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ATELIER #05

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Casa de locos Salvador Carbonell-Bustos

Dirección: Salvador Carbonell-Bustos. Coordinación: Anna Garcia Serrano.

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Traveling:

La evolución del Guggenheim

Las vidas del escenario

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Artistas TLM

Desayuno con... Yoshua Cienfuegos

Diseño editorial: Marta Álvarez Morraja. Identidad visual: Miriam Lázaro. Colaboradores: Tamara Álvarez. David Febo. Iván Moreno. Ana Roche. Silvia Santillana. Andrea Torres. ARTISTAS PARA ESTE NÚMERO: Aaron Vidal. Jesús Rodriguez Lluch. Ion Lucin. Óscar Llorens. Alfonso Elola. Fernando Villalvazo. Roberto Gutiérrez Currás. AGRADECIMIENTOS: Yoshua Cienfuegos. Las Naves, Espai d’innovació i creació. PORTADA: © Sergio Martínez. Para contactar con el equipo de The Lighting Mind: contacto@thelightingmind.com Editado en Valencia por The Lighting Mind www.thelightingmind.com

Retrospectiva Artistas TLM

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Un detalle

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c a s a de l o c o s

L A B E L L E Z A E SCON D I D A Salvador Carbonell-Bustos

En las últimas décadas, el cuerpo, junto a todos los atributos que configuran su nombre, ha llegado a ser considerado el propio lienzo sobre el que se materializa la obra de arte y el propio barro con el que se moldea el lenguaje del artista. Esto constituye un éxito, pues no existe nada más bello que el cuerpo desprovisto de todo objeto creado por ese pudor enmascarado bajo la etiqueta de civilización. Pero, cual personaje de tebeo, todo héroe ha de tener su antítesis. A la libertad de la desnudez y a la divinidad de las curvas le surgen aullidos de temor a cargo de quienes no saben salir del saco infesto de la sotana, por poner un ejemplo rápido y cotidiano, y lo que es arte y manifestación de lo puramente humano se convierte en grosería, lascivia y pornografía. Esto no es nuevo, pasó y pasará, pues parece que la lucha entre ese amor y ese odio no tiene un fin a la vista. La voz de ese colectivo que no ve más allá de la vergüenza impacta en todo medio de difusión, llámese televisión, llámese redes sociales, 4

llámese lo que a cada uno le venga en gana. Y nos salpica a todos. Por medio de este pensamiento se niega parte de la naturalidad del ser humano. Algunos permiten que una sociedad tan avanzada en ciertos aspectos permanezca asentada en otros del pasado siglo, velando la mente de futuras generaciones y ralentizando tanto el entendimiento de sus vidas como su capacidad para el autoanálisis. Así, crecen sin conocer lo bello, pero, en contraposición, se les permite reventar seseras con el ratón de su ordenador y conocer de primera mano la auténtica relación entre mujeres y hombres —y viceversa, por qué no— a la hora de la siesta. Ni saben cómo es la vida, ni se les deja que lo sepan. Pero volvamos al cuerpo, que se me calientan los dedos. Cualquier artista que trabaje con el cuerpo como medio de difusión para el arte, ya sea el suyo propio o el de sus semejantes, es, para mí, digno de


s al v ad o r c ar b o n ell - b u s t o s

atención. En la mayoría de los casos no es desnudo con lo que se nos deleita, o, en primera instancia, no es sólo eso; hay un conjunto, una armonía o un camino para exponer, tratar o criticar, pero hay quien siempre confunde lenguaje con concupiscencia, por lo que el movimiento, las tonalidades, la cuidada composición, el mensaje o cualquier otra cosa que se precie acaban arrojados por la borda. Algunos viven obcecados con que aquello que se muestra es pornografía, siempre pornografía. Por suerte para muchos, lo de quemar en la hoguera está pasado de moda. Algunos artistas campan todavía a sus anchas, haciendo aquello que les viene en gana con su vida y con su arte, pero quizá por el hecho de no ser demasiado conocidos no haya tenido tiempo todavía la censura de incurrir en sus actividades. Démosle tiempo, que con tanta objeción se le acumula el trabajo. De todas formas, peores cosas que las del arte contemporáneo se han visto en esta sociedad arcai-

ca y putrefacta que no quiere dignarse a evolucionar, donde los ojos siguen abriéndose como platos frente a un prepucio pero han dejado de pestañear ante las imágenes de muerte, violación o desahucio. Poco a poco. Francisco de Goya pintó, en su retiro de la Quinta del Sordo, aquel fantástico Saturno devorando a sus hijos. La censura hizo lo suyo y escondió bajo un manto negro ese descomunal falo que le salía de entre las piernas. Saturno no podía dar aquella imagen de lascivo perdido, por lo que fue mancillado. Por esa misma razón, y a modo de cierre, invito a todos aquellos detractores a que escondan sus partes nobles y las guarden para crear bastardos a los que puedan manipular bajo el techo de sus casas, devorándolos poco a poco. Nosotros, los que consideramos que una vagina y un pene son incensurables, seguiremos disfrutando de quienes nos deleitan con la viva imagen de la naturalidad y de lo que es nuestro. Lo poco que nos queda, para qué mentir. 5


UN R I NCÓN

Antoni Vidal Senabre  Para el rincón de este número de ATELIER nos ocupa una historia. Aaron Vidal, artista que protagoniza algunas de las páginas centrales de esta edición, nos escribió, el día previo a la preparación de los contenidos de esta revista, para decirnos que acababa de fallecer su padre. La historia de su familia, para nuestra sorpresa, es una auténtica maravilla. El abuelo de Aaron Vidal fue un destacado anarquista de la CNT y escultor que contaba entre sus amigos con personalidades como Durruti. Estando en Canarias planearon atentar contra Franco, por lo que fue detenido y encarcelado en Marruecos. Consiguió escapar y llegar a la Península, poniéndose al servicio de la República como agente secreto, con lo que perdió su identidad y pasó a llamarse Martín Mendoza, un ciudadano cubano. Al ver que se perdería la guerra, marchó con su familia a París y más tarde tuvo que huir, primero a Inglaterra y más tarde a los Estados Unidos, donde fundó una nueva familia. Toda esta información llegó a Barcelona vía Canadá de puño y letra a su hijo a través de un marinero amigo del protagonista. Hace un par de años, el hijo de Martín Mendoza y padre de Aaron Vidal comenzó a digitalizar todos aquellos informes. Antoni Vidal Senabre, el padre del artista, tuvo una infancia dura. Al dejar de ver a su padre con tan solo diez años, quiso cambiar de vida tratando de embarcarse como polizón en varios barcos, pero nunca tuvo éxito. Vivió un tiempo en Puerto Rico en los años 60 y allí, entre otras tareas, fue escogido para restaurar un altar de mármol. Tras un matrimonio fallido conoció a Milagros Martinez, con la que pudo iniciar una nueva vida. Ellos son los que se muestran en la obra, realizada por su hijo, que les rinde homenaje a través de la pintura. Y nosotros, que amamos el arte y la libertad, queríamos hacer este breve pero sentido homenaje a Antoni Vidal Senabre.

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L A E VO L UC I ÓN D E L G U G G E N H E I M

L A E VO L UC I ÓN D E L GUGGENHEIM Laura Ávila San José

El pasado octubre, el Museo Guggenheim Bilbao cumplió su mayoría de edad. Dieciocho años desde que abrió sus puertas al público por primera vez, aunque su historia se remonta hasta principios de los noventa del siglo pasado, cuando las administraciones vascas y The Solomon R. Guggenheim Foundation firmaron un acuerdo de colaboración en 1991. El Museo Guggenheim nació de la actividad de ambas instituciones con la intención de alcanzar un icono cultural y como renovación para la ciudad. El museo ha sido uno de los motores de transformación y un eje central en la revitalización de Bilbao; un tractor de visitantes que ha potenciado una mayor demanda turística y estimulado la generación de una oferta a su nivel y un elemento mediático que ha logrado una alta repercusión internacional, permitiendo a la ciudad y al territorio formar parte de una red a la vanguardia de la innovación, dando origen a un público que demanda una colección al nivel de las expectativas puestas en un museo de renombre mundial. El museo ha supuesto un hito en la historia reciente del arte y del urbanismo. Un modelo de regeneración urbanística a partir de un museo con un edifi-

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cio icónico espectacular, marca de la red de museos Guggenheim. Pero la trayectoria del Guggenheim no ha estado exenta de crítica. A pesar de generar turismo y demanda cultural, la ingente inversión y la falta de un contenido potente ha suscitado numerosos debates. Se ha enmarcado dentro de los nuevos museos, donde se da más importancia al contenedor que al contenido. Y es que una de las señas de identidad del Museo Guggenheim es su espectacular arquitectura, que articula todo el espacio expositivo tanto en el interior como en el exterior. El edificio del museo es, a día de hoy, uno de los iconos más reconocibles de la ciudad de Bilbao, una gran escultura de titanio, piedra y cristal diseñada por el arquitecto norteamericano Frank Gehry. Las galerías, algunas de sorprendentes configuraciones y otras de formas regulares, se articulan en torno a un espectacular atrio coronado por un lucernario cenital en forma de flor metálica. “La gran Antropometría azul ANT 105” (Klein, 1960)  “Las célebres órdenes de la noche” (Kiefer, 1997) 


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Sin embargo, desde antes de su inauguración en 1997, tanto el Museo Guggenheim Bilbao como The Solomon R. Guggenheim Foundation se fijaron unos claros objetivos para dotar al museo de una colección propia de una consideración considerable y de una envergadura mundial, con gran repercusión y transcendencia artísticas, complementaria a la colección que The Solomon R. Guggenheim Foundation posee en sus otras sedes de Nueva York y Venecia. La primera premisa ha sido la de complementar la colección permanente de The Solomon R. Guggenheim Foundation, poniendo el foco, sobre todo, en los movimientos, décadas y personalidades nada, poco o peor representadas en la colección de Nueva York. Para ello, la colección marca el corte cronológico inicial de su relato histórico, que se ha fijado aproximadamente a partir de la segunda mitad del siglo XX, estableciéndose, en lo que se refiere a los valores ya históricamente consagrados de este pe-

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ríodo, la pauta, antes ya apuntada, de insistir más o menos en movimientos y artistas en función de las existencias de la matriz neoyorquina. La colección arranca con la primera gran contribución de Estados Unidos a la Historia del Arte, el Expresionismo Abstracto, con piezas clave de Willem de Kooning, Robert Motherwell, Mark Rothko y Clifford Still, que personifican los máximos logros de este movimiento. Las obras de este período proporcionan un punto de partida fundamental para los muchos otros artistas de la colección pertenecientes a generaciones posteriores. Otra de la pautas a seguir ha sido la de completar la Colección con obras que poseen una especial significación en la Historia del Arte, que han servido como referencia para otros creadores, o que suponen, de alguna manera, la culminación o síntesis de la carrera de un artista, lo que se puede denominar como “puntos de intensidad” de la colección.


