes emerge with changing life-styles. Decision making for landscape planning, conservation and management use the concept of sustainability widely. To make it operational, many new associated and more specific concepts have been proposed such as natural and social capital, conservation economy and quality of life capital. Most of these are inspired by economic thinking and rarely refer directly to the landscape. This article reviews the background and meaning of these concepts and shows that landscape is not seen here as an integrating, holistic concept. As landscape changes, also its meaning and significance changes and consequently its management. Š 2005 Elsevier B.V. All rights reserved. Keywords: Landscape management; Landscape change; Landscape protection; Sustainability; Heritage

1. Introduction The idea of sustainable landscapes might be in contradiction to a basic definition of landscape. Landscapes evolve continuously in a more or less chaotic way and reflect social and economic needs of a particular society at a given moment. History records not only gradual changes in the landscape, but many sudden and complete transformations caused by natural disturbance and human action (Antrop, 2003), such as in coastal zones and river valleys. How to link this to the concept of a steered or planned sustainability? The idea of sustainability can be interpreted in two ways. First, the idea can refer to the conservation of certain landscape types or values and implicitly the continE-mail address: marc.antrop@ugent.be. 0169-2046/$20.00 Š 2005 Elsevier B.V. All rights reserved. doi:10.1016/j.landurbplan.2005.02.014

uation of practices that maintain and organize these landscapes. Sustainability does not refer to particular landscapes. These might be natural or cultural, traditional or contemporary, spectacular or ordinary. The concept can be applied to practices to maintain traditional techniques in rural or pastoral landscapes, but it can also refer to the land qualities of remnants of natural landscape or contemporary new landscapes. Second, the idea might refer to sustainability as a main principle for future landscaping. In this case, the concept refers to the potential landscapes have to enhance sustainability, in particular in rural countryside planning and management. Sustainability also needs to be understood in the context of the irreversible processes of urbanization and globalization. Sustainability is a very general concept that is not easily implemented in practical work. Consequently,


188

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

many new associated and more specific concepts have been proposed to make sustainability more operational. These include natural and human capital and social capital. Can these new concepts offer some practical solutions to this discourse? This essay explores the two perspectives of sustainability in the different domains of landscape science and how basic concepts of landscape are used in relation to common statements of natural and human capital. First, basic concepts will be analyzed and compared. This will show that an important shift in the landscape concept is going on. Second, the actual trends of landscape change will be used to evaluate the possibilities of achieving sustainable landscapes in the future. It will be argued that an applicable concept of sustainable landscapes varies according to landscape type and factors will be indicated that are important for realizing sustainable landscapes.

2. Changing landscapes, changing concepts 2.1. Landscape and heritage The concept of landscape encompasses more than an area of land with a certain use or function. I consider landscape as a synthetic and integrating concept that refers both to a material-physical reality, originating from a continuous dynamic interaction between natural processes and human activity, and to the immaterial existential values and symbols of which the landscape is the signifier. Alexander von Humboldt defined landscape concisely as “der Totalcharakter einer Erdgegend” (Zonneveld, 1995). This definition implies landscape seen as a holistic entity perceived by humans and having a distinct character or identity. Thus, different landscapes can be recognized and this variation defines regional diversification. Naveh (2001) stresses also the holistic character of multifunctional landscapes in the context of the Total Human Ecosystems perspective. The interaction between nature and culture is considered as an essential characteristic of landscapes (Naveh, 1995; Antrop, 1997, 2000; Palang and Fry, 2003) and forms an important property of sustainability in traditional agricultural landscapes (Austad, 2000; Goudie, 2000; Haines-Young, 2000; Grove and Rackham, 2001). Change is an essential character of landscapes (Antrop, 2003).

Most of these concepts are basically included in the definition of the European Landscape convention: “Landscape means an area, as perceived by people, whose character is the result of the action and interaction of natural and/or human factors” (Council of Europe, 2000). No distinction is made between natural or cultural landscape, neither between extraordinary, spectacular, outstanding landscapes and ordinary landscapes. Also in this definition, the character of the landscape is considered as the expression of a unique identity of a region or country shaped by people who live there. Landscape thus refers to a home of a community (Pedroli, 2000) or to a country (Olwig, 2002) as well. The perceivable, scenic landscape and its cognitive meaning is intimately linked to the landscape as a tract of land owned and organized by people (Cosgrove, 2002). Therefore, the ever faster changes to landscapes are experienced by an increasing number of people as a threat. They feel uneasy in the new highly dynamic environment and may have difficulty adapting to a continuously changing landscape (Lorzing, 2001; Lemaire, 2002). The concern about the vanishing traditional cultural landscapes and new emerging landscapes has become a recurring topic in most of the recent international scientific conferences and workshops (Klijn and Vos, 2000; Mander et al., 2000; Pedroli, 2000). Also from the perspective of the study of traditional rural landscapes, the actual changes are considered as a threat because the current changes are characterized by the loss of diversity, coherence and identity of existing landscapes, which are considered as heritage values (Antrop, 2005). The natural and rural landscape stands for traditional heritage values and stability and is often associated with qualities such as tranquility, health, ecological soundness and authenticity (Lowenthal, 1997). Many of these Arcadian qualities were used as basic principles in creating landscapes and the art of landscaping (Jellicoe, 1975; Hill, 2002; Olwig, 2002). Even protected landscapes or sites and designated areas appear not to be safe from ongoing changes (Holdaway and Smart, 2001). The preservation of landscapes fits in the framework of the protection of cultural and natural heritage. Many organizations are involved in this: the UNESCO World Heritage Center, the Council of Europe (European Landscape Convention), the World Conservation Union (IUCN), the International


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

Council of Monuments and Sites, the International Association of Landscape Ecology, the International Federation of Landscape Architects and others. The expert meeting of the World Heritage Committee in Vienna (UNESCO, 1996) on the European Cultural Landscapes of Outstanding Universal Value, made the distinction between following groups of landscapes. Organically evolved landscapes, where a distinction is made between “living” and “fossil” or “relict” cultural landscapes. Living cultural landscapes are defined as embodying past ways of life and as being viable in modern times, and as cultural landscapes are considered as dynamic, the way changes can be accommodated in these landscapes is of the greatest concern. Fossil or relict landscapes are often extraordinary (Stonehenge is given as an example), but also past industrial and mining landscapes belong to this category. Rural landscapes belong to this group and are considered as defined by both economy and society. The conservation and protection of living rural landscapes that lose their economic viability is questioned (Antrop, 2004a). Associative cultural landscapes are landscapes that are signifiers for cultural values (symbolic, religious, artistic and aesthetic) or witness or remember important achievements. Thus, the Lake District in the UK is considered an associative cultural landscape because it was the place where the ecological concept of respecting nature and landscapes was born (UNESCO, 1996). Also, natural landscapes may have an additional cultural value, which enhances the heritage value. Good examples are the first two cultural landscapes included on the World Heritage List: the Tongariro National Park (New Zealand) and Uluru Kata-Tjuta National Park (Australia). Designed cultural landscapes are defined in a broad context of interaction between nature/landscape and cultural history and people. The originality and scenic quality are considered important characteristics. The concept of designed cultural landscapes should therefore not remain restricted to historical gardens and parks. Clearly, landscapes are part of the cultural heritage of humankind and heritage is considered as a sort of intellectual capital. Although no economic production is considered here, sustainable preservation of these landscapes is often based upon developing new functions that have economical significance. Thus, cultural

189

tourism is a growing sector and monuments, sites and landscapes are the main attractors. Indirectly they offer potential to sustain rural areas and contribute to the local social and natural capital. Tourism and recreation are typical examples in the debate on sustainability. Vos and Klijn (2000) described it as the recreation and tourism paradox: unspoilt rural and natural landscapes are very attractive for recreation and tourism and the associated economic development most often means the destruction of the original qualities. Coastal and mountain areas, which have also important ecological values, are affected most. The loss of natural capital is obvious here, but changes in the social structure and local traditional economy affect the human capital as well. Sustaining ordinary traditional landscapes based upon rural economies such as agriculture, stock raising and forestry demands an adapted policy and supporting actions. Austad (2000) formulated six strategies for agriculture to maintain cultural landscape values. First, in the best-maintained and most ‘authentic’ cultural landscapes, semi-natural vegetation types should be protected and preserved, as traditional agricultural systems are valuable because they were sustainable for centuries and can be models for the future. Second, revitalization and intensification of the outfields and low-intensity farming systems should be stimulated. Third, more incentives and substantial financial support are needed for farming that maintains biologicalhistorical values. Fourth, organic farming and agroforestry should be encouraged. Fifth, local knowledge and traditions should be combined with concepts of landscape ecology to develop ‘new’ cultural landscapes and agro-systems. Sixth, more research is needed on traditional sustainable agriculture as well as more applications of its results. These strategies all focus upon adapted use and functionality of the landscape based upon knowledge of its historical development and past functioning. Examples of subtle integration of agrarian practices and landscape ecological functioning have been demonstrated in landscapes with a strong historical tradition (Vos and Stortelder, 1992; Pinto-Correia, 2000; Vera, 2000; Grove and Rackham, 2001). Historical geography and historical ecology join forces in this context to designate priorities for conservation (Rackham, 2000). However, Cosgrove (2003) recognizes two different landscape discourses. The ecological approach


