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marzo de 2011 / año 3 / nro. 10 Revista de distribución gratuita

CARNAVALES, ALEGRÍA FEDERAL Fuerza y colores de una fiesta que regresa para quedarse.

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NUESTRA FOTO

La Argentina vuelve a celebrar

AUTORIDADES NACIONALES PRESIDENTA DE LA NACIÓN Cristina Fernández de Kirchner

Cerca de 4.000.000 de personas, y cientos de murgas y comparsas se sumaron a los festejos propuestos por Presidencia de la Nación a través del Carnaval Federal de la Alegría, organizado en más de ochenta puntos del país por el Ministerio de Turismo y la Secretaría de Cultura de la Nación bajo el lema “Nada grande se puede hacer con la tristeza” (Arturo Jauretche).

SECRETARIO DE CULTURA DE LA NACIÓN Jorge Coscia

“Estas expresiones se relacionan con el turismo, las industrias culturales, el trabajo comunitario, la inclusión social, la recuperación de la juventud para trabajar en grupo tras un objetivo común. Son, en tal sentido, un verdadero ejercicio de solidaridad”, sostuvo Jorge Coscia, secretario de Cultura de la Nación, desde el carnaval de Corrientes.

DIRECTOR NACIONAL DE ARTES José Luis Castiñeira de Dios

SUBSECRETARIA DE GESTIÓN CULTURAL Marcela Cardillo JEFA DE GABINETE Alejandra Blanco DIRECTOR NACIONAL DE PATRIMONIO Y MUSEOS Alberto Petrina

DIRECTORA NACIONAL DE POLÍTICA CULTURAL Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL Mónica Guariglio DIRECTOR NACIONAL DE INDUSTRIAS CULTURALES Rodolfo Hamawi DIRECTOR DE ACCIÓN FEDERAL Juan Cruz Guillén COORDINADOR GENERAL DEL PROGRAMA AUDIOVISUAL DE CREACIÓN Y DIFUSIÓN DE CONTENIDOS CULTURALES Fabián Blanco COORDINADOR GENERAL DE LA UNIDAD BICENTENARIOS Julián Kopecek JEFE DE COMUNICACIÓN Y PRENSA Manuel Socías

STAFF NUESTRA CULTURA ES UNA PUBLICACIÓN DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN. AV. ALVEAR 1690, (C1014AAQ) CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES. PRENSA@CULTURA.GOV.AR / WWW.CULTURA.GOV.AR REALIZACIÓN INTEGRAL: ÁREA DE COMUNICACIÓN Y PRENSA. STAFF. DIRECTOR: MANUEL SOCÍAS / REDACCIÓN: SOFÍA ARUGUETE, BETTINA BARBIERI, IRINA JOROLINSKY, PAOLA MOLINA, ALEJANDRO OBEID, LETICIA POGORILES, MARTÍN REYDÓ, BÁRBARA SCHIJMAN, FÁTIMA SOLIZ, LAURA SPINELLI, GABRIEL TRIPODI Y MARÍA JOSÉ VERNA / DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: ORLANDO GOLDMAN, MARTÍN MAROTTA, GUSTAVO WALD Y ARIEL ZALECHAK / FOTOGRAFÍA: SILVINA FRYDLEWSKY Y MARIANA RUSSO / LOGÍSTICA Y COLABORACIÓN: SOLEDAD AMARILLA, MARCELO D'AMATO, ADRIANA DAOIZ, ALEJANDRO GIMÉNEZ, PABLO MALDONADO, NAHUEL MOROZ, SEBASTIÁN PEREYRA Y JUAN PABLO RUIZ NICOLINI / ADMINISTRACIÓN: GEORGINA IBARROLA.

ISSN 1852-8651

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EDITORIAL

marzo de 2011 / año 3 / nro. 10 Revista de distribución gratuita

Sumario 04

CARNAVAL DE MURGAS: LA FIESTA REDIMIDA Murgueros y especialistas analizan el sentido de esta fiesta popular.

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“LA GENTE BUSCA UN PEDACITO DE TIERRA DONDE VIVIR” Entrevista con la antropóloga María Cristina Cravino.

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APROPIARSE DE LA VOZ Cultura en villas y barrios populares.

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DONDE HAY UNA VILLA, SE ASENTARÁ UN BARRIO Entrevista con el arquitecto Javier Fernández Castro.

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LA POLÍTICA DE LOS POBRES Escribe Fabián Rodríguez.

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PH15: FOTOGRAFÍA PARA EL CAMBIO Imágenes de jóvenes que participaron de los talleres de la fundación.

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VARIACIONES SOBRE LA MÁQUINA DE HACER LECTORES Josefina Ludmer, Martín Kohan y Florencia Abbate piensan la lectura hoy.

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EL LIBRO EN LA ARGENTINA, DE FERIA EN FERIA Encuentros provinciales para impulsar la industria editorial.

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SONIDOS DE LA TIERRA, ENTRE LO AUTÓCTONO Y LA FUSIÓN Los proyectos artísticos de Mariana Carrizo y Tonolec.

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ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO… Los modelos económicos del país, en la Casa Nacional del Bicentenario.

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EL TRABAJO ARTESANAL, FUENTE DE IDENTIDAD Y CULTURA Muestra federal sobre el arte de los pueblos originarios.

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PREMIOS NACIONALES: UNA POLÍTICA PARA LOS AUTORES El regreso de un estímulo a la producción cultural desde el Estado.

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AGENDA FEDERAL Actividades culturales por el país.

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NUESTROS ARTISTAS “Leónidas Gambartes (1909-1963)”.

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Jorge Coscia Secretario de Cultura de la Nación El primer número del año de Nuestra Cultura tiene por tema central la explosión de alegría popular que significan los carnavales a lo largo y a lo ancho del país. Acallados en los años de plomo, cuando nos secuestraron también la sonrisa, vuelven a ser reconocidos y apuntalados por el Estado nacional 35 años después. Muchas veces, un peso invertido en cultura permite ahorrar tres en seguridad o dos en salud. Más aún si el Estado colabora con centros que ya existen en los barrios por iniciativa de los vecinos. Quien va al centro médico atiende allí su salud, y la de su familia, y esto es esencial. Pero quien concurre al centro cultural barrial, o se acerca al escenario para escuchar una banda o ver pasar una murga, aprende allí cuestiones que hacen a su bienestar, su capacidad laboral, su identidad, su ciudadanía, su lugar en la historia. Esto se logra cuando hay conciencia e identificación, y cuando el Estado politiza la cultura no desde los partidos, sino desde la pertenencia nacional. Por eso, avanzamos con la recuperación de estos feriados de fiesta y, a través del “Carnaval Federal de la Alegría”, acercamos el apoyo decidido del Estado a más de ochenta localidades de la Argentina. Porque la única manera de hacer política emancipadora es con alegría. En igual dirección, otorgarle visibilidad a la cultura que se construye todos los días en las villas es un paso más en la expansión de ciudadanía. La nota que presentamos sobre la enorme vitalidad de algunos barrios populares, que nada tienen que envidiar en potencia creadora a otras experiencias culturales en zonas más pudientes, es un reconocimiento a esa cualidad. Pero no sólo de recreación vive el hombre. Las condiciones materiales, sustancialmente transformadas en los últimos ocho años, son el piso sobre el cual es posible descolonizar nuestras mentes y cambiar el ánimo en las calles. En este sentido, una discusión que contemple el largo plazo de la performance económica de la Argentina, y resalte las disputas entre distintos modelos de país, es lo que propone la nueva muestra temporaria de la Casa Nacional del Bicentenario. La exhibición –que este número adelanta y podrá visitarse desde abril– retoma en perspectiva histórica un debate que nos acompaña desde la fundación de la Patria, y que enfrenta, en este 2011, una batalla electoral decisiva: profundizar un proyecto independiente de las corporaciones o claudicar como pueblo frente a los poderes fácticos. Desafíos de esta envergadura deben necesariamente afrontarse con energías renovadas y una sonrisa en el rostro. El lector sabrá compartir este entusiasmo.

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NOTA DE TAPA

OPINAN LOS MURGUEROS COCO ROMERO Y ARIEL PRAT, Y LA ANTROPÓLOGA ALICIA MARTÍN

Carnaval de murgas: la fiesta redimida FIESTA MILENARIA Y PAGANA, CELEBRACIÓN DEL PUEBLO, DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA, EL CARNAVAL PERDIÓ TODA ESTRIDENCIA Y LA MURGA, UNA DE SUS EXPRESIONES TÍPICAS, VIO AMORDAZADA LA PALABRA Y LA SONRISA. AHORA, 35 AÑOS DESPUÉS, RESTABLECER ESTA CELEBRACIÓN OBLIGA A REPENSAR SU SENTIDO LÚDICO Y ANALIZAR SUS MÚLTIPLES FORMAS DE RECREAR LO SOCIAL, TAREA DE LA QUE SE OCUPAN ESPECIALISTAS Y MURGUEROS EN ESTA NOTA. Desde tiempos medievales, el carnaval ha significado la posibilidad de vivir una “segunda vida para el pueblo”. Algunos pensadores, como el ruso Mijaíl Bajtín, hablan de él como una experiencia colectiva en la que se suspenden las jerarquías y regulaciones sociales, un impasse en el que el bufón es rey, y los monarcas se confunden con el pueblo. Para los antropólogos, en tanto, su origen se remonta a un ritual de “muerte y resurrección”, que, año a año, se realizaba en épocas de cosecha en Europa. Mezcla de rito y festejo, se trata de una celebración anclada en lo más profundo de la identidad del pueblo argentino y también del latinoamericano. Es sinónimo de baile, ritmo y alegría, pero, a la misma vez, expresión de crítica, parodia y rebelión. De febrero a marzo, el carnaval franquea una singular visión del mundo, sostenida desde una mirada atenta a la realidad social, en un contexto de algarabía espontánea donde se hace presente la particularidad de una cultura. Pero hubo un tiempo de silencio: las comparsas fueron acalladas. La última dictadura militar anuló feriados, censuró letras e intentó condenar a muerte a las agrupaciones del carnaval. Transcurridos 35 años, un decreto presidencial permite que el lunes 7 y martes 8 de marzo vuelvan a ser días no laborables. Se recupera el tiempo de la fiesta, para alegría del pueblo. Y hoy avizora un nuevo punto de inflexión: el festejo posbicentenario del carnaval se vuelve el momento propicio para pensar un fenómeno cultural tan diferente y diversificado como corsos existen en el país.

IMÁGENES PAGANAS “El carnaval es una fiesta milenaria que adopta este nombre en la Edad Media y que, por lo que dicen sus estudiosos, es un resabio pagano dentro de la hegemonía católica”, define Alicia Martín, antropóloga del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano y autora de Tiempo de mascarada y Fiesta en la calle, entre otros libros. “Era una celebración de tres meses que encajaba perfecto en una sociedad agraria con calendario estacional, ya que, en Europa, la primavera comienza en febrero. Todas las sociedades, desde los cazadores-recolectores hasta las más avanzadas, festejan estos ritos de renovación de la naturaleza. Como dice Bajtín, la muerte no es el fin de la vida, sino parte de ella. Esto es lo interesante en los ritos: esa

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Entrevista con Manuel Callau

“La murga es expresión teatral del pueblo” En septiembre de 1983, en el marco de la tercera edición de Teatro Abierto, se organizó un cortejo carnavalesco-teatral para reclamar “por un teatro popular sin censura”. Participaron murgas, teatreros, músicos, titiriteros y bailarines. Miles de personas apoyaron la iniciativa. Callau, uno de los referentes del movimiento, revive la experiencia para Nuestra Cultura. –¿Cómo nació esta movida cultural, que enlazó teatro y murga? –Sucedió recién llegada la democracia, luego de dos años de actividad de Teatro Abierto, que en su origen fue una expresión de lucha contra la dictadura, pero luego de que estalló una bomba que incendió el Teatro del Picadero, se convirtió en un movimiento organizado. –¿Cuántas personas participaban del movimiento? –La mayoría de los que hacíamos teatro en ese momento. Por eso, buscamos generar un espacio para atender la diversidad. Sobre la base de esta premisa, quisimos juntar la murga con la gente de teatro. No sin debate, porque muchos decían que la murga no tenía nada que ver con el teatro, mientras que otros sosteníamos que es una expresión teatral popular y que debía ser parte de Teatro Abierto. Así que abrimos el juego a la murga y empezamos a trabajar en el desarrollo de la construcción artística. –¿Cómo fue el proceso y qué características tuvo esa etapa? –Primero nos contactamos con un murguero de Saavedra, Pantera Reyes, de Los Reyes del Movimiento. Luego pensamos una coreografía que, en su estructura, contuviera la idea de terminar con la censura. Un grupo de artistas partía de la puerta del Teatro del Picadero con una antorcha encendida que representaba el fuego que había consumido la sala. Un muñeco simbolizaba la censura. Se hacía un recorrido por distintas postas en las que había una murga que danzaba y, al final, se quemaba a la censura. El público marchaba detrás de la murga que había actuado. Participaron cerca de 30 mil personas. Fue la expresión inicial de teatro de masas de la Argentina, porque fue la primera puesta en la que el público era parte de la creación artística. –¿Cuál era la consigna? –“Por un teatro popular sin censura”. Para la gente de teatro, este movimiento fue muy importante, y me alegra saber que para la gente de la murga también lo fue. Se produjo un encuentro que hoy está roto o que, por lo menos, no se desarrolló como debería haberlo hecho. –¿Qué opina de la murga argentina? –Me gusta mucho, al igual que la uruguaya. Nosotros tenemos el desfile, la marcha y la danza, que tomó más relevancia luego de la censura de la palabra. El movimiento espasmódico del bailarín de murga comienza cuando aparece la censura en el discurso. Es una expresión de rabia. El pueblo no es violento, sino que responde a una violencia que viene de afuera.

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posibilidad de integrar el pobre acontecer de la vida humana en ciclos cosmológicos mucho más importantes y generales”, explica Martín. De alguna manera, el carnaval permitía exonerar los males del año y prepararse para el siguiente. Con la llegada de los españoles, la celebración desembarca en el nuevo continente como efecto no deseado. “En América, ya había ritos de ese tipo aunque no se llamaban así. En Europa, no habían podido domesticar esta fiesta, y aquí se engancha con las festividades preexistentes”, precisa la antropóloga. Varios siglos después, todavía hoy se celebra en el país al Rey Momo, dios pagano de la alegría, de la burla y la locura, pero que en cada pueblo o barrio adquiere formas muy diferentes. Según Martín, “se habla del carnaval en la Argentina, pero, en realidad, los carnavales del NOA no tienen nada que ver con los del NEA, ni los de la Pampa Húmeda con los de la Patagonia. Como festejo, el carnaval tiene siempre un rasgo local, regional o municipal, porque adquiere las características de la comunidad en su expresión más reducida”.

LA MURGA PORTEÑA VIENE LLEGANDO... Coco Romero es docente, investigador y murguero. Con sus talleres en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, fue uno de los protagonistas de la renovación de la movida murguera durante la década del 90. Para Romero, el valor del carnaval reside en lo heterogéneo de la celebración: “Es fascinante porque es una fiesta popular que no tiene que ver ni con las religiones ni con los militares, pero en la que se atraviesan todas las miserias de la propia sociedad”. La murga porteña –sostiene Romero– nace hacia fines del 1800, fuertemente influenciada por la murga de Cádiz, España. Lo que llega del viejo mundo se mezcla en un caldo de cultivo más que interesante, compuesto de la cultura africana de los esclavos y el circo criollo, antecedente del teatro rioplatense. “En el desarrollo de nuestra murga, tenemos la negritud metida en el cuerpo, la rítmica tomada de alguna célula de los negros, el bombo con platillo de los blancos y una especie de teatralidad popular tomada del circo”, enumera. Cuando no había cine, radio, televisión o veraneos fuera de la ciudad, los carnavales eran verdaderos festejos masivos. En tiempos coloniales, además, fueron escenario propicio para alterar las complicadas relaciones interraciales: los negros

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Los protagonistas opinan “Lo fundamental de la vuelta del feriado es la recuperación del juego entre vecinos y la vuelta de esos ‘4 días locos’ sobre los que cantaba Castillo. Históricamente, las murgas se identificaron con el peronismo; su mejor época y su decadencia estuvieron relacionadas con los vaivenes de las luchas populares. Incluso, muchos dicen que la murga más grande de la historia fue la marcha a Ezeiza el 20 de junio de 1973”. Facundo Carman. Los Amantes de La Boca “La vuelta de los feriados sirve para potenciar nuestra tradición y cultura. También hace resurgir la esencia de la fiesta: la alegría del pueblo. Este año, desfilan 6000 artistas de diferentes barrios y villas de Salta. Ellos encuentran en estas fiestas el modo de desplegar su creatividad y las ganas de divertirse”. Luis Vaca, presidente de la Asociación de Agrupaciones Carnestolendas. Salta “A los murgueros nos parece muy importante que nos devuelvan lo que nos habían robado. Así, los más pobres recuperan el festejo, mientras que los de mayor poder adquisitivo se toman unas minivacaciones. Las murgas seguiremos como siempre, porque si bien habían borrado la fiesta del almanaque, en el alma de los murgueros siempre fue carnaval”. Daniel “Pantera” Reyes. “Los Reyes del Movimiento”. Saavedra “Desde que el Estado tomó un rol protagónico y se hizo carne de lo que pasa en cada uno de los barrios, la cosa avanza de otra manera. Estos carnavales son la mejor conclusión de lo que puede hacerse cuando las organizaciones se juntan, trabajan, y el Estado acompaña”. Federico Argüelles. Asociación de Carnavales Marplatenses

CARNAVALES FEDERALES: ALEGRÍA POR DOQUIER Dentro de la campaña “Argentina con vos, siempre”, y bajo el lema “Nada grande se puede hacer con la tristeza” (Arturo Jauretche), el Carnaval Federal de la Alegría se desarrolló en distintas regiones del país, impulsado por la Presidencia de la Nación y ejecutado por el Ministerio de Turismo y la Secretaría de Cultura de la Nación. A través de esta iniciativa, más de 80 municipios recibieron apoyo nacional para organizar festejos masivos, con la mirada puesta en fomentar el disfrute de los feriados recuperados del 7 y 8 de marzo. Algunos de los muchos artistas que, junto con cientos de murgas y comparsas, dieron color a los encuentros son Araca la Cana, Wawancó, La Mosca, La Chilinga, Los Pericos, Soledad Pastorutti, Los Auténticos Decadentes y Los Twist.