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En este caso, por poner algunos ejemplos, podemos hablar de Mark Rothko o de “Los Nueve discursos sobre Cómodo” de Cy Twombly. Otro de los ejes en torno a los que gira la colección es el especial énfasis en el arte vasco y español, con la finalidad de crear una colección viva de artistas vascos y españoles modernos y contemporáneos que sitúe sus logros en el foco de atención de un público mayoritario, de preservar para la posteridad esta herencia cultural vital y de fomentar, promocionar y respaldar a artistas locales y regionales. En este punto se encuentran grandes referencias del arte vasco y español del siglo XX, como Oteiza y Chillida y artistas más contemporáneos como Cristina Iglesias. La arquitectura singular como rasgo diferenciador de los Museos Guggenheim ha supuesto también la definición de una línea de adquisición de la colección

que incluye obras de ubicación específica, es decir, piezas creadas expresamente para ser expuestas en los lugares singulares del edificio de Frank Gehry o que establecen un diálogo especialmente enriquecedor con los lugares que las acogen. Por ejemplo, “La Materia del Tiempo” de Richard Serra o “Instalación para Bilbao” de Jenny Holzer. Los cuatro ejes son la guía que preside la formación de una colección que ambiciona tener un carácter internacional sin descuidar lo local, que aborda grandes nombres de la Historia del Arte y el talento de creadores emergentes, que es capaz de incluir todo tipo de modalidades técnicas y lenguajes artísticos, que sabe optar por la adquisición de una obra ya

 Untitled (Rothko, 1952)  Nueve discursos sobre Cómodo (Cy Twombly, 1963)

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producida o por la comisión artística para un lugar específico y poner de relieve la versatilidad del edificio que alberga y que es competente para conjugar el carácter enciclopédico con la concentración en un conjunto artístico que convierta al Museo Guggenheim Bilbao en el lugar de peregrinaje indispensable para conocer a un artista en particular. El Museo Guggenheim Bilbao resulta un claro exponente de la complejidad conceptual, tipológica y formal del museo de la posmodernidad, convertido en uno de los prototipos de museo finisecular de arte contemporáneo donde se materializa de una forma clara el concepto de museo y su expresión arquitectónica, transmisora de la contemporaneidad de sus contenidos, de la función cultural como espectáculo cambiante y dinámico junto a la capacidad de la arquitectura para transformar física y económicamente una ciudad. El museo acogió este año “Obras maestras de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao”, exposición temporal que pudo visitarse hasta el 3 de

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abril de 2016. Esta exposición supuso un hito en la historia del Guggenheim Bilbao ya que se inició así un nuevo enfoque de la programación artística del museo que dio respuesta, entre otras cuestiones, a la necesidad de contar con un espacio fijo e idóneo para la contemplación de algunas de las piezas más representativas de la colección propia. Con el objetivo de ofrecer al público la posibilidad de contemplar las obras más emblemáticas de la colección del museo de una manera idónea, potenciando al mismo tiempo las ambiciosas exposiciones temporales, el Museo Guggenheim Bilbao ha llevado a cabo una reflexión en torno a sus espacios y la adecuación de estos a los diferentes tipos de muestras de la programación artística anual. Así, partiendo de las premisas de no reducir el número de nuevos proyectos y de mantener la calidad de los mismos, la segmentación meditada de las plantas del museo ha dado como resultado un nuevo enfoque de la programación artística. En este nuevo modelo se han identificado las galerías “no clásicas” de la tercera planta (salas 301, 302, 303 y 304) como las


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idóneas para albergar de forma casi permanente las obras maestras de la colección del Museo Guggenheim Bilbao al tratarse de espacios heterogéneos en cuanto a medidas, formas y capacidades que se adaptan perfectamente a los fondos propios más significativos. Las galerías clásicas de la tercera planta, ideales por su configuración para la muestra de obras de menor formato y de exposiciones de arte de preguerra y de corte más “clásico”, actuarán así como prólogo a la colección del museo, configurando la tercera planta como el espacio dedicado a los fundamentos del arte actual. Por su parte, los espacios de la segunda planta se destinarán a albergar las grandes exposiciones temporales, de gran significación curatorial y proyección internacional. Las salas de la primera planta, a excepción de las dedicadas permanentemente a las obras de Richard Serra y Jenny Holzer, se centrarán en las tendencias más actuales, mostrando fragmentos de contemporaneidad. En torno al atrio, la sala 105, con más de 1.000 metros cuadrados, se dedicará a exposiciones con obras de carácter más experimental, o bien que

sirvan para contextualizar las obras de la colección dentro de la carrera de su autor o para destacar algún aspecto singular del trabajo del mismo. El museo Guggenheim Bilbao es un ejemplo paradigmático de una generación de nuevos museos que, a partir de un contenedor espectacular, tienen las herramientas necesarias para regenerar el entorno. Son capaces de otorgar notaría a la ciudad donde están ubicados y de aportar una nueva forma de ver los museos, siendo contenedores y legado de la humanidad y motores idóneos para generar negocio e ingresos.

“Barcaza” (Rauschenberg, 1962-63) 

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LAS VIDAS DEL ESCENARIO Muchas son las cosas que pueden cocerse encima de un escenario. Ya sea con la inserción de elementos, con la música o con el propio cuerpo, las opciones que ofrecen las artes escénicas son ilimitadas. Andrea Torres, Silvia Santillana y Ana Roche nos ofrecen algo muy especial, pues ellas saben de buena mano qué es lo que hay encima del escenario, pero también tras él. Historia, éxitos y crítica están asegurados en una serie de artículos de gran calidad literaria.

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PERFORAR

Andrea Torres

“ The function of the artist in a disturbed society is to give awareness of the universe, to ask the right questions, and to elevate the mind ” Marina Abramović ¿Cuál es el objetivo hoy en día del acto escénico? ¿Qué pretende un intérprete a la hora de lanzar un mensaje concreto ante un público? ¿Tiene en cuenta en absoluto al público? ¿O le gusta simplemente ser observado? Ser visto. Ser admirado. Ser juzgado. Ser alguien. Ser famoso. Ser grande. Ser. Ser. Ser... ¿Son ELLOS partícipes del acto escénico simplemente por puro narcisismo? ¿O pretenden ir más allá de aquellas mentes que han pagado por atenderles durante sus sesenta minutos de gloria? A partir de los años cincuenta, con las teorías de la fenomenología, los creadores de una obra literaria empiezan a tener en cuenta al receptor de sus textos y, a su vez, ocurre lo mismo en la interrelación entre los intérpretes y su público. Más tarde, con la teoría de la recepción literaria, primará lo que pueda descifrar la masa receptora de una obra en concreto por encima del propio acto creativo y sus emisores; es decir, en el acto comunicativo escénico sólo se considerará lo que saca como conclusión el público, lo que él ve o lo que él quiere interpretar. El ojo que todo lo ve es el que cuenta. Lo que haya querido transmitir el actor, bailarín o performer en cuestión no importará nada, semióticamente hablando. Las butacas, cuadriculadas y ordenadas, serán las protagonistas de la escena. Las estrellas.

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Y así se supone que ocurre hasta finales del siglo XX y principios del XXI. Entonces, ¿por qué no se realiza una encuesta previa para todos los receptores de escenas antes de ir al teatro? Si tanto se les tiene en cuenta, los gestores artísticos tendrían que tener en cuenta sus colores preferidos, su dieta óptima, sus gustos musicales, sus posturas predilectas y todas sus manías personales, no sea que les vaya a dar una indisposición pasajera a la salida de la representación. Pues no, señores, el acto escénico rara vez tiene en cuenta a su receptor —y, bajo mi humilde parecer, esto no debería ser así—. Si bien nos situamos en un contexto no comercial enmarcado en las artes escénicas, si bien no atendemos al género de los musicales o a las comedias facilonas. Y esto me lleva ineludiblemente al andén de una estación con destino a la performance. Debo antes enfatizar, por tanto, la necesidad de la indivisibilidad de la renovación teatral con el contexto social, político e histórico en el que ella misma se genera. El acto escénico debe ser el reflejo de ese entorno que le rodea y, a su vez, correspondería que éste ahondara en la sociedad, invitando a la re“Leyendo las noticias”. Marta Minujín, 1965 


ANDREA TORRES

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flexión. En el siglo XXI, espacio-tiempo donde todo ya ha sido inventado —el teatro épico, el teatro social, el teatro del oprimido, el teatro invisible, la danza-teatro y muchos teatros más—, lo único que queda a los productores de dramaturgia es mezclar. Combinar lenguajes para dar lugar a otros nuevos. Ser químicos del laboratorio de la escena. Decir lo que nadie ha dicho, hacer lo que nadie ha hecho. Ser misceláneos, ser eclécticos, ser polivalentes. ¿Para qué? Para innovar. ¿Para innovar qué, si ya está todo inventado? Para reinventarse, pues. Entonces, ¿por qué no llamamos al acto escénico acto performativo? Ah, no sé, ¿porque una performance abarca toda esta interdisciplinariedad posible inherente al acto escénico actual con toda la carga semántica posible e imaginable? Ya veremos. La performance nace en el siglo XX con las vanguardias artísticas y llegó a su auge e independencia como género artístico en los años setenta, pero esto no quiere decir que esté anticuada, ya que no deja de ser de lo más contemporáneo que tenemos actualmente en el ámbito escénico. Los angloparlantes denominan a cualquier acto escénico performance y, de hecho, las artes escénicas son las «performing arts». ¿Quiere decir que los ingleses y estadouni-