190

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

focuses upon the interactive processes between nature and human activity, where the latter is increasingly considered as disturbance to the ecological balance. This discourse fits with the idea of natural capital. The second landscape discourse is called semiotic and focuses on the cultural meanings, context and processes in the shaping of the landscape. This approach clearly relates to concepts as human, social and intellectual capital. In this context it is interesting to remark that the term “sustainable landscapes” often refers to very specific applications of (landscape) ecological principles in landscape design and architecture (Thompson and Sorvig, 2000) and in landscape management and good agricultural practice (van Mansvelt and van der Lubbe, 1999). Towns and cities and urbanized landscapes are omitted in this discourse. Nevertheless, settlement places form essential elements in structuring the landscape and the transition between urban and countryside is often fuzzy. Settlements have a varying impact on the evolution of the surrounding countryside. Numerous organizations and programs are dealing with sustainable urban landscapes (SUSTLAND, 2003), or development (Regional Environmental Center for Central and Eastern Europe, 2003; Sustainable Urban Neighborhoods Program, 2003; UN HABITAT, 2003), and call it even sustainable placemaking (HTA, 2003). Based upon the Aalborg Charter of 1994, the European Union launched a European Sustainable Cities and Towns Campaign (European Commission, 2001). The following definition was developed at the URBAN21 Conference in Berlin, July 2000 (Regional Environmental Centre for Central and Eastern Europe, 2003) to define sustainable urban development: “Improving the quality of life in a city, including ecological, cultural, political, institutional, social and economic components without leaving a burden on the future generations. A burden which is the result of a reduced natural capital and an excessive local debt. Our aim is that the flow principle, that is based on an equilibrium of material and energy and also financial input/output, plays a crucial role in all future decisions upon the development of urban areas”. The focus lies upon the long-term improvement of quality of life and environmental quality, which is based on maintaining or improving the natural capital. The holistic basis of landscape implies the integration between natural and human aspects in a sustainable

manner. Recent changes are seen as a threat to existing qualities and thus the conservation of these is both an aim in itself as a means to achieve sustainability. The protection of heritage values (both cultural and natural) of landscapes focuses upon the sustainability of existing values and is confronted with urbanization and tourist and recreational pressure. Considering traditional rural landscapes, other challenges are important as a consequence of the polarization between intensification and extensification of the land use and the changing meaning of the landscape concept. Here the two perspectives of sustainability are clearly included simultaneously. These landscapes possess heritage values and traditional knowledge that should be preserved and qualities that offer a potential for future sustainable development. 2.2. Emerging future landscapes The main trends of actual landscape change are clear and indicate a polarization between more intensive and more extensive use of land. There is a continuing concentration of people and activities in rather small, highly intensive and densely crowded areas, while vast areas of land become disaffected or even abandoned (Vos and Klijn, 2000; Antrop, 2005). Land use and consequently landscape structure change accordingly. Vos and Klijn (2000) recognized the following trends of the transformation of the European landscapes: intensification and increase in the scale of agricultural production transforming wetlands and natural areas into agricultural land; these are likely to occur in densely inhabited areas; continuing urban sprawl and growth of infrastructure and functional urbanization; specific tourist and recreational forms of land use developing at an accelerating speed in coastal and mountainous regions; extensification of land use and land abandonment is likely to continue to affect remote rural areas with less favourable and declining social and economical conditions and poor accessibility. Today, landscape change is highly determined by the globalizing economy, in particular by the geographical situation and accessibility of places in the global networks of the megacities (Sassen, 2000). The main driving forces are changing mobility patterns related to accessibility of places, processes of urbanization, decisions affecting large areas that overrule local decisions and finally also calamities (European Environmental


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

Agency, 2003; Antrop, 2005). Most of these are linked. Urban core areas or foci of transportation and networks control how the global economy works spatially. Population is concentrated here and the impacts of hazards are most severe in these areas. Nowadays, from 60% to more than 80% of countries’ population lives in urban centers and the population in rural areas is still declining (Frey and Zimmer, 2001; Antrop, 2004b; UN HABITAT, 2003). The rural countryside became a vast open space for a wide variety of needs of the urbanites. Lowenthal (1997) refers to it as the ‘rural residue’. The polarization between urban and countryside creates different landscape domains of landscape change controlled by the accessibility of the place and its situation in the global urban network (Van Eetvelde and Antrop, 2001; Antrop, 2004b). The concept of functional urban regions describes the changing relationship between the urban and the rural (Cheshire, 1995; Study Programme on European Spatial Planning, 2000). The rural landscape becomes a space with much more different functions than previously. The meaning of landscape shifts here more towards the concept of location than its more original significance as place (Tuan, 1974). As “The countryside is becoming a place for living, not for making a living” (Lowenthal, 1997), the relationship between the resident and their environment is changing completely. This is expressed by the architecture of the house and the shaping of the garden as a domestic interface with the rural landscape (Paquette and Domon, 2001). Each of these specific conditions defines a different context regarding evaluation of natural and cultural assets and the sustainable development of landscapes. Haines-Young (2000) describes this as setting the boundaries of sustainability for a whole set of landscapes that are in different sustainable states.

3. Capital and sustainability Haines-Young (2000) proposed the concept of natural capital as a new paradigm for landscape ecology, in particular when applying landscape ecological principles in sustainable development and landscape management. It fits the second perspective addressed in this article. In the geographical tradition, landscape science is seen as the integration of natural and social sciences. To link science to people living and using

191

the landscape, the use of the natural capital concept is proposed. Hawken et al. (1999) refer to natural capital as the natural resources and the ecological systems that provide vital life-support services, in particular to all economic activities. Basically, the term services refer to the potential utilities natural resources can offer. These services are of immense economic value. Many are literally priceless since they have no known substitutes. Yet current business practices and public policies typically ignore their value and focus on the consumption of resources only. As a result, natural capital is being degraded by the wasteful use of energy, materials, water, fiber, topsoil, and ecosystems. This definition of natural capital is similar to the term “carrying capacity” which was first used in rangeland evaluation (Zonneveld, 1995). Also, this definition of natural capital fits the second perspective on sustainability. In a similar way human capital refers to human resources that can be monetized, such as education and labor, and “social system services”, culture, wisdom and a whole range of values and behaviors that are not easily monetized but define our humanity. Also human resources can be exploited in a sustainable way or not. Non-sustainable use of human resources can result, for example, in an overworked but undervalued workforce. Sometimes human capital is divided into economic and social capital, more or less separating the monetized and unmonetized services. Hediger (1999, 2000) proposed, mainly from an economic perspective, another categorization, which differentiates between mutually exclusive “strong” and “weak sustainability” and regroups aspects from natural, economic and ecological capital. Strong sustainability is maintaining the ecological capital intact. Weak sustainability refers to the principle of maintaining a combination of economic activity and environmental quality. Natural capital refers to all resources, renewable or not, that are essential for the ecosystem. Economic capital includes the non-renewable resources from the natural capital as well as human capital. The “strong” sustainability fits the first perspective, while the “weak” sustainability corresponds better to the second perspective discussed. Ecotrust (2003) proposes the concepts of natural and social capital in the general frame of “conservation economy”. Thus the focus is clearly placed upon the economic significance of all these resources and


192

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

Fig. 1. The patterns map of conservation economy by Ecotrust (2003). The rectangular boxes indicate the areas where landscape aspects are implied. Landscape is not seen as an integrating, holistic concept.

services. The essential goal is to guarantee and stimulate a sustainable economy. Although “conservation economy” says it is based upon the principles of economy, ecology, equity, it remains essentially economic in its final goal, as can be seen from analyzing the synthetic patterns map that is used as a framework (Fig. 1). Natural capital is considered as the basic pattern of ecology. Two sub-patterns are considered: ecological services and ecological land use. Ecological services consist of water, soil, climate and biodiversity. Ecological land use patterns are divided in to three groups: “connected wildlands”, “productive rural areas” and “compact towns and cities”. The names given to these are significant and reveal the economic value of the related landscapes. The “connected wildlands” are further specified as “core reserves”, “wildlife corridors” and “buffer zones”, referring to basic principles in nature conservation and landscape ecology.

“Productive rural areas” consist of “sustainable agriculture”, “sustainable forestry”, “sustainable fisheries” and “ecotourism”, all putting emphasis upon economic sustainability. The “compact towns and cities” cover aspects of “human-scale neighborhoods”, “green building”, “transit access”, “ecological infrastructure” and “urban growth boundaries”. Clearly the concept of landscape does not appear here explicitly. The principle of equity refers to the “social capital” where two groups are recognized: the “community” and the “fundamental needs”. The “community” encompasses “social equity”, “security”, “cultural diversity”, “cultural preservation”, “sense of place”, “beauty and play”, “just transitions” and “civic society”. The pattern “fundamental needs” consist of “access to knowledge”, “health”, “shelter for all” and “subsistence rights”. Although no explicit reference to landscape is found in these groups either, many of the social services refer


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

to certain landscape aspects, such as the diversity of cultural landscapes, the sense of place and aesthetics. Clearly, landscape is not seen as an integrating holistic concept, but fragmented aspects of landscape are included in some places in the pattern map. In a similar way the World Resources Institute (Doering et al., 2002) discussing “Tomorrow’s markets in the scope of globalization”, refers to three components of the natural capital: ecosystems, agriculture and freshwater. Nevertheless, the searchable database of the institute includes data of protected areas, natural monuments and world heritage sites. The final report on “Natural capital indicators for OECD countries” (United Nations Environmental Programme – World Conservation Monitoring Centre, 2000) investigates the possibilities to implement the Natural Capital Index framework, as proposed by the Subsidiary Body on Scientific, Technical and Technological Advice to the Convention on Biological Diversity (United Nations Environmental Programme, 1997a,b). In particular this indicator is meant to assess changes in the “amount” (meaning the extent) and quality of natural ecosystems only, and urban and anthropogenic agricultural landscapes are not considered at all. However, the land cover categories considered include forest, grassland, wetlands, (semi-)desert and tundra and refer to certain landscapes types that are to various extents influenced by human activities as well and contain important economic resources. However, in this report the meaning of the concept natural capital is severely reduced. In the UK, the Countryside Agency, English Heritage, English Nature and the Environment Agency joined forces to promote an integrated approach to sustainable development. This integrated approach is referred to as the Quality of Life Capital and is seen as a tool for maximizing environmental, economic and social benefits as part of any land use planning or management decision (Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2003). In their overview report, it appears that the concept of Quality of Life Capital was a broadening of the earlier concept Environmental Capital developed by CAG Consultants and Land Use Consultants (Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2001a). Essentially, the approach stands for maximizing the benefits for human well-being through integration

193

of environmental, social and economic issues at all planning levels and procedures. Several application guides have been published (Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2001b). The checklist of the components of the Quality of Life Capital for practitioners does not contain any explicit reference to landscape, and nor does the “What Matters and Why Matrix”, which is the basic tool. However, the criteria of the environmental component contains: “distinctiveness”, “quality”, “rarity”, “representativeness”, “setting/context”, “historical continuity”, “recorded history”, “accessibility” and “popularity”, many of which are closely related to the landscape. In the proposed toolkit for decision making and planning, the emphasis of the landscape concept is on landscape character and types. In the application guide on “Managing Change on Individual Sites” the emphasis of the landscape shift towards more scenic/perceptive and aesthetical properties, such as “landscape/sense of place benefits”, which consist of “wilderness”, “seasonal change/color”, “health”, “mosaic/variety of landform”, “dramatic scenery”, “tranquility” and “openness/freedom”. The descriptions related to the landscape are rather vague and are not integrated in a holistic theory of the landscape itself. The examples discussed above show that the two perspectives on landscape sustainability exist. The first perspective emphasizes landscape as an integrator for qualities and values that need to be sustained. The second perspective focuses to sustain partial activities in the landscape, which is not considered as an integrating whole.

4. Keys for sustainable landscapes The first question is sustaining what? The first perspective focuses upon the preservation of inherent landscape qualities and values. These are both natural resources, such as biodiversity, habitats and water, and cultural heritage consisting of material objects in their landscape context and immaterial values such as the sense of place, the genius loci. A sustainable preservation of these qualities demands maintaining traditional practices and functions, and keeping the necessary knowledge to do so. The second perspective focuses upon sustaining rural economies by using ad hoc combinations of natural and human capital.