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vestían galeras y levitas, y los blancos señoritos se pintaban la cara con corcho quemado. Unos y otros afirmaban su identidad en ese juego de espejos. Hacia 1930, la inmigración masiva produjo un cambio en las agrupaciones murgueras. Estas asociaciones, que se fundaban en relaciones étnicas, de clase y amistad, pasaron a organizarse en función de los nuevos lazos sociales que se generaban en las barriadas porteñas, en las sociedades de fomento y en los clubes. Con el correr de los años, la murga fue adquiriendo nuevas características. A partir de 1960, dejó de ser un género menor dentro del carnaval porteño y fue cobrando cada vez mayor importancia. Sin embargo, “en la historia del siglo XX, no podemos decir que la murga sufrió un desarrollo, sino más bien una acumulación. Como el Estado no tuvo una política consecuente para criticarla o para fomentarla, cada generación reinterpretó la tradición como pudo”, asevera Martín. ¿Cuál fue la ventaja de esto? “La murga se mantuvo siempre libre”, responde la especialista.

AMIGOS EN EL BARRIO Hoy, en tiempos de carnaval, la murga porteña reúne cada año a más de cien agrupaciones y moviliza a miles de personas. Además, centenares de niños y jóvenes de todo el país participan de talleres sobre murga. Se trata de un fenómeno cultural muy potente pero todavía subterráneo, alejado de los circuitos comerciales tradicionales. ¿Cuál es la explicación de su éxito actual? Para Martín, la clave es la “sociabilidad abierta” que propone la murga: no exige abonar una cuota, ni saber inglés, ni tener tarjeta de crédito. No hay requisitos para participar, y se puede entrar y salir cuando se quiera. En la murga se sociabiliza: “Si bien la dictadura desapareció y dejó marcas en los cuerpos, la murga propone otra cosa. Es un sustantivo colectivo porque hay que poner el cuerpo de forma grupal”. Como dice Romero, la murga representa la introducción en las bellas artes de los sectores populares. La antropóloga explica: “Viviendo en un barrio y trabajando desde los 12 años, difícilmente un trabajador puede ir a un taller de danza o de arte. Y en la murga, aprendés a pintarte, a arreglarte la ropa, a bailar, a cantar o a tocar algún instrumento de percusión. La murga porteña tiene esa fascinación porque cubre todas las ramas de las llamadas bellas artes, en formatos populares”. Para el murguero y tallerista, también es central el valor de la palabra: “La murga porteña y del conurbano se diferencia de otras agrupaciones del carnaval porque, en su origen, está la palabra metida en sus canciones. Tiene toda la potencialidad expresiva de la música y la poética, a las que se suma la palabra, que permite recuperar la memoria y expresar dónde estoy parado”.

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Mariana Marcaletti Licenciada en Ciencias de la Comunicación Columna firmada (UBA) y periodista.

Recuperar lo colectivo Sin fiestas populares, la existencia cotidiana se volvería más gris. Recuperar el carnaval, con todo lo que esta celebración representa, significa retomar tradiciones culturales vedadas durante la dictadura que pugnan por exhibirse.

Precisamente, las canciones murgueras fueron una de las preocupaciones de la dictadura militar. Aunque no la única. “Que la murga siga existiendo ya es un fenómeno de resistencia. La ocupación del espacio público es altamente subversiva. No por nada nos pasamos la mitad del siglo XX en estado de sitio”, reflexiona Martín. El feriado de carnaval iba en contra de la lógica neoliberal que inauguró el último gobierno de facto. “La dictadura eliminó varios feriados porque el caballito de batalla era que el obrero argentino era muy vago y tenía demasiados feriados”, relata la investigadora, y agrega que, aunque en el Brasil haya más feriados que aquí, nadie haría tal relación entre días no laborables y trabajadores vagos. “Como dicen los murgueros –cita Martín–, ‘el carnaval fue preso en la última dictadura’. Esta idea de liberar el calendario y los feriados me parece importante”. Los 35 años de lucha de las agrupaciones del carnaval por recuperar el feriado cosecharon su fruto. “Lo que hoy se permite es la circulación de una idea. El feriado abre la puerta para que haya una mayor responsabilidad compartida entre murgueros y estados”, opina Romero. En igual sentido, Ariel Prat, uno de los máximos referentes de la murga-canción porteña, piensa que volver a festejar el carnaval “es un hecho trascendente porque se restituye una fiesta popular que no se relaciona con ningún santo ni con ningún acontecimiento histórico, sino que tiene su esencia en la posibilidad de la gente de ganar la calle para reencontrarse”. Retomando a Goethe, considera que el carnaval no es una fiesta que se le concede al pueblo, sino que el pueblo se concede a sí mismo. “Esta soberanía celebratoria es central a la hora de crear autonomías”, concluye. Como ocurre en toda fiesta popular, el ahora feriado de carnaval insufla una corriente de imaginación e inventiva que alcanza a miles de personas. “Cuando celebra, el pueblo da muchas muestras de creatividad”, sostiene Romero y ejemplifica con los muñecos gigantes de Lincoln, los diablitos del noroeste, los carritos a caballo de la provincia de Buenos Aires, los carnavales inmigrantes metidos en los corsos de Ushuaia. “Para mí, el carnaval es una buena excusa para retroceder y rastrear el imaginario de nuestra cultura”. Pudo haber sido la estocada final, pero el decreto de 1976 no impidió que cada fin de semana de febrero, los carnavales siguieran festejándose, para erigirse en una verdadera manifestación de resistencia cultural. Desde entonces, aunque en muchas zonas del país la celebración no se detuvo, se perdió la gimnasia de la fiesta, dirán sus artífices. Ahora, para Romero, el horizonte es promesa: “Entendiendo el carnaval como cuerpo, vamos a tener que trabajar mucho para que sus músculos no se acalambren. Hay murgueros protagonistas, pero no hay comunidad en el carnaval. No hay disfrazados como había antes. La murga es sólo un actor de este fenómeno cultural. El elemento más importante del carnaval sos vos, y disfrazado de una manera que no seas vos; no como espectador, sino como partícipe”.

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Pero no es correcto hablar de “un” carnaval argentino, sino de múltiples carnavales que, pese a sus identidades particulares, no dejan de compartir una serie de similitudes. Con sus disfraces y carrozas, los comparseros se mofan de las vicisitudes del mundo actual y se ríen de lo problemático. La fiesta popular excede los límites de lo permitido y retoma, a través de la sátira, problemas cotidianos para resolverlos en el plano de lo simbólico. Las murgas argentinas ironizan sobre la realidad actual y alivian su peso en la catarsis colectiva. Tal vez sea en el norte del país donde los rituales de los carnavales autóctonos cobran mayor fuerza. En los “carnavalitos”, género folklórico arraigado si los hay, y en las canciones de artistas consagrados, podemos dilucidar que el carnaval no se concibe como parte separada de las idiosincrasias locales. Temas del Dúo Coplanacu (“Desmonte”), Raly Barrionuevo (“Ey, paisano”) o Los Huayra (“Fiesta”) –sin olvidar clásicos como “El humahuaqueño” o “Punta Cayastá”– reivindican el territorio propio y las diversiones creadas por los nativos, sin imposiciones externas. En la Edad Media, el carnaval surgió precisamente como expresión libre, espontánea, de la cultura popular, como analiza Mijaíl Bajtín. Los celebrantes agradecían la cosecha, y burlaban las reglas y tabúes de la cultura “seria” oficial. A diferencia de esta época, la mayoría de los corsos actuales mantienen una división, muchas veces abolida, entre actores y espectadores, herencia del teatro a la italiana, que configuró el concepto moderno de audiencia. Con este desarrollo, consecuencia de la urbanización, industrialización y privatización del espectáculo, se modificó el carnaval. Para Jesús González Requena, el espectáculo moderno tiene características propias. Mientras que antes no había límites espaciales para el goce colectivo en el carnaval, ahora hay lugares determinados en donde los individuos pasan un rato agradable a través de su mirada voyeurística. Las fiestas comenzaron a celebrarse en sitios cerrados, y la nocturnidad, como investigan Mario Margulis y Marcelo Urresti, sigue representando el ocio, la libertad, la rebelión, el goce despreocupado, pero ahora no puede evitar ser regulada por los empresarios de la noche. Muchas celebraciones están hoy imbuidas de intereses comerciales por su mediatización y masividad, opina el pensador italiano Alessandro Baricco. Pero el carnaval sigue diferenciándose de otras fiestas. Lejos de los eventos redituables, aún permanece su naturaleza irreverente y su potencialidad para convertirse en una instancia de rescate del sentido de lo social. Conquistar las pasiones perdidas, el sentido lúdico y la posibilidad de aprender en el juego carnavalesco es un desafío interesante. Tal vez el carnaval nos permita, a través de la risa, con rey momos quemados, payasos, diablos, brujas, duendes y monstruos varios, evaluarnos como sociedad y superarnos.

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INCLUSIÓN SOCIAL

ENTREVISTA CON LA ANTROPÓLOGA MARÍA CRISTINA CRAVINO

“La gente busca un pedacito de tierra donde vivir” ASESORA DE ORGANIZACIONES VILLERAS, MARÍA CRISTINA CRAVINO, QUE INVESTIGA Y TRABAJA EN EL TERRITORIO HACE DÉCADAS, ANALIZA PARA NUESTRA CULTURA LA FALTA DE SUELO POPULAR EN LAS GRANDES CIUDADES, LAS ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA DE LOS QUE MENOS TIENEN –QUE LLEGARON A OÍDOS DE LOS MEDIOS DURANTE LA OCUPACIÓN DEL PARQUE INDOAMERICANO– Y LAS POSIBLES MANERAS DE AMPLIAR EL DERECHO AL ESPACIO URBANO. –¿Cuál fue el origen y la historia de las villas en el país? –Las primeras villas surgieron en el siglo XIX, vinculadas a quienes se dedicaban al cirujeo, pero las villas urbanas nacieron en la década del 30 (la Villa 31 fue la primera), durante la crisis mundial. A partir de los años 40, y en las décadas siguientes, se desarrollaron, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el Conurbano, relacionadas con el mundo del trabajo. Por entonces, los habitantes de las villas provenían de la migración rural y urbana: en las dos primeras décadas, del interior del país, mientras que en los 60 y 70, se sumaron los migrantes de países limítrofes. Esto se vinculaba con la tecnificación del campo, las crisis de las economías regionales, la reestructuración de la economía argentina y la atracción que supuso el proceso de industrialización. En el Conurbano, menos poblado, las villas surgieron al lado de la fábrica: la gente, primero, conseguía trabajo y después buscaba dónde vivir. Esto cambió desde los 70, cuando el empleo se volvió inestable por la desindustrialización. Hasta entonces, las villas se veían como lugares de tránsito: eran la puerta de entrada a la ciudad para los migrantes, que esperaban sumarse a la ciudad formal comprando un lote en cuotas en el Conurbano para autoconstruir. –¿Qué ocurrió con los habitantes de la villa tras los desalojos de la última dictadura? –Los 70 marcan un antes y un después en la historia de las villas: tras el paso de las topadoras, quedaron

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apenas 40 o 50 familias en las villas de la Capital. Otras villas desaparecieron, particularmente, en la zona norte, cuyas tierras luego se colocaron en el mercado inmobiliario formal (la desigualdad norte-sur de la Ciudad de Buenos Aires tiene mucho que ver con la dictadura). Mucha gente, que ya había comprado su lote, se mudó allí aun sin la vivienda construida; otros, directamente, fueron erradicados en camiones de basura y arrojados al Conurbano. La dictadura tenía una visión ‘esteticista’ de la Ciudad: importaba que los pobres no se vieran. Hoy, tampoco importan los problemas sociales: se busca que, turísticamente, Buenos Aires esté linda. Con el regreso de la democracia, las villas se repoblaron, lo que muestra el fracaso del plan de erradicación del gobierno militar. Al final de la dictadura, surgió un nuevo fenómeno: los asentamientos, vinculados a las comunidades eclesiales de base, sobre todo, en la zona sur del Conurbano. Como se buscaba un lugar donde permanecer, los lotes eran más grandes y cumplían con la normativa urbana. Hubo conflictos, intentos de topadora, cerco policial, resistencia pacífica, pero los asentamientos permanecieron. La experiencia se multiplicó en los 80 y en los 90, y hoy continúa esta modalidad del lote popular: lo que el mercado no da, lo hace la gente. Para alejarse del estigma villero –porque también durante la dictadura hubo una campaña mediática muy fuerte para presentar al villero como oportunista, indolente, vago, ventajista–, lo que se dice es “no queremos que nos regalen nada”, “queremos pagar de acuerdo con nuestras condiciones económicas”, consignas que se mantienen hasta ahora. –Observando los sucesos en el Parque Indoamericano en diciembre último, ¿cómo se explica la existencia de las “mafias” que toman terrenos y del mercado del alquiler en las villas? –Antes, la ocupación era una acción colectiva, se realizaba a través de una organización política o por autoorganización, pero, en los últimos años, surgieron las “mafias”, que son grupos que toman tierras y después venden los lotes. Algo de esto pasó en el Parque Indoamericano. A veces, la gente no se anima a la toma. La gente no toma tierra como toma mate. Cuando lo hace, sabe que tiene que bancarse un ve-

rano de calor con dos nylon, sin agua, con los chicos deshidratados; como hay que permanecer ahí, se pierde el trabajo, hay miedo al desalojo o a ir preso. Entonces, porque existen aquellos que ocupan y venden las tierras, los compradores pueden decir “yo no fui, a mí me vendieron”. Muchos de los que toman tierras ahora son hijos de quienes lo hicieron antes en el Conurbano y hoy ya no entran en el lote porque formaron sus familias. Tomar tierra es su vía de acceso a la ciudad cuando no hay opciones, no hay que pensarlo como una violación. En tanto, por la crisis económica y el desempleo, a mitad de los 90, había mucha presión por vivir en las villas de la Ciudad, que eran una suerte de seguro de desempleo a través del cartoneo. Surgió entonces una nueva etapa en la historia de las villas: el alquiler. Lo que ocurrió en el Parque Indoamericano tiene que ver con el agotamiento de este ciclo, porque ya no hay más lugar para alquilar. En las villas, el 30 o el 40% de la población alquila. Antes, luego de algunos años, los vecinos ahorraban plata o pedían prestado y se compraban una casa. Este círculo se rompió: hoy no hay tal porcentaje de casas en venta en la villa. No hay forma de mejorar, de salir del alquiler, que ronda los $600. Legalmente, están en un limbo. Están dispuestos a tomar tierras para dejar de alquilar, no tienen nada que perder. –¿Es posible salir de este círculo vicioso? –La dictadura militar, mediante un decreto-ley, puso estándares tan altos para los loteos que los emprendedores inmobiliarios dejaron de lotear porque no era negocio. Esto frenó la oferta de suelo. Nadie más produjo suelo popular. Porque lo que busca la gente es un pedacito de tierra donde vivir; es una demanda sobre el suelo más que sobre la vivienda. Una de las posibles salidas implicaría que el Estado ofreciera lotes con servicios. Porque mucha gente prefiere construir la casa como quiere a que el Estado le dé una vivienda, porque sabe hacerlo. El problema es la localización: un lote a 50 kilómetros del centro no sirve. La contradicción es que las tierras mejor localizadas son más caras. Pero en la Ciudad de Buenos Aires, habría cerca de un millón de lotes vacantes; incluso hay tierra estatal vacante. Hay que cambiar las reglas de juego y presionar a aquel que especula con el suelo bien ubicado.

