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ESTA ES UNA PLAZA:

Proyecto de autogestión vecinal del solar urbano de la calle Doctor Fourquet nº 24 Operarios del Espacio Público: Andre Albuquerque – arquitecto Cristina Braschi – arquitecta Jerome Gottardi – arquitecto Laura Riera – ciencias ambientales, bellas artes Nuria Navarro – bióloga Olga de Marco – diseñadora industrial Remedios Vincent – bellas artes Roberta de Nanni – arquitecta Berta Elizalde- arquitecta

estaesunaplaza@gmail.com

www.estaesunaplaza.blogspot.com 1 


INDICE

Descripción del proyecto Antecedentes Finalidad Método

Página

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Destinatarios

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Necesidades ………………………………………………………………………………………………

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Apoyos ………………………………………………………………………………………………………

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Proyecto

Anexos Documentación grafica

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Referencias de otros proyectos relacionados ……………………………………………

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Convenio de la ciudad Paris sobre la utilización de solares

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Carta Recomendación de Esterni ……………………………………………………………….

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Firmas apoyando el Proyecto………………………………………………………………………

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Información y Noticias de Lavapiés……………………………………………………………

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Antecedentes El proyecto nace a partir del taller “Montaje de acciones urbanas” organizado por La Casa Encendida y el grupo Urbanacción de Madrid, con la colaboración de la asociación Esterni de Milán (1 al 5 de diciembre). Dicho taller consistió en transformar un solar, cerrado desde hace más de 30 años (C/ Doctor Fourquet nº 24), en un espacio público abierto a todos los vecinos de Lavapiés mediante una intervención rápida y económica. El grupo "Operarios del Espacio Público" iniciamos el taller con una serie de entrevistas a los habitantes del barrio, mediante las cuales detectamos con claridad la falta de un espacio verde en Lavapiés. Por tanto, la acción se articuló en la realización de una gran plaza verde, denominada “Esta Es Una Plaza”, donde los vecinos pudiéramos reunirnos, hacer deporte, jugar, organizar acontecimientos culturales, cultivar verduras, intercambiar tiempo y objetos, etc.… Contamos con un día para planificar la estrategia a seguir y conseguir materiales y otros dos para limpiar y adecuar el espacio hasta dotarlo de toda la infraestructura que nos solicitaron los vecinos. Construimos un huerto, una zona de deporte (campo de fútbol, petanca y bádminton), un mercado (trueque y banco de tiempo) y un teatro al aire libre. Y, como en todo parque que se precie, senderos, zonas verdes y de descanso, gracias a los árboles y plantas que ya crecían en el solar. Todo esto fabricado artesanalmente, con estructuras temporales y desmontables, tratando de utilizar el material encontrado en el solar, reciclando y gestionando donaciones altruistas.


El taller concluyó con el evento de apertura de “Esta Es Una Plaza” el viernes 5 de Diciembre, a la que asistieron, no sólo vecinos, sino ciudadanos interesados en la posibilidad de continuar con proyectos similares en otros lugares. Hubo diversión para todos, los niños por fin pudieron jugar al aire libre, sin pisar cemento, se organizaron partidos simultáneos en los que se mezclaban las edades, hubo participación espontánea en la plantación del huerto, degustación de alimentos caseros, actuaciones musicales y de teatro, proyección de dibujos hechos en directo sobre los muros, música silenciosa y, sobre todo, mucha comunicación entre los asistentes. Debido a este gran entusiasmo vecinal, el grupo “Operarios del Espacio Público” ha decidido elaborar el presente proyecto experimental para el cuidado y la autogestión del solar urbano de la C/ Doctor Fourquet nº 24.


Finalidad Lavapiés es un barrio donde no hay espacios verdes, donde ni los niños ni los adultos pueden jugar por falta de parques y campos de juego, donde las diferentes culturas y religiones no se relacionan por la desconfianza que genera el desconocimiento del otro. Por eso el proyecto quiere crear un espacio público que sea confortable y donde se puedan desarrollar actividades lúdicas, culturales, educativas y ambientales, que ayuden a la interacción y, por tanto, a la mejor comprensión de los vecinos con los que se comparte barrio, pero con los que generalmente no se convive. La finalidad del proyecto es facilitar los procesos de ciudadanía activa, mediante la participación activa y consciente de los vecinos en la gestión de los espacios públicos del barrio. Método Autogestión vecinal del solar con carácter temporal.: todo el espacio está a disposición de todos; cada uno será responsable del cuidado del espacio evitando que las actividades desarrolladas molesten a los vecinos; todas las actividades son gratuitas; cada vecino pone a disposición de los demás una parte de su tiempo para desarrollar y mantener vivo el proyecto.

Destinatarios Todos los vecinos del barrio y todas las personas que deseen un nuevo espacio público en Madrid.


Proyecto El proyecto consiste en la elaboración de un plan de autogestión vecinal con carácter temporal sin ánimo de lucro, del solar urbano de la C/ Doctor Fourquet nº 24. Se compone de seis áreas interrelacionadas. • Ecología: Huerto y jardines. Proyecto experimental de huerto comunitario; el cultivo se basa en la autoorganización del trabajo ente los habitantes del barrio. Se cultivarán verduras de temporada sin pesticidas ni abonos químicos. Jardines para el uso y disfrute de todos los vecinos, con áreas de descanso y de ocio. Los jardines se crearán aprovechando los árboles y plantas ya existentes en el solar, intentando alterar lo menos posible la estructura vegetal presente. • Cultura: Teatro, Galería de Arte. El teatro se utilizará para obras teatrales, lecturas, improvisaciones, juegos malabares… Las actividades del teatro serán gratuitas y para todos. La Galería de Arte está abierta a todos los artistas que deseen exponer sus obras de forma temporal. • Deportes: fútbol, petanca, bádminton, juegos para niños…con la única regla de no jugar solos. • Trueque: intercambio de tiempo y objetos. Un área cubierta con mesas y bancos para debates, encuentros, comidas y meriendas en común, así como para el intercambio de tiempo, habilidades, objetos… • Infraestructura: mantenimiento de las instalaciones. • Comunicación: mantenimiento del blog y cuentas de correo electrónico, instalación de un buzón de correo postal en la puerta de entrada para fomentar la participación ciudadana. El proyecto se articula en tres fases: I FASE Apertura del solar (taller realizado del 1 al 5 de diciembre). 6 


Necesidades I FASE - El Ayuntamiento ha colaborado en el desarrollo del taller. II -

FASE Adecuación de los espacios para el fácil acceso de todos los usuarios. Recogida de cubos de basura. Abastecimiento gratuito de agua. Implantación de alumbrado público y tomas de electricidad.

III FASE - Recogida de cubos de basura. - Abastecimiento gratuito de agua. - Mantenimiento de alumbrado público y tomas de electricidad.

Apoyos Tenemos 270 firmas de apoyo de los vecinos recogidas durante el evento de apertura de “Esta Es Una Plaza” (se adjuntan). Hemos recibido múltiples manifestaciones de respaldo y propuestas de actividades a través de nuestro blog: www.estaesunaplaza.blogspot.com y de nuestro correo electrónico: estaesunaplaza@gmail.com


Plano de composición del solar de la C/ Doctor Fourquet nº 24. 8 


La ubicación del huerto ha sido determinada en función de la luz solar (recibe muchas horas de luz a lo largo del día) y por ser la primera imagen que uno recibe al entrar en la plaza. Los vecinos lo cuidan y disfrutan al ver crecer sus verduras.


La zona de trueque está situada cerca de la entrada a la plaza. Esta zona de intercambio de tiempo y objetos permite el encuentro entre vecinos y la organización de actividades. 10 


Zona de deportes situada en el centro de la plaza. 11 


Un pequeño bosque acoge la zona de descanso. Las hamacas cuelgan de las ramas de los árboles invitando a tumbarse bajo la sombra. 12 


El teatro se ubica entre los jardines, aprovechando la escenografía que nos ofrece este rincón de la plaza. 13 


Detrás del teatro se esconde el jardín romántico…

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Referencias de proyectos similares a Esta es una plaza: Jardines compartidos, 2003-2008 Paris

El Ayuntamiento de Paris desea favorecer el desarrollo de jardines compartidos apoyándose en un proceso de concertación y de implicación fuerte de sus habitantes. Considera que un Jardín Compartido es un lugar abierto al barrio que contribuye a valorizar los recursos locales, tejiendo relaciones entre varias estructuras: asociaciones, lugares de enseñanza, asilos de ancianos, centros sociales, hospitales… Por ello, el Ayuntamiento de Paris apoya los jardines colectivos en toda su diversidad, ya sean jardines de vecinos del barrio, jardines pedagógicos, de inserción de personas desfavorecidas, jardines familiares u otros, en la medida que el jardín sea el fruto de una creación colectiva y concertada. La participación de los habitantes en la vida del jardín (plantación, fiestas, eventos culturales…) y en la gestión del lugar, será favorecida y deberá permitir el desarrollo de la presencia vegetal en la ciudad. Todo ello, forma parte de un plan de desarrollo sostenible para la ciudad. El Ayuntamiento ha puesto en práctica el programa Mano Verde para ayudar a la creación de jardines compartidos, con la elaboración de un convenio entre la Asociación que lleva a cabo el jardín y el propio Ayuntamiento, que se encarga de facilitar la labor a dicha asociación. La Asociación se compromete, mediante el convenio Mano Verde a garantizar un uso adecuado del solar como jardín comunitario y sin perjuicio de la vecindad. A su vez, el Ayuntamiento proporciona agua, luz y un cerramiento adecuado del solar, durante el período acordado en el convenio temporal. Cuando el solar deba ser construido, el Ayuntamiento se encarga de facilitar la recolocación del jardín en otro solar urbano vacío.

www.jardinons-ensemble.org

Este convenio no impide la elaboración de proyectos municipales, sino que se inserta en los terrenos por el tiempo que éstos permanezcan desocupados.

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Plantot, 2007 Barcelona

Plantot es un proyecto de Joystick, en colaboración con Jeanette Ramírez, es un proyecto de investigación del Centro Cívico Can Felipa que se desarrolló durante el año 2007. “Plantot está enfocado en las relaciones que tenemos con las plantas los que vivimos en las ciudades. Es un proyecto que pretende crear una consciencia y un posible aprovechamiento de las plantas tanto en el espacio público como privado”. Se propone una investigación que se formalizará en una publicación (web e impresa) que invita a los vecinos a ver los árboles plantados en los espacios públicos de otra forma, se quiere detectar qué árboles producen frutas, y en qué época del año pueden recogerse, generando un mapa-calendario, donde se invita a las personas que viven estos espacios a aprovechar estos frutos que normalmente se pierden. Es un proyecto de acercamiento a la agricultura urbana en pequeña escala, y una forma de apropiación del espacio público por parte de quienes lo viven. No se intenta suplir las necesidades básicas de consumo de la población sino mas bien proponer un acercamiento diferente a vegetación en la ciudad y al trabajo colaborativo entre vecinos y entidades. El proyecto está en constante construcción y sus rumbos dependen de los resultados que se vayan obteniendo en el proceso de investigación. Los avances del proyecto se publican en www.jstk.org/proyectos/plantot/

www.jstk.org/proyectos/plantot

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CultivAcción directa, 2006 Salerno, Italia

ColtivAzione diretta = CultivAcción directa es un huerto-jardín colectivo realizado mediante un proceso participativo con niños y chicos entre 5 y 13 años en Salerno durante el Festival de la Creatividad se septiembre de 2006. 4Cantoni, el grupo que lo lleva a cabo, es un laboratorio de investigación con sede en Roma, que nace con el objetivo de experimentar nuevos lugares a través de la acción directa sobre el territorio y de la implicación de las personas que deseen cambiar y mejorar su entorno. En el proyecto de CultivAcción, se puso en marcha un programa de educación ambiental que tiene como finalidad la comprensión del papel que puede asumir la agricultura en la conservación de los recursos naturales y en entender los conceptos de base de toda convivencia social. Así como las diferentes “culturas” coexisten en el ecosistema natural, los diferentes “culti-cultivos” deben coexistir en el ecosistema social.

www.4cantoni.blogspot.com

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Public Farm, 2008 Nueva York

Public Farm es un proyecto de Work Architecture para el espacio exterior PS1 del museo MoMA de Nueva York. Es un proyecto de ocupación temporal de un espacio público mediante un jardín compartido. Public Farm combina un programa de juego de niños con uno educacional, creando un sentimiento de comunidad gracias a la experiencia de hacer crecer plantas alimenticias en común. Uniendo agricultura sostenible con arquitectura sostenible, el proyecto entero está realizado con materiales reciclados, iluminado sólo de forma natural y regado mediante recogida de agua de lluvia. La estructura formada por cilindros de cartón hace a la vez de macetas para plantas y dispositivos de conexión vía móvil o dispensadores de zumo natural. Public Farm pretende educar a miles de visitantes del museo, con el único medio del jardín sostenible. Esta simple intervención en un espacio público (del museo) está teniendo muchísima repercusión mediática, aunque sea un proyecto temporal. Numerosas organizaciones americanas se han ofrecido a colaborar en el proyecto para dar seminarios de educación ambiental, o colaborar en la plantación y cuidado del jardín.

www.publicfarm1.org/

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Vacant lot, 2008 Londres

Vacant Lot es una investigación de las posibilidades de uso de terreno agrícola en las ciudades. Forma parte del Festival Love London. 70 bolsas de obra con 500 kg de tierra cada una se desperdigaron por todo Londres Este para formar jardines instantáneos. Los componentes de What if trabajaron con vecinos para crear redes de abastecimiento locales, que invirtieron unos 8 euros cada uno para plantar las semillas en cada saco. El proyecto es una forma de “grow your own” o planta tú mismo, filosofía que empezó con los jardines obreros pero que hoy en día, con la falta de espacio libre en las ciudades, sería imposible. Se crean de esta forma jardines temporales en solares en desuso, que no plantean problemas a la hora de desalojarlos para construir en un futuro en el solar.

www.what-if.info/VACANT_LOT.html

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Jardin du 104, 2008 Paris

El estudio de arquitectos y paisajistas argentinos afincados en Paris COLOCO ha diseñado un jardín participativo en los patios ingleses del centro de arte 104 de Paris. Mediante paseos de educación ambiental con vecinos del barrio 19 en Paris, se recogen plantas, semillas y esquejes que se plantan en el de “acogida” del centro de arte. Se han previsto 3 momentos de recogida de plantas: octubre 2008, junio y septiembre de 2009 por los jardines compartidos de Paris. En los paseos, se irá descubriendo flora local que forma parte de la identidad del barrio, y a la cual normalmente no hacemos caso. Es una manera de apropiarse del centro de arte, aportando elementos del barrio, de desarrollar una actividad didáctica y de compartir una experiencia.

www.coloco.org/

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Happihuone, Oxygen room, 2007 Helsinki

El proyecto de Happihuone se desarrolló de 2000 a 2007, estando abierto al público durante el verano de 2007. Consistía en una casa “verde” de 3x3x3m y un jardín que servían de lugar de exposiciones de arte y diseño escandinavo, exposiciones, talleres, conferencias y debates. Las fuentes principales de ingresos son las ayudas del Ministerio de Cultura y las aportaciones de cada artista para exponer allí su trabajo. El centro sirve de plataforma educativa para asociaciones del barrio y ONGs, pero también como parque urbano temporal, muy cerca de la estación por lo que funciona también como zona de espera. Este espacio temporal ayuda así a crear un nexo de unión entre las personas interesadas, allí donde no lo hay.

www.locatinghelsinki.wordpress.com/ 2007/08/29/happihuone/

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EJEMPLO DE CONVENIO DE USO TEMPORAL DE SOLARES EN EUROPA

Carta Mano Verde de los Jardines Compartidos de Paris Comisión Extra-Municipal Medio ambiente y Desarrollo sostenible Miércoles 11 de Junio 2003- Ayuntamiento Dossier de jardines compartidos- Mano Verde Intervienen: - Yves Contassot : adjunto del Alcalde encargado de Medio Ambiente, de Limpieza urbana, Espacios Verdes y del Tratamiento de Residuos. - Dirección de Jardines, Parques y Espacios Verdes: Claude Frisson, Antoine Cassard: Servicio de Paris-Naturaleza- Célula Mano Verde - Laurence Baudelet : consultora - Claire Deffontaines, Claudine Raillard : Jardin Nomade Trousseau-Delescluze; asociación del barrio de Saint-Bernard Proceso participativo El Ayuntamiento de Paris desea favorecer el desarrollo de jardines compartidos apoyándose en un proceso de concertación y de implicación fuerte de sus habitantes. El Ayuntamiento apoya los jardines colectivos en toda su diversidad, ya sean jardines de vecinos del barrio, jardines pedagógicos, de inserción de personas desfavorecidas, jardines familiares u otros, en la medida que el jardín sea el fruto de una creación colectiva y concertada. La participación de los habitantes en la vida del jardín (plantación, fiestas, eventos culturales…) y en la gestión del lugar, será favorecida y deberá permitir el desarrollo de la presencia vegetal en la ciudad. Esto se inscribe en el marco de un desarrollo sostenible para la ciudad. Creación de un vínculo social Un Jardín Compartido es un lugar abierto al barrio que favorece el encuentro entre generaciones y culturas. Un Jardín Compartido contribuye a valorizar los recursos locales, tejiendo relaciones entre varias estructuras: asociaciones, lugares de enseñanza, asilos de ancianos, centros sociales, hospitales…

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Respeto del medio ambiente Un Jardín Compartido es un terreno de experimentación para prácticas respetuosas con el medio ambiente. El jardín participa en el mantenimiento de la biodiversidad del medio urbano y a la difusión de sus conocimientos. Anexos El Ayuntamiento ha puesto en práctica el programa Mano Verde para ayudar a la creación de proyectos que deseen inscribirse en el marco definido por esta Carta. La asociación tendrá el apoyo del Ayuntamiento (Dirección de Parques, Jardines y Espacios Verdes) lo que implica: -

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Si fuera necesario, un asesoramiento metodológico por una asociación que sirva de referente, que tenga competencias en este ámbito. Un logo Mano Verde. El jardín será integrado en la red de Mano Verde de los jardines compartidos de Paris. Beneficiará también de intercambios de documentación sobre el tema y recibirá información sobre los programas de clases de jardinería. Podrá estar asociado a manifestaciones culturales organizadas por el Ayuntamiento. Un asesoramiento técnico, así como consejos prácticos respetuosos con el medio ambiente, adaptados a Paris. Un convenio sobre el modo de empleo que será adaptado a cada jardín, según las diferentes modalidades de jardín presentadas en esta Carta.

Firmando este convenio, la asociación se convierte en miembro de la red Mano Verde y se compromete a respetar los puntos siguientes: Convivencia: - Organizar al menos un evento público por estación del año Apertura al público: - Abrir el jardín cuando alguno de los miembros de la asociación esté presente. - Abrir dos medias jornadas a la semana, de las cuales una de ellas sea preferentemente en fin de semana. Comunicación: - Colocar de manera visible el nombre del jardín, las formas de acceso (minusválidos, carritos, perros, etc.) las actividades propuestas y las fechas de reunión de gestión. - Colocar el logo de Mano Verde en el jardín Funcionamiento: - Elaborar colectivamente y poner en conocimiento de todos, las reglas de funcionamiento del jardín

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Gestión del lugar: - Mantener el jardín en buen estado, quitando escombros y deshechos. - Privilegiar una gestión ecológica del lugar (evitar los productos fitosanitarios, pesticidas, y abonos químicos, las pérdidas de agua, hacer compost comunitario, plantar según el sol y el clima…) - Controlar que los usos del jardín estén en conformidad con el propósito para el que el jardín ha sido concebido (que no haya aparcamiento, que no se habite en él…) Varios: - Hacer un seguro de responsabilidad civil. Se hará una evaluación de la gestión del terreno cada año y se hará un resumen para la comisión de desarrollo de Mano Verde. Jardines Mano Verde Convenio de usos Para la gestión de un jardín colectivo de barrio Entre, el Ayuntamiento de Paris por un lado, representado por el Alcalde de Paris, domiciliado en la Avenue de la Porte d’Auteuil nº3, 750016, actuando en virtud de la deliberación del Congreso de Paris de fecha XXX Y la Asociación de Vecinos de la Butte Bergeyre, por otro, constituida el 29-09-2000, por la Oficina de Policía de Paris el 4 de octubre de 2000, representada por su Presidente Gérard Chouchan y domiciliada en Rue Rémy nº12 de Gourmont, aquí designada como “La Asociación” Se expone lo siguiente: 1. Objeto: a/ El presente convenio detalla las disposiciones del Ayuntamiento de Paris, a título irrevocable, de un terreno llano situado entre los números 70 y 78 de la rue Georges Lardennois, con una superficie de 150m2, tal y como figura en el plano anexo a este convenio. b/ Este terreno está a disposición de la Asociación para uso de jardín biológico y de reencuentro de vecinos, de acuerdo con el espíritu de la Carta Mano Verde de jardines compartidos de Paris, carta a la cual la Asociación se adhiere. Este convenio constituye la autorización de ocupación de un espacio público, concedido a la Asociación de manera gratuita para permitirle desarrollar las actividades descritas en el capítulo 4.

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2. Aporte de material por el Ayuntamiento : Además de la parcela proporcionada, el Ayuntamiento pone a disposición de la Asociación: Una acometida de agua Una valla de cierre permeable a la vista, con una sola puerta en función de la superficie reducida que tiene el solar en cuestión. Tierra para plantar Panel en la puerta del lado de la calle G. Lardennois, Recogida selectiva de residuos. No se facilitará NINGÚN banco ni asiento. a/ se establecerá un estado previo del lugar por las dos partes del convenio con la misma fecha que la firma del presente documento. b/ el Ayuntamiento se encarga de asegurar los trabajos de gran envergadura como el cuidado de la verja y de la red de agua potable. 3. Duración: a/ Esta convención tiene una duración de un año, prorrogable por tácita reconducción hasta tres años máximo. Esta convención toma efecto a partir de la firma de la misma por ambas partes y del momento en que se efectúe la transmisión de documentos del seguro previsto en el artículo 5. b/ La Asociación debe transmitir cada año una relación de las actividades desarrolladas al Ayuntamiento, para poder tramitar la reconducción. A la vista de este documento, los representantes del Ayuntamiento juzgarán lo oportuno de dicha reconducción. c/ La convención puede ser rescindida antes de tiempo por cualquiera de sus partes, con un preaviso de tres meses, por cualquier motivo de interés particular o general. Esta rescisión no podrá dar lugar a ninguna compensación económica. d/ El tiempo de preaviso no puede ser impuesto al Ayuntamiento en caso de falta grave y manifiesta por parte de la Asociación, a las obligaciones estipuladas en el presente convenio. En caso de producirse una falta grave, y después de intentar infructuosamente un consenso, la Asociación deberá liberar el lugar y devolverlo en su estado original en los 15 días siguientes a la demanda del Ayuntamiento. 4. Actividades y objetivos de la Asociación: a/ La Asociación podrá organizar en el jardín las actividades siguientes: - jardinería (flores y/o huerto, por cuenta propia) - reuniones de información sobre los últimos avances de la asociación (carteles con las fechas, a lo largo de la valla exterior). - proposiciones: cuentacuentos, astronomía, historia del lugar por sus habitantes más ancianos… b/ La Asociación tendrá por cometido organizar y poner en práctica sus actividades. Comunicará de forma regular el calendario de las mismas al Ayuntamiento. La Asociación se encargará de informar al Ayuntamiento de todo periodo vacacional en la utilización de jardín.