194

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

The second question relates to the type of landscape to sustain. The general polarization of land use creates two groups of landscapes, with a different link towards sustainability. Intensification of land use in urban, suburban and industrial landscapes has a different meaning than in industrial agriculture and fisheries or tourist and recreational development. Extensification of land use occurs in depopulating areas resulting in land abandonment, and in areas of land degradation and environmental deterioration. The first perspective on sustainability will attempt to steer this development in such way endangered landscape values need external support to be conserved. The second perspective will explore the long-term new possibilities these developments offer. In intensifying areas, sustainability will focus upon economic, social and environmental aspects. In extensifying areas, a potential to enhance the natural capital can be an issue. The third question relates to the scale and time horizon of sustainability one is aiming at. Both are related and values are also scale-dependent (Antrop, 2004a). Small local actions are likely to be realized as soon as possible, while large projects will take much longer. Linked to economy comes the write off of investments and the Best Available Technology Not Exceeding Excessive Costs principle. Sustainability is a principle fitting into a larger economical context and its interpretation may shift with technological advances. Setting scale and time horizons are important to define how to monitor and evaluate changes in the concept of sustainability. The first perspective on sustaining traditional landscape values, clearly relates to long-term and mostly unmonetized values, which are hard to monitor in a numerical way. In contrast to the economic sector, the discussion about estimating or proposing a time horizon for sustainability in landscape or heritage preservation is absent. Time or planning horizons in an economical way are a priori defined to the realization of the project. They define the willingness to invest and engage for a predefined period of time. No such scopes are defined in preserving landscape qualities and values, nor sustaining the natural and social capital. In these fields, the implicit time horizon seems to be ‘as long as possible into the future’. All violent conflicts during history showed the very poor and relative protection all ‘soft’ qualities possess, and this includes landscape, heritage and ecology. The number of world

heritage sites that are listed as threatened is rapidly growing (UNESCO, 2004). The second perspective on sustainability implies the formulation of guidelines for future development, planning and design. In this context, Potschin and Haines-Young (2003) suggest the use of the German Leitbild concept as a framework for the formulation of visions in sustainable landscape management. Modern, rapid change is created mainly by numerous development projects and public works. These are mainly sector specific and most often lack coordination. An overall integrated and long-term vision is missing. Although, environmental policy and planning rules demand increasingly better and more adequate integration of all new infrastructure and development into existing landscapes, this is rarely realized. Nevertheless, landscape design is becoming more important as landscape architects broaden their appreciation and understanding of landscape. New projects can express some individual creativity or reflect a common imposed style. Also, landscaping and landscape art have become important issues again (Nohl, 2001; Cosgrove, 2002; Hill, 2002). The integration of landscape ecological principles in scenic landscape design is a new challenge (Steinitz, 1990; Nassauer, 1997). Ecological awareness is growing in design projects, but their integration with cultural and aesthetical attributes of the landscape remain vague and disputed (Daniel, 2001). An integrated approach and good communication is essential here (Tress et al., 2003) and new tools for visualizing scenarios for future landscape development are needed (Tress and Tress, 2003). Implementing changes in sound traditional rural landscapes results in a similar discussion as in urban planning: How to integrate modern new structures into existing historical landscapes? How to define new (multi)functionality for existing structures without such a fundamental change that they destroy their identity and affect their morphology and appearance? It also opens up the debate about authenticity, the meaning of landscape restoration and the value of new works of landscape art for the future (Lorzing, 2001).

5. Conclusions The concepts of natural and human capital basically focus upon sustainable economies. No explicit


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

and direct relation is given to the landscape. Indirect links can be found with the qualities of the rural countryside that refer to traditional (organic) sustainable agriculture and forestry, and to the countryside as a pleasant place to live or a space for leisure. However, the integrated and holistic perspective of the landscape is missing, in particular the integration of economy with ecological and historical heritage values. The meaning of the concept landscape is also in a profound transition. Landscape no longer refers solely to traditional rural countryside (in European tradition) or to spectacular nature (in the American tradition). Profound reorganization of the land to adapt to changing societal needs is resulting in rapid changes to our environment. Ancient landscapes become fragmented and disappear gradually while new ones emerge. Consequently, many landscape ecologists see human activities as landscape disturbing processes. Vanishing traditional rural landscapes can be sustained with different objectives, such as preserving ecological functioning and diversity, continuing or reintroducing traditional practices that proved to be sustainable, maintaining and enhancing the quality of life for the local population to prevent land abandonment. In areas of increasingly intensive land use and concentration of people and activities, new landscapes must be designed to fit the multifunctional use of space in a more sustainable manner. The visions are somewhat different and rely upon different ecological and semiotic discourses. Considering preservation of inherited natural and cultural values ‘as long as possible’ demands a different strategy than sustaining landscape qualities for continuing economic benefits. Based upon the paradigm that only functional structures in the landscape will persist, sustaining heritage values is often linked to enhancing economic benefit, which might lead, in cases of over-use, to a deterioration of these initial qualities. Sustainable urbanized landscapes imply completely different aspects than sustainable rural ones. Thus the concept of landscape broadens and differentiates according to the context. Concepts such as natural, human, social or quality of life capital are principally expressions of this broadening. They are attempts to formulate new frameworks adapted to specific visions or conditions of the landscape. Sustainable landscapes are no fiction if the landscape qualities are well defined and the context of change and future functioning is set right and fixed. Sustainable landscapes

195

will remain utopist if too precise time horizons for landscape management are set.

References Antrop, M., 1997. The concept of traditional landscapes as a base for landscape evaluation and planning. The example of Flanders Region. Landscape Urban Plan 38, 105–117. Antrop, M., 2000. Geography and landscape science. In: Belgian Journal of Geography, Belgeo special issue, 29th International Geographical Congress, Nos. 1–4, pp. 9–35. Antrop, M., 2003. Continuity and change in landscapes. Landscape change and the urbanization process in Europe. In: Mander, U., Antrop, M. (Eds.), Multifunctional Landscapes, vol. 3: Continuity and Change, Southampton. WIT Press, Adv. Ecol. Sci., 16. Antrop, M., 2004a. Assessing multi-scale values and multifunctionality in landscapes. In: Brandt, J., Vejre, H. (Eds.), Multifunctional Landscapes, vol. I: Theory, Values and History. WIT Press, Southampton, pp. 165–180. Antrop, M., 2004b. Landscape change and the urbanisation process in Europe. Landscape Urban Plan. 67 (1–4), 9–26. Antrop, M., 2005. Why landscapes of the past are important for the future. Landscape Urban Plan. 70 (1–2), 21–34. Austad, I., 2000. The future of traditional agriculture landscapes: retaining desirable qualities. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 43–56. Cheshire, P., 1995. A new phase of urban development in Western Europe? The evidence for the 1980s. Urban Stud. 32, 1045–1063. Cosgrove, D., 2002. Landscape and the European sense of sight – eyeing nature. In: Anderson, K., Domosh, M., Pile, S., Thrift, N. (Eds.), Handbook of Cultural Geography. SAGE Publications, London, pp. 249–268, Chapter 12. Cosgrove, D., 2003. Landscape: ecology and semiosis. In: Palang, H., Fry, G. (Eds.), Landscape Interfaces. Cultural Heritage in Changing Landscapes. Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, pp. 15–20. Council of Europe, 2000. European Landscape Convention. Firenze, October 20, 2000. Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2001a. Quality of Life Capital, Overview Report, by CAG Consultants and Land Use Consultants, 17 pp. Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2001b. Quality of Life Capital, Toolkit. http://www.qualityoflifecapital.org.uk/toolkit.htm (accessed 12.04.2003). Countryside Agency, the English Heritage, English Nature and the Environment Agency, 2003. Quality of Life Capital. http://www.qualityoflifecapital.org.uk (accessed April 12, 2003). Daniel, T.C., 2001. Whither scenic beauty? Visual landscape quality assessment in the 21st century. Landscape Urban Plan. 54 (1–4), 267–281. Doering, D.S., Cassara, A., Layke, C., Ranganathan, J., Revenga, C., Tunstall, D., Vanasselt, W., 2002. Tomorrow’s markets: global trends and their implications for business.


196

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197

World Resources Institute, United Nations Environment Programme, World Business Council for Sustainable Development. http://pdf.wri.org/tm 03 natural capital.pdf (accessed July 7, 2003). Ecotrust, 2003. Principles of a Conservation Economy. http://www. ecotrust.org/mission/principles.html; http://www.conservation economy.net (accessed March 12, 2003). European Commission, 2001. A Sustainable Europe for a Better World: A European Union Strategy for Sustainable Development. Communication COM(2001)264 final, Brussels, 2001, 17 pp. (http://europa.eu.int/eur-lex/en/com/cnc/2001/ com2001 0264en01.pdf). European Environmental Agency, 2003. Europe’s Environment: The Third Assessment. European Environmental Agency, Copenhagen. Frey, W.H., Zimmer, Z., 2001. Defining the city. In: Paddison, R. (Ed.), Handbook of Urban Studies. Sage, London, pp. 14–35. Goudie, A., 2000. The Human Impact on the Natural Environment. Blackwell Publishers, Oxford, p. 511. Grove, A.T., Rackham, O., 2001. The Nature of Mediterranean Europe – An Ecological History. Yale University Press, London, p. 384. Haines-Young, R., 2000. Sustainable development and sustainable landscapes: defining a new paradigm for landscape ecology. Fennia 178 (1), 7–14. Hawken, P., Lovins, A., Hunter Lovins, L., 1999. Natural capitalism: creating the next industrial revolution. Little Brown Comp., 396. Hediger, W., 1999. Reconciling “weak” and “strong” sustainability. Int. J. Social Econ. 26 (6–8), 1120–1143. Hediger, W., 2000. Sustainable development and social welfare. Ecol. Econ. 32 (3), 481–492. Hill, P., 2002. Tuinen van heden. Vernieuwende tuinarchitectuur in Europa. Antwerpen, Mercatorfonds, 261. Holdaway, E., Smart, G., 2001. Landscapes at Risk? The Future for Areas of Outstanding Natural Beauty. SPON Press/Taylor & Francis Group, London, p. 242. HTA, 2003. Sustainable Placemaking, HTA Architects Ltd. http://www.hta-arch.co.uk (accessed June 21, 2003). Jellicoe, G.S., 1975. The Landscape of Man Shaping the Environment from Prehistory to the Present Day. Thames & Hudson, London, p. 383. Klijn, J., Vos, W. (Eds.), 2000. From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, p. 162. Lemaire, T., 2002. Met Open Zinnen. Natuur, Landschap, Aarde. Ambo, Amsterdam, p. 358. Lorzing, H., 2001. The Nature of Landscape. A Personal Quest. 010 Publishers, Rotterdam, p. 176. Lowenthal, D., 1997. European landscape transformations: the rural residue. In: Groth, P., Bressi, T.W. (Eds.), Understanding Ordinary Landscapes. Yale University Press, New Haven, CT, pp. 180–188. Mander, Ü., Printsmann, A., Palang, H., 2000. Development of European landscapes. In: Conference Proceedings International Association for Landscape Ecology, European Conference 2001, vol. 2. Publicationes Instituti Geographici Universitatis Tartuensis, Tartu, p. 804.