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Desarrollo sociocultural en territorio

–¿Cómo definiría la “cultura villera”? ¿Existe una “identidad villera”? –Una primera imagen que se recibe del exterior muestra que vivir en una villa implica una identidad negativa: o sos delincuente, vago, oportunista, o vivís de los planes sociales, que es la crítica actual. Por vivir en una villa, no se consigue trabajo, entonces, hay que mentir el domicilio; los amigos de los hijos o los parientes no quieren ir de visita porque tienen miedo, en parte, porque los medios de comunicación construyen la imagen de la villa como un lugar peligroso: si entrás, te pasa algo. Paralelamente, un elemento positivo de la identidad villera se relaciona con el movimiento villero de los 70 y los 80. Hoy, esta organización no tiene el peso de décadas anteriores. La segunda veta positiva se vincula con la cultura juvenil, la cumbia villera y demás, que, para lo externo, es algo peyorativo (música de baja categoría), aun cuando en las fiestas de los sectores de clase alta se escucha cumbia villera. La cultura villera reinventa positivamente aspectos negativos de la villa. Se hace cargo de los estereotipos, esencializa aspectos de la villa que son propios de algunos grupos. Hay un componente de desafío en esto: se sabe que genera miedo en los otros. Entonces, lo que aparece como un desafío es reapropiado por otros sectores que incluso consumen cumbia villera. Además, está vigente la cuestión solidaria, la reciprocidad, que es más fuerte que en otros barrios de la Ciudad. En encuestas que realicé a mediados de 2000, encontré que, a pesar de la fragmentación social que trajo el neoliberalismo de los 90, la gente sigue cuidándose mutuamente los chicos, prestándose herramientas o plata, regalándose comida. –¿Cree que resaltar lo negativo de las villas responde a una estrategia de espectacularización de los medios? –Los medios banalizan la pobreza. Algunos, aun con buenas intenciones, terminan haciendo un espectáculo de la pobreza y la convierten en una feria de estereotipos que no tienen que ver con la realidad: en la villa está el borracho, el adicto al paco, el de la transa. No es noticia que la gente se levanta temprano, va al trabajo, arma la feria, atiende la pelu-

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quería, manda los chicos al colegio, concurre al centro de salud, limpia y arregla su casa. Lo que gana en la villa es la vida cotidiana de cualquier barrio popular. No hay que negar que el paco existe, pero la gente tiene estrategias de resistencia para que sus hijos no entren en el consumo. Incluso, muchos vecinos ayudan a los chicos que están consumiendo paco, les alcanzan frazadas en invierno, les dan comida. Además, no se puede denunciar. ¿Quién le cree a un villero?, ¿quién lo protege? La transa de drogas y demás ocurre en estos barrios porque los vecinos son vulnerables a denunciarlos. Son sectores populares, por lo tanto, pueden ser delincuentes, por lo tanto, si son extranjeros, pueden ser deportados. –¿Es compleja la convivencia entre colectividades? ¿Hay xenofobia en las villas? –Como me había impactado el cruce de críticas de algunas colectividades a otras, investigué el tema. Los comentarios xenófobos están muy verbalizados. Pero en la práctica –esto es lo distinto–, se juntan para arreglar los caños o la calle, se comparten fiestas, hay matrimonios mixtos, participan juntos en organizaciones barriales. Por el contrario, los sectores medios de la sociedad se cuidan mucho de discriminar en el plano discursivo, pero la integración es nula. –¿La organización villera está desarticulada? –Hoy la escala y la complejidad de cada una de las villas hace más difícil organizarse. En la Ciudad, todos los partidos quieren tener un referente en la villa. No tener un padrino político es casi ser un huérfano desamparado, sin posibilidades de ser dirigente en una villa. Así, la política partidaria tiende a fragmentar porque muchos de los dirigentes no logran separar lo partidario de lo barrial. Por otra parte, este es un momento defensivo en el movimiento villero. Prácticamente, no hay organización intervillera, lo que le daba más fuerza al movimiento. Apenas hay atisbos que se lograron en respuesta al macrismo, tan agresivo respecto de lo que sucede en las villas. Además, cada barrio tiene una organización distinta. En algunos casos, tienen comisiones vecinales, pero las elecciones no son siempre limpias, o hay cuerpos de delegados tan grandes que no se ponen de acuerdo. Es una etapa de experimentación y aprendizaje sobre cómo defender los intereses del barrio.

Democratizar el acceso a la producción y el consumo de los bienes culturales es el objetivo del Programa de Subsidios para Proyectos Socioculturales, que impulsa la Secretaría de Cultura de la Nación desde 2005. A través de convocatorias para todo el país, se presentan proyectos de organizaciones sociales con personería jurídica o sin ella, y de comunidades indígenas. Tras una selección, reciben financiamiento iniciativas capaces de sembrar capacidades para la autoorganización, transferir herramientas y promover el trabajo en red con otros organismos. Los tres ejes del programa son Desarrollo Comunitario, Comunidades Indígenas y Apoyo a Organizaciones de Base. En 2010, se presentaron 172 proyectos y se seleccionaron 28 emprendimientos de este último tipo, que se desarrollan este año en territorios de alta vulnerabilidad social. Aquí, tres de ellos. –Murgas y conciencia ecológica En busca de la identidad local, el Barrio Unido Cooperativa de Trabajo y el Grupo de Jóvenes del Loco Palermo, del Barrio Novak de Quilmes, recibieron el subsidio para crear un ámbito de pertenencia e integración destinado a los jóvenes, que ofrece talleres artísticos e invita a ser parte de una murga, como modo de promover el compromiso comunitario y fortalecer los lazos intergeneracionales. En paralelo, el proyecto propone un taller de medio ambiente y contaminación, y se planea realizar un mural para concientizar a los vecinos sobre un problema latente en el barrio: la papelera Masuh, lindante con el arroyo Las Piedras. –Artes y oficios En Villa Lugano, la Asociación Civil La Lechería, junto con los vecinos, construyeron el Centro Comunitario La Escuelita, donde funcionan talleres de alfabetización para adultos, y de plástica, recreación y apoyo escolar para los más chicos. También se llevan adelante emprendimientos productivos textiles, y se capacita en computación y electricidad. –Hip Hop: el documental Creada por la asociación Fraternidad Antidiscriminación del Sur, “Hip Hop La Cultura” promueve y retrata la vida de este género musical arraigado entre los adolescentes, a través de un documental, cuyo guión escribieron los habitantes de la Villa 21. Identidad e inclusión social son los pilares de un proyecto que entiende la música como refugio para alejarse de la violencia y la discriminación.

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INCLUSIÓN SOCIAL

CULTURA Y COMUNICACIÓN EN BARRIOS POPULARES

Apropiarse de la voz A TRAVÉS DE INICIATIVAS QUE CONJUGAN CULTURA, ARTE Y PERIODISMO, HACER VISIBLES LAS VILLAS Y SUS REALIDADES ES HOY EL OBJETIVO DE GRUPOS DE VECINOS QUE, CON CREATIVIDAD, TALENTO Y ÁNIMO DE APRENDER, SE EMBARCAN EN LA TAREA DE ESCRIBIR UN HORIZONTE DE INTEGRACIÓN Y SOLIDARIDAD, MUCHAS VECES, CON EL APOYO DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN, A TRAVÉS DEL ÁREA VILLAS ARGENTINAS, Y DE ONG COMO SOS DISCRIMINACIÓN. “Sí, gordita”, le dijo esa tarde Adams Ledesma a su esposa, Ruth Torrico. Ella tenía una idea: hacer un periódico en la Villa 31, alzar la voz en ese barrio en el que vive hace más de quince años y que cambió por su Potosí natal, hacer valer el peso de la palabra escrita para modificar las cosas: problemas con transformadores, carencia de agua potable, impuestos, la falta de títulos inmobiliarios. “Somos un grupo de gente que ve las mismas problemáticas en los distintos barrios. No queremos vivir de prestado, queremos nuestra voz “, explica el actor y dirigente Julio Zarza sobre el espíritu de aquel proyecto del que forma parte, hoy hecho realidad. Junto con Torrico, Norma Andia, su hermana Nidia Zarza y muchos otros vecinos, se asociaron con la ONG SOS Discriminación, presidida por el cineasta Víctor Ramos, y fundaron Mundo Villa, un multimedio territorial en ascenso, con corresponsalías en todas las villas de Buenos Aires, que hoy cuenta con un periódico mensual, del que se distribuyen 3000 ejemplares gratuitos, una página web y un canal de cable. Acaso el más emblemático, Mundo Villa es un botón de muestra de este camino hacia la expresión, donde también se destacan otras ideas, de las que habla esta nota, como los talleres de fotografía de la fundación PH 15 (ver página 16), la FM La Milagrosa, de Ciudad Oculta, y la revista Garganta Poderosa, realizada por jovencísimos periodistas que la reparten en villas porteñas. Detrás de las ideas hay hombres y mujeres. Hay historias de vida y desdicha, hay pasado y futuro, reconocimiento y lucha.

EL MUNDO DE LA VILLA, EN PANTALLA Torrico explica que le tocó tomar el lugar de su esposo, Adams Ledesma, quien era delegado de su manzana en la 31 y director de Mundo Villa TV, y que,

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el 3 de septiembre último, fue asesinado en su cuadra. “La investigación va a llevar tiempo, pero habrá justicia”, confía. Con la tragedia a cuestas, esta mujer se convirtió en una de las directoras de esta nueva señal que, en marzo, realiza su presentación oficial. La acompañan Norman Ruiz y Liliana Romero, a cargo de la estética del canal, con el respaldo de Ramos en la puesta general. “La programación va a ser pequeña por el momento; cada programa durará media hora y se emitirá entre las 17 y las 23. Habrá noticias de los barrios, cocina latinoamericana, programas culturales y educativos. Se financia a través de la ONG, y ya están trabajando 40 personas”, adelanta Torrico, que también coordina los talleres de periodismo que se dictan semanalmente para chicos y jóvenes de la Villa 31. El proyecto televisivo fue un desprendimiento del editorial. Julio Zarza, también columnista de radio Continental, es uno de los puntales de la movida periodístico-cultural que capitanea Mundo Villa. Moviliza escucharlo hablar de su militancia en la

Villa 21-24. “Uno nace dirigente, se preocupa, y si hay un problema, lo hace propio”, resume su labor todoterreno. Además de esta tarea social, su figura cobró popularidad tras protagonizar la película La 21, Barracas. Para él, los medios juegan un papel fundamental a la hora de estigmatizar a los residentes de las villas: “Muestran los problemas que hay en la villa, pero no dicen que la villa es el problema, que no es lo mismo. En los últimos tiempos, hubo un furor mediático con el paco y el narcotráfico. Los medios entraban a los barrios y mostraban sólo eso”. Aquello motivó a los hacedores de Mundo Villa a mostrar otra cara y comunicar “hacia afuera” la diversidad cultural, y también denunciar carencias e injusticias. A cuestionar y a cuestionarse. En ese tren, Zarza condujo la serie “Nacionalidad villera”, dirigida por Bruno Stagnaro, que se emitió por canal Encuentro y que narra, en cuatro documentales, la historia de las villas desde sus orígenes hasta la explosión demográfica y la multiplicación de viviendas ocurrida en los 90.

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100.9 MHz del dial, la única emisora del barrio, con una audiencia de 40.000 oyentes, trabaja junto con centros comunitarios, asociaciones civiles, iglesias y comisiones vecinales. Entre todos, se encargan de la producción, la conducción y la puesta en el aire, de 6 a 23. Los contenidos buscan concientizar a los vecinos en temas de salud, alimentación, primeros auxilios, educación sexual y embarazo precoz, o lucha contra la droga. Además, se difunden música, cuentos, mitos y leyendas populares del país y de Latinoamérica. Por este proyecto, en 2009, Núñez fue reconocido “emprendedor del año” por Youth Business International, entidad inglesa que premia a jóvenes que superan obstáculos en pos de sus objetivos. En Londres, recibió su galardón de manos del Príncipe Carlos.

CON LA GARGANTA EMPODERADA En formato de revista y de aparición mensual, La Garganta Poderosa es otro proyecto editorial surgido hace cuatro meses por iniciativa de los habitantes de distintas villas porteñas, dispuestos a unir su voz para hablar de su barrio y de los suyos, abriendo la mirada para rebatir prejuicios y desbaratar estereotipos. El timón periodístico aquí son doce jóvenes de entre 10 y 27 años de edad, que se ocupan de idear, entrevistar, fotografiar, ilustrar, producir y distribuir los ejemplares. “En el barrio, no todo es robo y muerte”, dirán para sintetizar la política editorial de la revista, cuyo nombre bien alude a esta necesidad de hacer circular la verdad y logar ser escuchados. Del número inaugural, aparecido al filo de 2011, se imprimieron 3000 ejemplares. Comprometidas con la idea, fueron las asambleas barriales las que impulsaron esta bandera de comunicación popular, utilizando sus recursos para sostener las becas formativas de los integrantes de la revista y solventar la primera edición. El objetivo es que la cooperativa sea sustentable, e independiente de anunciantes y distribuidoras. En marzo, la tirada promete crecer a 10.000.

UNA RADIO DE ENSUEÑO “Cuando revolvía la basura, nadie se imaginaba que llegaría a crear una radio”. Para Juan Núñez, el sueño de FM La Milagrosa despertó en 1997 en su Misiones natal, donde se propuso fundar una radio comunitaria con espíritu solidario. Con el anhelo sin cumplir, una enfermedad lo arrojó a la Ciudad de Buenos Aires en busca de tratamiento. Su “Hotel de los Inmigrantes” fue la Villa 15 y su fuente de trabajo, el cartoneo. Allí instalado, reanimó el proyecto de crear una emisora al servicio del barrio, un medio de expresión para los chicos y jóvenes de “la Oculta”. La meta fue levantar la radio en tres años. Sin francos ni feriados, cada centavo que Núñez reunía iba a parar a la compra de equipos. Al cabo de dos años, FM La Milagrosa ya salía al mundo. Hoy, desde el

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EL “YO, VILLERO” Y EL CAMINO DE LA INTEGRACIÓN Como toda manifestación cultural, la cultura villera tiene sus orígenes y sus huellas de tradiciones locales y latinoamericanas, sus cuestionamientos sociales, y sus valores de solidaridad y celebración popular. Hoy, pisando fuerte en radios, revistas, programas de TV, películas, talleres, encuentros culturales y muestras, la cultura villera está en proceso de visibilización, porque el Estado nacional jugó sus cartas apoyando iniciativas, porque la idea del “otro” diferente y extraño comienza a volatilizarse en el mar de la diversidad, y porque muchas experiencias comunitarias lograron hacer eco en un mundo todavía signado por la mediatización en manos de pocos. Para los jóvenes, el barrio representa un espacio de identificación, de contención y pertenencia. “Te hacen creer que la tierra no es tuya, que vivimos de prestado. Vi morir a tanta gente con el sueño de la urbanización, pero no puede lograrse en lugares donde la violencia y el abandono están instalados; hay que hacer un gran laburo social”, opina Zarza, que define este proceso como “urbanización cultural” a través de talleres y actividades artísticas en los barrios. “La gente está empezando a mostrarse. Durante mucho tiempo, la villa trató de meterse en la ciudad. Ahora buscamos que sea al revés, porque hay mucho que aprender”. También, aclara el actor, se debe pelear contra los prejuicios internos: “Muchos chicos niegan ser de la villa, prefieren ocultarlo. Me parece tristísimo porque en eso se juega la identidad”. Para Nidia Zarza, el antídoto es la autoafirmación, la equidad: “El orgullo villero es una forma de protesta, pero no necesariamente es la tendencia por seguir. En situaciones de vulnerabilidad o donde faltan servicios, se buscan herramientas para hacerte escuchar, ver y oír. Es como decir ‘acá estoy y existo’; es romper la contraposición entre ‘tu cultura o la mía’; es expresar la igualdad ciudadana”.

TALLERES PARA CELEBRAR LA DIVERSIDAD Nidia Zarza, coordinadora, junto con Luz Miraldi y su hermano Julio, del área Villas Argentinas de la Secretaría de Cultura de la Nación, tiene un gran objetivo por el que trabaja diariamente: “Destruir las paredes que levantaron los prejuicios y aprender a convivir con la diversidad cultural, a través de talleres y acciones culturales”. Ese crisol de ideas, creencias, religiones, culturas y formas de ver y vivir la vida tiene su correlato en el ámbito educativo no formal: los talleres semanales a los que acuden más de cuatro mil personas. “Pretendemos resaltar esta cultura que fue denostada y revalorizar las tradiciones culturales argentina y latinoamericana, haciendo hincapié en sus orígenes”, explica. Villa Soldati, la Villa 21-24 Barracas, 15, 1-11-14, Lugano (20), Rodrigo Bueno, 31 y el barrio Don Orione son los puntos donde se dictan clases de teatro, cine, periodismo televisivo, radial, gráfico y deportivo, y también de ajedrez, hip hop, guitarra, fotografía y murga. Además, durante 2010, se llevaron adelante 15 encuentros culturales con muestras de las disciplinas aprendidas; y se abrieron dos espacios interministeriales de creación en Villa Lugano y Villa Soldati. Una de las actividades más convocantes por estos días es el taller de hip hop a cargo de Luis Rojas en la Villa 21. “En sus letras, los chicos tocan temas sociales, como la discriminación, el delito y las drogas. Son vivencias propias, y tratamos de que exploren lo que ven y cómo influye esto en sus vidas”, fundamenta el docente. A fines de 2010, se organizó en Don Orione un encuentro con cientos de chicos que improvisaron “payadas hiphoperas” o “una suerte de enfrentamiento recitado”, que ya se oyen por las veredas y calles de la ciudad y el Conurbano bonaerense.

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DESARROLLO URBANO

ENTREVISTA CON EL ARQUITECTO JAVIER FERNÁNDEZ CASTRO, INTERVENTOR DE LA VILLA 31

Donde hay una villa, se asentará un barrio HACE 70 AÑOS QUE SOBREVIVE EN RETIRO ENTRE VÍAS, AVENIDAS, AUTOPISTAS Y CEMENTO. CABEZA DEL MOVIMIENTO VILLERO EN LOS 70, HOY LA 31 VUELVE A HACER PUNTA: ES EL PRIMER ASENTAMIENTO DE SU TIPO QUE SE URBANIZARÁ POR LEY. FERNÁNDEZ CASTRO, EL ARQUITECTO QUE IMAGINÓ LA OBRA, TRAZA, EN ESTA ENTREVISTA, LA ESCALA DEL DESAFÍO. Javier Fernández Castro Arquitecto Profesor titular de las cátedras de Proyecto Arquitectónico y Urbano, y Morfología (FADU-UBA). Desde octubre de 1996, el artículo 31 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires reconoce el derecho a una vivienda digna y a un hábitat adecuado, y auspicia la integración urbanística y social de los habitantes. Es el derecho a la ciudad, el mismo que invocaron quienes tomaron el Parque Indoamericano en diciembre último. Ahora ¿los pobres merecen vivir en el centro porteño? Quince meses atrás, la respuesta surgió de la Legislatura, cuando aprobó por unanimidad la ley para urbanizar la Villa 31, donde residen unas 30.000 personas, y erradicar permanentemente las amenazas de desalojo vía topadora que sobrevolaron por décadas estos codiciados terrenos. El antecedente técnico de esta ley es el Anteproyecto Urbano Barrio 31 Carlos Mugica, que diseñó un equipo de profesionales de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, capitaneado por Javier Fernández Castro. Sin más, promete dejar de entender la villa como “un tumor que hay que extirpar”, para transformarla en una zona integrada a la ciudad formal, conservando las redes sociales ya establecidas. –¿Cómo surgió la propuesta? ¿De qué modelos se valió? –Nuestro trabajo empezó en 2002, a raíz de un subsidio de investigación que nos otorgó la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de 2002. Nos presentamos junto con un grupo brasileño que llevaba adelante el Programa FavelaBarrio en Río de Janeiro. Este programa dio el puntapié a otra manera de mirar el problema de los asentamientos informales y la pobreza urbana, manteniendo la construcción popular previa, para luego dotarla de lo que carecía: infraestructura, equipamiento y espacio público. Luego de evaluar si esta nueva visión era aplicable al AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), tomamos como caso de trabajo la 31 porque era la villa que más tenía en discusión su arraigo: se debatía si los pobres merecían o no vivir en el centro de la ciudad. En el diseño del plan de urbanización, los vecinos fueron actores protagónicos: “Propusimos un primer anteproyecto y empezamos a discutirlo con los pobladores. Los fines de semana, se hacían asambleas donde les mostrábamos los avances”, cuenta el arquitecto, que también fue interventor judicial de la 31 hasta que las elecciones de noviembre pasado designaron a los delegados vecinales.

