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Volumen 11, Número 4 Programa Sea Grant y Centro Interdisciplinario de �studios del Litoral Universidad de Puerto Rico Recinto de Mayagüez

Fuete y Verguilla

Visionarios y visionarias: La pesca vista desde el optimismo

Foto por Doel Vázquez

En estos días en los que aparentemente no sale el sol para la pesca y para las y los pescadores, es difícil mirar las cosas con optimismo, con la esperanza de que todo va a estar bien en el futuro. Sabemos que la esperanza es lo último que se pierde y es necesario tener la certeza de que la pesca pueda seguir avanzando, a pesar de los obstáculos que se han presentado. En este contexto, miramos al pasado para hacer un recuento y resaltar la labor de esos hombres y mujeres que pensaron y trabajaron duro para echar adelante la pesca.


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Cont. Eran tiempos difíciles los de la década de los ochenta y la primera mitad de los noventa. La economía de nuestra región se transformaba con las políticas del presidente Ronald Reagan y el programa de la Cuenca del Caribe. La Marina de Guerra estadounidense apretaba sus prácticas de tiro en Vieques. El Gobierno federal quería poner un Santuario Marino en La Parguera y los pescadores no vieron con buenos ojos esa decisión. Por toda la costa se construían condominios y la gente hacía casas ilegales que impedían el acceso a la playa, a los bañistas y a los pescadores, como ocurrió en Las Mareas en Río Grande. Los pescadores comerciales tenían encuentros y diferencias con los pescadores recreativos, como ocurrió en Vega Baja, entre otros sitios. Los jet skies se convirtieron en parte del paisaje de la costa. A pesar de las dificultades, son muchas las personas que trabajan en este importante sector de nuestra economía: el de la pesca. En este número de Fuete y Verguilla presentamos las historias de Elton Ortiz Toro, Carmen Olga González y Pedro Arce Benejam, que, como muchos otros casos, ameritan recordarse.

Foto por Doel Vázquez

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Compitiendo con los mejores y poderosos Para muchos jóvenes, la pesca ha sido y es una manera de entrar en un oficio y buscar el sustento de su familia, aunque no hayan nacido en una familia de pescadores. Algunos son llevados al mar por sus suegros cuando se casan con las hijas de pescadores. Pasaba mucho en las costas de Cabo Rojo, con los pescadores de nasas, quienes pescaban con hermanos o familiares cercanos y, en ocasiones, con los yernos. Algunos reclutaban a personas ajenas a la pesca que querían ganarse la vida ayudando como proeles. Así empezó a pescar Elton Ortiz Toro, en Puerto Real, con un pescador exitoso de nasas. Nadie de su familia inmediata se dedicaba a la pesca, así que aprendió ya de mayor. Luego se casó con la hija de un miembro de una familia conocida de pescadores y vendedores de pescado. También pescó con su suegro.

Elton Ortiz (derecha): Empresario y visionario de Puerto Real, Cabo Rojo

Negocio de Elton en Puerto Real

Elton vio —como muchos pescadores— que la oportunidad de ganar más dinero estaba en la venta de pescado. Empezó vendiendo carne de carey, que entonces no estaba prohibida. Luego puso un colmado para la venta de víveres y allí le compraba la producción a pescadores que estaban “ambulantes”; es decir, independientes. Los sábados salía en una guagua pick-up a vender pescado por la Isla. La venta de pescado en una guagüita lo aprendió también mientras trabajaba para Tomás Rosas, uno de los vendedores de pescado (llamados “neveristas”) más importantes de Puerto Rico. Tomás tenía una flota de balandros y lanchas que pescaban con nasas, así como algunas embarcaciones que pescaban de cordel los pargos y los meros de aguas profundas. En los setenta, la “nevera” (nombre para el sitio donde tenía sus refrigeradores y vendía pescado) de Rosas invirtió en embarcaciones grandes (más de treinta y dos pies de eslora) que vendía el Gobierno, y las preparó con ecosondas (para rastrear los fondos), neveras (cajones) de madera y fiberglass y malacates eléctricos para pescar eficientemente esos meros (la guasa) y pargos: moniamas de afuera, negritas, chillos, cartuchos, entre otros. Una parte de la pesca se hacía 3