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c/ Todas las actividades de naturaleza comercial o publicitaria están prohibidas, salvo consentimiento expreso del Ayuntamiento. d/ Toda construcción o arreglo de parte techada deberá ser autorizado por el Ayuntamiento y deberá asimismo ser transportable y desmontable. 5. Obligaciones de la Asociación: a/ La Asociación llevará a cabo sus actividades de manera que no perjudiquen a la vecindad, especialmente por la noche. b/ Se encargará de mantener el jardín y los posibles equipamientos en buen estado y limpieza. Toda modificación importante de la estructura estará sometida al acuerdo del Ayuntamiento de Paris. c/ El acceso y aparcamiento de vehículos al lugar están terminantemente prohibidos. d/ Debe existir un nivel alto de respeto hacia el medio ambiente: evitar los productos fitosanitarios, pesticidas y abonos químicos, ejercer la recogida selectiva de deshechos, hacer compost comunitario, plantar según el sol y el clima, gestionar de manera económica los recursos naturales (en particular el agua, que está al cargo de la Asociación). Ninguna actividad debe contaminar el suelo. No se permite hacer hogueras. e/ La permeabilidad de la valla desde el exterior debe mantenerse como tal. f/ La Asociación debe colocar sobre la verja de cierre su nombre, el logo Mano Verde y las modalidades de apertura al público. Debe colocarse también un boletín de información sobre las actividades desarrolladas. g/ La Asociación se compromete a respetar todas las consignas de seguridad dadas por el Ayuntamiento. h/ La Asociación debe asegurar la responsabilidad de los daños de toda naturaleza imputables al uso que haga del jardín y de los equipamientos puestos por el Ayuntamiento. Debe transmitir al Ayuntamiento una copia de la póliza de seguro suscrita como responsabilidad civil. El consumo de los vegetales cultivados en el terreno se hará bajo la única responsabilidad de la Asociación. 6. Apertura del jardín: a/ las llaves del jardín se darán sólo a la Asociación, una vez presentados los documentos del artículo 5h, y si fuera necesario para el buen funcionamiento del jardín, se darán también a las personas autorizadas por el Ayuntamiento. b/ En presencia de una o varias de las personas reflejadas en esta convención, se permitirá el acceso al jardín, un mínimo de dos medias jornadas por semana, de las cuales al menos una de ellas deberá ser sábado o domingo. En ausencia de dichas personas, el terreno permanecerá cerrado.

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c/ El jardín estará cerrado en principio por la noche, salvo autorización expresa del concejal de la célula Mano Verde. 7. Corresponsales de la Asociación : Los servicios del Ayuntamiento serán corresponsales de la Asociación :

- la Junta de___________de administración de Parques, Jardines y Espacios verdes, representada por__________ - la célula de Mano Verde del servicio Paris-Naturaleza representada por_____________ La Asociación será representada por (corresponsales en el seno de la Asociación).

La Sra./Sr__________________con domicilio en ________________________ teléfono en caso de urgencia ____________________ La Sra./Sr__________________con domicilio en ________________________ teléfono en caso de urgencia ____________________ La Sra./Sr__________________con domicilio en ________________________ teléfono en caso de urgencia ____________________ La Sra./Sr__________________con domicilio en ________________________ teléfono en caso de urgencia ____________________

8. Litigios: Los litigios que pudieran surgir a partir de la ejecución del presente convenio y que no pudieran ser resueltos de manera amistosa, serán es llevados a la jurisdicción administrativa competente. Paris, el ____ de ____________ de 200__ Firmado por la Asociación y el Alcalde de Paris- Naturaleza.

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INFORMACIÓN Y NOTICIAS DE LAVAPIÉS

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EL BARRIO DE LAVAPIÉS, LABORATORIO DE INTERCULTURALIDAD - ANÁLISIS LAVAPIES Mayte Gómez, University of Nottingham La zona de Madrid conocida como "Lavapiés" forma parte del distrito Centro de la ciudad y de la subdivisión de éste en barrios, en concreto el de Embajadores, alrededor de la calle del mismo nombre [1]. Lavapiés no tiene personalidad administrativa como tal; no es distrito ni barrio: tan sólo es una plaza, una estación de metro, y unas calles colindantes Sin embargo, tiene algo más y de manera mucho más visible y tangible que cualquier otra zona de Madrid. Lavapiés es un lugar mítico, una manera de vivir, un estilo, una historia una leyenda. Aunque la zona no existe oficialmente como barrio, tiene una personalidad inconfundible construida y aceptada por el imaginario colectivo de toda una ciudad y, posiblemente, de todo un país. Una de las ironías más profundas sobre Lavapiés es que se considere la quintaesencia del casticismo madrileño. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término "castizo" significa "puro" o "auténtico". Es decir, que en se imaginario colectivo sobre el que se sostiene la identidad del barrio, Lavapiés representa la esencia de lo que es pura y auténticamente madrileño. Sin embargo, la historia del barrio no es sino la de un proceso de inmigración así como de evolución cultural y étnica continuo, estable, y, por sobre todas las cosas, inconcluso. La referencia más antigua al nombre de Lavapiés, alrededor de los siglos XIV y XV ("Ava Piés", "Lava Piés") describe una plaza de la que emergía un barrio judío (por la Calle de la Sinagoga, hoy día Calle de la Fé) y otro árabe (por la actual calle de Ave María). Una muralla cercana separaba estas zonas del resto de la ciudad, y, presumiblemente, de los barrios cristianos. El nombre del lugar hacía entonces referencia a la fuente que se encontraba en la plaza principal, donde los cristianos que querían entrar en la zona judía debían purificarse lavándose los pies. Parece ser que durante las persecuciones del año 1391, se destruyó la Sinagoga principal de la zona, sobre las ruinas de la que se erige la actual iglesia de San Lorenzo (Enciclopaedia Judaica, Tomo 11 col. 682). Tras la expulsión de árabes y judíos, el barrio pasó a recibir inmigración interna, especialmente andaluza, y la mezcla de los nuevos inmigrantes con los oriundos del lugar dio como resultado lo que luego se conocería como la "manolería", o lo que Armando Vázquez ha llamado el "arquetipo social del Madrid castizo" (82), una clase social que provenía de los estamentos más bajos pero que pronto se convertiría en la aristocracia de la clase trabajadora por su "ingenio y [sus] travesuras (...) despertando su natural sagacidad, su desenfado y su arrogancia", por lo que también se les conocería como los "chulos" (Enciclopaedia Judaica, Tomo 11 col. 682). Tras varios siglos en los que Madrid, como metrópolis imperial, se convirtió en ciudad de paso para muchos "viajeros, visitantes e inmigrantes" que dejaron su huella en la capital y en los barrios más céntricos (del Corral 130), el Lavapiés que conocemos hoy día se empezó a forjar en el siglo XIX con la llegada masiva de inmigrantes de toda España. El hecho de que esta población inmigrante fuera en su mayoría campesina o trabajadora dejó en la zona la marca indeleble de la marginalidad, entonces simbolizada por los establecimientos comerciales populares y las sencillas viviendas (que hoy han pasado a considerarse "infraviviendas") en forma de corralas.

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El proceso por el cual se ha llegado a denominar "castizo" a este barrio de Madrid formado, como el resto de la ciudad, por inmigrantes de otras regiones y provincias españolas no es sino un ejemplo más del proceso de asimilación (una especie de "melting pot" a la madrileña, en el que el resultado de la mezcla es diferente a la suma de sus partes) a través del cual se ha construido la capital española. De hecho, la población de Lavapiés vivió tan de lleno este proceso de asimilación que, tal y como afirma Juan Salcedo, "el tema de la diversidad cultural [pasó] a segundo nivel de importancia (salvo en algún caso de extremo "ruralismo", que de hecho ha existido), adquiriendo la segregación económica o de clase la importancia fundamental". Más de un siglo después de que la inmigración nacional dejara tal impronta en la zona, el Lavapiés del siglo XXI – mucho más sofisticado que en todas sus etapas anteriores – está habitado por, al menos, cuatro grupos sociales bien marcados y diferenciados, en todos los cuales el barrio suscita la misma pasión. En primer lugar, están los inmigrantes nacionales y sus descendientes, una población ya envejecida a la que todo el mundo – incluso ellos mismos – conoce como "los vecinos de toda la vida". En segundo lugar se encuentran los "nuevos vecinos", inmigrantes internacionales que empezaron a llegar a Lavapiés en los años sesenta y setenta, pero que protagonizaron un auténtico boom migratorio alrededor de 1995, hasta llegar a ser hoy día casi la mitad de la población del barrio. Esta segunda ola de inmigración trajo nuevos ingredientes que marcaron Lavapiés con renovados aires de marginalidad, pues muchos de estos inmigrantes se encuentran en el país de manera irregular e intentando también dejar su huella en un lugar ya de por sí cargado de connotaciones culturales muy poderosas. Pero la marginalidad de Lavapiés no está marcada sólo por la presencia histórica de inmigrantes nacionales y la más reciente de los internacionales, sino también por la de una nutrida comunidad de activistas, cuyas ideologías y prácticas socio-políticas transcurren al margen del sistema. Agrupados bajo la denominación global de Red de Lavapiés – organización en la que confluyen discursos y prácticas okupas, feministas, de liberación lesbiana y gay, anti-bélicas, pro-vivienda, pro-República, etc. – los activistas del barrio sobreviven estoicamente – que no sin fisuras – a las muchas batallas perdidas contra la administración y sus autoridades. Es éste un grupo variado de hombres y mujeres de una edad media de cuarenta años que lleva varias décadas haciendo del barrio un auténtico laboratorio de democracia participativa, y que ha librado muchas luchas por crear y mantener espacios sociales y culturales auto-gestionados que puedan dar libre expresión a la multiplicidad de ideas e identidades que existe en el barrio. De entre estos proyectos, hoy sobreviven tres: La Eskalera Karakola, centro social feminista recientemente desalojado y reubicado por las autoridades; El Solar, literalmente un solar sin construir donde El Labo, centro socio-cultural auto-gestionado reiteradamente desalojado por las autoridades, vive ahora "en el exilio"; y La Biblio, proyecto errante de biblioteca popular, y aún sin hogar definitivo. La preparación intelectual de estos activistas es alta (algunos de ellos se dedican profesionalmente a la investigación y una amplia mayoría son profesionales) y está influida por las teorías situacionistas y su visión radical del uso del espacio urbano; el objetivo de sus acciones es permanecer a cualquier precio fuera del sistema y practicar la revolución no desde los grandes discursos y los grandes cambios, sino desde la práctica de la vida cotidiana, reclamando el acceso a los espacios donde interactuar como comunidad de ciudadanos y ciudadanas de manera libre, sin la intervención de las instituciones del estado.

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Acompañándolos a todos ellos, están los "novísimos vecinos" (según la terminología, no exenta de ironía, de los activistas del barrio), también conocidos como "nuevos colonos" (así se refirió a ellos un concejal del Ayuntamiento de Madrid), una nueva población de ciudadanos de clase media relativamente joven – rondando los treinta o cuarenta años – más o menos progresista en lo social y lo político, bohemia en grados diversos, posiblemente artística también, y que llega al barrio atraída por el mito de una zona céntrica que es "castiza", "progre" y "multicultural" a la vez, sin aparentes contradicciones, y en la que ellos pueden poner su toque cultural y artístico de connotaciones y tonos postmodernos. El contexto en el que se ha desarrollado la vida cotidiana para estos cuatro grupos sociales en los últimos años es el creado por el que quizá sea el más largo proceso de rehabilitación urbana oficial, diseñado y administrado por el Ayuntamiento de Madrid (aunque ejecutado también por subcontratas) cuyo objetivo, según el discurso oficial, es salvar la zona de la decadencia urbana que venía sufriendo, modernizando sus viviendas y su infraestructura. En realidad, el programa es una manifestación más – de las muchas que pueden encontrarse en la ciudad – del capitalismo monopolista de estado, cuya lógica no puede tolerar que las zonas centrales de la ciudad – atractivas por su diseño urbano histórico y por sus atracciones culturales tanto históricas como modernas – estén ocupadas por las clases más humildes viviendo en edificios antiguos, lo que impide que se pueda especular con el terreno. Es por ello que en Lavapiés se ha hecho necesario "el cambio de usos y el cambio de población relacionada con dichos usos" que, según Manuel Castells, el estado necesita como estrategia para intervenir en la remodelación urbana (Ciudad, democracia 171). Con esa intervención, el estado se convierte en "‘ordenador’ de la vida cotidiana de las masas" y agente de la "organización del espacio" (Movimientos 7) con el fin de originar la especulación del suelo y de la vivienda que necesita para conseguir sus objetivos. Con este "cambio de usos", las zonas céntricas de la ciudad pasan a ser "enclaves exclusivos y protegidos paramilitarmente para el atrincheramiento de las élites hegemónicas" (La sociedad red 479-481), proceso ya conocido como gentrificación. En el caso de Lavapiés, el objetivo de la gentrificación es que la zona pueda liberarse para siempre de su aire de marginalidad y pase a ser considerada como parte integral del trayecto turístico del centro de la capital, además de sede residencial de clases sociales más pudientes. En este contexto de antiguos y nuevos inmigrantes, activistas, yuppies, rehabilitación urbana, y gentrificación, en el que la tónica de la vida diaria viene marcada por la falta de servicios públicos, atascos de tráfico, suciedad en las calles, la desaparición del comercio tradicional, el "chabolismo vertical" (infravivienda en las corralas y otros edificios), "camas calientes" (inmigrantes turnándose para compartir no ya la casa sino la cama), precariedad laboral generalizada y violencia ocasional – por nombrar tan sólo algunos de los problemas más candentes en el barrio – ¿cómo podemos entender el Lavapiés de hoy día? En las páginas que siguen propongo, primero, hacer un diagnóstico del entorno físico del barrio, analizando el diseño y el uso cotidiano del espacio urbano que hace cada una de las comunidades que lo habitan, y reflexionando también sobre la manera en que esos diversos diseños y usos conviven unos con otros, a caballo entre el equilibrio y la tensión. Bajo esa difícil convivencia subyacen no sólo diferentes formas de relacionarse con el entorno urbano, sino también estrategias distintas – a veces, incluso, contradictorias – con las que construir Lavapiés como lugar de pertenencia, y hacer de ese lugar uno de los pilares sobre los que asentar la identidad individual y colectiva. El aparente caos que origina esta multiplicidad de usos urbanos, construcciones del espacio e identidades no es síntoma de crisis ni producto de una ruptura traumática y abrupta con el pasado histórico del barrio. Más bien al contrario, el aparente caos de Lavapiés no es sino una etapa más en el proceso intercultural que la zona ha vivido prácticamente durante toda su existencia. A través de un nuevo enfoque con el que entender y relacionar entre sí términos como interculturalidad, integración, participación y ciudadanía, puede encontrarse la manera de impulsar ese

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proceso en Lavapiés, a través no de la dispersión sino de la integración de sus fuerzas. Lavapiés: la pugna por el espacio urbano Como ya han debatido los geógrafos marxistas, la organización del espacio es producto de la sociedad de la que emana, al tiempo que, como estructura social, influye sobre las relaciones sociales. Es decir, en la relación entre un espacio urbano determinado y la sociedad en la que se crea y de la que es parte, hay un "flujo en dos direcciones", como diría Edward Soja, o una "dialéctica socio-espacial" . En ciertos contextos urbanos, esa "dialéctica socio-espacial" está marcada por la lucha de clases, pues el espacio no es sino la "expresión y escenificación" de "los intereses de la clase dominante según un modo de producción determinado y hacia un modelo de desarrollo concreto", al tiempo que "las formas del espacio [están] marcadas por la resistencia de las clases explotadas", por lo que surgen "movimientos sociales para (...) intentar nuevas funciones y nuevas formas". Una primera mirada sobre Lavapiés nos revela de inmediato la existencia de una poderosa "dialéctica socio-espacial" contemporánea: los intereses capitalistas de la clase dominante (representada en este caso por el estado y sus instituciones locales) se ponen de manifiesto en el espacio urbano del barrio a través del programa de rehabilitación y de la especulación inmobiliaria que desata. En respuesta, los grupos marginalizados (activistas, inmigrantes) resisten la intrusión re-ocupando (o, en algunos casos, okupando y re-okupando) el espacio, esté disponible o no, y reclamando los usos cotidianos de las zonas públicas colectivas – todo ello, por supuesto, con diferentes grados de conciencia y capacidad de auto-reflexión intelectual. No es éste el análisis que quiero elaborar, sino la premisa de la que quiero partir para posar sobre Lavapiés una mirada algo más profunda a través de la cual revelar una "dialéctica socio-espacial" mucho más compleja. En el corazón del barrio, el de "toda la vida", hay un espacio viejo, antiguo y decrépito, un paisaje urbano decimonónico cuyos iconos desaparecen como parte de un proceso evolutivo lento pero ineludible. Este "corazón" es, por naturaleza, tan estático e inamovible como perecedero. De él emanan cuatro procesos transformadores que, lejos de sucumbir al estatismo, fuerzan al barrio a evolucionar hacia nuevas formas y representaciones. El motor de estos procesos transformadores es un conjunto de cuatro fuerzas centrífugas que buscan transformar el espacio urbano del barrio – y con ello, por ende, dirigir sus futuros destinos – hacia cuatro direcciones opuestas, creando, en el proceso, un espacio intensamente atormentado. En primer lugar, el programa oficial de rehabilitación, en su intento de renovar el espacio urbano, se adentra en lo más profundo de ese corazón decrépito para intentar devolver al barrio su antigua gloria castiza, aunque modernizando las infraestructuras. Así, la rehabilitación consigue que las antiguas ruinas de las Escuelas Pías, en la muy sufrida Plaza de Agustín Lara, se conviertan en una moderna biblioteca de uso exclusivo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), recuperando una imagen clásica y dotándola de aires modernos y funcionalidad. En segundo lugar, los diferentes grupos de activistas han venido marcando Lavapiés durante décadas con el sello inconfundible de su visión democrática de la cultura, abriendo espacios de interacción social y cultural (los varios Labos, numerados del uno al cuatro, hasta que se llegó al Labo en el exilio), marcando el espacio con lugares irreverentes, conscientemente anárquicos, siempre en zonas sin edificar o en construcción, que no se pudieron acondicionar completamente por falta de medios. En tercer lugar, las nuevas generaciones de inmigrantes, ajenas a la tradición del barrio y portadoras de una memoria cultural muy diferente, además de heterogénea, participan en la creación (no necesariamente consciente, y desde luego en absoluto planificada) de un espacio moderno pero sobre todo multifuncional, diseñado para cubrir necesidades inmediatas tales como las de servicios y comercio. Esta funcionalidad urbana multicultural está haciendo que las calles de Lavapiés no sean ya muy

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diferentes a las de cualquier barrio de ciudades con una larga historia de inmigración internacional como Londres o Toronto. Por último, los novísimos vecinos añaden al espacio urbano sus centros artístico-culturales, en su mayoría en la calle Argumosa y Olivar, con una ética y estética diferente a la de los activistas: en sus librerías internacionales y progresistas con decoración "Nueva Era" conviven la política anticapitalista, el yoga y la cosmética natural; mientras que en sus galerías de arte muestran una combinación kitsch de fotografías de Warhol acompañadas de una selección de máscaras africanas. El resultado de que estas cuatro concepciones diferentes del espacio urbano converjan en la misma zona da lugar a diferentes "heterotopias", definidas por Michel Focault como "espacios característicos del mundo moderno" capaces de "yuxtaponer en un espacio real único muchos espacios diferentes, muchos lugares que serían, de otra manera, incompatibles". Es precisamente en una cadena de compatibilidades e incompatibilidades – de encuentros y desencuentros – que se materializa el tormento del espacio urbano de Lavapiés. Tal vez el desencuentro y la incompatibilidad más obvios sean los que puede observarse entre, por un lado, los espacios concebidos por el programa oficial de rehabilitación y, por otro, aquellos diseñados por los activistas de la Red de Lavapiés. Mientras la rehabilitación convierte plazas históricas en explanadas de cemento bajo las que construir parkings subterráneos, remueve las ya de por sí escasas zonas verdes, crea centros culturales y comunitarios de moderno diseño con programas pre-fabricados y generalistas y permite que los servicios sociales y sanitarios queden reducidos a la mínima expresión, los activistas convierten las plazas de cemento en escenarios para la movilización social, invaden los espacios abandonados para crear centros sociales anti-jerárquicos y abiertos en los que llevar a cabo un programa ajustado a la realidad local tal y como ellos la perciben, y movilizan a los vecinos para reclamar los servicios sociales que la zona necesita con urgencia, entre ellos un Centro de Salud. Por otro lado, la compatibilidad más obvia y el encuentro más sosegado entre estas fuerzas son los que tienen lugar entre el programa de rehabilitación y el estilo de los novísimos, ambos empeñados en ignorar, hasta cierto punto, la realidad presente del barrio. El discurso contradictorio con el que las instituciones oficiales justifican la rehabilitación arquitectónica de las Escuelas Pías reconoce, por un lado, que en un barrio de "fuerte carácter" como Lavapiés, "reforzado últimamente por una acumulación de substratos étnicos", no puede buscarse "soluciones complacientes de ‘diseño’, sino que resulta preciso (...) sumergirse en la enorme carga de referencias que la historia ha ido reflejando"; por otro, sin embargo, concluye que, precisamente por ello, la rehabilitación de las ruinas se ha basado en la búsqueda del poder expresivo "a través de valores primarios, intemporales e indiscutibles, como el material, la construcción y la luz, además de tener en cuenta el carácter descarnado, brutal e imponente del lugar y de la ruina" (Linazasoro 19; cursiva añadida). La renovación arquitectónica sostenida por esta visión contradictoria ha devuelto a la vida el diseño histórico de las Escuelas, al tiempo que ha inmortalizado su fachada en ruinas, con el efecto que tuvo la guerra civil en el edificio. Resulta difícil, pues, dilucidar cómo este proceso de rehabilitación ha tenido en cuenta los "substratos étnicos" que se dan cita en el Lavapiés moderno, casi setenta años después de la guerra. Para completar el proceso, el edificio se ha puesto al servicio de la UNED, una decisión que contribuye a mantener vivo el espíritu educativo del edificio original pero no sirve para cubrir las necesidades más urgentes del barrio. De la misma manera, las manifestaciones artísticas de los novísimos, aunque exquisitamente contemporáneas en estilo y concepción, se alejan también de la realidad presente de Lavapiés en su diseño y contenido. En la calle Olivar, las tiendas de los africanos o egipcios – tiendas sencillas, a veces caóticas y a veces inmaculadas – ofrecen productos y artesanía que parecen ser en su mayoría para consumo interno de una