Nassauer, J.I., 1997. Placing Nature. Culture and Landscape Ecology. Island Press, Washington, DC. Naveh, Z., 1995. Interactions of landscapes and cultures. Landscape Urban Plan. 32 (1), 43–54. Naveh, Z., 2001. Ten major premises for a holistic conception of multifunctional landscapes. Landscape Urban Plan. 57, 269–284. Nohl, W., 2001. Sustainable landscape use and aesthetic perception – preliminary reflections on future landscape aesthetics. Landscape Urban Plan. 54 (1–4), 223–237. Olwig, K.R., 2002. Landscape Nature and the Body Politic: From Britain’s Renaissance to America’s New World. University of Wisconsin Press, Madison, p. 299. Palang, H., Fry, G., 2003. Landscape Interfaces. Cultural Heritage in Changing Landscapes. Kluwer Academic Publishers, Dordrecht. Paquette, S., Domon, G., 2001. Rural domestic landscape changes: a survey of the residential practices of local and migrant populations. Landscape Res. 26 (4), 367–395. Pedroli, B. (Ed.), 2000. Landscape – Our Home. Lebensraum Landschaft. Essays on the Culture of the European Landscape as a Task. Indigo. Zeist – Freies Geistesleben, Stuttgart, p. 221. Pinto-Correia, T., 2000. Landscape identity, a key for integration. In: Pedroli, B. (Ed.), Landscape – Our Home. Lebensraum Landschaft. Essays on the Culture of the European Landscape as a Task. Indigo. Zeist – Freies Geistesleben, Stuttgart, pp. 145– 150. Potschin, M.B., Haines-Young, R.H., 2003. Improving the quality of environmental assessments using the concept of natural capital: a case study from southern Germany. Landscape Urban Plan. 63 (2), 93–108. Rackham, O., 2000. Prospects for landscape history and historical ecology. Landscapes 2, 3–15. Regional Environmental Center for Central and Eastern Europe, 2003. Environmental Sustainable Urban Development. http://www.rec.org/REC/Programs/SustainableCities (accessed June 21, 2003). Sassen, S., 2000. The Global City: New York, London, Tokyo. Princeton University Press. Steinitz, C., 1990. Toward a sustainable landscape with high visual preference and high ecological integrity: the Loop Road in Arcadia National Park. U.S.A. Landscape Urban Plan. 19 (3), 213–250. Study Programme on European Spatial Planning, 2000. Final Report, March 31, 2000. http://www.nordregio.se (accessed March 13, 2003). Sustainable Urban Neighborhoods Program, 2003. University of Louisville. http://www.louisville.edu/org/sun (accessed June 21, 2003). SUSTLAND, 2003. Sustainable Urban Landscape Information Series. http://www.sustland.umn.edu/ (accessed June 21, 2003). Thompson, J.W., Sorvig, K., 2000. Sustainable Landscape Construction: A Guide to Green Building Outdoors. Inland Press, p. 325. Tress, B., Tress, G., 2003. Scenario visualisation for participatory landscape planning – a study from Denmark. Landscape Urban Plan. 64 (3), 161–178. Tress, B., Tress, G., Fry, G., 2003. Interdisciplinary and Transdisciplinary Landscape Studies: Potential and Limitations Delta Series 2. Wageningen, p. 192.


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 75 (2006) 187–197 Tuan, Yi-Fu, 1974. Topophilia: A Study of Environmental Perception Attitudes and Values. Prentice-Hall, Englewood Cliffs, NJ. UNESCO, 1996. Report of the Expert Meeting on European Cultural Landscapes of Outstanding Universal Value. World Heritage Committee Vienna, June 24–29, 1996. http://whc. unesco.org/archive/europe7.htm (accessed March 10, 2003). UNESCO, 2004. World Heritage in Danger List. http://whc. unesco.org (accessed December 29, 2004). UN HABITAT, 2003. Sustainable Urban Development. http:// www.unhabitat.org/offices/roaas/susturbdev.asp (accessed June 21, 2003). United Nations Environmental Programme, 1997a. Recommendations for a core set of indicators of biological diversity. Note by the Executive Secretary. UNEP/CBD/SBSTTA/3/9 (available from the CBD Secretariat Website). http://www.biodiv.org/ (accessed March 10, 2003). United Nations Environmental Programme, 1997b. Recommendations for a core set of indicators of biological diversity. Background paper prepared by the liaison group on indicators of biological diversity. UNEP/CBD/SBSTTA/3/Inf.13 (available from the CBD Secretariat Website). http://www.biodiv.org (accessed March 10, 2003). United Nations Environmental Programme – World Conservation Monitoring Centre, 2000. Natural capital indicators for OECD countries. Final Report, 20 pp. http://www.unepwcmc.org/species/reports/oecdreport.pdf (accessed July 08, 2003). United Nations Environmental Programme – World Conservation Monitoring Centre, 2000. Natural capital indicators for OECD countries. Final report, 20 pp. http://www.unep-wcmc. org/species/reports/oecdreport.pdf (accessed July 8, 2003).

197

Van Eetvelde, V., Antrop, M., 2001. Comparison of the landscape structure of traditional and new landscapes. Some European examples. In: Mander, Ü., Printsmann, A., Palang, H. (Eds.), Development of European Landscapes, vol. 2. Conference Proceedings International Association of Landscape Ecology European Conference. Publicationes Instituti Geographici Universitatis Tartuensis, Tartu, p. 275. van Mansvelt, J.D., van der Lubbe, M.J., 1999. Checklist for Sustainable Landscape Management. Elsevier, p. 202. Vera, F.W.M., 2000. Grazing Ecology and Forest History. CABI Publishing, Wallingford, UK, p. 528. Vos, W., Klijn, J., 2000. Trends in European landscape development: prospects for a sustainable future. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 13–30. Vos, W., Stortelder, A.H.F., 1992. Vanishing Tuscan landscapes, landscape ecology of a sub-Mediterranean-montane area (Solano basin, Tuscany, Italy). Pudoc, Wageningen. Zonneveld, I.S., 1995. Land Ecology SPB. Academic Publishing, Amsterdam, p. 199.

Marc Antrop is professor at the University of Ghent and the Free University of Brussels, Belgium. At present he is head of the Department of Geography of the University of Ghent. He is vice president of the Royal Committee on Monuments and Landscapes, president of the section of Landscape protection. He is member of the Committee of Geography of the Royal Academy of Belgium. His interests cover many aspects of landscape science, which he approaches from a holistic perspective using remote sensing, aerial photography and GIS with applications in planning.


5.2. ARTÍCULO previo de Marc Antrop - 2005Recomendado por el ponente José Luis Lalana

artículo nº5.2: “Why landscapes of the past are important for the future” Marc Antrop


Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

Why landscapes of the past are important for the future Marc Antrop∗ Geography Department, Ghent University, Krijgslaan 281 S8, Gent B9000, Belgium

Abstract Landscapes change because they are the expression of the dynamic interaction between natural and cultural forces in the environment. Cultural landscapes are the result of consecutive reorganization of the land in order to adapt its use and spatial structure better to the changing societal demands. Particularly in Europe, history has recorded many successive and even devastating landscape changes, which have left barely any relics today. Today, the changes are seen as a menace, as a negative evolution because they cause a loss of diversity, coherence and identity, which were characteristic for the traditional cultural landscapes that are rapidly vanishing. This growing concern is also expressed in the European Landscape Convention, which will be used as a start for the analysis in this article. Three periods of landscape dynamics are considered: the traditional landscapes before the important changes that started in the 18th century, the landscapes of the revolutions age of the 19th to 20th century, and the post-modern new landscapes. The combined effect of the driving forces such as accessibility, urbanization, globalization and the impact of calamities have been different in each of the periods and affected the nature and pace of the changes as well as the perception people have had about the landscape. Values change accordingly and so does the way of using and shaping the landscape. It is argued that this changing perception also influences what kind and aspects of landscapes are studied, protected and managed. Diversity and identity of cultural landscapes are central in the discussion. It is shown that coherence between small composing elements in a broader spatial context is important for the legibility of the landscape and that the ability to tell the (his)story of a place strongly enhances the identity and the overall value. This offers criteria for inventorying and assessing landscapes, which is needed to define future management and development. Although the general trends of future development of the European landscapes are rather well known, planning and managing future landscape remains difficult and extremely uncertain. The processes and management in past traditional landscapes and the manifold relations people have towards the perceivable environment and the symbolic meaning it generates, offer valuable knowledge for more sustainable planning and management for future landscapes. © 2003 Elsevier B.V. All rights reserved. Keywords: Landscape change; Europe; Cultural landscape; Rural landscape; European landscape convention

1. Introduction: landscapes change, naturally! This article analyzes the unique character of changes in today’s landscapes, the reasons why these are felt by many as a menace and why the gradually disappearing traditional landscapes are still valuable for the future. The focus is upon the European situ∗ Tel.: +32-9-264-4705; fax: +32-9-264-4985. E-mail address: antrop.boel@skynet.be (M. Antrop).