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Paisaje de fachadas pintadas en la Villa 31.

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Así, tras siete décadas de marginalidad y discriminación –ni siquiera la última dictadura logró arrasar la villa por completo–, nacía una esperanza: “Los vecinos tomaron conciencia de que la radicación era posible. Por primera vez, muchos informes técnicos que avalaban la erradicación tenían un documento contrario con el cual contrastarlos. El anteproyecto fue la bandera de reivindicación política de la villa. También fue una movida interesante para la Universidad, porque pocas veces una investigación puede ser transferida y, encima, en un barrio tan paradigmático”. A través de la ley de urbanización, se creó una mesa interdisciplinaria, a la que están sentados la Nación, la Ciudad de Buenos Aires, el equipo técnico responsable del proyecto y los vecinos. En este ámbito, por estas horas, se está definiendo el plan ejecutivo. El plazo general del proyecto es de cinco años. “Demostramos que, capitalizando la inversión popular previa, los costos comparativos con erradicar y rehacer (la solución tradicional) son mucho menores. La proporción es 1 a 2,2”, detalla Fernández Castro, y agrega que sólo hay que reconstruir el 30% de las viviendas para abrir calles o por cuestiones de hacinamiento.

LA ARTICULACIÓN CON LA CIUDAD Para integrarse al tejido urbano, el Barrio 31 Carlos Mugica contará con: –Escuela secundaria. –Gran parque público. –Centro de producción de empleo y renta (el edificio donde funcionará incluye un gimnasio y una radio). –Plaza, entre el barrio y la terminal de ómnibus. –Memorial del Padre Mugica (en el lugar donde yacen los restos del sacerdote). –Avenida de borde, que separará el barrio de las tierras del ferrocarril, e incluirá miradores para disfrutar de una vista única del norte de la Ciudad. Además, todas las viviendas tendrán agua corriente, cloacas, electricidad y gas.

–¿Las villas son un problema de vivienda o de espacio público? –Las dos cosas. La visión tradicional las entendía como déficit de vivienda. Haciendo más o mejores viviendas, se solucionaba el problema. Hoy, más que del derecho a la vivienda, se habla del derecho a la ciudad. Entonces, los proyectos incorporan el espacio público de la misma calidad que en la ciudad formal, con equipamiento, transporte, lugares de trabajo. No se trata de hacer un gueto más prolijo, donde entran los vecinos luego de trabajar: pasa a ser un barrio más de la ciudad por el que cualquiera puede transitar. Con esta premisa, el arquitecto explica que, para integrarse a la ciudad, el Barrio 31 Carlos Mugica tendrá un gran parque a escala urbana, abierto a toda la comunidad. Replicando una experiencia exitosa en Brasil, habrá centros de producción y empleo, esto es, grandes mercados donde se ofrecen los productos y servicios que surgen del barrio. Además, el proyecto contempla un área educativa en los límites, para que sea compartida con los habitantes de los barrios linderos. La idea es evitar que los chicos que estudian allí carguen con el estigma de asistir al “colegio villero”. –¿Cuáles son las demandas de los vecinos? –Las históricas: el acceso a la infraestructura, al agua potable, a una red de cloacas formalizada, que los vecinos han ido construyendo de a poco y de manera informal. El proyecto tendría que oficializar esto y verificar que todas estas instalaciones sean las correctas. Por ahí se empieza. Cuando se hizo la concesión a las empresas de servicios, estas declararon que la Ciudad de Buenos Aires está absolutamente cubierta de agua, electricidad, etc. Sin embargo, en las villas, eso no se verifica, como si no formaran parte del territorio. Otra faceta de discriminación que cita Fernández Castro son los inconvenientes que tienen los vecinos para acceder a un trabajo cuando declaran que tienen domicilio en la villa. Y respecto de la inseguridad –fogoneada desde los medios, acota–, para el arquitecto, lo importante es que haya iluminación, una fuerza de seguridad adecuada y accesibilidad: “En la medida en que el lugar rompa su aislamiento y sea atravesable como el resto de la ciudad, las condiciones de seguridad mejoran”. –En el futuro, el barrio va a tener límites… –Sí. De este modo, se suman al proyecto los actores externos al barrio. Por ejemplo, el ferrocarril tiene interés en que haya un límite, para no seguir perdiendo tierras en función de nuevos crecimientos. Lo mismo ocurre con el puerto, que es otro de los actores involucrados. –¿Se otorgarán títulos de propiedad? –Es un tema que recién empieza a discutirse. En Brasil, no se otorgan, sino que el Estado permanece como propietario y cede las viviendas en usufructo por un plazo muy extendido (cincuenta años, por caso). Nuestra tradición es la titularidad,

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Plano de las obras de urbanización.

pero creo que pueden encontrarse formas mixtas. Las tierras son del Estado nacional. Otra opción es otorgar títulos en forma colectiva, a cooperativas conformadas dentro de la comunidad. Yo sería partidario de la figura del usufructo. –¿La experiencia es replicable en otras villas? –Claro. Nos están llegando pedidos de delegados de otras villas que quieren tener su proyecto homólogo. Además, estamos estudiando cómo aplicar esta metodología en otros asentamientos del área metropolitana: inquilinatos, conventillos, casas tomadas. Existen también conjuntos de viviendas de los años 60 y 70 que hoy están degradados y son parte del déficit habitacional. A pesar del descuido en el que se incurrió en décadas pasadas, la Argentina tiene una gran tradición de política urbana y de vivienda, ilustra Fernández Castro. “Lo que hoy defendemos, que un barrio debe tener equipamiento, transporte, etc., en el pasado, era parte del discurso cotidiano”. Para el arquitecto, en la actualidad, si se continúa en un esquema de crecimiento, la vivienda como tema puede deslindarse en la inversión popular a largo plazo. El rol del Estado, en tanto, sería la puesta en valor de esa urbanización para que sea sustentable a largo plazo. “Hoy, por herencia de los 90, los programas sociales son temáticos y fragmentados. Habría que tomar un recorte de ciudad y coordinar allí políticas sociales, de tal manera que se complementen y generen sinergias”, concluye.

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PENSAMIENTO

ESCRIBE FABIÁN RODRÍGUEZ

La política de los pobres EN LA ARGENTINA, GRACIAS A DIOS (O AL PERONISMO), LOS POBRES HACEN POLÍTICA. LO QUE EN OTROS PAÍSES SE LLAMARÍA INVERSIÓN EN CAPITAL SOCIAL, ACÁ SUELE SER NOMBRADO ALTANERA Y DESPECTIVAMENTE COMO MERO CLIENTELISMO. FABIÁN RODRÍGUEZ, AUTOR DEL BLOG MÁS IMPORTANTE SOBRE POLÍTICA Y CULTURA DEL CONURBANO BONAERENSE, APORTA ALGUNAS REFERENCIAS CONTEXTUALES PARA ENTENDER DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE POLÍTICA EN LOS BARRIOS POPULARES.

Fabián Rodríguez Nació hace 34 años y, desde entonces, vive en Villa Domínico, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Profesor de Ciencias Políticas y Sociales, recibido en el Instituto Joaquín V. González, ejerce la docencia en escuelas secundarias públicas. En 2009, creó el blog Conurbanos (conurbanos.blogspot.com/), con información acerca de las expresiones políticas, sociales y culturales que tienen lugar en el Conurbano bonaerense. Además, escribe artículos para medios gráficos y audiovisuales sobre movimientos sociales, políticas públicas municipales, educación y cultura conurbana.

En los últimos años, sobre todo a partir de la reforma constitucional de 1994, que eliminó la ignominiosa institución del Colegio Electoral, cobraron especial importancia en la disputa política aquellas organizaciones que tienen su razón de ser en “el territorio”. Con la elección directa del Presidente (o la Presidenta) y su vice, las regiones más pobladas del país recuperaron una parte de la representación electoral que durante décadas se les había negado. De 1995 en adelante, las elecciones generales las ganan quienes obtienen más votos, sin necesidad de ningún tipo de intermediación institucional que subestime la representación popular. Ahora bien, ¿es a través del clientelismo como se ganan las elecciones? ¿Existen estructuras políticas que garantizan la supervivencia de un sistema a través del intercambio de favores por votos? ¿Quiénes son los punteros políticos? ¿Es verdad que, como los comunistas en la década del 60, se comen a los niños? Empecemos, entonces, por describir la tarea de quienes se encuentran en la base de la pirámide de nuestro sistema político actual: los dirigentes territoriales. Un dirigente político territorial es un referente barrial que cumple la función de intermediador entre las políticas públicas y la ciudadanía, en aquellos lugares donde las instituciones del Estado no tienen acceso o están deslegitimadas. Comprender la emergencia de estos actores sociales implica retrotraerse al debilitamiento del Estado por parte de las políticas neoliberales, al desprestigio del sistema de representación formal, y a la conversión de los partidos políticos en meras maquinarias electorales.

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Hasta la década del 90, los dos principales partidos políticos contenían en su interior a fracciones provenientes de distintos sectores de la sociedad civil, que expresaban las diferentes formas de representación política que existían en la ciudadanía. A raíz de la irrupción rabiosa del neoliberalimo, varios de los estamentos tradicionales que formaban parte de los partidos se fueron retirando, para dejar lugar a otras expresiones que, hasta entonces, no integraban las instancias de decisión en estas instituciones fundamentales del sistema político. Ejemplo de ello fue que, a partir de la caída en desgracia del Movimiento Obrero Organizado durante aquellos años, producto de la hiperdesocupación y el desprestigio de su propia dirigencia, entraron en escena sectores políticos que hasta entonces cumplían roles secundarios, personas que comenzaron a edificar sus carreras políticas en torno a lo que comúnmente se denomina “el peso territorial” de las estructuras. Tal es el caso de los intendentes del Conurbano Bonaerense, quienes empezaron a desarrollar un poder localizado que, de a poco, fue reemplazando al del sindicalismo. A través de las unidades básicas, sociedades de fomento y otro tipo de instituciones barriales, fueron consolidando una hegemonía geográfica y política con el fin de garantizar su propia supervivencia. A partir de las redes de intermediación política, los intendentes distribuyen recursos vitales para los más pobres. De esta forma, la protección social pública se ha institucionalizado por medio de referentes políticos barriales que conocen como nadie los resortes del Estado, las necesidades sociales de los residentes de las zonas más humildes, y son quienes, en definitiva, hacen evidentes las carencias provocadas por la ausencia de políticas públicas.

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Entonces, ¿qué es la política barrial? ¿Cómo funcionan las relaciones políticas en aquellos lugares donde las necesidades son muchas y los recursos, escasos? El pobre, que no elije ser pobre, está obligado a movilizarse para saciar sus necesidades. La pobreza no disuelve la conciencia del ciudadano, sino más bien todo lo contrario: la potencia. La persona que vive en estado de necesidad permanente tiene dos caminos para resolver sus problemas: asociarse con otra gente que está en su misma situación o recurrir al dirigente. Algunos hacen las dos cosas, mientras que otros optan por una u otra. Más allá de esto, lo que interesa destacar es el barrio como motor de la organización de las clases populares. En las villas, funcionan ciertas redes de organización que son muy distintas de las de los barrios de clase media. Las organizaciones barriales, las escuelas, la parroquia, las unidades de base o las sociedades de fomento conforman una red de vínculos muy densa. Entre ellas, mantienen una variedad ilimitada de diferencias, de múltiples características e ideologías; no acuerdan en todo (a veces, ni en lo mínimo), pero se reconocen entre los vecinos del barrio.

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La pobreza empuja a la participación, porque para ganarse la vida, hay que moverse, hay que estar en organizaciones, ir a los lugares que tienen recursos. Allí es donde aparece la relación con el Estado o con el sistema político formal. Aunque cada una de estas organizaciones cuenta con sus referentes, no toda la política barrial está teñida de lo que comúnmente se llama “clientelismo político”. Eso creen quienes, por fuera de la villa, observan estos fenómenos con cierto prejuicio, y opinan desde el desconocimiento y hasta, incluso, desde el miedo. Así, aunque no todos los vecinos concurran a estos lugares o se sumen a las actividades, nadie desconoce la existencia de un comedor y su cocinera, el apoyo escolar y sus “profes”, las reuniones barriales y sus coordinadores, las escuelas de oficio, o el que maneja la información sobre los planes de asistencia del Estado. Puede que no participen, pero saben que están. Por ello, las referencias creadas en lo cotidiano hacen que, a la hora de un conflicto de magnitud, estos liderazgos se legitimen como interlocutores privilegiados. Lo mismo ocurre al momento de ir a presentar un petitorio al municipio. Quienes encabezan las reuniones con los funcionarios son los que están en con-

tacto con la problemática aglutinadora y conocen las distintas opiniones de una demanda particular (la luz, el gas, la vereda, la seguridad, la salud, la educación, la vivienda, etcétera). Ni todos los vecinos están de acuerdo con esa figura o su entorno ni todos los funcionarios los avalan, pero entienden que el referente es la persona con la que es necesario sentarse a negociar. Generalmente, tiende a confundirse al puntero con un extorsionista, un corrupto que cobra lo que consigue gratis. En la práctica, hay matices de todo tipo, y a decir verdad, en el terreno de la política y la pobreza, no es cierto que cualquier maleante se convierte en puntero, como gustan de imaginar quienes, desde sus cómodos hogares, los acusan de clientelistas. Lamentablemente, el imaginario romántico del militante político no coincide con la política barrial, y sólo quienes nunca debieron atravesar las instituciones públicas en búsqueda de asistencia social pueden ser capaces de enjuiciar (y confundir) las prácticas de los punteros, los líderes piqueteros y los militantes barriales.

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ARTES VISUALES

Ph15: fotografía para el cambio DESDE EL AÑO 2000, PH15 TRABAJA CON UNA VISIÓN: CONSTRUIR UNA SOCIEDAD CAPAZ DE APROPIARSE DE LAS ARTES VISUALES COMO HERRAMIENTAS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL. CON ESE PLAN, LA FUNDACIÓN ACERCA A CHICOS Y JÓVENES EN SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD INSTRUMENTOS DE COMUNICACIÓN VISUAL, PARA QUE, A TRAVÉS DE ELLOS, MEJOREN SU VIDA. TODO NACIÓ CUANDO UN GRUPO DE CHICOS DE LA VILLA 15 –CIUDAD OCULTA– SE ACERCÓ A UN FOTÓGRAFO PARA CONOCER SU OFICIO. UNA SEMANA MÁS TARDE, SE ABRÍAN LOS TALLERES DE FOTOGRAFÍA EN LA COMUNIDAD. DESDE ENTONCES, SE LLEVARON ADELANTE ENCUENTROS ANUALES EN OCHO LOCALIDADES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES Y EL CONURBANO, SE INTEGRARON 450 NIÑOS Y JÓVENES –OCHO DE LOS CUALES SON TALLERISTAS HOY–, Y MUCHAS DE LAS OBRAS SE EXPUSIERON EN MÁS DE 60 MUESTRAS EN EL ÁMBITO LOCAL Y EN EL EXTERIOR.

Paula Danese.

Ángel Alfonso.

+ INFO: WWW.PH15.ORG.AR

Eugenio Alfonso.

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Belén Maynard.

Noelia Brites.

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Noelia Brites.

Ariel Vicondoa.

Paula Danese.

テ]gel Alfonso.

Ariel Vicondoa.

Pablo Danese.

Natalia Godoy.

Natalia Godoy.

nro. 10 | aテアo 3 | marzo de 2011 |

Yamila Maynard.

Yamila Maynard.

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LIBROS Y LECTURA

OPINAN JOSEFINA LUDMER, MARTÍN KOHAN Y FLORENCIA ABBATE

Variaciones sobre la máquina de hacer lectores DURANTE SIGLOS, LA POPULARIZACIÓN DE LA IMPRENTA ACOMPASÓ LA VIDA POLÍTICA Y CULTURAL DE UNA SOCIEDAD QUE, ASÍ, FUE MODERNA AQUÍ Y ALLÁ. LOS SOPORTES TECNOLÓGICOS DE APENAS LAS ÚLTIMAS DÉCADAS ESTÁN FORMATEANDO MANERAS DE SER. O DE LEER. ¿POR QUÉ INSISTIR CON LA LECTURA?, ¿QUIÉNES SON Y CÓMO SE FORMAN LOS LECTORES ARGENTINOS HOY?, ¿QUÉ LEEN LOS QUE LEEN? CONSULTADOS POR NUESTRA CULTURA, ESPECIALISTAS Y ESCRITORES DESTRABAN LA LENGUA PARA EXPLICARLO.

Puede suponerse que un país que es cuna de célebres escritores ha de mecer también a grandes lectores. Y sostenerse también que, tanto para la formación personal como para la vida democrática y el brillo de la cultura, leer es una condición. “Nuestro país tiene una gran cultura del libro”, asegura Florencia Abbate, escritora y directora de la editorial Tantalia, repasando la tradición cultural argentina. “Ya a principios del siglo XX, había notables escritores, excelentes editores y florecientes librerías. En la década del 60, el interés de los lectores por la literatura era muy claro, en la Argentina y en Latinoamérica. Luego, la dictadura primero y el neoliberalismo después calaron hondo en los parámetros culturales”, apunta. Tras años de exilio y censura –continúa–, se impuso la idea del libro como mero objeto de consumo, y muchas editoriales nacionales pasaron a manos de holdings transnacionales. Hoy el panorama es favorable: para Abbate, junto con España y México, somos uno de los centros de irradiación de la cultura del libro en español. “Creo que los argentinos tenemos una tradición que nos permite decir que somos lectores, pero hay que recordar que la política y la economía tienen el poder de destruir, en poco tiempo, un patrimonio cultural que lleva muchas décadas cultivar”, previene. Al hablar del asunto, Josefina Ludmer –profesora emérita de la Universidad de Yale– no considera oportuno circunscribirlo al país: la Argentina es sólo un punto en un mundo en transformación gracias a Internet y las redes sociales. “La lectura es más o menos parecida en todos lados. Hoy, se lee mucho más, pero se lee menos literatura. La producción de libros es mayor. Cada uno lee lo que puede y quiere; hace su recorrido. Estoy en contra de la queja de que se lee poco. Lo que pasa es que el predominio de la cultura audiovi-

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sual (que no sólo es argentina) hace leer de otro modo. Lo que cambió es la lectura”, comprueba. Pesimista confeso, Martín Kohan –que, además de ser escritor, enseña Teoría Literaria en la carrera de Letras de la UBA– sostiene: “No me parece que los argentinos seamos especialmente lectores. No es lo más habitual encontrarse con un paisaje de lectores, por ejemplo, en el subte. Objetivamente, si uno toma como referencia los años 60 y 70, más allá de las idealizaciones del caso, hay una baja”. En su opinión, la economía nada explica de esto: “Si lo que se quiere es leer, puede conseguirse muy buena literatura por 12 o 15 pesos; o por 9 o 10 si el libro es usado”. Y, para el autor de Ciencias morales, tampoco es cierto que el libro haya perdido su aura (“¿Por qué Jacobo Winograd saca un libro?, ¿por qué desean libros quienes no están en el mundo del libro?”, se interroga). “Donde creo que se produce la falla –revela– es en la práctica, en los problemas de adquisición de cualquier hábito en términos personales y sociales”. En definitiva, ¿qué es leer?; ¿para qué hacerlo hoy? “La lectura es una forma radical de libertad. Ya lo demostraba Alexis de Tocqueville, un aristócrata francés del siglo XIX, cuando se lamentaba de que libros como los de Rousseau les habían ‘inoculado’ a los plebeyos la idea de que existía algo llamado ‘igualdad’, y entonces esa gente se había puesto a luchar por ello. Sin duda, los grandes libros transforman la conciencia porque proponen nuevas maneras de concebir y percibir el mundo”, fundamenta Abbate, para enseguida agregar que los libros permiten desarrollar facultades esenciales del ser humano, como la atención, la concentración, la imaginación, la memoria, el pensamiento y la crítica.

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Hay lectores omnímodos e imperturbables, capaces de leer en toda circunstancia; lectores quisquillosos, discontinuos; lectores de verano, ocasionales, “lectores” que sólo compran libros… Kohan –que nunca abandona un libro hasta finalizarlo– afirma que, como la muerte, la lectura es una práctica individual, un ejercicio de retraimiento; es replegarse en un mundo. Pero hacerlo en el actual, advierte, no parece fácil: “A la hora de asumir la práctica, la familia tiende a ser la primera enemiga del lector”. Sobre una experiencia piloto que propuso a sus estudiantes de nivel medio, comenta: “Constaté que cuando un chico se encierra un sábado por la tarde a leer en su cuarto, entre los padres, se activa un imaginario de la patología: piensan que se deprimió o se peleó. Socialmente, sobre la lectura pesa una gran hipocresía”. Aun así, más allá de las distracciones que suponen la televisión o el celular, para Kohan, “hay que leer”, es un mandato (“¿las ecuaciones son libres u obligatorias?”, desafía), y la suerte de la empresa depende de la escuela: “En las aulas, nacen y mueren lectores”. Lecturas de calidad versus textos edulcorados, ya digeridos, como el puré para bebés. Placer versus distracción. Así resuelve Kohan la dicotomía: “La disciplina de la lectura está ligada a un esfuerzo que también involucra el placer, pero no es una conexión inmediata, porque, ante todo, se está formando un lector. Si un profesor elige los textos invocando ‘lo que a los chicos les gusta’, no está educando, está suministrando libros. Lo fácil es contrario a lo didáctico”. Para la autora de Aquí América Latina. Una especulación, la clave es asegurar una actividad que genere divertimento. “Etimológicamente, la diversión es ‘irte para otro lado’, la misma diversión que al mirar televisión o al ir al cine. Lo que pasa es que, en la lectura, es únicamente verbal. Por lo tanto, las imágenes, si uno se entrega con libertad, podrían ir fluyendo solas o quedar ahí, como una especie de lectura ciega, que sería como escuchar la radio”. Cierto es que, fuera de clase, al mirar televisión, también se lee. “Antes, la lectura era mucho más minuciosa, más larga, tenías tu nicho de silencio. Creo que esto va a conservarse, pero como un nicho elitista, pasatista, que pueden cultivar muy pocos”, reflexiona Ludmer, para luego añadir que, producto de la historia y la tecnología, hoy hay otras formas de lectura y otras formas de narrar, de pensar y de imaginar. “En términos cuantitativos, los chicos leen más que nunca: hay más estímulos, porque cuando están en la computadora, leen todo el tiempo. Los nuevos medios no eliminan a los otros: se sobreimprimen”, asevera. En la actualidad, no sólo hay ficción en la literatura, también existe en la manera en que los medios construyen la realidad o en la publicidad, por ejemplo. Entendida como palabra sin imagen, la investigadora del Conicet define la literatura como práctica minoritaria en la cultura audiovisual. Aun así, su especificidad es abrir un mundo donde cada uno tiene la libertad de producir imágenes. “Creo que lo que puede hacer la educación es estimular esa producción de imágenes y de mundos entre los chicos, porque la imaginación está cada vez más anclada en una realidad construida”, propone sobre el papel de la enseñanza. Crítica respecto de la academia, que consagra o deslegitima según su razón, para Ludmer –que no tiene prurito en abandonar un libro premiado si la aburrió en la página 4–, lo primero que hay que enseñar en la universidad es que la lectura es histórica. “A veces se lee una cosa; a veces, otra; la historia va cambiando. Hay que revisar y explicar los cánones”. A la hora de manifestar intereses y hacer recomendaciones finales, que el seguidor de esta nota seguro agradecerá, la triple apuesta de los entrevistados es por la libertad de elección, en un mundo en el que todas las palabras son posibles. Volver a Faulkner y a la fantasía de Las mil y una noches; reivindicar lo latinoamericano, de Neruda a Onetti, Rulfo o Martí; repensar la propia historia, con Borges, Cortázar, Puig o Leónidas Lamborghini; esforzarse por estar al día con la literatura argentina actual, que es cuantiosa. Y así es como el lector toma la pluma que escribe la tradición.

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La promoción de la lectura como oficio del Estado Destreza individual adquirida socialmente, la lectura es generadora de placer individual y, a la vez, herramienta necesaria para la transformación del mundo. “El rol que cumple la lectura en una sociedad es, básicamente, político”, asegura María del Carmen Bianchi, presidenta de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), entidad que colabora con estas instituciones, surgidas en el país hace más de 140 años, cuando los trabajadores anarquistas y socialistas procuraron hacer de la alfabetización un instrumento para difundir las ideas de justicia y cambio social. Hoy, cuando el desafío del Estado democrático es garantizar la justa distribución de la oferta en materia de lectura y, al mismo tiempo, poner en condiciones de demanda a los ciudadanos –explica Bianchi–, las 2050 bibliotecas populares existentes actúan como formadoras y promotoras de los procesos de lectura de miles de argentinos. “Los mediadores –voluntarios en su mayoría– que trabajan en las bibliotecas salen a sus comunidades, puerta a puerta, a despertar con creatividad el entusiasmo por la lectura y a transformar así las biografías personales. Es una labor muy rica porque, horizontalmente, construyen y representan al lector de su comunidad, a la vez que prestan un servicio público de ciudadano a ciudadano”. En los últimos años, la Conabip ha proporcionado a las bibliotecas capacitación y equipamiento tecnológico. Además, colabora dotándolas de material bibliográfico y contenidos de interés. También desde la esfera del Estado nacional, fruto del compromiso interministerial, en mayo último, se formó el Consejo Nacional de Lectura, dispuesto para coordinar actividades y establecer criterios de acción común. De él participan los ministerios de Educación, Trabajo, Desarrollo Social y Salud, además de la Secretaría de Cultura de la Nación, la Conabip, la Biblioteca Nacional, y Radio y Televisión Argentina. “Es un hecho trascendental en las políticas estatales dirigidas al fomento de la lectura”, sentencia Rodolfo Hamawi, director nacional de Industrias Culturales. Una de las primeras medidas del Consejo es la realización de una nueva encuesta de hábitos de lectura. “Queremos saber cómo estamos respecto de la última medición, de 2001. Además, incluimos preguntas para detectar cuáles son hoy los estímulos para crear lectores, cuál es la influencia que un joven o un niño recibe para elegir qué leer, qué recursos tiene para acercarse a los libros y qué relación tiene con la lectura digital”, enumera el funcionario. Puesto a vaticinar resultados, que se conocerán en junio, menciona: “Vamos a encontrar más y mejores lectores; pensemos que, en 2001, la desarticulación del sistema educativo, laboral y social influía en un desentendimiento sobre la lectura. Hoy hay una fuerte acción del Estado para acercar el libro a la población. Tengamos en cuenta los millones de libros distribuidos en estos ocho años en el sistema educativo”. Otro dato relevante es el récord histórico de la edición en la Argentina: “En 2009, se produjeron cerca de 90 millones de ejemplares. Es de suponer que hay quien lee esa cantidad de libros”, evalúa. El Consejo también proyecta entregar a todo bebé nacido en hospital público libros para sus primeros años de vida, y guías de lectura para la madre. “Queremos que, al nacer, los chicos tengan su libro, que el libro esté en la mano”, explica Hamawi. Esta iniciativa está en línea con el Programa Libros y Casas, de la Secretaría de Cultura de la Nación, que ya distribuyó un millón de textos entre las nuevas viviendas sociales construidas por el Estado. Porque, sintetiza el funcionario, “quien de niño empieza a disfrutar de la lectura difícilmente deje de ser lector en toda su vida”.

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INDUSTRIAS CULTURALES

FERIAS DEL LIBRO PROVINCIALES. PARTE II: CIUDADES DE LA PATAGONIA, CUYO Y LA MESOPOTAMIA

El libro en la Argentina: de feria en feria LA FERIA DEL LIBRO NO ES PATRIMONIO DE BUENOS AIRES: LA EXPOSICIÓN PORTEÑA PUEDE MARCAR RUMBOS O SER PIONERA, PERO AÑO A AÑO, NUEVAS OPCIONES PUEBLAN UN MAPA PLAGADO DE EVENTOS EDITORIALES. ESTA NOTA HACE PARADA EN RÍO GRANDE, PARANÁ, POSADAS, ELDORADO, OBERÁ Y CIUDAD DE LA RIOJA. Como si se tratara de secuencias de un road movie –esas películas que se filman por los caminos, al rayo del sol, con los vientos helados en el rostro o los zapatos teñidos de tierra roja–, Nuestra Cultura continúa recorriendo el país para conocer qué sucede con la actividad editorial en las provincias. En esta segunda parte de la gira, el sendero se bifurca: ferias a lo largo y a lo ancho.

litólogos, la Secretaría de Cultura de la Nación y el Consulado de Chile, específicamente, “para fortalecer la integración de la región magallánica”, añade Tanco. Con este espíritu, de la última edición de la feria fueguina participaron el novelista y poeta chileno Oscar Barrientos, y el escritor y coordinador del Proyecto Literario Patagónico, Carlos Pérez, de Puerto Madryn.

Paraná –alguna vez cabeza de la Confederación Argentina, sede de la Convención Reformadora de la Constitución y anfitriona de la Fiesta Nacional del Mate–, la capital entrerriana, durante 2010, también se hizo acreedora de otro título: por fin tuvo su primera feria del libro, a la que concurrieron 5000 personas en apenas cuatro días de abril.

Las letras viajan, los libros circulan, y los autores, lectores y editores se juntan. La Argentina es mucho más que una gran feria porteña: las hay por todas partes, con sus códigos, sus demandas y sus necesidades. Sembradas de regionalismos e improntas, Tierra del Fuego, Entre Ríos, Misiones y La Rioja abren aquí sus páginas para dejarse leer por todos.

Con la misma premisa regionalista, durante la feria, se proyectó “El Cipolletazo”, documental dirigido por Jairo Daniel García Durán, quien, junto con los realizadores Guadalupe Gómez y Pablo Guerra, encabezó una charla-debate sobre los sucesos de 1969. Ese año –relata la película a través de testimonios–, la población de Cipolletti se movilizó en contra de la proyección de importantes obras públicas, y en favor de restituir al entonces intendente, Julio Rodolfo Salto, removido por oponerse a las medidas del gobernador militar Figueroa Bunge en plena dictadura de Juan Carlos Onganía.

Organizada por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y el Círculo Médico de la ciudad, y con el apoyo del Gobierno provincial, la feria de Paraná fue un éxito, cuya fórmula combinó exposiciones de pintura, charlas-debate, espectáculos musicales, y presentaciones de libros de autores locales, como Eise Osman, Elsa Serur de Osman, Tuky Carboni, Roberto Romani, Victoria Moreno y Silvina Godoy.

REFLOTANDO A MAGALLANES En el frío sur patagónico, más precisamente en Río Grande, se llevó adelante a fines de 2010 la 16.º Feria Provincial del Libro. Dos años atrás, el Gobierno fueguino decidió reflotar esta iniciativa –paralizada entre idas y vueltas de los organizadores–, con la intención de crear un encuentro que invitara a la reflexión y el análisis crítico. Por eso, hoy la feria acerca una oferta de talleres literarios, narrativa experimental, poesía y periodismo cultural. “En Tierra del Fuego, hay pocas librerías, entonces, la feria actúa como difusora de las letras locales y como espacio de intercambio. En estas ciudades, es poca la competencia del mercado editorial, por eso, también se proponen acciones culturales y de promoción de la lectura”, explica Carla Tanco, coordinadora de este encuentro, que tiene por objetivo “generar espacios de participación y comunicación para favorecer la circulación de las producciones locales”. Otros aportes a la feria más austral del país llegan del Plan Nacional de Lectura, la Asociación Nacional de Po-

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Mediante la exhibición de este filme, también se buscó el acercamiento con los más jóvenes, creadores o lectores. “Apuntamos mucho a este público, tanto con las actividades como con la generación de concursos y la publicación de nuevas narrativas”, argumenta Tanco. Pero esta provincia no sólo se conformó con la mística ferial y su paulatino reflote, también se ideó un fondo editorial para recuperar el valor de las letras locales: creada por ley, la Editorial Cultural Tierra del Fuego ya publicó diez títulos y va por más.

PARANÁ: LA PRIMERA VEZ Este itinerario no sabe de rutas ni de distancias. Sólo de ferias, estímulos y emprendimientos. Avisa sin preámbulos que hay una ciudad primeriza en cuestiones editoriales, por un momento, se pierde el rumbo, se atraviesan montañas, las rutas se hacen eternas, el río por fin se abre. El gran río. Segunda parada.

Graciela Pacher, presidenta de la SADE local, explicó a Nuestra Cultura el valor de esta iniciativa: “Fue una experiencia muy importante para la ciudad y para la provincia, porque generó un movimiento social, cultural e intelectual. Los especialistas que participaron tuvieron un intercambio muy fluido con la gente joven. Los chicos pudieron conocer muchas obras y tener contacto directo con escritores e intelectuales”. A esta primera feria, concurrieron editoriales entrerrianas, pero también de Buenos Aires. “Para muchos escritores de Paraná, fue una oportunidad para mostrar su obra en el resto de la provincia. En el interior, nos seguimos manejando con estrechos esquemas de publicación, distribución y publicidad, por eso, espacios como este son verdaderas oportunidades”, destaca Pacher. Alejandro Karavokiris, integrante de la Comisión de Cultura del Círculo Médico, subrayó, en tanto, que esta primera exposición se propuso “convertirse en pilar de futuros eventos y sumar a Entre Ríos al calendario de las ferias de libros del país”.

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TIERRA Y LIBROS, TRES FERIAS MISIONERAS A menos de 900 kilómetros, otra capital argentina abrió por primera vez sus páginas escritas. En Posadas, en mayo pasado, se llevó adelante este evento inaugural, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores filial Misiones, con el apoyo de la Subsecretaría de Cultura provincial y de la Dirección de Cultura municipal. Durante cinco días, el céntrico Paseo Bossetti fue la sede, y el Palacio del Mate funcionó como espacio de charlas, donde los misioneros se encontraron con sus autores y su música. Se destacó la presentación del libro Cardinales, de las poetas del grupo Misioletras. También se conoció la primera edición del texto Dramaturgos del Nordeste argentino. Como aporte diferencial, esta feria incluyó a los cantautores entre los representantes de las letras: Fausto Rizzani, Karoso Zuetta, Nerina Bader y Gastón Nakazato fueron algunos de ellos.

les y medios de comunicación. Es el resultado de un trabajo de mucho tiempo, en equipo, a lo que se suma la masiva participación del público”, se explica desde el sitio web. Esta feria reúne a escritores de todos los puntos de Misiones; de hecho, el libro más vendido en los últimos años fue la saga Cuentos de terror para Franco, de Hugo Mitoire, autor chaqueño radicado en Oberá. Las escritoras Renata Otto de Tori y Elsa Aretz de Alemán sumaron al calendario de Misiones una nueva propuesta, Eldorado 2010, con la colaboración del Departamento de Cultura municipal y de la Subsecretaría de Cultura de la provincia. Presentaciones de bibliotecas, exposición de libros antiguos y artículos escritos por eldoradenses, rincones de lecturas, canje de ejemplares, narraciones a cargo de las Abuelas Cuentacuentos y un micrófono abierto para poetas misioneros fueron algunas de las actividades en esta primera edición.

TINKUNACO A LA RIOJANA La tierra roja se pegó definitivamente a las suelas, el calor húmedo perlaba la frente. El camino marcha hacia el noreste, para revelar que la impronta editorial misionera es de larga data. El año pasado, la Feria de Oberá cumplió 33 años: es una de las más antiguas del país y pionera en su región. “El encuentro se piensa como un festival de la palabra, la literatura y su contenido; es el hecho cultural más importante de la provincia”, afirman los organizadores. También aquí la programación incluye presentaciones de autores y libros, teatro, música y rondas de lectura. Tiene una dinámica fluida, será por los años, el aplomo y la experiencia. “Su éxito ha dependido, fundamentalmente, del apoyo que recibe de libreros, autores, educadores, entidades públicas y privadas, organizaciones no gubernamenta-

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Ahora la travesía se aventura tierra adentro y se introduce en antiguos dominios de diaguitas y calchaquíes. El viaje vive una metamorfosis hacia un Tinkunaco, un encuentro en lengua quechua o una versión 2.0 del sincretismo de autores y lectores. Su octava edición fue en noviembre pasado, bajo el lema “Cultura, educación y tecnología”, y las cifras del evento lo convirtieron en “uno de los sucesos culturales más importantes que tiene La Rioja”, en palabras de su secretario de Cultura, Pedro Agost. Los números bien sirven para describir los alcances de este encuentro, que duró una semana: más de cien actividades culturales, setenta conferencias, diez muestras de arte y veinte espectáculos. En el Centro Administrativo Provincial, donde se montó, hubo más

de un centenar de stands destinados a la exposición y venta de libros. Personalidades del ámbito nacional engalanaron esta feria: Alejandro Apo homenajeó el fútbol; Alberto Laiseca le dio voz y cuerpo a sus cuentos; los periodistas Orlando Barone, Néstor Busso, Daniel Tognetti y Sandra Russo hicieron sus aportes sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; Beatriz Paglieri, directora titular de Papel Prensa, habló sobre la situación de la empresa; Carlos Ulanovsky y Susana Pelayes contaron la historia de Radio Nacional, recientemente publicada. Además, Marcelo Birmajer, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación, reveló los secretos del narrador; Miguel Rep presentó su último libro, 200 años de peronismo, y Mariano Lucano y Daniel Carlos Riera, de la revista Barcelona, charlaron sobre humor y política con el público. El fomento editorial y la revalorización de los autores locales fueron nodales en esta feria. Así, Alfredo Romero presentó Canciones Populares de La Rioja 2; Víctor Hugo Robledo hizo lo propio con La Rioja Negra y Miguel Bravo Tedín, con Humor en mano y El fiscal. Héctor David Gatica llevó sus Obras completas y la reedición de Los días insólitos, Marcelo Lacasa presentó su novela El final más feliz, y Hugo Orlando Quevedo, su investigación “Sindicalismo siglo XX en La Rioja”. La región cuyana, con sus importantes ferias, entre ellas, las de La Rioja y Mendoza, se perfila como gran corredor editorial. Letras, poemas, novelas y ensayos tienen un espacio de difusión, la gente acude a su encuentro, la tierra sigue hablando. El periplo es un sinfín, pero las páginas tienen final. En adelante, este recorrido se adentrará por más rutas argentinas, para mostrar las experiencias literarias de otras tantas ciudades que componen la topografía ferial del país.

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MÚSICA

MARIANA CARRIZO Y TONOLEC: ECOS DESDE LOS ORÍGENES

Sonidos de la tierra, entre lo autóctono y la fusión UNA ES CONSIDERADA LA REFERENTE ACTUAL DEL CANTO CON CAJA, EL OTRO ES UN DÚO CHAQUEÑO CON PROYECCIÓN INTERNACIONAL. COPLERA SALTEÑA, MARIANA CARRIZO SE INICIÓ CANTANDO EN EL TREN DE LAS NUBES, MIENTRAS QUE LA DUPLA BOGARÍN-PÉREZ ES ARTÍFICE DE UN PROYECTO CON MARCA PROPIA: TONOLEC. SON DOS EXPONENTES DE LA MÚSICA ORIGINARIA, PERO EN PERPETUA ACTUALIZACIÓN. Cuando Diego Pérez vio la convocatoria en MTV no dudó. Sonaba tentador participar del concurso inédito que buscaba la nueva voz femenina de Latinoamérica. Rápido de reflejos, pensó en Charo Bogarín, una joven formoseña que vivía y ejercía el periodismo en un diario de la capital chaqueña. Pérez, que por entonces estudiaba en Córdoba, motorizó la idea y creó “Alivia”, una canción acorde con la voz inusual de Charo. Así comenzó a escribirse la historia de Tonolec (antes Laboratorio.waw, un experimento musical donde los sonidos electrónicos se mixturaban con ese extraño timbre femenino). Hoy la banda es una de las de mayor proyección a la hora de hacer jugar lo autóctono con la electrónica.

MARIANA CARRIZO Es una de las principales representantes del canto con caja. En 2004, recibió el Premio Consagración en Cosquín. Grabó tres discos: Bagualas y algo más, Libre y dueña y Coplas de sangre. Es una de las abanderadas del proyecto para construir el Monumento a la Mujer Originaria. Fue invitada a cantar en la última edición de Cosquín con el grupo chileno Illapu, con quien realizará una gira este año.

Como si fuese un cuento pero con final feliz, el dúo Bogarín-Pérez goza ahora de buena presencia mediática, tiene tres discos grabados y un generoso fixture de presentaciones programadas hasta fin de año. Tocan tanto en escenarios europeos como provinciales, desde festivales de verano en España e Italia, hasta las más tradicionalistas plazas nacionales, como Cosquín y Corrientes. Otra fue la hoja de ruta que siguió la salteña Mariana Carrizo. Nacida en el corazón de los Valles Calchaquíes, jamás participó de concursos o pruebas de talento. Lo suyo, el canto de coplas, es un legado que recibió de sus antepasados. Algo tan natural como asombroso, que le valió el reconocimiento popular y el premio Consagración de Cosquín en 2004. Su valor agregado es apenas su voz, que fluye como desgarrada desde sus entrañas para darle vida a coplas tristes, de amor, feministas, carnavalescas y hasta picarescas. Este recurso, a base de talento, la convirtió en una de las representantes más genuinas de un género que, históricamente, fue utilizado por las familias del norte del país para facilitar la comunicación al momento del pastoreo de ovejas.

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COPLERA CON ALTURA Media luna, luna entera Florcita de cortadera En mi casa soy casada, saliendo afuera, soltera. Su figura es pequeña, pero enorme cuando sale a escena; la voz desmiente la primera impresión que se tiene de Carrizo. Su derrotero artístico la llevó a aggiornarse a los tiempos que corren, incorporando nuevos elementos a sus coplas, algunas de ellas, in-

cluso, subidas de tono. Anida en todas su impronta y una manera peculiar de transmitir lo ancestral. “Desde chiquita, fue natural para mí comenzar a cantar las coplas que me enseñaron mis abuelos y que ellos, a su vez, habían aprendido de los suyos”, recorre la salteña. La copla es un género poco difundido, y ella asumió el desafío de hacerlo conocer por el mundo, tanto en ciudades europeas –donde su estilo es visto como word music, pero exótica–, o en los festivales de pueblos más humildes, en los que la artista se siente mucho más cómoda, como en casa.

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Pero ¿por qué no se conoce tanto la copla? “Por inocencia, supongo”, dirá Carrizo, para luego agregar: “En muchos casos, por no ser una expresión que contenga ardua y contagiosa motricidad física, algo que, a veces, se considera fundamental para no bajar la adrenalina de los concurrentes a un espectáculo mercantil”.

MAESTROS TOBAS SIGLO XXI Tonolec (en qom, “caburé” o “pájaro sagrado” para los tobas) fue el resultado de una búsqueda en la que se embarcaron dos amigos (Pérez y Bogarín), con la idea de encontrar un lenguaje musical que los identificara y con el que se sintieran cómodos. Ello los llevó, incluso, a convivir con integrantes del Coro Toba Chelaalapí, en el barrio qom en Resistencia, Chaco. La experiencia fue positiva. De primera mano, Bogarín aprendió a cantar en lengua originaria. Entre sus maes-

que le preguntan por qué eligió tamaño desafío. No sólo lo cumplió, sino que, además, se ganó el respeto de las principales referentes indígenas que ven en ella a una “criolla” –tal como definen a los no indígenas– entonando con respeto en su lengua. Pérez, por su lado, es un músico sólido que, aún siendo parte de Tonolec, ha incursionado en otras búsquedas musicales con colegas amigos. Los dos se complementan, y juntos convencieron incluso a los críticos más feroces que, incialmente, veían un dueto con una propuesta efímera.

VERSOS DE TODOS Y PARA TODOS En cada recital, Carrizo recorre el mundo diverso de sus coplas para no dejar nada afuera y complacer a todos. “Las coplas expresan lo maravilloso de cada uno de los instantes que tiene la vida, malos o buenos. Las hay de amor, de penas, alegres, pícaras, ju-

Cantora con caja, como las de antes, sin valerse de técnicas ni recursos extras, la artista se afirma en su voz e incluye, cada vez que puede, a autores de diferentes lugares del país como forma de renovar el cancionero de coplas y darle espacio a nuevos creadores.

TRÍADA DE FUSIÓN Desde la estampida inicial, Tonolec editó tres discos. Luego de Tonolec y Plegaria del árbol negro, acaban de cerrar Los pasos labrados, un trabajo en el que el dúo rinde homenaje a la música latinomericana, animándose incluso a otros ritmos, como el chamamé. Algo que ya anticipaba el segundo material, donde rescataron “El cosechero”, de Ramón Ayala. Y ahora, en este nuevo álbum, recogen piezas del cancionero popular folclórico, tales como Zamba para olvidar (Daniel Toro), Cinco siglos igual, en lengua toba (León Gieco-Luis Gurevich), el chamamé en lengua mocoví Cacique Catán (Luis Mendoza y Tránsito Cocomarola), la hermosa canción de cuna

TONOLEC El dúo grabó tres discos: Tonolec, Plegaria del árbol negro y Los pasos labrados. En diciembre de 2010, realizaron un DVD en vivo en el Complejo Cultural Guido Miranda, en Resistencia, Chaco. Se presentaron en Europa y en los principales festivales nacionales. En febrero, ofrecieron un ciclo gratuito de conciertos en la Casa Nacional del Bicentenario, con entradas agotadas. Tocaron en el Tercer Congreso Argentino de Cultura, en San Juan, y formaron parte de “Argentina con vos, siempre”, el programa de actividades que, este verano, Presidencia de la Nación desplegó en la Costa Atlántica.

tros, se lista nada menos que la abuela Zunilda, una anciana toba que enseñó el oficio a muchos de los integrantes de la agrupación coral que lideró durante varios años, hasta que otros más jóvenes tomaron la posta. La abuela Zuni –como se la conoce–, y también Rosalía, Griselda y Juanita fueron sólo algunas de las mujeres que transmitieron su arte a Bogarín, para que cantara en qom con tanto sentimiento y convicción como si lo hubiera hecho desde siempre. “Cantar en lengua originaria es un sueño y una responsabilidad muy grande”, repite Bogarín cada vez

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guetonas, rebeldes. Se le canta al caballo, al hombre, a la mujer, a la caja, al cielo, a los sueños, a todo lo que la existencia en este pedazo de tierra eleva; sus melodías son los paisajes del alma de cada persona”, define su poética. A cada quien, su copla, parece sintetizar la artista. “Cada pueblo tiene su forma de cantarlas, y dentro de ese pueblo, cada persona tiene su propia melodía de acuerdo con el momento sentimental por el que esté transcurriendo y según la espesura de la sangre que corre por sus venas”.

Duerme, duerme, Negrito (recopilada en la frontera entre Colombia y Venezuela por Don Atahualpa Yupanqui) y la canción de la chilena Violeta Parra Qué he sacado con quererte, elegida para abrir Los pasos labrados. Tonolec no eligió un género sencillo: hace fusión. Cantar en qom es un plus que transforma la dupla formoseñochaqueña en un producto atractivo ya desde el inicio. Si a eso se suma la fuerte personalidad escénica de Bogarín –con su vestuario exótico y raros peinados– y la performance técnica de Pérez, el círculo cierra perfecto. Buena música y artistas de bajo perfil y alto futuro.

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EXPOSICIONES

NUEVA EXHIBICIÓN SOBRE MODELOS DE PAÍS, EN LA CASA NACIONAL DEL BICENTENARIO, DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN

Es la economía, estúpido... LA EXHIBICIÓN “MODELOS EN PUGNA. 200 AÑOS DE RETROCESOS Y AVANCES EN LA ECONOMÍA ARGENTINA”, QUE PUEDE VISITARSE DESDE ABRIL EN LA CASA NACIONAL DEL BICENTENARIO, PLANTEA LAS DISCUSIONES Y LOS LITIGIOS DESATADOS EN TORNO A UN TEMA DE PERMANENTE ACTUALIDAD: LOS MODELOS ECONÓMICOS QUE HAN MARCADO EL DEVENIR POLÍTICO Y SOCIAL DE LA ARGENTINA A LO LARGO DE SUS DOS SIGLOS DE VIDA. Como cualquier controversia abierta en el país, sobre todo, cuando se entrevera con el debate histórico, las posiciones suelen dividirse y hasta polarizarse. Si el tema de análisis son los modelos económicos que han pugnado por imponerse en la Argentina, la disputa suele enredarse en la confrontación de dos grandes opciones: el agroexportador y el industrialista. Sin sacarle el cuerpo a la polémica, sin presumir de neutralidad ideológica, pero con espíritu abierto, los organizadores de “Modelos en pugna. 200 años de retrocesos y avances en la economía argentina” explican que el desafío fue abrir la discusión y escapar a las trampas de las historias oficiales. “La idea de la exposición es plantear el debate sobre los modelos de desarrollo en la Argentina. A partir de ahí, entender cómo esas políticas económicas estuvieron en tensión para conformar la nación y los senderos de desarrollo”, explica Alfredo Zaiat. El periodista económico y curador de la muestra hace hincapié en que la propuesta pretende traslucir esa tensión, y cierra la parábola: “Explicitarla implica, indefectiblemente, un debate”.

taciones que se extiende de 1930 a 1974, observamos elementos del modelo agroexportador y, en menor medida, también se vislumbran algunas líneas del modelo financiero”. En línea con el carácter original y de vanguardia que presenta habitualmente la Casa Nacional del Bicentenario en sus propuestas, esta exposición pretende escapar al planteo de tipo escolar. “Uno puede decir: empiezo el guión expositivo en 1880, termino en 2010, y entonces voy recorriendo los pisos cronológicamente. Eso daría una muestra de museo de historia. No era la idea”, aclara Zaiat. Por el contrario, con la intención de señalar los grupos sociales, las ideologías y los intereses involucrados en la defensa de cada modelo, se eligieron cuestiones que cruzan buena parte de la historia económica del país: la deuda externa, la inflación, el rol del Estado, el modelo industrialista, el modelo agroexportador, la inmigración, la integración latinoamericana y los vínculos con el mundo son algunos de los más de veinte temas escogidos.

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LOS DOS EJES DE LA MUESTRA La deuda externa y el papel de los capitales extranjeros son dos de los temas que atraviesan los doscientos años de historia y, a la vez, desatan las polémicas más encendidas. Los avatares de la vida social, política y económica argentina pueden explicarse en gran medida al analizar estas dos líneas centrales de la exhibición.

Julio Fernández Baraibar, escritor y periodista, consultor en temas históricos de la Casa Nacional del Bicentenario, vuelve sobre el nudo de la polémica: “El objetivo es demostrar e informar sobre la existencia en la Argentina, incluso desde antes de 1810, de dos visiones de país en pugna, que corresponden, a su vez, a dos sectores sociales distintos y enfrentados: un país autocentrado, industrial e integrado, y un país exportador de materias primas e importador de manufacturas industriales, con eje en el puerto de Buenos Aires”. Zaiat retoma y agrega un matiz a la cuestión: “No existen modelos absolutos, hay modelos que son predominantes u hegemónicos”. Y ejemplifica: “Cuando vemos el modelo de sustitución de impor-

Industria Kaiser Argentina. 1956. AGN.

“Desde el tristemente célebre empréstito de la Baring Brothers, contratado por Rivadavia en su efímera presidencia, la deuda externa ha sido uno de los principales, si no el principal, mecanismo de control y dirección de nuestra economía”, explica Fernández Baraibar. Coincide Zaiat: “La deuda es un hito esencial para entender los momentos de subordinación del país al imperio dominante de cada época, primero Inglaterra y después EE. UU.”. Visita de la Infanta Isabel de Borbón a la sede de la Sociedad Rural Argentina. 1910. AGN.