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comunidad étnica determinada, aunque no se descarta que puedan atraer a los autóctonos. En la misma calle Olivar y también en la calle Argumosa, el estilo kitsch urbano de los novísimos recoge la esencia artístico-cultural de estas comunidades, las simplifica y esencializa y las expone para consumo casi exclusivo de los autóctonos. Lo que a la vuelta de la esquina es ordinario, en la galería de arte con tonos postmodernos se convierte en exótico. El exoticismo, por otra parte, hace que tal manifestación artística se perciba como foránea y no como una presencia cotidiana que forma ya parte del tejido social y cultural del barrio. Además, con la comercialización de estas expresiones artísticas, los novísimos crean tan sólo un aparente encuentro y una aparente compatibilidad con las manifestaciones culturales de los nuevos vecinos inmigrantes. En realidad, la relación que se crea es poco más que lo que Jean Baudrillard llamó un "simulacro", pues en las manifestaciones artísticas de las galerías de arte postmodernas se recoge una imagen sin esencia, casi sin significado, convertida en fetiche y en la que se ha perdido el referente. Pero en Lavapiés, como tal vez sea de esperar, las heteretopias destacan no sólo por ser acumulaciones de compatibilidades e incompatibilidades, sino también por poder transformar lo aparentemente incompatible en algo perfectamente compatible a través del ejercicio de la resistencia. Un ejemplo de esta resistencia es el que nos propone el local situado en la Calle Embajadores no. 31. En este solar, propiedad de una pareja de origen chino, se encuentra una tienda de artículos de textil, sin nombre propio visible y relativamente escondida tras el enorme decorado de adoquines que en su día anunciaba una peluquería. Hoy día, la vieja gloria del Madrid castizo brilla reluciente a todo color en el adoquín restaurado, mientras que en el interior del local opera con un objetivo mucho más funcional una tienda de textil anónima. La rehabilitación – aunque haya sido por iniciativa privada – ha conseguido recrear y revivir un estilo histórico que los inmigrantes chinos han podido fácilmente co-optar para uso propio, dándole un contenido funcional. Sólo con esa intervención/resistencia, puede la rehabilitación urbana establecer una conexión con el presente. La corta distancia que separa las Escuelas Pías de la peluquería/tienda es, en lo que se refiere a intenciones y resultados, todo un abismo. En otros casos, sin embargo, el ejercicio de la resistencia no crea compatibilidades ni aparentes ni reales, sino que más bien contribuye a poner de manifiesto el tormento que resulta de la lucha por el espacio. Muchos de los centros culturales, sociales o comunitarios regentados por el Ayuntamiento en el barrio de Lavapiés, e incluso alguno privado, se han construido en solares adyacentes a los que un día okuparan, o todavía okupan, los activistas con sus laboratorios auto-gestionados. Por ejemplo, en la Calle Olivar, el Centro Cultural Lavapiés (que pasa desapercibido para muchos de los nuevos vecinos del barrio) emerge triunfante y sólido junto al solar abandonado que los activistas han hecho suyo y llaman simplemente El solar. El Centro Comunitario Casino de la Reina, en la Calle del Casino, se esconde más que emerge en la parte posterior de un inmenso terreno que en su día fuera el Labo 2, y sobre cuyas ruinas se ha terminado un parking. El centro privado La Casa Encendida, en la Ronda de Valencia, da su espalda al solar que fuera el antiguo Labo 3, espacio que estuvo abandonado y vallado durante mucho tiempo, hasta que recientemente se construyó en él un nuevo edificio de apartamentos modernos. En estos espacios, en los que curiosamente muchos de estos centros culturales oficiales miran hacia fuera del barrio más que hacia dentro (El Casino de la Reina hacia Arganzuela, La Casa Encendida a la Ronda de Valencia – ambas ya zonas colindantes con Lavapiés), se observa la lucha que se ha librado por la construcción no ya de edificios culturales sino de visiones sociales y políticas extremadamente diferentes. En las ausencias visibles y en las ruinas que aún quedan o en las que se han cubierto con parkings o apartamentos se nota quién perdió la batalla. La pugna entre el Centro Cultural Lavapiés y El solar aún permanece, y los dos establecimientos, pared con pared, ofrecen dos visiones diferentes de la cultura y del uso del espacio. En El solar se reúnen múltiples grupos de la Red de Lavapiés, se hacen festivales alternativos de cine, se

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convoca a los vecinos para hablar de la rehabilitación de sus edificios, y, lo que es más importante, se abre el espacio para que lo usen todos aquellos que lo necesiten para cualquier actividad. Mientras, el centro oficial ofrece una programación típica diseñada en oficinas burocráticas centrales: clases de español para extranjeros (y en las que, por cierto, hay muy pocos alumnos), clases de inglés, apoyo escolar, etc. Los usuarios de uno y otro centro son, por supuesto, muy diferentes, y los del último apenas si tienen conciencia de la existencia de El solar. Aunque no pueda ya librarse una batalla contra el Centro Cultural Lavapiés, los activistas pueden, al menos, subvertir el poder oficial con el poder de su ironía: en el verano del año 2004, la Red de Lavapiés organizó un Festival de Cine Alternativo en El Solar, en el que la pared que comparten con el centro oficial se convirtió en una pantalla gigante y vino a salvar al colectivo de activistas de la falta de recursos técnicos. De manera sutil y profundamente irónica, con la mera proyección de las películas en la pared desnuda, la Red obligó al estado a proporcionarle una herramienta de gran valor estratégico para su programación, y a hacerlo, incluso, de manera parásita, sin tener elección. De la pugna por el espacio urbano a la negociación de la identidad Si cada uno de los diferentes grupos sociales que habitan Lavapiés ha creado o está en proceso de crear un espacio urbano diferente, con sus pugnas, ironías y "heterotopias", es porque, en primer lugar, cada uno de ellos tiende una mirada diferente sobre el barrio, y ésta les devuelve la imagen de un lugar diferente. Es por ello, que el diseño del espacio urbano – tanto si es oficial como alternativo, organizado o espontáneo – está sostenido por y enraizado en una concepción intelectual y emocional muy concreta del espacio físico, de su razón de ser, de su evolución pasada, su estado presente, y sus posibilidades para el futuro. Este concepto de "lugar", como señala Yi-Fu Tuan, es un "mundo de significado organizado" que produce una identidad determinada a través de un proceso en el que se "dramatiza las aspiraciones, necesidades, y ritmos funcionales de la vida personal y colectiva". Según Tuan, el espacio se convierte en "el componente espacial de una visión del mundo, una concepción de valores localizados dentro de los cuales la gente desarrolla sus actividades". El lugar que construyen hoy día los vecinos de toda la vida en sus paseos por Lavapiés es el de un "país extranjero". Para muchos de ellos, el barrio "ya no es como antes", ahora es "otro mundo" (muchos llegan a decir que es una "ciudad sin ley"). Algunos hasta afirman que, en realidad, la zona no puede ya llamarse "Lavapiés" – como si tal nombre fuera portador de una esencia incambiable e intransferible – sino que ahora debe llamarse un "barrio internacional". No reconocen a los nuevos vecinos. Antes, dicen, "éramos una familia fraternal" y "nos conocíamos todos". Estos vecinos perciben que ha habido una violenta usurpación del espacio y que se les ha arrebatado el barrio en el que se desenvolvían y en el que ellos habían sido, por supuesto, los protagonistas absolutos. Con bastante resignación, han construido nuevos espacios en los que compartir con personas de su misma cultura, lengua y edad. De la plaza que da nombre al barrio y que solía ser su punto de encuentro se han "exiliado" a la Calle Argumosa – considerada por muchos la calle "más burguesa" del barrio, casi exenta de inmigrantes internacionales y ya en los límites de Lavapiés, lindando con Atocha – donde han encontrado su nuevo hábitat. Cuando los vecinos de toda la vida fotografían su barrio, sus fotos reflejan no tanto lo que ellos ven hoy día, sino lo que alguna vez vieron y les gustaría seguir viendo: el Lavapiés de las muchas corralas – de las cuales ya quedan pocas, y sólo una visible; la plaza de Agustín Lara, donde

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"había una estatua del cantante", además de muchos árboles y bancos; la entrada del parque Cabestreros, "que era tan bonita" (y no se aventuran a fotografiar lo que ahora hay detrás del portón histórico – una plaza de cemento abandonada por las autoridades –, pues está lejos de su ideal de belleza). Sus fotografías reflejan un lugar ausente, el Lavapiés que fue y ya no es. En realidad, están fotografiando su propia nostalgia. El barrio que aparece en sus fotos está enteramente poblado de ausencias. Tuan explica experiencias similares a la de estos vecinos argumentando que el concepto de "lugar" es siempre "estático", pues si pudiéramos concebir el mundo como proceso en continuo cambio, nunca desarrollaríamos el apego a un lugar. Por ello, "cuando una persona (...) siente que el mundo está cambiando demasiado deprisa, su respuesta normal es la de evocar un pasado idealizado y estable", pues la "pasión por la preservación surge de la necesidad de tener objetos tangibles que sostengan la experiencia subjetiva de la identidad". Sin embargo, y todavía según Tuan, cuando la persona siente que es ella la que controla el proceso de cambio y las consecuencias de este proceso que le afectan más directamente, su identidad estará "sostenida por acciones más que por los recuerdos del pasado". Podría decirse, por ello, que frente a la visión "estática" de Lavapiés que construyen los vecinos de toda la vida, se encuentra la de los vecinos activistas, hasta cierto punto "sostenida por acciones" más que por los "recuerdos del pasado", y, sobre todo, por una gran capacidad de autoreflexión que proporciona cierta dosis de desapego y capacidad de ironía. Los activistas formulan un proyecto de futuro con el que contribuyen a construir una visión del barrio como ente en continua transformación, y cuya identidad, lejos de ser una esencia transcendental e inalterable, está en continua negociación. Aún así, sin embargo, en sus paseos por el barrio, los activistas plasman en sus fotografías no el Lavapiés de múltiples identidades, sino el Lavapiés como laboratorio de resistencia, es decir, su propio barrio. En los paseos, las viviendas rehabilitadas, cuyas historias internas conocen a la perfección, son de importancia monumental, pues muchas de ellas ilustran el poder de resistencia y negociación que los activistas han podido ejercer con las autoridades; también lo son las casas donde viven, que más que pisos compartidos son auténticos laboratorios de vida colectiva; la plaza como lugar de intervención y comunicación hacia los vecinos, así como lugar de encuentro; o los bares, que más que establecimientos de entretenimiento son centros sociales, especialmente los situados en la Calle Argumosa. Pero la manera en que los activistas construyen su barrio en las fotografías incluye también cierto grado de nostalgia, e incluso algunas ausencias. Para ellos, parte intrínseca de Lavapiés son los espacios donde solían estar los Labos, u organizaciones como Xenofilia (asociación de apoyo a inmigrantes que también ha dejado de existir). Los lugares vacíos que fotografían contienen, a menudo, la presencia fantasmal del edificio que fue, en su día, desalojado por las autoridades, y de esa presencia emana aún el recuerdo de un sueño frustrado y una batalla perdida, lo que produce un dolor emocional palpable. Aunque los activistas no sienten nostalgia por el pasado lejano, sí la sienten al contemplar los espacios en los que han quedado marcadas sus recientes derrotas. El barrio entero, para ellos, está también poblado de estas ausencias, símbolos de lo que pudo llegar a ser y también de una época de activismo que en ocasiones se percibe como más dinámica de lo que es hoy día. El lugar que crean en sus fotografías los nuevos inmigrantes es el de menor carga nostálgica, aunque no por ello exento de emociones. En sus paseos, celebran la multiculturalidad del barrio y la presencia masiva en las calles de personas de todas las etnias, lo cual da a la zona una vida

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y un ajetreo que contribuyen a crear la experiencia subjetiva de "vivir en comunidad" – aunque también se lamenten de que una de las razones de esa presencia en las calles sea la falta de vivienda digna. En sus fotografías, estos vecinos plasman su visión del barrio como un lugar multicolor, hervidero de actividad y ejemplo perfecto de buena vecindad, en la que la mayoría de los espacios cumplen una función eminentemente práctica. En sus fotografías no hay ausencias sino posibilidades. Sus paseos nos llevan desde la plaza central al supermercado Champion´s, de allí a los locutorios, luego a los restaurantes de su nacionalidad o cultura, a las tiendas, a la mezquita, el centro médico, la farmacia, y de vuelta a la plaza. Para todos ellos, muchos de estos sitios son lugares de encuentro: de manera más obvia, en la plaza, pero también en los locutorios, donde se va no solamente a hacer una llamada sino también a socializar con los amigos de la misma cultura, a buscar trabajo, o a enterarse de los últimos cambios en la Ley de Extranjería. Por lo general, y salvo contadas excepciones, los nuevos inmigrantes no conocen lo que es una corrala ni saben decir dónde hay o hubo una. Tampoco saben en qué se ha convertido el nuevo edifico que se ha restaurado en la Plaza de Agustín Lara, al otro lado de la mezquita. Podría decirse que para ellos Lavapiés es un lugar sin historia, un barrio en construcción. Aunque cada una de estas comunidades construye un lugar diferente en el espacio urbano de Lavapiés, todas ellas tienen una experiencia en común: el entorno en el que viven es "portador de eventos de gran carga emocional" que se convierten, además, en "símbolos" importantes para la vida cotidiana. Por ello, todas ellas se relacionan con el barrio a través de lo que Yi-Fu Tuan ha llamado un sentimiento de "topofilia", definido como los "lazos afectivos que un ser humano siente hacia el entorno material". A través de estos "lazos", los habitantes de un barrio obtienen la "seguridad emocional" que les permite funcionar eficazmente en su entorno, y para ello necesitan "sitios distinguibles, reconocibles" en los que poder proyectar "emociones y significados" (Kevin Lynch, cit. en Yan Xu s/p). Los vecinos de toda la vida proyectan en el espacio el sentimiento de angustia por lo que el barrio fue y, según ellos, ya no es; los activistas comparten la emoción entre el dolor por lo que han perdido y el entusiasmo hacia aquello por lo que siguen combatiendo; y los nuevos vecinos se apegan al barrio como símbolo de la nueva vida que les proporciona su proyecto migratorio individual o colectivo. En todos los casos, la noción de lugar que construyen y a la que se aferran les sirve de apoyo para sostener una identidad individual o colectiva igualmente sólida. Esta conexión tan íntima entre la necesidad de construir una noción de lugar al que pertenecer y el deseo individual o colectivo de poseer una identidad con la que poder definirse a sí mismo en relación a los demás (y en el caso de Lavapiés podría decirse que el apego a la identidad colectiva es una de las fuentes de identidad individual) origina también una dialéctica de la que es difícil escapar. Efectivamente, una vez que el arraigo emocional a un lugar ha contribuido a que el individuo o colectivo construya su propia identidad, ésta última se proyecta de nuevo hacia el entorno físico, (re)construyendo éste según nuevos parámetros. El resultado es que el entorno físico no es ya tan sólo fuente de identidad sino que es también recipiente de ésta, cerrando así la relación dialéctica entre ambos. Es, precisamente, la naturaleza dialéctica de esta relación lo que hace que algunos de los protagonistas olviden por completo los dos procesos de identificación que han tenido lugar en direcciones opuestas – del lugar a la comunidad y de la comunidad de vuelta al lugar – y, por ello, perciban erróneamente que entre ellos y el entorno que habitan existe una relación de pura simbiosis: en el espacio urbano, de personalidad única, sólida, coherente y atemporal, habita una comunidad, igualmente coherente y homogénea, en perfecta armonía con él. Sin embargo, un espacio urbano tiene una evolución física, social, cultural, e incluso política, que se desarrolla, hasta cierto punto, independientemente de las proyecciones subjetivas que recaen sobre él desde las diversas comunidades que lo habitan. Lo que da a un lugar su especificidad, pues, como ha argumentado Doris Massey, no es la "historia internalizada" de la/s comunidad/es que lo habita/n sino el hecho

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de que ese espacio se haya construido "desde una constelación particular de relaciones sociales, que se han encontrado y se han entretejido unas con otras en un sitio concreto" y, por supuesto, a lo largo del tiempo. En el caso de Lavapiés, esta "constelación" tiene una larguísima historia en la que infinidad de relaciones sociales, culturales, políticas, religiosas y étnicas han dejado una profunda huella, y ha hecho del barrio lo que es hoy día. Desde los años en que Lavapiés fue zona judía y árabe, separada de los barrios cristianos por relaciones discriminatorias sancionadas por el estado, a los años en que las clases sociales más oprimidas de toda España encontraron refugio y "fraternidad" en la gran ciudad como consuelo para las penurias de su proyecto migratorio, pasando por el momento en el que el barrio comenzó a ser poblado por españoles de etnia gitana, o el que se convirtió en centro de experimentación artística y cultural postfranquista, hasta el momento actual en que nuevos inmigrantes buscan en el barrio exactamente el mismo refugio que sus predecesores, el barrio de Lavapiés ha construido un inmenso tejido social y cultural de carácter internacional, intersocial, interreligioso e interétnico que ha marcado su vida entera, más allá de lo que pueda haber proyectado en él una generación concreta. La subjetividad de este Lavapiés es, como diría Craig Calhoun, un "proyecto, algo siempre en construcción, nunca perfecto". Si Lavapiés tuviera un "relato" con el que "funda[r] y articula[r]" tanto su espacio físico como el simbólico, según nos propone Michel de Certeau sería el sostenido por la polifonía que han creado todos aquellos grupos sociales que han vivido en sus calles a lo largo de los siglos. No es éste un relato monolítico ni coherente, sino lleno de fragmentaciones, conflictos y contradicciones, tantas como identidades construidas por cada uno de sus protagonistas, ya sea en el ámbito individual o el colectivo. Las comunidades que habitan el Lavapiés contemporáneo están, hasta cierto punto, forzadas a confrontar su experiencia subjetiva con la fuerza arrolladora de este relato polífono, ya sea para aceptarlo, negarlo o ignorarlo. Los vecinos mayores se aferran a un relato diferente: el del Lavapiés castizo, con sus fiestas a la Virgen, sus chulapas, manolos, limonada y bandas de música, todo ello rociado con "fraternidad". El relato se mantiene vivo – aunque agonizante y sujeto tan sólo por el fino hilo de la nostalgia – y se perpetúa como el único posible con la expresión universalmente aceptada de "de toda la vida". Sostenido por el imaginario colectivo, el propio nombre del relato excluye la existencia de cualquier otro, pues sólo éste se percibe como profundamente arraigado en el pasado, lo cual le otorga autenticidad y el derecho indiscutible a la permanencia. Además, el contenido del relato se presenta como irrefutable: no tiene génesis, ni final, ni evolución posible: simplemente es. Los relatos de los activistas están por doquier, escritos en las fachadas de sus propios edificios, en el ciberespacio, en solares, en la calle – aunque las autoridades intenten borrar continuamente las huellas de su presencia. Este relato nos presenta un barrio de experimentación radical y política, un laboratorio único de democracia participativa, narrado por una multiplicidad de voces, y que excluye el estaticismo de manera radical. Para ellos, Lavapiés es un lugar en continuo movimiento, a veces dentro de unas fronteras urbanas visibles y a veces "en exilio". El nivel de conciencia social y política de los activistas, además de la auto-conciencia intelectual que les permite reflexionar sobre sus propios procesos y el efecto que éstos tienen en el espacio, hace que sus relatos incluyan también incoherencias y fragmentaciones. Son relatos que negocian continuamente su propia existencia con la de un Lavapiés que existe fuera del relato mismo – de ahí el interés de los activistas en relacionarse con todas las fuerzas del barrio, aunque, como veremos más adelante, en algunos casos este deseo se encuentra con serias dificultades. El relato de los inmigrantes internacionales, el más obviamente en evolución, es una historia de desafío y supervivencia, y se construye con su presencia en las calles, plantando cara a las autoridades y sus redadas, con la creación de comercios, de asociaciones, bares, peluquerías, y

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restaurantes, incluso "forzando" a algún comercio tradicional a poner sus letreros en varios idiomas. La voz de los que escriben este relato está algo menguada y sus creadores carecen de la necesaria agencia social para narrarlo. Sin embargo, es éste tal vez el relato más poderoso de Lavapiés, el más visible hoy día, y aquel con el que todos los demás están abocados a relacionarse. Cada uno de estos relatos – el castizo, el radical, el multicultural – tiene como origen y, además, reproduce continuamente una visión mítica del barrio de Lavapiés. En el caso de los activistas, el misticismo viene dado por el poder de la resistencia que ejercen en el barrio y por cómo han sabido mantenerla en el tiempo a pesar de todas las limitaciones y obstáculos. En el caso de los inmigrantes internacionales, Lavapiés se ha convertido en mito al difundir la idea del lugar como espacio de refugio y apoyo para la comunidad emigrada internacional, hasta el punto de que el barrio sea ya conocido entre los inmigrantes de origen subsahariano que se encuentran en los montes de Marruecos a la espera de poder cruzar la frontera con Melilla. Hasta cierto punto, también estos relatos crean un "espacio mítico" en el sentido que Tuan ha dado al término, al definirlo como una "construcción intelectual [que] ignora la lógica de exclusión y contradicción", pues aunque "[d]esde un punto de vista lógico (...) una entidad puede estar hecha de muchas partes (...) pero una de las partes no puede ser lo mismo que la entidad, (...) [e]n el pensamiento mítico, una de las partes puede simbolizar la totalidad y tener su potencia" (100). Son los vecinos apegados al relato del Lavapiés castizo los que de manera más obvia confunden una parte del relato global con su totalidad. Aunque la falta de interés de los vecinos mayores en adaptar su vida a la de otros "inmigrantes" cuya lengua y tradiciones desconocen es perfectamente comprensible a nivel individual y a nivel humano, no deja de ser parte de una conciencia social hasta cierto punto conservadora basada en la visión estrecha, subjetiva y limitada que ve el presente como algo estable, invariable y estático (como lo que "es" más que como aquello en lo que se ha "convertido" o que continua en proceso de transformación), más que como una mera parte de un todo mucho más grande que, aunque ya no visible, no carece de personalidad propia. Por supuesto, como señala Eduardo Gutiérrez, de la Red de Lavapiés, "no existe la idea de Lavapiés", sino que es algo que "ha cambiado a lo largo del tiempo". El casticismo ha sido "una construcción forzada", "parte de un discurso político". "En ese sentido" – afirma Gutiérrez – aquellos que ahora ven Lavapiés como un "'barrio internacional' tienen razón" pues ya no es éste el barrio que ellos conocen y, sin embargo, es "precisamente éste el barrio de Lavapiés como lo fue hace siglos". El misticismo creado por estos relatos se proyecta de nuevo sobre el entorno, creando un entretejido de relaciones y una frágil correlación de fuerzas: el "espacio mítico" que crea el relato castizo está siendo desestabilizado por el nuevo misticismo del relato multicultural, al tiempo que el relato radical puede sobrevivir aceptando ambos. Sobre todos ellos, por supuesto, se extiende el relato legitimizador de la administración, con el que defiende sus propios intereses y con el que reduce la fuerza de todos los demás. Una nueva mirada sobre Lavapiés: del caos a la interculturalidad El proceso por el cual la transformación espacial del barrio se dirige hacia cuatro direcciones centrífugas diferentes y sostiene, además, identidades incompatibles articuladas en relatos aparentemente irreconciliables, es un proceso que genera caos. El caos, por supuesto, puede entenderse como un obstáculo o como un arma política. Según Carlos Vidania, de la Red de Lavapiés, el barrio debe continuar siendo un "espacio en conflicto", pues ello es lo único que garantiza que ninguna de las tendencias sociales, políticas o urbanas que se ponen de manifiesto en el barrio llegue a estabilizarse y a imponerse a las demás, haciendo que la zona pase a tener una personalidad homogénea y única. Vidania se define a sí mismo y a sus compañeros y compañeras de la Red como "observadores de ese caos". Aunque por un lado, los activistas preferirían que este caos se sostuviera durante el mayor tiempo posible, para evitar que alguna de las fuerzas centrífugas