0169-2046/$20.00 © 2003 Elsevier B.V. All rights reserved. doi:10.1016/j.landurbplan.2003.10.002

ation. First the nature of landscape changes during different periods in history is discussed and the driving forces of these changes are examined. Secondly, values of the past landscapes are discussed, considering the different ways we actually protect, study and use them. How can these values become integrated with the future demands and needs of society? This is discussed in relation to planning objectives and practice in a society characterized by an ongoing urbanization and globalization. Finally, some possibilities


22

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

of the lessons past cultural landscapes can teach us are examined, as guidelines for the building of future landscapes. The concern about the vanishing traditional cultural landscapes and new emerging landscapes has become a recurring topic in most of recent international scientific conferences and workshops. Landscape changes are seen as a threat, a negative evolution, because the current changes are characterized by the loss of diversity, coherence and identity of the existing landscapes. New elements and structures are introduced which look alike everywhere. Landscapes always change because they are the expression of the dynamic interaction between natural and cultural forces in the environment. Cultural landscapes are the result of consecutive reorganizations of the land in order to adapt its use and spatial structure better to changing societal demands. History has recorded many successive and even devastating landscape changes, which have left barely any relics today. All the important periods of landscape change also showed proper initiatives for adapted policy and rules for landscape management and protection. Many important land reclamations and deforestation initiatives during the Middle Ages were systematically planned (Muir, 2000; Verhulst, 1995; Butlin, 1992) and many were subject to specific laws and regulations (Van Hoorick, 2000). The sustainable control of natural resources was often an important concern as shown for example by the management of water resources and forests. Measures were taken, mainly by the great landlords, to maintain and protect certain qualities and values. For example, hunting was an important factor, which lead to protection of forests and the creation of deer and landscape parks in many countries in Western Europe (Muir, 2000; Verhulst, 1995). Also, the enclosure movement which spread from England over the north-western part of Europe between the 18th and 19th century (Nitz, 1992) was mainly a regulated process. The main goals were to conserve certain land qualities and natural resources, including wildlife, not to maintain the natural or cultural characteristics of landscape (Van Hoorick, 2000). Since the Renaissance, ‘cultural’ landscapes were designed and build around wealthy and powerful villas, palaces and castles and little concern was given to the ‘ordinary’ landscapes (Preece, 1991). From the 16th to the 19th century, garden architecture evolved in landscape architecture and landscaping (Enge and

Schröer, 1990; Jellicoe, 1975) and in general a rational, geometrical order in urban planning and land organization emerged. It was only at the end of the 18th and beginning of the 19th century that the transformations induced by the Industrial revolution were considered as devastating and threatening for the environment and the landscape. It was also during the Romantic period, that naturalist scientists offered new revolutionary views upon nature and landscape and their evolution. Then the first legislation on nature and landscape conservation emerged. Besides the protection of sites and natural ‘monuments’, the visual and functional aspects for visitors were always considered. Only since the second half of the 20th century a more ecological approach towards integrated landscape management has developed. With the revival of landscape ecology since the 1980s, a holistic approach to the landscape has been slowly emerging as well, as a more integrated approach that ultimately aims at transdisciplinarity: the integration of fundamental and applied research and policy implementation. It was only at the turn of the 20th to 21st century that the concern for landscapes as a cultural heritage has been emerging again. Awareness about the threat of globalization forces on local identity and regional diversity has been arising as well. Several initiatives have been taken to reorient research and policy concerning the landscape, such as during the 25th anniversary of the Dutch association for Landscape Ecology held by WLO in Wageningen, 1997 (Vos and Klijn, 2000), the Dornach conference “The Culture of the European Landscape as a Task” (Pedroli, 2000) and certainly with the European Landscape Convention (Council of Europe, 2000). Internationally the landscape was put on the agenda since the Dobřı́š Assessment on Europe’s environment by the European Environmental Agency in 1991 (Stanners and Bourdeau, 1995). Policy makers became aware of the growing challenge when trying to preserve any value of traditional landscape and researchers increased the number of publications in this domain (Holdaway and Smart, 2001; Nohl, 2001; Austad, 2000; Green, 2000; Pedroli, 2000; Wascher, 2000; Wascher and Jongman, 2000; Antrop, 1997; Meeus et al., 1990). In parallel, since 1994, the Council of Europe had worked on the formulation of a European Landscape Convention that was finally opened for signature on 20 October 2000, in Firenze. The


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

important difference with older regulations regarding landscape protection was that all landscapes were involved and not just very special valuable sites, such as natural protection sites. The definition of landscape in the Convention is clear and broad: “Landscape means an area, as perceived by people, whose character is the result of the action and interaction of natural and/or human factors” (Council of Europe, 2000). This brings all ‘ordinary landscapes’ back into the attention, as well as the ‘cultural landscape’ as stated in art. 2, defining the scope of the Convention, which “covers natural, rural, urban and peri-urban areas. It includes land, inland water and marine areas. It concerns landscapes that might be considered outstanding as well as everyday or degraded landscapes” (Council of Europe, 2000). The importance of aesthetics, of scenery and not just economic and ecological functions and utility are also implied. Landscapes are seen as “part of Europe’s common heritage, which deserve protection and management” (art. 30). The aims of the landscape Convention are “to promote landscape protection, management and planning, and to organize European co-operation on landscape issues” (art. 3). The European Landscape Convention essentially aims to bridge the past with future landscapes, but it is not very specific how to proceed.

2. The ending of the past and the beginning of the future In Europe, several breaks have occurred in the development of the cultural landscapes. Some breaks have even resulted in wiping away the existing landscape as for example with the transition of the Roman era towards the Dark Ages (Yorke, 2001; Verhulst, 1995). Many completely new landscapes were created during the population explosion in the Middle Ages, causing important land reclamation activities and forest a proper identity. New forms of land organization and management were still ecologically clearings. Nevertheless, the newly created landscapes were then integrated and developed rapidly sustainable and mostly inspired by utilitarian and economical motives of the local or regional society. Little is known about aesthetic aspects involved, although symbolic values were important, as can be seen by the preservation and care of old landmarks. It is only

23

with the Renaissance that aesthetical concerns and deliberate landscape planning and designing emerged (Kolen and Lemaire, 1999). The pace and magnitude of landscape changes depended upon increasingly faster technological innovations and societal changes (Antrop, 2000a). An increase of speed and magnitude of changes could be observed for many features since the 18th century (Fig. 1). Most were associated with the increase of population and the growth of urbanization. The balance between city and countryside was broken and increasing mobility allowed a faster diffusion of innovations over long distances. Most of these changes showed an exponential growth but were not smooth and continuous. Successive revolutionary breaks could be noticed. To understand the actual landscapes, three periods have to be recognized: (1) Pre-18th century landscapes, which have still preserved many remnants and structures going back to a remote past. They will be referred to as traditional landscapes. (2) Landscapes of expanding industrialization and cities from the 19th century to the Second World War. Irreversible breaks with the past happened in many domains of society and culture, thus changing life-styles and mentality towards the land and environment. Totally new landscapes were superimposed upon the traditional ones, which were often wiped away completely. These are the landscapes of the revolution age. (3) Post-World war landscapes characterized by increasing globalization and urbanization. These will be called the post-modern new landscapes. 2.1. Traditional landscapes For many centuries the changes were local and gradual and seldom were existing landscape structures wiped away completely. In the past, landscapes were experienced as rather stable and having a distinct character or identity. They formed a basis for the homeland of those who created it during centuries of work. This meaning is well contained in ‘paysage’, the French term for landscape, which is closely associated with the specific appearance of a region, the land of . . . (‘pays de . . . ’) (Claval, 2002; Antrop, 2000b). A similar meaning is found in the Dutch term ‘landschap’ which denotes both landscape as scenery


24

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21â&#x20AC;&#x201C;34

Fig. 1. Three periods of landscape change.


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21â&#x20AC;&#x201C;34

and as the area under a particular regime of administration (Lorzing, 2001; Muir, 1999; Zonneveld, 1995). Consecutive generations lived and worked in the same landscape and tried to improve and preserve it. Valuing the land and sustainable development were inherent to this kind of development, which is also referred to as involution (Klijn and Vos, 2000). Many places or elements in the landscape received a symbolic value. Also the concept of genius loci is closely associated with the identity of each landscape and emphasizes its uniqueness. I call this type of landscape a traditional one (Antrop, 1997). It contains the complex history of a place or region, which still can be read from its composition and structure. In Europe, with its long and complex history and great cultural diversity, a rich variety of traditional landscapes emerged, which form an integral part of our cultural heritage. Here, landscape and soil are important and unique sources of essential knowledge. The main threats for these are land development and intensive agriculture. Valuable maps and archives do exist for these landscapes but are still insufficiently exploited and poorly preserved. Most knowledge is based upon case studies and local data. 2.2. Landscapes of the revolutions age Since the 16th century, and continuing in the 18th, 19th and early 20th century, successive breaks with the past could be observed that had a broad geographical impact upon the landscape. The main driving forces were demographic changes, changing economy by overseas trade and the introduction of new crops, intensification of land use by innovative techniques in agriculture and related land reforms (Overton, 2002; Butlin, 1992). Most nation states in Europe were formed and central political authority and a broadening economy imposed changes over vast areas. During the Age of Enlightenment, landscape design evolved into landscape architecture and many of its principles were used in the planning of booming cities. Simultaneously, successive technological innovations and dramatic political and social changes abruptly changed the tools and will for profound, irreversible changes. The whole environment could change in one generationâ&#x20AC;&#x2122;s life-time (Robinson, 2001). A whole succession of technological and social revolutions, and the increasingly devastating wars

25

from the end of the 18th century to the mid-20th century, completed the definite break with the past. New landscapes created during that period very often had disappeared again. Systematic and comprehensive surveys and inventories of that period are rare and most information is site-specific, such as the archives of a company that created an industrial site. Illustrations and photographs are important sources for that period. Oral history, however, came to a definite end. 2.3. Post-modern new landscapes After the Second World War, the dynamics changed again. It was the acceleration of global dependency and the decrease of local autonomy. Todayâ&#x20AC;&#x2122;s fast changing society and environment has resulted in the creation of completely new landscapes and in the rapid deterioration of all previous ones, both natural and cultural. Again, new landscapes have been superimposed rather than being integrated. A visible break in the continuity with the past is created. However, all these changes are made with the same concern of improving the living environment to the new needs of a growing population, which is mainly urban. People become increasingly mobile and the ecological footprint of the urbanites now stretches far beyond their city. The main difference between traditional and new landscapes resides in their dynamics, both in speed, and scale, as well as the changing perceptions, values and behavior of their users. There are too many changes everywhere and they are faster than can be recorded and studied; although never before in history has such an amount of data recording has existed as today. The main question has become: what information is significant in this data deluge? Recording oral history proved to be a valuable tool, in particular to reveal hidden agendas that can explain some of the apparent illogic or chaotic changes.

3. The driving forces of landscape change The analysis of the nature and causes of landscape changes in the past centuries show three main driving forces that act simultaneously in varying mutual importance. These are: accessibility, urbanization and globalization. An additional and unpredictable factor should be added: calamity.