El ingreso de capitales del exterior como elemento del desarrollo económico es una discusión de evidente

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La manifestación socialista escuchando el discurso de Alfredo Palacios. 1.° de mayo de 1909. AGN.

actualidad. Zaiat sentencia: “La inversión extranjera tiene que ser subsidiaria, y debe depender del desarrollo nacional y de la inversión local. Por sí sola, esta inversión no garantiza un modelo de desarrollo sustentable”. Baraibar historiza al respecto: “El modo en que el capital extranjero puede perjudicar la economía del país cuenta con numerosos ejemplos en nuestra historia económica. Por caso, el papel jugado por los ferrocarriles ingleses, que tan bien denunció Raúl Scalabrini Ortiz, o, en la década del 30, lo hecho por la CIADE y la CHADE en la provisión de energía”.

MODELO KIRCHNERISTA: CARACTERIZACIÓN Y DESAFÍOS “El proceso económico actual es un modelo que está en la encrucijada. Es una vocación política hacia el modelo de sustitución de importaciones, de reindustrialización, pero con las limitaciones que plantea el arrastre del modelo de valorización financiera, junto con un bloque de poder muy fuerte que apunta al modelo de la agroindustria”, define Zaiat sobre el escenario imperante. En palabras de Baraibar, en tanto, puede caracterizarse como un “modelo de reindustrialización a partir de la renta agraria; de inclusión y justicia social, con crecimiento del mercado interno; de integración nacional y suramericana, y de independencia en las decisiones soberanas del país”. En cuanto al futuro de la economía nacional, discusión que la muestra en la Casa Nacional del Bicentenario busca incentivar, ambos curadores concuerdan en el papel que deben cumplir el capital y la burguesía nacionales. Zaiat arriesga la fórmula del éxito: “Ahorro e inversión interna. Así se desarrollaron todos los países exitosos, así lo señala toda la literatura sobre el tema”. Y ahonda en el actor social que, ausente en el pasado y necesario en el futuro, debe ponerse al frente del tan ansiado desarrollo económico: “Todas las burguesías nacionales alcanzaron su madurez por un impulso rotundo del Estado”. Para el economista, este es el reto: “Las burguesías son iguales en todos lados, el tema es cómo el Estado, es decir, la sociedad, logra que esas burguesías tengan conciencia nacional”.

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Mario Rapoport

Liliana Piñeiro

Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet.

Directora Ejecutiva de la Casa Nacional del Bicentenario.

Los modelos económicos en la historia del país

Un relato abierto que recorre la economía argentina

Analicemos algunas de las características del modelo agroexportador (1880-1930). Es innegable la importancia que tuvo para el crecimiento durante este período la exportación de alimentos y materias primas. Pero la riqueza agropecuaria se basaba en una estructura de propiedad de la tierra en pocas manos y con altas ganancias, y se requería un fuerte endeudamiento para obtener los capitales y las manufacturas necesarias en el exterior. La dependencia de las metrópolis de entonces dio lugar a profundas crisis financieras. Y las condiciones de vida de la población dependieron del efecto “derrame” y no de políticas sociales.

A pocos días de asumir, el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, me propuso el tema de la segunda exposición temporaria de la Casa Nacional de Bicentenario: elaborar un recorrido por los diferentes modelos económicos por los que atravesó la Argentina. Decidimos realizar una muestra que acercara a los visitantes información suficiente para suscitar la reflexión y generar el debate. Nos abocamos, entonces, a este nuevo desafío: construir un relato abierto sobre la historia económica del país; mostrar sus avances, sus retrocesos, sus conflictos, sus contradicciones, sus efectos, sus potenciales.

Durante la industrialización por sustitución de importaciones (1930-975), el núcleo dinámico del desarrollo lo constituyó, aun con falencias e inestabilidad, la industria orientada al mercado interno, y hubo mayor intervención del Estado en la economía. El crecimiento estuvo acompañado de un desarrollo social más incluyente, especialmente durante el primer peronismo, con alta participación de los asalariados en el ingreso nacional y escasos niveles de desocupación. A partir de 1976, prevaleció un modelo rentísticofinanciero y de nuevo agroexportador. Los capitales internacionales ingresaron a la economía en busca de ganancias rápidas, aprovechando políticas de apertura irrestricta. En los 90, se agregó la compra de activos estatales a precios irrisorios. Bajo este esquema, el funcionamiento de la economía quedó atado al endeudamiento externo y a un tipo de cambio fijo y convertible. Pero las condiciones de vida de la mayor parte de la población se vieron drásticamente deterioradas, y en 20012002, se desembocó en la peor crisis económicosocial de la historia argentina. Desde 2003, se asistió a un modelo de crecimiento basado en el ahorro nacional, mientras que el desarrollo industrial permitió la expansión del mercado interno. Esto fue el factor principal de las altas tasas de crecimiento del PIB, junto con la situación favorable en el sector externo por la mejora en los términos del intercambio. La política de desendeudamiento permitió atravesar la actual crisis económica y financiera mundial. Las inversiones y la reindustrialización produjeron una pronunciada disminución del desempleo; las medidas sociales mejoraron las condiciones de vida y la distribución del ingreso. Un camino nuevo se abre paso en la economía argentina.

Convocamos como asesores a los especialistas Mario Rapoport y Alfredo Zaiat, quienes, junto con el escritor y periodista Julio Fernández Baraibar, trabajaron durante más de un año en los contenidos de la exposición. El equipo de producción de la Casa, coordinado por Valeria González, inició la apasionante y ardua tarea de relevar los materiales que permitieron “traducir” el asesoramiento académico al lenguaje audiovisual. El resultado es un guión sólido y atractivo, cuya museografía y diseño de montaje proponen un recorrido ágil y claro. Así, documentos, fotografías, objetos, material audiovisual de archivo o producido especialmente, y también obras e instalaciones de reconocidos artistas plásticos invitan a transitar los temas desde diferentes perspectivas. Complementan la exhibición actividades académicas a cargo de prestigiosos invitados nacionales y extranjeros. Conferencias, entrevistas públicas y clases magistrales, así como un seminario organizado junto con la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, ofrecen al público la posibilidad de profundizar los contenidos. Como siempre, desarrollamos un programa educativo para estudiantes de nivel primario, secundario y universitario. Estoy convencida de que esta exposición suma al proyecto cultural que la Casa Nacional del Bicentenario se propuso desde su apertura: contribuir a la reflexión sobre nuestra identidad, y ofrecer un espacio en el que los documentos del pasado y los testimonios del presente integran un tejido vivo que permite acercarnos a nuestra historia y pensar nuestro futuro.

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EXPOSICIONES

MUESTRA FEDERAL DE ARTESANÍAS DEL BICENTENARIO, UNA INICIATIVA DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN

El trabajo artesanal, fuente de identidad y cultura OCHENTA PIEZAS QUE SINTETIZAN LA VIDA Y EL OFICIO DE MILES DE ARTESANOS ARGENTINOS RECORREN EL PAÍS, EN UNA EXPOSICIÓN QUE, INICIADA EN 2010, COMPARTE AQUÍ Y ALLÁ LA DIVERSIDAD DE TRADICIONES, SIMBOLOGÍAS Y TÉCNICAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS, PARA VIVIFICAR SU ARTE MILENARIO Y HONRAR LA MEMORIA. Con el ímpetu puesto en dar cuenta de la diversidad de tradiciones que pueblan el país, la Muestra Federal de Artesanías del Bicentenario es una exhibición de más de ochenta piezas que representan a todas las provincias. Las obras corresponden a distintos períodos históricos, con tintes propios de tiempos prerrevolucionarios hasta la actualidad, y abren un amplio abanico de materiales que abarcan el cuero, la madera, la piedra, las fibras vegetales, las lanas de la tierra, el hueso, los metales y las arcillas. Así, de la mano de las más diversas herramientas, el trabajo artesanal permite conocer cada rincón de la Argentina y a las comunidades que en ella habitan. Organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación, esta muestra expresa una línea de tiempo en la que las artesanías manifiestan los sentidos de reunión y litigio entre las formas americanas y europeas, a la vez que ofician de poderosa transmisión de sacralidades indígenas. Cada provincia se encargó de seleccionar las piezas que mejor sintetizaban la impronta creativa de sus artesanos, con diferentes fundamentos. En pos de la representatividad, la exhibición está organizada en las cinco regiones (NEA, NOA, Cuyo, Patagonia y Centro) donde desarrolla su acción el Mercado de Artesanías Tradicionales de la República Argentina (MATRA), más un área común: la cultura ecuestre. La iniciativa monta una vía para conocer la labor de los pueblos chané, wichi, mbyá, qom, mapuches, diaguitas y huarpes, a través de las huellas impregnadas en sus obras, con el anhelo de que algún día pueda entenderse cabalmente su sentido. Obras que, en su conjunto, revelan la profunda relación de las comunidades con la naturaleza, los credos y la historia.

ARTESANÍA=ARTE Muchas de estas piezas, originalmente producidas para uso exclusivo de cada pueblo, están destinadas hoy al mercado artesanal. Lejos de desvirtuar su significado –como podrían aducir algunos críticos de arte–, ampliar su destino refuerza la posibilidad de transmitir sus símbolos, sus tradiciones, sus costumbres, y de llegar a esquinas alejadas del país porque, como sostiene la historiadora del arte María Alba Bovisio, “los creadores, dueños de los símbolos, en el hacer mismo siguen proyectando su alma y la memoria”. ¿Puede hablarse, entonces, de un arte indígena, frente a los objetos de galerías y museos surgidos de la modernidad occidental? “Como bien señala Ticio Escobar, la ausencia de autonomía estética no significa privación de lo estético. La au-

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todeterminación de los pueblos indígenas requiere el respeto de los sistemas particulares de sensibilidad, imaginación y creatividad”, explica Bovisio. Para la especialista, el arte debe entenderse como expresión de un modo de saber y comprender el mundo, según el cual “no se debe distinguir entre lo útil y lo inútil en términos kantianos, sino que la dimensión estético-plástica se plasma en las diversas maneras de vivir y estar en el mundo”. Hacer un cesto, un cerámico, una flecha o una manta es un trabajo en el que lo estético es resultado de una necesidad cotidiana. Sobre los nuevos tipos de obras desligadas de lo funcional, como tallas o textiles, específicamente realizadas para su comercialización, amplía Bovisio: “Estas piezas también guardan la memoria de antiguas prácticas, a la vez que, en sus renovadas iconografías, que integran imágenes tradicionales con aportes de la cultura visual moderna, dan cuenta de los procesos de reelaboración y resignificación simbólica, en consonancia con la comunidad”.

UN LARGO ITINERARIO La Muestra Federal de Artesanías del Bicentenario ya visitó las provincias de San Juan, Catamarca, La Rioja, Neuquén y Córdoba. El corte de cinta fue en suelo sanjuanino en septiembre de 2010, como parte de las actividades desarrolladas durante el Tercer Congreso Argentino de Cultura. Sin embargo, comenzó a gestarse un año antes, con la participación de todas las provincias. Cuando dejó San Juan, siguió su camino por la región de Cuyo, para luego desembarcar en la Feria del Libro Catamarca. En noviembre último, se presentó en La Rioja y más tarde, en Neuquén, a propósito del 35.º aniversario de Artesanías Neuquinas Sociedad del Estado Provincial. El 17 de diciembre pasado, la muestra llegó al Museo Provincial de Ciencias Naturales, en Córdoba. Ya en 2011, del 11 al 19 de enero, se exhibió en el Centro de Convenciones de Cosquín, Córdoba, y, sin abandonar la provincia, de allí se trasladó, del 26 de enero al 27 de febrero, al Museo Municipal de Bellas Artes “Fernando Bonfiglioli”, de Villa María, acompañando la 44.º edición del Festival de Peñas de esa ciudad cordobesa. “Se estima que, al menos, 8000 personas visitaron la Muestra hasta el momento, en una iniciativa genuinamente federal”, calcula Roxana Amarilla, responsable de la Coordinación y Gestión Integral de la actividad. Para sumar accesos posibles al mundo de la artesanía argentina, acompaña la exposición la Muestra de Documentales sobre Producción Artesanal, del Instituto Nacional

de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL; www.inapl.gov.ar). De este modo, en el marco de la exposición en Cosquín, se proyectó “Ceramiqueros de Tras la Sierra” (1965), de Ana Montes y Raymundo Gleyzer, documental emblemático que aborda la técnica ancestral de los alfareros y la vida de la comunidad de artesanos de Mina Clavero, Córdoba, en la década del 60. También dirigido por Gleyzer, junto con Jorge Prelorán, “Quilino” (1966) introduce una técnica original utilizada en el norte de Córdoba. Práctica heredada de los indios sanavirones, las imágenes muestran cómo las mujeres tejen sus artesanías con paja y pluma. En la misma línea, “Los Ramos. Talleros Guaraníes” (1996) explora la cosmovisión guaraní expresada en la confección de tallas en madera, que representan escenas habituales de la vida de los indígenas de esta comunidad de la región selvática de Misiones. Dirigido por Ana María Zanotti, el filme muestra objetos típicos elaborados mediante una artesanía tradicional e íntima expresión del bagaje cultural que este grupo étnico transmite de generación en generación. Y porque cada camino es una historia, “Emiterio” (2005), un artesano de Iruya, hace del telar su biografía. Así, los hilos traman la vida de un tejedor indígena que invita, en este audiovisual, a transitar por la inmensidad de la cordillera oriental salteña y la interminable grandeza de su cultura. Los documentales elegidos –los mencionados arriba son sólo algunos– dan cuenta del valor de lo propio, a través de las imágenes que reflejan el arte de las manos. Permiten conectar un antes y un después de una labor compleja que requiere permanencia, dedicación e identificación. El trabajo artesanal es para muchos la vida diaria, un darse a conocer, un medio para hacer frente a los embates de la economía y un modo de perpetuar a través de la técnica una memoria ancestral y transmitir las huellas de la comunidad. “La presencia de objetos producidos por comunidades indígenas en una muestra federal implica el reconocimiento del lugar que le cabe a estos pueblos en la configuración de la nación argentina”, remarca Bovisio. A partir de marzo, la muestra tendrá nuevos destinos, en un itinerario abierto cuya meta es la inclusión, el conocimiento y la transmisión de la cultura. Así, desembarcará en la Patagonia primero, para adentrarse luego en Santa Cruz, Río Negro, La Pampa y arribar más tarde a la Provincia de Buenos Aires. Se trata de una propuesta de migraciones, mestizajes, préstamos y contactos culturales, a través de la cual la patria se ve moldeada por las manos de artesanos que celebran con su arte el Bicentenario.

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CONCURSOS

ESTE AÑO, SE DISTINGUEN LOS GÉNEROS POESÍA, TEXTO DRAMÁTICO, ENSAYO POLÍTICO Y PSICOLÓGICO, Y TANGO Y FOLKLORE

Premios Nacionales: una política para los autores TRAS ONCE AÑOS DE AUSENCIA, LOS PREMIOS NACIONALES, QUE OTORGA LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN, REGRESAN PARA ESTIMULAR LA PRODUCCIÓN CULTURAL DESDE EL ESTADO, Y CONSAGRAR EL TRABAJO Y EL TALENTO CON QUE ARTISTAS E INTELECTUALES ARGENTINOS CONSTRUYEN EL PRESENTE DE LA LITERATURA, LAS ARTES ESCÉNICAS, EL ENSAYO Y LA COMPOSICIÓN MUSICAL EN EL PAÍS. “Me alegra un montón que los Premios Nacionales vuelvan a existir, es una necesidad”, opinó Juan Gelman y, de inmediato, sugirió: “Un premio es un estímulo indudable, pero no escribe por uno”. La sutileza quirúrgica del poeta dispara interrogantes: ¿para qué sirve un premio a la producción artística e intelectual? ¿Cuál es su relevancia? ¿Qué utilidad tiene para los autores? ¿Es tarea del Estado intervenir en la legitimación artística?

EL AÑO 13 En el país, la historia de los Premios Nacionales se remonta a 1913, año en que Ricardo Rojas abrió la Cátedra de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, escoltado por el poeta Rafael Obligado y por el humanista mendocino Antonio Pagés Larraya. La coincidencia de los acontecimientos no fue fortuita. “Tócame, pues, la honra de iniciar en las universidades de mi país, un orden de estudios que interesa no solamente a los fines profesionales de la instrucción superior, sino también a la misión de afirmar y probar ante el país todo, la idea de que tenemos una historia literaria”, sostuvo Rojas en la clase inaugural. En esa proclama encendida, el escritor describió un plan de trabajo de naturaleza nacionalista, laica y democrática, con vistas a la profesionalización del escri-

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Jorge Luis Borges.

tor. Sobre todo, el proyecto pretendió homologar el corpus de los ilustrados con el ADN de la identidad nacional. Por eso, la respuesta del Estado llegó bajo la forma de consagración de aquellos que, ya encumbrados en el estudio universitario, debían ser sus graduados más lúcidos y diestros. Hay que tener en cuenta que, en esos años, las políticas culturales eran erráticas y caprichosas. El diseño de gobierno no incluía aún un ministerio o una secretaría capaces de poner en práctica intervenciones en el territorio inexplorado y floreciente de la producción estética, científica e intelectual. Así, los Premios Nacionales fueron el puntapié inicial –y luego la muleta– para la configuración y consolidación del canon de la literatura, la dramaturgia y la investigación nacionales. Una instancia de legitimación de escritores y escrituras, de saberes, de modos de narrar el Estado, de conjeturar y exponer las tensiones entre las clases sociales, de describir la vida en la ciudad y en el campo, de reflejar el encuentro entre autóctonos e inmigrantes, las tribulaciones del sujeto nacional en el zaguán de la Modernidad... A lo largo del siglo XX, tanto en la coronación como en la indiferencia, los Premios Nacionales también pusieron de manifiesto las simpatías y abominaciones del poder de turno hacia determinados intelectuales. En definitiva, 1913 fue el año en el que el campo intelectual vio institucionalizada su misión: esculpir la

conciencia colectiva en materia de nacionalidad y preparar a la Nación para el ingreso al mundo moderno.