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anteriormente descritas se imponga sobre las otras, lo cierto es que también temen que la batalla la ganen la rehabilitación y los novísimos. Cuando esa victoria sea palpable, la segunda generación de inmigrantes nacidos en el barrio se habrá mudado ya a zonas periféricas de Madrid, los mayores habrán muerto irremediablemente, y el crecimiento de la especulación habrá hecho que la "gente progre" haya vendido sus casas y comercios y el barrio haya sido ocupado por tiendas de ropa de marca y quién sabe si incluso por los magnates de la globalización como McDonald's. Será, según Fernando Reyna, otro miembro de la Red, la "cultura del espectáculo", precisamente lo que los activistas, tan influidos por la filosofía situacionista, viven para combatir. En pocas palabras, la posibilidad de que la visión oficialista de Lavapiés sea la que gane terreno y se imponga es amplia. Por ello, cuanto más dure ese caos, mejor. Observar el caos y mantenerlo activo como estrategia de supervivencia es una propuesta intrigante y sugestiva, pero limitada. El caos impide, como los propios activistas señalan, que una de las visiones de Lavapiés se imponga a las otras y termine engullendo a las demás. Sin embargo, ese caos no impide el crecimiento de las visiones más totalizadoras ni garantiza el poder de resistencia de las más vulnerables. Mientras que el simulacro de multiculturalidad de los novísimos es relativamente anodino, el poder que ejerce el estado a través de la rehabilitación y la gentrificación no lo es. Y mientras que la resistencia por parte de los activistas está relativamente organizada y tiene cierta garantía de supervivencia en el tiempo, la de los inmigrantes no lo es tanto. Es necesario, por tanto, que de ese mismo caos surjan nuevas posibilidades que neutralicen el poder del estado y que alimenten la resistencia ciudadana. Mi propuesta es que este caos es simplemente un capítulo más en el relato polífono del Lavapiés histórico, y que es de ese caos de donde puede emanar la conciencia de que el relato ha sido y es, por sobre todas las cosas, una historia intercultural. Dentro del caos, que hoy parece ser indisoluble e impenetrable, y cuya evolución no parece llevar sino a la victoria de las fuerzas más retrógradas o las comercialistas, existe una semilla, aún relativamente inerte pero con un potencial incalculable, que puede servir para impulsar al barrio hacia una nueva etapa en ese proceso intercultural. En los círculos académicos españoles, parece haber un acuerdo general en definir una sociedad multicultural como aquella en la que conviven diversos grupos étnicos, culturales y/o religiosos en un espacio común (convivencia que puede estar definida, simplemente, por la aparente ausencia de conflicto) aunque estos grupos no se relacionen, se influyan o se mezclen unos con otros, e incluso aunque exista cierto grado de segregación. Por otro lado, una sociedad intercultural sería aquella en la que existe una interacción entre diversos grupos étnicos y culturales, independientemente del carácter mayoritario o minoritario de cualquiera de ellos, y en la que todos esos grupos se sienten integrados a una sociedad común. Según Francisco Herrera, la interculturalidad es "un estadio de la convivencia entre personas basado en la reciprocidad, además del intercambio propiciado por el respeto, el dialogo, la conexión y la participación entre personas de diferentes procedencias culturales", lo que crea "un normalizado reconocimiento cultural". Para Carlos Giménez, si la multiculturalidad consiste en la "diversidad cultural, lingüística y religiosa", la interculturalidad está basada en "relaciones interétnicas, interlingüísticas e interreligiosas", y si el multiculturalismo es el "reconocimiento de la diferencia", la interculturalidad es "la convivencia en la diversidad". Forzados a definir su barrio, los habitantes de Lavapiés también parecen haber hecho suyas estas definiciones, pues la mayoría afirma que Lavapiés es obviamente "multicultural" o "multiétnico" pero dista mucho de ser "intercultural" y, mucho menos, "mestizo". Wilfredo Contreras, uno de los promotores de la Coordinadora de Inmigrantes, organización militante con importante presencia en el barrio, afirma que Lavapiés no puede ser aún "intercultural", porque la interculturalidad no es algo que pueda darse con las primeras generaciones de inmigrantes llegados al

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país, sino que será el resultado de un largo proceso multi-generacional para el que hace falta "una suma de voluntades". Sin embargo, parece oportuno que antes de poder definir y entender el fen��meno cultural que significa Lavapiés, posemos otra mirada sobre el concepto de interculturalidad y que la veamos, no ya como el resultado de un largo proceso, sino como el proceso mismo, independientemente de su resultado. Al fin y al cabo, como indica Fernando Reyna, cuando "la barrera de la identidad no sea notable" no se podrá hablar de "interculturalidad" sino de "mestizaje". La interculturalidad podría definirse, pues, como un espacio transitorio entre el multiculturalismo (coexistencia de culturas y etnias) y el mestizaje (mezcla de culturas y etnias). Más que de una "sociedad intercultural" deberíamos hablar entonces de un "proceso intercultural" o una "transformación intercultural". En una sociedad en la que conviven varias culturas o grupos étnicos (multicultural), comienza un proceso a través del cual esas culturas se influyen las unas a las otras (proceso intercultural), integrándose todas ellas dentro de un nuevo modelo, cuyo resultado podría ser una nueva sociedad "mestiza". Esta nueva "sociedad mestiza" lo será no sólo porque sus habitantes tengan diferentes orígenes étnicos sino porque haya hecho realmente suyas diferentes prácticas culturales y sociales, y haya permitido que la sociedad evolucione influida por todas ellas. Si continuamos definiendo la interculturalidad como el resultado de un proceso, la conclusión ineludible es que el barrio de Lavapiés no es intercultural – conclusión a partir de la cual los más optimistas afirmarán que llegará a serlo y los más pesimistas podrán augurar que no lo será nunca. Sin embargo, si entendemos la interculturalidad como el proceso mismo, no sólo deberíamos afirmar que Lavapiés es intercultural hoy día (en la nueva realidad que se empezó a forjar a finales del siglo XX y que continua a principios del XXI), sino también que, en realidad, ese proceso es lo único que el barrio ha conocido durante toda su historia. De hecho, el proceso intercultural es la esencia misma de Lavapiés y es lo único que ha marcado al barrio de verdad "toda la vida". La interculturalidad es, verdaderamente, la fuerza motriz que subyace bajo el relato del Lavapiés polífono. El proceso intercultural que ha llevado al barrio a ser un lugar habitado por judíos y árabes en la Edad Media, por una población internacional durante los años del Imperio español, por gentes de toda la península a partir del siglo XVII, y de todo el mundo a partir de finales del siglo XX, ha sido la única constante en la zona durante siglos, aunque en un momento determinado de la historia del barrio haya podido verse como "judío", "castizo" o, con más resignación hoy día, "internacional". También es cierto, sin embargo, que los procesos a través de los cuales el barrio se ha transformado y ha evolucionado han sido muy diferentes entre sí. Por un lado, la manera en la que Lavapiés dejó de ser un barrio judío en el siglo XV fue abrupta y basada en la lucha social y política (encubierta bajo la purificación religiosa), mientras que la manera en la que el barrio llegó a conocerse como "castizo" en el siglo XX fue el resultado de una verdadera integración de varias culturas regionales hasta fundirse y crear una nueva, dando como resultado lo que hoy se conoce como "mestizaje". Aún así, a pesar de estos diferentes modelos de transición, puede afirmarse que el proceso intercultural es la única tónica de este barrio. El modelo evolutivo que nos propone Lavapiés destruye, además, el propuesto por algunas definiciones de interculturalidad, según las cuales una sociedad monocultural evoluciona hacia la multiculturalidad y de ahí a la interculturalidad. En el caso de Lavapiés – y esto podría también extenderse a la ciudad de Madrid, al estado español en su totalidad, así como a otros países – la premisa de la que el modelo parte es falsa, pues no ha habido momento alguno de monoculturalidad, sino un proceso constante de interculturalidad que ha llevado a la sociedad a evolucionar siguiendo diferentes patrones de mestizaje. La tienda de textil sita en la calle Embajadores 31, analizada anteriormente, es un buen ejemplo de cómo en Lavapiés las diferentes etapas de ese proceso intercultural han quedado recogidas en el espacio urbano.

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El "caos", tanto espacial como identitario, en el que está sumergido Lavapiés hoy día es tan sólo una encrucijada en el proceso intercultural del barrio, encrucijada que no niega el proceso en sí, sino que simplemente lo hace más obvio. No debe verse, por lo tanto, como un caos nihilista, sino como un caos fecundo, pues de él puede y debe nacer el impulso para seguir dando marcha al proceso. Que este impulso pueda darse o que el proceso se aborte depende de la organización de la resistencia. Los activistas ya han mantenido la suya brillantemente durante décadas, aunque con los altibajos comprensibles en un trabajo tan arduo y una lucha tan complicada. En esta nueva etapa del proceso, sin embargo, es necesario que la amplia comunidad de inmigrantes internacionales y sus activistas orgánicos también formen parte del tejido de la resistencia. Para ello, se hace ya ineludible una verdadera interacción y comunicación entre ellos y los activistas autóctonos de la Red de Lavapiés. La corta historia de las relaciones entre los activistas autóctonos de Lavapiés y las comunidades de inmigrantes en general – y los inmigrantes activistas en particular – es la de una trayectoria desigual, inestable e irresuelta. La relación comenzó de forma relativamente natural años atrás, con la creación misma de la Red de Lavapiés, entre cuyos promotores se encontraba la Asociación de Emigrantes Marroquíes en España (AEME). Posteriormente, los cuatro Labos y algunas casas okupadas contaron con la presencia de inmigrantes, en su mayoría marroquíes y latinoamericanos interesados también en el activismo político. Sin embargo, como señala Carlos Vidania, estos grupos "hacían política en el centro social, pero no política de centro social", por lo que los objetivos políticos nunca pudieron unificarse. Los Labos tuvieron también alguna oficina de información para inmigrantes, en las que se facilitaba información sobre derechos sociales o recursos, aunque se reconoce que los frutos fueron pocos. Una vez que asociaciones como AEME desaparecieron del barrio o abandonaron la Red, ésta siguió llevando a cabo algunos proyectos de intervención en la realidad social de la comunidad inmigrante, incluso la considerada más "dura" (indigentes, drogodependientes), y se involucró en luchas difíciles, como la de buscar una mejor convivencia en zonas conflictivas como la Plaza de Cabestreros. Sin embargo, a las convocatorias que los activistas lanzaron para organizar acciones concretas sólo respondieron algunas organizaciones, en su mayoría ONG autóctonas, lo que no facilitó que se llevara a cabo una acción global con los inmigrantes y sus representantes. La Red de Lavapiés también mantuvo la asociación Xenofilia, en la que participaron activistas autóctonos e inmigrantes con un proyecto no sólo asistencial sino también político, aunque tras su disolución ninguna otra organización similar ha tomado el relevo. El centro okupado de mujeres La Eskalera Karakola ha realizado también proyectos con mujeres inmigrantes – con objetivos intelectuales y político-reivindicativos más que asistencialistas – mientras que, a lo largo de su historia, La Biblio ha ofrecido clases de castellano para inmigrantes. A pesar de estos proyectos, la sensación generalizada es que falta mucho por hacer para conseguir una verdadera interacción entre los activistas de Lavapiés y las diversas comunidades de nuevos vecinos, y, más concretamente, los grupos activistas de origen inmigrante. Se reconoce que no se ha conseguido movilizar a la comunidad inmigrante, y que ésta no se involucran en la vida del barrio; se lamenta que la relación haya quedado sin cultivar, que queden muchos huecos por cubrir. El "flujo continuo" que caracteriza a la comunidad de inmigrantes es una de las razones por las que este encuentro no se hace particularmente fácil. Como apunta Carlos Vidania, "cuando estableces alguna relación con la comunidad, [ésta] cambia". Pero no es ése el único problema. Vidania también reconoce que los activistas de la Red "nunca [han] sabido hacer un diagnóstico sobre la vida que [los inmigrantes] quieren tener, [o sobre] qué proyecto de vida quieren". Vidania concluye que, en realidad, el problema es que el "modo de hacer política" de los activistas autóctonos y de los inmigrantes es muy diferente – prácticamente incompatible – por lo que para éstos últimos "es más fácil" relacionarse con las ONG asistencialistas, las asociaciones étnicas, o, como mucho, la Coordinadora de Inmigrantes.

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Sin embargo, ya ha existido una semilla importante de colaboración entre estas dos comunidades. Como respuesta al endurecimiento de la Ley de Extranjería por parte del gobierno del Partido Popular en el año 2001, un amplio abanico de organizaciones, que incluía la Coordinadora de Inmigrantes, sindicatos, partidos políticos, asociaciones barriales y sociales, y también la Red de Lavapiés, lideraron una movilización ciudadana, con una intensidad y entrega que no se han vuelto a repetir, y cuyo foco más importante fue una manifestación-protesta a la que asistieron más de 50,000 personas. Liderados por la Coordinadora de Inmigrantes, y con el apoyo de todas las demás entidades sociales que participaban en la protesta, cientos de inmigrantes "sin papeles", residentes regularizados y ciudadanos españoles [12] de varias comunidades autónomas (Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, entre ellas) se "encerraron" en diversas instituciones (colegios universitarios e iglesias, principalmente) para demandar la regularización del colectivo inmigrante – lo que en términos populares ha pasado a la conciencia colectiva a través de la consigna "Papeles para tod@s". Los encierros, que incluyeron además asambleas, reuniones, ruedas de prensa, y visitas externas a políticos llegaron a durar hasta cuatro meses, como fue el caso del que tuvo lugar en el pueblo madrileño de Getafe. El resultado fue relativamente positivo, pues tras los acuerdos firmados en Barcelona se consiguió la regularización de aquellos inmigrantes que hubieran residido en España desde antes del 23 de enero de ese mismo año, fecha en que se había aprobado la Ley de Extranjería. Aunque las organizaciones madrileñas insistían en demandar la regularización de todos los inmigrantes sin distinción, finalmente no pudieron sino aceptar lo acordado en Barcelona. En lo que se refiere al uso del espacio urbano, los encierros de inmigrantes representaron una convergencia perfecta de intereses y estrategias entre las comunidades de activistas autóctonos, los activistas inmigrantes, y los inmigrantes en general, pues hasta cierto punto los encierros fueron okupaciones del espacio urbano con el objetivo socio-político de demandar un importante cambio en el status legal de personas en situación jurídica irregular. Según Wilfredo Contreras, los encierros surgieron por la necesidad que los inmigrantes tenían de "hablar de sus problemas, como colectivo social, para ser protagonistas de sus decisiones [puesto que] son protagonistas de su desgracia". Se intentaba que la representación del colectivo de inmigrantes "sin papeles" que reclamaba sus derechos surgiera desde dentro del mismo grupo. Sin embargo, aunque el propósito de los encierros era el de hacer visible la lucha de los inmigrantes y darles a estos un lugar visible desde el que pronunciarse con su propia voz individual y colectiva, la participación de partidos políticos y sindicatos (según Fernando Reyna, a la búsqueda de su "tajada mediática") fue uno de los factores que hizo que en los encierros reinara la falta de entendimiento. Durante los encierros, los colectivos de inmigrantes más politizados y dirigidos por activistas inmigrantes experimentados entraron en conflicto con grupos sociales o políticos autóctonos, pues cada uno de ellos quería poner en práctica, según Carlos Vidania, una "concepción de la militancia" diferente. La organización de los encierros – siguiendo, tal vez, el estilo de la izquierda clásica – era jerárquica, algo que chocaba con el estilo de los activistas de Lavapiés, más acostumbrados a la democracia participativa y a la búsqueda del consenso. Estos últimos, además, consideran que los objetivos de los encierros no estaban claros, pues no se sabía quién pedía la regularización, si los autóctonos o los "sin papeles". Se estableció una "relación paternalista, aunque solidaria" entre ambos, al tiempo que, según Carlos Vidania, algunos inmigrantes militantes caían en la "hipermilitancia". Dado que ni los encierros ni otras actividades militantes similares han permitido a ninguna comunidad, según Vidania, "plegar [su] modo de vida político", ambas parecen destinadas a "participar" en la medida de lo posible en los proyectos de otros, pero no a "tener iniciativas conjuntas", puesto que es imposible que "grupos de política muy marcada" puedan colaborar con otros de características tan diferentes. Vidania

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lamenta que no existan los "canales de comunicación" necesarios para solventar esta dificultad. La Red de Lavapiés "está obsesionada por abrir esos canales", pero el momento adecuado no parece llegar nunca. El "cansancio y la falta de fe" en que se pueda llegar a encontrar estas vías de comunicación y un estilo de trabajo compartido hacen que no se cree ninguna alternativa al statu quo, y en el barrio convivan diferentes escuelas de militancia política sin comunicación entre ellas. No ha habido mucha "imaginación" ni "capacidad" para establecer "lazos continuos de colaboración". A lo único que pueden aspirar, se resigna Vidania, es a que ambas comunidades sean fuertes y trabajen paralelamente, "aunque sea con diferentes referentes". Sin embargo, que el "caos" de Lavapiés termine con la victoria de las visones más totalizadoras (aunque se pueda posponer esa victoria el mayor tiempo posible) o que sirva para impulsar al barrio hacia una nueva etapa de su proceso intercultural histórico depende, precisamente, de la existencia o la falta de estos "referentes" comunes. Si los "lazos continuos de colaboración" entre las dos comunidades de activistas (inmigrante y autóctona) no mejoran, ambas se quedarán solas en un barrio catapultado por la rehabilitación y el postmodernismo de los novísimos, practicando dos modalidades diferentes de activismo social y político en medio de un mirage de multiculturalidad y un espejismo de diversidad. La posibilidad de que el estado (a través del Ayuntamiento, su agente local) imponga la "modernización" y, con ella, la gentrificación de la zona, además de la posibilidad de que el proceso intercultural de Lavapiés quede atrofiado y reducido al exoticismo, es el más poderoso "referente" común para todos los activistas, tanto de origen autóctono como inmigrante, así como para los inmigrantes mismos. Una de las razones por las que no se han encontrado todavía esos "referentes" comunes es la relación de desigualdad que existe entre ambas comunidades, pues los inmigrantes y sus asociaciones u organizaciones políticas no son aún un movimiento social con el mismo nivel de organización y el mismo reconocimiento que el movimiento de activistas autóctonos, por lo que tampoco tienen el impacto social y político que necesitan para llegar a convertirse en una fuerza con agencia en el barrio. Como ha afirmado Mark Traugott, un movimiento social no lo es simplemente porque los interesados salgan a la calle, sino además porque a través de esa presencia en el espacio público se afirme "que no se acepta el orden existente; que no se acepta la normalidad de los cauces de reclamación social en los que se esfuman las víctimas de los agravios; que no se acepta la normalidad consistente en que sean otros los que dicen qué es lo que debe ser soportado, y qué es lo que debe ser exigido. Que no se acepta, en definitiva, el fin del protagonismo de la sociedad" (xii). Además, como ha indicado María Jesús Funes Rivas, un movimiento social es "creador (...) de cambio social en la medida en que sus denuncias reactivas (frente a injusticias, o retrocesos) y propuestas proactivas (impulsadas por intereses, valores o utopías) inciden finalmente, en mayor o menor medida, en el conjunto de la sociedad", para llegar a tener un "limitado pero importante poder agencial (…) como actores transformadores" . Así pues, sólo convirtiéndose en movimiento social podrá la comunidad inmigrante de Lavapiés organizar la acción social y política que necesita para superar – aunque no negar – el servicio asistencialista, y contrarrestar el poder que se ejerce desde otras instancias. La Coordinadora de Inmigrantes ha plantado la semilla de esa militancia política, y las marchas y encierros del año 2001 fueron el mejor fruto en los comienzos. Es ahora necesario retomar la esencia de esos esfuerzos para crear nuevas resistencias. En los diversos debates académicos sobre los movimientos sociales se manejan algunos conceptos que pueden ser útiles a la hora de reflexionar sobre Lavapiés. Uno de ellos es el concepto del "momento de locura", propuesto por Aristide Zolberg, quien lo define como un instante en el que "todo es posible", en el que "cae el muro entre lo instrumental y lo expresivo (...) la política rompe sus cadenas e invade la vida entera" y "los animales políticos transcienden de algún modo su destino" (183). Otro concepto útil es el de "repertorio", propuesto por Charles Tilly para definir el "conjunto completo de medios que tiene un grupo para efectuar demandas de distinto tipo ante diferentes

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individuos o grupos" (4). Tomando prestados ambos conceptos, podría decirse que los encierros y manifestaciones del año 2001 fueron un "momento de locura" del colectivo inmigrante de Madrid y los activistas inmigrantes que los representan, en los que se adoptó una estrategia (la okupación de un espacio con el objetivo de reclamar un cambio en el statu quo social) sacada de un "repertorio" compartido con los activistas autóctonos de Lavapiés. Como ha reflexionado Sidney Tarrow, "a menudo se pasa por alto una cuestión importante en relación con estos momentos: la de su vinculación con el desarrollo histórico del repertorio de contestación" (100). Es decir, lo conseguido durante los encierros no debe considerarse como un simple instante de iluminación en el que se consiguieron algunas cosas y se pusieron de manifiesto otras tantas limitaciones y contradicciones, sino que puede y debe servir como herramienta para construir y avanzar el "repertorio" mismo de actos disponibles para ambas comunidades de activistas. Con un "repertorio" en pleno funcionamiento, impulsado por el ocasional "momento de locura", el movimiento social inmigrante puede llegar a construir en el contexto específico de Lavapiés, al igual que lo han hecho sus compañeros autóctonos, lo que Manuel Castells ha llamado una "identidad de resistencia" (Power of Identity 8). Esta "identidad", generada por los actores sociales cuya posición o condición está devaluada o estigmatizada por la lógica de la dominación, se crea en respuesta a las acciones de la "identidad legitimizadora" de las instituciones dominantes, con las que éstas pretender extender y racionalizar su dominación. La "identidad de resistencia" es siempre una "identidad de proyecto" a través de la cual los actores sociales redefinen su posición en la sociedad para transformar las estructuras sociales (Ibidem). Para la comunidad inmigrante de Lavapiés esta es la única identidad, sin duda, que les puede proporcionar la necesaria agencia social y política. Así pues, la experiencia de la Red de Lavapiés como movimiento social es indispensable para que también las comunidades de inmigrantes puedan llegar a serlo. Sin embargo, también la Red puede aprender de la realidad social de la comunidad de inmigrantes e intentar evolucionar hacia un punto de encuentro con ella. A pesar de que hacer política de centro social no es, evidentemente, lo mismo que hacer política en un centro social, también es cierto que la intervención social y política en el barrio de Lavapiés necesita mucho más que una política de espacio. La pureza política e intelectual de la Red de Lavapiés es abrumadora y digna de admiración y elogio, pero la realidad del barrio es que hay un activismo más amplio al que atender, que aunque la política del espacio es importantísima y debe mantenerse, no es la única política posible y, mucho menos, la única necesaria. La Red busca, hasta cierto punto, una resistencia que es heterogénea en contenidos pero homogénea en un principio innegociable. Ni la transformación de la comunidad inmigrante en movimiento social, ni la incorporación de nuevas estrategias por parte de los activistas autóctonos garantiza, por supuesto, que se pueda hacer desaparecer la fuerza del estado. Como afirma Manuel Castells, tal empresa es imposible, pues el estado siempre sobrevive como "regulador" de las relaciones sociales y de las "contradicciones" que existen en un espacio urbano determinado (Movimientos 9). Es cierto que, mientras dure el caos, el papel regulador de las contradicciones del estado será más difícil, y – como afirma Vidania – ninguna de las opciones podrá imponerse. Sin embargo, también es necesario tener en cuenta que el estado no necesita imponer su poder aniquilando las otras fuerzas, sino que puede controlarlas, incluso permitirles cierto espacio de expresión y vías de desarrollo, manteniéndolas siempre bajo control y co-optándolas en el sistema, en todo lo cual los estados capitalistas contemporáneos tienen más de un siglo de experiencia. Se trata, pues, de contrarrestar la fuerza del estado, pero de hacerlo no ya manteniendo el caos de las diferentes fuerzas sino encontrando "referentes" comunes entre ellas a través de la unificación de la resistencia. De la fusión de todos los modelos de trabajo que existen en el barrio – las ONG asistencialistas, el movimiento militante de la Red de Lavapiés, las asociaciones de inmigrantes, y la Coordinadora de Inmigrantes – debe surgir un modelo compartido con estrategias comunes.