26

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

3.1. Accessibility The accessibility of a place is an important factor in the site selection by humans. Controlled access is an important quality when creating a settlement (Roberts, 1987). The functional specialization of a place, such as a market place, harbor or defensive place, demanded different accessibility qualities. The growth of a place and the development of its economical or political power depended in a large extent on its geographical situation and its accessibility (Taaffe et al., 1996). The modern process of urban sprawl is highly determined by the transportation pattern and accessibility (Lucy and Philips, 1997; Lewis and Maund, 1976). New city models, such as the ‘lobe-city’, have been considered to be based on accessibility (Rombaut, 2001). Also, the transportation network has specific ecological properties (Forman, 1998) and can be used as a frame for the creation of greenways (Viles and Rosier, 2001). The impact of transportation infrastructure upon the landscape is very diverse (Stanners and Bourdeau, 1995). Areas that are not easy accessible by people are often characterized as stable natural landscapes. When disclosed by a new transportation infrastructure, these areas start changing rapidly. Transportation nodes such as road crossings, stations and halting places initiate and attract modern developments of different kinds (Antrop, 1999). The early development of railways is a typical example. Besides connecting cities, harbors and industrial areas, early 20th century railway connections also disclosed resort sites (beaches, spa’s) and natural monuments (caves, waterfalls) to stimulate tourist development, mainly for wealthy urban dwellers (Carpenter, 1994). 3.2. Urbanization Most of European landscapes were created by villagers in the effort to organize their land for a better and guaranteed subsistence. This is the basis of the historical land zoning around villages based upon various land use forms of different intensity. Also medieval towns had particular effects upon their rural hinterland that could be vast for important trade and production centers. Not only was food found in the surrounding countryside, but also cheap labor and space for the production of special goods, such

as wool or plants for dyeing cloths (Verhulst, 1995; Butlin, 1992). The exponential growth of cities since the Industrial revolution, and again after the Second World War, when automobiles changed the mobility of the masses drastically, has been referred to in many ways: urban sprawl, urbanization, suburbanization and counter-urbanization, and by such concepts as urban fringe, edge cities and exurbs all reflect the complexity of the process (Champion, 2001; Pacione, 2001; Antrop, 2000c; Geyer and Kontuly, 1993; Bryant et al., 1982). Cities form extended networks that affect large areas that contain a multitude of different functions. The concept of Functional Urban Areas (SPESP, 2000; Cheshire, 1995) describes this complexity well. The management of the countryside becomes complex and interdisciplinary (Brandt et al., 2001). Urbanization is basically a change in life-style and can affect even remote villages in the countryside (Van Eetvelde and Antrop, 2001). 3.3. Globalization As a driving force in landscape changes, globalization refers to all general processes and initiatives that affect decisions and actions at the local level. Economic globalization emphasizes hypermobility, global communications and the neutralization of place and distance (Sassen, 2000). New global and regional hierarchies of cities emerge and vast areas become increasingly peripheral. Very often, these processes break the intimate relationship a local society has with its land. In the EU the impact of the CAP upon the landscape is a striking example. 3.4. Calamities In densely populated regions and intensively used land, the hazard for calamities increases and the number of people affected as well. Each time a disaster occurs, massive means are invented to reduce the impact and to restore the feeling of security that ‘it will never happen again’. In crisis situations there is rarely time for careful planning and detailed impact assessment. Only in the phase after the disaster, new options for landscape restoration are considered. Often interesting new opportunities might emerge that would never be thought of or difficult to realize otherwise (Fig. 2).


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

27

Fig. 2. Versailles before and after the disaster of 1999. The storm destroyed most of the park, but its restoration can follow other principles than the ones used for managing until now and a more authentic landscape can be recreated.

4. The values of the past 4.1. What do we perceive and value? Because conceptually landscapes have a holistic and complex character, which bridges natural and cultural aspects, they are valued in many different ways. Most people experience landscapes also in a holistic way and integrate what they perceive immediately with what they know and remember (Tuan, 1990; Meinig, 1979). They interpret or ‘read’ the landscape within their own cultural context (Muir, 1999; Lowenthal, 1997; Cosgrove, 1989). Each traditional landscape expresses a unique sense or spirit of place (genius loci) that helps to define its identity (Antrop, 2000b). Special places and monuments receive a symbolic value and act as landmarks that allow orientation in space and time (Coeterier, 2002; Holtorf, 1998; Lynch, 1973). The perceived landscapes contribute to local or national identity (Sooväli et al., 2003) and at the same time landscapes are shaped by ideology and politics (Olwig, 2002). 4.2. What do we study? In the natural sciences, basic research in landscapes prefers particular landscapes that fit well the objectives of the investigator (Antrop, 2001). For example, landscape ecologists focus upon specific natural landscapes, such as wetlands, forests and riparian landscapes. Applied landscape research deals with other

landscape types that are in the scope of policy makers. Many belong to ‘ordinary’ landscapes that are under heavy human pressure and demand adapted management and design (Nassauer, 1997). 4.3. Coherence: the key to identity The coherence of particular properties defines identity (Fig. 3). Changing the characteristics and coherence leads to loss of identity or its change into a new one. What changes and how many are needed to transform a landscape so that it becomes alienated? The metaphor of an aging person is (to some extent) appropriate to describe the meaning of identity, as well as the continuity and change of landscapes. During a lifetime one’s physical appearance changes a lot. However, it is still easy to recognize the identity and character of a person one once knew, even after a long time and many physical changes. This illustrates the holistic coherence of a person and the continuity of his personality. Sometimes changes, physical or mental, can be so great that recognition becomes difficult, or even that one’s personality is lost. What magnitude of change could cause a landscape to loose identity and to become unrecognizable? What processes can break down irreversibly its coherence and continuity? The changes in a living person are an expression of the continuous adaptation needed to function and survive. If not, his life ends. When life ends in landscapes, they become deserts where only physical and chemical forces cause any change. So, what processes, changes


28

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

Fig. 3. Identity appears only when the elements of a landscape are coherent and become legible.

and functions are necessary for cultural landscapes to survive? Similarly, landscape research and management can be compared with two medical approaches towards health. One is the medical science that studies diseases of humanity, the other is the general practitioner helping a patient. Most scientific research in landscape is dealing with the characteristics of a large population. Average, normal ‘health’ and ‘illness’ conditions of landscape and nature are searched for, trends of ‘epidemic’ diffusion of disturbances and change have to be identified, groups and types are defined and classified. This kind of knowledge becomes only useful when it can be applied by a general practitioner to help and cure one particular patient having very specific needs. Here the scientific community of landscape re-

searchers lacks interest or even competence to answer adequately specific questions in particular cases. How should a particular piece of land be organized and shaped? What functions can be allowed? How severe will be the impact of a particular factor on the cultural values of landscape? 4.4. What do we protect? A way to preserve values of the past is to protect them legally. In most countries, special institutions and an adapted legislation have been developed for different categories of natural and cultural heritage. The first initiatives to conserve nature and landscape came about the second half of the 19th century and were initiated by upper class urbanites (Van Hoorick,


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

2000). Private societies were formed for the protection of wildlife, natural sites and nice scenery. The names of these societies are significant: the “Société Nationale de Protection de la Nature” (France 1854), the “Selborne Society for the Protection of Birds, Plants and Pleasant Places” (England 1885), the “National Trust for Places of Historic Interest or Natural Beauty” (England 1895), the “Société Nationale pour la Protection des Sites et Monuments” (Belgium 1892), the “Société de Protection des Paysages de France” (France 1901), the “Deutsche Bund Heimatschutz” (Germany 1904), “Vereniging tot Behoud van Natuurmonumenten” (The Netherlands 1905) (Van Hoorick, 2000). In 1872 the first national park (Yellowstone in the USA) was established to protect natural beauty, flora and wildlife “for the benefit and enjoyment of the people” (Van Hoorick, 2000) and started a movement that reached Europe in the beginning of the 20th century. The focus was mainly upon elements, places or landscapes that are outstanding, rather unique and often spectacular. A similar idea can be found in the World Heritage Convention of 1972, where in the beginning mainly cultural artefacts were selected to be put on the World Heritage List. Since the Santa Fé Conference in 1992, this was extended to ‘Cultural Landscapes of Outstanding Universal Value’, which could be designed (parks, gardens), organically evolved landscapes (relict and continuing landscapes, traditional rural landscapes) or associative landscapes (landscapes with religious, artistic or spiritual values). Common categories to protect are monuments, sites, landscapes and natural habitats. Monuments often combine a historical, an architectonic and aesthetical value. Sites are special places where an ensemble of elements of different nature, age and origin are clustered and form a whole. They are not always visibly spectacular, as for example archaeological sites, where the main value resides in the scientific information contained in the area. There is no clear definition of landscapes that are potentially subject to protection. Most often different qualities that exist in a rather extended area are combined. In some cases this can lead to situations that are difficult to manage and where visions of future preservation can result in conflicts. This happens for example when natural and heritage landscapes overlap. Although the common aim would be to protect an area against any kind of

29

development that may deteriorate its value, objectives for the future might be contradictory and different management schemes can lead to the destruction of certain values. This can be the case when (re)creation of new nature or restoration of past landscapes are aimed that destroy more recent historical or cultural values that exist in the same area. The International Union of the Conservation of Nature (IUCN) has established following categories: I. II. III. IV. V. VI.

Strict nature reserve/wilderness area. National park. Natural monument. Habitat/species management area. Protected landscape/seascape. Managed resource protected area.

It is clear that these can include areas of great cultural importance as well, demanding an appropriated management. At international level, the confusion is even greater as the definitions for similar categories can differ between countries. Also, there are special categories that can overlap spatially, so that the same area receives multiple designations. Legally the category ‘protected landscape’ in Flanders can overlap with ‘nature reserve’, as is also the case in the United Kingdom with the ‘sites of special scientific interest’ (sssi) (Van Hoorick, 2000). However, in England and Wales, landscapes can be designated also as ‘Areas of Outstanding Natural Beauty’ (AONB). Due to differences in definitions and criteria used, the numerical assessment of the situation in different countries gives results that are hardly interpretable. In Flanders 2.7% of the area is ‘protected landscape’, in The Netherlands protected ‘nature monuments’ are similar areas and cover 2.9% of the country. Similarly, these cover 2.4% in Germany, while the corresponding sssi’s in the UK occupy 8.7% of the country. In the definition of protected landscape in the concept of the AONBs, 14.0% of England and Wales have this kind of protection, and in Germany 24.5% of the area profits of a similar regulation, while in the smaller Netherlands and Flanders such categories do not yet exist (Van Hoorick, 2000). According to the European Landscape Convention, landscape protection implies all ‘actions to conserve and maintain the significant or characteristic features of a landscape’ and landscape planning is a ‘strong forward-looking action to enhance, restore or create


30

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

landscapes’. This is much broader than the protection of small and well-defined landscapes in most of the existing laws. Initially, it implied also cross-border and international co-operation and integration in the protection and maintenance of vast areas. 4.5. Landscape classification and inventorying The European Landscape Convention (2000) stimulates the creation of landscape inventories for assessing their condition and setting up monitoring systems to follow and manage the changes. Several countries in Europe had already a long tradition in this field, but mainly focused upon the effects of land cover change in relation to biodiversity (Dramstad et al., 2001; Haines-Young et al., 2000; Holdaway and Smart, 2001; Aalen et al., 1997; Wrbka et al., 1997; Ihse, 1996). In many countries new landscape classifications are developed and mapping of character areas of landscapes is considered as a basis for landscape assessment (Antrop, 2002; Pinto-Correia et al., 2002; Somper, 2002). Monitoring systems can use these as a framework for a stratified sampling scheme (Banko et al., 2002; Brandt et al., 2002).

