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ATELIER #03

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Casa de locos

Salvador Carbonell-Bustos

Dirección: Salvador Carbonell-Bustos.

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El impacto mediático en la Historia del Arte

Traveling:

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Arte en guerra

Artistas TLM

Desayuno con...

Retrospectiva Artistas TLM

Un detalle

Coordinación: Sergio Martínez.

Jordi Machi

Diseño editorial: Marta Álvarez Morraja. Identidad visual: Miriam Lázaro. Colaboradores: Albert Bonnin. Rosa Bastos. Ana María Benarí. María Bustos Segarra. Iván Moreno. ARTISTAS PARA ESTE NÚMERO: Esteban Zapata. Maness. Solimán López. Marina González Guerreiro. Fèlix Coll. Nadia Devonish. AGRADECIMIENTOS: Jordi Machi. Paula Abellán. FOTOGRAFÍA DE PORTADA: María Bustos Segarra. Iván Moreno. Para contactar con el equipo de The Lighting Mind: contacto@thelightingmind.com www.thelightingmind.com

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c a s a de l o c o s

E L BO M B A R D E O S I L E NC I OSO Salvador Carbonell-Bustos

Sé que hablo regularmente de pasión y devoción al arte, y me refiero con frecuencia al amor, o a la experiencia, o a la simple cotidianidad como fuentes desbordantes de creación. Aunque pueda ser ésta la cara más alegre del artista -ese ser inmerso en su mundo, con la cabeza continuamente ocupada-, el sufrimiento, en lo que a potencia creativa se refiere, no se queda atrás. El dolor también es parte de la inspiración de un gran número de artistas, quedando patente -y esto no es un aspecto exclusivo del arte- el extenso abanico de posibilidades que nos brinda el dolor, dentro del cual, con total seguridad, es el cosechado entre semejantes aquel que se alza como el más sucio y miserable. El que se arrastra con la boca más cerca del suelo. La guerra siempre tuvo algo que decir; por desgracia lo sigue haciendo, pues concepto tan anciano sigue vigente pese a una mayoría de ojos que prefieren postrarse frente a las flores que frente a la sangre.

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A propósito de la sinrazón de la guerra, ilustro este texto con una de las más monumentales obras de Picasso, cosa que no constituye más que una simple excusa para iniciar un discurso en torno a la vergüenza y al patetismo que sólo la raza humana es capaz de gestar. Cualquier desastre de la guerra de Goya o pasaje de García Lorca hubiese igualmente bastado para dar constancia de esa manifestación silenciosa, que no inútil ni carente de sentido, en la que tantos se han sumergido a modo de reivindicación y crítica. Queda con ello grabado a fuego, de uno u otro modo, que las palabras y las imágenes tienen mayor poder que cualquier ballesta, bayoneta, guillotina o cañón. La gente muere, pero las ideas son capaces de prevalecer, así que, mientras la guerra se dedica a engañar al individuo y a deformar la verdad, creyendo que toda mente es manipulable y todo individuo víctima fácil del ruido de los medios de comuni-


s al v ad o r c ar b o n ell - b u s t o s

cación, el arte, en una lucha fraguada entre el lienzo y el barro, se empeña en informar sobre ciertas verdades y en formar mentes a través de la cruda realidad, la del sinsentido en el campo de batalla.

arte que no atiende ni a luchas ni a discursos. Pero que no se olvide eso; que sin un cuajo de auténtica verdad, lo único que queda es ceniza que se pierde entre los dedos.

Se muere en la arena, eso lo sabemos, pero no es ahí donde se deciden las muertes, sino entre licores, favores y artimañas. Y pese a las balas, el maltrato y la persecución, existen auténticos héroes que ni conocemos ni conoceremos jamás. Son aquellos ocultos, desaparecidos o que se descomponen amontonados en fosas sin nombre.

De algún modo sigo creyendo posible aquella Tierra que sólo conoce la guerra y su particular destrucción de lo que ha leído en los libros de otros tiempos menos limpios que los suyos. El capitán James Kirk lo sabía bien, a mí me lo enseñó siendo un niño.

Las obras de muchos autores que utilizaron este sufrimiento como impulso para la inspiración y para el mensaje ocupan hoy museos, llenan salas y más salas, son objeto de grandes adulaciones e ilustran las más anchas enciclopedias. Tiempo atrás estuvieron llenos de rabia, mensaje y polvo, aunque eso sea algo que ha quedado sepultado por un negocio del

Quizá, a modo de incierta conclusión, debamos todos ver algo más de ciencia ficción y volver a esa mirada de cuando éramos niños. Que ahí todos son buenos. Todavía no han aprendido a matar.

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UN R I NCÓN

Pablo José de Heredia Sánchez  Hace algunos meses, en el que fue el primer número de la revista ATELIER, presentamos a Pablo José de Heredia Sánchez como uno de los Artistas TLM por medio de su proyecto Memento Mori, conjunto de creaciones de obra gráfica y escultura que lleva tiempo desarrollando y que nos cautivaron por la fuerza de unas formas y unas figuras ejecutadas con el firme pulso de sus manos. A la derecha os mostramos dos de sus últimas composiciones gráficas, tituladas Tiempo Olvidado. Reflejos (superior) y Tiempo olvidado N. 2 (inferior), que, como decíamos anteriormente y como suele ser costumbre en el característico método de ejecución de este artista valenciano, están realizadas con la rapidez y el virtuosismo de sus dedos como único medio de transmisión plástica entre el material pictórico y la superficie del papel. El artista acaba de abrir su fanpage en facebook con lo mejor de su obra pasada y presente, la cual os recomendamos visitar fervientemente para ser partícipes de una excelente producción artística con un futuro prometedor. www.facebook.com/deherediasanchez

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E L I M P A C T O M E D I Á T I CO E N LA HISTORIA DEL ARTE

E L I M P A C T O M E D I Á T I CO E N LA HISTORIA DEL ARTE Ana María Benarí

Me gustaría comenzar esta reflexión con un pequeño juego. ¿Conocen ustedes este cuadro? Déjenme que se lo presente: es Las bodas de Caná, de Paolo Veronese. Es un cuadro que cuenta la narración neotestamentaria sobre aquel milagro que hiciera Cristo de convertir en vino tinas de agua durante la celebración de una boda a la que tanto su madre como él estaban invitados. Vemos el movimiento, sentimos el bullicio, los músicos, los sirvientes, los animales, la gente charlando, y Cristo, en el centro de la composición, totalmente callado. Ahí está, en el centro de una mesa en forma de U, siendo el mudo testigo de lo que está pasando en la esquina inferior derecha de la composición. Un cuadro increíble, pintado en el siglo XVI, en 1563. Una técnica grandiosa, una luz y un color inigualables. Otras obras del mismo autor son la Cena en casa de Leví o Jesús entre los doctores, en la Galería de la Academia de Venecia y el Museo del Prado, respectivamente. Esta obra, además de todo lo que hemos contado unas líneas atrás, tiene el honor de ser el cuadro más grande de la pinacoteca que lo cobija. Mide 677 por 994 cm. Todo un titán de la pintura, en lo que a tamaño se refiere.

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Si les preguntara cuál es esa pinacoteca… ¿sabrían decírmelo? No. No está en ninguno de esos lugares que están pensando. El Cristo que preside la mesa de la boda en Caná mira de frente a La Gioconda en el Museo del Louvre. Comparte sala con ella. Vamos con otra obra. Esta vez será un poco más fácil. Está en el Museo del Prado. Es Hermafrodita, obra de Matteo Bonuccelli. ¿Sabrían decirme dónde está colocada? ¿No lo imaginan? Han tropezado con ella montones de veces, las mismas que han mirado de frente a Velázquez y han ocupado el lugar de los reyes de España en una de las obras fundamentales para entender al sevillano. Comparte espacio con las Meninas, La familia de Felipe IV, igual que varios retratos de una calidad excelente que quedan eclipsados por esa imagen captada en el Alcázar, esa niña con una mariposita en el pelo, ese enano pisando al pobre mastín. Esos reyes que son espectadores, como usted y yo, de lo que sucede en esa estancia. Los Prigioni pasan desapercibidos ante la grandeza del David, su callada fuerza y su presencia en la Academia en Florencia. Cezánne y otros impresionistas ‘Las bodas de Caná’ (Paolo Veronese, 1563)  Vista de ‘Las bodas de Caná’ desde ‘La Gioconda’ 


ANA MARÍA BENARÍ

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quedan empequeñecidos entre los Nenúfares de Monet que alberga L’Orangerie, esa gran sala con forma ovalada. La enorme colección de arte contemporáneo español que conforma el grueso de la colección del MNCARS, del Museo Reina Sofía, enmudece ante el horror del Guernica. ¿Es Las señoritas de Avignon todo lo que interesa en el MoMA? Montones de personas cada día las miran impúdicamente, mientras que el resto de obras que hay en esa sala, y adyacentes, están a la sombra de tanta maestría junta. ¿Es la Ronda de Noche lo único que puede verse en el Rijksmuseum de Ámsterdam? Un único cuadro, pero les dejo datos: «En la actualidad, el Rijksmuseum tiene alrededor de 7 millones de obras de arte, incluyendo 5000 pinturas en más de 250 habitaciones, una biblioteca con unos 35.000 volúmenes y aproximadamente 21.000 catálogos de subastas. Además de su antigua colección de antiguos maestros, ofrece una amplia variedad de piezas de arte de los Países Bajos, artesanías holandesas antiguas y pintura holandesa medieval y moderna». Todo esto son ejemplos de cómo una obra de arte es capaz de hacer empalidecer una colección completa. Quizás sean las obras más conocidas de sus respectivos autores, incluso tal vez puedan ser sus mejores obras a ojos de los críticos, o tal vez no, pero la publicidad, la historiografía y el interés general las han encumbrado. El impacto mediático no es algo que haya aparecido de la nada en el siglo de Internet, en absoluto. Antes de Internet ya había cosas que gustaban mucho y se ponían de moda, y otras que eran de un mal gusto y de una

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ANA MARÍA BENARÍ

 ‘I Prigioni'  ‘Ronda de Noche‘ indiferencia descomunal. Internet sólo ha hecho que esto quede patente a una gran velocidad. Antes de la World Wide Web, historiógrafos, mecenas y marchantes de arte creaban hype, expectación, ante sus nuevas adquisiciones, o hacían la guerra sucia ante los protegidos de otros iguales a ellos. Descalificaciones, elogios, y mucho dinero de por medio. Subastas millonarias, y artistas que nunca habían vendido un cuadro en vida, como Van Gogh, están hoy en láminas en casi todas las consultas de dentistas del mundo. Señores que escriben sobre arte y ponen por las nubes a unos mientras desmerecen a otros. Son este tipo de situaciones y de personajes las que

hacen que un pintor que a priori pasaba desapercibido, de repente, capte toda la atención. O que un pintor que en un país resulta anodino, en otro sea fuente de apasionadas disputas. Van Gogh o Miró, por ejemplificar, no fueron profetas en su tierra; el primero no vendió un solo cuadro en su corta vida, y al segundo lo jalean más fuera de nuestras fronteras que dentro. También los mecenas, historiógrafos y marchantes son los que crean la “primera fila” del arte; quién, en igualdad de calidades, debe ser la avanzadilla en un movimiento artístico. Sucedió hace no mucho que el museo Thyssen hospedó una exposición sobre Pissarro, el gran olvidado de los impresionistas. Era siempre el relleno de todas las muestras de este movimiento, cuando en cuestión de calidad, es innegable su maestría. Su fallo fue que otros tuvieron mejor publicidad, y hubo que esperar muchas expo-

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siciones de los “primeras espadas” del impresionismo a que alguien se dignara a sacarlo del armario y desempolvarlo. Una, como profesional del arte, siempre se pregunta qué habría pasado sin la primera fila del arte español: sin Velázquez, ni Goya, ni Dalí. Nos habríamos perdido obras de arte excelentísimas, además de su influencia en otros autores posteriores, desde luego, pero la segunda fila del arte español no es en absoluto mala. Todos los pintores de corte contemporáneos de Velázquez (por poner un ejemplo) contaban con una calidad sobresaliente. Un don nadie no pintaba para el rey de España en aquel momento. El caso de Goya es complejo y curioso; un artista complicado en su época, con ideas progresistas y afrancesadas. En el plano pictórico, todo el mundo estudia en el colegio La familia de Carlos IV con esa reina maravillosamente colocada en el lugar del rey, lo que deja muy poco a la imaginación sobre quién ejercía el gobierno en España. Pero por lo que realmente es famoso y conocido, sobre todo en los círculos artísticos, es por sus obras “menores”, las litografías y los grabados, donde primaba lo realmente moderno. Lo que encandilaría poco después a los impresionistas, como Manet, que lo visitaron en Madrid. A los grandes maestros les llamaba la atención otras cosas, otros temas, otros detalles. Incluso mirando la primera fila, no escogían las obras maestras: «A finales de agosto de 1865, Manet viajó a Madrid para estudiar la obra de Velázquez, uno de los pintores que más admiró desde el inicio de su carrera artística. (…) El viernes 1 de septiembre, Manet y Duret visitaron el Real Museo de Pintura y Escultura, cuyas principales salas habían sido restauradas y reorganizadas poco antes por su director Federico de Madrazo. Allí admiró Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, titulado también El 3 de mayo en Madrid, de Goya, que le facilitaría más tarde la idea para su gran cuadro de historia contemporánea, La ejecución del Emperador Maximiliano (1867). Sin embargo, la obra de Goya que más apreció en este viaje fue La maja vestida, expuesta entonces en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

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(…) De las obras de Velázquez, la mayoría colgadas en la Galería principal del Prado, dejaron una huella especial en él Esopo y Menipo (…) También en el museo madrileño encontró la que para él era la mejor obra contemplada en su viaje:,el Pablo de Valladolid. El concepto de figura vestida de negro y aislada en un espacio luminoso e indefinido lo utilizó más tarde, aplicando la técnica impresionista, en una serie de imágenes de significado universal como El pífano (1865-66)». El impacto mediático también funciona en otra dirección: engaña al espectador.Va usted con expectativas: “oh, dios mío, voy a tener una de las masterpieces del arte mundial frente a mí” y le tiemblan a uno las piernecitas, tanto que no sabe si acabará como el pobre Stendhal en su viaje a Florencia. El hype del que hablábamos antes. Cuántas veces habré oído decir qué pequeña es La Gioconda. Oh, pero de La Victoria de Samotracia, recientemente restaurada, no se pronuncian, cuando podría rivalizar con ésta por


el protagonismo en el museo. Nunca se oye decir “madre mía, es descomunal” o “vaya, no me la imaginaba así”. Otro cuadro al que le pasa esto mismo (lo del tamaño y la desilusión del visitante) es al Matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck. Ya saben, el de la señora vestida de verde, “embarazada”, con su marido y un perrito a los pies, y unas naranjas en el alféizar de la ventana que queda en segundo plano a la izquierda. Cuánto detalle, debe ser un cuadro enorme. Pues no. Es un cuadro que mide 82x60cm. Es un cuadro que en un pasillo resulta insulso, además de pasar desapercibido. Yo también me desilusioné frente a una obra de arte. Esto también me ha pasado a mí, que aquí nadie se libra. Me pasó con una de las tríadas de Micerino que hay en el Museo Egipcio de El Cairo. Estudias arte en la universidad, y durante al menos un lustro te pasas muchas horas de tu tiempo

viendo obras y obras y obras de arte. Y ves Egipto. Y tus profesores te hablan de monumentalidad, y cuando llegas al Museo… Esa gran obra sólo mide 47x63cm. En conclusión, en materia artística podremos decir que hay obras que realmente son excepcionales formal y objetivamente, que pueden gustar o no, pero, ¿quiénes o qué nos forman el gusto? ¿Somos nosotros o son los críticos y los historiógrafos? ¿Hay obras de arte que nos gustan porque sí, porque “han de gustarnos”, o porque tienen el suficiente impacto mediático como para vernos obligados a que nos gusten?

 ‘Hermafrodita‘ de Matteo Bonuccelli  Detalle de la tríada de Micerino

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ARTE EN GUERRA Tomando como punto de partida la imagen de destrucción y sinsentido que alcanza la guerra y siguiendo con el poder de la obra de arte como método de expresión crítica, muchos son los artistas que, a lo largo de la Historia, han basado su producción, o parte de ella, en los desastres que han llegado a ver sus propios ojos. La presente sección se centra en esos creadores que, ya sea por medio de la fotografía, las artes plásticas o la cinematografía, nos han hecho partícipes de la crueldad a la que el ser humano es capaz de llegar para alcanzar sus intereses. Lo sufrieron en sus carnes, lo sintieron en sus huesos y lo transmitieron al mundo entero, en forma de legado, reivindicando a modo de silencioso deseo su oposición a la autoaniquilación.

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UN I NS T I N T O PRIMORDIAL

Albert Bonnin

“La guerra es como una actriz que envejece. Cada vez es menos fotogénica y más peligrosa”. ROBERT CAPA. Revista Life, 1944. La guerra no es más que un compendio de actos y hechos en la historia del ser humano en los que a costa de inocentes, en su mayor parte, se benefician unos pocos o, en ciertas ocasiones, sencillamente son el capricho de esos pocos. Si no, que se lo pidan a Hitler o a Franco; porque, ¿qué eran estos señores sino unos caprichosos? El llamado “homo sapiens” no conoce otra forma de arreglar conflictos más que reduciéndo a cenizas, literalmente, a su rival. El diálogo rara vez ha funcionado en conflictos de carácter extremo por una sencilla razón: para que haya una buena comunicación, los principales elementos deben ser un receptor y un emisor (además de un buen canal), pero si uno de los dos no ejerce bien ese papel el único resultado es el agotamiento de la paciencia. Este es el auténtico problema de nuestro mundo. No sabemos ejercer nuestro papel.

que se encuentran entre escombros, sangre y balas, jugándose la vida día a día para que esa sociedad civil ajena pueda ver imágenes más allá de sus nari- ces. Reporteros gráficos que acaban formando parte del campo de batalla con sus cámaras como único elemento de combate. Es por ello que este articulo pretende, desde un punto de vista muy humilde, rendir un pequeño homenaje a estas personas, tomando como figura de referencia al que muchos consideramos el mejor reportero gráfico en conflictos bélicos de todos los tiempos. Me refiero a Robert Capa.

Algunas veces se ha oído hablar de “el arte de la guerra”. Damas y caballeros, no nos engañemos. En la parodia que vivimos en el día a día, la guerra de arte no tiene nada. Es posible que se use la expresión para autojustificarla frente a una sociedad civil ajena a los conflictos bélicos del momento. Pero nada más, todo es pura fachada.

La mayor parte de los documentos sobre Capa hablan de este fotógrafo en el comienzo de su carrera profesional, pero tal vez es más interesante averiguar de dónde sale. Se suele conocer a Robert Capa diciendo que sus padres eran unos importantes sastres de Hungría. Nada más lejos de la realidad, pues no era más que el pequeño de los hijos de una familia judía con escasos recursos económicos. André Friedmann nació el 22 de octubre de 1913 con una buena mata de pelo negro y un meñique de más en una mano. La deformidad confirmó a su madre su convicción de que era un niño especial. Su madre era costurera y una luchadora innata proveniente de una familia de diez hermanos con un vida difícil que pretendía que la suerte de sus hijos fuera muy diferente a la suya. Su padre, por el contrario, se consideraba a sí mismo sastre pero demostró más

Aunque, más allá de todo ello, lo que interesa a este redactor son esas personas, muchas veces ajenas,

Julia Friedmann en la tumba de su hijo, Robert Capa, rezando. (Fotografía: Lisl Steiner) 

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bien ser un bon viver mucho más interesado en llevar trajes elegantes que en confeccionarlos. Esa era la auténtica realidad de la familia Friedman a la que pertenecía este personaje. André nunca siguió los consejos de nadie y ya desde adolescente hizo lo que le vino en gana, sien- do un Casanova desde jovenzuelo, mezclándose con jóvenes revolucionarios de izquierdas hasta que a finales de los años veinte estallaron en Hungría disturbios sociales entre ideologías de ambos bandos. Antes de los 16 años se había convertido en un combatiente callejero. Según Eva Besnyö, amiga de su infancia y que acabaría convirtiéndose en una celebre fotógrafa en Holanda, “André empezó a militar por varios motivos. Se sentía discriminado por ser judío. Pero también le atraía el peligro”. Tras algunos encuentros leves con la ley, se enteró de que la comunidad judía de Budapest enviaba a alumnos de talento a estudiar al extranjero. Con la motivación de que Eva Besnyö había conseguido que su padre le permitiera ir a Berlín a estudiar fotografía, André también decidió ir allí. Solicitando la beca de la comunidad judía pasó varios meses en Berlín con la intención de estudiar ciencias políticas, pero una vez más su espíritu, intrigado e inquieto, hizo que dejara las clases para descubrir Berlín, viviendo bien gracias a la mensualidad que le pasaba su madre. Pero, como consecuencia del crack del 29, el salón de costura Friedmann perdió clientes y André no podía disponer de esa mensualidad. Fue a principios de 1932 cuando André decidió, tras considerar de forma fugaz estudiar periodismo, empezar a trabajar como fotógrafo “que era lo más similar para quien no dominaba el idioma”. Con la ayuda de algunos contactos Eva Besnyö empezó su carrera como ayudante de cuarto oscuro en una prestigiosa agencia llamada Dephot.Y fue el 27 de noviembre de 1932 cuando realizó su primer encargo cubriendo una conferencia de León Trotski. Así fue como comenzó la carrera de André Friedmann como fotógrafo. Con los conflictos callejeros de un Berlín ajetreado y el levantamiento de Hitler, André decidió dejar Alemania e ir a París, donde se refugiaban miles de húngaros judíos. Su llegada fue tan dura como la de Berlín tras no tener ingresos. Trabajaba de forma esporádica y bebía más de la cuenta; de hecho, para poder pagar sus deudas no le 18


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quedaba más remedio que dejar empeñada su más preciada posesión, que era su cámara Leica. En aquellos años, André se ganaba la vida con pequeños encargos. En uno de ellos se le exigió que debía aparecer una joven, y él sabía dónde encontrar chicas guapas en París. Cierto es que si una cualidad tenía este personaje era que sabía camelarse a cualquiera, sobretodo si era mujer, pelirroja y de piernas largas. Cuando quedó con la chica del encargo, que previamente había conocido, cerca de la Torre Eiffel, al otro lado del Sena, esta se presentó con una amiga, posiblemente por miedo a quedar a solas con un chico tan mal vestido y desmelenado –aunque ese fuera parte de su gran encanto–. Cuando pudo conocer a la amiga con la que había venido la modelo, ésta pasó a segundo plano. Como no podía ser de otra manera, André Friedman conoció en París al amor de su vida, Gerta Pohorylle, más conocida por su pseudónimo como Gerda Taro. Aquel encuentro cambiaría su vida para siempre. Gerda fue la que consiguió que André Friedman se convirtiera en el famoso fotógrafo norteamericano Robert Capa. Gerda, con el papel de secretaria, y André, con el papel de fotógrafo, aunque es sabido que ambos disparaban fotos llegando a confundir la autoría de las imágenes, comenzaron la farsa que sirvió para que los editores hicieran caso al trabajo del húngaro y de su amada. Esa mentira se acabaría convirtiendo en realidad en una etapa feliz aunque sucediera entre conflictos bélicos, desde la II Guerra Mundial hasta bien entrada la Guerra Civil española. En la madrugada del 26 de julio de 1937, Gerda Taro murió después de que un tanque le pasara por encima. Destrozó el cuerpo de Gerda y el corazón de Capa. Evv Besnyo. Autorretrato (1932) Robert Capa, de pie, en el frente de Segovia (Gerda Taro, 1937) Robert Capa mirando a través del objetivo en el frente de Segovia (Gerda Taro, 1937) Gerda Taro captada en Barcelona (Autor desconocido, 1936) 19


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ESPÍRITU ANTI-BELICISTA

María Bustos Segarra

En 1988, el grupo Metallica sacaba uno de sus temas más famosos, One, una canción que no sólo realizaba una crítica mordaz a la guerra, sino que también homenajeaba a la película Johnny cogió su fusil (Johnny Got His Gun, 1971), considerada a día de hoy como una película de culto dentro del género bélico y de discapacidad. Con una puesta en escena sencilla y un blanco y negro sin muchas sombras, Dalton Trumbo, director de la cinta, retrataba de la forma más atroz los estragos de la I Guerra Mundial a través de un único punto de vista, el de su protagonista, Johnny, un soldado, que tras una explosión se queda sin extremidades, sin sentido de la vista, del oído, del gusto y del tacto, dejándole con poco más que su torso y con una enorme incapacidad para comunicarse con los de su entorno. Encontramos en este film la versión más minimalista del cine bélico, una contraposición a películas de las que hablaremos más adelante en este artículo. Paradigma del cine anti-belicista Howard Hawks decía que sólo existe la acción si hay peligro. En algunos casos, como lo es el del célebre Stanley Kubrick, el peligro se esconde en la propia naturaleza del hombre, y por ello algunas de sus obras más importantes no se esfuerzan en tapar la visión crítica de la guerra. Uno de los ejemplos más claros es La Chaqueta Metálica (Full Metal Jaquet, 1987), una obra que se presenta le metraje a modo de díptico. El primer fragmento se centra en la dureza del entrenamiento de los cadetes al en20

trar al ejército, cómo se destroza la esencia de cada persona hasta que sólo quedan sujetos dispuestos a matar en honor a una causa inculcada a base de golpes, alienados de ellos mismos y de la sociedad que defienden. La segunda parte, mucho más cruda visualmente, pero también mucho más tradicional en el modo de representar el cine bélico, gira en torno a un conflicto de la Guerra de Vietnam, donde el espectador se queda con un mensaje directo y claro: la sinrazón de la guerra. Retrocediendo un poco en el tiempo encontramos ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964), en la que, a modo de sátira, Kubrick nos prepara un escenario donde la comedia negra y el drama se entremezclan para mostrarnos una visión más crítica sobre la Guerra Fría. El personaje del doctor Strangelove representa la locura y el sentimiento de paranoia que se apoderó de EE.UU en relación al peligro atómico. Pero es realmente en Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957) donde Stanley Kubrick realiza no sólo una crítica desde una posición anti-belicista, sino que también lo hace con un tono anti-militar demoledor. Un maravilloso e inolvidable Kirk Douglas interpretando al Coronel Dax y los grandes discursos de la película, junto a la magnífica dirección de Kubrick,

Johnny Got His Gun (Dalton Trumbo, 1971)  Full Metal Jaquet (Stanley Kubrick, 1987) 


marĂ­a b u s t o s s egarra

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Kubrick, hacen de Senderos de Gloria una de las películas bélicas más recordadas de la historia del cine; de hecho, la Biblioteca del Congreso de EEUU la incluyó en la lista de “obras dignas de ser conservadas para futuras generaciones”. Si bien la afirmación puede ser compartida o no, es innegable que es una de las películas más emotivas del director, al igual que es uno de los films que mejor retratan la crudeza de la Gran Guerra. Nuevas generaciones de cine bélico Conduciéndonos hacia un tiempo más presente, llegamos a títulos más nuevos como La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998) o Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), estrenadas casi al mismo tiempo y en el mismo año. Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg se difundió con un carácter más comercial que La delgada línea roja de Terrence Malick. Spielberg mostró el conflicto de la II Guerra Mundial en el Desembarco de Normandía, mientras Malick guió a su película por el Pacífico. Pese a tratar el mismo conflicto y defender el mismo mensaje, es decir, el absurdo de la guerra, el film de Spielberg no escatimó en detalles a la hora de filmar la acción del Desembarco, lo que se tradujo en una increíble secuencia de quince minutos que quedó grabada en la retina de todos aquellos apasionados del cine bélico que no habían tenido la oportunidad de ver una batalla rodada con tanta espectacularidad hasta el momento. En el metraje de Malick, en cambio, encontramos la elegancia característica del realizador y un maravilloso reparto liderado por Sean Penn. Además, la película invita a la reflexión sobre las consecuencias de la guerra y el conflicto interno de los hombres. Vietnam y sus tinieblas Sería injusto hablar de cine bélico sin mencionar una de las obras más importantes de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now (1979), la gran adaptación de la novela El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad. Según algunos

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críticos, la película supera en algunos fragmentos a la obra de Conrad. Lo que es seguro es que el film de Coppola nos dejó con dos interpretaciones apabullantes por parte de Marlon Brando en el papel del misterioso Coronel Kurtz y de Martin Sheen en el del Capitán Willard, encargado de buscarlo y eliminarlo en Camboya. Magistral y compleja, en ella también encontramos un discurso anti-belicista que nos deja en una penumbra de la que, como le sucede al coronel Kurtz, no sabemos salir. Dentro de los horrores de la Guerra de Vietnam existen otras magníficas obras como Platoon (1986) de Oliver Stone, que retrata de distinta forma el desencanto de la guerra por parte de los oficiales y soldados americanos, interpretados por Charlie Sheen, Tom Berenger, Willem Dafoe, Kevin Dillon, Forest Whitaker y Johnny Depp. Así inauguraba Oliver Stone su trilogía sobre la Guerra de Vietnam que seguía con Nacido el cuatro de Julio (Born on the Fourth of July, 1989) y El Cielo y la Tierra (Heaven and Earth, 1993), quizás para contrastar la visión de la guerra que habían hecho John

Wayne y Ray Kellogg en Las Boinas Verdes, una de las obras más propagandísticas sobre la Guerra de Vietnam, protagonizada por el mismo Wayne. Fue estrenada en 1968, cuando aún no había acabado la guerra. Si bien encontramos en la historia del cine diferentes estilos y temas en el género bélico, es innegable que es uno de los temas más recurrentes, ricos y complejos de la historia del celuloide.

Paths of Glory (Stanley Kubrick, 1957)  Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998) 

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artistas

TLM

The Lighting Mind sigue con su compromiso de dar a conocer semanalmente

bre en nuestra plataforma, y siguiendo con esa devoci贸n que nos une al art trabajan intensamente en la creaci贸n, con el fin de ser part铆cipes tanto de su 24


e artistas que centran su producción en diferentes disciplinas. Como ya es costum-

te, dedicamos en este tercer número un espacio a cada uno de esos artistas que trabajo como de los autores que se sitúan tras él . 25


arti s ta s tlm

ESTEBAN ZAPATA

A modo de apertura para esta sección de creadores del mundo del arte, presentamos en primer lugar a Esteban Zapata, nacido en Medellín (Colombia) en 1989. El artista, a pesar de su juventud, mantiene una comprometida actividad en el campo de las artes, ligando su producción a un discurso social y político que considera necesario e imprescindible para transmitir al mundo algunos de los aspectos más negativos del país en el que vive, llegando a desempeñar una labor artística que destaca por su extensión e intensidad.

El arte como discurso Estudió artes plásticas en la Fundación Universitaria Bellas Artes de Medellín. Aunque cuenta con numerosos estudios de artes plásticas y diseño, recuerda que la mayor influencia que ha tenido, y que ha derivado en un profundo interés por la creación artística, fue compartir un momento con el artista Adolfo Bernal poco antes de su fallecimiento. La muerte de Bernal, precursor del arte conceptual en Colombia, fue un detonante en la actividad artística de Zapata. En la actualidad, reside y trabaja en su ciudad natal. El ambiente de la violencia derivada del narcotráfico marcó desde una temprana edad su comprensión del mundo, y con el paso de los años, siendo cada vez más consciente de la gravedad de esa situación, inició un proceso plástico que sirviera al espectador para entender algunos de los aspectos más importantes de un tema que, aunque no siempre está en boca del resto del mundo, permanece vigente. El mensaje político y la realidad social que Esteban Zapata vive a diario en su país son fuente de inspiración continua para el artista. A través de la obra física y de la acción directa, Zapata elabora una consistente crítica en torno a una serie de temas que le perturban y que sabe que han de ser enfrentados. Blanco, proyecto realizado durante el pasado año 2014, es una de sus acciones con más fuerza artística. Consistió en una video-instalación que capturó una performance llevada a cabo por el artista cuya acción se concentra en torno a un árbol. Esteban Zapata, vestido de blanco, con un aspecto limpio y puro, comenzó a lanzar rollos de papel a lo largo y ancho del árbol, dejándolo completamente cubierto de cintas de color blanco que quedaban atrapados y entrelazados en-

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ESTEBAN ZAPATA

tre sus hojas y sus ramas. El color que invade al árbol, siendo capaz de cambiar su fisonomía, elude al color de la cocaína. Una sencilla metáfora que pretende hacernos ver la influencia del narcotráfico sobre una sociedad que acaba transformada e infectada por un producto que la invade por completo, ocultando su verdadera esencia y entregando al mundo una pésima imagen de su gente. Otro de los proyectos recientes de Esteban Zapata es Ofrenda, una acción estética y un hecho colectivo que instaura una dádiva al sol. La acción se centra en un globo que, a modo de metáfora, contiene la emoción, el impacto y la tensión de los habitantes de la plaza de mercado de la ciudad, los cuales, a pesar de no ser artistas activos, son partícipes del espacio y del momento en que el artista interviene el cielo. En otro ámbito, una situación paradójica situada entre inserción de las prácticas artísticas en la economía y de la micro-política en la práctica comercial plantea la propuesta titulada Pablo In Comerce. Como punto de inflexión, el artista deja patente la realidad de una época tan convulsa como contradictoria, inmersa en la doble moral de una sociedad que esconde sus vínculos con el narcotráfico. Deja clara la existencia de un narcoestado cuestionado desde hace más de tres décadas por los gobiernos internacionales, tratando de compensar la deuda histórica de haber dado a Pablo Escobar la imagen de Robin Hood; algo que, aunque irónico, es de una absoluta seriedad. Abriendo Camino, instalación con la que conocimos al artista colombiano hace ya algunos meses, sorprende por la sencillez en su presentación en el espacio y por la dureza de su mensaje. Siguiendo con esa idea de dejar constancia de una sociedad dañada por la inserción del narcotráfico, se inicia un discurso gracias a una cita tergiversada de la obra Head on del artista Chino Cai Guo-Qiang. En la instalación, un centenar de avionetas a escala, similares a aquella utilizada por el narcotraficante Pablo Escobar en su primer envío de droga hacia los Estados Unidos, emergen en fila desde la pálida pared de una sala hasta lograr un despegue perfecto, como una metáfora de prosperidad, avance y astucia, pero que en su trayecto por el espacio de las salas terminan chocando estrepitosamente contra un muro de cristal. De este modo, el trabajo realizado por Esteban Zapata nos transmite, en primera instancia, una fertilidad y un desarrollo positivo, para, finalmente, sumergirnos en el concepto inmediatamente opuesto, aquel que va por una ruta equivocada y que desciende hasta dar por resultado gran cantidad de muertos y desaparecidos.

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Fotograf铆a de la acci贸n Ofrenda

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 ‘Blanco’  ‘Pablo in Commerce’

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‘Ofrenda’ 


ESTEBAN ZAPATA

Una trayectoria intachable Esteban Zapata ha mostrado sus obras de forma individual en cinco ocasiones. Durante el año 2013, fue invitado por el Museo de Antioquia para participar en “Antioquias, Diversidad e Imaginarios de Identidad”, exposición conmemorativa de los 200 años de la independencia de Antioquia. Fuera de su país, tomó parte en la muestra “Tiempos Canallas” en la Galería Mecánica de Sevilla (España) y participó en el “Belfast Photo Festival” como fotógrafo joven bajo la tutoría del fotógrafo americano Tom Griggs. En lo reciente ha sido seleccionado para participar en la octava versión del “The Other Art Fair” que tuvo lugar el pasado mes de abril en las instalaciones del “Victoria House” en Londres (Reino Unido). Su obra ha sido expuesta en diversos puntos de Colombia, entre los que destacan el “42 Salón Nacional de Artistas” en 2010, que constituye el evento más importante para las artes plásticas del país, y el “XIII Salón Regional de Artistas” en el mismo año, entre muchos otros a lo largo y ancho del país. Como puede verse, una extensa trayectoria que no cesa en su avance, la cual sitúa a Esteban Zapata entre uno de los artistas más activos de la nueva generación de creadores en Colombia.

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Andrés Mora Blazaretti nace en México en 1988. Un artista joven, de gran potencial y originalidad creativos, más conocido con el pseudónimo de Maness dentro del mundo del arte. Hace unos meses, el artista mexicano nos hablaba acerca de sus estudios en Artes Plásticas de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado ENPEG ‘La Esmeralda’ de México y sobre su residencia temporal en Bruselas gracias a un programa de intercambio. En ese estado nos quedamos, con la sensación de haber conocido a un artista verdaderamente activo y con el deseo de saber algo más. Dedica su vida a las artes plásticas y a la creación musical. Tiene fuertes influencias que han marcado su vida como artista, y de las cuales no se desprende jamás. Entre el gran elenco que conforma ese empuje artístico del mexicano, destacan autores como Robert Longo, Wayne Thiebaud, The Beatles o Johnny Cash.

Una influencia temprana El arte entró a formar parte de la vida de Maness cuando tan solo era un niño. Ha tenido desde

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siempre una fuerte influencia cinematográfica gracias a sus padres, que fomentaron su atracción al cine y el gusto por las filmaciones cinematográficas y las obras de teatro. En referencia a la devoción por la pintura, nos cuenta que, a la edad de 17 años, vio cómo su hermano realizaba un ensayo sobre la vida y obra de Jackson Pollock. Al leer sobre el artista y admirar su obra, empezó a adentrarse en las artes plásticas. A partir de ahí, el artista comenzó a rodar en solitario, leyendo con frecuencia, escuchando registros musicales variados y complejos y recurriendo a todo aquello que estuviera enfrascado en la actividad artística. Su trabajo actual bebe directamente de aquella preciada influencia que tuvo en la infancia. Temas como la familia, las normas de etiqueta y el comportamiento de los individuos en sociedad y las relaciones humanas son constantes inamovibles en su producción. Con la edad, comienzan a surgir en el artista nuevas inquietudes, dudas e incógnitas que se resuelven o se manifiestan por medio del proceso creativo, siempre con vistas a generar un sólido discurso. Por esa misma razón, la producción que Maness realiza no se detiene en una temática


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de formato único, sino que permanece en constante movimiento entre unas y otras, que aparecen y desaparecen con gran frecuencia en función de las propias necesidades del artista.

elección del color para el próximo año, por medio de la cual diversas compañías de consumo crean sus productos. El resultado plástico desemboca en piezas con una identidad de marketing que abstraen las tendencias y los modelos a seguir, con el objetivo de concienciar la mirada del espectador.

‘Pantomímica’ En relación a un aspecto estético, Maness siente especial predilección por aquellas imágenes que, aunque de naturaleza estática, transmiten la idea del movimiento. Con esa premisa se configura Pantomímica, el proyecto con el que el equipo editorial de esta plataforma se topó hace ya algunos meses. Estableciendo el color como rasgo de identidad social y los modelos de vida actuales, el proyecto gira en torno a una serie de obras basadas en la intervención de retratos de los personajes que cada año son protagonistas de las revistas ‘People’ y ‘Forbes’, con frecuencia elegidos como los más atractivos o con mayor fortuna económica.

Otros proyectos

Siguiendo ese principio, la gama tonal de cada pieza está basada en la selección del ‘Color Oficial del Año’ de la compañía Pantone, que desde el año 2000 realiza dos juntas anuales en sedes europeas con diversos profesionales para determinar la

De forma paralela a toda esta actividad plástica, Maness dedica su vida a la música. De hecho, a la hora de hablar de manifestación artística, reconoce que ésta última es su actividad más activa en la actualidad, por lo que ser músico y compositor es

Maness ha realizado numerosas exposiciones en el campo de las artes plásticas, por medio de las que ha conseguido dar a conocer su obra al público y encumbrarse como un artista de talento en pleno proceso de madurez. Cuenta con tres exposiciones colectivas en el extranjero, las cuales, cabe dejar constancia, son destacables: ‘Affordable Art Fair NY’ 2013, ‘Sapphire Lounge’ 2013 y la de la galería de ‘Brooklyn Recession Art’ 2013.

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Brussels seven

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ďƒ? 2012 Tangerine Tango

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 Brussels ten Graduate A

también parte del extenso abanico de actividades que realiza. Ahora trabaja en un proyecto llamado ‘The Crystal Elephant’, que basa su filosofía en la música indiefolk, y, antes de eso, estuvo inmerso en el proyecto ‘The Oats’, conjunto con el que estuvo de gira por Canadá y Estados Unidos durante dos años. Su recorrido hasta la fecha es digno de mención. Quién sabe si, en el futuro, podremos seguir viendo, o escuchando, algo sobre él.

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SO L I M Á N L Ó P E Z

Solimán López nace en la ciudad de Burgos en 1981. Cuando le conocimos, el artista nos contaba que su vida había estado marcada por una continua inestabilidad. Su familia, por motivos laborales, ha estado siempre viajando, hecho que, lejos de convertirse en algo negativo, le ha dotado de una mentalidad abierta, atrevida y, extraído de sus propias palabras, algo extrovertida. Aunque Burgos es su ciudad natal apenas pasó allí tres meses, viviendo con posterioridad en Murcia, Córdoba, Madrid, Aranjuez, Lleida, Gijón, Bolivia y, finalmente, Valencia, lugar en que reside y trabaja en la actualidad. Habla de Valencia como una ciudad ideal para la producción y para el pensamiento artístico por el hecho de que alberga todo lo que una ciudad magnificada debe tener. De su constante ir y venir le queda una fuerte vinculación con Córdoba. La mayoría de familiares y amigos permanecen allí, por lo que dicha ciudad es para él una referencia en ese mapa algo desconfigurado de su vida. Sus inicios artísticos datan desde muy pequeño. Su madre ya valoraba sus increíbles sesiones de juego en habitaciones repletas de detalles, escenografías e historias imaginadas, quizá pequeñas instalaciones que se fueron perdiendo junto con la inocencia. Tras un periodo de institutos perdidos, cayó en la cuenta de que lo suyo era el arte y comenzaron entonces sus primeros dibujos, escritos, proyecciones de obras y, por supuesto, pinturas.

Técnicas diversas en una muy variada producción Aunque licenciado en Historia del Arte y con la realización de un Master en Arte y Comunicación a sus espaldas, el artista burgalés nunca ha dejado de formarse en todo lo referente a nuevas tecnologías por medio de talleres monográficos sobre realidad aumentada, arte sonoro interactivo, 3D, captura de movimiento, instalaciones interactivas, arduino o processing, entre otros.

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SO L I M Á N L Ó P E Z

Desarrolla su labor artística cruzando de forma continua la delgada línea que separa lo tangible de lo intangible, atrayendo sus discursos hacia las reflexiones que giran en torno a la idea de la no identidad digital, la erosión de la sobreinformación en los estratos sociales, la sobreexposición de la intimidad en el contexto de lo social y el comportamiento de la memoria en el siglo XXI. Todo ello teniendo como base primaria el uso de las nuevas tecnologías como medio de acercamiento y enmascaramiento y como canal de comunicación entre la mentalidad del artista y la visión del espectador. Técnicamente resulta complicado establecer una materia estándar en su producción. Por ello, en la obra de Solimán López es posible encontrar trabajos que abarcan disciplinas tan extensas como la fotografía, el vídeo, la performance, el arte digital y el net-art. En la actualidad prepara la que será su primera exposición individual en la ciudad de Valencia y continúa su investigación sobre arte, cuerpo, tecnología, comunicación y entorno social, con proyectos como el Harddiskmuseum, que ya ha visto la luz, un museo que es en sí mismo un disco duro de 2 te-

rabytes, o Social Robots, una pieza de net-art basada en avatares que ya están cobrando vida.

Un artista en pleno auge Los trabajos de Solimán López, de formato y exhibición muy diversos, han sido vistos en más de una docena de países de todo el Globo. De entre sus intervenciones cabe destacar la “I Bienal de Arte Emergente” de Venezuela, el “Festival de Videoarte” de Camagüey (Cuba), “SPAM”, el increíble proyecto con el que le conocimos en The Lighting Mind y que pudo verse en Basel (Switzerland ArtSpace), o la reciente estancia artística en Grecia que obtuvo gracias a la plataforma de arte contemporáneo ateniense “Create an Accident”. Destaca también la performance Follow us como presentación del “Festival Madatac” en Centro Cibeles (Madrid), habiendo intervenido recientemente en el CAC de Málaga y SUMMA Art Fair, en Matadero Madrid, con Tecnometrías, una de sus últimas piezas instalativas/ performativas. Además de toda esta actividad, el artista ha sido

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D-Lang Registros sonoros del universo y voces manipuladas digitalmente


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 ‘Meatmorphosis’  ‘Hosting’, Photoperformance

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‘Flagback’ 


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seleccionado en más de una decena de certámenes nacionales e internacionales en el último año, A expensas de su producción y sus acciones, que son extensas, el artista desarrolla talleres de formación y participación en los que muestra a los alumnos sus herramientas más comunes de trabajo, proponiendo procesos de investigación en torno a los nuevos modos de representación disponibles en la actualidad. Como puede verse, un creador con una actividad intachable y en pleno ascenso.

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M A R I N A G ON Z Á L E Z GUERREIRO

Sin irnos muy lejos de las técnicas plásticas más puras y tradicionales, Marina González Guerreiro aparece en este espacio para plasmar mediante la pintura su propia visión de la vida. La artista nació en La Guardia, una pequeña población situada en la parte más inferior de Galicia, casi en contacto con Portugal. Estudió en Vigo y Salamanca y ahora vive y trabaja en su producción en un taller de Zamora que comparte con el también artista Raúl Lorenzo. Las técnicas fotográficas se presentaron ante ella durante la adolescencia para despertar su inquietud artística, lo que, sin ir más lejos, le condujo al gusto por la historia del arte, aunque no se entregó a la pintura hasta el momento en que comenzó a estudiar Bellas Artes en la Universidad de la ya citada ciudad de Salamanca.

El gusto por el paisaje y el entorno Hace unos años, Marina González Guerreiro comenzó a cosechar un cierto interés por la temática paisajística, conduciendo sus primeras obras, en un proceso fruto de sus inquietudes por tan extenso tema, a los estados de idealización a

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los que se encuentra sometido. Por consiguiente, romanticismo, paisaje y utopía son tres conceptos que están estrechamente ligados a su trabajo y que hacen su aparición con suma frecuencia para delimitar un lenguaje claro y ciertamente personal. Le fascinan los atardeceres, pues constituyen una imagen típicamente romántica que no ha perecido ni en la manifestación artística ni en la cotidianidad de la gente, algo presente tanto en el imaginario romántico actual como en la fotografía más amateur y primeriza. Cuando no está enfrascada en la pintura, la artista gallega se sumerge en una incesante búsqueda de inspiración. Guarda un gran número de imágenes que encuentra en Internet a modo de enciclopedia a la que recurrir en caso de necesidad; y no importa que sean de personas en paisajes sublimes, de grupos de amigos en plena diversión, de banderas ondeando, de alguien haciendo deporte o de actualidad política. El proceso en el taller es el que actúa como filtro a esa amalgama de fotografías, pues es allí donde sólo lo más relevante ocupa un papel en su obra. Recurre con frecuencia al dibujo del natural. Reconoce que es un ejercicio muy sano que favorece la observación y el contacto con lo que nos rodea.


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Y eso, en una artista que hace especial hincapié en el entorno, es de una inevitable importancia. La fotografía no anda lejos, ya que, aunque fue parte de su primer contacto con el arte, nunca se ha desprendido de ella. Aunque todavía no podemos ver mucho de esa producción que se ‘entra’ a través de la lente, en la actualidad trabaja muy en serio en varios proyectos fotográficos de forma paralela a su producción pictórica. En este aspecto, la vida cotidiana le interesa en gran medida; cobra protagonismo la imagen amateur, aquella que vemos diariamente en las redes sociales o en los álbumes familiares. A raíz de este interés, su compañero de taller y ella han empezado a preparar, en un trabajo colaborativo, un fotolibro que, con total seguridad, será una auténtica delicia para los sentidos.

‘Paisaje y Utopía’ Tuvimos la fortuna de conocer a Marina González Guerreiro meses atrás por medio del proyecto titulado Paisaje y Utopía. A modo de introducción a un tema que le obsesiona y fascina a partes iguales, la artista nos adentra en un género atemporal constantemente sometido a revisión que, aunque en apariencia se nos muestra vacío de contenido, sin narración ni verdadero tema, en realidad está

cargado de ideología. Destaca que lo paisajístico siempre ha sido sometido a procesos de idealización, pero no siempre del mismo modo, pues llegan a ser muy dispares en función de la época en que nos ubiquemos. Los fondos de una gran cantidad de pinturas renacentistas, ilustradas con paisajes azulados y lejanos que parecen proyectados fuera del tiempo, son un estupendo ejemplo del empleo del paisaje con un marcado carácter utópico. La propaganda soviética y maoísta también ha generado imágenes que le interesan por su fuerte idealización del paisaje. En su obra es muy recurrente la representación de atardeceres, imagen estrechamente relacionada para ella con un sentir romántico con el que se encuentra en continua conexión. El pensamiento utópico y sus mecanismos le resultan fascinantes. Todos estamos obligados a convivir con él, reconoce la artista, ya que cada acción consciente, y hasta cierto punto la que es propiamente inconsciente, contiene un inevitablemente potencial utópico. Por lo tanto, la utopía no es aquello que simplemente se debe superar o a lo que se puede renunciar, sino que conforma un principio ambivalente.

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 Paisaje Azul

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Sin título 


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El presente más inmediato de la artista Junto a sus antiguos compañeros de facultad, con los que convivió en sus años de Bellas Artes en la universidad, trata de hacer una exposición colectiva al año, cada vez en un sitio diferente, no sólo como motivo de excusa para el reencuentro, sino como útil reunión para admirar los procesos creativos en los trabaja cada uno de ellos. A principios del presente año participó en una exposición en ‘Espacio Nuca’, una galería de la ciudad de Salamanca que apuesta fuertemente por el trabajo de artistas emergentes. Estaremos expectantes de su trayectoria y su recorrido, pues si la artista siempre está en proceso de búsqueda e inspiración, nosotros queremos hacerlo paralelamente a ella.

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F È L I X CO L L

Fèlix Coll tiene cierto apego a todo aquello que se relaciona con el origen, lo cual, lejos de ser algo negativo, se ha convertido en la base de un modo de proceder y de una producción que marca un sólido presente y augura un asentado futuro. Según nos contaba en la entrevista que, con motivo de su selección para la convocatoria de The Lighting Mind, este equipo le realizó hace unos meses, siempre ha vivido en Palma de Mallorca desde que naciera en 1985, y, aunque siente curiosidad y ganas por alejarse una temporada, tiene claro que, con el tiempo, desea seguir instalado allí. Considera que pese a ser una isla y tener sus limitaciones, Mallorca aporta unas facilidades que otros lugares no pueden. Desde niño empezó a sentir un creciente interés por el campo del dibujo. Recuerda que, cuando era pequeño, disfrutaba de dicha técnica, abarcando desde la creación de personajes que veía en series de televisión hasta objetos que sus padres disponían a lo largo y ancho de su casa. Recuerda que todos los fines de semana se desplazaban hasta una casa de campo para pasar el día, y aquel lugar, tierno recuerdo de esos años, guarda todavía algunos dibujos de plantas y árboles del jardín del más joven y neófito Fèlix Coll. Fruto de esa fascinación por el dibujo, a los 11 años ingresó en una academia de dibujo con el fin de explotar su talento artístico. Allí conoció a la que fue

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su maestra, Malena Tous, a cargo de su instrucción artística hasta que, tiempo después, comenzó a moverse por su cuenta. Considera la academia como su casa aún a día de hoy, pues atesora de ella grandes recuerdos que han influido en su camino posterior. Y al final esas son las cosas que, poco a poco, forjan la personalidad del creador. Apartado de sus estudios de ingeniería, que acabó pero que no llegó a ejercer, el balear se ha mantenido siempre en un proceso de investigación y estudio de las obras tanto de artistas clásicos como de aquellos más emergentes, atrapando todo aquello que capta su interés y delimitándose como artista. A los 18 años empezó a compartir estudio y siguió trabajando en el campo de las artes plásticas en paralelo con la carrera, dándose cuenta poco a poco de que el núcleo central de sus proyectos tenía una potente carga humana, conduciendo sus obras hacia la memoria de los acontecimientos sociales que ocurren a su alrededor y que confeccionan todo un comportamiento social.

‘Fills de la Utopia’ y la clave de un lenguaje Fruto de su investigación y experimentación con distintas técnicas artísticas, Fèlix Coll acabó


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decantándose por la técnica del óleo para sus creaciones. En ellas siempre estaba presente la gente en sus diferentes facetas de la vida y, por aquellos años de juventud en que comenzaba a descubrir qué era aquello que le apasionaba, reconoce haber tenido la suerte de mostrar su trabajo de forma tanto individual como colectiva en su isla natal y en algunos puntos fuera de ella. Tuvo un momento de crisis hace un par de años porque, según dice, llegó un momento en que sus trabajos habían perdido parte de su convicción y comunicación habituales. Tras ocho meses de nula producción, retomó su actividad artística con gran ilusión, la misma que, a día de hoy, sigue patente. Se abrió un nuevo periodo plástico y discursivo del que surgió el proyecto gracias al cual pudimos conocerle, Fills de la utopia. En su proyecto cobra especial protagonismo el dibujo como un renacer, un volver a empezar pese a que su trabajo no cesa en su evolución. Fills de la utopia, a través de un trabajado estilo que se adentra en el hiperrealismo, atesora el modo en que la sociedad española ha sido arrastrada a vivir. El periodo de bonanza económica previo a la crisis que todavía se huele en el país hizo que gran parte de la sociedad joven pudiese estudiar y vivir cómodamente, hecho que propició un

desentendimiento no sólo político, sino también de los valores necesarios para la construcción de una sociedad más coherente y justa. Es por eso que los protagonistas de la gran mayoría de los temas que trata este artista son personajes somnolientos y ausentes, representados en gran parte de las ocasiones de forma satírica. Este último punto mencionado toma como referente los dibujos grotescos de Francisco de Goya, mediante los cuales el artista trataba de corregir los vicios y los errores humanos, ya fuera ridiculizándolos o censurándolos, casi siempre con carácter cómico, poniendo de manifiesto las contradicciones constantes en las que vive la sociedad.

El artista fuera del estudio Comprometido con la creación artística, Fèlix Coll ha realizado tres exposiciones individuales en la isla y, desde hace unos cuantos años, lucha para que su trabajo sea conocido fuera de ella. Durante el presente año ha participado en la exposición colectiva “Imago Mundi” en el CAC Málaga y el año pasado fue seleccionado para participar en “La New Fair” de La New Gallery, así como en el “Certamen de Artes Plásticas el Brocense” de la ciudad de Cáceres. Del mismo modo, su trabajo ha sido premiado en ciertos certámenes de la isla. Ha

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realizado exposiciones colectivas en diferentes provincias de la península como Valencia, Alicante, Madrid, Sevilla, Cáceres y Ourense, pero también fuera de ella, participando en muestras colectivas que han llegado a Francia, Grecia, Alemania o Rusia. El proyecto Fills de la utopia, con motivo de su finalización completa a finales del presente año, tendrá una exposición individual en Mallorca con una posible itinerancia. Esperamos que llegue a mucha gente, pues un proyecto de tal envergadura lo merece. Fèlix Coll en su estudio  Obra de la serie ‘Fills de la Utopia’ 

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N A D I A D E VON I S H

Nadia Devonish apareció hace unos meses en The Lighting Mind para cautivarnos con una producción artística basada en aspectos extraídos de la vida cotidiana y del paisaje urbano. Sus obras tienen ese carácter especial que dota de sentido y personalidad al producto de un artista, convirtiéndolas en parte de una filosofía que, a través de una visión personal y única, transmite al espectador. Aunque ahora vive en Madrid desde hace un tiempo, Nadia Devonish nació en Dusseldorf, Alemania, en 1986. Su vida está marcada por el cambio y el traslado continuo, pues se movió con su familia a Nueva Zelanda cuando contaba con tan solo diez años, y con posterioridad vivió una temporada en Australia y otra en Inglaterra. En 2007 llegó a Valencia, pero desde ese año ha pasado algunas temporadas en Italia y Chile para completar sus estudios universitarios. Ese permanente ir y venir marca con total convicción la línea que esta artista de origen alemán sigue en el sendero del arte. Junto a sus viajes la ha acompañado siempre, en uno u otro modo, la creación. Desde una tierna edad aprendió a tocar el piano y la guitarra y se sumergió en el complejo mundo del canto y el baile, para acabar llegando, con el paso de los años, a la manifestación artística a través de la pintura.

‘Any Given Name’, la reflexión entre individuo y espacio Tras entender qué es lo que se cuece en la mente de tan activa artista, no podemos olvidar el proyecto gracias al cual nuestro equipo de redacción pudo conocerla. La serie de pinturas que conforman de serie titulada Any Given Name está ligada a la curiosidad y al estudio más contemporáneos de Nadia Devonish. Dejando de lado un resultado plástico que es visiblemente excelente, lo que nos queda es una pintura con un inmenso carácter reflexivo, cuyo fundamento se basa en el dialogo que se establece entre el individuo y el espacio que ocupa, insertándonos, casi por accidente, en un desplazamiento espacial y mental y en la consciencia del lugar que uno, en el proceso del tránsito, se encuentra y

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acaba ocupando. Con esa idea eclosiona todo, con la percepción que el individuo tiene de su propia existencia en el espacio, cuestionando tantas cosas y buscando tantas otras. Un proceso íntimo y personal que cobra un enorme sentido si conocemos a la artista a cargo de él, pero que nos deja sumidos en un profundo pensamiento reflexivo aunque no hayamos oído hablar de ella. Una vez más queda patente la influencia de una vida que ha formado parte de muchos sitios y de ninguno a la vez, pues la artista ha vivido en siete países en los últimos diez años, y eso, inevitablemente, deja huella en el proceso creativo. El trabajo cuestiona la importancia e influencia de cada situación y de su correspondiente entorno espacial sobre el individuo, pero también del modo inverso, forjando las bases de una realidad dual donde espacio y habitante conviven y convergen, generando continuas interacciones que, por definición, constituyen una propia realidad. La artista aborda cuestiones del desarraigo y del desplazamiento del ‘hogar’ (en su forma más cuestionable y etérea), donde, en consecuencia, las raíces del individuo, aquellas de las que divergen su cultura, idioma y sociedad, en lugar de ser una constante a partir del cual orientarse, se convierte

en algo efímero, temporal y cambiante. El título de Any Given Name alude al factor del cambio, del azar y de la suerte que involucra al sujeto en el momento que nace, viéndose obligado a aceptar aquello que le ha tocado, momento en que se inicia una búsqueda del yo y de su lugar. En realidad, Nadia Devonish trata un aspecto muy simple; uno al que, sin ir más lejos, la sociedad joven está acostumbrada, o, por cuestiones de una ajetreada contemporaneidad, está siendo obligada a aceptar. Un concepto asentado y fulminantemente expuesto por medio de la pintura.

Una artista en movimiento Al igual que el tránsito que se aprecia en sus pinturas, Nadia Devonish no cesa en su producción. Ha participado en numerosos concursos y, gracias a un excelente trabajo, ha conseguido ser seleccionada en varios de ellos. Su obra ha sido vista en numerosas exposiciones colectivas e individuales a lo largo del mundo, entre las que destacan países como España, Italia, Chile y Nueva Zelanda. Y es que la juventud no es sinónimo de estaticidad, cosa que la artista conoce de primera mano.

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Schattenwerfen Ă“leo sobre lienzo


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En lo reciente, Nadia Devonish presentó a finales del pasado abril una exposición de pintura y vídeo dentro del proyecto “Encapsulados” en el espacio de la librería Artimaña de la ciudad de Madrid.

 Fotograma de ‘¿Tu Transitabas Por Aquí?'  Cualquier Instante Dado (at Dusk)  Cualquier Instante Dado (Schattenwerfen)

Dictando el punto final a este espacio para artistas, si hay alguien interesado en adquirir su obra es posible hacerlo a través de la web SaatchiArt.com, que nunca está de más confiar en el trabajo de los jóvenes artistas, y, con más motivo, cuando son tan excelentes como aquellos que tenemos el placer de dar a conocer al público a través de The Lighting Mind.

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DESAYUNO CON JORDI MACHI Siguiendo con nuestra sección de coloquio con creadores del mundo del arte, hemos sido invitados a tomar café con Jordi Machi, joven artista plástico con una intachable trayectoria y, a su vez, uno de los primeros colaboradores del elenco de bloggers de The Lighting Mind. Mantenemos una charla con él y descubrimos algunos de los puntos clave en su producción y en su forma de entender el arte. Filmamos ese genial momento y lo documentamos en nuestra revista para compartirlo con los lectores.

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The Lighting Mind ha cumplido su primer año de vida. Sin ir más lejos, y con la más humilde actitud, haber llegado hasta aquí nos satisface de una forma inimaginable. Y seguimos, nunca paramos, pues el arte es nuestro motor, el sentido de nuestra existencia y la chispa que nos impulsa en el día a día.

dor de la presente plataforma desde sus inicios allá por septiembre de 2014, fecha en que este ambicioso colectivo comenzó a tomar forma para crear una sinergia en torno al arte y dar una oportunidad a los artistas emergentes que desean mostrar al público su trabajo.

Con motivo de este tercer número de ATELIER, buscábamos a alguien que nos dedicara un momento para hablarnos de su vida como artista, de sus necesidades, tormentos y satisfacciones; ya nos dimos cuenta hace tiempo de que no sólo absorbemos como esponjas del aprendizaje de otros creadores, sino que disfrutamos muchísimo con ello.

A petición del artista, el equipo de The Lighting Mind se trasladó al Parque natural de la Albufera, lugar en que, con muchas ganas, improvisamos un agradable entorno para nuestra charla. Un par de sillas y unos cafés fueron suficientes para gestar un momento particularmente fabuloso.

Y pensamos, ¿quién mejor para un coloquio en torno al arte que alguien que ha estado con nosotros desde el principio? Y apareció Jordi Machi, colabora-

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No pudimos ir a su taller. Hubiésemos querido interrumpirlo en medio de su proceso creativo, pero, por desgracia, sus últimas pinturas ya estaban de viaje en espera de llegar a las manos de quien tiem-


JORDI MACHI

po atrás se había puesto en contacto con el artista para adquirirlas. Pese a lo que nos hubiera gustado tener, la opción al aire libre no pintaba mal, y el resultado, finalmente, rozó la perfección. Jordi Machi es una de esas personas que vale la pena conocer. Ya lo conocíamos por su producción, que es sublime, y por otras entrevistas que es posible ver en la extensa red de Internet, pero tenerlo frente a frente y poder mantener con él una conversación eleva su figura a la enésima potencia. Un creador, por si no ha quedado claro ya, con mucho que decir y mucho que ofrecer. Lo cierto es que el artista valenciano lleva tiempo inmerso en las artes plásticas. Ha estado aquí y allá,

ha trabajado en colaboración con otros grupos y de forma individual, ha tocado diferentes disciplinas, incluyendo la cinematografía, y, lo que es más importante, se ha hecho dueño de un lenguaje único. Sus pinturas atesoran algo muy personal, y es que observar una pintura de Jordi Machi es saber que observas una pintura de Jordi Machi. Hablamos de muchas cosas; que juzgue cada uno si son necesarias o no después de ver el vídeo que se encuentra entre estas páginas. Lo cierto es que Jordi nos adentró en su proceso de creación y nos hizo partícipes, por un instante, de su misma vida. Y eso, sin lugar a dudas, es algo único. No es necesario decir más, puesto que la filmación habla por sí sola. Antes de cerrar estas líneas, he de agradecer a María Bustos y a Iván Moreno, ambos colaboradores

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habituales de The Lighting Mind, el que vinieran a grabar aquel día, y a Paula Abellán, que, aunque sólo fue colaboradora por un día, hizo un estupendo trabajo del que no puedo dar menos de mil gracias. A pesar del fulminante calor que con frecuencia se apodera de tierras valencianas, los tres aguantaron como titanes para registrar tan preciado momento con el fin de que hoy, entre páginas, todo lector sea parte de lo que sucedió aquel día. Desde el amor al arte que nos guía en The Lighting Mind: un desayuno con Jordi Machi. Salvador Carbonell-Bustos

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JORDI MACHI

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DESCOMPONIENDO EL MUNDO EN PIXELES LA ESTETICA DE LOS 8 BITS Una historia pasada y una realidad presente. Así es el píxel, base primaria de la tecnología e icono retro del que, por puro amor y devoción, no somos capaces de desprendernos. Iván Moreno vuelve a la sección de ‘Retrospectiva’ para enseñarnos una vez más cómo algunos elementos del pasado, por su inigualable lenguaje, influyen y toman un importante papel en nuestra vida diaria.

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D E SCO M P ON I E N D O E L M UN D O E N P Í X E L E S

D E SCO M P ON I E N D O E L M UN D O E N P Í xele s

Iván Moreno

Space Invaders, Pacman, Tetris… que tire la primera piedra quien nunca haya pasado horas y horas delante de la pantalla enganchado a uno de estos videojuegos. La adoración de estos símbolos de la cultura geek va desde aquellos nostálgicos que recuerdan las tardes de infancia jugándose los duros en las maquinitas hasta las nuevas generaciones de jugadores que, como un servidor, jamás tuvieron la oportunidad de poner un pie en un salón de máquinas arcade. Para entender este movimiento hay que remitirse a la década de 1980, en lo que se ha denominado como ‘la edad de los 8 bits’ debido a la información capaz de manejar por parte del procesador de estas consolas. Esta limitación técnica hacía que el diseño de las animaciones de los objetos solo pudieran adoptar formas simples como los rectángulos. De esta manera, con unos pocos cuadrados se podían construir personajes que dejaban mucho a la imaginación de los jugadores pero que conseguían ese encanto que ha transcendido en el tiempo. La cresta de la ola se da cuando llega al mercado la famicom de Nintendo, o, como es conocida en Europa, Nintendo Entertaiment System (NES), con los personajes y los videojuegos que popularizarían a la empresa japonesa como Donkey Kong, The Legend of Zelda o Super Mario Bros. Poco después aparecerían nuevas consolas que mejorarían el procesamiento de datos de 8 a 16 bits, permitiendo una mayor definición gráfica pero manteniendo los mismos principios estéticos.

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El paso a las décadas siguientes relegó notablemente el papel de estas estéticas en pro de las animaciones poligonales y la explotación de todos los recursos tecnológicos, con lo que llegó el tiempo de los gráficos realistas y las consolas de quinta generación y posteriores en las que ya incluimos a la archiconocida Playstation. Pero habría un hecho que marcaría el resurgimiento de estos píxeles grandes como puños: el desarrollo de la escena independiente y las pequeñas desarrolladoras de videojuegos que utilizarían pondrían de nuevo en boga esta estética. La nueva corriente de desarrolladores tomó como bandera la reivindicación de la estética retro, las formas simples y los gráficos que simulan los 8 y los 16 bits. Esto tiene una importante connotación: apelar a la nostalgia de quienes vivieron esos tiempos pero sin condicionar las mecánicas de los videojuegos al apartado visual. No hay que olvidar que el fin último de un videojuego es el de entretener, por lo que centrar los esfuerzos en el desarrollo de unas mecánicas de jugabilidad innovadoras es mucho más importante que impregnar al videojuego de un realismo gráfico con el que los pequeños estudios no pueden competir con las grandes empresas del sector. Pero clasificar este movimiento dentro del ámbito de los videojuegos es quedarse totalmente corto. Como suele ocurrir en estos casos, el término píxel y el movimiento 8 bits se han convertido en un contenedor de distintas formas artísticas en los que


I V Á N M O R E NO

The Sonics  The Sonics en una fotografía reciente 

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R E T R OS P E C T I V A

se conglomeran diferentes disciplinas, difuminando su origen en los videojuegos para convertirse en un elemento recurrente en la cultura pop del siglo XXI y en el resurgimiento de lo retro. La cultura del píxel toca todos los ámbitos y absorbe todo tipo de elementos artísticos de forma paralela al desarrollo de la industria de los videojuegos. Prueba de ello es el desarrollo del denominado Pixel Art, consistente en pasar por el filtro de los píxeles cualquier imagen u obra artística, reduciendo el nivel de detalle y de las formas a las formas rectangulares que caracterizan la estética píxel. Estas obras, a menudo, traspasan los límites de la pantalla para convertirse en formas y esculturas planas que imitan la perspectiva 2D creando ilusiones ópticas que han invadido desde el arte callejero hasta los escaparates de los comercios, con complementos e incluso prendas de ropa basadas en estas técnicas en una muestra más de la convergencia de estilos e influencias en la cultura actual. Pero también hay espacio para la música, un estilo

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propio denominado ‘Chiptune’ que evoca directamente a las primitivas bandas sonoras de los primeros videojuegos. Su denominación aparece porque todos los sonidos son sintetizados en directo por el chip de ordenadores y videoconsolas antiguos, consiguiendo un sonido robótico. El dispositivo predilecto para esta práctica es la Game Boy clásica, modificada tanto en hardware como en software. Estos sonidos tan limitados se han convertido en toda una expresión artística y en una oda a la baja tecnología, teniendo visibilidad en festivales de todo el mundo y popularizándose cada vez más. Prueba de ello es el ‘Festival 8 Bits’, que celebró en diciembre de 2014 su primera edición y acercó el género chip al gran público. Como no podía ser de otra forma, el cine también vive intensamente la moda de los 8 bits. Basta con buscar en Youtube el título de cualquier película acompañado del término bits para ver infinidad de versiones pixeladas de películas creadas por los propios fans.


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Pero no solo del movimiento fan vive este fenómeno. Dentro del circuito comercial, el cine se ha rendido a esta estética. Rompe Ralph (Rich Moore, 2012) dedicó, como parte de su homenaje a toda la historia de los videojuegos, un hueco especial a las máquinas recreativas y a los arcades que definieron la generación de los que crecieron con ellas. El argumento gira en torno a Ralph, un villano de una recreativa arcade que decide salir en busca de sus propias aventuras y deshacerse de este rol de malvado, buscando ser un héroe. En su viaje recorre distintos escenarios representativos del mundo de los videojuegos, mostrando una estética que combina tanto los píxeles como la animación a la que nos tiene acostumbrado Disney-Pixar. La propuesta más representativa y que busca explotar definitivamente la nostalgia y la atracción intergeneracional por el movimiento 8-16 bits es Pixels (Chris Columbus, 2015), estrenada este pasado verano. El argumento nos pone en el escenario de una invasión extraterrestre en la que estos adoptan a los personajes de los videojuegos clásicos para

atacar la Tierra. Los protagonistas tienen que formar un equipo de jugadores para hacer frente al ataque y poder salvar a la humanidad. El atractivo del film es la capacidad para mostrar elementos de la cultura de los años 80 y de la cultura gamer, creando un valor añadido que va mucho más allá del argumento del film o del desarrollo de la historia. Una mezcla a partes iguales de referencias, nostalgia y atractivo visual que resume perfectamente el leiv-motiv de este movimiento. Con todo esto, podemos afirmar que los 8 bits han transcendido más allá de una estética y un momento tecnológico determinado, creando una corriente artística que une lo retro con la cultura contemporánea.

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u n detalle

E L M A N I F I E S T O B L A NCO Rosa Bastos

Sus ojos oscuros y cansados vieron lo mejor y lo peor de su tiempo, aunque vieron lo peor de su tiempo, fueron testigos del dolor de dos guerras mundiales.

cual no surgió otra cosa que oscuridad, un profundo vacío negro, infinito como el espacio, pero que arrojó la luz necesaria para dispersar las tinieblas.

Al mirar en su interior no pudo sino escrutar las maravillas de los nuevos horizontes que se abrían ante él. El corte fue real, no era una ilusión, cada incisión así lo indicaba. Su enajenación no era mental, logró proyectar lo más profundo de su espíritu en cada corte que sus manos hicieron. Logró superar sus monstruos, ganó una guerra y su valiente acto sirvió para muchos que vinieron después. Él sintió la fuerza latir en su interior y la necesidad de cruzar los límites, de terminar con todo. Concetto Spaziale Atesse (Lucio Fontana)

El desgarrante dolor de los hombres, los cuerpos que tiemblan de rabia, de miedo. Sentir el sofocante hastío de vivir. Sentir el rumor de cada batalla perdida, de cada bala disparada. Hablar frente a frente con la desesperación. No hay salida. Las lágrimas de impotencia que se vierten de los ojos inocentes, las manos vacías, las manos sucias, las manos duras...

Los gritos en la noche que anuncian que mañana tampoco saldrá el sol, que la niebla gris, borrosa, se cierne sobre sus vidas.

Él no cesó en su guerra contra el pasado, no se dio por vencido, cogió una cuchilla afilada y su pulso no tembló mientras penetraba en su delicada pero inerte piel. Dejó una marca permanente en la historia. Un corte violento, una herida profunda de la 74

Como otros, su sueño era una nueva era, y con su gesto logró interferir en el tiempo y el espacio que ya no llenaban su ser. Su movimiento fue puro y su manifiesto blanco.


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Revista de arte - ATELIER #03  

Revista digital de arte perteneciente a la plataforma de difusión The Lighting Mind.

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