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denses van por delante de nosotros? Esta pregunta necesitaría de otro artículo para ser respondida. Aun así, sólo diré que el término «performing arts» en sí ya abraza esa interdisciplinariedad y esa relación —activa y consciente— con la audiencia de la que anteriormente hablábamos. Performance, etimológicamente, quiere decir “acción de representar”, “to complete, to accomplish, to provide, to carry out, to promote”. Y no hace falta que explique al dedillo qué quiere decir esto último, porque yo sí creo en la capacidad interpretativa y crítica de los receptores. Por lo tanto, el arte escénico tendría que tener el compromiso de perforar conciencias, perforar mentes, perforar entrañas, horadar prejuicios y traspasar fronteras. A fin de cuentas, hacer vibrar. Creo que ni hace falta resaltar la huella que han dejado hoy día performers artísticos como Marina Abramović, considerada la abuela de la performance. Abramović otorga a sus observadores un auténtico poder en la participación de su obra. Explora los límites de su cuerpo y de su mente e inspecciona con detalle su relación con la audiencia. Seguramente se le reconoce por su performance “The Artist Is Present” (2010) en el museo MoMA de Nueva


ANDREA TORRES

York, donde estuvo 736 horas y 30 minutos estática ante las personas que venían a observarla. Pero no hay que olvidar que actos como su “Rhythm 10” (1973) le conceden ese status de performer histórica, ya que en ese juego ruso de cuchillos llegó a indagar profundamente en sus límites corporales y mentales llegándose a cortar veinte veces. Otra performer que cabe destacar es Carolee Schneemann, artista conocida por su trabajo visual y de género por su trabajo alrededor del cuerpo social y del nudismo. En “Interior Scroll” (1975), Schneemann investiga el uso de su vagina con pergaminos escritos sobre Cézanne, los cuales va extrayendo de su interior y recitando al público. Hay que mencionar que su performance sólo se entiende en el contexto en el que se realizó y como una crítica aplastante al sexismo. Porque, como ya he lanzado, el acto escénico y su contexto social son hermanos siameses. La misma Schneemann nos deja citas como “el arte público es muy receptivo a lo que hago. Es una influencia mutua”. Con todo ello no quiero decir que el arte escénico actual —las artes escénicas en sí, el hecho mundialmente conocido como ir al teatro—, deba estar cargado de una performance activista y

provocativa. A saber, no se debe hacer siempre partícipe directo en su acto escénico a cada uno de los miembros del público. Pero sí se debería compilar el concepto «performing arts» en cada momento de la creación, producción y muestra, y así englobar toda la interdisciplinariedad posible que el acto permite. Y así abandonar de una vez el mero hecho narciso y nihilista por el placer y la estética y nada más. Por otro lado, se tendría que tomar conciencia acerca de la delicadeza de no dejar aparte a un actor imprescindible en ese frágil acto comunicativo: nuestro querido público. Que éste no es un agente pasivo, un aceptador sin sesos, un ensimismado ignorante, un dame de comer sin escrúpulos. Para eso ya está la televisión. Porque recuerden, sin esas personas —sí, son personas—, no habría acto escénico alguno.

Performance “Le Bunker”, 2006 “Living live human statues”, 2013 Performance en Colonia, Alemania. Angie Hiesl, 2008

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L a c o n temp o ra n eidad del b allet c l á s i c o a c t u al : U n v iaje del pre s e n te al pa s ad o

Silvia Santillana

Rara vez la programación escénica nacional e internacional obvia entre su repertorio a los grandes clásicos de la danza. Dentro de esta categoría, “El lago de los cisnes” es el ballet clásico más representado en todo el mundo. “El cascanueces”, “Giselle”, “Don Quijote”. Estos ballets son prueba indiscutible de la continua revisión de la música escénica en el panorama actual. Su fascinación no hace sino crecer con los años: un arte multidisciplinar, atemporal, que bebe tanto del pasado como del presente y que dará lugar a múltiples géneros en la danza contemporánea. Del ritual a la norma Desde sus orígenes, la danza es una manifestación inherente al ser humano y, como tal, la vemos representada en las paredes del arte paleolítico en imágenes de rituales para garantizar la supervivencia del grupo apelando a las diversas fuerzas sobrenaturales de la naturaleza. La comunidad en su conjunto participaba de este carácter ritual de la danza siendo un acto comunicativo muy significativo. Su testimonio no es meramente visual ni temporal, sino también espacial, como ocurre en algunas tribus de África u Oceania que siguen practicando este tipo de danza. Una manifestación que forma parte de nuestro pasado común. En la Antigüedad, la danza en Egipto y Próximo Oriente comienza a especializarse. Sus protagonistas son músicos y bailarines que practican un arte para deleite de los poderosos. No obstante, su valor religioso y popular sigue vigente. Pero esta barre20

ra religiosa se va difuminando con la democracia griega. Es en Grecia donde se alza la frontera entre espectador y artes escénicas. El espectador establece aquí un vínculo visual y afectivo con aquello que acontece en escena. Las representaciones de ménades en cerámicas o relieves griegos y romanos tienen su reflejo en estos espectáculos traídos de celebraciones báquicas. Lo mismo sucede en Roma. El gobierno incorporará del mundo macedónico los fastuosos triunfos militares con todo tipo de espectáculos asociados a la victoria militar. Vemos entonces que la danza se convierte en un entretenimiento para el pueblo y, por tanto, en un fiel siervo del poder político y religioso. Un nuevo espectáculo En el Occidente medieval y renacentista, la tradición tratadística categorizará todas las manifestaciones artísticas en un sentido coercitivo de estratificación social. De esta manera, Domenico da Piacenza, primer coreógrafo de la Historia, elaborará “De arte saltandi et choreas ducendi” en 1450 en torno a la danza cortesana. En este libro se dice que la danza es técnica y por tanto debe ser reglada para su correcta ejecución. Una danza refinada que contrasta con los excesos de los bailes de máscaras del pueblo llano.

El baile de las ménades (120-140 d.C.) Programa de “Preludio a la siesta de un fauno”, Léon Bakst Fragmento de las bailarinas de la tumba de Nebamun


SILVIA SANTILLANA

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Pero estas danzas cortesanas con saltos y giros cogidos de la mano o el meñique tendrán su apoteosis con el primer “Ballet de Corte”, la célebre comediaballet de la Reina de Baltasar de Beaujoyaeux en la corte de Catalina de Medici. Un ballet —pues a todo divertimento o danza se le denominaba como tal— que en su estreno en 1581 dio vida a sátiros, náyades, ninfas y toda suerte de dioses del Olimpo, allanando el camino a los excesos del Barroco. Aun así, la danza seguía relegada a los intermedios de los autos sacramentales o las representaciones teatrales venidas de la Comedia dell’Arte hasta que Luis XIV —gran bailarín, por cierto— dio pie a la creación de la Academie royale de danse en 1662. Por aquel entonces, las artes escénicas ya eran un verdadero fenómeno social desde la apertura pública de los teatros en 1637. En sus memorias, Casanova, fiel espectador y crítico de estos espectáculos, nos da cuenta de esta efervescencia creativa —de mayor o menor calidad— en sus viajes por toda Europa. No obstante, sería en el Siglo de las Luces cuando Jean-George Noverre daría el impulso defi-

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nitivo al ballet, tal y como lo conocemos hoy en día, inspirándose en la Antigüedad Clásica. En lo artístico, Italia y Francia se miraban la una a la otra con ansias de rivalidad escénica. Compositores y coreógrafos de ambas nacionalidades aportaron melodías, ritmos y danzas populares al nuevo ballet romántico. Era la época de grandes bailarinas como Maria Taglioni, quien se levantaría en puntas por primera vez en 1832 con “La Sílfide”, un ballet de transición a medio camino entre técnica y sentimiento. A pesar de esta rivalidad, las fronteras entre países no existían para el arte, la Rusia de Catalina la Grande se rindió pronto al ballet romántico con la compañía del checo Franz Hilferding y del italiano Gasparo Angiolini, quien sentaría las bases de un ballet ruso de carácter folclórico. El ballet ganaría entonces su plaza fuerte: San Petersburgo. Entre lo clásico y lo moderno Pero, si tenemos que hablar de los orígenes del ballet contemporáneo, obligatoriamente tenemos que


SILVIA SANTILLANA

mencionar a Tchaikovsky y Diághilev. El primero trajo a escena el nuevo ballet clásico a la cabeza de Marius Petipa en su montaje definitivo, mientras que el segundo incorporaría la vanguardia artística al ballet y, por consiguiente, a la danza actual.

folclore ruso para las coreografías de “El pájaro de fuego” y “Petruska”. Más tarde, Nijinsky tomaría las riendas de “La consagración de la primavera”, punto y final de la trilogía de ballets stravinskianos de 1910 a 1913.

Y es que Serguei Diághilev era ante todo un audaz empresario. Gracias a su compañía de Ballets Rusos consiguió aunar las mentes creativas más importantes del panorama artístico de principios de siglo en unos espectáculos que maravillaron a Europa, Rusia y América en sus largas giras entre 1909 y 1929. Nombres como Alexander Benois, Léon Bakst, Pablo Picasso, Erik Satie,Tamara Karsavina, Anna Pavlova y un largo etcétera.

Para el mundo de la danza, este ballet supuso una vuelta a lo primitivo, a la pulsión esencial del ser humano; un viaje de ida y retorno en que lo normativo se convirtió de nuevo en libertad. Puede que las melodías de Tchaikovsky sean las más tarareadas, pero la música y el ritmo de Stravinsky son el ADN sobre el cual se erige la danza contemporánea actual.

También Vaslav Nijinsky formaba parte de esta troupe. Bailarín y coreógrafo, su puesta en escena del “Preludio a la siesta de un fauno” sobre música de Debussy despertó en París un escándalo muy sonado que, sin embargo, fascinó a un joven Stravinsky, y cuya esencia moderna y a la vez tomada de los clásicos de la Antigüedad Clásica supo adaptar Michel Fokin tomando como referencia esta vez al

Tamara Karsavina y Adolph Bolm en “El pájaro de fuego” (Londres,1911) Misty Copeland como “El pájaro de fuego” (American Ballet Theatre, 2012)

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¿ M á s Q U E M ada q u e la m o t o de u n hi pp y ?

