Primera parte. Historia de la Neumología y la Cirugía Torácica Españolas

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Las enfermedades respiratorias en el siglo XIX

trabajo sobre la insuflación traqueal (13). En 1898 el cirujano J. B. Murphy (1857-1916) describió el procedimiento denominado neumotórax terapéutico, que consistía en la introducción de aire, a través de un trocar, en el espacio pleural. En España, los primeros resultados fueron publicados por Luis Sayé (18881975), en 1913, quien con Jacinto Raventós, en 1911, llevó a cabo en el Hospital Clínico de Barcelona, para tratar una tuberFigura 10. Cámara de baja presión de Sauerbruch, ideada para realizar interculosis pulmonar, el primer neuvenciones prácticas en la caja torácica. Obsérvese como el paciente, cuya cabeza está fuera de la cámara, respira aire ambiente. motórax terapéutico. En 1912 Sayé se doctoró en Madrid con la tesis titulada "Tratamiento de la tuberculosis pulmonar por el neumotórax artificial" (14) y luego pasó a ocupar, a partir de 1913, diversos cargos en la universidad española, primero en la de Valladolid y, después, en la Universidad Autónoma de Barcelona. Sayé también fue el creador, en 1919, de la revista Archivos Españoles de Tisiología. Numerosos fueron los aparatos ideados para la realización de un neumotórax artificial, aunque todos ellos incluían siempre los mismos elementos constituyentes. Hubo algunos inventados por médicos españoles, como Blanco Sánchez, Eizaguirre, Avendaño y García Blanco (7). El procedimiento, aunque no era muy difícil, sí precisaba de un aprendizaje y de una cierta instrumentalización, lo que probablemente facilitó el desarrollo de la tisiología como especialidad médica. Otro momento importante en la progresión de nuestra especialidad se produjo cuando H. C. Jacobaeus, en 1910, introdujo un trocar en el espacio pleural y, a través de él, un citoscopio, con lo que se dio inicio a la toracoscopia diagnóstica, denominada al principio toracocaustia o neumolisis intrapleural (7). En realidad, la llegada a España de la dinastía de los Borbones fue lo que consiguió que se renovaran algunos aspectos y se introdujeron reformas en diversos campos de la cultura y de la investigación universitaria. El cirujano mayor de la Armada, de origen francés, Jean La Combe (Juan Lacomba al castellanizarlo) y el tarraconés, cirujano mayor del ejército, Pedro Virgili, crearon en Cádiz, en 1748, el Real Colegio de Cirugía de la Armada, institución que renovó los conocimientos médico-quirúrgicos españoles y que consiguió, con el paso de los años, la unión en una sola carrera de la medicina y la cirugía. El artífice de esta unificación fue, en 1827, el doctor Pedro Castelló y Ginesta. Los estudios teórico-prácticos de la carrera de medicina se realizaban en seis años, incluyendo asignaturas nuevas, como la física experimental, la química, las enfermedades profesionales, etc. Se cuidaban la biblioteca, los laboratorios y el jardín botánico, exigiéndose a los alumnos mucho estudio y gran dedicación. El prestigio alcanzado por la institución de Cádiz obligó a la creación de otros colegios similares en Madrid (Real Colegio de Medicina de San Carlos, en 1779) y en Barcelona (24 de marzo de 1764). En el Real Colegio de Cirugía de Barcelona impartió docencia sobre anatomía, entre 1762 y 1774, el Dr. A. Gimbernat, que fue uno de los científicos españoles de mayor prestigio internacional del siglo XVIII y cuya influencia y nivel de reputación llegaron a su punto más álgido en el siglo XIX. Posteriormente, a principios y mediados del siglo XIX, brillaron otros catedráticos, como José Queraltó, Diego Velasco, Francisco Villaverde y Francisco Fabra y Soldevilla. El Real Colegio de Cirugía de Barcelona se convertiría, en 1843, en

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