5. What are the future demands and needs? 5.1. Well-known ongoing trends The main trend of actual landscape changes is the one of polarization between more intensive and more extensive use of land. There is a continuing concentration of people and activities in rather small, highly intensive and densely crowded areas, while vast areas of land become disaffected or even abandoned. Vos and Klijn (2000) recognize the following trends of the transformation in European landscapes: • Intensification and scalar increase in agricultural production transforms wetlands and natural areas into agricultural land; this is likely to occur in densely inhabited areas in particular. • Urban sprawl, the growth of infrastructures and functional urbanization. • Specific tourist and recreational forms of land use that still develop at an accelerating speed in coastal and mountainous regions.

• The extensification of land use and land abandonment that is likely to continue to affect remote rural areas with less favorable and declining social and economical conditions and poor accessibility. The driving forces behind all these are urbanization, accessibility and globalization. All three interact simultaneously and differently according to the geographical situation of a place or area. In many European countries more than 80% of the population have become urbanites living in urban places of various sizes (United Nations Centre for Human Settlement, 1996, 2001). 5.2. The needs In Europe most of the population in concentrated on only one percent of the land (Stanners and Bourdeau, 1995). The direct result is a fundamental change in the evaluation of rural and natural landscapes. The urban perspective is expressed in the definitions used to describe the Functional Urban Regions (SPESP, 2000). Rural areas are considered according their potential for satisfying urban needs and are defined as a series of urban–rural partnerships (Table 1). However, these are planners’ views. Empirical evidence of this changing mentality towards the rural landscape has been formulated mainly by cultural geographers and philosophers, such as Lowenthal (1997, 1985), Meinig (1979) and Kolen and Lemaire (1999). Important statements made by Lowenthal (1997) are: “The countryside is becoming a place for living, not for making a living”; and “landscape and rural life are becoming ominously disjoined.” These reflect the fundamental break of the link between landscape structure and Table 1 Types of relations or partnership between urban and rural formulated in the SPESP (2000) Home-work relationships Central place relationships Relationships between metropolitan areas and urban centers in rural and intermediate areas (in fact: urban hierarchy) Relationship between rural and urban enterprises Rural areas as consumption areas for urban dwellers Rural areas as open spaces for urban areas Rural areas as carriers of urban infrastructure Rural areas as suppliers of natural resources for urban areas (ex. water)


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21â&#x20AC;&#x201C;34

processes that shaped the landscape. Lowenthal (1997) considers the actual countryside as a â&#x20AC;&#x2DC;rural residueâ&#x20AC;&#x2122;. 5.3. Controlling the changes Landscape is a difficult thing to manage as it consists of numerous pieces of land owned by many people who all have particular interests. In our civilization, land is private property and the usufruct is an important right for the landowner, which implies a free of use of the land and determines also its value. However, landscape is considered as a common heritage and transgresses property boundaries. Landscape is not there for the benefit of the landowners only, but also for temporary visitors, such as recreants and tourists. Landscapes are the perceivable result of complex forms of multifunctional land use. Management of landscapes begins with land use planning. Land use changes are made by numerous users acting in a non-concerted manner each on their own plot of land. The result is a rather chaotic autonomous development of the landscape (Fig. 4). Planning aims to steer, control and guide this process. Interference with the autonomous development starts at the moment the intention of a planned action is announced. Different reactions initiate developments, which are opposed, even illegal, parallel and sequential and use new opportunities the new plan offers, although these effects were not intentioned. It is rare that the planned developed is realized fully. Consequently, several effects initiated by the announced plan

31

will become visible in the landscape at the same time. Even the real development will be affected by minor chaotic autonomous changes and new steering by new planning will become necessary. Planning evolves as sub-sequential redirections of the autonomous development, and chaotic changes always will follow the temporal main trends. Strictly planned landscapes with controlled management only occur in completely artificial landscapes such as gardens, parks and urban sites, although even then the development is far from completely determined. Preserving historical-cultural landscapes implies controlling their functionality in the changing spatial context of society. 6. Lessons from the past help to build the future landscapes Traditional rural landscapes resulted in a great diversity of sustainable landscapes. Those have a better legibility and give a clear character and identity to place and region. Landmarks and symbols are necessary ancestral roots. Also, they contain many forgotten lessons and landscape structure is crucial for the maintenance of diversity, both biodiversity and cultural diversity. These landscapes are a source of essential (barely studied) knowledge about sustainable management techniques. They possess unexplored wisdom and inspiration for making better future landscapes and offer a base for restoration. Lowenthal (1997) stresses three attributes when considering landscape as patrimony:

Fig. 4. Autonomous development and the process of planning.


32

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

• Materiality: landscapes are perceived with all our senses, which makes them tangible. • Landscape is used as container for a large variety of artifacts and gives them a broader context and hence enhances their singular values. • Stability: landscape is the most fixed, immovable phenomenon in our environment. This quality makes landscape feeling like secure and reliable. Austad (2000) formulated six strategies for agriculture to maintain cultural landscape values. First, in the best-maintained and most ‘authentic’ cultural landscapes, semi-natural vegetation types should be protected and preserved as traditional agricultural systems are valuable because they had been sustainable for centuries and can be models for the future. Second, revitalization and intensification of the outfields and low-intensity farming systems should be stimulated. Third, more incentives and substantial financial support are needed for farming that maintains biological-historical values. Fourth, organic farming and agro-forestry should be encouraged. Fifth, local knowledge and traditions should be combined with concepts of landscape ecology to develop ‘new’ cultural landscapes and agro-systems. Sixth, more research is needed on traditional sustainable agriculture as well as more applications of its results. These strategies all focus upon adapted use and functionality of the landscape based upon knowledge of its historical development and past functioning.

7. Conclusion: nothing is new under the sun, but the atmosphere changed Landscapes are dynamic and change is one of their properties. Humans have always adapted their environment to better fit the changing societal needs and thus reshaped the landscape. All the important driving forces are related to the population growth and the life-style becoming increasingly more urban and more mobile. Since the 18th century, however, the pace and magnitude of the changes increased greatly, causing definite breaks with the past. Only in the beginning of the 20th century was there a first concern regarding the loss of natural and cultural values. A second period of concern emerged gradually at the end of the 20th century, stimulated by the growing awareness of en-

vironmental deterioration and loss of ancestral roots. Modern developments are found to be not very sustainable when compared to traditional land management practices that lasted for centuries. More attention is given to the scattered remnants of the past traditional landscapes. Their importance is manifold. They are the tangible witnesses of ancestral values everyone can perceive and experience directly in the landscape. Symbolic and cognitive values pass through esthetically felt scenery. They contain a lot of information concerning the still poorly known history of ordinary people and land management traditions. Much wisdom and inspiration for sustainable management can be found here, which is useful when decisions have to be taken for the future management of landscapes, their restoration and even for creating new ones. Landscapes of the past can not be brought back, but ways how valuable elements and areas can be preserved and become embedded functionally in the modern urbanized and globalized society must be studied. References Aalen, F.H.A., Whelan, K., Stout, M. (Eds.), 1997. Atlas of the Irish Rural Landscape. Cork University Press, Cork. Antrop, M., 2002. Results from the recent landscape inventories for building landscape indicators in Belgium. NIJOS/OECD Expert Meeting on Agricultural Landscape. Oslo, Norway, 7–9 October. Antrop, M., 2001. The language of landscape ecologists and planners. A comparative content analysis of concepts used in landscape ecology. Lands. Urban Plan. 55, 163–173. Antrop, M., 2000a. Background concepts for integrated landscape analysis. Agric. Ecosyst. Environ. 77, 17–28. Antrop, M., 2000b. Where are the Genii Loci? In: Pedroli, B. (Ed.), Landscape—our Home, Lebensraum Landschaft. Essays on the Culture of the European Landscape as a Task. Indigo, Zeist, Freies Geistesleben, Stuttgart, pp. 29–34. Antrop, M., 2000c. Changing patterns in the urbanized countryside of Western Europe. Lands. Ecol. 15 (3), 257–270. Antrop, M., 1999. Transport routes in the landscape: about connectors, dividers, initiators, attractors and views. In: Kristensen, L., Petersen, E.H. (Eds.), Transport og Landskab. Landskabsøkologiske skrifter nr. 13, Center for Landskabsforskning, pp. 21–39. Antrop, M., 1997. The concept of traditional landscapes as a base for landscape evaluation and planning. The example of Flanders Region. Lands. Urban Plan. 38, 105–117. Austad, I., 2000. The future of traditional agriculture landscapes: retaining desirable qualities. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 43–56.


M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34 Banko G., Zethner G., Wrbka T., Schmitzberger I., 2002. Landscape types as the optimal spatial domain for developing landscape indicators. NIJOS/OECD Expert Meeting on Agricultural Landscape. Oslo, Norway, 7–9 October. Brandt, J.J.E., Bunce, R.G.H., Howard, D.C., Petit, S., 2002. General principles of monitoring land cover change based on two case studies in Britain and Denmark. Lands. Urban Plan. 62, 37–51. Brandt, J., Holmes, E., Skriver, P., 2001. Urbanisation of the countryside-problems of interdisciplinarity in the study of rural development. In: Conference on the Open SPACE Functions under URBAN Pressure. Ghent, 19–21 September. Bryant, C., Russwurm, L., McLellan, A., 1982. The City’s Countryside: Land and its Management in the Rural Urban Fringe. Longman, London. Butlin, R.A., 1992. De Mens en het platteland. In: Blockmans, W. (Ed.), De mens en het landschap. De wording van Europa. Hilversum, HD Communications Consultants and Weert, M&P, Uitgeverij, pp. 9–32. Carpenter, T.J., 1994. The Environmental Impact of Railways. Wiley, London. Champion, T., 2001. Urbanisation, suburbanisation, counterurbanisation and reurbanisation. In: Paddison, R. (Ed.), Handbook of Urban Studies. Sage Publications, London, pp. 143–161. Cheshire, P., 1995. A new phase of urban development in Western Europe? The evidence for the 1980s. Urban Stud. 32 (7), 1045– 1063. Coeterier, J.F., 2002. Lay people’s evaluation of historic sites. Lands. Urban Plan. 59 (2), 125–127. Cosgrove, D., 1989. Geography is everywhere: culture and symbolism in human landscapes. In: Gregory, D., Walford, R. (Eds.), Horizons in Human Geography. Macmillan, Basingstoke, pp. 118–135. Council of Europe, 2000. The European Landscape Convention. Strasbourg. Dramstad, W.E., Fry, G., Fjellstad, W.J., Skar, B., Helliksen, W., Sollund, M.-L.B., Tveit, M.S., Geelmuyden, A.K., Framstad, E., 2001. Integrating landscape-based values—Norwegian monitoring of agricultural landscapes. Lands. Urban Plan. 57 (3–4), 257–268. Enge, T.O., Schröer, C.F., 1990. Garden Architecture in Europe 1450–1800. Benedikt Taschen, Köln. Forman, R.T.T., 1998. Road ecology: a solution for a giant embracing us. Lands. Ecol. 13, iii–v. Geyer, H.S., Kontuly, T.M., 1993. A theoretical foundation for the concept of differential urbanization. Int. Region. Sci. Rev. 15 (12), 157–177. Green, B.H., 2000. Policy, planning and management initiatives in European cultural landscape conservation. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 57–72. Haines-Young, R.H., Barr, C.J., Black, H.I.J., Briggs, D.J., Bunce, R.G.H., Clarke, R.T., Cooper, A., Dawson, H.F., Firbank, L.G., Fuller, R.M., Furse, M.T., Gillespie, M.K., Hill, R., Hornung, M., Howard, D.C., McCann, T., Morecroft, M.D., Petit, S., Sier, A.R.J., Smart, S.M., Smith, G.M., Stott, A.P., Stuart, R.C., Watkins, J.W., 2000. Accounting for Nature: Assessing Habitats in the UK Countryside. DETR, London.