Ana Roche

En el escenario vemos una sala desordenada y llena de muñecos de peluche. Es la habitación de Lola, la puerta está medio cerrada. Lola es una niña adolescente de unos 15 años de edad que interpretará a una actriz de unos 25 años. El personaje es más bien gordita, no muy agraciada pero con grandes dotes para la interpretación. Parece salida de algún personaje de Ibsen, vestida con un corsé negro y una voluminosa falda larga del mismo color; en la mano lleva un paraguas que lo utiliza como aquellas sombrillas de 1880 que hemos podido ver en algún cuadro del pintor Georges Seurat, como en “Domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte” o incluso en “Los paraguas” de Renoir, mientras mirándose en el espejo actúa como si el Sol le diera en la cara y recita un verso de la tragedia de Eurípides, “Medea” (que, a pesar de que los críticos teatrales acusaran al autor griego de misoginia, reprochándole las malas acciones en manos de personajes femeninos, fue el primero en elevar a la mujer en una tragedia desde la categoría de persona capaz tanto de hacer el bien como de hacer el mal). “La mujer es medrosa y no puede aprestarse a la lucha ni contemplar las armas, pero, cuando la ofenden en lo que toca al lecho, nada hay en todo el mundo más sanguinario que ella”. Justo al lado de la habitación de Lola, un salón en que se encuentra una mujer de unos 40 años cuyo papel será interpretado por una actriz de 50. Esta mujer parece ser la madre de la niña y se la ve observando un televisor donde ponen un programa de niñas prodigio, vestidas todas de princesitas y cantando canciones

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Disney. “¡Oh, que monas!”, dice la madre. Es evidente que esa madre y esa niña no tienen la misma opinión del trabajo artístico que puede realizar una mujercita o una mujer ya hecha y derecha. La puerta de la habitación de Lola se abre rápidamente y la niña sale gritando “¡Mamá!”. La madre se asusta y se levanta nerviosa del sofá, “¿qué pasa?”, y su hija le contesta “¡mamá, quiero ser actriz!”. Pausa dramática cargada de la emoción de la felicidad en el personaje de la madre, que intenta calmarse. La madre responde “adelante, hija mía; yo te apoyaré. Lo importante es que te guste lo que hagas, estoy muy feliz con tu decisión”. Sí, sí, le gustará. Pero, ¿por qué nadie le explicó con sinceridad a esa madre todo el calvario que pasará esa chiquilla para llegar a ser una actriz en activo? En raras ocasiones podrás desarrollar un personaje tan redondo y con tantos matices como una Lady Macbeth, una Yerma o una Nora; es complicado para una mujer y muy pocas pueden disfrutar de estos papeles. ¿Por qué? El 70% de los dramaturgos son hombres, los cuales, como es normal, hablarán de sus miedos, angustias y alegrías desde una visión siempre masculina para llenar a sus personajes de emociones, aunque existen excepciones que eligen que su protagonista sea un personaje femenino, como, por ejemplo, Shakespeare, Federico García

“Medea”, Thomas Noone Dance 


A N A R OC H E

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Lorca o Eurípides, entre otros. Esa madre del escenario podría decirle a su hija “competirás en largos castings junto a tus compañeras optando a menos papeles y muy poco interesantes, te presionarán con tu imagen, ni un solo grano, ni se te ocurra estar gorda, dientes perfectos, sonrisa excelente, pecho grande, ojos claros. Hay que estar siempre guapa, ser ocurrente, femenina, divertida, sensual, carácter fuerte pero sin pasarte, agradable, pequeños matices sin importancia que tendrás que acatar sin rechistar, y si no los consigues, además, te criticarán hasta dejarte con la autoestima por los suelos, pero te levantarás y seguirás batallando por ser una intérprete femenina. Conseguirás el papel, y en ese mismo momento sabrás que entre

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un actor y una actriz de la misma categoría hay una diminuta diferencia de salario de tan sólo un 20% o un 40%”. No digo que para ellos no sea tan difícil como para ellas conseguir un papel y trabajar únicamente en esta profesión sin tener que poner cañas en un bar de Malasaña, pero al menos tienen más papeles para poder trabajar. Así pues, se sobrentiende la evidencia de que ser mujer dentro del sector de las artes escénicas tiene verdaderos inconvenientes, y quizás los queridos lectores de este número que lean el presente artículo puedan pensar que estoy más quemada que la moto de un hippy, incluso puedan llegar a pensar que soy una feminista muy equivocada respecto al papel que juega una mujer en las artes escénicas, o


a n a r o c he

que soy una actriz frustrada incapaz de desarrollar un papel dentro de una obra de teatro y me justifico echando culpas a los hombres, pero no. Esta es otra visión de cómo se siente ser mujer en una profesión un tanto machista; y no solo en esto, sino en todas las profesiones que se ejercen en este país en que vivimos. Pero, en este caso, hablo de lo que conozco del teatro que adoro como profesión, que sale de mi interior como una fuente borbotónica de deseo. Podría llenar de datos este artículo, pero prefiero tratar el tema desde una cierta visión más parecida a la de la periodista Mercedes Milá que a la de la querida y afamada Ana Pastor. En fin, que después de exponer toda esta presión y la visión a la que se someterá cualquier fémina que

se dedique a esta profesión, aquella madre de unos 40 años que se la ve observando el televisor donde ponen un programa de niñas prodigio, debería dirigirse a su hija para decirle “¿por qué no te lo piensas, nena? Mira a estas pobres desgraciadicas que salen en la tele, ¿de verdad quieres hacer eso? - Sí, mama, quiero hacerlo.

 Fiona Shaw como Medea

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artistas

TLM

The Lighting Mind ha avanzado mucho desde sus inicios, pero se mantiene fi

incansables por dar a conocer al mundo sus obras. Y nosotros, que amamos

ces, de sus ĂŠxitos y de sus intachables trayectorias. A continuaciĂłn hablamo 28


irme en el pilar que lo sustenta: los artistas que cada dĂ­a trabajan en su producciĂłn,

s el arte por encima de todas las cosas, seguimos hablando de ellos, de sus avan-

os en profundidad de algunos de ellos. 29


arti s ta s tlm

A ar o n Vidal

La obra de Aaron Vidal tiene ese aire especial que cautiva con facilidad al espectador. No sólo es extensa, sino que su autor ha conseguido, con el paso de los años, forjar un lenguaje único que se plasma en cada pequeño rincón de su producción. Aaron Vidal nace en La Laguna, Tenerife, en 1972, aunque desde el año 2002 vive y trabaja en Alemania, concretamente en la ciudad de Hamburgo. Nacer en Tenerife ha tenido una gran influencia en su obra, pues gran parte de los motivos con los que trabaja, en especial los automóviles, los vio de pequeño en la isla.Y, de este modo, remontándonos a su más tierna infancia, el artista nos cuenta cuánto disfrutaba con el dibujo y la pintura, un gusto empapado e influenciado por su pasión por la Historia del Arte. En casa disponía de buenas fuentes a las que recurrir para la lectura, dado que existía entre sus estanterías una excelente enciclopedia de las artes a la que el artista recurría con frecuencia. A expensas de su autoformación, la influencia familiar ha jugado un importante papel en su presente como creador. Su bisabuelo y su abuelo eran escultores, y su padre, que fue marmolista, trabajó igualmente para escultores. Es importante mencionar estas influencias, en especial la de su padre, con el que el artista pasó mucho tiempo y al que estaba muy unido, y el cual falleció poco antes de la edi-

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ción de esta revista. A modo de homenaje, hemos dedicado a su figura unas merecidas palabras en la sección “Un rincón”, ubicada al comienzo de esta edición de ATELIER. Vivir para crear El interés artístico del tinerfeño fue aumentando en su época en el instituto a raíz de su atracción por la asignatura de Historia del Arte, y la actividad artística más próxima a la que hoy lleva a cabo comenzó a gestarse durante sus años como estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, la cual cursó de 1991 a 1996. En este último año, junto a unos amigos, alquiló un piso con un espacio extra para pintar. Allí fue donde empezó a desarrollar su trabajo más allá del tiempo que pasaba en la facultad. En 2003 inicia una línea de trabajo centrada en un característico collage que interviene posteriormente con técnicas pictóricas. Durante la entrevista del equipo de The Lighting Mind al artista hace unos meses, nos contaba que este origen posee gran dosis de casualidad, pues poco antes de trasladarse de Barcelona a Alemania se topó con una generosa cantidad de revistas de los años 60, en su mayoría ediciones francesas, italianas y alemanas, abandonadas frente a su casa. Recogió todas las que pudo y se las llevó a su nuevo destino, pues le cautivó el


A A R ON V I D A L

uso que éstas hacían de la publicidad y sus colores. Empezó a recortar y pegar, a separar para volver a unir, a reconstruir una y otra vez. Se adueñaba de los personajes de los anuncios y los aislaba de su contexto original para incluirlos en escenas a las que nunca habían pertenecido, sin guión previo y atendiendo al capricho del impulso. Todo un proceso de experimentación y familiarización con una técnica que hoy en día es parte inseparable de su vida. La inspiración viene del deseo de construir algo nuevo, de explicar situaciones que a priori no se han dado, y conforme transcurre el tiempo se encuentra a sí mismo inmerso en sus propias imágenes en calidad de narrador y personaje, ya que advierte que está explicando historias que él mismo ha vivido. No se da cuenta de esto al momento, sino después de un tiempo. Reconoce que este hecho le fascina cada vez más. A día de hoy puede decirse que su producción gira en torno a todo eso que exponíamos con anterioridad. Aaron Vidal tiene como base inamovible la publicidad de la época del papel y toda la iconografía que hay tras de sí. Son, para él, imágenes de una excelente veracidad que le sirven de sólido apoyo para dar forma a su mundo artístico. Como artista figurativo, necesita esa figuración para explicar sus historias y narrar vivencias tanto de otros persona-

jes como de él mismo, por lo que puede afirmarse que existe en todo aquello que realiza un alto contenido biográfico. Más allá de la pintura Siente un gran interés por la fotografía, algo que puede apreciarse con facilidad si se observan sus obras y mediante la cual ya ha realizado alguna serie. Además, el artista ha llevado a cabo trabajos en vídeo, escapando así del encasillamiento “sixties” que, admite, tiene que escuchar en ocasiones. Del atentado que sufrió Kennedy en Dallas recogió unos 600 “snapshots”, escogió 30 de ellos y acabó materializando una decena de aquellas instantáneas mediante técnicas pictóricas. Montó un vídeo con aquellos trabajos e insertó como ambiente el sonido de la retransmisión por televisión del día de la tragedia. La serie obtuvo un rotundo éxito y se vendió al momento; el material audiovisual, por desgracia, no despertó demasiado interés, aunque su galerista en Berlín lo expuso en su espacio para deleite de los visitantes. Desde hace algún tiempo, Aaron Vidal trata de hacerse un hueco en la escena artística alemana, por lo que sigue participando en ferias de arte y exponiendo su trabajo en diferentes ciudades de Alemania.