AUTORES Y TEXTOS Reglamentados por ley, desde su creación hasta 1935, estos premios fueron autónomos de las gestiones gubernamentales, aunque no de las afinidades políticas con el establishment de cada época. Esta situación sufrió un giro al instituirse la Comisión Nacional de Cultura, primer intento de organización centralizada del quehacer y matriz de la Secretaría tal como se la conoce hoy. Con el correr de los años y el ensanchamiento de los horizontes científico y tecnológico, los Premios Nacionales ampliaron su voluntad sancionadora hacia las Ciencias Puras y Aplicadas, y las Ciencias Históricas y Sociales. Hasta ese acontecimiento, entre otros, habían sido reconocidos con el Premio Nacional de Literatura Arturo Capdevila (en 1920, 1923 y 1931), Leopoldo Lugones (en 1926), el controvertido Gustavo Martínez Zuviría, más célebre como Hugo Wast (también en 1926 y por su novela Desierto de piedra), Carlos Ibarguren (en 1930, por De nuestra tierra, Juan Manuel de Rosas) y Manuel Gálvez (en 1932, por El general Quiroga). Al cumplirse diez años de su instauración, el propio Ricardo Rojas fue distinguido con el Premio Nacional de Ensayo, por aquella obra fundacional que fue La literatura argentina. Ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el Plata. El médico y poeta Baldomero (Eugenio Otto) Fernández Moreno fue un caso excepcional: recibió el Premio Nacional de Poesía en 1926, por Aldea española, y en 1929, por Sonetos. No obstante, en 1938, Fernández Moreno cobró los veinte mil pesos del Premio Nacional de Literatura que le había sido otorgado por sus antologías Dos poemas y Romances y seguidillas. Con ese dinero, el autor de “Setenta balcones y ninguna flor” compró la casona ubicada en la esquina de Francisco Bilbao y Rivera Indarte, en una zona del barrio de Flores que, entonces, era popular por sus “casitas baratas”. Otros poetas galardonados en las décadas siguientes fueron Leopoldo Marechal (en 1940, por Sonetos a

Beatriz Guido, junto con Leopoldo Torre Nilsson.

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LAS PRÓXIMAS ENTREGAS Cuatro son las categorías generales que conforman los Premios Nacionales: letras, artes escénicas, ensayo y música. En la edición de este año, que premia la producción realizada entre 2007-2010, los galardones serán para los géneros: – POESÍA (LETRAS)

Juan Gelman.

Mauricio Kartún.

Sophia y El centauro), Francisco Luis Bernárdez (en 1944, por Poemas elementales y Poemas de carne y hueso), Silvina Ocampo (en 1962, por Lo amargo y lo dulce), y Juan Gelman, Santiago Sylvester y Rodolfo Alonso (los tres, en 1997). Entre los narradores, Jorge Luis Borges ganó el premio de Literatura (en 1941) por El jardín de senderos que se bifurcan; Conrado Nalé Roxlo (en 1955), por Las puertas del purgatorio; David Viñas (en 1962), por Dar la cara; Manuel Mujica Láinez (en 1963), por Bomarzo; Carlos Gorostiza (en 1978), por Los hermanos queridos; Isidoro Blaisten y Beatriz Guido (en 1982), por Dublín al Sur y Apasionados, respectivamente. El Premio Nacional de Teatro, en tanto, distinguió la producción dramática de autores como Roberto Cossa, Carlos Gorostiza, Federico León y Mauricio Kartún.

VOLVER AL FUTURO Después de once años, los Premios Nacionales vuelven a jugar el papel crucial de las intervenciones culturales promovidas por el Estado: estimular y reconocer la creación artística y el trabajo intelectual, y discutir el canon que impone el mercado. Como en 1913, ahora tampoco se trata de un hecho fortuito. Por el contrario, la iniciativa de reeditar esta distinción responde a la necesidad histórica de indagar los rasgos de identidad cultural que hoy día se configuran, se animan y se templan desde la literatura, las artes escénicas, el ensayo y la composición musical. La convocatoria es a reconstruir el ADN con los datos que aporta el presente. Finalmente, es cierto: los Premios Nacionales son “una necesidad”, como apuntó Gelman. Sin embargo, quizás sean también la mejor manera de celebrar la proliferación de escrituras fantásticas, capaces de sobrevivir a los hombres y su circunstancia, de prefigurar el futuro, en el detalle y en la belleza de la invención textual. María Iribarren Periodista. Coordinadora de Premios Nacionales

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Roberto “Tito” Cossa.

Silvina Ocampo.

Rodolfo Hamawi Director Nacional de Industrias Culturales.

Un espacio de reconocimiento Desde mayo de 2003, el Gobierno Nacional ha llevado adelante una política sistemática para reposicionar al Estado en el entramado social destruido en los 90. El esfuerzo se puso en salir al cruce de la emergencia social, recuperando el sistema jubilatorio, protegiendo a la niñez, promoviendo la actualización educativa y tecnológica. En el terreno cultural, se amplió el horizonte democrático de la comunicación con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, dando un fuerte impulso a la federalización de la producción y el acceso a los bienes culturales, mediante políticas basadas en el respeto a la diferencia y la pluralidad.

– TEXTO DRAMÁTICO (ARTES ESCÉNICAS) – ENSAYO POLÍTICO Y ENSAYO PSICOLÓGICO (ENSAYO) – TANGO Y FOLKLORE (MÚSICA) La apertura de los Premios Nacionales es el 15 de marzo, y los interesados pueden inscribir sus obras hasta el 15 de mayo. Luego, los jurados iniciarán el proceso de selección. Jorge Panesi, Jorge Monteleone, Maurico Kartún, Ricardo Bartís, León Rozitchner, Carlos Altamirano, Alicia Stolkiner, Ana María Fernández, Juan “Tata” Cedrón y Manolo Juárez son algunos de los especialistas que elegirán las obras ganadoras. El dictamen se conocerá en septiembre. En las futuras ediciones, se premiará la producción de los siguientes géneros:

LETRAS 2008-2011: literatura infantil 2009-2012: novela 2010-2013: cuento y relato

ARTES ESCÉNICAS En este contexto, la reanudación de los Premios Nacionales mantiene esta misma dirección: la de un Estado que reasume las tareas que le son propias. Esto implica recuperar un espacio de reconocimiento para los autores y estimular la producción cultural. En segundo término, significa pasar en limpio las líneas conjeturales y estéticas predominantes entre los artistas e intelectuales locales en materia de creación literaria, dramática, ensayística y musical. Por último, como instancia de consagración, estos premios reinscriben al Estado en la tradición que distinguió a Baldomero Fernández Moreno, a Jorge Luis Borges, a Manuel Mujica Láinez, a Silvina Ocampo, a Leopoldo Marechal, a Beatriz Guido, a David Viñas, a Tito Cossa, a Isidoro Blaisten, a Juan Gelman, entre tantos otros.

2008-2011: comedia musical / infantil 2009-2012: guión cinematográfico 2010-2013: guión de TV / radio

ENSAYO 2008-2011: filosófico y pedagógico 2009-2012: histórico y sociológico 2010-2013: antropológico y artístico

MÚSICA 2008-2011: jazz y melódica 2009-2012: rock y pop 2010-2013: obras sinfónicas y de cámara CONSULTAS: premiosnacionalesinformes @cultura.gov.ar + info: www.premiosnacionales.gob.ar

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AGENDA FEDERAL

CORO NACIONAL DE JÓVENES 9 DE ABRIL A LAS 18, EN LA SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS DE RAMOS MEJÍA, PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

Música

Encuentros y fiestas ¡LO QUIERO YA! Arte y cultura joven en espacios públicos. Encuentros multidisciplinarios y multilingüísticos, creados por jóvenes para generar ámbitos de convivencia, participación y diversión. 26 de marzo, a partir de las 18, en la Ciudad de Santa Fe. + info: www.santafe.gov.ar

CUENTEROS EN TUCUMÁN CONCURSO DE MÚSICA CONTEMPORÁNEA “50 AÑOS DEL CLAEM” Compositores de todo el país pueden participar del Concurso Nacional de Composición de Música Contemporánea “50 años del CLAEM”, que se enmarca en el Festival Internacional “La Música en el Di Tella. Resonancias de la modernidad”, organizado para homenajear al Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM), del Instituto Torcuato Di Tella, en su 50.º aniversario. El objetivo del certamen es incentivar la música contemporánea e impulsar la carrera de jóvenes compositores de hasta 35 años de edad. Los postulantes pueden presentar obras no estrenadas, de hasta 9 minutos de duración, para instrumentos de cuerda o viento, con piano o sin él, o parte vocal, que requieran seis ejecutantes como máximo y tres como mínimo, con la posibilidad de incorporar elementos electrónicos. Hay tiempo hasta el 15 de abril para presentar documentos y materiales para la selección, cuyos resultados se difundirán en mayo. Integran el jurado de premiación los maestros Gerardo Gandini, Mariano Etkin y Eduardo Kusnir. La pieza ganadora recibirá $4000. La obra seleccionada se estrenará en el marco del Festival Internacional “La Música en el Di Tella”.

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FESTIVAL INTERNACIONAL LA MÚSICA EN EL DI TELLA Del 17 al 24 de junio, este festival internacional abre un espacio donde celebrar la música contemporánea: con esta intención, ex becarios del CLAEM, del Instituto Torcuato Di Tella, llegan desde diversos lugares del mundo para compartir, con muchos de sus maestros de la década del 60, un encuentro de homenaje a la institución en la que se formaron. Organizado por la Dirección Nacional de Artes de la Secretaría de Cultura de la Nación, el festival ofrece un programa variado, que incluye conciertos con obras de los compositores del CLAEM, seminarios y conferencias, y homenajes al creador y director del Centro, Alberto Ginastera, y a sus ex profesores. La Orquesta Sinfónica Nacional estará a cargo de musicalizar la apertura y el cierre del Festival. Ideado por Ginastera en diciembre de 1961, el CLAEM funcionó hasta fines de 1971. Durante esa década, cincuenta jóvenes compositores latinoamericanos tuvieron la oportunidad única de formarse en las más variadas escuelas musicales que se experimentaban en el mundo, guiados por docentes de gran nivel. + info y bases: www.lamusicaenelditella.cultura.gob.ar

Los fines de semana de marzo, continúan las actividades del proyecto “Una mirada inclusiva: los cuentacuentos en el interior de la provincia”. Se realizan en la Comuna de Agua Dulce y La Soledad, y tienen por objetivo revitalizar la memoria y el imaginario social compartido, a través de mitos, cuentos, historias locales y leyendas.

AMERICANTO DE LA MEMORIA, EN MENDOZA Esta edición de “Americanto: La memoria del Cóndor y la Patria Grande” reúne música, teatro, danza, y artes plásticas y multimedia, en una propuesta para ejercer la memoria. Del 23 al 26 de marzo, en la Plaza San Martín de Ciudad de Mendoza (allí estará la carpa principal) y en plazas departamentales, el Rosedal de Parque Gral. San Martín, y el Predio ubicado en Manuel Sáenz y Acceso Norte de Las Heras.

1.ª FERIA DE COLECCIONISMO DISCOGRÁFICO DE ROSARIO Charlas, seminarios, conciertos. Compra, venta, cambio de discos. Del 25 al 27 de marzo en la Plaza Cívica de Rosario, Santa Fe.

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STREET LOVE ARTE POSGRAFFITI. CURADOR: DIEGO LAURENZI. HASTA EL 31 DE MARZO, EN EL MUSEO ROCA, CIUDAD DE BUENOS AIRES.

ORQUESTA SINFÓNICA PROVINCIAL DE BAHÍA BLANCA

Cultura en todos lados

8 Y 20 DE ABRIL, EN EL TEATRO MUNICIPAL.

ACCIONES DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN +INFO: WWW.CULTURA.GOV.AR HOMENAJE AL PENSAMIENTO Y AL COMPROMISO NACIONAL

Exposiciones AGUAFUERTES QUINQUELA MARTÍN

Cine y teatro TEMPORADA 2011, EN EL CERVANTES

La obra menos difundida de uno de los pintores más populares de la Argentina. La exposición está compuesta por una serie de cuarenta grabados del artista de La Boca. De lenguaje sencillo, directo y testimonial, las obras sintetizan la vida del puerto de Buenos Aires, la aspereza del trabajo de los estibadores y los festejos populares de la gran comunidad genovesa que se asentó en el sur porteño. El mono-tono del grabado pone la atención en la forma, y construye así un mensaje potente y con sentido social. Hasta fines de abril, en el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa, de la Ciudad de Córdoba.

La programación anual en el Teatro Nacional Cervantes comienza con el reestreno de la exitosa obra de Alberto Vacarezza “El conventillo de la Paloma”. Hasta el 28 de mayo, las funciones son de jueves a sábado a las 21, y domingo a las 20.30. Además, hasta el 9 de abril, sube a escena “El regalo de mamá”, de Pablo Ini –estrenada en gira durante la temporada 2010–,viernes y sábado a las 19, y domingo a las 18.30. En paralelo, el Plan Federal de Giras Nacionales empieza el año con “La persuasión”, de Erika Halvorsen, que recorre el país hasta el 15 de mayo.

FRAGMENTOS CARTOGRÁFICOS DEL DESPOJO

+ info: www.teatrocervantes.gov.ar

Exposición temporaria que reúne esculturas y objetos, realizada conjuntamente por la artista plástica local Hilda Zagaglia y el equipo del Museo de la Estancia Jesuítica. El proyecto rescata las historias de los negros esclavos en el país. Hasta el 24 de abril, en el Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, en Córdoba.

CICLO DE CINE ARGENTINO, EN TUCUMÁN

Un recorrido para conocer la vida y obra de hombres y mujeres que cambiaron la realidad de su tiempo y forman parte de la historia y la identidad argentina. La programación incluye conferencias, debates, proyección de películas, recitales en vivo y visitas guiadas para universidades, sindicatos y público. Algunos de los personajes homenajeados son Raúl Scalabrini Ortiz, Ramón Carrillo, Ricardo Carpani, Carlos Mugica, Leopoldo Marechal, Julio Troxler, Héctor Germán Oesterheld, Jorge Abelardo Ramos, Paco Urondo, José María Rosa, Cátulo Castillo, Rodolfo Walsh, Rodolfo Puiggrós, Rodolfo Ortega Peña, Fermín Chávez, Juan Domingo Perón, Eva Duarte y Néstor Kirchner. Hasta el 10 de abril, en el Palais de Glace, Ciudad de Buenos Aires.

MARZO EN LA CASA NACIONAL DEL BICENTENARIO Riobamba 985. Cuidad de Buenos Aires. + info: www.casadelbicentenario.gov.ar

Los lunes de marzo, en el Teatro Orestes Caviglia, se proyectan películas argentinas producidas en los últimos dos años, que no han tenido amplia difusión en las salas comerciales. El 21 de marzo a las 20.30, es el turno de “El frasco”, de Alberto Lecchi, y el 28 puede verse “Mentiras piadosas”, de Diego Sabanés.

MÚSICA Jueves 17 a las 19.15: Pellican Jazz Trío. Sábados 19 y 26 a las 20: Tremor. Viernes 25 a las 20: Mavi Díaz & Las Folkies. Jueves 24 a las 19.30: Ernesto Snajer Trío. Jueves 31 a las 19.30: Diego Schissi Quinteto.

DARSE CUENTA. TEATRO Y REFLEXIÓN

DANZA Clases de tango gratuitas. Miércoles 16, 23 y 30 a las 19.

Participan actores de la talla de Víctor Laplace, Virginia Lago, Antonio Grimau, Claribel Medina y Mónica Lerner, entre otros, quienes comparten escenario con actores locales. Dirección: Daniel Marcove. Función: 28 de marzo en General Guido, provincia de Buenos Aires.

LIBROS Viernes 18 a las 20 Presentación del libro “El dragón del Sur”, de Hugo Barcia. Participan: Horacio González, Fernando Braga Menéndez y Julio Fernández Baraibar.

ARTE DEL JAPÓN “Trazos del tiempo, trazos de palabras” rastrea las huellas que dejan uno y las otras, a través del pincel y el objetivo de tres artistas japoneses: Chihiro Minato, Hisao Yugami y Tsubasa Kimura. Además, explora la caligrafía y la fotografía, lo tradicional y lo moderno. Organiza: Museo Nacional de Arte Oriental. Hasta el 30 de marzo, en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, Ciudad de Buenos Aires.

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“La ofrenda”, 1962, cromo al yeso, 61 x 90 cm.

Leónidas Gambartes (1909-1963) Desde lo profundo de la Argentina

“Un artista no es un realizador solitario, es un hombre conectado a su medio social”. Pintor rosarino, Gambartes fue un artista comprometido con su entorno. A través de su obra, incorporó las tradiciones y los mitos de los nuevos habitantes de los suburbios de una Rosario que veía transformada su fisonomía social y económica por el proceso político de las décadas del 40 y el 50. El artista nos interpela a través de su pintura sobre la identidad cultural de una Argentina negada, y le otorga reconocimiento a los desclasados culturales. “Pinto el sentimiento de lo mágico… la vida cotidiana de cierto tipo de gente de nuestro país, la que, de alguna manera, ya es América”. Si la identidad cultural hegemónica se constituyó mirando el puerto de Buenos Aires, y desde él a Europa, Gambartes está entre los artistas que realizaron el movimiento contrario: dirigió su mirada hacia adentro, hacia el interior más profundo y olvidado del país. En esa búsqueda entre la periferia y su gente de raíces indígenas, plantea un contrapunto en nuestro imaginario nacional: “Sólo trataba de escuchar la voz de las cosas circundantes, y muchas veces pensé que algo más fuerte que yo me obligaba a trabajar infatigablemente para expresar todas esas voces anónimas. Tal vez por eso he llegado a creer que un artista, antes que nada, es un revelador de verdades esenciales, solidarizado con las gentes a quienes de alguna manera representa”. Ariel Gordon

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Nuestra Cultura nº 10