33

Holdaway, E., Smart, G., 2001. Landscapes at Risk? The Future for Areas of Outstanding Natural Beauty. SPON Press—Taylor & Francis Group, London. Holtorf, C.J., 1998. Monumental Past. The Life-histories of Megalithic Monuments in Mecklenburg-Vorpommern (Germany). CITD Press, Scarborough. Available: http://citd.scar.utoronto.ca/ CITDPress/holtorf/0.1.html. Ihse, M., 1996. Monitoring cultural landscapes in Sweden— methods and data of landscape change. In: Jongman, R.H.G. (Ed.), Ecological and Landscape Consequences of Land Use Change in Europe. Proceedings of the First ECNC Seminar on Land Use Change and its Ecological Consequences, Tilburg. ECNC Publication Series on Man and Nature 2, Tilburg, pp. 103–129. Jellicoe, G.S., 1975. The Landscape of Man. Shaping the Environment from Prehistory to the Present Day. Thames & Hudson, London. Klijn, J., Vos, W., 2000. A new identity for landscape ecology in Europe: a research strategy for next decade. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 149–161. Kolen, J., Lemaire, T. (Eds.), 1999. Landschap in Meervoud. Perspectieven op het Nederlandse Landschap in de 20ste/21ste eeuw. Uitg. J. van Arkel, Utrecht. Lewis, G.J., Maund, D.J., 1976. The urbanization of the countryside: a framework for analysis. Geografiska Annaler 58, 17– 27. Lorzing, H., 2001. The Nature of Landscape. A Personal Quest. 010 Publishers, Rotterdam. Lowenthal, D., 1985. The Past is a Foreign Country. Cambridge University Press, Cambridge. Lowenthal, D., 1997. European landscape transformations: the rural residue. In: Groth, P., Bressi, T.W. (Eds.), Understanding Ordinary Landscapes. Yale University Press, New Haven, CT, pp. 180–188. Lucy, W., Philips, D., 1997. The post-suburban era comes to Richmond: city decline, suburban transition and exurban growth. Lands. Urban Plan. 36, 259–275. Lynch, K., 1973. What Time Is This Place? MIT Press, Cambridge, Massachusetts, London. Meeus, J.H.A., Wijermans, M.P., Vroom, M.J., 1990. Agricultural landscapes in Europe and their transformation. Lands. Urban Plan. 18, 289–352. Meinig, D.W., 1979. The beholding eye. Ten versions of the same sense. In: Meinig, D.W. (Ed.), Interpretation of Ordinary Landscapes: Geographical Essays. Oxford University Press, Oxford. Muir, R., 2000. The NEW Reading the Landscape. Fieldwork in Landscape History. University of Exeter Press, Exeter. Muir, R., 1999. Approaches to Landscape. MacMillan, London. Nassauer, J.I., 1997. Placing Nature. Culture and Landscape Ecology. Island Press, Washington, DC. Nitz, H.J., 1992. The temporal and spatial pattern of field reorganisation in Europe (18th and 19th centuries). A comparative view. In: Verhoeve, A., Vervloet, J. (Eds.), The Transformation of the European Rural Landscape: Methodological Issues and


34

M. Antrop / Landscape and Urban Planning 70 (2005) 21–34

Agrarian Change 1770–1914. Tijdschrift van de Belg.Ver. voor Aardrijkskundige Studies LXI (1), pp. 146–158. Nohl, W., 2001. Sustainable landscape use and aesthetic perception—preliminary reflections on future landscape aesthetics. Lands. Urban Plan. 54 (1/4), 223–237. Olwig, K., 2002. Landscape, Nature and the Body Politic: from Britain’s Renaissance to America’s New World. University of Wisconsin Press, Madison. Overton, M., 2002. Agricultural Revolution in England 1500–1850. BBCi History, London. Available: http://www.bbc.co.uk. history/society culture/industrialisation/agricultural revolution 01.shtml. Pacione, M., 2001. Urban Geography: A Global Perspective. Routledge, London. Pedroli, B. (Ed.), 2000. Landscape—our Home. Lebensraum Landschaft. Essays on the Culture of the European Landscape as a Task. Indigo, Zeist–Freies Geistesleben, Stuttgart. Pinto-Correia T., Cancela d’Abreu A., Oliveira R., 2002. Landscape areas in Portugal—can they be a support for applying indicators? NIJOS/OECD Expert Meeting on Agricultural Landscape. Oslo, Norway, 7–9 October. Preece, R.A., 1991. Designs on the Landscape. Belhaven Press, London. Roberts, B., 1987. The Making of the English Village. Longman, London. Robinson, B., 2001. All Change. BBCi History, London. Available: http://www.bbc.co.uk/history/society culture/industrialisation/ speed 01.html. Rombaut, E., 2001. Considerations about the urban fringe of an ecopolis. A plea for a Lobe-City. In: European Symposium Open Space Functions Under Urban Pressure. Ghent, 19–21 September 2001, Administratie Land-en Tuinbouw, Brussel. Sassen, S., 2000. The Global City. Princeton University Press, New York, London, Tokyo. Somper, C., 2002. Countryside quality counts: tracking changes in England’s landscape. NIJOS/OECD Expert Meeting on Agricultural Landscape. Oslo, Norway, 7–9 October. Sooväli, H., Palang, H., Külvik, M., 2003. The role of rural landscapes in shaping Estonian national identity. In: Unwin, T. (Ed.), European Landscapes: From Mountain to Sea. Proceedings of the Permanent European Conference for the Study of the Rural Landscape, London and Aberystwyth, pp. 114–121. SPESP, 2000. Study Programme on European Spatial Planning (SPESP). Final Report 31 March 2000. Available: http:// www.nordregio.se. Stanners, D., Bourdeau, Ph. (Eds.), 1995. Europe’s Environment. The Dobřı́š Assessment. European Environment Agency, EC DG XI and Phare, Copenhagen. Taaffe, E., Gauthier, H., O’Kelly, M., 1996. Geography of Transportation. Prentice-Hall, Englewood Cliffs, NJ. Tuan, Y.-F., 1990. Topophilia: A Study of Environmental Perception, Attitudes, and Values. Columbia University Press, Columbia.

United Nations Centre for Human Settlement (HABITAT), 1996. An Urbanizing World. Global Report on Human Settlements 1996. Oxford University Press, Oxford. United Nations Centre for Human Settlement (HABITAT), 2001. Cities in a Globalizing World. Global Report on Human Settlements 2001. Earthscan Publications, London. Van Eetvelde, V., Antrop, M., 2001. Comparison of the landscape structure of traditional and new landscapes. Some European examples. In: Mander, Ü., Printsmann, A., Palang, H. (Eds.), Development of European Landscapes. Conference Proceedings IALE European Conference 2001, vol. 2. Publicationes Instituti Geographici Universitatis Tartuensis, Tartu, p. 275. Van Hoorick, G., 2000. Juridische aspecten van het natuurbehoud en de landschapszorg, Intersentia Rechtswetenschappen. Antwerpen–Groningen. Verhulst, A., 1995. Landschap en Landbouw in Middeleeuws Vlaanderen. Gemeentekrediet, Brussel. Viles, R.L., Rosier, D.J., 2001. How to use roads in the creation of greenways: case studies in three New Zealand landscapes. Lands. Urban Plan. 55, 15–27. Vos, W., Klijn, J., 2000. Trends in European landscape development: prospects for a sustainable future. In: Klijn, J., Vos, W. (Eds.), From Landscape Ecology to Landscape Science. Kluwer Academic Publishers, WLO, Wageningen, pp. 13– 30. Wascher, D., Jongman, R. (Eds.), 2000. European Landscapes. Classification, Assessment and Conservation (Technical report, draft). European Environment Agency. Wascher, D.M. (Ed), 2000. The Face of Europe. European Centre for NATURE CONSERVAtion (Technical report series), Tilburg. Wrbka T., Szerencsits, E., Reiter, K., 1997. Classification of Austrian cultural landscapes—implications for nature conservation and sustainable development. In: Miklos, L. (Ed.), Sustainable Cultural Landscapes in the Danube-Carpathian Region. Proceedings of the Second International Conference on Culture and Environment. Banska Stiavnica, Slovakia. UNESCO-Chair for Ecological Awareness and Sustainable Development/European Centre for Nature Conservation, pp. 31–41. Yorke, T., 2001. Tracing the History of Villages. Countryside Books, Newbury. Zonneveld, I.S., 1995. Land Ecology. SPB Academic Publishing, Amsterdam.

Further reading The Dornach Landscape Document, 2000. Get Connected To Your Place! Discussion Document of the International Conference The Culture of the European Landscape as a Task. Dornach, Switzerland.


Eskerrik asko artikuluak biltzen parte hartu duten guztiei: Agradecimientos a todos/as los/as que han participado en el recopilatorio de artículos: Helena Biurrun Galarraga Joserra Díez López Jesús Mª Erquicia Olaciregui Urtzi Goiti Ugarte José Luis Lalana Fernando Prats Palazuelo Álvaro Ramoneda Figueroa Rafael Sánchez Guerras Roberto Torres Elizburu María Viota Moreno

LAGUNTZAILEAK / COLABORADORES Kolore Guztietako Basoak Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental (UPV/EHU)

KOORDINAZIOA / COORDINACIÓN

Profile for UNESCO Chair on Cultural Landscape Heritage

Recopilatorio sobre TERRITORIO HABITABLE / LURRALDE BIZIGARRIAri buruzko bilduma  

Recopilatorio elaborado gracias a la colaboración de los/as ponentes del Curso de Verano “Territorio Habitable. Expresiones locales y estrat...

Recopilatorio sobre TERRITORIO HABITABLE / LURRALDE BIZIGARRIAri buruzko bilduma  

Recopilatorio elaborado gracias a la colaboración de los/as ponentes del Curso de Verano “Territorio Habitable. Expresiones locales y estrat...

Advertisement

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded