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AndrĂŠs Zaca Nayotl

Historia y novena del Santo Cristo de la Grita


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Historia

En 1610, a causa del terremoto que destruyó la ciudad de La Grita, los frailes franciscanos hubieron de trasladarse a un campo llamado Tadea. Iba entre ellos, un escultor que se distinguía más por su piedad que por sus vuelos artísticos. Se llamaba Fray Francisco. Aterrorizado con el terremoto que en pocos instantes redujo a polvo la población naciente, ofreció al cielo, dice la tradición, hacer una imagen del crucificado, para rendirle culto especial y consagrarle la nueva ciudad. Desde luego puso manos a la obra, trazó en un gran tronco de cedro la divina imagen, tomó el hacha y la azuela y empezó a trabajar. Pronto se exhibió una figura humana, pero que no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo. Pasaban días y días y Fray 5


Francisco no podía interpretar aquella expresión sublime. Una tarde después de suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y cuando volvió en si, ya a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo golpeaban los formones y el raedor pasaba por las fibras de la madera. Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz, salió a través de la puerta, encandilándole los ojos. Le contó a sus hermanos y a los primeros albores del día, después de la oración matinal, se dirigieron todos al lugar donde estaba la imagen y la encontraron terminada. Desde luego puso manos a la obra, trazó en un gran tronco de cedro la divina imagen, tomó el hacha y la azuela y empezó a trabajar. Pronto se exhibió una figura humana, pero que no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo. Pasaban días y días y Fray Francisco no podía interpretar aquella expresión sublime. Una tarde después de

suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y cuando volvió en si, ya a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo golpeaban los formones y el raedor pasaba por las fibras de la madera. Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz, salió a través de la puerta, encandilándole los ojos. Le contó a sus hermanos y a los primeros albores del día, después de la oración matinal, se dirigieron todos al lugar donde estaba la imagen y la encontraron terminada. Fray Francisco lloró entonces de placer. En aquella faz divina estaban los rasgos que el había concebido y que le fue posible expresar. Esa imagen es el Santo Cristo de La Grita, cuyos portentosos milagros llenarían volúmenes si se fuesen a narrar y cuya hechura se atribuye en parte a un Ángel.

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(Tomado del libro “El Táchira físico, político e Ilustrado del Dr. Emilio Constantino Guerrero”).


Novena del Santo Cristo de la Grita Oraciones para todos los días 1. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 2. Ponerse en la presencia de Dios Creo, Dios mío, que estoy en tu presencia, que me miras y escuchas mis oraciones. Tú eres infinitamente grande y santo: yo te adoro. Tú me lo has dado todo: yo te doy gracias. Tú has sido ofendido por mí: yo te pido perdón de todo corazón. Tú eres la misericordia infinita: yo te pido todas las gracias que consideres útiles para mí. 3. Acto de contrición ¡Jesús, mi Señor y Redentor! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy. Y me pesa de todo

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corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén 4. Ofrecimiento de la novena Jesús, Tú dijiste: Pidan y recibirán, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá. Aquí estoy de rodillas delante de Ti, lleno de fe y de confianza. Jesús, creo firmemente que me puedes conceder la gracia que te pido. Tú eres Dios misericordioso, que no rechaza mi corazón contrito. Tiende sobre mí tu mirada de misericordia, te suplico, y tu bondadoso Corazón hallará en mis miserias y debilidades motivo para concederme lo que pido. Concédeme la gracia que te pido humildemente por intercesión de tu Madre Dolorosa. Me has confiado a ella como hijo suyo y sus oraciones lo pueden todo contigo. Amén. 9


Rezar a continuación la oración del día que corresponda: 5. Oración final al Santo Cristo de la Grita Cristo amoroso que en la cruz clavado, tu pecho muestras por mi amor herido. Lava en tu sangre con eterno olvido la mancha torpe de mi vil pecado. Por ser fuente de bienes me has amado, y con muerte afrentosa redimido; por serlo yo de males, te he ofendido y tus justos preceptos quebrantado. Tu real palabra has obligado a darme los bienes cunado yo te los pidiera, ¡Con tan gran caridad llegaste a amarme! ¡Oye, Señor mi petición postrera! Pues moriste por solo perdonarme. ¡Perdóname, Señor antes que muera! Amén (Oración cuyo texto aparece en la Basílica de la Grita).

embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén. 7. Bendición de la virgen María Querida y tierna madre mía, María, ampárame; cuida de mi inteligencia, de mi corazón, de mis sentidos, para que nunca cometa pecado. Santifica mis pensamientos, afectos, palabras y acciones, para que te pueda agradar a ti y a Jesús y Dios mío, y contigo llegue al Paraíso. Jesús y María, denme su santa bendición. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

6. Alma de Cristo Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, 10

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Primer día

La presencia de Cristo en nosotros (oraciones iniciales, págs. 8-9)

“Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: “¿Quieres sanar?” el enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar (Jn 5,5-9)”.

Reflexión El milagro del paralítico de la piscina es conmovedor. Cristo se acerca a aquel hombre y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo decide curarle. Aquel enfermo era ciertamente un hombre de gran corazón. De ésos que no se desaniman a pesar de los problemas. Quizá muchas

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veces habría querido que todo terminase pronto para él. Quizá pensó que su vida ya no tenía sentido; que vivía sólo para sufrir, aceptando las burlas y las muecas de la gente que acertaba a pasar por ahí. Cuántos amaneceres y atardeceres habrían pasado por encima de aquel pobre hombre, y él no perdía la esperanza de que el buen Dios de Israel le auxiliaría. Confiaba, y así pasó mucho tiempo hasta que Cristo se acercó. Y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo de sufrimiento, se acercó para restablecerle la salud. Uno de los males de nuestros días es la soledad. A pesar de vivir en un mundo tan modernamente comunicado. Porque solo se puede sentir tanto el millonario en medio de sus negocios y fiestas como el mendigo que lucha día con día por encontrar algo que le llene el estómago; tanto el ama de casa que tiene un marido que la desprecia y unos hijos que no le hacen caso como el profesionista que no encuentra trabajo... Pues la sole13


dad no es no tener a nadie físicamente a nuestro alrededor, sino no tener a nadie cerca de nuestra alma. Todos estamos expuestos a sentirnos desamparados en los momentos duros, o en la cotidianidad de nuestro trabajo diario. Sin embargo, Cristo nos sale al encuentro. Nos cura y hace que cambie nuestra vida yendo en contra de las costumbres frívolas del mundo en que vivimos. Porque Él quiere permanecer con nosotros en nuestras almas, por medio de la gracia. Entonces, el recuerdo de Cristo y su presencia en nosotros bastarán para aceptarnos y aceptar los pequeños sacrificios de nuestra vida diaria.

Oración

res que yo sea. No permitas que yo pierda o desperdicie lo que Tú quieres hacer conmigo para hacer completa mi vida en esta tierra y para prepara mi vida contigo en el Cielo. Amén. (Oración final y bendición págs. 10-11)

Segundo día

Cristo te cura de las enfermedades (oraciones iniciales, págs. 8-9)

“Al salir Jesús de la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta, y le rogaron por ella. Jesús se inclinó hacia ella, dio una orden a la fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y se puso a atenderlos. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversos males se los llevaban a Jesús y él los sanaba imponiéndoles las manos a cada uno (Lc 4,38-40)”.

Santo Cristo de la Grita. Te agradezco por el don de la vida. Ayúdame a ver que mi enfermedad tiene una parte muy importante en mi vida. Ella me ayudará a ser plenamente la persona que Tú quie-

Es admirable el trabajo de los médicos, todo el mundo se acerca para hablarles

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Reflexión


de sus padecimientos y enfermedades. Así me imagino también a Jesús. No había llegado todavía a casa de su amigo Pedro cuando ya le piden un milagro. Y por la tarde vinieron a suplicarle que sanara a otros enfermos. ¡Qué grande es el Corazón de Cristo! Qué paciente, las veinticuatro horas del día, sin pedir nada a cambio. Sabía que tenía que aprovechar los tres años de vida pública y no se permitió ni un momento de reposo. Esto nos enseña a tomarnos en serio nuestra vida. El tiempo que Dios nos ha concedido no puede tirarse a la basura con entretenimientos estériles. Hay mucho que hacer, y algún día nos pedirán cuentas de lo que hayamos hecho. Seguro que tienes varias tareas pendientes que están esperando su momento. Es cuestión de organizarse bien, de tener el día programado para rendir al máximo, aun sacrificando el tiempo dedicado a la televisión. Debemos ser exigentes con el uso de las horas. No pueden desperdiciarse, 16

porque nunca más volverán. Primero es necesario establecer una jerarquía. ¿Qué es lo más importante para mí? No hay que descuidar el trabajo, ni la familia, ni los momentos para Dios, ni las actividades que enriquezcan a los que viven en la misma ciudad o país. Sepamos sacarle el jugo a la vida que Dios nos ha regalado.

Oración Santo Cristo de la Grita, perdóname, Señor, por todas las veces que te he fallado, Ahora yo no puedo orar de la manera que quisiera. (Estoy a dolorido, cansado, confundido, enfermo). Te pido que aceptes cada respiro que doy como un acto de amor y de confianza en Ti. Amén. (Oración final y bendición págs. 10-11)

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Bartimeo quería algo y lo pidió con todas sus fuerzas, incluso gritando. Jesús no pudo seguir adelante, porque había

alguien junto al camino que le necesitaba y que hacía lo posible para ser escuchado. Entonces le llamó, y el ciego, arrojando todo lo que tenía, su manto, se puso en pie y acudió en seguida. Nos encontramos ante una lección perfecta de cómo orar. Primero hay que pedir con insistencia, con fuerza, que Cristo venga a socorrernos. Y hacerlo con la actitud del mendigo ciego: con humildad. A Jesús le llamó “Hijo de David”, es decir, hijo del más grande rey de Israel. Y de sí mismo dijo que era alguien de quien debía compadecerse. Así es el encuentro de la criatura con Dios. Entonces, cuando Dios encuentra un alma bien dispuesta, se rinde, le llama y le hace la gran pregunta: ¿Qué quieres que te haga? Hoy podemos preguntarnos: ¿qué quiero que Dios me haga? ¿Cuál es el gran deseo que arde en mi corazón? Pidamos, pero no cosas pequeñas, sino grandes. Pidamos aumentar nuestra fe hasta límites insospechados, pidamos ser grandes apóstoles, pidamos

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Tercer día

Jesús es quien nos cura (oraciones iniciales, págs. 8-9)

“Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un ciego que pedía limosna se encontraba a la orilla del camino. Se le llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Llamaron, pues, al ciego diciéndole: “Vamos, levántate, que te está llamando”. Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” el ciego respondió: Maestro, que vea”. Entonces Jesús le dijo: “Puedes irte, tu fe te ha salvado”. Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino (Mc 10,46-52)”.

Reflexión


ser santos. El ciego supo pedir lo que necesitaba. Y para acudir a ese encuentro salvador no le importó dejar su manto, su miserable manto, porque así, desprendido de todo, alcanzaría la gracia que más anhelaba en su corazón.

Oración Santo Cristo de la Grita, tú eres mi Salvador. Yo quiero descansar sobre tu amante Corazón en la seguridad y en la paz, como un niño en los brazos de su padre. Yo sé que Tú no me abandonarás. Amén.

Cuarto día

Agradece a Dios todo lo que te da cada día (oraciones iniciales, págs. 8-9)

De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron al encuentro a cierta distancia y gritaban: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Jesús les dijo: “Vayan y preséntese a los sacerdotes”. Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabado a Dios en alta voz y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano (Lc 17,11-19).