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“Sommerfahrt”  “One day under the sun”  34


A A R ON V I D A L

 “Progress life”

 “German modern life”

Estamos convencidos de que, poco a poco, irá buscando su lugar, dándonos a nosotros, lectores sedientos de una fuerte inyección artística, la oportunidad de seguirlo, de aprender con él y de disfrutar de su magnífica producción, que es, cuanto menos, un soplo de aire fresco y de renovación para los sentidos.

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je s ú s r o dr í g u ez ll u c h

En numerosas ocasiones se habla de fotógrafos. En una época de auténtica masificación de técnicas y estilos, destacar en un campo como el de la fotografía resulta complicado; y si, además, se quiere innovar, la complejidad alcanza límites inconmensurables. Lo que sucede con Jesús Rodríguez Lluch es que coge, con una mano, la técnica, y, con la otra, la vivencia, de tal modo que la experiencia y el amor por el arte son claramente visibles en cada una de las instantáneas del artista valenciano, llegando a definir un lenguaje único y particular que ha ido creciendo a lo largo de los años. La experiencia que desemboca en el lenguaje Al contrario de lo que sucede con un gran número de fotógrafos, el primer contacto artístico de este creador no fue con una cámara, sino con un lápiz. Le apasionaba el dibujo, y recuerda cómo detenía aquellos antiguos VHS para poder copiar los rostros pausados en su televisor. Tras la pantalla se encuentra otra de sus inspiraciones: el cine. Jesús nos contaba su recuerdo de "El hombre Elefante" de David Lynch, una cinta que le impactó enormemente, tanto por su contenido como por su rodaje en blanco y negro. Tiempo después comenzó a pintar, pero los bodegones nunca consiguieron atraerle y, una vez más, se decantaba por los rostros. A día de hoy, esas vivencias primerizas pueden verse en su trabajo más contemporáneo, declarándose un ferviente retratista y fotógrafo humanista. Le gustan las personas y disfruta contando historias. Sus historias. Gracias a su amor por el cine, estudió dos años de Formación Profesional en Realización en Audiovisuales y Espectáculos. En aquel episodio de su vida consumió un gran número de filmes, conoció directores que desconocía y cumplió su pequeño sueño de dirigir un cortometraje, el cual consiguió realizar junto a algunos de sus compañeros. En 2009 compró su primera cámara fotográfica y, de manera completamente autodidacta, comenzó a indagar en las posibilidades de la fotografía. No obstante, llegó un momento en que pedía a gritos una inyección de conocimientos, y, siendo la iluminación su máxima incógnita, estudió otros dos años de Enseñanza Superior en iluminación, captación y tratamiento de la imagen. Se trasladó a Londres para realizar unas prácticas, y fue entonces cuando se enamoró de la ciudad británica.

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La inspiración tras el objetivo Jesús Rodríguez Lluch destaca que existen dos tipos de fotógrafos: los que les gusta crear y los que les gusta capturar. Él es de estos últimos. A los que les gusta crear normalmente son más técnicos, nos dice, pues tienen una idea en la cabeza y buscan reflejarla con la máxima perfección posible. Él, por el contrario, busca capturar un instante que no tiene una disposición previa, sin manipulaciones, todo natural y espontáneo. Cuando sale a la calle, el artista busca toparse de lleno con las historias o, en contraposición, ser encontrado por ellas. Nunca prepara sus sesiones; puede costar un poco más, pero esa es su forma de conectar con alguien y aprovechar para captar su esencia. Este es el motivo por el que los retratos los realiza en analógico, un proceso más artesanal y cercano que le ayuda a pensar más en la composición y en la ejecución. La cámara es su herramienta, su mirada hacia el mundo y su medio de expresión. Sin ella, reconoce que sólo es una persona que observa, nada más, pero con la cámara en las manos puede ser capaz de crear belleza a través de la instantánea del momento. Puede ser lo que él quiera ser, aunque no todo acaba ahí. Suele acompañar sus fotos de manifiestos o relatos inspirados por la persona o la escena retratada. Dice que no es escritor, tan sólo aporta impresiones para dar forma a la obra de arte. Los viajes Se ha propuesto hacer un mínimo de dos viajes al año a países completamente distintos al suyo con el fin de empaparse de su cultura y conocer a sus gentes. Es un ejercicio de enriquecimiento del alma con el que pretende dar forma a toda una producción artística que le represente. Tras Londres, Marruecos y Japón, ahora tiene la mirada puesta en La India y Brasil, donde dará forma a una nueva fase de su proyecto. Si consideráis que hasta ahora su trabajo es bueno, preparaos para ver toda una nueva etapa en su producción. Nosotros no vamos a perderle la pista, y seguro que The Lighting Mind vuelve a hacerse eco de este interesante fotógrafo en muy poco tiempo.

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I ON L UC I N

Damos un salto y nos zambullimos en el diseño gráfico. Ion Lucin, nacido en Chisinau, capital de Moldavia, en 1988, vive y lleva a cabo su producción en la ciudad de Madrid desde hace una década. Antes de instalarse en nuestro país, Ion Lucin advirtió que disfrutaba inventando cosas, por lo que desde una temprana edad dio rienda suelta a su imaginario para crear característicos objetos casi sin recursos y para fusionar unos con otros creando algunos nuevos. Ese joven interés no fue parte de una época aislada de su vida, sino todo lo contrario. Ha sabido explotar su imaginación hasta convertirse en un auténtico creador con una actitud difícil de igualar, con una producción metódica y sugerente y con una dedicación inaudita, desembocando en algo realmente especial. Primeros pasos Desde que es capaz de recordar, el dibujo ha sido una práctica habitual en su vida. Finalizó sus estudios obligatorios en Santander, ciudad en la que residía por aquel entonces, y fue entonces cuando vino la difícil decisión de escoger unos estudios universitarios que le resultaran satistactorios. No fue nada fácil, confiesa el artista; su prioridad era buscar algo que le gustase, en lo que se viera trabajando transcurridos muchos años. Quería poder ser diferente, único, así que acabó estudiando Bellas Artes por llevar implícita la cualidad de la libertad a la hora de expresarse plásticamente el artista, además de por la oportunidad que se presentaba ante él de poder poner en marcha una mente llena de esa imaginación pendiente de materializar. Para cursar dichos estudios se marchó a Bilbao y allí fue capaz de comprender que su producción requería de ciertas necesidades primarias que sus primeros trabajos no poseían, como son las del orden y la limpieza, la del significado de la obra y la de su capacidad para resolver problemas. Por ello, tiempo después, se lanzó de cabeza al Diseño Gráfico y allí fue donde empezó todo. Ion Lucin y su auténtica pasión se habían encontrado.

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Inspiración, exploración y creación Inmerso en el proceso creativo, su primicia es siempre la de crear algo totalmente diferente y nuevo, preferiblemente bañado por diversas técnicas. No le gusta llevar a cabo algo similar a lo ya hecho anteriormente, por eso salta de un campo creativo a otro, luchando siempre por encontrar qué es aquello que no ha hecho nunca, explorando nuevas áreas y enfrentándose a nuevos retos. Las fronteras son un lastre, por lo que Ion Lucin quiere romper todas las que haya dentro de su producción, siendo siempre funcional y racional, minimalista, simple y, a la vez, complicado. Menos pero más, nos dice. En la actualidad, el artista moldavo explora nuevos campos, como son el del diseño industrial, el packaging y el branding, pero que nadie piense que trabaja únicamente en el diseño gráfico, pues tras su producción digital hay toda una labor propia de un artista clásico. Siempre que tiene la oportunidad, aplica todos sus conocimientos adquiridos en Bellas Artes, por lo que es fácil encontrarlo entre los conocimientos de la teoría del color aplicados a la pintura al óleo o entre los del espacio propios de la escultura. Le gusta trabajar con las manos, le da un respiro y le aplica una inyección de inspiración. Con el fin de conocer al artista, sería necesario nombrar su primer trabajo como diseñador, “Spherikal”, una animación que tuvo una excelente acogida entre el público. El citado trabajo es la combinación idónea entre diseño gráfico y Motion Design donde puede verse un constante juego de formas positivas y negativas que, con un gran uso de la teoría de Gestalt, crean la esfera, la forma que persiste en todo momento. Este primer proyecto, además de cortar la cinta de su camino como diseñador freelance, estableció el estilo característico de su trabajo.

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 “Volkswagen Beetle”

Ion Lucin en la actualidad Acceder a su portfolio online implica entrar en un mundo de proyectos puramente personales del artista. Aun así, podemos encontrar con facilidad muchos de sus trabajos a lo largo y ancho de la red, pues, tal y como él mismo confiesa, el gran poder de divulgación de la gente a través de sus espacios personales se ocupan de compartir sus nuevas creencias con todos. Además, ofrece para muchos de sus proyectos la posibilidad de descargarlos tanto para uso personal como profesional. Sus proyectos con atractivos, visualmente embaucadores y de una gran excelencia plástica, por lo que cada nueva creación se mueve con velocidad entre publicaciones web y redes sociales. Seguro que, aunque no lo busquéis, os lo encontráis en el momento menos esperado.