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Por supuesto, la fragilidad del status jurídico de los inmigrantes – es decir, el no reconocimiento de su ciudadanía, ni siquiera de su residencia de facto en el país – es uno de los principales escollos para que los nuevos vecinos de Lavapiés puedan llegar a ser parte de un movimiento social organizado, pues ¿cómo pueden convertirse en una fuerza de oposición al poder del estado, cuando apenas tienen la mínima participación ciudadana? Para responder a esta pregunta, es necesaria una formulación nueva que entienda tanto la ciudadanía como la participación ciudadana de manera creativa, para que no podamos concluir de manera apresurada que la falta de ciudadanía (es decir, la no posesión de un documento de nacionalidad) tiene necesariamente como resultado la falta de participación ciudadana (es decir, el derecho a votar o a participar de lleno en el movimiento asociativo). Más bien, estos dos términos deberían comenzar a entenderse de manera mucho más flexible y, además, a relacionarse en dirección opuesta: intentando dilucidar cómo una verdadera participación ciudadana – entendida como mucho más que el derecho a votar o a asociarse – puede, de hecho, convertir a los sin papeles en verdaderos ciudadanos – con o sin documento de nacionalidad. La política de participación ciudadana puesta en marcha por el Ayuntamiento de Madrid parece estar enraizada en tres pilares básicos: primero, un discurso político vacío, anodino y desfasado según el cual "mediante cambios normativos y la puesta en marcha de nuevos métodos y estructuras de participación" se están poniendo en marcha "estructuras territoriales y sectoriales, a través de las cuales se canalizan iniciativas que se han plasmado en proyectos de participación, que tienen diferentes grados de incidencia en los procesos de planificación y toma de decisiones de los gestores públicos" (II Congreso); segundo, una práctica que proveniente de tal discurso no puede ser más que pueril, ejemplificada por la encuesta que se llevó a cabo en el Distrito Centro de Madrid a mediados del año 2004, y en la que se invitaba a los vecinos a responder a cinco preguntas sobre la zona, para así poder elegir los asuntos a los que el Ayuntamiento debía dar prioridad (por supuesto, el nivel de "participación" en tal encuesta, fue bajísimo); tercero, una confusión (seguramente premeditada) sobre el concepto de participación ciudadana que les permite aludir a ella como si fuera una categoría dentro del Voluntariado Social (o incluso como si fuera la noción misma de voluntariado), en un momento en que el llamado Tercer Sector [14] está en auge y se puede intentar co-optar en él toda expresión de radicalidad política y social, confinando al ciudadano a "participar" no ya en el gobierno de su comunidad, sino en la oferta de un servicio que debiera ser debidamente gestionado y financiado por el estado. Los activistas de la Red de Lavapiés – que, por supuesto, rechazan categóricamente la etiqueta de "voluntarios" y no pueden sentirse interpelados cuando el Ayuntamiento se dirige a ellos en esos términos – entienden la participación ciudadana de una manera radicalmente opuesta, implicando a la ciudadanía en la toma colectiva de decisiones, para ser tanto creadores del proceso como receptores del resultado. En Lavapiés, este concepto se pone de manifiesto en el proceso a través del cual cada comunidad expresa sus necesidades y, entre todas, buscan la manera de realizarlas, para luego pasar a ocupar (cuando okupar no sea necesario) espacios sociales auto-gestionados en los que poner en práctica sus objetivos culturales, sociales o políticos. Entre, por un lado, la concepción oficial – que confunde las necesidades del barrio de Lavapiés con los objetivos de sus Planes de Voluntariado en papel satinado y con preguntas minimalistas y anodinas en encuestas digitalizadas – y, por otro, la concepción radical de la Red de Lavapiés – que busca involucrar a todos los grupos sociales del barrio en un proceso colectivo de diagnóstico para diseñar un espacio auto-gestionado de

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acción social y política – queda lugar para la búsqueda de un concepto de participación que pueda incluir las voces, deseos, necesidades y objetivos de miles de vecinos de origen inmigrante. Por supuesto, la manera en la que actualmente esos vecinos canalizan esas voces y objetivos es, en primera instancia, a través de sus asociaciones étnicas, sociales o culturales, de gran presencia en el barrio, y, sin duda, de gran utilidad práctica. Fuera de ellas, su "participación" – si es que puede llamarse así – se reduce a asistir a actividades culturales organizadas por las autoridades locales, y aún así esta asistencia es más bien reducida. En el año 1999, un "momento de locura" – lamentablemente abortado por las autoridades, como casi siempre – pudo haber plantado la semilla de esa participación, en lo que podría haber sido un verdadero centro social comunitario para Lavapiés, auto-gestionado e intercultural. Ese año, y por iniciativa de la Red de Lavapiés, se presentó al Ayuntamiento la propuesta de un centro auto-gestionado en el barrio, en el que tendrían cabida todas las asociaciones, desde aquellas que históricamente habían defendido la necesidad de centros sociales auto-gestionados (La Biblio, La Eskalera Karakola, El Labo, etc.) hasta otras muy diferentes relacionadas con la atención a inmigrantes, cuidado de niños o ancianos, etc. En aquel año, la militancia en la Red de organizaciones de inmigrantes era amplia, con la presencia de la ya mencionada AEME, además de AMAL (Asociación de Mujeres Marroquíes), MALEVA (Asociación de Guineanos), AISE (Asociación de Inmigrantes Senegaleses), AIB (Asociación de Inmigrantes de Bangladesh), y FOJA (Frente Organizado de Juventudes Africanas). Según Eduardo Gutiérrez, el fracaso de la propuesta demuestra que el objetivo de las autoridades fue nada menos que "la desarticulación del tejido social (…) porque ese centro con todos allí, desde las monjas hasta los inmigrantes, hubiera sido demasiado subversivo". Por ello, "[a]l final, a la manera del sistema, cortaron toda la interlocución". Queda en el terreno de la especulación lo que podría haber sido este centro auto-gestionado y, además, intercultural en tantos sentidos (modos de vida, religiones, etnias, expresiones artísticas). Pero merece la pena remarcar que para que la Red de Lavapiés, con tan amplia presencia de asociaciones de inmigrantes (entonces más militantes que asistencialistas), pudiera haber puesto este proyecto en marcha y verdaderamente "articular" el "tejido social" del barrio, tendría que haber encontrado métodos y objetivos que incluyeran, pero también superaran, los relacionados con la política del espacio. Sobre las ruinas prematuras de este centro social que nunca fue se levanta hoy día el Centro Comunitario Casino de la Reina, de carácter oficial, poco concurrido por los vecinos inmigrantes, y prácticamente ignorado por los activistas. Aún así, no puede decirse que El Casino de la Reina no haya hecho algunos esfuerzos por reconocer e intervenir en la realidad del barrio, incluyendo en su programación talleres de mujeres, actividades infantiles con niños de todas las nacionalidades y lenguas, y otros proyectos que intentan unir tanto culturas como generaciones. El más famoso de sus proyectos, el festival anual Igualia, busca ser una expresión de todas las culturas y etnias del barrio, aunque puede verse también como una mera celebración "multicultural" que aporta muy poco al proceso de toma de conciencia que el barrio necesita para aceptar su realidad social. La nueva oportunidad de rescatar el ímpetu que se puso de manifiesto en 1999 viene brindada por el proyecto "Tabacalera", con el cual la Red de Lavapiés pretende transformar la antigua Fábrica de Tabacos de la zona – un edificio impresionante de miles de metros cuadrados absolutamente vacío y sólo abierto ocasionalmente – en el nuevo centro auto-gestionado del barrio, mientras que la Administración proyecta construir en él una serie de museos con los que ampliar la ruta turística creada ya por el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía. El proyecto quiere, de nuevo, aglutinar a una amplia representación de los grupos sociales que actúan en el barrio, para primero elaborar entre todos el diseño de lo que podría llegar a ser el edificio y después pasar a ser los gestores colectivos del proyecto. Sin embargo, como resultado de experiencias anteriores, en este nuevo proyecto hay poca representación fuera de la propia Red, y la presencia de asociaciones de inmigrantes es nula. Una

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vez más, la Red quiere que la idea de "Tabacalera" salga adelante impulsada por grupos dispuestos a hacer política del espacio, insistencia que hará que los nuevos vecinos, para los cuales no es ésta la prioridad, continúen ausentes en este tipo de proyectos. Esta contradicción tan poderosa entre la presencia real y tangible de los inmigrantes en el barrio, y su ausencia en los proyectos más importantes que le dan vida, no debe verse como la materialización de su falta de participación, sino más bien como una ironía que puede convertirse en fuerza impulsora para el cambio. Sería demasiado fácil concluir que la participación de los inmigrantes en la vida social y política cotidiana de Lavapiés es imposible mientras no tengan acceso a la ciudadanía. Como indica Nikolas Rose, la ciudadanía debe dejar de verse como una "posesión" o un "simple derecho de las personas" y pasar a entenderse como una "forma relacional", es decir, como "la capacidad de actuar en relación a las circunstancias particulares del entorno particular de cada uno así como en relación a otros [ciudadanos]" todo ello en un marco de referencia que ya no es el estado sino la ciudad. En una línea similar, Engin F. Isin argumenta que la ciudadanía ya no puede considerarse como un mero "derecho legal" sino como un "proceso social" en el que tanto los grupos como los individuos están "involucrados en lo político", es decir, practican una "ciudadanía significativa" ("substantive citizenship"), en la que "los miembros de una comunidad urbana se involucran en la creación de su destino". Es decir, que el énfasis del concepto de ciudadanía debe dejar de buscarse en "las normas legales" y pasar a encontrarse en las "normas, prácticas, significados e identidades" de la vida cotidiana (5). Desde esta nueva perspectiva, la falta de agencia política de los inmigrantes en Lavapiés – así como en la ciudad de Madrid y el estado español en general – no imposibilita que puedan formar una "identidad de resistencia". Más bien al contrario, es esa "falta" la que debe llevarles a convertirse en un movimiento social capaz de relacionarse con su entorno y participar activamente en él con el objetivo de defender sus necesidades, intereses, modelos y objetivos – todo lo cual ya hicieron en el "momento de locura" que fueron los encierros. En otras palabras, los nuevos vecinos no deben esperar a ser "ciudadanos" para poder asumir cierto grado de participación con el que llegar a ser un movimiento social con agencia política, sino que en dirección completamente opuesta, deben primero auto-otorgarse el derecho de convertirse en movimiento social y a través de ese ejercicio de participación pasar a ser ciudadanos de hecho. Desde esta perspectiva, la participación no requiere la ciudadanía, sino que la otorga. Si la vida urbana, según Iris Young, es poco más que la "convivencia entre extraños", pero a esa convivencia se le puede añadir el concepto de "comunidad de lealtad y obligación moral" de Nikolas Rose, tal vez se podría pensar que en Lavapiés los activistas de la Red y los activistas inmigrantes pueden poner en práctica sus diferentes modelos políticos para servir objetivos distintos, al tiempo que también pueden – no sólo por "lealtad" sino también por "obligación moral" – encontrar un modelo compartido para llegar a un objetivo común. Sólo así podrán superar lo que Young ha llamado el "atomismo de este mundo de extraños", y combatirlo a través de "las redes sociales de apoyo" y la presencia de diversas comunidades culturales. Con esta primera "red social de apoyo" intercultural, estarían poniendo en práctica también un nuevo modelo de integración. Los modelos clásicos de integración social, que son también los más conservadores, parten de la premisa de que la sociedad de acogida es un ente homogéneo y coherente al que los recién llegados deben sumarse. Tanto el modelo asimilacionista francés, que "exige [la] asimilación a los valores cívico-culturales que prevalecen en el Estado para así asegurar la cohesión social y la paz civil en éste", como el diferencialista o multiculturalista británico/canadiense, que admite la presencia y la manifestación pública de diversas culturas, siempre y cuando no presenten ningún reto a la presencia de un estado enraizado en un modelo cultural diferente, asumen que entre los ciudadanos existe una "similitud y uniformidad sociocultural" antes de la llegada de los inmigrantes, que hay que salvaguardar a pesar de la presencia de éstos (Stolcke 30). En cualquiera de los casos, el resultado de ambos modelos es el mismo, pues la presencia mínima de culturas en el espacio público no garantiza

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en absoluto el poder social y político de los individuos que las componen, y "la absorción que ejerce la identidad cultural hegemónica sobre las culturas minoritarias (...) implica la erradicación de dichas culturas a medio o largo plazo (...) provocando en la sociedad receptora de la inmigración el rechazo a [otros grupos culturales]" (Blanca Ruiz, cit. en Laparra 23). Una definición más progresista de la integración se basa, al contrario que las anteriores, en la idea de "la igualdad en la diversidad", y se define como "la concesión de derechos a todas las personas sin discriminación alguna por razón de su origen" y como el intento de "favorecer la diversidad cultural en las vidas privadas de todos los ciudadanos". Si la interculturalidad parte de la premisa de que las culturas no son homogéneas y que pueden enriquecerse y evolucionar a través de encuentros con otras, la integración "es un proceso dirigido a conseguir la gradual incorporación y participación de los inmigrantes en la vida económica y social del país de acogida, en un clima de respeto y aceptación recíprocas, para evitar la exclusión social" (Herrera Clavero 41). Sin embargo, hace falta ir aún más lejos y entender la integración no desde el punto de vista de la interculturalidad, sino en el contexto de la interculturalidad. El modelo para esta integración viene dado por el estudio de Norberto Bilbony, para quien la sociedad "es un conjunto de grupos e individuos diferenciado de otros conjuntos por su espacio público común". Es decir, no hay "una esfera de inclusión y otra de exclusión", sino que la "integración no se hace a uno de estos grupos o culturas, sino al marco de todos ellos" (30; cursiva añadida). El proceso de integración que Lavapiés necesita debe entenderse en este contexto. Si la interculturalidad no es el resultado de un proceso sino el proceso mismo, ella es la que define el "espacio público común" en el que la integración puede tener lugar. No se trata de que ninguna de las comunidades de Lavapiés se "integre" a un modelo social impuesto por las demás, o a un espacio definido por las visiones e ideologías de otra comunidad. Más bien, se trata de que todas y cada una de las comunidades del barrio reconozca el "espacio público común" – de interculturalidad – en el que desarrolla su existencia y se "integre" a él. Obviamente, el resultado de este proceso será diferente al resultado del proceso de asimilación de los diferentes inmigrantes nacionales que formó Madrid y Lavapiés en particular. En realidad, el proceso mismo es también diferente. Si Madrid como capital fue el resultado de un proceso de asimilación de varias culturas (con los pueblos de Andalucía, Extremadura, Galicia o el resto de Castilla viniendo a la capital y contribuyendo a la creación de la identidad madrileña), la re-creación de Lavapiés se rebela contra ese viejo modelo y sigue un patrón diferente, en el que cada cultura/grupo étnico permanecerá ampliamente invisible (no sólo porque las diferentes etnias son visibles, sino también porque cada grupo social mantendrá sus costumbres), resistiendo de manera activa la asimilación. Es por ello, pues, que el proceso es diferente (la interculturalidad en vez de la asimilación) y el resultado será diferente (la visibilidad en vez del mestizaje). Quizá lo más importante sobre este nuevo proceso de integración al marco de la interculturalidad es que convertirá a las fuerzas centrífugas en fuerzas centrípetas, modificando un movimiento de transformaciones opuestas y hacia fuera en un movimiento de transformación hacia dentro, o, lo que es lo mismo, transformando un movimiento de pugna en uno de integración. Imaginando, por un momento, que todas las fuerzas que interactúan en el barrio de Lavapiés pudieran aceptar la integración a este "espacio público común", el nuevo esquema de correlación de fuerzas nos permite ver en el centro el barrio de Lavapiés como espacio físico, no ya decrépito, sino evolucionando en un continuo proceso intercultural. A ese espacio cada grupo social aporta su visión específica: la rehabilitación urbana devuelve al barrio su antigua gloria castiza al tiempo que es lo suficientemente flexible como para aceptar el nuevo diseño urbano de

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los nuevos grupos sociales; los activistas crean sus espacios auto-gestionados; los nuevos vecinos establecen sus tiendas, locutorios, centros de encuentro, y lugares de culto; y los novísimos pueden abrir sus galerías, tiendas y restaurantes. La existencia de lo neo-castizo, lo radicalexperimental, lo internacional y lo postmoderno en el plano urbano dentro del mismo barrio no tiene por qué ser caótico. Más que cuatro fuerzas centrífugas en pugna por convertir un espacio en cuatro versiones diferentes de sí mismo, pueden ser cuatro fuerzas integrándose a un espacio cuya esencia es la interculturalidad y el cambio. Si es demasiado ingenuo pensar que la rehabilitación puede devolver la gloria castiza al barrio sin tener que perseguir también un proceso de gentrificación, o que el estilo postmoderno pueda llegar a ser algo más que un mero simulacro, al menos sí debería caber la posibilidad de que el activismo político radical y subversivo incluya también otras políticas que no sean del espacio, y que el asociacionismo inmigrante pueda reclamar el derecho de los nuevos vecinos a una verdadera participación y agencia política. Con estas últimas se podrá, tal vez, presentar mayor resistencia al poder del estado, y resistir el espejismo de diversidad de los novísimos, convirtiendo a las comunidades inmigrantes en verdaderos protagonistas del tejido social, cultural y político del Lavapiés de hoy, como lo han sido en el Lavapiés "de toda la vida". A modo de conclusión temporal: de lo arcaico a lo emergente Como parte de cualquier reflexión sobre Lavapiés, todo intento de llegar a una conclusión definitiva es inútil, pues el barrio está en continuo movimiento. Lo único que puede intentarse es captar uno de los momentos efímeros que forman parte de esa evolución constante, plasmarlo como fundamento para una reflexión intelectual y política, y esperar que esa reflexión sirva de estímulo para las acciones que den impulso a futuras etapas. Sirva, pues, como conclusión temporal sobre este momento efímero, una reflexión sobre el barrio usando el modelo propuesto en su día por Raymond Williams, con el que estudió la cultura contemporánea como un compendio de elementos "dominantes", "arcaicos", "residuales" y “emergentes". Decía Williams que mientras que lo arcaico "pertenece al pasado y se reconoce como tal", lo residual es aquello "formado en el pasado pero aún activo en el proceso cultural (...) como elemento del presente". Por otra parte, lo "emergente" es aquello que hace que "continuamente se estén creando nuevos significados y valores, así como nuevas prácticas y relaciones sociales". En Lavapiés, la fuerza "dominante" es la impuesta por la intervención del estado a través de la rehabilitación urbana, lo que aporta una visión de futuro a primera vista novedosa, pero no estrictamente "emergente", pues tan sólo supone "una nueva fase" en el modelo dominante. Emanando de lo dominante e independizándose de ello, pero sin poder soltar del todo las ataduras, están los elementos "residuales", que en Lavapiés se ponen de manifiesto en el apego al "casticismo", a una etapa de la vida del barrio que aún no ha desaparecido del todo pero que ya está irremediablemente desestabilizada por las manifestaciones de una nueva etapa. En algún lugar entre los "residual" y lo "emergente" queda el innegable dolor humano que supone perder aquello que ha definido toda una existencia. Sin negar ese dolor, pero sin sucumbir a la nostalgia, aparecen fuerzas "emergentes" que tienen la capacidad de observar, articular de manera consciente y actuar sobre la evolución intercultural del barrio. Es innegable que la correlación entre todos estos elementos crea cierto caos, en el ámbito urbano, social, político, y hasta psicológico. Pero

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conviene también tener en cuenta que el caos no existe porque Lavapiés sea un barrio postmoderno o porque haya cambiado radicalmente su historia. Es más bien nuestra conciencia la que ha entrado en su fase postmoderna, pues ahora somos conscientes – tal vez por primera vez, o, al menos, con más fuerza que nunca – de la polifonía, las fracturas, la heterogloxia y la multiformidad que han sido componentes normales de un proceso evolutivo que ha existido siempre, tanto en Lavapiés como en cualquier otro microcosmos social. El caos, en realidad, no está en el espacio de Lavapiés, sino en nuestras mentes al intentar relatarlo, articularlo, entenderlo. Y no es la interculturalidad lo que emerge de ese caos, sino la conciencia de que ésa es precisamente la única esencia del proceso. Puede que lo emergente sea, por definición, caótico. Pero en Lavapiés ese caos es la única posibilidad de futuro. De sus vecinos y vecinas con mayor conciencia política y con un mayor interés en reclamar la participación y la agencia que les pertenece, depende que todo quede reducido al entusiasmo – luego convertido en nostalgia – ocasionado por algún que otro "momento de locura" o que el barrio siga siendo lo que ha sido siempre: escenario para un amplio tejido de relaciones sociales, culturales y políticas en el que la marca más indeleble ha sido y es la de la interculturalidad.i

ANÁLISIS DE HÁBITOS ECOLÓGICOS ENCUESTAS EN EL BARRIO DE LAVAPIÉS Antecedentes: Dentro del proyecto de Mejora medioambiental a través de acciones de Saturación en el barrio de Lavapiés”, se encuadra un análisis de hábitos ecológicos de los vecinos del barrio de Lavapiés mediante la realización de encuestas personales a vecinos, locales comérciales, asociaciones y colegios del barrio seleccionado. Se hicieron 400 encuestas que se distribuyeron de la siguiente manera: a 50% de las encuestas de vecinos y comerciantes del barrio a 35% de las encuestas a asociaciones de vecinos o asociaciones municipales, o culturales a 15% restantes en los colegios de la zona Resultados obtenidos: Según el modelo de encuestas realizadas en el barrio de Lavapiés, se obtiene información de cuatro aspectos diferentes: perfil del encuestado, preocupación medioambiental, características de las viviendas del barrio y postura del encuestado frente a la posibilidad de instalar una cubierta ecológica. Dichos resultados se exponen a continuaciónii. Informe sociológico: Se observa una gran proporción de inmigrantes en el barrio, ya que el 40,8% de los encuestados no son nacidos en Madrid frente al 57,1% de los encuestados madrileños, los vecinos encuestados llevan mucho tiempo viviendo en el barrio, mas de 15 años pero también se encuentra una proporción considerable de habitantes de paso, 23,5%.

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Edad de población: Menos de 20 años Entre 20-40 años Entre 41-65 años Más de 66 años

12,6% 47,9% 26,5% 12,2%

La edad media de los habitantes encuestados está entre los 20-40años. Se puede deducir que se trata de un vecindario joven, pero en donde no abundan los niños. Nivel de estudios Estudios primarios Estudios secundarios Estudios superiores Sin estudios

38,7% 29% 23,1% 8,8%

Nivel de ingresos anuales Menos de millón y medio de pesetas Entre millón y medio y tres mil de pesetas Más de tres millones de pesetas No contestan

52,1% 31,1% 4,6% 12,2%

Número de habitantes de cada vivienda Menos de tres inquilinos 43,3% Cuatro o cinco inquilinos 40,3% Menos de cinco inquilinos 11,8% Datos relacionados con la preocupación por el medio ambiente del encuestado El 92% de los encuestados manifiesta una alta preocupación medioambiental El 79,8% lleva a cabo medidas cotidianas de respeto al Medio Ambiente en las que han citado: 39,1% separan las basuras orgánica e inorgánica 58,4% utiliza transporte público. 15,5% emplea energías renovables Otras medidas citadas con menor incidencia son: la utilización de papeleras, la utilización de cartón y papel reciclado, utilización de contenedores de vidrio y pilas para el reciclaje, la protección de los árboles y el no uso de detergentes.

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Los encuestados manifiestan su interés porque el Ayuntamiento lleve a cabo una serie de mejoras como: La creación de zonas verdes tales como parques y jardines, el cuidado de estas y aumentar el número de árboles en dichas zonas y alrededores. (El 82% de los encuestados opina que la cantidad de zonas verdes del barrio son insuficientes). Mejora la educación ambiental de los vecinos por parte del Ayuntamiento así como una concienciación de dicho problemaiii.

INFORMACION RELACIONADA ¿QUÉ ES EL BAH? El BAH!, Bajo el Asfalto está la Huerta, es un colectivo dedicado a la agroecología que propone un modelo alternativo de producción, distribución y consumo agrícola. Este modelo se basa en la autogestión, sustentado en una estructura asamblearia y un funcionamiento horizontal que hace posible la relación directa productor/a - consumidor/a, implicando la participación tanto del colectivo de trabajadores/as como de los diferentes grupos de consumo de distintos barrios, localidades y colectivos de Madrid que han ido constituyendo y ampliando el proyecto. La cooperativa empezó como tal en el año 2000. Desde entonces la cooperativa ha ido creciendo y desarrollándose hasta constituir varios grupos de producción (BAH Perales, BAH San-Martín, BAH Galápagos, BAH Ambite, y Surco a Surco) y bastantes grupos de consumo por Madrid (como nuestro grupo de consumo de Lavapiés) y alrededores. Funcionamiento del BAH! Toma de decisiones Básicamente, de abajo a arriba. Cada grupo de consumo se puede organizar como quiera. Si un grupo quiere llevar una propuesta sobre el funcionamiento común, lo expone en la Asamblea General mensual de cada grupo de producción (a la cual cada grupo envía uno o varios representantes). De allí se lleva a la asamblea de cada grupo de consumo para debatirla y tomar una postura de grupo. En la siguiente Asamblea General, se debate entre todos y se decide por consenso cómo y quiénes la ejecutan en la práctica. El reparto de verduras

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La distribución se realiza mediante el sistema bolsas, que divide en partes iguales la producción entre los/as socios/as, de tal forma que todos/as reciben lo mismo (verduras y hortalizas, de momento) con frecuencia semanal. El grupo de trabajador@s se encarga de llevar las verduras al local de cada grupo el día de reparto, que son los martes o jueves (según cada grupo), y es el grupo quien debe dividirlo todo en las bolsas individuales. Cada unidad de consumo tiene que responsabilizarse de acudir a recoger su bolsa, o en su defecto, mandar a alguien si por lo que sea no puede. El grupo de consumo de BAH Lavapiés hace su reparto actualmente en el local de la Asociación Tesauro (c/Ave María 18) aunque se ha involucrado en otros espacios a lo largo de estos años por todo el barrio (Trasgo, CSO Laboratorio III, CSO La Huerta de las Letras y CNT Tirso). Actualmente hay otros grupos de consumo en el barrio (BAH Tirso, BAH de Verde, PONER AQUI LOS DE SAN MARTIN DE LA ZONA). El domingo verde Un domingo al mes, los grupos de trabajador@s convocan a todos los miembros del BAH a acompañarles en las tareas de la huerta. Estos domingos suponen una oportunidad estupenda para aprender sobre los procesos y trabajos que tienen lugar en la huerta, aparte de que suelen ser muy divertidos. Financiación del BAH! Bajo el Asfalto está la Huerta cuenta con una fuente principal de ingresos que son las cuotas fijas de los/las socios/as, la cual se apoya también en diversas acciones, tales como cursos de agroecología, venta de camisetas, aportaciones solidarias, etc. Implicaciones de estar en el BAH! Existe un principio general de corresponsabilidad común entre productor@s y consumidor@s en todas las tareas de producción-consumo, que es una meta hacia la que debemos tender. En cualquier caso hay que gestionar plenamente en común: la distribución de los productos, las inversiones que hacen posible la producción, los temas políticos (ideológicos, de relaciones con otras iniciativas, etc.), el valor y el contenido de las bolsas, la dimensión del proyecto (nº de trabajador@s, de grupos de consumo, etc.) y en general toda decisión, sea del ámbito que sea, que afecte de manera importante a la cooperativa.

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Cada grupo se impone una serie de tareas (reparto, comunicación interna, etc.), y decide quién se encarga de cada cosa. Conviene también asistir a las asambleas (una vez al mes) para poder participar en la toma de decisiones. La participación en los domingos verdes es también muy recomendable. El BAH, (Bajo el Asfalto está la Huerta), es un colectivo dedicado a la agroecología que propone un modelo alternativo de producción, distribución y consumo de productos agrícolas. El BAH está organizado como una cooperativa autogestionaria y funciona mediante asambleas. Tanto productores como consumidores participan en la toma de decisiones y en todos los aspectos relativos a la gestión de la cooperativa; trabajo en las huertas, distribución de los productos, apoyo a otros proyectos... etc. El grupo consumo del barrio de Lavapiés es uno de los muchos grupos de consumo que el BAH tiene en los distintos barrios de la ciudad de Madrid y en las distintas localidades de la CAM. En él somos 21 unidades de consumo formadas por gentes de todos los pelajes; familias, estudiantes, currelas, y gente de diferentes países y opiniones políticas. Todos los martes nos reunimos en el local de una asociación cultural del barrio para recoger la bolsa (que incluye la parte que nos corresponde a cada uno de la producción semanal de la huerta). Es allí también donde hacemos nuestras reuniones y tenemos nuestro punto de encuentro para compartir ideas y experienciasiv.

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ZONAS VERDES URBANAS Nuestra Ciudad confronta cada día un mayor deterioro ambiental, derivado de sus intensas actividades económicas, sociales y políticas. Ante esta situación, es cada vez más urgente determinar mejores estrategias para amortiguar este deterioro, en aras de la sustentabilidad de la Ciudad de México y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Como parte de esas estrategias, se encuentran la creación y conservación de las áreas verdes urbanas. Estos espacios son indispensables por los múltiples servicios ambientales y sociales que prestan dentro del ambiente urbano. Entre los servicios ambientales que las áreas verdes urbanas prestan a la Ciudad tenemos: la captación de agua pluvial hacia los mantos acuíferos; la generación de oxígeno; la disminución de los niveles de contaminantes en el aire; la disminución de los efectos de las llamadas “islas de calor”; el amortiguamiento de los niveles de ruido; la disminución de la erosión del suelo; además de representar sitios de refugio, protección y alimentación de fauna silvestre; entre los más importantes. En cuanto a los servicios sociales, las áreas verdes urbanas representan los espacios favoritos para el esparcimiento, recreación y deporte de sus habitantes, además del realce de la imagen urbana, haciendo de ella una ciudad más agradable y con una identidad propia. ¿Cómo se define un área verde urbana?> Las áreas verdes urbanas están definidas por la Ley Ambiental como “toda superficie cubierta de vegetación, natural o inducida que se localice en el Distrito Federal” y como su nombre lo dice, las áreas verdes urbanas son aquéllas que se localizan en suelo urbano, el cual está delimitado por los Programas de Desarrollo Urbano Delegacionalesv.

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LAVAPÍES OLÍMPICO:

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NOTICIAS DE INTERÉS

LA TERTULIA VUELVE A LAVAPIÉS VARIOS ARTISTAS SACAN SILLAS A LA CALLE PARA QUE LOS VECINOS SE CONOZCAN • •

Rosalía Martínez ADN.es Madrid | 17/07/2008

No es la calle de un pueblo. Tampoco estamos en el barrio sevillano de Triana. Es Lavapiés. Concretamente, la plazuela sin nombre donde confluyen las calles de San Carlos y Jesús y María. Hay 20 sillas haciendo corro, en tertulia. Y más de 50 curiosos a su alrededor. Es la última iniciativa de El Invernadero de Lavapiés, un colectivo de creadores que lleva desde 2007 movilizando a los madrileños y animándoles a que dejen volar su imaginación. La idea de esta verbena, que se celebró ayer, es recuperarla tradición de sacar las sillas a la calle y conseguir que los vecinos se conozcan y hablen de sus problemas. Como se hacía hace años aquí. Y hubo quien se animó. Como Luis Lumbreras, que se trajo a su hija Luna, de apenas seis meses, y que fue una de las protagonistas. También hubo un speaking corner como el de Hyde Park. En cristiano: un altavoz y tarima para decir lo que uno quiera. Como José Antonio Rojo, que denunciaba el deterioro de una casa del siglo XVIII, cercana a la plaza. U otro vecino, que recitaba "poesía barata que tomo de los labios del pueblo, y que gratis, gratis, al pueblo se la devuelvo". Y lo más divertido: speed dating, citas de un minuto. Para ligar o simplemente conocer al vecino del quinto, como Peter, que es danés, y Encarnación, que es madrileña. Bajo la atenta mirada, eso sí, de la esposa riojana del caballero, que aseguraba que el conocimiento no sería "carnal".

EL APUNTE. Unos 'jardineros' muy imaginativos El Invernadero de Lavapiés es un grupo que nació en 2007 para estimular la

imaginación y la creatividad y llevarlas más allá del consumismo. Con esta iniciativa pretenden conseguir que todos los miércoles, en Lavapiés, sea el Día de la Silla. Y, más adelante, que Madrid enterase anime. vii Aumento de la Inseguridad

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VECINOS DE LAVAPIÉS DENUNCIAN EL DETERIORO PROGRESIVO DEL BARRIO EN EL ÚLTIMO AÑO Domingo 25/03/2007 06:40 (CET) EFE. Madrid.

Limpieza de las calles en Lavapiés, en señal de protesta. (Foto: Julián Jaen) Más de un centenar de vecinos de Lavapiés se han concentrado en la plaza del barrio para denunciar que en el último año ha aumentado la inseguridad y la suciedad en el barrio y se ha establecido un punto de venta de droga "totalmente impune". El portavoz de la convocatoria de protesta vecinal, Juan Fernández, ha señalado que las condiciones del barrio han empeorado, mientras que la gente que vive en la calle "se ha apoderado del barrio". "Queremos vivir en un barrio sin delincuencia y sin suciedad", ha afirmado Fernández, quien mantuvo hace dos meses una reunión con concejales de la Junta de Distrito de Centro para plantear los problemas. En su opinión, lejos de mejorar la situación, en estos dos últimos meses ha empeorado aún más "y si no se ataja irá a peor". "Los responsables políticos tienen la sensación de que esto no es tan grave", ha manifestado Fernández. "El que viene a tomarse una cerveza no lo ve, pero los vecinos no podemos ni estar en nuestras calles porque apestan a orina", ha añadido. Para solucionar esta situación, Fernández ha defendido la presencia de la policía municipal "en labores preventivas", la de mediadores sociales y mayor limpieza. RE: Vecinos de Lavapiés denuncian el deterioro progresivo del barrio En esta noticia tendenciosa de El Mundo no aclara el trasfondo de la noticia, y es que Lavapiés es quizás el barrio más golpeado por la inmigración-invasión de España. Aquí tenéis un artículo sobre Lavapiés muy interesante en cuanto a los datos (además es de hace tiempo por lo que las cifras son aún más escandalosas) Movimiento Vecinal: Lavapiés, problemas de la multiculturalidad Hay pocos lugares en el mundo en los que se concentre una mezcla similar de razas, nacionalidades y culturas. Casi un tercio de los vecinos del barrio madrileño de Lavapiés son extranjeros. Un porcentaje que,

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unido a la variedad de nacionalidades, hace de sus calles estrechas y empedradas uno de los escenarios más idóneos para comprobar en directo los pros y los contras de la multiculturalidad. Según los datos del censo del Ayuntamiento, en Lavapiés conviven habitantes de 88 nacionalidades distintas. De 32.811 habitantes censados, 22.973 son españoles (13.800 de Madrid), 1044 son marroquíes, 3309 ecuatorianos, 567 colombianos, 435 chinos, y 386 bangladeshíes. A lo que habría que sumar un número indeterminado que, por carecer de papeles, no está censado. Dicen que en Lavapiés vive al menos un ciudadano de cada parte del mundo. Según los datos del censo del Ayuntamiento, en Lavapiés conviven habitantes de 88 nacionalidades distintas. De 32.811 habitantes censados, 22.973 son españoles (13.800 de Madrid), 1044 son marroquíes, 3309 ecuatorianos, 567 colombianos, 435 chinos, y 386 bangladeshíes. A lo que habría que sumar un número indeterminado que, por carecer de papeles, no está censado. Lo que se comprueba incluso sin necesidad de acudir a estadísticas es que sus calles empedradas y en cuesta albergan la mayor mezcla de España de nacionalidades, colores y culturas. Si la multiculturalidad es una utopía, este barrio podría ser la demostración de que la convivencia entre culturas diferentes es viable. Pero no faltan las contrapartidas. Esto ya no es lo que era Los vecinos del Lavapiés de toda la vida se sienten invadidos. 'Este era un barrio que en realidad era un pueblo. La gente sacaba las sillas a la calle para sentarse al atardecer. Ahora es imposible', explica Manuel Osuna, presidente de la Asociación de Vecinos la Corrala. Es lo que notan los vecinos 'de toda la vida' que insisten en que el barrio 'está muy mal'. Es normal que entre las diferentes culturas y costumbres surjan roces. 'El principal problema es la basura', opina Osuna. 'Los marroquíes, por ejemplo, no están acostumbrados a sacar sus bolsas a una hora de la noche. Los latinoamericanos ponen la música muy alta, los rumanos no centrifugan la ropa...' enumera. A esto se añaden dificultades propias de un barrio que nunca fue tal y que carece de espacios apropiados para polideportivos, parques o colegios. Música alta y ropa sin escurrida La música alta y la suciedad del barrio son quejas comunes entre los vecinos, a las que se une la más problemática: con sueldos ínfimos y pocos recursos, en Lavapiés se hace generalizado el problema de la infravivienda. 30 metros cuadrados para dos o tres familias. 'Camas calientes', que se comparten en turnos para aprovechar al máximo. Propietarios que no invierten en rehabilitaciones de edificios ya muy viejos por los que sacan alquileres relativamente bajos, en comparación con el resto del mercado inmobiliario madrileño. 'El barrio tiene aceras y calzadas nuevas y muchas casas se han lavado la cara, pero falta la segunda fase de una rehabilitación imprescindible, la interna. El Ayuntamiento debería obligar a los propietarios', opina Manuel Osuna. Inseguridad ciudadana La inseguridad ciudadana es otro argumento esgrimido por los que creen que la mezcla es excesiva en Lavapiés. Un aumento de los delitos que, aunque similar al que se ha producido de forma general en todo el territorio español, sí ha hecho que la administración ponga en marcha una operación policial específica para todo el distrito centro, llamada 'Operación Focus', con la que esperan actuar especialmente en los focos más conflictivos de la capital, en los que se incluye Lavapiés. Desde que se pusiera en marcha la operación, hace tres semanas, ha habido más de 1000 detenciones y 100 armas incautadas en el distrito. Los detenidos eran en su 88% extranjeros, muchos de ellos por carecer de documentación. Los delitos más frecuentes son los robos tanto a personas como a comercios y casas. RE: Vecinos de Lavapiés denuncian el deterioro progresivo del barrio

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VECINOS DE LAVAPIES: Los vecinos no pasamos del mercado de droga que hay instalado en nuestros portales, de la delincuencia y la violencia que genera esta situación, de los menores que son explotados por los camellos, de la suciedad que se acumula en las aceras, del secuestro del espacio público que llevan a cabo una minoría incívica en algunas plazas del barrio, de la dejación de los poderes públicos frente a nuestras quejas. Ante este panorama, los vecinos hemos decidido unir nuestra voz, de manera espontánea y voluntaria, para denunciar la progresiva degradación que afecta a nuestro entorno y trabajar juntos por el barrio con el que soñamos: un Lavapiés limpio, sin delincuencia ni mercados de droga, digno, popular y culturalmente rico y diverso. Somos un grupo de personas que amamos nuestro barrio, adoramos su encanto y nos sentimos identificamos con los valores de tolerancia, respeto y pluralidad que tradicionalmente han estado asociados a este lugar. Queremos vivir en Lavapiés y deseamos cuidarlo como se merece. Por eso, invitamos a todos los vecinos que tengan esta misma preocupación a que participen en este esfuerzo. Tu voz, tu denuncia y tus propuestas son decisivas para que Lavapiés mejore. No pases del barrio, Tú también eres vecino. ¿Qué denunciamos? En los últimos meses, los vecinos hemos observado que el espacio que compartimos se ha ido deteriorando progresivamente. -El mercado de droga que hay instalado en diversos puntos del barrio está generando un clima de violencia y delincuencia que nos tiene atemorizados. En muchas ocasiones, esa venta de estupefacientes es operada por menores, que son explotados y corrompidos por los camellos de mayor edad que dirigen el tráfico de drogas con total impunidad durante las 24 horas del día. Las autoridades consienten esta situación, a pesar de nuestras denuncias. -Se han disparado los niveles de suciedad del espacio público. Las calles han dejado de regarse, la basura se acumula en esquinas y rincones, los elementos de mobiliario urbano se han convertido en meaderos públicos que jamás se friegan y la sensación de deterioro es hoy una constante en todo el barrio. -Del mismo modo, los vecinos denunciamos el incumplimiento continuo de la normativa que impide beber alcohol y consumir drogas en la vía pública. Los bancos y espacios comunes de nuestras plazas y calles se han convertido en la propiedad privada de unos cuantos, que no respetan lo que es de todos y acumulan continuamente restos de basura y bebida en las aceras, con total impunidad y ante la impotencia de los vecinos. ¿Qué pedimos? -Vivir sin miedo. Exigimos que las autoridades tomen las medidas necesarias para que se desmantele el mercado de droga que hay en nuestras calles, principal motor de la delincuencia y la violencia que hay en el barrio.

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-Que los servicios sociales se hagan cargo, de manera efectiva y eficaz, de los menores que hay abandonados al delito en nuestros portales. Y que también den soluciones reales e inmediatas a la situación de las personas "sin techo" y/o con problemas de alcoholismo y drogodependencia. -Que las autoridades incrementen la dotación de los servicios de limpieza que trabajan en el barrio, que se ha quedado insuficiente para el movimiento ciudadano que soportan nuestras calles. Pedimos que se lleven a cabo con más intensidad algunas tareas como el riego de las calles, la recogida de cartones, la limpieza de carteles y pintadas y el control de contenedores. -Recuperar nuestras calles y plazas para los vecinos. Queremos ejercer nuestro derecho a sentarnos en nuestros bancos, muchos de los cuales están tomados en propiedad por incívicos que deterioran el espacio público. Queremos más y mejor espacio público adecuado para tod@s los vecinos. -Que el barrio recupere la vida ciudadana, el uso residencial y la actividad comercial tradicional que tuvo en el pasado. Que Lavapiés vuelva a llenarse de tiendas de barrio. Que Lavapiés vuelva a ser de los vecinos. Publicado por Somos Vecinosviii. La Junta de Gobierno modifica el Plan General para que la parcela, calificada como zona verde, pase a tener uso como equipamiento.

EL COLEGIO SANTA MARÍA PERMANECERÁ EN LAVAPIÉS TRAS LA AUTORIZACIÓN PARA SER REMODELADO Munimadrid.es 18.11.2004 -Madrid • •

Para mantener el equilibrio de espacios verdes en el barrio de Lavapiés, en el distrito de Centro, califica de zona ajardinada una parcela que hasta ahora figuraba como equipamiento En el edificio del colegio Santa María, obra del arquitecto Antonio Flórez, autor de la Residencia de Estudiantes de Madrid, priman los principios pedagógicos y los arquitectónicos

El Colegio Público Santa María permanecerá en Lavapiés. Así se lo ha decidido el Gobierno de la Ciudad de Madrid, que va a permitir su remodelación, una medida que implica que este centro escolar se quedará donde está, tal y como había solicitado los padres de los alumnos. El equipamiento, situado en la calle Casino (distrito de Centro), está edificado sobre un solar calificado como zona verde por el Plan General de 1997.

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La Junta de Gobierno de la Ciudad de Madrid, presidida por el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, ha dado hoy luz verde a la modificación del Plan, que acredita que la parcela del colegio pasa a tener un uso como equipamiento. Al mismo tiempo, y para mantener el equilibrio de superficies verdes, confiere la clasificación de zona ajardinada a una parcela situada en la calle Capitán Salazar Martínez, en el mismo barrio de Lavapiés, y que hasta ahora figuraba como equipamiento. Este terreno, localizado entre la calle Capitán Salazar Martínez y la plaza Puerto de Toledo, cuenta con una superficie de 2.010 metros cuadrados. El cambio de calificación a zona verde supone un aumento en 292 metros cuadrados de áreas ajardinadas en Lavapiés. Obras de mejora El colegio está dentro del área del Casino de la Reina en Lavapiés, en una parcela de 1.718 metros cuadrados. El edificio es obra del arquitecto Antonio Flórez, autor de numerosas construcciones escolares -como la Residencia de Estudiantes de Madrid- en los que priman los principios pedagógicos y los arquitectónicos. Gracias a la modificación aprobada por el Ayuntamiento podrán acometerse obras de mejora y ampliación de las instalaciones docentes para recuperar un pabellón colindante, actualmente fuera de uso y cuyo abandono constituye un fuerte impacto negativo para la zona. Por otro lado, las Comisiones de Patrimonio de la Comunidad y del Ayuntamiento han propuesto la catalogación en grado estructural ( volumen y elementos arquitectónicos más destacados) para este equipamiento, que actualmente se encuentra en funcionamiento.ix

ESTE ESPACIO DE MÁS DE 3.400 METROS CUADRADOS SE REMODELARÁ PARA DAR PROTAGONISMO AL PEATÓN Munimadrid.es 11.11.2004 -Madrid Lavapiés recupera la plaza de Cabestreros como lugar de encuentro vecinal • • •

Se eliminará la barrera arquitectónica y urbana que supone el desnivel actualmente existente La construcción de una lámina de agua y la plantación de árboles de gran porte permitirán la mejora ambiental de la zona La reforma incluye la construcción de un aparcamiento para residente y la restauración de los antiguos muros del convento de Santa Catalina

Lavapiés recuperará un nuevo espacio urbano en pleno corazón del barrio: la plaza de Cabestreros. Para ello, el próximo Pleno municipal, aprobará provisionalmente una modificación puntual del Plan General que permitirá convertir esta plaza, de más de 3.400 metros cuadrados, en un espacio destinado al encuentro de los vecinos con protagonismo para el peatón y una mejor calidad medioambiental.

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La modificación establece la eliminación de la barrera urbana y arquitectónica que supone el gran desnivel existente actualmente, y permitirá facilitar el tránsito peatonal del barrio en el sentido este-oeste. Además se construirá una lámina de agua y se plantarán árboles de gran porte. También se establecen las condiciones para la construcción de un aparcamiento subterráneo para residentes, integrado en la nueva ordenación de la plaza. Para poder construir este equipamiento se propone la descatalogación como jardín de interés de la zona verde ubicada entre las calles del Amparo y Mesón de Paredes. Se mantiene la catalogación de la fuente ornamental realizada en 1934, situada frente a Mesón de Paredes. Con la intervención, se recuperarán y restaurarán los antiguos muros del convento de las monjas de Santa Catalina. La modificación puntual cuenta con el informe favorable de la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico, Artístico y Natural (CIPHAN).

Alegaciones de los vecinos Durante el periodo de información pública se han presentado un total de 262 alegaciones, entre las que se incluyen las de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM) y de la Asociación de Vecinos "La Corrala". Las 261 restantes corresponden a particulares, pero tienen idéntico texto. La más importante, y que ha sido estimada plenamente por el Ayuntamiento, es la que hace referencia a que el garaje aparcamiento que se va a construir bajo la plaza se destine a uso de residentes (PAR), en lugar de rotativo como constaba en un principio. Otra de las alegaciones aceptadas es la referente a la construcción de una gran capa de tierra vegetal que permita la plantación de árboles en superficie. Esta capa estará por encima de los 80 centímetros mínimos que exige la normativa y por la propia inclinación del terreno podrá en algunos puntos alcanzar importantes espesores sobre la cubierta del aparcamiento. Por último, tal y como han solicitado los vecinos, en el diseño de la plaza predominará la zona ajardinada y se han incluido espacios destinados a juegos infantiles. Las obras del garaje aparcamiento serán sometidas al dictamen de la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico, Artístico y Natural (CIPHAN).

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Antecedentes históricos La Plaza de Cabestreros se encuentra en el barrio de Lavapiés. Tradicionalmente, el entorno de la plaza se relacionaba con El Rastro. Este lugar era, según el Diccionario de la Real Academia en la época de Mesonero Romanos, "el lugar público donde se matan las reses ". Allí estuvieron situados los mataderos, las fábricas de curtidos, etcétera. La primera edificación de cierta entidad en esta zona corresponde al Palacio de los Condes de Torres, construido en 1752. El inmueble fue comprado en 1824 por la comunidad de religiosas de Santa Catalina de Sena. En 1959 la orden obtuvo un solar para un nuevo convento y el antiguo fue adquirido por el Ayuntamiento en 1967. El mal estado del edificio, en el que ya se habían producido derrumbamientos en agosto 1967, acaba con su demolición y la urbanización del solar como plaza pública en 1973.x

ASOCIACIÓN DE VECINOS LA CORRALA C/ Cabestreros 9 28012 Madrid

ALEGACIONES A LA MODIFICACIÓN PUNTUAL DEL PGOUM EN EL ÁMBITO DE LA PLAZA DE CABESTREROS (APE 01. 09) D. PRICILIANO CASTRO LÓPEZ, MAYOR DE EDAD, VECINO DE MADRID, CON DNI 2.059.726, EN SU CALIDAD DE PRESIDENTE DE LA Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), CON DOMICILIO SOCIAL EN EL NÚMERO 2 DE LA CALLE BOCÁNGEL, DISTRITO POSTAL 28028 DE MADRID, D. Manuel Osuna General, mayor de edad, vecino de Madrid, con DNI 1.118.268 P, en su calidad de Presidente de la ASOCIACIÓN CORRALA, con domicilio social en el número 9 de la calle Cabestreros, distrito postal 28012 de Madrid,

DE

VECINOS LA

E X P O N E N : Que sometido a información pública (BOCM de 22 de junio de 2004) el expediente de aprobación inicial de la modificación puntual del PGOUM de 1997 en el ámbito de la plaza de Cabestreros (calle Amparo nº 26) en el barrio municipal de Embajadores, proponiendo la delimitación de un nuevo ámbito de planeamiento específico, con ordenación pormenorizada en el nivel de Plan Especial, con la denominación APE 01.09 Plaza de Cabestreros, en el plazo legal preceptivo (un mes) presentan al mismo las siguientes

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ALEGACIONES

1. Ámbito y determinaciones de la modificación puntual del PGOUM: APE 01.09 El ámbito de la modificación puntual del Plan General en la plaza de Cabestreros (incluida en el BIC del Conjunto Histórico de la Villa de Madrid y en la Zona de Protección Arqueológica del recinto Histórico) tiene un superficie de 3.437 m2 e incluye dos zonas verdes (VB) limitadas al este por la calle Amparo, al oeste por la calle Mesón de Paredes y los números 48 y 59 de Mesón de Paredes; al sur por los números 52 y 39 de Mesón de Paredes y el nº 28 de la calle Amparo y al norte por calle de Cabestreros, el nº 35 de Mesón de Paredes y el nº 24 de la calle Amparo; zonas verdes que atraviesa el viario secundario de la calle Mesón de Paredes (136, 73 m2 según la ficha del APE 01.09). La mayor de las dos zonas verdes (el parque de Cabestreros, delimitado por las calles Amparo y Mesón de Paredes y los edificios de los números 24 y 28 de Amparo y 35 y 39 de Mesón de Paredes) se encuentra incluida en el catálogo de parques y jardines con nivel 2 de protección. La totalidad del ámbito (plano PR-73 del catálogo de protecciones especiales del Plan General) se incluye en el Área de Protección Especial de la Cerca y Arrabal de Felipe II y en el Área de Interés Arqueológico y Paleontológico, nivel B. La fuente de la República, del año 1934, tiene, en el catálogo de elementos singulares, nivel 2 de protección. La modificación puntual del PGOUM de 1997, dice el informe de la Dirección de Servicios para el desarrollo Urbano (GMU), “pretende solventar la problemática surgida por la escasa utilidad y aprovechamiento, esparcimiento cultural y lúdico existen en el barrio de Lavapiés, así como construir bajo rasante (enteramente subterráneo) un aparcamiento para vehículos que contribuya a compensar y redotar las plazas de aparcamiento en superficie perdidas en la reordenación y remodelación de los viales incluidos en el ámbito del Área de Rehabilitación Preferente del Sector 1 de Lavapiés”. La construcción del aparcamiento, según el Plan Especial de conservación, protección y rehabilitación en el ámbito de la plaza de Cabestreros (aprobado inicialmente el 20 de diciembre de 2002 y que no ha continuado su tramitación administrativa), ocuparía todo el ámbito de la plaza, hasta con cuatro plantas bajo rasante, y afectaría directa o indirectamente a los edificios con fachadas a la plaza o a los de las calles Amparo y Mesón de Paredes próximos. La modificación puntual del Plan General delimita un nuevo ámbito de planeamiento específico, el APE 01.09 Plaza de Cabestreros, con ordenación pormenorizada (Plan Especial); mantiene la calificación existente de zona verde (VB) para todo el ámbito, excepto el segmento de la calle Mesón de Paredes que la atraviesa (que continúa siendo vía pública secundaria) y establece la posibilidad de ocupar el 100% de la superficie de la plaza de Cabestreros (ambas zonas verdes más la vía secundaria) con garaje-aparcamiento subterráneo que podría ser – citamos el informe de la Gerencia Municipal de Urbanismo— “indistintamente público y/o privado y/o mixto”, pues el garaje aparcamiento en suelo público es uso asociado o , en su caso, autorizable, al de zona verde pública (VB). La ejecución del planeamiento se llevará a cabo

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mediante actuación aislada en suelo urbano. Si la modificación puntual del PGOUM descataloga como jardín de interés con nivel 2 de protección la zona verde de mayor tamaño, entre Amparo y Mesón de Paredes (el parque de Cabestreros), mantiene la catalogación de nivel 2 como elemento singular de la fuente de la República y las condiciones de protección incluidas en el catálogo de espacios públicos (plano de catalogaciones especiales). 2. Objetivos y determinaciones complementarias de la ficha del APE 01. 09 Plaza de Cabestreros Tal como hemos manifestado en las distintas reuniones habidas a propósito del parque de Cabestreros y, sobre todo, en la mantenida el 23 de junio con responsables de la concejalía de Urbanismo, Vivienda e Infraestructuras, Participación Ciudadana y Oficina de Centro, demandamos que las cuestiones expresadas a continuación figuren tanto entre los objetivos como entre las determinaciones complementarias de la ficha del APE 01.09 Plaza de Cabestreros. Objetivos

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Dotar al barrio de un área estancial configurada como parque (en la zona verde de mayor tamaño, entre Amparo y Mesón de Paredes: el parque de Cabestreros) y como plaza ajardinada (en la zona verde de menor tamaño, Mesón de Paredes con calle Cabestreros), con capa terriza del grosor suficiente para la plantación y el desarrollo de árboles de gran porte.

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Construcción subterránea de un aparcamiento para residentes, integrado en la nueva ordenación del parque y de la plaza ajardinada, cuyos accesos de entrada y salida, de ser viable, no se produzcan por la misma calle.

Determinaciones complementarias

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El aparcamiento subterráneo para residentes se resolverá de forma que permita rellenos de tierra suficientes para el desarrollo de árboles de gran porte en número, como mínimo, igual al existente antes de la descatalogación.

9

En el diseño del área estancial del parque y de la plaza ajardinada se tendrá en cuenta el uso de zona de juegos infantiles que será restituido tras las obras de construcción del aparcamiento para residentes.

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9

Se levantará acta notarial del estado de los edificios que pudieran verse afectados por las obras del aparcamiento subterráneo y sus accesos de entrada y salida, máxime de producirse éstos por calles diferentes.

Por todo lo anteriormente expuesto, SOLICITA: 1. Se incorporen a los objetivos de la ficha del APE 01.09 los siguientes:

ƒ

ƒ

Dotar al barrio de un área estancial configurada como parque (en la zona verde de mayor tamaño, entre Amparo y Mesón de Paredes: el parque de Cabestreros) y como plaza ajardinada (en la zona verde de menor tamaño, Mesón de Paredes con calle Cabestreros), con capa terriza del grosor suficiente para la plantación y el desarrollo de árboles de gran porte. Construcción subterránea de un aparcamiento para residentes, integrado en la nueva ordenación del parque y de la plaza ajardinada, cuyos accesos de entrada y salida, de ser viable, no se produzcan por la misma calle.

2. Se incorporen a las determinaciones complementarias de la ficha del APE 01.09 las siguientes:

ƒ ƒ ƒ

El aparcamiento subterráneo para residentes se resolverá de forma que permita rellenos de tierra suficientes para el desarrollo de árboles de gran porte en número, como mínimo, igual al existente antes de la descatalogación. En el diseño del área estancial del parque y de la plaza ajardinada se tendrá en cuenta el uso de zona de juegos infantiles que será restituido tras las obras de construcción del aparcamiento para residentes. Se levantará acta notarial del estado de los edificios que pudieran verse afectados por las obras del aparcamiento subterráneo y sus accesos de entrada y salida, máxime de producirse éstos por calles diferentes.

Todo lo cual sometemos a la consideración del Ayuntamiento Pleno, en Madrid a 1 de julio de 2004xi

Fdo. Manuel Osuna Presidente de la A.V. La Corrala

Fdo. Prisciliano Castro Presidente de la FRAVM

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EL AYUNTAMIENTO HA FINALIZADO LA OBRA TRAS UNA INVERSIÓN DE 237.679 EUROS Y EN LOS SEIS MESES DE PLAZO PREVISTOS Munimadrid.es 17.02.2007 Los vecinos de Lavapiés estrenan la nueva plaza de Ministriles • • • •

Está situada en el corazón del barrio y atiende a la necesidad de crear zonas estanciales Este nuevo espacio se ha creado en un solar de 525 metros cuadrados fruto de la demolición de un antiguo edificio en ruinas, situado entre las calles Lavapiés y Ministriles Lavapiés recupera, gracias a este proyecto, un nuevo espacio urbano. Se revitaliza una zona muy degradada y se esponja la trama urbana devolviéndole al peatón el protagonismo La creación de esta nueva plaza ha permitido renovar el viario, mejorar la accesibilidad, recuperar espacios peatonales y modernizar infraestructuras y servicios

Lavapiés sigue renovándose. Los vecinos de Centro pueden disfrutar de la nueva plaza de Ministriles, situada entre las calles de Lavapiés y Ministriles, a la altura de la calle Ministriles Chica. Donde antes había un solar muy degradado, fruto de la demolición de un antiguo edificio en ruinas, el Ayuntamiento de Madrid ha creado una nueva zona estancial de uso público. El peatón recupera su espacio en un barrio mediante el esponjamiento de la trama urbana, la incorporación de espacios ajardinados y la reordenación de los espacios libres existentes. Nuevo arbolado La nueva plaza tiene dos alturas debido a la diferencia de cotas entre las distintas calles que la rodean, quedando conformada por dos plataformas unidas entre sí por escaleras en sus dos extremos Norte y Sur, y una rampa de comunicación entre las mismas. En el solar de 525 metros cuadrados se han plantado ocho magnolios de gran porte y en los parterres superior e inferior, arbustos de Boj y plantas de flor. Además, se ha dotado a la plaza de nuevo alumbrado, de la necesaria red de riego para las zonas verdes, así como de nuevo mobiliario urbano. Las aceras de las calles Lavapiés y Ministriles, que era muy estrechas, se han ensanchado y se ha eliminado el tendido aéreo de las instalaciones de telefonía. En la creación de esta nueva plaza se han invertido 237.679 euros. Los trabajos, que han terminado en los seis meses previstos, han permitido entre otras cosas renovar el viario, mejorar la accesibilidad y recuperar espacios peatonales, y modernizar las infraestructuras de servicios.

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Próximamente comenzará la rehabilitación de la medianería, muy deteriorada, de uno de los edificios que encuadra la plaza y que quedó descubierta cuando se derribó el inmueble que dio lugar a la creación del solar donde se ha levantado la nueva plaza. Con actuaciones como ésta se da un paso más en la búsqueda de un modelo de ciudad basado en un centro urbano contemporáneo e integrado que no crece de espaldas a su núcleo, sino que se apoya en él para tejer un fuerte entramado social donde la exclusión y la degradación no tengan espacio. Colaboración vecinal El tejido vecinal de Lavapiés ha participado en el diseño de esta plaza así como en el de otras actuaciones que se están llevando a cabo en esta zona. El Ayuntamiento ha atendido la demanda de las asociaciones vecinales y ha introducido mejoras para conseguir mejorar el uso de los espacios estanciales del barrio.Precisamente, este sábado, la Asociación de Vecinos La Corrala ha organizado una fiesta a la que están invitados todos los vecinos de Lavapiés con la que quieren inaugurar este nuevo equipamiento. Actividades para los niños y una actuación musical son algunos de los reclamos para que los vecinos de Lavapiés “vengan y utilicen la plaza”. A la inauguración han asistido el concejal de Centro, Luis Asúa y el coordinación general de Organización y Gestión de Proyectos, Francisco Panadero. Revitalización del Centro La nueva plaza de Ministriles no es una mejora aislada en Lavapiés, donde se están llevando a cabo numerosas intervenciones encaminadas a hacer del Centro un lugar más habitado, más habitable, más integrado socialmente, más contemporáneo y más activo culturalmente.Uno de los proyectos activos actualmente es la plaza de Cabestreros, donde se está recuperando un nuevo espacio urbano en pleno corazón del barrio y un aparcamiento para residentes de 321 plazas. De esta forma se palia el déficit de aparcamiento en superficie y se distribuye la oferta de plazas en la zona norte del barrio mediante la construcción de un aparcamiento subterráneo para residentes, que se suma a los situados en la plaza de Agustín Lara y en el Parque del Casino de la Reina. Otra de las actuaciones en materia de revitalización es la que disfrutarán los vecinos de la plaza de Agustín Lara, cuyo innovador proyecto de ajardinamiento permitirá crear un ‘toldo’ natural en verano gracias a las plantas trepadoras que crecerán en este punto. El plan de rehabilitación de Lavapiés presta especial atención a las viviendas, como punto fundamental parta obtener una mejora en la calidad de vida de los vecinos. Por un lado, se impulsa la recuperación del barrio al frenar el deterioro existente de la edificación y se recupera su estado original y por otro, permite dar un paso más en la erradicación de la infravivienda vertical en el distrito Centro. Así en Lavapiés se han llevado a cabo rehabilitaciones de vivienda como en la calle San Carlos 17 donde se han rehabilitado las 11 viviendas del inmueble, distribuidas en cinco plantas, dos locales comerciales, se ha instalado un ascensor y creado una zona de espacios bajo cubierta de uso comunitario para los futuros vecinos. Además, se ha incorporado una instalación de energía solar, que contribuirá al ahorro energético en el consumo de las viviendas.xii

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LAVAPIÉS CONTINÚA RENOVÁNDOSE

jueves 17 de mayo de 2007 Escrito por Aalto a las 16:29

El Centro de Madrid continúa renovándose. El Plan de Revitalización del Centro Urbano aborda diversos proyectos que buscan mejorar la integración social, reducir la contaminación acústica y medioambiental, promover la actividad cultural, recuperar el concepto de plazas estanciales, crear recorridos de prioridad peatonal y acabar con el déficit de zonas verdes, equipamientos y servicios públicos que tanto preocupa a los ciudadanos. Lavapiés continúa renovándose. Dos nuevos espacios han quedado hoy a disposición de los vecinos tras su remodelación: las plazas de Cabestreros y Agustín Lara muestran su nueva imagen tras la ejecución de sendos proyectos que han cambiado su

fisonomía. En el caso de la plaza de Cabestreros, se ha construido un aparcamiento para residentes, que palia el déficit de plazas de la zona.

Estas actuaciones, al igual que el resto de las realizadas por el Ayuntamiento en el barrio de Lavapiés, contribuyen a regenerar el tejido social del barrio y frenar su progresivo deterioro. La plaza de Cabestreros La remodelación realizada en la plaza de Cabestreros ha acabado con el desnivel existente antes de las obras, que suponía su aislamiento respecto a su entorno e impedía la consolidación de espacios peatonales a través de la plaza, algo que unido a la interrupción de las vistas, generaba un espacio infrautilizado por los vecinos. Ahora, la plaza ha quedado convertida en un nuevo lugar de encuentro vecinal con un diseño que redistribuye la diferencia de cotas, y nuevos espacios verdes y juegos infantiles. En la remodelación se ha incluido pavimentación de calidad con grandes losas de hormigón con acabado tipo granito y se ha mantenido la “huella histórica” del antiguo muro existente, de acuerdo con la recomendación de la Comisión de Patrimonio.

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Esta importante actuación ha incluido la construcción de un nuevo aparcamiento con 356 plazas para residentes, que se suma a los situados en la plaza de Agustín Lara y en el Parque del Casino de la Reina. De

esta forma se palia el déficit de aparcamiento y se distribuye la oferta de plazas en la zona norte del barrio. La inversión ha sido de 2.911.865 euros.

La plaza de Agustín Lara También la plaza de Agustín Lara ha quedado a disposición de los vecinos hoy. Otro proyecto más que prosigue la política de mejorar la integración social, promover la actividad social y acabar con el déficit de zonas verdes y espacios públicos del viejo Lavapiés. Su remodelación viene a completar la actuación realizada en el Mercado de San Fernando con la instalación de un Centro de Salud. También completa la rehabilitación en las Escuelas Pías de San Fernando llevada a cabo por el Gobierno Municipal, y que desde 2004 acoge aulas y una biblioteca que fueron cedidas a la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

La plaza de Agustín Lara se ha remodelado conforme al proyecto de José Ignacio Linazasoro, lo que ha incluido la construcción de dos amplias jardineras de hormigón que acogen 730 arbustos, y bancos de piedra caliza, siguiendo el dibujo del pavimento de adoquín portugués existente. Atendiendo las peticiones vecinales, se ha colocado una gran pérgola metálica entre las dos jardineras, con el fin de crear un espacio continuo sobre la nueva zona estancial con luz tamizada y sobre el que crecerá la hiedra. Su ubicación en un extremo de la plaza respeta los accesos a la Biblioteca instalada en las antiguas Escuelas Pías de San Fernando, en las cuales se encuentra ubicado actualmente un centro de la UNED, para evitar obstáculos visuales de las mismas. El presupuesto invertido ha sido de 339.373 euros, parte del cual se ha destinado a la remodelación de la plaza de la Corrala.

Las plazas de Ministriles y La Corrala Además de estas dos plazas, también la de La Corrala ha sido recuperada. Para ello se eliminó un antiguo muro que contenía un centro de transformación de energía en desuso, y construyó una amplia rampa de acceso desarrollada en tres tramos y pavimentada con granito.

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Nuevo mobiliario urbano y 18 nuevos árboles, completan un proyecto que supone para el barrio un espacio rescatado del deterioro anterior a las obras. La inversión para la remodelación de Ministriles ha sido de 237.679 euros.

También la nueva plaza de Ministriles, abierta a los vecinos el pasado mes de febrero, es un espacio antes infrautilizado surgido tras rehabilitar un solar resultante de la demolición de un antiguo edificio en ruinas situado entre las calles de Lavapiés y Ministriles. El solar de 525 metros cuadrados convertido en plaza, incorpora zonas ajardinadas y recupera espacios peatonales. Una plaza sin barreras que mejora la integración social y es un ejemplo de la recuperación de concepto de espacios estanciales. La nueva plaza tiene dos alturas debido a la diferencia de cotas entre las distintas calles que la rodean. Para resolver esta diferencia, se han construido dos plataformas unidas entre sí por escaleras en sus dos extremos Norte y Sur, y una rampa de comunicación entre las mismas. La inversión ha sido de 237.679 euros.