(Oración final y bendición págs. 10-11)

Reflexión ¡Cuánto se agradece cuando una persona se detiene en la carretera para ayudarnos cuando nuestro vehículo se ha averiado! “Jamás me había visto antes, sabía que muy probablemente no nos volveríamos a encontrar para que yo le 20

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agradeciera este favor... y sin embargo, tuvo el detalle de detenerse para hacerlo.” Parece obligado que ante este hecho, brote del corazón la gratitud. Pero suele suceder que las personas que saben agradecer las cosas grandes, son las que también lo hacen ante pequeños detalles, que podrían pasar inadvertidos. A quien le cede el paso en medio del tráfico, al que sabe sonreír en el trabajo los lunes por la mañana, a la persona que atiende en la farmacia o en el banco... Son felices porque les sobran motivos para decir esa palabra que para otros es extraña y humillante. Quien la pronuncia con sinceridad, al mismo tiempo llena de alegría a los demás, y crea “el círculo virtuoso” de la gratitud, en el que cada uno cumple su deber con mayor gusto y perfección. Y si estas personas agradecen a los hombres los pequeños favores y detalles, ¡cuánto más a Dios que es quien a través de canales tan variados nos hace llegar todo lo bueno que hay en nuestra vida! 22

¡Gracias! Es frecuente que nos olvidemos de dar gracias a Dios por los beneficios recibidos. Somos prontos para pedir y tardos para agradecer. A veces las cosas nos parecen tan naturales que no se nos ocurre agradecerlas a Dios: Dar gracias Dios por la familia en la que hemos nacido. Quizás tengamos problemas, pero si miramos para atrás veremos tragedias espantosas. Dar gracias Dios por nuestra Patria. Las hay mejores, pero también las hay mucho peores. Supongamos que hubiéramos nacido en países donde tantos mueren de hambre. Pero sobre todo darle gracias por la fe. Es el mayor tesoro que podemos tener en la Tierra.

Oración Dios mío, porque eres verdad infalible, creo firmemente cuanto tú has revelado y la santa Iglesia nos propone para creer. Y expresamente creo en ti, único y verdadero Dios, en tres Personas iguales 23


los cristianos que acuden a la celebración eucarística para cumplir con una «obligación, rutina o puro convencionalismo social», y que participan en ella ignorando la fraternidad y el amor que en ella se significan. Por ello, hay que tener muy en cuenta que la Eucaristía es el alimento que nos da la fuerza para seguir adelante. Y que este alimento que es Cristo sea también la fuerza necesaria para aquellas madres que están embarazadas y que tienen que enfrentar muchas dificultades cuando su embarazo no es aceptado con amor. Y sobre todo que nunca les falte el alimento necesario en sus hogares. Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria.

Índice Historia ........................................................5 Novena del Santo Cristo de la Grita Oraciones para todos los días......................8 Primer día La presencia de Cristo en nosotros ............12 Segundo día Cristo te cura de las enfermedades ............15 Tercer día Jesús es quien nos cura ...........................18 Cuarto día Agradece a Dios todo lo que te da cada día ..21 Quinto día Jesús sana el corazón de las personas ........25 Sexto día Cristo resucita a una niña .........................28 Séptimo día Cristo nos acompaña en cualquier tempestad de nuestra vida .......................30 Octavo día Jesús quiere que creamos y esperemos contra toda esperanza humana...33 Noveno día Lo único que necesitas es acercarte humildemente a Cristo y pedírselo .............37 Los veinte misterios MISTERIOS GOZOSOS .............................42 MISTERIOS DOLOROSOS .........................50 MISTERIOS GLORIOSOS ..........................59 MISTERIOS LUMINOSOS ..........................68

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Historia y novenadel SantoCristo de la Grita  

presenta los datos históricos y la novena del santo Cristo de la Grita

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