Big John / Slim Joe Font 

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 “AK-47”

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ó s c ar ll o re n s

Óscar Llorens, dibujante de nacimiento, nace en Madrid en 1975. En la actualidad sigue viviendo en su ciudad natal y trabaja en su pequeño estudio del centro. El dibujo le ha acompañado durante toda su vida, por lo que no es de extrañar que sea la técnica que reina en su producción. Según sus propias palabras, ha dedicado a todo aquello que se asocia al dibujo más tiempo del que ha dedicado a cualquier otra cosa en los últimos 40 años. El camino de Óscar Llorens De todos los estudios que ha recibido en su vida, es, con mucha diferencia, la carrera de Administración y Dirección de Empresas la que tiene mayor culpa de lo que Óscar Llorens es en el presente. Tras finalizar sus estudios en Madrid, vivió un año en Holanda y fue allí donde llegó a la conclusión de que la economía no era aquello a lo que quería dedicarse e hizo todo lo posible por ganarse la vida haciendo lo que más le gustaba; es decir, dibujar. Cualquier elemento propio del entorno

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del artista madrileño es un objetivo a ser representado plásticamente, aunque reconoce que, en los últimos años, su obra ha ido encaminándose hacia una materialización del dolor provocado por la enfermedad, ya sea de carácter físico o emocional. Pero no todo es dibujo en su producción. Siempre que tiene la oportunidad o la necesidad, intenta experimentar con diferentes materiales, algunos ya conocidos y otros por descubrir, ampliando su abanico de recursos, aunque en la mayoría de los casos suele surgir la tinta como especial protagonista, la cual, en cierta medida, posee una estrecha relación con el dibujo. Confiesa que la existencia de internet abre un mercado imposible de abarcar en su totalidad para comprar materiales en cualquier parte del mundo; algunos, incluso, difíciles de encontrar, como sucede con algunas plumillas, pinceles y rotuladores. Trabajando en La Despensa, primera agencia en la que estuvo, entró en contacto con el mundo de la publicidad y percibió que uno podía ganarse la vida dibujando y que hay que


ó s c ar ll o re n s

tener una enorme vocación para lograr tan ansiado objetivo. Años más tarde, decidió adentrarse en las fauces del mundo freelance para poder dedicarse por entero a la ilustración y al diseño. Sus trabajos La mayor parte de su trabajo profesional lo ha desarrollado en el sector de la publicidad y, en menor medida, en el de las editoriales. Sin embargo, Óscar Llorens nunca ha dejado de lado la parte más personal de su trabajo, aquella en la que reside su particular expresión y todo su aprendizaje. Su proyecto artístico más relevante es “Wired”, el cual se compone de un grupo de ilustraciones que intentan reflejar la ansiedad, la impotencia y las limitaciones del hombre ante el dolor físico y emocional que provocan las enfermedades crónicas. Por todo ello, el artista ha decidido que este proyecto tiene una duración indeterminada. Una extensa trayectoria Como decíamos con anterioridad, la mayor parte de su trabajo se ha desarrollado en el sector de la publicidad mediante encargos para marcas comerciales a través de agencias de publicidad de todo el mundo. A lo largo de los años ha trabajado para prestigiosas entidades de la talla de Mercedes, CocaCola, The Washington Post, Red Bull, Naciones Unidas, Cirque du Soleil, Vanity Fair o Lacoste, por lo que su nombre es de sobra conocido entre aquellos que se mueven en el sector del arte publicitario.

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Alfonso Elola nace en Caracas, Venezuela, en 1992. Estudió Ilustración en su ciudad natal y, tras graduarse, se mudó a Madrid, ciudad en la que sigue residiendo hasta la fecha. Estudió arte por lo que podría llamarse casualidad dado que su primera opción fue entrar en la facultad de Arquitectura, pero no le admitieron. A pesar de ese mal trago, confiesa que es lo mejor que le pudo suceder, y nosotros, a día de hoy, podemos confesarlo también, pues se nos hubiese escapado un excelente artista con mucho que ofrecer a los amantes del arte. El camino hacia el artista Alfonso Elola admite que, hasta su adolescencia, no le atraía nada; no sabía qué quería hacer cuando fuese adulto ni qué camino seguir. No era mal dibujante, pero tampoco era excepcional. Gracias a sus estudios de ilustración, creció en él la necesidad de lograr objetivos, llegar a destacar en algún campo y, por ello, se esforzó al máximo durante aquellos años. Piensa que le falta mucho en cuanto a conocimientos de dibujo y experiencia en la técnica, pero trata siempre que sus trabajos tengan una gran dosis de innovación. Le apasiona el detalle y permanece continuamente

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en búsqueda de un trabajo cada vez más minucioso. Coquetea con el surrealismo en buena cantidad de sus obras; según sus propias palabras, “hay quien piensa que el arte busca representar la naturaleza, pero la naturaleza no tiene por qué ser exactamente lo que vemos. El surrealismo es más real para el individuo que lo hace que la realidad misma, pero también lo es para el espectador en el sentido en que él aporte su propio significado”. Le inspira la música, la literatura y el cuerpo humano. La anatomía es un punto clave en su pensamiento diario, pero no la entiende únicamente como una maquinaria perfectamente ejecutada y funcional, sino como un amplio campo digno de ser representado en todas sus formas. En sus obras pueden apreciarse ciertas reminiscencias de las épocas barroca y tenebrista, lo que aporta un toque de distinción a sus ilustraciones. La actualidad de Alfonso Elola En lo reciente, Alfonso Elola sólo produce obras por medio de las nuevas tecnologías. Su arte, puramente digital, se lleva a cabo en un software con una tableta gráfica apoyándose en programas de la talla de Painter, Painttool SAI, Photoshop y Skecthbook Pro. Aun así, el artista


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intenta que la pieza no caiga en la más absoluta digitalización para que el resultado no transmita al espectador un sentimiento de artificialidad. Y lo ha logrado, pues el resultado parece haberse conseguido con óleos o colores al pastel. Su principal objetivo en cada ilustración es pensar en la composición, y la sección áurea ayuda mucho. Nos dice que, a lo largo de la Historia del Arte, muchos artistas la han reinterpretado según sus propios criterios, pero él trata el concepto de la forma más conservadora posible. De este modo, las ideas toman forma con rapidez, y es en un estado muy avanzado, normalmente a mitad del proceso de detallado, cuando sabe si su obra funcionará o no. Sigue los pasos de producción como una doctrina. Los bocetos, ya sea mediante líneas o con grandes manchas, son parte de la primera y más necesaria fase. A partir de ahí, incluso aunque sus esbozos se hayan incrustado en la más absoluta abstracción, comienza a darles forma. Por último llega el detalle, fase necesaria para él y donde deposita todo su espíritu minucioso. Disfruta mezclando el cuerpo humano con formas extraídas de la naturaleza o de algunos animales. Intenta demostrar que realmente

somos lo mismo; la naturaleza repite siempre formas muy parecidas para funciones muy semejantes en organismos totalmente diferentes. Al igual que sucede con las venas de un animal o las raíces de una planta, el tejido muscular puede asociarse con las fibras de un árbol.Todo es fruto de su observación, deduciendo que, físicamente, somos similares. Además, los cráneos y esqueletos son recursos habituales en su obra, aunque no los ve como un simbolismo de la muerte, pues sus figuras esqueléticas están dotadas de mucha vida, siempre con gran colorido para evitar que caigan en la oscuridad y la tristeza. Piensa que son extrañamente bellas aunque poseen una gracia un tanto perturbadora. Trayectoria En conversación con el artista venezolano, sacando a relucir el tema de su perspectiva de futuro nos cuenta que le gustaría evolucionar su obra, darle una vuelta, y piensa en sumergirse en las técnicas tradicionales, pero sabiendo que lo digital es lo más efectivo para él, especialmente por los cortos tiempos de producción y por la escasa necesidad de invertir en materiales con suma frecuencia.

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alf o n s o el o la

Sus obras han estado expuestas en países como Inglaterra, Australia y Grecia en muestras colectivas con gente que trabaja el arte anatómico. Su producción ha sido vista en diversos medios, especialmente en revistas dedicadas al arte, y pronto también en un libro de una editorial alemana con el eje puesto en los artistas que trabajan las calaveras, motivo fácilmente perceptible en la producción de Alfonso Elola.

 “Sylvanas Windrunner wow (Fanart)”  “Organic portrait”

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fer n a n d o v illal v az o

Fernando Villalvazo nació en Monterrey, ciudad situada al noreste de la República Mexicana, lugar en que sigue viviendo actualmente. Cuando hablamos con él, nos contaba que, desde muy temprano, pasaba horas realizando lo que para muchos adultos resultaban simples garabatos, pero que para él eran verdaderas obras fantásticas e historias épicas materializadas en el papel por medio del dibujo y con su imaginación como medio de transporte. En la escuela no podían faltar los castigos por hacer uso de cualquier superficie como lienzo, ya fuera cuaderno, libro, documento o pared. Poco importaba. Lo cierto es que el artista mexicano no podía parar de dibujar, configurando, sin saberlo, su futuro interés en el mundo de la creación. Aquella rebeldía daría paso a lo que a día de hoy se ha convertido en su modus vivendi, pues la actividad artística es su dedicación a tiempo completo, llegando a un punto, según sus propias palabras, de beneficios y felicidades, aunque su mayor recompensa sigue siendo contar con aquella misma emoción infantil que nunca le abandona. Estudió Artes Visuales, también algo de sociología y algunas otras tantas cosas relacionadas con la escultura y la música. Un incansable investigador al que no le faltan ganas de aprender, sea en la materia que sea. Por ejemplo, en la actualidad, Fernando

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Villalvazo se ha atrevido a tomar clases de chino mandarín. El artista inmerso en el proceso creativo Afirma que el proceso creativo es algo difícil de explicar. El detonante surge tras un buen número de inquietudes, motivadas, como cuando eres un niño, a partir de la curiosidad. Más tarde juegan su papel la voluntad y el oficio, que se encargan de dar poco a poco con el punto exacto para plasmar y comunicar tanto las cosas cotidianas que le rodean como las situaciones más íntimas que luchan por salir. El artista produce algo cada día de su vida. No importan ni el medio ni el formato, ni siquiera importa llegar a dar por terminada una obra. Lo verdaderamente importante, insiste, es trabajar y ejercitar la creatividad en lucha con su propia competencia, intentando ser mejor que el día anterior. La naturaleza y la infancia, así como lo paradójico y lo siniestro, son algunos de los temas que configuran una cualidad estética constante en su obra. Dichos elementos provienen también de una exacerbada afición por la literatura, el cine y la música, tres inclinaciones que, de una u otra forma, escapan a su dominio para que tarde o temprano lleguen a salpicar su producción.


fer n a n d o v illal v az o

El dibujo es su principal medio de transmisión y el canal para comunicarse con el público. Su admiración por el Ukiyo-e, así como por la escuela decorativa Rinpa del período Edo, hacen que distinga el poder de la sutileza en el trazo a la hora de dibujar. Y, del mismo modo, la pintura se presenta en su vida como un medio que emplea para congelar el tiempo y el espacio, consiguiendo a través de ella una extraña sensación en la que no existe un antes o un después. Siente gran fascinación por el paisaje de la pintura del norte de Europa, concretamente por la pintura flamenca de los siglos XV, XVI y XVII, pues encuentra la excelencia en su técnica y en el tratamiento de los materiales. Sus proyectos Desde hace algún tiempo, la escultura se ha convertido en la parte más sofisticada de su obra. Ésta es, definitivamente, la disciplina más elaborada y lenta de todo lo que crea, pero siempre con la motivación en mente de llegar a la excelencia, inspirado casi todo el tiempo por aquella maestría china de la porcelana, así como de la escultura antigua del mismo país. El artista ha llegado incluso ha realizar extensos viajes con el único propósito de poder apreciar en vivo algunas de las piezas que no han dejado nunca de sorprenderle por su delicada belleza.