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en el Canal de la Mona, en los bancos de Pichincho, el Banco del Medio y Abril la Sierra. Pero la mayor parte de la pesca se hacía en las aguas territoriales de otros países caribeños: República Dominicana (Cabo Engaño y Banco de la Navidad), Turcos y Caicos, Saba, Nevis, entre otros. Elton le siguió los pasos a Tomás y montó su propia nevera entre la de Rosas y la del hermano de este, en la calle principal del sector La Playa en Puerto Real. Preparó varias lanchas de la misma manera y reclutó a otros pescadores que tenían sus lanchas listas para esa pesca y que querían tener otras opciones en la venta del pescado y mejores ganancias, cosa que consiguieron “pescando para Elton”. La competencia siempre es buena pues ofrece ventajas a quienes producen y a quienes consumen. Elton hizo lo que nadie se atrevía a hacer entonces: retar y competir con Tomás Rosas, “el rey de los chillos”. Elton también hizo otra cosa inusual: incursionó —parcialmente— en la política local, apoyando a un candidato del partido de oposición al alcalde de turno, quien era de Puerto Real, de familia de pescadores y “pichichero”; es decir, puertorrealeño de verdad y pescador. A pesar de que ese candidato no ganó, su partido sí logró la gobernación y a través de esas gestiones y propuestas federales lograron obtener fondos para la construcción de unas instalaciones pesqueras (una “villa pesquera”) con oficinas, muelles en concreto, un varadero, almacenes, refrigeradores, espacio para equipos de los pescadores y hasta un restaurante. Elton movió por algún tiempo sus operaciones allí, que fueron (y son) las instalaciones más modernas que existen en el oeste de la Isla. Elton tenía un espíritu emprendedor: exploró cosas nuevas para mejorar este sector, como eliminar la pesca de nasas y transformar las lanchas para pescar chillos, diseñar nuevas formas de comprar y pagar a los pescadores, obtener nuevos clientes, hacer propuestas con sus socios, invertir en las embarcaciones y hasta lo impensable: comprarle la pesca a los pocos buzos que había.

Muelle de la villa pesquera en Puerto Real, construida por el Gobierno y administrada originalmente por Elton Ortiz

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En 1981, una embarcación de Tomás Rosas se detuvo a vender pescado en St. Thomas, en su regreso de la isla de Saba. El pescado estaba o en mal estado de conservación o tenía ciguatera (no sabemos a ciencia cierta) y los consumidores se envenenaron y dieron cuenta a las autoridades. Al llegar, fueron intervenidos por las autoridades federales y varios oficiales iniciaron gestiones para solicitarle al Departamento de Recursos Naturales que impidiera los viajes a esas islas puesto que, entre otras razones, eran viajes ilegales. Debido a esto, las embarcaciones de Puerto Real concentraron sus esfuerzos en el Canal de la Mona, donde, posiblemente, los recursos no eran tan abundantes como para sostener la pesca de todas esas embarcaciones acostumbradas a traer entre veinticinco y treinta quintales de pescado en viajes de cinco a siete días. Ante esta situación, Elton tuvo la iniciativa de buscar permisos para pescar en otras islas. Lo intentó primero en Puerto Rico y no tuvo éxito. Entonces fue a la República Dominicana, junto a Tomás Rosas, para solicitar a las autoridades de ese país, a la oficina de intereses económicos del Estado Libre Asociado (ELA) y a la embajada estadounidense que tramitaran permisos para pescar. Eran los tiempos en los que se veía con buenos ojos las empresas que combinaran mano de obra de dos países distintos, y Elton sugirió embarcaciones con tripulación dominicoboricua para pescar y enseñarle a esos tripulantes (proeles en las lanchas) la manera de explotar esos recursos con la tecnología disponible. Elton le solicitó al Programa Sea Grant de la Universidad de Puerto Rico que le asistiera en esas gestiones, y le acompañamos en cada paso de esos trámites. Al final, no se logró nada pues nuestra condición política hacía imposible negociar con el Gobierno dominicano, que tampoco estaba interesado en ese momento porque había visto que era un recurso que podían explotar solo para ellos. La pesca no estaba en el radar de las oficinas de promoción económica del ELA, que prefería invertir su esfuerzo en las plantas gemelas de manufactura y en el comercio agrícola e industrial entre los países. Escuchamos a menudo ―en la voz de mucha gente en posiciones importantes― que los pescadores lo que hacen es pedir y pedir y que no hacen mucho por su actividad económica dejándolo todo en manos del Gobierno. En Puerto Real, Cabo Rojo, tenemos ejemplos de gente emprendedora que decidieron pescar más allá de nuestras aguas territoriales, porque sabían que los países que se destacaban pescaban en aguas distantes. Tenemos ejemplos de empresarios que invirtieron su capital en mejores instalaciones, en lanchas, en tecnologías, en equipos y hasta importaron pescadores de la República Dominicana para acompañarles en los viajes a Cabo Engaño. Lo peor que nos puede pasar es que seamos conformistas y que no tengamos visiones de futuro, que no podamos tener ilusiones sobre cómo superar nuestra condición. Es necesario, y afortunadamente tenemos muchos ejemplos en el sector pesquero.

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Visiones empresariales La competencia entre vendedores de pescado fue uno de los elementos que forzó a los empresarios a ser innovadores, a pensar en nuevas maneras de hacer las cosas. La vida de todos los empresarios de la pesca presenta el siguiente patrón:

• son pescadores;

• luego trabajan para un vendedor de pescado y aprenden cómo funciona el negocio;

• con esas ganancias montan su propio negocio y le hacen la competencia a sus a antiguos jefes.

Elton es un ejemplo de ello, en todas las direcciones. La persona que se encargaba de recibir el pescado y hacer todos los trámites decidió un día poner un muelle pequeño y un ranchón para recibir la pesca de un puñado de buzos. Desde ese momento (alrededor de 1984), la pesca por medio del buceo y la venta de esa producción comenzó a subir (primero con énfasis en los “carrunchos”, como se les conoce en Cabo Rojo) hasta ser hoy día el método de pesca más importante.

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Villa Pesquera de Puerto Real, Cabo Rojo Puerto Real, considerada por mucho tiempo como la villa pesquera más productiva de Puerto Rico, está localizada en la bahía del mismo nombre en Cabo Rojo, al norte de Boquerón y al sur de Joyuda. Fue un importante asentamiento indígena, una zona de producción cañera y el puerto más importante de la región oeste desde el siglo dieciséis hasta la primera parte del diecinueve. Al sur de la bahía, en una loma, había un torreón llamado El Tujao, desde donde se velaban a las embarcaciones y el comercio. Los muelles y las casas estaban en esa parte de la bahía; la villa pesquera luego se mudó a donde se encuentra actualmente. Por esa bahía transitaron y trajinaron embarcaciones de cabotaje, contrabandistas, oficiales de la Marina española, piratas y, claro está, don Roberto Cofresí. Torreón para vigilar la bahía de Puerto Real en la loma de La Mela

Fotografía aérea de Puerto Real, Cabo Rojo en 1977 7


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Para sacarse el yugo Una de las luchas más importantes de los pescadores lo ha sido sacarse el yugo del control de los neveristas y los acaparadores de pescado, cosa que no ha sido fácil. Los pescadores han dependido de ellos para ayudas económicas, préstamos, artes de pesca y para salir de todas las capturas y no preocuparse por la venta. El Gobierno siempre ha estimulado que los pescadores busquen otras alternativas como las cooperativas, las organizaciones comunitarias para la ayuda mutua y, en la década de los ochenta, las asociaciones de pescadores. En 1959, la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) produjo la película El Yugo, que presentaban por toda la costa para orientar a los pescadores y sus familiares sobre las posibilidades de salirse del control de los acaparadores. Sin embargo, no ha sido fácil, pues ese proceso ha requerido una gran inversión de tiempo y esfuerzo por parte de las y los pescadores.

Cartel de la División de Educación a la Comunidad de una película sobre los pescadores y su interés por salir del control de los acaparadores o vendedores de pescados