Política de vivienda Avanzar en la erradicación de la infravivienda vertical, recuperar el estado original de los edificios mediante su rehabilitación, promover la sostenibilidad y el ahorro energético así como la accesibilidad, son otros de los objetivos del Ayuntamiento para la recuperación de Lavapiés. Para conseguir estos objetivos, durante los últimos cuatro años se han llevado a cabo 3.609 intervenciones en viviendas y 349 en locales. Además, se han invertido 7.161.562 euros en las obras de urbanización, que han permitido crear nuevos espacios para los vecinos. Actuaciones que demuestran el compromiso del Gobierno de la Ciudad con su revitalizaciónxiii. LA INVERSIÓN MILLONARIA EN LA REHABILITACIÓN DE LAVAPIÉS SE EXTIENDE A ATOCHA Y EL RASTRO SARA MEDIALDEA 25-9-2003 05:00:04

Cascorro, 10, uno de los inmuebles a rehabilitar en la nueva zona JAIME GARCÍA

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MADRID. Setenta hectáreas de suelo del centro de Madrid, sobre las que se asientan 10.400 viviendas, pasarán a ser consideradas área de rehabilitación preferente. Son zonas comprendidas a ambas márgenes del barrio de Lavapiés, hasta Atocha por el este, y abarcando la zona del Rastro por el oeste. Las inversiones previstas entre 2003 y 2006 suponen más de 77 millones de euros -casi 13.000 millones de pesetas-, de los que 41 corresponden a fondos públicos. Con estas cantidades, se mejorarán infraestructuras, se crearán equipamientos y 3.500 viviendas dejarán de tener la consideración de infraviviendas. A la primera fase de rehabilitación en Lavapiés -en marcha desde que se firmó, en 1997, un convenio entre las tres administraciones-, que ha afectado a 34,5 hectáreas, se une ahora esta segunda fase, que dobla en superficie la zona objeto de trabajos. La rehabilitación sigue el siguiente modelo: los propietarios solicitan subvenciones para reformar sus viviendas. La Administración local estudia el caso y si se estima, se les concede ayudas económicas que superan el 60 por ciento del valor total de la actuación. La ampliación de la zona a rehabilitar responde a necesidades reales: aunque en la primera fase se preveía actuar sobre 4.000 viviendas, ya se han superado las 5.650 actuaciones; la inversión de los vecinos en obras en sus viviendas ha duplicado la cantidad inicialmente prevista -15,38 millones de euros- y alcanza los 32,54 millones de euros. Existen 1.635 expedientes de viviendas pendientes de tramitarse y que no han podido recibir subvención. La ampliación del área supone abarcar 10.400 viviendas más, y se estima una actuación sobre aproximadamente 1.865 de ellas, por un valor de 12 millones de euros. A esto se suman las 1.635 que quedaron sin ayuda. La subvención total prevista para viviendas en esta segunda fase superará ligeramente los 26 millones de euros. Pero además de la rehabilitación privada de edificios, con subvenciones públicas a fondo perdido, también se acometerán otro tipo de tareas, como la reforma de las calles. Muchas de ellas tienen trazados medievales, con anchos de 6 metros. Por contraste, otras que eran caminos desde este barrio de arrabal a la ciudad en el siglo XII son ahora importantes vías urbanas como Atocha o Ribera de Curtidores.

También infraestructuras El coste de rehabilitación de infraestructuras en Lavapiés afectará a 38 calles, que ocupan una superficie de 63.000 metros cuadrados. Catorce millones de euros serán el gasto previsto para estos arreglos. Pero además de las actuaciones sobre vivienda que realizan los propietarios de las mismas -subvencionados con dinero público-, existen otras previstas para los casos de infravivienda. Hay 128 edificios en que existe este problema de manera generalizada, y en ellos, un mínimo de 2.076 infraviviendas, lo que supone que esta situación afecta al 67,7 por ciento de los pisos estudiados.

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«Patios azules» Estos trabajos suponen, a veces, modificar la estructura del edificio; en otras, se llega a sustituir el inmueble. De este modo, se consiguen viviendas que alcancen las superficies y condiciones de habitabilidad legalmente establecidas, además de contar con «patios azules»: patios de parcela con las dimensiones adecuadas para poder considerar las viviendas como exteriores. En estas ocasiones, a veces es necesario indemnizar a los propietarios por la pérdida de superficie, algo que se hace en metálico o mediante permuta en viviendas de realojo. Un estudio elaborado por la Empresa Municipal de la Vivienda -entidad municipal presidida por el concejal Sigfrido Herráez y que se encarga de la rehabilitación en Lavapiés- indica que más del 50 por ciento de la población que reside en la zona tiene ingresos inferiores a 21.000 euros. Algo que hace necesarias las subvenciones públicas a fondo perdido. Las áreas este y oeste que ahora se van a incluir en los trabajos presentan las mismas deficiencias de habitabilidad en las viviendas superficies, aseos e instalaciones- y en sus infraestructuras que el resto de la zona. Pero cuenta, eso sí, con más edificios singulares en su seno. Entre ellos, están el Real Monasterio de las Agustinas Recoletas, el Centro de Arte Reina Sofía, el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, el Museo del Ferrocarril o el cine Doré. Lavapiés ha sufrido una masiva pérdida de población desde los años 70 hasta los 90, agravada por una degradación urbanística galopante y una creciente marginalidad social. En los últimos años, la tendencia en población ha variado, principalmente por la llegada de inmigrantes: más del 31 por ciento de los residentes en este barrio son, según datos oficiales, extranjeros. De ellos, los más numerosos son los ecuatorianos -un 38 por ciento del total-, al tiempo que descienden los hasta ahora más frecuentes magrebíes. Por otra parte, el colegio de Agentes de la Propiedad de Madrid ha iniciado contactos con el Ayuntamiento para informarles sobre la existencia de viviendas en venta que puedan ser objeto de compra y rehabilitaciónxiv LAVAPIÉS REHABILITÓ 7.657 VIVIENDAS EN LA ÚLTIMA DÉCADA Jueves 11 de diciembre de 2008

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03-11-2008 - MDO - Fotografías: Ayuntamiento de Madrid En sólo una década se han rehabilitado 7.657 viviendas y 831 locales del barrio de Lavapiés, según indicó este lunes la delegada de Urbanismo, Pilar Martínez, en la presentación del balance de las actuaciones incluidas en el Área de Rehabilitación de esta céntrica zona. Además, se han mejorado más de 115.000 metros cuadrados de infraestructuras viarias y se han creado nuevos equipamientos como centros sociales, culturales y espacios públicos. Desde 1998, año que se inició la primera fase de esta Área de Rehabilitación Integral, hasta 2010, fecha en que concluirá la segunda, las tres administraciones (central, regional y local) habrán invertido en Lavapiés 88,5 millones de euros, de los que 24,7 corresponden al Ayuntamiento de Madrid. El Área de Rehabilitación de Lavapiés ha incluido dos fases. La primera, entre 1998 y 2003, se extendió a una superficie de 34 hectáreas. La segunda, que amplía la superficie hasta las 70 hectáreas, terminará en 2010. Haciendo una valoración económica global, desde 1998 y con las previsiones existentes hasta 2010, las administraciones públicas han destinado 88,5 millones de euros a la rehabilitación de Lavapiés, de los cuales 60,4 millones han permitido mejorar la calidad de viviendas y edificios, y 28,1, renovar sus infraestructuras. El Ayuntamiento de Madrid ha aportado 24,7 millones de euros, de los cuales 15,4 corresponden a infraestructuras y 9,3 a vivienda.

Dinamización del barrio Paralelamente, el Ayuntamiento ha llevado a cabo iniciativas para crear equipamientos que contribuyan a la dinamización del barrio, con una inversión de 33 millones de euros, como la construcción del teatro Valle Inclán y el teatro Circo Price, la rehabilitación del mercado de San Fernando, el aparcamiento de la plaza de Agustín Lara, la recuperación del parque Casino de la Reina, o la rehabilitación del edificio de las antiguas Escuelas Pías para Centro Asociado y dependencias de la UNED, de acuerdo con el proyecto del prestigioso arquitecto Linazasoro. Asimismo, el Ayuntamiento ha destinado 5,4 millones de euros a programas sociales, orientados especialmente a la prestación de servicios a personas mayores y con algún tipo de discapacidad. También se ha impulsado la rehabilitación del patrimonio arquitectónico residencial. El Ayuntamiento de Madrid ha adquirido edificios en avanzado estado de deterioro con el fin de eliminar infravivienda, impulsando además un Programa de Adecuación Arquitectónica que ha permitido recuperar algunas de las corralas más singulares del barrio, como las de las calles de Tribulete 25 y Cabestreros 9, así como los edificios más antiguos en torno a la plaza de Lavapiés.

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Se han concedido subvenciones para contribuir a la financiación de intervenciones privadas orientadas a la mejora tanto de elementos comunes, como de las propias viviendas. Cabe destacar que durante estos diez años, y en el marco del convenio entre las tres administraciones, se ha actuado sobre 7.657 viviendas y 831 locales comerciales, lo que suma un total de 8.488 actuaciones. Además, se han mejorado 115.000 metros cuadrados de viario público.xv

DESCONFIANZA EN LAVAPIÉS L. GALÁN . El Pais. Madrid. 12/09/2004

El locutorio cerrado de Nuevo Siglo, de Lavapiés- ULY MARTÍN En el barrio de Madrid frecuentado por varios implicados en el atentado, el colectivo marroquí se ha encerrado en sí mismo La única huella visible del cataclismo del 11-M son los cierres echados del locutorio Nuevo Siglo, en el número 17 de la calle de Tribulete. En esta parte del barrio de Lavapiés, en torno a la calle de Miguel Servet, se concentra el grueso del vecindario marroquí, una comunidad que se ha cerrado un poco más sobre sí misma en el último medio año, abrumada y molesta por la sombra de duda que han proyectado sobre sus miembros la detención de Jamal Zougam, el "vecino modélico" que regentaba el locutorio, y el papel homicida de los suicidas de Leganés, vinculados muchos de ellos a este céntrico barrio de Madrid. "Después del suicidio todo se acabó. Ahora ya no se aclararán las cosas", opina un vecino Los jóvenes parados a la entrada de las teterías de la calle Mesón de Paredes, los que leen un periódico deportivo cerca de la peluquería Papparazzi, el tipo que monta guardia frente a una tienda de ropa al por mayor, bastante poco surtida, todos rehúyen la conversación, casi con brusquedad. Dentro de este último local, un marroquí alto y delgado, que dice llamarse Omar, se muestra más comunicativo. ¿Ha vuelto la

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tranquilidad a Lavapiés? "Bueno, está más tranquilo, después de todas las mentiras", dice, e inicia un alegato interminable donde se mezclan la crítica a los occidentales con el sufrimiento de los países islámicos y la supuesta tendenciosidad de los medios de comunicación. "Ya no compro los periódicos porque no hacen más que culpar al islam de todo", se queja Omar. Es la misma "obsesión contra los musulmanes" que cuando detuvieron a su vecino Zougam. "Yo estaba aquí, frente a ese locutorio, cuando vinieron periodistas españoles y de todo el mundo, y sólo preguntaban, pero ¿va a la mezquita, era musulmán creyente? ¡Y qué tenía que ver! En la mezquita sólo te enseñan el bien, a respetar al país que te acoge, a dar lo mejor de ti a esta sociedad... Ya han sacado a uno de la cárcel, yo espero que saquen pronto a los otros. Los que se suicidaron en Leganés eran unos traficantes de droga de nada, pagados por los servicios secretos franceses y alemanes. ¿Por qué? Para terminar con Aznar, que había dividido a la Unión Europea. Además España es un país más débil que Inglaterra, que no tiene ni siquiera el euro. Pero después del suicidio todo se acabó, ahora no se aclararán ya las cosas". La comunidad marroquí, -y, en general, los árabes de Lavapiés-, se ha atrincherado en una hipótesis de los hechos que exculpa en gran medida a los presuntos autores materiales de aquella carnicería. Es una mezcla de desconfianza y de reacción autodefensiva frente a una sociedad extranjera en la que no se sienten integrados. Y eso que en este barrio no hay rastro de esa "sociedad extranjera", con más de la mitad de los empadronados llegados de todos los rincones del mundo. Quizá por eso, la vida sigue en Lavapiés entre las obras del metro que han cercado la plaza principal, entre las basuras, los olores ácidos de la movida nocturna y los humos de los tubos de escape de las furgonetas que reparten paquetes de ropa en las tiendas al por mayor. La vida sigue en ambientes aislados que se mezclan sólo tangencialmente. La comunidad gitana vive y hace sus negocios en torno a la plaza de Cascorro; los comercios chinos inundan calles como la de Mesón de Paredes o Caravaca, los magrebíes se extienden entre las calles de Tribulete, Miguel Servet y Sombrerete. Los viejos madrileños, supervivientes de un mundo que desaparece a marchas forzadas, se mueven por las calles del viejo barrio con la inseguridad del extranjero. Tampoco la mezcla de exotismos acaba de cuajar. Lavapiés, uno de los laboratorios étnicos de España, donde conviven la antigua comunidad gitana con ecuatorianos, senegaleses, marroquíes, egipcios, nigerianos y españoles, parece languidecer. "El barrio tiene futuro si se arregla el problema de la vivienda, de la rehabilitación. Seguimos siendo un laboratorio, un experimento; lo que pasa es que llevamos poco tiempo para

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lograr la integración total". Manuel Osuna, cartero de la calle de Argumosa (la zona más cara de todo el distrito) y presidente de la Asociación de Vecinos La Corrala, que funciona desde 1977, no renuncia al optimismo. Claro que hay problemas en la zona. Claro que hay desconfianza. "Pero la gente se ha olvidado ya del barullo que se montó después del 11-M". ¿Y la desconfianza que se palpa? "La de siempre", responde Osuna, que justifica la pérdida de vecinos, -"seremos unos 55.000, y bajan los empadronados"- por los precios de los alquileres, "que están por las nubes". Los inmigrantes se instalan en casas de familiares, pero en cuanto pueden se mudan a otros barrios más baratos. Pero, ¿qué queda de la antigua efervescencia multicultural? La página web de la red de asociaciones de Lavapiés no ha sido renovada desde mayo de 2001 y el único teléfono de contacto pertenece ahora a un particular. "Bueno, es que ya no es tan necesario todo eso", añade el presidente de La Corrala. "Pero lo bonito del barrio es ver jugar a chavales senegaleses, chinos, ecuatorianos o marroquíes juntos". ¿Y los niños españoles? En los tres colegios públicos del distrito hay abrumadora mayoría de niños inmigrantes. "Las parejas autóctonas no tienen hijos aquí, porque no hay zonas verdes y quieren más tranquilidad", añade Osuna. En el laboratorio empieza a faltar la savia original. "Vamos cada vez peor" Hay desconfianza y perplejidad en la expresión de la pareja de ancianos que hace la compra en una de las pocas charcuterías tradicionales de la zona. Responden deprisa a las preguntas, un poco a la carrera, camino de la calle Valencia. "¿El barrio? Cada vez peor, ¿cómo va a mejorar esto?", dice el hombre. En una destartalada frutería hacen su compra dos ancianas. La fruta se exhibe bajo el viejo letrero de Zapatería, pero el dueño, un sonriente bangladesí que apenas habla español no parece preocupado por la incongruencia. En los estantes se apila lo más exótico que se puede encontrar en Madrid, raíces traídas de la India, papayas importadas de Vietnam, lichis, diversos tipos de mangos, plátanos verdes.

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"Esto gusta a todos, ecuatorianos, indios, españoles", sonríe. Puede que sea este exotismo el que ha arrastrado hasta Lavapiés a muchos jóvenes profesionales y artistas que han alquilado pisos aquí atraídos por tanto colorido racial. Pero la mayoría dura poco. El exotismo cansa. "El barrio pierde gracia", opina la empleada de una agencia inmobiliaria instalada en plena plaza de Lavapiés. "Y la oferta se ha tenido que ajustar a la baja, porque los precios se habían disparado". Y eso, al margen del 11-Mxvi.

PÉREZ DENUNCIA EL ‘TOTAL INCUMPLIMIENTO’ DEL PLAN DE CENTRO EN LAVAPIÉS Y EMBAJADORES Escrito por IU-CM viernes, 19 de enero de 2007 El candidato de IU propone reconvertir la Antigua Real Fábrica de Tabaco en equipamientos sociales y un Centro Cívico autogestionado por los vecinos. El candidato de IU a la Alcaldía de Madrid, Ángel Pérez, ha denunciado hoy “el total incumplimiento por parte del equipo de Gallardón de los compromisos adquiridos dentro del Plan de Revitalización del Centro para el barrio de Lavapiés y Embajadores”. “Desde 2004 que se anunció por vez primera, aunque evidentemente no por última, no se ha hecho nada más que decir lo que se va a hacer y no se hace”. “Mientras tanto esta zona especialmente vulnerable sigue en una situación de déficit crónico de equipamientos y servicios”. Pérez, que visitó esta mañana algunos de los inmuebles del barrio, reclamó “la reconversión urgente de la Antigua Real Fábrica de Tabaco en equipamientos sociales”. “Este barrio, como tantos otros de Madrid, necesita hechos y no palabras ni propaganda”. “La antigua fábrica puede ser un lugar idóneo para poner en marcha dotaciones sociales y un centro cívico autogestionado por los vecinos”. “Dentro de este propio barrio ha habido iniciativas interesantes que demuestran que los vecinos son muy capaces de organizarse por si solos si hay sitios en donde puedan llevar a cabo sus iniciativas”. Pérez detalló todos los incumplimientos que afectan no sólo a equipamientos sociales, culturales y deportivos sino también al estado de las viviendas. Cabe recordar que en Embajadores, más del 40% de ellas se encuentran en mal estado. Las carencias en el capítulo social también son notorias como delata que con casi 9.000 ancianos de un total de 51.000 vecinos en el barrio de Embajadores no haya un solo Centro de Mayores y sólo un Centro de Día. El candidato de IU también denunció la falta de una Casa de la Mujer, de la Juventud, de escuela de música, de polideportivo, biblioteca municipal o escuela infantil.

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COMPROMISOS E INCUMPLIMIENTOS EN LAVAPIÉS Y EMBAJADORES >> Equipamiento cívico autogestionado. Se propone obtener una edificación o solar en el área de Lavapiés para localizar un centro cívico autogestionado por entidades ciudadanas del barrio. Sin realizar.

>> Parcela vacante en calle Rodas (C/ Rodas 20 y 22). Superficie edificable: 1.800 m2. Centro de salud especializado. Sin realizar. >> Parcela vacante en calle Cabeza (C/ Cabeza, 14). Superficie edificable: 980 m2. Centro de educación infantil de 6 unidades. Sin realizar. >> Parcela vacante en calle Embajadores (C/ Embajadores, 18). Superficie edificable: 1.645 m2. Centro de Mayores y piso tutelado de 6 plazas. Sin realizar. >> Parcela vacante en calle Doctor Fourquet (C/ Doctor Fourquet, 24). Superficie edificable: 6.500 m2. Residencia Personas Mayores (100 camas) y Biblioteca Nivel Distrito. Sin realizar. >> Actuaciones dotacionales en el Colegio de los Concepcionistas (Calle Argumosa, 29 a 35). Superficie edificable: 2.013 m2. Equipamiento Deportivo Singular y zona verde. No se actúa >> Conexión calle Atocha-Plaza de Lavapiés (Plaza de Lavapiés y calles de la Fé, Buenavista, Santa Isabel, Tres Peces y Torrecilla del Leal). Obtención de nuevos espacios libres y viarios, que faciliten la conexión de Lavapiés con Atocha, y recualificación de los usos existentes, con obtención de nuevas dotaciones. Proyecto incorporado a las nuevas intervenciones en manzanas. >> Parcela vacante en Olivar (C/ Olivar, 48 y 50). Superficie edificable: 790 m2. Viviendas tuteladas. Sin realizar.

BARRIO DE EMBAJADORES El barrio de Embajadores, del que forma parte Lavapiés, es una de las zonas de Madrid con más carencias y problemas, con un déficit crónico de equipamientos y servicios. :: :: :: ::

Viviendas en mal estado: 43,5% Renta: 79% de la madrileña. Analfabetos y sin estudios: 14,2% Población inmigrante: 36,0%

A pesar de contar con 51.527 habitantes, 8.478 mayores de 65 años, Embajadores cuenta con un solo Centro de Mayores y un solo Centro de

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Día: no hay ninguna plaza de Residencia ni alojamientos alternativos para mayores en Embajadores. El barrio de Embajadores tampoco cuenta con Casa de la Mujer, ni de la Juventud, ni polideportivos, ni Escuela de Música, ni biblioteca municipal, ni Escuela Infantil pública... El Plan de Revitalización del Centro, aprobado en 2004, contemplaba una serie de actuaciones en el barrio de Embajadores de carácter dotacional, las cuales continúan pendientes en gran medida.

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A CADA CEUTÍ LE CORRESPONDE APENAS MEDIO METRO CUADRADO DE ZONA VERDE JAVIER SAKONA/CEUTA

SKN La media baja hasta los cuatro centímetros en barriadas como Príncipe Alfonso, los peores parámetros de España, según una denuncia del Partido Socialista La ciudad tiene veinte veces menos parques de lo recomendado por la OMS El ratio de superficie de zonas verdes por habitante es de 20 metros cuadrados en Vitoria, 15,5 en Zaragoza, 17,8 en Barcelona, 15.9 en Madrid y 7 en La Coruña. Para los ceutíes el ratio es de 0.54. Poco más de medio metro cuadrado por habitante. Para los trece mil ceutíes del Príncipe el ratio es de 0.04. Estas cuentas comparativas son parte de la denuncia del Partido Socialista contra la gestión medio ambiental del Ejecutivo de Vivas, responsable, acusan, de que Ceuta cuente con «veinte veces menos de la superficie mínima de zona verde recomendada por la OMS». «En 5 años, Vivas ha logrado disminuir aún más esta cifra», aseguran. «A cada ceutí le toca medio metro cuadrado, treinta veces menos que la capital de España», comparan. La cifra resulta de cruzar los datos de la población ceutí según el último censo del INE (75.861 habitantes.) y el número de metros cuadrados verdes según el avance del Plan General de Ordenación Urbana de la Ciudad Autónoma (139.941 metros cuadrados). Por zona verde de proximidad se entienden parques urbanos, plazas ajardinadas y otros espacios públicos de esparcimiento. Descontento ciudadano El PSOE se hace de eco del sentir vecinal a través de una encuesta realizada por PROINTEC entre representantes de las 34 barriadas ceutíes. Según este sondeo, el 68,5 por ciento de los ceutíes «echan en falta zonas verdes de proximidad». Por contra, la media nacional de insatisfacción es casi la mitad, un 36,8 por ciento. «En cinco años sólo ha aumentado en 300 metros cuadrados la superficie verde» denuncian desde el PSOE de Ceuta señalando la plaza bajo el puente de la Avenida Juan Pablo II como la única área ajardinada nueva desde 2002. «Si tenemos en cuenta el crecimiento de la población en estos años», calculan desde las filas socialistas, «la conclusión es clara: el Gobierno de Vivas no sólo no ha aumentado un ápice la superficie de esparcimiento, sino que ha bajado aún más la media por habitante», afirman, acusando a Vivas de haber logrado lo «inaudito».

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«Plazas convertidas en aparcamientos improvisados como la Plaza Vieja, otras remodeladas por casi 2.000 millones de pesetas que sólo han conseguido borrar el rastro del antiguo verdor, como la Plaza de los Reyes y un San Amaro, único parque periurbano de calidad, tristemente abandonado», ejemplifica Gonzalo Sanz, responsable de Barriadas del PSOE, «estos son los avales de un Gobierno que prefiere vender suelo público a los especuladores inmobiliarios, que invertir en zonas de esparcimiento cuando las estadísticas hablan por sí solas»xvii.

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http://www.dissidences.org/Lavapies.html

ii

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