En lo reciente, Fernando Villalvazo ha estado trabajando en dos proyectos, los cuales comentamos en el blog de The Lighting Mind hace algunos meses. El primero de ellos, conocido con el título “Jardín Bibelot” e inmerso en las técnicas escultóricas, nos muestra la cara más técnica del artista en cuanto al manejo de la alfarería y la manipulación de materiales sintéticos. El segundo, titulado “Néctar”, regresa a la superficie plana para desarrollarse mediante la pintura. Está inspirado en el concepto del paisaje y recurre a algunas técnicas de la tradición pictórica como el óleo sobre tabla o el dibujo sobre pergamino. Dicha serie de trabajos trata temas que envuelven alegorías que surgen de antiguas fábulas, los cuales, distorsionados o desglosados algunas veces por el propio artista, adquieren propiedades similares a aquellas ilustraciones que se realizaban durante el siglo XIX. Una extensa trayectoria En sus más de 20 años en las artes, Fernando Villalvazo ha realizado un gran número de exposiciones. Reconoce que ya no sabe cuántas han sido sus participaciones, pero nos dice que las exposiciones, en la forma en que él las entiende, van mucho más allá de la recopilación que tiene como fin la adherencia a un currículum.

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Aun así, da mucha importancia a la difusión de su obra y nos cuenta que una obra de arte requiere del espectador para poder vivir, pero muchas veces los espacios físicos te limitan o te reducen a un cierto público más o menos habituado a dichos eventos, y por eso es precisamente por lo que considera muy importante que sus publicaciones se muestren en distintas plataformas, porque te encuentras hoy en día con gente que nunca se ha parado en un museo, ni mucho menos en una galería hermética y elitista, y sin embargo esto no impide que se acerque a él un público cada vez más amplio por el simple hecho de haberse topado con una de sus obras a través de las redes sociales, por poner un ejemplo.

“Paisaje”  64


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Con todo esto, Fernando Villalvazo considera que el arte no puede nunca regirse bajo los mismos estándares de difusión, pues lo único que se logra con tal burocracia cultural es limitar y reducir la experiencia entre la obra y el espectador.

 “Polinización Nocturna” 65


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r o b ert o g u tiérrez c u rr á s

Roberto Gutiérrez Currás lleva años inmerso en las artes y observar su producción significa entender toda una veteranía y una experiencia que hay tras ella. Nació en Sevilla en 1974, aunque se ha criado a orillas del mediterráneo, en Marbella. Le gusta hacer hincapié en esto último, pues la cuestión mediterránea ha tenido un papel fundamental en su proceso artístico. Desciende de artistas, por lo que no es de extrañar que él haya seguido caminos similares a los de su padre, pintor, su abuelo, músico flamenco profesional, y su tío abuelo, bailaor flamenco. De su madre, gran lectora y escritora, ha recogido una arraigada pasión por la literatura. La educación del artista Su educación, según nos contaba el propio artista, fue un poco afrancesada, y son muchos los motivos en los que puede apoyarse su doctrina más primaria: su padre y su madre son grandes admiradores de los impresionistas franceses y él, consciente de su devoción por el arte, se introdujo en la educación más formal del dibujo, aunque de forma autodidacta, además de los estudios en fotografía y cine. Luego está todo lo que envuelve al flamenco y el mundo de los gitanos, nos dice. Alguna vez le han llamado pintor gitano en México, donde reside actualmente, algo que le agrada porque siempre ha estado viajando y siente una estrecha relación con dicha comparación. Aunque el artista posee una completa formación, siempre ha pensado que se aprende con las demostraciones. Así, Roberto Gutiérrez Currás disfruta viendo qué y cómo pintan otros, aunque esa observación no es algo nuevo. Cuando era adolescente, se escapaba por las noche para llegar a Puerto Banús, donde había un señor que pintaba retratos en plena calle, el cual nunca advirtió que vigilaban cada una de sus pinceladas porque estaba absorto en sus pinturas al pastel. Fruto de sus observaciones surge una profunda admiración por la pintura española, sea de la época que sea. Gracias a ella, el artista ha llegado a investigar técnicas y a comprender que tiene ciertas necesidades estéticas. Picasso, el grupo El Paso, Antoni Tàpies, Antonio Saura e incluso Clavé o Barceló son sólo algunos de los nombres siempre presentes en cualquier conversación con él.

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Recuerdos y reflexiones En la actualidad, Roberto Gutiérrez Currás trabaja en torno a las reflexiones estéticas que guardan relación con los recuerdos de la infancia, y, al mismo tiempo, con la infancia en relación con la naturaleza. De algún modo, constituye un proyecto de vida que viaja al pasado para cobrar un sentido. Cuando el artista habla de cultura, tiene muy presente su relación con la naturaleza, y siente que, en el mundo contemporáneo, estamos cada vez más alejados de esa relación. Su generación es la última que ha visto cosas determinadas, como paisajes concretos que ya no existen. Destaca que se ha criado entre olivos y algarrobos, en un lugar muy cercano al mar, aunque desde niño ya comenzaba a advertir esa invasión de los restos depositados por el ser humano sobre todo aquello que ha existido inamovible durante milenios. Recuerda que, en una ocasión, se cortó con un pedazo de lavabo abandonado entre unos matorrales. Por todo eso, en sus últimas creaciones ha abordado la obra de arte ejecutada por medio de objetos reciclados, dando lugar a un híbrido de paisajes abstractos y restos a los que intenta otorgar alguna utilidad. Podríamos definirlo como un proceso artístico que se debate contra la contaminación estética y se apropia de esta para intentar hacer algo un poco más bello. Roberto Gutiérrez Currás en la actualidad Existe en su pintura un pasaje muy característico, y es que el artista pinta con un objeto móvil, creado por él mismo, que cuelga del techo de su estudio. El móvil tiene adosados unos recipientes cargados de pintura bajo el que coloca una tela, y lo hace girar. Hace unos meses ya vimos algo de este proceso en el blog de The Lighting Mind, pero volvemos a hacer mención de dicho proceso porque es algo tan excelente como llamativo. Esta técnica se refleja en su proyecto “Lienzos secundarios”, que ahonda en la búsqueda del subconsciente como motor creativo, demostrando que, en la búsqueda de estados espirituales más profundos y reveladores, muchas veces atiende más al proceso que al resultado. Todo ha sido registrado por el cineasta Gerardo Ruffinelli en una película documental.

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El trabajo del artista ha sido visto en numerosos medios, sobre todo mexicanos, tanto en rotativos como en alguna revista especializada. En los últimos años ha realizado una veintena de exposiciones, entre las que podríamos destacar la de “Los Líricos” en el Museo de Antropología de Xalapa en 2014 y la exposición permanente que es posible encontrar en la ciudad de Sedona, en Arizona, Estados Unidos. Asimismo, trabaja con la galería parisina Carré d’artistes. A modo de cierre para esta sección, nos quedamos con las imponentes palabras del artista cuando habla de arte: “yo creo que en el arte contemporáneo existen la rareza impostada y la rareza natural, y es ésta última la que marca el devenir del artista más allá de la figuración o abstracción de las obras. Supongo que artistas y galerías que van en busca de aquello que se entiende como ‘marca’ insisten mucho en la repetición y acotan todo lo posible.Yo, si fuera galerista, también lo haría, pero, en realidad, el artista basa su trabajo en una rareza natural, en ese algo que la mayoría de las veces ni tan siquiera se da cuenta de que tiene. Es por eso que en mi trabajo hay obras abstractas y obras figurativas. Fotografías, poemas o pedazos de algo. Lo que sea”.

“Metrópolis”  “Paisaje de lo que somos capaces”  70


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DESAYUNO CON yoshua cienfuegos Seguimos llamándolo desayuno, pero en ocasiones nos pasamos a la comida o a la cena. En esta ocasión fue Yoshua Cienfuegos, coreógrafo, bailarín y director de la compañía Cienfuegos Danza, el que nos regaló una tertulia inolvidable en la nocturnidad de un teatro. Andrea Torres, periodista de esta publicación, mantuvo una distendida conversación con él en LN3 (Espai Mutant de Las Naves) al finalizar uno de sus ensayos. La charla podría haberse alargado hasta la madrugada, pero desgraciadamente los asistentes tuvieron que cortar por lo sano porque cerraron las puertas de este espacio artísitico y polivalente de Valencia.

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L’Espai Mutant de Las Naves (Valencia) alberga siempre proyectos más que interesantes, además de un sinfín de espectáculos. El trimestre pasado se estrenó “Poblats en Dansa”, el primer proyecto de danza comunitaria realizado en Valencia, una iniciativa de danza social para los vecinos y asociaciones de los barrios marítimos de esta ciudad. Esta propuesta fue ideada por Sara Espeller, pero dirigida y ejecutada por Yoshua Cienfuegos. María Bustos, Iván Moreno, Salvador Carbonell y Andrea Torres le esperamos pacientemente al salir de uno de los últimos ensayos antes del estreno de este proyecto que fue protagonizado por distintos agentes de los barrios cercanos. El ensayo se alargó más de la cuenta y, entre nervios, prisas e imprevistos, Yoshua, amablemente, nos cedió un hueco al final del día dentro de su apretada agenda, para así poder explicarnos en qué consistía su tan innovadora idea, así como otros de sus secretos más ínti-

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mos. “Poblats en Dansa” consistió en un propósito integrador de artes escénicas que se llevó a escena desgraciadamente tan sólo una vez e hizo partícipes a diferentes asociaciones, vecinos e interesados en la danza, con distintas capacidades físicas y psíquicas, y también procedencias sociales. A priori, esta propuesta artística se alejaba de la forma habitual que Yoshua dedica a la creación dentro de Cienfuegos Danza, su propia compañía formada por grandes bailarines con unos fuertes fundamentos contemporáneos basados en la técnica Graham. Pero pronto nos dimos cuenta de que, desde el año 2009, Cienfuegos había dado un giro de 180º en su metodología y su manera de crear, buscando nuevos lenguajes y estéticas a través de nuevas fórmulas, para así acercar más la danza al público. El resultado de lo anterior se refleja en la producción de diversas coreografías en entornos sociales diferentes y en distintos países de Sudamérica.Todo ello ha que-


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dado plasmado en la Tesis Doctoral “Programa de Optimización del Movimiento (PrO-M): Compañía Cienfuegos Danza”, defendida en la Universidad de Valencia por parte de Leticia Ñeco, con la calificación de Cum Laude. Este asturiano, que inició sus carrera en el ámbito del arte dramático, pronto encontró su pasión en el movimiento, como tantos otros actores. Asentado en Valencia desde hace más de 15 años con su compañía Cienfuegos Danza, se ha consolidado en los últimos años como creador puntero de la escena artística española. Con más de una producción por año (con piezas como “La Siesta de un Fauno”, “La Consagración de la Primavera” y “ODEIM”), ha recibido numerosos galardones como el Primer Premio del Certamen Coreográfico de Madrid (1999), el Premio Nacional de Danza de Costa Rica (2010), el VIVA’09-10 y el de Mejor dirección coreográfica (2008), otorgado por la Generalitat Valenciana.