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En Aguadilla surgió un esfuerzo por desarrollar una organización de pescadores que se diera a la tarea de establecer un proceso de compraventa de pescado que fuera beneficioso para los pescadores, que generara ingresos y que la organización defendiera los intereses de ese sector frente a las amenazas que enfrentaban. Fue así que nació la Asociación de Pescadores de Villa del Ojo, Inc. en 1975, organización sin fines de lucro, dedicada a comprar y vender la pesca de sus 25 miembros y “proveer facilidades y ciertos servicios” a los pescadores del área de Playuela. Esa playa ―como muchas otras― tiene una larga historia de usos y era el lugar que albergaba a numerosas familias de pescadores conocidos (como los Blas), era muelle militar de la Base Ramey, zona de recreación y esparcimiento (Crash Boat) y lugar donde muchos saboreamos los manjares y frituras preparados y vendidos por Gela, toda una institución en la región. En ese esfuerzo se destacaron dos personas: Carmen Olga González (conocida por Tata) y Pedro Arce Benejam, quienes se encargaron de la administración y finanzas y de la parte operacional de la pescadería, respectivamente. Ese dúo dinámico logró, con gran tesón y mucho trabajo, levantar una pescadería exitosa, con un alto volumen de ventas, el mercadeo del atún (aleta amarilla, bonito y bacora) y peces pelágicos (carite y dorado), y una constante vigilancia a las acciones del Gobierno y las del sector privado por desplazarlos. El proyecto comenzó con la ayuda del Programa de la Administración de Servicios Comunales y en enero de 1982 comenzó a operar como una “empresa pesquera independiente”. González y Arce se movieron también para organizar a los trabajadores del mar a nivel regional y, junto a José Beza ―un líder y pescador del Tamarindo, en Aguadilla―, fueron los fundadores del Congreso de Pescadores del Oeste, que se creó para aliarse al entonces Congreso de Pescadores del Este, liderado por José Aníbal Oquendo, otro visionario de la pesca en nuestro país.

Carmen Olga "Tata" González en su gestión de administración de la Asosiación de Pescadores

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Tata y Pedro fueron también visionarios combativos que a través del Congreso de Pescadores del Oeste y representando su asociación dijeron presente en diversos foros, vistas públicas y actividades donde se discutían temas sobre el presente y el futuro de la pesca. En esas actividades, Carmen Olga González era quien redactaba y presentaba las ponencias, siempre en defensa del sector. Sabían muy bien que el Gobierno había dado fondos para ayudar a los pescadores a organizarse y a tener sus pescaderías, pero que cuando el dinero se acababa todo se venía abajo, y quedaban las villas pesqueras operadas por organizaciones “fantasmas”, que para ellos eran villas operadas por acaparadores. Esta organización ―liderada por Carmen y Pedro― proponía que se interviniera con la competencia desleal de los importadores de pescados y mariscos, que el Departamento de Agricultura promoviera el consumo de pescado fresco y que las agencias gubernamentales que ofrecían servicios de alimentación compraran ―preferencialmente― los productos de las villas. Proponía además el desarrollo de préstamos en bancos y cooperativas para la compra de embarcaciones, rebajas en los arbitrios en la compra de materiales y una mayor participación de la gente de la pesca en los procesos de política pública en las agencias locales y federales.

Nuestro sector pesquero, conocido como la Playuela, tiene un lugar prominente en la historia de la pesca de Puerto Rico. Son cientos los hijos e hijas de esta tierra los que han dejado huellas profundas en estas playas por su dedicación al oficio de la mar. Hablar de la pesca en Aguadilla y no incluir a Playuela sería como dejar inconclusa la novela de la vida del pescador de nuestra región.

Carmen Olga “Tata” González

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Palabras finales

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Queremos seguir documentando y presentando esas vidas de la costa

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¡Quédese con nosotros! En el próximo número de Fuete y Verguilla presentamos las experiencias, las reflexiones y los datos de compañeros y colegas que se dieron a la tarea de documentar lo vivido por pescadores y comunidades costeras a raíz del paso del huracán María por Puerto Rico en el 2017.

Créditos Dirección

Ruperto Chaparro Serrano Tania del Mar López Marrero La misión de Sea Grant consiste en conservar y usar, de manera sustentable, los recursos y los ecosistemas marinos y costeros de Puerto Rico. Para alcanzar su misión, el programa cuenta con proyectos de investigación, de educación y de extensión marina. www.seagrantpr.org seagrant@uprm.edu (787) 834-4726

Redacción

Manuel Valdés Pizzini

Edición

Cynthia Maldonado Arroyo

Revisión

Tania del Mar López Marrero Ruperto Chaparro Serrano

Diagramación y diseño gráfico Katiria Moreno Romero

Fotografías

El Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL) es un centro de investigación adscrito al Departamento de Ciencias Sociales, de la Facultad de Artes y Ciencias del Recinto Universitario de Mayagüez. A partir del estudio interdisciplinario y de la investigación aplicada, CIEL investiga, educa y disemina información acerca de procesos sociales costeros con énfasis en la relación entre el ser humano, la sociedad y el medioambiente. www.ciel-uprm.org ciel@uprm.edu

Doel Vázquez (Foto de portada) Manuel Valdés Pizzini (Fotos de interior)

Impresión

Imprenta del Programa Sea Grant Puerto Rico

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