Escuchamos atentamente las previsiones de este insólito estreno y otras novedades que acechaban a su compañía: la nominación a 11 premios Max, los galardones más importantes de las artes escénicas en España, los Goya de la danza y el teatro. También nos fascinaron otras confidencias como sus orígenes como bailarín, algún que otro secreto revelador de su profesión que nos dejó francamente atónitos cómo le preocupaba seriamente el panorama escénico actual y la dureza de esta profesión —¡nos confesó que ese día se le había olvidado comer!—. Pero lo que más nos fascinó fue la disponibilidad y la naturalidad con la que Cienfuegos nos trató. ¿Cómo una figura de tal calibre nos hablaba como si fuésemos amigos de toda la vida? Pues es que Yoshua es cariñoso, natural y atento con todo el mundo. Y esto no hace más que reflejarse en el detalle que le otorga a cada milímetro en el espacio escénico y en la manera que tiene de

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desplazarse y sentirse presente a través de él. A continuación les dejamos con la agradable conversación que tuvimos el placer de tener con esta figura de la danza, que cada vez tiene más empaque nacional e internacional. Ni mis monemas, ni mis líneas, ni mis expresiones logran transmitir todo lo que Yoshua nos entregó. Con sólo un “click”, tomará usted el té de antes de dormir con Yoshua Cienfuegos. Disfrutenlo. Andrea Torres

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David Bowie We can be heroes, forever and ever Podríamos hablar de muchas personas, de distintas personalidades y de diversas formas de entender la vida, pero todas girarían en torno a lo mismo. David Bowie, polifacético y excéntrico artista que nos dejó a principios de 2016, es una de esas figuras de las que podríamos estar hablando sin parar. Iván Moreno nos habla de esa mítica figura. Música, cine e incluso inspiración para la moda son algunas de las incursiones de este camaleónico personaje en nuestras vidas. Si creíais conocerlo todo sobre el legendario David Bowie, os vais a sorprender.

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D A V I D BO W I E : W E CAN BE HEROES, FOREVER AND EVER

Iván Moreno

Como muchos ya sabréis, en esta sección de Retrospectiva siempre nos gusta hablar de hechos o artistas cuya inspiración llega a nuestros días. Es por ello por lo queremos rendir homenaje a una de las figuras más influyentes del siglo XXI, David Robert Jones, o, como era conocido por todos, David Bowie. Pero estas son solo dos de las mil caras del icónico artista británico, caracterizado por reinventarse a lo largo de una extensa carrera que abarca más de cinco décadas en la que nos dejó himnos que traspasan generaciones. Su extensa carrera, que contiene 28 álbumes de estudio, es toda una montaña rusa de estilos y géneros que representan ese carácter mutágeno de Bowie, capaz de pasar del folk psicodélico al glam rock para volver a un estilo más cercano al rock’n’roll y coquetear con las formas de la música negra. Todo en la misma década. Esta exploración y mutación se ve complementada por la serie de personajes y alter egos que Bowie creó y que representan las distintas etapas de su carrera. El primero de estos personajes fue Hunky Dory, nacido del disco homónimo y el cuarto en la discografía. Este personaje empezó a forjar la leyenda del carácter andrógino de Bowie, con un estilo totalmente femenino y sofisticado, jugando con la identidad de género y con un estilo musical que bebe del glam y del pop para ofrecernos canciones tan icónicas como “Changes” o “Life on Mars”.

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Es quizás Ziggy Stardust el personaje más icónico, cuyo nacimiento se produjo con el disco “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” para ponernos en la piel de un viajero cósmico bisexual y andrógino que se presenta en la Tierra como un mesías para evitar su destrucción. Su puesta en escena excéntrica toma elementos del kabuki japonés, de Broadway y del teatro, que corresponden musicalmente con los sonidos desgarradores de guitarra y unas voces con especial énfasis en el dramatismo. Pero Ziggy evolucionó al personaje con la imagen más representativa en la carrera de Bowie, Aladdin Sane (el ya mítico rayo azul y rojo pintado en la cara), con el que desarrolló un sonido más ligado al rock. El propio nombre proviene del juego de palabras “a lad insane” (un muchacho loco) y es un homenaje a su propio hermano, que sufría esquizofrenia. Es esta la etapa más exitosa del artista, que definió como “Ziggy se va a EEUU”. Con Thin White Duke (el delgado duque blanco), Bowie desarrolló un personaje mucho más oscuro, que representaba el duro momento que vivía el artista, enganchado a la cocaína y desintegrándose poco a poco. Su indumentaria aristócrata (camisa,

David Bowie en 1971 


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pantalón negro y chaleco) representaba a un personaje con tintes fascistas, “un zombie amoral que canta canciones románticas con angustiante intensidad mientras no siente nada”. En lo musical, el disco que lo vio nacer, “Station to Station”, es una transición entre sus anteriores trabajos y los sonidos electrónicos de sintetizadores que marcarían la llamada Trilogía de Berlín (“Low”, “Heroes” y “Lodger”), y está considerado uno de los álbumes más influyentes de su carrera. Pero clasificar a David Bowie como músico es solo abarcar una parte de toda su carrera,

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ya que su sombra se extiende fuera de la música, convirtiéndolo en el perfecto artista interdisciplinar. Prueba de ello es su carrera actoral, con más de 20 películas en su haber y con trabajos con directores de renombre como David Lynch, Tony Scott, Christopher Nolan o Jim Henson. Es con este último con el que nos dejó uno de los personajes para la leyenda, Jareth el rey de los Goblins, el villano principal de la inolvidable “Dentro del Laberinto”. Pero su influencia también fue grande en el mundo de la moda, siendo fuente de inspiración para diseñadores como Jean Paul Gaultier


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o Gucci, e incluso en el mundo de los videojuegos, donde participó en el proceso creativo de “Omikron: The Nomad Soul” y le puso su cara a varios personajes del juego. Si hay algo que podemos extraer de toda la carrera de David Bowie es que consiguió enseñarnos a ser diferentes, a ser quienes queramos ser sin tener que sentirnos un bicho raro. Él mismo supo convertir su lesión ocular, fruto de una pelea cuando era joven, en su seña de identidad, en una virtud y no en un defecto. De la misma manera desarrolló una identidad sexual y de género confusa, mostrando el valor

de la transformación de la identidad y demostrando que cualquiera puede ser lo que desee, sin ningún tipo de atadura. Es quizás este el legado más valioso del camaleónico artista, el cual consiguió reinventarse hasta el último de sus días, dejándonos además una impresionante carta de despedida con

Otra de las caracterizaciones de David Bowie  The Archer Station to Station Tour, 1976 

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su último disco, “Blackstar”, que vio la luz dos días antes de su muerte y cuyo mensaje solo pudimos descodificar tras saber la triste noticia. El tono agónico, las continuas referencias a la muerte e incluso los dos videoclips que acompañaron al disco no son más que el último atisbo de genialidad del artista, que era consciente de que la muerte llamaba a su puerta. Así fue David Bowie, un genio hasta el último de sus días, una de esas figuras incapaces de repetirse en la historia y que nos deja una herencia inconmensurable con la que no podemos hacer más que disfrutar.

 David Bowie en un fotograma del videoclip de  “Lazarus“, 2016

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u n detalle

D A M E V E N E NO Q U E Q U I E R O V I V I R David Febo

Y van tres botellas. Digamos que dos y media, pues esta sábana encharcada también ha absorbido lo suyo. Siempre me gustó observar cómo traspasa la luz a través del cristal ya desprovisto del líquido afrutado y libidinoso. Adquiere la apariencia de la esmeralda, aunque tenuemente cubierta la gema por una cruel nube que no le permite irradiar en todo su esplendor. Él tenía un jersey de ese mismo color, siempre combinado con aquellos pantalones grises de ejecutivo fracasado, tan ceñidos a la piel que incluso podías distinguir cada uno de sus desarrollados músculos. Tampoco son tantas. Cuando bebíamos juntos, los zigzagueantes paseos hasta la tienda de licores de la calle aneja eran continuos, ya que nos quedábamos sin el espumoso elixir en lo que parecían breves espacios de tiempo cuando realmente habían transcurrido horas completas sin apenas decirnos nada, mirándonos a los ojos con tal fijación que el entorno habitable terminaba por transformarse en un claro bosque en el que Dionisos y su legión de ménades daban rienda suelta a los placeres. Por supuesto, nosotros no éramos meros observadores de la bacanal. La divinidad, cómplice del deseo, nos tenía reservado un papel principal en esa orgía de cuerpos. Sin embargo, la pasión y el delirio pronto se convertían en dolor, aflicción que sufría el alma por querernos y detestarnos a partes iguales, y en esto último mucho tenía que ver el nivel de toxicidad alcanzado en la sangre. 86

Eros y Eris, el amor y la discordia. Ambos se retaban en duelo cada vez que nos reuníamos bajo el mismo techo, pero hoy se han percatado de que ya no existes en este mundo. Nunca más volveré a recibir tus golpes sin manos, y más duro es reconocer que los añoro. Obviamente, vivía obsesionado. “Triptych in memory of George Dyer”, Francis Bacon


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Revista de arte - ATELIER #05  

Revista digital de arte perteneciente a la plataforma de difusión The Lighting Mind.

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